FALLEN ANGEL por Camrenarg

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FALLEN ANGEL por Camrenarg

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:06 am


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Capitulo 1

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:07 am

Esa tarde caminaba bajo la lluvia por esa calle totalmente solitaria, mi chaqueta estaba totalmente empapada, tenía frió pero no quería llegar a casa, me sentía mucho más segura, con un poco más de paz en la calle que en ese lugar que intentaba llamar hogar. Hace mucho tiempo había dejado de tener algo parecido a un hogar. Suspire pesadamente mientras pateaba una piedra, metí las manos a mis bolsillos.
Un sonido llamo mi atención, levante el rostro para observar que era, mi impacto fue enorme al ver aquella figura caminar sola por la otra calle.
Caminaba disfrutando las gotas de lluvia caer sobre su piel, su largo y negro cabello escurría pero a ella parecía no importarle aquello, más sin en cambio sonreía como si le agradara esa sensación de la lluvia chocando con su cuerpo tapado solo por una delgada sudadera. Me pregunte si no estaría perdida pues no parecía ser de esta zona de la ciudad, alguien como ella no podía vivir por estos rumbos. Aquí solo había peligro, desolación, era una de las zonas más “oscuras” de la ciudad, alguien con un poquito con consciencia evitaría a toda costa vivir aquí.
Levante un poco más el rostro y logro distinguir a dos tipos con muy mal aspecto detrás de ella, sonreían maliciosamente. “Maldición, la siguen” pensé en ese instante. Algo dentro de mí me decía que no podía permitir que algo le ocurriera a esa hermosa figura que aunque no sabía quién era, me había dejado tan impactada.
Desde hace mucho yo no era ni lo más mínimo de quien solía ser, pero no podía dejarla sola y que algo malo le pasara. No podría cargar con otra cosa en mi consciencia y menos por dos tipos estúpidos que no pensaban con la cabeza correcta. Tenía que pensar en algo para sacarla de aquí sana y salva.
Rápidamente voltee a todos lados buscando un lugar para ocultarnos, cerca había un bar, podríamos entrar ahí y… no, esa era una mala idea, malísima en realidad. ¡Maldita sea! ¿Qué podía hacer para ponerla a salvo?
Cruce la calle para llegar hasta donde ella estaba, me interpuse en su camino. Lentamente subió su mirada recorriendo todo mi cuerpo, haciendo que sintiera un temblor en mis rodillas «de seguro son los nervios por tener que salvarla de esos dos tipos» susurre en mi mente. Su mirar era penetrante, un chocolate en el que si no tenías cuidado podrías perderte rápidamente. Me mostró una sonrisa.
-Hola –dijo cuándo se detuvo frente a mí. Ella era… hermosa, realmente hermosa. No lo había notado hasta tenerla totalmente frente mí, sentía su mirada quemar mi piel.
-Hmm… ho… -no pude terminar, los tipos notaron mi presencia y comenzaron a correr hacia nosotras. No sé de donde saque el valor pero la sujete de la mano y me perdí en su mirada, error –Confía en mí –realmente mi mirada suplicaba que así lo hiciera, no soportaría otra carga sobre mis hombros. Me miro confundida pero asintió apretando un poco más mi agarre mientras sonreía.
Corrimos hacia el edificio que estaba a unos pocos metros, subimos las escaleras de igual manera. Al dar la vuelta en el primer piso, nos dimos cuenta que era un condominio de departamentos y que los tipos subían a nuestro ritmo a escasos metros lejos de nosotras. En definitiva no nos dejarían en paz, pero yo no dejaría que se acercaran a ella, sin saber porque me había entrado una enorme necesidad de protegerla, fuera quien fuera, necesitaba protegerla, saber que estaría bien.
Seguíamos subiendo, me costaba respirar y podía notar que a ella también. Encontramos una puerta abierta, rápidamente voltee a verla, solo asintió con la cabeza para entrar desesperadamente después. Cerré detrás de ella soltando mi agarre de su mano, sentí como un frió recorría todo mi ser, ¿Quién era ella? No esa no era la pregunta… ¿Por qué había sentido eso?
Centre mi mirada en la puerta frente a mí intentando alejar esas preguntas que comenzaban a acumularse en mi mente, pegue mi oreja a esta. Silencio. Solo lograba escuchar el latir desbocado de mi corazón justo debajo de mi oreja, amenazando con salirse en cualquier momento.
Respire profundo y pude notar su aroma muy cerca de mí, mis rodillas temblaron de nuevo. ¿Qué me estaba pasando? Me aleje de la puerta volteando a verla, su belleza me volvió a impactar. Respiraba con dificultad por la carrera, sus ojos estaban cerrados. Agradecí mentalmente por eso, su mirada me volvía débil, me hacía temblar.
-¿Estas bien? –dude en preguntar.
-Sí, solo… necesito respirar un poco –dijo mientras levantaba el rostro para regalarme una leve sonrisa sin abrir los ojos, respiro profundo. No pude más, me perdí nuevamente en ella. Realmente era muy hermosa.
Abrió los ojos y desvié mi mirada viendo por primera vez el lugar en el que nos encontrábamos. Un departamento vacío, bueno si es que se le podía llamar departamento. Estaba sucio, lleno de periódicos viejos y gastados, papeles tirados, basura regada por cara rincón de ese sucio suelo. ¡Demonios! Este tampoco era un lugar seguro.
Probablemente era el centro de reunión de gente adicta para pasar las noches frías como la de esta tarde, sentí un escalofrió recorrer por toda mi espina dorsal al darme cuenta que podríamos estar en más peligro, no tanto por mí, sino por ella.
-Tenemos que salir de aquí… rápido –dije seria y voltee hacia la puerta, se escuchaban murmullos del otro lado «No deben estar lejos»…mi corazón se detuvo, eran esos tipos.

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Capitulo 2

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:08 am

-Están ahí afuera –susurre viéndola a los ojos, note el pánico en ella.
Le tendí mi mano para que la sujetara y poder salir de ese lugar, no podía dejarla. Esta necesidad de protegerla crecía más y más sin razón o motivo alguno. Tomo mi mano y nos adentramos más en esa “habitación”.
Pasamos por un pasillo. De un lado había una puerta cerrada, supongo que era una recamara, caminamos un poco más encontrando la estancia principal, fuimos directo a la única ventana que veíamos, no tenía barrotes. Solté su agarre, volví a sentir ese frio, esa necesidad de tener su mano sujeta a la mía, ¿Por qué rayos sentía eso? No podía.
Me concentre en nuestra posible salida, la ventana. Lentamente la abrí mientras sentía sobre mí su mirada fija logrando que me pusiera nerviosa, ignorando el peligro que estábamos corriendo. Aleje esos pensamientos lo más lejos de mi mente, saque un poco la cabeza para inspeccionar un poco el lugar, la escalera de emergencia se veía sin peligro alguno y parecía no haber nadie abajo.
Era la única salida, no había más.
-¿Prefieres salir primero o salgo yo? –dije mientras seguía inspeccionando, casi con todo el cuerpo de fuera.
-Como tú quieras –su voz sonó tranquila como si de verdad confiara en mí, ella no debía hacer eso, apreté la mandíbula.
-Bien –Conteste seria mientras volteaba a verla. Nuevamente su mirada me hizo temblar, ella realmente confiaba en mí. Cerré los ojos y respire profundo mientras volteaba otra vez hacia la ventana para salir.
Saque un pie y pise firme, asegurándome de no resbalar, después cruce todo mi cuerpo y volví a mirar que nadie estuviera en ese lugar, más que nosotras, era seguro. Extendí mi mano para que ella tuviera de donde apoyarse, me sujeto fuertemente y cruzo la ventana.
Bajamos lentamente por las escaleras de emergencia, todo iba bien hasta ahora, al paso de unos segundos llegamos al suelo. Baje primero para después poder ayudarle otra vez, volvía a comprobar que esa maldita necesidad de que nada le pasara surgía dentro de mí en proporciones muy grandes.
Un ruido sonó arriba de nosotras, volteamos al mismo tiempo, “Maldita sea, se nos escaparon” gritaron ellos mientras nos veían desde esa ventana. Al escucharlos un escalofrió recorrió toda mi espina dorsal, sin pensarlo bien dos veces sujete su mano y comenzamos a correr con miedo a que se decidieran a seguirnos nuevamente, atravesamos todo el callejón hasta la calle.
Voltee a ambos lados buscando alguna señal o alguien que pudiera ayudarnos, pero nada, estaba desierta, si nos quedábamos aquí no sería nada bien. La lluvia seguía cayendo sobre nosotras así que preferí llevarla al único lugar donde pudiera protegerla aunque fuera un poco más y al mismo tiempo mantenerla alejada.
Corrimos en dirección a ese lugar que llamaba “hogar”, en ningún momento la solté. Tal vez por miedo que se diera cuenta que ya no nos seguían y ella prefiriera irse por su parte, no lo sé realmente. Nos faltaba el aire pero aun así seguíamos corriendo sin parar.
A unas pocas cuadras de llegar me atreví a voltear para asegurarme que no nos siguieran, hubiera sido el colmo creer que estábamos a salvo cuando en realidad no es así. Aunque a decir verdad, ella es quien corre peligro al estar cerca de mí ahora. Nadie nos perseguía.
Después de correr lo que pareciera un largo rato, el aire no entraba tan fácil a mis pulmones, sentía quemar al hacerlo, al parecer ella sentía lo mismo.
-Ya… ya… no… no puedo… -jadeo mientras se detenía para intentar recuperar el aliento.
Voltee a verla, observe nuestras manos aun unidas, levante el rostro solo para ver sus que su mirada también estaba clavada en nuestras manos juntas, sonrió. Su sonrisa era una imagen a la cual me podría acostumbrar, con la cual podría vivir feliz. Sonreí ante pensamiento, espera… “¿Qué diablos estoy diciendo? ¡Tú ya no puedes pensar así! ¡YA NO!” Me golpee mentalmente.
Me solté de su agarre al pensar eso y sentí otra vez ese frio, ese vacío en mí. Desvié mi mirada fingiendo buscar algo. Pude notar como se desvaneció esa hermosa sonrisa que mostraba sus labios, así como apareció se fue. Esa reacción de su parte me había sentado como un golpe en el estómago. Dolió que esa sonrisa llena de paz desapareciera tan rápido.
Doblamos en la esquina siguiente, ahora simplemente caminábamos en silencio. Un silencio tan dulce como amargo, se sentía bien la tranquilidad que esta chica misteriosa me transmitía, la paz que reflejaba su mirada. Pero dolía, quemaba el no saber nada de esta hermosa diosa que se había cruzado en mi camino, ¿o yo me cruce en el de ella? No lo sé, pero sin duda alguna ella era una DIOSA. Sin darme cuenta llegamos al edificio donde se hallaba mi departamento.
-Es aquí –señale la entrada del edificio. Abrí la puerta haciendo un ademan para que pasara, subimos las escaleras con suma paz sin que ninguna dijera nada.
Llegamos a la cuarta planta, cruzamos las dos primeras puertas y por fin nos detuvimos frente a la mía. Abrí la puerta lentamente, intentando recordar si el interior no estaba hecho un asco como casi siempre, alguien como ella no merecía estar entre tanta dejadez, aunque fuera solo por un rato. Sonreí tontamente al recordar que el día anterior me había ocupado de limpiar todo pues ya no encontraba nada por las pilas de ropa sucia y el montón de basura acumulada por el suelo. Sí, yo era todo un caso.
-Hogar dulce hogar –no pude evitar que mi voz sonara con amargura.
-Es muy lindo –contesto mientras entraba y observaba todo, volví a sonreír como tonta.
Llego hasta la sala, pasando sus delicados dedos por el sillón sintiendo la textura de este, camino alrededor observando los cuadros que estaban colgados en la pared, siguió recorriendo la estancia hasta llegar a ese librero casi vacío. Sin aguardar se dirigió hasta aquella fotografía que guardaba como el más bello y triste de mis recuerdos.
-¿Es tu familia? –su aterciopelada voz me golpeo.
Desvié la mirada, comenzando a sentir como mis ojos se llenaban de lágrimas, no dude al darme media vuelta –Era… -susurre tristemente –fallecieron hace dos años –me dirigí a mi habitación.
Al llegar a mi habitación me sujete de la cajonera, el aire me faltaba otra vez, ese hueco en mi pecho volvía a doler. Me quite la ropa mojada para ponerme algo seco y evitar que toda esta sensación de soledad volviera a encerrarme, no podía permitir eso mientras ella estaba aquí, no podía dejar que ella me viera así de mal. Saque lo más cómodo que podía tener, un pants viejo y una playera grande. Me vestí rápidamente y agarre lo mismo para poder dárselo a ella, si seguía mojada lo más seguro es que terminara enfermándose y esa idea no me agradaba en lo absoluto.
Salí de la habitación y la vi de pie junto a la ventana, ¿Por qué no se había sentado en el sillón?
-No me senté porque estoy mojada y no quiero arruinar tu sillón –hablo mientras volteaba a verme, note como un leve rubor subía a sus mejillas.
Reí ante su acción, verla así era único. Ella solo sonrió nerviosamente –te hubieras sentado, no pasa nada si se moja un poco –le mostré una sincera sonrisa, con ella era fácil sonreír de esa manera.
Asintió pero siguió junto a la ventana. La vista era hermosa cuando no llovía, se podía ver parte de la ciudad. Al morir mis padres me dejaron una herencia lo suficientemente grande como para no padecer nada toda mi vida o al menos gran parte de ella, pero no podía vivir dándome el lujo. Simplemente no podía hacerlo.
Sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos, pensar en ellos dolía a pesar de que el tiempo había pasado.
-Hmm… te traje ropa seca –levante mis manos con las prendas –por allí está el baño –señale con la cabeza.
-Gracias –contesto mientras se acercaba a mí con esa sonrisa en su rostro que comenzaba a gustarme demasiado.
Extendí las manos para poder entregarle la ropa y ella la tomara, pero nuestras manos se rozaron y esa corriente eléctrica volvió a recorrer todo mi cuerpo, de pies a cabeza y viceversa. Si bien no me equivocaba y me atrevía a apostar cualquier cosa, a ella le había ocurrido lo mismo. Pues sus ojos se clavaron en los míos.
Tenía esa mirada tan curiosa, tan llena de secretos, tan inocente y pura, sentí la necesidad de querer ser yo quien descubriera esos secretos que aguardaban a ser descubiertos. Note como otro repentino rubor subía a sus mejillas mientras ella sonreía, no lo pude evitar y termine regresándole la sonrisa.
Después de unos segundos mirándonos decidió hablar –Si… yo… hmm mire a… cambiarme –su rostro se volvió aún más rojo con ese tierno rubor –o seguiré mojando todo tu departamento –rio nerviosamente.
¡Dios! ¡Su risa! Ver su sonrisa era algo, pero escuchar esa suave melodía que tenía como risa era algo celestial. No supe que decirle, me había dejado completamente hipnotizada, simplemente me reí con ella. Entro al baño cerrando la puerta silenciosamente detrás de ella. Sin darme cuenta ya estaba frente a ella pegando mi frente a la fría superficie, coloque mi mano anhelando que ella pudiera estar del otro lado haciendo lo mismo. Me sentí tonta.
¿Qué mierda me estaba pasando? Yo no podía estar haciendo algo como esto, ¡No podía! ¿Qué ocurriría si por algún motivo ella abría la puerta y me veía así recargada? Pensaría que soy una especia de loca depravada sexual o algo por el estilo y se iría de aquí tan rápido como había llegado y no podía soportar eso, al menos no tan pronto.
Me aleje de la puerta lo más rápido posible, fui directamente a la calefacción para encenderla pues la estancia estaba volviéndose cada vez más fría. Dudaba que un fuera un lugar cómodo para ella, o bueno, al menos eso creía. Pero como siempre, la suerte no estaba de mi lado, no encendió por más que lo intentara.
¿Cómo es posible que teniendo los medios vivo así? Solté una pequeña maldición, bueno más bien silenciosa esperando que no me escuchara. Regrese a mi habitación para sacar una frazada y poder dársela para que ella pudiera cobijarse cuando saliera seca del baño. Ella, suspire desde lo más profundo de mi pecho. Un momento, con tanta persecución ni siquiera me había presentado, no sabía siquiera el nombre de esa hermosa Diosa que se encontraba dentro de mi baño. Necesitaba saber más de ella, antes de que se fuera así por lo menos podría vivir con su hermoso y perfecto recuerdo.
No tenía de donde escoger pues vivía sola en este departamento o no tenía más que lo esencial para mí, así que nada más tenía una sola frazada, se la daría a ella para que no tuviera frio el tiempo que estuviera aquí. “Maldita calefacción” volví a maldecir mentalmente. Regrese a la sala dejando la frazada en el sillón para después dirigirme a la ventana y observar la tarde oscura por las nubes negras de la tormenta.
Escuche un ruido detrás de mí, di media vuelta y pude observar la más perfecta de las imágenes, incluso con mis harapos viejos se veía total y completamente hermosa. Sin duda alguna esta mujer era una diosa, MI diosa. No podía despegar los ojos de ella, era… ¡WOW! La mujer más bella que alguna vez pudiera existir. Y yo no tenía el derecho de poder contemplarla y menos de tan cerca, pero estaba totalmente agradecida por tenerla frente a mí, a unos escasos metros.
-Gracias por la ropa –hablo mientras jugaba con sus manos nerviosamente, maldición la estaba incomodando –es muy cómoda –me sonrió de nuevo, sentí morir.
-No es nada, necesitabas secarte –le sonreí de vuelta, creo que hoy había sonreído más que en los últimos dos años –no quería que te diera algún resfriado o algo así –su sonrisa se hizo más ancha, con ella era todo más fácil, me transmitía paz, mucha paz –perdona mi falta de educación al no presentarme -¡Maldición! Soné tan jodidamente formal –Mi nombre es Lauren –dije un poco más nerviosa, simplemente sonreí de lado.
-No te preocupes, disculpa tu mi falta, es solo que con eso de que teníamos que huir –solto una risita nerviosa y pude ver como un escalofrió recorría su cuerpo, al igual que el mío –se me olvido por completo presentarme también –sonrió pero hablo igual de formal que yo, ¡Que jodida suerte! Me reprimí sola –Mi nombre es Camila.

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Capitulo 3

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:09 am

Camila, ahora ya sabía quién era la diosa que tenía frente a mis ojos –Lindo nombre –sonreí y ese peculiar rubor subió a sus mejillas.
-Lo mismo digo, pero mejor dime Camz es más… hmm… menos formal – sonreía pero sin duda alguna podía notar el nerviosismo que la invadía.
-Claro, en ese caso tu dime Lolo… hace mucho tiempo nadie me dice así… y pues es más corto –no podía dejar de sonreírle.
Desde que mi familia había muerto en ese accidente automovilístico no había permitido que nadie más me llamara Lolo de nuevo, cada vez que alguien me decía así todo el dolor que sentía por la pérdida de ellos se hacía presente, dejándome con un dolor insoportable en el pecho y unas enormes ganas de querer morir junto con ellos.
Pero con ella era diferente, ni siquiera pensé cuando le dije que me llamara de esa manera, fue un impulso. Bueno desde que la conocí venía siguiendo mis impulsos. Una pequeña ráfaga de viento entro desde la cocina, haciendo que Camz abrazara su cuerpo de forma automática para darse un poco de calor, en ese instante recordé que había traído una frazada.
Me acerque al sillón y la señale –La traje para que pudieras cubrirte del frio, la calefacción no sirve –rodee los ojos al terminar de hablar.
-Gracias –se acercó a tomarla –si se siente un poco de frio –ese nerviosismo me resultaba muy agradable.
Agarro la frazada y se la coloco sobre los hombros, la apretó fuerte y sonrió. Su mirada fue directamente hacia el sillón para después subir a mí, como si esperara a algún tipo de permiso o algo así de mi parte. No hice más que sonreír y meter las manos en las bolsas de mi pants, comenzaba a sentir como la temperatura no era la más cálida que digamos. Necesitaba distraerme para no pensar en el frio que comenzaba a sentir mi cuerpo -¿Quieres ver una película? –pregunte de la nada.
Volvió a sonreír tiernamente y se ruborizo un poco. Desde que llegamos ¿Cuántas veces me ha sonreído? ¿Cuántas veces se ha ruborizado? No lo sabía con exactitud, pero mi corazón latía aun con más fuerza, se sentía salir de mi pecho al verla de ese modo –si tú quieres, por mi perfecto –la suavidad de su voz fue una caricia silenciosa, casi fantasmal.
-Entonces yo digo que sí –era imposible dejar de sonreírle –veamos… ¿Qué podemos ver? –me acerque al librero y comencé a buscar entre los DVD’s.
Maldición, no tenía películas lindas o algo por el estilo. La mayoría eran de terror o masacre de zombies. ¿Qué puedo decir? Antes del accidente me preparaba para cuando viniera el apocalipsis zombie. Sabría como salvarme y salvarlos a ellos… aunque no lo logre.
Seguía buscando, comenzaba a desesperarme… hasta que las encontré.
“Noches de Tormenta” y “Diario de una pasión”. Saque ambas cajas para cerciorarme de que tuvieran su disco, lo que para mi suerte si lo tenían. No pude evitar voltear con una sonrisa de triunfo en el rostro, Camz hacia que sonriera por todo. Tal vez ella podría… ¡NO! ¡NI SE TE OCURRA PENSARLO LAUREN! Una voz dura sonó dentro mí. Tenía razón, no podía pensar en algo así.
-Bien… ¿Cuál te gustaría ver? –dije mientras le mostraba ambos DVD’s. Sonrió aún más –ambas me encantan –su mirada hizo que el aire comenzara a faltarme, mis rodillas flaquearon un poco, sinceramente no sabía de donde saque las fuerzas suficientes para recomponerme y que ella no notara lo que estaba provocando en mí.
-Entonces la pregunta correcta seria… hmm… ¿Cuál te gustaría ver primero? –sonreí pero no la mire a los ojos, si lo hacia volvería a perderme en ellos.
-¿Podremos ver ambas? –Mi vista estaba directamente en sus labios, guardando en mi memoria esa sonrisa, no pude hacer más que asentir, y esa perfecta sonrisa creció aún más –Me gustaría ver primero “Noches de Tormenta” –no lo soporte más y mire sus ojos.
Ella me miro de una forma tan anhelante. No respondí, solo me di media vuelta y coloque el DVD en su lugar, para después encender el televisor y regresar hasta el sillón. Me acerque al extremo contrario de ella y me senté.
La película comenzó pero no podía concentrarme, el frio se había intensificado, la temperatura había bajado aún más y yo me estaba congelando. De vez en cuando podía sentir su mirada clavada en mí.
-Hace frio –dijo de repente –acércate un poco para que puedas cubrirte con la frazada –se la quito de los hombros.
-Tu sentirás frio, además es muy pequeña no podrá cubrirnos a ambas –en cuanto termine de hablar, note que mis dientes castañeaban por el frio.
-No importa, te estas congelando, ambas podemos cubrirnos y entrar en calor –se notaba preocupada.
Sinceramente el frio estaba haciendo estragos en mí y deseaba cubrirme, así que sin más accedí, me acerque a ella y me sorprendió lo que hizo. En lugar de pasar la colcha frente a nosotras para cubrirnos, me dio un extremo y lo pasó sobre mis hombros mientras que el extremo que ella sujetaba también lo pasó por sus hombros. Nos cubría solo un poco pero al menos en un rato podríamos entrar en calor.
Se acercó aún más a mí y con su mano libre agarro la mía y la paso sobre sus hombros, quedando recargada sobre mí, apoyando su cabeza sobre mi hombro. Me quede inmóvil. Camila estaba recargada sobre mí. ¡MI DIOSA ESTABA MUY CERCA DE MI! Pude oler el aroma de su cabello y quede hipnotizada, me relaje y pude abrazarla, acercarla si era posible un poco más a mí.
Sentí como ella sonreía por esta cercanía que estábamos teniendo, al igual que yo. Ahora si pude concentrarme en la película. No iba ni a la mitad cuando me di cuenta que se había quedado dormida. Estaba muy cansada, una carrera por su bienestar, una empapada por una lluvia fría, muchas emociones encontradas. Dude en dejarla aquí, no dormiría bien. Así que lentamente me fui levantando para después mirar el lugar en donde Camz pasaría la noche, mi recamara.
Lentamente me acerque a ella, levante un poco su cuerpo para pasar mis manos y poder cargarla bien, camine con ella hasta mi habitación. Con el pie logre abrir la puerta, camine hasta la cama y la deposite con suavidad. No quería despertarla.
Se movió un poco en la cama, me quede estática esperando a que se despertara y me dijera algo por haberla traído hasta mi cama, pero eso no ocurrió, simplemente se acomodó para poder dormir bien.
Un mechón de su hermoso cabello se asomó sobre su rostro, dude en quitárselo, pero no me resistí ante esa tentación de tocarla de nuevo. Lentamente acerque mi mano a su rostro y con sumo cuidado quite ese sedoso mechón, dejando su rostro libre. Pude ver una leve sonrisa en sus labios, dormía tranquilamente. Un suspiro salió sin permiso desde mi pecho, y sin darme cuenta me encontraba depositando un delicado beso en su frente. Pensé en alejarme rápidamente pero sí lo hacía se despertaría. Mis manos se volvieron puños y poco a poco, sacando fuerza de quien sabe dónde me aleje de ella para luego salir de mi habitación.
-¡Maldición Lauren! ¡Contrólate! –Me decía al llegar a la sala –Dios, ¿Qué tiene Camila que no puedo dejar de sentir esto? –me senté en el sillón, el mismo donde ella había estado recostada en mí.
Cerré los ojos y me recosté en el sillón. El frio no era nada comparado con la lejanía de su cuerpo, así que ni lo sentí. Desde que la había visto en esa calle, desde que la había sentido tan cerca de mí no podía dejar de querer sentirla así de cerca siempre, como hasta hace unos momentos. Internamente le había agradecido que se acercara así, sin ningún temor, incluso había sonreído y aspirado el dulce aroma de su pelo, llenando mis pulmones de él, memorizando su dulce olor para así poder recordarla después a la perfección.
No sé en qué momento me quede dormida, pero sabía que lo había hecho pues la misma pesadilla de todas las noches daba inicio… Voy corriendo por ese pasillo oscuro sin fin, intentando alcanzar algo que me quitan. Unas voces se escuchan “no supiste cuidarlos” “tu debiste morir, no ellos” “fue tu culpa” “solo tu culpa”…
Intento correr aún más rápido, alejándome de las voces, esperando no escucharlas más, pero no puedo, tropiezo con algo y caigo. Sintiendo las voces más y más cerca de mí, me quedo tirada en el suelo, tapándome los oídos con las manos, pero algo cambia… las voces se alejan, algo las está alejando, no entiendo que es. “Lolo” escucho que alguien menciona mi nombre, pero se escucha muy lejano. “Lauren” se vuelve a escuchar pero ahora un poco más cerca, las voces que me torturan ya no están, han desaparecido. ¿Pero… cómo? “Lauren” estoy segura de que alguien me está llamando, me levando y volteo a ambos lados de los pasillos, pero no hay nadie, todo está totalmente oscuro.
-¿Quién me llama? –grito, pero no hay respuesta, “Lauren” vuelvo a escuchar
¿Camila? ¿Mi Diosa me había salvado de esas voces? ¿Pero cómo? de repente una luz comienza a alumbrar desde un extremo del pasillo “Lolo” mi diosa me está llamando desde esa luz, sin pensarlo corro hacia ella…
Lentamente abro los ojos solo para toparme con esos dos luceros color chocolate que me hipnotizan. Mi diosa estaba hincada a un lado del sillón con su rostro a escasos centímetros del mío. Se nota preocupada, ¿Le habrá pasado algo?
-¿Estas bien Camz? –me incorporo rápidamente.
Ella sonríe un poco –Sí, es solo que… -me mira con cierta curiosidad en su rostro –hmm… ¿Tu estas bien? –mis ojos se abren como platos, ¿habrá escuchado algo? Esperen… no hable en sueños, no dije nada.
-Hmm si… ¿Por qué? ¿Dije algo… malo? –Camila volvió a sonreír y acaricio mi mejilla, no pude evitar cerrar mis ojos y acunar mi rostro en su pequeña y frágil mano.
-No dijiste nada, solo te movías entre sueños –su voz era suave, danzaba con el aire de la habitación –pensé que estabas teniendo alguna pesadilla –un tono preocupado se asomó otra vez en su voz –por eso intente despertarte – ahora estaba nerviosa.
-Sí, tuve una pesadilla –admití mientras abría los ojos aun con su mano en mi mejilla.
Sus ojos mostraban ternura y un ligero toque de curiosidad se asomaba en esa hermosa mirada – ¿puedo saber que soñaste? –pregunto mientras retiraba su mano y se acomodaba en el suelo para escuchar.
-No es nada, solo… -dije titubeante, no estaba segura de que fuera bueno que ella supiera todo lo malo que había en mí. No, eso no –soñé que alguien me estaba persiguiendo –dije la verdad a medias desviando la mirada.
-Entonces ¿Por qué pedias perdón? –me asombre al escuchar eso, ¿Había hablado entre sueños?
-¿Pedía perdón? –ella me miro extrañada.
-Sí, no sé, te movías inquieta mientras pedías perdón –dijo entrecerrando los ojos, sabía que le estaba mintiendo.
-¡Oh! Bueno pues quien sabe porque allá ocurrido eso, a mí era a quien perseguían –solté una risita demasiado falsa –pero mejor dime ¿Qué haces despierta? –me apresure a decir para que no preguntara más.
-Hmm ¿yo? –Otra vez ese peculiar nerviosismo –es que… hmm sonó un trueno, y hmm… pues me despertó –agacho la mirada sonrojada.
Sujete su barbilla, y levante su rostro -¿quieres que te haga compañía mientras te duermes? –sus ojos brillaron con un brillo especial.
-¡Sí! –Dijo ella emocionada.
Sin esperar alguna señal mía, sujeto mi mano y me llevo hasta la habitación. Entro en la cama y le dio ligeros golpecitos a su lado para que me fuera a acomodar con ella.
-¿Estás segura? –ahora la nerviosa era yo.
-Muy segura, necesito que alguien me abrace para no despertarme en la noche si vuelve a tronar –dijo mientras ese rubor que tanto me gustaba volvía a subir a sus mejillas.
Sus ojos tenían un brillo indescifrable y no me pude negar. Poco a poco me acerque a la cama metiéndome debajo de las cobijas, Camila sea cerco a mí y me abrazo. Yo no pude hacer nada más que quedarme quieta. Esta iba a ser una larga noche. Una larga noche con mi diosa entre mis brazos.
Después de un rato su respiración era tranquila, pausada. Sentía como su pecho subía y bajaba al ritmo de esta, dormía tan tranquilamente, todo lo contrario en comparación a mí. Yo no podía dormir, tenerla cerca era una tortura demasiado placentera. La tenía entre mis brazos pero no podía sentirla, eso estaría mal, sería un problema para ella después. Yo no tenía salvación pero no por eso podía llevara conmigo a la oscuridad. No sabía si tenía el sueño pesado, pero estaba dispuesta a averiguarlo. Sujete su mano que pasaba por mi abdomen, y poco a poco intente salirme de la cama, sin éxito debo agregar. Camz se soltó de mi agarre y se aferró más a mí, su pierna se entrelazo con las mías, como queriendo que fueran una sola. Un escalofrió subió desde la punta de mis pies hasta mi nuca, haciendo que la piel se me erizara ante ese toque.
De repente sentí su aliento en mi cuello, mi respiración comenzó a hacerse un poco irregular, yo no podía sentir nada de esto, ella era la persona más maravillosa que haya conocido en toda mí vida y yo simplemente era un ser perdido. No podía permitir que Camila se perdiera conmigo en esta oscuridad en la que me encontraba. “Relájate solo por esta noche Lauren, disfruta la sensación de su cuerpo junto al tuyo” dijo suplicante una voz dentro de mí “mañana, aunque duela, deja que se vaya” una lagrima rodo por mi mejilla.
Tenía razón. Solo por esta noche podría sentir esta cercanía que ella misma me estaba regalando, respire profundo para relajarme un poco, me levante con sumo cuidado para poder pasar mi brazo por debajo de su cuerpo para que ella entre sueños lograra acomodarse a mí, nuestras piernas en ningún momento se separaron.
Mi brazo se acoplo a su cuello perfectamente, mi mano acariciaba su sedoso cabello, mi otra mano viajo lentamente hasta ella, acariciando su costado y poco a poco con el roce más torpe y delicado que alguna vez pudiera hacer bajo hasta llegar a su espalda. Sentí como ella apretaba más su cercanía a mí, juntándose incluso más. Aspire el dulce aroma de su cabello, hipnotizándome completamente por ella.
Dejarla ir sería demasiado duro, pero no quería pensar en eso, no ahora. Al cabo de unos minutos, el sueño me venció y logre descansar tranquila por primera vez, después de un largo tiempo.

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Capitulo 4

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:10 am

Los rayos de sol comenzaron a chocar en las ventanas, sentí como Camila se movía un poco, seña de que estaba despertando ya. Dentro de poco se acabaría el más bello de mis sueños, moví mi cabeza para desechar esa idea, solo disfrutaría el tiempo que me quedaba a su lado.
Mire su rostro, ¡Dios ella es tan HERMOSA! Era imposible que un ser así estuviera conmigo, pero aun así, aquí estaba… Eso era asombroso, aunque en realidad no tuviera mucho sentido, no lo pensaría más. No despegue la mirada de su bello rostro, sus ojos poco a poco se fueron abriendo y sostuvieron mi mirada. Una sonrisa se asomó por sus labios hipnotizándome por completo, no pude hacer más que devolvérsela.
-Buenos días –dijo mientras se estiraba, sin alejarse de mi lado.
-Buenos días –no dejaba de sonreír -¿Cómo dormiste? –pregunte un poco temerosa por la respuesta. Me mataría el saber que su sueño no hubiera sido tan bueno como lo esperaba.
-Dormí perfectamente –mi sonrisa se hizo más grande –hace mucho que no dormía tan… así –ahora ella era quien sonreía dejando a la vista un leve sonrojo en sus hermosas mejillas.
-Debo admitir que me agrada mucho el que así fuera –no contuve mi alegría.
-Sí, a mí también me gusto, se sintió bien, me sentí… segura -¡Oh no! Esas palabras no.
¡Maldición! Esto debía terminar rápido, si no ella saldría lastimada y no podía permitir eso. Intente controlar mis sentimientos para que ella no se diera cuenta de la lucha que había en mi interior.
-Eso me gusta más –dije mientras me levantaba lentamente, sintiendo otra vez ese frio recorrer mi cuerpo por la lejanía del suyo –ahora… –dije mientras me estiraba - ¿quieres desayunar algo?
Camila sonrió aún más si es posible –Claro que sí, pero… -¡Dios Mío, mátame aquí mismo! Ese hermoso rubor subió a sus mejillas, haciendo que me volviera loca – hmm antes… hmm ¿podría pasar a tu baño? –agacho la mirada, mientras jugaba con el dobles de la cobija. Solo sonreí.
-No hace falta que preguntes, puedes pasar cuando gustes, estás en tu casa – las palabras habían salido solas de mi boca. Sonrió ampliamente, salió de la cama y se veía totalmente hermosa.
Se acercó a mí para darme un beso en la mejilla, yo solo me quede quieta, disfrutando del momento –gracias… gracias por todo –susurro cerca de mi oído y se alejó con dirección al baño.
Como esperando a que esto fuera aun un sueño lleve mi mano a mi rostro, acariciando el lugar exacto donde ella había depositado un suave beso. Una sonrisa tonta se dibujó en mi rostro una vez más, mientras un leve suspiro salía de mis labios.
Una parte de mi gritaba “¡NO!, ¡REACCIONA!” pero yo no podía hacer nada, me estaba perdiendo en ella, la otra parte decía “Disfruta cada instante a su lado, pronto se ira y nunca más la volverás a ver… solo disfruta”.
Salí de la habitación aun con el rostro sonriente, fui directo a la alacena para ver que podría prepararle de desayunar. Abrí la primer gaveta, vacía ¿¡Qué!? Abrí la segunda y también estaba vacía, mi desesperación empezó salir a flote, solo quedaba una puerta y si estaba vacía moriría.
Lentamente la abrí y el alma me regreso al cuerpo al ver la harina para preparar Hot Cakes y eso fue lo que hice. Prepare la mezcla para unos deliciosos Hot Cakes en lo que Camila seguía en el baño.
Comenzaba a prepararlos cuando ella apareció en la puerta. –Dios huele delicioso, ¿Hot Cakes? –pregunto con esa sonrisa que me mataba.
-Sí, ¿te gustan? –pregunte con un leve de nerviosismo en mi voz, ya casi terminaba de prepararlos.
-Claro que sí y debo admitir que estos se ven deliciosos –una sonrisa tonta se volvió a dibujar en mi rostro.
-Bien, entonces toma asiento que ya están listos –y así lo hizo.
Se sentó en la silla que estaba frente a la barra, coloque el plato de Hot Cakes frente a ella y pude ver como sus ojos se abriendo mucho –hmm no querrás que me coma todos yo sola ¿verdad? –dijo con nervio.
-Hmm ¿lo harías? –comente con un poco de diversión.
-¡NO! –sonó como un pequeño grito.
-Entonces solo come los que gustes, pero advierto como mínimo dos –sonreí ampliamente mientras que ella abría la boca.
-Está bien, solo dos –dijo mientras se los serbia en el plato. Me pregunto si yo no desayunaría con ella y no pude decirle que no.
Desayune a su lado mientras la observaba detenidamente, grabando en mi mente cada expresión de su bello rostro, memorizándola perfectamente para después poder recordarla, mi pecho comenzó a doler por el sentimiento de soledad, pero lo ignore, o bueno por lo menos eso intente. Terminamos de comer, admito que me comí cuatro solo para que ella comiera uno más. Fui a ver si su ropa estaba seca, la noche anterior la había puesto en la secadora antes de recostarme en el sillón. Ya estaba lista, se la di y ella fue al baño otra vez para alistarse.
El adiós estaba cada vez más cerca y el dolor se hacía cada vez más intenso, mientras ella se alistaba en el baño, yo me cambie en la recamara, me puse unos jeans y una camisa de cuadros abierta, pues traía una playera debajo de esta.
Termine antes que ella y me senté en el sillón a esperarla, no tardó mucho en salir, se veía aún más hermosa si era posible, pero su rostro mostraba un poco de tristeza.
-Es hora de irme –dijo mirando hacia otro lado.
-Sí, lo sé… ¿te llevo? –dije intentando ganar un poco más de tiempo a su lado.
-No es necesario, ya te quite mucho tiempo –sus palabras me dolieron pero no me iba a rendir tan fácil. “¿Por qué estaba haciendo esto?” Resonó esa pregunta en mi mente.
-No me has quitado nada y no es molestia llevarte –dije con un poco de esperanza. Necesitaba estar un poco más a su lado.
-No gracias, mejor acompáñame a tomar un taxi… por favor… -su voz sonó dura al principio, pero sin fuerza al final.
No pude hacer más que desviar la mirada –está bien, deja voy por mi chaqueta – mi voz sonó más dura de lo que pensaba.
-Ok –fue lo único le escuche decir.
Agarre rápido mi chaqueta y un poco de dinero para el taxi. No dejaría que ella pagara.
Salí de mi habitación y la vi junto a la puerta, en sus manos sostenía su sudadera y su rostro estaba agachado. No me quería ver, así que no hice más que abrir la puerta y salir, ella volteo a ver por última vez el departamento y después salió con la mirada baja.
Bajamos en silencio las escaleras, este silencio era diferente a los que habíamos tenido antes, este silencio dolía. Llegamos a la calle y esperamos a que pasara algún taxi, la calle estaba solitaria y el sol que en un principio había salido se vio opacado por las nubes de la tormenta que se avecinaba con demasiada rapidez, como si supieran que este era el adiós.
Como una mala cruzada del destino, un taxi comenzó a acercarse por la esquina, sentí como mi corazón dejaba de latir, mi diosa se iba para nunca más volver. Esto era lo mejor para ella, no podía permitir que se encariñara de mí, aunque ciertamente dudo que eso pudiera pasar, ella y yo éramos completamente distintas. Ella era buena y yo era lo que podían llamar… un ángel caído.
Camila detuvo el taxi frente a nosotras y vi como su rostro se descomponía, una lágrima rodaba por su mejilla, eso rompió mí ya roto corazón. Sin darme cuenta la apreté fuerte a mi pecho, la abrace con ganas de no dejarla ir jamás. Necesitaba que ella supiera que en tan poco tiempo se había vuelto muy especial para mí.
No me di cuenta que algunas lágrimas resbalaban por mi rostro hasta que ella hablo, mientras se separaba de nuestro abrazo, dejando un gran vacío.
-No llores –susurro mientras limpiaba mis lágrimas con sus delicadas manos.
-Entonces tu tampoco lo hagas –mi voz era apenas un susurro, acerque mi mano a su rostro, ella acuno su mejilla y cerró los ojos.
-Te extrañare –su voz fue apenas una caricia con el viento frio, mi corazón dejo de latir para después sentir como si alguien lo estuviera apretando.
-Yo también te extrañare… y mucho –dije antes de volver a abrazarla. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero no quería que se fuera, aunque sabía que era lo mejor.
-Disculpen señoritas –hablo el taxista -¿alguna subirá? –pregunto un poco nervioso. Me extraño que fuera tan educado, pero eso no importaba, Camila se me iba de las manos, se iba para jamás volver.
-Sí –dijo ella mientras se alejaba de mí y secaba sus lágrimas con las mangas de su sudadera –solo estaba despidiéndome –eso fue una puñalada directo al corazón. El taxista solo sonrió y nos dio unos minutos más –creo que tengo que irme –dijo con una triste sonrisa en el rostro.
-Al parecer, sí… -me quite mi chaqueta –hmm no sé cómo veas esto, pero me gustaría que te quedaras con mi chaqueta –dije nerviosa –quisiera que la tuvieras como un recuerdo.
Camila sin decir nada se apresuró a quitármela de las manos y se la puso, se aferró a ella para luego olerla –claro que me la quedo –un suspiro salió de sus labios cuando termino de hablar.
Metí las manos a los bolsillos de mis jeans, para no volver a tocar su perfecto rostro, si lo hacía me perdería en ella suplicándole que se quedara conmigo – Cuídate mucho por favor –dije en un hilo de voz.
Su mirada era triste pero no dijo nada, solo asintió. En un movimiento rápido dio vuelta y subió al taxi. Mi pecho comenzó a doler, me acerque a la ventanilla del chofer y le di el dinero, para que la llevara a donde ella quisiera. Vi su rostro arder en ese peculiar color, la extrañaría a morir. Me aleje solo un poco del taxi. Le dio unas indicaciones al taxista que no pude descifrar, me miro por última vez y sin más el taxi acelero, perdiéndose a lo lejos de la calle.
-Adiós… mi Diosa-susurre mientras se iba.
Me quede ahí, mirando cómo se iba mi Diosa, la lluvia comenzó a caer y las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas mezclándose con las gotas de la lluvia, que caían en mi rostro.
No sé cuánto tiempo estuve parada a mitad de la calle. No podía moverme, mi Camila se había ido para siempre. El claxon de un automóvil hizo que me moviera, sintiendo por fin el frio en mi cuerpo, pero a decir verdad, no sentía ese frio por la lluvia. Lo sentía en mí por su adiós. Me dolía hasta lo más profundo de mí ser esta despedida, pero era lo mejor. Lo era.
Camine por inercia hasta mi departamento. Su aroma me golpeo el rostro al entrar, el departamento olía a ella. Una lagrima rodó por mi mejilla, fui directamente al baño para quitarme la ropa mojada. Entre a la ducha abriendo la llave para que saliera el agua caliente, las lágrimas aun caían por mi rostro, deje que el agua cayera por mi cuerpo, como si quisiera que mi dolor se fuera por la tubería como el agua, pero yo bien sabía que eso no ocurriría.
Salí rápido, colocándome la toalla alrededor del cuerpo, el aire me faltaba, me sujete fuerte del lavamanos, no era capaz de mirarme en el espejo, agache la cabeza aún más y cerré los ojos.
Después de unos minutos abrí mis ojos, levante lentamente el rostro para poder mirarme en el espejo pero no fue eso lo que ocurrió, algo detrás de mí llamo mi atención. Era la ropa con la que Camila había dormido. Rápidamente camine hasta ella, tomándola en mis manos la acerque a mi rostro y aspire su aroma embriagador llenando mis pulmones.
Salí del baño con la ropa entre mis manos, llegue a mi habitación y coloque su ropa en una caja, para que no se perdiera tan pronto su aroma, por lo menos así podría recordarla y pensar que no había sido solo un hermoso sueño. Guarde la caja en lo alto del guardarropa.
Aun envuelta en la toalla me recosté en la cama, dándome cuenta que también tenía su aroma, me abrace a la almohada que había utilizado la noche anterior y me quede dormida.

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Capitulo 5

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:10 am

Día uno:
El frio de la habitación fue un duro despertar, pero notar que estaba sola y que no había sido un sueño la despedida de Camila, fue la muerte. Lagrimas mudas cayeron por mis mejillas, “¿Por qué estaba llorando? ¿Por qué me había dolido tanto su adiós?” Preguntas y preguntas se agolpaban en mi mente. “Ella era un ser de la luz y yo estaba en la oscuridad, no podía dejar que se metiera más en mi vida.” Intentaba convencerme inútilmente.
Salí de la cama, camine hacia el baño, me detuve frente al espejo para observar mi rostro. Patética, fue lo único que pensé. Regrese por el mismo camino, mi hombro choco con la puerta haciéndome voltear directo a la pared, la golpee.

Día dos:
-¿Por qué tardaste tanto en abrir? –Alexa entro como alma que lleva el diablo después de abrirle.
-Hola, yo también te extrañe, estoy bien gracias –dije con sarcasmo.
-No te hagas la idiota Lauren, ¿Por qué tardaste? –se sentó en el sillón.
-¿Qué no puedo ir al baño sin prisa alguna en mi propia casa? –odiaba cuando se comportaba como mi madre. Desvié la mirada justo al pensar eso.
-¿Qué te paso en la mano? –Rápidamente voltee a verla para notar como su mirada estaba fija en el vendaje de mi mano derecha, la oculte en el bolsillo de mi sudadera.
Se levantó para llegar hasta mí, tomo mi brazo y lo saco de su escondite, su rostro se enfocó en el mío y sentí su mirada dura. Una parte de mi sentía vergüenza, pero no por haberlo hecho más bien por haber sido descubierta, pero la otra sentía solo rabia, era mi vida y nadie debía decirme o cuestionarme en cómo vivirla.
-Me caí por el piso mojado ayer… -mentí –caí sobre mi muñeca.
No dijo nada, simplemente me observo unos minutos más.

Día tres:
Desperté con dolor de cabeza, la noche anterior tome una botella de tequila yo sola después de que se fue Alexa, siempre era así, nunca pude superar la perdida de mis padres. Saber que habían muerto por mi culpa era algo con lo que tendría que cargar siempre.
Camine hacia el baño, sentía que en cualquier momento vomitaría, el asunto es… ¿Qué iba a vomitar? No había comido nada desde ayer en la mañana. Por suerte no paso, me lave el rostro, cepille mis dientes y me observe en el espejo. Odio. Era lo único que podía ver en mi misma. Golpee el vidrio.

Día cuatro:
-¿Cómo estas Lauren? –aún a través del teléfono pude notar la voz llena de preocupación de mi amiga Ally.
-Estoy bien –simplemente respondí.
-¿Segura? –Insistió –Alexa me dijo que tenías lastimada la muñeca – maldita perra habladora.
-No es nada, simplemente caí mal, pero… -vi mi mano, ahora cubierta vendada por los cortes que me hice ayer al golpear el espejo –ya está mejor.
Suspiro pesadamente -¿Sabes que te quiero verdad? –Se encogió mi corazón –y lo único que quiero es que estés bien.
-Lo sé… -guarde silencio un momento –yo también te quiero.

Día cinco:
La misma rutina de todos los días. Me levanto, voy al baño, ya no me observo en el espejo porque lo rompí, cepillo mis dientes, veo sangre por lo fuerte que lo hago, ignoro eso. Salgo del baño, me cambio, desayuno, me siento en el sillón y leo algún libro. Mi mano sigue doliendo, creo que esta vez sí me pase.

Día seis:
“¡NO!” Desperté gritando nuevamente. No me había pasado desde hace mucho, camine hacia en lavabo en el baño. Lagrimas rodaban por mis mejillas, “¿Por qué ocurría esto?” Solloce dejándome caer en el frio piso.

Día siete:
Abrí la caja donde estaba su ropa, la saque de la bolsa y sin pensarlo dos veces la acerque a mi rostro, para oler su aroma, seguía siendo tan fuerte como la primera vez que la sostuve de cerca. Una lagrima cayo por mi mejilla.
-Lo hare… -dije en voz alta –Cambiare, lo prometo.

Día ocho:
-Ally… -susurre del otro lado del teléfono –voy a cambiar.
-¿De qué hablas Lauren? –su voz se notaba preocupada.
Trague seco, aún me era difícil asimilar lo que iba a hacer –Volveré a ser la misma Lauren de antes –colgué.

Día nueve:
-¿Cómo es eso que vas a cambiar? –pregunto Alexa mientras entraba.
-¿Ni un hola? –sonreí.
-¡Oh por Dios! ¡Estas sonriendo! –dejo escapar un pequeño grito.
-Tonta –abrí mis brazos –ven aquí.
Vi sorpresa en sus ojos, seguida de una emoción y sin dudarlo dos veces corrió hasta mis brazos para abrazarla fuerte, hace mucho que no lo hacía. Se sentía bien.

Día diez:
Salí de mi casa, con una mochila colgando de mi hombro. “Volveré a ser la misma de antes” susurre al cerrar la puerta.
Llegue al cementerio, nunca había venido. Las lapidas de mi familia tenían flores, seguro Ally había venido. Llore mientras las miraba. Papá, Mamá, Chris y Taylor estaban aquí mientras yo intentaba volver a ser la misma de siempre, o al menos una versión mejor de lo que soy ahora. Solloce.
-Hare que estén orgullosos de mi –susurre antes de ponerme de pie para irme –se los prometo –y seguí.

Diez días eran los que habían pasado desde que había visto a mi Diosa. Diez días desde que la vi partir en ese taxi en el cual se llevó mi corazón sin que yo me diera cuenta. Se lo había llevado, pero seguía sintiendo como se estrujaba cuando pensaba en ese adiós y por eso mismo aquí empezaba mi nuevo camino.

Tiempo después…
Habían pasado varios meses ya desde que ese increíble ser se había cruzado en mi vida, nueve para ser exactos. Muchas veces comenzaba a preguntarme si no había sido solo un perfecto sueño. Pero cuando eso pasaba, buscaba la caja dentro de mi mochila donde había metido la ropa que Camila había utilizado esa noche. La ropa ya no olía a ella, pero si tenía un peculiar aroma, un aroma que me hacía saber que no había sido un sueño nada más.
Hace una semana había viajado a Paris, una simple y muy curiosa necesidad me había traído hasta acá. Después de llegar al hotel, me había dado cuenta que viaje solo por un impulso de mi corazón, pero desde que ella había aparecido en mi vida, solo seguía mis impulsos. Así que eme aquí, en Paris, disfrutando de sus maravillosas vistas.
No conocía a nadie y mi francés ciertamente era un asco, pero lograba ingeniármelas para poder comer y visitar algunos lugares. Hoy me encontraba cerca de la torre Eiffel, degustando un delicioso vino y leyendo un poco de literatura mientras disfrutaba la suave brisa. Sentí su aroma.
Una alarma dentro de mí se volvió loca. Deje mi libro sobre la mesita y comencé a voltear por todos lados, esperando con gran ansiedad poder verla una vez más. Una tonta esperanza se había formado en mi corazón, haciendo que latiera como loco. No logre verla por ningún lado, pero eso no hizo que me diera por vencida. Cerré los ojos y respire hondo, llenado mis pulmones para poder volver a oler su aroma.
Mis ojos se abrieron de golpe al sentir su dulce aroma aún más cerca. Me levante rápidamente y deje un poco más de dinero sobre la mesa, agarre mi libro y camine por impulso, dejando que fueran mis pies quienes me dijeran a donde ir. No la vi por ningún lado, a pesar de haber caminado varios minutos. Mi pecho volvió a doler como aquella vez que se fue.
Moví frenéticamente mi cabeza para desechar ese recuerdo, que dolía a morir cada que lo recordaba y limpie una lágrima que se había logrado escapar de mis ojos. Sentí un leve mareo, así que mejor cambie de dirección hacia el hotel en el que estaba.
Camine un poco hasta que algo llamo mi atención, voltee la cabeza para ver que era y mi sorpresa fue muy grande… a lo lejos logre distinguir esa hermosa figura que había visto en sueños durante nueve meses. Había encontrado a mi Diosa de nuevo.
Corrí lo más rápido que pude hasta ella, pero para mí mala suerte, antes de llegar hasta donde se encontraba, la vi subirse a un taxi e irse, igual como esa vez que me dejo
-¡Maldición! –grite más fuerte de lo que había pensado, pues algunas personas se me habían quedado viendo, no les preste mucha atención, ahora tenía algo más importante en que pensar.
La había vuelto a encontrar y se había ido tan rápido, tenía que verla una vez más, preguntarle si se acordaba de mí, saber cómo estaba. Y así lo haría, la buscaría por todo Paris si eso fuera necesario para poder estar con ella una vez más. Una sonrisa se dibujó en mi rostro, mañana mismo iniciaría. Camine con más alegría hacia el hotel, cuando una idea choco en mi mente, mi Camila llevaba mi chaqueta con ella, la había visto rápido, pero podía asegurar que esa chaqueta que ella traía puesta era la mía, mi corazón latió rápido y la esperanza se hizo más grande, ella aun me recordaba. Mi Diosa pensaba en mí. Ahora más que nada él en mundo tenía que encontrarla, y esta vez no la dejaría ir. Cambie y cambiaría aún más solo para poder estar con ella. Lo haría.


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Capitulo 6

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:11 am

No lograba dormir, sentía unos nervios a morir. Al verla ¿Qué le diría? “Hey, te estaba buscando, quédate conmigo siempre” me vería como si estuviera loca o demente o algo por el estilo, aunque en realidad lo estaba, porque eso era lo que realmente quería, que se quedara conmigo. Un miedo me abrazo, ¿Y si ella no quería? No la podía obligar, eso nunca, ¿Y si estaba con alguien más? Eso me dolió más y no entendí el porqué.
Vale en estos nueve meses nunca me había puesto a pensar porque esta necesidad de ella. Sí, ella había hecho que intentara dejar la oscuridad en la que me había metido desde ese horrible accidente «una lagrima silenciosa rodó por mi mejilla al recordar eso, la seque rápido» pero no había entendido porque.
Hasta cierto punto yo no era buena para ella, mi pasado aun no me dejaba ser lo suficiente para poder estar a su lado. Pero aun así, quería que estuviera conmigo, quería protegerla, era una Diosa, era MI DIOSA. Y por ella yo sería capaz de cambiar todo de mí si fuera necesario. Una voz dijo dentro de mí hablo “Lauren, tú la…”
“¡Cállate!” me apresure a decir, eso no podía ser posible, ¡NO!
No me di cuenta en qué momento me quede dormida, las emociones encontradas, esta duda de porque quería protegerla como si mi vida dependiera de su bienestar, la necesidad de verla una vez más y no dejarla ir, todo eso me habían dejado muy agotada. Desperté con los primeros rayos del sol que atravesaban la ventana y chocaban con mi rostro.
Me levante de la cama y fui directo a bañarme, no espere el agua caliente, necesitaba despertarme. Así que sin pensarlo me metí bajo el chorro de agua fría, cada terminación nerviosa de mi cuerpo despertó haciendo que mi piel se erizara ante el contacto del agua fría en mí, mis músculos se tensaron.
Después de un rato comenzó a salir el agua caliente, me relaje un poco, aunque seguía nerviosa, pero estaba decidida, tenía que encontrarla así tuviera que poner todo París de cabeza la encontraría, solo para poder verla otra vez. Al paso de unos minutos salí del baño, agarre lo primero de mi maleta, en todo este tiempo no había cambiado mi forma de vestir, así que solo me puse unos jeans, mi blusa con mi camisa abierta, medio peine mi cabello, aunque lo deje suelto y antes de salir de la habitación agarre mi chaqueta. Caminaba por el pasillo y los nervios se hacían cada vez más grandes.
Pase por el lobby, sonriéndole al recepcionista que de alguna forma había logrado entenderme el primer día que llegue aquí. Aunque más bien, había sido yo quien le había entendido, sonreí ante ese recuerdo. Salí a la calle, había llegado el momento de buscarla pero una pregunta llego a mi mente ¿por dónde iniciaba?
-¡Genial Lauren, genial! –Me dije -piensa… ¿Dónde podemos buscar primero? – sujete el puente de mi nariz.
Como si algún interruptor se hubiera encendido en mi cerebro, comencé a caminar en dirección al lugar donde la había visto la tarde anterior, tal vez si preguntaba en ese lugar pudieran darme algún informe de ella. Tal vez podría ser así, tenía que jugar todas mis cartas, no me daría por vencida.
Al cabo de unos minutos llegue a aquel lugar y esta vez tuve la oportunidad de analizarlo mejor, era… ¿un Starbucks? aguarda, ¿Starbucks a la francesa? eso era genial, comencé a reírme ante esa idea“concéntrate Lauren, primero pide informes de Camila, después te pierdes en el café” me reprimí, ella era mucho más importante.
Entre y me acerque como si fuera a ordenar un café, ¡Dios, el olor era fuerte y se me hacía agua la boca! El encargado me sonrió.
-¿Qué deseas tomar? –me asombro mucho que hablara español.
-¿Hablas español? –era obvia la respuesta pero no pude evitar hacerla.
-Sí… -dijo algo tímido, al cabo de unos minutos volvió a hablar –hmm ¿ya sabes lo que vas a tomar?
-Sí… -reaccione –perdón es que se me hizo extraño, hmm quiero un moka por favor –sonreí levemente.
Él solo asintió, mientras lo preparaba SU aroma llego a mí, gire mi cabeza lo más rápido que pude deseando poder encontrarme con ella pero el destino no me la iba a poner tan fácil.
No sé si lo alucine pero algo si era seguro, ELLA no estaba aquí. Un poco de desilusión lleno mi corazón, pero no me daría por vencida. No, la iba a encontrar.
-Aquí tienes, un delicioso moka –de repente dijo sonriendo el joven.
-¡Oh! lo había olvidado, gracias –tome mi café –oye ¿puedo hacerte una pregunta? –el encargado sonrió.
-Claro, ¿en qué puedo ayudarte? –me miraba extrañado.
-Es que estoy buscando a alguien y tal vez tú puedas ayudarme, ayer en la tarde estuvo aquí –hable sin dejar de mirarlo.
-Hmm si me describes a quien estas buscando, tal vez recuerde –contesto sonriente.
Pero como dije el destino no me la dejaría tan fácil, en cuestión de segundos el lugar se había llenado y él no podía ayudarme hasta que terminara de atender a cada una de las personas que estaba en ese lugar.
-Lo siento, pero no puedo perder el trabajo –se disculpó tímidamente.
-No te preocupes, ¿tienes una pluma que me prestes? –Asintió y me tendió la pluma, en una servilleta escribí la descripción de Camila –si llegas a ver a alguien como ella o a recordar que estuvo aquí, o lo que sepas de ella, llámame a este número, es muy importante.
-Cualquier cosa yo te aviso, no te preocupes –sonrió –por cierto me llamo Harry –dijo mientras doblaba la servilleta y la metía a su bolsillo.
-Lauren, un gusto –dije cortésmente –bueno, me voy, gracias por tu ayuda.
-No es nada, nos vemos –solo asentí, me di la vuelta y salí del lugar.
Tarde un poco en acostumbrarme a la claridad que había en la calle. No sabía con exactitud hacia dónde dirigirme en este instante, mire hacia ambos lados como buscando alguna señal pero esta vez nada llamo mi atención. Una gran ola de decepción cruzo por mí ser y mi pecho dolió un poco, tal vez sería más difícil de lo que había pensado.
Agache mi cabeza, metí las manos a los bolsillos de mi chaqueta aunque no hacia frió y camine en dirección recta siguiendo el mismo camino que el día anterior me había llevado hasta este lugar. Después de un largo rato caminando, me detuve en un restaurante no había desayunado y tenía mucha hambre.
Ordene lo primero que vi, esperando fuera algo que no tuviera que ver con caracoles recordando lo que había pasado el primer día que llegue, mala elección. Una sonrisa triste se dibujó en mi rostro. Al cabo de unos minutos sirvieron mi plato, era un tipo de sopa, muy rica debo admitir.
Termine de comer, pedí la cuenta, pague y me fui de ahí. Hoy no tenía ánimos como para quedarme a contemplar la vista que daba aquel lugar como había hecho los días anteriores. Me sentía triste, a lo lejos pude ver un mimo haciendo mimadas, me reí sin ganas de mi pensamiento. Me levante para salir del lugar.
Camine en dirección al hotel, sé que era mucho más fácil llegar en taxi, pero desde siempre había preferido caminar, me servía para pensar en ocasiones o para despejar mi mente o antes es el peor de los casos, camina para retardar mi llegada a algún lugar. Era buena elección, muchas veces.
Seguí caminando, la tarde comenzaba a caer y al parecer mi suerte no era tan buena. Más bien había regresado mi mala suerte pues se oscureció más rápido a causa de las nubes de una tormenta. No tardo en caer la lluvia, haciendo que me mojara como aquella vez que encontré a Camila.
El recuerdo pasó por mi mente como el corto de una película. El momento de verla por primera vez, cuando llegue hasta ella y la vi bien, el sentir su agarre, llegar a ese departamento y protegerla, después huir de ahí, llegar a mi departamento, ver la película, dormir con ella, y lo más doloroso, el adiós. Esa parte era la que más me dolía, pero era lo que más recordaba. Maldita masoquista, podía llegar a ser verdaderamente cruel conmigo misma a veces.
Caminaba por la calle sintiendo como la lluvia chocaba con mi cuerpo, de un momento a otro mi corazón comenzó a latir desbocadamente provocando que mis nervios salieran a relucir. Voltee para mirar si alguien me iba siguiendo, pero nada de eso pasaba incluso había gente cubriéndose de la lluvia en la otra banqueta. Pero la luz de un local llamo mi atención, levante mi rostro y la vi.

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Capitulo 7

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:18 am

Una sonrisa se dibujó inmediatamente en mi cara, era ella, mi Camila. La había encontrado por fin, me acerque a la ventana, y la observe un momento. Se veía HERMOSAMENTE PERFECTA. Sin duda alguna era el ser más bello que alguna vez pudiera existir.
Sonreía, había extrañado mucho esa preciosa sonrisa, se veía totalmente feliz, mi respiración comenzó a volverse difícil pero no era por la lluvia o el frió, más bien era por la emoción de verla otra vez.
Pero al parecer yo no podía ser feliz, de repente un tipo se le acerco, la abrazo fuerte colocando sus brazos en su cintura, la imagen me dolía pero aún seguía observando. Los brazos de ella estaban en su cuello, no dejaban de abrazarse, después de un rato se separaron solo para mirarse de una forma que hizo añicos mi corazón. Ya no podía soportar más.
Comencé de nuevo a caminar, dándome cuenta que lo que ayer había callado en mi mente era pura verdad. Solo eso, una verdad que ahora llegaría conmigo siempre. ¿Cómo había sido posible eso? ¿CÓMO?
Ahora menos entendía a la vida, primero me arrebataba a mi familia de las manos, no podía superar eso y ahora me dejaba con un sentimiento que por más que deseara no podía, ni iba a ser correspondido. Me dolía ese hecho, pero era la verdad. Continúe caminando, la lluvia seguía cayendo sobre mí, sentí que alguien comenzaba a seguirme pero no me importa tal vez era algún mimo o alguien que caminaba en la misma dirección. El dolor en mi pecho seguía creciendo, la imagen aun pasaba en mi mente, Camila con ese tipo.
Sentí una mirada penetrante, un escalofrió recorrió mi espalda haciéndome estremecer aún más, voltee a ver solo para confirmar un tipo me venía siguiendo, ¡Maldición! Esto no podía ponerse mejor.
Doble en la esquina siguiente intentando perder a quien fuera que me estuviera siguiendo. Pero no dio resultado, él no se detendría hasta obtener lo que quería. ¡Joder! Estaba frustrada, comencé a correr sin ninguna dirección en particular, necesitaba perder a este tipo que estaba jodiendo.
Al cabo de unos minutos me faltaba el aire, comencé a alentar el paso no podía más y la lluvia me lo hacía aún más difícil. El tipo se acercaba casi lo podía sentir en mis espaldas. No podía hacer nada, no había nadie que me ayudara, ¿Cómo era posible que algo así siempre me pasara a mí? No era ni la primera vez, ni la segunda y aparentemente no sería la última, bueno si no la libraba tal vez si sería la última.
Un taxi paso pero ni cómo hacer para que se detuviera así que siguió andando, me detuve de golpe ya no podía más. Me sujete de mis rodillas agachándome un poco, buscando desesperadamente un poco de aire. Cerré los ojos esperando el golpe o alguna señal del tipo que me seguía, pero eso no ocurrió. Abrí los ojos y me topé con una hermosa mano.
-Confía en mí –escuche decir a alguien. No podía ser esa voz.
Alce la mirada topándome con ese hermoso rostro que era el más bello de mis sueños. Sujete la mano que me ofrecía y sentí como un escalofrió recorría mi espalda pero este era diferente, este se sentía bien.
Corrí a su lado, voltee para ver si todavía me seguían y así era pero de repente se detuvo mandando maldiciones al aire, o eso creo que decía. Regrese la vista al frente y logre ver porque su frustración, un taxi nos estaba esperando. Espera, ¿era el mismo que había pasado? Subimos rápido sin importar si mojábamos o no los asientos. El conductor avanzo.
Pasaban los minutos y ninguna de las dos decía nada, ella miraba por la ventana y yo comenzaba a temblar por lo mojada que estaba. Me abrace fuerte para intentar darme un poco de calor pero eso no era suficiente, comencé a temblar más y mis dientes no tardaron en chocar entre ellos. Fue en ese instante en el que ella me miro.
-¿A dónde quieres que te lleve? –dijo con una sonrisa pero se notaba distante, no quería empaparse con el agua que escurría de mi ropa, era eso seguramente, sonreí tristemente.
-Hmm… -no sabía que decir, la imagen de Camila con ese tipo aún seguía en mi mente –hmm aquí me bajo… puedo caminar –dije intentando sonreír bien.
-Nada de eso –dijo seria –dime ¿A dónde quieres que te lleve? –volvió a insistir.
-Hmm ¿podrías llevarme a mi hotel? –pregunte nerviosa, ella solo sonrió.
Me acerque al conductor para decirle el nombre del hotel. Él solo asintió. Me volví a sentar en mi lugar y me di cuenta que me estaba observando como si estuviera estudiándome o buscando algo en mí.
-¿Cómo has estado? –dijo mientras sonreía.
“Extrañándote” dije para mis adentros –Bien ¿y tú? –intente devolverle la sonrisa.
-Muy bien –dijo extasiada, después de eso ninguna de las dos dijo nada.
En menos de cinco minutos habíamos llegado al hotel. Me baje rápido mientras me volvía a abrazar el cuerpo el aire chocaba contra mi haciendo que los huesos se me helaran. Estaba por cerrar la puerta cuando vi que Camila también bajaba, eso hizo que me quedara inmóvil. No dije nada y camino a mi lado mientras entrabamos al hotel. El recepcionista se me quedo viendo por lo mojada que iba -¿Está bien señorita? –dijo algo divertido.
-Sí, solo no alcance a llegar antes de que lloviera –dije provocando una sonrisa más grande en él. Casi 15 días en París y aun no lograba aprenderme su nombre. Seguí mi camino hacia la habitación con ella a mi lado.
-¡Oh! Disculpe se me olvidaba –hablo de repente –Un joven hablo buscándole –me dio una tarjeta con lo que había dejado dicho.
Voltee a verla tenia… ¿mala cara? Eso era raro, tal vez estaba alucinando. Le di las gracias. Entramos al elevador, subimos al tercer piso y caminamos por el pasillo, todo ese tiempo en silencio. Esto se estaba volviendo una tortura. Abrí la puerta de la habitación y le hice un ademan para que pasara primero, así lo hizo.
-Siéntate donde quieras, ya regreso –dije mientras buscaba un poco de ropa seca para cambiarme en el baño.
¿Qué hacia ella aquí en mi habitación? ¿Aún me recordaba? Todo era demasiado confuso para mí. No tarde en cambiarme la ropa mojada. Salí del baño rápido y vi que estaba mirando por la ventana.
-Bonita vista –dijo sonriendo.
-Sí, es muy bella y más en las noches, cuando la Torre Eiffel se ilumina – me perdí observándola –Hermosa… -susurre, refiriéndome a ella.
-Me imagino –dio la vuelta para poder verme a mí.
Comencé a respirar rápido, su mirada decía muchas cosas, pero no podía descifrarla, me ocultaba algo podía sentirlo. Me acerque lentamente, deseaba tocarla saber que esto no era otro sueño. Me detuve frente a ella, su respiración también se volvió un poco irregular, acerque mi mano a su rostro queriendo sentirla. Delicadamente toque su mejilla, sintiendo la calidez de su piel, cerró los ojos, sujetando mi mano contra su mejilla.
-Te extrañe… -dijo en un hilo de voz.
Mi cuerpo se inmovilizo por un instante, de verdad me había extrañado, eso hizo que mi corazón latiera como loco. Sin pensar comencé a acercarme lentamente a ella. Mis labios se entreabrieron un poco, decidida a besarla. En instantes logre sentir su aliento, quería embriagarme totalmente de él. Solo faltaba un poco para poder sentir la suavidad de sus labios, solo un poco más…
Pero no, eso no iba a pasar.
El sonido de su celular hizo que nos sobresaltáramos, rápidamente me aleje de ella, quitando mi mano de su rostro y dándome la vuelta. La oí contestar y murmurar algunas cosas. Decidí darle más espacio, así que salí al balcón y mire la ciudad.
Después de unos minutos, la sentí acercarse –hmm tengo que irme… -note su nerviosismo.
-No te preocupes –dije aun sin mirarla.
-¿Podre verte de nuevo…mañana? –voltee a verla.
-Cuando tú quieras nos podremos ver… -le sonreí, el que ella quisiera volverme a ver hizo que mi corazón se paralizara y latiera al mismo tiempo.
-Muy bien –dijo –entonces mañana te hablo para ponernos de acuerdo – sonrió.
-Ya sabes dónde encontrarme –dije al no poder darle algún numero para que me marcara.
-Está bien… pues… nos vemos mañana –contesto sin más.
Se acercó a mí y me abrazo fuerte. Al principio me había quedado quieta pero no resistí más la estreche contra mi pecho aspirando el aroma de su cabello. Mi corazón latió rápido.
-Es bueno haberte encontrado otra vez –dijo retirándose de mis brazos para después salir de la habitación.
Eso había sido un trago agridulce. Encuentro y despedida. Esperaría con ansias su llamada, pero esta noche tendría que pensar muchas cosas. Mi Diosa, al parecer no podía ser MÍA, y yo tenía que decidir si luchar por ella o solo vivir con su poca cercanía

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Capitulo 8

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:22 am

La noche paso de una manera casi eterna, una parte de mi decía “lucha, ella es tu felicidad”, pero la otra simplemente decía “Ella ya es feliz, no te interpongas”. Por lo consiguiente mi mente estaba en un laberinto, del cual no tenía ni idea de cómo salir.
El sueño me venció justo cuando el sol comenzaba a salir, pero no pude descansar. Desperté dos horas después empapada en sudor frió, con un dolor horrible de cabeza y un poco de sangre saliendo por mi nariz. ¿Qué me había pasado? Bueno, simplemente había tenido una pesadilla a tal grado de provocar que mi cerebro tuviera contracciones y sangrara un poco. ¿Normal? No creo, pero no pasaba continuamente.
De hecho, había dejado de pasar hasta que volví a ver a Camila con ese tipo. ¿Quién era él? Se me hacía conocido pero no recordaba de dónde. Suspire pesadamente mientras me levantaba para limpiar la sangre que había salido de mi nariz. Termine decidiendo que sería mejor tomar una ducha y salir fresca. Despejar mi mente de alguna manera. Fue buena idea, el agua caliente hizo que mi mente no pensara al menos unos minutos. Salí, me coloque una toalla alrededor del cuerpo y camine por mi ropa.
El teléfono sonó, provocando que mis rodillas temblaran y mi corazón latiera rápido.
-¿Diga? –mi voz salió un poco gruesa. Era demasiado temprano aun.
-Buenos días señorita Jauregui, disculpe que la moleste a estas horas –comento con intento de español pero con el acento francés.
-No se preocupe, ¿Qué ocurre? –pregunte curiosa y un tanto decepcionada al notar que era una llamada de recepción.
-Una señorita la está esperando en el restaurant del hotel–mi corazón se detuvo.
-¿Una señorita? –pregunte con la garganta seca.
-Sí, la misma que llego ayer con usted –mi respiración fallo.
-Ok, gracias –trague saliva intentando recuperar la voz –dígale que no tardo en bajar.
-Perfecto, que tenga buen día –sin más colgó.
Seguía en shock, ¿Camila estaba esperándome en el restaurant? ¿Mi Camila? ¡CAMILA ESTABA ESPERANDOME EN EL RESTAURANT! Esperando… A mí… a nadie más. De un momento a otro la realidad me golpeo.
Rápidamente agarre mi ropa y comencé a ponérmela. Lo mismo de siempre, unos jeans ajustados, una playera y una camisa a cuadros. “Creo que debería cambiar un poco mi manera de vestir” pensé al verme en el espejo rápidamente para después colocarme mis converse negros.
Después de estar lo más presentable posible sin dejarme en evidencia, salí de la habitación corriendo. Literalmente corriendo, a duras penas logre tomar mi celular y la llave de la habitación. Llegue hasta el elevador. Pulse el botón y nada. Comenzaba a desesperarme hasta que las puertas del elevador se abrieron.
Fue el viaje al lobby más largo de toda mi vida, mis nervios hicieron que así lo sintiera. Al llegar al primer piso y ver las puertas del elevador abrirse mi respiración se volvió agitada. “¿A que habrá venido? ¿Qué le dire? ¿Debo hablar del casi beso de anoche? ¿Cómo la saludo?” Esas y más preguntas comenzaron a acumularse en mi mente.
-Cálmate Lauren –me susurre a mí misma intentando darme un poco de valor.
Camine lentamente, pasando por la recepción donde el chico que estaba del otro lado me sonreía. Tenía que aprenderme su nombre antes de irme, pero es que era tan difícil.
Llegue a la entrada del restaurant. Mis nervios se hicieron presentes más de lo que ya estaban. Mi respiración era agitada y eso que solo había caminado, las palmas de mis manos sudaban, cosa que me desagradaba por completo. Mis rodillas temblaban, debía sentarme lo más pronto posible o terminaría en el suelo. Y mi garganta se había secado, provocando que mi voz fuera más gruesa de lo que suele ser.
¡Demonios!
Cerré los ojos un momento y respire profundo. Al abrirlos la busque por todo el lugar, mis ojos viajaron por todo el lugar hasta que por fin la vi. ¡Que Dios me agarre confesada! Trague saliva. Se veía realmente hermosa. Sentada de espaldas a mí, leyendo lo que supongo que sería el menú. Suspire.
Camine hasta ella y mientras lo hacía secaba las palmas de mis manos en mi pantalón. “¡Malditos nervios!”. Maldije para mis adentros. Me pare justo detrás de ella, tome una gran bocanada de aire antes caminar unos pasos más y estar frente a frente. El tiempo se detuvo. Lentamente subió la mirada, en su rostro se dibujó una sonrisa, su mirada brillo y mi corazón, bueno mi corazón está a punto de un paro cardíaco. Rápidamente se puso de pie y me abrazo, respire su aroma. Deje escapar un suspiro mientras que al mismo tiempo sentía mis mejillas arder.
-Hola –su voz sonó suave cuando nos alejamos.
-Hola –no pude decir nada más.
-Espero que no te moleste el que me tomara la libertad de invitarte a desayunar –hablo mientras se sentaba de nuevo.
-Claro que no –le sonreí. ¿Molestarme? ¡Por favor! Estaba más que fascinada.
Tenerla frente a mí de esta manera era el cielo. Ver su sonrisa, como sus labios se movían al hablarme, estar cerca de ella. Todo era tan… perfecto. Mi corazón se inflo de felicidad. No podía estar con nadie más que no fuera ella, por fin me daba cuenta. No. Por fin lo aceptaba.
Después de pedir nuestro desayuno, comer y platicar un poco, ella recibió una llamada. Vuelvo a repetirlo. La felicidad y yo parecemos ir por caminos separados. Contesto frente a mí. Golpe bajo.
-Hey… hola –su voz tenía un toque de nervios, me sonrió apenada –Desayunando con una amiga –mi corazón se estrujo -¿Qué? Pero pensé que estarías trabajando –sus ojos se llenaron de un pánico repentino, que inmediatamente oculto con una sonrisa, la cual en cualquier otro momento podría dejarme sin aire, pero no ahora –Hmm… ok, te mando la dirección en un mensaje –cerro los ojos un momento, desvié la mirada –igual, adiós –colgó.
No tenía el valor suficiente para voltear a verla. Me dolía el que no pudiéramos tener un tiempo normal, como dos simples personas. Con un saludo, platicar sobre cualquier cosa, pasar un momento agradable y sin que su teléfono suene, para así poder decir hasta pronto, sin un tercero. Pero no, parecía que nosotras no podíamos hacer eso.
-Lamento la llamada –susurro un poco apenada.
-No te preocupes –me distraje con mi celular, realmente no podía voltear a verla.
-Lauren… -escuchar mi nombre salir de sus labios era… era… ¡DIOS!
-Hmm… –voltea a verla, no pude resistirme más.
-Necesito decirte algo… -sujeto mi mano libre que se encontraba sobre la mesa.
-Dime… -nuestras miradas se conectaron.
-¡Amor! –escuche detrás de ella.
Nuestras manos rápidamente se alejaron, ella se levantó. Él la abrazo por la cintura y junto sus labios en un beso que rompió mi corazón, más de lo que ya estaba. Él la acerco más a su cuerpo, como queriendo que no hubiera ni un centímetro sin ser tocado. Mordí mi labio inferior, sentí el sabor a oxido y sal. Bien, me había sangrado.
¿Tan masoquista puedo llegar a ser? Creo que sí, él seguía besándole, una parte de ella intentaba alejarse, podía notarlo, pero la otra lo abrazaba de igual manera. Por fin se separaron cuando la falta de aire los hizo reaccionar.
-¡Oh dios mío! Que maleducado soy –dijo de la manera más cortes, pero por mi parte ya estaba en mi lista negra –Lamento lo que acabas de ver, pero es que… - volteo a verla –no puedo resistirme a ella –sus ojos eran curiosos al momento de verla, algo no me agradaba. Pero ella, simplemente se sonrojo –Mi nombre es Michael… -tendió la mano hacia mí –Michael Clifford.


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Capitulo 9

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:24 am

Y bueno, ahora me encontraba con ellos, paseando por la hermosa París, “Ciudad del amor y para el amor” o al menos esas fueron las palabras que utilizo Michael para describir esta ciudad. Bufe mientras los veía caminar frente a mi agarrados de la mano.
Camila de vez en cuando volteaba a verme, y en su mirada lograba ver un “lo siento, esto no estaba planeado” a lo cual yo solo sonreía. Aunque realmente no entiendo cómo fue que pude haber aceptado el venir a pasear con ellos. ¡Cierto! Por Camila acepte. No, ni me pregunten, que no estoy segura que habrá sido lo que hizo para que en estos momentos yo estuviera con ellos.
Tal vez también fue mi poca fuerza de voluntad al no querer estar lejos de ella, aun siendo una absoluta y completa masoquista. O tal vez esa sonrisa tímida que me regalo justamente después de que Michael propuso la idea.

Flash back.
-Lauren Jauregui –mi voz salió firme mientras extendía mi mano para estrechar la de él.
-Un placer por fin conocer a la famosa Lauren Jauregui –sentí un toque de burla en su voz, pero solo sonreí –comenzaba a creer que Camila me había contado un sueño.
-¿Y cómo por qué creerías eso? –me acomode mejor en mi asiento.
Orgullosa mode on.
-Nos conocimos en un café, salimos, paso el tiempo, comenzamos nuestra relación y un día me hablo de la chica que le salvo la vida una noche lluviosa –no pude evitar verla.
Tenía el rostro agachado, con una sonrisa tímida. Lentamente subió el rostro hasta que nuestras miradas chocaron, dejándome sin aire por unos segundos. No había nadie más a mí alrededor, toda mi atención estaba en ella. Solo en ella.
-…y por eso fue que creí que lo había soñado –termino de decir el chico de cabello ¿azul? Apenas notaba eso.
-Oh… bueno… -desvié mi mirada hacia él, quien me miraba interrogante
–pues ahora ves que soy real, demasiado real –me encogí de hombros. -Sí, eso parece –ese tono de voz no me agradaba –Y cuéntame… ¿Tienes
pareja? –hablo antes de tomar un poco de su bebida.
-No –no dije más.
-Que mal -¿Por qué seguía notando malicia en su voz? –Bueno, creo que serias perfecta para un amigo mío –me guiño un ojo. “¡EN UN MILLON DE AÑOS!” Grite dentro de mí. -¿Qué dices si le presentamos a Harry amor? – dirigió su atención hacia Camila.
-No creo… -comenzó a hablar, pero los interrumpí.
-Lo siento… eh ¿Michael? –pregunte no muy segura de su nombre, en realidad quería molestarlo. Lo logre –Agradezco tu buena intuición, pero la verdad es que prefiero tener a una bella mujer a mi lado–de reojo vi la reacción de Camila. Sonreía. Él estaba atónico.
-Oh… que desperdicio –comento por lo bajo, mi sangre hirvió –bueno, en ese caso tengo una amiga perfecta para ti –malicia otra vez. ¿Qué le pasaba a este tipo?
Flash back.

Después de eso vino una pequeña discusión entre ellos por el comentario que él había hecho. Del cual yo también me hubiera puesto a pelear a no ser porque recibí una llamada de Ally. Los contadores de la empresa que manejaba mi papá querían saber si me iba a hacer cargo de ella, puesto que si no era así, lo mejor que se podía hacer era vender las acciones, ya tenían ofertas muy buenas.
Pero yo no podía hacerle eso a mi padre. Él había trabajado toda su vida para conseguirla y yo iba a continuar su legado, no lo defraudaría. Ya no. Lo único malo era que ahora mi viaje de “placer” se convertiría en un viaje de negocios, pues dentro de dos días tendría que viajar a España para hablarnpersonalmente con un socio que la compañía tenía.
Bien podía haber hecho todo por mail o cuando regresara, pero preferiría hacerlo así, después de saber que Camila tenia pareja lo único que me apetecía era distraer mi mente y que mejor sino era con la empresa de la familia.
Al regresar note una sonrisa maliciosa en el rostro de Michael y una apena en el de Camila. El punto es que habían organizado o bueno más bien él había hablado con su amiga para salir los cuatro a comer algo, después de que Michael Cliquiensabequeford me mostrara la ciudad a su manera. Para mi desgracia no pude decir que no, nada más y nada menos que por Camila. Pasar un poco más de tiempo a su lado, era lo único que a mí me interesaba, así tuviera que asistir a una cita doble y a ciegas con la amiga de él.
Por lo tanto ya eran más de las seis de la tarde y por fin entrabamos a un lugar donde me sentía a gusto conmigo misma, que curiosamente era el Starbucks en el que había entrado la vez pasada. Nos sentamos en una mesa del fondo, para tener la mayor privacidad posible. O al menos eso dijo él.
-Iré a pedirle a Harry nuestras bebidas –comento luego de que Camila y yo nos sentáramos una frente la otra –yo invito.
Una parte de mi quería negarse ante esa petición, pues no me agradaba la idea de que me invitara pero no podía apartar la vista de ese mirar chocolate, me tenía totalmente atrapada. Ni siquiera me di cuenta en que momento nos quedamos solas ella y yo, reaccione hasta que comenzó a hablar.
-Lamento todo esto –se disculpó –realmente esta no era la idea. Yo… yo quería pasar la tarde solo contigo y ahora… -bajo la mirada, estaba nerviosa.
-No te preocupes, al menos pasamos tiempo juntas –intente sonreír de la manera más sincera que podía, solo asintió.
Michael regreso con los cafés, juro que hubiera preferido que se le cayera alguno por quererse hacer el caballeroso conmigo. Realmente había algo que no me agradaba de él y sentía que lo conocía de alguna otra parte, pero no podía recordar bien de dónde.
Las pláticas eran amenas pues por lo visto era un “tipo de mundo”, hablaba de todo lo que había vivido, queriendo impresionar, no sé si a mí o a Camila que entre ratos lo miraba a él para luego mirarme fijamente, como si estuviera pensando algo. No quiero creer que me estuviera comparando con él, porque eso realmente sería muy pero muy doloroso y molesto.
-Después de ese día, decidimos no volver a pescar donde hubieran tiburones… -soltó una carcajada, poco le falto para comenzar a golpear la mesa.
-Pasan los años y tú no dejas de contar esa tonta historia sobre tu día de pesca con tiburones –comento alguien detrás de mí. Me quede helada.
-Y tú… tarde como siempre –se levantó para abrazar a la chica que acaba de llegar.
A mi cita.
-Sabes que nunca llego a la hora que me dicen suelo ser… rebelde –se defendió.
-Sí, bueno, como sea… -él le restó importancia –Quiero presentarte a Lauren Jauregui –trague seco.
Nuestras miradas chocaron. Ella no me quitaba la vista de encima y por alguna razón yo tampoco podía quitársela. De reojo pude notar que Camila frunció el ceño por nuestra situación tensa.
-¿No piensas saludarme Lolo? –extendió los brazos.
Salí de mi shock y sin más la abrace fuerte. Hundiendo mi rostro en su cuello, aspirando ese perfume tan familiar que siempre la había caracterizado y que hasta este momento no me había dado cuenta que extrañaba. La apreté fuerte contra mi cuerpo, sentí sus brazos en mi cintura con la misma fuerza.
-¿Se conocen? –Camila rompió mi burbuja.
-Si –nos separamos con una sonrisa en el rostro.
-¿De dónde? –pregunto curioso Mrs. Cliquiensabequeford.
-Infancia, su familia y la mía eran muy cercanas –susurre sintiendo un pequeño nudo en mi garganta.
-¡Vaya! Y yo que quería juntarlas –se dejó caer en su silla el pitufo.
-¡Oh Michael! –Se burló –ya quieres juntarme con alguien y tu ni siquiera me has presentado a tu novia –Auch, eso dolió. Una cosa es saber que Camila es su novia y otra muy diferente escuchar esa palabra de los labios de alguien más.
-¡Cierto! –se dio con la palma de su mano en la frente. Yo hubiera querido darle un golpe directo en la quijada –Camila, ella es una buena amiga –las presento lo más formal que podía.
-Un gusto… Camila Cabello –extendió su mano.
-El gusto es mío –volteo a verme para guiñarme un ojo, seguía siendo una coqueta de lo peor –Mi nombre es Lucy… Lucy Vives.

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Capitulo 10

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:30 am

Admito que reencontrarme con Lucy fue como un respiro después de estar bajo el agua mucho tiempo. Necesitaba de su soltura para dejar de torturarme pensando en que Michael le estaba comiendo la boca a Camila frente a nosotras.
Después de que ella llego nos fuimos directamente a un pub reconocido de la ciudad, donde al parecer el señorito tenía más que conocidos pues ni siquiera tuvimos que hacer fila para entrar, solo llegamos directamente a la puerta, saludo al guardia y entramos. Era una ventaja, pero no me gustaba la manera en la que él se levantaba el cuello con todos los privilegios que contaba.
Al entrar enseguida subimos al área VIP, la música sonaba fuerte haciendo que me dieran ganas de bailar. Hace mucho no sentía esto, la llegada de Lucy me estaba haciendo más que bien. Aunque eso no evitaba que cada que veía a la parejita derramar miel sintiera que mi corazón se estrujara.
-Bailemos Lolo –prácticamente me pego a su cuerpo.
La pista de baile estaba en la parte baja del lugar, pero era obvio que ella no quería ir. Conociéndola como lo hacía sabía que quería algo más… íntimo. El ritmo de la música provocaba que nuestros cuerpos se movieran a la par, sus manos rodeaban mis caderas mientras que las mías se perdían en mi cabello alborotándolo un poco. Me sentía tan… viva.
Por un momento deje de pensar en la imagen desagradable que se presenciaba a unos metros de nosotras, de nuevo el rostro de Camila era babeado por la boca gigante de Michael. Pero sinceramente en estos momentos no me importaba. No, esta noche no.
-Sé que la quieres –susurro en mi oído, me tense –pero yo haré que la olvides – susurro segura de sí misma.
Lucy tenía algo que me atraía, su seguridad o tal vez esa rebeldía que aparentaba. Pero nunca ocurrió nada entre nosotras por culpa de alguien más. Tal vez era hora de enmendar ese error. Quería a Camila, eso no podía negarlo más. Ella era de esos amores que basta con solo cruzar tu mirada con la de esa persona para saber que te perderás en ella, pero por desgracia no era nuestro tiempo o tal vez nunca tendríamos un tiempo. Así que… ¿Por qué no intentar con alguien que conocía tan bien? Sonreí para mis adentros.
Me separe un poco de Lucy, vi la sonrisa que adornaba su rostro. Sus ojos mirándome atravesándome como si fueran dos dagas, me sentí nerviosa. Subí mi mano hasta su cuello y me acerque lentamente a sus labios. Sentía su aliento embriagador, con ese ligero toque de alcohol en su ser, chocar contra mi rostro. Sus labios seguían formando una sonrisa. Apenas roce sus labios, me volteo con un movimiento rápido que realmente no comprendo cómo fue que logro hacerlo. Jadee por la sorpresa.
-Aun no es tiempo –susurro sobre mi oído provocando un escalofrió recorrer mi columna –esta vez haremos las cosas bien –y sin más dejo un beso en mi cuello. Trague seco.
Después de eso la noche siguió su curso con tranquilidad, entre algunos tragos y demás. Cabe decir que el señor Clinorecuerdosuapellidobienford tenía demasiada influencia, algo que no me terminaba de gustar.
A determinada hora de la madrugada un tipo corpulento se le acercó para susurrarle algo al oído, a lo cual el solo asintió, nos indicó que era hora de irnos. No me agradaba recibir órdenes de él, no era nadie para hacerlo pero me mordí la lengua y no dije nada, realmente no sabía con exactitud en que parte de la ciudad estábamos y lo único que quería era llegar al hotel y dormir hasta que no pudiera más.
Un chofer nos esperaba a la salida en una camioneta negra, me dio mala espina. Subimos y él de inmediato dio el nombre de mi hotel, supongo que sería la primera en dejar esa camioneta. El trayecto fue tranquilo, Camila prácticamente estaba dormida con la cabeza recargada contra la ventana. Lucy tenía los ojos cerrados pero no dormía y yo no podía dejar de observarlas a ambas.
Tan diferentes, cada una con su propia hermosura. Camila sonrió en sueños y suspire, provocando que Lucy abriera los ojos y me atrapara observando a esa chica de ojos cafés y labios gruesos, me guiño un ojo. Al momento de llegar simplemente agradecí a Michael de manera cordial, sigue sin caerme bien, por lo tanto no tenía por qué tratarlo como un amigo. Baje y Lucy bajo detrás de mí, mi corazón comenzó a latir rápido.
-Tranquila Lolo –sonrió perversamente –no pasara nada entre tú y yo… aun – susurro la última parte, haciéndome tragar seco –mañana vengo por ti para que almorcemos juntas y nos pongamos al día –me dio un beso en la comisura de los labios y sin más se subió de nuevo a la camioneta.
Me quede viendo cómo se alejaban, suspire y note que realmente estaba haciendo frió. Me abrace y entre al hotel, directo a mi habitación. La mañana llego más rápido de lo que hubiera deseado, pero a diferencia de otras noches esta si pude dormir. No estoy segura si fue por el desgaste de todo el día o si había alguna otra razón, pero en cuanto toque la cama quede inconsciente, en el mejor sentido que yo pudiera darle.
Tome mi celular del buro para ver la hora «11:35am», me estire para desperezarme, provocando que todos los huesos de mi espalda tronaran al acomodarse. Estire el cuello de un lado a otro provocando la misma reacción, sonreí tontamente. No sabía porque.
Lucy nunca llegaba a la hora acordada y en todo caso no me dijo tampoco a qué hora vendría por lo tanto no estaba preocupada. Solté un último bostezo, gritando un poco al final. Hoy me sentía con ganas, más de las que he sentido en el último año y medio.
Camine hasta el tocador que había en la habitación coloque mi iPod en el altavoz llenando todo el lugar de música. Después de tanto tiempo por fin volvía a poner música por cuenta propia, creo que esa era una buena señal. Me dirigí al baño para darme una ducha e iniciar el día de la mejor manera posible.
Después de disfrutar lo más que podía del agua corriendo por mi cuerpo, salí totalmente renovada. La desvelada de anoche había hecho un poco de estragos en mí, hace mucho que no salía a bailar y mucho menos la pasaba bien. Enrolle una toalla alrededor de mi cuerpo y salí del cuarto de baño en busca de mi ropa.
-¡WOW! Si hubiera sabido que iba a tener ese recibimiento hubiera venido preparada –salte del susto al escuchar hablar a alguien.
-¿Qué haces aquí? –Lleve una mano a mi pecho, sujetando la toalla para que no cayera por el moviente rápido que había hecho -¡Idiota, casi me matas del susto!
-¿Esa es tu manera de saludarme? –Lucy pregunto mientras se levantaba del sillón en el que estaba sentada.
-¿Esa es tu manera de entrar a habitaciones ocupadas? –conteste con una pregunta también.
-Cállate y ven a darme un abrazo –abrió sus brazos a la espera de que fuera hasta ella.
-No, lo siento pero tu irrumpiste en mi habitación –voltee en busca de mi ropa.
De repente sentí su cuerpo detrás, lentamente paso sus brazos alrededor de mi provocando un escalofrió. Si, hace mucho no tenía un contacto tan íntimo con otra persona que mi cuerpo comenzó a reaccionar al más mínimo toque.
-Lo siento, pero sabes que nunca sigo las reglas –susurro en mi oído –además… nunca te molesto que irrumpiera en tu cuarto cuando estabas bañándote –sentí su sonrisa.
-Sí, bueno… -aclare mi garganta –éramos unas adolescentes –me escape de sus brazos y prácticamente corrí al baño para cambiarme.
-¡Nunca te importo que viera como te cambiabas! –escuche que grito del otro lado de la puerta.
Recargue mis manos sobre el lavamanos, me mire al espejo y pude notar un leve sonrojo en mis mejillas. “Maldita Lucy, sigue sabiendo cómo usar sus cartas” pensé para después sacudir mi cabeza con una sonrisa en los labios y comenzar a vestirme. En cuanto estuve lista fui a mi encuentro con ella. La vi sentada en la cama con la espalda recargada en la cabecera. Sonreía engreídamente.
-Ahora sí… -fue mi turno de abrir los brazos –déjame saludarte.
Fue cuestión de segundos antes de tenerla entre mis brazos nuevamente. Este abrazo era diferente. Más emocional al que nos dimos ayer, estamos solas, teníamos más intimidad. Esta vez fue mi turno de rodear su cintura con mis brazos, mientras que ella me sujetaba por el cuello. Hundí nuevamente mi rostro en su cuello, respirando su aroma otra vez, sonreí. Ella hizo lo mismo pero en mi cabello.
-Te extrañe tanto Lolo –su voz se quebró.
-Lo sé Lu –también tenía un nudo en la garganta –te necesitaba.
Ambas sollozamos quedamente. No nos gustaba mostrarnos débiles, pero nuestra relación era tan íntima que nos sentíamos cómodas con una que otra demostración de debilidad entre nosotras de vez en cuando. Luego de unos minutos sin movernos, tocaron a la puerta. Sacándonos de nuestra pequeña burbuja de reencuentro.
-Es el desayuno –susurro ella mientras se separaba lentamente.
-Está bien –nos quedamos mirando directamente por unos segundos.
Simplemente sonrió, se alejó por completo de mí, se limpió esas pequeñas lágrimas que se habían escapado de sus hermosos ojos y atendió la puerta. El mozo entro con el carrito repleto de comida sorprendiéndome porque recordara mi gusto por la comida. El joven empleado alisto rápidamente la mesa dejando todo para que simplemente nos sentáramos a comer y con la misma regreso a la puerta pero antes de que saliera por completo Lucy lo llamo con su perfecto francés y le dio propina.
-¿Sabes? –Me acerque a la mesa –Siempre odie que fueras mejor en lenguas extranjeras –me senté.
-¿Por qué? –se notaba curiosa mientras tomaba asiento frente a mí.
-No sé –simplemente me encogí de hombros.
-Bueno… como sea señorita celosa –se burló de mí mientras comenzaba a servirse –ahora si… cuénteme todo lo que ha sido de su vida –me vio directamente a los ojos. Trague saliva.
Creo que hoy sería un día muy pero muy largo.

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Capitulo 11

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:34 am

Pasar toda la tarde junto a Lucy fue algo demasiado liberador. Hablamos de todo lo que habíamos hecho durante este tiempo que no estuvimos en contacto. Le conté sobre como perdí a mi familia, de cómo Alexa y Ally siempre estuvieron para mí cuando más las necesitaba, aunque en ese entonces no quería tener nada que ver con nadie. Y de Natalia.
Natalia o bueno en aquel entonces Nat, fue mi primer novia. La chica con la que yo creí que formaría una familia. Fue la chica por quien me enfrente contra mis padres en más de una ocasión porque ellos decían que no me convenía y yo simplemente no los escuchaba.
Ellos nunca fueron tan exigentes conmigo, admito que cuando les confesé que prefiero tener una chica como pareja y no un chico, el shock los golpeo duramente. Y yo me encerré en mi propio mundo durante semanas, mientras ellos lo asimilaban yo iba conociendo a Natalia.
Mi familia acepto mi forma de ser, pero no les agrado la novia que me conseguí. Nat era alguien rebelde, no le importaba nada ni nadie, se iba de fiesta todas las noches e iba de cama en cama. Me enamore perdidamente de ella.
Una noche nos fuimos de fiesta, mi cuerpo estaba intoxicado de alcohol. Mis padres me hablaron, vendrían por mí pues estaban de paso, ya que habían salido a cenar con mis dos hermanos. Ya les había cansado mi forma de ser y tomarían cartas sobre el asunto.
Por desgracia nunca llegaron por mí, fue hasta la mañana siguiente que me entere que un auto los había sacado del camino cerca de donde yo estaba. Mi familia murió mientras yo me embriagaba y tenía sexo desenfrenado con quien creí el amor de mi vida. Según la policía el auto implicado era manejado por un grupo de chicos alcoholizados, los cuales habían abandonado el lugar dejando su auto después de ver como mi familia se estrellaba contra unos árboles.
Ella no estuvo cuando tuve que ir a identificar los cuerpos. Ella no estuvo en el entierro, ella no estuvo nunca. Lo último que me entere fue que se había escapado con uno de los chicos con los que nos juntábamos. Mientras yo me hundía en mi soledad, en mi tristeza, en mis ganas de morir junto con ellos.
Me aleje de mis amigos, me aleje de la poca familia que me quedaba. Vendí la casa de mis padres, no podía entrar sin derrumbarme, sin sentirme culpable. Saque lo más importante y rente un departamento solo para mí. Alexa y Ally fueron las únicas que no se alejaron, cada que podían iban a ver que siguiera con vida. Muchas veces pensé en suicidarme pero al minuto siguiente me daba de golpes contra la pared, literalmente, pues sabía que si lo hacia mi familia desde el cielo estaría decepcionada de mí. Así que a lo mucho que llegaba era a golpear la pared hasta dejar de sentir mi mano, en más de una ocasión destroce mis nudillos dejando mi mano completa y totalmente ensangrentada.
También tuve que confesarle como conocí a Camila. Lucy se había dado cuenta de la tensión que había entre nosotras, así mismo en cuales eran mis planes para el día de mañana. Me iría para continuar con el trabajo de mi papá, ya era hora de que le diera sentido a mi vida.
-Entonces ¿A qué hora sale nuestro vuelo? –pregunto mientras abría la puerta del cuarto.
-Estás loca, ¿Lo sabias? –Simplemente se encogió de hombros –Sigo sin entender cómo es que quieras hacer esto.
-Lauren, mejor dime que no quieres que vaya contigo en lugar de darme tantas vueltas –se cruzó de brazos.
-No es que no quiera, es solo que… aun no lo asimilo ¿ok? –intente explicarme.
-Voy en serio Lolo, quiero intentarlo contigo –acaricio mi mejilla mientras ambas estábamos bajo el umbral de la puerta –Antes de irme con mi familia, estaba dispuesta a decirte que me gustabas pero al irme no le vi sentido hacerlo. Ahora que nos volvimos a encontrar no quiero quedarme con la duda de que hubiera pasado.
Y sin más, me beso. Simplemente fue un roce de sus labios con los míos, un ligero movimiento de cabeza. Su nariz rozando con la mía, mientras su mano aun acunaba mi mejilla. Nunca creí que Lucy pudiera ser tierna, pero me había demostrado que en realidad, si lo era.
De la misma manera en que se acercó, se separó. Regalándome una radiante sonrisa provocando que me sonrojara. Genial.
-Vaya, he hecho que la asombrosa Lauren Jauregui se sonroje –se burló.
-Cállate –me reí mientras le daba un ligero golpe a su brazo.
-Eres tierna a veces –sonrió sincera –Y ahora me voy, te veo mañana –dejo un casto beso en mis labios –y por lo del vuelo no te preocupes, de eso me encargo yo –me guiño un ojo antes de darse la vuelta y caminar por el pasillo para luego perderse en el elevador.
Una parte de mi aún seguía en shock. Mañana viajaría a España con Lucy, para después regresar a Miami e intentar una relación. Seguía en mis pensamientos hasta que vi de reojo una silueta bastante familiar parada a mi lado.
Camila.
-Hola –saludo quedo.
-¿Cuánto… cuanto tiempo llevas aquí? –mi voz salió nerviosa. Genial.
-Lo suficiente –se encogió de hombros regalándome una sonrisa triste –¿Me acompañarías a dar una vuelta? –señalo en dirección hacia el pasillo.
Simplemente asentí, le hice una seña con mi mano para que esperara un minuto, entre por mi chaqueta, mi celular, toma la llave la habitación y salí. Caminamos en silencio, me pare frente al elevador esperando a que las puertas de este se abrieran.
Desvié mi mirada en busca de Camila esperando encontrarla a mi lado, pero no estaba. Ella seguía caminando, en dirección a una puerta que hasta este entonces no había visto.
-¿Qué haces? –pregunte volteando hacia todos lados.
No me contesto, abrió la puerta y se adentró en el lugar. Durante medio segundo tuve una batalla interna, entrar o no entrar. Fui débil, respirando profundo la seguí. Vi unas escaleras, ella ya las subía. Fue inevitable para mí admirar su meneo de caderas. Si, ella podría seducirme y hacer que mandara todo muy lejos con tal de tenerla a mi lado.
Reaccione al ver que casi llegaba al final encontrando una puerta, subí corriendo para alcanzarla justamente cuando abrió esa otra puerta. El aire frio choco con mi rostro al salir. Estábamos en la azotea del hotel. ¿Cómo conocía ella este lugar?
Me asegure de que la puerta no fuera a cerrarse antes de notar como ella seguía caminando hasta llegar a la orilla. Recargándose en la pequeña barda. Me acerque a ella y pude admirar la vista, era… era absolutamente hermoso.
-¡WOW! –fue lo único que logre decir.
Voltee a verla, mi cuerpo se paralizo al verla tan… frágil. Era hermosa, la luz de la ciudad chocaba con sus preciosos ojos cafés, los cuales tenían lágrimas… pero ¿Por qué? Acerque mi mano temblorosa a su mejilla dejando que la acunara. ¡Dios! Era tan perfecta, tan hermosa, tan… ella era una diosa,
un ángel, era todo lo divino que hubo, hay y puede haber.
-No llores –susurre con la voz quebrada, ella me volvía humana en un abrir y cerrar de ojos.
-Tu no entiendes –sonrió mientras sujetaba mi mano aun en su mejilla.
-Explícamelo –mí corazón se estrujaba al verla así.
-No quiero hacerte daño –cerro sus ojos mientras hablaba.
-No lo haces… tu no me dañas –susurre acercándome más.
-Te amo –mi corazón se detuvo.
Quería decirle que yo también la amaba, que ella me había vuelto buena persona otra vez, pero algo me lo impedía, tenía un mal presentimiento, mi corazón latía rápido y no todo era por la emoción de su confesión.
-Pero también lo amo a él –mi corazón se rompió.
Si, ya lo sabía. Una cosa era haberlos visto juntos, besándose y otra muy diferente era que ella misma me dijera que lo amaba. Poco a poco, sentí como mi corazón se rompía en mil pedazos. Mi mano salió de su rostro y ella se derrumbó. Ya no controlaba su llanto, ni yo controlaba el mío. Ella me había hecho llorar.
Le di la espalda, me sentía frágil, volvía a sentirme como cuando perdí a mis padres, a mis hermanos. Levante la vista y aún con la mirada borrosa vi una estrella fugaz atravesar el cielo. Cerré mis ojos y desee con todas mis fueras que ellos estuvieran conmigo, que al regresar a mi casa ellos me esperaran con los brazos abiertos, desee no amar a Camila. Desee tantas cosas.
Pero solo conseguí una que no pedí. Unos brazos abrazándome fuerte desde atrás, un sollozo audible pegado a mi espalda, unas frases a medio decir intentando aclarar sentimientos que ni ella misma sabía cómo aclarar. Deje caer mi cabeza hacia atrás, recargándola en su hombro. Coloco su barbilla sobre el mío, dejándome escuchar sus sollozos directamente en mi oído, rompiéndome aún más el corazón.
-No me odies por favor –apenas logro formular.
Aun con sus brazos en mi cintura me gire para confrontarla. Sujete su pequeño rostro entre mis manos e hice que sus ojos chocaran con los míos.
-Ese es el problema… no puedo odiarte –mi voz estaba quebrada –te amo… no sé cómo paso, pero te amo… desde aquel día que te vi, desde el primer instante en el que tu mano rozo con la mía, desde que me perdí en tu mirada por primera vez o cuando dormiste entre mis brazos, y te amo, así sin más–me encogí de hombros sorbiendo mi nariz y dejando que mis lágrimas cayeran, estaba abriendo mi corazón –te amo sin conocerte, mi alma lo siente, me salvaste de una oscuridad que desconoces y no sabes cuánto te lo agradez… -no pude terminar.
Sus labios chocaron con los míos. Esta vez mi corazón no se aceleró, sino que dejo de latir. Mi respiración no se precipito, simplemente el aire dejo de entrar a mis pulmones. Mis ojos no se cerraron, al contrario, estaban más que abiertos. Pero así como mi alma salió de mi cuerpo, regreso.
Mi corazón no latía, ahora golpeaba como un tambor frentico en mi pecho. Mis ojos no estaban abiertos, se cerraron para disfrutar el momento. Mi respiración no regreso, se volvió irregular desde el preciso momento en el que mis labios comenzaron a seguir esa sincronía que marcaba su boca y mis manos… mis manos tomaron vida para jugar con su cabello. Poco a poco, paso a paso la fui haciendo retroceder hasta que su cuerpo choco con alguna pared. Ya no sentía fría, mis manos quemaban al recorrer su cuerpo por sobre la tela de su ropa. Sus manos viajan de arriba-abajo por mi cuerpo.
Mis dientes mordían sus carnosos labios y cuando su lengua choco con la mía, no pude evitar el gemido que se escapó desde lo más profundo de mi garganta. Un gemido que nos regresó a la realidad. Separe mi boca de la suya a regañadientes, perdiéndome en su mirar. Sus ojos eran más oscuros de lo normal. Sus labios estaban hinchados y rojos, incitándome a besarlos más, su respiración era más que irregular y sus manos aún seguían en alguna parte de mi cuerpo. Sus ojos no me observaban a mí, ella miro mi alma.
-Vamos a tu habitación –susurro.
Me perdí.

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Capitulo 12

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:35 am

Me encontraba en el aeropuerto esperando a que Lucy llegara. Llevaba diez minutos retrasada, lo bueno era que según lo que ella me había dicho, nuestro vuelo salía dentro de casi dos horas. Me senté otra vez en las frías butacas, pasando mis manos sobre mi rostro cansado, intentando no pensar en lo que había pasado la noche anterior. Suspire pesadamente.
¿Cómo no recordarla? Había sido la más agridulce despedida que alguna vez tuviera. Recargue mi espalda sobre el respaldo de la butaca y deje que los recuerdos me golpearan tan duramente.

-Flash back
Me perdí.
Trague seco y volví a besar sus labios con desesperación. Los había probado, los había hecho míos y ahora no quería dejarlos. Con un control sobrehumano me separe de ella solo para tomar su mano, a sentir lentamente y caminar aprisa hacia la misma puerta por la que habíamos entrado.
Prácticamente bajamos corriendo las escaleras, nuestras manos nunca se soltaron. Un deja vu golpeo ligeramente mi memoria. Aquel día que nos conocimos, cuando bajamos las escaleras de emergencia hacia la calle, nuestras manos igual nunca se soltaron. Sonreí ante el recuerdo.
Levante el rostro y vi una enorme sonrisa plasmada en su cara, mi corazón se aceleró más de lo que estaba. Llegamos hasta la puesta de mi habitación, la acorrale contra la pared, sujete su pequeño rostro mientras sus ojos estaban fijos en los míos, volví a besarla.
Con tropiezos logre abrir la puerta haciéndonos entrar en la habitación. Cerré la puerta con el pie, pues en ningún momento planeaba separarme de ella. Se había vuelto mi adicción, solo una vez la había probado y ya quería más y más de ella. La deseaba por completo. Eso era, una mezcla entre el deseo, la pasión y el amor acumulado que tengo hacia ella me estaba haciendo perder la razón.
Una parte de mí, una muy pequeña parte gritaba desde lo más lejos para que me detuviera. Yo quería estar con ella, hacerla mía, tener su cuerpo, reclamar cada centímetro de su piel como mío, pero no de esta manera. Ella tiene novio, yo estoy a punto de iniciar algo con Lucy, no podía hacerle esto.
Pero la mezcla de todas esas emociones que ella me provocaba me estaba cegando. Con un movimiento rápido la tome de los muslos haciendo que sus piernas se enrollaran en mi cintura. Besándola con una pasión que realmente ni yo sabía que tenía. La azote contra la pared provocando que soltara un gemido de dolor y placer. Me sentí morir.
Ella me estaba haciendo morir, me estaba perdiendo en un abismo de placer, locura, deseo y ni siquiera me había tocado, ni la había tocado. Sus manos se enredaban en mi cabello, jalándolo, provocándome más si era posible. Mis manos no tenían pudor, lo habían perdido desde hace mucho. Acariciaban sus muslos, queriendo subir más, llegar más allá. Jalo mi cabello hacia atrás, separándome de sus labios. Me hizo gruñir, no muy segura si de placer o malestar al separarme de sus labios.
-Necesito… necesito que sepas algo –hablo con su respiración agitada. Trague seco. –Yo… yo nunca he… estado con alguien.
Un balde de agua helada cayó en mí. Ella me estaba entregando su primera vez… ni siquiera a su novio, sino a mí. Y yo no era nadie para tomarla. Me sentí marear, y ella lo noto. Acaricio mi rostro con sus suaves manos y beso mi frente.
-Quiero que seas tú –susurro en mi oído.
Una parte de mi estaba que brincaba de felicidad por un campo lleno de hermosas flores de todos los colores, pero la otra Estaba encerrada en una habitación a oscuras, arrinconada en una esquina, sentada en el piso abrazando mis rodillas pegadas al pecho y moviendo la cabeza diciendo que no. Realmente no sabía qué hacer. Quería y a la vez no, pero ella se merecía algo más. Algo más romántico, algo especial. No algo que pasara una noche y a la siguiente cada quien tomara caminos separados con sus respectivas parejas.
-Te amo lo suficiente como para darte lo más preciado que me queda… -miro mis ojos y supe que hablaba en serio.
Ella me amaba lo suficiente como para dejarme ser su primera vez, para entregarme algo tan preciado, pero yo… yo no era nadie. Baje mi mirada con miedo. Mi cabeza estaba hecha un lio.
Si.
No.
No.
Si.
¿Qué hacer? ¿Dejaba que la pasión nos manejara esta noche o la entregaba a los brazos de él? No, eso no. Algo me decía que él no la iba a tratar bien, que no sería delicado, que simplemente se aseguraría de buscar su propio placer y no el de ella.
-Te amo –levante mi rostro antes de fundir mi mirada en la suya.
Lentamente me acerque a su rostro y la bese con todo el amor que tengo para ella. Con todo este amor que he guardado desde que la vi por primera vez aquel día lluvioso. Sus manos acariciaban mi rostro, mientras que las mías seguían en sus muslos. Lentamente la separe de la pared y camine con ella a horcajadas de mí hacia la cama. La recosté con el mayor cuidado posible y me coloque sobre ella, evitando que mi peso cayera por completo sobre ella.
Acaricie su mejilla mientras mi mirada seguía fija en la de ella. Era el ser más hermoso que he visto en toda mi vida, siempre pienso eso pero nunca se lo he dicho, creo que es hora de hablar.
-Eres hermosa –susurre sin apartar mis ojos de los suyos. Sus mejillas se llenaron de un color carmesí, provocando que se viera tan frágil e inocente -¿Estas segura? –aun tenia mis dudas.
No me contesto con palabras, sujeto mi rostro con ambas manos y poco a poco me acerco a sus labios. Nuestro beso fue lento, dejando que nuestros labios marcaron un ritmo pausado, sin prisas. Teníamos toda la noche para nosotras. O al menos eso creíamos. Su celular sonó.
Nos separamos sobresaltadas, vi pánico en sus ojos y supe que esta pequeña fantasía había terminado. Me levante de encima de ella y me senté en el colchón, escondiendo mi rostro entre mis manos tomando una respiración profunda. Sentí que se movía bajando de la cama para ir en busca de su celular que estaba dentro de su chaqueta la cual le quite al entrar en la habitación. Su voz salió temblorosa cuando contesto y mi corazón se helo de nuevo. Era obvio quien era, no necesitaba mentirme. No más de dos minutos duro esa llamada.
Lentamente se acercó hasta donde yo estaba, acaricio mi cabello y susurro un lo siento. Antes de ponerse de pie y salir de mi habitación. Ok, tal vez no me ama lo suficiente como para ponerme al menos una vez primero que a él. Mi corazón dolía, y ciertamente estaba que quemaba. Sentía mis pantalones estallar en llamas en cualquier momento. Ahogue un grito entre mis manos mientras escondía mi rostro en ellas, me puse de pie a regañadientes y me fui hasta el baño a darme una ducha fría.
-Flash back-

El recuerdo se repetía una y otra vez en mi mente. Su cuerpo quemaba a través de su ropa, su respiración agitada en mi oído, sus labios buscando el control sobre los míos. Tanto y a la vez nada. Un te amo, una llamada, un adiós. Y ahora ya era tiempo de dejar eso atrás. La amo, de eso estoy segura. Ella me amaba, no me cabe duda, pero también lo ama a él y yo no pienso luchar contra eso. Siempre algo nos impedirá estar juntas. Ella lo ama más que a mí. Y aunque duela, lo acepto.
Respiro profundamente y siento ese perfume que siempre recordare. Abro los ojos y está frente a mí. Me regala una sonrisa y sé que estoy haciendo lo correcto. Con Lucy vale la pena intentar ser feliz. Me levanto y sin pensarlo dos veces me acerco a ella y dejo un suave beso en sus labios tomándola por sorpresa. Pero inmediatamente sube sus brazos hasta enrollarlos en mi cuello y corresponderme el beso. Se siente bien, siento paz. Termino el beso y junto mi frente con la suya. Sonrió inocentemente.
-Bien Jauregui, debo admitir que me sorprendiste –bromea, en parte. Sé que no se lo esperaba.
-Yo también pondré de mi parte –me encojo de hombros.
-Es bueno saber eso –sonríe.
Entrelazamos nuestras manos y me doy cuenta que ha llegado la hora de abordar. Bien, supongo que las cosas están por ponerse en orden. Aunque a ella… siempre la recordare. Camila siempre tendrá su lugar en mi corazón.


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Capitulo 13

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:35 am

Han pasado cuatro meses desde que regresamos de España. Cuatro largos meses, la empresa sigue en marcha y debo admitir que esto de estar a cargo no es fácil pero me siento orgullosa de seguir con el sueño de mi padre. Recupere la casa de mi familia. Tuve que mover cielo mar y tierra para poder hacerlo, pero lo conseguí y ahora vivo en esa casa enorme que tantos recuerdos me traen.
Cuando la vendí lo único que pedí fue que todo lo que estuviera dentro de ella, lo metieran en el sótano y la conservaran tal y como estaba cuando ellos murieron. Para mi sorpresa, el señor que en aquel entonces la compro hizo lo que le pedí y ahora, cada que cruzo la puerta de entrada, puedo sentir ese calor de hogar.
A veces cuando entro y mi abuela está cocinando mientras que el abuelo ve algún partido en la sala, imagino que son mis padres los que están aquí y mi corazón se aprieta de felicidad triste. Si, felicidad triste o felicidad melancólica, porque me siento en casa, me siento plena aunque sé que ellos no están físicamente conmigo, lo están desde el cielo.
Es difícil vivir sin ellos, hace un mes se cumplió su año luctuoso. En cualquier otro momento me hubiera embriagado hasta perder el conocimiento para no pensar en ellos, pero ya había madurado. Fui al cementerio, visite sus cuatro tumbas juntas. Mis abuelos y Lucy me acompañaron, dejamos flores, pasamos la tarde en ese lugar recordando anécdotas de cuando ellos vivían.
Podrá sonar un poco extraño, pero juro por lo más preciado que tengo que los pude sentir presentes con nosotros. Ellos nunca me dejan. A pesar de que mis abuelos se la pasan la mayor parte del tiempo en casa conmigo, vivo sola. Al regresar a casa esa tarde, me senté en el sofá sola a ver nuestras viejas fotografías, llore. Deseando con todas mis fuerzas poder regresar el tiempo atrás y no cometer los errores que cometí.
Esa noche soñé con ellos, soñé que nos reuníamos en la playa, el sol en su punto exacto, una brisa fresca, el sonido del mar al chocar contra el rompeolas. La mirada de mi madre, la risa de mis dos no tan pequeños hermanos y los brazos reconfortantes de mi padre. Me decían que me amaban, que me extrañaban y que sin duda alguna estaba orgullosos de mí.
Que dejara de culparme por algo que no había sido mi culpa. Desperté llorando la mañana siguiente y sin realmente sin pensarlo fui a tatuarme sus nombres. Los cuatro entrelazados, realmente el chico del lugar tuvo mucho ingenio porque es un tatuaje discreto en mi espalda, debajo de mi hombro izquierdo, justo detrás de mi corazón.
Lucy pego el grito en el cielo cuando lo vio, sobretodo porque no le avise para que me acompañara. Las cosas entre nosotras van bien, quiero decir. Somos amigas, simplemente eso. La amo y ella me ama, pero nuestro amor es de hermanas. No puede haber más, sobre todo porque se enamoró de una chica mientras estábamos en España, Vero.

-Flash back
Llevamos dos semanas en España, desde hace una quedaron resueltos todos los asuntos de la compañía. El empresario puso de su parte al igual que yo, logrando llegar a un muy buen acuerdo. Nuestra empresa seguiría surtiéndole material para sus construcciones a futuro y él nos recomendaría con sus empresas hermanas.
Después de eso, Lucy y yo habíamos decidido pasar dos semanas de vacaciones antes de regresarnos a Miami y empezar con el trabajo. Nuestra relación iba bien, más que bien. Éramos como mejores amigas que cada noche descubrían el cuerpo de la otra, pero por desgracia ambas sabíamos que algo faltaba.
-Estás pensando en ella ¿Verdad? –susurro detrás de mí.
-No –conteste sin dejar de mirar la luna.
Estaba sentada en una de las sillas del balcón, habíamos hecho el amor gran parte de la noche, en realidad, solo habíamos tenido sexo desenfrenado, buen sexo debo admitir. Pero lo nuestro no pasaba de lo carnal. Éramos tan parecidas, que no llegábamos a compaginar del todo.
Si, la quería y demasiado, pero era un cariño de hermanas y parte de mi sabía que estaba mal lo que estábamos haciendo, una de las dos saldría lastimada si no lo frenábamos. Dentro de poco saldría el sol, era el momento más oscuro de la noche y la luna brillaba con todo su hermoso resplandor provocando que no pudiera despegar mi vista de ella.
-¿Sabes? Te quiero Lolo, de verdad lo hago –comenzó a hablar mientras se sentaba frente a mí –Pero siento que esto que estamos haciendo no está bien –mi vista viajo a ella abruptamente –El sexo es glorioso, de verdad – sonrió de manera maliciosa para después verme con una mirada dulce –pero tu amas a otra persona y yo… creo que me he enamorado de alguien más.
Admito que mi quijada cayó al suelo cuando me dijo eso y por alguna extraña razón mi ego no se vio lastimado, todo lo contrario. Sentí como si un peso se me quitara de encima. Sonreí sinceramente y tome su mano, estaba nerviosa por mi reacción, podía notarlo.
-Sé que habíamos decidido intentarlo y lo hicimos, pero el último día que fuiste a esa junta con el empresario salí a dar una vuelta y la conocí, te juro que no busque ese encuentro, simplemente paso–hablo sin siquiera respirar causándome ternura.
-Hey Lucy, te quiero ¿Ok? –Trago seco –concuerdo contigo con la parte de que nuestros momentos íntimos son realmente buenos, pero… -la mire directamente a los ojos –no se siente correcto del todo. Eres como mi hermana y juro que intente amarte, tal vez ha sido poco tiempo, pero lo intente al igual que tu… pero no somos la una para la otra, yo conocí a mi alma gemela hace nueve meses, y por el brillo que logro ver en tus ojos, sé que la acabas de conocer –sonreí.
No me contesto, simplemente se lanzó a mis brazos y me abrazo con fuerza. Ambas sabíamos que siempre estaríamos la una para la otra, éramos como hermanas, siempre lo habíamos sido antes de que se fuera y eso no iba a cambiar.
-Entonces… -hable después de romper el abrazo -¿Ya tienes un plan para conquistarla? –sí, estaba dispuesta a ayudarle.
-Flash back

Basta con decir que después de ese amanecer juntas en el balcón, regresamos a dormí pues no lo habíamos hecho en toda la noche, al despertar desayunamos, nos alistamos y fuimos en busca de su chica. Para suerte de Lucy, Vero era de USA y por alguna obra del destino su trabajo la había trasladado a Miami, se encontraba en España de vacaciones visitando a unas primas. Regresamos las tres juntas.
Cada viernes nos juntamos en mi casa para cenar desde entonces, nos hemos vuelto inseparables. A veces salimos a bailar e insisten en buscarme citar para olvidarla, pero siempre digo que no. Y es que la verdad es que no puedo olvidarla, no quiero olvidarla.
Sentarme en mi cama y ver sus fotos en mi celular de aquella vez que estuvimos en Paris me hace feliz, me hace saber que ella es real. Si, lo sé, es un poco masoquista de mi parte, pero estoy bien así. Tal vez algún día encuentre a alguien que me haga sentir lo mismo que ella, o al menos algo parecido, pero por mientras prefiero vivir solo con su recuerdo y que sea como el destino quiera.
Hoy era miércoles y me encontraba en el despacho que había sido de mi padre en la casa, prefería trabajar desde aquí, era mucho más cómodo y sentía a mi padre junto conmigo. Pero hoy no sería como cualquier otro miércoles. Desde la mañana había sentido un presentimiento, como si algo malo fuera a pasar. Sonó el timbre de la casa y un escalofrió me recorrió toda la espina dorsal. Salí del despacho y abrí la puerta descubriendo a un hombre del otro lado.
-Buenas tardes señorita Jauregui, soy el comandante Hoult –ahora lo recordaba, era el mismo que llevaba el caso de mis padres. Trague seco, él lo noto.
-Lo recuerdo –apenas susurre.
-Vengo a informarle que el provocante del accidente de sus padres falleció anoche mientras se daba a la fuga –deje de escuchar, me sentí marear pero algo me regreso a la realidad –su nombre era Michael Clifford, su acompañante esta entre la vida y la muerte, el cinturón de seguridad la salvo –mire fijamente al comandante.
-¿La salvo? –Trague saliva -¿El nombre de su acompañante es Camila? – pregunte con temor.
-Así es, la vida de la señorita Cabello pende de un hilo, no logramos conseguir la sangre de su tipo, solo un milagro podría salvarla.
No, Camila no, por favor.

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Capitulo 14 .-FINAL.

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:36 am

Sentía la sangre hervir recorrer todo mi cuerpo, mi respiración era agitada, mi vista nublada por las lágrimas del coraje. El velocímetro del auto marcaba 140 km/hr, pero realmente no me importaba. Mi mente era un caos total. Mis padres habían muerto aquella noche por un estúpido drogadicto alcohólico, un estúpido con el cual conviví cuando estuve en Paris, un estúpido que era el novio de Camila, MI Camila y ese maldito estúpido había vuelto a poner la vida de una de las personas más importantes para mi en peligro.
¿Por qué todo me tenía que pasar a mí? ¿No tenía el derecho de ser feliz también? Grite desde lo más profundo de mi pecho mientras metía a fondo el acelerador. Mis nudillos se habían vuelto blancos por lo fuerte que sujetaba el volante. De un momento a otro, frene de golpe.
Mi pecho subía y bajaba rápidamente, podía sentir detrás de mis oídos el latir desbocado de mi corazón, mi boca seca y lágrimas cayendo sin control alguno por mis mejillas. Comencé a golpear el volante, intentando desquitar un poco de toda mi frustración.
Mis manos temblaban y dolían cuando intente desabrochar el cinturón de seguridad. Busque en la guantera los cigarros que Lucy siempre dejaba, tome uno y baje del auto. El dolor volvió a golpearme de lleno cuando me di cuenta en donde estaba. El mismo lugar donde mis padres habían sufrido el accidente. Las cuatro cruces en su memoria estaban al borde de la carretera. Bote el cigarro al suelo en un intento de desquitarme un poco. De nada sirvió. Camine lentamente hasta dejarme caer frente a ellas. Pase mi mano temblorosa por cada una, suplicando perdón.
-Sabía que te encontraría aquí –esa voz.
Mi cuerpo se helo, años habían pasado desde la última vez que la había visto. Me gire para encararla.
-¿Qué te da el derecho de estar aquí? –Mi voz sonó gruesa, con odio.
-Sé que no tengo ninguno, pero… -agacho la cabeza mientras jugaba con sus manos –Quiero hablar contigo antes de que sea demasiado tarde –murmuro –quiero irme con la conciencia tranquila.
-¿De que estas hablando? –comencé a acercarme a ella.
-Estoy enferma… -simplemente contesto –No estoy buscando tu perdón, porque sé que no lo tengo –levanto la vista –Simplemente quiero que escuches con atención y no me interrumpas, ¿Ok? –no dije nada, espere a que ella hablara.
“Yo… conocía a Michael. Él era quien me daba las drogas, el alcohol, el acceso libre para toda fiesta a la cual quisiera ir. Lo conocí antes de conocerte a ti, simplemente me deje llevar por la vida que él tenía. Aquella noche, cuando tus padres murieron, yo… yo estuve involucrada también, después de que caíste como noqueada por el alcohol y el sexo desenfrenado recibí un mensaje de él, donde me decía que me daría más drogas, así que te deje sola en aquella habitación y fui a encontrarme con él. Todos los que íbamos en aquel auto estábamos ebrios o bajo el efecto de alguna droga o ambos. De un momento a otro, Michael perdió el control del auto provocando que el que venía enfrente se saliera de la carretera. Logro estabilizar el auto y se detuvo y bajamos todos a ver qué había pasado, mi corazón dejo de latir, lo ebria y drogada se me bajo en cuanto vi que eran tus padres. Intente acercarme para socorrerlos pero uno de sus amigos me detuvo metiéndome a la fuerza al auto otra vez, Michael hablo con alguien y en menos de diez minutos un auto vino por nosotros.
Llevaba droga en la cajuela la cual paso al auto que llego, iba a hacer una entrega grande, además de que todos estábamos alcoholizados o al menos hasta antes del accidente así era. Yo… yo no podía mirarte de nuevo después de lo que había pasado, además de que él nos obligó a todos a escapar del país.
Hace poco me entere que estoy enferma de hepatitis y pronto voy a morir, así que lo localice para decirle que me entregaría a la policía, me amenazo, me dijo que antes estaría muerta y no sé qué más. Si Michael regreso fue porque venía para librarse de mí, pero la policía lo localizo antes de que me encontrara. Me hubiera hecho un favor, ¿sabes? Ahora él está muerto, y yo estoy condenada. No estoy buscando tu perdón, realmente sé que no lo tengo. Solo quería que lo supieras, ya tengo mi condena por haber hecho todo lo que hice”
Estaba en shock.
Nunca, ni en mis más locos sueños imagine que Nat había sido parte del accidente donde murieron mis padres. Mucho menos de que conocía a Michael desde antes. ¿Qué tipo de persona era?
El shock me hizo caer de rodillas con lágrimas en los ojos y el corazón aún más roto si es posible. Ella fue mi primer amor y fue participe de la perdida de los seres que más ame en toda mi vida. Me sentí sucia en cuanto su historia comenzó a tener sentido en mi mente.
Del shock pase al enojo, levante la vista en busca de su figura frente a mí, pero ella ya no estaba. Se había ido, como el fantasma que era. Un fantasma de mi pasado que siempre me atormentaría.
Del enojo pase al vacío. Me sentí vacía por dentro, mis padres habían muerto inocentemente por culpa de un maldito narcotraficante, mi ex novia los había visto morir y no había tenido la cara para decírmelo antes. El maldito que los mato ahora estaba muerto y la chica a la que amo, estaba en peligro. Camila.
El solo pensar su nombre, hizo que mi corazón doliera haciéndome saber que aún tengo uno, que aun late y lo hace por ella, por el recuerdo de mi familia. Me acerque arrastrándome hasta sus cruces, levante mi mano temblorosa una vez más para acariciarlas. Cerré los ojos.
-Siempre van a estar conmigo ¿Verdad? –Susurre con la voz quebrada a causa de las lágrimas que caían sin control por mis mejillas –Es hora de perdonar, olvidar y seguir adelante. Es hora de ser feliz –abrí los ojos, acerque mi mano a mi boca para dejar un beso en ella y acariciar las cruces una última vez antes de levantarme.
Las observe un momento más, respire profundo y solté todo el aire de golpe. Sorbí mi nariz para después limpiar las lágrimas de mi rostro con la manga de mi camisa. Un sentimiento de paz me golpeo. Ellos estaban conmigo, sí. Subí al auto y maneje hacia el hospital en el que se encontraba Camila. Tenía que saber su diagnóstico exacto, contrataría a los mejores doctores del mundo con tal de salvarla. No, ahora iba a luchar por ella, por nosotras.
En un abrir y cerrar de ojos llegue, aparque el auto y prácticamente corrí hacia el interior del hospital. Me costaba respirar, el ambiente frio más el olor a alcohol o esterilizante me dio nauseas. Trague el nudo que se había formado en mi garganta para poder hablar de una vez por todas.
-Disculpe –la señorita que se encontraba en lo que sería la recepción me vio de manera neutral provocándome más nervios de los que ya tenía –busco a una paciente… Camila… Camila Cabello –mi voz se cortó al decir su nombre.
Otra vez regresaban los nervios. Asintió, tecleo el nombre en el ordenador que tenía frente a ella, regreso la vista hacia mí y me indico que fuera al área de cuidados intensivos. Esto no era bueno, un escalofrió recorrió mi espina dorsal. Me dirigí al ascensor, pulse el botón para que bajara pero no llegaba y mi paciencia no existía en estos momentos, así que subí corriendo las escaleras. Solo era un piso, pero se me hizo eterno. La necesidad por saber cómo se encontraba Camila, me estaba matando. Al llegar al piso vi como un doctor salía de detrás de las puertas de esa área prohibida para mi paso libre, así que corrí para detenerlo.
-¿Usted puede decirme como esta Camila Cabello? –pregunte de golpe, tomándolo por sorpresa.
-¿Es usted familiar de la señorita? –típica pregunta, conteste de la única manera en la cual sabría me darían toda la información que quería.
-Sí, soy su novia –mi corazón golpeo fuertemente contra mi pecho al decir esas palabras.
-Está bien –dijo mientras me dirigía hacia una pequeña sala de espera, haciendo que me sentara –no voy a mentirle, la señorita Cabello está entre la vida y la muerte. Tiene dos costillas rotas y una pierna rota –Suspire un poco en alivio, no era tan malo ¿Cierto? –Desgraciadamente, eso es lo de menos. La presión del golpe que el auto recibió más la que el cinturón de seguridad provoco en ella, hizo que tuviera una hemorragia interna. Perdió demasiada sangre y no encontramos donante.
-¿Qué tipo de sangre es? –Mi voz apenas logro salir.
-AB –simplemente dijo.
Mi mundo se derrumbó al escuchar esas dos letras, yo no era compatible y solo conocía a una persona que tenía ese tipo de sangre. Nat, pero ella estaba enferma. Sin darme cuenta las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro. El doctor intento consolarme pero era en vano. Solo nos quedaba esperar a que apareciera un donante.
-¡Dios mío! Por favor, no te la lleves, a ella no –susurre con el corazón en la Mano

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EPÍLOGO.

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:36 am

EPÍLOGO.
Otro año más sin ellos.
Jamás sería fácil regresar a este lugar y ver sus lapidas juntas. Cada vez que entraba por la puerta principal del cementerio siento como un frio y helado escalofrió recorre todo mi cuerpo, desde la punta de mis pies hasta la parte trasera de mi cuello, atravesado por completo mi columna vertebral.
Pero es curioso, como a la misma vez, siento paz. Perdí tanto que me sentí sin rumbo fijo durante mucho tiempo, desperdiciando mi vida, pero al mismo tiempo gane. Sí, gane más de lo que pudiera creer. Suspire tristemente al ver de nuevo sus lapidas, para luego contestar el celular que comenzaba a sonar en mi mano.
-Hey Lolo…-escuche la voz chillona de Vero del otro lado –Dice Lucy que si a qué hora tenemos que estar en tu casa –sonreí.
-En un par de horas, quiero estar un rato más aquí y luego regreso a casa– afirme.
-Está bien, nos vemos –y sin más colgó.
Regrese mi vista a las lapidas, pase mi mano libre por las letras grabadas en la piedra mientras una silenciosa lagrima caía por mi mejilla.
-Creo que en mi condición no fue demasiado inteligente venir sola – escuche una voz detrás de mí. Sonreí.
-Sí, bueno, te lo dije –dije mientras me levantaba para ayudarle a llegar hasta donde yo estaba.
-¿Y por qué no me convenciste de dejar que me acompañaras? –se defendió.
-Tú fuiste quien insistió en venir sola, yo estaba dispuesta a ayudarte a bajar del auto y caminar a tu lado hasta llegar aquí para que no se te hiciera difícil –sonreí al ver su cara.
-Quería que tuvieras tu momento a solas con ellos, además, estoy nerviosa–confeso –Voy a conocer a tus padres por fin.
No sé si fue la emoción del momento o lo que dijo, pero la abrace fuertemente, provocando que se tambaleara un poco a causa de las muletas. La abrace y no pude controlar el sollozo que salió desde lo más profundo de mi pecho. Dejo caer las muletas y se abrazó a mí también. Acariciando mi espalda para intentar tranquilizarme.
Hace un año estuve a punto de perderla, sino hubiera sido por Vero, Camila no estaría conmigo. Me separe solo un poco para poder verla directamente a los ojos y sonreír nuevamente.

Flash back
Mis manos temblaban y lágrimas sin control caían por mis ojos mientras esperaba a que ocurriera algún milagro que salvara a Camila. Realmente no recuerdo cómo es que fui capaz de hablar con Alexa para avisarle donde estaba, simplemente sé que le marque y le pedí que viniera.
-¡Lauren! –escuche que gritaron mi nombre.
Levante el rostro y mire a mis amigas quienes venían corriendo para encontrarse conmigo. Alexa me envolvió entre sus brazos y por fin me derrumbe. No podía más, ya había perdido a mis padres, a mis hermanos, había encontrado al amor de mi vida y por culpa del mismo idiota que mato a mis padres, estaba a punto de perderla. ¿Por qué la vida se la había tomado conmigo?
¿Por qué?
Temblé en sus brazos, estaba teniendo algún tipo de ataque. No recuerdo que paso después, simplemente que desperté en una camilla con la mano de Lucy sosteniendo la mía.
-¿Qu-ué paso? –susurre, no encontraba mi voz.
-Tranquila, todo está bien –sus ojos estaban algo cansados, pero no mostraban ninguna señal que pudiera utilizar para guiarme y saber que había pasado.
-Por favor Lu, dime que paso –solloce, lo único que me importaba era saber sobre Camila.
La vi suspirar y justo cuando abrió la boca para decir algo, la puerta del cuarto en el que me encontraba se abrió, dejando ver a una chica en una silla de ruedas, siendo conducida por otra. Un momento de lucidez llego a mí y por fin pude reconocer a ambas. Eran Vero y Alexa.
-¿Qué te paso? –pregunte asustada.
Ninguna hablo y de un momento a otro mi mente comenzó a trabajar sin control. Ya había perdido a mis padres, mis hermanos, seguro también Camila había fallecido, y ellas tal parecía que al estar cerca de mí, sus vidas corrían peligro.
En menos de un segundo mi cerebro ya había recreado mil y un escenarios para acabar con mi vida, para dejar de poner en peligro a mis amigas, a la poca familia que me quedaba y así poder reunirme con quienes tanto amo.
-¡Auch! –me queje. Vero me había dado una cachetada.
-¿Qué? No me vean así, comenzaba a darme miedo… ¿No vieron como sus ojos estaban perdiendo brillo? Ella planeaba algo malo –se cruzó de brazos. Realmente me sorprendió la manera en cómo pudo leerme perfectamente.
-¿Es eso cierto? –voltee en dirección a Alexa.
Simplemente baje la mirada, mis ojos se llenaron de lágrimas otra vez
–Ya perdí a mi familia por culpa de un idiota, perdí al amor de mi vida por culpa de ese mismo idiota y al parecer, las personas que están cerca de mi corren peligro –señale con la cabeza a Vero –No qui…
Escuche como precisamente la chica que estaba en la silla de ruedas soltaba una carcajada, recibiendo una mirada feroz de parte de las otras dos y una mirada perdida de mi parte.
-Lo siento, lo siento –levantaba las manos en manera de rendición, pero no borraba la sonrisa de sus labios.
Nadie decía nada, no sé si esperaban a que continuara mi relato o buscaban la manera de decirme lo que yo ya había intuido.
-Camila está viva –soltó de repente.
-¡Verónica! –le reprocho Lucy.
-¿Qué? Ustedes no le decía, y ella ya estaba a punto de decirnos que se iba a suicidar –se cruzó de brazos.
La confusión me golpeo tan duramente que no sabía si lo que Vero había dicho era verdad o parte de mi imaginación.
-¿Qu-ué… qu-ué diji-jiste? –tartamudee.
Lucy volvió a sujetar mi mano, ahora con un poco más de fuerza y una sonrisa en sus labios.
-Tranquila, ¿Ok? Deja de pensar tonterías –intento tranquilizarme.
-Esta estúpida –Alexa señalo a Vero mientras hablaba –no tuvo ningún accidente por tu culpa, ella le dono sangre a Camila y ahora está fuera de peligro –dijo con una sonrisa en los labios.
No sé cómo explicar lo siguiente, simplemente recuerdo ponerme a llorar aún más fuerte, levantarme y tirarme a los brazos de Vero, haciendo que la silla se moviera y casi cayéramos al suelo las dos.
-Pero… ¿Por qué estás en una silla? –pregunte mientras me secaba las lágrimas.
-Me gusta ser un poco dramática –dijo mientras me guiñaba un ojo.

Mis manos sudaban, mis rodillas temblaban y la cabeza aun me dolía un poco después de todas las emociones fuertes que me habían ocurrido en las ultimas 24hrs, mi corazón golpeo fuertemente dentro de mi pecho, pero juro que podía sentirlo detrás de mis oídos.
Temblando gire el pomo de la puerta, mi corazón se detuvo al verla conectada a algunas máquinas, al reconocer como ese pitido que sonaba era el hermoso latir de su corazón. Lentamente me acerque hasta ella, tome con cuidado su mano y la bese suavemente.
No pude controlar las lágrimas que cayeron a continuación. Un escalofrió recorrió todo mi cuerpo cuando sentí como esa pequeña y lastimada mano que tenía entre las mías, se sujetaba a mí con fuerza. Levante el rostro para encontrarme con sus ojos marrones llenos de vida, como si este accidente la hubiera hecho renacer.
-L-Lau-uren… -intento hablar pero la calle.
-Shhh… tienes que descansar –junte mi frente con la suya.
-Ne-nece-sito –trago saliva –decirte… algo –me mataba verla de esta manera.
-Bebé… por favor –suplique, no quería que se hiciera daño al hablar.
Nuestras frentes aún estaban juntas, cuando sentí su mano acariciar mi mejilla. Acune mi rostro en ella mientras le dejaba un beso. Intente con todas mis fuerzas controlar mis lágrimas, pero era en vano.
-No llores… -susurro aun con trabajo.
-Estuve a punto de perderte –tenía un nudo en la garganta en cuanto lo dije.
-Aquí estoy… no me perderás –otra vez ese brillo en sus ojos.
No me controle y con la mayor delicadeza que alguna vez pude tener, bese sus labios. Entregándole mi corazón. No me importaba su pasado, no me importaba si había estado con ese idiota, lo único que me importaba era que a partir de ahora, ella y yo estaríamos juntas.

Su proceso de recuperación fue difícil, tener dos costillas rotas y una pierna lo complicaba mucho. Tenía días bueno y malos, otros en los que Camila quería romper todo por el dolor, o yo deseaba con todas mis fuerzas golpear algo para sacar la frustración que sentía por verla así, lastimada. Pero estoy orgullosa de decir que nunca nos rendimos, juntas salimos adelante.
Me conto como conoció a Michael, él se había encargado de pagar todo el tratamiento de su hermana pequeña, pues estaba enferma, y con eso logro enamorarla o más bien, hacer que ella se sintiera con la obligación de estar con él, confundiendo agradecimiento con amor.
También me conto como se había enterado que por su culpa mis padres habían muerto, gracias a la llamada que Nat tuvo con él. Ella quería avisarme, pero cuando intento hacerlo, Michael la descubrió y fue cuando el accidente paso, pues la policía de Miami ya lo había identificado y encontrado.
Recuerdo como mis puños se cerraron hasta quedar blancos. Ella simplemente se acercó a mí, acaricio mis manos y me beso tiernamente. Ella, solamente ella podía controlarme, me hacía bien.
Flash back

Después de ese abrazo largo, le ayude a que se acercara hasta donde estaban las lapidas de mis padres y hermanos. Dentro de una semana dejaría de utilizar la férula y podría caminar sin las muletas. Nos sentamos sobre la hierba y me sorprendió lo que hizo.
-Hola, soy Camila –sonreía mientras le hablaba a mis padres como si ellos estuvieran presentes, un nudo comenzó a formarse dentro de mi garganta –Desde hace mucho quería presentarme con ustedes, pero como pueden ver, tengo una cosa fea en mi pie y se me hacía difícil venir hasta aquí sola, además soy demasiado torpe seguro me caería ante ustedes y creo que eso no sería lo mejor para la primera vez que nos viéramos –ambas reímos quedo con lo que dijo –Quiero que sepan que amo a su hija y que mientras ella me quiera, no estará sola nunca más –volteo a verme mientras sujetaba mi mano –Prometo amarla y respetarla por el resto de mi vida, cuidarla y protegerla como el tesoro más grande, también les prometo que un día tendremos unos pequeños Jauregui’s que correrán por toda la casa y sabrán de lo mucho que ustedes la amaron y la aman aun –sonrió, mientras un leve rubor subía a sus mejillas –No le estoy proponiendo matrimonio en este instante, espero que ella me lo proponga a mí –susurro hacia sus lapidas como si les contara un secreto – pero les prometo que mientras yo viva, la hare la mujer más feliz. Porque ella me hace feliz…
No pude más, me arroje a sus brazos llorando por todo lo que había dicho. No sé si habré alucinado, pero mientras las lágrimas caían por mis mejillas y Camila me sostenía en sus brazos, a lo lejos pude ver la silueta de las cuatro personas que tanto amo y siempre estarán en mi corazón, sonriéndome.
Mi madre tenía una sonrisa en su rostro, mi padre sostenía su mano mientras asentía con la cabeza y sonreía de igual manera. Taylor estaba abrazada a mi papá y tenía ambos pulgares arriba, su sonrisa era radiante como la de Chris quien estaba del otro lado, abrazando a mamá, él solo me guiño un ojo y asintió igual que papá.
Luego de eso, los cuatro se dieron la vuelta tomados de la mano y comenzaron a caminar, mis lágrimas no me dejaron ver lo siguiente, pero cuando los busque con la mirada por todo el lugar ya no estaban y solo podía sentir esa tranquilidad.
-Ellos te quieren –susurre mientras me escondía en el cuello de Camila.
-Es bueno saberlo… -sonrió.
Estuvimos sentadas un rato más, mientras ella les contaba anécdotas graciosas que habíamos vivido las dos en este año, o simplemente nos quedamos en silencio viéndonos hasta que llegó el momento de irnos.
-Es hora… -susurre.
-Está bien –me sonrió mientras le ayudaba a que se levantara.
Tomo sus muletas y comenzamos a caminar de regreso al auto para dirigirnos a casa y esperar que Lucy, Vero y Alexa, no quemaran toda la comida, como siempre ocurría. Creo que por fin podría tener una vida tranquila a su lado, ella es ese ángel caído que vino a salvarme. Ambas estábamos rotas de alguna manera, pero juntamos nuestras alas para volver a volar


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Re: FALLEN ANGEL por Camrenarg

Mensaje por Admin el Mar Jun 14, 2016 2:52 am

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Re: FALLEN ANGEL por Camrenarg

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