Cafe Venus

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Cafe Venus

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:59 pm

By: Karina

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Re: Cafe Venus

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:59 pm

Capítulo 1
-Bésame.- Me dice acercándose a mí.
-¿Qué? - Pregunto algo confusa.
-¡Que me beses! - Me impone.
-No te besaré, Gabriela… Así no. -Digo alzando mi brazo para detenerla.
-¡Soy tu novia! - Me dice intentando besarme por la fuerza.
-¡Pero eso no te da el derecho a tratarme así! - Le dije escapándome de ella.
-Seguro si te lo pide Laura se lo das ¿no?- me dice desde el otro extremo de la casa.
-¡Vete a la mierda, Gabriela! Me cansé de tus insultos. Si no quieres creerme cuando te digo que la que me besó fue ella y sin mi permiso… es tu problema. - Le digo, ya cabreada con ella.
-Pues no hiciste mucho por detenerla. - Me dice sarcástica.
-¡¡Joder!! Me tomó desprevenida… no me lo esperaba o ¿Tú sí te esperas que al voltearte te besen? - Digo exasperada.
- No, pero no la detuviste.- Me dice acercándose de nuevo.
-¡¡¡No duró ni 10 segundos!!!- Digo defendiéndome.
-¡¡Demonios, Dulce!! Pero dejaste que pasara.- Dice obviamente enojada.
-No dejé que pasara. No fue intencionado, no me volteé porque quería que me besara, me volteé porque escuché mi nombre. - Le dije dando unos pasos hacia atrás.
-Ella te gusta. -Me dice y se detiene en una esquina.
-¡¡No, carajo!!- Dije cansada.
-¡La besaste! -Responde levantando la voz.
-¡No! Entiende… te estoy diciendo que no. -Dije ya sin argumentos.
-¡Estabas enamorada de ella! -Dice dejando la esquina para acercarse a mí.
-¡Ya! Es suficiente, llevamos tres días en lo mismo… ya no lo soporto más.- Le dije cansada ya del tema.
-¿Qué quieres decir?- Me pregunta y se para.
-Yo estoy enamorada de ti, no de la tal Laura. Si mi palabra no es suficiente para ti… es mejor que lo dejemos hasta aquí. -Dije y caminé hacia la puerta.
-¿Me estás terminando? -Me pregunta confusa.
-No quiero, créeme, pero sí, lo estoy haciendo. -Le dije seria.
-Entiendo… - Me dice mientras toma su cartera.
-No deseo tener a mi lado una mujer que no confía en mí ni en lo que le digo. -Le dije con firmeza.
-¿La prefieres a ella como tu novia?
-¡¡Mierda!! ¿Qué parte del "estoy enamorada de ti, no de ella" no entendiste, Gabriela?- Le dije levantado mi voz.
-Sólo la parte en donde te veo besarla. -Me dice dando unos pasos más.
-¡¡¡Que yo no la besé!!! ¡¡Con un demonio!! - Le dije cabreada.
-Como quieras, Dulce. Me voy, pero después no vengas a buscarme.- Me dice desafiante.
-Pierde cuidado, que no lo haré.- Dije al tiempo que abría la puerta para que se marchara.
-¡Adiós! -Me dice mientras salía.
-Adiós.- Dije yo cerrando la puerta.
La puerta se cerró de golpe. Sentí el ruido de sus tacones en las escaleras mientras me encaminaba a mi cama. No sentía ganas de llorar, no era justa conmigo. Es ella la que tiene que cambiar, no yo, lo que pasó no es mi culpa. Ni conozco a la chica que me besó, no la había visto jamás. Seguro fue una ex novia jugándole una mala pasada a ella. No me merezco el trato miserable que me da, yo la quiero, pero también me quiero a mi misma y no estoy dispuesta a aguantarme sus insultos de nuevo. Una vez… pasa. Dos, nunca. ¡Joder! Pensé que me quería, que era importante para ella esta relación, pero siempre está con sus celos mal fundados opacándolo todo. No puedo así, una relación así no sirve.
Después de 2 meses juntas, sólo estábamos haciéndonos daño. Yo más que ella, por calarme su maltrato verbal… hice bien en terminarla de una vez. Esta vez no caeré de nuevo, no le perdonaré nada, que se vaya y me deje en paz. Sola estoy mejor.
Nunca debí dejarme llevar por mis amigas, no tenía por qué buscarme una relación seria, sola y con los romances fugaces estaba más que bien. No sufría yo ni la otra parte. Sólo era sexo casual y ya. Era feliz, pero tenía que dejarme llevar por el estúpido vacío ese, que se te acumula después de 7 años sin tener una compañera con quien despertar a diario.
Ahhhh, si ella estuviera aquí, seguro no me sentiría tan perdida como me vengo sintiendo, como me siento ahora. Si el estúpido camino no hubiera estado mojado, quizás ese accidente no hubiera ocurrido y mi Valentina aún estaría conmigo ahora… ¡Joder! Le pedí infinidad de veces que no manejara ese día, que mejor tomara el bus, que iba con ella para que no estuviera sola en el auto, pero nada dijo, sólo me sonrío y besó en signo de despedida.
Aquel día, llovía. El cielo estaba negro y una angustia injustificada, pensé en ese momento, me llenaba el pecho y, al ver el rostro de Poncho tornarse pálido mientras atendía la llamada, entendí… entendí, sin que él me dijera nada, que ella ya no estaba más. Él cayó en el sillón soltando el celular, yo enmudecí y sólo me encaminé hacia las escaleras, a su habitación, nuestra habitación.
No fui a su entierro, no me aparecí por la casa de sus padres, no me atreví. Poncho me insistió, pero no me atreví a interrumpir con mi presencia, que bien sabemos Poncho (su hermano) y yo, nunca ha sido bienvenida. Me quedé en nuestra casa, sentada en el sillón de la sala, como esperando que apareciera por esa puerta y me dijera: "Hola, amor". No fui a verla al cementerio tampoco, ni lloré por su pérdida. Estaba enojada con ella, le pedí que no fuera, casi le rogué, pero me dijo que era necesario enfrentar a sus padres de una vez, que postergarlo no serviría y la dejé ir en contra de mi propio presentimiento.
Ahora han pasado 7 años y aún me prohibo enamorarme de alguien más. Sé que a ella le gustaría verme bien y feliz, pero yo... simplemente no puedo pasar de largo lo que era tenerla a ella conmigo.
Gabriela, aunque la quiera, y diga que estoy enamorada, no es mi prototipo de mujer. Me miento a mi misma con pensar y decir que me enamoré de ella, sabiendo que en realidad no es así. Mi corazón sigue siendo de ella y no sé si es porque yo lo quiero así o es porque no ha llegado la chica que me conmueva como lo hizo ella la primera vez que la vi.
Tendrían que desaparecer sus recuerdos para dejar de pensar en ella. No sirve con que ya no esté conmigo, porque de todas maneras va de mi mano donde quiera que esté y vaya… ¡¡¡Dios!!! ¿Haré bien en no permitirme enamorarme otra vez? Quizás me esté censurando como dice Poncho, o me estoy perdiendo de la vida, como me dice Jocelyn, pero ¿Qué puedo hacer? Nadie tiene esa esencia, esa alegría, esa sonrisa que contagia… ninguna de las chicas que he conocido me mira como lo hacía ella… Aggg, mejor me voy por un café a la cafetería de la vuelta antes de que… ¡Joder! La puerta.
¿Quién será a esta hora? Son las 10 de la noche ya.Bueno, quien sea, se tendrá que ir por donde vino o venir conmigo a tomarse un café. No pienso quedarme en esta casa, sola, un día viernes. Es demasiado depresivo y, además, no quiero que piensen que estoy mal por Gabriela… abrí la puerta con la intención de echar a quien fuera que esté parado al otro lado…
-Hola, Dulce. -Me dice Poncho en la entrada de la puerta.
-Poncho… hola. -Dije sorprendida de verlo a esta hora en mi entrada.
-¿Puedo pasar? -Dice dando un paso hacia adelante.
-Sí, sí… pasa. No, mejor no pases… voy de salida. -Dije tomado mi bolso, que estaba colgado detrás de la puerta.
-¡Dulce! -Me dice con cara de matarme.
- En serio, no me mires así. Si quieres te dejo acompañarme. -Dije empujándolo hacia la salida.
-¿Dónde? -Me dice levantando la ceja.
-A la cafetería de la vuelta… ¿recuerdas? -Digo mirándolo.
-¿Venus? -Dice extrañado.
-Sí. La misma.- Digo dándole la espalda.
-¿Aún está? Pensé que ya no existía. -Me dice resignado.
-Bueno, tiene nueva dueña o dueño, no tengo idea, pero aún está ahí. Conservaron el nombre.- Dije cruzándome mi bolso por sobre la cabeza.
-Bueno, vamos y hablamos.- Dice poniendo sus manos en los bolsillos.
-Bien, deja, quito… -las llaves de la cerradura. Digo metiendo mi mano por dentro…- vamos.
-Te sigo. No puedo creer que aún vayas al mismo lugar de siempre cada vez que piensas en ella. - Dice sonriendo -No me mires así, te conozco.
-Es una costumbre que me gusta, Poncho. No me regañes. No estoy deprimida. Sólo quiero tomarme un buen café. -Dije comenzando a caminar.
-Bueno. Supongo que sabes a que vengo ¿no?- Dice abriéndome la puerta del edificio.
-Sí, puedo suponerlo y desde ya te digo que no iré contigo al cementerio.- Le dije con seriedad.
-Dulce, que mañana se cumple otro año de su muerte. -Dice mientras me sigue el paso.
-Ella no esta ahí, Poncho. A estas alturas ya es polvo. -Dije con desgano.
-¡No seas insensible, mujer!- Dice levantado un poco la voz.
-No me vengas con lo mismo cada 20 de Junio entonces. -Le dije tomándolo del brazo.
-Tienes que superarla de alguna manera, Dul. -Me dice mirándome.
-No me llames así, Poncho. Es Dulce.
-No cambias. Ven conmigo mañana… tengo que entregarte unas cosas.
-¿De ella? -Pregunto inocentemente y curiosa.
-Sí, encontré una cajita hace unos días en su habitación cuando terminaba de desocuparla. -Dice mientras cruzábamos la calle.
-¿Quitaste todas sus cosas de ahí?
-Sí, ya era tiempo y además, ya sabes que Maite está por dar a luz y el bebé necesita una habitación. Estoy seguro de que Valentina no se opondría.
-Es verdad, te habría ayudado a decorarla.- Dije pensativa.
-Sí. Entremos.- Me dice y se detiene.
-Sí. .Dije, al no percatarme de que habíamos llegado.
-No entiendo esa manía tuya de andar siempre con tu cuaderno de notas a todas partes.- Me dice mientras nos sentamos.
-Pues uno no sabe cuando le llegue la inspiración… Jajja.- Dije bromeando.
-Jajajja… entonces, ¿Vienes mañana? -Dice a ver si me pilla desprevenida.
-No, Poncho. Perdóname, pero no puedo. -Dije tajante.
-Dulce, llevas 7 años en lo mismo. Lo único que me tranquiliza algo, es que tienes pareja estable y te estás dando la oportunidad. -Me dice esperanzado.
-Pues… ya no. Terminé con Gabi. -Le dije algo indecisa.
-¿Por qué? -Pregunta exaltado.
-¿Te parece poco lo de hace tres días? -Dije mirándolo.
-No, pero pensé que lo superarían. -Dice mirando la mesa.
-Pues no. -Respondí con firmeza.
-Bueno, bueno. Esta vez no te diré nada, pero intenta avanzar ¿sí?- Me dice inclinándose hacia mí.
-No. Ya no seguiré tu consejo de momento. Dejaré pasar un tiempo, si no te molesta.- Le dije y me mira molesto.
-Está bien, con tal que no sean años. -Me dice serio.
-Jajaja… no tranquilo. Me pides un café mientras voy al servicio ¿sí?- Le dije mientras me levantaba de la silla.
-Sí, ve, te espero.- Me dice llamando a la mesera.
Este local, me trae tantos recuerdos. Aquí la vi por primera vez… mmm... aún lo recuerdo como si fuera ayer, su mirada perdida por el ventanal al pasar por fuera del lugar y esa media sonrisa que le vi al entrar. Todo eso me embobó con una rapidez asustadiza. En ese entonces, no tenía conciencia de mi tendencia a las mujeres, pero ahora entiendo que tenía que ser ella la que me lo hiciera ver… con esa mirada triste pero emocionante, aquella que siempre me cohibía con tanta facilidad que tenía que hurtarle los ojos para no delatar ese amor que me inspiró luego de sólo entablar una pequeña conversación cordial sobre qué iba a pedir para tomar o comer.
No tuve necesidad de preguntar su nombre. La etiqueta en su uniforme lo decía... Valentina, Val… así la llamaba desde que mis idas a la cafetería eran diarias. Al principio no alcanzaba a entender el por qué de mi emoción cada vez que la veía, ni lo incompleta que me sentía después de pasar un rato de conversa con ella. Poco a poco nos hicimos amigas, salíamos… a veces al parque, otras a caminar por alguna plaza. Siempre había algo que hacer, pero siempre volvíamos al mismo lugar… la cafetería.
Recuerdo que muchas veces la regañaban por sentarse conmigo en la mesa a tomarse un jugo y reíamos sin parar. Tenía esa habilidad de reírse sin excusa y a mí… lograba siempre desinhibirme con esa gracia en sus ojos. Poncho tiene razón, siempre vengo aquí cunado pienso en ella y tengo la necesidad de tenerla, aunque sea en recuerdos. Me gusta mucho el ambiente y a veces, siento su aroma en el aire. Eso me transporta sin darme cuenta y cierro mis ojos dejándome llevar por unos instantes… hasta que la camarera me interrumpe para saber si quiero algo más. Un fastidio.
Es mejor salir, tomarme ese café y seguir diciéndole a Poncho, que no iré con él mañana. No soy capaz de eso, he hecho muchas cosas que ella desaprobaría y que de seguro me reprocharía… ajjaja, aunque no pueda hacerlo, yo sentiría que lo hace. Es por eso que no voy a verla y también porque tengo miedo a enfrentar que ya no está más acá…
Por suerte Poncho ya había pedido el café y estaba en la mesa. Me llamó la atención la mujer sentada en una esquina, siempre con su Netbook en la mesa y un café, que estoy segura seguía intacto y frío. Desde que abrieron este local nuevamente, siempre la veo ahí, en la misma esquina como observando de reojo a todas las personas que entraban. Es extraño.
-Te has demorado en el servicio, peque. -Dice ya con un tono suave.
-Sí, algo. Pero ya estoy aquí.- Le dije sentándome.
-Está bueno el café, con este frío nos caerá bien.- Me dice bebiendo su café.
-Sí. ¿Cómo van tus cosas? -Pregunté cambiando el tema.
-Regularmente normal. Como siempre diría yo. - Me dice con fastidio.
-Eso es bueno, Poncho. No pongas esa cara de desgano. Pronto nacerá tu hija y te cambiará la cara. - Le dije tomando la taza.
-Jajaja… lo mismo me dice Maite. Que con la llegada de Valentina, estaré de mucho más ánimo. - Dice sonriendo.
- ¿Valentina? - Pregunto con la taza en los labios.
-Sí, Dulce. Lo decidimos hace meses, sólo que no te lo había comentado aún.- Dice mirándome.
-Será la nena más afortunada-. Dije sonriéndole a medias.
-Lo sé. La mimarás hasta decir ¡basta!- Me critica bromeando.
-Jajaja… pero no seré la única ¡eh! - Le dije a mi vez riendo.
-Cierto… Jajaja. Entonces, como no irás conmigo mañana, vente a almorzar con nosotros.- Me dice aprovechando mi humor temporal.
-Bueno, eso sí te lo acepto. Iré, lo prometo.- Le dije para tranquilizarlo un poco.
-¡Genial! Algo logré después de todo.- Comenta riéndose.
-Jajaja… vas progresando, Ponchito.- Le dije algo burlesca.
-Jajaja, bueno… es mejor que me vaya. Maite me espera. -Me dice buscando algo en sus bolsillos.
-Dale mis saludos.- Le dije mientras terminaba mi café.
-En tu nombre. -Me dice levantando la mano para que le trajeran la cuenta.
-¡Bien! Te veo mañana a eso del medio día en tu casa. -Le dije levantándome.
-No me falles ¡eh! -Me dice mirándome serio.
-Despreocúpate. No lo haré. -Le dije mientras tomaba mi bolso.
-Eso espero, Dulce. -Me dice mientras pagaba la cuenta.
-Ok, ok.- Le respondí al tiempo que caminábamos a la salida.
-Bien, hasta mañana, peque.
-Hasta mañana, Poncho.
Besé a Poncho en la mejilla y me dispuse a pensar un poco. Abrí mi libreta de notas y saque mi lápiz una vez más. Como cada año desde que no está y como también cada año, la hoja queda en blanco. No quería verlo, pero pensar en ella estaba desgastándome de a poco. Sin embargo, no considero que tener una relación sea la solución para olvidarla. Desearía que llegara la mujer, que me cautivara como lo hacía ella, para vivir esa vida que pude tener con ella.
Miré mi reloj, eran las 11:15 de la noche, hora de irme. Saqué un billete de mi bolsillo al pararme de la silla y lo dejé sobre la mesa marchándome de ahí sin mirar atrás. Siempre me pasa que el día antes me abstraigo de todo, sólo ella acapara mi mente y… ¡no tengo idea de qué demonios hago! Esto es un torbellino, un espiral que me marea sin cesar.
En la calle no me detuve a mirar nada, sólo el suelo. Sentía a la gente pasar a mi lado, pero no me detenía a mirar a la persona que entraba en contacto conmigo tras un leve choque de hombros y seguía, sumida en ese recuerdo que me robaba una sonrisa sin querer. Es habitual en mí sonreír al pensar en ella y eso… ¡Es tan a menudo! Sigo amándola como la primera vez que lo dije en voz alta y me sorprendí a mi misma con ello… fue entre risas que se me escapó, ella se sumió en el silencio, ambas sentadas en el sillón de su casa. Aquella tarde se me ha venido muy seguido a la mente en estos días.
Al llegar a la entrada de mi departamento, me percaté de que se me había quedado mi libreta en el café. No me di a la tarea de ir por ella, era muy tarde ya. Iré mañana, si es que aún la tienen. Me dije mientras cerraba la puerta detrás de mí… Pasaré luego de terminar mi trabajo en la librería y de paso, me tomaré un café y… ¡Demonios! Mañana me toca ir a lo de Poncho… ¡ah! Eso es a la hora de almuerzo. Estoy salvada… Jajaja, a estas horas mis neuronas ya están en estado senil.
Entré a mi cuarto mientras tiraba mi ropa al suelo, me puse una camiseta y me encaminé al baño a higienizarme antes de tirarme en la cama. Puse música y programé el equipo para que se apagara en una hora, más o menos… dicen que es mala costumbre esta de escuchar música antes de dormir, pero es que conmigo hace lo contrario. Me relaja y me duerme tan rápido que ni cuenta me doy y, mientras eso pasa, tarareo las canciones, en este caso, "Fix You Up" de Tegan & Sara…
No me percaté en qué momento me dormí, pero no me molesta. Dormí genial y como me lo esperaba, soñé con ella. No quiero llorar, pero tengo una ganas tremendas… lo he pospuesto demasiado al parecer. Por no llorar me cambié a este departamento. No quería seguir viviendo en una casa donde todo me la recordaba, su aroma estaba en todos lados, desde la entrada hasta el patio trasero. Sus plantas, esas que se empeñó en tener y que yo, por no verle esa carita de decepción, consentí que lo hiciera… Jajaja, aún puedo verla saltar de alegría cuando me vio llegar con la tierra y semillas. Lo daba todo por no verle esa expresión triste en el rostro.
A veces la puedo oír regañándome por mi manía de ducharme con agua helada en el invierno y salir a la calle con el pelo mojado. Sacudo la cabeza al pensarlo y procuro seguir. Terminar de vestirme, arreglarme, tomar mi bolso y mis llaves para salir a la librería, así como lo hago ahora.
Respiro hondo antes de comenzar a caminar las 7 cuadras que recorro todos los días, desde que se me ocurrió aceptar la oferta de mi tío de atender aquella librería. No estaba en mis planes, pero ahora es mía… lo cual tampoco era lo que esperaba... jajaja. Tendría que ir por mi cuaderno a la cafetería. No quiero que lo registren mucho, si bien no tiene mi número de celular, sí tiene la dirección de la librería. Bien, después de comer con Poncho y Maite iré a la cafetería por él.
-Jocelyn… ¿Qué te trae por aquí? -Pregunto sin detenerme.
-Tú. -Me dice siguiéndome.
-Te has enterado de que terminé con Gabriela. Te advierto que no cambiaré de opinión-. Le digo sin aminorar mis pasos.
-Lo sé, vengo del cementerio. -Dice sin mirarme.
-Ok. Con razón estás de pie tan temprano. -Dije indiferente.
-Jajaja, que no se te olvide que pedí el día en la revista. - Dice sonriendo.
-Jajaja, bueno, bueno… entonces dime ¿Qué quieres de mí?- Dije parándome en la entrada de la librería.
-Nada. Sólo vine a pasar el resto de la mañana contigo mientras llega la hora de irnos donde Poncho. - Me dijo metiendo sus manos en los bolsillos de su abrigo.
-Ahhh, te invitó también. -Dije mientras sacaba las llaves de mi bolso.
Sí, ayer por la tarde me llamó.
-Ya. Esto es un complot, ustedes dos quieren algo, pero aún no sé bien qué.- Dije poniendo las llaves en la cerradura.
-Jajaja... no, mujer. Sólo comeremos-. Dice sonriendo algo inquieta.
-Ya, como si no te conociera, Jose. -Dije mientras entrábamos en la librería.
-Bueno… en serio te digo, no pretendo nada, por lo menos yo. - Dice sentándose en una silla.
-¡Bien! -Dije mientras corría la cortina de la ventana.
-¿Cómo estás con eso de que Gabriela te dejó?- Me dijo mientras se quitaba el abrigo.
-¿Que me dejó? ¡Ja! -Dije con ironía.
-¿Qué?- Me pregunta curiosa.
-Nada, la que terminó con ella fui yo, pero bueno…- Dije, encogiéndome de los hombros.
-Sí. Terminó siendo una joyita la chica ¿no? -Me dijo colgando su abrigo en el perchero.
-Sí, para la otra, fíjate mejor antes de presentarme a alguien más. -Le dije señalándola con el dedo.
-¡Ey! Que no es mi culpa. - Me dice risueña.
- No dije que lo era, Jose, sólo que… nada. Mejor prepara el café.- Le dije mientras me quitaba el abrigo.
-Bueno, pero no te acostumbres-. Dice caminando hacia la parte trasera.
-Sí, sí…Jajaja ¿Como si vinieras todos los días?- Dije levantando la ceja.
-Cierto, cierto. -Dice haciendo un ademán medio raro con la mano.
-¡Bien! Mientras tú haces el café, yo daré vuelta el letrero de cerrado a abierto y te alcanzo para conversar mientras entra alguien. -Le dije caminando a la puerta.
-Ok, pero dime que tienes azúcar.
-Bueno, no… endulzante.
-Aggg, peor es nada. La última vez que pasé por aquí no tenías ni eso. -Me dijo haciendo una mueca.
-Por eso tengo ahora, Jajaja… para que no te dé algo-. Dije riéndome mientras daba vuelta el letrero.
-Jaajja... gracias entonces.- Dijo poniendo el hervidor.
-De nada, de nada. -Dije volteándome.
Caminé hacia la parte trasera del local. Se me había olvidado que ayer había llegado un pedido con unos libros que tenia interés en leer antes de ponerlos a la venta. Me gusta la poesía y más aquella… encontré la caja donde la había dejado ayer y la tomé llevándola hacia donde estaba Jose, pero me detuve a ordenar unos libros que estaban fuera de lugar antes de que comenzara a llegar gente.
-¡Hey, Dulce! Ven.- Le escuché decir a Jose.
Tomé de nuevo la caja y me dije que terminaría luego de ordenar esos libros. También revisaría las demás estanterías para verificar el orden. Las personas tienden a tomar los libros y dejarlos en donde no deben. Es un fastidio, pero bueno… me entretiene ordenarlos después.
-Dime. -Dije mientras dejaba en el suelo la caja que traía en brazos.
-Llegó esta cajita para ti. -Me dice indicando con el dedo una caja en la mesita.
-¡Ah! ¿Quién la trajo?- Pregunté mientras me sentaba en la silla.
-El cartero. Firmé por ti, porque es certificada-. Me dice sirviendo café para ambas.- ¡Qué raro! No debe de ser de algún proveedor ¿Segura que es para mí? - Le pregunté tomando la caja.
-Pues lee. Ahí dice "Dulce Espinoza" muy clarito.
-¡Ahhh, cierto! Y también está escrita esta dirección. - Dije mirando la tapa de la caja.
-Ábrela. Así sabrás de quien es.
-Sí. -Dije mientras quitaba la cinta adhesiva.
-Seguro es alguna publicidad o algo así. -Me dice mientras le echaba endulzante a su café.
-Si, quizás, pero debería decir el nombre de la publicidad y… - Me quedé muda.
-¿Qué?- Me preguntó inclinándose hacia mí.
Al quitar el envoltorio la vi. La caja medía unos 30 cm, quizás un poco más. Por fuera parecía una caja común, pero si la miraba de cerca, tenía unos dibujos en ella, era color cartón y los dibujos eran negros. Linda, rústica, artesanal… en el interior contenía algo así como hojas de otoño, eran naturales y tenía paja. Un detalle precioso, pero lo mejor fue el contenido principal. Una tarjeta echa a mano, color amarillo con diseños primaverales de un color café claro, se me figuraban a mariposas y flores… contenía también una rosa blanca. Cosa extraña, es costumbre mandar rojas. Era una caja especial.
-Lee la tarjeta. -Me dice interrumpiéndome.
-Está bien… ¡Es un poema!- Dije exaltada.
-¿Sí?- Me dice mirándome extrañada.
-Sí… de Jaime Sabines. -Dije mientras leía.
-¿Qué más dice?- Sigue interrumpiéndome.
-Algo que, a mi parecer, no es de tu incumbencia, Jose. -Le dije mirándola.
-Bueno, tampoco lo digas así. Por lo menos dime si dice quién te la envió.
-No, no dice, pero a juzgar por la letra, adivino que es mujer.- Dije mientras repasaba el contenido de la tarjeta en mi cabeza.
-¡Tienes una admiradora secreta! -Me dice entusiasmada.
-Jocelyn, ¿Qué dices?- Dije levantando la mirada.
-Pues que una chica está interesada en ti. -Me dice tomando un sorbo de café.
-¿Cómo sabes? Quizás sólo sea una broma.
-¡Vamos! Te emociona… Te lo veo en los ojos, te brillan. -Me dice riéndose de mí.
-¡No es verdad! Ahora, si me disculpas, iré al baño. -Dije levantándome.
-Di mejor que vas a pensar.- Me dice sonriendo burlesca.
-Voy y vuelvo. Tapa mi café.- Dije caminando ya.
Abrí la puerta del baño y me encerré en él. No sabía qué pensar… esa tarjeta, la escritura, el poema…
"Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir" S.
¿Por qué me envía precisamente ese poema? Estaba escrito en mi libreta, en la tapa… Valentina lo escribió ahí, hace mucho tiempo. Su favorito… es una coincidencia nada más. No quiere decir nada, pero no deja de llamarme la atención… toda la caja en si me la recordó tremendamente.
Iré por mi libreta antes de ir donde Poncho.

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Re: Cafe Venus

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 12:00 am

Capitulo 2
-No, Poncho. No tengo ni menor idea de quién es. -Dije mientras me sentaba en el sillón.
-¡Vamos, Dulce! De alguien tienes que sospechar. -Me dijo sentándose a la vez.
-Pues no. No sé y lo que más me inquieta son las tarjetas, el contenido. -Dije pensativa.
-¿El contenido? -Pregunta interesado.
-Sí. El contenido de las tarjetas es… y no, sólo tiene que ser coincidencia. -Dije sacudiendo la cabeza.
-¿Qué quieres decir? No te entiendo, Dulce. -Me pregunta inquieto.
-Poncho, dirás que estoy loca, pero… me la recuerda tanto, Poncho-. Dije mirándolo.
-¿Que te recuerda a quién?
-A Valentina. Los poemas, la caligrafía… los adornos de las cajas. Los detalles… todo. Todo me la recuerda. -Dije aliviada de poder decirlo.
-Muéstrame las cajas y tarjetas. -Me dijo serio.
-Bien, pero no le comentes nada a Jose, ni a Maite ni a nadie. -Dije mientras me dirigía a mi dormitorio.
-Te lo prometo.
Realmente, pensé que Poncho me diría que estaba loca, que se reiría de mí, pero no lo hizo y, en
respuesta, me pide las cajas con una expresión seria. Sé que tiene que ser una coincidencia nada más, el parecido tan familiar de esas tarjetas, los poemas… Esto tiene que ser una broma. No puedo sentir estas cosas por alguien que ni conozco y que no quiero conocer… ¿No quiero? Aggg, mejor se las llevo a Poncho, para que me diga lo que piensa al respecto.
-Aquí las tienes, son 4 en total hasta el momento. Me llega una diaria a la librería.- Dije dejando las cajas en la mesita de centro.
-¿Una por día? -Me pregunta mirándolas.
-Sí, cada una viene con una tarjeta escrita a mano y una flor diferente por día. – Dije pensativa. – Aunque la primera venía con una P.D.
-¿Qué decía?
-Que el día que me llegue mi flor favorita, le haga el favor de llevarla conmigo todo el día. Para así, ella o él, pueda saber cuál es la correcta.- Dije mientras miraba a Poncho leer la primera tarjeta.
-Ya veo. – dice pensativo – déjame leerlas todas y te digo lo que creo, ¿ok?
-Bien. Voy a preparar café mientras.
-Sí, gracias. Hoy hace más frío de lo habitual.- Dijo al tiempo que comenzaba a inspeccionar las cajas.
-Sí, ese es el motivo por el cual no quise ir a la librería hoy. Amanecí toda entumida y… no me dieron ganas de levantarme. -Dije caminando hacia la cocina.
-Entonces… ¿No recibirás caja hoy?- Dice levantando la cabeza para mirarme.
-Creo que no.- Dije risueña.
Dejé a Poncho con las cajas. Necesitaba saber que no estaba loca, que a él también se le venía Valentina a la mente como a mí, al leer las tarjetas o cada vez que releo esas tarjetas, pero… tengo que reconocer que me emociona un poco recibirlas, me he sorprendido expectante al llegar la hora en la que usualmente llegan… hoy sería la quinta, pero no fui. Y como ya es hora del almuerzo… el mensajero habitual no debe haberla dejado en la puerta, ni nada. Es certificada, por lo que debe de firmar alguien para poder entregarla… grrrr, quisiera, quisiera… ¡*******! La tetera.
Puse dos tazones en la mesa de cocina y les eché café a uno y al otro té con canela. Y antes de ponerle el agua le puse azúcar al café. Poncho se toma el café demasiado dulce para mi gusto, Jajaja… mejor llevo los tazones a la salita. Necesito saber qué piensa Ponchito y dejar de pensar en esa quinta bendita caja, que no recibiré hoy.
Cuando salí de la cocina y vi a Poncho, sentado y callado, sumergido en sus propios pensamientos, intuí que le había pasado como a mí.
-Aquí tienes.- Dije entregándole el tazón.
-Gracias.
-¿Qué piensas? -Le pregunté curiosa.
-Que tienes razón, la caligrafía es muy parecida a la de Valentina… los poemas, esos me sorprenden ¿Cómo pueden coincidir tanto? Cada párrafo es exacto a como ella los recitaba o escribía en sus libros.- Me dice dejando su espalda caer hacia atrás en el sillón.
-Lo sé, por eso quise que los vieras, para que no pienses que es porque la extraño mucho.- Le dije, sentándome en el sillón frente a él.
-¿Qué has sabido sobre tu libreta? – Dice cambiando el tema – Ahí tenías casi todos los fragmentos de poemas favoritos de ella. -Me dice tomando un sorbo de café.
-Lo sé, eran todos. Porque ella los escribió antes de regalármela a mí. Y no, no he sabido nada. Como te dije el día que almorzamos juntos en tu casa. Se me quedó en el baño del café, pero las meseras me dijeron que no la encontraron ni vieron a nadie con una libreta como la que les describí.
-Entonces, puede que la persona que te envía las cajas la tenga y los saque de ahí. -Me dice tranquilizador.
-No, Poncho. Eso no es posible.- Le dije tomando mi té.
-¿Cómo? -Pregunta curioso.
-Pues, esa libreta lleva conmigo años, y es lógico que a estas alturas ya la haya llenado ¿no?- Dije interrogante.
-¿Qué quieres decir?- Sigue curioso, sin comprender.
-Pues que, como es una libreta de esas a las que puedes quitar las hojas, ya que viene como archivero… los poemas no están ahí, los tengo yo guardados en una caja. No los he leído desde que ella… ya sabes.- Dije algo incómoda.
-Cierto, Valentina la obtuvo por pedido en la tienda… lo recuerdo.- Me dice inquieto.
-Sí. -Dije bebiendo de mi té otra vez.
-Entonces… ¿Cómo puede ser que esta chica escriba en las tarjetas sus fragmentos de poemas favoritos? -Me pregunta esperando una respuesta de mi parte.
-No tengo idea, pero lo voy a averiguar como sea. Eso te lo puedo asegurar, Poncho, pero... ¿Cómo puedes afirmar que es mujer? -Le interrogué yo esta vez.
-Pues por la caligrafía. Es de chica... es muy delicada y redonda para ser de hombre, Dulce.- Dijo sonriéndose.
-Es cierto. -Dije riéndome con él.
-Bueno, tengo que irme al trabajo ya-. Me dijo dejando el tazón en la mesita.
-Bueno, yo haré un par de cosas aquí e iré a la librería un rato. -Dije levantándome con él.
-Ya… ¿Quieres ver si aún te llega la caja de hoy, no? -Me dice algo burlesco.
-Si quiero saber quién me envía las cajas, sí.
-No te estarás ilusionando ¿verdad?- Me dije curioseándome con su mirada.
-No. Eso no pasará.
-Bien. Aunque no sería malo que te enamoraras. -Me dice mientras caminaba hacia la puerta.
-No digas tonterías, Poncho ¿Cómo puedo enamorarme de alguien que no conozco? -Dije algo pensativa.
-Te enamoraste de Vale antes de que te la presentaran ¿no?- Me dice interrogante.
-Eso es diferente. -Dije abriéndole la puerta.
-No, no lo es. -Me dijo al tiempo que salía por la puerta.
-Sí lo es. Ella y yo nos habíamos visto antes. -Le dije mientras lo besaba en la mejilla.
-Ok, nos vemos el fin de semana, o sea, mañana. -Me dijo sonriéndome.
-Bueno, en tu casa a las 8… Da mis saludos a Maite. Chao.
-Chao, peque. Cuídate y no te cabecees mucho con esto ¿quieres? Lo que sea que signifique, lo sabrás pronto.- Me decía mientras se alejaba.
-¿Cómo sabes? -Dije casi gritándole.
-Sólo lo sé.- Alcancé a oírle.
Hacía mucho que no sonreía por alguien sin razón aparente. Y ahora me sonrío por saber que es mujer. Claro que es lo lógico, como dice Poncho… pero no sé como explicarme lo de los poemas. Son tan exactos, simétricamente iguales ¿Cómo es posible que pueda haber una persona que me la recuerde tanto? Después de siete años, siete años sintiendo este vacío y su ausencia. Llega esta chica y lo remueve todo sin saberlo siquiera.
No tengo idea del por qué de su atrevimiento, pero el hecho en sí no deja de sorprenderme, de emocionarme y, de cierta manera, de ilusionarme. No creo que esta chica esté jugando, ni mucho menos tenga la mínima idea de lo que está logrando con sus tarjetas y escritos, pero no veo una intención definida en ello… Su última tarjeta me conmovió tanto, su sensibilidad, la pasión que se imprimía en cada oración, mmm...
"Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre" S.
¿Cómo puede ser tan exacta en su escritura? Es imposible que sea ella, es imposible que haya vuelto, es… no es nada. No es ella, es alguien más, ajena a mi amor, indiferente a todo lo que era estar con ella. Se le puede parecer, pero no será nunca ella, no tiene su esencia, no tendrá su olor, el sabor dulce de sus labios, no tendrá su sonrisa… ¡¡Dios!! Aquella sonrisa ¡Cómo extraño su sonrisa! Tan inmensamente risueña que contagia.
Me niego a que me guste, a ilusionarme y me niego más a que me conmueva. Averiguaré quién es, lo sabré tarde o temprano y le haré saber, le reprocharé el que se haya atrevido a enviarme esos poemas, que no son suyos, son de ella aunque no los haya escrito, son de ella…¡¡Ahhhh!! ¿Qué estoy haciendo? Peleando con alguien que… ni al caso. Esto es una estupidez, pero aún así me estoy poniendo mi abrigo y tomando mi bolso para salir a la librería con la esperanza de que vuelva el mensajero con aquella cajita.
Ansío leer mi próxima tarjeta, quiero ver cual es la flor que me enviará ahora, deseo, en mi fuero interno, que sea la indicada, que sea un tulipán y que esta incertidumbre de no saber, se acabe. Quiero y necesito saber quién es, por qué hace esto, por qué los poemas, de dónde los sacó... ¿Tendrá ella mi libreta? ¡¡¡Ahhhh!!! ¿Cómo demonios voy a averiguar todo eso? Son demasiadas preguntas sin respuesta y me inquieta, me deja demasiado intranquila el hecho de que sepa cosas de mí sin yo conocerla ni nada. Me parece injusto, no estamos en igualdad de condiciones y me jode, para qué adornarlo, que esta pinche mujer tome mis recuerdos como si fueran sus recuerdos. Aunque ella no tenga una idea de ello, me jode muchísimo.
Tomé las llaves de la mesa y, tras cerrar la puerta, me encaminé a la librería. Distraer mi mente, en otras cosas, me ayudará y dejaré de cabecearme por ello al menos por unas horas. No necesito encapricharme ahora que decidí reiniciar mis estudios, ambiciones… no sé bien qué haré, pero creo que ya es tiempo de que comience. Tengo 25 años, no tengo más profesión que la de librera, jajaja… eso no una profesión aceptable para mí. Necesito hacer algo más… ser algo más.
Quizás sea bueno que pase por la cafetería más tarde cuando me vaya a casa. Me tomaré un café mientras pienso en cómo esta chica sabrá si le atinó en la flor o no, quizás así pueda deducir quién es, qué hace y demás cosas que no sé decir, si quiero saber. Garabatearé mi libreta en una hoja y le pediré a la mesera que la pegue en la ventanilla o algo así, de esa manera comenzaré a buscarla. No puede haber desaparecido así de la nada. La chica con la que hablé me dijo que cerraron a la media noche ese día, ¿Qué tanta gente pudo haber entrado después que me fui? De todas maneras, no creo que todas hayan ido al baño. En fin… ya estoy aquí, en la librería y no hay cajita alguna.
Son las 3 de la tarde. Abriré unas horas y luego me iré a tomar un cafecito antes de encaminarme a casa… Me gusta estar sola conmigo misma, pero últimamente me deprime un poco mirar a mi alrededor y no encontrar a nadie esperándome al llegar, pero bueno, es lo que me he buscado. Mejor abro de una vez, y esperaré a ver que pasa. Comenzaré por ordenar esos libros, me dije mientras entraba. Llevan días ahí, uno encima del otro, luego me sentaré en mi sillón de atrás a leer un poco. Eso siempre logra despejar del todo mi mente.
-¡Bien! Vamos dándole-. Dije
Comencé por voltear el letrero de cerrado a abierto. Me quité mi abrigo, dejé mi bolso tirado en un rincón, como siempre, y me senté en el suelo a ordenar los libros por tema para después llevarlos a los respectivos estantes, así se me hace más rápido. Aunque de igual manera no termino hasta pasadas unas horas… esta manía mía de releer un poco cada uno antes de saber donde los pondré siempre me quita tiempo, pero no puedo evitarlo.
Aggg, no pensé que fueran tantos. Me da la sensación de que ha pasado más de una hora, me duelen mis nalgas por estar sentada en el piso, las siento heladas y cada vez que pienso "es la última tira de libros" aparece una más atrás ¡Qué fastidio! En realidad quiero un café, por estar sentada en el suelo me ha dado frío, siento los pies heladillos ya… ¡ohh! Viene alguien. Me paré del piso y caminé hacia la puerta...
-Hola-. Me dice el mensajero.
-Hola.
-Tengo un paquete para usted, vine por la mañana, pero estaba cerrado. -Me dijo dejando la caja en la mesa frente a él.
-Gracias por volver.- Le dije al tiempo que buscaba en mi bolso un poco de cambio para darle.
-De nada, firme aquí nada más y nos vemos mañana-. Me dijo mientras me indicaba donde firmar.
-Sí. Gracias.- Dije al tiempo que le daba la propina y lo veía marcharse.
-Que tenga un buen día. -Me dijo antes de cerrarse la puerta.
No le respondí nada al mensajero. Me quedé mirando la caja, estaba envuelta en una bolsa. Por la lluvia, me dije mientras sacaba la caja de esta misma. No la abrí en seguida, como siempre, desde que llegan, la miré por fuera. Me gustan los diseños artesanales que tienen, son rústicos, no definidos, perfectos en cierta manera y sencillos. Me parecen geniales.
Cuando me dispuse a abrirla, me sentí extrañada de mí misma, estaba emocionada, con cierta pizca de alegría, pero no medité mucho en ello y proseguí con lo que hacía.
Efectivamente, dentro de la caja, estaba la tarjeta junto con una… no, ¡Dios! Es un tulipán. Sentí que se me dilataban las pupilas al ver la flor ¡mi flor favorita! Es naranja, y se ve fresca, a pesar del tiempo que pasó dentro. Quizás sea por la humedad que hay en estos días y el frío, no sé, pero al fin le atinó con la flor la mujer… Jajaja, ahora tendré que llevarla conmigo y a la vista todo lo que queda del día.
Tomé la tarjeta mientras me sentaba en la silla y comencé a leerla…
"Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,
tú lo tienes.
El puño de mi corazón está golpeando, llamando.
Te agradezco a los cuentos,
doy gracias a tu madre y a tu padre,
y a la muerte que no te ha visto.
Te agradezco al aire.
Eres esbelta como el trigo,
frágil como la línea de tu cuerpo.
Nunca he amado a una mujer delgada
pero tú has enamorado mis manos,
ataste mi deseo,
cogiste mis ojos como dos peces.
Por eso estoy a tu puerta, esperando." S.
¡¡Dios!! ¿Qué querrá decirme con todo esto? ¿Qué pretenderá? ¿Enamorarme? Quizás crea que con todo este despliegue de palabras puede lograrlo, pero… ¿Cómo? No me conoce, no sabe cómo soy, qué hago ni nada ¿Cómo puede gustar de mí? Porque para haberse atrevido a esto debo por lo menos gustarle, quizás haberme visto de algún lado, no sé… No alcanzo a entender cómo es que estoy en esta situación. De un día para otro comienzan a llegarme estas cajas, con tarjetas, flores y demás cosas que de pronto tienen tanto significado para mí. Significado que es ajeno para ella, no creo que tenga idea alguna de lo que me está haciendo con todo esto y… no lo entiendo. Todo es muy confuso, de pronto irreal y ahora, ahora sólo quiero saber quién es esta mujer y qué quiere conmigo…
-Hola. -Dice alguien.
-¿Eh? ¡Hola! Sí, dime. -Dije al tiempo que me despabilaba.
-No… yo sólo… ¿Me puedes decir tu nombre?- Me pregunta sin más.
-¿Mi nombre?- Pregunto curiosa.
-Si, discúlpame la pregunta, pero prometo que hay una razón por la cual soy así de directa contigo sin conocernos si quiera. -Me dice toda apresurada.
-¡Wow! -Digo sorprendida.
-¿Qué? ¿Dije algo malo?
-No… ¡no! Sólo me ha sorprendido que dijeras todo eso sin respirar-. Le dije risueña.
-¡Oh! Perdona.- Dice algo avergonzada.
-No, no hay por qué, tranquila… Soy Dulce-. Dije mirándola.
-Yo… – Empieza diciendo y titubeando un tanto. – Yo tengo algo para ti. -Termina diciéndome.
-¿Sí?- Pregunto curiosa.
-Sí, esto… – Dice mientras me entrega una bolsa de papel. – Creo que es tuyo. -Acabó por decir al tiempo que se la recibo.
-¡Ey, mi libreta!- Dije mirando dentro de la bolsa.
-Sí, lamento no haber podido venir antes, pero se me presentaron algunos problemas.- Dice mirándome.
-No tienes por qué disculparte. Gracias por devolvérmela… es algo importante para mí.- Dije mirándola a mi vez.
-Imagino por tu expresión que sí.- Me dice observándome.
-Sí, es que es un regalo especial y… -Dije sacando mi libreta de la bolsa.
-No te preocupes.. Me dice ahora mirando a su alrededor.
-¿Dónde la encontraste? ¿Cómo sabías que era mía?- Dije mientras observaba cómo un par de personas entraban en la librería.
-¡Oh! Disculpa de nuevo, me distraje… – dice sin dejar de mirar los libros en los estantes. – En la tapa dice tu nombre y dirección, pero nunca creí que fuera una librería.- Me dice esta vez mirándome.
-Eres libre de mirar si quieres.- Dije al ver sus ojos algo brillosos.
-Sí, gracias, lo haría… pero debo irme. Tengo que estar en casa antes de las siete.- Dice tomando en sus manos un libro de poesía.
-¡Vamos! Son las 6 de la tarde. – dije mirando en mi celular la hora. – ¿Qué tanto te puede tomar? -Dije sorprendiéndome de mis palabras.
-¡Cierto! Pero voy a querer llevarme por lo menos un libro y, lamento decir, no traje conmigo mi billetera. -Me dice ojeando el libro.
-Te regalaré el que quieras… – Comencé a decir sin pensar. – En retribución por traerme mi libreta. -Dije al final justificándome.
-¿Lo dices en serio? -Pregunta curiosa.
-Sí. Muy en serio. -Respondí algo intimidada.
-¡Genial! -Dice y me sonríe.
-¡Bien! Los de poesía están en el estante de atrás.- Le sugerí mientras miraba como entraba otra persona al local.
-Gracias. Iré a mirar mientras tú atiendes.- Me dice al ver que el chico que entró se dirige hacia nosotras.
-Sí, adelante. -Dije al tiempo que veía al chico detenerse a mirar unos libros.
La observé marcharse en la dirección que le sugerí y no pude evitar sonreír para mis adentros. No me esperaba esto… mi libreta otra vez en mis manos, esta vez no la perdería de nuevo. Tendré que dejar mi manía de llevarla a todos lados como si fuera parte de mí, aunque lo sea… ya no la llevaré conmigo siempre.
No me esperaba esto hoy. En realidad no tenía esperanza alguna de encontrar mi libreta. Gracias a Dios la encontró ella y no alguien que quisiera quedársela, jajaja… ¡¡ufff!! Por fin se decidió este chico...
-Hola.- Me saluda el chico.
-Hola ¿Llevarás eso? -Pregunto mirando el libro que tiene en las manos.
-Sí ¿no tienes "Los cuentos de Maddison"?- Me pregunta mientras me entrega el libro.
-No, lo siento. Se me acabaron, pero llegan la semana que viene. -Dije al tiempo que le cobraba el libro y lo guardaba en una bolsa.
-¡Oh! Entonces te veo la semana que viene. -Me dice algo pícaro al darme el dinero.
-Sí. Gracias. -Le digo dándole la bolsa con el libro.
-De nada, chao. -Me dice yéndose.
-Chao.
El chico se marchó algo desanimado por mi indiferencia, pero me dio igual. No es que no sea guapo o amable, es sólo… que los hombres me dan igual, a menos que sea en plan de amigos. En fin… seguiré con mis libros apilados, que ya nada más me quedan dos columnas que ordenar. Quizás en ese lote esté el libro que el chico necesitaba, pero ganas de buscar no tenía. Sólo tengo frío y ganas… ¿Qué estará haciendo? Está hace media hora ahí atrás. No siento movimiento alguno, y las personas que entraron antes ya se han ido.
Tendría que ir a ver, me dijo que tenía que estar en su casa antes de las siete de la tarde. Quizás sea su novio que la espera para cenar juntos o algo así ¿Qué sé yo? mejor admito que quiero ir a ver qué hace. Sería lo mejor y de paso, le aviso la hora. Eso… le avisaré que es tarde ya. Sí...
Intento mirarla desde el mostrador pero no la veo. Me levanto, decido que es mejor tomarme el café que aún no termino por prepararme. No me gustaría interrumpirla, porque lo más seguro es que esté leyendo… ojeando algún libro. El brillo que tenía en los ojos me dice que le gustan. Su entusiasmo al decirle que le regalaría el libro que quisiera, fue genuino. Le dio alegría, jajaja… ¿Por qué me estoy riendo? Porque la mujer que esta ahí atrás te gusta y te hace sonreír sola.
Ok, es guapa, su sonrisa es preciosa, pero de ahí a… ¡demonios! ¿Qué no puedo decir que tiene buen par de senos? No sé ni lo que estoy pensando. No tengo ni la menor idea de por qué le dije lo del libro. Creo que es porque me gusta el brillo de sus ojos. Su mirada tierna y directa, con algo de misterio y un tanto de tristeza, ¡joder! ¿Por qué no me fijo en el culito respingón que tiene, o en su físico en general? Tengo que fijarme en su lado emocional.
Iré a verla ahí atrás, ya son casi las siete y yo también quiero irme a casa. Así dejo de pensar ******* sobre ella. Ni siquiera sé su nombre, pero ya sé que su mirada me conmueve y me cohíbe un tanto… ¡Dios! Mejor me concentro en lo principal y eso es que tiene a alguien que la espera, seguro es su novio, marido o amante, jajaja… siempre pensando lo peor sin saber nada aún. Típico en mí, cualquier cosa menos admitir que la mujer me gusta.
Caminé hacia los estantes traseros con cuidado de no hacer ruido, no quiero asustarla, pero quiero ver qué hace sin que me vea. Mejor iré por el pasillo del final, de esa manera es más seguro que no vea, ya que si está mirando los libros de poemas, estará de espaldas a mí. Así la veré sin que se percate de que la miro, con tranquilidad…
Ok, sólo veo su nuca y parte de su cuerpo. Está sentada el sillón, seguro leyendo un libro concentradísima. De todas maneras no veo mucho, aunque el sillón está algo inclinado hacia el lado derecho y deja ver sus piernas cruzadas y una de sus manos descansando en el respaldo de este… la luz de la lámpara que puse al lado está encendida. Es más que seguro que está leyendo entusiasmada… me acercaré despacio para no asustarla, la llamaría, pero no sé su nombre, sólo sé que me gusta sentirme conmovida por su mirada…
Me acerqué despacio al sillón. Hay poca luz, sólo la lámpara, pero esta sólo ilumina el lado izquierdo y me da la impresión de que ella la movió de tal manera de que la luz le dé hacia un lado específico… doy pasos silenciosos, no quiero asustarla, pero quiero sorprenderla en lo que hace, que tonto de mi parte eso. Es mejor hacerle ver que estoy ahí… daré la vuelta, así llegare por su lado y me sentirá al acercarme.
Debe de estar muy entretenida la lectura como para que no se percate de que estoy caminando hacia ella. No mueve las manos, es extraño… ¡joder! se ha quedado dormida, y yo que me cabeceaba porque no quería asustarla y nada. El libro que comenzaba a leer, lo tiene en el pecho sujetado con su mano izquierda… su rostro está inclinado a la izquierda, sin embargo, la luz de la lámpara me deja ver que tiene las mejillas sonrojadas, siente frío y tiene que haber estado bastante cansada como para dormirse aquí, en el sillón que, a decir verdad, no es nada cómodo… jajaja.
Me arrodillo a su lado con la intención de despertarla. Iban a ser las siete de la tarde y yo debía irme a casa, con mi tulipán a la vista, pero ella… su expresión, tan tierna, con sus ojos cerrados y esas pestañas larguísimas la hacen ver tan bella en su posición tan dejada por el cansancio… la miraría por mucho tiempo y es una estupidez pensarlo. La moveré un poco del hombro para despertarla, por más que sienta ganas de abrigarla con un abrazo, no puedo. No la conozco de nada… y aún así, siento ganas de cuidarla. Estoy loca, en serio…
-¡Ey! -Dije al tiempo que le tocaba en hombro, sacudiéndolo.
-¡Ahh! -Balbucea comenzando a despertarse.
-¡Hey, linda! Despierta, ya es tarde. -Dije aún arrodillada ante ella.
-¡Oh, lo siento! Perdóname. -Me dijo sonrojándose.
-No te preocupes, nos pasa a todos una vez o dos. -Dije intentado tranquilizarla.
-De todas manera, Dulce. Lo siento, yo… – Dice mirando su reloj. – ¡Dios! Es tardísimo.- Me dice levantándose.
-Sí, por eso vine a ver como ibas, creo que te escuché decir que te esperaban. -Dije levantándome a la vez.
-Sí. Me están esperando. Lo siento de nuevo, debo irme. -Dice tomando su bolso del suelo.
-No te preocupes. Anda tranquila… tu novio seguro debo de estar preocupado porque no llegas.- Dije mirándola a los ojos.
-No tengo novio… ¿Puedo venir mañana por mi libro? Aún no decido cual. -Me dice haciendo una mueca con los labios algo rara.
-Si, claro. Ven cuando quieras. Aquí estaré-. Dije algo entusiasmada.
-Genial! Hasta mañana, Dulce. -Dice dándome un beso en la mejilla antes de irse.
-Si, chao. -Fue lo único que pude decir.
¿Qué me pasa? ¿Por qué me entusiasma tanto esta mujer? Bueno, es que tiene una sonrisa preciosa y su mirada es tierna con un tanto de misterio y tristeza… ¡joder! otra vez en lo mismo, pero es verdad, la mujer me gusta. Me gusta mucho como me mira y además se comporta como si me conociera de antes y… a mí me parece tan familiar. Quizás sea por eso que sentí ganas de protegerla y darle abrigo cuando sentí que tenía frío…no sé, es mejor no cabecearme con eso.
Vendrá mañana… eso me pone contenta y me sorprende a la vez, pero no sé. En realidad lo único que sé, es que tengo que irme a casa. Tomarme un café en el camino y llevar conmigo mi tulipán, esperando que la chica de las cajitas me vea. Aunque me inquieta un poco el no saber… ¿Qué me enviará ahora que ya le ha atinado con la flor?

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Re: Cafe Venus

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 12:00 am

Capitulo 3

Ya van dos días.
No he recibido nada. Ni una caja, tarjeta o alguna señal… nada de su parte. Quizás ya se dio por vencida conmigo o tal vez sea que no me vio con la flor. No lo sé, pero extraño recibir aquellas tarjetas, se me volvieron adictivas y eso que sólo he recibido cinco. Debo admitir que me gusta, me emociona mucho recibirlas. Aunque no diga nada de ella, dice mucho de su personalidad con esos poemas de Sabines.
Por otra parte, tengo que aprender a no dejarme llevar por mis emociones. Es demasiado riesgoso y el entusiasmo que sentía por "mi admiradora secreta", como la llama Jose, se me está transformando en desánimo y desgano. Últimamente no siento ganas de hacer mucho, estoy de autómata con eso de ir y volver de mi casa a la librería y al café. Así son mis días… volviendo a la normalidad con mi soledad y mi amargura.
Hace más de media hora que nadie entra a la librería. No he sentido la campanita que puse para saber si alguien entra cuando yo estoy en la parte de atrás leyendo en mi sillón. Leer es lo único que me llena los días ahora. Y es que no puedo parar de hacerlo, es muy adictivo y entretenido, logra que mi imaginación vuele por partes desconocidas y me eleva de tal manera que a veces me sorprendo a mí misma en esas historias…
Es mejor irme ya. Es hora de cerrar la libreria y partir a mi casa. Primero al café de todos los días y luego, a mi caminata de siempre. Esto de no tener auto ni nada para movilizarme es deprimente a veces, aunque me guste caminar y pasearme por las calles. Hay veces en que me siento tan cansada que me dan ganas de dormirme en este mismo e incómodo sillón, Jajaja… entonces sí, Poncho me da el discurso de que soy una ermitaña moderna.
¡Bien! Ya está, mañana ordeno para distraerme de mis pensamientos. Ahora… me daré media vuelta y me iré a poner el abrigo, cerrar la caja y ver donde tiré mi bolso esta vez… quizás deba empezar a colgarlo, como mi abrigo y como es lo natural, me dije, arrodillándome en el suelo para mirar debajo de la mesa y los estantes. Aunque el abrigo no lo tiro sólo porque es más grande y me estorbaría el camino… tendría que dejar de pensar *******. Tal vez así encuentre el bendito bolso y podría irme a tomar el cafecito que necesito para despertarme un poco…
-¡Ey! -Me dice alguien cuyas botas son lo único que veo.
-¡Ey! ¡Hola! -Dije aún en el suelo.
-¿Qué haces ahí sentada?
-Busco mi bolso… ¿Qué haces tú aquí? -Le pregunto levantándome.
-Vine por mi libro.
-Cierto, pero tenemos un problema.
-¿Cuál? -Pregunta haciendo un gesto con los ojos algo chistoso.
-Uno, estoy por irme y dos, el ofrecimiento ha expirado, señorita.
-¡Oh! Entiendo… en ese caso, creo que es mejor irme-. Y hace el ademán de irse.
-¡Epa! Espera… sólo bromeaba.- Dije tomándola del brazo para detenerla.
-¿Sí?
-Sí. Discúlpame, pero como me dijiste que volverías al día siguiente y ya han pasado dos días…
-Lo siento, Dulce. No pude venir antes y recién ahora pude salir. -Dice, dando un paso hacia mí.
-No te preocupes, sólo decía, no me tienes que explicar.
-Lo sé, pero quiero hacerlo. -Responde seria.
-Ok, tranquila, que no pasa nada. -Dije aún sosteniéndola por el brazo.
-¡Genial! Ya te vas ¿no?
-Sí. Me ando yendo ya.
-¿A tu casa?
-Sí, bueno… primero me tomaré un café y luego ya me encamino a mi casa.- Musité mientras comenzaba a mirar donde estaba mi bolso.
-Ah, en ese caso… ¿Puedo invitarte el café yo?
-Sí. -Digo mirándola.
-¡Bien! Te ayudo a buscar y el libro lo elijo otro día ¿Puedo?
-Sí, cuando quieras.
-Creo que eso que está en la silla de ahí es tu bolso-. Me dice señalando la silla detrás de mí.
- ¡Sí! –salté acercándome a la silla – Ahora podemos ir por el café.- Digo al tiempo que tomaba el bolso.
-Sí, vamos. Tú me dices dónde… yo no conozco mucho esta cuidad.
-¿No eres de aquí?- Pregunté mientras cambiaba el letrero y sacaba las llaves para cerrar.
-No. -Me mudé aquí hace poco más de un mes.
-¿Por trabajo? -Pregunté mientras cerraba la librería.
-Algo parecido.
-Caminemos ¿quieres? Es que la cafetería a la que voy siempre está cerca.
-Sí, me gusta... caminemos juntas.
-A mí también. El viento y el olor a flores le da algo de soltura a mi cuerpo camino a casa-. Le comento respirando profundo.
-Ya veo que sí.
-Sí, puede que te parezca algo tonto, pero la sensación del aire en tu rostro es genial, al igual que el fresco que hay en el aroma de las flores… me suele relajar mucho.
-No dije que me pareciera tonto. Es sólo que no conozco a nadie que se exprese como tú lo haces.
-¿Cómo me expreso yo? -Le pregunté acurrucándome en mi propio abrigo.
-Con pasión...
-Mira, no tenía idea de que podía ser pasional con las cosas simples de mi vida cotidiana.
-Lo eres.- Dice desviando su mirada.
-Cierra los ojos. -Le indico enganchando mi brazo al de ella.
-¿Para qué?
-Sólo ciérralos. Confía en mí… anda.
-Bueno. Sólo no me hagas bromas ¿eh? -Dice volteándose a verme.
-No. Lo prometo.
-Bien… y ahora qué.
-Respira y siente. No tienes que hacer más… olvídate de que estás en la calle y de que puedes chocar con alguien, sólo respira profundo, déjate llevar. -Le expliqué mirándola con los ojos cerrados mientras seguíamos caminando.
-¡No inventes! ¿Cómo haré eso, Dulce? -Me dice deteniéndose
-.Vamos… inténtalo. Yo te cuido mientras caminamos.
-Bueno. Ahí voy de nuevo.
-¡Bien! ¿Cómo te llamas?- Me acabo de dar cuenta de que no me has dicho tu nombre.
-Me llamo… Helena.
-Bien, Helena… ¿Qué sientes? -Pregunto mirándola con sus ojos cerrados.
-El frío en mi cara. -Responde estremeciéndose.
-Jajaja… bueno, bueno. Dejémoslo entonces… otro día que quieras te muestro la cuidad.
-Sí, quiero, pero me ha gustado el aire en mi rostro.
-Gracias por decirlo… ¿te molesta si caminamos en silencio?
-No.
La miré a los ojos en ese momento. Dicen por ahí que si una persona tiene dilatadas las pupilas, es porque lo que ve le gusta, pero quizás sea el frío. Por lo que mejor no me pongo a pensar en el brillo de sus ojos, ni en la ternura que le veo cuando me mira. Terminaría haciendo *******… ella sólo busca tener una amiga, es nueva en la ciudad. No puede ser otra cosa más que eso.
Seguimos caminando una al lado de la otra, en silencio. Me gusta su proximidad con mi brazo, su aroma que me parece familiar y esos hoyuelos que se le forman al sonreír… es bella. Tengo que admitirlo. Es preciosa en su forma de ser y más en su manera de expresar las cosas que no dice, como cuando mira los estantes de libros acumulados uno tras otro. Es genuina… aunque tengo la sensación de que algo no está del todo bien con ella. No sé, como que oculta algo. Nadie duda al dar su nombre a menos que quiera ocultar algo y el de ella me parece bonito. Aunque… ella me lo parece en todo sentido y en realidad no la conozco de nada. Estoy divagando, otra vez.
-Dul, entremos a este café. Me gusta el ambiente tranquilo.- Dice sacándome de mis divagaciones.
-Jajaja.
-¿De qué te ríes?
-Es que, es a este café al que vengo todos los días después del trabajo y por ende al que te traía.
-¡Ah, bueno! -Dice riéndose a la vez.
-Entremos. -Le indico abriendo la puerta.
-Gracias.
-De nada.
Al entrar al local, le indiqué el lugar donde me solía sentar todos los días y, al pasar por delante de mí, dejó un destello del aroma de su cabello. Rico, fresco… olor ¡Dios! ¿Qué me está pasando con esta mujer? Apenas si la conozco, pero siento unas ganas locas de asirla a mi abrazo y no soltarla hasta que ya no sienta esa tristeza que le veo en los ojos cuando me miro en ellos. Es extraño, pero aún así, tengo esta sensación de conocerla de antes, de que la vi antes, mucho antes que hace tres días atrás… no sé. Me perturba en cierta manera que me conmueva con sólo mirarme a los ojos. Y es que no me sentía así desde... Valentina. No me había sentido de esta manera, tan intensa, extraña y emocionante, desde que la conocí a ella, en esta misma cafetería.
No lo entiendo, lo mismo me pasa con la chica de las cajas. Con esas tarjetas que ya no me llegan y que extraño y aquella flor que no de deja de emocionarme y provocarme saltos en el pecho como si fuera vida…
-¿Estás bien?
-Sí… sí. Tranquila, linda. Sólo recordaba algo.- Me disculpé.
-Bueno pero déjalo atrás ¿va? Sólo por este rato.
-Claro. No te preocupes… no es nada.
-¡Bien! Te ves más guapa cuando sonríes ¿Te lo han dicho?- Pregunta y se sonroja a la vez.
-Jajaja… eres la segunda persona que me lo dice.
-¿Serio? ¿Quién te lo dice? Tu novio, seguro.
-Jajaja… ¿Por qué esa cara, mujer? -Le pregunto entretenida.
-¿Qué cara?
-Bueno, bueno… no se me enoje, señorita. No me lo pudo decir mi novio, porque no tengo.
-¿Quién te lo dice entonces?
-Bueno, me lo decía alguien especial e importante para mí, pero hace años que no lo hace.
-¿Qué pasó?
-Murió, hace siete años. -Le solté en un descuido mío.
-Lo siento. Él debió ser muy importante para ti… te has puesto triste.- Dice mientras pone su mano sobre la mía.
-Ella-. Confesé al sentir su mano con la mía.
-¿Qué?
-Es ella. Ella era muy importante para mí. -Me expliqué levantando la mirada.
-¿Tenías novia?- Pregunta quitando su mano de la mía.
-Sí. Me gustan las mujeres y, por lo que veo, eso no es algo agradable para ti ¿no?
-No es eso. Sólo me has tomado por sorpresa.
-No te preocupes… está bien. Si te sientes incómoda, puedo tomarme el café sola.
-No me voy a ir.
-No quiero que lo hagas.
-Entonces no lo insinúes.
-Discúlpame, pero tu expresión me dice lo contrario.
Nos quedamos mirando en silencio. Ninguna de las dos decía algo, pero podía ver en su rostro… sorpresa. No me miraba con desaire ni desagrado. Ella me miraba, con esos ojos color azul que parecen de mar. Me mira con ternura, pensativa, creo… no sé. Me da la sensación de que me está evaluando, no sé bien si a mí o a la situación, pero tengo esa sensación de ser observada con el fin de adivinarme…
-Hola, Dulce.
-¡Ey, Karla! ¿Cómo estás?
-Bien, bien… ¿lo de siempre?
-Para mí sí ¿Qué vas a pedir tú, Helena?
-Café también y un pastelito de piña, si tienes.
-Sí, ahorita se los traigo… ¡ah, Dulce! Tengo algo para ti.
-¿Qué?
-Ya te lo traigo, deja pongo el pedido primero.
-Bueno, gracias.
-¡Vaya! Eres conocida aquí.
-Sí, es que paso todos los días antes de irme a casa y además, vengo desde hace años aquí.
-Imaginé que era así, la chica te trata con familiaridad.
-Sí, Karla y yo nos conocemos desde hace años.
-Me gusta este ambiente. Se me hace muy familiar y no he estado nunca aquí, sólo vine ayer, que me invitó Roberto.
-¿Tu novio?
-No, mi hermano.
-¡Ah!
Y ahí iba otra vez el silencio. No sabía qué pensaba, cómo comportarme con ella ahora que le dije que me gustaban las mujeres. Se volvió algo incómoda la situación después de eso y ahora no sé cómo volver a lo de antes. A esa conversación fluida que teníamos desde que saliéramos de la librería. Es extraño cómo surgió todo esto, apenas la conozco, pero se me hace muy natural el estar con ella aquí sentada, esperando nuestros cafés… es como si lo hubiéramos hecho antes y es una tontería pensarlo…
-Aquí tienes. La dejó una mujer hoy por la tarde.
Miré la caja. No sabía qué decir... me sorprendió ¿Cómo es que puede saber este tipo de cosas? ¿Cómo supo que yo estaría aquí hoy? Pude no haber venido, haber pasado de largo al caminar hacia mi casa…
-Dulce, ¿Estás bien?
-Sí, sí… ¿Quién te dejó esto para mí?
-Una mujer, bastante guapa, si me lo preguntas.
-¿Qué te dijo exactamente?
-Me preguntó si te conocía, luego me pidió entregarte esto.
-¿Nada más? ¿sólo te pidió entregarme esto?
-Sí. Me dejó buena propina, eso sí… Jajaja.
-¿La viste antes por aquí?
-No. Nunca.
-Bueno, gracias.
-De nada… voy por sus cafés, permiso.
-Adelante.
Me quedé mirando la caja en silencio. No sabía qué hacer, todo me tomó por sorpresa. No me esperaba recibir cajas de nuevo y menos aquí, en la cafetería... la mujer sabe más cosas de mí de las que me imaginé ¡No me lo puedo creer! Otra caja ¿Qué me enviará ahora? Seguro es una tarjeta, pero ¿Con otra flor? No lo sé, pero no me atrevo a abrir la caja aquí…
-¿Dulce?
-Sí, dime.
-No, dime tú… ¿Estás bien? Te ves algo pálida.
-Sí, sí. No te preocupes.
-Tu cara dice lo contrario ¿Quién te envía esa cajita? ¿Tu novia?
-No tengo novia. Me las envía alguien que no conozco.
-¡Ah! Como una admiradora.
-Algo así.
-Bueno… aquí viene el café.
Karla puso el café de cada una en la mesa y también, el pastel de piña que pidió Helena. La miré mientras depositaba una cucharada de azúcar en su tazón para luego resoplar antes de llevárselo a la boca. Quise decirle que me gustaba que achinara los ojos para beber el café, que se podía quemar si tomaba el tazón con las dos manos, como abrigándolo, pero me detuve y nada más la seguí mirando en silencio.
Dejé la caja encima de la silla que estaba a mi lado y tomé mi café para bebérmelo. Helena ahora comía su pastel con entusiasmo. Me pareció una niña y la expresión, lejos de sorprenderme, me hizo sonreír y sentirme extrañamente emocionada. Me olvidé por completo de la caja, pasó a segundo plano cuando la miré y vi un poco de crema en las comisuras y quise acercar mis labios a ese lugar, quitar con mis labios aquella crema tentadora y besarla, descubrir a qué saben sus labios… ¡¡Dios!! Qué apetecibles se ven esos labios rojizos, tibios… brillantes.
-¿Por qué me miras así?
-¿Eh?
-Te me has quedado mirando.
-¿Yo?
-No, la chica que está en la otra esquina.
-¡Jajaja! Bueno… es que tienes un poco de crema en las comisuras.
-¡Oh! Disculpa ¿Sólo por eso me mirabas?
-No.
-¿No?
-No… te miraba por algo más.
-¿Cómo qué?
-Como que estoy tentada a besarte.
-¿Qué?
-Perdón. No se por qué dije eso, discúlpame.
-¿Ya no quieres?
-¿Eh?
-Olvídalo. No te preocupes… es mejor irme. Se me está haciendo tarde.
-Pero, Helena… está bien.
-Vamos.
¡Joder! ¿Cómo se me ocurrió decirle eso? ¿Por qué demonios tendré que decir siempre lo primero que pienso? Ahora la espanté y no es que quisiera tener algo con ella, pero… ¿Qué hago? Se está levantando de la silla, tomando su bolso y arreglándose su abrigo para irse y ¡No quiero que se vaya! Quiero tenerla cerca el mayor tiempo posible, todo el tiempo y soy tonta, muy tonta… quiero besarla, claro que quiero ¿Por qué dudé? Me tomó desprevenida, se le notó en su expresión la sorpresa, pero pude ver que le brillaron los ojos ¿Será que ella quería que la besara?
-Nos estamos yendo sin cancelar, Dulce.
-No, tranquila… Karla lo anota a mi cuenta.
-Pero te invité yo.
-Sí, pero me dices que se te hace tarde. Mejor me invitas otro día.
-Está bien, vamos.
La vi caminar hacia la salida metiendo sus manos en los bolsillos. Quise asirla del brazo y preguntarle ¿Qué pasó? ¿Por qué de repente quiere irse? Sé que fui imprudente al decirle que quería besarla, que me tentaba esa crema en su comisura, pero no entiendo su reacción a menos que… ¿Deseaba que la besara? ¡Dios! ¿Cómo saberlo? Cada vez que doy un paso, a los minutos retrocedo dos o tres con ella. Es increíble que pueda turbar mi mente de esta manera, en cosa de segundos, me trastocó todo dentro de mí.
-¿Dónde vives?
-No tienes que acompañarme, Dulce.
-¿No?
-Prefiero caminar… me gusta hacerlo.
-Está bien ¿te veré mañana?
-No lo sé. Quizás… te debo un café.
-Y yo un libro.
-¡Cierto!
-Sí.
-Nos vemos, cuídate.
-Igual. Chao, linda.
-Chao.
Otra vez la veo irse y otra vez quiero irme tras ella. Necesito saber qué quería que hiciera, qué hice o dije que no le gustó. Quiero conocer, saber todo de ella, pero sigo aquí parada, mirando su silueta que se aleja y tal vez no vuelva a ver. En realidad me inquieta esto que me pasa con ella, hemos hablado sólo dos veces, pero fue suficiente para sentir estas ganas locas de estar con ella, de no perderme detalle de nada… quiero besarla, pero no se qué hacer.
Mis pies decidieron por mí, comencé a caminar sin perderla de vista. Al parecer iba pensativa, desde mi distancia, me puedo dar cuenta de que su mirada está en el suelo. Camina a paso lento, no tiene prisa y lo agradezco, voy alcanzándola a paso rápido. No sé exactamente qué haré, pero sé que no quiero que se me vaya así, ni que me mire con indiferencia, como lo hizo antes de irse. Aunque quizás tenga miedo, miedo de que la bese, o de lo que le dije, que me gustan las mujeres. No lo sé, pero lo averiguaré en este momento…
-¡Helena!
Grité su nombre y la vi detenerse frente a una casa. No se volteó a verme, lo hizo después cuando volví a decir su nombre y estaba a un par de metros detrás de ella. Su mirada es de sorpresa, pero creo verle una media sonrisa en los labios, aunque no estoy segura de ello. Al acercarme puedo ver que está algo seria, que está sorprendida, pero seria. El estómago se me apretó cuando la vi caminar hacia mí… se detuvo en las escaleras de un edificio y se afirmó un poco en las barandas de esta ¿Se sentirá bien?
-¿Te pasa algo? ¿Te sientes bien?
-Sí. Estoy bien… ¿Por qué me seguías? ¿Se me olvidó algo?
-No exactamente.
-Entonces, Dulce… ¿Por qué me seguiste?
-¿Por qué estás molesta conmigo? ¿Qué hice?
-No estoy molesta… no has hecho nada malo.
-Entonces… fue porque me gustan las mujeres y por lo del beso que dije, me gustaría darte, ¿verdad?
Se quedó callada. Me miraba en un principio, pero luego bajó la mirada. Me acerqué un poco más a ella y no hizo el intento por alejarse, levantó su mirada de nuevo y volví a ver el brillo que le vi hace unos minutos atrás en la cafetería… ¡me parece tan bella! Tan preciosa cuando levanta el ceño, como analizando la situación. No quiero alejarla, pero tampoco deseo dejar pasar la oportunidad de tenerla más cerca, de besarla como dije, me gustaría.
Di los dos escasos pasos de distancia entre ambas y estuve a centímetros de ella. De su boca. Quedé frente a frente con ella, no me importó si me miraban haciendo lo que iba a hacer, sólo me importaba que estaba ella, parada frente a mí y que al tocar su manos que caían en sus costados con las mías, se aferró a ellas y levantó la mirada de nuevo. La miré a los ojos, quise decirle que lo lamentaba, pero que iba a besarla aunque después no volviera a verla y preferí omitir el pensamiento. En cambio, bajé mi mirada a sus labios, uní mis dedos con los de ella mientras iba acercando mi boca a la suya, me incliné un poco hacia delante y sentí que suspiraba. Tuve la sensación de haber vivido esto antes, al tiempo que el roce de sus labios me causaba escalofríos.
Dejé sus dedos y subí mi mano a su rostro. Quité un mechón de su cabello antes de palpar directamente sus labios y comenzar a besarla despacio. Como cuando caen las hojas en el invierno. Era como si lo que estaba haciendo fuera parte de algo, algo que no sabía que era, pero que me enternecía por completo el cuerpo y la mente… de pronto sentí sus manos tomarme de la cintura, acercarme más a ella, su boca se abría para mí, me mordía los labios luego, se dejaba llevar y yo me sorprendía. Era eso lo que la hizo indiferente, mi indecisión después de decir que quería besarla.
Dejé su rostro y crucé mis brazos por su cuello. Entré en contacto con su cuerpo y sus brazos me envolvieron, su lengua se hacía presente, su nariz se rozaba con la mía, sentía calor, sentía que la necesitaba, que deseaba tenerla conmigo, piel con piel y me pareció una locura. Mientras succionaba su labio superior, mordía el inferior y volvía a hacer lo mismo una y otra vez por una infinidad de tiempo que, al final, sólo fueron minutos…
Solté su cuello despacio, tenía la sensación de no querer dejarla ir de mis labios, pero lo hice. Dejé libre su cuerpo de mi contacto y di dos pasos hacia atrás… no la miré enseguida. Miré el suelo, mis botas, las de ella, pero no me atreví a levantar la mirada. No sé si a ella le gustó del todo, pero sí sé, que buscó hacerlo más profundo cuando sintió mis labios en los de ella.
Levanté la mirada en cuanto la sentí retroceder. La miré a los ojos, no me rehuyó, pero… sólo dio media vuelta y se fue. Pensé en seguirla de nuevo, pero me detuve, no sabía qué estaba haciendo, qué pretendía con besarla así. Tenía que pensar, no podía dejarme llevar por los sentimientos que me provocaba Helena. Me sentía triste, no sé bien por qué, pero me sentía así. La vi caminar a prisa por la calle mientras la cruzaba y di media vuelta. Volteé a verla por última vez y comencé a caminar en dirección a mi casa.
Al meter mi mano en mi bolso y sentir la caja en mis dedos, recordé que existía. Se me había olvidado. Me senté en un banquito que había cerca y me dispuse a sacar la cajita del bolso. La miré como siempre. La olí, no la sacudí. Esta vez no tenía idea de qué me enviaba, por lo que la sorpresa me abrumó en el momento que lo pensé. Estaba segura de que contenía una tarjeta, pero no estaba segura de lo que acompañaba a esta. Era todo un misterio el contenido…
Tomé la caja en mi mano y despacio removí la tapa para abrirla. Miré dentro… vi la tarjeta y la tomé, había algo más, pero me detuve unos minutos para leer lo que decía la tarjeta esta vez…
"¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero")"
Sabines.
¡Mi Dios! ¿Cómo decir que no, con algo así? Me intriga, me conmueve al igual que Helena. Las cosas se me están yendo de las manos con ella y la chica de las tarjetas. No tener la menor idea de quién es, es bastante irritable para mí, que lo necesito saber todo. Es claro que esta mujer busca algo más conmigo, que espera algo de mí con todo este despliegue de palabras, que aunque no sean escritas por ella, dicen lo que quiere. Karla no me dijo nada que me pueda ayudar a encontrarla. Fue a la cafetería, por lo que sabe que suelo ir casi todas las tardes ahí, tal vez la conozco y no esté conciente de ello, como también cabe la posibilidad de que nunca la haya visto en mi vida… todo esto es muy confuso y rápido. Muy rápido. No debí dejarme llevar por mis emociones con Helena y no debo hacerlo tampoco con esta chica y estas tarjeras, flores y ahora… esferas de cristal...
No pensé que me enviaría algo así, tan… precioso. Es particular esta bola de cristal. Tiene una inscripción en la parte del soporte, me gusta el mini paisaje de su interior, la cabañita y la nieve que le cae encima ahora, que la sacudí con la mano. Es bella, sí que lo es. Hace mucho que no recibía un obsequio así, me gusta, me gusta mucho mi esfera de cristal… Jajaja, parezco niña pequeña, riéndome sola aquí. Es mejor irme a casa, se está poniendo más helado y comienzan a caer algunas gotitas… mmm, me pregunto ¿Qué me enviará la próxima vez? Quizás otra bola de nieve, sería genial tener una colección…, ¡Dios! Qué manera de pensar cosas locas cuando estoy contenta. Sólo me toca esperar mi siguiente cajita…

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Re: Cafe Venus

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 12:00 am

CAPITULO FINAL
-Te enamoraste.
-No, Poncho. No me he enamorado de nadie.
-Entonces tienes un desenamoramiento algo particular.
-No es eso. Sólo digo que después de tres meses así… recibiendo cajas sin saber nada definitivo, sólo adivinando y suponiendo cosas, necesito tener certezas.
-Dulce ¿Qué quieres en definitivo? Esa mujer te lo mueve todo, te he mirado, todos los que te rodeamos lo hemos notado. Te importa y emociona a tal punto que divagas sin razón, inquieta, por la casa.
-Quiero conocerla. Saber quién es, qué hace, no sé… verla. Ya mañana van a ser tres meses. Han pasado muchas cosas y quiero saber por quién es que me estoy sintiendo así, ponerle un rostro definido a mis fantasías y saber, de una vez por todas qué demonios espera de mí.
-Está bien, pero ¿Cómo le harás para lograr todo eso? No sabes nada de esta mujer, ni siquiera su nombre.
-Pues, creo que es hora de que yo empiece a enviar cosas.
-¿Qué? ¿Cómo?
-Lo pensé mucho en estos días que llevo de descanso. Le dejaré una nota con Karla, la chica del café.
-Pero… ¿Ella conoce a tu misteriosa mujer?
-No es "mi misteriosa mujer" y sí, la conoce. Con ella me deja las cajas para que me las entregue por las tardes cuando voy al café.
-¡Mira! Sabe más cosas de ti que tú de ella. Me gusta… Jajaja.
-¡Poncho, hablo en serio!
-Bueno… ¿Qué pasa con Helena?
-No lo sé. Ella es todo un misterio para mí, va y viene como paloma mensajera. Nunca sé qué esperar de ella. Cada vez que la veo me alegra el día, pero luego que se va… todos mis pensamientos son para la mujer de las tarjetas. Es muy extraño y difícil para mí poder definir lo que siento por cada una. Y es que… ¡Se me hacen tan parecidas! Tan similares en muchas cosas que, por momentos, me imagino que son la misma persona.
-¿Lo crees posible? ¿No estaba Helena contigo cuando la mesera te entregó una caja?
-Sí. Ese es el detalle que lo desencaja todo en mi mente, por eso me decidí a contactarla. No tengo idea de cómo comunicarme con ella y dejarle mensajes con Karla es la única idea lógica que se me ocurrió, por no decir que es la única que tengo.
-¿Qué pasa si no te responde? ¿Qué pasa si ella quiere seguir en el anonimato? ¿Lo has pensado?
-Sí, lo he pensado. Pero de una u otra manera tengo que averiguarlo, Poncho. No puedo seguir así… confundida, sin tener la seguridad de si este sentir es verdadero o no. Necesito ponerle rostro y un poco de realidad a todo.
-Dulce, estás enamorada. Sólo que aún no diferencias bien de quién.
-No estoy enamorada, Poncho. No quiero estarlo.
-Lo dices por Valentina, pero ella está muerta, no puedes seguir siéndole fiel a un fantasma, Dulce. Sé que ella era mi hermana y, por lo mismo, te lo digo, la conocí bien y sé, estoy seguro, de que ella no querría que siguieras sola.
-No puedo, Poncho. La busco en todas las miradas. La siento aún conmigo y todavía, después de siete años, siento ese calorcito en el pecho cuando la recuerdo… yo aún la amo.
-Dulce... el que te hayas enamorado de alguien no quiere decir que la dejes de amar a ella, ni mucho menos que la traicionas al permitirte sentir amor por otra chica. Eso sólo quiere decir que, a pesar de todo, aún eres capaz de sentir amor y esa, mi pequeña mujer, es la mejor manera que tienes de rememorar el amor que sentías por ella.
-No quiero olvidarme de ella y siento que al continuar, lo hago de alguna manera.
-¡Ahhh, Dulce! No hay mucho que hacer si te enamoraste y no me vas a decir que prefieres dejar ir a la única persona que te ha sacado de tu estado de ermitaña, porque ahí sí que me decepcionarías.
-Poncho… no sé qué hacer.
-Solo déjate llevar. Lo demás vendrá solo y será como tiene que ser. Todo pasa por algo y si esta mujer se tomó el atrevimiento de enviarte todos esos presentes, es porque te quiere en su vida.
-Pero…
-No hay peros.
-Está bien. Ya no quiero seguir hablando de esto. Me siento verdaderamente cansada.
-Vete a descansar un rato. Yo me voy a casa a cenar con mi esposa que seguro se debe estar preguntando por qué aún no he llegado.
-¡Jajaja! Ve tranquilo y la saludas de mi parte.
-Ok… te dejo y, por favor, hazme caso por una vez. No te aferres a un recuerdo. Valentina no querría que lo hicieras y lo sabes.
-Lo sé, Poncho, pero me cuesta como no tienes idea dejarla ir de mis pensamientos.
-A propósito… ¿Ya viste la caja que te entregué el día del aniversario de su muerte?
-No ¿Por qué?
-Por nada en especial, es sólo mi curiosidad. Yo no quise abrirla, tenía tu nombre escrito en la tapa, me pareció incorrecto hacerlo.
-Jajaja… cuando me dé por abrirla te cuento qué había dentro.
-Bien, gracias. Nos vemos por ahí. No te hagas una desconocida de nuevo, ¡eh! Tengo que venir a tu casa para saber de ti, por lo menos llama de vez en cuando para dar señales de vida y de paso, preguntar por tu mascota, mujer. Lleva más tiempo con nosotros que contigo.
-Bueno, bueno, papá
-¡Jejeje! Chao.
-Chao, Ponchito.
Sé que Poncho tiene razón, pero no puedo dejar pasar el recuerdo de Valentina por alguien cuyo nombre es un misterio. Nada sé de ella, nada, y es casi demandante conocerla, saber cosas de ella como ella sabe de mí. Lo necesito con urgencia, me cansa el imaginarla en mi mente con rostros que se me hacen ajenos, tontos y más aún, se me hace endemoniadamente innecesario el misterio. ¿Por qué demonios no se muestra como la gente normal, que se conoce, sale, siente y según esto se relaciona o no?
Es tonto, llega a ser ******* a veces, esta manía de esperar por ella, por aquellas tarjetas con ansiedad, ganas y más que nada, ternura… y es que parezco niño con juguete nuevo. ¡Dios! Qué locura la mía ¿Cómo me pasa esto a mí? Cuando sólo sé que no sé nada y sabiendo que, con mi manera de ser, es preciso conocerlo todo detalle a detalle ¡joder! ¿Cómo pude dejar que esta mujer me llevara a estos extremos? Ya no estoy segura de nada ni de nadie. Helena viene y va. No es precisamente el prototipo de novia para una relación y tengo la impresión de que está insegura de todo. Por otro lado está ella, mi "Mujer que camina", como la canción de Filio…
"Mujer, que camina, sin rastro.
Mujer, que me abrazas el alma,
Mujer, que me robas…
Mujer, que me robas… la calma"
Ella me baila en los pensamientos como nadie, no como lo hacía Valentina, pero es muy parecido el sentimiento que me provoca esta mujer. Muy transparente, es como si no pudiera tener cabida en lo irreal o en lo simbólico, porque es algo más. Algo diferente, inseguro, pero igual de certero que un flechazo. A veces se me hace tan natural, inocente e irremediablemente intenso. Me llena por completo los días, los pensamientos y mis inseguridades pasan a segundo plano. Es totalmente impredecible, no sé adivinarlo, sé presentirlo, pero descifrarlo nunca. A duras penas puedo canalizar todo lo que me insinúa en el pecho cada vez que recibo de ella una señal. Es como si me soplara el viento en el oído, como un murmullo sin necesidad de estar. Es como si ella anunciara su presencia en los ventrículos de mi corazón y acelerara mi sangre. Es ella, es verdad… Amo a una persona que nunca he visto, que no he tocado ni sentido rozar al descuido, pero mi corazón la ansía, la tiene en ese espacio que creí, sólo sería para una persona. Ahí está trazando lienzos, dándole vida a lo que pensé que ya estaba muerto.
Con su último obsequio me sorprendió por completo. No me lo hubiera esperado de nadie. Aún me pregunto ¿Qué haré con una cachorrita? Yo casi no estoy en casa, se deprimirá. Poncho me ofreció llevársela, no me atreví a dejarla ir en un principio, pero terminé por aceptarlo. De eso hace ya unos días. No sé qué hacer, a veces la quiero matar, pero es tan encantadora la condenada que me enamora en cosa de minutos. Su mirada tierna… ¡Dios! Ya me ganó y la echo de menos. Tendría que ir por ella ahora pero Poncho me ha dicho que necesito dormir y descansar. Quizás tenga razón, hace días que no duermo del todo bien y me siento cansadilla. Me daré un buen baño y luego… ¿Quién tocará la puerta a esta hora? Estoy realmente cansada como para atender a alguien más hoy. Sólo me apetece dormir, cerrar mis ojos y dejarme ir hacia los brazos de Morfeo, como dice la expresión…
-¡Helena! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo supiste donde vivo?
-Dul…
-¿Qué paso?
-¡Nada! Yo sólo tenía que verte o…
-¡Vamos, Helena! ¿Qué paso? ¿Por qué estás aquí?
-¿Puedo pasar?
-Está bien, pasa. Discúlpame, es que no me esperaba tu visita y menos a estas horas.
-Lo siento ¿Quieres que me vaya? Sí, mejor, no fue buena idea venir hasta aquí y perturbarte. Seguro que te ibas a dormir.
-Pues sí, pero pensaba darme un baño primero.
-¡Oh, me voy!
-No. No te vayas, sólo dame un momento para darme un baño y regreso para que hablemos. Mientras, puedes prepararte un café, ¿va?
-Bueno, sí, pero antes…
-¿Qué?
Me quedé mirándola, esperando una respuesta de ella o una pregunta, pero no fue así. Se quitó su abrigo en silencio, sólo me miraba. Lentamente lo dejó en el sillón más próximo a ella y, de nuevo, se detuvo a mirarme. La expresión de sus ojos se me hizo tan exigente que se me complicó un poco el mantener mi mirada en la de ella, mientras se iba acercando a mí. Es sigilosa, con un aire de cazador que me penetra. Es sensual, como una gatita que va en busca de mimos y se acurruca en el regazo de su ama. No es común en ella, puedo suponerlo por el rubor en sus mejillas, pero me está poniendo nerviosa a tal nivel, que presiento que las piernas me van a flaquear.
Siento un escalofrío recorrerme de pies a cabeza sin permiso alguno. Me invade el deseo de besarla y el solo pensamiento me trastoca un tanto mientras que un par de sus dedos se desliza por mis labios. Se me agita la respiración y ella aún no está lo suficientemente cerca como para alterarme el cuerpo de esta manera… siento ganas de lanzarme a su boca y comérsela como nunca antes lo hice con alguien más. Esta mujer está despertando deseos perdidos en mí. Logra, casi sin esfuerzo, excitarme, llenarme de ansiedad y ganas… y aquellos dedos, que no dejan de rozarme con delicadeza ¡Dios! Ahora sus dedos se mueven libres por mi cuello y no alcanzo a hacer nada más que cerrar mis ojos, entreabrir mi boca y dejarme ir, dejarme incentivar por esta mano que guía mis ansias por ir más allá.
Presiento la cercanía de su cuerpo aproximarse a mí. La siento en pequeños roces que ni siquiera llegan a un fin. Mis ojos permanecen cerrados, su respiración está acercándose, la piel de mi rostro la siente con prontitud y su mano libre entra en contacto conmigo, se desliza con suavidad por mi brazo derecho, va cayendo por mi piel, un estremecimiento la acompaña mientras que aquel par de dedos vuelve a rozar mis labios, pero esta vez va más allá. Va con un propósito, va como una entrada, avisando que viene algo mejor, algo más placentero y ansioso. Esta vez llegan sus labios a los míos, llegan como las olas que se precipitan contra las rocas en el mar. Con furia, firmeza, destreza, así como el aliento que se me escapa mientras lo esperaba inquieta, expectante de su llegada, así… se va adentrando en mí, se va apoderando de mi boca, mis labios, mi lengua... su lengua, que recorre mis perímetros bucales con pasmosa rapidez, así como esos dedos que temblaban en mis labios antes, estos que ahora siento en mi cuello y que me toman, acarician y presionan sin llegar a hacerlo.
De pronto ya no presiento su cuerpo, ahora lo siento en contacto con el mío. Sus manos me toman por sorpresa el rostro, el beso se hace más intenso, largo, extenso. Su vientre se topa con el mío mientras la tomo por las caderas para asirla a mí. Nuestras narices se topan, sus brazos atrapan mi cuello, el beso se hace más profundo y sus piernas se acomodan en mis caderas abrazándome. Mis manos se deslizan hasta su trasero y al tiempo que sujeto de ella, la acaricio presionando despacio…
Vamos dando pasos hacia atrás sin querer. Seguimos besándonos y mientras lo hacemos, intento mantener el equilibrio, lográndolo en cierta forma, pero no del todo. Sus caderas se mueven suavemente, de atrás para delante mientras sigue colgada de mi cuello, sus piernas me aprisionan con fuerza. Su sexo se roza con mi abdomen como al descuido, la siento suspirar, su aliento entra en mi boca y me sabe a café, a vainilla… sigue ahora mordiendo mi labio superior y va acariciándome el cabello mientras lo recorre. El poco equilibrio que tenía, lo pierdo. El movimiento de nuestros cuerpos es inquieto, me obliga a dar pasos hacia delante, vamos avanzando por mi casa a ciegas, hay poca luz y yo, por no querer despegarme de sus labios, camino a tientas por la sala.
Al cabo de unos minutos, su espalda choca contra la pared. Me siento obligada a quitar mis manos de su trasero y sostenerla por las caderas, me obliga a dejar sus labios y a levantar la mirada hacia ella que sigue abrazándome con brazos y piernas sin querer dejarme ir. Su cabello se viene hacia delante, su cara está bloqueada por él, pero puedo adivinar sus ojos cerrados. Su frente se une con mi frente, su respiración es intermitente igual que la mía. Nada en su rostro me indica que quiera detenerse, pero no sé a ciencia cierta lo que quiera esta mujer de mí.
Permanecemos en la misma posición, quietas, intranquilas. Me tiene aprisionada por sus extremidades aún, han pasado algunos minutos y la situación no cambia. Quiero besarla de nuevo, pero no puedo dejar de pensar en que sería incorrecto. Esto, aunque se sienta bien, no lo es del todo. Helena va y viene, dejándome cada vez más confundida. No sé casi nada de ella, nada que me diga que puedo confiar, sólo su sonrisa risueña y ese mirar tierno que me encanta. Su presencia me hace bien, tenerla cerca me pone contenta. Saber que vuelve a mí cada ciertos días no me gusta. No sé si sienta por ella algo más que pasión, pero, definitivamente, no quiero una relación así. Fugaz no.
-¿Me besarás tú esta vez o lo tengo que hacer yo de nuevo?
-¿Qué quieres de mí?
-Quiero que me beses, que me hagas el amor.
-¿Por qué?
-Lo necesito, yo… me enamoré de ti.
-Eso no es verdad. Si así fuera, no desaparecerías como lo haces y no te aparecerías de esta manera. Buscando un contacto carnal.
-Dulce, te quiero. Me gustas, me encanta estar contigo… besarte. Cuando no estoy contigo es como si algo me faltara.
-Helena, yo no puedo tener algo contigo. Aunque lo quiero, no puedo.
-¿Por qué no? ¿Es por la mujer esa, que te envía obsequios?- Pregunta liberándome de su opresión.
-Efectivamente. Yo no alcanzo a distinguir a quién quiero en serio.
-¿Me estás diciendo que te enamoraste de una extraña? -Dice sorprendida y algo fastidiada.
-Te estoy diciendo que estoy confundida.
-Entiendo.
-Perdóname, Helena.
-No te preocupes. Es mi culpa por ir y venir, sin tener el valor de quedarme, por miedosa.
-Helena…
-Tranquila, Dulce. No pasa nada.
-Pero es que yo no quería que las cosas pasaran así.
-Yo lo sé, preciosa, pero las cosas ya son así. No puedes hacer más nada. Sólo tratar de seguir.
-¿Qué harás? ¿Ya no te veré de nuevo?
-Me verás. En unas semanas, quizás más, me verás.
-¿Dónde te irás?
-Tengo que resolver un enredo que formé sin querer y que ahora me está jugando chueco.
-¿Qué enredo?
-Nada, linda… Me voy. Te veo en unas semanas.
-Lo siento.
-No lo hagas. Ya pasó. Chao.
-¡Helena! No te vayas así.
-Dul, yo me enamoré de ti. Desde la primera vez que te vi… algo pasó en mí, es como si una parte dentro de mí hubiera hecho "click". Yo no pensé antes en una chica de esa manera, no sentí por alguien lo que siento por ti. El estar enamorada de una mujer me asusta a tal extremo que le huyo sin razón, por miedo a mi propio sentir. Ahora me doy cuenta de que es precisamente ese miedo el que me está jugando en contra.
-Helena, tú me gustas. Nadie, en años, me ha mirado como lo haces tú, con ternura, me conmueves mucho. Tu sonrisa me contagia, por eso busqué ese primer beso, porque me pasan cosas contigo, cosas que no pensé sentir de nuevo, quería ver si tu mirada me indicaba que te pasaba igual, pero me huiste al primer contacto, comenzaste a ir y venir sin dar razones y no puedes llegar, robarme besos, caricias, hacerme sentir que puede ser para luego irte de nuevo. No quiero eso para mí.
-Lo entiendo. Me comporté de manera incorrecta. No sabía canalizar lo que me pasaba contigo y, ahora que pude aceptarlo, te perdí por mi equivocación. Te has enamorado de otra mujer.
-Yo no sé si amo a "Mujer que camina" o a ti. No lo sé. Ustedes dos se me hacen tan parecidas que no alcanzo a distinguir de quien fue que me enamoré. Por eso no puedo corresponder a tu petición de estar juntas ahora. No es el momento. Necesito saber quien me envía esos obsequios, ponerle realidad a esto para poder… encontrar algo concreto y saber distinguir mis sentimientos por cada una.
-Entiendo.
-Perdóname.
-No, perdóname tú a mí… Adiós.
-Helena...
Verla irse de mi casa así, me hizo chiquito el corazón. No pude detenerla y quizás debí hacerlo. No lo sé, tengo muchas cosas en mi cabeza ahorita. No sé por dónde comenzar a resolverlas. Es tremendamente estresante todo esto, con dos sentimientos diferentes que no sé definir y… Poncho tiene razón. Me he enamorado de uno de esos dos sentimientos, pero no quiero admitirlo, siento miedo de lo que significa, me siento culpable al sentirme así por alguien más después de tantos años. Es demasiado difícil para mí, para mi corazón, darse nuevamente la oportunidad de volver a empezar, de amar y sentir por alguien más, lo que me provocaba y aún me provoca ella… "Mi milagro de abril"
Debo comenzar por definir qué escribiré en aquella nota. No puedo ser demasiado obvia, no debe darse cuenta de lo que me pasa con ella, pero tampoco puedo ser indiferente… ¡Dios! No sé cómo comenzar. Un saludo cordial no me parece lo ideal e ir directo al punto, donde le sugiero la idea de vernos, tampoco, es muy apresurado dado que es mi primer mensaje para ella… un poema, como lo hace ella conmigo. Eso me parece ideal y certero…
"No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando."
Sabines.
Este fragmento de poema es lo único que se me viene a la mente de momento y me parece adecuado, creo… ya ni sé. Pero sé que ya es muy tarde y que debo dormir un poco. No son buenos estos desvelos progresivos, por el día ando demasiado cansada y es preferible que mañana abra la librería. Ya van muchos días de ausencia y de seguro que algunas de las personas que van a leer… me extrañan, por así decirlo.
A dormir se ha dicho. Nada mejor que estas sábanas que, con su suavidad, ahora acarician mi piel y esta almohada que recibe con un abrazo los pensamientos escuetos que me alteran las neuronas más de la cuenta para inducirme el sueño que necesito y lograr que olvide los recuerdos de instantes pasados, como el que viví con Helena hace un rato atrás…
No puedo negar que la deseaba. La deseaba mucho. No sé cómo pude contenerme ante aquellos labios que me proporcionaban esos besos tan exquisitos, pasionales y tiernos con un dejo de sensualidad que me fascinó, me embrujó por minutos largos y excitantes, tan excitantes que me sacudían mariposillas en el vientre. Así como ahora me las sacuden mis dedos que, inconcientemente, se deslizan despacio por mi estómago, por encima de mi camiseta en un comienzo, para luego, con pausa, abrirse camino en mi piel desnuda hasta llegar a mi vientre y jugar a ir más allá sin irse del todo, así como estos dedos, que son míos, me producen escalofríos, sensaciones placenteras con esos roces que quieren parecer incipientes, pero que están muy lejos de la ignorancia para lograr lo que mi mente maquina y necesita… mmm, aprieto mis dientes dejando escapar un suspiro aleatorio, seguido por un suspiro más intenso que me provocan otros dedos, unos que juegan en mis pezones y que, como al descuido, sin querer… me sacuden, incitan y logran que desee, que ansíe esa, la explosión que he estado buscando desde que comenzó este juego malévolo de mi mente... ahhhh, me escucho musitar al proporcionarme un contacto más directo con mi sexo oculto aún por unas pantaletas indiscretas, pero mis dedos son hábiles, no se detienen ante ese inconveniente y se escabullen para alcanzar mi humedad tibia y deseosa de liberarse del todo de mi cavidad, mmm... muerdo mis labios con cierta fuerza. Mis dedos ahora se deslizan con suavidad y lentitud. Son ágiles y con destreza recorren los labios de mi vagina, los escalofríos comienzan a ser paulatinos, certeros en su origen y esta palma, mi palma ¡Dios! Que bien se mueve por mis pechos, me sorprende con esas pequeñas presiones en ellos, me sacude con facilidad al igual que mis dedos traviesos ahora en la entrada de mi intimidad, hmmm… los deseo dentro de mí, así como la deseo a ella, deseo sentirla en mí, como estos dedos que ahora me penetran con lentitud, como queriendo reconocer un camino mil veces recorrido por mí, por mi mente excitada…
Mi palma, que en círculos se mueve por mis pezones, alternando movimientos con presiones ansiosas de placer inducido, me estremecen, se concentran en mis pechos sensibles al tacto, se concentran en mi debilidad y otros, los esenciales para lograr lo que comienza a formarse ahora en mi vientre, se mueven intranquilos, con movimientos precisos, aleatorios, certeros unas veces y otras, rozando aquel botón de placer que toda mujer ama a la hora de tener sexo para una, a la hora de maquinar ese, el cosquilleo que nace en tu vientre, que se expresa en tu cuerpo en espasmos deliciosos, urgentes y a veces, poderosos, como el que…ahhh, me esta atravesando ahora a mí, como el que me deja con los labios secos, suspirando, aún con una mano en mis pechos y otra ahí, en mi sexo mojado, ardiente y con mi cuerpo libre comenzando a dormitarse…
Siempre que me acaricio, me despierto tarde. Cosa extraña, son las 9 de la mañana y aún estoy metida entre estas sábanas que me acogieron anoche y que me cubrieron el cuerpo en cierto momento… tendré problemas para levantarme, es normal, creo, pero debo animarme, pues tengo que entregar la nota al pasar por el café camino a la librería. No puedo posponer esto un día más. Quiero y deseo conocer a esta mujer que parece escabullirse en mis pensamientos de manera permanente. Lo necesito a tal punto, que pensar en ella se me hace exigente y por momentos estresantes, porque no sé nada de ella, nada que me diga cosas comunes, cotidianas y básicas. Nada.
Si no responde como creo que debe hacerlo con lo que escribí en esta nota, desecharé la idea y mi próxima nota será para mandarla al diablo de una buena vez. Daré por hecho que sólo juega y volveré a mi vida de antes, antes de que ella comenzara con esto…
¿Y si me responde? Pensé mientras me metía dentro del agua caliente.
No sé, no lo sé. Veré primero que responde y luego decidiré que hacer. No saco nada con atormentarme con ello ahora. Es penoso de veras… Es mejor esperar la respuesta. Añadiré a la nota una post data pidiendo respuesta inmediata, de esa manera me aseguro de leer algo hoy mismo al pasar por el café. Todo esto suponiendo que hoy sí lleve algo para mí, cosa que hace días no hace. Quizás Karla le dijo que me había tomado unos días, pero no puedo estar del todo segura hasta preguntarle a ella. Lo haré ahora que salga camino a la librería. Claro, tendría que vestirme primero… sigo con la toalla puesta pensando parada a los pies de la cama, pero ya no me sorprende distraerme de esta manera. Se me ha hecho normal el escaparme de la realidad al pensar en ella.
Terminé de vestirme en cosa de segundos. Valentina siempre me decía que debía ser la única mujer en el mundo que sólo se demora 15 minutos en estar lista, pero ni se inmutaba cuando la tenía que esperar dos horas a que se arreglara para salir. Me tomaba como 4 tecitos antes de que me dijera que podíamos irnos ya. En fin, le pediré a Karla un café para llevar al entregarle la nota y el té me lo tomaré en la librería mientras termino de leer "Recuentos de poemas" de Jaime Sabines. Me encanta su poesía, es sencilla, pasional, no endulza las cosas como otros poetas, las dice tal como son. Me parece genial, en otras palabras. Por alguna razón se me ha vuelto adictivo leer su poesía y además, para pasar las horas, es perfecto. Claro que, luego me comprendo más enamorada de lo que me imagino, pero bueno… es cosa de corazones, creo yo.
Como quisiera que me pidiera vernos. Otro mes más y ella aún sigue en el anonimato. Ni su nombre ha querido darme… ¡Dios! ¿Qué no se da cuenta de que ya es necesario? ¿Que me urge conocerla? ¿Saber… Quién es? ¿Qué hace? ¿Dónde vive? Tantas interrogantes que he procurado decirle en las notas que le he enviado y nada, sigue como hace cinco meses ya, sin decir nada. Callada, en silencio ante mis preguntas. Las omite con una habilidad y… nada, esto ya es demasiado. Si con la nota de hoy no hace algo, se acabó. Todo se acabó… es que ¡Ni yo me creo lo que digo!, esta mujer me tiene tomada de la mano como nadie más, me lleva con ella a todas partes y yo, yo la sigo igual. No hago más que pensar en ella, en cómo serán sus labios, si son suaves, delicados, no sé. Me la imagino de todas las maneras posibles y me parece saberme su cuerpo de memoria, completa, de pies a cabeza. Su alma se me hace tan liviana, sencilla, preciosa en si, en su esencia, en su intimidad. Es casi perfecta ante mis ojos, con una sonrisa risueña, amable, tierna como nunca vi… ¡Dios! ¿Será que su mirada hacia mí es así? ¿Cómo saberlo? Nunca la he tenido frente a mí, es sólo esta imaginación mía, la que me hace volar, volar con ella a mi lado como si fuera parte de mí.
Mis horas transcurren en torno a ella, a esas notas que ahora compartimos. Esas que espero con ansiedad, anhelo y desgano a la vez. Nunca sé qué me dirá ni cómo lo hará. Ah, quisiera que un día de estos hablara ella y no un poema. Pero me da cosa pedirle eso, la última vez me dijo: "Nada, ninguna frase expresa mejor lo que me haces sentir, lo que me provocas, que estas palabras. Son justo lo que quiero decir, lo preciso de mi sentir hacia ti" y entonces yo me quedé helada y más enamorada de ella que antes. Sí, porque me ha enamorado con esa dulzura tan suya para hablarme, para referirse a mí y me encanta, me fascina de muchas maneras eso en ella. También me trae embobada esa manera tan peculiar, sencilla y simple de decirme que me ama. Como puede hacer de algo cotidiano, efímero, sin razón aparente, algo tan familiar, tan nuestro, tan fuerte, como cuando me pregunta si estoy bien o cómo me fue hoy… sólo ella puede ser así, sólo ella puede hacer de mí esto que soy ahora, una mujer enamorada.
¡Ufff! Ya es hora de irme a casa. Como siempre, desde que ella llegó, pasaré a la cafetería por mi nota del día y a tomarme un tecito, pero frío. Hoy hace demasiado calor, los grados están subiendo demasiado y si no me tomo algo frío en unos minutos más, me deshidrataré antes de llegar a mi casa y… hoy tengo la esperanza de que sea el día, la esperanza de que hoy me diga "Es tiempo, te espero en el parque, yo ya estoy aquí sentada, aguardando.." sería tan increíble que lo hiciera, pero conociéndola, no lo hará y de nada sirve tener fe en que llegara el día que me lo pida, que me pida vernos, conocernos, pero hay un Dios… .
Todos los días pienso lo mismo mientras camino. Hoy no iba a ser la excepción. Obviamente que iré pensando en alguna estrategia, como ahora mismo, mientras cierro la librería y comienzo mi camino hacia aquella cafetería, cómplice de ella primero y ahora mía, pienso en darle un ultimátum, algo definitivo para concretar de una vez por todas las cosas entre las dos y saber, ¡Dios! Saberla, con todo y su presencia delante de mí.
Se me ha pasado por la mente que quizás le dé vergüenza su apariencia o su aspecto físico, tal vez algún defecto, no sé y, en realidad, me tiene sin cuidado. Lo importante es aquel sentir suyo hacia a mí, nada me parece más importante que eso. Yo no soy una maravilla de mujer, tengo mis defectos, pero me acepto así. En fin, ya voy llegando a la cafetería…
Miré hacia todos lados, buscando a mi mesera mensajera, pero nada, no la encontré. Me sentaré aquí en la barra un momento a esperarla. Seguro anda haciendo sus cosas ahí dentro. Ya saldrá, pediré un té helado o un jugo mientras la espero…
-¿Qué va a tomar?- Me pregunta una mesera.
-Un jugo naranja, por favor-. Digo, buscando de nuevo a Karla.
-Enseguida.
-Karla, la mesera ¿está?
-Sí, esta de turno, pero tuvo que salir unos minutos y vuelve.
-¡Oh, gracias! -Dije dejando mi bolso en la silla a mi lado.
Agité mis manos un momento, frotándolas entre sí porque me picaban un poco, mientras veía a la chica ir a la cocina por mi jugo, supongo… ¡Hace un calor hoy! No hay mucha gente en la cafetería, pero hay más de lo usual, debe de ser por el calor. La mujer del netbook, como siempre en su mundo, tomándose ahora algo que la refresque. Algunas personas compartiendo y otras, simplemente estando ahí. El que Karla no esté, no deja de parecerme inusual. Siempre se encuentra a esta hora aquí, como esperándome. No hace falta que le diga nada, sólo me entrega la carta y me dice "ya te traigo el tecito" Claro que ahora cambio por el "Juguito"…, hay veces en que al llegar ya está el juguito ahí, esperándome, heladito, listo para proporcionarme un poco de alivio ante el calor junto con mi nota del día…
En realidad, hoy ha sido un día inusual. Por la mañana, mi mascota, a la que aún no le doy nombre y a la que simplemente llamo por "Hey tú, ven aquí", ha dejado un desastre en la cocina, rompió todo el papel absorbente, lo volvió pedacitos la muy… me toma más de media hora limpiar todo. Luego, Poncho, que llegó a llevársela por el día y nos tomó más de 10 minutos atraparla, salió corriendo por toda la casa, juraba que estábamos jugando con ella,… ¡Ahhh! Como se demora esta mujer, ¿Dónde fue? Me tiene esperándola como si fuera mi novia o algo parecido. Seguro es algo importante, ella sabe que vengo siempre a esta hora, debió de ser urgente para no estar aquí. Espero que llegue pronto, me estoy impacientando ya con la demora y… ya no me queda juguito, hace calor y quiero mi nota de hoy, ¡Dios! Sonó a niña mimada eso…
-Hola, perdón la demora.- Dice Karla, a mis espaldas.
-¡Mujer! Me has asustado.- Dije volteándome hacia ella.
-Jajaja… lo siento.
-Tranquila… ¿La tienes?
-No, no hay nada para ti hoy.
-¿En serio? -Pregunté sorprendida.
-Sí. Hoy no dejó nota para ti.
-Bueno… entonces me voy a casa.
-¿Cómo? ¿No irás a esperarla?
-¿esperarla? Si no me dejó nota ¿Qué voy a esperar?
-Dulce… ella esta aquí.
-¿Qué? ¿Dónde?
-Bueno, no aquí en la cafetería. Te espera en la placita que está a dos cuadras.
-¿Qué esta dónde?- Dije levantándome de mi silla.
-Hoy es el día. No dejó nota, sólo me pidió decirte que te esperaba en la plaza.
-¡Dios! Llevo media hora aquí esperándote.
-Pues, ve apurándote.
-¿Cómo no me dices eso antes, Karla? Llevo meses esperando esto.
-Bueno, lo siento, tuve una emergencia en casa.
-¿Pasó algo?
-Nada grave, anda… vete ya.
-Gracias. Nos vemos.
¡Dios! Esto me parece irreal ¡Totalmente insólito! Voy a verla ¡Verla! *******, se me quedó el bolso en la cafetería. ¿Me regreso por él? No, luego paso a buscarlo. Seguro que Karla lo guardará por mí. Ahora ¿Qué le diré? ¿Cómo me comportaré? Aggg, estoy demasiado nerviosa, siento las piernas entumidas, débiles ¿Cómo me pasa esto ahora? Vamos, Dulce, que no es para tanto. Si estás peor que cuando presentaste a Valentina como tu novia ... qué desastre el de aquel día.
Bien, tranquila por las piedras, es mejor. Sólo háblale, salúdala y luego la interrogas. Eso, primero lo primero y luego ya me la interrogo, pero ahora que lo pienso… ¿Cómo demonios voy a saber que es ella? ¡Joder! No sé cómo es ni nada, no la conozco de nada y ya estoy parada en una esquina de la placita ¿Cómo no pensé en esto antes? ¡Qué tonta, Dulce! Mejor me tranquilizo y… me siento en esa banca, sí, mejor me siento o me desmayaré aquí mismo… ¡Qué calor hace!
-Hola.- Me dice una voz familiar.
-¡Helena! ¿Qué haces aquí?
-Paseaba ¿y Tú?
-Espero a alguien.
-Sí, lo sé.
-¿Eh?- Dije mirándola interrogante.
-No me mires así, Dulce.
-¿Cómo tengo que mirarte?
-Como la mirarías a ella.
-Helena, creo que mejor te vas.
-No puedo irme.
-¿Por qué no?
-No quiero que pienses que te dejé plantada, después de tantos meses esperando este encuentro.
La miré a los ojos mientras me decía eso. No lo entendía del todo, pero algo en mí se encendió y dio paso a eso. Ella seguía parada frente a mí, con las manos en ambos costados y en silencio, esperando que diga algo, pero no me sale palabra alguna. Sólo podía pensar en que es ella. Siempre fue ella y… me usó, jugó con lo que sentía.
-Dulce…
-Yo me voy.- Dije parándome.
-No te vayas, sé que me equivoqué desde un principio. No debí enviarte esas cajas y presentarme ante ti con una excusa que yo misma creé para conocerte, pero déjame explicarte, ¿si?
-Helena, déjame ir.
-No quiero. Quiero que me dejes hablarte, decirte, contarte…
-Helena, por favor…
-Anahi. Mi nombre es Anahi.
-¿Qué? ¿Es que ni tu nombre fue real? Déjame ir.
-Dulce, por favor.- Déjame explicarte.
-¿Qué me explicarás? Tú sabías, yo te conté… y me usaste, me traicionaste. Jugaste con mis sentimientos, los manipulaste a tu favor y ¿ahora me pides que te deje explicarme? Es que, ¿con qué cara? ¡Joder! ¿Me vienes a pedir eso? ¿Quién carajo te crees para hacerme esto?
-Dulce, no podía darme a conocer antes, entiende, estaba comprometida, me sentía culpable. Todo pasó tan rápido, vine aquí, a esta cuidad a olvidar, a dejar las cosas atrás…
-¡Me importa un carajo! Lo que me digas me importa menos que nada. Estás muerta ¿me entiendes? Jugaste conmigo, leíste mi cuaderno, por eso sabías qué decirme, qué escribir para enamorarme. Todo lo planeaste desde un principio… ¡qué tonta fui! Una verdadera estúpida por caer en esto.
-No es así, yo no leí nada, solo leí tu nombre… ya te había visto antes de que se te quedara el cuaderno en los baños de mi café.
-¿Tu café? Es que ¡era de suponerse! Aquella complicidad con Karla. ¿Con quién más podías tener esa confianza? Ambas se confabularon. No sé qué buscaba Karla, probablemente no quería perder su trabajo, pero ¿tú? ¿Qué buscabas? ¿Una experiencia lésbica? ¿Querías saber lo que se sentía el besar a otra chica? Sólo fui un experimento para ti, ahora lo veo. Por eso lo del miedo y demás ******* que me dijiste la última vez que hablamos… ¡qué ******* fui al creerme eso!
-No es así, nada de lo que dices es verdad. Yo no jugué contigo, no te he traicionado. ¡Te amo! Déjame explicarte, por favor…
-¡Vete a la mierda, Helena, Anahi, o como te llames! No te quiero ver en lo que me queda de vida.
-No te vayas, Dulce…
-No me sigas. Déjame en paz, ya bastante has hecho conmigo. No quiero saber de ti más nada.
-Dulce…
Hice caso omiso a sus palabras, me sonaban huecas, incoherentes ¿Cómo me hizo esto? Con lo que yo la… ¡No! No pienso llorar por ella. No quiero llorar, sólo quiero irme de aquí. No quiero pensar en nada, no quiero saber nada… quiero gritar lo más fuerte que pueda y quiero… correr, irme de aquí, cansarme hasta no poder más con mi cuerpo y dormirme sin tener que despertar en semanas…
-Dulce, párate. No corras más… ¡detente!
-Déjame en… ¡ahhh!
-¡Dulce!
¡Dios! Que dolor de cabeza. Me siento totalmente adolorida, ni que hubiera corrido tanto… ¡Joder! Choqué o más bien algo chocó conmigo. Sí, porque… me siento ida. Me cuesta abrir los ojos, al intentarlo me desvanezco de nuevo ¿Dónde demonios estoy? Seguro en el hospital, pero… Helena ¿Cómo me hizo eso? ¿Cómo pude dejarme enamorar así? ¡Ah! Escucho voces, ya me volví loca… el golpe, seguro que choqué con un auto o algo, porque me duele todo. ¡Dios! Mi pierna, me duele horrible, mi cabeza me da vueltas y vueltas, quiero abrir mis ojos, saber de quién son esas voces, me parecen familiares, pero… ¿Por qué demonios no me puedo mover? Me pesa todo y nada, es inútil, no soy dueña de mí misma y… esas voces…
-Anahi, tranquilízate mujer. No le pasó nada.
-No entiendes, Karla. Es mi culpa, no debí decirle que era yo. Debí quedarme en el anonimato ante ella o dejarla ir, pero no hacerle este daño. No me hubiera perdonado nunca si algo…
-Any, está bien, ya oíste al doctor. Está fuera de peligro, sólo tiene una contusión y la pierna lastimada. Le dieron un sedante para que descansara tranquila y un analgésico para el dolor.
-Tuvo suerte, eso también lo dijo, Karla… le pedí que no corriera, iba muy enojada conmigo… se podía caer, pero es terca con mayúsculas ¿Cómo no vio el coche que venía en frente? Es mi culpa, yo la distraje al llamarla.
-Any, no es tu culpa. Entiéndela. Lo que le dijiste no es fácil de asimilar.
-Es que no le dije nada, Karla. Ella se puso a la defensiva, me reclamó, reprochó todo. No quiere saber nada de mí.
-Déjala, dale tiempo para que entienda tus razones.
-No sabe nada de eso y prefiero que no se entere.
-Anahi, ella tiene que saber la verdad. Sólo así podrá entenderte.
-¿Qué quieres que le diga?
-La verdad de todo, de por qué estás aquí en esta cuidad, todo.
-Que vine huyendo de otra realidad.
-Cuéntale. Explícale tus conflictos y problemas.
-No sé si sirva de algo decirle todo lo qué paso antes de ella. No quiere escucharme y no la culpo. A mis 28 años me he comportado como una adolescente, una niña.
-Any, sólo te enamoraste de ella.
-Lo sé, y no tengo idea de cómo paso eso. Desde que la vi entrar en la cafetería, sentarse en la misma mesa a diario con ese cuadernillo, escribiendo… a veces dibujando. Me provocaba tanta ternura, me conmovió su mirada cuando me vio y ni caso me hizo. Ni siquiera recuerda que fui yo la que le servía el café los primeros días de haber inaugurado el local. Tú estabas en la cocina en esos días. Yo ayudaba mientras encontrábamos otra mesera… sólo fue una semana y ya la sentía darme vueltas en los pensamientos. Me los consumía por días

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Re: Cafe Venus

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 12:01 am

su mirada, no lograba quitarme la sensación de querer abrazarla, la necesidad de protegerla. No me había pasado nada parecido antes, con Manuel, todo fue cosa de seguimientos. Nuestras familias así lo querían y nosotros… nos queríamos, sí, pero ahora comprendo que no fue un amor verdadero lo que nos unió en un principio.
-Dícelo, Any… ella lo entenderá. Lo sé.
-Me cree una manipuladora, la peor de las mujeres. No quiso escucharme en la placita, no querrá ahora que está así, seguro piensa que es mi culpa. No, Karla. Es mejor dejar las cosas así, cometí errores graves con ella, entiendo su enojo. Es mejor dejarla en paz como me pidió.
-Pero, Anahi, ¿la dejarás ir sin hacer nada?
-Sí, esperaré a que se recupere antes de irme definitivamente. El doctor dijo que estará aquí unos días. Su pierna necesita curaciones y el golpe en la cabeza requiere observación.
-Estás siendo cobarde ¿sabes?
-No quiero que me mire como lo hizo hace unas horas atrás. Es orgullosa hasta decir basta. No cederá ni me permitirá hablar aunque lo intente por años.
-Pero, Anahi…
-¿Llamaste al número que estaba en la libreta?
-Sí, dijo Poncho que venía en seguida.
-Bien, esperemos a que llegue y nos vamos, el café quedó solo y ella no querrá verme aquí cuando despierte.
-Sí, a mí tampoco. Estoy de acuerdo en darle días, pero no considero prudente lo que haces, es drástico, Anahi.
-No dejaré el café, si piensas eso. Te dejaré a cargo y me iré por un tiempo a la capital. Tengo que solucionar el asunto con mis suegros lo antes posible. Mi papá me llamó hoy y me ha dicho que es posible llegar a un acuerdo.
-Bueno, pero piénsalo. Ella te ama como tú a ella.
-Creo que el amor, en este caso, es insuficiente… yo que tenía ganas de hacer desaparecer esa tristeza que tiene en sus ojos. No sé cómo voy a seguir con mi vida sin que ella este ahí para ser mi alegría. No lo sé.
-Anahi, has el último intento. No pierdes nada.
-Lo pensaré. Ahora ve al café mientras yo espero al pariente de Dulce.
-Bueno, te espero allá. Chao.
-Hola, Karla… soy Poncho ¿Cómo pasó el accidente?
-Hola, Poncho. Yo me voy, pero ella te explicará. Nos vemos.
-Gracias, nos vemos.
-Hola, soy Anahi y debo decir que todo es mi culpa.
-¿Tú la atropellaste?
-No, pero contribuí en ello. Verás, discutíamos en la placita, ella salió corriendo muy enojada conmigo, no vio el auto, le pedí que no corriera más, que así, sin mirar por donde iba, podía pasarle algo, pero no me hizo caso y siguió… por mirarme a mí, no se fijó en el auto que pasaba. Lo bueno es que el auto venia a muy poca velocidad, por lo que el golpe que le dio no fue demasiado peligroso para ella.
-¿Por qué discutían?
-La engañé... sé que no debí, pero no me quedaba más remedio.
-Eres la chica de las cajas ¿verdad?
-Sí, lo soy… también soy Helena.
-Con razón, Dulce no tolera muy bien el que la engañen y manipulen cuando se trata de sus sentimientos. La heriste mucho con eso.
-Lo sé, estoy conciente de ello y tengo mis razones para lo que hice, pero ella no quiere escucharme, sólo me quiere lejos de su vida y yo… haré lo que me pide. No tenía derecho a lastimarla.
-Es verdad, pero por como la miras ahora, me doy cuenta de que la amas o que por lo menos sientes cosas fuertes por ella.
-Sí, la amo, pero ya no puedo hacer nada. Me iré de la cuidad por unos días para dejarla tranquila mientras ella se recupera. Le pido por favor que se lo haga saber, que ya por mí no tiene que preocuparse.
-Lo haré. Gracias por cuidarla y traerla aquí.
-De nada, pero no le diga que fui yo o se le achicaran los ojos del coraje que le dará.
-Jajaja… conoces cosas que para ella pasan inadvertidas.
-No en vano la he observado a escondidas por meses… sé que estuvo mal, pero si me acercaba a ella, habría llegado a lastimarla aun más.
-¿Qué quieres decir?
-Nada, déle un beso de mi parte, pero no se lo digas. Gracias por no juzgarme ni reprocharme lo que hice… adiós.
-Adiós.
************************
-¿Poncho?
-Sí, peque, soy yo.
-¿Dónde estoy?
-En el hospital, Dulce.
-Por lo menos sigo viva.
-Me alegra ver que ya volvió tu ironía de siempre.
-Si, será lo único que vuelva… me siento del nabo. Me duele mi pierna, mi cabeza me da vueltas…
-Por el golpe. Tuviste una contusión y te lastimaste la pierna, pero ya estás mejor.
-¿Cuánto tiempo llevo aquí?
-Desde el lunes por la tarde, que te trajeron. Cuando yo llegué estabas sedada y hoy ya es miércoles.
-¿Tanto me dormí? ¿Había alguien más aquí cuando llegaste?
-Sí y no, no había nadie más. Si es que te refieres a ahora.
-No, a hoy no... Estaba Anahi, aquí. Las escuché hablando… a ella y a Karla.
-Ok, sí. Pero el día del accidente, cuando llegué, Karla iba saliendo. Sólo estaba Anahi aquí, para contarme lo que pasó.
-¿No ha vuelto?
-No y no creo que lo haga. Me pidió decirte de su parte que no te preocuparas, que no la volverías a ver. Se fue de la cuidad, Dulce.
-¿Qué? ¿Dónde se fue? ¿Volverá?
-No creo, peque. Se le veía muy triste por lo que le habías dicho.
-¡Pero es que ella me engañó, Poncho! Ella y Helena son la misma persona. Me usó, me enamoró manipulando mis sentimientos…
-Recuéstate mejor.
-¿Cómo me pides eso? Me estás diciendo que se fue y que no volverá.
-Es lo que me dio a entender.
-¡Karla! Quiero hablar con ella.
-Ella llama para saber de ti. Le he dicho que estás bien, que aún no despertabas.
-Llámale, dile que venga a verme, que me debe eso siquiera.
-Dulce… ¿Qué harás?
-Saber… Por qué hizo todo esto.
-Bueno, ya la llamo… Un segundo.
¿Será cierto todo lo que escuché antes de quedarme dormida? Estaba media ida de mí, pero recuerdo haber escuchado cosas, cosas que podrían explicar el comportamiento de Anahi y yo ¿habré sido una ******* por no escucharla? ¿Por no detenerme a escuchar sus razones y ser tan impulsiva en todo? ¡Dios! Si es verdad eso, la estoy perdiendo por orgullosa.
-Listo, dice que en cinco minutos está aquí.
-Gracias… ¿me ayudas a sentarme un poco?
-Sí… Ya tienes mejor semblante. Estabas pálida ayer.
-¿Te dijo algo ella?
-Dijo que te ama, que cometió errores, pero que no era su intención el hacerte daño.
- Ajá.
-¿Ya no estás enojada con ella? Me dijo que pensabas que te había usado, engañado. Que te sentías traicionada.
-Así es, sigo muy enojada con ella, pero si pongo mala cara, me duele la cabeza.
-Jajaja… ella te conoce, te mira como si fueras lo mejor del mundo. Estaba realmente afligida por lo que te pasó. Dijo que todo lo que te ocurrió fue su culpa.
-Ella no me atropelló, pero iba enojada por su culpa.
-Tú la amas.
-¿Y eso qué?
-¡Eres la mujer más terca y orgullosa del mundo! Aprende a ver más allá de tu nariz, Dulce.
- No me regañes, Poncho. Nada de esto es mi culpa. Sólo es mi culpa este amor que me nace por ella. Sólo eso. Fue ella la que maquinó todo este desastre.
-Hola, Dulce… Poncho.
-¡Hola!
-Karla, pasa. Poncho… ¿Nos dejas solas un momento?
-Sí, estaré afuera haciendo unas llamadas, por si me necesitas.
-Bueno, ve tranquilo.
-Bien. Nos vemos.
-Nos vemos… Karla, siéntate.
-¿Querías hablarme?
-Sí, quiero saber ¿Por qué demonios tu jefa hizo lo que hizo?
-No tuvo remedio y yo no soy la indicada para decirte las razones.
-Sí lo eres. Ella se fue, no está. Me dejó aquí sola… por petición mía.
-Lo sé. Se fue el mismo día del accidente, después de dejarte a cargo de Poncho.
-¿Volverá?
-No. Sólo vendrá por unos días a dejar las cosas resueltas en la cafetería y volverá a irse.
-¿Por qué se escondía de mí?
-No podía acercarse a ti.
-¿Por qué?
-Dulce, yo no puedo decirte eso.
-Karla, por favor ¿si? Ayúdame a entenderla.
-¡Ah! No me pongas en ese aprieto, Dulce. Yo no puedo decirte nada. no soy la indicada y, además, Any me hizo prometerle que no te diría nada.
-¡Pero qué mujer! ¿Por qué ahora no quiere que me entere?
-Sólo te puedo decir lo que veo. Ella te ama, Dulce. De verdad te ama. Inició el envío de cajitas porque yo le aconsejé no acercarte a ti directamente.
-¿Fue tu idea todo? ¿Por qué hiciste eso?
-En parte, sí, pero la idea fue de ella. Ella eligió lo que te enviaba, los poemas, todo.
-Pudo decirme… no tenía que hacerse pasar por otra persona.
-Entiéndela, Dulce. No podía… tenía miedo, no estaba preparada con todo lo que le había pasado. Aun había cosas que tenía que resolver antes de poder estar contigo.
-¿Qué cosas? Dime, necesito saber…
-No me corresponde, lo siento.
-¿Cuándo vuelve?
-No me dio una fecha, pero estimo que en una semana… quizás más. No puedo decirte con seguridad. Se fue muy mal, se culpa por lo que te pasó.
-No es culpa de ella, no directamente. Ella no iba manejando ese auto.
-Sí, eso le dije yo, pero con lo culpable que se sentía por perderte a ti, el añadirle lo de tu atropello… fue peor.
-Aún no entiendo ¿Por qué mentirme así?
-Tiene sus razones, quizá no las mejores, pero son válidas, creo. Además, está lo tuyo… que autodestruyes toda relación que tienes al ver que comienzas a sentir cosas.
-¡No es verdad!
-Dulce, desde que Valentina no está con nosotras te has vuelto insensible, emocionalmente inestable. Si no fuera por Poncho, seguro te hubieras dejado estar hace tiempo.
-¿Me estás regañando?
-Sólo digo lo que tú misma me has contado todos estos años. Recuerda que Vale y yo éramos amigas, trabajábamos juntas en la cafetería… ¿No fui yo quien te la presentó? ¿Acaso no soy yo la que te escucha todos los días en la cafetería? ¿Qué paso con las otras chicas?
-Sí, pero no soy insensible… sólo le tengo miedo a olvidarla.
-Lo sé y por eso mismo le aconsejé a Anahi lo de no acercarse a ti directamente y, como no podía hacerlo como amiga, por que tiene que viajar constantemente, se le ocurrió lo de las cajas.
-¿Viajar? ¿Dónde?
-No insistas, no te diré nada. Eso le compete sólo a ella.
-Está bien, pero… ¿Me avisas cuando vaya a llegar?
-¿Para qué?
-No lo sé, sólo quiero saber que estará aquí.
-Si le vas a recriminar todo, mejor déjala tranquila, Dulce, ya ha pasado por muchas la pobre.
-¿Qué le pasó?
-Dulce… no me comprometas más.
-Bueno, pero ¿me avisas? Sólo quiero saber que está bien. Mañana me iré de aquí ¿Me llamarás a mi casa para decirme?
-Bueno, te llamo allá.
-Gracias.
-De nada, cuídate, ¿si? Ella me llama para saber de ti cada vez que puede. Le diré que estás bien y que ya te darán de alta mañana.
-No le digas que hablamos tú y yo.
-No lo haré, no hasta que esté aquí.
-No, no le digas nada, dejemos las cosas así. Necesito pensar tranquilamente todo lo que pasó.
-¿Tú también la dejarás ir?
-¿Ella me dejará ir?
-Le pediste que desapareciera.
-Lo hice, pero… quizás sea mejor así. Algo que empezó con mentiras no puede ser bueno.
-Bueno, nos vemos. Ustedes sabrán. Son tal para cual. No sé cuál de las dos es más terca.
- No me digas más, Karla.
-Ella te ama Dulce. No la pierdas, por tus miedos.
-No te prometo nada. Me siento muy mal por todo esto… no sé si pueda dejar pasar las mentiras.
-Son tontas, ambas.
-Puede ser.
-Chao.
-Chao.
Ya estoy aquí. En mi casa hace más de dos semanas y me siento… sola, vacía. Anahi, desapareció. Sé que yo se lo pedí y aún así, la extraño terriblemente. Me paso horas releyendo sus tarjetas, mirando las cajas. Pienso en Valentina, en todo lo que ella representa aún para mí. Lo que significaba su ausencia antes, antes de que llegara ella, Anahi. Me parece que nada es real, que de un momento a otro el mensajero tocará mi puerta y me entregará una cajita o una tarjeta de ella… ¡Dios, cómo la extraño! Me dijo aquel día… "Te amo" y yo ni caso hice a eso. Fui intransigente, ahora lo veo. No vi más allá de mi nariz, como me dice Poncho, y la alejé de mí, por mi propio orgullo, pero es que me lastimó, de verdad, con sus mentiras.
Ahora estoy aquí, sentada con aquella caja que me trajo Poncho hace meses atrás. Una caja de Valentina con mi nombre escrito en la tapa. No había pensado en ella desde el día que se cumplía otro año de su muerte. La guardé, la dejé en el clóset, olvidada. No me atrevía a abrirla por temor a lo que contenía, pero considero que ya es tiempo… es tiempo de avanzar sin temor a olvidarme de ella, porque ya entendí que cuando se ama, no se olvida. Todo se guarda en la memoria en forma de bellos recuerdos y, de esos, tengo muchos…
Al tomar la caja en mis manos, algo de su aroma se me vino a la nariz. Ese olor fresco, primaveral, típico en ella. Quité la tapa y la dejé a un lado del sillón. Crucé mis piernas y la puse encima de ellas. Miré dentro de la caja, espiando, viendo si reconocía algo y… lo conocía todo. Todas estas cosas se las di yo. Las primeras notas que le escribí… con las que, según me dijo luego de ser novias, se enamoró más de mí. Todas están aquí y… ¡Dios! El primer regalo que le di tras el primer mes de novias… todo. La rosa que corté, más bien, que me robé de un jardín mientras paseábamos y terminamos corriendo por temor… yo no sabía que la guardó. Todo esos detalles que compartí con ella… ¡ahh! El boleto de cine en el que le escribí te amo por primera vez. Se me quedó viendo sin decir nada en todo el camino al cine, no quiso entrar a ver la película. Me dijo; "no tengo ganas, vamos a caminar" y caminé con ella por la cuidad hasta llegar a casa, sin decir una palabra. Aún ahora me enoja el que se haya quedado callada todo el camino sin decirme nada al respecto… pero cómo la adoré luego, cuando al despedirnos, me susurró "también te amo", así, sencillamente como tantas veces me lo murmuró, en secreto y al oído.
Son tantos recuerdos con ella, tantos y… se me fue dejándome sola, tan sola con esta pena que, hasta el día de hoy, aún siento aquí en mi pecho. Por la que aún lloro, como ahora, preguntando… a mí, a ti, ¿Por qué no estás aquí? Todo sería más fácil, más simple si estuvieras, yo estaría feliz y no estaría en esta situación, no amaría a otra persona y no estaría llorando porque me engañó y se fue… no lo haría… ¡ahhh! La puerta.
-Poncho.
-¿Por qué lloras?- Preguntó al verme.
-Nada, Poncho. Pasa y cierra-. Dije, caminando hacia la sala.
-Abriste la caja de Valentina. Ahora entiendo,- me dijo al ver la caja en la mesa.
-No lo pude evitar, Poncho… yo… sólo…
-Tranquila, peque. -Me dice sentándose a mi lado.

-No entiendo… ¿Por qué tenia que morir? Estábamos bien… ella y yo… yo era feliz con ella, Poncho… ¿Por qué me dejó sola?
-Dulce, es muy tonto torturarte con esas preguntas ahora. Ya no está aquí, no te deprimas así. Mira lo que tienes ahora… ya no llores, preciosa. Me harás llorar a mí también.
-Anahi se fue Poncho. No volverá. Karla me dijo… no volverá.
-Pero podría, si supiera que estás dispuesta a escucharla.
-Me engañó, me mintió sin importarle lo que yo sentía… no sé si pueda perdonarla…
-Dulce, escúchala… luego decides ¿No la extrañas acaso?
-¡Como no te imaginas!
-Entonces ¿Qué estás haciendo? Dulce, tú la amas.
-¡Ya lo sé! Pero prefirió irse a quedarse aquí. Me dejó en el hospital sola… sola, Poncho.
-Pero tú le pediste que te dejara en paz.
-Sí, Poncho, pero no pensé que… que me dolería tanto que se fuera.
-Ay, Dulce… mejor responde al teléfono.
-¿El teléfono?
-Sí, está suena y suena.
-Ok, dame un segundo.
Me levanté del sillón y caminé hacia la mesita del teléfono intentando secar mis lágrimas con las manos… estaba más calmada ahora, con Poncho, pero me sentía triste…
-¡Hola! Dulce, habla Karla.
-Hola, Karla… ¿Cómo estás?
-Bien, bien, gracias. Te llamo para avisarte… llega hoy.
-¿A qué hora?
-Me acaba de llamar para pedirme ir por ella en 15 minutos.
-No te preocupes, yo voy por ella.
-No tienes auto, Dulce, y aún estás mal de la pierna, sólo llevas un par de semanas de reposo.
-Lo sé, pero no me puedo quedar aquí. Le diré a Poncho que me lleve. Tranquila. Yo iré por ella… necesito verla.
-Bueno, confiaré en ti.
-Gracias. Te llamo cuando hayamos hablado.
-Ok, chao, chao.
-Chao.
Necesito hablar con ella, lleva dos semanas allá y ya comenzaba a pensar que no volvería. Se me pasó por la mente hasta ir a verla. No quiero perderla ahora, quiero tenerla conmigo, es mi segunda oportunidad, no puedo perderme su amor, sólo por mi orgullo. No puedo, tengo que estar con ella…
-Poncho, vamos. Tenemos 15 minutos para llegar al terminal.
-¿Qué?
-Te digo en el auto, vamos… ándale.
-Ok, ok… ya voy.
Tome mi bolso, mis gafas y… no pienso usar ese bastón ¡Aggg! Poncho me regañará si no lo llevo, en fin… me lo llevo también, pero no lo usaré. Parezco una anciana con él ¡Dios! Por nada dejo que mi "mujer que camina" me vea así. Ni loca, es deprimente en serio…
-¿Dónde vamos, peque? Me dice una vez que estoy sentada en el vehículo con el cinturón puesto.
-Al terminal de buses, ya te dije.
-Pero ¿Cuál de los dos?
-El nuevo.
-Ok.- Responde arrancando el auto.
-Por el camino más corto que se te ocurra ¿si?
-¿Por qué?
-Vamos a buscar a Anahi.
-¿Si?
-Sí. Date prisa, ¿va?
-Ya mujer, ya. Tranquila. ¿Qué le dirás?
-No lo sé. Solo sé que quiero verla, que me vea esperándola. Lo demás ya veremos.
-Jajaja… Te has enamorado de verdad, Dulcesita.
-Poncho, no te rías de mí. Apiádate, que estoy traumatizada.
-Jajaja… ya estamos llegando. Por favor, Dulce, no la pierdas esta vez.
-Bien… ¡Joder! Poncho, no me pongas nerviosa.
-Jaja… Ve andando, mientras busco donde estacionarme.
-Bueno y deja de reírte de mí.
-Jajaja, bueno, mujer. No te enojes.
Me bajé del auto con cuidado. Esta pierna me deja inmóvil a veces, por el dolor. Soy media brusca, se me olvida que está herida y le doy no más hasta que queda entumida y a punto de desfallecer. Usaré el bastón, por si me da algo al ver a Anahi. Digo, en algo me tengo que sostener… sólo me falta entrar por la puerta principal y ya, pero ¡Dios! Qué cobarde me veo ahora, sabiendo que me la puedo encontrar de repente, que la veré y…
-¿¡Dulce!?
-Anahi. -Dije aún de espaldas.
-¿Qué haces aquí? ¿Piensas viajar?
-Vine por ti y no, no viajaré. Ya estás aquí, no tendría sentido.
-No te entiendo ¿dónde esta Karla?
-En el café. Yo vine por ti, Anahi.
-Dulce, no estoy para tus reproches ahora, ¿si? Dame un día o dos y luego peleamos lo que quieras, pero ahora no, linda...
-Te llevo a tu casa y hablamos luego.
-Bueno, te lo agradecería, pero...
-¿Qué pasa?
-Tú no tienes auto.
-¡Ohh, sí! Pero ¿ves a aquel hombre que esta haciéndonos señas allá?- Dije indicándole con la mano el lugar donde está Poncho.
-Sí.
-Ese es mi chofer personal.
-Es tu hermano ¿verdad? Él se quedó contigo cuando yo me fui del hospital.
-Jajaja, Poncho no es mi hermano, pero es como si lo fuera. Es lo más cercano a una figura paterna que tengo. Mis papás viven en otra cuidad.
-Lo sé. Me contaste.
-Sí. Vamos. Te dejo en tu casa para que descanses, yo también lo necesito.
-Estás convaleciente aún. Karla me contó que ibas evolucionando bien.
-Sí. Voy bien, sólo la pierna me molesta un poco y este maldito bastón que me hace ver como una anciana, pero bueno… ¡ya que!
-Jajaja…
Al llegar donde Poncho, ambas fuimos a abrir la puerta del copiloto. El contacto de sus manos, me llenó de sensaciones, ella parecía sentir lo mismo, me miró un poco ruborizada pero en seguida abrió la otra puerta, la de los asientos traseros y se montó en el auto. Yo me subí a la vez que Poncho metía su maleta en la cajuela y se subía al auto también… nos quedamos en silencio unos segundos hasta que Anahi pidió que la dejáramos en la cafetería. Vivía en la parte de arriba.
Cuando llegamos a la cafetería seguíamos en silencio. Sólo el ruido del tráfico hizo la diferencia en los diez minutos que le tomó a Poncho llegar. Me sentí frustrada, había tantas cosas que deseaba decirle, contarle. Necesitaba tanto abrazarla, decirle que todo estaría bien, que la amaba también… qué impotencia siento ahora que la veo bajar del auto, sin dirigirme ni siquiera una mirada. Está como distraída, evitó mirarme en todo el trayecto. Viene cabizbaja, preocupada y no puedo hacer nada para consolarla. No me deja, me pidió hablar después, cree que le reprocharé. No sé qué hacer, quiero estar con ella pero necesita espacio ¡Qué complicado! Ya parece novela esto. No me acordaba, en serio, hace tiempo, que no tengo una relación y no, no recuerdo que haya sido así de estresante y desesperante todo.
-¿Te llevo a casa, peque?
-Sí, creo que es mejor.
-Bueno, pero tranquila... seguro mañana ya podrás hablar con ella más tranquilamente. Ni se despidió de mí, Poncho. Es obvio que no está en condiciones de que hablemos.
- Dale tiempo, recién viene llegando.
-Tienes razón. Llévame a mi casa ¿si? Ya se hizo de noche y la pierna con el calor me comienza a picar.
Sí, son las 9 de la noche ya. Debes descansar. -Dice, poniendo el auto en marcha.
-Sí.
Mi mente no dejaba de repasar todo lo que había pasado recién. No quiere hablar conmigo y ni tuvo la decencia de decirme "chao" ni nada. Ni una mirada para saber que está bien, una media sonrisa, de esas que lograban embobarme, claro cuando era Helena. En fin… ya estoy en mi casa y en los cinco minutos que le llevó a Poncho llegar, el calor se me hizo insoportable. Pareciera que sólo quiere quemarnos vivos a todos.
-Paso por ti mañana temprano para llevarte al hospital.
-¿Ah?
-Tú cita con el doctor, Dulce.
-¡Oh, sí! Estaré lista, pero es a las 10, Poncho. Ven por mí media hora antes.
-Bueno. A las 9:30, estoy en tu casa.
-Gracias por llevarme y traerme.
-De nada y… tranquila, ¿bueno?
-Bueno. Sólo me tomaré el analgésico que me recetaron y me meteré a la cama a descansar.- Dije bajándome del auto.
-¡Bien! Te veo mañana, chao
-Chao, Poncho.
Entré a mi casa sintiéndome más sola y cansada que antes de salir de ella. Me siento realmente triste con todo esto. Nunca me esperé algo así, yo sólo quería amar y que me amen. Así de simple, pero no, tenía que ser todo más complicado y desesperante que antes. Soy un desastre ahora, no doy una bien. Fui por ella y ni al caso, porque ni me hizo caso. Sólo se limitó a estar callada, en otro mundo, muy lejos del mío. Es bastante claro que ya pasé a un nivel en su vida, donde no soy tan importante como pensé que era… ¡Daría lo que fuera por tenerla aquí conmigo! Y es que ahora veo la falta que me hace esta mujer. Lo necesitada que me siento por hablar con ella, por escucharla, presentir su risa, tener la certeza de que sonríe por mi causa, me hacía tan bien, me llenaba los días… ella es mi alegría. Soy tan vulnerable a ella que llego a depender emocionalmente de sus palabras, su presencia. La extraño, sus notas, las palabras, poemas… todo. Me siento verdaderamente sola sin ella. Muy sola, tanto que siento ganas de llorar y soy pésima en ello…
Tengo que reconocer que es ella la que me hace sentir ganas de volver a amar, a entregarme de nuevo, pero por ahora no puedo hacer nada. No es el momento adecuado, Poncho tiene razón, viene predispuesta a mí. Después de todo lo que le dije la última vez que hablamos, es comprensible que se sienta así con mi presencia… ojalá y no le haya reclamado a Karla el que no fuera por ella y en cambio fuera yo. Se le notó demasiado que le sorprendió verme en el terminal. Se puso a la defensiva, como lo habría hecho yo en su lugar…
Mañana iré a verla. Dejaré que me explique como quiso hacerlo y luego… veremos.
¡Joder! Me quedé dormida, son las 9, 30 de la mañana y escucho la bocina del auto de Poncho taladrándome los oídos. Me duele la cabeza y ese pitito me hace sentir infinitamente peor ¡Qué fastidio! No quiero ir a ninguna parte. Me quedaré en cama y ya… ¡Mierda! Poncho, este hombre me dejará sorda con su maldita bocina... ¡Gracias! Por fin silencio, que alivio para mi cabeza y tímpanos… ¡Dios! Ahora comenzó con el timbre de la puerta. Este hombre no entiende de indirectas, seguirá hasta que le abra la puta puerta… Aggg ¡Qué fastidio! No tengo ganas de salir a ninguna parte.
-No estás lista… te quedaste dormida.
-Sí y, en serio, Poncho, no quiero ir a ninguna parte.
-Tienes que ir.
-No quiero y mejor ya ni me insistas, que me fastidia.
-¡Vaya con el mal humor!
-Sí… mejor déjame sola. No quiero ver a nadie.
-Mira… de mal humor y deprimida. Mejor combinación imposible.
-Es lo que hay. Mejor vete… no iré al médico.
-Sí, creo que es mejor o me sacarás a empujones, seguro.
-Pues sí.
-Chao, Dul.
-¡No me digas Dul!
-Ahora veo el problema. Estás así porque Anahi no te tomó en cuenta ayer y te dijo, en otras palabras, que la dejaras.
-¡No! Sólo me duele la cabeza y no tengo ganas de salir y punto.
-¡Ahhh! Qué mujer esta.
Poncho se fue sin más. Me conoce y sabe que cuando estoy así, es mejor dejarme sola hasta que se me quite… pero no se me quitará nada. Es que… encima que tengo la decencia de ir a buscarla, ella se da el lujo de ignorarme por completo ¡Fue ella quien la jodió, no yo! Aggg… ¿Quién se cree? Juro que si aparece a golpearme la puerta, la mando por un tubo. No le doy la hora y le doy con la puerta en la cara, por ignorarme y dejarme con las ganas de hablar. Sí, por tratarme con indiferencia, ni caso le haré. No lo haré aunque me muera de ganas, no le daré ni la hora… ¡Joder! Y ahora ¿Qué querrá Poncho? Que ni me insista porque lo mando al diablo en tres tiempos…
-Te dije que no iría a ninguna parte. No insistas, Poncho. No iré a la cita con el médico.
-¿Por qué no vas a ir?
-¿Qué haces aquí?
-Vine a que habláramos.
-Pues es mejor que te vayas por donde viniste, porque no quiero hablar contigo.
-¡Fíjate! Soy una tonta por pensar que si querías hacerlo ayer, que fuiste por mí…
-Pensaste mal. No quiero ni querré hablar contigo en lo sucesivo.
-¡Como quieras! Te dejo con tu orgullo mal fundado y sola. No volveré a intentar hablarte. Me cansé.
-Vete a la China, si quieres ¡me da igual!
-¡Vete al diablo, Dulce!
-¡Con mucho gusto! -Le grito e intento cerrar mi puerta.
-Ni lo pienses… tú y yo hablamos hoy, porque hablamos-. Me dice deteniéndome.
-Ya te dije que no quiero ¡vete de mi casa!
-Pues yo si quiero. Me cansé de tus impulsos de niña. Mi paciencia contigo llegó a su límite.
-¿Qué harás para hacerme hablar? ¿O para que te escuche? ¿Me vas a obligar?
-Si es necesario… ya puedes cerrar la puerta, Dulce.
-No, quiero que te vayas, pero ¡YA!
-Aquí me quedo a hablar. No me iré hasta que lo hagamos, así me toque dormir contigo o me tome días.
-¡Aggg! ¡Qué fastidio contigo! Quédate si quieres, yo me voy a mi cuarto a descansar.
-Yo me haré un café mientras te aburres de dar vueltas en tu cuarto.
¡Ahhhhhh! Musité de la pura rabia mientras me iba a mi cuarto y cerraba la puerta de golpe.
Pero ¿Quién demonios se cree que es esta mujer? ¿Con qué puto derecho me está haciendo esto? Y en mi propia casa, la muy… ¡Aggg! Como quisiera… saber ¿Qué mierda voy a hacer con ella aquí? ¿Cómo sabe que daré vueltas? ¡Estoy caminado en círculos! ¡Joder! Esta maldita pierna ya comenzó a doler con el traqueteo que hice… ¿Se quedará de verdad hasta que la escuche? ¿O sólo lo dijo para ver qué pasaba? Ni idea… ¡Qué rabia! Tenerla en mi casa y no poder hacer nada. Si que me fastidió la vida esta mujer, voy a tenerla aquí por días, porque no la escucharé. No lo haré. No me va a ganar… claro que no. Mejor me recuesto un rato. Total que ella anda allá fuera dando vueltas también, seguro pensando en qué hacer para que la escuche. Jajaja… se quedará con las ganas… Ahora mejor me tomo el analgésico, la pierna comienza a dolerme en serio. Sí, mejor y de paso averiguo qué hace en mi cocina… siento cosas, ruidos ¿Qué estará haciendo ahora? Iré a ver…
-¿Qué demonios haces?
-Miraba que hay de comer. No he tomado desayuno.
-Pues en tu café seguro encuentras algo de tu gusto ¿Por qué no vas?
-¿Me escucharás?
-No.
-Entonces… me serviré este pastel de chocolate que está aquí.
-Ni se te ocurra ¡Eso es mío!
-Lo siento, pero no hay nada mejor y tú no me quieres hablar ni escuchar… así que ahora es mío.
-Dámelo.
-No, es mío.
-¡Que me lo des! No te lo comas, Anahi…
-¡Mmm! Está muy bueno ¿Dónde lo compraste?
-¡Aggg! -Dije y con la mano llevé el plato a su cara.
-¡Delicioso! Muy… ¡Ahhh!- Le escuché decir con todo el pastel esparcido en su cara.
- Jajaja… ¿Verdad que está rico? Jajaja… espérate, no…
Sólo sentí el golpe seco de sus labios en los míos. Luego sentí el olor a chocolate, la crema se pegó a mi cara y ella comenzó a besarme con intensidad, casi con furia, sentí el sabor del pastel en su lengua, la crema humedeciendo mis labios junto con los suyos… comencé a besarla. Así, con esas ganas, ¡cómo no hacerlo! Si besa tan rico y a mi cuerpo le encanta así… con delicadeza, pero profundamente.
Pronto el plato y el pastel pasaron a segundo plano. Sus manos me tomaron por la cintura, me arrinconaron, me elevaron… quedé sentada en la mesa de la cocina, con ella mordiéndome los labios, gastándomelos. Los sentía arder, pero me resultaba tan excitante que sólo me dejé llevar y llevé mis manos a mis costados, dejándome hacer por ella, por esas manos que me recorrían y se escabullían por dentro de mi blusa para alcanzar mi piel… mmmm, por más que lo desee, no puedo dejar que siga con esto... ¡pero que rico besa esta mujer! ¿O será que la necesito tanto que me lo parece nada más? No sé, de todas maneras me está ganando la pelea con esas manos recorriéndome y no se vale. Ella se equivocó, me mintió y lastimó…
-¿Por qué no me dijiste que eras tú? ¿Por qué me mentiste?- Dije separándome de ella.
- Yo…
-Vamos, te escucho. Dime lo que me tenías que decir-. Le dije bajándome de la mesa.
-No sé cómo empezar, qué decirte primero.
-Por el principio estaría bien.
-Hace un año tuve un accidente… en el que perdí a mi familia. Mi hijo y mi esposo. Ambos murieron y yo estuve mucho tiempo recuperándome de esa pérdida. Caí en una depresión por meses, hasta que pude salir y decidí irme de ahí, de todo lo que me lastimaba. Llegué aquí y compré el café porque no quería volver a mi profesión. Era algo que compartía con él y no podía volver a eso. Luego, al abrir el café… te vi. No sé bien cómo fue que me enamoré de ti. Pasabas horas sentada en la mesa al lado del vidrial con tu cuadernillo. Me intrigabas mucho, creo que ni recuerdas que la primera semana de abierta la cafetería, yo te servía el café a diario.
-Yo…
-Lo sé, no recuerdas, pero yo sí lo hago. Aquella mirada triste no se me olvida. Sentí ganas de abrazarte, de protegerte. Fue ahí donde comenzó mi conflicto. Mis emociones hacia ti me perturbaban. En un principio pensé que no eran nada, que no significaban nada, pero a medida que pasaba el tiempo tú me ibas interesando más, hasta el punto de necesitar estar contigo, de verte todos los días. Me costó, como no te imaginas, admitirme a mí misma que me había enamorado de ti, una mujer. Después llegaron sentimientos encontrados, no entendía como podía ser tan volátil. Yo amaba a Manuel, me sentía terriblemente culpable por lo que sentía hacia ti, por lo que quería comenzar contigo. Pensaba ¿Qué pensarías de mí? ¿Qué me dirán mis papás si se enteran? Y por otro lado, estaba lo que me dijo Karla. Que tú no estabas en condiciones de tener una relación. Que no era bueno acercarme a ti directamente.
-Ya sé lo que ella te dijo.
-Yo no quería lastimarte. Quería enamorarte, pero con mis continuos viajes, no podía entablar algo cordial contigo. Me era muy difícil acercarme a ti y el que Karla me dijera eso, me descolocó por completo. Me sentí desilusionada con lo que me decían de ti.
-¿Qué decían?
-Una chica estaba hablando con Karla, hace unos meses atrás y escuché que le decía que eras insensible, inestable. Que sólo buscabas algo carnal y ya, una vez satisfecha, dabas la relación por terminada. Lastimabas sin importarte lo que sentían los demás.
-¡Yo no hago eso!
-Ya lo sé. Hablé con Karla al respecto y me dijo que tenías una razón para ello. Que sólo le huías al amor porque no querías enamorarte de nuevo. Me recomendó que no siguiera con lo de las cajas. Que podía salir lastimada y tenía razón.
-No debiste hacerte pasar por otra persona, Anahi. Mis sentimientos no son un juego.
-Perdóname. Necesitaba acercarme a ti de alguna manera.
-Esa no era la manera. Entiendo lo que me cuentas de tu familia y el conflicto emocional que eso pudo causarte junto con el sentirte enamorada de mí, pero lo que hiciste, el manipularme, al ir y venir… eso no te lo perdono. Me lastimaste…
-Lo sé y lo entiendo. Pero no era mi intención, yo sólo quería tenerte cerca, saber qué sentías por mí…
-Dirás, por la mujer de las cajas. Porque yo me enamoré de ella… no de Helena.
-Lo sé y el ver que amabas a alguien que no conocías me dolió mucho. Te dije que te amaba y no importó demasiado. Me rechazaste por ella.
-En ese momento no estaba segura de ello.
-¿Sabes? Lo triste de todo, es que yo soy esa mujer y… ahora dudas de que me amas. De que sientas igual… y me duele, me lastima, porque todo es mi culpa. Mis miedos y mis contradicciones emocionales pudieron más que lo que sentía por ti.
-Anahi… yo…
-No me digas nada, Dulce. No hace falta… ya lo has hecho. No me perdonarás y lo entiendo. En tu lugar me sentiría igual… traicionada, usada.
-Ya no sé ni como me siento después de escucharte.
-No te preocupes. Está bien así. Por lo menos no sigues enojada conmigo… me voy más tranquila.
-¿Dónde te vas?
-Al café. Tengo asuntos pendientes que tratar. Darle indicaciones a Karla… hablar con algunos proveedores… en fin, trabajo.
-Está bien.
-Sí. Hasta luego, Dulce.
-Nos vemos.
La miré darse media vuelta y caminar hacia la puerta de salida. Sentí ganas de llorar al verla irse. No quería que lo hiciera, de verdad que no quería que se fuera de mí así, dejándome este vacío y el nudo en la garganta. Quería abrazarla, decirle que todo está bien, que no dudo que la amo, que perdone mi orgullo… que quiero que se quede aquí, conmigo, a mi lado… ¡Dios! La puerta. Me di media vuelta y caminé, casi corrí hacia ella…
-No te vayas… quédate, no te vayas-. Le dije con un nudo en la garganta.
-¿Me abrazas?- Me dice y veo lágrimas en su rostro.
Caminé hacia ella. Estiré una de mis manos para acercarla a mí y ella, como una niña asustada, escondió sus manos en mi pecho mientras la rodeé con mis brazos. Me aprieto fuerte a ella, la pego muy a mí. Lo suficiente como para sentir su aroma y su calor mezclarse con el mío. Que reconfortante es tenerla así, conmigo. No me atrevo a decir nada, por miedo a decir alguna estupidez, como es mi costumbre. Quiero tenerla así, siempre. Abrazarla siempre, podría quedarme así por horas, no me molestaría no llegar a algo más directo que esto. Estar sintiéndola, después de tanto esperarla, me parece…
-No quiero que me sueltes de nuevo.
-¡Ah, preciosa! No te soltaré, solo quiero tenerte conmigo ahora… no llores, amor.
-No puedo evitarlo…
-Vamos, sentémonos… nos calmamos y luego vamos a comer algo, ¿va?
-Va.
-¿Por qué te demoraste tanto en volver? Comenzaba a pensar que ya no lo harías.
-Quería darte tiempo. Si quería que me escucharas, tendría que esperar a que te calmaras.
-Bueno, pero ya está todo bien. Me dejas de nuevo sola y no te…
-No lo haré. No es necesario que hagas eso… no te dejaré ir.
-¡Bien! Te invito a almorzar.
-Dul, aún es temprano para eso.
-Es medio día.
-No, son recién las 11 de la mañana.
-Buuu… vamos a comer algo de todas maneras.
-Bueno, pero primero nos lavamos la cara.
-Jajaja… creo que es mejor, sí.
.Sí, aunque ya no estemos peleando… me debes una igual.
-¡Qué miedo!
-Jajaja… ¿Y la perrita? ¿Dónde está?
-Esta con Poncho… ¿Cómo se te ocurrió enviarme una perrita? Me desespera, es una loca. Jajaja… es como tú, mi amor.
-No compares, Castaña.
-¿Castaña? ¿Me llamarás así, ahora?
-Sólo si quieres… y si sólo yo puedo llamarte así.
-Sí, quiero. Me gusta… mucho. Nadie me ha llamado así antes.
-¡Genial! Vamos a comer algo, ¿si? Tengo hambre…
-Bueno, vamos al café, te invito un pastel de chocolate… Jajaja.
-Seeee… vamos.
-Hey… linda.
-¿Si? Dime.
-Te amo.
-Jejeje… Te amo también, Castañita.
FIN

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