The way I feel about her

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Capítulo 25

Mensaje por Admin el Sáb Feb 11, 2017 8:09 pm

Mis sentimientos por Emma no se han ido. No soy una zorra sin corazón, ¿vale? Simplemente… tengo… dudas. Eso es todo.
Y esas dudas no tienen nada que ver con Karla. O tal vez un poco. Bueno, vale. Sí, Karla ha vuelto y ha desenterrado cosas del pasado que creí olvidadas. Ha venido con una excavadora, me ha abierto el cerebro y ha sacado todos los recuerdos y momentos que un día pasamos juntas. Un día, en el pasado. Pasado, Jennifer. Pasado. Olvídate, pasa la puñetera página de una vez.
Quieres a Emma.
Quiero a Emma. Y Karla ha sido simplemente… un desliz, supongo. Un obstáculo. Si todo esto es un examen de cuánto daño le puedo llegar a hacer a Emma, supongo que he sacado la mejor nota de la clase. Tengo que aclarar mis ideas, y tener bien claro lo que quiero. No voy a jugar más con los sentimientos de nadie. Tengo que elegir, derecha o izquierda, pero no puedo quedarme estancada en la línea que separa las dos partes. No lo voy a hacer más. Voy a despertarme, dejar la botella de tequila a un lado, darme una buena ducha y durante todo ese proceso voy a pensar.
Bueno, hagamos de esa ducha un baño, mejor.
Me levanto finalmente de la cama después de mis divagaciones matutinas, con un dolor de cabeza horrible debido a la resaca. Miro perezosamente la botella vacía de tequila, y la aparto a un lado. “No más”, dice mi cabeza. “Ya está bien de evitar tomar decisiones. No decidiendo estás decidiendo. Estás decidiendo no decidir. Si es que eso tiene sentido.”
Lleno la bañera con agua caliente y jabón perfumado a vainilla. Me encanta la vainilla, creo que es mi sabor/olor/lo que sea preferido. Me quito el pijama que huele a tequila, y me adentro en las profundidades no tan profundas de mi bañera, soltando un leve suspiro al sentir el contacto con el agua caliente.
Karla fue mi primer amor. Los primeros amores siempre dejan una huella, pero se fue y le puso fin a nuestra historia. Es un caso cerrado. Al menos debería ser un caso cerrado. Emma, por otra parte… Cuando la conocí fue como un respiro de aire fresco. Creo que me enamoré de ella en el momento en que la vi perdida por las calles de este pueblo. Tiene esta cosa, que no sé exactamente qué es… que me embobó casi de inmediato.

Flashback
Hoy iba a venir Em a mi casa a estudiar, pero he montado una especie de fiesta con ositos de gominola llenos de vodka y algo de marihuana. La verdad es que esta chica me está volviendo loca, hay algo en ella…
Le paso lo que parece ser su primer porro, y le da una calada, poniendo una cara realmente sexy cuando suelta el aire.
-Joder, con la novata – Le sonrío, y noto cómo se pone nerviosa al instante. Me río para mis adentros, esta chica me gusta cada día más. Le doy yo una larga y profunda calada al porro, consciente de que Emma me está mirando fijamente a los labios. Suelto el humo y le lanzo una mirada, retando –. A ver si sabes aguantarlo tanto.
Ella hace su intento, y vuelve a poner esa cara tan sexy cuando le da la calada. Al final acaba tosiendo y tirando humo por la nariz, y las dos empezamos a reírnos. De verdad, ¿qué tiene esta chica? Cuando nos acabamos el porro y los chupitos, soy totalmente consciente de que acabo de emborrachar a mi mejor amiga, y soy totalmente consciente de que me estoy enamorando de mi mejor amiga.
La acompaño al baño para que se lave la cara porque la veo bastante ciega. Tan ciega, que acaba mojándome entera con el grifo. Agua. Fría.
-Ups – Me dice, con una sonrisa perversamente sexy. No sé si lo ha hecho a propósito o no, pero el fin es el mismo. No pienso dejar que se vaya por esta puerta sin haber probado sus labios antes.
-No tienes ni idea de lo que acabas de hacer.
Fin del flashback

Sí, aquellos eran buenos tiempos. Me acuerdo el modo en el que solía hacerme sentir cada vez que hacía cualquier movimiento tonto. Desde una calada hasta una pequeña sonrisa, me enamoré de cada parte de ella. Pero también se fue, y dolió mucho cuando lo hizo, fue como si me arrancaran el corazón por segunda vez, para vaciarlo y volver a ponerlo en mi pecho.
Emma se fue, y me hizo daño. Volvió, y me hizo daño. Y cuando a ella le pareció, decidió volver a hablarme. Como si yo fuera algo que se puede dejar y tomar cuando te apetece. Y eso me hace daño.
Aún así, sé que sigo enamorada de ella, porque si no fuera así no estaría sonriendo ahora mismo. Lo sé, porque cuando me miró a los ojos la otra noche sentí como si mi estómago bailara un tango con mi corazón. Lo sé, porque cuando besaba a Karla lo que me vino a la cabeza fue ella. Lo sé, porque los mejores recuerdos de mi vida los tengo con ella.
Es ella. Y por mucho que lo intente, con o sin tequila, siempre va a ser ella. Tengo que salir de aquí, y tengo que hablar con Karla. Explicarle que no soy la misma persona que dejó cuando se fue, y que estoy enamorada de mi novia.
Mi novia, Emma.

POV Emma
Bajo las escaleras, dejando atrás mi deprimente habitación para bajar a mi deprimente salón para tener una cena deprimente con mis padres. ¿Ya he nombrado lo deprimente que es mi vida? Me siento en la misma silla de siempre, pero hoy hay algo diferente. Mis padres han pedido comida china, mi favorita, a pesar de que a ellos no les gusta.
Y mi madre está mirándome del modo en el que me ha mirado tantas veces antes. Muchas veces. Mi padre está simplemente en silencio, pensativo. Lo único que se escucha es el ruido de mi voz cuando rompo el silencio.
-Habéis pedido comida china, qué bien.
-Sí, tu madre y yo tenemos noticias que contarte, así que pongámonos a comer - dice mi padre, con una sonrisa amable en la cara.
Vale, ahora sí que estoy asustada. Empezamos a cenar y yo empiezo a comerme mi arroz, a la expectativa de una mala noticia. No sería muy diferente a las noticias que me han llegado últimamente. Aunque prefiero no pensar en ello. Prefiero no pensar en Jennifer.
Se forma un silencio incómodo en la sala, y mis padres cruzan miradas preocupadas. Esto está empezando a pintar muy mal.
-Vale - digo bruscamente, dejando los palillos chinos en la mesa, y provocando que mi madre se sobresalte - , sea lo que sea que tengáis que decirme, decidlo ya porque esto no tiene ningún sentido. Silencio.
-¿Mamá? - la miro, y baja la mirada para volver a mirarme unos segundos después con expresión indescifrable.
-A tu padre le han ofrecido un nuevo trabajo, mejor que el que tiene - sonríe, y yo suspiro de alivio.
-¿De verdad? - le pregunto a mi padre, que tiene una sonrisa un poco incómoda en la cara. Asiente levemente, y yo me levanto a darle un abrazo - me alegro mucho por ti, papá.
-Sí, las condiciones que le han propuesto son muy buenas, sobre todo económicamente… Tu padre va a empezar a ganar mucho dinero si acepta esta oferta.
-Y bueno, ¿la vas a aceptar? - pregunto, con entusiasmo. La idea de que entre más dinero en casa no me resulta para nada desagradable. Tampoco es que vayamos mal de dinero, simplemente un poco más no hace daño a nadie.
-Ya la he aceptado - dice, y hay algo en su expresión que me inquieta. No todavia bien, lo presiento - por eso te lo estamos diciendo.
-Entonces, ¿a qué viene la cara seria? - pregunto, frunciendo el ceño.
Mis padres intercambian miradas, y ahora sí que estoy segura de que no va nada bien. Se hace silencio, hasta que mi madre habla. Y hay un corto segundo, en el que pienso que tal vez mi mundo no sea tan deprimente. Las cosas mejorarán, tengo que ser optimista.
-El trabajo es fuera de España, en México. Tenemos que mudarnos otra vez, cariño.
Y entonces todo mi mundo se derrumba y cae. Me quedo quieta, sintiendo cómo se derrumba, las palabras de mi madre como una bola de demolición que no dejan ni un ladrillo en pie.
Me mudo. Otra vez.

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Capítulo 26

Mensaje por Admin el Sáb Feb 11, 2017 8:10 pm

POV Jennifer
-Veo que estas realmente pillada. - Karla suelta una leve carcajada. Estamos en el bar donde ella trabaja, se ha tomado un descanso porque necesito hablar con ella.
Hasta ahora se ha mostrado bastante comprensiva, como la Karla que yo solía conocer. Asiento a modo de respuesta, antes de añadir:
-Estoy enamorada de ella, Karla. - Volteo la cabeza para mirarle a los ojos color caramelo que tantos recuerdos me traen, y ella sonríe amablemente. - Tu siempre serás mi primer amor, y eso siempre deja una huella, pero ahora mismo yo…
-Ahora está ella, lo entiendo - me corta, y me toca el brazo - si no estuvieras enamorada de ella habrías acabado en la cama conmigo el otro día, y no lo hiciste. Eso me hizo pensarlo.
-¿Pensar el qué? - Digo, un tanto confusa. Frunzo el entrecejo y le doy un trago a mi coca cola, ahora más agua que coca cola porque el hielo se ha derretido.
-Que eres tú, eres la Jenn de siempre. No serías tú si hubieras engañado a la persona a la que quieres. Eres leal, siempre lo has sido y más te vale serlo siempre, o te patearé el culo. - Volteo la cabeza para mirarle a sus ojos caramelo, y no me acabo de creer lo que me ha dicho. Me dan ganas de llorar de la emoción, pero me contengo rápidamente - Me alegro de que sigas siendo tú.
Me acerca a ella y me da un beso en la mejilla, que resulta confortante. Al fin y al cabo ella sigue siendo la chica que un día quise con todo mi corazón, y ese vínculo siempre va a estar ahí. Aún la quiero, pero no del mismo modo. Ahora le tengo un cariño… extraño.
-Ven aquí, pelirroja - le digo con una carcajada, y le rodeo con mis brazos para darle un abrazo. Ella también se ríe, y acabamos abrazadas unos largos y cómodos segundos - Aún no te lo había dicho, pero me alegro de tenerte por aquí.
-Quizá algún día podamos volver a meternos en problemas juntas, para que tus padres me culpen de mal influenciarte - dice, con una sonrisa, que le devuelvo mientras me levanto del taburete que hay en frente de la barra.
-Quizá, o quizá me haya hecho una buena chica mientras tú no estabas - Digo, mientras me alejo hacia la puerta de salida. Oigo a Karla reírse muy fuerte, obviamente por la idea de Jennifer siendo una buena chica.
-Nos vemos por ahí, buena chica - oigo su voz sarcástica antes de salir del local, y salgo con una sonrisa plasmada en la cara. Puede que algún día llegue a recuperar a Karla como amiga, y no veo ese día tan lejos. Hoy he notado… confianza y comodidad entre nosotras, y se ha sentido realmente bien.
Pero ahora tengo algo mucho más importante de lo que preocuparme. Tengo a una brillante, lista, preciosa chica esperando una explicación de todo lo que ha pasado, y tengo todo el tiempo del mundo para dársela. Tengo toda la vida, si ella quiere. Voy corriendo a su casa, que para bastante lejos, pero no me importa. Tengo que hablar con ella, tengo que arreglar todo lo que he estado rompiendo con mi estúpido comportamiento. Tiene que saber que es ella la única que ocupa mi corazón y mi mente, y que he sido una estúpida por dudar un segundo de lo nuestro.
Llego hasta su casa y llamo a la puerta, esperando que me abra su madre o su padre. Sé que no les gusto, pero eso también me da igual. Ahora mismo sólo quiero mirarle a los ojos y sentirme como en casa. Tardan en abrir la puerta, y cuando abren, no es ni su padre ni su madre.
-¿Jennifer? - Su voz suena sorprendida, aunque hace que mi corazón se acelere. Sin embargo, tiene los ojos hinchados y rojos y muy mala cara. Me preocupo al instante, pero no sé qué decir.
-Te… Tenemos que hablar. Yo… necesito hablarte… a ti - digo, y me pego una hostia mentalmente por no saber hablar. No puedo estar nerviosa. Yo no estoy nerviosa. Nunca. - ¿Estás con alguien o algo?
-No, estoy sola en casa por toda la tarde… - Mira al suelo un segundo, y después nuestras miradas se entrelazan intensamente - pasa, si quieres. Estaba en mi habitación escuchando música.
Entro a la casa que me resulta tan familiar ahora, subo las escaleras y entro en su cuarto, que guarda tantos recuerdos. Tomo una respiración honda antes de soltar mi “discurso”, esperando no trabarme en ninguna palabra y no hacer el ridículo. Dios, ¿por qué estoy tan nerviosa?
-Mira, ya sé que estás enfadada y dolida conmigo, y la verdad es que no te he dado razones para otra cosa, y probablemente ni siquiera me merezca que me estés escuchando ahora mismo, pero necesito darte una explicación.
-Jennifer… - Empieza a cortarme, pero no voy a permitirlo.
-No. Ódiame, pero hazlo después de escuchar lo que tengo que decirte - ella se queda en silencio, y yo respiro hondo otra vez - Primero, quiero explicarte lo que pasó con Karla - hace una mueca de disgusto, pero no vuelve a interrumpirme así que sigo - Ella vino a mi casa, y nos besamos. Nos besamos, y luego lo detuve porque lo único que tenía en la cabeza era a ti. No pasó nada más, y sobre todo quiero que sepas que me odio por dejar que todo esto haya llegado hasta este punto.
Ella me mira, en silencio, con tristeza en sus ojos.
-Te quiero, Emma. Te quiero a ti, y he sido una estúpida por dudar de ello últimamente. Estoy enamorada de ti desde el momento en el que te vi el primer día de clase con la misma camiseta que yo, y he estado enamorada de ti todo este tiempo igual que el primer día. Quiero estar contigo, y quiero que esto funcione.
Me acerco a ella y le cojo de las manos, entrelazando nuestros dedos. Ella se deja, y permanece en silencio.
-Quiero arreglarlo, puedo arreglarlo, si me dejas. Tenemos todo el tiempo del mundo, y no me importa gastarlo en ti, porque no me puedo imaginar una mejor manera de hacerlo.
-No tenemos tiempo, Jennifer. - La tristeza en sus ojos se ha hecho más profunda, y ahora una lágrima corre por su mejilla. No tardo en limpiarla suavemente con mi dedo pulgar, un poco confusa por su respuesta.
-¿Qué? - Pregunto, y ella evita mi mirada. Le levanto la barbilla suavemente para que nuestras miradas se encuentren - Es demasiado tarde, ¿verdad? - La derrota y la tristeza me inundan y de repente me siento exhausta - No puedo arreglarlo, no puedes perdonarme, ¿no?
Ella niega con la cabeza, y yo aparto mis manos de las suyas y doy un paso hacia atrás. Me río sarcásticamente en mi mente. He sido una tonta por pensar que podría arreglarlo.
-No, Jenn - da un paso hacia mí y me pone ambas manos en el cuello, para que le mire a los ojos - , no es por eso. Yo también te quiero, y quiero que esto vuelva a funcionar, quiero dejar que lo arregles, y quiero hacer todos los planes del mundo contigo.
Una sonrisa invade mi rostro, y una corriente recorre todo mi cuerpo. Pongo mis manos en su cintura para acercarla suavemente a mí, y mis labios chocan con los suyos en un beso lleno de emoción, sentimiento. Echaba de menos estos labios.
Echaba de menos su forma de respirar profundamente cuando le muerdo el labio, su tacto, su olor. Me separo unos centímetros y junto mi frente con la suya.
-Pues hagámoslo, Em. -digo, susurrando -No hay nada que nos lo impida. No voy a volver a comportarme de este modo, no pienso irme de tu lado a no ser que tú me lo pidas. Me tienes pillada, chica. -Suelto una carcajada, de amor, de alegría, de enamoramiento.-
-No es tan sencillo, yo… No podemos hacer nada de todo eso, Jennifer. - empieza a llorar otra vez, y yo la abrazo hasta que se tranquiliza un poco.
-Vale, ahora es cuando me cuentas qué pasa, amor.
-Le han ofrecido un trabajo a mi padre en México, y ya lo ha aceptado - me quedo congelada, como una estatua. - me vuelvo a mudar, Jennifer. Y por mucho que me gustaría quedarme y estar contigo de todas las formas posibles, no puedo. Sigo en shock. Vaya, ésta no me la esperaba.
-¿Q-qué? - consigo decir, mi mente teniendo problemas para procesar la información.
-Mi avión sale mañana al mediodía. Nos vamos mis padres y yo, y después alguien se encargará de la mudanza.
-Pero… no puedes irte. - Mi cerebro tan elocuente como siempre. -Tu… no puedes dejarme. No… no.
-No es elección mía, Jennifer. No puedo hacer nada, ya está todo hecho.
-¿Y qué pasa con nuestro final feliz? - Le miro directamente a los ojos, y siento las lágrimas formarse en los míos - ¿Qué pasa con nosotras? ¿Con el “con o sin tequila”? Te vas, ¿y eso es todo? ¿Ese es el final de nuestra historia, Emma?
En este punto ya estoy llorando y me cuesta respirar con normalidad. Ella me mira con esa expresión triste, también llorando, y se sienta en la cama. Yo me siento a su lado, y siento su brazo rodearme en un abrazo que sólo consigue hacer que llore más. No puede irse, no ahora. No ahora, que íbamos a hacer las cosas bien. No puede dejarme aquí, no puede llevarse mi corazón con ella. No puede acabar así.
Estamos abrazadas por un buen rato, hasta que los sollozos terminan y las lágrimas dejan de caer. Se siente bien aquí, en sus brazos. No hay otro sitio en el que querría estar. Me deshago del abrazo y miro fijamente a los ojos que tantos sentimientos despiertan dentro de mí. Y me acuerdo de todas los momentos que he vivido con ellos. Todas las veces que me sonreía con la mirada, o cuando sus pupilas se dilataban de deseo. Recuerdo cada beso, cada lugar, cada mirada y con ello recuerdo todo lo que esta chica me ha hecho sentir. Ella me ha cambiado. Y aquí estamos, llorando, porque la chica que me ha cambiado, la chica de la que estoy enamorada se va a ir para siempre.
Esto no va a acabar así.
Y en un movimiento le agarro por detrás del cuello y junto nuestros labios bruscamente, que empiezan a moverse en un ritmo lento, saboreando cada segundo de ello ya que es de las últimas veces que vamos a poder besarnos. Paso la lengua con suavidad por su labio inferior, y pronto nuestras lenguas se juntan, bailando al unísono. Pongo la mano en su mejilla húmeda, y acaricio la zona con todo el cariño que tengo. Sus labios tienen un sabor salado a causa de las lágrimas, pero la verdad es que me da igual. Son sus labios, y me vuelven loca. Pronto se despierta un deseo más profundo en mí, y mi respiración se vuelve más pesada. Deslizo la otra mano por su espalda, bajando hasta su cintura mientras muerdo su labio inferior.
-Jennifer… - empieza, pero le pongo un dedo en los labios para que deje de hablar. Sé que no quiere hacerme daño llevando esto a un nivel más alto, porque ambas sabemos que es la última vez que vamos a estar juntas. Sus ojos están oscuros a causa de la intensidad del beso, y su respiración también se ha trastornado.
-Sólo bésame - le susurro, y ella vuelve a juntar sus labios con los míos, mientras yo me tumbo encima de ella en la cama, apoyando mi peso en un brazo, mientras mi mano se desliza por el cuerpo que tan bien conozco y que tanto adoro. Nuestros labios no se separan ni por un momento, y yo paso mi mano por debajo de su camiseta para notar la piel de su vientre erizarse ante el contacto.
Separo nuestros labios, y empiezo a dejar un rastro de besos dulces por su mejilla, bajando lentamente hasta su cuello. Encuentro el punto donde tiene el pulso, y muerdo suavemente para dejar una marca, provocando un gemido por su parte que me vuelve loca. Sus manos bajan hasta el agarre de mi camiseta, que me quita en menos de un segundo, y ella se incorpora para que yo le quite la suya también.
Pero ésta no es como las otras veces, en las que nos cegábamos en el deseo del momento. Hoy es diferente. Hoy no estamos teniendo sexo, lo sé por la forma en la que nuestros cuerpos interactúan. Sí, hay deseo, pero por encima del deseo hay algo mucho más poderoso, que domina en cada caricia que nos proporcionamos: los sentimientos, el amor.
Nos volvemos a acostar, ahora nuestra piel rozando, y mis labios bajan más allá de su cuello, por su escote. Ella me acaricia el pelo mientras bajo, dejando besos húmedos por su vientre mientras me deshago de sus pantalones. Me levanto de la cama para quitarme mis pantalones también, mientras ella me mira desde ahí, tumbada, con unos ojos llenos de una mezcla de amor y de deseo. Me vuelvo a tumbar con ella, ahora las dos sólo con nuestra ropa interior, y pongo una pierna entre las suyas, rozando levemente su centro húmedo y recibiendo un pequeño gemido por su parte.
Me quedo mirándola, apoyada en ambas manos a cada lado de su cabeza, y ella me devuelve la mirada, que lo dice todo.
-Te quiero - le digo, y ella sonríe, acariciándome la mejilla y mirándome tan intensamente que mi estómago siente una especie de electricidad.
-Te quiero - me contesta susurrando. Sobran las palabras entre nosotras, pero a mí me faltan palabras para describir todos los sentimientos y sensaciones que fluyen por mi cuerpo. Si existe un cielo, definitivamente éste sería el mío. Nunca me he sentido así antes, y sólo quiero hacerle saber lo mucho que significa para mí.
Nuestros labios vuelven a colapsar juntos, provocando un deseo creciente cada vez más y más entre mis piernas. Sé que ella también lo tiene, porque puedo sentir su humedad en la pierna que tengo posicionada rozando su centro. Siento sus manos deshacerse del abroche de mi sujetador, y se incorpora para que yo le quite el suyo también, haciendo la escena aún más caliente e íntima cuando nuestros cuerpos se vuelven a juntar.
Vuelvo a dejar besos por toda su mandíbula, su cuello, su escote hasta que llego a sus pechos, y ella arquea la espalda mientras suelta un gemido ruidoso. Dejo mordiscos y besos húmedos por todos los centímetros de su piel, disfrutando de su sabor y de cada momento de ello. Cuando llego a su vientre me deshago de su tanga, y cuando sigo bajando ella me acaricia la mejilla y tira para que vuelva a sus labios.
-No dejes de besarme, Jenn - dice entre respiraciones pesadas, con una voz tan increíblemente sexy que hace que mi cuerpo se estremezca de deseo.
Emma se incorpora para quitarme también el tanga a mí, y quedamos finalmente acostadas en la cama, nuestros cuerpos totalmente desnudos y nuestros besos incesantes que saben a gloria. Vuelvo a poner mi pierna entre las suyas, esta vez haciendo más contacto, y ella dobla la suya de modo que también haga contacto con mi cuerpo, provocando que suelte un gemido entre dientes.
Y entonces empezamos a movernos lentamente, nuestros cuerpos ya conociéndose y sincronizados como si hubieran nacido para estar juntos. Ella me araña la espalda mientras yo le muerdo la oreja, la mandíbula, el cuello. Los gemidos se han vuelto constantes por mi parte y por la suya, al igual que el sonido de nuestras respiraciones aceleradas.
-Jenn… - Me gime en el oído, y sé que está cerca. Yo también lo estoy, y no hacen falta muchas embestidas más para que ambas lleguemos al orgasmo a la vez.
Mi cuerpo cae rendido al lado del suyo, y cierro los ojos mientras mi respiración se tranquiliza y mi cuerpo se relaja después de la liberación que ha experimentado. Noto mi corazón latir por todas las partes de mi cuerpo.
Me giro a un lado, para encontrarme con unos ojos llorosos mirándome fijamente, que hacen que mi corazón de un vuelco. Le acaricio la mejilla y dejo un beso suave en sus labios.
-¿Jenn? - Me dice, con voz rasposa.
-¿Si?
-¿Puedes quedarte hoy conmigo? - Me pregunta, y yo me quedo extrañada. No hay nadie en mi casa, nadie notará mi ausencia esta noche, así que no podría pensar en un sitio mejor donde pasar la noche. Al fin y al cabo, es la última noche que tengo con esta maravillosa chica. El mero pensamiento de eso me entristece de repente, pero pongo la mejor de mis sonrisas, llena de un mar de sentimientos, y respondo.
-Bueno, no tengo pijama…- empiezo a provocar poniendo pegas, con mi sonrisa prepotente, aunque sé que no puedo decirle no a ella.
-Yo te puedo dejar uno… - me mira de arriba abajo, mordiéndose el labio - … o también podemos dormir justo así.
Suelto una carcajada, y me acerco para darle un beso.
-Mejor sácame un pijama, porque si no lo haces acabaremos haciendo de todo menos dormir
Ella se ríe también, antes de levantarse para buscarme un pijama. Por supuesto, aprovecho para admirar las vistas de el culo que tan loca me vuelve. Ambas nos ponemos el pijama, y nos acostamos otra vez en su cama con la luz apagada, la luz de la calle entrando vagamente por la ventana. Tengo su cabeza apoyada en mi pecho, y mi mano acaricia su pelo mientras hablamos de todo y de nada. No sé cuánto tiempo pasamos así, pero el sueño se empieza a apoderar de ambas.
-Jenn - dice, con voz adormilada, y sonrío.
-Dime, amor.
-Si me quedara, ¿crees que lo nuestro sería para siempre? - pregunta, y frunzo el entrecejo ante la pregunta.
-No sé lo que sería de nosotras, pero si me baso en los sentimientos que tengo hacia ti ahora mismo, un “para siempre” se quedaría corto.
-Lo siento por no poder averiguarlo juntas - me dice, y noto un tono triste en su voz.
-Shhh - digo, y sigo acariciándole el pelo, en silencio, hasta que ambas nos quedamos dormidas.
Mañana me espera un adiós. Un adiós, probablemente el más duro de toda mi vida. Y muchas lágrimas. Pero ahora no quiero pensar en eso. Ahora estoy en el mejor sitio donde podría estar, y este momento no me lo quita nadie

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Capítulo 27

Mensaje por Admin el Sáb Feb 11, 2017 8:12 pm

Me despiertan unos labios posándose por todas las partes de mi cara, dejando mordidas y murmurando cosas bonitas, con una voz rasposa que se siente como gloria a mis oídos, y abro los ojos perezosamente.
-Buenos días, dormilona. - Dice Em, con una sonrisa radiante en la cara. La habitación está iluminada, pero parece más iluminada de lo normal. Me siento como si estuviera flotando, y sólo puedo sonreír de vuelta a esta maravillosa chica.
-Em. - Digo, con voz de recién levantada y el sueño en mis ojos. Debería estar preocupada por algo, pero... no recuerdo realmente el por qué. Ella sigue sonriéndome, y me aparta un mechón de pelo de la cara.
-Vayámonos lejos.
-¿Qué? - Pregunto, sorprendida ante la proposición sin sentido. Sólo quiero seguir en esta cama, en esta habitación tan bien iluminada con ella, y sonreír.
-Tú y yo, fuguémonos. - Se acerca y me da un suave beso en los labios - Quiero estar contigo para siempre, con o sin tequila.
-¿Dónde quieres ir? - Cedo, anodadada por sus palabras, sus labios, su olor.
-Donde tú quieras. Podemos coger un mapa y señalar un punto, ir allí. Podemos ganarnos la vida de algún modo. Puede que no sea lo más fácil, pero quiero estar contigo. Te quiero. Podemos estar juntas, podemos vivir juntas y tener el privilegio de despertar así todos los días.
-Emma. - Digo, emocionándome, y le acaricio la mejilla.
-Quiero despertarte a besos todos los días de mi vida, y llamarte dormilona. Quiero que seas mía, y algún día poner un anillo en tu dedo y pedirte que pases el resto de tu vida conmigo. Pero ahora sólo tienes que decir que sí.
Siento las lágrimas deslizarse por mis mejillas al oír todas estas palabras, mi corazón latiendo a toda velocidad y siento como si estuviera flotando. Le diría que sí a lo que fuera. Pero de repente siento como la iluminación de la habitación cambia, y algo va mal. Esto es demasiado perfecto. Parece como una ilusión, como un...
Sueño.
-¿Es esto real, Em? - Le pregunto, frunciendo el ceño. Ella sólo sonríe, y se acerca para darme un beso en los labios.
-Te quiero, Jennifer.
Fin del sueño
Me despierto con la cara llena de lágrimas, y el corazón latiendo fuertemente en mi pecho. Miro alrededor y me encuentro en la habitación de Emma, iluminada por la luz que entra por la ventana abierta. Pero la luz no es la misma que la del sueño.
Abro mucho los ojos y miro a mi derecha, para comprobar si ella sigue a mi lado, durmiendo.
Pero la cama está vacía, y mi corazón deja de latir de un momento a otro. No puedo estar viviendo esto otra vez. No, no puede haberse ido. Me levanto corriendo de la cama y salgo de la habitación, con la esperanza de volver al sueño del que acabo ser despertada.
-¿Emma? - grito, pero el silencio que reina el lugar es lo único que recibo como respuesta. Bajo las escaleras, y está todo desierto, no hay nadie. Todos los muebles siguen aquí, pero no hay ningún tipo de pertenencias personales.
Se han ido.
-¡Mierda!- Me giro y le pego un puñetazo a la pared más próxima, descargando todos mis sentimientos en un sólo golpe. Un segundo después un dolor agudo se apodera de mi mano, y empiezo a llorar.
Pero no lloro porque me duela la mano, lloro porque ella se ha ido. Se ha ido, sin decir adiós igual que Karla se fue. ¿Por qué se va todo el mundo? ¿Qué fue lo de anoche para Emma, sexo? Mis sollozos son lo único que llena la vacía casa, y me siento en el pie de las escaleras. ¿Tan fácil soy de dejar atrás?
-¿Y eso es todo? - Grito, llorando y dirigiéndome a una Emma que no está presente. - ¿Así es como has puesto un punto y final a lo nuestro? - Miro al techo, a la cocina, al suelo. No me molesto en limpiarme las lágrimas, porque no dejan de salir. - ¿Así es como te despides, Emma? Todos los momentos que hemos pasado, todas las cosas que nos prometimos, ¿se reducen a esto? Han desaparecido todos de la noche a la mañana, justo como tú lo has hecho.
Y entonces ya no puedo seguir hablando más, porque el nudo en mi garganta es demasiado grande. Me llevo las manos a la cabeza y apoyo los codos en mis rodillas, llorando y sollozando. Y recordando.

Flashback
-Ahora sí que estamos todos - Dice el señor que supongo que será el padre de Paula en el momento en el que entro en el coche. Vamos a ir a la ciudad a ver una película en el cine Paula, Vanessa, Emma, yo y dos otros chicos.
No hay otro sitio, así que me siento al lado de Emma. Por su lenguaje corporal puedo adivinar que no está nada contenta de tenerme aquí, pero la verdad es que me da igual. Está preciosa. A causa de la falta de espacio en la parte trasera del coche es inevitable que nos toquemos, y nuestras piernas y brazos se están rozando ligeramente. Siento cómo se tensa y se le pone la piel de gallina, y sonrío para mis adentros. Vamos a divertirnos un poco.
Giro la cabeza hacia ella, y ella me devuelve la mirada. Como he dicho, hay muy poco espacio en el coche así que estamos muy cerca.
-Hola, Em - Puedo sentir su respiración irregular en mi cara, y su expresión confusa al darse cuenta de que le estoy hablando. Una sonrisa se extiende por mi rostro, provocando que ella desvíe la mirada, nerviosa.
-Hola - Dice, mirándose las manos como una pequeña niña tímida. Ensancho mi sonrisa porque está irresistiblemente mona, y luego decido mirar por la ventana para dejar que se recupere.
Tenerla tan cerca me está matando. Siento cada centímetro de piel que se junta con la suya, y una corriente eléctrica se apodera de mi estómago. Sigo mirando por la ventana, cerrando los ojos y disfrutando del escaso pero intenso contacto que hay entre nosotras.
Pasamos casi todo el viaje en silencio, escuchando la radio, y ya estamos llegando a la ciudad. El padre de Paula gira bruscamente en una rotonda para meterse en la calle donde están los cines, y por inercia Emma se inclina bruscamente encima mío. Noto su respiración en mi cuello, y sé que ésta es una situación incómoda para ella.
Pero...¿cuán lejos puede llegar? Giro mi cabeza hacia ella, nuestras miradas interactuando otra vez, esta vez mucho más cerca que antes.
-Lo… siento - me dice, por haberse tirado encima de mí. Bueno, no es que me sienta muy ofendida, la verdad. Levanto la comisura de mis labios al darme cuenta de que ella tiene la mirada fija en ellos, y me acerco a su oreja para susurrarle algo.
-No me mires así.
-¿Por qué? - Dice, inocentemente. Al parecer nadie en el coche está notando nuestra interacción, así que me acerco a ella como si fuera a darle un beso.
Siento el calor de sus labios casi rozar los míos, y ella no se mueve.
-Porque cualquiera pensaría que quieres besarme. - Respondo, riéndome para mis adentros y poniendo mi mejor sonrisa, antes de apartarme otra vez para seguir mirando por la ventana. Apostaría mi mano a que esta chica quería besarme.
Fin del Flashback

Los recuerdos sólo hacen que las lágrimas salgan con más intensidad, y los sollozos se hagan más audibles. Nuestra historia no puede tener un final así.
No puede irse sin más.
No voy a dejar que lo haga.
Y entonces toda la rabia, el dolor y la tristeza se convierten en esperanza. Aún hay esperanza. ¿Cuando dijo que iba a salir el avión? Dios, necesito encontrarla. No está todo dicho aún.
Subo las escaleras corriendo otra vez, me visto rápidamente con mi ropa que ayer dejamos tirada por toda la habitación. Piensa, Jennifer. Piensa. Necesito ir al aeropuerto, y poner un punto y final como Dios manda. Necesito verla una última vez, para poder memorizar cada detalle de su cara y así recordarla cada vez que le eche de menos. Necesito un último beso, para memorizar sus labios posados en los míos y la perfección de ello.
Marco el número de Emma en mi móvil unas diez veces antes de aceptar que no lo va a coger, o que lo tiene apagado. Y entonces llamo a la primera persona que se me pasa por la cabeza, sin siquiera ser consciente de qué están marcando mis dedos en la pantalla del móvil. Tengo la cabeza bloqueada, y sólo puedo pensar en ir al puto aeropuerto.
-Jennifer? -Se oye la voz de Karla desde la otra línea, con un tono de sorpresa.
-Karla, necesito que hagas algo muy grande por mí. - Balbuceo, el pensamiento de que cada segundo que pasa es un segundo en el que Emma está más lejos de mí. Karla me debe esto.
-Jennifer, ¿estás bien?
-No. Por favor, necesito que me lleves al aeropuerto. - me muerdo el labio y cierro los ojos, intentando concentrarme en la conversación.
-¿Aeropuerto? ¿Para qué?
-Ella... se ha ido. Me he despertado y la casa estaba vacía, y... se ha ido. - los sollozos vuelven a aparecer. - Ni siquiera ha dicho adiós, simplemente... ya no está. - Hay silencio por parte de Karla - Por favor.
-Jennifer, lo siento, pero ahora mismo... - empieza a rechazar mi petición, y le corto.
-Me lo debes. - le digo, enfadada. - Me dejaste, me desperté y ya no estabas, ¿te acuerdas? -levanto la voz, y la ira se apodera de mí - Me destrozaste, Karla, y me debes esto. No me merecía lo que hiciste y Emma y yo no nos merecemos este final. Así que si te importo lo más mínimo, vas a saber que me debes esto y vas a coger tu puto coche y recogerme.
-Dime dónde estas, en diez minutos te recojo.
~
Me encuentro en el coche de Karla circulando por la carretera. Me sudan las manos, y el tiempo parece pasar más lento de lo normal. Sólo suena el ruido del motor del coche, yendo probablemente a más velocidad de la permitida. Pero aún así, todo parece lento. Mi respiración, los coches que van en dirección contraria, todo es más lento.
-¿Sabes a qué hora sale su vuelo? - Dice Karla, rompiendo el silencio.
-No.
-¿Sabes siquiera desde qué aeropuerto sale?
Se hace un silencio en el coche unos segundos, y yo cierro los ojos fuertemente. Siento que me voy a desmayar. Me centro en las líneas dibujadas en la carretera que se pueden ver desde mi ventanilla y consigo tranquilizarme.
-Sólo ve al aeropuerto que más cerca esté, ¿vale? - digo, cortante. Me llevo las manos al pelo y respiro hondo, intentando no derrumbarme otra vez. De todas maneras estoy bastante segura de que no voy a llegar. No voy a estar ni en el lugar ni en el tiempo adecuados. Pero aún así necesito intentarlo. Se hace eterno, pero finalmente llegamos a un aeropuerto de la ciudad.
-Llámame cuando salgas para llevarte a casa - Dice Karla, antes de parar en frente de la entrada al aeropuerto.
Y yo bajo del coche corriendo sin decir una palabra, con sólo una cosa en mente: encontrarla. Encontrarla, y decirle todo lo que faltó por decir ayer. Necesito un desenlace, un punto y final, un adiós.
Levanto la vista, encontrándome con la gran pantalla llena de vuelos a todas las destinaciones, y me pongo a buscar entre todos los que hay. Céntrate, Jennifer, por Dios. Céntrate.
Berlín, Francia, Londres... No encuentro lo que busco, y me desespero. Brasil, Nueva York... Ni siquiera estoy segura de recordar dónde se va. Estoy segura de que mi pulso está peligrosamente acelerado, pero lo único que me importa es encontrar el puto vuelo.
Sigo buscando entre la lista de vuelos que parece interminable, hasta que aparece. Vuelo a México a las 2:00 pm, puerta de embarque número 8. Miro el reloj de mi móvil. 1:50 pm. Y mi corazón se detiene por enésima vez hoy. No sé si Emma está en este aeropuerto. Ni siquiera sé en qué aeropuerto estoy, ni en qué parte de él estoy. No sé nada de este aeropuerto, ni hacia qué dirección está la puerta de embarque 8, y hay un 1% de probabilidades de que, en el caso de que encuentre la puerta de embarque 8, Emma esté allí.
Un 1% es suficiente.
Así que echo a correr, chocando con la gente y sus maletas, aferrándome a una palabra, un sitio, un número. Ocho. La puerta de embarque 8.

POV Emma
Nuestro vuelo está a punto de salir y mis padres han ido a por un café, así que estoy sentada en una silla incómoda de aeropuerto con todas las maletas, delante de un gran cartel que pone Puerta de embarque número 8. Miro hacia la ventana, donde se pueden ver los aviones que aterrizan y despegan, y pienso en ella. En nosotras.
Pienso en la primera vez que la vi, pienso en su sonrisa prepotente y su olor a vainilla. Pienso en nuestro árbol, y en todos los besos y sonrisas escondidas que hay detrás de ese árbol. Pienso en cómo la he dejado esta mañana, en cómo mi corazón se ha roto cuando lo he hecho, y evito pensar en cómo se habrá sentido ella al despertarse y descubrir que la había dejado sin decir adiós.
No podía. Simplemente no podía mirar a esos ojos oscuros y ver la tristeza en ellos con un adiós. No podía decirle "me voy, te abandono otra vez", y ahora sólo pienso en lo mucho que me arrepiento de no haber tenido un último adiós. Después de todo lo que hemos pasado, memorias y recuerdos fluyen por mi mente sin querer irse.

Flashback
-Te acostaste con él. – Dice Jenn, con un hilo de voz, refiriéndose a Samuel.
Acabamos de venir de la fiesta, de jugar a "yo nunca he...", y yo he bebido cuando han dicho "yo nunca me he acostado con un chico". Su cara adopta una expresión de tristeza, y me mira a los ojos, dolida.
Me quedo descolocada. No me esperaba que fuera a sacar el tema, y de repente se me pasa el enfado, y sonrío como una tonta. Le ha afectado lo de la fiesta, sin duda. Suelto una carcajada, sorprendida. Está tan graciosa de ese modo… me dan ganas de besarla.
-¿Estás celosa? – Estoy disfrutando el momento. Le miro con una sonrisa burlona, y ella sigue seria. Se acerca más a mí, de modo que nos separan a penas unos centímetros. Huele a vainilla. Me mira a los labios, y luego me vuelve a mirar a los ojos.
-¿Y qué pasa si lo estoy?
Y ahí está de nuevo, la corriente eléctrica que me recorre todo el cuerpo. Se me borra la sonrisa, y ahora sólo puedo pensar en aquel primer beso que me dio en la bañera. Se me eriza el vello, y cierro los ojos. Cuando los abro, ella sigue ahí, esperando mi respuesta. Ladeo la cabeza, y sonrío, sin pensar en nada de lo que está pasando.
-Pues entonces voy a tener que besarte, Jenn.
Fin del flashback.

Ya le echo de menos. Joder, Jenn. No puedo contener las lágrimas que empiezan a formarse en mis ojos, y pronto estoy llorando.

POV Jennifer
Veo el gran letrero a lo lejos. PUERTA DE EMBARQUE 8. Siento que me voy a morir, y el aire me falta en los pulmones, pero sigo corriendo, ignorando los insultos de la gente a la que piso o empujo. Tengo que llegar, tiene que estar aquí. Me acerco más cada vez, y no puedo evitarlo.
-¡Emma! - grito su nombre, con la esperanza de que esté aquí para oírlo. Me da igual la posibilidad de que me echen del aeropuerto, me da igual que la gente me mire como si estuviera loca. Sigo corriendo, y entonces dejo de hacerlo.
Alguien se levanta bruscamente de una de las sillas que hay en frente de la puerta de embarque, dirigiendo una mirada confusa hacia mí. Es ella. Emma. Emma. La he encontrado.
-¿Jenn? - Oigo una voz débil llamarme, y definitivamente es ella. La distancia entre nosotras es bastante grande, y las dos empezamos a correr la una hacia la otra. Es ella, está aquí, no se ha ido. Está aquí. Empiezo a llorar otra vez, mientras aparto a la gente que hay en medio de nosotras.
Y finalmente llego a ella, chocando nuestros cuerpos bruscamente y rodeando su cuello con mis brazos, fundiéndonos en un abrazo lleno de sollozos por las dos partes. Las dos tenemos la respiración entrecortada, y siento el latido de mi corazón por todo mi cuerpo.
-Jenn. - Me dice, llorando, y yo la abrazo más fuerte que antes. Yo lloro también, juntando nuestros cuerpos lo más cerca posible y aspirando fuerte su olor, siendo consciente de que estos son los últimos momentos en los que voy a ser capaz de hacerlo.
-Me he ido sin decirte adiós - dice con culpabilidad, los sollozos cortando las palabras contra mi oído. Yo me aparto del abrazo y le acaricio la mejilla, limpiando todas las lágrimas y mirando fijamente a esos ojos que me perforan el alma.
-Eh, para eso estoy aquí - digo, también entre lágrimas, intentando poner una sonrisa en mi cara. - No pensarías que te podrías escapar sin despedirte, ¿verdad?
Ella suelta una carcajada y más lágrimas corren por su cara. Apoya su cabeza en mi hombro y yo vuelvo a abrazarla, acariciándole el pelo con una mano y entrelazando nuestros dedos con la otra.
-No quiero despedirme. No... - solloza, rompiendo mi corazón - ... No quiero dejarte.
-Lo sé, amor - Me pongo en frente de ella otra vez para poder mirarle a los ojos, y recordar cada detalle de su rostro, que no voy a ver nunca más.
Acaricio sus dedos con mi pulgar y con la otra mano le aparto el pelo de la cara con suavidad - Pero no tienes otra opción, y no pasa nada, lo entiendo. No puedo formular una frase sin que se me corte la voz, y las lágrimas no dejan de bajar por mi cara.
-Te quiero - Me dice, y ambas nos giramos hacia la izquierda, al oír a sus padres llamarla desde donde estaba antes.
Es la hora.
Ella se vuelve a abrazar a mí, y noto su respiración cálida en mi cuello mientras la agarro fuerte.
-Eh, - le digo, mirándole a los ojos otra vez. Está preciosa, aún con los ojos hinchados y la cara mojada de lágrimas. Nos quedamos mirando fijamente durante unos segundos, y todo lo demás desaparece. El aeropuerto, la gente, sus padres. Sólo estamos ella y yo, sus ojos, los míos y nuestras manos entrelazadas. -Nadie, - le digo, y le acaricio la mejilla - Nadie nunca va a quererte como te quiero yo aquí y ahora, quiero que lo sepas. Nadie, ¿vale?
Sus padres la vuelven a llamar, y ella me mira abatida, con la tristeza personificada en sus ojos. Mi corazón se está rompiendo a cada segundo que pasa, y el llorar se ha vuelto constante.
-Jenn... - dice, pero yo simplemente le agarro de la nuca y junto nuestros labios en un beso intenso y salado, a causa de las lágrimas. Nuestros labios empiezan a moverse juntos, en sintonía, porque han encontrado el lugar donde pertenecen. Juntos. Ambas lloramos mientras el beso se intensifica, los sentimientos se intensifican, la respiración se intensifica. Y este beso me hace sentir igual que el primero de todos, en la bañera de mi casa. Este beso me hace volar y tocar el cielo con la punta de mis dedos, y el mero pensamiento de que no voy a poder tener estos labios nunca más sólo me hace querer besarlos más.
Finalmente nos separamos, y junto nuestras frentes para susurrar lo que va a ser nuestra despedida.
-Esto... - empiezo, y se me corta la voz otra vez - esto no es un adiós. No pienso decirte adiós.
-¡Emma, vamos a llegar tarde! - oigo a su madre llamar a lo lejos, fuera de nuestra pequeña burbuja de felicidad. Pero Emma no se mueve ni un milímetro, y me mira a los ojos con intensidad.
-¿Y qué es, entonces? ¿Qué otra cosa hay que decir?
Me vuelvo a inclinar para dejar un beso suave en sus labios durante unos segundos largos, mientras respiro hondo para el desenlace de la historia que esta maravillosa chica y yo hemos vivido juntas.
-Hasta el próximo beso, Emma.
Y entonces sin decir nada más, me doy media vuelta y empiezo a caminar, yéndome por donde he venido.
Camino, alejándome de mi alma gemela, alejándome más y más a cada paso de ella. Camino, mientras más lágrimas recorren mis mejillas, alejándome de la otra mitad de mi corazón, sintiendo cómo se desgarra más y más mientras me recorro el aeropuerto otra vez de vuelta al pueblo.
Y lloro en el coche de camino de vuelta, mientras la otra mitad de mi corazón está volando a otro continente. Y sigo llorando cuando llego a casa, y sé que seguiré llorando durante mucho tiempo, porque sé que nada ni nadie logrará llenar el vacío que siento en mi pecho. Porque, como he dicho, la única que posee la otra mitad de mi corazón es ella.
Y porque siempre, siempre voy a quererla con todo mi corazón, o al menos con la mitad de él.
Siempre, con o sin tequila.

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Epilogo

Mensaje por Admin el Sáb Feb 11, 2017 8:13 pm

Pov Jennifer
Hoy cumplo veintiséis años, y la única fiesta que voy a tener es un montón de gente quejándose en la sala de urgencias en el hospital. Cuando te haces médico acabas acostumbrándote a tener guardia en días como tu cumpleaños o Navidad, así que está bien. De todas maneras, todas mis amigas también tienen guardia, así que será... una guardia de cumpleaños. Llena de gente quejándose.
Han habido muchos cambios para mí en los últimos años. Me puse las pilas en el instituto, y acabé entrando en la universidad de medicina. Sí, quién lo diría. Mis deseos de irme del pueblo donde siempre había vivido se hizo realidad, y hace un año vivo en Nueva York, trabajando en uno de los mejores hospitales del país. Mi vida se basa en el hospital, mis amigas están en el hospital, mi trabajo, mis horas del día. Aquellos que dicen que los médicos no tienen vida fuera del hospital, tienen razón. Al menos conmigo.
-¡Feliz cumpleaños! - Amanda me abraza por detrás fuertemente y me da un beso en la mejilla mientras camino por los pasillos del gran hospital. Amanda también habla español, y es mi mejor amiga. Antes trabajaba en un hospital en España, pero hace poco se mudó aquí, y ahora somos inseparables.
-¡Y tan feliz! Me han asignado urgencias, y voy a pasarme todo el día cosiendo cortes. - Digo, con desgana. - Happy birthday to me...
-Después de la guardia nos vamos de copas, ya lo he hablado con las demás. - Dice Amanda, tan sonriente como siempre, ignorando mi comentario negativo. - Ánimo con esos cortes Jenn - dice, burlándose.
-Fuck you. - Le digo en voz alta, mientras cada una se va por su camino. Yo me dirijo a la zona este del Hospital.
-You love me. - Es lo último que me dice antes de desaparecer. Bostezo y le doy un trago a mi café, preparándome para el día.
Veintiséis años. Vaya, el tiempo pasa muy rápido. Si la Jennifer de hace ocho años me viera ahora, no me reconocería. Me he independizado, tengo un buen trabajo, dejé de fumar. Hasta tengo un gato en mi apartamento que se llama Riley. Salgo de mis divagaciones cuando entro por las puertas de la sala de urgencia. Vaya, hoy parece que está bastante movido.
-Jennifer - dice una voz masculina, mi jefe Jack. - La cama seis y la trece necesitan suturas, cuando acabes avísame. Hoy estamos hasta arriba. - Me dice en inglés, que ahora entiendo perfectamente y hablo con mucha fluidez. Yo me limito a asentir.
-No problem. - Le digo, y me dirijo hacia la cama seis. Agito la mano un poco, parece que voy a pasar la mañana cosiendo.
Corro la cortina que separa el pequeño cubículo del resto de la sala, y dirijo mi mirada al papel que tengo delante, el historial del paciente. Ninguna operación anterior, ninguna alergia...
-Okay... - Empiezo, y dirijo la vista hacia arriba del papel para leer el nombre del paciente - Emma García.
Emma García, me resulta bastante familiar. Me recuerda a... No puede ser. Abro los ojos como platos y me topo con unos ojos marrones mirándome fijamente. Unos ojos demasiado familiares, que hacen que no sienta los pies y que mi mente se nuble un poco. No puede ser. ¿Emma?
-¿Jennifer? - Me dice, con un tono de sorpresa. Aunque no está tan sorprendida como yo, que no puedo pensar con claridad. - ¿Ahora eres médico?
-Eh... sí, supongo que sí - digo, soltando una carcajada nerviosa y sin saber qué hacer. Entonces noto el corte que le recorre casi media frente, y el labio roto sangrando. - ¿Q-qué te ha pasado?
En seguida me acerco para examinar las heridas, y la de la frente necesita indudablemente suturas. Ella duda en contestar, y noto cómo se pone nerviosa mientras le aguanto la cabeza para mirar mejor la herida.
-Yo... me caí por las escaleras y mi frente aterrizó sobre la esquina de una mesa - Dice, con tanta credibilidad como la de un niño cuando ha hecho algo mal. Yo simplemente asiento y me pongo a limpiar la herida, a lo que ella hace una mueca de dolor.
-Y, ¿Qué haces aquí en Nueva York? - Intento hacer conversación mientras paso el desinfectante por la herida.
-Mi novio... él se quería mudar aquí por un tiempo, y supongo que aquí estoy - Dice, con voz insegura. - Es empresario, y le han trasladado... ay! - Dice cuando empiezo cosiendo el corte.
-Tenías que golpearte la cabeza como excusa para verme otra vez, ¿eh? - Digo, soltando una carcajada y ella también se ríe, haciendo una mueca de dolor por el labio roto. - Irónico, no es la primera vez que te curo un labio roto.
Nos ponemos serias otra vez, y ella me mira fijamente, como si estuviera mirando justo dentro de mi alma. Estamos así un momento, y luego ella vuelve a sonreír irónicamente.
-Doctora Jennifer González. -Dice, y yo pongo los ojos en blanco mientras ella se ríe un poco - Me alegro de volver a verte.
-Yo también, Em - Me sale el apodo sin pensarlo, pero no parece haberle molestado. Cuando termino cosiendo la herida estamos totalmente en silencio. - Ya está hecho. Tienes que venir de aquí cinco días para que te quite los puntos y para comprobar bien la herida.
-Entendido. Estás hecha toda una profesional. - Dice, bromeando otra vez, y yo le doy un ligero empujón en el hombro. Ella hace una mueca de dolor a eso, y yo frunzo el ceño. Ni siquiera le he rozado.
-¿Qué te pasa en el hombro, Emma? - Pregunto con preocupación, pero ella niega con la cabeza y se levanta rápidamente de la camilla.
-Nada, supongo que será de la caída.
-Pero... - Empiezo, queriendo examinar lo que sea que le pase en el hombro.
-Vendré en cinco días, Doctora González. - Dice con una media sonrisa, finalizando nuestro encuentro. Se queda plantada mirándome fijamente, otra vez, con esa media sonrisa y ese labio cortado, creando sensaciones extrañas dentro de mí.
-¿Te vas a quedar mucho tiempo por aquí? - Pregunto, no queriendo despedirme de esta chica que tanto significó un día para mí.
-Quizá. Si no, ya me inventaré otra excusa menos dolorosa para volver a verte, supongo. - Dice, y yo sonrío prepotentemente mientras veo cómo se da la vuelta hacia la salida de urgencias.
-Entonces deberías evitar las escaleras. - DIgo, soltando una carcajada. Este encuentro me acaba de alegrar el día.
-Ah - Dice, cuando ya está a unos pasos de mí. Se gira y anda directamente hacia mi oreja - Feliz cumpleaños - Susurra con una sonrisa, y a mi me recorre un escalofrío por todo el cuerpo al tenerla tan cerca.
Después de eso se va, y yo me quedo ahí parada con una sonrisa tonta plasmada en la cara. Quiero que pasen ya esos cinco días para poder volver a ver a esta chica.

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Re: The way I feel about her

Mensaje por Admin el Sáb Feb 11, 2017 8:14 pm

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