Mi Otra Mitad por Otam

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Mi Otra Mitad por Otam

Mensaje por Admin el Dom Dic 04, 2016 8:11 pm

Autor: Otam



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Re: Mi Otra Mitad por Otam

Mensaje por Admin el Dom Dic 04, 2016 8:12 pm

Cuando te conocí me sentí la persona más afortunada del planeta tierra y como no me iba a sentir de esa manera, no tenía idea, aunque crecería a tu lado, lo recuerdo como si hubiera pasado algunas horas atrás, en el jardín de infancia. Tú con esa cara que me lograba transmitir seguridad, mientras yo por mi parte comenzaba a dejar escapar unas lágrimas por la falta de información de mi madre, solo una cosa lo tenía claro ese pequeño uniforme significaba “Estudios” pero no era a eso lo que realmente temía, por el contrario estaba emocionada por que comenzaría a aprender cosas nuevas, mi cerebro estaría dispuesto a llenarse de todo tipo de información, claro que mi madre jamás menciono que tendría que asistir sola y era algo que sin dudarlo me causaba terror.
El miedo invadía cada centímetro de mi cuerpo, casi al mismo tiempo de mirar partir a mi madre del salón de clases, mis piernas, mis manos y creo que algunas partes de mi rostro comenzaban a temblar como si tan solo esa mujer que con mucho amor me trajo al mundo me había abandonado. La espeluznante idea no la soporte y mis lágrimas hicieron su incesante aparición. Desde muy pequeña siempre fui reservada o mejor dicho desde que tengo uso de razón, incluso a la hora de llorar no era de mi agrado que extraños me miraran mientras lo hacía y fue allí cuando camine tambaleante por el temblor de mis piernas hasta una de las esquinas del lugar, quería huir o simplemente alejarme de todos los que serían mis compañeros de clases. Al llegar a mi destino coloque ambas manos en mi rostro para solo dedicarme a llorar, en silencio sin ningún tipo de escándalo, buscaba en mis pensamientos una explicación que justifique el abandono de mi madre, seguramente en alguno de mis recuerdos estaría el momento indicado donde mi progenitora me explicaba cariñosa que el paso que estaría a punto de dar lo tenía que hacer sola, pero no lo encontré y la inseguridad creció.
-Hola mi nombre es Dulce –Mira como Anahí aparta ambas manos de su rostro- Porque estas llorando?
-Limpio mis lágrimas- Porque no sé qué hago aquí, mi mama se fue y temo que no regrese –Baje la mirada
-No llores, ella va a regresar, solo pasaremos unas horas aquí o eso fue lo que me dijo mi mamá –Recordó- ¿Cómo te llamas? –Sonríe Dulce
-Anahí, ese es mi nombre –Miro a Dulce
-Bueno Anahí no tienes por qué preocuparte, piensa en lo mucho que nos vamos a divertir. Y si tu mama no regresa, tampoco te preocupes mi cama no es muy grande pero ahora que lo pienso las dos nos podremos acomodar bien allí- Afirma Dulce mirando a Anahí sonreír
Como aquel día una sonrisa se me dibuja en el rostro al recordar ese momento, desde la primera que te vi causaste en mí una gran curiosidad, no solo por esa seguridad al pronunciar cada una de las palabras sino también por esa mirada que logro transmitirme confianza. A partir de ese día nos volvimos inseparables, ambas teníamos cinco años y desde allí comenzamos la que sería la amistad más sincera y duradera de toda mi vida, cuantas travesuras hicimos en ese jardín de infancia creo que me resultaría difícil enumerarlas, siempre cómplices y confidentes, pobre de la persona que osaba en buscarnos cualquier tipo de pelea. Suelto una carcajada. Definitivamente esos puños y patadas algo descontroladas que me enseñaste, una tarde de visita en mi casa eran nuestra arma secreta.
Al llegar a la preparatoria teníamos el ligero miedo que las cosas cambiaran, como tú siempre me decías en tono burlón “Gran Error” nuestra amistad se volvía cada vez más madura, pero una que otra noche de películas en tu casa volvíamos a ser las pequeñas niñas de cinco años, comenzando la infaltable guerra de almohadas. Nuestros cuerpos a simple vista eran víctima del ya imparable desarrollo, recuerdo que tú fuiste primero teníamos preparada una especie de celebración para ese día, pero sin ningún tipo de ánimos te negaste a celebrar, decidiste esperarme a mí. Era oficial después de dos largos meses ambas dejamos de ser unas niñas para convertirnos en unas señoritas como tu madre nos explicó.
Siempre buenas estudiantes, dedicadas a sacar las mejores calificaciones y cuando una se agotaba de tantos trabajos o exámenes, la otra estaba allí para levantarle los ánimos con la deliciosa, merengada de chocolate.
-Dios mío, pero acaso es muy importante que yo aprenda la teoría del renacimiento- Dulce se quejaba cerrando un libro
-No, no, no señorita Espinoza no estoy preparada para escuchar excusas –Negó con la cabeza, mientras apartaba un libro de su rostro- Sabes perfectamente que este examen es importante –Comento Anahí
-Si lo se Annie, aunque creo que no me a ir muy bien –Confeso- Es muy largo y dudo mucho que lo pueda memorizar, es que si vieras la cantidad de palabras técnicas que utilizan me da dolor de cabeza de verdad- Explico Dulce
-Bueno señora dolores, es mi deber informarle que ese dolor de cabeza se debe a las ansias que tienes por una merengada de chocolate –Sonriente aplaudía Anahí
-A veces pienso que eres capaz de leerme la mente- Sonrisa de oreja a oreja
-En diez minutos te la traigo –Se levantó y señalo a Dulce con un dedo- Si no me dices que es el renacimiento, con el libro cerrado te juro que me la tomare yo sola- Amenazo Anahí
-Dulce abrió el libro- Tengo el presentimiento que esa merengada, será solo mía
Y las pijamadas en tu casa, a pesar de nuestros ya crecientes quince años aquellas historias de terror que nos contaba tu padre siempre provocaba lo mismo en ambas, la forma en que nos ocultábamos bajo el edredón de tu cama como si tan solo quisiéramos huir del miedo que sentíamos. O cuando por el contrario de escuchar a tu padre, solo soñábamos en voz alta con nuestro príncipe azul, como si pudiéramos planear todo lo que ese gran amor de nuestras vidas pudiera hacer para enamorarnos, incluso imaginábamos si tendría los ojos de color, su cabello, su piel hasta su voz. A pesar que únicamente eran sapos los que se nos acercaban, recuerdo que tú fuiste la primera en tener novio y como no iba a ser de esa manera si para tus quince años eras una niña hermosa, me sentí tan mal al saber que yo era la culpable de la ruptura con tu novio, aunque una parte de mi cuerpo celebro en silencio.
-Pero que le pasa a David, acaso es idiota o ¿qué? - Anahí levanto una ceja
-Quizás Annie, aunque si te soy sincera no me dolió ni un poco que rompiera conmigo –Aseguro- Prácticamente pretendía que solo estuviera a su lado todo el día, esos celos enfermizos por tu compañía tampoco los soportaba- Confeso Dulce
-Lamento que todo esto haya ocurrido, no te imaginas la vergüenza que siento Dul –Bajo la mirada Anahí
-Oye, oye no tienes que lamentar nada –Sonríe- Tu eres mi mejor amiga Annie, escúchame bien ni él ni nadie me va a separar de ti –Afirmo Dulce
-A pesar que tengas cincuenta años y sigas soltera- Sonrió tímidamente Anahí
-Soltera y con diez gatos como mínimo –Ríe- No me importa, siempre estaremos juntas- Aseguro Dulce
El baile de graduación fue espectacular, tu vestido negro y tu reciente cambio de color de cabello me dejo muda te veías tan perfecta, aunque ahora que lo pienso bien sea negro o rojo me gustabas igual. Marcamos la diferencia ese día, mientras todas las chicas morían porque algunos de nuestros compañeros las sacaran a bailar tu y yo solo nos dirigimos a la pista de baile, entre risas les enseñamos a todos los presentes como es que se mueve el esqueleto. Fue una noche especial, sin mencionar lo mágica, la forma en que me mirabas era como si no te atrevieras a decirme algo, cuando lográbamos estar asolas inteligentemente evadías mis preguntas.
La universidad llego a nuestras vidas sin previo aviso, a pesar de que ambas decidimos estudiar en la misma, nuestras carreras eran diferentes. Mientras yo estaba dispuesta a convertirme en una doctora estupenda, tú decidiste inscribirte para ser una publicista única. Nuestros horarios cada vez más resultaban complicados y sin siquiera planearlo la distancia de ambas apareció, pocas veces lográbamos ganarle al horario he inventabas cualquier excusa para no asistir a clases, cosa que me molestaba enormemente pero como me iba a oponer si tú siempre buscabas la forma de convencerme.
De tomar un café o platicar animadas unas tres veces a la semana, todo se redujo a un cruce de miradas en algunos de los pasillos de la universidad, yo comenzaba a trabajar de residente en un conocido hospital y mis calificaciones sorprendían a toda mi familia jamás se imaginaron lo buena que iba a ser. Habían pasado tres años y nuestra distancia se hacía más larga, quise encontrar un escape dejar mis estudios atrás no soportaba tanta presión, realmente lo único que necesitaba era escuchar de tus labios un “No te rindas” pero en vez de eso no había nada, y fue allí que apareció el mi apuesto compañero de intercambio, directamente desde España cabello castaño, ojos azules y piel blanca la primera vez que lo vi debo aceptar que me sorprendí, parecía sacado de una caja de regalo educado, estudioso y muy cariñoso. Empezamos a salir, sus cumplidos me daban a entender que yo le gustaba, todas las mañanas al llegar a la universidad me estaba esperando con un detalle en sus manos ya sea un chocolate o una flor blanca extrañamente Matías ese era su nombre, sabia las cosas que me gustaban, en menos de dos meses comenzamos una relación amorosa.
Estaba a punto de graduarme, cuando por fin comencé a sentir cierta libertad en mis estudios cosa que me permitía recorrer toda la universidad con la simple intención de encontrar a la persona que llevaba meses sin ver, mi gran amiga. Tenía tantas cosas que contarle, quería que supiera que por fin encontré el príncipe que tanto soñé, quizás ella también había logrado encontrar el suyo y este día pasaría a ser una celebración, pero eso sí, exclusivamente de nosotras dos como cuando éramos niñas.
A pesar que yo estudiaba medicina y de la intolerable distancia, ya me había informado sobre el horario de Dulce, caminaba sonriente hasta el desconocido salón de clases y queriendo sorprenderla mi idea era esperarla allí adentro hasta que por fin comenzara la clase, sin saber que yo sería la sorprendida. Abrí la puerta de golpe, cuando mis ojos se abrieron como platos sorpresivamente no podía creer lo que estaba viendo, frente a mi tenia a mi amiga Dulce esa hasta ahora pelirroja en compañía de una profesora de la universidad, perdón que dije con una de las profesoras más conocidas de esta universidad, ambas ni siquiera habían notado mi presencia pues seguían besándose de una forma salvaje, Dulce la tenía pegada a una pared mientras atrevidamente le desabotonaba la camisa.
-Seño... ¿Señorita desde hace, cuanto usted está allí? –Pregunto la profesora, apartando a Dulce
-Acá, acabo de, de llegar –Nerviosa hablo Anahí
-Annie, yo te puedo explicar –Dulce miraba a Anahí
- ¿Explicar? Y quien es ella para que tú tengas que darle algún tipo de explicación- Se quejó la profesora, mientras abotonaba su camisa
-Por favor Camila no empieces –Dulce frunció el ceño
- ¿Que no empiece? ¡Ja! Mira Dulce yo no soy una de esas niñas con la que tu estas acostumbrada a jugar, yo tengo treinta y dos años, además no olvides que soy tu profesora- Molesta hablo Camila
-Mejor me retiro, con permiso – Anahí salió del salón
Que significaba todo lo que mis ojos habían visto, no creo que lo más difícil de digerir fueron las palabras de la profesora Camila en que se había convertido mi amiga, que ahora la catalogan de jugar con “Niñas” no era una tonta, sabía perfectamente a que se refería la profesora al decir esa clase de comentarios. Caminaba hacia la salida de la universidad, necesitaba entender desde cuando Dulce se convirtió en homosexual y lo más importante no se supone que yo soy su mejor amiga porque jamás me llamo para contarme, por dios Anahí no puedes negar que ella jamás dejo de llamarte siempre eras tú la que nunca podías verla por los estudios. Estaba molesta de igual forma pudo mandarme un mensaje de texto, porque tuve que verla así besando a otra mujer, resople, no porque razón la tocaba de esa manera, ya basta era lógico saber lo que hubiera pasado entre ellas si tu no hubieses entrado. ¿Pero porque tenía que ser, con esa mujer? Me detengo rápidamente, ¿que me pasa?
-Annie, que bueno que te encuentro- Respiraba agitada- Creo que corrí por toda la universidad buscándote, será que podemos hablar- Dulce pregunto
-No tengo tiempo –Anahí comenzó a caminar
Tomo el brazo de Anahí- Me se tu horario de memoria, por esa razón sé que estas libre toda la tarde. Tu noviecito está en el hospital, así que no me vengas con esas excusas vamos a hablar te guste o no- Dulce afirmo
Aparto su brazo de Dulce- Primero que nada, no llames a Matías de esa manera es mi novio no lo digas en diminutivo, la verdad no te queda bien –Frunció el ceño- Segundo tu no me va a obligar a que hable contigo, tienes razón tengo libre la tarde así que no quiero perderla con charlas contigo. Porque mejor no vas y te terminas de tragar a la profesora Camila –Alzo la voz Anahí
No medí el tono de mi voz, recuerdo como las diferentes miradas de estudiantes nos observaban sorprendidos. No sabía que decir ni que hacer, está bien me molesto ver a Dulce en ese plan con la profesora Camila, pero mi intención no era divulgarlo mi comentario podía llegar al rector y sin pensarlo mucho expulsarían a mi amiga. Reí falsamente mientras aplaudía nerviosa, repitiendo en voz alta que era una broma para después apartarme del lugar lo más rápido que pude. La pelirroja no era fácil de vencer la conocía perfectamente, pienso al bajar del taxi que me trajo hasta mi casa solo espero que no me busque más y se quede con su cómo le podría decir “Novia” niego una y otra vez. Cierro la puerta de mi casa, y llamo como tres veces a mis padres, imagino que salieron subiendo las escaleras hasta llegar a mi habitación. Abro la puerta y al ver a Dulce sentada en mi cama, pego un leve grito por el susto.
- ¿Qué haces aquí? - Molesta hablo Anahí
-Tenemos que hablar, subí por la ventana como cuando era una niña ¿recuerdas? –Sonríe Dulce
-Ya te dije que no tenemos nada de qué hablar y claro que lo recuerdo, es mi deber decirte que ya tienes veinticuatro años Dulce ya no eres una niña te puedes matar sin mencionar el caso que te rompas algún hueso- Negando con la cabeza Anahí miro por la ventana
-Hablo la doctora Anahí Puente, me encanta como se escucha- Dulce confeso
-Vete por favor, de verdad no tengo ánimos de hablar quiero estar sola- Con rostro serio Anahí señalo la puerta
Se levantó- Ya entiendo, no quieres hablar conmigo porque piensas que me convertí en homosexual –Afirmo- Pues tranquila me voy, pero eso si antes te diré que soy homosexual desde que tengo uso de razón. Qué opinas siempre tuviste una amiga lesbiana y la verdad no siento vergüenza al decirlo, son peores los homofóbicos que existen que lastima que tú seas uno de ellos – Dulce camino hasta la puerta

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Re: Mi Otra Mitad por Otam

Mensaje por Admin el Dom Dic 04, 2016 8:12 pm

-Espera yo, yo no soy homofóbica simplemente que después de todos estos años me tenga que enterar así –Voz temblorosa- No entiendo porque razón no me dijiste, siempre pensé que te gustaban los chicos tú, tu, tuviste novios –Comento Anahí nerviosa
Volteo a ver a Anahí- Lo siento creo que jamás me atreví a decírtelo, temía que te alejaras de mí y claro tuve novios solo para que tu creyeras que era heterosexual como tú –Se sentó- Siempre he estado enamorada de ti Anahí, desde el primer momento que te vi en ese jardín de infancia cuando mi único propósito era que dejaras de llorar – Confeso Dulce
-No, detente por favor no lo hagas tu y yo siempre fuimos amigas –Nerviosa- No me confundas, no te lo permito yo, yo te respeto, pero no pienso caer en esto. Dulce yo te aprecio, pero como una amiga nada más, yo tengo novio y, yo, yo lo amo si así es lo amo muchísimo- Anahí hablo nerviosa
Se levantó y se paró frente a Anahi- Annie yo te conozco perfectamente, se cuándo estas mintiendo –Acaricio el rostro de Anahi- Dime una cosa ¿qué sentiste cuando abriste la puerta de ese salón de clases? - Dulce pregunto
-Yo, yo, na, nada –Anahi respondió temblorosa
- ¿Segura? Porque mira lo cerca que estamos ahora mismo, creo que podría escuchar los latidos de tu corazón desde aquí porque estas nerviosa Annie, acaso temes que yo pueda besarte- Dulce se acercaba lentamente
Anahi le dio una fuerte cachetada a Dulce- Lárgate de aquí, déjame en paz no te quiero volver a ver jamás
-Auch!!!- Acaricio su mejilla roja- Esta bien me voy te dejare en paz, pero antes de hacerlo te diré una verdad. Cuando Matías llego a la universidad, nos hicimos grandes amigos incluso le pedí ayuda para acercarme más a ti sabía que estudiarían juntos – Frunció el ceño- Ese idiota te dio todos los regalos que yo te mandaba, como si del cerebro asqueroso que tiene se le hubiera ocurrido. Todos esos chocolates, esas rosas te las compre yo, sabía que tenías muchas presiones encima Anahi –Bajo la mirada- Supongo que él jamás te lo dijo, adiós prometo que no me acercare más a ti – Dulce camino hasta la puerta
-Mi amor logre salir temprano, llegue en compañía de tus padres porque no van… - Matías entraba a la habitación
-Veo que esa cara de idiota jamás te va a cambiar – Dulce salió de la habitación
Después de verla partir de mi casa, le pedí a Matías una explicación de lo que Dulce me había dicho, como era de esperarse me lo negó por esa razón rompí con el de inmediato yo sabía que Dulce no mentiría jamás. Cada segundo mis lágrimas aumentaban, recordaba sus palabras su extraña confesión de amor lo que menos quería era sentirme confundida. Pero fue algo inevitable recordé desde el día que la conocí, todos los momentos que estuvo para apoyarme, todas las risas a su lado y sobre todo sus abrazos que eran expertos en aumentar mis energías siempre ha sido importante para mí, pero en qué momento paso a ser algo más. En medio de la noche lluviosa salí de mi casa, no soportaría su ausencia ya había sido suficiente toda la que creció desde que comenzamos la universidad. Recordé la dirección de su departamento, ella a diferencia de mí ya era totalmente independiente, ya estaba empapada de pies a cabeza pero eso no me impedía seguir con mi camino.
Por suerte alguien estaba saliendo del pequeño edificio y fue esa la oportunidad para entrar, subí por las escaleras hasta el piso dos y detallando todos los números de los departamentos encontré el “27” nerviosa me acerque, pero más temblorosa aun toque el timbre una vez.
-Anahi, que, ¿qué te paso? – Preocupada Dulce abrazo a Annie
Ni siquiera me salieron las palabras, simplemente me dedique a corresponder el abrazo que me dio, estaba feliz ya comenzaba a prestarle más atención a ese latir desbocado de mi corazón cuando estaba frente a ella, esa especie de corriente eléctrica cuando nuestras pieles se rozaban cobraba sentido y ese revoloteo en mi barriga cuando nos mirábamos a los ojos lo logre disfrutar. Algunos detalles que quizás antes no le preste la atención necesaria, pero ahora era diferente si era posible me dedicaría la vida entera a gozarlos. Suavemente y sin soltar una de mis manos me guío hasta su habitación, aún estaba muda detallando la gran variedad de fotos que adornabas este lugar, la mayor parte de ellas eran fotografías de ambas bien sea en un parque, en aquel viaje a la playa cuando teníamos catorce años, en la entrada de mi casa en mi cumpleaños número dieciséis, incluso la fotografía que tomamos nuestro primer día en la universidad.
-Estas muy mojada, te prepare la bañera con agua caliente no me gustaría que te resfríes- Dulce entro al baño
Sonreí al verla entrar al baño, escuchaba como abría una llave y sin pensarlo comencé a quitarme toda la ropa mojada de mi cuerpo hasta quedar completamente desnuda, intente arreglar un poco mi cabello cuando por fin abría la puerta del baño. Dulce volteo a mirarme y su rostro fue de clara sorpresa, aunque quiso disimular un poco esa mirada de curiosidad al recorrer mi cuerpo desnudo se le hizo bastante difícil, comenzó a toser algo que realmente extrañaba.
-No puedo creer que a pesar de los años que han pasado sigas tosiendo, cuando estas nerviosa –Sonreí- Dulce sé qué horas atrás dije muchas mentiras que no vale la pena aclarar, tu misma lo dijiste me conoces perfectamente- Anahi tomo las manos de Dulce
-Bueno ahora que te veo desnuda, creo que sí puedo decir que te conozco perfectamente- Sonríe Dulce nerviosa
-Pues espero que te haya gustado lo que has visto, por mi parte te quiero decir que yo de ver... –Dulce puso un dedo en sus labios-
-Shhh!! Por supuesto que me gusto lo que vi, nunca he dudado de lo hermosa que eres –Acepto- Te quiero hacer feliz Annie, necesito saber que toda mi vida la pasare a tu lado no sé cuántos años llevo aguantando todo lo que siento, me conformaba con verte feliz pero ahora quiero que esa felicidad sea por mí. Dame una oportunidad – Dulce confeso
-Por supuesto, que quiero darte la oportunidad –Afirmo- Solo quiero que me prometas dos cosas pelirroja- Anahi subió una ceja
-Te prometo lo que sea Annie –Sonriente Respondió Dulce
-Lo primero es que no te quiero ver cerca de la profesora Camila, ni mucho menos de las niñas con la que dice ella que tú andas – Exigió Anahi
-Te lo prometo, mi amor solo tendré ojos para ti. ¿Y lo segundo? –Afirmo Dulce
-Quiero que te quites toda la ropa y nos demos la ducha caliente que me prometiste- Sonríe Anahi
Entramos a la bañera entre juegos y risas, fue allí justo en ese lugar donde nos besamos por primera vez, la magia que recorrió todo mi ser acompañado de su cuerpo desnudo sobre el mío fue esencial, único e inolvidable. Una semana después yo hable con mis padres para contarles de mi relación con Dulce, me sorprendió que ellos estaban perfectamente enterados pues mi ahora novia les había informado justo el día después de la visita a su departamento. Mis padres se alegraron, me apoyaron y me demostraron como deberían actuar unos padres ejemplares. Al terminar la universidad me mude a una casa con mi pelirroja, recuerdo como jugamos con la pintura y sonrío fue un gran desastre. Decoramos toda la casa con diferentes fotografías de nuestros padres y las infaltables fotos de nosotras, yo trabajaba en un pequeño hospital mientras ella fundo una empresa de publicidad.
La noche de un miércoles después de celebrar nuestro primer año de relación, por fin tuvimos nuestra primera vez sí y deben estar pensando que soy una loca por esperar tanto, pero es que había algo que no les había dicho yo era virgen, a diferencia de Dulce que como siempre parecía adelantarse en todo. Mi novia jamás quiso forzarme a hacer el amor, todo lo contrario, cuando se daba cuenta que estaba muy nerviosa después de largos besos en la cama se detenía y me regalaba una tierna sonrisa. Pero unos días antes de cumplir nuestro primer año, le confesé que quería hacerlo ya me sentía preparada bueno, no solo preparada ya no soportaba más veinticinco años y virgen por dios estaba como lo diría decentemente impaciente.
De esa noche recuerdo sus besos, sus caricias, el olor de las velas, los pétalos de rosas rojas por toda la cama, fue perfecto sus palabras, su mirada llena de deseo, pero siendo lo más delicada posible, me sonrojo al recordar la sensación de mi primer orgasmo creo que no existe explicación alguna fue como si por menos de un minuto pude volar hasta lograr traspasar el cielo.
Por todo lo que sentí esa noche, por el ligero recuerdo de tus palabras en aquel jardín de infancia, por ser mi amiga, mi confidente, mi cómplice en todo momento, te quiero confesar que eres mi otra mitad, no te imaginas lo mucho que te amo por esa razón te quiero pedir, que no le pongamos fin a esta historia jamás mi pelirroja, ¿Te quieres casar conmigo? Sorprendida aparto de mis ojos el pequeño relato que Anahi con mucha insistencia me pidió que leyera.
- ¿Por esa cara de sorpresa, te puedo asegurar que no esperabas algo así o me equivoco? - Anahi se sentó frente a Dulce
-No, la verdad me sorprendiste mucho mi amor- Acepto Dulce
- ¿Y eso como lo puedo tomar pelirroja, como un sí o como un ahora no es el momento Annie? –Levanto una ceja Anahi
Sonríe- Claro que acepto casarme contigo mi amor, pero creo que tenemos un problema –Confiesa Dulce
-No me importa el problema ahora –Alegre abraza a Dulce- Te amo mi amor no te imaginas lo feliz que estoy, ahora el anillo- Anahi sacaba un anillo y se lo ponía a Dulce
-Annie yo también te amo, pero creo que deberías escuchar cual es el problema- Bajo la mirada Dulce
-Ya aceptaste, ya estoy más feliz que nunca así que no quiero escuchar problemas mi pelirroja- Hizo puchero Anahi
-Pues te aguantas, el problema es que yo también te lo iba a pedir – Dulce saco un anillo de su bolsillo
-Mi amor discúlpame por adelantarme, pero no importa me puedes poner ese anillo hermoso –Anahi extendió su mano después de guiñar un ojo
-Dulce le puso el anillo- Por lo menos me salte ese momento de la pregunta, tengo que aceptar que estaba nerviosa
-Ahora me gustaría no se me dieron ganas, de escuchar la famosa pregunta – Sonríe Anahi
- ¿Y si no lo hago qué? - Dulce levanta una ceja
-Si no lo haces, prepárate por que en la habitación te esperara la peor guerra de almohadas de la historia de esta casa. No se te olvide que tengo un arsenal esperando por ti- Amenaza Anahi
-No le tengo miedo doctora Puente, así que será mejor que corra hasta la habitación y se prepare esta guerra la gano yo- Afirmo Dulce después de ver a Anahi correr hasta la habitación
Tome el pequeño relato nuevamente y lo guarde en una oficina que tenía en mi casa, seguramente lo guardaría por toda mi vida sin saberlo el pequeño papel se convertiría en mi gran tesoro. Camine hasta la habitación y justo antes de abrirla comencé a toser nerviosa, por dios Dulce María cuando se te quitara esa horrible costumbre. Giro la perilla suavemente intentando hacer el mínimo ruido posible, asomo mi cabeza por un espacio muy pequeño cuando me sorprende el suave golpe de una almohada. No esta vez no puedo perder, entro rápidamente.
FIN



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