Dandole la espalda al amor

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:04 am

CAPÍTULO 1

Primer día del segundo año de universidad, ella entraba corriendo al aula, como siempre llegando tarde, y después de un ahogado “Hola” lo único que escuchó fueron risas, levantó la cabeza y dirigió una mirada amenazante, aunque divertida, al resto de alumnos; seguidamente alzó la vista hacia el profesor y se tranquilizó al saber que él también sonreía ante la situación.
Dulce María Espinoza Saviñón... -dijo el profesor sin esconder su sonrisa- ¿De verdad te cuesta tanto ponerte el despertador cinco minutos antes? -rió ligeramente- Creo que te ahorrarías muchas faltas por llegar tarde, de verdad, Dulce.
-Verá... en realidad había atasco en la carretera, señor Ornelas -dijo ella intentando buscar una excusa
-Claro -rió otra vez-, por eso llevas el casco de la moto en la mano -observando que Dulce llevaba en la mano derecha un casco gris oscuro; ella balbuceó algo incomprensible mientras se apartaba su cabello rojo de la frente- Bueno, Dulce, puedes sentarte en algún sitio.
Mientras Dulce caminaba hacia la que parece ser la única silla que quedaba libre, una de sus amigas la agarró de la camiseta.
-Dulce, espera, te hacemos un sitio -entonces el resto de amigas del grupito apartaron todas las mochilas de una mesa y le dejaron sitio justo en el medio de ellas
-Gracias chicas,-Dulce se sentó; a su derecha, Maite y Raquel, a su izquierda, Jennifer y Valentina- ya pensé que tendría que sentarme con los nerds.
-Hay una nueva -informa su amiga Jennifer
Dulce volteó esperando ver alguna cara nueva; de repente, en la otra punta de la clase, una rubia con el pelo rizado le llamó la atención, esa parecía ser la nueva. Estaba escribiendo algo en un cuaderno, así que Dulce no pudo verle bien el rostro, pero se quedó viendo cómo algunos mechones de su melena resbalaban hasta delante de su cara, tapándola completamente. Entonces la chica, con la mano que le quedaba libre, apartó su pelo hacia atrás y levantó la cabeza. Dulce se quedó sorprendida al ver esos preciosos ojos azules y esos rasgos tan angelicales, empezó a notar como un leve cosquilleo subía por su nariz poco a poco dándole una extraña sensación... ¿Podría ser amor? … No, definitivamente no; un fuerte estornudo. Dulce se tapó nariz y boca rápidamente con la mano percatándose de que estaba sangrando.
-¡Pañuelo! -exigió la pelirroja dejando de lado los por favores.
En menos de diez segundos tenía lo que había pedido en su mano y se lo colocó delante de la nariz, sujetándolo y haciendo presión.
-¿Qué pasó? -preguntó Raquel a su amiga, curiosa
-Nada, un estornudo.
-Sinceramente, yo no sé cómo se te ocurre vestir shorts y camiseta si vienes en moto, con el frío que hace por las mañanas. Luego coges un resfriado y te pasa ésto -intervino Valentina.
Dulce, hablando con dificultad por tener el pañuelo delante de la cara- Me gusta ir en shorts -dijo cortamente para no dar rienda suelta a una nueva conversación
-Chicas, he estado mirando si encuentro algún hombre guapo, pero desgraciadamente no he visto a nadie interesante... -cambió de tema Maite.
-¿En serio? Pues yo he visto a unos cuantos que... uf … madre mía, ¡vaya cuerpos! -informó Jennifer a sus amigas.
-Dudo de tu gusto, Jennifer, siempre lo he hecho. -dijo cortante y con dificultad Dulce.
interrumpió el Sr.Ornelas- Jennifer, Valentina, Dulce, Raquel y Maite, ¿este año va a ser igual al anterior? -ellas se miraron sin saber qué responder- Ya veo...mañana no os quiero juntas... Mentira, mañana sentaros como hoy y antes de empezar la clase yo os atribuiré nuevos asientos según mis preferencias y gustos.
Se escuchó un quejido general. Dulce se quitó el pañuelo de la nariz para poder hablar.
-Oiga, profe, ¿va a ser usted nuestro tutor este curso?
-Dulce, ¿qué crees que estoy haciendo aquí? Pues claro que soy el tutor.
-Bueno y... ¿va a contarme ese retraso de hoy?

-No, pero sólo porque te sigue sangrando la nariz -viendo como una gota ya le llegaba casi al labio
-Mierda -tapándose rápidamente otra vez- Gracias, profe. Chicas denme otro pañuelo, por favor. -Raquel le dio directamente el paquete entero a la pelirroja- Profe, ¿puedo ir al baño? -señalándose la cara, para dar a entender el motivo por el cuál quería salir de la clase
El Sr. Ornelas asintió con la cabeza y acto seguido Dulce se levantó y salió del aula. Cuando llegó al baño lo primero que hizo fue lavarse la cara y secarse la sangre hasta que ya no salió más. Se apoyó al lavabo y suspiró profundamente.
-Dulce, ¿qué te ha pasado? No me digas que ha sido por ella... Qué va, no es posible,ni siquiera la conoces. Pero qué pelo tan bonito, y qué ojos más azules e...¿intrigantes? Dulce, Dulce, basta. Ni tan solo sabes su nombre, y quizás sea repelente e irritante, no sabes nada de ella. Y...Dulce recuerda...NO LA CONOCES.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:04 am

Capítulo 2

Después de unos minutos reflexionando en el baño, Dulce volvió a entrar en clase habiéndose concienciado para mantener la calma ante la inquietante rubia.
-...así que tenemos mucho trabajo para este año -Dulce entró por la puerta sin llamar, mientras el Sr.Ornelas seguía con su explicación, la cual detuvo para preocuparse por su alumna- ¿Estas mejor? -ella asintió con la cabeza y se dirigió a su sitio- Bueno pues, ahora que ya os he presentado la asignatura me gustaría que conocierais a la alumna nueva -hablándole a ella- Anahí, puedes hacerlo desde tu sitio si así lo prefieres.
(Anahí... me gusta su nombre. Ay, Dulce callate! Ya hablamos sobre ésto en el baño. )
Anahí se levantó de la silla y se puso de pie; toda la clase se volteó a verla. Vestía una camisa larga que tapaba unos shorts verde militar. Dulce se fijó en sus largas piernas.
Uff, realmente sexy...
-Bueno, primero de todo, hola, me llamo Anahí Puente y tengo 19 años, como la mayoría de vosotros, supongo -se rió cortamente; Dulce dejó de respirar por un momento y casi se ahogó- Vengo de la universidad de Denver, en Estados Unidos, pero he vivido casi siempre en México -se quedó en silencio y miró al Sr.Ornelas- Y ésto es todo, profe.
-Gracias, Anahí. -le contestó el profesor- ¿Por casualidad conocías a alguien de la clase?
Anahí lanzó una rápida ojeada alrededor de la clase y se detuvo en los ojos de Dulce, quien estaba mirándola fijamente. ¿Por qué me miras así?... Entonces se dio cuenta de que llevaba unos segundos anclada en esos ojos, sin contestar y se puso nerviosa.
-Ehh...bueno, no, osea, sí...digo... Poncho, conozco a Poncho, nos conocimos antes de empezar la clase -mirando a Poncho y al profe simultáneamente
-Genial, bueno. Hasta aquí mi clase de hoy, les espero mañana PRONTO -enfatiza mirando a Dulce- y ya empezaremos con la materia. Que les vaya bien el resto del día.
El profesor salió del aula y Dulce volteó a ver a Anahí, quien estaba hablando alegremente con Poncho, mientras sus cuatro amigas se abalanzaban sobre ella hablándole todas a la vez.
-¡Un momento, chicas! -rogó Dulce, ellas se callaron enseguida- ¿Qué queréis?
-¿Estabas mirando a Poncho? -le molestó Maite.
-Nooo, estabas mirando a la nueva, ¿verdad? -aseguró Valentina- ¿Anahí se llama? -Dulce asintió sin mucho ánimo- ¿Ves? Ya no me cae bien, viene demasiado decidida; ¡se esta comiendo a mi Ponchito con la mirada!
-¿TU Ponchito? -se carcajeó Dulce juntamente con el resto de amigas- ¿Desde cuándo?
-Bueno, la verdad es que él aún no lo sabe, pero es mi novio -explicó ella, se unió también a la risa.
Jennifer le dió un zape a Valentina- Cállate, Valen, solo dices estupideces.
desde la otra punta del aula- ¡¡Dulce, ven!! -Poncho le estaba haciendo señas con las manos para que se acercara.
La pelirroja se levantó y fue caminando hasta donde estaba su amigo. Saludó. Le agarró la cara y le dio un beso en la mejilla bajo la atenta mirada de Anahí, que estaba al lado del chico.
-Ya vi tu escenita de primer día ¡Cada año te superas!
-Bueno, tampoco fue para tanto -se sonrojó un poco por el alago de Poncho y por la mirada de Anahí.
-Si, lo de la sangre estuvo genial. ¿Cómo lo hiciste? ¿Tinta roja?
-¡No! ¡Era de verdad! Me empezó a sangrar porque estornudé -por un momento dejó de mirar a Poncho y dirigió su mirada a los ojos azules de la rubia.
Anahí solamente la miró con una expresión seria y seguidamente apartó la mirada.
¡Oye rubia! ¿Qué te hice para que me mires así? Dulce...sinceramente...creo que es conveniente que dejes de hablar sola; cambio y corto.
-Bueno, Dulce, ¿vienes a comer con nosotros? -le propuso Poncho.
mirando al chico y a la rubia, dándose cuenta de que ella ya no la estaba mirando- ¿A quién te refieres con “nosotros”? -Poncho únicamente se señaló a sí mismo y a Anahí como contestación- Verás...resulta que las chicas quieren comer conmigo, ya sabes...hay cosas que tienen que contarme y viceversa.
Poncho asintió con la cabeza- Está bien, otro día comemos juntos. Nos vemos luego, roja. -dándole un beso en la frente a Dulce; él miró a Anahí- Entonces, ¿vamos?
Anahí miró a Poncho con una gran sonrisa- ¡Por supuesto! -volteó a ver a Dulce y su sonrisa desapareció automáticamente, la observó de arriba a abajo con expresión de desagrado, volteó y se fue llevándose con ella a Poncho.
Cuando los dos hubieron salido por la puerta de la clase, Dulce volteó y vio a sus amigas que estaban observando atentamente la escena. Entonces levantó las manos como diciendo ¿Qué pasó?, y seguidamente se acercó a ellas en busca de una explicación.
-Por favor, que alguna haga el favor de decirme qué coño hice para que esa niñita me trate así.
-Quizás fue por interrumpir demasiado la clase -opinó Raquel.
-Quizás porque le gusta Poncho y sois muy amigos -aportó Maite.
-Quizás porque no le gusta tu forma de ser -dijo Valentina.
-O quizás porque detesta tu color de pelo -soltó Jennifer.
Dulce miró raro a Jennifer- ¿A qué viene eso, Jenny? ¿Qué le pasa a mi pelo?
rascándose la cabeza avergonzada- Es que Mai me quitó mi idea, y...no sabía qué más decir -se rió sola, Jennifer.
-Bueno... -dijo la pelirroja queriendo cambiar de tema- ¿Vamos a la cafetería? Tengo hambre...
Todas asintieron con entusiasmo a la vez que empezaban a recoger sus cosas para irse a la cafetería. Al contrario que sus amigas, Dulce tardó más tiempo en levantarse después de haber recogido sus pertenencias y cuando alzó la vista ya todas las chicas estaban en la puerta esperándola.
Cuando Dulce las alcanzó, Maite se acercó a ella y mientras caminaban por el pasillo dijo.
-Dulce, ¿estás bien? Ya sabes que cualquier cosa, me cuentas.
Dulce la miró a los ojos- Bueno, es que...verás, en realidad...- ¿¡Qué!? ¡¡Dulce!! ¿Vas a contarle a Mai que lo que realmente te pasa es que te pones nerviosa al ver a la nueva y que estás realmente intrigada por saber la razón por la cual te mira de esa manera? ¡¡Estás perdiendo la cabeza!!.... apartó la mirada de los ojos de su amiga- No...nada, no me pasa nada, Maite. Gracias.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:05 am

CAPÍTULO 3

El día transcurrió lento para Dulce, en ningún momento sus amigas la habían dejado de lado, pero ella tenía sus pensamientos permanentemente en otro lado y no prestaba la más mínima atención a sus conversaciones, que ese día le parecían absurdas.
Por suerte para la pelirroja, las clases acabaron y después de despedirse de sus amigas, se dirigió al aparcamiento. Se colocó la mochila en su espalda y se sentó encima de su moto; seguidamente se acomodó su roja melena y se puso el casco, hizo contacto con las llaves y encendió el motor ruidosamente. Al instante, como reacción del arranque de la moto, escuchó un grito aterrorizado que provenía de detrás suya, Dulce se dio la vuelta y, al ver quien era, apagó el motor y se sacó el casco, aún sin bajar de la moto.
- ¿Te asusté? Perdón. -dijo mirando a la rubia que acaba de asustar, que seguía con cara de espanto- ¿Anahí? -chasqueó los dedos para sacarla del trance, y ella reaccionó.

- Sí, sí, dime. -contestó Anahí- Dulce, ¿verdad? -la pelirroja asintió- Ehh... yo quería preguntarte algo... -se pasó la mano por su rubia melena- ¿Cada cuánto pasa el bus? Lo acabo de perder -asumió vergonzosamente.

-¿Quieres que te lleve? -dijo palmeando el asiento trasero de su moto indicándole que está libre.

-No, no, gracias. Bueno, nos vemos mañana -la rubia volteó y se dirigió a la parada del bus.

Dulce la observaba caminando de espaldas- ¡Anahí! -la rubia se detuvo al momento y la miró- Pasa cada diez minutos -Dulce le sonrió.
Anahí simplemente le devolvió la sonrisa levemente y siguió su marcha. Dulce se quedó mirándola y observando el atractivo contoneo de sus caderas y el vaivén del rubio y rizado cabello de la chica.
¿Por qué ahora sí me miras y me hablas bien, Anahí? ¿Por qué este cambio de actitud? ¿Fue mi impresión o te pusiste nerviosa al hablarme? Y esa sonrisa...¿era por educación o realmente te apetecía sonreírme? ¿Van a ser así las cosas a partir de ahora o vas a seguir comportándote como cuando estaba hablando con Poncho? Cuán misteriosa eres, Anahí.
Dulce se puso el casco por segunda vez, arrancó la moto y se marchó finalmente hacia su casa pensativamente.
*************
Al día siguiente, Dulce llegó al aparcamiento rápidamente y salió corriendo hacia la entrada de la universidad.
Voy a llegar tarde, voy a llegar tarde, MIEEEERDA!
- ¡Dulce! -gritó una voz masculina.
-¡Cállense, llego tarde! Dulce siguió corriendo.
-¡Eeeehhh, Dulce! -esta vez era voz de mujer.
Dulce se quedó paralizada y dejó de correr. Miró para ver si realmente esa voz que había reconocido era de quién ella creía, y al voltear se encontró de frente efectivamente unos ojos azules que sostenían una expresión interrogante.
-¿Por qué corrías, Dulce? -preguntó Poncho.

- No quiero llegar tarde... -dijo con la intención de voltear y seguir corriendo.

- No es tarde -dijo secamente la rubia, para sorpresa de Dulce.

- Aún faltan 15 minutos para que empiece la clase -explicó su amigo.
Dulce se miró la muñeca y se percató de que su reloj estaba parado.
- ¡Joder! -se lo sacó y lo tiró al suelo- Bueno, igualmente entraré ya. Hasta luego.
La pelirroja siguió su marcha hacia su clase mientras le daba vueltas a la actitud de Anahí.
Definitivamente, esta chica es bipolar. Ayer al final del día me habla como cualquier persona normal, y ahora me vuelve a morder con sus palabras. No lo entiendo, Anahí, no TE entiendo.
La lección de ese día de la profesora Bermúdez estaba siendo aburrida y aún así, a pesar de tener a sus amigas constantemente cuchicheando a su lado, Dulce intentaba prestar atención a la clase de física. Ese día Dulce vestía una camiseta de tirantes muy ajustada y un short mucho más pequeño que el que se había puesto el día anterior, que dejaba a la vista la longitud de sus piernas y, por unos pocos centímetros, no permitía ver también sus nalgas; pero lo que la pelirroja no había tenido en cuenta era que, al sentarse, dejaba al descubierto gran parte de su precioso tanga rojo.
De repente Dulce sintió como algo pequeño se metía ágilmente por la parte trasera de su short, sorprendiéndola y provocando que se levantara chillando como acto reflejo. Metió la mano en su pantalón y sacó una bolita de papel, volteándose desconcertada.
- ¿¡Pero qué coño...?! -levantó el papelito enseñándolo a los alumnos que se sentaban por detrás suya con una expresión de incredulidad.
Dulce echó una rápida ojeada a todos sus compañeros y vio a Anahí y Christopher, quien estaba sentado al lado de la rubia, riéndose frenéticamente y comentando la jugada.
-¡¡Christopher!! -gritó Dulce acusando al chico.
Pero Christopher levantó los brazos indicando su inocencia mientras la chica seguía riéndose cada vez más fuerte.
-¡Fuiste tú, rubia! -Dulce se acercó a ella- ¡Serás hija de p...!

-¡Dulce María, suficiente! -interrumpió la profesora Bermúdez- A tu pupitre, ¡ya! -Dulce se sentó- Y ahora quiero que me soluciones el ejercicio que estábamos haciendo antes de tu repentina interrupción.

- ¿Por qué no se lo preguntas a la perra? Ha quedado claro que ella domina perfectamente el tiro parabólico.

-¿¡Perra!? -saltó Anahí- ¿Cómo te atreves? -se levantó y caminó hacia Dulce decididamente- ¿Tú quién te crees que eres, eh? -agarró a la pelirroja por el pelo.

- ¡Anahí, suéltala! -ordenó la profesora, orden a la cual Anahí hizo caso omiso.

-Suéltame -dijo Dulce serenamente.
Por sorpresa de todos, Dulce seguía quieta en su silla y con la mirada al frente, y a pesar de los tirones que le daba Anahí, ella no se movía, no hacía nada para quitarse a la rubia de encima y, sobretodo, seguía hablando sin levantar la voz.
- ¡Cállate puta! -Anahí tiró más fuerte.
Poncho se acercó por detrás de Anahí y le agarró los brazos suavemente pero con firmeza.
- Tranquilízate, Annie, suéltala.
Anahí finalmente la soltó y rápidamente Poncho la alejó de la pelirroja, llevándosela a su sitio.
- Sigamos con la clase, por favor. No quiero más interrupciones. Y con ustedes dos, señoritas, ya hablaré luego; las cosas no van a quedar así.


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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:05 am

CAPITULO 4

Ya al final de la clase...
- Bueno, ya pueden ir saliendo, la clase ha terminado por hoy... -anunció la profesora Bermúdez- Señoritas Espinoza y Puente, acérquense a mi mesa.
Cuando hubieron salido todos los alumnos, quedaron las tres solas en el aula, entonces la Sta. Bermúdez habló.
- ¿Les parece normal para unas chicas de su edad el comportamiento que han tenido anteriormente?

- Pero profesora, yo no hice nada, fue ella la que me metió una bolita de papel en el trasero.

Anahí se rió cortamente- Fue una bromita, tampoco tenía por qué ponerse así.

-Disculpe señorita Puente, pero fue usted la que agarró del pelo a su compañera.

- Pero porque ella me llamó “Perra”, no voy a dejar que me insulte.

-Ahh claro, y si te llego a llamar algo más fuerte, ¿que haces? ¿me sacas los ojos?

- Mejor no quieras saberlo -mirando realmente mal a la pelirroja- Tú vuelve a insultarme y ya no tendrás esa duda.

- Entonces tú deja de hacer el gilipollas en clase lanzando bolitas.

- ¿Qué me llamaste? ¡Atrévete a repetirlo! Hija de... 

- ¡BASTA! Señoritas, compórtense. -las separó un poco más entre ellas para que no se agarraran a golpes- Me parece vergonzosa su actitud. Ésta era la última clase del día así que se van a ir a comer ahora y luego regresan para quedarse una hora más como castigo. Tienen 20 minutos.
Dulce se fue la primera, realmente enojada, pues ella en principio era la victima de esa “broma”, como decía Anahí, y aún así estaba pagando igual que la culpable.
Llegó a la cafetería de la universidad y sacó su cartera, lamentablemente solo encontró ahí unas pocas monedas, que apenas le bastaron para pagarse un café solo.
Dulce, con su café en la mano se sentó en una mesita, al lado de la ventana.
-¿Sólo vas a tomar eso?

levantó la vista y vio que era Anahí- ¿Tienes algún problema con que no tenga dinero para pagarme nada más que un café?

-¿Quieres que te preste dinero?

Dulce negó con la cabeza mientras bajaba la mirada a sus manos- Me las arreglo con mi café.

- ¿Puedo sentarme?

la pelirroja se sorprendió por la pregunta y dudó- ¿Vas a pegarme patadas por debajo de la mesa? -Anahí se rió y agitó la cabeza- Siéntate.

Anahí se sentó enfrente de Dulce con un sándwich en la mano, y comía poco a poco mientras observaba silenciosamente cómo la pelirroja daba pequeños sorbos a su escaso café.
-¿De qué color son tus ojos?

Dulce volvió a mirarla sorprendida pues así la dejaba la capacidad de Anahí de hacer ese tipo de preguntas saliendo de la nada- Este... color miel.

- Me gustan -sonrió la rubia.

Dulce se sonrojó levemente y empezó a evitar la mirada de Anahí mirando para los lados y por la ventana, finalmente centró su vista en su tacita de café, la cual llevó a sus labios acabando su contenido; devolvió la tacita vacía a la mesa y suspiró.

Anahí miró la taza de café y luego su mitad de sándwich sin comer, volvió a mirar a Dulce.
-¿Lo quieres? -le ofreció la rubia acercándole su plato con medio sándwich- Yo no tengo hambre.

- ¿Qué? -Dulce miró alternadamente a la rubia y al plato- ¿De verdad que no lo quieres? -Anahí agitó la cabeza y le sonrió- Gracias.
Dulce sonrió también, sonrojada, llevándose lo que quedaba de sándwich a la boca y saboreándolo como si de un manjar exquisito se tratara. Tenía hambre pero intentó disimularlo enfrente de Anahí, realmente ese café era lo primero que tomaba en todo el día, y eran las tres de la tarde.
Se dieron cuenta de que los veinte minutos habían pasado y fueron rápidamente al aula donde estaba ya esperándolas la señorita Bermúdez. Ella les explicó que no se podía quedar y que la hora la pasarían con un profesor de guardia, pero sobretodo que si recibía alguna otra queja, las pagarían caras.
El profesor las ordenó que se sentaran separadas, y luego sacó un periódico de su maletín y se puso a leer poniéndoselo delante de la cara, tapándose la vista de las dos castigadas. Anahí y Dulce, cada una por su parte, estaban ocupadas; la rubia sostenía entre sus manos un libro que parecía ser interesante debido a su expresión de concentración, en cambio la pelirroja no hacía más que apuntar cosas en una hoja de papel, hacer tachones y volver a apuntar, poniéndole también gran atención a su trabajo.
suspiró y se echó para atrás, miró a Anahí- Tshhht! -le chispeó con la lengua para que la atendiera, pero la rubia parecía metida en su lectura- Ehh, rubia. -le dijo en voz baja, y ella la miró- ¿Se te comió el libro, o algo? -Anahí soltó una risa casi inaudible agitando los hombros, seguidamente negó con la cabeza- ¿Qué estás leyendo?

-“El pensamiento negativo”, no está nada mal -respondió enseñándole la portada del libro, con el mismo tono en que lo había hecho Dulce- ¿Tú qué haces? Te veo bastante insatisfecha con lo que sea que estés haciendo.

-Estoy intentando componer una canción, pero sin mi guitarra se me hace complicado.

Anahí se sorprendió, pues no pensaba que Dulce tocara música- ¿En serio compones? Me gusta mucho la música. Cuando seas famosa y te premien quiero que me nombres diciendo algo así como “Quiero agradecer también a Anahí Puente, que en una ocasión me impidió morir de hambre a pesar de habernos peleado momentos antes”

La rubia sonrió, a lo que Dulce le devolvió una sonrisa aún más amplia. Anahí empezó a reírse bajito y a la pelirroja esa risa le volcó el corazón y también se puso a reír pero más fuerte, ambas empezaron a subir el volumen de la risa hasta que el profesor de guardia bajó su periódico y dio un golpe a la mesa con un libro pesado, haciendo mucho estruendo y callando a las dos chicas, que le miraron asustadas. El profesor, sin decir nada, volvió a levantar el periódico, escondiendo su cara otra vez.

- Bueno, te dejo seguir componiendo -le dijo otra vez en un susurro.

- Gracias, sigue disfrutando de tu lectura -le sonrió y fijó su mirada en el papel.

Pasados unos segundos, Dulce, de repente agarró su hoja y la arrugó haciendo una bola; sacó otro papel de su carpeta, sonrió para sí misma y se puso a escribir con desenfreno.
-

¡Ya lo tengo! Gracias, rubia.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:05 am

CAPÍTULO 5
-¡Mierda! ¡Ahora nooooo!
Dulce alargó perezosamente el brazo y lo dejó caer encima del despertador, dándole un fuerte golpe y haciéndolo caer al suelo.
-Te jodes, eso te pasa por sonar en el mejor momento del sueño que estaba teniendo.
La pelirroja bostezó y se incorporó en la cama, sin levantarse de la misma, abrió la cortina. Por suerte aún era demasiado pronto como para que el sol la cegara; dio gracias a Dios por ese hecho. Se frotó los ojos y se fijó en cómo había quedado la cama después de ese interrumpido sueño. La funda estaba totalmente arrugada al final de la cama, incluso colgando hasta el suelo; la sábana estaba completamente enredada entre sus piernas hasta la cadera y la sábana bajera ya no estaba anclada en las esquinas de la cama; finalmente se fijó que su almohada estaba girada, es decir, que había dormido abrazada a ésta. Señales claras de que ese sueño que no conseguía recordar demasiado bien había sido agitado e intenso.
Se levantó de su nido a pesar de ir en contra de su voluntad, y se dirigió directamente al baño. Al encender la luz soltó un gemido pues sus ojos estaban sensibles aún, y se acercó casi a ciegas hasta la ducha, prendió el agua y la dejó correr esperando a que saliera agua caliente. Mientras tanto empezó a desnudarse y se dio cuenta de que su ropa interior estaba toda húmeda, fue entonces cuando se percató de que tenía un calor agobiante; Dulce se sorprendió y llevó su mano a la entrepierna para salir de dudas, empezando a unir cabos sueltos, recuerdos del sueño interrumpido y hechos que le aseguraban que había pasado una noche entretenida. Dulce se apoyó en el lavabo, mirándose al espejo perpleja.
-Dulce María... ¿un sueño erótico? -se decía a sí misma- Por Dios, nunca habías tenido problemas con el sexo como para soñar con ésto también...
Volteó rápidamente y, antes de meter un pie en la ducha, cambió de dirección el grifo para ponerlo en el agua helada.
-Éso es lo que necesito, una ducha fría.
************
Dulce llegaba pronto a la universidad puesto que el agua fría le había impedido quedarse el tiempo deseado disfrutando de su aseo y eso le hizo ganar tiempo, tanto tiempo que cuando llegó no estaba ni el edificio abierto. Dulce optó por quedarse sentada encima de su negra moto deportiva y sacó el cuaderno de física para intentar entender lo que había copiado de la pizarra el día anterior ya que, con la movida que hubo con Anahí, acabó por no prestarle mucha atención a la clase. Al sacarlo, de entre sus páginas se deslizó una pequeña hoja de papel que cayó delicadamente encima del motor de la máquina; la pelirroja lo recogió intrigada antes de que empezara a resbalar hasta el suelo, lo abrió y se dio cuenta de que era lo que había estado escribiendo el día anterior durante el castigo con Anahí. Lo leyó detenidamente revisando las estrofas y las rimas, pero sobretodo revisando si la letra expresaba lo que ella sentía cuando lo estaba escribiendo.
Sintiéndose satisfecha, sonrió para sí misma, y al sentir como alguien pasaba muy cerca suya, lo dobló rápidamente y levantó la mirada. Estaban de espaldas, caminando sin haberse percatado de que habían pasado por al lado de Dulce: Poncho y Anahí.
-¿Ahora ya no se saluda? -dijo la pelirroja, tratando de llamar más la atención de la chica que de Poncho.
ambos voltearon- Perdón, preciosa, no me di cuenta de que eras tú -el chico la agarró de la cara y le dio un tierno beso en la frente.
-Como si mi pelo fuera poco para distinguirme...
-Ya te dije perdón, estaba distraído.
-Bueno, ya, no importa -le sonrió cortamente.-
¿Por qué sigues insistiendo en conducir con tan poca ropa? -le dijo Poncho observando cómo Dulce llevaba puesto un pantalón largo, aunque muy fino, y una camiseta de tirantes muy escotada- Algún día te vas a constipar de verdad.
-Si supieras el calor que tenía al despertarme...-dijo ella para sus adentros- No tengo frío, pero gracias por preocuparte, Ponchito -le sonrió y le dio un beso en la mejilla.
Cuando se separó, se dio cuenta de que todo aquel tiempo Anahí había estado detrás del chico, sin decir nada, sin hacer nada, y con expresión seria y amenazante para Dulce. Ambas se miraron fijamente.
-Dulce, ¿entras o esperas a alguien? -le preguntó Poncho, Dulce negó con la cabeza sin dejar de mirar a Anahí- “No” a qué. ¿No entras o no esperas a nadie? -Dulce seguía mirando a Anahí y volvió a negar con la cabeza.
Anahí...ya veo que vuelves a lo de siempre, ¿por qué sólo me tratas bien cuando estamos solas? No te entiendo...pero eso no me importa, con esos ojos azules tan hermosos que tienes, tan intrigantes, tan profundos...ese cabello rubio precioso y seguramente sedoso y suave...esa piel bronceada...poder acariciarla...seguro es como la de un bebé...esos pechos tan redondos y perfectos...uff qué calor me está entrando, me encantaría poder tocarte y besarte esos pechos..¡Dulce, Dulce, Dulce! ¿Qué estás haciendo? ¡Céntrate en responder a Poncho! Pero...es imposible...esa falda tan sexy que llevas hoy te marca una cintura delicada que me gustaría poder rodear con mis brazos...y esas delgadas piernas...aún si no llevaras tacones seguirían siendo igual de provocativas...Lo tengo muy claro, Anahí. Tú eres la protagonista de mis sueños eróticos.
-¡Dulce! -el chico chispeó los dedos delante de la pelirroja y ella reaccionó apartando la mirada de la rubia.
-¡Ayy! ¡Poncho! ¿Qué haces? Ya voy, qué impaciencia.
Dulce finalmente bajó de la moto, metió el cuaderno de física en la mochila y partió junto a su amigo y Anahí.
******************
Más tarde, durante el cambio de clase, Valentina, Maite, Jennifer y Raquel se habían abalanzado sobre Dulce para preguntarle sobre qué había pasado con la profesora Bermúdez.
-Oye, Dulce, al final ayer ¿qué pasó con la Bermúdez? -preguntó Maite.
-Pues bueno, -se propuso explicar Dulce- pasó que...
la interrumpió Valentina- Te castigó, ¿verdad? -la pelirroja asintió y abrió la boca para seguir explicando, pero Valentina habló otra vez- Ya sabía yo... maldita Anahí, fue por su culpa.
-Sí, y además ella no pagó... La estúpida esa...voy a pegarle -Jennifer se levantó con intenciones de ir a Anahí.
-¡CHICAS! -gritó Dulce para que se callaran, pero no solamente se callaron sus amigas, sino que toda la gente que había en la clase la miró, y un poco más bajito se volvió a dirigir a ellas- ¿Dejan que me explique? Siempre hablan y nunca dejan que les cuente las cosas como son -las miró a las cuatro y al cerciorarse de que todas estaban atentas y serenas, continuó- No me castigaron, NOS castigaron. A las dos. A Anahí y a mí. Fui a tomarme un café antes de ir al castigo y ella me pidió permiso EDUCADAMENTE para sentarse en la misma mesa que yo. Me ofreció medio sándwich y lo acepté. En el castigo nos reímos juntas y en ningún momento me faltó al respeto. Y bueno...al final se despidió con una sonrisa que me pareció totalmente sincera, eso fue todo, nada más.
Tras unos segundos asimilando toda la información que Dulce les estaba proporcionando, Raquel contestó.
-Pero...¿te pidió perdón?
-Ehh... Sí, por supuesto...
No...no me pidió perdón.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:05 am

CAPÍTULO 6

Unas horas más tarde les tocaba la clase con su tutor, el profesor Ornelas. Nada más entrar todos los alumnos callaron puesto que el señor tenía una cara de enfado notable. Dejó su maletín y el libro de su asignatura encima de la mesa y se situó delante de la pizarra con los brazos cruzados.
-Dulce María y Anahí, acérquense por favor.
Ambas se miraron sorprendidas pues pensaron que el enfado del profesor era debido a lo que sucedió el día anterior en la clase de la señorita Bermúdez, y no se equivocaban. Se levantaron y fueron delante del profesor.
-Señoritas, la profesora Bermúdez ya me ha informado del incidente que tuvo lugar ayer en su clase...tengo que decirles que me parece vergonzosa la actitud de ambas...por favor, que tienen 19 años, no son niñas. Y usted, Anahí, ¿cree que le conviene comportarse así siendo su primer año en la universidad
Anahí solamente agachó la cabeza, sintiendo mucho lo que pasó. Dulce se dio cuenta de que las acusaciones del señor Ornelas estaban siendo demasiado directas para Anahí e interrumpió la regañina.
-Profesor, entiendo que esté molesto por nuestra conducta, pero yo también tuve la culpa, no solamente fue Anahí. Ella estaba bromeando y yo me enojé y la traté mal, y ella respondió de la misma manera, así que no la presione diciendo que es su primer año. Le prometo que no volverá a pasar.
Anahí miró incrédula a Dulce, no podía creer que la pelirroja hubiera salido en su defensa. Dulce simplemente volteó a verla y le sonrió cortamente, a lo que ella volvió a bajar la cabeza.
-Puesto que no quiero que eso vuelva a repetirse, voy a cambiarlas de sitio y van a sentarse juntas, a ver si se acostumbran a tener que trabajar juntas y mejoran su relación. Pueden volver a sus asientos, por ahora -las dos chicas voltearon y fueron a sus correspondientes pupitres, el profesor habló dirigiéndose a toda la clase- Como les dije el primer día, voy a atribuirles nuevos pupitres, así que pueden ir recogiendo sus cosas y se quedan sentados hasta que los nombre.
Después de un quejido general y algo de alboroto, el señor Ornelas empezó a colocar a sus alumnos de dos en dos según a él le interesaba. Dulce ya sabía a quién tendría de compañera, pero se molestó de veras cuando vio que sus cuatro amigas se sentaban juntas, dos y dos, Raquel y Maite, y Valentina y Jennifer. Ellas cuatro estaban en la primera y la segunda fila, unas delante de las otras, en una esquina de la clase; y Dulce y Anahí estaban en la tercera fila, pero en el otro lado de la clase, Dulce estaba realmente molesta y eso Anahí lo notó.
-¿Por qué tienes esa cara?
-¿Tienes algún problema con mi cara? -respondió la pelirroja a la defensiva.
-No empecemos, por favor, que no quiero estar peleando cada día a cada hora.
Dulce simplemente asintió con la cabeza y no dijo nada, desvió la mirada hacia sus amigas, que hablaban entretenidas entre ellas, mientras el señor Ornelas observaba si le gustaba la nueva disposición de la clase.
-Es por ellas, ¿verdad? -preguntó Anahí.
-Joder, es que seguro se van a olvidar de mi porque están todas juntas y yo aquí...
-¿Sola? -interrumpió la rubia- ¿Ibas a decir “sola”? -miró a Dulce con una expresión de molestia por no considerarla a ella, Dulce la miró a los ojos y se perdió en la inmensidad de ese azul penetrante-¿Y yo quién soy? ¿Acaso soy “nadie”?
Dulce, algo apenada intentó arreglar las cosas- No, no, no quería decir eso... Verás...mis amigas...y...bueno...
Anahí se rió ligeramente burlándose de Dulce- Dulce...soy la mejor compañera con la que te podría haber tocado... -la pelirroja se quedó sorprendida por la respuesta de la ojiazul.
-¿Por qué dices eso ahora? ¿Por qué ahora vuelves a tratarme bien cuando esta mañana casi me fulminas con la mirada cuando estaba hablando con Poncho? En ningún momento he querido decir que no quiera sentarme contigo, sino al contrario, creo que éste es el momento para descubrir qué tanto escondes...y también el momento de tenerte cerca... de saber más de ti... Quiero saber todo de ti, Anahí.
Minutos más tarde la clase del señor Ornelas había acabado, la rubia enseguida sacó una libreta muy pequeña donde tenía apuntado el horario de toda la semana, y cosas pendientes así como trabajos o tareas.
-Ahora toca la asignatura libre, ¿qué escogiste?
-Francés, ¿tú? -preguntó la pelirroja.
-También -le sonrió cortamente la rubia- ¿Me puedo sentar contigo también en esa clase? Verás, es que no conozco a nadie más que haga Francés, Poncho creo que escogió Informática.
se molestó un poco por el comentario respecto a Poncho- Ahh entonces, si Poncho hubiera escogido Francés, ¿me dejarías tirada por él?
ella se rió animadamente- ¿Te pones celosa? No puede ser -seguía riéndose con ganas.
Dulce la miró amenazante- ¿Quieres ver cómo te quedas sola?
-Ay no no no!! Perdooon! Perdoname, Dulce. Solo era una broma.
la pelirroja sonrió al ver que Anahí se disculpaba para no perderla- Vamos, tenemos que ir a otra aula.
Antes de salir de la clase, Dulce pasó por delante de sus amigas.
-Ninguna hace Francés, ¿verdad?
Noooo! -contestaron todas.
-Las odio, que lo sepan.
Cuando llegaron al aula donde se impartían las clases de Francés, reconocieron a dos o tres personas más de su misma clase, pero los demás eran de otras, así que Anahí no conocía a casi nadie, pero Dulce mientras iba pasando, saludaba a la gente, todos allí la conocían. Se sentó en un pupitre que tenía otro al lado y le indicó a Anahí, que seguía quieta en la puerta, que se sentara junto a ella. Cuando llegó el profesor, después de saludar a la clase en general, se acercó a la mesa de Dulce y empezaron a hablar en francés muy deprisa, Anahí no entendía nada y los miraba con cara de asombro.
-Ajá, así que tú eres Anahí, yo me llamo Jules -se presentó el joven hombre con un perfecto acento español, a pesar de ser de origen francés. Anahí supuso que Dulce se la había presentado al profesor así que simplemente asintió con la cabeza- ¿Cómo llevas el nivel de francés?
-Bueno...pues...verá profesor...
Dulce interrumpió, pues vio que su compañera estaba en un apuro- Yo la pongo al día profe, no se preocupe -le regaló una exagerada sonrisa al profesor, y éste, convencido, dio media vuelta y se dirigió a su mesa. Dulce volteó a ver a Anahí tocándose las doloridas mejillas- Odio tener que sonreírle tanto a Jules, me acaban doliendo los cachetes... -Anahí se rió por el comentario de Dulce- No tienes ni idea de francés, ¿verdad?
-Veamos, tanto como “ni idea” no, solamente que habláis muy rápido y no entiendo nada. ¿Tú por qué sabes tanto francés?
-Je suis allé au lyceé français quand j'étais petite.
-Ehh¿?¿?
Dulce se rió ante la reacción de Anahí al no entender nada- Que fui a un colegio francés cuando era pequeña.
Al final de la clase, cuando ya recogieron las cosas e iban caminando hasta su clase habitual...
-Dulce...
-Dime, Anahí.
-Me da mucha pena tener que pedirte ésto...pero no quiero suspender ninguna asignatura, así que...
-Ya, Anahí, dime, no des más vueltas.
-¿Podríamos quedar algunas tardes para que me ayudes con el francés?

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:05 am

CAPÍTULO 7

Durante las horas siguientes, Anahí y Dulce habían empezado a tenerse más confianza; opinaban sobre los compañeros, las asignaturas, los profesores, sobre cosas que, por ahora, eran lo único que sabían que tenían en común.
-¿Y el profesor de Francés? ¿Jules, se llama? -Dulce asintió- ¿No te parece muy sexy?
-¿Sexy? -quedó boquiabierta la pelirroja- ¿Jules, sexy? Pero si tiene casi veinte años más que nosotras...
-¿Veinte? No puede ser, parece super joven... Igual pienso que está de “toma pan y moja” [nota de la autora: no se si en otros lugares se usa esa expresión, pero es para referirse a que alguien es tan sexy y hot que te lo comerías jeje]
-Bueno...hombre, no está mal del todo...pero es como un hermano mayor para mí.
-Pero como para mí no, yo me lo gano. Me pongo así un poco más sexy y...
-¿Más aún? -se le escapó a Dulce, confesando que encontraba que iba sexy.
-¿Te parece que voy sexy? -Anahí miró a la pelirroja juguetona y provocativa.
-Bueno...es que con ese escote que llevas...y esa falda tan corta con los tacones... -Dulce observó a la rubia que, aunque estaba sentada, lucía espectacular. Se sorprendió a sí misma cuando se dio cuenta que llevaba más tiempo que el que debía observando su cuerpo- De todos modos, creo que es gay. Así que dudo que puedas ligártelo.
-Tu estás haciendo lo posible para que no lo haga... -la miró mal, jugando.
-Claro que hago lo posible, no es en él en quién te tienes que fijar, ¡¡FÍJATE EN MÍ!! -respondió interiormente- Simplemente no quiero que te lleves un disgusto cuando te diga que prefiere ser pasivo.
Anahí se imaginó lo que Dulce le estaba contando- ¡¡Ayy noo!! No me digas eso, no me hagas imaginar ese tipo de cosas, PUAJJ... Qué lástima, qué desperdicio de hombre...
-Bueno...ya te fijarás en alguien que valga la pena, si quieres yo te ayudo a encontrar a la persona adecuada -obviamente Dulce lo dijo con segundas intenciones pero Anahí no se dio cuenta puesto que no imaginaba nada de lo que pasaba por la cabeza de la pelirroja con respecto a ella.
-Por cierto, hablando de ayuda y de Jules... -cambió de tema la rubia- ¿Te va bien lo de darme una ayuda con el francés? -lo dijo realmente avergonzada.
-Sí, por supuesto que me va bien. ¿Qué día te va mejor a ti? Yo voy al gimnasio después de la universidad, pero si dejo de ir un día no pasa nada, puedo prestarte una de mis tardes, siéntete privilegiada -le sonrió juguetona, pues en realidad iba al gimnasio solamente dos o tres días a la semana, como mucho, y muchas veces no iba por pereza.
-La verdad es que hoy no me va bien, he quedado con mi madre para ir de compras así que me conviene aprovechar que va a llevar consigo la tarjeta de crédito -sonrió emocionada por sus planes de compra.
-Sí, mejor, igualmente hoy solo tengo un casco y no quiero llevarte sin, me da miedo.
-¿Cómo? ¿Vas a llevarme en moto? -su rostro se inundó en terror
-Claro que sí, y no acepto que te niegues. ¿Te va bien mañana?
-Eh... Sí, claro que sí.
De repente algo empezó a vibrar encima de la mesa, era el móvil de Dulce. Ella lo agarró enseguida para que dejara de hacer tanto ruido sobre la madera y miró la gran pantalla de su iPhone4, seguidamente y a pesar de que estuvieran enmedio de una explicación de la cual ambas se habían perdido hacía tiempo, Dulce contestó al teléfono en un susurro.
-Alex, estoy en clase...sí, dime...¿mañana? Ya tengo planes para mañana...Sí, claro, llámame por la noche...yo también te echo de menos...un beso, chao -Dulce colgó el teléfono y carraspeó unas cuantas veces, pues le molestaba en la voz el hecho de haber estado susurrando. Levantó la mirada y se encontró unos ojos azules con una expresión interrogante- ¿Esa es cara de “¿quién era el interesado?”?
Anahí se apenó un poco- No quería ser grosera, eso no me incumbe ya que...
-Era Alejandro Sanz -interrumpió sonriendo; al ver la cara de incredulidad de Anahí empezaron las carcajadas- Tengo un amigo que se llama Alejandro Sanz. ¿De verdad creías que me estaba refiriendo al cantante?
-Pues...nose...quizás como eres tan “famosilla” dentro de la universidad, y con todo eso de que compones música, cabía la posibilidad de que le conocieras -se sonrojó la rubia intentando buscar una explicación- Siento que te conozco tan poco, Dulce... en cambio noto como si tú con tan solo mirarme ya sabes todo de mi...
-¿En serio? Yo creo exactamente... lo contrario -se rió ligeramente Dulce- Aunque visto lo visto, creo que tenemos mucho tiempo para conocernos poco a poco, sin prisas.
Ambas rieron por el comentario de la pelirroja, pero no se dieron cuenta de que toda la clase había escuchado esa risa.
-Las dos señoritas de la esquina... ¡cállense de una vez! -las regañó el profesor que intentaba dar la explicación de su materia.
-Lo sentimos, profesor -contestaron las dos a la vez.
Anahí miró a Dulce riéndose flojito y a la vez un poco avergonzada, Dulce también la miró de la misma manera, perdiéndose en esos ojos azules que le hacían perder la noción del tiempo, por vigésima vez ese día.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:06 am


CAPÍTULO 8

Después de la última hora de clase, Dulce y Anahí salieron del edificio hablando alegremente, la rubia la acompañó hasta su moto y, mientras Dulce se ponía la chaqueta, la misma dijo:
-Ya sabes, no hagas planes para mañana -la rubia negó con la cabeza- Ves quitándote el miedo de ir en moto conmigo.
-No es el hecho de ir contigo, sino de ir en moto -aclaró para que no hubiera confusiones.
-Conmigo nada te va a pasar, soy muy buena -tranquilizó a Anahí, obviamente con una frase que tenía escondidas segundas intenciones. La rubia sonrió- ¿En tu casa o en la mía?
-Me es indiferente, donde te sientas más cómoda.
-Entonces en la mía, ahí no habrá nadie que nos moleste.
Entonces se acercó Poncho, que había escuchado la última parte de la conversación pues no había estado muy lejos, completamente perplejo.
-¿Perdón? ¿Escuché realmente lo que creo que escuché?
-Yo no sé, supongo que sí, ¿qué has entendido tú? -preguntó la pelirroja.
-Dulce, ¿desde cuándo te cambiaste de acera? -ese comentario, sin que Poncho lo supiera, molestó a Dulce- Sinceramente, no es por desilusionarte pero creo que es un poco pronto como para pedirle una cita fuera del colegio a Anahí...apenas se están conociendo...
Dulce agarró a Poncho por la cara y lo acercó a ella juntando sus frentes para verle bien directo a los ojos. Él se estaba poniendo nervioso por la cercanía, ya que, aunque Dulce fuera como su hermana, estar tan cerca de una mujer tan sexy le ponía de esa manera. Intentó disimularlo, lo consiguió tragando saliva y suspirando, aún sin separarse porque Dulce lo tenía sujeto.
-Vamos a estudiar... -le dijo finalmente.
Luego la pelirroja se separó de él no sin antes darle un beso en la mejilla, y le sonrió graciosamente. Dulce lo abrazó exageradamente riendo.
-¿Te pones celoso, bebé? Un día te prometí que me casaría contigo y así lo voy a hacer. Las promesas de sangre no se rompen nunca -levantó el dedo índice y él hizo lo mismo, ambos se agarraron con el dedo y Dulce empezó a reír, él hizo lo mismo, seguidamente se separaron y ella siguió abrochándose la chaqueta y empezando a ponerse el casco- Ponchito, nos vemos mañana; lo mismo Anahí.
Dulce miró a Anahí, pues hacía desde la aparición de su amigo que no se había fijado en ella. Le sorprendió que la rubia tuviese una expresión seria y molesta en su rostro, estaba inmóvil, y únicamente abandonó esa postura para asentir con la cabeza en señal de despedida. Dulce se fue a su casa bastante confusa.
****************
Al día siguiente todo fue muy normal, solo que Anahí estaba un poco más distante que últimamente. Dulce sentía como si lo que habían ganado en confianza esos últimos días desde el castigo, lo estaban volviendo a perder ahora; pero prefirió no comentar nada por miedo a que no fuese nada con ella y estuviese metiendo la pata entrometiéndose en asuntos que no eran de su incumbencia.
No habían hablado mucho durante las horas de clase, por eso a Dulce le parecían años cada minuto que pasaba, nunca el tiempo había pasado tan lento. Pero finalmente se acabaron las clases y ambas salieron al aparcamiento para buscar la moto de la pelirroja. Ésta observó detenidamente a su acompañante, se quitó la chaqueta y se la dio.
-Toma, no vaya a ser que te resfríes.
-Gracias -dijo Anahí agradeciendo el gesto y poniéndosela. Dulce le alcanzó el casco que había traído para ella y ésta también se lo puso.
Dulce se subió a horcajadas a la moto deportiva y, medio volteándose, le ofreció la mano a la rubia para que ella subiera también. Ésta no le agarró la mano, sino que se apoyó en el hombro de la pelirroja y se sentó en el asiento trasero.
-No tengas miedo.
Anahí negó con la cabeza muy segura de sí misma, pero enseguida que rugió el motor, abrazó muy fuerte a Dulce por la cintura, apoyando la cabeza en su espalda. Notó cómo Dulce rió porque se agitó toda por el movimiento de hombros de la piloto.
Dulce, puso una mano encima de la de Anahí y, acariciándola, la levantó un poco indicando que no se sujetara tan fuerte. La rubia se acomodó bien en su espalda y la volvió a abrazar, pero esta vez la agarró suavemente. La manera de agarrar a Dulce hizo que a ésta un escalofrío le recorriera la espalda en su totalidad; pero para evitar pensar que tenía a una mujer muy especial a sus espaldas, puso la primera marcha y aceleró, dejando así el aparcamiento de la universidad, dirigiéndose a su casa.
Llevaban ya un tiempo estudiando Francés. Dulce estaba sentada en su cama y Anahí en el escritorio de ésta. La rubia poco a poco iba entendiendo más y realmente la ayuda de Dulce le servía mucho. Anahí suspiró cansada.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien?
-Me saturo con tanto Francés.
-¿Quieres tomar algo? Nos tomamos un descanso ahora y luego seguimos si te ves con fuerzas.
-Sí, por favor. ¿Tienes refrescos?
-Claro, ahora te traigo uno.
-De cola, si es posible.
-Es lo único que tengo -abandonó su cuarto riendo.
Anahí aprovechó ese momento para observar con detalle la habitación de Dulce sin sentirse incómoda por ser tan curiosa. Las paredes estaban repletas de pósters de cantantes, actores y actrices famosos. También de fotos de Dulce cuando era más pequeña; fotos de todo tipo, con amigos, con familia, con un chico, sola...sola era cuando realmente se veía más hermosa. Anahí estuvo admirando por un rato aquellas fotos y siguió escaneando el cuarto. Un armario empotrado con las paredes de espejo daban claridad a esas cuatro paredes, pues la luz de la ventana se reflejaba en ellos y se duplicaba. Encima del escritorio, colgado, había un tablón de corcho donde tenía colgadas algunas fotos de carnet con diferentes amigos y amigas, y también de ella sola, algo parecido a un sobre que Anahí se preguntó qué habría dentro, y unas hojas de papel escritas por Dulce, la rubia se acercó y descubrió que eran letras de canciones y como no reconoció ninguna, supuso que las había compuesto Dulce. Pero algo faltaba en esa habitación. Anahí miró rápidamente las cuatro esquinas de ese cuarto y en una de ellas, a los pies de la cama, la vio. La guitarra de Dulce. Anahí solamente pudo sonreír.
-¿Quieres que te toque algo?
la rubia se sorprendió no sabiendo si era por el hecho de la entrada inesperada de Dulce o por la interpretación errónea que había hecho Anahí sobre la propuesta- ¿Eh?
-¿Que si quieres que te toque alguna canción?
-Claro, claro que sí -contestó sabiendo ya qué sentido darle a la pregunta.
Dulce le dio el refresco de cola a Anahí y dejó el suyo junto a una bolsa de palomitas (pop corn) encima de la cama. Agarró la guitarra y se sentó en la cama. Hizo señas para que se sentara a su lado, en la cama también, y así lo hizo la rubia.
-¿Puedo tumbarme? Me duele la espalda.
-Por supuesto, ponte cómoda.
Anahí se tumbó en la cama de Dulce, apoyando la cabeza en la almohada, aspirando el aroma que ésta desprendía. Se dio cuenta de algo, le gustaba ese olor, le gustaba el olor de Dulce. La pelirroja empezó a tocar unos acordes y seguidamente empezó a cantar.

Sumo los segundos, los minutos y las horas
Que llevamos desde que, te conocí mi amor
Flotando como un ave voy planeando en el camino
Porque sé, que yo te besaré.

Caminando por la calle con mis botas y mi ropa de colores
A punto de llover
Pensando que diré cuando te vea
Lo cierto es que me encanta la manera en la que

Yo me he enamorado de ti
He comenzado a sentir que tu amor
Va llenando mis sentidos y mis días de colores
Sé que ya estoy loca por ti
No tengo forma de huir
No quiero
Irremediablemente sé que eres para mí

Y me he dado cuenta que no aguanto tiempo
Si no llamas, si no mandas un mensaje
No puedo esperar
Cualquier motivo siempre será bueno para darme una vuelta
Y poderte encontrar

Yo me he enamorado de ti
He comenzado a sentir que tu amor
Va llenando mis sentidos y mis días de colores
Sé que ya estoy loca por ti
No tengo forma de huir
No quiero
Irremediablemente sé que eres para mí

Irremediablemente pienso que
Será tu forma de cuidarme bien
O la manera en la que estás
Mirando al fondo de mí ser
Irremediablemente quiero estar
Contigo estoy bien en cualquier lugar
Bajo la lluvia yo quiero bailar
Hasta el amanecer

Yo me he enamorado de ti
He comenzado a sentir que tu amor
Va llenando mis sentidos y mis días de colores
Sé que ya estoy loca por ti
No tengo forma de huir
No quiero
Irremediablemente sé que eres para mí
Irremediablemente sé que eres?
Durante la canción, Dulce había intentado mirar varias veces a los ojos azules de Anahí, dedicándole así, sin palabras, esa canción. Era la canción que había escrito durante el castigo que pasaron juntas. Era la canción que había compuesto para ella.
Pero Anahí, con sus pensamientos confusos, supuso otra cosa. Cuando terminó la canción, Anahí sonrió ampliamente.
-Tienes una voz muy linda, Dulce. Qué suerte tiene Poncho de que le escribas canciones así de bonitas.
-¿Poncho? ¿Qué pinta Poncho aquí?

-Bueno... verás, lo que pasó ayer a la salida de clases me hizo pensar que quizás tienen algo ustedes dos. Con lo de que se van a casar y eso...
Dulce se rió con ganas- No, Anahí, no confundas. Poncho y yo nos conocemos desde que éramos así de pequeños -poniendo su mano plana a dos dedos de distancia de la superficie de la cama- Y sí, es verdad que éramos “novietes” pero éramos muy niños. Estábamos jugando a que éramos ya marido y mujer, y nos dio por agarrar un cuchillo y nos hicimos un corte en el dedo índice, y luego los juntamos, jurando así que en un futuro nos casaríamos de verdad. Pero todo eso eran juegos de niños chicos, no tiene nada que ver ahora, solo que aveces lo recordamos y nos reímos.
-Entonces no tienen nada, ¿verdad?
-Somos como hermanos.
-Pues... ¿para quién escribiste esa canción?
-Para alguien que conocí hace poco -dijo intentando esconder su nerviosismo.
-Y... siento ser indiscreta pero... ¿estás enamorada?
la pelirroja no lo dudó ni un segundo y aseguró- Completamente.
Anahí sonrió, pero no sabía si era una sonrisa de alegrarse por el hecho de que Dulce estuviera enamorada, o una sonrisa triste por no ser ella a quien iba dedicada la canción, o eso creía ella. Le habría gustado ser ella en quien Dulce pensaba al escribir sus canciones; no sabía por qué motivo, pero le habría gustado, de eso estaba segura.
Dulce abrió su refresco y la bolsa de palomitas, tomando un gran sorbo de la bebida. Anahí también bebió y dejó la lata encima de una mesita que había al lado de la cama. Se acomodó más en la almohada de Dulce inspirando más profundamente su aroma y cerrando los ojos.
-Puedes seguir tocando para mí, si quieres.
-No -le tiró una palomita en la cara y la rubia abrió los ojos de repente-, que te duermes.
Anahí cogió una palomita y se la tiró a Dulce sin incorporarse aún de la cama. La tiró con poca fuerza pues no quería que se fuera muy lejos y luego tener que barrer el cuarto, así que Dulce fue capaz de cazarla al vuelo con la boca y se la comió. Ambas empezaron a reír y estuvieron un rato hablando hasta que volvieron a ponerse a estudiar, pues eso era a lo que habían venido.
La rubia volvió a sentarse en el escritorio y miró el libro de Francés. Se volteó y miró a Dulce con cara de pena.
hablando como bebé- No quiero hacer más Francés... ¿Podemos hacer mates? -le sonrió de manera inocente y convincente a la vez, pues Dulce acabó aceptando.
Dulce hacía los ejercicios desde la cama, comentándolos con Anahí que seguía en el escritorio. Pero ese ejercicio se le resistía; ésa era la tercera vez que lo hacía de nuevo y seguía sin obtener el resultado correcto. Dulce al ver el problema que tenía Anahí, se acercó por su espalda y se apoyó en la mesa desde detrás de ella, rodeándola con los brazos aunque sin tocarla. Le quitó el lápiz de la mano y se apoyó sobre su codo derecho, dejando el brazo izquierdo por detrás de la espalda de la rubia. Empezó a explicarle dónde fallaba y por qué. Anahí dejó de escuchar lo que decía y se centró únicamente en observar lo linda que se veía Dulce explicando concentrada. Cuando acabó la explicación de la cual Anahí no se había enterado, Dulce sin cambiar su posición, volteó la cara y la miró a los ojos con una sonrisa.
-¿Entendiste?
Anahí sonrió, pues se había quedado sin palabras. Sus caras estaban muy cerca, las dos sentían la respiración de la otra en su piel. Sus corazones empezaron a latir muy rápido, ambas intentando disimular el nerviosismo que les provocaba estar tan juntas. Anahí, sin más, agarró las mejillas de Dulce y finalmente hizo que juntaran sus labios en un anhelado beso.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:06 am

CAPÍTULO 9

Dulce no reaccionó ante el beso que le estaba dando Anahí. La rubia se dio cuenta y paró al notar que la otra no estaba participando en ese beso. Al separarse la miró preocupada, no sabía si sentirse mal por haberlo hecho sin permiso, o sentirse aliviada por haber hecho lo que estaba deseando en ese momento. Pasaron unos segundos antes de que Anahí empezara a disculparse desesperadamente, agobiada por la tensión del ambiente.
-Perdón, Dulce, no debí... No volverá a pasar, lo prometo... Por favor, no lo tengas en cuenta...
Dulce sin dejar que Anahí acabara de disculparse, sonrió ligeramente y con la mano izquierda, que antes tenía en el respaldo de la silla de Anahí, le agarró ambas mejillas, acercándose un poco más.
-Cállate.
Y seguidamente la besó. En un principio era un beso dulce, sin prisas, ambas saboreando los labios de la otra, disfrutando de ese momento. Entonces fue Anahí la que decidió profundizarlo, pero Dulce se separó porque la postura en la que estaban no era nada cómoda. Se incorporó y agarró a Anahí del brazo haciendo que se levantara de la silla, y se sentó en el borde de la cama mientras con sus brazos agarraba a la rubia por las piernas para que se sentara sobre las suyas a horcajadas. Anahí pasó sus manos por el cuello de Dulce y un escalofrío recorrió toda la espalda de la pelirroja; acto seguido la rubia la besó con pasión y desespero. Dulce la agarró por la cintura pegándola más a su cuerpo, y poco a poco fue metiendo las manos por dentro de la camisa de Anahí, acariciando su espalda y su cintura.
Anahí se separó para respirar pues se estaba quedando sin aire, miró a los ojos a Dulce y poco a poco fue sacándose su camiseta. La pelirroja se quedó admirando su cuerpo, le acarició el abdomen con sus manos y se quedó unos segundos observando la perfección de esos pechos, aún cubiertos por un sujetador; la miró a los ojos y sonrió sonrojándose un poco, Anahí le dio un beso corto y también sonrió.
Mientras las dos recuperaban la respiración, Dulce empezó un recorrido con sus dedos por el brazo de Anahí, desde la mano, pasando por el codo y luego por el hombro, deslizándose por el valle de sus senos, volviendo otra vez al abdomen.
Ninguna de las dos decía nada, solamente se escuchaban las fuertes respiraciones debidas a la excitación.
-Eres...eres perfecta... -dijo Dulce mordiéndose el labio inferior.
Anahí le acarició suavemente la cara, le apartó unos mechones de pelo de delante de la cara y le dio un pico en los labios cariñosamente. Luego se volvió a acercar muy lentamente y pasó su lengua por los labios de Dulce, perfilándolos provocativamente. La pelirroja respondió intentando atrapar esos labios que tanto le gustaban, pero la rubia se apartó impidiéndoselo. Dulce levantó a Anahí y la tumbó en la cama, quedando ella encima, agarrándole ambas manos, evitando que se moviera.
-Ahora no te escapas -aseguró sonriendo pícara.
Le dio un profundo pero corto beso en los labios y bajó hacia su cuello, dando pequeños mordiscos y pasando su lengua delicadamente, hizo el mismo recorrido que había hecho anteriormente con sus dedos, pasando por la clavícula y por el valle de sus senos, solamente deslizando su lengua, provocando en Anahí un cosquilleo y una sensación de deseo incontrolables. Siguió por su abdomen, por el ombligo y, al encontrarse con el pantalón empezó a desabrocharlo. Aprovechando que había dejado las manos de Anahí libres, ésta la agarró del cuello haciendo que volviera enfrente de su cara y la besó con desenfreno, necesitaba sentir esos labios, necesitaba dar rienda suelta a toda la pasión que había estado guardando por culpa de Dulce. Ella, por supuesto, correspondió el beso en su totalidad.
Anahí empujó a Dulce hacia un lado para quedar ella encima, se separó de sus labios y le subió la camiseta, besándole el estómago y poco a poco subiendo. Le quitó completamente la camiseta y empezó a besarle la parte de los pechos que el sujetador no tapaba; estuvo ahí un rato hasta que dejó marca, y entonces se rió ligeramente. Subió un poco más y se detuvo en su cuello, aspirando su aroma y acariciándola con su lengua, haciéndole cosquillas, y luego mordiendo en el mismo sitio; mientras deslizó las manos por debajo de la espalda de Dulce, levantándola ligeramente y subiendo hasta llegar al broche del sujetador. Lo desabrochó sin dejar de jugar en el cuello de Dulce, y cubrió los pechos de la pelirroja con sus manos. Al darse cuenta de la perfección que estaba palpando, se incorporó quedándose sentada encima del abdomen de Dulce y la admiró por un rato, como si tratase de memorizar cada centímetro de esa mujer. Se inclinó y la besó profundamente, jugando con su lengua, siendo correspondida por Dulce; agarró las manos de la pelirroja y las llevó al broche de su sujetador, que rápidamente desapareció.
Dulce la juntó del todo a ella desde la cintura para poder sentir con el torso desnudo, el torso desnudo de Anahí. Ambas se excitaron más al notar que los pechos de la otra se endurecían por el contacto. Dulce despegó sus labios y dijo con la respiración entrecortada.
-Ya...por favor, Annie...lo necesito...
-¿Estás segura, Dul?
Sin pensarlo dos veces.
Entonces Anahí rápidamente bajó a las piernas de Dulce y le quitó el pantalón; seguidamente hizo lo mismo con el suyo, se acostó encima de Dulce haciendo presión con la rodilla en la intimidad de ella, y a la vez frotando la suya con la pierna de la pelirroja. Dulce soltó un gemido, que hizo que la rubia se excitara más y gimiera también, se acercó a su oído y le dijo:
-¿Quieres tocar el techo?
-No... -dijo entre gemidos.
-¿Quieres... tocar el cielo?
-No...
-¿Quieres... tocar las estrellas? -pero Dulce negó con la cabeza- ¿Entonces...?
-Hasta el infinito -dijo como pudo con la respiración entrecortada.
Anahí sonrió- Yo te llevo hasta donde quieras.
Seguidamente volvió a besarla, ésta vez mordiéndole los labios con desesperación. Metió una mano por debajo de la ropa interior de Dulce, notando enseguida lo muy excitada que ya estaba, y empezó a hacer círculos alrededor del clítoris de ella, haciéndola suspirar intensamente entre besos. Dulce pasó las manos por el trasero de Anahí, acariciándolo y apretándolo debido al placer, y quitándole el tanga como pudo, deslizó una mano a la intimidad de la rubia.
-Al infinito vamos las dos juntas.
Juntaron sus labios por enésima vez mientras Dulce empezaba a masajear el clítoris de Anahí, provocando gemidos en ella. Hizo un movimiento para que quedaran las dos acostadas de lado sobre la cama y de frente entre ellas. Anahí cruzó las piernas con las de Dulce para así tener más contacto, y le metió dos dedos. Dulce emitió un gritito que fue callado rápidamente por los labios de la rubia, entonces la pelirroja hizo lo mismo, consiguiendo crear el mismo efecto en Anahí.
A medida que iban aumentando de intensidad, los gemidos y grititos se hacían más fuertes, hasta que finalmente, exhaustas, llegaron al orgasmo prácticamente juntas. Anahí abrazó a Dulce escondiendo el rostro en su cuello, aspirando su olor como le gustaba hacer sonrió al reconocer que ahora olía a pasión. Dulce abrió la cama sin mover mucho a la rubia y abrazándola por la espalda, pasó la sábana por encima de ambas, le dio un beso en la cabeza y la acarició jugando con su pelo hasta que las dos quedaron completamente dormidas.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:06 am

CAPÍTULO 10

Anahí abrió los ojos desconcertada y desubicada pues durante el primer segundo no sabía muy bien dónde estaba, pero recordó todo al distinguir la piel de Dulce, sintiéndose aún abrazada por ella. Se separó un poco para comprobar que, efectivamente, todavía seguía dormida, y volvió a su posición inicial, con el rostro en el cuello de la pelirroja. Tras unos segundos disfrutando del olor que desprendía, que había quedado claro que le encantaba, empezó a besar la zona, dando pequeños mordiscos y luego pasando la lengua; pero no lo hacía de manera provocativa, sino siendo lo más dulce posible. Sintió cómo Dulce se movía un poco, rió silenciosamente y le mordió el cuello un poco más fuerte.
-¡Auch!-se quejó empezando a abrir los ojos- ¿Annie?
-No...Annie, no -se rió otra vez- ¡Soy un vampiro! -esta vez mordiendo mucho más fuerte todo el cuello de Dulce, dejándolo rojo.
-¡Au, auu! ¡Para! -rió dolorosamente mientras intentaba quitarse del cuello a su... ¿compañera, amiga, amante?
-Los vampiros nunca paran -mordió demasiado fuerte y al escuchar el grito de la pelirroja, se separó viendo que le había hecho un minúsculo corte y que de él salía una gotita de sangre. Rápidamente la apartó con el dedo y se tranquilizó cuando vio que no salía más- Perdón, perdón, perdón. Lo siento, de veras -volvió a su cuello y lo besó suavemente.
-Pues no, no te perdono -dijo seriamente, por lo que Anahí se separó y la miró a los ojos preocupada. Dulce empezó a reír y empujó a la rubia para poder ponerse ella encima- Me las vas a pagar...
Entonces Dulce empezó a hacer lo mismo que había estado haciendo Anahí antes. Al cambiar de postura habían quedado tan pegadas que se dieron cuenta que ambas seguían completamente desnudas. Ese hecho excitó a Dulce, que con su muslo sentía cómo Anahí ya estaba mojada; supuso que ella estaría igual. Sin dejar de torturar a Anahí con las mordidas, optó por hacerla sufrir un poco más y empezó acariciando suavemente los brazos de la rubia, subiendo hasta los hombros y empezando a bajar hacia los pechos, pasando por la cintura y luego por sus caderas, acariciando delicadamente su trasero y sus piernas llegando a las rodillas; entonces volvió a subir lentamente por el interior de los muslos de Anahí hasta llegar a su intimidad, asegurándose así de sus anteriores sospechas: la rubia estaba completamente excitada.
Pero entonces un ruido extraño las interrumpió. Dulce se rió y se apartó de encima de Anahí cuidadosamente. Anahí se sonrojó un poco y también rió ligeramente.
-Tengo hambre... -dijo la rubia.
-Sí, yo también ahora que lo dices -miró hacia la ventana y comprobó que estaba oscuro- Annie...¿qué hora es?
volteó y miró la hora en el despertador que estaba en la mesita de al lado- Son las cinco y diez minutos...
-¿Y ya está oscuro?
-...de la mañana, Dulce
-Ups... ¿desde cuándo estamos dormidas?
-Dulce... ¿tu crees que yo conté el tiempo que estuvimos haciendo... bueno, juntas?
-¿Qué ibas a decir?
-¿Eh?
-“Cuánto tiempo estuvimos haciendo...” qué? ¿Qué fue para ti lo que pasó?
-¿Sinceramente? -Dulce asintió con la cabeza- Hicimos el amor...o, bueno... almenos yo lo hice, porque...Dulce, creo que me gustas de verdad.
-¿Cómo que al menos tú si lo hiciste?
-Porque yo no sé si lo que siento es mutuo...
-Yo... -Dulce solamente le sonrió no sabiendo qué decir- Tengo hambre, vamos a comer algo.
Dulce salió de la cama desnuda y fue a salir de la habitación, pero volteó y vio a Anahí que aún estaba metida en la cama.
-Annie, vamos... ¿No eras tú que tenías hambre?
-No me levantaré hasta que no me des mi beso de “buenos días” -seguidamente se metió debajo de las sábanas, tapándose por completo, incluida la cabeza.
se metió dentro de las sábanas por un lateral y agarró la cara de Anahí con sus manos. La besó intensamente y luego se separó, dejándola con las ganas- Buenos días -salió de la cama tomando a Anahí del brazo, pero se volvió a resistir.
-Préstame algo para taparme, anda, que si hay alguien despierto...a mi no me conocen y no seria muy agradable...Además, tengo frío.
abrió su armario y sacó una bata, seguidamente se la dio- Ponte esto, aunque no hay nadie en casa.
se la puso y se levantó, Dulce cogió sus manos y las puso alrededor de su propia cintura, para que ella la abrazara desde detrás; empezaron a caminar- ¿Cómo que no hay nadie en casa?
-No, vivo con mi hermano y él ahora mismo vive con su novia, así que en esta casa solamente vivo yo.
¿Y no te sientes sola?
-No si estás tu aquí.
Llegaron a la cocina y empezaron a hacer el desayuno. Unas tostadas, café, galletas y zumo. Se sentaron a desayunar y estuvieron hablando un rato. Cuando terminaron, lavaron los platos y cubiertos que habían usado, y Dulce empezó a jugar tirándole agua, Anahí le siguió el juego y entre salpicones, sacudidas y abrazos, quedaron rendidas, juntas, Dulce entre la encimera y Anahí, que la tenía rodeada con los brazos.
-No me vuelvas a dejar con las ganas... -le dijo la rubia con seriedad, pero con un punto de picardía en sus ojos.
-Ups...¿te dejé con las ganas?... No lo hice a propósito... -dijo Dulce mientras se reía demostrando así que en realidad se estaba burlando de ella.
Anahí la besó efusivamente, mordiéndole los labios y luego jugando con su lengua. Dulce correspondía a cada movimiento de Anahí, así que poco a poco fue desabrochando el nudo de la bata que llevaba puesta la rubia, una vez lo hubo hecho, se la quitó y la dejó caer al suelo, acariciándole toda la espalda y bajando hasta el trasero, apretándolo para que se pegara más a ella y sus cuerpos estuvieran en contacto. Las palpitaciones estaban subiendo de ritmo, se estaban quedando sin aliento pero no querían parar. Cuando de repente...
-¿Por qué tanto escándalo a estas horas? -entonces vio lo que estaba pasando dentro de la cocina- ¿¡Qué!?
-¡Mierda! ¡Gírate! ¡Joder, Quique, gírate! -él obedeció, con lo que Dulce se agachó, agarró la bata y la puso encima de Anahí, tapándole la espalda y tapándose ella también. La rubia escondió su cabeza en el cuello de Dulce, muerta de vergüenza- ¿Qué coño quieres y por qué no me avisaste que venías a dormir?
dándole la espalda a ambas- No importa, hermana. Luego hablamos -y seguidamente se marchó.
-Lo siento, perdón... -dijo Anahí enterrándose cada vez más en el cuello de Dulce.
-No, cariño, mira por lo que te hice pasar... Perdóname tú a mí -le dio un beso en la cabeza y la abrazó fuertemente.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:06 am

CAPÍTULO 11
Las dos estuvieron abrazadas por un tiempo, hasta que escucharon el ruido de la puerta y se aseguraron de que fuera la de la habitación de Quique.
-Nena... -la llamó Dulce, Anahí la miró un poco triste y avergonzada- Ya está, no podemos hacer nada. Lo que pasó, pasó y no hay más.
-Pero me vio tu hermano desnuda, y ni siquiera sabe quién soy...
-Bueno, eso tiene solución... más tarde, cuando hable con él, os presento y problema resuelto.
-Ay noo nono, que vergüenza... yo no puedo...
-Annie, solamente te vio el trasero... ese precioso trasero que tienes... -pasó las manos hacia atrás por debajo de la bata y le agarró el trasero- Hmmm...perfecto -sonrió e hizo reír a Anahí.
-Me encantas... -la abrazó nuevamente.
-Bueno... ¿vamos a quedarnos así hasta que amanezca
-Por mí, sí. Me gusta estar contigo...
-A mí se me están durmiendo las piernas -se rió y provocó la risa en Anahí- ¿Tienes sueño?
-Para nada -aseguró negando con la cabeza.
-¿Vemos una película o algo así?
-Hmmm...-hizo ver que pensaba- No. ¿Me tocas algo?
la miró pervertidamente y le acariciaba las piernas sensualmente- Te toco lo que quieras...
le agarró las manos para que parase, pues esas no eran sus intenciones- ...de música, Dul -le dio un corto beso en los labios- Tócame algo de música.
Dulce posó sus manos en el cuello de la rubia y la besó. Fue un beso lento, sencillo y tierno, al que Anahí correspondió, por supuesto. Ninguna tenía prisas y disfrutaban de ese beso, como si nunca tuviera que terminar, como si fuese eterno. Pero al final se separaron por falta de aliento.
Ambas caminaron abrazadas hasta el cuarto de Dulce, Anahí tapando a la pelirroja con la bata por si Quique volvía a salir. Cuando llegaron, Dulce abrió el armario y buscó dos camisetas grandes y dos juegos de ropa interior.
-Toma, ponte ésto -le lanzó la ropa y ella la cogió al vuelo- No quiero más espectáculos por hoy. Mi hermano ya disfrutó bastante tu trasero.
-Oh... ¿Te pone celosa que tu hermano me haya visto? -le dijo juguetona mientras se quitaba la bata.
-Por supuesto -dijo acercándose a ella- Ésto... -la abrazó por la cintura y la pegó a ella- ...es solo mío -le dio un corto beso en los labios y luego se separó dando media vuelta para ir a recoger la ropa que antes había dejado encima de la cama.
-¡Qué posesiva! -le dio una palmada en el trasero aprovechando que se había girado- Venga, vamos a vestirnos, que sino no se nos va la cosa de las manos -rió e hizo que Dulce riera también.
Una vez se hubieron vestido las dos, Dulce agarró la guitarra y se sentó en la cama, Anahí se sentó en la cama a su lado acariciándole la pierna. Pero de repente se escucharon unos golpes en la puerta, Anahí por instinto retiró la mano de la pierna de Dulce.
-Adelante
-Hermana, ¿puedo hablar contigo? -dijo Quique asomando la cabeza por la puerta.
-Por supuesto, pero antes quiero presentarte a Anahí, una compañera de clase. Anahí, él es Quique, mi hermano. Creo que lo de antes no ha sido la mejor manera de conocerse, así que me gustaría aclararte las cosas, Quique.
-Sí, te espero en el salón -salió de la habitación.
-Annie, ahora vengo. Luego te toco lo que quieras -le dio un beso corto en los labios y salió hacia el salón.
Dulce se encontró con su hermano en el salón y se sentó a su lado en el sofá.
-¿Por qué no me dijiste que te quedarías esta noche? -le dijo tranquilamente, pues no quería pelear.
-Te llamé al móvil pero no contestaste, supongo que estarías ocupada.
-O durmiendo...nos quedamos dormidas enseguida... Pero...¿tú no estabas en casa de María?
-Nos hemos peleado y he preferido pasar la noche en casa. Hoy tengo que ir a hablar con ella...
-Ayy hemanito, pero ¿estás bien? -dijo abrazando a Quique y dándole un beso en la mejilla.
-Sí, no te preocupes, hoy lo arreglamos todo. Pero por lo que he visto tú sí que estás bien, ¿o me equivoco? -le dijo juguetonamente su hermano.
-Bueno, lo que has visto ya te lo puedes ir sacando de la cabeza, ¿vale? Porque Annie es mía.
-¿Estáis juntas? Oye, ¿desde cuándo te te gustan las mujeres?
-No me gustan las mujeres, me gusta Annie. Y aún no estamos juntas... solamente vino a estudiar ayer y...pasó, así sin más. Y no le he dicho que me gusta, ni que la quiero. Compuse una canción para ella y ayer se la canté, pero no le dije que a quién iba dirigida era a ella...
-Hermana, tienes que hacerlo... Si te gusta, hazlo, no tienes nada que perder.
-Gracias, hermano. Pero la próxima vez avisa de que te acercas y así nos tapamos -dijo un poco avergonzada.
-¿Para qué voy a avisar? Si me alegraron la vista de madrugada.
-Oye ¡cállate! -le pegó en el hombro.
-Vale, vale. Venga, ve a ver a tu amada.
Dulce miró con odio a su hermano, pero en el fondo agradecía haber podido hablar con él a pesar de ser las 6h30 de la mañana. Entró en su cuarto y encontró a Anahí tumbada en la cama, con los ojos cerrados y abrazando a la almohada. Se acostó a su lado y le besó la mejilla. Ella abrió los ojos y le sonrió.
-No te preocupes, no estaba dormida. ¿Cómo fue?
-Todo bien, no te preocupes.
-Tócame algo, Dulce -le agarró las mejillas y la besó suavemente.
Dulce le cantó unas canciones que ya tenía compuestas de antes de conocerla, a la rubia le gustaron mucho todas ellas y agradeció silenciosamente el hecho de tener a una ¿compañera, amiga, amante, pareja...? que supiera tocar y cantar tan bien como lo hacía Dulce.
-Dul... ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro que sí -la miró esperando a que Anahí preguntara.
-La canción que me cantaste ayer...me dijiste que no la habías escrito para Poncho...y que se la habías compuesto a alguien que habías conocido hace poco...-a todo eso Dulce iba asintiendo con la cabeza, pues la rubia estaba en lo cierto en todo lo que decía- Yo te quería preguntar... ¿a quién se la dedicas?
Dulce guardó silencio durante unos segundos, cerró los ojos, bajó la cabeza y suspiró. Seguidamente miró a Anahí a los ojos y se decidió a contestar- ¿A quién se la voy a dedicar, Annie? Te dije que estaba completamente enamorada, ¿verdad? -Anahí asintió con la cabeza- ¿Encones cómo me voy a acostar con alguien que no sea la persona de la cuál estoy enamorada?
la rubia se quedó pensando, pues no estaba entendiendo mucho a Dulce- Eh... te has acostado conmigo...
-No me he acostado contigo, Annie, he hecho el amor contigo porque es de ti de quién estoy enamorada. Te quiero Annie, y me da igual lo que piense la gente. Me da igual que me llamen bollera, tortillera, lesbiana... Me da igual que me vean paseando con una mujer de la mano. Me da igual que me vean besándome con una mujer delante de todo el mundo. Todo eso y más me da igual si es contigo, Annie, porque te quiero, porque desde el primer instante que te vi me gustaste, ¿por qué te piensas que me sangró la nariz el primer día de clases? Fue porque me ponías y me sigues poniendo nerviosa cuando te veo, porque tu belleza me invade y no me deja pensar racionalmente, y porque tu manera de ser me hace sentir que un ángel ha caído del cielo y lo tengo justo delante. Llevo días haciéndole caso omiso a mis amigas, ¿por qué?, porque prefiero mil veces estar contigo a estar con ellas...
-No puedes decir eso -la interrumpió la rubia negando con la cabeza.
-Sí puedo decir eso, Anahí, porque ellas tampoco han venido a buscarme en estos días. Y yo ahora estoy centrada en ti. Me interesas, me interesas mucho y quiero probar si ésto podría funcionar...Aunque a todo ésto tú tienes que estar de acuerdo... Annie... -la agarró de las manos firmemente- ¿me ayudarías a comprobar si puede funcionar?
-¿Tú qué crees? -le sonrió secándose algunas lágrimas que habían empezado a resbalar por sus mejillas debido a la emoción.
Ambas se besaron durante un tiempo largo, sin profundizarlo, un beso tierno, nada más. El primer beso de una relación que se acababa de poner a prueba.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:07 am

CAPÍTULO 12

Eran las 7h00 de la mañana y a pesar de haberse levantado a las 5h00, ninguna de las dos tenía nada de sueño; es más, estaban más despiertas y felices que nunca.
Dulce estaba tumbada en su cama, boca arriba, con las manos detrás de la cabeza y una enorme sonrisa en los labios. Anahí estaba encima de ella, de frente, acariciándole la cara y el cabello tiernamente, y dándole besos cortos en los labios. No decían nada, solamente se observaban la una a la otra, disfrutando del simple hecho de estar juntas.
-Dul, mi vida, son las 7h00. Creo que conviene que me vaya a mi casa y me duche, y así luego nos vemos en la universidad.
-Nooo, ni hablar. Tú te quedas aquí, te duchas aquí también, conmigo si quieres -le guiñó un ojo divertida- y luego nos vamos juntas a la universidad.
-Pero... ¿qué van a decir si nos ven llegar juntas?
-Annie...hay una canción que dice que “lo que opinen los demás está de más” Y eso es lo que quiero que entiendas, que no te tiene que importar lo que los demás piensen de ti.
la rubia sonrió y asintió con la cabeza- Quiero que me cantes esa canción.
-Quizás algún día lo haga -también sonrió y le dio un pico a Anahí. Le dio la vuelta quedando ella encima- ¿Te duchas conmigo? -le guiñó un ojo.
hizo cara como que pensaba- Hmmmm... solamente si me llevas tú -Dulce hizo cara de no entender- Es que estoy tan bien en esta cama... -se dio media vuelta por debajo de Dulce, quedando ella boca abajo y la pelirroja sobre su espalda- ...si no me llevas tú me voy a quedar durmiendo aquí -abrazó la almohada y cerró los ojos.
Dulce rió- Pero...¿¡serás perezosa!? -agarró a Anahí por la cintura desde la espalda y tiró de ella sacándola de la cama- ¡Arriba! -Anahí pasó las piernas alrededor de la cintura de Dulce y los brazos por su cuello, apoyó la cabeza en su hombro dándole besos en el cuello.
La pelirroja la sujetó por debajo de las piernas, muy cerca de su trasero, y empezó a caminar saliendo de su habitación para ir hacia el cuarto de baño, que estaba en la puerta de enfrente. La abrió y, una vez dentro, la volvió a cerrar empujándola con el pie. Dio media vuelta y apoyó a Anahí contra la pared, sin soltarla, y la besó desesperadamente, la rubia correspondió profundizando más el beso. Dulce empezó a acariciar el trasero de Anahí y poco a poco fue metiendo las manos por su ropa interior, pero ella se separó rápidamente riendo.
-Dulce... -la pelirroja volvió a atrapar su boca- Mi amor, para... -le agarró la cara para que no intentara acercarse de nuevo.
-¿Qué pasó? ¿No te gusta? -sacó sus manos del trasero de Anahí, y la soltó bajándola al suelo.
-Por supuesto que me gusta, hermosa, ¿cómo no me va a gustar? -le dio un pico en los labios y le sonrió tiernamente.
-¿Entonces? No te entiendo...
-Mira la hora que es... y aún nos tenemos que duchar... No llegaremos nunca a la universidad.
mirando el reloj y percatándose que tenían el tiempo justo- Tienes razón, bebé. Vamos a ducharnos ya -agarró a la rubia de la mano y tiró de ella para que dejara de estar apoyada en la pared, la miró con una sonrisa pícara.
-No, Dulce, ya sé por dónde van esas miraditas -rió ligeramente- Vamos a ducharnos juntas, pero sin distracciones, por favor, que sabes que si empezamos no salimos nunca de aquí.
-Bueeeeno... está bien... Pero ésta me la guardo ehh...
-Por supuesto, cariño -le dio un beso corto en los labios y se separó sonriente empezando a desvestirse.
Se ducharon relativamente rápido entre miraditas, intentos de acercamiento por parte de la pelirroja, y mucha excitación por ambas partes, que tuvieron que rebajar cambiando la temperatura del agua a fría.
Una vez vestidas , Dulce estaba frente al espejo de su habitación peinándose, mientras Anahí recogía sus pertenencias, que habían quedado tendidas sobre la mesa la tarde anterior, y lo metía todo en su bolso. Del mismo sacó su móvil y cuando vio la pantalla exclamó:
-¡¡Mierda!!
volteó mirando a la rubia preocupada- ¿Qué pasa, Annie?
-Trece llamadas a mi número... ¿tú oíste que me llamaran ayer?
negó con la cabeza- Aunque con los gritos que pegabas, normal que no escucháramos nada... -se rió con la intención de quitarle tensión al asunto.
la miró con odio- No comparto, pero lo discutimos luego... Tengo llamadas desde mi casa, desde el número de mi mama, de mi papa y de mi hermana.
-Llama ahora.
-Dulce, me van a matar... Estuvieron toda la noche sin saber dónde estaba.
-Estabas aquí, conmigo. ¿Ellos lo sabían?
-Por supuesto, pero no tenía planeado quedarme a dormir...
se acercó a ella, le dio un beso en la frente y se sentó a su lado abrazándola de costado- Yo tampoco tenía planeado enamorarme de una mujer como tú.
-Dulce, no estamos hablando de lo mismo...
-Annie, llama.
-Pero...
-Llama.
Anahí marcó el número de su casa y no tuvo que esperar nada para que contestaran al teléfono.
-Anahí, por fin noticias de ti. ¿Cómo se te ocurre desaparecer así?
-Lucila, cálmate, ¿si? Estoy bien. Quiero hablar con mamá, así que hazme el favor de darle el teléfono.
-Mamá te va a matar, pero como quieras..yo te la paso.
-Claro que sí, Lila, tú siempre tan optimista -con exagerada ironía en su voz.
-Ya te la paso, suerte. Nos vemos luego, hermana.
Esperó unos segundos y escuchó unos gritos a lo lejos a través del móvil.
-¡Anahí Giovanna Puente Portilla! -Anahí puso cara de espanto pues su madre solo la llamaba por su nombre completo cuando se trataba de un asunto serio, y aquél parecía ser realmente serio- ¿¡Cómo puede ser que no vuelvas a casa, y encima sin avisar!? Tienes suerte que sea una madre con paciencia porque cualquiera habría llamado ya a la policía.
-Por supuesto madre, paciencia, sobretodo tú... -pensó para sí misma- Pero madre, entiende que...
-¡No voy a entender nada porque lo que hiciste tú no debes hacerlo! ¿¡Cuántas veces te he dicho que me avises de los planes que tienes!?
-Mamá, ¿sabes lo que te digo? Que ya me tienes harta, tengo 19 años y soy mayorcita como para cuidarme yo sola. Ni que fuera una nena de chupete. -le contestó levantando cada vez más la voz.
La madre de Anahí empezó a gritar tanto que Dulce la escuchaba aun estando lejos del altavoz del móvil.
Se está pasando... La madre de Annie, se está pasando. No soporto que le grite de esa manera...Annie no se lo merece, y tiene razón, ya es mayor como para que la controle tanto.
Entonces agarró el móvil de Anahí y se lo puso en la oreja esperando a que la madre de ésta dejara de chillar. Cuando paró, al ver que nadie contestaba, siguió.
-¿Anahí Giovanna? ¿Y ahora te atreves a no contestarme?
-No soy Anahí -contestó Dulce tranquilamente.
-¿Quién eres?
-Señora Portilla, ¿va a dejar que le cuente el motivo por el cual su hija no durmió en casa esta noche? -la madre no contestó y Dulce empezó con su explicación-Yo soy Dulce, una compañera de clase de su hija. Ella me preguntó si podía ayudarla a estudiar francés y, por supuesto, acepté; así que ayer por la tarde vino a mi casa y empezamos a estudiar. Su hija estaba realmente cansada así que se quedó dormida y no quise despertarla. Es mi culpa, yo debí haber pensado en que ustedes estarían preocupados, pero no reparé en eso. Le pido un favor, no tome represalias con su hija, pues su intención únicamente era pasar la tarde estudiando y luego volver a casa, lo que pasó, al fin y al cabo, no estaba previsto.
Dulce volteó a ver a Anahí, que se mordía las uñas por miedo a qué llegaría a contar la pelirroja. Ésta apartó la mano de Anahí de su boca y le regaló una sonrisa cómplice. Al otro lado de la línea, la madre de la rubia se había quedado callada, sin argumentos que soltarle a Dulce, así que simplemente contestó con un “Bueno, está bien, que no vuelva a pasar” y seguidamente cortó la conversación.
La pelirroja le tendió el móvil a Anahí, ésta lo guardó en el bolsillo de su pantalón y abrazó efusivamente a Dulce, llenándola de besos por toda la cara.
-En realidad eres una mentirosa -le dijo sin parar se besar sus mejillas y su frente.
-¿Preferías que le contara lo que realmente pasó?
-Nooo, no, no. Así está bien.
-Entonces no te quejes.
Anahí agarró a Dulce por las mejillas y se acercó a sus labios dejarle ahí un beso lento, aunque corto.
-Te amo, gracias.


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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:07 am

CAPÍTULO 13
Estaban las dos en el portal de la casa de Dulce. La pelirroja se subió a horcajadas en su moto y le indicó a Anahí que podía hacerlo también. Una vez estuvieron las dos montadas, Dulce volteó agarrandole la cara a la rubia y la besó cortamente.
-Vayámonos ya, no vaya a ser que lleguemos tarde -sugirió Anahí.
-Conmigo no se llega nunca tarde.
-¿Cómo? Dulce, no vayas a correr con la moto, por favor.
-No te preocupes, amor, no correré.
-Eso espero -la abrazó por la espalda y le dejó un beso en el cuello.

Se pusieron el casco y Dulce arrancó la moto, partiendo hacia la universidad.
Llegaron a la hora en que había más gente fuera, pues aunque ya habían abierto las puertas del edificio, aún faltaban unos minutos para que las clases empezaran y todos los alumnos aprovechaban hasta el último segundo para respirar el aire de la calle.
Una vez detenido el motor, bajó la rubia y seguidamente la pelirroja, se liberaron del casco y Dulce miró a Anahí con una sonrisa divertida, mientras ella la miraba con odio.
-Ay, mi amor, yaa, no me mires más así que casi no fui rápido.
-Entonces no quiero ir contigo cuando vayas rápido, porque eso para mi ya fue mas que suficiente -se quejó la rubia exagerando su enfado.
-Annie...-se acercó a ella y la agarró por la cintura- ...no digas más mentiras, sé que irías conmigo hasta yendo a la velocidad de la luz.
la miró a los ojos sonriendo coqueta- ...y hasta el fin del mundo. -Dulce la pegó a ella y se arrimó para darle un beso en los labios.
-¡Dulce llegando pronto!
Anahí, como reacción al reconocer una voz ajena, volteó la cara y el beso aterrizó en su mejilla. Miró a la cara a esa persona y, al ver la expresión de incredulidad que tenía, desvió su mirada al suelo.
-¿Interrumpo algo?
al ver que la rubia empezaba a temblar del nerviosismo, contestó secamente- No, Jennifer, no interrumpes nada. Solamente estaba hablando con ella.
-¿Venían juntas?
Anahí miró a Dulce a los ojos, preocupada, Dulce la miró realmente seria, suspiró y agitó la cabeza. Dejó de abrazarla por la cintura en cuanto Anahí desvió la mirada nuevamente hacia el suelo.
-Sí. Ella ha perdido el autobús y me ha pedido que fuera a buscarla -contestó Dulce notándose el enfado.
-Ahh... Vale. Oye, estamos todas ahí -volteó y señaló un banco donde estaban las demás chicas- Si quieres puedes venir, aún quedan diez minutos para entrar a la clase.
-Por supuesto, enseguida voy. Dame un minuto.
Jennifer se fue de vuelta con sus amigas. Dulce lanzó una mirada de tristeza, incomprensión, dolor y enfado a la rubia; puso el seguro a la moto, recogió su mochila del suelo y dio media vuelta dispuesta a irse por el mismo camino que había recorrido Jennifer.
-Dulce, espera. -Anahí la agarró del brazo haciendo que la pelirroja detuviera el paso, pero no se volteó- Mi vida, perdóname... me puse nerviosa y no supe qué contestar...entiéndeme...
-Me parece increíble -contestó escabulléndose del brazo de la rubia.
-¡Dulce, por favor!
-Luego hablamos -dijo por último, antes de estar demasiado lejos de ella como para seguir escuchándola.
**********
-Oye, Dulce, ¿qué tal con Anahí?
-¿Cómo que “qué tal”?
-Pues eso... ¿qué tal con ella?
-Pues cómo va a ir, normal. Digo, nos sentamos juntas en clase y tenemos la mayoría de asignaturas en común, ¿qué tiene de especial?
-Vas a buscarla porque perdió el bus...
-Era una urgencia.
-¿Y tenía tu número de teléfono?
-Se lo di por si tenía alguna pregunta acerca de...¡Eh! ¿Es ésto un interrogatorio?
-Bueno, Dulce, entiende que desde que esa chica ha aparecido tú has hecho todo lo contrario, no te vemos el pelo. En clase estás con ella y al toque de timbre te desapareces, casualmente con ella. Nunca tienes tiempo para nosotras y creo que tenemos derecho a preguntarte.
-Y yo creo que no tengo por qué dar explicaciones, simplemente no tengo tiempo. Siempre tengo cosas que hacer.
-¿Tienes algo con ella?
-¿¡Qué!?... Osea...basta. No quiero hablar más de este tema.
************
Dulce se sentó en su pupitre con cara de enfado, pues había tenido una mañana un poco irritante. Aprovechó que aún no había nadie en el aula para serenarse un poco...
-Anahí...me sacas de mis casillas, enserio. ¿No se suponía que no le importaba lo que los demás piensen de nosotras? Uff...me pone enferma. Y ahora Valen, Jenni, May y Raquel preguntándome esas cosas...y lo peor es que yo tengo que mentirles porque la señorita rubia tiene miedo de lo que diga la gente.
-Dul, ¿podemos hablar?
La misma voz que le ponía la piel chinita la sacó de sus pensamientos. Ella solo miró directamente a sus ojos.
-Dulce, lo siento. Me he puesto nerviosa y no sabía que hacer porque no sé lo que quieres que se sepa.
-No me mientas, Anahí. La que no sabe qué quiere eres tú. Yo lo tengo todo muy claro.
-Entonces dime qué es lo que quieres.
-Quiero que seamos una pareja normal, una pareja que se pueda besar en cualquier lugar sin importar que la gente vea, una pareja que … joder, Annie, NORMAL.
Anahí suspiró, pues lo que le estaba pidiendo la pelirroja era difícil de cumplir, ya que consideraba bastante la opinión que la gente tenía de ella. Miró a los lados y vio como poco a poco iba entrando gente en el aula. Automáticamente bajó el tono de voz.
-Dulce, no quiero que te enojes por ésto. Yo realmente tengo muchas ganas de que lo nuestro funcione.
-Claro, tantas ganas tienes que bajas el volumen para que la gente no escuche, ¿qué te parece? ¿Tu crees que puede funcionar si para hablar de lo nuestro tienes que bajar la voz? Te estás escondiendo, Anahí.
-Dulce, por favor. Solo te pido que seamos un poco discretas. Sabes que te quiero muchísimo, te amo, pero no estoy preparada aún para gritarlo a los cuatro vientos -Dulce suspiró- Mi amor, el hecho de que empezamos muy rápido no implica que tengamos que ir corriendo. Apenas estamos empezando, quiero fortalecer esta relación desde dentro, desde la parte íntima, para que cuando salga a la luz tengamos unos cimientos tan resistentes que puedan superar cada comentario que se nos venga a la cara. Y éso quiero hacerlo contigo, quiero superar a amigos y familia con la seguridad de que te voy a tener a mi lado, pero antes necesitamos dedicar un tiempo para nosotras. ¿Te parece?
Dulce se había quedado sin palabras ante el despliegue de sentimientos que acababa de hacer Anahí. Agarró la mano de la rubia y entrelazó los dedos con los suyos, acariciándoselos. La miró a los ojos con una expresión diferente, de complicidad. Sonrió ligeramente y con la mano que tenía libre apuntó hacia su propia mejilla.
La rubia rió y se acercó para darle un intenso beso en la mejilla, acariciándola suavemente a medida que se separaba de ella.
Para entonces, el aula ya estaba llena, incluso el profesor había entrado y estaba dispuesto a empezar con la explicación, pero ellas dos no se soltaban de la mano.


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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:07 am

CAPÍTULO 14

Pasaron tres semanas desde entonces. Ambas eran partícipes de su amor, pero siempre de puertas hacia adentro. En la universidad estaban juntas la mayoría del día, aunque Dulce también pasaba tiempo con sus amigas -y sin Anahí- porque ellas ya se habían quejado por su ausencia durante las últimas semanas; durante esos momentos, Anahí aprovechaba para estar con Poncho y fortalecer su amistad, que se había visto en peligro por dejarle de lado y estar con Dulce.
-Profe, ¿Anahí y yo podemos salir ya? Ya sabes... el trabajo de Francés.
El profesor asintió y ambas salieron del aula. Hacía casi dos semanas habían descubierto un aseo de profesores que estaba siempre cerrado con llave, pues nadie lo usaba, pero casualmente la ventana que daba al exterior del edificio estaba abierta. Cada día que tenían clase de Francés, salían 10 minutos antes de la clase anterior con la excusa de que tenían que preparar un trabajo y aprovechaban que Jules, el profesor de esa asignatura, llegaba siempre tarde para tener aproximadamente veinte o veinticinco minutos para consumar su amor en aquel templo que habían encontrado, con toda la privacidad y la intimidad del mundo.
Dulce estaba sentada en la encimera del baño, con la camisa abierta y el sujetador desabrochado -era de los que tienen el cierre delante-, su tanga estaba apartado a un lado, pues Anahí tenía su mano ahí, y su pantalón había quedado tendido en el suelo. La rubia estaba de pie, entre las piernas de ella, sin camiseta ni sujetador, aunque con la falda aún puesta.
Anahí besaba los pechos de Dulce mientras movía con intensidad sus dedos en la intimidad de la pelirroja, que gemía fuertemente con la cabeza hacia atrás y el cuerpo arqueado. Ambas gozaban tanto de ese momento que ni cuenta se habían dado de que acababan de abrir la puerta.
-¿¡Pero ésto qué es!? -rápidamente cerró la puerta quedando dentro, pero de cara a ésta, pues no quería seguir mirando, o al menos no debía.
-¡Señor Ornelas!
-¡Vístanse, señoritas! ¡Vístanse ràpidamente!
Ambas se vistieron lo más rápido que pudieron mientras su profesor aguardaba de espaldas a ellas.
-Ya puede darse la vuelta, profesor. -aseguró Dulce aparentando tranquilidad, mirándole a la cara mientras Anahí tenía la cabeza gacha..
se dio la vuelta- ¿Qué hacían ahí?...Bueno, no contesten. ¿Cómo han entrado aquí?
-Por la ventana, señor.
-Pero... deberían estar en clase ahora. ¡Se están saltando clases para venir a... a lo que vienen a hacer en un baño que está cerrado! Váyanse enseguida a su clase y las quiero a las dos en mi despacho a las 15h. Ni un minuto más tarde.
Dulce y Anahí salieron del baño bajo la fija mirada del profesor, que se quedó dentro. Una vez fuera, Anahí, sin mirar a Dulce empezó a caminar con paso firme rápidamente, dejando a la pelirroja atrás.
-Anahí, espera -pero la rubia no hizo caso y siguió andando- ¡Eh, párate! -al ver que seguía sin obedecer corrió hacia ella y la agarró del brazo volteándola- ¿Dónde vas?¿Quieres hacer el favor de escucharme?
Anahí no dejaba de mirar el suelo, por lo que Dulce le levantó la cara con un dedo desde el mentón, pudiendo comprobar así como la rubia tenía numerosas lágrimas resbalando por sus mejillas. Dulce solamente la abrazó, protegiéndola. Anahí escondió la cara en el hombro de la pelirroja y empezó a llorar descontroladamente.
-Annie, no te pongas así... No pasa nada, cariño, ya vas a ver.
se separó bruscamente de su abrazo- No, Dulce, la cosa no funciona así -empezó a subir el tono de voz- Yo no debería ir besuqueándome con mi novia perdiéndome tiempo de clase, de hecho no debería tener novia. Vine aquí a centrarme en mis estudios y encontrarte a ti ha hecho que haga justo lo contrario.
-Annie, no digas esas cosas. ¿Podemos hablarlo tranquilamente?
la rubia rió irónicamente con un punto de dolor- No... ahora no.
Anahí dio media vuelta y fue caminando hasta su clase de Francés mientras Dulce se quedaba ahí parada sin saber qué decir ni qué hacer. En ese momento salió el Sr. Ornelas del baño y obligó a su alumna a que fuera directamente a su aula; Dulce, sin emitir una sola palabra, obedeció.
En la clase de Francés se sentaron separadas. Dulce no hacía más que buscar a Anahí con la mirada, pero ésta se había centrado en la lección que estaba dando Jules.
En el resto de asignaturas debían sentarse juntas, pues ése era el puesto que tenían asignado, pero la rubia ignoraba por completo a Dulce mientras ella la observaba intentando descifrar sus pensamientos.
Llegó la hora de ir a hablar con su tutor, el Sr. Ornelas. Cuando Dulce llegó al despacho, Anahí ya estaba dentro, sentada en una silla; la pelirroja se sentó en la silla contigua. El profesor no estaba aún en el despacho.
-Ha tenido que salir, dice que enseguida vuelve.
Dulce asintió con la cabeza, apoyó los codos en sus rodillas y la cabeza en sus manos. Cerró los ojos y suspiró. Anahí estaba sentada, con la cabeza hacia atrás, las piernas cruzadas y las manos sobre los ojos. También suspiró.
Pocos minutos después, el profesor entró y ambas se acomodaron en una postura presentable.
-Señoritas, ¿algo que comentar?
-Yo no tengo nada que decir, señor -contestó Dulce- ¿Y tú? -dirigiéndose a Anahí. La rubia solamente negó con la cabeza.
-Creo que no hace falta decir que está terminantemente prohibido ese tipo de comportamiento dentro del recinto universitario y aún con más razón si es en horario lectivo. ¿Son ustedes conscientes de que están pagando para poder tener unos estudios y se están permitiendo saltarse clases para rebajar la tensión sexual? Por favor, dedíquense a eso en casa, pero no lo hagan aquí. Tienen suerte de que fui yo quien las encontró, porque no voy a abrirles ningún expediente y ésto no va a salir de mi boca, pero para nada se piensen que no van a tener castigo. Deberán cumplir veinte horas de estudio complementario, es decir, tendrán que quedarse una hora cada día, de 15h a 16h, durante cuatro semanas, y yo personalmente me aseguraré de que asistan a esas horas. ¿De acuerdo?
-De acuerdo, señor -aseguró la pelirroja- Lo sentimos mucho, no volverá a suceder.
-Eso espero. Pueden marcharse -las dos se levantaron y salieron de ese despacho.
-Annie, ¿podemos hablar ahora?
-No hay nada de qué hablar, Dulce. Ésto se acabó.
-¿Qué? Mi amor, ¿estás segura?
-No me llames más así. Estoy completamente segura. Te amo, Dulce María, pero no puedo permitirme tal distracción ante mis estudios. Lo nuestro es más difícil de lo normal porque no soy capaz de estar con una mujer teniendo que esconderme porque me da miedo lo que piensen los demás. Me siento insegura porque veo que la gente no está preparada para aceptar una relación así. No quiero estar con una mujer si tengo tantos obstáculos por enmedio.
-Anahí, vamos a superarlo juntas.
-¿Ves? Es muy fácil de decir, pero yo no puedo. Quiero enamorarme de un hombre, que mi familia lo acepte, que mis amigas lo acepten y que el resto de la gente lo acepte. Hazme el favor y trata de olvidarme, así como yo intentaré olvidarme de ti. Va a ser complicado para las dos, pero tiene que ser así. -se acercó y después de asegurarse de que estaban completamente solas en el pasillo, le agarró la cara y le dio un corto beso en los labios- Hasta mañana, Dulce María.
La pelirroja vio como Anahí desaparecía tras el portón de entrada de la universidad. Entonces cayó de rodillas y se echó a llorar desconsoladamente, pudiendo notar cómo el corazón se le partía en mil pedazos, la respiración se alternaba con los profundos sollozos y la cabeza le dolía rayos. Cuando hubo dejado de llorar, se encaminó a la salida del edificio y una vez fuera volteó y le dio golpes a la pared con el puño cerrado repetidas veces. Paró cuando notó que los nudillos y los dedos le dolían más que el corazón, y no era de extrañar pues tenía ambas manos bañadas en sangre. Ignoró por completo sus manos en carne viva y se dirigió a su casa montada en su moto.


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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:07 am

CAPÍTULO 15

Dulce llegó a su casa y lo primero que hizo, después de librarse de sus pertenencias tirándolas al suelo sin importar dónde y romper un jarrón aventándolo contra la pared, fue dirigirse a la cocina y sacar una botella de vodka, la cual, mientras lágrimas rabiosas se deslizaban por sus mejillas, iba vaciando dando largos tragos que lo único que hacían era quemarle la garganta causándole un dolor, aún así, menos punzante que el de la estúpida decisión de Anahí de dejarlo todo por motivos que la pelirroja aún no lograba entender.
**********
Desde el trágico martes que fueron descubiertas en el aseo, Dulce no había vuelto a aparecer en la universidad, ni había llamado a nadie, ni había avisado de su ausencia. Nada. Nadie sabía absolutamente nada de la pelirroja.
Anahí, con su carácter orgulloso, se había negado a llamarla durante esos días, pero el viernes ya era el tercero consecutivo que Dulce no llegaba, así que, vencida por una notable preocupación, dejó a un lado su orgullo y fue a buscar ayuda en Poncho.
-Poncho, ¿puedo pedirte un favor?
-Claro, rubia, después de que me cuentes por qué me llevas esa carita.
Se notaba en el aspecto de Anahí que últimamente no había descansado suficiente. Su tez, que por naturaleza acostumbraba a ser pálida, había adquirido un blanco enfermizo que contrastaba con las sombras oscuras que se habían formado bajo sus usualmente bonitos ojos azules, que ahora habían dejado de brillar; por supuesto, la característica sonrisa de Anahí, que iluminaba todo a su alrededor, brillaba por su ausencia.
-No es nada, Poncho. -curvó levemente sus labios en algo que parecía tener la intención de ser una sonrisa- Solamente que no estoy durmiendo mucho.
-¿Por Dulce? -preguntó Poncho aún sabiendo la respuesta de antemano; Anahí agachó la cabeza y la sacudió levemente en forma de una afirmación apenas perceptible- ¿El favor que vas a pedirme tiene que ver con Dulce?
Anahí miró al chico directamente a los ojos- Necesito que la llames para saber si está bien, me tiene preocupada.
-¿Por qué no la llamas tú? -la rubia simplemente se quedó en silencio; él finalmente aceptó- Ahora llamo y te digo.
Una vez hubo marcado el número de Dulce en su móvil, llamó, pero ésta no contestó; el chico volvió a intentarlo llamando al número de casa. Un pitido largo e intermitente la indicaba que tenía señal, pero pasados unos segundos saltó el contestador automático, Dulce no había contestado.
-Dulce, soy Poncho, ¿está todo bien? Me tienes preocupado, dime cosas – seguidamente colgó.
-El contestador, ¿verdad?
-Sí, seguramente no está en casa...
-¿Y si está en casa pero por lo que sea no puede contestar? ¿Y si le ha pasado algo? -la rubia empezó a agobiarse por la impotencia de no poder hacer nada- Voy a buscarla.
Llegó a la casa de Dulce y vio su moto deportiva enfrente, cosa que le aseguraba que estaba en casa, pero no vio el coche de su hermano Quique; Dulce estaba sola. Respiró profundamente en busca de valor, pero al no encontrarlo se dio por vencida y llamó al timbre de la casa. Pasados unos segundos nadie había ido a abrir, así que volvió a intentarlo pulsando el botón durante más tiempo. Al obtener el mismo resultado, insistió por tercera vez pulsando el timbre largamente y varias veces.
No parecía que nadie fuese a abrir, así que un flash recorrió la mente de Anahí recordándole dónde tenía escondidas Dulce unas llaves de emergencia, pues una vez ella se las había olvidado dentro y tuvieron que usar esas para entrar. La rubia agradeció esas imágenes y se agachó para recoger de detrás de una maceta cercana a la puerta, un llavero con dos llaves.
Al abrir la puerta, encontró el departamento todo oscuro. Encendió la luz y pudo observar como las cosas de Dulce estaban tiradas por el suelo y había pedazos de jarrón esparcidos por la moqueta. Seguidamente avanzó hasta el salón; ahí reinaba el desorden, dos botellas de vodka y tequila yacían sobre la mesita despreocupadamente, había un cenicero que estaba a rebosar de colillas de cigarro y rodeado de algunas más, pues no cabían en su interior, los muebles estaban movidos y los cojines que acostumbraban estar colocados en el sofá se encontraban repartidos por los rincones del salón con la clara apariencia de haber sido lanzados.
Anahí se percató que había una luz que ya estaba prendida, la de la cocina. Se dirigió hasta ahí cautelosamente pues tenía miedo de lo que pudiese encontrar.
-¡Dulce! -se acercó corriendo y se agachó a su lado– Por favor, Dulce, responde... -le agarró la cara y se la sacudió para ver si respondía- Dulce, no me asustes de esa manera... Por favor, dime algo. -lágrimas empezaban a resbalar por sus mejillas cuando incorporó ligeramente a la pelirroja, que seguía sin reaccionar.
En vista del poco éxito que ésta tuvo, sentó a Dulce con la espalda apoyada en la pared para que quedara derecha, y rápidamente se levantó para agarrar un vaso lleno de agua y arrojársela a Dulce. Ésta, como reacción, aunque sin abrir los ojos y apenas moverse, soltó un gruñido.
-Vamos Dulce, tienes que bañarte –la rubia se agachó, pasó los brazos de Dulce por encima de sus hombros y la agarró de la cintura para poder levantarla no sin esfuerzos.
-...¿Annie?
-No digas nada, Dulce.
Puesto que la pelirroja no estaba en condiciones de colaborar en la labor de caminar hasta el cuarto de baño, Anahí se vio obligada a sacar sus fuerzas de donde fuera para levantar completamente a la pelirroja por las piernas. Al llegar al baño, la dejó sentada en un taburete y, después del amago de Dulce de caerse hacia atrás, la volvió a apoyar en la pared. Acto seguido empezó a desabrocharle la camisa y se la quitó, mientras la pelirroja permanecía completamente quieta y con los ojos aún cerrados; le quitó los calcetines y seguidamente desabrochó el cierre del pantalón de ésta, aunque como estaba sentada, no pudo quitárselos.
-Necesito que te levantes para quitarte los pantalones.
-No...
-¿No puedes?
-...me encuentro mal...
-Es normal, no pienso discutir eso contigo ahora.
-...Annie...
-Dime, Dulce.
-...voy a vom... -sus palabras se vieron interrumpidas por unas arcadas.
-¡No, Dulce, aguanta!
Más veloz que un rayo, Anahí, abrió la tapa del retrete y acercó a Dulce jalándola de los brazos. Ésta quedó arrodillada mientras la rubia le sujetaba el pelo, pero luego de varias arcadas, vio que le era imposible vomitar y optó por ayudarla metiendo sus dedos hasta la garganta de la pelirroja. Las arcadas aumentaron y, aún siendo asqueroso para Anahí, ésta dejó sus dedos hurgando más fondo para lograr lo que pocos segundos más tarde logró.
Anahí soltó a Dulce y la dejó recostada en el suelo, mientras ella se lavaba las manos en el lavabo.
-Joder, ya te vale. Ésto es asqueroso.
Acabó de desvestir a Dulce y, como pudo, la metió en la bañera. Encendió la llave del agua y la dejó en una temperatura alta, pues Dulce necesitaba agua caliente. Una vez estuvo la bañera llena, cerró el grifo.
-Dulce... -obtuvo un gruñido a modo de respuesta- dame tu brazo.
Agarrando una esponja, puso un poco de jabón en ella y empezó a restregarla en el brazo de Dulce, llevándola hacia los hombros y parte alta del pecho, por el cuello y el otro brazo.
-Incorpórate un poco. -la agarró de una mano para dejarla sentada.
Con sus manos apartó el pelo de la espalda, dejándolo descansar sobre un hombro y caer por sobre el pecho de Dulce. Seguidamente pasó la esponja por toda la espalda de la pelirroja en forma de masajes circulares que hicieron que ésta soltara algún que otro pequeño gemido.
Una vez hubo acabado con esa parte, hizo que volviera a recostarse y se sentó en el borde contrario de la bañera.
-Dame una pierna –al ver que Dulce no respondía, metió la mano bajo el agua y sacó el pie de ésta.
-Annie...
-¿Vas a volver a vomitar? -pero Dulce negó con la cabeza- ¿Entonces?
-...gracias.
Anahí no contestó y se dedicó íntegramente en pasar la esponja por las piernas de Dulce, sabiendo perfectamente que no quería seguir más arriba de las rodillas de ésta.
Toma la esponja, voy a dejar que acabes de bañarte tranquilamente, quiero que te enjabones bien para quitarte ese olor a...muerto que llevas encima, apestas a tabaco, alcohol y a días de no visitar una ducha.
-No...ven... -Anahí se acercó a Dulce quedando cara a cara con ella- No te vayas...
-Estaré ahí fuera. Si quieres algo me avisas y vengo.
Anahí se acercó y depositó un beso en su frente. En eso que Dulce pasó los brazos por detrás del cuello de la rubia y se recostó de él haciendo que cayese dentro de la bañera, con ropa incluida.
-¡¡Joder, Dulce!! -salió rápidamente de ahí- La madre que te... ¡Aghh *******!
Anahí salió realmente enfadada del cuarto de baño llevándose consigo una toalla y cerrando la puerta violentamente. Dulce, que parecía no haberse percatado de esa reacción, suspiró e intentó relajarse cerrando los ojos y relajando los músculos en ese agua tan caliente.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:07 am

CAPÍTULO 16
Dulce, después de hora y media de relajo, en la cual se había dado el placer de quedarse dormida durante varios minutos, salió del baño envuelta en una toalla y se dirigió a su habitación para ponerse ropa limpia. Ahí se percató de que Anahí se había tomado la molestia de ordenar un poco ese cuarto y dejar preparada sobre la cama un pantalón elástico, una sudadera cómoda y un conjunto de ropa interior.
Una vez Dulce se hubo vestido, fue al baño para dejar ahí la toalla mojada y se dio cuenta de que Anahí habría vuelto a entrar al baño mientras estaba dormida porque su ropa ya no estaba sobre el lavado donde había quedado cuando la rubia la metió a bañar.
A medida que se iba adentrando al salón iba viendo el trabajo que había hecho Anahí mientras ella estaba en la bañera, las botellas habían desaparecido, el cenicero que estaba repleto de colillas estaba vacío y limpio, los cojines colocados en el sofá, todo en orden. Seguidamente entró en la cocina y ahí encontró a la rubia de espaldas a ella, cocinando algo; Dulce simplemente se apoyó en el marco de la puerta y se quedó observándola sin decir nada, pero Anahí sí se percató de su presencia.
- Siéntate, por favor. Estoy preparando algo para que comas.
- Gracias -agradeció y se sentó en una silla viéndola a ella.
- No me las des, no podía dejar que siguieras viviendo entre tu propia mier*da.
Dulce solamente agachó la cabeza y se dedicó a jugar con sus uñas evitando así tener que mirar a la cara a Annie.
- Te he preparado una sopa, te va a sentar bien –dijo Annie mientras colocaba un plato rebosante de sopa delante de la pelirroja. Ésta estaba a punto de llevarse una cucharada a la boca cuando la rubia la detuvo– Quema -y seguidamente le acercó un vaso de agua.
Anahí se sirvió un plato para ella también y se sentó en la mesa enfrente de Dulce. Ambas comieron en silencio y una vez hubieron terminado fue la rubia quien impidió a Dulce hacerse cargo de los platos, para lavarlos ella.
Habían pasado la tarde juntas pero sin apenas hablar, viendo la televisión. Anahí miró el reloj y se percató de la hora que era.
- Ya es tarde, debería irme.
- No quiero que te vayas.
- Debo hacerlo, me están esperando en casa.
- Avisa, llama, haz algo, pero por favor quédate conmigo.
- ¿Qué necesitas de mí, Dulce? He venido, te he rescatado de tu propio desorden, he tratado que tu casa quedara lo más decente posible y ya terminé. No tengo nada más que hacer aquí. ¿Qué quieres?
- No quiero dormir sola.
- Llama a tu hermano para que te haga compañía.
- ¡Mierda Anahí, entiéndelo ya! Quiero que te quedes a dormir aquí porque necesito tenerte cerca, arreglar lo nuestro y dejar las cosas claras, no puedo más con este dolor que tengo aquí metido. ¡Te necesito!
- ¿Me necesitas para qué? ¿Para seguir creyendo que esto es posible y hacernos aún más daño las dos? Paso de eso, Dulce, de verdad. No sabes el daño que me ha hecho verte así de derruida, que por poco te encuentro muerta. Tener que ver las consecuencias de lo que has hecho estos últimos días, lo poco que te quieres, lo poco que te respetas. Que no sabes las ganas que tengo de estar contigo, las ganas que tenía de tocarte y besarte cuando te estaba desnudando, pero no puede ser, Dulce. Así no. Quisiera estar contigo pero no puedo, no quiero tener que esconderme…
- ¡Entonces no te escondas! -interrumpió la pelirroja.
- Tengo miedo, Dulce, ¿no me entiendes?
- ¿Miedo a qué? ¿A que nos pase lo mismo que nos ha pasado ya dos veces? ¿Miedo a que nos descubran?
- ¡Miedo a todo! A que nos descubran, a que todos lo sepan, a que mis padres lo sepan, a lo que puedan decir, a que no lo acepten, a que no te acepten… tengo miedo de estar contigo constantemente presionada. Quiero lo mejor para ti y qué mejor que dejándote buscar a alguien que realmente pueda estar contigo al cien por cien.
- Recuerdo que cuando empezamos con todo esto dijimos que lo que digan los demás está de más. No sé en qué pensabas cuando aceptaste, creo que no tuviste en cuenta la situación y a lo que te enfrentabas.
- Pensaba en ti cuando te acepté en mi vida, lo que no tuve en cuenta due el hecho de no estar solas en este mundo.
- Ni el daño que me ibas a hacer…
- …ni el que me podía hacer a mí misma.
Finalmente Anahí accedió a quedarse con Dulce esa noche, pero se negó rotundamente a dormir en la misma cama. Dulce aceptó no sin antes haber insistido en que las condiciones no fueran esas, pero no consiguió que Anahí cambiara de opinión.
Las dos se encontraban sentadas en la cama de Dulce, ésta notablemente recuperada, hablando de temas sin importancia, y manteniendo las distancias tratando que el ambiente no se tensara más por momentos.
- Anahí…
- Puedes seguir llamándome Annie.
- Annie…
- Dime.
- ¿Puedo cantarte algo?
- ¿Lo escribiste para mí?
- Esta vez no.
- Entonces adelante.
La pelirroja agarró su guitarra y comprobó que seguía afinada. Seguidamente empezó a cantar sin apartar la mirada de esos ojos azules que tantas cosquillas le hacían en el estómago.

Nada tienen de especial
dos mujeres que se dan la mano,
el matiz viene después
cuando lo hacen por debajo del mantel.
Luego a solas, sin nada que temer,
tras las manos va el resto de la piel.

Un amor por ocultar
aunque en cueros no hay dónde esconderlo.
Se disfrazan de amistad
cuando salen a pasear por la ciudad.

Una opina que aquello no está bien,
La otra opina que qué se le va a hacer
Y lo que opinen los demás está de más.

Quien detiene palomas al vuelo,
Volando a ras del suelo
Mujer contra mujer.

No estoy yo por la labor
De tirarles la primera piedra
Si equivoco la ocasión
Y las hallo labio a labio en el salón

Ni siquiera me atrevería a toser
Si no gusto ya sé lo que hay que hacer
Que con mis piedras hacen ellas su pared

Quien detiene palomas al vuelo,
Volando a ras del suelo
Mujer contra mujer.

Una opina que aquello no está bien,
La otra opina que qué se le va a hacer
Y lo que opinen los demás está de más.

Quien detiene palomas al vuelo,
Volando a ras del suelo
Mujer contra mujer.

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Re: Dandole la espalda al amor

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:08 am

Capítulo 17, último capítulo
Habían pasado meses desde aquella vez que Anahí rescató a la mujer de su vida de morir entre la miseria, el mismo tiempo que desde que habían dejado claro que no podían estar juntas. Tiempo suficiente como para distanciarlas de manera casi irremediable.
En la universidad ya no compartían pupitre; Anahí había reforzado su amistad con Christopher y Poncho, y con otras chicas que estaban en el grupo de los dos anteriores. Hay que decir que la rubia no desentonaba para nada dentro de ese grupo. Todo eso mientras Dulce observaba desde la lejanía, junto con Jennifer, Maite, Raquel y Valentina, de cuerpo presente pero alma ausente. Completamente distanciadas daba la sensación de que nunca hubo nada entre ellas.
Quedaban días para empezar los exámenes de fin de curso y la mayoría de estudiantes se concentraban en la biblioteca para estudiar. Anahí, debido a una petición para encargarse del evento de despedida, ya había realizado todos los exámenes con antelación. Ella y Kristal, una de sus nuevas amistades, se encargaban de ello, y mientras Dulce estaba en la biblioteca, ellas se encontraban en un cuarto adjunto a ésta, y con paredes de cristal, por lo que la pelirroja podía estar pendiente de cada uno de los movimientos de Anahí.
Cuánto te echo de menos, rubita; no te haces a la idea... Como quisiera estar contigo y ya hace tanto que no te tengo. Tú por tu lado y yo por el mío, justo como jamás hubiera querido que pasara. Y ahora te veo tan entusiasmada organizando ese evento que tanto deseabas poder organizar, con ese talento que tienes para ese tipo de cosas... Uff, por Dios, no sonrías de esa manera que me matas, tu sonrisa me mata... me encantaría ser yo la culpable de esa sonrisa, pero desgraciadamente estos últimos meses la responsable de tu felicidad ha sido esa tal Kristal. Aunque no lo creas no le tengo celos; no le tengo celos porque si me dejaste por no aceptar que te gustaba una mujer, es obvio que no vas a estar con ella ahora. Pero sí le tengo envidia, no lo puedo negar. Envidia no solamente porque estés tanto tiempo con ella, sino envidia porque quisiera que fuera con mis bromas con las que te rieras y con mis canciones que soñaras... En definitiva, me gustaría que todo estuviera como antes, como cuando estabas conmigo.
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El evento de fin de curso había llegado, eso significaba que los exámenes habían finalizado y que los estudiantes de cuarto año que habían aprobado todas las asignaturas, ya se graduaban. Anahí, junto con Krystal y otros alumnos voluntarios se habían encargado de organizar todo el evento, y el montaje había quedado espectacular. Habían puesto un escenario y muchísimas sillas justo delante para que tanto los alumnos como los familiares e invitados pudieran sentarse y gozar del evento. Todo estaba decorado con flores que daban color, y los focos iluminaban todo por completo para no quedarse a oscuras cuando anocheciera. No sería mentira decir que se habían cuidado todos los detalles, por pequeños que parecieran.
Una vez el público estuvo sentado en las sillas, dio comienzo el evento. Las luces se apagaron dejando todo completamente a oscuras, y se encendió un foco que apuntaba al escenario dejando ver a una preciosa Anahí. Radiante esa noche, lucía un vestido blanco que le sentaba perfectamente bien, y unos tacones negros muy altos que hacían ver que sus piernas más largas de lo que ya eran. Dulce se quedó mirándola como si de un ángel se tratara, pero enseguida se vio obligada a apartar la vista.
“Tanta belleza me hará perder la cordura” pensó Dulce.
Anahí empezó a hablar dando así comienzo al tan esperado evento y le cedió el micro al director del centro para que empezara con el acto de graduación de los alumnos de cuarto y último curso. Una vez finalizado el acto en el que se entregan las orlas y los premios a los mejores estudiantes, algunos alumnos subieron al escenario para dedicar algunas palabras a sus compañeros, profesores o familiares. Seguidamente se dio paso a las actuaciones musicales.
Parecía que todo el mundo se estaba divirtiendo, los alumnos estaban bajo el escenario cantando, bailando, saltando... Los padres y profesores charlaban animadamente, ajenos a todo cuanto les rodeaba. Pero Dulce se encontraba apartada de todo el mundo, sentada en el suelo junto a su guitarra.
El evento estaba ya por finalizar y Anahí había empezado a despedir la fiesta cuando la pelirroja, muy decidida, irrumpió en el escenario, se acercó a Anahí por detrás y la agarró suavemente del brazo.
-Anahí, quiero tocar algo. ¿Aún tenemos tiempo?
La rubia quedó descolocada unos segundos. Por supuesto, contestó, y dio paso a la que sería la última actuación de esa noche, la de Dulce.
“Si te vas a despedir y ya no hay marcha atrás
si tienes que partir y no te detendrás
no dejes nada aquí, no intentes regresar.

Si tienes algo que decir mejor dímelo ya,
que no voy a sufrir pensando en que te vas,
no te voy a extrañar ni me verás llorar.

Te lo juro que aunque duela
y se desangren hoy mis venas,

Te voy a olvidar
te arrancaré de mi memoria
será en los labios de otras bocas
donde borraré tu historia.
Te voy a olvidar
aunque el puñal de tus mentiras
este quitándome hoy la vida.
Te lo juro que es verdad
que te voy a olvidar.

Si tienes algo que decir mejor dímelo ya,
que no voy a sufrir pensando en que te vas,
no te voy a extrañar ni me verás llorar.

Te lo juro que aunque duela
y se desangren hoy mis venas,

Te voy a olvidar
te arrancaré de mi memoria
será en los labios de otras bocas
donde borraré tu historia.
Te voy a olvidar
aunque el puñal de tus mentiras
este quitándome hoy la vida.
Te lo juro que es verdad
que te voy a olvidar.

Que te voy a borrar
para siemprede mi memoria,
y aunque tenga que llorar
yo te tengo que olvidar.

Te lo juro que aunque duela
y se desangren hoy mis venas,

Te voy a olvidar
te arrancaré de mi memoria
será en los labios de otras bocas
donde borraré tu historia.
Te voy a olvidar
aunque el puñal de tus mentiras
este quitándome hoy la vida.
Te lo juro que es verdad
que te voy a olvidar.”

Después de unos segundos de silencio, el público estalló en aplausos. Dulce medio sonrió de lado y se dio la vuelta para bajar del escenario, limpiándose una lágrima que se deslizaba por su mejilla. Se cruzó con Anahí, le dirigió una corta mirada y bajó por las escaleras con la cabeza baja. Anahí concluyó con el evento mediante unas palabras que tenia preparadas de antemano, y con la voz temblorosa debido a la actuación de Dulce.
Dulce estaba recogiendo su guitarra mientras hablaba con Mai, la única que se había preocupado por ella después de lo de Anahí. Y ésta, consciente de lo que estaba por venir, fue terminando con la conversación y se despidió rápidamente de la pelirroja.
Anahí llegó enseguida por la espalda de Dulce y apenas tocándole el hombro le dijo:
-Si me vas a olvidar significa que todavía no lo has hecho, ¿verdad?
-Hemos terminado los estudios y vamos a seguir caminos diferentes, es el mejor momento para hacerlo definitivamente.
-Lo he estado pasando mal todo este tiempo...
-No seas hipócrita Anahí, no tienes ni idea de todo por lo que he pasado.
-No quiero que desaparezcas de mi vida, Dul.
-Entonces no quieres estar conmigo ni sin mi... No me lo explico.
-Sí que quiero estar contigo, amor. Lo he estado pensando y no hay nada que quiera más que estar contigo.
-Anahí, está decidido. Te voy a olvidar.
-Eres el amor de mi vida y yo soy el amor de la tuya – intentó convencer Anahí con desesperación.
-Lo siento, buscaré a alguien más. Seguramente no será mejor que tú, y quizás ni siquiera te llegue a la suela de los zapatos, pero necesito a alguien que tenga siempre las cosas claras des del principio. Adiós Anahí.
Y esas fueron las últimas palabras que Dulce le dirigió a la chica que le había robado el corazón, pero que le había hecho tanto daño. Cargó con la guitarra en su hombro y salió del recinto sin siquiera darse media vuelta. Con la cabeza bien alta y orgullosa de su decisión. Literalmente, dándole la espalda al amor.

Fin...





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Re: Dandole la espalda al amor

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