I cant change por Freedom19987

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Epílogo.

Mensaje por Admin el Jue Sep 01, 2016 8:17 pm

Sólo pensaba en qué ocurriría cuando cruce esa puerta. Había pasado una semana en la que no había podido visitarla por trabajo y me aterrorizaba lo que podía llegar a ocurrir. A su edad esto no era común y es un caso raro pero es lo que hay.
El doctor le había dicho que es común en los pacientes con esa enfermedad, que pierdan la memoria por momentos y cuando se agravan olviden ciertos aspectos de su vida. Era ése el motivo por el cual había sido internada, había olvidado su propia casa y terminó pérdida. El equipo médico haría unas pruebas y algunas terapias, de todo antes de dejarla en un internado. No quería eso, la simple idea de dejarla me hacia sentir asco y miedo. Miedo pues no sé quien soy cuando ella no está.
Había empezado con cosas pequeñas como el nombre de las cosas, luego con las palabras, después de las personas, el nombre de su propia hija y sus padres pero siempre se acordaba de mí. Aún así había la posibilidad de que me olvide. Anna había tenido paciencia con su mamá, la había cuidado cuando yo no podía e incluso dejó el trabajo por ella. Pero no pudo soportar cuando su mamá empezó a desconocerla. No culpo a mi hija, sé que fue doloroso para ella y por eso prefirió ayudarme económicamente pues el medicamento era caro. Anna aún nos visita cuatro veces por semana pero ahotienemás más cosas que hacer, empezando por su embarazo. Se casó hace tres años y su matrimonio se vio interrumpido por la enfermedad que hizo que tenga que mudarse otra vez con nosotras a cuidar a mi esposa.
-¿Está lista? - el doctor pregunta y yo sólo asiento con la cabeza. No tengo voz en este momento.
Abre la puerta y la veo de pie viendo hacia la ventana, de espaldas a mi. Lleva su ropa puesta y su maleta está sobre la cama. Su cabello castaño ha crecido un poco y sé que se enojará si la no la llevo a cortárselo. Ella da la vuelta hacia mí y sonríe.
-Lou- dice mi nombre y puedo respirar. Sabe quién soy, no me olvidó.
Camino hacia ella y lloro cando me abraza con fuerza. Anna sigue siendo más alta que yo y me aferro a su pecho donde escucho su corazón palpitar.
-¿Qué haces aquí? - me pregunta y me hace dudar- pensé que mi mamá vendría a recojerme.
Su madre está muerta. Ella no lo recuerda y yo no tengo corazón para decírselo.
-Amor, vamos a casa, ¿si?
-¿Amor?- se escucha confundida y no entiendo por qué - Lou, ¿desde cuando eres tan cariñosa?
-¿Qué?
-Louise, amiga creo que te fumaste algo- sonríe y yo no levanto mi rostro de su pecho.
Amiga.
Me recuerda como su amiga, no como su esposa. No puedo creer que recuerde esos años de amistad que son nada comparados a los 25 años juntas como esposas. No puedo creer que no sepa con sólo mirar su anillo, que fui yo quien lo colocó ahí. Ella olvidó todo lo bueno que ha sido nuestro matrimonio y el amor que siente por mí.
-Sé que tengo alzheimer, me lo dijo el doctor y necesito que me digas con quien carajos me casé porque no lo recuerdo - ella lo dice en risas como si fuera algo gracioso pero no lo es, es doloroso.
No digo nada y me separo de ella. Sus ojos me sonríen y sus pequeñas arrugas se hacen presentes. Su cabello un poco canoso me hace recordar su edad, siempre la olvido pues su forma de ser no ha cambiado. Sigue siendo la misma.
-¿Vienes conmigo?- le pregunto y ella me sonríe. Toma mi mano y agarra su maleta.
Salimos y le agradezco al doctor por su atención. Me recuerda la fecha de la próxima cita y sólo finjo escucharlo. Mi mente está en otra cosa.
En el camino Anna me cuenta de los recuerdos que tiene. Algunos aquí, otros en diferentes países a los que fuimos. Dice recordar a una niña y me pregunta si tiene hija, yo sólo esquivo el tema y ella se distrae fácilmente. En más de dos ocaciones se detiene en medio del relato y me pregunta qué estaba diciéndome, lo olvida y comienza con una nueva historia.
Cuando llegamos a casa y ella se sienta en el sofá, siento que todo puede ir bien. Que con ella aquí esto es un hogar, y que este es mi lugar. No sé como decirle que nos casamos y que llevamos juntas mucho tiempo, tengo miedo a que me rechace y diga que sólo me quiere como amiga pero yo sé que el amor que siente por mí, jamás lo dejaría de sentir. Ella misma me lo prometió.
-¿Quieres comer algo?
-No, no confío en tu comida- me bromea y voy a la cocina para servir la comida.
Mientras coloco los platos no puedo evitar sentir dolor. Estoy agradecida de que sepa quién soy pero duele mucho el que no sepa que soy su esposa. No sé si siente lo mismo por mi como para decirle que es el amor de mí vida y yo el de la suya. Tengo miedo de que decida irse a cualquier otro lugar.
-No te voy a internar- le dije llena de rabia y enojo. ¿Cómo me pedía que la deje? ¿Cómo podría pensar en dejarme? ¿Por qué tenía que ser tan testaruda?
-Amor, sé que prometiste cuidarme siempre pero yo no quiero ser una carga para ti. Ahora olvido cosas pequeñas pero cuando olvide cómo llegar a casa, comer o ir al baño, ¿qué harás? Te amo y no quiero esto para ti.
-ME IMPORTA UNA MIERDA QUE NO QUIERAS ESTO PARA MI. YO LO QUIERO PARA MÍ Y TÚ NO DECIDES POR MÍ- nunca había gritado. Jamás, ni en nuestras peores peleas y ella estaba sorprendida por mí acción. - no voy a separarme de ti. Jamás, ¿entiendes?
Ella se quedó en silencio, mirándome a los ojos y luego su mirada se dirigió a su mano apoyada sobre la mesa. Se sacó el anillo de matrimonio y lo dejó frente a mí.
-Quiero el divorcio- dijo con una seriedad increíble. Me miró a los ojos sin dudar de sus palabras y esperó en silencio a que le responda.
-No lo quieres. Sólo quieres que no sufra y esta no es la manera- me contuve de llorar y gritarle cosas hirientes para que sintiera lo que sentí ante esa frase, 22 años juntas y a la mierda por su capricho.
-Quiero el divorcio porque ya no te soporto, no te amo más y si sigo contigo terminaré volviéndome loca. Louise, gracias por todo pero hasta aquí duró.- se puso de pie y se retiró de la casa.
Escuché la puerta cerrarse y corrí detrás de ella. Anna caminaba por la calle con la cabeza agachada y sus manos en sus bolsillos. No la dejaría ir. La alcancé y ella dio la vuelta. Sus ojos rojos y en lágrimas me miraron y pidieron perdón. Sólo la besé para sanar sus heridas y las mías, dejándole saber que no me importaba cuán difícil seria todo, yo seguiría a su lado.
-No me dejes nunca- me pidió después del beso- yo te amo y no quiero que me dejes otra vez
-Anna, jamás en tu puta vida me pidas el divorcio
-No lo haré. Sé que olvidaré muchas cosas pero el amor que tengo por ti, jamás lo olvidaré. Te lo juro.
-¿Por qué lloras? - escucho a Anna y seco mis lágrimas con rapidez.
-No lloro- le digo y pongo los platos en la mesa. Sonrío ante el recuerdo de la obsesión de Anna por "bautizar" nuestra mesa.
-Lou, amor, dime- su voz es suave y me rompe aún más
-No me digas amor- le pido
Ella me mira con gracia y se sienta en la mesa. Tomo asiento a su lado y empiezo a comer. Hice su comida favorita, lasagna y solía gustarle la manera en la que yo la preparaba.
-¿Cuando planeas decirme que estas casada y tienes una hija?- me dice mientras yo como.
-Me estoy divorciando- le miento y ella señala mi anillo. Lo tengo ahí aún. - no me lo puedo quitar, no lo sé. Y mi hija tiene 21 años, se llama Anna.
-¿Anna? Dios pobre niña - ella ríe y me contagia su risa - por cierto, ¿ con quién estoy casada? Tengo un puto anillo y no tengo idea de quién me lo puso ahí, ¿sabes lo horrible que es?
-Si, lo sé. Y no sé con quien te casaste.No te veía hace años.
-Eso es mentira, recuerdo haber pasado navidad contigo- insiste
-Si pero viniste sin él
-¿Él? ¿Me casé con un hombre? No esperaba eso- está confundida y niega con la cabeza.- me casé con una mujer. Me gustan las mujeres no los hombres. Yo recuerdo haber hecho el amor con una mujer.
-Anna, ¿puedes dejarlo así?- no tengo la fuerza necesaria para escucharla o inventar una mentira.
Ella se queda en silencio y come. Sé que lo más fácil hubiera sido separarnos pero no quiero lo fácil, ella vale todo este sufrimiento. Su amor lo vale. No importa que no recuerde nuestro amor, al menos sabe quién soy y debo de estar agradecida por eso. No podría imaginar el dolor que sentiría si no me reconociera, lo vi en los ojos de mí hija y me rompió por dentro.
-Louise
-Anna- sonrío ante esto pues siempre lo hacíamos
-Quiero ver a mi hija. Sé que tengo una, recuerdo a una bebé.
¿Cómo podré explicarle todo? ¿Inventaré más mentiras? No puedo responder sus preguntas pero tampoco pedir que no las haga. El doctor me dijo que es bueno que ella sea consciente de su enfermedad pues así puede entender los vacíos de su mente. También me recomendó decirle la verdad ante todo pero no puedo hacerlo, no sé cómo.
No digo nada y me retiro a la que solía ser nuestra habitación. El lugar aún mantiene su olor, ese perfume que tanto amaba. La cama que escogimos juntas, el edredón que nos regaló J, las tantas almohadas que le gustaba tirar al piso. Los cuadros de fotografías que J nos tomó a pedido de Anna, los dos armarios con nuestra ropa, mas mía que suya. El gran espejo que ella colocó en la pared sólo por capricho. La tv frente a nuestra cama en la que veíamos series hasta tarde.Su librero que apenas y tiene espacio para un libro más. Todo está lleno de recuerdos que ella no recuerda.
No puedo dejarla ir sólo porque duele. Sé que sería peor si no la tuviera en mi vida. Aunque es prácticamente así. No será lo mismo despertar por las mañanas y que ella me bese y retenga en la cama. O hacer el desayuno juntas y que ella me lleve al trabajo y me bese antes de irse. Tampoco sus escenas de celos cuando algún hombre me miraba demasiado.
Mucho menos dormir en sus brazos después de haber hecho el amor con pasión y con más amor del que cualquiera pueda imaginar. Una parte de ella se ha ido.
-Lou- ella ingresa a la habitación y yo meto mi cabeza entre las almohadas, no quiero verla - sé que es duro para ti responder mis preguntas y aún más tener que cuidarme. No tienes que hacerlo, sólo dejame y yo estaré bien, no quiero ser un peso para ti.
Otra vez la misma discusión.
-Anna- quito mi cabeza de entre las almohadas y la veo parada en la puerta, está mirando todo el lugar y sé que mirará los cuadros. Debí sacarlos.
Ella camina hacia mí y se recuesta en la cama, a mi lado. Me mira a los ojos y sonríe, haciéndome olvidar todo el sufrimiento que tengo. Se acerca a mí y me besa. La beso sin temor y sin guardar mis sentimientos hacia ella, la amo y no puedo ocultarlo. Tampoco puedo esconder mi necesidad de sus labios y la muerdo como sé que le gusta. Ella gime en mis labios y sus manos descienden temerosas por toda mi espalda. Para ella se siente como la primera vez, para mí es diferente... Es algo que ocurría todos los días pero el amor, no se va.
Ella se separa de mí y abro los ojos, Anna está llorando.
-Debiste decirme que estábamos casadas. Y que teníamos una hija.
-¿Cómo lo descubriste?
-El doctor me dijo que mi esposa me llevaría a casa. Y apareciste tú, fue aliviante, yo pensaba con qué loca me habré casado- bromea para continuar- además, las fotografías de la sala y las de aquí. Y... escribí una carta para ti, la he visto y leido, no recuerdo haberla escrito pero esa es mi letra.
Yo sólo prefiero callar. No sé que decir o hacer.
-Cuando te vi, tuve esa necesidad de besarte y mi corazón latía a mil y sentía nervios cuando me abrazaste. Después cuando me dijiste que te divorciabas, pensé que de verdad te habías casado con alguien más y estaba muriendo de celos. Tengo recuerdos, de una boda pero es muy borroso y de una bebé y... - se queda en silencio y empieza a llorar - Louise, ¿de qué estábamos hablando? No recuerdo, yo...
Así suele pasar, en un segundo pierde la línea de la conversación. Ese es el principal motivo por el cuál tuvo que dejar el trabajo.
-No te preocupes amor. Estás en casa
-No, estoy contigo.
Sus ojos son tan jóvenes para mí, ella es la misma y aunque esta enfermedad me haga sufrir, el verla sonreirme y sentirla a mi lado, me hace feliz.
-Louise, te amo tanto
-Y yo a ti, eres mi vida Anna. Tú y mi hija.
-Nuestra hija, ¿no? Supongo que la criamos juntas. Pero... ¿Cómo la tuvimos? ¿Cómo es que tu y yo estamos casadas? ¿hace cuánto estamos juntas? ¿Cómo empezamos a salir? Me gustabas mucho pero no quería decirte por temor y no imagino cómo estamos aquí.
-Anna, tu yo tenemos una larga historia.
-¿Me la contarias? - pregunta con entusiasmo.
-Cada vez que quieras, durante los años que viva amor mío.


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Carta de Anna a Louise

Mensaje por Admin el Jue Sep 01, 2016 8:18 pm

Mi amada esposa:
Llevo dos días aquí y ya estoy muriendo sin ti. ¿Sabes lo horrible que es dormir en una cama sola? ¿El dolor que siento al no besarte en las mañanas? ¿Lo difícil que es recordar quién soy cuando no estas conmigo?
La mayoría del tiempo tengo pequeños episodios que anoto en una libreta que después pienso enseñarte. La leo ahora mientras te escribo y hay un nombre presente, de una chica llamada J, también de una niña que no recuerdo su nombre pero escucho su voz por momentos. También hay lugares que no conozco pero veo cuando cierro los ojos, no recuerdo eso pero está escrito y confío más en la libreta que en mí misma.
Te extraño tanto mi Louise. Llevo todo lo que me escribes siempre, la mayoría del tiempo estoy leyendo y el doctor dice que eso ayuda a mi enfermedad, no la cura pero sí la retrasa. Supongo que es bueno, no lo sé. Me mencionas que estás trabajando y por eso no puedes venir y no hay problema, sé que soy un peso más para ti y no sé como separarme de ti. No quiero hacerte sufrir más.
Me duele que a veces olvide como era nuestra casa o incluso la puta dirección. La mayoría del tiempo me la paso pensando y a veces olvido lo que estoy pensando y lloro porque sé que tenia algo en mente y es frustrante no saber qué era.
Sé que estoy empeorando. Lo sé y es lo que más me aterra. Me dijiste que tu mayor temor era de que te olvide y dejame confesarte que también temo lo mismo. Tengo miedo de olvidar mi felicidad, que eres tú. Sin ti, ¿a dónde iría? ¿Quién sería yo? Estaría perdida.
No sé como es que terminamos juntas, no lo recuerdo pero sé que es lo mejor que me pudo pasar. Puedo recordar aquella noche cuando hicimos el amor por primera vez, el simple recuerdo me trae emociones y sensaciones extrañas, es como si lo reviviera y tener tus palabras en mi mente, me hace sentir segura.
Sabes que te amo. Nunca lo olvides y si fuera por mí, no te haría pasar por esto pero sé que me buscarías hasta el fin del mundo y yo me dejaría encontrar porque tu eres mía y yo tuya soy. Leo constantemente lo que me escribes, cómo fue nuestra boda, que tenemos una hija, cómo nos mudamos y la manera en la que pasamos nuestros primeros años de matrimonio. Me dices que tu recuerdo favorito era que todos los lunes llegaba con un ramo de rosas para ti, todos, sin falta alguna y quisiera poder hacerlo ahora pero no sé si sea capaz de recordarlo.
Odio hacerte esto. Odio que tengas que vivir conmigo así y que debas cuidarme. No estas viviendo tu vida a plenitud y me siento culpable de todo. Si hubiera sabido de esto cuando nos casamos, hubiera dicho que no. No lo sé, realmente odio todo esto. No lo mereces.
Te amo mucho, más de lo que puedo comprender y asimilar. Es magnífico haberte conocido y encontrado. Todo lo bueno que me pasó fue gracias a ti y soy feliz, a pesar de todo esto, soy feliz porque estas a mi lado y espero que seas feliz a pesar de esta mierda porque no me dejas separarme de ti.
Mi Louise. Te amo con mi vida y espero no olvidarte jamás y si lo hago, bésame para recordarte. Tus labios siempre serán mi perdición.
Es genial vivir la gran aventura que es la vida a tu lado. Tú haces que todo sea mejor, incluso olvidar.
Te amo ¿si? No lo olvides, incluso si yo lo hago



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