A mil por hora

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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:29 pm

Veinticuatro


- ¿Dul? –Dije, sabiendo perfectamente que era ella, pero supongo que eso fue lo único que fui capaz de decir.
- Sí, aquí estoy –Respondió, agarrando mis manos, consiguiendo que mi piel se erizara.Yo sonreí tiernamente por aquel gesto, entrelazando mis manos con las suyas- Estás… dios,… estás… preciosa, hermosa… -Decía, llevando sus manos a mi cara, tapada de nariz para arriba.

Mi cara se puso cómo un tomate, mi nivel de nerviosismo aumentó hasta el máximo.

- Me encantaría poder decirte que tú también lo estás, pero… no te veo… -Respondí, tratando de darle un poco de humor a la conversación y bajar así mi nivel de nerviosismo.

No la vi, pero estoy segura de que sonrió con mi comentario, pues ya conozco hasta la forma de respirar que tiene cuando se ríe.

- Ya casi te voy a quitar eso… -Acariciando mis mejillas y mi rizado pelo- Estás hermosa –Me repitió.
Yo no pude evitar volver a sonreír tímidamente- Gracias…

Yo no tenía ni idea de a dónde me miraba, ni de cómo lo hacía, pero sabía que me estaba mirando y eso me ponía aún más nerviosa.

- Quítame esto ya… por favor -–Rogué, con voz de niña pequeña.
- Está bien, espera un momento- –Dijo, soltando mi cara y creo que alejándose de mí.
- ¿A dónde vas? No me dejes aquí sola –-Pedí yo, pues con los tacones que tenía quedarme sola y ciega en medio de la tierra sería lo peor que me podría pasar.
- Estoy aquí –-Me susurró, desde detrás, llevando sus manos a mi cintura, consiguiendo que mi piel se erizara- Vamos a caminar un poco, y yo te voy guiando, ¿vale? –-Propuso.
- Vale- –Acepté sin ningún problema, dispuesta a caminar hasta miles de kilómetros si iba a tenerla en mi espalda, agarrando mi cintura.
- Venga, empecemos- –Dijo, dándome la señal de que comenzara a caminar.

Di varios pasos, me pidió que fuera a mi izquierda, lo hice. Seguí caminando y ahora me pidió que fuera a mi derecha, a lo que también hice caso. Dimos unos pasos más y, por fin, me dijo que me detuviera.

- Ya estamos… -Me dijo, al oído- ¿Preparada?
- No –-Confesé, soltando una nerviosa carcajada- Estoy temblando.

- Somos dos… -Confesó, riéndose de la misma forma que yo- Vale, vamos a hacer una cosa… Respiramos hondo, nos tranquilizamos, y a la de tres, te quito el pañuelo de los ojos. ¿Quieres? -Yo sólo asentí con la cabeza, sonriendo- ¿Preparada?
- Lista- –Respondí.

Inhalé aire, lo más profundo que pude. Lo guardé un corto tiempo en mis pulmones y luego lo expulsé, detenidamente, sin prisas. Pude escuchar y sentir también su respiración, sabiendo que ambas ya estábamos preparadas.

- Uno… -Comenzó ella a contar, llevando sus manos al pañuelo- Dos… -Ahora comenzó a quitar el nudo- Y… tres- –Dijo, quitando lentamente, por fin, aquel pañuelo, dejándome visión completa.

La luz dio en mis ojos de frente, lo que me dejó todo completamente borroso un par de segundos. Poco a poco mi vista se fue aclarando y… aquello fue maravilloso. Estaba frente a una especie de casa rural, con un paisaje increíble, lleno de árboles, y el atardecer en el cielo. La casa era pequeña, no creo que tuviera más de 90 metros cuadrados y sólo había un piso, pero al menos desde a fuera, era realmente preciosa. Y, sí, pisaba un terreno con tierra, pero a sólo dos metros de mí comenzaba un caminito de cemento que llevaba hasta la casa.

- ¿Te gusta? –-Preguntó Dulce, pues yo estaba en silencio, apreciando aquella maravilla.
- Es precioso… me encanta… -Decía yo, completamente anonadada con aquello.

Y ahora mi mente regresó en sí. Tenía detrás a la mujer más importante de toda mi vida, y aún no había reaccionado a mirarla. Así que lo hice. Me di la vuelta, despacio, encontrándome cara a cara con ella. Por fin la tenía en frente, por fin la miraba a los ojos. Los tenía levemente maquillados, nada tan resaltante cómo los míos. Bajé mi mirada a sus labios, en los que había una sonrisa. Sus labios estaban pintados con brillo, sin color, pero algo que me maravilló, pues una de las partes de su cuerpo que más me gustaban eran esos labios color carne y que con el brillo resaltaban tanto. Amplié más mi campo de visión, y me di cuenta de que esta vez había sido ella quien se había alisado el pelirrojo cabello. Estaba hermosa. Continué bajando mi mirada, para ver cómo iba vestida. A diferencia de mí, ella llevaba un vestido de color blanco, con algún tono azul celeste, que contrastaba completamente con su cabello. Su vestido tenía solo una tira, en el hombro derecho, mientras que el izquierdo estaba descubierto, algo que la hacía realmente sexy. Bajé aún más la mirada, observando que también era corto, le llegaba, aproximadamente, hasta la mitad de los muslos. Y por último, observé sus zapatos. También eran unos tacones, pero más bajos que los míos, de color blanco. En resumen: Estaba preciosa. Y así se lo transmití.

- Estás preciosa… -Le dije, volviendo a mirarla a los ojos, sin poder evitar sonreír.
Negó con la cabeza, con una sonrisa, volviendo a llevar sus manos a mis mejillas- TÚ estás preciosa.
- Gracias por todo esto, Dul, de verdad… -Agradecí.
- No tienes que agradecerme por nada… -Respondió, acariciando mis mejillas.
- Sí, sí tengo que hacerlo porque… Dul, tú el único dinero que tenías era el de la exposi…....
- Annie, olvídate de eso- –Pidió, sin dejarme terminar.
- No, escúchame –Pedí- ¿Usaste ese dinero para esto?
Suspiró, soltando mis manos- No voy a responderte. Olvídate del dinero, simplemente disfruta de esto y…
- Sí, cariño, lo disfruto, pero escúchame un momento, por favoy…-–Pedí, esta vez siendo yo quien agarrara sus mejillas- Ese dinero era tuyo, sólo tuyo, ¿vale? Te costó muchísimo conseguirlo y que te lo hayas gastado en caprichos míos… me hace sentir muy mal…
Negó con la cabeza- No son caprichos, es la noche más especial de tu vida, y de la mía.
- Pero no era necesario todo esto Dul… -Dije, refiriéndome al vestido y los tacones- ¿Qué vas a hacer ahora? El dinero lo querías para ahorrarlo y comprar…
- Annie, por favor, olvídate- –Me rogó, volviendo a interrumpirme- Para las dos esta noche iba a ser especial, y quise hacer todo esto. Simplemente disfrutémoslo y olvidemos el dinero…
Suspiré- Está bien, pero… ya hablaremos de esto en otro momento- –Insistí, sin ninguna intención de quedarme así, porque me sentiría muy mal.
- ¿Entramos? ¿O prefieres quedarte aquí hablando sobre mi dinero?- –Dijo, aparentemente algo molesta.

Eso me hizo sentirme algo mal, pues quizás… quizás había sido muy bruta en abordar el tema justo ahora, en un momento tan especial y que le había costado tanto preparar.

- Lo siento… -Me disculpé al instante- No te enojes conmigo, es sólo que…

- No estoy enojada, simplemente lo preparé para ti –Volvió a interrumpirme- Olvídate del dinero, ¿vale? –Pidió, dejándome ver por fin una sonrisa de su parte, tranquilizándome. Yo asentí con la cabeza con una sonrisa- Venga, entremos, estoy segura de que te va a encantar… -Me dijo, agarrando mi mano y entrelazándola con la suya, mientras ambas comenzábamos a caminar hasta la casa.

Caminamos varios metros y llegamos a la puerta de la casa.

- Espera un momento… -Dijo, mientras llevaba su mano al interior de su sujetador, algo que me sorprendió enormemente. De ahí sacó una llave- Es que no tenía dónde guardarla… -Explicó, riéndose, lo que me hizo reír a mí también.

Introdujo la llave, giró la cerradura y abrió la puerta.

- Adelante… -Me dijo, con una amplia sonrisa, quedándose al lado de la puerta y permitiéndome entrar a mí primero.

Sonreí ampliamente y entré, pasando delante de ella. Si el exterior me había fascinado… el interior me había enamorado locamente. Nada más entrar me encontré con una chimenea, alrededor de algunos acogedores sillones. Una imagen de lo más romántica.

- Esta es la parte que más me gusta- –Confesó, desde atrás.
- De momento, a mi también -–Respondí yo, sonriendo.
- Ven, sigamos… -Me dijo, agarrando mi mano y llevándome más al interior de esa casa.

Me mostró el comedor. En el que había una amplia mesa, con cuatro sillas. Bastante bien, sobre todo si era para dos personas. Continuamos y me llevó hasta la cocina. Pequeña, bastante pequeña… pero con todos los electrodomésticos básicos.

- Y ésta es la que menos me gusta… -Dijo ella.
Me reí- A mí también.

Continuó mostrándome la casa. Atravesamos un pequeño pasillo, que nos llevó hasta el cuarto. Con una gran cama en el centro de ella, y a su lado, un armario. Y cuando digo “gran cama”, me refiero a una cama GRANDE, MUY grande.

- Aquí cabemos tú, yo, y dos personas más –-Comentó, riéndose.

… …Mi mente acaba de mostrar su lado pervertido. Afortunadamente no le dije lo que pensé, porque de ser así… me hubiera tomado como a una loca pervertida. Pero… a ustedes sí se los voy a contar, supongo que ya hay confianza, ¿no? Básicamente, mi respuesta imaginaria, fue: No creo… con las vueltas que vamos a dar esta noche… nos va a faltar cama, así que prepárate…. Las hormonas chicas, son las hormonas… No tengo remedio.

- Mira, y aquí está el baño… -Me dijo, abriendo una puerta que estaba al final de la habitación, donde estaba el baño.

Afortunadamente el baño era mucho más amplio. Contaba tanto con plato de ducha, cómo con bañera. Además del lavamanos, un pequeño armario y el retrete.

- Definitivamente me quedo con la hoguera- –Concluí, riéndome.
- Yo también- –Coincidió conmigo, también riéndose- Y… ya está, aquí termina la ruta…
- Me encanta cariño, es precioso… -Le dije, pasando mis manos alrededor de su cuello- Es lo más bonito y romántico que me han hecho –-Añadí, algo totalmente cierto, mientras ella pasaba sus manos alrededor de mi cintura.
- Me alegro de que te guste… -Respondió ella, con una amplia sonrisa.

Acerqué mi cara a la suya, lentamente, mientras observaba sus labios y… por fin, después de tanto tiempo (apenas horas), la volví a besar. Es increíble cómo sólo unas horas pueden hacerse tan largas si no la tengo a ella… La besé lentamente, despacio, queriendo sentirlo al máximo… Dulce correspondió de la misma forma, pegándome a ella, suavemente, igual que el beso. No queríamos profundizarlo, no queríamos hacerlo más pasional, en ese beso quería demostrarle todo mi amor, y sentir el suyo, simplemente eso. Por eso, cuando nos fuimos quedando sin respiración, fuimos terminando el beso con cortos besitos, que nos hicieron sonreír a ambas.

- Te amo -–Le dije, entre beso y beso.
Sonrió y me besó- Yo también -–Volviendo a besarme cortamente.

Dejamos pegadas nuestras frentes y nos miramos. Quité mi mano de su cuello y la llevé a su cara, acariciándole la mejilla derecha.

- No te imaginas lo feliz que soy en este momento… -Le confesé, casi en un susurro, pues estábamos tan pegadas que no tenía ni que alzar la voz.
- Yo también Annie, tú eres… la única persona capaz de entenderme- –Me dijo, algo que no me esperaba, pero que… me había llegado al corazón- Yo soy muy rara, ¿sabes? Tengo mi lado loco y rebelde, sí, pero soy de esas que viven en su mundo y desconectan… yo siempre he necesitado unas horas para mí sola, sin nadie… soy algo autista- –Confesó, sonriendo, algo que me hizo sonreír a mí- Y contigo… esa Dulce desaparece… Necesito estar contigo, necesito verte sonreír… Contigo desaparece la Dulce autista… sólo con tu presencia me das felicidad y… no necesito más…. Sólo a ti.
Eso me había llegado a lo más profundo, aquellas palabras se habían grabado para siempre en mi cabeza. La abracé, me aferré a ella, respirando hondo, respirando su aroma.
- Yo me siento exactamente igual… -Le dije, sin la más mínima intención de soltarla- No te haces a la idea de lo que siento por ti y… de lo que has llegado a cambiar mi vida…

Después de mis palabras nos mantuvimos en silencio, abrazadas, sin decir ni hacer nada más. Varios minutos después, fue ella quien habló y rompió el abrazo.

- Bueno… -Dijo, ya separada de mí, con una sonrisa- Empecemos con las sorpresas…
- ¿Las sorpresas?- –Me sorprendí.

Ella asintió con la cabeza, agarró mi mano, para llevarme con ella a alguna parte de la casa. Llegamos hasta el comedor.

- Tome asiento, señorita -–Me dijo, haciendo la silla hacia atrás, para que me sentara. Yo me reí y me senté, mientras ella empujaba la silla hacia adelante- Vuelvo en un segundito….

Dicho esto atravesó el pasillo, dirigiéndose, aparentemente, a la cocina. Respiré hondo y sonreí, ampliamente, nunca había estado tan feliz en toda mi vida. Observé detenidamente la casa, mirando los detalles. Era preciosa, me encantaba, era cómo en un cuento…

- Aquí estoy… -Dijo, desde atrás.

Me volteé y la vi allí, con dos platos en las manos, algo que me sorprendió.

- ¿También preparaste cena?- –Le pregunté, sin salir de mi asombro.
- Así es… -Respondió, dejando los platos encima de la mesa- Aunque te aviso que no soy muy buena cocinera –-Añadió, riéndose.

Era una especie de entrecot en salsa, acompañado de un poco de arroz y papas, que tenía un aspecto delicioso.

- Voy a buscar los cubiertos y…
- Te ayudo -–Dije, sin dejarla terminar, pues no iba a quedarme ahí sentada mientras ella lo hacía todo.

La seguí hasta la cocina. Allí cogí los cubiertos y las servilletas, mientras ella se encargaba de las copas y, aparentemente, una botella de vino. Volvimos al comedor y dejamos allí las cosas.

- Antes de cenar, ¿brindamos? –-Propuso, con una sonrisa y la botella de vino entre sus manos.
- Por supuesto -–Acepté sin ningún problema, devolviéndole la sonrisa, observando cómo trataba de abrir la botella, pero le costaba- ¿Te ayudo? -–Pregunté
- No, no, no- –Se negó- Yo puedo –-Dijo, totalmente concentrada y haciendo todo tipos de esfuerzos.

Era una escena muy graciosa, pues… simplemente con las manos, era muy difícil abrir una botella de vino, pero ella estaba empeñada. Por eso, y creo que sin que se diera cuenta, fui a la cocina y busqué un abrebotellas, para abrirla decentemente. Regresé al salón y allí estaba ella, aún en el intento de sacar el corcho.

- Dulce, cariño, normalmente la gente usa esto -–Le dije, mostrándole el abrebotellas, riéndome por la cara que había puesto al mirarme.
- Toma, anda- –Dijo, riéndose y dándome la botella.

Entre risas y muy fácilmente, abrí aquella botella.

- Eres una bruta- –Le dije, riéndome, mientras servía el vino en ambas copas, sostenidas por ella.
- Pensé que no había abrebotellas -–Se defendío, pero también riéndose.

Dejé la botella de vino y agarré mi copa, mirándola con una amplia sonrisa.

- ¿Por qué brindamos? –-Pregunté.
Sonrió, tiernamente- Por nosotras, porque… aunque el camino pueda ser difícil, el final sea bonito.

Yo sonreí aún más ampliamente y alcé mi copa en señal de aprobación. Ella hizo lo mismo y chocamos ligeramente la copa, para luego tomarnos el vino.

- ¡Te amo!- –Le grité después de haberme tomado el vino. Sin motivo, simplemente necesitaba hacerlo.
- ¡Y yo a ti! –-Me gritó ella también, riéndose.

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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:29 pm

Veinticinco

Agarré su cara con mi mano libre y la atraje hacía mi, para poder darle un corto beso.

- Te amo carai, ¡te amo! –Volví a gritarle. No sé que me pasaba, sólo sabía que tenía ganas de gritarlo y decírselo muchas veces, supongo que era debido a tanta felicidad.
Se reía, agarrando mi cara y moviéndola de un lado a otro, jugando conmigo- ¿Te volviste loca? –-Preguntó, entre risas
- ¡Sí, por ti! -–Le respondí, ella se rió y me besó, cortamente.
Se quedó mirándome un momento, cómo hipnotizada, mirando mis labios- Tus labios me vuelven loca –-Confesó, algo que, a pesar de mi locura momentánea, me había hecho morirme de vergüenza.

- Me los pinté expresamente para ti, cómo me pediste- –Respondí, sonriendo- Sueño cumplido, princesa.
Sonrió, tiernamente- Te amo.
- ¡Y yo a ti!- –Volví a gritar. Creo que era la vez que más veces le había dicho que la amaba.
Se rió.- Vamos a cenar anda, que se enfría la comida –- Me dijo, poniendo algo de coherencia.

Controlé mi temporal estado de locura y le hice caso, sabiendo que tenía toda la razón. Nos sentamos en la mesa, la una al frente de la otra.

- Pruébalo -–Me pidió, observándome fijamente.

Me intimidaba que estuviera mirándome tan fijamente mientras comía.

- ¿Para qué? –-Pregunté, sin saber por qué quería que lo probara yo primero.

- Quiero saber si está rico, y para saberlo sólo tengo que mirar tu cara cuando lo pruebes.
- Me da vergüenza que me mires… -Confesé, con una tímida sonrisa- Me intimidas -–Agregué.
Se rió, largamente, algo que me hizo reír a mí- ¿Te intimido? –-Dijo, sorprendida con aquello, entre risas- Pues vas a tener que ir acostumbrándote, porque si por mí fuera… me pasaría la vida mirándote- –Eso me dejó aún más tímida, y lo único que fui capaz de hacer fue sonreír- Venga, pruébalo –Insistió.

Yo, por fin, accedí a lo que me pedía. Agarré el cuchillo y el tenedor, corté un trozo de ese entrecot que tenía una pinta maravillosa y me lo llevé a la boca. Lo saboreé y… no es porque lo haya hecho ella, pero estaba realmente delicioso.

- ¡Está riquísimo!- –Le dije- Menos mal que no sabes cocinar –-Dije, irónicamente.
- ¿Tan rico está?- –Se sorprendió, disponiéndose a probarlo ella también- Mm… pues sí, sí que está rico- –Comentó, riéndose.

Continuamos la cena entre risas, comentarios y bromas. Había momentos en los que me quedaba embobada mirándola, mientras ella me hablaba, y era algo que no podía evitar… Su mirada me encandilaba...
Terminamos de cenar, recogimos la mesa y limpiamos los platos. Nos dirigimos a la zona de la chimenea. Dulce puso una manta en el suelo, la encendió y nos sentamos, con nuestras copas de vino, en frente de aquella maravillosa y romántica chimenea. Que, por cierto… ya llevábamos cinco o seis copas cada una.
Apenas cuándo acabábamos de sentarnos, mi móvil sonó.

- ¿Por qué siempre que estamos a solas suena un móvil? –Pregunté, buscando el aparato, pues era algo que me daba mucha rabia.

A ella no le dio tiempo de responder pues, cuando quiso hacerlo, yo estaba hablando de nuevo.

- Mi madre –Dije, al ver de quién se trataba- Hola má -–Respondí a la llamada.

- Anahí, sigo esperando esa llamada para saber cómo estás.

Suspiré. Sí, mi madre era muy buena, pero cuando se ponía así… de verdad, me agobiaba mucho. Me trataba cómo a una niña pequeña y no se daba cuenta de que ya tenía veinte años.

- Má, por Dios, estoy bien, estoy con Maite.
- Pues sí Any, ya lo sé, pero dijiste que me llamarías para saber cómo seguías y aún sigo esperando… -Explicó.
- Lo siento- –Me disculpé, algo que le costó mucho a mi “yo orgullosa”, pero sabía que era lo que ella quería escuchar, y cuanto antes se lo dijera, antes iba a terminar.
- ¿Maite está ahí? -–Preguntó, algo que me hizo ponerme muy nerviosa, y creo que Dulce lo notó.
- Eh…. no,… se está duchando… -Dije lo primero que se me ocurrió.
- ¿Duchándose? Si es la una de la madrugada –Se sorprendió ella, tanto cómo yo al escuchar la hora que era.
- ¿La una de la madrugada? Llegamos tarde mamá, y tenía calor… -Expliqué.
- Bueno, está bien –Aceptó- Mañana, por favor, llámame para saber cómo estás- –Pidió, casi rogó.
- Sí mamá, no te preocupes –-Respondí.
- Cuídate hija-Se despidió.
- Un beso, má- –Me despedí yo también, colgando el teléfono.

Miré a Dulce y suspiré, negando con la cabeza.

- Odio que me trate como si tuviera diez años.
- Se preocupa por ti, Any –Defendió a mi madre.
- Pues sí Dul, pero es que a veces siento que me agobian, tanto ella como mi papá son muy sobreprotectores –Me quejé.- Ella guardó silencio, y es que era algo imposible de responder- Bueno… mejor cambiemos de tema… -Propuse, con una sonrisa- Quiero preguntarte algo… -Le dije.
Sonrió- Dispara.
- ¿Siempre… supiste que te gustaban las mujeres? –-Pregunté, una duda que tenía desde que la conocí.
Se rió- No sé por qué, pero sabía que algún día me lo preguntarías… Y… sí, yo creo que sí… Perdí casi toda mi adolescencia dentro de la clínica y… lo que las niñas suelen vivir en la escuela con el chico más lindo de su clase pues… yo no lo viví. Y… supongo que salir y encontrarme de lleno con el mundo real, pues fue diferente a lo que suele llamarse “normal” –Explicó, largamente, algo normal en ella pero que me maravillaba.
- ¿Y… quién fue la primera chica de que te enamoraste? ¿Cómo te diste cuenta? -–Continuaba yo preguntando.
- De la única persona que me he enamorado eres tú… -Dijo, algo que consiguió que mi piel se erizara y mi cara se pusiera cómo un tomate.
- Bueno, pero me refiero a la primera chica de la que creías estar enamorada o… que te gustaba- –Dije, más concretamente.
- Pues… la primera así con la que yo llegué a plantearme que me gustaban las mujeres… fue con una compañera de trabajo- –Comenzó a explicar- Ella era homosexual, y… yo sentía cómo que me tiraba la honda, y dije un día: ¿por qué no probar? Así que probé y… me encantó.
- ¿Así de simple? -–Me sorprendí.
Asintió con la cabeza- Así de simple –Concluyó, soltando una pequeña carcajada y tomando un poco de su vino- ¿Y tú?
- ¿Yo qué? -–Pregunté, sin saber a qué se refería.
- ¿Cómo fueron tus relaciones anteriores?

Guardé silencio un momento, tratando de recordar mi desastrosa vida sentimental. Y me reí, no pude evitar hacerlo, era tan desastrosa que o reía o lloraba, y preferí la primera.

- Todo ha sido un completo desastre- –Dije, con total sinceridad, tomando un trago de mi vino- El primero que me gustó, con 14 años, me puso los cuernos con su ex novia… Y, para colmo, fue a los tres días de empezar conmigo… El segundo me dejó porque decía que era muy inmadura… Y así con todos, hasta que llegué a… Alejandro, con el que duré casi tres meses… Supongo que fue mi relación más seria, hasta ahora…
- ¿Y qué pasó para que lo dejaran? -Preguntó.
- Pues… esa vez fui yo, que… no sé, no me sentía ni bien ni a gusto, no lo quería.

Negó con la cabeza, con una sonrisa, y bebió un poco de su vino, para luego decirme:

- Te lo dije cuando te conocí: los tíos con los que has topado, son imbéciles- –Dijo, haciéndome recordar el momento en el que me lo había dicho.

*FlashBack*

- No es necesario dibujarte para enamorarse de ti, con una simple mirada enamoras a cualquiera.
Mi corazón se disparó en ese momento, podía sentir como bombeaba y golpeaba contra mi pecho.
- Quiero decir… seguro que tienes miles de enamorados por ahí, ¿no? -–Añadió con una risita, risita que pareció algo nerviosa, aunque normalmente mis pareceres no son muy fiables.
Yo, disimuladamente, respiré hondó y calmé todo el terremoto que acababa de sentir dentro de mí.
- Pues… no, los… imbéciles con los que me he tropezado no han servido para nada, la verdad.
- ¿En serio? –-Preguntó.
- En serio- –Sonreía algo avergonzada por ese hecho.
- Pues sí que son imbéciles…

*FinFlashBack*

- Yo nunca te habría dejado escapar- –Añadió, haciéndome salir de mis recuerdos.
Sonreí- Ni yo a ti -–Le respondí, acercándome a ella y pegando mi cara a la suya- Es que yo soy muy celosa, ¿sabes?- –Confesé, con una tímida sonrisa, frente a frente con ella, a tan sólo unos centímetros de su cara- En la acampada, cuando te veía con mi hermano… me hervía la sangre.
Se rió, sorprendida con aquella confesión- ¿En serio? –- Yo asentí con la cabeza, riéndome- Pues ya que estamos de confesiones… Yo, cuando te vi con Poncho… me dieron ganas de matarlo… Y cuando vi que te besaba a la fuerza, te lo juro, si no aparece tu hermano, no sé que hubiera podido pasar…
- Hablando de Poncho… creo que tengo que confesarte algo… -Dije, recordando que aún no le había contado que todo era mentira, haciéndome un poco para atrás para poder mirarla a los ojos.

Todos diréis: ¿para qué contarlo? Si ya pasó, ya no tiene caso que se lo cuente. Pero… yo soy así, no puedo vivir con una mentira. Siempre he sido sincera y he ido con la verdad por delante, y… me sentiría muy mal sabiendo que le he mentido.

- ¿Qué cosa? -–Dijo, con una ceja levantada, supongo que sin imaginarse lo más mínimo.
- Prométeme que no te vas a enojar… y menos en día tan importante cómo hoy… -Rogué, realmente asustada de que se enfadara y la noche se fuera a la…***
- Annie… -Suspiró- Dime
- PrométDimeo- –Insistí.
- Lo intentaré…

Me conformé con eso, pero cada vez me estaba arrepintiendo más de haber sacado el tema.

- Nunca estuve con él… simplemente me lo inventé para darte celos… -Dije por fin, lo más rápido que pude.

Me miró, bastante sorprendida, pero sólo eso, no dijo nada. Y yo ahora no sabía qué hacer…

- Lo siento cariño, de verdad… Me daba rabia estar tan loca por ti y que tú ni me miraras… -Comencé a disculparme, por si acaso, pero siendo totalmente sincera en cada palabra que decía.
- Claro que te miraba Annie, te miraba todo el tiempo… me derretía por ti –-Confesó- Nada más que yo trataba de ocultarlo y negármelo a mí misma.
- Pero yo no lo sabía, ni... ni me daba cuenta, y me sentía tan mal… no sé Dul… sólo trataba de buscar tu atención…

Ella, para mí gran sorpresa, sonrió. Agarró mi cara y me besó y, aunque definitivamente no me lo esperaba, correspondí al instante. El beso había empezado despacio, tranquilo, pero… de repente todo empezó a subir de tono, ya que ella dio paso a su lengua y comenzó nuestro juego sin fin. Dejé mi copa de vino en el suelo y… supongo que ella también, pues ya tenía las manos libres. Sin dejar de besarla me arrodillé, pues estaba incómoda, pasé mis manos alrededor de su cuello y profundicé más aquel maravilloso beso. Ambas explorábamos cada rincón de la otra, hasta el último milímetro. Cuando me di cuenta ella también estaba de rodillas, agarrando mi cintura y pegándome a ella como nunca antes lo había hecho, bajando cada vez más su mano, cubriendo mi trasero por encima del vestido. Nos quedamos sin aire, rompimos el beso un momento, nos miramos, con la respiración totalmente agitada, y volvimos a fundirnos en un alocado beso.
Sin dejar de besarme, agarró mi brazo y tiró de mí mientras ella se levantaba, consiguiendo que ambas nos pusiéramos en pie. Al hacer eso, sin querer, le di a mi copa de vino, que se viró y se calló todo el contenido en el suelo. Pero fue cómo si ninguna de la dos hubiéramos escuchado nada, pues lo obviamos por completo. Poco a poco, despegando nuestros labios sólo para coger aire, llegamos hasta el cuarto. Una vez allí, mi nerviosismo comenzó. Para mi gran sorpresa, Dulce se alejó de mí, rompiendo el beso, con la respiración totalmente agitada, como si llevara una hora corriendo.

- ¿Estás bien? -–Me preguntó.
- Mejor que nunca- –Respondí con una sonrisa, volviendo a besarla. Pues, sí, estaba nerviosa, pero totalmente bien, ansiosa y… aunque me dé vergüenza admitirlo, excitada… estaba muy excitada.
- ¿Estás segura? No quiero presio…
- Cállate y bésame –Exigí, sin dejarla hablar, pegándola a una pared y besándola, siendo esta vez yo quien dejara que sus manos cobraran vida y se posaran en su trasero.

Volvimos a fundirnos en un loco beso, yo me sentía con poder, pues tenía sus brazos agarrados y era yo quien llevaba el ritmo de la situación. Hasta que ella lo cambió todo, hizo un rápido movimiento, me posicionó a mí contra la pared y agarró mis brazos. Poco a poco fue disminuyendo la velocidad del beso, hasta que terminó con cortos besos que continuó por toda mi mejilla derecha, dirigiéndolos cada vez más abajo, llegando peligrosamente a mi cuello… mi punto débil. Dejó ahí su primer beso, el primer beso que me hizo temblar, que me estremeció, que… aceleró mi corazón y ahora, en lugar de ir “a mil por hora”, iba a dos mil por hora. Sus besos comenzaban a transformarse en lametones, luego en chupetones y, por último, en pequeño mordisquitos. ¿Y yo qué hacía? Pues… simplemente suspirar cómo nunca lo había hecho, casi con los ojos entre cerrados y con mis manos entrelazadas con las suyas. Soltó mi mano derecha y la llevó a mi cara, dejando a salvo mi cuello y volviendo a besarme, pero más despacio, más… sensual, dejándome con ganas de más. Que diosa joder, cómo controla, cómo sabe lo que necesito…
Mi corazón llegó a ir a tres mil por hora cuando noté que su mano llegaba a la cremallera de mi vestido e intentaba bajarla. Lo intentó varias veces, pero nunca lo conseguía, algo que me esperaba que fuera a pasar… Ambas rompimos el beso, bastantes nerviosas, y digo nerviosas, en plural, pues ella también lo estaba… se reía nerviosamente, le temblaban las manos… estaba nerviosa.

- Debería haberte comprado uno sin cremallera- –Bromeó, mientras insistía en seguir bajándola.
- Sí, deberías- –Respondí yo, bastante nerviosa, ayudándola en todo lo posible con aquello.

POR FIN, POR FIN, POR FIN, ¿les quedó claro? POR FIN consiguió bajar aquella cremallera y acabar con la incomodidad y vergüenza que tenía. Aunque ahora la cosa comenzaba a ponerse cada vez más… ¿caliente?

Bajó mi vestido lentamente, pero mirándome en todo momento a los ojos, fijamente, algo que me hacía temblar. Sentí cómo dejaba caer el vestido en el suelo y un escalofrío recorría todo mi cuerpo semidesnudo frente a ella, provocando que mi piel se erizara. Ahora, simplemente traía un diminuto tanga y un sujetador sin tiras, además de los zapatos, claro. Pero no iba a ser yo la única en desnudarse, claro que no. Llegó su momento. Agarré su cara con una mano y la besé, llevando mi mano libre hasta, también, una cremallera lateral y que, nuevamente, iba a ser muy difícil de bajar, por lo que tuvimos que volver a separarnos.
Querida cremallera, ¿por qué tienes que existir? ¿Eh? ¿¡POR QUÉ!? ¡Simplemente dame un motivo! Con lo fácil que sería bajarlo, sin nada… pero no, ahí tienes que estar tú, molestando...

En fin… afortunadamente su cremallera no costó tanto como la mía y, gracias a su ayuda, pude hacerlo fácilmente usando las dos manos. A diferencia de ella, yo la volví a besar, mientras bajaba su vestido y lo dejaba caer al suelo, también. Y, ahora sí, rompí el beso y la miré. Me cautivé, me hipnoticé, me anonadé y… todo lo que se pueda decir. Llevaba un… un maravilloso y diminuto tanga color blanco, cómo el vestido que… madre de dios, mis hormonas estaban completamente revolucionadas, porque el calor que acababa de sentir no era normal. Y un sujetador también de color blanco, supongo que para que no se transparentara, pero que le hacía un escote de… de muerte.
De repente y haciéndome salir de mi hipnosis momentánea, agarró mi cara y me besó, agarrándome de la cintura y pegándome a ella, dando unos pasos y llevándome hasta… no sé hasta dónde, simplemente sé que ella caminaba y yo también. Tropecé con la cama y supe entonces a dónde me llevaba. Me colocó de espaldas a la cama y, poco a poco, me fue tumbando en ella, mientras ella se posicionaba encima de mí, sin liberar ni un solo segundo mis labios.
Ahora sí rompió el beso y, una vez más, llevó sus labios a mi cuello. Pero yo decidí que así no, y es que yo también mandaba aquí, ¿no? Decidí agarrar su cara y conseguir que me mirara, para sonreírle y, rápidamente, giré a la derecha y conseguí que, ahora, ella quedara debajo y yo arriba. Le di un corto, pero bastante pasional, beso en los labios y, seguidamente, continué bajando hasta llegar a su cuello, dispuesta a devorarlo. Mientras hacía mi trabajo y la oía respirar y dar pequeños gemidos contra mi oreja, algo realmente excitante, sentí cómo su mano vagaba desde mi trasero, pasando por mi cintura y llegando a mitad de mi espalda, parándose en el broche de mi sujetador. Me puse nerviosa, sí, pero eso no quería decir que no me muriera de ganas porque lo hiciera. Paré y la miré. Creo que ella estaba buscando algún tipo de aprobación en mí, pues hasta que no le sonreí y la volví a besar, no se dispuso a hacer… lo que tenía que hacer. Soltó el broche con sus dos manos y, con mi ayuda pero sin dejar de besarla, lo quitó del todo, dejándolo o tirándolo a algún lugar. Ahora acarició mi espalda ya desnuda, consiguiendo que mi piel se erizara por completo. Rompió el beso, para girar ahora a la izquierda, volviendo a la misma posición: ella sobre mí. Se sentó en mí vientre y llevó su mano a mi garganta, acariciando con un solo dedo mi piel. Comenzó a bajarlo, pasando por el centro de mis pechos, luego volvió a subir, para acariciar suavemente mi pecho izquierdo, provocando en mí miles de sensaciones. Yo la observaba desde abajo, la miraba a los ojos, fijamente.
Me incorporé un poco, consiguiendo que me mirara. Llevé mis manos al broche de su sujetador y, sin ni si quiera mirarla ni esperar respuesta, lo desabroché y, ahora sí mirándola a los ojos, lo quité, con su ayuda. Lo tuve entre mis manos unos segundos y luego lo lancé, no sé a dónde. Entrelazó sus manos con las mías y volvió a acostarse sobre mí, besándome, despacio, pasional y sensualmente. Sus pechos rozaban con los míos, y eso sólo conseguía estremecerme más… Que, por cierto, tenía (y tiene, por supuesto) unos pechos… perfectos, maravillosos. Redonditos, morenos y… bueno, miles de adjetivos más, pero no aptos para este tipo de historias.
Le abracé la cintura con mis pies y volví a girar a la derecha, volviendo a posicionarme sobre ella. Pero esta vez agarré su brazo y tiré de ella, consiguiendo que se incorporara y quedara frente a frente conmigo, con mis pies abrazando su cintura. Nos miramos durante largos minutos, en la oscuridad. A veces sonreíamos, a veces temblábamos… era algo tan mágico, que es imposible de definir con palabras. Llevó su mano a mi cara y pasó un mechón de mi rizado pelo por detrás de la oreja, para luego dejar su mano en mi mejilla y acariciarla con suavidad. Ese gesto me hizo sonreír. Nos dimos cortos besos, mientras volvíamos a coger aire y nos mirábamos. Sus labios estaban completamente rojos a causa de mi pintalabios, y supongo que los míos deberían estar hechos un desastre, pero me importaba un pimiento.
Sorprendentemente para mí, Dulce, en un rápido movimiento, volvió a darme la vuelta y me dejó debajo, volviendo a besarme y recostándose encima de mí. Noté cómo su mano comenzaba a cobrar vida, cómo acariciaba mi vientre y poco a poco iba a bajando cada vez más. Llegó a mi intimidad, por encima del tanga y… en ese momento, en ese preciso momento, vi el cielo, las estrellas, los astros y… todo lo que pueda a verse ahí arriba. Metió su mano por dentro del tanga y, sin dejar de besarme, me acarició, despacio. Sorprendentemente para mí, sacó su mano de ahí y, volviendo otra vez un poco más arriba, agarró las diminutas tiras de mi tanga y comenzó a bajarlo. La ayudé. Sí, la ayudé, con muchísima vergüenza y nerviosismo, pero la ayudé.
Pero… nuevamente no iba a ser yo la única, claro que no. Volví a darle la vuelta, una vez más, y, mientras la besaba, también le bajé aquel tanga, por el que tuvimos que dejar de besarnos una vez más.
Nuevamente, y por última vez, Dulce volvió a posicionarse encima de mí. Me miró, desde arriba, completamente desnuda. Acercó lentamente su cara a mí y me besó, muy despacio, mientras aferraba su cuerpo al mío. Poco a poco empezó a abrir las piernas, gesto que me hizo temblar, ya que sentí… cómo nuestras intimidades se rozaron. Comenzó a moverse, despacio, haciéndome gemir sólo con ese gesto. Me besó y, poco a poco, comenzó a acelerar sus movimientos, siendo seguida por mí, ya que mis caderas comenzaron a responder a cada uno de sus movimientos. Empezamos a bailar, a seguir un mismo ritmo. Era increíble la coordinación que teníamos y lo que podíamos llegar a sentir… Por un momento, aunque puede que les vaya a sonar muy cursi, sentí que éramos una misma persona… Y no, no lo digo para que quede romántico… es cierto, lo sentí.
Estaba llegando al límite, ya no veía astros, ahora veía cometas, planetas, y… todo el sistema solar. No podía contener los gemidos, era algo que salía sólo, eran incontrolables. Mis uñas se aferraban a su espalda. Ya no la besaba, no, ahora estaba con mi cabeza hundida en su cuello, tratando de respirar cómo podía.

- Te amo, Annie…

Eso, esa maravillosa frase, fue lo último que escuché antes de temblar cómo nunca había temblado y de dar un grito que, si hubiera estado en mi casa, habría despertado a mis padres y a media ciudad.
Dulce bajó el ritmo, poco a poco, hasta que paró y se quedó recostada en mi pecho. Ambas teníamos la respiración alborotada, estábamos totalmente asfixiadas, como si estuviéramos acabando una maratón. Se abrazó a mi cintura. Me abracé a su espalda. Y… respiré, simplemente eso. No sé que me pasó, pero mis ojos comenzaron a cerrarse solos, no tenía fuerzas para abrirlos y… en menos de un minuto, me quedé profundamente dormida en sus brazos.


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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:29 pm

Veintiséis

Sentí cómo una luz daba de frente en mi cara y fui abriendo mis ojos lentamente. Lo primero que vi fue una ventana abierta de par en par, por la que entraba un aire más que agradable y luz, mucha luz. Analicé mi alrededor. Miré hacia abajo y me di cuenta de que estaba abrazada a algo, o alguien. En ese momento, en ese preciso momento, vino a mi mente todo lo que había pasado la noche anterior, que había sido tan mágica y perfecta… Me incorporé un poco y la vi allí, profundamente dormida, imagen que consiguió que me enamorara aún más de ella, si era posible. Llevé mi mano a su cara y la acaricié, sin poder evitar que se dibujara en mis labios una tonta sonrisa. Ambas estábamos tapadas con unas finas sábanas blancas, completamente desnudas, mientras que toda nuestra ropa estaba repartida por el cuarto.
Mis caricias, y supongo que también la luz de la ventana, hizo que abriera los ojos, lentamente, imagen realmente tierna, cómo un bebé cuando se despierta.

Sonreí cómo una tonta- Buenos días mi amor -–Le saludé.

Me miró un momento, aparentemente aún dormida. Después sonrió.

- Buenos días –-Respondió ella.

Acerqué mis labios a ella y le di cortos besos en la frente, para luego seguir por su mejilla, pasar a su nariz y terminar en sus labios.

- Quiero despertarme así todos los días… -Me dijo, con voz de bebé, abrazándome por la cintura y recostándose en mi pecho.

Me encantaba cuando hablaba así… cómo una bebé. No sé por qué, simplemente sé que conseguía que mi piel se erizara.

- Yo también… -Respondí, acariciando su cabello completamente despeinado, algo que solo la hacía aún más hermosa.

De repente, no sé por qué, una inmensa tristeza se apoderó de mí. Supongo que… porque ese mismo día regresaría a mi casa, porque tendríamos que volver a vivir la relación a escondidas y, por supuesto, porque una noche cómo la que vivimos iba a ser muy difícil que se volviera a repetir.

- Muchas gracias por todo esto Dul, de verdad… -Agradecí de repente. Ella dejó de abrazarme y se incorporó para mirarme- Lo de anoche fue… mágico… -Dije, con una tímida y tierna sonrisa- Fue muchísimo mejor de todo lo que pude imaginarme…
Sonrió, agarró mi cara con una mano y me dio un corto beso- Me alegro de que lo disfrutaras, cariño… para mí también fue la mejor noche de mi vida.

Era todo tan romántico y bonito que no me lo creía, parecía una película de amor.

- ¿Qué hora será? –-Preguntó, sentándose en la cama, agarrándose la sábana para taparse.

- No tengo ni idea –-Respondí, sentándome también, acomodándome el cabello con una mano, y con la otra agarrando también mi sábana.

- Voy a buscar mi móvil para ver qué hora es –-Anunció, levantándose de la cama, con aquella sábana rodeando su cuerpo.

Esa fue la imagen más sexy que pude ver en toda mi vida… De verdad, me moría de ganas por despertar así cada mañana, y verla ahí, a mi lado, desnuda y únicamente con esa sábana… Lo peor es que eso sólo me provocaba una gran tristeza.
Salió del cuarto y, en menos de dos minutos, regresó. Yo simplemente la esperé allí, recordando cada imagen de la noche anterior, dispuesta a guardarla en mi memoria para siempre.

- ¿Qué hora crees que es? -–Dijo, haciéndome salir de mis pensamientos, regresando al cuarto con el móvil en su mano.
- Uhmmm… -Pensé un momento- ¿Las 12 del mediodía? -–Dije, al azar. Ella negó con la cabeza, con una sonrisa- ¿La 1?
- Las 3, las tres te la tarde- –Anunció, algo que me hizo abrir los ojos como platos.
- ¿Las tres? -–Dije, realmente sorprendida- ¿Cómo es que dormimos tanto? –-Pregunté, observando cómo se dirigía al cuarto de baño.
- Porque somos muy dormilonas –-Dijo, con una risita, saliendo del cuarto de baño con un albornoz puesto, ya sin sábana.

Me quedé embobada, mirándola, como si fuera la primera vez que la veía. De repente se me ocurrió algo, que sabía que significaría mucho tanto para ella cómo para mí.

- Cariño, ven un momento… -Pedí, tocando la cama, indicándole que se sentara ahí, a mí lado.

Ella hizo lo que le pedí, sentándose a mi lado con una sonrisa.

- Quiero… darte algo- –Le dije, amarrando mi sábana cómo una toalla, para poder tener mis dos manos libres.
- ¿Darme algo? -–Se sorprendió.
- Sí –-Dije, sin más detalle, llevando mis manos a mi cuello, buscando el broche de mi collar y quitándolo.
- No, Annie, no –Se negó, en cuanto vio a qué me refería- Eso es tuyo, siempre lo llevas puesto, es muy especial para ti.
- Precisamente por eso, quiero que lo tengas tú –-Le dije, ya con él entre mis manos- Quiero que lo lleves puesto y nunca te lo quites.

Me miró, aparentemente bastante dudosa de lo que yo le estaba diciendo.

- Dul… -Dije, llevando mi mano a su mejilla, acariciándola- Eres lo más importante que me ha pasado y esto representa gran parte de mí, por eso quiero que lo tengas, porque es especial.
- Ya cariño,… pero es que es tuyo, y… tu mamá, en cuanto lo vea, ¿qué va a pensar?

¿Por qué lo piensa todo? No se le escapa nunca nada. Soy yo demasiado tonta, ¿o es que tengo suerte de tener a las personas más inteligentes a mí alrededor?

- Eso da igual, le digo que te he cogido mucho cariño y quiero que te lo quedes… yo que sé, ella no va a sospechar nada- –Respondí yo, sin importarme un comino ahora mismo mi madre.

Suspiró y me miró, pensando, aparentemente aún nada segura.

- Está bien, pero yo quiero darte algo también –-Me dijo, quitándose una pulsera que traía en su mano derecha que, ahora que me fijo, no se ha quitado desde que la conozco- Esta es una pulsera que me compré en el hospital, que me acompañó durante todos mis años ingresada y que fue testigo de cómo me recuperé… Desde ese día no me la he quitado, he pensado que es cómo una pulsera de la suerte… Y, cómo también es muy especial para mí, quiero que te la quedes tú- –Dijo, mostrándome una pulsera color plata, con el símbolo de la paz y un corazón colgando. La verdad es que era muy bonita.

En este momento comprendía lo que le acababa de ocurrir a ella un minuto antes. Y es que… es una pulsera muy importante y especial para ella, ¿cómo iba a quedármela yo? Ahora me sentía mal.
- ¿Aceptas el trato?- –Preguntó.
Suspiré- Está bien –Acepté, aunque aún no muy segura- Pero… si ves que algo va mal, me avisas y te lo devuelvo enseguida.
- ¿Qué va a ir mal? Tú tienes mi amuleto de la suerte y yo el tuyo. ¿Puede haber algo que vaya mal?
- ¿La positiva soy yo? –-Pregunté, provocando su risa y también la mía. Esa risa, su risa, su maravillosa risa, me hizo suspirar cómo una niña de quince años enamorada por primera vez- Te amo…
Sonrió tiernamente, mirándome- Y yo a ti, mi amor…

La abracé, necesitaba hacerlo, no sé porqué. Ella correspondió, aferrando sus manos a mi espalda, acariciando con su mano mi cabello.

- Prométeme que esto no va a terminar nunca… -Rogué, con un nudo en la garganta y es que, insisto, estaba muy triste…

Eso pareció haberle sorprendido y, por ello, rompió el abrazo, para mirarme a los ojos.

Agarró mi cara -– Ey… cariño… ¿qué pasa? –Me dijo, secando con sus dedos unas lágrimas que, inevitablemente, habían salido de mis ojos.
- Que me da mucho miedo Dul… -Confesé- Después de la noche tan mágica que vivimos… mis sentimientos crecieron el doble o el triple… no te imaginas lo que siento ahora mismo acá -–Dije, llevando mi mano al pecho, refiriéndome a mi pequeño músculo llamado “corazón”, sintiendo hasta dolor, sin poder evitar que más lágrimas salieran de mis ojos- Estoy… angustiada, porque sé que vivir algo parecido va a ser imposible… vamos a estar escondiéndonos y, tarde o temprano, esto se va a poner muy feo…
- No, Annie, cariño, tranquilízate –-Rogaba, secando cada lágrima que salía de mis ojos- Todo va a salir bien. Te prometo… óyeme -–Pidió, pues yo comenzaba incluso a sentir que me faltaba el aire- Te prometo que no voy a dejar que nadie ni nada rompa esto, ¿me oyes? Esto no se va a terminar.
- Pero esto se va a poner muy difícil, Dul, ¿sabes lo que podría pasar si…
- No pienses en esi…-–Pidió, sin dejarme si quiera hablar.
- ¡Claro que pienso en eso! Es en lo único que pienso, a todas horas. ¡Es algo que me atormenta noche y día! –Grité, alejándome un poco, consiguiendo que liberara mi cara y que yo pudiera respirar hondo, pues cada vez estaba más nerviosa.

Supongo que… en algún momento tenía que explotar, ¿no? Eran muchos nervios acumulados, muchos sentimientos, muchas preocupaciones… habían pasado tantas en cosas en tan pocos días y… mi tope acababa de llegar.

- Yo adoro a mi madre, ¿vale? Y cada vez que le miento me siento cómo una basura -–Comencé, dispuesta a desahogarme- Cuando se entere de todo esto… yo no sé cómo vaya a reaccionar, y me da muchísimo miedo –-Dije, secándome yo misma las lágrimas que continuaban saliendo de mis ojos, con el colgante aún entre mis manos.
- ¿Qué te da miedo? ¿Qué es lo peor que podría pasar? –-Dijo, lo más tranquila que podía, supongo que estaba dejando que yo me desahogara.
- ¡Que me odie! -–Grité- Tengo miedo a decepcionarla, a que me odie, a que no quiera saber nada más de mí… a que me separe de ti -–Expliqué, nerviosamente- Y ya no sólo por mi mamá, sino por… por mi papá. ¿Ya viste cómo se puso cuando llegamos tarde? Cuando se entere de esto, ¡me mata!
- Annie, tu mamá te adora, es imposible que te odie. Ella no te va a odiar por tu condición sexual- –Yo empecé a negar con la cabeza, respirando hondo- Estás pasando por un momento de confusión por el que suelen pasar…
- ¡No Dul, no! –Grité nuevamente, sin dejarla hablar- No estás entendiendo nada… -Dije, suspirando- A mí no me importa mi condición sexual, a mí eso, ahora mismo, es lo menos que me preocupa- –Definitivamente me sentía una incomprendida- Tengo miedo a decepcionarla, pero no por ser lesbiana, sino por haberle mentido. ¿No te das cuenta de que esto es una traición? Ella está confiando en mí, en ti, en las dos… y nosotras revolcándonos en una cama, mientras ella se piensa que estoy con Maite…
- Lo entiendo perfectamente, pero ¿qué quieres? -–Preguntó, yo no supe qué responder- Yo no tengo ningún problema en llegar a tu casa y decir la verdad, en dar la cara. ¿Quieres hacer eso? Hagámoslo. Yo no tengo miedo. Si tenemos que irnos debajo de un puente, nos vamos, pero las dos juntas. Y tu mamá, poco a poco, te perdonará.

Eso me conmovió por completo. Supongo que eso era lo que quería escuchar, lo que necesitaba escuchar… necesitaba su apoyo y… definitivamente, no pude obtener mejor respuesta que esa.
Volví a lanzarme a sus brazos, llorando, cómo una bebé a la que le habían quitado un muñequito.

- Yo no tengo miedo, Annie… y mientras yo esté aquí, quiero que sepas que tú tampoco debes tenerlo, porque no voy a dejar que nadie nos separe… -Me dijo, casi en un susurro, al oído, mientras yo lloraba y lloraba, con mi cara escondida en su hombro.

Rompí el abrazo, con mi cara llena de lágrimas pegué mí frente a la suya, respirando agitadamente por el llanto y el cotidiano nerviosismo que sentía cuando estaba así con ella.

- Te amo Dulce, te amo… no te haces a la idea de lo que siento… -Dije, con mis manos en su cara, acariciando sus suaves mejillas.
- Claro que lo sé Annie, porque yo siento exactamente lo mismo que tú…

Pude observar cómo una lágrima se escaba de sus ojos.

- ¿Por qué lloras?- –Pregunté.
- ¡Porque ya me emocionaste a mí!- –Me reclamó, alejándose un momento para secarse esas lágrimas.

No pude evitar reír tiernamente con aquella imagen. A veces era tan fuerte, pero otras veces eran tan sensibles que… sólo tenía ganas de abrazarla y resguardarla del mundo.

- ¡Somos unas lloronas! -–Bromeé, riéndome y provocando su risa, secándome yo también las lágrimas que, nuevamente, habían salido.
- Culpa tuya, que me haces llorar… -Dijo, aún en el intento de secarse aquellas lágrimas.
- Ven aquí, anda -–Pedí, con el collar entre mis manos, dispuesta a ponérselo de una vez por todas.

Se colocó de espaldas a mí y agarró su cabello, para facilitarme el ponerle el colgante.

- Te queda precioso- –Dije, una vez terminada la tarea, ya frente a frente con ella.

Ella agarró mi mano derecha y me puso la pulsera.

- Listo… ahora sí que no puede haber nada que vaya mal –-Dijo, mirándome, con una sonrisa.

Le sonreí, agarré su cara y le di un corto beso. Aún emocionada, pero mucho más desahogada y tranquila.

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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:30 pm

Veintisiete

Le sonreí, agarré su cara y le di un corto beso. Aún emocionada, pero mucho más desahogada y tranquila.

- Me voy a duchar –Me dijo, levantándose de la cama.

Yo asentí con la cabeza, observando cómo se dirigía al cuarto de baño.

- Salgo en un ratito –-Dijo, antes de cerrar la puerta.

Me tumbé en la cama y miré el techo. Respiré hondo y cerré los ojos, recordando, una vez más, todo. Levanté mi mano y miré la pulsera, tocándola. A partir de ese momento no pensaba quitármela, nunca, por nada del mundo. Luego recordé que ya serían más de la tres y mi madre me había pedido que la llamara, así que busqué en un cajón algo que ponerme, encontré una blanca camisa y me la puse, quedándome sólo con eso y mi tanga. Y, por último, fui en busca de mi móvil para llamarla.

- ¿Diga?
- Hola, mami- –La saludé.
- Annie, hola hija.
- Está vez si te llamé, ¿a que soy responsable? –-Bromeé.
Se rió- Porque casi te lo exigí, de no ser así no me hubieras llamado.
- Claro que sí, má… -Me defendí.
Volvió a reírse- Ya claro. Bueno, ¿qué tal todo?
- Bien, todo bien -–Respondí, sin entrar en muchos detalles.
- ¿Estás en la playa?- –Preguntó.

Me puse nerviosa, muy nerviosa. Pues era evidente que no estaba ahí, y ella se iba a dar cuenta, ya que no se oían las olas del mar.

- …Sí… -Respondí.
- Qué raro, no se oye nada –-Dijo, algo que yo ya me esperaba.
- Es que… estoy en el baño público… y aproveché para llamarte -–Expliqué, creo que fue la mejor excusa que pude encontrar.
- Ah, vale –Aceptó sin problemas, algo que me sorprendió aún más- Bueno, ¿a qué hora vendrás? –- Preguntó.
- No sé mamá… a la tarde…
- Bueno, que no sea muy tarde, ¿vale?
- Vale, mami.
- Hasta luego.
- ¡Chao mamá! –- Me despedí y colgué, respirando hondo, satisfecha de haber salido de aquella conversación sin “problemas”.

Me dirigí a la cocina e hice el desayuno para las dos, aunque en lugar de un desayuno iba a ser un almuerzo… Hice unas ricas tostadas con mermelada, un café para ella y un zumo de naranja para mí. Justo cuando había terminado de prepararlo, ella salió del baño, ya vestida, con el pelo suelto y completamente húmedo, totalmente natural, imagen que me cautivó por completo. Al verme, con el desayuno listo, se sorprendió.

- ¿Y eso?- –Preguntó.
- El desayuno- –Dije, riéndome desde la mesa, pues era algo más que evidente.
- ¿Para mí?
- No tonta, para la vecina, que me aburría mientras te duchabas y dije: ¿por qué no la invito y así hago amigos nuevos?

Ella se rió a carcajadas, algo que me provocó reír a mí también.

- ¡Pues claro que para ti, Dul! –- Le dije, después de recobrar el aliento tras tanta risa.
Se rió, más cortamente- Gracias, cariño –Agradeció, acercándose a mí y dándome un corto beso, para luego sentarse frente a mí- Aunque vamos a merendar, más que a desayunar- –Comentó.
Yo me reí- Ya, pero tengo hambre, así que me da igual desayunar, merendar, cenar o almorzar –Nos mantuvimos un momento en silencio, mientras ambas comenzábamos a“desayunar”- Llamé a mi madre –Informé.
- -Me miró- ¿Y? ¿Qué te dijo? –Preguntó.
- Pues nada, quería saber a qué hora iba a llegar, pero… yo no lo sé- –Dije, soltando una pequeña carcajada- ¿A qué hora vamos a llegar?- –Pregunté.
Subió los hombros y negó con la cabeza- No lo sé, mis planes llegaban hasta anoche –Dijo, riéndose- la verdad es que no sé ni cómo vamos a regresar a casa…
- Puedo llamar a Maite, seguro que no le importa venir a buscarnos -–Propuse- Y antes de ir a casa podríamos ir a tomar algo con ella.
- Perfecto -–Aceptó, sin problemas, con una sonrisa.
Terminamos de desayunar y yo me fui a duchar. Al salir, vestida con ropa que Dulce, sorprendentemente, había traído para mí, me encontré la cama ya hecha y toda la ropa que había tirada por el suelo, recogida.

- Ya está todo listo y recogido, señorita- –Me dijo, con una sonrisa al verme salir.
- Que ordenada está usted últimamente –Bromeé, riéndome- Voy a llamar a Maite -–Informé, buscando mi móvil.
- ¡Annie! ¡Amiga mía! ¡Cuéntamelo todo! ¡Absolutamente todo!

Sí… así respondió Maite a mi llamada y, lo más sorprendente, es que no sonó ni dos veces, no, al primer tono respondió.

- ¡Maite! -–Le dije, riéndome, observando la fija mirada de Dulce.
- Ah, vale, estás con ella- –Dedujo.
- Ajá… -Fue lo único que pude decir.
- Vale, pero… ¿todo bien? Sólo dime eso –-Rogó.
- Sí, más que eso- –Sonreí.

Pude escuchar cómo Maite daba un grito y comenzaba a cantar, a la par que se reía y me reía yo también.

- Ya cállate, loca- –Le dije, entre risas- Escúchame –-Pedí.
- Dime, dime- –Respondió, aún entre risas.
- ¿Podrías venir a buscarnos? Y nos vamos a tomar algo las tres- –Propuse.
- ¡Claro que sí! ¡Cómo usted mande! Estoy ahí en… bueno, en cinco minutos imposible, pero… ¡lo antes posible!

La efusividad de esa mujer me encantaba, yo no podía hacer más que reírme. Era increíble la positividad que tenía, el buen humor… nunca se enfadaba por nada y, cuando tenía que ponerse seria y ser responsable y madura, lo hacía, mejor que nadie.

- ¡Aquí te espero, loca! –-Grité, antes de colgar.
- ¿Se le calló un tornillo? -–Preguntó Dulce, al verme colgar, riéndose.
- ¿Uno? Yo creo que varios –-Respondí yo, entre risas- La adoro -–Confesé- Es la mejor amiga que nadie pueda tener.
- Estoy de acuerdo con eso –Me contestó con una sonrisa.

La miré un momento en silencio, sin pensar nada, simplemente… mirándola.

- ¿Tú estás preparada para volver a la realidad? Porque yo no- –Confesé, sin poder evitar volver a hundirme en una enorme tristeza.
- Annie, todo va a estar bien- –Me dijo, acercándose a mí y agarrando mi mano- Confía en mí, ¿vale? Todo va a estar bien, te lo prometo.

Suspiré y la abracé, recostando mi cara en su pecho, mientras ella acariciaba mi húmedo pelo con las yemas de sus dedos.

- No me gusta verte triste, cariño… -Me dijo, en un susurro- Disfruta de esto hasta que las cosas se compliquen. Lo que tenga que pasar… va a pasar, por muy preocupada que estés, la tristeza no sirve para nada.

Eso me hizo reflexionar y es que… ella tenía toda la razón. Si tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y si no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Al fin y al cabo… va a pasar lo que tenga que pasar, preocuparse no sirve de nada.

- Tienes razón- –Le dije, rompiendo el abrazo con una sonrisa, lo más amplia que pude mostrar.
Sonrió ampliamente y agarró mis mejillas- Guapa –- Me dijo, dándome un corto beso, algo que me hizo sonreír de lo más tiernamente.
- Hermosa- –Le respondí yo, siguiéndole el juego y dándole también un corto eso, provocando su risa, y la mía.
- Preciosa- –Contestó, aparentemente dispuesta a “ganarme”, volviendo a besarme pero más largamente.
- Ganaste- –Confesé, riéndome.

Continuamos entre piropos, risas y juegos hasta que, en media hora, llegó Maite. Oímos la bocina de su coche y salimos corriendo a su encuentro. Nos miró con una amplia sonrisa y moviendo sus cejas de arriba abajo, pícaramente.

- ¡Hola, hola, hola! -–Saludó, alegremente, cantando, mientras ambas nos montábamos en el coche, en la parte trasera- ¿Qué tal, tortolitas?
- ¡Hola Mai! –- La saludé, riéndome, poniéndome el cinturón- Muy bien, ¿y tú?
- Yo genial, muy bien. Dulce, ¿qué tal todo?- –Preguntó, casi sin hacerme caso- ¿Todo bien? -–Emprendiendo el camino de vuelta.
- Sí Mai, todo genial, tal y cómo lo planeamos –- Respondió, con una amplia sonrisa, picándole el ojo- Gracias.

Maite no respondió, simplemente encendió el aparato de música y subió el volumen a todo dar, comenzando a cantar. Media hora después nos encontrábamos en una terraza de un centro comercial, tomándonos un refresco fresquito.

- ¿Entonces la pasaron bien?- –Insistía Maite.
- Sí Mai, muy bien –- Le respondí yo, con una sonrisa.
- ¿Y la cena?- –Preguntó nuevamente, mirando a Dulce- ¿Bien?
- Sí, perfecta. La verdad es que salió más rica de lo que esperábamos -–Supuse en ese momento que Maite la había ayudado a cocinar.
- Genial- –Dijo, con una sonrisa.

Nos miró fijamente a las dos, alternando su mirada entre una y otra. De repente suspiró y nos miró con una amplia sonrisa, dando algunos aplausos.

- No se imaginan cuánto me alegro de esto- –Nos dijo, de repente- Se ven tan bien juntas…

Dulce me miró, sorprendida, algo totalmente normal, pues… Maite estaba loca. Y yo fui de lo más sincera con Dulce, pues la miré, me reí, y con muecas le dije que Maite estaba completamente LOCA.

- No sabes lo que esta mujer necesitaba una pareja decente- –Le decía Maite a Dulce. Yo me preparé para quedar en vergüenza- Pasaba un tío por la calle y ya decía que estaba enamorada…-¡ZAS! Primera ronda- Luego le ponía los cuernos y lo mandaba lejos -–Segunda ronda. -Lo que venía ahora era lo mejor- Y luego volvía con él, la muy tonta, porque decía que su amor era más grande que todo.

Dulce me miró, sorprendida con aquella información. Maite, por su parte, comenzó a reírse.

- Lo que Maite quiere decir es que… gracias a ti sé lo que significa el amor- –Dije, más sutil y románticamente- Antes no tenía ni idea.
- Y… sí, también se puede decir así –- Añadió Maite.

Maite continuaba tirándonos indirectas, hablábamos y nos reíamos. Luego fuimos a darnos una vuelta, por las tiendas, paseando y hablando.
Cuando ya casi eran las ocho de la noche Maite nos dejó en casa y ella se marchó. Ambas nos detuvimos en la puerta, antes de, si quiera, abrirla.

- Todo va a salir bien- –Me volvió a decir, entrelazando sus manos con las mías. Supongo que me había visto triste nuevamente.

Yo suspiré y asentí con la cabeza, confiando en que fuera cierto.

- Vamos a entrar cómo si no hubiera pasado nada, ¿vale? Si tú no te lo crees, tu mamá se lo va a creer aún menos -–Me dijo- Así que… muéstrame esa sonrisa tan maravillosa -–Pidió, algo que de por sí solo me hizo sonreír- Así está mejor… -Dijo con una amplia sonrisa, agarrando mis mejillas y dándome un corto beso- ¿Vamos? –- Yo asentí con la cabeza.

Dejó libre mi cara para que yo pudiera buscar la llave. Metí la llave en la cerradura y la giré, abriéndola. Ambas entramos en la casa y Dulce, tras de mí, cerró la puerta. Apenas pudimos dar diez pasos, pues mi madre bajó corriendo por la escalera, escandalizada, algo que hizo que mi corazón se detuviera y un terror escalofriante recorriera todo mi cuarto.

- ¡No me puedo creer que me hayas hecho esto Anahí! ¡No me lo puedo creer! –-Gritaba cómo una loca. Nunca la había visto tan enfadada.
- ¿Hacerte qué, mamá? ¿Qué pasa?- –Le preguntaba, casi tartamudeando, muy nerviosa, aunque sin saber a qué se refería.
- ¡¿Qué pasa!?- –Dijo, agarrándome del brazo y zarandeándome.
- ¡Marian, tranquilízate! -–Pidió Dulce, o casi exigió, agarrándome del otro brazo y alejándome de mi madre, colocándome detrás de ella.
- ¡No te metas en esto, Dulce! –-Le gritó a ella.

Yo ya estaba asustada, completamente asustada, mi madre jamás me había jalado así del brazo… ni me había gritado de esa forma.

- ¿Dónde estuviste toda la noche, Anahí? ¡Dime! -–Exigía mi madre.
- Ya… ya te dije má… estaba… con…. Con Ma...maite… -Decía yo, entre llanto.
- ¡NO me mientas!- –Gritó- ¡No me mientas en mi cara!
- No… te… miento…

- ¡Desvergonzada!- –Me gritó- ¡Explícame que es esto! –Dijo, con los papelitos que Dulce me había escrito entre sus manos- ¡Explícamelo, vamos!

¡NO! Joder…. Dejé todos los papeles y las cajas de los regalos encima de mi cama. ¿Puedo ser más imbécil, dios? ¡Eh! ¡¿Puedo ser más imbécil!?

- ¡Te regaló vestido, zapatos, pintalabios y hasta te dijo cómo podías mentirme! –-Me gritaba, diciendo exactamente lo que ponía en las notas.

Dulce me miró y yo correspondí, llorando, aterrorizada. Muerta de vergüenza por aquella situación… sin saber muy bien qué decirle ahora a mi madre.

- ¿Quién es “DM”? –Preguntó- ¡¿Eh?! ¡Dime, Anahí! ¡¿Quién es “DM?! -Exigía a gritos.

¿Qué iba a ser ahora? ¿Se lo decía? ¿Le decía que “DM” es DULCE MARÍA, mi prima? Igualmente… de no ser así, ¿qué otra opción tenía? Estaba muy nerviosa cómo para inventarme excusas y… esto tenía muy pocas excusas. Ahí estaban las notas y la firma, estaba claro que le había mentido, eso ya no iba a tener marcha atrás…

- Bueno, ¡ya está bien! –Gritó Dulce, de repente, haciéndome salir de mis “pensamientos”- Vamos a decírselo ya, Annie. Díselo de una vez por todas, dile la verdad.

Mis ojos se abrieron cómo platos, al igual que mi boca. Mi pequeño musculito llamado corazón se detuvo unos segundos y, luego, al recobrar el latido, comenzó a latir desenfrenadamente.

- ¿Qué dices, Dulce? -–Le dije, aún sin salir de mi asombro, nerviosismo y terror.
- ¡Que se lo digas! ¡Dile la verdad!


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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:30 pm

Veintiocho

- ¡Dícelo Annie! ¡Dile quién es “DM” –Yo la miraba, totalmente atónita- ¡Vamos! Dile que “DM” es Darío.

DARÍO. DARÍO. DARÍO. DARÍO. ¿Quién es DARÍO? Ahora sí que estaba perdida.

- ¿Darío? –Dijo mi madre, supongo que totalmente confundida con aquello, igual que yo.
- Sí, Darío Menéndez es “DM”.

De acuerdo, ya había comprendido el “plan” de Dulce. Era evidente que no podía negarle a mi madre que le había mentido, pero… sí podía inventarme otra persona, evitar que sepa que es una mujer y que se trata de Dulce.

- Sí mamá, es… es Darío- –Corroboré, nada segura- Un compañero de clase.
- ¡¿Y cómo se te ocurre mentirme de esta forma?! –- Comenzó a reprocharme.

Ella seguía gritando, pero yo hubo un momento en el que dejé de escucharla. Realmente ahora me sentía un poco mejor, pues… por lo menos sabía que ni si quiera se le había ocurrido que podía tratarse de Dulce, así que respiraba más tranquila. Salí de mi hipnosis y lo último que pude escuchar fue:

- ¡Y ahora lárgate! ¡No quiero saber nada de ti!

Eso dolió, bastante, pero… comparado a lo que podría haber pasado, me iba tranquila. Miré a Dulce, miré a mi madre y comencé a dirigirme a mi cuarto. Pude darme cuenta que Dulce trataba de seguir mi mismo camino, pero era detenida por mi madre:

- No, tú te quedas aquí, también tengo que hablar contigo –- Dijo seriamente.
- Mamá, Dulce no tiene nada que ver –Interrumpí yo, desde la escalera- Ella no tenía ni idea, me la encontré a la entrada y se lo conté…
- No es por eso, Anahí. Vete a tu cuarto y métete en tus asuconté…- Respondió tajante y seriamente.

Dicho y hecho, nuevamente me había quedado más tranquila al saber que no se trataba de eso. Así que cerré mi bocota, terminé de subir las escaleras y desaparecí por el pasillo, dirigiéndome a mi cuarto. Estuve allí metida horas, no sé cuantas, pero muchas. Dulce no volvía y eso sólo me preocupaba. No me atrevía salir, no quería discutir más con mi mamá, pero… estaba muy aburrida y, sobretodo, preocupada por la “desaparición” de Dulce. Se me ocurrió que podía llamarla. Así que busqué mi móvil y marqué su número, registrado en mi agenda. Sonó varias veces, tantas veces que pensé que no me lo iba a coger y, cuando ya iba a colgar, respondió.

- ¿Annie? –-Respondió en la otra línea.
- Sí, ¿qué pasó cariño? ¿Dónde estás? –- Pregunté, cada vez más preocupada, pues su voz no sonaba como siempre.
- Salí un momento, pero… no te preocupes, estaré ahí en un rato -–Dijo, nada concretamente.
- Pero, ¿dónde estás? ¿Pasó algo con mi mamá?
- No, sólo quiso… bueno, ahora te cuento con detalles, ¿vale?
- … Vale –Respondí, aunque nada segura.

Sin decir más colgó, dejándome aún más preocupada. Esperé pacientemente en mi cuarto, sin saber muy bien qué hacer. Pero, afortunadamente, no tuve que esperar mucho, ya que Dulce apareció en menos de veinte minutos.

- Hola -–Saludó, con una sonrisa, después de cerrar la puerta.
- Hola -–Saludé yo también, con una amplia sonrisa, desde la silla de mi escritorio.

Se acercó hasta mí y me dio un corto beso a modo de saludo y, seguidamente, se apoyó sobre mi escritorio, cruzando los brazos y respirando. Yo no comprendía para nada su actitud.

- ¿Y…? –Dije, poniéndome en pie, quedándome a su altura- ¿Me vas a contar?
- Mi mamá le dijo que soy lesbiana –Dijo de repente, algo que me sorprendió.
- ¿Por qué? –Pregunté yo al instante.

Ella subió ambos hombros, sonrió irónicamente y negó con la cabeza, en completa demostración de incomprensión.

- Y le dijo que tuviera cuidado conmigo, porque quizás sólo quería llevarte a la cama.

Ahora sí que me sorprendí, no me esperaba eso para nada.

- Que yo soy una mala influencia, que estoy loca y… miles de cosas más- –Dijo, respirando hondo, parecía algo dolida- No sé qué se le puede haber pasado por la cabeza para cometer semejante tontería.

- ¿Qué te dijo mi mamá?- –Pregunté yo.
- Afortunadamente nada, que confía en mí y… pues dio por loca a mi madre, básicamente –Ahora sí respiré tranquila- Pero… ¿sabes? No la vi… muy segura, fue extraño –Ahora volví a preocuparmvi
- ¿Por qué?
- No sé cariño… lo dijo cómo… sabiendo que eso era lo que yo quería escuchar, pero no sinceramente, ¿sabes?- –Me miró y supongo que se dio cuenta de que no, no la entendía- Igual son cosas mías, no te preocupes… Lo importante es que, supuestamente, no le dio importancia a lo que pudo decir mi madre.
- Gracias por haberme ayudado antes… -Agradecí, pues aún no había tenido tiempo de hacerlo- Si no llegas a inventarte ese nombre, yo no sé qué hubiera pasado….

Sonrió y extendió sus manos, en señal de querer un abrazo. Yo también le sonreí y me lancé a sus brazos.

- Voy a estar aquí siempre, no hace falta que me des las gracias… -Dijo en un susurro, dándome cortos besos en la mejilla y acariciando mi cabello con la yema de sus dedos.
- Sí hace falta… -Respondí también en un susurro.
- No hace falta… -Respondió ella.

Me alejé para poder mirarla a los ojos, encontrándome directamente con su cara. Me quedé ahí, a dos milímetros de su cara, hipnotizada con sus ojos. Mi mirada bajó al instante a sus labios, mientras notaba cómo mi corazón recobraba su estado de “a mil por hora”. Respiraba su mismo aire, su mismo aroma y cada vez tenía menos resistencia… Me moría de ganas de besarla y no iba a reprimirme de hacerlo. Así que llevé mis manos a su cara y la besé con desesperación y pasión, locamente, dejándome llevar por completo. Ella correspondió al instante, mostrándome así que ella necesitaba ese beso tanto cómo yo. Di paso a mi lengua en pocos segundos, dispuesta a explorar su boca, sintiendo cómo ella la recibía a las mil maravillas, correspondiendo a mi juego. Llevó sus manos a mi cintura y me pegó a ella, metiendo sus manos por debajo de mi camisa, acariciando suavemente mi piel, consiguiendo que se erizara.
Nos comenzábamos a quedar sin aire y era inevitable separarse, lo fuimos haciendo poco a poco, dándonos cortos besos y, antes del último, dejé un mordisquito en su labio inferior, consiguiendo que sonriera.

- Cómo sigas haciendo eso no voy a salir de este cuarto… -Lo dijo en un susurro, de una forma tan… sensual, que consiguió hacerme temblar.
- Eso es lo que quiero… -Dije, volviendo a atrapar sus labios de la misma forma loca, pero cortamente- Quiero secuestrarte aquí de por vida.
Sonrió, entrelazando sus manso con las mías- Eso suena muy bien… pero no creo que sea una buena idea.
- ¿No? –- Pregunté con una pícara sonrisa, jugando con sus manos, observando cómo ella negaba con la cabeza- ¿Por qué?

Antes de que Dulce pudiera responder, oímos a mi madre gritar desde la primera planta.

- ¡La cena! -–Anunció- ¡Anahí, puedes bajar! -–Añadió.

Nos separamos rápidamente, definitivamente no esperábamos ese grito. Con esos sustos mi corazón se aceleraba el triple.

- ¡Salgo de la cárcel! –Exclamé, algo que hizo reír a Dulce.
- Pues venga, vamos a cenar y luego nos vamos a dar una vuelta por el jardín –-Decidió, agarrando mi mano y jalando de mí.

Bajamos a cenar. Mi madre estaba muy seria, al contrario que mi padre, que estaba muy hablador… aparentemente mi progenitora no le había dicho nada, algo que agradecí enormemente, pues si se hubiera enterado… no habría estado encerrada horas, sino semanas. Terminamos de cenar y Dulce avisó que nos íbamos al jardín, pero fuimos detenidas por mi maravillosa madre.

- Ni hablar- –Ambas la miramos- Dulce, tú si quieres puedes ir. Pero Anahí, tú te quedas aquí o vas a tu cuarto.
Respiré hondo, tratando de armarme de paciencia- ¿Por qué?
- ¿Quieres que te explique por qué?- –Dijo, mirando a mi padre- ¿De verdad es necesario?
- ¡No tengo 12 años mamá! No soy una nena cómo para que me castigues en mi cuarto -–Grité, definitivamente ya sin paciencia…. que poco me dura.
- ¿Estás castigada? –-Preguntó mi padre.
- Sí, está castigada. ¿Quieres contarle por qué, Annie?- –Dijo mi madre.

Respiré hondo, mirando a mi madre con rabia. Ella me miró de la misma forma, retándome completamente con la mirada.
- Compré más ropa de la que debía… -Mentí, dándole a entender así a mi madre que me “rendía”.
- Bueno Marian… eso no es tan grave… -Me defendió mi padre.
- No, pero ya está bien de que haga siempre lo mismo- –Respondió seriamente mi madre.
- Pero yo creo que… -Insistía mi padre.
- Da igual pá, me voy a mi cuarto -–Dije yo, sin ganas de seguir discutiendo.

Dicho esto y sin ganas de mirar a nadie, sin incluir a Dulce por supuesto, subí las escaleras y me dirigí a mi cuarto. Me lancé en la cama y hundí mi cara en la almohada, con infinitas ganas de llorar, pero aguantándome hasta la última lágrima, dispuesta a no darle el gusto a mi madre.
No sé cómo, no sé en qué momento ni por qué, pero me quedé profundamente dormida. Solía pasarme cuando era pequeña… me metía en mi cuarto enfadadísima, con ganas de llorar y, al final, me quedaba dormida sin darme cuenta.
Noté que alguien se metía en mi cama, así que abrí los ojos. Era de día, por lo que supuse que, efectivamente, me había quedado de dormida y ya había amanecido. Giré mi cabeza y me encontré cara a cara con una amplia sonrisa. Esos labios eran inconfundibles… estaba claro que era ella, el amor de mi vida. Sonreí tontamente, como siempre, mientras subía mi mirada a sus ojos y corroboraba que era ella.

- ¿Qué haces aquí? -–Pregunté casi en un susurro, sin poder dejar de sonreír.
- Darte los buenos días… -Me respondió de la misma forma, agarrando mi cara y besándose.

Había sido un corto beso, pero no sé cómo ni por qué el beso se intensificó y todo comenzó a enredarse.

- Qué rico despertarse así… -Dije, entre besos.
Sonrió, mientras volví a besarme- Lo mismo digo.

Pegamos nuestras frentes. Yo cerré mis ojos y respiré hondo, aspirando su aroma, acariciado su mejilla derecha, queriendo estar así toda mi vida.

- Anoche te quedaste dormida y ni buenas noches me dijiste –- Me dijo, haciéndome abrir los ojos y encontrándome con su mirada y su mágica sonrisa.
- Me metí acá súper enfadada y me quedé dormida, no sé que me pasó –- Me defendí, hablando como una bebé- No me di ni cuenta, perdón…
- Ya se le va a pasar el enfado a tu mamá, no te preocupes… -Me dijo, entrelazando sus manos con las mías, acariciándolas.
- Eso espero, porque a mí no me gusta para nada esta situación - –Contesté, suspirando.
- Oye… -Dijo, dándome cortos besos en las manos- ¿No crees que hay algo que no me has dicho hoy?

La miré en busca de respuesta, pues no sabía muy bien a qué se refería. Y, tan solo al mirar sus labios, pude darme cuenta de qué se trataba, pues sonreía ampliamente.

- Te amo, cariño…
Su sonrisa pasó a ser tierna- Y yo a ti, mi vida

Dicho eso volvió a besarme, ahora más pasionalmente, bajando sus manos a mi cintura y pegándome a ella. Pasé mis manos alrededor de su cuello y di paso a mi lengua, profundizando de esa forma el beso.
Y ahora lo bonito e ideal hubiera sido que pasaran mil cosas más, pero… pero no, no fue así. Escuché un grito, procedente de la entrada de mi cuarto y, aunque no supe muy bien qué decía, eso bastó para que me alejara con rapidez y buscara a la persona que había gritado. Y allí estaba mi madre… mi madre… sí, mi madre, mi MADRE. Me quedé paralizada, totalmente paralizada, jamás me había pasado algo así. Sólo la miraba. Tenía cara de pánico, enfado, rabia, temor, terror… era una cara inexplicable.
Demasiado había durado esta mentira… Ya decía yo que estaba siendo demasiado bonito cómo para ser cierto, algo tenía que arruinármelo… ¿Qué le iba a decir yo ahora? ¿Qué iba a ser? ¿Cómo iba a reaccionar?
Sólo deseaba que la tierra se tragara mi cama para poder desaparecer con Dulce, pero… evidentemente, eso era totalmente imposible. Ahora sí que mi corazón iba a mil por hora, y así fue cómo me di cuenta de que ese “a mil por hora” no sólo representa cosas buenas, sino… cosas horrorosas, cómo esta incómoda situación que estaba por llegar.

- Mamá… -Fue lo único que pudo salir de mi boca, nada más.
- ¡¡¡¡¡Largo de aquí las dos!!!!! ¡¡YA!!- –Gritó totalmente enfurecida, con los ojos encharcados en lágrimas, imagen que me dolió infinitamente.
- Marian, deja que… -Intentó hablar Dulce, pero fue interrumpida por mi madre.
- ¡¡Desvergonzada!!- –Le gritó, consiguiendo que se callara- ¿Cómo puedes mirarme a la cara? ¡¿No te da vergüenza!? ¡¡Tu madre tenía razón!!
- Mamá, por favor, esto no… -Traté de hablar, cómo pude.
- ¡Cállate!

Mi madre movió rápidamente su mano, dispuesta a pegarme. Yo automáticamente me hice hacia atrás, tratando de evitarlo, pero no fui yo quién lo evitó, sino Dulce, que agarró su mano.

- ¡No voy a permitir que le pegues, Marian! -–Me defendió, sorprendentemente.
- Confíe en ti Dulce, confié en las dos ¡y me mintieron! -–Gritaba locamente, pero con toda la razón del mundo… Yo no era capaz ni de abrir la boca- ¿Cómo fueron capaces?

Ninguna de las dos respondía. Yo… yo estaba demasiado afectada, demasiado nerviosa, demasiado aterrada… era incapaz de pronunciar ni una sola palabra.

- En media hora las quiero fuera de mi casa - –Anunció, volviendo a dirigirse a la puerta- A las dos - –Añadió antes de cerrar la puerta, cosa que me dolió el doble.

En cuanto mi madre desapareció por la puerta, Dulce me miró. Yo me lancé a sus brazos, llorando, desconsoladamente.

- ¡Te lo dije! ¡Te lo dije! -–Le decía yo, entre llantos.
- Lo siento, cariño… -Se disculpaba, correspondiendo a mi abrazo- Lo siento mucho, de verdad… -Añadió.
- ¿¡A dónde nos vamos a ir ahora!? -–Decía yo, haciendo caso omiso a sus disculpas, totalmente nerviosa, rompiendo el abrazo- ¡No tenemos a dónde ir!

Agarró mi cara y me miró, simplemente eso, supongo que no sabía muy bien qué decir.

- Tranquilízate –- Pidió, algo completamente imposible para mí.
- ¡Mi propia madre me acaba de echar de mi casa! –- Grité, alejándome de ella y levantándome de la cama, restregándome la cara y secando así mis lágrimas- ¡No puedo tranquilizarme! - –Añadí, volviendo a empapar mi cara, pues se habían llenado nuevamente de lágrimas.

Ella también se levantó y se acercó a mí, volviendo a abrazarme.

- Todo va estar bien, estoy contigo…

Eso, aunque suene algo cruel, no me servía absolutamente de nada. Me estaban echando de mi casa cómo a un perro, ¿cómo iba a estar algo bien? Nada iba a estar bien, por mucho que ella me lo dijera.

- ¡No Dulce, no! -–Grité, volviendo a separarme. Necesitaba respirar, no que me abrazara, pues eso sólo me agobiaba más- ¡Ya está bien de ser positivas! ¡Nada va a estar bien, NADA!
- ¡¿Y qué quieres que te diga!? –- Gritó ahora ella, supongo que ya sin paciencia, algo completamente normal, pues hasta yo pierdo la paciencia conmigo misma. Yo sólo la miré- Sólo puedo prometerte que voy a estar contigo en todo momento… no puedo hacer más, cariño.

En el fondo tenía razón… Y es que ya no había nada que hacer, por lo menos no de momento. Ahora sí la abracé, supongo que dándole así toda la razón.

- Perdóname… -Me disculpé, por mi estado parcial de histeria.
- Perdóname tú a mí -–Dijo ella, correspondiendo en todos los sentidos a mi abrazo.

La verdad es que me importaba muy poco discutir sobre quién debía pedir perdón, no me importaba, al fin y al cabo el perdón ya no iba a servir de nada… por ninguna de las dos partes. Así que no respondí, simplemente la abracé.

- Esto no puede ser… -Dije, rompiendo el abrazo, aún sin creerme que mi madre me estuviera echando de mi casa- Voy a hablar con ella, tiene que haberse vuelto loca… -Decidí, dirigiéndome a la puerta.
- Annie, sólo vas a empeorarlo todo…
- ¡Al menos yo intento buscar soluciones! –- Le reproché, nada lógicamente, debido a los nervios del momento.

Salí de mi cuarto y me dirigí rápidamente a la planta baja de mi casa, escuchando los pasos de Dulce y sabiendo perfectamente que ella venía detrás. Llegué a la cocina y vi a mi madre fumando. Sí, fumando, algo que ella odia y que… hacía casi diez años que no hacía.

- Mamá, no puedes hacerme esto –- Dije, consiguiendo que dejara aquel cigarro.
Negó con la cabeza, sonriendo irónicamente- Tú tampoco podías hacerme esto.
- ¡No te he hecho nada! –- Grité, desesperadamente- Estoy enamorada, eso… eso es todo.
Se rió largamente, irónicamente, gesto que… me dio mucha rabia- Enamorada –Dijo, asintiendo con la cabeza- ¡Tú no tienes ni puta idea de lo que es el amor, niña! –Me gritó, totalmente fuera de sí, jamás la había visto así.
- ¡No soy una niña, mamá! - –Grité yo también, perdiendo totalmente los papeles- Ese es tu problema, ¡no te das cuenta de que ya estoy grande! –Ella me miró, en silencio, aparentemente no se lo esperaba y… tuve la sensación de que di “en el clavo”- Ya no tengo ocho años cómo cuando me llevabas al parque, ¡tengo veinte años, mamá! Y me he enamorado de una mujer que, desgraciadamente, es mi prima. ¿Qué quieres que haga? ¡No puedo hacer nada! La amo, con todo mi corazón, y eso no puedo dejar de sentirlo aunque tú me obligues- –Mi madre simplemente me miró, en silencio. Dulce, desde atrás, agarró mi mano, en señal de apoyo- Y sí, admito que te he mentido y me siento muy mal por ello, pero si lo he hecho ha sido por miedo, por miedo a que pasara esto –- Expliqué, ya más tranquilamente- Y Dulce no me sedujo ni mucho menos, cómo te dijo la loca de mi tía… Me enamoré, me enamoré locamente… y no fue culpa de nadie.
Pareció haber despertado- Qué bonito, qué bonito les quedó -–Dijo, manteniendo su irónica sonrisa.
- Marian, por favor –Interrumpió Dulce- Si quieres yo me largo, ¿vale? Pero ella… ella no se merece esto, y tú lo sabes.
- ¿Se aman? - –Preguntó, haciendo caso omiso a la propuesta de Dulce. Ambas asentimos con la cabeza- Pues lo siento hija mía, pero no admito mentirosas en mi casa. Así que si se quieren amar… háganlo lejos de aquí, pero en mi casa y mintiéndome en mi cara, NO.

Eso, nuevamente, dolió cómo miles de cristales clavándose en mi corazón, que automáticamente consiguieron que mis ojos se llenaran de lágrimas.

- Pero mamá… soy tu hija… -Comencé ya a rogar, con lágrimas saliendo de mis ojos.

- Ya está Annie, déjala, no hace falta que le ruegues más -–Interrumpió, agarrándome de los brazos y volteándome, para que la mirara- Vamos a coger nuestras cosas.
- No, no, no… -Me negué yo, secándome las lágrimas y volviendo a mirar a mi madre.

La miré fijamente, retándola con la mirada y, el ver que no tenía ni una sola lágrima me llenó de rabia, completamente.

- Escucha bien lo que te voy a decir –- Dije, apuntándola con mi dedo índice- Cómo permitas que salga por esa puerta - –Ahora señalé a la puerta, pero sin dejar de mirar fijamente a mi madre- no te lo voy a perdonar en la vida. Porque una madre, por muy decepcionada que esté con su hija, ¡no es capaz de echarla a la puta calle como estás haciendo tú! –- Le grité con la voz completamente rota, ya en llanto.
- Yo tampoco podré perdonarte, Anahí. Así que ahora entiendes cómo me siento –Ahora sí pareció emocionarse un poco, pero eso, realmente, no me sirvió para nada.
- Adiós mamá

Y, dicho esto, agarré la mano de Dulce y jalé de ella, subiendo las escaleras y metiéndonos en mi cuarto. Llevé mis manos a mi cara y respiré hondo, de espaladas a ella, sintiendo cómo toda mi cara se empapaba.

- Cariño, no va a…
- Déjame Dulce, por favor… -Rogué, con la voz rota- Ve a coger tus cosas, déjame sola un momento.
- No voy a dejarte sola –- Se negó.
- Solo un momento Dul, por favor- –Insistí.
Suspiró- Cojo un par de cosas y vuelvo. Tú has lo mismo y nos largamos de aquí, ¿me escuchaste? -–Dijo, acercándose a mí por detrás, agarrando mi brazo.

Yo simplemente asentí con la cabeza, casi sin fuerzas de hablar. Dulce salió de mi cuarto y, en ese momento, me lancé sobre la cama aún deshecha, golpeando con fuerza el colchón, llorando, notando que me faltaba hasta el aire. No esperaba que mi madre fuera a tratarme así, jamás imaginé que su reacción fuera a ser de esa forma… sí, sabía que se lo iba a tomar mal, pero… no TAN mal. Me sentía mal, muy mal, despreciada. Pero no iba a quedarme ahí para que ella tuviera que volver a echarme, no. Saqué fuerzas de donde no tenía, me levanté, abrí el armario y cogí lo primero que vi. Algo de ropa interior, camisas, pantalones, zapatos… y lo metí todo en una maleta. Cogí mi cartera, el móvil y el cargador, pero las llaves las dejé allí, encima de la mesa de noche, no las quería para absolutamente nada.

En ese momento, cuando ya había terminado, entró Dulce, con una maleta en sus manos.

- Ya estoy, ¿tú?

Yo simplemente asentí con la cabeza y me dirigí a la puerta, vestida aún con la misma ropa con la que tenía ayer, pues me había quedado dormida con ella. Eché un último vistazo a mi cuarto, respiré hondo y salí, agarrada a la mano de Dulce. Bajamos las escaleras y pasamos por delante de la cocina, pero mi madre ya no estaba allí, no estaba en la planta baja, parecía que ni si quiera iba a salir a despedirse y… evidentemente, yo no iba a ir a buscarla. Dulce se dirigió a la puerta y la abrió, mientras yo, nuevamente, daba un último vistazo a mi hogar. Me emocioné al pensar todo lo que había vivido ahí y, cómo no quería llorar, decidí acabar con mis recuerdos y largarme corriendo, dejando que fuera Dulce quien cerrara la puerta.
Nos dimos la mano y comenzamos a caminar, yo no sabía a dónde, simplemente caminaba. Estuvimos así más de veinte minutos, en silencio, pero llegó un momento en el que mi paciencia se acabó y me paré.

- ¿Se puede saber qué hacemos caminando? –- Ella también se paró- ¡No tenemos ni idea de adónde vamos! -–Grité, sin importarme que la calle estuviera llena de gente.
- ¿Quién dice que no sabemos a dónde vamos? –- Respondió, en tono normal, algo cotidiano en ella. Definitivamente envidiaba la capacidad de autocontrol que tenía- Yo sé perfectamente a dónde vamos.

Ahora sí que no comprendí nada. ¿Cómo va a saber a dónde vamos? Si no tenemos ningún lugar a dónde ir.

- ¿A dónde vamos? –- Pregunté, aún parada.
- ¿Confías en mí?- –Preguntó. Yo, al instante, asentí con la cabeza- Entonces sígueme.

Sin más comenzó a caminar, y yo la seguí, agarrándola de la mano, pues no sé por qué, pero así me sentía más segura. Caminamos y caminamos mucho más tiempo, mucho más de veinte minutos... no sé cuánto, pero muchísimo. Hasta que llegamos a, según yo recordaba, el estudio al que me había traído para hacerme el retrato naturista.

- ¿Aquí? -–Pregunté, sin dejar de caminar.

Ella no respondió, simplemente continuó caminando. Llegamos a la puerta, la abrió y me pidió que yo pasara primero. Entré y allí, de espaldas a mí, observando los dibujos y las esculturas que habían, estaba Maite. En cuanto la vi me derrumbé, comencé a llorar cómo una niña pequeña, dejando en el suelo la maleta.

- Mai… -La llamé, casi sin voz, llorando cómo una bebé.

Maite se dio rápidamente la vuelta, encontrándose con mis ojos, encharcados de lágrimas. Me miró con tristeza y, automáticamente, sus ojos también se llenaron de lágrimas. Cómo si de una conexión se tratara, ambas corrimos y nos abrazamos.

- Me echó de casa Mai… mi madre me echo de casa… -Dije, entre llantos, abrazándola fuertemente.
- Ya lo sé cariño, ya lo sé… -Me dijo, acariciando mi cabello- Pero no te preocupes, todo va a estar bien…
- ¡¿Por qué las dos me dicen lo mismo!? –- Grité llena de rabia y la cara empapada, alejándome de ella, mirando también a Dulce, quién ya había entrado y cerrado la puerta- ¡No está nada bien! ¡¡¡Nada!!!
- Estamos aquí contigo Annie, no te vamos a dejar sola - –Me dijo Maite.
- Ya se lo dije, pero no sé cómo hacer para que entienda que…
- ¡Bueno, lo siento! –- Grité, sin dejar hablar a Dulce- Yo no soy tan positiva cómo ustedes, ¿vale? ¡No puedo! ¡¡No puedo serlo!! No entiendo cómo puedes estar tan tranquila, Dulce, no lo entiendo –Le dije, sincerándome.
- Porque eso ya lo viví Annie… Yo ya viví exactamente lo mismo que tú, ¿recuerdas? - –Me dijo, aparentemente algo molesta.
Sonreí irónicamente, negando con la cabeza- A ti tu madre no te pilló en la cama con tu prima.
- Bueno ya, no se vayan a poner a discutir ahora -–Puso paz Maite.
- ¿Crees que es culpa mía? –- Me preguntó Dulce, haciendo caso omiso a Maite.

La miré y, aunque estaba a más de 5 metros, pude ver en sus ojos una gran tristeza y miedo. Estaba aterrada, igual que yo, aunque no lo demostrara….

- Claro que no… -Respondí, en cuánto salí de mi “hipnosis”, siendo totalmente sincera- Tú no tienes la culpa de nada, Dul… -Dije, acercándome a ella, agarrando sus manos.
- ¿Y por qué yo siento que sí la tengo? -Me dijo, siendo esta vez ella quién tenía los ojos llenos de lágrimas.

Se me partía el alma al verla llorar, era algo más grande que yo.

Llevé mis manos a sus mejillas- Escúchame bien –- Pedí, o casi exigí- Tú no tienes la culpa de absolutamente NADA, ¿vale? Nadie tiene la culpa. –- Dije, secando las lágrimas que salían de sus ojos, sin poder evitar que, ahora, salieran lágrimas de los míos- Nos enamoramos, eso no se puede controlar. Y… ambas sabíamos que esto, tarde o temprano, iba a llegar…

Dulce no respondió, simplemente me abrazó, gesto al que yo correspondí al instante.

- Qué bonito… -Pude escuchar decir a Maite, llorando- Si es que… es que esto parece una novela…Con el permiso de las dos me voy a unir al abrazo, porque yo también necesito llorar.

Me reí, aunque también lloré, algo extraño, extendiendo mi brazo derecho y permitiendo así que se abrazara a nosotras.

- ¡Las quiero!


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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:31 pm

Treinta
- ¿Y qué vamos a hacer? –Pregunté, después de que ya estuviéramos todas más relajadas.
- De momento podemos quedarnos aquí…-Dijo Dulce.
- Sí, hasta que busquemos una solución- –Añadió Maite- Yo puedo traerles ropa, comida… o lo que quieran.

Respiré hondo, no me gustaba para nada la idea, pero sabía que no tenía de otra.

- Yo intentaré hablar con tu madre, ¿vale? Y ya veremos si poco a poco se tranquiliza -–Propuso Maite.
- Dudo mucho que se vaya a tranquilizar… -Respondí, sin ninguna esperanza- Pero inténtalo, por lo menos- –Acepté
- Bueno chicas, me tengo que ir… -Dijo Maite, levantándose del sofá en el que estábamos sentada- Luego vuelvo y les traigo algo de comer.
Me puse en pie y asentí con la cabeza, sonriendo cortamente- Vale, gracias Mai… -Agradecí, dándole un abrazo a modo de despedida.
- Sobran, y lo sabes – Respondió ella, dándome un corto beso en la mejilla.

También de pie- Muchas gracias, Mai -–Agradeció ahora Dulce, a mi lado, dándole también el abrazo.
- Tus gracias también sobran -–Dijo, con una risita, rompiendo el abrazo- No se preocupen, ¿vale? Y no discutan… ahora más que nunca tienen que estar juntas.

Eso fue muy bonito, y tenía absolutamente toda la razón del mundo. Asentí con la cabeza y agarré la mano de Dulce, entrelazando mis dedos con los suyos.

- Voy a cuidarla bien, no te preocupes -–Le dijo Dulce, pasando su mano alrededor de mis hombros, con una sonrisa.
- Así me gusta -–Dijo ella, sonriendo ampliamente ante nosotras- Hasta después –Se despidió, dirigiéndose a la puerta.

Maite salió del estudio, dejándonos allí solas. Dirigí mi mirada a Dulce. Ella también me miró. Y, simplemente, nos mantuvimos en silencio. Ella sonrió, llevó su mano libre a mi mejilla, la acarició y me abrazó.

- No sé cómo, pero estoy segura de que esto se va a solucionar… -Me dijo, en un susurro.
- Ojalá… -Respondí yo, aferrándome a ella, queriendo quedarme así de por vida, en sus brazos.

Desgraciadamente ese momento tan tierno fue interrumpido, pues llamaron a la puerta. Nos separamos despacio, muy despacio.

- ¿Quién podrá ser? -–Dijo, mientras se dirigía a la puerta.

Yo no respondí, pues no tenía ni idea. Simplemente me senté en uno de los sofás, observando. Dulce abrió la puerta y, detrás de ella, apareció una chica joven. No tendría más de… 23 años. Era de estatura media, con media melena y el cabello negro. Era flaquita e iba vestida con un corto pantalón vaquero, una camisa de tiros blancas y unas sandalias también de color blancas.

- Eh…eh… ho… hola, ¿eres… Dulce?- –Preguntó ella, mirándola fijamente, de arriba a abajo, algo que no comprendí.
- Sí, soy yo, tú quién…
- ¿Dulce María… Espinoza Saviñón? –- Volvió a preguntar, interrumpiéndola.
Observé cómo asentía con la cabeza- La misma. ¿Quién eres tú? -–Preguntó, ahora sí.

La chica la miró en silencio, sin responder, algo que ni yo ni Dulce comprendimos.

- ¿Quién eres?- –Preguntó nuevamente Dulce.
Suspiró- Tu hermana…

Hermana. HERMANA. ¿Cómo que su hermana? ¿Acaso Dulce tiene una hermana y no me lo había dicho? Lo dudo… pues no la reconoció…

Se rió- ¿Tu qué? Anda niña, vete a bromear a otro sitio- –Y, después de decir eso, se dispuso a cerrar la puerta.

Sorprendentemente para mí, y supongo que para Dulce, la chica llevó la mano a la puerta y la empujó, impidiendo que la cerrara.

- Espera, espera, por favor - –Rogó- No te estoy tomando el pelo- –Dijo ella, rápidamente- Tu mamá es Blanca Saviñón, ¿cierto?

Aparentemente Dulce se quedó bastante sorprendida, tanto como yo.

- ¿Cómo sabes que...- –Y ahí se quedó la pregunta, supongo que la emoción y la sorpresa no la dejó terminarla.
- ¿Puedo pasar?- –Preguntó.

Dulce guardó un corto silencio, creo que pensando en si darle el permiso o no. No respondió, simplemente se hizo a un lado y le dejó el camino libre para que pasara. La chica entró y me miró.

- Hola… -Me saludó ella, con una cordial sonrisa.

Yo respondí de la misma forma, observando cómo Dulce caminaba hacia nosotras, dejando la puerta cerrada. Le dijo que tomara asiento y así fue, la chica se sentó en el sofá que estaba al lado del mío, mientras Dulce se sentaba a mi lado. Agarré la mano de Dulce y entrelacé mis dedos con los suyos, en total señal de apoyo, dándole suaves caricias.

- Bueno… explícame por favor, porque no entiendo nada -–Rogó, tan perdida como yo.
- Verás… -Suspiró- Es que es muy difícil de explicar, no sé por dónde empezar.
- Empieza por donde te dé la gana, pero empieza -–Pidió, o creo que exigió, bastante nerviosa… nunca la había visto tan nerviosa, al tener su mano entrelazada con la mía pude notar que le temblaba.
- Eres adoptada, Dulce –Anunció, sin más, algo que me sorprendió el doble- Somos hermanas… de sangre -–Continuó- Nuestra madre nos dejo en un orfanato con 2 años… bueno, tú tenías dos años, yo 4- –Si ella tenía dos años más que Dulce… quiere decir que me equivoqué con la edad y no, no tiene 23 años, tiene 24- Y… al año siguiente, después de muchas entrevistas, vino una señora y te adoptó… solamente ti, porque decía que no podía mantenernos a las dos, simplemente a una y… supongo que cómo eras tú la pequeña, decidieron llevarte a ti, sin importarles separarnos –-'Explicó, algo emocionada al contarlo- Unos años más tarde me adoptaron a mí… la diferencia es que a mí sí me dijeron que era adoptada, a ti no. Y… cuando cumplí los 20 años, decidí ir a buscarte… -Respiró hondo- Y no sabes cómo te busqué… hospitales, policía, orfanatos… incluso fui a la televisión –Comentó con una sonrisa, ya con lágrimas saliendo de sus ojos, pero secándoselas al instante- En el orfanato en el que estábamos me dieron el nombre de tu madre de adopción, pero ni dirección ni… nada, así que ya me había dado por vencida. Hasta que hace unos días fui a ver una exposición y… vi que la firma de un cuadro era la tuya. Pregunté dónde podía encontrarte y me dijeron que no sabían tu dirección, pero que solías dibujar aquí y… aquí estoy…

Parecía haber finalizado la explicación. Definitivamente yo me había quedado sin palabras, era una historia muy… muy impactante, cómo de película. Miré a Dulce, quién estaba como petrificada, debía haber sido un shock muy fuerte para ella…

- Y ya veo que has cambiado mucho… estás preciosa –- Le dijo, volviendo a sonreír y secándose otra vez unas lágrimas que habían salido de sus ojos.

Dulce no respondió, parecía estar en otro mundo. Supongo que estaba tratando de atar cabos y ponerlo todo en orden, pues era algo demasiado fuerte. De repente pareció haber salido de su shock, respiró hondo, negó con la cabeza y se dispuso a hablar:

- Eso… eso es imposible. Mira, ella es mi prima, ¿vale? - –Dijo, refiriéndose a mí- Y… tengo muchísimos recuerdos de cuando ella y yo éramos pequeñas, es imposible.
Asintió con la cabeza- ¿Y cuántos años tenías? ¿Cinco? ¿Seis? Solamente te adoptaron con tres años, es normal que ni te acuerdes…

Nuevamente Dulce no respondió, se mantuvo en silencio.

- Sé que es difícil que me creas, por eso vine con pruebas… -Dijo ella, buscando algo en el bolso que traía- Son fotos de mamá, tú y yo, en tus primeras navidades… -Dijo, volviendo a emocionarse, con unas fotos en sus manos.

Dulce, temblorosa, soltó mi mano y cogió las fotos, mirándolas, permitiéndome mirarlas a mí también. Era una foto preciosa, en las que salía una mujer bastante joven, de no más de 20 años, con dos niñas en brazos y el árbol de navidad detrás…

- Desgraciadamente esa es la única prueba que puedo darte... –Comentó, con algo de tristeza en su voz-
Negó rápidamente con la cabeza, dándole las fotos y poniéndose en pie, claro gesto de que su nerviosismo y… creo que temor, aumentaron.

- Esas dos niñas pueden ser unas completas desconocidas, no te creo -–Respondió, caminando de un lado hacia otro.
- Oh, vamos Dulce - –Dijo ella, poniéndose también en pie, para mirarla- Eres idéntica a la niña de esta foto, y lo sabes perfectamente, no te hagas la tonta.
- Llamas a mi puerta, dices que soy adoptada y… y ¿pretendes que te crea así, tan fácil? ¡Ni si quiera sé cómo te llamas! –Gritó.
- Claudia, me llamo Claudia –Se presentó. Dulce simplemente la miró- Vamos Dul, mírate, mírame… somos iguales.

Y… sí, definitivamente la tal Claudia tenía toda la razón. Eran… muy parecidas. La única diferencia era que Dulce era pelirroja y ella morena, pero por lo demás tenían muchas similitudes. Yo era simplemente una espectadora, pues creí que no tenía que meterme en algo tan personal.

- Sé que es difícil de creer…. Entiendo perfectamente la revolución que debes tener en la cabeza, pero créeme, por favor- –Rogó.
- Lo siento, lo siento, pero es completamente imposible –-Insistía ella, llevándose las manos a la cabeza y negando- No puede ser… simplemente no puede ser… -Respiró hondo- ¿Y el padre? –Preguntó- No me has dicho nada de nuestro supuesto padre, ¿qué pasó con él
Claudia negó con la cabeza, en señal de desconfianza- Jamás supe bien la historia… Me contaron que mamá era muy joven cuando nos tuvo, no nos podía mantener y no le quedó de otra que dejarnos en un orfanato… -Explicó- Pero de papá nada, absolutamente nada…
- Pues no te creo, lo siento…

Claudia respiró hondo y la miró, tristemente.

- Estoy dispuesta a hacerme las pruebas de ADN –-Dijo, algo que, si es posible, me sorprendió aún más- Y después de buscarte tanto no pienso dejarte ir así tan fácil… eres mi hermana pequeña, quieras o no.

Dulce no respondió, simplemente miró a otro lado y, aún negando la cabeza, insistía en decir que “no podía ser”.

- Toma, mi número de teléfono- –Dijo, sacando de su bolsillo un papelito, aparentemente ya lo tenía preparado- Cuando te tranquilices, aceptes las cosas y te sientas preparada… me llamas –Dulce miró el papel. Dudó un momento, pero luego lo cogió- Pero te aviso… si en una semana no me has llamado, volveré a buscarte

Advirtió seriamente. Dulce la miró, tan sorprendida como yo con aquella advertencia

- ¿Puedo darte un abrazo? –-Preguntó, algo emocionada. Nuevamente Dulce la miró, eso era una clara señal de que… la respuesta era negativa- Está bien… mejor lo dejamos así -–Dijo, con una ladeada y triste sonrisa, comprendiendo simplemente el silencio de Dulce- Espero tu llamada –Y, después de decir eso, se dirigió a la puerta.
- Lo siento… -Dijo Dulce, observando a Claudia en la puerta, quién la miró- No puedes pedirme que te abrace y me ponga a llorar cómo una niña, porque…
- Tranquila, tranquila –-Dijo, sin dejarla acabar- Lo sé y tienes toda la razón, no te preocupes -–La miró un momento y, por fin, se despidió- Adiós…

Ahora sí, Claudia salió del estudio, cerrando la puerta. Me puse en pie, mirando a Dulce, quien tenía la mirada perdida en esa foto. Pude ver en sus ojos terror, miedo, tristeza… y no era para menos.

- Cariño… -Dije, acercándome a ella.

Ella negó con la cabeza y, sin mirarme, extendió su mano, en señal de que parara, cosa que no me esperaba.

Levantó su cabeza para mirarme- Necesito estar sola…

Y, dicho eso, con la foto aún entre sus manos, se dirigió a la puerta.

- Pero ¿a dónde vas a ir?- –Le dije, consiguiendo que se detuviera- No hagas tonterías Dul… quédate aquí, hablemos y…
- ¡No!y…- Gritó y, al darse cuenta de que se había pasado, respiró hondo- Lo siento, necesito estar sola, ¿vale?

Y, sin ni si quiera dejarme responder, abrió la puerta y salió, dejando tras de sí un gran portazo. Respiré hondo y me llevé las manos a la cabeza, definitivamente ese estaba siendo el peor día de toda mi vida. ¿Podía pasar algo más? Estaba segura de que alguien nos tenía que haber echado un mal de ojo o algo… porque tantas cosas malas en un solo día, no es normal.
Me senté en el sofá y me paré a pensar en… en lo que podría pasar si, realmente, esa chica fuera hermana de Dulce. Y, básicamente, lo más importante que saqué fue: Dulce no es mi prima. NO es mi PRIMA. Palabras claves: “NO” y “PRIMA”. Sí, quizás era un poco egoísta de mi parte, pero… me sentí bastante aliviada al saberlo y la verdad es que se restó algo del sentimiento de culpabilidad que tenía. Por otro lado… me pregunté si mi madre lo sabía y lo había mantenido en secreto. De ser así… me sentiría muy decepcionada con ella, porque, suponiendo que no lo sabía, podría llegar a entender la reacción que tuvo, ya que se trataba de mi prima, pero… pero si sabía que no era mi prima, me parece que no tenía tantas razones para ponerse así.
Fuera como fuera, estábamos ante una situación muy delicada y, definitivamente, yo no tenía ni idea de cómo íbamos a salir de tremendo problema.

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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:31 pm

Treinta y uno

Maite vino, como dijo, a traernos algo para poder comer. Me preguntó que dónde estaba Dulce, y yo le conté todo, del principio al final. Ella se quedó tan sorprendida como nosotras.

- ¿Seguras de que no era una imbécil que quería hacer una broma?- –Preguntó.

- No Mai-… la pobre chica estaba llorando…- además le enseñó una foto, le dijo cómo se llamaba la mamá… y, de hecho, está dispuesta a hacerse la prueba de ADN. Yo creo que está claro- –Expliqué, ya bastante convencida.
Suspiró- ¿Y hace mucho que se fue? –-Preguntó.
Respiré hondo- Sí... ya hace bastante y comienzo a preocuparme, así que la voy a llamar -–Decidí, sacando mi móvil.

Llevaba ya un rato nerviosa, muerta de ganas por llamarla, pero no quería agobiarla y por eso había esperado un poco más a ver si regresaba… Así que, en vista de que no apareció, marqué su número y la llamé. Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro tonos y… justo cuando iba a colgar, respondió.

- Dime, Annie…

Estaba llorando, lo supe, simplemente con escuchar su voz lo supe.

- Cariño, por favor… dime dónde estás y voy para allá - –Rogué, realmente angustiada.
- Estoy bien, Annie…
- No, no estás bien- –Respondí rápidamente- Si casi no tienes voz para hablar de todo lo que has llorado, por Dios… -Respiré hondo, intentando calmar mis nervios- Dulce, por favor, dime dónde estás.
Suspiró- En el parque…
- Vale, voy para allá, no te muevas –- Dicho esto colgué y me dirigí a la puerta.

Escuché que Maite me llamó, pero no le hice caso, salí corriendo, dejando incluso la puerta abierta. Sabía dónde estaba el parque, se refería al parque en el que le dije que la quería, que estaba cerca de mi casa. Llegué allí en quince minutos, más o menos. Miré hacia todos los lados y, cuando pensé que no la iba a encontrar, la vi sentada en un banco con la mirada perdida.

- ¡Dulce! - –La llamé, mientras me iba acercando hasta dónde estaba, caminando rápidamente.

Ella me miró y pude notar que en ese preciso momento, sus ojos se encharcaron. Se puso de pie y salió a mi encuentro. No reduje mi velocidad hasta llegar a ella. Me miró, la miré y, al ver que sus lágrimas comenzaban a salir, la abracé. Ella se aferró a mí, llorando, cómo una niña pequeña. No sabía qué decirle, no había ningún consuelo para lo que estaba pasando… así que preferí callarme y darle cortos besos en la mejilla, durante ese abrazo tan mágico.

- Tranquilízate… -Rogué rompiendo el abrazo, pues me partía el alma verla llorar de esa forma.
- No puedo, no puedo… -Decía, asfixiada, cosa que me puso muy nerviosa.
- Ey, cariño, mírame –- Volví a pedir, agarrando su cara y consiguiendo que me mirara, secándole esas lágrimas- Respira hondo, ¿vale?

Ella negó con la cabeza, alejándose de mí, moviendo los brazos muy nerviosamente.

- No puedo Annie, no puedo… es que… es que Blanca es… es una…

No tenía aire ni para hablar, parecía que le estaba dando un ataque de ansiedad y yo cada vez estaba más asustada.

- ¡Dulce! –- Le grité, volviendo a agarrarla, consiguiendo que esta vez sí me mirara- Respira hondo y tranquilízate - –Exigí, agarrándole firmemente la cara para que no se alejara de mí- Si sigues así te va a dar algo.
- ¡Pues que me dé! Que me dé ya, ¡seguro que a mi madre le importa una mierda!
- ¡No digas eso! - –Le grité, no me gustó para nada que dijera eso, incluso me dolió.
- No me quiere, ¡toda mi vida ha sido una **** mentira!- –Gritaba con rabia.
Respiré hondo, negando con la cabeza- ¿Por qué no te tranquilizas y hablamos? Así sólo te vas a poner peor… -Propuse, intentando tranquilizarla.

Nuevamente se soltó de mí, pero esta vez parecía que me había hecho caso, pues respiraba hondo y se secaba las lágrimas que aún seguían saliendo de sus ojos.

- Ven anda, ven… -Le dije, agarrando su mano y jalando de ella, llevándola hasta el banco y sentándome allí con ella- ¿Entonces crees a Claudia?

Guardó un largo silencio, con la mirada completamente perdida en el horizonte, luego volvió a mírame.

- Todo lo que dijo tiene lógica… y… parecía tan segura, tan afectada… -Explicaba- Además… somos muy parecidas, es muy difícil que sea coincidencia… -Afortunadamente ya estaba mucho más tranquila.
- ¿Y qué vas a hacer? –- Pregunté, entrelazando mi mano con la suya, acariciándola.
Suspiró- No lo sé… supongo que primero la prueba de ADN y… después… después no sé…
- ¿Vas a hablar con tu mamá
- Claro, claro que voy a hablar con ella -–Respondió rápidamente, volviendo a llenarse de rabia- De hecho me muero de ganas por ir ahora y exigirle explicaciones
- Pero no lo vas a hacer –-Contesté.
- No, no lo voy a hacer- –Me dijo ella- Hasta que no tenga entre mis manos la prueba de que es cierto…. no lo voy a hacer.

Yo no respondí a eso, no tenía nada que contestar. Sólo la miré y le dediqué una corta sonrisa.

- Gracias por estar aquí… -Agradeció, súbitamente.
- Dul… no tienes que darme las gracias- –Respondí yo, sonriendo cortamente.
- Sí, tengo que hacerlo… -Me contestó, mientras sus ojos volvían a llenarse de lágrimas- Porque, a pesar de todo, tú sigues aquí, conmigo…-Ahora era yo la que comenzaba a emocionarse- Y yo fui una cobarde el marcharme, deberías haberme odiado…
Negué con la cabeza, con una tierna sonrisa y ya con los ojos húmedos- Yo nunca podría odiarte, mi amor… Y lo que pasó, pasó, lo importante es que ahora estamos juntas…
- Te amo Annie… mucho, no te imaginas cuanto… y cada día más…
- ¡Me vas a hacer llorar a mí también! -–Reclamé, secando una lágrima rebelde que se me había escapado.

Sin más sonrió, agarró mi cara y me besó. Yo, aunque no me lo esperaba, correspondí a ese beso al instante. Era lento, despacio, con sentimiento y dulzura.

- Te amo… -Le dije, entre beso y beso.
Sonrió y volvió a besarme- Yo más.
Ahora fui yo la que sonreí- No, yo más -–Dicho esto la volví a besar.
Correspondió a mi beso y se separó- Cursi - –Me dijo, con una pícara sonrisa, por fin era la misma de siempre.
- No me mires así… -Pedí, sin poder evitar sonreír como una tonta, pues esa mirada… esa mirada me hacía derretir y sólo me incitaba a hacer cosas que… no se pueden hacer en un parque.
- ¿No? ¿Por qué? –Me preguntó, sin quitar la sonrisa.

- Porque… no- –Le dije, riéndome, notando que ya tenía hasta calor- Venga, volvamos al estudio –-Propuse o decidí, levantándome.
- Sí, volvamos, que tengo un par de cosas que enseñarte… -Dijo, haciendo su sonrisa ahora pervertida, poniéndose en pie y agarrando mi mano.
- ¿Un par de cosas que enseñarme? - –Pregunté, riéndome, aunque sin poder evitar temblar cómo la primera vez.
- Ajá… -Respondió, mientras comenzábamos a caminar hacia el estudio.
- Enséñame lo que tú quieras- –Contesté, sin mirarla, pero sonriendo pícaramente.
Me miró- No me piques, ¿eh? Puedes acabar mal –Me dijo, riéndose.
Me reí- Tú también puedes acabar mal.

Yo estaba mucho más tranquila y feliz, pues había consigo que Dulce se tranquilizara. Entramos y vimos a Maite, acompañada de una persona que me sorprendió mucho.

- ¿Papá? –El me miró, con una sonrisa.

No sabía qué hacía ahí, pero su sonrisa me tranquilizó infinitamente. Y, sin poder evitarlo, me lancé a sus brazos, soltando la mano de Dulce, que se había quedado tan sorprendida como yo. Él correspondió a mi abrazo al instante, sin decir ni una sola palabra.

- ¿Qué haces aquí? -–Pregunté, algo emocionada, rompiendo el abrazo.

Supuestamente él no se había enterado de nada, pero… pero si estaba ahí, significaba que, probablemente, ya lo supiera todo. Y mis sospechas desaparecieron cuando dijo:

- Ya lo sé todo.
- ¿Te lo dijo mamá?- –Pregunté, pero para mi sorpresa, él negó con la cabeza- ¿No? ¿Cómo que no?
- No soy imbécil hija y desde que vi como se miraban lo supe… -Explicó, algo que me dejó petrificada- Igual que tu madre, pero ella no lo quería aceptar.

Me quedé blanca, no me esperaba eso, nuevamente. ¿Cómo que ya lo sabían?

- Pero… pero… -Y no dije más, supongo que era tanto mi asombro que me quedé sin palabras.
- Ven… -Me dijo, sentándose en el sofá conmigo- Ven tú también, Dulce - –Pidió, mirándola, quién se encontraba aún en la puerta.
- ¿Yo? -–Dijo, sorprendida.
- Sí, claro que tú, ven –-Pidió.

Dulce se sentó a mi lado, mirando a mi padre, esperando a que continuara a hablar.

- Tengo algo que decirles que… no me corresponde, pero creo que ya es hora de que lo sepas, Dulce
- Ya lo sé, Armando… -Respondió ella, yo supuse que se referían a lo que acababa de pasar, lo de la adopción.
- ¿Cómo que lo sabes? ¿Qué sabes? –- Se sorprendió él ahora.
- Que soy adoptada, ya lo sé… -Mi padre abrió la boca- Vino mi hermana…
- ¿Claudia vino? -–Preguntó, sabiéndose perfectamente el nombre de aquella chica, lo que nos hizo corroborar, ahora sí, que… efectivamente, todo era cierto.
- Así es, me buscó y… vino hace un rato - –Explicó ella- ¿Cómo sabes… que se llama Claudia? - –Preguntó, cómo si me hubiera leído el pensamiento.
- Porque tu mamá, Blanca, nos contó que…
- Blanca no es mi mamá- –Dijo duramente, interrumpiendo a mi padre- Esa mujer ya no es nada para mí.
- Dulce, ella no tuvo la culpa de…
- Gracias Armando, pero… no quiero hablar sobre eso, ¿vale?- –Volvió a interrumpirlo- Mejor hablemos… de lo que tenemos que hablar -–Dijo, agarrando mi mano, algo que sorprendió tanto que mi corazón se aceleró.
- Tienes razón… -Dijo, mirándonos seriamente a ambas- Mira hija… tú sabes que yo para estas cosas siempre he sido muy estricto y… pues poco moderno, la verdad… -Explicó- Pero… si es lo que tú quieres, y te cuida y… están enamoradas, yo lo acepto –- Definitivamente eso me quitó un gran peso de encima- No son primas, así que… sólo quería quitarles ese peso de encima… y tu mamá… a tu mamá ya se le pasará -–Me dijo, pero no, yo no creía que se le fuera a pasar- Se le fue la cabeza, se volvió loca, pero no te preocupes… trataré de hacerla entrar en razón.
- Gracias papá- –Agradecí infinitamente, con una muy amplia sonrisa, parecía que las cosas comenzaban a ir mejor.
- Sí, muchas gracias Armando –- Agradeció también Dulce, con una sonrisa, mirándome.
- Nada más déjenme un tiempo para acostumbrarme… -Añadió, mirando nuestras manos entrelazadas- Porque no es normal para mí.
Me reí- Te quiero, papá –- Le dije, con una amplia sonrisa.
- Y yo a ti, hija –- Respondió él, sonriendo también- Ah, y también venía para otra cosa muy importante… -Dijo, aparentemente recordando algo- Tomen –Dijo, sacando de su bolsillo una llave y dándomela.
- ¿Qué es? –Pregunté.
- Les alquilé un pequeño piso, cerca de casa.
- ¿Cómo?-–Eso sí que no me lo esperaba.

Vale que no estaba viviendo en el mejor sitio del mundo ahora mismo, pero con el estudio que teníamos era suficiente, no necesitaba que mi padre se gastara dinero en algo así y, por supuesto, no lo iba a aceptar.

- No podemos aceptar eso, Armando -–Respondió por mí Dulce, nuevamente cómo si me hubiera leído el pensamiento.
- Claro que lo pueden aceptar, Dulce - –Contestó él- Marian las echó de casa y yo no puedo permitir eso -–Explicó- Aquí no pueden vivir…
- Muchísimas gracias papá, pero no, no lo podemos aceptar, de verdad –-Insistí, intentando devolverle la llave, pero él no la cogió.
- Les digo que sí –- Insistió él, dándome un papelito con la dirección - Se van a quedar ahí unas semanas hasta que todo se calme, y ya, después, miraremos cómo sigue todo, ¿vale? –Yo suspiré, nada de acuerdo con él- Venga, guárdala –Pidió.
- Papá, de verdad, esto no…
- Anahí -–Me dijo, seriamente- Te digo que la guardes, y punto- –Concluyó.

Yo, sin más y obedeciendo, le hice caso.

- Bueno chicas, yo me tengo que ir antes de que Marian note mi ausencia –-Dijo, poniéndose en pie- Gracias por todo, Maite –-Agradeció, mirando al otro lado de nosotras, haciéndome recordar que Maite seguía ahí.
- No tienes que dármelas, Armando –-Respondió ella, con una sonrisa.

Dulce y yo nos levantamos para despedirnos de mi padre. Y así fue, yo le di un fuerte abrazo, increíblemente agradecida por todo lo que estaba haciendo por mí. Dulce también lo abrazó y volvió a darle las gracias.
Mi padre se marchó y, en ese momento, Maite nos miró con una sonrisa y dijo:

- ¿Preparadas para la mudanza?


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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:31 pm

Treinta y dos

Así fue, aunque yo aún no estaba muy de acuerdo, cogimos las pocas cosas que teníamos y nos dirigimos al piso que mi papá nos había conseguido, en compañía de Maite.

- ¿Fuiste a hablar con él? ¿Lo llamaste? –-Pregunté a Maite, mientras íbamos de camino, en el coche.
- No, me llamó él para saber dónde estaban, y… pues se lo dije -–Me respondió ella, mirando lacarretera- Trataba de decírtelo antes, pero te fuiste corriendo -–Añadió.
- Yo aún no salgo de mi asombro… -Comentó Dulce, a mi lado- Jamás pensé que tu padre fuera a ser tan… comprensivo…
- Él tiene su carácter y es muy serio, pero… siempre ha sido bastante comprensivo -–Respondí yo, sinceramente- Aunque esta vez se pasó de comprensivo- –Añadí, riéndome, provocando la risa de Maite y de Dulce- Bueno, pero ahora… la verdad es que me siento mucho mejor, como si me hubiera quitado un gran peso de encima.
- Ya te dije que todo se iba a solucionar… -Me dijo Dulce, con una sonrisa.

Acerqué mi cara a la suya y le di un corto beso, al que ella correspondió.

- ¡Qué bonito es el amor!

Llegamos hasta la dirección que mi padre nos había dado. Entramos en el bloque, tuvimos que subir en el ascensor hasta el quinto y piso. Entramos y nos llevamos una grata sorpresa. No era extremadamente amplio, pero sí era perfecto para dos personas.

- Qué bonito… -Dijo Dulce con una sonrisa, en cuanto entró.
- Me encanta… -Correspondí yo, con una amplia sonrisa, observándolo todo.

Estábamos solas, pues Maite nos había dejado y se había marchado, ya que tenía que irse a casa por una cena familiar.

- Esta va a ser nuestra casa temporal… -Dije, mirando a Dulce con una sonrisa.
Me miró y sonrió- Nuestra casa… suena bien -–Comentó, riéndose.

Me reí y pasé mis manos alrededor de su cuello, dejando caer la bolsa que traía entre mis manos.

- Suena MUY bien.

Y, dicho eso, la besé, algo a lo que ella respondió al instante y sin problemas.

- No empecemos así-…–Decía, entre beso y beso.
Sonreí, volviendo a besarla- ¿Por qué no?
- Porque entonces no te suelto… -Respondió, atrapando mis besos en un beso más apasionado- Y hay muchas cosas que hacer –-Añadió, después de que pudiera coger aire.
- Pues por eso, hay que hacer muchas cosas… -Respondí yo, con una pícara sonrisa, jalando de ella.

Dimos unos pasos y le di un suave empujón, consiguiendo que se sentara en el sofá. La miré con una sonrisa y me senté encima suya, cara a cara con ella.

- ¿Por qué tan salvaje hoy?- –Preguntó, riéndose, entrelazando sus manos con las mías.
- Por tu culpa -–Respondí, riéndome, pegando mi frente con la suya.

Nos quedamos así, en silencio, durante un muy largo tiempo. Ella me miraba fijamente, a los ojos. De repente sonrió.

- ¿Cómo puedes ser tan hermosa? –-Preguntó, soltando mi mano derecha y llevando su mano a mi mejilla, acariciándome, provocando que mi piel se erizara- Eres la mujer más preciosa que he conocido… -Mi cara comenzaba a ponerse roja, muy roja, aunque no podía evitar sonreír tiernamente- Te amo Annie, te amo como nunca amé a nadie y… y quiero que sepas que esto es para siempre… ¿me escuchas?

¿Alguien sería capaz de no ponerse a llorar después de escuchar eso? Bueno, yo no lo fui. Eso dio de lleno en mi corazón, provocando automáticamente que mis ojos se llenaran de lágrimas. Me separé un momento y sonreí, asintiendo con la cabeza, mientras secaba alguna lágrima que se me había escapado.

- Pero no llores… -Me dijo, riéndose, volviendo a agarrar mi cara y siendo ahora ella quien secara mis lágrimas.
- Es que lo dices tan… tan… tan no sé, que me haces llorar… -Expliqué nada concretamente, riéndome, respirando hondo e intentando controlar mis sentimientos.
Sonrió- Pareces un bebé pequeñito…
- Es que soy un bebé… -Respondí, con voz de niña pequeña y la sonrisa más inocente que tenía.

Después de escucharme decir eso, sonrió ampliamente. Iba a hablarme, pero antes de poder hacerlo, su móvil, para variar, sonó.

- ¿Por qué tienen que llamarme cuando estoy contigo? –-Preguntó, mientras buscaba su móvil y yo me quitaba de encima suya, para que tuviera mayor comodidad.
- Lo mismo me pregunto yo.

Miró la pantallita de su móvil para ver de quién se trataba y, al parecer, era alguien quién no se esperaba, pues su cara denotó un gran asombro.

- ¿Quién es?- –Le pregunté.

Pero ella no me respondió, simplemente llevó el móvil a su oído y respondió a la llamada.
- ¿Diga?

Escuché cómo alguien le respondía, mientras su cara de asombro aumentaba.

- Es un poco tarde, ¿no sería mejor que… -No acabó la frase, al parecer la otra persona la había interrumpido- Ya, pero… -Nuevamente no pudo acabar- Está bien, está bien.

Sin más se quitó el móvil de oído y le dio al botón rojo, cortando la llamada. La miré y me miró. Esperé que me explicara de quién se trataba, pero dijo algo totalmente diferente:

- Cariño, tengo que irme… -Poniéndose en pie.
- ¿Cómo? ¿A dónde? –-Pregunté yo, poniéndome en pie también.
Me miró un momento en silencio y luego suspiró- No te puedo decir…
- Pero Dul, yo qui…
- Cariño, ven, escúchame- –Pidió, sin dejarme hablar, agarrando mis manos- ¿Confías en mí?- –Preguntó.
- Dul, no sé lo que…
- Contésque…- –Pidió, ni si quiera dejándome empezar.
- Claro que confío en ti -–Respondí por fin.
- Bueno, pues sigue haciéndolo, ¿vale? Yo te prometo que a partir de esta noche todo se va a solucionar.

“A partir de esta noche todo se va a solucionar”. ¿Qué se va a solucionar? ¿Y cómo? ¿Qué se traía ahora entre manos?

- Pero… ¿cómo que se va a solucionar? No hagas tonterías, esto no es culpa tuya, tú no tienes que arreglar nada, Dul… -Le dije rápidamente, creo que ni yo misma entendí lo que dije.

Sonrió y negó con la cabeza, eso parecía ser una sonrisa de lo más melancólica, cosa que me asustó.

- Dulce, no es culpa tuya- –Repetí.

Ella, sin más, agarró mi cara y me dio un corto beso en los labios.

- Te amo

Dicho esto, soltó mis manos y se dirigió a la puerta, algo que me dejó perpleja.

- Pero dime a dónde vas, no me dejes aquí sin saber nada, joder -Dije, ya de los nervios.

Pero ella parecía estar sorda, ni se inmutaba. Abrió la puerta y me miró.

- ¿Te vas a ir así sin más? -–Pregunté, ya enfadada- ¿Quién te llamó?

Y no me contestó, no chicas, no me contestó. Sin darme nada como respuesta, se dio la vuelta y lo único que dejó detrás suya fue la puerta, ya cerrada.

- ¡Genial! -–Grité.…

Estábamos genial, recibe una llamada misteriosa y, sin más, se larga diciéndome que lo va a arreglar todo en una noche. ¿Comprensión? ¿Lógica? NINGUNA.
Hice de todo para que pasara el tiempo… limpié aquella casa, coloqué nuestras cosas, ordené, leí, navegué por internet, pero llegó un punto en el que mi preocupación, aburrimiento y agobio no tuvieron ninguna solución. Llamé a Maite.

- ¿Quién **** es? _–Gritó, respondiendo así a la llamada.

Me asusté con su respuesta, ¿por qué me hablaba así? Miré el reloj y me di cuenta de que eran las 2 y media de la madrugada… la había despertado y ninguna persona que la despierta vive para contarlo.

- Mai... _–Intenté hablar.
- Joder Annie, ¿eres tú?_ –Respondió, sin casi dejarme hablar.
- Sí, es que…
- A ver, ¿qué quieres a las 2 y media de la madrugada? ¡Espero que sea importante! _–Nuevamente no me había dejado hablar.
- Dulce se fue sin avisar y… no sé donde está, y me preocupo… -Expliqué, casi con miedo de la reacción que pudiera tener.

Sí, Maite es la mujer más comprensible que nadie pueda conocer, pero a la hora de dormir… a la hora de dormir, como alguien la despierte, puede darse por muerto. Es el demonio en persona.

Respiró hondo- Escucha atentamente lo que te voy a decir, ¿vale? –Yo ni si quiera respondí, solamente la escuché- Dulce está PERFECTAMENTE, ¿vale? BUENAS NOCHES.
- ¿Tú sabes dónde…
- ¡Sí, lo sé! –-Volvió a no dejarme hablar, sabiendo perfectamente cuál iba a ser mi pregunta- No te voy a decir por qué lo sé ni dónde está, simplemente que está bien. Y ahora vete a dormir, ¿vale?

Y no me dio tiempo a responder, me colgó sin más, dejándome igual o peor que antes de hablar con ella. Estaba bien… pues genial, pero yo no me conformaba simplemente con eso. Justo cuando iba a llamar a Dulce y mi paciencia había acabado, escuché que la puerta se abría. Me encontraba en el cuarto, así que me dirigí corriendo a la entrada y la vi entrar, por fin. Llevaba entre sus manos un papel y su cara expresaba bastante enfado.

- Dul… ¿qué pasó? ¿A dónde fuiste? ¿Qué…
- Ven, nos vamos –_Dijo, agarrando mi mano, volviendo a abrir la puerta.
- ¿Cómo que nos vamos? ¿A dónde nos vamos? ¿Puedes explicarme qué pasa? _–Preguntaba yo, mientras ella me sacaba del apartamento.
- En diez minutos te enterarás.

Afortunadamente no me había puesto el pijama pues, de ser así, habría hecho un gran ridículo. Definitivamente no entendía nada, pero ella parecía tenerlo todo claro, muy claro.

- No entiendo nada, son las 2 de la mañana, ¿a dónde…

No, no acabé la frase. ¿Por qué? Pues porque nada más salir vi un coche aparcado y, dentro de él, a Claudia.

- ¿Claudia? –_ Dije, totalmente sorprendida.

Ella asomó la cabeza por la ventanilla, sonrió y asintió con la cabeza.

- ¿Puedes explicarme algo, por favor? –- Exigí a Dulce, pues ahora sí que estaba demasiado perdida.
- ¿Confías en mí?
- ¡Estoy harta de que me preguntes eso!- –Grité, ya de los nervios- Confió en ti, ¡pero eso no tiene nada que ver! Quiero que me cuentes lo que pasa, no que te largues y decidas solucionarlo todo tú sola -–Ella sólo me miró, en silencio- No eres la mujer maravilla, ni súper-woman ni… ninguna superhéroe, ¿vale?

Volvió a mirarme en silencio, suspiró y luego, varios segundos después, me sonrió, cortamente.

- Tienes razón- –Habló por fin- y te lo voy a contar todo… pero todavía no –-Eso provocó que la mirara mal- Porque sé que si te lo digo no vas a querer, pero es lo que hay que hacer… -Añadió- Así que cariño, por favor, confía en mí una vez más… ¿vale?
No me dejó acabar la frase, simplemente abrió la puerta del coche y jaló de mí, consiguiendo que ambas nos sentáramos en la parte de atrás.

- Dulce, ¿estás segura? –-Dijo Claudia, ya con nosotras dos dentro, desde el asiento de adelante.
- Completamente, esta mentira se acabó hoy –-Dijo muy seria, algo que me sorprendió, entrelazando su mano con la mía.

Y no, definitivamente cada vez entendía menos. ¿A dónde podíamos ir a las 2 de la madrugada? Sólo sé que íbamos a arreglar algo, no sé el qué, pero algo íbamos a arreglar.
Claudia puso en marcha el coche y comenzamos el camino hacía… hacía no sé dónde. La gran sorpresa que me llevé fue cuando nos paramos, ya que estábamos en frente de mi casa… sí, leyeron bien, en frente de mi casa.

- ¿Qué hacemos aquí? -–Pregunté, asustada, sintiendo cómo me temblaba hasta el pelo.
- Aclarar las cosas de una vez por todas- –Respondió, saliendo del coche, al igual que Claudia.

Las dos se quedaron mirándome desde afuera, pero yo no tenía ninguna intención de salir. No estaba preparada para otro rechazo, lo sentía infinitamente, pero me era imposible soportar otro rechazo de mi propia madre.

- Annie, vamos -–Pidió Dulce, extendiendo su mano.

Yo simplemente negué con la cabeza, con los ojos mis ojos completamente llenos de lágrimas.

- No puedo, no puedo, lo siento… pero no puedo -–Dije rápidamente.
- Claro que puedes cariño… eres la mujer más fuerte que conozco –- Me dijo, con una sonrisa, entrelazando su mano con la mía, algo que… sí, me tranquilizó, pero no lo suficiente- No podemos seguir así, vamos a aclarar las cosas…
- ¿Qué es ese pacosas…- Pregunté, refiriéndome al papel que tenía en las manos desde que regresó a casa.
- La prueba de ADN que confirma que Claudia y yo somos hermanas…

Me sorprendí mucho con aquella noticia, pues ya estaba confirmado, era completamente cierto.

- Y ahí dentro está mi mamá también, es el momento de que nos den explicaciones, a las tres -–Añadió.
- Dul... es que… yo ya tuve bastante con todo lo que me dijo…
- Pues precisamente por eso, cariño… Te mereces una explicación y una disculpa - –La miré, en silencio.Ella tenía razón- ¿Vamos?–Preguntó, volviendo a tenderme la mano.

Respiré hondo, pensé un momento y, por fin, agarré su mano y salí del coche. Nos dirigimos a la puerta y llamamos al timbre. Estaba nerviosa, muy nerviosa, temblando. Tenía muchísimo miedo de lo que pudiera suceder, pero Dulce tenía razón, había que solucionarlo.
La puerta se abrió y, detrás de ella, apareció mi madre.

- ¿Qué hacen aquí?


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Re: A mil por hora

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 9:32 pm

Treinta y cuatro (último capítulo)

- ¡Hermanita! ¡Cómo te extrañé!

Por fin tenía entre mis brazos a mi hermano. Lo había echado mucho de menos durante estos seis meses. Pues sí, ya habían pasado seis meses…
- ¡Y yo a ti, carai! –Respondí, alejándome de él y dándole un largo beso en la mejilla.

- ¡Hola primita! -–Saludó ahora a Dulce, quien estaba detrás de mí.

Mi hermano saludó uno a uno a todos… a mí, a Dulce, a mi madre, a mi padre y a Maite. Y, sí, ya les explico qué ha pasado todo este tiempo… Poco a poco mi mamá había aceptado la situación y ya, por fin, nos trataba como lo que éramos… una pareja, con todas sus letras. Dulce y yo estábamos cada día más enamoradas, algo realmente sorprendente, pues me parece increíble poder amarla más… En estos meses no ha habido ni una pelea, ni una discusión… nada, absolutamente nada. ¿Qué más podía pedir? Todo era perfecto, mágico, como de cuento. Yo había empezado la universidad y ahora tenía menos tiempo para ella, pero eso no nos impedía nada, pues siempre sacábamos un momento para estar juntas… y si no lo había, lo inventábamos. Además, afortunadamente, el museo en el que habían expuesto el dibujo de Dulce, la había contratado y hacía exposiciones cada cierto tiempo, lo que le permitía ganar dinero y vivir de ello, como siempre quiso.

De repente e interrumpiendo los saludos, llamaron al timbre.

- Deben ser mi hermana y mi mamá, voy a abrir -–Dijo Dulce, dirigiéndose a la puerta.
- ¡Hola, hermanita! -–Oí gritar a Claudia desde la entrada.

Sí, con Claudia y Blanca también estaba todo arreglado y normalizado. Aquella noche, Claudia y Dulce se fueron y estuvieron hablando horas y horas, contándoselo todo, todo lo que no pudieron compartir… se unieron de una forma increíble, algo de lo que me alegré enormemente. Y con Blanca… con Blanca fue más difícil, mucho más. Fueron bastantes meses de incomodidad, Dulce no quería verla y ella insistía cómo podía… hasta que un día, por fin, volvieron a hablar y Dulce decidió perdonarla. No fue así de simple, su relación era bastante fría y avanzó poco a poco, lo importante es que ahora… ya todo volvía a ser como antes, o incluso mejor, pues ya no había mentiras por medio. Claudia ya era una más de la familia, nos visitaba casi todos los días y se preocupaba por Dulce de una forma increíble.

- Hola, hola- –Saludó Claudia con una amplia sonrisa, ya en el salón con nosotros.

Nos saludó uno a uno, al igual que Blanca. Claudia y Christopher se presentaron, pues aún no se conocían.

- Bueno, ¿qué? ¿Las tortolitas me van a enseñar su casita?- –Preguntó mi hermano.

Efectivamente, con lo de “tortolitas” se refería a Dulce y a mí. Se lo conté por teléfono. Al principio le chocó bastante y no lo comprendió, pero al cabo de unos días… hasta él mismo reconoció que éramos más que evidentes y lo aceptó, apoyándonos en absolutamente todo. Y, sí, Dulce y yo nos habíamos independizado. Vivíamos en el pisito que mi padre nos había conseguido. No era nada lujoso ni extremadamente grande, pero para una pareja de enamoradas era más que suficiente. Aunque al principio yo me negué, pues la única que iba a poder pagar el alquiler era Dulce, pero… ya saben cómo es de cabezota, si se le mete algo en la cabeza no se lo saca nadie, así que tuve que aceptarlo.

- ¡Claro que sí! Vámonos, está aquí al lado -–Respondió Dulce.
- Los acompaño -–Añadió Maite.
- Y yo- –Se sumó Claudia.
- ¡Con cuidado! –-Dijo mi madre, mientras nosotros salíamos de mi casa.

Nos dirigimos caminando a nuestro apartamento, todos juntos, charlando por el camino. Llegamos y le mostramos el piso a mi hermano.
- Es muy bonito -–Dijo, con una amplia sonrisa.
- Sí, no es muy grande, pero para dos personas está perfecto –-Respondí yo.

Él continuó admirando el piso, comentando con Claudia y Maite. Mientras yo, busqué a Dulce con la mirada y me di cuenta de que se dirigía a la cocina, así que la seguí. Se encontraba de espaldas a mí, cogiendo unas copas. Me acerqué a ella por detrás y la abracé por la cintura.

- ¿Qué hace aquí la mujer más hermosa del mundo?- –Pregunté con una tierna sonrisa, acercando mis labios a su mejilla, dejando ahí cortos besos.
Pude notar como sonreía- Estoy cogiendo las copas, para hacer un brindis –-Explicó, dejando dichas copas en la encimera y dándose la vuelta, permitiéndome así verla a los ojos.
- ¿Y por qué quieres brindar? –- Pregunté, entrelazando nuestras manos.
Sonrió- Pues… -Pegó nuestras frentes, mientras su mirada vagaba por toda mi cara- Por ti… por mí… y porque todo ha salido bien, como te prometí.
- Te amo -–Dije, súbitamente.
Su sonrisa pasó a ser mucho más amplia- Y yo a ti.

Llevé mi mano derecha a su mejilla derecha, con autoridad, haciendo un intento por unir nuestros labios en un beso… y digo “intento”, porque no lo logré, ya que:

- ¡Tórtolas! –- Interrumpió Claudia, acompañada de Maite, quien se reía al ver que nos separamos bruscamente por el “grito”- Nos descuidamos unos minutos y ya vienen aquí a besarse a escondidas- –Nos reprochó, riéndose.

Aunque en estos meses esta situación se había repetido muchas veces, me era imposible no ponerme igual de roja cómo un tomate cada vez que nos decían esas cosas.

- Sólo estábamos cogiendo las copas -–Disimuló Dulce, volviendo a coger las copas, provocando la risa de todas.
- Sí, claro que sí, Dul –- Dijo Maite, irónicamente, entre risas.
- Ay, déjennos en paz –- Exigí, riéndome.

Regresamos con los demás y propusimos hacer un brindis. Servimos el vino, cada uno cogió una copa y planteamos la duda que siempre solía surgir en estas ocasiones.

- ¿Por qué brindamos? -–Preguntó mi hermano.

Se creó un gran silencio, todos nos miramos, supongo que buscando un motivo por el cual brindar. Claudia sonrió ampliamente, nos miró a mí y a Dulce, alzó su copa y dijo:

- Porque estas dos han podido con todo y han tenido un final feliz.

Sonreí ampliamente al escuchar aquello, lo que me hizo mirar a Dulce también y encontrarme con otra sonrisa de su parte.

- ¡Pues brindemos entonces! -–Decidió Maite, alzando también su copa

Así fue, el resto alzamos nuestras copas y las fuimos chocando unas con otras, para luego tomarnos el vino. Yo sellé ese brindis dando un corto beso a Dulce en los labios, feliz, inmensamente feliz.
Nos sentamos, sacamos algo de picar y al final se nos fue la tarde entre risas. Cuando ya casi estaba anocheciendo, fue cuando decidieron marcharse y dejarnos solas por fin, aunque recogiendo y limpiando el desastre que habíamos montado entre todos.
Yo fregando los platos, mientras, según yo, Dulce los secaba y colocaba. Y digo “según yo”, pues sí, supuestamente eso era lo que estaba haciendo hasta que sus manos rodearon mi cintura, y sus labios se acercaron peligrosamente al lóbulo de mi oreja.

- Por fin solas… -Me susurró, comenzando a dejar besos en mis mejillas.

Esos susurros al oído aún eran capaces de hacerme temblar, y cada día más.

- ¿No tuviste suficiente con lo de anoche?- –Pregunté, cerrando el grifo y secándome las manos, haciendo mención a la mágica noche que habíamos pasado y que, afortunadamente, llevaba repitiéndose día tras día.
- Nunca tengo suficiente… -Respondió, llevando sus manos a mi cintura y dándome la vuelta, consiguiendo que la mirara- Ya lo sabes.
Sonreí pícaramente, llevando mis manos a su cara y acariciándola- Ya sé, y eso me encanta…
- ¿Te encanta? - –Preguntó, siendo ella ahora la que sonriera pícaramente, metiendo sus manos por dentro de mi camisa.

Eso me hizo temblar, una vez más, cómo siempre… y solamente fui capaz de asentir con la cabeza y mantener mi sonrisa.

- He pervertido a la niña buena y pija… -Comentó, algo que me hizo reír.

- Pues sí, la has pervertido -–Respondí yo, pasando mis manos alrededor de su cuello, mientras mis labios comenzaban a alternar entre sus labios y sus ojos- y la has enamorado locamente… -Añadí, dejando salir también mi lado romántico.


Después de mi frase se creó un gran silencio. Ella sonrió, sonrió tiernamente, mirándome con dulzura, con una dulzura que sólo ella tenía. Sacó su mano derecha de debajo de mi camisa y la dirigió a mi mejilla, acariciándola.

- Te amo Annie… y cada día más –- Sonreí tiernamente, emocionándome al pensar cada palabra que venía ahora- Ya sé que te lo digo todos los días, pero es que es así… Aún sigo sorprendiéndome al ver cómo, día a día, con una simple mirada, un beso o una sonrisa eres capaz de hacer que mi corazón se dispare y vaya “a mil por hora”, que sienta el doble o el triple… -Mi piel estaba completamente erizada, mi corazón latía completamente descontrolado- Y sé que tú eres la única capaz de hacerme sentir esto, nadie más…
- Yo también te amo cariño y…

Llevó su mano a mis labios, negando con la cabeza, en señal de que no hablara, algo que no entendí.

- Quiero pedirte algo… -Me dijo, soltando mi cara y dando un paso atrás, alejándose de mí.
- ¿Pedirme algo?- –Me sorprendí, mientras ella asentía con la cabeza.
- Nunca… nunca me lo había planteado, y esto es totalmente improvisado, ¿vale? –Comenzó a “disculparse” incluso antes de empezar, algo normal en ella- Sé que podría haber sido mucho más romántico que en una cocina, pero… pero sé que eres el amor de mi vida, cariño y… no sé, probablemente esto sea una locura, pero sé que no me arrepentiré y..
- Dul, dispara ya, me tienes en ascuas- –Rogué, realmente nerviosa e intrigada, sin la más mínima idea de qué podía estar hablando.

Ella cerró los ojos, respiró hondo y volvió a mirarme. Sin más agarró mi mano y se arrodilló ante mí, lentamente.

- Any… mi vida… ¿quieres casarte conmigo?

Aire. Aire. Aire. Aire. Aire. Aire. Aire. En ese momento necesitaba aire, respirar. Ayuda, socorro, S.O.S. Me estaba pidiendo que me casara con ella… que me casara, CASARME. Dios mío, no podía estar pasando, tenía que ser un sueño. Tenía razón en decirme que era una locura, una completa locura que sólo se le puede ocurrir a una loca como ella.

- Respóndeme, por favor, porque sino creo que me va a dar un paro cardíaco… -Me dijo.

Locura, completa locura, sí, pero ella tenía razón… No nos íbamos a arrepentir, y ¿por qué no? Las locuras están para hacerlas y como en nuestra relación todo ha sido “a mil por hora”, ahora no iba a cambiar.
También me arrodillé para quedar a su altura y poder mirarla a los ojos. Estaba emocionada, nerviosa, temblando… pero aún así pude hablar.

- Sí… claro que sí… -Respondí por fin, observando cómo ella sonreía ampliamente- Te amo y…

Y no pude acabar… No pude, porque ella agarró mi cara y me besó, locamente, con pasión, con deseo… cómo sólo ella sabía hacer, cómo sólo ella era capaz... y es que sólo ella era capaz de conseguir que sintiera esto.
Correspondí al instante, de la misma forma, dejando total libertad a mi lengua y explorando cada milímetro de su boca, jugando con ella, quedándome sin aire a los pocos segundos.
Agarró mi cara con decisión, con fuerza, gesto que hizo que me excitara, por alguna extraña razón. Se puso en pie, agarró mi mano y jaló de mí, levantándome también, volviendo a agarrar mi cara para volver a besarme, pegándome a una de las paredes de la pequeña cocina. Llevé mis manos a su cintura, comenzando a levantarle la blusa, despojándome rápidamente de ella, algo que nos obligó a separarnos unos segundos. Mientras nuestros labios volvían a unirse, la agarré por la cintura y la pegué a mí, acariciando su espalda casi desnuda, llevando mis dedos al broche del sujetador, dispuesta a librarme de esa prenda también. Y así fue, en menos de un minuto ya la tenía desnuda de cintura para arriba, frente a mí.
Volvió a ser ella quién dio un parón en seco, dejando libre mi cara. Llevó sus manos a mi camisa y en pocas milésimas de segundos, me la quitó. Sin más llevó sus manos a mi trasero y me levantó, cogiéndome en brazos, mientras yo la abrazaba por la cintura con las piernas, para mayor comodidad. Estaba loca… estaba completamente loca, pero eso sólo la hacía más deseable.

- Nos vamos a matar –- Dije, riéndome, mientras ella caminaba y me llevaba en brazos, dirigiéndose hacía algún lugar de la casa.
- Si nos matamos, nos matamos juntas -–Respondió entre risas.

Supe que me llevaba al cuarto, cuando atravesamos el salón. Abrió la puerta cómo pudo, aceleró el paso y al llegar a la cama trató de tirarme, pero no pudo, pues jalé de ella y conseguí que ambas cayéramos.

- Bruta- –Me dijo, mientras comenzaba a besar mi mejilla, posicionada encima de mí.
- Loca- –Respondí yo, aún abrazada con mis piernas a su cintura, mientras notaba que sus besos comenzaban a dirigirse a mi cuello.
- Caprichosa –- Contestó, dispuesta a devorar mi cuello.
Agarré con firmeza su cara para que me mirara, con una sonrisa pícara- Y eso te encanta

Dicho eso volví a besarla con locura, como antes, haciendo un rápido movimiento y dejándola debajo. Ella, aprovechando que yo estaba demasiado entretenida en sus labios, fue subiendo sus manos a mi espalda y desabrochó mi sujetador, gesto que me hizo sonreír y ayudarla a que me lo quitara, lanzándolo por algún lugar del cuarto, como siempre. Volvimos a besarnos. Ella llevó sus manos a mi trasero y lo apretó con firmeza, pegándome a ella, gesto que me hizo temblar y hasta quedarme sin aire, lo que me hizo separarme para coger aire. Nuestras frentes quedaron pegadas, mientras nos mirábamos intensamente, fijamente. Ella, cuando comprobó que yo ya había cogido el aire suficiente, volvió a colocarse encima de mí y a atrapar mis labios en un loco beso. Mientras, poco a poco, su mano empezó hacer un recorrido… un recorrido que pasaba dese mi hombro derecho, hasta mi pecho derecho, quedándose ahí unos largos segundos, acariciándome, provocando que mi piel se erizara al instante, para seguir bajando, acariciar mi abdomen y llegar al botón de mi pantalón. En ese momento rompió el beso, me miró, me sonrió y, dejando pequeños besitos en los mismos lugares por los que acababa de acariciarme, llegó hasta el pantalón. Despacio y sin prisas me lo quitó, con mi ayuda.
Decidí que ella también tenía ya demasiada ropa, por lo que me incorporé, jalé de ella y la acosté en la cama, llevando mis manos directamente a su pantalón, provocando su risa, que fue acompañada de:

- La niña caprichosa se calentó…

“La niña caprichosa se calentó”… Dios mío, ese comentario, esa mirada, esa sonrisa, esos labios, ese tono de voz, esa forma de decirlo… hizo que mi excitación se disparara y, ahora sí, mi calor fuera incontrolable.
La miré, la miré con ganas de comérmela allí mismo… pero no lo hice, sonreí pícaramente y le dije:

- Te vas a enterar…

Sin más le desabroché el pantalón y, lo más rápido posible, se lo quité, dejándolo caer al suelo. Me senté en su abdomen, agarré su cara y la besé con deseo, despacio, jugando con ella y rompiendo el beso cuando menos se lo esperaba, dejándola con ganas de más. Pude notar la excitación en sus ojos, en su mirada, en su sonrisa, en su forma de hablar cuando me dijo:

- Mala...

Y eso sólo consiguió que mi excitación aumentara. Su mano se dirigió a mi espalda, acariciándola de arriba a abajo, deteniéndose en mi trasero. Yo la observada de desde arriba. Observaba su mirada, como me miraba, cómo miraba mi cuerpo desnudo frente a ella. Sonreí, quería calentarla aún más, así que agarré sus manos y las coloqué detrás de su cabeza, agarrándolas con firmeza, impidiendo que me tocara. Sin soltarlas, me incliné y pegué mi frente con la suya, mi nariz con la suya, con mis labios apenas a milímetros de los suyos. Intentó besarme, pero me hice para atrás, impidiéndoselo, con una sonrisa. Intentó liberar sus manos, pero no la dejé, algo que pareció excitarla aún más, su cara me lo decía.

- Any… no juegues… -Me rogó, gesto que me indicó que no podía más, aunque con una sonrisa, mirándome intensamente a los ojos.

Estaba ardiendo, todo su cuerpo ardía, lo podía notar… aunque yo no me quedaba atrás, estaba igual o peor que ella.

- No juego cariño…

Sabía que ya casi iba a tener que soltarla, por lo que eché un último vistazo a su cuerpo indefenso bajo de mí. Su pelo, ya totalmente despeinado a causa de nuestros bruscos movimientos. Sus ojos, en los que se reflejaba una tremenda excitación. Su boca, ligeramente abierta, pues tenía la respiración acelerada y ya con respirar por la nariz no le era suficiente. Sus pechos, redondos, perfectos… pff… me estaban llamando y yo no podía obviar más su llamado. Y por último, su abdomen, plano, perfecto, ligeramente marcado al estar con los brazos hacia atrás.

- Deja de comerme con la mirada y cómeme de verdad…

Ese comentario, ese… ese preciso comentario fue el que me hizo subir rápidamente mi mirada para encontrarme con sus ojos. Con esos ojos llenos de deseo y pasión, que me pedían que acabara ya con esa tortura. Ahora sí no pude aguantar más, entrelacé mis manos con las suyas y, con una pasión incontrolable, atrapé sus labios. Ella me recibió con deseo, llenando mi boca con su lengua, consiguiendo que jugáramos incanzablemente. Liberé sus manos, para dirigir mis manos a sus pechos y cubrirlos por completo, ansiosamente. Ella, sorprendente para mí, jaló suavemente de mi cabello, rompiendo de súbito el beso, para dirigir sus labios a mi cuello y devorarlo.
Ya no pude controlarme más, mis suspiros empezaron a salir de mis labios, sin poder evitarlo. Era… era increíble cómo esta mujer podía conseguir que siempre sintiera más, que siempre me hiciera temblar más… era increíble, y sabía que sólo ella era capaz de hacerlo.
Sin liberar mi cuello, volvió a posicionarse encima de mí, bajando sus mordisquitos y besos a mi pecho izquierdo, abordándolo, provocando la erección de cada poro de mi piel. Mientras sus labios se entretenían ahí, su mano comenzó a vagar, a acariciarme el abdomen, continuando su bajada, llegando a mi intimidad. Cuando su mano llegó ahí, en ese preciso momento e inevitablemente, un ligero gemido se escapó de mi boca. Dejó libre mis pechos y pegó su cara a mi frente, con una sonrisa, mirándome intensamente, mientras sus dedos comenzaban a hacer movimientos circulares, cada vez más rápido. Cerré los ojos y suspiré, suspiros que poco a poco fueron convirtiéndose en gemidos. Mis caderas comenzaron a moverse al mismo ritmo que sus dedos, mientras ella llevaba sus labios a mi mejilla y dejaba ahí cortos besos y pequeños mordisquitos. Cuando menos me lo esperaba, entró en mí, provocando que todo mi cuerpo temblara y mis manos se aferraran a su espalda, incluso creo que clavándole las uñas. Aún así, eso no la detuvo, siguió moviendo sus dedos, en círculos, de arriba a abajo, con rapidez... no sé ni cómo, sólo sé que yo estaba gimiendo de placer y llegando a las nubes. En pocos segundos llegó al clímax y un ensordecedor grito se me escapó… Noté cómo, lentamente, iba disminuyendo la rapidez y su mano regresaba a mi abdomen, despacio. Abrí los ojos, por fin, encontrándome con esa mirada, con esa sonrisa… Aflojé mis dedos y dejé libre su espalda, tratando de recuperar la normalidad en mi respiración, mientras ella llevaba su mano derecha a mi mejilla y entrelazaba su mano izquierda con la mía.

- La imagen de tu cara mientras te hago el amor, se va a quedar grabada en mí para siempre…

Ese comentario me hizo mirarla al instante, provocando que un color rojizo se apoderara de mis mejillas y una sonrisa se dibujara en mis labios.

- No vas a tener que grabarla, es la única cara que vas a poder ver el resto de tu vida, Dulce María… -Le dije lo más seria que pude, tratando de darle algo de celos a mis palabras, pero con una tonta sonrisa en mis labios.
- Eso ni lo dudes, cariño… -Respondió, dándome un corto beso en los labios.

Llevé mi mano libre a su espalda, acariciándola.

- ¿Entonces ya soy la prometida de Dulce María Espinoza Saviñón? –-Pregunté con una tierna sonrisa.

Ella se quedó mirándome un momento, con una amplia sonrisa dibujada en sus labios.

Asintió con la cabeza- Así es señorita Puente, está usted oficialmente prometida conmigo.
- ¿Oficialmente? Yo aún no veo ningún anillo en mi mano… -Dije en broma, provocando una risa por parte de ella.
- Tienes razón- –Admitió- Fue un desastre, inesperado, pero tendrás anillo… te lo prometo.
Negué con la cabeza, sonriendo, agarrando su cara con mis dos manos- No necesito anillo cariño… con tenerte a ti el resto de mi vida, tengo suficiente.
- Te amo Any… te amo… -Me dijo de súbito, agarrando una de mis manos que cubrían su mejilla.
- Y yo a ti mi amor…
- ¿Ya viste como “a mil por hora”, también se puede vivir una historia de amor?
- Pues si… y “a mil por hora” seguiremos viviéndolo, para siempre.
- Para siempre.

FIN..

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