Buscando El Arcoíris

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Buscando El Arcoíris

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:13 pm


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Parte I: Capítulo I

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:14 pm

Europa – 1,600.
En una casa destartalada se encontraba un grupo de niños de raza negra, acostados en un minucioso espacio, una pequeñas cercas de un alambre inoxidable era considerada la pared.
La crueldad que viven las personas de raza negra era eminente. Una pequeña sin nombre porque para los negros era prohibido, no se lo merecían. Esa pequeña una combinación de leche y chocolate. Tenía unos bellos ojos café miel.
Fue llevada a una familia la cual la vendió a los catorce, porque había atrapado un resfriado y ellos no pagarían para que el doctor del pueblo curará a tal animal como todos los blancos consideraban a los negros.
Se la vendió a Ricardo Gomez un mestizo con mucho dinero. Y una hermosa esposa y una angelical hija.
Aquella angelical mujer había nombrado a la negra, llamándola “Julianne” un pequeño secreto de ambas.1
Como siempre Julianne, se encontraba arreglando la bañera para su ama, su amada ama.
Julianne estaba enamorada de su ama quizás de forma amorosa o de otra forma, en realidad para Julianne era indeciso, desde ya un par de años pero no se atrevería nunca a decirlo para aclarar sus dudas puesto que su amigo Jackson se lo había confesado a su amo y comprometido de su ama, lo cual lo llevó a la horca.
Porque ya suficiente tenía que llevar el crimen de su piel para llevar otro, no podía ser negra y lesbiana. Si alguien se lo confesara o llegarían rumores al jefe de policía de la ciudad, no la dejarían defenderse y solo la torturian hasta que ella suplicara para su muerte.
Empezó a vaciar una esencia de fresas y rosas. Ella se consideraba una mujer de color mestizo aunque no recibiera aquel trato solo por haber nacido del vientre de una negra. Automáticamente era negra solo por aquel hecho.
Para ella su ama, era un ángel, su piel blanca y esbelta, su cabello ligeramente rizado y alisado chocolate, sus labios color carmesí, junto aquella personalidad cálida y fuerte.
Julianne estaba feliz a pesar de ser una esclava sin recibir paga y recibir una comida incomible.
—Le he preparado el baño, ama —anunció llegando a la alcoba de su dueña.
La joven se removió, llevándose la sabana al rostro, ignorando a su acompañante.
—¡Por favor ama!— suplico — sabe que si no lo hace, su madre me golpeara — informó.
Un suspiro grande se dio lugar — Yo no conozco a ninguna “ama”, así que no se a quien le hablas — contestó con voz ronca.
–Señorita, sabe lo difícil que es para mí llamarle por su nombre, me es prohibido – recordó.
–Pues estamos en mi alcoba y aquí puedes llamarme de esta forma – soltó.
La joven suspiró, su ama era obstinada, y cuando deseaba algo no se cansaba hasta obtenerlo.
–Selena – susurro haciendo que esta se sentara en la cama y la viera con una sonrisa en el rostro.
Lo cual ocasionó un caos en el corazón de su negra esclava.
–Adelante – incitó – dilo.
–Selena ya esta listo tu baño – habló insegura.
–Gracias, Julianne ahora si iremos a mi bañera – se puso de pie y se colocó su bata de seda.
La joven se desnudó y se acostó en la bañera, su esclava solo introdujo sus piernas y con una esponja se dispuso a bañarla. No se podría quejar para ella era el mejor trabajo no pagado del mundo.
Era distinta a todas, la trataba de una forma especial o quizás ella pensaba de esta forma. Verla desnuda hacía que un lugar desconocido quemara pero jamás se lo diría, y jamás intentaría mancillar a su ama. Le tenía lealtad, podría hacer todo lo que ella le ordenará aunque eso la pudiera llevar a la horca.
Su mano junto su esponja recorría todo el cuerpo de su ama. Intentaba concentrarse en no hacer nada que incomodara o que pensara que quería corromperla.
–Le he dicho a mi madre que no quiero casarme – su ama siempre hablaba con ella y no era algo nuevo.
–Usted sabe que es lo mejor, ama – respondió.
–No entiendo como mierda Rafael de Montenegro nos va ayudar con la crisis que papá atraviesa, es completamente ilógico – se quejó.
–Pues entre los esclavos hay rumores que, el señor Montenegro ha llegado a un convenio con su padre – respondió.
–Odio esto, odio que traten a las mujeres como carnada y a las personas distintas peor que animales – se mordió el labio inferior.
–Usted es una mujer inteligente ama – alagó.
–Aun no entiendo porque me llamas así, me incomoda de sobremanera – frunció el ceño.
–Soy su esclava, un regalo de su padre, y mi deber es llamarle de esta forma, no me es posible intentar ser su igual, soy una negra señora – respondió con un nudo en su esófago.
–Yo no te veo negra, yo te veo como una persona además eres una combinación de leche y chocolate – sus dedos rozan al antebrazo de su esclava que ocasiona que la pobre negra se erice.
Sin notarlo Selena se levanta, puesto que ya tuvo suficiente de su baño.
–Tiene que bajar a comer y luego sus clases – recordó mostrándole la bata para que esta pudiera vestirse.
–Gracias, mmm…. supongo que debo ir si no tú pagarás las consecuencias ¿No? – asiente – bien no me queda de otra – se encogió de hombros y ya resignada.
Selena se quedo parada viendo su figura y preguntándose el porqué debía verse delgada.
–Me gustaría subir unas cuantas libras – le comentó.
–La señora Mandy no lo autorizará, ya mucho hizo incluyendole una porción de pan – recordó.
–¡Esa no es una porción! – levantó la voz – no llames porción a unas migas de pan que ella ha accedido darme, no entiendo porque debo soportar comer lo que ella me mande y morir de hambre – se sienta en la cama cruzando los brazos.
–Lo sé ama, por ello le he conseguido aquel pastel que tanto le gusta pero sabe lo que debe hacer para que nadie la vea y no meterme en problemas – le sonrió.
–¡Oh Julianne! ¡Te irás al cielo! – exclamó aplaudiendo feliz.
«Ya lo estoy aquí con usted, mi señora» pensó sonriendo.
–Pues, no se diga más ayúdame a arreglarme por favor y luego iremos al arroyo ¡Dios estoy emocionada! – dio unos brincos dándose la vuelta.
Su compañera ayudó a poner el corcel, apretando con las ligas finas que salían, y luego ayudandole con la falda que usaría.
–Odio esto, me aprieta, parece que me sacara los órganos – se quejó – Mirate Julianne al menos tu no usas esto si no esas camisas junto esas faldas que se ven cómodas – y viejas pensó la morena.
– Le serviré el desayuno, la espero abajo señorita – informó y salió de la enorme alcoba.
Cuando iba bajando unos cuantos escalones se encontró con la madre de su ama, una mujer rígida y muy diferente a lo que su ama era.
–¡Quítate negra de mierda! – dijo apartándola bruscamente.
Tuvo que aferrarse a la madera para no caerse mientras seguía su camino, por muchos deseos de defender a su ama, no lo podía hacer en lo absoluto. La mujer abrió la puerta de golpe de la alcoba de su primera hija.
–¡No es posible que hayas dicho que no! – gritó.
–¡Te he dicho que no me casaré! – contestó.
La mujer respiró y se siguió soplando con un abanico fino un poco gracioso.
–Hemos pensado que Rafael es un buen candidato, tiene unas tierras en el sur – recordó.
–¡Por favor madre!, no soy carnada, ¡Vamos!, soy su hija – trago en seco – ¿Acaso no valgo más que unas tierras? – cuestiono herida.
Mandy suspiró, cuando su hija se ponía en fase: digna– crítica era imposible.
–Claro que vales más – concluyó – pero él ha prometido darte una vida de reina ¿Que más quieres? – pregunto suave y cansada.
–Amor – susurro y se echó un poco de perfume en su cuello – ¿Es mucho pedir? – se encogió de hombros.
La mujer asentó varia veces – ¡Esa negra te ha pegado la idiotez! – intuyó –¡Me la va a pagar! – apretó sus manos.
La joven rodó los ojos, aun no comprendía ese odio sin fundamento – Déjala en paz, ella apenas y habla – comentó.
–¡No la defiendas! ¡Es una negra! – gritó.
–Y tú católica – respondió sutilmente.
Mandy sabía que a veces era imposible discutir con esta joven mujer.
–Espero bajes ya a comer, y sobre el pan he pensado que deberías abstenerte a ingerirlo – recomendó.
–Me gusta así que creo que lo seguiré haciendo, madre con tu permiso – respondió y salió de su alcoba.
La mala relación que tenían las dos mujeres de esa casa era inminente, pero sus esclavos todos negros podían hablarlo ni menos comentarlo con alguien más. Pues su castigo la horca.
Aunque para Julianne era todo menos un deber el estar a la disposición de Selena Gomez.
–Espero le guste mi señora – le sonrió, mirándola de reojo, para Julianne era la vista más erótica del mundo. Su ama comiendo una fresa con sus delgados y blancos dedos.
–¡mmm! – exclamó cerrando los ojos saboreando el sabor dulce de la fresa – ¿Como sabes cuando están en el punto exacto las fresas? – arqueó una ceja y sonrió.
La pobre mujer sintió sus mejillas arder, para ella los elogios no eran comunes, de hecho nunca nadie le hacía elogios aparte de ella…
–Solo se trata de ver la textura y el olor, mi señora – habló temerosa y bajo.
La joven asentó pensativa, su joven esclava sabía mucho – Gracias por darme las fresas más dulces, Julianne – sonrió.
Asentó viendo hacia abajo.
–¡Hija! – sonrió aquel hombre soberbio y ciego por el poder y el dinero – Linda mañana ¿no? – le entregó de forma brusca su sombrero hecho por un ahora loco diseñador de sombreros – retírate – le habló molesto.
Ella asentó llevándose consigo el sombrero.
–Fernando nos ha invitado a la cosecha ¿Estas emocionada?. Creo que estamos a punto de unir lazos – sonrió – ¡Selena de Montenegro! ¡Enhorabuena! – celebró.
Selena se puso de pie, tomando su larga falda entre sus manos para no perder el equilibrio y poder salir de allí.
–Con permiso– dijo seria.
Lo que menos quería era casarse, no deseaba casarse no si no había amor.
Camino por el pasillo de madera de su amplia casa. Entonces lo divisó a un joven blanco levantando unos costales y echandolos en la espalda de un caballo.
–Sabía que era por eso – comentó, ella dio un pequeño salto – deja de ver a los poones, él no será tu esposo, él que va a desposarte será Rafael – sentenció la madre.
–No estés tan segura madre, primero prefiero el fusilamiento – comentó arqueando una ceja de forma desafiante.
–Entonces así será – contraatacó.
–Que así sea – concordó y se giró.
Miró a su esclava, cosiendo una camisa de seda, y sonrió. La encontraba tierna y su amiga aunque no podía caminar con ella a su lado, si no ella atrás. Y eso le molestaba.
–Es hora de irnos – le susurró en el oído, Julianne se sorprendió pero asentó. Su ama tenía esa forma peculiar de hablarle.
–¿A dónde iremos? – dijo cuando ya había tomado el abrigo para su ama y se lo estaba colocando en sus hombros.
–¿A que lo has olvidado? – preguntó y Julianne la vio sin entender – ¡Pues a comer el pastel! ¡Dios! – puso sus guantes en sus manos blancas y sonrió.
La joven abrió la puerta del carruaje fino y está ingresó; Julianne se sentó afuera para dirigir los caballos. El caballo iba lento y ella de reojo observaba a Selena quien estaba concentrada observando el paisaje. Negó; ¿Que mierda le estaba pasando?. No podía ¡No podía!. Lo sabía ¡No debía!.
A veces observaba unas parejas de negros besándose por las partes traseras de la casa, tocándose y se cuestionaba ¿Cómo se sentirá tocar la piel de su ama?. Su piel estaba reseca y reventada. En cambio de la joven blanca; se observaba tan delicada, tan sedosa. Paró el carruaje enfrente de una venta, donde un hombre blanco pero compresivo era el dueño, se bajó y se dirigió hacía él.
–¡Pensé que nunca vendrías! – le dijo viendo hacia otro punto – entra y deja las monedas en el mostrador, ya sabes – le susurró cuando la morena se había acercado un poco.
No podía levantar sospechas, puesto empezaban a aparecer revolucionarios pidiendo derechos para los de raza negra. Entró, dejando unas monedas de oro en el mostrador y cogió la bolsa de papel, donde esperaba para ser devorado un pastel de vainilla y crema.
Sonrió, hacer feliz a su ama la llenaba de éxtasis. Volvió al carruaje y arranco para el arroyo a las afueras de la ciudad, ella conocía hasta lo más profundo del lugar y la llevaba dónde este nacía. Así nadie las vería juntas y empezarían rumores sobre ellas.
–¡Hemos llegado! – le gritó.
La joven abrió la puerta sonriente.
–¡Parece que han pasado siglos! – exclamó exageradamente.
Saltó y perdió el equilibrio cayendo al pasto, rió. Se quitó la falda solo quedando en aquella ropa interior hecha de lino.
–Debería usar su falda, mi señora – pidió y Selena la ignoró, respiro profundamente. A veces odiaba de sobremanera la obstinada que podía ser su ama.
–Selena, usa tu falda – pidió.
–¿Acaso te incomodo Julianne? – le pregunto molesta y esta negó – Bien, porque no pensaba usarla, estoy harta de llevarla y también esto – dijo llevándose sus manos hacia atrás y soltando el nudo de su corcel – siento que mis órganos se comprimen y mis senos exigen salir – arrugó el rostro y logró soltarlo.
La morena le entregó la caja y Selena dio un corto aplaudido como una pequeña cría.
–Se ve muy tierna, ama – sonrió y Selena la miró curiosa.
–¿Qué haces allá? – pregunto y la llamó con su mano – Ven, que hay pastel para las dos – ella asentó y se sentó junto a ella.
Las piernas de la joven se subieron en las piernas de su esclava, para lo que Selena era algo inocente para su esclava era todo menos eso.
–He conseguido un buen libro Julianne ¿Quieres que te lo lea esta noche? – le preguntó.
La morena asentó – Será un placer, sabe que amo cuando me lee – y era así.
–Sigo pensando que deberías aceptar que te enseñé a leer – sugirió llenándose los dedos de crema.
La morena asentó, pero sabía que si aprendía a leer, su ama no leería más y no quería eso.
–Eres muy linda Julianne ¿Hay algun chico? – le preguntó curiosa.
–Soy una esclava señora, no tenemos derecho de enamorarnos — dijo con dolor.
La joven tragó y acercó la mano hacia su joven esclava y la apretó. Haciendo que la morena sintiera una nueva sensación, una plena sensación.
—No sabes como me molesta esto —susurro.
Los ojos de la joven chica se cruzaron con los de su esclava. La morena bajó la vista, verla a los ojos la ponían nerviosa de sobremanera.
—Tus ojos son lindos, me gustan, siempre me han gustado — Halagó Selena.
Una risa nerviosa salió de la morena — Sus ojos son mucho más hermosos ama.
La joven había empezado a confundirse debido a la mirada de su esclava. Pero nunca se lo diría.


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Capítulo II

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:14 pm

—¡Podría escribirte las poesías y las mejores canciones del mundo mi amada! — exclamó acostada leyendo un libro.
Julianne la miro atenta, memorizando cada sonido y cada vez que la lengua se deslizaba por los labios carmesí de su ama.
—¡No podría dejarte!, eres la mujer que más he amado, la fruta prohibida — volvió a leer, saboreando las frases que decía.
Las manos de la morena se deslizaron hacia la tetera y vacío un tercio en aquella taza detallada delicada.
—Su té ama — la joven lo tomó negando con la cabeza.
—Gracias Julianne, pero ya te he dicho un sin fin de veces que me trates como si fuera tu amiga — reclamó tomando un sorbo del té de hierbas.
—Le responderé de la misma forma, me es imposible ama.
—Toma — le entrego la taza de porcelana — toma un sorbo.
Julianne asentó y bebió; donde anteriormente habían estado los labios de su ama, sintiendo que así que se habían besado.
—Grandioso — sonrió.
Selena asentó sonriendo— Te lo mereces — recorrió con la mirada todo el cuerpo de su esclava hasta llegar a esas dos montañas que ella quería explorar, unos minuciosos segundos para que su esclava no sospechara.
—Creo que esta cansada ama — aparto las sabanas de seda para que su amada ama se escondiera en ellas —venga — le sonrió.
La joven se mordió el labio, deseaba pedirle que se quedase y la que besara para saber qué; ese sentimiento nuevo no era más que una locura y que regresara así la cordura perdida.
—Gracias por todo lo que has hecho el día de hoy por mí — dijo besando la mejilla de la morena.
Julianne solo acarició la mejilla donde anteriormente había estado los labios de Selena.
—Gracias a usted ama, por tratarme de esta forma.
Y eran palabras sinceras, llena de amor y lealtad.
—¡Oh Julianne! — exclamó — no tienes nada que agradecer, puedes ir a dormir — se giró y se cubrió el cuerpo con las sábanas.
—Buenas noches ama.
—Buenas noches Julianne.
Salió la morena pero sin percatarse que su joven ama la estaba observando. «¡Oh vamos Selena!, no puedes, es tu mejor amiga» se recriminó. Mientras Julianne bajaba los escalones observó a la misma pareja de morenos tomados de la mano y dirigiéndose a la puerta trasera. Negó no iría a verlos ya que siempre que los miraba en sus sueños los gobernaba una mujer blanca con una sonrisa hermosa, despertaba agitada y debía echarse agua fría al rostro. «Desearía ser él » se lamentó.
Mientras su joven ama dormía en una enorme alcoba, ella estaba condenada a dormir en el establo con caballos, vacas y gallinas.
Observó con lamento su “cama”. Hecha de heno y unas viejas sábanas, se acostó no podía quejarse el heno era cómodo y aquella sábana de abajo era acolchonada y la de arriba caliente para poder soportar el invierno frío. Un umbral iluminaba su “alcoba”. Tenía una vista hermosa y era lo que necesitaba.
Se quitó su ropa y se dispuso a dormir, sabiendo que debía de despertar antes que el gallo cantara anunciando que era la mañana. La joven se removía en su fina cama, soñando que la desposaban y no era su prometido y menos aquel hombre fornido sí no su amiga.
—¡No! — gritó y tembló bajo las sábanas.
Sintiéndose como una vil escoria, empezó a llorar quedándose dormida.
En la mañana, Julianne se levantó, bañándose con agua casi congelada debido que el invierno había caído y las bajas temperaturas eran su enemigas. Subió directamente a la alcoba de su ama, luego de preparar el desayuno junto las otras dos esclavas y sabiendo que hoy no sería un día bueno, sería uno largo y doloroso.
Abrió despacio la puerta de su ama, observándola dormir, atrapó su labio inferior pensando en cómo se sentiría estar con ella, sintiendo su calor. Sólo deseaba sentirla y sabía que era su condena. Sacudió su cabeza, haciendo que la cordura aparecía y desechó los deseos impuros que nacían en su vientre. Se acercó a la cama.
—¡Ama! — exclamó halándole las sábanas.
—¡Basta Julianne! — gruñó — cinco minutos más.
Se acercó y la destapó por completo —Lo siento pero hoy debe salir con su madre, tienen una cita en la iglesia con el padre para asignar la fecha de su boda — saboreó aquellas palabras amargas que torturaban su corazón haciéndolo pedazos.
—No quiero ir — se quejó — no quiero buscar fecha para algo que no deseo.
—Lo siento ama, pero no esta en mis manos — y si lo estuviera, le aseguro que no se casará, suspiró sintiendo su pecho comprimido.
—Julianne — la llamó.
La morena bajó un poco el rostro encontrándose con aquellos ojos café que la hacían perder la razón, la joven la miró a su morena esclava sintiendo un remolino de emociones implorado que sus labios fueran tocados por lo prohibido.
—Dígame, ama.
La joven relamió sus labios, antes que su cuerpo actuara por un impulso, su cobardía ganó.
—¿Has preparado mi baño?.
Preguntó cobardemente, cuando sus intenciones eran otras.
Julianne sonrió —Si, ama.
—Gracias — apartó su rostro y saltó de la cama.
Para Selena estar en el baño con su morena esclava era un martirio, por aquello su baño eran cortos.
—¿Has besado a alguien? — preguntó la joven.
—No, ama.
Suspiró, Selena no era egoísta pero cuando se trataba de Julianne lo era, no deseaba que nadie la tocase, la quería exclusivamente para ella.
—He tenido suficiente — se puso de pie.
Julianne empezó de nuevo a sentir aquel fuego que quemaba sus entrañas en lo más profundo y estrecho. Su cuerpo le gritaba que la mancillara pero su cabeza le gritaba que se detuviera.
Se puso de pie tomando con mucho cuidado la bata de seda de su amada ama. La joven permitió que su esclava la vistiera. La joven usó aquel vestido rosa pastel que su madre le había traído de un viaje. Bajaba por los escalones sintiendo sus pies pesados, a unos pasos de ella bajaba Julianne.
—Es hora de irnos — informó su madre — ¿Y tú qué? — le preguntó mordazmente a Julianne.
—Irá conmigo madre, quiero que me acompañe — Selena informó.
La mujer se encogió de hombros, lo encontraba insignificante.
—En ese caso, vamos — caminó hacia la salida.
Madre e hija ingresaron en el carruaje mientras la morena lo dirigía hacia la iglesia, ninguna de las mujeres hablaba, la tensión era eminente. La joven solo deseaba que Rafael no la desposara que encontrara a alguien bella y lo deslumbraba. Lo que ignoraba es que Rafael Montenegro había deseado toda su vida desposarla siendo capaz de ofrecer su alma hasta el mismísimo satanás para conseguir que la señorita Selena Gomez fuera de él.
Enfrente de la iglesia detuvo el carruaje, las mujeres bajaron y una de ellas estaba completamente feliz y la novia precisamente ella estaba completamente devastada.
—¡Hijas mías! — saludó el sacerdote del lugar —¿A que han venido?.
—¡Padre! — besó su mano, mientras su hija solo estaba atrás viendo en silencio — mi hija se casará con Rafael y deseamos una fecha para el matrimonio.
—¡Claro! — el padre sonrió — acompañenme.
Las llevó a su oficina, ambas se sentaron en unas sillas de madera mientras él tomaba un libro revisando sus fechas para saber qué lugar libre encontraba.
—Tengo dos fechas — anuncio aun verificando en el libro — en Mayo y otra en Agosto. ¿Cual prefieren?.— subió la mirada observándola.
—Mayo— soltó Mandy
—Agosto — soltó Selena.
El padre las vio a ambas.
—En agosto, está bien — concluyó Mandy entre dientes.
—¡En Agosto será! — sonrió — en agosto diecinueve.
Ahora ya tenía fecha para el inicio de su condena. Su pecho dolía. Salieron de aquel lugar luego de una breve pero entretenida charla con el sacerdote.
—Cambia esa cara — recriminó.
—¡No puedo! — sollozó — ¡No puedo!.
Apresuró su paso y entró en el carruaje, la mujer gruñó pero se escondió rápidamente en aquel carruaje fino. Julianne condujo aunque las ansias de saber que había pasado no cesaban sabía que no obtendría respuestas para sus preguntas.
Llegaron a la mansión, y antes de parar el carruaje, su ama salió corriendo hacia las escaleras.
—¡Selena! — gritó furiosa Mandy.
La joven la ignoró y siguió corriendo. Mandy entró furiosa y a los minutos Julianne entró a la mansión, llevando en una charola el almuerzo de su amada ama. Toco la puerta.
—¡Largo! — escuchó la voz carrasposa de su ama.
—¡Ama!, abra la puerta por favor — pidió nerviosa.
No escucho respuesta pero vio como la perilla se giraba abriendo la puerta.
—Entra.
Ingreso y dejo la charola en el muró.
—Ama — frunció el entrecejo preocupada.
Selena escondió su labio inferior y se lanzó en los brazos de Julianne fundiéndose en un abrazo.
—¡No quiero casarme!— sollozo contra su pecho.
El pobre corazón de la morena se rompió. Con miedo deslizó su mano de arriba y abajo de la vértebra de su ama.
—No llore.
La estrujó más a su cuerpo, cerrando los ojos; sintiendo el dolor de su ama, sintiéndolo al rojo vivo.
—No me sueltes — suplicó aferrándose al cuerpo de la alta morena.
—Nunca lo haría ama.
Fue entonces cuando la joven subió el rostro y los ojos café se encontraron con los ojos miel, viéndose por unos minutos y en un acto con poca cordura la joven reclamó los labios de su amada esclava, fundiéndolos en uno; sabiendo que era una condena y sabiendo que si alguien lo supiera ambas serían castigadas.+
Saboreando lo prohibido y mancillando la tranquilidad.

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Capitulo III

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:15 pm

Los labios inexpertos de Julianne se habían quedado petrificados.
—Perdoname Julianne — se separó la joven arrepentida de su acción.
Julianne sonrió —Ama, vuelva hacerlo; cuantas veces quiera, soy suya — deseaba exigir de nuevo un beso, y ahora esas palabras se habían escapado de su boca.
Los ojos café observaron a los miel, acercándose sigilosamente; tomándola por la barbilla y la atacó; besándola ferozmente y con una necesidad que crecía desde lo más profundo.
La morena nerviosamente atrapó el labio inferior de su ama, sin saber cómo ni por dónde empezar. Las manos de la señorita Selena recorrían la espalda de Julianne y las manos temerosas de Julianne permanecían abajo apretadas en un puño, soportando así las ganas de recorrer la cintura de su ama.
—Tocame — susurro aun con los ojos cerrados — pero si lo haces porque eres mi esclava vete y no regreses — abrió los ojos viéndola suplicante.
El corazón de la morena bombardeaba a mil por hora, su cuerpo temblaba y sus ojos se movían de un lado a otro, sintiéndose molesta por no poder articular ninguna palabra. Sin preámbulos posó sus manos en la cintura y vio a su ama esperando su aprobación, la joven la vio sonriente.
—¡Oh Julianne! — exclamó y volvió a unir sus labios con su morena esclava.
La morena no tardó mucho en acostumbrarse a los labios dulces y carmesí de su ama, ahora su beso era exigente y necesitado. La ropa empezaba a estorbar,en sus vientre florecía una necesidad nueva, una necesidad que la exigían la una a la otra.
—Tomame — susurró con voz ronca su ama.
—Ama — susurró con voz aguda.
—No me trates así, dime Selena, dime como quieras menos así — habló con voz excitada y volvió a fundir sus labios con la morena.
Las cortinas de la cama habían caído y sus cuerpos desnudos se completaban, besándose y tocándose sin medir el tiempo, saboreando sus salivas y sus labios carnosos e hinchados.
—La amo — ronroneo Julianne lamiendo el cuello de su ama.
La joven echó su cabeza hacia atrás por insisto y excitación, abrió su boca levemente y empezaba a pulsar todo su cuerpo necesitando atención cada partícula de su ser.
La morena se arrodilló en la suave cama y por primera vez atacó los labios de su ama y con sus manos exploró los firmes y blancos senos de su ama, masajeandolos, gimió mientras la besaba, estaba completamente extasiada y la lujuria dominaba su cuerpo.
Ambas rozaban su cuerpo arrodilladas en la cama, abrazándose la una a la otra. La joven lanzó a la morena hacia la cama, su cuerpo lo exigía. Besó cada centímetro y por fin beso esos dos cerros como ella los había nombrado; cerrando los ojos cuando su boca cubrió el pezón.
La morena abrió la boca arqueando su espalda, nunca había tenido un contacto íntimo con nadie, nunca, jamás. Las manos blancas, largas y delgadas bajaron hasta los pliegues de la morena exigiéndolos y apoderándose de ellos sin permiso alguno y arrebatándole la pureza y llevándosela para ella.
—¡Oh ama! — gimió sintiéndose completa y feliz, moviendo sus caderas al ritmo de las embestidas — ¡Oh Dios! — apretó sus labios.
La joven se mordió los labios contemplando la escena, los senos de su joven esclava moviéndose en un vaivén al ritmo de sus embestidas y las expresiones faciales de cada vez que la tomaba. Llevándola al orgasmo, la morena apretó las sábanas y cerró sus ojos sintiendo como espasmos recorrían su cuerpo y lo sacudían, sintiéndose cansada.
La joven se acostó encima de su joven esclava aunque el fuego aún quemaba en su interior sólo con aquello se daba satisfecha. La morena acarició la espalda esbelta de su ama.
—¿Qué hay de usted ama? — preguntó con voz somnolienta.
—Estoy bien — mintió deseaba que la morena la devorará pero sabía que ella con aquello ya había tenido demasiado.
—No soy digna de tocarla — se separó de golpe — yo lo sé ama, y por favor coma.
La joven la vio confundida — Julianne — la llamó pero la morena no le prestó atención — ¡Julianne! — gritó.
La tomó del brazo y la volteo — ¿Quien dice que no lo eres? — la morena bajó el rostro y la joven lo capturó con sus dedos levantándolo — yo quiero que me tomes, ¿tu lo quieres?.
La morena asentó temerosa — Sabe lo que hiciera, siempre.
—No es una orden, no es una obligación quiero que lo hagas porque nace de ti, de tu cuerpo.
Se giró estaba herida, ¿Aquello fue solo porque era su ama?.
—Ama — acercó su cuerpo a la de su joven ama — siento miedo, no quiero abusar de su confianza, no quiero mancillarla o pervertirla.
—No lo haces, en todo caso; esto empezó por mi culpa.
—No me arrepiento ama.
Se giró y su joven morena la besó en los labios, tomándola por la cintura y se volvieron a dirigir aquella cama que se había hecho cómplice y testigo de su pasión prohibida.
La morena no tardó mucho en exigir la pureza de su ama y convirtiéndola así en suya, besó y acarició cada centímetro del cuerpo de su ama, escuchando la respiración pesada de su ama.
Sus cuerpos exigían más que aquello y la joven se subió arriba del cuerpo de la morena, rozaron sus pliegues volviéndose locas y sus cuerpos quemaban, su piel sudorosa y su cabello despeinado eran prueba de la pasión que había dado fruto en ese momento.
—¡No pares Julianne! — exigió la joven exastiasada mientras la morena se removía rápidamente, girándola y apretándola más a ella, arañó la espalda de la morena, clavándole las uñas.
Ambas alcanzaron aquel punto máximo y explotaron en un orgasmo. Se quedaron quietas, entrelazadas en la cama; aquello había sido una locura, una locura total. En el fondo y no muy en el fondo si no en su cabeza Julianne sabía que ya tenía la soga al cuello. Había tocado a la fruta prohibida y no conforme la devoró y lo peor es que sería capaz de repetirlo, de repetir el mismo pecado, una tras otra y otra vez.
—Debo ponerme de pie ama — intentó levantarse pero la joven lo impidió.
—Dime Selena — pidió.
—Selena — soltó sonriendo — mi amada Selena, debo levantarme.
—No Julianne, quédate un rato más — pidió.
—Debo prepararle la tina.
La joven la vio un momento — ¿Te bañarías conmigo? — la morena se sonrojó y esto causó en el corazón de la joven ternura.
—Si usted lo pide.
—Solo si lo quieres.
—Sabe que sí — contestó temerosa.
—Deberias de tratarme diferente, porque quiero que repitamos lo de hoy, siempre — se mordió el labio inferior.
La morena se puso de pie y se marchó al baño, sus manos temblaban y no podía evitar sonreír, aquello que tanto había anhelado y deseado se había hecho realidad.
La joven y la morena se bañaron juntas, volviéndose a desposar. Su pasión y aquel amor que había florecido de las dudas y la interacción de años no las dejaba ver que estaban viviendo y amando lo prohibido.
—Le queda hermoso — alagó la morena ayudándole a peinar la larga cabellera de la joven.
—Me encanta tu sonrisa Julianne — las mejillas de la morena se tornaron rosas. Sin previo aviso abrieron la puerta de golpe.
—¡Acaso piensas estar encerrada todo el día! — gritó la madre de la joven haciendo que borrara la sonrisa de sus labios y se tensara.
— Me parece que sí madre — contestó mordazmente.
Negó viéndola enfurecida — ¡Eres una mimada!, ¡Quiero que...— se detuvo y la vio frunciendo el ceño — ¿Qué mierda es eso? — le quitó unas hembras de cabello del cuello blanco, dejando al descubierto un chupón rojo, la tomó del brazo haciendo que se pusiera de pie — ¿¡Con quién te has acostado?! ¡Eres una zorra! — su mano se fundó en la blanca mejilla de su hija.
Julianne apretó sus manos, Selena sollozó bajando el rostro y empuñando los ojos esperando el segundo golpe que nunca llegó. La morena había atrapado las manos de la mujer.
—¡Suéltame negra de mierda! ¡Está la pagarás caro! — gritó la mujer viéndola fulminante forcejeando con la morena.
La joven se introdujo en medio de ambas.
—¡Cuidado de cómo le hablas! — gritó y su madre la vio ofendida — ella es mía, no tuya, ella es mía y solo mía.
—¿Defenderas a una negra en vez de tu madre? — pregunto despectivamente.
La joven asentó — Defenderé lo justo y en lo que creo madre.
—¡Eres una cabeza de chorlito! — la vio fulminante — ¡Nos has deshonrado!, ¿Con que cara le diremos esto a Rafael? — la mujer estaba abatida.
—¡Con ninguna!, yo se lo diré — se atrevió a decir la joven.
Tomó del brazo a su madre y la sacó de golpe.

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Capitulo IV

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:15 pm

—¡Eres una deshonra! — escupió el hombre abofeteando a su primera hija —¡¿Ahora qué?! — gritó y enredó sus manos en su cabello.
La joven acarició su mejilla roja —¡Ahora trabaja! — escupió molesta — ¡Yo no soy una mercancía!, ¡Soy una persona y no estoy en venta! — salió corriendo hacia su habitación.
El hombre golpeó la pared frustrado y sabía que su hija tenía razón, él no era así ¿Que le estaba pasando?, y sabía la respuesta, su esposa; su amada pero ambiciosa, soberbia esposa. Bebió de su copa llena de vino, como todas las noches.
Aquella mañana la señorita Selena se despertó por cuenta propia, se bañó por cuenta propia y más triste que molesta bajo por los escalones de madera.
Acercándose a la cocina divisó a una mujer mayor morena.
—¿La han visto? — preguntó y la señora bajó la vista sin responder — contestame por favor ¿Donde esta Julianne? — preguntó de nuevo.
—Está afuera, afuera — le contestó.
Frunciendo el ceño salió de la cocina por la puerta trasera que conectaba con el jardín. Y la vio, su corazón se achicó y sus piernas temblaban. Julianne estaba de rodillas, sus manos amarradas en un nudo con la soga amarrada a un árbol, su blusa rasgada llena de sangre; sin pensarlo se acercó corriendo y se arrodilló.
—¿Quien te hizo esto? — preguntó mientras unas lágrimas rodaban por sus mejillas.
La morena solo la vio de reojo sin contestar, solo mantenerse despierta era tan difícil para ella.
—Te soltaré — le informó.
Como pudo desoltó aquel nudo, de los labios de Julianne se escapó un gemido de dolor cuando cayó en los blancos brazos de su ama.
—¡Maldita sea! — maldicio y acarició el rostro de Julianne.
Como pudo se puso de pie pasando el brazo de Julianne por sus hombros y su mano en la cintura de Julianne, la llevaría a su habitación.
—¿A donde crees que la llevas? — preguntó una voz femenina.
La señorita Selena ignoró aquella voz, como pudo subió por las escaleras y la dejó en su cama.
—Ya verás que te recuperarás — le susurro tocando su rostro.
Tomó unos pañuelos y los remojo de agua, limpiando la espalda de su joven esclava. Mientras lo hacía lágrimas caían por sus mejillas, la espalda de la esclava estaba molida, llena de cortes hechos por una fusta. Escuchó como abrieron de golpe la puerta.
—¡He hecho una pregunta! — gritó su madre.
Ella se giró — ¡Tu lo hiciste! — gritó con seguridad.
La mujer sonrió arqueando una ceja — Le advertí que me las pagaría, ahora ya no sirve hay que desecharla, te conseguiré una negra para mañana — dijo sin darle importancia alguna.
La joven sintió cómo su sangre hervía —¡No tienes corazón! — gritó con lágrimas en sus ojos — y no no quiero a nadie más solo ella, ¿Lo olvidas? ¡Ella es mía! — grito y miró a su madre fijamente acercándose y tomándola de sus antebrazos — ¡No la vuelvas a tocar! ¡Es mía no tuya!.
—Pero soy tu madre y ella...— la mujer intentó defenderse pero la joven la interrumpió.
—Eso no te dará derecho y te lo vuelvo a repetir, ella trabaja para mí, no para ti, ahora fuera de mi alcoba — la tomó del brazo y la lanzó afuera.
Cerró la puerta de su habitación, busco algunas medicinas para poder desinfectar y luego la vendó, la morena estaba dormida y empezaba a sufrir de fiebre.
—Vamos Julianne — dijo aguantando el deseo de romper en llanto.
—Estoy bien — contestó con voz ronca mientras se removía en la cama, sus labios resecos y morados dejaban entender otra cosa.
—Recuperate, no me dejes sola — pidió su ama.
—No ama — soltó abriendo poco a poco sus ojos y viendo la silueta de aquella mujer por la cual ya empezaba a sufrir consecuencias.
—¿Puedes voltearte? — preguntó y ella asentó, tratando de voltearse.
Con quejidos y gestos logró voltearse, la joven le ayudó a sentarse en la cama.
—Esto le traerá problemas ama — recordó la joven.
Ella la miró y asentó — No me importa, si es por tu causa, valen la pena — la morena asentó sonriendo.
—Usted hace todo para enloquecerme — soltó con sinceridad.
—Espero lo este consiguiendo, porque yo estoy ya loca por ti — se acercó a ella.
La joven la miró de arriba a abajo y sin pensarlo tanto posó sus labios en los labios de la morena un beso inocente ninguna de ellas abrió la boca solo estamparon sus labios, cuando la joven se separó la vio sonriendo.
—Iré a buscarte algo para la fiebre y un poco de comida — anunció y salió.
Bajó despacio cada escalón, para su suerte no había nadie en el salón así que su viaje hacia la cocina fue más rápido y menos complicado de lo que ella se había planteado. Con una bandeja subió despacio hacia su habitación, llevando un tazón lleno de sopa de pollo y un vaso a mitad de agua.
—He regresado — anunció.
Los ojos mieles se iluminaron al ver los ojos cafés intensos.
—No tiene porque hacerlo — soltó la morena
—Calla y come — pidió la joven dejando la bandeja en las piernas de la morena.
Julianne estaba extremadamente nerviosa, solo con el hecho de estar en aquella alcoba donde ellas se entregaron, y ahora su amada ama la estaba viendo mientras comía sin pudor alguno, sus ojos clavados fijamente mientras ella tomaba con la cucharada pequeños sorbos de sopa.
La morena se demoró mucho tiempo pero se terminó el tazón lleno de sopa de pollo, y la señorita Selena se dio por satisfecha, gracias a la sopa y aquella pastilla Julianne se sentía mejor, no como para levantarse y seguir con sus obligaciones pero mejor como para temblar y sentir dolor pulsante.
—Eres maravillosa — la joven acarició la mejilla de la morena.
Las mejillas le quemaban y bajó la vista — Usted es la mujer más bella que mis ojos han visto, usted es un ser magnífico.
—¿Esta bien? — preguntó y la morena levantó la vista viéndola confundida.
—¿A que se refiere? — preguntó.
—A nuestro amor, porque es lo que siento un amor con poca cordura y lleno de deseo prohibido ¿Tú no? — preguntó viéndola suplicante como si las palabras de la morena dependiera su vida.
—La amo desde hace tanto tiempo, ¿Usted cree que está bien? — preguntó.
La joven movió sus ojos de un lado a otro mientras sus labios entreabiertos no articulaban nada, asentó — Creo que lo que estamos haciendo, esta bien.
—Entonces ama, es lo que importa, puede tomarme cuantas veces sólo no se entregue a otro porque si no mi vida se acabaría, no puedo verla con alguien más, mi corazón no lo soportaría — la miró suplicante y la joven asentó.
Apartó la bandeja y se acercó a la morena, exigiendo su labio inferior, sus labios se fundieron en un lento beso lleno de amor y saboreando la fruta prohibida, las manos de la morena se posaron en la nuca de la joven blanca y la joven sostuvo su peso en cada costado de la morena, disfrutando el sabor y el calor que emanaba los labios de su morena esclava.
Que más le daba que el cielo gritara y que más le daba que la tierra se abriera, la morena significaba más de lo que ella pensaba y no la perdería por nadie.

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Capitulo V

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:15 pm

Era una noche hermosa, el cielo estrellado iluminaba el hermoso jardín, lleno de grama; rosas y claveles; aquello en verdad era una vista hermosa, la hermosa casa y la orquesta en vivo. Esa noche sin duda alguna era hermosa y la gente celebraba a lo grande.
—¡Exquisito!, ¡Todo es exquisito! — Alagó Marcus Montenegro —¡Realmente encantador! — beso la mejilla de la madre de su nuera.
—¡Es un placer tenerte aquí! — celebró respondiendo el beso sonoro.
Él se separó de la señora de Gomez buscando con la mirada a la futura esposa de su hijo —No quiero ser indiscreto pero ¿Dónde está mi futura nuera?— cuestionó curioso.
La señora Mandy trago en seco —Cerca del banquete, ya sabe los jóvenes de ahora — rió nerviosa — es la segunda cosa que más le gusta en el mundo — volteó para asegurarse que su hija se encontrara ahí.
—¿Cual es la primera? — cuestiono Marcus hablando al oído.
—Su hijo por supuesto — dijo con seguridad tanta seguridad que el hombre sonrió satisfecho.
—Nuestros hijos harán la mejor pareja de la ciudad — soltó con orgullo aferrando sus manos en cada costado de su saco fino.
La señora Mandy sonrió y levantó su dedo índice — Corrección, son la mejor pareja — arqueó una ceja.
Todo era casi perfecto excepto por algo, la prometida que debería ser la más feliz no lo estaba. Todos pensaban que la señorita Selena Gomez estaba viviendo un sueño hecho realidad, un caballero de clase alta; guapo, musculoso y blanco, lleno de conocimiento; heredero y con el don en sus manos, el chico adoraba a los niños deseando así tener niños propios, deportivo, no bebía alcohol y declinaba cualquier acto de algún índole. Realmente era un príncipe, lástima que ese cuento no podía ser el protagonista. La dama se había enamorado de su insignificante esclava, y aquel amor era lo más puro, fuerte y verdadero. Era de aquellos amores que no se olvidan mucho menos se supera. Era un amor verdadero que viviría una eternidad, sin importar qué, ellas renacerían para volverse a entregar, esta vida no les alcanzaría para el amor que se tenían.
La señorita Selena estaba completamente nerviosa, hacia todo lo posible por no tener contacto visual con su prometido y menos con toda esa bola de víboras que se disponía a conversar, comer y bailar en el gran salón de su mansión.
—Eres la mujer más hermosa de la fiesta — habló a sus espaldas y para su sorpresa un brazo rodeó la mitad de su cuerpo dejando visible una hermosa rosa roja intensa.
Aquello había puesto nerviosa a Selena obligándola a girarse y a encontrarse a Sr. Rafael — Gracias — respondió cortésmente.
—Me ha dicho tu madre que te has encargado de todo tú sola supongo te llevó mucho trabajo — comentó el joven guapo escondiendo detrás de su oreja un mechón de su ondulado y oscuro cabello.
—Supongo — contestó — ¿Has regresado hoy?, tenía entendido que vendrías hasta en mayo.
Sonrió, aquello hubiera hecho desmayar a cualquier chica, pero a Selena — Regresamos hoy, hemos conseguido un contrato con los del sur, en fin no lo entenderías — bebió de su copa de vino tinto.
La joven frunció el ceño —Creeme que lo entendería, tengo cerebro, todo los tenemos y que sea mujer no significa que el tuyo vale más que el mío — contestó tranquila pero por dentro estaba tan molesta.
Levantó una ceja, era esto lo que le atraía de la joven, sus opiniones modernas y mordaces — ¡Oh ya lo creo! — exclamó en acuerdo — solo no sabía si entenderías administración, las mujeres que he conocido no les interesa y pensé…. — Selena lo interrumpió riendo burlona.
—Deberias de saber que yo no soy una más de esas..— aquello ya le había empezado a irritar.
—Lo se — la vio fijamente — eres diferente cariño — con el dorso de sus dos dedos rozó la mejilla de la joven.
Selena estaba a punto de gritarle que no le llamara de aquella forma pero tenía que contenerse en no hacer el ridículo. Y la pobre de Julianne ¡Oh pobre de ella!, observaba la escena de lejos sintiendo un dolor punzante entre sus pechos que le recorría todas sus extremidades, contemplaba a la dueña de su alma conversando felizmente con alguien mejor que ella y que estaba destinado a desposarla con la bendición de los padres de su amada.
Desearía ser alguien más, deseo la morena mientras dejaba el recipiente lleno de hielo para la fiesta.
—Deja de verlos — le susurró una joven — los harás enojar — dejó la bandeja llena de fruta.
Julianne asintió aunque le era imposible dejar de ver a su amada con él, ¡No quería! ¡Le jodía!. Empuñó sus manos tan fuertes que sus nudillos se volvieron blancos y se marchó del salón.
—¿Aceptarías bailar esta pieza conmigo? — preguntó haciendo una reverencia.
Indecisa asentó — Claro.
Los brazos del joven rodearon la delgada cintura de Selena, aquello la puso en alerta. Rafael tenía una sonrisa radiante viéndola con amor puro.
—¿Sabes porque motivo hiciste esta fiesta? — preguntó con tono dulce.
—Si.
—¿Estas tan feliz como yo? — preguntó y respiro profundo — se que lo correcto hubiera sido que los reuniera contigo presente junto una sortija pero el viaje — se excusó.
—¿Recuerdas cuando eramos amigos? — él asentó — te sigo viendo de tal forma Rafael.
El corazón del joven se achicó dos tallas, y la vio confundido — ¿Hablas que no me amas? — preguntó como si la respuesta planteada de la joven no hubiera sido tan clara.
—No te amo Rafael.
Sus ojos se cristalizaron — Estas bromeando ¿no? — rió nervioso — yo se que me amas, dime que me amas — la apretó e intentó fundar sus labios junto a los de Selena.
La joven se separó de golpe, soltando el agarre, ocasionando que todos los de la fiesta posarán su atención a la escena, volviendo el ambiente pesado, la señora Mandy corrió de inmediato hacia los jóvenes.
—¿Que pasa? — preguntó fingiendo interés.
La joven solo deseaba salir corriendo del lugar.
—Rafael ha intentado besarme — acusó.
Mandy rió nerviosa — Hija puede hacerlo es tu prometido — apretó su brazo de forma disimulada.
—No lo amo — susurró en el oído de su madre.
La señora la abrazo pero apretó sus brazos — No me importa, vas a casarte con él.
La joven se soltó de golpe — ¡Yo no lo amo! — grito fuerte ocasionando que él gritó retumbara por el salón llegando así al oido de todos y sin esperar ella abandonó el salón.

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Capitulo VI

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:16 pm

—¡Lo que hiciste no tiene excusa! — gritó abriendo la puerta de la alcoba de su hija — ¡Eres tan caprichosa!.
—¡Te he dicho que no me casaré! — gritó en respuesta.
La mujer la vio fulminante y sin esperar su mano se fundó con la blanca mejilla de su hija, una tras otra vez golpeando a su primera hija.
—¡Eres una cabeza de chorlito! — dijo tras la última bofetada.
La señorita Gomez la vio molesta, sus ojos se tornaron oscuros por la ira — Que sea la última vez que me golpeas — sentenció — si no juro devolverte el golpe.
La señora Mandy la vio indignada — ¿Que has dicho?, ¿Me golpearias? — preguntó.
—¡Vete de mi alcoba! — gritó limpiándose con el dorso de su mano la sangre que brotaba de su labio inferior — ¡Ahora madre!.
Afligida salió de la alcoba, y mandó a la negra esclava a curar el labio roto de su hija sin la menor explicación.
Enseguida subió la morena, vio su ropa hasta donde sus dos ojos mieles se les hizo posible y suspiró, tocando la puerta —¡He dicho que te largues! — gritó garbosa la joven desde el otro lado de la puerta.
—He venido a curarla mi señora — anunció y sin esperar tanto la joven abrió la puerta con una sonrisa en su rostro. Cuando Julianne entró su amada ama se lanzó a sus brazos.
—¡Amor! — exclamó feliz.
Julianne la vio por un momento y sabiendo que no podía huir se quedó en silencio.
—¿Que pasa? — preguntó preocupada.
—Siéntese por favor le limpiare su labio — se apartó lentamente de ella.
Busco entre los cajones del hermoso mueble tallado a mano por el mejor carpintero del lugar, y encontró el alcohol junto unas tiras de tela.
—Le dolerá pero verá que no le amanecerá inflamado— anunció y se acercó a la joven — ¿Podría tomar asiento? — la joven se sentó en el borde de la cama y las manos morenas llevaron la tira de tela hacia el labio rosa de su ama.
Gimió al sentir el alcohol en su labio —Duele, duele — se quejó.
—He terminado — anunció y se apartó de ella.
—Gracias Julianne, gracias por cuidarme — sonrió, esa sonrisa que hacía que la cordura de la morena se despojara de su cuerpo.
—Buenas noches ama — dijo decidida a marcharse pero Selena la tomó del brazo.
—¿Que pasa amor? — preguntó.
—No debería llamarme de esa forma; soy su negra esclava y a su prometido no le hará ninguna gracia.
La joven sonrió — Ya comprendo, ¿Estas celosa? — la morena desvío su vista — mirame amor — pidió.
—No estoy celosa, porque para estar celosa debe ser mía y usted no lo es; y es todo lo contrario porque yo si soy suya — respondió con palabras amargas.
—Soy tuya, Julianne ¡Soy tuya! — respondió y se lanzó a los labios de la morena, exigiendo un corto beso y aun sobre sus labios habló — ¿Lo dudas?, me he entregado a ti, quiero que me desposes cada noche, a cada momento, mi cuerpo pulsa al tenerte cerca y mi vientre quema ¿No sientes lo mismo?, porque si no es así será lo peor que me pudiera pasar y no lo soportaría Julianne — se aferró al cuello de la morena.
—¡Oh ama! — las manos de la morena se bajaron a la cintura delgada de la joven derritiendola al tacto — desearía desposarla y cuidar de su sueño cada noche; ser quien la llamara esposa y con quien tuviera un árbol genealógico, pero soy solo una pobre esclava destinada al olvido y lo aceptaba, ¡Juro que lo hacía!, pero ahora no lo acepto; porque no quiero y tampoco aceptaré su olvido, no quiero su olvido— la joven abrió sus ojos y la vio con el ceño levemente fruncido.
—Yo también lo quiero y no eres una simple negra, ¡Deja de llamarte así!. Y nadie nos sentenciará al olvido, vivirás en mi alma y yo viviré en la tuya — y antes que contestara capturó su labio inferior.
Sus manos viajaron hacia el borde de la blusa de la morena buscando los botones de la blusa.
—Quiero que me desposes — pidió entre besos y la morena asentó.
Las manos morenas soltaron el nudo y aflojando así el corcel; dejándolo caer y liberando los bellos senos de su ama, blancos y con los pezones rosas. La morena se arrodilló y la joven se inclinó un poco para que la morena tuviera acceso a su seno.
—Soy sólo tuya Julianne, te amo ¿Tú me amas? — preguntó con voz ronca.
La morena asentó y antes de esconder el pezón en su boca habló — La amo en cuerpo y alma, tanto que si alguien más la tocara preferiría la muerte, no puedo estar sin su cuerpo y sin su forma brillante de hablar y actuar — ambas sonrieron y la morena cerró los ojos y absorbió el pezón.
La joven tomó de la cabeza a la morena y echó su cabeza hacia atrás disfrutando de la cueva caliente que abrigaba su pezón. La mano de la morena apretó el otro seno y se turnó para repetir su acción en cada uno de ellos.
—¡Oh sí Julianne! — gimió — me gusta, no pares — habló con voz ronca y excitada.
La morena beso el abdomen con sus ojos cerrados disfrutando de la textura y del sabor de la piel de la mujer de sus sueños, la joven inclinó su rostro y con su mano condujo a Julianne a sus labios y se fundieron en un beso necesitado y violento.
Selena desnudó a la morena y luego se desnudo, la morena se mordió el labio inferior y con su vista recorrió el cuerpo de la joven.
—Su cuerpo ha sido tallado con mucho cuidado, es una obra maestra, el cuerpo de un ángel— susurro Julianne.
—Bésame — pidió y la morena capturó los labios expertos de su ama.
La joven soltó los labios de la morena y beso el cuello de Julianne, empezando a rozarse en el cuerpo delgado de su esclava, sus sexos se rozaban haciendo que su pronta excitación siguiera latente. Las manos de Julianne se posaron en la espalda blanca de su ama, rasguñandola mientras la joven se movía para que sus ya hinchados clítoris rozaran haciéndolas delirar a ambas.
—¿Te gusta?— preguntó la joven moviéndose.
—Sí — respondió apretando más a Selena a su cuerpo — no pare ¡Dios! — gimió y beso los labios de su ama.
—Quédate a dormir — pidió.
— Si me quedo a dormir— respondió.
Ambas sonrieron y volvieron a unir sus labios.
—Hemos invitado a Rafael para el almuerzo, espero le pidas disculpas — la vio molesta.
—Yo no tengo porque disculparme — se defendió.
—¡Basta ambas! — gritó el hombre.
—Dile algo a tu hija — exigió.
El señor Gomez la vio molesto — ¡Cállate Mandy!— exigió y luego giró para ver a su hija a los ojos — Selena entiende, es un buen partido ¿Que quieres?, ¿Quieres ser la mujer de un negro? — preguntó como si aquello era peor de los crímenes.
—¿Qué piensas de las mujeres que les gustan otras mujeres? — preguntó.
Los señores abrieron la boca espantados y abrieron los ojos asombrados por la pregunta poco ortodoxa que su hija les había hecho.
—¡¿Que has preguntado!? — gritó la madre — somos una familia con principios y si bien...— La interrumpió Ricardo.
—¿Lo preguntas por la condesa? — sin saberlo Selena asentó — Pues es condesa, y su querida es una mujer que solía pintar aunque no es aceptable ¿Que mas podemos hacer? — le dijo ya resignado.
—Comprendo, he perdido el apetito — se levantó de la silla.
—Recuerda que viene tu prometido, y también saldrás con él para la cena — le recordó su madre.
La joven puso sus ojos en blanco y se marchó. Sabiendo con quien podría hablar de algo que la había torturado por años, necesitaba conversarlo con alguien o se volvería loca.

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Capitulo VII

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:16 pm

—Me han dicho que estabas esperándome pero no pensé que fuese cierto — sonrió la joven y atractiva pelirroja.
—Espero no incomodarla condesa — La vio arrepentida — he venido por lo que dicen de usted en la ciudad — la mujer la vio curiosa con una sonrisa.
—No sabía que fueras una mujer de se dejará llevar por las habladurías de las chismosas de la ciudad — se sentó en la fina silla — toma asiento.
—No es eso condesa — se apresuró a decir.
—¡Oh Selena! — exclamó — llámame por mi nombre, somos de la misma edad y sin contar que hemos compartido al mismo profesor.
—No lo se señorita Le Brun — le respondió.
—No es tan difícil Selena.
Asentó — ¿Es cierto que esta enamorada de su musa?— preguntó sin preámbulos.
La joven suspiró — Sí.
—¿Como es? — preguntó necesitando que la joven le dijese algo que la abrigara.
—Soy una mujer, una persona que tiene gustos diferentes y que ha encontrado el amor en los brazos finos, blancos de una ángel que ha accedido abrigarme en su cielo, en el firmamento de su cuerpo — sonrió — soy solo una mujer que encontró el amor de su vida, el amor no tiene sexo, color, ni razón — respondió.
—¿Así se siente? — preguntó— por esto estoy aquí.
—¿Acaso te has enamorado de una mujer? — la vio curiosa.
—¡Oh Lana!, he tocado el firmamento en los brazos morenos de mi esclava — respondió.
—¿Es cierto lo que he oído?, ¿Te has enamorado de la morena ojos mieles? — la miró curiosa y la señorita Selena asentó.
— Se que estoy cometiendo un enorme pecado que me harán pagar con sangre — dijo abatida.
—Aquí Selena— se levantó y la joven la siguió, posó sus manos en el balcón que dejaba ver un paisaje hermoso — estamos condenadas a vivir nuestro amor en silencio, estamos condenadas a vivir reprimidas por los hombres, y es por eso que es difícil amar, amar a una fruta prohibida— la joven asentó.
—Deseo tomarla de la mano, así nos lancen antorchas y me condenen al exilio — la condesa rió.
—Eres tan joven Selena, te aseguro que eres la esperanza de la lucha, de una lucha que debemos pelear.
—¿Porque no la pelea con nosotras?, usted es condesa — la miró arqueando una ceja.
Suspiró — No es tan fácil amiga, no puedo solo hacerlo, incluso ahora he tenido que alejar a mi ángel — soltó — ¿Te das cuenta Selena?, la vida no es nada fácil.
Asentó — Lo sé, pero ¿Es vida?, ¿porqué no vivir unos pocos años feliz que vivir muchos siendo infeliz?, prefiero morir que vivir de esta forma — reflexionó — gracias por escucharme, pero debo marcharme — la condesa asentó
—Cuidate mucho — besó la mejilla de la joven — Sé que leeré de ti— sonrió.
—Luche por su libertad y su amor — aconsejó.
Salió de la enorme mansión que abrigaba a la condesa Lana Le Brun. Ahora si antes sentía temor ahora la abrigaba el miedo y el pavor, caminó por las calles de la joven ciudad, en su ser reinaba la desesperación.
—¡Dama! — gritaban los comerciantes, llamándole la atención — ¡Llévese a dos esclavos por el precio de uno! — gritaba una mujer que tenía a dos niños amarrados como perros.
Selena la vio molesta, su sangre hervía y sin soportar más; se acercó.
—¿Por qué lo trata así? — preguntó molesta.
—¿De que habla madame? — la vio confusa.
—Son personas, no animales, ¿Sabe que todos tenemos el derecho a ser libres?, ¿Acaso a usted la trataron así? — preguntó molesta.
La mujer rió — Madan no trate de ser gentil con estas bestias — vio despectiva a los niños.
—¡Son niños por el amor de Dios! — gritó ya irritada, sin pensarlo intento soltarlos causando revuelo.
Muchos intentaron apartar a la joven de los niños, la señorita Selena luchaba por soltarlos sin esperar la policía llegó.
—¡Ella a tratado de liberar a mis esclavos! — gritó rabiosa.
—¡Todos tenemos derecho a la libertad! — se defendió.
—¡Revolucionaria! — gritó una voz masculina — ¡Revolucionaria! — empezaron a gritar — ¡Detengala! — sentenciaron.
El oficial la tomó del brazo y la esposó — Está detenida por escándalo público — todos celebraron mientras la señorita Gomez trató de liberarse de él.
—¡Suélteme! — exigió — ¡Solo he pedido derechos! — repitió.
—¡Callese! — exigió y se la llevó.
La encarcelaron y de inmediato apareció su padre junto su madre completamente ofendidos y molestos; viéndola molestos pero en cambio su prometido la vio preocupado.
—Me decepcionas Selena — soltó su madre.
—Amor — la abrazó y la señorita Selena no respondió — ¿Qué ha pasado? — preguntó.
—Solo luché por lo que creí correcto pero, ¡Ellos se creen mejor! — gritó.
Rafael la tomó de los brazos — No digas eso, hay personas que creen que los negros merecen derechos — susurró.
Lo vio incrédula y sonrió molesta — ¿Tu lo crees así Rafael?— él negó.
—¿Porque lo creería?, son solo negros — soltó desinteresado.
La joven se soltó de su agarre y se salió de la delegación, todos parecían no tener interés y menos un poco de empatía por los pobres negros ¿Que clase de mundo era?.
—Debería decirle a su hija que no se entrometa, es muy bella como para que la condenen a la horca, sabe que ahora hay un grupo revolucionario sería una pena que su hija esté involucrada — dijo el oficial.
—Si, gracias de todos modos — habló Ricardo.
No tenía idea alguna de lo que le estaba pasando a su hija, y el miedo empezaba a nacer, Ricardo adoraba a Selena, y perderla eso no estaba en sus planes.
—Disculpala Rafael, son los cambios — la excusó su madre quien lo tomó de su antebrazo.
—No se preocupe suegra, es eso lo que amo de su hija, su espíritu libre — sonrió mientras observaba a la señorita Gomez entrando al carruaje.
El carruaje se puso en marcha y los cuatro se mantuvieron en silencio, el joven observaba con veneración a la dueña de su corazón, memorizando cada detalle y sin pensarlo su mano grande se acercó a la delgada y pequeña mano de la señorita Gomez, la joven al sentir el contacto de Rafael apartó la mano de golpe. Suspiró derrotado quizás solo debía de darle espacio, con paciencia, tiempo y un ganchito lograría su corazón.
—Hemos llegado mi amada — susurró en el oído de la joven. Lo vio seria e intentó abrir la puerta pero Rafael la detuvo — Permíteme — le sonrió y le abrió la puerta — pasa amor mío — hizo una reverencia viéndola sonriente, mostrando sus blancos dientes junto aquella quijada partida, sin duda alguna aquel hombre tenía una belleza en especial, su mirada intensa, sus hermosos ojos café claros podría enloquecer a cualquier mujer excepto a la joven Selena quien estaba bajo los hechizos de unos ojos mieles.
—Gracia, no te molestes por mí — le sonrió.
—No lo es, yo sé Selena, pero te aseguro que con el tiempo, paciencia y un ganchito lograré tu amor — le dijo con su voz ronca masculina.
La joven asentó — ¿Quieres ir adentro?— señaló su casa nerviosa.
—Claro, con gusto cariño.
Caminaron cerca el uno del otro, y sin esperar Rafael entrelazo su mano en la mano de Selena, quien no accedió ni se negó, sintiéndose incómoda y nerviosa, el joven flotaba en una nube.
—¡Oh Selena!, deseo tanto casarme contigo, podría hacerlo hoy mismo — confesó él.
Selena lo vio pero luego su mirada se dirigió hacia el hermoso jardín.
—¿En qué piensas cariño?— preguntó curioso.
En Julianne pensó — En nada, cosas de mujeres — respondió.
La mesa estaba lista, los cubiertos, plato y el banquete que comerían. Julianne se removía en la cocina, viendo a su amada, se hacía tantas preguntas y todas las respuestas que conjugaba la martirizaban, le golpeaban.
—No entiendo — murmuró para ella.
Tomó un jarrón de vidrio lleno de agua para la mesa, en la habitación el ambiente era tenso al menos para ella, y Rafael por júbilo posó su pie delante de la morena para hacerla perder el equilibrio haciendo que cayera.
Selena salió al rescate de su amada, levantándola.
—¿Estas bien? — preguntó y ella asentó — ¿Segura? — Julianne volvió a asentar y le ayudó a incorporarse — lo lamento — se disculpó.
—¿Porque te disculpas?, ¡Es solo una negra!— gritó Rafael.
Selena lo vio fulminante — ¡No la llames así!, y si me disculpo porque es un ser humano y es — la vio de reojo y Julianne la vio suplicante — mi amiga.
—Retírate — ordenó Mandy. Ricardo se mantuvo en silencio, solo observó la escena.
—Iré a traer el jarrón — anunció Selena y Rafael la tomó del brazo.
—Mi prometida no hará tal cosa — la vio fulminante.
Ella se soltó — Deberías aprender lo que significa humanidad y mira como lo hago — desafió. Selena se fue directo a la cocina y la vio de espaldas.
—Salgan por favor, quiero hablar con ella a solas — dijo y las morenas asentaron dejando a Julianne a solas con Selena.
Selena la abrazó por atrás aspirando el olor de Julianne con sus ojos cerrados.
—¿Qu...e ha..ce?— preguntó Julianne.
—Te he echado de menos — susurro besando su hombro.
—Por favor, aquí no, nos podrían ver — se giró viéndola a los ojos a Selena.
Pero antes que la blanca mujer respondiera sus labios atacaron los de su ama, y sin más la joven aceptó el beso de su morena. Un corto beso.
—Debo irme, ellos me esperan — Julianne asentó.
—Bueno — dijo con una sonrisa en su rostro.
La joven se puso nerviosa y torpemente tomó el jarro y se lo llevó. Ninguna de las dos se percataron que las habían visto. Ninguna se percataron que corrían peligro.

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Capitulo VIII

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:17 pm

El frío se colaba en la vieja y gastada camisa de Julianne penetrando su espina dorsal. Tembló, y esta noche no la compartiría con su amada si no tendría que dormir en su alcoba.
Suspiró y vio con pena su cama, sin más y resignada se quitó la ropa, tomó un camisón que la señorita Selena le había regalado hace ya un par de años y se acostó en la cama sonriendo recordando que su ama, la amaba y la besaba tanto como ella, ya no sufría aquella incertidumbre ni se reprochaba por soñar con su amada Selena.
No sabía cuánto tiempo se había quedado pensando y recordando el olor y la textura de su amada hasta que escuchó unos ruidos.
—¿Julianne?— susurraba la voz angelical que conocía perfectamente Julianne.
Julianne se levantó y la buscó, se vieron y sonrieron — ¿Qué hace aquí? — preguntó Julianne — no debería estar aquí mi señora, no es un lugar para usted.
La joven se aproximó a su esclava y le acarició el rostro — Te he echado de menos— respondió y con sus dedos delinearon los labios de su amada Julianne — he echado de menos tus labios, tu cuerpo y tu voz; hoy no has ido a mi alcoba para que te leyera.
—Hubo mucho trabajo ama y pensé que ya estaba dormida, no quería molestarle — respondió sincera.
La señorita Selena hizo un mohín con su cabeza — Nunca me molestarías Julianne — y unió sus labios a los de la morena.
La morena se apresuró a capturar la cintura de la joven, y Selena capturó el cuello de Julianne. Sus lenguas rozaban y desesperadas Julianne pegó contra la madera que disimulaba una pared, la apretaba tanto como muestra de su desesperación, la joven introdujo su mano por los botones del camisón capturando así el seno de Julianne, la morena soltó los labios de la joven y capturó el cuello de su amada, mordisqueándolo y besándolo, y sin esperar su mano bajó hasta la ropa interior, ambas jadearon y la morena empezó a frotar la zona íntima de su ama.
—¡Dios mío! — jadeo la joven y volvió a capturar los labios de su Julianne.
Julianne desnudó a su amada ama besando cada centímetro de piel que dejaba al descubierto, y luego soltó los últimos botones de su camisón haciendo que este cayera.
Selena mordió su labio inferior y volvieron a unirse en un beso, la morena tomó las piernas de la joven y esta saltó, frotando su zona contra el abdomen de la morena. Y sin esperar se la llevó a su cama.
—Tomeme ama, hágame suya completamente — murmuró contra sus labios y volvieron unirse en un beso.
Las sabanas abrigaban sus cuerpos húmedos y su desnudez, sus movimientos en conjuntos y lentos, las torturaban a ambas, los sonidos de sus labios separándose y uniéndose se escuchaba en aquel lugar. Las manos entrelazadas con fuerza y sus cabellos alborotados, juntas explotaron en el punto máximo.
Ambas se desplomaron en la cama aun tomadas de las manos, la morena boca arriba y la joven se acostó de lado posando su cabeza en el hombro de su amada, la morena besó sus manos entrelazadas.
—Quisiera quedarme así siempre contigo — susurró la señorita Selena.
—Yo también — respondió.
Ambas sonrieron y en un momento se quedaron dormidas. En la mañana como siempre Julianne se levantó antes que el gallo anunciara que el sol ha salido y despertó a su ama.
—Despierte — susurro moviéndola — mi amada, despierte — besó la nariz de su joven ama.
—mmmm— se removió en la cama con el ceño fruncido.
—Despierte — pidió de nuevo.
La joven se removió estirándose en la cama hecha de heno.
—¡He dormido de maravilla! — ambas sonrieron.
—¿Está segura? — preguntó curiosa.
— ¡Oh ya lo creo!, es mucho más cómoda que mi cama — soltó y se sentó en la cama — ¿Donde está mi...— no completó la frase ya que Julianne le entregó ropa limpia — ¿Nunca se te escapa nada? — le preguntó sonriendo.
La morena negó — No.
—¿Porque no me tratas como no se, tu amada? — preguntó.
—Le guardo respeto, pero bien sabe que mi corazón le pertenece, que gobierna cada parte de mi ser.
— y tú del mío — respondió.
—La amo, la amo con todo mi ser — le dijo con pura sinceridad y se inclinó para besarla.
—Te amo mucho más Julianne — respondió tras finalizar el beso. Salieron de aquel establo sonriendo.
—No quiero que te muevas de mi lado Julianne — pidió la joven.
—Como mande.
El desayuno estaba servido y su madre no despegaba la vista de la joven, terminando el desayuno se animó a hablar.
—Selena, acompáñame al despacho de tu padre tenemos que hablar a solas — vio determinante a Selena. Entraron al despacho y su mano se fundó en la mejilla de Selena.
—¡Eres una deshonra y arribista! — gritó — te he visto, ¡Te he descubierto! — la vio molesta.
La joven acarició su mejilla al borde de las lágrimas — no entiendo de qué hablas — habló en un hilo.
—¡Claro que sabes! — escupió y rió molesta — ¡Me das asco Selena!, ¿En que me equivoque? — preguntó herida.
Selena desvió su mirada con lágrimas en sus ojos — En nada — respondió.
—¡¿Como pudiste?¡ — volvió a preguntar.
—¿¡Qué quieres que diga?!— respondió herida.
—¡Te casarás con Rafael, te casarás con él! — sentenció.
—¡No lo haré! — gritó.
—Si no lo haces, haré que la negra vaya a la horca sabes que lo haría así que no me retes — la apuntó con su dedo índice.
La joven la vio y negando con la cabeza respondió — Sé que no lo harías.
—Claro que lo haría, te he visto y voy a destruirla si no te casas con Rafael, es por tu bien y me lo agradecerás algún día — la miró sonriendo.
Las palabras de su madre rompieron su corazón y la estrujó, salió del despacho con el corazón roto, ¿Como negarse?, amaba a Julianne con la fuerza de un huracán y nunca la entregaría a la muerte pero menos quería matarla en vida. Así que solo había una opción que la tomó en su desesperación.
Escapar con Julianne hacia el sur de América donde no la esclavizaran y podrían al menos ser un poco más libres de lo que no podían ser en este lugar.

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Capitulo IX

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:19 pm

Esta noche de invierno, era más fría que las otras o al menos así era para la joven y atractiva hija de los Gomez. El viento golpeaba su cara y sus brazos abrigaba su abdomen.
—¿Que debo hacer? — se preguntó en voz alta, mientras contemplaba la estrellada noche y dejó escapar aire retenido. Cerró los ojos y por momento sintió los brazos de la morena abrigándola — No puedo hacernos esto mi amor — murmuró y una lágrima se derramaba por la blanca y carmesí mejilla.
Se retiró del balcón para poder dormir, y el sueño no la atrapaba, es más pareciera que el dios del sueño se burlaba de la ansiedad de la joven por recibir de ese polvo preciado que la llevaría a un mundo donde sólo ella podría crear su mejor realidad.
Al fin de tantas luchas, sus ojos se cerraron y su imaginación se dio lugar. La morena se removinaba, no entendía qué hacía allí, menos que había hecho mal. Todo había pasado tan rápido que aún eran sombras en su cabeza.
—¡Por favor! — suplicó mientras temblaba — ¡Señora por favor! — soltó en un grito desgarrador — ¡Compasión! — gritó llorando como un infante.
Esas cadenas apretaban sus tobios y sus manos, sintiendo como la apretaban en cualquier movimiento, su cuerpo golpeado y mojada en uno de los corrales para caballos, donde nadie pudiera oírla solo los de su clase, y los pobres atemorizados no se atrevían a ayudarle a su amiga Julianne.
—Tengo frío — murmuró temblando mientras absorbía por la nariz — mucho — y se echó en el suelo.
En un momento, la morena empezó a murmurar algunas frases que aparecían en su cabeza, sintiendo como el dolor pulsaba su cuerpo y la obligaba a retorcerse. Si tan sólo la joven hubiera pensado más en el bienestar de la morena y no el de ella, no la hubiera buscado y mancillado por un talvez, y si Julianne hubiera sido más sabia no hubiera aceptado el juego prohibido.
Pero aquel amor le quemaba las entrañas, y sabiendo que era el menor castigo que lograría no le importaba, porque para ella Selena lo valía, lo valía todo. La joven subía, bajaba y sus ojos se movían de un lado a otro. Y dándose por vencida, abrió de golpe la alcoba de su madre.
—¡¿Dónde está?!— preguntó con rabia — ¡¿Que le has hecho?! — la tomó del antebrazo — Si a ella le pasa algo, yo no me caso y soy capaz de decir tantas cosas que jamás nadie lo olvidará y se lo recordarán a las futuras generaciones de nuestra familia — la señaló con su dedo y la mujer se soltó.
—¡Todo lo que hago es por tu bien! — exclamó ofendida.
—¿Por mi bien madre?, ¿Que quieres de mí?, ¡¿Qué cojones quieres de mí?! — gritó al borde de las lágrimas.
—¡Quiero tu felicidad!, es lo que quiero y hablé con el padre para que te curara — de forma brusca se colocaba sus guantes.
La joven negó con una sonrisa incrédula — No parece, y si quieres mi felicidad, te lo diré, mirame, ¡Mirame! — exigió y su madre la vio — ¡Esa negra que tienes no sé dónde, esa negra que tanto odias!— la mujer la vio asustada y la voz de la joven se suavizó — ella es mi felicidad, en sus brazos volé y en sus brazos descubrí que un arco iris no solo es negro, blanco y gris, sino que existe otro, uno lleno de colores y yo los quiero todo — la mujer fundó su mano en la mejilla de su hija, haciendo que su cara girase.
La joven sostuvo un momento su rostro, su cabello había caído en la mejilla golpeada, enderezó el rostro y si más, su mano se fundó en la mejilla de su madre.
—Te lo advertí madre — dijo con molestia — y si quieres que exista boda, me da devuelves, y todo seguirá igual.
La madre sollozó — ¡Esa mujer te ha introducido el demonio! — soltó con horror.
—El demonio, está enfrente de mí, vistiéndose de seda, yendo a fiestas con millonarios, creyendo que denigrar es mejor que los demás y burlándose del cruel destino de otros.— su madre la vio ofendida y herida — La quiero de regreso, tienes hasta el mediodía, si no gritaré en frente de la iglesia que he mancillado a mi esclava y no conforme me enamore de ella, no me importa que me maten, pero creeme que mancharé la reputación Cornett y Gomez — la vio decidida.
Se marchó dejando a su madre cohibida, el escándalo era lo último que quería, Mandy Cornett de Gomez nunca iba a convertirse en la comidilla de la ciudad, nunca hubo y nunca habría rumores de su familia. Así que sabiendo aquello no tenía otra opción, sabía que su hija había heredado mucho de ella. Lo obstinada y decidida.
La regresaría pero antes le ocasionaría tanto daño, su hija habló de regresarla, no que no podía golpearla hasta darse por satisfecha. Se dirigió hasta el lugar dónde castigaba a todos los esclavos, miraba constantemente hacia atrás, no quería que nadie se diera cuenta, mejor dicho no quería que Selena la siguiera.
—Maldita negra — dijo despectiva y golpeó en el estómago a la morena — tienes mucha suerte, ¿Sabes porqué? — la tomó del cabello y la morena a duras penas podía distinguir el rostro de la señora — porque mi hija te quiere más de lo debido, no la culpo siempre ha querido a los animales mas asquerosos y repugnantes, porque tú, tú eres peor que una escoria — estrelló el rostro de la morena contra la pared simulada de madera — te quiero lejos de ella, y sabes a lo que me refiero, solo anhela y mirala como algo que nunca podrás tener — le escupió y volvió a golpearla.
—No — murmuró la morena en voz ahogada — yo no soy eso — sus manos se posaron contra la tierra mojada e intentó levantarse — soy una persona ¿A que le tiene miedo?, míreme y mírese, somos iguales, sentimos y respiramos, ¿Porque nos tratan como escorias?, ¿Por mi piel?, ¿Que delito es ser más oscuro?, estoy condenada a una vida cruel, ¿Acaso Dios no ama a todos?, ¿Entonces porque no hay ángeles negros? — sollozó, esas palabras la carcumian mientras las decía — es bien visto quien sirve que el servido — la señora la vio con el ceño fruncido — ¿No es así?, seguramente en el cielo habrá un cielo de los negros, lo sé, quizás tenemos nuestro propio Dios negro que no nos esclaviza ni nos odia por ser más oscuros que usted y que ella — sonrío mientras las lágrimas rodaban y se confundían con las gotas de sangre — y le pediré por usted, para que la perdoné — el cuerpo de la mujer empezó a pulsar.
—¡Dios odia a los negros!— escupió convencida.
—Entonces lamento decirle que la han estafado señora, alguien que sepa de odio no sabe de perdón, y alguien que odie no es capaz de amar quien puede fallarle o herirle, así que usted se irá al infierno eterno mientras yo aceptaré lo que me impongan, la diferencia entre usted y yo, no es por el color sino por la voluntad, porque soy tan valiente para saber que debo besar los pies que me golpean, y lo acepto haciéndolo felizmente y usted no es capaz de darle un vaso de agua a quien le sirve — arrugó su rostro y suspiró.
—¡Callate! — exigió.
—Me puede reprimir pero jamás doblegará mi espíritu, mi cuerpo le pertenece pero no mi alma ni mi lealtad, porque quien la tiene es su hija, no usted.
—¡He dicho que te calles! — sin compasión alguna, su pie se fundó en cualquier parte del cuerpo de Julianne, quejidos se escapan de la morena — ¡Atrevete a hablar! — exigia mientras la golpeaba — ¡Anda! — volvió a incitar.
La morena tosió, de su boca salió un líquido rojizo con sabor a hierro.
—¡Detente! — gritó una voz masculina — ¡He dicho que basta! — la tomó de la cintura — ¿En qué mierda pensabas? — su esposo la vio molesto.
—Debe aprender… — soltó.
—No es tu esclava, ¿Sabes lo que deberemos pagar si alguien se entera que se lo has hecho a una negra que no es tu esclava? — preguntó y la mujer endureció el rostro.
—Si — respondió.
—Es clavaba de tu hija, no tuya, así que sueltala ahora mismo — ordenó.
—¿Cómo lo supiste? — preguntó.
—Selena me lo ha dicho — la mujer se mordió la lengua, porque si se atreviera a decirlo, su esposo era capaz de matar a la morena y si la morena moría no tenía nada con qué amenazar a su hija y obligarla a hacer lo que quiere.
Se mordió la lengua — Bien — y ambos se marcharon dejando olvidada pero suelta a Julianne.
—No entiendo porque respaldas a la necia de tu hija — le reprochó ya afuera de aquel lugar oscuro.
—Es mi hija — respondió como si no fuese obvio.
La mujer lo vio molesta — Si pero no deberías de obedecerla — tomó los costados de su falda y se fue dejando al hombre solo y confundido.
La mujer caminó sin tener la más mínima idea de dónde su voluntad la llevaría, en su cabeza una nube apareció y los recuerdos la empezaron a perturbar.
—No — sacudió su cabeza negando, no quería recordar — yo no quiero — se dijo.
Cerró los ojos y tragó, de un momento a otro un nudo le impedía tragar a la perfección, sus manos temblaron y se sentó en el pasto verde y sano.
—Malditos negros — murmuró meciéndose como si fuese un bebé — por culpa de ellos — volvió a decir y sollozo.
Odiaba a todos los negros pero más a Julianne, le recordaba a alguien, Julianne se parecía a ese alguien… La joven desesperada al ver a su padre, se acercó, no le importaba ni un poco que su padre supiera que su desespero era por su negra esclava.
—¿A donde está? — preguntó desesperada.
—En los corrales, pero...— el padre de la joven no terminó la oración cuando su hija emprendía camino hacia aquel lugar.
Caminaba a paso apresurado — Tienes que estar bien— murmuraba — sé que debes estar bien — sollozo y su coraje se desplomó, cada vez que se acercaba más, el miedo la llenaba de culpa — sé que estás bien — y entró.
Sus ojos se llenaron de agua, sollozo y se tiró al suelo —¿Qué te han hecho mi vida? — la tomó en sus brazos — ¡Amor! — beso su frente.
La revisó de arriba abajo, su corazón latía rápidamente amenazando que iba a salir de su pecho. El pulso de la morena era lento, y eso puso en alerta a la joven — Debo sacarte de aquí — dijo desesperada, y con su mirada observaba por todos lados.
—No se preocupe — murmuró una voz poco audible.
La joven sonrió con lágrimas en sus ojos — Julianne — pegó su cabeza a la frente de la morena — aguanta, un poco más.
Dejó a la morena y aun cuando caminaba hacia la salida volteaba para verla, su circulación era mucho más rápida y su corazón latía a mil por hora. Sus ojos observaban con desespero el paisaje y vio a un caballo, se acercó y lo tomó de la correa — Debes ayudarme amigo — le pidió al caballo blanco y se lo llevó.

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Capitulo X

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:19 pm

Aquellas noches frías abrigaban el cuerpo delgado y blanco de la señorita Gomez, parecía que el cielo lloraba con ella y el viento le lanzaba una fuerte pero suave caricia. Como todos los días después de aquel día que había ocurrido lo peor que había experimentado haciéndola saber que amaba la morena más de lo que se había planteado, la joven apareció en el viejo molino olvidado cerca de la cascada del arroyo dónde había escondido a Julianne con ayuda del amigo de la morena y contratado un buen doctor.
—Creí que no aparecería señorita— le dijo el doctor Max.
—Oh no doctor, sabe que vendría — dejó una pequeña bolsa y sonrió.
—Esta mejor, creo que en dos días más podrá irse — tomó la bolsa — gracias — le agradeció sonriente.
—Se que si alguien se entera usted pagaría un gran que digo gran un enorme precio, es lo mínimo — se quitó los guantes moviendo torpemente su pie.
—A juzgar de cómo la mira diría que la ama tanto como yo amo a mi esposa — entrecerró los ojos con curiosidad mientras movía su dedo — no se preocupe, creo ciegamente que existen muchas formas de amor — tomó su sombrero y chasqueo la lengua — ¡bueno!— exclamó — me despido — besó la mejilla de la joven y salió.
La joven bloqueó la puerta y tomó el velero para alumbrar su camino y empezó a murmurar una canción gracias a Julianne, su felicidad tenía nombre y color. Mientras subía una sonrisa aparecía en su rostro.
—¿Adivine quién ha llegado? — preguntó sin abrir la puerta.
—Ha llegado el mejor olor, el mejor paisaje, y la belleza de la vida — respondió la morena.
La joven suspiró y abrió la puerta viéndola desaprobadamente — No se a quien más veas pero siento decepcionarte, soy yo una simple joven enamorada — dejó el velero en la mesa y jaló la silla para sentarse cerca de la cama.
—Usted es mejor que un paisaje, mejor que un nombre, mejor que la vida misma — rozó la yema de los dedos en los labios carnosos carmesí de la joven y se los llevó a sus labios cerrando los ojos — cereza — susurró.
—Amor mío, el doctor ha dicho que podrás regresar, no ha sido fácil persuadir a mi padre — le sonrió nerviosa — pero lo he logrado.
—Usted logra todo, porque tiene esa chispa — respondió.
—Quiero dibujarte — le anunció — ¡Desnuda! — concluyó.
—¡La matarían! — concluyó asustada.
La joven se levantó de la silla y atrapó los brazos morenos — No me lleves la contraria, de todos modos lo haré — la besó sin avisar.
—Es mi perdición — la vio a los ojos mordiéndose el labio inferior — mi amada rosa — la nombró.
—¿Por qué?, se marchitan y tienen espinas además no huelen delicioso como dicen — vio divertida a la morena.
Suspiró — La belleza no se corta ni se mata, se esparce y las rosas son un claro ejemplo cada pétalo delicado y formado por el arte de un pintor invisible, sus hojas verdes delicadas y sus espinas verdes cafesosas para su defensa, así es una mujer, bella, delicada, pero fuerte y mortal — respondió acariciando el rostro.
—Eres tan poética y tienes nombre de escritora, ¿Te imaginas?, si pudiera desposarte tendrías un apellido — sonríe — Julianne Gomez — estiró sus manos y sus ojos se posaron en el aire como plasmandolo y sonrió — lindo ¿no?.
—Mejor que un poema — respondió Julianne con pena — perdón por no darle más que esto.
—Me das más de lo que podrías imaginar, me has dado algo que muchos mueren sin tenerlo, sin percibirlo, sin experimentarlo — se aferró al pecho de Julianne.
—¿Que le he dado? — preguntó confundida.
—Amor y libertad, lo siento aquí, hemos nacido la una para la otra, y tu mirada no me miente, tu piel y tus reacciones. Si esto es una enfermedad que no me curen y si estoy poseída, por el amor al prójimo dejen que viva en mí, porque esto me hace inmensamente feliz ¿A ti Julianne? — la vio expectante.
—He oído por sus labios sobre las líneas escritas de esos escritores, que el amor es un sentimiento, no se elige ni se impone y es lo siento por usted, sin importar qué, usted me ha ayudado a encontrar ese arco iris que tanto había añorado — respondió y besó la mano de la joven — tal vez si esto fuera una época diferente, un diferente ambiente...— se quejó con amargura y la joven posó sus dedos en los labios de su amada callandola.
—Es nuestro castillo, donde quiera que podamos estar lo será, porque mi lugar está contigo y el tuyo conmigo, eres mi hogar y yo el tuyo, donde nos perdemos y nos encontramos — se miraron a los ojos fijamente.
—¿Podría quedarse esta noche a mi lado, dibujando en mi cuerpo un hermoso arco iris no hecho de una tormenta, si no hecho de una cascada? — preguntó la morena.
—Me encantaría — posó su mano en la mejilla de la morena y deposito un corto beso en los labios de la morena.
Se acostó junto a ella en ropa interior, abrazándola y aspirando el olor de Julianne.
—Me encantaría quedarme así siempre con usted — murmuró Julianne.
Suspiró frustrada — ¿Cuando dejaras de tratarme como tu ama? — preguntó molesta.
— Lo siento, es la costumbre...Selena — murmuró.
—Si escribiera un libro, escribiría uno sobre nosotras.
—¿Así? — sonrió en la oscuridad la morena.
—Si, quiero memorizarlo todo y cuando ya no recuerde las cosas con exactitud leerlas, recordar como te miraba al desnudarte y tus reacciones al sentirme, y como sonaban los latidos de nuestros corazones latiendo como uno, el sabor de tus labios y tu piel— besó el cuello de la morena.
—Sería tu fan número uno — le dijo divertida.
—Pues para eso debes aprender a leer — soltó la joven.
—Enséñame a leer — pidió la joven.
—¿En serio? — preguntó emocionada la joven.
—Por supuesto.
La joven empezó a besar entre los senos a la morena hasta llegar a su abdomen aun acariciando con sus labios — ¿Sabes cual es la primera letra del abecedario? — preguntó y apretó la zona sensible de Julianne.
—¡Aaah! — gimió y la señorita sonrió complacida.
—Correcto Julianne, la primera letra del abecedario es a — besó el plano abdomen y se acostó junto a ella.
—No pare — pidió
Y se entregaron con aquel amor puro que ya se encontraba alojado en sus corazones y no se marcharía nunca.
—No sabe cuán ansioso estoy por el matrimonio — sonrió el atractivo joven ahogando con su brazo y mano el delgado brazo de la señorita Gomez quien sonreía incomoda y obligadamente.
—¡Es un agasajo!, en serio que lo es Rafael — le sonrió la madre de la señorita Gomez.
—Ya eres parte de la familia — sonrió el padre de la joven — ¡mi nuevo hijo! — exclamó abriendo sus brazos, el caballero soltó a su prometida y abrazó a su suegro.
—Vamos, la cena está servida — la madre estaba tan feliz y no se dio cuenta que su hija caminaba como muerta en vida.
—¿Estas feliz cariño? — preguntó Rafael.
Ella sonrió forzadamente — Perfectamente Rafael — él le ofreció su mano y la joven la tomó.
Aquello había sido una reunión de las dos familias, como cada una de las fiestas que la señorita Gomez había asistido. Frías, huecas, llenas de basura; de apariencia.
Y se sentía fuera de lugar, se vio en el espejo, su collar de rubíes rojo, su vestido traído de la mejor tienda de seda rojo carmesí, sus guantes blancos, giró su vista y solo vio a hombres elegantes presumidos huecos y a mujeres sin personalidad dirigidas por un roll hecho por hombres.
—Me siento un poco mareada — anunció haciendo que todos la miraran.
—¿Quieres que te acompañe cariño? — preguntó preocupado su prometido.
Negó rápidamente — No, gracias — sonrió y él asentó.
Salió corriendo hacia el balcón, y rompió en llanto sintiendo que su vida no valía nada mas que joyas y apariencia. Observó la noche y los árboles que por las noches tenían ese verde oscuro intenso. Puso su pie en el espacio de los barrotes del balcón y suspiró respirando el aire puro.+
—Solo tal vez — murmuró con lágrimas en los ojos.


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Capitulo XI

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:20 pm

Sus ojos regresaron al jardín, y la vio. Julianne estaba caminando en círculos y aun con lágrimas en los ojos sonrió. Corrió hasta llegar donde su amada, esa había sido una señal.
—Julianne — la llamó para que se escondieran en una columna de la mansión.
—Selena — sonrieron.
—Tengo una propuesta para ti — aun con restos de lágrimas le sonreía.
—¿Por qué ha llorado? — con el borde de su dedo limpió los restos de sus lágrimas.
—Escapemonos — levantó las cejas.
Julianne soltó las manos de la joven negando rápidamente — ¿De qué habla? — preguntó afligida.
—Hablo que nos vayamos al norte, he escuchado que hay una pareja como nosotras en el norte, las personas no lo aprueban pero no se entrometen además nadie te verá como negra cuando….— la morena negó con sus dedos y cabeza.
—¿Te das cuenta de lo que hablas? — la joven la vio confundida — soy lo que soy, tengo un destino que cumplir y tú tienes el tuyo, no miento que lo que tenemos significa mucho pero debe quedarse en silencio — respondió cruda.
La joven sintió un nudo en la garganta — ¿Entonces qué?, ¿No te importa que me case, que él me despose, que él me embarace, que le tengas que servir?, ¡Dimelo! — pregunto herida viéndola con sus cristalizados.
—No quiero que nadie la toque — respondió entre dientes
—¿Entonces por qué me dices esto? — llevó su mano a sus labios tratando de mostrar cordura.
—No quiero que se acerque, ya no más, aléjese. Soy una esclava que solo siente lo que su amo quiera — respondió.
Sin poderlo evitar la señorita Selena derramó una lágrima — Has jugado conmigo ¿No es así? — la morena permaneció en silencio y la joven bufó — entonces lo has hecho, qué lástima enterarme que eres una mentirosa — suspiro derrotada y la vio a los ojos — no hay nada más que decir Julianne — se giró y lágrima cayeron por sus mejillas.
Empezó a alejarse sintiendo como su cuerpo palpitaba y dejaba un pedazo de su corazón cada paso atrás, sintiéndose usada, y engañada ¿Por qué ella le hizo eso?, ¿Que ganaba?. Lo peor es que ella estaba enamorada, su corazón no le pertenecía sino a la morena que no le había importado y lo había pisoteado como un insecto.
Julianne se abrazó a sí misma, le había roto el corazón a su amada. El dolor se oprimía en el pecho de la morena que sin evitarlo empezó a derramar lágrimas causado por las palabras y esa mirada de odio de su amada para ella. La amaba más de lo que amaba el cielo, más de lo que amaría su libertad. La madre de Selena había sido clara si ella se escapaba con su hija las denunciaría, la morena no permitiría que los oficiales trataran de esa forma hostil y cruel a la mujer que le había dado colores a su mundo cruel. Y no se lo perdonaría, la amaba más que su vida misma.
—Es por tu bien amor mío — murmuró despacio.
Ella podía soportarlo todo, pero no quería ese cruel destino para su amada, la amaba tanto que prefirió alejarla y callar su amor que disfrutarlo y condenarla.
—Si hay un Dios en el cielo — vio el cielo — ¡Dime! — exigió — ¿Por qué tanta crueldad?, ¿Por qué debo alejar el amor de mi eternidad? — sollozo — Si eres Dios, ¿Por qué no amas a los negros?, ¿Por qué no un ángel negro? — lágrimas cayeron por sus tostadas mejillas — yo nunca te he pedido nada, y ahora me atrevo a pedirte por ella, cuidala y protegela y sí por si acaso...— la voz de Julianne quebró — por si acaso llevame con ella a un paraíso donde nace el arcoiris y donde habita lo mejor de este mundo, por si acaso déjame amarla y que me ame en otra vida, es un deseo que te pide esta insignificante negra que ha sido condenada antes de nacer — se marchó a paso lento hasta llegar a las caballería, viendo con pena el lugar entró. Sería una larga noche y lo sabía, lloraría toda la noche y se reprocharía todo y más aún.
Esa noche se había roto dos corazones y una historia de amor, la joven entró a la casa y allí estaba su futuro esposo. Sin pensarlo se acercó a él, si Julianne no le amaba ya nada le importaba.
—Cariño, me tenías preocupado ¿Dónde estabas? — cuestionó.
—Tomando aire, Rafael ¿Podemos hablar a solas? — él asentó y se salieron. Sus familias contemplaban la escena.
—Mi nuera es un poco ortodoxa — sonrió la señora de Montenegro. Los demás sonrieron y levantaron la copa para luego beberla.
—¿Qué pasa cariño? — preguntó Rafael.
—¿Quieres que nos casemos? — el rió mordiéndose el labio inferior.
—¡Vaya pregunta!, sabes que si, sabes además que estamos comprometidos — le recordó.
Ella sonrió —No, hablo de casarnos ahora, en este momento y que me saques de esta casa — la vio sorprendido pispileo un par de veces.
—¿Hablas en serio? — ella asentó — ¡claro que sí!— respondió emocionado — ¡Oh diablos! — abrazó a la joven y besó los labios carmesí emocionado.
Una de las cosas que había leído una y otra vez era: No tomar decisiones llevadas por la decepción, tristeza o enojo. Pero ella se dejó llevar por la decepción.
—¿Y bien? — le preguntó ella.
Él le apretó la mano —Vamos a hacerlo.
La señorita Gomez estaba despechada, dolida y enojada. Se estaba dejando llevar por sus emociones.
El joven montó en su caballo y subió con emoción a su amada, sin pensarlo dos veces la llevó donde un colega abogado quien los casaría ya que le debía un favor a Rafael. Había cumplido su sueño ser el marido de la chica más bella de la ciudad. Desposaría a Selena Gomez.
No se tardaron mucho en llegar a la oficina del amigo de su novio.
—Está cerrada — le dijo el joven quien había ido a tocar la puerta esperanzado que aún se encontrara.
—Entonces, regresemos — pidió un poco más calmada — seguro se preguntaran dónde estamos.
— Por estas cosas son por las que me enamoré, lo único predecible de ti es que eres impredecible como la vida misma — elogió y se montó de un salto al caballo.
—Llévame a casa — pidió y él asentó.
En todo el camino no habló, y ella se lo agradecía. Lloraba internamente sintiendo que habían jugado con ella pero luego recordó algo.
—Mi madre — murmuró en voz poco audible.
—¿Qué pasa con tu madre cariño? — preguntó el chico.
—Nada, que estará preocupada — sonrió forzosamente.
Regresaron y sin decir nada empezó a subir los escalones para su alcoba — ¡Selena!, ¿Donde vas? ¡Selena!, ¡Responde! — gritó su madre pero la joven la ignoró.
Todos la miraban hasta que desapareció entrando a su alcoba y luego su miradas se dirigieron a Rafael.
—¿A dónde la has llevado? — cuestionó amenazante Ricardo tomándolo de su traje.
—Su hija quiso que nos casaramos hoy mismo — respondió sonriente y el padre de la joven lo soltó.
—¿Qué has dicho? — preguntó Mandy.
—Selena quería casarse conmigo hoy — respondió sonriente.
Esa noche dos corazones lloraban, y una parte se moría.


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Capitulo XII

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:21 pm

Toda la mañana la joven Selena estuvo en el jardín pintando las rosas, los árboles y el cielo, aunque Julianne hacia todos sus deberes eso no le impedía espiarla de lejos, y sonreír. Pero necesitaba verla de cerca, sentir su perfume y el olor a vainilla y miel del cabello de su amada.
—Ama, su jugo — Julianne le llevaba un vaso lleno de pulpa de naranja, fue la única excusa que pudo usar.
—Déjalo en la mesa, aunque yo no te pedí jugo — dijo sin girarse.
Julianne se quedó parada y eso ocasionó que la joven la viera por primera vez en todo el día, ambas sintieron de nuevo esa conexión y la joven solo quería decirle que no la empujará lejos de su vida pero su orgullo se lo impedía. Y Julianne quería besarle los pies, decirle que la amaba con todo su ser.
—¿Que quieres? — preguntó bruscamente.
—Nada señora, lo siento. ¿Quiere que haga algo más? — preguntó.
—No, gracias— contestó con voz queda.
Julianne sonrió, sabía que su ama no era como los demás. Empezó a caminar viéndola de reojo, solo deseaba enredar sus dedos en el largo cabello oscuro de su amada, amaba ver el cabello largo brilloso, y como al final se convertían en remolino.
—No importa lo que haga, yo estaré aquí para usted — habló poco audible y se fue.
La joven derramó unas lágrimas, solo tener a la morena cerca, la hacía enloquecer, y que algo dentro de ella quemara pero no la quería lejos, no quería que alguien abusara de ella. Aunque le haya roto el corazón, ella nunca podría romperle el suyo y menos tirarla a la suerte...la amaba más que su cuerpo, le amaba el alma y la cuidaría como pudiera. Delineó con cuidado el pincel pero estaba completamente desconcentrada y se salió haciendo que unas líneas del lienzo se mirarán mal.
—¡Maldita sea! — exclamó frustrada y empezó a mover de forma brusca el pincel y tiró el lienzo.
—No tiene la culpa el pobre lienzo — sonrió Rafael.
—¡Oh Rafael! — bajo la cabeza avergonzada — disculpa mi escena, me he comportado como una niña.
Se acercó a paso apresurado, al estar cerca de la mujer quien amaba la beso en los labios carmesí, tomando por sorpresa a la señorita Gomez.
—Mi niña — tomó las manos de la joven — y he venido a invitarte a un día de campo ¿Que te parece? — la vio con todo el amor que tenía en su corazón.
Horrible, espantoso contestó mentalmente — perfecto — artículo aunque no era lo que quería.
—Estoy seguro que cuando menos pienses, estarás tan enamorada como yo lo estoy de ti, me encanta ese vestido, te vienen muy bien los colores pasteles cariño — la vio tierno.
— Entonces, ¿Es un secuestro? — lo vio divertida — y gracias Rafael, y a ti te queda muy bien ese traje gris — rozó sus dedos en el antebrazo del caballero.
—¡Oh ya lo creo! — la tomó entre sus brazos y la cargó, giró con ella en sus brazos — intenté verme muy bien para ti amor — y de nuevo besó los labios de la señorita sin su permiso.
Pareciera que estaban enamorados, y cualquiera lo aseguraría. Pero las apariencias engañan y este era un claro ejemplo. Selena ahora lo iba a hacer para cuidar el bienestar de su familia, para ella no podía haber nada más terrible, que lo que Julianne le había hecho...enamorarla y no corresponderle.
—Entonces bella dama, vayamos a tener una tarde romántica — murmuró viendo los labios carnosos de la joven y sin pensarlo unió sus labios con los de la dama, la joven no movió sus labios pero tampoco se negó. Los labios del joven los sentía ásperos, sin sabor y rasposos, y lo supo, ningunos labios eran como los de Julianne, ningún beso la iba a llevar al cielo, ninguna caricia la iba a sentir viva. Ningún cuerpo la iba a hacer sentir amada...
Tomaron el carruaje y se marcharon, al parque de la ciudad para hacer su picnic. Frutas, pan, queso, vino formaban parte del menú que el joven había empacado en una cesta.
—Y cuéntame ¿Has leído algún libro de la nueva sensación Europea? — pregunta el joven con ánimos de hacer conversación.
—No, he oído que escribe relatos, pero no he leído ni un ejemplar. Aunque sabes que prefiero las novelas de amor, soy una romántica empedernida — sonrió mostrando sus blancos dientes.
—Lo sé, prefieres las novelas, y el té en lugar del café — jugó con sus dedos mientras miraba avergonzado a la joven
—Sabes mucho de mí — murmuró incrédula, eso la incómodo, la palabra psicópata apareció en su mente.
—Eramos amigos antes Selena, antes que te fueras de viaje al norte y yo a América — arqueó su ceja, él chico tenía su encanto pero para Selena era alguien que sólo podía inspirar cariño. Y aunque quisiera no podía darle amor.
—Lo recuerdo — asiente.
—¿Hubo alguien en América quien se ganó tu corazón? — preguntó sirviendo vino.
—No — pero sí aquí, vive en mi casa y la amo cuán loca pensó.
Ríe — Eres hermosa seguro muchos te cortejaban ¿No? — preguntó.
Suspiró cansada — Rafael si quieres saber si estoy enamorada de algún hombre la respuesta es no, no lo estoy — no mintió, ella no amaba a un hombre, ella amaba a una mujer.
Le entregó la copa — Mi padre quiere asociarse con tu padre — cambió de tema.
—Que bueno — tomó unas fresas y se las llevó a la boca.
—Cuando nos casemos he pensado en ir en bote a algún lugar ¿Que piensas? — la vio de reojo.
—Que bueno que hablemos de la boda, sobre eso quiero que sepas que quiero que se adelante, ¿Te parece? — él asiente feliz.
—¡Oh Selena! — la vio entusiasmado — por mí nos casamos mañana — rió.
—¡Eres un tonto! — golpeo juguetona su brazo.
—Te amo — tomó la mano de la señorita Gomez y la besó.
—Es tan lindo este lugar, mira los árboles, el césped, los niños jugando; las parejas amándose — suspiró — la felicidad se alarga lo que nosotros queremos y siempre lo arruinamos o quizás es parte del ser humano — vio con melancolía el lugar.
—Me gusta como te expresas, la belleza está en todos los lugares, incluso en la oscuridad cariño — acarició los nudillos de la joven.
—Ya lo creo Rafael, desearía regresar, quiero descansar un poco — se levantó y sacudió su vestido largo — los odio, ojalá algún día exista otro tipo de ropa — dijo molesta.
—Ojala que aún no existan, te ves hermosa con esos vestidos cariño — elogió y ella sonrió.
Regresaron en silencio, él no la quería ahogar, pero solo con sentir la piel delicada de su prometida se activaban sus sentidos y anhelaban sentirla por completo, la señorita Gomez había sido partícipe de muchas masturbaciones del joven. Aunque claro…él deseaba tocarla.
—Entonces, ¿Dónde dices que lo encontraste? — pregunto viendo con asco y sin remordimiento alguno al pobre negro muerto detrás de la enorme mansión, la morena sólo señaló el mismo lugar, sus ojos estaban aguados, la mujer chasqueó la lengua en su boca — aparte de negra, retrasada mental — suspiró para calmarse — llévate esa porquería y tiralo no se en que parte, nos hemos librado de una bestia, poco a poco se van a morir todos — sonrió de lado y giró.
La morena sollozó cuando la señora de Gomez se había ido, su hijo había muerto, estaba muy delgado y nadie le había ayudado, se reprochaba el no tener coraje. Con pena tomó al menor y se lo llevó. Escavo unos metros y lo maneo con tiras de tela, lo dejó con cuidado en el hueco y poco a poco cubría el cuerpo con la tierra negra, lágrimas caían cada vez que echaba tierra. Definitivamente, los malos no eran ellos, sino los blancos y el odio creció, aulló como una loba herida.
—Todo estará bien — dijeron atrás de ella — tú hijo está descansando, y no pagará una condena, se ha librado de este cruel destino...hermana — La señora abrazó a Julianne — tranquila, vamos tranquila — limpió las lágrimas con su vieja camisa, la señora señaló su corazón — se que lo tienes roto, no tienes porque decírmelo, pero se curará, te voy a ayudar — besó la mejilla de la morena — te prometo que algún día nos libraremos de este infierno.
Esa noche...la comida se sentía simple y salada...la pobre negra había derramado lágrimas mientras seguía ejerciendo sus trabajos de esclava.
—La comida está salada pero simple, ¿Como es posible? — preguntó ceñudo el señor Gomez.
—Iré a investigar — la mujer estaba furiosa pero antes que pudiera ponerse de pie, su hija se levantó de la silla.
—No se preocupen, iré averiguar — sonrió.
Cuando entró a la cocina, vio a una morena derramando lágrimas mientras limpiaba con un trapo la mesa.
—¿Que tienes? — preguntó afligida y abrazó a la negra canosa —¡Dios mio mummy! — exclamó, la abrazó — ¿Qué ha pasado? — preguntó de nuevo.
La morena movió sus dedos, y luego unió sus brazos fingiendo arrullar a un bebé, y rompió en llanto.
—¿¡ Que?!, yo creí que Chris había estado tomando suero, papá dijo — y la mujer negó con la cabeza — yo...lo siento mummy — murmuró y volvió abrazarla.
La sentó en la silla, y le entregó una taza de té — Tómatelo, es para que te calmes, no te preocupes. — sonrió.
La mujer sonrió, la señorita Selena era quien mantenía la armonía en esa enorme casa. Y sin ella se convertiría en un infierno.
Ella la vio curiosa — Quisiera saber en lo que piensas mummy, pero no te preocupes, yo nunca los olvidaré, he pensado en vivir a aquí. Sabes como soy, no estaría en paz si dejo a todos mis chicos aquí — le sonrió — y no te preocupes mummy, yo puedo darte mucho amor, ¿Que te parece? — la morena canosa sonrió — ¡Eso! — exclamó victoriosa — ¡Esa es mi mummy! — la vio feliz.
—Pensé que averiguarías, no que te quedarías aquí con esta — dijo despectivamente.
Dejó escapar aire retenido — Pensé que le habías entregado el suero que había comprado para Chris — la vio molesta.
Rió — ¿Chris?, ¿Desde cuando le pones nombres a estos? — preguntó con asco.
—Desde siempre, y me he descuidado de ellos, lo sé — vio de reojo a la morena canosa quien se había levantado de la silla y fingía limpiar la mesa — pero ellos también se enferman, madre, no seas cruel — soltó.
—Son como perros — negó — mejor dicho son como cucarachas, se muere uno y nacen cinco más, no son importantes hija — habló fastidiada — ve a dormir, mañana iremos con el padre.
—Eres una mujer cruel madre — soltó y salió rápido de la cocina.
La mujer vio con ojos de odio a la anciana y salió de la cocina, odiaba con todo su ser el estar cerca de ellos.
—Su baño esta listo, ama — anunció Julianne cuando sintió la presencia de Selena a sus espaldas.
—No quiero que me ayudes a bañarme, lo haré yo sola — informó desnudándose enfrente de Julianne, está giró y en los labios de la joven salió un bufido — ¿Te da asco verme? — la morena negó.
Todo menos asco ama pensó la morena — no mi señora — respondió
—Julianne — la llamó y la morena se giró, viéndola con esperanza — salte — habló con voz aguda.
Julianne salió, y la joven rompió en llanto, deseaba tomarla de las mejillas y devorar los labios de la morena. ¿Por qué le dolía tanto amarla?.
—Quédese con mi amor, envuelvame en sus brazos, viviré siempre enamorada de usted, asi digan lo que digan, y seré para usted, porque usted es una en un millón, usted es...la única — murmuró a través de la puerta y salió.
Esto la estaba matando, pero prefería cuidar a su amada, así muriera poco a poco, a cada momento que condenarla, ella no había tenido opción pero a ella no la iba a condenar. Porque la amaba, porque la amaría hasta el último momento, hasta en el último de sus suspiros le pertenecerían a su amada ama.
El matrimonio se celebraría por lo alto, músicos de prestigio de la nueva Europa habían llegado a animar, la novia llevaba un largo vestido que cubría sus pies, blanco con un velo en su cabeza, junto una cola de un metro ochenta, era sin duda un vestido hermoso hecho a mano con perlas en ciertos lugares que le daba un toque refinado, maquillaje discreto y sus labios color carmesí. Sin duda alguna llevaba puesto un vestido de ensueños, pero la joven de veinticuatro años no estaba feliz, no lo estaba del todo, sentía que estaba entregando sus alas y sus sueños.
—Quita esa cara — reprochó su madre.
Rodó los ojos — Es la única que tengo lamentablemente — contestó desafiante.
—¡Eres una...— se contuvo el deseo de gritarle puesto ya había conseguido lo que deseaba, unir lazos con los Montenegro.
— ¿Una qué? — la vio divertida.
Abrieron la puerta de la alcoba dejando ver a un hombre muy bien vestido con smoking negro y guantes blancos — He venido para acompañarte a la iglesia— anunció sin levantar la vista y su mano derecha se dedicaba a arreglar su guante izquierdo, cuando terminó sus ojos se posaron en su hija y se abrieron en sorpresa — ¡Wow! — la vio con admiración y detenidamente — Te ves….estupenda — comentó su padre con orgullo — estoy tan feliz — besó la frente de su hija y frotó su palma de la mano en el hombro descubierto de la joven.
Bajaron los escalones, y la mirada que ella había esquivado todos esos meses la vieron, unos ojos mieles heridos la miraban desde el marco de la puerta. Julianne aferraba sus manos para así evitar salir corriendo y gritar al viento que estaba herida, que tenía el corazón roto. Se aferraba para no ponerse de rodillas en frente de su amada y suplicarle, pedirle que no se casara y que se escaparan lejos.
—No lo haga, por favor, no me haga esto — murmuró para ella y bajó la vista con lágrimas cayendo por sus tostadas mejillas.
La joven vio hacia delante con el ceño fruncido, había perdido las esperanzas que Julianne la amase, que su amada de ojos mieles sintiera lo que ella, había llorado cada noche, había tirado todo a su paso, había golpeado su almohada y se había amarrado las manos y los pies para no buscarla, había sufrido tanto que ahora ya no sabía qué sentía realmente. Ya no sabía si sentía y ahora estaba por contraer nupcias con un hombre que no amaba y que nunca amaría. Porque solo se ama una vez, una vez y de verdad.
—¿No irá la negra? — señaló su padre.
—Si, si ella quiere — murmuró Selena con pesar.
Dio unos pasos adelante a pesar de todo la joven no odiaba a Julianne, porque cuando es amor puro no cabe odio ni resentimientos.
—Vamos a acabar con esto — murmuró y metió unos dedos en el escote de su vestido de novia sacando un cigarrillo junto unos cerillos.
—¡No fumes! — retó su madre tomando el pedazo de tabaco con rabia.
—¡Vaya!, déjame esto — se lo arrebató molesta — es lo único que me queda de lo que he elegido por mí misma — su madre bufó y la joven lo encendió — te odio — le dio una larga calada y le lanzó el cigarrillo hacia los pies.
La mujer la tomó del brazo a su hija de forma autoritaria — ¡Vaya cosas las que eliges!, y a todo esto. ¿Qué te pasa? — preguntó ceñuda.
—¿Que me pasa? — rió sarcástica — me pasa que has arruinado lo mejor de mi vida o mejor dicho te he dejado que lo hagas y a ti solo te importa ver por ti, solo existes tú, después tú, y al final tú de nuevo. — soltó.
Rió negando — ¿Yo?, ¡Selena por favor!, si esa negra no te quiere es porque ella no lo siente, yo no gobierno sentimientos y no me eches la culpa de tu final desastroso en la aventurilla sodomita que has tenido — la vio con ojos oscuros — y te estoy cubriendo porque te amo, si no ya te hubiera acusado para que te llevarán al calabozo. No solo pienso en mi, pienso en nosotras, tú y yo.
—¡Hazlo! — exclamó exasperada — ¡Hazlo joder!, ¿Acaso no lo ves?, ¡No tengo nada! — tomó su vestido entre las manos y apresuró su paso.
Vio cómo su hija subió al carruaje y buscó a Julianne, quien se encontraba limpiando el jardín. Iba a gozar ver como la negra se quedaba sin nadie, sin protección y triste. La odiaba con cada centímetro de su ser, la odiaba con todo su corazón y así como el amor es fuerte de esa misma forma es el odio, el odio es como una avalancha destruye todo a su paso sin pensarlo, sólo con su objetivo; destruir.
—¡Tú! — la tomó del brazo haciéndola girar — Iras a ver como mi hija se casara con alguien digno de ella y no con una negra de mierda como tú, así que ¡Vamos!, ¡muévete!— la lanzó hacia adelante y sonrió victoriosa.
La morena asintió y caminó hacia el carruaje, no tenía opción, solo debía que, siempre debía, no había más opciones y ahora ya no quedaba nada, no quedaba más que un cuerpo sin alma, todo se lo llevaba la señorita Gomez.
—¿Por qué la has empujado? — preguntó el hombre a sus espaldas.
—Vámonos — ordenó ignorando la pregunta de su marido.
Llegaron al carruaje y el primero en entrar fue el padre de la joven Selena, quien la vio tierno —Serás muy feliz hija, te vas a casar con un buen hombre, un buen chico — habló su padre mientras se acomodaba en su asiento.
—Gracias, padre — sonrió cansada.
—Le he dicho a la negra esa que pusiera en marcha el carruaje de inmediato— cerró la puerta y se sentó junto a su hija.
El corazón de Selena golpeaba en su pecho — ¿Le has dicho a ella? ¿La has traído?— preguntó con voz aguda viendo con decepción a su madre.
—¿De qué hablan? — preguntó el hombre confundido.
—De nada Ricardo, deja de ser fastidioso y concéntrate en el camino. — rodó los ojos.
Levantó las manos dándose por vencido y se concentró en el paisaje como lo hizo su esposa e hija. Cuando llegaron las campanas sonaron, junto un piano que anunciaba que la llegada. Bajaron de a poco y la joven estudió todo lugar viendo desde arriba hacia abajo, todo estaba impecable pero le gustaría que el lugar de Rafael lo ocupará a pesar de todo Julianne.
—¡Felicidades!— sonrió la madre y besó la mejilla de su hija.
Caminó por el marco de la puerta la novia y su padre le tendió el brazo, casi toda la ciudad reunida en la catedral, una enorme alfombra blanca y con pétalos de rosas que la adornaban, arreglos florales en toda la iglesia, rosas blancas brillante.
—¿Han gastado mucho?— le murmuró al oído de su padre.
Negó — Rafael ha pagado todo hija — respondió en voz baja.
Cada paso que daba le pesaba más que el anterior, y allí estaba él, con una enorme sonrisa, el cabello hacia los costados, un smoking blanco junto un broche de rosa blanca.
—Hazla feliz — pidió el hombre entregándole la mano de su hija a Rafael — ¡Felicidades! — se alejó de ellos.
—Haz venido hermosa amor mío — alagó Rafael — Muy hermosa.
Asentó —Gracias.
— Antes de empezar, ¿Hay alguien que tiene algo que decir o un motivo para que esta boda no se lleve a cabo? — preguntó viendo hacia todos los invitados. Selena giró y la vio, a la morena entrando, viéndola con ojos llorosos — ¿Alguien? — preguntó de nuevo — Bien, empezamos con la boda — dijo el padre sonriéndole a ambos.
Julianne vio con ojos de pena y dolor como él se convertiría en el dueño del amor y de la vida de su amor. Y solo se removía en su lugar, no podía hacer más, solo odiaba verla con alguien más, en su lugar hacía frío, en su alrededor hacía frío.
—La perdí, la perdí para siempre — murmuró cuando vio con lágrimas como Rafael depositaba un beso corto en los labios carmesí de Selena.
Aquello le había roto el corazón y acabado con sus pocas esperanzas. La fiesta se llevó a cabo en la mansión de los Gomez, un banquete hecho por un chef de la alta y con cubiertos de oro, platos de la más fina porcelana delineado con oro puro.
—¡Felicidades a los novios! — exclamó en medio del gentío un caballero.
—Gracias — sonrió de lado el encantador Rafael.
Se llevó a cabo un baile, el joven se la llevó al medio de la pista, sus manos se aferraron en la delgada cintura de la joven y ella aferró sus manos al cuello largo del chico perdiéndose en el cabello ondulado de su esposo.
—Maravilloso — le murmuró y la besó la frente — me has hecho el hombre más feliz del mundo — sin pedir permiso atrapó el labio de Selena, al finalizar el corto beso ella pegó su cabeza al hombro de su esposo, buscando con la mirada a Julianne quien la distinguió entrando y saliendo con platos o bebidas.
—Creo que es hora de irnos — le dijo él en tono coqueto — ¿Que dices?.
Asentó — Esta bien — le dio una sonrisa forzosa.
En pleno silencio subieron los escalones hacia la alcoba que ya no sería solo de Selena sino también de Rafael.
Julianne le entregó una copa nueva a uno de los invitados quien se encontraba junto a Mandy —¿Donde están los novios? — preguntó riendo y llevándose la copa recientemente llena a los labios.
—Seguramente arriba consumando su amor — comentó Mandy viendo directamente a Julianne levantando una ceja y con una sonrisa de ironía — ellos han nacido para estar juntos— concluyó.
Julianne se retiró del lugar sintiendo que todo se movía, sintiendo una presión en su cabeza, y viendo como los escalones se volvían más infinitos.
Ella no puede se dijo y empezó a subir a pasos apresurados hacia la alcoba de su amada. Cuando estuvo arriba se acercó a paso lento, su cuerpo transpiraba sin control y sus ojos rojos empezaban a derramar lágrimas, se acercó hasta la puerta y escucho unos jadeos, se tapó la boca para no gritar, se dejó caer de rodillas junto la puerta.
—¡No! — murmuró a apretó su falda vieja y gastada.
Se sentó afuera de la puerta, y lágrimas caían por sus mejillas, viendo hacía la nada, solo sintiendo un dolor en el pecho que quizás nunca borraría.
—Disculpame — pidió Selena arreglándose la manga del vestido — solo no puedo — vio hacia sus pies.
—Sé que lograré tu corazón — le dijo triste — lo lograré — intentó convencerse a sí mismo más que a Selena.
Lo dudo, lo dudo Rafael respondió mentalmente— Sé que sí — le sonrió y le extendió los brazos — ven — asintió sonriente y como un pequeño pegó su cabeza cerca de los pechos de Selena y la abrazó.
—Esto es mejor que todo lo que podría tener — habló con una sonrisa genuina.
Selena se dedicó a acariciarlo como si fuese un bebé, era lo máximo que le podía dar, no podía entregarse a él. No supo cuánto tiempo le dedico a Rafael pero su esposo se había quedado dormido, como pudo lo quitó y se fue hacia su escritorio. Tomó una pluma y una hoja de papel, cuando perdió a Julianne no solo perdió a su amor, sino a su mejor amiga y a la única que le podía confiar todo sin duda alguna.
—Dulce amada, mi primer y único amor — giró y se aseguró que Rafael se encontrará dormido, lo vio respirando tranquilamente y volvió a concentrarse en la hoja de papel y la pluma — mi dulce Julianne, es la tercera carta que te escribo y es la tercera carta que no recibirás. Te preguntarás el motivo; es simple mi amada, me has expulsado de tu vida, me has pedido que no me acerque y desde lo más profundo de mi ser y con todo el dolor latente, lo he aceptado. Me di cuenta que amar no es poseer, es dar libertad, es liberar el alma y tú amada estas con toda la libertad de no quererme porque no te hago sentir lo que tú a mí. Me lamento porque pensé que tal vez podría ser afortunada de ser correspondida. Te agradezco el corto amor que me has dado pero este eterno olvido quema cada sentido y cada partícula de mi cuerpo. Mis días son grises y oscuros, ya no hay un sentimiento, mi arcoíris perdió el color y se mantiene en el paisaje por la lluvia de mis ojos que nacen de mis sentimientos. Sé que no has querido y nunca fue tu intención herirme pero mi amada, hay respuestas de acciones que son imposibles de evitar. Julianne ha sido un placer que me hayas dado un corto y más puro de los amores, que hayas roto este corazón que te seguirá amando con cada pedazo roto que corta cada rincón de mi pecho, no te has llevado nada, yo te lo entregué todo y no me lamento. Y si me tocaría repetirlo, lo volvería hacer una tras otra vez. Tuya, Selena — sopló el papel para que la tinta secara y la doblo a la mitad, abrió un cajón que se mantenía con llave y la dejó allí.
Julianne había soportado quemaduras, escupidas, latigazos pero todo eso le había dolido menos que lo que ahora sentía.
—Se entregó — era lo único que repetía y pensaba, era esas dos palabras que le rompían cada hueso de su cuerpo — me gustaría decir que ya no la amo, que ya no me importa pero hay algo que me quema aquí — tocó su pecho — aquí mi ama — se sentó en su cama y suspiro pesadamente — no me importaría amarla en la oscuridad pero mi cobardía es más grande que mi amor, mi cobardía, la cobardía que me la arrebaten. Porque sin usted yo moriría — absorbió por la nariz — esto es una mierda, todo es una mierda — gruñó y apretó las viejas sábanas.
El sol del día siguiente estaba radiante, alumbraba por lo alto aquella ciudad, entrando por la ventana del nuevo matrimonio.
—¿Cómo has dormido? — preguntó con voz rasposa debido a la mañana.
—Perfectamente Rafael, y ¿Cómo has dormido tú? — preguntó ella quien se arreglaba las medias.
—Mas que bien, ahora podría estar en cama todo el día por ti — le sonrió.
—Iré a ver si el desayuno está listo — se bajó el vestido y salió de aquella alcoba.
Todo era nuevo y no le gustaba, no le gustaba del todo.
—Buen día ama — saludo Julianne quien tenía unas ojeras enormes y los ojos rojizos aún.
—¿Que tienes Julianne? — preguntó la recién casada.
—Nada importante mi ama — respondió con una leve sonrisa.
Selena se acercó tomando de la mano a Julianne, y aquel sentimiento que intentaban matar, volvió a cobrar fuerza — Me preocupo por ti — recordó Selena tratando de sonreír.
—Y se lo agradezco mi señora — respondió sin apartar su brazo de las caricias de la joven.
Sin pensarlo la joven tomó el mentón de la morena, viéndola con ojos hambrientos — Lo dudo — murmuró.
Julianne acarició con el torso de su dedo la suave piel de la joven, ambas cerraron los ojos al contacto.
—Así que aquí estabas — Rafael apareció y ambas se apartaron de golpe — ¿Qué pasa aquí? — preguntó.
—Si, nada solo estaba observando las negras ojeras de Julianne — respondió tranquila.
—No entendiendo tu loco interés por estos, pero tu sabrás — se sentó en el comedor.
—Son personas Rafael, como tú y como yo — le sonrió a Julianne y esta se fue.
—Esa negra está enferma, deberían sacrificarla y comprar una nueva — sugirió.
— No hables como que no no se tratara de nada importante — reto — y para eso estoy yo, para cuidarlos.
Se encogió de hombros y tomó el periódico matutino —¡Oh mira! — exclamó riendo — la condesa Lana Le Brun se ha mudado al norte, era de esperarse todos en ese lugar son unos libertinos — soltó Rafael.
—¿Qué ha pasado? — preguntó la joven.
—Que la encontraron en la cama con su musa, la acusaron de sodomita y ella aceptó su enfermedad, se fue al norte con su amante — arrugó el rostro — ¡Jodido asco!, es la segunda vez que escucho de estos casos, creo que debería ir a ver un psicólogo así la cura, es una mujer hermosa y enferma quién lo diría, las enfermedades atacan a cualquiera — habló desconcertado.
—No es enfermedad, es amor Rafael, amor — la vio horrorizado.
—¿Amor?, cariño por favor, esos son problemas mentales, un pecado, una aberración — habló con autoridad.
—Como digas Rafael — se dio por vencida — creo que iré afuera a pintar algo — él le sonrió.
—Deberías ocupar tu mente en otros asuntos, sabes que nadie compraría pinturas hechas por una mujer — aconsejó.
—Rafael, he viajado por toda Europa y te aseguró que aunque no sea muy común, lo puedo hacer y ahora si me disculpas, me marcho — salió molesta del comedor.
El día parecía estar feliz, y ella lo estaba, habían tenido más contacto que antes con Julianne y al contrario de lo que pensó; ese contacto se sintió bien y tibio, alegró su corazón y esos ojos que tanto amaban la miraban como la única.
—Mi señora, aquí está todo — Julianne llevaba en sus manos un estuche con pinceles de todo tipo y carbón con pequeños botes de pintura y una paleta para que esta pudiera combinar colores si lo encontraba necesario — ¿Desea algo más? — preguntó.
—Si Julianne, párate allí — señaló el lugar a un metro de ella.
—¿Aquí ama? — preguntó parándose en medio de rosas.
—Si, perfecto, ahora no te muevas — pidió.
—¿Por qué ama? — cuestionó arrugando el ceño por el sol.
—Quiero pintarte así que no te muevas — entre el estuche que la morena le había entregado buscó un pedazo de carbón y empezó a trazar líneas — no te muevas— exigió.
—No lo haré.
Las miradas de ambas se encontraron desapareciendo todo a su alrededor, los ojos café y mieles se alumbraban más que el sol viéndose la una a la otra, con una sonrisa en sus rostros y sintiéndose felices con la presencia de la otra.
«Dicen que “sabes que estás enamorado cuando sientes esas mariposas en el estómago”, yo diría que es cuando sientes esa paz que emana el cuerpo de quien amas, cuando estas parada enfrente de ella y sientes que tu vida está completa, cuando sonríes viéndola sonreír o cuando lloras cuando la ves llorar. Sabes que es amor cuando te importa mas su bienestar que el tuyo, cuando harias cualquier cosa para tenerla a salvo, cuando te gusta hasta el más simple de los detalles y gestos, cuando amas mas su alma que su cuerpo, cuando no existe un yo sino un nosotros, cuando te sientes completa y cómoda con ella, y que cuando te toca sientes que tu piel se eriza, o cuando no la ves pero sientes sus manos o su sonrisa en el aire, cuando no te sientes sola aunque no estes con ella porque sabes que donde quiera que esté ella piensa en ti, cuando sientes que el viento te envía mensajes de ella y sonríes pensando que ella lo esta haciendo, eso es amor al menos para mí, ese es el amor que le tengo». Julianne sonrió aún más tanto que sus mejillas dolían, pero no le importaba, estaba feliz, muy feliz y más cuando podía decirle lo que sentía y parecía que ella lo entendía.
—Aún no acabamos — habló Selena.
—Me quedaría aquí siempre por usted, haría todo lo que me pidiera por usted — murmuró llevando sus manos hacia atrás.
—Eres hermosa — dijo un poco bajo, debido al lienzo Julianne no sabía si estaba hablando o no — eres completamente hermosa Julianne, por siempre mi Julianne.
Entreabrió los labios pintando color salmón oscuro una parte del rostro del dibujo de Julianne. El cuerpo de Selena temblaba sólo con ver la mirada profunda que Julianne emanaba en ese momento. Sus ojos mieles se habían oscurecido y la sonrisa había bajado el volumen hasta una leve mueca, se mordió el labio.+
Aquello la estaba excitando.

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Capitulo XIV

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:23 pm

La joven trabajó en el cuadro varios días, intentando capturar la esencia de Julianne en aquel lienzo. Esas noches pensaba algunas veces en desposar a su esposo para así poder calmar el fuego ardiente de su vientre. Pero lo desechó sabía que eso no apagaría nada porque la única que podría hacerlo era Julianne. Los acercamientos de ambas se habían hecho más activos, roces y miradas.
Mientras terminaba el decorado del lienzo en su alcoba, su esposo la observaba desde la enorme cama.
—Deberías venir a dormir — pidió viéndola de arriba a bajo.
—Ya voy — soltó el pincel y empezó a caminar hacia el baño.
Minutos después se encontraba acostada en la cama junto a su esposo, quien la observaba como un tesoro.
—Sería estúpido dejarte de ir — murmuró sobre los labios de ella — te amo con todo mi corazón y voy a conseguirlo cariño — acarició su mentón.
Besó sus labios despacio y acarició su mejilla.
—Buenas noches — le sonrió cansada y se dio la vuelta.
—Buenas noches cariño — enredó las manos en su largo cabello chocolate.
El caballero se movió repetidas veces en la cama hasta que decidió abrazar a su esposa, rozando así su erección. Selena suspiró cansada, sabía que en algún momento tendría que enfrentarlo.
—¿Aun duermes? — susurró en su oído y ella permaneció en silencio y sin moverse ni un centímetro — Te deseo, te deseo — besó la nuca de la joven y se mantuvo presionando su cuerpo contra la joven.
Y comprendió, que su vida se estaba yendo al caño y que en cualquier momento tendría que desposarlo. Y odiaba la idea, y quizás estaba un poco loca, y quizás lo que su corazón le mandaba hacer era una locura, y solo tal vez debía obedecer a su cabeza pero ¡rayos!, ella no obedecía órdenes de nadie y eso incluía su propia mente. Cuando la mañana cayó, los rayos del sol se adentraban por la ventana iluminando la alcoba haciendo que se despertarán. El joven abrió sus ojos e intentó acariciar a su esposa pero el lado de su cama estaba vacío y frío.
Julianne se mantenía distante de la joven, solo la observaba de vez en cuando.
—Julianne — llamó Selena y la morena giró — quiero hablar contigo, en privado — empezó a caminar y la morena la siguió.
Se alejaron de la casa, tanto que no se podía ver desde su posición, el paisaje solo lo adornaban muchos árboles amarillentos y naranjas de fondo, el pasto cafesoso que les llegaba por la rodilla, las nubes enormes blancas y ese cielo azul alegre, la joven se sentó encima de las hojas y observó el paisaje un momento, el viento empezaba a soplar débil anunciando que el verano había pasado y empezaba el otoño, la joven no se adentró al pequeño bosque.
—¿No te parece hermoso? — preguntó y sonrió — mira esos colores en los árboles, amarillo, café y naranja ¿Ves lo hermoso que puede ser la vida?, y el paisaje es tan tranquilo, las hojas vuelan en el aire dispuestas a ir dónde el viento las lleve, confiadas y decididas; quizás las personas deberíamos ser así. Decididas y sin miedos — la miró expectante.
—La vista es hermosa ama — Julianne la vio repetidas veces.
—Quiero terminar la pintura, y espero no te moleste si la vendiese — comentó concentrando su vista a los árboles grandes.
Sonrió —No, usted puede hacerlo — respiró profundamente.
Y antes que se pudiera arrepentir o pensar en las consecuencias, posó sus manos en las mejillas blancas y rosas de la chica, y sin permiso posó sus labios contra la joven quien la recibió con un suspiro y posando sus manos en la cintura de la morena.
Un suspiro se escapó de ambas y se vieron con una sonrisa en el rostro.
—Perdón por ser una cobarde ama — bajó la vista — y perdón, y no me importa que él— guardó silencio — la haya tocado, yo la sigo amando, yo nunca le mentí. Yo la amo y si por esto me matan, me lo merezco pero debe saberlo, y así no me odia, y sus ojos dejan de verme de esa forma, tan indiferente y distante, eso me duele más, me duele más, más de lo que me pudieran hacer — tomó la mano de la joven acariciando los nudillos.
—Yo no me he entregado a él — respondió.
Julianne la vio confundida con el ceño levemente fruncido pero antes que pudiera decir algo, los labios de su amada se posaban de nuevo en los suyos, moviéndose despacio y tentadoramente. Las manos subieron hacia los senos de Julianne, dejándolas reposar en ese lugar mientras ambas sonreían cuando se besaban.
—¿Quien te alejó de mí? — preguntó cuando se disponía a dejar pequeños besos en el cuello delgado de Julianne.
—Mi vida — llamó y Selena la vio sonriente, sus ojos se vieron fijamente y las sonrisas nacieron en sus rostros — eso ya no importa. Lo que importa es lo que hemos sufrido para darnos cuenta que hemos nacido para estar juntas, en cualquier lugar. En cualquier universo, dónde sea, mi amor la llamará y el suyo me hará regresar a casa, que está a su lado. Mi hogar es usted, mi fortaleza son sus brazos. Y la amo, juro que lo hago, pero seria muy tonto de mi parte dejarla ir cuando usted quiere estar aquí, a mi lado. Al lado de una inútil, fea y pobre mujer que la ama con locura, que la ama con toda la pureza del mundo, y me he tenido que contener para no huir, para….no lo sé para no volverme loca — Selena enredó los dedos en el cuello de la joven.
Suspiró — Julianne —beso sus labios y se alejó un poco — eres una mujer hermosa, mirate, ojos mieles, labios gruesos y delgados a la vez, tu rostro delgado y fino, nariz respingada y esas largas pestañas junto tus cejas gruesas pero a la vez delgadas. A Veces me preguntaba si en serio nunca te has depilado. Y me gusta, me gusta tu rostro largo a la diferencia del mio que tiene estas horribles infladas mejillas. En cambio mírate, eres toda una europea, y me gusta tanto, tanto tus labios rosas ¿Quieres que siga?, porque puedo hacerlo — Julianne negó — Bien porque empezaría a hablar de tus orejas y de tus manos —sugirió con una sonrisa.
—Solo me importa gustarle, a nadie más. Solo gustarle a usted — se acercó y atrapó el cuello de Selena, quien jadeo de inmediato.
—Julianne, no se si estará bien pero, quiero…..quiero que estemos juntas — susurró.
Julianne se separó un poco para poderla ver su rostro — yo también quiero que me haga lo que me hizo en su alcoba y en la mía, así que no está mal — se volvieron a besar en los labios.
Caminaron hacia los árboles para poder tener un poco de camuflaje. La joven se apresuró a desnudar a Julianne y se arrodilló delante de ella.
—Lo haré despacio, no voy a lastimarte — le sonrió y Julianne asentó.
—Sé que no me haría daño, no intencionalmente — ambas sonrieron y la joven se ocupó de explorar esa zona caliente.
La ropa de ambas sirvió para usarla como sábanas encima de las hojas secas, se besaban sin tiempo y sin medida, girando la una encima de la otra, las manos apretaban el cuerpo de su amante, y el sonido de la saliva se hacía cada vez más fuerte junto el sonido de la respiración. Su cuerpo cubierto de una capa de sudor y algunos mechones pegados en la frente de su compañera.
—Te amo — habló Selena y mordió el hombro de la joven, quien cerró los ojos y dejó escapar un suspiro.
—Yo la amo más — respondió y tomó la cabeza de la joven, y rozo su nariz con la de ella y besó sus labios.
—Te extrañaba tanto, tus besos y caricias — la abrazó fuerte.
—Mi amada, deberíamos regresar. Hemos estado mucho tiempo afuera y no es conveniente — Selena asentó molesta.
—Julianne, no llegues hasta los extremos — se quejó.
—Y usted no se confíe demasiado— Selena le dio un golpe juguetón.
—Tiene un punto señora Julianne, y si debemos regresar. Aunque espero volverla a ver — habló de forma juguetona.
—Cuando quiera — sonrió — quizás esta tarde, en este lugar. Nadie nos podrá ver aquí. Por favor cuidese y no hable de nosotras con nadie — pidió besando las manos delgadas de Selena.
—No temas por mí, amor mío. Yo temo por ti. Voy a estar bien si estas bien, porque ahora somos una sola ¿Entiendes? — Julianne asentó — pero trataré de guardar apariencias. Debemos fingir delante de mi madre que no nos hablamos y que nos odiamos ¿Entendiste? — asentó repetidas veces.
—Si, claro que entiendo, haré todo lo que pueda para no sonreír cuando la vea — besó los labios de la joven y se puso de pie — un momento con usted, lo vale todo — aseguró.
—Para mí, tú vales todo — besó la frente de Julianne.
Dos mundos opuestos, la luna y el sol se habían chocado pero quien dice que no se podían fusionar y crear algo nuevo. Un eclipse, un enorme eclipse hecho de amor y pasión. El día y la noche, dos corazones y un amor. Un amor que ya había nacido entre la oscuridad y las citas clandestinas. El único delito ser diferentes y pertenecer a diferentes estatus en esa sociedad dura y demandante. Sin pensar que cada una estaba escarbando su propia tumba.
—Creí que fui lo suficientemente claro contigo hijo — observó a su hijo desde su asiento como una insignificante cucaracha.
—Lo sé padre, es solo que — guardó silencio y vio hacia el suelo — es solo que es difícil, Selena lo hace difícil — Aseguró subiendo de apoco su vista.
Niega y deja escapar aire de su pecho retenido — Eres su marido, debe de obedecerte si no es fácil la dominas ¿No te enseñé nada? — lo vio desaprobatoriamente.
—Padre, es difícil — soltó indeciso.
—Sabes lo que pasa es que espero no sigas con esas ideas estúpidas ¿Sigues con esas ideas estúpidas? — lo señaló viéndolo molesto.
Negó — No padre, no — corroboró.
Lo vio dudando pero asentó — A las mujeres hay que ponerle cuerdas, mano dura; sino se vuelven burdeleras como Margot — frunció el ceño — ¡Esa la de la taberna! — exclamó — hay que controlarlas, porque luego se creen libres de pensar y sus lugares es junto a los maridos, hijos y la cocina. Así que encárgate de dejarle en claro que él que manda eres tú y no ella. ¿Entiendes? — preguntó levantando una ceja.
—Sí, padre. Yo soy el líder — sonrió.
—¡Ese es mi muchacho! — exclamó feliz


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Capitulo XV

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:24 pm

El cielo se encontraba completamente estrellado, las estrellas parecían pequeños focos que iluminaban la mansión de los Gomez, iluminaba los cuerpos de dos mujeres amándose en la oscuridad, pareciese que el cielo estaba de acuerdo con ese amor o quizás sentía compasión porque sabía que ese romance era algo imposible.
—¡Oh Dios! — jadeo la joven mujer en los brazos de la morena — ¡Julianne! — la llamó con voz ronca mientras rozaba el cuerpo de la morena.
Julianne soltó el cuello de su ama para reclamar sus labios, se besaban como si no hubiese un después, sino como si ese fuera su último día en la vida, las manos de Selena apretaban la cintura de Julianne tanto que sus nudillos se habían vuelto blancos; chocaban sus labios haciendo que el ruido de la saliva fuera más intenso pero que mas les daba, se deseaban y cada vez ese deseo crecía más.
Rompieron el beso y sus pechos subían y bajaban — Debo irme — habló Selena tocando los labios rojos e hinchados de Julianne.
—Lo sé, solo prometame que no dejará que la toque — volvió a pedirle lo mismo; como cada día y cada noche que se veían.
—Te lo prometo — dejó un corto beso y volvió a prometer como lo hacía cada vez que se miraban.
La abrazó por atrás, tan intensamente y absorbió el olor del cabello de su amada, la joven se giró para abrazarla. Se mantuvieron por un periodo de esa forma.
—No temas amor, yo solo soy tuya, tuya y nadie más podrá tocarme — susurro en el oído y beso su mejilla.
—Tengo miedo, miedo que la toque — soltó volviéndola a apretar a ella.
—Sospechara, debo irme — se soltó y empezó a caminar hacia la casa.
Julianne se mantuvo en ese lugar por un tiempo prudente, y justo ahora deseaba una amiga, que la comprendiera y con quien poder decirle todo eso que la ahogaba.
—Pensé que te quedarías con tus amigas a dormir — comentó bordas Rafael.
—No, es que...— no sabía qué decir y sacudió su cabeza — solo se me fue el tiempo.
La vio entrecerrando los ojos y molesto pero asintió —¿Crees que soy imbécil? — preguntó caminando hacia ella.
Dio pasos hacia atrás mientras él avanzaba — No lo creo Rafael, ¿Por qué dices eso? — arrugó el entrecejo confundida.
Sonrió y se acarició el labio inferior — Definitivamente crees que soy imbécil — concluyó y su mano se fundó en la mejilla de su joven esposa.
El golpe retumbó haciendo que la joven girase, quedándose por un largo tiempo de esa forma; cuando el dolor no era tan intenso se incorporó y en su boca había sangre.
—Todas las posibilidades que tenías conmigo se acabaron justo ahora — la joven habló tranquila.
—¿¡Cuales?! — gritó tomándola por los costados — y sabes qué, ya me harte. ¡Eres mi mujer! — gritó en su cara y la beso a la fuerza.
La diferencia de estatura, peso y fuerza hacía que para la joven fuera imposible mover su esposo, en desesperado joven intentaba besarla pero su esposa solo escondía los labios y movía la cabeza sin dejarlo poder cumplir con su deseo.
—¡Maldita sea! — gruñó y soltó a su esposa.
Se dejó caer y empezó a llorar, abrazó la cintura de su esposa tomándola por sorpresa, y aunque la joven no lo quisiese, lo consoló.
—Tranquilo — dudosa acarició el cabello del joven.
—Te estoy perdiendo y ni siquiera llevamos años de casados — confesó el motivo de su desespero.
—Rafael, no puedes perder algo que nunca fue tuyo; y yo nunca fui tuya — soltó sin pena al ver como se removía como un caracol al que le han echado sal.
—Selena — la llamó y la joven lo vio — me estas lastimando, me duele — toco su pecho — aquí — señaló su corazón.
—Debes dormir, creo que has estado bebiendo y eso te alborota los sentidos — intentó zafarse del agarre de su esposo pero fue imposible puesto el la apretaba mucho más.
—¡No! — gritó — quiero que nos quedemos así — soltó y empezó a besar el vientre de Selena sobre la ropa.
—¡Basta!, no eres un niño — atacó la joven — y necesito que curen esto — señaló el pómulo rojizo.
Rafael vio el pómulo rojizo y empezó a negar repetidas veces — Soy...soy un monstruo, perdoname, perdoname — removía su cabeza en el abdomen de la joven.
—Iré a limpiarme — anunció y él poco a poco la soltó.
—Perdóname — pidió y lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.
Selena lo vio de reojo, negó y dejó escapar el aire de sus pulmones cansada. Caminó y cuando llegó a las caballerías; su sonrisa creció aún más.
—Vengo a que me limpie el pómulo — soltó y Julianne se sentó en la oscuridad aún aturdida.
—¿Selena?, ¿Que haces aquí? — pregunto y encendió la mecha del candelabro.
—No me preguntes, solo dejame dormir contigo — se mordió el labio inferior.
Sonrió avergonzada — Nos meteremos en problemas, eres muy impulsiva amor mío — comentó moviéndose para que Selena pudiese sentarse a su lado.
—Pero eso te gusta de mí — se acercó y besó los labios de Julianne.
Se separaron de a poco y Julianne la vio, recorrió todo el rostro de su amada hasta que observó ese pómulo y frunció el ceño.
—¿Él te hizo eso? — preguntó molesta.
—Si, pero eso no importa — se encogió de hombros e intentó besarla pero Julianne se apartó.
—¿Ya le había pegado antes? — preguntó y Selena negó — si vuelve a hacerlo, me dice — pidió y Selena asintió — si vuelve a tocarla; yo...— Selena la beso en los labios.
—No hablemos de él, mejor besame hasta que te duelan los labios — pidió y la morena besó sus labios.
Entrelazaron sus manos y se acostaron en la cama besándose, y disfrutando el calor de la otra, no les importaba nada más. Y es que ese amor les llenaba lugares que ni ellas mismas conocían. Sus piernas entrelazadas y las caricias de la morena en su brazo hacia que Selena solo suspirara contra el regazo de la morena.
—Si tuviera un deseo — comentó Julianne haciendo que la joven le prestara toda la atención del mundo — pediría que me dejaran estar siempre a su lado, porque junto a usted tengo todo — la joven tomó la quijada de la morena y beso sus labios.
— ¿Que es todo? — preguntó mientras se miraban fijamente con una sonrisas en sus rostros.
—Usted, usted es todo. Amor, pasión, libertad, confianza; protección y compresión — la sonrisa de la joven creció aún más.
Tomó la mano de la morena dejándolo en su costado derecho de su regazo — ¿Lo sientes? — preguntó y la morena asintió — solo se acelera cuando estoy contigo, y solo se alegra al escuchar tu voz — comentó.
—Tengo una idea descabellada — soltó Julianne haciendo que la joven soltara una risita.
—¿Qué idea? — arqueo la ceja.
— Que se quede a dormir conmigo esta noche — los ojos mieles brillaban y la joven no pudo negarse.
—¿Te imaginas como fuera si no existiera todo esto? — preguntó — si pudiera llevarte de la mano sin peligro que nos quemen vivas — soltó — Julianne, me has dejado huellas, me has marcado de por vida y es que nunca sentí esto. Pensé que sería como lo que describen en los libros pero no hay comparación; es más intenso, más fuerte, más real y no podría decir que me has robado porque no es así, yo te entregué todo y tu amor me hace valiente y fuerte; no me importa que venga, contigo me atrevo a enfrentarlo — Julianne beso la frente de Selena y la abrazo fuerte.
—Amar es pensar en el bienestar del otro antes que el propio, y cuidar y proteger, sin herir y sin poseer — dijo sin soltar su agarre — cuando amas más que el cuerpo, cuando amas el alma conoces el amor y ese verdadero amor. Y yo la amaría así pasaran muchos años porque amo su alma joven y ese grandioso ingenio que posee.+
Selena empezó a besar el cuello de Julianne, de inmediato la morena bajó su rostro y volvieron a besarse, de forma lenta y sin apuros.


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Capitulo XVI

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:25 pm

No hacía falta preguntarle a Rafael si tenía un mal dia puesto su semblante y sus gruñidos lo hacían evidente. Las miradas lo observaban con incredulidad, nadie se explicaba como el aún recién casado se encontraba tan desaliñado, gruñón y con ojeras marcadas.
—Mala noche, ¿Eh? — le preguntó sentándose en el escritorio de madera un amigo y trabajador.
—¡Bajate de mi escritorio! — exigió escondiendo sus dedos en su cabellera — ¡Me esta volviendo loco! — aseguró.
—Tranquilo — se bajó del escritorio y tocó el hombro de su jefe y amigo — ¿De qué hablas Rafael? — cuestionó ceñudo.
—Ella esta con otro, estoy seguro; mirame ¿Que mujer no me quiere a su lado?, soy…¡Soy hermoso! — aseguró angustiado — mirame Demián, lo soy ¿no? — preguntó casi en suplica.
El joven trigueño de pestañas risas tomó entre sus grandes manos el rostro de Rafael —Eres hermoso Rafael — aseguró sonriente.
Rafael se sonrojó y asintió —Gracias — fue todo lo que pudo decir.
Demián no espero nada más y fundó sus labios con los de su amigo, quien fue sorprendido y no pudo más que quedarse quieto esperando que Demián acabase.
—No lo vuelvas a hacer.
Y se fue de su oficina dejando con un mar de dudas a quien había sido su amigo por un largo tiempo y ahora el pobre Demián no tenía ni la más mínima idea de que iba a hacer.
¿Huir?, negó de inmediato. ¿Fingir?, hizo una mueca. Claro que no. ¿Dejar que el tiempo pasara para volver a comentarlo, quizás hacerlo?, dudo un poco pero lo consideró.
—Deberias de embarazarte — comentó su madre.
Soltó la aguja dejándola encima de la manta que estaba bordando para ver de forma negativa a su madre y junto a la mirada un gesto de asco — Ni loca me embarazaria de Rafael, ni en mil años — respondió decidida — mejor dicho nunca — concluyó.
—Sabes que no está bien visto que una mujer se separe de su marido y mucho menos que esté sola, y con un hijo amarraras a Rafael para siempre — afirmó mientras seguía bordando — allí te has equivocado — señaló el bordado.
—¡No lo haré! — gritó arrojando en la mesa la lana, aguja y mantel.
—¿No arreglarás el bordado?, deberías hacerlo para que se vea proporcionado — sugirió.
—Hablo de ese bordado y de Rafael, ¡no haré nada!— soltó poniéndose de pie.
La vio ceñuda y también se puso de pie para enfrentar a la necia de su hija unigénita — ¡Deberías!, piensa en el futuro. ¡No seas necia! — gruñó.
—No voy a hacer lo mismo que tú hiciste con mi padre — se marchó a paso apresurado.
—¡Selena! — llamó — ¡Selena ven aquí! — exigió con voz demandante y gruesa.
Las palabras que Selena le había dicho; le habían penetrado en el alma. Cada una de esas palabras dichas por su hija arrastraban la verdad de su vida. La joven esposa de Montenegro camino hacía la entrada de la casa y se sentó en el escalón de la entrada de su mansión.
—¿Por qué se lo dije? — se lamentó y relamió su labio inferior— soy una torpe — se mordió el labio inferior con angustia.
—Yo diría que es muy inteligente — escuchó desde la distancia — un poco testaruda pero inteligente — dejó a un lado la jarra llena de agua que traía consigo para dedicarle una suave sonrisa.
Selena observó hacia sus costados para asegurarse que nadie las viera, se puso de pie sacudiendo su vestido y dispuesta a borrar la distancia que ellas tenían, pero cuando ella se disponía en caminar; unos sonidos de pisadas sobre el cascajo del camino de la entrada hizo girarse.
—¡Cariño! — la llamó — Cariño — corrió como un pequeño niño y abrazó a su esposa como si fuese el último día que la miraría.
—Rafael — no se movió ni un poco y dirigió su mirada hacía Julianne quien tragó en seco y tomó la garra para poderse ir; suspiró cansada y gimió de impotencia — ¿Que quieres? — preguntó y se apartó de su lado.
—No me desprecies — pidió herido — no me hagas esto — se aferró a ella de nuevo.
—Te lo he dicho, has perdido lo poco o nada que habías conseguido — soltó serena.
—Selena….— la llamó con sus ojos aguados.
Selena se separó de su lado, sus ojos café se habían encendido de enojo puro y su cuerpo completamente tenso — Con permiso Rafael — intentó caminar pero su esposo lo impidió.
—¡Me harté! — gritó y una vena saltaba en su frente — ¡eres mi mujer! — dijo firme.
—No soy un robot — escupió — no soy un objeto que puedes ponerlo donde se te antoja — masculló señalándolo molesta.
—Selena, escúchame — suplicó.
—¡No quiero! — salió corriendo hacia la parte trasera de la casa.
«Incluso en mi propia casa me siento enjaulada, estoy harta.¡Harta!» se quejó internamente y golpeó un tronco de leña que reposaba encima de otros. Se sentó encima de los troncos sin importar que se llenará de polvillo, mientras escondía su rostro en sus manos y quejidos de frustración salieran de su boca mientras mascullaba alguna que otra frase incomprendida.
Escuchó una risa que hizo que deshiciera su posición actual —Recuerdo que solías hacer eso cuando tenías ocho, ¿Que te tiene tan frustrada? — preguntó su padre con voz dulce y paternal.
Lo abrazó dejando escapar un suspiro de alivio, eso es lo que ella necesitaba. Apoyo — Padre, no sé si deba decirlo — lo vio fijamente dubitativa.
Acarició sus mejillas con el dorso de sus manos, ¿Como ella podía pensar tan siquiera en dudar?, él jamás le daría la espalda — Puedes decirme lo que sea, que yo estaré aquí, para ti — sonrió comprensivo.
Ambos se quedaron en silencio, y sus manos se entrelazaron. Ricardo Gomez idolatraba a su única hija.
—Padre — lo llamó arrastrando sus palabras desde lo más profundo — no estoy enamorada de Rafael, y no lo quiero junto a mí — concluyó miedosa observando a su padre.
Ricardo permaneció en silencio, completamente incrédulo. Rascó su nuca y se llevó una mano a su boca limpiándola, sonrió incrédulo —¿Que has dicho? — preguntó intentando sonreír.
—No estoy enamorada de Rafael, y no lo quiero en mi vida; yo quiero mi libertad — habló segura Selena.

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Capitulo XVII

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:26 pm

—Seguro es una mala racha — opinó el padre de la joven — la van a superar juntos.
—No vamos a superar nada, puesto no hay nada que superar. Me casé sin amarlo y ha sido la peor decisión de mi vida; no le amo y nunca le voy a amar, estoy….estoy enamorada de alguien más.
Esas palabras bombardearon la cabeza de su padre, ¿Como había pasado eso?, ¿Desde cuando?.
—Estás jugando, ¿no? — preguntó incrédulo. Suspiró cansada y se rascó la nuca por frustración.
—No. No estoy jugando, te estoy hablando con la verdad; he entendido que no puedo obligarme amar alguien que no lo merece y menos cuando ese lugar está ocupado, padre...no me obligues a estar con un hombre que no amo y que odio que me toque...por favor ayudame.
El hombre vio hacía el suelo, un debate se llevó acabado en su cabeza; sentimientos encontrados y un dilema ¿Que debía hacer?. No contestó y se puso de pie para marcharse. La ojicafé lo vio decepcionada, y se llevó las manos al rostro ¿Por qué había complicado todo?.
—Nunca te voy a dar el divorcio, y nunca me voy a divorciar. ¿Lo olvidas?, las mujeres no pueden ejercer nada legal, sólo nosotros— giró para encontrarse con Rafael que se mantenía de pie y con su brazo apoyado contra la pared.
—Puedo ser tuya por un papel, pero nunca seré tuya en cuerpo y alma. Y si ya lo sabes no importa ocultarlo; no te amo.
Apretó su mano en puño y respiraba por la nariz, rabioso y sediento de liberar esa furia interna.
—Soy el hombre más sexy, todas morirían por tener tu lugar — espetó.
La ojicafé sonrió en burla — la belleza se mide más allá que el físico, la belleza es interna —se acercó a él — y tú no tienes esa — lo señaló intentando caminar de largo pero Rafael la tomó del brazo y la pegó a su pecho.
—Me importa un reverendo cacahuate — soltó viéndola con ira — esta noche, esta noche será el día que me entregues tu pureza — demandó.
—No puedo entregar algo que ya no existe y aunque me tuvieras, nunca me tendras realmente. Así que suéltame — intentó soltarse pero fue imposible.
—Ramera — escupió — eso eres una ramera — la soltó de forma brusca.
—Fue lo que elegiste como tu esposa.
Se marchó dejando solo a Rafael y el apuesto hombre golpeó la pared por frustración. Esto no lo había calculado se suponía que todo saldría como él lo había planeado.
Los recuerdos remontaban escena en la cabeza de la mujer, una joven corriendo por el mismo bosque detrás de esa casa y unos jadeos. Gritos de auxilio y lágrimas de desespero, ropa rasgada y sangre en sus labios; súplicas de sus labios se habían escapado una tarde como esa oscura y fría. El dolor aún se encontraba a flor de piel y al cerrar los ojos siempre visualizaba la misma risa y el mismo rostro.
—¡No! — gritó.
Abrió los ojos y sus manos temblaban pero al ver el lugar, suspiró. Estaba segura, estaba en casa.
—Solo fue un sueño — intentó consolarse y se abrazó a la almohada — un mal sueño Mandy, solo eso — hablaba en voz baja.
La puerta se abrió de golpe.
—Tu aquí acostada como una holgazana y tu hija pensando en divorciarse ¿Puedes hacer algo bien en toda tu vida?, no creo que no, eres un desastre y aún no sé porque sigo casado contigo. Cada vez estás más vieja y más acabada — reclamó su marido.
Lo ignoró y sentó en el borde de la cama. Suspiró. No le daría explicaciones del porqué había tomado una siesta, ella sabía que a su marido no le importaba si vivía o no, es más se alegría si supiera que se siente mal.
—¿No me escuchas? — gritó en su oído y golpeó su cabeza.
—¡Si! — gritó molesta — ¡Si te escucho! — se levantó de la cama — ¿Y luego qué, irás a hacerte el padre del año y vas apoyarla?, como siempre. Quieres quitarme el amor de Selena y ya me cansé de fingir que yo soy la mala en todo esto, porque no es así. ¡Demuestrale a tu hija el monstruo que eres! — dijo al borde de las lágrimas.
Rió —Mandy, Mandy, Mandy — exclamó — ¡Haz lo que te digo antes que te reviente el hocico! ¿Entendido?.
—¡No!, ya no más — respondió con temor y una mano se fundó en su rostro — no lo voy a hacer, ya he perdido mucho por ti.
Y corrió hacia el baño, huyendo de la furia de su esposo.
—Cuando salgas, me las vas a pagar estúpida — fue todo lo que escuchó seguido del portazo. Sollozó y golpeó su cabeza contra la pared un par de veces.
—Maldito, ¡te odio, te odio! — se limpió la sangre en su labio inferior — ¡maldito seas Ricardo Gomez! — rompió en llanto.
No sabía cuánto tiempo había pasado, hasta que unos golpes delicados la sacaron de su trance.
—Madre, me han dicho que has pasado toda la tarde aquí. ¿Estás bien?, quiero disculparme — la voz gruesa y dulce de su hija hizo que sonriera — sabes que soy impulsiva y torpe, lo lamento madre.
Se puso de pie y se vio en un espejo de pared, se limpió las lágrimas y se acomodo el vestido y el peinado.
—Selena, esta bien. No pasa nada — respondió sonriendo.
La ojicafé vio detenidamente a su madre y frunció el entrecejo — ¿Has estado llorando? — preguntó.
—No. Es una infección en mis ojos por eso he tomado una siesta pero ya estoy mejor. Gracias — besó la mejilla de su hija tomándola por sorpresa.
—¿Tendrás fiebre? — posó su mano en la frente de su madre — no sueles ser cariñosa — dijo juguetona.
—Eso no significa que no te ame Selena, te amo y mucho. Eres el gran amor de mi vida — la abrazó fuerte y la joven sorprendida le regresó el abrazo con una sonrisa genuina en el rostro.
—Y yo a ti madre — besó la mejilla de su madre y suspiró —se siente muy bien — comentó.
Su madre se separó de ella y la observó —¿Que?.
—Tus brazos, yo siempre te voy a necesitar así tenga ochenta años. Eres mi fortaleza madre, y te amo aunque no te lo diga y aunque me decepciones; yo te necesito conmigo así seas imposible y me fastidies. Los hijos siempre necesitamos a nuestros padres; me siento protegida y siento que nada saldrá mal cuando estás cerca aunque sé que ahora te he decepcionado y yo...— trago en seco y vio hacia el suelo — no puedo cambiar lo que soy, y yo soy una sodomita que siente amor por una mujer y no por un hombre y lo siento tanto, te juro que lo cambiaría si pudiera para hacerte feliz y para que no me vieras con esos ojos de decepción, para que te sintieras orgullosa de mí — sus ojos se aguadaron.
—No hay nada que cambiaría de ti — la tomó de la barbilla para que la viera — y aunque tengas ochenta años seguirás siendo mi bebé, a la que le amo cada centímetro de su cuerpo y cada gota de su sangre, cuando lloras, yo lloro, cuando se va una parte tuya, se va una parte mía. Y aunque no lo entienda y no lo comprenda, lo tratare de hacer por ti. Yo quiero tu felicidad y muchas veces...siempre queremos evitar que sufran, queremos protegerlos. Queremos que no caigan porque aun seguimos viéndolos como nuestros bebés, te sigo viendo como mi bebé que está aprendiendo a dar pasos y no quiero que caigas y te hagas un rasguño, y sí no estoy preparada para verte caminar por tu cuenta, tengo miedo que te lastimes y que no pueda estar para darte un beso en tu rodilla, y tengo miedo que eso no sea suficiente y no pueda evitar que sufras. Yo solo quiero verte feliz e intentaré, me esforzaré para entenderlo — acarició su mejilla.
—Gracias madre — la abrazo fuerte con una sonrisa en su rostro — no sabes lo que esto significa para mi, no lo sabes — le sonrió de una forma que ya no solía hacer. Al menos no con ella.
—Sé feliz hija, sé siempre feliz por ti, dónde te lleve el corazón es el lugar que debes estar. Tu felicidad es mi felicidad — habló cálido.
Se tomaron de la mano y aun incrédula Selena le sonreía. Todo iba a cambiar estaba claro.
Absolutamente todo.


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Capitulo XVIII

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:26 pm

—¡Te desprecio! — escupió con fervor y cerró la puerta con seguro.
—Pues yo no, ¡Yo no!. ¡Te amo! — herido se acercó a la puerta cerrando los ojos y conteniendo las lágrimas que amenazaban en deslizar por sus mejillas.
—¡Déjame en paz Rafael! — exigió.
Golpeó la puerta y se giró, fundó su pie a una pequeña mesa haciendo que volara por el aire y cayera en un extremo de la alcoba, gruñó y con sus manos tiró todo a su paso, libros, papel, lápiz; y un candelabro. Gritó molesto y empezó a golpear con su pie la cama.
—Los golpes me dolieran menos que tu desprecio — masculló y una enorme lágrima cayó por su mejilla, sollozo y se echó su largo cabello para atrás y se marchó de la alcoba.
Se acomodo la corbata, y se colocó su sombrero. Bajó despacio los escalones de la larga escalera. Sintiendo sus pies pesados.
—¿Esta todo bien yerno? — preguntó Ricardo ceñudo.
Rafael solo le dedicó una mirada de indiferencia y salió rápido, sin contestarle y menos para hablarle.
Empuño sus manos, y subió dos escalones pero volvió a bajarlos, estaba abatido y frustrado. Movió sus manos y dejó escapar un jadeo de rabia.
—Buenas para nada — murmuró y se fue.
Julianne se mantenía en la cocina y aún con dudas en su cabeza se mantenía atenta a sus obligaciones en compañía de Mummy quien ahora se encontraba sobreviviendo.
—Sabes, estoy enamorada — soltó una sonrisa tonta.
La morena canosa la vio curiosa y la codeo para que hablara.
—¿Debería decirlo? — preguntó Julianne y sonrió — te lo diré si prometes no decirle a nadie, ¿bien?. Es que en serio necesito decirlo porque me estoy ahogando y estoy feliz.— dijo con una sonrisa radiante y la canosa morena asintió repetidas veces.
—Bien, es….estoy enamorada de la señorita Selena — se cubrió el rostro y soltó un suspiro de enamorada.
La morena abrió la boca con horror y negó repetidas veces, y se marchó tirando el delantal que usaba para no llenarse de comida la ropa. Julianne se encogió de hombros y se dedicó a hacer lo que la morena había dejado.
—Quizás no lo tomó por sorpresa — murmuró confundida y probó la sopa de pollo.
Dejó la sopa sobre la mesa de madera y se fue a despertar a su ama, dudosa camino por los escalones hasta que llegó a la alcoba de Selena.
Tocó dos veces seguidas y nadie abría, jadeo y volvió a tocar.
— ¡Ama, soy yo Julianne!— exclamó y la puerta se abrió de inmediato.
—Julianne.
Abrió la puerta recibiéndola desnuda, y sin una pizca de pudor observó a Julianne de arriba hacia abajo mordiéndose el labio inferior. La morena trato de cubrirse los ojos pero sus extremidades no le obedecían; solo deseaba borrar la distancia y devorar a su ama.
—¿No dirás nada?, entra podría verme desnuda mi madre — rió y tomó del brazo a Julianne para adentrarla a la alcoba.
La morena no podía articular palabras, solo observaba el cuerpo de Selena.
—¿Que pasa?, ¡Julianne, dime algo! — exigió aturdida y se echó su larga cabellera chocolate para atrás.
Negó con su cabeza y parpadeó unas cuantas veces — Lo si-siento — balbuceó.
Selena sonrió negando y se mordió el pulgar — Lo que estás viendo ya lo has visto antes, y hasta tocado — habló con voz ronca.
La morena no espero más y se lanzó a atacar los labios de Selena, mordió su labio inferior y la pegó más a su cuerpo, Selena no esperó más y la dirigió a la cama. Solo deseaba enredar sus manos en el cabello suelto de la morena. Tomó la liga de cabello y liberó la cabellera de la morena.
—Te deseo —sonrió sobre los labios de Julianne.
—La amo — acarició el mentón de su ama.
Las manos se entrelazaron y sus cuerpos se enredaron en las sábanas, sudor y caricias. Los jadeos llenaban la alcoba y el calor aumentaba en sus cuerpos, esparciéndolo en toda la alcoba. Giraban en la cama, sin soltar sus manos y el sonido de los besos, se hacían cada vez más fuertes. Hebras de cabello pegadas en sus rostros y sonrisas de amor.
—Eres hermosa Julianne — besó su cuello y volvió a capturar su labio inferior.
La morena rompió el beso y acarició el rostro de su ama, contemplando cada centímetro de este — Su belleza no tiene comparación, y podría jurar que muriera feliz; sabiendo que alguien como usted amó a alguien como yo. Usted y yo; unidas a pesar de todo, me llena y la lleno, sin importar los problemas que hay afuera, solo importa lo que sentimos —Subió su rostro y beso la frente de su amada ama.
Selena oculto el rostro en el cuello de la morena, y suspiró; dejó unos besos en el cuello de su amada Julianne.
—No quiero separarme nunca de ti, Julianne — habló con voz ronca.
Jadeo — Mucho menos yo, usted es todo lo que tengo y lo que más amo en todo el mundo.
Selena buscó los labios de la morena y los fundó en un beso lento y preciso, un beso lleno de amor. De un amor que no podrían borrarle a ninguna. Ese amor era su bendición y maldición.
Mientras Selena y Julianne vivían su amor, el pobre de Rafael recorría las calles de Europa, observando todo y a la vez nada en concreto. Se desató el nudo de la corbata y jadeo de cansancio, vio la taberna abierta e ingresó de inmediato, quizás con un par de tragos liberaría la presión y el dolor que carcomía su corazón y su orgullo de hombre.
—¡Rafael, hombre; qué sorpresa! — saludo el dueño de la taberna con mala reputación de obligar a mujeres a prostituirse.
—Hey..— saludo desganado y se sentó en la barra.
—¿Una cerveza?, ¡Quita esa cara! — le entregó la cerveza y le sonrió — así que, te has casado y cuéntame ¿qué tal la vida de matrimonio? — con un trapo limpio la jarra dónde desvaciaba los barriles lleno de cerveza.
Vio hacia arriba y gruñó — Va bien, complicado pero bien — su reputación estaba en juego y jamás dejaría que alguien hablase que él había comprado una esposa.
—Mmmm— lo vio dubitativo pero negó — te puedo alegrar un poco ¡hombre! — lo vio sonriendo — ¡A ver Margot ven! — llamó a una trabajadora del lugar — alegra el muchacho, ¡Te lo encargo! — rió y se fue a atender a otros clientes como era de costumbre.
—¿Eres lo mejor que tiene Paolo? — preguntó arqueando la ceja.
—Eso dicen y en efecto — respondió ofendida.
—Bien, demuestramelo — la tomó del brazo y se la llevó.
—¿¡Que?! — gritó Mandy, empezó a caminar por todo el salón de la casa. — ¿¡Estás segura?! — tomó de los brazos a la morena quien asintió con miedo.
Mandy soltó bruscamente a Mummy, echándose a llorar y negó repetidas veces. Empezó a sollozar, a gritar frustrada. Y empezó a tirar todo; estaba furiosa y su labio inferior temblaba.
—¡Mierda!— exclamó frustrada y golpeó la barandilla al subir los escalones — mierda — murmuró y subió el rostro, unas lágrimas cayeron por sus mejillas

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Capitulo XIX

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:27 pm

Mandy se encontraba en su cama, sollozando y negando, maldiciendo y deseando que solo fuese un sueño. ¿Cómo decírselo?, ¿cómo arruinar la felicidad se su hija?. Vio hacia el techo y jadeo; se levantó de apoco y se dirigió a la habitación de su hija, abrió con mucho cuidado la puerta y la escena que vio, la dejó congelada.
Su hija junto la esclava, se encontraban desnudas y besando con desenfreno.
—¡Basta! — gritó de forma desgarradora.
Ambas se separaron de golpe e intentaron cubrir su desnudez.
—Madre...déjame explicarte — nerviosa Selena trató de intentar calmar a su madre.
—¡No puedes hacerlo!, ¡no puedes! — se llevó las manos a la cabeza con desespero.
Selena frunció el ceño — ¿Por qué no?, es la mujer que amo y nadie me va a separar de ella — dijo desafiante.
—¡No! — sollozo abatida — no...— volvió a repetir.
—¡No nos vas a separar!, ¡nos amamos! — le aseguró firme.
Mandy sintió como su pecho quemaba, y como se estaba ahogando, no podía más, y si, lo retenía por más tiempo se moriría.
—¡Son hermanas! — gritó Mandy con voz queda — son hermanas — se arrodilló y empezó a golpear el piso — son hermanas — masculló.
Selena tomó la bata del borde de la cama, y se acercó a su madre, mientras que Julianne se mantenía en trance, observando sin poder moverse ni un centímetro, solo la palabra dicha por Mandy le hacía eco en toda la cabeza, haciéndola sentir pequeña.
—¿De qué hablas madre? — preguntó Selena temblorosa y con los ojos aguados — dime que es un juego, ¡dímelo! — exigió y tomó del brazo a su madre.
Mandy negó desesperada — No lo es, nunca pensé… — volvió a romper en llanto.
El labio inferior de Selena tembló y las lágrimas abrieron camino sin preguntar, Julianne se vistió y salió de la habitación sin decir nada y sin despedirse.
Selena ayudó a su madre a sentarse en el borde de su cama, y acarició los costados de Mandy para que se tranquilizara un poco.
Solo unas palabras y había puesto en jaque, dos vidas y un amor.
—Madre, quiero la verdad — exigió Selena moviéndose como una leona encerrada por el pasillo.
Mandy absorbió por la nariz y jadeo — Hace mucho tiempo Selena, hace tantos años, yo era joven y mi familia tenía unos esclavos...— vio hacia sus manos y sollozó — tu padre y yo nos casamos, y mi madre pensó que era buena idea que los esclavos de la familia fueran para nosotros, esta casa estaba casi vacía y nosotros aceptamos gustosos. Un día yo estaba por en jardín, ni siquiera recuerdo que me haya visto de forma diferente...él era mi amigo, yo hacía lo mismo que tú, defenderlos y ese día ese negro asqueroso abusó de mí, me rompió; me golpeó y yo creí que era mi amigo; yo pensaba — empezó a llorar de nuevo y Selena la abrazó fuerte, y cerró los ojos con impotencia.
—Tranquila madre, nadie te hará daño, te lo prometo. Voy a defenderte de quien sea y como sea — le aseguró y la mano de Selena subía y bajaba en la espalda de su madre.
—Me dejó embarazada, y yo no deseaba tener el producto de...así que le pedí a Mummy que se la llevara, que pensaran que era hija de una negra y fue así. Lo que nunca pensé que fuera...ella...Julianne — rompió en llanto.
Las palabras de su madre le habían caído como ladrillos en el cuerpo y sin poder evitarlo, empezó a llorar sin retener sus sentimientos.
Se había enamorado de su hermana y no sólo eso, se había entregado a su hermana.
Julianne se mantenía en su alcoba, sollozando, se tomaba el cabello y por otros momentos solo se le escapaba un no, y solo deseaba que todo eso fuera un sueño y que el día siguiente la madre del amor de su vida, la tratase como siempre, un bicho raro que no merecía ni un vaso de agua.
—Todo es mentira, todo — se aseguró a sí misma y suspiró — y ya en unos momentos, me tratara como siempre, y me odiara como siempre.
No hizo nada durante el día, y ella sabía que obtendría un castigo pero que más le daba, ya sabía que no era un sueño y las lágrimas empezaban a secarse y sus ojos a hincharse. Se mantuvo llorando y sollozando, sin que nadie le pudiera dar una palabra de aliento, como un animal silvestre.
Escuchó unos pasos encima del heno, y levantó un poco su cabeza, y con el dorso de sus dedos limpió su nariz, el miedo creció cuando la persona quien se acercaba fue visible.
—Señora — habló con nerviosismo — lo siento mucho, sé que viene a castigarme. Lo siento — bajó la vista sumisa.
Sintió como Mandy se movió y cerró los ojos apretandolos.
—Perdoname Julianne — y recibió un abrazo de quien nunca jamás se imaginó recibirlo.
Bufo — ¿De qué habla señora?, ¡suelteme! — se separó de ella de golpe.
—Soy...yo soy tu madre — le dijo avergonzada.
Julianne empezó a reír, no sabía si era por nerviosismo o porque deseaba que fuera una broma de mal gusto.
—No bromee conmigo señora, y aunque me golpee muchas veces no evitará que ame a su hija — le aseguró esperando que Mandy se enojara.
Pero el rostro de Mandy expresaba tormento, dolor y desespero — No es un juego, y estoy tan avergonzada, tan molesta conmigo misma por haberte tratado como lo hice; eres mi hija — le aseguró y unas lágrimas cayeron haciendo que brillara el rostro de Mandy en la luz tenue del establo. — tal vez nunca me perdonarás pero..perdóname — y se arrodilló delante de Julianne — perdón Julianne.
—Levántese del suelo, no debe arrodillarse— se puso de pie y ayudó a Mandy a levantarse — y tampoco llore — tomó el borde de su blusa y limpio los restos de lágrimas y las que empezaban a brotar — tal vez mi ropa no es de seda y quizás el contacto que siente es tosco pero, no deseo verla llorar — aseguró y Mandy la abrazó tomándola por sorpresa.
—¿Por qué nunca me di cuenta de cuan buena mujer eres? — preguntó aun sin soltarla.
—Las personas somos fáciles de engañar, y prefieren seguir el camino de miles y no uno propio. ¿Quién dejaría de recorrer un camino lleno de verde alegre y dulces por uno de tinieblas?, nadie. Pero eso no significa que el segundo camino sea malo, quizás solo puede ser la presentación y sea un bello paraíso virgen porque nadie se atrevió a visitarlo por la presentación — Mandy se separó de Julianne y la observó detenidamente.
—Te prometo que en tres días, estarás en la casa y serás una Cornett así sea acusada de infidelidad — le aseguró.
—Eso significa que la señorita Selena es mi hermana ¿verdad?— preguntó con voz queda.
—Sí.
Todo se volvió negro y Julianne cayó de golpe, sólo escucho unos gritos y deseo que todo haya sido una pesadilla.

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Capitulo XX

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:27 pm

Ricardo sujetó a Mandy del brazo para pegarla más a su cuerpo; acercó sus labios al oído de Mandy.
—Ni loco lo voy a permitir — gruñó y la apretó con más fuerza — ni loco — repitió.
Jadeó —¡Pues vas a aceptarlo!— exclamó.
Rió con cinismo — ¿Y quién lo dice? — preguntó sin borrar su sonrisa.
—Si no lo haces, hablaré con mi padre. Y no estoy jugando, le diré todo y no permitirá que tú sigas administrando mi fortuna, porque recuerda que tú no tienes nada, solo un apellido que nunca te ha valido de nada — Ricardo levantó su mano para fundarla con la mejilla de Mandy pero la dejó en el aire y giró.
—¡Maldita! — exclamó con rabia — ¡Haz lo que quieras pero yo Ricardo Gomez, nunca sere el padre de esa vagabunda! — gritó.
—Gracias a Dios que no lo eres, ya suficiente tengo que seas el padre de Selena — gritó.
Sonrió con incredulidad — Pues cuando estábamos en la alcoba no decías eso.
Las mejillas de Mandy se tiñeron de carmesí — No-no viene al caso — tartamudeo.
La vio de reojo — Haz lo que quieras, pero no le digas nada a tu padre — pidió y se acomodó la corbata — no me interesa al final.
—Eso esperaba de ti, vete ya Ricardo — mandó y él asintió.
Salió de la alcoba sin despedirse, no le importaba en lo absoluto los deseos de su mujer; solo le importaba lo suyo.
Mandy bajó al salón, y la vio de espalda, llevaba la misma ropa vieja y desteñida, el cabello amarrado en un moño y se le notaba desvelada y cansada.
—¿¡Qué crees que estás haciendo?! — exaltada Julianne giró — ¿Acaso no escuchas?— la vio molesta — ¡baja eso ahora! — sin pensarlo Julianne bajó la manta con que limpiaba la mesa de inmediato, Mandy se le acercó y en el semblante de Julianne se podía ver, el miedo —¿Acaso crees que es un juego? — preguntó suave.
Relamio su labio inferior y sus ojos se aguadaron — Esperaba que sí — respondió con sinceridad y su voz se quebró — lo anhelaba.
Mandy dejó escapar el aire de su boca, y tocó el antebrazo de su hija — No lo es, no lo es — le habló suave y con amor — he hecho las cosas mal pero ahora en adelante cambiara Julianne, te lo prometo — prometió buscando los ojos mieles de su hija alguna respuesta que le asegurara que ella le creía.
Asintió, no entendía qué estaba pasando, y no quería entenderlo tampoco; estaba al borde de un abismo.
—Señora, no sé que debo hacer — no subió su mirada y se mantuvo en su posición sumisa.
—Julianne, sube a una de las alcobas, elige cuál será tu habitación y cambiate, te mandare la ropa nueva — le sonrió con amor.
Julianne solo atinó a asentir y subir por las escaleras a paso lento, eso significaba estar más cerca de ella, de su perdición, de su pecado y su condena.
—Cada vez estoy más cerca cuando ya no puedo quererla, es tan injusto y doloroso — masculló.
Su pecho subía y bajaba con desenfreno, y a este punto estaba afligida y con una enorme presión a su pecho, y como se le ordenó así lo hizo; eligió una alcoba pero no una cualquiera, eligió la que se encontraba al lado de la esposa de Rafael. Su mano tembló antes de abrir la puerta pero reunió las fuerzas necesarias y entró.
—Que me llamen masoquista, pero...le anhelo — habló con voz triste y se frotó los ojos — ¿Por qué nos pasó esto? — se sentó en el borde de la cama y jadeo.
Selena no había salido de su alcoba todo el día, se mantenía allí, quieta, viendo hacia un punto fijo de su pared; a su cabeza solo llegaban imágenes de ella y Julianne besándose y entregándose bajo una luz tenue, la textura de los labios y el sabor de su cuerpo, y las lágrimas caían por sus mejillas. Sus ojos estaban hinchados y su labio inferior de igual forma, la ojicafé lo mordía para evitar gritar y sacar todo ese dolor que sentía ahora mismo.
—¿Por qué tú, habiendo tantas personas en este lugar, por qué tú amor? — sollozó — ¿Qué haré con esto que siento? — su voz quebró y las lágrimas volvieron a caer por sus blancas mejillas.
La joven decidió no comer nada en todo el día, no sé bañó, ni menos se cambió de ropa. Hasta abrieron la puerta haciendo que se sobresaltara y se sentará en la cama.
—¿Rafael? — habló dudosa con voz apagada, sus ojos dolían y el dolor oprimía hasta sus huesos.
Se.escuchó una risa gruesa — Sí, soy yo — respondió acercándose y haciéndose visible para su joven y atractiva esposa — ¡tu adorado esposo! — exclamó con ironía.
—¿Haz bebido? — preguntó indiferente y se acomodó en su antigua posición.
—Como si te importara Selena — respondió tajante y se quitó los zapatos — ¿duermo contigo bebé?— preguntó cariñoso.
—Sabes que no Rafael, allí están en el sofá las sábanas, no te quiero en mi cama y lo sabes a la perfección — soltó sin moverse y con lágrimas silenciosas recorriendo sus mejillas hasta su cuello.
—Algún día me pedirás que te haga el amor y que duerma contigo, pero ese día seré yo quien te desprecie, cariño— ofendido se alejó de la cama de su esposa.
—Vete al diablo — murmuró y se cubrió hasta el cuello con las sábanas.
Rafael jadeo al acostarse en el sofá espacioso que se encontraba en la alcoba de ambos, habían empezado dormiendo juntos pero después de ese golpe, todo había cambiado. Metió sus manos en el bolsillo izquierdo de su saco donde se encontraba una nota, él no sabía dado cuenta pero sonrió, quizás era una bella dama, no era un secreto que coleccionaba notas de amor de muchas trabajadoras.
“Eres el hombre más sexy que he visto en toda mi vida, pierdo los estribos cuando te veo pasar; tu voz tan varonil y tu quijada partida me hace perder la razón Con cariño, M.D.”
Se acercó la nota a su nariz, tenía una fragancia un poco ordinaria para su gusto pero...era una fragancia de una mujer.
—Si no quieres tú, otra querrá Selenita — sonrió y volvió a meter la nota en su bolsillo del saco.


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Capitulo XXI

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:28 pm

—¿Temes de quién eres ahora?— tomó la tetera y vació un poco de té en la fina taza de porcelana delicada.
—Siempre he temido de quien soy, siempre he temido mostrarme como soy; es una época difícil, un tiempo difícil, soy mujer y eso lo hace más complicado — su voz se encontraba rota como su corazón.
—Te auto desprecias — contestó incrédula.
Suspiró y se vio al espejo — Creí que podía cambiar algo, pero no lo hice madre y encontré a quien amaba y resulta que no debía amarla y ahora debo verla de otra manera, ¿no crees que es suficiente como para auto despreciarse? — la vio por el rabillo del ojo.
Apretó el hombro de su hija — Deja de verla como lo haces. ¿Quieres que le diga que se vaya de viaje? — preguntó dubitativa.
Negó de inmediato y se giró bruscamente — ¡No!, no, no es lo que quiero — respondió.
—Bien, iré a ver que hace y por favor concéntrate en tu matrimonio Selena — le regaló una sonrisa comprensiva.
—Si, claro.
Como si fuera fácil madre, dijo mentalmente y se acomodó el vestido de mangas anchas blanco y verde menta. Ya habían pasado unos días y poco a poco se estaban acostumbrando a cómo sería su vida, y cómo deberían verse.
Julianne había aprendido a usar cubiertos y a comportarse como una dama, y ahora en esa enorme alcoba solo deseaba a regresar a ese pedazo del establo y dormir feliz.
—Dices que eres hija de Mandy de Gomez, ¿verdad? — le preguntó por centésima vez.
—Te he dicho que sí.
Lo miró por un momento y se llevó un pedazo de panqueque a la boca, tratando así de que el chico volviera a hablarle.
—No te pareces a nadie de ellos, tienes ojos mieles y eres mestiza — la miró curioso — o quizás tienes más parecido a tu padre, Ricardo — la observó expectante.
Jadeo de molestia — ¿Y se supone que eres un caballero y has ido a las mejores escuelas? — preguntó y él asintió con orgullo y Julianne bufo en burla — pues no me imagino como hubiera sido si no hubieras asistido a ninguna.
El chico tiró los cubiertos viéndola amenazante — Las mujeres no son más inteligentes que los hombres.
—Creo que hasta un burro puede ser más inteligente que tú — respondió tranquila.
No respondió y dejó unos billetes en la mesa, dejando a Julianne sola. Observó cómo se marchaba el séptimo chico de la lista.
—No importa realmente — masculló.
Acarició su nuca y echó su cabeza hacia atrás.
—Esa fue buena, querida — habló una voz femenina gruesa.
Julianne se incorporó de inmediato — ¿Qué?.
—Eso, de ahuyentarlo — la miró con una sonrisa y curiosa — ¿Eres de por aquí?, no te había visto antes.
—No, soy de aquí — la miró por un momento y lo que más le llamaba la atención era ese pedazo de papel que alumbraba y donde se le escapaba humo — tomé asiento — pidió.
—¡Oh, soy una grosera! — exclamó — ¿Quieres? — le extendió uno y Julianne negó — pensé que fumabas— se excusó.
—No lo hago — respondió nerviosa.
—Yo prefiero estos a que cargar esas cosas masculinas, prefiero gastar muchas libras y verme como una dama— arqueo una ceja.
Asintió, no sabía ni que decir y porque esa chica fina estaba sentada a su lado; quizás aunque no quisiera siempre iba a tener alma de esclava.
—Soy Julianne y...— la miró tímida.
La chica carcajeó — Lizzy, llámame Lizzy.
—Es un placer Lizzy.
Lizzy la observaba con descaro, y le regalaba una sonrisa con cinismo.
—Debo irme a mi casa Lizzy, ha sido un agrado verla — se puso de pie dispuesta a marcharse pero Lizzy la tomó del antebrazo.
—Soy nueva por aquí — respondió — y me gustaría contar con alguien para lo que sea — la miró expectante.
Julianne arrugó el entrecejo — Claro, puedo ser tu amiga — le sonrió inocente.
Tan inocente que se atrevió a invitarla a ir a su casa con ella, ni siquiera entendía porque lo hacia pero deseaba que Mandy viera que si podía sobrellevar su nueva vida y que dejará de estar preocupada por ella.
Al bajarse caminaron con sus brazos entrelazados y Julianne prefería abrir por ella misma la puerta grande de madera.
—Te caerá bien Man...mi madre — corrigió de inmediato.
—¿Le ibas a decir su nombre? — preguntó pero Julianne ignoró la pregunta e ingresaron.
—Ponte cómoda.
—Gracias por ser tan atenta Julianne — sonrió y se sentó en el sofá.
Julianne fue a la cocina y trajo té para ambas, Mandy no estaba en la casa o al menos eso había entendido y la verdad se la estaba pasando muy bien con su nueva amiga. Lizzy le contaba historias graciosas y otras muy intensas, de sus aventuras amorosas y simplemente de aventuras de sus viajes.
Selena las había observado por una media hora, y la sangre le hervía; quizás estaba mal pero no podía evitarlo, así que se acercó decidida a incorporarse con ellas.
—¡Hola! — saludó sonriente.
Julianne la observó con una media sonrisa triste y Lizzy al contrario con una sonrisa radiante.
—Ella es Selena — la presentó Julianne.
—Yo soy Lizzy.
Ambas se estrecharon las manos, se incorporaron las tres en distintos sofás individuales.
—No se queden calladas, sigan hablando — incitó Selena.
—Bien, como te comentaba Juli; tengo un libro sobre el amor que creo te pueda interesar y ahora que está Selena aquí aprovecho para invitarlas a mi hotel — las miró a ambas.
—Claro — respondió nerviosa Julianne.
Selena la miró con el ceño fruncido, ¿desde cuando ella le decía July?, y ¿desde cuando quería ser alguien más para estar cerca de Julianne?.
—Ya es tarde Lizzy, creo que deberías ir a descansar — comentó Selena con una sonrisa.
—Claro, supongo Selena — respondió Lizzy un poco molesta y se puso de pie — ¿me acompañas a la puerta July? — pidió.
—Te acompañamos — corrigió Selena
Ambas la acompañaron y Lizzy confundida se marchó, Selena solo espero que esa intrusa se fuera y corrió hacia su segundo piso, estar cerca de Julianne la ponía muy mal pero Julianne salió atrás de ella y la tomó del brazo.
—¿Qué le pasa? — preguntó.
—No me trates de usted, y nada Julianne — respondió tratando de soltar el agarre de Julianne.
Julianne observó su alrededor y subió los escalones para estar a la misma altura de Selena.
—Debemos hablar.
Corrió tirando de Selena para que le siguiera el paso, y sin pensarlo se la llevó a su habitación y cerró con seguro.
—Julianne — la llamó en voz baja jadeante.
—Estoy perdida sin usted — dijo sin girarse y aferrando sus manos aun en la puerta.
—Julianne — la volvió a llamar.
Se giró y la vio a los ojos — No nos pueden obligar a vernos de otra forma, cuando el corazón pide a gritos la una para la otra — dio un paso adelante y Selena dio uno hacia atrás.
—¡Julianne!— exclamó.
Dio otro paso adelante y la ojicafé ya no se movió hacia atrás, al contrario dio otro paso adelante. Entrelazaron las manos y se vieron fijamente, los ojos de ambas vidriosos
—¿Qué hay de malo que me acerque? — preguntó Julianne.
—Besame Julianne — exigió.
Julianne se congeló y sus ojos vagaban por el suave rostro de su hermana, y sus manos con temor acarició la larga cabellera chocolate. La ojicafé jadeo y sin esperar tomó las mejillas de Julianne.
—Esto...— susurró sobre sus labios y sin esperar la besó.
Sus labios se movían en una danza tímida y sus cuerpos se pegaron el uno al otro; apretándose y acariciándose. No les importaba que lo que estaban haciendo.
—Esto esta mal pero te amo y no me importa lo que pase, no me importa — espetó Selena viéndola a los ojos.
—Esto esta mal — se separó de ella.
Negó con su cabeza y se marchó de su alcoba.


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Capitulo XXII

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:28 pm

—Sé que hace mucho no lo come, y pensé que sería bueno que lo volviera a hacer; como los viejos tiempos — le sonrió.
Selena la vio con una sonrisa y sus ojos aguados — Gracias Julianne — acarició la mano de la morena al momento de tomar el pastel de vainilla y crema.
—De nada, yo siempre estaré para usted— la vio por un momento y giró — es mejor no estar cerca, sabe que no nos quieren ver cerca — comentó y se marchó.
Selena observó cómo caminaba Julianne, a paso lento y con la cabeza baja; ingreso a la casa y ella contempló el pequeño pastel para ella, y sólo pudo llorar, lágrimas rodaban por sus mejillas y mordió su labio inferior, estaba tan ofuscada y tan molesta con la vida misma que no entendía porque Julianne parecía no darle importancia y hacer todo para mantenerla a ese nivel.
—Cualquiera se hubiera enamorado de ti, con solo verte y contemplarte; ahora mismo estoy segura que los ángeles existen, es la única explicación que tengo para tu existencia — masculló con una sonrisa triste.
Ni siquiera probó el pastel, solo pudo derramar unas lágrimas amargas y llenas de angustias. Julianne trataba de mantener la paz y la tranquilidad aunque le fuese imposible, su mente y alma se mantenían en su hermana y solo en ella.
—Lo lamento mucho — Le sonrió Mandy tocando delicadamente la rodilla.
Suspiró y la vio de reojo — Ni siquiera sé qué hago aquí — contestó con inseguridad y rascó su ceja derecha —ni siquiera sé, por qué acepté vivir aquí con usted y su familia, ciertamente no me considero nada de esto.
—Se que no fui buena contigo, sé que no lo soy, sé que estás enamorada de Selena y sé que está mal — respondió viéndola de forma blanda.
Ladeó la cabeza con desagrado — Parece que sabe todo, parece que siempre sabe qué decir — respondió apretando los dientes — no discutiré.
—Julianne — la llamó tratando de tomarla del hombro.
La morena se soltó de golpe — No me toque por favor — pidió con desagrado.
—Lo- lo siento — respondió arrepentida Mandy.
Julianne la vio por el rabillo del ojo, giró y se acercó a ella, y la abrazó; fue un abrazo desabrido y torpe, sin gracia pero una acción que hizo temblar el corazón de Mandy; sollozó y apretó a su cuerpo a Julianne, ella quien sólo la había atacado, y la había tratado como lo peor el mundo sólo recibía un abrazo de Julianne, quien tenía todo el derecho de odiarla.
—No lo merezco — susurró.
—Todos nos equivocamos, y hasta el hombre y la mujer más fuerte de vez en cuando desean un abrazo, porque todos deseamos sentirnos queridos — respondió.
—Eres un ángel caído del cielo — comentó viéndola con cariño.
Jadeo — El único ángel que cayó del cielo se volvió el peor enemigo de Dios, el ángel caído es el que le tememos y es quien juega con nosotros — respondió.
—Tienes razón — respondió apenada— pero solo era un...no mejor olvidalo — completó.
—Disculpeme, no debí hablarle así; es sólo que estoy molesta con todo y todos en general— respondió arrugando un poco su nariz.
—Comprendo, y todo a pesar es por mi culpa— respondió con pesadez.
—La culpa es de la vida, quizás de las políticas y los prejuicios, quizás nosotros mismos; nosotros mismos somos nuestros peores enemigos — respondió con una sonrisa triste.
Rafael Montenegro se mantenía al margen, y le importaba poco si tenía cuñada o no, simplemente deseaba ver ahora sufrir a su esposa, y es que nadie podía decirle que no, él era el hombre más hermoso de la ciudad, el poderoso, guapo y millonario Rafael Montenegro.
—¡La odio!— escupió y golpeó el escritorio, sus ojos estaban oscuros.
—Si ya no la quieres dejala, y busca a alguien que te haga feliz —acarició el hombro de su amigo.
Giró y lo vio — Demián, no me toques — apretó su quijada y lo vio molesto — no se me olvida, y puede ser contagioso.
Sus mejillas ardieron sintiendo como algo en su pecho se quebraba — No es contagioso Rafael — respondió herido y cabizbajo.
—¡Como sea! — respondió molesto — no me toques, y debes estar agradecido que no te haya acusado por perversión.
Demián asintió repetidas veces — Tu esposa tiene razón de sobra para no amarte, tu belleza física es la única que tienes, tu corazón está podrido tanto o más que tu casa, sólo sabes lanzar veneno y morder quien intenta extender tu mano.
Lo vio con decepción, lo había amado por tanto tiempo en silencio y se decepcionaba porque se había inventado a otro Rafael, porque el Rafael que pensó que era, realmente no existía.
—¡Vete al diablo fenómeno sodomita! — gritó con odio.
—Pues yo vivo en paz, en cambio tú, tú vives en un infierno, así que creo que puedo irme, lejos de ti.
Acomodo su corbatín, y sus guantes negros, salió de la oficina de su ex jefe y amigo puesto sabía que no iba a poder regresar pero no le importaba, aunque su corazón empezaba a doler, mucho con cada paso que daba. Quizás no iba a poder olvidar tan fácil.
—Me fije en la persona equivocada, no podía esperar más.
Masculló y abotonó su saco hasta arriba del cuello, tembló; no hacía frío no lo suficiente pero él lo sentía así, sentía un frío en todo su cuerpo.
—Dicen que una taza de café para un corazón roto es perfecto, o quizás yo me lo he inventado — murmuraron a su espalda y giró.
La vio confundido —¿Me hablas a mí? — cuestionó.
Sonrió — Si, te hablo a ti. Ven, yo invito, espero no te moleste que una dama te invite a una taza de café — su sonrisa blanca y sincera le hicieron asentir.
—Claro.
Ella hizo un ademán para que Demián la siguiera, y así lo hizo, caminaron por unos minutos, e ingresaron a un pequeño local de comida que estaba enfrente de la calle, cálido y hogareño.
—Un hombre que no le importe verse débil, es un verdadero hombre — comentó antes de sentarse.
—Gracias — le sonrió, no sabía porque pero esa mujer le daba confianza quizás podría ser una maniática pero su vida estaba tan vacía y en la ciudad todos eran cálidos, y rara vez había algo ilegal.
—De nada, y espero no te importe que encienda uno de estos — mostró un pequeño puro delgado y lo encendió.
—No para nada, me gustaría que me dijeras tu nombre.— rascó su nuca.
—Llámame Lizzy.
Le dio una sonrisa un tanto cínica y le dio una calada a su puro.
—Lizzy — masculló tratando de no olvidar el nombre de esa chica fina y delicada.

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Capitulo XXIII

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:29 pm

Las manos le sudaban, y jadeos se escapaban de sus labios, se despertó de forma brusca y se sentó en la cama; observó alrededor y apretó las sábanas hacia su cuerpo.
—Solo un sueño — masculló aun sin estar segura y limpió su frente con el borde de sus manos.
Había un silencio profundo, y el que más le pesaba era su propio silencio, sus propios deseos de escapar de la realidad. Se bajó de la cama y salió de su alcoba, ni siquiera sabía dónde iba pero deseaba escapar de esas cuatro paredes; bajó hacia la cocina a paso lento y tratando de parecer desapercibida, al llegar se sirvió un vaso de agua en la oscuridad, la única luz que se colaba era una del techo, una luz tenue.
—Dios — jadeo y se sentó en la silla de una mesa que se encontraba en la cocina.
Bebió despacio el vaso, y sus manos jugaban con el vaso moviéndolo de un lado a otro.
—Pensé que estaría dormida —hablaron a su espalda, y un cosquilleo sacudió todo su cuerpo.
No respondió, solo atinó a asentir como una pequeña niña y a tomar un sorbo de agua.
—Yo regresare a mi cama — le dijo y Selena giró a verla.
Se puso de pie y la tomó del brazo, en un movimiento sus cuerpos se rozaban entre ellos, en la oscuridad sin que nadie les dijera qué hacer.
—No te vayas aun no — pidió observando con descaro sus labios.
—No me vea así, por favor — suplicó sintiéndose débil.
—¿De cuál forma? — preguntó aun sin dejar de ver sus labios.
—De una que me hace perder la cabeza, de una que solo quiero besarla y perderme en sus labios, una que quiere volar a su lado — respondió débil.
Jadeo, y la pegó más a su cuerpo; le importaba menos que fuera su hermana y que estuviera casada, solo quería disfrutar y sentirse viva de nuevo.
—No te detengas — pidió en susurro la ojicafé.
Rozó su nariz con la de su hermana, y acercó sus labios a los labios prohibidos, la de los ojos miel suspiró, y sus manos se enredaron en el cuello de su hermana y sus labios se encontraron con los de Selena, uniéndose en un beso prohibido. Sus labios se movían de forma necesitada, de forma violenta; sus manos se aferraban al cuerpo de la otra pegándose lo más posible, jadeos y ganas era lo que las invadían ahora mismo a las dos. Los labios de la joven se concentraron en el cuello de la morena, y la morena echó su cabeza hacia atrás con sus ojos cerrados y su boca media abierta, su cuerpo empezaba temblar y sus manos a sudar. ¡Al diablo con todo!, en todo lo que pensaban ahora era en disfrutarse así fuese prohibido y así fuese un delito.
—Lléveme a la cama — pidió en voz aguda Julianne viendo con deseo a su hermana.
Selena la observo un momento y depositó un corto beso en sus labios, la encamino hasta la salida de la cocina con besos en los labios y por todo el rostro, y se dio cuenta en como la vida puede cambiar de un momento a otro, apenas hace unos minutos se sentía extraña y ahora estaba completamente feliz en los brazos de su amor. No habían palabras para este momento, y a veces las palabras sobran y solo importan las acciones; al momento de adentrarse en la alcoba de Julianne, las manos delgadas y temblorosas de Selena se deslizaron por las piernas morenas y fuertes de Julianne, las manos morenas subieron hacia la cintura de la joven, desatando el nudo de la bata y dejándola caer enfrente de ella; jadearon y sonrieron viéndose la una a la otra, amándose en la oscuridad y dejando que la cruda y fría noche fuera su testigo.
—Es todo o nada — murmuró Julianne y observó el cuerpo desnudo poco visible en su habitación.
—Prefiero un nada que sea todo, que un todo que sea nada; mejor dicho prefiero algo contigo que sea un nada o un todo — respondió tomando las manos de Julianne y dejándolas en su cintura.
Sus ojos miel se movían de un lado a otro, su pecho subía y bajaba con desespero, y empezaba a hacerle difícil respirar. No articuló ninguna palabra solo fundó los labios con los de su amada y prohibida fruta. Sabía que de todos modos su amor estaba condenado y no iba a dejar que pasara esta oportunidad por sus narices.
La ropa estorbaba y Selena decidió liberar el cuerpo de su hermana, y amarlo, amarlo de forma carnal, sin importar que estuviera mal o prohibido; deseaba hacerlo. Los besos y las caricias, las manos subiendo y bajando por la espalda curva y delgada de Selena, los gemidos y el deseo de no detenerse, el deseo había aumentado y el amor de la misma manera, ni Julianne ni Selena tenían idea de cuanta falta se hacían la una a la otra, quizás no debían estar juntas pero habían nacido para amarse, un amor poco convencional pero real.
—¡Ahh! — gimió Julianne al sentir el orgasmo a punto de reventar en su piel — ¡Oh si! — gimió al sentir la embestida necesitada y pasional.
Las piernas le temblaron y llegó al esperado orgasmo, su pecho subía y bajaba mientras su amante acariciaba su cabello y besaba su frente. Su cuerpo y alma estaban sincronizados, latiendo como uno sólo.
—Mañana, ¿nos volveremos a ver? — preguntó Julianne mientras acariciaba el brazo delgado de la joven.
Sonrió —Nos veremos siempre que quieras, somos una en un millón, tú y yo hemos nacido para estar juntas; sin importar lo que venga Julianne, sin importar nada — respondió y beso en los labios a Julianne.
—Tengo miedo, mucho miedo — Susurró Julianne y escondió su rostro en el pecho de Selena
—Yo también lo tengo Julianne, pero le tengo más miedo a no verte y que nunca volvamos a estar de esta forma— la tomó del mentón haciendo que la mirara — no me importa que seas mi hermana y no me importa que esto sea lo que sea para los demás, me haces feliz y yo te hago feliz.
Los ojos de Julianne se aguaron y su corazón se rompió, por un momento había olvidado el motivo por el cual no podían estar juntas; un motivo con una fuerza superior a la suya.
—Lo que quiero decir es que te extraño — apretó su quijada, y lo vio de forma suplicante; no era de esas personas que solían decir que lo sentían.
—No sé qué gano y tampoco me interesa, de nuevo. Vete — respondió hostigado.
—Solo por favor, ¡caray! — exclamó frustrado completamente.
—Bien, ¿qué es lo que quieres — preguntó moviéndose de la puerta.
—Esto.
No dijo más y sus labios se fundaron con los del caballero, de forma tosca y con dudas pero sin embargo el beso fue tornándose lento y aceptado.


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Capitulo XXIV

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:29 pm

No tenía ni idea del motivo, ni del por qué estaba parada en ese lugar, solo sonreía y se mantenía quieta; sus brazos abrazos a su cuerpo y la mirada rota. Sonrió, observando el molino desde el otro lado, desde arriba, el sonido del agua golpeando con fuerza las piedras, y el dolor golpeando su alma.
—Ni siquiera sé quién soy — murmuró y se mordió el labio inferior — ni siquiera sé quién es mi padre; ahora solo sufro por ella, solo ella — jadeó y apretó sus ojos.
Sus ojos empezaron a derramar lágrimas, y su corazón a pesar entre su pecho, y su cuerpo a obligarle a caer de rodillas. Sus manos cubrieron sus ojos, y sin esperar rompió en llanto.
—Tenía un sueño, un sueño de amor, y lo rompieron; ella lo quebró, creí...— jadeo — ¿por qué me dejaste desear algo más alto de lo que podía alcanzar? — preguntó al viento con voz temblorosa — ahora...ahora solo deseo que ella me lleve y que cumplamos esto, este amor que ha nacido para morir, un amor sin hogar y un amor que hace sufrir, ¡un amor! — gritó y sollozó cada vez más fuerte.
Había aguantado tanto, pero no se podía resignar y la noche de pasión que habían tenido, solo abría un hueco en su alma y su cuerpo. En su conciencia, se había atrevido a hacerle el amor a su hermana, ¡su hermana!.
—Soy...soy — jadeo desesperada y sus manos temblaron, camino un poco más adelante, donde se podía observar el arroyo — soy un monstruo — su labio tembló junto su cuerpo.
Suspiró, y dio un largo jadeo, observando los metros hacia abajo, y sin pensarlo dio otro paso más. Selena había despertado un tanto confundida, y nerviosa. No entendía el por qué ella no estaba a su lado, ni menos que su marido no la hubiera buscado como un loco.
Se apartó con sus dedos los mechones rebeldes de su frente, se levantó de la cama y se amarró la bata de seda, un escalofrío se dio lugar, y un dolor en el pecho que la hizo de nuevo sentarse en la cama de su hermana.
—Mierda —masculló y jadeo.
Inhaló y exhaló repetida veces, hasta que el dolor se disipó poco a poco, no comprendía el motivo de aquel dolor. Negó con la cabeza, y caminó hacia la salida de hurtadas, lo menos que quería es que su madre se diera cuenta que había dormido con su hermana, pasó por la habitación de sus padres y los gritos de ellos resonaban hasta en el pasillo, sin evitarlo se acercó a la puerta media abierta para poder oír, aunque sabía que se arrepentiría no le importaba.
—¡¿Hasta cuándo tendré que soportar esto Mandy?! — gritó Ricardo con molestia notoria.
—¡Hasta que sea necesario!, ¡y si no estás de acuerdo puedes irte! — respondió con odio.
— ¡Incluso esa negra estúpida cree que es verdad! — gritó de forma despectiva.
—¡Solo un tiempo!, ¡un maldito tiempo Ricardo! — respondió.
—Espero que ese tiempo sea en unos días, estoy harto de esto — dio un ultimátum y abrió por completo la puerta hacia la salida.
Al momento de encontrarse con su hija, su rostro cambió de inmediato y el rostro molesto, y confundido de Selena respondía aquella terrible pregunta, lo había escuchado todo.
— Selena...— la llamó sin saber que mas decir y rascó su cabeza.
—Padre — respondió seria — ¿De qué hablaban con mi madre?, y no me digas que nada, porque lo he oído. Han mencionado a alguien, ¿a quién se referían?— y en el corazón de Selena se asomaba una posibilidad de que todo aquello fuera mentira.
Mandy se asomó a la puerta, debido a que su esposo aun seguía en el marco y al acercarse sus ojos se abrieron con exageración y su boca, sus labios se había puesto resecos.
—¡Selena!— exclamó asustada.
—¡Exijo una respuesta! — las dudas empezaban a molestarla más de la cuenta.
Su padre jadeo, no le importaba realmente, ni siquiera daba su fe a la estupidez que su mujer hacia — Tu madre se ha empeñado ser parte de la caridad, y con eso me refiero a que le ha mentido a la negra esa, y la hecho pensar que es su hija — dijo sin darle interés y se acomodó el sombrero para luego marcharse.
Mandy se quedó de pie, estática; sin saber qué decir ni menos inventar una excusa, ni siquiera se había atrevido a interrumpir a su marido, la fría mirada de su hija penetraba su mente y la forma en como el labio inferior de Selena temblaba, le anunciaba que le había ocasionado un dolor inmenso. No le dio lugar ni que pudiera decirle algo, cuando Selena había salido corriendo hacia las escaleras, salió de la casa y ni siquiera escuchó los gritos de su madre, solo sentía un hueco y un dolor en su alma, un vacío enorme; su madre le había engañado, su madre la había hecho sufrir de una manera maliciosa y malvada.
—¿Como pudo? — murmuró con sus ojos cristalizados, y las lágrimas cayendo por su ruborizadas mejillas.
Corrió tanto que cuando se detuvo, no se podía ver la mansión de los Gomez, solo árboles, muchos árboles y un sonido conocido y amigable; sin esperar se acercó a aquel lugar. Caminó aún más rápido y vio el molino abandonado, y la vista hacia el arroyo era hermoso, suspiró, quizás la vida le estaba dando una oportunidad; con el dorso de sus manos se limpió las lágrimas.
Se acercó mucho más, tanto que si daba una pisada más podría caer, vio todo y la vista sin duda alguna era hermosa, sus ojos se movían por el horizonte pero al observar hacia abajo, vio algo que le llamó la atención, no sabía que era y la curiosidad la llenó, tanto que rodeo y bajó hasta llegar por otra entrada.
Y lo que sus ojos vieron, causó que su alma se rompiera en mil pedazos, ocasionando que muriera en vida.


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Capitulo XXV

Mensaje por Admin el Sáb Dic 30, 2017 12:30 pm

Al ver el cuerpo de Julianne echado a la orilla de aquel arroyo junto al molino, donde anteriormente se habían amado en silencio, ocasionó que su espíritu se quebrara.
—¡Julianne! — dio pasó a un grito desgarrador.
Y allí estaba el cuerpo de su amada, dándole la espalda, completamente mojada y blanca; se acercó corriendo, al llegar se arrodilló y la abrazo fuerte, rompiendo en llanto; llorando como una cría. Jadeo y jalo la ropa de Julianne, ocasionando que esta girase.
—¡Mierda Julianne! — exclamó frustrada y con el alma en un hilo — ¿Por qué lo hiciste amor mío? — preguntó con su voz quebrada — ¡por favor responde!, ¡por favor! — suplicó llorando sin consuelo.
La desesperación de la joven, la llevó a buscar algún signo de vida, no estaba dispuesta, no iba a conformarse con ese final atroz que parecía tener. Tomó las mejillas de Julianne y la notó aun con calor corporal y con los ojos cerrados — Julianne — la llamó un poco más tranquila, confiando que, quizás estuviera bien —Julianne — la llamó y la sacudió, haciendo que esta arrugara la frente — ¡Oh Dios Julianne! — exclamó y la abrazó con alegría — pensé que te había perdido — soltó con alivio.
Julianne abrió poco a poco sus ojos mieles, y dejó escapar un suspiro pesado.
—No me di cuenta del tiempo, yo sólo cerré los ojos — aseguró con voz suave y rota.
—Estas toda mojada — dijo con desespero e intentando cubrir a la morena.
Julianne negó — Hay cosas peores, y entre esas cosas peores es no tenerle — aseguró con decepción.
La joven detuvo sus acciones, y observó a Julianne, sus ojos café se clavaron con los ojos mieles; observándola con amor y sin pensar acercó sus labios para unirse con los de la morena, quien se negó al momento.
—No puedo — negó y bajó su vista con tristeza, le dolía hasta el nombre al saber que aquel amor era un error.
¡Joder!, lo que más le dolía es que desde el inicio ese amor no tenía hogar, no debía de haber existido, era un acto suicida pero, el amor es tan necio que aparece sin buscarlo, y ese tipo de amor es el más bonito, el menos esperado, el que llega sin buscarlo y arrastra todo como un huracán, tan fuerte pero tan devastador a la vez.
Selena la contempló por unos minutos, y solo atinó a abrazarla, tomando completamente por sorpresa a la morena, quien gimió y se escondió en el pecho de Selena.
—Debemos irnos, por favor Julianne, éstas completamente mojada y debes cambiarte de ropa — pidió tranquila mientras sus manos subían y bajaban por la espalda de la ojimiel.
Asintió —Está bien — se limitó a responder.
Selena ayudó a poner de pie a la ojimiel, se encaminaron en silencio, pero con sus manos entrelazadas, y viéndose repetidas veces. Disfrutaban el momento, ellas dos libres sin que nadie les pusiera límites, y sonrieron. La vida es tan efímera, y de un momento a otro podrían estar agonizando; Julianne lo sabía y mientras observaba a Selena se acercó a ella, depositando un beso en la mejilla.
—Hay algo que debo decirte — Selena comunicó sin verla y observando hacia delante — mi madre me ha dicho que no eres mi hermana, y menos algo que le parezca. Y no sé si eso de alguna manera te molesta o te duela; siento vergüenza por las mentiras que ella te ha dicho — bajó la vista y negó — lo hizo todo para poder separarnos.
Julianne sonrió, era la mejor noticia del mundo y se acercó a Selena, bajó su rostro para buscar los labios de la ojicafé y al encontrarlos fundó sus labios sin permiso, tomando por sorpresa a Selena. Se besaron lentamente, la ojimiel escondió sus manos en el cabello de la joven, y la ojicafé apretó la cintura de la ojimiel con felicidad.
—Le prometo, que esta vez lucharé hasta el final por usted — le dijo al separar sus labios de la ojicafé.
Sonrió — Te amaré hasta mi final Julianne — tomó la mano de la morena y lo dejó reposar en su pecho — siente cómo se acelera al tenerte cerca, seré tuya por la eternidad, y más aún; lo que siento por ti es lo más puro que alguna vez sentí por alguien, eres ese sueño hecho realidad — se vieron a los ojos con sus mejillas ruborizadas.
Sus labios se fundaron en un beso lento y romántico, no era un beso lleno de pasión, era un beso que sellaba el amor. El amor no consiste en ver sus desventajas o ventajas, consiste en ver lo bueno en lo malo, y luchar en la adversidad; el verdadero amor es como el oro del duende al final del arcoiris, muchos hablan de eso pero casi nadie lo ha visto o comprobado.
—Te amo Julianne.
Julianne sonrió y acarició los labios de Selena — Yo estoy completamente enamorada de usted — expresó con sinceridad.
Negó —Aun sigues tratándome como si fuera mejor que tú, Julianne mírame — pidió y colocó sus manos encima de las de Julianne — mira nuestras manos, son completamente iguales, tenemos lo mismo, un cuerpo y un alma, sentimientos y amor. No soy mejor que tú, ni tu eres menos que yo — sus ojos café vieron con atención los mieles de Julianne.
—Si todos pensaran de esa manera, no existiera todo lo que existe. Incluso lo que ahora mismo sentimos debe tener su castigo, pero sin embargo lo estamos viviendo sin importar el resultado que haya al final — respondió.
Selena asintió — El amor no tiene sexo, ni menos es algo que se hiciera, porque si te obligas no es amor es deber, míranos, somos dos mujeres que se enamoraron sin querer, y el amor que tenemos es lo único que debe importar, aunque lo llamen enfermedad, aberración; sólo tú y yo sabemos que somos más felices que ellos que piensan que el amor debe ser como ellos dicen, desde la palabra debe ya no es elección es obligación — respondió Selena un tanto molesta.
Asintió —No me importa ellos, me importa el daño que le pueden hacer, no quiero que sufra por esto— aseguró.
— No puedes evitarlo, ¡Julianne!, deja de pensar el las personas, y piensa en ti, en nosotras — pidió y acarició la quijada de Julianne con la yema de los dedos.
Asintieron ambas y se dieron un corto beso, se encaminaron hasta llegar a la casa de la ojicafé, la joven estaba completamente molesta con su madre, y solo deseaba tomar todas sus cosas y largarse del lugar.
Rafael quien se mantenía al margen y sin saber que estaba pasando, observaba sin pudor alguno a la chica de la mesa vecina, tomó la copa de vino y la levantó a su nombre. La mujer le sonrió y también hizo lo mismo.
—Salud, bella dama — dijo al acercarse a ella, y chocar la copa de vino.
—Igualmente, caballero — respondió.
—Soy Rafael de Montenegro — se presentó con una sonrisa encantadora y seductora.+
—Llamame Lizzy.
—¿Lizzy? — preguntó.
—Lizzy — aseguró y el asintió.


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Re: Buscando El Arcoíris

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