Creo Que Te Quiero. Mi primer beso

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Capitulo 90

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:12 am

—¡Qué fuerte! —susurré.
Lauren no podía haberle roto una costilla a Patrick. Y sólo porque Patrick hubiera intentado besarme estando borracho. De ninguna manera.
—¡Eh! ¡Eh! ¡Tierra llamando a Camz! —No fue hasta que Jane chasqueó los dedos delante de mi nariz que me di cuenta de que seguían hablándome.
—¿Sí?
—¿Jauregui te acompañó a casa o qué? —preguntó Karen. ¿Cuándo había llegado Karen?—. Lo vi sacarte a rastras.
—Oh, eso. Sí. Me llevó a casa, y creo que volvió a la fiesta, ¿no? —Esperaba que no sonara demasiado a trola. Nunca había creído que fuera muy buena mintiendo. Hasta que comenzó toda esa situación con Lauren no había tenido mucha práctica.
—No, me parece que no —indicó Olivia, pensándoselo.
—Qué raro... —repuse encogiéndome de hombros—. Vuelvo dentro de un minuto. Quiero saber cómo está Patrick.
Me fui antes de que pudieran arrastrarme a otra conversación. Cogí a Joel por el brazo, porque fue el primer chico al que encontré.
—Oh, hola —dijo El, sonriendo—. ¿Qué pasó el sábado? He oído que Jauregui te llevó a casa a rastras después de lo de Patrick.
—¿Es verdad que Patrick tiene una costilla rota? —quise saber.
—No sé..., alguien me dijo que podía ser —respondió Joel—. Pero no está en el hospital; va a venir a clase.
—Pues Jauregui debió de largarle un buen puñetazo.
—Me alegro de no haberlo recibido yo —rió Cameron.
—Mierda, sí —coincidió Joel.
—¿Sabéis si ya ha llegado? —pregunté.
—¿Quién, Jauregui? No tengo ni idea —contestó Cameron.
—No..., no..., Patrick —aclaré, balbuceando de impaciencia.
El se encogió de hombros.
—No lo he visto.
—Vale, gracias.
—Espera —me llamó Joel—. ¿Adónde vas, Camz?
—A buscar a Lauren —solté, lo suficientemente alto para que todos me oyeran. Salí corriendo hacia donde solía dejar el coche Lauren: en el rincón del fondo del aparcamiento, bajo el gran árbol. Y como era de esperar, percibí las señales que indicaban que ella estaba allí: las risitas de las de primero al verla, mientras trataban de esconderse detrás de otros coches; otras chicas en sus vehículos, tratando de que Jauregui las mirara...
Pasé rápidamente entre las perezosas formas junto a los árboles. Había un par de fumetas bajo un roble; algunos chavales enormes del equipo de lucha bajo otro. Lauren tenía un cigarrillo en la boca en ese momento, y estaba apoyada contra un enorme sicomoro. Estaba haciendo algo con el móvil, con aspecto de estar ocupada y aburrida al mismo tiempo.
Siempre era difícil decidir cuáles eran los amigos de Lauren. Podía estar con los tíos del equipo de fútbol americano, con las tias tambien, o con algunos de su clase. Pero iba cambiando. Aunque no era ni una solitaria ni una proscrita, tampoco era amiga de casi todo el mundo, como Chris o yo. Seguramente resultaba un poco demasiado intimidante para eso.

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Capitulo 91

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:12 am

—¡Lauren! —grité, sin hacer caso de las miradas molestas o atónitas, tanto de las chicas que espiaban a Lauren como de la cantidad de gente que se preguntaba qué demonios estaba haciendo.
Ella me miró y, al ver lo enfadada que estaba, se apartó del árbol.
—¡No puedo creerlo! —le grité.
Ella vino lentamente hacia mí. En el camino dejó caer el cigarrillo y lo aplastó bajo las botas negras que llevaba normalmente. Se metió el móvil en el bolsillo trasero del pantalón.
—¿Qué? —preguntó con total inocencia. La empujé en el pecho tan fuerte como pude, una y otra vez, un empujón con cada palabra.
—¡Le... has... roto... las... costillas!
Mis empujones no tuvieron ni el más mínimo efecto sobre el musculoso y sexy cuerpo de Lauren, pero noté que se estaba poniendo de los nervios. Como si una mosca estuviera rondándole la cabeza.
—¡Patrick! ¡Todos dicen que le rompiste una costilla! ¡Tuvo que ir al hospital!
Lauren. Ni siquiera alzó las cejas ni pareció sentirse culpable en lo más mínimo. Sólo sonreía.
—Sí, ya lo he oído.
—Podría denunciarte —siseé.
—Sí, pero ambas sabemos que no lo hará.
—Pero ¡no hizo nada! ¡Y no tiene por qué parecer que te alegras! —le chillé, empujándola de nuevo—. Le rompiste la costilla... sin ninguna razón.
—¡Pues claro que sí! —me gritó Ella a mí—. Ese tipo estaba molestándote. Y cualquiera podía ver que estabas tratando de apartarlo.
—¡Estaba borracho!
—No me importa si estaba borracho, colocado o sólo atontado —repuso Lauren, acercándoseme mucho—. Sólo me preocupo por ti, Camz, y el tío se merecía lo que recibió.
—¿Una costilla rota? ¡Seguramente no podrá jugar al fútbol en semanas!
—Entonces no debía haber intentado nada contigo —replicó Lauren con firmeza—. Si tiene una costilla rota no es problema mío. ¿Y por qué te importa a ti?
—¡Le hiciste daño por algo estúpido! ¡Eres..., eres... una bruta adicta a la violencia!
Le pegué en el pecho con ambas manos, y Lauren me cogió las muñecas con fuerza. La miré furiosa y traté de soltarme, pero no pude; era demasiado fuerte. Con todos esos gritos, nos habíamos ganado una buena cantidad de público. Alguien me cogió suavemente por el hombro.
—Mila, vamos —me dijo Chris en voz baja—. Cálmate. Calmaos las dos.
Lauren lo miró poniendo los ojos en blanco.
—¿Que me calme? —exclamé—. Tu hermana ha pegado a alguien por una confusión de borracho y le ha roto una costilla. ¿Es que no ves que aquí hay algo que no está bien?
—No he dicho que eso estuviera bien —me contestó tranquilamente—. Pero cálmate.
Apreté la mandíbula antes de darme cuenta de que Chris tenía razón, como de costumbre. Tiré para soltarme de Lauren, y esta vez Ella me dejó ir. Pero seguimos mirándonos furiosas.

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Capitulo 92

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:13 am

—No puedo creerlo —dije. Lauren sólo se encogió de hombros.
—A veces te odio. Lo sabes, ¿verdad?
—Sí, lo sé —contestó Ella como si nada, mirándome con ojos brillantes, y con algo más que hizo que el corazón me diera una voltereta.
«¡No! ¡No le dejes hacerte esto! Sigue enfadada con Ella. Estás furiosa con Ella, Camz, ¿recuerdas?. Ha hecho daño a alguien sin ninguna razón. No dejes de estar furiosa con Ella sólo porque te está echando esa mirada y tú quieres besarla.» Antes de rendirme y hacer algo estúpido, agarré a Chris y nos marchamos a toda prisa. Ni siquiera tuve que abrirme paso entre la gente. Se apartaban para dejarme pasar, y luego volvían a acercarse para comentar la jugada.
—Pensé que la ibas a matar —me dijo Crish, sin conseguir ocultar la risa en su voz.
—No del todo —mascullé—. ¡Arg, a veces me pone tan furiosa...! De verdad, ¡no hacía ninguna falta que le rompiera una costilla a Patrick!
—Mira, sé que eso es lo que dice todo el mundo, pero tú especialmente deberías saber que es posible que la cosa se esté exagerando. Quizá no sea tan grave. Y se trata de Lauren Dios es una chica, ya sabes cómo es. No sé por qué te cabreas tanto.
—¡No puedo hacer nada ni tenerla todo el tiempo mirando por encima de mi hombro! Y no empieces con esa historia de que soy demasiado buena o tonterías de ésas. Estoy hartándome bastante de que todos me estéis protegiendo permanentemente.
Y quizá sí había necesitado la ayuda de Lauren en su fiesta hacía unas semanas. Y le agradecía que hubiera estado ahí para parar a Patrick. Pero era la forma en que actuaba, como si diera por hecho que yo iba a hacer lo que Ella me mandara. Chris suspiró, derrotado, pero me sonrió mientras alzaba las manos en señal de rendición.
—Mira, sé que estás furiosa con Ella, pero no lo pagues conmigo. Y entiendo lo que dices. Intentaré hablar con Ella, ¿qué te parece? Le pediré que se calme un poco.
No sabía por qué había reaccionado tan exageradamente esta vez. Supuse que era porque tenía los nervios de punta, temiendo que Chris pudiera descubrir lo que yo había hecho después de la fiesta.
—Dudo que sirva de algo —repuse.
—Sé que no servirá.
—Pero gracias por ofrecerte.
—No hay problema. ¿Ya has hecho los deberes de literatura? Porque no he encontrado el momento de hacer la conclusión y estoy colgado.
Sonreí. Chris siempre conseguía que me sintiera mejor. Lo quería, de verdad que quería mucho a mi mejor amigo. Y su optimismo me resultaba contagioso, así que no podía seguir furiosa con El durante mucho rato. Lo opuesto a su hermana, claro. Su estúpida y sexy hermana.

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Capitulo 93

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:13 am

Llamadme cobarde, pero me escondí en la biblioteca a la hora del almuerzo. No soportaba la idea de enfrentarme a más preguntas sobre por qué me había puesto tan furiosa con Jauregui, cómo había podido hablarle así... Estaba pensando en irme a casa y saltarme las clases de la tarde, tan harta estaba de todos, pero no conseguía decidirme a salir de allí. Chris me había hecho compañía, claro, pero al final se tuvo que marchar. Yo medio esperaba encontrarme con Lauren, o peor, con alguna de las chicas, cuando fui hacia las aulas. No fue así. Mi karma debía de haber dado un subidón desde esa mañana.
Cuando sonó el último timbre, no pude ser más feliz. Había estado todo el rato observando la manecilla de los minutos arrastrarse lentamente alrededor del reloj durante la clase de química. Sólo quería salir de allí. Pero Chris tenía biología, así que tuve que esperarlo delante del instituto, apoyada en su coche.
—Hola, Camz.
Me volví y alcé la vista del solitario al que estaba jugando en el móvil. Sonreí, pero era un poco forzado.
—Patrick. Hola. ¿Cómo..., cómo está tu costilla?
El esbozó una media sonrisa.
—Bueno, no está tan mal como todo el mundo ha estado diciendo. Sólo son unos moretones, pero mi madre me envió a que me hicieran una revisión porque le cogió la paranoia de que me había roto algo —me explicó muy animado, y noté que se me quitaba un gran peso de encima.
—¡Oh, esto es fantástico! Bueno, no, no lo es..., pero quiero decir que todos estaban diciendo que tenías una costilla rota... Lo siento, Patrick, de verdad. Es culpa mía; no quería que te hicieran daño o...
—No, es culpa mía —me cortó El rápidamente—. He venido a disculparme. No te he visto durante el almuerzo.
—No tienes por qué disculparte —insistí yo.
—No, sí que tengo, y lo siento. No debería haber intentado nada así contigo, y toda la cerveza que llevaba encima no es ninguna excusa.
—No pasa nada, de verdad —le dije con convicción—. Siento mucho que Lauren se pusiera hecho...
—Sí, bueno, no te preocupes. Sólo era Jauregui actuando como Jauregui. Tú no tienes la culpa, Camz, así que no te comas el coco por eso. —Sonrió y le devolví la sonrisa.
Se oyó un carraspeo y ambos nos dimos la vuelta, para encontrarnos con un Lauren que echaba chispas por los ojos. No le hice ni caso y me volví hacia Patrick, que estaba intentando como podía no mostrar que quería huir hacia un lugar seguro.
—Bueno, espero que te mejores pronto.
—Gracias, Camz. Y de verdad que lo siento mucho.
—No te preocupes. Hasta la vista.
—Adiós —dijo El, mientras ya se marchaba.
Le lancé a Lauren una mirada de enfado y seguí jugando al solitario. Notaba que seguía ahí, mirándome.
—¿Qué quería y porque te llama Camz? —preguntó al cabo de un momento.
—Disculparse y ahora me gusta que me digan asi.
—¿Qué? ¿Eso es todo? ¿Sólo quería pedirte perdón?
Salí del juego y me metí el móvil en el bolsillo mientras le lanzaba otra mirada enojada.

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Capitulo 94

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:14 am

—Sí, ¡aunque deberías ser tú quien se disculpara con El por haberle hecho daño! ¡Tuvo que ir al hospital por tu culpa! —Pensé en hacerlo sentir un poco culpable, así que no añadí que Patrick sólo había ido al hospital porque su madre había insistido.
—No empieces de nuevo con eso... —Lauren se había acercado un par de pasos, y estaba de medio lado ante mí, tocándose el cabello.
—¿Empezar con qué, Lauren? —le solté.
—Estás de lo más buena cuando te enfadas conmigo, ¿sabes? —comentó con voz ronca.
Por un momento, se me quedó la mente en blanco y se me cortó la respiración. ¿Por qué tenía Ella ese efecto sobre mí?
—Cierra la boca, Lauren. Lárgate.
¿Y dónde estaba Chris? No debería tardar tanto... Miré alrededor. La mayoría de los otros alumnos ya se habían marchado, y unos cuantos tardones nos miraban con curiosidad. Finalmente vi a Chris y a Rachel junto al coche de ella, charlando muy monos y enamorados. Mierda. Ojalá se diera prisa.
—Siempre puedo llevarte yo, ya lo sabes —dijo Lauren. Me negué a responderle—. ¿Camz...?
Al final tuve que mirarla, y cuando lo hice, estaba sonriendo victoriosa, pensando que había ganado la discusión.
—¿Quieres que te lleve o no? —preguntó—. Chris va a tardar siglos, ambos lo sabemos. Mi oferta sigue en pie durante los siguientes treinta segundos. Los segundos van pasando...
Lo cierto era que yo sólo quería irme a casa. Pero para cuando Chris apareciera, seguramente ya habría acabado con la batería del móvil y me estaría muriendo de aburrimiento.
—Tic, tac —bromeó Lauren.
—¿Moto o coche?
—Moto.
—No.
Lauren soltó una carcajada.
—Sabes que en realidad no la odias tanto, Mila. Y te da una excusa para agarrarte a mí.
—He dicho que no.
Entonces se le puso esa extraña expresión en la cara, como si estuviera confusa, como si mi reacción la cabreara. Lo cierto era que no me había gustado nada mi última experiencia en su moto y no tenía ninguna prisa por repetirla, a no ser que no tuviera otro remedio. Algo así como si una horda de monos ninja me estuviera persiguiendo y la moto de Lauren fuera mi última esperanza de escapar. Luego, Lauren dejó escapar un suspiro y me rozó la mejilla un instante para que lo mirara.
—¡Vamos, Camz! ¡No te cabrees conmigo!
Me di cuenta de que ya no estaba hablando de Patrick.
—No estoy cabreada contigo. Bueno, lo estoy porque golpeaste a Patrick. Pero aparte de eso... no lo estoy; ya sabes, cabreada por la..., la otra noche.
—¡Oh, vamos! Llevas todo el día evitándome y ahora estás rara.
—No estoy rara.
—Sí que lo estás. No estás discutiendo conmigo como lo harías normalmente, y tampoco estás siendo la chica animada de siempre. Estás cabreada conmigo...
Suspiré.

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Capitulo 95

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:14 am

—No estoy cabreada..., es sólo que...
—¿Qué?
«¡Oh, Dios, no digas nada! ¡Invéntate algo! ¡Cualquier cosa menos la verdad!» Y, como de costumbre, mi boca pareció ponerse en marcha sin hacer caso de mi cerebro.
—Estoy preocupada por Chris, y..., y no quiero que te olvides de mí ahora que hemos..., ya sabes..., lo hemos hecho.
«Oh, no, no. He dicho “lo hemos hecho”. Muy bien, Camz. Eres una idiota integral.»
Lauren no pareció notar nada.
—Camz, pensaba que ya habíamos pasado por esa tortura contigo la otra mañana —respondió simplemente—. Ya te dije que no estaba contigo sólo por el sexo.
Podía ver en su rostro que era totalmente sincera. Sus grandes ojos eran francos e implorantes, y no había ni rastro de aquella sonrisita. Así que asentí.
—Muy bien.
Ella dejó escapar un suspirito de alivio.
—Entonces... ¿te llevo a casa? Si quieres, hasta te llevo directa a tu casa.
La sonrisita había vuelto, porque Lauren estaba convencida de que yo no iba a resistirme a la oportunidad de liarme con Ella otra vez. Y me tentaba..., pero entonces recordé que iba en la moto.
—Lauren, no tengo la más mínima intención de subirme a esa moto.
Ella alzó las manos en señal de rendición.
—Vale, vale, tú te lo pierdes...
Entonces fruncí el cejo.
—Sigo cabreada contigo porque casi le rompiste una costilla a Patrick. Y es importante porque perdiste los nervios y te portaste como una estúpida —añadí antes de que pudiera protestar.
—Lo sé —contestó con un suspiro.
La miré a los ojos y lo único que se me ocurrió como respuesta fue asentir con la cabeza. Esbozó una sonrisa medio de disculpa que la hizo parecer absolutamente adorable, pero yo mantuve una expresión neutra.
—Lo siento —añadió.
Asentí de nuevo.
—Deberías irte.
—Hum. —No parecía que estuviera totalmente de acuerdo conmigo.
—Adiós, Lauren —insistí con voz neutra.
Ella se entretuvo un momento y luego se alejó, y juro que la oí reírse por lo bajo. Bueno..., podría haber ido peor. Dentro de mi cabeza, una vocecita me decía que no habría estado metida en ese embrollo si no hubiera montado la maldita caseta de los besos.
Por fin acabaron las clases de la semana. No había visto mucho a Lauren, a no ser que contaran las veces que nos habíamos cruzado en el comedor o en los pasillos de camino a clase, o cuando la veía mientras yo estaba con Chris.
Era viernes por la tarde. El sol se estaba poniendo y manchaba el cielo de rosa y rojo antes de que se volviera negro como la brea y estrellado. Era muy bonito y pintoresco.
Los chicos estaban tirándose en bomba a la piscina; se retaban a ver quién salpicaba más, hacía la pirueta más bestia o cualquiera de las otras cosas estúpidas que hacen los chicos. Yo estaba estirada en una de las tumbonas con Rachel y la novia de Cameron, Lisa, que iba a una de mis clases. Estaban hablando de ir de compras, pero yo estaba totalmente satisfecha con quedarme allí tumbada y cerrar los ojos, completamente relajada, moviendo un pie al ritmo de la canción que salía de los altavoces.
La temperatura aún era lo suficientemente templada como para estar en bikini. No hacía exactamente un tiempo para tomar el sol, sobre todo a las nueve de la noche, pero resultaba agradable estar tumbada ahí.

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Capitulo 96

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:15 am

—Eh, ¿os vais a meter, chicas?
Abrí los ojos perezosamente y vi a Oliver, que sacudió su mojado cabello en mi rostro mientras se apoyaba en el borde de la piscina.
—Quizá dentro de un momento —respondí.
—Hum, quizá —dijo Lisa—. No sé...
—No, no quiero mojarme el pelo —admitió Rachel con una sonrisa tímida. Oliver puso los ojos en blanco, pero yo sonreí.
—¿No está muy fría? —preguntó Lisa, dudosa.
—Pruébala tú misma —la desafió Warren, que apareció en la superficie junto a Oliver.
—No, gracias —rió Rachel—. Estamos bien.
Warren me miró expectante.
—¿Vas a entrar, Camz?
—Quizá... —respondí perezosa, y dejé que los ojos se me cerraran de nuevo.
—Camz, ¿qué hay entre Jauregui y tú? Quiero decir, de verdad —preguntó Rachel en voz baja. Oí crujir una tumbona cuando Lisa se inclinó también hacia mí. Me encogí de hombros.
—Nada.
—Pero actúas... No sé. Es raro. Te portas de un modo tan normal con Ella.
—Sí, pero eso no es raro —indiqué—. Me he criado con Chris, y Lauren siempre estaba por ahí. Por eso no la llamo Jauregui. Pero también porque sé que la pone de los nervios que la llame Lauren.
Oí reír a Lisa y sonreí.
—Te protege tanto —dijo Rachel—, que pensé que quizá hubiera algo..., ya sabes...
Negué moviendo un poco la cabeza.
—No. Es que Ella es así. No tiene importancia. —No era exactamente una mentira...
—Supongo —repuso Rachel.
—Pues yo creo que hacéis muy buena pareja —comentó Lisa—. Sois tan diferentes que sería como la pareja perfecta, ¿no creéis?
No pude evitar resoplar, dudándolo.
—Discutimos todo el rato. Si alguna vez fuéramos eso, que no lo vamos a ser... Ostras, no, acabaríamos matándonos.
Ambas rieron, y luego comenzaron a hablar de alguna película nueva. Yo desconecté, demasiado a gusto y adormilada para prestar atención mucho rato. Después de unos momentos de paz, noté que algo me agarraba el tobillo. Otro algo me cogió la otra pierna y me sujetaron los brazos a los costados. Y la tumbona desapareció de debajo de mí, todo en el espacio de un segundo. Abrí los ojos de golpe y vi a Chris, Dixon, Warren y Joel sonriendo burlones y riendo ante mi expresión horrorizada. Comencé a sacudirme de un lado al otro mientras se me llevaban.
—¡Soltadme! ¡Dejadme en el suelo!
Ellos siguieron riendo.
—No podemos hacerlo, Camila —dijo Chris.
—¡Bajadme! ¡Me vais a tirar! ¡Bajadme!
—Si tú lo dices... —contestó Joel en un tono travieso. Los chicos me balancearon de delante atrás, una, dos veces... Grité mientras reía impotente.
—¡No!
Demasiado tarde..., ya me habían lanzado. Caí en medio de la piscina, salpicando por todas partes, y oí reír a todo el mundo mientras me hundía bajo la superficie. Noté, más que oí, a los chicos tirarse en bomba detrás de mí.

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Capitulo 97

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:15 am

¡El agua estaba helada! Volví a la superficie boqueando para tragar aire, con el pelo pegado a la cara y el cuello. Me castañeteaban un poco los dientes.
—¡Os odio, tíos! —les grité, pero me estaba riendo. Ellos también rieron, y yo miré a las chicas, que no contenían sus risitas.
—No os reiréis tanto cuando os tiren a vosotras —les dije, y se rieron aún más. Fui nadando hasta la escalerilla para poder salir.
—¡No! Acabas de entrar, ¡no puedes salir aún! —protestó Warren, y se sumergió tras de mí para intentar apartarme de la escalerilla. Reí y traté de salir, pero era como correr encima de melaza. Noté que Warren me hundía de nuevo.
—¿Qué son tantos gritos?
Me impulsé escalerilla arriba justo cuando Warren fue a cogerme. El top de mi bikini se le quedó en la mano, y todo el mundo se calló mientras Lauren me miraba con un gesto de desdén. Me rodeé el pecho con las manos, roja como un tomate. ¡Qué humillante! Me ardían las mejillas, aunque el resto de mí temblaba de frío. Entonces oí que a alguien se le escapaba la risa. Chris. Reconocía esa risa perfectamente. Y una vez roto el tenso e incómodo silencio, todos los demás comenzaron también a reír.
—¡Warren, es oficial: te odio! —exclamé, mientras me volvía para mirarlo, una vez segura de que estaba totalmente cubierta.
El sonrió disculpándose.
—Lo siento. No tenía intención de cogértelo... No quería quitártelo.
—Eres un idiota integral —le dije, soltando una risita.
—¿Te lo devuelvo o...? Quiero decir, no me voy a quejar si tú no te quejas —bromeó, y yo me reí sarcástica.
—No es que tenga las manos libres para cogerlo —le dije secamente.
—Oh, claro. —Se rió de nuevo y me lanzó el top del bikini que, con un sonido húmedo, aterrizó en el suelo. Oliver nadó hacia el desprevenido Warren y lo hundió; lo mantuvo abajo unos cuantos segundos antes de dejarlo subir a respirar.
Me reí con todos los demás.
—Lo he hecho por ti —me dijo Oliver, muy orgulloso, mientras alzaba el pulgar.
—Espera a que le ponga las manos encima, entonces se arrepentirá —lo amenacé, pero seguía riendo demasiado como para que me tomaran en serio.
—Mejor espera a que Jauregui le ponga las manos encima. —Oí que murmuraba Dixon, y cuando me volví, vi a Lauren mirándonos con el rostro ceñuda. Suspiré.
«Allá vamos...»
—No —le siseé secamente mientras pasaba ante Ella para entrar en la casa. Por suerte, los padres de Chris habían salido a cenar y aún no habían vuelto. De haber estado allí, habría sido de lo más incómodo entrar en busca de alguna de las camisetas de Chris tapándome con los brazos el pecho desnudo. Tenía ropa junto a la piscina, pero ninguna mano libre para cogerla.
Rebusqué en los cajones de Chris, encontré una camiseta de un concierto al que habíamos ido un par de años atrás y me la puse torpemente sobre el cuerpo mojado. Me quedaba un poco grande, pero no demasiado. Sonó un carraspeo a mi espalda. El ruido me hizo pegar un bote hasta el techo; no había oído acercarse a nadie.

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Capitulo 98

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:15 am

Lauren estaba apoyada contra el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho y una mirada en el rostro que hizo que se me humedecieran las manos. Su expresión era bastante neutra, pero era la sombra en sus brillantes ojos lo que me puso nerviosa.
—¿Qué, casi le has roto una costilla a Warren? —le solté con mala leche, para disimular lo nerviosa que estaba.
—No —contestó Ella, juntando las cejas.
—Oh, entonces, ¿qué?: ¿la pierna? ¿Quizá un brazo?
Dio un par de pasos hacia mí.
—No. Creo que ya ha captado el mensaje de que te deje en paz sólo con la mirada que le he echado —me contestó Lauren, toda satisfecha—. La he acojonado.
—Pero... ¿no le has dicho nada a Warren? ¿Ni le has hecho nada? Oh, Dios, debo de haber entrado en un universo paralelo.
Lauren rió sarcástica.
—No he tenido que hacer nada. Ya ha pillado el mensaje.
Meneé la cabeza para mí misma, aún recuperándome de la impresión.
—Además, hasta yo he podido ver que ha sido un accidente —masculló como a regañadientes.
—Tampoco es que nadie me haya visto nada.
—Excepto yo.
—Bueno, sí, pero... quiero decir, tú has... Ya sabes a qué me refiero.
Ella sonrió burlóna ante mi sonrojo y mi confusión.
—Tú eres la que lleva las pantaletas de las chicas super poderosas. —Podía ver la goma por encima de la cintura del pantalón. Recordé que la había hecho sonrojarse cuando le vi con ellos.
—Como tú digas —replicó, quitándole importancia, pero no podía mirarme a los ojos. Sonreí triunfante, porque sabía que había conseguido avergonzarla.
—Imagínate lo que dirían todos si descubrieran que la dura de Jauregui lleva pantaletas de las chicas super poderosas —la provoqué mientras salía tranquilamente de la habitación de Chris, rozándola.
—No lo harías...
La miré volviendo la cabeza y con una sonrisa inocente en los labios, como si la desafiara a que me impidiera demostrarle que sí lo haría. Cuando trató de agarrarme, ahogué un grito y corrí hasta la habitación más cercana, que resultó ser la suya. No sabía si dar las gracias o maldecir mi suerte, pero estaba atrapada en la habitación de Lauren, y ésta cerró la puerta a su espalda, sonriéndome maliciosa. Retrocedí, pero Ella dio un paso hacia mí con cada uno que yo daba. Cuando choqué con la espalda en la pared y ya no tenía adónde ir, Lauren aprovechó la ventaja y de un salto se apretó contra mí, su cálido aliento cosquilleándome el rostro.
—A veces, Camz —susurró, y sus labios rozaron los míos levemente—, eres demasiado irresistible para tu propio bien.
Una leve sacudida de excitación me recorrió. Ella me pasó los labios por el mentón; el pulso se me puso como loco y me quedé sin aliento. Cuando no pude aguantar más, le agarré el rostro y la besé. Esa vez no choqué con los dientes. Un montón de práctica se había encargado de remediar eso. Ella se apartó cuando yo ya estaba totalmente sin aliento, y abrí muy lentamente los ojos para encontrarme con los suyos. Lauren me apartó un mechón de cabello, aún mojado, del rostro y dejó la mano en mi mejilla tiernamente.

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Capitulo 99

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:16 am

—Eres tan guapa, Camz, ¿lo sabías? —dijo en voz baja mientras me acariciaba la mejilla con el pulgar. La vi sonreír burlóna cuando me sonrojé. Era muy raro. Las chicas me habían dicho un par de veces que yo era mona, y los chicos me soltaban que era sexy, pero cuando Lauren lo decía, el corazón me daba una voltereta dentro del pecho---.Me encanta hacerte sonrojar —continuó. Y pude oír la risa en su voz.
—Calla —mascullé, y la empujé débilmente en el pecho.
—Deberías volver —murmuró—, antes de que empiecen a preguntarse por qué estás tardando tanto.
—O antes de que Chris piense que nos hemos matado mutuamente.
Lauren soltó una risita.
—Sí, eso es más probable.
Pero no se apartó. Yo podría haberme marchado si hubiera querido realmente, pero ambas nos quedamos exactamente donde estábamos, y Lauren siguió acariciándome la mejilla. Con la mirada le reseguí la línea de los pómulos, el mentón, los bultos de la nariz torcida, la longitud de las pestañas, las pecas casi invisibles sobre el puente de la nariz..., pequeñas cosas que nunca había notado antes.
—Lauren...
—¿Sí?
—Tengo que irme.
Lo dije sin ganas, y mi voz revelaba lo que realmente quería, pero Ella suspiró y se apartó, dejando caer la mano. El ambiente era lo suficientemente denso como para asfixiarme. Lo único que quería hacer era quedarme con Lauren, pero sabía que no podía, así que me dirigí a la escalera. Sentía un picor en la mejilla, allí donde Ella me había acariciado; notaba el sabor de sus labios sobre los míos. Tuve que parar un momento y recomponer mi expresión para que nadie notara lo que pasaba. Lo más difícil de todo fue contener la sonrisa.
—Jauregui parecía irritada —dijo Rachel en cuanto me reuní con ella de nuevo—. ¿Qué ha dicho?
—No la he visto —mentí. No me gustaba nada lo fácil que ya me resultaba mentir.
—Deberías haber visto la cara de Warren —rió Lisa. Cogió el móvil, apretó unos botones y me lo pasó. Una foto de Warren llenó la pantalla: estaba blanco como un fantasma, con los ojos saliéndosele de las órbitas y la boca abierta como un idiota. Me eché a reír.
—¡Qué fuerte, esto es fantástico! —Y ahí acabó todo.
Suspiré por dentro mientras el alivio me inundaba. No parecía que nadie sospechara que Lauren y yo habíamos estado juntas. Estaba decidida a olvidarme de Ella y disfrutar del resto de la noche del viernes con mis amigos. Entre las clases y los deberes, los profes nos estaban machacando; las dos semanas siguientes pasaron volando. Si no estaba con Chris, entonces estaba escondiéndome con Lauren. Fuimos a ver una peli, y hubo unas cuantas ocasiones en las que nos pudimos ver a solas, por ejemplo cuando mi padre había salido y Brad no estaba en casa, o cuando su casa estaba vacía.

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Capitulo 100

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:17 am

Creo que a ambas nos sorprendió descubrir que podíamos estar juntas sin necesidad de liarnos. Después de la peli, nos quedamos sentadas en su coche casi media hora sólo hablando. Nos entreteníamos con videojuegos o nos poníamos a ver la tele, y era..., bueno, era agradable. Claro que seguíamos discutiendo y discrepábamos en casi todo, incluso en qué ver en la tele. Yo todavía no me había acostumbrado a la emoción de vernos a escondidas. Pero no me gustaba nada la sensación de culpa que lo acompañaba: mentir a mi mejor amigo, a mi padre, a todo el mundo...
Un húmedo domingo por la noche, yo estaba en una mesa de trabajo en el garage, y Lauren le estaba haciendo algo a la trampa mortal con dos ruedas que llamaba moto. La puerta estaba entreabierta, pero no tanto como para que alguien pudiera vernos.
—No puedo creer —dije— que pienses que la segunda peli de Transformers era mejor que la otra. Nada supera a la primera, lo juro.
—¡Vamos...! ¿Esos coches gemelos? Eran ridículos.
—Pero la primera era... ¡épica! —resoplé.
—La segunda es mejor, Camz, te lo digo yo. Eh, ¿puedes pasarme esa llave inglesa un segundo?
—¿Dónde está? —Me puse en pie y miré alrededor. Yo no sabía mecánica, pero al menos sí estaba enterada de lo que era una llave inglesa. Quizá no tuviera ni idea de lo que Lauren estaba haciendo, pero estaba muy sexy haciéndolo.
—En el estante sobre tu cabeza.
Me subí a la mesa en la que había estado sentada, agarrándome al estante con los dedos, buscando la herramienta. Arrugué la nariz al ver las telarañas que había allí, y confié en que no hubiera ninguna araña asquerosa colgada sobre mi cabeza.
—Arg... —Entonces vi la llave y la cogí. Cuando me volví para bajarme, me golpeé en la cabeza con el estante—. ¡Ay! —exclamé automáticamente y solté la llave inglesa para frotarme la cabeza.
Esa reacción me hizo perder el equilibrio y un pie me resbaló fuera de la mesa. Con un golpe seco y otro gemido, me estrellé contra el suelo. Atontada, parpadeé un par de veces para deshacerme de los puntos brillantes que veía, hasta que el garaje recuperó su forma. Noté un intenso dolor.
—Oh, mierda —oí decir a Lauren.
—Ay —me quejé otra vez mientras me llevaba la mano a la mejilla. Noté sabor a sangre, debía de haberme mordido la lengua.
Lauren había dejado caer el destornillador y el trapo que tenía en la mano y estaba acuclillado junto a mí, con una mano en mi espalda y la otra apartándome el cabello de los ojos.
—¿Estás bien, Camz?
Me toqué la mejilla con la punta del dedo e hice una mueca de dolor, porque, ¡tía, eso dolía!
—¿Queda feo? —pregunté como si fuera una niña pequeña.
Lauren se rió.
—No. Sólo es un rasguño. Aunque puede que te salga un morado... Lo cierto es que deberíamos lavártelo. Conociéndote, se te infectará, y entonces sí que quedará feo.
Yo no me reí. Sólo la miré con morritos por burlarse de mí. Pero Lauren tenía razón: debía limpiármelo, había todo tipo de cosas sucias por el garaje: polvo, aceite de motor, telarañas...
Me puse en pie. Lauren mantuvo la mano en mi espalda para estabilizarme. Estaba bien para ir sola, pero no hice que se apartara. Me gustaba. Era agradable que Lauren me rodeara con el brazo. Como si ése fuera su lugar.
«Tía, de verdad que tengo que dejar de leer todos esos libros de historias de amor cursis.» Hice una mueca de dolor.
—¿Qué? ¿Qué te pasa?
—Estoy bien —contesté—. Me duele como si me hubiera roto el culo, pero estoy bien. No es nada.
Despacio, me incorporé de nuevo. Vale. Todo estaba bien. Lauren me miró durante un largo momento, luego se encogió de hombros. Volvimos a la casa por la puerta que conectaba el garaje con la sala de juegos. Lauren miró hacia el vestíbulo antes de hacerme subir la escalera hasta su habitación.

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Capitulo 101

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:17 am

Cerró la puerta de una patada y me sentó en el borde de la cama mientras Ella entraba en el cuarto de baño. Yo me removí un poco, pero me dolía el trasero.
—Eres tan patosa... —rió Lauren, que de repente estaba sólo a un par de pasos de mí. Puse los ojos en blanco.
—No siempre.
—No. Sólo la mitad de las veces.
Se acuclilló delante de mí. Después de dedicarme una sonrisa compasiva, me cogió la barbilla entre el índice y el pulgar y, con mucho cuidado, me hizo volver la cara un poco. Yo me quedé sentada, haciendo todo lo que podía para no gemir mientras Ella me limpiaba la mejilla con una esponja mojada; luego me puso un poco de crema antiséptica, que me picó mucho.
—Perdona —dijo Ella cuando hice la cuarta mueca.
—No pasa nada. No es culpa tuya.
—No debería haberte dicho que me pasaras la llave inglesa. —Parecía molesta, pero no estaba enfadada conmigo, lo sabía—. Eso ha sido estúpido.
—No pasa nada. De verdad. Ha sido un accidente, y además por mi culpa. No importa.
Lauren no dijo nada, aunque tenía pinta de querer hacerlo.
—¿Desde cuándo eres tan buen médico? —le dije bromeando, pasados unos minutos, para tratar de distraernos a ambas; a mí del palpitante dolor en la mejilla izquierda y a Lauren de lo que fuera que estuviera pensando, porque no parecía muy contento.
—Desde que me meto en peleas. —Tenía cara de póquer y no pude descifrar nada de su expresión —. Aprendes a curarte las heridas.
—Oh.
—Vamos, dilo.
—¿Que diga qué?
—Que soy una bruta adicta a la violencia. Eso es lo que siempre me dices.
—Porque lo eres —repuse simplemente—. Quiero decir, ¿por qué te metes en todas esas peleas? Te he visto pelearte, Lauren; no es bueno, y...
Su profundo suspiro me cortó a mitad de frase.
—Vale. De acuerdo. Soy una idiota y me meto en peleas sólo porque sí. Tú ganas.
Lo dijo rápido, como queriendo acabar la conversación; desde que éramos pequeñas no le gustaba para nada admitir que se equivocaba. Todo el mundo lo sabía. Pero acababa de admitir que se equivocaba y yo tenía razón. Vale, era algo en lo que no me gustaba tener razón, pero..., de todas formas, me sentí satisfecha de mí misma. Me pregunté si Lauren siempre se sentiría así cuando ganaba nuestras peleas verbales.
—Acabas de admitir que he ganado... —No pude evitar el tonillo cantarín y triunfante que se me coló en la voz.
Lauren puso los ojos en blanco.

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Capitulo 102

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:18 am

—Sí, lo has hecho. Muy bien, ya has tenido tu momento de gloria.
—Pero hablaba en serio —le dije—. Sobre ti, ya sabes..., sobre que parece que te pone pelearte.
Ella se recostó en su asiento, mirándome a los ojos. No había nada de bromas o juegos en el aire.
—Ya sé que hablabas en serio. Y ya sé que lo soy. No puedo evitarlo. ¿Recuerdas cuando Chris y tú fuisteis a aquel campamento donde jugabais al fútbol? Tenías trece años o así. Volviste hablando sin parar de lo bueno que era el pastel de queso.
—¿Sí...? —¿Adónde quería ir a parar con eso?
Entonces pensé: « ¿Se acuerda de cuando fui al campamento de fútbol?». Yo casi ni lo recordaba. Para mí era un vago recuerdo de semanas de diversión. Había olvidado completamente lo del pastel de queso.
—Bueno, ése fue el verano después del que comencé a meterme en peleas y esa mierda en el cole. Mis padres me enviaron a un par de psicólogos. Querían ayudarme, lo sé. Pero la cosa es... —Suspiró un poco—. Lo intentaron, pero fracasaron miserablemente. Soy una chica mala y siempre lo seré. Supongo que tendrá que ver con cómo tengo los cables en el cerebro. —Se encogió de hombros, como si le importara tres pitos.
Me gustaban mucho esas raras ocasiones en las que veía al Lauren que había detrás de la sexy media sonrisa; cuando me dejaba ver su lado vulnerable. No sabía que había acudido a psicólogos; quizá Chris tampoco lo supiera.
—Estás muy mona cuando te pones toda vergonzosa así —la pinché para aligerar el ambiente.
—Primero, no me pongo vergonzosa —repuso Ella, sabiendo que yo bromeaba—. Y segundo — chocó su rodilla con la mía—, no me llames «mona».
Me reí y Ella me sonrió, con una sonrisa que lanzó un breve destello del hoyuelo de su mejilla izquierda. Mi sonrisa hizo que me doliera la mejilla, y gemí mientras me llevaba una mano a mi dolorida cara. Lauren me apartó la mano, se inclinó hacia delante y me dio un suave beso ahí. Sentí como si me derritiera por dentro; supongo que dar un besito en la pupita no sólo funciona con los niños de cinco años. Pero me sobresalté. No debía sentirme como si me derritiera de felicidad. Tenía mucho cuidado y cautela con mis sentimientos hacia Lauren. Seguramente, después de confiar en mí así, estaríamos más unidas, pero eso era malo. No debíamos sentirnos más unidas. No podía permitirme encariñarme de Lauren; si lo hacía, las cosas acabarían liándose, todo empezaría a salirse de madre. Chris me odiaría y yo no tendría a Lauren para apoyarme en Ella, y acabaría hecha una mierda. Pero al mirarla a los ojos, mientras yo contenía una risita y Ella me besaba tiernamente la mejilla dolorida, lo único en lo que pude pensar fue en Ella. En lo mucho que me gustaba estar con Ella. En lo increíble que me sentía sólo con que me rodeara con los brazos. En lo brillantes y verdes que eran sus ojos...

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Capitulo 103

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:18 am

—Camz... —comenzó a decir, mirándome seria, pero yo también había comenzado a hablar.
—Creo que también me he hecho daño en los labios —le dije en voz baja, señalándomelos.
Ella se rió de forma casi inaudible, y negó con la cabeza mientras se inclinaba hacia mí... La puerta, que no estaba cerrada del todo, se abrió antes de que pudiéramos separarnos.
—¿Qué pasa aquí?
Lauren se puso en pie de un salto; yo me volví y me quedé como una tonta en el borde de la cama. Toda una retahíla de palabrotas que nunca diría en voz alta me pasó por la cabeza cuando vi a Chris en la puerta.
—He preguntado qué está pasando aquí —repitió Chris, mientras los ojos se le entrecerraban de sospecha al mirarnos a la una y a la otra. Entonces su mirada se volvió hacia mí y se quedó boquiabierto —. ¡Dios, Mila! ¿Qué te ha pasado en la cara?
—Gracias —murmuré sarcástica, pero no tenía el suficiente entusiasmo como para relajar el ambiente.
En un segundo, Chris estuvo ante mí, observándome la mejilla herida. Se volvió de golpe para mirar muy serio a su hermana.
—¿Se lo has hecho tú?
—¿Qué? —preguntó Lauren, tensa—. ¿Qué has dicho?
—¿Qué pasa, estás sorda? —masculló Chris. Luego, mucho más alto, repitió—: Te he preguntado si se lo has hecho tú. ¿Has pegado a Camz?
Lauren apretó los dientes con tanta fuerza que se le marcaban los músculos de la mandíbula.
—¿De verdad crees que... pegaría a Camz?
—Sí, bueno, ¡de ti no me sorprendería! —replicó Chris, enfadado—. Entonces, ¿qué coño ha pasado? ¿Qué diablos estabais haciendo?
Chris sólo decía algún taco cuando se ponía muy, muy furioso. Sabía que las cosas se estaban poniendo feas, pero me había quedado helada, muda.
—No tengo por qué darte explicaciones, hermanito —le soltó Lauren sin ningún miramiento. Chris apretó los puños ante el tono desdeñoso de Lauren.
—Entonces, ¿qué le ha pasado a Camz?
—No es nada —contesté apocada, y ambos se volvieron para mirarme con dureza. Agaché la cabeza; el cabello me ocultaba el rostro cuando los miré de nuevo—. No es nada. Estoy bien...
—Y una mierda estás bien —masculló Chris, amenazante. Me señaló con el dedo y casi le gritó a Lauren—: ¿Qué ha pasado?
—Ha venido a buscarte y se ha tropezado en el garaje. No ha sido nada. Cálmate ya. No le ha pasado nada.
Lo que estaba poniendo a Chris de los nervios era el tono de sobrado de Lauren, y apuesto a que éste lo sabía. A mí también me hubiera cabreado de lo lindo.
—No es culpa suya... —intenté terciar, pero ambos pasaron de mí.
—¿Y tú la has dejado caer? Apuesto a que ha sido toda esa mierda que dejas tirada lo que la ha hecho tropezar.
—No es como si yo tuviera algún poder divino para controlar su torpeza.
«Vaya, gracias, Lauren.»
—Entonces, ¿fue tu culpa? Lo sabía —exclamó Chris, meneando la cabeza de adelante atrás. Se mordía el interior de una mejilla de lo furioso que estaba. Yo estaba convencida de que sabía que la culpa no era realmente de Lauren, pero parecía lo suficientemente cabreado con Ella como para culparla de todas formas.
—Ha sido un accidente —dijo Lauren con los dientes apretados y los ojos verdes destellando de furia.

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Capitulo 104

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:19 am

Chris sólo se encogió de hombros, lo que cabreó más a Lauren.
—Tampoco es que me hubiera sorprendido mucho si se lo hubieras hecho tú
—Ya está bien —rugió Lauren, y se lanzó contra Chris, que ya estaba a punto de pegarle.
Salté de la cama y me puse entre ellos antes de que se mataran. Empujé a Lauren en el pecho tan fuerte como pude, sin ningún resultado. Pero al menos, como yo estaba en medio, dejaron de tratar de pegarse.
—Lauren —dije con voz tranquila—. Lauren, mírame. Lauren.
Dejó de lanzarle puñales con la mirada a Chris y se volvió hacia mí, con una expresión un poco más calmada.
—Tú sabes que no te pegaría, Camz. Si hubiera podido, habría impedido que te cayeras. Nunca te pegaría. Lo sabes, ¿verdad?
Asentí pacientemente.
—Sí, lo sé. Pero no tienes que pelearte con Chris, ¿vale? El sólo se preocupa por mí.
—¡Nunca te pegaría! —soltó Lauren con ferocidad, apretando de nuevo los dientes.
—Lo sé —repetí, con una voz tan tranquilizadora como pude. Le puse una mano sobre el pecho, que le subía y bajaba con rapidez, casi jadeante—. Lo sé, ¿vale? Pero cálmate ya. Por favor. Yo sé que no lo harías. Cálmate, por favor.
Me sostuvo la mirada durante unos cuantos segundos más antes de apartarse y pasarse los dedos por el cabello. Me di la vuelta y le cogí la mano a Chris. Tiré de El para sacarlo de allí y llevarlo a su cuarto.
—Caramba —exclamó Chris en cuanto cerró la puerta—. Nunca había visto a nadie calmarlo así antes. Ha sido... raro. Y normalmente os estáis gritando el uno al otro.
—Mira, olvídalo. Al menos ya no estáis intentando pegaros. —Suspiré y me tiré sobre su mullido colchón. El se tumbó a mi lado, y luego me tocó la mejilla. Tragué aire con una mueca de dolor.
—Perdón —se disculpó al instante—. Explícame qué ha pasado.
¿Qué le había dicho Lauren? Yo había ido a buscar a Chris.. Así que mascullé algo sobre llegar a la casa y oír a alguien en el garaje, pero era Lauren. Había pasado por la sala de juegos para buscar a Chris, pero me había caído y me había golpeado en la cara. Se me estaba retorciendo el estómago y tenía ganas de vomitar. Seguramente por la culpabilidad, decidí. Odiaba mentir a Chris. Pero no le podía contar la verdad, sobre todo en ese momento, cuando aún estaba furiosa con Lauren, aunque se estuviera calmando. «Pues estaba sentada en tu garaje, coqueteando con Lauren, liándonos un poco antes de que siguiera trasteando con su moto, y entonces me caí de cara. Oh, y por cierto, hace unas cuantas semanas que me la monto a escondidas con Ella, así que no pasa nada. Hacemos esto normalmente, excepto por la parte en la que me caigo.» Sí, eso le sentaría genial.

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Capitulo 105

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:19 am

No era el momento adecuado, me dije. No se lo podía contar. Aunque tampoco había mucho que contar; no era como si me hubiera enamorado de Lauren ni nada de eso, pero aunque así fuera, seguía siendo un mal momento.
—Bien, así que no ha sido culpa de Lauren —masculló—. Pero Ella...
No lo dejé acabar; había algo que me moría por preguntarle. Lo cierto era que me daba miedo su respuesta. Pero se lo solté.
—¿De verdad crees que me pegaría?
Chris me miró durante un rato, luego bajó la mirada.
—Lo sé, lo sé, es mi hermana. Pero por un segundo pensé que se le había ido totalmente la olla y que tú estabas en el peor sitio en el peor momento, o que habríais estado discutiendo de nuevo... No me gusta nada pensarlo, pero...
—Lauren no me pegaría —dije en voz baja, toqueteándome la camiseta. Tenía una raja; debía de haberse roto cuando me caí de la mesa—. Incluso Lauren sabe hasta dónde puede llegar.
—Eso espero —murmuró Chris.
—Yo lo sé seguro.
—Os pasáis la vida discutiendo, y ¿ahora la defiendes? —No era una acusación, sólo una afirmación.
—Tú también te has puesto como una furia en un segundo —le recordé—. ¿Qué pasa?
Chris suspiró y se mesó el cabello.
—Estoy de los nervios. He suspendido el examen de historia, ¿recuerdas? Mis padres me han dicho que tal vez estoy pasando demasiado tiempo con Rachel. Estoy estresado, eso es todo.
Le cogí la mano, entrelazando los dedos. El me los apretó con fuerza y respiró hondo.
—Pero no cambies de tema, señorita. ¿Desde cuándo vosotras dos sois tan colegas? Lauren y tú pareciáis hacer muy buenas amigas cuando entré en el cuarto.
El corazón se me aceleró. No creía que Chris hubiera visto nada de nada, porque no era de los que se andaban con rodeos; si sospechara algo, me lo habría preguntado directamente. «Ahora no es el momento. No ahora. Se lo puedes contar en otro momento, pero no ahora...» El estómago se me retorció. Debía decírselo. Quiero decir... Acabaría descubriéndolo en algún momento, así que ¿por qué no decírselo ya, antes de que se enterara por alguna otra persona? Debía decírselo. No quería hacerlo. El me odiaría. Pero me odiaría menos si se lo decía ahora que si se enteraba más tarde.
—Chris, por favor, no me odies...
—¿Camz? —dijo una voz desde la puerta.
Me callé con un suspiro y me dejé caer de nuevo sobre la cama de Chris. Lauren no podía haber aparecido en peor momento. Justo cuando estaba a punto de contárselo todo a Chris. No. No.
—¿Qué diablos quieres? —le soltó Crish cuando yo no respondí. Lauren le lanzó una mirada molesta.
—Camz, puedo hablar contigo un momento —dijo.
—Claro. —Le apreté la mano a Chris un instante más antes de soltársela y levantarme de la cama.
Le dediqué lo que esperaba que fuera una mirada tranquilizadora y cerré la puerta del dormitorio al salir.

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Capitulo 106

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:20 am

Lauren se estaba rascando la nuca, con los dientes apretados. Tardé un rato en entender su expresión: estaba pensando muy seriamente en algo. Abrió la boca, la cerró, luego me arrastró hasta su cuarto de nuevo. Esta vez cerró la puerta bien cerrada.
—Lo entenderé... si, ya sabes, si no..., si quieres acabar..., ya sabes, con lo que sea que hemos estado haciendo. Si no quieres volver a verme...
Fruncí un poco el cejo. ¿De dónde salía eso así, de repente?
—¿Y por qué iba a querer hacerlo?
Ella se encogió de hombros.
—Lo entenderé si es lo que quieres. Estabas hablando antes de que soy violenta, y luego está lo que ha dicho Chris..., lo de pegarte, y yo... lo entiendo.
Seguí con el cejo fruncido.
—«Adicta a la violencia» no está en la lista de las cinco mejores cualidades de nadie, ¿eh? — Esbozó una sonrisa amarga—. Aunque nunca haría nada como lo que ha dicho Chris... Lo sabes, ¿verdad? Lo digo en serio. Nunca te haría daño, Camz. Lo juro.
Asentí.
—Lo sé, ¿vale? Lo sé.
—Pero aun así lo entenderé si no quieres... seguir con esto. Lo que sea que estamos haciendo. Si quieres parar...
—No quiero. Es decir —añadí rápidamente cuando vi que le cambiaba la cara—, no quiero parar.
Sonrió y soltó una risita por lo bajo; me acerqué a Ella y apoyó la frente sobre la mía.
—Soy una influencia muy mala para ti. Te permito tomar decisiones estúpidas como ésta.
—¿Como qué?
—Como seguir conmigo. —Me dio un rápido beso en los labios, luego se apartó y añadió—: Ve..., antes de que Chris piense que te he tirado por la ventana o algo así.
Me reí y negué con la cabeza mirándola mientras salía de la habitación. Chris estaba esperándome fuera de su dormitorio, pero no había estado escuchándonos, sólo esperaba.
—¿De qué iba eso?
Le conté algo sobre Lauren diciéndome que nunca me pegaría mientras agitaba una mano quitándole importancia. Pero el corazón me golpeaba dentro del pecho, esperando a que Chris asintiera aceptando mi mentira.
—¿Y ahora es cuando me cuentas que mi mejor amiga y mi hermana están locamente enamoradas? -- Solté un bufido y me eché a reír.
—Chris, se te ocurre cada tontería... ¿Enamorada? ¿Yo, enamorada de Lauren Jauregui? Sí, claro. Seguro.

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Capitulo 107

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:31 am

Mi padre sólo suspiró y me dijo que tuviera más cuidado cuando le conté que me había caído en el garaje de Chris.
—La verdad —añadió—, eres peor de lo que nunca fue tu madre. ¿Recuerdas aquella vez que tropezó en las escaleras mecánicas de los grandes almacenes? Casi le tuvieron que poner puntos en el pie. —Movió la cabeza mientras sonreía con nostalgia.
Tampoco nadie en el instituto dudó de la historia de que me había caído en el garaje de Chris. ¿Y por qué iban a hacerlo? No era mentira... esta vez. Mentir parecía ser parte de mi relación con Lauren, y eso no me gustaba nada. Pero, al parecer, cada vez se me daba mejor. Aunque no era algo de lo que me sintiera orgullosa. Durante el almuerzo, estaba esperando a que Chris y los chicos acabaran de llenarse los platos cuando, de repente, toda la mesa se llenó de chicas.
—Estaba pensando en Jauregui —anunció Jane mirándome directamente.
—Ooh, sueltalo —la urgió Tamara.
—¿Sale con alguien? —me preguntó directamente.
Todo el mundo sabía que Jauregui no tenía novia, que no le iban las novias, sólo los rollos. Así, ¿por qué de repente Jane pensaba que salía con «alguien»? ¿Nos habríamos descuidado? ¿Nos habría visto? ¿Por qué me dirigía la pregunta a mí? Tragué saliva y cerré los dedos contra mi sudada palma. Me decidí por una respuesta fácil.
—No me mantienen constantemente informada de lo que Lauren está haciendo.
—Estás más informada que ninguna de nosotras —masculló Olivia—, tía con suerte. —Pero me guiñó el ojo con una gran sonrisa, y yo me reí, bastante aliviada.
—¿Por qué lo preguntas? —inquirí a Jane. Ella se encogió de hombros.
—Tenemos una teoría.
—¿Teoría? —repetí. Jane asintió; Candice se acercó más y bajó la voz. Con calma, como si el pulso no se me hubiera disparado, cogí una cucharada de mi plato de pasta.
—Creemos que Jauregui tiene una novia misteriosa.
Casi se me cayó el tenedor. Y a punto estuvo de caérseme también la mandíbula. Samantha soltó una carcajada.
—Lo dudo. Estás hablando de Jauregui. Es una donjuán, no me la puedo imaginar yendo en serio con nadie.
—Bueno, tal vez si encontrara a la chica adecuada... —Karen se señaló a sí misma, riendo.
—Pero pensad en ello —continuó Candice—. No lo he visto con nadie, y me refiero a nadie, desde hace semanas. Normalmente la ves en las fiestas liándose con alguna chica con suerte, pero...
—¡Oh, Dios mío! —Chilló Tamara—. ¡Tienes razón! Hace semanas que no se la ve con ninguna chica. Pero todas visteis el chupetón que tenía hace un par de semanas, ¿no?
—¿Cómo no verlo? —rió Olivia.
Estaba esforzándome mucho para no sonrojarme ni parecer culpable o preocupada. Esas chicas se fijaban en mucho más de lo que yo creía.
—¿La has visto con alguien, Camz? Ya sabes, cuando estás en su casa con Chris. -- Negué con la cabeza.
—No, no la he visto con nadie.
—Me pregunto quién será...
—Suponiendo que sea alguien —intervino Faith.
—O quizá ya no le gusten las chicas —solté entonces, así, como casualmente.
Por un momento se hizo el silencio, y yo seguí comiendo tranquilamente mi ensalada de pasta.

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Capitulo 108

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:31 am

Todas me miraban boquiabiertas.
—Lo dudo.
—No puede ser.
—No crees de verdad que lo sea, ¿no?
—¡No, de ninguna manera! Ella no puede volverse heterosexual de un dia para otro. -- No pude resistirlo más y me eché a reír.
—¡Sólo estaba bromeando! Deberíais haberos visto la cara... Ojalá hubiera tenido una cámara. -- Candice me dio una palmada en el hombro, ceñuda.
—Eso no ha tenido gracia, Mila.
—Lo siento —dije entre risitas—. No he podido resistirme.
Pero las había distraído del asunto de la supuesta novia misteriosa de Lauren Jauregui, y yo estaba totalmente fuera del radar. Solté un inaudible suspiro de alivio y las escuché mientras charlaban de chicos y chicas sexys. Ya había oído suficientes cotilleos sobre Jauregui cuando yo no tenía nada que ver con ellos; no sabía cómo iba a sobrevivir si descubrían que la inocente Camz había estado enrollándose con la dura de Jauregui. Mierda, eso sería tan poco creíble como si dijera que me había comprado una moto. Muy pronto llegamos a mediados de mayo.
Como si no estuviera suficientemente preocupada con todo lo que pasaba en mi vida, y no hablemos de los exámenes finales, también tenía que ocuparme del consejo escolar.
—Bueno, el Baile de Verano se celebrará a principios de junio —nos anunció Tyrone.
—¿Qué? Pero ¡no nos da casi tiempo! —protestó alguien en voz alta.
Tyrone alzó las manos en un gesto de rendición, y todos se callaron.
—Yo no elijo la fecha, lo siento. Es el único día que hemos podido conseguir la sala de baile del Royale.
—¿Nos has conseguido el Royale? —chilló Kaitlin, expresando lo que la mayoría de las chicas pensábamos. El Royale era un hotel totalmente extravagante, todo de blancos, dorados y mármol.
Tyrone asintió.
—Sí. Nuestro capital ha dado para eso, pero estaremos un poco justos para la decoración y la banda, a no ser que subamos un poco las entradas.
—Bueno, podemos hacerlo —intervine yo—. Es el Royale. A nadie le importará pagar un poco más para ir allí.
—Cierto —admitió Tyrone, y todos asintieron para demostrar que estaban de acuerdo—. Bueno, tenemos que pensar en la comida, la banda, las entradas y...
—Necesitamos un tema —dijo una de las chicas, poniendo ambas manos sobre la mesa.
Faith saltó de su asiento toda excitada.
—¡Deberíamos hacerlo como totalmente medieval! ¡Vi un programa donde tenían el tema medieval y era increíble!
—No —dijeron todos los chicos casi al unísono. Me reí al ver la expresión horrorizada de Chris.
—¿Qué os parece ir de blanco y negro?
—Eso es muy poco veraniego.
—¿Vintage? ¿Como de los sesenta o algo así? O, no, ¡podríamos hacer algo en plan los locos años veinte! Los chicos podrían vestirse como de gánsters, con trajes elegantes, y ellas con esas cosas que tenían..., ya sabéis..., oh, ¿cómo se llaman? Los flappers, esos vestidos cortos con flecos.
-- Bien! —sugirió Bridget, toda excitada.

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Capitulo 109

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:32 am

—Hum, no —dijo alguien secamente.
—¿Podré llevar una pistola —bromeó Tony— si voy de Al Capone?
—Eso funcionaría de la hostia —soltó uno de los chicos con sarcasmo. Era Max, de mi clase de literatura—. ¿La época de la Ley Seca? ¿En un baile del instituto? Porque nadie va a intentar colar alcohol y conseguir que nos prohíban los bailes.
—Bueno, podríamos hacer un baile de máscaras...
—¡Sí! ¡Oh, sí! ¡Eso sería una pasada!
Gruñí y apoyé la frente sobre la mesa antes de incorporarme de nuevo.
—¡Oh, vamos! ¿No creéis que eso ya está muy visto? Últimamente todos hacen bailes de máscaras. Si hasta salen por la tele. Tiene que haber algo más.
—Ya tuvimos ese estúpido tema de Hollywood o cómo diablos lo llamarais para el Baile de Invierno —masculló Eric—. Al menos un baile de máscaras mola.
—Pero ¡se ha hecho muchas veces!
—Estoy de acuerdo —me apoyó Chris.
—Tú claro que lo estás. —Oí decir a Tyrone mientras negaba con la cabeza mirándonos.
—Eh, siempre podríamos montar una miniferia —sugirió Lily con un brillo en los ojos—. Ya sabéis, con alguien que te dijera el futuro, algodón de azúcar..., otra caseta de besos.
—Si Camz la monta, no diré que no —rió Tony, uno de los mayores, mientras me guiñaba un ojo.
Yo puse cara de fastidio y confié en no estar sonrojándome. Con todo el tiempo que había pasado y aún seguían sacando cómo me había besado con Jauregui en la caseta de los besos.
—No, no vamos a hacer eso —dijo Chris, y sonó tan parecido a Lauren que me quedé parada.
—Bueno, pues vamos a votar —repuso Tyrone, que se estaba impacientando—. ¿Los que estén a favor del baile de máscaras?
Todo el mundo alzó la mano menos Chris y yo.
—Entonces, está decidido. Crish, Camz, ¿puedo contar con vosotros para ocuparos de los pósters y las entradas?
—Claro —contestamos suspirando al unísono. Mientras que Tyrone básicamente nos ordenaba lo que teníamos que hacer, sin darnos ningún diseño en concreto, los demás se fueron repartiendo el resto de tareas.
No me malinterpretéis; realmente me apetecía mucho el Baile de Verano. Iba a ser increíble, sobre todo porque lo íbamos a hacer en el Royale. Pero no me gustaba nada la idea de tener que buscar a alguien con quien ir. Los bailes en nuestro instituto eran para los mayores y los no tan mayores. Los bailes de verano e invierno eran grandes acontecimientos. Para el Baile de Invierno había ido con Chris como amigos, ya que entonces El no tenía novia. Pero este año se lo pediría a Rachel.
Y eso significaba que no iría conmigo, así que tenía que buscarme a alguien. De ninguna manera pensaba ir sola. Así que... ¿Con quién podía ir?
Sabía con quién querría ir, pero cuando pensé en los rumores y los cotilleos que se extenderían como un virus si yo aparecía con Lauren Jauregui... Con sólo pensarlo me daban náuseas.

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Capitulo 110

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:32 am

Y tampoco podía presentarme con Ella sin explicárselo todo a Chris primero. Me odiaría si se lo contaba así, de repente. Pero ¿cuándo iba a tener la oportunidad de decírselo? ¿Y de reunir el coraje para hacerlo...? Gracias a Lauren, tampoco podía imaginar a una fila de chicos o chicas haciendo cola. Por el lado bueno, si me presentaba sola y era un baile de máscaras, quizá nadie se diera cuenta de que era yo.
Tuve la loca esperanza de que Lauren me pidiera ir con Ella. Me pregunté si debería soltar unas cuantas indirectas, y la oportunidad se me presentó un par de días después. Estábamos haciendo varias pruebas de pósters y entradas en el ordenador de Chris cuando sonó su móvil.
—Hola, Dixon... ¿Qué? ¿En serio? ¡Oh, tío! ¡Voy en seguida!
—¿Qué pasa?
—Está en el bar del centro comercial con algunos de los chicos, y adivina quién está allí comprando donuts.
—¿Cómo quieres que lo sepa...?
—Matt Cain, de los San Francisco Giants. Ya sabes, el jugador de béisbol. Es un lanzador.
—Oh, claro, guay. Así que te vas.
—¡Pues claro! —rió El—. Eh, ¿sabes dónde tengo la gorra de béisbol?
—En el armario —contesté, señalando con el dedo. Rebusqué por su desordenado escritorio hasta encontrar un rotulador indeleble y se lo pasé sin volverme mientras El corría hacia la puerta.
—¡Hasta luego! —gritó Chris, y oí el portazo cuando salió de casa.
Me reí. Había oído hablar de Matt Cain, pero yo no era una gran fanática del béisbol. Era fantástico jugar y muy divertido de ver. Había estado en un par de partidos con mi padre y Brad, y con Chris. Pero personalmente prefería el fútbol americano. «Sobre todo si juega Lauren...»
Recordé que tenía otro partido el viernes. Eran unos cuartos de final o una semifinal. Probablemente, acabaría yendo a verlo con algunos de los chicos. Guardé en el ordenador lo que habíamos hecho hasta el momento y me levanté para irme a casa. Chris tardaría horas en volver, y yo no tenía ganas de estar ahí sola. Salí a la calle y oí ruidos procedentes del garaje. Fui para allá después de cerrar la puerta de la casa y vi que la del garaje estaba medio abierta. Oí el golpeteo del metal y el chisporroteo de las interferencias de una radio. Pasé por debajo de la puerta.
—¿Lauren? —llamé mientras miraba por el garaje vacío, aunque ya sabía que era Ella.
Se oyó un repiqueteo, y de repente apareció de debajo de su coche, tumbado sobre un patín, con manchas de aceite en la cara, los brazos y la camisa, y algún tipo de herramienta en la mano.
—Ah, hola —me saludó—. Creo que acabo de oír marcharse a Chris.
—Sí, hay un jugador de béisbol en el centro comercial, así que ha salido corriendo hacia allí. Estábamos trabajando en los carteles para el baile.
Lauren gruñó.
—Odio todos esos eventos para fomentar la mierda del espíritu corporativo escolar.
—Es optativo, ¿sabes?
—Sí, pero no tanto para los del equipo de fútbol americano —masculló—. Es como la feria. Se nos «recomienda encarecidamente» que asistamos, pero todos sabemos que tendremos que pasar un partido sentados en el banquillo si no aparecemos.
Me eché a reír.
—No puedo creer que de verdad hagan eso.
—La imagen les importa mucho en este puto instituto —refunfuñó.
—Y por eso sigues ahí, ¿no? —Sonrió.
—Bueno, ya me conoces: notas perfectas, gran futbolista... Por esa razón pasan por alto un par de peleas. Sobre todo porque yo nunca las empiezo.
Puse los ojos en blanco.
—¿Y vais a ir Chris y tú juntos otra vez al baile? —preguntó mientras se volvía a meter bajo el coche. No me molesté en preguntarle qué estaba haciendo; tampoco lo entendería.
—No. El va a ir con Rachel.
Lauren salió de nuevo y me miró con cara seria.
—Entonces ¿con quién vas a ir?
—No lo sé —admití.
La expresión de su rostro me dijo que probablemente amenazaría con darle una paliza al primer tipo que me lo pidiera, pero fingí no notarlo.
—Por cierto, es un baile de máscaras —le informé.
—¿Ah, sí?
—Sí.
Asintió con la cabeza y se deslizó bajo el coche. Eso era algo que me molestaba de Lauren: la mayor parte del tiempo ni siquiera podía imaginarme lo que estaba pensando.

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Capitulo 111

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:33 am

Mientras que con Chris nos acabábamos mutuamente las frases y podíamos decir exactamente lo que el otro estaba pensando; bueno, excepto por el asunto de mi historia con Lauren. Eso era pura casualidad... o que Chris había elegido no prestar atención a todas mis señales de que algo estaba pasando. Pero Lauren... Lauren era como un cubo de Rubik. Un puzle imposible, pero al que yo no quería renunciar todavía, porque era demasiado absorbente, demasiado tentador.
—Bueno, si alguien te pide para ir, dile que no.
—¿Perdona?
—No quiero que vayas con cualquier idiota que quiera intentar cualquier cosa, ¿lo entiendes? —Le oía la voz un poco apagada, entre la música y el ruido metálico, pero pude detectar la orden en su tono —. Si algún tío como Dixon te lo pide como amigo, entonces vale, si quieres decirle que sí, dile que sí, pero...
—No puedes decirme con quién puedo o no puedo ir —protesté. Sabía que lo haría, pero era la manera en que esperaba que yo aceptara lo que Ella me ordenaba lo que me ponía furiosa.
—Camz...
—Iré al baile con quien me dé la gana, ¿lo entiendes? Tanto si me lo piden como amigos como si no. -- Lauren salió de nuevo y dejó la herramienta en el suelo.
—Escúchame, Camz, estoy tratando de cuidarte y no me lo estás poniendo fácil. Es un baile, los tíos seguro que intentan algo. Mira lo que pasó en la fiesta. Y si es un baile de máscaras, y hay la posibilidad de que no te pillen robando un beso, entonces lo intentarán.
Muy bien, quizá no le faltara razón en lo de las máscaras. Pero ¿y qué?
—No todo el mundo es un gilipollas, Lauren.
—Un montón de tíos lo son.
—Pues quizá no me importe —le solté. Sí que me importaba, pero no iba a darle la razón a Lauren sin resistirme primero. Incluso aunque la tuviera—. Quizá quiero que algún tío me bese durante una canción lenta.
—A mí sí que me importa —me aseguró Ella con firmeza, pero no alzó la voz ni nada. Se quedó plantada como una torre ante mí. Yo odiaba ser mucho más baja que Ella cuando estaba tratando de ganarle con la mirada.
—¿Por qué? ¿Por qué te importa tanto? —repliqué, mirándola con los ojos entrecerrados. Tenía la sensación de saber la respuesta, pero no me importaba. Estaba furiosa con Ella.
—Porque quiero esa canción lenta toda para mí —contestó Ella.
Probablemente pensó que esa cursilería me ablandaría, por eso de que yo, en el fondo, era una romántica, y la verdad es que un poco sí lo hizo. Porque entonces me besó, y le devolví el beso, con el corazón acelerado y sintiendo saltar chispas por todo mi interior.
—Te odio —mascullé contra sus labios, sonriendo.
—Lo sé —contestó Ella, y noté que también sonreía.
La relación oculta con Lauren, la excitación por que nos pudieran pillar juntas, hacía que todo fuera estimulante.

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Capitulo 112

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:33 am

Sabía que no podríamos mantenerlo así para siempre, pero no pensaba dejar de disfrutarlo mientras durase.
—¿Lo has dicho en serio? —le pregunté, un poco falta de aliento, al cabo de unos minutos—. ¿Lo de la canción lenta?
Ella asintió.
—Sí, en serio. Lo cierto es que quiero toda la noche.
—Oh, ¿eso quieres, ahora?
—Sí. —Me besó en los labios de nuevo, rápido.
—¿Acaso me estás preguntando si quiero ir al baile contigo?
—No exactamente. —Rió por lo bajo y me besó de nuevo—. Pero casi.
—Me quedo con lo que pueda conseguir.
Me besó de nuevo antes de seguir arreglando el coche. En el brillante capó pude ver que me había manchado de aceite la cara y el cuello. Tendría que limpiármelo antes de llegar a casa.
* * *
—Éste —dije a media voz mientras una sonrisa se me iba dibujando en la cara—. Es éste.
—Has dicho lo mismo de los últimos cinco vestidos —se quejó Chris. Sonaba igual que Brad cuando le tocaba verdura para cenar.
—Sí, pero de éste estoy segura.
—¿Cómo de segura? También estabas segura con los otros. A mí me gustaba el rosa.
—Eso es porque casi se me salía el pecho fuera. —Puse los ojos en blanco mirando al espejo y Crish se echó a reír—. ¿Te imaginas lo que diría tu hermana si me pusiera el rosa?
—No sería capaz de quitarte las manos de encima. —Por un segundo pareció decirlo tan en serio que el estómago se me cayó a los pies y los ojos se me salieron de las órbitas de pánico. Pero luego se echó a reír—. Oh, ya sabes, se quedaría ahí apartando a los tíos con un bastón. ¿Estás convencida de comprarte éste?
Asentí sonriendo de oreja a oreja.
—Completamente.
—¿Cuánto cuesta?
—Está rebajado. Sesenta pavos.
Chris asintió.
—Bien.
Volví a alisar la falda y me contemplé en el espejo. El vestido era de color verde oscuro, justo por encima de las rodillas. La falda tenía vuelo y se agitaba al moverme. El vestido carecía por completo de espalda, abierto hasta la cintura. Tenía unas cintas que se cogían al cuello y un escote en forma de V, no demasiado bajo y adornado con minúsculas cuentas plateadas, que brillaban alegremente cuando les daba la luz. Me encantaba.
—¿Estás segura de que quieres éste? —insistió Chris de nuevo.
—Sí —contesté—. Me queda bien, ¿verdad?
—Sí, Camila, estás guapísima.
—Has dicho lo mismo del azul. Y del negro.
—Bueno, estabas muy bien con todos —me respondió con tal franqueza que tuve que echarme a reír. Chris era genial en ocasiones como ésta. Siempre me daba una opinión sincera; no sólo decía: «Te queda muy bien» o «No, no te hace gorda». Me decía directamente si me hacía el culo gordo o si las piernas se me veían rechonchas.
Regresé al pequeño probador para volver a ponerme mi ropa. Sí que me encantaba el vestido. Chris ya tenía su esmoquin, del Baile de Invierno. Los chicos tenían suerte con eso: no era como si yo pudiera llevar el vestido azul de manga larga que me había comprado de rebajas antes del Baile de Invierno sin que lo reconocieran. Además, me daría demasiado calor. ¡Las chicas lo teníamos mucho más difícil!
Iba a comprarme los zapatos mientras estábamos en el centro comercial, pero cuando salimos de la tienda con el vestido ya tenía el ojo puesto en unos zapatos plateados con tacón de una tienda cercana. Sólo necesitábamos encontrar máscaras... Oh, tío.
—¿Qué? —me preguntó Crish cuando me oyó gruñir al salir de la tienda—. ¿Qué pasa ahora?
—Necesitamos máscaras.
—No me digas, Sherlock —dijo ahogando un grito teatral.
Le di con la mano que tenía libre.
—Muchas gracias, sargento Sarcasmo. Pero necesitamos máscaras a conjunto con nuestros trajes. Lo que significa que tú necesitas una lila como tu pajarita, y yo tengo que encontrar una de color verde manzana que vaya con este vestido... O no, quizá me sirva una plateada...
—Deberías haberte comprado el vestido rosa —me soltó Chris con un sonsonete.
—Oh, cállate.
Conseguimos encontrar una tienda de disfraces que tenía una pequeña selección de máscaras en la parte de atrás. Al instante, Chris cogió una gran máscara de pájaro con un pico gigante y plumas verdes, y me la puso en la cara.
—¿Qué te parece?
—Oh, a ver si creces de una vez. —Pero también me reí. Tenía un espejo delante y la máscara me quedaba de lo más divertida.
No nos lo estábamos tomando muy en serio. Chris quería comprar una máscara lila de terror, una especie de zombi o algo así. Yo encontré una de ciborg medio roto plateada que iba a juego con mi vestido. Sin embargo, finalmente, después de que el encargado nos diera unos cuantos avisos serios, acabamos de decidirnos. Chris encontró un antifaz lila que sólo le cubría los ojos y era al estilo de los superhéroes. En realidad era bastante guay. Mi máscara era un poco más complicada; me cubría hasta la punta de la nariz. Era casi del mismo tono que el vestido, sólo que un poco más oscura, y por el borde tenía cuentas y lentejuelas plateadas. Era perfecta, aunque un poco cara. Pero consideré que como el vestido estaba rebajado, podía pagar un poco más por la máscara.
—Ahora sólo necesitas un acompañante y ya estarás lista —dijo Chris.
Me quedé clavada en el sitio y volví a gruñir.
—Mierda.
¿Cómo se lo iba a explicar cuando me presentara con Lauren? Sin duda alguien me reconocería, o a Jauregui... Sobre todo Chris. Sin duda, Chris. Estaba jodida. Tenía que pensar en una excusa realmente buena. «O quizá podría decirle la verdad, ¿no?» Suspiré y negué con la cabeza.
—No importa.
—Aún te queda una semana —repuso El, todo animado—. Eso es un montón de tiempo para que los chicos te pidan ir al baile...
—Ya me lo han pedido —repliqué—. Tres. Los he contado. Y tú también. Pero Lauren ya había dicho que no antes de que yo tuviera la oportunidad de contestarles. Está siempre ahí, detrás de mí, en los momentos más inadecuados, te lo juro.
Chris se echó a reír.
—¡Eh! ¡Tal vez deberías ir con Lauren!
Le lancé una mirada y confié en que no notara que se me había acelerado el pulso. Pero su rostro era tan inocente y sincero que al instante supe que no sospechaba nada.
—¿Por qué?
—Porque Ella no va a pedírselo a nadie y no va a dejar que nadie te lo pida a ti. Sería lo mejor, ya que ambas estáis solas.
Puse los ojos en blanco. Pero lo cierto era... que quizá ahí tenía mi excusa. Si eso era lo que Chris pensaría cuando nos presentáramos juntos al baile..., entonces, ¿por qué no? «O podría decirle la verdad...» Si Chris decía a la gente que ésa era la razón de que fuéramos juntas, todos lo creerían. «O podría decírselo. A El. ¡La verdad!» Tendría que pensármelo. Parecía una buena idea. Chris fue detrás de mí mientras me compraba los zapatos, y luego fuimos al bar a por unos helados gigantes y unos refrescos.
—No puedo creer que sólo falte una semana para el baile —comentó Chris.
—¡Eh, y sólo dos semanas y un poco para nuestro cumpleaños! —exclamé.
—¡Lo sé! —Sonrió complacido—. ¿Sabes qué te van a regalar?
—Creo que un coche, pero aún no lo sé. Mi padre no quiere decírmelo.
—Así que es una sorpresa, pero no una sorpresa del todo.
—Más o menos. —Reí—. He visto todos los folletos de coches que no se ha acordado de esconder. ¿Y a ti qué?
—Nada especial. —Se encogió de hombros, con la boca llena de helado—. Quizá un ordenador nuevo. Seguramente tendré que aportar parte de mis ahorros. El mío se ha quedado bastante viejo. Además, es lento..., quiero decir, más lento que esos ordenadores que hay en la biblioteca.
—Lo sé. Te has quejado veces más que suficientes. Sigo creyendo que tienes un virus dentro por jugar en línea a carreras contra los holandeses.
—Eh, vale, pero ese juego es genial.
—Pero si ni siquiera te enteras de lo que está pasando. Está en holandés.
—¿Y?
Me eché a reír, pero no tenía el corazón en ello.
—Vale.
—Muy bien, Camila —dijo Chris, mientras dejaba la cuchara sobre la mesa. Todo el mundo sabía que si Chris dejaba de comer era que la cosa se estaba poniendo seria, así que tuvo toda mi atención al instante—. ¿Qué está pasando?
—¿Eh?
—No te me pongas toda «¿Eh?». Algo te ronda por la cabeza. ¿Vas a decirme qué es?
—No te preocupes, no es nada.
—Es Lauren, ¿verdad?
Casi pegué un bote, pensando que por fin me había pillado. Ya habían pasado casi dos meses; empezaba a dudar de que nuestra buena suerte fuera a durar, con todo el asunto de ir ocultándonos. Pero no parecía que El hubiera sospechado nada antes. Entonces... ¿qué me estaba diciendo? Lo único que pude pensar fue: «¿Qué?».
—Lo sabía.
—Chris, es que... no... —Tartamudeé con impotencia, aturullada. Me sudaban las manos, el estómago me había dado un vuelco. De repente, mi helado de toffee con fresas ya no parecía tan apetitoso.
—No dejes que te ponga de los nervios, Camz —dijo Chris con amabilidad; puso su mano sobre la mía y me sonrió amistosa y tranquilizadoramente—. Sólo se preocupa por ti, y ya sé que es un poco exagerada, pero... síguele la corriente, ¿vale? Un par de semanas más y dejará el instituto, ¿no? Las cosas no serán así el año que viene. Y sólo está intentando que no te hagan daño.
Me había quedado sin palabras. No sabía que me había estado viendo a escondidas con Lauren. No sabía que hubiera algo entre su hermana y yo. Pensaba que me molestaba lo sobreprotectora que Lauren podía llegar a ser y que no me dejara ir con nadie al Baile de Verano. No sabía si sentirme agradecida y aliviada o muerta de culpabilidad. Era una rara mezcla de ambas cosas. Me obligué a sonreír a Chris. A veces era tan mono...
—Gracias —murmuré—. Y sí, tienes razón, a veces olvido que Lauren acaba el instituto en septiembre. ¿Ya sabes adónde va a ir?
Chris negó con la cabeza.
—Sé que quería ir a San Diego, pero creo que aún no se ha decidido. También ha solicitado plaza en un par de unis de la Ivy League.
—¿De verdad? -- Chris asintió mientras se metía más helado en la boca.
—Oh, bueno. Será bastante raro no tenerla encima todo el rato.
—Ya sé lo que quieres decir. Al menos las cosas serán un poco más tranquilas. Y entonces yo seré oficialmente el Jauregui más bueno del instituto —añadió Chris con una sonrisita satisfecha, que era inquietantemente similar a la de su hermana. Su parecido con Lauren era considerable: ambos tenían el cabello oscuro algo castaño, brillantes ojos verdes y un mentón fuerte. También habían tenido la nariz parecida hasta que Lauren se la rompió. Pero Lauren era un poco más alta y mucho más sexy. Chris tampoco estaba nada mal; unos cuantos veranos en el gimnasio se habían encargado de eso, junto con toda la natación que había hecho. Me eché a reír.
—En tus sueños, Chris.
—Sólo porque tengas un cuelgue con mi hermana... —bromeó.
—¡Cállate! ¡No lo tengo!
Chris volvió a reír mientras tomaba otro enorme bocado de helado. Puse los ojos en blanco antes de dedicarme al mío. Pero una parte de mí seguía pensando en que Lauren iba a acabar el instituto. En cierto modo quería que se quedara para seguir teniéndola cerca. No quería pensar en que se marcharía. Era tan raro... Y sin duda echaría de menos sus besos...
Y me di cuenta de que también echaría en falta esos ratos en los que simplemente estábamos juntas. Pero dentro de mí había otra vocecita que me decía que estaría bien que se fuera a una universidad más lejana. Entonces yo podría empezar de nuevo en el instituto sin que Ella amenazara a cualquiera que se atreviera a pedirme una cita. Lo cierto era que no había tenido ninguna otra después de la desastrosa con Cody, a no ser que contara los encuentros secretos con Lauren. Suspiré. Mi vida se estaba complicando demasiado.

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Capitulo 113

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:34 am

—Entonces, humm... —Warren estaba apoyado en la taquilla junto a la mía.
—¿Sí? —lo animé cuando El dejó la frase colgando.
—¿Tienes ya pareja para ir al baile? -- Negué con la cabeza.
—Lauren los ha asustado a todos. -- Warren rió nervioso.
—Sí, claro... Bueno, estaba pensando... ¿Quieres ir conmigo?
—¿Como amigos o...?
—Estaba pensando más en una cita que en ir de amigos —admitió, pero sin llegar a mirarme a los ojos.
Le sonreí, preguntándome cuán nervioso estaría. Por lo general, era un chico bastante seguro de sí mismo.
—No lo sé, Warren...
—Bueno, siempre podemos ir como amigos.
—¿Qué te parece que si no encuentras a nadie que aún no tenga pareja vaya contigo? Pero estoy segura de que hay muchas chicas que irían contigo. —Sonreí de nuevo.
Parecía un poco decepcionado, pero me devolvió la sonrisa.
—Te tomo la palabra.
—Vale —repuse riendo—. Buena suerte.
—Voy a necesitarla —respondió El—. Todo el mundo corrió a buscar pareja en cuanto salieron los flyers. No queda ni una semana.
—Lo sé. Es ridículo. El vestido no me lo compré hasta el sábado.
—¿De verdad? -- Asentí.
—Bueno, voy a ver si puedo conseguir una pareja. Te veo luego, Camz.
Cerré la taquilla y me di la vuelta. Pegué un bote cuando vi a Thomas parado detrás de mí. Me sonreía, bueno, en realidad me miraba con una sonrisa pícara.
—Hola, Camz.
—Humm, hola... —Quise salir corriendo, o decirle a dónde podía largarse. Pero no pude reunir el coraje suficiente para hacerlo. Entonces caí en lo que Lauren había querido decir con ser demasiado buena. Supongo que ésa era una de las ocasiones a las que se refería.
—¿Y por qué lo has rechazado? —me preguntó, haciendo un gesto con la cabeza hacia Warren.
—No es asunto tuyo —le solté—. Si me perdonas... —Intenté pasar a su lado, pero El me cerró el paso. Fui hacia el otro lado, pero se movió de nuevo. Justo cuando estaba a punto de lanzarle una mirada asesina, dio un paso adelante y me dejó con la espalda contra las taquillas.
—Entonces, ¿qué te parecería ir conmigo?
—No, gracias.
—Ah, vamos, Camz, ¿por qué no? —preguntó, aún con un tono desagradable y demasiado seguro de sí mismo—. No tienes pareja y yo tampoco. ¿Por qué no?
—No quiero ir contigo. ¿Lo entiendes? -- El estaba a punto de replicar cuando alguien lo empujó de lado contra las taquillas; me sobresalté y pegué un brinco, con el corazón acelerado.
—Lárgate —dijo Lauren, amenazadora.
Thomas frunció el cejo y empujó a Lauren. Ésta la miró furiosa, y Thomas comenzó a retroceder. Antes de que yo pudiera decir nada, Lauren me agarró la mano y comenzó a arrastrarme en dirección contraria.
—¿A dónde vamos?
Me llevó a una de las pequeñas salas de estudio, con sus ordenadores, estantes, sofás y una máquina de café estropeada. Cerró la puerta a nuestra espalda. Por suerte (o quizá por desgracia), la sala estaba vacía. Sonó el timbre en ese momento, indicando que debíamos ir a clase. Tenía una hora de estudio, pero eso era irrelevante. Ninguna de las dos se movió.
—¿Cuántos tíos han sido hoy? ¿Cuatro? ¿O quizá cinco?
Solté un bufido.
—Dos, en realidad. Y Warren ni siquiera cuenta. Así que sólo uno.
—¿Ves a qué me refiero? -- Puse los ojos en blanco.
—He oído que te has comprado un vestido —añadió—. ¿Cómo es?
—Es mínimo, con un gran escote y muy ajustado —le contesté, sarcástica. Alzó una ceja y yo puse los ojos en blanco, suspirando—. Me llega hasta las rodillas, es verde y la falda tiene mucho vuelo. Es muy bonito. -- Asintió.
—Eso parece. Estoy segura de que estarás muy guapa. —Entonces bajó la voz—. Y, bueno, como ya llegamos tarde...
Dio un par de pasos hacia mí y yo sonreí mientras me ponía de puntillas para poder besarla. Sabía que debería poner alguna excusa y marcharme, pero lo cierto era que no quería irme. Me rodeó la cintura con los brazos, cálidos y seguros, y yo sonreí contra sus labios.
—¿Eh, Camz? ¿Lauren? ¿Estáis...? —Chris se cortó de golpe.
Pegué un bote alejándome de Lauren, tropecé con mis propios pies y me tambaleé hasta recuperar el equilibrio. Todo el cuerpo se me había vuelto de gelatina y de repente me costaba respirar. Miré hacia Lauren, que estaba inmóvil en el sitio, con los ojos fijos en su hermano y una expresión indescifrable. El barullo de los retrasados yendo hacia clase fue muriendo fuera, hasta que los tres nos quedamos rodeados de silencio.
Chris cerró la boca, que se le había quedado abierta todo el rato, e inspiró profundamente, como si estuviera a punto de decir algo. Pero no salió ninguna palabra de su boca. Yo también me había quedado muda. Tenía que entenderlo..., no podía perderlo. Se suponía que no tenía que enterarse así. Pero ahora me odiaría para siempre. Tenía que decirle algo. Pero no sabía qué decir que no empeorara las cosas.
Miré a Lauren, que me devolvió la mirada con un casi imperceptible encogimiento de hombros; tenía tan poca idea como yo de cómo arreglar la situación.
—¿Lauren? —soltó Chris con voz ahogada y los ojos clavados en mí. Su mirada no era sólo triste, o enfadada, sino que parecía desolada—. ¿Lauren? Por favor, Mila, dime que esto no es lo que parece. Dime ahora mismo que hay alguna explicación razonable.
—Esto..., Chris, ti...tienes que creerme, yo no..., nosotras...
—Camz —me interrumpió Chris con voz tensa—. Dime que no es lo que parece. —Sus ojos se clavaron en los míos, esperanzados. Yo sabía que ni por un momento El había creído en esa leve esperanza. Se me acercó, con pasos lentos y pesados, pero se detuvo a un par de palmos, como si algo lo retuviera. Lo siguiente que dijo fue un ruego desesperado que me rompió el corazón. —Por favor.
Y yo sólo tuve una respuesta, una que estaba segura de que le iba a hacer aún más daño.
—Lo siento, Chris, lo siento muchísimo... —Intenté cogerle la mano, decirle con los ojos que nunca había tenido la intención de que eso ocurriera. Pero El se echó hacia atrás, se apartó como si yo lo repeliera físicamente. Los ojos se me llenaron de lágrimas y se me hizo un nudo en la garganta. Pero no podía permitirme llorar; Chris no debía pensar que era patética.
—Por favor, Chris, no como si..., como si yo fuera...
—¿Como si fueras qué? —me soltó El, pero no importaba lo enfadado que pudiera parecer; por debajo oí el dolor de la traición—. ¿Fueras a mentirme para poder tirarte a mi hermana?
—¡Chris!
—¿Y cuándo, exactamente, pensabas contarme esto? ¿O creías que podías ocultármelo eternamente? ¿Crees que no había notado las supuestas «quemaduras con las tenazas de rizar el pelo» —dijo aquello con todo el sarcasmo que pudo—, o lo nerviosa que te ponías cuando recibías un mensaje de texto? ¿Crees que no había notado que pasaba algo?
—No... no pensaba... —Respiré hondo para tratar de aclararme las ideas—. Si lo sabías, ¿por qué no dijiste nada?
—¡Estaba esperando que me lo contaras tú, Camz! —me gritó—. Hemos sido los mejores amigos toda la vida, ¡y ahí estabas, ocultándome un secreto! Siempre nos lo hemos contado todo. Supuse que fuera lo que fuese, debías de tener una buena razón para no contármelo, pero que finalmente lo harías. —Antes de que pudiera pensar algún tipo de respuesta, El soltó una amarga carcajada—. Y esto es lo que me ocultabas. Es por esto que has estado mintiéndome todo este tiempo. Y has dejado que me enterara así.
—Se suponía que no tenías que enterarte así —solté, desesperada. Tenía que escucharme, tenía que entenderlo, tenía que perdonarme.
—¡Entonces deberías habérmelo dicho desde el principio! —me gritó de nuevo.
No podía recordar la última vez que Chris y yo nos habíamos peleado. Habíamos discutido muchas veces; eso no era raro en cualquier tipo de relación, pero nunca así. Nunca nos habíamos gritado.
—Oh, vamos, Chris. No es culpa de Camz —intervino Lauren, con un tono frívolo y desenfadada, cuando ni Chris ni yo dijimos nada durante unos segundos—. Deja de fastidiarla.
—¡Tú! —la amenazó Chris, tan cabreado que su voz era casi un rugido—. Ni te atrevas a hacerme hablar de ti. ¿Cuán hipócrita puedes llegar a ser, eh? Diciendo a los chicos que dejaran en paz a Camz, que no le hicieran daño..., y ahí estás tú, tratándola como a una zorra cualquiera que hubieras recogido en cualquier club.
El músculo en el mentón de Lauren comenzó a tironear, y vi que apretaba los puños.
—No tienes ni idea de lo que estás hablando.
—¿Estás diciéndome que no os habéis acostado? —Chris nos miró a ambas con las cejas alzadas y expresión acusadora. Que ninguna de las dos contestáramos fue suficiente respuesta. Resopló y luego se pasó la mano por el cabello—. Lo sabía. Sí que te estabas tirando a mi hermana. Mintiéndome. Escogiéndola a Ella, una tía cualquiera, por encima de mí, tu mejor amigo. Si te hubieras plantado delante de mí tratando de explicarme que estabais locamente enamoradas podría haber sido diferente, pero...
—No, Chris, no ha sido así, te lo juro. Sólo fue una vez.
Durante un segundo permaneció en silencio.
—¿Cuándo? —preguntó finalmente. Lo dijo en voz tan baja que por un instante pensé que lo había oído mal. Sin duda, el cuándo pasó no era lo más importante en ese momento, ¿no?
—¿Perdona?
—¿Cuándo pasó? —repitió El, mirándome directamente a los ojos, pero yo no podía mirarlo. Estaba demasiado avergonzada—. Camz.
—Hace unos dos meses —murmuré sin levantar la vista del suelo—. Después de la fiesta de Warren.
—¿Qué? ¿Justo después de que os marcharais temprano? -- Asentí.
—¿Cuando Camz estaba borracha? —gritó Chris mirando a su hermana—. ¿Te acostaste con ella cuando estaba borracha? Después de toda la mierda que había estado soltando sobre...
—No estaba borracha —repliqué—. No soy tan estúpida.
—Oh, ¿de verdad? —me soltó Chris—. Ahora mismo lamento no estar de acuerdo.
En ese momento, lo que fuera que estaba haciendo que Lauren se contuviera, finalmente cedió. Dio un par de pasos, agarró a Chris por el cuello del polo y lo tiró contra la pared.
—¿De verdad crees que la trataría así? ¿Crees que no le tengo ningún respeto?
—Has hecho que me mintiera durante meses.
—Eso lo decidió ella —le espetó Lauren, y lo empujó de nuevo contra la pared. Vi que los ojos de Chris pasaban de Lauren a mí, y lo único que pude hacer fue devolverle una triste mirada. Sí, había sido mi decisión.
Por un momento me mordisqueé el labio mientras observaba preocupada el rostro de mi amigo. Por primera vez en la vida no tenía ni idea de lo que le pasaba por la cabeza. Tenía los ojos oscurecidos, una expresión neutra y parecía tranquilo. De un modo algo aterrador. En ese momento era como su hermana. Pero en vez de reaccionar contra mí, Chris le dio un puñetazo a Lauren en la barbilla, con la fuerza suficiente como para hacer que lo soltara y luego poder apartarlo de un empujón. Me miró una última vez, con una expresión de indecible decepción, y luego salió de la habitación y se alejó corriendo por el pasillo. Lauren se frotó el mentón.
—No ha sido un mal golpe, la verdad.
La miré boquiabierta antes de reaccionar. No era momento de discutir con Lauren. Lo más importante era asegurarme de no perder a Chris. Y en una fracción de segundo estuve corriendo tras El, cruzando el pasillo a toda velocidad mientras gritaba su nombre, tratando de alcanzarlo mientras El escapaba por la escalera y salía del edificio hacia el aparcamiento. Oí a Lauren detrás de mí, pero no le presté atención. Chris era lo único que importaba.
—Chris, ¿puedes parar un momento, por favor? —grité mientras me apretaba el costado. Me había quedado sin respiración.
Chris era la persona más importante en mi vida. Excepto por todo el asunto con Lauren, lo sabía todo de mí. Sabía mi talla de sujetador. Sabía que no me gustaba nada el olor a jojoba del champú que antes solía usar El. Mierda, incluso sabía que yo tenía una marca de nacimiento con forma de fresa en el culo. Era mi otra mitad. No podía perderlo. Se suponía que íbamos a ser los mejores amigos hasta el día que muriéramos, y que seguramente también haríamos eso juntos. Habíamos nacido con sólo minutos de diferencia. Se dice que la persona de la que te enamoras es con la que pasarás toda la vida; la persona que sabrá tus secretos más ocultos y oscuros, y que aun así te amará, la persona que sabe exactamente qué decir para hacerte reír o sonreír o sentirte mejor. Ésa será la persona sin la que, pase lo que pase, no podrás vivir. A mí no podía importarme menos de quién me enamoraría, la verdad. Lo único que me importaba era no perder a Chris. Se detuvo de golpe, de espaldas a mí. Notaba la tensión retorciéndole los músculos de la espalda, y su agitada respiración. Lo que pareció eones más tarde, se volvió para mirarme, justo cuando Lauren llegó corriendo y se detuvo detrás de mí. Chris tenía los puños apretados, pero aun así le temblaban las manos. También le temblaba el mentón; estaba esforzándose mucho para no echarse a llorar.
—Por favor —le dije a media voz—. No es lo que piensas.
—Entonces, ¿qué diablos es? —me replicó—. No puedo creerlo, Camz. Llevas meses mintiéndome y viéndote a mis espaldas con mi hermana. ¿Tienes alguna idea de cómo me hace sentir eso, saber que mi mejor amiga ha preferido a mi hermana antes que a mí, sólo por sexo?
—No era..., no, quiero decir..., no prefiero..., No espera, quiero decir..., no era por... —Sacudí la cabeza, tratando de decir algo que tuviera sentido—. ¡No sabía qué hacer! Sabía que reaccionarías así si te lo contaba, pero no..., no podía..., creía estar haciendo lo mejor para ti...
—¿Sabes qué, Camz? Guárdate ese discurso para alguien a quien le importe.
Subió a su coche. Encendió el motor, salió marcha atrás del aparcamiento y se marchó. Y yo no estaba segura de si alguna vez volvería

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Capitulo 114

Mensaje por Admin el Vie Jul 06, 2018 8:35 am

Me quedé mirando el espacio vacío donde había estado el coche de Chris. El rugido del motor y el chirrido de los neumáticos sobre el asfalto me resonaban en los oídos. Me desplomé sobre el suelo, pero esta vez no había nadie para cogerme. Lauren se acercó lenta y cautelosamente. Oí sus pasos, y su sombra cayó ante mí, pero no la miré. No soportaba hacerlo.
Se detuvo justo a mi espalda. Con los miembros tensos y reticentes, me puse en pie y me sacudí el polvo. Chris me había dejado. Era mi mejor amigo, mi gemelo, mi otra mitad. Y me había dejado. Me odiaba. Yo lo había destrozado todo. Si se lo hubiera dicho antes...; si no hubiéramos sido tan estúpidas como para besarnos en el instituto, o si... O si, para empezar, nunca hubiera querido estar con Lauren...
Suspiré y me pasé los dedos por el pelo. ¿Y si Chris no volvía a hablarme? ¿Y si lo había perdido, no sólo durante un rato, hasta que se calmara, sino para siempre?. Lauren me puso una suave mano en el hombro.
—Camz —comenzó en voz baja, pero yo me sacudí para quitarme su mano de encima y me volví hacia el otro lado. De no haber sido por Lauren y aquella estúpida caseta de los besos nada de eso hubiera pasado nunca.—Camz —repitió Ella, mientras yo comenzaba a alejarme.
—Déjame en paz —le dije. Mi voz sonaba derrotada, pero ni por asomo reflejaba lo mal que me sentía por dentro. Lauren no trató de seguirme. Volví hacia el instituto, sola.
* * *
Durante el resto del día no pude concentrarme en ninguna de las clases. Chris no apareció. Cuando la gente me preguntó por El, les decía que se había ido a casa porque se encontraba mal. Evité a Lauren e intenté actuar como si no pasara nada. Pedí a Dixon que me llevara a casa en coche, después de no hacer ningún caso a los mensajes de texto y voz de Lauren.
—¿Seguro que no pasa nada, Cami? Pareces estar a punto de vomitar —me dijo Cameron. Dixon clavó los frenos.
—Si vas a sacarlo todo, por favor, hazlo fuera del coche.-- Negué con la cabeza y traté de reír quitándole importancia.
—No voy a vomitar, no te preocupes. Es que... creo que he pillado lo mismo que tiene Chris.
—¡Vaya sorpresa! —bromeó Cameron—. Ni siquiera podéis enfermar solos, ¿eh?.
—Supongo que no —mascullé.
Cuando llegué a casa, el coche de papá ya estaba en la entrada. Me había olvidado de que ese día habían cancelado el entrenamiento de fútbol de Brad, el único día que me hubiera ido bien estar en casa sola, pensé con un suspiro mientras abría la puerta de entrada.
—¿Mila? ¿Eres tú? —preguntó papá desde la cocina.
—Sí, hola —entré para verlo y sonreí—. ¿Liado?
El asintió.
—Todo el equipo está intentando cerrar un trato para el miércoles, así que resulta bastante estresante. Tengo una conferencia telefónica luego, a las cinco treinta. Me llevará una hora o así. ¿Le prepararás la cena a Brad? Hay lasaña en el congelador.
—Claro —contesté—. No hay problema.
Preparé café para los dos y me llevé el mío al salón, para dejar a mi padre con su trabajo. Brad estaba tirado en el suelo, rodeado de papeles y el libro de mates. Se oía muy baja la música de Súper Mario Bros. Brad pegó un bote cuando entré en la habitación.
—Pásamelo —le dije.
—¿Que te pase qué? ¿Los deberes de mates? Aquí tienes, sírvete tú misma. Estamos estudiando ángulos. -- Me reí sarcástica.
—Muy gracioso. Pásame la consola.
Mi hermana me miró obstinado. Pude ver el plástico rojo de la consola Nintendo DS en el hueco de su brazo.
—Bueno —le dije—. Supongo que tendré que poner algunas verduras más en tu cena. Brócoli, me parece.
El entrecerró los ojos.
—No te atreverás.
—Tú espera.
—¡Arg, vale! ¡Ostras, Camz, eres tan pesada! —Me pasó la consola por el suelo y siguió con los deberes de mates, que me fijé que no había ni empezado. Me senté en el sofá con el libro de poesía que estábamos estudiando en la clase de literatura mientras me bebía el café y trataba de no pensar demasiado en Chris y en Lauren. Pero tratar de analizar a Larkin no me impidió no parar de darle vueltas a la cabeza. ¿Qué pasaría cuando Lauren llegara a su casa? ¿Se pelearían Chris y Ella?
No quería hablar con Lauren. Lo único que necesitaba era a Chris, y éste no quería ni cogerme el teléfono. Así que no tenía manera de saber qué estaría pasando con los hermanos Jauregui. Me moría de ganas de ir a su casa, pero llovía torrencialmente; papá no iba a dejarme salir con este tiempo, y si Chris no me dejaba hablar con El, tendría que explicárselo todo a mi padre.
Y aunque creía que El sí lo entendería... ni siquiera sabría por dónde empezar. Tampoco era como si pudiera entrar tranquilamente en la cocina y anunciarle: «Eh, ¿sabías que me he estado viendo a escondidas con Lauren Jauregui, y ahora que Chris lo sabes, me odia? Oh, y ya que estoy aquí, ¿quieres otro café?». Sí, claro. Eso iría de perlas. No fue hasta las ocho de la noche, cuando sonó el teléfono, que me enteré de algo.
—¿Hola? —contestó papá—. Oh, hola, Jade, ¿cómo estás?
Notaba que Jade estaba casi histérica, pero no llegaba a oír qué decía. Papá nos miró a Brad y a mí antes de irse a hablar al vestíbulo, donde no podíamos oírlo.
—¿De qué va eso? —preguntó Brad.
—¿Cómo voy a saberlo? —le solté de malos modos.
—«¿Cómo voy a saberlo?» —me imitó El, y le tiré un cojín a la cabeza como respuesta, mientras trataba de oír qué decía papá. Tenía un nudo en el estómago. ¿Qué estaba pasando? Finalmente, papá volvió al salón, mirando fijamente el teléfono que tenía en la mano.
—Lauren se ha ido.
El corazón me dio un vuelco.
—¿Qué quieres decir con que se ha ido? ¿Ido adónde?
—Chris y Ella han tenido una gran pelea, y Jade me ha dicho que ha metido cosas en una bolsa y se ha ido. No les ha dicho adónde o por cuánto tiempo. No contesta al móvil, así que Michael está buscándolo. —Papá meneó la cabeza tristemente.
—Bueno..., quiero decir..., no puede haber ido muy lejos, ¿no?
—No lo sé. Se ha marchado hace unos veinte minutos.
El estómago se me cayó a los pies, como lo haría en una montaña rusa. Tragué saliva.
—¿Ha..., ha dicho Jade... por qué se han peleado?
Papá me miró fijamente.
—Brad, ¿por qué no te das una ducha y te preparas para acostarte?
—¿Qué? No es justo, ¡si aún no son ni las nueve!
—Brad.
—Bien —protestó mi hermano, y salió hacia arriba hecho una furia. Dio un portazo al meterse en su habitación. Mi padre suspiró antes de sentarse en el sillón, y yo lo interpreté como que debía sentarme también.
—Al parecer —comenzó mi padre, juntando las manos—, se han peleado por ti. ¿Hay algo que te gustaría contarme, Camz?
Tragué saliva y sentí náuseas.
—¿Qué ha dicho Jade?
—No trates de esquivar la pregunta, jovencita. -- Me miré las rodillas.
—He..., he estado como..., como viéndome con Lauren.
—¿Qué quieres decir con «como viéndote» con Ella.
—Bueno..., en la caseta..., la caseta de los besos que montamos para la feria, Ella me besó, y entonces... hemos, eh..., hemos estado... Supongo que podríamos decir que hemos estado saliendo en secreto.
—Has estado saliendo con Ella.
—Pero no exactamente. Es complicado.
—Entonces será mejor que empieces a explicármelo.
¿Había alguna manera de contar esa situación sin decepcionar a mi padre? Sabía bien que no le gustaba Lauren, no le gustaba que se metiera en peleas, que tuviera una moto... Nunca había representado un problema hasta ese momento. Porque no habría manera de que le gustara que yo saliera con Lauren.
—Nos hemos estado viendo en secreto porque no quería que Chris lo supiera. Lauren y yo discutimos todo el rato, y no creía que la cosa funcionara entre nosotras, pero quería intentarlo..., y por eso la cosa ha seguido, y Chris se ha enterado, y ahora todo se ha ido a la porra y mi vida es una mierda. —Tragué aire al acabar.
Mi padre parecía..., bueno, supongo que «pasmado» es la mejor palabra para describirlo. Como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo. Como si no quisiera creerlo. Bajé la mirada al suelo.
—¿Cuánto tiempo hace que dura esto, Camz?
—Unos dos meses, desde la feria.
Papá se subió las gafas a la frente y se frotó los ojos como hacía cuando estaba realmente estresado.
—Y durante todo este tiempo, ¿no se lo has dicho a Chris?
—Creía estar protegiéndolo. -- Papá negó con la cabeza.
—Curiosa manera de hacer las cosas. Pero... ¿Lauren? ¿Entre todas las chicas que hay? Lauren no es justamente la más... estable en lo que a relaciones se refiere.
—Lo sé, lo sé, no es exactamente la pareja ideal, pero...
—¿Estás enamorada de Ella o algo así?
—¿Qué? ¡N...no! —exclamé—. ¡Claro que no!
Lo único que hizo mi padre fue suspirar. Yo seguí, tratando de reparar un poco del daño.
—Me hace feliz, papá. -- Me miró de nuevo, con el cejo fruncido.
—¿Estás segura de eso, Camz? -- Asentí con la cabeza.
—Sí. —Mi voz era apagada, y por alguna razón me resultó difícil contener una sonrisa. Me levanté mientras sacudía la cabeza para aclarármela—. ¿Y qué ha pasado entre Chris y Lauren? ¿Qué te ha dicho Jade?
—Estaban cenando —me explicó mi padre— y, de repente, Chris estalló. Se puso a gritarle a Lauren, y luego se pelearon, y entonces Lauren subió a su habitación, preparó una bolsa y se marchó a toda prisa. -- El teléfono sonó de nuevo y ambos lo miramos, iluminado sobre la mesita de café. Papá contestó, y yo me quedé en vilo, escuchando su parte de la conversación.
—Hola. Sí. Acabo de hablar con ella. ¿Qué? No, no, no tenía ni idea... —Suspiró de nuevo y escuchó durante un rato. Luego me tendió el teléfono.
—Jade quiere hablar contigo. -- Me temblaba la mano cuando cogí el aparato.
—¿Hola?
—Oh, Camz, hola. Mira, ¿tienes alguna idea de adónde puede haber ido Lauren? No contesta al móvil y Michael no la encuentra, y... ya no sabemos dónde más mirar.
—L…lo siento, de verdad que no tengo ni idea. —Jade ya comenzaba a suspirar cuando yo añadí —: Es impulsiva, ya lo sabes. Seguramente sólo ha ido a dar un paseo en coche para soltar algo de rabia. Volverá a casa, no te preocupes.
—Bien —repuso ella, con voz un tanto seca—, supongo que tú la conoces mejor que cualquiera de nosotros, ¿no, Camz?
—N...no pretendía... —Pero no pude formular una réplica adecuada; me había quedado sin palabras.
—No pasa nada. Medio sospechaba que había una chica en su vida. Ha estado comportándose diferente últimamente. Lo único que no me esperaba es que esa chica fueras tú. -- de nuevo, no tuve respuesta. —Mira..., si se pone en contacto contigo, por favor, ¿podrías hacerme saber si está bien?
—Claro. —Luego, antes de que ella pudiera agradecérmelo o despedirse, solté—: ¿Está Chris ahí? ¿Puedo hablar con El?
—No... —Permaneció callada un instante—. No creo que sea la mejor idea en estos momentos, Camz, lo siento.
—No quiere verme, ¿verdad?
—No —contestó ella, con algo de recriminación en su voz—. ¿Me puedes volver a pasar con tu padre, por favor?
—Claro. Adiós.
—Adiós, Camz.
Le pasé el teléfono de nuevo a mi padre. La conversación no duró mucho más; lo único que saqué de la parte de la conversación de mi padre fue: «Hum, ya lo sé, sí... No, lo comprendo... Sí, claro». Durante el resto de la velada no hablamos mucho más. Pensé que quizá debería llamar a Lauren, por si contestaba, para poder tranquilizar un poco a su madre. Pero no podía ni coger mi móvil para hacerlo. Sabía que había decepcionado a papá. Habría sido mejor si hubiera gritado o mostrado enfadado o algo, lo que fuera, excepto la incomodidad callada que colgaba del aire a nuestro alrededor. Eran las nueve y veintitrés minutos cuando ya no pude aguantarlo más.
—Me voy a la cama —anuncié mientras me ponía en pie. Papá no dijo nada hasta que yo casi estaba fuera del salón.
—Entiendo que no me hayas dicho nada de eso, pero ¿a Chris? Camz, tienes que hablar con El. Ya se le pasará. Lleváis demasiado tiempo siendo amigos como para dejar que esto os separe. -- Sólo pude asentir con la cabeza.
—Espero que tengas razón, papá. De verdad espero que tengas razón.

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