Apaga La Luz

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Apaga La Luz

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:30 am

Autor: Arlinv5

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Capitulo 1

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:31 am

-Hey!
-Hey! Cómo has estado? Llevabas tiempo sin conectarte, los chicos ya te extrañaban.
-Los chicos? Tú mucho más, no?
-Eh! que yo sea la que tenga más habilidades, inteligencia y muchas otras cosas no aplica a eso. Pero por qué no te conectabas?
-Tuve un accidente y estaba hospitalizada éstas semanas. Un par de costillas rotas y buenos golpes… Oye, yo si te extrañé.
-Qué?!! Pero cómo estás? Tus padres están bien? tú estás bien? cuándo paso? Cómo paso? Mel!! Contesta!
-Tranquila estoy bien, me duele un poco al moverme pero todo bien. Ellos están bien cariño. Tú cómo has estado?
-Ya es hora de ir a visitarte.
-Ka, no te preocupes en serio.
-Mel, la dirección!
-Pero Kath, no es para tanto.
-Sin peros.
-Charleston Av Flower, casa 5017
-Pregunta a tu mamá si puedo quedarme con ustedes, y me escribes al celular. No estés haciendo locuras Mel, y toma tus medicamentos.
Desconectado
Creo que es la décima vez que leo la conversación… aún no creo que Kath esté en camino.
─ ¡Mamá!
─ ¿Qué pasa cariño?
─ Kath viene en camino.
─ ¿Kath? ¡oh! Oh… viene a verte.─ Sonrió con malicia.
─ Mamá… me dijo que te preguntara si se podía quedar.
─ Claro que sí, prepararé pasta. Ve a ducharte, tienes una hora.─ Rio mientras cerraba la puerta.
Después de ducharme fui a la sala a ver televisión mientras trataba de que los nervios desaparecieran. Mamá trajo los medicamentos y me los tomé, daban un poco de sueño, así que me recosté en el sofá.
─ ¿Aún no despierta?─ Escuche en voz baja. Diablos! Me había quedado dormida. Abrí los ojos y ahí estaba ella. Definitivamente era hermosa. Llevaba una camisa de cuadros azules y un short con Vans. Su cabello oscuro semiondulado caía por sus hombros con libertad. Esos ojos verdes me miraban atenta sin siquiera parpadear. Su piel blanca tenía un leve bronceado, quizás por los últimos viajes que había tenido. Sonrió y entendí que ella estaba ahí, a menos de dos metros de mí. Sonreí como una idiota y ella rio. ¿Kath riendo? Eso no era normal, a menos que tuviera una buena razón para hacerlo… bueno, mi cara de idiota podría ser una buena razón de burla claramente.
─ Hola.─ Dijo con una pequeña sonrisa que me encantó. No podía dejar de mirarla. ─ ¿Estás bien?─ Sonó preocupada esta vez.
─ Hola.─ Ella se sentó a mi lado haciendo que mi corazón pareciera un volcán a punto de estallar. Palpitaba tan rápido como corrían los segundos antes de un accidente. Me abrazo con cuidado llevándome a su pecho. La abrace y me acomodé allí. Su perfume embriaga mis sentidos, me hacía sentir que los mil caballos de fuerza que corrían a mi corazón, desaparecían poco a poco; el calor que emitía su cuerpo era tan tentador, era como ese calorcito que en la mañana no querías dejar.
─ Me preocupe mucho cuando me contaste… siento lo que dije antes, sí te extrañé y mucho. Necesitaba que me regañaras y bajaras mis niveles de maldad.-Sonreí al escuchar eso, me acerqué más a ella y ella hizo lo mismo. ─No vuelvas a hacerme esto, estaba muy asustada. No sabía cómo contactarte, no te llegaban mis mensajes o llamadas, ni los directos. Hasta pregunté a tu empresa y tampoco sabían nada de ti. Mel, en serio, te prohíbo estar en peligro de nuevo.─ Me dijo mirándome a los ojos con desesperación. Asentí al ver su preocupación. Nunca había escuchado a Kath hablar de esa forma tan preocupada y angelical. Beso mi frente y me volvió a abrazar. No quería separarme de ella. ─Pequeña… no quiero imaginarme si te hubiera pasado algo grave.
Luego de comer y que mamá la atormentara con avalanchas de preguntas, tales como: ¿Cuánto ganas? ¿Cómo se llama tu hermano? ¿Qué más te gusta hacer? ¿Piensas mudarte? O…
─ ¿Tienes novio Kath?
─ ¿Novio? No, novio…─ Bebió agua antes de ahogarse con las ocurrencias de mamá.
─ Novia?─ Ella muy tranquilamente comía mientras disfrutaba de nuestras caras.
─ No, estoy soltera.
─ Y ¿estás buscando una relación?
─ Bueno, buscando no, pero tampoco estoy cerrada a estar en una.
─ Mel está soltera…
─ ¡Ay mamá! ¡Cómo está papá?
─ Les envió saludos, lamenta no estar aquí para saludarte Kath.
─ Le envía mis saludos y que ya habrá más oportunidades.
─ así es… bueno chicas, no se preocupen que yo me encargo de esto. Vayan a ponerse al día.
Luego de ponerme mi pijama vi a Kath con la suya, pantalones largos con pequeños murciélagos y una camiseta de su empresa. Me acosté y ella se metió a la cama luego de apagar la luz.
─ Ayer no sabía si vivías y hoy te tengo a mi lado…─ Susurro antes de abrazarme por la espalda. Beso mi hombro y me acomode en ella. Acariciaba con cuidado mi abdomen mientras le contaba cómo había pasado todo. Ya estaba quedándome dormida cuando sentí que entrelazaba sus dedos con los míos. ─Descansa pequeña.
─ Igual tu Kath…─ Atraje nuestras manos a mi pecho y me quedé dormida.
Una semana después.
Desperté y fui a ducharme, cuando regresé ella seguía dormida. Me acomode a su lado y mientras la observaba acariciaba suavemente su rostro. Noté que estaba despertando junto a una pequeña sonrisa. Abrió sus ojos y estaban un poco más oscuros de lo normal, pero poco a poco fueron tomando su color natural. Ella tenía mi mano bajo la suya, sobre su pecho, nos quedamos así por un rato hasta que ella se levantó y fue al baño; regresó con el cabello empapado y solo el pantalón y el sostén.
─ ¿Tienes secador, cariño?─ Se apoyó en la cama y beso mi frente. ─Buenos días.
─ En el armario de arriba. Buenos días.
─ ¿Puedo decir que te ves particularmente hermosa esta mañana?─ Dijo mientras buscaba el secador.
─ No, no puedes.
─ ¿Por qué?
─ Porque no─. me senté en el borde de la cama y ella se agacho mientras agarraba mis manos.
─ ¿Amaneciste de mal humor?
─ Aja…
─ Umm… eso tiene solución.─ Beso mis manos y seco su cabello con la toalla. ─Solo espera cinco minutos.─ Me quede viendo su reflejo en el espejo, no se le quitaba esa idiota sonrisa perfecta, no pude evitar reír al verla mirándome con intriga. ─Vamos.─ Bajamos y mamá había dejado una carta diciendo que iba a visitar a papá. ─Bien haremos el desayuno.
─ Vale, soy un desastre cocinando, ¡pero! Lo hicimos.
─ ¿puedo decir algo?
─ No.─ beso mi nariz y siguió al comedor.
Luego de reírnos por el desastre que habíamos hecho en la cocina, y sus comentarios locos y sarcásticos, salimos al jardín a hablar. La pasaba muy bien con ella, era tan distinta de cuando hablábamos en vídeo llamada, la mayoría de veces eran cosas sin importancias o historias en concreto sobre temas muy raros.
─ ¡Pizza!─ Entró con una caja grande de pizza y bebidas. ─No pensaba cocinar de nuevo, el almuerzo fue traumático. Y acá están tus medicamentos, ya casi te tocan. ¿Qué escogiste? ¿Algo bueno?
─ Si con miedo te refieres a terror, sí.
─ Genial.─ Se sentó a mi lado y besó mi mejilla. ─¿Me extrañaste?
─ Ni un poquito.
─ ¿Poquito poquito?─ Dijo con ternura haciéndome cosquillas con su nariz en mi cuello.
─ Jajajaj ¡sí! Sí… poquito poquito.
Era terror clásico, a Kath le encantaba. Yo disfrutaba de la pizza y la cara de adoración de la chica que tenía al lado. Mientras ya ella iba por su cuarto pedazo, sin quitar la mirada de la tele, yo ya quería desabrochar mi pantalón y tumbarme como un oso. Me recosté en su pecho y mientras me estaba quedando dormida, ella me despertó.
─ No vas a dormir ya, es temprano princesa.
─ Umm…─ Renegué acomodándome en ella. ─ Quiero dormir.
─ Está bien, pero primero vamos a cambiarnos.─ Pauso la película y a regañadientes fui a cambiarme. Esta vez ella tenía un pantalón con lobos igual de grande que el de murciélagos. ─¿tienes una camiseta?
─ En el armario de la izquierda.─ Cepille mis dientes y ella se colocó en el lavabo que estaba a mi lado. Me miraba con una sonrisita aún mientras hacía lo mismo que yo.─ Por qué siempre tienes esa idiota sonrisa en la cara.
─ No es siempre, solo cuando te estoy mirando.─ le lance la toalla en la cara y ella estallo en risa. ─Hoy has estado de un humor.─ Me abrazo antes de llegar a la cama y nos reflejamos en el espejo.
─ ¿Puedo decirte que te ves particularmente hermosa en la noche de hoy?─ Dijo con esa encantadora sonrisa que quería arrancar de su cara. Apoyo su cabeza en mi hombro y beso mi mejilla. ─Sabes que te quiero demasiado, ¿no?
─ No.
─ Entonces me aseguraré de demostrártelo.
─ Deja de decir locuras y vamos a dormir. ─La jale a la cama y nos acostamos. Ella acariciaba mi espalda mientras yo no dejaba de pensar en lo que había dicho. Esa imagen de las dos en el espejo me hacía sentir escalofríos.
─ ¿En qué piensas?
─ Nada… ¿tú?
─ Que no me quiero ir y perder noches así.
─ Sabes que puedes venir cuando quieras.
─ Lo sé… nunca pensé que al conocernos fuese tan normal, me causaba bastante nervios la verdad.
─ Tres años de conocernos y nunca hablar en persona.
─ Tres años… y no me di cuenta de lo que estaba perdiendo.─ Me abrazo con suavidad.
─ Kath, ¿Cómo está la chica con la que estabas saliendo?
─ ¿Eh? Oh vamos Mel… no recuerdes eso, solo eran noches y ya.
─ Noches y ya, ¿igual que ahora?
─ ¿Cómo igual que ahora?
─ Nada Kath…─ Me separé de ella y me vire a mi lado. Ya no me dolían tanto las costillas, tenía más movilidad.
─ Cariño…─ Se acomodó detrás de mí abrazándome y acomodándose en mi cuello. ─Princesa, esto no es igual a nada, absolutamente nada que haya vivido antes. ¿Crees que he tratado a alguien más como a ti?─ Me hizo mirarla. Acaricio mi barbilla con suavidad. ─Nadie ha despertado toda esta idiotez en mí y hacerla salir con tanta facilidad. Contigo solo quiero estar así, las dos… antes con las otras chicas era solo pasión, si lo quieres ver así… contigo quiero todo lo contrario. No te enojes conmigo.─ Junto nuestras frentes mientras acariciaba mi cuello.
─ Disculpa… no me he sacado de la mente a esa chica desde que te vi hablando con ella en la mañana…
─ Es una compañera del trabajo, igual tengo que hablar con ella. ¿Sabes que eres adorable siendo celosa?
─ No estoy celosa Kath.
─ ¿Ah no?─ Volví a darme vuelta y ella me abrazó de nuevo riendo por lo bajo. ─Me encantaría si así fuera…
─ Kath… deja de decir ese tipo de cosas.─ Suspiré. No quería ilusionarme, aunque pensándolo bien… Kath me encantaba desde tiempo de conocernos. Cuando vi su sonrisa sabía que me iba a enamorar, o por lo menos lo sentí así.
─ ¿Qué tipo de cosas Mel? Sabes que no soy así con nadie más.
─ No las digas…
─ Mel...
─ Kath….─ Me aleje de ella y me cubrí con la manta. Luego de un rato que pareció siglo y medio.
─ ¿Quieres que me vaya?
─ No lo sé…─ No, no quería que se fuera, quería abrazarla.
─ Está bien.─ Suspiro con cansancio y se levantó. Encendió la luz y busco su mochila. Iba a empezar a cambiarse cuando decidí levantarme.
─ No… Kath… perdón, ¿ven si? Lo siento.─ La detuve y la lleve a la cama. ─Kath…─ No me miraba, se veía triste y eso me hizo sentir demasiado culpable e idiota. La abracé y ella se escondió en mi cuello. Acaricie su cabello y nos acostamos. ─No quiero ilusionarme Kath. Sabes que eres demasiado perfecta hasta para creer que esto es real. Nunca… nunca me habían tratado así… Así como tú lo haces.
─ ¿No te gusta?─ Preguntó con ternura.
─ Claro que sí.─ le dije acariciando su mejilla. ─Me encanta conocer ese lado tuyo, ese lado tierno que nunca me dejaste ver, y que solo en una semana dejaste salir.
─ ¿Entonces?
─ Tengo miedo de enamorarme.
─ ¿De mí?-Sonreí por la inocencia de su pregunta-.
─ Sí, de ti.
─…Hace mucho dejé de tener que entrar a la plataforma, pero me gustaba tener de qué hablar contigo, y las discusiones o saber de ti. Hablar por las noches y tratar de sonar como siempre era torturante, pero me encantaba escucharte renegando de mis comentarios.
─ Eres una tonta...
─ Una chica llamada Mel que es encantadora por cierto, lo dice siempre.
─ Kath…
─ Mel… yo te quiero, te quiero y demasiado es poco. Vamos bonita… dame una oportunidad.─ La miré y esa sonrisa pequeña que tenía me convenció. Le di un pequeño beso y ella volvió a besarme. Sus labios eran tan suaves y resultaban demasiado atrayentes. Estaba tan nerviosa, mi corazón bombeaba tan rápido. Ella pasó sus manos por mi cuello mientras nos besábamos, debía confesar que besaba como una diosa. Sonreí al sentir su corazón latir tan rápido como el mío.
─ ¿Qué pasa?
─ Tu corazón late tan rápido como el mío.
─ Eso significa que sentimos lo mismo…
─ Eso significa que es una locura.
─ Pues es la mejor locura que he cometido y me encanta.─ Me empujo suavemente hasta caer en la cama. ─Te quiero Mel.─ Dijo antes de volver a besarme.

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Capitulo 2

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:32 am

Ya habían pasado dos meses. Nuestra relación estaba muy bien, aunque no llegábamos a nada oficial y nadie más sabía, estábamos bien así. Claro que mamá no dejaba de interrogarme y papá ya sospechaba algo, lo cual era bastante normal en él.
En cuanto a mí… las cosas no estaban muy bien que digamos, mi padre casi no estaba en casa y mamá se encontraba muy cambiada. Peleaba con mi padre cada que podía, cosa que nunca los vi hacer. Estaba celosa, y ninguno de los dos entendíamos el porqué, mi padre era de esos caballeros de antes, un romántico y elegante hombre que amaba a su familia. Mi madre y yo éramos su vida, era testigo de que no tenía ojos para nadie más. Esa mirada que le daba a mi madre cuando la veía al llegar era única, deseaba llegar a encontrar a alguien como él, y lo había hecho… eso que sentía al verlo era lo que sentía cuando Kath me miraba, esa perfecta sonrisa al verme llegar. En verdad quería que nuestra relación funcionara, pero no apresuraría nada ni mucho menos, quería aprender y vivir junto a ella. Amarla el tiempo que durara y disfrutar cada segundo juntas.
─ Gustavo… ¡me dijiste que saliste hace una hora!
─ Marie… había trafico amor, no pude hacer nada. Te extrañe.─ Le fue a dar un beso, pero mamá lo rechazo. Suspiro y volvió a su asiento. ─Te quedo muy bien la cena…
─ Gracias.
─ ¿Cómo está Kath, cariño?
─ Bien Pa, viene mañana.
─ Oh eso es genial, ¡podremos ir a ver el partido!
─ ¡Buena idea! Le avisaré.─ Le escribí a Kath avisándole de la propuesta de papá, y mi madre no desaprovecho el silencio.
─ Y bien… ¿cómo está el departamento?
─ Bien, la chica que contrate lo tiene todo ordenado. Casi no hablamos, es muy extraña…
─ Ah contrataste a una mujer.
─ Oh vamos Marie…
─ Le encanta la idea Pa, luego de eso podemos ir al lago.─ Les interrumpí antes de que empezaran otra pelea.
─ Eso suena bien, nos llevamos la camioneta y llevamos el bote. ¿Qué dices cariño?
─ No creo que pueda ir, tengo reunión con el club.─ Se levantó y empezó a recoger los platos.
─ Pero aún no termi…─ Quito su plato y siguió con el mío. Por primera vez vi a papá con el ceño fruncido, clara señal de que estaba enojado.
─ Quiero hablar contigo apenas termines en la oficina.─ Dejo la servilleta y vino a darme un beso, se perdió por el pasillo y solo escuchamos la puerta cerrándose.
─ ¿Qué rayos le pasa?
─ No sé mamá, a lo mejor has estado insoportable, le quitas su comida sin ir siquiera por la mitad, insinúas que te engaña ehhh déjame pensar… ah sí, le tratas mal. ¡No sé mamá! Dime tú qué le pasa.─ Me levanté y fui a mi habitación. Aún tenía hambre así que ordene pizza. Papá debería estar igual, luego le llevaría un pedazo.
-Hola linda, ¿qué tal la cena?
-Creo que debería vacacionar en el polo sur, solo para entrar en calor.
-Jajajaj ¿tan mal ha estado?
-¿Mal? Mal está mi mamá, está insoportable Kath. Me regaña por absolutamente todo, le busca a papá cualquier excusa para discutir, siquiera lo dejo terminar de comer.
-Wow… eso si es raro.
-Por primera vez vi a papá enojado, esto no va a ir por ningún buen camino.
-No pienses así, deja que ellos solucionen sus cosas. ¿Pediste pizza?
-Acaba de llegar, espera.
-Listo. ¿Qué tal el tuyo?
- Mi chica me tenía abandonada, así que…
- ¡Ah! ¿Tu chica? Con que esas tenemos.
- Deberías conocerla, es hermosa y adorable. Aunque últimamente anda un poco enojona, sigue siendo adorable. Es mi ternurita. Mañana iré a visitarla y le tengo una sorpresa.
- Te adoro.-dije con una sonrisa tonta en la cara.-
- y yo a ti princesa. Cariño, debo irme… Harold está haciendo uno de esos experimentos raros de nuevo y no quiero quedarme sin casa.
- Está bien, lo saludas de mi parte. Que tengas linda noche cariño.
- Igual tú, trata de no pensar tanto ¿sí? A menos que sea en mí, piensa todo tipo de cosas.
-¡Kath!
-¿Qué? Yo me refería a lo que haríamos mañana…-dijo riendo-.
- Ya ve que no quiero que se queden en la calle. Un beso.
- Dos para ti.
Luego que corte la llamada fui a ver a papá, aún mi madre seguía en la cocina. Él estaba dibujando, era arquitecto, me encantaban los dibujos arquitectónicos que hacía, eran impresionantes.
─ ¡Cariño! Pasa.
─ ¿Cómo estás?─ Deje la caja de pizza lejos de sus planos. ─Hay pizza.
Sonrió y fue por un pedazo. ─Bien, algo preocupado, no te miento, pero bien. Amor, estos días que he estado fuera ¿ha estado igual?
─ Sí… casi siempre sale. Regresa más tranquila de lo que se va, pero ya me tiene algo ansiosa…
─ Está bien, no te preocupes. Las cosas se arreglaran. Mira esto, estoy trabajando en un edificio bastante loco.─ Comenzó a explicarme de su trabajo y los chicos que trabajan con él, reíamos con sus bromas e historias. Mamá toco a la puerta y yo me despedí, fui a mi habitación y le escribí a Kath antes de dormir.
-Debo preocuparme por dónde dormirás?
-Linda, voy a matar a ese niño, no me importa quedarme sin hermano!
-Kath… aléjate del cajón de los cuchillos y no pienses en ahorcarlo.
-Aún me queda ese martillo…
-Kath!
-Dejo caer un ácido en la mesa que, literalmente, la perforo! Por lo menos fue en su laboratorio… igual ya estoy a punto de llamar al 911. Crees que pueda usar la máquina de electroshock para lanzarlas accidentalmente en su cara?
-No sé por qué creo que terminaré visitándote en un hospital psiquiátrico o en la cárcel.
-En el hospital hay de esas visitas privadas?
-Oh Dios…
-Solo pregunto! Ya comiste?
-Sí, mañana iremos al lago con mi padre.
-Futuro suegro se escucha mejor.
-Mi padre.
-Futuro suegro. Cómo te sientes?
-Hablar con él siempre me divierte.
-Aún me queda uno cuerdo.
-Mamá también te adora.
-Lo sé, soy un amor. La novia perfecta.
-Novia?
-Ah cariño, Harold me pregunto cómo ibas con la traducción.
-Allí tenemos a la escapista Kath Clark! Mejor conocida por sus deseos sangrientos. Ya casi la termino, faltan como veinte páginas. Mañana no tenías una conferencia?
-Tenía, necesito verte, además solo iba a hacer acto de presencia.
-También te extraño. Sabes manejar un bote?
-Teniendo en cuenta que tengo terror ahogarme, puede resultar extraño que si sepa…
Al día siguiente…
─ ¡Felicidades Gustavo! El único día que estás en casa y vas a un partido de baloncesto.─ Papá lanzo la llave inglesa contra el pavimento creando un gran agujero. Mamá se había pasado toda la noche y la mañana de hoy, discutiendo. Entendía muy bien su reacción.
─ ¿Qué rayos quieres de mí? ¡Te he dado todo! Te he dado todo el amor que tengo, te he sido fiel a cada segundo porque no tengo ojos para nadie más. Te he amado cuando incluso tú te odiabas. ¿Qué quieres de mí Marie? ¡Quieres el divorcio? ¡Eso quieres? ¡Pues es tuyo! ¡Es tuyo! ¿Quieres el auto, el bote y la casa? Son tuyos, pero deja de reclamarme cosas sin justificación. Si ya no me amas dímelo de una buena vez y deja de buscar excusas para pelear. ¿Querías que yo llegara a este límite? ¡Pues felicidades! Felicidades Marie, lo conseguiste. Ya puedes estar con tu amante sin ningún problema. Cariño, cuando llega Kath me avisas ¿sí? Yo las paso a recoger. Te amo.─ Se dirigió a mí con una voz más calidad, beso mi cabeza y subió a la camioneta para irse. Mire a mi madre y estaba petrificada. Creo que de todo lo que le dijo, lo único que le impacto fue que supiera que le engañaba.
─ Felicidades ma...─ Camine a la esquina de la manzana, Kath tenía que pasar por ahí cuando llegaba. Veinte minutos después se detuvo su Audi A5 negro.
─ ¡Hey guapa! ¿Te llevo?─ Dijo con esa sonrisa de portada de revista. Abrió la puerta y entre. Le di un beso y un gran abrazo. ¿Qué haces aquí, pequeña? Mira que pudo haber sido un loco que quería raptar señoritas hermosas.
─ Te extrañe mucho… papá exploto, mi madre parece lo lleva engañando algún tiempo, y no quería estar en casa. El partido empieza en tres horas, me dijo que lo llamara cuando llegaras.
─ Lo siento mucho pequeña.─ Aparcó mejor el auto y me abrazo. ─Sabes que puedes contar conmigo. ¿Aún quieres ir al partido?
─ Sí, quiero ver cómo está él.
─ ¡Genial!─ Grito alzando su dedo de hule. Llevaba dos hot dogs en la otra mano. Mi padre y Kath tenían el mismo apetito. ─ ¡Vamos chicas! Tenemos buenos asientos. Esto será genial, tenía mucho de no venir aquí, cuando vine por primera vez vine con mi novia y papá, ¡así que! Espero que traigan a mi nieto o nieta… o los dos.-dijo con una gran sonrisa. Kath no paraba de reír y yo estaba que no podía siquiera pensar bien qué había dicho mi padre… ¿entendía el hecho de que tenía 19? Y ella 21…
─ Eso espero Sr. Gustavo, eso espero.-dijo ella antes de comer de sus nachos-. ¿Qué?
─ Nada Reagan…
─ ¡Ah cariño!-cubrí su cara con el gran gorro que llevaba-. Muy graciosa…
La pasamos genial en el partido, papá estaba muy feliz, se llevaba muy bien con Kath, incluso se unían en contra de mí, pero ya sabía cómo controlarlos.
─ Ah vamos Mel, ¡no te enojes con nosotros! Era una broma, ese tipo te tocaba y lo matábamos.
─ Después de torturarlo.-dijo con seriedad Kath-.
─ No quiero escucharlos, ¡a ninguno! Quiero irme.
─ Ok, ok… iremos por el bote y vamos al lago. Pero antes… ¡¡un abrazo familiar!!
─ oh no.─ trate de huir, pero ya los dos me estaban abrazando.
─ ¿Quieres hablar?
─ jumm… eso se escucha como algo que te preguntaría a ti.─ dijo antes de beber de su cerveza. ─No, tal vez luego, ¡vamos por tu tío Charlie y al lago!
─ Bien, les traje suficiente comida como para que alcance para todos… ¡todos! ¿Entendieron eso?
─ No comer toda la comida porque la novia de mi hija se enojara, ¡apuntado!
─ ¿Cómo la pasaste?─ Se metió a la cama conmigo y me abrazo.
─ Se siente genial estar con ustedes… me siento como en casa. Nena, tengo que contarte algo.─ Se sentó frente a mí. ─La sede de la empresa se muda acá y quieren que participe más en sus eventos y eso… Harold va entrar a la universidad y no quiero que esté viajando cada rato, mis tíos tenían una casa que quedo literalmente abandonada cuando murieron, así que la vamos a remodelar y nos vamos a mudar. Dentro de unos tres meses ya estaremos viviendo acá… amor… ¿no dirás nada?
─ ¡¡Eso es genial!─ Me abalance a abrazarla. Empezamos a reír porque casi nos caemos. Le di un gran beso. ─Me encanta esa noticia. Los tendré cerca a los dos.
─ Harold tiene muchas ganas de conocerte en persona─. Empezó a darme pequeños besos.─ Puedo decirte que hoy te ves hermosa? Particularmente hermosa. ─susurro en mi boca. Mordió mi labio y paso su lengua lentamente por mis labios, al sentir su contacto no pude evitar soltar un pequeño gemido. Empezó a besar mi cuello con suavidad y a subir mi suéter para tocar mi espalda.
─ La… la puerta…─ Logré balbucear tratando de tener un poco de cordura.
─ Shh…─ Me dejo abajo y fue a cerrar la puerta con seguro, aunque ninguno de los dos estaban no era una imagen que quería que tuvieran.
─ ¡Auch!
─ Jajajaj lo siento. No es mi culpa que lo hayas tumbado.─ Quito el cuadro y volvió a la cama.
Subí a ella mientras sus manos recorrían mi cuerpo desnudo. Sus uñas lentamente hacían que mi cuerpo se estremecieran al contacto, deje caer mi cabeza hacia atrás y ella se apodero de mi cuello. ─Adoro tu boca…
─ Sigue hablando con esa voz y te voy a devorar cien veces más.─ Mordió mi cuello y mis niveles de control habían desaparecido desde que bajo por mi vientre la primera vez.-
Desperté y estaba lloviendo, pero el frío estaba escondido de nosotras, el calor de nuestros cuerpos desnudos era perfecto para una mañana así. La habitación tenía claras señas de lo que había pasado anoche, y nuestros cuerpos igual. Ella se movió y no pude evitar reír al ver su clavícula con las pequeñas marcas que había dejado hasta bajar a sus senos, definitivamente fue delicioso hacerlas. Besé su cuello y me acurruque para seguir durmiendo.
─ ¿Vas a seguir durmiendo?
─ No me había dado cuenta que estabas despierta.
─ Buenos días princesa, ¿cómo dormiste?
─ Perfectamente.─ Me estire y luego me puse de pie para buscar algo que ponerme. ─¿Y tú?
─ Igual de bien.─ Se levantó y busco una camiseta. Me dio un pequeño beso y se adelantó al baño.
─ ¿Vas a bañarte? ─dijo aún con un poco de pasta de dientes en la barbilla.
─ ven aquí.─ Me abrazo por la cintura y le quite la pasta. ─Aún no, hace frío. Vamos a seguir durmiendo─ Tocaron la puerta.
─ ¡Chicas? Sé que tuvieron una noche agitada, pero voy a preparar el desayuno y no quiero que mueran por desnutrición, ¡porque de seguro quemaron todas las calorías que necesitaban!
─ ¡¡Papá!! Oh Dios…─ Estaba demasiado sonrojada, me escondí en el pecho de Kath que reía sin parar mientras me abrazaba. ─Ya vamos papá.
─ Recuerden ponerse ropa.
─ ¡Papá!─ Solo lo escuche reírse mientras se iba. Nuestras habitaciones estaban a los extremos de la casa, y mi habitación tenía insonorización, así que lo único que se me ocurría era que iba a venir a despedirse y escucho.
─ Tu padre es único.─ Dijo secándose las lágrimas de la risa. Me abrazo por la espalda y beso mi cuello. ─Te ves hermosa así…─ Suspiro. Acaricio mi abdomen y subió hasta tener cada uno de mis pechos en sus manos, besaba mi cuello con suavidad y su aliento frío me causaba sacudidas. Abrí los ojos y vi nuestra imagen reflejada en el espejo y mi excitación voló. Me di la vuelta y le empuje un poco para besar su cuello, la lleve contra la pared y comencé a besarla apasionadamente-.
─ ¿Puedo confesar que ha sido demasiado difícil para mí?─ dijo aún agitada.
─ ¿Por qué?─-besaba su abdomen e iba subiendo.
─ Porque… porque debí callar el mejor éxtasis de toda mi vida, y no fue nada fácil.
─ Díselo a mi espalda.-─sentí mi piel arder, pero sabía muy bien que era. Me entretuve en su cuello por unos segundos.
─ Quiero ver…-se apoyó en sus codos y yo me senté de espaldas. ─Oh rayos… amor, lo siento.-─me tocó con suavidad y beso mi piel. ─Perdón… en serio me descontrole.
─ no tienes que disculparte, fue increíble.
─ Lo fue…
─ Además, no has visto tu pecho.─- reí. ─En la mañana tenías menos marcas.─-la besé y me levanté. ─¿Quieres ducharte?
─ Solo ducharnos.
─ Sí, solo ducharnos.
─ Y… ¿qué hicieron anoche?─ Preguntó con una sonrisa.
─ Bueno primero nos pusimos a ver una película y luego nos dormimos.─ dijo con poco convencimiento.
─ Ahora le llaman dormir.─ Rio él.
─ Y ¿tú dónde andabas papá?
─ Fui con Charlie al bar, nos tomamos algunas copas y fuimos a ver partidos de los setenta. Ustedes jugaron un buen partido.
─ Muy bueno.─ Le acompaño Kath.
─ ¡Reagan!
─ Ya, ya…─ Siguió comiendo. ─El mejor de la historia…─ susurro. Le lance la servilleta y ellos siguieron riendo.
─ Ya cariño. ¿Qué van a hacer hoy?
─ Pensamos ir al centro comercial, ¿quieres ir?
─ Si no les molesta.
─ ¿Crees que tu papá esté bien? Digo… parece que está muy bien, pero lo está?─ dijo mientras comía palomitas.
─ No tengo la menor idea… está muy… normal.
─ Creo que ya sabía lo de tu madre. Ahora parece libre… le sienta bien el proceso de separación…─ la mire. ─¿Qué?
─ A veces es mejor que mantengas tu boca cerrada, cariño.
─ Lo sé…─me robo un beso y alcanzó a mi padre, yo me quede viendo unas botas que estaban convenciéndome de comprar. Y así fue, salí de la tienda y ellos se había perdido, seguí viendo tiendas y comprando. Fui por un helado y me senté en las bancas a comerlo mientras ellos aparecían.
─ hola… ¿puedo sentarme?─ Preguntó una chica de cabello negro con puntas azules. Tenía el mismo helado que yo y algunas bolsas de compras. Me gustaba lo que llevaba puesto.
─ Claro.
─ Bonitos zapatos.
─ Me encanta tu cabello.
─ Me llamó Lena.
─ Mel, mucho gusto.
Comenzamos a hablar de ropa, zapatos, bolsos y peinados; luego pasamos a comida y terminamos hablando del tiempo y la decoración del centro comercial. Se nos pasó el tiempo conversando, ni recordaba al par que se me había perdido horas antes. Ella ya se debía ir y yo igual, intercambiamos números y quedamos en ir de compras algún día de estos, lo cual me encantaba.
Camine por el área de comida y ahí estaban comiendo de seguro su cuarto o quinto plato. Me senté al lado de Kath y le quite su hamburguesa, estaba hambrienta.
─ ¡Hey! Apareciste.
─ Ustedes me dejaron sola.
─ No es cierto, miramos atrás y ¡adiós Mel! ¿Dónde estabas eh?
─ Estaba hablando con una chica y se nos pasó el tiempo.
─ ¿Una chica?
─ Sí, se sentó en mi mesa y empezamos a conversar cuando vimos ya habían pasado horas, ¿qué hicieron ustedes?
─ Fuimos a jugar en las maquinitas y hemos comido casi de unos diez restaurantes. Kath y yo encontramos unos juegos de encestar el balón y ganamos cien boletos, lo cambiamos y te conseguimos esto.─ jalo de una bolsa un lindo oso blanco con corbatín rojo. ─¿Qué nos compraste tú?
─ ¡Está súper lindo! Gracias.─ besé la mejilla a Kath y le lancé un beso a papá que sonreía contento.
─ Yo les conseguiste esto…─ saque dos regalos y le entregue uno a cada uno.
─ ¿Un libro?─ dijo sin mucha emoción papá, reí y negué. ─¡El nuevo juego de la NBA!
─ ¡Y el de baseball!
─ ¡Gracias!─ dijeron al unísono. A veces creía que tenían la misma edad.
─ de nada, ¿ya nos vamos?
─ Sí, ya es hora de ir a casa.
Llegamos a casa y no había señas de mamá, mi padre se despidió y se fue a la habitación. Nosotras nos bañamos juntas y fuimos a la cama.
─ ¿Con quién estabas eh?
─ Una chica que recién conocí.─ Me acomodé bajo su cuello y la abracé.
─ Recién conociste… ¿guapa?
─ Sí, vamos a salir de compras un día de estos. Se llama Lea.
─ Lea… Qué bueno…
─ ¿Todo bien?
─ Sí, todo bien…─ Y sabía que ese todo bien era de no, estoy celosa y quiero que me digas cuanto me quieres.
─ Amor…─ La besé. ─ ¿Sabes cuánto te quiero?─ Ella no respondió. Sonreí porque eso confirmaba mis sospechas. ─ ¿Nunca me has escuchado cantar verdad?-ella negó y la besé. ─ Escucha…─ Sonreí con nerviosismo mientras aclaraba mi voz.
The cars all stop where they are,
when you take my hand, there is no time.
Every moment that passes by with you,
I wish I could rewind.
Let go of your ways and forget today
Just follow me tonight.
Do you understand why I put all my plans on hold?
And doesn't the night go slow?
When we are here alone,
Something inside you shows.
Doesn't the night go slow? oh Slow oh.
It feels like we are the only two people that left in town.
Our phones are dead and the planes overhead,
don't even make a sound.
With no distractions my only reaction to you is the joy I found
And I don't think I can let this moment go.
And doesn't the night go slow?
─ When we are here alone…─ Susurré. Dejé salir el aire y cubrí mi rostro con mis manos, estaba muy apenada… solo había cantado frente a mis padres y eso por costumbre.
─ ¿Qué pasa? ─pregunto con suavidad mientras trataba de que quitara mis manos, me atrajo a ella y me abrazo fuerte─. Cantas hermoso princesa.─ beso mi cabeza y la abracé.
─ Nunca había cantado frente a alguien más.─le dije al oído, me acomodé en su cuello y no me despegué─.
─ Estaba algo celosa de que te habías olvidado de mí… pero es imposible hacerlo si escucho esa hermosa voz.─ sonreí y beso su cuello─. Te adoro…
─ Y yo a ti… muchísimo. - Besé su cuello con suavidad y me fui embriagando en esa sensación sin poder detenerme. Ya me encontraba desabotonando su camisa sin dejar de sentir su piel en mis labios con suavidad. Ella respiraba con tranquilidad mientras acariciaba mi cabello… era casi doloroso querer detenerse luego de empezar.
Esa noche hicimos el amor despacio, apreciando cada segundo, como si la noche no fuera a acabar nunca, y así lo sentimos… cada gemido y beso, cada suspiro y caricia se profesaba perfectamente.
Me entregaba completamente a ella, era como si toda yo perteneciera a ella de alguna forma casi divina. Como si me sacrificara ante ella y renaciera. Como si confesara mis pecados y ella me librara de ellos.
Su piel contra la mía era un placer que solo con ella quería conocer, no deseaba que nadie más conociera cada centímetro de mí como ella. No quería que nadie conociera cada centímetro de ella como yo lo conocía. Cada cicatriz que besaba en mí era como si las desapareciera e hiciera que valieran la pena…
Sus manos calientes y suaves subiendo por mi cintura, con una fuerza que solo acariciaba con deseo, me hacía anhelarla más.
Sus gemidos en mi oreja que estremecían mi cuerpo en cada temblor.
Su voz excitada pronunciado mi nombre con leve gravedad.
Ella era lo que deseaba, lo que quería… lo que amaba.


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Capitulo 3

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:33 am

─ ¡Hola Lea!
─ Hola Sr. Gustavo, ¿cómo está?
─ Bien, ¿Mel?
─ Está cambiándose, acabamos de llegar.
─ ¿Qué tal estuvo la película?
─ Excelente. Hace mucho no iba al cine.
─ Hola Pa… ─le di un gran abrazo. ─¿Qué tal el viaje?
─ No había tráfico, así que muy bien. ¿Kath?
─ Me dijo que pasaba ahora.
─ Si viene me avisas, tengo que enseñarle algo. ─Dijo riendo.
En los últimos dos meses habían pasado muchas cosas. Kath y yo éramos novias oficialmente. Los chicos en la plataforma estaban que se volvían locos, aunque según ellos se lo veían venir. Mis padres se habían separado y mamá al parecer no había querido nada de los bienes, solo se fue a vivir a otra casa y así de fácil… se había alejado mucho de mí y no entendía la razón, pero tenía la esperanza de que volviera a ser la de antes. Papá estaba muy bien, salía más cuando venía y se veía más contento. Me había vuelto amiga de Lea, salíamos a comprar cosas o simplemente a ver películas, era como una segunda yo, pero un poco más loca. A Kath no le agradaba mucho, ni Kath a ella, pero se sobrellevaban lo suficientemente bien como para que solo pelearan una vez al día cuando se veían.
─ Bueno, ¡me voy! Antes de que venga tu noviecita.-me dio un abrazo y antes de abrir la puerta, Kath la abrió-. Genial… tratando de no oscurecerme el día y me encuentro con lucifer.
─ Créeme, el infierno parece Hawái cuando tu apareces.
─ ¡¡Ush!!...─Cerró la puerta con fuerza, mientras que Kath tenía esa sonrisita de lado cuando cumple con su cometido. Me miró y quito la expresión. ─ ¿Qué! ¡Ella empezó!
─ Amor, cuántas veces te voy a decir que no peleen…
─ Ella empieza. ─Me besó y seguido me levantó hasta llevarme al sofá. ─Te extrañe mucho. ¿Ya llegó Gustavo?
─ Sí, está en el despacho.
─ Voy a saludarlo. ─Se levantó dejándome con ganas de sentir sus labios y desapareció por el pasillo, pero volvió corriendo a darme un beso. ─Umm… otro más. ─le di un beso lento y se fue con su estúpida sonrisa tarareando por el pasillo.
─ ¡Suficiente! ─Tome de la mano a Kath. Tú tienes que terminar tus planos y tú debes darle atención a tu novia.
─ Habló la presidenta. ─Dijo mi papá alzando las manos en rendición.
─ Listo a las siete, papá.
─ Sí cariño.
─ Me levantó dejándome sobre sobre su hombro de cabezas. ─!!Bájame!!
─ No, dime cuánto me quieres.
─ ¡mucho! ¡Demasiado! Amor, ¡en serio! ¡¡Te amo!! ─me dejó en el suelo y de nuevo la idiota sonrisa de vencedora. ─Te odio. Camine lejos de ella, pero me tomó de la cintura y me atrajo a ella. Me dio besos hasta hacerme reír. ─No Kath…
─ Yo también te amo princesa. Me haces tan feliz. ─Suspiro abrazándome. ─Podría estar contigo toda mi vida y aún parecer poco. ─Acaricie su cuello hasta que fui sintiéndome débil…
─ ¿Mel? ¿Cómo te sientes? ─preguntó papá visiblemente preocupado.
─ ¿qué paso?
─ estabas con Kath y te desmayaste.
─ ¿dónde está? ¿Kath? ─quería verla, intente levantarme, pero me volví a marear.
─ ¡¡Kath!!
─ Voy!! ─La escuche correr y darle unos papeles a papá. Princesa…─ se hizo a mi lado. Amor, ¿cómo te sientes? ─acaricio mi cabello y yo me esforcé hasta poder abrazar su cintura. Allí estaba ella, todo estaría bien, nada pasaba cuando ella se encontraba cerca, y si pasaba sabía que yo estaría bien.
─ quiero dormir…─dije en voz baja.
─ ¿Te quedas con ella?
─ Sí. Respondió sin vacilar.
─ Estaré en el despacho cualquier cosa, ¿sí?─ beso mi frente y asentí. Le avisaré a tu madre.
─ Nena, déjame cambiarme.
─ Está bien…─dije con debilidad. Me sentía débil, pero sabía bien qué era, solo debía aumentar un poco la comida que consumía. Ella se cambió de ropa y volvió a la cama conmigo, me abrazo con calidez hasta quedarme totalmente dormida.
─ Hola princesa…─dijo con una sonrisa de lado. ─¿Cómo te sientes?
─ Mejor. ¿Qué hora es?
Suspiró. ─Las ocho de la mañana. Has dormido desde ayer. ─Vi sus ojos y estaban empezando a cristalizarse, quería llorar y eso hizo que todo mi interior se retorciera. Me moví rápido para abrazarla.
─ Estoy bien amor, solo que no había comido desde antes de ayer por terminar unos trabajos. No llores corazón, en serio estoy bien. ─Acaricie su rostro y la besé con todo mi amor. ─Estoy bien… La volví a abrazar y nos acostamos. Ella se aferró a mí y yo la abracé fuerte mientras acariciaba su espalda tarareaba I Walk The Line de Johnny Cash.
─ Estaba muy asustada…
─ Lo sé, tranquila. ─Kath era muy sensible a este tipo de situaciones por cómo murieron sus padres, a pesar de ser la chica mala que aparentaba, era muy frágil en cosas así. Shh… ¿has dormido?
─ No… Voy a buscarte algo de comer.
─ Ya yo me encargué. ─Papá traía la mesa plegable y una gran cesta, la puso delante el sofá y sirvió mucha, mucha, mucha comida. Cuando terminamos de devorar todo, recibí el regaño de los dos hasta hacerme prometer que no me descuidaría así de nuevo. Vimos películas hasta casi que oscureciera, me fui a duchar y volví a la cama. Papá se iría con la condición de que Kath se quedara hasta que él regresara, que sería un día después, cosa que ella acepto sin pensarlo.
─ Ven acá…─ Kath apagó la luz y vino a la cama. Gracias por estar conmigo.
─ No podría estar tranquila si estuviera en otro lugar, no podría estar en otro lado conociendo que tú no estás bien.
─ Te amo. ─susurre antes de besarla.
Al día siguiente…
─ A lo mejor, pero tú desayunas, almuerzas y cenas almas de niños, y por si fuera poco de ¡¡aperitivo comes bebés!!
─ Ya… tienes una mente bastante retorcida para imaginar eso Lea, yo tú me busco un buen psiquiatra, eso, o dejo alguna droga.
─ ¡Te odio!
─ En el fondo me quieres, lástima que no es reciproco. ─Dijo con su sonrisa mientras comía palomitas. Estas dos no podían estar en calma un segundo, ni un segundo.
─ Ya quisieras, ¡ya quisieras! Creo que hay que estar loco para quererte un poquito.
─ Díselo a tu amiga Lea, díselo a ella.─ Rio, sonreí y negué mientras me levantaba.
─ Voy a la cocina, por favor no se maten.
─ Sería demasiado fácil.
─ ¿Quebrarte una uña o dañarte el peinado? Digo… eso pareciera que te costó trabajo hacerlo.
Fui por más palomitas y podía escuchar aún su discusión, ya era imposible hacer que pararan si no estaba presente. Regresé y Lea le había lanzado algunos cojines a Kath, que estaba divertida en el sofá terminando las palomitas que quedaban, le di otras y en otro bol a Lea. Me senté en el sofá que estaba en medio de las dos, así evitaría otra guerra.
─ ¿Qué paso?
─ El arma secreta era un clon.
─ Aja…
─ Oigan, mi papá nos invitó a pasar unos días en la cabaña de mi tío Charlie, ¿quisieran ir? Puedes traer a Harold, Kath.
─ De seguro cariño.
─ Tengo que revisar.
─ No creo que la veterinaria atienda esos días Lea, así que de seguro también podrás.
─ ¡¡¡Ushhhh!!!¡¡ Eres una!! ¡¡Te voy a matar!! ─Jalé su mano y la llevé de nuevo a su lugar─
─ Ya te dije que después se te rompe una uña, no queremos una depresión por uña quebrada, mejor quédate allí quietecita viendo la tele.
─ Chicas…─Sonó el celular de Lea y contestó.
─ Kath, deja de molestarla.
─ Ella empieza, además es gracioso ver cómo se le achurra la nariz. ─dijo imitándola. Reí y le lancé un cojín. ─Dame un beso y no la molesto más. ─me apoye del extremo del sillón para alcanzarla y darle un beso. Te amo. ─Sonreí y la besé de nuevo.
─ Te amo. ─le susurre antes de volver a mi lugar.
─ Bien, vienen por mí dentro de una hora.
─ Aún tenemos para terminar de ver la película. ─Lea se pasó a mi sofá y vi a Kath mirarme con recelo, le sonreí y le lance un beso, ella se acomodó en el sofá reclinable de papá y siguió comiendo palomitas.
─ ¿Qué le hiciste que se calló? ─Susurro.
─ Jeje… nada, ella se porta bien. ─levanto las cejas mirándonos de reojo.
─ Y yo no vivo en esta ciudad. ─Tomó un cojín para recostarse en mis piernas, acaricie su cabello y seguimos viendo la película hasta que termino en calma. Kath se levantó y desapareció por el pasillo de las habitaciones de la derecha. ─No entiendo cómo la quieres eh… es un demonio.
─ Es un poco malvada, pero es linda. ─dije sonriendo. - Además solo conoces su parte un poco cruel.
─ No creo que tenga otras partes.
─ Sí que las tiene. Aun no entiendo porque se llevan tan mal.
─ Nena, regreso en media hora. ─me dio un beso en la frente. Cualquier cosa me llamas.
─ ¿Dónde vas? ─aún seguía con la ropa de estar en casa.
─ Harold daño algo y voy a ver qué hizo.
─ Está bien. ─le extendí la mano para jalarla y darle un beso. Maneja con cuidado, puedes traerlo.
─ Gracias. Cuídate Lea. ─sacudió su cabello haciendo que ella se levantara.
─ Argh… igual tú. ─renegó arreglándose el cabello.
No demoró para que Lea se fuera. Empecé a preparar algo de comer y arreglar la casa. Mamá había llamado para avisar de su existencia, la verdad la extrañaba mucho. Y justo en ese preciso momento me llamó
-¿Cuándo te podré ver?
-Cariño, es mejor así por ahora, en serio.
-Mamá, te extraño.
-Yo también cariño, pero ya nos veremos, ahorita voy saliendo de viaje, te escribiré en cuanto pueda. Besos, saludos a tu padre.
-Está bien mamá… te quiero, cuídate.
─ ¡Mel! ─gritó desesperado corriendo. Me abrazo y me uso de escudo, luego vi la razón, Kath lo perseguía. ─ ¡No quise dañar la estufa! En serio, solo estaba preparando macarrones con queso y se quemaron y ¡no me di cuenta! ─dijo rápidamente casi sin que yo lograra bien entender lo que decía.
─ ¿Sabes cuán fácil es meterlos en el microondas Harold! ¿Sabes cuánto cuesta esa estufa!
─ Bueno… cuesta unos sete…
─ ¿Sabes qué hubiera hecho si te hubieras incinerado?! ¡Te vuelvo a la vida para matarte por haber muerto!
─ Oigan.
─ Te he dicho mil veces que cuando no estoy, pidas comida y que uses la tarjeta.
─ ¡Quería macarrones!
─ Chicos…
─ Es que… argh te voy a…
─ ¡¡Kath!! ─ Le alcé la voz.
─… ¿si?
─ Ya, suficiente. ¿Tú estás bien? ─me gire y acaricie su cara, estaba lo suficientemente asustado para estar pendiente de lo que hacía su hermana detrás de mí. ─Kath, ve a servir la comida. ─la escuche renegar mientras abría la puerta del jardín para entrar.
─ Sí, creo que puedo arreglar la estufa, en serio no lo quería hacer. ─lo atraje a mi pecho para tranquilizarlo.
─ Lo sé, solo está asustada, sabes que si te pasara algo se volvería loca, tienes que tener más cuidado Harold. Tu hermana te adora y eres lo único que le queda. Somos su familia.
─ Sí… tendré más cuidado Mel, odio que se enoje conmigo.
─ Vamos dentro. ─lo abrace y fuimos a la cocina. Kath estaba viendo por la ventana, le di un empujón a Harold y él fue a abrazarla, ella le respondió con fuerza.
─ Tienes que tener más cuidado, ¿sí? ─acaricio su cabello.
─ Lo siento.
─ Igual yo.
Luego de cenar salimos al jardín a jugar futbol, era muy mala en eso, creo que más estaba en el suelo o saliendo corriendo sin el balón huyendo de Kath.
─ ¡¡Gool!! ─gritamos los dos. Chocamos la mano y empezamos a celebrar. ─ ¡Ganamos!
─ Solo por uno. ─dijo ella riendo.
─ ¡Uno hace la diferencia!
─ Así es, oigan… tengo hambre. ¿Pido pizza?
─ Sí, el teléfono está al lado del mueble de la sala.
─ Vale.
Kath tenía las manos en la cadera y estaba un poco cansada, llevaba unos jean negros y una camiseta holgada. Se veía muy, muy bien. Se encontraba distraída viendo la casa de los vecinos, así que aproveche para tomarle una foto. Volteo a verme y sonrió, troto hasta mí y me cargo dándome vueltas. Me bajo y se quedó viéndome con esa sonrisa que adoraba. ─Te ves particularmente hermosa hoy. ─ Susurro. Deje caer mis brazos por sus hombros.
─ Amo cuando dices eso. ─le confesé. Junto nuestras frenes y beso mi nariz.
─ No digo nada en lo que no crea, y estoy totalmente convencida que eres la mujer más hermosa que ha podido existir para mí. ─Sus ojos verdes no dejaban de mirar con esa intensidad que solo ella lograba transmitirme. Tome su rostro entre mis manos y la besé por unos minutos. La alarma de su coche se activó y salimos de nuestro hermoso momento.
─ ¡¡Kath!! ─Grito Harold desde dentro.
─ No de nuevo…
─ ¿Cómo rayos quieres que me calme si acabas de chocar mi auto!
─ ¡En serio no fue intencional! ¡Te lo juro! Trate de esquivar esa rama y pues choque contra tu auto.
─ Qué fácil. ─Camino y se sentó lejos en el pasto.
─ Esto me saldrá demasiado caro. ─se lamentó el chico. Tenía claras señas de haber bebido. La aseguradora y el transito ya no demoraban en llegar. Kath adoraba su auto, tanto o más que la comida. La defensa trasera izquierda estaba bastante dañada por el impacto de la camioneta del muchacho.
Luego de hacer el papeleo, que llegaran las grúas, y una larga charla para calmarla entramos a la casa.
─ Hoy no ha sido un buen día… ─dijo Harold sentándose en el sofá. Al poco tiempo se levantó porque llamaban al timbre.
─ Amor… ─me senté a su lado y tome su mano. Las cosas se van a arreglar, tranquila. ─Le di un suave beso.
─ No sé qué haría sin ti. ─soltó en un suspiro.- ¿Podemos quedarnos acá hoy?
─ No pensaba dejarlos ir.
El resto de la noche nos la pasamos viendo series y comiendo pizza. Papá había llamado y le contamos lo que había pasado, estaba un poco sorprendido, en dos días llegaría y vería en qué podía ayudar.
Le preste ropa de papá a Harold y lo dejamos durmiendo en una de las habitaciones de visitas.
─ Estoy muerta… ─se dejó caer del sofá a la alfombra. ¡No quiero pensar en nada! ─Cubrió su rostro con un cojín. Me acosté a su lado y me quede viendo el techo. Al sentirme a su lado se acomodó encima de mí.
─ ¿Quieres que prepare la bañera?
─ Solo si tú entras conmigo.
─ Está bien. ─le di algunos besos hasta hacerla sonreír.- ¿Sabes que subí la foto a mi blog y ya tiene mil likes?
─ ¿Qué foto?
─ Revisa mi celular. ─me levanté y fui al baño a preparar la bañera, era una bañera de hidromasaje que le obsequiaron a papá, lo termine convenciendo para quedármela, la adoraba era grande y perfecta. Papá había hecho un traga luz automático que dejaba ver las estrellas en la noche, y se había asegurado que solo se podría mirar desde el interior de la casa. La preparé con algunas esencias y salí a la habitación. -¿viste?
─ Sí, soy famosa…interesante.
─ Eso ya lo sabías. ─reí. Kath era heredera de una importante compañía de publicidad era su voz principal. La adoraban, y ella adoraba lo que hacía. También era muy conocida en páginas sociales, ya que tenía dos blogs. Yo me dedicaba al doblaje y traducción de material cinematográfico, de libros o historias. Adoraba los idiomas y la escritura. ─Vamos… - la tome de la mano y la lleve al baño. Primero me quite mi ropa mientras ella observaba atentamente, luego empecé a desvestirla lentamente. Entramos a la bañera y el agua burbujeante y cálida te hacía entrar en un estado de relajación casi instantáneo. Luego de unos besos me recosté de espaldas sobre ella, mientras me abrazaba.
─ Amor…
─ ¿Mmm?
─ Con todo lo que pasó hoy, se me había olvidado decirte algo.
─ Te escucho. ─entrelace nuestras manos.
─ La empresa va a realizar un baile… y están celebrando la aprobación de leyes y todo eso… y bueno, varios compañeros van a llevar a su pareja y… y… eh…
─ ¿Quieres que vaya contigo? ─me gire para mirarla.
─ Sí… si quieres, no quiero que…
─ ¿Que qué?
─ Que te sientas presionada o incomoda.
─ Voy a ir con Kath R. Clark, todos van a estar pendiente, ¡claro que me sentiré presionada! Eso significa que tengo que ir a comprar ropa, y eso me encanta.
─ ¿Eso es un sí? ─Dijo contenta.
─ Ujumm… ─La besé con intensidad, pero despacio. Mordí su labio y la jale hasta que quedara encima de mí. - ¿Cuándo será? ─susurre entre los besos.
─ En tres días.
─ ¿Me querías volver loca verdad?
─ Sí… y tenemos que abrir el baile. ─Empecé a reír.
─ ¿Es broma?
─ No…
─ ¡Kath!
─ Lo sé… mañana tenemos que ensayar con Rick, es el encargado de eso. Y… tengo que cantar durante el baile… bueno tenemos.
─ ¡Qué? Oh ¡no! No, ¡no! ¡No! No, no, no y no. ─Me aleje de ella. No pienso cantar. ─Salí de la tina y busque una bata, ella me siguió, me cambie y Kath continuaba sin decir algo.
─ Es una fiesta de disfraces… llevaremos máscaras, además seré tu princesa azul… bueno roja, por toda una noche. No es que me agrade la idea de bailar… por lo menos no tendré que usar vestido. Los tres principales usamos vestido de gala tipo cuento de hadas. ─ se puso ropa y luego vino a mi lado tomando mi mano.- Cantas hermoso, sé que no has cantado frente a nadie más y no sabes cuan feliz me siento de haber tenido el placer de escucharte. Esa noche solo cantaras para mí y yo para ti. Y es una canción que ya sabes. No soltaré tu mano en ningún momento. ─Se levantó y me dio la mano. La mire y esos ojos me convencieron, lo intentaría. Tome su mano y ella agarro mi cintura.
─ Puedo decir que esta noche te ves particularmente hermosa.
─ No puedo. ─Dije al borde del colapso.
─ Solo mira mis ojos. ─Sus ojos verdes resplandecían hoy… beso mi mano y luego mis labios, no me había soltado en toda la noche y si lo hacía, caería al suelo sin dudarlo. Se veía hermosa en ese traje rojo oscuro, llevaba una máscara que imitaba ser hueso muy bien elaborado. Y su cabello rubio castaño caía perfectamente. ─ Solo somos tú y yo. Nadie más. ─Las luces se apagaron y había llegado la hora, volvió a besarme y caminamos hasta el centro de la pista.
K
You fix your make up, just so
Guess you don't know
That you´re beautiful
Try on every dress that you own
You were fine in my eyes a half hour ago
And if your mirror
Won't make it any clearer
I'll be the one to let you know
Out of all the girls
You're my one and only girl
Ain't nobody in the world tonight
All of the stars
You make them shine like they were ours
Ain't nobody in the world
But you and I,
you and I
Ain't nobody in the world but you
M
You stop the room when we walk in
Spotlights on, everybody staring
Tell all of these boys
They're wasting their time
Stop standing in line because you’re all mine
And this evening I won't let the feeling die
I never want to leave your side
K&M
Out of all the girls
You're my one and only girl
Ain't nobody in the world tonight
All of the stars You make them shine like they were ours
Ain't nobody in the world
But you and I, you and I
Ain't nobody in the world
K
You keep wondering if you're what I'm wanting
You don't even have to try
You don't have to try
M
Don't try, don't try
You don't have to try
K&M
Out of all the girls you’re my one and only girl
Ain't nobody in the world tonight
All of the stars
They don't shine rather than you are
Ain't nobody in the world
M
But you and I,
you and I, you and I
K
Nobody in the world tonight
Ain't nobody in the world
But you and I
Estaba temblando, no podía despegar mis ojos de los de ella, ella sonreía como nunca. Fue como si en verdad solo hubiese estado con ella.
─ Lo hiciste. ─Susurro antes de darme un largo beso que ovaciono el público.
─ ¡Estuvieron fantásticas! Dios, su conexión es tan fuerte, esas miradas… ¡ustedes son perfectas! Y además se ven demasiado lindas juntas.
─ Vamos, Derek, queremos salir de ésta locura.
─ ¡Pero quieren fotografiarlas!
─ ¿Amor? ─me miro y suspire asintiendo, era imposible negarme después de lo que habíamos hecho. Salimos al área de la alfombra roja y en verdad era una locura. Había muchas personas gritando nuestros nombres, los camarógrafos.
─ ¿Cómo les fue? ─Andaba solo en bóxer. -¿Me trajeron algo de comida?
─ Excelente. Y sí, en la mesa, espera que nos cambiemos para comer.
─ Vale, vale… voy a buscar platos.
─ Te veías hermosa hoy. ─Las dos estábamos solo en ropa interior. Gracias por hacer esto conmigo.
─ Fue una locura. ─Reí al recordar la cantidad de personas que habían.
─ Pero bailaste y cantaste conmigo aun así. Y fue perfecto.
─ Y a Kath ¿se le cayó la máscara? ¿Se le rompió el traje? ¿Algo interesante?
─ jajajaj no.
─ Aburrido… Tu papá llamo, Mel. Dijo que recordaras lo de mañana.
─ Cierto, con todo esto se me había olvidado.
─ ¡A mí no! Así que ya tengo todo preparado, alquile un auto, compré algunas cosas para comer en el camino y solo falta sus maletas. Con permiso, iré a dormir. ─subió la escalera a su habitación.
─ Alquilo un auto…alquilo un… ¡¡Harold!! ¿Cómo rayos alquilaste un auto si eres menor de edad?
─ ¡¡Con tu tarjeta y tus datos!!
─ Y ¿qué auto alquilaste!
─ ¡Un mercedes! Te saldrá algo caro.
─ Un… ¡un Mercedes ─-Se iba a levantar, pero la detuve a tiempo. ─Un Mercedes!! Un Mercedes Benz! Dios… voy a quedar en bancarrota. ─dijo recostándose en la silla.
─ Bancarrota tú, primero yo hago un concierto amor. ─le di un beso y levante los platos.
─ ¿Qué quieres decir? ¿Que vas a hacer un concierto? Porque por el camino que este niño me lleva.
─ Ya va entrar a la universidad, ¡con dieciséis años! Estará trabajando a los veinte y será un gran profesional, no tienes nada de qué preocuparte.
─ Eso no me preocupa, me preocupa mi capital. ─me abrazó por la espalda. Estoy tan feliz. ¡Soy tan feliz! Tengo una novia hermosa, que espero y algún día nos casemos y tengamos lindos niños rubios y castaños; un hermano que… bueno un hermano, el trabajo de mis sueños y… ¡amor! Creo que ya es tiempo.
─ ¿Tiempo de qué? ─me gire para verla con su cara de estar planeando algo.─ No voy a casarme ni tener hijos, aún.
─ Adoptar una mascota.
─ ¡Yo quiero un perro!
─ ¡Tú no te ibas a dormir!
─ Baje por agua. ─dijo riendo.
─ Agua… tú vas a pagar ese auto.
─ Te ayudaré a pagar un 10% si es que me alcanza…
─ Aja… y no quiero un perro.
─ No tendremos ninguna mascota aún.
─ Ja! Habló tu señora esposa. ─Se fue riendo.
─ Aún no lo es, aún… ─ Sonrío con picardía antes de subirme a la encimera y empezar a besarnos.

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Capitulo 4

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:33 am

Un año después.
─ ¡Chicas!
─ ¡Papá!
─ ¡Gustavo!
─ ¡Al fin se dignan a venir! Pasen. ─Luego de abrazarlo pasamos. Papá se había mudado a la ciudad donde trabajaba, y yo hace un tiempo me había mudado a un departamento, ya que la casa me hacía sentir demasiado sola cuando no podía estar con Kath. Ella seguía viviendo en su casa con Harold, pero habíamos estado pensando en mudarnos, después de todo ya teníamos casi dos años y nuestra relación era estable. Queríamos comentarlo con mi padre, y cuando fuéramos a visitar a mi madre, que vivía en otra ciudad con su novio, sí... novio.
─ ¿Cómo está Harold?
─ Está muy bien, le va bien en la universidad y los profesores están encantados con él, creo que tiene novia, pero aún no lo confirmo. Lo mantengo vigilado.
─ jajajaj definitivamente preferiría estar de tu lado en su situación.
Salimos a un restaurante en la noche del que mi padre hablaba a cada rato. Era genial estar con ellos, que se llevaran tan bien y poder sentirme en casa siempre que me acompañaban. Los tres estábamos planeando un viaje a las montañas de la ciudad para acampar, desde pequeña recuerdo que él me llevaba, pero mi madre dejo de querer ir y perdimos la costumbre.
─ Y ¿cuándo se van a mudar?
─ ummm estamos en eso.
─ ¿Ya? Oh eso es genial, yo las ayudo con la redecoración.
─ Aún no papá, queríamos comentártelo. Sería de mucha ayuda que nos ayudaras.
─ ¡Claro que sí! Cómo decirle no a esas caritas. Además estoy seguro que Kath me ayudara con la publicidad de mi nueva firma de arquitectos…
─ ¡Firma de arquitectos? ─Nos alegramos las dos.
─ ¡Sorpresa!
─ Felicidades Gustavo, y estaría encantada de encargarme de eso.
─ ¿Por qué no me habías dicho?
─ Quería tener todo listo, es aquí cerca, podemos pasar al rato.
─ Claro. Me alegro mucho por ti papá, te lo mereces.
─ Gracias cariño… y bueno, quería darles otra noticia que no sé si les guste tanto, no es mía, pero me pidió que se las comentara. ─Mi padre se veía incómodo y eso era muy extraño, ya imaginaba que era algo de mamá.
─ ¿Mi querida suegra?
─ Sí. ─Resoplo.
─ ¿Qué pasa con mamá?
─ Emm… bueno ella ya lleva un tiempo con Pablo y…
─ Oh…
─ Exacto. ─dijo mirando a Kath. Ella también se reclino en la silla.
─ ¿Qué?... ¿de qué… ¿exacto qué?
─ Eh… bueno tu madre y Pablo, llevan un tiempo comprometidos y se van a casar. ─soltó tan rápido que sentí mis neuronas colisionar al tratar de comprender lo que escuchaba.
─ ¿Qué? ─pregunté aún sin lograr acertar bien.
─ Tu madre se va a casar… ─dijo en un tono bajo.
─ Se va a…─reí. ¡Se va a casar! ¡Ja! Se va a… ¡se va casar! ¡Oh genial ¡¡Esto es genial! ¡Chico! Tráeme dos whisky Yamazaki dobles, rápido. ─El chico se fue apurado. ─ ¡Se va a casar y soy la última en enterarme! ¿Qué te parece! Y ¿ya lleva tiempo comprometida? ─Pregunté con la voz quebrada.
─ Sí…
─ ¡¡Mejor aún!! Hay que celebrar. ─El muchacho no hizo ni dejar el vaso sobre la mesa cuando yo ya estaba bebiendo uno. ¿Cómo pudo hacer eso? Hablé con ella ayer Kath hablaba con el chico y papá quitaba lentamente el otro vaso de mi alcance.
─ Cariño yo…
─ ¿Hace cuánto te dijo?
─ Desde que se lo propuso… ─dijo en voz baja.
─ ¿Desde que se lo propuso? ¿Hace cuánto?
─ Un mes… ─Mi madre era increíble. A veces, en verdad creía que se olvidaba de mí, pero con esto lo confirmaba. Deje mi cabeza sobre mis manos. Tome de un solo trago lo que quedaba y tome mi chaqueta para salir del restaurante. Llevaba los ojos humedecidos y el corazón en la mano, se suponía que tu madre no lo hiciera, se suponía. Camine hasta llegar a una parada de buses, llegó uno y subí a él, sabía que Kath me seguía. Se sentó en frente de mí sin decir nada, se lo agradecía. El bus llegó a la terminal y luego tomamos un taxi, ella pagó y baje, abrí y fui a mi cama a llorar. La oí en el baño hacer algo, pero no presté atención, vino a mi lado y comenzó a desvestirme con delicadeza. Me cargo y me llevó a la bañera, aún ella se empapó me dejo dentro, puso música y se sentó en el borde a acariciar mi cabeza, no podía detener mis lágrimas. Recordaba que hablaba con ella sobre cómo había hecho su boda con papá si la hubiese organizado yo, y ahora no me importaba con quién era el que se casaba… ella no había contado conmigo para algo así… y eso… era algo que dolía demasiado.
─ ¿Quieres entrar? ─le susurre. Ella se desvistió y entró conmigo, me abrazo y arrullo gran parte de la noche, el agua y ella me calmaban.
─ Vamos a la cama, amor. ─Luego de ponernos algo de ropa me metí bajo las sabanas y espere que apagara la luz. Me abrace a ella y no pude evitar volver a llorar. No conocía a mi madre, no conocía a esa mujer.
A la mañana siguiente Kath había traído el desayuno a la cama y tenía puesta una película de Los Looney Toons, amaba esas películas. Nos bañamos y seguimos en la cama. Escuchaba los latidos de su corazón y sentía sus manos acariciar mi espalda, eso era lo único que necesitaba ahora.
─ Tu padre llamó… quería saber si querías que viniera mañana.
─ Sí.
─ Está bien. Mira esto. ─Nos acomodamos para ver su celular, una amiga de su trabajo tenía una Golden Retriever que había tenido cachorritos.
─ Están hermosos.
─ Ujum… recuerdas que ya casi se acerca nuestro aniversario y, y… y quería regalárnosla.
─ ¿Adoptarla?
─ yo casi siempre me quedó contigo y… está hermosa. ¿Quisieras?
─ Me encantaría. ─La besé. ¿Cómo la llamaremos?
─ ¿Whisky?
─ Jajajaja sé que nunca me habías visto beber así.
─ Y salir caminando, no, nunca.
─ Me gusta Whisky. ─me abrazo con fuerza y suspire al sentirme tan segura en sus brazos.

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Capitulo 5

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:35 am

Al día siguiente…
─ Tú tío Charlie viene, así que voy a hacer una parrillada. Kath, ten esto, es una lista de cosas que necesito para hoy. Tú ve a desempolvar la parrilla y enciéndela. Harold, tú me ayudaras con la carne.
─ Está bien no demoraré. ─Me dio un beso, tomo la bolsa de compras y salió. Yo no tenía ganas de discutir, así que fui a hacer lo que me habían mandado. Papá había construido una gran parrilla, solíamos hacer fiesta cada domingo.
El tío Charlie venía, eso significaba mucha comida. Encendí la parrilla luego de que mi alergia al polvo comenzara, genial. Le avise de que ya estaba lista y fui a ducharme a mi habitación.
─ ¡Mel! Llegó tu tío, dice Gustavo que bajes.
─ Voy ─Terminé de ducharme y salí. Me puse un short negro, una camiseta gris con mangas de Kath, y unas Vans azul. Cuando baje vi a mi tío husmeando por la parrilla, se voltio y su sonrisa no duro en aparecer.
─ ¡Princesa! ¡Tú sigues creciendo aún?
─ ¿Cómo estás tío? ─Le di un gran abrazo, aunque no podía casi alcanzarlo, él me alzó con facilidad. Mi tío Charlie medía casi 1.96 y era un gran, gran hombre. No sabía si sus músculos eran más grandes que mi cabeza, pero estaba segura que la fuerza que producían podía aplastarla fácilmente. Él trabajaba en la lucha profesional, luego se dedicó a la construcción de cabañas y le fue muy bien en eso, lo había visto levantar grandes troncos sin ninguna ayuda.
─ Cuando naciste eras como un maní en mi mano. Aunque no has cambiado mucho. ─Decía aun levantándome con una mano. ─ ¿Sabes que mis pesas pesan más que tú? Gustavo ¿esta niña no come muy eh? Por cierto ¿dónde está tu novia? Veo al pequeño diablillo, pero no a su hermana. ─Cargo del otro lado a Harold y se lo puso al hombro sin ningún problema.
─ ¡¡No me gustan las alturas!! ¡Oh Dios! ─gritaba Harold agarrándose de su gran brazo.
─ ¡¡Tío!!
─ Creo que voy asar a estos dos.
─ ¡¡Hey!! Puedes asar al flacucho, pero a mi novia la dejas.
─ Y ¡ahí está! ─Se dio la vuelta como si nada y nos dejó en el piso como un pequeño costal de tomates. ─¡Ven acá! ─Corrió a agarrar a Kath que en un intento fallido de huida había quedado boca abajo sobre la espalda del gran hombre.
─ ¿Sabes quién se va a encargar de tu comida hoy no? ─decía tratando de quitarse el suéter que cubría su cara por obra de la gravedad. ─¡¡Así que bájame!! ─La subió hasta dejarla sentada sobre su hombro. ─He llegado a la teoría de que a ti te construyeron titanes o algo así.
─ Quizás, papá y mamá tenían largas jornadas de sexo. Tu suegro igual… así que ahora que lo pienso novia es toda una diosa. ─Kath casi se cae de la risa.
─ ¡¡Papá!!
─ ¿Qué pasa? Charlie… por favor no rompas ningún hueso.
─ A la orden hermano.
─ está… ¡está diciendo cosas que un tío no debería decir!
─ ¿Qué dijo?
─ Kath dijo que me habían construido titanes y yo le dije que papá y mamá tenían exhaustivas sesiones sexuales, y que tú eras todo un semental, así que llegué a la conclusión de que Mel heredo todo eso y es una Diosa. ─Kath volvió a estallar en risa.
─ Te confieso que tienes toda la razón.
─ Oh Dios, ¡oh Dios! Esto no… ¡esto! ¡No! ─camine hacia Harold que armaba unas sillas alejado de todos. Mi familia no es normal. ─ ¿Te ayudo?
─ Claro. Toma las instrucciones y pásame los tornillos que te diga.
─ Vale.
Luego de armar la silla, soplamos una pequeña piscina y la llenamos de agua. Buscamos refrescos y nos metimos, era perfecta para nosotros. Nos turnábamos la manguera para rociarnos agua. Mientras ellos charlaban felizmente tomando cervezas en las sillas con sombrilla. Harold y yo nos relajábamos en el agua jugando con un barquito.
─ ¿Quieres más refresco?
─ Claro.─ Me levanté y fui a la heladera a buscar otras bebidas. Pasé a buscar algo de comer y al darme vuelta, Kath estaba detrás de mí.
─ Hola hermosa.
─ Hola. ─Traté de pasar a su lado, pero no me dejo. ─¿Qué?
─ Solo quería decirte que te ves muy bien en ese traje de baño.
─ Lo sé. ─Reí.
─ ¿Un beso?
─ No.
─ ¿No?
─ No. ─besé sus labios con suavidad y me escape por la izquierda. Me encantaba ver su cara descolocada al no entender lo que había pasado. Regresé con Harold y volví a meterme a la piscina.
─ ¿No te aburres de Kath? ─Reí por su pregunta.
─ ¿No te aburres de Stephanie? ─Se ahogó con su bebida. ─ Eres muy obvio, y yo muy observadora. ¿Cuánto llevan saliendo?
─ Un mes… ¿cómo te diste cuenta?
─ Tú y Kath parecen ser muy amargados hasta que están con su pareja. Créeme, conozco a esa bolsita de enojo muy bien.
─ Lo sé. ¿Qué piensas de ella?
─ Me cae bien, toda persona que ame la ropa me cae bien en realidad… solo que es un poco… bueno, bastante tranquila.
─ Eso es lo que me encanta. ─dijo sonriendo.
─ Teniendo en cuenta que tú no puedes estar quieto…
─ ¿De qué hablan?
─ Nada importante. ¿Ya está la comida?
─ No, quería preguntarte si querías acompañarme a comprar algo de tomar, ya casi se acaban las bebidas.
─ Eh… creo que estoy bien aquí. ─dije sumergiéndome más, ya imaginaba sus intenciones.
─ Y ¿tú?
─ Igual.
─ Vale… ─miro su pantalón y luego me miro a mí. Noté algo raro en ella, y luego me fije en su ropa. Llevaba la camisa de su padre, que solo usaba… ¡rayos!
─ Espera me voy a cambiar. ─Salí corriendo de la piscina, pero regresé y le di un beso. ¡No te vayas! ─Fui a mi habitación, me cambie a un vestido blanco de verano y unos botines crema oscuro, tome mi sombrero crema y mi bolso. Sabía a dónde iríamos. Salí y ella seguía molestando a Harold.
─ ¡¡Mel!! Llévatela rápido. ─Dijo frustrado. Reí y la lleve de la mano hasta donde estaban mi tío y papá.
─ No demoramos, no se coman todo.
─ Traigan más cerveza. Solo quedan tres.
─ Sí Charlie, mejor traigo un par de barriles.
─ ¡No sería mala idea eh!
Ya en el auto.
─ ¿Quieres? ─Le pregunté mientras la veía conducir.
─ ¿Qué es?
─ Son snack nutritivos. Vienen en un pack, este es de… miel y limón, sabe bien.
─ Siempre que dices eso sabe raro. ─Refunfuño antes de darle un mordisco. Levantó las cejas y yo busque el otro ya que no me lo devolvería. ─¿Por qué sacas el otro? ─Dijo divertida
─ Te gusto.
─ Sí. ─Rio y me dio un beso. ¿Tienes agua ahí?
─ Agua. ─Le pasé la botella de agua. ¿Trajiste las llaves?
─ ¡Diablos!... Debido a lo pequeña que eres, tendrás el honor de entrar por la ventana de la cocina.
─ Pero…
Luego de que en todo el tramo que faltaba hubiésemos discutidos sobre que no pensaba entrar por la ventana, aún seguíamos haciéndolo.
─ ¡Voy a romper el vestido!
─ Te compro otro, solo entra.
─ No será igual, ¡además es suave y fresco y lindo!
─ Ushh… ─Puso sus dedos entre sus cejas. ─Consigo las botas Hermes que querías.
─ Las… ¿las Hermes?
─ Sí.
─ En rojo vino…
─ En oro si quieres, pero entra.
─… ¡ok! ─Ya lo sé, me estaba vendiendo… pero tenían que ver esas botas. Además tenía más vestidos como el que cargaba. ─Toma… ¡no lo ensucies!
─ Ya sé, ya sé.
Iba a empezar a escalar, cuando tropecé y ella me atrapo con facilidad. ─Cariño, quiero abrir la puerta, no que te hagas daño. ─Sonreí luego del susto y la besé.
─ ¿Quién anda ahí? ─Escuchamos. Luego se asomó una señora mayor junto a su perro. ─Ah Kath, eres tú. ¿Cómo has estado?
─ Bien, bien ¿usted Sra. Esther? Se ve perfectamente.
─ Ay tu siempre. ─Yo aún seguía en sus brazos.
─ ¡oh! Ella es mi novia, Mel, ella me cuidaba cuando mis padres salían. ─Al fin me bajo.
─ Mucho gusto.
─ El gusto es mío. Tienes que estar loca para ser novia de esa niña.
─ Me lo dicen a menudo. ─Reí.
─ ¿Y qué hacían?
─ Olvide la llave y tratábamos de entrar. Tiene alguna…
─ ¡Buena suerte con eso! ─Se dio la vuelta y se fue.
─ Adiós. ─La señora alzo su bastón y siguió caminando. Segundo intento.
Luego de que lograra entrar y rompiera mi vestido… abrí la puerta y la dejé entrar. Me senté en la sala a leer revistas mientras que ella subió a la habitación de sus padres. Bajó y la oí en otra de las habitaciones inferiores.
─ Vamos. ─Me dio la mano y salimos. Pasamos al supermercado de la ciudad y tomamos la autopista para llegar más rápido. A Kath le encantaba correr y yo poco a poco me acostumbraba, aunque cuando iba con ella solía no hacerlo tan rápido. ─¿No han llamado?
─ No, solo Harold envió una foto de Charlie con un gorro de cerveza.
─ Gracias por acompañarme. ─Besé su mejilla y me recosté en su hombro. ─Tenemos que hacer algo mañana, hay que levantarse temprano, estamos de vuelta antes del mediodía.
─ ¿Algo de qué?
─ Te agradará.
─ La última vez que me dijiste eso fuimos a una sesión de masajes donde esa chica quería violarme. ─Ella trató de no reír. ─No es gracioso… aunque estaba bastante bonita la verdad. ─Se le borró la sonrisa y me miró, ésta vez era yo la que reía. ─¿Qué?
─ Nadie te va a tocar, me aseguraré de eso… ─murmuro.- ¿Cómo está Lea?
─ Me dijo que iría a la casa.
─ Puedo molestarla, eso me hará muy feliz.
─ Kath, no… por favor.
─ Vamos amor… solo un poco.
Kath R. Clark
Cuando llegamos a la casa ya estaba mi querida Lea. Mel había ido a ayudar a Gustavo con algunas cosas, así que yo me encargué de acompañar a su querida amiga. Adoraba verla enojada, se estaba convirtiendo en algo muy divertido.
─ No es bonito verte, ni oírte, ni siquiera pensarte.
─ Así que piensas en mí… interesante. Con eso llegó a pensar que te gusto.
─ ¡No! No me gustas, de ti sería la que menos me enamoraría.
─ De mí… Oh rayos, gustas de Mel.
─ ¡Qué? ¡No! En serio Kath, no. Yo no.─ Dijo con mucho nerviosismo. Ahí entendí que sí, gustaba de Mel.
─ Gustas de Mel.─ Me acomodé en la silla y bebí de mi cerveza.─ ¿Desde cuándo?
─ No, Kath…
─ Tranquila, no me voy a enojar ni mucho menos. Con confianza.─ Abrí otra cerveza y se la pasé.
─ Cuando la conocí me pareció hermosa… empezamos a hablar y supe de ti, luego te conocí y pensé que en verdad no durarían, pero vi su relación y aunque no lo quiera aceptar son la pareja perfecta… Se adoran, se conocen y tienen una conexión que muchos desearían tener con la persona que aman. Sabes qué le pasa con solo mirarla, y eso es adorable… con el tiempo acepte su relación y preferí ser su amiga. Aunque deteste admitirlo eres lo mejor para ella.
─ ¿Ella lo sabe?
─ No, no quisiera que lo supiera por favor.
─ No hay problema. No te preocupes, de igual forma seguiré siendo una molestia para ti. Es un buen pasatiempo, solo que ahora te vigilaré más.
─ No, no lo es.
─ Acepta que hago que tu diminuto cerebro piense con ingenio.
─ Quizás sea cierto, solo quizás.
─ Salud por eso.
─ ¿Ustedes dos no están peleando? Ok, qué hicieron con mi amiga y con mi novia.
─ Lena aceptó que está enamorada de mí.
─ Ni en tus mejores sueños eso pasaría.
─ Ya quisieras, ya quisieras.
─ Ya, ya… no empiecen. Lena, ¿Te quedas?
─ Claro.
─ Bien. Amor, vas a entrar el coche al garaje o lo dejarás afuera.
─ Tengo que ir a arreglar unas cosas, no sé si pueda quedarme.
─ Pero si es domingo.
─ Lo sé. ─Se sentó en mis piernas, tratando de quitarme la botella de cerveza.
─ Ahora hablamos de eso.
─ Eso suena muy mal. ─Rio Lea mientras se levantaba e iba por otra cerveza.
─ Tu calla y ve a hacer pactos demoniacos o lo que sea que te distraiga.
─ Ya hablé contigo, así que ya lo hice. ─ Reí por su respuesta.
─ Te aplaudo esa.
─ ¿A dónde irás?
─ Tengo que pasar por Patricia, una nueva chica de la compañía que recién llega.
─ ¿Y por qué tú?
─ Porque se supone que cuando entras a la compañía luego de conocer al que te contrata, me conocen a mí. No te enojes, antes de medianoche estoy de vuelta.
Soltó un gran suspiro. Iba a levantarse, pero agarre su cintura antes de que lo lograra. ─ Amor, no te pongas así. Ésta semana será bastante tranquila, eso significa que podré estar contigo.
─ Yo estaré ocupada. Tengo que grabar un doblaje bastante extenso.
─ ¿Documental?
─ Un guía.
─ Entiendo… pero eso lo arreglaremos.
─ Mel, me tengo que ir… papá quiere hacer de hombre de familia hoy y nos invitó al centro comercial. Eso significa ropa gratis.
─ Vale.─ La deje levantarse y acompañar a Lena, la chica se giró y se despidió con la mano, reí y le respondí de igual forma. No me caía mal, solo que disfrutaba verla molesta.
─ ¿Y tú en qué piensas cabra loca? ─ Preguntó Harold.
─ En cómo deshacerme de ti.
─ ¿Todo bien con Mel?
─ Está un poco enojada porque voy a recoger a la chica de Alemania.
─ Si quieres yo voy.─ Dude por un momento, pero ya Harold lo había hecho, era una buena idea después de todo. Mañana pasaría por ella.─ Ve a arreglarte, llévate el auto y tu permiso, dile que mañana paso por ella.─ El chico se fue corriendo y agradecí al tener a ese pequeño diablillo como hermano. Fui a hablar con Gustavo y Charlie, los que estaban muy animados bebiendo, comiendo y bailando. Sus movimientos eran bastante… peculiares diría yo.
─ únete Kath, yo te enseño.─ Decía Charlie con una hamburguesa en la mano y en la otra su cerveza, claro… mientras movía los pies como si algunas hormigas estuvieran a punto de abordarlo. Gustavo me recordaba al pequeño vaquero pelirrojo de los Looney Toons, cuando disparaba.
─ Kath… Harold iba saliendo.
─ Sí, fue a recoger a Patricia.
─ Pero…
─ No te preocupes, en verdad prefiero ver esos hermosos ojos que cualquier otra cosa.
Pasar tiempo con ellos, era una de mis actividades preferidas en la vida. Ver a Mel reír por las bromas que contábamos era lo más lindo que tenía. Saber que mi hermano la quería y que su familia nos aceptaba como uno más, era una sensación que jamás había sentido. Era como si encontrara mi lugar en el mundo.
Recuerdo muy bien que antes de conocer a esa chica, solía ser solo Harold y yo. Mis padres murieron cuando tenía trece y él ocho; Así que toda mi vida ha girado en torno a él. La conocí cuando tenía dieciocho, gracias a un corto que debíamos publicitar, ella era la voz de una de los protagonistas. Mi suerte era única, recuerdo que esa noche el encargado no podía hacer una videoconferencia y me pidieron el favor, doy gracias a que vi el corto antes de empezar, cuando escuche su voz por primera vez fue escalofriante, era sumamente suave, feliz… no sé, era de esas voces que no quieres parar de escuchar. Luego de verla fue un boom total en mí, su voz me encantaba y qué decir de ella, era hermosa. Era menor que yo, pero parecía que compartiéramos la misma edad, en ese tiempo ella tenía quince. De ahí me las ingenie para hablarle y conseguir algunos datos.
No podía negar lo que vino antes de ella. Drogas de todo tipo, intentos de suicidio y mucho alcohol. No fue la mejor vida la que llevé por años; con el tiempo adquirí más responsabilidades y menos tiempo, la conocí y mi vida giró de forma casi instantánea. Incluso Harold empezó a hablarme más, cosa que no pasaba por falta de temas los cuales charlar.
Al mudarnos aquí las cosas mejoraron mucho, para mí y mi hermano. La empresa había vuelto a subir y tenía una hermosa novia.
La primera vez que la vi frente a frente no sabía qué hacer. Solo quería abrazarla y sentirla. Cuando la vi sonreír no pude evitar pensar que me iba a enamorar y que eso solo era una confirmación de lo que ya sabía hace mucho. Rogaba a los infiernos y cielos que no lo hiciera sola, y gracias a todos no paso.
Ella y Harold eran el sentido de mi vida. Amanecer y saber que me ama es la felicidad más grande que nunca me sucedió. Que ella sepa que la amo es mi mayor satisfacción. Sé que hay relaciones que son eternas y otras la eternidad dura poco, pero fuera la que fuera la que con ella vivía, deseaba disfrutar y amar cada momento, deseaba grabar en mí cada segundo en que ella iluminaba mi vida.
Mel había buscado a Whisky que estaba en la veterinaria y ya lo había traído a casa. Estaba gigante y hermoso. Era un perro bastante tranquilo y divertido, le encantaba los cojines, tenía unos doce, los cuales todos usaba. Los llevaba a su cama y se acomodaba en él. Harold y Mel estaban perdidos por él, lo consentían demasiado, pero tengo que aceptar que era difícil negarse a su mirada.
Ya me había cambiado a un short y el vestido de baño superior, estaba en el pasto acostada con Whisky bajo una sombrilla, viendo a los chicos jugar con un balón. Gustavo y Charlie estaban hablando sobre cabañas o comida y Lena, lastimosamente ya se había ido.
─ ¿No quieres jugar?
─ No gracias. ─ Se acercó y me dio un beso. ─Hace demasiado calor.
─¿Quieres una bebida? ─ Asentí y ella sonrió y se dejó caer sobre mí. Las dos reímos y la abrace.
─ ¿Qué fue eso?
─ No sé… me encanta estar contigo, verte. Me haces muy feliz.─ Me abrazo con fuerza y de igual forma lo hice yo. Bese su hombro y suspire por lo maravilloso que se sentía estar enamorada y tener una familia. Se sentó a mi lado y me beso con ternura. ─ Voy por tu bebida.
La vi caminar hasta donde estaba su tío y Gustavo. Harold se entretenía con el balón, y Whisky se había ido a meter a la piscina, en verano la pasaba muy mal.
Mañana iríamos a ver los departamentos o las casas. La agente de bienes raíces tenía buenas opciones por lo que me había informado. Prefería una casa por Whisky también por Harold, que no le agradaban los espacios restringidos, así que era una posibilidad.
Charlie se quedaría a dormir e igual nosotros. Era la antigua casa de los papás de Mel, así que no había problemas con las habitaciones.
Estaba recogiendo algunas cosas y me di cuenta que Mel estaba sentada en el jardín con Whisky, la vi muy pensativa. Termine de hacer lo que estaba haciendo y fui con ella, me senté a su lado en silencio y acaricie a nuestra mascota. Ella se acercó a mí y me hizo abrazarla, se recostó hasta que quedamos tumbadas en el pasto. Acariciaba su espalda mientras trataba de imaginar en qué pensaba. Podía ser lo de su madre, lo cual tenía un 60% de posibilidades de que así fuera.
─ Mi madre llamo… dijo que Harold y tú están invitados a la boda, a la cena de ensayo y la fiesta… me preguntó que si había problema con que la hija de Pablo fuera su dama de honor principal.
─ Está bromeando, o sea… tu madre es increíble.
─ Le dije que no, no había ningún problema, pero que yo no participaría en eso, se enojó y le corte el teléfono. Me estuvo llamando unas veinte veces. No es justo Kath, siempre soñé con eso y… no creo que no le haya importado ni siquiera para decírmelo en la cara. Siempre me esforcé por ella y por papá, y a ella nunca le importó, pero esto… esto fue demasiado. ─Sentí sus lágrimas en mi cuello y como se aferraba a mi camisa. Odiaba lo que estaba pasando, la actitud de su madre, cómo la había apartado como si no tuviera ningún lazo con ella. En verdad odiaba cada vez que lloraba por su culpa, no me importaba que fuera su madre, Mel no merecía nada de lo que ella estaba haciéndole.
Whisky se acostó a nuestro lado y empezó a aullar con tristeza.
─ Ni él ni yo nos gusta verte así princesa. ¿También tengo que hacer eso? ─ Le puse una carita tierna y ella rio. Bese su frente y la atraje a mí. ─ Vamos dentro, ¿sí?
─ Está bien. ─ Seque sus lágrimas y la ayude a levantarse. Entramos y fuimos a la sala donde estaban todos.
─ Mira Mel…─Se levantó Charlie. ─ Tu madre es lo suficientemente idiota como para hacer lo que está haciendo, y no me sorprende, sus habilidades mentales no superan la de un mosquito. Así que bien me puedo encargar de darle un buen susto para que entre en razón. Tengo una pitón en la casa que sé que estaría encantada de conocer su habitación.─ Mel sonrió y fue a abrazarlo. Luego fue a los brazos de su padre que la llevo al sofá. ─ Tú, acompáñame al supermercado.
─ Pero…
─ Pero nada. Vamos. ─ Me arrastro hasta el auto y logré escaparme para despedirme de Mel.
─ No demoro. Cualquier cosa llama. ─Le di un suave beso y me fui con Charlie. ─ ¿A dónde vamos?
─ A darle una sorpresa a la idiota de tu suegra. Me tiene harto, primero engaña a mi hermano, luego le hace esto a Mel. No conoce quién es Charlie Damián Hudson. Snape estará feliz de conocerla.
─ Mel nos va a matar.
─ Valdrá la pena.
Fue unos 45 minutos hasta su casa y luego 45 minutos más hasta la casa donde estaban viviendo. Snape aún era pequeña, pero ya medía un metro, bastante diría yo.
─ Como mi novia me deje por esto, será tu culpa.
─ ¿A poco tú ya no estás cansada de verla sufrir por culpa de su madre? Lo normal es que llorara por ti.
─ ¡Hey!
─ Sabes a que me refiero…
─ Sí…
─ Primero dejo a Snape en su ventana, luego vamos y hablamos con ella, nos vamos y esperamos que vaya a su habitación, de ahí voy antes de que la maten. ¿Entendido?
─ Entendido.─ Tocamos el timbre, luego de que Charlie hiciera la primera parte, y salió Pablo, su prometido.
─ ¡Charlie! ¡Kath! ¿Qué hacen aquí? Pasen. Dejen llamo a Marie. ¿Gustan algo de beber?
─ No gracias, estamos bien.
─ Está bien, tomen asiento. ─él se retiró y volvió a los minutos con Marie.
─ Charlie, Kath. ¿Qué pasa? ¿Todo está bien? ¿Mel?
─ Bien no Marie, quisiéramos hablar contigo.
Luego de tener una larga conversación con ella, donde más de tres veces tuve que calmar a Charlie, Marie pareciera entender un poco lo que pasaba y estaba causando.
─ ¿Asistirán a la boda? ─Preguntó con culpabilidad Pablo.
─ A menos que ella lo haga, no nos presentaremos. No es nada en contra de ti Pablo, es cómo ha actuado tu mujer. ─ Él asintió y siguió con la cabeza abajo.
─ Gracias por recibirnos. Que tengan buena noche.
─ Los acompaño. ─Marie se levantó con los ojos húmedos y subió la habitación. Pablo nos acompañó a la puerta. .─Por favor disculpen como ha actuado, le he recalcado más de tres veces que la debió involucrar más, pero solo decía que ella estaba bien con su padre.
─ Pablo, con permiso, es que cargo una serpiente en el auto y quiero ver si todo está bien. ─Fue trotando al auto y abrió la cajuela.
─ Kath, por favor pídele disculpas a Mel de mi parte, no he tenido la oportunidad de relacionarme con ella como quisiera, pero esto se ha salido de mis manos, en verdad.
─ Entiendo perfectamente Pablo, te agradezco eso.
─ ¡Kath! ¡La pitón no está!
A los segundos escuchamos a Marie gritando. Definitivamente luego de sacar a Snape, y aconsejarle no dejar las ventanas abiertas, fue muy divertido. Charlie no dejaba de reír en el auto. Mel me estaba llamando así que le contesté.
-Hola cariño.
-¿Dónde están Kath?
- En media hora estamos en la casa princesa. ¿te llevamos algo?
-Solo ven, ¿sí?
-Sí corazón, te amo.
-Te amo. Manejen con cuidado.
-Tranquila.
No demoramos en llegar a la casa. Charlie fue con Gustavo y yo llegué directo a la habitación, ella estaba duchándose así que entre con ella. Estaba activada la regadera de la tina, el agua caía sobre ella mientras estaba abrazándose. Solo mirarla quería regresar a esa casa y ahorcar a esa señora. Abrí la puerta de vidrío y entre. Acaricie su rostro con mis manos y la bese lentamente, queriendo sanar cada parte que la lastimara. La abrace y ella se dejó caer, la agarre con fuerza para que no se lastimara. Estaba en mi pecho llorando mientras el agua nos cubría. Necesitaba hacer algo, pero no sabía qué. Luego de un rato cerré la regadera, salí y busque su bata. La envolví en ella y la saque. Nunca la había visto tan débil. Luego de vestirnos nos metimos en la cama. Whisky se había quedado a los pies de la cama toda la noche sin dormir observando. Lo llame y se acostó a mi lado con la cabeza sobre mi abdomen.
Gustavo entro y se sentó a su lado acariciando su cabello.
─ No sabes cuánto me duele verla así por las estúpidas decisiones de su madre. Gracias por acompañar a Charlie hoy. Hubiera ido yo, pero hubiera dicho cosas que me hubiese arrepentido.
─ No hay de qué… ustedes son mi familia. Entiendo cuánto duele verla así, la impotencia es un sentimiento horrible.
─ No quiero que vaya a esa boda… pero si quiere ir es su decisión, solo no la dejes sola.
─ No lo haré Gustavo. Cuando llegué y la vi tan débil, sentí ganas de volver ahí y hacerle sufrir de igual forma.
─ No eres la única. Siempre soñó tanto con eso, me pedía que me casara de nuevo con su madre para ella ser su dama de honor. ─ Paso sus dedos por su cabello con desesperación. ─ Me tomaré unos días en el trabajo para estar con ustedes, Charlie se quedará una semana acá así que será de gran ayuda.
─ Mañana quería llevarla a ver las casas, sería bueno que nos acompañaran.
─ Le diré a Charlie. ─ Le dio un beso y se levantó. ─ Gracias Kath.
─ No hay un lugar donde preferiría estar.
Se levantó varias veces en la noche con pesadillas. Whisky se asustaba y venía a ver qué sucedía, definitivamente teníamos el mejor perro. No podía dormí, aún si pudiera no lo haría.
Ya eran las seis. Me levanté y fui a ducharme. Saque una camiseta de mangas, un pantalón azul oscuro y unas botas bajas crema. Bajé y dejé salir a Whisky, ya Charlie y Gustavo estaban en la cocina comiendo.
─ Buenos días.
─ ¡Se levantó Mr. Kath!
─ Shh… me duele la cabeza horrible.
─ ¿Dormiste?
─ No, podía.
─ Bienvenida al club.
─ ¿Harold?
─ Dijo que iba a pasar el día con una Stephanie.
─ Está bien… tienen café, té ¿algo?
─ Té blanco.─ Desayunamos mientras les comentaba lo que había planeado para hoy.
─ Yo les tengo una sorpresa para finales de año.
─ Si es otra de tus mascotas, créeme no queremos saber. ─Dijo Gustavo lavando los platos.
─ Buenos días. ─ Me abrazo por la espalda, aún estaba fría por haberse bañado.
─ Se levantó la señorita durmiente.
─ es la Bella durmiente tío.
─ tú entendiste, eso es lo que vale. Hice un gran desayuno.
─ Ya quisieras hermano, ya quisieras. Hice tu desayuno favorito, bueno con ayuda de Charlie.
─ Ya se me hacía raro.─ beso mi mejilla y fue con su padre. ¿Qué harán hoy?
─ Kath nos invitó a comer, tres veces. ─Me ahogué con el té. ─A todos.
─ ¿Cuándo dije eso?
─ En la parte que dijiste que el desayuno estaba raro.
─ Pero…
─ ¡Nada!
─ Así que andas de patrocinadora hoy.
─ Eso parece. ¿Ya están todos listos?
─ Sí. ─Contestaron al unísono.
─ Voy a encender el auto.
─ Le daré algo de desayunar a tu perro. ─Charlie me despeino y salió corriendo tras Gustavo.
─ Te ves hermosa hoy. ─Le dije mientras se acercaba a mí, dejo sus manos sobre mi cuello, la tome de la cintura y le di un beso.
─ Gracias. ─Sonrió. ─Tú también, tendré que andar apartando a algunas chicas hoy.
─ Kath Clark es solo tuya, corazón.─ La vi sonreír de nuevo y no pude evitar suspirar al ver lo hermosa que era. La abrace aún estando sentada en el taburete.
─ ¿Qué tienes planeado? ─Dijo acariciando mi cabello.
─ Iremos a ver algunas casas, y tenemos la tarde libre.
─ Sabes que debería ir a trabajar, ¿no? ─ Mi sonrisa se borró y ella empezó a reír. Tomo mi rostro y me dio un beso. ─ Lo pasaron para mañana.
─ Por qué me asustas así.
─ Es adorable esa carita.
─ Adorable… adorable. ─Renegué.
─ Amor…
─ Vamos antes de que me digas otra cosa así.─ la tomé de la mano y fuimos al auto. Oh no, yo manejo Charlie, tú estás loco.
─ Manejo mejor que tú.
─ Yo voy a manejar. ─Dijo Gustavo.
─ Ninguno, yo manejo.─ Los tres miramos a Mel. Me quito las llaves y subió a la camioneta. Los tres nos quedamos viendo y fuimos al auto. Me senté atrás con Charlie.
─ La casa que compren debe tener suficiente espacio para que yo me mueva con facilidad.
─ Ya sabes Mel, fijarnos que la puerta sea menos de 1.80
─ Muy graciosa Kath, muy graciosa.
La segunda casa que nos mostraron fue nuestra favorita. Tenía cuatro habitaciones, una gran cocina, dos salas, una gran biblioteca que servía de oficina; garaje para dos autos, cinco baños y un salón. Definitivamente lo mejor era el jardín. Era una gran casa.
─ ¿Qué opinas?
─ Es grande. ─Dijo Charlie.
─ Charlie no te preguntaron a ti. ─Dijo mi suegro.
─ Por algo me trajeron…─murmuro. No pude evitar reír. ─Además quepo perfectamente por todas las puertas. Aprobada.
─ ¿No creen que es muy grande?
─ Sería fácil de vender luego, con algunas remodelaciones podría venderla al doble. ─ Dijo Gustavo mientras revisaba la información que nos habían dado. ─Tiene buena ubicación y me agrada bastante. Es grande, pero está bien distribuida. Además, pueden alquilar una habitación.
─ eso es cierto. ¿Dónde está Mel?
─ Iré por ella. ─Charlie se fue a buscarla y quedé con la agente y Gustavo.
─ ¿Usted la compraría?
─ Definitivamente la compraría. ─Sonrió la señora. ─ aún no la ponemos a la venta, en cuanto lo hagamos estoy segura que se venderá rápido. El precio es bastante bajo.
─ Eso es cierto.
─ bien… creo que eso es todo. Le daremos respuesta mañana por la mañana.
─ Un gusto trabajar con ustedes.
Cuando llegamos al restaurante a almorzar, no podía evitar divertirme con la cara que algunos ponían con Charlie. Unas cuantas personas lo reconocían de cuando luchaba, él estaba súper feliz por eso, le llamaban Tigre de Fuego.
Mel había estado bastante tranquila. Y cómo no estarlo con su tío diciendo cosas divertidas o molestándome. La había invitado al cine con Harold, el que no había dado señales de vida en todo el día.
Gustavo me había dicho que ya le habían llegado las invitaciones. Estaba pensando cuándo dárselas, le sugerí que se las diera en el transcurso de la semana. Charlie, al contrario, le decía que las quemara. Gustavo era el mayor de los dos, y en verdad se notaba. Sus padres los tuvieron bastante mayores, se llevaban diez años, pero tenían buena relación.
─ No estoy de acuerdo.
─ No podemos decidir por ella Charlie.
─ Esa musaraña decidió por ella. Ni siquiera pudo escogerla como su primera dama de honor. ¡es una bestia!
─ Charlie… suficiente. Hablaré con ella de inmediato, Kath tienes algo que hacer.
─ No, los chicos están llevando bien la compañía y me han dejado la semana libre.
─ Bien.
Estaba leyendo las invitaciones y me pareció gracioso que invitara también a su exesposo: Gustavo F. Hudson y Charlie D. Hudson.
La de nosotros decía: Mel. M. Hudson, Kath R. Clark y Harold P. Clark
Gustavo se sentó a hablar con Mel en la biblioteca, Charlie y yo nos quedamos en el bar conversando junto a Harold que acaba de llegar. Estaba segura que iría, pero no sería tan sencillo cómo solo asistir.
Gustavo salió y se sentó junto a Charlie. Estaba cabizbajo. Trato de hablar, pero no emitía ningún ruido. Me miro y me indico que entrara.
Mel estaba en la habitación sentada en el sofá. La abrace y bese su frente.
─ Vamos a ir, pero no a la boda. Iremos a la fiesta, y tú tocaras el piano, yo cantaré. Y nos iremos de ahí.
─ Mel…
─ Por favor, solo necesito hacer una última cosa por ella.
Pasaron los días ya comprendía lo que quería hacer, no la apoyaba del todo, porque no quería que se sintiera mal después, pero estaría para ella.
Gustavo se estaba encargando de la nueva casa mientras yo trataba de persuadir a Mel de que desistiera de su idea. No era tan mala después de todo, pero no dejaba de preocuparme.
Ella estaba bastante ocupada con un proyecto de su empresa, y el tiempo que la veía era cuando cenábamos o me levantaba a hacerle desayuno, tiempo suficiente para amanecer y anochecer feliz.
Mel estaba un poco preocupada porque me estaba descuidando, o eso decía ella, yo era feliz con despertar y dormir a su lado; escucharla un par de veces al día y escuchar un te amo en su voz.
─ Amor, hoy te invito a cenar. ─Dijo contenta mientras se sentaba en mis piernas y me quitaba el control de la televisión.
─ ¿A dónde iremos?
─ Te consentiré e iremos a Mar Del Sur.
─ Eso me parece genial. ¿A qué hora paso por ti?
─ Nos vemos allí a las ocho, ¿te parece?
─ Pero… ─ Sonó su celular y me dio un beso para luego levantarse e ir a contestarlo. Vino de nuevo, se despidió con otro beso y salió aún hablando por teléfono. Me levanté y la vi por la ventana, se subió al coche y se fue. Di un gran suspiro y me quede viendo el camino que antes había recorrido.
─ ¿Todo bien? ─ Me sorprendió Harold a mi lado.
─ Sí, todo bien.
─ No te ves como si todo estuviera bien, ¿quieres hablar?
─ No, solo que ha estado muy ocupada estas semanas. Me invitó a cenar hoy.
─ Sí, lo lleva planeando cada segundo libre que tiene. Así que arréglate como solo tú sabes hacerlo. ─Despeino mi cabello y siguió bebiendo de su taza de té. Volvimos a ver la película y esperar que pasaran las horas para volverla a ver.


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Capitulo 6

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:35 am

─ Kath, despierta… ¡Kath!
─ ¡Qué pasa?
─ Ya son la seis.
─ No podías despertarme antes. ─Corrí a la habitación a ducharme. Escogí un pantalón negro, un suéter de lana celeste y dentro una camisa blanca; algunos accesorios y arregle mi cabello lo más rápido que pude; cuando baje ya Harold tenía el auto encendido.
─ Me traes comida por favor.
─ ¿Qué te pido?
─ Algo que tenga pasta, pero apúrate que solo tienes una hora.
En veinticinco minutos ya estaba en el restaurante, ella aún no había llegado, había reservado nuestra mesa favorita. Tenía una vista hermosa del lago que rodeaba parte del restaurante. Pedí una copa de vino mientras esperaba y me entretuve viendo la carta y tratando de pensar qué le gustaría a Harold, había muchas pastas.
Estaba algo nerviosa, bueno siempre que la iba a ver los tenía, era como si cada vez era nueva. Cada ocasión que la veía llegar con ese caminar que parecía atraer miradas, con esa sonrisa que se iba formando al verme y cómo sus ojos tenían esa mirada que me hacía perder la respiración, con la forma que me abrazaba como si no me hubiese visto en mucho tiempo, y qué decir de su aroma inundado mis sentidos y que ralentizaba mi corazón al saber que estaba conmigo.
─ Señorita, ¿Desea ordenar ya? ─Preguntó por cuarta vez. Mire mi reloj y ordene la comida de Harold junto a otra copa de vino. Ya habían pasado dos horas, imaginaba que había tenido que quedarse en el trabajo, otra vez.
Abrí la puerta y escuche a Harold en la sala, al verme se levantó asombrado, me siguió hasta el sofá y se sentó a mi lado.
─ ¿No llegó?
Negué con un nudo en la garganta y los ojos húmedos, él me abrazo por unos minutos hasta que me calmé. Lo acompañe hasta que termino de comer y subí a la habitación, Whisky me había seguido todo el rato. Me lleve una cobija y me acosté en el jardín en una hamaca que había colgado Gustavo hace un tiempo. Whisky subió, aunque me hizo reír cuando casi nos caemos. Lo acomode y puse la manta, haría frío esta noche, pero era lo único que me relajaba. El cielo estaba completamente estrellado, era realmente hermoso.
─ ¿Te vas a quedar ahí? ─Dijo Harold dándome una cerveza.
─ Sí, gracias.
─ ¿Quieres hablar?
─ No, si pregunta salí, ¿Sí?
─ Está bien. ─Entró, cerró la puerta y corrió la cortina. Me entretuve acariciando a Whisky hasta quedarme dormida. Cuando desperté estábamos a punto de caernos, lo deje suavemente sobre el suelo e inevitablemente caí, pero ya me había apoyado; él seguía dormido como si nada hubiese pasado. Me fije en mi celular luego de sentarme en la escalerilla, tenía varios mensajes, llamadas perdidas y mensajes de voz. Entré y me serví un poco de cereal, fui a la sala y me puse a ver dibujos animados clásicos. Seguí a la habitación y ella estaba durmiendo abrazada a mi almohada, entre al baño y salí luego de darme una larga ducha. Ya no estaba en la habitación. Tomé las llaves del auto y cuando iba a salir me la topé en la puerta, se estaba bañando.
─ Buenos días… ─Dijo en voz baja, tenía esa mirada que conocía muy bien, esa mirada de culpabilidad que yo detestaba. Retrocedí y ella cerró la puerta.
─ Buenos días.
─ Perdón…─Suspiro. ─ En verdad se me fue el tiempo, y cuando vi ya habían pasado dos horas y aún no terminábamos, cuando logré escaparme de Duvar era demasiado tarde. Amor, perdóname, sé que no es primera vez y que estás cansada de esto, pero por favor, perdóname. Estoy agotada de todo, de no poder estar contigo ni siquiera tener tiempo para mí, no sabes cuánto te extraño y lo de ayer sé que llegó al máximo. ─Dijo mientras corrían lágrimas por su rostro, yo me mantenía en silencio observándola, odiaba verla llorar, era como si cada lágrima de dolor que salía de sus ojos causara en mí puñaladas. Trate de articular palabras, pero no salía nada de mi boca, solo quería que parara de llorar. Tome su mano y la atraje a mí para abrazarla. Ella se presionaba contra mí y yo solo acariciaba su cabello tratando de calmarla.
─ No llores… estamos aquí, y buscaremos la forma de arreglar las cosas. ─rodeo mi cuello abrazándome, la levanté y la lleve a la cama.
Pasamos la mañana en la cama hablando y bromeando. Rara vez podíamos estar molestas por mucho tiempo, la única vez que lo habíamos hecho fue por una semana y fue cuando aún nos escribíamos, fue horrible, y sí, termine yo disculpándome cuando no tenía la culpa, aunque luego ella lo acepto.
─ ¿Quieres comer? ─ Preguntó mientras buscaba mi celular en mi chaqueta.
─ A ver ¿Qué me vas a preparar?
─ Si quieres salimos a comer… ─Pregunto con un poco de temor, sonreí y me quede mirando, al ver que no respondía me miro.─ Si no, está bien… Preparamos algo y…
─ ¿A dónde iríamos?
─ Chicas…─ Harold entro. ─ ¿Están vivas? ¿Aún tengo cuñada? ¿Aún eres mi cuñada? Yo mi hermana ya te hubiera dejado…
─ A veces pienso que me odias Harold.
─ Sabes que no…─ La abrazó con fuerza casi asfixiándola. ─ Pero la haces llorar de nuevo y no vivirás. ─Le dijo con seriedad, yo los miraba desde la cama. Mel asentía con inseguridad.─ Bueno, Charlie acaba de…
─ ¡Familia! ¿Cómo amanecen? Ya sé que bien porque me acaban de ver. ─Se lanzó a la cama causándome un gran susto.
─ Aquí sobreviviendo a un intento de separación.
─ ¡Separación? ¡De quién?
─ Esas dos… Srta. Mel dejó plantada a Srta. Kath, y yo venía a ver si aún seguían juntas, pero al parecer aún lo estás, cosa que no me sorprende, aunque viendo las estadísticas y personalmente yo la hubiera dejado.
─ Pobre de tu mujer. ─Dijo Charlie con cara de confundido.─ ¿Y tú por qué dejas plantada a mi pobre Kath? ─Preguntó mientras me apretujaba en un intento de abrazo?
─ Trabajo.
─ ¿Ya le pediste perdón?
─ Sí.
─ Pídele de nuevo.
─ Tío…
─ Mel Liliam.
─ Pero ya me perdono.
Yo me encontraba divertida por la situación, ella estaba súper apenada y ya sus mejillas tenían ese enrojecimiento de cuando estaba avergonzada. Me levante y besé su mejilla.
─ Ya déjenla, ya todo está bien.
─ Te estaré vigilando niña, tú papá lo primero que te dijo cuándo te permitió ese trabajo es que no debías descuidarte.
─ Lo sé tío… lo siento.
─ Iremos a comer a un restaurante que construí hace poco, hoy lo inauguran. Las quiero lista a la una.
─ Gracias Charlie.
─ A la orden jefa. ─Se llevó cargado a Harold que renegaba y se quejaba porque lo bajara.
─ Sin querer me enteré de cómo tu papá te dejó entrar a trabajar tan joven.
─ Shh.
─ Eres una nenita aún para ellos, tiene sentido que te regañe.
─ Papá se enojara.
─ Claro, no va a conseguir otra novia tan perfecta para su hija.
─ Muy graciosa… solo pensar separarme de ti me parece letal. ─Me abrazo.
─ Sabes muy bien que solo hay dos formas de que esto acabe.
─ Lo sé… y ni loca te engañaría así que descártalo. ─Me halo por la camiseta hasta besarme.
─ Y yo no te pediría que me dejaras por ningún motivo. ─Me empujo hasta sentarme en el sofá y se sentó en mis piernas.─ ¿Crees que Duvar se enojé porque te rapte algunos días?
─ Y ¿a dónde me llevarías? ─me abrazo.
─ Paris.
─ ¿Paris? Paris, Francia.
─ El mismo. Cuatro días.
─ Hablas en serio. ─Se me quedó viendo mientras jugábamos con nuestras manos.
─ Sí, ¿Recuerdas a Ana? La chica que te presenté en el baile de la empresa, está realizando un evento interactivo de dos días en Paris para promover una nueva serie que está patrocinando. Por lo que me ha dicho va a ser completamente innovador, efectos especiales y demás. Lleva toda la semana insistiéndome en que vayamos.
─ ¿Y por qué no me habías dicho? ─Me quede viéndola sin decir nada. ─ Ya, ya sé… Está bien, vayamos. ─Acaricio mi rostro sonriendo.
─ ¿Segura?
─ Sí. ─Me besó y la puerta se abrió de repente.
─ ¿Hola? ─Era Gustavo.
─ Aquí papá.
─ Ah ahí están.─ Mel se levantó y fue a darle un abrazo. ─ ¿Cómo están?
─ Bien, ¿Por qué no avisaste que vendrías?
─ Charlie sabía. Además quería avisarle que ya la casa está lista, pueden ir cuando quieran.
─ Esa es una noticia genial. ─Le di un abrazo.─ ¿Cómo estuvo el tráfico?
─ Bastante tranquilo, ¿y ustedes? ¿Están bien?
─ Sí, todo bien.
─ ¿Seguras?
─ Ya Charlie te dijo.
─ Sí… Mel, no puedes estar tan atareada con el trabajo, sabes muy bien que no te hace bien.
─ Lo sé papá, pero ya arreglaré eso, tranquilo
─ ¿Ya se arreglaron?
─ Eso también te lo contó… sí, todo está bien, ¿No?
─ Más o menos, no se sintió nada bien quedarme esperando hasta la once de la noche. ─Dije riendo. Le di una palmada en el hombro a Gustavo y salí de la habitación.
─ ¡Kath! ─La escuché decir antes de cerrar la puerta. Baje y me senté con Charlie a jugar videojuegos.
─ Hasta acá la escuche. ─Dijo riendo Charlie.
─ De alguna forma tenía que vengarme. ─Reí.
Llegamos al restaurante que nos había llevado Charlie, era una gran cabaña restaurante. El ambiente era súper agradable, mesas de billar y otros juegos de mesa. Todo tenía un estilo campestre, los meseros llevaban sombreros vaqueros gigantes con el nombre del lugar, tenían música en vivo y lindas señoritas atendiendo algunas mesas. Mel y Gustavo se habían quedado en la mesa hablando mientras Charlie, Harold y yo jugábamos en la mesa de billar mientras esperábamos la comida.
─ Hola. ─Dijo una chica pelirroja con una gran sonrisa. ─ ¿Podemos unirnos? ─Preguntó refiriéndose a sus otras dos amigas.
─ Claro. ─Las tres congeniaron perfectamente con nosotros, eran muy graciosas. La mayor había estado hablando todo el rato con Charlie y al parecer la menor con Harold, que se sonrojaba por todo. La que me había preguntado se llamaba Marilyn, me había comentado que había venido con sus amigas y esperaban reunirse con unos chicos, pero nunca llegaron, caían muy bien.
─ Cuando Lisa cayó en cuenta que en realidad era el baño de chicos casi rompe record de velocidad al salir de allí.
─ ¡No fue gracioso! Estaban unos cinco hombres allí haciendo lo suyo y todos se me quedaron mirando, fue horrible. ─todos reíamos al escuchar la historia.
─ Eso sí que es vergonzoso, a Harold casi se le caen los pantalones una vez que salimos al mall.─ Reímos de nuevo.
─ ¡Charlie! Se suponía que te ibas a callar.
─ Se suponía.
─ Aja… ─Harold me señalo la mesa con un gesto y vi que ya había llegado la comida.
─ Ya llegó la comida. ─Le dijo a Charlie.
─ Ten. Llámanos y salimos los seis a tomar algo. ─Me dijo Marilyn con una sonrisa. Mire el papel y estaba apuntado el número de las tres.
─ Yo me quedó con eso. ─Dijo Charlie quitándome el papel. Nos despedimos y fuimos a la mesa. Le di un beso en la mejilla a Mel y me senté a su lado.
─ Son hermosas. ─Dijo Harold a Charlie.
─ Definitivamente, y graciosas.
─ ¿De qué hablan? ─Preguntó Gustavo sirviendo la comida.
─ Conocimos unas chicas estupendas, hermano.
─ ¿Ah sí? ─Me miro Mel.
─ ¿Qué? Yo solo estaba hablando con una de ellas.
─ Y ella mirando tu trasero cada que podía. ─Rio Charlie.
─ ¿Qué! No, eso es broma amor.
─ Reagan.
─ Amor… ─La abrace y le di pequeños besos en la mejilla hasta hacerla reír. ─ Te amo ─susurre lo suficientemente bajo solo para que ella escuchara.
─ Y yo a ti. ─ Beso mi mejilla.
Mientras comíamos hablábamos de todo un poco, Charlie se dedicaba a molestar a Harold y a Gustavo. Mel me estaba contando sobre lo que había pasado en la habitación luego de salir, no podía evitar reírme. Sentía que alguien me miraba hasta que levanté la mirada y me encontré con Marilyn mirándome, me sonrió y le devolví la sonrisa.
─ Sabes que te voy a dejar sin hijos Kath. ─Susurro Mel. No pude evitar reír y darle un beso. ─ Graciosa… es guapa.
─ Sí, lo es.
─ Y le gustas.
─ Sí… ¿Ah? No.
─ A veces creo que en verdad no te das cuentas cuando alguien gusta de ti.
─ Amor, no le gusto.
─ ¿Te has visto a un espejo? Es imposible pasar desapercibido tus ojos, tu cuerpo, tu cabello y esa seguridad que trasmites.
─ Con que tú lo notes yo soy feliz. ─Sonrió y beso mi mejilla.─ Además ¿piensas que no me di cuenta del chico que vino dos veces hasta acá? ─Ella se sonrojo. ─ Tengo que mantenerte vigilada, no es común ver una chica tan linda como tú sin alguien que la proteja.
─ Ay sí, más hay que cuidarte a ti que piensas que todo el mundo quiere ser tu amigo.
─ Se llama inocencia.
─ Kath, súmanos a todos los que estamos aquí y nos quedamos cortos para lo poco inocente que eres.
─ ¡Eso me ofende! ─Dije haciéndome la ofendida.
─ La verdad duele. ─Respondió riendo.
Cuando salimos del restaurante fuimos al parque a pasar el resto del día, tenía puesto de juegos y comida. Charlie ya había ganado cuatro peluches gigantes, era imposible que alguien o algo lo vencieran en fuerza. En verdad amaba pasar el tiempo con ellos. Harold le había escrito a Elizabeth, una de las chicas del restaurante. Había quedado salir por la noche los cuatro, yo planeaba acurrucarme con Mel y ver películas toda la noche… eso era lo que planeaba yo…
─ Ya vengo. ─Se alejó un poco y contesto el teléfono.
─ Aquí vamos de nuevo.
─ No eres la única que detesta que se sumerja tanto en el trabajo. ─Dijo Gustavo pasando su brazo por mi hombro. ─ Tengo unas cuantas películas clásicas y unas botellas de vino de una excelente cosecha si te dejan ésta noche.
─ Lo tendré en cuenta.
Y así fue, los dos estábamos en la sala viendo películas en blanco y negro y bebiendo un vino exquisito. No era mi plan, pero no estaba tan mal. Mel regresaba en la madrugada y nosotros teníamos material cinematográfico para un buen rato.
─ ¿Qué hacen despiertos?
─ No lo sé… ─dijo divertido Gustavo. ─ ¿Qué haces tú despierta?
─ Estás borracho papá…
─ Aquí nadie está borracho Liliam, no digas esas cosas…
─ Ah y tú también, genial, ¿pueden decirme cuántos años tienen?
─ 22.─Dijo Gustavo riendo.
─ ¿22 no tenía yo?
─ Ah cierto, tú tienes 22… o era 23, bueno tienes algo en la decena del 20.
─ Cierto, cierto. ─Bebí de mi copa.─ Tú tienes 39.
─ Sí, 29… 39.
─ No puedo creer que los dos estén borrachos.─ Tomó la botella de vino y nuestras copas. Se veía un poco enojada, aunque yo no entendía muy bien qué pasaba, se veía linda así.
─ Papá a tu habitación, ya.
─ Sí ya voy. ─Gustavo se levantó un poco mareado y se dirigió a la cocina.
─ ¡A la izquierda!
─ Ya sabía… ─Lo siguió y luego regreso.
─ ¿Cuántas botellas llevan?
─ Unas dos o… dos, no me acuerdo.
─ Vamos. ─Me llevaba de la mano y yo solo podía pensar cómo su mano era tan suave, debía de usar algo mágico.
─ Amor, ¿Cómo tu mano está tan suave?
─ ¿Cómo tú te ves tan linda aun estando embriagada? ─ Me dio un beso.
─ No lo sé, de la misma forma que tus manos son tan suaves. ─Me quitó la ropa y me dejó en la bañera, yo no podía dejar de pensar en sus manos. ─ ¡Mel!
─ ¿Sí? ─Salió de la ducha y me pasó una toalla.
─ ¿Tú me quieres?
─ Vamos… ─ Me ayudo a salir.
─ Mel, dime.
─ Amor, yo te amo.
─ Yo también te amo… ─Luego de vestirnos fuimos a la cama, me acosté en su pecho a escuchar su corazón, y ella me acariciaba el cabello.
Desperté y el sol estaba enceguecedor, no recordaba cómo había llegado a la cama, solo que había amanecido con Mel y eso estaba bien. Seguí descansando hasta sentí que ella despertaba. Poco a poco recordé que estaba bebiendo con Gustavo y cómo terminé en la cama.
─ Rayos…
─ Ya recordaste cómo terminaste aquí. ─Besó mi cabeza y se levantó.
─ Sí… disculpa si hice algo estúpido.
─ Ser demasiado adorable nada más. ─Dijo mientras entraba al baño.
Luego de bañarnos y ponernos nuestros uniformes de estar en casa, bajamos y mi querido suegro estaba en la cocina con una bolsa de hielo en la cabeza.
─ Buenos días papá. ─Dijo un poco alto.
─ Shh shhh… no hagan ruido. ─susurro.
─ Lindo, muy lindo. Los dos borrachos, les daré un premio a mejor padre y novia del mundo.
─ Amor, solo nos pasamos de copas.
─ Aja, bueno están encargados del desayuno de hoy, iré a bañar a Whisky.
─ Pero…
─ Pero nada.
Nunca había cocinado tan silenciosamente como esta vez, Gustavo estaba en un taburete apoyado en la mesa con dolor de cabeza, y Charlie y Harold dormidos en la sala. Vi por la ventana a Mel como reía jugando con Whisky.
─ ¿Qué ves?
─ A Mel… ¿Cómo entraste?
─ Harold me abrió.
─ Tengo que decirle a mi hermano que deje de entrar a personas de aspecto espantoso.
─ Muy graciosa, teniendo en cuenta que un vagabundo se viste mejor que tú.
─ Ya quisieras tú tener el gusto que tengo que yo para vestir.
─ Chicas…
─ No quisiera tener absolutamente nada tuyo.
─ ¿Ni a mi novia?
─ Vale, ganaste. ─Reímos, ella salió a saludar a Mel.
─ ¿Me explicas eso?
─ Gusta de Mel.
─ ¿Y tú estás tan tranquila?
─ Confió en su hija plenamente.
─ Ni yo podría estar tan sereno… ¿Desde cuándo lo sabes?
─ Relativamente poco, pero ya me lo imaginaba.
─ ¿No crees que vaya a intentar algo?
─ Por su bien espero que no. ─Dije con una sonrisa.
─ ¿Tú por qué tienes esa sonrisa? ─Vino y me besó.
─ Por nada, cosas de la vida amor.
Lena nos observaba desde la puerta, sabía que aunque ella lo negara le gustaría tener algo con Mel, ¿A quién no? No era que estuviera a la defensiva, pero ella no tenía nada de mi confianza, sabía que aprovecharía cualquier oportunidad, y no es que yo estuviera dispuesta a dársela.


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Capitulo 7

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:38 am

─ ¿Van a ir?
─ No lo sé Pablo, es decisión de Mel.
─ Lo sé… Me gustaría que fueran y conocieran a mi familia. Siento mucho que la poca relación que hayamos tenido sea gracias a los problemas. ─Dijo con sinceridad. Deje de empujar el carrito y lo mire. ─ Sé que mi suegra me detesta y que no se lleva nada bien con mis hijas… Sé que adora a Gustavo tanto como quiere a Marie, y de alguna forma me duele eso… Siempre pensé en tener una gran familia y vivir en paz, no quería que las cosas pasaran como sucedieron.
─ Mel sabe que eres un buen hombre Pablo, y la Sra. Elizabeth… bueno sabes cómo es. El problema no es contigo, ni por ti. Mira… hoy vamos a salir al festival, llámame y nos encontramos allí, así podrás hablar con Mel.
─ ¿Sin Marie cierto?
─ Sí. ─Reí.
─ Está bien… gracias Kath.
─ No es nada, nos vemos en la tarde. ─. Lo había encontrado en el pasillo mientras veía qué llevarle a Harold y a Mel. El hombre no me caía mal, y entendía lo culpable que se debía sentir, después de todo habían hecho algo parecido con él.
Hoy era el festival de los animales en el parque que frecuentábamos, planeábamos llevar a Whisky y pasar el día allí. A Harold no le entusiasmaba nada el hecho de ver a muchas personas, ni a mí, pero el resto de la familia estaba muy feliz al respecto, así que no nos quedó de otra.
Cuando llegué a la casa el coche de Lena estaba aparcado fuera, cosa que no me sorprendía. Llamé a Harold para que me ayudara a entrar las cosas, pero el único que estaba cerca era Charlie.
─ Tu amiguita está dentro.
─ Ya me di cuenta.
─ ¿No te molesta que siempre esté aquí? Digo, es obvio que babea por Mel.
─ Gustavo te dijo, ¿no?
─ No, soy muy observador, y es muy obvia la verdad…
─ No me molesta, o no del todo. Es su amiga y no puedo hacer nada al respecto.
─ Tú también tienes amigas y no se la pasan aquí todo el santo día, y vaya que tienes amigas…
─ Charlie…
─ Ya, ya… solo digo que ella abusa de nuestra hospitalidad.
─ Charlie, la que debería estar enojada soy yo.
─ Me gusta fomentar el desorden. Invite a las chicas al festival, e irá Marilyn. ─Dijo mientras subía algunas cosas a las alacenas de arriba.
─ Genial…
─ ¿Qué? Es bueno que socialices con otras personas.
─ Sí, pero no con Marilyn.
─ Es una buena chica, a penas sepa que tienes novia se le olvidara.
─ Aja…
Mientras buscaba el collar de Whisky oía a las chicas reír a unos metros de mí, Charlie era un muy mal consejero cuando se trataba de éstos casos. Subí al perro a la camioneta y esperé que todos estuvieran listos.
─ Hace demasiada calor y no me gustan las personas. ─Dijo Harold subiéndose a la última fila junto a Whisky.
─ Dímelo a mí.
─ Solo voy porque quiero ver cómo quedó nuestro trabajo.
─ ¿La empresa ayudo?
─ Impuestos, siempre es bueno liberarse de ellos.
En el trayecto hablaba con Gustavo sobre la casa, planeábamos mudarnos pronto. Charlie se la paso cantando todo el rato y Harold jugaba con Whisky. Cuando llegamos ahí Charlie y Harold se desaparecieron, las chicas venían atrás hablando y yo conversaba con mi suegro sobre trabajo mientras llevaba a Whisky.
El lugar estaba estupendo, la publicidad que habíamos dado había servido de mucho, estaba repleto y había quedado hermoso.
─ Amor, vamos por unas bebidas ¿Quieren?
─ A mí sí. ─Dijo Gustavo, yo negué y seguí caminando con Whisky. Gustavo se quedó hablando con ella, aproveche y me senté bajo la sombra de un árbol.
─ Diría que es casualidad verte aquí, pero lastimosamente no lo es. ─Sonrió mientras se sentaba a mi lado. Traía un perro de la misma raza que el nuestro, los dos quedaron jugando de inmediato. ─ Él es Zeus.
─ Whisky.
─ Creo que tus amigos y las mías se escaparon.
─ Así es. ─Observe a Gustavo irse con un hombre con el que charlaba amistosamente.
─ ¿Cómo estás?
─ Bien… ─Sonreí de lado. ─ ¿Tú?
─ Pareces de todo menos bien, puedes contarme. ─La observe y ella me miraba con algo de preocupación, sonreí y baje la mirada. ─ ¿Problemas con tu novia?... Te entiendo… Cuando uno está mal con la persona que ama, es imposible estar bien. Era la chica de la mesa, ¿no?
─ Sí… ¿Te ha pasado que conoce a una amiga y se llevan excelente con el tiempo, luego las ves a cada rato juntas y te sientes un poco desplazada?
─ No exactamente así, pero al final el mismo sentimiento.
─ Eso me pasa… Cuéntame de ti.
─ Tengo un matrimonio arreglado, él se llama Diego, ni siquiera hablamos o nos comunicamos, ni vivimos en la misma casa, solo fue de conveniencia… Me enamoré perdidamente de su hermana, tuvimos una excelente y hermosa relación con el consentimiento de su hermano, ella cambio de un día a otro y se fue… así como si nada, de eso ya tres años y aún sigo por ahí deambulando… Quiero pensar que ya lo estoy superando.
─ Me hace sentir estúpida haber hablado primero. ─Ella rio.
─ No… está bien, cada cosa termina cuando debe terminar, aunque no lo queramos aceptar. Tengo la ligera sospecha de haberte visto en otro lugar.
─ No lo creo.
─ Creo que sí, en la televisión me parece.
─ Entonces puede que sí… tengo una agencia de publicidad y de vez en cuando los clientes quieren que promocione sus productos.
─ Espera, tú promocionaste esa nueva aplicación en la web… Sabía que te había visto en algún lado, debo admitir que la descargué solo por ti.
─ Jajajajaj ¿tan mala era?
─ En realidad me termino gustando.
─ Sí, es bastante buena… ¿A qué te dedicas?
─ Estudie farmacéuticas y la ejercí por muy poco, decidí empezar a viajar y trabajar donde me llevara el tiempo. Me detuve aquí unas semanas para salir con las chicas ya que tenía tiempo de no verlas y bueno… creo que me iré dentro de dos semanas.
─ Eso se escucha genial.
─ Lo es. ─Dijo con una gran sonrisa mientras miraba a las personas.─ La libertad que sentí y el placer de conocer tanto es invaluable, aunque sé que no he recorrido ni una cuarta parte de lo que haré… me siento muy bien.
─ No me quejo de mi vida, pero eso se oye maravilloso.
Hablamos por un largo rato debajo de ese árbol, me hizo desconectarme realmente de lo que nos rodeaba y las preocupaciones que tenía en el momento. Charlie tenía razón, era una buena chica y no me hacía ningún mal hablar con ella, todo lo contrario, me sentía muy bien. Caminamos por la feria y compramos algunas cosas, en verdad era muy divertida.
─ Vaya, vaya, al fin las encontramos.
─ Como si no supiéramos que lo hicieron a propósito.
─ Te dije que se daría cuenta.─ Dijo Harold.
─ Ya, ya… ¿Cómo la están pasando?
─ Muy bien, muy bien…─ Respondió con una sonrisa observándome.
─ Tu querido suegro está de picnic con un compañero de trabajo y no sé dónde anda mi sobrina con tu amiguita.
─ ¿A qué hora nos vamos?
─ No lo sé… nos reunimos aquí en dos horas?
─ Está bien.
Seguimos recorriendo la feria y hablando de todo un poco, era imposible aburrirse con ella, tenía historias fantásticas sobre los lugares donde había ido y las personas que había conocido; la pasión con que hablaba hacía emocionarte tanto que querías salir de inmediato y recorrer el mundo.
Pablo me había escrito que no lograría llegar, pero que estaría pendiente salir en otra ocasión. Volvimos al árbol donde estábamos y seguimos charlando, el tiempo se nos pasó tan rápido que cuando nos dimos cuenta los chicos ya estaban buscándonos.
Me despedí de Marilyn y sus amigas, y fuimos a buscar a Gustavo y a Mel; ya la extrañaba.
Alguien se subió a mi espalda y me beso.
─ Te extrañe mucho, ¿Dónde estabas?
─ ¿Dónde estabas tú?
─ Dejando a Lena.
─ Yo estaba donde me dejaste con una amiga.
─ ¿Qué amiga? La linda chica del restaurante.
─ Exactamente.
─ Umm me pondré celosa. Te extrañe mucho. ─Me daba besos en la mejilla mientras la llevaba.
Me había dicho que Lena se sentía mal y fue a dejarla a su casa, así que no tuve que soportar las bromas de Charlie de nuevo. Fuimos a casa y pedimos de comer, Mel estaba muy cariñosa, a diferencia de todo el día que casi no habíamos hablado o siquiera visto. Gustavo tenía que viajar por una emergencia que surgió en su compañía. Me enteré mientras escuchaba a Harold hablar por celular que saldrían de nuevo con las chicas por la noche, cosa que me estaba haciendo mucha gracia ya que los dos estaban muy emocionados por eso.
─ ¿Qué haces?
─ Cierra los ojos. ─ Ordeno con una sonrisa mientras escondía algo detrás de su espalda.
─ Oh vamos, quiero ver.
─ Amor…
─ Vale, vale. ─Cerré los ojos y esperé que me dijera algo. Sentí sus labios besándome y no quise separarme, pero ella lo hizo riendo. ─ Ya puedo…─ abrí los ojos antes de terminar de hablar y quedé sin palabras.
─ Discúlpame por todas estas jornadas que hemos estado tan lejos. Espero tener una hermosa vida contigo, y poder empezar y terminar el día viendo esa mirada que me hace sentir tan amada. Que cada vez que veas esto tengas la seguridad que estoy pensando en ti, amándote a cada segundo y anhelando volver a estar juntas. Te amo más que nada, sin importar la distancia que estemos o las circunstancias en las que nos encontremos, siempre te pertenecerá una parte de mí…
─ No tienes que disculparte por nada. ─La abrace hasta levantarla. Esa noche fue hermosa… Volví a sentir ese calor que solo ella podía darme, esa seguridad y amor que me hacían ser mejor.
A la mañana siguiente debíamos despertar temprano, el vuelo era en la tarde y yo debía confirmar la reservación en el hotel. Mel andaba por todos lados buscando cosas que según ella le harían falta, yo solo llevaba una maleta con lo imprescindible y algo de ropa, lo demás lo compraría allí. Revise mis cuentas bancarias por cualquier cosa y llame a Octavio para confirmar que todo estuviera bien, él me ha ayudado desde que mis padres murieron, y no hubiésemos llegado hasta donde estamos si no fuera por él.
- Me acabo de enterar que vas a viajar y no me avisaste, debo tomar eso como una gran falta a nuestra nueva amistad.
- Jajajaja en serio se me pasó comentarte. Cómo has estado?
- Soportando a estas dos que están que vuelan con tus amigos.
- En realidad el pequeño es mi hermano y el gigantón es hermano de mi suegro.
- Es en serio?
- Sí.
- No se parecen en nada.
- Nos lo dicen cada vez que lo digo.
Mientras estaba acostada en el sofá recordándole dónde tenía las cosas a Mel, seguía hablando con Marilyn, la chica aún no se creía que Charlie tuviera 29.
─ ¿De qué te ríes? ─ Se acostó sobre mí.
─ Aparte que pareces una loca de un lado para el otro de Marilyn.
─ Es lindo que tengas una amiga, ya te hacía falta socializar, me estabas asfixiando.
─ Ah sí, con que esas tenemos. ─Empecé a hacerle cosquillas.
─ ¡Es broma! Es broma… El tiempo que estoy contigo es maravilloso, solo con tenerte cerca soy feliz.─ Dijo antes de darme un gran beso.
─ Eso y Lena.
─ Eso te lo metió en la cabeza tío Charlie, ¿no?
─ De cierta forma influyo.
─ Amor… Solo soy tuya y lo sabes. ─Bostezó, mire el reloj y aún teníamos dos horas antes de tener que ir al aeropuerto. ─ A menos que seas tú, no puedo amar a nadie con la misma intensidad con la que lo hago.
─ Así que la amas eh.
─ Amor, claro que no, es solo… una amiga. Le prohibiré a Charlie que esté cerca de ti. ─Dijo adormecida.
Tenía algo de razón, debía dejar de escuchar las locuras de Charlie, ya me estaban volviendo loca. Mientras ella dormía sobre mí, yo jugaba en su celular para pasar las horas. Harold había venido a despedirse ya que iba a salir con sus nuevas amigas y Charlie, éstos chicos no tenían descanso.
Cuando llegamos al aeropuerto privado, ya estaban esperándonos, partimos de inmediato. Mel se la pasó durmiendo casi todo el viaje, yo estaba tratando de adelantar unos documentos de la empresa que había dejado para cuando regresara; mientras, conversaba con la asistente de Ana.
─ ¿Y de dónde conoces a Ana?
─ Ana… ─Dije con una pequeña sonrisa recordando el pasado que teníamos. El tiempo que compartimos fue grandioso, debo admitirlo, de eso aún conservamos una buena amistad y me alegra aún tenerla en mi vida.─ Tuvimos buenos momentos hace años, y hemos conservado la amistad, en realidad la conozco desde pequeña.
─ Entiendo, se acuerda a menudo de ti… estaba muy contenta de que aceptaras venir, se la pasa renegando de que siempre va a tus eventos y tú no a los de ellas.
─ Jajajaja eso lo he escuchado mucho de ella, no cambia… Se la pasaba renegando que siempre venía a mi casa y yo no a la de ella.
─ Eso me dijo. Sus empresas crecieron juntas, ¿no?
─ De cierta forma, la colaboración que tuvimos en el pasado era muy dependiente, pero supimos tomar nuestros caminos.
─ Entiendo.
─ Y tú ¿cómo llegaste a sus manos?
─ Bueno… en realidad ella me encontró. Acababa de terminar el colegio y exactamente ese día iba saliendo de la fiesta de graduación, cuando su auto casi nos atropella a mi novio y a mí, el auto me dio un pequeño toque, la pobre estaba más asustada que yo; el imbécil de mi novio salió corriendo del susto y me dejo ahí. Me llevo al hospital y se encargó de todo hasta de llevarme a mi casa y pedirle mil veces disculpas a mis padres que terminaron adorándola…
─ ¿Por qué?
─ Porque logro ahuyentar a mi novio. ─Las dos reímos.─ En el hospital le había contado un poco sobre mí y que me encantaba el tema de organizar eventos y fiestas y bueno… seguimos en comunicación y empecé trabajar con ella mientras estudio.
─ La última vez que nos vimos me habló excelente de ti, pero no pensé que tuviera tanta razón.
─ Suele exagerar las cosas.
─ Tienes razón en eso, pero creo que todo lo que dijo era verdad. Te confieso que pensé que estaba hablando de su novia o algo al respecto. ─Noté cómo se sonrojo y eso confirmo que tenían algo. Conocía a Ana, y no era el tipo de chica que le gustara que conocieran todo sobre ella.
─ No, no tenemos nada… solo, solo una relación de trabajo y una buena amistad.
─ Entiendo… y ¿estarás en la fiesta hoy?
─ No quería ir, pero Ana está empeñada que no puede estar sola con tantas personas de las cuáles no recuerda el nombre.─ Y eso era otro punto más a la relación “Ana y Geraldine” Ana tenía una excelente memoria para nombres y direcciones.
Llegamos al aeropuerto y Mel se sentía algo mal, tenía fiebre y eso me preocupaba un poco, no era bueno que se enfermara. Cuando ya estábamos en el hotel nos duchamos y ella se acostó, me preocupaba así que salí a comprarle medicamentos. Ya le había avisado a Ana que habíamos llegado, Geraldine se fue directo a la casa de mi querida amiga a reportarse, sí strike tres, Ana detestaba que cualquier persona estuvieran en su casa, a menos que tuvieran una muy buena relación.
Entre a la habitación y Mel estaba en la cocina hablando por celular, estaba discutiendo así que me senté en la sala y no pude evitar escuchar.
─ No, las cosas no pasaron así y lo sabes muy bien, te lo he repetido millones de veces, amo con mi vida a Kath es la mujer con que quiero pasar cada segundo, ¿cuándo vas a entender eso? Tú me forzaste a eso y sabes muy bien cuál fue mi reacción… ¿recuerdas cómo quedo tu cara luego de eso Lena? Por favor, yo te quiero como una amiga, termina de entenderlo… Sí, fue un maldito beso por Dios, qué clase de locuras tienes en tu cabeza, creí que ya había quedado claro… Sabes que Lena, no quiero hablar contigo en éste momento, ni en éste ni en otro, pensé que podíamos actuar como personas maduras o por lo menos tú podrías. ─ No sabía qué hacer, si quedarme allí o si salir o desaparecer. ¿La había besado? Mel entro a la sala y se quedó mirándome, sí tenía los ojos llenos de lágrimas y no podía mirarla a los ojos, no quería. ─ Kath… no es lo que estás pensando amor.
Me levanté del sofá con debilidad y deje la bolsa con medicamentos en la mesa de café, pasé a su lado sin decir nada, conteniendo las ganas de llorar y desaparecer de allí. Fui al baño y me metí a la regadera aún con ropa, empecé a llorar como hace mucho no lo hacía, sentía que me estaban acuchillando por dentro, la escuchaba llamar a la puerta, y cada palabra que decía no sabía muy bien ya la reacción que tenía en mí, quería que me dijera que en verdad no era lo que había escuchado, o que las cosas no habían sucedido así.
─ Kath… te juro por cada día que hemos estado juntas que las cosas no sucedieron como lo estás imaginando… por favor, abre la puerta. ─La escuché decir desesperada. Mi celular empezó a sonar, pensé que ya estaba dañado por el agua, ni siquiera me lo había quitado, lo vi y era Ana. Respiré hondo y le contesté.
- ¿Hola?
- ¿Kath?... ¿Estás bien? ¿Qué sucede?
- Nada… ¿Qué pasaba?
- Cariño, conozco esa voz desde que me gustan las mujeres, o sea siempre, ¿qué te pasa a ti? Solo una persona te puede poner así, ¿qué pasó?
- Recuerdas que tu papá dice que no debemos escuchar conversaciones ajenas… no sé si ésta vez fue para bien o en verdad él tenía razón.
- Sea lo que sea que haya pasado ¿Ya la escuchaste?
- No…
- Entonces ve a hacerlo.
- Pero Ana, se besó con…
- No me interesa, ve a hacerlo…
- Ana…
- Kath, cámbiate de ropa y hablen, mañana las quiero aquí.
- ¿Cómo estás tan confiada de eso? ─Dije con voz quebrada.
- Porque ella te ama demasiado. Te quiero, estoy en mi casa cualquier cosa. El chofer está fuera.
Ana me cerró, yo me quedé allí por unos minutos más, me saque la ropa y me puse una bata de baño, ya era de noche, salí y cuando me di cuenta Mel estaba al lado de la puerta, en el piso temblando.
─ ¿Qué pasa? ─La toqué y estaba ardiendo en fiebre. ─ Dios, Mel… ─La levanté de ahí y la llevé a la cama.
─ Por favor perdóname, no es lo que tú crees, sé que debí decírtelo, ayer compró una botella y empezó a beber, se emborracho o eso creí y me beso a la fuerza, por eso tengo este moretón en el brazo, porque al intentar irme ella me agarro, amor… yo nunca te lastimaría de esa forma, por favor perdóname, si no te lo dije fue porque no quería que hicieras algo. ─Me decía desesperada mientras temblaba y sus ojos me observaban llenos de lágrimas, aunque escuche su explicación, y de cierta forma le creía, me dolía aún pensarlo. Busque los medicamentos y se los di a tomar de inmediato, sentía su mirada perseguirme por toda la habitación mientras buscaba ropa que ponerme, me senté a su lado y desbroche su pantalón, se lo quite e igual con su camisa.─ Tengo frío.
─ Lo sé… ─La ayude a ponerse una camiseta larga de las mías y me acosté con ella. Se abrazó a mí mientras yo acariciaba su cuerpo. No quería pensar en otra cosa que no fuera su bienestar ahora.
─ Kath… lo siento, sé que no nos ocultamos nada, pero sabía que la relación entre ella y tú no son la mejor, solo iba a empeorar las cosas.
─ Luego hablaremos de esto, ahora descansa Mel… ─Ella me observo hasta quedarse dormida, contemplaba cada parte de su rostro, aún conservaba una pequeña expresión de preocupación en la cara, sabía que no me estaba mintiendo, pero saber que me oculto eso y más que fuera exactamente con ella, me dolía.
Cuando despertó ya estaba mejor, ya estaba empezando a asustarme que no le bajara la fiebre. Ella se quedó en mi pecho por largo rato.
─ Te amo… y siento mucho ocultarte eso. ─Dijo sentándose al frente mío.
─ Entiendo las razones por lo que lo hiciste, pero no las apoyo Mel… Solo saber que ella te puso un dedo encima y sin tu consentimiento me arde la sangre. No fue culpa tuya, pero tú decidiste no decírmelo.
─ Kath. ─se levantó y abrazo mi cuello.─
─ No Mel… por favor… Ahora necesito pensar.─ Se dejó caer sobre sus piernas y me miraba mientras corrían las lágrimas por sus rostro. Besé su frente y me cambie de ropa, tomé un abrigo y me acerqué a ella, no me miraba… levanté su barbilla con suavidad y bese su mejilla. ─ Te amo.
─ Te amo. ─Dijo con un susurro.─ Te amo más que nada. ─Me abrazo con fuerza y me dejo ir… aunque en el fondo no quería irme, sabía que necesitaba escuchar a Ana en ese momento y que me dijera qué hacer, porque como estaba… no sabía muy bien cómo mi cuerpo estaba actuando.

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Capitulo 8

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:39 am

─Te estaba esperando. ─Me dio un gran abrazo y me entregó una taza de té. ─ ¿Cómo quedó ella?
─ Mal… odio verla así.
─ Vamos a la sala, Geraldine está en el salón viendo televisión.
─ Tengo muchas preguntas al respecto.
─ Lo sé, y sí tienes razón en lo que supones. ─Rio.
─ Pues tienes todo mi consentimiento.
─ Gracias mamá.
─ De nada hija. Eran demasiados privilegios que tenía como para ser solo tu asistente.
─ Lo sé… es algo joven, pero tiene una mente impresiónate y su creatividad es perfecta. Ya casi termina la universidad y le va muy bien, es mi mayor orgullo.
─ ¿La amo o la quiero?
─ ¿Qué crees?
─ La primera definitivamente.
─ Sí… me trae loca.
─ Así es, nuestra mayor debilidad.
─ Y hablando de debilidad cuéntame qué pasó.
Nos sentamos cerca a la chimenea con las bebidas y hablamos por largas horas, nos pusimos al corriente de nuestras vidas y vaya que necesitábamos de eso.
─ ¿Puedo decir que te extrañe demasiado?
─ Ten la seguridad que yo también te he extrañado, en especial esa molesta manía de quejarte por todo.
─ No me quejo por todo, tú nunca puedes estar de acuerdo conmigo o apoyarme.
─ Te estás quejando.
─ ¡Claro que no!
─ Aja… ─Me fije en mi reloj y ya eran las cinco de la mañana, el reloj había corrido como los grandes hoy.─ Creo que es hora de irme.
─ ¿Te parece si salimos a comer luego?
─ Me parece que sí.
─ Kath… recuerda… tú en su posición hubieras hecho lo mismo.
─ Lo sé Ana… pero solo imaginar sus labios en los de otra persona me vuelve loca.
─ ¿A quién no? Solo no mates a nadie y lleva las cosas con calma.
─ Buenos días.─ Geraldine apareció por el gran marco de madera que conectaba la sala con el pasillo. Le dio un beso en la mejilla a Ana y un abrazo a mí. ─ ¿Qué tal su noche?
─ Excelente, ya me hacía falta su maldad en mi vida.
─ Lo sé, causo eso en muchos.
─ Ya quisieras.
─ ¿Te quedas a desayunar?
─ No, tengo que ir al hotel. Pero, gracias… Cuídense y pórtense bien, por favor no quiero a la policía llamando a mi habitación por gritos en ésta casa.
─ Kath, calla, te ves mejor con la boquita cerrada.
─ Me adoras. ─Me despedí de las chicas y luego de un largo rato en el transito llegamos al hotel. Mande a pedir el desayuno a la habitación y subí, todo estaba callado. Entré a la habitación y Mel estaba en la alfombra recostada a la cama viendo una foto. ─ Buenos días…
─ Kath. ─Se levantó y corrió a abrazarme, se guindo tal koala a mí, solía hacerlo cuando apenas empezaba la relación.─ Nunca me sentí tan sola como ésta noche… nunca había necesitado tanto de ti como hoy, pero sé que es mi culpa… solo quiero que me perdones. ─ Me senté en el sofá aún con ella aferrada a mí.
─ Mel…
─ Amor, yo… ─La callé atrayéndola a mí y besándola. Necesitaba sentirla mía, sentir sus labios y saber que solo necesitaban de los míos. Sus dedos se enredaron en mi cabello atrayéndome más a ella, así quería estar, siempre… siempre con ella. No decía que las cosas se iban a solucionar tan rápido, pero la amaba demasiado como para siquiera pensar en encontrar otra forma.
Ella era mi gravedad, mi norte, oeste, sur y este. Algunos luchan por dejar de pertenecer a alguien, otros dicen que todos somos libres y no pertenecemos a nadie, pero de alguna forma… todos, en algún momento hemos de pertenecer a alguien, y alguien, en algún momento nos pertenecerá. No en el ámbito de propiedad, en el que puedes modificar y eliminar como si fuera tu coche o tu casa, sino en un estado que va más allá, en uno que solo alguien que ha pasado por eso entenderá. En cómo sabes que esa persona siempre llevará algo tuyo y tú… tú llevaras algo de ella, para siempre, sí… porque a veces y solo a veces, los para siempre no resultan estar juntos toda una vida, sino llevar algo más que recuerdos dentro de ti.
─ ¿Puedo preguntar dónde está tu vestido?
─ Perdido en algún lugar de Paris… solo llegó el de ella y soy feliz por eso. ─Mel pasó su brazo por mi cintura abrazándome. Besé su frente y luego su mejilla, tenía un perfume delicioso.
─ No vas a seguir así, así que vamos de inmediato a mi casa, tengo algo que creí no sacaría del armario hasta alguna premiación o algo así, pero debo ponerlo en ti de inmediato.
Llegamos a casa de Ana y Geraldine andaba de un lado para el otro buscando unos papeles que había extraviado mi querida amiga.
─ Yo te los di.
─ Claro que no, lo único que me diste fue un portafolio con diseños de eventos. Lo revise dos veces porque me gustó uno y no había ningún otro documento.
─ ¿Solo te gustó uno? ¿Qué tienen los otros?
─ ush…
─ No, dime…─Geraldine siguió buscando y Ana la perseguía por la oficina, tratando de que le contestara, nosotras solo las veíamos divertidas desde la puerta.
─ ¡no! Sabes lo importantes que son los documentos, deberías estar ayudándome a buscarlos no preguntando por qué no me gustan unos diseños.
─ Tú opinión es importante para mí…─Dijo con suavidad. Geraldine se detuvo y la miró, ya había sucumbido a la ternura con la que lo había dicho Ana. ─ Además tengo copias de esos documentos.─ Y eso era lo que le faltaba. Geraldine contuvo las ganas de lanzarle el celular y escogió el portafolio que le dio en todo el hombro. ─ ¡Pero mujer! ¿Qué te pasa!
─ Me tienes súper estresada buscando esos documentos y ¡tienes copia?
─ Claro que tengo copia, sé que los iba a extraviar.
─ Eres una…
─ Ay pequeña no te pongas así, siempre es mejor tener los originales…
─ No, hazte para allá.─ Nos saludó y salió por nuestro lado. Ana se le quedó mirando con una clara expresión de no saber muy bien qué había pasado.
─ Lo idiota no se te quita ni con los años. ─Reí, Mel me golpeo a un costado.
─ Iré con ella. ─Me dio un beso y siguió a Geraldine.
─ ¿Pero por qué se enojó?
─ A veces creo que en verdad eres tan idiota como pareces. ─Pasé mi brazo por su hombro y fuimos a su habitación a buscar la ropa. Empezamos a hablar mientras yo me arreglaba, el vestido que me había prestado era hermoso, color azul marino y me entallaba perfectamente, tenía algunos detalles en encaje que resaltaban algunas partes, la caída era perfecta. Llevaba mi cabello suelto algo desordenado y mis anillos favoritos que combinaban como si estuviera a juego. Bajamos y encontramos a las chicas riendo en el salón.
─ Mi creación está terminada. ─ Dijo mientras se miraba al espejo.─ ¿Qué tal? ─Se dio la vuelta mirándome.
─ Ana, me divorcio de ti.
─ ¿Qué!
─ Es broma amor, estás hermosa.
─ Gracias.─ Reí. Mire a Mel y su cara hizo sonrojarme, estaba muy sorprendida, la admire por unos segundos y dude que ella fuera mi novia, estaba realmente hermosa.
─ Esa era la reacción que quería. ─Dijo refiriéndose a Mel, tomó de la mano a Geraldine y salieron.
─ ¿Qué tal? ─Susurre cerca de sus labios, pude sentir que casi no respiraba. Me miraba con esa fuerza que me hacía estar nerviosa de una forma mágica.
─ Estás… Estás hermosa, estás perfecta. ─Dejó sus manos sobre mi cintura y acaricie su cuello, junte nuestras frentes conteniendo las ganas de besarla.
─ Tendrías que verte. ─Cerró los ojos y me abrazo.
─ Oigan no quiero interrumpirlas, pero como no lleguemos ya, van a matar a mi chica.
─ A ti dirás.
─ No, a ella por no apurarme.─ Rio, Geraldine la golpeo en el abdomen con su bolso.
─ Hey… ya veremos en la noche si estarás golpeándome…
─ Aja, ya está todo listo.
Subimos al gran Bentley que nos esperaba fuera, era de su familia y ya lo habíamos usado un par de veces antes, recordaba que su madre siempre discutía con el papá porque se preocupaba más por sus autos.
Llegamos al evento y no esperábamos que hubiera tantas personas, había muchos camarógrafos y personas a los alrededores, el auto se estaciono frente a la alfombra roja para que bajáramos, tenía un leve cosquilleo en mí por los nervios.
El lugar estaba hermoso, la decoración clásica con un gran candelabro en el centro del salón era impresiónate, el salón tenía ese característico estilo arquitectónico francés y la música que te transportaba a esa época del renacimiento donde ese estilo había crecido.
─ Me arrepiento no venir antes.
─ Te lo dije. ─Sonrió Ana.
Fue una noche hermosa en todo momento. Bailamos esas melodías tan suaves y con el ambiente que te hacía sentir embriagado en romanticismo y ensueño.
Nos retiramos a un espacio privado en el salón donde estaban los más importantes de la compañía y algunos invitados. Ana y Geraldine fueron a hablar con los invitados mientras Mel y yo charlábamos con personas de nuestro entorno laboral que nos habían presentado.
─ Sé que me vas a matar por esto, pero te necesito ahora.
─ ¿De qué?
─ Geraldine estará con Mel. Mel, me la robo por un rato.
Me condujo entre las personas hasta entrar por una puerta y caminar por largos pasillos, yo por más que le preguntaba a dónde íbamos no me contestaba. Llegamos a una gran habitación donde parecía ser la parte trasera de un escenario.
─ Oh no, no, no Ana, estás loca, no, ni se te ocurra.─ Traté de regresarme, pero fue imposible, ya habían cerrado la puerta.─ No voy a cantar.
─ El cantante principal mira lo que le pasó.─ Miré y estaba desmayado en un sofá.
─ Eso no es mi culpa, no voy a cantar.
─ Cantaste con Mel enfrente de más personas Kath.
─ Pero… Era en mi ciudad, donde me conocen.
─ Si te has dado cuenta a las personas que te presenté te conocen.
─ Pero…
─ Por favor, por favor, por favor. ─Me rogó con una cara que usaba cada que necesitaba algo de mí.
─ Ay Ana…
─ Tú al piano y voz, solo eso, por favor.
─ ¿qué canción?
─ La que desees.
─ ¿Qué quieres que cante La Vie En Rose?
─ Si quieres...
─ ¿Qué iba a cantar él?
─ El director de TMP le había pedido cantar You Are My Sunshine de…
─ Cash, ya esa…
─ Ok, la misma canción chicos vamos, vamos.
─ Ok… me acaban de avisar que iba a cantar, así que disculpen si me olvida la letra o algo por el estilo. ─Oí risas y aplausos. Busqué a Mel y estaba sentada con Geraldine, me guiño un ojo y empecé a tocar, la vi sonreír y no pude evitar hacer lo mismo. Amábamos esa canción. La cantaría en la versión de Johnny Cash y estaba nerviosa, lo suficiente como para no recordar la letra.
The other night dear,
As I lay sleeping
I dreamed I held you in my arms
But when I awoke, dear,
I was mistaken
So I hung my head and I cried.
You are my sunshine,
My only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear,
How much I love you
Please don't take my sunshine away
I'll always love you and make you happy,
Nothing else could come between.
But now you've left me to love another;
You have shattered all of my dreams
You are my sunshine,
my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear,
how much I love you
Please don't take my sunshine away
Cuando terminé de cantar un señor subió al escenario y me abrazo, no sabía quién era, pero estaba muy emocionado.
─ ¿Sabes cuánto he sido partidario de que nadie se puede comparar a Johnny Cash? Ni una sola interpretación de las miles que he oído me han gustado, pero tú… ¡tú me has dejado con el cuerpo temblando! ─Me hablaba mientras caminábamos fuera del escenario, las personas aún seguían aplaudiendo y yo estaba muy confundida con el hombre que me hablaba.─ Él cantaba con un sentimiento único y a pesar que lo que tú expresas es totalmente distinto, es magnífico. ¿Para qué disquera trabajas?
─ Ninguna señor. ─Reí.
─ ¿No eres cantante? ¿Profesionalmente?
─ No, soy publicista.
─ Pero… ¡Tú tienes que cantar!
─ Solo lo hago cuando me lo piden o casos de emergencia como éste.
─ Sr. Le Brun, un placer tenerlo aquí. ─Lo saludo Ana. Le Brun… eso me sonaba.
─ Ana… ¿Quién es éste diamante en bruto?
─ Una vieja amiga. Kath, el primer ministro Le Brun Andrew, Sr. Le Brun Kath Clark, dueña de una de las mejor compañías de publicidad en estos momentos.
─ Prim… primer ministro. ─Tartamudeé aún sin poder creer con quién estaba hablando.
─ ¡Dime Andrew! Necesitamos reunirnos lo antes posible y hacer negocios.
─ También es dueño de una de las mejores disqueras de Europa, y gran fan de Johnny Cash, sabe que ella también lo es.
─ Eso es aún mejor. Ana, dile a Geraldine que llame a mi asistente, le daré los datos de la reunión.
─ Señor, debemos irnos.
─ Ya, ya… Ana, no me decepciones.
─ Claro que no.
─ Ha sido todo un placer Srta. Clark, la estaré esperando. ─Me dio un abrazo y se marchó.
─ Cierra la boca, es amigo de papá.
─ Alguien me pudo decir ¿no?
Quizás… Bueno ahora tienes una reunión con el Sr. Andrew, lo cual es excelente.
─ ¿Ya me puedo ir?
─ Sí. Te debo una.
─ ¿Una? Está segura que es muy difícil de pagar Ana.
Mientras volvía varias personas me felicitaban, algunos en francés otros en ingles o en español, incluso entendí algunos en alemán e italiano, había toda clase de personas ahí. Fui a la mesa donde estaban las chicas y me senté al lado de Geraldine.
─ Estuviste magnifica, no sabía que cantabas.
─ En ocasiones especiales, nada interesante.
─ Mr. Andrew subió al escenario por ti, eso es único.
─ Sí, me acabo de enterar quién es… Una locura. ─Geraldine se disculpó unos segundos para hablar por el intercomunicador que llevaba.
─ Chicas ya nos podemos ir, deben estar cansadas.
─ No más que tú, con esa búsqueda. ─Nos levantamos y fuimos por el pasillo que antes había recorrido.
─ No me recuerdes eso, aún no se salva Ana.
─ Hazla sufrir.
─ Tenlo por seguro, ya lo ha hecho varias veces y argh, me saca de quicio cada que lo hace.─ Abrió la puerta y nos dejó pasar, Mel no había dicho nada en todo el rato que habíamos llegado, la llevaba de la mano y no la solté hasta que llegamos a la limusina. ─ Voy por Ana, sino se quedará un siglo allí. ─ Era encantador ese acento francés que tenía.
─ No te preocupes.─ Cerró la puerta y quedamos en silencio, solo una suave música proveniente de la radio se escuchaba, miré a Mel que revisabas su celular. ─ ¿Amor?
─ Amor…
─ ¿Todo está bien?
─ Sí. ─Suspiró mirándome.─ Todo está bien…─ Se corrió hasta quedar a mi lado y me abrazo, acaricie su cabello y la besé.
─ ¿Qué pasa?... la verdad.
─ Shh… ¿Ya iremos al hotel?
─ Sí. ¿Qué tal te ha parecido todo?
─ Es hermoso, todo es tan de película que a veces lo parece. El evento quedó perfecto y las personas que hemos conocido han sido fantásticas. Gracias. ─Me dio un pequeño beso mientras sonreía.
─ Gracias a ti por acompañarme. ─ Nos quedemos en silencio por un rato. ─¿Crees que cuando regresemos nos podremos mudar?
─ Exactamente eso quería preguntarte. ─Dijo sonriendo. ─ Me parece perfecto. ─Acaricio mi mejilla y se recostó en mi hombro. ─ El departamento ya tiene comprador.
─ Estaba pensando dejar el mío por si Harold quiere usarlo o algo.
Cuando llegamos al hotel solo hicimos ducharnos y caer en la cama, ya habíamos comido así que no teníamos hambre.
Su celular estaba sonando constantemente y ella estaba en la sala buscando una bolsa, así que decidí llevárselo, reconocí el número de Lena en la pantalla y no pude evitar sentirme mal en ese instante. Se lo di y ella miró la pantalla, suspiro y apago el celular. Me abrazó y le correspondí.
─ Sé que sonara muy mal, pero me duele cómo ha actuado… en verdad la consideraba mi amiga y que se halla comportado de una manera tan inmadura y abusiva me ha decepcionado mucho. ─Nos sentamos y tomé su mano izquierda entre las mías. ─Sé que te lastimé a ti por ocultártelo. ─Dijo mirándome y acariciando mi barbilla. ─ Y créeme que cualquier cosa que haga que te lastime me duele a mí también, y saber que estoy perdiendo a una amiga por un tema así es tan… estúpido.
─ ¿Quieres que hable con ella?
─ Harías todo menos hablar Reagan. ─Rio y dejó su cabeza en mis piernas.
─ Algo de razón tienes… quizás toda la razón.
─ Quiero algo dulce…
─ A la orden. ─Le di un beso y empezó a reír.
─ No ese tipo de…
─ Ah o sea que mis labios no son nada dulces para ti, ok… ─ Me levanté y fui a la cocina, ella me persiguió, pero logre saltarme la división del comedor.
─ Amor…
─ Nada. ─ Empezó a perseguirme por todos lados, cuando pensé que ya había ganado me lanzó un cojín que me mando directo al suelo. Últimamente me di cuenta que el amor no duele, sino lo que viene con él. Intente levantarme, pero Mel se hizo encima de mí impidiéndomelo.
─ Tengo mucha puntería.
─ Para algunas cosas dirás. ─Ella mordía su labio con una sonrisa divertida que me provoco tanto besarla.
─ ¿Pedimos pasteles? ¿Sí? ¿Sí? ─ Iba a besarla cuando de pronto se levantó con un salto ─ ¡Ok! Pediré de todos, tengo mucha hambre.
─ Hambre de dulces, no deberías comerlos sin almorzar antes.
─ Shh… papá está en la casa.
─ Pues si luego te sientes mal, no será mi problema. ─Me lancé al sofá y encendí la televisión.
─ Sí será tu problema porque me tendrás que cuidar.
─ No, porque te lo advertí. ─Pidió una bandeja surtida de pastelitos, sí esas que traen como cincuenta mini dulces de todo los sabores.
─ Listo, dulces… quiero vino, ¿quieres vino?
─ Aja. ─Cambiaba canales sin prestar mucha atención. Mel regreso con las dos copas y la botella. Me acomodé y como no había más espacio según ella, se sentó sobre mis piernas.
─ No sabía que Ana era tu ex. ─Dijo divertida. Yo me ahogué con el vino. Me quedé viendo la televisión sin saber qué responder. ─ Kath…
─ Sí… Nos conocemos desde el kínder, y sí hubo una relación que termino en una gran amistad.
─ Interesante. ─Tenía esa sonrisa de que sabía todo y se divertía conmigo. Tomaba despacio de su copa y yo por un momento me perdí en sus labios.
─ Amor…
─ ¿Sí? ─No podía pensar muy bien más que quería probar sus labios ya.
─ ¿Puedo besarte?
─ Pues… ─Sonó el timbre y salió casi corriendo a abrir. Genial. Trajo un carrito con muchos pastelitos, gracias al creador que habían traído también salados.
─ Soy tan feliz. ─Sí, estaba muy feliz, y yo aún quería mi beso y más vino. Me levanté y la tome de la cintura, estaba a punto de comer el primero. Dejó sus brazos sobre mi cuello y escuchamos que alguien aclaraba su voz, las dos miramos y era el chico que había traído los postres.
─ Señoritas… ¿Desean algo más?
─ No, gracias. ─Dijo Mel con su mejor sonrisa mientras iba a cerrar la puerta. Solo dejé que la cerrara y la empuje contra la pared, esa sonrisa que se tornaba en sensual me estaba matando. Pasó su lengua por su labio y lo mordió… no pude detenerme más y la besé.
Ella se estiró y alcanzó el carrito, lo atrajo hasta el sofá y yo tenía una vista esplendida de su cuerpo, la ayude y volví a acomodarme para seguir viéndola. Trajo un pequeño pie de limón, sabía que era el único dulce por el que sentía debilidad. Me sonrió y le dio un mordisco, no pude evitar imaginar el sabor ahora de sus labios. Mi celular me saco de mi ensueño y contesté.
- ¿sí?
- Me alegra escucharte a mí también.
- Llamas en mal momento.
- Después que no estén desnudas haciendo cosas prohibidas está bien, mueve a abrirnos.
- Exactamente así estamos, así que ve a pedir algo de comer y regresas.
- Pero…
- ¡Ve!
- Ok… Media vuelta amor.
─ ¿Ana?
─ Sí, vamos a ducharnos.
─ Sé que quieres.
─ hablas del pastel o de ti.
─ Cuál prefieres.
─ Sabes cuál prefiero, definitivamente el pastel. ─Le di un beso mientras se lo robaba de las manos y escapaba triunfalmente.
─ Ya veremos Kath.
─ Vamos que debemos bañarnos.
─ No gracias.
─ Ay amor. ─Regresé y le di pequeños besos. ─Amo cuando pones esa carita enojada. Te ves tan adorable. ─ Besé su cuello despacio. ─ Vamos a ducharnos. ─Susurre en su oído. Nos quedamos largo rato bajo el agua besándonos, me encantaba esa tranquilidad que me generaba estar con ella. Nos vestimos y al poco rato tocaron a la puerta, fui a abrir y Ana tenía esa conocida cara de pocos amigos.
─ ¿Y esa cara?
─ Nos encontramos a mi ex. ─Rio.
─ Ni siquiera me presentó que es distinto.
─ Uh… justo al orgullo.
─ Amor, estabas a unos siete metros de mí ordenando.
─ No quiero escucharte, mi corazón está lastimado.
─ Siempre de dramática Ana… ─Comí otro pastelito y le di uno a Ana. ─ ¿Mejor?
─ Quizás… ─Se fue al carrito y se puso a escoger otro.
─ ¿Mel?
─ En la habitación.
─ Iré a saludar ya que la amargada no me quiere escuchar.
─ Que hermoso está el día. ─Dijo Ana viendo por la ventana.
─ Ana…─ Geraldine desapareció por el pasillo.
─ Déjame sufrir sola. ─Dijo fingiendo dolor.
─ Eres muy mala actriz… ¿Qué te dolió? Que hablara con él o que no te presentara.
─ Ninguna de las dos, me gusta cómo se pone luego. ─Rio mientras se lanzaba al sofá. ─ Aunque verle la carota al bobo ese no me alegra, no me arruina el día tampoco.
─ Manipuladora.
─ Lo sé… ¿éste sofá está tocado por el demonio verdad?
─ Sí. ─ De un salto quedó de pie. Fue a sentarse en el otro, pero ese también lo estaba, vio mi clara expresión de diversión.
─ ¿Cuál no está?
─ La mesa…
─ ¿Qué!
─ Creo que la mesa también ahora que lo pienso.
─ Dios… ─Se sentó a mi lado y se recostó en mi hombro. ─ ¿Crees que nos podamos ver más a menudo?
─ ¿por qué lo dices?
─ Te extraño… Extraño esas noches que nos quedábamos hablando hasta tarde, sé que te enojaste conmigo cuando me mude y que por eso perdimos la comunicación, pero no sabes cuánto extrañaba tus locuras.
─ Siento haberme enojado…
─ Créeme que hubiera sido peor si hubieses sido tú. Estoy muy feliz que estemos aquí, con las personas que amamos y recordando viejos tiempos.
─ A veces pareces una viejita Ana.
─ Kath… ¿En serio no me extrañaste nada?
─ Claro que sí tonta… ay no te pongas a llorar, Geraldine me va a matar. ─La abracé antes que soltara a llorar. ─ Te extrañe mucho, esa chica que me sacaba de quicio a cada rato me hacía mucha falta. Te prometo que nos veremos más seguido, no te pongas así amargada… Sabes que te adoro.
─ Yo también a ti. ─ Las chicas aparecieron y se nos quedaron mirando.
─ Dime que no está llorando por mi culpa. ─Dijo Geraldine con cuidado. Se sentó a su lado y también la abrazo, las deje y fui con Mel que tenía una pequeña sonrisa de ternura, le di un beso y la abracé por la cintura.
─ Aún sigo enojada contigo… ─Dijo Ana de broma. Geraldine se iba a levantar, pero Ana la atrapo primero. ─ Es broma.
─ Broma, un día de éstos te voy a dejar sola por seguir con tus bromas. Chicas trajimos comida nacional, y sé que les va a encantar. Nosotras nos encargamos de preparar la mesa.
─ Pero yo iba a… ─Geraldine la miro. ─ Sí, nosotras lo hacemos, no se preocupen.
─ iba a traer un gran plato de escargots, pero Ana me dijo que no estaban acostumbras a eso. ─No pude evitar reír al escuchar eso.
─ ¿Qué son?
─ Caracoles amor.
─ Muy buena sugerencia Ana, gracias. ─Reí al ver su cara.
─ Ves…
─ ¿cómo les dicen?
─ Caracoles.
─ Caracoles, caracoles. ─Repetía mientras llevaba algunas bolsas a la cocina.
─ Por cierto, va a cocinar, así que ustedes sigan comiendo pasteles.
─ ¡Ana!
─ ¿No van a hacer nada raro verdad?
─ Creo que no… Solo sé que ella cocina bien.
─ Chicas, ustedes comen cebollas. ─Preguntó Geraldine asomándose.
─ Sí.
─ Ves Ana, nunca me dejas escoger a mí.
─ Creo que ya sé qué van a hacer. Te va a gustar.
Nos quedamos charlando en el balcón de la habitación por un par de horas. Le estaba contando a Mel cómo había conocido a Ana y lo que siguió luego de eso, ella solo reía al escuchar nuestras historias. Ana fue una gran ayuda cuando murieron mis padres. Al irse literalmente me quede sola con Harold y eso me dolió tanto que nos distanciamos más de lo que ya lo estábamos. Con el tiempo empezamos a hablar y hasta ahora que se normalizaron las cosas.
La cena estuvo estupenda. No podía mentir, Ana y Geraldine era la pareja más graciosa que había conocido.
Mientras tomábamos un poco de coñac, salió el tema de mi cumpleaños y nuestro aniversario, ya estaban planeando miles de cosas y entre eso raptarme, cómo si yo no estuviese escuchando. Nos quedamos hasta tarde en la noche así, en verdad era de lo mejor estar con ellas. Mel había congeniado muy bien con las dos y eso me hacía muy feliz.
Antes de acostarnos llamamos a casa y nos topamos con la noticia que Harold y una de las chicas andaban desaparecidos desde ayer. Sin dudarlo lo llamé y por su suerte contesto.
- Así que andas desaparecido eh.
- Ya te contaron…
- Dónde estás.
- En casa de mi amiga.
- Amiga…aja. Bueno solo quería saber si estabas bien.
- ¿Ustedes?
- Excelente.
- ¿Vienen mañana?
- Sí, así que te quiero en casa cuando llegue.
- Vale, vale… cuídense.
- Igual tú. Te quiero diablillo.
- Y yo.
Mel estaba sin ropa entre las sábanas, me recosté al marco de la puerta mientras observaba y me deleitaba con su cuerpo; esa pequeña marca en su espalda lucía tan tentadora. Se movió y abrió los ojos, me miro con una linda sonrisa y se cubrió. Yo llevaba un pequeño pantalón negro y una de sus camisetas. Me acosté a su lado y besé su hombro, tenía ese dulce aroma a flores que me fascinaba. Baje lentamente la sábana y recorrí con mis dedos su espalda. Ella se movió y quedó sobre mí. Dios… parecía una diosa, y si no lo era estaba segura que alguna la había creado.
Nuestra última noche la disfrutamos, y mucho. Estando en cualquier parte del mundo, si estaba con ella era como estar en casa.
Cuando llegamos a la casa tenían una pequeña fiesta de inauguración, me alegro mucho ver a Marilyn ahí también.
─ Espero que me hayas traído algo. ─Dijo mientras me abrazaba.
─ Sí, me acordé de ti. En la maleta hay regalos. ¿Cómo has estado?
─ Tengo muchas cosas que contarte. ─Suspiro con desganas.
─ Uh eso no suena nada bien.
─ No lo es.
La fiesta fue muy agradable, ya extrañaba sus locuras y risas. Todos se fueron antes del anochecer, Charlie y Harold fueron a dejar a las chicas a su casa, y Gustavo debía trabajar al día siguiente.
─ Amor, están tocando el timbre.
─ Yo voy. ─Me dio un beso y siguió a la sala. Yo seguí guardando algunas cosas de la fiesta en las alacenas, Whisky me abandono y la siguió tiempo después. Ya estaba metiendo los platos al lavavajillas cuando escucho a Whisky ladrar, era el perro más silencioso que conocía. Fui rápido a ver qué pasaba, no me gustaba nada eso. Y justa razón tenía.
─ Suéltala. ─La amenacé sin acercarme los dos metros que me separaban de ella.
─ Kath, un gusto verte. ─Dijo con cinismo sin soltar su brazo. Solo sentía mi cuerpo lo suficientemente tenso como para matar a alguien.
─ Lena, sino la sueltas te vas a arrepentir toda tu maldita y mísera vida.
─ Nena, a ti no te tengo miedo. ─Vi su claro signos de embriaguez, se sentía un claro olor a alcohol y ese ronquido en su voz. Whisky empezó a gruñir cuando Lena movió con brusquedad a Mel.
─ Dios, ¡suéltame!
─ Esto no te duele. ─Le dio una cachetada. Mi puño se estrelló contra su cara, la agarre del cuello hasta llevarla a la pared y golpearla. ─suéltame. ─gruño con dificultad mientras agarraba mi brazo.
─ Te advertí que la soltaras, ¿por qué debería hacerlo yo?
─ No, no… Kath, suéltala. ─Me grito Mel, poco era lo que mi mente analizaba, solo quería destrozarla.─ ¡Kath por favor! ¡La estás asfixiando! ─Golpeaba mi brazo sin parar. ─ ¡Reagan! Soy yo, no la mates amor. ─ Sentí un click en mí y respiré, la solté y cayó al piso. Golpeé la pared sin parar hasta que empecé a sangrar. La oí tosiendo y recordé que aún seguía ahí.
─ Lárgate de aquí ya si no quieres que termine de matarte.
─ Pero qué… ¿Mel estás bien? ─Oí a Charlie tras de mí.
─ Si no te largas ya te voy a… ─Charlie me tomó de la cintura llevándome al comedor antes que le pegara.─ Charlie suéltame.─ Le grité.
─ Harold, saca a esa chica de aquí. Kath, cálmate… respira. ─me tomó fuerte por los hombros. ─ ¡Kath!
─ Suéltame o te voy a golpear hasta que me dejes ir.
─ Kath, soy Charlie… Tranquila, Mel está bien.
─ ¡La golpeo! ¡Esa maldita la golpeo! ─Le grite con furia tratando de ir.
─ No te voy a dejar entrar allí de nuevo, mira cómo tienes la mano. ─Me cargó hasta el baño y me sentó en un taburete que había allí. Saco el botiquín y empezó a curarme la mano. Yo solo estaba en silencio y mi mente pasaba lo que acaba de suceder como una cinta.
─ ¿Por qué la defendió? ─susurré.
─ Aunque no lo creas no lo hizo por ella… si la matabas estarías en grandes problemas Kath. Aunque nada me hubiese costado deshacerme de ella… Digo, no es que lo haya hecho antes, pero tengo un estanque con cocodrilos que estoy seguro que servirían.
─ Mel…
─ Mel está bien cabezota, gracias a ti. ─Sacudió mi cabello. ─ Tenemos que ir a verte esa mano, creo que te la quebraste, lástima que no fue en su cara…
─ Kath, Kath… Kath. ─Entró desesperada al baño y corrió a abrazarme. La abracé fuerte. Sentirla bien… sentir su respiración en mi cuello me relajaba, ni siquiera el dolor de mi mano importaba. Se separó de mí y agarro mi cara entre sus manos. ─ ¿Estás bien? ─Preguntó exasperada. Asentí y la volví a abrazar. ─ Perdóname, por favor… ¿te lastime?
─ ¿Lastimar de qué? ─Preguntó Charlie mientras guardaba el botiquín.
─ Te pegué. ─Tomó mi brazo y nos mostró dónde me había lastimado, y sí… estaba muy lastimado, pero no lo sentía.
─ Ay Mel… ─Renegó Charlie volviendo a buscar el botiquín.
─ ¿Están bien? ─Entro Harold.
─ Sí, todo bien. ¿Ya se fue la loca?
─ Sí, tomó su coche y casi se lleva la valla.
─ Genial… Ustedes dos, vamos al hospital, esa mano no la puedo curar… está quebrada.
─ Charlie…
─ No, Mel… encárgate de tu chica, eso está horrible. ─Señalo mi mano y Mel casi se desmaya.
─ Kath, vamos al hospital y punto. ─Me dijo antes de besarme, no podía oponerme… no estaba ni en posición, ni con las ganas de hacerlo. Solo sabía que Lena no dejaría esto así, y eso… eso me preocupaba.


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Capitulo 9

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:42 am

Mel L. Hudson
─ ¿Crees que esté bien?
─ No sé, me siento fatal por haberla lastimado.
─ Pequeña, hubiese sido peor.
─ Me siento fatal…
─ Kath es fuerte, no pareciera… con su cuerpo de modelo.
─ Tío. ─Reí ─ Es muy fuerte, supe de una pelea con un chico de tu tamaño. ¿Cómo estará su mano?
─ Le harán alguna tomografía, quizás hagan cirugía, quizás no, dependiendo qué se quebró… algún tiempo en reposo, tratamiento, nada grave. ─Dijo como si nada.
─ ¡Ciru qué?! Pero…
─ No se va a morir, lo peor que podría pasar es que perdieran la precisión y cortaran todo jajajajaj… ja… no, pues eso no pasa Mel, tú tranquila.
─ Si por él fuera todos estaríamos muerto. ─Murmuro Harold sentándose a mi lado.
─ ¿Algún familiar de la señorita Clark? ─ Me levanté de inmediato y fuimos con él. ─ ¿Familiares?
─ Sí, somos sus familiares, ¿Cómo está?
─ Pues el golpe le causo una fractura detrás del nudillo, la conocen como fractura del boxeador…
─ Oh yo también la tengo, que buenos tiempos… ─Dijo apretando sus nudillos.
─ Bueno… ─Levantó la mirada hasta encontrarse con la de Charlie. ─ el… hueso está desplazado así que haremos una cirugía. Tenemos excelentes especialistas y el mejor equipo médico, no tienen nada de qué preocuparse, la pasaremos a la sala antes de llevarla a cirugía y podrán verla. Una enfermera luego les dará los cuidados posquirúrgicos.
Yo solo quería abrazarla, Charlie trataba de animarme, pero tenía la cabeza solo en ella. Cuando por fin nos dejaron pasar estaba lo suficiente nerviosa como para solo querer quedarme allí. Sonrió apena nos vio, y corrí a abrazarla.
─ Te extrañe.
─ No podremos jugar. ─Dijo Charlie despeinándola. Harold se acostó a su lado abrazándola.
─ Te estaremos esperando aquí, así que no duermas tanto en esa cirugía.
─ Jajajaja está bien diablillo, tendrás que hacerme el favor de ir a la empresa estos días y hablar con Octavio.
─ No te preocupes, yo me encargo.
─ Trataré. ¿Y tú? ─ Acaricio mi rostro con suavidad, paso lentamente sus dedos donde había recibido el golpe, pude ver su rostro preocupado. ─ ¿Te duele? ─ Susurro.
─ Te esperaremos Kath. ─Dijo Harold sonriendo, salieron de la habitación y ella solo me miraba.
─ Estoy bien. ─Dije cerca a sus labios. ─ Gracias… Gracias por protegerme. ─Beso con cuidado mi mejilla, y luego mis labios. ─ Y perdón por lastimarte.
─ Shhh… Lo importante es que estás bien. ¿Me cuidaras todos esos días?
─ Te cuidaré cada segundo.
─ No ha hablado contigo.
─ No, no creo que lo haga.
─ Yo sí… y por favor no quiero que estés sola.
─ No te preocupes, hablé a la compañía y Duvar me dio libre un tiempo.
─ Dile a Charlie y a Harold que pase un rato ¿sí?
─ No sé por qué creo que quieres que yo no escuche.
─ Exacto. ─Me dio un largo beso despacio y suave, trato de alejarse, pero no quería despegarme de sus labios, mordió mi labio y me beso por última vez. ─ Te amo.
─ Te estaré esperando. ─Besé su frente y salí a buscar a los señores. ─ Señoritos, los llaman, están en graves problemas.
─ ¿Qué! ─Harold entró sumamente asustado, Charlie iba divertido, sabía de qué hablarían.
Las horas en la sala de espera con esos dos fueron eternas. Cuando al fin pudimos verla aún seguía dormida, hablamos con el doctor y todo estaba bien.
Los días que faltaban para que la semana terminara pasaron muy rápido. Kath estaba mejor, la cirugía había salido excelente y su recuperación iba muy bien. Mi madre se había comunicado con mi padre para reunirnos, cosa que no me emocionaba nada, después de lo que había pasado no quería saber mucho de ella. El día siguiente a la operación de Kath envió a una de sus hijastras a darme un regalo, no tenía nada contra ellas, pero no teníamos agrado mutuo y eso se notaba mucho. Mi padre sabía que no planeaba reunirme con ella, y no había dicho nada al respecto, cosa que agradecía. En éste momento solo estaba para Kath, y no pensaba cambiar eso.
Los meses pasaban y cada uno con un toque especial, nuestro aniversario lo habíamos celebrado en la casa del tío Charlie, habían venido Ana y Geraldine, las amigas de los chicos y Marilyn, la que yo me llevaba muy bien, charlábamos a menudo. Ya había llegado Diciembre y con él navidad, planeábamos pasar una tranquila velada con todos en nuestra casa, papá nos tenía una sorpresa de la cual ya sospechábamos. Lena no había vuelto a aparecer en nuestras vidas, pero Kath seguía sin confiarse, yo dudaba que apareciera de nuevo con lo que había sucedido, pero no estaba del todo segura.
Desde las primeras semanas del mes ya se sentía ese ambiente navideño. Kath ya había logrado mover su mano, lo que era grandioso. Charlie bromeaba a cada rato que ya era más como él.
Kath R. Clark
─ La primera navidad en nuestra casa. ─Dijo Harold mientras traía una caja con más adornos navideños.
─ Así es diablillo. ¿Qué se hizo Mel?
─ Aquí, nada pasó, nada casi se quiebra, nadie se tropezó y la lanzó por los aires, no… nada, pero agárrala antes de que pase. ─Le dio la estrella de cristal a Harold, y se lanzó al sofá. ─ Yo pongo las luces.
─ No preguntaré qué casi pasa.
─ Lo mejor que puedes hacer corazón. ─Me dio un beso y junto a Harold pusieron las luces y luego los adornos. ─ Bien Hache, te toca a ti poner la estrella.
─ Por ser el pequeñín. ─Reímos, subió a las escaleras y la puso, encendí las luces y Mel tomó la foto.─ Primera navidad con la familia Clark Hudson, eso es genial. ─Abracé a Harold cargándolo al hombro y lanzándolo al sofá y jalando a Mel con nosotros; los tres caímos en la alfombra mientras reímos. Mel saco una foto y apagó la luz, la casa se veía genial, era nuestro hogar y se sentía como tal. Cerré los ojos y recordé la última navidad que había celebrado junto a mis padres, podía sentir la misma felicidad que en ese entonces, era como si estuvieran con nosotros.
Nos quedamos allí por largo rato hablando los tres, riendo y haciéndonos bromas.
─ Arriba, necesito la foto que irá en la sala. ─Dijo Mel levantándose y buscando el trípode de la cámara.
─ Estamos todos desarreglados.
─ No importa. ¿Listos? ─Harold se hizo a mi lado y nos colocamos frente al arbolito, Mel nos tomó una así y luego vino corriendo antes de que el temporizador acabara.
Mel preparaba chocolate mientras nosotros ordenábamos las piezas jenga para jugar. Ya habíamos preparado parte de la comida que haríamos mañana, fue de lo más divertido cocinar los tres. Pasamos la noche jugando y bebiendo chocolate hasta pasada medianoche, dormimos en la sala viendo películas y tomando más chocolates con galletas.
Días después.
─ ¡Fiesta! ─Reí al escuchar el grito de Charlie que se percibió hasta nuestra habitación. Me puse el suéter de lana rojo que me había regalado la abuela de Mel con un bordado de Whisky que estaba genial, una camisa blanca dentro y pantalón negro, llevaba unos mocasines negros y me senté a esperar que Mel saliera del armario.
─ ¿Escuchaste? ─ Busque el gorro que me querían obligar a poner y lo deje a mi lado.
─ imposible no hacerlo. ─Dijo desde dentro. Encendí la televisión y me puse a ver noticias de entretenimiento mientras la esperaba. Salió y fue directo a la cómoda a terminar de arreglarse, llevaba un vestido corto rojo hermoso, se veía angelical con su gorrito y el cabello suelto, deje todo y me levanté para ir con ella. Miré su reflejo en el espejo mientras suspiraba, me miro y sonrió mientras acomodaba una de sus argollas.─ Es imposible no enamorarme de ti cada que te veo. ─Respire su aroma mientras le daba un delicado beso en el cuello, y la abrace por la cintura. ─ Te ves hermosa.
─ Y tú estás adorable, dónde está el gorro…
─ No, no me lo pondré.
─ Kath. ─Puso esos ojitos entrecerrados retadores, levanté una ceja mientras hacía lo mismo. No pudo soportar la mirada y sonrió, me pasó su collar para que se lo pusiera. ─ Tengo ganas de comerte a besos de lo linda que te ves.
─ Lo sé, muchas chicas me lo dicen. ─La vi arquear su ceja y empecé a reír, lo abroche y volví a abrazarla. ─ Pero solo quiero que tú lo hagas. ─ se dio la vuelta y me abrazo por la cintura. ─ Te amo.
─ Te amo Kath. ─ Me beso con suavidad. Sentí el flash de una cámara y no dude que fuera Charlie.
─ ¡Esa cena para después por favor! Ya llegaron los abuelos, los tres y están planeando ya cosas sobre bisnietos, así que yo ustedes bajo antes que les pongan trillizos.
─ Ya vamos. ─Reí. Mel me abrazo y no me quería soltar. ─ ¿Qué pasa princesa? ─ Susurre mientras la levantaba.
─ ¿Te das cuenta que llevamos cinco años de conocernos?
─ Y dos de ellos en una perfecta relación, sí.
─ Es como si no hubiese pasado el tiempo, contigo todo es tan natural, como si siempre causaras esa tranquilad y alegría. Gracias por todos estos años.
─ Te amo pequeña… más que nada en el mundo, bueno y a Harold. ─Ella sonrió y acaricio mi cabello.─ Quién diría que espiar en esos documentos buscando información me llevaría a encontrar a la mujer de mi vida.
─ y más te vale que esa haya sido tu última vez. ─ Dijo cerca de mí.
─ La última vez. ─Susurre antes de besarla. Bajamos y ya casi estaban todos, solo faltaba Gustavo y su invitada, que ya todos sabíamos era su novia. Algunos estaban bailando en el bar, los abuelos charlando en la sala y nosotras hablábamos con Marilyn en otro sofá.
─ Buenas noche familia.
─ ¡Gustavito! ─Exclamaron los tres. Nosotras no pudimos evitar reír.
─ Papás, Sr. Elizabeth. ─Los saludo a los tres. ─ ¿cómo están chicas?
─ Esperándote papá.
Una mujer entro por la puerta con una bolsa llena de regalos, traía un caminar que parecía gritar su llegada, era realmente hermosa, Marilyn siguió mi mirada y quedó igual de sorprendida que yo. Traía un vestido que la hacía ver como una perfecta y hermosa dama. Nos vio y desplegó una gran sonrisa, las luces reflejaron sus ojos verdes claro y su piel de un color natural bronceado.
─ Dios mío… ─Escuché decir a Charlie.
─ Papás, Sra. Elizabeth, ella es Caroline, mi novia. ─Pasó su brazo por la cintura y nosotras aún seguíamos contemplándola. Mel me golpeó en el brazo y yo la miré susurrándole un qué, entrecerró los ojos y yo aún no captaba lo que quería decir, volví a ver a Caroline y estaba saludando a los abuelos, Mel se levantó y Marilyn fue con Charlie que la estaba llamando, sin dejar de mirar disimuladamente.
─ Carol, ella es Mel, mi hija. ─Dijo con su gran sonrisa.
─ Es un gusto conocerte Mel, tu papá habla muchísimo de ti, ya quería que llegara este día para por fin conocerte. ─Dijo antes de darle un abrazo.
─ El gusto es mío, me alegra mucho conocerte también.
─ Y ésta señorita. ─Dijo pasando su brazo por mis hombros.─ Es la novia de Mel, mi otra hija. ─Sonreí al escucharlo.
─ Y de ti también he escuchado mucho. ─Se acercó a mí y me dio dos besos en la mejilla, no puedo decir que no me puso nerviosa, porque tenía una presencia única.
─ Mucho gusto, Kath.
─ Kath, lindo nombre el de ustedes dos eh.
Gustavo la llevo a presentarla a los demás, me quede con Mel que seguía con esa mirada acusadora.
─ ¿Qué!
─ Qué… ¿qué? Te vi.
─ Ay Mel… Es que…
─ Apoyo a Kath. ─Dijo el Sr. Gustavo desde su asiento, la Sra. Marisa lo golpeo con su bolso.
-Gracias. ─Levanté mi vaso en señal de brindis él siguió el gesto riendo. ─ Te amo. ─Le dije con una sonrisa.
─ Sonríe todo lo que quieras Reagan. ─Se levantó y fue con Marilyn que hablaba con Caroline y Charlie, me pase al lado de la Sra. Elizabeth y empecé a charlar con ellos. Tocaron el timbre y fui a abrir.
─ Antes de que revientes mi cara de nuevo perdóname por favor. ─Dijo dándome una bolsa con regalos. ─ La mire por un par de minutos con de seguro mi peor mirada. Cerré la puerta tras de mí y caminé a unas bancas que habían en el jardín del frente. Ella se sentó en la banca de frente.─
─ ¿Qué quieres?
─ Que me perdones. ─Dijo sin mirarme. ─ Perdóname por lo que le hice a Mel, por cómo actué y… Por favor. ─Rogo con la voz quebrada. ─ Te estoy pidiendo algo que ni yo me puedo dar. Lo siento tanto… Fueron tantas cosas… Sé que no te importa, pero… mi familia se destruyó, literalmente mi madre está muriendo en un hospital gracias a mi padre, casi lo mato de la rabia y debe estar en algún hospital del país. Estaba fuera de mí, intoxicada en alcohol y drogas, rabia… Hice algo que en todos mis sentidos jamás haría, créeme que cuando recordé todo casi me mato, y me lamente que no lo hicieras… Sé que deben odiarme, pero en verdad lo siento.
─ Si es cierto eso… lamento lo de tu madre. ─Dije imaginando cómo se sentía.
─ Gracias… Esto es para ustedes. ─Me dio una bolsa con dos regalos.
─ Gracias…
─ Crees que después… ¿pueda disculparme con ella?
─ No la dejaré sola y lo sabes.
─ Sí, y no me opongo ni mucho menos… ─ Se levantó y vi sus ojos llenos de lágrimas. ─ Gracias por escucharme. ─Suspiré y decidí levantarme.
─ Espera un momento…
─ ¿Para qué?
─ Solo espera. ─Fui dentro y busque unas copas de ponche sin alcohol y galletas.
─ ¿Sabes si entré con una bolsa?
─ No, dijiste que la dejaste en el auto.
─ ¡Cierto! Voy por ella. ─Marilyn salió y a los minutos la seguí yo. Me sorprendió verla con Lena. ─ ¿Qué haces tú aquí?
─ Chicas… ─Le di una copa de ponche a Lena con la bolsita de galletas. ─ ¿Qué pasa?
─ Yo… yo vine a disculparme, ¿Tú qué haces…?
─ Me invitaron.
─ ¿Te invitaron?
─ Disculpen, ¿pero de dónde se conocen?
─ Puedes darme el mejor regalo de navidad y decirme por qué rayos desapareciste. ─ Dijo a punto de llorar. A mí vino lo que me había contado. Lena si tenía un hermano que estaba casado y se llamaba… oh rayos. Bebí de mi copa mientras las veía esperando ver qué venía.
─ Yo… Me voy Kath, gracias.
─ Por Dios, ten la maldita decencia de decirme aunque sea una vez la verdad a la cara.
─ Diego… Diego y mi padre pensaron que queríamos dañar el trato y me obligaron a irme sin decir nada, sino te harían daño y era lo que menos quería… ─Dijo llorando. Yo bebía de mi ponche mientras las veía, muy típico.
─ ¿Sabes cuántas cosas pensé? Por qué siempre para ti es más fácil escapar.
─ Entiende que te harían daño.
─ ¿Y qué te costaba decirme la verdad e irnos lejos Lena?
─ Perdóname Mar…
─ Que te perdone tu imbécil hermano Lena, tu imbécil hermano, los dos son tal para cual, solo que él tiene la valentía de decir las cosas a la cara. ─Marilyn agarro mi ponche y se fue a su auto. Lena se quedó con la palabra en la boca.
─ Bien, creo que hoy ha sido una rara noche.
─ Nunca pensé volver a verla…
─ Sí, está hermosa ¿no? ─Sonrió viéndola.
─ Sí… como siempre. ─Vino de regreso para entrar a la casa.
─ Muérete Lena. ─ Dijo muy enojada. Reí al verla así, sabía que se estaba muriendo por dentro para correr a ella, a veces me hablaba de ella, y nunca me dio por preguntarle cómo se llamaba. ─
─ Así que tú eres su eterno amor. ─ La miré y ella se sacaba un collar. ─ Oh rayos, todavía lo tienes, creo que me empiezas a caer menos mal, no sigues cayéndome igual.
─ Siempre… créeme que no sé qué me pasó con Mel, pero siempre será ella. ─Me dio el collar. ─Dile eso… que siempre será ella. ─ Dio la vuelta y empezó a caminar.
─ ¿Te irás de nuevo? Digo… no es que me caigas del todo bien ya, pero ella te sigue amando… Por lo que me contó parecía real. No hablaras con tranquilidad o algo.
─ Lo fue y lo es… solo debo arreglar mi vida y la buscaré, pero no le digas eso. ─comió una galleta. ─ Gracias Kath… Gracias.
─ ¡Hey! ─La llame antes de que subiera al auto. ─ Aléjate del alcohol y esas idioteces.
─ Lo haré. ─Dijo mostrándome una galleta, reí y ella subió a su auto para desaparecer por el final de la calle.
─ Entré y justo en ese momento todos empezaron a celebrar que ya era Navidad, Charlie lanzando confetis y celebrando. Los nervios empezaron a llegar a mí después de sentir el bolsillo de mi pantalón.
─ Te estaba buscando. ─Susurro abrazándome. ─ ¿Dónde estabas?
─ Arreglando unas cosas… ─Acaricio mi barbilla y me beso.
─ Feliz Navidad.
─ Creo que es el mejor momento para preguntarte algo…
─ ¿Qué? ─ Estábamos en el recibidor así que no nos veían. Tomé su mano y la besé, saque de mi bolsillo una cajita azul con un hermoso grabado en un tono oscuro. ─ Oh Dios…
─ No pensé en ponerme nerviosa tan rápido… Mel… ─Dije con nerviosismo. Mi mano tenía un leve temblor que trataba de detener.─ ¿Me dejarías se la única que pueda reír de esas cosas tontas que a veces haces y te enojan? o ¿la que un día se le haga tarde para estar contigo y perdones? Podría… ser esa persona que te prepare el desayuno cuando no quieras hacerlo tú porque estés cansada o simplemente no quieras, ¿ser la única que amanezca a tu lado cada mañana? Porque eres mi salvación y sí… a veces mi tormenta, pero no veo a nadie que no seas tú compartiendo un café por las mañanas en la cama o la mesa después de un beso. Eres mi libertad, mi luz y quisiera que también fueras mi esposa… ─ Suspire viéndola, ella tenía los ojos llenos de lágrimas y una pequeña sonrisa.
─ Siempre soñé que… cuando me propusieran matrimonio sería a lo grande, enfrente de toda mi familia y amigos y sería lo más romántico del mundo, pero… tú… tú haces que cada momento sea más que eso. Sí, ¡Dios! Sí, sí, ¡sí! ─ Me abrazó y yo aún repetía su respuesta en mi mente. Cuando abrí los ojos todos estaban allí y Charlie filmándonos, reí al ver a Harold a punto de llorar.─ ¿Todos están allí, no?
─ Sí. ─Susurre besándola.
Era mediodía y seguíamos en la casa, después de la celebración de Navidad y compromiso. Mel y yo nos habíamos acostado en la hamaca del porche trasero. Bebíamos daiquiris de fresa que había preparado Caroline, nos había sorprendido, si su meta era conquistarnos todos estábamos cayendo a sus pies, menos Mel y La Sra. Marisa, pero eso era un poco normal en las dos.
─ Vamos a la cama.
─ Están tus abuelos, recuerda.
─ Umm… ─Se acomodó y empezó a ver su sortija.
─ Era de mamá. ─Dije antes de darle un beso en la cabeza.
─ ¿En serio? ─Llevo la mano a su pecho abrazándola. ─
─ Sí, papá decía que si no hubiese logrado comprar esa sortija de seguro nunca le hubiese propuesto matrimonio. Era la sortija soñada de mi madre.
─ La amo, es hermosa… en serio lo es. Es mejor de lo que siempre soñé, es que es perfecta.
─ Y se ve perfecta en tu mano. Entonces princesa, ¿Dónde te gustaría casarte?
─ Donde sea si estoy contigo.
─ Te llevaré a Las Vegas.
─ Oh no, te casas con alguien más y me dejas con mi Elvis en el altar.
─ Ni en tus peores sueños.
─ Amor… ¿Cuándo se te ocurrió esto? ─Preguntó mientras besaba mi cuello despacio. Acaricie su espalda que estaba semi-descubierta por la blusa que llevaba, su piel era tan suave y sentir ese aroma que me encantaba me estaba adormeciendo.
─ Umm… Desde la primera vez que te abracé, solo que no lo sabíamos… Hace poco tiempo estaba en casa de mis padres, recuerdas el día que fui con Harold… abrí una gaveta y allí estaba este anillo y su fotografía… Supe que quería pasar el resto de mi vida contigo, cada segundo, y que cada momento cuando me preguntaran quién eras o te presentara, responder que eras mi esposa, la mujer que amo y me ama. Te he dicho que me encanta tu perfume.
─ Muchas veces… ─ Siguió besando mi cuello cosa que me estaba haciendo cosquillas. ─ Desde que te conocí me encantó eso de ti.
─ ¿Qué?
─ Tu perfume.
─ Lo sé causo eso… ─Puso su dedo en mis labios.
─ Sh…
─ Ya. ─Reí divertida. ─ ¿Qué dices de una piscina allí? ─Dije viendo una parte del jardín que quedaba libre.
─ Una piscina natural, como la que vimos.
─ Eso sería espectacular. Puede que pongamos una parrilla por allá ¿qué te parece? ─ Y continuamos hablando sobre remodelaciones que haríamos con el tiempo. Mel se había quedado dormida, y Harold había llegado para sentarse en una mecedora al lado.
─ Y para cuándo la boda hermanita.
─ Con calma diablillo, pero tú cuéntame… cómo vas con tu no novia.
─ No es mi no novia, Kath…
─ Claro, claro, y yo no sé quién es Mel. ¿Todos están dormidos?
─ Caroline y Gustavo están arreglando el almuerzo. Dime ¿Dónde harán la boda?
─ Aún no sabemos. Ayer vino Lena.
─ ¿Lena? Por eso te desapareciste ¿Qué pasó?
─ Vino a pedir disculpar por lo que había sucedido y a tratar de explicar los porqué.
─ Y…
─ Y… Emm no sé. Créeme que aún me enoja recordar lo que hizo, pero si dice la verdad… Creo que entiendo una parte.
─ Si tú lo dices debe tener una buena razón… Recuerda lo que decía papá de perdonar.
─ Lo sé, le regale unas galletitas creo que eso es suficiente como tratado de paz.
─ Unas galletitas, claro. ─Rio. Nos quedamos conversando un rato sobre sus estudios y lo que haría luego.─ Oye Kath… ─ Se levantó.
─ Dime.
─ Estoy seguro que papá y mamá la amarían. ─Dijo con esa sonrisa que me recordaba tanto a mi padre. Entró a la casa y me quedé observando a Mel, a mi lado estaba esa chica que conocí años atrás, la que me llamó la atención y luego se volvió mi calmante, mi chica divertida que me alegraba el día… ahora estaba a mi lado como mi prometida, mi futura esposa, y quizás no sentía lo mismo que en ese entonces, ahora la amaba más de lo que ella o yo podría pensar; estaba segura que mi vida la sentía completa en éste momento, que me sentía feliz de lo que había hecho hasta ahora y de lo que tenía.
─ Princesa, despierta, ya has dormido mucho. ─Susurre dándole pequeños besos.
─ Mmm… ─Murmuro abrazándome más.
─ ¿No te quieres levantar? ─Negó con la cabeza. ─ Quieres seguir durmiendo aun cuando estoy muriendo de hambre. ─Susurre antes de besar sus labios, mientras retrocedía ella alargaba más el beso atrayendo mi cabeza con su mano que enredaba en mi cabello. ─ Te daré muchos besos si vamos a comer. ─ La vi abrir sus ojos lentamente y no pude evitar suspirar al verlos, definitivamente no importaba cuántas veces los viera, siempre me perdía en ellos. Ella sonrió y se acurruco en mi cuello. ─ No has comido desde el desayuno, ¿no tienes hambre? ─Metí mi mano bajo su blusa y la atraje hasta dejarla sobre mí.
─ Quiero dormir… ─Dijo con esa voz asueñada que me agradaba escuchar.─
─ Entonces déjame ir a comer y regreso.
─ No, quiero dormir contigo.
─ Mel… vamos, arriba.
─ No.
─ Mel.
─ No.
─ ¿Cuántos años tienes eh?
─ No sé, quiero dormir. ─Gustavo se asomó riendo en silencio, llevaba un vaso con hielo, me hizo callar y tomo un hielo, lo dejó en el centro de su espalda, solo sentí el golpe al piso y su grito. Él no dejaba de reír, Mel se levantó y empezó a correr tras él, yo aproveche y fui a la cocina a comer, para mi sorpresa estaba Caroline haciendo lo mismo. ─ Hola.
─ ¡Kath! ¿Cómo estuvo la siesta? ¿Quieres que te sirva?
─ Si no es mucha molestia, por favor. Acabo de sufrir una caída ya que era la única forma de despertar a Mel. ─pasaron corriendo los dos por el pasillo, las dos reímos al verlos.─
─ Gracias a él. ─Rio.
─ Sí. ─Dejo la comida frente mí y volvió a su silla frente a mi puesto.─ Gracias.
─ No hay de qué. Tus amigos están aún durmiendo, los abuelos igual y Charlie llevó a Whisky a dar un paseo.
─ Y Gustavo y Mel corriendo por la casa.
─ Exacto. ─Rio. ─ Y… cuéntame, ¿cómo se conocieron?
─ Tengo una agencia de publicidad, apenas empezaba a manejarla y me encontré con ella en una información de un nuevo trabajo, tuvimos que hablar y seguimos en comunicación. ¿Ustedes?
─ Algo parecido…─Sonrió. ─ Tenía que hacer remodelaciones en mi casa y me dijeron que era el mejor.
─ Y lo es.
─ ¿Cuántos años tienes? ─Preguntó después de un silencio.
─ veinti…
─ ¡Me rindo! Me rindo… ─Dijo Gustavo entrando a la cocina y escondiéndose tras de mí.
─ Ya me vengaré de ti luego.
─ ¡Yo no hice nada!
─ Ya confeso, así que los tendré en la mira, ¡hola Caroline!
─ Hola cariño. ─Mel desapareció por el pasillo. Gustavo se sentó a mi lado y empezamos a charlar los tres, era divertido hablar con ellos, aunque Caroline estaba un poco extraña. Me disculpe y fui a buscar a Mel que tenía rato de no dar señales de vida, estaba en el salón privado acostada en el piso sobre un gran cojín que le había regalado en forma de hamburguesa, y sí… estaba dormida, luego decía que era yo la que me la pasaba durmiendo. Me acosté en el sofá y me puse a leer el libro que estaba leyendo en días anteriores. Los abuelos se fueron y ella seguía durmiendo, me estaba empezando a preocupar ya, no era de dormir tanto, ni cuando enfermaba. Traje un poco de jugo de cítricos que había hecho Gustavo y me senté a su lado para despertarla.
─ Mel… Hermosa, despierta cariño. ─Besé su mejilla y me extraño que estuviera tan fría, sí hacía frío, pero no tanto. ─ Vamos dormilonas, despierta, traje tu jugo favorito.
─ No quiero… ─Susurro con pesadez.
─ Amor, ¿Qué tienes?... Ven, vamos a la cama. ─La levanté y me dirigí al cuarto. Me encontré a Caroline antes de salir del salón.
─ ¿Qué tiene? ─Toco su frente.─ Está fría…
─ Sí… no sé, se la ha pasado durmiendo todo el día y no es de eso. ─ Se refugiaba en mi cuello.─ ¿Puedes traer el jugo?
─ Claro. Llamaré a Gustavo. ─Fue por el jugo y mientras la lleve a la habitación, los abuelos habían dejado regalos sobre la cama, cosa que me hizo sonreír.
─ Princesa, tus abuelos te dejaron más regalos.
─ Kath… Que no venga papá. ─Sentí esa voz y supe que algo había pasado e imaginé con quién.
─ ¿Qué pasó? ─Entró Gustavo preocupado.
─ Tarde, susurre en su oreja. Besé su frente y arregle la cama para que estuviera más cómoda, fui a buscar ropa para cambiarnos y me senté en el sofá junto a Caroline que sostenía el jugo, lo tome y bebí un poco, estaba preocupada.─ Estará bien… ─Dije en voz baja solo escuchándolo ella, me miro y relajo la mirada. Luego de que salieran me cambie de ropa y me senté a su lado, ella me miraba tratando de adivinar cuál sería mi siguiente paso, pero solo me limite a desvestirla lentamente. Me abrazo antes de ponerle el suéter.
─ ¿Cómo logras saber que estoy mal sin siquiera preguntar? ¿Cómo logras exponerme ante ti tan fácilmente? Es como si siempre estuviese desnuda ante tus ojos, y no sexualmente hablando… es como.
─ Como cuando me ves llegar a casa y ¿solo con abrazarme sabes que necesito que se alargue ese abrazo sin preguntas? Como… Como cuando me separo de ti en la noche y me hago a la esquina, y luego te siento abrazándome y susurrándome un te amo.
─ Sí…
─ No sé… será esa conexión que dicen que tenemos. ─Besé su cuello. ─ ¿Quieres hablar?
─ No… Solo déjame disfrutar la primera noche como tu prometida. ─Nos metimos debajo las sábanas y la abrace. ─ Amor…
─ Sí.
─ Apaga la luz.

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Capitulo 10

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:43 am

─ Buenos días Kath. ─Me dio una taza con café y un abrazo.
─ Buenos días… ¿Qué tal dormiste Caroline?
─ Estupendo, es una maravilla de cama, aunque Gustavo casi no durmió preocupado. ¿Cómo está Mel?
─ Bien, durmió tranquila y ya tiene una temperatura normal. Estará bien.
─ Me alegro de oír eso. Preparé desayuno, ¿deseas comer ya?
─ No, gracias… voy a esperar a Mel, gracias por el café. ─Ella me sonrió y asintió. Subí a la habitación y ya estaba despierta. ─ ¿Cómo amanece la mujer más hermosa, adorable y un poco loquita de toda la tierra? ─ Apenas me escuchó vi esa gran sonrisa formarse en sus labios, estiro su mano para alcanzarme, la tomé y le di un beso en ella. ─ ¿Cómo amanece? ─Susurre dándole un pequeño beso en los labios.
─ Con ganas de muchos besos y abrazos.
─ Eso suena más a que quiere que la consientan. ─Dejé la taza con café en la mesita de noche y me senté a su lado apoyada en el respaldar de la cama. Mel se acomodó hasta abrazar mi cintura y dejar su pierna sobre mí, me llamo la atención una herida que tenía cerca del tobillo. Tomo mi taza y bebió de ella.─ Ya está listo el desayuno. ─ Acaricie su hombro y seguí por su brazo.─ ¿Qué pasa?
─ ¿Por qué?
─ Te quedaste callada… ¿Estás molesta por algo? ¿Hice algo?
─ No amor, estás loca. ─ Se levantó y me abrazo. ─ Claro que no me voy a enojar contigo. ─ Me daba pequeños besos. La abrace y se acostó sobre mis piernas, la abrace.─ Mi mamá me escribió ayer, al celular… Me dijo que si ya había visto a la mujer de mi padre y otras palabras que prefiero no recordar. Me dijo que eso si lo apoyaba y que qué clase de hija era para ponerme de parte de él. ─dio un largo suspiro. ─ Que esperaba que tuviera una perfecta navidad con mi nueva familia, que ella la estaba disfrutando con sus nuevas hijas. ─Dijo con la voz a punto de llorar. Acaricie su rostro y bese su frente, la atraje a mí y la abrace por largo tiempo.
─ Nunca he conocido a alguien tan sensible, tan alegre y que siempre quiere arreglar todo sin importar las consecuencias o lo que le afecte a sí mismo como tú. Si tu madre no puede ver el excelente ser humano que eres, no te merece. Cuando se dé cuenta de lo que perdió, entonces le tocara pagar lo que está haciendo. Aquí no tienes ninguna culpa mi princesa. Sé que duele, es tu madre, pero odio lo que te está haciendo. ─Apretó mi suéter mientras lloraba, la arrullé hasta que empezó a tranquilizarse. ─ Recuerdas esa vez que fuimos a la avenida y una mujer empezó a gritarme porque según ella andaba con su novio… Dios, no sabes cuánto te agradezco que me hayas defendido, estaba aterrorizada viendo su furia.─ La oí reír. ─ A pesar que ella era más bajita que tú me sentí del tamaño de un pequeño ratón frente a un oso. Lo bueno que llegó mi tigresa a defenderme.
─ Kath. ─Me golpeo con suavidad.
─ Ah, no eres una tigresa ahora.
─ No.
─ ¿No? Acaso no has visto mi piel luego de… ─Me tapo la boca mientras reía.
─ No es cierto.
─ Oh sí que lo es, me dejas toda aruñada y con marcas en la piel. ─Empecé a hacerle cosquillas, amaba oírla reír. ─ Di la verdad.
─ ¡Sí! ¡Sí!
─ Así es. ─La vi y tenía esa carita de enojada que ya no soportaba por la risa, sonreí y le di un beso. Seque sus lágrimas y le di más besos por la cara.─ Te amo hermosa, no me gusta que estés así. ─Ella me abrazo. ─ Mel… me estás ahorcando.
─ Shh…
─ En serio me estás… ─Respire cuando me soltó. ─ Quiero pensar que era el momento emotivo y no una venganza.
─ Nunca haría eso.
─ Oh sí que lo haces, cuando le vertiste sal a mi café solo porque casi te atropello, y eso fue sin querer.
─ Nada, eso solo fue una pequeña confusión.
─ Sí, claro. O cuando cambiaste el acondicionador de cabello por sangre falsa, eso casi me mata de un susto Liliam, nunca se me olvidará… Fue horrible cuando lo vi en mi mano.─ Ella empezó a reír.─ Ríe todo lo que quieras, casi te quedas sin novia por eso.
─ Te comiste mi pastel, nadie te manda.
─ Por lo menos lo aceptas.
─ Quizás. Kath.
─ Amor. ─Sonrió.
─ Amo cuando me llamas así.
─ Eso eres, mi único y más hermoso amor. ─Le di un pequeño beso. ─ ¿Qué pasa?
─ ¿Te gustaría tener hijos?
─ Me gustaría tener un equipo de baseball, sí. ─Ella me miro sorprendida con una sonrisa.
─ Un equipo.
─ Sí, un equipo.
─ Oh Dios. ─Rio. ─ La última vez que hablamos me dijiste que quizás, ahora quieres un equipo de baseball.
─ La última vez que hablamos de esto fue hace tiempo. Y sí, me encantaría tener a una mini personita corriendo por la casa y que sea de las dos.
─ ¿Y tú la tendrías no? ─Preguntó con una cara interrogativa.
─ Bueno… ─Bebí de mi café. ─ Sabes que… bueno… La vida a veces…
─ Ya entendí. ─Rio. ─ Cobarde.
─ A ver amor… Ya conoces mi humor cuando ando de malas, imagina eso más cambios repentinos de personalidad.
─ Ok, sí, olvídalo, yo lo tendré… creo que serías capaz de matarme como no consiga helado o algo.
─ Exacto, triste, pero verdadero. ¿Por qué la pregunta?
─ Me imaginé tus ojos en una pequeña personita y me pareció perfecto.
─ ¿Mis ojos! Has visto los tuyos, no tus ojos los…
─ Shhh… ─Se levantó y me hizo seguirla. Se dio la vuelta y empezó a besarme despacio, su boca me fue embriagando inmediatamente, su mano acariciando mi cuello y subiendo por mi cabello estaba enviando mensajes a todas mis terminaciones nerviosas. Tocaron a la puerta y escuchamos la voz de Eduardo. Mel se escondió detrás de mí lo más rápido que pudo. Él asomo su cabeza y se echó a reír.
─ Me declaro inocente. ─Dije riéndome de Mel.
─ Tú deberías tener ropa por la temperatura extraña que tenías ayer, señorita.
─ Lo sé papá, pero créeme que Kath es el mejor calentador que existe…
─ Eso sonó muy mal. ─Rio Charlie asomándose, empezó a reír al ver a Mel detrás de mí. ─ Vaya calentador Mel, seguro que también hace otras cosa. ─Los tres reímos y ella lanzo un leve golpe a mi cabeza.
─ ¡Hey! Mira que me muevo. ─Me abrazo por la cintura antes de que lo hiciera.
─ ¿Cómo te sientes?
─ Kath debe ser muy incómodo tener a tu novia casi desnuda detrás y a tu suegro y su hermano enfrente. ─Estalló en risa.
─ Charlie, hasta afuera se escucha tu risa. ─Dijo Harold entrando.
─ Genial. ─Escuche susurrar a Mel.
─ Oh rayos, disculpen.─ Salió mi hermano claramente apenado.
─ Bien papá, me siento mejor… Creo que deberías ver los últimos mensajes de mi celular. Tío. ─Charlie le lanzó el celular a Gustavo, él tomo la manta y se arropo como si escondiera su desnudez imitando a Mel, no podía evitar reír.
─ Kath… por favor cúbreme con tu asombroso cuerpo. ─Dijo con la peor imitación de voz femenina que escuche, solo vi pasar mi celular por mi hombro y golpearlo directamente en el brazo.─ Necesito más que tu celular amor mío.
─ ¡Papá! ─Eduardo reía mientras abría el celular de Mel.
─ Charlie compórtate.
─ Sí querido y amado padre, qué sería de mí sin mi hermoso y musculado tío, oh tío Charlie, protector de la familia y de hermoso cabello, protégenos a todos.
─ ¡Cuando tenga ropa te voy a ahorcar!
─ Oh Kath, sálvame de esa bestia. ─ Ya yo no podía contener las lágrimas de la risa. Charlie movía la pequeña cobija que tenía sobre su cabeza como cabello imitando a Mel, solo la oía refunfuñar detrás de mí. La empuje hasta entrar en el armario y que buscara ropa.
─ Los odio a los dos. ─Dijo desde dentro.
─ Oh Kath de mi vida, corre a mis brazos. ─Riendo fui y me senté a su lado. Se puso a jugar con mi cabello y acariciar mi brazo. ─ Eres tan hermosa como una estrella fugaz.
─ Estás loco.
─ ¿Cuándo te envió esto Mel? ─ Se oía enojado. Nosotros nos callamos, y Charlie me susurro un “qué pasa”.
─ Ayer. ─Salió con una de mis camisas que la cubría perfectamente, se sentó al borde de la cama y le arrojo un zapato a Charlie que le saco la lengua.
─ Siento mucho esto pequeña. ─La abrazo. ─ No se quedará así, está segura.
─ Está bien papá, no te preocupes.
─ Fuera Mel, vamos a casa de tu mujer favorita. ─Charlie saltó fuera de la cama y nos lanzó las sabanas.
─ No vean mi desnudes. No me esperes despierta Kath, yo te despertaré a besos. ─ Dijo haciéndome ojitos y lanzándome un beso, y allí iba el otro zapato que por poco no logra esquivar. ─Adiós pequeña que me la quiere quitar, ella solo me ama a mí. ─ Mel no pudo ya resistir y rio mientras iba a cerrar la puerta.
─ Creo que Charlie no es mi tipo de mujer. ─Fui con ella y la abrace.
─ ¿Y cuál es tu tipo de mujer?
─ Uno esculpido por mismos dioses y que solo existe una, y gracias a dios, es enteramente mía. ─La abracé y ella saltó a mí enredando sus piernas en mi cintura. ─ Amo verte esa camisa puesta, pero creo que Charlie me empezó a gustar.
─ Entonces tendré que solucionar eso. ─Dijo antes de atacar mi cuello. Nos dirigimos a la ducha, mientras que yo pretendía quedarnos un largo rato allí.
Cuando salimos nos acostamos en las tumbonas que estaban en el balcón, arropadas por una sábana. Mel se entretenía leyendo mi blog y yo leía el libro que ella me había recomendado. Lo cierto era en que momentos tan al azar como éste, me encontraba en una tranquilidad inmensa, ella recostada en mí, una de sus manos bajo mi sudadera mientras acariciaba su cabello, en estos momentos así encontraba gran felicidad.
─ ¿Quieres algo de comer? ─Se levantó mientras empezaba a recoger su cabello en un moño desarreglado.
─ Por favor. ─Le contesté arreglando la camisa que me había quitado antes.
─ Y de beber. ─ Se reclino sobre mí y me dio un beso.
─ Quizás. ─Volvió a besarme y entró a la habitación. Me quede pensando en lo que había pasado en nochebuena con Lena y Marilyn, quién diría que esas dos se conocían. Marilyn no había tocado el tema y yo tampoco, estaría dispuesta a escucharla cuando estuviese lista; también quedaba hablar con Mel sobre eso, y eso me traería una segura reprimenda por lo menos, pero no podría pasar de hoy, sería peor entre más le diera tiempo. Me sorprendió con un trozo de tarta de limón y se sentó frente a mí.
─ Caroline preguntó por ti. ─Me dio un bocado de esa delicia que solo con sentirla ya me empezaba a derretir.─ Con bastante interés la verdad… ¿Han hablado solas?
─ Un par de veces, me cae bien.
─ Ummm… Sí. ─Dijo antes de comer. La observe detenidamente y no pude descifrar lo que pensaba, pero estaba segura que no era nada bueno.
─ Lena vino en nochebuena. ─Eso llamo su atención. ─ Vino a pedir disculpas y explicar por qué se había comportado así. Al parecer el papá casi mata a su mamá, y ella en un ataque de ira casi lo mata a él… Dice que bebió y se drogo, que en verdad lo sentía… En el fondo le creo.
─ ¿Por qué no me llamaste? En eso estabas cuando te desapareciste.
─ Sí, sabes que no te dejaría estar con ella. ─Se inclinó y me dio un beso. ─ Agregado a eso y cosa que me sorprendió bastante… ¿Recuerdas la hermana del esposo de Marilyn? La que se fue.
─ Sí claro, a veces habla de ella.
─ Es Lena.
─ Amor, en serio… ─dijo sin creerme, tome el plato y corte un pedazo.
─ Es Lena. ─Le repetí antes de comerlo. Ella estaba sorprendida, quizás más que yo.
─ ¿Y se vieron? ─Asentí. ─ Cuéntame, ¿Qué pasó?
─ Entré para brindarle algo de comida a Lena, y Marilyn andaba buscando sus regalos así que salió, y luego las encontré allí discutiendo. Se reclamaron o Marilyn lo hizo y luego entró enojada, no me ha dicho nada al respecto.
─ Diablos… Pobre Mar.
─ Sí, Lena dice que va a arreglar su vida y luego buscara a Marilyn, aunque creo que esa chica va a dejar este puerto rápido.
─ Es lo más posible. ─Le di un pedazo de pastel. ─ Creo que le gustas a Caroline. ─Dijo luego de unos segundos, yo me atore con el trozo que acababa de comer. ─ Sí, creo que le gustas y te conoce de algún lado. No me termina de agradar.
─ Amor… segura no será una de tus locuras.
─ Claro que no, mira… Cuando apareció Marilyn desde un principio supe que solo quería una amistad, y con Caroline… definitivamente no siento lo mismo.
─ Son personas distintas.
─ Kath… Tú piensas que todo el mundo quiere ser tu amigo.
─ Ya, ya… no te empieces a turbar. Es la novia de tu padre, ten en cuenta eso.
─ Eso no quita nada, papá al igual que tú piensan que todos son buenas personas.
─ Ah, eso me lo dices tú.
─ ¡Amor! No me gusta, no, me, gusta. ─Dijo pausadamente. Me levanté y me apoye en el barandal viendo el jardín y los grandes árboles que delimitaban el terreno al fondo.
─ Sería muy divertido si tuvieras razón. ─Dije divertida. La oí gruñir y entrar seguramente enojada a la habitación, no pude evitar reír, verla celosa de algo que en ningún sueño yo dejaría que pasara era gracioso. Los celos en una pequeña dosis te hacen sentir amada, protegida e incluso necesitada de alguna rara forma, claro… sin llevar nada a los extremos, ni mucho menos, es que si quiera dejar que controlen debería verse de una buena manera; al mismo tiempo son otro de los tipos de desconfianza y miles de inseguridades que poseemos las personas. Cuando entré a la habitación Mel seguía comiendo el pastel, le di un beso y me puse a revisar mi laptop para ver cómo iban las cosas, la verdad me había desconectado un poco de la empresa para estar más con Mel, después de todo Harold debía empezar a tomar más responsabilidades.
─ Amor.
─ Sí hermosa.
─ Crees en verdad que Caroline no pretende nada contigo.
─ Sí, y si así fuera sabes que no tengo ojos para nadie más que no seas tú. ─Le dije mirándola, me sonrió y siguió comiendo, ya estaba tranquila.
Luego de una larga charla sobre el trabajo y qué haríamos en el nuevo año, baje para ver cómo estaba la casa, me encontré a Caroline leyendo uno de los libros de la biblioteca, la saludé y me quede charlando otro rato con ella.
─ Gustavo salió con Charlie hace un rato, me dijo que iban a arreglar unos asuntos.
─ Sí, lo mismo nos dijeron. ¿Harold?
─ Tu hermanos salió a correr antes que Gustavo se fuera y no hace mucho regreso. Espero que no te moleste que haya tomado algo para leer.
─ Claro que no, estás en tu casa. El Túnel, es una buena novela.
─ Sí, es la segunda vez que la leo, pero no le había prestado tanta atención como ahora, la compraré.
─ Vale la pena, la he leído unas seis veces. ¿Qué te gusta leer?
─ En verdad leo de todo, es muy raro que no lea aunque sea algunas hojas diarias de cualquier texto interesante. Ya es algo habitual.
─ Eso es excelente.
─ Y… ¿Cuánto llevan de conocerse?
─ Cinco años.
─ Eso es mucho tiempo.
─ El mejor de mi vida.
─ Se ve que la amas mucho.
─ Amarla mucho me parece insuficiente, Harold y ella son mi vida. Mel es como… la única persona en el mundo que me conoce tan bien que sabe cómo tranquilizarme hasta en mis peores momentos, y siento que ella me ama con la misma intensidad con la que la amo yo… en verdad no encuentro palabras para expresar realmente todo lo que siento. ─Dije un poco apenada viendo lo que me había extendido.
─ Es afortunada al tener a una mujer que la ame con tal devoción cómo lo haces tú.
─ En verdad a veces pienso que soy yo la afortunada… Ella no solo es mi novia, y ahora prometida, sino que es mi familia. Su familia nos trató desde que recuerdo con mucho cariño y confianza, cuando me mude aquí definitivamente mi hermano y yo nos sentimos como si al fin hubiéramos encontrado nuestro lugar.
─ Y se ven que son una gran y hermosa familia.
─ Y ahora tu formas parte de ella. ─dije con diversión tratando de relajar el momento.
Rio y se me quede viendo con una mirada que me hizo sentir un poco incomoda. ─ Sí… ─Dijo agachando la mirada.─ Creo que te he visto en algún lugar, ¿Sueles asistir a eventos fuera del país?
─ Solía hacerlo, antes viajaba mucho, pero en lo últimos años lo hago esporádicamente. El último viaje que hice fue a Francia a un acto de…
─ Ana Soler, claro, ahí te vi.
─ ¿En serio?
─ Sí cantaste y el primer ministro subió contigo.
─ Sí. ─Reí. ─ Vaya locura, ¿qué hacías allí?
─ Acompañaba a una amiga. Sabía que te había visto en algún lugar.
─ Quién diría… en qué trabajas.
─ Decoración de interiores.
─ Por eso se llevan bien, tienen de qué hablar.
─ Sí. ─rio. ─ Hablamos mucho de eso. Gustavo es un gran hombre.
─ Lo es.
─ No termino de entender cómo tu suegra lo dejo ir.
─ Eso es lo que no se explican tus suegros. ─Reímos.─ Creo que saldremos a comer, ¿quisieras venir? Gustavo y Charlie demoraran.
─ Claro, gracias.
─ No hay de qué. Le avisaré a Mel y a Harold. En una hora estarán listos.
─ Está bien. ─Sonrió y miro el libro. ─ ¿Crees que Gustavo y yo hagamos buena pareja?
─ Lo hacen. ─Ella suspiró con alivio.
─ Me creerías si te digo que es primera vez que salgo con un hombre. ─ La mire con duda por unos segundos, viéndola era difícil de creer lo que decía. ─ O sea… he salido con mujeres, pero no con hombres… o no nada serio como ahora.
─ ¡Ah!... eres… eres…
─ Bisexual, o eso creo… ─ Dejo caer su cabeza sobre sus manos.
─ No, eso está bien… está bien. ─Me senté despacio a su lado. ─ Qué importa las etiquetas, si eres homosexual y te gusta un hombre o lo contrario, nadie puede decir nada… es tu vida y te sientes bien así, ¿no?
─ Eso creo… Me siento muy bien con él la verdad.
─ Eso es lo que importa. Al diablo lo demás. ─Sonreí, ella me miro con una sonrisa de lado.
─ Gracias. ─Suspiró.
─ No hay de qué, siempre que quieras hablar cuenta conmigo.
─ Esto es muy idiota teniendo en cuenta que tú eres menor que yo.
─ Ay no es cierto.
─ Sí que lo es.
─ No… Mira a Charlie y Harold, son inseparables y se llevan años.
─ Pero no tantos.
─ La edad va en la mente, además… independientemente de la edad que tengas pareces de mucho menos, yo te pondría 29.
─ Gracias. ─Rio.
─ Bueno iré a avisarle a ese par. ─Le di un abrazo y cuando me levanté vi a Mel en el marco de la puerta con otra de sus caras que no lograría descifrar, dio la vuelta y fue en dirección a las escaleras. Caroline no la había visto, y lo prefería así. Subí las escaleras y la vi acostada en el sofá. Me moví en silencio y me coloque encima de ella, que al instante protesto.
─ Kath, baja.
─ No. ─Me acosté sobre su pecho.
─ Reagan por favor baja, en serio no quiero…
─ Estás celosa de la novia de tu padre, pero peor aún no confías en mí. ─ Dije interrumpiéndola, me levante y fui al armario a buscar lo que me pondría.
Kath… ─ Se recostó a la puerta de alado. ─ Lo siento, lo siento. Sabes que no soy así, soy una estúpida por dejar que mi madre meta ideas en mi cabeza. ─Me abrazo de costado.
─ ¿Qué quieres decir con eso?
─ Perdón.
─ Liliam…
─ Mi mamá me dio a entender que tuviera cuidado porque a lo mejor se metía contigo, y es una total estupidez. ─Me separe de ella. ─ Amor.
─ Ahora si soy tu amor. Hace unos minutos era la mujer que te pidió matrimonio, pero que te engañaría con la novia de tu padre ¿no? ─Ella cerró los ojos negando. ─ ¿No era eso lo que sentías?
─ Lo siento, en verdad lo siento. ─ Me desvestí rápidamente y me coloque un jean oscuro y un suéter de lana, tome unos botines de la estantería y salí a la habitación.─ Kath.
─ No Mel, tú te enojas conmigo por algo que dijo tu madre, primero ni siquiera la conoces a ella, y segundo desconfías de mí como si no me conocieras. Te espero abajo, vamos a salir a comer, los cuatro.─ Salí lo suficiente enojada como para que no me siguiera, fui a la habitación de Harold, él estaba jugando con su consola, me senté a su lado y empecé a ponerme los zapatos.
─ ¿Qué pasó?
─ Nada.
─ Kath, hasta acá escuche ese portazo.
─ Mel tiene la hermosa idea de que yo la engañaría con Caroline, y sabes a quién le creyó esa magnífica idea, a su madre, sí a la misma que no se acuerda de ella. Me levanté y empecé a caminar de un lado al otro. ─ Ah y vístete que vamos a salir a comer. ─ Se levantó sin decir nada y se cambió. Luego fue a su mesita de noche y me trajo uno de sus caramelos.
─ Tranquila. Come. ─Le hice caso y me senté de nuevo. ─ Todo estará bien, sabes cómo es Mel, es normal esa ansiedad.
Di un gran suspiro y mire al techo, Harold tenía razón. ─ A veces me pregunto cómo sería si tú fueras el mayor.
─ No estarías tan loca, créeme. ─Reímos y nos levantamos, bajamos al salón y Caroline estaba conversando con Mel, como si nada pasara por su loca cabeza.
─ ¿Listo? ─Preguntó Caroline sonriendo.
─ Listo. ─Asentí y fui a encender la camioneta. Harold se sentó detrás y luego Caroline igual, Mel estaba rellenando el juguete de Whisky con nuevos premios, subió a mi lado y cerró la puerta en silencio, coloque un poco de música y saque el coche.
─ ¿A dónde vamos? ─Preguntó Caroline. ─ Disculpen, pero es primera vez que vengo a ésta ciudad.
─ ¿Kath?
─ Si es primera vez que vienes, ¿qué te gustaría comer?
─ Bueno… me gusta la cocina extranjera.
─ ¿Comida tailandesa? Hay un excelente restaurante de comida Thai aquí. ─ Dijo Harold, era su restaurante favorito.
─ Ese me encantaría, me gusta bastante.
─ Harold, llama y reserva la mesa por favor. ─ Desvié la mirada del camino un segundo para ver a Mel, iba mirando por la ventana mientras jugaba con sus dedos con nerviosismo. Tome su mano y le di un beso, ella me miro y pude ver sus ojos húmedos, se recostó en mi hombro mientras que Harold hablaba muy animado con Caroline.
Cuando llegamos al restaurante los dos se adelantaron a entrar mientras yo buscaba estacionamiento con Mel.
─ Siento haberme enojado de esa forma. ─ dije cerrando su puerta
─ Perdóname por haber desconfiado de ti. ─Se recostó en el auto. ─ En serio Kath.
─ Shh ya… está bien, disculpas aceptadas. ─ La besé con suavidad. Me abrazo y dejo su cabeza en mi pecho.─ Vamos, que sé que se te antoja pedir de todo.
─ Yo los invito.
─ Entonces seré yo la que pida de todo. ─Me tomo de la mano y nos dirigimos al restaurante. Fue un buen almuerzo, pedimos mucha comida y bebida, conversamos y reímos, y todo estuvo agradable. Creo que Mel se iba convenciendo poco a poco de que Caroline no era una amenaza ni mucho menos..
Cuando regresamos a la casa Harold se quedó charlando con Caroline mientras Mel y yo preparábamos algunos cocteles para pasar el rato.
─ Liliam.
─ Sí. ─Me miró mientras sacudía el mezclador.
─ No crees que Charlie y Gustavo ya se demoraron demasiado.
Miró el reloj y luego busco su celular, y marcó a su padre. La escuche hablar con él por unos segundos, mientras fui a buscar una de las botellas de licor que nos faltaba y regrese a la cocina.
─ Parece que tuvieron una discusión, y Charlie va maldiciendo todo lo que se le pone al frente.
─ Qué raro.
─ Mucho. ─Rio. ─ No me gusta que discutan, pero tampoco que mamá se exprese así de él.
─ Ya no pienses en eso, vamos a llevar esto.
Cuando llegaron a la casa, ya entendía por qué Charlie estaba tan enojado, y justa razón tenía. Caroline estaba entre sorprendida, enojada y confundida; Mel y yo nos quedamos en el sofá tratando de creer la explicación que le daba a Caroline, pero ni nosotras lo creíamos. Esos aruñasos y pequeños moretones eran algo difícil de excusar. Charlie estaba a punto de pegarle a Gustavo por sus mentiras, así que Harold se lo llevo.
─ Tocaron la puerta y antes de levantarme Harold pasó a abrirla.─ No, Sra. Marie salga. Pablo qué rayos te pa… Charlie, Charlie ¡no! ─ Me salté el sillón y corrí al pasillo a detener a Charlie, lo empuje con el impulso que llevaba contra la pared golpeándonos. Con Ayuda de Harold logramos que no regresara a pegarle a Pablo que estaba en el suelo; en cambio me había golpeado a mí contra la pared y estaba muy aturdida, escuchaba los gritos, pero solo me concentraba en aplicar fuerza contra él. Gustavo nos ayudó y lo empujamos dentro del salón encerrándolo allí, Gustavo salió corriendo de nuestro lado, yo me deje caer contra la pared, me ardía mucho la cabeza y la sentía caliente.─ Kath, ¡Kath! Rayos estás sangrando, ¡Mel! ¡Caroline! ¡ayúdenme! ─Estaba muy mareada, casi no podía mantenerme. Vi sangre en el piso y empecé a ver todo oscuro. ─ No, no, no ¡Kath! ¡Alguien por favor! ─ Sentí cómo se abrió la puerta tras de mí.
─ Kath, venga guapa arriba. ─ oí la voz gruesa de Charlie mientras me levantaba…
Sentí frío, mucho frío, abrí los ojos y las luces me cegaron, di un pequeño gruñido por la incomodidad. Mi oído se empezó a agudizar y escuche pitidos intermitentes. Un hospital. Mis ojos se adaptaron a la intensidad de la luz de la habitación. Sí, era un hospital. Miré a mi alrededor y Harold estaba acostado en un sofá, parecía tener una venda en la frente, y Mel en una butaca con la cabeza en las manos.
─ Hey… ─Susurre con voz ronca, trate de aclarar mi voz, pero la presión me hizo sentir un gran dolor en mi cabeza.
─ Amor. ─Mel se hizo a mi lado. ─ Dios… no sabes cuán asustados estábamos. ─ Tomo mi mano, y acaricio mi mejilla con suavidad, se veía muy preocupada.
─ ¿Qué paso? Me duele la cabeza muchísimo. ─Traté de levantarme, pero ella me lo impidió.
─ Tranquila, llamaré al doctor.
─ Mel, qué pasó… ─Repetí mareada.
─ Amor, amor… no te levantes.
─ ¿Qué pasa? Doctor ¡Doctor!. ─Harold salió corriendo de la habitación.
─ Reagan. ─Estaba muy asustada, quería levantarme de allí. ─ ¡Reagan! ─La miré a los ojos. ─ Aquí estoy. ─Susurro. ─ Soy yo.
─ No recuerdo nada. ─ Me abrazo.
─ Aquí estoy. ─Acariciaba suavemente mi piel, estaba empezando a relajarme, el dolor en mi cabeza aún estaba, pero solo me enfocaba en su tacto.
Mel L. Hudson.
─ Caroline, en serio déjame explicarte… ─Kath salió corriendo y escuchamos un golpe fuerte contra una pared, vi a mi madre entrar al salón y escuché a Harold gritarle a Charlie, papá corrió tras Kath sin darme cuenta, en cuestión de segundos había transcurrido todo.
─ Solo quiero decirte algo, y qué mejor que está tu nueva madrecita aquí, ya que te quedas con un hombre que ni siquiera es tu padre pues qué más da que ella no sea tu verdadera madre ¿no?
─ No te metas con ella. ─Caroline la detuvo antes de que llegara a mí. Solo veía asco en su mirada, no podía mantenerla... sentía como si me estuviera lastimando solo con verme, y eso hacía.
─ ¿Qué quieres decir con eso? ─ Dije casi sin voz.
─ Gustavo no es tu padre, no te preocupes, él tampoco sabía, pero no importa, igual no siento que seas hija mía. ─ Caroline la golpeo tan fuerte que la lanzo al suelo.
─ Cállate y vete de aquí inmediatamente. ─ Escuche gritos en el salón y mi papá llego a mi lado.
─ Vete ya Marie, no eres ni serás bienvenida aquí nunca. ─ La tomó del brazo y arrastrándola la saco de casa.
─ ¡Mel! ─Escuche el grito desesperado de Harold y corrí hacia él. Kath estaba sangrando, y Harold tenía una cortada en la ceja.─ Ayúdame. ─Dijo llorando. La puerta del salón se abrió y Charlie la cargo, sentí que todo se detuvo. Verla desmayada en sus brazos, lastimada… Caroline pasó a mi lado y llamó a papá, allí reaccione.
─ La golpee contra la pared cuando me detuvo, lo siento mucho en verdad. ─Dijo preocupado mientras iba a la cochera, encendí el coche y esperé que Harold subiera para salir. Conduje lo más rápido que pude al hospital, la atendieron de inmediato. Estaba tan nerviosa que no articulaba palabra, ¿por qué siempre terminábamos en el hospital por mi culpa? Me senté en una silla lo suficiente alejada de todos para no escucharlos, mi padre ya había llegado con Caroline, pero ni con él quería hablar.
Luego de esperar por un largo tiempo el doctor habló con Harold y conmigo, informándonos de que Kath había sufrido una conmoción cerebral, el golpe había abierto una herida en su cabeza , pero no había perdido tanta sangre como se esperaba, ya estaba en observación y pronto podríamos verla.
─ En verdad disculpa… ese tipo está cegado y golpeo a Harold, en verdad no quería lastimar a Kath.
─ Está bien, solo fue un mal movimiento tío, tranquilo.
─ ¿Pablo golpeo a Harold?
─ Sí, por eso le pegue. Acaba de ir a revisarse la herida, en verdad lo siento Mel, me siento muy mal, no me di cuenta siquiera cuando la lastime.
─ Tío, yo aun no entiendo qué pasó muy bien, relájate.
─ ¿Estás enojada con Gustavo?
─ Claro que no… diga lo que diga esa mujer, él es mi padre y tú mi tío, sin importar absolutamente nada.
─ Así es. ─ Me dio un gran abrazo el cual necesitaba en ese instante. Al tiempo nos dejaron pasar a ver a Kath, odiaba verla así, ya eran dos veces en menos de un año y no quería una tercera.
Ya había pasado una hora, el doctor acababa de verla, nos informó que todo estaba bien, solo quedaba que despertara. Quizás no recordara algunas cosas, pero era normal.
─ Hey… ─Susurró con voz ronca. Me levanté de inmediato y fui a su lado.
─ Amor. Dios… no sabes cuán asustados estábamos. ─ Tomé su mano y acaricie su mejilla, estaba fría.
─ ¿Qué paso? Me duele la cabeza muchísimo. ─Trató de levantarse, pero la empuje suavemente, lo menos que quería era que se mareara.
─ Tranquila, llamaré al doctor.
─ Mel, qué pasó… ─ Insistió, pude ver que estaba pálida.
─ Amor, amor… no te levantes.
─ ¿Qué pasa? ─ Harold se levantó y nos miró. ─¡Doctor! Doctor. ─ Salió de la habitación corriendo a buscar al médico.
─ Reagan. ─ Le dije calmada ─ ¡Reagan! ─La tomé con suavidad y firmeza del rostro para que me mirara. ─ Aquí estoy. ─Le susurré. ─ Soy yo.
─ No recuerdo nada. ─Dijo asustada.
─ Aquí estoy. ─Me senté a su lado y la abrace, la acariciaba lentamente buscando que se relajara.
El doctor la examino e hizo algunas preguntas, ella estaba muy confundida, pero era normal luego del golpe que había sufrido. El médico decidió dejarla en observación y mañana le daría salida.
─ Mel, tengo que ir mañana temprano a la empresa, ¿podrías quedarte?
─ Harold… ¿Qué pasa?
─ Lo siento, odio verla así… me recuerda cuando niño a mis padres.
─ Ella estará bien, ya escuchaste al doctor. ─Le di un abrazo.
─ Sí, las vendré a buscar.
─ Vale… ¿mi papá?
─ Está fuera con Caroline y Charlie, ¿vamos?
─ Sí, vamos, le pediré que me traiga algo de ropa. ─Salimos y pude ver que mi padre no quería mirarme, Caroline tenía una pequeña sonrisa que le devolví, me senté a su lado y ni así levantó la mirada. ─ Lo que esa señora diga no me importa papá… yo te amo igual que lo he hecho toda la vida, tú eres mi padre y Charlie mi tío, y al parecer Caroline mi madrastra. ─Pude ver una pequeña sonrisa en sus labios, él tenía los ojos húmedos. ─ Papá… ─ Él me abrazó y besó mi frente. Todo volvió a estar como antes con él. Regresé a la habitación justo cuando Kath despertaba. ─ Buenas noches hermosa.
─ Explícame cómo llegué aquí.
─ Yo también me alegro de verte amor. ─Le di un beso y me senté a su lado.
─ Lo siento, estoy muy confundida, el doctor dijo que recibí un golpe en la cabeza en una pelea y caí inconsciente, ¿Qué pelea? Lo único que recuerdo con claridad es la mañana.
─ Tranquila, ya cuando estés más recuperadas hablaremos ¿sí? Ahora vamos a descansar. No me gusta estar mucho tiempo sin escuchar tus locuras. Solo diré que Charlie está muy arrepentido, pero no quiso hacerlo, y Harold está bien.
─ Amor, cuéntame.
─ La empecé a besar lentamente, reí por escuchar cómo se aceleraba su corazón. ─ Eso aún lo provoco en ti. ─ Acaricie su barbilla.
─ Como la primera vez. ─Susurro antes de besarme.
Pasamos la noche hablando, le conté en partes cómo había ocurrido todo, ya que el tema de Marie, no lo quería tocar. Cuando se durmió encendí mi celular y me di cuenta de que había muchas notificaciones, y todas eran de mi madre. Volví a apagar el celular y me senté en el sofá a ver la televisión, estaba pasando Forrest Gump, logré concentrarme en la película hasta que acabo, apagué el televisor y me acomodé bajo el calor de una manta, el sofá estaba cómodo así que no me quejaba.
Miré a Kath que dormía tranquilamente en la cama, me encantaba verla descansar. Cuando no podía dormir y ella trataba de quedarse despierta hasta que yo cayera rendida, pero ella lo hacía primero, me concentraba en verla y volver a memorizar cada uno de sus rasgos. Esas cejas y pestañas naturales y perfectas, sus labios rosados con una pequeña cicatriz casi imperceptible en el centro del inferior, su cabello cómo caía despreocupado con esas ondas… su piel se veía y era tan suave. Definitivamente estaba loca por cada centímetro que le perteneciera y era.
Desperté y aún estaba oscuro. Miré el reloj, 1:53 AM, faltaba mucho para que saliera el sol. Me levanté y fui a la ventana, la ciudad estaba tan tranquila, solo los autos de limpieza se podían ver por las calles haciendo su trabajo. Ésta noche no había luna ni estrellas, solo algunas nubes viajeras que deambulaban separadas una de las otra. Salí de la habitación y recorrí los pasillos vacíos, fui a la cafetería y compre un paquete de pequeños caramelos que solíamos comer Kath y yo. Cuando regresé acerqué la silla a la ventana para ver el panorama mientras comía los caramelos. El reloj apenas y marcaba las 2:30 AM.
Antes solía pensar que los ataques de agresividad, locura o insensatez de mi madre eran puro capricho de atención o de alguna rara especie de rencor que hubiese creado hacia mí, ahora veía que en verdad solo eran ganas de dañar a mi padre y de paso a mí. Pero lo que venía a mi mente como la gran pregunta era ¿Por qué? Qué le habíamos hecho para que nos odiara tanto, digo… papá la amo como nadie, y yo siempre busque que se sintiera orgullosa de mí, ¿dónde estaba ese momento en nuestras vidas donde eso cambio? Si hubo uno, nunca lo note, hasta que se fue… hasta ahora.
─ Liliam. ─ Me levanté y me acosté a su lado.
─ ¿Qué pasa? ─ Besé su mejilla.
─ ¿Estás bien?
─ Sí, ¿por qué?
─ Estaba hablándote desde hace unos minutos…
─Lo siento. ─Me acomodé con cuidado en su pecho, me abrazo y acaricie su abdomen.
─ Gracias por estar aquí.
─ Amor, soy tu prometida y no hay otro lugar donde quisiera estar… bueno si preferiría estar en casa. ─Ella rio.
─ Igual yo cariño. Hermosa… ─Suspiró─. Siento lo de tu mamá, pero aquí estoy, siempre contigo princesa. ─ No sabía cómo se había enterado, pero sentía irse un gran peso de mí, sabía que no podía pronunciar esas palabras de nuevo, o por lo menos fuera de mi mente. Me refugie en su cuello y ella me abrazo aún más.─ Te amo.


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Capitulo 11

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:43 am

─ Una mano quebrada, ahora la cabeza, pues la próxima es la pierna y serás igual que yo. ─Dijo sonriendo y dándole un abrazo. ─Perdón por golpearte.
─ No te preocupes, gracias por defender a Harold.
─ Tengo que defender a mis pequeños, pero lastime a uno.
─ Ya olvídalo. ─ Dijo con una gran sonrisa. Harold bajo del auto y la abrazo.─ Vaya ceja eh diablillo, creo que te ves mejor ahora.
─ Ahora las chicas van a pensar que es todo un peleador y quedarán rendida a sus pies.
─ Calla Charlie. ¿Cómo pasaron la noche?
─ Ella comiendo caramelos y yo con un gran dolor de cabeza.
─ Claro que no, te estaba cuidando. ─Subí las maletas al maletero de la camioneta.
─ Mel, ¿qué clase de cuidos le das a mi Kath? No, esto no puede seguir, se irá a dormir conmigo, en mi cama, a mi lado. Así sentirá mi calor piel con piel.
─ En tus sueños Charlie. ─Le dije riendo.
─ Ya veremos señorita. ─ La cargo para subirla a la camioneta, mientras ella renegaba que podía caminar perfectamente.─
─ Vaya, vaya. ─ Sentí debilitarme al escuchar esa voz, hasta el punto de tener que apoyarme al auto. Sentí que me agarraban y vi que era Kath, había perdido de vista a Charlie y a Harold.
─ ¿Qué le pasa a mi hija? ─Le escuche decir. Kath abrió la puerta y entró conmigo.
─ Los dos, suban ya. ─ Dijo después de bajar un poco la ventana. Los dos subieron al coche, se veía que discutían con ella. ─
─ Me estoy cansando de esto, la próxima vez ya iremos con la policía. ─Dijo Charlie enojado arrancando. Paramos a comer en una linda parrillada estilo cabaña. Kath estaba pensativa desde que encontramos a mi madre allí, los chicos ya estaban más relajados, mi papá ya se había enterado y no dejaba de llamar, pero no quería tocar el tema, por lo menos no ahora.
─ Amor.
─ Sí cariño. ─ Pasó su mano por mis hombros y me dio un beso.
─ ¿te sientes bien?
─ Perfectamente. Yo debería preguntarte eso, no soy la que tiene una cortada en la cabeza.
─ Ay claro que no, es pequeñita.
─ Ocho puntos Kath, ocho puntos.
─ Pequeñita, tú todo lo exageras. Tengo dolor de cabeza, pero estoy bien. Sabes quién… ─La interrumpió su celular, rio al ver la pantalla y contesto.─
- Exactamente ahora me estaba acordando de ti…
Vi que Harold y Charlie nos miraban en silencio, me causo gracia lo tranquilos que estaban. ─ ¿Y a ustedes qué les pasa?
─ Hambre. ─Dijeron los dos.
─ ¿Por qué no pidieron entrada? ─ Se miraron mutuamente y se levantaron rápido para ir a pedirlo. Era lindo lo bien que se llevaban a pesar de las innumerables diferencias que tenían. Uno resolvía las cosas a la fuerza, el otro usaba la lógica; uno era un gigante musculado constructor de cabaña y ex luchador de lucha libre profesional, el otro era un chico con un coeficiente intelectual muy alto que con 19 años ya había salido de la universidad y tenía un excelente título. Eran adorables la verdad, mi tío siempre había sido el típico tío divertido que siempre traía una novia nueva a la casa, a pesar de ser un tipo grande y musculoso, era muy guapo. Recuerdo cuando tenía doce y me llevaba a patinar, era divertido ver a ese gigante patinando, aunque con el tiempo descubrí que era una táctica para atraer chicas.
─ ¡Listo!
─ Aún habla por celular… yo que me desespero con dos minutos.
─ Tú te desesperas por todo Harold.
─ Quién habla…
─ ¡pelea!
─ No gracias, me duelen los dedos. ─ Kath se despidió y guardó su celular. ─ Al fin.
─ Era Marilyn.
─ ¿Cómo está?
─ Arreglando sus cosas para irse dentro de unas semanas.
─ Ay no, ¿Por Lena?
─ Sí.
─ ¿Lena? ─Dijeron los dos.
─ Lena es la ex de Marilyn.
─ ¿¡Qué!? ─ Repitieron al unísono.
─ Larga historia.
─ Tenemos tiempo. ─ Mientras les contábamos un poco de la situación de las chicas, sin entrar mucho en detalles, ellos comían y nos veían asombrados, los dos eran muy cotillas.
Hubo un momento que me quedé callada y solo me limite a observarlos hablar, no los escuchaba con detenimiento, mas mi cabeza divagaba en lo que había pasado en la última semana. No me había detenido a pensar en verdad lo que había dicho Marie, si Gustavo no era mi progenitor… ¿quién lo era? Y cómo compartíamos tantos rasgos, me decían que me parecía mucho a mi bisabuela por parte de él, es más… yo había visto fotos de ella y era cierto, llegué a la conclusión de que mi loca madre pudiese estar mintiendo. Pero el dilema era: para qué inventar tal locura.
No platique mucho el resto del día, estuvimos tranquilos en casa, ellos se la pasaron charlando y bebiendo, a excepción de Kath que se había dado cuenta de mi cambio y no me dejaba sola, agradecía cada parte de su existir en mi vida.
─ Tu medicamento. ─ Me senté a su lado y le di un vaso con agua y sus pastillas.
─ Gracias Srta. Hudson.
─ Y muy pronto de Clark. ─Susurre antes de darle un pequeño beso y levantarme e irme a duchar. Estuve quizás una hora bajo el agua, escuchando música y relajándome.
─ Amor. ─Me gire y la vi apoyada en la pared con mi toalla en su hombro. La ducha era de vidrio transparente, así que nos veíamos sin obstaculos.─ Vas a salir o debo entrar a buscarte.─ Dijo con una sonrisa de lado divertida.
─ Suena tentador cualquier de las dos opciones.
─ Vamos a la cama. ─Dijo mientras apagaba mediante el control la música. Salí de la ducha y me acerque a ella, cubrió mi cuerpo con la toalla y delicadamente me seco. ─ ¿Estás bien? ─Dijo sin quitar la mirada de mis brazos que acariciaba.
─ Sí… lo estoy. ¿Tú cómo te sientes?
─ Perfectamente.
─ Vamos. ─ Mientras me vestía, ella me veía con una sonrisa apoyada en el marco de la puerta. Me recosté en la puerta del último armario y la miré sonriendo. ─ ¿Te he dicho que me encanta verte con esa camisa?
─ Cada vez que la uso.
─ Que la robas, querrás decir.
─ Ya es mía.
─ Claro que no.─ Bajó la mirada con esa sonrisita que hacía cuando tenía algo en mente. Se acercó a mí sin mirarme, apoyo la mano en el armario mientras que la otra iba subiendo lentamente por mi brazo. Sentir su tacto hizo estremecer mi cuerpo. Cerré los ojos y me deje llevar, su mano recorrió mi cuello y subió a mi cabello, lo agarro sin hacerme daño y dejo mi cuello a su total disposición. Sentí su respiración profunda y luego sus labios… No sabía cuántas veces habían tocado cada parte de mi cuerpo, pero cada vez que lo hacían volvía a estremecerme como la primera vez. Mordiscó con lentitud mi piel, mis uñas empezaron a recorrer su espalda; me tomó de la cintura mientras aún me besaba. ─ Es mi camisa. ─Susurro en mi oído.
─ No lo es. ─Dije en un murmullo al sentir sus manos bajar por mi espalda baja. Agarro con fuerza mis piernas y me subió. Rodee con mis piernas su cintura.
─ Lo es, y te la voy a quitar.
─ No te de… ─ Beso mi boca sin dejarme terminar, me dejó sobre uno de los muebles de madera y empezó a desabotonar mi camisa, pero agarre sus manos y las lleve a mis senos, sentí cómo su respiración se ralentizo mientras los agarraba con fuerza sin provocar nada más que solo placer, la atraje con mis piernas y me apoderé de su cuello. Le quite el polo…
─ ¡¡Chicas!! ¿Dónde están? ─ Cubrí la boca de Kath, baje rápido y la hale hasta un armario, las dos nos mirábamos iluminadas por la luz que se colaba por las rendijas. Ella me empujo contra la pared y siguió besándome. ─ ¡Chicas! ─Se escuchaba más cerca, pero no se detuvo. Desabroche su pantalón. ─ Dónde estarán… ─Estaba exactamente al frente de la puerta. Nos quedamos sin movernos, sus labios aún seguían junto a los míos, me dio muchas ganas de reír y vi los ojos de Kath rogando que no lo hiciera, tomo mi rostro y empezó a besarme tratando de calmarme. ─ ¡Chicas! ─Regresó a la entrada y salió de la habitación. Ya yo estaba inmersa en esos labios que me fascinaban de nuevo. Empujo las puertas del armario y nos tropezamos hasta llegar al diván.
─ Te voy a quitar esa camisa. ─ Mordió mi hombro sobre la camisa. ─
─ Vas a quitarme esta camisa… ¿aunque se me ve muy bien? Aunque te encante verla. ─ Le susurre al oído. ─ La recosté sobre el diván, toque sus labios con mi dedo y descendí lentamente por su cuerpo hasta su vientre que estaba descubierto. Bese su abdomen mientras ella acariciaba mi cabello y ascendí despacio, disfrutando su piel.
─ Mel… ─ Suspiro mientras besaba su cuello.─ Yo… debo…
─ Shh…
─ Es que se… se me olvi… No pienses en detenerte.
La veía respirar tranquilamente mientras jugaba con mis dedos. Admiraba el color de sus ojos y sus labios. Sonrió y besó mi mano mientras me miraba.
─ Me encanta cómo me miras.
─ ¿Y cómo la miro señorita?
─ Como si fuera única.
─ Eres única, mi vida. No hay mujer en este mundo que pueda moverme como tu Mel, empezando porque no pensaba nunca en casarme, pero aquí estoy con la mujer que será mi esposa, en nuestra casa, y quizás dentro de algunos años con unas pequeñitas personitas corriendo por allí volviéndonos locas. Para mí tú eres mi paraíso. Créeme que soy feliz, gracias por estar en mi vida mi sol. Y bueno… también gracias por soportarme. ─Rio. Se viro y me dejó sobre el diván mientras ella estaba de lado acariciando mi abdomen.─ No sé cómo soportaste tanto mal humor.
─ Prestando más atención a las caricaturas que a ti.─ Dije divertida.
─ Ya yo decía que no era normal. ─ Atrapo mi barbilla con suavidad y me dio un tierno beso.
─ Te amo Reagan. ¿Podríamos casarnos en este instante?
─ Umm podemos usar esos anillos de caramelo que tiene Harold en su habitación. ─Dijo con esa maldita sonrisa de revista que me encantaba.
─ ¡Dios! ¡Me fascinas! ─Reí mientras la abrazaba.
No salimos de la habitación siquiera para comer. Pasamos horas hablando sobre la boda, al fin pudimos establecer dónde casarnos. Estábamos muy felices, realmente ya empezaba a sentir esos nervios. La boda sería a mitad de año, en la propiedad de Charlie, el bosque era realmente hermoso.
Fin de año
Kath R. Clark
Espero que disfrutes mientras puedas.
Clark.
─ Leí el papel manchado que reposaba sobre la alfombra de la entrada. Miré alrededor y pude ver un sedán rojo en la esquina de la calle, era un auto nuevo con vidrios oscuros. Pude distinguir la marca y el modelo, junto a una marca en el retrovisor derecho. Entré a la casa y llame a Rodrigo, lo conocí cuando su hijo estudiaba conmigo, era detective, el mejor de la ciudad.
─ Debo confesar que no pensé recibir nunca una llamada suya Srta. Clark.
─ Yo debo confesar que me gustaría llamarte en otras circunstancias, pero necesito de tus servicios.
─ Estoy cerca de su condominio, podría pasar de inmediato
─ El garaje estará abierto.
No había nadie en la casa, aparte de mí, así que podría hablar tranquilamente con Rodrigo. Hace unos meses me había pasado algo similar, pero lo había dejado pasar. Encontré un sobre en el auto con fotos mías en algunos lugares, Rodrigo sabía de la situación, pero yo había ordenado que no prosiguiera. Cuando trabajaba de lleno en los comerciales o directamente en la publicidad, me llegaban cosas así, de personas que me seguían demasiado cerca.
─ Bienvenido.
─ Hermosa casa Srta. Clark.
─ Gracias Rodrigo, por favor acompáñame a mi oficina.
─ ¿Deseas algo de beber? ¿Vino quizás?
─ Siempre me sorprende, así que por favor.
─ Le agradara. ─Dije sonriendo al recordar mi última compra. ─ Un Barbaresco Garassino, es italiano, tiene unos 24 meses si no me equivoco.
─ Suena muy tentador.
─ Lo es, créame. ─ Serví las dos copas y me senté, le pasé el papel y el sobre. ─ El sobre de la última vez que nos vimos, y esto lo encontré hoy. Iba saliendo y estaba sobre la alfombra de entrada.
─ Vio algo. ─Dijo antes de beber un poco de vino. ─ Esto es exquisito, definitivamente la visitaré más Srta. Clark.
─ Sí, un BMW serie 4 coupé, rojo. Es nuevo, tiene una rozadura bastante grande en el retrovisor derecho y no tiene placa. Estaba aparcado en la esquina de la calle, no demoro en irse luego de que entré.
─ Si es nuevo será fácil encontrarlo, llevaré al laboratorio esto y veremos a quién le pertenece. ─Lo ingreso en su maletín junto a lo que había escrito.─ En cuanto sepa algo me pondré en contacto con usted. ─ La puerta se abrió y entró Mel. ─
─ Buenos días. ─ Solo verla y me era imposible evitar sonreír, le dio un examen rápido al detective y se acercó con ese caminar que me fascinaba.
─ Buenos días Srta. Hudson, es todo un placer conocerla. Rodrigo Martins.
─ Igualmente Sr. Martins. ─ Podía ver sus ganas de saber quién era.
─ Me retiro, Srta. Clarks con permiso, gracias por el vino.
─ Es un gusto Rodrigo. ─Dije riendo al ver la cara de Mel. Fue por una copa y se sirvió vino mientras acompañaba a Rodrigo a la salida. Estaba en mi silla bebiendo de su copa. ─ Me gusta ese vestido. ─Me senté en el escritorio viéndola con una sonrisa.
─ ¿Quién era?
─ Un viejo amigo.
─ ¿Un viejo amigo? ─ Iba a darle un beso, pero lo impidió poniendo la copa frente a mis labios.
─ Sí.
─ Kath.
─ Amor. ─Le dije con ternura. Me dio un beso y cuando lo iba interrumpir, se lo impedí empujándola, subí sobre sus piernas y seguí besándola con tranquilidad y ternura. Me deleite con sus labios, los mordí y succione disfrutando del sabor a helado que tenían. ─ Cookies & Cream.
─ Sí. ─Rio. ─ Odio que hagas eso. ─Dijo con una sonrisa besándome.
─ ¿Qué? ─ Le dije dándole otro.
─ Eso. ─ Con cada palabra me regalaba un beso.
─ Besarte. ─ Y yo se los devolvía con ganas de más.
─ Sí.
─ Es una rica forma de calmarte.
─ Se levantó y yo fui directo al piso. ─ ¿Qué decías de calmarme?
─ Mel Liliam… Hudson.
─ Sí, Srta. Clark.
─ Me quedé en silencio y cerré los ojos, me había regresado el pequeño dolor de cabeza con que había amanecido.
─ Kath, ¿qué pasa?
─ Nada, me duele un poco la cabeza. ─Me levanté y camine afuera.
─ Pero, pero… lo siento, te golpeaste muy fuerte.
─ No cariño. ─Reí. ─ Me duele desde la mañana.
─ Ah, y por qué no has tomado tus…
─ Sí lo hice. ─ Me gire y ella se chocó conmigo.─
─ ¿Te sientes bien? ─ Agarro mi rostro con suavidad depositando un beso en mis labios. La cargue y la abrace.─ Kath, bájame.
─ No. ─Camine hasta la pequeña sala privada en la que solíamos quedarnos hablando. Por lo general solo las dos la frecuentábamos ya que la habíamos hecho a nuestro gusto, tenía un pequeño bar, una chimenea, una de las paredes estaba llena de fotos, y gratos recuerdos; un sofá de dos plazas acolchado con una cobija que nos había regalado la Sra. Elizabeth, y una gran estantería con libros, y algunas decoraciones. Cerré la puerta y nos acostamos en el sofá. ─ ¿Qué hacía ese señor aquí? ─Preguntó mientras acariciaba mi barbilla.
─ Un detective privado. ─Le respondí mientras jugaba con el borde de su blusa doblándolo.─ Sospecho que me estás engañando. ─ Me dio un golpe en el hombro.
─ Kath, ¿qué pasa?
─ Creo que alguien está vigilándonos.
─ ¿Por qué no me habías dicho nada?
─ No pensé que fuese importante hasta hoy, amor. ¿Quieres salir a comer?
─ No, quiero que me cuentes qué ha pasado.
Y aunque se enojó un poco luego de que le informara lo que estaba sucediendo, aceptó salir a comer antes de empezar a preparar todo. Cuando regresamos ya Charlie y Harold estaban preparando la comida, nos unimos y seguimos hablando, bebiendo vino y cocinando. Ya era habitual que Charlie estuviese en casa, era uno más de la familia, así que lo habíamos agregado a otra foto familiar.
─ ¿Qué crees que debería hacer con la última copa de vino?
─ Darme a mí todo el contenido. ─Dijo Mel denotando su estado de embriaguez. La observe mientras me apoyaba en la encimera con mi copa de vino entre los dedos. ─
─ ¿Cómo? ─Dije divertida al verla.
─ A mí.
─ A ti qué.
─ El vino… amor, busca otra botella de… ─ Se recostó en mi pecho. ─ Tu corazón se escucha tan bien. ─ Harold nos tomó una foto.
─ Bien Mel, totalmente embriagada antes de año nuevo, y siquiera hemos empezado la fiesta. ─Dijo Charlie riendo.
─ No estoy embri…─Dijo a punto de dormirse.
─ Chicos, ¿se encargan de la comida?
─ Claro.
─ Que bonito se escucha… ─ Deje mi copa en la encimera y la cargue, ella iba agarrada a mi cuello a punto de dormirse. ─ Hueles rico… Kath, tu cabello es muy suave, y tu piel… me gusta tu piel.
─ Amor, creo que te excediste de copas. ─Nos encontramos con Gustavo que venía entrando con su maleta y la de Carol.
─ No puede ser. Dime que no está…
─ Shhh. ─Dijo ella.
─ Oh Dios… es en serio.
─ Nos descuidamos y ya llevaba una botella casi terminándola, y era del fuerte.
─ Bien, el año la recibirá con dolor de cabeza.
─ Gusta… jajajaja hola Kath.
─ Caroline. ─Esa mujer tenía un gusto para vestir único, definitivamente sabía qué le iba bien. ─ Con permiso señoritos, llevare a la damita a su cama.
─ Kath… shh.
─ Los chicos están en la cocina, no les caería mal una mano.
─ Iré antes que quemen la casa.
Llegamos a la habitación y la deje en la cama, cerré las cortinas y fui por una camiseta para ella. La cambie, aunque refunfuño un poco y me acosté a su lado, ya estaba completamente dormida. Se dio la vuelta, quedando boca abajo dejando una vista perfecta de sus piernas desnudas y ese pequeño cachetero azul marino que me tentaba, acaricie su espalda y deje un beso en su hombro.
─ Te amo. ─Abrí las puertas del balcón par que entrara la brisa fría de invierno.
Luego de cambiarnos empezaron a llegar los invitados, que no eran más que nuestra familia y amigos cercanos, las amigas de Harold y Charlie, Ana y Geraldine; y Marily, pero aún no llegaba.
─ Hola Sra. Elizabeth.
─ Kath, ando buscando a Mel.
─ Eh sí… ─La Sra. Elizabeth odiaba rotundamente el estado de embriaguez en cualquier persona que perteneciera a su círculo familiar.─ Está… bueno Mel está un poco indispuesta, está con fuerte dolor de cabeza desde el mediodía.
─ Sí, un gran dolor de cabeza abuela. ─Dijo Charlie riendo mientras le daba un beso en la mejilla.
─ Oh pobre de mi Mel, iré a verla.
─ ¡No abuela! Digo… dejemos que descanse ahora, antes de las once iré por ella, la ha pasado muy mal. ─Dije fingiendo estar preocupada.
─ Tienes razón, quizás si le das algún medicamento. Ten… ─Sacó un tarrito de medicamento y me los entrego.─ Le das uno de estos, ve ya.
─ Sí, voy. ¿Esto se puede mezclar con alcohol?
─ ¡No! Pero ella no toma.
─ No, claro que no… solo vino a veces.
─ Exactamente, esa es mi niña. Ve antes que pase más tiempo. ─ Subí las escaleras y antes de llegar al último escalón casi me resbalo.
─ ¡Hey¡ ¿Estás bien? ─Me preguntó Caroline agarrándome.
─ Perfectamente, gracias. Voy a dejar esto. ─ Le mostré el bote con pastillas.
─ Claro… Ve con cuidado. ─ Sonrió y pude ver el hermoso vestido blanco que llevaba con una abertura del lado izquierdo que dejaba ver una de sus piernas.
─ Sí. ─Entré a la habitación y Mel estaba enredada completamente entre las sabanas. Reí al ver su aspecto. Al parecer ya se había cambiado, o intentado cambiar. ─ Mi amor, despierta bonita. ─Empecé a besarla lentamente, disfrutando sus labios, recorrí su cuerpo solo cubierto por ese juego de lencería rojo en fino encaje con mis manos y empecé a sentir cómo correspondía lentamente. ─ Buenas noches mi amor.
─ Buenas noches. ─Dijo con una hermosa sonrisa sin abrir los ojos, besé su mejilla y dejé el envase en la mesita de noche. ─ Creo que una buena ducha y que te empieces arreglar sería lo mejor. Tu abuela casi sube, te mando esas pastillas para el dolor de cabeza que has tenido desde el mediodía.
─ Vale, no podías inventar algo mejor. ─ Se acurruco en mi cuello mientras la abrazaba.
─ Era eso o que tenías una congestión estomacal muy grave y estabas deshidratada.
─ Me quedo con la primera. Podemos recibir el año nuevo aquí.
─ En la cama, con música y mucho amor.
─ Ujumm… ─Empezó a chupar el lóbulo de mi oreja, sabía que eso me encantaba. ─ O ir a la bañera, y dejarme recompensar lo que hiciste por mí hoy.─ Dijo con sensualidad mientras se ocupaba de mi cuello.
─ Eso… suena muy… muy bien. ─Su mano fue introduciéndose bajo mi blusa acariciando mi abdomen, luego siguió para desabrocharla. Subió en mí y me atrajo levantándome, sus senos quedaron a mi disposición mientras me quitaba el blazer blanco que tenía, lo bajo por mis hombros mientras yo besaba su cuello; termino de desabrochar mi camisa y la lanzó lejos, me empujo a la cama y siguió con mi pantalón. Ver su rostro lleno de deseo y pasión hizo sacudir mi cuerpo.
─ Te ves hermosa…. ─Dijo demostrando lo que su mirada me gritaba. Su mano acaricio el borde del pequeño tanga que llevaba y la subió por mi cintura, se acercó a mis labios y mordió el inferior halándolo.
─ Deberíamos… bajar.
─ ¿Segura? ─Dijo susurrándolo sobre mis labios.
─ Pues… nos deben estar. ─Mordió mi cuello y eso fue el punto de quiebre para todas las ideas de responsabilidad y demás que se asomaban por mi mente.
─ Nos van a matar, faltan veinte minutos para las doce. ─ Dije colocándome el pantalón.
─ Amor, ven… ─ Me recostó en la cama y acaricio mi cuello, bajo por mi pecho…
─ No, no… Mel, vamos, nunca vamos a salir de aquí.
─ Sabes que no quieres salir de aquí.
─ Quisiera saber qué tenía ese vino. ─ Termino de desvestirme y aproveche para llevarla a la ducha, aunque me golpeo lo suficiente como para que doliera.
─ No, no, no amor, ya me detengo, agua fría ¡no! ─Era demasiado tarde. Las dos estábamos debajo del agua empapándonos, reí al ver su rostro contraído.─ Te odio, te odio, te o… ─La interrumpí besándola, se resistía e incluso me golpeaba, me aleje de ella y busque mi toalla, me dedique a secar mi cabello con el secador y salí por ropa interior limpia.
Estaba ayudando a servir las copas de champaña cuando la vi llegar, se veía hermosa… llevaba un vestido rosa antiguo que la hacía ver angelical.
─ Cierra la boca o algún bicho entrará. ─Bromeo Charlie.
─ Está enojada conmigo. ─Sonreí al ver que evito verme. Saludaba a su familia mientras la observaba.
─ Jajajaja qué le hiciste.
─ Pues creo que el vino tenía algún afrodisiaco, así que para calmarla la lleve a la ducha, agua fría y eso fue todo.
─ Odia el agua fría. ─Rio.
─ Lo sé.
─ Así que este nuevo año, será lleno de peleas.
─ Quiero pensar que es la última, además solo fue algo necesario.
─ Hola tío. ─Le dio un beso en la mejilla.
─ Pareces una princesa, aunque lo eres. Kath, tienes que dejar de consentirla demasiado. ─Sonreí sin dejar de ver lo que estaba haciendo.
─ ¿papá?
─ Afuera con tus abuelos.
─ Vale… ─Sentí su mirada en mí, pero la ignore.
─ Mel, ¿por qué no ayudas a Kath a…
─ No te preocupes Charlie, ya termine. ─ Golpee su hombro con amistad, sin verla. ─ Iré con Whisky.
─ Está bien. Y deja de estar bebiendo.
─ Tú igual. ─ Me perdí por el pasillo y camine hasta la cochera, Whisky descansaba en su cama, salió corriendo al verme, me senté sobre la cama y él se echó sobre mis piernas mientras lo acariciaba. Vi mi reloj y ya eran las 12:01, un año nuevo. ─ Feliz año bonito. ─ Sentí que alguien se sentó a nuestro lado y reconocí ese perfume de inmediato.
─ Feliz año. ─Besó mi mejilla. La rodee con mi brazo atrayéndola a mí. ─ Y a ti también hermoso.
─ Feliz año mi amor.
Ese día todos se quedaron en la casa, pero misteriosamente algunos habían desaparecido, ya imaginábamos en qué andaban. Mel y yo nos habíamos quedado descansando en la pequeña sala privada.
─ ¿Sigues enfadada? ─ Le pregunté mientras la veía amarrarse el cabello.
─ Algo.
─ Así que no dormirás conmigo.
─ No.
─ Interesante. Me levanté y busque mi camisa.
─ ¿A dónde vas?
─ A la cochera, a dormir con alguien que sí quiere dormir conmigo. ─tomé mi almohada y una cobija. Ella me observaba de brazos cruzados sentada en el brazo del sofá. ─ Que descanses Mel. ─Salí y a los segundos, ya me estaba halando de vuelta. ─ Ahora qué.
─ No vas a dormir allá.
─ Bueno iré a la hamaca. ─Iba a salir de nuevo, pero esta vez lo impidió.
─ Vas a dormir aquí, conmigo.
─ No, porque estás enojada, y yo no duermo con nadie que esté enojada conmigo.
─ Reagan.
─ Liliam. ─Sabía que ella iba a ceder, pero me gustaba jugar. Le mantuve la mirada tranquila, pero firme. No duro mucho para que se rindiera y viniera a abrazarme.
─ No me dejes sola. Sabes que no me gusta el agua fría… odio el agua fría.
─ Eres una caprichosa mimada que es distinto.
─ Pero Kath… ─Renegaba mientras íbamos al sofá. ─ No me gusta. ─Me acosté y ella a mi lado. Mel podía llegar a ser una nena mimada adorable, pero sabía hacerme contenerme ante sus caprichos.─ Amor… estás enojada. ─Dijo acercándose y escondiéndose en mi cuello.─
─ No. ─Respondí con tranquilidad. Me abrazo y metió sus manos debajo de mi suéter, estaban frías.─ ¿No tienes hambre?
─ No, comí demasiado.
─ Teniendo a tus tres abuelos aquí. ─Reí, pues se la habían pasado viendo si comía o no.
─ Demasiado.
─ Amor, apaga la luz ¿sí?
─ Antes un beso.
─ Te doy miles cuando regreses.
─ Pero necesito uno de incentivo.─ Atrape su rostro entre mis manos y la besé con suavidad, me separé aunque ella quiso seguir.
─ La luz Mel.
─ Tú eres mi luz Kath.
─ Y tú la mía, princesa. Pero ahora ve apagar la eléctrica.
─ Cómo me pones tan boba con un beso, o tú voz…
─ Reí al ver su sonrisa, definitivamente Mel era el amor de mi vida. ─ Saltó fuera del sofá y apagó la luz, regresó y ya sabía muy bien qué deseaba.

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Capitulo 12

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:45 am

― Enciende el televisor.
― No, sino no dormirás nada en verdad.
― Amor…―Las alarmas se encendieron, y seguido un gran ruido parecido a una explosión, alguien las detuvo casi al instante. Me levanté de la cama y rápido busque el panel de emergencia, lo encendí mientras cerraba nuestra caja fuerte. ― ¿Qué rayos fue eso? ―Dijo mientras se vestía.
― Saca la caja que está bajo la cama. ―Le pedí mientras miraba las cámara de seguridad, había sido en el jardín. Me acerqué a Mel que ya tenía la caja sobre la cama, introduje la clave y la abrí. ― Odio ponerte en peligro. ―gruñí imaginando qué pasaba. Saqué mi arma y tomé mi celular.
― Tienes una maldita arma en nuestra casa. ―Resople riendo, ella se preocupaba por eso en vez de estar asustada. ― ¿Podemos llamar a la policía y no poner tu vida en peligro?
― ¿Tú celular sirve?― Lo miró y negó ahora visiblemente asustada.
― Ven. Iremos por Harold. ―Antes de salir me fije si había alguien en el pasillo, vacío. Estaba oscuro y había demasiado silencio, ese que hacía que tus oídos se sintieran incomodos. Me temía algo como esto, y odiaba que estuviese pasando. Toque la puerta de Harold avisándole que era yo, cosa que agradecí al ver el bate que tenía agarrado.
― ¿Qué demonios pasó? Mi celular no sirve, ni el de la casa.
― Tenemos que salir de aquí.
Bajamos las escaleras y sentí marearme al ver cómo estaba todo, era como si estuviese recreando una escena del pasado. Años atrás, el día que mis padres murieron para ser concretos.
Algo me hizo mirar instintivamente al pasillo que conducía a la parte trasera de la casa, a la cocina y otra sala más. Allí estaba, exactamente cómo se reproducía en mi mente, solo podía ver su boca, “Solo tú” logré leer de sus labios para luego verle desaparecer entre las sombras.
― Kath.
― Vayan a la cochera.
― Estás loca, no te dejaremos sola.
― Vayan a la cochera. ―le dije con autoridad. Mel me miró con molestia, y Harold se notaba confundido… Ciertamente jamás les había hablado de esa forma a ninguno. ― Por favor… ―Les pedí esta vez con más tranquilidad. Despeluque el cabello de Harold y miré a Mel que mantenía esa mirada de molestia. ― Los amo, estaremos bien, solo tengo que reconectar el circuito, no es complicado. Vayan. ―Dije cuidadosamente. Harold se llevó casi a rastras a Mel que no dejaba de mirarme. Fui a la cocina y ahí estaba él sentado.
― Tanto tiempo pequeña. Por poco no te reconozco cuando te vi. Tienes una hermosa familia. ―Dijo divertido. Su voz revivía tantos recuerdos en mí.― Qué descortés soy, he de disculparme. ―Su gracia para hablar detonaba la gran educación que poseía. Era imposible olvidar su acento o esa sonrisa. ― Mi nombre es Evan, me reservo el apellido, no suena tan bien como el que tú posees. Espero que me recuerdes.
― ¿Qué quieres?
― Baja el arma por favor, ven… toma asiento y hablemos. Tu hermano y tu novia están en la cochera con tres bombas que destrozaran hasta sus huesos. ―Sonrío con cinismo. Señalo el taburete en el que solía sentarme, sin dejar de observarme, me miraba como cuando volvías a ver a alguien que habías extrañado, pero conservaba una sonrisa escalofriante.― Con permiso. ―Dijo sirviéndose un trago de ron. ― Extrañaba esta adrenalina. ―Tembló como si le complaciera lo que pasaba. ― Verás mi pequeña amiga… He seguido tus pasos desde aquella vez que gasté todas mis balas en tu madre, buena decisión debo admitir.― Hablaba con fluidez, pero despacio como si no pretendiera que el tiempo pasaba. ―Estoy muy orgulloso de ti y del pequeño Harold; es todo un hombre, y muy inteligente, genio debería decir. ― Miró el vaso con ron y bebió de él, su mirada no era precisamente escalofriante, como su sonrisa, más bien se mostraba alegre. ― ¿Recuerdas aquella noche? ¿Te has preguntado por qué les dejé con vida? Sí, quizás sí. ― Respondiendo inmediatamente a su pregunta. Me dedique a mirarlo, no podía apartar mis ojos de él. No sé si era el rencor, la adrenalina o el deseo de saber sus intenciones. ―Aquella noche, por fin, logré llevar acabo mi venganza contra el inepto padre que poseías. Fue perfecta. ―Rio. ― Una noche donde la lluvia caía silenciosa, la luna estaba iluminando todo, como si se negara a esconderse entre las nubes que inundaron el cielo, solo para ver mi gran hazaña. Mírala hoy. ―Dijo viéndola a través de la puerta de vidrio. ― Aquí está de nuevo, pero debo confesar que hoy le defraudaré. No habrá sangre, lastimosamente. Hoy no quiero matarles… o bueno, no a todos.―Sonrió. ― Tienes una linda familia Clark, muy linda. Mira… Vine aquí solo por diversión y con ganas de hacerte un gran favor. ―Dijo fastidiado.
― No creo que esto pueda considerarse un favor Evan. ―Él me miró con sorpresa y una sonrisa se formó en su boca.
― Puede que tengas razón, te dejé una larga cuenta que pagar en reparaciones. ―Negó. ― ¡Pero! Tienes que escuchar esto, es la mejor idea que he tenido. ―Se acomodó en su silla. ― Mira, he investigado a todos, todos, incluso de dónde sacaste a tu pulgoso; el asunto es que todos me han caído muy bien, en especial ese grandulón, Charlie, vi sus peleas y debo confesar que me considero su fan; pero hay alguien. ―Suspiró. ―Alguien que me pareció la pieza que necesitaba para jugar un poco con ustedes, luego me di cuenta que era la más idiota de la familia. ―Dijo resignado. ― Te confieso que en parte la locura de Marie es proporcionada en cierta forma por mí, pero ya la mujer estaba loca antes de que yo apareciera en su vida. ―Deslizo el celular por la mesa. Mensajes de Marie, mensajes que dudaban de que fuese humana o que alguna vez hubiese tenido sentimientos o moral; incluso que me hacía dudar que fuera la mujer que un día conocí.
― Yo seré un poco psicópata, pero ella me da miedo.
― ¿A dónde va todo esto Evan?
― Pues… quiero una persona de toda tu familia para disfrutar un poco. No importa quién, no se incluye al can. Tienes una hora para decidir. La contraseña es tu hermoso apellido. ― Se levantó y desapareció. ― No intentes escapar pequeña, la única forma de hacerlo es conmigo. ― Caminé con pesadez a la cochera, no tenía mucho que pensar, mi decisión estaba tomada.
Tan pronto abrí la puerta los dos corrieron a abrazarme.
― ¡¿Estás bien?! ―Repetía Mel desesperada, la abracé con fuerza. ― Tenía tanto miedo.―Susurro abrazándome.
― ¿Qué pasó? No se puede salir de aquí, ya lo intente todo. Es un circuito cerrado muy bien trabajado, llevan días haciéndolo. ―Dijo con impotencia. ― No puedo hacer nada sin mi… ―Lo interrumpí y lo atraje a mí.
― Tranquilo… Estarán bien, se los prometo. ―Nos sentamos en el viejo sofá y les conté un poco de lo que había sucedido. Pero no de lo que él me había pedido… No lo haría. Ya habían pasado 30 minutos, Harold jugaba con Whisky tratando de liberar estrés.― Me has hecho la mujer más feliz de la tierra Mel. Te amo tanto que me sorprende la forma desmedida que siquiera logro conocer. Desde el principio supe que cambiarias mi vida, pero no tanto. No pensé que me hicieras tan feliz y consiguieras que superara mi pasado… Gracias por todo mi amor.
― ¿Por qué hablas como si te estuvieses despidiendo?
― Tomé su barbilla entre mis dedos con cuidado. Sus ojos estaban empezando a humedecerse. ― Jamás amé a alguien como a ti, y jamás dejaré de hacerlo. Soy tuya completamente, de cada forma posible te pertenezco.
― Y yo a ti. ―Ya las lágrimas salían de sus ojos. ― Kath…
― No quiero que las cosas cambien… Si hubiera otra forma… ―Cerré los ojos juntando nuestras frentes. ―
― ¿Qué estás diciendo?
― Te amo. ―Besé sus labios tratando de llevarme su sabor, su tacto… Sequé mis lágrimas y la atraje a mí abrazándola. Quería robar el aroma y la suavidad de su piel.
― Te amo. ―Dijo llorando.
― Qué… qué pasa.
― Harold… Necesito que me prometas algo.―Podía notar cómo empezaba a examinarme.
― Vas a salir adelante con la empresa y cuidaras a Mel, no importa que pase lo cumplirás. Eres mi mayor orgullo pequeño diablillo, no pude tener un mejor hermano que tú, créeme lo agradecida que estoy por ver que todo lo que vivimos lo superamos. Nunca, nunca pienses que fuiste una carga para mí, sin ti no hubiese llegado a ningún lugar. Ahora te pido que la cuides…
― ¿A dónde irás?
― Tengo cosas que arreglar…
― Pero, no te puedes ir Kath. ―Dijo a punto de llorar.
― Volveré, sabes que siempre lo hago.―Acaricie su mejilla, lo atraje a los dos y los abracé. Un toque en la puerta me aviso que ya era tiempo.
― No te vayas, por favor, no me dejes. ―Rogó Mel llorando. Sentía cómo si la sangre empezara a hervir, empezaba a quemar, a doler. Las dos personas que más amaba en este mundo estaban sufriendo. La besé con ternura y aunque los dos me lo impedían logré ponerme de pie.
― Harold… Por favor. ―Le dije a punto de llorar, él asintió entre lágrimas y abrazó con todas sus fuerzas a Mel. Sus gritos me desgarraban el alma, era como si cada uno fueran garras que se clavaban dentro de mi piel. Haría todo por mantenerlos con bien, cualquier cosa. ― Me senté en las escaleras llorando, no quería hacerlo, no quería irme y dejarlos, pero no tenía opciones. Marie no era siquiera una persona, pero no se la daría a Evans conociendo bien cuál sería su final, no le haría eso a Mel.
― Estarán bien. ―Escuché a Evans. ― Sabía que serías tú. Eres demasiado buena. Vamos por tu ropa y tus recuerdos, los necesitaras. ―Rio mientras subía las escaleras por mi lado. Entré a nuestra habitación y entre lágrimas arregle mi maleta, tomé su perfume favorito y fotografías, incluyendo la camiseta que me había regalado que la usaba más ella que yo; dejé mi camisa favorita, esa que a ella le encantaba, sobre la cama. Encima una nota. “Ruego que me perdones, te prometí que jamás dejaría que te pasara algo malo. Ahora, te prometo que volveré. Cuida a Harold y a Whisky.
Te amo Liliam, más que a mi propia vida.”
― Queda algo más por hacer… ―susurro, saco un arma y disparó. Ese sonido ensordecedor silencio todo….Absolutamente todo.
Mel L. Hudson
― Cariño… Marilyn y Lena están abajo. ¿Les digo que suban o bajaras?
― Bajaré papá… En un momento.
― Está bien. ¿Quieres comer?
― Luego. ―Un luego que alargaría hasta que las ganas de comer aparecieran, cosa que hacían esporádicamente. Entré al baño y me miré al espejo, era como si no me reconociera… No sabía quién era esa persona reflejada en el espejo. No sabía quién era sin ella, me había perdido luego de que esa puerta se cerró, me había perdido después del disparo, me había perdido cuando entré a la habitación y vi su alfombra favorita cubierta por su sangre… En ese momento, realmente, desaparecí.
Me deslice entre lágrimas en un abrazo desesperado buscando calmarme bajo el agua. Ni una eternidad era suficiente para curar el dolor que sentía sin ella. Sentí mi piel arder, me había arañado sin darme cuenta. Traté de calmarme imaginando lo enojada que estaría si me viera ahora… Busque ropa limpia, y bajé. Marilyn bromeaba con Lena sobre algo, no llamaba mi atención del todo, pero me alegraba por ellas.
― Mel, te extrañamos. ―Dijo levantándose a darme un abrazo. Lo último que sabía era que estaban en alguna isla del caribe. Lena le siguió e hizo el mismo gesto.
― ¿Cómo te sientes?
― Suspiré pensando qué decir realmente… ¿Cómo me sentía? Como un cadáver, quizás ellos tuvieran más vida que yo en este momento. ― Bien. ―Fingí una sonrisa. ― ¿Cómo les fue?
― Bien, muy bien, pero nos hiciste falta.
― La próxima chicas. ¿Quieren algo de comer?
― No, tranquila. Solo pasamos a saludar, acabamos de llegar y estamos exhaustas.
― Vale. ― Luego de que ese “pasamos a saludar” se alargara un poco, por fin quedé sola. Papá estaba en su despacho arreglando algunos planos, yo miraba la mesita de café tratando de hallar alguna imperfección en su superficie, si bien no era lo más interesante, lograba sacarme de ese estado de ansiedad y depresión.
― ¡Mel! ―Gritó Harold, al fin llegaba.― Hey, y eso que estás aquí. ¿Lista?
― Sí, llevo un siglo esperándote.
― Cuántas partículas contaste hoy.
― Un millón quizás.―Bromee mientras salíamos con Whisky. Ese era nuestro ritual, lo sacábamos y caminábamos hasta nuestra casa, cenábamos, dormíamos en la sala y a la mañana regresábamos aquí. No podíamos estar ahí más que eso, pero tampoco podíamos dejar de hacerlo.
Solté a Whisky e hizo su recorrido de siempre, buscándola. Busqué una película y la puse mientras Harold ordenaba algo. En unos dos minutos volvería Whisky y se echaría sobre mí quejándose. Dos minutos exactos… ― Tranquilo… ― Era un ritual que me hacía llorar diariamente, ¿Cómo le explicaba a un perro que su otra madre aún no regresaba? Si siquiera sabía aceptarlo yo…
Harold Clark
Había encontrado a Mel llorando en la cama, ya no la veía tan a menudo haciéndolo, pero me partía el alma hacerlo. Extrañaba tanto a mi hermana, pero confiaba plenamente en ella, sabía que volvería… Eso rogaba. “Un Clark siempre cumple sus promesas”, eso se mantenía en mi mente.
Me acosté a su lado hasta que se durmió del cansancio, a veces llegaba a dormir por horas seguidas, pero cuando se levantaba era como si solo hubiese cerrado los ojos cinco minutos. Estaba tan delgada, esa alegría que irradiaba había desaparecido, a veces veía que se asomaba un poco cuando jugábamos con Whisky o contaba historias graciosas de Kath.
Tomé el álbum que tenía entre sus manos para verlo, cada día se dedicaba a escoger fotos y ordenarlas en un nuevo álbum. Era una especie de canalización para el dolor, eso la tranquilizaba.
Ya era de noche, 11:53 PM, hacía frío debido a una tormenta que se aproximaba, hoy no habíamos ido a nuestra casa, quizás eso la desestabilizó. Fui a la cocina a buscar una taza de té, me quedé en la sala viendo las fotografías que había en las repisas, hoy me sentía tan extraño. Miré el reloj, 12:00 AM, tocaban a la puerta. Dudé en abrir, pero me acerqué a ver quién podría estar molestando a estas horas.
― Llévame a tu habitación. ― Dijo al abrir la puerta. No logré caer en cuenta hasta cuando llegué a mi habitación, con ella en mis brazos. Mis manos estaban húmedas, cubiertas en sangre. La dejé en mi cama y traté de hablar, pero estaba enmudecido. Sacó un papel de su pantalón. ― Llama…― No dude ni un segundo en hacerlo. Luego de que contestara un hombre que solo me dijo un “ya voy” corrí a buscar el botiquín. Quite su camisa y su abdomen tenía dos grandes heridas que sangraban mucho, coloque de inmediato compresas para detener el sangrado.
― No se te ocurra desangrarte. ―Le rogué. Estaba demasiado pálida, pero aun así sonrió. La odiaba en este momento. ― Maldición, no lo hagas. ―Mi celular volvió a sonar y era aquel hombre avisándome que ya había llegado. Corrí a buscarlo y le ayude con lo que traía. Él de inmediato empezó a curarle, logro detener el sangrado, pero era necesaria una transfusión de sangre. No sabía cómo, pero él parecía saber todo lo que había sucedido, estaba completamente preparado.
― Cierra la puerta. ―Murmuró. Así lo hice y volví a su lado. Seque el sudor de su frente y sostuve su mano mientras él suturaba sus heridas. ― Te extrañe diablillo…
― Te odio por dejarnos… ―dije riendo, ella sonrió y parpadeó con pesadez. ― Gracias por cumplir tu promesa.
― Los Clark cumplimos nuestras promesas… no lo olvides.
― Yo también cumplí con la mía. Fue difícil, pero está bien.
― Así lo esperaba…
Tiempo después…
― Acompáñame. ―dije tomando a Mel del brazo luego de recibir un reclamo por haberme desaparecido. Antes de abrir la puerta la mire sonriendo. ― Quiero que estés tranquila, puedes lastimarle.
― ¿De qué hablas? ― Termine de abrir la puerta y entramos. El doctor revisaba su suero, luego comenzó a arreglar sus cosas para marcharse. No sabía quién era, pero estaba en deuda con él. Cuando volví a verla, Mel estaba de rodillas al lado de la cama junto a Kath que se encontraba dormida.
― Estará bien, en perfectas condiciones luego de que termine de sanar. Solo queda comer y beber mucho para recuperar fuerzas, y eso va para las dos. ―Mel se levantó y le dio un gran abrazo. ―
― Gracias.
― No es nada… Se la debía. ―Dijo sonriendo. ― Le daré a Harold los medicamentos que deben comprar, les deje un preparado natural que se mezcla con el agua para cuando vaya a ducharse, vi que tienen bañera, será mejor. Eso la ayudara a curar más rápido. Cuídenla.
― Con mi vida. ―Dijo mi cuñada sonriendo. Definitivamente había vuelto la vida a su cuerpo.
Mel L. Hudson
Mi cuerpo aún estaba temblando, ella estaba aquí a mi lado… Estaba bien. Harold fue a llevar al doctor a su casa ya que su coche no encendía, y no estaba de más agradecerle por décima vez-
Estaba tan feliz que era imposible expresarlo.
― Extrañaba tanto tu presencia. ―Dijo sin abrir los ojos. Mi cuerpo se estremeció completamente. Su voz… Reí entre lágrimas mientras acariciaba su rostro. Abrió sus ojos con fatiga y se formó una pequeña sonrisa en sus labios. ― Hola. ―Sonrió. Acaricio mi mejilla y no pude evitar cerrar los ojos. ― Debo regañarte por descuidarte tanto.
― Lo siento. ―Dije antes de darle un beso. Había perdido el tiempo, quizás inmediatamente después del primer segundo de verla, era como si mi cuerpo se empezase a llenar de sangre de nuevo, de vida. Ya mis labios los encontraba adormilados, pero cómo no, necesitaba de ella. Mordió con suavidad mi labio inferior y me dio otro pequeño beso. ― Te extrañe demasiado, co…
― Shh. ―Me calló besándome.― Estamos aquí, y es lo único que importa. Ni él, ni el tiempo… Desde ahora todo irá a mejor.
― Todo. ―Me acosté a su lado y encajé mi brazo bajo su cabeza, ella se acomodó entre mi cuello y mi pecho, su respiración calmada chocaba contra mi piel, mientras que mi cuerpo empezaba a liberarse de toda esa tensión.
Sentí los rayos del sol calentar en mi rostro, había dormido toda la noche… toda la noche sin despertar. No lo había hecho desde que se fue, o no sin medicamentos. Ella seguía descansando tranquilamente, pero había algo que aún dolía… esas heridas... Mi abuelo decía que llegas al punto de amar tanto a alguien que su dolor era el tuyo. Ahora lo entendía perfectamente.
Empezó a despertarse y se estiró un poco. Su mano subió por mi cintura debajo mi ropa, hasta llegar a mi espalda y me abrazo sin fuerzas. ― Buenos días. ―Dije dándole un beso en la cabeza.
― Buenos días. ― Me dio un beso pequeño y volvió a como estaba.
― Amor, debo ir a preparar el desayuno para comer.
― No, quiero quedarme así todo el día.
― El doctor dijo que debemos comer, y mucho, así que vamos… acomódate y preparo tu desayuno favorito.
― Está bien, está bien, pero déjame ir a…
― Ni lo pienses, total reposo. Kath, no te vas a mover de aquí hasta que tengas las suficientes fuerzas, no pienso perderte ahora por un descuido.
― Pero... ―Me daba pequeños besos por el cuello.
― No. Ya vuelvo, no te muevas de aquí. ―Me levanté con cuidado de no lastimarla. Cerré las cortinas para que no entrara el sol y le pase los controles de la televisión. ― Te amo.
― Te amo hermosa. ―Sonreí al ver ese brillo en sus ojos. Mientras preparaba el desayuno estaba pensando en miles de cosas, no podía detenerme en una, mas llegó una… ¿dónde estaba él?
― Buenos… ¿días? ¿Mel? Qué haces cocin… ¿Estás bien?
― ¡Buenos días papá! ―Corrí a abrazarlo.
― ¿Por qué tanta felicidad?
― Regresó.
― ¿Qué regresó? Charlie ya vo…
― Kath regresó. ―Me miró sorprendido.
― ¡Kath regresó! ¡Dónde está?
― Donde Harold. ―Salió corriendo hacia las escaleras.
A los segundos entró Charlie, dejó su bolsa de deportes en la mesa y se sentó. ― ¿Qué le pasó a tu padre que iba corriendo por allí? ―Preguntó antes de morder una manzana.
― Kath regresó. ― Reí al ver su cara de sorpresa, sus ojos estaban a punto de salirse. Lanzó la manzana a alguna parte de la cocina y salió corriendo.
Cuando terminé de preparar el desayuno lo llevé a la habitación. Papá estaba a su lado riendo, y Charlie abrazado a sus piernas como un bebé, mientras que Harold preparaba los medicamentos y las curaciones para luego.
― Charlie casi me mata.―Sonrió Kath.
― No me sorprende, casi lo hace conmigo con una manzana.
― Tenía que ver a mi pequeña Charlie.
― Ya quisieras tío. ―Entre risas desayunamos, ellos trajeron su comida y nos sentamos a comer. Extrañaba tanto esto, Harold estaba tan feliz como yo, vale… todos lo estábamos.
Los obligue a salir luego de un rato porque ya era tiempo de cambiarle las vendas y darle sus medicamentos.
― Sabes que odio todo esto.
― Lo sé. Me iré a bañar primero.
― Eso me parece bien, no quiero saber de eso.
― Tendrás. ―Reí antes de darle un beso. Le pasé el control de la consola de Harold y se puso a jugar mientras yo iba a la habitación a ducharme. Luego de cambiarme me encontré a Harold con Charlie en mi cama. ― Ustedes pueden matar de un susto a cualquiera.
― Esto es bonito. ―Dijo Charlie viendo uno de los álbumes de fotos. ― ¿Quieres que pasemos a Kath para acá?
― No sé, pregunten… ― La puerta se abrió y era ella, los tres nos quedamos viéndola.
― Que tenga heridas por todos lados no significa que no pueda caminar. ― Se sentó en la cama y nos miró a los tres. ― ¿Qué?
― El doctor dijo…
― ¡Reposo! ―concordamos todos.
― Ya, ya… estaba aburrida. A fuera ustedes dos. ―Suspiró cansada al sentarse.
― Uno viene a ayudarte y nos pagas así… ¡Jum!
― Te he dicho que eres muy mal actor.
― Sabes que merezco un Oscar. ― Los chicos salieron y me quede a solas con ella. Me acomodé frente a ella tratando de asimilar que en verdad estaba aquí.
― Extrañaba esos ojos. ―Dijo con esa gran sonrisa. ― ¿Guardaste mi ropa? Seguro la botaste por allí.
― ¡Claro que no! ¡Kath!
― Tuviste tiempo.
― No lo haría aunque hubiese tenido que esperar mil años.―
― Lo sé. ―Tomo mi mano y acaricio mi anillo. ― Aún me debes una boda.
― Y soy feliz por ello. Vamos. ―Le di la mano y la ayude a llegar al baño. Se recostó al mueble, y la vi mirar todo, como si reconociera por primera vez estas paredes. ― ¿Qué pasa?
― Se siente bien hasta regresar aquí. ―Dijo con una sonrisa. ―Me acerque y le di un beso. ― ¿Qué pasó con nuestra casa?
― Está bien. Ya arreglamos el jardín, está como nuevo y se instaló un nuevo sistema de seguridad más avanzado.
― ¿Dónde estaba la bomba aquella vez?
― En la cama de Whisky.
― ¿Y él?
― Extrañándote. El primer mes tuvo que dormir conmigo cada día, no quería comer siquiera. Cada día te busca.
― Sabía que estarían bien. ―Tomó mi barbilla con suavidad. ― Me esperaste.
― Y tú regresaste.
― Se los prometí. ―Besó mi frente y luego mi nariz. Desabroché con suavidad la delgada camisa que traía. ― No quiero que hagas esto. ―Deteniendo mi mano.
― Tu y yo somos una Kath, déjame cuidarte. ―Le di un beso y comencé a quitarle el vendaje con cuidado, sabía que le dolía. Se quejó y la mire tratando de disculparme por todo esto.
La primera herida era la más grande, del lado izquierdo del torso sobre sus costillas, tenía unos diez centímetros de largo quizás, ya el doctor la había suturado; la segunda era un poco más abajo del lado contrario, escasamente más pequeña, pero de igual forma con sutura; tenía una pequeña arriba de la pelvis del lado izquierdo. La miré y tenía los ojos cerrados apretándolos. Seque mis lágrimas y termine de quitarle la ropa con toda la delicadeza que pude, masaje sus hombros y deslice mis manos por sus brazos hasta tomar la suya; le ayude a entrar a la bañera, grito al sentir el agua en las heridas. Sí era cierto que ella era la que tenía esas heridas en la piel, pero la impotencia de no lograr hacer desaparecer su dolor me consumían. Me senté en el escalón a su lado acariciando su cabello con suavidad, ella miraba cada movimiento de mis ojos, así nos quedamos por largo tiempo, solo observándonos.
― ¿Cómo están las chicas? ―Dijo en voz baja.
― Lena y Marilyn regresaron.
― No me sorprende. ―sonrió. ― Me alegro por las dos, más por mí, pero por ellas igual.
― Kath.
― Nada, entre más lejos esté cualquier antiguo pretendiente de ti, mejor. Eres una mujer comprometida.
― Felizmente. ―Besé su mejilla riendo, podíamos estar apenas pasando por el peor momento de nuestras vidas, y aún así lograba hacerme reír.
Kath R. Clark
― Entró a la habitación y cortó mi antebrazo. ―Le mostré la larga y perfecta cicatriz que tenía en el antebrazo izquierdo. ― De ahí la sangre que debieron hallar. Solo lo hizo para despistarlos. Luego de un largo rato en carretera, llegamos a un aeropuerto privado, bastante lejos de la ciudad; aún desconozco dónde fuimos por primera vez, pero sé que regresamos a los tres meses. Era dueño de una hacienda en el éste, hermosa, ahí estuvimos hasta ahora. Debo decir que quitando lo psicópata, y el haberme quitado a mis padres, no era tan malo. ―Suspiré recordando las palabras de mi padre: “Trata de verle el lado bueno a las personas, si te concentras en lo malo, terminarás odiando a tu propia especie.”
― ¿Cómo saliste? ―Di un largo suspiro al escuchar eso, solo recordarlo me helaba la sangre.
― Tuvimos una pelea… Él tenía una extraña obsesión hacia mí, se comportaba como… Un padre. Cuando me encontraba sola sin evitar llorar, se enojaba demasiado. Le pedí unos minutos para aunque sea llamarte, me gritó y golpeó diciéndome que en qué pensaba, lo cual no entendí porque ya me lo había propuesto él mismo, me cansé de sus palabras y le golpee. ―Mi respiración se cortó, mientras que mi corazón empezaba a acelerarse. ― Le golpee tanto que empezó a sangrar, él estaba en pausa solo dejándose hacer, hasta que me empujo y me lanzó al suelo… ―No podía evitar llorar, solo recordarlo. ― Rompió mi camisa y me sostuvo con tanta fuerza mientras me cortaba… Era horrible. Se sentó a mi lado cuando me rendí ante él y empezó a llorar, a pedirme perdón… Buscó su botiquín e intentó curarme, pero se lo impedí. Solo repetía lo mismo mientras lloraba, y finalmente. ―Aspiré. ― Dijo “Maté a tu madre y ahora te lastimo a ti…” Ahí entendí que él estaba enamorado de mamá, corrió y trajo un baúl lleno de fotos, cartas, detalles… Ellos salían antes de que conociera a mi padre… Todo fue tan rápido Mel… Luego solo lo vi con su pistola en la mano, llorando y rogándome que lo perdonara, se disparó allí frente de mí. ―Lloré. Me abrazaba, pero no lograba dejar de temblar, ni tranquilizarme. ― Se asesinó frente a mí… Te juro que hice lo posible, llamé a su capataz, él me dijo que me fuera, me dio una camisa y un coche y prometió encargarse de todo. Aún tengo su rostro en mi cabeza. ― Ya había perdido el tiempo que llevaba llorando, siquiera me había dado cuenta que ya no lo hacía, solo miraba esa pequeña marca que tenía Mel en la barbilla. Fijé la mirada en sus ojos que me miraban atentos y preocupados, era tranquilizante estar así. Sentía que me perdía en ese universo, que estaba bien tener miedo porque ella estaba conmigo.
― Prometo cuidarte de todo Kath, nunca, nadie más te hará daño, te lo prometo. ― Dio un largo beso en mi frente que me hizo sentir paz y seguridad, Mel estaba aquí, nada malo podía pasar. No supe mucho de mí, sé que dormí por un largo rato mientras ella me abrazaba, era el lugar perfecto, el dolor empezaba a surgir, pero era lo suficiente para soportarlo.― Extrañaba verte dormir. ― Susurró jugando con mi cabello, me dedique a mirar sus ojos, mientras tenía esa dulce sonrisa en los labios ― ¿Recuerdas que mi debilidad es esa mirada? ―Acaricio mis cejas. ― Realmente tú eres mi debilidad.
― Hasta mis malos hábitos.
― Definitivamente esos son detonantes, no debilidades. ―Sonreí al oírla.― Como cuando dejas la puerta del jardín abierta, cuando vamos a salir a comer y luego de arreglarte no quieres salir, cuando no quieres comer, cuando quieres comer, pero no cocinar; definitivamente hay muchas cosas, pero aun así las adoro en ti.
― Adoras hasta cuando estoy de malas.
― Sí, te ves sexy cuando lo estás, después que no sea conmigo, claro.
―Te amo. ―Reí.
Los días retomaban la velocidad que recordaba, ya no eran tan lentos ni tormentosos. Era volver poco a poco a la vida que llevaba antes de todo lo que pasó, con cicatrices interiores y exteriores que llevaría por siempre conmigo. Estar con ellos era mis únicas ganas de continuar, por momentos me detenía a observarlos, y me alegraba tanto de estar ahí. Volver a hacer actividades tan banales como ver sus dibujos animados favoritos tranquilamente me llenaban.
Cuando volví a ver a las chicas hasta me alegró ver a Lena. Y qué decir de volver a ver a mi peludo favorito. Y observar a Ana corriendo a abrazarme. Era el cielo en la tierra estar con todos de nuevo.
Al regresar a la empresa fue una sorpresa total verlos a todos reunidos esperándome.
Ya había estado hablando con algunas personas para retomar los preparativos de nuestra boda. Mel sabía algunas cosas, pero no dónde sería finalmente, pues le había dicho que no podría ser en el lugar que habíamos escogido antes.
― No, no muerdas.― Puso una carita triste, me acerque de nuevo para darle un beso, pero lo volvió a intentar.― No amor, sin mordidas.― Bajo la mirada y no pude evitar sonreír al ver lo tierna que se veía. Le di un beso rápido y tomé su mano para levantarnos. ―Vamos, debemos cambiarnos, te tengo una sorpresa.
― Pero quiero morder tus labios, se ven demasiado dulces. ― Se pegó a mí mientras recorría con su dedo índice mis labios, la tomé con suavidad por la cintura y dirigí mi boca a su cuello. Con besos lentos, el roce de mis labios, o mis dientes mordiéndola suavemente, poco a poco aceleraba su respiración. Me separé de ella y la tomé de la mano, la besé sonriendo y me quedé a la expectativa de su reacción.― No me vas hacer esto verdad.
― Sí que lo haré. ― Le guiñe un ojo y camine fuera de la habitación. El auto de Mel estaba detrás del mío así que iríamos en ese. Venía bebiendo de su botella de agua que hace unas horas había metido en el congelador. Tenía esa cara de indignación que causaba risa. Le abrí la puerta del pasajero y entró sin dejar de mirarme, subí al auto y tomé la autopista para llegar a casa de Charlie.
― ¿Vamos donde Charlie?
― Sí. Cambiaste de champú.
― Sí. Me lo recomendaron. ―Dijo acomodándose en mi hombro, su mano como siempre estaba entrelazada con la mía.
― ¿De cuánto es tu recomendación? ―Pregunté recordando la última vez que había escuchado eso.
― Está bastante despejada la carretera ¿no crees?
― Mucho. Qué numero viene antes de los dos ceros Mel.
― Uno…
― Uno, espero que eso te alcance para lo que resta del año eh.
― Amor… ―Renegó.
― Nada, últimamente estás comprando unas cosas. ―Dije recordando el jugo de frutas exóticas de no sé dónde, de cuarenta dólares.
― En la nueva empresa saben que soy importante. ―Rio refiriéndose al salario exuberante que estaba ganando, era la competencia de los que trabajaba anteriormente, se habían fusionado; Mel iba a dejarlo por un tiempo, pero le ofrecieron un buen puesto. Aparte, podía traducir y hacer los doblajes, y esa libertad la convenció.
― Vas a quedar en la bancarrota.
― Quedaremos… ―Susurró.
― Cómo que queda…― Tomé mi celular y busque inmediatamente mi cuenta bancaria. ― Desde cuándo compro ropa online en esta tienda… no, mejor dicho… ¡desde cuándo gasto quinientos dólares en una sola compra! Liliam… ― comenzó a darme besos en el cuello. ― Sabes que con eso no me vas a convencer ¿no?
― Te puedo compensar con quinientos besos.
― El doble o nada.
― E impuestos incluidos.
Llegamos a la cabaña de Charlie, ya él estaba fuera de su gran camioneta GMC Yukon Denali del año, esperándonos. Se había comprado dos autos, uno para la compañía que era un hermoso Sierra Denali y la camioneta. Iban bien con su personalidad.
― Hasta que al fin llegan.
― Me declaro inocente, no sé siquiera qué vamos hacer. ―Dijo mientras entraba a la inmensa y hermosa cabaña. ― Saqué mi mochila del porta equipaje para entrar con él.
― ¿Sabes cuál es su último capricho? Jugos de cuarenta dólares y champús de cien.― Charlie se ahogó con el agua que estaba bebiendo al reírse. ― Y por si fuera poco compras de quinientos dólares en menos de seis piezas de ropa. Me va a dejar en la calle.
― ¿Es en serio?
― ¿Qué crees?, ¿Harold?
― Adentro. Cómo salió la consentida de mi sobrina. ―Rio mientras entrabamos. Detrás del mayor orgullo de Charlie, había un hermoso claro, era utilizada como cabaña de retiro para algunos clientes especiales en los meses que se celebraría nuestra boda, así que hice el trato con él de reservarla para ese evento. Pero el tío consentidor decidió que sería nuestro regalo de bodas.
El lugar era hermoso, cerca había un río que se escuchaba perfectamente desde los balcones traseros. El lugar ya había sido usado para bodas, así que estaba en óptimas condiciones.
― No me habías dicho nada. ―Dijo con una linda sonrisa antes de besarme.
― Estabas enojada porque te saque de casa.
― Valió la pena. Está hermoso. ― Dijo recostándose en mi pecho mientras veíamos el lugar. ―
― Lo es. ―Besé su cabeza sintiendo ese nuevo aroma, sonreí al pensar que no estaba nada mal, pero seguía pensando que era demasiado dinero. La tomé de la mano y caminamos hacia el río.
― Hace mucho no venía aquí. ― La abrace por detrás mirando el lindo lugar.― Papá me traía aquí para aprender a nadar.―Dijo recostándose en mí. ― Kath…
― ¿Sí?
― Te gustaría… ¿Te gustaría empezar el proceso para ser madres?― Preguntó con un poco de miedo. Sonreí porque hace mucho anhelaba escuchar esa pregunta. Besé su mejilla y cerré los ojos sintiendo su piel.
― Me encantaría. ―Le susurré. Su mano subió acariciando mi rostro.
Antes de volver a casa pasamos a comprar algunas cosas al supermercado. Tenía que asegurarme que no fuera el jugo de cuarenta dólares, pero me gustaba ir de compras con ella.
Yo llevaba el carrito mientras le contaba lo que estaba pasando en la empresa. Teníamos un plazo muy justo para entregar un gran proyecto, nos desempeñábamos bien en esos casos, pero este era importante.
― Quisiera que nos ayudaras.
― ¿Yo? No, ni pensarlo, no voy a cantar, ni bailar.― Reí recordando aquella vez.― Hace mucho dejé de trabajar para ti.
― Ya me has ayudado y nos ha ido muy bien, necesito tu sexy voz amor. Yo seré la que apareceré, serás como mi conciencia. Además ya tienes experiencia trabajando con nosotros, sabes que te adoran, y yo te amo. ―Dije intentando que esa Mel presuntuosa llevara a la que se resistía.
― Umm… interesante, pero quiero ver el guion primero.
― Sí Srta. Importante, recibirá un buen aporte económico, y quizás una noche de pasión sin medida… ―Le susurre al oído mientras me adelantaba. Me dedique a leer la información de unos productos vegetarianos que había hallado.
― Creo que podré pensar mejor si esa noche se adelanta. ―Dijo a mi lado, tomó el paquete que tenía entre mis manos y lo dejó en el carrito. Retome su paso colocándome al lado. ― ¿Qué dices?
― Hagamos un trato… Te dejaras hacer lo que quiera hoy, si te gusta… aceptas, si no, bueno yo veré cómo te convenzo.
― Trato.
Semanas después la campaña publicitaría fue un excito total. Mi equipo adoraba trabajar con Mel, les encantaba las miles de objeciones que tenía en contra lo que yo decía y cómo lograba hacer que cambiara o modificara mis ideas, cosa que nadie más lograba.
Aquella noche una corbata y una venda fueron de gran ayuda. Antes del tercer orgasmo un “¿aceptas trabajar conmigo?” seguido de su desesperante “sí, sí hago lo que quieras” fueron suficiente. No sobrevaloraba mis increíbles dones, pero ya sabía que saldría ganando.
El final está dividido en tres partes. Disculpen si todo va muy rápido, fue muy díficil escribir de nuevo ya que se me borro absolutamente todo del computador. Espero que no esté tan mal... Un gran abrazo, y gracias por seguir aquí. Besos desde Panamá
Ya faltaba poco para la boda, apenas tres días. Todo estaba perfectamente organizado, el equipo de Charlie había logrado arreglar los últimos detalles para albergar a los invitados principales. Hoy iría con Marilyn a recoger mi vestido, Lena y Mel andaban desaparecidas desde temprano, pero no habíamos reparado mucho en ello.
― ¡te ves hermosa! ―Dijo Marilyn emocionada. Me miré al espejo y sonreí al verme, iba a casarme… Creo que aún no me hacía la idea del todo. El vestido era perfecto, ajustado a mi cuerpo y luego iba expandiéndose, tenía un hermoso detalle que bajaba desde el fin de la abertura en mi espalda hasta terminar.
Ana llegaría dentro de poco, así que iríamos a recogerlas, ya extrañaba ver a esa amargada. Supe que había venido varias veces mientras no estuve, cosa que me hizo reclamarle que venía más no estando yo, que cuando estaba. Ellas se quedarían en nuestra casa, Lena y Marilyn vivían cerca, sí vivían juntas; aún no entiendo cómo Mar le soporta sus malos chistes, o su mal humor… El caso era que estaban empalagosamente enamoradas, igual ya no me preocupaba por Mel y ella, Marilyn había aprendido algunas técnicas japonesas en su estadía en ese país, la golpiza que le daría sería estupenda ver… Bien, sí, pensaba muchas cosas, pero a cualquiera le parecería gracioso, aunque eso implicaba muchas cosas… mejor era dejarlo allí.
Cuando por fin llegamos a la casa, luego de rogar a Marilyn que fuera más rápido o que me diera el auto para conducir, solo hice bajarme del auto para estirarme.
― Deberían quitarte la licencia.
― Apoyo a Kath. ―Rio Ana, bajando las maletas.
― No se quejen si no llegaban a la boda. ―Dijo renegando mientras entraba a la casa. Al entrar se sentía un aroma delicioso, me extrañaba que estuviera cocinando.
― Amor. ―Saltó a mí dándome un beso. ― Te extrañe.
― Huele delicioso.
― Y te va a encantar.
― ¿Qué tal su día? ―Pregunté mientras me sentaba en un taburete. Lena comía de un cuenco algo parecido a las almendras. Mi amiga se acercó y le dio un beso.
― Bien, esta señorita. ―refiriéndose a Marilyn. ― No contestó el celular en todo el día, y esa… me tenía cansada de que ya quería verte. Pero fue un día productivo.
― Muy productivo. ― Dijo Harold. ― Me encontraron en el mall y no me dejaron ir. Ay no… ―Soltó fastidiado al ver a Ana, reí al ver la sonrisa malvada que dibuja Ana.― ¿No llegaba mañana? Estará fastidiando todo el día.
― Trataré de mantenerla quieta. ―Rio Geraldine.
― ¡Gracias a Dios que viniste! ―Se dieron un abrazo. ―Pensé que tendría que soportarla todo el día.
― Di lo que quieras, sé que me extrañas.
― Sigue soñando Ana.
― Tonto.
― Tonta.
― Tonto.
― ¡Tonta!
― ¡Chicos! ¿Pueden recordarme cuántos años es que tienen?
― Yo digo que cinco. ―Rio Mel cuando apagaba el horno, me le acerqué y dejé mi barbilla sobre su hombro mientras la abrazaba y veía qué hacía.― Se ve bien.
― Se ve y se siente bien. Pero necesito un beso. ―Susurre, Harold y las chicas seguían discutiendo y bromeando.
― ¿Uno?
― Sí… Luego en la habitación termino de cobrarte. ―Hablábamos solo para nosotras, tomó mi rostro y giro el suyo dándome un largo y profundo beso. ― Iré a preparar la mesa.
― Luego, quizás… sería bueno que arreglaras la bañera. ―Reí mientras tomaba los platos de la alacena. ― Creo que tendré un poco de hambre en la noche.
― Entiendo… Lástima que no vaya a quedar nada seguramente.
― Sí, pero hay otras cosas que me gustaría comer después.― Vi esa sonrisa sexy que tenía y no pude evitar morder mi labio imaginando la gran noche que nos esperaba. Debo decir que antes de las ocho ya me había despedido de todos, y estaba en la habitación arreglándome, quería hacer algo diferente hoy. Miré mi cajón de lencería y me dedique a escoger algo que sé que a Mel le encantaba verme, reí ante la simple idea. Me di una ducha rápida, me arreglé y sobre el conjunto negro me puse una camiseta de seda que dejaba parte de mi abdomen afuera y unos diminutos short a juego que ajustaban lo suficiente. Me acosté y mientras esperaba me dediqué a leer el nuevo libro que me había regalado Charlie: 10 formas de ser un luchador profesional (en el ring y en la cama). Tenía que leerlo, no porque fuera del todo interesante, que mal no estaba; sino por la alegría de Charlie al regalármelo, le gustaba que le contara los libros que leía cuando los terminaba. Ya iba llegando a “La posición perfecta para una llave dolorosa (o placentera)” Era el libro con más doble sentido que había leído, ya estaba 111% segura que era gay, el libro, no yo… Bueno, yo también lo era. Ya estaba casi que dormida, en ese momento que sabes que te estás durmiendo, tienes los ojos cerrados, pero escuchas una que otra cosa a tu alrededor.

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Re: Apaga La Luz

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:46 am

― Demonios… ―Escuché lejos.
Sí, quería tener una loca noche de pasión y amor, pero el placer de dormir ya me había atrapado, y con la última frase de “Siente la presión de su espalda en tu entrepierna, mientras tu brazo hala sus piernas.” Ya me había rendido ante la segunda opción. Entre dormida y despierta me voltee dejando el libro debajo de mí, no me molestaba así que ni me inmute, de diferente forma igual no lo haría. Pero luego de unos minutos, allí estaban, esos labios curiosos colándose por mi cuello besándolo, gran esfuerzo tendrían que hacer para convencerme de “despertar”… O eso pensé entre el sueño que trataba de llevarme. Su piel estaba húmeda, podía sentirla perfectamente casi desnuda sobre mí, llevaba sujetador y quizás un lindo tanga o cachetero, posiblemente ninguno de los dos. Mordió mi cuello y mi cuerpo empezó a responder, ya estaba despierta totalmente, pero quería seguir sintiéndola así. Su mano se paseaba por mi espalda, mi cintura y bajaba por mi trasero; recogió mi cabello a un lado y siguió mimando mi cuello, luego empezó un camino de besos por mis hombros, hasta mi nuca que me hizo estremecer; al tiempo que soltaba un suspiro, sus manos apretaban mi piel sobre el pequeño pantalón que llevaba, hasta ahora estaba cumpliendo mi antiguo objetivo.
― Necesito besarte. ―Murmulló con una voz tan sensual como solo ella poseía. Desde que la escuche por primera vez en ese tono, entendí por qué la buscaban tanto para ese tipo de publicidad. Mel lograba excitarte con solo hablar, y no era que su voz fuera la típica voz sensual grave y misteriosa, sino que te embriagaba con su suavidad llevándote al éxtasis. ― Necesito más… ―Dijo casi suplicando. Ella se acostó a mi lado dándome una clara invitación, la vi y antes de subir a ella la observé, llevaba un sostén blanco que hacía justicia a ese par de senos que poseía, y había acertado, un cachetero en el mismo tono con un pequeño lazo negro en el borde. Me situé sobre ella y acaricie su abdomen, lo aruñe lentamente; ya notaba la desesperación en su mirada. Trato de levantarse, pero se lo impedí, quería ir despacio y jugar un rato.― Kath…―Exhalo con la respiración agitada.
― Shhh. ―Pase mi dedo por sus labios y lo lleve suavemente hasta el centro del sostén. Tomé sus manos y las aleje de mi cintura. ― No toques. ―Susurre al tiempo que empezaba a desabotonar mi camiseta lentamente, trato de tocarme, pero la detuve. ― No toques o me detendré. ―Notaba esa lucha dolorosa que se daba dentro de ella, entre el placer y el autocontrol, su expresión lo denotaba claramente. Bajé mi camiseta despacio por mis brazos y la dejé caer al suelo, su respiración había cesado momentáneamente al verme. Me apoye con mis manos para llegar cerca de sus labios. ― ¿Quieres besarme? ― No duró ni un segundo cuando ya estábamos besándonos, estaba tan excitada que adoraba la necesidad de poseerme que tenía. Se levantó y me dejó abajo sin posibilidad de detenerle. ― Dios… Mel. ― Hace mucho no la sentía tan apasionada, no era muy habitual en realidad… Solíamos tener un equilibrio entre pasión y ternura, ella era la persona más tierna cuando se trataba de hacer el amor, no por eso todo era “tranquilo”, esa chica me volvía loca en la cama.
Justo mi plan de “noche de pasión desenfrenada” había salido maravillosamente fuera de control. No sé si les ha pasado, pero no quería levantarme de la cama para nada. Después de seis años, y dos días antes de casarme, había conocido al demonio sexual que llevaba Liliam por dentro, ya entendía a qué se refería Charlie con diosa sexual.
― No piensas levantarte. ― Sonrió secando su cabello con una toalla, solo llevaba unos pantaloncillos de pijama, seguramente sin nada abajo, y una camiseta de hilo.
― No, ni pienso usar eso en mucho tiempo.
― ¿Por qué?
― Estas… sesiones sexuales no se pueden llevar acabo diariamente amor mío, eso te dejaría sin esposa y futura madre de tus hijos.
― Pues a mí me encanta vértelo. ―Se acercó y besó mi pierna derecha que estaba fuera la sabana.
― Dormiré todo el día. ― Dije decidida. ― Noche desmedida, mañana de descanso, nueva regla de la casa. ― Ella rio y se acostó a mi lado.
― Ve a ducharte y dormirás mejor.
― No, me declaro incapaz de levantarme. ¿Crees que haya algún límite de orgasmos? Porque si es así creo que lo he excedido en una noche…
― Eso es bueno para el ego de cualquiera. ―Dijo egocéntrica. Le golpee el abdomen, y seguidamente me di la vuelta para dormir. ― Lo siento amor. ―Rio.
― Muy graciosa…
― Tuvimos una noche espectacular y estás de mal humor. ―Dijo dándose vuelta para mirarme.
― No estoy de mal humor, solo quiero acurrucarme contigo en la cama y que no digas cosa estúpidas para tu ego. ―Le reclame abrazando una almohada.
― Me encanta cuando estás así.
― ¡Mel! Déjame ya… Ve a ver cómo están afuera si vas a seguir molestándome. ― Lo cierto era que había amanecido muy sensible.
― Amor…
― No, sal de aquí. ― Me arropé de pie a cabeza y me quedé allí esperando que saliera, no demoro mucho para que se levantara.
― ¡Volví! ― Exclamó luego de unos minutos. Se acostó esta vez más cerca.
― ¡Liliam! ― Me descubrí dispuesta a echarla de nuestra habitación, pero me detuve al ver la flor que tenía frente a mí.
― Amo verte así, tan expuesta y sensible… Tan delicada. ― Me besó con suavidad. ― No te enojes conmigo, si quieres acurrucarnos todo el día, lo haremos. ― La miré buscando una pisca de diversión o algo que me dijera que solo bromeaba, pero no… Me levanté y la abracé haciendo que nos acostáramos. Mel recorría mi brazo con la yema de sus dedos, y yo solo descansaba sobre su pecho respirando su rico perfume. Todo el día fue así, siquiera tenía hambre, mi cuerpo estaba en hibernación.
― Amor… Iré por comida.
― Umm… ―Murmuré abrazándola más.
― Tengo mucha hambre.
― No quiero…
― Amor, son las tres de la tarde, ya duele.
― Suspiré resignada. Me levanté y camine al baño automáticamente. Luego de una larga ducha, y escoger ropa ligera, salí a ver cómo estaba todo.
― ¡Apareciste!
― Charlie, te ves mejor en silencio. ― Me lancé a su lado y me dedique a ver la película que daban.
― ¿Mal humor?
― Día sensible.
― ¿Por?
― Hormonas o qué se yo.
― Entiendo. ―Rio. ― ¿Y tu noche?
― Excelente. ―Reí al recordarla. ― Tenías razón.
― ¿En qué?
― En eso de los genes.
― Te lo dije. ―Se carcajeo, no pude contagiarme de su risa.
― ¿Dónde están todos?
― Salieron a recorrer la ciudad, como si hubiera mucho que ver.
― Mucho hay, que no te guste es distinto. ―Mel se sentó a mi lado y me dio un emparedado. ― ¿Vas a salir?
― Sí, estaba terminando de ver la película.
― Me avisas cuando llegas, quiero contarte el libro. ― Reí levantándome para seguir durmiendo. Dejé el plato en la cocina y tomé agua, había una carta en la nevera― Kath, si no vuelvo, Ana me rapto. Con cariño, Harold. ―Reí al ver la ocurrencia de mi hermano. Subí a la habitación, me quité la ropa y directo a la cama.
― Amor…
― Sí cariño.
― ¿Podemos hablar?
― Levanté mi cabeza lentamente, ciertamente a nadie… ¡Nadie! Le agradaba escuchar esa pregunta. Me cubrí con la manta tal abuelita esquimal y me senté atenta a verla. ― ¿Qué pasa?
― Anoche… ¿Te lastime o algo? Hice algo que te incomodara o…
― ¿Por qué lo dices? ―Le pregunté negando y dándole un beso con ternura.
― Porque estás así conmigo… ― Dijo cabizbaja. La atraje a mí abrazándola, me deshice de las sabanas que me cubrían y dejé que solo sus brazos me cubrieran.
― Conocí una faceta de ti que me encantó, me volviste loca anoche… Solo estoy sensible, perdón. ―Besé su cabeza.
― ¿Segura?
― Absolutamente. ―Besó con suavidad mi pecho y fue subiendo a mi cuello, y mis dedos se enredaban entre su cabello. Si el cansancio habitaba en mí, había desaparecido.
Harold Clark
― Te ves bien. ―Dijo Charlie desde la otra puerta mientras bebía una copa de champaña.
― Tú igual. ―Le respondí bebiendo lo que quedaba de la mía. La dejé sobre una mesa que había a mi lado.
― ¡Charlie! ―Gritó alguna de las chicas desde la habitación de Mel, él entró apurado a punto de tropezarse. Reí por eso, en cambio Kath estaba bastante tranquila, cosa que agradecía. Busqué en el bolsillo interior de mi saco y saqué la joya, era un gancho con zafiros que había usado mamá cuando se casó, recuerdo poco, pero mi padre me lo obsequio para dárselo a Kath cuando se casara, lo dejó por escrito también… Pero fue imposible olvidarlo. Entré después de tocar, y Ana estaba echa un mar de llanto.
― Vas a inundar la habitación. ―Renegué mientras me acuclillaba al lado de Kath.
― Cállate… soy sensible.
― Aja… Hermana, tengo algo para ti, tenemos más bien. Cuando era muy pequeño papá me hizo prometer que te entregaría esto cuando fueras a casarte, y lo he conservado hasta hoy. Quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ti, de todo lo que has hecho por mí y que hoy sea yo el que te lleve al altar. ―Dije con orgullo. A ella se le escaparon algunas lágrimas que seque de inmediato. Se veía hermosa.―
― Algo azul y antiguo. ― Dijo Ana a punto de llorar de nuevo.
― Dónde está tu novia… me das miedo.
― Gracias. ―Logró decir aguantando las lágrimas. ―Besé su frente y me levanté.
― Bueno chicas, vamos, que ya yo estoy listo. ―Acomodando mi corbatín azul y mi cabello.
Kath saldría primero ya que Gustavo aún no llegaba, sí bien no lo hacía demoraría la ceremonia tanto como se pudiera.
― Podemos esperar diez minutos más.― Dijo Kath estirándose. Reí al ver su tranquilidad y lo estresada que estaba Ana.
― Puedes dejar de moverte, dañaras todo.
― Lo siento.
― Iré a decirles. ― Cuando abrí la puerta para salir a la recepción venían Gustavo y Caroline a paso apurado, ella estaba tratando de arreglarle el lazo y él terminando de cerrar el chaleco. Reí al verlos, antes de entrar Caroline le dio un último vistazo, se dieron un beso y entraron.
― Los más esperados.
― Lo sentimos, mi traje tuvo un problema y tuvimos que ir a comprar otro, todo está…
― De locos, menos Kath, Kath está por ponerse a comer papitas y beber alguna malteada. ―Subí las escaleras y toque la puerta de Mel. Me abrió Charlie.
― No llega aún. ―Dijo a punto de llorar. Pude ver que Mel estaba mirando la televisión, algún programa de modelajes por lo que pude notar.
― Ya llegó. ―Mi cuñada resoplo y se levantó.
― Al fin… ¡Harold! ¿Cómo está Kath? ¿Está nerviosa?
― Está igual que tú. ― Sonrió. ― Estás hermosa. ―Dije antes de cerrar la puerta. Fui a la habitación de Kath y la encontré masticando algún chicle sin la autorización de Ana y Marilyn.
― Listo. ―Hablé por el comunicador que tenía para que subieran los chicos que se encargarían de llevar los tiempos.
― Dame el chicle. ―Dijo Ana regañándola.
― ¿Lista?
― Lista. ―Dijo en un suspiro.
― Srta. Clark, en cuanto quiera. ―Lo miró y volvió a mí, le tendí el brazo y ella lo agarro. Me sentía el hombre más importante y orgulloso del planeta. Salimos y caminamos hasta las escaleras.
― Tigre Oscuro descendiendo. ―Dijo el chico por el intercomunicador, Kath lo miró riendo. Él sonrió. ― Ella es Tigre Dorado.
― Le gusta el dorado, lo escogieron bien. ― El lugar estaba hermoso, definitivamente las amigas de Lena y Marilyn se habían esforzado, la decoración era perfecta para el ambiente. Las chicas pasaron, tanto Ana con Geraldine y Lena con Marilyn, Charlie estaba en su lugar ya junto a Caroline. Le asintió al chico y respiró.
― Tigre Oscuro va a entrar. ― La música empezó a sonar, todos los invitados se levantaron. Habían venido unos familiares lejanos, cosa que nos alegró mucho. Sentía una paz inmensa, sabía que mis padres hoy nos acompañaban y estaban tan felices como nosotros. Fue un caminar tranquilo, Ana no dejaba de llorar y esa sonrisa de Kath no desaparecía de su rostro. La dejé en el altar y fui a mi lugar. Quería ver el rostro de Reagan al ver a Mel, y fue el que esperé, su sonrisa desapareció por unos segundos, pero apareció de inmediato, miré a Mel y sus ojos no se separaban de mi hermana. Podías sentir esa conexión aunque no quisieras, ese amor que se profesaban hacía estar enamorado de la vida.
La ceremonia fue perfecta, al igual que la fiesta. Ya se habían cambiado y venían las palabras para el brindis. Primero fue Gustavo.
― Bien… Siempre he sido el último que llega, sí mamá… sé que me vas a regañar siempre por ello.―Todos reímos porque su madre confirmaba lo que decía. ― Hoy no fue la excepción, debo disculparme antes que todo con mi princesa, y con Kath, sé que no es fácil esa presión. ―Dijo soltando un poco el cuello de su camisa. Reíamos ante sus bromas. ― La primera vez que supe de Kath, en realidad Mel no me lo dijo, solo le pregunté que si ya tenía novia porque andaba demasiado feliz, eso no era muy normal en una jovencita de quince que ya trabajaba. A los días me dijo que había tenido una entrevista de trabajo y que había sido seleccionada por una de las mejores del país, eso me alegro mucho, luego fue cuando supe por qué había hecho esa entrevista. ―Señaló a Kath. ― Yo también la hubiese hecho eh. ―Kath reía al tiempo que estaba totalmente sonrojada. ― Cuando la conocí en persona definitivamente comprobé lo que ya venía pensando hace un tiempo, que era una gran persona. Sabía que le gustaba Mel antes que Mel, en serio. ―Mel asintió riendo. ― La forma en que la miraba ¡y la mira! Me lo dijo. El día de hoy estoy tan feliz y orgulloso de formar parte de sus vidas, de ver cómo crecieron juntas, cómo saltaron obstáculos que ni yo sé si hubiese sido capaz. Hemos formado una hermosa familia y estoy complacido que un hoy pueda decir que eres la persona que deseaba para mi hija. Les deseo lo mejor de la vida, las dos se lo merecen. ― Ambas se levantaron a darle un abrazo. ― Ahora Harold. ―Me cedió el micrófono. Estaba un poco nervioso.
― Bueno… Cuando Kath era muy joven se hizo cargo de mí completamente. Aún hoy agradezco cada día que lo haya hecho, sé que tuvo muchas opciones, pero me educo y me convirtió en lo que hoy soy. Tuvimos sinnúmero de dificultades, no lo niego, pero siempre nos sacó adelante. Recuerdo que Kath era una chica que no solía reír mucho, eso cambió cuando llegó a nuestras vidas Mel, ella fue esa alegría que nos faltaba. Agradezco también esa intromisión de mi hermana en andar husmeando en lugares donde no debe, porque así conoció a esa gran chica. Ya ha pasado mucho tiempo desde aquello, y no puedo ser más feliz de ver en lo que has convertido a mi hermana, ya hasta es bromista. ―Reímos. ― Gracias Mel. Sé que nuestros padres estarían felices de conocerte, de saber la gran mujer que tiene a su lado mi hermana, y ver que ya no es tan gruñona. Kath… estoy muy orgulloso de que seas mi hermana, gracias por cuidar de mí y darme la mejor vida que pude tener. Te amo. ―Las mire sonriente, pero ellas lagrimeaban con una sonrisa en los labios. ― ¡Salud por las recién casadas!
― ¡Salud! ―Se unieron al unísono.
― Te amo. ―Nos abrazamos los tres.
Bailaron You Are My Sunshine como primer baile, fue muy romántico. Tanto que Charlie quedó suspirando sin remedio.
― Por favor, atención. Tenemos una dedicación.―
― Kath le dio un beso a Mel que todos ovacionaron, y subió al escenario ― tengo una canción para ti. Te la suelo cantar bastante.
The one
Dime, dime que me quieres
Y seré tuya completamente, en las buenas y en las malas.
Sé, que tenemos desacuerdos
Discutimos sin razón, no lo cambiaría por nada en el mundo
Porque supe, el primer día que te conocí
Que no iba a dejarte ir, que no iba a dejarte escapar
Aún… recuerdo estar nerviosa
Tratando de encontrar las palabras para tenerte hoy aquí
Haces sentir a mi corazón como si fuera verano
Cuando la lluvia cae a mares
Tú haces que todo mi mundo se sienta bien cuando está mal
Así es como sé que eres tú la elegida
Esa es la razón por la que sé que eres la elegida
Es fácil asustarse de la vida
Contigo estoy preparada para lo que está por venir
Porque nuestros dos corazones lo harán fácil
Juntando las piezas para hacer uno solo
Haces sentir a mi corazón como si fuera verano
Cuando la lluvia cae a mares
Tú haces que todo mi mundo se sienta bien cuando está mal
Así es como sé que eres tú la elegida
Esa es la razón por la que sé que eres la elegida
Cuando estamos juntas
Me haces sentir que mi mente es libre
Y mis sueños se pueden alcanzar
Tú sabes que nunca creí en el amor
Y nunca creí que un día vendrías para quedarte
Me liberaste
Haces sentir a mi corazón como si fuera verano
Cuando la lluvia cae a mares
Tú haces que todo mi mundo se sienta bien cuando está mal
Así es como sé que eres tú la elegida
Esa es la razón por la que sé que eres la elegida
Así es como sé que eres tú la elegida
Así es como sé que eres tú la elegida
― Mi cuerpo se erizo al verla cantar. El sentimiento que se entregaban, sus miradas, el amor… Ana seguía llorando como la magdalena que era, su lado sensible había aflorado demasiado en éste día, Geraldine la veía con ternura mientras la calmaba, cosa que agradecía… ya no tenía más pañuelos.
― Cuando la escuche por primera vez lo primero que vino a mi mente fuiste tú, reí como idiota aquel día por lo enamorada que me sentía. Me enamoré de tu sonrisa, de tu voz primero… Sí, ¿Cómo no hacerlo? Luego me enamoré de tu personalidad, de tu afán por hacerme cambiar de ideas, teniendo en cuenta que siempre eran un poco… crueles, tenían razón de ser. Estaba realmente pérdida por ti en esos momentos, pero cuando te tuve entre mis brazos, cuando ralentizaste mi corazón con solo tu respiración contra mi piel, en ese momento fui tuya completamente. Aún no puedo creer que seas mi esposa, y que todas estas personas sean testigos de uno de los mejores momentos de mi vida. Gracias por llegar a mi vida cuando más te necesitaba Mel, por cambiar esas malas manías por un capricho de besos al mediodía, gracias por interceder cuando quería matar a mi pequeño científico loco. Ten la seguridad que te amo como a nadie más, y que cada detalle mío te pertenece, hasta el que no te gusta. Te amo. ― Los presentes aplaudíamos mientras esas dos se daban un gran abrazo.
― Les dije que hasta cursi la volvió. ―Dije ya que tenía uno de los micrófonos, los invitados reían y confirmaban aquello.
Mel L. Hudson de Clark
Cuando la vi en el altar fue una sensación indescriptible, su expresión al verme me hizo querer llorar de felicidad al sentirme tan amada. Tan completa. Y fue aún más hermoso cuando salieron lágrimas de sus hermosos ojos al decir mis votos, demasiado difícil separarme de ella para cambiarnos, no quería hacerlo ni un instante, pero valió la pena verla en ese traje tan elegante como el que utilizamos aquella vez en nuestro primer baile.
Estaba esperándola en nuestra hermosa habitación. Ya habíamos llegado a Bora Bora, un hermoso regalo de bodas de mi padre, Caroline y Harold.
Era el último palafito de la larga hilera, con una piscina privada y el piso con espacio de cristal para ver los arrecifes que yacían debajo. Era perfecta.
― Regresé. ―Me dio un beso y se quitó los lentes de sol. Ella llevaba unos short azul marino con puntos blancos y una camiseta sin mangas blancas con náuticas. ― Ya te cambiaste…
― Esperanza que te apuraras. ― Le di otro beso y termine de ponerme la camiseta delgada larga que llevaba encima del vestido de baño azul.
― Te ves hermosa igual. ― Se quitó la camiseta, quedando solo en el bikini superior. La observe por unos segundos, en su abdomen marcado apenas eran perceptibles las cicatrices que habían quedado. ― ¿Qué?― Dijo al tiempo que dejaba sus manos sobre su cadera.
― Nada, te ves muy bien. ―Dije sonriendo. Vi cómo se sonrojo e iba a ponerse la camisa de nuevo. ― ¡No! Kath… Ven. ―La atraje al delicioso sofá dejándola encima de mí.
― Me da vergüenza que me digas esas cosas…
― Cuando estás fuera de tu modo cazadora dirás.
― Sí. ―Rio.
― Estamos casadas y aún te da pena.
― En parte… ―Dijo antes de darme un beso. ― ¿Quieres nadar?
― Sí. Vi una tortuga hace poco.
― Así que quizás te arranque un dedo. ―Dijo fingiendo terror y haciéndome cosquillas. Si querían sacarme de juego rápidamente, solo tenían que hacerme cosquillas. No paraba de reír, cuando logré escapar corrí por la pequeña terraza, baje las escaleras, y salte al agua y detrás lo hizo ella.
― Podría vivir aquí contigo toda mi vida. ―Canto ella mientras nadaba hacia atrás rodeándome.
― Ver esta vista cada mañana debe ser perfecto.
― Tengo mucha hambre. Quizás coma a un tiburón si encuentro alguno. ―Dijo antes de sumergirse y bucear para aparecer debajo de mí y darme un buen susto. ― Tiburón, tiburón, tiburón. ―Decía con melodía mientras se acercaba a Mí.
― Kath, aléjate. ―Reí nadando lejos de ella.
― Tiburón, tiburón, tiburón. ―Gruño cuando por fin me pudo atrapar y hacerme más cosquillas. Nade a las escaleras y me senté en el borde de la terraza mientras ella sonreía a unos metros de mí en el agua. ― Tiburón, tiburón, tiburón. ― Cantaba dejándose llevar al flotar. ―Mañana iremos a ver los arrecifes, y veremos tiburones, será tan genial.
― ¿Cómo me veo? ―Preguntó con esa sonrisa colocandosé su sombrero.
― Sexy como siempre. ―Reí acercándome y dándole un beso. La tomé de la mano y seguimos caminando. Vimos a unas chicas que estaban alojadas a dos habitaciones de la nuestra salir de la suya. Ya las había visto observándonos, Kath no se daba por enterada como siempre.
― Buenas tardes. ―Dijeron ambas topándose con nosotras, nos detuvimos para que nos adelantaran, pero nos indicaron que siguiéramos.
― Buenas tardes. ―Les respondimos y seguimos caminando. Llegamos al hotel y pasamos a la playa, nuestra mesa estaba algo alejada de las demás porque Kath lo había solicitado así, sus ganas de socializar se limitaban a hablar con algunos de los trabajadores y conmigo. Cenamos tranquilamente sintiendo el agua bajo nuestros pies, ya que la mesa estaba dentro de la laguna. Pedimos una botella con vino para ver el atardecer, pero no bebí ni una gota. Estaba tratando de esquivar el alcohol en un 100%, y hasta ahora lo había logrado.
― No has tocado tu copa.
― No tengo ganas.
― Es tu favorito…
― Lo sé. ―Le di un beso y me acomodé en su hombro viendo la puesta de sol.
― Amor… ¿Está todo bien?
― Sí, perfectamente.― Hace unos días esperaba el correo de una amiga, Esmeralda, ella estaba llevando el proceso para tener a nuestro nuevo miembro de la familia. Y si todo estaba bien, estaba en un 70% segura que estaba embarazada.― Una desintoxicación no cae mal.
― Eso me hace quedar mal a mí. ―Resoplo antes de beber de su copa.
― Está bien. ―Besé su mejilla e inventándole una que otra mentira más que terminó creyéndo. Ya era de noche cuando volvimos a nuestra habitación, llegamos y nos acostamos en una cama que había fuera, era una noche clara y estrellada, el agua estaba tranquila como siempre, ese sonido leve era tan tranquilizador. Me acomodé en el pecho de Kath que descansaba sobre su brazo apoyada en el respaldar.
― Tiburón, tiburón. ―Decía adormilada ya, me acomodé, y sonreí al verla. Kath ya se había quedado dormida, y demoraría un rato para que despertara. Tomé su abrigo y fui a la recepción lo más rápido que pude.
― Srta. Clark. ¿Sucede algo?
― ¿Tienes alguna especie de conexión a internet?
― ¿Es urgente?
― Mucho.
― Venga conmigo. ―Diego me llevó a la oficina y me presto su computador, ingrese rápido a mi correo y ahí estaba el correo. Grité al leerlo, él se asustó y entro corriendo. ― ¿Está bien? Llamaré a su espo…
― ¡Estoy embarazada! ― Dije con lágrimas en los ojos. Él suspiro aliviado con una sonrisa y vino a darme un gran abrazo.
― Felicidades.
― ¡Estoy tan feliz!
― Tendrá un gran desayuno mañana. ―Dijo alegre. Lo volví a abrazar y me senté a cerrar el correo.
― Gracias.
― No es nada, que tenga una excelente noche.
― La tendré. ―Dije contenta saliendo. Regresé para pedirle un favor. ― ¿Puedo pedirte un favor?
― Claro.
Cuando termine de ponerme de acuerdo con él, corrí a la habitación, Kath venía entrando de la terraza exactamente cuando yo lo hacía.
― ¿Dónde estabas? ― Dijo soñolienta. Salté a sus brazos. ― Casi me tumbas. ―Se quejó llevándonos a la cama. Me dejó sobre la cama y se acostó sobre mí. ― Casi me caigo al agua. ―Rio. ― ¿Dónde andabas? ―Preguntó con pocas ganas de saberlo en realidad, mientras se acomodaba en mi pecho y me regalaba un beso.
― Mañana te cuento. ―Dije con una sonrisa besando su cabeza.
Me levanté temprano y fui a la recepción a buscar lo que había pedido a Diego, me recibió contento en la recepción. Cuando regresé ya estaba Gabriela terminando de poner el desayuno.
― Felicidades. ―Sonrió abrazándome.
― Gracias. ― Le agradecí, ella puso una hermosa flor en mi oreja y acomodo mi cabello. Cuando se despidió fui a la cama. Kath estaba a punto de caerse, reí empujándola para luego darle un beso.
― Buenos días. ―Sonrió. Me miro un poco extrañada y se volvió a formar esa sonrisa. ― Te ves hermosa. ―Volvió a darme otro beso y se levantó al baño. Me senté en la terraza y bebí un poco de jugo.
― Se ve delicioso. ―Dijo detrás de mí, beso mi mejilla y se sentó a devorar el desayuno, reí al ver que estaba hambrienta. ― ¿No vas a comer?
― Sí. ―Reí. Ya se había calmado un poco. Puedo decir que terminamos casi que por completo con un desayuno para cuatro. ― Tengo algo que contarte.
― ¿Qué? ―Bebió de su copa de jugo y seco sus labios con la fina servilleta de seda. ― ¿Pasó algo?
― No. Bueno sí, sucedió algo.―Ella miró su reloj.
― ¿Debo preocuparme? ―Se levantó y me dio la mano. ― Vamos a cambiarnos, ya casi es hora de ir a nadar con tiburones. ―Dijo contenta. ―Cuéntame.
― Deberías preocuparte luego, no ahora… Dejémoslo para la cena. ―Le di un beso y me quité la ropa para ponerme el bikini.
― ¿Segura?
― Segurísima.
Nos encontramos con Fabián en el muelle, él sería el encargado de salvarme si algún tiburón se le antojaba comerme, Kath seguramente se haría su amiga y se iría con él. Ella estaba tan emocionada que no dejaba de hacer preguntas, a Kath le fascinaban los tiburones, era muy, muy fan de esos gigantes marinos. Ya había nadado con tiburones ballena, pero su sueño era conocerlos a todos… como si fueran pocos o algo seguro…

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Re: Apaga La Luz

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:47 am

Fue alucinante, debo confesarlo, pero muy aterrador. Cuando volvimos a la habitación, nos duchamos y fuimos a tomar el sol en la terraza. Allí había dos tumbonas perfectas para descansar.
― ¿Qué querías hablar en la mañana? ―Dijo levantándose, y cubriendo el sol.
― Eh… En la cena lo hablamos.
― Amor, vamos dime.
― Aún no. ¿Vas a pedir algo de comer?
― Sí. ―Se acercó y me dio un beso. ― Te ves hermosa. ―Sonrió antes de volver a darme otro beso.
― Eso que no te has visto… Ahora que dices hermosa. ―Tomé mi bebida y me levanté. Entramos a la habitación y busque un poco de bloqueador.― Las chicas del palafito de alado no dejan de mirarte. ―Dije fingiendo seriedad.
― ¿Ah? ―Me miro y se golpeó el meñique del pie con la pata de una mesa. Sé que dijo muchos insultos, pero no en voz alta. ― ¡¡Maldita mesa!! ―Termino por decir, yo la miraba con una expresión dolorosa de solo imaginarlo.
― Olvídalo. ―Reí inocente. ―
― Te voy a hacer sufrir Liliam.
― Amor, era broma, bueno no… Las chicas en verdad te observan. ―Me hice detrás de la mesa del comedor.
― No tienes excusas.― Me dijo con claras señales que me haría algo.
― Amor, no, en verdad te observan, te lo juro.
― ¿A mí o a ti?
― Eh… No sé. ―Comenzó a corretearme mientras yo intentaba escapar gritando irremediablemente. Corrí a la piscina, pero fue una mala idea, nade hasta el borde y salte al mar.
― Te salvaste. ―Dijo desde arriba. Yo casi no me podía mantener por lo cansada que estaba. ― Te vas a ahogar como no salgas. ―Desapareció del borde y empecé a nadar a las escaleras. Cuando subí estaba allí con una sonrisa enorme y una toalla.― Estoy satisfecha. ―Rio caminando hacia mí.
― No confío. ―Dije a punto de lanzarme de nuevo, pero ella me cargo impidiéndolo. Trate de zafarme, pero me detuve al ver que no me hacía nada.
― ¿Ya? ―Dijo aún sonriendo mientras subía las escaleras.
― Sí… ―Me agarre de su cuello. ― Siento lo de tu dedo. ―Reí sin poder contenerlo. ― Tu cara fue muy graciosa, lo siento.
― Lo sé. ―Llegamos a la piscina y me agarre más fuerte a ella pensando que me iba a lanzar. ― No te lanzaré. ―Dijo divertida. Bajo las escaleras y me dejó cuando ya estábamos dentro del agua, pero no me solté. Enrede mis dedos entre su cabello mientras la veía, me encantaba ver sus ojos, eran tan hermosos.
― Podría estar en el espacio con una vista perfecta de la tierra, y del otro lado tú, y siquiera eso lograría hacer apartar mis ojos de ti. No hay nada que se compare a lo hermosa que eres para mí, ni existe nadie que logre saber con precisión, siquiera yo, todo lo que siento por ti. Te amo tanto. ―Susurro lo último en un suspiro. Sus palabras me cortaban el aliento, y sus labios contra los míos hicieron que lo recobrara.
― Eres mi universo perfecto, puedo perderme en tu mirada, puedo sentir desaparecer al besarte; o también reinventarme con cada caricia tuya. Ya no importa si estamos aquí, en casa o en el mismo infierno, si tú estás conmigo, todo estará bien; todo estará bien porque tú eres mi cielo. Eres mi luz que me acompaña siempre. Aun estando lejos de mí eras lo que me hacía seguir. Me parece irreal que la persona que me enamoré hace tantos años, la que debo confesar fue mi primer amor, ahora sea mi esposa, y para toda mi suerte… Seas tú.―Rodeo mi cintura levantándome un poco con el poder del agua y me dio un largo beso, despacio, como si degustara mis labios en cada movimiento. No quería alejarme de su boca, mi corazón estaba a mil. Sentí su sonrisa y abrí los ojos.
― Amo ver cómo me besas. ―Tomó mi mano y le dio un beso. ― ¿Fui tu primer amor? ―Sonrió.
― Lo sigues siendo. ―Reí.
― Nunca me lo habías dicho.
― Ya lo sabes. ― Me acerqué al borde de la piscina, tratando de escapar de ese tema; ella me abrazo por detrás mientras veíamos el hermoso paisaje.
― ¿Y por qué saliste con aquellas personas entonces?
― No sé, a lo mejor porque tú también lo hacías.
― Umm… Me niego a aceptarlo, me declaro única en tu vida. ―Reí al escucharla. ― Porque tú eres única en la mía.
― Acepto tu declaración, amor. ―La besé sonriendo. Amaba cómo decía cosas tan dulces y tontas con tanta seriedad.
En ese tiempo aprendí que Kath detestaba sentirse acalorada, en serio lo detestaba, se ponía de mal humor, y solo quería reposar y beber algo hasta que pasara. También, que así como las cosas de mal van a peor, las buenas van a increíbles.
Fin

― Amor, no has tomado una sola gota de alcohol que he preparado.
― Claro que sí. ―Mentí.
― Bueno, sí…Creo, pero muy poco. ¿Quieres una copa de vino? ¿Aún sigues con eso de desintoxicarte?
― No quiero. ―Le di un beso y busque su regalo, quería arreglar todo, pero tendría que esperar a que Kath saliera. ― Amor, ¿puedes ir a buscar una piña colada sin alcohol?
― ¿Sin? ―Preguntó preocupada. ― Ya dime ¿Tienes algo? ¿Estás tomando medicamentos y no me he dado cuenta? ―Tomó mi mano.
― No, ya te dije que solo estoy desintoxicando mi cuerpo, quiero empezar una nueva dieta.
― Una nueva qué… Ay no Mel. ―Protestó levantándose. ― La última vez no pude comer carne por dos meses porque te dio por ser vegetariana. No, amor… estás perfecta. ―Dijo con seguridad. ― O sea… ¡Amor! No quiero una dieta. Cuando regrese más te vale tener esa idea fuera de la cabeza Liliam. ―Odiaba que las hiciera, pero me parecía demasiado dulce el esfuerzo que hacía por acompañarme en ellas. Me dio un beso y salió. Corrí a buscar las cosas y las arregle ‘para guardarlas en un mueble.
― Tomé un tarro de mantequilla de maní y busque una cuchara mientras esperaba. Estaba demasiado feliz, me acosté en el sofá y sentí escalofríos al tocar mi vientre, estaba creciendo una pequeña personita nuestra, dentro de mí. ― Te amaremos con locura. ―Susurre cerrando los ojos.
Al rato llegó Kath con una piña colada y una bolsita que desconocía qué era.
― ¿Ya se te borro esa loca idea?
― Sí, ya. ―Sonreí al saber que ignoraba todo lo que estaba pasando. Me dio la piña colada y se sentó a mi lado.
― Estabas comiendo mantequilla de maní, con fresas y crema batida. ―Dijo sorprendida. Reí al ver lo raro que era esa mezcla. ― Tienes unos gustos muy extraños últimamente. ―Me pasó la bolsita y me quito la piña colada para beber de ella. ―Espero te gusten, sé que este es un lugar exótico, pero agradezco haber sacado dinero en efectivo antes de llegar aquí. ―Renegó, Kath no era tacaña, pero le gustaba ahorrar y malgastar lo menos posible, aunque también le gustaba darse sus lujos.
― Abrí la bolsita y habían pequeños pastelitos dentro, se veían deliciosos.― Gracias amor. ―Le di un beso en la mejilla.
― Por nada. ¿Quieres que nos duchemos?
― Sí. Ve adelantándote.
― Vale. ―Se acercó y le di un trozo del pastel. Vi que todo estuviera bien y fui a la habitación, me desvestí y tomé unos segundos frente al espejo, sonreí al solo pensar cómo cambiaría dentro de unos meses. Fui con Kath que estaba viendo su cámara bajo el agua, era a prueba de agua así que la “probaba” a cada oportunidad que tenía.
― Kath. ―Se sobresaltó y la lanzó a un montón de toallas.
― ¿Qué?... ―Me inspecciono con la mirada unos segundos, me miró con un poco de extrañeza, pero luego volvió a la normalidad.―
― Sabes que odio que tengas eso en la ducha. ―Dije pegándome a ella, acariciando su torso desnudo.
― Lo siento. ―Respondió con suavidad, besó mi nariz y luego mi frente, puso un poco de música y nos quedamos tranquilas bajos el agua… Bueno por un rato, luego de que los besos descendieran por el cuerpo, las manos exploraran lugares muy conocidos provocando respiraciones agitadas e incansables gemidos; no podía llamarse tranquilidad del todo. Continuamos en la cama, y seguidamente en el suelo.
― Por lo menos estas habitaciones están alejadas. Sino despertarías a todo el mundo.
― ¡Yo! ―Reí. ― ¿Quieres que te recuerde cómo gritabas hace unos minutos? ― Metí mi mano bajo la manta y presione un poco su entrepierna haciéndola gemir.
― Eso no es justo. ―Dijo en un murmuro. Comencé a mover mis dedos lentamente, y una sonrisa maliciosa se formó en mis labios, estaba renovada de nuevo, podía volver a deleitarme. Subí a ella y comencé a besarla. El resto de la madrugada mi delectación más grande fue verla retorcerse de placer, escucharla, sentirla… Profesarle mi amor. ― Amor… despierta. ―Escuche a lo lejos.― Amor. ― Se apoyó en la cama y la sentí que se suspendía sobre mí, flexiono sus brazos para darme un beso. ― Mi amor, despierta. ―Me daba pequeños besitos por el pecho, fue descendiendo y se concentró en mis pezones, abrí los ojos al sentir un estremecimiento tan repentino que me moví deteniéndola. ― ¿Qué pasa? ¿Te hice daño? ―Preguntó confundida.
― No. ―Respire exaltada, eso me había excitado demasiado, más de lo normal. ― No…
― ¿Entonces?
― Puedes… ¿Continuar? ―Pregunté con un poco de timidez.
― Sonrió y con suavidad metió mi pezón izquierdo en su boca, no pude reprimir aquel gemido. Con su boca era una diosa, sorprendente sentía que llegaría al orgasmo en ese momento, su mano aruño mi cintura y ese fue el detonante. La forma que se deleitaba de ambos con una destreza descomunal, sirvió para que no demorara en llegar. Ella se separó de mí con una cara de sorpresa y complacencia. ― Estás muy sensible. ―Dijo con esa gran sonrisa de victoria, reí y la atraje a mí para besarla. ― Iba a preguntarte como amanecías, pero creo que me quedó claro. ―Rio. ― Traje el almuerzo, hoy podremos ir a nadar con manta rayas. ―Replico emocionada. ― Sabes que son parientes de los tiburones. ―Mi sonrisa desapareció. ― ¿Increíble no?
― Aterrador dirás. ―Me levanté y fui a ducharme, estaba bastante sensible hoy. Me puse el traje de baño debajo lo que llevaba. Kath ya estaba preparada, su pequeña cámara para estos momentos ya en su bolsillo, en el otro su cartera impermeable… Sí, era una chica demasiado preparada. Guardó nuestros anillos en la caja fuerte y salimos. Estaba tan emocionada, y yo… yo estaba aterrada.
― Sabes que hay tiburones que son bastante pequeños, quiero uno de esos. ¿Podemos tener un acuario?
― ¿Quieres estar encerrada toda tu vida en una jaula?
― Buen punto, ¿podemos comprar una piscina?
― No. ―Llevaba columpiando nuestras manos.― Quizás…
― Entiendo. ¿Puedo darte un beso?― Me adelante y se lo di yo. ― Eso es más fácil. Estaba pensando en comprar otro auto, uno más grande… Ya sabes, por si aumenta la familia. Me gusta la camioneta de Charlie, es espaciosa y muy segura.
― ¿Por si aumenta la familia?
― Sí… ¿Cuándo tienes que ir a revisión? Me gustaría que fuéramos juntas, siento no haber podido ir a las anteriores. No había dicho nada, pero estoy muy ansiosa por eso. ―Dijo mirando el suelo con una sonrisa.
― En cuanto llegue tengo que ir.
― Está bien. ― Besó mi frente y me abrazo por la cintura. Estaba feliz ahora, bueno… más feliz.
Cabe decir que lo extremo no es lo mío, pero nadar con manta rayas fue otra gran experiencia, imborrable. Ella estaba más pendiente que yo estuviera bien, que de los animales, cosa que me pareció muy tierno.
Aún recordaba esas horas frente al computador hablando mientras yo hacía alguna traducción, ella solía contarme cómo molestaba a sus amigos o lo que sucedía en su empresa; recuerdo que siempre me molestaba diciendo que si fuera mayor de edad aceptaría mi propuesta desesperada de ser su novia, cosa que nunca dije, pero en el fondo deseaba… Peleábamos a diario, pero rara vez terminábamos el día así. El peor día que recuerde de aquellos fue cuando una amiga en común me llamo diciendo que estaba en el hospital por una pelea, ¿con quién?, el hijo de un traficante muy conocido de la ciudad. Cuando por fin pude hablar con ella casi la mato con una nueva forma cibernética, ese día hablamos si mal no recuerdo por siete horas; ella tenía el labio roto y un pequeño moretón en las costillas, ¿él? Estaba en el hospital… Kath era de temer, en serio. No sé cómo termine enamorada de ella, pero no lo cambiaría por nada del mundo, ahora era todo lo contrario a esa chica que conocí… Era la mujer más dulce, atenta, detallista, inteligente, romántica, y hermosa que podía conocer, ella es una excelente persona, y sólo ver con cuánto quiere a su hermano, basta.
Cuando llegamos a la habitación, ella se fue a duchar y yo traje lo que tenía guardado y lo dejé sobre la cama. Escribí en una hoja de árbol que había encontrado un “Felicidades mamá”, arriba le puse la pequeña cajita con la perla negra, y lo deje sobre la cama.
― Amor, puedes venir.― Salió casi de inmediato, solo llevaba unos pantalones anchos y cortos, y una camisa de pequeñas palmitas. Sabía que le llamaría la atención tan solo verlo.
― ¿Qué es esto? ― Tomo con cuidado todo y leyó la hoja, debió hacerlo varias veces porque demoró un poco. Se sentó en el borde de la cama y seguía viendo la hoja, tenía los ojos húmedos. Me miró y sonreí de inmediato, miro mi vientre y luego de nuevo mis ojos. Me acerqué y con suma delicadeza subió mi camiseta, me abrazó con tanta ternura y suavidad. Acaricie su cabeza que reposaba aún en mi abdomen. Besó mi vientre y se levantó. ― Seremos mamás. ―Asentí sonriendo.― Seremos mamás. ―Me abrazo y me subió de inmediato, adoraba que hiciera eso. ― ¡No sabes cuán feliz me haces! Ahora sé porque no bebías y, y comías todas esas cosas raras. ― Me dejó suavemente sobre la cama. Nos dábamos pequeños besos. ― Ahora te amo aún más, y le amaré tanto como a ti. Será hermosa.
― O hermoso.
― Sí. ―sonrió más. ― Ok, compraremos esa camioneta y la mandaré a blindar hasta contra meteoritos. ¿Y qué habitación tendrá? Puede ser primero la que está al lado de la nuestra y luego cuando crezca la que está cerca de la sala superior.
― Amor… Necesito besos y amor ahora.
― Mi reina, sabes lo tierna que te ves haciendo pucheros… ¡Pero! Debo llamar a Charlie para que me averigüe una de esas camionetas. ―Fue a buscar sus zapatos y luego se sentó a mi lado, los tomé y los lancé lejos. ― Ok, ok… ya entendí. ―Dijo riendo al tiempo que subía por la cama hasta mí, se acostó suavemente sobre mi cuerpo.
― ¿Va a ser así siempre?
― No, jamás será igual. ― Y eso fue suficiente para tener otro excelente día de amor.
Ya nos faltaban dos días para irnos. Kath estaba tan pendiente de mí, más de lo habitual. Se recriminaba a ella misma por llevarnos a nadar con tiburones y manta rayas. Estaba disfrutando toda esa atención, y la aprovechaba, Kath entraría de lleno a la empresa cuando regresáramos, y eso significaba llegadas tardes a casa y verla como mucho al mediodía y en la noche. Mi horario era más flexible, ya que podía trabajar desde casas e ir al estudio solo a grabar, cosa que disfrutaba mucho.
Cuando llegamos a casa no había nadie, aunque sonara mal lo agradecía, estaba agotadísima, y sabía que mañana estaría gran parte del día sola. Nos duchamos y no supe más de mí hasta la mañana siguiente que me levanté con mucha hambre. Kath había dejado una nota en la mesa..
Buenos días Srta. De Clark.
Espero que haya amanecido tan hermosa como siempre. Deje su desayuno favorito preparado, ya debes estar comiendo las galletas que dejé al lado de esto.
Iré a la empresa, saldré tarde. Sabes que te extrañaré demasiado, cualquier cosa llámame (yo buscaré cualquier excusa para hacerlo).
Charlie irá a pasar el día contigo, más bien a convencerte de la camioneta. En la nevera hay jugo de ese que te gusta.
Te ama
Kath.
PD: En la sala te dejé un regalo.

Fui primero a comer, y sí… allí estaba el desayuno perfectamente preparado. Seguí a la sala y había un gran ramo de flores con una caja de nuestros chocolates favoritos en el centro.
“A cada segundo me enamoras más.”
Me senté observando las fotografías que había sobre las repisas. Kath desprendía tanta tranquilidad y alegría, me enorgullecía al saber que era parte de eso. Harold era un gigante al lado del pequeño que conocí, había crecido y cambiado tanto. Mi padre estaba con una mujer que lo amaba y le hacía feliz, y eso para mí era muy merecido. Mi querido tío había triunfado en sus sueños, y sabía bien que empezaba a tener una buena relación, pero lo tenía de bajo perfil. Mi madre… Mi madre estaba pagando en parte por lo que había cometido, no guardaba ningún rencor ante ella; Kath me había enseñado muy bien que era inútil hacerlo. Quizás faltaran antiguas fotos, pero muchas iban grabadas dentro de cada uno.
― Falta solo la de mi sobrinieto, yo he inventado esa palabra y la reclamo como propia. ―Mi tío besó mi cabeza y me dio una bolsita, reí al ver que era de luchadores. Saque y había un pequeño vestido blanco con pequeños luchadores.― Lo escogí de ese color porque aún no sabemos si será la gran o el gran Cludson… tengo que trabajar en el nombre. ―Reí. ― Felicidades cariño.
― Gracias tío.
― Seré el encargado en enseñarle técnicas apenas pueda caminar.
― Claro que no.
― Yo me encargare de que sea el o la más inteligente de la familia, luego de mí. ― Me dio otro regalo, estos chicos eran asombrosos. “Inteligente como mi guapo tío” También en blanco.
― Saben que me harán llorar ¿no?
― Espera estos meses, yo tú voy apurando a tu padre y a Caroline con la habitación. Estará repleta de regalos. Tu esposa me dijo que iba a estar hasta tarde en la empresa, así que somos los encargados de cuidarte.
― Me tratan como si no pudiera estar sola, además también tengo que volver a trabajar.
― Sí claro. ―Rio Charlie.― Sabes que mi horario es tan flexible como yo quiera, además me encanta andar cuidando a mi pequeña sobrina. ― Se echó a mi lado y Harold al otro.
― Yo le apoyo.
Me habían llamado de la empresa después del mediodía que debía ir a ver unos proyectos, y mis guardaespaldas se encontraban dormidos en el sofá como dos grandes osos.
― Tengo que salir…. Bien, no escucharon, ¡me voy! ―Tomé mi bolso y accidentalmente dejé caer el muñeco de Whisky, una ardilla que con solo sentir movimiento empezaba a hablar…
― ¡¿Qué pasa?! ―Salto Charlie golpeando a Harold. ― Tú a dónde vas.
― Les dije que iba a salir. ―Dije resignada.
― Harold, arriba, saldremos. ―Le gritó mientras pasaba la mano por su cara despertándose. Tomo las llaves de su auto y abrió la puerta, Harold aún no se levantaba. Mire a ambos y Charlie vino y se lo echó al hombro como si solo pesara veinte libras.
― Neeh… ―Solo murmulló. Abrió el porta equipajes y lo lanzó allí.
― ¿A dónde?
― El estudio. ―Fue bastante corto el camino, mi tío y yo siempre habíamos tenido facilidad para hablar, le saque un poco de información sobre con quién estaba saliendo, aunque no fue nada fácil. Cuando terminé de arreglar las cosas de los nuevos proyectos, y ponerme al día en algunos otros ya eran las nueve de la noche.
Cuando llegamos a casa aún Kath no había llegado, y los chicos se tenían que ir, por lo menos no tendría que hacer cena para esos dos glotones. Preparé una pasta a la carbonara, y me dedique a ver la televisión en la sala trasera. Whisky estaba echado en mis piernas mientras dormía, hace mucho la casa no estaba tan tranquila y sola. Ya eran las doce y yo estaba ya en camino a un profundo sueño. Solo tomé una manta del armario y me acosté en el sofá. Cuando desperté el televisor marcaba las dos de la mañana, tomé el celular y marque a Kath, ya estaba preocupada.
― Princesa, perdón.
― ¿Estás bien?
― Sí cariño, no hace mucho me acabo de dar cuenta la hora que es. Ya voy en camino, ve a la cama ¿sí? Estoy a unos diez minutos.
― Está bien, maneja con cuidado.
― Te amo.
― Y yo a ti.
Deje a Whisky durmiendo en el sofá y fui a la habitación, me puse pijama y me acosté a ver la televisión, o a tratar de no dormirme. Al rato llego ella.
― Se sentó en el piecero y se quitó los zapatos, yo me levante en silencio y la abrace por la espalda, le di un beso en el cuello y empecé a desabotonar su camisa. ― Pensé que ya dormías. ―Dijo cansada recostándose en mí. Termine de desabrochar su camisa y se la quite junto al blazer.
― Sabes que me despierto a cada rato sino dormimos juntas. Ve a darte una ducha y ven a la cama.
― Está bien. ―Suspiró. Se fue al baño y me levanté para buscarle algo de comer, conociéndola no debió haber comido nada en la cena. Le preparé un batido de frutas rojas con nueces y regrese a la habitación. Ya venía saliendo del baño.
― Amor, quiero dormir.
― No has comido nada Kath. ―Dije sin oportunidad que se negara, encendí la televisión un rato mientras comía. ― ¿Demasiado trabajo?
― Demasiado. Cuando vi el reloj ya eran la una y media, y casi me da algo, no había nadie más. Y hoy tengo reunión temprano y será igual que ayer. ― Se lamentó escondiéndose entre mi cuello. Me dediqué a mimarla hasta que se quedó dormida, yo no podía conciliar el sueño, se me había quitado de repente.
Sentí que se levantaba y escuché la regadera abrirse. Me desperecé y fui a hacer el desayuno, puse la televisión para ver las noticias. Anunciaban una fuerte tormenta en nuestra ciudad, y se podía notar fácilmente viendo el cielo, el día estaba oscuro y frío.
― Hace un día perfecto. ―Dijo apareciendo. Reí al escucharla, me dio un beso y se sirvió café.
― Habrá una gran tormenta hoy. ―Dije preocupada al saber que ella manejaría.
― Estará bien, sabes que amo el clima así. ―Llevó el desayuno a la mesa y se sentó.
― Kath… Sabes que eres un peligro al volante, y más si está lloviendo.
― No voy a faltar. ―Dijo mirándome. Tomé mi celular y llamé a Octavio.
― Hola Octavio, ¿Cómo estás?
― ¡Mel! Estoy tratando de llamar a Kath y no la contacto, está lloviendo muy fuerte aquí, y la planta eléctrica colapso, Harold llegó temprano y estamos trabajando en eso. Puedes decirle que los pendientes pasaron para mañana, no es necesario que venga, cualquier cosa yo llamo.
― Me has alegrado el día. ―Dije riendo. ― Aquí estamos cualquier cosa, un abrazo, y cuídate.
― Igual, por cierto… felicidades.
― ¡Gracias! Creo que este fin de semanas sería bueno organizar una comida, puedes traer a tu esposa.
― Eso es estupendo, allí estaremos. Saludos a Kath.
― Y bien.―Preguntó intrigada.
― Te tengo todo el día para mí. ―Dije con una sonrisa mientras mordía una tostada.
― ¿Qué pasó?
― Hubo un problema con la planta eléctrica, movieron todo para mañana, y Harold se está encargando. Cito “No es necesario que venga, cualquier cosa yo llamo”.
― Bueno… Está bien, por lo menos podremos estar juntas. Estaba ya acostumbrada a estar todo el día contigo. ―Acercó la silla a la mía y me dio un beso. ― ¿Qué tal el día ayer? Me dijiste que fuiste al estudio.
― Sí, salí a las nueve de allí, me quedé viendo películas con Whisky y luego fui a la cama, hasta que llegaste. Tienes que ver los regalos de los chicos, son adorables.
― Algo me dijeron. ―Dijo sonriendo. ― ¿Cuándo tienes la cita?
― Mañana.
― ¿A qué hora? ―Tomó la última tostada de mi plato, la cual pude rescatar aunque fuese la mitad. Ella sonrió con malicia y bebió de su jugo.
― Dos, y más te vale estar ahí porque si no me voy a enojar mucho. ―Su rostro era el típico de “estoy en graves problemas”.
― No, no se puede correr para…―La miré seriamente y negó aceptándolo. ―A las dos será, sí estaré ahí, lo prometo.
― Por tu bien.
― No te enojes, sí estaré. ―Me dio un beso junto a su cara de que no rompe un plato.
― Tengo que comprar algunas cosas…―Cayó un rayo que me hizo saltar. Ella se empezó a reír al ver mi cara.― Olvídalo, iré mañana. ―Le serví el desayuno a Whisky mientras ella lavaba los platos.
― Oye cariño, dijiste que ibas a hacer una cena el fin de semana.
― Ah sí, tenemos tiempo de no pasar rato con Octavio, además hace mucho no veo a su esposa.
― Sí… ¿Y qué planeas hacer?
― Un almuerzo o cena, y vas a estar aquí. No me vas a salir con que tienes un viaje.
― Eh… Pues…
― Kath Reagan Clark, recuerdas cuáles son las reglas de la casa respecto al trabajo.
― Pero amor, es que…
― Kath. Reagan. Clark.―Dije pausadamente mientras la veía. ― ¿Cuáles son?
― Los fines de semana son para estar en familia…
― Bien, ahora… ¿Tienes algo que decir?
― No… Pero el domingo tengo que irme en la noche a Roma.
― Roma… ¿Por cuánto? ―Nos sentamos en el sofá de la sala de atrás y pusimos una película.
― Dos días, ¿Quieres ir?
― Quisiera, pero estoy ocupada el lunes y el martes.
― Bien. ―Suspiró mirándome. Me acerqué a ella y me acosté sobre su pecho. ― No te parece extraño tener éstas clases de discusiones.
― Mucho, pero tu cabecita loca parece olvidarse de algunas cosas. ―Reí al ver su cara. Le di un largo beso. ― Te amo.
― Te amo.
Harold Clark
― ¿¡Dónde rayos estás!? ―Le pregunté a Kath que aún no llegaba al hospital. No sabía muy bien quién era el que estaba a punto de sufrir un infarto, incluyéndome.
― Ya, ya voy… ―Se escuchaba agitada, era como si fuera corriendo por el tráfico. ― ¿Cómo está?
― ¡Bien! Pero te necesitamos aquí, ¿puedes apurarte? Y sube la ventanilla que no puedes resfriarte.
― Quítate la camisa y tenla lista cuando llegue.
―Cerró la llamada e informe lo poco que me había dicho. Veinte minutos más esperando, ya iba a empezar a tener que caminar por las paredes para relajarme.
― La voy a ma… ¡llegaste! ―Saltó del asiento Marilyn. Me quité la camisa rápido y se la di, ya entendía por qué la quería. ― ¿Qué rayos te pasó? ― Se quitó la sudadera completamente mojada y se puso mi camisa.
― La esposa de Mel Hudson… ¿Es usted? ―Ella asentía mientras trataba de recobrar la respiración.
― Vino corriendo desde… ¿desde dónde? ―Sonó su celular y era Lena.― ¡¡¡En Ferrer!!!... Sí… asegúrate que esté bien y vienes, aún estamos esperando… ella está aquí. Cuídate, te amo. ―Cerró su celular y aún estaba asombrada. ― El coche está frente a la constructora Ferrer. ―Tracé un trayecto rápido en mi mente desde ese lugar, estaba a quince minutos en auto, ¡Dios! Y había estado lloviendo tan fuerte, había hecho el mismo tiempo.
― El tiempo transcurría como si un tren lo halara para demorarlo. Gustavo aún no se creía lo que había hecho Kath, reía y se lo repetía. Pasaron unas ochos horas allí, eran exactamente las once cuando salió el doctor con una gran sonrisa. Era una niña, creo que entre todos casi lo ahogamos. Charlie lo levantó en un gran abrazo. Dentro de un rato podríamos pasar.
― ¡Llegué! ―Exclamó Lena con la bolsa de Kath. ― ¿Qué es?
― ¡Una niña! ― Rio Marilyn lanzándose a abrazarla.
Kath R. Clark de Hudson
― Vamos… vamos. ―Estaba tan ansiosa que no lo pensé dos segundos más. Estacione en la acera, tomé mi billetera, el celular y una sudadera. Jamás había corrido tan rápido, solo pensaba en ella y en nuestra personita. La lluvia caía cada vez más fuerte, el embotellamiento era tanto que siquiera me costaba pasar entre los autos. Solo tenía un propósito, y no pararía por ningún sentido. Agradecía haberme cambiado de zapatos cuando tomé el auto. Cuando llegué al hospital pregunté dónde estaba y subí las escaleras de tres en tres, las odiaba y adoraba en ese momento. Los vi en el pasillo y solo empecé a quitarme la sudadera y la camisa que llevaba para ponerme la de Harold. Casi de inmediato entré, algunas enfermeras me secaron y ayudaron a colocar una ropa especial. Yo solo me fijaba en esos ojos que me miraban fijamente desde que entré… La besé con impotencia.
― Llegaste. ― Tomé su mano y la besé.
― Se los prometí. ―Besé su frente y el doctor exclamo un “justo a tiempo”. Fue larga la labor de parto, pero Mel estuvo tranquila, yo estaría maldiciendo a todo el hospital de estar en su lugar. “Es niña” inundo nuestro oído. La pusieron en una manta y empezaron a tratarla, lloraba un poco, y eso era gloria para nuestros oídos. Le hicieron inmediatamente la prueba Apgar, ya había leído de eso. Luego de medirla le colocaron un pequeño brazalete.
― Esta criaturita no pensaba salir hasta que llegaras eh. ―Rio entregándomela. Era hermosa, era… era angelical. No podía respirar siquiera, no por el cansancio, sino por su hermosa presencia. Dejó de llorar apenas la coloque contra mi pecho. Miré a Mel que la veía con tanto amor como yo, la dejé suavemente sobre sus brazos. Ahí estaban mis dos razones por las que vivir y era inmensamente feliz. Ella abrió los ojos y mi corazón se detuvo, quedé allí atrapada, enamorada completamente. Reí al tratar de recobrar la respiración, ella formo una mueca muy parecida a una sonrisa y definitivamente me di cuenta que la amaría tanto como a su madre. Mire a Mel que la adoraba con una ternura que me hizo temblar, me miró y me acerqué, la besé suavemente y la bebé dio un pequeño grito con esa hermosa sonrisa, reímos y la enfermera se acercó a nosotras.
― Definitivamente te estaba esperando. ―Dijo sonriendo. ―
Luego de dejarla en la habitación totalmente dormida después de alimentar a Diann... Sí, ese era su nombre Diann Paulette Clark Hudson. Salí y estaban todos de un lado para el otro. Gustavo corrió a mi lado solo verme. ― ¿Cómo está Mel? ¿Y mi nieta?
― Es una hermosa nenita, Diann Paulette. ― Él sonrió y me dio un gran abrazo que siguió Charlie y los demás.
― ¿Ya podemos pasar a verla?
― Sí, pero no más de dos personas. Está dormida.― Caroline y Gustavo entraron primero.
― ¡Me encanta su nombre! ¿Ya podemos verla?
― Sí. ―Sonreí. ― Vamos. Caminamos donde estaba la ventanilla para ver a los recién nacidos, y allí estaba mi princesita. ―
― Definitivamente sabemos quién es sin siquiera nos digas. ―Rio Harold al ver la única que estaba dormida. ― Fiel a sus madres.
― Va a ser una gran Clark Hudson. ― Dijo sonriente Charlie.
― Es hermosa en verdad Kath. ―Afirmo Lena. ― Felicidades.
― Gracias… Gracias a todos por estar aquí.
― Oye… todo tenemos una gran incógnita… ¿Cómo llegaste aquí?
― Reí al recordarlo. ― Corrí hasta aquí.
― Eso es preocupante mujer. Vamos a que te revisen. ―Lena me entregó mi maleta con ropa limpia. Y Marilyn me arrastro hasta encontrar una enfermera, para mi suerte era la misma que había atendido el parto de Mel. Marilyn le informo rápido lo que había pasado y de inmediato me llevo a chequearme, estaba deshidratada y algo exhausta, pero bien. Luego de cambiarme fui con Mel, ya estaba despierta, acababa de hacerlo. ― Sonrió apenas me vio entrar, me acerque a ella y le di un beso.
― Hola. ―Le susurre.
― Te extrañe tanto. ― Me acomodé a su lado y deje mi maleta en el suelo. Se recostó en mi pecho y la abrace.― Estás helada. ― Dijo preocupada.
― Correr veinte minutos bajo lluvia para ver nacer a mi princesa y estar con la mujer que amo vale todo.
― ¿Corriste bajo la lluvia? ¡Amor!
― Ya… descansa mi amor, tuviste un gran día.
― ¿Cómo está Diann?
― Hermosa como su madre. Es perfecta mi amor, es una nena sana y fuerte.
― Tiene tus ojos. ―Besó mi mejilla. ― Ven… ― Me acomodé bajo la manta con ella, se acomodó en mi pecho, empezaba a sentir el calor de su cuerpo y comenzaba a estar mejor de inmediato.
Los siguientes días en el hospital fueron perfectos, tener a mi nena en los brazos junto a Mel era una sensación de la cual jamás me cansaría. Afuera de la habitación había muchos regalos de amigos y conocidos.
Diann era un ángel, no molestaba en lo absoluto, siempre estaba de buen humor y le encantaba dormir y comer. Las enfermeras estaban locas por ella.
Antes de ir a la casa Gustavo se había encargado de hacer una limpieza exhaustiva a todo nuestro hogar, incluyendo a Whisky, estábamos muy ansiosas por presentarle a la nueva integrante. Los abuelos vendrían la otra semana para conocerla, y Ana junto a su novia igual.
― Le abrí la puerta a Mel y Whisky nos recibió meneando su cola.― Hola hermoso. ― Tomé la bebé mientras que Mel se sentaba en el sofá, estaba agotada. ― ¿Quieres conocer a Diann? ― Me senté al lado de Mel y él se sentó junto a mis piernas, estaba tan feliz de vernos y saber quién era. La acerque con cuidado a él y luego de olfatearla solo hizo lamer su cabeza aprobándola. Harold reía mientras lo grababa. Premie a Whisky y dejé a Diann con Mel, llevaría las cosas a la habitación de la pequeña.
― ¿Te ayudo? ―Dijo Harold colocando varios regalos en la estantería. Charlie traía más.
― Quedó perfecta su habitación.
― Hasta yo me quedaría aquí. ―Bromeo Charlie. Terminamos de acomodar las cosas y bajamos a la sala principal. Gustavo estaba cargando a Diann mientras Caroline hablaba con Mel. Decidimos no interrumpirlos e ir a preparar la comida. Mel necesitaba recuperar fuerzas, y yo estaba camino a una fatiga horrible. Esas noches en el hospital no pude dormir más que la primera noche por los medicamentos. Mel estaba preocupada y eso no le hacía bien ni a mí ni a la bebé, así que decidí ir al doctor aquella misma tarde mientras todos estaban con ella.
― ¡Felicidades Kath! No me había enterado de nada. ―Dijo Enser, el mismo que curo mis heridas, habíamos terminado siendo buenos amigos.― Pensé que estaría para la otra semana.
― Todo salió perfecto.
― Y a ver cómo tú quedaste así. ―Rio al ver mi estado “zombie” como decía él. Le conté todo lo que había pasado, él solo reía y se burlaba. Terminó por mandarme algunas vitaminas y unos tés algo raros. Enser era un excelente doctor, pero decía que no le gustaba llenar de drogas a sus amigos, tenía un jardín con plantas medicinales bastante conocido, así que confiaba en él.
Él fue el que curo mis heridas cuando salimos de mi casa, era medio hermano de Evan, pero rara vez mantuvieron contacto. Me contó mucho sobre él, tenía problemas psiquiátricos controlados, pero a veces era imposible evitar que hiciera locuras. Me aclaro que sí, él y mi madre habían tenido una gran relación, pero cuando apareció mi padre ella lo dejó. Su vida se vino abajo, su empresa quebró y luego murieron sus padres… Entendía un poco lo que potenciaba su locura, un poco
Pasé por la floristería para buscar el regalo de Mel, había mandado hacer un arreglo de frutas para ella, llevaba todo el día pidiéndolas. Llegué y ya la habían llevado a nuestra habitación, Charlie dormía en la mecedora con Diann en brazos, ella estaba embelesada viendo su barba. Les tomé una fotografía y me acerqué a ellos, solo verme hizo sonreír, esta niña sería mi perdición.
― No estoy dormido. ―Aclaro Charlie sin abrir los ojos.
― Está bien. ―Reí. ―Besé su pequeña cabecita y fui a nuestra habitación, dejé el arreglo en una pequeña mesa.
― Llegaste. ―Dijo con una voz soñolienta.― ¿Cómo te fue?
― Enser te mando muchas felicidades y que pronto pasara acá. Excelente, solo darme una larga ducha y dormir con mi hermosa esposa. ¿Tú? ¿Cómo te sientes? ― Me quité la camisa y desabroche el pantalón.
― Bien. ―Sonrió. ― Muy bien.
― ¿Está todo bien?
― Si… solo tengo un encuentro de emociones por todo esto. ―La miré con ternura y fui a su lado, me recosté en el espaldar y la atraje a mí abrazándola. El doctor nos había hablado de esto, y yo había leído más, puede que me leyera unos veinte libros en estos meses sobre maternidad, debo confesar que creo pasarla peor yo que Mel, ella estuvo perfecta todo el tiempo, mientras que yo tenía unas nauseas horribles y no podía comer cualquier cosa porque iba directo a vomitar, claro, todos se burlaban de mí, pero no fue nada lindo. Miró la mesita de noche y sin saber por qué empezó a llorar.
― Mi amor… ―Dije con ternura, me acomodé para que se acostara en mi pecho. ― Tranquila, todo está bien. Cuando llegué Diann estaba absorta viendo la barba de Charlie.
― ¿Puedes traerla?
― Claro que sí mi reina. ―Me levanté con cuidado y dejé un beso en su frente. Me volví a poner la ropa y fui por la bebé que a refunfuños me dio Charlie.
― Estoy transmitiendo mis enseñanzas.
―Charlie, no tiene siquiera un mes. ―Reí mientras jugaba con su manita. La lleve a la habitación y me acosté suavemente en la cama, Mel se hizo a mi lado y se recostó sobre mi hombro. Diann solo verla empezó a balbucear, y mi esposa se relajó. La bebé ya estaba dormida y Mel igual, me levanté con cuidado de no despertar a ninguna de las dos, la puse en la cuna que teníamos en nuestra habitación para nuestra tranquilidad. No pude evitar sentarme en el sofá y mirarlas a ambas. Aún no podía describir la alegría que poseía, que habían causado ellas dos en mí.
Ya me había duchado y cambiado, me acosté con Mel que tan solo sentir mi presencia se acercó, la cubrí con la manta y traté de dormir.
Luego que despertara y comiéramos, Mel no dejaba de mirarme, me parecía algo extraño… No la sentía como siempre. ―Le di el pequeño biberón a Paulette y quedó rendida en mis brazos.
― ¿Todo está bien? ―Pregunte con un poco de inseguridad.
― Sí…
Y no… no era así, pasaron dos largos hermosos y dolorosos meses en los que por una parte Diann me sacaba adelante, pero ella me estaba destruyendo. Hablamos con la psicóloga y dijo que era normal por ahora, pero para mí era como si mi propia esposa estuviera torturándome, y exactamente así era.
― Kath. ―Resoplo Charlie echándose a mi lado. ― ¿Cómo estás? ―Le mire sin querer responder, sabía que si lo hacía rompería en llanto. ― Vamos gigante, suéltalo. ―Dijo con una pequeña sonrisa atrayéndome a él en un abrazo. No pude resistir y empecé a llorar, me sentía tan mal, la extrañaba tanto, siquiera podía dormir con ella, se alejaba de mí o solo me hablaba para cosas del bebé. No sé cuánto pasé así, pero sentí otro abrazo, era Gustavo, me acerqué a él y traté de refugiarme en sus brazos.
― Tranquila… Sé perfectamente qué se siente, desahógate. Te prometo que va a pasar… Parece que Mel si heredo algo de su madre después de todo, fue exactamente igual cuando ella nació. A los tres meses las cosas empezaron a normalizarse.
― ¿Qué pasa? ―Susurro Harold arrodillándose al frente de mí, me abrazo por el abdomen.
― Iré a prepararle una taza de té. ―Dijo Charlie. Sabía que Diann estaba con Mel en la habitación, era la hora de su comida, así que no bajaría.
― ¿Has hablado con ella?
― Es imposible… siquiera quiero responderle, su tono ha cambiado tanto, su mirada… es como si no me amara en lo absoluto. ―dije antes de volver a romper en llanto.
― Sé que es duro, pero aún las cosas están retomando su cauce. Lo importante es que sabe que la amas, y que esto pasara.
Ellos se quedaron conmigo el resto de la tarde, tenía que ir a la empresa a firmar algunas cosas, pero Harold me remplazo. No tenía ánimos de nada.
― Has bajado de peso. ―Dijo Lena sosteniendo mi taza de té y con notable preocupación.
― No tengo apetito…
― Kath… Sé que nunca nos hemos llevado demasiado bien, y nunca te agradecí todo lo que hiciste por mí, gracias a ti volví con Marilyn. Ahora tienes una hermosa nenita que te adora, hablaré con ella… No quiero verte así. ―Tocó mi hombro y me dio la taza de té. ―
Lena
― ¿Cómo está la pequeña más hermosa de este planeta?― Pregunté viéndola jugando con un sombrero de Kath.
― Pensé que ya no vendrías.―Dijo con una sonrisa.
― Estaba abajo hablando con Kath.―Noté cómo cambio su expresión, pero no a una mala… sino a una culpable. ― Mel… ¿Sabes lo que estás haciendo? ¿La has visto este último mes? ―Le dije con suavidad acariciando la pancita de Diann. La mire a los ojos. ― Kath se está derrumbando. Mira… en un momento hubo nuestros problemas, pero no sabes cuánto le agradezco a ella, y no dejaré que se hagan esto. Mel, la estás perdiendo… y no, no te está dejando de amar, Kath está solo dejándose llevar por el dolor, y eso solo acabara en una cosa. ―De sus ojos empezaron a salir lágrimas. Sabía bien que ni ella misma conocía qué estaba pasando. ― ¿No acabo con ella un psicópata que la lastimo a su antojo y lo harás tú ahora que tienen una hermosa razón por la que estar más apegadas? Esa chica no come, y si come es porque está con Diann y Harold la convence de que lo haga por ella. ―Mel tenía apoyada su frente en la palma de las manos, estaba llorando, pero necesitaba que le dijeran las cosas. ― Ella es su hija, sí, pero tú eres el amor de su vida, la razón por la que llegó a tu casa desangrándose solo para cumplir su promesa, ¿crees que es justo? Dime si lo es, porque entonces no tengo nada que hacer aquí.
― Yo… No sé qué he hecho, no sé qué me ha pasado Lena. En las noches solo me despertaba buscándola, pero tenerla cerca entonces me generaba miedo y aprensión, y no sabía qué hacer. ¿Puedes quedarte con la niña? ―Asentí y me alegre que por fin hubiese entrado en razón.
Mel L. Hudson de Clark
―Salí de la habitación después que Lena al fin me hiciera entrar en razón, antes de bajar las escaleras me senté en ella y respiré… ¿Qué demonios había hecho? Las baje lo más rápido que pude, pero no la encontraba, estaba empezando a asustarme; luego recordé que mi padre había dicho que casi siempre estaba o en la habitación de Diann, con Whisky o en nuestra pequeña sala, allí la encontré. Tenía entre los dedos aquel collar que le había regalado hace años y nunca se quitaba, junto a nuestros anillos. Soporte lo que más pude mis lágrimas. Entré en silencio y me senté a su lado.
― ¿Diann está bien? ―Dijo sin ganas, ni siquiera me miró. Sabía que todo el dolor que estaba sintiendo ahora me lo estaba mereciendo.
― Está con Lena. ―Dije en voz baja.
― ¿Tiene consulta?
― No… Kath…
― ¿Hay que comprar algo?
― No, Kath, escúchame. ―Ella dejó lo que tenía en las manos sobre la mesita de café y mi cuerpo se llenó de miedo, traté de hablar, pero solo eran palabras incompletas. ―Kath. ―Se levantó y cada vez sentía más frío en mi cuerpo. Me puse de pie y al fin pude ver su rostro, no me salía ninguna palabra.
― No tienes que decir nada Mel, ya me has dejado clara nuestra situación… Muy clara. ―Susurró lo último. Negué con desesperación y sin pensarlo la abracé, lloré sin permiso sobre su pecho, dolía tanto su indiferencia. Ella trató de alejarme, pero no la dejé, me sujete a ella. ― ¿Por qué haces esto? ―Dijo con la voz quebrada.
― Perdóname. ―Rogué entre llanto, mis rodillas flaquearon y caí en ellas delante de la mujer que amaba y había lastimado. ― Perdóname. ―Ella se dejó caer sentada en el sofá, estaba a mi altura, acomodó mi cabello y yo sin darme cuenta presionaba su suéter entre mis dedos. ― Te ruego que me perdones aunque no lo merezca Kath, yo… merezco todo esto, he sido una estúpida todo este tiempo, pero por favor, por favor no me dejes. No te vayas aunque lo merezca. ― Rogaba apoyada en su cuello cerrando mis ojos con toda mis fuerzas. Ella me empujo un poco, cosa que me aterro e intensifico mi llanto.
― Tranquila… ―Susurro. Se sentó a mi lado y yo me dejé caer, me abrazo sin decir nada hasta que me calme. Besé su cuello, necesitaba sus labios. Me separé de ella un poco para mirarla, tenía una mirada que me partía el alma. La besé con tantas ansias, con necesidad, ella no me correspondía, me separé con tanto miedo. Aún mantenía esos ojos, que me robaban la vida, cerrados; con una expresión de dolor que quise borrar con otro beso, y poco a poco me respondió, sentía las mismas ansias en sus movimientos. La desesperación por querer saciarnos, pero era imposible… jamás podría llenar mis ganas por ella.
― Fui una total estúpida. ―Dije acariciando su clavícula. ― No sé qué pasaba, era como si…
― Mel… No digas nada. ―Susurro con cansancio. Colocó un cojín en su cabeza y cerró los ojos.
― Te amo…―Dije en voz baja.
― También te amo. ―Besé su mejilla y me acomodé en su cuello disfrutando de su calor y su aroma.
Ella dormía tranquilamente, no podía evitar ver que estaba muy delgada, cuán ciega fui. Me repetía intermitentemente sin evitar llorar. Fui a la cocina y me dedique a preparar su comida favorita, tenía que ir a alimentar a Diann si Lena ya no lo había hecho.
― ¿Qué tal? ―Dijo con una sonrisa apoyada en la encimera. Le sonreí y fui a darle un abrazo.
― Gracias. ―Le agradecí con verdadera emoción.
― Ya que nadie se atrevía llevarte la contraria, para eso estoy yo. Ya le di de comer a Diann, está dormida y hermosa como siempre.
― Es idéntica a Kath.
― Sí, tiene sus ojos… bueno sí, se parece mucho.
― Cada vez que la veo a los ojos es enamorarme más de las dos.
― Ahora queda hacérselo saber a Kath. ―Dijo robándose un platito con frutos secos.
― Lo haré. ―Confesé convencida. ― ¿Te quedarás?
― Pasaré a las siete por Marilyn, así que me quedo a comer, y a darle un tiempo para ustedes.
― Gracias. ―Le agradecí. Comí con Lena, y lleve el plato de Kath con una cerveza a la sala. Aún seguía dormida. Dejé todo en la mesita de café y me dedique a darle pequeños besos, empezó a despertar y no imaginaba cuánto extrañaba ver esos ojitos recién despiertos; sonreí de la emoción y le di un largo beso.― ¿Cómo te sientes?
― Mejor… ―Susurró. No había dicho mucho, pero haría que eso cambiaría. Me recordaba a la Kath de años atrás. ― Preparaste espaguetis.
― Sí. ―Traje la bandeja y enrollé los fideos con el tenedor para dárselo.
― No tengo…―La mire y solo negó con una pequeña sonrisa antes de comerlo. Suspiro como siempre lo hacía al comerlos. Logré que se comiera todo, reí al ver que se había echado en el sillón como Charlie cuando se rellenaba de comida. ― No es justo. ―Renegó. ― Tú siquiera comiste.
― Comí afuera con Lena.―Limpie su barbilla con la servilleta de tela. ― ¿Qué tal estuvieron?
― Mejor que los de Charlie. ―Rio.― Hizo unos hace una semana y quedaron malísimos.
― ¿Quieres algo más de beber?
― No, tranquila. ¿Cómo te has sentido?
― Bien… Kath, perdón por todo esto. No volverá a pasar, te lo prometo. ―Besé su frente mientras que veía esos ojos que me miraban con tanto amor.― Supongo que el embarazo, las nuevas sensaciones y demás, me desestabilizaron, pero yo las amo más que a nada.
― Te extrañaba. ―Suspiró. Le di otro beso, pero esta vez en los labios. ― Mucho.
― Miré la habitación y me levanté. ― Hace mucho no hacemos algo, ya regreso. ―Le di otro beso antes de salir, dejé la bandeja en la cocina y regresé con ella. Estaba levantada viendo nuestras fotos. Encendí el equipo de sonido y puse el archivo con nuestras canciones favoritas. Ella me abrazo por la espalda mientras buscaba que funcionara el reproductor de música. ― Kath. ―Le rogué tratando que me dejara concentrarme.
― Tengo meses sin poder abrazarte o besarte, no me pidas que me mantenga lejos.
― Bueno arregla esto. ― Solo hundió un botón y la música comenzó. ― Estás bromeando… ―Rio y me dio la vuelta.
― Amo ver tu cara cuando estás frustrada. ― La abracé pasando mis brazos por debajo de los de ella. Nos movíamos con suavidad con el ritmo de la música.― Diann tiene ese mismo gesto cuando la dejó en la cuna.
― Es increíble como ya han pasado meses.
― Es increíble como pareciera que ninguna personita hubiese estado dentro de ti. ―Bromeo.― Ya muchos me preguntaron que si en verdad habíamos tenido a Diann.
― Amor… Promete algo.
― ¿Qué? ―Tomó mi mano y me dio una vuelta que me hizo reír.
― Que si alguna vez me pasa algo saldrás adelante con Diann.―Ella me miro confundida y claramente en camino a entrar en un ataque de pánico. ―Estoy bien, estoy perfectamente. ―Tomé su rostro entre mis manos dándole un beso. ―Pero nunca sabemos.
― ¿Tú prometes lo mismo? ―Asentí. ― Está bien, lo prometo. ―Dijo sin mucho convencimiento. ― Pero ni si te ocurra hacerlo. ―Sonreí y dejé caer mis brazos por su cuello, ella abrazo más mi cintura. ― ¿Ok?
― Ujumm. ―Susurre antes de fundirnos en un beso que luego nos llevó al sofá.
Había pasado quizás unas tres horas, estábamos totalmente desnudas, yo descansaba sobre ella mientras me contaba de lo que había visto en una tienda para bebés y que planeaba comprar. Busque una cobija para cubrirnos por si llegaba cualquiera. Cosa que no demoro en suceder.
― Chicas…―Escuchamos a Lena y luego el llanto de Diann.
― ¡Vamos! Yo voy. ―Se puso el pantalón sin abrochar y su camiseta, se veía endemoniadamente sexy así, reí por mis ideas locas aun cuando estaba escuchando a mi hija llorar. Me enredé en la manta por si entraba, no quería escuchar a mi esposa refunfuñando por Lena.
― Ya se cansó de mis historias. ―Dijo divertida. Se la entregó a Kath que solo verla ya se alegraba. ― Yo me voy, mi chica acaba de llamar que salió temprano, y ya saben cómo se pone Marilyn.
― Ni lo digas. Gracias por todo Lena. ―Agradeció Kath. ―Tomé su celular rápido y luego de que cerrara la puerta y se girara le tome la foto, ella venía embelesada en Diann, así que no lo notó. Sonreí al ver su fondo de pantalla, éramos las dos en la cama dormidas, Diann sobre mi pecho y un libro al lado.
― Dile hola a mami. ―Le decía mientras jugaba con su manita. ―
― Hola preciosa. ―La tomé entre mis brazos y la senté en mis piernas.
― ¿Quieres algo de beber? ― Se acercó y me dio un beso.
― Por favor. ¿Y tú bonita? ¿Qué rara historia te habrá contado Lena? ―Amaba con locura esos ojos y esa sonrisa, era mi pequeña Kath. ― Si supieras cuánto te amamos, princesita. Parece ayer cuando apenas me enteraba que vendrías a alegrarnos la vida… Sabes que hiciste a tu madre no querer probar bocado por largo tiempo. ―Reí recordando los síntomas de embarazo que se le habían pasado. ― Y eres una glotona igual a ella. ―Dije haciéndole cosquillas, ella reía con emoción como si en verdad entendiera todo.
― Debo decir que fue el más hermoso malestar que tuve. ―Se sentó a mi lado y bebió de la botella de agua que trajo. ― Te la has pasado durmiendo todo el día. ―Definitivamente amaba verla en ese papel tan tierno y maternal. ― Los chicos no volverán, estaremos solas lo que resta del día.
― Eso es perfecto. ―Pasó su brazo por mis hombros abrazándome. Le di un beso y solo escuchamos la risa de Diann que jugaba con la manta. ―
― Tú también quieres besos eh. ―Le llenó de besos su carita mientras ella reía a carcajadas y trataba de tocar a Kath. ― Las amo. ―Dijo feliz. ― Las amo demasiado. Ahora tenemos un gran sol que ilumina nuestro mundo.
― Ya no importa que apaguen las luces.
― Exacto.
― ¡Que las apaguen! ―Reí al ver su gran sonrisa. ― Agradezco que husmearas ese día entre esos documentos.
― Lo sé, no tendrías la oportunidad de ser una de las dueñas de mi alegría y mi maldita sonrisa de revista.
― Tu maldita sonrisa de revista, exactamente por eso me case contigo.
― Lo sabía.
― ¿Sabías que me casaría contigo?
― ¿Quién no? ―Rio. Golpee su hombro sin malas intenciones.― Si me amas.
― Con locura. ―Sonreí viendo a Diann que nos miraba atenta.
― Entonces deberían atarme, porque ya rebase los límites de la locura en el amor.
― Harold tiene razón en eso de que eres una cursi.
― Di lo que quieras, pero a ti te encanta. ―Besó mi cabeza mientras yo mantenía la sonrisa por sus palabras. Estaba con mis dos personas imprescindibles en la vida, habíamos pasado tanto y ahora… Ahora teníamos infinitas razones para amarnos y ser más felices.
Fin



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Re: Apaga La Luz

Mensaje por Admin el Jue Sep 14, 2017 6:47 am

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