Alta sociedad

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Alta sociedad

Mensaje por Admin el Jue Jun 22, 2017 6:00 am

Autor: Egarasal

⚠ RELATO EROTICO ⚠


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(I: Las amigas de mi prima)

Mensaje por Admin el Jue Jun 22, 2017 6:03 am

Me llamo Sonia. Soy una chica de veinticinco años y la historia que les voy a contar me empezó a ocurrir hace unos meses.
Hacía tiempo que no tomaba café con mi prima Eva. Quiero mucho a Eva. Es mi amiga de la infancia. Tiene la misma edad que yo, unos meses más pequeña y tras la ruptura con mi novio, Fernando, no se me ocurrió nadie mejor que me pudiera servir de pañuelo que mi prima Eva. Quedamos en la cafetería "Niza".
Vivo en un pueblo del sur. Les dejo con la duda sobre cuál es. Es un sitio que con sus treinta mil habitantes, no ha perdido el sabor a pueblo. Desde hacía tiempo no tenía una conversación seria con mi prima. La veía en la calle, nos saludábamos, le daba recuerdos y nos prometíamos llamarnos para tomar café. Lo bueno de las buenas amistades es que no se pierden con el tiempo.
Eva vino a mi cita vestida muy sport, con unos vaqueros ajustados y un chaquetón de pieles, debajo del que llevaba un short muy ajustado. Era morena y de labios gruesos y generalmente pintados de rojo. Pestañas largas y ojos almendrados, mirada penetrante que parece que te estudia mientras deja salir el humo de su cigarrillo por su boca entreabierta.
Parece que Eva intuía que había cortado con Fernando... O tal vez se había hecho eco de un cotilleo, que tan frecuentes son y que corren como la pólvora.- ¿Y Fernando?.-
-He roto con él.-
-¿Para siempre?.- Es lógico que Eva me hiciera esa pregunta. Había roto otras veces con ese sinvergüenza y había vuelto con él muchas más. Cuesta romper siete años de noviazgo.
-Sí.-
-¿De verdad?.-
Me puse a contarle una retahíla de motivos que justificaban mi ruptura con Fernando y cuando acabé, agotada, guardamos silencio. . -No me explico por qué no has roto antes.-
Otra vez empecé a contarle mil argumentos por los que había alargado mi relación. Ahora, después de hablar con Eva, estaba segura que no volvería con Fernando. Hablamos de nuestras cosas, de la familia, de la tía Nuria y de la prima Berta. En esto, entró una mujer de cuarenta años, muy conocida en nuestra ciudad.
La señora, muy emperifollada, como exige su rancio abolengo, para mi sorpresa saludó muy amablemente a Eva. Estuvieron hablando y me parecieron muy amigas. Me intrigó como mi prima, que como yo procede de una familia media, muy media, hubiera hecho amistad con la Marquesa de los Torcuatos, Doña Úrsula. Ursita para mi prima.
-¡Oye! ¡Que bien te relacionas!.-
-¡Va! Cosas del trabajo.-
Mi prima es fotógrafa. Le pedí que me explicara cómo había conocido a aquella dama de porte elegante, de figura juvenil a pesar de sus cuarenta años y de rasgos morunos y árabes.
- Verás... le gusta hacerse unas fotos muy especiales.- Insistí más en que me explicara lo que no estaba dispuesta a explicarme. Casi me enfado con ella pero no me quiso explicar nada más.
La llamé por teléfono para quedar otra vez a tomar café. Quedamos después del trabajo y le pedí que me introdujera en su círculo de amistades. Una mujer como doña Úrsula puede abrir muchas puertas. Una llamada suya a un amigo te puede suponer un trabajo. Así se lo expliqué a Eva.
- Mira Sonia, es que no te va a ir su rollo.-
- ¿Cómo lo sabes?.- Eva no me lo quería confesar por temor a lo que pudiera pensar de ella misma.
- Es que es "torti".-
Me quedé pensando intrigada. Lo que Eva me confesaba, evidentemente suponía que de una manera o de otra, mi prima estaba en los ambientes "raros". A pesar de todo, yo ilusa de mí, insistí en que me presentara a Doña Úrsula.
-Si quieres que te presente a Doña Ursula, tienes que pertenecer a nuestro club y te aseguro que si no estás dispuesta a pasar por la piedra es mejor que desistas de la idea.-
-No creo que sea como tu dices... Además, Eva, Si a ti te gusta... ¿por qué no me iba a gustar a mí?.-
La verdad es que pensaba que me las apañaría para bandearmelas sola sin tener necesidad de caer tan bajo como mi prima Eva.
- Bien...Vamos a hacer una prueba...Sígueme.-
Seguí a Eva hasta el servicio del pubs en que nos tomábamos la última copa. Eva cerró y me pidió que me bajara el pantalón. -¡Vamos! ¡A qué esperas!.-
Me bajé los vaqueros y un poco avergonzada le enseñé mis muslos que hacía unas semanas no me depilaba y mis bragas decentes, casi de cateta cincuentona. Me inquietaba como me miraba mi prima, estudiando mi anatomía.
-Ahora... bájate las bragas...¡Venga, Sonia!.. si no eres capaz de hacer esto...como vas a entrar en el club.-
Me bajé las bragas sin atreverme a ver la expresión de Eva. Al final me dijo:- ¡Vaya! Lo tienes en estado salvaje... Pero creo que le gustarás a Doña Úrsula.-
La conversación siguió en la mesa del pub - De hecho.,Ursita me llamó el otro día para preguntarme quien era la chica tan mona que tomaba café conmigo en el Niza.- Eva parecía ahora un poco nerviosa.- Sí, se interesó por ti.- Me decía hablando entre dientes mientras sostenía el cigarrillo que intentaba encender.
Para mí era un inmenso honor y me llenó de alegría. No comprendo muy bien por qué las mujeres somos tan vulnerables a la posición social de nuestros pretendientes, y perdonamos físico, edad... hasta el sexo, en este caso.
- Pero claro, antes de presentarte te tengo que limar un poco... ya sabes.. ropa interior de clase, piernas depiladas, un poco de ejercicio... Claro, si no te importa.-
-¡Cómo tú quieras, Eva.-
-Empezaremos mañana. Ya verás como en dos semanas estás hecha un bombón.-
A las seis de la tarde del día siguiente, Eva tocaba a la puerta para que me fuera con ella al gimnasio. Entró y me preguntó.- ¿A ver que te vas a poner?.-
Llevaba un chándal de esos que se ponen las mujeres mayores para irse a andar. Era de color azul marino con cremallera. En realidad, no hacía ejercicio desde el instituto y me quedaba un poco estrecho.- ¡Qué barbaridad! ¡Es que quieres que se rían de ti?. Menos mal que he sido previsora y te he traído ropa mía..-
-Espera, me lo voy a poner.-
-¡Ni hablar, vamos a llegar tarde!.- Me agarró de la mano y tiró de mí hacia su coche, un renault 106 nuevo.
Al entrar en el vestuario me sorprendió la forma en que venían vestidas las otras chicas, con las mayas ajustadas. Una chaqueta, una rebeca alrededor de la cintura disimulaban su figura atrevida, pero al entrar, se veían sus tipos de ágiles amazonas. Me sentí avergonzada por llevar aquel inocente e insulso chándal. Entramos al vestuario. Mi prima comenzó a desnudarse y luego a vestirse. Las chicas pululaban por los bancos medio desnudas, unas poniéndose la ropa de deporte, otras recién duchadas. Yo creía que todas las chicas me miraban. Creo que incluso me puse colorada.
Eva tenía un culo muy bonito y las tetas muy firmes. Al verme desnuda y compararme con los cuerpos que miraba de reojo, me di cuenta que, a pesar de mi pelo rubio que llamaba siempre la atención, mi cara redonda y mi nariz respingona, mis labios carnosos, como mi prima, estaba muy dejada. Me veía un poco flácida, sin estar gorda y sin depilarme. Me puse la malla rápidamente y sin quitarme el sujetador, me enfundé la camiseta que me había dado Eva.
Eva me presentó a la dueña del gimnasio y monitora de aerobics, Luisa. Luisa tenía unos treinta años y me sonrió de una manera extraña al verme. Eva le explicó que quería ponerme a punto. Luisa pareció entenderlo todo y la clase comenzó.
-Uno, dos tres, cuatro, unos dos tres cuatro.- Intentaba hacer lo que me decían, pero lo hacía lento, sin agilidad y sólo a medias. Luisa me miraba amablemente y luego miraba a mi prima con una sonrisa de complicidad y de comprensión. Me prestaba atención. Se ponía a mi lado y me cogía de los brazos o las caderas para que perfeccionara el movimiento. Era extraño sentirse tan protegida por una mujer. Una chica maciza algo más baja que yo pero cuya fortaleza era evidente.
Yo estaba dispuesta a cambiarme sin ducharme, pero Eva se puso pesada. Me tuve que duchar allí misma, secándome con su misma toalla, creyéndome observada por todas. Me puse colorada al salir de la ducha con la toalla enredada en el cuerpo y toparme con Luisa que me sonreía de una forma inquietante. Me metí las bragas entre la toalla y las piernas y terminé de ducharme intentando ocultar mi cuerpo de miradas extrañas, aunque femeninas. Eva me dejo- Mañana te vienes aunque yo no venga.- Asentí con la cabeza.
EL teléfono sonó temprano a la mañana siguiente. Había dormido como un lirón por el cansancio de la sesión de aerobics. Era Eva.- Mira, tienes que ir a la esteticista. Tienes que ir a las cinco. Luego te vas al gimnasio. La esteticista es Helena, la de la calle del Sol. Ella ya sabe lo que tiene que hacer.-
Llegué a una casa de una planta en la que había una peluquería y esteticista. Llamé tras esperar a que pasaran cinco minutos de las cinco.-¿Sonia? Tu prima me ha dicho lo que necesitas.. Tú tranquila.-
Helena era una chica delgada, morenita de pelo lacio que no le llegaba a los hombros. Era de cara alargada y labios delgados. Su nariz era recta, larga y afilada. Era bajita y menuda. Llevaba una bata blanca y al rato me di cuenta de que debajo de esta bata sólo llevaba la ropa interior, que consistía en un sujetador que contenía su pecho menudo y unas bragas juveniles, pues la muchacha debía tener veinte años.
Helena me hizo la manicura, arreglándome las uñas, cogiéndome mis manos con sus manitas de dedos finos. Luego también me arregló la de los pies, tras convencerme para que me quitara los zapatos y las medias. Me puso una crema en la cara y me arregló las puntas del cabello. Me quité la camisa. Y consentí que me depilara el sobaco y después, me quité la falda para que me depilara las piernas.
Helena era de conversación agradable y voz fina, penetrante. Se ganaba mi confianza. Los tirones que me daba arrancándome el vello no me hacían daño. Sus ojos negros me agradaban. No le costó demasiado convencerme de que me quitara las bragas y me abrí de piernas para que me recortara primero con unas tijerillas los pelos de mi sexo y luego, extendiendo una suave crema sobre él, con una brocha que me hacía cosquillas, comenzó a pasar una maquinilla que iba despojándome de mi pelo.
AL sentirme desnuda, al sentir las suaves yemas de sus dedos posarse en mis ingles o en mis muslos, confieso que me sentí excitada por primera vez, y al ver aquella frente limpia, recta, dulce tan cerca de mi sexo, pensé que tal vez me besaría. Un olor tenue me parecía que inundaba el aire de la habitación y deseaba que pasara imperceptible ante Helena. Mi cuerpo me traicionaba.
Helena continuó hasta dejar mi sexo imberbe. Sólo entonces mojó una toalla en agua tibia y la colocó entre mis muslos y encima del vientre. Me tuvo así unos minutos y luego trajo una toalla nueva, más suave. Comenzó entonces a secarme. Movía la toalla lentamente entre mis muslos y me miraba a la cara. La rehuía, pero me agradaba la forma en que me secaba. Me estuve quieta mientras ella restregaba la toalla en mi sexo con más fuerza.
La toalla fue desapareciendo. La cara de Helena ya no me miraba, sino que se apoyaba sobre mi pecho y se posaba sobre mi seno que momentos antes había permitido que me dejara libre de la copa del sostén bajándome un tirante. Su boca quemaba en mi pezón.
Su mano se deslizaba suavemente entre mis muslos y se tropezaba con mi clítoris. Mi novio me había masturbado a veces, pero aquellas manitas no tenían nada que ver con la rudeza y tozudez de las de Fernando. Me rozaba con sus deditos y me electrizaba. Me hincó un dedo levemente en la raja y a los pocos segundos me estaba corriendo, avergonzada por una parte, y por otra liberándome de muchas inhibiciones.
Ese día, la sesión de aerobics fue un poco más dura. Sudaba mucho y Luisa disfrutaba viéndome esforzarme. Eva no había venido y mi desnudez en el vestuario parecía mucho mayor que el día anterior. Me fijé en las braguitas de las chicas. Eran escotadas, atrevidas. Las mías eran catetas y ordinarias. Me sentía cohibida frente a aquellas figuras hedonistas.
AL llegar a casa, Eva me llamó y me preguntó que tal con Helena. -¡Muy bien!.- Eva seguro que sabía todo lo ocurrido pero me engañaba pensando que Helena guardaría nuestro secreto.
- Mañana tienes que ir a "Guest" a comprarte unas cuantas bragas.-
- Pero... ¡Cómo voy a pagar!.-
- No te preocupes, pichoncito. Tengo crédito, Doña Julia es amiga mía.-
"Guest" era la tienda más cara de la ciudad. Era una tienda de alta costura. El capricho de una joven viuda terrateniente. Doña Julia, Julita como la llamaba mi prima, era la mujer más rica de la ciudad a la que todos los solteros querían casar. Pero ella se mantenía fiel a la memoria de su marido.
Doña Julia era una rubia delgada y alta, de ojos azules y pelo rubia. Su cara alargada y la expresión seria de su cara la hacían parecer mayor de sus treinta y tres años, pero al acercarse a ella, su aspecto se mejoraba considerablemente, especialmente cuando con un poco de confianza, sonreía y se la trataba, pues era una mujer muy amable.
-Hola. Vengo de parte de Eva.- Eso fue lo único que tuve que decir. Julita dio orden a la dependienta de que no nos molestaran y subió a una habitación que tenía la tienda arriba, un reservado lujosamente decorado, en el que abundaban los espejos y el fieltro. Ante mí se desplegaba los más excitantes diseños, los más atrevidos... y caros. Julita empezó a decidir por mí.
-Estas, para los aerobics. Estas, para estar por casa. Esta, para esa ocasión especial.-
Eran unas bragas para una ocasión especial. Valían veinte mil pesetas. Eran unas bragas de una delicadeza y un atrevimiento exquisito.- ¡Venga!¡Pruébatelas!.-
A la segunda vez que me lo pidió, mis pantalones vaqueros desgastados rodaron por mis piernas abajo. Me sentía vulgar con aquellas bragas de trescientas pesetas. Menos mal que al menos estaba depilada y la gimnasia hacía que mis muslos estuvieran un poquito más contorneados. Fui a ponerme las braguitas carísimas encima de las mías pero Doña Julia intervino. -¡Oh no! ¡Eso es como mezclar un rioja con un valdepeñas de tetrabricks, póntelas sobre ti.-
-Es que son muy caras.-
-¡Pero si te están bien seguro!.-
-Pero no quiero que Eva me pague algo tan caro.-
-¡No! Estas te las voy a regalar yo.-
Me quité las bragas que salieron liadas de mis piernas. Mi sexo quedó desnudo y a merced de las miradas indiscretas de Doña Julia que fingía no prestarme atención. Al final me coloqué aquella delicia. En los cristales veía reflejado mi culo que parecía un bombón. Ahora si me miraba doña Julia, con aires profesionales. Comenzó a introducir sus largos y huesudos dedos entre las costuras y mi carne, para terminar de ponérmelas bien. Otra vez mi cuerpo me traicionaba. Como iba a pasar desapercibido el olor de mi sexo ante aquella mujer con nariz afilada.
- Parece que a ti también te gustan ¿No?- Me dijo acercándose a mí más de lo normal, invadiendo mi espacio y turbándome con aquel perfume penetrante y delicioso. Puso sus manos sobre mi trasero, sobre aquellas nalgas que estando vestidas por las bragas más caras de la tienda, permanecía casi totalmente desnudas. Sus dedos se clavaban en mis nalgas y sus ojos en los míos. Sus labios buscaron los míos. Los encontraron.
Doña Julia introdujo su mano entre mis muslos elogiando la suavidad de la tela de la prenda íntima que le había servido de excusa para comenzar a tocarme. La suavidad de la prenda fue una excusa para comenzar a masturbarme mientras me apoyaba sobre su hombro, cubierto por aquella negra camisa que anunciaba a todo el mundo un luto que le servía para esconder su pasión hacia la lencería bien puesta.
Ponía una mano sobre mi espalda mientras su otra mano se apoderaba de mi sexo, mal cubierto por unas bragas que ya no le parecía tan importante que no estuviera bien colocada. Me llevó hasta un sillón y me tiró sobre el y arrodillándose, me obligó a quitarme las bragas, que tiró a un lado, sin importarle su precio. Mi sexo apareció desnudo, depilado, oloroso y mojado. Su boca sabía apreciar todas estas cualidades.
Doña Julia separaba con sus manos los labios de mi sexo y me lamía el clítoris, provocando que mi almeja se contrajera y que la sangre se agolpara en ella, excitada y caliente. Aquella viuda triste parecía ahora juguetona y feliz entre mis piernas. Su lengua, cada vez más atrevida, atacaba mi sexo ahora directamente y se estrellaba entre mis labios, consiguiendo penetrarme sólo cuando movía al lengua a lo largo de mi sexo.
La agarré de sus largos y lacios pelos rubios, aproximé su cara contra mí, sentí el calor de su aliento en mi sexo y comencé a correrme, conteniendo mis gemidos para que la dependienta que había quedado abajo no nos oyera.
Doña Julia me puso todas las bragas en una bolsa, hasta la que había utilizado para seducirme, Tomó nota de mi talla y se despidió de mí, delante de la dependienta con un discreto beso en la mejilla. Apuntó algo en una libreta. - Es tu talla. Te tengo que hacer un regalo por la compra tan buena que me has hecho.-
Me iba acostumbrando a los aerobics. Unas veces iba con Eva, otras sola. Luisa estaba muy pendiente de mí y me agradaba. Al cuarto día, sin Eva, sufrí una sobrecarga muscular. Al menos eso me dijo Luisa que insistió en que al final de la clase, ya la última del día, se quedara para que me sometiera a una sesión de masajes. Acepté. A una persona con la personalidad de Luisa cuesta decirle que no.
Luisa me amasaba la espalda mientras los vestuarios iban quedando vacíos y als chicas, con las bolsas de deporte a las espaldas pasaban cerca de nosotras. El gimnasio quedó vacío y Luisa empezó a dejar mi espalda desnuda, subiendo la camiseta. Sus manos sobre la piel transmitían una energía agradable. Sin darme explicaciones me desabrochó el sostén para prodigarme unos fuertes masajes por todo la espalda.
-¿No te duelen los pectorales?.-
-¿Los que?.-
-¡Esto de aquí.- Y se echó mano a los sobacos. Realmente me dolían, así que seguí sus instrucciones de darme la vuelta y tras deshacerse de mi camiseta y del sostén, comenzó a darme unos masajes en los hombros y el antebrazo que hacía que todos mis senos, desnudos, se movieran.
Se le escapaban los dedos y me rozaban los senos. Y me excitaba. No me delataba esta vez el olor de mi sexo, pero sí el tamaño de mis pezones. Me daba cuenta porque Luisa los miraba con hambre. Los masajes seguían y yo aguantaba agradada lo que Luisa deseara hacer conmigo.
Sus manos me acariciaban descaradamente, el único propósito del masaje era excitar mis senos, hacer estallar mis pezones. No importaba si para ello Luisa me los lamía y si para evitar que me incorporara, me agarraba de los pelos. Una mano se introdujo en mi malla y agarrando las bragas, hizo que estas, se incrustaran en mi raja, dando un tirón. Grité tibiamente. - Ahhhh. -
Luisa se subió la camiseta y empezó ella misma a frotar sus senos contra los míos, aunque la trayectoria de sus pechos era impredecible, y tan pronto tenía esos pechos de pezones amplios y difusos sobre mi cara, animándome a mamar, como los sentía tropezarse contra mis pezones. Volvió a tirarme del pelo, sin brusquedad, pero con fuerza. Puso un pecho definitivamente en mi boca y metió mano debajo de las bragas, y me corrí mientras mamaba del pecho de aquella mujer que me daba una seguridad que no tenía nada que ver con una sensación maternal
Ese día no me duché en el gimnasio. Salí disparada. Asustada por lo fácil que era seducirme. Era la tercera vez en cuatro días. Y sabía que, al llegar a casa, Eva me llamaría. Se estaba tomando todo más en serio que yo. Tal vez debido al interés mostrado por Doña Úrsula.
Desde ese día empecé a rehuir a Luisa. En realidad, me había proporcionado una sensación muy agradable, pero no deseaba repetirlo. Eva me exigía que fuera al gimnasio todos los días. Un día me convenció para que probáramos la sauna. Era mi segunda semana. El caso es que cuando llegó nuestro turno no apareció, pues llamó al gimnasio. Luisa me extendió el teléfono y Eva me decía que le había ocurrido un imprevisto y que no podía venir. Me metí en la sauna por no causar un perjuicio. Era la primera vez que lo hacía. El calor era asfixiante, me quitaba fuerzas, me adormilaba. Pasé así unos minutos Estaba desnuda, sólo cubierta por una toalla, cubierta en sudor. De repente, la puerta se abrió. Vi entrar una figura femenina en la neblina. Se acercó y mi corazón palpitó al descubrir que se trataba de Luisa, poderosa como una diana cazadora, que se colocaba a mi lado.
El verla aguantar estoicamente el calor me hacía sentir yo más agobio. De repente, empezó a sobarme los muslos. No tenía fuerzas para negarme. La dejé. Dejé que me quitara la toalla y que me abriera las piernas, tras recostarme sobre el banquillo. Desnuda, Luisa era aún más hermosa. Me abrió las piernas y se las puso sobre los hombros y me hizo suya...
Me abandoné vencida por el calor. Su reina recorrió mi sexo como un caballo por una dehesa, trotando caprichosamente. Me corrí sin moverme, sentada en el banco, sin reaccionar. Pero Luisa no se conformaba con poco. Su secreto profesional, el de su éxito estaba en exigir siempre un poco más de esfuerzo de lo que una estaba dispuesta a dar por las buenas, por eso, se empeñó en sacarme un segundo orgasmo, más sudado, intenso, húmedo y duradero que el anterior; Y aunque estaba rendida, esta vez si que me moví sobre su boca golosa.
Eva me pidió que participara en una sesión fotográfica de las que ella hacía. Sería bueno para mi presentación a la marquesa. Tenía que ir a una tienda de seguridad a comprar unas cosas.
Fui a una tienda donde vendían cerraduras y sistemas de alarmas. Me atendía una chica morena, de ojos azules, algo bajita y gordita, pero de un aspecto muy agradable y pulcro. Iba vestida con un uniforme azul marino. Le extendí la lista de cosas que Eva pedía y que no me había molestado en leer.
Esperé a que empezara a traer las cosas, que guardaba en un almacén en la trastienda. Me asusté al verla aparecer con unas esposas y unos grilletes que debían de ser para los pies...
- ¿Seguro que esto era lo que pedía? - Le pregunté.
- ¿Eva la fotografió? sí. -
- La verdad es que no pensaba que estas cosas se pudieran vender. -
-Todo producto tiene su mercado. No es nuestro negocio principal, pero tenemos alguna cosa de esta. -
La señora debió de ver mi interés por que me invitó a entrar a que viera los inventarios, y tras cerrar la puerta y colgar un cartel de "Estoy desayunando. Vuelvo en cinco minutos", me llevó a un pequeño cuartito con unos armarios en los que se veían los extraños utensilios para inmovilizar y subyugar a una persona, impresos en las portadas de los embalajes.
- Mira, estas esposas son las policiales. Y estas otras las utilizan para el "Bondage”. -
- ¿Eso que es?
- ¿Nunca has jugado a la puta y la policía mala?
- ¡No! -
La señora se acercó a mí y sin darme tiempo a reaccionar ni a favor ni en contra enganchó uno de los lados de las esposas a mi muñeca y no le costó ningún esfuerzo tomar mi otra mano y engancharla tras mi espalda a mí otra mano, esposadas.
-Mira. Con este pañuelo de seda te voy a tapar la boca, para que no te escuche tu abogado... y estos grilletes con esta barra dentro los dos es para atarte los pies y que te quedes abierta de piernas. -
Yo dejaba que la señora, que luego me enteré de que se llamaba Beatriz y que era tan amiga de mi prima que le prestaba aquellos artículos a cambio de que le dejara alguna de las fotos que hacía con ellos para hacer un especial catálogo de venta.
Tras inmovilizarme, estaba de pie, con las piernas abiertas. La señora comenzó a "cachearme", Me desabrochó la camisa y me la bajó hasta la altura del codo. Luego se deshizo de mi sujetador. Me pellizcó los pezones. Lo hacía cada vez con más intensidad, aunque no llegó a hacerme daño realmente. Me repetía que, si me portaba bien, hablaría con el sheriff para que me rebajaran la pena y otras chorradas sacadas de las películas que a mí me estaban poniendo cachondísima.
Se puso a devorarme las tetas. Se las metía en la boca y me mordisqueaba los pezones mientras a tientas me desabrochaba la falda vaquera. Los botones se desanudaban y la falda terminó cayendo y dejándome con una de esas bragas de trescientas pesetas que aún me resistía a dejar de usar.
- Muñeca. Estas bragas no te van. - Y tras decirme esto, la señora dio un tirón que desgarraron mis bragas. Luego dio otro tirón con lo que consiguió quedarse con mis bragas en su mano. Las olió. -Hueles a zorrita con ganas de marcha. ¡Ahora verás! -
La señora se agachó y puso su boca en mi sexo desprotegido y desnudo. Posó sus labios contra los míos y presionó con ellos para dejar libre mi clítoris, entonces lo absorbió entre sus labios y lo mordisqueó durante largo rato, hasta que me sintió super excitada. Solo entonces se levantó, metió su pierna entre las mías y levantándose la falda, sentí sus medias en mi sexo. Comenzó a hincar su rodilla mientras me agarraba las nalgas fuertemente, tan fuertemente que uno de sus dedos se hincaba un poco en mi ano.
La seda de la media causaba en mi sexo una sensación muy excitante. El verme subyugada, maltratada, poseída por aquella seudo policía, hizo que comenzara a cabalgar sobre el muslo de aquella señora, que se afanaba en arrancarme un orgasmo restregando su muslo. Ella se esforzaba en arquear la espalda, de manera que me comía de nuevo los pezones, tirando de ellos como una ternera de la teta de una vaca.
El pañuelo de seda me impedía gritar y gemir por el orgasmo que aquella mujer me arrancaba, pero no por ello pudo evitar el orgasmo en sí mismo. Me corrí en el muslo de mi captora. La señora no me soltó enseguida. Me retuvo un rato, humillándome obligándome a bajar la cabeza. Regañándome por un robo que no había hecho. Me parecía que estaba chalada. Pero a mí me excitaba. De vez en cuando, se pasaba por detrás de mí y me pegaba un cachete en el culo.
- ¡Ala! ¡Te voy a soltar! ¡Pero no vuelvas a entrar al almacén a robar! -
Me vestí, miré mis bragas inservibles, y salí casi corriendo de aquella tienda con aquel paquete que contenía objetos tan comprometedores. Al día siguiente me presenté en el estudio de Eva. Era una pequeña nave de un polígono. Llevaba aquellos objetos que había recogido en la tienda.
- ¡Ah, eso! No nos va a servir, tengo otro encargo. -
Vaya, parecía que había dejado que aquella mujer me masturbara y me dijera aquellas horribles cosas excitantes para nada.
-Ponte esto. - Eran unas mallas como las de aerobics, pero con tirantes y todo, pero como si fuera de piel de leopardo, con ese tipo de manchas. - A ver si viene la modelo. ¿Conoces a Sara? Es una chica excitante. -
Me coloqué aquello sobre la piel desnuda. Parecía realmente un animal. Me veía como una hembra muy apetecible. A los diez minutos vino la sensualidad en persona. Era mujer con mi edad, veinticinco. Morena de pelo y de piel muy tostada, de ojos grandes, negros y expresivos, de pechos generosos, cintura estrecha y anchas caderas. Tenía un culo respingón y unos muslos gorditos que se estrechaban en las rodillas hasta desembocar en un pie pequeño y delicioso.
Sara se vistió. Tomaba el sol en top less. Se puso un traje plateado, escotado por delante por una cremallera y por debajo eran unos pantalones cortos. Eva me puso un collar de esos de cuero que se los ponen a los perros para llevarlos de paseo y una cadena. Sara me llevaba y yo tenía que hacer poses de gato salvaje. Eva me dirigía y hacía un montón de fotos. Luego ordenó a Sara que empezara ya con "lo grueso".
Sara me agarró muy corto y me acercó mucho a ella. Nuestras caras estaban muy juntas. Me besó, lentamente, para que diera tiempo a hacer varias fotos y luego con profundidad. Entonces tuve que ponerme a cuatro patas, sobre sus rodillas, tumbada bajo sus pies. El resultado fue una ristra de fotos con un gran contenido fetichista.
Eva se despidió. - Bueno. Yo me voy que tengo prisa. Cerrad el estudio. Tú, Sonia, me traes las llaves a casa luego, ¿Vale? -
- ¡Vale! -Le contesté.
Sara se desnudaba y yo casi a su ritmo.
- ¿Sabes, gatita?.- Me dijo cuando estábamos las dos desnudas.- Me has puesto tan caliente que me tienes que comer el coño ahora mismo.-
Me cogió del pelo mientras se sentaba en un sillón y separando sus piernas, me obligó a llevar mi cara hasta su sexo. -¡Vamos, mámame el botoncito!.-
Era la primera vez que lo hacía y no sabía por donde empezar. Su sexo estaba depilado, como el mío. Tomé su clítoris entre mis labios y lo lamí con la lengua. Estuve un rato. Luego busqué aquel néctar que su fruta abierta me ofrecía y me dediqué a lamerlo mientras ella extendía sus brazos delgados y largos e intentaba ordeñar mis pechos. Comencé a sentirla moverse y gemía diciendo.- ¡Me viene!...¡Me viene!...¡Si! ...¡Siiiiii!.-
-¿Has cerrado bien?.- Me dijo Eva al recibir las llaves del estudio con la mano abierta.
-Sí-
Era tarde. Habíamos salido un poco tarde, entretenidas Sara y Yo en comernos alternativamente la una a la otra. -¿Hueles a tigre!.- Me dijo Eva con sarcasmo, recordándome el disfraz que había llevado durante la sesión fotográfica. - Anda, dúchate.
Me quité la ropa y fui a la ducha. Estaba enjabonándome cuando sentí la puerta del servicio.- ¿Eva?.- Sí-
La cortina de la ducha se abrió. Eva entraba desnuda al baño y acercándose a mí me dijo. -Me han dicho que comes los coños la mar de bien.-
Antes de que pudiera hacer nada, Eva me besaba apasionadamente y me acariciaba mis senos enjabonados. Nunca había pensado sexualmente en mi prima, y aún ahora no lo hacía. Simplemente me dejaba llevar por ella. Sus manos recorrían mi cuerpo respetando aún los secretos más íntimos de mi fisonomía. Yo me asía a su cintura. Coloco una mano detrás de mi cuello y empezó a tirar de mi cuello hacia abajo, obligándome e arrodillarme delante de ella y colocando una de sus piernas encima del borde de la bañera me ofreció su sexo, esperando que le demostrara si era verdad lo que de mí decía aquella sensual modelo.
EL sexo de Eva era delicioso. Húmedo y generoso en sus extremos y en su longitud me entretuve en lamerla mientras ella descansaba sobre la pared de la bañera. El agua se deslizaba por su vientre y me mojaba los labios. Su clítoris se engrandecía. Eva tenía el sexo recortado y cuidado, aunque no depilado. Yo lo prefería a la maraña de pelos que cubrían el sexo de Sara, la modelo, que tanto me habían entorpecido llegar hasta su piel.
Eva cogió el mango de la ducha y lo aproximó a su vientre, disfrutando de la agradable sensación del agua y del cosquilleo. Yo aguanté la caída de las gotas en la cara, sobre mis labios, que sentían electrizarse su clítoris por el doble estímulo de mi boca y la caída del agua. De repente, sentí que Eva comenzaba a agitarse y agarrándome del cuello con las dos manos, soltando la manguera, me hundió la cara contra su vientre y comenzó a correrse, de manera sincera, amplia y sonora. Gemía débil pero decididamente.
Me levanté y nos abrazamos, besándonos. Nos secamos la una a la otra lentamente con la toalla. No podía huir de Eva como había huido de la dueña del Gimnasio, Luisa, o de la señora de la tienda de artículos de seguridad, Renata, como me enteré que se llamaba, o como había huido de Julia, la dueña de la tienda de lencería o de la chica esteticista, Helena.
Me llevó hasta la cama. Una cama que no entendía por que era tan ancha. Me tumbó y ella sobre mí y comenzó a hacerme el amor, besándome en la boca mientras me sobaba los senos y me metía la rodilla entre los muslos y la mano.
Comenzó a lamerme los senos, después de un largo periplo por mis orejas y mi cuello, mientras seguía hincándome la rodilla. Me tomó las manos mientras mordisqueaba mis pezones y me tenía inmovilizada a sus caprichos.
- Pon las manos cogidas a los barrotes del cabecero y no las separes... Obedece, aún tengo las esposas que me prestó Renata.- Coloqué las manos en el cabecero de la cama y no las separé de ahí mientras veía que su boca recorría una trayectoria descendiente hacia mi sexo. Se puso de rodillas entre mis piernas. Sus labios pronto se fundieron con mi sexo. Se esforzaba en abrirme de piernas y cuando se cercioró de que no podía estar más abierta, extendió sus manos para acariciarme los pechos y los pezones.
Me encontraba excitada y acalorada. Eva movía ahora sus manos con movimientos cortos pero rápidos, y como tenía mis pezones entre sus dedos, mis pechos se meneaban de una forma que me hacía sentir extrañamente reconfortada. El movimiento de su lengua era similar, y a veces, era su boca la que se movía de aquella manera, luchando contra los labios de mi sexo y provocando un movimiento similar en mi clítoris.
Me separó los labios del sexo con sus hábiles dedos e introdujo la lengua dentro de mí todo lo que pudo, comenzando a agitarla. EL movimiento de mis caderas parecía animarla a continuar torturándome de aquella manera y yo, a pesar de que hubiera deseado que la tortura durara indefinidamente, me corrí sin osar separar las manos del cabecero de la cama.
Quedamos las dos abrazadas durmiendo. A la mañana siguiente, mientras desayunamos me prometió que en esa semana me presentaría a Doña Úrsula.

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(II: La decisión de doña Úrsula)

Mensaje por Admin el Jue Jun 22, 2017 6:04 am

Eva ni me avisó aquel día. Llevábamos cinco días de novias y le consentía cosas que nunca hubiera consentido a Fernando. Esa manía de inventar planes de última hora.- Dúchate pero no te vistas. En cinco minutos estoy contigo.- Me había dicho. Al salir de la ducha me la encontré sentada en el sofá en que ya habías hecho el amor algunas veces. Desde que aquel día me duché y me llevó a la cama no había ido a mi casa. Me paseaba en bragas solamente y Eva me miraba. Me sentía complacida.
Eva se acercó a mí mientras me ponía una coleta mirándome en el espejo medio empañado del cuarto de baño. Puso sus manos sobre mis pechos y metió su vientre, encajándome el trasero entre sus muslos. Su boca me mordió la oreja y el cuello y los hombros mientras una mano se deslizaba por mis bragas y en mi vientre suave. Por fin sentía sus dedos en mi sexo. Me di la vuelta para besarla en la boca.
Eva clavaba sus manos en mis nalgas. Me metía la lengua en profundidad. Luego me soltó y me dijo.
-Vamos, ponte esto que te traigo.-
- Me has dejado muy caliente.-
-Es mejor que Doña Úrsula te conozca así, caliente. ¡Ah! No te pongas esas bragas...No te pongas bragas, no te van a servir para nada.-
Me puse una falda negra de cuero que se abría por delante con una cremallera, y un chaleco e cuero, sin mangas. No me puse sujetador. El chaleco se habría con tres grandes botones por delante. Unas medias de seda y unos altos zapatos de tacón de aguja hacían el resto. Me quité la coleta y Eva dio un poco de volumen a mi pelo con espuma. Montamos en el auto de Eva y en diez minutos llegamos a las puertas de un lujoso chalet de una urbanización casi desconocida.
La puerta se abrió y pasamos al jardín. Una chica mulata, vestida con un uniforme de minifalda rosa pálido y camisa blanca nos llevó hasta Doña Úrsula. Nos miró desde el sillón en el que estaba sentada. Su mirada me dejaba fría. Denotaba autoridad y poder. Iba vestida con unos vaqueros y una camisa blanca. Hizo pasar primero a Eva y tras saludarla afectuosamente y hacerle saber a la señora que yo era esa de la que tanto habían hablado últimamente, me hizo pasar.
Me desnudó con la mirada. Y ordenó, apretando un botón de un pequeño interfono que no la molestara nadie.
- Así que, tú quieres ser del club.-
- Sí.-
- ¿Te ha hablado Eva de nosotras?:-
Eva intervino.- No lo que debiera.-
-Mira. Nosotras nos lo pasamos bien solas. Somos un grupo de amigas que se divierten jugando a juegos que otras no comprendería. Creo que tú serías una buena muñeca... pero tienes que estar dispuesto a serlo.- No me dio tiempo a responder.- Evidentemente, te recompensaríamos de alguna forma, y con el tiempo, tú también pasarías a jugar.-
Doña Ursula seguía hablando como sin importarle realmente lo que pudiera decir.- Tendrías que pasar una fase de adiestramiento, pues me han dicho que aún estas muy verde.- Eva asintió con la cabeza.- Y luego, después de una dura ceremonia de iniciación, serías la nueva muñeca mientras durante una temporada, tal vez unos meses.-
No me dejó decir que sí ni no, Doña Ursula seguía mandando.- A ver, levántate la falda.. más...más. ¡Vaya! ¡Tienes un coño muy lindo!.- Aquellas palabras me sorprendían viniendo de la marquesa.
- ¿Y de tetas? ¿Cómo andas?.- Eva comenzó a desabrocharme los botones del chaleco y tiró de los dos hombros enseñándole a su amiga mis pechos menudos pero de pezones desafiantes. La señora me lo festejó mucho.- ¡Vaya!¡ Unas tetas pistoleras!.-
Ahora la señora se dirigió a Eva.- ¿Y su entrenamiento? ¿Cómo va?.-
-Pues ahora va sola a hacer footing. No quiero llevarla de nuevo al gimnasio hasta después de la ceremonia -
-¿Han dado todas su visto bueno?
- Todas menos Olga y tú.-
- ¿Y qué sabe hacer?-
- Como muy bien los coños -
-¿Consoladores y vibradores?.-
- Aún no.-
- Eso te lo dejo a ti, que vas a ser su tutora. ¿La habéis abierto el culo?.-
Eva me cogió y me obligó a ponerme de espaldas a la señora. Me separó las nalgas y dios.
- Eso no lo ha tocado nadie.-
- Bien, eso me lo dejáis para mí ¿De acuerdo?.-
- De acuerdo.-
Volvió a dirigirse a mí-. - A ver nena, acércate.-
La obedecí. Me puse de pie entre sus piernas abiertas. Doña Úrsula, sentada en el sillón, incorporada sobre sus caderas comenzó a bajar la cremallera de mi falda, que calló y luego me bajó las medias hasta la altura de los tobillos. Pasaba su mano por el interior de mis muslos despacio. Eva vino por detrás y me quitó el chaleco de cuero y quedé desnuda.
Doña Ursula me señaló una de sus piernas.- Anda, siéntate aquí.- Me senté
-Cruza tus pies enganchando los tacones.- Lo hice, aquello daba lugar a que me resbalara. Sentía en mi sexo la tela áspera de los vaqueros de la señora.
- Pon tus manos a la espalda.- Pronto estaba mi cuerpo tan cerca del de la señora, que sólo tuvo que estirar el cuello para lamerme los pezones de mis tetas. Luego me agarró un pecho para mamármelo mejor, casi con rabia.
La señora metió su otra pierna entre las mías y empezó a separarlas. Mi sexo ahora estaba al aire. Sentí su mano apoderarse de mi sexo. Entonces puse las manos sobre los hombros de Doña Ursula tímidamente. Ella hincó su dedo dentro de mí. Lo hincó hasta el final y luego hincó un segundo dedo.
Nunca me había sentido tomada con aquella firmeza. Los dedos de Doña Ursula parecían conocer cada uno de los secretos de mi interior. Me recorrían y se agitaban provocándome una lubricación desproporcionada. Me sentía a punto de desmayarme. Doña Ursula metía y sacaba sus dedos con rapidez y decisión. Yo la besaba en la frente mientras ella se afanaba en meter todo el pezón en su boca golosa. La sensación., la opresión de la sangre provocada por la excitación me llegaba desde el clítoris hasta el culo, pasando por los muslos y mi vagina.
Un roce más fuerte que los anteriores hizo que comenzara a correrme, moviendo mi sexo contra la mano invasora, buscando el calor, el tope del cuerpo de la señora, su vientre. La señora apretó mi pezón entre sus labios y mi seno entre sus dedos y comencé a gemir con aullidos profundos y duraderos ¡Aaaaaaahhhhh Aaaaaaahhhh Aaaaaaaahhhhh!.
No sacó sus dedos hasta que me había corrido bien corrida. Entonces me fui a levantar, pero entonces me volvió a agarrar- ¡Túmbate en la mesa-camilla!.-
Eva, que me observaba desde detrás vino a ayudarme. Me cogió de la cintura y me ayudó a sentarme y luego, sostuvo mi cuerpo tumbado, que sobresalía por la otra parte. La señora comenzó a lamer cada centímetro de mi sexo. Le dislocaban los zumos de las chicas. Se deleitaba con mi flujo, que ella misma había saboreado de su propia mano y me agradecía mostrando su glotonería, la nueva remesa de humedad que no cesó hasta que me volví a correr por segunda vez.
Me vestía mientras la señora me animaba a seguir los consejos y la instrucción de Eva, que era una magnífica maestra. Ese día, Eva me dejó ir por fin a casa. Me dijo que en este momento de mi instrucción no me convenía tenerle excesivo afecto.
-¿Eso significa que ya no somos primas?-
Esto significa que en este momento sólo deben unirnos relaciones...sexuales. Es sólo una semana, no te preocupes. Después tendrás no una prima, sino seis o siete novias... o tal vez debería decir novios.- Y después de decir esto, se despidió de mí premiándome con un apasionado óbsculo.
Eva me llamó al mediodía del día siguiente ordenándome que fuera a su casa. Lo hizo en un tono imperativo que no me hacía gracia y que fue el que utilizó durante los días siguientes y al que yo no me acostumbré aunque obedecía sin rechistar, acordándome que según los consejos o las instrucciones de Doña Úrsula, estaba en sus manos.
Llegué a su casa a la hora del café, a las cinco de la tarde. Eva me abrió. Estaba en bata, debajo de la que podía apreciar su figura esbelta. Yo, por mi parte, iba vestida de manera informal, con unos vaqueros, un suéter y una cazadora. Eva se sentó en una mesa que utilizaba de oficina sin prestarme gran atención. Tan sólo profirió una palabra durante los primeros minutos. - Desnúdate.-
Me fui quitando la ropa, dejé la negra cazadora sobre una silla y después la camiseta y los vaqueros. Luego me deshice del sostén de encaje y me quedé un rato esperando así, frente a mi prima, que seguía sin prestarme la atención que creía me merecía. Eva entonces pronunció otras palabras.- Quítate las bragas.-
La autoridad e indiferencia, esos aires despóticos me dolían, pero debo reconocer que esperaba excitada que comenzara a acariciarme. Deslicé mis bragas, una de esas elegantes que había comprado en la tienda de su amiga, por mis muslos depilados y se las tiré sobre la mesa, encima de esos papeles que leía con tanta atención.
Eva me miró fijamente a los ojos y se puso de pié. Vino hacia mí mientras se quitaba la bata, dejando al desnudo ese cuerpo espléndido oscurecido por las sesiones de sol en playas nudistas. Me cogió del cogote con fuerza y me besó apasionadamente. Me entregué a sus besos mientras dejaba que acariciaba mis senos y mis nalgas y luego mi sexo, por encima, como para percatarse de mi estado de excitación.
Eva me llevó de la mano hasta su dormitorio, donde la cama aún estaba sin hacer. Me tumbó bajo el empuje del ímpetu de sus besos y comenzó a devorar cada trocito de mi piel. Su boca recorrió desde el más recóndito trocito de mi cuello hasta el dedo meñique, pasando por mis senos y mis nalgas, hasta concentrarse en mi sexo, que lamió lentamente mientras le pedía que me metiera sus dedos.
Eva sacó algo de debajo de la almohada. Era un objeto negro con forma de pene. Había oído hablar de ellos, pero nunca había visto uno. Me obligó a que lo besara. Olía a goma nueva. Su tacto era suave y metí la cabeza entre mis labios mientras Eva me aseguraba.- Te voy a follar con él, así que tienes que ser cariñosa con él si quieres que él se porte bien contigo.
Eva pasó aquel consolador por mi pecho, presionado mis pezones y luego lo paseó por mi vientre. Abrí las piernas, excitada mientras lo sentía bajar por mis ingles depiladas y no tardé en sentirlo entre mis muslos, justo en la boca de mi sexo. Eva sacó de su mesilla un bote de un líquido gelatinoso, un lubricante con el que untó el consolador. Me metí los dedos en mi sexo esperando el punto álgido de la nueva experiencia.
Eva metió el consolador en mi sexo, Primero metió la cabecita y luego, poco a poco, el resto. Mi sexo estaba penetrado por aquello, que comenzaba a moverse al ritmo mágico que Eva la imprimía. Me pellizcaba los pezones. Eva miraba cómo el consolador se metía y se salía de mi sexo. Era extraño sentir aquello sin tener cerca el cuerpo de un hombre.
Veía como Eva agitaba su brazo y extrapolaba el movimiento a las oscilaciones de placer que se producían en el sexo. Era como un imán que al pasar por un cable de cobre provoca una corriente eléctrica que yo sentía en mi vientre. Aquel consolador consiguió que mi cuerpo se moviera impulsado por la corriente eléctrica que no era otra cosa que el intenso placer proporcionado.
Eva comenzó a agitar aquello con fuerza al oírme susurrar. -Amor mío...amor... fóllame...fóooollammme...fóllammmmmeeee.!- Entonces comencé a ahogar mis chillidos de placer que reprimidos sonaban como el ronroneo de un gato.
Parecía que Eva pensaba ser muy severa durante esta semana, pues después de conseguir que me corriera, permitiendo, consintiendo que me penetrara con aquel objeto, adquirido seguramente en aquella tienda de seguridad que detrás del mostrador vendía aquellos sugerentes objetos. Pues bien, después de aquello, Eva ni me besó. Ni una leve caricia de más. Me sentí usada, pero aquello, en lugar de hacerme desistir
Esa misma tarde fui al gimnasio, pues no debía descuidar mi tipo recién adquirido. Luisa, la dueña, estaba extremadamente simpática, pero aunque la esperaba todos los días en los vestuarios para que me hiciera el amor, ella no aparecía. Parecía como si Eva le hubiera dado la consigna de no tocarme.
Eva me llamó al día siguiente. Me invitó a una despedida de soltera. Bueno, en realidad no era una despedida de soltera, sino la edición repetida de una fiesta de despedida que tuvieron hace tiempo. Me aconsejó o más bien me ordenó que me pusiera ropa sexy, pues normalmente solían sacar los pies del plato en esta fiesta anual. Me vestí con una corta minifalda y también una camiseta ajustada. Por dentro me había vestido con uno de esos juegos de lencería que me había "comprado" en la tienda de la amiga de Eva.
Me vinieron a recoger. Eva conducía el coche y junto a ella estaban Helena, la chica esteticista que me había masturbado por primera vez, y Sara, con la que me había estrenado de comer coños. Realmente, la pareja tenía mucho "glamour". Cenamos y luego fuimos a un espectáculo donde un hombre musculoso bailaba en paños menores delante de un montón de mujeres que gritábamos histéricas. Una mano se posó sobre mi culo y me lo apretó-. Me di la vuelta sorprendida y con muy mala leche. No vi ninguna expresión extraña. Me ruboricé al ver a Sara y Helena besarse en la boca delante de todas, sin pudor. Eva a mi lado se divertía al ver mi expresión. Debía de haber sido ella la que me tocó para llamar mi atención.
-¿Te gusta el chico? Es amigo mío.- Me dijo Eva susurrándome al oído. Era realmente un bombón. A cualquier mujer que quisiera tener una aventura le gustaría que fuera con un chico como ese. Así que asentí con la cabeza.
Cuando su actuación terminó. Eva me cogió de la mano y me llevó hasta él , que salía por un extremo del escenario. No pude saber lo que hablaban. Se saludaron con un beso y con un gesto, nos invitó a entrar a su camerino. Le seguimos.
-Oy que ruido - EL chico estaba bastante amanerado - No se puede ni hablar.-
Eva nos presentó. Roberto me dio un beso en la cara. -Sabes, mi prima desde que te ha visto está prendada de ti.- Dijo Eva
- Bueno, eso ya sabes como se soluciona.-
- Vaya ¿No te parece que mi prima merece algo más que un polvo retribuido?
Roberto callaba. Me miraba fijamente pero en sus calzoncillos se apreciaba el efecto que las palabras de mi prima le causaban.
-¡A ver! ¡Que me enseñe el culo!.- Eva se dirigió hacia mí y me levantó la falda y me dio la vuelta
-Si que está buena tu prima.-
Roberto se me acercó y me besó mientras sus manos manoseaban mis muslos y yo agarraba aquel cuerpo musculoso por los lumbares. Mi prima me bajó las bragas poco a poco y a él le fue bajando sus calzoncillos. Roberto me besaba en el cuello y ponía sus manos ahora en mis nalgas y sentía su pollita rozar por debajo de mi ombligo.
Roberto me dio la vuelta con agresividad, después de que Eva le hubiera colocado un preservativo, y tiró de mi cintura hacia detrás. Puse mis manos contra la pared y esperé que Roberto iniciara la penetración en una posición que yo había practicado mucho con mi ex novio.
La sorpresa me la llevé cuando en lugar de enfilar mi sexo, sentí aquello presionar contra mi ano. En ese momento Eva intervino.
-¡NO!. ¡Eso no!.-
-¡Vamos! No me jodas...No ¿Porqué?-
-Por que me lo ha pedido Doña Úrsula.-
Permanecía atónita, de pié con las bragas bajadas y la camiseta subida a una agria discusión en la que Roberto llamaba a Eva lesbiana calienta pollas y Eva le llamaba al chico Maricón sodomita. Al final llegaron a un acuerdo. Me enteré que Roberto y la chica modelo habían sido novios.
-Está bien Roberto...Sé que no me puedes ver desde que te quité a Sara...Quizás si le hubieras hecho el amor como un hombre, en lugar de cómo un... Te resarciré dejando que te vengues en mí. Dame a mí si eso te llena.-
-¡Bájate las bragas.-
Eva se subió la falda y se bajó las bragas. Me miró a mí levemente y rápidamente tomó la posición en la que yo había dejado la escenita. Roberto introdujo la picha entre las nalgas de Eva y miré la cara de dolor de Eva, que se mordía los labios. Entonces Roberto la agarró de las caderas y comenzó a moverse contra su trasero.
No aguantaba la visión de lo que sucedía, así que me di la vuelta y esperé en el otro lado de la habitación, mirando de reojo como aquel cuerpo musculoso trabajaba en resarcirse en el trasero de mi prima todo el orgullo y sufrimiento de su frustrado amor. Finalmente sentí como un grito de alivio que significaba que el energúmeno se había vaciado.
Miré como Eva, enfadada se subía las bragas y se bajaba la falda, y la seguí cuando salía fuera de la habitación, dando tras de nosotras, un portazo sonoro.
- Lo siento.-
- No ha sido culpa tuya.- Me dijo visiblemente contrariada mientras apartaba su cabeza de mis intentos de acariciarla. Helena y Sara se habían perdido, así que nos fuimos a casa de Eva
-¿Hubieras dejado que me diera por culo si Doña Úrsula no te lo hubiera prohibido?-
Eva contestó enfadada.- Quiero que sepas, querida putita, que Ursita no lo ha prohibido, sino que se lo ha reservado...Será ella la que te dé por culo.-
Si Eva quería turbarme, desde luego lo había conseguido. Eva, además comenzó a acariciar mi muslo mientras nos dirigíamos a su casa. Las caricias en las rodillas habían atravesado ya cualquier límite y sentía su mano acariciar mi muslo casi al lado de mis bragas. -Quítate las bragas.-
En un semáforo me deshice de mis bragas, que dejé al lado de la palanca de cambios. Su mano ahora se apoderaba sin compasión de mi coño. Parecía que curaba su rabia tomando entre sus dedos mi clítoris y agitándolo, eso sí, cuando las circunstancias de la conducción lo permitía. Pronto llegamos a su casa. Bajé del coche olvidando mis bragas en el auto.
Eva se dedicó a magrear mis nalgas mientras el ascensor nos dirigía a su piso y tras el ritual de abrir las dos cerraduras de su puerta, maniobra que se demoró más de la cuenta por que estábamos algo bebidas y yo la desconcentraba, dándole besitos en la sien.
Eva me empujó dentro de la casa y me propinó un ardiente muerdo mientras me cogía el sexo con fuerza, casi hincando sus dedos dentro de mí. Eva se deshizo de su camiseta su sostén y su falda. Se quedó en bragas. Unas bragas excitantes y atrevidas. Yo comencé a desnudarme, con su ayuda. Me deshizo de toda mi ropa y comenzó a comerme las tetas. Tomó mis manos y las unió detrás de mí. Estábamos las dos de pié.
Eva empezó a liar los cordones de unos zapatos de deporte alrededor de las muñecas. Tenía suficiente confianza en ella y además, esperaba excitada a que Eva me poseyera. Cuando terminó de atar mis manos, me llevó descalza hasta su cama me tiró sobre ella, de cara al colchón.
-No creo que a Doña Úrsula, después de haber pagado el precio que he pagado por preservar tu culo, le importe que lo pruebe un poco. -
Eva se tiró sobre mis nalgas y comenzó a introducir su lengua entre mis nalgas. Sentía su calor mojado penetrar hasta mojarme el ano. Mientras, su mano volvía a apoderarse de mi sexo, pero ahora lo hacía sin tanta rabia y más sensualidad. Pronto un dedo me penetraba mientras yo mismo separaba mis nalgas para sentir a aquella mojada señora entre mis nalgas. Eva me agarró del pelo. Doblé el cuello y gemí.
En un momento, estaba de espaldas al colchón, fruto de un hábil movimiento que había sido dirigido por Eva, con un hábil tirón de coletas. Me sentía manejada como una yegua bajo las órdenes de una hábil amazona.
La boca de Eva me devoraba el clítoris y sus dedos me penetraban. Los de una manos se habían apoderado de mi sexo y los de la otra, se introducían entre mis nalgas primero, y ya dentro de mi ano, después. Eva me exigió que pusiera mis pies sobre sus hombros. Yo tenía el empeño, más fruto de mi excitación que de mi voluntad, de separarla de mí, pero mi impetuosa amante me follaba el sexo, el ano y el clítoris, y no tardé en susurrar su nombre mientras me corría y le juraba amor para siempre.
Voy a narrarles ahora un capítulo que me ocurrió al día siguiente mientras hacía la compra. Estaba parada en un pasillo del supermercado. Había observado como una mujer pelirroja, morena de piel y ojos oscuros me miraba. Incluso puedo decir que me perseguía. De repente. Me envistió con el carrito.
-¡Oiga! ¡Qué hace!.-
-¡Pues no te digo!.- Respondió.- ¡Si ha sido Usted la que me ha embestido!.-
Aquello me indignó de tal manera que me sacó de mis casillas y a ella también, de manera que nos llamamos de todo, desde puta a hija de tal y si no llega a ser por la rápida llegada de algún empleado, nos arañamos la cara.
Al final consiguieron que cada cuál siguiera por nuestro camino. La mujer, que vestía una camisa blanca y una camisa de rallas que no le tapaba la rodilla se llamaba Olga.
No entendí la reacción de Eva al contarle lo que me había sucedido. Parecía reírse con satisfacción. Estábamos tomando una cerveza en un bar de decoración muy curiosa.
No se cuando ni como, empezaron a acudir parejas extrañas, de chicas que se cogían de la mano, y de mujeres que miraban con cara de loba. Mi prima me había llevado a un pub de ambiente "raro". No se me quitaba de la cabeza la rubia atractiva, de unos cuarenta años, madura pero sensual, que no dejaba de mirarme durante todo el rato. Lógicamente, yo la miraba desconcertada. Eva también se daba cuenta.
-¡Vaya! ¡A quién tenemos aquí!.-
-¿La conoces?.-
-¡Uy, sí! Es una leyenda viva, Es la "dama solitaria". Sale de vez en cuando y sólo hace el amor una vez con cada amante. Creo que le has gustado. Te aconsejo que te dejes seducir...-
Eva me alargó disimuladamente unas llaves que reconocí como las llaves de su estudio.- Toma. Llévatela allí. Dile que me he enfadado y que te he dejado tirada.-
Eva abandonó el bar fingiendo un enfado inexistente. Yo parecía contradecida y la dama elegante no tardó en acercarse a mí. .¿Estás sola?.-
-Pues... me temo que sí.-
-Vaya. Siento haber provocado esta discusión. Te haré compañía.-
Aquella dama era de conversación inteligente, simpática y atrevida. Sus métodos de seducción no eran muy distintos de los de un apuesto galán de cuarenta años. No pagué ni una de las copas que me tomé y todo fueron atenciones hacia mí. Hasta que me dijo.- Quiero hacer el amor contigo.-
Me ruboricé. Pero no perdía de la memoria el consejo que Eva me había dado y le expliqué que Eva posiblemente me esperaba en nuestro nido de amor. Ella me dijo que era casada y le era imposible llevarme a casa. Entonces sonaron en mis bolsillos las laves del estudio de Eva, hacia donde nos dirigimos acto seguido. Antes de irnos, la dama solitaria pidió una botella de champagne, que yo mantuve entre mis piernas mientras nos dirigíamos en coche al estudio.
La dama solitaria entró en el estudio tras de mí con la botella en la mano, que le había traspasado mientras yo intentaba abrir la puerta. Bebimos champagne sin baso, chupando de la boca de la botella mientras entre caricia y caricia íbamos acercándonos a un sillón que en medio de la tarima parecía llamarnos como un imán para convertirlo en nuestro nido de amor.
Intentaba corresponder a los ardientes besos y caricias de mi experimentada amante. Mi ropa salía de mi cuerpo más rápido que la suya y pronto me encontré sentada en aquel sillón mientras la dama, desnuda de torso hacia abajo me comía el sexo, que le ofrecía generosamente abriendo mis piernas que colocaba fuera de los brazos del sillón.
Pronto me corrí, agarrando su cabeza con mis manos y animándome a que me hiciera suya siempre. Me abracé tras despejarme de la tempestad que sentí azotar el interior de mi cuerpo mientras me corría contra su cara marcada por unas leves arrugas de sus cuarenta años bien cuidados. Entonces ella terminó de desnudarse lentamente y me ofreció su coño mientras seguíamos bebiendo champagne.
Se tumbó en el sillón y ahora ella yo la que de rodillas devoraba su sexo, probando el chispeante sabor del champagne que ella había escurrido por su almeja muy bien depilada y de vellos cortados. Mi lengua se mostraba desconocida, glotona. Se deslizaba por los labios para tropezar con el clítoris y luego otra vez para introducirse dentro del sexo de la bella dama solitaria.
La humedad de mi amante me enervaba. Me hacía mover la lengua con más rapidez y no paré hasta sentir como se retorcía de placer en el sillón momentos antes de correrse. Me cogió la cara entre sus manos de afiladas uñas y me la llevó hasta la suya para besarme en la boca de una manera apasionada y loca.
Me puse de rodillas sobre el sillón, con sus muslos entre sus piernas. Le ofrecí mi pecho del que bebió el champagne que ella misma me derramaba, ya las últimas gotas del elixir preciado. No le di mayor importancia a que colocara la botella entre sus muslos. Sentía la boca húmeda y fría en mi barriga.
De repente, la bella dama se abrazó a mí y me llevó contra ella. Entonces metió mi pezón en su boca y sentí como manipulaba la punta de la botella, que había desprovisto de cualquier papel, entre mis labios. AL principio me retorcí, sin querer sentirme ensartada por ese objeto, pero la dama era insistente y pronto cedí, bajando mis muslos y provocando que yo misma, por la presión de mi cuerpo, cayera sobre la botella que me follaba.
Aquel cuello de botella era larguísimo y lo metí poco a poco hasta que pensé que no me cabía más. Además, se iba ensanchando y ya no estaba dispuesta a ceder más. Comencé a moverme alocadamente, aunque al principio tomaba mis precauciones, pero conforme me confiaba más, me sentía follada por aquella rubia cuarentona de pecho generoso. Su boca se divertía en mi pecho y finalmente, la locura de mis movimientos provocaron que me volviera a correr, abrazada a mi amante, estrujando su cara contra mi pecho y su cuerpo contra el mío.
Nos besamos. Nos vestimos y me juró que me volvería a ver muy pronto. Yo sabía por lo que Eva me había dicho que era mentira y aquello me entristeció hasta que caí rendida sobre mi cama.
Eva quedó conmigo al día siguiente después dl gimnasio. La encontré un poco rara, enigmática, como ocultándome algo. Le entregué las copias de las llaves del estudio que miró cómo dejaba sobre la mesa casi con rencor. Esperaba tal vez que le contara algo sobre mi encuentro del día anterior que yo no estaba dispuesta a contar. Eva estaba en bata cuando de repente me ordenó lo que era el comienzo de mi sesión de entrenamiento.
-Anda, desnúdate.- Mientras ella se deshacía de la bata y me enseñaba su cuerpo, sin duda más delicioso que el de la dama solitaria.
Me desnudé mientras ella se dirigía a un cajón que había en una cómoda y sacaba un objeto parecido al que había utilizado el primer día de mi entrenamiento. Eva me explicó la diferencia.
-Esto es un vibrador. Se llama así por que tiene unas pilas que hace que se mueva.. que vibre. Te hacen unas cosquillitas que te meas del gusto.- Y dicho esto lo encendió y me lo puso sobre la palma de la mano para que lo sintiera vibrar.
Y entonces, Eva comenzó a poner aquello en mis labios, y en mis pechos y en mi vientre. Yo estaba quieta. Esperaba desnuda de pié mientras sentía aquellas cosquillitas sobre mis pezones ahora. Luego lo sentí entre mis muslos y levantando un pié lo sentí en la planta de los pies.
Eva apagó el vibrador y me llevó de nuevo hacia la cama a la que me había llevado hacía dos noches. Me tumbé sobre la cama y Eva comenzó a jugar de nuevo con el vibrador, pasándolo de nuevo por mis labios, mi pecho y mis pezones, lentamente.
Las cosquillitas en los pies que me producían se me hacían deliciosamente torturadoras. Luego el vibrador avanzaba por mis muslos y lo sentí entre mis nalgas, golpea ligeramente la pared de mi ano, con la tranquilidad que me daba el saber que no me profanaría por ahí, ya que estaba reservado a doña Ursula.
Eva colocó la punta del vibrador sobre mi clítoris y entonces el placer si que parecía deliciosamente insoportable. Entonces, después de estimularme durante un rato, Eva escurrió la punta por los labios de mi sexo y después de repetir la operación varias veces comenzó a introducirlo dentro de mí.
El cosquilleo en mi vagina era lo mejor que había sentido nunca. Eva lo introdujo hasta el final y lo dejó allí un tiempo. Luego la vi colocar la cara entre mis piernas y agarrando el extremo con los dientes empezó a meterlo y sacarlo y aquello me hacía llegar al séptimo cielo. Mi sexo debía ser una fruta jugosa tropical, un mango de delicioso jugo.
Eva me ordenó soltando el aparato, que dejó dentro de mí que me pusiera a cuatro patas. Obedecí y entonces sentí sus manos en mis nalgas y otra vez, con su aliento sobre mi cuerpo, Eva agitaba con la boca el vibrador.
Empecé a decir palabras inconsistentes, declaraciones de amor exageradas. Comencé a chillar y a gritar el nombre de Eva y a gemir de placer como una loca. Me toqué el sexo, el clítoris manoseándome lo fuerza, maltratándolo hasta que el cosquilleo dio paso definitivamente a un orgasmo monumental.
La cara de Eva se incrustaba contra mi trasero. Me movía en dirección contraria a los impulsos que Eva imprimía al vibrador y sentía el doble goce del pene recorrer mi vagina y el cosquilleo intermitente que me cubría todo mi interior.
Comencé a escuchar a Eva, que con aquello entre los dientes, gruñía y yo me animé a gemir también La miré detenidamente y me di cuenta que mientras me follaba, ella misma se acariciaba su sexo.. Eva estaba tan entregada a su tarea que sin darse cuenta se ayudaba a penetrarme con aquellos gruñidos. -grooo groooo groooo groooo.-
Me corrí en un orgasmo muy largo y muy fuerte. Quedé rendida, tirándome en la cama apenas Eva sacó el vibrador de mi interior, cuando ya había pasado todo el orgasmo en su totalidad.
-Llama a tus padres y diles que hoy no vas a casa. Diles que te quedas conmigo.-
Le obedecí. Al poco rato, sonó el teléfono. Eran mis padres preguntando si tenía cepillo de dientes. Ahora mis padres estarían tranquilos, pues ya sabían que realmente pasaría la noche en familia. Dormimos juntas, desnudas. Nos quedamos dormidas mientras nos acariciábamos en una de esas sesiones de amor entre mujeres en que las caricias dan paso a la pasión y la pasión a las caricias.
-Mañana es la prueba final de tu entrenamiento... después, a los pocos días, será tu fiesta de presentación.-
AL día siguiente, cuando me levanté, Eva había salido ya. Me encontré una nota sobre mi ropa que me advertía que no fuera al gimnasio y regresara al lecho de amor por la tarde.
No sabía en que consistiría la prueba final y desde luego, tenía curiosidad por saber en que consistiría mi ceremonia de iniciación. Eva insistía n que era de presentación, pues iniciada, ya había sido iniciada hacía dos semanas casi. ¡Dos semanas! Parecía que había pasado un siglo desde que Eva me había pedido que me bajara las bragas en el servicio de aquella cafetería para ver hasta donde era capaz de legar o para asustarme.
Esa tarde, Eva me esperaba desnuda y con sólo la bata puesta, como en días anteriores. Pero la expresión de indiferencia del primer día y de rencor del día anterior había dado paso a una mirada que ocultaba una sorpresa. Se levantó y se acercó a mí y mientras me seducía con besitos tiernos en la cara y los labios me invitaba a desnudarme.
Mi ropa ocultaba el juego de lencería más excitante que nunca me había puesto. Su mano se clavó en mi pecho sobre el sujetador entre los bordes de mi camisa recién abierta y su pierna en mi sexo, entre mis muslos que se abrían todo lo que lo permitía la estrecha minifalda de cuero negro. Al deshacerme de la camisa, Eva me desabrochó el sujetador. Entonces yo descubrí sus hombros, besando su cuello que me olía a gel de baño. Su piel brillaba. Sus pezones endurecidos se rozaban con los míos.
Estaba en braguitas. Desabroché la bata de Eva y al abrirla me llevé una sorpresa. Justo delante de su sexo colgaba de ella una gran polla negra, de goma, soportada por un juego de correitas que le rodeaban los muslos y la cintura. Ver colgar aquello entre sus anchas caderas me ponía los pelos de punta. Lo cogí sonriendo y me puse a acariciarlo. Sentía el sexo caliente de va detrás de la fría goma de su artificial masculinidad -¿Con que en esto consistía la prueba final?.-
Eva sonrió y me llevó al salón. Apartó la mesita que había frente al sofá y me ordenó que me quitara las bragas. Me sentó en el sofá y comenzó a comerme el coño mientras le acariciaba la cabecita y su pelo. Ahora era ella la que se acariciaba su falso pene. Tiraba de mis piernas para que me pusiera lo más tumbada posible. Al final, lo único que pretendía era que fuera a parar sentada de culo sobre la alfombra.
Se tiró sobre mí con apasionados besos y cogiéndome de las manos me obligó a permanecer tumbada sobre la alfombra y entonces, puso todo su peso sobre mí. Estaba asustada como el día que me desvirgó mi primer amante. -Despacio - Susurraba mientras sentía que Eva cogía aquello y ponía su mano sobre mi sexo para tomar medidas de por donde tenía que metérmela.
Cogí la cabecita negra del consolador y me lo coloqué entre los labios y antes de que me diera cuenta, Eva presionaba. Una mueca de placer se dibujó en la cara de mi prima al ver mi expresión de susto mientras sentía insertarme con aquello. Eché la cara hacia un lado y Eva me besó el cuello. Lamió el sudor de mi nuca.
Mientras me penetraba, Eva colocó sus dos manos en mis pechos, magreándolos. Sentí dolor y placer y gemí. Pensaba que jamás iba a dejar de meterme el consolador pero al final me sentí unida a ella en toda la extensión de la profundidad de mi sexo. Eva comenzó a moverse. Me proporcionaba un placer exquisito. La miré y nos fundimos en un beso apasionado que volvimos a repetir varias veces mientras me estuvo follando y después de correrme.
Mis jugos mojaban la alfombra. Eva me penetraba ferozmente. Me follaba con dureza. Mientras mayor era su agresividad yo tenía menos fuerzas con que contrarrestar sus envites, me sentía más débil y buscaba su boca con mayor deseo y me sentía más excitada por cualquier caricia lo que sin duda se notaba en que me retorcía de placer. Sólo cuando sentía la proximidad del orgasmo tuve fuerzas suficientes para presionar con los pies en la alfombra e intentar levantar las caderas, buscando ser follada mejor.
Eva dejó el miembro dentro de mí un rato mientras las dos quedábamos tendidas sobre la alfombra. Yo le acariciaba su cara sudorosa y ella jugaba con mis pechos, que acariciaba tiernamente. Finalmente lo sacó y seguimos acurrucadas, dándonos cariñitos.
Nuestras bocas se volvieron a sellar al cabo del rato nuestras manos recorrieron nuestros sexos. Me puse entre sus piernas y levanté el ariete para lamer el sexo de Eva, jugoso y caliente. No me costó hacer que se corriera. Entonces me disponía a levantarme. Eva me cogió de la mano.
-¿Adónde vas?.- Y tras obligarme a arrodillarme me dijo.- Ahora lo vamos a hacer como los perros.-
Había un espejo de cuerpo entero en un lado del salón. Me veía la cara y mis brazos en primer lugar y tras ellos, mis pechos que a veces colgaban y a veces eran cogidos por las manos de Eva. De rodillas, mi prima se levantaba de rodillas. Veía su cara de felicidad, sus pechos, su liso vientre y ya, su sexo era tapado por mi espalda y mi trasero.
Eva me envestía y yo veía mis pechos moverse a su ritmo. Mi sexo abierto recibía y despedía con alivio y tristeza el pene de goma una y otra vez. Mi deseo estaba recién satisfecho, pero mi sensualidad estaba aún a flor de piel, todavía despierta por lo que no tardé en correrme.
Eva me besó la oreja, tendida sobre mi. Sentía los pelos recortados de su sexo sobre mi trasero. -Lo has hecho muy bien.- Me dijo.- Has pasado la prueba. Ya estás preparada.-
Una lágrima de emoción resbalaba de mis mejillas. -¿Eso significa que volvemos a ser primas?:-
-Eso significa que eres mi novia y mi puta, y que dentro de unos días entrarás en el club.-
Faltaba un último paso antes de mi presentación. Era n paso que en otras circunstancias podía considerarse normal, pero que en este caso era humillante y me parecía excitante.
Fuimos a ver a la Doctora Felicia. Ginecóloga. Eva no me lo había comunicado previamente, por lo que iba vestida como a Eva le gustaba que me vistiera cuando iba con ella, con buena ropa pero con pinta de putita. Las mujeres me miraban con caras muy extraña todo el tiempo que pasamos en la sala de espera.
La doctora Felicia era una doctora de treinta y tantos años largos. Morena y de aspecto grave. Muy delgada. Tenía una bata blanca que brillaba bajo los potentes focos de luz. Eva comenzó a hablar.
-Verá doctora. Mi prima tiene unos picores que creo que puede ser una venérea.-
La doctora me preguntó donde me picaba, qué tipo de picores. Yo previamente me había aprendido unos síntomas que bien podían corresponder a una venérea o a mil cosas, como un jabón demasiado fuerte.
-¡Venga! ¡Vamos a verlo! Desnúdate de cintura para abajo y sube al potro.-
Obedecí. Me sentía avergonzada. Nunca me había pasado ates en el ginecólogo, pero saber que todo aquello era capricho de Eva me hacía excitarme. La doctora miró mi sexo mientras estaba a cuatro patas. Sentía sus dedos guardados en los guantes de caucho y me miró una y otra vez y he de confesar que hubiera deseado que la Doctora me hubiera penetrado con aquella linterna. Pero no lo hizo.
Al final dictaminó. - Esta chica no tiene nada.-
La doctora me mandó un jabón suave para ducharme y no nos cobró nada. Eva me explicó que era requisito imprescindible para entrar en el club estar "limpias".


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Re: Alta sociedad

Mensaje por Admin el Jue Jun 22, 2017 6:04 am


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