7 Noches de Pecado

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Capitulo 24

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 10:53 am

Un rato más tarde, Camila salió de la cama y se fue al cuarto de baño para asearse un poco. Se quitó los zapatos, agotada pero rebosando de una felicidad que no había experimentado nunca antes. Se sentía completamente mareada. Y maravillosa. Por el sexo. Por Lauren. Simplemente nunca se había imaginado que pudiera comportarse tan sucia y que aquello le pareciera tan vigorizante. Era como si Lauren hubiera descubierto una parte entera de su vida que ella no podía haber experimentado sin ella, y todo su cuerpo cantaba con una satisfacción insuperable. Se miró en el espejo y suspiró felizmente. Se había acostumbrado con rapidez a su nuevo corte de pelo y su nuevo color. Y ahora... incluso estaba acostumbrándose a ser una mujer altamente sexual, a utilizar su cuerpo de la manera exacta en la que había sido diseñado: para concebir placer. Y aquello la golpeó repentinamente una vez más, con una nueva fuerza... la nueva Camila ya no existía realmente, porque aquello ya no era parte de una actuación, alguien que estaba fingiendo ser, o incluso intentando ser. Ahora era realmente la nueva Camila, que se sentía completamente en casa con Lauren y totalmente a gusto con todo el sexo escandaloso del que habían disfrutado juntas.
Y probablemente aquello fuera una estupidez, probablemente era peligroso que se permitiera preguntárselo siquiera, pero qué pasaba si... ¿qué pasaba si de alguna manera funcionaba todo aquello y Lauren no era despedida y tuvieran que seguir trabajando juntas? ¿Qué pasaba si lo que había sucedido en Las Vegas no se quedaba en Las Vegas, después de todo? ¿Qué pasaba si pasaban demasiado tiempo juntas y Lauren se daba cuenta de que estaba loca por ella, más que a nivel físico, y que quizás una relación seria con Laur no fuera realmente algo tan horrible?
Dejó escapar otro suspiro, esta vez uno de infantil esperanza y, desviando la mirada de su reflejo, se fue de nuevo a la habitación, donde también encontró a Lauren, que se había vuelto a meter bajo las sábanas. Dios, estaba hermosa tumbada allí, toda somnolienta y sexy, y despeinada, y exhausta, debido a ella.
—Las luces del móvil están encendidas, nena —le dijo, con los ojos cerrados.
Ella miró hacia el tocador que había al otro lado de la habitación, donde antes había dejado su bolso y el teléfono. Lo había dejado allí en el hotel cada noche que habían salido fuera, ya que había pensado que el bolso sería un estorbo que no necesitaba, sobre todo porque la tarjeta de Blue Night que poseía Lauren cubría todos los gastos de su viaje. Y lo había hecho incluso antes de saber que habría tanto sexo involucrado en su relación, por lo que al final había resultado ser una decisión excelente.
Caminó desnuda hacia la mesa, cogió el teléfono, lo abrió y escuchó el mensaje. Después reconoció la voz de Jenkins.
—Solo quería saber cómo te iba, Camila. Lauren me mencionó en un correo que estabas aprendiendo con rapidez y que tenías un buen oído con la música, así que buen trabajo. Sobre todo porque las cosas no parecen muy alentadoras con Claire. No me sorprendería si nos lleva pronto a juicio, y si eso ocurre, ya sabes lo que significa... Lauren está fuera y tú dentro.
Oh, mierda. Cerró de golpe el teléfono, y deseó que Lauren estuviera dormida.
No tuvo tanta suerte.
—¿Algo importante?
—No.
—Entonces, ¿por qué pareces tan preocupada?
Ella se dio la vuelta para mirarla y vio sus maravillosos ojos verdes abiertos ahora y estudiando su clara preocupación.
—Era Dinah —eludió ella. —Tiene un problema con un hombre, eso es todo.
—Oh —dijo Lauren, echando la cabeza hacia atrás otra vez y acomodándose en la almohada; después, cerró los ojos. —Apaga la luz y ven conmigo a la cama. Quiero abrazarte.3
Acababa de mentirle. Hasta aquel momento, solo había sido un engaño, le ocultó algo que la influía mucho, y aquello ya le había parecido lo suficientemente horrible. Pero ahora le mintió intencionada y detenidamente para guardar su sucio secreto.
Y como le había dicho a Dinah cuando todo aquello empezó, odiaba las mentiras.
Hizo todo lo que pudo para reprimir la sensación de culpa mientras apagaba la luz de la mesita y se metía bajo las sábanas con su amante, la mujer a la que estaba engañando para robarle el trabajo.


Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 25

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 10:57 am

LA QUINTA NOCHE
El placer es el cebo que te pone el pecado.
Platón

Al día siguiente, Lauren informó a Camila de que necesitaba hacer unas cuantas llamadas telefónicas a algunos de los artistas que llevaba para Blue Night y que iba a poner las manos libres para que ella pudiera escuchar cómo trataba Laur con «los talentos».
Así que ella se limitó a escuchar mientras ella aliviaba los temores de una banda de rock alternativa cuyo primer CD no estaba causando mucha sensación, como ellas habían esperado. Y mientras Laur le explicaba a la cantante de Rythm & Blues la razón por la que ella anuncio de su próximo y anhelado CD debía ser retrasado otros dos meses. Y cuando la gran estrella de Blue Night, el roquero británico Malcolm Barstow, se quejó con Lauren porque la selección de la canción de su próximo CD no le había gustado al fotógrafo que había hecho las fotos para la carátula. Camila se dio cuenta de que Lauren hablaba con cada persona de manera diferente, dependiendo de la personalidad de cada uno y de las cuestiones que les preocupaban, hasta que parecían adecuadamente calmados, aunque con Barstow «calmado» era probablemente un término demasiado optimista. Después de presionar el botón de fin de llamada por última vez, levantó la cabeza del sofá donde se acomodaba con los vaqueros ajustados y una blusa azul transparente, para mirar a Camila, que había estado sentada en una silla con tapizado de satén.
—Ahí lo tienes —le dijo. —El lado oscuro de la representante de A&R. ¿Crees que podrás hacerte con ello?
«Ni en el mejor de mis días», se sintió tentada a decirle.
Sabía cómo tratar con Jenkins cuando estaba saturado de trabajo y estresado. Y sabía que cuando Dinah tenía un mal día, lo mejor que podía hacer era estar de acuerdo con ella en todo y al final se calmaría. Sabía cómo arreglar las fotocopiadoras y tenía mucha habilidad con el Microsoft Word, y podía llevar con eficiencia una oficina con una mano atada a la espalda. Aun así, a pesar de que Jenkins y Lauren creyeran en ella, no tenía ni idea de cómo iba a encargarse de la gente que probablemente tuviera buenas razones para estar preocupada con unos problemas que posiblemente no tuvieran solución.
Y estaba segura de que había hablado con la mayoría de esas personas antes por teléfono, pero solo para pasarles con Jenkins o para asegurarles que ya se había dado la orden de pago, y eso era completamente diferente. La vieja Camila era una buena guía, pero no con estrellas de rock enfadadas e histéricas.
—Tengo que admitir que estoy intimidada con todo lo que acabo de oír —le contestó ella e intentó no sonar tan alucinada como lo estaba.
—Y yo tengo que admitir que normalmente no tengo que hacer tres llamadas telefónicas como estas de golpe. Pero estar fuera supone que se te acumulen un poco las cosas, y parte de la razón por la que están tan enfadados es porque no les he devuelto la llamada cinco minutos después de que hayan intentado contactar conmigo. Los artistas son temperamentales, eso es un hecho en este negocio. Solo tienes que abordar sus necesidades lo mejor que puedas.
Ella asintió y esperó no parecer demasiado preocupada. Como se había asegurado a sí misma cuando Laur había estado estableciendo contactos con el personal de las discotecas, Lauren tenía un don de gente natural, y ella no estaba del todo segura de que pudiera verse a sí misma tan desenvuelta al iniciar una relación, o al tratar con personas que eran difíciles, justo como acababa de hacer Lauren.
—¿Sabes lo que necesitas para animarte? —le preguntó la ojiverde.
De acuerdo, así que estaba claro que sus miedos se le reflejaban todavía en la cara. ¿Qué?
—Ropa interior nueva.
Ella le dedicó una mirada coqueta; se sentía mucho más cómoda con su actual vida social que con la profesional.
—Tienes razón, me debes un par de braguitas, ¿verdad? O dos pares —añadió ella, después de recordar su encuentro en el Fetiche.
—Por suerte para ti, el centro comercial Fashion Show está lo suficientemente cerca como para acercarnos dando un paseo.
—Por suerte para mí, estoy acostándome con una mujer que sabe de esas cosas—le contestó ella con una carcajada.
—Bueno, espero que esto no vaya a conmocionarte mucho, pequeña señorita Camila —le dijo con un guiño de ojos.— Voy a ayudarte a elegir tus braguitas.
Ella rió con suavidad.
—No puedo esperar a ver lo que eliges. Y solo para que lo sepas, no soy fácil. Necesito que mi ropa interior sea a la vez cómoda y sexy.
En respuesta, Laur chasqueó los dedos y murmuró:
—Mierda.
Dos horas más tarde, estaban atravesando Las Vegas Boulevard y hacían su pequeña caminata hasta el elegante y sofisticado centro comercial. Aparte de reemplazar el tanga rojo que habían destrozado la noche anterior, Lauren había elegido un tanga negro, un tanga de leopardo con un lazo negro delante, un sujetador bordado y una caja de braguitas de encaje y seda de color lavanda. Y unos para ella obviamente. Iban cogidas de la mano, se besaban mientras caminaban y compraban, se besaron aún más cuando se detuvieron para comprar un par de bocadillos en la cafetería para comer. Después, se abrieron camino de vuelta al Venecia, y Lauren cargaba con la pequeña bolsita rosa del centro comercial. Era fácilmente la mujer más sexy, más segura y más seductora que ella había conocido. Y le había dado besos ante los escaparates de ropa interior y entre bocados de sus sándwiches de pavo y —oh, Dios— estaba empezando a resultarle realmente fácil pensar en ella como... su novia. Lo que era un suicidio emocional, ella lo sabía con seguridad.
Laur le había dicho que aquello era temporal. Y ella le estaba mintiendo de todas maneras, por lo que era bueno que aquello fuera temporal.
«Así que deja de pensar en ella como si fuera tu novia, como si fuera alguien con el que puedes comprometerte». Ojalá fuera tan fácil.
El hecho era que ella nunca había sido aquel tipo de mujer, el tipo como Dinah, quien podía involucrarse con alguien en el plano físico sin que eso empezara a preocuparla demasiado. Y se había estado engañando los últimos días, pensando que quizás la nueva Camila sí fuera ese tipo de mujer. Pero ahora que la nueva Camila parecía ser la verdadera Camila... bueno, estaba empezando a comprometerse con Lauren. E iba a salir herida de todo aquello y se iba a sentir sola y vacía cuando acabara, de eso no le cabía ninguna duda.
La única solución, por el momento, era la misma en la que había estado confiando toda la semana. «Deja esas ideas a un lado. No pienses en ello. Solo siente».
Laur la besó cuando se detuvieron en la puerta de su habitación —ya que ella tenía más llamadas que hacer y correos que mandar, ella había decidido echarse una siesta— y cuando su lengua bailó con la suya e hizo que su cuerpo se estremeciera desde la cabeza hasta los dedos de los pies, justo como pasaba con cualquier cosa que hacía con Laur, definitivamente sintió. Lo sintió todo. El placer. La emoción. La necesidad de estar con ella.
La triste realidad era que ni siquiera le gustaba realmente que tomaran caminos separados para el resto de la tarde. Se había acostumbrado tanto a estar con Laur casi todo el tiempo durante aquellos últimos días, que era eso lo que la hacía sentirse como la nueva y verdadera Camila. La presencia de Lauren, su influencia, las cosas que ella le hacía pensar, sentir.
—Arréglate para esta noche —le dijo Laur, aún cogiéndole la mano.
—¿Que me arregle cómo?
Ella se encogió de hombros.
—Con un vestido sexy, si tienes.
—¿Por qué?
—Ya lo verás.
Ah, su sorpresa. Casi se había olvidado de ello. Y no podía imaginar dónde había planeado exactamente Lauren follársela aquella noche que requiriera que llevara un buen vestido, pero tampoco podía esperar a descubrirlo.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 26

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 10:57 am

—Vaya —dijo Lauren cuando Mila contestó a la puerta a las seis en punto de aquella tarde. Cuando Laur la miró rápidamente de arriba abajo, sintió cómo le cosquilleaban los senos y le palpitaba la vulva.
Se mordió el labio, se sentía sexy y sofisticada a la vez.
—¿Te gusta?
—Nena —le dijo, como si aquella fuera una pregunta ridícula. —Ese vestido es... increíble. El aspecto que tienes... seré una mujer con suerte si logro hacer negocios antes de entregarme al placer.
El vestido negro de satén colgaba perfectamente sobre sus curvas y revelaba más de su cuerpo que cualquier cosa que hubiera llevado nunca, con unas copas semicirculares en lugar del sujetador que le levantaban el pecho, dejando mucha piel al desnudo. El dobladillo llegaba hasta medio muslo, pero había una abertura a un lado que lo hacía incluso más picante.
Dinah había insistido en que Camila se comprara aquel vestido, pero ella había dejado puesta la etiqueta, porque pensaba que quizás era mejor devolverlo, hasta que Lauren le había pedido llevar un vestido sexy antes, lo que había hecho que ella supiera que era perfecto para pasar una noche en Las Vegas, del brazo la mujer viva más excitante.
Había completado el atuendo con unas sandalias negras de tacón que llevaban unos pequeños diamantes falsos cubriéndole los dedos de los pies, y los pendientes largos de diamantes que había llevado en su boda. Echando la vista atrás, le pareció de mejor utilidad en aquel momento.
Lauren también se había vestido muy elegante —más de lo que le había visto antes: —llevaba Una blusa color café claro escotado cuello V que le resaltaban los pechos, una chaqueta de cuero de color caramelo, con una mini falda de cuero negra y botines que hacían juego. Como siempre, la cruz de su abuela descansaba cerca de su garganta, visible entre los botones abiertos.
—Tú también estás muy guapa —le dijo, mientras la miraba de arriba abajo, como ella había hecho con Camila. Un enorme espejo con marco dorado colgaba de la pared cerca del ascensor y mientras la esperaban, Camila no pudo evitar mirarse a las dos y pensar que aquella noche, más que antes incluso, parecía pertenecerle a Laur, como si fuera alguien fabulosa que se dirigía a una noche de glamorosa diversión; y lo mejor de todo era que, en aquel instante, era verdad.
Lauren la llevó al Bouchon, un restaurante francés que había en el Venecia, donde se sentaron en un bonito patio enlosado cerca de la piscina. Después de la cena, compartieron una mousse de chocolate bajo un ambiente de dulce música, del sonido de vasos que brindaban y de elegantes columnas y arcos de piedra. Y Camila intentó con todas sus fuerzas no sentir todo lo romántico que había en ello, aunque era muy difícil de ignorar.
Por un lado, sabía que Lauren era una mujer de mundo, y una amante de las mujeres, por lo que el hecho de que ella hubiera elegido un restaurante terriblemente romántico seguramente no se debía a otra cosa que a una medida respetable de cariño, una buena cena con alguien de cuya compañía disfrutaba.
Pero cuando la miraba a los ojos... ¿veía ella algo más? ¿O solo se la estaba imaginando?
A veces, podía jurar que Lauren también estaba enamorándose de ella. Pero entonces... recordaba que una mujer como Lauren era tan agradable de forma natural, alguien al que se le daba tan bien hacer que otra persona se sintiera especial, que sabía que era probable que aquellos gestos no significaran nada.
«Y eso está bien —se recordó a sí misma. —Esto es solo una aventura, y es exactamente lo que tú querías que fuera. Sexo sin compromiso».
De la cena se dirigieron al Strip para disfrutar de la velada. Aquella noche, le había explicado Lauren, iban a ir a ver a cantantes que trabajaban en los mega resorts que se alineaban en Las Vegas Boulevard.
La idea la impactó. «Oh, esa es la razón por la que me ha pedido que me vistiera elegante». Aquello prometía ser una noche más en la ciudad, como tantas otras que habían compartido hasta el momento, e hizo que la sensación de sorpresa cuando Laur le habló de no acostumbrarse demasiado a la cama se volviera más un misterio.
Su primera parada fue en uno de los pocos espectáculos tradicionales que quedaban en Las Vegas: un lugar lleno de chicas en topless cubiertas por toneladas de pieles y lentejuelas. Era una mezcla variada de entretenimiento, y Lauren señaló a la cantante que habían ido a ver, recomendada por un camarero que había hablado con ella a principios de la semana. Pero Lauren declaró rápidamente que al chico le gustaba demasiado «el sonido de Broadway», con lo cual Camila estuvo de acuerdo y después de aquello, simplemente se sentó y disfrutó del llamativo espectáculo de todo ello, maravillándose con la cantidad de pechos desnudos en el escenario. Después, mientras se mezclaban con el resto de espectadores que abandonaban el lugar, Lauren le dijo:
—Siento si esto te resulta algo inútil, pero el chico con el que hablé me dijo que la vocalista era espectacular, por lo que pensé que merecía la pena echar un vistazo.
Camila abrió los ojos de par en par.
—¿Estás bromeando? ¡Me ha encantado! Ha sido completamente el espectáculo clásico de Las Vegas. Me lo he pasado genial —y lo había hecho. Dado que la mayoría de las showgirls estaban hoy día muertas o retiradas, le encantó tener una pequeña porción de la vieja Ciudad del Pecado.
Lauren solamente sonrió, y después le pasó el brazo por la cintura y la acercó a ella para darle un beso.
—¿Tienes idea de lo bonita que eres?
Ella bajó la barbilla y le concedió una mirada juguetona.
—Pensaba que era excitante.
—Eres bonita y excitante —le aseguró la ojiverde. —Y si no te habías dado cuenta, todos los hombres con los que nos hemos topado esta noche tenían los ojos puestos en ti.
En realidad, sí que se había dado cuenta. Y aquello la había hecho sentirse sexy y excitante, y despreocupada... y también le había hecho pensar si la miraban porque pensaban que era una prostituta con aquel vestido tan descarado. Estaba claro que si todos los hombres pudieran ver las cosas que había hecho ella los últimos días con una mujer, creerían lo segundo, pero ella sabía que solo podía haberse comportado de aquella manera con Lauren, y con nadie más. Y cuando Laur la llevó de la mano hacia el casino y después salieron juntas a la calle, la cálida brisa de la noche invadió sus sentidos, y supo que no podía negar que estaba enamorándose de Lauren. Pero también, desde luego, que toda aquella situación era imposible, no importaba cómo lo viera ella. Y eso significaba que tenía que aprovechar todo lo que pudiera de Laur en aquel momento, aquella noche, y las noches que estaban por llegar. Tenía que empaparse de ella, absorberla, su cuerpo, su mente, aquellos hermosos ojos, todo de ella. Así que cuando se subieron a un taxi y Lauren le dijo al conductor que las llevara al Caesars Palace, ella levantó la mano hacia su cara y la besó, descarada, apasionada y sin disculparse, sin importarle lo más mínimo si el taxista podía observarlos a través del retrovisor. Ahora que la acompañaba el amor, su deseo sexual por ella adoptaba una necesidad nueva que Mila temía que no tuviera límites.
—Genial —le dijo Laur cuando el beso terminó.
En respuesta, ella bajó la mano hacia su muslo, en un gesto atrevido, después se deslizó hacia dentro, sobre su entre pierna, la cual la recibió con gusto. Su mirada llevaba una mezcla de diversión y de excitación.
—Debes estar deseando saber cuál es tu sorpresa.
—Mucho —admitió ella.
En el Caesars Palace, se abrieron camino a través del casino hacia a un elegante bar temático llamado Cleopatra's Barge, donde cruzaron un pequeño puente de madera hasta llegar al club flotante y en forma de barco. La oscuridad cayó sobre ellas, era hora de bailar, las luces se arremolinaban en el suelo donde veinte o treinta personas se movían al ritmo de un grupo que tocaba canciones del Top 40 Hits6.
—Estos son a los que venimos a ver —le dijo la ojiverde mientras se colaban a través de la multitud para llegar a la barra. —Se llaman Razor's Edge.
La banda estaba liderada por una bonita rubia, la única mujer del grupo. Con copas de vino en la mano, observaron y escucharon, y Camila fue consciente otra vez de la atención que recibía por parte de los hombres, y si no estaba equivocada, incluso algunas mujeres parecieron lanzarles miradas de admiración. Estaba empezando a pensar que debería llevar ropa atrevida más a menudo y se recordó a sí misma darle las gracias a Dinah y por hacer que se comprara el vestido. De hecho, se acordó otra vez que tenía que darle las gracias a Dinah por un montón de cosas: no solo por ayudarla a comprar y por pedirle una cita en la peluquería, sino también por todo el concepto de seducir a Lauren. Quizás hubiera ocurrido de todas formas, pero de alguna manera sentía que las varias formas de consejos de Dinah habían ayudado a que todo pasara. Después de media hora, Camila dejó su copa vacía en la barra y se inclinó para decirle a Lauren por encima de la música:
—No sé... parecen un buen grupo de bar, pero no hay nada nuevo en ellos. Sé que aún no hemos escuchado música original suya, pero hay algo en ellos que me hace sentir... que estoy escuchando algo de los noventa. ¿Estoy equivocada?
Lauren vació su propia copa y negó con la cabeza. —En realidad, has acertado por completo. Llevo aquí un rato esperando a que me dejen alucinada con algo, pero no lo han conseguido. Buen oído, nena.- Después de dejar el Cleopatra's Barge cogidas de la mano, tomaron un taxi en lo alto del Strip y se dirigieron hacia otro enorme hotel, Camila ni siquiera sabía cuál era. Tras el sinfín de paradas que habían hecho durante aquella y las demás noches, hubo un momento que se olvidó de prestar atención. Se pasearon por otro casino donde las máquinas tragaperras zurraban y tintineaban y la ruleta daba vueltas, y Lauren la llevó a una discoteca oscura y tranquila donde su mirada cayó instantáneamente en el joven hombre que había en el escenario, que estaba sentado en un taburete, cantando y tocando una simple guitarra de madera. Con un pelo ligeramente desgreñado y una complexión suave y aceitunada, no podía tener más de diecisiete años, pero su voz y su instrumento afirmaban lo contrario, porque sonaba como si pertenecieran a una vieja alma. El sonido era pop alternativo —pegadizo pero moderno, ingenioso pero lleno de significado— y después de solo unos segundos, Lauren y Camila se miraron en silencio y dijeron: «Este chico es bueno».
—Estoy sorprendida —le dijo Lauren.
En respuesta, Camila cayó en su nueva costumbre de hacer comparaciones con un ojo comercial.
—Es como... un joven John Mayer, pero con el atractivo de un ídolo adolescente. Cualquier chica de instituto podría derretirse por él.5
—La carátula del CD será un primer plano de su cara —meditó Lauren, con los ojos puestos en el escenario, claramente pensando en el futuro. —Solo con su nombre encima. Aston Colé.
—Como en los antiguos álbumes —dijo Camila —podíamos poner un póster de él en el interior.-Lauren no parecía convencida.
—Todavía podemos trabajar en esa idea. Para eso es para lo que están las páginas web. Sin embargo, podemos lanzar una oferta, un póster gratis para las primeras mil personas que manden el recibo que encontrarán en el CD, algo parecido.
—¿Cuántos años tiene? —preguntó Camila.
—No lo suficiente como para entrar aquí, solo lo suficiente como para actuar aquí —le explicó. —Me envió un CD hace unos pocos meses, y supe que era bueno, pero no sabía que era tan bueno, o me hubiera olvidado de los demás y hubiera arrastrado mi culo hacia aquí a toda prisa
Luego encontraron una mesa, pidieron una botella de vino y simplemente se pusieron cómodas y disfrutaron de la música conmovedora y sincera de Aston Colé. Hasta que él se tomó un descanso. Lo que le permitió a Camila ser testigo, una vez más, de la parte divertida de aquel trabajo, observar la cara del chico iluminarse cuando Lauren se presentó y le dijo lo impresionada que estaba. Acordaron una reunión con Aston y su madre para el día siguiente, pero Lauren organizó una comida en lugar de un desayuno.
—Porque —le había explicado a Camila con un guiño cuando salieron de la discoteca—, vamos a estar fuera hasta tarde. Ella sonrió.
—Eso implica mi sorpresa, desde luego.
Ella asintió, en un gesto claro y conciso.
—¿Y cuándo exactamente voy a recibir esa sorpresa?
—En nuestra próxima parada.
Muy a su pesar, la vulva de Camila tembló con la expectación. Por supuesto, haber tenido tantos ojos lujuriosos puestos en ella durante toda la noche la había mantenido en un estado de excitación toda la velada, como durante el provocativo espectáculo de topless, solo estando con Lauren. Por lo que no era solo la promesa de lo que estaba a punto de suceder lo que la emocionaba. Era todo, todo lo que Lauren y la Ciudad del Pecado podían ofrecerle.+
Y ella estaba más que preparada para cualquier cosa que le deparara la noche.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 27

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:01 am

El siguiente taxi las llevó con rapidez a través del bullicioso Las Vegas Boulevard, donde todo lo que Camila podía ver alrededor de ellas eran limusinas y tranvías y más de esas vallas publicitarias en movimiento que ofrecían en venta a una mujer vestida solo con lencería. Mirando a través de las ventanas, recayó en los letreros de neón que señalaban el hotel casino MGM Grand, el París, el Monte Cario, y otros que pasaban ante sus ojos a toda velocidad y la hacían sentir —junto con el vino que había tomado— completamente consumida por las mareantes luces y el ritmo acelerado del Strip. Lo siguiente que supo fue que el taxi se había detenido en la avenida, en un camino rodeado de arbustos que llevaban a otro resort gigante y otro casino iluminado con luces brillantes, pero otra vez, había olvidado fijarse en el nombre. Mientras Lauren la llevaba a través de las puertas principales y entraban en otro enorme vestíbulo, sintió más ojos puestos en ella, sintió la mano de su chica sobre la suya, sintió que su corazón latía con fuerza por la emoción de preguntarse qué iba a pasar a continuación y cómo podría agradecérselo por la noche.
Después de entrar en el ascensor, Lauren esperó hasta que la mayoría de las personas que estaban dentro hubieran salido en sus respectivas plantas, y después presionó el botón de arriba, marcado simplemente con una R.
—¿Qué significa esa letra? —le preguntó ella. —¿Lleva a la azotea?
La boca de Lauren se curvó en una sonrisa traviesa.
—No. Lleva a una discoteca. Se llama Rendezvous.2
Por lo que iban a otra discoteca, una que estaba situada en lo alto de un hotel de Las Vegas Strip.
—¿Esa es mi sorpresa? —le preguntó ella despreocupada. —¿Otra discoteca? —no había querido sonar como decepcionada, pero ya había estado en un montón de discotecas con Lauren, por lo que había esperado algo más... único.
Cuando las dos últimas personas que había con ellas en el ascensor se bajaron, las puertas se cerraron y Lauren le lanzó una mirada oscura y seductora.
—No te preocupéis, nena. Nunca antes has estado en una discoteca como esta.
—¿A qué te refieres?
En aquel momento, se abrieron las puertas del ascensor y el aura de la glamurosa vida nocturna le invadió los sentidos. Ante ellas se desplegaba una habitación con una tenue iluminación, con destellos rojos y púrpuras que giraban y resplandecían sobre los cuerpos escasamente ataviados que había en la pista de baile. La fragancia del alcohol y el perfume caro inundaba el ambiente. Cada cara que pudo ver ella era... hermosa, no había otra manera de describirlo. Estaba claro que era allí adónde iba la gente guapa que quería salir de fiesta.
Pero antes de llegar al interior de la discoteca, tuvieron que ser admitidas por un portero, y ella observó la fila de personas que estaban esperando para entrar, mientras Lauren la llevaba por delante, directo al hombre que sostenía una cuerda roja de terciopelo en las manos.
—Señorita Jauregui —le dijo él tranquilamente, después desató la cuerda, y les hizo un gesto para que entraran. Lauren le pasó discretamente al portero un fajo de billetes doblados mientras atravesaban la entrada. Dentro, pudo ver a la gente guapa más de cerca. Los hombres tenían un aspecto seguro y atractivo, la mayoría llevaban claramente modernos, elegantes, y cómodos trajes. Y las mujeres eran como Lauren, la mayoría llevaban vestidos de coctel. La iluminada pista de baile estaba compuesta por plataformas e incluso por unas pocas jaulas enrejadas. Sobre las plataformas había más gente guapa bailando, la mayoría de las chicas no parecían tener problema alguno por frotar sus cuerpos mientras se movían. Las jaulas, sin embargo, estaban ocupadas por lo que ella pensó que serían gogós, todas vestidas con tops negros de lentejuelas y faldas minúsculas también de color negro, bajo las cuales llevaban ligüeros que sujetaban unas medias de rejilla negras y unas sandalias de plataforma «tacones de stripper». Todo en lo que pudo pensar ella fue... Vaya. Lauren tenía razón, ella nunca había estado en un lugar como aquel antes. Justo entonces, una mujer rubia y delgada pasó delante de ella y se dio la vuelta para mirarla y le dijo a Lauren:
—¿Estoy loca o esa que acaba de pasar es Paris Hilton?2
—No estás loca.
—Vaya.
El aura sexual del ambiente era completamente palpable. La gente que había en la pista de baile se movía en ondulaciones líquidas, claramente estaba más interesada en el sexo que en la danza. Las camareras en topless servían las copas en la barra mientras otras camareras se pasaban por la discoteca llevando bandejas de copas y botellas, con el mismo top y medias que llevaban las mujeres que bailaban en las jaulas. A cualquier parte que mirara, Camila veía a personas besándose, y aquellos que no estaban besando a alguien parecían querer estarlo.
—Lauren —otra rubia de escándalo se dirigió a ella, tendiendo la mano y curvando sus uñas rojas alrededor de su brazo. Llevaba un vestido blanco ceñido con un corpiño en forma de V que llegaba hasta su ombligo, resaltando el abultamiento de sus pechos. —¿Qué haces en la ciudad, querida?
—Hola, Cherise —le dijo ella con una sonrisa sosegada. —Solo estoy dando una vuelta en busca de algún nuevo talento, como de costumbre.
—Yo puedo ser nueva, y definitivamente poseo ciertos talentos —estaba siendo directamente depredadora y Camila intentó calmarse y no dejar que la pudieran los celos, pero al mismo tiempo se encontró agarrándose al otro brazo de Lauren más posesivamente de lo que había pretendido.
—Esta es mi pareja, Camila, la nueva representante de A&R de Blue Night —le dijo La ojiverde, soltando el brazo de las garras de Cherise para señalar a Camila.12
—Chica con suerte —dijo Cherise con una timidez afectada, a modo de saludo.
—Sí, lo soy —le contestó Camila, dándose cuenta de que aquello parecía ser el consenso universal: cualquier chica que estuviera con Lauren Jauregui, aunque fuera por una noche, tenía que ser envidiada.1
—Un placer volver a verte, cariño —le dijo a Cherise cuando se iban, y Camila no pudo evitar sentirse feliz de dejar a Miss Vestido Blanco detrás, mientras ellas avanzaban hacia la sala oscura.
Aun así, se vio obligada a observar que muchas más chicas sexys ponían los ojos en su chica, pero cuando también se dio cuenta de que los hombres le dedicaban a ella la misma mirada, se olvidó de sus preocupaciones. ¿Eran todos aquellos ojos puestos en ella, la sexualidad que flotaba en el ambiente, lo que la hacía sentir cómo le dolían los pechos y se le dilataba la vulva? ¿O era solo porque había estado deseando a Lauren toda la noche?
A pesar del sexo que emanaba aquel lugar, ella estaba al límite de preguntarle por qué razón exactamente el Rendezvous era su sorpresa, cuando llegaron a una zona completamente nueva de la discoteca. La pista de baile quedó visible detrás de ellas, pero el ambiente acababa de cambiar, sumergiéndose incluso más en un ritmo más lento, más sofocantemente sensual. La gran sala que los rodeaba estaba llena de... camas. Bueno, no camas reales, sino otomanos y divanes grandes, lujosos y adornados de joyas que hacían un papel perfecto. Los clientes estaban tumbados sobre ellos vestidos con un sofisticado atuendo, bebiendo, hablando, algunos de ellos besándose. Como en el Fetiche, observó a dos chicas dándose el lote, pero a diferencia del Fetiche, ahí nadie parecía particularmente interesado, aparte de un hombre que estaba tumbado con ellas en el diván esmeralda, acariciando la pierna de una de las chicas. La música también era diferente, aunque la pista de baile todavía estaba a la vista, con un ritmo rápido y fuerte que ya no podía oírse, solo podían escuchar canciones más lentas y eróticas que resonaban desde los ocultos altavoces. La iluminación era suave, invitadora, sensual. Y alrededor del perímetro de la sala... «oh, Dios mío». Al principio no se había dado cuenta de ello, solo había visto unas cortinas oscuras de color azul zafiro que rodeaban la zona, pero ahora había caído en que algunas de las cortinas estaban retiradas, y se revelaba un gran compartimento en forma de U que tenía una cama hecha a la medida y que se encajaba contra la pared curvada. Eran como cabinas semicirculares en un restaurante, pero en lugar de cabinas, ella pudo ver más lugares pomposos en los que acostarse.
Las zonas que estaban visibles le daban la oportunidad de espiar a la gente que había tumbada allí. En algunas, pudo ver a parejas, mientras que otras camas estaban ocupadas por tres, cuatro o incluso cinco personas. Como en las camas que había en la zona abierta de la sala, la gente que había en la especie de cabinas estaba bebiendo, riendo a carcajadas, y algunos estaban dándose el lote. La mera presencia de tantas camas elaboradas, con tanta gente reclinadas sobre ellas, la hacían sentirse más excitada aún, hacían que se le humedeciera un poco más la vulva. ¿De verdad tenía la gente relaciones sexuales en aquel lugar? ¿Era esa la razón por la que algunas cortinas estaban echadas?4
Mientras intentaba ajustarse al seductor ambiente, una atractiva mujer madurita con otro vestido tan provocador como el suyo —el de la mujer de un bonito color coral— se acercó a ellas, y puso la mano encima del brazo de la amante de Camila.
—Lauren.
—Shay, hola —le cubrió la mano ligeramente mientras se inclinaba para darle un beso en la mejilla.
Aquella mujer parecía más amistosa que ligona, así que Camila no se sintió celosa como antes, pero estaba empezando a pensar que Lauren conocía a cada persona del planeta.
—He visto tu nombre en la lista de reservas —dijo Shay— así que he reservado mi cama favorita para ti. - Oh, trabajaba allí.
Y... había reservado una cama especial para Laur. El estómago de Camila se revolvió con una extraña expectativa, todavía estaba asombrada y conmocionada por aquel lugar.
Shay las condujo a través de varias cortinas cerradas y un par de zonas abiertas, después tiró hacia debajo de una cuerda azul de terciopelo para revelar... la cama más seductora que Camila había visto en su vida. Una tela gruesa de terciopelo rojo cubría la cama en forma de U, mientras afelpadas almohadas de color negro y púrpura, de toda forma y tamaño, alineaban el borde redondo. La pared en forma de U estaba tapizada de más terciopelo rojo, hacia arriba, cubierto con un lujoso papel de pared. El compartimento privado se completaba con repisas para colocar bebidas encima, y espejos con marco dorado que colgaban desde varios ángulos, claramente diseñados para encajar con las paredes curvadas.
—Esto es genial, Shay—dijo Lauren tan informalmente como si fuera la camarera que le trae la comida.
—¿Puedo traeros algo de beber?
Ella miró a Camila.
—¿Más vino?
—Claro —se sentía tan fuera de su elemento que temía que su voz hubiera salido con un sonido parecido al de un ratón. Incluso si parecía formar parte de la noche, no estaba acostumbrada a estar rodeada de tanta elegancia.
Lauren le pidió a Shay que trajera una botella de su mejor Pinot Grigio y, cuando se fue, cogió a Camila de la mano y la llevó hacia el cubrecama de terciopelo rojo.
Le dio una sensación indiscutiblemente extraña cuando se echó hacia atrás y se acomodó contra las cómodas almohadas llevando aquel vestido de satén, con las piernas desnudas extendidas ante ella, con las rodillas flexionadas, especialmente en una sala llena de gente, y aun así al mismo tiempo, la hizo sentirse repentinamente como una parte más de la abierta sensualidad del ambiente. Lauren estaba tumbada a su lado, apoyado en uno de sus codos, mirándola a la cara.
—Entonces, ¿esta es mi sorpresa? —le preguntó ella. Laur asintió brevemente. —Es... bastante salvaje. Todavía estoy intentando adaptarme.
—¿Adaptarte?
—Estoy acostumbrada a las discotecas que tienen mesas, no camas.
Justo entonces, un suave gemido sonó en algún lugar cerca de ellas; ella supuso que venía de una de las otras camas. Señaló vagamente hacia el sonido.
—¿De verdad hay gente que está manteniendo relaciones sexuales aquí? ¿Justo aquí? ¿En la discoteca?
La lascivia inundó su sonrisa.
—Por eso están aquí las camas.
Ella le puso los ojos en blanco, y le ofreció una sonrisa apologética.5
—Ya entiendo esa parte. Pero... ¿por qué salir fuera para tener sexo cuando puedes hacerlo en tu casa o en tu hotel? Especialmente desde que supongo que tienes que pagar por una de esas camas.
Lauren tendió la mano para tocarle la rodilla, y utilizó su dedo pulgar para acariciarla. —Algunas de estas personas vienen aquí esperando a conocer a alguien con el que deseen echar un polvo. Y la gente como nosotras, que ya saben a quién desean tirarse... venimos por la emoción.
De repente, ella lo comprendió.
—Está... prohibido.
A Lauren le brillaron los ojos.
—Exacto.
—Como hacerlo en la Torre Eiffel —continuó ella. —O en la góndola.
Su mano ascendió cálida por su muslo.
—¿Te acuerdas de lo que me dijiste en la góndola la pasada noche? Dijiste que si pudieras, me follarías en aquel momento, y no te importaría que nadie nos estuviera observando.
Un pequeño atisbo de vergüenza combinado con la sensación de excitación se apoderó de ella. En realidad, sí le había dicho aquello. Era difícil de creer, pero era verdad. Incluso más difícil de creer era que lo hubiera dicho en serio. Lauren la había transformado en una desvergonzada adicta al sexo, por lo visto. Y hacía justo un momento, ella se había sentido preparada para cualquier cosa que Lauren hubiera querido que ella hiciera, cualquier cosa que ella hubiera hecho. Y quizás se había quedado desconcertada por la grosería de aquel lugar, donde el sexo estaba tan «a la vista», pero mientras la cálida caricia de Lauren se deslizaba suavemente más hacia arriba, y las yemas de sus dedos jugueteaban ahora bajo el dobladillo de su vestido, quizás su conmoción empezaba a desvanecerse. Se desvaneció casi por completo cuando ella la besó, su lengua coqueteando dulcemente con la de ella, en un encuentro sensual y suave de sus bocas.
Justo en aquel instante, una de las camareras en top apareció al borde de su cama, llevando dos copas y un cubo con hielo con una botella de vino abierta dentro.
—Su Pinot Grigio —dijo ella cuando ambas la miraron.
Y a Camila se le ocurrió que quizás la camarera se sintiera algo incómoda, pero no lo estaba. Porque ese tipo de cosas solían suceder allí, personas que se tumbaban, que se daban el lote, delante de todo el mundo.
—Gracias —dijo Lauren, después se levantó para sacarse la cartera y le pasó unos billetes a la chica. Cuando la camarera se fue y Lauren empezó a servir el vino, Camila dijo:
—Tengo algunas preguntas que hacerte.
Ella se detuvo para destellarla con una mirada divertida.
—No puedo esperar a escucharlas.
Mila sonrió, sabía que a ella le parecía entretenida su ingenuidad.
—De acuerdo, ¿cómo has pagado por la cama? Quiero decir, ¿Cuándo? No te he visto darle dinero alguno a Shay.
—Sueles dar el número de la tarjeta de crédito cuando llamas para hacer las reservas.
—Oh —aquello tenía sentido, supuso ella. Aunque la siguiente pregunta no era tan divertida como la primera. —Y si la gente mantiene relaciones sexuales en estas camas, ¿están, eh... limpias?
—Sí, nena, están limpias. La cubierta de terciopelo se puede quitar. Cada vez que se libera una cama, todo el compartimento es desinfectado.
—Bien —dijo ella, después ladeó la cabeza. —¿Pero cómo sabes eso?
—Porque así lo dicen los folletos.
Camila sintió cómo se le abrían los ojos de par en par.
—¿Tienen folletos? ¿Que hablan acerca de la limpieza después de que la gente folle sobre las camas?
Lauren dejó escapar una carcajada gutural.
—Se explica con mucha más delicadeza que esa, pero sí, así es. Están en la puerta de la discoteca y probablemente en la barra. Y...
- ¿Y qué?
—Si estás preguntándote si la gente podrá escucharte, los compartimentos están diseñados para que el ruido se quede dentro. Sé que has escuchado un gemido hace unos minutos, así que sí, algo se escapa, pero casi todo se queda dentro.
—¿He de suponer que eso también está descrito con delicadeza en el folleto?
Laur inclinó la cabeza, en un gesto conciso y juguetón. Y Mila no pudo evitar juguetear con Laur cuando le pasó la copa de vino.
—Parece que eres toda una experta de este lugar.
—No es la primera vez que estoy aquí —le dijo con un guiño. Después levantó la copa para hacer un brindis. —Por las experiencias nuevas.
Ella se mordió el labio, y se sintió a la vez tímida y aventurera, y la sensación de aventura se hacía más poderosa por momentos. Tintineó suavemente su copa contra la de Lauren.
—Por las experiencias nuevas.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 28

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:03 am

Bebieron sus copas de vino y conversaron durante un rato más, luego Lauren se quitó la chaqueta y la dejó en el borde de la cama. Se besaron, se abrazaron, escucharon la música y observaron a la gente a través de sus cortinas abiertas.
Cuando Lauren vació su copa, se acercó un poco más a ella, y descansó la palma de la mano sobre su vientre, apenas rozando con el pulgar la parte inferior de su pecho, y con aquel gesto, hizo que Camila deseara más. Se había vuelto agradablemente embriagada durante la noche, y ahora estaba empezando a intoxicarse agradablemente de aquel lugar, de los colores vivos, de las telas lujosas, de la coqueta gente que había alrededor de ellas.
—Te deseo —le susurró ella.
Lauren inclinó la cabeza hasta rozarle la frente con la suya, con una mirada deliberada e intencionada. —Vas a tenerme.
Justo en aquel momento, Camila captó la imagen de un sexy vestido de leopardo que pasaba por el borde de su cama, y que se detuvo delante de ellas. Lauren y ella levantaron la cabeza.
—Lauren Jauregui —dijo la chica del vestido con una sonrisa.
Joder, otra admiradora más. Y esta última era incluso más atractiva que todas las demás, con su pelo largo y lacio de un color llamativo castaño y una complexión perfecta y aceitunada, con unos labios sexys y húmedos, con las curvas de sus respingones pechos sobresaliendo de la tela de la parte de arriba del vestido.
—Keana Marie —dijo Lauren y se sentó para saludarla con una sonrisa más sincera que las que le había dedicado al resto de mujeres que se habían acercado a ella. — ¿Cómo estás?17
La espectacular chica echó la cabeza hacia atrás y puso los ojos en blanco, en un gesto juguetón que a Camila le sorprendió que le pareciera tan sensual. Así de rápido, parecía más simpática y menos afectada que la mayoría de las mujeres del «club de fans de Lauren».
—Estoy bien —dijo ella, pero su voz la delataba. —He roto con Johnny.
Lauren ladeó la cabeza, con una expresión de reprimenda en la cara.
—Ya te avisé acerca de ese tipo.
—Sí, debí haberte escuchado. Esa rata bastarda me ha engañado. Con Winona, su ex.7
—Oh, mierda —dijo Lauren, parecía verdaderamente conmocionada. En aquel momento, Keana desvió su atención hacia Camila.
—Winona es mi mejor amiga —le informó como si las tres fueran ya amigas. —Bueno, era mi mejor amiga —luego, se inclinó para tenderle la mano al otro lado de la cama.
—Soy Keana.
—Camila —se presentó y tendió la mano para recibir brevemente la suave mano de la chica. —Y... siento lo de tu novio.
Keana hizo un leve gesto con la cabeza, como si estuviera intentando quitarle importancia al asunto, aunque era obvio que había sido algo relevante para ella.
—No me merecía —dijo, intentando esbozar una sonrisa. —Lo que me dijo Lauren cuando lo vi la última vez, hace ya seis meses, ¿pero le hice caso yo? No. Aunque ya sabes lo que pasa con algunos tíos, lo simplemente excitantes que son y que se cuelan bajo tu piel de alguna manera, haciéndote perder la cabeza, ¿sabes a qué me refiero? - Camila no solía conocer a aquella clase de tíos, pero lo había aprendido todo de chicas aquella semana. Así que le concedió una sonrisa que le decía que podía entenderla.
—Sí, claro.
—El ex marido de Camila era el mismo tipo de rata bastarda —le dijo Lauren a Keana, después giró la cabeza para mirar a Camila. —Espero que no te importe que acabe de decir eso.
Ella negó con la cabeza.
—No, en absoluto —Mahone era ya agua pasada, aunque le gustaba que Lauren entendiera cómo de horrible era engañar a una persona y también supo que Keana estaba de acuerdo.
—¿Tu marido te engañó? —la cara de Keana adoptó una expresión de verdadera repugnancia, como si fuera la primera vez que escuchaba algo tan terrible.
Camila asintió, después lo resumió en pocas palabras.
—Era un gilipollas.
Keana se sentó al borde de la cama y se inclinó hacia ella.
—Dios, pobre chica. Quiero decir, fue más que horrible lo que me pasó con Johnny, pero no puedo imaginar cómo de terrible tiene que ser que te engañe la persona con la que estás casada.
Camila suspiró.
—Bueno, definitivamente es un asco. Pero la buena noticia es que ya es historia.
—Y ahora estás pasando el rato en el Rendezvous con la bomba sexy de Lauren — Keana sonrió.
—Sí, de hecho así es —contestó Camila, y en aquel momento no lamentó que Mahone la hubiera llevado a acabar con su matrimonio, dado que Lauren era una mejora incuestionable. Tendió la mano para apretujarla con ternura la rodilla, sobre su falda de cuero, y Laur se la cubrió con su gran mano.
—Así que estás aquí fuera, disfrutando la vida de soltera otra vez, ¿eh? —le preguntó Lauren a la Keana.
Como antes, la atractiva chica suspiró pero intentó quitarle importancia y sonrió mientras le contestaba.
—Podríamos llamarlo como un intento de volver a subir al caballo. Pero estoy un poco confusa —arrugó la nariz. —He salido sola esta noche, pensé que me toparía con alguien al que conociera, o quizás conocería a alguien interesante, pero básicamente he estado dando vueltas por ahí sintiéndome completamente sola.
Lauren ladeó la cabeza, en un gesto dubitativo.
—No me digas que no hay hombres que no se te han echado encima con ese vestido, cariño, o sabré que estás mintiéndome.
Ella volvió a poner los ojos en blanco ligeramente.
—Oh, sí, lo han hecho. Pero eran simplemente... bah. Demasiado insistentes. O presuntuosos. O vulgares. Ese es el problema cuando se sale para echar un polvo. Puedo disfrutar del sexo esporádico como cualquier chica de aquí, pero solo es divertido cuando sucede con naturalidad. ¿Sabéis a qué me refiero?3
Ella miró a Camila al hacer la pregunta, y como el único sexo esporádico que había tenido en la vida había sido con Lauren, y como el sexo con Lauren estaba empezando a convertirse en algo más que esporádico, le dijo: —Completamente.
—Así que creo que me iré a casa y ahogaré mis penas en una botella de vino, después me iré a dormir y empezaré de nuevo mañana —con aquello, se puso de pie. —Me alegro de haberte conocido —le dijo a Camila—, y ha sido genial cruzarme contigo, Lauren. Llámame la próxima vez que vengas a la ciudad y quedaremos a comer o cualquier cosa. Estoy en casa de amigos ahora mismo porque todos los que tenían salen ahora con Winona y Johnny, los capullos.
A pesar de querer estar sola con Lauren, bueno, tan sola como se podía estar en el Rendezvous, Camila sintió verdadera pena por Keana. Una cosa era perder a tu hombre, pero otra completamente diferente era perder al mismo tiempo a todos tus amigos.
—Si vas a volver a casa solo para beber algo, aquí tenemos vino —hizo gestos hacia el cubo de hielo, y la botella que sobresalía de Laur. —Quédate un rato.
Keana ladeó la cabeza y esbozó una sonrisa de complicidad.
—Es muy amable de tu parte, pero no creo que ustedes dos hayáis venido hasta aquí solo para socializaros, excepto quizás la una con la otra —guiñó un ojo.
—Tenemos toda la noche —le dijo Camila, ya ni siquiera se sentía avergonzada porque la gente asumiera que Lauren y ella estaban allí para mantener relaciones sexuales. Y aunque ya era tarde, se había dado cuenta de que las noches en Las Vegas duraban incluso hasta más tarde (por lo menos para ella) que las noches en otros lugares. Llegó incluso a dar una palmada en el terciopelo rojo que había a su lado. —Siéntate y tomemos una copa.
Keana se mordió el labio, parecía tentada y Camila se sintió una vez más sorprendida por su belleza.12
—¿Están seguras de que no les importa? No voy a quedarme mucho tiempo.
—Sí, estamos seguras —e incluso aunque le parecía una idea inconcebible que estuviera invitando a otra chica tan despampanante a «su cama», Camila siguió insistiendo porque Keana era mucho más agradable que la mayoría de las mujeres atractivas, y porque al oír los planes que tenía para aquella noche, Camila se dio cuenta de que quizás la vida no fuera siempre tan bonita para la gente bonita. En realidad, quizás incluso apestaba algunas veces.
—Bien, entonces —dijo Keana. —Voy a la barra a por otro vaso, y pediré otra botella de vino ya que voy. ¿Qué vino quieren?
—Pinot —contestó Lauren, después sacó la botella del cubo para que Keana pudiera ver la etiqueta.
—Ahora mismo vuelvo —les dijo Keana por encima del hombro con una sonrisa, antes de que desapareciera con su vestido de leopardo.
Después de aquello, Lauren giró hacia Camila, sus ojos brillaban con sorpresa.
—¿Te ha molestado? —le preguntó ella. —¿Que le haya dicho que se quede?
Laur sonrió suavemente.
—No, tienes razón, tenemos toda la noche por delante. Pero me ha pillado por sorpresa.
Camila se encogió de hombros.
—Parece agradable. Y algo a la deriva también. Quizás simplemente esté echando la vista atrás, cuando mi matrimonio se rompió. Realmente es una situación difícil, sobre todo cuando los amigos que tienes en común se ven obligados a elegir bando.
Laur asintió. —Es agradable.
—¿De dónde la conoces?
—Es una showgirl, ahora es bailarina en el MGM, pero cuando la conocí bailaba en el Tropicana, en una fiesta después de un concierto. Hace años que la conozco.
—¿Te has acostado con ella?
—Hace mucho tiempo. Solo una vez.
—¿Baila en topless, como las chicas del espectáculo que hemos visto esta noche?
—Solía hacerlo. Pero la última vez que la vi, acababa de ser ascendida a un papel más prominente donde los uniformes no son tan atrevidos. En realidad, apuesto a que sus problemas han venido por eso. Winona estaba en el mismo espectáculo que ella, y no creo que se alegrara mucho cuando a Keana la ascendieron de puesto.
Camila hizo una mueca de desprecio.
—Entonces, ¿crees que Winona se lió con el novio de Keana por venganza?
Lauren se encogió de hombros.
—Quién sabe, pero parece muy probable.
Camila no podía evitar pensar en lo desagradable de todo aquello. Y cómo de competitivo y animado era el mundo en el que Keana vivía.1
—¿Qué hace que alguien quiera ser una showgirl aquí? —se preguntó en voz alta.
— Keana me dijo una vez que había hecho todo lo posible por intentar triunfar en Broadway, pero que no pudo, su voz no era lo suficientemente potente. Todo lo que ella quería hacer en la vida era bailar, así que este parece ser el segundo mejor sitio para conseguirlo.
Justo en aquel instante, reapareció Keana, con una botella descorchada de vino en una mano y una copa en la otra.
—Ya estoy aquí.
—Entra —Camila le hizo gestos para que se metiera dentro.
Keana se acomodó a un lado de Camila, y sostuvo la copa en el aire para que Lauren se la llenara. Con Keana repentinamente tan cerca, la atención de Camila se dirigió sin darse cuenta hacia los pechos de la mujer; su escote parecía bronceado y perfecto. Y por primera vez, también se fijó en los pies de Keana, cubiertos por unos zapatos rojos, de tiras y con tacones de aguja. Aunque Camila no pensaba que pegaran mucho con el vestido de leopardo, Keana tenía más que el estilo suficiente como para permitirse combinar algo así.
—Este vestido es precioso —le dijo Keana, y tendió la mano para recorrer el suave satén sobre la cadera de Camila.8
Espontáneamente, la vulva de Camila se estremeció ante el contacto, dejándola completamente desconcertada. Tomó un gran sorbo de su vino e intentó actuar con normalidad.
—Gracias.
—Te hace un pecho precioso —añadió Keana, todavía con la mano en el vestido de Camila.
—Mmm, sí, son geniales, ¿verdad? —Lauren contribuyó a la conversación y se inclinó para plantar un pequeño beso en la parte de arriba del pecho de Camila. Un escalofrío recorrió su región lumbar, no solo por aquella caricia sino por el hecho de que la cortina estuviera todavía abierta, y Keana aún tuviera la mano sobre ella, con tanta informalidad y facilidad, como si aquel contacto fuera lo más normal del mundo. Quizás lo era en su mundo.9
—Las tuyas son también preciosas —Camila se oyó a sí misma decirle aquello a Keana.1
Dios, ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué había dicho algo así? Tenía unos pechos preciosos, pero ¿desde cuándo hacía cumplidos sobre los pechos de otras mujeres?
Aun así, ni Keana ni Lauren parecieron desconcertados. En lugar de eso, Keana zarandeó juguetonamente sus pechos en el vestido de leopardo y contestó:
—Esa es la razón por la que compré el vestido.
En aquel momento, Camila se acordó de lo que Keana hacía en la vida y decidió que era probable que fuera completamente normal en su círculo de amistades que las mujeres hablaran acerca de sus pechos.
Pero todavía tenía una sensación de pesadez en el punto en el que se unían sus muslos, y le daba vueltas a la cabeza. Estaba confusa. Ahora casi deseaba no haber invitado a Keana a quedarse. Porque lo único que deseaba era lanzarse a los brazos de Lauren y besarla, acariciarla, conseguir lo que quería de ella. La necesidad había estado creciendo durante toda la noche, y ahora, con una brusquedad alarmante, se estaba volviendo más animal aún, como la pasada noche cuando habían paseado en góndola.
—Entonces díganme, ¿de dónde se conocen ustedes dos? —preguntó Keana.
Lauren contestó, y le explicó a la chica el cambio de trabajo de Camila y la razón por la que las dos estaban en Las Vegas.
—Vaya, es genial —dijo Keana, retirando finalmente su mano de donde la había dejado al principio. —Enhorabuena.
Camila se esforzó por fingir que la lujuria estaba quemándola por dentro.
—Gracias. Estoy muy emocionada, y Lauren es una profesora excelente —lo miró a los ojos y una vez más no pudo evitar darle voz a lo siguiente que se le vino a la cabeza. —En más de un sentido.
—¿En serio? — Keana bajó el tono de voz y concedió una sonrisa que decía «Cuéntamelo todo».
—Bueno —empezó Camila, mientras intentaba pensar en cómo responder, porque no iba a admitirles a ninguna de las dos que nunca había tenido una aventura esporádica antes. —No he estado con nadie desde que me divorcié. Y Lauren... me ha ayudado a salir de la rutina.
A su lado, Keana suspiraba.
—Estoy tan celosa... Necesito a alguien que me saque a mí de la rutina. Hace un mes que no me he acostado con nadie —dijo ella como si llevara cinco años de sequía.3
Pero Camila estaba empezando a comprender algo. Quizás no se echa el sexo tanto de menos si lo que has experimentado es lo normal o incluso simplemente aceptable. Ahora que había estado con Lauren, sin embargo, sabía que iba a echarlo locamente de menos cuando todo aquello se acabara. Una vez que experimentas unas relaciones sexuales alucinantes, es muy difícil que puedas vivir sin ellas, y supuso que Keana había tenido un montón de experiencias parecidas.
Keana quería escuchar más acerca de lo que habían estado haciendo desde su llegada a Las Vegas, a qué bares habían ido, cuántos artistas contrataron, en qué restaurantes cenaron. Ambas proporcionaron las respuestas, y Camila acabó la que probablemente sería la quinta copa de vino en la noche, y se sentía agradecida de que hubieran pasado tantas horas entre toma y toma o seguramente estaría desmayada en aquel momento.
—Hoy —continuó Lauren—, no tenía muchos negocios de los que encargarme, solo una pocas llamadas telefónicas que hacer, así que me llevé a Camila de compras.
—Oooh, ¿qué has comprado? —preguntó Keana, enarcando sus cejas perfectamente arregladas. Camila no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.
—Braguitas.9
Keana ladeó la cabeza, en un gesto de conspiración.
—Y apuesto a que las llevas puestas ahora mismo.
—Así es —le confirmó Camila, que se sentía más bebida a medida que pasaba el tiempo.
—¿Cuáles llevas? —preguntó Lauren.
—Es... una sorpresa —dijo ella, jugando de la misma manera que Laur lo había hecho.
—Apuesto a que vas con... un negro clásico —dijo Keana —, que encajan a la perfección con ese atractivo vestido.
—Compramos un tanga negro, pero yo creo que lleva puesto el rojo —decidió Lauren. —Ya que yo le destrocé el último rojo que tenía.5
Camila soltó una pequeña carcajada, ya que ambas estaban equivocadas, pero no dijo nada.1
Hasta que finalmente Keana extendió la mano hacia Camila, deslizando sus uñas rojas y pulidas bajo la abertura lateral del vestido de Camila y tirando hacia fuera para revelar un pedazo de tejido de la tela, la parte de delante de su tanga de leopardo.4
—Oh, Dios mío, este va genial con mi vestido —exclamó Keana, y Camila intentó luchar contra la aparición de la humedad entre sus muslos, mientras Lauren reía a carcajadas y Keana continuaba hablando. —Las mías también pegan con el tuyo, quizás deberíamos intercambiarlas —dijo entre risas. — ¿Ves? —después se puso de rodillas, y se levantó el vestido hasta revelar su propio tanga, que era de un bonito encaje negro.
Lauren también se cambió de lugar, acercándose a las cortinas para cerrarlas.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Camila. Lauren arqueó una de sus cejas.
—Bueno, si vamos a empezar a enseñar la ropa interior que llevamos cada una, probablemente sea hora de echar las cortinas. A no ser que quieras que las deje abiertas.1
—No —dijo Camila. Porque aquello tenía sentido. Porque los vestidos de Keana y el suyo estaban echados hacia arriba lo suficiente como para enseñar sus respectivos tangas. Incluso aunque ella no estuviera muy segura de cómo habían llegado a ese punto.
Cuando Lauren ajustó la cortina al pie de la cama, el espacio pareció hacerse más pequeño, más íntimo. E incluso aunque todavía podían escuchar la música de fondo, a la gente riendo, y los gemidos o jadeos ocasionales que venían de la otra cama, daba la sensación de que las tres estuvieran solas en aquel lugar.
Fue entonces cuando Keana, que todavía estaba sobre las rodillas, se inclinó por encima de Camila para coger la botella de vino, porque necesitaba llenarse la copa, pero perdió el equilibrio y se cayó hacia delante, descansando justo sobre el regazo de Camila.
Las tres estallaron a carcajadas, pero Camila se sintió más excitada que entretenida con la situación. Nunca antes se había sentido atraída hacia otra mujer, que no sea Lauren pero el cuerpo esbelto de Keana tendido sobre ella hacía que le temblara la vulva todavía más enloquecedoramente. ¿Acaso no se había sentido antes inconscientemente excitada cada vez que había visto aquellas vallas publicitarias en movimiento donde se anunciaban mujeres casi desnudas? ¿No se había excitado observando a todas aquellas showgirls con Lauren antes, pensando una vez más lo expuesto que estaba el sexo en aquel lugar? Cuando estabas tan rodeada de gente guapa, hombres y mujeres, ¿no se mezclaba y cuajaba todo de alguna manera? ¿No era excitante todo aquello? Joder, le gustara o no, incluso el roce de Dinah el día que habían estado levantando los pechos de Camila hacia arriba la había excitado un poco.
—Lo siento —dijo Keana, todavía riéndose, apoyando los brazos en el terciopelo rojo para levantarse.
Pero cuando lo hizo, sucedió algo extraño. Se detuvo a medio camino, colgando directamente sobre Camila, y dejó que su mirada se desviara hacia sus pechos. Y cuando Keana volvió a hablar, su voz había adoptado un tono mucho más bajo.
—¿Son esas... tan bonitas como yo pienso que son?2
Camila pudo oler la fragancia del champú de Keana cuando un mechón del pelo largo y voluminoso de la chica rozó la parte de arriba de sus pechos. Aquella pregunta le causó problemas para responder, pero aun así le dijo al final:
—Tendrás... tendrás que preguntárselo a Lauren.
Ambas la miraron y Camila observó el calor puro y animal que había invadido su mirada.
—Sí, lo son —dijo definitivamente. Y cuando Keana volvió a tumbarse en la cama, con las piernas estiradas a su lado, Lauren se inclinó hacia Camila, y deslizó la palma de su mano por su pecho. —¿Por qué no te las enseño? —sugirió Laur.10
Camila pensó en protestar, pero la verdad era que no quería hacerlo. Se dijo a sí misma que estaba preparada para cualquier cosa que le aguardara la noche y no podía negar que sentía curiosidad, intriga, por ver a donde llegaba aquel encuentro prohibido. Así que simplemente se quedó mirando, mientras Lauren utilizaba ambas manos para bajarle el vestido por los hombros, después introdujo los dedos en el satén negro que sujetaba su pecho, y lo bajó hasta desnudarlos por completo, descubriendo unos pezones rosados y erectos.
Camila desvió la mirada hacia Keana, pero no se encontró con sus ojos. Keana estaba ya estudiando su pecho desnudo, y la punta de la lengua salía para deslizarse por su labio superior. El corazón de Camila latía enloquecedora y apasionadamente.
Solo después de un largo momento paralizante, los ojos de Keana se dirigieron finalmente hacia la cara de Camila.
—¿Puedo besarlos?13
Camila se sintió perdida en un mar de confusa lascivia. No sabía cuán lejos debía llevar todo aquello o lo que deseaba, o cómo se sentiría después de que ocurriera lo que iba a ocurrir.
Impotente, miró a Lauren, pero ella no parecía estar confusa en absoluto. Encontró su oscura mirada y ella movió los labios para articular una palabra: «sí».
Lauren deseaba aquello. Quería verla con otra chica. Y lo que Lauren deseaba, lo deseaba ella.
Porque le encantaba agradarle, le encantaba excitarla, y en aquel preciso momento —aquella noche, aquel instante— no le importaba nada más. —Sí —dijo y escuchó el leve gemido de satisfacción que salió de la boca de Lauren cuando Keana se inclinó hacia ella.10
La lengua de Keana lamió dulcemente uno de los turgentes pezones, ligero y airoso, y excitante. Camila gimió de placer, el lametón le había dado la misma sensación que cuando Lauren lo había hecho, solo que diferente de alguna manera, y era extrañamente emocionante saber que había venido de otra mujer. Entonces, Keana hizo como había prometido, y le concedió un simple y dulce beso al pezón de la misma teta, antes de cerrar la boca sobre el para succionar tiernamente. El tirón de los labios femeninos fue directo hacia la vulva de Camila y cuando ella desvió la mirada hacia Lauren y sus ojos se encontraron, la dejó clavada en el sitio con más fuego del que había visto antes. Dios, era como entrar en un paraíso prohibido. Keana cambió al otro pecho y cerró sus suaves manos alrededor de la curva exterior de los senos de Camila, masajeando con suavidad, y Camila todavía seguía mirando a Lauren, incluso mientras suspiraba, mientras gemía, hasta que cerró los ojos y se dejó llevar al placer que le proporcionaba Keana.
Lauren tendió la mano para retirar hacia atrás el pelo de Keana; estaba claro que deseaba ver cómo lamía y succionaba el pecho de Camila. Y Camila lo quería... todo. Quería cada sensación, cada caricia, deseaba sentir todo lo que podía sentir una persona. Deseaba a Lauren. Deseaba a Keana. Deseaba dejar de pensar y perderse en las sensaciones. Y eso fue exactamente lo que hizo. Lauren se inclinó para besarle el otro pecho, por lo que los dos estaban siendo estimulados al mismo tiempo. Oh, Dios, ella nunca había experimentado tal descarga de pura alegría física y cuando arqueó los pechos hacia arriba, más profundo en sus bocas, intentó tirar de las calientes sensaciones hacia sí. Los besos de Lauren eran más intensos, mientras que los labios de Keana trabajaban con dulzura. Camila escuchó cómo su respiración se volvía más irregular a medida que el deleite físico la invadía, y se extendía hacia abajo hasta colarse en sus braguitas. Cuando finalmente Lauren soltó su pecho de la boca, sus exuberantes labios brillaron por la humedad, sus ojos se entrecerraron por la pasión. Se puso de pie, la besó en los labios y... mmm, sí, necesitaba recibir la misma atención que habían tenido sus pechos, pero en otros lugares.7
Después, Keana se levantó otra vez, y se inclinó para besar la calurosa bienvenida de la boca de Camila mientras Lauren las observaba. Justo como lo había sentido en el pecho, los labios de Keana eran inexorablemente suaves cuando plantó sus labios en los de Camila primero a un lado y después al otro. Fue entonces cuando Lauren se hizo hacia adelante y comenzó el excitante ménage á trois y Camila sintió un escalofrío recorriéndole el cuerpo hasta los dedos de los pies. Todas las lenguas se encontraron a la vez, lamiéndose con delicadeza la una a la otra, hasta que Camila sintió unas manos abriéndose camino por el ribete de su vestido. ¿Serían las de Lauren o las de Keana? Era emocionante no estar segura de quién se trataba, pero llegó a la conclusión de que pertenecían a su chica, ya que pronto se dio cuenta de lo bien que conocía sus manos. Sus dos compañeras se hicieron hacia atrás después, y se pusieron de rodillas. Keana se inclinó para levantarle el vestido a Camila, y se mordió el labio mientras estudiaba sus braguitas, que ahora estaban completamente expuestas.
—Qué sexy —jadeó ella, pasando las yemas de los dedos por la parte de delante, justo sobre el monte de Camila.1
Ésta aguantó la respiración ante la sacudida de sensaciones y se escuchó a sí misma suspirar:
—Por favor.
«Por favor, dense prisa. Por favor, no se detengan. Por favor, hagan que me sienta bien».
—Puedes tener cualquier cosa que desees, nena —le dijo Lauren, con un tono de voz suave y profunda, y añadió después: —Levanta tu trasero para mí.
Ella puso los tacones sobre la cama, se levantó, y dejó que Lauren le bajara sus nuevas braguitas, mientras Keana estudiaba la vulva que acababan de revelar, suspirando de forma audible ante la escena.
—Mmm, qué bonita.
Camila no estaba segura de que ella hubiera pensado nunca en su vulva de aquella manera, pero Lauren había utilizado la misma palabra para describirla, y decidió que sí, que era bonita. A su propia y especial manera.3
Lauren retiró a un lado su tanga de leopardo y suavemente le extendió las piernas, y la hizo sentir su propia humedad mientras Laur la exponía lascivamente.
—Bonita y rosada —arrulló Keana, con una voz llena de coquetería.
—Bonita y rosada, y deliciosa —añadió Lauren, con la mirada puesta en los ojos de Camila y después, miró a Keana. —Mantenla abierta para mí.
El corazón de Camila latió más fuerte ante aquella petición, sobre todo cuando Keana utilizó ambas manos para separar con delicadeza los labios de la vulva de Camila más de lo que ya estaban. Y cuando Lauren hundió su boca allí... Oh cielos, fue casi como recibir más placer del que podía aguantar. Se encontró a sí misma estrujando el terciopelo entre sus manos, a su lado, clavando las uñas en él mientras levantaba la vulva para recibir los lametones minuciosos de Lauren.
Al poco tiempo, Keana dejó sola a Lauren y volvió a concentrarse en los pechos de Camila, recorriéndolos con sus suaves manos, atormentando las cimas sensibles y rosadas con las yemas de sus dedos, y otra vez más se inclinó para lamerla y succionarle.
Ella pudo escuchar sus propios gemidos de placer y vagamente se preguntó si podría resonar más allá del compartimento, pero aquello no le preocupaba lo suficiente como para dejar que parasen. Recibir placer por dos personas realmente proporcionaba el doble de deleite y llevaba sus pasiones a increíbles y nuevas alturas. Todo su cuerpo se ondulaba con deseo, sus pechos se levantaban para recibir las manos y la boca de Keana, su vulva ascendía para encontrar la hábil lengua de Lauren. Había perdido el control y tenía la sensación de que la lanzaban a un mar de placer puro, que tiraban de ella desde todas las direcciones.
—Oh, Dios, oh Dios —se escuchó a sí misma jadear. Ahora Lauren succionaba su clítoris e incluso había introducido dos de sus dedos en su humedad. —¡Oh! —sollozó ella ante la cálida entrada, y después se los folló a las dos, a la boca de Lauren, y a los absorbentes y calientes lametones que Keana le daba en los pezones.
—Oh... oh, Dios, cariño, sí, sí—estaba muy cerca de alcanzar el orgasmo y casi ni siquiera quería hacerlo, porque deseaba sentirse así para el resto de su vida. Al mismo tiempo, mientras miraba la caída del pelo castaño de Keana hasta donde sus labios se cerraban alrededor del dilatado pezón y su mano femenina le cubría el otro pecho, bajó los ojos hasta Lauren, que recibió su mirada incluso mientras su boca estaba enterrada entre sus piernas; entonces, supo que no podía reprimirlo. —Oh, cariño —ronroneó ella, mirando a sus ojos verdes y sexys. No dijo nada más. Pero al mismo tiempo, pensó que lo acababa de decir todo. «Quiero esto. Te quiero a ti. Te necesito. Haz que me corra. Haz que me corra».7
Y entonces, el clímax surgió dentro de ella a la velocidad de la luz, latiendo salvajemente por todo su cuerpo, obligándola a cerrar los ojos, haciéndola gritar incluso más alto que nunca, a medida que cálidas olas de placer la llevaban a algún lugar nuevo, antes de que finalmente descansara la espalda sobre el terciopelo rojo de la cama donde acababa de entregarse al encuentro más escandaloso de su existencia.
Keana estaba besándole la boca con ternura, sonriendo sensualmente mientras la miraba, y Lauren le daba diminutos besos justo por encima de los rizos negros que cubrían su vulva, hasta su ombligo.
—Mmm, ¿te ha gustado? —le preguntó Keana.
Simplemente no existían las palabras que pudieran describir lo que acababa de experimentar. Y ahora que el orgasmo se estaba desvaneciendo y volvía a poner los pies en la tierra, todo le pareció... surrealista. ¿Ella con otra mujer que no sea Lauren? ¿Las tres al mismo tiempo?
Pero la vuelta a la cordura no hizo más fácil que ella pudiera negar que se había divertido con aquel atrevido capricho más de lo que podía comprender.
—Dios, sí —se las arregló finalmente para decir.
Keana acarició los pechos de Camila un poco más y parecía sinceramente agradada.
—Mmm, me alegro.
Y a Camila seguía gustándole mucho, pensaba que era muy dulce, incluso aunque vivieran en mundos completamente diferentes, porque, después de todo, el mundo de Camila parecía estar cerca del de Keana con cada día que pasaba. Así que le pareció justo decirle a su nueva amiga:
—Ahora me toca a mí.
Keana se mordió el labio, le lanzó una sexy sonrisa y besó a Camila una vez más. Por supuesto, Camila solo sabía que quería darle a Keana el placer que había venido buscando aquella noche, y que Lauren iba a ayudarla. Subió suavemente la mano y la llevó hasta la nuca de Keana y cuando Camila localizó un lazo de tela, tiró de él e hizo que el vestido de Keana le cayera suavemente sobre la cintura.
—Oh, vaya —susurró Camila al ver los perfectos pechos de Keana. Eran grandes y redondos, y no había ninguna marca de bikini en ellos y se levantaban perfectamente por sí solos. Supuso que probablemente estaban operados, y si era así no había duda alguna de que Keana había invertido bien su dinero. Aunque fue más la curiosidad que el deseo lo que empujó a Camila a llevar sus manos hacia arriba, hacia la dulce curva que había alrededor de la parte exterior de sus pechos. Suaves y firmes en las palmas de sus manos, la caricia hizo que una nueva sensación de lujuria se apoderara de Camila. No podía afirmar con seguridad si le gustaba otra mujer o no, pensó que mucha de su excitación se debía simplemente al hecho de atreverse a hacer algo tan salvaje, o de ver cuánto disfrutaba Lauren con aquello.
Una idea que la hizo concentrar la mirada en Laur.
—Bésalos —le dijo Lauren.
Y ella obedeció, una respuesta natural que consistía en darle placer a Laur, a costa de lo que fuera. Levantó la cabeza de las almohadas negras y púrpuras, y con dulzura besó la punta del pezón color malva de Keana; escuchó el pequeño suspiro de su nueva amiga y el suave gemido de Lauren, y dejó que los sonidos recorrieran todo su ser. La sensación de la pequeña y dura gota de piel contra sus labios le hizo sentir una nueva ráfaga de electricidad que le atravesó la piel. «Sé más atrevida», le decía una pequeña voz interior. «Hazlo por Lauren. Impresiónala. Impresiónale más de lo que ella cree que eres capaz».
Camila se mordió el labio y se sentó erguida, curvó las manos alrededor de los hombros de Keana y la empujó suavemente hasta acostarla sobre la cama, invirtiendo las posiciones. Después hizo una pausa, solo durante un segundo, conmocionada por la belleza de Keana tumbada en topless con su pelo desplegado sobre el terciopelo.
Camila tomó aliento, después se convirtió sin dudarlo en la agresiva criatura en la que deseaba convertirse por su mujer. Ahora estaba apoyada sobre las rodillas, con el vestido todavía en sus caderas, y sus pechos expuestos aún, e inclinándose hacia Keana, cerró la boca sobre el turgente y rosado pezón del pecho de la encantadora chica. La satisfacción se apoderó de ella cuando Keana jadeó y después gimió, con intensidad. Todo el cuerpo de Camila tembló cuando empezó a succionar de ella, suavemente al principio, y después saboreando la sensación del pezón erecto con la lengua, la carne que lo rodeaba llenándole la boca. Mientras succionaba, dejó que su otra mano se cerrara alrededor del pecho de Keana, y exploró, y masajeó. Era extraño y excitante estar con otra mujer que no fuera su ojiverde de aquella manera, pensó, todavía tirando del pezón con intensidad. El pecho de Keana en su mano era suave y perfecto, como una pequeña montaña perfectamente redonda cuya cima era una dura perla que raspaba la palma de Camila mientras amasaba la piel de alrededor.
Detrás de ella, Lauren las observaba. Lo sabía por los gemidos bajos y cálidos que emitía ella, incluso mientras sus manos se moldeaban sobre su trasero, y sus pulgares se extendían hacia dentro, hasta el centro, haciéndola sentir un nuevo tipo de deseo, algo profundo, extraño y desenfrenado. Y en aquel momento supo que deseaba a otra mujer. Sí, aquello estaba sucediendo porque quería complacer a Lauren, pero independientemente de aquel deseo, el placer que recibía del cuerpo de Keana era más que solo secundario. Los pechos de Keana eran tan encantadores, que la sumían en un estado febril que solo antes había experimentado con Lauren. Y ella deseaba más de aquel deseo, necesitaba cosechar más del cálido placer de ella, por lo que dejó de chuparle, cesó de acariciarla y en lugar de eso, cambió ligeramente de posición y se irguió hacia arriba, bajando después sus propios pechos sobre los de Keana y frotándole los pezones con los suyos. El suspiro apasionado de Keana llenó su lujoso compartimento, y pronto se le unieron los propios suspiros de Camila. Había demasiado suavidad, la suya mezclada con la de Keana. Pero, interrumpido por pequeños trozos de dureza, sus pezones, rozándose los unos con los otros, creando diminutos pinchazos de sensación que llegaban directamente a la vulva de Camila. Detrás de ella, Lauren besaba su trasero y el tumulto de sensaciones que recibía por ambos lados la hizo sentirse loca de deseo. Se movían juntas, su cálida fricción con Keana delante estableciendo el ritmo con el que arqueaba su trasero hacia Lauren por detrás. Camila se perdía en todo aquello... hasta que Lauren fue hacia ellas dos y comenzó a acariciarles los pechos, y susurró al oído de Camila: —Quítale las bragas.
El estómago se le contrajo. Una cosa era que su vulva se sintiera complacida por Lauren y ella, pero otra completamente diferente era invitar a Keana a la refriega.
Aun así, no dudó un momento. La pasión era demasiado poderosa, y junto con los deseos de Lauren, la empujaban hacia delante. Fuera lo que fuera lo que Lauren quisiera, ella estaba dispuesta a dárselo. Nunca había pretendido convertirse en una especie de persona sumisa, pero el deseo por agradarle era simplemente demasiado fuerte como para querer luchar contra ella. Se había convertido en parte de su sexo, parte de lo que las dos compartían.
Lauren llevó las palmas de vuelta a las caderas desnudas de Camila y suavemente la apartó de Keana poniendo su voluntad incluso aunque ella se rindiera a Laur, ansiosa por dejar que Laur la guiara. Justo como Keana y Lauren habían estado sobre su cuerpo hacía solo un rato, ahora Laur y ella lo hacían sobre el cuerpo de Keana. Lentamente, Lauren deslizó las manos por la parte exterior de los muslos de Keana, levantando lentamente su vestido de leopardo. Keana parecía sentirse tan intensa como lo había hecho Camila, masajeándose sus propios pechos desvergonzadamente ahora que Camila se había ido. Bajo el ribete, encontraron un tanga de encaje negro que se curvaba bajo el piercing del ombligo de Keana y el tatuaje de un corazón rojo a un lado del pendiente. Justo como le había pasado con los pechos de Keana, Camila pensó que aquella parte de su cuerpo también parecía perfecta, tanto que era difícil no sentir envidia, especialmente viendo cómo Lauren lo estudiaba detenidamente. Y por una décima de segundo aquello la hizo sentirse cohibida, angustiada, como si nunca pudiera llegar a medirse con una chica tan perfecta y con un cuerpo tan tonificado por el baile, hasta que la mirada de Lauren se levantó hacia ella.
—Quítaselo para mí.
Y entonces la golpeó la realidad. A Laur no le importaba. O quizás no podía verlo. Pero en cualquier caso, era todavía Camila a quien deseaba. Si hubiera deseado a Keana, le hubiera quitado el tanga ella misma. Aunque quería que Camila lo hiciera. Quería seguir guiándola a través de la intensa educación sexual que le había proporcionando aquella semana. Todo aquello seguía siendo por ella. Reprimió los nervios, esperando que Lauren no pudiera verlas, y tendió la mano hacia abajo para pasar los dedos pulgares por la cinta que había en las caderas de Keana. Cuando esta levantó el trasero de la cama, permitiendo que Camila tirara de las bragas suavemente hacia sus rodillas, su mirada se desvió naturalmente hacia la vulva de Keana. La vista de lo cual la hizo quedarse sin respiración, porque ¡Keana se había depilado todo el vello púbico! Supuso que ya había visto algo así antes, en una revista Playboy que Mahone había comprado una vez, o cuando accidentalmente había abierto un correo electrónico spam que contenía fotos obscenas, pero nunca había pensado que aquello pudiera hacerlo cualquier tipo de mujer.
Y ahora, mientras estudiaba la abertura sedosa y desnuda que había entre las esbeltas piernas de Keana, no pudo evitar sentirse al mismo tiempo desconcertada y... asombrada. Por cómo parecía haber mucho más expuesto —como todo en la Ciudad del Pecado— y lo excitante que le parecía. Ella nunca había pensado que pudiera tener interés en la vulva de otra chica, pero de repente, hubo más curiosidad que tiraba de ella, y la hizo tender la mano y acariciar suavemente con su dedo corazón los pliegues, haciendo que Keana gimiera y le dejara húmeda la yema del dedo.
Oh, Dios, ¿acababa de hacer lo que acababa de hacer? ¿Tocarle la vulva a esa chica? ¿Sin que ni siquiera Lauren se lo pidiera? Miró al otro lado del cuerpo de Keana para ver a Lauren, sabiendo que debía parecer conmocionada. Pero la mirada de Lauren era todo calor, toda voracidad. Ella ni siquiera se había dado cuenta de que tenía la mano tendida, los dedos separados, el húmedo dedo corazón sobresaliendo ligeramente, hasta que Lauren cerró su cálida mano sobre la de ella y tiró de su dedo húmedo hasta su boca.
Su propia vulva emergió con la idea de que estaba lamiendo los jugos de otra mujer de su propia mano. Y aunque los celos podían haber entrado en escena en aquel momento, no lo hicieron, solo tenía la extraña sensación de que habían invitado a otra mujer en sus relaciones y que de alguna manera aquello las acercaba incluso más. No entendía muy bien cómo había llegado a pasar, pero cuando miró a Lauren a los ojos, lo sintió en el alma, y en las cálidas pulsaciones de su vulva. Se sintió tan fuerte que se inclinó por encima de Keana, le cubrió a Lauren la cara con las manos y le besó con intensidad. Cerró los ojos e introdujo la lengua en su boca, y se perdió en la humedad que encontró allí, en el sabor de Laur mezclado con su propio sabor, e incluso con el de Keana, y, siguiendo el instinto que repentinamente la corroyó por dentro, le dijo con brusquedad:6
—Lámela. Quiero ver cómo le lames la vulva. Quiero ver cómo se lo haces a otra persona que no sea yo.
Un leve sonido salió de la garganta de Lauren mientras sus ojos se volvían vidriosos por el placer. Cuando retiró las manos de su cara, Lauren le agarró los puños y esta vez la besó con el mismo fervor antes de decirle:
—Ábrele las piernas para mí.
La vulva de Camila volvió de nuevo a la vida, pero ella se las arregló para romper el contacto visual con Lauren y concentrarse en la suave vulva de Keana. El tanga todavía estaba en sus rodillas, pero Lauren tiró suavemente de él hasta quitárselo.
Cada una de sus terminaciones nerviosas crepitó con la idea y la expectación cuando Camila bajó lentamente las palmas de las manos y las puso sobre la superficie modelada y bronceada de los muslos de Keana y la escuchó suspirar. Levantó la cabeza para mirarla, mientras que ella se pellizcaba sensualmente los pezones y se lamía el labio superior y miraba a Camila a los ojos. Lentamente, llevó su caricia hacia adentro. Cada sutil movimiento hacía que Keana emitiera un nuevo gemido de placer, hasta que extendió las piernas de Keana, más y más abiertas, hasta que la piel que había en la unión de sus muslos se abrió, revelando los pliegues rosas que había dentro. Los pechos de Camila le dolían de deseo, mientras su propia vulva se dilataba, todo por estar compartiendo cosas tan extrañamente íntimas con Laur. ¿Cómo era posible que tener otra compañera le hiciera sentirse tan conectada a Lauren? No lo sabía, pero cuando sus ojos se encontraron por encima de la vulva de Keana, ella pudo jurar que Laur se sentía de la misma manera.
—Lámela ahora —jadeó Camila, desconcertada por cuanto deseaba aquello, por cuanto necesitaba verlo.
Después de darle otro húmedo beso en los labios, Lauren se arrodilló y pasó la lengua por la abertura de Keana. Ella miró a Camila cuando terminó el largo y completo lametón que le hizo a Keana sollozar, y toda la combinación de sentimientos provocó que Camila se sintiera todavía más loca de lujuria.
—Otra vez —le dijo.
Ella obedeció y los papeles se invirtieron. De repente, ella había dejado de ser la sumisa.
Y de alguna manera, lamer a Keana a petición de Camila, mirarle a los ojos después de hacerlo, le hacía sentir —inexplicablemente— como si se lo estuviera haciendo a sí misma. Todavía seguía siendo parte de todo aquello, todavía estaba íntimamente involucrada en el acto incluso sin cosechar el placer físico directo. Le encantaba observarla tan de cerca, más cerca de lo que podría hacerlo cuando Laur la lamía a ella. Le encantaba la manera en la que se humedecían y abrían los pliegues internos de Keana que aparecían cada vez que la lengua de Lauren ascendía sobre ellos. Le encantaba escuchar los gemidos de Keana, observar cómo levantaba la pelvis para encontrarse con su boca, y saber que era ella la causante de todo aquello, por su capricho, por su antojo, por su deseo, por su orden. Ella nunca había sentido antes un poder sexual sin tocar ni ser tocada.
Pero cuanto más observaba la lengua de su amante sobre la vulva de otra mujer, más necesitaba también la interacción física, la fricción, el placer. Así que desvió la mirada de Lauren y volvió a concentrarse en los pechos de Keana. Al principio, los besó un poco más, los lamió y se deleitó con la manera en la que el erecto pezón de Keana se retraía cuando pasaba la lengua sobre el. Pero pronto retomó la cálida sensación de simplemente frotar sus propios pechos con los de ella, ligeramente, de forma juguetona.
Cuando Keana rodeó el cuello de Camila con sus brazos, y le puso la mano encima de la cabeza, tirando de ella para darle un beso voraz, Camila se rindió completamente. A todo. A cada sensación. Como antes, cuando había estado cerca del orgasmo, dejó de pensar, y dejó que los placeres físicos la consumieran. Y pronto Keana estuvo sollozando en su boca y empujando enloquecidamente contra la boca de Lauren y Camila se inclinó hacia abajo para besar y succionar más de sus pechos, deseando ayudarla para que alcanzara el orgasmo.2
—¡Oh! —gritó Keana finalmente. —¡Oh, joder! ¡Sí! ¡Sí! —todo su cuerpo se convulsionó enloquecidamente, follando la boca de Lauren mientras gritaba, y Camila supo que la gente más allá de la cortina tenía que haberlo escuchado todo, pero aun así no le importaba.
Hasta que finalmente Keana dejó de moverse, y se quedó quieta y tenía un aspecto completamente hermoso, incluso exhausto, con su vestido arrugado en su torso y sus brazos colgándole sobre la cabeza.
—Oh, Dios mío —dijo ella, más suavemente ahora. —Ha sido tan bueno. Ninguna de las dos tenéis ni idea de cuánto lo necesitaba.
Lauren, con su blusa café ligeramente arrugada ahora pero más sexy que nunca, se puso de rodillas entre las dos chicas acostadas, y sensualmente les acarició los muslos con cada una de sus manos.
—Habéis estado las dos sumamente increíbles —dijo Laur, sus ojos verdosos radiaban calor.
—Lauren —dijo Keana, casi como si ella estuviera diciendo una tontería. —Tu lengua ha estado sumamente increíble.
Ella solo soltó una carcajada, pero Camila se mordió el labio, estaba completamente de acuerdo con Keana, recordando exactamente la sensación que había tenido cuando había tenido la lengua de Lauren en su clítoris. Después se dio cuenta de que estaban hablando en pasado, y levantó la cabeza para mirar a la chica del que se había enamorado.1
—Todavía no hemos acabado, ¿verdad?
Laur bajó la barbilla, enarcando una de sus cejas, en un gesto especulador.
—¿No quieres que acabe?
Ella negó con la cabeza, y sin reflexionar en sus palabras, dijo exactamente lo que estaba pensando. —Deseo tu vagina.4
La expresión de Lauren se oscureció cuando señaló hacia su vagina que estaba bajo su mini falda. —Está justo aquí.
Ella se mordió el labio. Deseaba desesperadamente darle tanto placer como Laur le había dado a Keana y a ella con su hábil lengua. Y cuando tendió la mano hacia su mini, levantó la cabeza y le dijo:+
—Ahora te toca a ti, nena. Así que prepárate.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 29

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:05 am

Camila no perdió tiempo alguno y agarro a Lauren de los hombros asiendo que esta cayera en la cama, con un rápido tirón de braguitas hicieron que Keana y ella suspiraran al ver aquella vagina bien preparada que antecede al orgasmo. Ella no había pensado acerca de lo que iba a hacer con aquella majestuosa feminidad, solo había sentido un deseo humillante por ella.
Recorrió sus pliegues con las manos, desde la parte de abajo hasta arriba y volvió a bajar otra vez, sintiéndose indebidamente agradada cuando escuchó el felino aliento de Lauren sobre ella y notó cómo sus ojos la atravesaban. Pero al poco rato, pareció que solo había una cosa para hacer que la noche fuera completa y justa, así que miró sobre la feminidad de Laur hacia Keana, que estaba sentada esperando impacientemente, y le dijo:
—Lámela conmigo.
Keana sonrió y Lauren gruñó. Y Camila fue consciente otra vez de la satisfacción que le producía hacer de lo prohibido una realidad. Mientras Camila le sujetaba las piernas a Lauren, Keana y ella lamieron con delicadeza y sensualidad ambos lados de su entrada, como si estuvieran compartiendo un helado. Fue al mismo tiempo conmovedor y excitante ver a la otra mujer, tan cerca de la vagina de Lauren, pero justo como había pasado antes, la excitación pudo más que los celos, y pronto Keana y ella estaban intercambiando ligeros besos con lengua alrededor de su feminidad mientras le daban placer a la vez.12
Aunque Camila no podía soportar esperar demasiado tiempo por tomarla en su boca, después de lamer la mancha de fluido de su entre piernas, le chupo el clítoris, disfrutando con el gemido que resonaba de Lauren desde arriba. Keana acariciaba sus pechos ahora y los lamia con salvajismo, mientras Camila se movía arriba y abajo, humedeciendo a Lauren, animada por sus pequeñas y lentas embestidas y la mano en la cabeza.
—Oh, sí —dijo Lauren, su voz flotó en el aire hacia ella. —Chúpame. Chúpame el clítoris.4
Cuando Camila sintió el cansancio, se la ofreció a Keana, que no pareció dudar cuando le lamió los labios a Camila y después lo hizo también con su vagina. Keana trabajaba más rápido aún, más feroz y menos sensual, y Lauren ajustó sus embestidas, haciéndolas más rápidas y duras.
—Lamela —dijo Lauren, con un tono bajo y autoritario. —Lamela.2
Camila sintió como si de alguna manera hubiera descendido a un segundo plano, donde todo lo que importaba era el placer, donde no existían ni las reglas ni los tabús. Y cuando Lauren la miró a los ojos, supo que debía parecer desesperada, loca, tan llena de lujuria como lo estaba. Y se sintió tentada a decir lo que estaba pensando «te quiero, te quiero, te quiero», pero de alguna manera se las arregló para no hacerlo.
Aun así, Laur debió haber leído la salvaje necesidad en sus ojos, porque justo entonces se alejó de Keana, levantándole suavemente la cabeza y entonces, miró a Camila, sus ojos llenos de emoción.
—Necesito follarte, Cam, ahora.1
—Oh, Dios, lo sé, yo también lo necesito. Necesito tus dedos muy dentro de mí —tenía la mano agarrada a su muslo y parecía que estaba rogándole, pero no podía parar.
Lauren se tumbó detrás de ella, sobre el terciopelo rojo, y tendió el brazo para cubrirle uno de sus pechos, lo masajeó, y ella inclinó la cabeza hacia atrás, demandando un beso.
—Levanta la pierna —dijo Keana, con la mano sobre la tira de cuero que rodeaba el tobillo de Camila.
Oh, Dios, ¡Keana! Casi se había olvidado de ella, así de rápido, de la otra chica que todavía estaba allí. ¡También tenía que estar deseando a Lauren!1
Pero accedió, dejando que Keana le levantara la pierna y observó entre sus muslos mientras Keana agarraba una mano de Lauren llevando dos dedos a su boca y chupándolos luego tiraba de ella y la colocaba, guiándole hacia la bienvenida de su vulva.
Las tres gimieron cuando Lauren entró dentro de ella, y la expresión de Keana hizo que Camila sintiera más deseos de ver por ella misma la imagen cuando Lauren la penetra.
Mientras Lauren empezaba a embestirla desde detrás, Keana se tumbó delante de ella y empezó a besarle en el pecho. Lauren incluso sujetó el monte que Keana chupaba como si se lo estuviera ofreciendo, recordándole a Camila que estaba experimentando la forma máxima de compartir. Pronto, ambas chicas comenzaron a acariciar los pechos de la otra, y Camila sintió cómo se le salía el alma del cuerpo de un sentimiento de alegría puro e impulsivo, y antes de que fuera consciente, Keana y ella también estaban frotándose más abajo. Una de las piernas de Keana se deslizó entre las de ella, conectando con su clítoris mientras Camila presionaba instintivamente el muslo hacia delante, entre las piernas de Keana.
Aquello le recordó a su época de instituto, cuando se daba el lote con un chico y sentía sus piernas entrelazadas con las de él de aquella misma manera, frotándose, perdiéndose en aquella maravillosa fricción. Solo que aquello no era el instituto, y Keana no era un chico. No, y la chica de Camila estaba detrás de ella, empujando sus dedos en su humedad —una y otra vez, una y otra vez— haciéndola gritar y empujar a su vez hacia atrás, lo que también significaba empujar contra el muslo de Keana. Lauren también acerco su boca en la humedad de Camila y empezó penetrarla con la lengua, hasta que...
—¡Oh! ¡Oh! ¡Dios! ¡Me estoy corriendo! —sollozó ella, el placer le venía de ambos lados, invadiéndola, apoderándose de ella.
—Oh, sí, yo también —gimió Keana, que empujaba con más fuerza contra Camila, y balanceaba salvajemente sus pechos, justo en el momento en el que Lauren dejaba escapar un enorme gemido que significaba que estaba alcanzando el clímax, también, vaciándose dentro de ella. Y las tres se movieron al unísono como olas tumultuosas en un mar de terciopelo rojo, hasta que finalmente se quedaron todas quietas, y se desplomaron de agotamiento.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 30

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:05 am

A Camila todavía le temblaba todo el cuerpo media hora más tarde cuando Lauren y ella atravesaban cogidas de la mano el casino del hotel y el vestíbulo que llevaba a las puertas principales. Como le había pasado a menudo desde el momento que había empezado a follarse a Lauren, la experiencia la había dejado casi aturdida. Aturdida porque se sentía descarada. Y sentirse descarada en aquel lugar era algo muy fácil, allí en la Ciudad el Pecado, allí con Lauren No podía creer lo que acababa de hacer con ella, pero no se arrepentía de nada. Lauren y el aura hedonista de aquella ciudad estaban enseñándole a vivir, a vivir realmente, a experimentarlo todo, a embriagarse de todo.
Cuando salieron por una puerta rotatoria de latón hacia el taxi que las esperaba, una cálida brisa nocturna sopló sobre su vestido y le recordó, una vez más, que no llevaba puesto nada de ropa interior, su tanga estaba guardado en el bolsillo de la chaqueta de Lauren.
—Solo para que lo sepas —dijo la ojiverde con una sonrisa traviesa bajo las luces del gran toldo que tenían arriba. — Keana no era parte de tu sorpresa. Esa parte ha sido puro hallazgo fortuito. - El calor le coloreó las mejillas cuando suspiró y levantó la cabeza para mirarla. No se sentía con remordimientos, ni siquiera exactamente avergonzada, pero sentía un poco de timidez y lo admitió:
—Nunca pensé que pudiera... ya sabes... desear estar con otra mujer que no fueras tú.
Laur le lanzó una mirada segura y de complicidad.
—El sexo no es siempre lógico. Solo sientes lo que sientes.
—¿Quién lo hubiera creído? —dijo con un suspiro. —¿Y adivina qué? Al parecer, no me importa compartirte, después de todo.
Lauren soltó una carcajada mientras el portero les sujetaba abierta la puerta del taxi para que entraran.
—Al menos, a veces —terminó suavemente, después de meterse dentro. Ya sabía que... bueno, incluso a pesar de lo asombroso de la experiencia, no quisiera hacerlo todo el tiempo. Es más, anhelaba más el tipo de sexo como el que habían compartido en la bañera, lento, sin prisas, y solas.
Después de darle las indicaciones al taxista para que los llevara de vuelta al Venecia, Laur le susurró:
—Eres asombrosa.
Ella se mordió el labio, y se preguntó cuánto tendría que confesarle.
—De alguna manera tú... haces que desee serlo. Asombrosa. Y entonces... lo soy.
Intercambiaron dulces sonrisas en el oscuro asiento trasero del coche que ahora se incorporaba a Las Vegas Boulevard.
—Realmente lo eres, ya lo sabes —le dijo la ojiverde. —Nunca hubiera podido soñar que fueras tan...
—Yo tampoco —meditó ella cuando la voz de Lauren se desvaneció y le hizo ganarse un beso. Después de lo cual ella le preguntó con un tono juguetón: —Entonces, ¿cómo vas a superar esto? ¿Cómo vas a llevarme ahora a nuevas alturas?
Ella miró hacia otro lugar. —Ya lo verás.
Ahora que parecía ser la única que bromeaba le dijo:
—¿Qué? ¿Qué has planeado para ahora?
Laur ladeó la cabeza, le lanzó una mirada llena de picardía y se inclinó cerca de su oído, y ella deseó escuchar las mismas palabras que tenía en la mente, pero en lugar de eso Laur solo dijo:+
—Es una sorpresa.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 31

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:06 am

LA SEXTA NOCHE1
Comete los pecados más antiguos de la manera más novedosa.
William Shakespeare

Lauren se dio la vuelta en la cama y le dio gracias al cielo por haber sido lo suficientemente inteligente y no haber concertado una cita con Aston Colé para el desayuno. Eran las diez de la mañana, lo que significaba que Las Vegas Strip estaba empezando a agitarse con los turistas que salían a ver los monumentos de la ciudad antes de que la temperatura alcanzara un grado infernal, pero dentro de su habitación, había gruesas cortinas que bloqueaban la entrada del sol, y aquello les permitía a Camila y a ella dormir y recuperarse de la noche pasada. Hubo un tiempo en su vida, en el que podía quedarse fuera hasta las cuatro de la mañana y funcionar a la perfección el día siguiente. Pero con Camila, sentía que necesitaba descansar.
Vio a Camila acostada a su lado en la cama, preciosa y desnuda. Se habían ido directamente a la cama después de haber llegado a la habitación, pero no antes de que ella se deshiciera de su sexy vestido. Temía que estaba empezando a acostumbrarse a todo aquello, a acomodarse contra su cuerpo desnudo por la noche, a abrazarla de vez en cuando y embriagarse con su calor. Mierda, lo de la pasada noche había estado... más allá de sus fantasías más salvajes. Al menos en lo que concernía a Camila. Solo había estado con dos mujeres una vez. Pero no había experimentado las cosas que había sentido la pasada noche, puro sobrecogimiento y puro... cariño. Y cuando se despertaba en aquel momento, acurrucada alrededor de ella, se sintió más acogida y segura de lo que podía llegar a entender. Había algo en aquella emoción que la llevaba atrás en el tiempo... hasta Angie. Las dos habían tenido relaciones sexuales, por supuesto, a medida que se habían hecho mayores, tuvieron alguna oportunidad de pasar la noche a solas. Y quizás... quizás se sentía de aquella manera entonces, sentía el cálido consuelo de despertarse junto a alguien que amaba. Pero ella siempre había sabido que estaba hecha para algo más que lo que le deparaba la vida en Brooklyn, así que, por mucho que Angie le hubiera importado, cada día que pasaba las aspiraciones que ella tenía en la vida habían deteriorado la relación con más dudas. Aunque con Camila, le daba la sensación casi como si pudiera tenerlo todo. La dulce y genuina chica que Laur puede llevar a casa para que conozca a su madre... y la nena sexy y salvaje que nunca teme experimentar cosas nuevas, que nunca teme dejarse llevar por sus placeres. Mierda, ¿por qué demonios estaba pensando en llevarla a casa de sus padres entre todas las demás cosas? Ella no llevaba nunca a casa a alguien, Nunca. No desde Angie. Porque ella no se metía en ninguna relación.
Porque ella no deseaba ese tipo de vida. «Y será mejor que lo tengas siempre en mente, Jauregui». Después de todo, a Camila y a ella solo les quedaban dos noches más juntas antes de que se dirigieran de vuelta a Los Ángeles. El día en el que Laur había planeado poner fin a todo aquello. Y todavía le parecía lógico.+
¿O no?


Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 32

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:07 am

—De acuerdo, hablaremos la semana que viene —dijo Lauren, mientras llevaba a Aston Colé y a su madre, quien se había mostrado recelosa durante la reunión y tenía un montón de preguntas acerca del contrato que le estaban ofreciendo a su hijo, hacia la puerta de la habitación. —Y si entre tanto, a usted o a su abogado les surge cualquier tipo de pregunta que yo pueda aclararle, por favor, no duden en llamarme.
Camila lo observó cerrar las puertas dobles, que las dejaban solas en la habitación otra vez. Había guardado silencio casi la mayor parte de la reunión, durante la cual también habían comido. Ella había estado escuchando la manera en la que Lauren contestaba a la mujer tan meticulosamente, siempre respetando sus preguntas, aunque en ocasiones se volvieran repetitivas y confusas. Camila solo había contribuido en algo a la conversación para dejarle saber a Aston cuánto adoraba ella su música y cuánto deseaba tenerlo a bordo de Blue Night.
Aunque daba la casualidad de que solo tres días antes de aquello, un explorador de una gran discográfica se había acercado a Aston, y que por supuesto, también le había ofrecido una suma importante de dinero.
—La ventaja —le decía Lauren a Camila ahora, mientras atravesaba el vestíbulo enlosado— es que hemos conseguido ser las primeras en reunimos con ellos —el representante de la otra compañía se había limitado a invitarles a Los Ángeles la próxima semana, en lugar de hablar de negocios en la ciudad en la que Aston vivía. —Hemos tenido la oportunidad de demostrarle a Aston cómo de interesadas estamos en él, hemos conseguido dejarle saber que vamos a respetar su música y finalmente, que va a recibir una atención personal por nuestra parte.
—¿Y cuál es el inconveniente? —preguntó Camila, que estaba todavía sentada a la mesa.
Lauren suspiró.
—Simplemente no tenemos tanto dinero como el que ellos pueden ofrecerle.
—Entonces, ¿qué esperanzas tenemos? ¿Por qué se iría él con nosotras?
—Por las razones que te acabo de mencionar. A él le gustamos, de eso estoy segura. Y es un chico brillante, creo que ha hecho sus deberes sobre el negocio y conoce y entiende los beneficios adicionales de trabajar con una empresa más pequeña. Sabe que llegará a sentirse como un pez pequeño en un gran estanque con el otro tipo, pero que si viene con nosotras, tendrá toda nuestra atención.
»Y en realidad, ha sido muy inteligente de su parte y de su madre no apresurarse a tomar ninguna decisión, a hablar con un abogado, a averiguar lo que le ofrecen ambos bandos antes de decantarse por uno de ellos. Para ser francas, nuestro trabajo consiste en darnos prisa para que la gente firme un contrato antes de que puedan ser descubiertos por otras personas, justo como hicimos con Blush, pero cuando un artista es lo suficientemente avispado como para no lanzarse al primer contrato que le muestran en sus narices, tengo que respetarlo y trabajar con él en ello.
Camila nunca había pensado acerca de aquello, acerca de que a pesar de haber hecho un montón de preguntas sobre el contrato, las chicas de Blush habían firmado sin buscar ningún consejo legal, sin preguntar a sus familias o amigos, nada. Y aquel había sido el objetivo de Lauren —y ahora era el suyo: —lograr que los artistas hicieran precisamente eso. De repente, vio aquello como otra parte de su trabajo en el que quizás no pudiera destacar: intentar empujar a alguien a hacer algo que puede que no respondiera a sus mejores intereses.
—¿Qué pasa? —le preguntó Lauren. Sus sentimientos debieron haberse reflejado en su cara, algo en lo que realmente debía trabajar si quería convertirse en una buena representante de A&R.
—Nada —mintió ella. Se había dado cuenta de que le resultaba muy fácil ser sincera con Lauren cuando hablaban de sexo u otras cosas, pero en los últimos días, había notado que hablar de su nuevo trabajo le resultaba... menos fácil. La verdad era que cuanto más aprendía acerca de Laur, más empezaba a preguntarse si realmente se le daría bien hacerlo.
—Escucha —dijo Lauren—, si conseguimos a Aston, y eso es precisamente lo que pretendo, incluso si tengo que ponerme de rodillas y rogarle, quiero que seas tú quien se encargue de él.
—¿Cómo? —ladeó la cabeza.
—Quiero que él sea tu primer artista oficial.
Ella sintió cómo se le abría la boca por la sorpresa.
—Estás bromeando.
Aun así Laur confundió su reacción con preocupación.
—Que no cunda el pánico, nena, estaré ahí a cada paso para guiarte por el camino. Y creo que el chico será grande, y no demasiado temperamental. Te dará una gran ventaja en el negocio, será él el artista en el que apuestes, el que saque tu nombre ahí fuera.
Camila dejó escapar una gran bocanada de aire. ¿Realmente le estaba ofreciendo aquello?
—Lauren, no tienes que hacerlo. Quiero decir, no es justo. Eres tú la que ha pasado el tiempo hablando con él y su madre hoy, no yo. Tú eres la persona que a él le gusta, y seguramente la persona con la que quiere trabajar. Y... —suspiró, y su voz se volvió más suave cuando se sintió sin fuerzas, dejando caer los ojos sobre las vetas de madera de la mesa. —En realidad, no he hecho nada para merecerme un regalo así.
En respuesta, Lauren se sentó en la silla que había a su lado, giró a Camila hacia sí, y le cogió las manos entre las suyas.
—Camila, tengo mucha fe puesta en ti para este negocio. Pero no es fácil lograr que la gente confíe en ti con algo tan grande como una carrera musical, y puede ser muy duro conseguir el primer artista con éxito. Empezar con alguien prometedor bajo tu custodia significa tener la mitad de la batalla ganada. Así que quiero hacer esto por ti, ¿de acuerdo? No voy a aceptar un no como respuesta.
El nudo que se le había formado a Camila en la garganta apenas la dejaba respirar. Había resultado muy fácil olvidarse de la terrible verdad que estaba ocultándole a Lauren cuando estaban besándose o coqueteando, en la cena o escuchando música, cuando iban a las discotecas o tenían relaciones sexuales. Pero ahora, en aquel momento, no podía olvidarse de ello. En realidad, era lo único en lo que podía pensar.
Nunca se había sentido tan asombrada o conmovida —o tan terriblemente culpable— en toda la vida.
—Así están las cosas. Lo contratamos, tú te encargas de él. ¿Vale?
Todavía no podía darle una respuesta. Así que en lugar de eso se lanzó a sus brazos y la besó, con todo el amor que había en su corazón y toda la admiración de su alma. La besó hasta que Laur tiró de ella hasta su regazo, le puso las manos en el trasero y ella se montó a horcajadas en la amplia silla.
Finalmente acabaron los besos, se quedaron allí simplemente sentadas, en silencio, y Lauren inclinó la frente hasta rozar la suya, en un gesto dulce que a ella le encantaba. Y una sonrisa lenta y patentada se le desplegó en la cara cuando le dijo:
—Ese es el tipo de respuesta que me gusta.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 33

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:07 am

Camila tenía pocas posibilidades de arreglar todo aquello. No podía negarse a aceptar a Aston, y tampoco podía decirle a Lauren la verdad sin que perdiera su propio empleo. Y no solo se refería al idílico puesto de representante de A&R, estaba claro que también perdería su trabajo de administrativa si contaba lo que sabía. Joder, puede incluso que Jenkins ya hubiera contratado a otra persona para que ocupara su lugar. Y como una mujer recién divorciada, necesitaba un trabajo. Para vivir. Para pagar el alquiler. Para comer. Aquello no era negociable. Así que no tenía otra opción que seguir con aquella loca farsa durante los siguientes dos días. Y entre tanto, al menos podía darle a Lauren las cosas que esperaba de ella: el calor, la pasión, el sexo. Podía ser su chica sucia.
Y ya que Lauren parecía tan llena de sorpresas sexuales para ella, decidió que también iba a darle una sorpresa. Una que nunca hubiera imaginado.
Así que se levantó desnuda ante el enorme espejo del tocador que había en su propia habitación, preparada para ducharse y cambiarse para otra noche de exploración —y sexo—, se mordió el labio y tendió la mano para coger la espuma de afeitar.
Pero en lugar de extender la esponjosa crema blanca sobre sus piernas, la alisó sobre la piel de entre sus muslos y después cogió la cuchilla desechable de color rosa.
Nunca antes había pensado en afeitarse por completo el pelo púbico hasta la noche pasada, después de haber visto la vulva desnuda de Keana. Pensaba que se había sumergido en una sexualidad atrevida y sin tapujos durante aquella semana, pero ver la vulva de Keana, tan suave y preparada, la había inspirado para ser más atrevida aún. Hacer aquello, revelarse por completo a Lauren, le parecía como despojarse del último de los vestigios de la vieja Camila... o afeitarlo, para ser más exactos.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 34

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:08 am

Aquella noche cogieron un taxi en Fremont Street, la morada de la vieja Las Vegas, donde quedaban unos cuantos casinos que habían triunfado desde el nacimiento de la ciudad. En los años recientes, la ciudad había resucitado el barrio, dando a los viejos edificios un toque actual a base de levantar enormes techos arqueados sobre varios de los bloques de la zona, lo que también servía como un toldo contra el sol. La calle estaba acordonada, permitía a los jefes vagar por allí sin preocuparse por el tráfico y cada noche, un espectáculo luminoso parecía resplandecer del oscuro cielo.1
Fremont Street también se había convertido en el lugar perfecto para los artistas callejeros, atrayendo a mimos y artistas y magos, así como a músicos. Lauren explicaba de camino que siempre echaba un vistazo a Fremont Street cuando iba a Las Vegas.
—Normalmente no encuentras nada que merezca la pena —concluyó—, pero encontré allí a Graham Maxwell, así que no quiero arriesgarme a perder a alguien que sea genial —Graham Maxwell era un pianista de jazz cuyos CD habían dado ganancias respetables a Blue Night durante los últimos cinco años.
Camila se había vestido muy informal en comparación con la noche pasada. Llevaba unos pantalones de pitillo blancos y una camiseta fucsia. Normalmente, se las habría arreglado para ponerse un sujetador sin tirantes bajo aquella prenda en particular, pero las experiencias de la semana habían alterado verdaderamente su manera de ver las cosas —al menos durante el tiempo que estuviera en Las Vegas—, así que no se había molestado, ni le importaba si sus pezones se entreveían un poco. Como de costumbre, se sentía de una manera completamente diferente, sexy en el brazo de Lauren, como si estuviera con una mujer tan atractiva que le diera permiso para ser picante. Lauren iba con sus pantalones de cuero negro, blusa blanca y con sus sexys labios rojos. Llegaron temprano a cenar en un restaurante especializado en bistecs que Lauren conocía y después se fueron a la calle. Tras ver a un aerógrafo increíblemente espectacular trabajando y a un malabarista con zancos, se toparon con un quiosco de música que había en un extremo de la calle, donde un chico con un ligero exceso de peso tocaba el piano y cantaba éxitos de Billy Joel y Elton John. La multitud parecía entretenida, pero Lauren y Camila llegaron rápidamente a la conclusión de que no había nada únicamente atractivo en aquel hombre. Atravesaron de vuelta la avenida principal, y encontraron a un chico que tocaba la guitarra y cantaba suaves clásicos del rock con una voz arenosa y fuerte que se volvía suave justo en el momento que la canción requería. Lentamente, la multitud empezaba a acumularse a su alrededor y los que pasaban por allí dejaban caer monedas en el estuche abierto de su guitarra. Entre las canciones, señalaba a su mujer y a su bebé, que estaban cerca de él, observándolo. Parecía un hippie maduro, de unos cuarenta años, pero con el pelo rubio recogido en una cola de caballo; y quizás incluso fuera un asaltacunas porque su joven mujer no tendría más de veintidós años. Pero cuando le dedicó su versión de «I Love You» de Climax Blues Band, Camila sintió que se le enternecía el corazón.
—Me gusta —le dijo a Lauren cuando acabó la canción.
—Te gusta porque piensas que es sensible y romántico.
Ella se dio la vuelta para mirarlo, sonriente, y sorprendida. —¿Y qué te hace pensar que valoro ese tipo de cosas? - Laur le devolvió la sonrisa.
—Quizás esté equivocada, quizás no sea verdad que lo hagas. Pero me da la sensación de que la chica que solía ver en la oficina de Blue Night valoraba esas cosas.
Ella parpadeó, todavía sentía curiosidad.
—¿Y por qué piensas eso? ¿Solo porque una vez te dije que me gustaba el sexo en privado y que había estado un poco más sometida cuando estaba casada?
Laur se encogió de hombros.
—Solo era una corazonada.
—¿No habíamos conseguido olvidar aquello de la mujer correcta y remilgada? Quiero decir, si valoro tanto el romance, ¿cómo es posible que haya tenido una aventura loca y salvaje contigo toda la semana y que ni siquiera parpadee ante el hecho de que regresaremos de vuelta al negocio como si tal cosa en solo un par de días?
Su sonrisa se desvaneció, solo ligeramente, y ella casi lamentó haber dicho aquello, porque les recordaba a las dos que todo terminaría pronto. Después de todo, ¿qué pasaba si Lauren había estado planeando cambiar de opinión de alguna manera, y seguir viéndola cuando regresaran a Los Ángeles?
—¿Quieres saber lo que realmente pienso? —le preguntó la ojiverde al final.
Ella tragó saliva, supo que su sonrisa también se había desvanecido.
—Claro.
—Creo que he llegado a tu vida en un momento en el que estabas herida por lo de tu divorcio. Yo nunca he estado casada, ni divorciada, pero conozco a un montón de personas que sí lo han estado y sé que el divorcio puede cambiar completamente a una persona, cambiar sus deseos o la manera en la que ven la vida. E incluso si tú eres ahora más salvaje, y más aventurera, creo que en lo más profundo de tu ser siempre serás una mujer que se deshace un poco con un tipo como este —señaló al hombre que tocaba la guitarra. —Un hombre que dedica una dulce canción a su mujer.
Camila apenas sabía qué contestarle. Porque pensaba que probablemente tuviera razón. No tenía la más mínima intención de regresar de nuevo a las costumbres que tenía la vieja y remilgada Camila cuando todo aquello se acabara, pero... sí, posiblemente siempre apreciaría a alguien dulce y cariñoso. Solo Dios sabía que había apreciado el hecho de que aquel mismo día Lauren le hubiera dado el control sobre la carrera de Aston, que la había conmovido el gesto... probablemente demasiado. E incluso si no quería volver a ser alguien remilgada, tampoco podía imaginarse yéndose a la cama con alguien con tanta facilidad como lo había hecho con Lauren.
—Supongo... que me tienes bien calada, Jauregui.
—No parezcas tan desgraciada por ello —le dijo, con un tono de voz alegre. —No es un crimen.
Como de costumbre, cuando discutían temas como aquellos, Mila era honesta con ella.
—Quizás no quiera sentirme de esa manera. Quizás solo quiero ser una chica sucia y nada más. - Laur la miró directamente a los ojos, toda expresión de diversión había desparecido de su cara.
—Pero entonces no serías tú, Camila. Y para tu información, a mí me gusta todo el paquete. Me gusta la chica sucia. Pero también me gusta lo dulce que eres, lo real que eres. Joder, me gusta hasta poder tener una conversación inteligente contigo. No siempre pasa así con las mujeres que conozco. - Oh. Así que le estaba diciendo que le gustaba tal y como era. O solo la nueva Camila en la que se había convertido. Y no estaba muy segura de cómo contestar a todo aquello, pero la frase «te quiero» le vino a la mente. Y ya que aquello era definitivamente una mala idea, la tomó de la mano y simplemente irguió el cuerpo para darle un beso.
—La cosa es —le dijo Laur entonces— que no vamos a contratar a este hombre.
Camila arrugó la nariz, en una expresión de decepción.
—Pero parecen...
—Parecen necesitar el dinero, lo sé —le dijo Loren. —Solo que estamos en el negocio de la música y no en el negocio de la caridad, nena. Eso es algo que debes tener siempre en mente, ¿de acuerdo?1
Ella tenía razón, por supuesto, así que Mila asintió.
—Excepto porque... es bueno. Realmente bueno. ¿No crees? E incluso tiene una buena presencia para el escenario.
—Pero todavía no ha tocado ni una canción original.
—Eso no significa que no las tenga.
Lauren sonrió, probablemente por lo argumentativa que se había vuelto de repente.
—Te diré qué vamos a hacer. Cuando haga un descanso, puedes presentarte. Dale mi tarjeta pero escribe tu nombre en el reverso. Dile que te envíe un CD de canciones originales si es que las tiene. ¿Qué te parece?
Ella sonrió.
—Me parece perfecto.
Y así hizo. Cuando el hombre dejó de tocar, dijo que estaría de vuelta en pocos minutos; Camila tomó una gran bocanada de aire y se acercó a él, dejando que Lauren se quedara en el perímetro, junto a la multitud. Cuando Camila le dijo a aquel hombre que trabajaba para Blue Night Records, sus ojos arrugados en las comisuras se iluminaron y le concedió una gran sonrisa que dejaba bien claro que necesitaba algo de cuidado dental. Después de que ella expresara sus intereses, le pidió que le enviara un CD de cualquier música original que tuviera, y él le dio las gracias estrechándole la mano con tanta fuerza que casi se la arranca. Entonces levantó la mirada y vio que Lauren estaba sonriéndole.
—Buen trabajo —le dijo, y le pasó el brazo por los hombros cuando se dieron la vuelta para irse.
—En realidad ha sido divertido.
—¿Ves? Te lo dije, este es el mejor trabajo del mundo cuando puedes alegrarle el día de alguien, o en algunos casos, la vida.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer ahora?
—Bueno —le dijo Lauren, con una expresión juguetona, y después echó un vistazo a su alrededor, a la mezcla de artesanos y turistas—, podemos hacer que te hagan una caricatura. O podemos provocar a uno de los mimos. O podemos... empezar con tu sorpresa.+
Sintiéndose tímida y segura con aquella sugerencia, le dijo:
—Esta sorpresa es de naturaleza sexual, ¿verdad?
Lauren asintió.
—Por supuesto.
—Entonces, dámela.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 35

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:08 am

Cogieron un taxi que las llevó de vuelta al Strip, y por el camino siguieron hablando de negocios, y vaya, había tanto que aprender acerca del trabajo que, en ciertos momentos, Camila se preguntaba si podría ser capaz de hacerlo bien todo.
Por supuesto, también coquetearon y se dieron el lote un poquito. Lo suficiente como para que cuando llegaron a los casinos iluminados por las luces de neón y que se levantaban a ambos lados del taxi, ella estuviera pensando más en hacer cosas atrevidas con Lauren que en la música. Cada vez que Lauren la besaba, las sensaciones parecían apoderarse de ella haciéndola sentir hormigueos en el pecho y palpitaciones en la vulva. La tela pegajosa de su blusa se frotaba contra sus endurecidos pezones con cada movimiento que hacía, añadiendo más a su sensibilidad. Así que, una vez más, no se dio cuenta de que el taxi había entrado en la avenida. En realidad estuvo tan ocupada entrelazando la lengua con la de su amante que la pilló desprevenida cuando el taxi se detuvo al lado de otro de los toldos grandes de neón que daban a los resorts más grandes. Lauren pagó al conductor, después la llevó hacia otro vestíbulo bullicioso y elegante lleno de gente, y ella se preguntó si no iban a visitar otra discoteca de moda y subida de tono como el Rendezvous. Pero no se molestó en preguntarle, porque sabía que ella solo le concedería una mirada de censura y recordándole que era una sorpresa. Se acercaron a la mesa del recepcionista, donde un atractivo hombre con traje negro levantó la cabeza para mirarlas, después se puso de pie.
—Señorita Jauregui, bienvenida de nuevo —tendió la mano para dársela a Lauren y, como de costumbre, Camila se quedó allí de pie sorprendida por la cantidad de personas que la conocían y que claramente veneraban. Lauren sonrió con tranquilidad.
—Gracias, Richard.
La mirada de Richard se dirigió rápidamente hacia Camila, y después volvió a concentrarse en Lauren.
—¿Puedo atreverme a decir que les gustaría visitar nuestra discoteca especial esta noche?
Cuando Lauren asintió, Richard sonrió y después salió del mostrador.
—Por aquí —dijo, guiándolas a través de la planta del casino y del sonido de las monedas y las máquinas, hasta que llegaron a una esquina trasera de la sala y a una puerta más que insulsa en donde se podía leer «PRIVADO». Camila supuso que se trataba de un almacén o del cuarto de mantenimiento hasta que Richard insertó la llave en la cerradura de la puerta.
—Que disfruten de la velada —les dijo, y invitándolas a entrar, dejando después que la puerta se cerrara tras ellas. Camila se encontró en un espacio que más o menos era igual de grande que un almacén, aunque estaba adornado con la decoración lujosa de Las Vegas —una moqueta afelpada de color rojo y papel de pared de color café y dorado —y ante ellas había una puerta dorada y brillante de un ascensor. Lauren presionó el único botón y se encendió una flecha ascendente y Camila le dijo:
—Eh, sé que esto es una sorpresa, pero... ¿por qué está este lugar detrás de una puerta cerrada con llave?
—Es una discoteca muy privada —le dijo, con una expresión que no revelaba nada. Tragó saliva, empezaba a sentirse algo nerviosa.
—¿Cómo de privada?
Justo entonces, se abrió la puerta del ascensor. Dentro, las paredes estaban cubiertas por espejos de arriba abajo, y en cada esquina lucía una moldura gruesa de oro que se levantaba del suelo hasta el techo. Entraron y Lauren le puso la mano en la región lumbar.
—No hay mucha gente que sepa de su existencia —le contestó—, y cuando lleguemos arriba, tendremos que firmar una declaración que dice que no revelaremos nada acerca del club, de su localización, de lo que veamos, de a quién veamos, a nadie.5
—Eh, ¿por qué? —sintió un hormigueo en la piel. —No se hace nada ilegal ahí arriba, ¿verdad? - Lauren recorrió sus brazos de arriba abajo con las palmas de las manos, en un gesto tranquilizador.
—Relájate, Camz. Solo es un lugar adonde viene la gente para disfrutar de actividades que prefieren hacer en privado, eso es todo. —le dijo la ojiverde con sus achinados ojos por su gran sonrisa.8
—Oh — es la primera vez de todo el viaje que le decía así, no es que realmente hubiera contestado a su pregunta, o satisfecho sus curiosidades. Pero antes de que pudiera preguntarle sobre su nuevo sobrenombre, terminó el paseo, y las puertas del ascensor se abrieron para revelar una zona pequeña y oscura que automáticamente daba a otra puerta brillante y dorada. Sobre ella, otro viejo letrero, con una escritura que parecía romana y que decía Caligula's.
Al salir del ascensor, se dio la vuelta para mirar a Lauren.
—Calígula. ¿No era el emperador romano que tenía un montón de relaciones sexuales enfermas y pervertidas?
Los ojos de Lauren resplandecieron en respuesta.
—Correcto —y sin otra palabra más, abrió la puerta dorada.
Dentro Camila encontró un pasillo alineado con arcos romanos de un blanco inmaculado cubierto de flores y vegetación. Las paredes de ambos lados lucían murales que daban la impresión de levantarse sobre una calle romana, la calle de la antigua ciudad que se expandía hacia todas direcciones delante de ellas. Un hombre y una mujer, los dos muy atractivos y ataviados con una toga blanca y una orla dorada, salieron a darles la bienvenida.
—Bienvenidos a Roma —dijo el chico, levantando la mano como si estuviera enseñando el esplendor de la ciudad. Alrededor de su cabeza descansaba una corona dorada de laurel como aquellas que llevaban el César y otros hombres en la época.
—Nos alegramos de su llegada —dijo la chica, con un tono de voz cálido y formal. Su vestido corto en forma de toga se anudaba en uno de sus hombros y dejaban sus pezones claramente visibles a través de la tela blanca. Llevaba dos hojas de papel que parecían deteriorados pergaminos atados con una fina cuerda de oro. —Estos son los términos en los que deben estar de acuerdo antes de entrar en nuestra bella ciudad —después señaló hacia dos arcos abiertos que había a cada lado del vestíbulo. —Y aquí encontrarán las prendas que llevan nuestros ciudadanos; elijan una de su preferencia y prepárense para disfrutar de una noche llena de sensuales deleites, unos que probablemente no hayan conocido nunca.
—Señorita, encontrará su vestuario al atravesar el arco de la derecha —dijo el chico—, y usted también señorita.
Y antes de saber qué es lo que estaba sucediendo, Camila se encontró a sí misma conducida hacia el arco indicado, con el rollo de pergamino apretado en el puño. A Lauren la condujeron a otro arco. No estaba segura de si se sintió feliz o desgraciada al encontrar a otra «ciudadana de Roma» esperando dentro. La encantadora chica morena llevaba otro revelador vestido blanco y sonrió con agrado cuando Camila entró.
—Bienvenida —le dijo. —Soy su doncella, Clodia. Una vez que haya firmado el documento, la ayudaré a elegir su atuendo para la velada.
Camila se quedó muda de asombro, dado que todavía no sabía exactamente lo que ocurría allí.
—Eh, de acuerdo —apresuradamente, desenrolló el pergamino y encontró, en una escritura de aspecto histórico, el mismo mensaje general que Lauren le había confiado. Firmó con un elegante bolígrafo que parecía una pluma, se lo pasó a Clodia, quien después, señaló hacia varios tipos de toga para mujer que habían expuestos en las maniquíes que las rodeaban.
—Cuando haga su elección —dijo la mujer—, tenga en cuenta que deberá deshacerse de toda la ropa que lleva ahora puesta. Todas las joyas y la ropa interior incluidas.
—Ya veo —murmuró Camila, estudiando los escasos vestidos.
Eligió el mismo que llevaba puesto Clodia, una toga con cuerdas doradas al hombro que descendían hasta unas copas blancas y sedosas para sujetarle los pechos y un cuerpo rodeado de cuerdas doradas y entrecruzadas. El dobladillo variado quedaba a medio muslo a un lado, y un poco más arriba al otro. Cuando se metió en su vestuario privado, temió que su vulva pudiera vislumbrarse con total facilidad a través de aquella tela, pero decidió no preocuparse por ello, ya que todas las togas eran cortas, y habían sido diseñadas para el sexo, después de todo. Como también parecía ser el caso con todos los atuendos, sus pezones se distinguían claramente a través del vestido blanco y el corte de la tela creaba un escote generoso. No estaba segura de si se sentía tímida o sexy cuando salió hacia donde Clodia la esperaba.1
—Encantadora —le dijo la joven mujer, mientras la miraba de arriba abajo, con un estudio lento que hizo que un escalofrío de anticipación le recorriera a Camila la columna vertebral.
Después, se puso unos zapatos dorados, esencialmente unas sandalias de tacón con cintas que se entrecruzaban por las pantorrillas. Finalmente, eligieron un tocado de los muchos disponibles, un círculo de lazos entrecruzados de oro que descansaron sobre su cabeza como una delicada corona.
—Ahí tiene —le dijo Clodia, llevándola hacia el espejo. —Ahora es usted una perfecta diosa romana.
Y, oh Dios, era verdad. Sintió como si fuera a ir a una fiesta de Halloween, pero... el tipo de fiesta al que probablemente quisiera ir Lauren, donde cada mujer era excitante y sexy y cada hombre o mujer estaba preparado. Aunque ella nunca se había rendido a ningún tipo de fantasía romana, de repente sintió que quizás pudiera meterse en todo aquello y, por primera vez desde que habían salido del ascensor, se sintió verdaderamente emocionada por ver lo que le esperaba exactamente.
—Vaya —le dijo Clodia, todavía en su papel. —Reúnase con su amante. Está esperando para llevarla a una bacanal en el palacio del emperador.
Al salir al vestíbulo, Camila encontró a Lauren, muy atractiva ataviada con su propia toga blanca y la corona de laurel. Ella no podía haber imaginado que le parecería tan excitante con lo que técnicamente era un vestido. Tampoco pudo evitar fijarse en la cruz que todavía adornaba su cuello, a pesar de la regla de no llevar joya alguna.
Los ojos de Lauren la recorrieron apreciativamente de arriba abajo, haciendo que la vulva le palpitara ligeramente.
—Joder, debería haberte traído aquí antes.
Al instante se sintió preocupada por el hecho de haber acabado con el mismo problema de la noche anterior, sin bragas que absorbieran su humedad, pero tenía cosas más importantes en las que pensar. Le presionó el torso con las palmas de las manos, dejó que sus ojos se abrieran un poco más, pero habló con un tono de voz bajo ya que los recibidores estaban todavía cerca.
—Entonces dime, ¿qué pasa aquí exactamente?
Lauren le apretó suavemente los codos, y la miró con una expresión sensual.
—Estás a punto de descubrirlo.
Estaba también a punto de protestar cuando la mujer del vestido blanco que los había recibido en la entrada se acercó a ellas.
—Sigan adelante, hacia el placer —les dijo con una sonrisa, así que Lauren llevó a Camila por el pasillo que todavía se extendía alineado con murales romanos cuando una voz empezó a resonar de unos altavoces escondidos.
—Bienvenidas al Imperio Sagrado de Roma. Han sido invitados al palacio de Calígula para disfrutar de una gran bacanal. Muchos de los invitados del emperador han llegado ya. Durante su estancia, sus deseos serán los deseos de Calígula. Pueden sumergirse en sus baños, comer sus uvas, beber su vino, jugar con otros visitantes, disfrutar de cada placer que los aguarda. También pueden elegir solo observar nuestro festival romano de desenfreno. Sea lo que sea que elijan, sean respetuosos con los demás y recuerden... cuando estén en Roma, sigan las costumbres de los romanos.
La grabación acabó justo en el momento preciso en el que llegaron a las amplias puertas dobles, bajo una elaborada fachada de construcción romana. El ambiente ya era abrumador.
—¿Debería estar nerviosa? —le preguntó a Lauren una vez que se apagó la voz.
—No —dijo ella. —Deberías estar... abierta a todo.5
Ella se detuvo y lo miró. Había decidido estar preparada para aquello —fuera lo que fuera— cuando había estado con Clodia, cuando era más un juego de disfraces, pero ahora empezaba a preocuparse otra vez.
—¿A qué te refieres con eso?
Su respuesta llegó con un tono sereno y directo.
—Me refiero a que al principio va a asombrarte lo que vas a ver, pero después te relajarás y disfrutarás. Vas a dejarte llevar. Justo como lo hiciste en la Torre Eiffel. Y en la góndola. Y la pasada noche, con Keana. Vas a experimentar el mejor de los placeres que has experimentado nunca. Es así de simple. - Mila se quedó inmóvil y en silencio ante ella. No sonaba tan simple. Porque hasta aquel momento, con Lauren, siempre se sintió... como si tuviera elección. En todo lo que habían hecho juntas. Sus relaciones sexuales habían alcanzado tal extremo porque ella perdió sus inhibiciones y había deseado que ocurriese.
Pero aquello, en aquel momento, le daba la sensación de que era algo impuesto, a diferencia de las otras cosas que habían hecho. Puede que lo que le aguardara detrás de aquella puerta fuera algo que tuviera que soportar, sin que hubiera salida fácil. La fantasía era al mismo tiempo tentadora e... intimidatoria.
—Estoy un poco asustada —le dijo, decidió hablar con sinceridad. —No estoy segura de que quiera estar ahí, de que quiera hacer esto.
Lauren se quedó en silencio, pero sus ojos verdes la atravesaron cuando una vez más, le colocó las manos sobre la parte superior de los brazos para prepararla.
—¿Te he dado hasta ahora otra cosa que no sea placer?
—No.
—¿Te arrepientes de algo?
—No —ni siquiera de lo que había pasado con Keana. Parte de ella había temido sentirse arrepentida o extraña al despertarse esa misma mañana, pero no había sido el caso.
—Nunca planeé que pasara esto, Camila. Pero me gusta ayudarte a descubrir a la chica mala que hay en ti. Me gusta llevarte más y más profundamente en esa parte de ti misma. Y esto es solo... el siguiente paso. El último paso. ¿No quieres ver lo que es?
Cuando se lo describió de aquella manera, muy a su pesar, quiso verlo. Así que casi paralizada aunque deseando agradarle —otra vez, siempre—, asintió.
Y la escuchó decir:
—Buena chica.
Entonces observaron mientras ella golpeaba la aldaba grande, dorada y en forma de cabeza de león que había en la puerta del palacio de Calígula.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 36

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:09 am

Quizás había empezado a formarse alguna imagen de lo que ocurría allí, una fiesta hedonista, que seguramente incluía sexo hedonista. Pero no podía haberse imaginado el elaborado ambiente que la aguardaba cuando se abrió la puerta del palacio. Lauren otra vez colocó la mano en su región lumbar para dirigirla hacia la expansiva sala.
Había muchos murales que enmarcaban cada pared, y le hacían parecer como si estuvieran en realidad dentro de un enorme palacio, en un vestíbulo alineando con grandes ventanas que revelaban unos jardines romanos perfectamente arreglados con fuentes y un carro de caballos que paseaba por allí. Entre las ventanas se levantaban enormes mesas repletas de uvas, queso y jarras de vino. Pero los cuadros y la comida no eran —hasta ese momento— la principal atracción. En medio de aquel espacio, había unas grandes columnas que creaban un enorme círculo. Entre cada una de ellas descansaba una cama blanca cubierta por almohadas de dorado metálico que se esparcían por la superficie, y la mayoría estaban ocupadas por gente que iba vestida como ellas. En el círculo de dentro había dos pequeñas piscinas rectangulares rociadas con lirios de agua, y varias personas, algunas sumergidas con las togas, otras nadando desnudas. Entre los dos baños se levantaba un gran dosel en el que una mujer rubia y atractiva hacía turnos para besarse con dos hombres; los tres estaban desnudos excepto por la corona de laureles que llevaban en la cabeza y parecían preparados para hacer algo más que simplemente besarse.
Camila quería detenerse, intentar absorberlo todo desde la distancia antes de acercarse demasiado, pero otra mujer vestida con toga los dirigió hacia una de las camas vacías.
Echó un vistazo a su alrededor, y se dio cuenta de que la mayoría de los visitantes de las camas observaban a la gente que había en la plataforma, aunque algunos estaban entregados ya a sus propios placeres. Una pareja de mujeres se besaba, con las manos en las piernas de la otra, bajo sus togas y ella fue testigo de cómo una chica sentada detrás de otra se inclinaba para cubrirle los pechos a la segunda mientras un hombre se arrodillaba entre las piernas de una de las chicas, y se inclinaba para comerla. En otra cama, había dos hombres musculosos y guapos que se estaban dando el lote.
—Relájate y permítete disfrutar de todo esto —le susurró Lauren mientras se acomodaban juntas en la cama. No estaba muy segura de lo que tenía que hacer, así que se sentó con las rodillas dobladas ligeramente ante ella, incapaz de negar cómo de bueno —incluso cómodo—la hacía sentir que Lauren le rodeara la cintura con sus brazos desde detrás.
Y durante los primeros segundos, no pudo creer que estuviera observando abiertamente a tanta gente que mantenía relaciones sexuales en una habitación iluminada con luces brillantes, y un desconcierto puro que rodaba la vergüenza la corroyó.
Entonces, algo ocurrió. Ella se dio cuenta de que nadie más se sentía avergonzado. Simplemente estaban disfrutando de la fantasía, de la bacanal, ya que el club estaba diseñado para que así lo hicieran. Y se dio cuenta de que era imposible no empezar a sentirse más excitada con cada segundo que pasaba. A cualquier punto en el que recaían sus ojos, algo sensual estaba teniendo lugar. En la piscina ubicada cerca de ellas, había una mujer desnuda con un ánfora bajo la espalda mientras un hombre le lamía entre las piernas. Una mujer bien proporcionada con una toga emergió de los escalones de la piscina, con el agua extendiéndose por su vestido y dejando sus enormes pechos casi al descubierto, y también su trasero, a través de aquella tela fina. Se tumbó sobre una cama vacía, y después le hizo gestos a un hombre con toga que había cerca y que llevaba una bandeja de uvas en la mano. Fue hacia ella, dejó colgando un racimo de uvas de color púrpura justo por encima de su boca, y permitió que mordiera una de ellas. En el centro de la habitación, la encantadora rubia estaba ahora colocada sobre sus manos y rodillas en un lujoso diván, y la verga de uno de los hombres le entraba por detrás, mientras el otro le follaba la boca. Camila nunca había visto algo parecido. Y aunque podía escucharse la música romanesca —haciéndola imaginar unos cuantos sujetos de Calígula's tocando las liras y los laúdes en alguna esquina distante de la habitación— la melodía estaba interrumpida por los sonidos del sexo: gemidos, suspiros, respiración dificultosa. Poco a poco, Camila estaba empezando a sentirse más fascinada que asombrada.2
Se inclinó para preguntarle a Lauren.
—¿Cómo funciona esto? ¿Cuáles son las reglas?
Se dio la vuelta y vio una sonrisa algo recriminatoria.
—Supongo que no has leído lo que has firmado.
Bueno, no muy detenidamente. Había visto la parte de confidencialidad y había firmado con la pluma, estaba demasiado intranquila como para pensar con claridad.
—Quizás no. Así que cuéntamelo.
—Puedes limitarte a mirar si así lo deseas, o follar con quien quieras que se presente. Pero la gente que trabaja aquí hará todo lo que desees tú, darte de comer fruta, tontear contigo o follar si se lo pides.
—Vaya —dijo ella en un suspiro de sorpresa ante la «fiesta» de elecciones que se le presentaban allí. Luego, volvió a mirar a Lauren. —¿Y cómo distingues a la gente que trabaja aquí de la gente que no trabaja?
—Por los brazaletes —señaló hacia el chico que todavía dejaba caer las uvas en la boca de la mujer que parecía como si estuviera compitiendo en un concurso de togas mojadas. Una banda de metal dorado rodeaba su antebrazo y, al estudiar atentamente la habitación, Camila se dio cuenta de que había mucha gente que los llevaba. Las mujeres cuyas vulvas estaban siendo comidas en la piscina, por ejemplo. Y los tres amantes que había en la tarima.
Cuando Lauren vio que Camila estaba mirando en aquella dirección, le dijo:
—Solo los empleados follan en el escenario central. Tiene turnos durante toda la noche para mantener entretenida a la gente.
Dios, pensó ella, sexo sin parar. Durante toda la noche. ¿Cómo sería trabajar en aquel lugar? ¿Follar en ese diván durante toda la vida? Hasta aquel momento, se imaginaba cada aspecto del comercio sexual como algo sucio, degradante e indeseable, pero durante una décima de segundo, observar a aquella mujer recibiendo un placer tan completo por dos guapos romanos con sus cuerpos musculosos y sus vergas grandes y duras, Camila pensó que quizás aquello no fuera tan malo.4
—¿Qué hay de... las enfermedades? —no pudo evitar preguntar.
—Hay preservativos debajo de cada cama —le informó Lauren. —Y también juguetes sexuales completamente nuevos —cuando ella abrió los ojos de par en par, ella añadió: —es como una especie de mini-bar en un hotel, cualquier cosa que cojas de allí será cargado a tu cuenta.
Incapaz de resistir a la tentación, Camila se inclinó sobre el borde de la cama y echó hacia atrás la manta blanca. En realidad, aparte de un bol poco hondo lleno de preservativos había una increíble variedad de vibradores y otros instrumentos con forma de pene, ¡y algunas cosas que ni siquiera pudo reconocer!
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó Laur cuando ella se levantó, probablemente con una expresión estupefacta en la cara.
Ella se mordió el labio y contestó con sinceridad.
—Me gusta mucho más lo que veo aquí arriba.
—Ven aquí —le dijo Lauren, después le dio un beso. Alrededor de ellas, notas sensuales de la lira todavía flotaban en el ambiente de la habitación y más gemidos y gruñidos resonaban, creando toda una sinfonía erótica, pero en aquel momento, todo en lo que ella podía fijarse era en Lauren. Y cuando levantó la mano hacia su pecho, y los acarició mientras sus besos descendían hacia su cuello, ni siquiera le importó que pudieran verla los demás.
Con aquella rapidez, de alguna manera se aclimató.
—¿Es tan horrible como habías imaginado? —le susurró al oído, y ella sintió la calidez de su aliento en el cuello.2
Se dio cuenta de que su mirada estaba rezagada de nuevo en el trío que había en el centro de la habitación. La rubia ahora se turnaba para chupar las vergas de los hombres y la que no tenía en la boca la trabajaba con la mano.1
—Es horrible y es... llamativo —dijo ella con suavidad, intentado analizar sus emociones. — ¿Cómo es posible que me sienta a la vez horrorizada y... completamente cautivada?
—¿Quizás porque piensas demasiado? —le sugirió la ojiverde entre unos besos que ahora le atravesaban el pecho.
Ella le lanzó una mirada sensual como respuesta. Camila se las había arreglado para descubrir un mundo sexual completamente nuevo con su guía y su habilidad por hacerla deshacerse de la vieja Camila durante aquella semana. Pero estar inmersa en algo tan enteramente escandaloso había amenazado con llevarla de vuelta allí. Hasta ese momento. Porque no estaba dispuesta a permitirlo. En lugar de eso, iba a cerrar los ojos. Beber de la sensación que le provocaba los besos de Lauren sobre su pecho, su pulgar acariciando su endurecido pezón. Embriagarse con los sonidos de placer que la rodeaban. Y... comerse una uva. Eso era lo que quería hacer. Dejar que un hombre la alimentara con una uva mientras Lauren la besaba. Quería ser así de atrevida. Quería dar ese paso. Y justo entonces, levantó la mano para hacerle señales a un chico atractivo que llevaba un brazalete dorado y sujetaba una bandeja de uvas, mientras que Lauren deslizaba la mano por la tela blanca diáfana que le cubría los senos, desnudándolos, pero ella no la detuvo. No podía hacerlo. Tenía que seguir adelante.
Mantuvo contacto visual con el chico guapo incluso cuando la boca de Lauren se cerró sobre su pezón, y a su vulva le dio un espasmo.1
Oh, Dios, estaba haciendo aquello, lo estaba haciendo realmente. De alguna manera, la hacía sentir infinitamente más desenfrenada que en cualquier cosa que se había permitido aquella semana. El portador de uvas —que incluso parecía británico— se acercó, y ella se lamió el labio superior, y señaló hacia una pila de uvas verdes. El chico levantó un pequeño racimo, lo sujetó por encima de sus labios abiertos y permitió que ella cogiera una entre los dientes y la lengua. Cuando la uva se deshizo en su boca y el dulce jugo se liberó, Lauren succionó con más fuerza y sintió cómo la vulva casi le explota de la oleada de placer que la invadió, haciéndola gemir.
—¿Más? —le preguntó el atractivo británico.
Aquello hizo que Lauren levantara la cabeza y se diera cuenta de lo que estaba haciendo ella. Sus ojos se volvieron vidriosos de lujuria y ella se sintió hermosa y emocionantemente expuesta con sus pechos brillantes y desnudos entre las dos personas. Estar exhibida de aquella manera la hizo sentirse más húmeda aún, la hizo sentirse caliente y dilatada bajo su diminuta toga. Estuvo a punto de decir sí —a más uvas, y quizás a más de todo —cuando Lauren miró al chico una vez más y esta vez dijo:
— ¿Zayn?17
Oh, Dios.
El británico bajó la barbilla, pareció confuso al principio, pero entonces sonrió.
—Lauren, joder.
—Hace un siglo que no te veo, tío.1
—Probablemente cuando lo del whisky a gogó en el 2010, porque llevo en Las Vegas desde entonces.
Camila se irguió un poco y volvió a tirar de la tela hasta cubrirse los pechos. El corazón todavía le latía entre las piernas, pero su sentido de abandono pasional se había extinguido casi por completo sintiéndose un poco extraña.
—Mierda, lo siento, nena —dijo Lauren entonces. —Este es un viejo amigo mío. Solía trabajar en un par de discotecas en Sunset y me aconsejaba cuando oía hablar de grupos nuevos —miró a Zayn y dijo: —Esta es Camila.
—Mmm, hola —dijo ella, agradecida bajo las extrañas circunstancias, porque Lauren no había mencionado que era la nueva representante de A&R de Blue Night, incluso si aquello era todo confidencial.
Zayn bajó la mirada hacia sus senos y le sonrió cálidamente.3
—No hace falta que te tapes por mí, guapa. Cuando trabajas aquí, te acostumbras a ver montones de tetas.1
Habló con tanta sinceridad que el comentario pareció tranquilizarla de alguna manera.
—Puedo imaginarlo.
—Entonces —dijo Lauren— trabajando en el club de sexo más célebre de Las Vegas, ¿eh?
Zayn se encogió de hombros bajo su toga.1
—¿Qué puedo decir? Empecé aquí hace unos pocos meses, un par de noches a la semana. El dinero es bueno y el trabajo es divertido.
—Apuesto a que sí —le dijo Lauren.
Zayn volvió a mirar a Camila.
—Las dejaré que vuelvan a hacer lo que estaban haciendo. Pero si necesitan cualquier cosa, háganmelo saber y me encargaré bien de ustedes.2
Ella entendió que aquello significaba comida y bebida, pero sabiendo lo que hacía en aquel lugar, no pudo evitar tomarse la oferta de una manera diferente y aquella promesa la hizo humedecerse entre los muslos.
—Lo siento —le dijo Lauren cuando se fue Zayn, después se acostó sobre las almohadas doradas que adornaban la cama, dejando que los ojos se le cerraran de deseo. —Ahora, ¿dónde estábamos?
Ella impulsó el pecho hacia delante, hacia Laur y descubrió, agradecida, que podía que la conversación con Zayn no hubiera apagado tanto su excitación como había pensado.
—Estábamos aquí.
En un movimiento veloz, Lauren volvió a retirarle otra vez la tela del pecho y cerró la palma sobre la dolorida piel.
—Me ha encantado que lo llamaras —le murmuró entre más besos en el cuello.
Aquellos besos la habían puesto tan excitada que apenas se vio capaz de responder.
—Era solo... por las uvas.
Una sexy sonrisa se le desplegó en la cara.
—Aun así... me has puesto más cachonda de lo que ya estaba —su mano se movió hacia su rodilla doblada, y se deslizó hacia arriba por su muslo mientras se inclinaba para pasar la lengua sobre su pezón. Y en el centro de la habitación, la rubia gritaba de placer, y Camila levantó la mirada para ver cómo uno de los hombres la penetraba desde detrás, y el otro desde debajo, y ella comprendió en aquel momento, ¡que uno de los dos le estaba penetrando por el ano! En ese momento Lauren deslizó la mano entre sus piernas.
—Oooh... —gimió ella, en aquel instante necesitaba más que nada su caricia allí.
—Dios mío —murmuró Laur, después retiró la mano para levantarle la falda.5
Fue entonces, cuando ella se acordó de que se había afeitado para ella y que Lauren acababa de darse cuenta de ello. En un lugar mucho más diferente de lo que ella había imaginado.
Miró hacia abajo y vio su suave y clara piel, la pequeña y rosada protuberancia de su clítoris sobresaliendo de su desnuda abertura.
—Oh, mujer —dijo la ojiverde, y sonó completamente loca de deseo por ella. —Mira tu dulce vulva. Mira lo que has hecho por mí.2
—¿Te gusta? —incluso extendió un poco más las piernas para que ella pudiera mirarla y, justo como había pasado cuando Laur le había desnudado el pecho, se dio cuenta de que ya no se preocupaba de que hubiera otras personas en la habitación.
Laur dejó escapar un leve gemido en respuesta, después gruñó:
—Tengo que lamerte. Ahora.2
—Oh... —dijo ella, de repente sin respiración... y preparada. Encontró su mirada y no dudó ni un momento en abrir un poco más las piernas.
Después de otra mirada voraz a sus ojos, Lauren concentró de nuevo su atención en la vulva y se inclinó sobre ella. Ella se hizo hacia atrás sobre las almohadas y abrió las piernas incluso aún más, todo lo que pudo, para darle la bienvenida a su lengua hambrienta y húmeda. Ella observó cada uno de sus largos lametones, con un nuevo placer que explotaba en su interior con cada una de las caricias. Y observó el trío que todavía estaba follando en la tarima, también. Y fue consciente de que algunos ojos en la habitación estaban incluso mirándola a ella. La observaban mientras le comían el coño. Aquello debería haberla horrorizado, todo ello, pero no fue así. Solo aumentó más su excitación, y la volvió loca de lujuria, mientras ascendía hacia una altura sexual que casi le parecía irreal.
Siguió sus necesidades, liberó el otro pecho de debajo de la tela blanca y empezó a masajearse los dos con las manos. Lauren la lamió incluso con más intensidad cuando la vio hacer aquello, y justo por encima de su cabeza, en la tarima, pudo ver que la escena había cambiado: otro hombre se había unido al trío.
La rubia se montó a horcajadas sobre uno de ellos como si fuera una vaquera, mientras otro le follaba el ano por detrás. Y de pie al lado de la cabeza reclinada del otro hombre estaba... ¡Zayn, metiéndole la verga en su ansiosa boca! Camila nunca había visto, ni siquiera imaginado, una escena como aquella. Y tampoco podía haberse imaginado deseando aquello —tantos hombres, dentro de la rubia, de una vez— pero la mujer parecía embriagada de placer.42
Camila seguía observándolos mientras los lametones de Lauren llegaban a su interior, y ella se levantaba para recibir su boca.
—Sí, cariño. Sí—le susurró. Todavía se masajeaba los pechos con las palmas de las manos y sintiendo los ojos de la habitación puestos en ella y —santo cielo— le gustó.
Al mismo tiempo, dejó que sus ojos vagaran un poco más, hacia las parejas, los tríos y los cuartetos que había alrededor de la habitación. El lugar resonaba con sollozos y gemidos y la hacía sumergirse incluso más completamente en aquella sensación de abandono. Anhelaba deshacerse de sus inhibiciones como nunca antes lo había hecho, y se folló la boca de Lauren con más intensidad aún, gimió más alto, y volvió a concentrar su atención en la escena que tenía lugar en la plataforma.
¿Qué sensación sentiría con tantas vergas grandes y sólidas dentro de ella, embistiéndola? ¿Cómo podía recibir un cuerpo tanta sensación? ¿Cómo sería ser el centro de una orgía romana total? Su placer se multiplicó, y supo que pronto alcanzaría el orgasmo.1
—Oh, nena, lámeme —le rogó a Lauren, deleitándose con la vista de sus maravillosos ojos verdes entre sus piernas. —Lámeme el coño.
Lauren respondió cerrando la boca alrededor de su dilatado clítoris, haciéndola gritar y estrujar sus pechos con más fuerza. Succionó, tiró de la caliente bolita más y más fuerte y justo cuando la mujer de la tarima soltaba el pene de Zayn y para gritar su orgasmo, a Camila también le golpeó el suyo. Escuchó sus propios sollozos, sin importarle que fuera a atraer la atención de los demás, solo respondiendo a las intensas palpitaciones de placer que la invadían, una y otra vez. Y sobre la tarima, los dos hombres que habían entrado dentro de la rubia, empujaban y gemían, los tres se movían ahora juntos en ondulaciones, mientras el clímax de Camila se desvanecía lentamente. Excepto por Zayn, que no se había corrido aún. Su verga estaba larga y dura todavía, casi bonita de la manera en la que un falo puede serlo. Y al principio, Camila se preguntó por qué razón no habría terminado, pero entonces se le ocurrió la idea de que la mayoría de los chicos solo podían aguantar pocas erecciones en una misma noche y que quizás tuviera que reservarse por el bien de su trabajo.1
—¿Cómo estás? —le preguntó Lauren, que se arrastró hacia ella en la cama.
Ella se sentía realmente maravillosa, incluso con todos los otros actos sexuales todavía teniendo lugar alrededor de ella.
—Mmm, muy bien, gracias por tu experta lengua.
Juguetonamente, Laur se inclinó para pasarla por uno de sus pezones.
—A mi lengua también le gustas tú.
Justo entonces, una chica vestida con toga se detuvo a los pies de su cama, con unas copas de vino en la mano.
—Para apagar vuestra sed —les dijo.1
Aceptaron el vino, le dieron las gracias y Camila se dio cuenta de que si los empleados tenían la delicadeza de ofrecerles una bebida después de un orgasmo, debían estar vigilando lo que hacía la gente. El vino tenía un sabor dulce y punzante y cuando Camila besó a Lauren pudo saborear a la vez el Chardonna y sus propios jugos en la mezcla.
—Quiero tu vagina —le dijo atrevidamente, sin duda alguna.
—Está justo aquí —dijo Laur, justo como lo había dicho la noche pasada. —Todo lo que tienes que hacer es cogerla.- Miró hacia abajo y vio su feminidad que aun estaba debajo de su toga. Y se dio cuenta de que extrañamente, escandalosamente... necesitaba algo más que solo su feminidad. Algo mucho más extremo.
—Quiero que me folles ahí —señaló hacia la tarima que había al centro de todas las camas, y que ahora estaba ocupada por dos chicas y un chico. Ambas mujeres estaban en topless, y llevaban solo pequeñas faldas blancas y unos tacones dorados romanescos como los que llevaba ella. Una estaba de pie besando al chico, mientras la otra estaba arrodillada a los pies de él, hurgando bajo su toga, claramente preparándose para hacerle una mamada.6
—¿En serio? —le preguntó Lauren, con una expresión que probablemente fuera la más sorprendida que había visto nunca en ella. Parecía que ni siquiera se daba cuenta de lo que estaba sucediendo en el centro de la habitación.
Ella asintió, sin pararse a reflexionar acerca de ello.
—No sé por qué quiero hacerlo, y no puedo creer que realmente lo quiera, pero así es. Quiero que me folles delante de todas esas personas. Quiero que vean cómo me das, quiero que vean nuestro placer.- La respiración de Lauren se volvió superficial, claramente estaba en una posición media entre la conmoción y el deseo.
—Me encantaría follarte ahí mismo, camz, pero, como te he dicho antes, solo la gente que trabaja aquí puede hacer eso. - El sexo está orquestado, como en una película porno. Se había dejado llevar tanto por la lascivia que se olvidó de las reglas. Y de repente, al oír que no podía hacerlo, Camila se desesperó por hacer realidad aquella fantasía nueva e inesperada. Si no lo hacía, sería... como si le quedara algo más que hacer en aquel viaje salvaje, como si no hubiera alcanzado todo su potencial erótico, el potencial que Lauren había descubierto.
Estudió la habitación, divisó a Zayn, que acababa de ponerse de nuevo la toga.
—Pregúntaselo a tu amigo. Quizás puedan hacer una excepción.
Lauren se limitó a parpadear.
—Realmente quieres hacer esto, ¿verdad?
Ella asintió, sintiéndose escandalosa, fiera y preparada, y también decidida.
— Quiero demostrarte lo sucia que puedo llegar a ser, Lauren. Quiero ser... la pareja sexual de tus sueños. - Laur levantó la mano hacia su cara.
—Ya lo eres, Camila.
Sintió cómo le daba un vuelco el corazón.
—¿Lo soy?
—Me he follado a un montón de chicas, pero...
Ella se mordió el labio.
—¿Pero qué?
—La mayoría de ellas eran... chicas malas desde el principio. Y como tú me has dejado... sacar a la chica mala que hay en ti... bueno, eso me hace sentir más excitada, de una manera que nunca antes había experimentado.
Camila apenas había empezado a procesar sus palabras, a dejar que le atravesaran la piel, cuando Zayn se acercó a ellas y Lauren levantó la mano para detenerlo.
—Oye —dijo Lauren, con un tono de voz bajo y conspiratorio. —¿Hay alguna manera de que pueda llevar a mi chica ahí arriba? —señaló hacia la tarima, donde había ahora una mujer sentada en el regazo de un chico, deslizándose arriba y abajo por su verga con las piernas completamente abiertas, permitiendo que la otra chica la lamiera.
Zayn miró de un lado a otro entre ellas, sin ningún gesto en su expresión que revelara lo que pensaba.
—A veces —empezó él—, dejan que los invitados se suban ahí arriba, pero solo con alguien que trabaja aquí. Saben que nosotros mantendremos el sexo en la dirección correcta, les asegura que siga siendo visualmente excitante, ¿entendéis?
Lauren asintió y entonces, con cautela, miró a Camila.
Ella sabía que debería decir «Gracias de todas maneras, lo siento». Pero en lugar de eso, dijo:
—Quizás podamos hacerlo.
Lauren parpadeó, y ella supo que si la había dejado sorprendida con la petición original, aquello no podía compararse con la expresión de asombro que había provocado esa sugerencia.3
—¿Podemos?
Ella bajó la barbilla ligeramente, ahora se sintió algo tímida.
—Sí... si quieres hacerlo.
—¿Yo? Oh, sí, nena, me parece bien. Es solo que no esperaba que tú quisieras.
—Yo tampoco, pero... —levantó la mirada hacia Zayn. —Pareces un buen chico.
Él se encogió de hombros y le sonrió.
—Lo intento.
Miró de un lado a otro entre los dos, y finalmente su mirada se rezagó en Lauren.
—Así que... quizás podamos... hacerlo... con Zayn.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 37

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:11 am

Lo que más sorprendió a Camila fue lo fácil que le resultaba todo aquello.
Lo fácil que fue dejarse guiar por Zayn y Lauren hasta la tarima cuando el trío anterior acabó su escena. Lo fácil que era concentrarse simplemente en Lauren y en su deseo por ella —más que eso, en su amor por ella— mientras le pasaba los brazos alrededor del cuello y la besaba delante de la multitud. Por supuesto, la razón por la que aquello le resultaba fácil era en parte porque, incluso aunque fueran el centro de atención, había mucho que estaba teniendo lugar a la vez. Algunas personas se fueron y llegaron otras nuevas. Algunas de las camas de los alrededores estaban llenas de gente follando y chicas desnudas iban y venían de las piscinas cuando querían, solo para pasearse por la sala, húmedas y con un aspecto impresionante.
Pero la otra razón por lo que aquello le parecía fácil fue porque Lauren había hecho que así fuera. Había logrado que el pecado fuera tan... bueno. Aquel tipo de pecado. Se negó a pensar en otros pecados que podía haber cometido aquella semana, y se concentró solo en los pecados de la carne, lo cual, compartidos con Lauren, ya no le parecían pecados en absoluto.
Las suaves notas de la música de los laúdes y las liras llenaban el ambiente mientras Lauren la miraba en la tarima, y Zayn se levantaba detrás de ella. Y Camila se alegró, porque incluso si se los follaba a los dos, todo aquello era por darle placer a Lauren, excitar a Lauren, por ser su última y liberada chica sucia.
La mirada de Lauren cayó hacia sus pechos. La tela de la toga la cubría ahora otra vez y, levantando las manos, moldeó sus pechos, haciéndola suspirar y arquearse hacia Jauregui.
Detrás de ella, las fuertes manos de Zayn se cerraron sobre sus caderas, después descendieron lentamente para masajearle el trasero. Oh, Dios, ella nunca había sido tocada por dos personas a la vez. Y era parecido a lo que había experimentado la noche anterior, cuando había recibido placer por Lauren y Keana, solo que aquello era mejor aún. Porque sus dos amantes era una mujer y un hombre. Y porque le daba la sensación de que todo el mundo los estaba mirando, la observaba deshacerse de cada una de sus inhibiciones, por su amante.
Las palmas de Zayn la tocaban con destreza desde atrás, y subían por su cintura hasta llegar a sus pechos y acariciarlos con suavidad, amasándolos después. Ella echó hacia atrás la cabeza mientras sufría el placer extraño y embriagador de dejarse tocar por alguien que no conocía mientras Lauren la observaba. Cuando Zayn curvó los dedos en las franjas de tela que le cubrían el pecho y tiró hacia abajo, desnudándola, Lauren se inclinó para besarla, y succionar sus pezones. Y mientras el placer la inundaba, las manos de Zayn viajaron más abajo: una le levantó la falda y la otra le acarició con descaro entre sus piernas. Ella se movió involuntariamente contra sus dedos, el hecho de ser el centro de atención de la bacanal todavía alimentaba su excitación. Y cuando Zayn desató el cordón de oro que había alrededor de su cintura y Lauren deslizó los pulgares bajo las cuerdas de su hombro para hacer que su vestido cayera en un remolino hacia sus tobillos, ella ni siquiera se sobresaltó por su desnudez. Es más, gozó de ella. Sus pezones se arrugaron y se tensaron más, su vulva se inundó de calor. Con la guía de las manos de Zayn, ella se puso sobre la tarima, sobre las manos y las rodillas, adoptando la misma postura que había tomado la rubia que estaba de rodillas a su llegada, la rubia que al principio empezó a inspirar su deseo por un sexo tan temerario. Como la rubia antes que ella, lanzó atrevidamente el trasero al aire, arqueó la espalda y levantó la cabeza para mirar a Lauren cuando esta se deshizo de su propia toga, que cayó de un golpe al suelo. Sus ojos, entonces, se desviaron a su sensual cuerpo curvilíneo, que estaba completamente preparada, y que ella no podía esperar a darse el banquete.
—Ponla en mi boca —le dijo ella, mirándola a sus ojos verdes otra vez. Vio también que Zayn estaba poniéndose un preservativo detrás de ella.
Debería haberse sentido aterrorizada. Alucinada. Pero simplemente no lo estaba. Las cosas que había visto en aquel lugar y aquella noche la habían liberado de tal manera que solo por aquella noche, sus deseos no conocían límite alguno.
Cuando Lauren le colocó la vulva en los labios, ella abrió los pliegues y dejó que ella se deslizara dentro. Acaricio su centro con sus labios, sacando su lengua para lamerla lenta, profunda y ella se deleitó con todos los ojos que la observaban en un estado tan obsceno. Ella empezó a moverse en contra de la boca de Mila, mientras ella se adaptaba a su ritmo, las manos de Zayn se cerraron en su trasero y su mango empujó contra su húmeda abertura. Una vez más, parte de ella deseaba sentir repulsión, sentirse utilizada y abusada, sentir que estaba cometiendo un terrible error. Pero lo cierto era que no sentía ninguna de esas cosas. Se sentía preparada. Preparada para que dos personas se la follaran. Preparada para enseñarle al mundo entero —o al menos a las demás personas que habían ido a aquel lugar esa noche— lo hambrienta que estaba, lo traviesa y sucia que era. Cuando Zayn la penetró, gimió alrededor dentro de la feminidad de Lauren. Oh, cielos, nunca antes se había sentido tan llena. Y de repente, comprendió el regocijo que había visto en los ojos de la rubia antes. Mientras Zayn la embestía desde atrás, Lauren le daba su vulva desde delante, ambos la hacían sentir más completamente follada de lo que ella hubiera imaginado posible. Se movieron de aquella manera juntos, su lujuria crecía por momentos, el calor se hacía más intenso, incluso aunque la sensación de tener dos grandes personajes dándole placer a ella amenazara con abrumarla. Respondió empujando hacia atrás con más fuerza, y lamiendo a Lauren con más energía. Dio todo lo que tenía, quería perderse en cada matiz de aquel momento, deseaba sentir todo lo que había que sentir.18
Zayn la embistió con más poder, hasta que ella se vio forzada a soltar la feminidad de Lauren para gritar de placer mientras las embestidas la aporreaban desde detrás. Pero miró a los ojos de Lauren todo el tiempo, en cada duro golpe que recibía del hombre que tenía detrás y —oh, vaya— era como si Lauren estuviera al mismo tiempo delante y detrás de ella, porque le daba la sensación de que era ella quien se la estaba follando y no otra persona.
—Muy bien, nena —le susurró. —Lo estás haciendo tan jodidamente bien —y ella adoraba que Lauren estuviera tan metida en aquello como ella lo estaba, observando al hombre hacérselo mientras ella la miraba a los ojos. Pero entonces, Zayn, se relajó y aún sin salir de ella utilizó las manos para cambiarla de posición, lo que le recordó a Camila que aquello era un espectáculo para el disfrute de otros clientes y ella estuvo de acuerdo en seguir su guía incluso aunque él hubiera prometido que las cosas serían sencillas.
Detrás de ella, Zayn se echó un poco hacia atrás, se abrazó a Camila y con su verga todavía dentro de ella, descansó las rodillas en la tarima, lo que los situó a los dos en una postura erguida. Oh, sentía que de aquella manera la penetraba con más profundidad, ya que descansaba el peso de su cuerpo sobre él. Tenía las piernas separadas, tan abiertas que sus pantorrillas se extendían por encima de ambos lados de Zayn y él tendió la mano hasta sus muslos y utilizó las yemas de los dedos para acariciar también la parte de delante de su vulva.
Los ojos de Lauren cayeron brevemente a su piel recién afeitada, después los levantó hacia ella. Se había quedado de pie a un lado de la elaborada tarima, pero ahora se subía a ella y se colocaba sobre el banco tapizado de rodillas, se acercó más y más, hasta que sus pechos presionaron directamente contra los suyos. Ella aguantó la respiración cuando sintió las manos de Zayn subir más arriba y presionar los dos montes de piel suave alrededor de la longitud dura de los pezones de Laur. Suspiró con el placer que aquello le produjo, un placer que nunca antes había contemplado. Y el placer se volvió incluso más intenso cuando Lauren empezó a deslizar sus pechos arriba y abajo entre sus tetas, y besándola. Oh, Dios, la hacía sentirse tan bien. Tan bien recibir unos golpes tan poderosos aporreando sus pechos mientras Zayn continuaba follándose su vulva desde abajo. Una vez más, se movió con ellos, los tres encontraron un ritmo en común, y después trabajaron en él. Alrededor de ellas, se escuchaban los gemidos de placer que invadían el ambiente, algunos de ellos venían de ella y los dos personajes que estaban dándole placer. Y estar en aquella tarima seguía inspirándola, haciéndola más enérgica, deseando demostrarle a todos los que allí había lo que era ser una chica mala perfecta. Cuando Lauren empezó a besarla y morderle el labio inferior. Laur dejaba escapar un caliente gemido tras otro entre sus bocas cuando Mila le agarro su feminidad con su mano disponible y le introdujo tres dedos de golpe y se la follo con ansias y hacer que su feminidad se humedeciera de nuevo, mientras Laur descendía por su cuello dejándole pequeños chupetones, besando ahora uno de sus pezones, lamiendo y succionando. Ahora eran las palmas de las manos de Lauren las que presionaban sus tetas Zayn utilizaba ahora una mano para equilibrar su cintura mientras se la follaba y la otra para frotar su clítoris con cálidos y pequeños círculos. Se movieron al unísono, el placer se hacía más profundo, más intenso, hasta que Camila pensó que se moriría al recibir tanto a la vez. El remolino rítmico de los dedos de Zayn demostraban su experiencia sexual, llevándola cada vez más cerca del orgasmo con cada una de sus caricias circulares. Ella empujaba el clítoris contra su mano incluso mientras recibía su verga desde abajo. Y sintió los pechos dilatados de tanto placer que le daban las palmas de Laur. Escuchó cómo su propia respiración se volvía más difícil, más ruidosa, y supo que estaba muy cerca de alcanzar el clímax, y sobre ella escuchó que Lauren también respiraba con dificultad. Levantó la cabeza y se encontró con su mirada, después la escuchó murmurar:
—Oh, joder, me estoy corriendo —justo cuando un cálido y húmedo liquido salió de su feminidad. Ella se quedó sin respiración y alcanzó el orgasmo, las cálidas palpitaciones de un placer que explotó en su vulva y se extendió hacia fuera mientras Lauren seguía follándose su mano, en un masaje obsceno que hacía que su clímax se alargara más y más, más tiempo de lo que nunca había durado. Cuando finalmente el placer empezaba a desvanecerse, sintió que Zayn empujaba su verga dentro de ella —con más y más dureza— gimiendo con cada golpe, mientras sus manos se agarraban a sus caderas con fuerza y entonces, supo que él también acababa de correrse. Y mientras todos se quedaban quietos, la multitud que los rodeaba pareció quedarse en silencio también —haciéndola pensar a ella que quizás había un montón de gente que se había corrido con ellos— y Lauren hizo algo que nadie en la tarima había hecho aquella noche después del espectáculo. Le tomó la cara entre las manos y la besó.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 38

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:12 am

Estaban tumbadas en la cama de la habitación de Lauren, abrazada y desnuda, al borde de quedarse dormidas.
—¿Estás segura de que no quieres darte una ducha? —le preguntó Laur.
Su cabello le rozó el hombro cuando negó con la cabeza.
—No. Estoy demasiado cansada.9
Ella sonrió, exhausta y somnolienta, pero más satisfecha de lo que podía llegar a comprender.
—No pensaba que te gustara algo así. Intenté controlarlo, pero no pude hacerlo.
Ella volvió a negar con la cabeza.
—Me encanta.
Justo cuando Laur pensaba que la había llevado a la cima de su disposición sexual, ella subía incluso más alto. Esperaba que ella aceptara el ambiente de la falsa orgía romana, pero nunca se le había pasado por la cabeza que fuera a sugerir hacer un trío con un hombre. Le había sorprendido más que el encuentro que habían tenido con Keana. Porque una cosa era besar a otra chica, frotar su cuerpo con el de ella, pero tomar una vulva y una verga a la vez... joder, todavía estaba sorprendida. Y casi al límite de tener otra humedad solo acordándose de la escena, a pesar de cómo de desgastada estaba después de una semana entera de sexo salvaje y loco con la caliente y hermosa Camila.
—Ni siquiera has llegado a follarme esta noche —meditó ella.
Lauren pensó en aquello durante un momento, pensó acerca de lo satisfecha que se encontraba aun sin haberla tomado.
—Sí, pero tengo la sensación de que lo hice.
—Lo sé. ¿No es increíble?
Ella bajó la cabeza para mirarla a los ojos, que se abrían de par en par de sorpresa, bajo la oscuridad. Y se acordó de ella subida en aquella plataforma, de cómo se había comportado de sucia para que todos los demás pudieran verla, del contraste que hacía con la dulce chica que ahora tenía a su lado. Un contraste que hacía que su corazón le diera un vuelco en el pecho.
—Tú sí que eres increíble.
Mila le sonrió, y se acurrucó contra ella un poco más.
—Buenas noches, cariño.
—Mi chica sucia, buenas noches.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 39

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:12 am

LA SEPTIMA NOCHE
El pecado hizo que los ángeles cayeran del cielo.2
William Shakespeare

Durmieron hasta el mediodía del día siguiente. Aunque Lauren se había despertado más de una vez, y había encontrado el suave cuerpo de Camila acurrucado a su lado, y había terminado dentro de ella, moviéndose lenta y profundamente, hasta que al final alcanzaron el orgasmo y después se rindieron de nuevo al sueño.
—¿Qué tienes en la agenda para hoy? —le preguntó Camila mientras tomaban el tardío almuerzo en el California Pizza Kitchen que había en el Mirage.
—No mucho —le contestó al otro lado de la mesa. —Hay una discoteca por la que tenemos que pasar esta noche y eso es todo.
—Genial, porque estoy agotada —le dijo y soltó una carcajada.
Y Laur estaba de acuerdo. Por mucho que hubieran disfrutado juntas de aquella salvaje semana, la pequeña Camila la había dejado hecha polvo.
Por supuesto, aunque estuviera muy cansada, todavía deseaba más de ella. Al parecer, no era capaz de dejar de desearla. Incluso en aquel momento, solo sentada delante de ella con una camiseta lisa y ajustada de color turquesa y unos pantalones vaqueros, con el pelo recogido en una cola de caballo, parecía tan deliciosa como el trozo de pizza que se estaba comiendo.
¿Habría pensado de la misma manera hacía una semana? ¿Si hubieran estado comiéndose una pizza y ella hubiera estado vestida de aquella forma, sencilla e informal? La verdad era que no, que no lo hubiera hecho.
Desde luego, sabía desde el principio que toda la atracción que ella le provocaba no se debía al aspecto que tenía. Era todo lo que había en ella. Y ahora que la semana parecía llegar a su fin y que al día siguiente iban a estar en casa... simplemente no estaba segura de que estuviera preparada para despedirse del hecho de tener a Camila en su cama.
Y quizás, solo quizás, la idea de no despedirse de aquello se convertía lentamente en algo que le daba menos miedo, y que le parecía más viable, más real. Simplemente como era Camila. Real.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 40

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:13 am

Camila se arregló incluso menos que la pasada noche. Lauren le había dicho que la discoteca a la que iban no era mucho más que un agujero en la pared al sur de la ciudad, así que ella se aprovechó de la oportunidad, dado que ya se había puesto mucha de la ropa del vestuario moderno que había creado para su nuevo puesto de representante de A&R. Lauren también le había preguntado si podía coger su coche en lugar de un taxi aquella noche, lo que a ella no le importó en absoluto, pero dejó conducir a ella, no deseaba especialmente navegar por el tráfico de Las Vegas Boulevard. Cuando llegaron a un pequeño y oscuro edificio llamado Lefty's justo después de las nueve, se sintió como en casa en sus sencillos pantalones vaqueros y su camiseta sin mangas. Por supuesto, los vaqueros ajustados y la camiseta vintage que Lauren llevaba normalmente —aunque esta vez era una camiseta de Nirvana— parecían encajar en cualquier lugar. Unas pocas personas en la discoteca la reconocieron, pero la multitud de aquel bar de cerveza y frutos secos era muy agradable y se entusiasmaron al tener en su ambiente a alguien al que consideraban toda una celebridad.
Mientras se bebían un par de cervezas Coors, observaron y escucharon a un grupo llamado los Outsiders, los cuales estaban liderados por una chica con el pelo rosa y con un piercing en la nariz, acompañada por cuatro fanáticos del heavy metal de unos treinta años. Lauren le había dicho que estaban allí porque Zayn le había aconsejado ir a ver al grupo, y lo había hecho la pasada noche, mientras ella se cambiaba de ropa. Sin embargo, Lauren y Camila estuvieron rápidamente de acuerdo al afirmar que aunque los Outsiders eran un grupo de bar decente, probablemente no alcanzarían nunca la fama ni la fortuna.
Cuando salieron del bar solo una hora más tarde de su llegada, Camila se dio cuenta de que estaba pensando en la noche anterior. Hasta que el nombre de Zayn había aparecido, los recuerdos del Caligula's le parecían más un sueño que algo que había pasado realmente. El placer había sido algo insuperable, y no solo se refería al placer físico, sino también a la intensa alegría de sentirse tan atrevida y valiente, como una criatura sexual completamente libre, puesta en libertad por Lauren. Mientras conducían a través de la oscuridad —el coche dejó pronto la zona de bares y la zona residencial dando paso a un paisaje más disperso y vacío—, ella pensaba acerca de haber hecho algo tan espontáneo, tan extremo, con un hombre con el que nunca antes había tenido relación, y ahora se veía inundada por las dudas, preocupada por si ella la veía de una manera completamente diferente ahora y que hubiera dejado de respetarla. Pero con Lauren, no había cabida para preocupaciones así.
Sabía que lo que tenían era temporal, pero también sabía que había algo más que lo puramente físico, que a ella le gustaba verdaderamente, y que quizás incluso le importaba. Y que estaba sinceramente satisfecha de verla revelando su sexualidad tan completamente.
—Eh, ¿adónde vamos ahora? —le preguntó cuando los faros se apagaron bajo la noche, dando a entender que habían abandonado la ciudad completamente, y habían llegado al desierto. A cada lado de la carretera, no podía ver otra cosa que no fuera tierra árida y arbustos bajos de color verde marrón, y hacía unos minutos incluso había pasado rodando por la carretera de dos carriles una barrilla rodante, como aquellas que aparecían cruzando los caminos en las películas del oeste.
—Aquí —contestó la ojiverde cuando aparcó el coche a un lado de la carretera que en realidad no era más que un camino de tierra.
—¿Y dónde es aquí? Parece como si no estuviéramos en ningún sitio.
Laur apagó el motor, se dio la vuelta para mirarla, las luces del salpicadero iluminaban su expresión. Ella no la había visto nunca tan seria.
—Supongo que solo quería... estar a solas contigo esta noche. Realmente solas. No solo en la habitación del hotel, sino... lejos de todo.
Camila no respondió, porque no sabía exactamente qué decir. Se había esforzado mucho por mantener los parámetros de su relación con Lauren bien claros en su mente. Incluso aunque supiera que se había enamorado de ella, era consciente de que aquello no iba a llevarla a ninguna parte. Incluso si a Laur le importaba, entendía que no era a nivel de un romance.
Aunque... lo que acababa de decirle sonaba como un romance.
Laur dejó que su mirada cayera un poco, y una sonrisa cargada de disculpas se desplegó en su cara cuando levantó los ojos de nuevo hacia ella.
—¿Te parece extraño? ¿O simplemente... aburrido? Después de todo lo que hemos hecho esta semana, todos los lugares en los que hemos echado un polvo. ¿Te parece extraño que te haya traído hasta aquí? ¿Que quiera estar dentro de ti sin nadie a nuestro alrededor, sin ninguna otra distracción, solamente tú y yo?
Ella tragó saliva, con fuerza. Nunca antes la había escuchado hablar con tanta ternura, o de una manera que sonara remotamente avergonzada.
—No —se las arregló para susurrar. —No, en absoluto. Me... me gusta.
Porque Laur había tenido razón con lo que le había dicho la noche anterior: no importaba cómo de salvaje o descarada fuera, siempre apreciaría a alguien tierno, cariñoso y romántico.
—Ven fuera conmigo —le dijo. —Quiero estar fuera contigo, sentir la noche contigo.
Mientras Camila caminaba junto a Lauren en el paisaje austero del desierto, empezó a experimentar aquella diminuta sensación, la que puedes tener cuando estás de pie a la orilla de la playa mirando el enorme océano, o del modo en el que había oído hablar a la gente cuando se estaba delante del Gran Cañón. Era como estar completamente sumergido en la naturaleza, obligado a sentirla, a verla. Incluso en la oscuridad, los bordes de la montaña en la distancia eran visibles en su tenue silueta, el cielo arriba era un tono más ligero del azul de medianoche. Una cálida brisa agitaba la noche a su alrededor.
Había comparado la sensación del Gran Cañón con Las Vegas de una manera diferente desde su llegada a aquel lugar, pero aquello... aquello era mucho más profundo, mejor. Se dio cuenta de que también deseaba estar a solas con Laur.
Finalmente, Lauren se detuvo y se dio la vuelta para mirarla.
—Me gusta estar aquí fuera. Sin luces, sin ruidos, nada excepto tú —después levantó las manos hacia su cara y la besó en la boca. A Camila le pareció tan excitante y cálido como el primer beso que ella le había dado, en el almacén del Fetiche, e inmediatamente necesitó algo más que eso.
—Fóllame —le gimió con más dulzura de lo que ella pensaba que podían guardar esas palabras.9
Y cuando Lauren la puso de rodillas en el suelo del desierto, cuando le levantó lentamente la camiseta y el sujetador y le besó los senos, cuando suavemente le quitó los pantalones y después se deshizo de los suyos para abrirse camino hacia su cuerpo cálido y deseoso, ella se dio cuenta de que nunca había pensado en lo dulce que podía ser echar un polvo con alguien.2
Se movieron juntas, lentamente al principio, después con algo más de fuerza. Ella se levantaba contra sus dedos, encorvaba las caderas y buscaba aquella cálida fricción que tanto le gustaba. Y Laur la besó mientras se deslizaba dentro y fuera de ella, la besó y la acarició y la hizo sentir adorada de los pies a la cabeza.
—Oh, Dios, estás sumamente deliciosa esta noche —le dijo en un cálido suspiro. —Tu vulva desnuda está tan suave y melosa cuando me deslizo dentro de ella.3
Vaya, se había olvidado de que quizás pudiera parecerle algo nueva y diferente ahora. La excitaba solo pensar en la idea.
—Me haces sentir mejor que nadie, nunca me he sentido tan bien —continuó Laur.1 Y a ella se le oprimió el pecho al escuchar esas palabras.
—¿Nunca? —logró decirle. Ahora Laur la follaba con lentitud otra vez, sus dedos parecían expandirse hasta lo imposible dentro de ella.1
—Nunca —repitió la ojiverde.1
Lauren levantó la palma de la mano hacia su mejilla, todavía seguía moviéndose lentamente dentro de ella. Ella tomó una gran bocanada de aire, estaba totalmente asombrada por la profundidad de su ternura. Y por lo que ella podía haber jurado que había escuchado en sus palabras. La misma cosa que ella sentía. Amor.
Aunque quizás estaba loca. Quizás estaba confundiéndolo todo. Quizás solo era... su manera de acabar con la relación. Aquella noche era la última noche que pasarían juntas, después de todo. Su última noche en la Ciudad del Pecado. Aun así no podía evitar acordarse de ello, del fatídico momento en el que Laur pusiera distancia entre ellas y la Ciudad del Pecado.
—No quiero que esto termine nunca —le dijo, con un tono de voz profundo y arenoso. Oh, Dios. ¿Había escuchado bien?5
—¿Qué... qué quieres decir con eso?
Laur entrelazó los dedos entre su pelo.
—Solo porque regresemos a casa en Los Ángeles, no hay razón por lo que no podamos seguir con lo bueno que tenemos, camz.
—Pero pensaba que tú... quiero decir... - Una vez más, ella la besó.
—Sí. Bueno, normalmente no hago algo así. Pero quizás ahora lo haga. No puedo prometerte nada, no he tenido una relación real en años. Pero no creo que pueda estar contigo y no desearte. No creo que pueda verte solamente como una amiga.
Camila temió que le explotara el corazón en el pecho. ¿Realmente estaba haciendo que sus sueños se volvieran realidad? ¿Realmente le estaba diciendo que no quería que todo aquello acabase?
—No tienes ni idea de lo feliz que me hace escucharte decir eso.
—Entonces, ¿tú lo sientes de la misma manera? ¿No quieres que esto acabe?
—Dios, sí, siento exactamente lo mismo. Yo... te quiero.2
Oh, no, ¿qué acababa de decirle? ¡Había salido así de fácil, imparable! Estúpida, estúpida, estúpida.
Pero la boca de Lauren le volvió a cubrir los labios, y esta vez su lengua se mezcló con la suya, y el deseo parecía doblarse de alguna manera en aquel momento, haciendo que ella tirara de Lauren con más fuerza, la rodeara con los brazos y la abrazara con tanta intensidad como pudo. Y cuando finalmente el beso terminó, Lauren se inclinó hacia ella cerca de su oído y susurró las palabras más dulces que ella había oído.
—Creo que yo también estoy enamorándome de ti.19
—Oh. Oh, Dios —dijo ella, mirando su cara tan divina.
Y casi convulsivamente, mila golpeó el cuerpo contra ella, necesitaba sentirla aún más dentro de ella. Ya no le importaba si no alcanzaba el orgasmo, solo deseaba sentirla, que la llenara.
—follame —le jadeó, desesperada, rogándole. —follame, con fuerza.
Necesitaba hacer que ocurriera, necesitaba tirar de todo el placer que ella pudiera darle.
—Oh, sí —gruñó la ojiverde. —Oh, sí, no puedo parar -y la embistió, fuerte, fuerte, fuerte, presionando su trasero contra el suelo, de alguna manera haciéndola respirar la seca fragancia del desierto, haciéndola sentir los rayos de luna más intensamente. Mila le beso dulcemente el cuello dejándole mordiscos y bajando hasta su seno, chupándolo y mordisqueando.
Nunca en su vida el sexo la había hecho sentirse tan satisfecha. De una manera completamente diferente a la noche pasada o la anterior. Aquello había sido tan físicamente intenso, y la parte mental había estado en ella, en su atrevimiento, en sus deseos por Lauren. Pero aquello... aquello había venido de Lauren. Lauren amándola. Y ella deseando darle placer con tanta libertad, sin que hubiera por su parte un deseo o necesidad en particular.
Aunque un momento más tarde, Lauren se disculpó.+
—Lo siento, nena. No te he hecho alcanzar el orgasmo.
—No me importa —le susurró ella, sonriéndole. —No podría sentirme mejor de lo que me siento ahora mismo.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 41

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:14 am

Lauren le dio el coche de Camila al empleado del hotel, después condujo a su preciosa chica por las puertas principales del Venecia, cogida de su mano. Dios, no podía creérselo. Le había dicho que estaba enamorándose de ella. Y mucho más que eso: lo había dicho en serio.
Aquello se había acabado. Iba a tener más de Camila, no solo como una colega, sino como... todo. Una amiga, una amante, y... aquella combinación extraña de las dos mujeres; ni siquiera podía encontrar las palabras para describirlo. No se había dado cuenta de que deseaba aquello hasta que había escuchado cómo las palabras salían de su propia boca. Joder, hubo muchas palabras inesperadas que supo de su boca aquella noche. Ni siquiera había sabido la razón por la que quería llevarla al desierto hasta que no se encontraron allí. En realidad, había pensado que quizás fuera un lugar bonito y tranquilo para echar un polvo, una buena manera de acabar con su aventura. Pero en el momento en el que detuvo el coche, comprendió que no podía poner fin a todo aquello. Simplemente no podía. Y no estaba segura de adonde se dirigía aquello a partir de entonces, pero... no podía acordarse de la última vez que se había sentido tan bien con alguien. Como si hubiera más vida aparte de la música y el sexo. Y la música y el sexo... bueno, joder, ambas cosas eran algo muy bueno, pero... quizás era hora de empezar a hacer algunos cambios en su vida. Dudaba al pensar en «sentar la cabeza», así que decidió que sería más como «entablar una conexión más íntima» y quizás tener a alguien en el que apoyarse, en el que confiar, cuando lo necesitara.5
En aquel momento, se sentía totalmente despreocupada. Ni siquiera le importaba si Claire Starr la demandaba. Si lo hacía, ella podría superarlo. Con el amor y el apoyo de Camila.4
Con ella, tenía todo el paquete. Una gatita con la que podía disfrutar de un sexo chispeante. Una compañera dulce y cariñosa. Y una amiga inteligente. Una colaboradora intuitiva. No le extrañaba que estuviera enamorada de ella.
Y si Claire demandaba, o si persistían los periódicos sensacionalistas, o si abundaban más rumores, simplemente sabía que Camila y ella lo superarían, juntas, y todo saldría bien al final porque todavía la tendría. Siempre había pensado que su trabajo era lo único que realmente importaba, algo con lo que no podía dejar de vivir. Pero acababa de hacer espacio para algo más —alguien más— en su vida y, dejando a un lado a Claire Starr y a sus sucias acusaciones, el mundo le parecía completamente perfecto en aquel momento.
—¿Eres feliz? —le preguntó mientras caminaban por el pasillo que llevaba a la habitación, todavía cogidas de la mano. Ella le sonrió y se mordió el labio.
—Mucho. Feliz y... llena de polvo —dijo entre risas. Ambas estaban cubiertas por una fina capa de arena del desierto.
—Ese es el precio de echar un polvo sobre la tierra —le dijo con una sonrisa, acordándose de cómo se había movido encima de ella, y cuánto había dado la bienvenida aquella vez a esa intimidad. —A ver qué te parece esto —le preguntó. —Prepararé un buen baño espumoso en el jacuzzi y nos aseguraremos de que, después de todo, tengas un orgasmo.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 42

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:14 am

Lauren había desaparecido en el enorme cuarto de baño, y ahora ella pudo escuchar cómo corría el agua de la bañera.
—Me estoy desnudando —le gritó. —No me hagas esperar mucho.
Ella le respondió.
—Estaré ahí ahora mismo, solo quiero comprobar primero mis mensajes —porque en el momento en el que habían entrado en la habitación, Camila vio que las luces de su teléfono móvil estaban parpadeando. Y aquello la hacía acordarse de... todo.
La horrible mentira, la amenaza que se cernía sobre el trabajo de Lauren.3
Y ella no estaba exactamente segura de lo que iba a hacer, pero no iba a dejar que nada arruinara todo aquello, lo que las dos tenían. Iba a ocuparse del asunto de alguna manera. Iba a convencer a Jenkins de que no importaba lo que hiciera Claire Starr, Lauren tenía demasiado valor como para dejarla escapar. Y encontraría la manera de contarle a Lauren toda la verdad.
Estaba de pie en la habitación, escuchando cómo se llenaba la bañera y ansiosa por volver con su chica, así que rápidamente recuperó el mensaje que tenía en el buzón.
—Eh, amiga, soy yo —Dinah Jane. ¡Vaya un alivio! No era Jenkins. —Solo llamaba para ver cómo ha ido tu gran semana con Lauren Jauregui, pero supongo que todavía no estás de vuelta, no sabía exactamente cuándo regresabas a casa. De todas maneras, no puedo esperar a oír todo lo que ha pasado, y espero que me cuentes que has recobrado el sentido y que has matado a polvos a esa tía.
Camila cerró la tapa del teléfono, se sonrió a sí misma y puso los ojos en blanco. Dinah iba a quedarse asombrada. No es que Camila fuera a contárselo todo. Algunas cosas eran tan privadas que solo podría compartirlas con Lauren. Pero aun así, su amiga iba a sentirse satisfecha al escuchar cómo habían ido las cosas.
—Estoy esperando —gritó Lauren juguetonamente desde el cuarto de baño.1
—Ya voy —contestó ella, caminando hacia allí, pero entonces el teléfono sonó en su mano. —En un minuto —añadió. —Deja que coja la llamada y estaré ahí en nada, te lo prometo —después abrió el teléfono otra vez y se lo puso en el oído. —¿Sí?
—Hola, Camila.
Mierda. Esta vez sí era Jenkins.
El corazón le latía con fuerza, mientras caminaba a toda prisa por la zona del comedor, entraba en el salón y se dirigía hacia las ventanas que daban a las luces de Las Vegas.
—Hola —dijo, sonando seca.
—Ya sé que es tarde, pero acabo de recibir noticias que pensé que podrían interesarte. Oh, Dios. —¿Cuáles son?
—Claire Starr va a poner una demanda a primera hora mañana por la mañana. Lo que significa que Lauren está fuera. Tan pronto como vuelva aquí mañana, voy a pedirle que venga a la oficina y le daré las malas noticias. Así que espero que te hayas puesto al tanto esta semana.
Camila dejó escapar un suspiro. Realmente esperaba abordar aquella cuestión en la oficina, sin tener lo de Claire Starr dándole la sensación de ser una amenaza definitiva como lo hacía ahora, pero... bueno, ahora tendría que tomar una estrategia diferente. Dejaría caer el asunto principal del problema —lo de que Lauren era algo indispensable— más tarde, pero ahora, solamente hablaría en términos que Jenkins pudiera comprender sin que necesitara por ello una discusión más detenida.
—Escucha, he aprendido un montón, pero no lo suficiente todavía. Me parece que sería poco inteligente despedir ahora a Lauren. Yo también regreso a casa mañana, así que antes de llamarla, por favor espera a que llegue. Iré directamente a la oficina y hablaremos acerca de esto, ¿de acuerdo?
—No —dijo él. Así de simple.
—¿Cómo?
—Camila, comprendo tu agitación acerca de que te dejen caer un puesto así tan rápido, pero simplemente no puedo permitir que Lauren siga siendo una asociada de Blue Night Records por más tiempo. Van a demandarnos por su culpa. Despedirla es la única manera de dejar bien claro que Blue Night no cierra los ojos cuando se trata de un chantaje sexual. Así que repite conmigo: «Lauren está despedida y yo voy a ocupar su lugar».
Camila dejó escapar un suspiro enfadado.
—Sí, sí, ya lo sé. Lauren está despedida y yo voy a ocupar su lugar. He formado parte del plan desde el principio, ¿recuerdas? Pero aun así...4
—No hay peros que valgan, Camila. Es tarde y estoy cansado, y tengo que lidiar con un circo de medios de comunicación mañana. Así que hablaremos cuando estés de vuelta. Después de que haya despedido a Lauren. Buenas noches.11
La llamada se terminó. Y Camila cerró la tapa de su teléfono, todavía mirando las luces de neón que se desplegaban bajo los veintes pisos de abajo.
Y fue entonces cuando se dio cuenta de que el agua había dejado de caer, y se dio la vuelta para encontrar a Lauren allí de pie, desnuda detrás de ella.27
Pero en lugar de concentrarse en su desnudez, su atención fue directamente hacia sus ojos, que le decían que acababa de escuchar el terrible secreto que había estado manteniendo. Su horrenda traición. Porque había sido lo suficientemente estúpida como para hablar de aquello con Jenkins, mientras Lauren estaba en la habitación de al lado.
—Oh, Dios —dijo ella, el cuerpo le tembló cuando instintivamente caminó hacia ella.
—Lauren, esto no ha sido idea mía. Te lo juro —negó con la cabeza. —Y no quería hacer las cosas de esta manera. En absoluto. Tienes que creerme.
—No —le dijo tranquilamente, la ira resplandecía en sus ojos. —No te creo.5
Ella sintió de repente que no podía respirar.
—Te lo juro, no quería robarte el trabajo, y tenía planeando, todavía lo tengo, ir a la oficina de Jenkins mañana y decirle que despedirte sería un terrible error.
—Cállate, Camila —le dijo, con una voz demasiado sosegada; solo sus ojos reflejaban sus emociones—, y lárgate.2
Ella tomó una gran bocanada de aire. Aquello no podía estar pasando.
—Lauren, por favor. Déjame que te explique. Déjame hacerte entender.
—No puedes —señaló hacia la puerta de su habitación, y su voz se volvió más brusca. —Ahora sal de una puta vez de mi habitación.
A Camila le dolió físicamente el corazón, también los ojos, cuando las lágrimas empezaron a caerle por las mejillas. Ella tendió la mano para tocarla, pero ella se hizo a un lado con brusquedad.
—Por favor, Lauren —le rogó ella. —Por favor. Dame una oportunidad.
—Ya lo he hecho. Y tú la has utilizado para robarme mi jodido trabajo, para mentirme —negó con la cabeza. —Me has engañado, de eso estoy jodidamente segura. Y yo pensaba que eras alguien tan dulce, tan... increíblemente genuina —soltó una carcajada pero carente de alegría, algo que ella tomaba probablemente como un gesto de ironía.
Ella tenía las manos tendidas delante, en un gesto impotente, suplicante.
—Todo fue real. Todo lo que pasó entre nosotras. Te lo juro, Lauren.
Pero una vez más, Lauren señaló hacia la puerta.
—No necesito más zorras mentirosas e hipócritas en mi vida, Camila. Lárgate. Lo digo en serio. No quiero escuchar ni una palabra más de tu embustera boca.15
Camila no sabía qué hacer. Temió que el pecho le estallara. Le dolían los ojos, tenía la nariz mojada por las lágrimas, y las piernas se le habían debilitado. Lauren no estaba dispuesta a atender razones, ni siquiera le daría la oportunidad para explicarle las cosas y que ella lo entendiera.
—¡Ahora! —gritó Lauren, haciendo que Camila se sobresaltara.
Así que, como una perrita asustada con el rabo entre las piernas, corrió a toda prisa hasta el vestíbulo, cogió su bolso de camino y solo se detuvo para mirar atrás cuando alcanzó las puertas dobles.4
—Lárgate —le dijo Lauren una vez más, ahora con un tono de voz bajo y amenazador, como si no pudiera creer que todavía estuviera allí, que todavía tuviera la intención de persistir.
No tuvo otra elección que abrir la puerta y salir de allí, dejando que se cerrara tras ella. Dejar atrás a la mujer que amaba, la chica que, milagrosamente, también la amaba, hasta que había descubierto su mentira. Había sido consciente desde el principio de que todo aquello era una mala idea. Pero no podía haber imaginado cuánto podía llegar a perder una vez que todo aquello acabara. Y sintió como si acabara de perderlo... todo.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 43

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:15 am

LOS REVESES DEL PECADO
Todo gran afán por la búsqueda de la riqueza, el placer, o el honor,
no puede existir sin el pecado.
Desiderius Erasmus5

Camila estaba agotada. Apenas había dormido en días. Quizás en semanas. Había regresado de Las Vegas destrozada física y mentalmente, y desde las dos semanas que habían precedido a aquel momento el descanso había sido casi inexistente.
Se sentó en la mesa de su despacho con la cabeza entre las manos. Su nueva mesa de despacho, en las oficinas de Blue Night, colocada en una diminuta esquina. Había decidido seguir trabajando desde la oficina, a pesar del hecho de que Lauren lo había estado haciendo desde casa, porque comúnmente se pasaba la mitad del día encargándose de las cosas que la nueva secretaria de Jenkins todavía no sabía hacer y que —Camila temía— no llegara quizás a saber hacer nunca.
Justo en aquel momento, la chica nueva, Normani, aparecía por la esquina.
—Camila, la fotocopiadora está otra vez atascada. Y el reportero del que te hablé antes ha llamado otra vez preguntando por Jenkins, y no estoy segura de que me crea cuando le digo que no está aquí en este momento.
Camila se limitó a suspirar. Después arregló la fotocopiadora. Y le explicó a Normani que simplemente siguiera mintiéndole al reportero, explicándole que «no importa si te cree o no». Por supuesto, ella nunca había tenido que mentir diciendo que Jenkins no estaba en la oficina, todo aquello había empezado solo hacía dos semanas, desde que había saltado la noticia del despido de Lauren. Pero a diferencia de ella, no pensaba que a Normani le importara mucho mentir, lo único era que no se le daba muy bien hacerlo.
Cuando regresó a su propia mesa, Camila contempló cómo ocuparse del resto del día, sin contar con las futuras interrupciones de Normani. Rápidamente supo que tener un trabajo tan poco organizado hacía fácil aplazar las cosas menos deseables.
Como volver a llamar al nuevo manager de los Blush. Supuso que había sido muy inteligente de su parte contratar a uno, pero ¿por qué tenían que ir y elegir a un tirador tan fuerte como Tommy Max, el chico más duro de todos Los Ángeles? Había sido un incordio para ella durante toda la semana, reclamando cosas que ella ni siquiera sabía cómo solucionar.
También tenía un mensaje en su mesa de Malcolm Barstow, que había heredado de Lauren y que no se alegraba en absoluto de que ella ya no estuviera allí. Amenazaba con irse una vez que le cumpliera el contrato y ella no tenía ni idea de cómo convencerlo para que no lo hiciera, especialmente ahora que era lo suficientemente grande como para irse con una discográfica más importante si quería.
Una vez había pensado que ser representante de A&R le daría la sensación de ser importante, de sentirse segura. ¡Ya! Todo lo que le había dado aquello eran dolores de cabeza. Y además, un corazón roto. Era extraño, solo había estado con Lauren una semana, pero no podía acostumbrarse a dormir sin ella otra vez. La cama le había parecido muy solitaria cuando su matrimonio con Mahone se había roto, pero aquello era diferente. Era más una necesidad profunda, más que un sencillo sentimiento de soledad.
No había visto ni había oído hablar de Lauren desde la noche en la que, cubierta de lágrimas, había abandonado su habitación. Y odiaba —simplemente odiaba— saber que ella pensaba que era un tipo tan desagradable de persona. El tipo de persona conspiradora y manipuladora. Aunque el negocio del espectáculo estaba lleno de aquellas personas, así que bajo las circunstancias, no podía culparla de ello.
Solamente deseaba... bueno, no estaba segura de qué era exactamente lo que deseaba.
Si no hubiera aceptado los planes de Jenkins desde el principio, nunca hubiera llegado a conocer a Lauren. Y si hubiera sido honesta con ella en algún momento durante la semana que habían pasado juntas, las cosas hubieran sido completamente diferentes. Lauren no se hubiera enamorado de ella, de eso estaba segura. Solamente deseaba... estar en la Ciudad del Pecado, con Lauren, aprendiendo más cosas acerca de las nuevas formas de pecar.
Cuando alguien apareció por la esquina de su mesa, ella esperó ver a Normani, pero en lugar de eso encontró a Dinah cuando levantó la cabeza, con un imponente traje de color coral.
—Eh —le dijo su amiga. —¿Cómo lo llevas?
Dinah, por supuesto, estaba al tanto de todo lo que había pasado. Bueno, no sabía lo que había sucedido en el Rendezvous ni en el Caligula's, pero sabía lo del sexo y el amor, y la angustia. Sabía que a Camila la había destrozado que hubieran despedido a Lauren y que tuviera que ver las noticias del pleito de Claire Starr en cada uno de los encabezamientos de noticias sobre el espectáculo. Y sabía que a Camila le estaba costando mucho adaptarse a su nuevo puesto de representante de A&R. Camila se limitó a encogerse de hombros.
—Bueno, de aquella manera —pero entonces, lo reconsideró. —Aunque me da miedo hablar con Malcolm Barstow y con Tommy Max, así que no puedo reunir lo necesario como para devolverles las llamadas. Puede que quizás una respuesta más adecuada sea... fatal. Me va fatal.
Dinah hizo una mueca de dolor.
—Lo siento. Y quizás este no sea el mejor momento para decírtelo, pero... acabo de recibir un comunicado de prensa que dice que Lauren va a lanzar su nueva discográfica.
Ella se sentó erguida, estaba sorprendida.
—Estás de coña.
Dinah negó con su cabeza hermosa y rubia.
—Ha encontrado unos cuantos inversores que creen en ella, y está de vuelta en el negocio. Va a llamar a la discográfica Inspiración.
—Oh, ¡eso es genial! —dijo Camila. La música era la vida de Lauren y ella se sintió feliz de saber que estaba labrándose un nuevo lugar para ella en la industria con tanta rapidez.
—¿Genial? —Dinah parecía horrorizada. —No, no es genial. Es horrible. No necesitamos ese tipo de competición ahora mismo —Dinah siseaba ligeramente, y adoptó una expresión de disculpa. —No te ofendas, pero...
Camila asintió desapasionada.
—Pero no sé lo que estoy haciendo. Estoy de acuerdo contigo. Así que probablemente tengas razón. Estas son terribles noticias para Blue Night. Aun así... me alegro por Lauren. No se merecía nada de lo que le ocurrió.
—Oh, aquí tienes tu correo —Dinah dejó caer un puñado de cartas en el buzón que había en una esquina de la oficina de Camila. —Normani vio que me dirigía hasta aquí y me pidió que te lo trajera. Vaya una vaga. Me preocupa, Camila. No creo que esté avanzando mucho.
Camila suspiró.
—Sí, lo sé. Todo el lugar está desmoronándose a nuestro alrededor.
—Y yo tengo que ocuparme de la pesadilla de las relaciones públicas. Yupi por mí —Dinah señaló hacia atrás por encima del hombro. —Así que será mejor que vuelva. Pero... hablando de Lauren, ¿cómo te va en ese aspecto? Espero que por ahora estés olvidándote un poco de ella.- Otro largo suspiro salió de ella, el que supuso que respondería perfectamente bien a la pregunta de Dinah. Aparte de todo lo demás, el recuerdo de Laur —de ellas, juntas— la hizo sentir como si le estuvieran aplastándole el pecho.
—Oh, cariño —dijo Dinah, y tendió el brazo para apretujarle la mano. —¿Quieres que nos emborrachemos después del trabajo?2
Nunca en la vida había salido Camila a propósito para emborracharse y utilizarlo como una manera de escapar de los problemas o el dolor. Simplemente no era propio de ella. Así que, aunque le pareció muy tentadora la idea, le dijo:
—Gracias de todas maneras, pero voy a intentar enfrentarme a ello sobria.
Después de que Dinah se fuera, Camila cogió el nuevo paquete de correo, y se quedó boquiabierta cuando vio el remitente de la primera carta. ¡Venía de la alucinante Mansión de Playboy! Al abrir el caro papel, encontró una invitación a una de las fiestas de pijama más famosas del lugar. Oh, Dios.2
Era su peor pesadilla volviéndose realidad. Exactamente el tipo cosa que había temido. Porque tenía que ir. Porque necesitaba conocer a más gente, encontrarse con otros de la industria del espectáculo y del ambiente de fiesta de Los Ángeles.
Pero no podía. No solo por las razones que había esperado, no solo porque le horrorizara la idea, o se sintiera insegura o avergonzada. Simplemente no quería ir a ningún lugar con aquel tipo de aura sexual sin que Lauren estuviera cerca de ella.
Y... ¿qué pasaba si Lauren estaba allí? ¿Con otra persona? ¿O con más de una? No pensaba que pudiera soportar algo así. Todavía tenía sus heridas muy recientes.
Oh, ¿a quién estaba engañando? No estaba segura de que alguna vez pudiera ser capaz de aceptar algo así. «Así que no puedes devolverle las llamadas a tus artistas. Y estás rechazando conscientemente oportunidades de establecimiento de contacto con la gente más reputada del negocio. Sí, estás haciendo un trabajo realmente excelente, Camila». Justo entonces, sonó el teléfono de su mesa y ella lo cogió, deseando que no fuera ni Tommy Max ni Malcolm. —Camila Cabello. —Eh, sí, hola. Soy Aston. Aston Colé. Nos vimos hace unas cuantas semanas.
¡Oh, vaya! Cuando el despido de Lauren había llegado a antena, Normani había recibido un mensaje de la madre de Aston cancelando su reunión. Camila se había sentido profundamente decepcionada, y supuso que ellos habían decidido irse con otra discográfica, pero habían pasado tantas cosas, que no había insistido más en ellos.
—Sí, por supuesto. Hola, Aston. Me alegra tener noticia tuyas. Espero que pronto pueda volver a encontrarme con tu madre y contigo.
—Por eso te llamo —dijo el chico. —Está presionándome para que me vaya con los tipos de la otra discográfica. Pero eso se debe principalmente a que Lauren fue despedida y todo eso. Así que... supongo que estoy algo confuso. En realidad, no quiero abandonar Blue Night hasta que no hayamos hablado algo más.
—Como te dije en una ocasión, me encanta hablar más. Y puedo entender perfectamente las preocupaciones de tu madre, pero... —suspiró, no estaba segura de cómo de sincera tenía que ser, aunque dado que la sinceridad era su inclinación natural, decidió seguir adelante. Solo Dios sabía que las mentiras no la habían llevado muy lejos. —Para que quede entre y tú yo, Aston. Puedo asegurarte que Lauren es inocente de todo lo que la acusan, solo está pasando un mal momento. Así que, por favor, te pido que no bases tu decisión en lo que escuches en los medios de comunicación.
Al otro lado del teléfono, Aston volvía a suspirar, y ella pudo sentir su confusión. Dios, no era más que un adolescente, ni siquiera había salido todavía del instituto. ¿Cómo se supone que iba a saber qué hacer, cómo escoger la elección correcta? Y puede que toda su carrera dependiera de esa decisión.
El corazón le aporreó con fuerza contra el pecho cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer, pero no pudo controlarse. Porque era lo correcto. Era la cosa más correcta que había hecho desde hacía un par de semanas.
—Aston, ¿puedo darte un consejo, un consejo de corazón, que quede solo entre tú y yo?
—Sí, claro.
—Lauren acaba de crear una nueva discográfica, se llama Inspiración. Y a pesar de todo lo que le ha sucedido, es una buena chica, y desde mi punto de vista, la mejor a lo que música se refiere. Si yo fuera tú, me iría con ella.
Cuando colgó el teléfono unos quince minutos más tarde, se dejó caer sobre la mesa y descansó allí la cabeza. Acababa de dejar escapar la oportunidad de crear algo importante para Blue Night, su oportunidad para dejar su marca en la industria. Mierda. Pero todavía sabía que había hecho lo correcto. Por muchas razones.
Así que en lugar de machacarse por ello, solamente rezó para que Jenkins nunca se enterara de lo que acababa de hacer, después volvió a coger el teléfono y marcó la extensión de Dinah.
—Dinah Jane, Relaciones Públicas de Blue Night Records.
—He cambiado de opinión. Son casi las cinco. Vayamos a emborracharnos.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 44

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:15 am

—Gracias, señora Colé. Y Aston, te veo la semana que viene, tan pronto como acaben las clases. Vamos a tener que empollar un montón de cosas en un periodo muy corto de tiempo, así que prepárate. - Lauren sonrió mientras dirigía a Aston Colé y a su madre hacia la puerta de su apartamento, que en la actualidad era su lugar de trabajo hasta que se trasladara a la oficina que acababa de adquirir.
Aston levantó la mano, en un ademán grande y le dijo:
—No te preocupes, tía. Estaré muy preparado.
—Cuento con ello, y me alegro de que esto vaya a funcionar. Creo que va a ser un gran paso para todos nosotros.
Cerró las puertas detrás de ellos, y se sintió más enérgica de lo que había estado en mucho tiempo. Aston acababa de firmar un contrato haciendo de sí mismo el primer artista de Inspiración. No podía haber imaginado un comienzo más prometedor para la compañía, y sabía que sus inversores estarían muy contentos.
Por supuesto, ahora que sus visitantes se habían marchado, se encontró a sí misma meditando sobre la conversación que había mantenido antes con el chico.
—¿Cómo has oído hablar de la nueva discográfica? —le había preguntado.
Solo había sentido curiosidad, y quería hablar de algo menos serio antes, así que le sorprendió que Aston se hubiera encogido ligeramente y le hubiera contestado:
—Eh... es una especie de secreto.
Lauren había levantado la cabeza para mirarlo.
—¿Un secreto? ¿A qué te refieres?
El chico había parecido algo nervioso, después le contestó:
—La persona que me lo dijo me aconsejó que la mejor decisión sería venir a trabajar contigo, pero ella, eh... trabaja para el Blue —se detuvo repentinamente entonces, y corrigió sus palabras—, para otra discográfica.
Desde luego, solo había habido una persona en la que había pensado ella, pero no podía imaginar que ella quisiera renunciar a Aston.
—¿No habrá sido Camila?
Los rasgos del chico se endurecieron, e incluso cuando le dijo:
—Será mejor que no diga nada —Lauren supo la respuesta. Simplemente no sabía la razón por la cual Camila había hecho una cosa así.
Quizás era su manera de disculparse con ella, y si era ese el caso, ella iba a aceptar las disculpas, pero no iba a cambiar nada de sus sentimientos por ella. Había hablado en serio cuando se lo había dicho aquella noche. No necesitaba otra persona mentirosa en su vida. Y darse cuenta de que Camila, de todas las demás personas, entraba dentro de aquella categoría... joder, no podía negar que se había sentido jodidamente destrozada.
Lo peor de todo era que quizás ese fuera el primer día durante semanas que no la había tenido en su cabeza las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Había estado tan concentrada en conseguir que Aston firmara el contrato que ese día no había habido lugar en su mente para otra cosa. Hasta que apareció su nombre. Y entonces, durante unos pocos minutos, había vuelto a Las Vegas... dentro de ella.
Pero ya era hora de que retomara su concentración en el negocio día y noche. Dado que estaba metida en problemas para conseguir que Inspiración despegara del suelo, solo Dios sabía que tenía más que suficiente como para ocupar la mente. Por suerte, unos cuantos clientes de su anterior trabajo en Blue Night iban a renovar su contrato en los próximos meses, así que había hecho unas cuantas llamadas telefónicas y se sintió confiada al saber que algunos de ellos iban a irse a Inspiración e iban a permitirle enderezar sus carreras en la dirección correcta. Así que las cosas habían estado saliendo bien. Pero también tenía que preocuparse del traslado a la oficina, y tenía personal al que contratar, y planeaba tener también mucho trabajo para enseñar a Aston y quizás a otros nuevos artistas.
Y desde luego, estaba el pleito al que tenía que enfrentarse. Claire había puesto dos demandas, una contra Blue Night y otra distinta contra ella. Lauren intentaba quitarse aquello de la cabeza tanto como le era posible, dejaba que su abogado se ocupara de casi todo, y tener una nueva discográfica que dirigir era una gran distracción.
Así que simplemente no tenía tiempo que malgastar pensando en Camila. Incluso si le había ayudado sin saberlo a ponerle el nombre a su discográfica. Le había dicho una vez que ella la inspiraba, y lo había dicho en serio. La hizo sentir cosas que no había sentido en la vida, la llevó a alturas emocionales —y a bajones también— que la obligaron a examinar quién era y qué era lo que quería en la vida. No estaba segura de si en aquel momento tenía todo lo que quería, pero tenía una compañía prometedora que construir, y le gustara la idea o no, había sido ella quien la inspiró, sexualmente, emocionalmente, e incluso profesionalmente, ya que había perdido su trabajo por su culpa. Parte de ella la odiaba. Nunca antes se había sentido tan engañada, como si fuera una estúpida crédula.
Aunque parte de ella seguía recordando todos los momentos que habían pasado juntas. Aquellos que eran realmente sucios. Y los que habían sido verdaderamente dulces. Y todo lo que quedaba entre las dos cosas también.
Mierda, incluso en aquel momento, todavía le resultaba difícil creer que la hubiera engañado. Había estado completamente cegada, simplemente no lo había visto venir.
Pero en lo que a ella respectaba, había sido una lección dura aprendida. La confianza era un bien de mucho valor, y no se la daría a nadie con tanta facilidad en el futuro, incluso a alguien que le pareciera tan completamente inocente como le pareció Camila. Mierda, había pensado que había aprendido la lección después de lo que pasó con Claire Starr. Pero Camila era una criatura completamente diferente. Un lobo con piel de cordero.
Había estado reflexionando sobre algunas de las palabras que le había dicho, su promesa de que todo lo que había pasado entre ellas había sido real. Ella no sabía qué creer, simplemente eligió no creerse... nada.
Tenía una compañía que sacar adelante y acababa de firmar un contrato con Aston Colé, así que aquello era un comienzo increíble. Desde ese momento en adelante, volvía a la música y al sexo. No necesitaba nada más que eso, y corrigiendo sus pensamientos de antes, decidió que no quería nada más en su vida.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 45

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:16 am

Era la tercera vez en una semana que Jenkins había llamado a Camila a su despacho, y ella sabía que estaba metida en problemas, solo por el sonido de su voz al teléfono. ¿Qué había pasado ahora? ¿Se habría quejado Malcolm a él directamente? ¿Habría escuchado las cintas de la primera grabación de los Blush? No había ido tan bien como se esperaba, porque el productor seguía pidiéndole una contribución como había hecho Lauren en el pasado, y ella simplemente no tenía la experiencia suficiente como para ayudar.
Abrió la puerta cerrada del despacho con mucho cuidado, echaba de menos los días en los que su jefe pensaba que hacía bien su trabajo.
—¿Qué pasa ahora? —le preguntó.
Jenkins se levantó, prácticamente echando humo por las orejas. Oh, vaya, fuera lo fuera lo que iba a decirle, era malo. Muy malo.
—Acabo de escuchar lo que espero que solo sea un desagradable rumor.
Dios, ella esperaba que así fuera también.
—¿Qué?
—El rumor que corre es que Inspiración acaba de contratar a un nuevo chico prometedor que se llama Aston Colé. El chico que Lauren y tú visteis en Las Vegas. Y lo que se dice es que has sido tú quien le envió el niño a ella, diciendo que se encargaría mejor de él de lo que nosotros podíamos hacer.
Sus opciones eran bien simples: mentir, o contar la verdad. Y pensaba que ya había mentido lo suficiente.
—No es un rumor. Lo hice.
Jenkins golpeó un libro que había sobre la mesa de su despacho, y los papeles de alrededor salieron volando.
—¿En qué coño estabas pensando?
Ella levantó el tono de su voz, igual de enfadada que lo estaba Jenkins.
—¡En que Lauren hará un trabajo mejor del que yo puedo hacer! ¡Porque me han empujado a un trabajo para el que no estoy cualificada porque no tengo experiencia suficiente! Y porque Aston Colé tiene uno de los mejores sonidos que he oído nunca y, francamente, pensé que se merecía más de lo que yo podía ofrecerle. No quería arruinar su carrera, así que lo envié a Lauren.
Jenkins se levantaba delante de ella, con la cara roja de rabia, negando con la cabeza.
—Joder, Camila...
Ella odiaba aquello. Se estaba volviendo cada vez peor. Se suponía que aquel era un trabajo de ensueño, pero era una mierda. Nunca se había sentido tan miserable en un puesto de trabajo. Justo entonces, Normani asomó la cabeza por la puerta entreabierta.
—Eh, Camila, cuando tengas un momento, la fotocopiadora se ha quedado atascada otra vez.5
—Que le jodan a la fotocopiadora —dijo bruscamente, haciendo que Normani diera un salto y desapareciera después por la puerta. Tras lo cual, dio media vuelta y miró a Jenkins.
—Y que te jodan a ti también. Ya no puedo soportar esto. Soy una mujer inteligente, simpática y profesional, y me merezco algo mejor que esto. Dimito.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 46

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:16 am

REGRESO AL PECADO
Si no hubiera pecado, qué haría falta para que me perdonaras?
Mi destino te ha dado la oportunidad de tener piedad.
Ovidio

¡Oh, Dios, había dimitido! ¡Realmente lo había hecho!
Habían pasado tres días, pero cada vez que se acordaba de ello, las noticias le parecían completamente nuevas, e igual de horribles. Tenía muy poco dinero ahorrado —podría pagar el alquiler de aquel mes y del siguiente, y el plazo del coche—, pero necesitaba otro trabajo, y lo necesitaba rápido.
Ahora, estaba sentada en un parque no muy lejos de las oficinas de Blue Night. Dinah había ido a comprar unos bocadillos y se encontraría allí con ella para comer. Mientras esperaba, abría con precaución su antiguo libro, No necesitas un hombre para ser feliz.1
Después de todo no lo necesitaba, había conocido a Lauren. La había llevado a lugares en los que no había estado antes, y a los que probablemente no iría nunca sin ella, y cualquier otro ser humano normal no podía simplemente compararse a aquello.
Estudió la zona alrededor del banco en el que se sentaba y se dio cuenta de que estaba sola, así que le pareció seguro empezar con sus afirmaciones.
—No necesito un hombre. No necesito un hombre.
—Oh, por el amor de Dios, otra vez no.16
Miró hacia arriba y encontró a Dinah. Ese día llevaba un espectacular traje de color fucsia oscuro que solo ella podía llevar y parecer atractiva. Le pasó a Camila un gran envase de polietileno, lo que ella supuso que era su comida.
—Bueno, voy a decirte lo que necesitas —dijo Dinah, mientras tomaba asiento a su lado, con su propio envase blanco apoyado en el regazo. —Necesitas unas vacaciones.
Camila simplemente suspiró.
—Acabo de tomarme unas. ¿Recuerdas? ¿La Ciudad del Pecado? ¿Montón de sexo? ¿Corazón roto? ¿No te suena todo eso?
Dinah se encogió de hombros.
—Eso era trabajo. Bueno, algo así.
—Ya que lo mencionas, todo aquello fue pagado por Blue Night. Y las chicas que no tienen trabajo no pueden permitirse unas vacaciones.
—Quizás no, pero estás cagada de miedo, y lo único que pretendo es que no lo estés. Y si me pides mi opinión, necesitas otra copa de lo mismo para que se te vaya la resaca.
Camila se limitó a parpadear. ¿Qué?
—Vayamos a Las Vegas. Solo a pasar el fin de semana. Yo conduzco e incluso pagaré la habitación.
—¿Las Vegas? ¿Quieres que vaya a Las Vegas? ¿Después de todo lo que ocurrió allí? ¿Estás loca?
—A eso me refería cuando te decía que necesitas otra copa de lo mismo para que se te vaya la resaca. Necesitas volver a Las Vegas, pasar un buen rato, y dejar de asociar ese lugar con ella. Si no, ese sitio estará arruinado para ti toda la vida, y Las Vegas es un lugar demasiado divertido y está demasiado cerca como para que lo borres de tu lista de destino de escapada de fin de semana.
Camila negó con la cabeza.
—No.
—Insisto.
—La última vez que insististe en que hiciera algo, acabé con el corazón destrozado.
Dinah puso los ojos en blanco.
—Te dije que te la follaras, no que te enamoraras de ella. Hay una gran diferencia, amiga —abrió la caja de su bocadillo y la lata de soda que había dentro con la comida. —Ahora no voy a aceptar un no por respuesta. Nos vamos a Las Vegas a pasar un fin de semana de chicas. Te recogeré el viernes a las cinco y media.


Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Capitulo 47

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:17 am

—¿Cómo van las cosas por la oficina? —le preguntó Camila a Dinah mientras conducían por el desierto de Mojave.
Dinah soltó una carcajada ligeramente histérica.
—Está patas arriba. Confía en mí, esta escapada no ha sido solo por ti. Yo también lo necesitaba... y mucho.
Discutieron durante bastante tiempo acerca de los varios desastres que estaban sucediendo en Blue Night, pero ambas llegaron a la conclusión de que era deprimente y entonces, encendieron la radio, de la cual salió el último éxito de Rihanna, lo que hizo que las dos esbozaran una sonrisa. Después Camila la apagó, y miró el paisaje, plano y de color marrón.
—¿Te conté que Lauren y yo follamos en el desierto?
Dinah la miró con una sonrisa astuta.
—No, no me lo dijiste. Y cariño, tengo que decirte que esa mujer te vino que ni pintada. Incluso si solo estuviste con ella una semana.
Camila le lanzó una mirada irónica.
—¿Por qué? ¿Porque puedo decir la palabra «follar» sin inmutarme?
Dinah tenía una expresión más satisfecha cuando desvió otra vez la mirada del parabrisas.
—Bueno, por eso también, pero principalmente... porque ahora eres una persona mucho más segura. Eres más extrovertida, no dejas que la gente te intimide, y no te vistes ya como si fueras una sargenta.1
Camila nunca había pensado realmente en aquellas cosas —apenas había tenido tiempo, ya que todo lo demás le había estado atormentando— pero quizás Dinah tuviera razón.
—Supongo que quizás... me siento mejor. Definitivamente siento que mi divorcio ha quedado muy detrás de mí, como si me hubiera pasado en otra vida. Y... he sido lo suficientemente valiente como para dimitir de un trabajo supuestamente de ensueño, ¿verdad?
—Creo que ella simplemente... te ha mostrado partes de ti que ni siquiera habías visto antes.
—Puedes estar segura de eso —le contestó, claramente acordándose del sexo, y ambas estallaron a carcajadas.
Todavía pensaba que el fin de semana de chicas en Las Vegas era generalmente una mala idea, pero por Dinah, decidió intentarlo y pasárselo bien, o al menos fingir que así era.
Dinah solía conducir como una maniaca cuando estaba en carretera abierta, así que llegaron a Las Vegas Strip justo después de las diez en punto, lo que a Camila le hizo rememorar recientes recuerdos. El corazón le latió con fuerza solo al ver los hoteles en los que Lauren y ella habían recorrido juntas, las calles por las que habían caminado y la Torre Eiffel, por supuesto.
Pero casi se muere cuando Dinah tomó el desvío que llevaba al hotel Venecia.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —preguntó ella.
—Eh... dormir. Quizás comer algo. Y posiblemente salir de fiesta, he oído que hay discotecas geniales aquí.5
Camila le dedicó a su amiga una mirada dudosa.
—Este es el hotel en el que Lauren y yo nos alojamos
Dinah parpadeó.
—Oh. Supongo que lo mencionaste en algún momento, debo haberlo olvidado. Pero eh —se encogió de hombros y sonrió con suavidad—, tomar otra copa de lo mismo para la resaca, ¿recuerdas? Y es un hotel precioso. Y conseguí un precio genial por la habitación, así que no vamos a otra parte.
A Camila no le gustó la idea, pero supuso que no la mataría quedarse allí. Incluso aunque a cada lugar que mirara se acordara de otra cosa nueva. Intentó no pensar en aquello cuando se registraron y se dirigieron al familiar ascensor en el que Lauren había frotado una vez su pelvis contra su trasero. También intentó no pensar en aquello mientras llevaban las maletas a una habitación que se parecía mucho a la que Camila había ocupado, incluso aunque no hubiera pasado mucho tiempo en ella.
—Entonces —dijo Dinah—, ¿estás preparada para ir a la ciudad?
Camila simplemente parpadeó.
—Es tarde. ¿No estás cansada?
—De ninguna manera, la noche es joven. Y Las Vegas nunca duerme. Estoy preparada para ir a bailar, o quizás para jugar a algo. ¿Nunca te he dicho la suerte que tengo con los dados?1
—Eh, no. Pero aunque tú no estés cansada, quizás yo lo esté.
Dinah bajó la barbilla y puso los puños sobre las caderas.
—Oh, no lo estás. Vas a salir conmigo sí o sí. Estoy segura de que estuviste hasta las tantas cada una de las noches que pasaste en la Ciudad del Pecado, así que de ninguna manera vas a ponerte el pijama e irte a dormir —Dinah la cogió de la muñeca, y le dijo: —Vamos.
Y antes de que ella supiera lo que había pasado, estaban otra vez en el ascensor.
Debido que era la hora de mayor afluencia, estaba abarrotado de gente, personas que iban y venían de las numerosas plantas, y Camila no prestó mucha atención hasta que Dinah la cogió del brazo de nuevo y tiró de ella hacia un tranquilo vestíbulo.
—¿Dónde estamos? —preguntó.
—Es una de las plantas bajas. Creo que hay una discoteca al doblar esa esquina.
—No me apetece escuchar música —dijo Camila, pero aun así siguió a Dinah, pensando que aquella zona le resultaba vagamente familiar y finalmente la reconoció cuando salieron por un par de puertas dobles que llevaban a la lujosa zona de la piscina. —Oh, esto lleva a la piscina. Estamos en el lugar equivocado —le informó a su amiga.
Pero Dinah seguía tirando de ella hacia delante.
—Bueno, mientras estemos aquí, también puedo echar un vistazo, elegir mi sitio para mañana, ya que quiero pasar por lo menos la mitad del día mejorando el bronceado.
Camila la siguió en silencio, sin desear especialmente volver a visitar aquella piscina, aunque se esforzó por ser tolerante. «Otra copa de lo mismo, otra copa de lo mismo. ».3
La zona estaba sumida en la oscuridad, pero las luces de neón de la ciudad de alrededor iluminaban el sitio lo suficiente como para hacer que ella distinguiera las columnas y los arcos, los árboles podados, y las tentadoras camas que había en varios puntos al borde de la piscina.
Fue entonces cuando vio...
¿No había alguien tumbado en una de aquellas camas?
Ella miró con los ojos entrecerrados, suponiendo que estaba viendo cosas en la oscuridad, pero entonces se quedó helada en el sitio.
Oh, Dios, era Lauren.14
Vestida con sus pantalones de cuero y su camisa, estirada a lo largo de la elaborada cama que había al borde de la piscina, con la cabeza apoyada en el puño. La cruz de su abuela brillaba con la luz de la luna. Y sus ojos resplandecían también, más sexys que nunca.
Laur la miró a los ojos, con una expresión completamente seductora, y curvó un dedo hacia ella, haciéndole gestos para que se acercara.7
Estaba conmocionada, no podía procesar lo que estaba sucediendo, así que miró a Dinah para que le echara una mano.
—Ve —le dijo Dinah, dándole un ligero empujón hacia delante.12
Camila miró por encima del hombro, una vez más, a su amiga.
—Pero...
—Estaré abajo, en las mesas de los dados si me necesitas, pero no creo que sea el caso —terminó con una sonrisa, después se dio la vuelta y se alejó, y Camila se dio cuenta en aquel momento de la amiga tan realmente maravillosa e inestimable que era. Después giró para mirar a Lauren.
No podía creer que ella estuviera allí realmente.
—Túmbate conmigo, Camila.
Con precaución, ella se acercó a la cama que la había hecho fantasear la primera vez que la había visto. Lentamente se subió a ella, y se reclinó al lado de Lauren.
—¿Significa esto... que ya no me odias?
—Nunca te he odiado —le dijo. —No realmente. Solo estaba... enfadada. Me sentí traicionada.
—Por supuesto, lo entiendo. Pero... ¿ya no te sientes enfadada tampoco?
—Llamé a Dinah y quedamos para tomar café, hablamos durante un rato, acerca de ti. Me convenció de que la persona de la que yo me había enamorada era la verdadera tú y no la que me mintió.5
—Eso es verdad —dijo ella, y se inclinó hacia Laur. —Odio las mentiras. No quería mentir. Pero sentí que mi trabajo estaba en juego si no lo hacía —miró hacia abajo. —Claro que al final he acabado sin el de todas maneras, pero esa es otra historia.
—Ven a trabajar conmigo —le dijo—, en Inspiración.- Ella dejó escapar un suspiro.
—Es una oferta generosa, Lauren, pero... he llegado a la conclusión de que no estoy hecha para ser una representante de A&R.
—Sí—dijo la ojiverde. —Dinah me contó también esa parte de la historia. Pero no te estoy ofreciendo un puesto de representante de A&R. Quiero que dirijas la oficina. Necesito gente buena, y supongo que tú eres el comienzo perfecto. Aunque también recibiré con gusto tu contribución a la música, nena; eres buena con eso, te lo prometo. También le he ofrecido a Dinah un puesto de relaciones públicas, y creo que va a aceptarlo.8
Ella se irguió un poco.
—¿En serio? —ella se veía completamente capaz de dirigir una oficina. Y trabajar allí junto con su mejor amiga y su... bueno, empezaba a pensar que era su amante, pero no estaba segura de en qué punto estaban en aquel momento. —Yo... me encantaría tener la oportunidad de hacer eso, Lauren, pero... ¿crees que es una buena idea que tú y yo trabajemos juntas?
—En realidad, sí. En un principio, nos las arreglamos para mezclar el trabajo con el juego bastante bien, ¿verdad?
—¿Va a haber... eh, juego?
Entonces, Lauren adoptó una expresión terriblemente seria, y se inclinó para cubrirle la mejilla. Y que la acariciara, después de todo aquel tiempo... oh, Dios, la sensación la invadió por completo.
—Camila, ambas cometimos un terrible error. El tuyo fue que me mentiste. Pero el mío fue no darte una oportunidad para explicarte. Yo... nunca antes había abierto tanto mi corazón a nadie, no desde que era una adolescente, así que pensar que me habías utilizado para conseguir un trabajo me dolió en el alma. No me lo tomé muy bien, simplemente di el asunto por zanjado. Pero quiero empezar de nuevo. O para ser más precisas, quiero que lo retomemos desde donde lo dejamos. Como te dije aquella noche en el desierto, no puedo hacerte muchas promesas. Pero sé que te deseo. Sé que me he sentido condenadamente sola sin ti. Sé que por primera vez en mi vida, necesito más para estar satisfecha aparte de la música, el trabajo y el sexo esporádico —después le sonrió. —Necesito el sexo contigo. Y te necesito cerca de mí, en la cama y en el trabajo también. Te necesito en mi vida, Camila.
Había muchas cosas que Mila podía haber dicho, pero la manera más sencilla de contestar fue deslizar los brazos alrededor de su cuello y besarla.
Dios, la hacía sentirse tan bien tener su boca otra vez sobre sus labios... sus besos dulces y calientes recorrían su cuerpo como un cálido baño.
—Oh, joder, nena —jadeó la ojiverde después, mirándola a los ojos. —He echado de menos besarte. Follarte. He echado de menos sentir tu pequeña y dulce vulva alrededor de mis dedos.
—Oh, yo también. Mucho, mucho. Fóllame ahora, Lauren, por favor.14
La primera vez que había conocido a Lauren, no se le había pasado por la cabeza que pudiera tener sexo con ella allí, cerca de la piscina, ni siquiera por la noche, porque los trabajadores o cualquier otra persona podía acabar vagando por la zona, justo como Dinah y ella habían hecho. Pero en aquel momento, después de todo lo que había experimentado con Lauren en aquel lugar, entre las luces de neón, ni siquiera dudó cuando tendió la mano en sus pantalones.
—Oh, oh Dios —gimió Laur cuando ella le bajó la cremallera de los pantalones y acarició con la palma de la mano su feminidad. La masajeó y la tocó, excitada por la sensación de tenerla en su mano, completamente asombrada porque Lauren hubiera regresado a su vida.
Lauren también tendió la mano para bajarle la cremallera de sus pantalones vaqueros y pronto se los quitó, junto con su braguitas. Y cuando sus dedos se hundieron en su vulva, ella prácticamente aulló de placer.2
Después, Camila le sacó la camisa por la cabeza, le quito el sujetador y le quitó los pantalones. Deseaba verla completa y hermosamente desnuda, y también se deshizo de su propia camiseta y sujetador.
—Lléname —le dijo.
Y Lauren obedeció, le separó las piernas y le introdujo dos dedos en su vulva ya preparada, después empujó hacia adentro. Mientras besaba su cuello, lamia, chupaba su pulso. Como siempre, ambas gimieron con la entrada, y después empezaron a moverse juntas, en un ritmo familiar que casi le quita la respiración.
—Haces que me sienta tan bien cuando estás dentro, cariño —ronroneó ella entre cálidos besos. —Tan, tan bien.
—Pues acostúmbrate —le dijo —porque pretendo estar ahí más a menudo.
Pronto, Laur salió de ella y le pidió que se apoyara sobre manos y rodillas para que pudiera penetrarla desde detrás. Como solía pasar, ella pudo sentirla más en aquella postura, Lauren bajo su mirada a su voluptuoso trasero, acercándose más para poder darle un tierno beso en el, dando camino hacia su dilatada vagina y así probar sus jugos y cada uno de sus firmes embestidas la hizo gritar de placer. No le importaba si alguien las escuchaba, o incluso si alguien las veía. Solo deseaba estar con su chica, en aquel preciso lugar, en aquel preciso momento, en uno de los lugares en el que al principio ella había empezado a ayudarla a deshacerse de sus inhibiciones para convertirse en la mujer que quería ser.
—Fóllame —le pidió ella a través de los dientes apretados. —Más fuerte. Más fuerte.
Un intenso placer la llenaba con cada golpe de sus dedos mientras besaba su cuello, espalda y arqueó el trasero para recibir sus embestidas, sollozando de alegría cuando cada una de ellas resonaba en su interior. Y ahora intercambiaron los papeles, Camila estaba sobre Laur, le daba besos en el cuello y descendió hasta sus pechos apretujándolos con una mano y lamiendo el pezón mientras con la otra mano le sobaba su plano abdomen, descendiendo hasta su entre piernas e introduciendo sus tres delicados dedos en ella, haciendo gemir a la ojiverde cerca de su oído. Los cuantos minutos más tarde, descansaban tumbadas, y mirando a Lauren a sus ojos, tocándole el cuello y subiendo hasta su mejilla.
—Te quiero Lolo—le dijo ella, dándole un nuevo sobrenombre al fin sin sentir vergüenza ya, por nada, ni siquiera por eso.6
Lauren levantó su mano desde su pecho y la llevó hacia su boca, besando la parte posterior.
—Yo también te quiero, Camz.1
Y su postura permitió que uno de sus muslos se estirara entre los de ella, y ahora Laur empezó a moverse dentro de ella otra vez, la fricción le estimuló el clítoris. Ella se levantó instintivamente para frotarse contra Laur, para buscar más placer, y viendo su respuesta, ella comenzó a deslizar su muslo más rítmicamente por su húmeda abertura.
—¿Te gusta esto, nena?
—Mmm —llorisqueó ella. —Sí, cariño, sí.
Y condujo mas sus dedos profundamente dentro de ella, y mordisqueo su pezón succionando mas y la llevó más y más cerca del cielo hasta que... —Oh, Dios, ¡sí, sí, sí!— el orgasmo la inundó como un maremoto que salía de la piscina, llevándose lejos cualquier otra sensación que no fuera el placer. Ella se encorvó contra Lauren, bebió de aquello, disfrutó de la alegría que sentía.
—Oh, Lauren, ha sido genial...
Lauren se acomodo para darle un suave beso y acercando su nariz con la de ella.
—También puedes empezar a acostumbrarte a eso —Simplemente bajó el cuerpo para descansar encima de Camila y la besó con dulzura, entrelazando la lengua con la suya, en un gesto juguetón.
—¿Cómo he hecho que te corrieras? —le preguntó ella, sonriéndole. —Me refiero a que yo... realmente no hice casi nada.
—Fue por mirar tus preciosos ojos.
Ella prácticamente se quedó con la boca seca ante aquella respuesta.
—¿En serio? ¿Eso es todo?
Lauren asintió en un gesto corto y directo.
—Eso es todo lo que necesito, al parecer, después de estar separada de ti tantas semanas. Algo que, por cierto, no voy a dejar que pase otra vez.
Cuando salió de ella y se tumbó de espaldas, ella miró hacia arriba, a través del hierro forjado y cubierto de hojas de parra que había entrecruzado sobre la cama, hacia el oscuro cielo de arriba. Desde aquel lugar no podía ver las estrellas —había demasiada luz—, pero podía ver la luna y sentir la brisa. Y justo como en el desierto, experimentar cosas tan sencillas con Lauren la hacía sentirse viva.
—Soy tan feliz —le dijo. —Estoy otra vez contigo, y vamos a trabajar juntas cada día, y follarnos durante la noche, y todo será genial.
A su lado la ojiverde soltó una carcajada.
—Aunque me siento mal por Dinah. Ha tenido que pasar por un montón de problemas, planeando todo esto contigo y convenciéndome a mí, y aquí estoy, abandonándola por una mujer. No te ofendas —le dijo, poniéndose de lado para poder mirarla. —Pero para una amiga eso es un pecado importante, no importa la edad que tengas.
Aun así Lauren se limitó a reír, y acercó su cuerpo desnudo hacia ella.
—No te preocupes por Dinah. Va a estar más que bien.
Camila parpadeó.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Mañana, Zayn se unirá a nosotros en la piscina. Y Dinah y él harán buenas migas. Él va a llevársela a cenar fuera e irán a pasar la noche al Rendezvous.5
Camila echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.
—Oh, Dios mío, va a estar en el paraíso —después miró a los ojos de su amante, con una expresión juguetona en la cara. —¿Y dónde estaremos nosotras mañana por la mañana?
—Donde tú quieras. No me importa, siempre y cuando esté contigo.
Ella ladeó la cabeza y pensó.
—Quizás, podamos... volver a visitar las góndolas. O la Torre Eiffel. Cada vez que pienso en alguno de esos sitios, me excito.
Lauren le contestó con un leve gemido de excitación.
—Entonces, iremos a las dos. Y no lleves bragas.2
Ella se acurrucó más cerca de Laur, y dejó que su calor la invadiera y sacara a la chica sucia que llevaba dentro.
—No puedo esperar.—Y una vez que Inspiración despegue, tengamos algunos artistas más contratados, saquemos los CD de Aston al mercado, tengamos la oficina organizada y bien liderada, te llevaré de viaje.
Ella enarcó las cejas.
—¿De verdad? ¿Adónde?
—A París. Y a Venecia.2
Ella se quedó sin aliento. Se sentía más enamorada de Lauren con cada minuto que pasaba. —Oh, Lauren.
—Quiero navegar por el verdadero Gran Canal contigo, Camila. Y quiero mirar las luces de París contigo desde lo más alto de la Torre Eiffel.
Aquella era la mujer que había dejado claro que no tenía relaciones con una mujer, que no dejaba que el sexo se convirtiera en romance. Ahora, no podía imaginar a una mujer más romántica que ella. Y también estaba un poco loca con el sexo. Bueno, definitivamente consideraba aquello como un beneficio adicional, uno que ella esperaba pudiera seguir haciendo que su vida fuera tan extraordinariamente excitante a partir de aquel momento.
—Aunque cuando lleguemos a lo alto de la verdadera Torre Eiffel —bromeó ella—, no esperes que te haga una lamida.
Loren sonrió, sus ojos verdes resplandecían cuando la miraban.
—Ya lo veremos.
Ella no pudo evitar concederle una sonrisa como respuesta, y un tono de voz coqueto, cuando le dijo: —Sí, ya veremos.
Un mes antes, la idea de todo aquello le hubiera parecido inconcebible, pero con Lauren Jauregui, sabía que todo era posible.
« Necesito sexo con Lauren, Necesito a una mujer, Y ahora tengo una, para toda la vida».27
FIN



Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: 7 Noches de Pecado

Mensaje por Admin el Mar Mar 14, 2017 11:32 am

Envia tu historia en formato Word a wnlesb@gmail.com

Descarga el PDF gratis: https://ditusepilo.jimdo.com/app/download/6534825264/7+Noches+de+Pecado+Por+camilipstick.pdf?t=1489487271

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: 7 Noches de Pecado

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.