Cold

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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:31 am

Lauren's POV1
—¿Alguna vez has pensado en acabar con todo? —Sullivan estaba sentada frente a mí con las manos encima del escritorio. Mi corazón latió algo más fuerte al escuchar aquello. No respondí.32
—Me quiero suicidar. —Dije finalmente levantando la mirada hacia ella, que no la apartó. Aquellas palabras sonaban duras en mi cabeza, aún más cuando las dije en alto, pero así era la realidad.97
—No tienes por qué. —Replicó la doctora, jugueteando algo nerviosa con el bolígrafo.
—Quiero hacerlo. Pienso en ello todos los días, en lo bien que me sentiría, que dejaría de molestar y a nadie le importaría. Pero no puedo. —Terminé bajando la cabeza, presionando los dedos en el dorso de mi zapato derecho que se apoyaba en la rodilla izquierda.12
—¿Tu novia? —Asentí apretando la mandíbula, con una lágrima deslizándose por mi mejilla sin que yo siquiera la sintiese.15
—No puedo ser tan egoísta como para hacerla sufrir de esa forma. No puedo. Pero si ella no estuviese... —Solté una risa negando, limpiándome aquella lágrima que se fundía con mi piel. —No estaríamos teniendo esta conversación.18
—¿Cómo te va en el instituto? —A Sullivan parecía no conmoverle aquello, o quizás era una parte de aquella terapia.
—Lo dejé. Intento sacarme el graduado en marzo. —Me encogí de hombros algo distraída, mirando el cuadro de la consulta. Era la foto que me pidió.
—Eso es genial.6
—Según mi padre los que se sacan el graduado así acaban debajo de un puente, limpiando, de cajeros en McDonalds... —Suspiré pasándome las manos por la cara, negando.7
—Mira, vamos a hacer una cosa. Vas a dejar a llamar a tu padre papá, y a referirte a él como tu padre. A partir de ahora hablaremos de Mike. Mike y Clara, ¿vale? —Asentí, porque era mucho mejor así. Era mejor tener que llamar padre a una persona que me torturaba día a día.2
—¿Por qué?
—Porque sé que te duele llamarle así, y porque alguien que trata de esa forma a su hija no es un padre. —Dijo mientras anotaba algo en su cuaderno con el ceño fruncido. —¿Qué harás después de sacarte el graduado?5
—No sé, buscar trabajo, quizás.
—Cualquier trabajo que pueda sacarte de tu casa, te irá bien.42
*15
Aunque estaba metida en la mierda hasta la garganta, ver a Camila siempre me hacía sonreír por poco que fuese y aunque estuviésemos en la biblioteca del instituto. Los insultos habían parado, y si Luis volvía a acercarse, le soltaría la bomba de Alexa. Pero mientras tanto, Camila estudiaba con los cascos puestos, y yo con los libros abiertos delante de mí.5
En los descansos de filosofía, estudiaba biología. Y en los descansos de biología estudiaba historia. Así, todo a la vez, aunque no se me estaba dando nada mal, o eso pensaba. Había gastado ya tres bolígrafos desde que me puse a estudiar, y lo mejor de todo era lo orgullosa que Camila estaba de mí.
—¿Has terminado? —Pregunté observando cómo se quitaba los cascos, y asintió enrollándolos sobre su dedo.
—¿Tú? —Negué pasándome el lápiz tras la oreja, observando los apuntes de química al otro lado de la mesa. —¿Lauren?
—No, no. Perdón. —Aún se me olvidaba que ella no podía verme, y eso poco a poco me mataba.4
—Voy a ir a la cafetería, ¿quieres algo? —Su brazo pasó por encima de mis hombros, acariciándome la nuca lentamente, como si quisiese tranquilizarme.
La verdad era que llevaba mucho sin comer, y me había mareado un par de veces. Nunca se lo diría a Camila, porque seguro que se enfadaría conmigo, pero en aquél momento necesitaba comer algo.13
—Lo que tú quieras. —Respondí girando la mirada hacia ella, que acercó su cara un poco a la mía para que la besase. Sus labios tocaron los míos, y atrapé el inferior de la latina suavemente, dejándolo escapar con una débil sonrisa, con la mano de Camila sobre mi mejilla. —¿Quieres que te acompañe?
—No, ya puedo sola. —Entrecerré los ojos viendo cómo se levantaba y cogía el bastón, saliendo de la biblioteca.
Alexa estaba en el pasillo frente a mí, mirándome mientras colocaba uno de los libros en las estanterías, aunque cuando reparó en que la había pillado, rápidamente sacudió la cabeza y desapareció a otra parte.
No le iba a dar muchas vueltas a aquello, pero si Camila se enteraba por otra persona de eso creería que la había engañado porque no podía ver, y el simple hecho de pensar que pudiese perderla por una tontería mía, me mataba.1
—Oyeee. —Camila estaba detrás de mí con una pequeña bolsa en la mano, dejando el bastón apoyado en la mesa. —Hazme caso, que no sé dónde estás. —Decía en voz baja.4
—Lo siento, estaba distraída. Ven. —La cogí de las manos y la puse delante de la silla. —Ya puedes sentarte.
—Gracias, Lauren. —Abrí la bolsa con cuidado, y dentro había un pequeño sándwich con un zumo, estaba caliente. —El bocadillo es para mí. —Le di el bocadillo y yo me quedé mirando el sándwich.4
—Camila, tengo que contarte algo. —Ella paró de desenvolver el bocadillo y frunció el ceño, girándose hacia mí. —Ayer estaba en el vestuario y... Alexa me besó. Me aparté rápido, la empujé, me dijo que me odiaba porque estaba enamorada de mí y ella no se podía enamorar de una chica. —Susurré esperando la respuesta de Camila, que se quedó pensativa durante unos segundos. —Di algo, por favor. —Murmuré acercándome un poco más a Camila.
—Al menos esa puta se ha comido mis babas. —Solté una suave risa al escuchar su sarcasmo, tranquilizándome un poco más. —¿Está aquí?183
—Sí... Está justo en la mesa que tenemos en frente. —No quería mirar, porque entonces me delataría yo sola.
—Pues que se joda. —Susurró antes de cogerme de la nuca y comenzar a besarme, de una forma profunda y húmeda, tanto que comencé a excitarme por la forma en que su lengua jugaba con la mía, incluso la sacó de mi boca para poder succionarla un poco, hasta que se separó de mí.85
—Madre mía. —Susurré agitada en voz baja, con Camila sin dejar de acariciar mi nuca, eso no ayudaba nada. Cuando miré la mesa de Alexa, estaba de brazos cruzados mirando a otro sitio, pero yo sabía que nos había visto.277
*9
Cuando Michael llegó a la puerta del instituto, los alumnos estaban saliendo. Charlaban entre ellos, se sostenían el paraguas bajo aquella fuerte lluvia que caía sobre Vancouver, y allí estaba ella. Dinah se había quedado en la entrada, mirando de un lado a otro por si dejaba de llover, pero por el negro del cielo no parecía que fuese a hacerlo.35
Michael se apresuró a llegar a la entrada, y cuando la rubia lo vio aparecer esbozó una gran sonrisa, era básicamente su salvación porque no tenía cómo salir de allí.
—¿Qué haces aquí? —Justo en el momento en que Michael llegó a la puerta, comenzó a dejar de llover.32
—Sólo... Venía a verte. —Se encogió de hombros, no quería parecer patético delante de Dinah, que sonreía negando. —Mira, parece que está dejando de llover.
—¿Has salido ya de clases o es que tienes ahora? —Michael y Dinah bajaron las escaleras juntos, con cuidado de no resbalarse con el suelo tan escurridizo.
—He salido ya. Venía a invitarte a comer, si quieres, o si puedes. No sé. Quizás es una tontería. —Dinah rio un poco con la mano en la boca, le hacía demasiada gracia aquella forma en la que Michael se ponía nervioso al hablar.3
—Claro, claro que puedo. ¿Dónde me llevas? —La predisposición de Dinah a ir a comer con él sorprendió a Michael, quizás porque se esperaba ese 'no' de siempre que todas las chicas le soltaban.
—A un restaurante japonés, ¿has probado esa comida alguna vez? —Los dos comenzaron a andar, hablando, charlando mientras el camino hasta el centro de Vancouver se hacía más ameno, menos largo, entretenido, y descubrían cosas el uno del otro.3
El restaurante al que llevó a Dinah estaba cerca de la bahía, justo al lado del puente, desde donde se veía cómo empezaba a llover sobre mojado. Habían pedido un par de bebidas, y ramen, que estaban esperando a que llegase.13
—Así que... ¿Por qué no me contestaste al mensaje? —Preguntó Michael con el vaso entre las manos. Eso lo había dejado muy confundido, ¿y si ella no quería nada con él? ¿Qué pasaba si se hacía ilusiones para nada?
—Porque no sé dónde contestarlo... —Respondió en voz baja, algo avergonzada. Dinah nunca había usado un teléfono móvil, el único teléfono que ella había utilizado era el fijo de casa.42
—¿No sabes usar un móvil? —La rubia negó, dejándolo en la mesa para que él lo cogiese. —¿Nunca has tenido móvil?
—No. —Dinah se removió un poco en la silla, apretando los labios algo angustiada. Michael suspiró, por eso no había leído siquiera su mensaje.
—Mira, ¿ves esto? —Señaló un icono verde en la esquina superior izquierda. —Pues le das aquí, y presionas mi nombre luego, y ya está.1
—¿Ya? —El chico asintió con una sonrisa, y Dinah tomó el móvil entre sus manos, entrecerrando los ojos. —Perdona si tardo mucho en contestar, es que...1
—Mientras contestes no hay problema. —Michael apartó las manos de la mesa porque el ramen había llegado, y Dinah frunció un poco el ceño.
—¿Qué es? —Se acercó a Michael un poco inconscientemente, y aunque él no se dio cuenta, estaban aún más cerca que antes.
—Ramen. Son fideos con... Cosas. —La rubia alzó las cejas y él simplemente cogió sus palillos. —¿Sabes usarlos? —Dinah negó, y Michael hizo que los cogiese, poniendo su mano sobre la de ella. —Apoyas el palillo en la base del pulgar así... —El chico sujetó la mano de Dinah algo más fuerte, y puso el otro palillo entre el dedo índice y el pulgar. —Y con el índice lo manejas. ¿Ves? —Movió los dedos de Dinah cogiendo un poco de fideos.44
—¿Puedo probarlos? —Ya que Michael los había cogido, Dinah iba a aprovechar la oportunidad para poder probarlos. Comenzó a succionar un poco, mientras él iba recogiendo los fideos hasta que acabó comiéndoselo todo. Tenías las mejillas llenas, y aunque Dinah no quería que Michael la mirase, a él le parecía una chica realmente adorable. —¿Te gustan?8
—Están muy buenos.
A Dinah le encantaba pasar tiempo con Michael, porque le hacía vivir todos los años que había perdido cuidando de sus hermanos. No se sentía como una especie de madre adolescente, no sentía como si tuviese treinta años, volvía a tener diecisiete, volvía a sentirse una adolescente normal y corriente.1
Para Michael estar con Dinah era una terapia perfecta para olvidar los problemas con su padre, pero sobre todo, para Michael estar con Dinah era sentirse querido, valorado, sentirse alguien normal que no todos desprecian por sus pintas.1
—Te has cortado el pelo. —Dinah acarició la parte trasera de su cabeza, sintiendo el tacto rasurado del pelo de Michael rozar la palma de su mano, suave. —Me gusta más así.7
—Entonces lo dejaré así. —Respondió él, abriendo la puerta para que ella saliese del restaurante primero.
Caminaron de vuelta al vecindario, en ocasiones Michael miraba a Dinah y la observaba durante unos segundos, sonriendo al recordar el día que habían pasado, al recordar cosas tan simples como que Dinah le había acariciado el pelo, o que la había ayudado a comer aquellos noodles.12
—Bueno supongo que... Nos vemos otro día. —Pararon a unos cincuenta metros de llegar a casa de Dinah, y ella se puso delante de él.
—Háblame, ¿vale? Ya sé usar emojis. —Michael soltó una risa asintiendo. Se miraron un par de segundos más, hasta que él suspiro.21
—Hasta mañana. —Se inclinó para darle un beso en la mejilla pero Dinah movió la cabeza en la dirección donde iba Michael, que se quedó algo confundido. Al ver aquello, quiso besar la mejilla izquierda de Dinah, pero la rubia movió la cabeza en la dirección donde estaba la de Michael. Entonces, no se movió porque ya no sabía qué hacer, hasta que Dinah lo besó uniendo sus labios, ladeando un poco la cabeza para que aquél beso durase más, y eso sí que le rompió los esquemas al chico, porque no se había esperado eso para nada.15
Michael colocó las manos en la cintura de Dinah, y ella tenía las manos puestas sobre su pecho, apoyándose en él mientras el beso seguía, lento, suave, dulce, sin profundidad, pero muy tierno.31
Dinah se separó con una sonrisa y dios unos pasos hacia atrás.1
—Hasta mañana, Mike. —Y Michael se quedó como un idiota viendo cómo la chica que le gustaba y que acababa de besar, entraba en su casa.8
—Hasta mañana, Dinah.


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:31 am

Lauren's POV
Aquella noche no pude dormir, mi espalda estaba hecha trizas y se resentía contra el colchón, mis ojos estaban abiertos de par en par como si fuese un búho. Camila dormía, y tampoco podría mandarle un mensaje porque en mi casa estaban todos durmiendo. Di vueltas por mi habitación, nada. No conseguía nada. Me tumbé en la cama a las seis de la mañana y poco a poco cogí el sueño, pero no duró más de media hora.
Los golpes en la puerta me alertaron, haciendo casi que saltase de la cama y apretase las sábanas.4
—Levántate ya, anda. Levántate, que llegamos tarde y lo único que haces es dormir. Venga ya, que tenemos que irnos. —El desprecio que mi madre mostraba en su voz me dolía, se clavaba en mí día tras día, dejando una brecha casi irreparable.15
En cierto modo estaba feliz, quería estarlo, debía estarlo. Íbamos a Ontario a pasar unos días con la familia, y ese momento del año era en el que de verdad me sentía querida, arropada, en familia, algo que yo no sentía muchas veces al año.
Mi maleta llevaba preparada desde anoche, aunque siendo sinceros, yo no tenía mucha ropa que llevar. Sólo un par de sudaderas, dos camisetas y dos pantalones. Sin embargo mis hermanos llevaban dos maletas cada uno, cuando yo llevaba una de mano pequeña.
De camino al aeropuerto yo decidí quedarme en completo silencio, escuchando aquél disco que le gustaba a mi padre, el de Johnny Casino. Me gustaba aquél tipo de música, pero no un disco entero. Por suerte, llegamos pronto al aeropuerto.
Iba a echar de menos a Camila, lo sabía. Puede que suene muy poético, pero Camila era el ancla que aún me mantenía atada a la vida, literalmente. Sin ella, quizás todo se habría ido a la mierda hace mucho.84
Mientras esperábamos a embarcar, empecé a ponerme mis auriculares y me senté en uno de los bancos, observando a mi padre bromear con Taylor, y a Chris hablar con mi madre. Aquello era una tortura china con todas las letras, yo sólo quería llegar con mi familia, en cuanto pudiese.
Una vez en el avión yo luchaba por no dormirme, luchaba por mantenerme despierta para que mis padres no me diesen un manotazo o un grito en mitad del avión, no quería ser la vergüenza entre toda aquella gente, así que miré por la ventanilla, observando las nubes a través de esta. Por suerte, ellos cuatro iban en asientos juntos y a mí me tocó con otros dos desconocidos a mi lado.8
Saqué mi cámara de fotos y capturé el instante, cuando las nubes parecían un manto que cubría el amanecer, aquél tono anaranjado y rosa que lo caracterizaba, quedando así una estampa preciosa, pero no era perfecta. Cuando más la miraba, más defectos le sacaba, así que decidí apagar la cámara y guardarla en mi maleta, apretando los ojos para recostarme en mi asiento con un suspiro, y la música comenzó a sonar en mis auriculares.
Paradise — Coldplay48
Aquél no era el tipo de música que yo solía escuchar, nunca nada tan movido y con sonidos alegres, pero la canción tenía algo que me definía.
When she was just a girl she expected the world, but it flew away from her reach, so she ran away in her sleep. And dreamed of Paradise, Paradise, Paradise everytime she closed her eyes.9
Cuando sólo era una niña imaginaba el mundo, pero voló lejos de su alcance, así que ella se fugó en sus sueños, y soñaba con el paraíso, paraíso, paraíso cada vez que cerraba los ojos.
Apreté el cable de los auriculares a la vez que sentía cómo la letra hablaba de mí, y me calaba dentro, a pesar de ser triste, esa compresión me hacía sentir bien.
Life goes on, gets so heavy, the wheel breaks the butterfly, every tear a waterfall. In the night, the stormy night, she'd close her eyes. In the night, the stormy night away she'd fly.
La vida sigue, se pone difícil, la rueda destroza a la mariposa, cada lágrima es una catarata. En la noche, en la tormentosa noche, cerraba los ojos. En la noche, en la tormentosa noche, volaba lejos.
A veces mis padres me preguntaban qué hacía en la cama tan temprano, si me sentía mal, pero la realidad era que prefería intentar dormir, imaginar cómo sería mi vida perfecta si no viviese en ese infierno.34
And dreams of paradise, paradise, paradise. And dreams of paradise, paradise, paradise.
Y soñaba con el paraíso, paraíso, paraíso. Y soñaba con el paraíso, paraíso, paraíso.
So lying underneath the stormy skies, she'd say 'I know the sun will set to rise'.
Así que recostada bajo los tormentosos cielos, decía 'sé que el sol se prepara para salir'.
Cuando la canción terminó, luchaba contra mí misma por no llorar, mirando por la ventana hasta que la voz de la azafata me sobresaltó mostrándome un dulce dentro de una bolsita.
—¿Le apetece un refrigerio? —Preguntó con una sonrisa.
—No, gracias.35
Fue lo único que dije durante todo el viaje. No quería hablar, se estaba bien así, en tranquilidad, incluso pude dormir unos quince minutos. Los ojos me pesaban tanto que no podía mantenerme despierta, simplemente era imposible.2
*10
Al salir del avión, yo ni siquiera tuve que esperar mi maleta porque la mía al ser tan pequeña era de mano. Corrí hacia la puerta de salida, y allí estaba mi familia. Mi tía Elizabeth alzó la mano para saludarme, al lado de mi tío Stephen que abría los brazos para recibirme. Ella era bajita, rubia con los ojos verdes al igual que yo, y Stephen llevaba una gorra azul hacia atrás con un abrigo negro, él de ojos azules.21
—¡Lauren! —Abracé a mi tía apretándola entre mis brazos, dándole un beso en la frente al ser mucho más bajita. —Oh dios, estás mucho más delgada, en los huesos. —Solté una risa abrazándome a mi tío, que me alzó al cogerme. Tenía los brazos duros como piedras, y en mi cabeza rondaba la teoría de que podría partir nueces con sólo doblar el brazo.6
—Estábamos deseando verte. —Mi tío puso una mano en mi hombro y tomó mi maleta en su mano. —¿Y los demás?
—Cogiendo sus maletas. —Respondí sintiendo las manos de mi tía posarse en mis mejillas, y escudriñarme con la mirada. —Ya, ya está... —Reí separándome, porque escuché la voz de mi madre por detrás, y ahí se borró mi sonrisa.
De camino a casa de mis abuelos, mi tía hablaba con mi madre, Stephen se mantenía en silencio al igual que yo. Miré por la ventana el follaje nevado, blanco, precioso, cubriendo las aceras, los coches, parecido a Vancouver, pero estábamos en Ontario.6
—¡Mírate! ¡Estás preciosa, en los huesos, pero preciosa! —Abracé a mi abuela de una forma en la que no podía abrazar a nadie más. Me sentía en casa, querida, en familia, algo que para mí era un concepto extraño.17
—Te echaba mucho de menos, abuela. —Ella pasó sus manos ajadas, rudas y menudas por mi espalda, dándome algo de calor.
—Y yo a ti, deberíais venir más. Tus tíos están en el salón, vamos, ve a verlos. —Dio un suave apretón en mi barbilla, y me escabullí de mis padres para llegar a donde la mayoría de mis tíos estaban.14
Aquél día fue redondo, fue increíble, fue lo más parecido a felicidad que había tenido en mucho tiempo y lo único que había necesitado fue un poco de cariño, nada más. Mis tíos me decían que estaba preciosa, pero muy delgada, todos me decían lo mismo.
—Con algún kilito de más estarías mejor, Lolo. —Comentó mi tía dándome con un dedo en el abdomen, haciéndome sonreír con aquél comentario, que distaba mucho de las frases que me dedicaba diariamente mi padre.
Nos sentamos en la mesa para cenar y básicamente mi abuela había hecho una gran cena de navidad a finales de enero, pero qué feliz me hacía. No había tenido cenas de Navidad, ni había visto a mi familia, ni nada de aquello. Ni siquiera tenía una cena en familia con mis padres y mis hermanos.
—¿Dónde pasasteis vosotros la navidad? —Preguntó Stephen a mis padres repartiendo el pavo, y yo levanté mi plato para que me echase, tenía algo de hambre.
—En casa de los padres de Mike. —Respondió mi madre, mientras yo negué para mis adentros echándome una cucharada de patatas en salsa.
Siguieron la conversación, y yo engullí el primer trozo de pavo y patatas para evitar soltar que yo no estuve allí.
—¿Qué os regaló Santa? —Preguntó mi abuelo con el ceño fruncido a los más pequeños.
—A mí un tractor, una bicicleta, un juego de plastilina... —Y así durante un minuto completo nombrando todo lo que le habían regalado por Navidad.1
—¿Y a ti Chris? —Mi hermano se limpió los labios con la servilleta, tragando el bocado que tenía en la boca.
—La Xbox, dos camisetas de fútbol, un pase de temporada para ir a ver a los Canucks de Vancouver, unas zapatillas Vans y un montón de ropa. —Un montón de ropa, justo lo que yo no tenía. Mi padre puso una mano en el hombro de Chris, moviéndolo con una sonrisa, como si se sintiese orgulloso de todo lo que le había regalado. Mi abuelo miró a Taylor.3
—A mí ropa, perfume, cinco pares de zapatos, unos tacones, un viaje a Nueva York y... —Se quedó pensando, agachando la cabeza. —¡Ah! Un bolso. —Mi abuelo me miró a mí, y yo escondí la cabeza, evitando hablar, llenándome la boca de comida.
—¿Y a ti qué te regalaron, Lauren?
—Bueno, creo que no os hemos contado que Chris es el capitán del equipo por fin. —Intentó cortar mi padre con un comentario sobre, cómo no, el fútbol y su hijo.
—Me regalaron un libro, una colonia, y una bufanda. —Todo el mundo se quedó en silencio, y sin más seguí comiendo, bajo la atenta mirada de todos mis tíos y de mis abuelos.72
—¿Nada más? —Se atrevió a preguntar mi tía Carole, dejando los cubiertos a los lados del plato.
—Quita, quita, quita, toma. —Mi abuela se acercó con la cacerola de pavo, echándome un muslo más, además de patatas.3
—Ángela, por dios, no le eches más, ya ha comido más que suficiente para todo el día. —Espetó mi padre con los puños apretados encima de la mesa.4
—¿Cómo que no le eche más y que ha comido suficiente para todo el día? ¿Pero tú la has visto? Mira. —Cogió mi cara con su mano y estiró la parte inferior de mi ojo. —Mira las ojeras que tiene, está pálida, se le notan todos los huesos, mira, mira. —Observé a mi abuela a los ojos, que descubrió parte de mi camiseta, oh no. —¿Qué es esto? —Tenía un moratón como mi mano, y mi abuela no dudó en acercarse a él para examinarlo. —¿Quién te ha hecho esto? Está fatal, ¿no te lo has cuidado?
—Unos chicos del instituto. —Respondí en voz baja, encogiendo un poco el hombro para que soltase la camiseta y volviese a taparse el moratón.
—Pero bueno, ¿no habéis hablado con el director del instituto? —Preguntó mi tía Kelsey mirando a mis padres.
—Sí. —Mintió mi madre.70
—No. —Repliqué yo, negando lentamente. Estaba harta de que se hiciesen los buenos delante de mi familia. —No hablasteis con nadie.2
—Bueno, ya está, ahora te curaremos eso. —Se apresuró a decir mi tía Elizabeth con una sonrisa que me contagió, levantándose de la mesa. Hizo un gesto con la cabeza para que la siguiese por las escaleras, y eso hice.13
El salón se quedó en silencio, tan sólo se escuchaba el sonido de los cubiertos chocar con los platos, nada más. Mi tía abrió la puerta de su habitación, y dejó que yo entrase primero. Sus maletas vacías, las suyas y la de mis primos pequeños estaban allí ya vacías.
—Quítate la camiseta, anda, la abuela tiene siempre una pomada para los golpes estupenda. —Sonrió antes de desaparecer al baño.3
Me quité la camiseta con cuidado, porque aunque no lo dijese, tenía el cuerpo hecho añicos, ni siquiera sabía si tenía una lesión en la espalda por los golpes de Luis y mi padre, lo que tenía por seguro es que cada vez que me movía sentía pinchazos que se extendían casi hasta mis costados.
—Lauren, ¿qué te ha pasado? —Cuando mi tía vio mi cuerpo sin la camiseta se quedó estupefacta unos segundos con el tubo de crema en la mano. Levanté la mirada y miré mi reflejo en el espejo, pero a mí ya no me espantaba tanto. Sólo eran moratones, ¿no?
—Sí... ¿Esa es la crema? —Intenté acercarme pero ella me apuntó con el dedo con los ojos entrecerrados.
—¿Cómo te has hecho todo... Eso? —Se acercó a mí poniendo los dedos en mis hombros, haciéndome girar sobre mí misma para poder observarme.3
—Uhm... —Me quedé pensativa sobre qué decirle, porque algunos golpes eran de mi padre. —Algunos son de un chico del instituto.
—Algunos. —Acentuó ella, dándome la vuelta para comenzar a echarme la crema. —¿Quién te hizo los demás? —Ni siquiera me moví al sentir la crema recorrer aquél moratón enorme que tenía en mitad de la espalda. —Lauren.
—Qué...
—Que me digas quién te hizo los demás. —Negué con la cabeza, y ella me dio la vuelta, pasando sus dedos por mi clavícula para extender el ungüento. —Vale... Si no quieres hablar de ello, al menos cuéntame qué es de tu vida.
—Estoy... Intentando sacarme el graduado en marzo. —Mi tía retiró los dedos, soltando un pequeño suspiro.
—Eso es genial. —Dijo secándose las manos con un trapo, cogiéndome de la barbilla con el ceño fruncido. —Estás muy delgada, te lo digo en serio.
—Pero mi padre dice que...
—Tu padre es idiota. —Frunció el ceño con una sonrisa, que le respondí levemente. Hacía mucho que no sonreía con alguien que no fuese Camila. —Y cuéntame, ¿tienes novia?83
—Sí... —Cogí la camiseta de encima de la cama y mi tía abrió los ojos y la boca totalmente perpleja.
—¿¡En serio!? ¡Y cómo no me lo contaste antes! —Dijo riendo, y me encogí de hombros algo tímida. —¿Cómo se llama? ¿Puedo ver una foto?5
—Sí, claro. —Cogí el móvil acercándome a mi tía. —Se llama Camila. —Le enseñé una foto en la pantalla, en ella, Camila tenía los ojos cerrados mientras escuchaba música.
—Vaya, es muy, muy guapa. —Asentí metiéndome el móvil en el bolsillo. —¿Por qué tienes la pantalla rota?1
—Se cayó al suelo, nada más. Camila es... Es ciega, pero increíble. Deberías conocerla algún día. —Sonreí cruzándome de brazos, y mi tía entreabrió los labios al escucharme.
—Oh, pobrecita. —Hizo una pequeña mueca y reí negando, agachando la cabeza.
—No, no. Lo lleva mucho mejor que yo, créeme. —Me encogí de hombros.
—Y dime... ¿Ya habéis...? —Me dio con el dedo en el hombro y alcé las cejas soltando una carcajada, mirándola con algo de recelo.66
—No esperarás que te cuente eso. —Negué completamente sonrojada, y ella asintió cogiéndome de los brazos.
—Sí, sí, sí, ¡vamos! Soy tu tía Elizabeth, no el muermo de Kelsey. Soy tu tía guay. —Solté una carcajada al escucharla pasándome las manos por la cara completamente sonrojada. —Venga, Lauren, por favooooor. —No iba a parar hasta que lo hiciese, así que suspiré agachando la cabeza.69
—Síi... —Alargué el sí y mi tía empezó a saltar alzando los brazos, mientras yo negaba con una sonrisa apretando los labios. —Ya está, ya está.27
—No, no está, porque si dejaste que Camila se acostase contigo después de todo lo que pasó con Liam es que te debe tratar bien y ser importante. —Asentí de nuevo, sin querer decir nada más sobre aquél tema, así que mi tía simplemente me abrazó y yo la abracé a ella porque de verdad lo necesitaba.1
*14
—¿Sí? —Sonreí al escuchar la voz de Camila, la echaba tanto de menos.
—Camz. —Dije simplemente sentándome al borde del embarcadero que tenía la casa de mis abuelos.
—¡Lauuuur! —Escuché su voz emocionada que me hizo reír. —¿Cómo estás, está yendo bien?4
—Sí, estoy fenomenal. Echaba de menos a mi familia. —Saqué del bolsillo del chaquetón color caqui un cigarrillo liado, quedándome mirándolo un momento. —Todo aquí es distinto.
—¿Distinto? —Me puse el cigarrillo en la boca, encendiéndolo con el mechero.
—Mmh. —Dejé el mechero en la madera y sujeté el cigarrillo. —Aquí mi familia me quiere, eso es distinto.
—¿Quieres decir que tus padres actúan como si te quisieran? —Solté una risa cruzando las piernas una encima de otra en la madera, dándole una calada al cigarro.
—No, siguen siendo unos capullos. Hablo de mis tíos, mis abuelos. Ya sabes. —Comencé a pasar la uña del pulgar por mis zapatillas, roídas y desgastadas.
—Oh dios, eso es genial. Me gustaría que te sintieses así siempre. —Sonreí ante sus palabras, llevándome el cigarro a los labios.8
—Te tengo a ti, ¿sabes? —Escuché su risa a través del teléfono, melódica y suave, era perfecta. —Te quiero, y cuando llegue a Vancouver de nuevo te llevaré donde quieras.
—¿Me llevarás a la playa? —No respondí, medité la respuesta durante unos segundos porque en la playa haría frío y tendríamos suerte si haría sol, pero lo intentaría.2
—Te llevaré a la playa, Camz. —Empecé a notar que el cigarro me hacía efecto, así que decidí cortar allí. —Te quiero, no lo olvides, ¿vale?
—Nunca lo olvido, y yo te quiero más. —Reí negando, fijando mi mirada en el agua del lago que tenía delante de mí.
—Volveré pronto, no te preocupes. Hasta mañana.
—Te quiero, Lauren. —Y Camila colgó.
Me tumbé en el suelo del embarcadero dándole una calada al cigarro mirando las estrellas que se acumulaban en el cielo de Ontario, haciendo aquella fría noche perfecta.1
—Dicen que todo mejorará. —Susurré en voz baja, soltando una risa irónica mientras negaba. —Pero no saben una mierda.

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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:32 am

Lauren's POV12
Aquella mañana nadie me despertó y me pareció bastante extraño. Fuera seguía nevando, llevaba así toda la noche, pero me encantaba el frío. Podía oler el chocolate de mi abuela y aunque a mí no me gustase me recordaba a cómo era estar en casa, en familia.2
En cuanto me levanté de la cama y puse los pies en el suelo supe que debía abrigarme para bajar por mucho que la chimenea estuviese puesta, haría frío. Tenía la lección bien aprendida porque en Canadá el frío calaba hasta los huesos.
Me puse lo poco que tenía, unos jeans negros y un jersey azul, bajando luego las escaleras y escuchando el murmullo en el salón. Al final de la mesa estaba mi padre, mi madre y mis dos hermanos desayunando, luego, todos mis tíos, mis abuelos y el sitio que quedaba libre era para mí. Agradecía mucho estar alejada de ellos durante un tiempo.
—Pero mira quién se ha despertado. —Mi tía Elizabeth hundió un poco su dedo en mi abdomen, haciendo que me encogiese con una leve sonrisa.
—¿Veis lo que pasa si no la despiertas? Se queda durmiendo hasta las tantas. —Dijo mi padre negando mientras cortaba una tortita. Yo me senté en la silla bajando la cabeza.
—Anda, que no pasa nada porque duerma. Además, sólo son las diez de la mañana. —Me excusó mi abuela, poniéndome delante una taza de café y un montón de tostadas con mantequilla. —¿Has dormido bien?15
—Genial. —Respondí con una sonrisa, cogiendo un trozo de pan entre mis dedos.
Recordaba mi niñez, cuando venía a casa de mi abuela y hacía pan con mantequilla y café. Mi madre no quería que yo bebiese, pero mi abuela le replicaba con un 'esta niña es cubana, tiene que tomar café', y me daba un poco de café a escondidas susurrándome que no se lo contase a mi madre, y nunca se lo conté.71
Engullí la primera tostada como si nada, a sorbos de café y bocados de pan con mantequilla, era el cielo. La verdad es que no sé si era por la marca de la mantequilla, por el pan, o por la cantidad abundante de azúcar que mi abuela le ponía a mi café. Se acostumbró a hacerlo desde que era pequeña para que no notase el amargor de aquél café que preparaba, y para mí se convirtió en una de mis cosas preferidas en la vida.1
—Por cierto, ¡que ya tienes veinte años! —Mi tío Stephen revolvió mi pelo, haciéndome sonreír mientras yo comía. —¿Qué te regalaron por tu cumple? —Mientras, mi abuela me limpiaba los labios del aceite que desprendían las tostadas.31
—Mmh... —Tragué volviendo a coger la taza de café, encogiéndome de hombros. —Nada. Bueno, mi novia me regaló un mp3, una chaqueta y una colonia. —Vi cómo mi madre se volvía hacia mi padre casi dándole un golpe en el brazo, abriendo los ojos.1
Para dar por terminado el desayuno, di un sorbo al café y me levanté de la mesa, llevando mi plato y mi vaso hasta la cocina, donde mi abuelo fregaba con su usual cara de enfado.
—Michelle, no desesperes. Siempre llegan tiempos mejores. —Esbocé media sonrisa; sabía de lo que hablaba.25
Mi abuelo había llegado de Cuba a Estados Unidos exiliado por la guerra, sabía lo que decía. Siempre me hablaba en español, y eso me hacía sentir aún más en casa. Él no quería que yo me llamase Lauren, quería que me llamase Michelle y por eso me lo pusieron de segundo nombre, por eso él me llama así desde que tengo uso de razón.
—Tú, arriba. —Me señaló mi padre y luego miró las escaleras. Solté un suspiro y caminé hasta mi habitación, donde mi padre y mi madre se encerraron conmigo. Estaban bastante enfadados pero yo ni siquiera había hecho nada.
También—Como se te ocurra seguir diciendo esas cosas te vas a enterar. —Me apuntó mi madre con el dedo apretando la mandíbula.
—Yo no he dicho nada. —Me excusé, mirando a mi padre con el ceño fruncido.
—¿Qué no has dicho nada? Acabas de decir que no nos acordamos de tu cumpleaños, y ayer dijiste que casi no te regalamos nada por Navidad. —Me atacó él alzando la voz, pero no me amedrenté.19
—Sí, y dije la verdad. No os acordasteis de mi cumpleaños. Mentir es mucho peor que decir la verdad.2
—Ellos no tienen por qué saber eso. —Achacó mi madre, yo negué con un rostro de decepción.
—Quiero que sepan por el infierno que estoy pasando. —Apreté los labios al decir aquello, y en cuanto vi la imagen de mi padre alterado, me aparté pegándome al armario.
—¡TÚ NO ESTÁS PASANDO POR NINGÚN INFIERNO! —Gruñó entre gritos, que me hicieron temblar, fundirme de miedo contra la puerta del ropero. —¡UN INFIERNO ES NO TENER PARA COMER! ¡UN INFIERNO ES NO TENER CON QUÉ VESTIRSE O NO TENER CASA! ¡ESO ES UN INFIERNO! —Comencé a llorar con los ojos y los labios apretados, y abrí la puerta para salir corriendo de allí. No quería ver a nadie ni tampoco que nadie me viese a mí.41
Me escabullí corriendo por el salón, mientras mi abuela gritaba mi nombre para que le dijese qué había pasado, pero yo no tenía fuerzas para quedarme allí y explicarlo todo. Corrí y corrí hasta que mis piernas y mis pulmones dijeron basta. Estaba en una ciudad que apenas conocía a dos grados, con una sudadera fina puesta por la que el frío se calaba hasta mis huesos y aquella camiseta que mi padre desgarró debajo.
Me encontré en un callejón entre dos edificios de ladrillo oscuro, carcomido por la humedad, negro y casi putrefacto. Era la parte de atrás de un restaurante, olía a comida haciéndose, el típico olor de platos que se cocinaban a la vez, como el de un hospital; era nauseabundo. La rabia me hacía perder la cabeza, la impotencia tomaba posesión de mi cuerpo de tal forma que le endosé un buen puñetazo a la pared gritando, desgañitándome, pasándome las manos por el pelo para terminar llorando sentada en el suelo, con los nudillos ensangrentados y mi cuerpo temblando. Quería terminar con aquello, quería acabar con todo.3
Quería llamar a Camila, quería distraerme, quería hablar aunque sólo fuese un momento con ella, pero no así. Las palabras casi no podían salir de mi boca porque tenía la garganta engarrotada, y lo único que me permitía hacer era hipar. Metí las manos en el bolsillo de mi sudadera para poder calentarme, y entonces encontré uno de aquellos cigarrillos de marihuana que tanto me estaban ayudando. Sin dudarlo y con el mechero en la mano, lo encendí.50
Todo pasó, la presión de mi pecho ya no existía, mis manos ya no estaban tensas, y yo no sonreía, pero no estaba triste. Estaba neutra, como si nada hubiese pasado.4
*6
Unas horas después me decidí a volver a casa, estaba muerta de frío y por suerte o por desgracia el efecto de la marihuana se me había pasado; ahora tenía un hambre horrorosa.22
Puse la mano en el pomo de la puerta trasera y vi mis nudillos rodeados por sangre reseca, casi negra, y el dorso cubierto de sangre de un tono más claro. No tuve ni siquiera que llamar cuando mi tía Carole abrió de golpe, y justo cuando iba a decir algo negué poniéndome el dedo en los labios.9
—No, por favor. —Susurré en voz baja.
—Llamaré a la tía Elizabeth. Entra. —Abrió la puerta y me dejó pasar en la cocina, donde estaba ella haciendo la comida. Olía demasiado bien, y yo podría comerme dos ollas de aquél guiso sin importarme nada.11
Me senté en una de las sillas apoyando la mano en la mesa con cuidado, porque entonces sí empecé a sentir los pinchazos en el puño. Dolía demasiado.
—¡Lauren por dios! —Susurró de forma agresiva mi tía Elizabeth mientras Carole cerraba la puerta a nuestras espaldas. —¿Estás bien? —Desencajé la mandíbula negando, pero no podía volver a llorar otra vez.6
—He escuchado lo que le ha dicho Mike, lo he escuchado todo. —Susurró mi tía Carole sentándose en la silla de enfrente, mientras Elizabeth salió por la puerta de la cocina. —¿Cómo estás?
—Tengo mucha hambre. —Hice una mueca soltando un suspiro, y en ese instante mi tía volvió a entrar con el botiquín en la mano.
—Esto tiene que parar. —Cogió mi puño y comenzó a dar pequeños toques con agua oxigenada en mis nudillos con cuidado. —Nuestra hermana está loca, de verdad. ¿Tú ves normal no acordarse del cumpleaños de su hija?16
—De hecho ese día me mandó a limpiar la caseta del perro en casa de mi abuela. —Hice una mueca cuando comenzó a echar betadine en mis heridas.7
—¿Tú ves normal eso, Carole? —Suspiró negando, poniéndome una pequeña venda en la mano, rodeando esta con delicadeza para que no me apretase mucho.8
Aquella comida fue tensa porque nadie quería hablar del tema, yo sólo comía, comí dos platos de aquél guiso con arroz, y luego me fui a dormir. No sé durante cuánto tiempo lo hice, lo único que sé es que dormí unas 22 horas seguidas.9
Desperté y estaba desubicada, eran las dos de la tarde y cuando vi la hora, me alarmé. Me iban a matar, me iban a matar. Rápidamente me puse uno de los dos pantalones que tenía, una camiseta negra, gastada por los bordes y que había perdido su color y para disimular un poco que tampoco tenía mucha ropa me coloqué la chaqueta de cuero que Camila me regaló.
Esperaba que no hubiese nadie en el salón porque me daba vergüenza que todos me vieran como la chica depresiva de la familia que se iba a dormir para no saber nada de nadie.
—¡SORPRESA! —Di un pequeño salto al verlos a todos en el salón, dando unos cuantos pasos hacia atrás.69
En la mesa había una tarta de cumpleaños y en el sofá había unos cuantos regalos envueltos. Comencé a llorar en cuanto reaccioné y mis abuelos vinieron a abrazarme; en ese momento era inmensamente feliz.176
No me hacía falta abrir los regalos para estar satisfecha, porque al fin y al cabo eran pequeños detalles, pero mis tías nunca me defraudaban. Eran un cuaderno nuevo, una caja de carboncillos de colores y una caja de óleos más grande de lo que podía imaginar, tenía una gama de colores increíble.2
*9
Sostenía el plato de pastel en la mano y mientras mis primos correteaban por el salón, y me acerqué a mi tía Elizabeth que estaba en la mesa echándose su trozo de tarta abundante. Estaba delicioso, era de fresa, mi favorito.
—Tía. —Ella alzó la mirada y sonrió con el ceño algo fruncido. —No tienes que darme las gracias otra vez.
—No, no, no era eso... Es que... —Carraspeé un poco dejando el tenedor en el plato. —Quería preguntarte si podría pasar con vosotros unos días. —Elizabeth me acarició la barbilla asintiendo con una gran sonrisa.
—Claro, claro que te puedes venir. —Sonrió dándome una caricia en la mejilla.17
—Gracias. —Respondí yo, sabiendo que aquellos días serían el único respiro en lo que estaba por venir.


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28

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:32 am

Lauren's POV
Mis padres odiaban la idea de que yo me fuese unos días con mi tía Elizabeth, no porque me echasen de menos, sino por el hecho de que los hacía ver malos padres y yo necesitaba estar un tiempo alejada de ellos, pero así era. Necesitaba unos días para desconectar, para darme cuenta de que mis padres eran una excepción entre millones de personas, de que nadie trata así a sus hijos y estaba claro que si algún día yo tenía una familia no iba a tratar así a los míos. La casa de mis tíos era bastante grande, mi tío Stephen era jugador de béisbol profesional en Ontario, así que retrasé mi vuelo unos cinco días y me quedé con ellos.
Una mano me tocó el brazo con suavidad y casi instintivamente salté en la cama, abriendo los ojos y sentándome sobre el colchón con las manos a mis lados. Tragué saliva; mi tía estaba delante de mí con el rostro horrorizado. Tomé aire intentando tranquilizarme, no era mi madre, aquella era Elizabeth.1
-Lauren, tranquila. —Miré a mis lados y me situé, era la habitación de invitados. La luz entraba por la ventana a través de las cortinas marrón oscuro, dejando la habitación un poco en penumbra.
-Lo siento, debe ser muy tarde. —Musité tragando saliva, buscando mi móvil para mirar la hora.
-Tranquila, son las nueve de la mañana. Me dijiste que te despertase temprano para estudiar. —Asentí agachando la cabeza al recordarlo todo. Elizabeth me acarició la mejilla y luego besó mi frente con una gran sonrisa. —Te espero abajo, el desayuno está en la mesa.
Al verla salir de la habitación me vestí rápidamente, poniéndome los jeans rotos y mis botas; me di cuenta de que la suela estaba despegada así que simplemente me puse los calcetines. La camiseta de Pink Floyd y un jersey gris. Así bajé a la cocina, donde había un plato de tortitas, sirope, zumo de naranja y beicon en tiras. El olor que desprendía era maravilloso.7
-¿Tienes unas zapatillas de andar por casa? Mis botas se han roto. —Puso las cejas gachas al escucharme y terminó de echarse en su plato el revuelto de huevos.
-Mira en la cajonera de la entrada, ahí están los zapatos, tengo unas mías del año pasado.
Tal y como me dijo abrí la cajonera donde había docenas de zapatos y era normal. Mi tío cobraba millones por temporada, además de que tenían dos hijos. Cogí las zapatillas y las puse en el suelo, encajando los pies en ellas.
-¿Te quedan bien? —Preguntó ya sentada en la mesa.
-Sí, gracias. —Sonreí y tomé asiento a su lado.
-¿Qué vas a hacer hoy? —Corté un poco de tortitas llevándomelas a la boca. Dios, se derretían en la boca.
-Estudiar. Tengo que sacarme el graduado, tengo que... Buscar trabajo, no sé. —Me encogí de hombros dándole un sorbo al zumo.
-Está bien. Tus primos están en el colegio, yo tengo que hacer algunas compras... -Paró un momento para beber café. —Tu tío no viene hasta la hora de comer, así que el ratito que no estoy tienes la casa para ti sola.
-No haré nada. —Negué con una pequeña sonrisa, y ella pellizcó mi mejilla con dos dedos.
-Eres un cachito de pan. —Ese tipo de cosas también me las decía Camila. Suponía que porque ambas familias eran cubanas.14
-Eso me lo dice Camila.15
Acabamos de desayunar y la ayudé a recoger la cocina, ella me contaba cómo eran las cosas por Ontario, cómo la abuela siempre venía a casa a comer algunas veces con el abuelo, y que mis primos eran un poco trastos; todo lo destrozaban.
Después ella se fue a comprar, y yo subí a mi habitación para comenzar a estudiar. No se escuchaba nada; ni a mi hermano gritar; ni a mi hermana quejarse porque tiene poca ropa y por primera vez no temía los pasos de mi padre por el pasillo para que luego abriese la puerta y comenzase a gritarme que era una inútil y que debía ir al instituto.
Los bolígrafos estaban por todo el escritorio, las cuentas me salían sin problemas y es que ir a clase con Camila había hecho que mejorase muchísimo mis notas. Quizás mi padre tenía razón y debía haberlo hecho mucho antes. Subrayé de distintos colores las cosas más importantes; cubrí de tachones algunas palabras y mi letra se volvía más desordenada a medida que escribía.
Mi cabeza iba a explotar, aquello lo tenía por seguro. Terminé de desayunar a las 9:30 y a las 9:45 estaba ya estudiando. Era la una y media de la tarde, pero yo seguía metida en aquella habitación con los apuntes de biología delante. Era bastante fácil entenderlos, sólo un poco pesado de memorizar. El profesor Watson de biología era un insecto mutante que quería las palabras directamente sacadas del libro.7
Escuché dos toques en la puerta.
-¿Puedo pasar? —Era la voz de mi tía, y de fondo escuché las voces de mis primos jugando con el salón.
-Claro. —Era su casa, cómo no iba a poder pasar.
-Wow, sí que te ha cundido la mañana. —Miré la mesa y tenía un montón de folios escritos por todos lados y dos libros abiertos sobre la mesa. —Venía a preguntarte qué quieres de comer.
-Uh... Lo que tú hagas, no voy a pedirte nada. Tengo suficiente con estar aquí.
Mi tía hizo macarrones con queso, creo que sólo los comía en navidad; justo cuando los hacía para toda la familia y a mí me quedaba el último trozo porque mi madre repartía para mis hermanos y lo que quedaba era para mí.
Mi tío Stephen me regaló unas zapatillas nuevas que Nike le había regalado a él, pero que por una confusión era un número mucho más pequeño, justo el mío.10
Mis primos me preguntaban si me quedaría para siempre, pero no.16
*7
-¿Está encendido? —Camila aparecía en la pantalla y Michael al lado de ella con el ceño fruncido. Al otro lado, Dinah.18
-Que sí, ahora mismo Lauren te está viendo. —Ella frunció el ceño ladeando un poco la cabeza con una sonrisa.
-Camz, soy yo. —Dije riendo al verla con el móvil en las manos, y Michael le hizo un gesto a Dinah para que se fuesen. Estaban en un parque o algo así, podía ver los árboles tras ella.
-¡Lauren! Ow... Te echo de menos. —Sonreí al escucharla, y es que me faltaba toda mi mitad estando tan lejos de ella. Habían pasado ocho días desde la última vez que la vi.12
-Y yo a ti, créeme, pero mañana ya estaré allí. —Camila agachó la cabeza con una débil sonrisa.
-Quiero que vuelvas pero a la vez no. Te noto más feliz, ¿sabes? Y...26
-Quiero volver, tengo que volver. —Las manos de Camila bajaron así que ya no veía su cara. —Camila.
-¿Qué? —La imagen sólo mostraba su cuello.
-No te veo, sube las manos un poco. —Subió, pero entonces sólo le veía la barbilla.
-¿Así?
-Un poquito más. —Volvió a enfocar su cara que sonreía. —Perfecta.3
* * *10
En el aeropuerto no había nadie esperándome, y aquello no me sorprendió. Cogí el tren de vuelta a Vancouver, aunque la maleta casi se me cae por las escaleras al bajar al andén. La gente escuchaba música, leía el periódico, un señor pedía un cigarro casi mendigándolo, y mientras yo intentaba que nadie me quitase la maleta.22
Desde la estación central de Vancouver tomé el autobús que dejaba justo en mi vecindario, y desde allí caminé con la maleta a rastras hasta llegar a mi casa. No sé si fue sorpresa o no, pero no había nadie.
Era triste dejar a tu hija durante cinco días completos en casa de tu hermana, no ir a recogerla al aeropuerto e irte de casa para cuando volviese; pero ya nada me sorprendía a aquellas alturas.9
Solté la maleta en la habitación; estaba ordenada, no sabía cuánto tardaría mi madre en gritarme que lo tenía todo hecho una mierda.
'Estoy en casa.' Fue el mensaje que le envié a Camila y ella me respondió con otro.9
'Ven a verme por favor'47
Cuando llegué y vi a Camila en la puerta de su casa tenía el ceño fruncido, y vi movía el pie contra el suelo, gastando la punta en el asfalto. Llegué hasta su lado, y me quedé mirándola durante unos segundos. Ella no dijo nada, simplemente puso las cejas gachas.
-¿Lauren? —Dijo segundos después con el gesto al confuso, y la abracé, escuchando su risa y sintiendo sus brazos alrededor de mi cintura. —Dios, te echaba tanto de menos.15
Cogí su cara entre mis manos y la besé, de una forma continua, lenta, suave, delicada. Acaricié su labio superior con mi lengua y ella sonrió apartándose.2
-¿Cómo estás? ¿Alguna novedad por aquí? —Camila sonreía y negaba con las manos en mis brazos y su mirada puesta en mi cuello.
-No, ninguna, la única novedad es que has vuelto.2
Entonces fuimos a cenar a uno de los bares cercanos. Camila me contaba que en el instituto Dinah decía que no había visto a Luis, y que por lo que parecía tampoco había pistas de Alexa. También me contó que habían abierto una tienda de discos nueva en el centro y que Michael y Dinah la habían llevado.4
El camarero se acercó a la mesa mirando a Camila, que simplemente miraba al frente con la mano en mi pierna. El chico alzó las cejas al ver que no le hacía caso, soltando un bufido.
-Perdone, no tengo todo el día, hay más clientes que atender. —Fruncí el ceño algo cabreada por aquello.
-Es ciega. —Espeté ante aquella salida de tono y su rostro se convirtió en una cara pálida con los ojos como platos. Camila hizo una mueca y agachó un poco la cabeza.
-Oh, madre mía, lo siento. —El muchacho parecía descompuesto además de terriblemente arrepentido por cómo había hablado a Camila. —Pide lo que quieras, paga la casa.94
Ella pidió una hamburguesa con queso y patatas, casi lo mismo que yo. La verdad es que echaría de menos aquellas comidas caseras de mi tía y mi abuela, ¿pero qué iba yo a hacerle? Volvía a estar con mi novia, volvía a Vancouver y aunque mi casa fuese un infierno tenía ganas de estar con ella.
-Camila. —Sus ojos estaban perdidos en el infinito, y las manos de Camila palpaban la mesa en busca de su móvil hasta que lo atrapó entre sus manos.
-Dime. —Frunció el ceño cogiendo su bolso para coger la cartera.
-No tienes que pagar. —Soltó una risa alzando las cejas, levantando la cabeza hacia mí. -¿Qué? Ya he pagado yo.6
-Eso es aprovecharte de un pobre ciego y lo sabes. —Volvió a meter la cartera en su bolso mordiéndose el labio. Negó con la cabeza como si no quisiera, pero en realidad sabía que aquellos detalles le gustaban.
Me contó que compró un montón de discos, que sus favoritos eran unos de Ed Sheeran con canciones que no estaban en sus CDs. Entonces antes de salir volvió a abrir su bolso buscando algo, palpándolo con cuidado, y puse un brazo alrededor de sus hombros.
-¿Quieres que te ayude?
-Noooo. —Solté una risa viendo cómo sus manos atrapaban un pequeño paquete envuelto. —Toma, creo que esto es para ti.
-¿Crees? —Mis labios esbozaron una sonrisa de medio lado cogí el paquete, desenvolviéndolo. Era una película, The Rocky Horror Picture Show.19
-Hombre, soy ciega. —Negué pasando los dedos por la portada de la película, desviando la mirada hacia Camila.
-¿Cómo sabías que me gustaba? —Ella se encogió de hombros y salimos de aquél bar, ella agarrada de mi brazo.
-Muchas veces saltan esas canciones en tu mp3, así que... Supuse que te gustaría. —Caminábamos despacio, y el DVD entre mis manos relucía bajo la luz de las farolas.
-No sé cómo lo haces pero lo haces todo bien conmigo. —Paré en la puerta de su casa mirando sus ojos, que se mantenían clavados en mis hombros.
-Soy la parte buena de tu vida y por eso crees que todo lo hago bien. —Su sonrisa era un poco triste porque era consciente de mi situación. —Te quiero, y deberías descansar.14
-Te quiero, y gracias.

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29

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:32 am

Lauren's POV
Las tardes de estudio se me hacían interminables, miraba por la ventana y fuera a veces nevaba. A veces llovía. A veces entre las nubes relucía el sol. Pero la mayoría del tiempo lo pasaba con la cabeza metida en los libros bajo la luz artificial del flexo que iluminaba las páginas de mis apuntes.2
—Así que un protón es una partícula subatómica con una carga eléctrica elemental positiva... —Hablaba para mí misma con el subrayador rosa justo encima de la página, y el bolígrafo azul dando vueltas alrededor de mi dedo pulgar. Era un truco que había aprendido después de tantas horas de clase y tantos apuntes tomados.33
En cierto modo echaba de menos el instituto, echaba de menos ir a clase con Camila, llevarla del brazo y despedirme en la puerta, desayunar con ella y quizás si me dejaba darle un beso antes de irme a clase.
Pero ahora me sentía a salvo.
Ahora ya no tenía que está mirando a mis espaldas, ahora ya no tenía que preocuparme por Luis y sus amigos. Ahora ya nadie me pegaba palizas ni me hacía daño físico..., excepto si a mi padre se le iba la cabeza de nuevo. No solía pasar a menudo, sólo cuando se enfadaba tanto y sin razón. Tenía un problema mental, eso lo sabía a ciencia cierta.2
Me estiré en la silla echando la cabeza hacia atrás, intentando despejarme un poco, intentando al menos salir de aquella gran monotonía en la que estaba sumida desde hacía algunas semanas. Miré la estantería encima de mi cama, allí estaba el estuche de pinturas que mi familia me regaló hace unas semanas, además de los cuadernos y la caja de carboncillos. Podía ver los colores sucediéndose como un arcoíris por el hueco que tenía la caja para que pudiesen ser vistos. Dios, mi imaginación volaba sólo con verlos allí, pero no, no podía, no ahora. Si quería salir de aquella casa tenía que centrarme en lo que tenía delante, que eran libros, ecuaciones, protones y mil fechas de historia, mil títulos de literatura. Todo tenía que entrar en mi cabeza de aquí a unas semanas.
Una notificación llegó a mi móvil, sacándome de aquellos pensamientos sobre tirar los libros a la trituradora de la cocina. Cuando la abrí, era que una de mis publicaciones había llegado a las 50.000 notas en Tumblr. ¿Cómo era eso posible? Me levanté de la silla mirándola, analizándola bien. ¿Yo? ¿Una foto hecha por mí? Era increíble.24
Era el bosque de noche, cubierto por la niebla, pero con las ramas de los árboles intentando escapar de la bruma blanca que los cernía, con un riachuelo que bajaba con fuerza desde las montañas. Las piedras se veían bajo el agua clara, limpia, cristalina.
Bajé las escaleras sin dejar de mirar el móvil y con una sonrisa en el rostro, estaba demasiado orgullosa de aquello que había conseguido. Quizás para mis padres era una gilipollez porque no tenían conciencia del alcance que podía tener una red social como Tumblr.
—Una foto mía tiene 50.000 notas en Tumblr. —Mi hermano Chris se dio la vuelta, y mi madre alzó la cabeza de la revista que estaba leyendo. —Mira. —Le acerqué el móvil a él para que la viera.
—Es muy bonita. —Dijo sonriendo, y mi madre se acercó al móvil, asintiendo sin decir nada más.51
—Mira papá. —Puse el móvil delante de su rostro y él lo miro con el ceño un poco fruncido, asintiendo para volver a mirar la tele.
—Sí, sí Lauren. —No le importaba una mierda.31
*15
Camila's POV
—Venga, Lauren, juega conmigo. —Apreté su brazo que estaba a mi lado encima de la cama, moviéndolo un poco con una risa.49
—No me gusta ese juego, Camz. No. —Hice una mueca al escucharla, recostándome en el cabecero de mi cama con cuidado.1
—Por fa, tú me das algo, lo toco e intento adivinar qué es. —Me dio por respuesta el silencio, aunque luego escuché un suspiro y un movimiento a mi lado.21
—Está bien. —Tanteé la cama en busca de su mano, choqué con su abdomen pero ella la tomó entre las suyas. Eran suaves, tersas, casi aterciopeladas. Se me ponían los pelos de punta al acariciarla después de aquella noche en mi casa. Era como si hubiese abierto una nueva puerta de sensaciones, de sensibilidad en mi cuerpo. Me había elevado. —A ver... Toma. —Puso su cabeza sobre mi regazo, y solté una risa. Era idiota.46
—Hmmm... —Pasé mis manos por su mejilla, palpando su piel, subiendo por su pelo que acaricié lentamente. Enredé mis dedos en los mechones de pelo, acariciándola suavemente. —No sé, no sé qué es... Pero si supiese como es probablemente sería mucho más feliz.
—Eso me... Me enfada, me pone triste. Me... —Se levantó de mi regazo, dejándome completamente aturdida. —Dios, es que... —Apreté las manos en la cama con las cejas fruncidas, intentando averiguar qué es lo que estaba sintiendo.1
—¿Qué ocurre? ¿Qué he dicho? —Tragué saliva, sin saber muy bien dónde mirar, así que simplemente me quedé hecha un ovillo en la cama mirando abajo.
—Que... Joder, yo sé que tú no tienes ningún problema con... Ser ciega. —Dijo por fin. Era la primera vez que la escuchaba decírmelo directamente, y no sabía cómo sentirme. No sabía cómo asumir el hecho de que a ella le hiciese daño eso, que me dijera directamente que... Era un problema. —Pero a mí me duele, a mí me duele que no quieras mirarme a los ojos, me duele que no puedas ver el maldito mundo, me duele que te pierdas todas las cosas maravillosas que hay. Me duele que no sepas como soy. Por eso no me gusta ese maldito juego. —Suspiró.24
—Imagina cómo me siento yo, Lauren. —Bajé las piernas de la cama, apoyando los pies en el suelo, y me alcé. —¿Cómo crees que me siento cuando intento pensar en ti pero no puedo ponerte cara? ¿O cuando me dices que haces fotos y que al parecer a todos les gustan, pero yo que soy tu novia no puedo verlas? Quiero ir hacia ti ahora, pero no sé dónde estás. Aunque parezca que no, me afecta. No puedo imaginarme nada, vivo en una pesadilla eterna. Y entonces empiezo a preguntarme, ¿por qué a mí? ¿Por qué yo? —Comencé a llorar y quería seguir, pero entonces los brazos de Lauren me rodearon, y sus labios rozaron mi oreja. Yo sólo hipaba y me cubría entre lágrimas con su cuello, apretando mis manos en su espalda.17
—Perdóname, Camila, perdóname... —Me susurraba al oído, pero yo no tenía nada que perdonar porque ella también sufría y además en silencio. Dejé que sus manos acariciasen mi pelo, que me rodearan sus brazos y me refugiase en ella.15
Pero aunque Lauren creyese que ella lo había empeorado todo, al contrario, me dio un nuevo nivel de vida. Ella me enseñó experiencias nuevas que nunca creí poder hacer, como montar en moto o ir a una exposición de arte. Me enseñó las letras del alfabeto con una caja de arena, me describía todo lo que veía con las palabras exactas y perfectas para que mi mente volase con su voz. Yo no podía verla, pero podía tocar partes de su alma que eran mucho más perfectas que cualquier persona.
—Gracias. —Mis manos acariciaron su espalda, colándome por debajo de su camiseta. No, no lo hacía porque quisiese acostarme con ella y Lauren lo entendía. Lo hacía porque quería sentirme cerca de ella, porque esa era la única forma que tenía de sentirla.
Mis dedos recorrían su columna, amoldándome a su curvatura, sintiendo su piel cálida, suave hundirse bajo mis manos. Necesitaba leer su cuerpo en braille, necesitaba saber cómo era, pero no podía. Ella me dejaba tocarla, me dejaba estar cerca, y eso era todo lo que podía pedirle.
—Lo siento mucho. —Me susurró al oído, dejando un beso en mi mejilla. Giré la cara para quedar frente a la suya; podía sentir su aliento sobre mis labios.
Me acerqué un poco hasta que mis labios chocaron con los suyos, dándole un beso cálido y tierno, mientras mis manos se escondían en cada recoveco de su espalda, en cada curva, en cada centímetro de piel que era acariciado por mis manos.
—Te quiero. Te quiero muchísimo. —Y después de decir aquello la abracé fuerte. No la besé, la abracé de esa forma tan reconfortante, tan fuerte, tan cercana y arropadora. Ella ya tenía suficiente en su vida como para soportar lo mío también, y no iba a dejar que eso pasase. Yo iba a ayudarla, costase lo que costase.1
* * *9
—¿Cómo le va a Lauren estudiando? —Apreté el brazo de Dinah que me conducía a través de los pasillos del instituto. Echaba de menos a Lauren, eso era cierto, pero Dinah era la mejor compañía que podría tener.
—Muy bien, es muy aplicada, ¿sabes? —Tropecé con una papelera dándome en el hueso de la cadera.13
—Uy, lo siento, ni siquiera yo la había visto. —Dinah apartó la basura, lo supe por el ruido del metal arrastrándose por el suelo.36
—Qué irónico. —Reí un poco y ella también, llevándome hasta mi taquilla. Posé las manos en el metal, subiéndola hasta dar con el candado.
—¿Necesitas que te lleve a algún sitio? —Giré la ruedecilla un par de veces, sintiendo los clicks sobre las yemas de mis dedos.1
—No, gracias. Mi padre viene a recogerme en media hora, tengo que ir al médico. —Sentí un beso repentino en la mejilla que me hizo sonreír, y luego apretó mi hombro.8
—Nos vemos entonces el lunes.
Cuando se fue, abrí la taquilla, palpando el dorso de los libros. Cogí el de historia y lo metí en la mochila, pero no me dio tiempo a mucho más cuando escuché la voz a mis espaldas.1
—Eh, ciega. —Apreté las cejas al escuchar la voz de Luis a mis espaldas. Lo odiaba, mostraba tanto odio, tanto desprecio que me daba lástima. ¿Cómo alguien podía albergar tanto odio una persona?20
—¿Qué quieres? —Cerré la taquilla con cuidado, dejando la rueda del candado a medio cerrar.
—Mi ex novia está colada por tu novia. Vaya, qué golpe tan bajo para mí. —Soltó una risa socarrona, y apreté los dedos en el asa de la mochila, tensando la mandíbula. En ese momento desearía tener mi bastón a mano. —Pero oye, mándale este mensajito a tu novia.13
—¿Qu.. —Me quise dar la vuelta pero me puso la mano en la cabeza, reventando mi cara contra el metal de la taquilla varias veces, sintiendo la manecilla con la que abría punzarme en el ojo izquierdo, y de nuevo otro golpe, resonaba el metal contra mi cara. Chillé, el candado que había dejado medio abierto ahora me golpeaba la nariz, el dolor me recorría la cara, di patadas, pero caí al suelo por un tirón de pelo de Luis.279
Caí inconsciente.


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30

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:33 am

Lauren's POV
El primer puñetazo cargado de furia le rompió la nariz. Él ni siquiera sabía dónde estaba. Lo pillé desprevenido de los baños, cuando no había nadie. Retrocedió como una rata a la que pillan en una alcantarilla, escondiéndose en su cueva de mugre.51
—Levántate.—Él hizo oídos sordos a mi petición. Lo cogí de la camiseta y lo alcé golpeándolo contra la pared con un juguete roto. Clavé mis uñas en su cuello, él me empujó pero mi patada en su entrepierna fue más rápida. —¿¡Qué se siente cuando te revientan!? ¿¡EH!?—Di una patada en su costado que lo volvió a tumbar casi sin respiración. La rabia corría por mis venas.73
Me puse encima de él y comencé a golpearle la cara a puñetazos limpios, directos en la boca que comenzaba a sangrar a borbotones.9
—¿¡Te gusta que te peguen palizas!?—Mi puño chocó fuerte contra su oído, contra su ojo, una y otra vez.
Me levanté comenzando a patear sus piernas, salté sobre su rodilla, la punta de mi zapato azotaba su abdomen, y finalmente le di una patada en la cara, aun así intentaba levantarse; pero no lo dejé. Lo levanté yo de un puñado, dándole un cabezazo en su cara ya desfragmentada repleta de sangre.
—Ya sabes lo que puedo hacer. Si te atreves a tocar a alguien más, te juro que.
—¿Qué?—Escupió con la voz seca, ronca, casi inaudible.
—Que volveré a hacerte esto, y aún peor. ¿Te jode que tu novia se muera por follar conmigo, verdad?—Solté una risa socarrona. Él se revolvió y yo volví a estamparlo contra la pared. —¿Sabes qué? Tu novia me besó, me besó estando desnuda, Luis.—Me acerqué a su cara, escupiendo aquellas palabras con el mayor placer que había sentido nunca al decir algo.—Y me dijo que estaba enamorada de mí desde hace mucho. ¿Cómo te sienta saber que mientras follaba contigo pensaba en mí? ¿Cómo te sienta que cuando te la chupaba le daban arcadas? ¿O que cuando se la metías ella no sentía nada?—Me reí entredientes negando.88
—CÁLLATE.—Me gritó intentando separarse, pero mi puñetazo en el estómago fue suficiente para que cayese al suelo.
—De momento, voy a hacer que te expulsen del instituto.
Le di una patada para apartarlo de mi lado y metí la mano bajo el grifo que Luis había dejado abierto, limpiándome las manos y la cara de sangre mientras él se removía entre quejidos en el suelo.
Con total tranquilidad salí de allí.61
*7
—¿Cómo está?—Según me habían dicho, Camila tenía la cara mal. Los ojos hinchados, morados, su aspecto físico estaba fatal. Justo como yo había estado cuando Luis me atacaba de esa forma. Hijo de puta. Mis manos se habían cobrado aquella venganza que de verdad deseaba.8
—Bien, está bien. Está sedada porque le duele mucho, pero tampoco nos han dicho nada más. Sólo que... Le darán calmantes para el dolor.—Me senté en una de las sillas del pasillo, cubriéndome la cara con las manos. Aún me temblaban de los nervios al partirle la cara a ese cabrón, pero no me arrepentía de nada en absoluto.3
—Y si está bien... ¿Por qué no nos podemos ir ya a casa?—Alcé la cabeza hacia Alejandro, que torció el gesto y se encogió de hombros.1
—No lo sé.
Torcí el gesto.
—¿Puedo entrar a verla?—Alejandro asintió, y dejé la chaqueta en la silla caminando hacia la puerta. Abrí sin hacer ruido, aunque ella tampoco me escucharía.
Camila tenía los dos ojos hinchados y costras de sangre seca alrededor de estos. Además un vendaje en la nariz que tenía partida y algunos moratones en los brazos. No me permití sentir pena por ella, lo que más sentía era rabia. Eran ganas de darme la vuelta y volver para matar a ese cabrón.31
—Hey... —Me senté a su lado en la cama tomando su mano entre las mías, dándole un beso en el dorso lentamente.—Te pondrás bien.—Es lo único que pude decir.
Acerqué mi rostro al suyo, dándole un beso leve en los labios que ella ni siquiera notó.
Estaba destrozada. ¿Podía ir mi vida a peor? ¿Podía todo dejar de hundirse y empezar a ir bien? ¿Alguna vez sería feliz? ¿Alguna vez la vida dejaría de darme golpes, de tirarme, de arrastrarme y tratarme como si fuese un perro? La respuesta era no. Me torturaba por dentro saber que mis desgracias, mi vida estaba afectando a Camila. Me dolía. Me estaba matando lentamente.26
La puerta se abrió, era la enfermera, tenía que salir de allí porque el horario de visitas había terminado. Me sentía una mierda, aliviada porque Luis había tomado de su propia medicina, pero las cosas seguirían pasando si yo seguía a su lado. Pero era demasiado egoísta como para dejarla ir, porque si me iba también le haría daño. Estaba en una encrucijada. Si estaba conmigo, al menos sería feliz. Al menos podría ayudarla a mejorar.
—¿No comes?—Susurró mi hermano sentándose conmigo en la cocina. Había llegado tarde, y mi madre me había dejado apartado un plato con filete, puré y guisantes.27
—No tengo mucha hambre.—Respondí a media voz, removiendo los guisantes con el tenedor y una mueca.
—¿Qué ha pasado? He escuchado algo en el instituto pero, no me enteré de mucho.—Él como siempre. De una frase no se enteraba de media.
—Luis y sus amigos golpearon a Camila contra las taquillas. Tiene la cara... Fatal.—Antes de decir nada, Chris tomó mi mano, observando mis manos. Tenía sangre incrustada en los nudillos y bajo las uñas.—Le partí la cara.—Escondí la mano sabiendo que hice más que eso. Lo reventé en todos los sentidos.
—Se lo merecía.—Asentí al escuchar sus palabras. Era reconfortante saber que él me entendía.36
—Deberías comer. Apuesto que no lo has hecho en todo el día.—Apretó mi hombro un poco, pero yo no dije nada más. Yo me quedé en total silencio. Colé un poco de puré entre mis labios, resecos, cansados y agrietados.
A veces la actitud de mi hermano me aturdía un poco. Unas veces pasaba de mí, incluso se reía. Otras, como ahora, intentaba ser cercano. Intentaba consolarme en aquellos momentos en los que yo estaba totalmente hundida. Al fin y al cabo, Chris era mi hermano y debía dolerle verme así; aunque por esa regla de tres a mis padres les debía dar vergüenza tratarme así.
—Me gustaron mucho tus fotos.—Puse las cejas gachas mientras comía, desencajando la mandíbula.
—¿Fotos?—Sólo le enseñé una.
—Vi... El nombre de tu Tumblr y entré. Espero que no te importe.—Negué apretando los labios, de hecho esbocé una débil sonrisa. La única que mostré en todo el día.29
Al terminar de cenar me di una ducha, larga para lo que yo acostumbraba. De hecho mis padres se quejaron aporreando la puerta un par de veces, pero a mí no me importó.
Cuando mi espalda tocó el colchón, dormí. No sé durante cuánto tiempo, porque no miré la hora en la que me acosté, lo que sí sabía era que a las siete de la mañana, cuando ya todos se habían ido, yo me desperté.
Cogí mi maleta y metí los libros, una camiseta rota por los bordes blanca, vaqueros, Vans negras y la chaqueta de cuero. Salí de casa. El frío era insoportable, tanto que los ojos comenzaban a llorarme. Las calles estaban húmedas, y es que en Vancouver era costumbre que lloviese sobre mojado.
Cogí el bus, línea 21. Llevaba directamente hasta el hospital donde estaba ingresada Camila. Sólo tres personas en él, era demasiado temprano para coger aquél autobús. En los cascos, The A Team sonaba de nuevo en reproducción aleatoria. Mis pies se movían al compás de la música, mirando el cielo encapotado, oscuro, con el cristal lleno de gotas de agua.15
Salté del autobús y entré en el hospital. Sólo el ambiente me daba ganas de vomitar, me ponía enferma estar allí. Qué irónico.
Cuando llegué al pasillo la puerta estaba cerrada, al fondo, Alejandro se tomaba un café frente a la máquina. Estaba despeinado, tenía una mano en el bolsillo y hacía una mueca mirando al frente. No podía evitar culparme a mí misma por aquello que a su hija le había pasado, porque sí, era mi culpa.
—Señor Cabello.—Me acomodé la mochila al hombro apretando los dedos en la tela. —¿Cómo está?
—Bien, ha dormido toda la noche y...
—No, me... Me refería a usted.—Mordisqueé mi labio un poco, y él abrió los ojos algo sorprendido.
—Oh, oh... Yo estoy bien, gracias. Ayer le hicieron un escáner y hoy vendrá el médico a valorarla, quizás podamos irnos a casa, no lo sé.—Tomó un sorbo de su café y asentí al escucharlo, mirando hacia atrás; la habitación de Camila.—Puedes entrar a verla, está despierta.
Mientras Alejandro se tomaba su café, entré en la habitación de Camila.
—¿Papá?—Entreabrí los labios para contestar pero no me dio tiempo. Cerré la puerta. —¿Quién es?
—Soy... Soy Lauren.—Tragué saliva acercándome a la cama, observando aquella sonrisa en sus labios al escuchar mi nombre.—Perdón por asustarte.—Dejé la mochila en el suelo y me senté justo en el mismo sitio que el día anterior, tomando su mano. Su cara estaba aún peor. Su ojo derecho estaba morado, casi negro, rodeado por costras de sangre, postillas, y su nariz seguía vendada.6
—No me asustas.
—¿Cómo estás?—Acerqué su mano a mis labios para darle un beso, y ella me acarició la mejilla con los dedos, suavemente.
—Ayer me dolía mucho más que hoy... —En ese momento la puerta se abrió y cuando miré, Alejandro entró, pero no iba solo. El médico venía detrás. Golpeaba con el bolígrafo la carpeta que llevaba en la mano, estaba nervioso.13
—Buenos días, Camila. Soy el doctor Swan.—Tenía el pelo rubio peinado hacia un lado, pero no demasiado, lo suficiente para darle cierto aire formal. Carraspeó. Miré a Alejandro, él me miró a mí.116
—¿Puedo irme ya a casa?—Preguntó Camila apretando los dedos al borde de la sábana.
—Camila... Hemos encontrado algo extraño en el escáner que te hicimos ayer..


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:33 am

Camila's POV
Realmente no sabían si lo que habían encontrado era bueno o malo. Como cabe de esperar, me asusté. Me quedé en la cama todo el día, y Lauren se quedó conmigo. Estaba a mi lado, suponiendo que estudiando, no sé. Lauren sabía guardar muy bien sus sentimientos, o eso es lo que me había demostrado durante todo el tiempo que llevaba a su lado. Sabía sacar una sonrisa cuando las cosas estaban peor, y en este momento no era una excepción. Yo me estaba consumiendo porque no sabía qué me pasaba.
—¿Qué haces? —Estaba algo aturdida. Los medicamentos que me daban para el dolor eran demasiado fuertes. Quizás así también me ayudaban a no pensar tanto en los resultados de los estudios que me estaban haciendo.
—Repasar. —Murmuró en voz baja. Supuse que era de noche, Lauren se había ofrecido para quedarse conmigo aquella noche y dejar que mis padres descansasen. —¿Necesitas algo?
—A ti, aquí... —Apreté un poco los ojos escuchando cómo cerraba los libros y recogía hojas de apuntes. Entonces, me eché a un lado en la cama. Lauren se hundió a mi lado, pasando con cuidado su brazo tras mi cabeza. Nos quedamos en silencio. Podía sentir su respiración acompasada contra mi espalda, y sus manos apretaron las mías, enlazando nuestros dedos. —¿Qué pasa si me estoy muriendo?60
—No te estás muriendo. —Susurró ella con voz dura, seria, apretando mis manos con fuerza. —No va a ser malo.7
—Nada de lo que aparece en tu cuerpo y no saben lo que es termina bien. —Me escondí entre sus brazos, metiendo la cabeza en su pecho. Apreté los labios evitando soltar el aire que había cogido, pero acabé soltándolo lentamente. Lauren no dijo nada, pero mi cabeza estaba en su pecho. Su corazón bombeaba rápido, fuerte, golpeando contra mi oreja haciendo que revotase con el mío. Haciendo que me encogiese entre sus brazos. —Lauren... —Seguía sin decir nada. Busqué su cara con mis manos hasta encontrarla. Mis palmas sujetaron sus mejillas, y las noté mojadas; estaba llorando en silencio.11
Me dolía, me dolía verla así y esta vez por mí. Aparté las lágrimas que caían por sus mejillas con el pulgar, abrazándome aún más a ella al escuchar cómo sorbía por la nariz.30
—No vuelvas a decir eso. —Su voz estaba rota, débil, temblorosa. Hundió sus manos en mi pelo para acariciarme, besando mi frente con sus labios. —Todo estará bien.31
* * *13
Un pitido se clavaba en mis oídos, y la placa en la que estaba tumbada se movía. Según me habían dicho iban a hacerme una resonancia. Tenía miedo. Mis dedos estaban apretados al borde de la camilla, y apretaba los ojos e intentaba respirar por la nariz.2
—Está bien, Camila, no te muevas mucho, ¿vale? Durará un par de minutos, nada más.3
Pero a mí no me preocupaban los minutos que estuviese allí, me preocupaba lo que saliese en esa pantalla.
Los minutos se hacían eternos, y en el silencio de aquella sala comencé a pensar en Lauren. No quería que sufriese, no quería que si era algo malo aquello se sumase a la vida de mierda que tenía Lauren. No quería que ella se hundiese conmigo, no podía. Yo era su ancla, ¿y si su ancla se desintegraba? ¿Y si su ancla se rompía y la dejaba a la deriva? ¿Y si yo ya no era suficiente para sacarla de aquél pozo en el que estaba?57
—Ya estamos. —La voz el doctor hizo que diera un respingo en la camilla, y él puso una mano en mi hombro. —Hey, no llores. —Me quitó una lágrima; ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando de nuevo. —Ahora te llevarán de vuelta a tu habitación y ya no te molestaremos más.1
Quería responderle que lo que quería es estar bien y no estar muriéndome, que era lo único que se me pasaba por la cabeza en aquellos días.3
* * *10
Lauren's POV
—¿Quieres hablar? —La voz de mi hermano casi me molestaba.
—No. —Respondí sin más, pero él no se fue de la puerta de mi habitación mientras yo retorcía mis carboncillos negros sobre las hojas de mi libreta.
Había hecho tantos dibujos en aquellos días que me darían para hacer una galería, casi literal. En la mayoría era Camila con los ojos negros y lágrimas de alquitrán deslizándose por sus mejillas.
Chris entró en la habitación y dejó un plato en la mesita de noche; pavo y verduras. Retiré la mirada a mi libreta, y él se sentó a mi lado en la cama. No dijo nada, sólo se quedó mirándome en silencio, como si no quisiera molestarme, sólo hacerme compañía, hacerme sentir mejor; pero no. Nada me haría sentir mejor que saber que Camila estaba bien.
Comencé a llorar sin hablar, sin darme cuenta, dejando la libreta a un lado y queriendo meterme en la cama, hacerme una bola, hacerme pequeña hasta desaparecer. Parecía que si me hacía más pequeña los problemas me afectarían menos, pero qué va.9
Chris me abrazó, y yo me dejé, acomodándome en su pecho, con las lágrimas saliendo a borbotones de mis ojos sin cesar, compensando la angustia y la presión que tenía en mi pecho. Todo estaba estallando, todo estaba llegando a su fin y aquello era una señal.26
Casi había olvidado la última vez que mi hermano me abrazó, pero se sentía tan cercano y tierno que me dejé, me dejé abrazar hasta que el llanto paró, pero para entonces yo ya estaba dormida.
* * *8
El sofá de Michael era muy cómodo. Muy muy cómodo. Já. Justo como lo era la cama de Camila. Mmh. Tenía hambre. Me gustaba el color del pelo de Michael, era muy bonito, además como se había cortado el pelo me daban ganas de tocarlo.58
—Tu pelo es guay. —Dije sonriendo, dándole una calada al cigarrillo. Aún tenía maría pegada en los dedos.20
—Lo sé. El piercing de tu nariz también. —Sonreí con los ojos cerrados y me toqué el pequeño arito que me puse no hace mucho. Nos quedamos en silencio, Michael soltó el humo entre sus labios.15
—Mmh... Me gusta Dinah. Me gusta mucho. —Giré la cabeza que estaba apoyada sobre el sofá de forma algo brusca, sonriendo. —Es muy guapa, muy muy guapa... Quiero tener bebés con el pelo azul con ella. —Comencé a reírme algo embotada, dándole otra calada al cigarro. —¡No te rías...! Hablo en serio... Quiero... —Se aclaró la voz con el ceño fruncido, señalándome. —Quiero protegerla de todo lo malo del mundo... Y darle besos. Muchos.56
—No puedes proteger a nadie de todo lo malo del mundo... —Casi se me venía a la cabeza Camila, pero negué con los ojos apretados, soltando una risa. —Protégela como puedas.
—Dándole besos. —Tomé una nueva calada, pero seguía pensando en Camila. La marihuana cada vez tenía menos efecto en mí, y lo odiaba. Quería que volviese a ser como al principio, quería que se me olvidase que seguía viva.19
—Esa es la mejor manera de cuidar a una chica. —Cogí la cerveza que había en la mesa, dándole un trago lo más largo que pude. —Quiero que Camila esté bien... Pero no sé cómo hacerlo...
Michael se quedó en silencio. No es que fuese un chicho superficial, pero en esos temas prefería no hablar para no meter la pata o eso me había dicho. Así que simplemente sacó otro papel, puso maría en él y lo encendió, tendiéndomelo.2
Volví a caer a plomo en el sofá, con la vista fija en la televisión. MTV Rocks, especial sobre Green Day.17
Me quedé dormida.2
* * *6
—¿Quieres levantarte? —Camila asintió, y yo giré sus piernas en la cama para que saliesen fuera. La sujeté de la cintura y la empujé para que pusiese los pies en el suelo. Ella se agarró de mis brazos con fuerza, levantando la mirada hacia mí.1
—Gracias. —Mis ojos oscilaban de uno a otro en los suyos, pero los de ella parecían inertes. A veces los movía hacia un lado, sin controlarlo. Lo odiaba. Cerró los ojos. —¿Me puedes dar un beso? —No sabía qué tipo de beso quería, así que le di uno suave, dulce, atrapando su labios inferior entre los míos dejando escapar un suspiro.4
—Voy a quedarme aquí hasta que salgas del hospital, ¿vale? —Camila bajó la mirada pegando su frente en mi pecho, y apoyé mi barbilla en su cabeza con un suspiro. —No sabemos nada. —Me separé de ella cogiéndola de las manos para poder mirarla bien. —Camila. —La llamé y ella alzó la cabeza algo aturdida, girando la cabeza con el ceño fruncido para escuchar mejor lo que le decía, supongo. —Eres preciosa. —Sonrió agachando la cabeza con los ojos cerrados, poniéndose las dos manos en la boca. —No sabes cuánto. ¿Me has escuchado? Y... Siento que, y que no puedes verte, deberías saberlo. —Acaricié la zona morada, casi negra de su ojo, apretando los labios. —Incluso cuando más débil estás.
—No soy débil. —Replicó tanteando el borde de la cama, dando pequeños pasitos para caminar.
—Yo soy débil. —Ella paró de andar, alzando la cabeza como si intentase buscarme, y giró la cara hacia mí.
—No eres débil. Nadie es débil.
—Si no te hubiese conocido quizás me habría suicidado hace mucho. —Parecía como si le hubiese dado una patada en el estómago.57
Justo iba a responder Camila, pero el doctor Swan abrió la puerta. Palidecí al verle, no tenía ninguna expresión en el rostro. Me iba a desmayar en el momento en que abriese la boca. Swan miraba a Alejandro y Sinu, tomé a Camila del brazo y la senté en la cama, dejando que se apoyase en mi pecho.3
—Estaré aquí. —Fue lo último que le dije antes de escuchar aquello.155


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:33 am

Lauren's POV30
—Como ya te dijimos, el otro día encontramos algo anormal en el escáner. —El médico alzó lo que yo creía que era una radiografía, pero era el resultado del escáner. —Esta es tu cabeza antes del golpe, no hay nada. —Alzó el siguiente escáner, y el médico miró a Alejandro. —Esta es la resonancia que le hicimos el otro día. ¿Veis esta mancha blanca? —Tragué saliva tan pesadamente que temí atragantarme. —Es un tumor que presiona el nervio óptico. Tenemos que hacer una biopsia pero, creemos que es benigno. —Eso último hizo que mi corazón parase, me estabilizase por completo. Me acerqué para ver la resonancia con el ceño fruncido. —Podríamos operarte si... —Mis piernas temblaron, mis manos temblaron, noté la bilis en la parte posterior de la garganta.85
—¿Qué ocurrirá cuando lo extirpen? —Me crucé de brazos, atando cabos en mi cabeza. Si era de verdad lo que creía, mis piernas estaban comenzando a fallar.
—Su nervio óptico podría... Volver a ser normal.325
—¿Quiere decir que podría volver a ver? —Preguntó Camila con el ceño fruncido mirando al suelo. Mis uñas casi se estaban clavando en mis brazos, esperando a que el médico respondiese.29
—Podrías. No es seguro. No quiero que te hagas ilusiones, porque muy pocas veces hemos hecho esto. Tu caso es un caso excepcional. —Parecía nervioso, ni siquiera me había fijado en que Camila estaba llorando.21
—¿Pero? —Dije yo, intentando sacarle la pega que tenía aquello.
—Esta operación es muy arriesgada. No garantizamos que vaya a volver a ver y...122
* * *14
Los padres de Camila nos dejaron a solas. Camila estaba sentada al borde de la cama con sus manos entre las mías, que acariciaba lentamente. Estaba con una mezcla de emociones que no sabía por dónde empezar a describirlas. La primera es que no sabía si estar feliz o no, porque 'creían' que era benigno. La segunda, es que tampoco sabía si iba a salir viva de la operación. Y la tercera... Si salía viva, no era seguro que volvería a ver.10
Camila lloraba en silencio, con una lágrima bordeando la costra de sangre de su ojo que cada día mejoraba un poco, pero todo empeoraba cada vez más.
—No puedes operarte. —Murmuré en voz baja, y Camila apretó mis manos y los dientes a la vez.
—Cállate. —Me respondió, tensando la mandíbula. Se levantó de la cama, y la sujeté, aunque ella declinó mi mano, apoyándose en la pared.
—Es la única oportunidad que tengo. La única. —Dijo con la voz temblorosa.15
Mis labios titilaban, temblaban, con las lágrimas aferrándose a la piel reseca de estos, cortados y blanquecinos. No estaba siendo yo misma, no estaba en mi cuerpo. Si pudiese hacer un intercambio con Dios, preferiría que Camila siguiese viva y yo sufriendo en mi casa, pero no, a ella no podía perderla.1
Camila se golpeó la mano contra los pies de la cama, y eso la sacó de sus casillas. Comenzó a golpear el colchón, el metal del borde daba contra sus manos.
—¡NO QUIERO SEGUIR! —Gritaba golpeando la puerta a puñetazos, clavándose las bisagras en las manos. —¡NO PUEDO SEGUIR! —Su voz estaba desgarrada, desesperada, entre llantos y aporreos a la puerta con rabia y furia.34
La abracé por la espalda sujetando sus manos que sangraban por los nudillos, estaban rojas por los golpes. Escondí mi cara en su pelo, sollozando, intentando que se controlase por su bien y por el mío. Camila simplemente lloraba, lloraba sin importarle nada.
—No puedo, Lauren... —Susurraba mientras las lágrimas caían sin cesar por su rostro, y sus manos se aferraron a las mías, abrazándose a sí misma. —No puedo seguir...
—Camila, por favor... —Ella negaba apretando los ojos, echando la cabeza hacia atrás con los ojos hinchados por el llanto. —Podrías morir...
—Si me muero sólo habrá oscuridad, —soltó una risa apartándose de mí con una mueca— ¿qué diferencia habrá entre eso y seguir viviendo?
—Que ya no me tendrás a tu lado.175
* * *6
Ella eligió ser egoísta, y en parte la entendía, así que ni siquiera me esforcé en quejarme, porque sabía lo que era sufrir y querer una vía de escape, aunque yo nunca había elegido el egoísmo. Pero la entendía perfectamente. Me tragué las lágrimas, me tragué la tristeza, me tragué el miedo que tenía de perderla, que era bastante alto. Me tragué las palabras, la ira, la rabia y la impotencia y simplemente me senté a su lado en la habitación.16
Sus padres estaban igual que yo, porque la única que tenía decisión sobre si se operaba o no era Camila, y Camila estaba dispuesta a renunciar a su propia vida con tal de ver. Estaba dispuesta a renunciar a mí, a hacer que la perdiese, a darme el mazazo más grande de mi vida por ver. E iba a dejar que lo hiciese.38
Había un 70% de probabilidades de que... De que Camila muriese. La había perdido ya, la estaba perdiendo. Camila iba a irse intentando conseguir lo que más quería en la vida, que era verla.60
—¿Estás despierta? —Me preguntó, la veía jugar con sus manos. Mis lágrimas estaban resecas sobre mis mejillas.
—Sí. —Intenté sonar todo lo firme y entera que pude.
—¿Estás enfadada? —Apreté la mandíbula y la palma de la mano contra mi frente, con los dedos en tensión casi desgarrando mis tendones. Quería estarlo, pero no podía. Estaba destrozada.
—No. —Mi corazón estaba en mi garganta, sin permitirme hablar correctamente.
—Lo siento. —Murmuró apretando los ojos, dejando caer sus lágrimas a los lados de sus ojos.
—Tú no puedes seguir, ni yo tampoco.52
* * *12
Froté con fuerza mis brazos con la esponja hasta que la piel enrojecía, escocía y dolía. El agua y el jabón se colaban por los poros abiertos de mi piel, limpiándome, pero en mi mente quería que me desintoxicase de mis pensamientos. De aquella vida que estaba llevando, de aquella mala vida.
Cuando Camila muriese —que era lo más seguro— yo también lo haría. Ya no tenía nada por lo que permanecer aquí, ya no... Ya no era parte de nada. Ella era mi casa, y mi casa iba a morir en poco más de una semana.125
Pero yo no iba a impedírselo, porque era lo que ella quería. Aunque sabía que por las noches me escuchaba llorar, porque ella también lo hacía, no iba a dar su brazo a torcer, no por mí. Empecé a plantearme si Camila de verdad me quería tanto como yo a ella. Porque yo no me había suicidado por Camila, aunque las situaciones eran totalmente distintas. A mí no se me había privado de ningún sentido.
Odiaba mi vida, lo odiaba todo, y la mejor manera de acabar después de la operación era conmigo misma.28
* * *16
Camila's POV
Ya me había despedido de mis padres. Les había dicho un 'hasta luego' después de fundirnos en un abrazo que duró varios minutos, y mis padres lloraron. Lloraron en mi cuello, lloraron hasta que no pudieron más y se separaron de mí.7
Lauren entró después, y acarició mi mano, pero yo cogí la suya con fuerza, atrayéndola hasta mí. Ella me abrazó igual que mis padres, escondiendo su rostro en mi cuello, con su aliento cálido y su llanto chocando contra mi piel. Yo también lloraba, eran sollozos ahogados en mi garganta, oliendo su pelo, evitando llorar a lágrima viva y hacer aquél trago peor para Lauren.11
—Te quiero. —Apreté los ojos hipando, sintiendo sus manos en mi rostro, y su frente se pegó contra la mía. Su voz era temblorosa, casi inaudible. Era un hilo de voz.
—Te amo. —Murmuré más bajo, era algo que nunca le había dicho, pero que de verdad sentía. Me destruía por dentro dejarla sola, dejarla aquí. Dejarla sin saber lo que de verdad sentía. —Espero que algún día me perdones...66
—Espero que te gusten mis ojos cuando los veas. —Sonreí, pero aquellas palabras me hicieron llorar más aún, resquebrajándome el alma en dos, porque sabía que había muy pocas posibilidades de que pudiese ver sus ojos.134
Uní mis labios a los suyos, en un beso lento, largo, profundo, húmedo, con su lengua acariciaba la mía lentamente, aunque paramos porque el llanto podía con nosotras.1
Escuché la puerta de la habitación, y me agarré a las sábanas instintivamente. No, no quería irme, no quería dejar a mis padres, a mi hermana, a Lauren. Pero tampoco quería seguir viviendo en aquella pesadilla.1
Lauren dio un último beso en mis labios, una última caricia en mi mejilla.
—Que nos volvamos a ver. —Susurré.436


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:36 am

Lauren's POV38
Mis ganas de vomitar eran infinitas. Tenía el estómago en la garganta, probaba la bilis cada vez que pensaba en que probablemente Camila no saldría viva de aquella operación.10
Pasaban las horas.
La primera hora. Me senté en la silla del pasillo de la sala de espera. Alejandro y Sinu ni siquiera querían estar allí, preferían estar en el coche o en la cafetería donde no hubiese nadie para llorar tranquilamente. Yo, sin embargo me quedé en el pasillo aferrada a la idea de que igual, Camila aparecería correteando a mis brazos. Já. Qué ilusa era. Mi hermano me mandaba mensajes constantemente sobre cómo iba todo, pero yo no le contestaba, no tenía fuerzas ni siquiera para levantarme del suelo.15
Pero lo hice.3
Entré en la habitación en la segunda hora de operación. Entre sus cosas, en su bolso vi su móvil. En él Camila había pegado un papel con 'Lauren' escrito. Suponía que se lo había pedido a su madre. Me partía el alma.
Abrí su móvil y en él había un archivo, una carpeta en la que ponía 'Lauren'. Era un audio.
"Siento que esto no sea una carta escrita por mí ni nada de eso... Te has ido a por un sándwich y este es el único momento que tengo para decir todas las cosas que quiero decirte. Perdóname, estoy siendo egoísta. Estoy privándote de mí, y dándote un mazazo más en la vida. Soy consciente de que te estoy hundiendo y que probablemente te quede rencor en tu interior. Pero espero que me entiendas. Espero que entiendas que... Tengo una oportunidad de salir de esta pesadilla, de ver luz, de conocer el mundo. De poder soñar por las noches, de poder pensar en ti como una persona y no como una voz. —Camila comenzó a sollozar, con la garganta agarrotada. —Y... Te quiero, Lauren. Gracias por todo lo que has hecho por mí, gracias por hacerme sentir, gracias por despertar ese lado de mi vida que tenía dormido. Sabes... Eras esa pequeña luz dentro de la oscuridad que me hizo sentir las cosas que siente una persona normal. Y no te mereces todo esto, no te mereces sufrir por alguien como yo. No te mereces estar anclada a mí, no te mereces estar mal porque yo no pueda ver. Esto, por pequeña que sea la probabilidad, también es una oportunidad para ti. De que por fin seas feliz. Si no salgo del quirófano, sólo te pido que no te estanques. Quiero que seas esa gran fotógrafa que todos dicen que eres, quiero que cumplas tu sueño. Y si salgo y por fin puedo ver... Quiero ver tus fotos para poder decirte que eres una gran fotógrafa. Te quiero y... —Se escuchó la puerta. —Voy al baño. —Era mi voz. Mi maldita voz. —Tengo que dejarte porque has llegado, no pareces querer hablarme pero... Te quiero. —Comenzó a llorar de nuevo, arrancándome el corazón."169
El golpe de mi puño contra la pared quebró los huesos de mis nudillos, una y otra y otra vez, pero a mí me daba igual. La voz de Camila se repetía en mi cabeza, y probablemente aquél 'Te quiero' sería lo último que había escuchado de ella.6
Me guardé su móvil en mi bolsillo, ahora era mío.154
Caminé hasta el final del pasillo, estaba oscuro, allí había una pequeña capilla. Mi abuela siempre decía que aunque no fuese creyente, Dios siempre era un clavo ardiendo al que agarrarse para todos.19
Tenía unos tres bancos, y todo estaba rodeado de velas. Al fondo, encima de un pequeño altar, una imagen de Cristo crucificado presidía la estancia, rodeado por flores.23
Me senté en los bancos y miré mis manos temblorosas, cansadas, sufridas por aquella situación. No sabía qué decir, estaba tan desesperada que podría rezar un rosario completo sin saber siquiera por dónde empezar.
—No creo que haya nadie ahí arriba, sabes. —Apreté los ojos con las pestañas húmedas, los ojos hinchados de tanto llorar. —Pero si lo hay, no sé. No deberías dejar que estas cosas pasasen no... —Apreté los labios reprimiendo mis lágrimas, negando de forma asidua. —Sólo tiene 18 años, sólo es una niña... —Entrelacé mis manos apretándolas a la altura de mi cara, presionando mis párpados con fuerza. —Si tienes que matar a alguien, mátame a mí. —Solté una risa irónica negando, poniéndome las manos cruzadas en la boca. —Ella puede salvar vidas simplemente existiendo, yo no soy nada. —Se me quebró la voz al decirlo. La imagen de aquél Cristo se hizo borrosa por las lágrimas que se amontonaban en mis ojos. —Yo soy un estorbo sin ella... —Me mecí suavemente sobre el banco apretando las manos, los ojos, los labios, como si haciendo más fuerza, pidiéndolo más fuerte Camila se fuese a salvar.32
Pero no.60
La cuarta hora de operación. Me tiré al suelo con su móvil en mis manos, no tenía ni una foto nuestra. Solté una risa triste. Quería que viviese, quería que me viese.5
Me removí en el suelo, tirada, con la espalda en la pared y las piernas esparcidas por el suelo.2
La quinta hora. Salí a la escalera de incendios, y me fumé uno de aquellos porros que Michael había liado para mí la semana anterior. Al menos así aguantaría las dos horas de operación que quedaban. Solté una risa. Probablemente Camila ya estaba muerta. Hacía tanto frío en aquella escalera, pero nada me afectaba.62
Me quedé dormida en la silla de la sala de espera, el doctor Swan me despertó moviéndome el hombro un poco. Tenía la cara desencajada, pálida, con un atisbo de tristeza en sus ojos.
—Lo siento, Lauren, Camila ha muerto... —Comencé a llorar, mi corazón parecía que había sido apretado por sus propias manos. Grité, tiré de su bata tan fuerte como pude.206
Era un sueño. Me desperté.570
Cuando entré, se me había pasado el efecto, ¿qué hora era? No lo sabía, pero el médico ya estaba hablando con Alejandro y Sinu. La bilis se me subía por la garganta, mis piernas temblaban y el corazón me bombeaba tan fuerte que creía que me iba a dar un ataque al corazón allí mismo.
Al acercarme, el doctor Swan se giró hacia mí.
—Hey... —Los segundos que tardó en esbozar una sonrisa se me hicieron eternos. —Tu novia ha tenido mucha, mucha suerte. La operación ha sido un éxito.290
Me desmayé.355
* * *15
Cuando desperté, estaba en una habitación sola, con un suero puesto en el brazo, conectada a un gotero. Era la habitación de Camila, pero Camila no estaba allí. Comencé a mirar por toda la habitación y vi a mi hermano salir del baño. ¿Era de verdad un puto sueño? Porque si me despertaba y veía que Camila había muerto, entonces tendría por seguro que me suicidaría sí o sí.
—Hey, por fin te despiertas. —Dijo él acercándose a mí con un sándwich en la mano.6
—¿Qué haces aquí? —Lo cogí con la mano, mirándolo. Era empaquetado de la máquina del final del pasillo.
—Vine en cuanto supe que te desmayaste, y además no me dijiste que todo era tan complicado. —Al ver que yo no lo abría, Chris tomó el sándwich y lo abrió, poniéndome un trozo en la mano. —Toma, come.
—¿Dónde está ella? —Mi hermano se sentó en el borde de la cama, con las manos entre las piernas.15
—Pues en la UCI. Después de una operación así, los pacientes son llevados a la UCI para tenerlos estables hasta que se recuperen. —Mordí la punta del triángulo del sándwich, mirando a Chris de reojo. —Estás muy delgada.
—¿Cómo está? —Chris sonrió, asintiendo.
—Está bien, te lo prometo.22
Me comí el sándwich y palpé el bolsillo derecho de mi pantalón, tenía aún su móvil guardado. Sonreí, porque podría devolvérselo en mano, y no sería un recuerdo amargo de su adiós.
Me quité la vía del brazo de un tirón y me levanté del sillón, abrazando a Chris con fuerza al darme cuenta de que Camila estaba viva. Él se quedó parado, sin reaccionar, hasta que sus brazos me rodearon por completo, fundiéndonos en un abrazo.5
—Hueles fatal. —Me dijo al oído, y yo solté una risa al escucharlo.16
—Lo sé.
—Y en dos semanas son tus exámenes. ¿Te has olvidado de ellos? —Negué, separándome de él. —No puedes ver a Camila hasta mañana... ¿Quieres que te lleve a casa, te das una ducha, cenas y duermes un poco? —Asentí sin resistirme. Lo necesitaba, llevaba dos semanas consumiéndome con mis pensamientos.
Chris me llevó a casa, y mi madre hizo lasaña para cenar. Cené en silencio, el ambiente estaba tenso, pero no por su actitud hacia mí, sino porque el tema de Camila era bastante delicado y nadie quería hacerme daño. Lo agradecía.12
—¿Cómo está Camila? —Preguntó mi madre echándome un trozo de lasaña en el plato.170
—Bien. —Agradecí la pregunta. Nadie excepto Chris sabía lo mal que lo había pasado. Echó otro trozo más en mi plato, sonriéndome al hacerlo algo cómplice.47
Me tragué los dos trozos de una forma pasmosa, tenía tanta hambre que no me había dado ni cuenta en aquellos días. Estaba tan derrotada, que cuando me metí en la ducha tardé una hora en salir, pero nadie llamó a mi puerta para gritarme que dejase el baño libre. Limpia, relajada y con el estómago lleno, me metí en la cama. Apagué la luz.4
Fue el único momento en el que dormí toda la noche, unas diez horas de sueño. Normalmente dormía seis, incluso cinco. Aquellas nueve horas me pusieron las pilas para un año entero.53
* * *5
Habían bajado a Camila a planta, lo agradecía, por fin podría verla. La verdad es que ver a sus padres en aquél momento no era buena idea, seguro que me derrumbaría delante de ellos y no era un buen plan, así que simplemente les sonreí cuando llamé a la puerta. No quise decir nada más.
—Cariño, es Lauren. —Advirtió Alejandro, dejándome paso a mí.
Tenía una venda bien afianzada en los ojos, y una especie de pinza en el dedo índice, no sabía cómo se llamaba aquello. También una goma que se colaba por los orificios de su nariz, dándole algo de oxígeno para que pudiese respirar mejor.4
—Camz. —Dije a media voz, tenue y suave. Una sonrisa débil, pequeña, frágil se esbozó en su rostro. —Me asustaste mucho. —Me senté a su lado, cogiendo su mano que caía en peso muerto y me la llevé a mis labios para besarla.9
—Lo sé... —Dijo con voz apagada, lentamente, pesada. —Te quiero... —Dijo en el mismo tono, haciéndome sonreír un poco.5
Di varios besos en el dorso de su mano, acariciándolo con el pulgar, observando sus ojos vendados.
—¿Cuánto me quieres? —Camila abrió los dedos de su mano para formar un cinco. Estaba demasiado agotada, dolorida y adormilada como para responder a esa pregunta, pero sabía que para ella eso era muchísimo. —Yo te quiero así... —Puse la palma de mi mano sobre la suya, conectando las yemas de mis dedos con las de Camila. —Más... —Separé mi mano volviéndola a un unir, haciéndola sonreír un poco, algo distraída, débil.32
—No podía dejarte aquí sola... —Su voz, tan apagada y frágil hizo que se cayeran dos lágrimas de mis ojos. —Tengo que ver tus fotos para decirte lo bonitas que son...155


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:37 am

Camila's POV60
Me gustaba pasar el tiempo con mis padres, pero no se comparaba a estar con Lauren. Casi no podía hablar porque los relajantes y calmantes para el dolor eran demasiado fuertes, y moverme era misión imposible porque mi cuerpo pesaba demasiado, lo único que lograba mover un poco eran los dedos de las manos.13
—Tus padres dicen que es bueno que esté contigo, espero que no te importe... —Solté un suspiro con una sonrisa débil, como si fuese una risa. —Espero que eso sea un 'no me importa'.4
No respondí, porque Lauren sabía de sobra que no me importaba.
En realidad, le debía toda mi vida. Se la debía de verdad. Había sido altruista condenándose a perderme, a hundirse más aún. Ella dejó que me fuese para que yo acabase con mi sufrimiento, aunque significase incrementar el suyo propio. Dejó que lo intentase incluso si me perdía, y por eso mis sentimientos se intensificaron aún más.42
—Cuando consiga el graduado, buscaré trabajo en tiendas de fotografía. —Su voz era baja y tenue, para no molestarme. Tenía ganas de levantarme y abrazarla, pero yo no podía.
—Tú... ¿Escuchaste mi móvil? —No sé de dónde saqué las fuerzas para hablar, porque mi voz pesaba tanto, mis labios parecían tener una carga de toneladas. Se quedó en silencio.27
—Sí. —Me humedecí los labios lentamente, apretando las yemas de los dedos en la cama con un suave suspiro tembloroso ante su reacción. —Siento haberme portado así contigo en algunos momentos pero... —Recordé que en el audio Lauren parecía triste y molesta conmigo. —Pero aunque te dejé ir, me dolía muchísimo y... Estaba resentida. Perdóname. —Solté un suspiro con una risa ante su disculpa, pellizcando las sábanas a los lados de mi cuerpo. Qué tontería, me estaba pidiendo perdón a mí, cuando la que tendría que pedirle perdón toda la vida era yo.13
Escuché cómo pasaba las hojas de lo que creía un libro o un cuaderno, espero que estuviese estudiando y no dibujando.11
* * *4
Lauren's POV
—¿Cómo estás? —La doctora Sullivan se sentó en su escritorio, cruzando las manos sobre sus piernas. —¿Todo bien? —Apreté los labios dejando la mochila a un lado del sofá y me senté alzando la vista hacia ella.15
—No, sí, no. No sé. —Jugué con la costura de mi pantalón al cruzar las piernas, clavando las uñas sobre el hilo dorado de los vaqueros.16
—¿Qué te ocurre? La última vez que nos vimos habías vuelto de Ontario y estabas muy bien. —Apreté los labios con un suspiro.
—Mi novia ha estado a punto de morir, así que... —Me encogí de hombros levantando la mirada hacia la doctora, que entreabrió los labios al escucharme.
—Oh, lo siento mucho Lauren... —Me encogí de hombros sin decir nada más.1
No podía dejar de mirar la foto que tenía en la pared. Mi foto. Aquella foto que unos meses antes ella me había pedido, y yo se la di. Me gustaba verla, era como... Algo que había hecho yo estaba ahí, donde todo el mundo que entraba podía verla.1
Hablamos durante esa hora, yo no quise sacar más el tema de Camila. Ella no insistió mucho más en aquello, y lo agradecí. Me preguntó sobre los exámenes, y cómo llevaba los estudios. Además, quería saber qué pasó con Luis, si al final hice algo al respecto; le dije que sí, pero no dije qué hice.11
* * *6
—Desde ahora hasta las cuatro de la tarde tendréis un examen cada dos horas. El primero el que yo repartiré, biología. —La profesora apoyó los dedos sobre la mesa, tensándome al escucharla. —Al terminar, tendréis una hora de descanso. Para repasar, para tomar algo, refrescar la mente; como queráis.23
Miré a mi alrededor, casi todos eran personas de 25 años en adelante, la única que estaba en edad de 'seguir estudiando' era yo. Mi padre debía de estar muerto de rabia de que yo hubiese tomado aquella decisión correcta.3
—Móviles fuera, mochilas fuera, estuches fuera. Sólo vuestro bolígrafo y... —Puso el folio del examen en mi mesa. —Vuestra mente. —Dijo mirándome esbozando una sonrisa. La señora Smith me daba verdadero miedo algunas veces.30
Me lo sabía, me sabía todos y cada uno de los apartados del examen. ¡Sí! Aunque paraba algunas veces para pensar en Camila, rápidamente sacudía la cabeza sin permitirme pensar en ella en aquellos momentos porque mi futuro dependía de aquellos exámenes.14
El siguiente era el de lengua y literatura, oh mierda. Tenía que clavar ese examen como fuese, ¡como fuese! No había manera de que pudiese fallar aquello, era lo mío.54
* * *9
Camila's POV3
—¿Cómo estás hoy, Camila? ¿Preparada? —La voz del doctor Swan era agradable, profunda, pero agradable. Me lo imaginaba joven.56
—Bien. —Mi corazón empezó a latir demasiado fuerte al escucharlo hablar, mi aliento salía tembloroso entre mis manos y mis dedos comenzaron a pellizcar las sábanas.
—¿Tienes ganas de levantarte ya? —Escuché ruidos a mi alrededor, sólo eran personas moviéndose. Mis padres.
—Sí, llevo dos semanas tumbada. —El doctor Swan puso su mano sobre la mía, apretándola un poco.10
—Vale... Vamos a quitarte la venda de los ojos. ¿Quieres? —Asentí como pude, mis dedos estaban agarrotados de los nervios, sentía una presión enorme en el pecho que me impedía hablar. Mi estómago dio un vuelco, estaba a punto de vomitar.82
Noté las manos del doctor Swan levantar mi venda y cortarla hasta que cayó a los lados de mi cabeza. Después de tanto tiempo, ya no sentía mi cabeza presionada por aquél vendaje tan apretado. Iba a vomitar, no quería abrir los ojos, no quería que mis esperanzas se desvanecieran tan pronto.5
—Camila, abre los ojos.84
Lentamente, comencé a abrirlos. Mi corazón dio un vuelco y los cerré rápidamente empezando a llorar al darme cuenta. Mis lágrimas caían por los lados de mi cara, y es que acababa de ver el rostro de mi padre por primera vez después de catorce años.463
—Papá... —Dije abriendo los ojos de nuevo ahogada en lágrimas. A su lado, estaba mi madre. —Mamá. —Me incorporé rápido de la cama abrazando a mi padre y a mi madre, que casi no se podían sostener en pie. Mi padre tenía canas, pero era igual que hace todos esos años. Y mi madre... Tenía su imagen en mi cabeza de una mujer alta, de una mujer fuerte, pero es que yo sólo era una niña. Ahora yo era más alta que ella, y tenía el pelo castaño en vez de oscuro. Mis manos temblaban, mis piernas eran un flan. Nadie hablaba. Yo sólo quería abrazarlos, yo sólo quería dejar de llorar, pero no podía.91
Me separé, miré a mi alrededor. Mis manos no temblaban, eran espasmos. La habitación estaba algo a oscuras, e incluso así me molestaba un poco la luz. Miré al doctor, era joven, tenía el pelo negro y una sonrisa en el rostro.27
—¿Cómo lo ves, Camila? —Apreté los labios al llorar y me acerqué a él para abrazarlo. Él lo había hecho posible, ahora veía su bata, veía la placa en la solapa que ponía 'Dr. Nicholas Swan'.76
La habitación estaba pintada de blanco, mi cama tenía las sábanas deshechas, las vendas algo amarillentas yacían sobre la almohada, y mis padres seguían llorando con una sonrisa frente a mí.10
Miré mis manos, tenía los dedos finos y largos, y las uñas rectas en forma rectangular. Miré las palmas de mis manos con la boca abierta, y me eché encima de mi padre para abrazarlo primero.9
—Papá, estás muy guapo. —Me reí entre las lágrimas al igual que él, que me apretó entre sus brazos. Cogí la cara de mi madre entre mis manos, abrazándome a ella sin decir nada más, con el corazón encogido.21
Podía ver, estaba viendo, y esto sí que no era un sueño. Esto era la maravillosa realidad.34
—Y... —Me limpié las lágrimas, no podía dejar de mirar mis manos. Las lágrimas pegadas a las yemas de mis dedos, era maravilloso. —¿Dónde está Sofi?2
—Está ahí fuera, flaca. Espera. —Mi padre se dirigió a la puerta, llevaba puesta una camisa de cuadros roja. —Sofi, ven. —Estiró la mano, y la pequeña corrió hacia la puerta.13
Oh dios mío, comencé a llorar de nuevo. Tenía los ojos negros, el pelo azabache recogido en un moño, la tez tostada y un jersey de rayas horizontales negras y blancas.23
Me acerqué a ella llorando, y Sofi me puso las manos en las mejillas con una sonrisa, dándome un beso en la nariz.2
—Mila, soy Sofi. —Comencé a llorar incluso más al escucharla, porque ella creía que seguía siendo ciega.65
—Eres preciosa. —Cogí sus mejillas, dándole un fuerte abrazo, besando la parte trasera de su oreja.
—¿Cómo sabes que soy guapa? ¿Es que puedes verme? —Me separé de ella asintiendo, limpiándome las lágrimas con los dedos. Sofi abrió los ojos y la boca a la vez, dando pequeñas palmas con una gran sonrisa. —¿Y ya no me vas a dar más golpes con la puerta? ¿Ni me atropellarás por el pasillo? —Solté una risa llorando aún más fuerte, rodeándola con mis brazos.122
—No, ya no. Lo siento mucho cariño.15
Lauren's POV36
Llegué a la planta donde estaba Camila ingresada y Sofi estaba allí, sentada fuera con Sinu. Fruncí el ceño, ¿qué hacía Sofi aquí? Me acerqué con las manos en los bolsillos algo tranquila, agachándome delante de Sofi.8
—Hey, pequeña, ¿qué haces tú aquí? —Sofi me miró ladeando la cabeza, poniendo las manos en mis mejillas y tirando de ellas.
—Porque Camila ya puede ver, Laureeen. —Dijo riendo.67
El tono que debió tomar mi cara debía ser peor que el de un muerto. Miré a Sinu, tenía los ojos hinchados y una sonrisa mientras asentía. Sofi se fue a jugar con su muñeca al final del pasillo con Alejandro que se tomaba un café.
—Vamos, entra a verla. —Sinu señaló la puerta.
—¡Mira cómo estoy vestida! —Me miré de arriba abajo. Llevaba unas Vans negras, aquella camiseta blanca ajustada y la chaqueta de cuero que ella me regaló.74
—Entra, Lauren. Se muere por conocerte.75
Conocerte. Camila iba a conocerme. Me daba miedo, me daba muchísimo miedo. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si ella se daba cuenta de que había gente mucho mejor que yo en el mundo?103
Caminé hacia la puerta y abrí lentamente. La noche había caído en Vancouver, y Camila miraba por la ventana con los brazos cruzados, pero al escuchar que cerraba la puerta se dio la vuelta hacia mí. Se tensó al verme, dando unos pasos hacia atrás. Su mirada inspiraba miedo, estaba asustada.68
Alcé las manos a media altura con las palmas abiertas, para intentar calmarla.
—Camz... Soy yo, soy Lauren. —Entonces, el rostro de Camila cambió por completo. Hizo un puchero llevándose las manos a la boca y corrió hacia mí echándose a mis brazos. La rodeé sujetándola por los muslos, pero ella simplemente me abrazaba, enredaba las manos en mi pelo y lloraba con una sonrisa en el rostro.197
Me besó, me besó largo y profundo, dulce, húmedo. Me besó con ganas y sin miedo, me besó con las manos en mi cuello, hasta que las lágrimas, el llanto y el beso hicieron que se separase para mirarme. Yo lloraba en silencio soltando toda la tensión que tenía en mi interior.6
—Esta eres tú. —Tomó mi rostro entre sus manos mientras la tenía en brazos, y me miró a los ojos. Me miró a los ojos de cerca, por primera vez. —Dios mío, Lauren tus ojos, ¡tus ojos son preciosos! ¿Has visto tus ojos Lauren? —Soltó una risa entre las lágrimas, bajando la mirada a mis labios, luego subió a mi nariz. —Te has cambiado el pendiente y no me dijiste nada... —Reí al escucharla mientras ella tocaba el arito de mi nariz, dejándola en el suelo porque mis brazos no podían más. —No me puedo creer que seas tan guapa. —Soltó una risa limpiándose las lágrimas, cogiendo mis manos, que miró detenidamente.158
—¿Creías que sería fea? —Acarició mis dedos sin dejar de mirarlos, levantando la mirada a mí.6
—No sé, pero estabas tan insegura de ti misma que... ¡Dios eres preciosa! —Se puso las manos en la boca, mientras yo me quitaba las lágrimas con la manga de la chaqueta. —Vamos, quítate la chaqueta.109
—Esta es la que me regalaste tú. —Dije quitándomela, y ella puso las manos en mis costados, dando la vuelta a mi alrededor para poder verme. —¿Has visto cómo eres ya? —Camila levantó la mirada hacia mí y negó.
—Me había olvidado de mí. —Cogí su mano y abrí la puerta del baño, mostrando el reflejo de Camila en el espejo. Entramos dentro, y ella se tocó las mejillas, mirándome a través de él. —¿Qué te parezco?44
—Llevo viéndote desde que te conozco, y siempre te he dicho que eres perfecta. —Besé su mejilla y Camila apretó los ojos, sollozando un poco. Se giró hacia mí mirándome a los ojos, era extraño, me estaba mirando directamente a mí. Su mirada ya no estaba vacía, su mirada me miraba a mí.12
—Mira, Lauren. Querías que te mirase, te estoy mirando. —Apreté los labios sintiendo una lágrima caer por mi mejilla. Su dedo pulgar limpió mi lágrima. —Incluso cuando lloras tus ojos son preciosos. —Solté una risa tomando su rostro entre mis manos, dándole un beso tierno.—Incluso cuando no veías tus ojos eran preciosos. —Ella sonrió amargamente. —Incluso cuando no veía sabía que eras preciosa.135


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:37 am

Camila's POV32
Miré a ambos lado del pasillo. Mirar. Qué verbo tan bonito y fascinante. Los fluorescentes que colgaban del techo iluminaban los suelos, paredes, incluso los bancos. Todo. Lo examinaba todo con cautela, hasta llegar a mi madre que permanecía de pie delante de mí. Aún me parecía increíble volver a verla, tenía unas pequeñas gafas de pasta negras rectangulares, pero por lo demás no había cambiado para nada.32
—Papá y yo nos vamos a casa. —Asentí lentamente ante sus palabras. —Mañana vendremos a recogerte. —Sabía exactamente por qué lo hacía, quería que estuviese con Lauren al menos aquella primera noche.2
—Está bien. ¿Seguro que prefieres que se quede Lauren? —Asintió con una sonrisa, y luego nos fundimos en un abrazo que duró unos treinta segundos. Mis manos apretaban su camiseta, arrugando la tela entre mis dedos, hasta que nos separamos. —Hasta mañana, mamá. —Solté su mano viéndola irse por el pasillo.1
—Hasta mañana.
Cerré la puerta de la habitación y, al borde de la cama Lauren estaba sentada mirando al frente con el ceño fruncido. Al escuchar que yo entraba en la habitación, giró la cabeza hacia mí. Sonrió. Aquella sonrisa era preciosa, contagiosa, alegre, como lo era Lauren.20
—¿Todo bien? —Lauren asintió estirando la mano hacia mí, suponía que para que fuese con ella. Alcancé los dedos de su mano con la punta de los míos y caminé afianzando nuestro agarre, y me puse entre sus piernas. Cogí su cara entre mis manos, pasando los pulgares por sus mejillas, tersas y suaves, mirándola a los ojos. —Dios... Es que son increíbles. —Murmuré refiriéndome a sus ojos, que se clavaban en mí con una pequeña sonrisa.65
Lauren era perfecta, era preciosa. Iba acorde con su personalidad. Dios, su camiseta ajustada rota por los bordes, sus pantalones negros rotos por las rodillas, aquél tatuaje de su brazo... Ella era perfecta para mí.45
—Es raro. —Musité soltando una risa, pegando mi frente a la suya. Cerré los ojos.
—Lo sé. —Respondió con voz tenue, pasando los pulgares por la palma de mis manos, sonriendo.
—Es como si hubiésemos tenido una relación de esas por internet y... Acabo de conocerte. —Lauren esbozó una sonrisa arqueando la comisura del labio, mientras mi mano acariciaba su mejilla suavemente, observando cada detalle de su rostro.29
—¿Y te gusta Lauren? —Mis manos dejaron sus mejillas y se colaron entre sus dedos, enlazándolos de una forma tierna, dulce.23
—Me encanta Lauren. Es muy atractiva.321
Nos quedamos en silencio, simplemente mirándonos a los ojos. El verde más oscuro por los bordes se fundía con los tonos más claros del centro, hasta llegar a la pupila totalmente dilatada. Tenía el pelo ondulado, cayendo sobre sus hombros. Sus brazos, desnudos, sujetaban mis manos con fuerza.3
—Lo siento. Tú... No me paraste. —Lauren agachó la cabeza, ladeándola un poco. Aquél tema le dolía, podía sentirlo. —Dejaste que tomase esa pequeña oportunidad, era vivir o morir. —Solté una pequeña risa con el ceño fruncido, pegándome un poco más a ella. —Sabía que eras muy buena persona, Lauren. —Cuando levantó la cabeza para mirarme tenía una sonrisa, pero una lágrima bajaba desde su ojo por su mejilla. —Pero no sabía hasta qué punto podías llegar a serlo. No tienes ni una pizca de egoísmo en todo tu cuerpo. —Negué quedándome entre sus piernas, abrazándola con mi pecho pegado al suyo, mi cabeza reposando en su hombro, aspirando el aire de su cuello mientras la abracé por la cintura. —Te quiero. —Aspiré su perfume cerrando los ojos por un segundo, y la apreté más fuerte. Sus brazos me rodearon, pegándome contra ella, que se puso de pie.18
Aún me costaba acostumbrarme a su rostro, me costaba aceptar que podía verla, que podía distinguir su nariz, su boca, me costaba aceptar que tuviese aquellos ojos, que fuera tan preciosa.8
Quizás, bueno, no es un quizás, es más bien un seguro. Seguro que aquello que hizo Lauren me unió incluso más a ella. Mis padres lo podía entender, eran mis padres y ellos harían lo que me hiciera feliz porque vivían conmigo todos y cada uno de los días. Me escuchaban llorar aunque yo me escondía, y sabían que no era feliz. Pero Lauren... Lauren no. Lauren tenía la opción de ser egoísta y retenerme con ella, porque nunca me había visto quejarme, llorar o hacerme la víctima por mi ceguera. Fingía que todo estaba bien, pero no. Y Lauren supo leerlo, Lauren sabía que no estaba bien y que de verdad era una pesadilla, así que me dejó ir para que dejase de sufrir. Antepuso mi felicidad a la suya, prefirió sufrir a convencerme de que no lo hiciese.28
—Voy a cuidarte a partir de ahora, ¿vale? —Lauren se balanceaba en mitad de la habitación conmigo entre sus brazos, y solté una pequeña risa.21
—Ya me has ayudado lo suficiente, ahora... Tengo que ayudarte yo a ti. —Lauren sonrió arrugando los ojos, y con el dedo índice di un pequeño golpe en su nariz.26
Lauren volvió a sentarse al borde de la cama, rodeando mi cintura con sus brazos y hablamos durante algunos minutos. Sonreía, mis manos comenzaron a jugar por encima de sus hombros apretando la tela de su camiseta, acariciándola. Acerqué mi cuerpo al de ella, comenzando a besarnos. Sus manos apretaban mi cintura, pero no bajaban más. Su lengua recorría cada recoveco de mi boca, las fundíamos en el punto de encuentro entre nuestros labios, ese era el único momento en el que me permitía volver a cerrar los ojos, cuando nos besábamos.27
Me separé con las manos puestas en su cuello, y Lauren se quedó algo confusa al verme. Solté un pequeño suspiro entre una sonrisa, pasándome la lengua por el labio inferior.
—¿Qué ocurre? ¿Mmh? —Subió sus manos a mis mejillas, buscando mis ojos con mi mirada.
—Es bastante más excitante al saber cómo eres... Sabes... —Lauren comenzó a reírse arrugando la nariz y los ojos, cogiendo mis manos para dar un beso en el dorso de cada una. —¿Por qué te ríes? —Le di un pequeño empujón en sus hombros que la hizo reír.5
—Porque sé lo excitante que es. —Me quedé mirándola, y aunque no había visto sus ojos antes, no parecía muy feliz. Parecían cansados, tristes, agotados. Aunque Lauren sonreía con los labios, no lo hacía con los ojos.1
—¿Estás cansada? —Pregunté achicando un poco los ojos, sentándome a su lado en la cama.4
—Mucho. —Sonrió asintiendo, y tiré de su brazo para que cayese conmigo en la cama.
—Pues duerme, tonta. —Ella soltó una risa con su cabeza apoyada en mi pecho y los ojos cerrados.4
—Has recuperado la vista, ¿me voy a poner a dormir? —Preguntó alzando la mirada hacia mí.
—La que tiene que verte soy yo, y yo no me voy a dormir.108
* * *11
Lauren's POV
Abrí los ojos un momento y Camila estaba de pie frente a la ventana, observando las luces de la ciudad fundirse en el cielo oscuro, en una espesa bruma. Me levanté de la cama y ella rápidamente se dio la vuelta con una sonrisa.
—No quería despertarte. —Observé su pijama azul con rayas, le quedaba algo grande.
—Suelo despertarme por las noches. —Froté mi ojo derecho con el puño cerrado, y caminé hasta ella pasando mis manos por su cintura. —¿Te gusta lo que ves?16
—Sí. Pero no me puedo imaginar cómo será Vancouver de verdad. —Besé su mejilla mientras mirábamos la ciudad que se cernía bajo nosotras, y escondí la cara en su cuello.
—Te la enseñaré, te lo prometo.31
*8
Cuando llegué a casa el olor a queso gratinado y bechamel me embriagaban, sólo podía cerrar los ojos y dejarme llevar hasta la cocina. Allí, mi padre, mi madre y Taylor estaban sentados. Chris, según me había dicho, estaba con sus amigos en el centro de Vancouver. Los tres me miraron, Taylor simplemente pasó de mí metiendo la cabeza en su plato. Mi madre echó una plasta de macarrones con queso en el plato, aunque mi padre frunció el ceño al verlo.2
—No le eches tanto, hombre. —Enterró su tenedor en mi plato quitándome la mitad del poco que me había echado y lo volvió a meter en la bandeja.42
—Todo el mundo dice que estoy muy delgada. —Repliqué con voz débil, removiendo los macarrones con el tenedor.
—Todo el mundo te lo dice para quedar bien contigo. —Se echó un poco de salsa picante sobre los macarrones, negando con un suspiro. —Cuándo aprenderás. A ver si te vas a creer todas esas patrañas que te cuenta tu tía. —Cogí un macarrón con el tenedor metiéndomelo en la boca, en silencio, soportando las palabras de mi padre que salían de su boca sin control.36
—¿Cuántos días has estado fuera? ¿Tres? —Mi madre seguía comiendo con el ceño fruncido, cogiendo el vaso de agua entre sus dedos.
—Tú procura haber aprobado esa mierda del graduado, porque como lo suspendas te vas a ir a trabajar de camarera a Vancouver. —Solté una risa al escucharlo, dejando el tenedor en el plato. —¿Qué no? Ya lo verás. Como tú me traigas una asignatura suspensa te juro que te echo a la calle y te buscas la vida. —La verdad es que me iría mejor, mucho mejor si me echasen de casa. Tendría que haber hecho mal.2
—No tengo hambre. —Suspiré levantándome cansada de la mesa, escuchando su voz a mis espaldas que decía
—Mejor, no te hace falta comer.80
Subí a mi habitación con las piernas cansadas y agarrotadas, hasta que llegué a mi habitación. No la había visto bien en semanas, en aquellas semanas que me pasé en pasillos de hospital, sillas de salas de espera y el sillón incómodo de la habitación de Camila.1
Me senté al borde de la cama, miré mis zapatillas de deporte que mi tío Stephen me dio. Eran azules, la punta curva, detalles blancos y grises y los cordones blancos. No combinaban con nada de lo que llevaba puesto, ¿pero qué le iba a hacer? Era lo único que tenía. Lo único con lo que podía salir a la calle.10
No sé cómo, pero comencé a llorar de una forma tan desconsolada que ni siquiera yo lo entendía. Todo se estaba cumulando en mi pecho, en mi cabeza, todo lo que había vivido aquellas semanas más la mierda que arrastraba me estaban hundiendo poco a poco.


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:37 am

Lauren's POV15
—Vale, Camila, si quieres ver mis fotos tengo que usar tu ordenador, así que calma. —Me senté en la mesa de su escritorio. Sus padres le habían comprado un portátil nuevo, uno normal para ser más exactos. Dios, era tan distinto todo ahora.24
—Pero yo quiero salir a la calle. —Me hacía sonreír escucharla a mis espaldas mientras yo sacaba la tarjeta de memoria del bolsillo de mi mochila.1
—Ya, ya sé que quieres salir a la calle, cariño. Pero... Las fotos no se ven bien en la calle. —Metí la tarjeta en la ranura que había a uno de los lados del ordenador. Aún tenía las pegatinas para protegerlo incluso.19
—¿Pero no se pueden ver en la calle? —Solté una risa al escucharla, tecleando en el ordenador.1
—No, la luz da en la pantalla de la cámara y no se ve nada. —Sus brazos pasaron por encima de mis hombros, acariciando mi pecho hasta abrazarme por la espalda.1
—Entonces mejor aquí. ¿Sabes manejar esto? Tiene muchas... Cosas. —En la carpeta comenzaron a aparecer todas las fotos, y cliqué sobre la primera.18
Justo cuando me fui a levantar, Camila se sentó sobre mi regazo de lado para poder mirarme a mí y a la pantalla a la vez. Había una foto en la que estaba ella escuchando música con los ojos cerrados, algo reclinada entre los cojines de la cama.
—Soy yo. —Hice una mueca con los labios presionados entre sí, mirándola con algo de miedo. Estaba claro que era algo raro hacerle fotos sin que ella lo supiese.3
—Te dije que... Te dije que te hice algunas fotos, ya sabes... —Ella arrugó la nariz con las mejillas algo sonrojadas, girando la mirada hacia mí.
—¿Así estábamos en casa de tu abuela? —Lo recordaba. Recordaba que el único sitio donde podíamos estar tranquilas era en casa de mi abuela, recordaba que escuchaba música mientras yo dibujaba. —Me sacas mucho más guapa.
—La fotografía captura momentos, no hace a la gente más guapa.58
Seguimos viendo las fotos, Camila no hablaba, simplemente estaba pegada a la pantalla con los ojos estudiando todos y cada uno de los detalles de la foto. Cuando quería cambiar de foto, ella me sujetaba la mano para que no lo hiciese. Así al menos durante tres minutos mirando cada foto. Por lo que había visto, las fotos del bosque y Vancouver le habían encantado.7
En cuanto acabamos, simplemente me besó durante unos minutos quedándose sentada en mi regazo, con una mano en mi cuello, acariciándome la mejilla lentamente. Luego me pidió que la llevase fuera.2
—¿Quieres que te lleve a ver Vancouver? —Le preguntaba mientras andábamos por la calle. Camila aún miraba a su alrededor, miraba las hojas de los árboles que se unían en una bóveda de ramas, hojas, tonos verdes y marrones que se fundían para formar un cuadro encima de nosotras.1
—Claro, ¡claro! —Caminaba casi dando pequeños saltitos, tirando de mi brazo y mirándome con una de esas sonrisas que llenaban el alma. Camila era tan feliz, Camila estaba tan llena de vida que me daba pena estar casi podrida por dentro.44
Camila paró de caminar en uno de los pasos de peatones y se plantó delante de mí mirándome a los ojos.
—Tus fotos son demasiado bonitas. —Se quedó en silencio cogiéndome de las manos, arrugando la nariz. —¿Puedo pedirte algo?
—¿Qué quieres? —Ladeé la cabeza hacia el lado en el que la tenía ella, viéndola sacar la lengua entre los dientes algo divertida.20
—Quiero... ¿Podría poner la foto del atardecer en la bahía en mi habitación? Sería genial. Por fi. —Solté una risa al escucharla, poniendo las manos en sus mejillas asintiendo.35
—Claro que sí, no tienes por qué preguntar eso, Camila. —Me incliné sobre ella dándole un tierno beso, atrapando su labio inferior entre los míos y notando cómo sus manos se apretaban a los lados de mi camiseta. Le di otro beso, y otro de nuevo, hasta que terminó abrazándose a mí.38
*12
Algunos días eran mejores, otros días, sinceramente, no sabía qué cojones hacía en el mundo. Me planteaba de una forma seria y constructiva eso de dejarlo todo, ahora Camila ya veía y no necesitaba mi ayuda. Ella sería feliz, encontraría a un chico o chica más guapo o guapa que yo, que la tratase genial como verdaderamente merece y no como alguien que se demacra por las esquinas llorando y arrastrando el demonio que lleva a sus espaldas.89
Entré en casa dejando caer los pies en la madera de parqué que crujía bajo mis pies, en el sofá del salón mis padres y mis hermanos. Todos miraban la tele sin hacerme ningún caso.
—Ya hemos cenado, queda algo en la nevera. —Dijo mi madre sin apartar la vista de la pantalla. —Tienes correo en la mesa.
¿Correo? El único correo que yo tenía era el de la propaganda del banco para que siguiese con mi cuenta joven con ellos. El sobre estaba abierto, las puntas del papel parecían resquebrajadas por los bordes; no podía tener ni un poco de intimidad en aquella casa.
Cogí el sobre entre mis manos, 'Ministerio de Educación canadiense'. Por un momento, mientras abría el sobre no sabía de qué se trataba. Me humedecí los labios sacando el folio y mis ojos se escurrieron por las letras hasta llegar al final de la página. Mayúsculas, color verde.1
APROBADO.135
El corazón me iba tan rápido que casi creía que iba a explotar, sonreí. Los miré a ellos que observaban la tele menos mi hermano que se dio la vuelta para mirarme con una sonrisa.5
—Qué, ya está, ¿no? —Estiró una mano desde el sofá para que chocase con él, y lo hice sin dejar de mirar el papel.
—He aprobado. —Solté una suave risa, levantando la mirada hacia mis padres. Mi madre me miró, cruzándose de brazos en el sofá con el ceño fruncido.
—Sí, y como ya has terminado tus estudios es hora de que trabajes. —Entreabrí los labios para replicar, pero ella era más rápida. —Te he conseguido trabajo en el club de un amigo nuestro. Empiezas mañana.
—Pero yo no quiero trabajar en eso. —Murmuré en voz baja. —Yo quiero seguir estudiando.
—¿Seguir estudiando? —Mi padre soltó una risa, girando la cabeza para mirarme. —Si ni siquiera has sido capaz de sacarte el graduado de una forma normal, como todo el mundo. Qué vas a seguir estudiando. —Abrió una lata de cerveza que derramó la espuma por encima y le dio un trago. —¿Y tú te crees que a mí me gusta trabajar en esto? —Mi madre negaba alzando una ceja.6
—Yo iré, yo iré a hacer ese trabajo. —La voz de mi hermano se alzó entre las nuestras, con los brazos cruzados mirando al frente. —Acaba de terminar de estudiar durante dos meses, no es justo que la pongáis a trabajar ahora.35
—¿Estudiar es trabajar? ¿Estudiar te cansa? Igual te cansará a ti que estudias, ¿pero ella que ha aprobado con un siete? —Mi padre apretó la mano alrededor de la taza de cerveza al igual que lo hacía con la mandíbula. —No. Va a ir ella, y va a traer dinero a esta casa.73
A esta casa. No me podía volver a ir.
*4
Turno de noche en un club casi clandestino del centro de Vancouver. De doce de la noche a seis de la mañana, todos los días, excepto lunes de descanso. Las luces de neón rosas y rojas se iluminaban delante de mis ojos, vidriosos y cansados. Mi padre había estado taladrando en la habitación de al lado y no me había dejado dormir.9
—¿Eres Lauren? —El gerente del local me recibió a eso de las once de la noche, antes de abrir. Estaba con las manos puestas en el mostrador con el ceño fruncido y los dedos cruzados entre ellos.
—Sí. —Asentí colocándome la mochila al hombro. Él me escudriñó con la mirada, con una leve mueca.
—Yo soy Simon, el gerente de esto. —Asentí observándolo salir detrás de aquél mostrador de madera barnizada, oscura. Él tenía el pelo rubio, corto aunque un flequillo peinado con laca. Sus ojos eran cortantes, serios, duros, de un color azul intenso. Sus labios, algo gruesos que lucían en medio de aquella barba rubia y dorada, perfectamente recortada. —Ven conmigo, te enseñaré qué tienes que hacer.24
Recorrimos el hall principal, una sala oscura donde había una puerta negra. Al abrirla, estaba la sala de fiestas; vacía y con las mesas aún por poner. A nuestra izquierda, una barra iluminada con luces de neón moradas y de fondo música de ambiente, no house ni electrónica, sólo para pasar el rato.1
—Limpiarás los baños al empezar la noche, y si hay algún imprevisto, y sabes —se giró para mirarme con los labios apretados— pues también. Luego saldrás a la sala y limpiarás para que todo esté en orden. —No tenía mucho más que decir, así que simplemente asentí y Simon me miró con el ceño fruncido. —¿Es este tu primer trabajo?1
—Sí, señor. —Abrió un poco los ojos, soltó un suspiro y apretó mi hombro dándome dos palmaditas en la espalda, como si no supiese lo que me esperaba.
—Pues suerte.
Los baños, por suerte y por ser el primer día ya estaban limpios, así que me ahorré tener que zambullirme en aquél estercolero. Simon me dio una bolsa con mi uniforme, pantalón de pinza negro, camisa de manga corta negra y nada más. Ah sí, un carro de limpieza.26
Aquella noche fue un auténtico caos. El alcohol caía al suelo cada dos por tres, vómitos, llegué a encontrarme condones usados en el suelo del baño. Me llamaron para estar en la barra cuando no daban abasto, y yo, sin ninguna experiencia me veía ante una avalancha de gente que me reclamaba sus bebidas pero yo no sabía qué hacer e iba más lenta de lo normal. Así durante seis horas, seis eternas horas en las que me dolía la espalda, me quemaban los pies y las piernas de ir corriendo de un lado a otro y que al final todo sería para darle ese dinero a mis padres.82


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:38 am

Lauren's POV4
—Shh... Mike no. —Escuché la voz de mi madre al otro lado de la puerta. Creían que estaba dormida. ¿Qué era eso?
—¿Qué pasa?
—Está dormida. —Me quedé de pie frente a la puerta.
—¿Y qué? Tengo que echar abajo media pared. —A mi padre no le importaba que yo estuviese durmiendo, haría ese estruendo igual. Ellos creían que yo dormía porque no me quejaba, pero la realidad era que me quedaba en la cama con los ojos abiertos como un búho. Lo raro era... ¿Mi madre se preocupaba porque durmiese?
—No, Mike. Ahora que duerme, podemos esconder el dinero del primer mes. —Ya decía yo. ¿Estaban intentando esconder mi propio dinero por si lo cogía? Eso ya era el colmo.55
—Es verdad... —Escuché los pasos de mi padre en la puerta. —¿Dónde podemos esconderlo?1
—Había pensado detrás del mueble de nuestra habitación. Pegado en un sobre. Si se le ocurre mirar, que no lo creo, no mirará ahí. —Mis pies permanecían estáticos al igual que mis manos, sin hacer ningún ruido. Mi corazón latía a mil por hora, rezando por que no abriesen la puerta.1
—Sí, es verdad.1
Cuando los pasos desaparecieron, me apresuré a la cama metiéndome en ella aún con el pantalón del uniforme puesto. Aquellos cabrones se iban a enterar.43
*6
Se fueron a comprar algunos materiales que mi padre necesitaba para seguir haciendo la obra, quince minutos después asegurándome de que se habían ido, metí toda mi ropa en la mochila, mi móvil, mi mp3, los cuadernos y carboncillos y en la mano llevaba el estuche de óleos. Fui a la habitación de mis padres y separé el mueble frente a su cama, detrás, en el chapón había pegado un sobre color mostaza. Lo abrí, tenía todo MI dinero.81
Bajé corriendo las escaleras mientras contaba los billetes, algo que podría haberme costado la vida, hasta que me choqué con algo. Era mi padre. Levanté la mirada y, en ese momento sentí unas ganas de vomitar enormes. Sentí que algo me apretaba la boca del estómago, y que mis piernas eran simples palos sosteniendo mi peso muerto.70
—¿Qué haces, Lauren? —Su mirada era tan fría, tan dura, tan cruel, que aunque me estuviese muriendo de miedo tenía que responderle.
—Es mi dinero. —Respondí con rabia, pero él me agarró la muñeca, apretándola tan fuerte que sentí mi mano hincharse tras unos segundos al cortarme la circulación.
—Esto —sacó el sobre de mi mano de un tirón— es mío. —Se lo guardó en el bolsillo de la chaqueta, pero no dejó de apretar mi mano.16
—¡Yo trabajé para ganarlo, y es mío! —Grité forcejeando, pero él no se movió, siguió apretando mi mano que estaba totalmente roja.3
—Yo he trabajado toda mi vida para alimentarte, darte ropa y un techo en el que vivir. Ahora esto es mío.14
—Eres un hijo de puta. —Le escupí en la cara, y en ese instante me arrepentí con todas mis fuerzas de lo que había hecho.14
Su mano, la gran mano de mi padre me cogió por el cuello y me levantó medio metro del suelo golpeándome contra la pared. Su brazo estaba en total tensión, y sus ojos estaban repletos de ira.2
—ADELAGAZA, HAZ LAS COSAS BIEN Y QUIZÁS, SÓLO QUIZÁS SERÁS FELIZ. —Me gritó en la cara, su aliento era nauseabundo y yo me estaba ahogando. Moví las piernas para darle una patada, pero aquello no funcionaba así, cuanto más me resistía él más me zarandeaba. Sus palabras se clavaron en mi cabeza al igual que sus dedos en mi garganta, dejándome sin aire. Me dio un cabezazo en el pómulo, y entonces opté por la opción más fácil; dejar de moverme y hacerme la inconsciente.17
Mi cabeza cayó hacia adelante, mi cuerpo era un peso muerto que mi padre dejó de golpear contra la pared. Me estaba clavando, de nuevo, algo en la espalda. No sabía lo que era pero punzaba hasta el punto de hacerme llorar. Mi padre me soltó, dejándome en el suelo.1
—A ver si ahora eres capaz de replicar tanto y dejas de hacerte la inconsciente. —Cerró la puerta de casa, echando la llave y yo abrí los ojos, comenzando a tomar bocanadas de aire rápidas y profundas, viéndolo todo borroso, confuso, ahogándome con un dolor punzante en el pómulo.46
*4
No volví a intentar robar el dinero, o más bien coger lo que era mío. Estaba absolutamente aterrada. Tampoco podía salir, porque me quitaron mis propias llaves.8
Al estar reformando la habitación de mi hermano, yo apenas podía dormir por las tardes. Al intentar dormir durante el día, yo apenas veía a Camila. Quizás dormía cuatro horas, desde que terminaban los ruidos del taladro, de cinco a nueve. Después cenaba, y luego cogía el autobús que me llevaba hasta el centro de Vancouver; mi padre no dejaba que me llevase el coche ni la moto de mi hermano.
—Ten cuidado. —Me dijo mi hermano mientras yo me ponía la camisa negra del uniforme. Me encogí de hombros mirando al suelo. Quería morirme la mayoría del tiempo, así que, ¿por qué debería tener cuidado?15
—Nos vemos mañana. —Dije sin más, saliendo por la puerta con el abrigo puesto y una mochila a la espalda.
Hacía muchísimo frío, era terrible. Ni siquiera en marzo las temperaturas daban un respiro, estábamos rozando los 7 grados. El vaho salía de mi boca al respirar, congelando mi garganta, enrojeciendo mi nariz.
Los cristales del autobús estaban empañados por mi respiración, y mi cabeza se apoyaba en este, mientras yo observaba las luces de la ciudad. Gente que paseaba por las calles cogidos de la mano, sonreían, eran felices. Me preguntaba si algún día yo conseguiría eso, si yo andaría por las calles sin preocuparme, si yo cogería a Camila de la mano con una sonrisa de verdad, sin esconder todo lo que me estaba pasando. Me preguntaba si... Si podría salir de mi casa.1
—Hey, llegas temprano hoy. —Simon estaba apoyado en la barra con un bolígrafo en la mano y una libreta debajo. Asentí al escucharlo, entrando en la habitación del personal. No había tenido ocasión de hablar con ningunos, así que cuando todos me miraron, yo no supe cómo reaccionar. —Chicos, esta es Lauren. Uh... ¿Qué te ha pasado ahí? —Señaló mi pómulo y negué apartándome de él, aunque fuese mi jefe no quería hablar de aquello. Todos se miraron entre sí, y yo busqué un sitio en el último sofá, al lado de un chico.
Todos hablaban entre sí, comentaban cosas sobre el trabajo, la noche anterior, pero yo no tenía nada que comentar porque lo único que quería hacer era desaparecer. El silencio me consumía.
—¿Cuántos años tienes? —Me preguntó un chico desde el principio de la habitación.
—Veinte. —Respondí en voz baja, y todos se quedaron en silencio.
—Eres muy joven para trabajar aquí... De hecho, ni siquiera podrías beber alcohol. —Dijo el chico de mi lado, revolviéndome el pelo con la mano y todos rieron. Yo sonreí.
Aquella noche me tocó limpiar los baños, llenos de suciedad y mugre por todas partes. Me tocó sacar la basura cinco veces. Aquella noche tuve que fregar el suelo del hall con las manos porque alguien había vomitado allí. Aquella noche, me dolieron las manos de fregar todos los vasos uno a uno. Me dolía la espalda, me dolían las piernas me dolía todo pero... A mis compañeros parecía no afectarles nada.12
—Oye. —Dije en la sala de personal, cogiendo mi chaqueta cuando ya nos íbamos.
—¿Sí? —El chico que estaba a mi lado en el sofá se giró mientras salíamos del club a la luz del alba.
—Cómo... ¿Cómo aguantáis toda la noche sin dormir y... Rápidos y esas cosas, ya sabes? —Él se rio, cogiéndome de la muñeca para volver dentro del club.4
—Tengo otro trabajo al salir de aquí. —Abrí los ojos de par en par y entramos en el baño. Allí, tres personas estaban... Esnifando cocaína. —Puedes estar toda la noche al cien por cien aunque no hayas dormido.76
—Vaya... —Murmuré en voz baja, retirando la mirada y volviendo a salir con él del club.
Pero yo no tenía otro trabajo, lo que tenía que hacer era coger el autobús de vuelta al vecindario. Entonces, iba lleno. Todo el mundo iba a trabajar y yo volvía, apestaba a sudor, humedad y suciedad. Me senté en la parte trasera, donde nadie pudiese verme ni percatarse de mi presencia. Me avergonzaba que me viesen de aquella manera, tan... Sucia.
Bajé del autobús, y vi a Camila, estaba en la parada esperando el autobús para ir al instituto. No le había contado nada de mi trabajo, así que cuando me vio, frunció el ceño; pero yo sonreí ampliamente aunque mis ojeras rozasen el suelo, aunque me dolieran las piernas, porque era Camila.13
—¿Qué haces aquí? ¿De dónde vienes? —Fue a abrazarme pero la aparté negando.
—Vengo de trabajar, huelo a... A madriguera de mofeta. —Solté una risa y ella sonreía, pero me miraba con los ojos abiertos, esperando una respuesta. —Trabajo por las noches, y eso...1
—¿Y no me lo habías contado? —Hice una mueca negando, frotándome las manos.
—Sólo es desde hace unos días, yo... —Mi rostro se tornó de una sonrisa en una mueca de amargura y dolor, frotándome la frente con un suspiro.
—Lauren, eh, tenemos que hablar... Cuéntame qué te pasa, no puedes estar así. —Retiré las manos de entre las suyas negando, apretando los ojos. —Lauren, por favor.2
—No. —Repetí negando, con una lágrima cayendo por mi mejilla. No quería que Camila se intoxicase conmigo.2
—Lauren.
—¡NO! ¡TE DEJÉ MORIR PARA QUE FUERAS FELIZ, DEJA DE PREGUNTARME COSAS Y DÉJAME SER FELIZ! —Grité con rabia, y entonces la vi comenzando a sollozar, la había metido en la mierda queriendo evitarla. —No, Camila, no... —Camila negó, y se subió al autobús del instituto, dejándome allí con el corazón en el suelo y las lágrimas en los labios.123
Estaba hundida en la mierda, y ahora, ni siquiera Camila podía sacarme.58


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38

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:40 am

Lauren's POV3
—Y entonces... ¿Podría probarlo yo? —Pregunté entrando en el baño, y todos asintieron. Aquél chico, Dave, puso una mano en mi espalda acompañándome dentro. Allí, un grupo de chicas estaban agachadas sobre la tapadera del váter, respirando aquél polvo blanco que desaparecía hasta entrar en su nariz.149
—Sólo un poco, creo que eso te bastará. —Me puse de rodillas frente al váter como un peso muerto, y ni siquiera lo pensé. Respiré, tragándome aquella raya hasta que se terminó. Eché la cabeza hacia atrás apretando los ojos, sin escuchar nada más a mi alrededor.17
Apoyé las manos en el lavabo y me miré la cara en el espejo, mis músculos se tensaron, el verde de mis ojos se hizo casi negro, y mis manos apretaron el borde del lavabo.6
Aquella noche... No sé qué pasó durante las cuatro primeras horas. Lo único que sé es que corrí, que limpié pero no estaba cansada. Que mis músculos no quemaban, que yo no sentía nada más que un profundo afán de querer moverme, correr, aunque a las cuatro de la mañana se me pasó el efecto.5
Me tiré en el baño, ¿por qué Camila no estaba conmigo? Yo era una mierda, era normal que Camila no me quisiera. Si ni mis padres me querían, ¿quién más iba a hacerlo? Ellos llevaban razón, y yo no debería haber nacido, y era una cobarde por no irme. Era una cobarde por no tener el valor suficiente de desaparecer.42
La llamé.3
—¿Si...? —Su voz sonó ronca a través del teléfono. La música sonaba de fondo, sorda, como si estuviésemos bajo el agua.
—Camila... Te quiero... ¿Por qué no quieres estar conmigo, huh? —Apreté el móvil y los ojos, mis lágrimas descendían rápido por mis mejillas, una detrás de otra.3
—Lauren, claro que quiero estar contigo.
—No, no quieres. ¡NO QUIERES¡ —Golpeé la puerta del baño con rabia, haciéndome daño en la mano. —Nadie quiere...
—Lauren, por favor, deja de llorar. Claro que te quiero.
—Tú tienes que ser feliz, y yo no te hago feliz, Camila, no puedes querer a alguien tan tóxico que te hace infeliz. —Me encogí en el sitio y la puerta del baño se abrió. Me sonaba la cara de aquél chico.8
—Lauren, dios mío, ¿dónde estás? Voy a ir a buscar... —Era Liam. Liam, el chico que me violó cuando apenas tenía catorce años.91
Me puse de pie como pude apoyando las manos en la pared, y él se rio.
—Pero mira quién tenemos aquí... Si es Lauren, la que creía que podía hacerme daño. —Me cogió de la muñeca y la dobló con fuerza.10
—¡DÉJAME! ¡DÉJAME EN PAZ! —Pero él era más fuerte que yo, y tiraba de mi camiseta desgarrando la tela del uniforme.1
—¿¡Te creías que eras capaz de denunciarme y hacer que fuera a la cárcel!? ¡EH! —Me empujó contra la pared, pero el chico de seguridad entró en el baño al escuchar los golpes y lo cogió como si fuera un trapo.29
—FUERA DE AQUÍ. FUERA. —Cogió a Liam por el cuello y lo doblegó hasta dejarlo de rodillas en el suelo, hablando por el pinganillo que tenía en la solapa de la chaqueta. —Llamad a la policía. ¿Estás bien? —Yo no respondí, porque lo miraba aterrada desde la pared, queriendo esconderme en alguna esquina mientras lloraba desalmada.
Desde entonces, todas las noches fueron así. Una raya, cuatro horas, y bajón. Camila llegó a apagar su teléfono mientras dormía, no quería hablarme. Lo entendía. Yo sólo le gritaba, me enfadaba, enloquecía porque ella estaba cabreada conmigo, y con razones. Ella quería ayudarme y yo la rechazaba, la atacaba con aquél argumento de que la dejé morir, pero yo no controlaba lo que decía. Yo no controlaba mis impulsos, no controlaba nada de mi ser. Estaba totalmente en posesión de la droga, y cuando me despertaba por las mañanas no sabía qué había pasado. Llamaba a Camila, y ella me respondía llorando, y yo colgaba llorando.77
Le decía mil veces te quiero, pero eso ya no era suficiente. Ya nada era suficiente para eso que me estaba desgarrando por dentro, tan lento, tan despacio, tan profundo y doloroso, de una forma vil y cruel que me estaba consumiendo poco a poco, como aquella droga que me consumió.18
Un día en la semana, hicimos una fiesta para los empleados, y el alcohol corría por el suelo pero esta vez yo no lo limpiaba. Las copas que me tomaba, no era yo quién las recogía. Una tras otra, el ron, el vodka corrían por mis venas. Tenía la vista nublada y no sabía lo que hacía, prefería no saberlo. Bailábamos todos con todos, y yo no quería saber nada del mundo. La música sonaba fuerte en mis oídos, como cuando metes la cabeza en la bañera para que los problemas no te aturdan.
Diez copas, me besé con una chica. No sé ni quién era, no recuerdo su cara, sólo recuerdo su beso. Sólo recuerdo que su lengua se fundió con la mía en más de una ocasión, y que en mi cabeza, en esa parte cuerda que quedaba en mí le estaba pidiendo perdón a Camila. Perdón por todo.150
*9
—Procura que no te echen del trabajo, porque si no sabes limpiar en casa, ¿cómo vas a saber limpiar ahí? —Estaba tirada en el sofá, mis padres se ponían el chaquetón para irse y con una raya en el cuerpo.
—Si quieres cenar, no sé, mira en la nevera. O si no...
—O si no que no coma, Clara. —Miraba la tele con los ojos muertos.2
—Yo también te quiero, papá. —Fue lo último que dije antes de que se fueran.
Cogí mi móvil y llamé a Camila, ella lo descolgó.
—¿Sí? —Añoraba su voz. Añoraba estar con ella. Añoraba sus abrazos y sus besos. No había podido disfrutar de que Camila podía ver.
—Te quiero... —Dije agachando la cabeza entre mis manos.12
—Ya... —Me rompía el alma escuchar aquello.
—Camila, por favor, no me dejes. —Dije con la voz rota, con el alma en el suelo y el corazón destrozado.
—Es que ya no sé si somos algo, Lauren. —Camila comenzó a llorar, y yo me levanté del sofá tirándome del pelo con las lágrimas brotando sin parar.23
—No puedes dejarme. NO PUEDES. —Grité enfadada, dándole una patada a la silla del salón, escuchando su llanto al otro lado del teléfono.16
—Te quiero, pero me estás haciendo demasiado daño. —Apoyé una mano en la pared, y mis dedos la apretaron hasta volverse blancos.1
—Camila como no me digas que vuelves conmigo te juro que me suicido. —Ella se quedó en silencio, escuché los hipidos de su llanto, y nada más.157
—Adiós Lauren... —El pitido del teléfono.141
Me senté en el sofá quitándome las lágrimas, cogiendo el teléfono. Pedí una pizza familiar hawaiiana y carbonara, las favoritas de Camila. También pedí sushi y hamburguesas. Cuando llegó todo después de una hora, empecé a comer abriendo una botella de vino de 1910 que mi padre tenía guardada en la cocina. Estaba realmente bueno.
—Come, bebe vino, y fóllate a tu mujer, porque mañana probablemente estarás muerto. —Sonreí mirando la tele mientras engullía aquella pizza entera, hasta los bordes. También el sushi, y después... Después aquellas cinco hamburguesas.24
Vomité de tanta comida que había pedido, pero me dio igual. Dejé la mesa del salón manchada.3
Subí a mi habitación y cogí una hoja de papel y un bolígrafo, aquellos que había utilizado para conseguir aquella ansiada falsa libertad. Aquella libertad que me pintaron y prometieron, y que allí se quedó enterrada en libros y apuntes.9
"Lo siento. Siento... Siento haber aparecido en tu vida sólo para complicarla, siento haber pasado tanto tiempo contigo sólo para intoxicarte, Camila. Eres la persona más pura y buena que existe, y no te mereces estar al lado de una persona que desprende tristeza. Que arrastra sus demonios allá por donde va, que su aura es tan negra como su alma. Te quiero, te he querido de la manera más pura en la que alguien puede amar. Te he querido de una manera en la que tu felicidad era la mía, pero mi vida me ha acabado consumiendo. Te quiero, y me alegro de haberte podido enseñar a leer, y a sentir experiencias nuevas, pero yo ya no puedo más. Ya no puedo seguir viviendo, porque no veo ninguna manera de salir de aquí. Tú eras lo único que me mantenía con vida, y te has ido por mi culpa. Todo es por mi culpa. Estoy volviendo a donde merezco, a la nada, de dónde nunca debí haber salido. Porque yo no debería haber existido. Siento que este último mes tu vida haya sido una catástrofe por mi culpa, siento todas las noches en las que te llamaba gritando, llorando, pero esa no era yo. Esa persona no era yo. Tú me conoces bien, pero esto que llevo dentro me está consumiendo, y no quiero que te consuma a ti también.23
Te quiero, aunque para mí serás la primera y la última, espero que alguien más se atreva a hacerte feliz como yo lo hice. Espero que alguien decida compartir su felicidad contigo, porque yo no tengo. El mínimo atisbo de felicidad en mi vida eras tú, y se acaba de desvanecer.57
Ya no puedo más, en unas horas probablemente no te coja el teléfono, y mi voz, esa que muchas veces me dijiste que te gustaba, ya no existirá.62
Te quiero. Lauren."48
Con lágrimas en las mejillas, metí la carta en un sobre y escribí un 'Camila', que se vio emborronado por una lágrima que cayó sobre el papel, destiñendo su nombre.2
En el estuche de óleos y carboncillos, puse una pegatina con el nombre de Dinah, y mis DVDs de series, se los di a Michael. Mi cámara y mi portátil, que había recuperado, serían para Chris. A él le dejé un simple 'Espero que algún día me perdones.'12
Fui a la cocina y encima de la mesa había una botella de vodka que había comprado, en la otra mano llevaba una bolsa de cocaína que había robado de mis compañeros; total, nadie iba a echarla en falta cuando me muriese.13
Llegué al baño y me puse en la tapa del váter, tragándome los 15 gramos uno tras otro, y me levanté tambaleándome un poco mirándome al espejo. Me desnudé, me metí en la bañera y puse The A Team en repetición. No sé por qué, leí que así iría más rápido, pero me corté la muñeca con un cuchillo que había traído antes. Dolía, escocía muchísimo. Abrí la botella de vodka y bebí algo más de un vaso del tirón. Todo daba vueltas, mi corazón iba tan rápido que parecía que iba a morirme, me faltaba el aire y mi cuerpo se puso en total tensión hasta que la botella de vodka cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos. El agua de la bañera se tiñó de rojo claro, la hemoglobina corría.94
No sé por qué la gente dice que antes de morir ve imágenes de su vida a toda velocidad, porque lo único que vi fue a Camila.


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:40 am

Camila' s POV63
No.2
La palidez del rostro de Lauren era casi fúnebre. Mis lágrimas también lo parecían. Casi. Esa era la palabra. Según los médicos, un gramo más de cocaína y mis lágrimas serían un llanto fúnebre, sin ningún casi en medio.84
No debí dejarla, no así, no de esa manera. Yo debía ayudarla, no alejarla de mí. Debía haber estado a su lado, como ella lo estuvo conmigo pero yo la aparté. Era mi culpa, todo aquello era mi culpa... O no. No, no era mi culpa. Fuera, sus padres esperaban. Le pedí al doctor Swan que no les dejase entrar, y él infringiendo las normas de su propio hospital me ayudó. Sólo estaba yo con ella, yo al lado de aquella cama donde Lauren yacía inerte.57
Tenía una mascarilla puesta, la mano vendada porque según me dijeron intentó suicidarse de todas las maneras posibles. Al lado de la mesita, habían dejado una carta escrita a mano. Era de Lauren para mí.1
Mis lágrimas caían sin parar por mis mejillas hasta llegar al final. Si no... Si no hubiese colgado, si hubiese ido a su casa y la hubiese arropado, sólo si hubiera hecho eso Lauren no se estaría muriendo en aquél momento.
Cogí su mano y la besé, poniéndola sobre mi mejilla como si me estuviese acariciando, pero no, no lo hacía. Miré su rostro y de su ojo brotaba una lágrima que caía en la almohada. ¿Cómo podía hacer eso? ¿Cómo podía ser eso? Si lloraba era porque me sentía, porque estaba sintiendo, y estaba conmigo.25
—Hey, hey. —Me acerqué a ella acariciando su mejilla lentamente. Quería salvarla, pero no sabía cómo y me sentía impotente. —Quiero dormir contigo... —Me acomodé a su lado y cerré los ojos. Al menos sentía el latido de su corazón y su respiración subiendo y bajando.21
Me quedé dormida, no sé durante cuántas horas, pero descansé un poco. Aunque en ocasiones no sabía si estaba soñando, o de verdad me había levantado para llorar.
El primer día en el hospital fue el más duro, ver a Lauren así pensando que era por mi culpa, me hundía en la miseria. Luego, pensaba que todo era culpa de sus padres, y entonces el peso se me quitaba un poco, pero volvía. Volvía a mí siempre, volvía como las lágrimas que salían de mis ojos.28
El segundo día, no tenía nada que decir, se me habían gastado las lágrimas y simplemente me limitaba a estar en la habitación como un peso muerto. A veces entraba mi madre para preguntarme cómo estaba, pero yo me encogía de hombros. Mal, mamá, estaba mal.
El tercer día, Lauren lloró de nuevo, y yo lloré con ella, en silencio. Comía tan poco que en aquellos días perdí tres kilos.
Al cuarto día, decidí levantarme de aquél sillón y abrir la ventana. La luz entró reflejándose en el cuerpo de Lauren, y pensé que quizás sería bueno que le diese el sol. Sonreí un poco, podía verla. Fruncí el ceño, sus ojos... Debajo de sus pestañas estaban brillando. Me acerqué a ella rápidamente y vi que los tenía entornados.19
—Lauren. —Dije sonriendo, poniendo una mano en su mejilla. —Lauren mírame. —Esta vez era yo la que le pedía que me mirase. Ella, lentamente, levantó la mirada hasta mí. Me tapé la boca con las manos comenzando a llorar, escondiendo la cara en el hueco de su cuello donde me sentía casi protegida. Me volví a separar enjugándome los ojos mirándola con una pequeña sonrisa. —¿Sabes quién soy? —Lauren asintió lentamente, y yo me aferré a ella como si fuese su vida.52
*8
Según el médico sus órganos habían sido afectados, sobre todo su cerebro. Aunque era reversible y podría recuperar la movilidad en las manos —que la había perdido— , y el habla, estaba bastante afectada. Lauren solo me miraba, sentada en la cama con la mascarilla puesta, sus pulmones necesitaban unas semanas para que dejasen de estar tan débiles y dejarla respirar.33
—Espero que algún día me perdones por todo, ¿sabes? —Dije abriendo la tapadera del plato con una crema de verduras humeante. Quería dejar de llorar pero no podía, ver a Lauren así, con la mirada ida, perdida en mis ojos me mataba. Me dolía profundamente. Tenía la cabeza de lado apoyada en la camilla, y los brazos a cada lado de su cuerpo. El médico le había cambiado la mascarilla por unas gomas que entraban por su nariz para que así pudiese comer.3
—Y—Yo... —Comenzó a hablar y me quedé con la cuchara en la mano, y el plato en la otra. —Engañé45
—¿Me engañaste? —Lauren asintió lentamente, y un peso más se añadió a mi pecho. —¿Cuándo era ciega? —Volvió a negar y suspiré, apretando los labios. —¿Cuándo estabas tomando cocaína para poder aguantar sin dormir? —Lauren asintió con los ojos cerrados, pero para mí eso no significaba nada. No dolía. —¿Fue sólo un beso? —Lauren volvió a asentir, con una lágrima cayendo desde su ojo hasta sus labios entreabiertos. —No me importa. —Pasé la cuchara colmada de puré por el filo del plato, retirando lo sobrante y llevándolo hasta su boca. Lauren hizo una mueca, yo reí. —¿No te gusta? —Negó levemente, pero tenía que comer.41
Cuando fui a darle la última cucharada, Lauren giró la cabeza con el ceño fruncido, haciéndome reír un poco.1
—Hey... ¿Quieres un yogur de frutas para quitarte el mal sabor? —Volvió a girar la cara hacia mí, mientras yo abría el yogur y le daba una cucharada. Le gustaba, porque cuando terminaba de darle una cucharada, miraba el yogur esperando más, hasta que terminó. —Oye Lauren... Tú... —Carraspeé cogiendo su mano con cuidado, ya que tenía una vía en el dorso. —¿Sientes necesidad de drogarte ahora mismo? Lo que pregunto es si llegaste a tener una adicción, o era sólo por... Por tu vida. —Aquella pregunta sonó más dura cuando las palabras salieron de mi boca, y miré a Lauren. Negó al instante.12
El médico llamó a la puerta y yo abrí, dejándolo pasar.
—Lauren, tienes una visita. —Ella giró la cabeza, y sus padres abrieron la puerta. En ese momento, el pitido de la máquina se aceleró de una forma asombrosa, y Lauren separó la espalda de la camilla.44
—FUERA, FUERA, FUERA. —Gritaba con rabia, dando golpes en la tabla de la bandeja que tenía delante, tirando el plato y el yogur, manchándose la camisa del pijama. Su voz estaba desgarrada, sus puños se hacían daño, y yo me puse delante de ella abrazándola, haciendo que escondiese mi cara en su cuello. Negaba, una y otra vez, negaba agachando la cabeza entre lágrimas, poniéndose las manos sobre el pelo. —Fuera... —Decía con una voz débil negando lentamente contra mi pecho. —Fuera...62
—Están fuera, ya no están, no vendrán a verte, tranquila. Sh... —Aparté las manos de su cabeza, que estaban agarrotadas, estaba temblando. Besé su mejilla y la volví a tumbar en la cama, observando ese gesto de dolor y tristeza en su rostro. —Lauren, ya no eres de ellos. Ya no tienes que volver, ahora eres mía y yo te cuidaré. —Cerró los ojos con un puchero, y yo me levanté de su lado, acercándome a ella. —Voy a cambiarte la camisa, ¿vale?133
No dijo mucho más, sólo miró a un lado mientras yo la cambiaba.
*6
—¡Hey! —Una chica rubia apareció al final del pasillo y me sorprendió aquél grito. No la conocía de nada, y mucho menos al chico que iba con ella. Me quedé parada intentando averiguar quiénes eran mientras guardaba un dólar en la cartera.31
—Hola..? —Terminé en una pregunta con una sonrisa, mirándolos a los dos.
—Oh, mierda, ya te dije que no nos reconocería. Has estado un mes en Hawaii, ¿recuerdas? —Su voz, ¡era Michael! Entonces, si él era Michael era ella...
—Mila, soy Dinah. —Me abalancé sobre ella rodeándola con las piernas y los brazos.45
—¡¡¡¡DINAH!!!!! —Grité dándole un beso fuerte en la frente, y ella rio soltándome en el suelo, luego me abracé a Michael. —¡Tu pelo! Wow... ¡TU PELO! —Me tapé la boca con las manos. —TU PELO ES SÚPER CHULO. —Salté para poder tocarle el pelo y él se agachó, dejándome a la altura de él para poder acariciarlo.48
—¿Cómo está Lauren? —Preguntó Dinah. Al escucharla volví a la realidad. Lauren. Agaché la cabeza encogiéndome de hombros.
—Viva. —Respondí en voz baja mirándolos a los dos.
—Es triste que alguien que ayudaba a todo el mundo tuviese que pasar por todo eso sin que nadie pudiese hacer nada, ¿verdad? —Asentí cruzándome de brazos, apretando un poco los dedos con una mueca.6
Miré las manos de Dinah y Michael, iban agarrados. Entreabrí los labios y los miré a los dos, que sonrieron un poco.1Estaba feliz por ellos, pero seguía pensando en Lauren.1
*5
—Hey, mira lo que te traigo. —Puse en la mesa uno de esos puzles para niños, de unas 50 piezas. El médico dijo que así le ayudaría a mover los dedos y a que su mente trabajase más rápido, así volvería a hablar antes. —¿Te gusta? Es de Nueva York. —Lo puse en la bandeja delante de ella quitándole el plástico para dejar ver la caja. Lauren asintió con la cabeza, quedándose mirándolo. —También te traje esto, ¿ves? —Saqué aquél libro que le había comprado. Era de arte ilustrado con algunos artículos y columnas interesantes, o eso me dijo el librero.10
Mientras yo me comía un sándwich de la cafetería, veía a Lauren hacer el puzle encima de la bandeja. Cogía las piezas con la mano entera, cerrando el puño y fruncía el ceño buscando dónde ponerla. Soltó un gruñido con las cejas gachas, abriendo el puño y dejando que la pieza cayese dentro del cartón. Luego, con los dedos, la fue moviendo hasta colocarla.35
Se cansó del puzle, así que cogió el libro que se tambaleaba entre sus manos y lo golpeó contra la bandeja para abrirlo, con las manos torpes, rudas y toscas, apretando la primera página. Lauren se agachó para leer, siguiendo con el dedo las letras del libro, sonriendo un poco.4
—¿Te gusta? —Asintió, y mientras yo seguía comiendo, Lauren al menos tenía una distracción después de todo.67


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:40 am

Camila's POV20
Lauren se pasaba todo el día inclinada sobre la bandeja leyendo aquél libro, parecía una niña pequeña, pero en cierto modo era adorable. Tenía el pelo castaño claro, creía que por la luz del sol que le daba directamente, nunca me había fijado en aquél detalle. Le recogí el pelo en una coleta mientras Lauren gruñía y cogí el bote de colonia echándome en la mano.15
—Laur, no te muevas. —Volvió a gruñir mientras pasaba mis manos por su cuello para extender la colonia.
—Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo. —Decía negando, negaba también con el dedo mirando el libro. —Maal. Mal. —Me agaché para ver que le ocurría mirándola con el ceño fruncido.86
—¿Qué te pasa? —Señaló el libro con el dedo, dando golpes con el índice mirándome. —¿Está mal algo del libro? —Asintió señalándolo de nuevo. Era una frase, me acerqué y leí. "Templete de San Pietro in Montorio, de Miguel Ángel Buonarroti." —¿Tiene faltas de ortografía? —Negó, dando golpes con el dedo.
—Bra.. Mante. Bramante. —Cerré los ojos intentando descifrar qué decía. ¿Qué era Bramante, y por qué Lauren lo repetía una y otra vez. —Bramante... Es... Bramante.18
—¿Qué es Bramante, Lauren? —Abrió los ojos con un suspiro, señalando la foto de un templete en la página. Ella apretó los ojos queriendo hablar, pero las palabras no le salían. Golpeó fuerte la tabla de madera donde estaba el libro con un gruñido. —Eh, eh, eh, no importa.33
—Tonto. —Le dio un golpe al libro con el ceño fruncido, haciendo que me riese. Le coloqué mejor la goma que tenía en la nariz, echándola un poco hacia atrás en la cama. —Bramante.18
—Bramante. —Repetí yo, dándole un beso en la frente y quitándole el libro de las manos. —¿Es Bramante un autor, Lauren? —Ella negó con los ojos cerrados y los labios apretados. —¿Es un... Arquitecto? —Asintió lentamente jugando con las sábanas que cubrían sus manos. —¿Es el arquitecto que hizo el templo de esta foto? —Ella asintió abriendo los ojos para mirarme, jugando con las sábanas. —¿Estás segura de que no fue Miguel Ángel? Él también era arquitecto.
—Sí. —Estaba segura. Saqué el móvil y puse Bramante en el buscador, y como ella bien decía, salió el templo que estaba ilustrado en el libro.3
—Eres muy lista, Lauren.39
*52
Pasaban los días, y Lauren iba hablando algo mejor, sus dedos cobraban algo más de movilidad aunque no se apartaba de aquél libro que le había comprado. Podía quedarse mirándolo horas sin parar, le gustaba. Se apretaba el labio inferior con el dedo índice mientras pensaba, no sabía qué estaba pasando por su cabeza, pero de verdad me gustaría saberlo.6
—Lauren, ¿no quieres coger el puzle que te compré? —Negó lentamente mirándome durante un momento, y luego volvió a agachar la cabeza en el libro. —¿Quieres dibujar? —Se me quedó mirando unos segundos y negó algo torpe agachando la cabeza. —Mmh...1
Entonces, tras aquellas negativas y darme cuenta de que estaba obsesionada con ese libro se lo quité de la mesa. Lauren me miró con un pequeño puchero, y yo comencé a leerlo. Podría ser interesante si estimulaba a Lauren haciéndole preguntas sobre arte.16
—¿Sabes quién pintó la Capilla Sixtina? —Asintió mirando a la pared, pasándose la palma de la mano por la mejilla. —¿Quién fue?
—Mmh...
—Vamos, es fácil. —Apretó los ojos a la vez que su mano en la mejilla y asintió.
—M—miguel Ángel. —Asintió de nuevo mirándome. —Miguel Ángel.
—¡Sí! Muy bien, pero esa era fácil, ¿verdad que sí? —Asintió con una sonrisa, moviendo los dedos sobre la sábana. —Vale, a ver qué tal esta. ¿Quién esculpió el rapto de Proserpina?28
—Nini. Bernini. Bernini... —Asintió con una pequeña sonrisa. Miré la foto de la escultura, y pasé mis dedos por encima del papel. Aunque intentaba ayudar a Lauren, no se me olvidaba que aún estaba intentando acostumbrarme a esta nueva vida.8
—¿Podremos ir a verla algún día?
—Noooooooooo. —Respondió negando con la cabeza y un dedo. —No.32
—¿Por qué? ¿Es que no me quieres llevar? ¿Eh? —Le hice cosquillas en el abdomen y Lauren sonrió un poco apartándose de mí.11
—I—Italia. Italia. En... En Italia. —Solté una risa al escucharla, tumbándome a su lado, apoyando mi cabeza en su hombro. —Perdón. —Me dijo ella sin más, rozando sus labios contra mi frente mientras yo miraba el libro.
—¿Por lo de engañarme? —Asintió lentamente con el ceño fruncido, pero yo negué encogiéndome de hombros. Para mí eso no fue ella, Lauren no estaba bien, Lauren había caído en un pozo que yo había hundido aún más. Sonreí, porque para mí significaba mucho más el hecho de que me lo hubiese contado que el 'engaño' en sí. Sabía que lo había hecho mal, y no había tratado de ocultarlo. —Ahora no debes preocuparte por eso, no debes preocuparte por nada.20
*7
—Así... ¿Ves? —Puse la mano encima de la de Lauren para que agarrase bien el tenedor, apartándola para que ella lo cogiese. Lauren sonrió. —No es tan difícil.29
Elizabeth y los abuelos de Lauren estuvieron aquí unas semanas, su tío Stephen tenía partidos así que no podía venir a verla, la liga no perdonaba eso según me contaban. A Lauren le gustó mucho ver a sus abuelos y a su tía, que la cuidaba como si fuese uno de sus hijos. Según me contó, siempre intentaban ayudar a Lauren, pero la distancia era un gran impedimento. Incluso le ofrecieron quedarse en Ontario, pero Lauren no quiso ir por mí. Por mí, eso me entristecía aún más.5
Lauren en esos momentos era como un niño pequeño, su cerebro aún intentaba funcionar de una forma normal. El médico dijo que podría volver a dibujar, ese talento no se esfumaba de la noche a la mañana. Le gustaban las cosas brillantes, se quedaba mirando mis pendientes mientras hablaba con ella, también miraba de noche por la ventana; le gustaba la luz de los edificios.
A veces se enfadaba porque no podía coger bien las cosas, o porque no podía hablar bien y comenzaba a dar golpes a la bandeja, manchándose el pijama de nuevo de su propio almuerzo. Entonces volvía a tener que cambiarle la camisa, aunque ella siempre me pedía perdón mil veces, era una de las pocas palabras que sabía pronunciar completa sin trabarse.16
—Camila. —Paraba un momento mirando aquél libro. —Camila, Camila. —Volvió a suspirar.
Repetía mi nombre y mis apellidos una y otra vez, me hacía gracia. El 'Estrabao' le costaba pronunciarlo un poco más. Mi hermana Sofi jugaba con ella a un juego en el que tenía tres pulsadores electrónicos, cada uno de un color y tenían que pulsar primero. Siempre ganaba mi hermana, y Lauren fruncía el ceño aunque no se enfadaba. Pronto, Lauren empezó a ganar algunas partidas, mi hermana le aplaudía mientras yo estudiaba los exámenes finales en una esquina de aquella reducida habitación.5
—E—Eres muy b—buena, Sofi. —Cada vez hablaba con más soltura, y eso me alegraba porque significaba que Lauren estaba progresando muchísimo con mi ayuda.8
En ocasiones, cuando la acercaba a la ventana para que viese la calle apoyaba la mano en el cristal y se acercaba a la ventana, pegando la nariz. Daba pequeños golpecitos con el dedo y luego sonreía un poco. Me asustaba que se quedase así, me asustaba que el cerebro de Lauren no volviera a funcionar como antes.53
*4
Lauren's POV4
—Estás m—muy guapa h—hoy. —Le dije a Camila cogiéndola de las manos, apretando los labios. Llevaba encerrada allí conmigo un mes entero, y deseaba, deseaba que ella saliese de allí por mucho que la necesitase.16
—Gracias. —Me colocó el pelo un poco mejor, echándome el pelo a un lado con la mano. —Así estás más guapa también.
Llamaron a la puerta, ojalá fuese que ya podía ir a casa, ojalá me dejasen salir ya de allí, me encantaría poder irme y ser feliz, o al menos vivir con menos presión.
—Hola Lauren. ¿Todo bien? —Detrás del doctor, estaba ¿la doctora Sullivan? ¿Qué hacía allí? Parpadeé un momento y miré al médico que se cruzó de brazos dejando a la doctora entrar.3
—¿Cómo estás? No creí que esto fuese a llegar tan... Lejos. —Suspiró sentándose en la silla frente a mí, y Camila se apartó, poniéndose al lado del médico. Yo simplemente entreabría los labios mirándola. —El caso es, Lauren, que me alegro de que estés aquí, de que estés viva. Lo segundo que quiero decirte es que... No puedes irte a casa. Tienes depresión grave, cielo. —Asentí lentamente mirando a la doctora. —Siento no haberte podido ayudar, Lauren. Pero el problema no eras tú. El problema estaba a tu alrededor. —Asentí de nuevo, escuchando lo que me decía. Sabía que no estaba bien lo sabía. —No puedes salir del hospital hasta dentro de al menos un mes. Intentaste suicidarte, ¿recuerdas? —Asentí de nuevo apretando las sábanas bajo mis manos.9
—E—Está bien. —Murmuré en voz baja, asintiendo. Miré a Camila, que tenía los dedos apretados en el brazo. —¿Podré v—ver a C—Camila?
—Una vez cada semana. —Agaché la cabeza moviendo las piernas asintiendo.
—¿Después t—tendré que volver c—con mi familia? —La doctora Sullivan negó, y sonreí un poco. —¿Estaré bien d—después de todo?53
—Claro que sí. En un mes, saldrás y no tendrás que volver con ellos, te lo prometo.49
Entonces estaba bien.1
Me trasladaron al área de psiquiatría del hospital, era bastante extraño. La gente estaba en silencio, unos miraban por la ventana sin más, otros simplemente susurraban cosas en voz baja, y algunas chicas leían libros en la sala común.11
Llegué a mi habitación con una bolsa de ropa sobre el hombro, sólo había dos camas, y había una ventana amplia con rejas. Apenas me despedí con un abrazo de Camila, dándole un beso en la mejilla y dejando que mis esperanzas saliesen por la puerta del hospital con ella.
En Canadá no existía la opresión, todos éramos libres. Por eso, aunque la gran ventana rectangular que estaba en mi habitación tuviese rejas, no nos estaban oprimiendo ni encerrando. Nos dejaban ver el mundo, nos dejaban ver lo que algún día, cuando estuviésemos preparados veríamos. Desde allí se veían las montañas nevadas al fondo, el puente que tantas veces crucé para ir a casa, la bahía azul intenso, los edificios y el verde profundo de los árboles.15
—Eh, ¿qué haces aquí? —Me giré rápidamente para mirar a la chica que me estaba hablando. De piel aceitunada, con el pelo suelto, liso y los brazos cruzados. Llevaba un pantalón de chándal gris ajustado por abajo, y una camiseta blanca de manga corta; era la vestimenta que repartían a todo el mundo.38
—Y—Yo... M—Me dijeron q—que... —Volvían a fallarme las palabras, la chica sonrió deshaciendo sus brazos y acercándose a mí para tenderme la mano.8
—Tranquila, me llamo Normani. —Me extendió la mano, y sin soltar la bolsa la estreché de una forma torpe, apretando más de la cuenta. —Eh, eh, eh, tanto no, no soy un tío. —Solté la mano de la chica escuchando su risa.82
—L—Lo siento. —Retiré la mano rápidamente y miré el número de la habitación en el papel que me dieron.
—Me dijeron que hoy vendría mi nueva compañera de habitación. Perdona si te he asustado; —se sentó en su cama, y yo miré la mía— suelo ser borde. La psicóloga dice que lo utilizo como defensa. —Asentí lentamente apretando mi bolsa de ropa mirando a mi alrededor. —Sé que al principio es todo muy extraño, y estarás triste porque echarás de menos el mundo pero... —Se encogió de hombros. —Pronto estarás fuera.


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Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:41 am

Lauren's POV4
La primera noche fue bastante mala, no pude dormir y es que echaba de menos a Camila. ¿Cuándo volvería a verla? No lo sabía, suponía que esta semana y ya me estaba muriendo de ganas por que llegase ese día. Normani me dijo que me lo plantease así; si iba a estar un mes, eso significaban cuatro semanas, así que me dijo que pensara en los cuatro jueves de cada semana que era cuando se hacían las visitas, —no sabía a qué hora, pero eran los jueves— por lo que fuese tachando cada jueves. Me pareció una buena idea. Aún era lunes, y a las cinco de la mañana pude coger el sueño.
—Eh, despierta dormilona. —Normani me revolvió el pelo y yo me encogí en la cama asustada, mirándola algo aturdida. —Ehh... Tranquila, sólo te despertaba; son las ocho, es la hora del desayuno.12
Me levanté sin sueño, la verdad es que me sorprendió, pero mi mente estaba dando vueltas todo el tiempo. Me enfundé los pantalones grises y la camiseta blanca, como Normani, aunque al ser por la mañana hacía un poco de frío, así que me puse aquella sudadera gris. Era calentita, tenía un poco de pelo por dentro.53
Caminé detrás de Normani mirando las paredes blancas y grises con grandes ventanales que daban a la calle. Desde aquél vigésimo piso todo daba mucho más miedo, todo se veía más pequeño, y la vida parecía más fácil.8
—Mira, este es el comedor. —Señaló a nuestro lado. Era una sala llena de sillas y mesas de muchos colores, los colores llamaban mucho mi atención. Verdes chillones, amarillo, rosas, naranjas, rojos, morados, todos mezclados. Cada mesa era de un color, y las sillas eran blancas. Los platos y cubiertos también eran de colores, podías elegir el tuyo al pasar.
—¿Qué color te gusta más? —Miré hacia abajo y señalé el verde pistacho, cogiendo el plato y los tenedores de plástico.19
Había cuatro cocineras, que atendían a los pacientes con una gran sonrisa. Sonreían, yo creía que un hospital psiquiátrico era donde torturaban a la gente con electroshocks, pero no.76
—Mira, esa es Muriel. Si le pides que te eche un poco más de lo que sea, lo hará. —Nos acercamos a la barra donde servían la comida, y la cocinera tenía la cabeza agachada cogiendo un zumo de naranja envasado para ponerlo en mi bandeja. Se me quedó mirando con el ceño algo fruncido.36
—¿Por qué no te conozco? —Me quedé en silencio, no sabía qué responder en aquellas ocasiones. Parecía estúpida.
—Esta es... Lauren, eso. Lauren. Es nueva, llegó ayer. —La cocinera abrió los ojos y sonrió, poniendo finalmente el zumo en mi bandeja.
—Bienvenida cariño. Espero que tu visita termine pronto. —Eso me gustó. Era sincero, no le gustaba ver a nadie mal. Tampoco lo llamó internamiento, lo llamó 'visita', porque nosotros sólo estábamos de paso para poder arreglar nuestra vida.41
Tras servirnos nos sentamos en la mesa amarilla, me gustaba el contraste del amarillo y el verde de mi plato, así que me quedé mirándolo unos segundos. A veces cuando estaba con Camila miraba por la ventana y me quedaba a veces embobada, parecía que estaba ida pero en realidad miraba el contraste de colores que podía tener el cielo en uno de mis dibujos.
—¿Te gusta? —Me preguntó señalando mi bandeja, y asentí mirando las dos tostadas con jamón, revuelto de huevo y el zumo de naranja. Nunca comía tanto. —No hablas mucho, ¿verdad?19
—N—No... Y—Yo... M—Me cuesta a—aún. —Normani me miró y volvió a comer, pero yo aún no había probado bocado. —O—Oye... Podemos... ¿Dibujar?4
—¿Dibujar? —Asentí mirándola, jugando con el tenedor entre mis dedos algo temblorosos. —Pues no lo sé, tendrás que preguntárselo a las enfermeras.5
Después de desayunar, Normani me llevó de nuevo a la sala común, esta vez había gente más normal. Me dejó porque tenía que ir a una terapia, y yo me quedé allí con mi libro de arte en la mano. Estaba algo desgastado, llevaba un mes entero apretando los bordes y leyéndolo una y otra vez, tenía que aprenderme las cosas más importantes o se me olvidarían.
En la esquina de la sala, había un mostrador, y tras él una enfermera, era bajita, con el pelo castaño y mechas rubias.257
—P—Perdone... ¿Tiene usted un lápiz? —La enfermera se quedó mirándome con el ceño fruncido.
—¿Un lápiz?
—S—Sí, un... Un lápiz. —Levanté la mano imitando el movimiento de la mano al escribir, y luego levanté el libro.5
—Oh, sí, espera. —Se buscó en la bata y sacó uno, estaba nuevo. Sonreí, adoraba los lápices nuevos.33
—¿Me lo puedo quedar? —Lo miré un momento apretando los labios y luego la miré a ella.
—Claro, claro que sí. ¿Cómo te llamas? —Jugué con el lápiz entre mis manos mirándolo.
—Lauren, m—me llamo Lauren. —Bajé el lápiz mirando a la enfermera, que sonrió metiéndose las manos en los bolsillos.
—Encantada, Lauren. Yo soy Ally, para lo que necesites estaré aquí.260
—Vale, gracias Ally. —Me di la vuelta, pero luego recordé aquello sobre dibujar. —Oh, una pregunta, Ally, ¿p—podemos dibujar aquí dentro? M—Me gusta mucho dibujar, o—o me g—gustaba... —Apreté los ojos intentando no trabarme con las palabras, tomando una bocanada de aire.
—Sí, sí que puedes dibujar. Tenemos unos talleres de pintura a los que puedes ir cuando quieras, y si quieres puedes coger una libreta y pinturas para ir a tu cuarto. —Sonreí ampliamente asintiendo, dándome la vuelta para irme de allí, pero me volví a dar la vuelta a lo que la enfermera, Ally soltó una risa.3
—Y... Y... ¿Podemos escuchar música?
—¿Tienes algo con lo que escuchar música? —Negué con una mueca, porque todas mis cosas se habían quedado en casa.
—Vaya... Si tuvieses un mp3, podrías escucharla.25
*5
Camila's POV
Los días sin Lauren se hacían largos, además, ir sin ella al instituto no era lo mismo. Me gustaría haberla visto por estos pasillos pasando de todo, evitando las clases hasta que la conocí, cuando comenzó a ir sólo por ayudarme. Su corazón valía millones, y eso ni siquiera Lauren lo sabía. Estuve a un gramo de perderla, a un gramo de decir que el amor de mi vida había muerto y todo por esa estúpida familia que tenía.18
Llamaron a la puerta, se me hizo extraño porque yo estaba sola en casa. Miré por la mirilla, y era Chris, su hermano. Según me había contado ella, después de lo que pasó con Luis, Chris la había defendido bastante más.
Abrí la puerta y lo vi de pie, en el suelo había una caja sellada.
—Hey... —Dijo él dejando caer los brazos a los lados de su cuerpo.
—Hola, Chris. —Dije mirándolo, ladeando la cabeza y abrí un poco más la puerta para que entrase. —Pasa.
—No quiero molestar. Sólo venía a traerte esto, son cosas de Lauren. Asumo que Lauren no volverá a casa tras salir del hospital, pero aunque quisiera volver yo no la dejaría. —Asentí de acuerdo con él, aunque aún tenía ese resquemor de que se riese de ella cuando pasó lo de Luis. —Es todo... Su portátil, la cámara, el móvil que está... Hecho pedazos, libretas con dibujos, una caja de carboncillos de colores, un estuche de pinturas y el mp3. Es raro, la caja de carboncillos sólo tiene gastado el negro.51
—¿Nada más? —Él se encogió de hombros mirándome con los labios torcidos.
—Lauren casi no tenía ropa, sólo un par de zapatos, y mis padres quitaron todo de su habitación. —Asentí mirando la caja, él la cogió y la puso sobre mis manos. Vino a verla todas aquellas semanas, algunas tardes no podía, pero sí que vino.3
Me despedí de Chris y entré en casa, abrí la caja para ver qué tenía. Su cámara estaba intacta, igual que su portátil que tenía la pegatina de Pink Floyd pegada al lado del símbolo de Apple. Me preguntaba qué tendría allí Lauren, qué guardaría.72
*4
—¿Y tú cómo estás? —Preguntó Dinah.
Mike, Dinah y yo estábamos sentados en la mesa de una cafetería cerca de la bahía. En la mesa una pizza con pepperoni, tres vasos de papel con pajita y ellos mirándome. Mi mente no estaba allí, quería saber de verdad cómo estaba Lauren, quería saber si aquella semana en rehabilitación la había ayudado algo.
—Vaya, entonces os graduáis en un mes. —La voz de Michael me distrajo, se estaba comiendo una patata. Aún me asombraba cómo alguien podía llevar el pelo azul, pero le quedaba bien.19
—Sí, ¿vendrás a vernos? —Dinah se giró con una pequeña sonrisa, quitándole la patata de la mano para llevársela a la boca.8
—Claro que iré a veros.
Me asombraban Michael y Dinah. Eran tan diferentes, si los veía por separado jamás diría que podían estar juntos, pero en eso se basa el amor, ¿no? Unos buscan el físico, otros buscan dinero, apariencias, pero al final lo que todos queremos es cariño y comprensión; un refugio cuando las cosas iban mal. Y eso eran Michael y Dinah para cada uno, ellos no se fijaron en el físico, ni en si harían buena pareja; ellos encontraron alguien que los quería, que los aceptaba y estaba dispuesto a darles el cariño que no habían podido mostrar al mundo durante aquellos años. De eso se trata el amor, supongo.21
—¿Cómo está Lauren? —Preguntó Dinah, y yo mordisqueaba la punta de la pajita encogiéndome de hombros; apenas sabía nada de ella.2
—Cuando la dejé hace una semana parecía de acuerdo con quedarse allí, ¿sabes? Creo que... Lo ha pasado tan mal que sólo quiere estar bien. —Me encogí de hombros apretando el vaso con mis manos.
—Creo que Lauren no quiere hacerte daño. —Dijo Michael apoyando los brazos en la mesa. Torció un poco el gesto y miró a Dinah alzando los hombros. —Por lo que me contó en el hospital, lo que menos quería era hacerte sufrir, y creo que entrar allí, para ti es una forma de que te 'desintoxiques' de esa antigua Lauren, y para ella es... Ser Lauren. Como es ella en realidad, no con esa capa de tristeza y depresión, ¿entiendes?2
Quizás Michael llevaba toda la razón, y quizás eso era lo que Lauren quería, y estaría bien allí dentro.5
—Tengo que... Tengo que hacer algo para que cuando Lauren salga, tenga... Tenga donde ir. —Suspiré cogiendo un trozo de pizza, quitándole esa abundante capa de pepperoni que a mí me parecía hasta empalagoso. —Pero no tengo dinero así que.12
—Podríamos vender a su familia, así harían algo bueno por la vida. —Los tres soltamos una carcajada, y yo me quedé mirando los círculos de pepperoni rojo intenso sobre el fondo blanco del queso. Lauren vería una obra de arte en una simple pizza. Obra de arte. Ella hacía obras de arte.59
—Tengo una idea, chicos. —Michael y Dinah abrieron los ojos mirándome, él aún con la pajita en la boca. —En Navidad Lauren vendió algunas de sus fotos por 500 dólares para ayudar a Dinah.
—Espera, ¿Lauren vendió una de sus fotos para ayudar a mi familia? —Asentí mirándola, humedeciéndome los labios un poco.8
—Quizás podamos vender algunos de sus fotos y dibujos, como hizo ella a 500 dólares; así podríamos alquilarle un apartamento en el centro durante un par de meses hasta que encuentre un trabajo. —Los dos se quedaron mirándome con la boca abierta.27
—¿Las fotos de Lauren cuestan 500 dólares? —Me encogí de hombros sin saber qué responder con una sonrisa.
—Supongo, de lo poco que sé es que vendimos esa foto y que la gente le pedía fotos en Tumblr. —Me mordía el labio de forma insistente, mirándolos a los dos esperando una respuesta.3
—Me parece una buena idea.


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42

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:44 am

Lauren's POV13
La luz del día entraba por la ventana con fuerza, reflejándose en las sillas y aquellas personas que estaban sentadas en el centro de la sala; como yo. Vi a Camila, me dijo que todo estaría bien, que todo estaba bien. También me preguntó cómo lo estaba llevando; le dije que me iba acostumbrando, y en sus ojos vi un atisbo de tristeza. Me apenó saber que le daba lástima que yo estuviese allí.
Al parecer la doctora Sullivan también trabajaba en el hospital, era agradable ver a alguien a quien conocía de fuera, se me hacía menos extraño estar allí encerrada, parecía que el mundo exterior no estaba tan lejos.
—Chicos, hoy vamos a seguir con nuestro taller de pintura y manualidades, ¿os parece bien? —Me parecía genial, retorcía mis dedos con nerviosismo mirando las caras de mis compañeros algo nerviosa. No conocía a ninguno. La doctora Sullivan dice que llegué a un punto en el que ya no era yo, y el que casi muriese reinició mi cerebro pero una forma terrible. Porque tuve que aprender a hablar de nuevo, a andar, y mis manos aún se veían torpes.10
Las mesas eran de colores, parecían salpicones de pintura y era bastante divertido. Los colores me hacían recordar el estuche de pinturas de mi tía Elizabeth, ¿qué habría sido de ellos? Espero que mis padres no los tirasen, aunque no me sorprendería mucho. Camila dijo que mis padres querían entrar a verme y que estaban muy preocupados de que hubiese muerto, pero lo que ellos no sabían era que en realidad su hija sí que había muerto en esa bañera.38
—¿Qué vas a hacer? —La doctora Sullivan se colocó a mi lado en la mesa, mientras yo apilaba las pinturas a mi lado de la mesa.
—No sé. —Respondí encogiéndome de hombros. Cogí un pincel y lo miré, notando que mi mano lo temblaba, lo sujetaba firme.
—¿No sabes lo que vas a pintar? —Negué cogiendo el trozo de papel enorme que ella me tendía y lo extendí sobre la mesa.
—Nunca sé lo que voy a pintar. —Ella se quedó en silencio mientras yo abría las tapas de las pinturas. —Porque nunca sé qué estoy sintiendo.31
—¿Qué sentías antes de suicidarte? —Apreté el pincel y solté un suspiro, cerrando los ojos con una mueca.
—Odio. Desesperación. Tristeza. Sufrimiento. —Mojé un poco el pincel en agua y luego tomé óleo negro, comenzando a deslizar el pincel por el papel.2
—¿Y miedo? —Paré un momento, pero al instante negué para seguir pintando. —¿Qué pasó cuando la droga y el alcohol hicieron efecto?
—¿Cuándo casi muero? —Pregunté apretando el pincel en el papel para hacer más grueso el trazo. Sullivan asintió. —Lo vi todo negro. Dicen que hay algo al otro lado, y quizás lo hay pero yo no lo vi.20
—Estuviste dos minutos en parada. —Asentí escuchando a la doctora, prácticamente estuve muerta dos minutos. Dos minutos en los que mi corazón se paró.1
—Estaba negro. Pero creo que... Sí que hay algo al otro lado, sólo que yo no llegué a verlo. ¿Cómo si no iba a saber que estaba todo negro? No es porque siguiese consciente, estuve dos minutos muerta, pero... El alma, o lo que sea que había en mí, existía, estaba ahí. Lo siento, no sé explicarme muy bien. —Seguí moviendo el pincel por encima del papel, haciendo los trazos un poco más finos.11
—¿Te gustan los colores? —Asentí con la cabeza, apretando el borde de la mesa para sujetar bien el papel. —¿Y por qué únicamente usas negro y tonos oscuros?33
—Porque así me siento. —Me encogí de hombros.44
—Usas el negro pero te gustan mucho los colores al verlos, ¿verdad? —Asentí mojando el pincel en pintura negra, mordisqueándome la cara interior de la mejilla. —Si mueres no verás más los colores, no verás el arte, no verás a Camila. —Paré de pintar retirando el pincel, irguiéndome al escuchar a la doctora. —La vida es mucho más que tu familia. Ellos no son nada, Lauren. Tu vida a partir de ahora tienes que ser tú, tú y lo que te de felicidad. ¿Qué te daría felicidad?4
—Camila. —Giré la mirada hacia ella, que se quedó esperando a que yo siguiese diciendo. —La fotografía, dibujar. Pasear por la playa, enseñarle Vancouver, viajar. —Agaché la cabeza con una leve sonrisa al pensar en las cosas que haría con Camila al salir de allí.34
—Ponle algo de verde a esos árboles, están esqueléticos. —Miré el dibujo, eran árboles sin hojas casi lúgubres que se extendían por todo el papel. Sonreí.37
*10
—Y entonces esta tía, coge un trozo de papel y empieza a pintar un puto bosque tío. —Normani le contaba a Skylar, la chica que estaba sentada con nosotras en el almuerzo, el taller de pintura. —Sky, un puto bosque de noche. —La chica comía sentada al lado de Normani, mirándola con el ceño fruncido. Ambas me miraron a mí, que tenía aún algunos restos de pintura en las manos.8
—¿Nunca habéis visto un bosque de noche? —Pregunté riendo, observando también la cicatriz en mi muñeca que había dejado. Retiré la mirada rápidamente.
—Tío, has pintado un bosque de noche.56
Después de la cena, fuimos a nuestra habitación, era una de aquellas tardes de finales de abril en la que el verano se olía en el ambiente. Las golondrinas revoloteaban piando, dando ese sonido característico de principio del verano, de pantalones cortos y olor a crema del sol, de olor a salitre en Nueva Inglaterra donde pasábamos los veranos.5
Normani estaba tumbada en la cama mirando al techo, y yo me senté en ese pequeño sofá que había en la habitación mientras miraba por el gran ventanal que teníamos sobre nuestras camas.
—¿Qué haces? —Preguntó Normani, mientras con mi lápiz frotaba el papel.
—Dibujo el atardecer.
—Pero si no tienes pinturas, Lauren. Túmbate ya, anda. —Bostezó dándose la vuelta.12
Pero no, no era un dibujo. Era un boceto de lo que sería ver un atardecer cuando saliese de aquellas cuatro paredes.1 Tres semanas.
*
Camila's POV4
—Chris dice que la contraseña del ordenador de Lauren es lanadelreyxoxo. —Fruncí el ceño dejando el móvil en la mesa, escuchando las carcajadas de Michael. Me senté a su lado mirando la pantalla del ordenador, y Dinah estaba al otro con la mano por encima de sus hombros. Me gustaban, él la trataba a ella como si fuese lo único que importaba. Era gracioso, espontáneo y hacía bromas constantemente. Además, según me había contado Dinah, Michael pasaba mucho tiempo con sus hermanos y los cuidaba como si fuesen suyos propios.90
—Es graciosa. —Tecleó la contraseña y su ordenador se desbloqueó automáticamente. —¿Tendrá una carpeta en la que ponga 'fotos'?37
—No lo sé, la verdad es que nunca me hablaba de lo que publicaba o dejaba de publicar. Ella simplemente me decía que hacía fotos. —Fruncí el ceño viendo cómo Michael entraba en la carpeta de fotos, y señaló todas las que había. 'Vancouver', 'sunsets', 'woods, 'shadows', 'random' y la última se llamaba 'Camila'. —Uhh.. ¿Qué tendrá aquí? —Le di un golpe en el brazo apretando los labios.27
—Me hacía fotos, yo la dejaba. —Dinah y Michael se me quedaron mirando con los labios entreabiertos. —¡No esas fotos! Fotos por la calle, son las que vendimos para Dinah.63
—¿Vendiste fotos tuyas a un violador cibernético para ayudarme? —Michael soltó una risa mientras abría la carpeta de los atardeceres, y yo rodé los ojos con un suspiro.18
—Callad. Lauren vendió sus fotos en una página... ¿eBup? —Miré a Michael que negó, abriendo el explorador donde tecleaba aún más rápido.5
—eBay. —Dijeron los dos a la vez, a veces me sorprendía aquella compenetración que tenían. —Uf, por suerte se ha dejado los datos guardados. A ver... —Yo no entendía nada de lo que hacían, simplemente me dedicaba a observar mordiéndome el labio inferior. —¿¡Qué cojones es esto!? —Miré a Michael algo alterada, como también lo estaba él.38
—¿Qué pasa?
—Hay dos personas que llevan pujando por una foto suya semanas. Mira, van por tres mil dólares, y termina hoy. —Solté una pequeña risa, aquello era un gran comienzo.37
*7
Lauren's POV
La cuarta semana fue triste, aunque quería irme de allí. El cielo se hacía cada vez más azul, el olor a verano ya entraba por las ventanas, a través de las puertas, se incrustaba en cada uno de nosotros. Al final del mes, tenía una carpeta llena de dibujos, me llevaba de allí la amistad de Normani que yacía a mi lado mirando al techo.1
—No me gustan las despedidas. —Dijo ella, y yo asentí de acuerdo, con mi mirada clavada en el mosquito que se posaba encima de mi cabeza. —Tu historia es triste. —Murmuró en voz baja. Creo que es la primera vez que una de las dos mencionaba aquello.12
—Lo sé. —Yo aún no sabía la suya. Ella nunca quería hablar de eso, pero creo que parte de terminar de una vez por todas con nuestros lastres era contarlo todo.
—Cuando tenía diez años mis padres se separaron. —Comenzó. Me di cuenta de que jugaba con sus manos de una forma nerviosa. —Poco después mi padre murió, y mi madre volvió a casarse. Supongo que para una niña de diez años es muy difícil asimilar todo eso en tan poco tiempo. —La voz de Normani no parecía estar apagada, lo contaba desde la sinceridad, sin rencor ni lástima. Sólo con tristeza. —Él era buena persona al principio, me compraba juguetes y trataba bien a mi madre. Luego comenzó a pedirle que se quedase en casa, a insultarla, a ridiculizarla delante de sus amigos y... Yo lo veía mal, ¿sabes? Pero para mi madre era su culpa, siempre era su culpa. Entonces él empezó a pegarle y yo me interponía, y empezó a pegarme a mí también. Empezó a abusar de mí y hacía que mi madre lo viese. —Soltó una risa, pero yo no sabía cómo tenía la fuerza para hacerlo. —A aquél cabrón lo atropelló un tren en el metro de Vancouver. Iba borracho.67
—¿Intentaste suicidarte? —Pregunté girando mi cabeza sobre la almohada para mirarla.
—Más o menos. Caí en depresión, me autolesionaba, tenía trastornos alimenticios... —Se encogió de hombros jugando con la pulsera que tenía en la muñeca.2
—Después de escuchar eso, por lo que yo intenté suicidarme me parece una puta tontería. —Murmuré en voz baja, volviendo a mirar al techo de cal blanca.28
—No puedes decir eso. Las situaciones afectan a cada persona de forma diferente. Yo viví eso, pero sólo tenía doce años cuando terminó todo y él muriese. Mi madre me quería, y sabía que mi padre también me quiso. Tenía el apoyo de toda mi familia aun estando en la mierda más profunda. —Tomó un poco de aire para seguir hablando. —En cambio, tu familia era la que te hundía cada día, la que te decía que no eras una mierda y la que te menospreciaba. Tu familia te hundió y no tenías cómo salir. Es diferente. Lo tuyo fue toda la vida, lo mío fueron dos años. —Nos miramos cuando terminó de hablar; quizás Normani llevaba razón, quizás a cada persona todo le afectaba de un modo diferente.12
—Deberías ser psicóloga. —Ella soltó una risa, tirándome uno de los cojines de su cama que impactó directamente sobre mi abdomen.
—Y tú pintora, o lo que sea que hagas.
—Yo sólo quiero ser feliz.


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43

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:44 am

Lauren's POV10
Con las manos vacías, mis vaqueros negros rotos, las zapatillas deportivas azules de mi tío Stephen y la sudadera gris que me dieron en el hospital. Así puse los pies por primera vez en el cemento, en la acera fuera del centro. Me miré las manos que relucían bajo el sol, miré a mi alrededor. Estaba fuera, por fin estaba fuera. El verano se olía detrás de cada esquina, el sol picaba sobre mi piel, y cerré los ojos levantando la cabeza al sol. El calor reconfortaba, arreglaba cada uno de mis poros que había supurado tristeza todos aquellos meses, el calor relajaba, el calor expulsaba de mí todo el frío que había calado en mi interior.22
Abrí los ojos; ¿dónde iba a ir? Es la primera pregunta que me hice. La segunda, era si Camila habría dejado de quererme. Vino las dos primeras semanas, las otras dos vinieron mi hermano y mis tíos. Me decepcionó un poco. Ahora no tenía ni casa, ni dinero.
—¿Creías que ibas a estar sola? —Escuché su voz a mis espaldas.70
Camila estaba detrás de mí con los brazos cruzados y una sonrisa; nunca la había visto tan guapa. Saltó hacia mí, y yo la sostuve entre mis brazos dándole el abrazo más reconfortante de mi vida. La había echado tantísimo de menos, me había faltado tanto en aquél mes que apenas me salían las palabras, y tampoco me salían lágrimas. Se me habían gastado, ya no me quedaba una razón por la que llorar en la vida, así que sólo sonreía.39
Ella me besó, me besó de esa forma en la que solía hacerlo, esa forma tan lenta y dedicada, haciéndome sonreír. Escuchándola sonreír entre el sonido de nuestros labios besándose.19
—Has venido. —Dije dejándola en el suelo, cogiendo sus mejillas con mis manos. Camila asintió, y yo simplemente me incliné para besarla de nuevo.2
Podría ir a muchas terapias, podría estar internada un año, podría recibir medicación día a día pero, al fin y al cabo lo único que te hace bien es rodearte de las personas que te completan, te hacen sentir feliz, te llenan de vida, y eso hacía Camila.25
—Estás muy guapa. —Le dije riendo quitándole las lágrimas de los ojos, abrazándola de forma repentina contra mí.1
—Tú también, dios, estás más... —Apretó mis mejillas riéndose, y yo me encogí de hombros. —Repuesta.1
—Muriel hacía un pollo frito riquísimo. —Ella soltó una risa, contagiándome a mí, cogiendo mis manos y apretándolas un poco. —¿Dónde voy a ir ahora? —Pregunté bajando la cabeza, mirando a Camila desde abajo.29
—Ven conmigo.6
Camila quería coger un taxi, pero fuésemos donde fuésemos, le pedí ir andando. Necesitaba que el aire me diese en la cara, quería sentir la libertad de poder andar libre, de poder sentir el frescor de la primavera que ya finalizaba y que daba paso al verano. Poder ver gente, poder caminar con ella.9
Era el primer paseo que daba con Camila, nuestra relación nunca fue normal, nunca fue estable. Era la primera vez que íbamos con las manos enlazadas, caminando sin ninguna preocupación, sin tener que guardar cuidado por si ella se tropezaba con algo, o si había un escalón, y también sin tener que ir lo más despacio posible. Camila veía, giraba su cabeza para sonreírme, para sacarme la lengua cuando le preguntaba dónde íbamos porque no iba a responder.66
Sentir sus ojos mirándome directamente era una de las mejores cosas que me había pasado nunca. Conectábamos de una forma inusual, pero cuando sus ojos chocaban con los míos pasaba a otro nivel.14
Llegamos al puente cerca de la bahía, justo en el centro de Vancouver. Al otro lado del puente, estaba mi casa. O la que era mi antigua casa, porque no concebía la idea de volver allí. También estaba el restaurante de sushi, la cafetería donde conocí a Michael comiendo pizza... Me traía mejores recuerdos.1
—¿Por qué paramos? —Pregunté viendo cómo caía el sol hundiéndose en el mar. Era un verdadero cuadro, desearía tener allí mi cámara, que a decir verdad no sabía dónde estaba.
—Es tu casa. —Camila sonrió. ¿Es mi qué?
Sacó las llaves del bolsillo, y entró justo en el edificio más alto, al lado del puente y del mar. ¿Qué estaba pasando? Camila tiró de mi mano y entramos en el portal. El suelo era de mármol negro con cristales a los lados y unas cuantas plantas debajo. Subimos en el ascensor, la miraba parpadeando.
—¿Dónde vamos? ¿Esto es en serio? —Ella no respondió, y en la segunda planta el ascensor paró.
El pasillo era largo, con paredes grises, lisas y ventanas que daban a un patio. Esto estaba siendo real. Camila abrió la puerta y se apartó, haciéndome un gesto con la mano para que entrase.
No. Me. Lo. Podía. Creer.156
El salón tenía un ventanal que daba a la bahía, donde el cielo teñido de un rosa intenso y naranja se fundían para iluminar toda la estancia. A la izquierda; un sofá algo pequeño color negro de terciopelo, frente a una mesa de cristal con las patas grises. En frente, la tele de unas 42 pulgadas sobre un mueble bajo gris oscuro. El suelo era de madera clara, dándole luz a la sala.33
Camila encendió la luz, y pude apreciar que las paredes estaban pintadas de blanco, aunque algunas —como la de la tele— estaba pintada de un color gris claro. Entonces me percaté; encima del sofá había un cuadro rectangular enorme de aquél atardecer en Vancouver que tantas veces había visto.1
—Es... Es una foto mía. —Murmuré en voz baja, y Camila asintió con una sonrisa. En la pared que iba a la cocina había una estantería llena de libros, los conocía. Los conocía porque eran mis libros.2
Cogió mi mano y me enseñó el baño; un plato de ducha con la mampara transparente, el grifo cuadrado de unos veinte centímetros de diámetro —casi podría decir que llovería sobre mi cabeza—, el suelo de loseta negro, el lavabo bajo blanco y un espejo rectangular. Simple, precioso.4
Entonces, en mi habitación había una cama, una estantería con DVDs y libros. La cama de matrimonio estaba revestida con una funda blanca, y las almohadas eran grises. No había un ventanal como en la habitación, era más bien una pequeña terraza, un pequeño balcón que daba al agua. Se veían los bosques de Vancouver y el azul intenso de la bahía.13
—¡Mira! —Camila abrió el armario, mostrándome una grandísima cantidad de ropa y como cinco pares de zapatos. No podía creerme aquello, no podía creerme nada. —También te compré colonia nueva. Espero que te guste.65
—Camila, no puedo aceptar esto. E—Es... —Negué mirándolo todo, dando una vuelta sobre mí misma. —No puedes gastarte tanto dinero en mí.
—Yo no pagué esto. Lo has pagado tú. —Dijo encogiéndose de hombros, tirando de mi mano sacándome de la que sería mi habitación. —Vendimos algunas de tus fotos, de tus dibujos, y la gente... Llegó a pagar mucho dinero. Nos dio para pagarte unos meses de alquiler hasta que encuentres un trabajo estable, para que vivas, para comprarte ropa. —Camila soltó una risa cogiéndome de las manos, pero yo no sabía ni qué decir, sólo la miraba con la boca totalmente abierta. Parpadeé un par de veces, hasta que ella tiró de mi mano, sacándome de allí y llevándome a otra habitación.11
Esta era básicamente un pequeño estudio. Tenía en una mesa el estuche de óleos, cuadernos en blanco y la caja de carboncillos de colores con el negro gastado. A un lado, un lienzo y en un bote pinceles y una paleta. En el centro; mi portátil y la cámara.
Me limpié las lágrimas que caían por mis mejillas, tenía una casa, aquella casa era mía.
—Tu móvil se nos rompió porque estaba... Fatal. —Soltó una risa, pero yo fruncí el ceño. —De hecho Michael lo cogió y se llevó un trozo de cristal en la mano. —Camila abrió un cajón y sacó una caja; era un móvil nuevo. —Esto te lo compramos nosotros, es un regalo. Hiciste cosas por todos nosotros, pero no pudimos ayudarte con lo que de verdad importaba así que... —Extendió la caja para dármela, y yo la cogí. La miré un momento y luego volví a dejarla en la mesa.24
—Muchas gracias. —Susurré acercándome a ella, cogiéndola de las mejillas para darle un beso profundo, lento, con mi lengua rozando las suya y sus manos parándose en mis costados.6
Suspiró. Suspiré. Pero el aire que salía entre nuestros labios era muy poco, porque el beso no paró, y las manos de Camila se agarrotaron alrededor de la tela de mi sudadera gris que habían dejado que me llevase del hospital. Sus manos subieron por mi cuello hasta llegar a mi pelo, pegándose a mí un poco más cada vez.52
El beso se nos fue de las manos, y es que nuestra primera vez fue la última. Por primera vez, no había preocupaciones, no había tristeza, no había falsas sonrisas ni besos intentando ocultar sentimientos. Estaba completamente abierta a ella, de par en par. Camila podía leer mis pensamientos con la simple forma en que la cogía por los muslos y la llevaba a la habitación y la tumbaba en la cama. Camila podía saber cómo me sentía por la forma en que mis dientes rasgaban su labio inferior y sus manos quitaban mi sudadera.65
Me hacía sentirme cómoda con mi cuerpo por la forma en que acariciaba mi abdomen un vez con el torso desnudo, pasaba sus manos dándome la calidez de su cuerpo, haciéndome sentir deseada. Su mano me sorprendió colándose dentro de mis pantalones, y mi aliento tembloroso chocaba contra su boca con los ojos cerrados.
Mis manos la desnudaban, la despojaban de aquella ropa que para mí sobraba, dejándola en ropa interior delante de mí. La había visto antes desnuda, pero de alguna manera que ella pudiese verme a mí me ponía nerviosa. Pero el nervio pasó rápido cuando nos besamos de nuevo, y nuestras lenguas conectaron para fundirse entre sí.16
Quedamos desnudas.97
Mis caderas comenzaron a moverse para presionar sobre ella, haciéndola jadear contra mi boca y apretar mis manos, que estaban enlazadas sobre la almohada. Besé su cuello centímetro a centímetro, mi lengua se deslizó hasta su oreja, escuchando sus primeros gemidos en cuanto mis caderas fueron más rápido.33
Soltamos nuestras manos.
Fueron a parar a mi pelo para que la besara de aquella forma tan húmeda y profunda que tanto nos excitaba. Comencé a gemir en su boca, sonriendo al sentir el placer de Camila golpearme a mí también, acariciando uno de sus pechos con mis manos, llevándomelo a la boca para jugar con él como quería.
Camila apretó el talón en una de mis nalgas, y con su mano agarró la otra hincándome las uñas. Levanté la cabeza para gemir mientras mis caderas se movían fuerte; no podía más, ni ella tampoco. Estábamos a punto de explotar después de tanto tiempo, y lo hicimos.88
Sus gemidos llenaron la habitación, más altos, más agudos, con Camila apretando las sábanas y arqueando la espalda. Era arte.67
Mis gemidos eran más graves y roncos, que se fundían entre los de ella, haciendo música.77
Nos quedamos tumbadas en la cama; la noche había caído. Camila abrazada a mi pecho, con una pierna por encima de las mías y mi mano rodeándola, quedando en la parte baja de su espalda. Su cabeza apoyada en mi hombro.
Éramos normales. Éramos dos chicas normales que acababan de tener sexo. Camila veía. Yo era una chica de veinte años que se había independizado haciendo lo que ella más amaba, y estaba simplemente relajada con la chica a la que quería.23
—Tengo hambre. —Dijo ella rodeando mi ombligo con la yema de su dedo, incorporándose de la cama. —Voy a por la cena.9
—¿Cena? —Apoyé la espalda en el cabecero blanco de la pared, y la vi levantarse e ir hasta el armario.24
—Compré sushi en ese bar que tanto te gusta de enfrente. —Cogió aquella camiseta negra rota por los bordes, antigua que llevaba puesta y se puso la ropa interior, corriendo a la cocina.34
Yo también me puse la ropa interior, y abrí el armario para ver lo que había. Jeans azules y negros, unos rotos y otros no, camisetas de tirantes de bandas, camisetas de manga corta de todos los tipos y colores, bandanas, la chaqueta de cuero que me regaló Camila, camisas de cuadros, botines negros...42
Cogí una camiseta de tirantes blanca y me la puse, era bastante larga, me gustaba. Volví a sentarme en la cama encendiendo el móvil que Camila me había regalado, la luz me golpeó directamente en los ojos.12
—¿Te gusta? —Alzó la bandeja con el sushi, y asentí dejando el móvil en la mesita de noche, sentándome en la cama.
—Wow, una chica, sushi y mi nuevo apartamento. —Cogí los palillos sonriendo, abriendo los ojos cuando Camila encendió una lámpara que le dio una luz baja y tenue a la habitación pero lo suficiente para vernos y no romper el ambiente.51
—Mmh... —Se metió un trozo de sushi en la boca, tapándosela con la mano. —Me gusta el sushi porque tiene muchos colores.3
—¿Te gustan los colores? —Ella asintió mientras yo comía, humedeciéndose los labios manchados de salsa.
—Adoro los colores. Por cierto... —Cogió un trozo de sushi de cangrejo y me miró con los ojos entrecerrados. —¿Quién era Bramante? —Solté una carcajada al escucharla, me acuerdo perfectamente de aquello.1
—Bramante. Mira que confundir a Miguel Ángel con Bramante... —Dije negando metiéndome medio trozo de sushi en la boca. —Era un arquitecto del cinquecento italiano. —Ella se quedó mirándome con los ojos cerrados y sonreí. —El cinquecento es la segunda época del renacimiento, por así decirlo; una corriente artística que nació en Italia.27
—Aaaaah. —Asintió volviendo a coger otro trozo, y solté una suave risa.8
—Los nombres de sus obras son muy largos, por ejemplo Templete di San Pietro In Montorio. —La miré con una sonrisa mientras comía. Tenía el pelo suelto, ondulado que caía sobre un lado de su cabeza. Eran tan preciosa que podría hacerle mil fotos y ni una saldría mal.17
—Entonces, el libro es tonto como decías. —Rio tapándose la boca con la mano a la altura de la muñeca.2
—Eres preciosa, Camila. —Dije sin más, negando al mirarla porque no me creía que fuese mi novia. —Eres increíble.


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45

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:47 am

Lauren's POV9
"¡ERES UNA INÚTIL!" "NO HACES NADA, ¡LEVÁNTATE Y PONTE A TRABAJAR!" "Acabarás sola, SOLA porque eso es lo que te mereces después de todo." "NADIE VA A QUERERTE, NADIE." "SÓLO ERES UNA MALDITA RATA EN ESTA FAMILIA." Mi padre aporreaba la puerta a puñetazos.45
Abrí los ojos y comencé a retroceder en la cama apoyando las manos y los pies en el colchón, hasta que mi espalda pegaba contra el cabecero de la cama. Respiraba de forma agitada, mirando a mi alrededor, desconcertada, hasta que me encontré con la imagen de Camila.7
—Lauren, shhh, tranquila. Mírame. —Me cogió de las mejillas para que fijase mi mirada en la de ella, parecía tranquila. —Respira, es sólo una pesadilla. Ya no están, cielo. —Me di cuenta de que mi mano apretaba su muñeca inconscientemente, y tragué saliva asintiendo un poco. Mi cuerpo se iba relajando a medida que procesaba sus palabras, destensando mis músculos. —Está bien, todo está bien. —Camila me rodeó con sus brazos, quedando de rodillas en la cama, y dejé que me consolase y me tranquilizara.13
—No me gustan esos sueños. —Murmuré en voz baja sintiendo un beso en mi cabeza.3
—Porque no son sueños, son pesadillas. Y las pesadillas no suelen gustar. —Busqué refugio en su pecho girando la cabeza, haciendo que Camila casi me cogiese en brazos como a un bebé. —Te haré el desayuno. ¿Mmh?14
—No... No. Necesito salir de la cama. —Asentí incorporándome, poniendo los pies en el suelo y quedándome sentada al borde de la cama. Los codos apoyados en las rodillas y mi cara enterrada entre mis manos.1
—Está bien... —Suspiró, apretándome un poco el hombro antes de salir. —Te espero en la cocina entonces.
Camila no parecía estar muy bien, más bien algo decepcionada por aquél rechazo. Así que me levanté, y caminé tras ella hasta la cocina, atrapándola por la cintura. Aquello la hizo reír un poco.26
—Estoy bien, estoy bien. Gracias. —Besé su mejilla quedándome un momento abrazada a ella por la espalda, hasta que la solté.
—Es que no me gusta verte así, es sólo eso. —Saqué dos tazas del mueble superior de la cocina. Las miré con el ceño un poco fruncido. Una era verde, la otra rosa. —La rosa es mía. —Puntualizó haciéndome girar la cabeza hacia ella.56
—No me sorprende. —Dije entre dientes riéndome, metiendo una taza de leche en el microondas.9
—¿Por qué no te sorprende? —Fruncí el ceño programando la cafetera, agachándome para mirarla con las cejas gachas.
—¿Quién tiene los ojos verdes aquí? —La miré sonriendo, y ella torció los labios con una sonrisa negando, dándome con la mano en la cara.60
—No me mires así. —Me apartó riéndose, escuchando el sonido del microondas indicando que la leche estaba lista.6
—¿Cómo quieres que te mire? —Eché un poco de café en las dos tazas, y ella vertió la leche en las tazas, echándole dos azucarillos.
—¡No sé! Pero... —Sacó las tostadas y las puso en el pan sonriendo un poco. —Me da vergüenza.32
—¿Te da vergüenza que te mire? —Cogí mi taza de café y una tostada, saliendo con ella al salón.1
—Un poco... Cuando me miras así. —Di un sorbo al café, quedándome cerca del ventanal. Hacía mal día, estaba lloviendo. —Oh dios, ¿está lloviendo? —Camila vino rápido a mi lado, con la taza de café entre sus manos y una gran sonrisa.43
—¿No habías visto aún llover? —Ella negó sonriendo, con los ojos abiertos de par en par mirando los nubarrones negros que descargaban todo el agua en la bahía, encima de Vancouver.16
—No, ha hecho muy buen tiempo este mes. Es precioso. —Di un mordisco a la tostada y la dejé en la mesa junto a la taza, cogiendo la cámara de la habitación para volver al salón.4
De lejos, la figura de Camila en contraste con la claridad que entraba por el ventanal se veía como una silueta negra. Perfecta pero opaca. De fondo, los nubarrones grises, negros, azul oscuros y los cristales repletos de gotas de agua. Mi cámara se disparó, una, dos, y tres fotos. Camila se dio la vuelta.4
—¿Ha salido bien? —Me acerqué a al cristal junto a ella, haciendo un par de fotos a las gotas que se deslizaban cristal abajo, mezclándose con las luces rojas de los coches que cruzaban el puente, con las luces encendidas de los edificios.2
—Siempre sales bien. —Respondí en voz baja, girando la cámara hacia ella, que arrugó la nariz, cerró los ojos y sacó la lengua. —La haré mi fondo de escritorio en el ordenador.22
—¡No! Salgo mal. —Solté una risa enseñándole las fotos mientras negaba.
—No, sales perfecta. —Besé su frente y volví a mirar las primeras fotos, eran absolutamente preciosas. —¿Puedo subir estas a Tumblr? Son preciosas.
—Claro. Excepto la que sale mi cara, esa...3
—Esa es mía. —Añadí dándole un beso en la nariz, que la hizo reír con los ojos apretados. —Por cierto, tengo que irme. —Dije mirando el reloj de mi muñeca con el ceño algo fruncido.
—Mmh... —Ella bebía café abriendo los ojos. —Tenemos que irnos, tengo clase a las 11. ¿Y tú dónde vas, por cierto?
—Tengo que hacer la entrega de una foto. —Me froté las manos mientras entrábamos en la habitación. Aún se me hacía extraño eso de tener un armario lleno de ropa que me quedaba bien y donde podía elegir.5
—¿No las mandas por correo? —Asentí poniéndome los jeans negros, y me senté al borde de la cama para atarme las botas.
—Sí pero... Este chico quiere que se lo entregue en mano. Hemos quedado en una cafetería cera de aquí. —Me levanté de la cama y me puse el sujetador, mirando a Camila que se enfundaba sus pantalones y una de mis sudaderas grises.97
—Eso es raro. —Escuché sus palabras mientras me ponía una camiseta blanca de The 1975 y una chaqueta negra que parecía de plástico.13
—Lo sé, pero es 'trabajo'. Esta tarde pasaré por tu casa, ¿vale? —Asintió cogiéndome de las manos. Me besó.
—Vale.19
*11
Me colgué mejor al hombro la tira del pequeño maletín donde llevaba la foto ya enmarcada. Estas cosas eran demasiado delicadas. Miré al otro lado de la calle, estaba la cafetería. En cuanto el semáforo se puso en verde, comencé a caminar, dirigiéndome a la entrada del local. No había mucha gente, el ambiente era cálido, mis pies tomaron algo de calor después de haber sido mojados por los charcos de la ciudad. Miré a mi alrededor.7
—Hey, ¿eres Lauren? —Giré la cabeza a mi derecha para encontrarme con el chico que me mandó el email. Alto, de ojos verdes y nariz recta. El pelo engominado hacia un lado, pero parecía amable.29
—Sí, soy yo. ¿Eres Barry? —Él asintió y señaló una mesa al fondo de la cafetería.74
—Sí, vamos a sentarnos.
Lo que más me sorprendió de aquél chico era que iba vestido de traje. No era la típica persona que solía comprar mis cuadros, aunque... Tenía constancia de que algunas empresas compraban fotos de los bosques para crear un ambiente más 'relajado' en sus zonas de trabajo. La foto que me había pedido era un bosque, pero lo extraño era que si era para una empresa, lo más normal sería que la mandase por correo. Pero no.5
—¿Quieres un café? —Preguntó él con el vaso de cartón en la mano.
—No, gracias, he desayunado esta mañana. Pediré una botella de agua. —Él asintió mirando su vaso con una pequeña sonrisa. —¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—¿Por qué no pediste que te lo mandase por correo? Es más rápido. —Dije sonriendo, alzando los hombros para que no se sintiese atacado. Su sonrisa se amplió.
—Porque el cuadro no es para mí, es para mi novia. Ella maneja Tumblr y esas cosas, e incluso antes de dormir lo mira en el móvil. —Soltamos ambos una risa, antes de que Barry siguiese hablando. —Y es su cumpleaños en unos días, y como no paraba de decirme que le gustaba esa foto...19
—Wow, dile que de verdad le agradezco que aprecie tanto mis fotografías.
—Se lo haré saber. Yo también la aprecio, si no, no la dejaría que pusiese ese cuadro en mitad de nuestro salón.
Ambos reímos, parecía amigable. Le di el cuadro y él me pagó 150 dólares, aquellos 50 de propina por hacerme venir a entregarle el cuadro. Era un buen tipo.51
*7
Para llegar desde donde me dejaba el autobús a casa de Camila, tenía que pasar por delante de mi casa. Bueno, de la casa de mis padres. Saqué el móvil y preferí mirarlo, preferí concentrarme en otra cosa que no fuese aquella casa, pero era francamente difícil. Toda mi vida la había pasado allí dentro, toda mi vida había sido para mí un infierno de frustración. No podía llegar a entender aún cómo unos padres pueden tratar así a su hija, mientras que hay otros que no pueden tener hijos y llorarían por criar un bebé aunque no fuese suyo.4
Escuché la voz de mi madre, creía que era mi imaginación, pero no.1
—¡Lauren! —Apreté los ojos, y entonces escuché también la de mi padre. —¡Lauren, Lauren! —Me giré, y estaban allí los dos. A ese cabrón sí que no quería verlo ni en pintura.15
—Ni se os ocurra acercaros más. —Dije negando, tragando saliva de una forma pesada. Mi corazón latía tan fuerte que podía sentirlo contra mi pecho, casi saliéndose por la boca.1
—Pero eres nuestra hija. —Dijo él, y lo miré con tanto desprecio que debería sentirme mal, pero no.129
—¿Ahora soy vuestra hija? ¿Hizo falta que me tuviese que morir para que os dieseis cuenta? —Solté una risa retrocediendo sobre mis pasos. —Me llamo Lauren, y yo no tengo padres. Sólo fui un error que no debería haber nacido, pero que existe. Así que mostrad atención en vuestros dos hijos, no vaya ser que cojan un resfriado.131
Me di la vuelta y caminé rápido hacia casa de Camila. Quería salir de allí.


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46

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:47 am

Lauren's POV11
Los pasillos del instituto ahora estaban vacíos. Había carteles despegados de la pared, algunos cayendo al suelo. Una pancarta colgaba del techo casi descolgada, cayéndose, con un 'felicidades promoción de 2016'. Sonreí un poco. Aunque sabía que no era uno de esos alumnos que se graduaron con todos los honores.15
El campo del equipo de fútbol ahora estaba lleno de sillas decoradas con telas acordes con el color del equipo, con el color del instituto. Frente a nosotros, un gran escenario, un atril. Dinah y Camila estaban más adelante, con sus túnicas azules de raso brillante y el birrete en la cabeza. También vi a Chris sentado al otro lado, sonreí.22
—¿Qué tal está Camila? —Preguntó Michael al ver que me sentaba. Era la primera vez que lo había visto vestido de traje, y creo que él era la primera vez que me veía a mí con vestido.11
—Nerviosa. —Sonreí cruzando mis manos sobre mi regazo. Me apenaba mucho el hecho de que yo no me hubiese podido graduar de esa forma, y todo lo que había vivido, esos sentimientos se me acumulaban en el pecho, formando una bola en mi garganta.2
—En mi graduación se cayeron dos chicas, es normal. —Solté una risa jugando con las manos en mi regazo.47
El director del instituto comenzó a dar un discurso, y Camila supongo que estaba demasiado nerviosa como para darse cuenta de que yo estaba allí detrás. Lo que yo no sabía, es que al minuto siguiente el director la nombraría para subir al escenario a dar el discurso con el que despedirían el año. Con el que todos los cursos debían identificarse, ella era la que hablaba.6
Camila se puso delante del atril, y miró el papel que tenía delante. Apretó los labios; yo estaba más que preocupada.6
—Vamos Camila. —Murmuré para que empezase a leer. Camila aún no había aprendido a leer muy bien, en voz alta leía como un niño de tres años y eso era lo que me preocupaba.15
—Realmente no... No voy a leer esto. —Dijo negando, levantando la cabeza del papel con una mueca. —Este discurso ni siquiera lo he escrito yo, y tampoco... Sé leer muy bien. —Todo el mundo se quedó en silencio, y Camila me miró a mí. Sonreí alzando el pulgar. —El caso es que no sé leer porque era ciega. —Los murmullos comenzaron entre la multitud, comentarios, susurros, pero a Camila no parecía importarle. —Llegué aquí desde Nueva York, y todo el mundo fue muy dulce conmigo. Quizás los canadienses tienen esa fama de 'buenos' peyorativa que ponen los norteamericanos, pero no es así. Todo el mundo siempre se portó bien conmigo, excepto algunas personas que intentaron aprovecharse de mí porque era ciega; pero malas personas hay en todos lados. Estoy muy agradecida al instituto y a los profesores que se adaptaron a mi forma de estudiar, a mi forma de aprender, sin eso no podría estar aquí ahora graduándome. Pero... Conocí a una chica a principios de curso, que fue la que me demostró que en este país la gente tiene un gran corazón. O quizás sea porque ella es así. Me ayudó cuando nadie me conocía, me hizo sentir cosas que no podía porque era ciega, y me... —Se quedó en silencio con una sonrisa. —Y me enamoré. Ella no se merecía todas las cosas que le estaban pasando, ella no se merecía que la tratasen de aquella manera, no se merecía caer tan bajo. Ella intentaba hacer felices a todos los que la rodeaban, excepto a ella misma. Era una gran hija, una hija que cualquier padre hubiese querido, pero no la querían. Y cuando pude ayudarla ya fue demasiado tarde. —La voz de Camila temblaba. Yo permanecía en silencio mientras lloraba con una sonrisa inalterable. —Tuvo que estar al borde de la muerte para que la gente se diese cuenta de que era el pilar de muchas vidas. De la mía. Incluso de la de sus padres que ahora se arrepienten y vienen a llamarme para que la convenza. —Camila negó pasándose los dedos por la cara para quitarse las lágrimas sin emborronarse los ojos de maquillaje. —Nunca sabes qué hay detrás de cada persona. Sobre todo vosotros, los padres. Siempre decís que 'sólo tenemos que estudiar', pero vosotros no sabéis que está pasando en la cabeza de cada uno de nosotros. Podéis amedrentar la moral de vuestros hijos hasta el punto del suicidio, no sólo somos adolescentes. Somos personas que se esfuerzan como vosotros. —Apretó los labios y asintió bajando la mirada. —Gracias Lauren. —Bajó del escenario.142
Michael me tendió un pañuelo, y lo acepté bastante agradecida. Creía que en ese día ni siquiera se acordaría de mí, porque estaría nerviosa, porque simplemente recibiría su título de graduada, y porque si daba un discurso sería escrito por el director.1
Pasaron unos minutos y me relajé, mis ojos aún estaban hinchados pero tenía una sonrisa en el rostro cuando comenzaron a llamar a los alumnos.
—Dinah Jane Hansen. —Dijo el director, y toda la familia de Dinah se levantó en mitad de la gente aplaudiéndole más que nadie, y ella caminó casi bailando al escenario.105
—¡¡ESA ES MI CHICA!! —Gritó Michael, haciéndome reír considerablemente.93
—Karla Camila Cabello. —Camila se levantó de su sitio, y entonces yo me levanté igual que Michael, silbando entre aplausos.15
—¡Esa es mi chica! —Dije señalándola y riendo, sentándome de nuevo.93
En el escenario, Dinah se acercó al director diciéndole algo al oído. Camila se quedó detrás de Dinah, asintiendo al director, que volvió a leer el nombre.
—Lauren Michelle Jauregui. —Me quedé paralizada, y Michael me movía el hombro. El director, Dinah y Camila me miraban, ellas dos movían la mano para que subiese.100
—¿¡Es una broma!? —Me levanté mientras Michael me empujaba para que saliese al pasillo de césped, con todo el mundo aplaudiendo.
No era una broma. Subí las escaleras, casi atónita, con las manos temblando y la mirada fija en Camila, aunque el director se anticipó antes que ellas.1
—Felicidades Lauren. —Me dio aquél diploma atado a una cinta azul. Luego se apartó de mí, y Camila me cogió de la mano para que bajásemos del escenario.5
—¡Te has graduado! —Gritaba ella, y yo la alcé entre mis brazos, apretándola tan fuerte que creía que me dolería.
Dinah me dio un abrazo menos efusivo que el de Camila, pero no menos sentido, porque nos quedamos varios segundos abrazándonos con una sonrisa.
—Estoy muy feliz por todo esto, muy feliz. —Dije con una sonrisa mirándolas a las dos, y Dinah tiró de mi mano.7
—¡Ahora te vienes a cenar con nosotros! —Negué con el ceño fruncido y una sonrisa.
—No, no, no. Agradezco esto pero... Esta es vuestra noche. Tenéis que estar con vuestra clase, y yo no... No estoy en el instituto. —Dije riendo un poco apenada, porque de verdad quería ir a cenar con ellas. —Pero iré después a la fiesta, ¿vale?1
—¿Lo prometes? —Camila me señaló con el dedo y una sonrisa, yo asentí.
—Lo prometo.13
*7
—¿Crees que es muy extraño que vayamos así vestidos en una cafetería mientras comemos pizza? —Michael enrolló un trozo de pizza y se lo llevó a la boca, mientras yo la mordisqueaba con más cuidado.16
—Sí, es bastante raro. —Reí bebiendo un sorbo de refresco por la pajita, sonriendo un poco.
—Dinah estaba súper feliz hoy. Estaba increíble. —Me humedecí los labios sonriendo, dándole otro bocado al trozo de pizza.
—¿Verdad? Camila también estaba... Increíble. Es decir, wow. —Ambos nos quedamos en silencio mientras comíamos, y yo miré por la ventana, donde las luces de los coches, amarillas y rojas, se mezclaban para crear una vista genial.1
—Os tenía envidia a Camila y a ti cuando os conocí. —Lo miré rápidamente al escuchar que volvía a hablar. Él simplemente movía el vaso de refresco. —Lo que teníais, porque yo nunca tuve algo así.
—Las demás chicas con las que estuviste no valen la pena. —Me encogí de hombros simplemente, y él sonrió negando.
—Ese es el tema, que no hubo ninguna chica antes de ella. —Torció los labios mirándome con algo de tristeza. —Desde que tengo uso de razón las chicas han huido de mí, sólo era el chico del final de la clase al que todas querían cuando había un trabajo de ciencias. —Soltó una risa áspera frunciendo el ceño. —Y eso por... Por alguna razón, me fue amedrantando. Mi autoestima, mi... Mi visión sobre el futuro... Yo no tenía ninguna esperanza de que alguien pudiese quererme. Yo no tengo abdominales, tengo tatuajes en el brazo que ni siquiera a mi madre le gustan, tengo el pelo negro, no soy guapo en sí, así que nadie se iba a fijar en mí nunca. Todas las chicas a las que me acercaba, todas se alejaban de mí al verme. —Nos quedamos en silencio, y él apretó los ojos con un suspiro. —Pero Dinah no se fue, Dinah simplemente...30
—Dinah y tú os enamorasteis porque ambos buscabais algo de cariño, buscabais alguien que os quisiera y lo encontrasteis. La gran mayoría sólo busca el físico, liarse con alguien, un rollo, fardar sobre lo 'buena que está su novia', y si surge el amor es suerte. Lo vuestro es más profundo que una simple historia de chico conoce a chica, sería chico encuentra a chica. —Michael sonrió, y yo también lo hice. —Por eso a mí no me importó que Camila fuese ciega, porque yo sólo buscaba un refugio en ella en medio de todo lo que me estaba pasando.41
*6
Michael y yo llegamos a la zona del restaurante donde se hacía la fiesta. Luces en tonos morados, rosas, con algunas luces alumbrando el jardín y una piscina a nuestro lado. Camila estaba de espaldas con Dinah, y rodeé su cintura con los brazos por la espalda. Ella dio un respingo entre mis brazos.
—Antes solías hacer eso cuando te abrazaba sin avisar. —Murmuré sonriendo, y Camila se giró para abrazarme, besándome, cogiéndome la cara entre sus manos.
—Has venido.4
—¿Cómo no voy a venir, Camilita? —Ella comenzó a reírse, girándome la cara con la mano.11
—¡No me mires así! —Dijo riendo, y cerré los ojos con el ceño fruncido para no mirarla. —Bueno, mírame. —Volví a abrirlos y ella negó con una sonrisa.5
—Te eché de menos. Podría haber sido genial contigo aquí. —Suspiré apoyando mi frente contra la suya, rozando mi nariz con la de Camila con una sonrisa.
—Cenamos pizza y tuvimos una conversación bastante interesante.
Nos besamos mientras bailábamos de una forma lenta, con mis manos en su cintura y las manos de Camila en mi cuello. Mordí su labio, ella sonrió. Cantaba las canciones en voz baja junto a mi oído, con sus labios rozando mi oreja de una forma débil y casi escalofriante.58
—Esta es tu canción. —Murmuré en su oído cuando comenzó a sonar Halo, mirándola a los ojos con una sonrisa.11
Nos movíamos lentamente, y me besaba a ratos otros, susurraba la canción sobre mis labios antes de besarme, antes de decirme que me quería.


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47

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:48 am

Camila's POV29
Los árboles rodeaban la orilla de la playa, haciendo una hilera semicircular que terminaba en los espigones formados por rocas que entraban en el mar. Al fondo, algunos barcos que se hacían diminutos en la distancia.8
En cuanto mis pies tocaron la arena, respiré. El aire olía a verano, los libros se habían quedado en casa, y ahora la única preocupación que tenía era ver a Lauren poner la toalla en el suelo, y ayudándome con la mía.2
—Así está bien, ¿no? —Se puso las manos en la cintura mirando las toallas con la cabeza ladeada.
—Perfecto. —Dije mientras me quitaba la camiseta para dejarla en mi mochila.
—Entonces vamos. —Estiró la mano hacia mí y yo corrí hacia ella para agarrarme de su brazo. —¿Habías visto alguna vez la playa? —Me preguntó mirándome con una sonrisa.
—Soy de Cuba. —Ella cerró los ojos asintiendo, soltando una pequeña risa. —Pero es muy diferente a las de allí. Aquí el agua y la arena son más oscuras, allí el agua es turquesa y la arena blanca. Y... No hay bosques tan bonitos como esos. —Reí señalando los árboles que formaban una hilera en el horizonte.18
—¿Y cuál te gusta más? —Me encogí de hombros soltando un suspiro cuando el agua tocó mis pies. Hacía demasiado que no iba a la playa, que no olía aquél olor a salitre, que no me sentía feliz.
—Son diferentes. —Murmuré antes de que Lauren saliese corriendo al agua y se tirase de cabeza para desaparecer unos segundos y pasarse las manos por el pelo. —¿Está fría?5
—Mmh, para nada. Ven aquí. —Dijo abriendo los brazos, pero yo no me decidía a entrar, metía un pie y lo sacaba. —¡Vamos Camila, no lo pienses, sólo hazlo! —Entonces corrí hacia ella en el agua y me zambullí por completo, saliendo en busca de Lauren para agarrarme a su cuello. —¿Ves? No es tan malo. —Reí sintiendo sus manos agarrarme por los muslos para que rodease su cintura.6
—No, no lo es. —Lauren se quedó en silencio. Llevaba el pelo recogido, ahora estaba mojado. Y sus ojos eran aún más claros a la luz del sol. —Tus ojos son preciosos. —Me mordisqueé un poco el labio mirándolos, quedándome algo embobada. Aún no me acostumbraba a aquello, aún no entendía cómo había podido vivir todo aquél tiempo sin poder verla, sin poder ver sus ojos.21
—Sólo son ojos verdes. —Replicó con una sonrisa tierna.30
—Y tú sólo eres idiota. —Lauren soltó una risa, negando a la vez. —No es sólo el color es... La forma de tus ojos. Es muy intimidante. —Se quedó en silencio con una sonrisa en los labios y los ojos entrecerrados. —¡Pero no me mires así!50
—Eres adorable. Deberías ir acostumbrándote, porque no puedo cambiar de ojos. —Dijo saliendo del agua, y yo me agarré a su cintura para que me llevase mientras flotaba.
—No me voy a acostumbrar nunca. —Me puse de pie en la arena, empujándola para que se apartase. Ella simplemente reía.
Nos tumbamos en las toallas, y aunque yo me tumbé a tomar el sol, Lauren cogió su cámara de fotos una vez se había secado un poco.
—Déjame tu cámara. —Ella frunció el ceño y se giró hacia mí.
—¿Qué? —La cámara de Lauren era algo tan sagrado en su vida que ni siquiera a mí me dejaba tocarla.41
—Si me puedes dejar la cámara, por fi... —Dije en un tono más tierno, dándole un beso en el brazo seguido de un pequeño mordisco. —Por fi, Laur...23
—Está bien. —Me incorporé cogiendo la cámara entre mis manos, y casi creía que a Lauren iba a darle un infarto; comencé a reírme. —Camila, no te rías, es muy delicada.55
—Cielo me río de ti, vas a explotar. Tranquila. ¿Se le da al botón verde, no? —Me puse el objetivo en el ojo y enfoqué a Lauren, que rodó los ojos negando. —Vamos, sonríe un poco... —Lauren frunció el ceño en medio de una sonrisa que no quería salir e hice la foto, y luego otra más en la que miraba a la cámara.4
—Ya está, yaaaa. —Me puso la mano en la cámara, cogiéndola para volvérsela a llevar.13
—Pero si sólo hice dos fotos. —Hice un puchero apoyando mi barbilla en su hombro, dándole un beso en el mentón.2
—Ya, pero no me gusta que me hagan fotos... —Murmuró girando la cabeza hacia mí, y fruncí el ceño. Mi reacción fue morderle la mejilla, haciendo que soltase una risa para girar la cabeza y besarme.62
—Pues la quiero en mi móvil, la quiero poner de fondo. —Lauren me miró recelosa, pero me prometió que cuando las metiese en el ordenador me las mandaría.24
Paseamos por la playa, ella me tiraba agua dándole patadas a las olas que rompían en la orilla, y yo corría por la arena para que no me salpicase. En las rocas, me ayudó a treparlas, agarrándome de su mano para no caerme. La vista desde allí era simplemente maravillosa. Me enseñó lo que eran los cangrejos, ya que en Cuba casi no iba a la playa porque mis padres estaban siempre trabajando. Tenían pinzas, y a pesar de que su aspecto no era el mejor, me gustaron. Cogí uno y Lauren me lo puso en la mano, pero me dijo que no la moviese porque probablemente me pellizcaría con las pinzas. Me hizo una foto, dijo que salía muy adorable con el cangrejo en la mano justo delante de mi cara.63
Lauren se quemó por el sol; parecía un pequeño cangrejo adorable de ojos verdes. Eso le dije y me mordió la mejilla para demostrármelo.79Quizás era una metáfora, o quizás no. Pero el verano llegó, llevándose el frío del invierno, y el frío que a ambas nos había consumido.55
* * *11
Lauren's POV1
—¡Ay! Camila me duele... —Dije sentada de espaldas en una silla mientras ella me echaba crema por toda la espalda.65
—Normal, si te has achicharrado. —Escuché su risa mientras me echaba crema en la espalda, que a la vez que dolía me refrescaba bastante.9
—No te burles. —Le recriminé, viéndola ponerse delante de mí para echarme crema en la cara.4
—No me burlo, estás muy guapa. —Fruncí el ceño pero eso aumentó el dolor.8
—¡AH! —Soltó una risa negando, acariciándome las mejillas. —Bueno, voy a ponerme algo encima que vienen Dinah y Michael. Ohh... —Apreté los ojos al levantarme, notando mi piel tirante, haciendo que me doliese por todas partes. —Vas a tener que ayudarme a ponerme el sujetador. ¿Sabrás hacerlo?
—Me he estado poniendo el sujetador durante seis años sin ver. Creo que me las apañaré. —Sonreí un poco caminando hasta la habitación.46
Camila me ayudó a ponerme el sujetador, y aunque se reía, me puse una camiseta de tirantes blanca de los Rolling Stones y unos jeans azules. Me gustaban aquellas Vans negras que Camila me había comprado, no dejaba de mirarlas; hacían tan buen conjunto con los pantalones y la camiseta que casi no me creía que aquella fuese yo.5
—Joder, Lauren, eres un maldito cangrejo. —Se burlaba Michael entrando por la puerta, y le di un golpe en el hombro evitando no reírme.15
—Sí, es que se me ha pasado de punto en la plancha. —Bromeó Camila. Comencé a reírme dándole pequeños toques con el dedo índice en el abdomen para hacerle cosquillas.9
—¡Dejad de burlaros ya de mí! —Pedí, pero ellos sólo se reían más excepto Dinah que me abrazaba contra su pecho al ser más alta que yo.51
—Ya está, Lauren. Estás muy guapa así. —Dijo acariciándome el pelo, y le saqué a lengua a Camila y Michael que nos miraban a los dos con los ojos entrecerrados.32
—Traemos comida china, espero que no os importe. —Michael levantó la bolsa de plástico y caminó hasta la mesa del salón mirando a su alrededor con una sonrisa. —Cómo mola tu casa.4
—Sí, está genial.1
Nos sentamos a cenar. Según dijo Michael, tenía planeado un viaje a California en julio con Dinah, ella obviamente perdió los papeles porque tenía que cuidar de todos sus hermanos mientras sus padres trabajaban. Hubo debate, Michael le pedía que por favor fuese, que ya encontrarían una forma de cuidar a sus hermanos, y al final cedió. Nosotras también iríamos, si es que yo conseguía pagarme el viaje claro, porque ahora vivía de mis propios ingresos.1
Mientras Camila y Dinah hablaban, yo sorbía los tallarines masticándolos mientras la miraba a ella.
—La primera noche fue algo extraña aquí. —Murmuré con el ceño fruncido, mirando a Dinah abriendo un poco los ojos. Me encantaba mentir así delante de Camila.
—Ya, extraña, ya... Ya me contó Michael. —Dinah rio, y Camila se giró hacia mí abriendo los ojos de par en par.73
—¿¡Se lo has contado!? —Dejé la cajita de tallarines en la mesa levantando las manos mientras me aguantaba la risa.11
—¡Pero Camila, sólo le dije que habíamos...! —Me puso el dedo en la boca y me callé, mientras ella negaba. Miré a Michael que nos observaba con las mejillas algo enrojecidas, jugueteando con las manos. —¿Y a ti qué te pasa? —Lo señalé riendo, él negó.
—Nada. —Dinah se giró hacia él y nos quedamos las tres escudriñándolo. —¡Nada! —Nos quedamos en silencio y él tomó un sorbo de su refresco
—Oooh... ¿Habéis... Ya...? —Preguntó Camila. En ese momento Michael empezó a toser, Dinah lo miraba con los labios entreabiertos dándole pequeños golpecitos en la espalda.45
—Mmh... No. —Respondió Dinah riendo, y Michael se irguió bebiendo un poco de refresco para aclararse la garganta.
—Estoy bien. —Las dos nos lo quedamos mirando con los labios entreabiertos, con un dedo en la barbilla.2
—Parece que la falta de sexo le afecta. —Comenté entrecerrando los ojos.
—No, no. Es sólo que... Que... Esos temas, yo... —Antes de que siguiese hablando, mi móvil sonó.16
—Un momento.
Caminé hasta la habitación descolgando el teléfono, no lo conocía.
—¿Dígame? —Pregunté mirando por la terraza de la habitación.5
—¿Lauren? —Escuché la voz de un hombre al otro lado del teléfono, me resultaba familiar.
—Sí, soy yo. —Fruncí el ceño caminando por toda la habitación.
—Soy Barry, ¿me recuerdas?1
—Oh, Barry, claro. ¿Qué tal estás? —Dije para intentar ser algo cortés.
—Genial. Te llamo desde la empresa Canada's International Tourism. ¿Te suena? —Entreabrí los labios al escuchar ese nombre. Era la empresa que promovía el turismo en Canadá en todos los países del mundo.
—Sí... Sí.
—Bueno, mmh, estamos buscando alguien para nuestro nuevo proyecto de publicidad y marketing de Canadá en Europa. —Apreté los ojos intentando asimilar lo que me estaba diciendo, intentando asimilar que aquél Barry al que vi era el que me hablaba por teléfono.17
—Pero... ¿La foto no era para tu novia? —Él se echó a reír en cuanto me escuchó.
—No, de hecho soy gay. Oímos sobre esta misteriosa 'Lauren Jauregui' cuando uno de nuestros directores compró una de tus fotos por eBay. No eres barata, ¿eh? —Reí un poco sentándome al borde de la cama. —Simplemente compró el cuadro para su familia, pero le encantó y lo trajo a una de las reuniones. Así te encontramos.49
—P—Pero... —Me froté la cara con la mano intentando aclararme las ideas.
—A ver, Lauren. Estamos ofreciéndote el proyecto con el que se publicitará a Canadá en toda Europa. Constará de un reportaje de fotos y un pequeño cortometraje. No espero que aceptes ahora, así que ven mañana a nuestra central, te mandaré un correo con la dirección, ¿vale?28
—Claro, claro. Eso está hecho. —Dije sonriendo levantándome de la cama.
—Genial, ¡nos vemos mañana! —Colgó.
Miré el móvil unos segundos, y mis piernas caminaron solas hasta el salón sin despegar la vista de la pantalla hasta que me decidí a mirarlos a los tres.
—Me han ofrecido trabajo. —Camila abrió los ojos dejando su cartón de tallarines en la mesa.
—¿¡QUÉ!? —Exclamó exaltada.42
—¡¡Que voy a tener trabajo!!


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48

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:48 am

Camila's POV12
—¿Es muy caro esto? —Apreté su mano un poco mientras caminábamos por los pasillos de la entrada de aquél museo.
—No. De todas formas, de eso no tienes que preocuparte.
Los suelos eran de mármol blanco con vetas grises, que hacían resonar nuestros pasos hasta llegar a una gran sala con esculturas que nublaron mi mente. Wow. Nunca me imaginaba que un museo fuese a ser así.
—¿Por qué hay tan poca gente? —Dije en voz baja, enlazando mis dedos con los de Lauren. Ella se encogió de hombros.
—Porque es verano, y la gente en verano vuela a la playa, no a los museos. —Susurró en voz baja mientras nos encaminábamos a la primera escultura. —Además, la gente no se interesa mucho por el arte y la historia.5
—Wow. —Abrí los ojos al ver la primera escultura. Lauren soltó una risa, pero yo simplemente estaba estupefacta ante lo que estaba viendo.
—Es Laoconte y sus hijos siendo ahogados por una serpiente. —Parpadeé un poco mirando la figura del hombre, que parecía retorcerse en angustia y dolor mirando al cielo. Pero lo que me impresionaba no era eso, era que sus músculos parecían reales. Sus hombros, su abdomen totalmente marcado y doblado al retorcerse, sus costillas... —Es una escultura original griega.19
—Pero, Lauren... —Carraspeé girándome hacia ella con el ceño algo fruncido. —No quiero hacerme la lista ni nada de eso, pero esto es una exposición de esculturas del renacimiento italiano y esa escultura es griega. Y los griegos... Existieron muchos siglos antes. —Ella sonrió mirándome, y asintió.
—Eres muy lista tú, ¿eh? —Sonrió pellizcándome un poco la mejilla. —Lo es, esta escultura es griega. Los romanos conquistaron Grecia y robaron todas las esculturas que pudieron, les copiaron el estilo artístico. Pero con el comienzo del renacimiento, dejaron atrás esa creencia del teocentrismo y empezaron a creer en la teoría de que el ser humano era el centro del universo. Empezaron los estudios, la ciencia, y por consiguiente se empezaron a rescatar estas esculturas que habían sido guardadas durante siglos por las casas más nobles. Se apreció el estudio de la anatomía, por eso la mayoría son desnudos. —Durante un momento me quedé en silencio mirándola, pero ella observaba la escultura con media sonrisa, y luego me miró a mí. —¿Qué?62
—¿Todo eso dónde lo has aprendido? —Soltó una risa mientras caminábamos hacia la siguiente escultura, y ella negó levemente.12
—No sé leyendo, supongo. —Comentó encogiéndose de hombros.
Y quizás Lauren tenía razón, quizás no hacía falta ir al instituto a aprender biología o matemáticas. Quizás a Lauren los profesores la calificaban como una estudiante de nota media y baja porque no se le daban bien aquellas asignaturas, pero la realidad es que era brillante. La realidad era que consiguió enseñarme el arte cuando era ciega, y de explicármelo cuando podía ver para que lo entendiese. Su mente era maravillosa, absorbía cada dato de la historia, y según lo que había visto, era capaz de pintar de una forma increíble; pero eso no lo apreciaban en el instituto. Todo era una invención del sistema intentando convertirnos en máquinas, y Lauren no lo era. Lauren no era así, por eso la repudiaban. Porque Lauren era libre de todos esos convencionalismos, de las palabras de su padre que le decían que tenía que graduarse como todo los demás. No, Lauren no tenía que graduarse porque a Lauren aquellos años de enseñanza no le hacían falta.44
Tras dos horas en los que mis ojos se quedaron como platos, salimos del museo. No me podía creer que eso estuviese hecho con las manos de un hombre, me parecía absolutamente mentira que alguien fuese capaz de eso. Habían convertido bloques de mármol en personas, ¿cómo se hacía eso? No tenía ni idea, pero lo que yo vi no eran bloques de mármol hecho personas, más bien eran personas congeladas en el tiempo.22
Paramos en una heladería, y Lauren pidió para mí un helado de melón y menta, era mi favorito. Ella lo pidió de dulce de leche. Nos sentamos en una de las mesas de aquella heladería, mientras yo cogía un poco de helado con la cuchara.78
—¿Qué te dijeron en la reunión a la que fuiste? —Pregunté, y ella sonrió dejando la tarrina en la mesa.
—Me dijeron que tendría unos cinco meses para preparar el proyecto, es decir... Qué lugares vamos a visitar, cómo vamos a hacerlo... Y tengo que presentarlo en reuniones para que lo aprueben. —Sonreí atrapando un poco de helado entre mis labios.
—¿Cuánto cobrarás? —Ella se quedó en silencio removiendo el helado.5
—Bastante. —Sonrió mirándome. Lauren estaba sacando bastante dinero vendiendo sus fotos y dibujos. Me parecía extraño que no vendiese los dibujos que hizo cuando peor estaba, ella decía que eran sus propias 'pinturas negras', como un tal Goya, y que eso le recordaba siempre lo mal que lo había pasado. Era un pequeño resquicio de oscuridad para recordarle que no todo era bueno en la vida.15
—¿Y después de eso qué harás? Es decir... Hay un poquito de crisis con eso de la fotografía. —Ella se encogió de hombros; no parecía estar muy preocupada por aquello.3
—La crisis acabará. —Se metió la cucharilla en la boca alzando las cejas.
—Pero eso no lo sabes. —Volvió a sonreír, maldita sea, sí que lo sabía.
—El sistema no es perfecto, Camila. Siempre, siempre habrá un fallo que provocará una depresión a nivel mundial. Pasó con el crash del 29 y ha pasado ahora. Nos recuperaremos, y dentro de unos ochenta años volveremos a tener crisis porque el sistema volverá a explotar. —Cruzó las manos encima de la mesa. —El que sabe de historia, sabe de todo.51
—¿Y eso dónde lo has estudiado? —Pregunté mientras nos levantábamos de la mesa para ir de nuevo a su apartamento, y ella se encogió de hombros.
—Nunca he estudiado. Leo, aprendo hechos curiosos y los uso.27
—¡Eso no es justo! Yo quiero ser así de lista.85
Lauren reía, pasando un brazo por mis hombros mientras caminábamos entre los edificios de la ciudad, con el sol cayendo y colándose entre las calles, gente paseando y gente ajetreada, parejas agarradas de la mano, y Lauren y yo besándonos en una esquina. A nadie le importaba nada, nadie se fijaba en nosotras, nadie reparaba en que éramos dos chicas besándonos. Y quizás eso era lo bueno de vivir en Canadá, en un país tan grande con gente tan diversa, que todo el mundo era igual, todo amor era lo mismo, y al fin y al cabo eso era lo que todo el mundo buscaba. Dejar de ser la que llamaba la atención porque era ciega y la chica rara que siempre estaba triste y nunca iba a clase, y ser alguien más entre personas.26
—Deberías preguntarle a tu madre si puedes quedarte a vivir este verano conmigo. —Al abrir la puerta del apartamento un pequeño cachorro de Golden Retriever que cojeaba. —¿¡Qué!? ¡Camila hay un perro en mi casa! —Dijo entrando en el apartamento mientras yo miraba desde detrás.34
—Sí, se llama Mico. ¿Te gusta? —Cerré la puerta para que el cachorro no se escapase, y Lauren lo cogió en brazos. Estaba enloquecido, se retorcía en sus brazos y ella jugaba con él, dándole frotando su mejilla contra la cara del cachorro.32
—Dios mío, ¡me has comprado un perro! Mi madre nunca nos dejó tener uno. —Lo dejó en el suelo, y se puso de rodillas delante de él. Entonces Lauren se dio cuenta de que le faltaba el pie de la pata delantera derecha. —Está cojo. —Murmuró más bajo, acariciándole la cabeza.35
—No lo compré, lo adopté. —Dije agachándome a su lado, viendo al pequeño cachorro dar vueltas sobre sí mismo para acabar lamiendo la mano de Lauren. —Tiene cinco meses.7
—¿Cómo va a tener cinco meses? Tendrá... Un mes como mucho. —Dijo cogiéndolo en brazos para ponerlo en su pecho.19
—Hay una mafia muy grande con estos perros, la gente sólo los quiere así de pequeños así que en cuanto nacieron empezaron a meterle hormonas del crecimiento para que se quedasen así. Y a él le falta una patita entonces... —Suspiré negando, frotándome los ojos con las manos.5
—Lo abandonaron. Bueno, pues ahora yo cuidaré de él. Nosotras, nosotras cuidaremos de él. —Frunció el ceño mirándome mientras el cachorro se calmaba entre sus brazos, y Lauren acariciaba su tripa dejándolo completamente relajado.33
A ambas nos encantaba cenar frente a la ventana, cuando el sol estaba cayendo sobre la bahía y los barcos pasaban bajo el puente. Ella tomaba cerveza y yo un refresco, apoyaba mis piernas sobre sus muslos mientras mirábamos la puesta de sol, y Mico se tumbaba a nuestro lado con el calor de la tarde dejándolo medio dormido.16
La cama con ella se hacía pequeña, parecía que si me separaba de ella podría caerme por el borde, o quizás podría perderla, así que me acurrucaba contra ella, entre sus brazos, con mi cara en su cuello o en su pecho. Antes de dormir me besaba durante un rato, lento, suave, profundo y húmedo, riendo cuando tenía el poder sobre mi lengua, cuando hacía lo que quería conmigo.14
Caí dormida entre sus brazos, y creo que no había una sensación mejor que esa.
*5
Abrí los ojos; Lauren no estaba. Miré el reloj, las tres de la mañana. ¿Dónde estaba esta chica? Quería seguir durmiendo, pero si estaba en su cama no podía hacerlo sin ella. Me levanté frotándome los ojos con un bostezo, y una luz tenue encendida que venía desde el final del pasillo. Era la habitación en la que Lauren dibujaba, incluso revelaba sus fotos.
—¿Lauren? —Dije con voz ronca y un nuevo bostezo. Estaba de espaldas en la mesa de dibujo, que había inclinado un poco para poder dibujar mejor.
—Hey... No quería despertarte. —Dijo Lauren con una pequeña sonrisa, girándose de nuevo sobre la mesa.
Me acerqué a Lauren por detrás hasta ver el dibujo que estaba haciendo. Una mano, parecía real, era como aquella escultura que vimos por la tarde, con las venas marcadas, los pliegues de cada nudillo, las uñas... Era tan real que no podía creerme que Lauren pudiese hacer aquello. Aquella mano estaba sujetándose a otra, como si estuviese pendiendo de un acantilado, cayendo al vacío. Aquella otra mano estaba coloreada de rojo intenso, lila y morado. Mezclado, haciendo círculos dentro y al conectar con la mano en blanco y negro, le pasaba algo de color por las puntas de los dedos.25
Miré las manos de Lauren, estaban manchadas de carboncillo negro y rojo con tintes morados, y ella me miró a mí con una pequeña sonrisa.
—A veces el amor es nuestro clavo ardiendo. —Murmuró en voz baja con una sonrisa. Miré la caja de carboncillos donde acababa de poner el rojo. Entonces me di cuenta de que los carboncillos de colores estaban usados. —Eres mi clavo ardiendo.58


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49

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:49 am

...5 meses después.100
Lauren's POV2
—Sí, iremos a los bosques de Vancouver, Ontario, al norte de Canadá y a las playas de Tofino para terminar. —Comenté recogiendo el dossier que estaba encima de mi mesa, sonriéndole a Luca, uno de los becarios que había llegado a la oficina hacía relativamente poco. Me daba un poco de pena verlo allí entre tanta gente adulta, entre altos cargos. Sabía cómo era sentirse así, porque aunque yo era uno de esas personas con cosas importantes que hacer en aquella empresa, me sentía como una novata, joven e inexperta.
—Wow, ¿vas a viajar por todo Canadá y te lo van a pagar? —Asentí riendo caminando hasta la máquina de café, cogiendo el vaso de plástico después que él. —¿Y cuándo te vas?
—Salimos mañana. A ver qué tal. —Dije suspirando, humedeciéndome los labios. La verdad es que no me había parado a pensar siquiera en la responsabilidad que tenía sobre mis hombros con tan sólo veinte años. De mí dependía la imagen de nuestro país en Europa, de mí dependía si los turistas querían venir o no.
—Bueno, mucha suerte. Seguro que sale genial. —Dijo retirándose con dos vasos de café para los jefes.
Me bebí el café de un sorbo y salí de la oficina tan rápido como pude. Eran las ocho de la tarde y Camila salía de la universidad. Al llegar al coche, puse el dossier en el asiento trasero y arranqué rápido. Entre las luces de la ciudad, de las ventanas de oficinas encendidas, de las alcantarillas soltando vapor, de los edificios que se levantaban delante de mí, conduje hasta la universidad de Vancouver.5
Después de que me contratasen, me saqué el carnet de conducir y pude comprarme un coche, no muy caro, más bien barato. Aún no sabía qué pasaría después de aquél proyecto, así que mejor reservar ahora que pasar hambre mañana. Respecto a Camila, entró en la Universidad de Vancouver con unas notas excelentes. El consejo de admisión se sorprendió tanto de que siendo ciega tuviese esas notas que no tuvieron más remedio que aceptarla.26
Llegué a la puerta, y Camila estaba con las carpetas en los brazos pegada al pecho. Puse las luces largas del coche, apagándolas y encendiéndolas para que se diese cuenta de que estaba allí. Camila se dio la vuelta y sonrió, corriendo hacia el coche.
—¿Cómo te fue todo? —Pregunté dándole un beso en los labios, acariciando su muslo.
—Genial, como siempre. —Pellizcó mi mejilla y arranqué a la vez, saliendo de la facultad con una débil sonrisa entre los labios.
Camila había entrado en la carrera de oftalmología, y la verdad es que estaba muy orgullosa de ella. Según me dijo, quería ver a gente llorar de alegría como ella lo hizo cuando volvió a ver. No se imaginaba la satisfacción que sintió el doctor Swan cuando hizo que Camila volviese a ver, ni yo tampoco.32
De momento, los exámenes que iba haciendo los aprobaba y con notas altas. Éramos polos opuestos, ella era de ciencias y estudio, yo era arte y sentimientos. Pero nos complementábamos. Ella era más racional, pensaba antes de hacer las cosas, y yo era más impulsiva.65
Llegamos a casa, y es que para Camila era más fácil vivir conmigo que coger todos los días el autobús desde su casa hasta la universidad. Pero Sinu y Alejandro sólo pusieron una condición, y era si ellos pagaban la mitad de mi alquiler. Me negué por supuesto, pero si no lo aceptaba, Camila no viviría conmigo.23
—Ya te vas mañana. —Dijo Camila abrazándome por la espalda, dándome un beso en el hombro, mientras yo preparaba una ensalada de pasta. —Te voy a echar de menos, ¿sabes?9
—Y yo a ti, pero podremos hacer Skype. —Ladeé la cabeza para recibir su beso en la mejilla, y pasó bajo mi brazo para aferrarse a mi pecho. —Aunque sé que no es lo mismo, pero sólo serán dos semanas.2
—Sólo dos semanas. —Susurró ella algo triste. La rodeé con mis brazos dándole un beso en su cabeza, con mi nariz enterrada en su pelo, suspirando un poco.
—Sólo dos semanas.128
*6
Despedirse de Camila fue lo más difícil de todo, porque era la única persona a la que realmente echaría de menos. A unas horas de vuelo desde Vancouver se encontraba el Parque Nacional de Jasper. Aquello era lo más bonito que había visto en la vida.46
Dimos un paseo con el equipo para poder situarnos bien, había cascadas y un lago de agua azul intenso, rodeado por árboles, montañas y nieve en su punto más alto. El aire era puro, entraba por mis pulmones y parecía limpiarme por dentro de todo lo que había vivido. De toda aquella tristeza que seguía incrustada en mi interior y que a veces me atormentaba. Me sentí libre, me sentí justo donde quería estar.1
En ese momento entendí que aquél trabajo era para mí. Valía la pena echar de menos a Camila, pero después volvería a verla. Sólo eran dos semanas, pero era lo que quería hacer el resto de mi vida.
Aquella semana visitamos Ontario, y aunque deseaba visitar a mi familia, aquél viaje era por trabajo.
La semana siguiente fuimos al norte de Canadá. No había pasado tanto frío en mi vida, el equipo estaba congelado, y yo no me quedaba atrás. Se hizo difícil grabar algunas escenas porque incluso nos lloraban los ojos del frío. Y las fotos eran aún más difíciles, sobre todo para mí, porque tenía que hacerlas sin guantes. El sonido de mi cámara en el silencio del bosque, capturando la nieve caer desde el cielo, posándose en la rama de un árbol, pero lo mejor de todo era grabar las auroras boreales.18
El equipo estaba en total oscuridad con las cámaras preparadas, mientras yo miraba las pantallas de todas las cámaras que comenzaban a grabar. Todos estaban en silencio, sólo se escuchaba el sonido tembloroso de las respiraciones, y nuestras caras iluminadas por el verde de la aurora que comenzaba a aparecer. Por un momento, me permití apartar la vista de la cámara, y miré al cielo. No me podía creer lo que estaba viendo en aquél instante, algún día, algún día llevaría a estos sitios.6
La semana siguiente fuimos a Tofino, a una hora en avión de Canadá. Estaba tan cerca de ella que casi podía salir corriendo a por Camila, pero no, aún faltaban algunos días para eso.2
Nos alojamos en un hotel en mitad del bosque, hecho de madera con chimenea en cada una de las habitaciones. Adoraba aquello, después de aquella semana en la que tanto frío pasé, tener una chimenea era una auténtica bendición. Apenas había hablado con Camila, apenas dormía, y si lo hacía, era por un par de horas porque tenía que volver a grabar.
Decidí llamarla, tumbada en la cama y con los ojos cerrados, esperando a que me respondiese.
—¿¡Lauren!? ¡Pensé que me habías dejado por un pingüino! —Empecé a reírme al escucharla, y me giré en la cama.106
—Te quiero, te echo mucho de menos. Sólo faltan unos días y volveré a casa, te lo prometo.
—¿Me vas a traer un regalito? —Sonreí soltando un pequeño suspiro.2
—Te llevaré lo que quieras.1
*7
—Vamos chicas, sé que hace frío, pero tenemos que grabar esto, ¿sí? —Dije dando unas cuantas palmadas que no se escucharon por la lana de los guantes.
Mi idea había sido introducir un poco de lo que era la mentalidad canadiense en cada uno de los sitios donde habíamos estado. Por ejemplo, en Ontario grabamos cómo un señor estaba dando bocadillos a los vagabundos que dormían en el suelo de la sucursal de un banco. Fue repentino, pero quise grabarlo porque así éramos nosotros. Si a la gente le gustaba o no, era otra cosa, pero esto éramos nosotros.1
Así que, introduje una pareja de dos chicas paseando por la playa agarradas de la mano, sonriendo y besándose. Me importaba una mierda la homofobia en Europa, me importaba otra mierda si venía mucha o poca gente a Canadá, éramos de hecho, el país más tolerante con los homosexuales después de España.284
—¿Tenéis claro lo que tenéis que hacer? —Dije acercándome a ellas, mirándolas con una pequeña sonrisa. Una de ellas era de origen africano, por lo que aún me enorgullecía más estar haciendo aquello.
—Sí, sólo... Actuar como una pareja, ¿no? —Asentí, mirando la arena lisa y dura que se extendía delante de los acantilados, rodeado por bosque, con rocas que sobresalían y hacían de aquella estampa algo espectacular.
—Exacto. Sé que hace frío, pero... —Reí mientras me daban los chaquetones y se quedaban en jeans ajustados, remangados por debajo de las rodillas y camisetas de manga corta. —Tenemos que dar la sensación de que en Canadá no siempre hace frío.4
—Joder, en verano no, pero ahora... —Negué sacudiendo la cabeza, corriendo para ponerme tras las cámaras.
Levanté la mano señalándolas, para que empezasen a actuar. Me recordaba a Camila y a mí en la playa, cuando me quemé toda la espalda a principios de verano. Cuando me dijeron que por fin haría lo que me gustaba, era feliz.10
*2
Camila's POV
—Oh dios mío, no puede ser. ¡Dios mío! —Salté del sofá al ver a Lauren entrar por la puerta de casa y corrí hacia ella, tirándome encima para engancharme a su cuerpo con todas mis fuerzas. —¡HAS VUELTO! —Grité riendo, dándole besos por toda la cara en la que tenía dibujada una sonrisa.53
—¡He vuelto! —Reía ella dejándome en el suelo. Mico apenas ladraba, saltaba en sus piernas y daba vueltas sobre sí mismo de alegría. —¿Tú también me has echado de menos? ¿Eh campeón? —Lo cogió en brazos dándole besos en la cabeza, y reí abrazándome a ella junto a Mico.24
—¿Cómo estás? ¿Cómo fue todo? —Pregunté levantando la cabeza con una leve sonrisa, y ella dejó a Mico en el suelo pasándose las manos por la cara.
—¡Increíble! Camila, dios, tengo que llevarte a esos sitios que vi. Este año, este año te llevaré, te lo prometo. Tienes que ver eso. ¡Vi una aurora boreal verde! —Entreabrí los labios y abrí los ojos de par en par, soltando una suave risa. —Y y estuvimos como cuatro días por el bosque, entre las cascadas, fue maravilloso.6
—Estoy muy feliz por ti. —La abracé poniéndome de puntillas, moviéndonos en el sitio y apreté los ojos. —Espero que algún día pueda ver esas cosas. —Dije soltando una risa, porque eso es lo que decía cuando era ciega.
—Ahora puedes. Ahora todo es posible.33
*4
—Nunca me había gustado Acción de Gracias. —Dijo Lauren sentándose en la mesa con el ceño fruncido, sonriéndome al estar a su lado.
—Ahora como puedes venir cada vez que quieras, sí, ¿no? —Dijo su abuela pellizcándole la mejilla.4
Aquella familia me parecía entrañable. Su abuelo me enseñó fotos de cuando Lauren era pequeña, nunca las había visto, quizás porque su madre nunca le hacía fotos, y si le hacía era porque estaba justo al lado de sus hermanos. Era una niña adorable, aunque toda la ropa le quedaba grande, porque a pesar de ser la primera y según me dijo también su abuela, la ropa o era prestada o se la regalaban ellos. Odiaba aquello, saber que habían estado tratando así a Lauren desde que tenía uso de razón me mataba.18
—Era muy lista y espabilada para la edad que tenía. —Me decía su abuelo con el ceño fruncido, frotándose la barbilla con los dedos ajados, rudos, anchos. —Con tres años nada más ya se vestía sola.4
—Porque nadie la ayudaba, ¿no? —Él asintió con los labios torcidos.
Su tío Stephen se quedaba mirándome un momento, y luego sacudía la cabeza y miraba a Lauren.
—Pero, ¿de verdad es tu novia? —Le preguntaba señalándome, y ella rodaba los ojos con una risa. —Es que como es tan guapa. No sabía que tenías esos dones de ligoteo.11
—Madre mía, Steph, basta ya. —Decía su tía dándole un empujón en la cabeza, haciendo reír a Lauren.3
Y eso era, una cena de Acción de Gracias de verdad. En la que Lauren sonreía y sostenía mi mano bajo la mesa. Era asombroso conocer a la familia de Lauren, saber que tenía alguien que la apoyaba aunque fuese lejos.
—¿Te gusta el pavo Camila? —Me humedecí los labios asintiendo y miré a su abuela.
—Está delicioso. —Sonreí cortando pavo, y lo cogí con las patatas pequeñas aderezadas con una salsa dulce. Era increíble.
—¿Sabéis que Camila es de Cuba? —Todos abrieron los ojos al escuchar las palabras de Lauren, que me miraba con una sonrisa.
—¿De verdad? Vaya, eso es algo que Michelle no nos había contado. —Abrí los ojos al escuchar aquél nombre, y me giré lentamente para mirar a Lauren.
—Michelle. —Le dije, y todos se rieron al escuchar ese nombre salir de mis labios.35
—No, tú también no. —Todos se reían y Lauren agachó la cabeza con una sonrisa para comer.40
—Aw, pero si es adorable Mitchy. —Todos rieron más, y le di un beso en la mejilla para que dejase de avergonzarse.48
—Bueno, ¿hacemos un brindis? —Stephen se levantó con la copa de champán en la mano, y todos cogimos la nuestra, levantándonos de la mesa. —Por...12
—Por... —Repitió Lauren con el ceño fruncido, algo pensativa.2
—Por todo lo que tenga que venir. —Finalizó su tía Elizabeth, y las copas chocaron.
Ojalá fuese así.189
*9
—Tu familia me encanta. —Dije acercándome por detrás a Lauren, apoyándome contra su espalda, mientras ella estaba apoyada en la barandilla de la terraza superior de aquella casa. Observábamos la ciudad.
—Se parecen a ti. —Dijo girando la cabeza con una sonrisa.
—¿A mí? —Solté una risa a la vez que besaba su hombro, Lauren asentía con aquella sonrisa tierna. —¿Por qué?
—Porque es muy fácil quereros. —Se giró rodeando mi cintura con las manos, dándome un beso lento, suave, tierno, dulce, con una sonrisa al final sobre mis labios.1
—Entonces tú eres digna de tu familia. —Esbozó media sonrisa mirando mis labios, rodeándome entre sus brazos para pegarme contra ella. —Hace frío. —Murmuré en voz baja.+
—No, ya no hace frío.

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ultimo capitulo

Mensaje por Admin el Jue Ene 18, 2018 12:49 am

... 7 años después346
Lauren's POV
La sala estaba llena de gente, todos hablaban entre ellos, entre luces tenues, fotos, copas de vino y canapés de caviar y salmón. Miré la foto que estaba colgada encima de la pared, el cielo rosa, casi púrpura con tonos naranjas, decorados con nubes que adornaban la imagen. Estaba hecha desde debajo de la arena de la playa, en el agua se mezclaban los colores. La arena era rosa, no por el reflejo, sino porque aquella arena era así.5
—Vaya, gran foto. —Dijo una voz a mis espaldas. Me di la vuelta con una sonrisa y asentí al ver a aquél hombre.
—Atardecer en Komodo. —Ladeé la cabeza mirándolo con los ojos entrecerrados. —Pasé cuatro horas tumbada en la arena capturando el cielo cada quince minutos.1
—Lo sé, tengo esas fotos en mi casa. —Cerré los ojos soltando una pequeña risa, alzando una ceja. —Enhorabuena por tu nueva exposición.
—Gracias, George. —Le tendí la mano estrechando la suya con una sonrisa, y se acercaron un par de personas más. Críticos de arte, más bien.31
De fondo vi a Camila, que apareció con un vestido rosa claro, el pelo recogido en una coleta alta y dejando caer dos mechones de pelo a sus lados. Al verme, sonrió y se fue acercando hacia nosotros.12
—He visto el reportaje que hiciste en la India. Fue espectacular, en serio. Supiste capturar el colorido de los mercados, el... El alma del país sin hacerlo parecer un país pobre como casi todos. —Asentí con una sonrisa torcida en agradecimiento.
—Es fácil cuando te dejas llevar por lo que ves. —Solté una pequeña risa a lo que los tres críticos rieron. —Disculpad. —Dije para que se apartasen y extendí la mano para tomar la de Camila, que sonrió al agarrar la mía. —Esta es mi prometida, Camila.260
—Encantada. —Sonrió ella, estrechando la mano de ellos tres. —Cielo, ¿te importaría venir conmigo un momento? —Preguntó con una sonrisa apretando mi mano.
—Claro. En un segundo vuelvo.
Salí de la mano con Camila, que me guió hasta una de las salas anexas al museo. Al llegar a la puerta, ella se paró.
—¿Qué ocurre, Camz? —Pregunté algo preocupada, y se mordisqueó el labio con un atisbo de preocupación en su rostro.3
—Tus... Tus padres están aquí. —Dijo con una pequeña mueca y una sonrisa, encogiéndose de hombros. —Sé que no querías verlos, pero...65
—Está bien. —Dije encogiéndome de hombros con una sonrisa. Me incliné y la besé poniendo las manos en sus mejillas, suspirando al hacerlo. —Te quiero, ahora, si me disculpas, tengo que entrar ahí. —Camila sonrió, sabía que yo no sentía nada al verlos. Ni bueno, ni malo. Me eran indiferentes.6
Abrí la puerta y mis padres aparecieron, estaban sentados en un sofá azul, y al verme se levantaron.1
—¿Me buscaban? —En cuanto fueron a abrazarme di unos cuantos pasos hacia atrás, ladeando la cabeza.
—Lauren, oh, por dios, estás preciosa. —Camila se quedó en la puerta, frotándose el brazo algo preocupada, y yo terminé de entrar cerrando la puerta con el ceño fruncido.
—Me dices que estoy preciosa cuando no me has visto antes. Oh sí... —Asentí con una sonrisa sentándome en el sofá de enfrente, desabotonándome la americana negra. —La última vez que dijiste algo con respecto a mí yo tenía veinte años, y... Ah, sí, me dijiste que era una inútil que no iba a llegar a nada. —Asentí mirando a mis padres con una sonrisa. —Wow, ¿no es gracioso cómo cambian las cosas? ¿Verdad Camila? —La miré sonriente, y luego volví a mirar a mis padres. —¿Venís a buscarme porque soy la única hija que ha triunfado? —Solté una risa.76
—No, venimos porque te queremos. —Comentó mi padre. Apoyé las manos en el respaldo del sofá, negando con el ceño fruncido y una sonrisa.57
—Nah, no me queréis. Si me quisieras no me habrías estampado contra la pared tantas veces sólo por estar en mi habitación. —Puse las manos de nuevo sobre mi regazo, ladeando la cabeza mientras me miraba los dedos. —Ni tampoco me habríais dejado sin ropa, ni dejarme sola en Navidad sólo porque estaba enferma. Además, tampoco habríais llamado a Camila 'la ciega'. —Solté una risa negando, mirándolos a los dos. —No podéis arreglar ahora el daño que habéis hecho.32
—¿Y entonces cuándo lo vamos a arreglar? Dime. Te cambiaste el número, y ni siquiera tu hermano nos lo quiere dar. —Me echó en cara mi madre, y me humedecí los labios con aquella sonrisa rencorosa y vengativa.17
—La primera vez que me cogiste en brazos al nacer. —Mi rostro cobró un semblante más serio, inclinándome un poco para mirarlos, con los codos en las rodillas y las manos enlazadas. —Deberíais haberme querido como a una hija, eso es todo. Es naturaleza humana, pero creo que vosotros de eso no tenéis una pizca.
—Mira, Lauren, como vuelvas... —Mi padre me señaló con el dedo.
—¿Cómo vuelva a qué? ¿Me vas a pegar? ¿Me vas a estampar contra ese armario otra vez? ¿Me vas a gritar hasta hacerme sentir una mierda? —Me reí negando, volviendo a la seriedad. —No eres nada. No sois nada. —Me encogí de hombros negando. —No me puedes hacer nada, porque ya no soy una niña de 19 años que lo único que quería era salir de su casa. Pero tú sigues siendo un maldito maltratador psicológico. Doy gracias a que yo no he sacado eso de ti, porque soy buena persona. Así que, si queréis quedaros y ver la exposición, genial. Disfrutad de los maravillosos paisajes que fotografié y espero que os gusten. Os deseo lo mejor en la vida. —Me giré hacia Camila y le tendí la mano, agarrándola para salir de aquella habitación.160
*3
Camila's POV
—¿Estás segura de que estás bien? —Pregunté sentándome en su regazo, pasando mi brazo tras su cuello.
—¿Cuándo te he mentido sobre eso? —Su mano se posó sobre mi muslo, rodeando mi cintura con la otra.
—Mmh, no sé, quizás cuando era ciega y me mentías cada día sobre que estabas bien. —Abrió los labios y los ojos a la vez, negando.41
—Oh, Camila, golpe bajo. Golpe bajo. —Negó riendo, y entonces me incliné para darle varios besos en los labios, y apoyé mi frente contra la suya. —Estoy bien, de verdad. No me afecta y lo sabes. Pero...
—Pero... —Repetí con esa voz. Lo sabía.
—Pero me da rabia, ¿no me pueden dejar tranquila? Ahora que sus dos hijos trabajan en algo en lo que no tenían pensado trabajar, vienen a mí. Venga ya. —Resopló mirando por el ventanal, desde el que se veía el mar y el bosque. Pasamos de vivir en nuestro pequeño apartamento, a comprarnos otro más acomodado, y luego, este ático en el centro de Vancouver.
—¿Qué puedo hacer para animarte? —Dije quitándole la chaqueta con una sonrisa, dejándola a un lado en el sofá.82
—Bueeeno... —Se le escapó media sonrisa mirándome con ojos de cachorrito, encogiéndose de hombros. —Si pudieses hacer algo, te lo agradecería...4
Lauren me hacía perder la cabeza, una y otra, y otra vez. Sabía qué palabras decir para que me quitase el vestido delante de ella, sabía cómo besarme para que la desvistiese también a ella. Sabía cómo provocarme para que acabase de rodillas entre sus piernas. Adoraba la forma ronca en la que gemía. Adoraba la forma en la que su mano apretaba mi pelo y me miraba desde arriba, sonriendo un poco. Incluso en esos momentos, Lauren seguía teniendo el control.57
Pero Lauren sabía cómo hacerlo, sabía cómo llevarme a la cama y hacer un camino de besos que sin quererlo llegaba a mi entrepierna. Su lengua estaba húmeda, la sensación era indescriptible. Mis manos se enredaban en su pelo, mi respiración se agitaba y mis piernas rodeaban su cuello, para así mover mejor mis caderas contra ella.1
Lo más importante, es que Lauren sabía hacer el amor. Mirándome a los ojos después de besarme, moviéndose lentamente pero profundo, haciéndome gemir contra su boca y revolver su pelo, apretando mis talones contra sus nalgas en busca siempre de un poco más. Su boca mordía mi cuello, mis manos arañaban su espalda, cada vez más fuerte y más rápido. A veces duro. Así me hacía terminar, gimiendo su nombre de una forma seguida y en voz baja, con la espalda separada de la cama, el cuerpo en tensión y los pelos de punta.62
—¿Estás mejor? —Pregunté riendo en voz baja, y ella asintió soltando una carcajada, besando mi frente.7
—Ha sido una gran noche. Gracias a esto también, pero... Es mi tercera exposición, es especial. —Me abracé a ella, poniéndome encima con la manta tapándonos hasta la cintura. —Vamos a casarnos en unos meses. —Puse mis manos sobre las de ella y enlazamos nuestros dedos, sonriendo con ternura.27
—Lo sé. De hecho casi me pongo a saltar cuando me llamas 'tu prometida'. Es tan adorable cuando lo dices... —Me incliné para pegar mi frente con la suya arrugando la nariz mientras reíamos.29
Fuimos a la India durante dos semanas, allí casi no podíamos tocarnos por la calle porque la gente nos miraba mal. Aunque ella sí que quería que actuásemos como una pareja, yo no quería influir en su trabajo. Paseamos por los mercados, por esas bolsas llenas de especias, tantos colores, y una cultura radicalmente diferente a la nuestra. Después de aquellas dos semanas, fuimos a Maldivas. Nunca había visto un agua tan turquesa y cristalina, y una arena tan blanca como aquella. Una de las noches Lauren tenía que trabajar, pero me pidió que fuese con ella. Íbamos a Isla Vaadhoo, pero lo que vi allí no fue normal. Aún intento asimilar aquello, pero no puedo. El mar estaba lleno de luces azules, como bombillas de neón azules que aparecían en la orilla cada vez que una ola, por muy pequeña que fuese, rompía. Entonces Lauren me pidió matrimonio, a la luz del mar.74
—Te amo. —Murmuró en voz muy baja mirándome con una sonrisa tierna. Le costaba mucho decirlo, y a mí también. Te amo y te quiero, eran palabras superfluas y banales en comparación con lo que nosotras sentíamos. Justo cuando fui a besarla de nuevo, sentí que tiraban de la sábana, y giré la cabeza. Mico intentaba saltar encima, y Lauren lo cogió dándole besos por la cabeza, poniéndoselo en el pecho.24
—Qué grande está ya nuestro bebé. —Lauren se rio, porque el pobre no podía crecer y aunque hice el comentario con buena intención sonó un poco cruel.24
Y nosotros poco a poco, justo como Michael y Dinah, habíamos formado una pequeña familia. Aunque ellos fue más bien por accidente. Aún recuerdo la cara de Dinah cuando se enteró de que estaba embarazada, y la de Michael más aún. No era algo que quisiesen ahora, pero el shock inicial sólo fue eso, al inicio. Él trabajaba en una de las empresas más importantes del país como ingeniero químico, y Dinah estudió relaciones públicas en la universidad de Vancouver. Ahora, trabaja en una empresa de representación de jugadores de hockey. Tuvieron a su pequeño el pasado agosto, lo llamaron Roger, y después de ver a Michael llorar al ver a su hijo nacer, no tuve duda que sería lo mejor que les había pasado.75
—Ya llegará el momento en el que tengamos un bebé. —Dije sonriendo, tumbándome sobre el pecho de Lauren, que había soltado a Mico justo a su lado en la cama.11
—¿Me lo prometes? —Murmuró en voz baja, pegando su rostro al mío.
—Te lo prometo.


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