Enamorada de una chica por Enamoradadeunachica

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XXIV Las apariencias engañan

Mensaje por Admin el Lun Jun 06, 2016 7:16 pm

“Aquí estamos Zara y yo. Tuvimos un momento muy placentero, y muy romántico por cierto. Ella me hacía el amor como nadie, disfrutó el momento en que recorrió mi cuerpo con sus manos. Tuvimos un gran encuentro emocional así que espero que disfrutes las fotos. Liz” Es lo que vino escrito en un pequeño papel dentro de la carta.
-¿Qué? –logré pronunciar apenas, desconcertada.
Dudé por un momento, al comienzo me dije que eso tan solo era una trampa de ella, que quería que cayera en su juego pero luego tuve miedo de ver las fotos que venían, de ver la supuesta verdad, miedo de que fuese cierto., de ver a Zara y a Liz tal como dice en el papel, no supe si verlas.
- ¿Estás bien mi amor? –preguntó Zara extrañada.
- A…sí, sí, solo… veré esto un momento –contesté tratando de dibujar una sonrisa en mis labios.
- Ok, cariño –dijo sonriendo y sentándose en el sofá.
Disimuladamente di unos pasos hacia atrás, con las pupilas dilatas y todo el temor del mundo saqué las fotos sin verlas, las puse detrás de la pequeña hoja para pensar mejor en si las miraría o no, después de unos segundos decidí verlas y quitarme las dudas de encima. Tristeza, debilidad, soledad, ira, dolor. Mis parpados superiores cayeron, sentí como mis cejas se angulaban hacia arriba, miré hacia el suelo para tratar de procesar todo, al instante una gota cayó en mi mejilla y provenía de mi ojo izquierdo. Estuve helada, mi corazón se agitaba cada vez que pasaba una foto, mi cuerpo temblaba por lo que veía; en las fotos se hallaban Zara y Liz, tal como decía en el papel, sin ropa, echadas en la cama, en algunas fotos aparecía Zara sentada en la cama y Liz encima suyo, besándola. Era repulsivo ver aquello, la mayoría me mostraban a las dos besándose en la cama. No pude creer lo que había visto, las miraba una y otra vez porque pensaba que eran mis ojos que me jugaban una broma, pero no fue así.
- ¿Por qué lloras? ¡Qué pasa! -dijo Zara acercándose para abrazarme.
No pude responderle, no pude siquiera pronunciar palabra alguna, tan solo la aparte de mí dejando caer las fotos al suelo y huí hacia mi habitación. Al llegar hecha un mar de lágrimas, cerré con seguro mi puerta para que nadie pudiera entrar, para que Zara no entrara… Me recosté en la puerta tratando de sujetarme de la perilla, cuando no tuve más fuerzas me dejé caer al suelo y seguí con el llanto y el dolor. Entre las gotas que bañaban mi rostro y el corazón roto en millones de pedazos, pensé en lo que Liz me decía casi siempre en la universidad, sobre Zara y ella, que seguían juntas pero a escondidas, que solo jugaba conmigo porque era ingenua y más cosas igual de terribles.
<< Estuve equivocada todo este tiempo… ¡Cómo pude caer en su trampa!, pensé que ella me decía la verdad, pero ¡Vaya! ¡Mírenla! Resulto todo lo contrario a lo que yo creía, pasé muchas cosas para lograr estar con ella y aun así…>> Me dije
Momento después un golpe en la puerta hizo que saltara del susto, era Zara que daba golpes leves para que la dejara entrar.
- ¡Cris, déjame entrar, yo puedo explicarte todo! Esas fotos no son ciertas, Cris… -dijo en un susurro las últimas palabras.
Fue cuando supe que ella sabía el porqué de mi reacción, que había visto las fotos, pero que podría suponer con “esas fotos no son ciertas”, ¡Si eran fotos!, las fotos pueden ser trucadas, sí, pero esas fueron tan reales, demasiado reales. Zara me había decepcionado tanto, a tal punto de no querer saber nada de ella, pero siguió insistiendo atrás de la puerta, siguió diciéndome que todo era una mentira, que no creyera aquello, pero era en vano
- ¡Haz algo por mí! ¡Vete! –alcancé a decir entre mi sollozar.
- Cristal, por favor… -pronunció con voz entrecortada.
- Vete.
- Te amo…
Pensé << ¿Por qué el “Te amo”? ¿Para lastimarme más? No le he hecho nada a ella más que entregarle mi amor y mi cariño ¿Por qué decir “te amo” a alguien a quien no amas?>>
No escuché más golpe después de lo último que manifestó, no se oyó su dulce voz con la que me enamoró, solo estaba yo y mi llanto en la enorme casa, me encontraba sola, triste, traicionada y decepcionada. Sola. Seguí en mi cuarto, recostada en la puerta, pensando en todo aunque lo que quería era no pensar, las lágrimas aun salían de mis ojos como se les daba la gana. << ¿Cómo es que pudo hacerme eso? ¿Cómo es que no lo noté? ¿Cómo le di tanta confianza a alguien a quien había conocido hace poco?>> Fueron las preguntas que aparecían en mi mente, entre otras más. <<Tal vez es un castigo, tal vez ser lo que soy está mal y fui castigada por eso…>> Ahí de rodillas en el suelo y con el corazón partido, traía puesto el anillo que ella me obsequió, quise tirarlo pero no pude hacerlo, tenía un enorme lío en mi cabeza, igual que en el comienzo. Minutos después del acontecimiento escuché sonar el celular, quizá estuvo sonando antes de que me diera cuenta pero no tuve cabeza para ocuparme en aquel momento de eso, no le di importancia al comienzo ya que pensé que podría ser Zara pero siguió sonando por largo tiempo así que decidí buscarlo para apagarlo. Después de minutos de buscarlo, lo encontré, vi llamadas perdidas de Zara y Sam, eran recientes las de Sam, sonó nuevamente el celular y era ella, no supe si contestarle porque hubo una probabilidad de que llorara otra vez, aun así lo hice. Respire hondo para tratar de tranquilizarme y contesté.
- Hola –dije apenas, contendiendo todo lo que sentía,
- Hola, pequeña. ¿Estás bien? –preguntó amablemente y pensé que sabía lo ocurrido momento antes.
- ¿Por qué? Yo estoy bien –contesté tratando de reír.
- ¡Oh! Pensé lo contrario ya que no me respondiste el celular durante dos días.
- Lo siento –suspiré- no me fijé el celular…
- Ah, seguro estabas con tu novia.
Sentí mi corazón latiendo a mil mientras se rompía en millones de pedazos.
- Pues, si…
- ¿Y qué tal la pasaste?
- Bien –respondí conteniendo las lágrimas que ya se asomaban.
- ¿Segura?
- Sí…¿Por qué?
- Porque no suenas… bien
- Pues estoy bien ¿Tú como estas? –pregunté tratando de cambiar el tema.
- Yo he estado bien, haciendo algunos trabajos. Por cierto, estuvimos en la discoteca hace unas noches.
- ¿Cómo? –pregunté extrañada.
- Sí, te vi a ti junto a tu novia en el DT.
Entonces supe que Sam las había visto, pero no pude decir nada, las palabras no me salían.
- ¿Estás ahí?
- A… Sí…
- ¿Qué pasa, Cristal?
- Nada…- musité.
- Bueno… ese día al parecer no me viste ya que te pasaste de frente cuando intenté saludarte.
- Sam… no era yo… yo… no estaba con Zara…-conseguí decir con voz entrecortada.
- ¿Qué? ¿A qué te refieres?
- Zara…ella… me engañó, con su ex… Liz…- tragué saliva.
- ¿Estás hablando en serio? –preguntó sorprendida.
- Sí.
- ¿Cómo pudo? ¡Cómo pudo hacerte algo así! – la noté alterada, incluso más que yo.
- Yo me pregunto lo mismo…
- Imagino como debes de estar…
- La quiero…
- ¿Puedo ir a verte? –comenzó a preocuparse, se pudo notar en su voz.
- No te enfades, pero… no tengo muchas ganas de hablar…
- Entiendo… -suspiró ruidosamente- Cuando desees hablar, llámame. ¿Sí?
- Lo haré, gracias. Iré a dormir un poco.
- Sí, descansa, ahora es lo mejor.
- Luego te llamo, Sam.
- Está bien, pequeña.
- Adiós…
Aquel día, en el que Zara salió con Liz se suponía que ella saldría con sus amigas, no con su… ex… Tenía tanta rabia, no pude creer lo tonta que fui para dejarme llevar por los sentimientos y cegarme por completo.
Me acosté en mi cama para dormir… o tratar de hacerlo, pensé que sería lo mejor, despejar todo con un poco de música y descansar. En algún momento creí que sería bueno no despertar, pero enseguida me dije que aún me faltaba mucho por recorrer y un mal momento no malograría una vida. Apagué el celular y prendí la radio.
Es increíble como un gran momento puede pasar a uno malo en tan solo un segundo, como de estar feliz en un instante la tristeza llegara a reinar, todo por una simple carta, una simple hoja, unas simples hojas. Me resulto tan “cómoda” la frase “Las apariencias engañan”, porque fue lo que pasó, pensé que Zara había resultado falsa, que todo lo que ella había dicho era falso, sus besos, sus abrazos, sus caricias, su amor, su Te amo… Tan falso como ella.
Desperté a la mañana siguiente, sentí mis ojos hinchados por obviamente llorar tanto, seis y media pude ver en mi reloj, deseé que fueran las ocho no las seis y así poder faltar a clases por una buena razón, no supe si asistir ya que tendría que verla, pero tampoco quería faltar y arruinar mis notas, muchos menos quise demostrarle a Liz y a Zara que era cobarde para luego escucharlas burlarse de mi, al final decidí ir y no darles el gusto de verme mal. Me maquillé lo suficiente para tapar mis hinchados ojos aunque no lo logré, eran muy notorios, posterior a eso hice lo que cada mañana hacía, antes de salir de mi casa hacia la universidad, prendí el celular y vi los mensajes y llamadas de Zara, no encontré una respuesta al porqué de sus llamadas y lo último que quería era saber algo de ella así que no los leí. Mientras me hallaba en el carro los nervios me ahogaban, no supe qué iba a decirles en el caso en que me las encontrara, pero tenía que enfrentar mis problemas.
Cuando llegué a la universidad vi a Zara, donde siempre me esperaba, solo que esa vez deseé que no estuviera ahí por mí, sino esperando a su… ex…


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XXV Adiós

Mensaje por Admin el Lun Jun 06, 2016 7:17 pm

Bajé del auto muy nerviosa, no tenía experiencia en “eso”, es decir, en que alguien me haya puesto los cuernos, en que una chica lo haya hecho, en que alguien importante lo hiciera. Puse la mirada en el suelo por unos segundos mientras el vehículo se marchaba, luego respiré profundamente y suspiré para después llenarme de valentía y caminar hacia destino; el salón de clases, ya no Zara…
- Tenemos que hablar, Cristal –dijo Zara tirando de mi brazo para detenerme. Lo logró.
- ¿Ah sí? Yo creo que no. –Contesté irónicamente soltando mi brazo de su mano.
- Cristal, tengo que explicarte, por favor.
- A… -al tratar de pronunciar alguna otra palabra lo impidió mi mano hablando por mí… fue directo a pegarse al rostro de Zara.
Me arrepentí segundos más tarde, pero a la vez no, algo extraño... Estaba actuando en relación a mi furia, al coraje que sentí en aquel momento, lo menos que quise hacer era dañarla ya que aún la amaba, pero fue un impulso, no pude evitarlo, parte de mi quería hacerlo y otra parte quiso evitarlo. Después del momento incomodo, el silencio desapareció.
- Está bien, tal vez me lo merezco, pero escúchame, Cris…
- ¿Escucharte? ¿Zara, quieres arruinarme aún más? ¡Ya déjame en paz!
Seguí mi camino hacia la universidad con Zara tras mío. Deseaba con todas mis fuerzas no encontrarme con Liz y tener que pasar otro mal momento, pero ¿Qué creen?... +
- ¿Ves que todo lo que te dije es verdad? –dijo Liz deteniéndome y colocándose delante de mí.
- Pues al parecer tenías razón –contesté reteniendo a la pequeña niña sensible.
- Cristal, no le creas nada, ella siempre quiso separarnos –añadió Zara fulminando con su mirada a Liz.
- Mi amor, ya déjala, me tienes a mí–continuó Liz mientras se acercaba a Zara para abrazarla.
- ¡No te quiero a ti! –respondió mi ex novia apartándose de la bruja.
Las tres fuimos el centro de atención de nuestros compañeros, nos convertimos en el espectáculo, ellos estaban atentos por lo que pudiese ocurrir, quizá pensaron en una pelea sexy de chicas. ¡Ja!
- Pues yo no te quiero a ti, Zara, y sabes Liz querida, puedes quedarte con ella, que hacen una perfecta pareja –terminé con esto y lo siguiente que hice fue encaminarme hacia el aula.
Ni bien ingresé al aula y cuando ya estuve a punto de sentarme nos informaron que el profesor tuvo un accidente y que no podrá asistir a clases, no se hallaba ningún otro profesor disponible por lo cual no tuvimos clase. ¡Grandioso! ¿Verdad? No, no lo fue. Ese día necesitaba distraerme y pensé que asistiendo a clase lo lograría. El destino me jugó una mala pasada.
- ¿Podemos hablar? –preguntó Zara con los ojos hinchados, con los párpados superiores caída y mirándome fijamente.
- Está bien… -dije después de haber pensado que nuestra relación no terminó del todo bien y un amor tan lindo (el mío) merecía un buen final.
- ¿Vamos al parque?
- Claro.
Me levanté del asiento para dirigirme al parque junto a Zara pero llegó la bruja del cuento, a seguir arruinando todo.

- Mi amor, vine por ti –manifestó nuestra quería bruja, digo Liz.
- No soy tu amor y me voy con quien sí es mi amor –contestó Zara zafándose de ella y acercándose a mí.
- No soy tu amor –respondí enseguida para dejar las cosas claras.
- Ay Zarita… No sé por qué te gusta sufrir tanto por alguien que no vale la pena –dijo con una sonrisa burlona.
- Yo no ando rogando amor Liz, al contrario, otras sí lo hacen –dije mirándola fijamente sin saber por qué.
- Pues si ella es tuya, ¿Por qué ahora está conmigo? –preguntó saliéndose del tema, al igual que yo.
- Porque le das pena.
- O, porque no te soporta y le pareces fea, como a todos nosotros –contestó señalando el salón en el cual se encontraban nuestros compañeros observándonos.
- ¿Yo fea? ¡Ja! ¿No te has visto en un espejo?
- Por supuesto que sí, y estoy segura que todos concuerdan conmigo.
- Cristal, vámonos –añadió Zara jalando de mi brazo.
No quise irme, quise refregarle en la cara de Liz las muchas cosas que hice con Zara, había aparecido mi lado “malo”, pero no lo hice ya que yo también saldría perdiendo porque ella había hecho muchas cosas con Zara, quizá más de las que yo realicé en ese momento. Me fui con Zara, mi ex amor, para hablar, en el camino ella estuvo callada, se suponía que hablaríamos pero fue todo lo contrario, ni siquiera giraba para verme, fue como si yo hubiera hecho todo mal y ella no.
- Todo lo que dijo Liz, son mentiras –dijo rompiendo el silencio y dirigiéndome una de sus miradas más tiernas.
- Las fotos, Zara…¿recuerdas?
- Pero no son ciertas… -contestó quitando su mirada de mí, nuevamente.
- ¡Encima tienes el descaro de decir que no son ciertas!
- Vamos a la playa… -prosiguió evitando mis palabras.
Y esa fue nuestra conversación en todo el camino. Fue algo incómodo, tenerla a mi lado y no dirigirle la palabra como tanto lo deseaba, no la sentí conmigo, era solo un fantasma a mi lado, pensé que nos estábamos distanciando… Las heridas no se curan fácilmente.
Cuando llegamos a la playa Zara aun mantenía su silencio, pensativa y triste, yo realmente me estaba aburriendo de aquello, o simplemente fue lo que quise creer. Estuvimos en el malecón mirando hacia el mar, como la primera vez, cuando giré a ver a Zara una lágrima se desprendió de sus ojos, recorriendo su mejilla y dándose fin en la comisura de sus dulces labios.
- ¿Te diste cuenta que pasamos por el lugar en donde nos vimos por primera vez? –preguntó Zara mirando el inmenso y tranquilo mar.
- Eh… no…
- Y aquí fue donde hablamos por primera vez, cuando Kyra vino hacia mí y yo fui hacia ti –sonrío al decir esto, los recuerdos…
Yo no supe que decirle, los recuerdos eran hermosos pero yo estaba destruida, así que solo me traían dolor.
- ¿Recuerdas también que te besé aquí? En este mismo lugar…-prosiguió ahora con su mirada en el cielo, conteniendo las lágrimas…
- Sí… pareció verdadero… el beso…-sentí mi corazón romperse, otra vez.
- Lo fue –dijo girando su rostro para luego mirarme fijamente.
- Ok.
- Antes de conocerte mi corazón se encontraba en una tumba, sin poder moverse o sentir algo, pero.. cuando te vi, saltó, bailó, gritó de emoción, sentí algo que no conocía, pero intuí lo que era. Una chica hermosa, unos labios preciosos, unos maravillosos ojos, una sonrisa encantadora, todo eso y más me conquistó, me atrapó. Quien iba a creer que yo de ella me enamoraría, que ella sería la dueña mi amor, que yo la escogería para mi futura esposa…
- Zara… -traté de detenerla pero me interrumpió.
- Quien iba a pensar que yo la amaría tanto en tan poco tiempo, es como si ya la conociera de otra vida y solo estoy recordando el sentimiento de mi otra vida, un sentimiento que nunca murió y que será inútil si alguien intenta matarlo.
- No sigas… -la interrumpí con voz entrecortada.
- Sé que te lastimé y aunque te pida miles de veces perdón, no bastaría.
- No sé… no sé porque acepte venir contigo, ambas sabemos que aun siento mucho por ti, también sabemos que me lastimaste mucho, pero lo que no conoces es que si sigues tratando de llegar a mi yo puedo lastimarte mucho. No soy la niña buena que cree, yo también se hacer daño, yo también se ser mala.
- Tal vez y me lo merezca, yo lo sé. Tú sabes que te amo. Cristal. Han pasado unas semanas pero sabemos que mi amor por ti es verdadero.
- ¡No es cierto! Yo no lo sé, de hecho si sé algo, sé que no me quieres y que eres la persona más falsa que he conocido en mi vida y que borraré de mi corazón.
Nos miramos por un momento, que pareció eterno pero me agradó. Nuestro amor quería actuar, o por lo menos el mío… pero la razón y el dolor lo evitó.
- Yo no tengo nada más que decir o de oír. Adiós, Zara.
- ¡No!
Me abrazó… sentí esa calidez que semanas antes de aquello me faltaba, sentí ese pequeño hilo de electricidad recorrer mi cuerpo y no solo eso… sentí mi rostro empañarse de las lágrimas de quien consideré mi amor eterno. No supe que decir ni que hacer, sentir las lágrimas de Zara me dolió tanto. Escucharla y sentirla me causaba tanta confusión, yo vi una cosa pero ella me decía otra, entonces, ¿qué debí de creer? No supe si ella me amaba en verdad solo que yo la seguía amando a pesar de todo. No pude retener más a esa pequeña niña sensible y junto a Zara nuestras lágrimas se mezclaron. Me lastimaba tenerla a mi lado… así que me separé de ella, luego quite el dolor expresado en mi rostro, la vi por unos segundos y me alejé de ella, de lo lejos escuche un “te amo” que venía de su dulce voz, pero ya no me seguía, era lo mejor para mí y quizá para ella también, después de todo, la que hizo daño fue ella, no yo. Estuve muy confundida, ella no tenía explicación sobre las fotos pero aun así pareció muy sincera en sus palabras.
Era muy temprano para irme a mi casa, en realidad solo fue una excusa, me hallaba triste, muy deprimida, quería distraerme, necesitaba hacerlo y recordé que Sam me había dicho que la llamara cuando necesitara hablar con alguien así que cogí mi celular, desafortunadamente encontré miles de mensajes de Zara, de mis amigas, de chicos y ¡al fin! De Sam.
- ¿Sam? –respiré muy hondo antes de hablar.
- Hola, Cristal ¿cómo estás? –contestó como siempre, con su voz cálida
- Bien ¿y tú?
- Bien, pequeña. ¿Ya estás mejor con aquel asunto?
- Hum… pues aun no, pero lo estaré.
- Oh, ¿quieres hablar?
- ¿Tienes tiempo?
- Sí, acabo de terminar un trabajo, pasa por mi casa ¿te parece?
- Claro, eh… llego en 15 ¿estaría bien?
- Por supuesto, te esperaré.
- Gracias…
- Estoy para ti –sus palabras fueron como un abrazo que necesitaba.
- Lo sé, gracias.
No tuve planeado ir a llorar delante de Sam, era lo último que deseaba, solo quise distraerme y como habían pasado muchos días desde que vi a Sam, pensé que podría aprovecharlo y ponernos al día. Segundos después sonó mi celular, pensé que podría ser Sam, que quizá tuvo un inconveniente y no podría verme, pero no fue así…
- ¿Zara?
- Cristal, ¿Dónde estás? –aun sonaba triste su voz.
- Estoy caminando, ¿qué sucede?
- ¿Podemos hablar? –su voz era tan tierna, a pesar de todo siguió siendo tierna.
- Ahora… no puedo…
- ¿Por qué? –preguntó y no supe si decirle la verdad o mentirle.
- Porque estoy ocupada.
- ¿Con quién?
- ¿Con quién? No estoy con nadie y si fuera así, no tengo porque contarte, Zara… escucha…
- ¡Dime! –dijo exaltándose, algo que en ella nunca había visto.
- ¡Escucha! –de igual manera, me exalté.
- Ok –estuvo algo molesta y sin sentido alguno.
- No sé si para ti lo fue… pero para mí el poco tiempo que estuvimos juntas fue hermoso, todo parecía tan… real…
- Lo fue –añadió interrumpiéndome.
- ¡Zara!
- Disculpa…
- Ok, sigo… Todo parecía tan real, el amor, los abrazos, los besos –y mientras lo describía una sonrisa se dibujaba en mis labios al recordar- pero ocurrió…eso… y ni tú ni yo podemos cambiarlo o siquiera olvidarlo, eso… quebró todo lo que había entre nosotras, ya no podemos retroceder el tiempo y seguir juntas, tampoco podemos adelantarlo y seguir juntas… Yo… ya no puedo seguir contigo –a pesar de que mis palabras me dolían tenían que salir a flote- y te pido, por favor, no me llames, no trates de buscarme que lo único que causaras será lastimarme más… Sólo déjalo… yo haré lo mismo…
- Cristal, pero yo…
- ¡No, Zara! No dejaré que me hagas más daño, si no quieres poner de tu parte, está bien, yo lo haré sola, haré que te alejes de mí, sea como sea.
- No, yo… me alejaré…no porque yo quiera, solo… no quiero hacerte más daño, no quiero decir que no te amo porque te estaría mintiendo, ni que no te extrañaré…Te amo y te voy a extrañar, cristal…-oía su voz entrecortada que se metía en mi corazón para quebrarlo.
- Basta…que esta sea la última vez que hablemos… por favor.
- Está bien…
- Adiós –fue tan duro decir esta palabra, decirla en serio…
- Te amo…
Adiós, que palabra más difícil de pronunciar para aquel momento, que palabra más dolorosa pero correcta para comenzar de nuevo, adiós… nunca creí decírselo a ella, a Zara, quien en algún momento fue mi vida, mi amor, y quien en algún momento de igual manera me lastimó…
Lo último que quería era dejarla ir, pero el dolor seguía allí, no era tan fácil, fue como si mi ser se hubiera partido en dos y ambos estuvieran peleando entre sí, una para que Zara se quedara conmigo y otra para no dejar que perdiera mi dignidad. No quise dejarla en el pasado, pero debía de hacerlo, Liz se quedó con lo suyo, pero yo disfruté de mi relación con Zara. Deje todos esos pensamientos a un lado, o por lo menos intenté hacerlo, y fui directo a la casa de Sam, aunque no pude sacarme de la cabeza a Zara, en ningún momento…
- Hola- le dije esbozando una imperfecta sonrisa.
- Hola, pequeña, adelante.
Al entrar a la casa de ella vi que todo estaba un desastre, sus pinturas e instrumentos por doquier, al parecer acababa de terminar un trabajo.
- Disculpa, es que acabo de terminar un trabajo- vaya coincidencia, pensé- intenté limpiarlo todo pero…
- ¿Ya terminaste tu trabajo? –pregunté esta vez sonriendo de verdad.
- Pues… aun no pero lo haré luego.
- Ok, mira, termínalo y yo voy limpiando ¿sí?
- No, no, no te preocupes –contestó.
- Tú no te preocupes, además primero es el trabajo –dije poniéndome manos a la obra.
- ¡No! –trató de detenerme pero pensé que aquello me distraería así que de igual manera lo hice.
Pensé que no era mucho, pero todas sus pinturas estaban por toda su casa; su cocina, sala, su cuarto. Yo no limpiaba desde hace muchos años, mis padres al irse contrataron más empleadas y prácticamente no me dejaban hacer nada y pues me fui acostumbrando, por lo cual tomé eso como un reto.
- No tienes por qué hacerlo –prosiguió Sam tratando de detenerme, nuevamente.
- Pero quiero hacerlo, quiero ayudarte –contesté amablemente.
Así que me puse a limpiar su sala primero, luego su cocina, y cuando ya había terminado esos dos fui al cuarto de Sam, al principio pensé que debía avisarle pero luego creí que ya le había dicho que limpiaría y ordenaría todo por tanto supuse que ya sabría.
Entré a la habitación de Sam y había dos guitarras, un hermoso piano negro, muchas pinturas, tantas cosas hermosas que se hacían notar en el enorme desorden. Traté de no abrir ningún cajón de su cómoda, para no invadir su privacidad- no más de lo que ya invadía-, y ordenaba sus pertenencias, sus pinturas las ponía a un lado tratando de no dañarlas y entre sacar una de esas obras vi algo que me sorprendió…
-¿Cristal, ocurre algo? –Dijo Sam, quien por cosas de la vida había llegado justo en el momento adecuada –no pude hablar, estuve muy avergonzada para que me salieran las palabras- Disculpa… lo siento… no tenía idea de que limpiarías aquí, disculpa –prosiguió escondiendo rápidamente lo que me había asombrado.

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XXVI Una sensación conocida... Ella...

Mensaje por Admin el Lun Jun 06, 2016 7:18 pm

- ¿Usas un consolador? –pregunté muy avergonzada, en realidad era obvio ya que tenía uno en frente pero fue más de sorpresa que de curiosidad.
- A…. pues… no exactamente… pero…
- ¡Oh! Ya entiendo. No… no te preocupes –dije con la cara sonrojada- ¿terminaste?
- ¿Termine, qué? –contestó distraída.
- Tu trabajo.
- Ah, sí, ya terminé.
Fue un momento muy vergonzoso, antes de aquel día nunca había visto uno y no me imaginé encontrarlo en el cuarto de Sam, pero pensé que no era malo tener uno, solo fue incómodo para mi…Imagínense… Minutos más tarde nos dirigimos a su sala, ella ya había terminado su trabajo y yo de ordenar sus cosas, nuestros rostros siguieron colorados por aquel asunto, no nos miramos, ni hablamos por un instante, lo único que hacia ruido era el radio que ella había encendido antes de lo ocurrido. Aun en el silencio perturbador recordé lo sucedido con Sam, su rostro, mi rostro, nuestras expresiones, el color rojo que adornaba nuestras mejillas y sin darme cuenta estuve riendo sola, sí, como loca, ella me miró y me acompañó en la tarea. Y es que nosotros deberíamos tener una sonrisa presente cada día, así sea reír por los malos momentos, o vergonzoso como el mío.
- Lo siento, no debí dejarlo ahí –dijo ella entre risas.
- No, no, descuida, yo no debí entrar sin consultarte.
- Te ves linda sonriendo, así deberías estar siempre –añadió esta vez sonriendo.
- Sonreiré siempre, en los buenos y malos momentos –respondí dejando de reír para igual que ella, sonreír.
- ¿Nunca habías visto un…? –preguntó Sam esperando a que yo adivinara el resto.
- Eh… no nunca… -contesté negando con la cabeza.
- ¡oh! –comenzó a reír de nuevo- lo guardaré para la próxima vez.
- No, bueno… es tu casa…hum…lo… usas con chicas ¿no? –pregunté nerviosa porque se incomodara.
- Pues, no podría usarlo con chicos…
- Cierto, cierto…
- ¿Y cómo vas con el amor? – dijo mirándome mientras yo la evitaba.
- Pues… qué puedo decirte… Zara y yo terminamos…-al decir esto mi sonrisa desapareció de mis labios.
- Wow, se veían muy bien juntas…
- Sí, pero las apariencias engañan…
- Tranquila, pequeña, todo pasa por algo, todo tiene una razón, un por qué.
- Sí, quizá…
No me gustó recordarlo, pero tampoco podía huir del asunto, en especial porque de alguna u otra manera yo quería contárselo, quería desahogarme y al fin y al cabo… lo hice.
- ¿Qué te parece si te distraigo un poco? –preguntó sonriendo.
- ¿Harás un baile sensual? –respondí riendo y ella me acompañó con su contagiosa risa.
- No, veremos película y… comeremos un rico helado.
- Oh, bueno, eso suena bien, también.
- ¿Terror, comedia, animada o romántica? –dijo ella mientras veía los dvd´s que tenía a un lado del televisor.
- ¿Qué te parece si vemos una de terror primero y luego una romántica?
- Me parece genial.
Cogió una película llamada "Kill Katie Malone"¨, trata sobre tres chicos universitarios que compran una pequeña caja que contiene un fantasma en algo parecido a EBay, pensando de que solo es una broma, pero la fantasma tiene valores familiares, o algo así, y no deja que nadie dañe a los chicos, los mata, y si los chicos no siguen esos valores familiares, pues…
- ¿Tienes miedo? –preguntó Sam con una leve sonrisa.
- Hum… un poco –contesté con una mentirita, la verdad no tuve miedo pero ella no sabía que yo amo las películas de terror y quise ver que ocurría.
- Yo te protejo –dio como respuesta.
- Eso me encantaría.
Después de eso nos quedamos en silencio viendo la película, muy centrada en ella ya que esperábamos algo muy terrorífico, al principio me pareció interesante, pero luego pensé que era aburrido; muerte absurdas, gritos nada de terror, en fin…
Sam, ella era una buena amiga, no quiero decir que haya sido mi mejor amiga, solo fue… una buena amiga, podía confiar en ella a pesar del poco tiempo que llevamos conociéndonos, cada vez que quería contarle algo, lo hacía y cuando deseaba no contarle muchos detalles ella no me obligaba a hacerlo, tenía mucho respeto en cuanto a eso. Al terminar de ver la película de terror me encontré algo decepcionada, no había llegado esa película que me asustara por completo, o si quiera que me asustara un diez por ciento, ¡ya! un cinco por ciento.
- ¿Te asustaste? –preguntó inocentemente Sam.
- Hum… -no supe si decirle la verdad y defraudarla o no- no, porque tu estabas a mi lado. Protegiéndome.
- ¿Ves? Yo te protejo –añadió sonriendo.
- ¿Ahora que veremos?
- Una película romántica, yo ya la he visto, es muy bonita y sé que te gustará.
- Pues entonces hay que verla –contesté entusiasmada.
Ella puso la película, <Imagine me and you>, supongo que muchas de ustedes la habrán visto y sí, es muy linda esa película, aún recuerdo las partes en que me gustaron. Descuiden, no se los contaré por si alguna de ustedes no la vio. Yo no tuve ni idea de que era una película lésbica, de hecho al saberlo me sorprendió un poco, solo duró unos segundos esa impresión, luego disfrute junto con Sam la película, y tuvo razón, me encantó, muy romántica, mucha pasión, mucho amor, justo lo que necesité.
- ¿No sería lindo tener un amor de película? –dije, divagando entre mis sueños despierta.
- Sí, pero como tú dices, son de película.
- Pero… cuando encuentras a la persona indicada, sientes que es de película ¿no?
- Es cierto, para eso hay que encontrar la indicada.
- Quisiera saber cómo hacerlo… -contesté volviendo a mi tristeza, a mi decepción, a Zara.
- Tarde o temprano nos llegará el amor, solo hay que estar abierto a él.
- No… -suspiré al tener a Zara de nuevo en mis pensamientos- es tan sencillo después de que te fallan…
- Pero de ahí aprendes, Zara no fue un error en tu vida, fue una experiencia y en su momento, grata y debes aprender, de esa experiencia.
- ¿A no confiar al cien por ciento? –agregué sintiendo una estaca clavada en mi corazón.
- Quizá sea eso lo que debas aprender, debes analizar todo, no solo la parte fea de la relación.
- Tal vez…
- Pequeña –dijo acercando su rostro al mío –llora todo lo que desees llorar, está bien desahogarse.
La miré a los ojos tratando de retener de nuevo a la pequeña niña inocente y tonta, pero no pude, sentí las lágrimas descender desde mis ojos hasta donde ellas quisiesen ir, segundos después de iniciar mi llanto la abracé. Pasó lo que no quise; llorar, pero Sam tuvo razón, debía de desahogarme, de llorar lo que fuese necesario porque es la manera más sana de expulsar todo el dolo que tenía dentro. Luego de unos minutos el llanto cesó, las lágrimas fueron desapareciendo poco a poco, me sentí más tranquila, obviamente… fue lo que necesitaba.
- Gracias por… estar a mi lado –pronuncié alejándome de ella lentamente y escondiendo mi rostro con la parte delantera de mí cabello.
- Siempre estaré aquí para ti.
- ¿Por qué? –pregunté sin querer, las palabras solo salieron.
- ¿Por qué, que? –dijo ella tratando de evitar la pregunte hecha hace unos segundo.
- ¿Por qué… siempre estarás a mi lado? O ¿no es completamente verdad?
- Lo es… y pues… No lo sé, solo, siento esa necesidad de protegerte y estar…contigo…
Observe a Sam por un instante, me pregunté cuál era la verdadera razón. Cuando dirigió su mirada a la mía, sentí algo extraño y lindo, fue como… una sensación conocida pero a la vez extraña sin embargo, nada desagradable, pensé que… parecido a lo que sentí por Zara, similar a la primera vez en que la vi y ella me vio solo que más intenso, mientras estas ideas recorrían mi mente yo la seguí viendo y sin querer… me perdí en su mirada…
Aún perdida en sus ojos, pensé que quizá debí de pasar por la relación con Zara y todo la que ésta incluye para darme cuenta de que Sam era a quien buscada, o esperaba, con quien debía estar, también pensé que eso podría ser solo una ilusión tonta del momento. Sí, otra vez me confundí. Lo siguiente que hicimos fue tratar de dejar ese momento en el que nos perdimos en nuestras miradas e irnos a sentar al sofá, ella me contaba sobre los trabajos que estuvo haciendo, sobre las pinturas que encontré en su casa y para quienes eran y que trataban de expresar. No entendía mucho de lo que trató de explicarme, tal vez por mi falta de inteligencia en ese momento o simplemente porque estuve distraída. Se notaba que le encantaba su trabajo ya que cada vez que hablaba acerca de ello se divertía. Aun así no pude sacarme de la cabeza por qué la necesidad de cuidarme, quizá como una hermana menor, o quizá como una amiga… no sabía.
- ¿Puedo dibujarte? –Sam preguntó inesperadamente.
- ¿Ah?... No sé si pueda mantenerme quieta por un tiempo…-contesté con mis mejillas coloradas.
- No es necesario, puedes moverte si quieres, solo serán unos minutos, te lo juro.
- Pues, está bien, encantada –dije emocionada, fue la primera vez que me retrataron.
- Vamos al balcón, ahí será mejor.
Nos dirigimos hacia el balcón de su casa y me dijo que hiciera lo que quisiese mientras esté allí, así que lo único que hice fue maravillarme con la hermosa vista que se podía tener desde ese lugar. Al principio solo pensé en como le estaría saliendo a Sam el retrato y ansiaba mucho el verlo, pero luego utilicé ese tiempo para pensar en todo, Sam, Zara, yo… en ese instante todavía sentía rencor hacia Zara, eso no quita el que la siguiera amando, porque si lo hacía, sin embargo es verdad lo que dice Sam; por algo ocurren las cosas. También se me vino a la mente lo que minutos antes hube pensado, el de que quizá eso debió ocurrir para darme cuenta que Sam podría ser algo más que una amiga, pero también estuvo la idea de que arruinar una amistad con una relación no sería lo adecuado ni lo mejor. Perdida entre mis pensamientos, me di cuenta que frente a mí tenía al parque en donde Zara y yo paseamos muchas veces, no pude evitar sentirme nostálgica y triste, a pesar de que quise esconderlo-ustedes saben, soy mala- no lo logré.
- ¿Qué pasa, pequeña? ¿estás bien? –preguntó Sam al notar que mis cejas estaban levantada.
- Ah, si, ¿por qué?
- Lo sé…- dijo mientras dirigía su mirada al mismo lugar en que la mía estaba clavada; el parque.
No hablé más, solo la abracé con todas las fuerzas que tuve y ella me correspondió, me sentí segura a su lado, protegida, especial…
Se sintió tan bien estar entre sus brazos, acogedor, cálido y cómodo. ¿Me estaría convirtiendo en una lesbiana completamente? Fue lo que pensé, los brazos de las chicas me resultaban más cálidos que el de los chicos, sus manos más delicadas y suaves, sus ojos eran distintos al de los chicos, hacen que me pierda en un lugar profundo-claro, no en todos pensé que quizá me estaban gustando más que los chicos. No era algo malo, solo… nuevo.
Me alejé un poco para ver a Sam, para ver su rostro, sus ojos y para mostrarle que ya me había tranquilizado, sin querer mis ojos se dirigieron a sus labios perfectos y en un gran impulso mis labios se acercaron a los suyos rápidamente. Tranquilas, no sucedió ya que ella se echó apara atrás.
- Tú quieres a Zara –fueron sus palabras que cortaron el mal momento.
- A… -no, yo no pude reaccionar, supe que lo que estuve por hacer no fue correcto.
- Así no, Cristal. Solo estas confundida.
Quise besarla, pero pensé que solo estaba confundía, como dijo Sam, tal vez lo hice porque extrañaba esos momento con Zara y asumí inconscientemente que ella era Zara, mi mente no funcionó en ese momento, solo actué sin meditar, quise escapar, huir y pensar con tranquilidad.
- Lo siento, Sam. No sé qué… que pasó… lo siento…yo…
- Hum… bueno, no importa, Cristal –contestó de manera cortante.
- Eh… ya es tarde y… pues… tengo que irme. Discúlpame.
Con esto terminé nuestra conversación y cogí mis cosas tratando de salir lo más rápido posible, aunque fue en vano, Sam se puso en mi camino evitando mi escape.
- Cristal ¿Qué pasa? –preguntó Sam enojada, fue la primera vez que la había visto así.
- Es que… -no supe que decirle, no pensaba, mis palabras salieron por sí solas-te miro y… no lo sé… creo que estoy algo confundida, necesito irme.
La miré esperando a que me entendiera y felizmente fue así, se apartó de mi camino colocándose a un lado y sin decirme algo más me dejó ir. No quise que pensara que estaba enamorándome de ella o alguna otra cosa similar ya que no era cierto, yo seguí enamorada de Zara, pero pensé que tal vez comenzaba a gustarme más que una simple amiga, creí que la estaba viendo con otros ojos sin darme cuenta, no obstante decidi no apresurarme de la forma en que casi lo hube hecho.
Salí en un disparo de su casa sin rumbo a algún lugar, simplemente camine y me pregunté por qué todo tenía que salir de esa manera, porqué simplemente no pude enamorarme de un chico, quizá así las cosas fuesen más simples, esas fueron las palabras que pasaban por mi mente torturándome. Entre cada paso que daba pude observar que estaba muy cerca de la playa, del lugar en que Zara y yo recurríamos casi siempre, supuse que era la costumbre que me llevó, así que decidí ir'allí. Cada paso me traía recuerdos, tantos momentos lindos, me cuestioné porqué tuvo que terminar de esa forma, hube dado lo mejor de mí incluso más. Después de unos recuerdos, unos segundos, unas lágrimas recorriendo mis mejillas pude entender lo que debí hacer; seguir mi vida sin ella, dejarla atrás junto con los recuerdos. Era algo difícil ya que yo estuve muy enamorada y me imaginé nuestro futuro juntas pero cuando ya terminó todo no supe que imaginarme, tenía pistas pero… fue algo difícil, solo tenía que poner los pies en la tierra y vivir la realidad.
Suspiré al pisar la arena que traían consigo miles de recuerdos, estuve cansada, tuve mi mente agotada y mi corazón destrozado. El mar siempre me tranquiliza, es acogedor estar frente a él, solo oír el sonido de las olas te calma. A pesar del frio que hacia; el viento y las gotas que disfrutaba mientras caían en mí, me alegré un poco, esa escena era perfecta para mí, no puedo decir que la lluvia representa mi dolor, es todo lo contrario y siempre me alegra. Media hora después estaba congelándome y completamente empapada, aun así me quedé ahí para gozar, siempre me gusta levantar la vista hacia arriba así que lo hice, levanté mi mirada hacia el cielo y cerré los ojos para sentir las gotas en mi rostro, como se deslizaban sin importan que había en su camino, como disfrutaban de cada centímetro de mi piel, mojándola, segundos después dejó de llover milagrosamente, deje de sentir esa sensación única de las gotas en mi rostro, al abrir los ojos me di cuenta que no era un milagro como yo creí, era la chaqueta de alguien cubriendo mi rostro para que no se mojara más de lo que ya estaba, giré para ver de quien provenían esas manos que sujetaban aquella chaqueta y me di una gran sorpresa…era Zara, con su inigualable sonrisa tierna y encantadora, las lágrimas se asomaron enseguida en mis ojos al mirarla y ver esa expresión de “yo siempre te cuidaré”, mi corazón saltó en un gran brinco y luego se partió en millones de pedacitos deseando ser juntados por quien lo destrozó… ella…

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XXVII ¿Aún sientes algo por mí?

Mensaje por Admin el Lun Jun 06, 2016 7:19 pm

- ¿Qué haces? –pregunté, aún sorprendida.
- Cubriéndote de la lluvia –contestó ella con esa sonrisa que derrite a cualquiera.
- ¿Por qué…estás aquí?
- Vine… a pensar y… te vi.
- Oh…no es necesario que me cubras –dije apartando su chaqueta.
- Pero te mojarás –respondió acercando su rostro al mío, provocando que mi corazón latiera a mil.
Colocó uno de sus codos en uno de los hombros de la chaqueta y su mano en el otro hombro y así volvió a colocarlo a unos centímetros de mi cabeza, cubriéndome de la lluvia, la diferencia fue que su otra mano que quedó libre la puso en mi cintura pegándome a su cuerpo, pensé que para cubrirse ella también. Nuestros rostros quedaron tan cerca que pude sentir su respiración, nuestras miradas se llamaban entre sí y nuestros labios esperaban ser encontrados. Extrañé esa sensación… no hubo pasado mucho tiempo desde que terminamos pero los segundos sin ella fueron una tortura para mí. No supe que hacer; si alejarme de ella o seguir en sus brazos, aunque solo quise observarla, ver lo que sus ojos me transmitían, o mentirme, sentirla a mi lado… sin embargo los malos recuerdos no tardaron en aparecer y alejarme de ella.
- Tengo que irme –expresé mientras la alejaba otra vez.
- ¿Podemos sentarnos a disfrutar de la vista? –preguntó buscando mi mirada con la suya.
- ¿En la lluvia? –pregunté mientras en mi cabeza se batalla el sí quedarme o alejarme.
- No, no, puedo… buscar un lugar –dijo mientras sus ojos andaban en la búsqueda de algún lugar seco.
- Yo quiero estar en la lluvia.
- Entonces podemos… sentarnos aquí ¿está bien?
- Sí.
Creí que debíamos hablar, no para regresar sino para que nuestra relación tuviera un buen final. Nos sentamos en unas piedras que se hallan cerca a la playa y nuestros ojos fueron directo hacia el mar tratando de evitarse, nosotras probablemente recordando o por lo menos fue lo que yo hice mientras no se producía algún ruido excepto el de las pequeñísimas olas.
- No quiero obligarte a que te quedes conmigo –dijo mordiendo su labio inferior después de unos minutos de silencio puro.
- No me estas obligando, yo quiero quedarme para que… nuestra relación tenga un buen final… a pesar de todo…
- ¿Aún sientes algo por mí? –preguntó algo que me dejo con los ojos de plato.
- ¿Ah? Eh… me refiero que quiero terminar bien contigo, Zara…
- Ah…
- Zara…-respiré y suspiré hondo para tomar valentía y soportar estar a su lado sin tener que besarla- a pesar de lo que has hecho… yo aún… te quiero…
- Yo te amo, Cristal –contestó con su mirada en la playa, haciéndome sentir un hilo de electricidad recorrer mi cuerpo.
- Pero eso no quiere decir que regresaremos –respondí tratando de alejar su frase anterior.
- Entiendo…
- Yo sé que una amistad entre nosotras, no habrá, pero… por lo menos podremos saludarnos… -mi mente comenzaba a divagar y mis palabras sin sentido salían a flote.
- Cristal, quiero contarte algo –dijo con la mirada puesta en las piedras.
- Dime –respondí curiosa.
- El día en que… pasó aquello con… Liz, yo… bueno… no recuerdo las cosas, estaba ebria y no recuerdo nada, ni siquiera haber ido con ella…
- No des excusas, por favor.
- No son excusas, es la verdad y… solo quería que lo sepas…
- ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- Estaba muy avergonzada, yo no soy de las personas que toman hasta estar ebrias y menos… engañar –contestó apretando los dientes nuevamente y ésta vez, mirándome a los ojos.
- Bueno…
- Sé que es difícil creerme…. Pero solo quería que lo sepas.
- Está bien.
No supe si creerle o no, era muy difícil después de lo que yo había visto. No negó haberse acostado con Liz, tampoco lo aceptó, solo dijo no recordarlo. Por más que quise creerle no había pruebas de lo que ella decía pero si de lo que ella había hecho.
- No pretendo que regreses conmigo, pero quiero que me creas porque te digo la verdad. Haré todo, Cristal. ¡Todo! por probártelo.
- ¿Probarme que, Zara? ¿Qué estuviste ebria? ¡Sam te vio! Y no dijo que estaba ebria.
Ella se quedó callada, supuse que no supo que decir y es cuando pensé que me estaba mintiendo, de hecho, ni siquiera probando que estuvo ebria podía cambiar las cosas, si me probaba algo o no todo seguiría igual; medité. Las fotos la delataban.
- Zara…- proseguí- así pruebes que estuviste ebria, te acostaste con Liz…
- ¿Y si no fuera verdad? –preguntó abriendo una gran duda en mí.
- ¿Cómo? –pregunté al instante.
- ¿y si me drogaron o algo parecido? ¿No crees que eso pudo pasar?
- Ay Zara –contesté sarcástica con una pequeña risa- ¿Ahora quieres echarle la culpa a alguien más?
- No, no intento decir eso, pero… no recuerdo nada…
- Lo que acabas de decir fue el colmo, Liz será muy mala pero ¿Drogarte? No puede ser capaz de tanto.
- ¿Eso crees? –preguntó con las cejas levantadas.
- Eso creo, deberías de asumir tu culpa y no tirárselas a otras personas.
- Nunca regresaras conmigo ¿verdad? –dijo cambiando de tema.
- Cuando me demuestres que no te acostaste con ella, seré tu novia –contesté sin siquiera pensarlo dos veces; algo malo.
- ¿Es en serio, Cristal? –respondió ella abriendo mucho los ojos y sonriendo.
- Sí, Zara. Pero hasta que lo demuestres, no quiero que me hables por ningún medio.
- Pero… -borró de sí, la alegría que expresó segundos antes.
- Solo me harás daño… -manifesté bajando mi guardia…
- Te lo demostraré, Cristal. Te lo juro…Te amo…
Me dolían sus palabras y verla triste junto a las esperanzas falsas, pero no pude hacer nada, las cosas ya estaban hechas.
- Eres alguien muy especial para mí, Cris. Yo te lo probaré, ya verás, mi vida.
- Ojalá se pudiera –dije en casi un susurro.
- Yo sé que no tienes fe en que lo logre, pero yo sí.
- Suerte –respondí tratando de esbozar una sonrisa, mientras me levantaba para retirarme de ese lugar.
- ¿Puedo acompañarte a tu casa? –dijo incorporándose rápidamente.
- Está bien – expresé después de segundos de meditarlo.
No me sentí a gusto al lado de Zara, no mientras ambas caminábamos a diez mil metros de distancia, se sentía un silencio perturbado, el primer momento en el que el silencio no fue bienvenido y un así se quedó, no fue agradable caminar a su lado y no hablar, no reír, ni siquiera vernos a los ojos, no fue agradable sentirla a mi lado pero a la vez a una gran distancia que nos alejaba. Cuando llegamos a mi casa, sin hablar y sin mirarnos parte de mí ser pedía a gritos que dejara a Zara quedarse en mi casa y la otra, gritaba que tuviera dignidad y la apartara por siempre. Esa batalla, presentí, que le llevaría por mucho tiempo.
- Bien, ya llegamos –dijo ella, parada frente a la puerta de mi casa.
- Sí. Gracias por acompañarme –contesté con una sonrisa fingida.
- Lo haré cuando quieras –respondió ella sonriendo y acariciando mi mejilla derecha.
- Ya.
Estuvimos en ese incómodo momento en la que unas chicas que se aman y se separan no saben cómo despedirse, si con un beso o solo un triste apretón de mano.
- Supongo que debo irme- manifestó en un suspiro.
- Supongo…
Ella me miraba y me miraba mientras sonreía, sus ojos me decían “déjame entrar”, pero mi cabeza se negaba a aceptarla de nuevo, fue difícil, difícil tener a la ex novia frente a ti mientras la sigues amando con locura, sin poder besarla, sin poder tocarla…Y así seguimos por un buen rato, solo viéndonos y deseándonos a más no poder, deseando que nuestro amor se vuelva a unir, yo deseando que pudiera probarme lo que ella decía, deseando y divagando, en un momento sin darme cuenta, o quizá sí, la besé.
Ese beso fue único-sí, todos mis besos con ella son únicos-, sentí como si ella y yo volviéramos a ser una, que mis sentimientos y los de ella se reencontraban, que nuestro amor disfrutaba el momento, que no importaba nadie más, solo nosotras, sentí que volvíamos al pasado y que nada malo había ocurrido, que nuestro amor era verdadero, mi corazón latía muy rápido, latía como siempre lo hacía cuando me encontraba con Zara, y yo solo deseaba que nunca terminara.
Pero siempre debemos ver nuestra realidad, siempre… y tuve que alejarme de Zara y parar el beso, me costó mucho hacerlo, cada vez que intentaba separar mis labios de los suyos, ella no los dejaba, buscaba mis labios y los encontraba, pero después de tantas veces de intentarlo, lo logré sin querer.
- Esto… no debió de pasar Zara –dije agachando la mirada y torturándome por haber dejado sus labios libres para otra.
- ¿Por qué? ¡Tú y yo nos amamos, Cristal!
- ¡Tú me engañaste!
Ella, por supuesto, no contestó nada, no dio respuesta alguna durante varios minutos de incomodidad, solo esperé a que se retirara aunque no era lo que deseaba. Zara solo me observaba lastimada, pero yo no pude hacer nada, al igual que a ella, a mí me dolía.
- Mejor anda a tu casa, Zara.
- No es justo… - me dijo quitando su mirada de la mía.
- No es justo ¿qué?
- Lo que está pasando.
- Tú lo provocaste, ahora toma responsabilidad de tus actos,
- ¿Por qué ahora eres fría? Antes no lo eras –pronunció negando con la cabeza.
- ¿Por qué soy fría? ¿Es en serio? Antes no me hacías daño, pero ahora sí, y quieres seguir haciéndolo estando parada frente a mí.
- Yo te amo –de nuevo esa frase…
- No lo creo.
- ¿Dudas? –cuestionó acercando su rostro al mío.
- Mucho –contesté apartando mi mirada de la suya- si me amaras no hubieras hecho lo que hiciste con Liz, si me amaras no me dañarías.
- ¿Quieres que me aleje de ti?
- Yo te quisiera día y noche, Zara –las lágrimas comenzaban asomarme en mis ojos, mostrando mi debilidad delante suyo- pero debo tener mi dignidad y no dejar pasar lo que hiciste, sé que debes alejarte de mí, que es la única manera en que podré olvidarte.
- Yo no quiero olvidarte, yo quiero verte todos los días a todas las horas, ver tus ojos y saber lo que sientes por mí, sentir tus labios junto a los míos, sentir que tú y yo somos una, otra vez.
- Pero no es posible, ahora ya no, como dice Sam, las cosas pasan por algo.
- ¿Sam, Sam, Sam! ¡Por qué la sigues mencionando! –dijo casi en grito.
- Acabo de mencionarla ¿Qué tienes? –contesté tratando de tener paciencia.
- ¡No me gusta que estés con ella, Cristal! –expresó alejándose y luego volviendo hacia mí.
- Porque es mi amiga –dije y segundos después recordé lo que casi pasó con Sam.
- ¿Amiga? ¡Si tú le gustas!
- ¡No me grites, Zara! ¡Vete a tu casa, no quiero saber de ti!
- Está bien, Cristal –contestó calmada minutos después- me iré, pero no dejaré de amarte, ni aunque estés con… Sam
- No estoy con Sam, mi amor es tuyo, pero no regresaré.
- Haré que veas que yo no hice nada, te lo probaré.
- Pues pruébalo y luego veremos.
Después de esa movida conversación abrí las rejas que dan a mi casa y entré a ella sin mirar como Zara se alejaba de mí. ¿Cómo eso terminó tan mal? ¿Cómo un beso pudo acabar así? Se suponía que el amor de Zara me debería hacer feliz, pero… los problemas llegaron y la verdad se asomó para interrumpir…
Minutos más tarde, cuando pensé que Zara ya se había ido giré para corroborarlo, y sí, ya no estaba allí. Entré a mi casa sin ganas de nada solo de tirarme a mi cama por un buen rato, vi a Kyra acercase a mí para saludarme y la puse entre mis brazos para llevarla conmigo a mi habitación, pero algo me extrañó, una voz de tras de mí me llamaba.
- Cristal, espera.
- ¿Cómo entraste? –contesté a Sam, quien se encontraba sentada en el sofá.
- La empleada me dejo pasar…
- ¿Desde qué hora estas aquí?
- Disculpa por venir sin avisar pero…saliste de mi casa como huyendo de algo…
- Hum…-no supe que responderle- olvídalo, fue… fue… uno de mis…momentos tontos y locos en los que digo cosas sin sentido…
- Eso… no pareció, Cristal…-contestó mientras se acercaba a mí.
- Pues eso fue –respondí dando unos pasos hacia atrás.
- Cristal, puedes confiar en mí –dijo bajando de mis brazos a Kyra y cogiendo mis manos con las suyas.
La miré tratando de decidir si decirle lo que pensé en el momento que estuvimos en su casa, decirle que vi y besé a Zara, decirle que quizá me gustaba pero que el quizá estaba ahí, no estaba segura de aquello, o simplemente no decirle nada.
- Sam, no fue nada, de verdad.
- Está bien, Cristal, solo estaba preocupada.
- No te preocupes mucho –contesté sonriendo y queriendo cambiar de tema -¿Quieres comer algo? O ¿Tomar algo?
- ¿Vino?
- ¿Vino? –respondí levantando las cejas.
- Sí…necesito un poco –expresó riendo junto a mi.
- Okay… yo te traigo una copa.
- Gracias, Cris.
Fui a buscar una botella de vino y en el camino pensé que Sam fue muy dulce al preocuparse por mí y que aunque no iba a descansar supe que me divertiría.
- Aquí esta –dije entregándole una copa mientras yo me quedaba con otra.
- Gracias. ¿Deberemos brindar por algo?
- Ah… ¿Por la vida? –reí al no encontrar una razón- no sé…
- Por la vida y porque venga algo bueno después de lo malo.
- Salud –afirmé con la cabeza y choque mi copa con la suya.
Estuvimos tomando vino hasta acabar la botella, ella me conversaba sobre un trabajo que tenía en otro país y aunque no me agradó mucho la noticia la animé a que la aceptara. En un momento que creí adecuado le conté que encontré a Zara de casualidad y que nos besamos lo cual no le gustó e hizo un gesto desaprobatorio, me dijo que solo me haría daño, cosa que tal vez fue muy cierta, pero yo le aseguré que esa vez sería la última y así se quedó más tranquila. Dieron las doce y media, ya era muy tarde y no podía mandarla sola a su casa o quizá no quise, pero tampoco tenía al chofer a disposición ya que no se encontraba, por lo cual le ofrecí una solución espontánea.
- Sam… es tarde y…
- Sí, lo sé, ya me voy, no te preocupes –dijo levantándose del sofá.
- No, no, quería decirte que…si deseas puedes quedarte a dormir –no pensé que sonaría tan mal pues segundo después de lo dicho me arrepentí.
- Ah, pus… ¿No te molesta?
- Pues no, al contrario, me preocuparía que te fueras sola a estas horas.
¡Vaya amiga! Pensaran ustedes.
- ¿Dormiría… en tu cuarto? –preguntó sonriendo.
- Si quieres si, sino en el cuarto de invitados –contesté con la cara de tomate.
- ¿Puedo dormir contigo? Digo, para jugar o ver televisión.
- Oh, no es mala idea.
Momento después Sam y yo nos dirigimos a mi cuarto para hacer una “pijamada”, claro. Cuando entré a mi habitación con ella, recordé la primera vez que hice lo mismo con Zara… ella no se alejaba de mis pensamientos aunque yo loquisiese, seguía presente en mí, día y noche en mi mente

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XXVIII Entonces, esto ya acabó

Mensaje por Admin el Lun Jun 06, 2016 7:20 pm

Después de haber preparado todo para dormir, prendí el televisor y lo dejé en una película, luego me acosté junto a Sam en la cama. Si soy sincera, me arrepentí un poco, pero no cambié de decisión. Ahí estábamos, Sam y yo por primera vez en mi cama, ella a mi lado, yo al suyo, solas, en la afortunadamente, cama enorme. Me sentí un poco incómoda ya que tenía una especie de atracción, no supe cual en ese momento, pero en ciertos momentos ocurría el querer besarla, así que el tenerla a mi lado y tan cerca me hizo sentir rara. Pero, en ese instante no se me pasó por la cabeza el querer besarla o abrazarla, estar con Sam, tener compañía en mi cama, me recordó a los días que pasé con Zara. Eran inevitables esos recuerdos, venían a mí y me traían tristeza pero también alegría porque aparte del momento malo, todo fue hermoso a su lado. Moví la cabeza para ambos lados tratando de despejar, olvidar todo eso, concentrarme en la película, y lo logré.
- Estuvo bueno ¿verdad? –dijo Sam al terminar la película.
- Sí, fue muy graciosa.
- Sí, ya me di cuenta que ríes con las película de terror.
- Bueno… ¿qué puedo decirte? –contesté sonriendo.
- ¿Mañana tienes que ir a clases? –preguntó cambiando de tema.
- Sí, ¿por qué?
- Entonces tienes que dormir temprano.
Lo pensé un poco, y sí, ella tenía razón, era tarde y a pesar de que yo no tuve sueño debía descansar para el siguiente día levantarme temprano para ir estudiar, así que le dije que sería mejor hacerlo y nos echamos para dormir. Las dos estuvimos de espaldas, mirando para direcciones distintas, en silencio, solo se escucharon nuestra respiración, no supe que debía hacer después de todo íbamos a dormir, pero se respiraba un ambiente incómodo, o tal vez, era solo yo.
- Eres linda, Cristal –dijo Sam.
- ¿Ah? –contesté casi en susurro con las mejillas ruborizadas.
- Sí, lo eres y muy especial.
- ¿Piensas eso de mí de verdad?
- Sí, pequeña. Deberías de olvidarte de Zara y seguir tu camino.
Al terminar de hablar Sam, ambas giramos a vernos como si hubiéramos coordinado el momento adecuado para realizarlo.
- Eso trato, Sam, pero ella está en todos los lugares.
- ¿Te está siguiendo? –preguntó ella sorprendida.
- No, exactamente, pero cada paso que doy… me recuerda a ella.
- Solo te harás daño –añadió ella, acariciando mi rostro con una de sus manos.
- Lo sé, pero…-suspiré sin poder terminar lo que quise decir.
No supe que más decirle, sospeche que ella ya lo sabía todo. Lo que Sam dijo era muy cierto ya que debía olvidar a Zara pero, por más que trataba no lo lograba. En ese instante no pude evitar las ganas de besarla, observé sus labios pensando en los de Zara y a la vez en los de suyos y conteniendo mis ganas de juntar los suyos con los míos. Había algo que me llamaba hacia ella y solo me dejé llevar… Nuestra conversación terminó en un beso, un dulce y profundo beso. Fue distinto a los besos de Zara, obvio, los labios de Sam eran un poco más gruesos que los de mi amada, sus besos eran lentos y delicados, sentía puro romance junto a ella, no deseo, solo romanticismo.
No duró mucho, de hecho debo decir que fue muy rápido, después de aquel momento en que nuestros labios se unieron ella me abrazó y de esa manera acabó la noche; durmiendo muy cerca, abrazadas y por el momento, contentas. Pensé, mientras me encontraba en sus brazos, que quizá ella tenía razón; debía dejar a Zara atrás y olvidar mi sentimiento por ella, con ese pensamiento me quede cerré mis ojos con los ojos pesados para así quedarme dormida.
Al siguiente día, al despertar soñolienta, lo primero que hice fue ver la hora en el reloj, cinco y media logré visualizar, quise levantarme de la cama e irme a duchar sin hacer ruido para no despertar a Sam, pero al mover la cama mientras me sentaba en el borde se despertó.
- Buenos días, Sam –dije sonriendo.
- Buenos días, ¿qué haces? –respondió tratando de ocultar un bostezo.
- Pues… trataba de salir de la cama pero te desperté… lo siento.
- No, no te preocupes.
- ¿Qué tal dormiste? –pregunté acomodándome en la cama.
- Muy bien, porque estabas a mi lado. ¿y tú?
- Excelente porque estabas conmigo –contesté tratando de que le agradara mi respuesta.
- ¿Qué hora es, pequeña?
- Son las cinco y media, ¿quieres desayunar?
- ¿Desayunaré contigo? –me dijo sonriendo dulcemente.
- Si quieres, sí-expresé respondiendo el juego del “coqueteo”.
Lo siguiente que hicimos fue dirigirnos a la ducha para ducharnos, claro, cada uno por separado, para luego bajar a desayunar. Cuando terminamos de alistarnos fuimos a la sala para comer y ya que era temprano decidimos ver la televisión.
Desde la noche anterior, desde el primer beso que nos dimos todo lo veía distinto, no “hermoso”, pero sentía a Sam… distinta, de una forma bonita y agradable, mucho más agradable que antes del acontecimiento. Hubo un momento en el cual Zara me dijo que Sam tenía algo que ver con lo que pasó, con Liz, y me hizo dudar por un segundo y pensar igual que ella, después de todo no conocía mucho a Sam, pero solo fue un instante porque yo sabía, de alguna manera u otra, que ella no era capaz de aquello, pensé que Zara solo lo comentó por celos y porque quería meter cualquier cosa en mi cabeza para alejarme de mi-en ese momento-amiga.
Pensamos en ver televisión pero al hacerlo, nos pusimos a conversar y a reir. Después no hubo ningún beso, algo que me alivio de alguna manera, no supe en verdad porque no hubo alguno, quizá no lo necesitamos.
- ¿Quieres que el chofer te deje en tu casa? –pregunté a Sam mientras cogía mi cartera.
- ¿Puedo acompañarte? –contestó cogiendo una de mis manos.
- Me encantaría.
Salimos de mi casa agarradas de las manos para luego subir al auto. En el trayecto no pasó nada, y con nada me refiero a otro beso, no reímos, ni siquiera hablamos, mucho menos nos miramos a los ojos, al entrar solo me abrazó y le correspondí recostándome en su hombro. Era raro, me sentía muy bien con ella pero a la vez había algo, una espina que incomodaba, más bien, alguien…
Al llegar a la universidad, como siempre; Zara esperaba afuera, quise creer que no era a mí a quien esperaba pero cuando me vio bajar del auto supe que era en vano tratar de imaginar aquello. Ella dio unos pasos hacia mí pero se detuvo cuando miró a Sam salir por la otra puerta del auto y solo se quedó viéndonos como si nosotras tuviéramos algo.
- Me gustó la noche contigo –expresó Sam acompañándome hasta la puerta de la universidad, a unos metros de Zara.
- A mí también me gustó.
- Bien pequeña, estudia mucho.
- Gracias por acompañarme –dije mientras ella me daba un beso cerca a los labios.
Permanecí quieta por unos segundos mientras veía a Sam alejarse sintiendo todavía la huella que dejaron sus labios cerca a los míos, fue dulce y tierno pero me molestó que Zara estuviera presente, viéndonos. Cuando ya no pude visualizar la figura de mi reciente amiga giré para dirigirme rápidamente a clases y evitar a mi ex novia y a sus preguntas sobre lo que había visto, pero al dar el primer paso, para alejarme de ella, se puso delante de mí impidiendo que siguiera mi camino.
Su mirada la tenía fijamente en la mía, sus cejas juntas y hacia abajo, sus labios cerrados tratando de ocultar sus dientes apretados. Esperé que solo me saludara, nada más. Ver a tu amor todos los días es algo muy hermoso, pero, ver a alguien a quien amabas, amas… todos los días no es muy lindo…
- Hola, Cristal –dijo después de unos segundos.
- Hola…Zara, quedamos en… -contesté suponiendo de que lo recordaba.
- Si, lo sé, trato de hacerlo pero…
Su expresión facial cambio completamente, esa vez sus parpados superiores cayeron, sus cejas que estuvieron juntas se angulaban para arriba y pude ver con mucho dolor, como sus labios se estiraban horizontalmente y su voz se hacía débil y tierna.
- Es difícil –prosiguió.
- Bueno, por lo menos tratas…
- Cristal –añadió seriamente-, escuché lo que Sam dijo.
Quise morirme, era lo que me temía, que lo haya escuchado, y no tuve algo planeado para responderle o algo por hacer, solo que paralicé esperando a que se me ocurriera algo o a que ella se retirara ofendida. Ninguno de los dos pasó.
- Oh, ¿y? –respondí irónicamente, esperando a que eso me salvara.
- ¿Es cierto? –preguntó.
- Sí, era muy tarde, no estaba el chofer y…
- ¿Tan rápido me cambiaste? –dijo arrugando la nariz levemente.
- ¿Qué? No, no…
- Yo te amo y ¡te dije! Iba a probártelo, ¡solo tenías que esperarme!
- ¡No hice nada malo, Zara!
Comenzó nuestra batalla, otra vez.
- ¡Te acostaste con ella! –expresó en un gritó, el cual oyeron los que nos rodeaban.
- No es lo que estás pensando –respondí tratando de calmarme.
- Já. Te amo, Cristal. ¡Te amo! ¡Iba a demostrártelo!
- Zara ¡Cállate! Solo empeoras todo.
No pude, ni quise seguirle el juego ya que, estaba malentendiendo las cosas, pero no me dejó explicarle, solo habló y habló sin oírme. No encontraba la manera de decirle que solo dormí con Sam, sé que suena a otra cosa y que ella tendría cierta razón en molestarse pero no me daba la oportunidad de explicarle que no hicimos nada de lo que ella creía, bueno… solo…un beso…
- Entonces, esto ya acabó–dijo Zara finalmente, después de varios minutos de hablar, sola.
- Acabó desde que me engañaste, Zara.
- Está bien. Ya no lucharé por recuperarte.
- Okay, Zara. Eso será lo mejor –a pesar de que fueron mis palabras, me dolió.
- Disfruta tu vida con… Sam –respondió como burla
- Y tú con Liz.
Y esa fue nuestra conversación, quedamos en la completa “nada”, supe que nuestra relación había terminado para siempre, que nuestro amor murió ahí, que nuestras miradas ya no se encontrarían, ni nuestros labios gozarían del sabor de la otra, supe que nuestro cuerpo se extrañaría a pesar de todo pero que con el tiempo se olvidarían, que nuestras caricias ya nunca existirían, que ya no éramos nosotras sino, ella y yo, por separado.
Entré al salón dejando atrás a Zara y a nuestro amor. No quise estar a su lado, no quise verla ni oírlo, vi a mis amigas sentadas donde siempre; al fondo del salón, como no había tenido mucha comunicación con ellas decidí acercarme y me senté en un asiento vació que me guardaron.
Mi amistad con ellas siguió muy bien, felizmente, a pesar de la distancia, conversamos sobre lo que pasamos en el tiempo que no nos vimos y salimos, el cual no fue mucho en realidad, les conté lo que había sucedido minutos antes de entrar al aula y de que mi relación ya no tenía el futuro que alguna vez deseé, quisieron animarme de alguna forma, y esa fue invitándome a salir a una discoteca de ambiente, algunas me dijeron que allí encontraría a mi verdadero amor y otras que, no era necesario encontrar al amor solo divertirse, así que quedamos en salir esa misma noche, diversión entre amigas.
En clases me distraía pensando en Zara y en lo ocurrido, por más que trataba de concentrarme, era lo último que hacía, después de todo, no es fácil tener a tu ex novia en el mismo salón de clases. Al salir con mis amigas del aula, Zara hizo lo mismo con las suyas, era un ambiente perturbador, solo esperé no cruzármela ya que ella y yo tomábamos los mismos caminos. Me despedí de mis amigas acordando la hora en que nos encontraríamos, no tenían ningún problema al ir a una discoteca de ambiente ya que no les molestaba la idea de socializar con homosexuales y salir con ellas, o ellos, así que pensé que sería divertido y bueno, para despejar mi mente. Se suponía que esa tarde, Sam iría por mí, pero mientras yo estaba en clases recibí un mensaje diciendo que tenía un trabajo que hacer y no podría ir por mí y como no le avisé al chofer para que me llevara a casa, me fui caminando, de igual manera no sería tan cansador pero… si algo incomodó.. Zara siempre se iba caminando. Suspiré mientras salía por la puerta de la universidad que da hacia la calle y me dije “si te cruzas con ella, con un “Hola” basta” y comencé a caminar hacia mi casa con los audífonos puestos y escuchando a The pretty Reckless.
Me encontraba caminando por la acera, muy relajada y concentrada en la música mientras la tarareaba, ya no tenía nervios así que estuve bien emocionalmente, solo por ese momento, desaceleré el paso para apreciar la vista, un parque lleno de árboles se encontraba a mi derecha-adoro los parques- y decidí dirigir la vista allí por unos segundos, pero algo impidió que lo hiciera, bueno, alguien, algunas personas. Ya se pueden imaginar a quien vi, sí, Zara, mi ex amada, pero no estaba sola, tenía la fastidiosa presencia de Liz, quien por cierto se encontraba enganchada de quien creí el amor de mi vida. Al parecer ellas sabían que yo estaba en frente suyo, a unos pasos, quizá fue mi imaginación pero pensé que Liz quería que oyera su conversación ya que su voz se lograba oír hasta donde yo me situaba. Liz sabía perfectamente que yo estaba allí, sus ojos no dejaban escapar a los míos y tenía esa sonrisita burlona que tanto odiaba, y yo… yo no pude dejar de observarlas, los celos me carcomían, por otra parte, Zara no me miró más que un par de veces, la noté incomoda, supuse que por el hecho de que tuviera a Liz enganchada como un imán atraído por algo muy atractivo; mi ex novia.
Los celos me invadieron, quise seguir viéndolas para saber que hacían, odié tanto ver como Liz tocaba a Zara y como ella no hacía nada para separarla, pero mi dignidad me decía que dejara de observarlas y siguiera mi camino, y lo hice. Pensé en lo rápido que la persona a quien amaba, me había cambiado, me cambió por Liz; era lo que pasaba una y otra vez por mi cabeza, torturándome, y así con el rencor, la furia y los celos, seguí mi camino sin Zara. En el camino, mientras veía a Zara de reojo y ella hacía lo mismo, conseguí un gran susto, choqué con alguien mientras doblaba una esquina, logrando que se me cayera la mochila que llevaba colgada en uno de mis hombros, me disculpé por mi torpeza y enseguida recogí la mochila para luego ver quien era la persona desafortunada que chocó conmigo.
¿Quién creen que fue? Pues la chica que conocí en un parque mientras veía a Zara besar a su ex. Ella traía consigo un enorme ramo de rosas y un pequeño osito, nunca me hubiera imaginado tal cosa en un momento como aquel. Tras unos segundos de haber visto los presentes junto a Sam, mi corazón comenzó a latir rápidamente, no sabía si por el susto o por lo lindo que fue. Supuse que Zara observó el espectáculo ya que escuché el horroroso timbre de voz de Liz, “¡No te pongas así, ella no fue nada"!, fue lo que gritó. No se cómo Zara pudo soportar escuchar esa voz. Sam se hallaba frente a mí, sonriendo mientras sostenía los obsequios y yo, solo pensaba en qué manera debía reaccionar, deseé que ella no se adelantara con el asunto, y aún más, esperé a que Zara no se adelantara a ¡nada!

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XXIX Una pequeña esperanza.

Mensaje por Admin el Lun Jun 06, 2016 7:23 pm

Y allí estaba yo, parada viendo a Sam con un ramo de rosas acompañado de un pequeño peluche, sintiendo la mirada de Zara desde atrás, los gritos de Liz desde lo lejos y los pensamientos confusos que abundaban mi mente, enredándome.
Sam estaba con una gran sonrisa, irradiaba alegría por doquier, paz y esas cosas que transmite una persona que gusta de alguien. Yo, al contrario, ni siquiera pude sonreír, en ese momento seguí interesada por los pensamientos de Zara y no supe de qué manera responderle a Sam para que no afectara a ninguna lo que dijera, por otro lado, se suponía que iba a dejar a mi amada en el pasado, hube besado a Sam así que, quizá eso significó más de lo que creí.
<< ¿Acaso debo decirle a Sam que ese beso no significa nada? O qué quizá yo estoy confundida y no quise besarla. >>
Pensé, pero lo malo fue que sí quise besarla, solo no estuve segura del porqué. Pasaron minutos mientras me encontraba para frente a Sam y de espaldas a Zara, fue muy incómodo porque tuve que darle una respuesta y no sabía cuál, ni como, al final solo decidí dejarme llevar por el momento, mejor dicho, actuar sin pensar.
-Sam, me asustaste, pero… fue un lindo susto.
-Lo siento. Quise ir por ti a la universidad pero se me hizo tarde y pues…
-¿No tenías un trabajo que hacer? –pregunté interrumpiéndola.
-Así es, no demoró mucho así que lo termine rápido.
-Ya veo, me alegra que estés aquí.
-Esto es para ti, pequeña –dijo mientras me entregaba los obsequios.
-Muchas gracias, Sam, son muy hermosos – respondí fingiendo una sonrisa.
-Más hermosos que tú, no. ¿Viniste con Zara y esa chica? –preguntó mientras dirigía su mirada solo a Zara.
Giré a verla simulando sorpresa, seguían allí, estaban en una tienda, comprando, justo frente a nosotras
-No, yo vine a parte.
-Vamos, te acompaño a tu casa –contestó con una cálida sonrisa y yo asentí con la cabeza.
Mientras Sam y yo caminábamos por la acera hacia mi casa, volví a girar para ver a Zara y su desagradable acompañante, no pude evitar sentir celos al ver que Liz estuvo pegada como chicle, tratando de hacerle cariño y a abrazarla, pero ella, mi ex novia, no se dejaba, recostada en la pared, lo único que hizo fue mirarme, a pesar de las personas que se encontraban a nuestros lados, nuestras miradas se encontraron por un segundo, fue como semanas atrás de aquel momento, sentí todo el amor que en un momento creí que ella sentía.
Mientras caminamos, ninguna pronunció alguna palabra, pensé que ella se dio cuenta que ver a Zara me afectó un poco y comprendió aquello.
-Ya se acerca tu cumpleaños ¿verdad? –preguntó rompiendo el silencio.
-Sí ¿Cómo lo sabes? –pregunté extrañada.
-Pues averiguo lo que en verdad me interesa –respondió mientras me mostraba su tan común mirada cálida y amable.
-Y, entonces… ¿yo te intereso? –dije con una sonrisita traviesa.
-¿Tú que crees? - inquirió mientras colocaba un mechón de mi cabello detrás de mí oreja derecha.
-No sé –expresé esperando una respuesta suya.
Seguimos caminando y estuvimos en silencio, nuevamente, pero esa vez solo fue por unos segundos ya que pasó algo que nunca me hubiese imaginado; Sam se detuvo y cogió mi brazo para detenerme también, me miró a los ojos por un instante mientras esbozaba una sonrisa pícara, algo no muy peculiar en ella, mi corazón comenzó a latir muy rápido, no supe si por entusiasmo a lo que quizá haría o por miedo a que lo hiciera, pero finalmente, lo hizo; dio unos pasos hacia mí y lentamente junto sus labios a los míos, terminando en un inocente beso. No duró mucho, no sentí lo que si con Zara, solo un “no sé qué”; el miedo o el entusiasmo. Después de aquello no encaminamos hacia mi casa, otra vez, en el transcurso me contó sobre lo que consistía el trabajo que tuvo que hacer, yo, al principio la escuché pero luego mi mente comenzó a divagar y a enfocarse en preguntas como: ¿Qué estará pensando Zara? ¿Habrá creído que estoy con Sam? ¿Se habrá molestado por eso? No logré dejar de pensar en otra cosa más que en ella. << ¿Por qué no puedo despegarme de Zara? ¿El amor me vuelve tan tonta? ¿Perdonar una infidelidad será bueno? ¿Malo? O ¿tonto? ¿Por qué no solo podemos tener un interruptor para apagar y prender el amor? Todo sería más sencillo así, ya no dolería cuando te hacen daño porque simplemente bajar el interruptor y ya, no te importa lo que hacen o dejan de hacer, pero no, el amor seguirá, te dañen o no>> Fueron las palabras que recorrían mi mente una y otra vez.
-¿Y qué piensas hacer en el día tan especial? –fue lo que oí saliendo de mi mundo.
-¿El… día tan especial? –pregunté sin entender.
-Sí, tu cumpleaños.
-Oh, pues… seguro mis padres organizaran una fiesta, como siempre y como siempre ellos no vendrán, así que… eso… - contesté recordando los tantos cumpleaños que la pase sin ellos.
-Hum… ¿Estaré invitada?
-¡Claro! Por supuesto –respondiendo sonriendo.
-Y ¿Zara?
-Pues… no lo sé… -la sonrisa que tuve segundos antes, se esfumó.
-Cristal, aún la amas ¿verdad? –dijo deteniéndose para volver a mirarme fijamente a los ojos.
-Sí…-reconocí agachando la cabeza por la vergüenza- es verdad.
-Lo sabía –contestó mientras daba unos pasos hacia atrás.
Alcé la mirada para verla y disculparme.
-Yo…-pronuncie mientras trataba de buscar que decir.
-No. Está bien, yo te entiendo.
El rostro amable que mostró en un momento se había transformado en uno duro y serio.
-Pero…los besos entre… nosotras…
-Quizá estuviste confundida.
-En el momento me gustaron, Sam.
-Solo querías tener algo diferente y quizá estabas dando los primeros pasos para obtenerlos.
-Pero…
-No te preocupes, pequeña –contestó mientras acariciaba mi cabello.
-Sam, lo siento… Aún no puedo olvidar a Zara y no sé por qué, yo lo intento…
-Ha pasado poco tiempo y tal vez las fotos que te entregaron no eran muy ciertas –opinó después de un par de minutos.
-¿A qué te refieres? – inquirí intrigada y con esperanza.
-A que puede ser que a Zara la hayan engañado, tal vez metieron algo en su bebida. Tenía pensado decirte esto, no conozco mucho a tu novia, bueno, ex novia, pero me pareció que lo que sentía por ti, era verdadero.
Sam me hizo dudar, pensé que Zara pudo haberme dicho la verdad y yo no le hube creído, o quizá no lo hizo, pero… ¿cómo iba a saberlo? <<Si eso fuera verdad me haría muy feliz, pero ¿si no lo es?>> Medité.
-Y ¿Si Zara tuvo algo con Liz?
-Deberías darle la opción de que te lo demuestre, ¿no crees?
-Gracias por estar a mi lado, Sam –dije, cambiando de tema- a pesar de todo…
-Haz lo que creas correcto, Cristal, debes arriesgarte si quieres algo, en este caso; si amas a alguien.
Las últimas palabras de Sam habían llegado hasta lo más profundo de mí ser, estaban en mi cabeza y en mi corazón, ambos de acuerdo con la pequeña esperanza que llevaba conmigo.
-Espero no sufrir más…
-Yo te protegeré –añadió para luego terminar con un abrazo.
En ese instante supe cuánto valía Sam, ella no se enojó, no me alejó de su lado, solo quiso lo mejor para mí, así sea al lado de Zara. Por otro lado, ya había decidido hablar la siguiente mañana con la persona de quien me encontraba enamorada, en el momento en que no estuviera Liz presente. Solo esperé que todo estuviera bien, o mejor… Muy aparte de ese asunto, me sentí apenada, Sam tuvo razón, yo estuve confundida, pensé que besarla no fue lo mejor ni lo correcto, temí que el que se hubiese ilusionado pero esperé a que no fuera cierto.
-Hoy me ofrecieron un trabajo, es muy bueno –comentó, Sam.
-¿Ah sí? ¿De qué trata? –respondí muy contenta por ella.
-Pues, me propusieron ser profesora de fotografía.
-¡Qué lindo! –añadí con una inmensa sonrisa ya que era una buena oportunidad para ella.
-Es en Italia –dijo sin rodeos.
-Ah. Y… ¿aceptaste? –dije desapareciendo la sonrisa que segundos antes tenía.
-Aún no –contestó.
-Pues… -pronuncié sin saber que más decirle.
-Creo que debería aceptarlo, después de todo conoceré nuevos lugares y habrá un buen pago.
Sam no era una amiga de años, una hermana ni algo parecido, sin embargo, como ya han leído muchas veces, fue alguien muy especial y esa noticia me dejo muy sorprendida, lo que me dijo significaba que se iría por un buen tiempo, significó que no la vería ni hablaría con ella por un buen tiempo… No pude procesarlo, solo pensé en que no estaría a mi lado, en que la extrañaría mucho y a pesar de la tecnología no sería igual.
-Sí…
Fue lo único que dije, tal vez ella esperaba algo más como: “No, mejor quédate” o algo similar, pero… Cómo hacerlo si eso podría ser la puerta para algo más valioso para ella. Caminamos en silencio, otra vez, ese día pareció que el silencio era el único quien gozaba, ambas estábamos de alguna manera u otra tristes, yo porque ella se iba y lo peor es que lejos.
-¿Por cuánto tiempo será? –pregunté sin mirarla.
-Un mes –respondió a secas.
-¿Pasa algo, Sam?
-Pasa que… voy a extrañarte…
-Yo también voy a extrañarte –sonreí- y sé que todo te irá muy bien, solo… no demores ¿sí?
-Me iré después de tu cumpleaños.
-Sería genial que estuviera ese día.
Sin darnos cuenta llegamos a mi casa, nuestra conversación termino con un abrazo de despedida que a pesar de no ser para siempre, se sintió de tal manera. Cuando entré a mi casa hice lo mismo de siempre; saludar a Kyra y llevarla en mis brazos hacia mi cuarto para luego ambas echarnos en la cama. Cerré los ojos y me perdí en la completa oscuridad, se sintió tan relajante, por un momento no pensé ni en Zara ni en Sam, ni en que tenía que decirles, solo me relajé, aleje todo por unos minutos y descansé. Pero mi momento de relax terminó muy rápido ya que recibí una llamada en el celular el cual no contesté, ni revisé para ver quien interrumpía tal glorioso instante, no obstante, a la segunda llamada si lo cogí para responder.
-Hola, Cristal. ¿Estas ocupada?
-¿Zara? No, acabo de llegar a mi casa así que… no.
-Eh… quería preguntarte algo…
-Dime.
Dejo de hablar por unos segundos, pensé que algo le había ocurrido ya que no escuchaba nada pero luego me di cuenta que solo estaba dudando si seguir con la conversación o no.
-Tú y…Sam ¿Son pareja?
-¿Qué? No, no somos pareja, ella es una buena amiga, solo eso.
-Ah… pues pareció lo contrario por los regalos de hoy,
-Sí… hubo un malentendido o… confusión, el punto es que solo somos amigas.
-Entiendo, entonces ¿no te gusta? –prosiguió con sus curiosas preguntas que extrañamente no me incomodan.
-Es muy linda y buena persona, pero no me gusta más que como amiga.
-Amiga… Está bien.
-Sí y... tú ¿regresaste con Liz?
Estábamos en el típico juego de celos.
-No, pero ella insiste mucho.
-Es probable que regresen.
-¿Por qué crees eso?
-Porque… ella consigue lo que quiere.
-No todo, Cristal.
-¿Estás segura? Ella quiso tenerte y mira, es así –contesté un poco exaltada.
-No me tiene, ni al amor que siento, porque ese amor está solo por ti, Cristal.
-Bueno…
No supe que más añadir, tuve claro que ella aun me amaba y yo a ella también, pensé que si las pruebas de que ella fue engañada aparecieran todo sería magnífico, claro, si ella me perdonaba.
-No sé qué hacer, Cristal –dijo soltando un suspiro.
-¿no sabes qué hacer? ¿A qué te refieres?
-Intento… pero no puedo alejarme de ti…
-Estoy igual que tú –respondí mostrando de a pocos mis sentimientos aún vivos por ella.
-Lo único que sé es que te amo.
No pude más, eso fue mucho, no pude responderle a las dos últimas palabras… aunque me hubiese gustado hacerlo.
-Tengo que salir en unas horas, ¿te parece si mañana hablamos? –respondí excusándome.
-Está bien, entonces mañana hablamos –respondió desanimada.
-Bien, colgaré. Hasta mañana. Zara.
-Hasta mañana, Cris.
Cogí mucho aire y expresé mis sentimientos en tan solo dos simples y hermosas palabras.
-Te amo.
Después de aquella conversación tan… emocional, me dirigí a la ducha para comenzar a prepararme para la salida que tendría con mis amigas, a pesar de no haber tenido muchas ganas gracias a la llamada de Zara. No es que le eche la culpa, pero desde que la volví a escuchar se apoderó nuevamente de mi ser, rondaba en mi mente, su sonrisa, su voz, su piel, sus Te amo me hacían sonreír de la nada y a cada instante. Cuando terminé de alistarme ella seguía ahí, metida en mi mente, era increíble cuanto podía sentir por ella a pesar del supuesto engaño que realizó.
Al llegar al lugar acordado vi a mis amigas esperándome, vestidas con diminutos atuendos y siendo comidas por las miradas de las demás, digo “las” porque todas las personas que estaban fuera de la discoteca, eran chicas. Me acerqué a ellas para saludarlas y luego entrar al establecimiento, me sentí algo rara, sentí las miradas puesta en mí cuando solo deseaba que una persona en especial lo hiciera. Nosotras no cocíamos a nadie, era una aventura y pensaban en disfrutarla al máximo, pedimos unos tragos y por un momento nos quedamos viendo el “paisaje”. A mis amigas no les molestaba el hecho de que lesbianas las estuvieran admirando, ni les incomodaba ver como parejas se besaban o bailaban, así que todo estuvo bien hasta se momento, minutos más tarde comenzaron a aparecer los cazadores, bueno, llegó un grupo de chicas para el comienzo conversar y conocernos, eran muy divertidas y agradables por lo que me dejé llevar en la conversación, después de un buen rato una chica del grupo me invitó a bailar sin embargo, yo no sabía cómo bailar con una chica, pensé que era algo de otro mundo así que la rechacé amablemente, en ese instante me di cuenta que me faltaba aprender mucho. Aquella chica llamada Noah, pretendía que me fijara en ella y no solo yo me di cuenta, mis amigas la ayudaron en cuanto se refería a acercarse a mí a “conversar” o invitarme a bailar una y otra vez, ellas solo lo hacían para alejarme de Zara y dejarla atrás, así que yo colaboré; conversé un buen rato con Noah pero nada más pasó.
Después de una larga conversación sobre nuestros gustos, nuestros colores favoritos, sobre cómo nos gustaban las chicas, que nos atraían de ellas, si teníamos novias o no-a lo que yo respondí que sí, solo para librarme-, mis amigas en unísono me dijeron que volteara, sin alguna otra pista y por la curiosidad inmensa que tuve, lo hice. Cuando giré completamente vi a alguien conocida, recostada en la barra del bar, alguien que recorría mi cuerpo con su mirada y quien siempre me hizo sentir deseada, me sonrió y yo le sonreí como respuesta, me alegré mucho al verla en el mismo lugar que yo, sin embargo me pregunté por qué estaba allí, el mismo día y hora si había muchas otras discotecas, pero no le tome importancia ya que lo verdadero importante era su presencia. Educadamente me despedí de Noah y fue al encuentro con esa persona de sonrisa encantadora.
-Hola –le dije con una amplia sonrisa.
-Hola, Cristal –respondió Zara.
-¿Qué haces aquí?
-Vine a divertirme al igual que tú -sonrió.
-Ah… Pero… ¿Al mismo lugar?
-Pues sí, que coincidencia ¿no? –añadió con una media sonrisa, esta vez, seductora.
-Bueno, sí. Gran coincidencia verte… aquí –respondí jugando lo mismo que ella; seducción.
-Aquella chica, te está esperando –contestó fijando su mirada en Noah.
-¿Ya quieres que me vaya? –pregunté dando unos pasos hacia ella.
-No.
Se acercó sujetándome por la cintura. Estábamos tan cerca que pude sentir su cálido aliento en una de mis mejillas, mientras la acariciaba con su nariz, aquella sensación produjo el arqueo de mi espalda y nuestros pechos apenas rozándose se tensaron por la inmensa atracción que sentimos. Segundos después su mano derecha dejaba mi cintura para dirigirse a mi rostro y acariciarla como semanas antes lo hacía, ese pequeño contacto me remontó a semanas anteriores a ese día, cuando éramos novias y todo estaba de maravilla, cuando cada día sentía sus caricias y sus besos. Cogió mi mano con la suya que se encontraba disponible y la sujetó por un momento, nuestra miradas se hallaban fijas en la de la otra, ahí sentí que el amor aun era fuerte, sus ojos brillantes y hermosos me reflejaban el amor que sentía por mí. A pesar de que fueron solo unos minutos del encuentro, fue algo especial, experimenté el sentimiento que siempre tuve por ella, éste se unió con el suyo, siendo uno, nuevamente.
-Hoy… no importará nada, solo nuestro amor. ¿Sí? –dije hipnotizada por su mirada.
-Me encanta esa idea, Cris –contestó para después darme un gentil beso en la frente.
Dejamos a un lado nuestro romanticismo para pedir unos tragos, ella eligió un Daiquiri y yo simplemente, vodka con jugo de naranja. Fue nuestra primera vez juntas en una discoteca, por lo que me hallé con un poco de nerviosismo, pero eso no le quitó lo hermoso y especial que se convirtió la noche.
-¿Qué deberíamos hacer? –pregunté tímidamente.
-Pues… -volteó para verme- es una discoteca, ¿bailar? ¿beber? Tampoco sé –dijo riendo.
-Bueno… no podemos conversar porque a las justas te escucho.
-Lo sé, pero…
-¿Y si nos vamos?
-Me leíste la mente. Vayámonos.
Fui hacia donde se encontraban mis amigas, junto a Zara, para despedirme; les dije que me iría temprano, con Zara. Aunque algunas lo vieron mal al comienzo porque creyeron que estaba haciendo mal al salir con la chica que me engañó y diciéndolo de tal manera pues sí, sonaba algo tonto, pero por esa noche quise ser tonta, al final, ellas me desearon suerte y que estuviera bien. Después de eso, Zara y yo, agarradas de las manos salimos de ese lugar tan ruidoso con rumbo a algún lugar, a cualquier sitio, eso no importaba, lo realmente importante era caminar a su lado. Caminamos sin rumbo alguno, agarradas de la mano a pesar de que muchos volteaban a vernos, no nos interesaba, simplemente fueron para nosotras, fantasmas a quienes por nada del mundo le prestamos atención, para mí solo éramos ella y yo. Llegamos a un parque cerca al malecón, estaba lo suficientemente alumbrado para coronar la noche como romántica. Enopronunciamos pronunciamos palabra alguna, creí y sentí que el silencio ésta vez goza con nosotras, me sentí también estando a su lado y sujetando su mano cálida que extrañé. Nos detuvimos frente a un pequeño muro para admirar el mar.
-Te ves muy hermosa –dijo con suavidad, mientras su mirada volvía a recorrer mi cuerpo.
-Tú también Zara –contesté cogiendo su barbilla para levantar su rostro y hacer que sus ojos se fijaran en los míos.
Sonrió tiernamente, extrañé ver esos labios esbozar una pequeña y sutil sonrisa, colocó una de sus manos en la mía que aun sujetaba su rostro y la acarició con su dedo pulgar, nuestras miradas entrelazadas fueron quienes hablaron por nosotras, transmitiendo todo lo que sentimos en ese instante. No pude más, y sé qué puedo hablar por ella también, necesitábamos saber que nuestro amor era correspondido, que aún nos pertenecíamos, que nos amábamos tanto o más que en el principio, dimos pasos hacia al frente para estar más cerca y poder abrazarnos, poder estar lo más juntas posible, otra vez...
Fue mágico, en ese santiamén comprendí que el amor puede ser así; mágico.

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XXX El gran día.

Mensaje por Admin el Lun Jun 06, 2016 7:26 pm

- Extrañaba abrazarte –susurró.
- Yo igual…tus abrazos son únicos.
- Sé que cometí una tontería, Cris –dijo con cierta depresión.
- ¿Tontería? ¡Estupidez! –contesté entre risas.
- Una estupidez –rió conmigo-, lo sé. Quisiera que me creyeras.
- Demuéstramelo –respondí en un murmuro y con una esperanza.
Me apartó de ella sorprendida y con una sonrisa me dijo:
- Lo haré, mi amor.
Sonreí al volver escucharla decirme mi amor y de inmediato la abracé nuevamente, no quise soltarla ni por un segundo, había sido un buen tiempo el cual no la sentí conmigo y no podía desaprovechar aquel día. Sin embargo, hubo algo que interrumpió por un tris el que aprovechara el momento, y fue el frio, por un instante traté de disimular que no sentía el tan helado clima pero luego no pude más y empecé a temblar haciendo que Zara lo sintiera.
- ¿Quieres que te lleve a tu casa? –preguntó ya que ninguna hubo llevado abrigo.
- Mm… -no supe que responder, no quise ir a mi casa ya que las empleadas seguían ahí.
- ¿Qué pasa?
- No… no quiero ir a mi casa –susurré.
Volvió a sonreír tiernamente, besó mi frente y cogió mi mano para luego dirigirnos al paradero más cercano y así tomar un taxi, le dio una dirección la cual no escuché ni le tome importancia, solo estuve feliz porque me encontré recostada en su cálido y acogedor pecho durante todo el camino. Cuando llegamos me di cuenta que mi comunicación con Zara era de lo mejor y me entusiasmo demasiado, ella sabía a donde quería ir, un lugar donde nadie nos conocía ni podría criticarnos y mucho menos molestarnos, un discreto hotel para personas homosexuales, la abracé con fervor y con nervios-siempre habría ese sentimiento mientras estuviera a su lado-, así nos encaminamos dentro de éste.
Quise sentir a Zara más cerca de lo que estábamos, quise ser una con ella como lo éramos tiempo atrás de la discusión, quise olvidarme de todo y todos y solo concentrarme en ese momento y por supuesto, en ella. Cada paso que dimos nos acercaban más a nuestra meta, y cogidas de las manos nos lanzábamos pequeñas miradas picaras y seductoras. El camino pareció largo, tanto así que desesperaba por llegar y cuando por fin llegamos… Un ambiente amoroso, romántico, elegante y cálido era lo que nos esperaba; Una habitación matrimonial al estilo minimalista pintada de un tono arena, decorado con pequeñas mesitas de noche de madera a cada lado de la cama en las cuales llevaban encima una lámpara en cada una, la cama amplia con cabecera acompañada de muchas almohadas, en el centro del cuarto para que ambas estuviéramos cómodas y tuviéramos espacio para movernos libremente por la habitación; aunque no fue lo que hicimos realmente, las sábanas que combinaban perfectamente con el cuarto, una silla de madera junto a la televisión que se encontraba en una de las esquinas del cuarto teniendo al lado un sofá que…no desaprovechamos, el espejo de cuerpo entero, y por supuesto el baño, lo que me encantó de éste fue la tina ya preparada con pétalos de rosas y rodeadas de velas que en el principio no encendimos.
Entré primero yo admirándome de la hermosura y elegancia de la habitación que sería por un momento nuestro nido de amor, enseguida y sin percatarme sentí sus brazos rodearme, un abrazo que puede ponerte de cero a cien en un segundo, uno de sus manos se detuvo en mi pecho y el otro en mi cintura, acercándome a ella mientras sus manos arrugaban la ropa que llevaba puesta, su nariz buscó mi cuello para acariciarlo levemente y pude sentir su cálido aliento cerca de mí. En ese momento solo hubieron dos opciones: detenerme y encontrar una excusa para demostrarle que yo no quería eso, o, seguir el camino del placer y el amor. Giré hacia Zara para verla, sus ojos se clavaron en los míos al instante, como la primera vez que estuvimos juntas, llena de lujuria y a la vez dulzura, tan penetrantes que me causaban excitación, me hizo acelerar el corazón a un impresionante nivel, puse mis manos en sus mejillas sintiéndola cálida y acogedora para luego responderle con un apasionado beso a una pregunta que nunca dijo en palabras.
Ese atrevido beso fue el comienzo de una noche llena de pasión, donde nuestros cuerpos se encontraron de nuevo, la explosión de todas las veces que quisimos besarnos, tocarnos y sentirnos, y no pudios hacerlo, de todo el amor que hubimos guardado por un tiempo sin poder expresarlo. Mi cuerpo y mi corazón se unieron en una alianza maravillosa. Sus osadas manos se detenían en mis senos y los apretaba a su gusto para luego dirigirse a mis nalgas para acariciarlas, trataban de quitarme la ropa torpemente ya que la pasión nos distrajo tanto que solo nos concentramos en sentirnos.
Extrañé sentirla, extrañé esa sensación, extrañé el tenerla a mi lado. Entre beso y beso llegamos a la cama, vi en sus ojos el deseo de tenerme nuevamente, el cual me atraía a ella conduciéndonos a la tentación más exquisita. Su boca buscó uno de mis puntos débiles; el cuello, para comenzar a lamerlo y dejarle cuantas marcas suyas quisiera, yo, gustosa por disfrutarlo, sus manos siguieron con la tarea de quitarme la ropa ahora más dificultosa ya que me encontraba semiacostada en la cama, pero unas palabras que me hicieron llegar a un éxtasis intenso llegaron a mis oídos.
- Quítate la ropa –pronunció con esos irresistibles labios enrojecidos por las leves mordidas que ocasionaron mis dientes.
¡Una entrega sublime!
Una noche llena de pasión en la cual nuestros cuerpos desnudos se reencontraron, en donde hicimos el amor entre abundantes besos y caricias, donde nos volvimos a unir y nuestro amor fue uno.
Aun recostadas en la cama, nos encontrábamos frente a frente, mirándonos fijamente a los ojos y lanzándonos sonrisas llenas de ternura y felicidad. El silencio como siempre, mientras me encontrara con ella, gozaba en su esplendor, no porque no halláramos que decir, al contrario, hubo mucho que decir, sin embargo, nuestras miradas revelaban nuestros sentimientos, todo lo necesario.
Me acerqué a ella buscando sentir nuevamente su suave piel, la sentí tan cálida como ocurría cada vez que la tenía frente a mí. Era ella de nuevo, estando tan cerca, abrazándome como nuestra primera vez juntas, mirándonos como la primera noche en la que hicimos el amor, sintiendo lo mimo que la primera vez que la descubrí.
Esa noche nos uniría nuevamente. <<Debería de darle otra oportunidad a Zara, de darle otra oportunidad a nuestro amor, para que éste crezca, para que siga entre nosotras.>> Pensé.
- Te amo –pronunció Zara, mientras me tenía en sus brazos.
- Te amo, Zara –respondí antes de darle un pequeño beso en la mejilla.
- ¿Qué piensas? –preguntó segundos después.
- ¿Qué pien…so? ¿Sobre qué?
- Sobre… nosotras, sobre nuestro amor…
Mordí mi labio inferior mientras bajaba la vista en busca de una respuesta. Me quedé muda por un momento, quise estar segura de lo que diría, de mis palabras, de la decisión que tomaría.
- No quiero que estés lejos de mí, Zara. Los días sin ti –alcé la mirada- no fueron nada buenos, si las fotos que vi son ciertas o no… ya no me interesan. Solo quiero estar segura de que me amas, de que tu amor es verdadero, de… nuestro amor. Quiero que estés a mi lado, como lo estuviste antes, abrazándome… besándome… amándome… como antes. Yo te amo, Zara. Desde que te vi… sentí esa magia dentro de mí, esa magia por ti y quiero que esto se quede entre nosotras, esta magia.
Ella se quedó callada y con la mirada puesta en la mía. Por un segundo pensé que todo lo que había dicho no era lo que ella esperaba, o que ella no lo sentía como yo, pero al instante vi como en sus ojos las lágrimas comenzaban a asomarse.
- Yo te amo y de eso nunca debes de dudar. Cuando te vi en la cafetería…tenía unas enormes ganas de abrazarte sin entender el porqué, eso me asustó al principio pero lo deje atrás, cuando te fuiste quise buscarte ¡y lo hice!, pregunté por ti, si te conocían, me dijeron que casi siempre ibas a la playa a caminar, entonces…decidí ir allí, por ti. Al momento vi a Kyra corriendo hacia mí, la cargué y fue justo cuando te encontré, fue como si ella nos hubiera unido, como si nos hubiera encontrado –dijo Zara con una enorme sonrisa mientras las lágrimas aun recorrían su rostro.
Al escucharla me asombré demasiado, nunca hube conocido esa parte de la historia, no supe que hace o que decir, estuve atontada, solo… la miré, la miré y la miré. Aquello me sorprendió y me animó a respaldar la segunda oportunidad que nos daría.
Con una gran sonrisa me acerqué de golpe a abrazarla y besarla de emoción, ella me correspondió con uno de los besos más dulces y emotivos que tuve. Fue nuestro beso de reconciliación.
- Olvidemos todo y sigamos con nuestro amor ¿sí? –dije mientras sonreía.
- Yo te demostraré que las fotos no son ciertas. Lo haré.
Después de unas largas horas de besos y caricias de reconciliación nos vestimos y luego salimos del hotel. Ambas desbordábamos alegría y felicidad, estábamos con una inmensa sonrisa y orgullosas de nuestro amor recorríamos el pasadizo que nos alejaba de nuestro nidito de reconciliación.
Caminamos hasta una cafetería, era una de las mejores y la mejor para mí porque fue donde vi a mi amor por primera vez, donde me enamoré por primera vez. Era muy visitada por todos por su variedad en la carta, la comodidad de sus muebles y por supuesto su excelente atención que ofrecían las azafatas. Ni bien entramos vimos a alguien que en un principio deseé no saber de su existencia para no malograr mi día, era Liz con sus amigas, sentadas exactamente en una de las mesas que, qué casualidad, quedaba frente a la puerta, donde quien sea que entrara observaría de primer plano ese lugar, así que no pudo ser inevitable el verla. Desde su mesa hasta la puerta; en donde me encontraba yo, se pudo oír toda su conversación ya que lo hacía como si todos la estuvieron oyendo y ella estuviera parada en un escenario siendo la estrellasí, chicas, existen esa clase de personas-, Liz estaba alardeando de una relación inexistente que tenía con Zara pero al vernos agarradas de las manos cerró su gran boca y quedó como tonta-como en verdad lo es-, al igual que ella todas sus amigas se quedaron mudas e impactadas. Zara y yo solo las miramos por un segundo sin tomarles mucha importancia y Liz nos respondió con su mirada, primero dirigió sus ojos a los de mi amada haciendo una seña de “¿Qué demonios haces?”, y luego me miró a mí con un “¡Me las pagaras!”, sus amigas giraron como golpe y todas al mismo tiempo, hacia la chica que momento antes les presumía la excelente relación que supuestamente tenía con Zara, le hicieron muchas preguntas sobre la relación, sobre Zara y sobre mí. Ella, claro, a tal mentira no podía hallarle respuestas a sus dudas. ¡Qué respuesta podría dar!
Después de pasar tal vergüenza trató de acercarse a nosotras, bueno, obviamente a Zara, pero inmediatamente mi novia, ignorando a su ex, me llevó de la mano hacia una mesa vacía, nos sentamos en los cómodos muebles y esperamos a que se acercara una azafata para atendernos.
- Si te incomoda podemos irnos –dijo segundos después de sentarnos.
- No. Yo estoy bien. No te preocupes, amor.
Al llegar la azafata Zara hizo los pedidos, pidió exactamente lo que yo quería, aparentemente sabían con exactitud mis gustos y me agradó que lo hiciera. Por otro lado, desde lo lejos Liz no dejaba de observarnos con furia y de celar a Zara.
Después de tantas miradas celadoras y acechantes que Liz nos lanzaba y que nosotras ignorábamos gustosas, llegó nuestros deliciosos pedidos y cuando estuvimos a punto de comer en paz, no nos dimos cuenta de que alguien se acercaba, y sí, ustedes y yo sabemos a quién me refiero con ese “alguien”; Liz, decidió aparecer en nuestra mesa y “alegrarnos más el día”.
- ¿Puedo hablar contigo, Zara? –preguntó Liz tratando de ignorar mi existencia.
Zara, que tenía una pequeña cuchara en la mano, con la cual comería su postre, lo dejó caer en un plato produciendo el ruido entre ellos y desatando su furia, la cual ella controlaría por sus buenos modales que la hacían irresistible de alguna manera rara.
- Estoy por comer, con mi novia –respondió sujetando una de mis manos. Pero la persona no agradable no se conformó con eso e insistió.
- ¡Solo será un momento, Zara! –insistió cogiendo la mano que Zara tenía desocupada, y jalándola hacia ella por sobre la mesa.
Ella, al ver la reacción de Liz se levantó del asiento para luego soltar su mano de la de ella y dejarla a un lado.
- Estoy con mi novia –contestó calmada- y solo quiero pasar un buen momento a su lado. ¿Puedes retirarte?
Todas sus amigas voltearon a ver la escena que estábamos protagonizando, quedaron asombrados ya que ella les había contado miles de cosas y todas por supuesto, era tan falsas como ella. Liz no pudo hacer más, ya estaba pasando una gran vergüenza y no le quedó de otra que retirarse de la cafetería con la cola de sus amigas. Yo me sentí muy orgullosa de Zara por no caer de nuevo en su juego, sentí como cuando el príncipe salva a la princesa del feo dragón, pero en este caso, fue mi hermosa princesa. Sonreí de emoción e inmediatamente la abracé y le di un enorme beso para después decirle cuanto amor sentía por ella. Después del capituló de la novela que protagonizábamos: “El amor lo puede todo”, nos dedicamos a disfrutar de nuestros deliciosos postres con tranquilidad.
A pesar de la desagradable presencia de Liz y la forzosa escena dramática que tuvimos que protagonizar, todo estuvo muy bien, puedo decir que perfecto. Al terminar de saborear nuestros pedidos, satisfechas, salimos de la cafetería con rumbo a la pre, ya que faltar, no podíamos. Cuando llegamos observamos a Liz y a su grupito de seguidoras-imitadoras-, en el mismo lugar, todo lucía igual, las mismas chicas, misma líder, lo único diferente del que me pude percatar fue que, todas estaban serias y molestas con ella por haberlas engañado. Todo se paga. ¿No?
Desde ese momento todo fue por buen camino, Zara y yo tuvimos una buena relación. Excelente relación. Ésta volvió a ser como antes, antes de las fotos y todo el lio, se llenó de alegría nuevamente, y claro, volví a confiar al cien por ciento en mi amada novia. El amor que sentimos creció y creció y se fortaleció.
Los días pasaron así; hermosos, alegres, llenos de amor con Zara, mi vida, quien me llenaba de felicidad y de sonrisas. A pesar de que teníamos clases juntas, hubo días en los que no pudimos vernos, por andar con amigos, respetando nuestro espacio personal o por los trabajos que se nos acumulaban gracias a los profesores explotadores, pero aun así tratamos de darnos tiempo para seguir cultivando nuestro amor, salíamos a pasear, a comer, al cine y ya NO a un hotel, mi casa y la suya eran muy visitadas-ustedes me entienden-. Liz no desapareció por completo de nuestras vidas ya que vivía cerca a nosotras y también estudiábamos juntas y aunque suene algo cursi, ni ella ni nadie pudo detener nuestro amor.
Zara siempre salía a defenderlo cada vez que era necesario, eso me fascinaba de ella, era tan segura de sí y de nosotras, tan segura sobre su orientación, tan segura sobre su amor hacia mí, que no lo quería ocultar.
Un día, cuando salíamos a caminar, que era lo que más hacíamos ya que no nos gustaba perder asi sea un segundo en alguna distracción como: el cine, comer, jugar play station, etc. Una persona nos vio abrazadas y se acercó a decirnos que lo que hacíamos estaba mal, que nos iríamos al infierno si no íbamos por el buen camino y bla bla bla. Pero…¿Qué hacíamos? ¿Abrazarnos? ¿Eso está mal? ¿Besarnos? ¿Amarnos? ¿Hacer el amor? ¿Reír juntas? ¿Pelear? ¿Jugar? ¿Eso está mal? La mayoría de las personas las hacen ¿no?, no le veo nada malo a eso, así que, si quiero demostrar mi amor a Zara, entonces lo haré, sin importar que piensen los demás sobre nosotras, porque nada de lo que ellos digan podrá cambiar mis pensamientos y menos, mis sentimientos. Ya que, gracias a esas personas, muchos homosexuales viven atrapados en sí mismos, sin poder mostrar quienes son en verdad, sin poder mostrar cuando están enamorados, obligándoles a ponerse una máscara y esconderse todos los días.
El tiempo se pasó volando, mi cumpleaños número diecinueve estaba cerca y como siempre; mis padres organizarían una fiesta para mí, pero sin asistir a ella. A mis padres les gustaban esas fiestas antiguas, por así decirlas, estilo Romeo y Julieta, donde las mujeres llevan largos y pesados vestidos y los varones un muy elegante traje, mayormente negro, elegancia. Esa clase de fiestas, tan melosas y llenas de romanticismo, no eran mis preferidas, porque a pesar de estar rodeadas de muchas personas, no tenía tanto sentido si los que me criaron no estaban presentes.
<<Ésta vez será algo romántico, todos con máscaras y como en Romeo y Julieta, esperaré a mi amor, pero en vez de Romeo, esperaré a la mejor de las Julietas>> Pensé.
Así llegó el gran día, esperado con ansias por muchas personas y no tanto por mí. Sabía que lo único que cambiaría ese cumpleaños, lo único que lo haría especial al día, sería tener a una hermosa mujer al lado, la única quien alegraba mi vida y le ponía colores a mis días.
Día domingo, Nueve de la mañana, abrí los ojos despertando, enseguida un suspiro solté, supuse que feliz debí de sentirme pero lo que me haría sentir así y especial no había llegado, mejor dicho, quien me haría sentir especial no había llegado. Ese día no hubo clases por lo que no me preocupe y menos por tener a Liz presente. No quise levantarme, era mi engreimiento de cumpleañera; estar echada era lo que deseaba, corrección, estar echada con Zara, era lo que deseaba, pero en el momento no me fue posible así que espere que luego se hiciera realidad. Mis padres enviaron un día antes a personas para que trabajaran en la fiesta y dejaran todo listo para “el gran día”, por eso fue que no pude dormir bien, hacían algo de bulla, sin embargo, de mi progenitores no habían huellas. Por tanta bulla que hubo, al final tuve que levantarme de la cama con toda la flojera del mundo, cogí mis cosas para bañarme y disfrutar un largo rato en la ducha, cuando estuve a punto de entrar para ducharme escuché sonar al celular, al principio no quise contestar porque tenía flojera de fingir una alegría, pero enseguida una sonrisa enorme apareció en mi rostro, me alegré porque pensé que Zara sería la primera en saludarme y fui corriendo en busca de éste para oír su dulce voz. Al contestar me sorprendí y me entusiasmé mucho al oírla.
- ¡Hola, Sam! –contesté alegre por lo mucho que la extrañaba y los días que no supe de ella.
- Hola, pequeña –respondió igualmente con alegría- Te mandé miles de mensajes hoy, quería saber si estabas despierta para desearte un feliz y hermoso cumpleaños, me llegó tu invitación, y con gusto asistiré a tu fiesta y de nuevo: Feliz cumpleaños, pequeña
- ¡Sam! Muchas gracias. Saber de ti es un lindo regalo y pues…discúlpame, sabes que nunca estoy muy atenta al celular.
- Lo sé, Cristal –dijo riendo-, es por eso que insistí con la llamada.
- ¡Oh! Y…¿Cómo estás? ¿Qué tal te va? Hace días que no sé de ti, te me habías perdido.
- Sí, discúlpame por desaparecer pero… tenía que estar un tiempo a solas y además, terminar de arreglar unos asuntos para el viaje.
- Cierto…-comenté con tristeza- ¿Cuándo te iras?
- Después de saludarte personalmente.
- Ya veo, pero…te extrañaré…
- Yo también te extrañaré, pequeña, pero el hecho de que viaje no significa que te abandonaré, o que te dejaré a un lado. Te llevaré conmigo hacia donde vaya y te enviaré e-mails y muchas cartas, también podremos hablar por video llamadas –añadió contenta-, si a ti te agrada la idea, claro.
Cada segundo que conversaba con ella me traía recuerdos nuestros, cada momento que pasamos juntas, cada sonrisa, cada alegría, tristezas, yo sonreía con tristeza ya que no ocurrirían nuevamente por un largo tiempo.
- Sabes que formas parte de mi vida, Sam, así que, ¡claro! Me gustaría.
La conversación terminó, Sam tuvo que colgar porque aún no terminaba de empacar. Fue la primera en saludarme a parte de los mensajes de las demás personas que luego vi en mi celular y en mis redes sociales. En el poco tiempo que tuve con Sam, se hizo muy querida por mí, solo esperé a que su viaje no nos alejara pero sí que borrara algunos sentimientos confusos, no míos.
Volví a coger mis cosas para ingresar a la ducha pero cuando estuve por entrar giré hacia atrás y me detuve esperando la llamada de Zara, pensando que sería la siguiente en felicitarme, después de un momento de espera sin respuesta seguí adelante. Ella no aparecía, en aquel momento no le tomé importancia porque supe que luego me llamaría así que, fui a disfrutar de una ducha de agua caliente entre canto y canto. Mientras me hallaba bajo las aguas comencé a sentirme nerviosa y entusiasmada porque estaría con mi novia, mi primer cumpleaños con ella.
Sé que les dije que el estilo “Romeo y Julieta” no era lo mío por lo romántico, pues en las fiestas anteriores nunca hube entendido porqué tanto romanticismo, pero cuando tuve a alguien a mi lado, a ese alguien especial que me hizo sentir especial, alguien a quien amar y que me ame de igual, cambió todo por completo. Comprendí porque tanto romance, sentí una felicidad por quien completaría el “Romeo y Julieta”, quien bailaría conmigo en la gran pista expresando un gran amor mediante nuestra miradas, sintiéndome feliz, absolutamente feliz. Así estuve yo, sintiendo mil cosas por esperar ese momento, por esperar a que Zara se encontrara a mi lado, la razón que me haría sentir especial, amada y feliz en mi cumpleaños. Ella era la razón por la cual supe que esa fiesta no tendría igual. Supuse que así se sentía alguien loco por el amor.
Después de un largo baño, me tumbé a la cama, cerré los ojos e imaginé como sería mi fiesta, con Zara, como la miraría, como la besaría, como la sentiría, como la tocaría, y aunque sabía que la imaginación vuela demasiado alto, también sabía que no habría mucha diferencia, mientras Zara se presentara en mi fiesta habría alegría desbordándose. Iré a ver que hacen. Me dije por lo aburrida que estaba, era lo único que me quedó por hacer, bajé las escaleras viendo cada detalle que los trabajadores habían colocado a la casa. Una emoción enorme me entró al ver lo hermoso que estaba el salón principal, tan reluciente y elegante, más emoción sentí al imaginarme a Zara y a mí bailando una canción romántica en el medio.
Momento después de ver el gran avance que habían hecho con la casa, siguió presente mi aburrimiento, sin embargo me di cuenta que éste no era aburrición, sino, desesperación, por esperar a que Zara se presentara, o llamara. Decidí subir nuevamente a mi habitación para volver a tumbarme a mi cama sin saber que más hacer, quise estar en blanco, pensar en nada, mirar el techo, y de golpe recordé la imagen que tuve de Zara y de mí bailando en medio del salón, me pregunte cómo es que bailaríamos, ¿cómo bailarían dos mujeres una canción lenta? Yo por supuesto no tenía nada de experiencia en ese tema, pero no quise hacer el ridículo frente a ella.
¿Qué pude hacer? Busqué en internet algún video, solo salieron imágenes, no fueron gran ayuda. ¡Lo sé! Fue absurdo, pero en ese momento estuve angustiada por no saber lo que debería de hacer. Enseguida un sonido hizo que me alejara de mi instante de angustia y preocupación, fue mi celular que estaba sonando. Cogí el aparato lo más rápido que pude pero al ver quien era la emoción disminuyo mucho. No era mi amada quien llamaba para felicitarme, sino, mis amigas mediante una conferencia en videollamada.
- Hola –contesté.
Su llamada era para invitarme a ir de compras, mejor dicho, a obligarme, ya que mi madre había arreglado todo para la ocasión y ellas estaban “colaborando” para escoger un vestido para mí. Al principio me negué, explicándoles que estaba esperando una importantísima llamada y quería contestarla sola y en paz pero ellas insistieron tanto que accedí finalmente. No es que me desagrade estar con ellas, al contrario, por algo son mis amigas, pero quise pasar cada momento con Zara aquel día, sin embargo, después de todo, le vi como oportunidad para poder salir con ellas y de disfrutar de nuestra amistad.
Salí de mi casa con rumbo al lugar acordado en el cual nos encontraríamos, esta vez no olvidé llevar él celular conmigo, por si Zara me llamaba antes de llegar a mi casa. Recorrimos muchas tiendas, comprando miles de cosas, riendo, jugando, pasándola de lo mejor. Extrañé esas cosas con ellas, siempre conversábamos de todo, hasta por la mosca que pasaba frente a nosotras, nunca hubo un momento de silencio y con ellas, era lo que me gustaba, no dejábamos que la conversación terminara. Sin darme cuenta, la tarde había llegado y al ver la hora la tristeza en mi apareció, Zara no se hacía presente y no sabía nada de ella, quise llamarla pero también quise que ella lo hiciera. Cuando les comenté a mis amigas sobre aquello y después de recibir consejos y opiniones de su parte, me decidí en llamarla, más que estar triste porque no fue la primera en saludarme, estaba preocupada, pensé que quizá pudo haberle ocurrido algo y yo ni enterada
de ello. Cogí el celular y marqué el número de celular de Zara, timbraba el celular sin embargo nadie contestaba, llamé por segunda vez y pasó lo mismo, comencé a preocuparme, ella no contestaba ninguna de mis llamadas, lo peor fue que el celular timbraba, ni siquiera estaba apagado para suponer que no quería contestarme o algo similar. Temí lo peor al principio, luego, pensé algo que quizá no debió de aparecer en mi mente: “¿Y si está con Liz?” Dudé, incluso mis amigas lo notaron en mi comportamiento ya que no pude estar tranquila, trataron de calmarme y tranquilizarme, haciendo que me olvidara de aquello, diciéndome que todo estaba bien, pero…¿Cómo todo iba a estar bien si Zara no aparecía? Y aún peor, teniendo en mí, dudas al respecto.
Momento después ni las compras me animaron, el rato feliz con mis amigas hubo terminado y yo no supe que pensar, que creer y que sentir. Llamé a Zara mil veces más, pero esas veces ya no timbraba sino, estaba apagado, todo comenzó a parecerme cada vez más raro y más preguntas relacionadas con Liz y Zara aparecían en mi mente, después de todo, ella tenía un oscuro pasado. Las ganas por el gran día se esfumaron muy rápido, solo quise escuchar a Zara para aclararme todo y despejar las dudas pero… no aparecía.
Les dije a mis amigas que no tenía más ganas de comprar y que solo quería regresar a mi casa, ellas, claro, supieron el porqué de mis palabras, pero yo no me sentía bien, la idea de que un cumpleaños diferente se había desvanecido por completo y lo único que quería fue encerrarme en mi cuarto y esperar la llamada de Zara. Sin más, decidida les dije que me iría y ellas como buenas amigas decidieron acompañarme y no dejarme sola. Pensé entonces, que ellas también creían que Zara se había ido de mí, nuevamente, y la depresión aumentaba cada vez más.
Cuando llegué a mi casa no me fijé en la decoración ni en lo lindo que estaba el salón, simplemente fui de frente a mi habitación con la inmensa tristeza que llevaba conmigo. Una escena terrible y espantosa es el protagonizarla mientras estas sentada en tu cama y tus amigas a tu alrededor sintiendo tú mismo pesar, como si fuera un funeral de tu amor. No tuve por qué llorar, o no quise, ya que solo fueron dudas, pero si sentí tristeza y molestia por la desaparición de la mujer a quien amaba. Mis amigas, siempre tan bondadosas en los momentos necesarios, trataron de animarme diciendo que me probara el vestido y que me pusiera linda y yo solo pensaba << ¿Linda para qué, para quién? Si todo esto era por ella, por la persona quien no ha aparecido hasta ahora >>
Mi mente quedo vacía de pronto y como de golpe llegaron las palabras “¿En serio voy a malograr mi cumpleaños porque no viene Zara? ¿Voy a depender de ella a cada instante? ¿Dejaré que pase de nuevo lo de Liz?” Entonces reaccioné y me dije en voz alta: No voy a dejar que esto se malogré, ya preparé todo y esta vez disfrutaré si o si mi fiesta, con o sin Zara, no permitiré que me dañe otra vez.
Mis amigas al oírme quedaron sorprendidas, ya que no habían conocido esa parte “reveladora” de mí, incluso ni yo lo había conocido hasta ese momento. Y el tiempo de depresión terminó con una sonría mía.
Después de aquello nos preparamos para la fiesta, que ésta había que disfrutarla. Traté de mostrarme segura aun teniendo algunas dudas presente, pero aún más, quise no depender de Zara y si no se presentaba de igual manera debía de divertirme. Puse música para amenizar el momento y con ésta disfrutar la ducha, el maquillaje, la vestimenta, el momento con mis amigas y la emoción que tuve por decidir que me divertiría de todas maneras.
Antes no lo veía de esa manera, solo me concentraba en la ausencia de quienes me importaban pero luego pensé y me dije que a partir de ese día me concentraría más en mí, me contraría en mi fiesta y en mi cumpleaños, solo en mí. Quizá fue un pensamiento algo egoísta, pero un así seguí creyendo que era lo correcto.
Mis amigas al terminar de prepararse decidieron bajar antes que yo para que, según ella, la cumpleañera bajara al último y disfrutara de los aplausos, no me opuse ya que no era lo que me interesaba, lo importante era estar con ellas y disfrutar. Cuando terminé de arreglarme tenía que buscar algo que hacer mientras ellas bajaban hacia el salón, en mi aburrimiento no se me ocurrió algo que pudiera distraerme así que para mí mala suerte el pensamiento de querer ver si mi novia me había llamado, hubo regresado y por más que traté de evitarlo, fue en vano, cogí el celular y lo revisé varias veces para ver si me había escrito. Grande fue mi sorpresa, bueno, en verdad no, no me escribió nada, ni una llamada perdida suya había, respiré hondo y solté el aire para evitar ponerme triste, luego pensé que la vida era hermosa tal cual, que tenía que dejar de estar triste, con depresión, angustias y más, muchas personas sufren cosas más dolorosas y siguen paradas y yo no podría ponerme triste por algo que era probable que no me mataría. Me dije que eso sería parte de mí, la nueva yo, parte de mi nueva vida, Zara seguiría incluida pero lo que no incluiría en mi vida era lo de depender de alguien. Yo quería encontrarme en la columna de las mujeres independientes y allí estaría.
Momento después el aburrimiento seguía allí y no supe cuánto tiempo debía de esperar por lo que decidí bajar al salón de una vez lo más lento que podía. Al pisar el primer escalón, me detuve para observar lo magnífico que había quedado todo, al segundo los invitados notaron mi presencia y me recibieron con enormes sonrisas y aplausos, nunca me hube sentido tan feliz recibiendo tanto cariño, me conmovió mucho ese momento y me enorgullecí de haberlos conocido y tenerlos a mi lado.
Mientras la música sonaba yo terminaba de bajar la escalera casi en lágrimas por la alegría, al instante de pisar el salón los invitados se acercaron para abrazarme y felicitarme por mi cumpleaños, debí de tener más brazos para todos ya que se acumularon y no pude recibirlos por completo. Di mis palabras de agradecimientos: Gracias por venir, es la primera vez que me siento tan alegre en un cumpleaños y es por tenerlos a ustedes presente hoy. Gracias por asistir y formas parte de mi vida, disfruten la noche y gocen.
No tuve más palabras, bueno, en realidad sí, pero sentí que si seguía hablando lloraría por las emociones encontradas por lo que me retiré con mis amigas y empezamos a bailar. Mientras bailaba con ellas, observaba cada detalle del salón, la decoración, las flores, los manteles a juego con ellas y una enorme mesa llena de regalos que claro, me sorprendieron y alegraron.
La fiesta fue muy emocionante, conocí personas nuevas que mis amigas habían invitado, una de ellas era una lesbiana un poco mayorcita pero muy linda y agradable, la conocimos en la fiesta y mis amigas la llevaron para “distraerme”, converse a solas con ella un momento, intercambios correos, números de celular y luego regresé con mis amigas para seguir balando y gozando. Así estuvimos por largo rato, todo el mundo bailando sin cansarse y pasándola bien, pero… pasó algo raro… Las luces se apagaron de repente, sin previo aviso y sin ser planeado, la música también fue apagada, pensé que se había ido la luz ya que todo estaba en silencio y a oscuras, estuve aterrada, no supe que hacer o a quienes acudir, varias ideas pasaron por mi mente, la principal sospechosa por arruinar mi fiesta: Liz, luego pensé que podrían ser ladrones que planeaban robarnos o secuestrarnos-sí, exageré-. Me encontré muy asustada, las personas que decoraron se habían retirado y solo estábamos un grupo de jóvenes.
De sorpresa las luces se prendieron cegándonos por unos segundos por el destello que éstos producían, todos nos calmamos con eso y yo traté de averiguar lo que hubo ocurrido pero no encontré respuesta alguna. En medio de ese caos casi terminado se escuchó sonar una canción, me sorprendí de lo rápido que colocaron la música ya que pensé que a pesar de todo los Dj´s también estarían en shock y al girar hacia mis amigas, los reflectores se dirigieron al balcón de casa, yo seguí sin comprender absolutamente nada, entonces… sonreí…

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XXXI Un gran final

Mensaje por Admin el Lun Jun 06, 2016 7:27 pm

Y todo fue aclarándose poco a poco. No puedo describirles cuan feliz me encontré en ese momento, pero puedo decirles que más que súper feliz. Quedé encantada cuando la vi saliendo del balcón vestida con un elegante traje blanco y sosteniendo con una de sus manos una hermosa rosa blanca, mi corazón enloqueció completamente, tenía entreabierta la boca por tal sorpresa y belleza que deslumbraba frente a mí, la contemplé todo el tiempo que pude mientras ella se acercaba a mí con su típica hermosa y tierna sonrisa que me pertenecía y que la dibujaba en su rostro tan solo para mí. Me sentí culpable por pensar mil y un cosas negativas sobre ella, pero a la vez feliz por tenerla presente que era lo que más deseé aquel día. Cuando Zara llegó al centro del salón, no dio un paso más, creí que me estaba esperando pero mis piernas no me respondías, mis amigas que estaban atrás de mí me llevaron hacia ella. Al dirigirme a ella, mi felicidad me gobernaba, tanto así que se reflejó una enorme sonrisa en mi rostro. Ambas nos miramos a los ojos cómplices del amor que sentimos y anhelando el estar juntas, cuando por fin estuve a unos centímetros de ella, Zara estiró la mano que cogía la rosa para entregármela…
− Feliz cumpleaños, Cristal –dijo Zara- Este día es muy especial para mí porque es el primer cumpleaños tuyo que pasamos juntas, te aseguro que no será el último, habrán muchos más… Habrá aún mucho más amor.
− Pensé que no vendrías… pensé que… te habías olvidado de mí, te llame y no contestabas, estaba preocupada, Zara.
− Lo sé y lo siento. Tuve que resolver un asunto –contestó mientras acariciaba afectuosamente mi mejilla.
− Bueno, eso ya no importa, lo único que importa es que estas aquí, que estás conmigo, amándome, hoy y siempre.
− Hoy y siempre te amaré, hoy y siempre estaré a tu lado, mientras me lo permitas, hoy y siempre estará este amor que siento por ti, hoy y siempre te amaré, Cristal.
Me entusiasmo demasiado escucharla decir esas palabras, las lágrimas comenzaban a asomarse en mis ojos por la emoción que sentí.
− No voy a negar que me alegraste la noche, y mucho. Te amo, Zara.
− Te amo, Cristal, siempre lo haré. Tengo dos sorpresas para ti, espero que te gusten.
Estuve tan contenta, tan feliz, por pasar ese momento con personas maravillosas, en especial una, solo pude sonreír de la emoción, fue mi manera de expresarlo, de mostrar cuanta felicidad en mí se encontraba. Cuando giré hacia mis amigas, me di cuenta que nuevamente estábamos protagonizando un episodio más de nuestra novela, todos estaban observándonos como las protagonistas de ésta. Fue muy gracioso ver el rostro de los invitados, pero no me importó aquello, no me importaba protagonizar un episodio de amor mientras sea con Zara.
Mi novia cogió mi mano con suavidad y me llevó junto a ella hacia el lugar donde comenzó mi sorpresa, supuse que para ver la espectacular noche; luna llena y las estrellas radiantes.
- ¿Ves las estrellas? –preguntó con el reflejo de ella en sus ojos.
- Sí… son hermosas ¿verdad? –respondí dirigiendo mi mirada hacia el cielo.
- Ninguna como tú –dijo mientras me contemplaba-. Tú opacas a todas con tu belleza y resplandor.
Sus palabras siempre eran maravillas, tan hermosas como siempre y llenas de amor, hacían que me sonrojara y que mi corazón latiera más que lo normal.
− Siempre haces que me sonroje –reconocí mientras sonreía.
− Me gusta verte sonreír y ser feliz conmigo.
− Yo soy feliz contigo, Zara, porque tú me amas.
− Y siempre lo haré, lo que siento por ti es muy fuerte, Cristal, muy fuerte.
− Me alegro mucho, me alegro que estés hoy aquí a mi lado, aunque…no voy a mentirte diciendo que no me hubiese gustado escuchar tu voz al despertarme –comenté con algo de pena.
− Lo sé y a mí también me hubiera gustado mucho, pero como te dije, tuve que resolver un asunto, pero te prometo que para el siguiente cumpleaños, al despertar seré la primera en felicitarte.
− ¡Genial! –exclamé contenta- Pero dime, ¿Cuál es el asunto que resolviste? ¿algo grave? –se asomó mi lado curioso y protector.
− Pues, te dije que resolvería el problema con Liz y que te demostraría que eso no fue cierto.
− Así es, pero…no entiendo, explícame.
Oí a alguien llamarnos desde atrás y me sonó a una voz familiar, por lo que volteé y vi a alguien que no esperaba en ese preciso momento, me imaginaba que ella estaría disfrutando de la fiesta pero nunca que estuviera parada frente a nosotras en el momento que Zara me explicaría lo que en verdad pasó con Liz. Me extrañó mucho su presencia.
− Hola, Pam. Pensé que estabas disfrutando la fiesta.
− Así era, Cristal, pero…-dejó la respuesta a medias para dirigir al suelo su mirada llena de vergüenza.
− Pero tenemos que arreglar un asunto, Cristal –añadió Zara mirándome fijamente.
− ¿Qué? No entiendo
− Yo tengo que explicártelo… Cristal –pronunció Pam y en su voz se notaba la tristeza.
− ¿Explicarme qué, Pamela?
Ese instante se quedó en el silencio, a pesar del ruido de la fiesta, el silencio estaba ahí, nadie habló por un momento, Pamela solamente me miraba sin poder pronunciar palabra alguna y Zara… tenía ese gesto de no saber qué hacer, yo estaba confundida, no sabía si seguir preguntando y saber todo el lío, o, callarme y hacer que nada pasaba.
− Pamela –continuó Zara-, tranquila, si no puedes, está bien.
Ella, aquella chica que entró justo en el momento en que Zara me diría la verdad, aquella chica que despertó en mí una extrañeza al verla parada diciendo que debía explicarme cosas de las que yo no sabía, ella explotó en llanto, las lágrimas recorrieron su rostro como desearon e incluso algunas llegaron hasta el vestido, humedeciéndolo, la tristeza podía notarse en ella desde lejos y el arrepentimiento…
− No, Zara. Yo tengo que enfrentar esto, fue mi culpa después de todo…
Un escalofrío comenzó a recorrer mi cuerpo, me temí lo peor pero esperé que mis pensamientos fueran errados.
- Bueno, ¡Ya! ¿Van a explicarme? Solo me están preocupando.
Pamela soltó un ruidoso suspiro y con lágrimas en los comenzó con la explicación.
− Yo… soy la responsable de todo, Cristal, yo tuve la culpa de que… Zara y tú se distanciaran y no sabes cuánto odié ese momento, quise pararlo y decir toda la verdad pero no pude, tuve miedo, estuve… atrapada. No sabía cómo actuar contigo con tal gran mentira, no sabía cómo hablarte, como estar a tu lado sintiéndome así, como ahora… culpable.
− ¿Culpable? ¿De qué? ¿qué es lo que hiciste?
− Algo muy malo, Cristal… de eso me arrepiento mucho –suspiró-, aquí va… Yo… yo, fui quien llevó a Zara al hotel, yo… la drogué, yo fui quien tomó las fotos, yo se las di a Liz, yo tuve la culpa de todo esto –dijo para luego volver entrar en llanto.
− ¡Basta! ¡Basta! ¡Qué estás diciendo! No puede ser cierto…
− Yo planeé aquello con Liz… me amenazó con contarle a todos -agregó para luego apartar la vista avergonzada.
− ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? Yo te consideré mi amiga, ¡porqué me traicionaste de esa manera! -respondí entre gritos.
− Cristal –Zara hizo una pausa−, trata de tranquilizarte, por favor, ella tuvo una razón, escúchala.
No quise ni mirar a Pamela, no pude creer como hubo hecho tal cosa, yo la consideré mi amiga, confié mucho en ella y el que me haya traicionado destrozó toda la amistad que tuvimos.
− Lo siento, lo último que quería era esto, no sabía qué hacer, Cristal, por desesperación cogí lo único que encontré y fue aliarme con Liz, pero al ver que causé todo esto quise arreglarlo pero era tarde y no supe cómo.
− Zara –giré para verla–, estoy muy apenada, lo siento mucho –pronuncié disculpándome por no creerle y tratando de evitar a quien fue mi amiga.
− Cristal, mírame –contestó cogiendo mi rostro con sus suaves manos y acercándolo al de ella –, respira y escucha a Pamela, ella tuvo una razón, estuvo atrapada y tuvo que escoger eso, ahora está muy dolida como tú y solo necesita que la escuches. Tú y yo estamos bien, ahora falta ella ¿no crees?
A pesar de que me sentí muy dolida, mi noble novia tenía razón, de todos modos ya nada importaba, Zara y yo estábamos bien y era lo único importante para mí.
− Liz me encontró en la playa –añadió Pamela-, justo cuando pensé que nada estaría allí, que era lo más alejado que podría haber de la ciudad, no sé cómo o porque apareció ella ahí, porqué en ese preciso momento… estaba yo… besando a …-dijo sin poder seguir.
− Está bien, tranquila. –agregó Zara.
− Estaba besando a una chica –prosiguió con la voz quebrada y entre llantos.
No pude creer lo que escuché, nunca me lo imaginé, era la típica chica que siempre estaba rodeada de chicos, muy coqueta y popular, siempre gustaba de ellos, salían con chicos lindos y se divertían, y llegó con gran noticia…
- No entiendo… Siempre has estado rodeada de chicos –contesté.
- Pero eso no significa nada, Cristal. Me gustan pero… también las chicas, yo no quise decirles nada porque tenía miedo, miedo a que me juzgaran, a que me dañaran y por eso quise ocultarlo, pero Liz me vio y aquella chica era mi novia… Ella es mi novia desde hace un buen tiempo… Discúlpame, Cristal. En verdad, yo… no quería ocasionar todo esto…
- Ya, ya. Está bien, Pamela, pero no debiste haberlo hecho, yo no lo hubiera hecho si fuera tú, puedo… comprenderte un poco y no puedo guardarte rencor porque fuiste mi amiga, tampoco puedo seguir considerándote una amiga ya que me traicionaste de alguna forma, sé que Zara te disculpó, yo también lo haré… Ahora ella y yo estamos bien, más que bien – dije mientras tomaba la mano de Zara-, ya está solucionado.
Con aquello di por terminado la conversación, Pamela solo se disculpó nuevamente para luego dejarnos a solas, Zara me abrazó de una manera tierna y protectora, luego me dio un beso en mi frente y seguimos en silencio. Al principio, cuando vi entrar por la puerta del balcón a Pamela, creí que mi cumpleaños se había arruinado por pasar ese mal momento, pero al final, supe que fue lo contrario, mi fiesta hubo sido la mejor y lo seguiría siendo hasta terminar.
- Lo siento, debí… debí de creer en ti… -dije aún en los brazos de Zara.
- Cristal, ya pasó, cariño, ahora solo seamos felices –contestó con esa sonrisa que me derretía de amor.
- Es raro oírte decirme cariño –sonreí-, sé que para ti no es muy fácil decirme esas cosas y con esto haces que te ame más.
- Me conoces muy bien –respondió sonriendo conmigo-, pero trataré, trataré de hacerte la mujer más feliz del mundo.
- Mi amor, tú ya me haces feliz y estoy segura que lo seguirás haciendo, mientras esté a tu lado siempre seré feliz.
- Aún me falta darte un regalo.
De pronto, sonó una melodía que conocía pero no recordaba cual era. Zara cogió una de mis manos y junto a ella me llevó hacia el centro del salón, mi sorpresa fue hermosa, allí, dentro de la casa se encontraban un grupo de hombres, mariachis, que tocaban una hermosa melodía con sus instrumentos.
Los mariachis siempre me han parecido un hermoso detalle, me gusta como cantan y, viniendo de Zara, pues fue aún más hermoso. Pueden imaginarse mi rostro enrojecido y con una enorme sonrisa, siempre quise que me cantaran unos mariachis y ese día ocurrió.
Cuando por fin llegamos, los tuvimos frente a nosotras, entonces comenzaron a tocar una canción mientras nuestros amigos alrededor nuestro admiraban el momento, mientras escuchaba la música trataba de adivinar el nombre y cuando creí que ya lo estaba recordando, mi novia agarró un micrófono y lo usó justo para lo que fue creado.
“Pero al fin te encontré, o me encontraste tú, o quizá fue el amor que al final se apiado, pero al fin te encontré, que de ti no dude, sé que me he equivocado y fue en vano jurar amor en el pasado porque solo a ti te he amado“
Tiene la voz más hermosa del mundo. ¿Se los había dicho?
En cada palabra que ella cantaba sus ojos siempre se encontraron clavados en los míos, como si estuviéramos las dos solas en el salón y ella me declarara su amor en una canción, que fue casi lo mismo, el sentimiento más sincero que pueda haber puesto en una hermosa melodía. Yo me encontraba emocionada al punto de querer derramar lágrimas, pero no lo hice ya que no quise malograr la escena romántica de nuestra novela "El amor lo puede todo". Cuando terminó de cantar, no supe si abrazarla o besarla, estaba tan emocionada, quise hacer ambos pero, antes de poder si quiera acercarme a ella, Zara se acercó a mí extendiéndome su mano y luego me preguntó: ¿Quieres bailar conmigo?
Sonreí y enseguida mi corazón se volvió loco otra vez. Ella tenía una mirada tierna y tímida pero a la vez pícara y sensual, mi manera de responderle fue coger su mano para iniciar el baile, a pesar de los nervios que tuve por no saber cómo hacerlo. Nuestros amigos se apartaron un poco para dejarnos el salón y bailar como en las películas más románticas. Las dos nos hallamos en el medio, juntas y felices.
Nunca me imaginé que un día como aquel pasaría en mi vida, nunca me imaginé que yo terminaría estando con una chica, nunca imaginé amarla como la amo, nunca imaginé pasar por todo lo que pasé desde que estuve a su lado; momentos buenos, momentos malos, incluso graciosos y absurdos. Pero ya ven, pasó, las cosas siempre nos sorprenden, solo hay que dejar que fluyan por sí mismas, y saben, no lo cambiaría por nada, ni por nadie. Me enamoré de una mujer, que resultó ser el amor de mi vida, resultó ser la persona quien llena de felicidad mis días, quien al despertar es la primera en darme los buenos días y al terminar el día, las buenas noche. Me enamoré de ella y estoy orgullosa de eso.
Quizá alguna de ustedes se pregunte por qué no explique la aparición de Sam en la parte que debió de presentarse, o sea, la fiesta. Ella apareció, después del baile súper romántico que tuve con mi novia o quizá antes pero no la noté, la vi a lo lejos con unas cosas en la mano, entonces, me acerqué a ella junto con Zara. Como ellas no se habían presentado de la manera correcta, lo volvieron a hacer. Supuse que a Zara de alguna manera u otra le molestaría su presencia, tal vez le pasó lo mismo a Sam, pero también supuse que Zara sabía lo que Sam significaba en mi vida por lo cual no dijo nada al respecto. Sam me entregó los obsequios que había llevado para mí junto a un <Feliz cumpleaños> suyo, me alegré de verla, después de todo sería el último día ya que se iría de viaje, mi cumpleaños perfecto no lo hubiera sido sin ella.
Lastimosamente me explicó que no podía quedarse demasiado tiempo por lo cual me entristeció un poco y lo cual me hizo pensar que por lo menos podría quedarse unas horas pero luego recalcó diciendo que su vuelo partía en una hora, eso quería decir que llegaba y se iba. No me quedó de otra que aceptarlo, no podía hacer nada contra eso. Ese fue el momento triste de la fiesta, despedirme de una querida amiga que se iba por un tiempo indefinido.
A pesar de todo, el día fue increíble, mi novia también lo fue y Sam también. El amor siguió allí, entre mi amada y yo, la felicidad andando por doquier y así es como termino de contarles esta parte de mi historia, así es como les demuestro que no siempre te pasarán cosas malas, que algo bueno, muy bueno aparecerá tarde o temprano, puedes deprimirte todo lo que quieras pero con tal que luego mires a tu alrededor y veas todo lo hermoso que hay, así les demuestro también que no todo dura para siempre, y no me refiero a mi relación con Zara, sino a la suya con Liz, también les demuestro que no es bueno depender de alguien, al contrario, se siente magnifico que dependas tan solo de ti, otro punto importante en mi relación es que nunca me fijé en el rol activa-pasiva, sí, si lo conozco, pero nunca me interesó aplicar en mí uno de ellos, yo simplemente me enamoré, y ya, igualmente Zara, también me di cuenta que no era necesario enfrascarme, si eres lesbiana, si eres bisexual u otro, me bastó con el amor que sentía, que siento.
En la vida de un homosexual la discriminación aparecerá tarde o temprano, pero no se desanimen, confíen en ustedes, en lo que sienten, no dejen que los demás los dañen, o los amenacen como lo hicieron con Pam, mientras sepan ustedes quienes son no interesa lo que los demás les digan. Si tu padre, tu madre, hermanos u otros no te aceptan, okay, está bien, no importa, si tú aceptas a ti mismo es lo que importa. Yo me tomé mucho tiempo en aceptarme, pero al final lo hice y es lo que importa. Se puede lograr todo siempre y cuando se lo propongan y mucho mejor, cuando hay amor por medio. Amor real.
Así me di cuenta que lo que creí en un momento, lo que me enseñaron y lo que veía en la calle; el enamorarme de un chico, no tenía que ser cierto en mi vida, porque al final de cuentas, estaba enamorada de una chica.

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Re: Enamorada de una chica por Enamoradadeunachica

Mensaje por Admin el Mar Jun 07, 2016 5:25 pm

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