Dulce Antídoto para Olvidar.

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Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:29 am

autora: Giselle http://foro.univision.com/t5/Anahi-y-Dulce-Maria/Mini-Web-Dulce-Antidoto-para-Olvidar/td-p/456561820

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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:29 am

Prólogo
La vida de Anahí era casi perfecta, tenía una buena posición económica, una familia presentable, un futuro seguro… Pero eso no la hacía feliz. La poca felicidad que tenía era gracias a sus amigas, porque de parte de su familia no recibía afecto alguno.
Sus padres la educaron como a una señorita, hablaba cuatro idiomas, había ido a la escuela y a la universidad más importante, y conocía las capitales más glamorosas del mundo. En una oración; un bienestar perfecto. Además trabajaba para uno de los periódicos más importantes de México, aparte de estar escribiendo su primera historia para lanzar su primer libro.
Las discusiones eran constantes en su familia, pero nunca una tan fuerte como la que fue su última pelea; el engaño de sus padres y la negación de éstos hacia ella por su condición sexual.
Ese día se había ido corriendo de la casa de sus padres, que no aceptaban que fuera lesbiana.
Ellos no querían saber nada con ella, así que no iba a volver jamás a esa casa.
Y definitivamente fue así, nunca más volvió, pero no porque quiso.
La habían recogido en la carretera luego de verla haciendo dedo para que la alcanzaran a la ciudad, que no quedaba muy lejos, pero que no podía transitar a pie.
A partir de ese momento su vida cambió. Todos los sueños que tuvo alguna vez; ser una exitosa escritora reconocida por todo el mundo, tener una familia con la mujer que amara y ser feliz, los vio imposible de cumplir.
Vivió la peor pesadilla que pudo haber vivido. Fue humillada, maltratada, sometida por cualquier cantidad de personas, golpeada y herida, no sólo física sino psicológicamente.
Cuando creyó no poder salir de aquel infierno donde la habían obligado a estar, cuando creyó que jamás volvería a ser la misma persona de antes, cuando creyó que estaba muerta en vida… apareció ella. Una mujer que le devolvió la vida, la alegría, la felicidad pero sobretodo; la libertad.
Anahí vivirá con el fantasma de su pasado, presente en todo momento, provocándole miedos, pánico y hasta inestabilidad mental… pero ella, una periodista en búsqueda de un ser querido perdido, la ayudará a ser una nueva persona. Haciéndola olvidar del infierno que vivió. Se convertirá en una persona muy importante en la vida de la joven, porque solamente la hermosa pelirroja, podrá lograr que Anahí deje los miedos y su pasado atrás, para volver a empezar. Ella será, su dulce antídoto para olvidar.

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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:30 am

Capítulo 1
Llevaba casi un año metida allí. En realidad eso era lo que pensaba, si mal no recordaba había sido hace un año que la habían levantado de esa carretera desolada.
Se había escapado al discutir con su familia. Había salido enfurecida, sin nada, había olvidado hasta su bolso de mano con sus pertenencias; móvil, llaves, dinero...
Sus padres la tenían harta ¡Tenía 23 años! Tenía derecho de hacer lo que quisiera, pero sus ellos no lo entendían, querían manejarla a su manera y eso era algo que no soportaba.
Venía de una familia con una buena posición económica, sus padres le habían dado todo lo que quería desde pequeña… pero al crecer las cosas cambian. Ya no te importan los juguetes, los viajes… no te conformas con lo que te puedan dar materialmente. Cuando creces necesitas amor, amistad, comprensión… pero ella no tuvo nada de eso. Típico de familia rica; piensan que pueden hacerte feliz dándote todos los gustos, cumpliéndote sueños… pero no. Lo que ella necesitaba era que sus padres se preocuparan por ella, por lo que sentía… que la aconsejaran en los momentos difíciles. Nada de eso fue así, tuvo que conformarse con tener el cariño de la nana que prácticamente la crió. Y agradecía eso, agradecía haber tenido a alguien que sí se preocupaba por ella, que la comprendía, la escuchaba y le daba consejos. Pero no era lo mismo. No es lo mismo que te aconseje tu nana a que te aconsejen tus padres, eso pensaba.
No fueron las discusiones constantes que tuvo con ellos que la llevó a escapar, anteriormente había descubierto muchas cosas, entre ellas el amante que tenía su madre; un muchacho que podría haber sido su hermano. Los había descubierto una vez que apareció en su casa sin avisar. Además, incluida una disputa por su condición sexual.
Vivía sola desde los 21 años. Era hija única, por lo tanto a sus padres les costó dejarla ir, por eso se mudó a los 21. Hubiera deseado irse de esa casa mucho antes, pero no podía, sus padres tenían poder sobre ella, la manejaban como si fuera una marioneta, pero a medida que fue creciendo abría los ojos y se daba cuenta de cómo eran verdaderamente las cosas. Iba muy pocas veces a verlos a su casa, generalmente tenía a su madre prácticamente todos los días metida en su departamento, metiéndose en su vida. Los últimos días su madre no iba con frecuencia como antes, algo que le agradaba.
Al despertarse había recibido un llamado de su padre, no le había dicho que quería, pero la había citado en la casa por la tarde, cuando llegara de la oficina.
Era temprano, el día anterior había hecho la limpieza, las compras y había escrito otra parte de una historia en su ordenador. No estaba inspirada para seguir con la historia, además no iba a pasarse el día encerrada allí, cuando afuera hacía uno de los mejores días del año. Estaba caluroso, el sol resplandeciente en el cielo, la gente paseando por la ciudad disfrutando el clima luego de días de intensas lluvias. Sus dos amigas íntimas no estaban en la ciudad, y otras amigas no tenía como para planear una salida.
Las chicas habían viajado juntas en busca de un buen artículo para ser contratadas en alguno de los diarios más importantes del país. Si, las tres crecieron juntas, las tres decían que iban a ser doctoras, luego veterinarias para ayudar a los animales enfermos, luego cambiaron a periodistas, para conocer todo lo que pasaba en el mundo, y por qué no, también para conocer personas famosas. Sus amigas siguieron esa última carrera, pero no era lo suyo. A ella le encantaban las historias de amor, las novelas, así que estudió letras en una Universidad muy importante de Londres. Cuando se recibió volvió a su país, y ahora estaba enfocada en su próximo libro lésbico. Había escrito varios artículos a pesar de no haber seguido el periodismo, pero como conocía al dueño del Diario más importante de su país, éste le había dado trabajo allí. Aparte… ¡Era amigo de su padre! Lo más seguro era que su padre le había pedido que la contratase, pero en fin, tenía trabajo y eso hacía sentirla independiente. Era lo que importaba.
Trabajaba allí redactando artículos, mientras que cuando llegaba a su casa, escribía su historia. Esa historia que pronto, muy pronto llegaría a manos de muchas personas en el mundo.
Pero ese sueño se desvaneció una vez, se desmoronó como un castillito de arena armado un día de lluvia cerca del mar.
Había decidido ir a pasar el día con su nana, que aún trabajaba para su familia a pesar de sus años. Ella la había criado junto con sus hijas, para la ama de llaves ella fue su tercera hija. Siempre las quería por igual, las consolaba por igual, las abrazaba y besaba por igual, y eso la hacía sentir bien. Si sus padres no se preocupaban por ella, había una persona que si lo hacía, que lo hizo como lo hizo con sus hijas y sin hacer diferencias. Lupe, la nana, había llegado cuando ella tenía un año de edad… eso fue lo que le contaron sus padres. Llegó con una barriga de cuatro meses y una niña de un año. Nadie quería darle trabajo en su estado, pero necesitaba trabajar para darles algo a sus hijas. Fue así como consiguió trabajo en la casa de esos señores, quienes tenían una preciosa hija de ojos azules y cabellos castaños, que apenas comenzaba a pararse tomada de las cosas.
Lupe, apenas comenzó a trabajar allí, se dio cuenta de cómo eran las cosas; los señores no le prestaban el tiempo suficiente a la pequeñita. Ella pasaba tiempo completo en la casa, pero los señores le habían asignado una casa más pequeña para que pudiese vivir con las niñas, y que quedaba pasando el gran parque de la residencia.
La señora crió a sus hijas a la par de la pequeña de sus patrones, y así fue por varios años. A pesar de que sus patrones no eran buenos padres, no eran demostrativos afectivamente con su hija, y pasaban muy poco tiempo en la casa, o con su hija, éstos les pagaban el colegio a sus dos niñas. La mayor tenía la edad de la niña de la casa, mientras que la segunda era menor por poco más de un año. Así se criaron las tres, juntas, siendo amigas inseparables.
La joven había decidido ir a pasar el día con su nana mientras esperaba llegar a sus padres. Tenía pensado ayudarla a preparar el almuerzo mientras platicaban, para que su nana no se sintiera sola ya que sus hijas estaban de viaje.
Al llegar a su casa, buscó las llaves que estarían en alguna parte de su cartera, al encontrarlas abrió la puerta y encontró la casa muy silenciosa. A decir verdad siempre era así, silenciosa, pero se llegaban a escuchar los ruidos que hacia Lupe en la cocina, o cuando limpiaba y movía los muebles, o pasaba la aspiradora. Pero esta vez no era así, así que se extrañó. Buscó en la cocina, en la sala, en el comedor principal, en el jardín pero no había rastros de Lupe. <<Habrá salido de compras>> pensó y se sentó unos minutos en el sofá. No había nada interesante que hacer, la casa estaba sola, ni siquiera había un animal allí… sus padres nunca la habían dejado ni siquiera tener un perro.
Se levantó y se dirigió a su antigua habitación, pero antes de llegar escuchó unos quejidos que provenían del cuarto. La puerta estaba entre abierta. Iba a entrar, los gemidos de su madre eran cada vez más frecuentes y la asustaba. Caminó sigilosamente y tomó el pomo con su mano, y con apenas apoyar la cara en la puerta pudo ver unos movimientos en la cama. ¡Su padre no era! Ese no era el cuerpo de su padre… Se adentró más a la habitación y, efectivamente, ¡ese no era su padre! Su cara empalideció y sus ojos se aguaron. En un movimiento su madre la vio y trató de taparse con las sábanas, pero no podía ocultarse, ya la había visto. Y había visto el rostro de aquel hombre; nada más ni nada menos que el jardinero. No le dijo nada, solo salió de aquella habitación llorando y se encerró en su vieja habitación. Lloró de rabia, de impotencia. La familia perfecta que sus padres le habían construido se había desmoronado en segundos. Bien, para ella su familia no era perfecta, pero sus padres siempre se habían mostrado como la familia decente… que ahora su madre había vulgarizado en algo patético ¡¿Acostarse con el jardinero, 30 años menor que ella?! Era demasiado.
Su madre siempre la había manejado a su antojo. Desde pequeña le había llenado la cabeza con que tenía que ser una mujer decente, que no se involucrara en escándalos que hicieran caer la imagen de la familia ¿Y que estaba haciendo ella ahora?
Unos momentos después escuchó la puerta de la sala cerrarse, y bajó corriendo al imaginarse que era su papá. Al llegar se encontró con su madre ya vestida, recibiendo a su marido que acababa de llegar de su trabajo como siempre. ¡No se iba a quedar callada! Así que le contó todo a su padre. Pero lo que le llamó la atención es que su padre no demostraba sorpresa ¿A caso no le interesaba? No, no le interesaba porque ya lo sabía, pero para no hacer un escándalo ni un divorcio escandaloso, se lo había perdonado. Pero su madre lo seguía haciendo, a pesar de que su marido la había perdonado y le había pedido que no lo volviera a hacer. ¿O tal vez ni siquiera se lo había pedido con tal de no armar un escándalo y seguir como un matrimonio ejemplar, sin conflictos?
¡Se cansó! ¿A caso había vivido una mentira? ¿Desde cuándo pasaba eso y ella ni enterada? Gritó, discutió, lloró y les reprochó a sus padres… No podía seguir escuchando esas cosas ¡A ellos les importaba más la imagen pública que la familia! Como siempre.
-Disimulé lo que soy todos estos años por ustedes, porque me llenaron la cabeza de que no podríamos estar en el ojo de la prensa por algún escándalo, porque debíamos mantener la imagen de la familia. Me prohibí a mi misma estar con quienes realmente quería estar; mujeres. Por ustedes, solo por ustedes que me quemaron la cabeza con sus disciplinados pensamientos de decencia. ¿Y ahora hacen esto? ¡¿Por qué entonces tuve que reprimirme, cuando ustedes hacen lo que quieren?!
No pudo contener el llanto mientras hablaba. Las lágrimas le caían sin cesar.
-¿Qué estás diciendo?
Preguntó su madre con un gesto de… ¿Asco? ¿Repugnancia? Algo parecido era.
-¿Dijiste mujeres?
Preguntó su padre con el mismo gesto que la señora a su lado.
-Si papá, dije mujeres. Soy lesbiana ¿Lo entiendes? Lesbiana
Explicó enfatizando la última palabra como queriendo que lo entendieran bien.
-¿A caso me han visto con un chico alguna vez?
La respuesta no llegó. Sus padres estaban más que asombrados, y el asombro no los dejaba hablar.
-La respuesta es NO. Nunca me vieron con uno, jamás les presente un novio porque no me interesaban, no me interesan y jamás me interesarán los hombres
Esperó alguna queja, algo, pero nada provenía de sus padres. Estaban estupefactos. Entonces siguió.
-He salido con chicas, pero jamás les dije de mi elección sexual porque… sabía que me iban a juzgar no solo ustedes sino también la sociedad. Y también sabía que esto, para ustedes, iba a ser una mancha en la familia perfecta. Entonces me lo reprimí. Disfruté mis gustos en la intimidad. Nunca pude salir con una chica de la mano, sabiendo que los paparazzi estaban en todo momento detrás de mí. Jamás pude besar a una en la calle, porque al otro día iba a salir en los medios, tachando a la familia como una vergüenza. Yo no lo siento así. No es una vergüenza que me gusten las mujeres, pero para ustedes lo iba a ser, y yo los amo… entonces ¿Qué quedaba? Quería ser la niña perfecta como ustedes me criaron porque no podía defraudarlos. Pero ustedes se han encargado de “manchar”, por así decirlo, a la familia. Entonces ¿Por qué seguir guardándomelo? Ustedes, mejor dicho, tú, mamá, hiciste algo peor… y no creo que te dé la cara para reclamarme
Secó las lágrimas que habían caído antes, ya no lloraba.
-Llegó la hora de comenzar a vivir mi vida sin que me importe un carajo lo que me digan o piensen. Es mi vida, nadie tiene derecho a meterse, ni siquiera ustedes. Me di cuenta tarde, desgraciadamente tuvo que suceder esto… Pero ya se acabó eso de vivir en la oscuridad, ocultar mis sentimientos y mis gustos. Comienza una nueva vida para mí
Su madre se acercó con furia y la abofeteó.
-¡Eres un asco!
La joven se tomó la mejilla y la miró, con dolor, pero no dolor físico, sino con dolor emocional.
-Tú también eres un asco, mamá
Contestó calmadamente.
-¡No puedes ser… lesbiana!
Esta última palabra lo dijo con repulsión. Si, con ese tono.
-¡Te di todo! No me puedes pagar así
Añadió.
-No. No me dieron todo. Sí materiales, pero ¿emocionales? ¿A caso me dieron amor, cariño, comprensión? ¡No!-
Se respondió retóricamente.
-Además, nada de eso tiene que ver con mi decisión-
Añadió con la frente en alto.
-Pues yo no quiero una hija lesbiana-
Exclamó su padre.
Ella miró a su madre. Y con la mirada le dijo todo.
-Pues yo no quiero unos padres así-
Salió de allí corriendo.
La residencia de sus padres estaba fuera de la cuidad, tenías que pasar por una carretera para llegar a la lujosa casa. Pasaban muy pocos autos por allí, ella había llegado en taxi porque su auto estaba en el taller, y había contado con que el chofer de sus padres la regresara a su casa ¿pero ahora como se iría?
Corrió como nunca lo había hecho, hasta que no pudo más.
Descansó apoyada en un árbol y suspiró.
No había nadie allí, no pasaba ni siquiera una maldita camioneta que le hiciera el paro y la llevara.
Esperó unos minutos más, cuando por fin paró un auto donde iba una pareja de aparentemente la edad de sus padres. No notó nada raro en ellos, parecían buenas personas, además habían aceptado a acercarla a la ciudad.
-Tenemos que parar en un lugar a recoger a nuestra hija ¿te importa?-
Hablaron los señores. Ella no podía negarse, iba a tardar horas en que otro auto pasara por allí. Así que aceptó.
Unos cortos minutos después habían llegado a una casa, mucho más grande que la suya, y que no quedaba tan alejada a su residencia. Solamente tenías que escoger algunos atajos, que sinceramente la confundieron. Las grandes rejas negras abrieron paso al auto, encontrándose con muchos hombres de seguridad con armas en sus manos. Eso la confundió más. Les preguntó a los señores donde estaban, pero éstos solo le dijeron que no se preocupara, que buscarían a su hija y saldrían rápido de allí.
Bajaron los tres y los recibió un hombre, al que lo rodeaban varios hombres de seguridad también armados. Sintió un escalofrío que hizo que su piel se erizara. Algo no andaba bien. El hombre la miró y la tomó con fuerzas.
-¿Qué? ¡¿Qué hacen?!-
Preguntó con miedo. El hombre la empujó hacia los otros armados, que la tomaron a la fuerza y se la llevaron. A partir de ese momento nada fue lo mismo.


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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:30 am

Capítulo 2

Si, aparentemente hacía un año había sucedido eso. Pero no sabía en que país estaba, y estaba segura que no era el suyo porque el acento de los clientes era raro; no sabía si colombiano o uno de esos que se parecen en tono.
Ahora se encontraba en un lugar espantoso, lleno de chicas en la misma situación que la suya; con miedos, llorando, pidiendo por favor que la dejaran salir. Pero nadie hacía caso, cuando alguna se quejaba se la llevaban y volvían golpeadas, torturadas y en estado de shock.
***
Ahora estaba allí, en aquella habitación esperando a su próximo cliente. ¡Asco! Eso le daba, asco. Pero tuvo que aprender a sobrevivir con eso. No la iban a dejar salir jamás, eso lo tenía muy presente siempre. Y si algún día saliera de allí sería muerta, como le habían dicho el primer día que llegó.
Mientras esperaba al próximo viejo que vendría pidiendo sus “servicios” recordaba su vida antes de esa.
No era completamente feliz. No le faltaban cosas materiales, pero si afecto, y eso la hacía infeliz. El único cariño que tenía era de esas personas que no eran de su sangre, pero que la amaban como si lo fueran. Dicen que los amigos son la familia que uno elige, y definitivamente para ella era así. Sus amigas y su nana eran la familia que había elegido.
Sus ojos se aguaron al recordarlas. Quería volver a verlas, estar con ellas, platicar, reír… Quería abrazarlas una vez más. Quería sentirse segura en los brazos de su nana… Quería volver a su vida, quería volver a ser la de antes. Pero ahora estaba allí, y se sentía más miserable que nunca. Se sentía asquerosa vestida de aquella forma. Se sentía sucia al ser tocada varias veces cada noche por distintos tipos. Se daba asco.
Su mirada estaba fija en el suelo cuando escuchó que la puerta se abría. Allí iba. Tenía que secarse esas lágrimas y hacer lo que venía haciendo hace unos meses; ponerse fuerte, dejar su corazón de lado y hacer lo que tenía que hacer. Sin sentimiento, sin ningún estremecimiento y emoción. Cuanto más rápido, mejor, más pronto se libraría de ese asqueroso tipo que le tocaría “complacer”.
Secó sus lágrimas y levantó la mirada, encontrándose con un par de ojos castaños viéndola con deseo. Pero no era un viejo. Bueno, a ella siempre le tocaban hombres de todo tipo, era la favorita de allí, la que todo hombre quería tener, y siempre variaban de todas las edades. Pero… ni siquiera era hombre.
Era una mujer, de intensos ojos cafés, cabello largo y rojizo hasta la cintura. La luz de la lámpara junto a ella le dejaba ver unos mechones violetas en las puntas de sus pesados bucles.
¡Era hermosa! Pensó.
Pero no, ella tenía que dejar sus sentimientos de lado, como siempre lo hacía.
Se levantó con la frente en alto y su cara se puso seria, como siempre.
-Hola preciosa-
Un sentimiento la invadió al sentir a aquella mujer llamarla así.
Era la primera vez que una mujer pedía por sus servicios.
Tomó aire y se enderezó.
-A lo que vienes-
Contestó en un tono seco, acercándose a la chica. Ésta se quitó la chaqueta, la apoyó en un sofá cerca, quedando con una blusa negra de tirantes y se puso las manos en los bolsillos de su jean.
-Ciel ¿verdad?-
Preguntó la chica, ahora sin ningún rastro de deseo en su mirada, sino de compasión. ¿Compasión? Eso era lo que menos tenían los que iban a allí, que te hacían lo que querían, donde querían y como querían. No importaba si te hacían daño; a ellos solo le importaba su placer.
-Así dicen ¿no?-
Contestó con el mismo tono que antes.
-Tienes un hermoso nombre, como tus ojos-
Se acercó un poco más y la tomó de una mano
-¿Te pusieron ese nombre por el color de tus ojos? ¿O no te llamas así?-
¿Qué pretendía esta mujer? Se preguntó. ¿Hacerse la poeta enamorada para luego follársela sin piedad? Mejor cortar por lo sano e ir al grano.
-No importa mi nombre. Si quieres puedes llamarme como más te guste-
Dijo con un tono brusco mientras buscaba el cinto del pantalón de aquella joven mujer.
Ésta le tomó la mano para que dejara de hacerlo.
-¿A lo que vienes no? ¿O quieres jugar?-
Le preguntó, enarcando las cejas.
-¿Hace cuánto estás aquí?-
Preguntó de súbito sorprendiéndola. Ciel frunció el ceño y lo miró confundida.
-¿Qué importa?-
-Mucho-
Respondió rozando su mano en la suave mejilla.
-¿Lo preguntas acaso porque soy la mejor de aquí?-
La pelirroja dudó, pero asintió.
-Digamos-
Respondió.
Ella suspiró y se alejó un poco. Llevaba un pequeño camisón negro transparente que dejaba ver su escultural cuerpo. Estaba descalza y su pelo suelto caía sobre sus hombros. Al voltearse y caminar, la pelirroja pudo admirar los atributos de semejante mujer.
-Eres nueva, nunca te he visto por aquí. De hecho, nunca he visto una mujer aquí, buscando nuestros servicios-
-Me recomendaron-
Seguro que los que la recomendaron fueron algunos de esos tipos que ella se tuvo que aguantar noches y noches.
-¿A caso también me recomendaron contigo?-
-Exacto. Me dijeron que eres la más “pedida”, por así decirlo. Y la más cara-
Ella se dio vuelta y la miró con indiferencia.
-Ellos dicen que soy la más cara… no sé cuanto valgo. No veo ni una moneda de lo que pagan por mí-
La mujer se quedó seria, era justo lo que necesitaba saber. Ella no estaba allí porque quería. Si no veía ni una moneda de lo que pagaban por ella, entonces era como muchas otras, estaban allí obligadas. Se acercó un poco más y volvió a tomarle la mano.
-¿Cómo te llamas?-
Preguntó en un susurro. La castaña dudó en responderle.
-¿No te han dicho? Ciel. Cielo en francés. Dicen que queda más elegante decirlo así. Pero es lo que menos importa, si es en francés, en italiano o en chino-
Respondió furiosa.
-No creo que ese sea tu verdadero nombre-
-¿Sabes qué? No interesa mi nombre. Quiero terminar cuanto antes con esto. ¿Te explico cómo son mis reglas?-
La pelirroja no respondió, así que ella lo tomó como un si
–Tengo que aceptar que me hagan lo que quieran. Si quieres jugar a algo jugamos, si quieres maltratarme me maltratas-
Expresó seriamente
–No doy besos en la boca, así que no intentes besarme. No pidas que te llame de una forma excitante porque no lo haré, ni siquiera hablaré mientras me follas-
La chica de ojos castaños frunció el seño, pero siguió escuchando
–Y si quieres, como te dije antes, puedes llamarme por el nombre que quieras, si lo que menos importa aquí es mi nombre-
-¿Puedo hablar?-
Preguntó con mucha calma la joven.
-Anda, pide-
-No quiero pedirte nada-
-Entonces vamos directo al grano. No puedo perder el tiempo hablando. Si se enteran…-
Se calló antes de terminar la frase.
-¿Si se enteran que?- preguntó interesada.
-Como se nota que eres nueva-
-¿A ti te obligan a estar aquí verdad?-
La muchacha se quedó muda, estupefacta. Nunca nadie le había hecho esa pregunta ¿Por qué ella si?
-¿A caso a una mujer le gustaría ser una puta sin recibir ni un billete?-
Ella no respondió, pero sí sabía que la respuesta era no. Hay muchas mujeres que se prostituyen porque la plata no les alcanza, porque son adictas y es el único trabajo que consiguen para comprar su droga… o por placer. ¡Pero todas cobran! Nadie trabajaría en eso gratis.
-¿Te puedo decir algo?-
La chica la siguió mirando extrañada. Demasiadas preguntas. Eso era raro.
-¿Quién eres?-
-Necesito que me respondas algo. Yo sé que en este lugar hay muchas mujeres que están secuestradas, y obligadas a hacer esto. Pero sé también que hay muchas otras que están porque quieren-
Dudó un poco. No sabía si confiar en esa chica. En ese lugar no podía confiar en nadie, lo había aprendido el día que llegó.
–Puedes confiar en mi ¿Si? Sólo necesito hacerte una pregunta-
Siguió la pelirroja.
Ella suspiró y cerró los ojos. No le quedaba otra que confiar… La chica le transmitía confianza, y aunque se equivocara, su vida ya estaba en juego, no le importaba mas nada. Ella ya estaba muerta en vida.
-¿Qué quieres?-
-¿Puedo confiar en ti?-
-¿Yo puedo confiar en ti?-
Le respondió con la misma pregunta, con aire desafiante.
-Te lo juro que si. Mira Ciel o como te llames, soy periodista-
¡¡¿Qué?!! ¿A caso ella escuchaba bien? ¿Periodista había dicho?
-¿Periodista? ¿Qué quieres una nota de cómo se vive aquí, que cosas es lo que más piden los clientes, que…?-
-¡No! no, no, no es eso-
Respondió rápidamente
–Quiero ayudar, pero sé que parte de la policía está en esto, por eso nunca hacen nada por acabar con estos lugares-
-¿Sabes cuantos policías he tenido que “complacer”?-Preguntó con asco –Miles-
Respondió con furia.
-Eso lo sé-
-¿Entonces?-
-Como la policía no hace nada contra esto, quise hacerlo yo-
-¿Cómo lo harás? Tú sola no podrás. No es el único prostíbulo que hay-
-Lo sé. No me has respondido ¿puedo confiar en ti?-
¿Qué más daba? Tal vez ella la ayudaría.
Se sentó en la cama y apoyó sus manos en sus piernas. La hermosa pelirroja hizo lo mismo.
-Si-
Respondió en un susurro.
La chica pelirroja soltó un suspiro de alivio. Buscó algo en su chaqueta, poniendo en alerta a la joven castaña.
-Tranquila, no es nada-
Sacó un papel
–Mira, ella es mi hermana-
Le mostró una foto que llevaba muy escondida en su chaqueta, ya que antes de entrar en ese lugar te hacían dejar billetera, carteras, bolsos y celulares.
-¿Qué con eso?-
-Está desaparecida hace un año, y entre averiguaciones y pistas me han llevado a que la tienen en un prostíbulo. Pero no se en cual-
La castaña la miró compadecida. Su hermana era una víctima más como ella.
-¿Tú la has visto por aquí?-
Miró la foto nuevamente y trató de concordarlo con algún rostro de allí, pero no. Ella conocía a todas de las chicas, y ella no estaba allí.
-Mira-
Se levantó y cerró la puerta con seguro. Volvió al mismo lugar en la cama y se acomodó mejor
–Yo estoy aquí hace un año, y no he visto a esta chica aquí. Por lo menos, desde que estoy aquí, no. No sé si habrá estado antes que yo-
La luz que llevaban los ojos castaños de la pelirroja se apagó, y eso a Ciel la hizo entristecer.
–Perdóname si no te serví de ayuda… pero no la reconozco y dudo que esté aquí. Yo conozco a todas-
Ella suspiró y asintió.
-No me daré por vencida-
-No lo hagas-
Susurró
–No te des por vencida, no abandones tu búsqueda. No sabes lo que es estar aquí-
A la pelirroja la mortificó escuchar esas palabras.
-No lo haré. Gracias-
Se levantó y ella hizo lo mismo
–No me he presentado, discúlpame. Me llamo Dulce María Espinosa, pero me dicen Dulce. Por supuesto aquí nos llaman con otro nombre, como a ustedes y tampoco he dado mi nombre de pila-
Dijo, tratando de algún modo de que Ciel le dijera su verdadero nombre.
-Te diría Ciel, pero ese no es mi nombre-
-¿Cómo es?-
Preguntó mirándola a los ojos.
-Anahí. Anahí Puente es mi nombre-
Dulce sonrió de lado y asintió con la cabeza.
-Si te vas ya van a sospechar. Tienes que quedarte unos minutos más-
La periodista volvió a asentir. Bajó su mirada y luego volvió a mirarla. Ella también tenía la cabeza gacha, su mirada perdida en algún punto de la alfombra que decoraba el lujoso cuarto.
-Me quedaré y volveré-
-¿Qué?-
-Vendré las veces que pueda, necesito averiguar mas-
-Ah-
Susurró algo decepcionada. Pensó que iba a volver por ella. Pero ¡Que ilusa! Si, como no. Vendría por ella nada más. Obvio no. Había cosas más importantes en su vida que una prostituta.
–Ojala encuentres pronto a tu hermana-
Dulce le agradeció y pasó unos minutos más allí, que se hicieron eternos. Le había encantado Anahí desde el momento que la había visto, pero no quería estar con ella. La deseaba, pero no podría estar con ella sabiendo que su hermana era una de las víctimas como Anahí y un tipo se estaría aprovechando de ella en esos momentos. Así que permaneció en silencio, aunque a veces le preguntaba cosas a Anahí que ella afortunadamente contestaba. Le contó lo poco que sabía. Que veía al dueño todos los días allí, pero que ella muy observadora, se dio cuenta que los lunes se iba y no regresaba hasta bien tarde, y que de vez en cuando viajaba, seguramente, a México u otros países y siempre traía chicas nuevas.
Le contó que una señora a la que llaman Sisí está a cargo de ellas, que el lugar estaba día y noche, las 24 hs del día, con seguridad y lo más importante, que era imposible escaparse de allí.
-Tienes mi acento ¿Eres mexicana?-
Le preguntó la periodista.
-Si soy de allí. ¿Dónde estamos?-
-Colombia-
-Me lo imaginé. Nunca nos dijeron-

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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:30 am

Capítulo 3
Los días siguientes Dulce volvió, no seguido, pero dos o tres veces a la semana regresaba a ese lugar. Así fue por un mes. Y como era una de las visitantes que más frecuentaba, y la única mujer, hasta ya le iban a dar una credencial de socio.
Había entrevistado a las chicas que le parecieron confiables, pero no había averiguado nada de su hermana.
Una noche llegó allí y pidió estar con Anahí, conocida allí por Ciel.
Sin duda, luego de haber “estado” con varias chicas del lugar, se dio cuenta de la gran diferencia, en cuanto a dinero, que había entre todas, y sin duda Ciel era la más cotizada.
La chica tenía sus manos apoyada en la mesa, donde reposaba la botella de champagne y dos copas, mirándose en el espejo. Por el espejo puede ver como alguien, conocida para ella, entraba a la habitación.
-¿Tú otra vez?-
Preguntó, debatiéndose entre sonreír o no.
-Hola… Ciel-
La saludó con una media sonrisa. Quería llamarla Anahí, era un nombre hermoso, más que Ciel… pero no podía. Por seguridad debía llamarla por el nombre asignado para ella un año atrás.
-Hola-
Saludó tímidamente y volteándose para verla a la cara. Se apoyó la mesita y esperó a que la pelirroja hablara.
-¿Cómo estás?-
Anahí sonrió irónicamente
–Lo siento. No puedes estar bien estando en este lugar-
-Me da gusto verte-
Se sorprendió diciendo la castaña.
-A mi también-
Se acercó un poco más.
-¿Has averiguado algo?-
-Nada. Parece que aquí no estuvo nunca, por lo que me dijeron. Tendré que seguir en otros lados-
-Entonces no vendrás más por aquí-
Anahí se había acostumbrado a verla varias veces por el lugar… conformándose simplemente con admirarla desde lejos. Supo que había contratado los servicios de otras en el lugar, y eso la hizo dudar si a parte de ir con ellas para investigar cosas de su hermana, también las utilizaba para darse un polvo cada noche.
-Un millón por tus pensamientos-
Dijo sacándose la chaqueta de cuero. La castaña, que tenía la vista en algo del piso, levantó la mirada rápidamente y algo sorprendida.
-¿Tanto valgo?-
-Mucho más. No tienes precio… Ciel-
Anahí rió irónicamente y se alejó de ella.
-Por si no sabes, si tengo precio-
-Dudo que todo el oro del mundo pueda pagar lo que vales-
-¿A que viniste?-
Preguntó seriamente desde donde estaba.
No debía hacerse ilusiones, hoy ella se iría y nunca más la volvería a ver.
-Como te dije no he encontrado ni una mínima pista en este lugar, así que tendré que buscar en otros lados-Ella asintió y siguió escuchándola.–Vine para despedirme-
Anahí sintió un nudo en la garganta, quería pedirle que se la llevara, que la sacara de ese lugar y la salvara de todo eso. Los ojos se le aguaron, y la periodista lo notó.
-¿Qué tienes?-
Preguntó acariciando su mejilla.
-Nada-Respondió mientras aspiraba aire y lo soltaba segundos después. -¿Entonces viniste a despedirte?-
La pelirroja asintió.
-Me vuelvo a México, tengo que buscar unas cosas e ir a Argentina. Ya he investigado en los sitios de aquí, creo que fueron todos, y no hay noticias de ella. Necesito seguir, y ahora voy por Argentina-
-¿Has investigado en países de América nada más?-
La periodista asintió
-¿No te has puesto a pensar que la pudieron llevar a otro lado? ¿A Europa tal vez?-
-Si lo he pensado, pero no puedo dividirme. Comencé por América, luego iré a Europa-
-¿Y por qué has venido a despedirte justamente de mí?-Preguntó cambiando de tema.-¿O lo has hecho con las demás también?-
-No, solo contigo-
Otra vez volvía a sorprender a la muchacha, que tenía un rayo de esperanza de que ésta sintiera lo mismo que ella.
Anahí, o Ciel, se acercó a la periodista y posó ambas manos en los hombros de ésta, mirándola intensamente a los ojos.
Llevaba una blusita de tirantes, pero esta vez de color azul marino. Pudo comprobar que su piel era tan suave como lo imaginó, y también pudo notar las pequeñas pecas que salpicaban su pecho.
Dulce no dijo nada, así que ésta bajó las manos por el lateral de sus pechos hasta llegar al botón de su pantalón.
-He venido para despedirme de ti… pero no de este modo-
La chica detuvo sus manos de golpe y se separó, avergonzada. Antes de que se alejara, Dulce la tomó del brazo.
–No vine a despedirme de este modo, no vine para utilizarte. Es lo que menos quiero hacer, cuando mi hermana podría estar pasando por algo similar-
Ella asintió con un movimiento de cabeza.
–Pero… me gustas. Desde el primer momento que te vi, sentada en esta misma cama, me encantaste. Te vi tan frágil, tan indefensa… Me encantaría poder ayudarte, protegerte de todos aquellos que te hacen daño-
El brillo que se había formado en los ojos de Anahí disminuyó con el “me encantaría”.
-No… no te preocupes por mí… yo…-
Fue callada por el dedo de la periodista en sus labios.
-Te ayudaré-
Anahí la miró confundida ¿Ayudarla? ¿Cómo?
–Sé las reglas. Ustedes están aquí con cuantos tipos le asignen… hasta que uno decide poner la cantidad de dinero que valen y se las entregan, para que sea su prostituta- Anahí asintió.
-Si, así es-
-Lo raro es que a ti, siendo la más cotizada, no te han vendido. Lo siento, no quiero utilizar esa palabra contigo, pero eso es lo que hacen; las venden-
-Si, nos venden. Pero… no ha llegado el tipo que pague lo que piden por mí. Y digo tipo porque eres la primera mujer que veo. Al ser tan cara se conforman con venir y tenerme las veces que quieran, pero aquí. No me compran, porque no están dispuestos a pagar semejante suma de dinero-
-Yo sé lo que piden por ti, y yo estoy dispuesta a pagar el doble-
OK, esto la estaba sorprendiendo cada vez más. O sea ¿ella la iba a comprar para ayudarla? ¿Simplemente para eso? Nadie pagaría el doble de semejante suma, mucho menos para ayudarla y dejarla ir luego.
-No te entiendo. ¿Tú me comprarás?-
-Si-
Anahí frunció el seño, estaba confundida.
–Mira, hay algo en ti… siento algo inexplicable contigo, y cada vez que te veo siento… cosas-
La siguió mirando seriamente.
-¿Qué pretendes?-
Preguntó Anahí desconfiada.
-Te compraré, pero no para mí, ni para que seas mi prostituta. Te compraré, te llevaré a México y te dejaré ir-
-No, esto no puede ser cierto. ¿Te mandó alguien para saber cómo reaccionaba no? ¿Me pusieron a prueba?-
Preguntó nerviosa.
-Shhhh, shhhh no, no-
Trató de calmarla, acercándose a ella.
-Tú no eres una simple periodista-
-Si soy periodista-
Se defendió la pelirroja.
-¿De dónde sacarías ese dinero?-
-Mi familia es una de las más ricas del país. Mis padres tienen una empresa, soy una de las herederas… y tengo mucho dinero-
La tomó de los hombros
–Mírame-
Le exigió y la chica hizo caso
-¿Quieres salir de aquí?-
-Es mi mayor deseo-
Rompió en llanto, ante la oportunidad que le había puesto Dios en el camino.
-Quiero ayudarte, hermosa. Puedo hacerlo, y lo haré si quieres-
El llanto se hizo incontrolable de sostener para la muchacha que terminó llorando aferrada al cuerpo de la joven pelirroja.
-¡Sácame de aquí por favor! ¡Te lo ruego, sácame!-
-Si, yo te sacaré de aquí. Shhh no llores, yo te sacaré-
Luego de pasar dos horas hablando y planeando todo con Anahí, Dulce salió al encuentro con Gilbert (obviamente ese no era su nombre) el dueño del lugar. A él le haría la propuesta.
No fue difícil, en cuanto dijo que estaba dispuesto a pagar eso por Ciel, el dueño, que siempre llevaba lentes negros y sombrero para que no lo reconociera, aceptó la oferta.
Dulce tenía que ir por el efectivo a México, porque no aceptaban cheques ni cuentas en bancos, efectivo era lo que querían.
Mientras ella iba a México por el dinero, puso una condición; nadie más tocaría a Ciel. Sería de su exclusividad, de nadie más.
El hombre aceptó, no muy conforme, pero cuando ésta le dijo que en dos días estaría de regreso, terminó accediendo.
<<Lo que hacen por dinero>>
Pensó la periodista, reprimiendo la cara de asco al tratar con personas así.

En cuanto la pelirroja abandonó el lugar, el mismísimo Gilbert fue al encuentro con Ciel.
-Pero mira que preciosidad-
Dijo mientras ojeaba de arriba abajo a la muchacha, en una de las habitaciones que compartían todas las cautivas.
–Prepara tus cosas, Ciel-
La chica disimuló no saber nada, y puso cara de confusión.
-¿A dónde me llevan? ¿Qué me van a hacer?-
Preguntó nerviosa.
-A ningún lado, no ahora, sino en dos días-
Anahí siguió con esa cara de espanto
–Ey-
Le tomó las mejillas con sus grandes y sucias, literalmente, manos.
–No tengas miedo. Te han comprado-
Anahí no emitía ningún sonido, solo miraba asustada
–La hermosa pelirroja con la que estuviste hace unas horas -
-¿Qué con ella?-Preguntó disimulando.
-Pagará todo lo que nadie quiso pagar… lo que vales, mi tesorito-Dijo palmándole la mejilla.
–Se me va la diosa del lugar, pero ya alguien ocupará tu lugar. Ahora serás exclusiva de aquella mujer-Cuando el tipo le dijo eso, la chica sintió un gran alivio.
–En dos días pagará y cuando pague billete sobre billete, todo lo que vales, te vas con ella-El tipo sonrió como alguien que sonríe cuando le darán algo que deseó por mucho tiempo
–Te has sacado la lotería, Ciel. No te tocó ningún viejo, de esos que piden por ti casi en súplica. Te tocó una mujer extremadamente sexy y hermosa, por la que yo estaría dispuesto a dar todos mis caudales-La chica solo miraba, no decía nada, no quería decir nada para no meter la pata
–Una hermosa mujer, joven, sexy, hermosa y rica… ¿Qué más quieres? Suerte con eso-Dijo dándose la vuelta para salir.
Antes de irse se frenó y volvió a voltear para mirarla.
–Ha sido un placer tenerte aquí. Y ten cuidado con lo que dices-Dicho eso se retiró con sus hombres.
<<Maldito viejo>>
Pensó Anahí.
Ya pronto estaría lejos de sus sucias manos, de sus sucios negocios.
Recordó cuando llegó al lugar, el día que esos señores la levantaron de la carretera y la llevaron allí. Luego de que los recibiera el mismo Gilbert, luego de que esos tipos de seguridad se la llevaran y la inyectaran, se despertó rodeada de muchas otras chicas; algunas de su misma edad, otra más chicas, y muy pocas con más edad que ella.
Éstas la prepararon, la ayudaron a bañarse, a peinarse, a ponerse uno de esos trajecitos que usaban las prostitutas para seducir, la ayudaron a maquillarse, y luego llegó la misma mujer que la levantó en la carretera. Allí la conocían como Sisí.
Ésta se la llevó hasta un cuarto del lugar, ambientado con velas, inciensos, champagne y otras cosas más, donde la esperaba él; Gilbert.
Ese día, o esa noche, la verdad no tenía noción del tiempo, se sintió despedazada, asquerosa, sucia, dolorida… El tipo la había follado sin piedad ni humanidad, haciéndola sentir la mujer más miserable de la tierra.
Y desgraciadamente había sido el primer hombre que la había tomado. Si antes no le gustaban los hombres, ahora los repudiaba.
Pero ahora eso sería el fin. Por fin lo que había soñado se estaba por hacer realidad. Iba a salir de ese lugar; Dulce había llegado a su vida para sacarla de ese mugroso lugar… y se lo iba a agradecer toda la vida, hasta su último día.
Nadie había hecho tanto por ella, y eso era algo para agradecer hasta con su vida.
***

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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:30 am

Capítulo 4
Los dos días pasaron lentamente. Las colegas que había hecho allí le preguntaban por que ya nadie pedía por ella, o mejor dicho por qué Gilbert se había encargado de que nadie pidiera por ella. No quiso dar muchos detalles, diciéndoles simplemente que había llegado su día; alguien la había comprado para sacarla de allí y hacerla su prostituta. No podía decir que Dulce la iba a dejar libre apenas salieran de allí. Podía confiar en ellas, pero no en todas, y estaría echándose la soga al cuello. Así que prefirió decir simplemente eso.
El día llegó. Dulce llevaba largos minutos dentro del despacho de Gilbert. Ya habían contado el efectivo; ni un dólar más, ni un dólar menos.
-Perfecto María-Dulce había preferido cambiarse el nombre por el segundo.
–Muy bien hecho-Cerró el maletín y se lo entregó a uno de sus guardaespaldas. Luego abrió un cajón y sacó un documento de identidad.
–Es un Documento de identidad falso, con esto podrás sacarla del país si quieres-Se lo entregó y Dulce lo tomó, asintiendo.
–Como ya lo hemos hablado, nada de esto a nadie… porque sabes que te encontraremos y no la cuentas chiquita-
-No hay de que preocuparse, no haré ni diré nada. Y me encargaré de que Ciel tampoco lo haga-
-Muy bien. Entonces… ya te la puedes llevar-Se levantó y extendió su mano
–Ha sido un placer hacer negocios contigo-La periodista no dijo nada, solo lo tomó de la mano y se despidió.
En cuanto salieron de allí, acompañados por varios tipos que custodiaban el lugar, Anahí lloró. Cualquiera pensaría que lloraba porque la habían vendido, pero no… ella lloraba porque, en cuanto salieran de ese lugar, iba a ser libre nuevamente. Iba a poder volver a su casa, ver a sus padres (aunque no sabía si querrían verla), a sus amigas, a su nana… iba a dejar lo que había vivido en el pasado. Iba a tratar de comenzar una nueva vida, disfrutar su libertad como nunca lo había hecho… iba a vivir la vida y agradecerle día a día a Dios por estar allí de nuevo, en libertad y con vida.
Luego de unos largos minutos de manejar en silencio, Dulce aparcó su camioneta a un lado de la carretera. Anahí la miró extrañada y la periodista le hizo una seña para que no se preocupara.
Buscó unos papeles en la guantera de su camioneta y sacó un bolígrafo.
Escribió mientras la chica lo miraba atenta y confundida.
“Pueden haber puesto micrófonos, ellos tenían mis llaves, tranquilamente podrían haberlos ubicado para saber de que hablamos”.
Anahí lo leyó y asintió. Tomó el pedazo de papel y escribió algo detrás
“Es lo más seguro. ¿Tendremos que actuar?”.
Le entregó el papel a la pelirroja y esta asintió. Luego arrancó la camioneta y siguieron su viaje.
El viaje era largo, así que tenían que disimular al hablar.
-Me encanta la idea de que seas solamente mía-Dijo, guiñándole un ojo y dándole a entender que era actuado.–Desde que te vi supe que ibas a ser para mí, y ahora estás aquí, a mi disposición
-¿Me tendrás encerrada?
Preguntó, disimulando.
-Saldrás solo conmigo, no quiero que te me escapes. Me saliste muy cara, Ciel-
-O sea que tendré tipos vigilándome cuando no estés, así como era en ese lugar-Sonrió irónicamente.
-Ya estarás acostumbrada-
-Prefiero que me tengas encerrada tú antes de estar allí, obligada a revolcarme con cualquier tipo-
-Princesa, de eso no tendrás que preocuparte. Eres de mi exclusividad, serás solo mi mujer-
No sabía por qué, pero en el fondo le gustó lo que ella había dicho; su mujer, de su exclusividad.
Sacó esos pensamientos de su cabeza y apoyó su cabeza en el vidrio de la ventana. No dijo nada hasta que llegaron a la casa de Dulce.
-Adelante-
Dijo la periodista haciéndola pasar, mientras ella entraba el bolso de ella.
–Es una casa rentada-
Anahí miró a todos lados. Era una casa bonita, pequeña, acogedora y cálida. Distinto al lugar donde estaba. Apenas entró se sintió en paz… algo que no sentía hace mucho tiempo.
-Espero te sientas cómoda-
-Gracias-Agradeció sinceramente la chica.
-Estaremos unos días más aquí, tal vez dos o tres. Siéntete en tu casa-Dejó el bolso y cerró la puerta
-¿Quieres algo de tomar?-
-Agua, por favor-Dulce asintió y salió del lugar. Unos segundos después volvió con un vaso de agua.
-Gracias por todo Dulce-Soltó la chica mientras tomaba el vaso en sus manos–Te lo voy a agradecer toda la vida, no me va a alcanzar nada en el mundo para agradecerte lo que hiciste por mí-
-Ya sabes por qué lo hice-Le respondió, tomándola de la mano y haciéndola sentar en el sofá, a su lado.
-¿Qué es lo que sientes Dulce?-Preguntó-¿Qué es lo que sientes por mí?
La periodista la miró fijamente a los ojos, se acercó un poco más y le acarició la mejilla con su pulgar.
-Ya te lo dije. Te dije que cada vez que te veo siento cosas… ganas de abrazarte, de protegerte, de no soltarte. Siento la necesidad de protegerte de cualquier peligro, y de todo mal que pueda perseguirte. Pero sobre todo me gustas, mucho. Además… no creo que te gusten las mujeres, y tampoco quiero usarte Anahí-
La chica asintió y su alma sonrió, aunque no lo demostró. Ella también sentía cosas por Dulce. Cosas inexplicables que nunca antes había sentido.
-Solo déjame decirte que, antes de llegar a ese lugar, y siempre, me han gustado las mujeres. Jamás estuve con un hombre hasta que llegué a allí. No los odiaba, pero ahora me dan asco luego de todo lo que me hicieron-
Dulce la miraba comprensiva.
-¿Me estás diciendo que siempre fuiste lesbiana?-
-Desde que tengo uso de razón-Contó la castaña.
Dulce sonrió. ¿Tenía ella chance con Anahí ahora que sabía que era lesbiana?
Mientras pensaba eso, siguieron hablando unos minutos más.
***
Luego de pedir algo y cenar, Dulce le dejó su cama a Anahí y se acostó en el sofá. Era pasada la una de la madrugada. El sofá era sumamente incómodo, pero no era por eso que no podía dormir.
Tener a Anahí a unos metros suyo, en su habitación, se le hacía tentador. Le encantaba esa mujer, le encantaba de una manera inexplicable y la deseaba. Pero se había prometido no tentarse, no intentar nada con ella. No cuando su hermana podría estar en su lugar.
Anahí estaba del mismo modo. Esa cama era confortante, suave y cómoda, pero daba vueltas y vueltas junto con su mente. Lo que le había dicho Dulce la había hecho sentir bien, como nunca se había sentido.
Ahora estaba en esa cama, que por primera vez, le encantaría estar compartiendo con alguien. No con cualquier persona, sino con ella.
Se incorporó en la cama y decidida, caminó hacia la puerta. La sala estaba oscura, la luz que entraba desde el ventanal que daba hacia el balcón, alumbraba un cuerpo que se movía incómodamente en el sillón. Se acercó y se arrodilló. Dulce la vio y se incorporó. Ante esto Anahí sonrió.
-¿No puedes dormir?-Le preguntó la pelirroja. Anahí negó con la cabeza, levemente.
-Parece que tú tampoco-Respondió con una media sonrisa.
-Pues… no tengo sueño-
-Tampoco es cómodo este sillón-
-No lo es, pero sobreviviré-Sonrió de lado. Anahí se levantó y la tomó de la mano.
-Vamos a la cama-
Dulce frunció el seño, sin entender.
–No me importaría compartir cama. Ven, vamos-
La periodista, algo dubitativa, se levantó y se dejó guiar por la castaña.
Llegaron a la habitación. Dulce cerró la puerta detrás suyo, mientras miraba a la mujer que se encontraba de espaldas, caminando hacia la cama.
-Anahí…-
Susurró. En el silencio de la habitación la chica escuchó su nombre. Ésta volteó y se acercó a la pelirroja.
–No puedo-Susurró Dulce.
-¿Qué no puedes?-
-No puedo hacer esto. Teniéndote así y aquí… no voy a poder contenerme-
-No te contengas-
-Entiéndeme que no puedo. Prometí no usarte… Lo siento pero no puedo-
-No me vas a usar-Dijo acercándose más a ella.
–No si yo también quiero esto-
-No quiero sexo contigo. No acostumbro a… usar a las mujeres-
-Hazme el amor-Pidió Anahí.–Quiero que me hagas el amor-Le susurró a escasos centímetros de su boca.
-Si es tu forma de agradecerme… Anahí, no quiero que me agradezcas así-
-No es por agradecerte. Así lo siento. Te deseo-Dulce suspiró. Sentía el aliento de Anahí chocar contra su boca, y era imposible resistirse mucho tiempo más.
No dijo nada más, la deseaba igual o más que ella, así que acortó la distancia que las separaba y juntó sus labios con los de ella. Eran tan carnosos y deliciosos.
Anahí entreabrió su boca dándole paso a la lengua de la pelirroja, soltando un gemido al sentirla chocar con la suya. Fue ella misma la que profundizó el simple beso, convirtiéndolo en algo más intenso, más erótico y cargado de más amor del que jamás había conocido.
La lengua de Dulce se lanzó a una delicada exploración de su boca, arrancando suaves gemidos de placer en Anahí, mientras ésta se rendía a sensaciones que la embriagaban.
Dulce la tomó de la cintura mientras la besaba, y la encaminó hacia la cama. En un giro la pelirroja quedó sentada sobre el colchón, mientras el cuerpo de Anahí se amoldaba encima del suyo, sentada de horcajadas.
No había nada que decir, era lo que sentían y se dejaron llevar.
Dulce le quitó cada prenda suave y lentamente, como si de un cristal se tratara. Besó cada parte de su cuerpo, haciéndola estremecer con sus labios. Sus manos y su lengua descubrieron puntos de máximo placer que nunca nadie había descubierto.
En todo momento Anahí se sintió cuidada, amada. Jamás se había sentido así antes, ni siquiera con las chicas anteriores con quien estuvo antes de que llegara a ese lugar. Dulce era especial, y la hacía sentir especial también.
Anahí volvió a vivir a partir de ese momento, y no sabía que iba a pasar luego de eso, pero quería vivir ese momento intensamente.
***
Los rayos de sol se hicieron presentes en la habitación a causa de las cortinas abiertas.
Un cuerpo cubierto por unas sábanas blancas e inmaculadas, descansaba boca abajo en la gran cama. Otro reposaba sentado con una bandeja a su lado, y una flor en su mano.
Despacio, Dulce se movió acercándose al yacente cuerpo, y con la rosa roja que tenía en su mano trató de despertarla. Las sábanas apenas tapaban la parte baja de su cuerpo, dejando su sedosa y bronceada espalda al descubierto, que la pelirroja aprovechó para acariciar con los pétalos de aquella flor.
Anahí se movió al sentir las cosquillas en su cuerpo pero no despertó. Dulce lo volvió a intentar, con una sonrisa en su rostro. Pasó la rosa desde la nuca de ésta hasta el final de su espalda, donde la sábana que la cubría le impedía continuar. Así lo hizo varias veces, hasta que Anahí abrió sus ojos azules, encontrándose los hermosos ojos cafés de la pelirroja y una amplia sonrisa.
<<Que hermosa manera de despertar>>
Pensó al verla allí, con ese brillo en sus ojos, iluminados por el resplandeciente sol que entraba por la ventana. Si, era una bonita manera de despertar. La primera vez en mucho tiempo que se despertaba con el sol alumbrando su cuerpo, con una mujer que le encantaba, y con esa alegría en su alma.
-Buenos días, hermosa- La saludó sonriente. La chica se desperezó sutilmente y le devolvió la sonrisa
-¿Cómo dormiste?-Le preguntó sin dejar de mirarla.
-Mejor que nunca-Respondió en un susurro. Levantó su mano, que se encontraba debajo de la almohada, y acarició la cara de Dulce.
-¿Tú?-
-Plácidamente, gracias a ti-Respondió mientras le acarició la nariz con la rosa.
Anahí se incorporó, sentándose en la cama y tapándose con las sábanas, sin borrar en ningún momento la sonrisa con la que se había despertado.
–Traje el desayuno-Apuntó la bandeja a su lado
–Café, jugo, tostadas, jalea… espero que te guste-
-Esto es una delicia-Miró con apetito
–A comparación de lo que daban alli…-Dulce tomó una tostada, le puso un poco de mermelada y se la dio.
–Gracias-
-Deja todo lo vivido en el pasado. Trata de vivir el presente ¿de acuerdo?-Anahí asintió.
-No tengo palabras para explicar lo agradecida que estoy contigo-
-Ya te dije que no tienes que agradecerme-Le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.
-Pero si tengo que hacerlo. Tú me sacaste de ese infierno, y te voy a estar agradecida toda la vida-
-Ya te dije por qué lo hice-
-¿Por qué a mí, y no a otra?-
-Porque la que me gustaste fuiste tú, desde el primer segundo-
Anahí sonrió y se acercó un poco más a ella. Dulce la tomó con sus manos de las mejillas y la besó tiernamente.
–Me encantas Anahí-
-Tú me encantas más Dulce-Respondió una vez que se separaron.
-A partir de hoy comienza una nueva vida para ti. Pronto estarás con tu familia, con la gente que te quiere-
-Me pregunto si me estarán buscando-
-¿Cómo no te van a estar buscando? Obviamente si. Seguro que te buscan desde el primer día-
-¿Cuándo vamos a México?-Preguntó aún sosteniendo las sábanas en sus pechos.
-Primero tengo que hacer unas cosas pendientes. Mañana tal vez- Anahí sonrió de lado.
-¿Qué te parece si salimos un rato de aquí? Vamos de compras, necesitas ropa y cosas personales-
-No quiero que… Te devolveré el dinero en cuanto pueda-
-No. Lo hago porque quiero. No necesito que me devuelvas nada-
-Pero…-
El dedo de la pelirroja en sus labios la calló.
-Pero nada… por favor-
La chica se rindió.
-Está bien. Gracias-
-Ya te dije que no me tienes que agradecer-
-Pero igual, necesito agradecerte-Dul negó con la cabeza.
-Ya. Mejor te dejo para que te prepares-Se paró y se dirigió a la puerta
-Ya vinieron a revisar al coche, no había micrófonos por suerte, pero mejor era prevenir-
-Nunca sabes que planean-Respondió con miedo, levantándose de la cama. Dulce se acercó y la tomó de los hombros.
-No tienes por qué tener miedo. Yo estoy aquí, contigo, para defenderte. Y cuando yo no esté, estará tu familia. Ellos te van a proteger-
-No me siento segura en ninguna parte-Contestó con lágrimas en los ojos y desviando la mirada
–Ahora vivo con pánico a que me agarren otra vez-
-Eso no va a pasar. Te lo juro-
-¿Estarás para cuidarme?-
Dulce la miró sin saber que responder. Quería estar con ella, protegerla de todo ¿Pero que pasaría cuando Anahí volviera con su familia y ella se fuera a Argentina?
-Cuando esté, siempre te voy a proteger-
-No me quiero separar de ti-Pasó sus brazos por la cintura de ésta y la abrazó.
-¿Sabes que tengo que viajar a Argentina?-
Annie rompió el abrazo y la miró, aún con sus brazos alrededor de su cintura.
-¿Cuánto tiempo te irás?-
-Cuatro meses, supongo. Creo que allí no hay muchos lugares de esos como los hay en Colombia o México-
-Yo te esperaré-Soltó la joven. A Dulce se le iluminaron los ojos ¿Ella iba a esperarla? ¿Anahí quería estar con ella? Si, era apresurado lo que estaba pasando, pero ella quería estar con Anahí. Le gustaba, y le encantaría intentar algo serio.
-¿Serías capaz de esperarme?-
Anahí asintió tímidamente.
-Digo… si tú quieres…-
-Claro que quiero hermosa. ¿Me darías esa oportunidad?-
-La pregunta va hacia ti ¿Me darías una oportunidad?-Dulce rió alegremente y la abrazó con todas sus fuerzas.
-Quiero Anahí. Si quiero y me harías tan feliz. Sé que todo esto es muy apresurado ¿Crees en el amor a primera vista?-
Le preguntó, volviendo la vista a sus ojos.
-¿Cómo no lo voy a creer? Lo estoy confirmando en este momento-Respondió dejando salir las lágrimas que no pudo contener más.
***

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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:30 am


Capítulo 5
Hacía mucho tiempo Anahí no se sentía así. Había pasado un año encerrada, sin poder salir más allá de ese gran parque de la residencia donde la tenían cautiva.
En ese lugar tenían alberca, un gran parque… y hasta gimnasio para mantenerse en forma, pero no dejaba de ser el infierno. Eso solo lo tenían porque tenían que estar bellas para los clientes, pero no era vida.
Ahora paseaba por ese gran centro comercial, buscando ropa decente y algunas cosas personales que Dulce se había encargado de regalarle.
Su mano estaba sujeta a la de la hermosa pelirroja, que en ningún momento la soltaba. Anahí estaba con miedo constante, y el estar aferrada a Dulce la hacía sentir un poco mas de seguridad.
Luego de comprar varias cosas, demasiadas para ella pero que Dulce quiso regalarle, pararon en un restaurante del centro comercial para almorzar algo.
-¿Cansada?-Le preguntó mientras esperaban el almuerzo.
-Un poco-
-Almorzamos y nos vamos a casa, así descansas ¿si?-Anahí sonrió tímidamente.
-¿No crees que es suficiente todo esto?-Mirando las bolsas a un lado.
-Nada es suficiente para ti. Es más, luego te compraré un celular para que estés en contacto conmigo, porque tengo que viajar por un día a un pueblo cerca-
-No quiero que te vayas-Respondió con miedo. Su cara demostraba el pánico que tenía dentro.
-Chiquita, será menos de un día. Viajo a la madrugada, y te prometo que mañana por la tarde estoy aquí para irnos a México-Trató de tranquilizarla.
-Tengo miedo. No me dejes sola, por favor-Casi lloró.
-Tengo que ir bonita-
-Si, pero no me siento segura. Tengo pánico, siento que me pueden buscar y llevarme otra vez-
-No pueden hacerte nada. Para ellos tú ya eres mía, no pueden reclamarte ni hacer nada-
-No sabes el pánico que siento, Dulce. Me siento… me siento segura contigo, solamente a tu lado. No confío en nadie-Dul la tomó de las manos y se las acarició cariñosamente.
-Puedo ver en tus ojos el miedo, Any. Y me halaga mucho que confíes mucho en mí. Te prometo que nada te pasará, mientras yo esté contigo y mientras pueda cuidarte-
-Que lindo suena-Susurró con una sonrisita.
-¿Qué cosa?-
-Any… hace mucho no me llamaban así-
Hacía mucho tiempo que no la llamaban así. Sus amigas; Magui y Loli las llamaban así, nadie más. Y que Dulce le dijera Any sonaba tan bonito.
-Tu nombre es hermoso… y el diminutivo también. A mi hermana la llamaban Anita-
-¿Si?-
-Si. ¿Y sabes cuál es la coincidencia? Nunca te lo dije-
-¿Se llama igual que yo?-Dulce sonrió.
-Más o menos. Su nombre es Anahiara-
-Que nombre más hermoso-Dulce asintió.
-Pero como es la más pequeña la llamamos Anita, aunque no le guste-
-¿Tienes muchos hermanos?-
-¡Todas mujeres! Somos todas mujeres-Contó.
–Tengo tres hermanas mujeres. Yo soy la del medio, tengo 25. Mai tiene 27, luego está Clara de 21 y la más pequeña es Anita de 19-
Any la escuchaba atenta
-¿Y tú?-
-No tuve esa suerte. Soy hija única-Suspiró
–Me hubiese encantado tener hermanos, pero no los tuve. Aunque la vida me regaló dos hermanas, las hijas de mi nana-
-¿Tienes nana?-
-Tuve nana-Expresó divertida
–Pero cuando crecí se convirtió en mi amiga. No sé… es más que una nana para mí, es más que una mujer del personal doméstico. ¿Sabes? Ella me crió. Mis padres nunca tuvieron tiempo para mí, y fue ella la que me vio crecer y me crió junto con sus hijas-
-Es como tu segunda madre-
-Así es-
Recibieron el almuerzo y siguieron platicando.
-¿Ustedes tuvieron nana?-
-No. Mi mamá siempre fue muy dedicada, siempre nos dio el 100% de su tiempo y siempre fuimos su prioridad. ¡Es por eso que tuvo cuatro hijas! Mi papá era y es el que trabaja, pero a pesar del trabajo él siempre respetó nuestros horarios-
Ahora la mano de Anahí acariciaba la de la pelirroja.
-Tuviste una infancia feliz-
-Una vida muy feliz, hasta que me arrebataron a mi hermanita-La voz de Dulce se quebró. Anahí se pasó de silla, sentándose a su lado, y le acarició la mejilla para consolarla.
-Verás que vas a encontrarla. Lo harás, te lo aseguro. Y ella estará esperando a que vayas a salvarla. Y si no, ojala encuentre una persona como la encontré yo… que me salvó del hastío-
Any la abrazó y Dulce se sintió tan bien en sus brazos. Había encontrado la mujer que quería en su vida, y no la iba a dejar ir.
Luego de refrescarse un poco, Anahí salió del baño con una bata puesta y se recostó en la cama en posición fetal.
Dulce había salido hacía quince minutos a comprar, y la había dejado sola. Eso la asustaba. Anahí vivía con el pensamiento de que alguien llegaría y la llevaría a ese lugar nuevamente.
Se tapó con el edredón y esperó impaciente a que la periodista llegara. Los minutos se le pasaban lentamente, su cuerpo temblaba y su corazón palpitaba desenfrenadamente.
Al escuchar ruido en la sala, se levantó y se apoyó contra la pared, cercana a la puerta, con miedo. Se deslizó lentamente mientras el pánico seguía allí, mientras se abrazaba a si misma.
Dulce entró a la habitación y la encontró en cuclillas y aterrada.
Por su parte, apenas vio a quien entraba, Anahí miró con terror.
-Tranquila, soy yo-
Se agachó y la ayudó a levantarse. Anahí, al verla, se echó a sus brazos.
-¿Qué pasó Any?-
-No me gusta quedarme sola-Lloriqueó mientras se aferraba al cuerpo de Dul.
-Shhh tranquila. No te volveré a dejar sola. Tranquila-
La abrazó y besó su cabello, mientras el llanto de la chica cesaba por su abrazo.
-Abrázame fuerte, por favor-Pidió aferrándose mucho más a su cuerpo.
Estuvieron un largo rato abrazadas. Luego Dulce se sentó en la cama y acomodó a Anahí sobre sus piernas. Ésta se abrazó de su cuello y escondió su rostro allí, mientras Dul le acariciaba la espalda.
Unas horas después Any seguía dormida. Se había dormido en los brazos de Dulce, luego de calmar su llanto.
Ahora estaba tapada con una cobija, y aunque estaba profundamente dormida, en su rostro aún se reflejaba un poco de turbación.
Dulce había hecho unos llamados, y luego había preparado una taza de té de tila para Anahí. No quería despertarla, pero eran casi las ocho de la noche y tenía que comer algo.
Para su sorpresa, cuando llegó a la habitación Anahí estaba recién despertando.
-¿Mejor?-Preguntó sentándose en la cama, con la taza en sus manos.
-Si-Asintió la castaña
–Perdóname, no quise ponerme así pero…-
-Tranquila bonita-La tranquilizó acariciándole la espalda
–Any…-Le entregó la taza que Anahí aceptó–Quiero que sepas que nada te pasará estando conmigo. No permitiré que nadie te haga daño, y quiero que confíes en que, lo que te digo es verdad. Yo sé que es difícil, sé que vives con el pánico constante, pero nada te pasará… jamás lo permitiría ¿si?-
Anahí asintió
–En cuanto al viaje que tenía que hacer, no lo voy a hacer-
-Dulce, perdón si te pedí que no viajaras. Fue un atrevimiento de mi parte y…-
-Nada-La calló
–Prefiero estar contigo. Además, viajamos mañana por la tarde a México-
-¿Ya?-
-Si. Ya no tendrás que esperar más-
-Pero… ¿No era importante el viaje que tenías que realizar?-
-Si era importante, pero tú lo eres más. Viajará un amigo en mi lugar-
-Me siento tan mal que dejes de hacer tus cosas por mí-
-Lo dejo porque quiero. Anahí…-Le tomó del mentón para que la mirara
–No quiero que te sientas así. Quiero estar todo el tiempo posible contigo, quiero protegerte y tú eres más importante que un viaje. Neta, este viaje podría haberlo hecho yo o cualquiera de otros periodistas-
-¿En serio?-
-Si hermosa. No te preocupes-Le sonrió para tranquilizarla
–Y ahora, voy a preparar la cena ¿Qué te parece?-
-¿Me dejas?-
-No. Puedes venir a la cocina si quieres-Anahí rió.
-No. Que si me dejas preparar la cena-Corrigió entre risas.
-¿Cocinas?-
-Muy bien-
-Perfecto-La tomó de la mano.
-¿Vamos?-
***
México. ¡Estaban en México! Se sentía tan feliz, volver a pisar su tierra, sentir el aire, el sol sobre su piel… ¡Nunca antes había extrañado tanto su país! Se sentía tan bien volver.
Cada vez faltaba poco. Quería en ese momento reencontrarse con su familia, con sus amigas, con su nana.
Salieron del aeropuerto y una camioneta negra los esperaba. El que se suponía era el chofer, estaba apoyado en la puerta del lado de afuera, mirando hacia todos lados.
-¡Mauro!-Gritó Dulce, agitando su mano desocupada. Se acercaron a la camioneta y la periodista saludó con un abrazo al hombre.
Anahí estaba a su lado. Se quitó las gafas negras y acomodó su cabello.
–Mauro, ella es Anahí-Miró a la chica
–Anahí, el es Mauro, el chofer de mi papá-
-Mucho gusto-Saludó la joven extendiendo la mano.
-Un placer señorita-
-¿Cómo has estado Mauro?-Le preguntó Dulce al hombre.
-Muy bien señorita. Se la extrañaba por aquí-
-Pues, ya estoy aquí -
-No sabía que venía acompañada-Desvió su mirada hacia la chica.
–Bueno ¿Las llevo a su casa?-Dul miró a Anahí.
-¿Quieres que vayamos primero a mi casa? ¿O vamos directo a la tuya?-
-Mejor a la tuya. Así dejamos tus maletas-
-A mi casa entonces-Le dijo a su chofer. El señor, de aparentemente 45 años, asintió y abrió la puerta trasera. Dulce dejó pasar primero a Anahí.
Al cabo de media hora estaban en la casa de Dulce. Bueno, estaban frente a un edificio, un lujoso edificio en medio de la cuidad.
Mauro bajó las maletas con la ayuda de Dulce, Any solo miraba hacia todos lados.
-Mauro, puedes irte. Dile a mi padre que estaré por su casa en unas horas-El señor asintió, y luego de despedirse se retiró.
Dulce y Anahí subieron en el ascensor hasta el piso 13. Entraron al amplio departamento, la pelirroja dejó las maletas y luego dirigió su mirada a Anahí.
-Mi departamento. Es más amplio que la casa que tenía en Colombia, como verás-
-Está muy bonito-
-Y bien cuidado. Seguro Mai pasó por aquí-
-¿Ella vive aquí?-
-No, ella vive en el departamento de arriba-Anahí se sorprendió. –Pero no creo que se encuentre, trabaja-
-Ah-
-No tengo nada en el refrigerador. ¿Qué te parece si salimos a comprar algo?-Any negó.
-Estoy bien, no te preocupes-
-Ok. Bien… ¿Entonces? ¿Quieres que vayamos a tu casa?-La chica volvió a negar.
-¿Aún no?-Por tercera vez negó con la cabeza
-¿Entonces?-
Anahí se acercó a ella y la besó. De forma tierna, como agradeciéndole por lo que estaba haciendo por ella. Pero luego ese beso se convirtió en algo más intenso cuando la castaña abrió sus labios. Ante ese gesto, Dulce lo profundizó metiendo su lengua, acariciando cada rincón de su boca con ella. Sus manos ahora estaban en la cintura de Anahí, levantando la blusa para acariciar su tibia piel. Ante ese contacto Anahí gimió y bajó sus manos hacia los botones de la blusa de ésta, desabrochándolos con mucha experiencia, sin separarse ni un centímetro de la pelirroja.
Entre besos y caricias, Dul la dirigió hasta la habitación. En el camino fueron quedando las prendas, desparramadas por todo el departamento, y cuando llegaron a la habitación, ambas se encontraban sólo con sus Jeans y en brasier.
Dulce desabrochó el pantalón de ésta, dejándolos caer por sus piernas, y Anahí se los quitó en dos patadas cuando ya estaban en sus tobillos.
Se tumbaron en la cama, Anahí gimió al sentir las frías sábanas sobre su espalda, pero no dejó de besarla.
Los besos de la pelirroja bajaron al cuello de Any, devorándolo con un hambre voraz, succionándolo, lamiéndolo, mientras la castaña arqueaba su espalda para que su mano encontrara por fin el broche del brassier, liberando sus perfectos senos.
Al verlos, Dulce los masajeó con ambas manos mientras veía a Any retorcerse del placer. Rápidamente su boca fue a parar a los rosados pezones de la chica, dejándolos duros por su tacto. A su vez, su mano derecha bajó por su cuerpo topándose con la tela que le impedía encontrar su intimidad. Con un tirón las quitó, para luego acariciar su feminidad. Estaba tan mojada, tan lista para ella. Abrió sus pliegues encontrando su centro, acariciándola más intensamente. Anahí gimió, su cuerpo se arqueó, y sus gemidos aumentaron.
Dulce seguía besando sus senos, succionando sus pezones, mientras acariciaba los pliegues resbaladizos.
-Quiero mas… Te quiero dentro…-Exigió la castaña.
Dulce no la hizo esperar, y la penetró con dos dedos.
-¿Te lastimo?-Le preguntó deteniendo sus movimientos. Anahí negó sin dejar de llorar.
-No, nunca me lastimas-Se aferró a su espalda
–No quiero separarme de ti, Dulce-Susurró en un lloriqueo.
-Yo tampoco quiero separarme de ti, mi princesa- Le acarició la mejilla con la mano desocupada y secó una lágrima con su pulgar, mientras que su otra mano seguía en su interior.
–Pero tampoco quiero arrastrarte conmigo, y mucho menos ponerte en peligro. Ahora que estás a salvo y puedes volver con tu familia, no quiero que te hagan daño si te llevo conmigo-
-No me importa el peligro si estoy contigo mi amor-
-Mi vida…-Dejó un casto beso en su frente
–Te prometo que voy a volver por ti. Si tú me esperaras… prometo hacerte feliz. Quiero estar contigo, quiero que seas mía, mi mujer… quiero algo serio contigo Anahí. Por eso, te prometo que voy a volver por ti, para que podamos ser felices juntas-
-¿Me lo prometes?-
-Te lo prometo hermosa-Le respondió con una sonrisa.
Luego de otro corto beso en los labios, Dulce comenzó con los movimientos de su mano, entrando y saliendo de Any sin dejar de mirarla a los ojos.
-Te prometo que estaré siempre contigo-

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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:31 am

Capítulo 6
Anahí le estaba indicando el camino a Dulce, que la llevaba de regreso a su casa en su auto.
-¿Ansiosa?-Le preguntó.
-Nerviosa más que nada-
-¿Por qué?-
-Me da miedo enterarme que nunca me buscaron-Respondió mirando hacia el frente, un poco triste.
-Mi vida ¿Por qué piensas eso? Son tus padres, seguro que te buscaron-
-No lo sé. Ellos nunca me quisieron, quizá pensaron que me fui por mi cuenta-
-No lo creo. Los padres siempre quieren a sus hijos, a su manera pero los quieren. Tu caso no es la excepción, ellos seguros te buscaron hasta por debajo de las piedras. Pero entiende que es muy difícil. Yo llevo más de un año buscando a mi hermana-
-Lo sé, sé que muchos no logran encontrarlas en años. Y muy pocas tienen mi suerte- Dulce le dio una mirada de comprensión
–Gracias por todo-Dulce negó
–Si. Te debo mi vida-Insistió.
-Ya te dije porque lo hice-
-De todos modos-Miró hacia la calle
–Dobla aquí-Le indicó.
-Aquí tienes que seguir todo derecho, unos quince minutos más, y llegamos-
-Una casa alejada de la ciudad-
-Idea de mi madre. Nunca me gustó estar tan lejos de la ciudad, pero ella quería algo así; lejos del ruido. Nací y crecí en esa casa, pero a medida que iba creciendo me desagradaba cada vez más vivir tan lejos. Ni modo, tuve que acostumbrarme-
-¿En serio no te gustaba?-Anahí negó.
-No me gustaba estar lejos de la ciudad, como ves hay que cruzar todo esto-
Diez minutos después, estaban cada vez más cerca. Por donde pasaban era todo un bosque, no había siquiera una casita a la vista.
La respiración de Anahí se fue acelerando. Dulce la miró confundida, y notó que lágrimas caían por el rostro de Any, mientras sus manos se aferraban fuertemente al asiento del coche.
-Anahí ¿estás bien?-
Pero ésta no le respondía. Ahora parecía que le faltaba la respiración a causa del llanto. Dulce se alarmó y frenó el coche a un lado de la carretera.
-¡No! ¡No, no! ¡Por favor no pares! ¡No pares aquí!-
Algo preocupada trató de tomarle las manos para tranquilizarla pero ésta no se lo permitió.
La periodista se bajó del auto, lo rodeó y llegó hasta el copiloto, abriendo la puerta.
-¿Qué pasa cariño? ¿Qué tienes?-Quiso tomarla de las mejillas pero Anahí se negó.
-¡No me toques!-Salió del auto y corrió. Dulce dejó todo allí y corrió detrás de ella, tratando de alcanzarla.
-¡Anahí para!-La alcanzó y la tomó de la cintura para frenarla.
-¡Maldita! ¡¿Dónde me llevas?! ¡¿Por qué me haces esto?!-Lloró mientras forcejeaba para soltarse de su agarre.
-¡Anahí! ¡Mírame! Soy yo, soy Dulce. Mi amor mírame-
-¡Por favor no me hagas nada!-Imploró cerrando sus ojos. Dulce estaba bastante asustada, no entendía que le pasaba a Anahí.
-No te haré nada. Anahí mírame ¡Abre los ojos!-Any los abrió y la miró. Aún tenía lágrimas en sus ojos azules.
-Ayúdame-Fue lo último que susurró para luego aferrarse al cuerpo de la pelirroja.
-Tranquila mi amor. Tranquila-
Dul le acarició la espalda y trató de tranquilizarla.
¿Qué había sido eso? Dulce no podía entender lo que acababa de suceder, era como si Anahí hubiese perdido la razón, como si no la conociera. Si, era eso. Pensó que era una de esos malditos que la tuvieron encerrada. Tal vez, al pasar por ese lugar sintió que volvía a vivir lo mismo que hace un tiempo.
Luego de unos minutos abrazadas, Anahí estaba más tranquila. Su cuerpo ya no temblaba, y ya no lloraba desconsoladamente.
-¿Mejor?-Le preguntó Dulce tomándola de las mejillas. Anahí asintió.
-Tengo pánico-Dijo con la voz temblorosa. Dul la envolvió nuevamente en sus brazos.
-Nada te pasará mi amor-Le besó la cabeza
–Todo estará bien. En unos minutos estarás nuevamente en casa-
***
Unos momentos después y con Anahí completamente calmada, llegaron a la gran residencia. Dulce frenó y bajó, rodeó el auto y le abrió la puerta a Anahí.
-Estás temblando-La abrazó
–Tranquila. Estoy contigo-
-No lo puedo creer. ¡Mi casa!-Anahí lloró de felicidad–No puedo explicar la felicidad que siento-
-Ya estamos aquí-Dijo con una sonrisa
-¿Preparada?-
-Algo-Respondió dubitativa.
-Es tu familia, no estés así-
-Siento miles de emociones juntas-Dijo mientras miraba la gran casa.
–Entremos-
Dulce asintió y tocó el timbre. Una voz se escuchó unos segundos después desde el portero eléctrico. Dul la abrazó, y esperó a que le abrieran luego de decir que era amiga de la familia, y por supuesto, decir que era una allegada de Anahí.
Esperaban abrazadas cuando una voz a sus espaldas hizo que Anahí se tensara.
-¿Mi niña?-
Dulce se dio vuelta y vio una señora mayor, que se encontraba emocionada, con la boca abierta por la sorpresa, y unas bolsas tiradas en el piso.
Anahí se volteó y vio allí a la persona que más quería. No pudo contener su llanto.
-Nana-Corrió a abrazarla, correspondida por la mujer del mismo modo. Ambas lloraban.
-Mi niña ¿Dónde has estado hija?-Preguntó emocionada y casi temblando al abrazarla nuevamente luego de tanto tiempo.
–Te han buscado desesperadamente-
Any no contestaba, solo lloraba aferrada a la mujer.
Unos largos minutos segundos, la chica se separó de la mujer y le dejó un beso en la mejilla, mientras secaba las lágrimas.
-Te he echado mucho de menos nana-
La mujer hizo lo mismo, secó sus lágrimas.
-No más que yo, mi niña-
Anahí se volteó y miró a Dulce.
-Ella es Dulce María-
Le dijo a su nana, luego se dirigió a la pelirroja.
–Ella es mi nana-
-Mucho gusto señora-
-Un placer, señorita-
Miró confundida
–Entremos hija, a tus padres le dará gusto volver a verte-
La señora hizo el ademán de agacharse para tomar las bolsas, pero Dulce no se lo permitió. Ella tomó las bolsas y entró detrás de Anahí y su nana.
Entraron por la cocina. Dulce dejó las bolsas sobre la mesada, luego Lupe les dijo que la acompañaran.
-¿Cómo han estado ellos?-Preguntó Anahí mientras caminaban hacia la sala, por el gran pasillo.
-Están desesperados mi niña, han creído lo peor. Te han buscado día y noche-
Any volteó hacia Dulce, y ésta le hizo un gesto de “te lo dije, te buscaron”.
Any detuvo sus pasos, y esperó a que Dulce estuviera a su lado, para tomarla de la mano. Dul entrelazó sus dedos y le dio un suave apretón, indicándole que todo estaría bien, que estaba allí con ella.
Llegaron al despacho de Jorge, el padre de Anahí, y Lupe los hizo esperar. Quería darles una sorpresa.
-Mi corazón late a mil-
-Ey-Le tomó el mentón y la miró con amor.
–Son tus padres-
-Tengo miedo a su reacción-
-Any, ni que fueran monstruos-
Anahí desvió su mirada.
-Tengo miedo de que me reclamen sin saber lo que viví-
-Tranquila ¿si? Yo estaré contigo-
Any asintió y le dedicó una media sonrisa. Dulce dudó un poco, no sabía si decirlo o no. Tomó a Anahí de las mejillas e hizo que la mirara a los ojos.
–Escúchame bien. Sé que todo es muy pronto, que no nos conocemos lo suficiente, pero me ha bastado este mes para darme cuenta-La chica la escuchó atenta–Te amo. Y estoy contigo, pase lo que pase-
Anahí al escuchar esas palabras la abrazó fuertemente, como si la vida se le fuera en ello.
-¿Me amas?-Preguntó mirándola fijamente, con un brillo de emoción en sus ojos.
-Si hermosa, te amo con toda mi alma. Desde el primer momento-
-Y yo te amo a ti-
Sonrió con lágrimas en los ojos. Dulce la volvió a abrazar y luego la separó para dejarle un casto beso en los labios, que fue interrumpido por Lupe.
-Pasen-Los invitó. Anahí entró con Dulce tomándole la mano.
Una mujer rubia estaba de espaldas, y un hombre mayor revisando unos papeles, sin darle importancia a las personas que entraron.
No se dieron cuenta hasta que la voz temblorosa de Anahí habló.
-Mamá… Papá-
Instantáneamente la mujer rubia se volteó, con lágrimas en los ojos, y el hombre alzó la vista con sorpresa.
Tardaron largos segundos en reaccionar por el shock que tenían al ver allí a su hija.
-Hija…-Lloró la mujer, acercándose corriendo y abrazando a su menuda hija.
-¿Dónde has estado Anahí?-
El hombre, estupefacto, se levantó de su silla y se acercó asombrado, sin poder creer que era su hija la que estaba abrazada a su mujer.
-Anahí-
Se acercó y las abrazó a las dos.
–Mi hija-
Dulce se limitó a quedarse cerca de la puerta, dándoles a padres e hija, algo de intimidad en ese momento.
***

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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:31 am

Capitulo 7
Una hora después, los Puente no daban crédito a lo que escuchaban. Les dolía saber lo que había sufrido su hija, sin ellos poder hacer algo.
Anahí le contó con todo los detalles lo que vivió por más de un año, y sus padres lloraban con dolor y rabia, como ella.
Dulce estuvo acompañándola en todo momento, Anahí no le había soltado la mano ni un segundo luego de que se la tomara cuando la presentó, algo que los señores Diana y Jorge Puente notaron.
-Anahí, ella aparte de tu salvadora ¿es alguien más?-Preguntó su madre.
Ella miró a Dulce, buscando una respuesta en sus ojos, ya que no sabía que eran.
-Yo… Me enamoré de su hija apenas la vi, por eso la saqué de allí. Y sinceramente, quiero intentar algo serio con ella. La amo-Respondió con sinceridad, mirando a Anahí a los ojos.
Los padres de la chica sonrieron.
-Tienes todo nuestro apoyo-Habló el padre
–Se nota que la quieres, por todo lo que hiciste-
-Gracias-Sonrió Dul mientras abrazaba a Anahí que estaba estupefacta.
–Yo… los dejaré solos así pueden hablar mejor-Anahí miró sorprendida.
-No hace falta que te vayas-Le apretó fuertemente las manos.
-Cariño, aquí estás bien. Te prometo que a la noche paso a verte-
-¿Me lo prometes?-
-Te lo juro-Sonrió, y Any asintió.
-Te amo hermosa-Le dejó un beso en la mejilla.
-Te amo-Le respondió ella.
La pelirroja se incorporó y todos hicieron lo mismo.
-Te esperamos, puedes venir cuando quieras-Le dijo Diana.
-Esta es tu casa. Estaremos agradecidos contigo toda la vida-Dijo el hombre.
Anahí no entendía nada. ¿Le habían dicho que esa era su casa? ¿Qué podría volver cuando quisiera? ¿Cómo sus padres pudieron cambiar su forma de pensar, si cuando ella se fue de allí lo hizo porque ellos mismos le habían dicho de alguna forma que no la aceptaban por sus gustos sexuales.
Dulce se despidió de los Puente, luego besó cálidamente a Anahí y se fue de allí. Al salir se sintió vacía. En tan pocos días se había acostumbrado a tener a Anahí cerca.
Anahí, luego de que Dulce se fue, siguió platicando con sus padres. Ellos ya no eran los mismos de antes; fríos. Ahora eran comprensivos, la abrazaban, la besaban como nunca lo habían hecho.
-Perdónanos hija, nosotros tuvimos la culpa de algún modo, por haberte echado de aquí. Estábamos tan furiosos-Comenzó el padre.
-Pero nos dimos cuenta que, no importa si te gustan las mujeres o los hombres, eres nuestra hija ante todo… y te extrañamos tanto-Añadió su madre, volviendo a abrazarla con fuerzas.
-Temimos lo peor, y la culpa por haberte juzgado no nos dejaba vivir-Siguió la madre.
-¿Entonces no les importa que sea… lesbiana?-
-No hija. Fuimos egoístas, pensamos en todos menos en ti, en tu felicidad-
Anahí se emocionó.
-¿La amas?-Siguió el padre.
-Es increíble, pero más de lo que podría imaginar-Se sinceró Any, sonriendo al pensar en Dulce.
Sus padres asintieron y no dijeron más nada, ni siquiera preguntaron. Era momento de dejarla ser. La habían recuperado, y ahora podían remediar el daño que le hicieron un año atrás.
En las siguientes horas Anahí se reencontró con sus amigas, que lloraron al verla sana y salva.
Toda la familia pasó el día juntos (cuando decimos familia incluimos a Lupe y sus hijas, ya que ya eran parte de la familia; siempre lo fueron), y Any se sintió nuevamente en casa. Era algo que no podía creer, y que soñó tantas veces, que no lograba caer en cuenta que nada de eso era un sueño. Que estaba allí con todos ellos, nuevamente, a salvo.
Su vieja habitación, la que usaba antes de mudarse a su departamento, estaba como siempre. Lupe siempre se ocupaba de mantenerla limpia e intacta, y ese día se la preparó para que Anahí durmiera mejor que nunca.
Eran las diez de la noche, Any hablaba con Magui. Trataba de no pensar en Dulce, que le había prometido visitarla y aún no aparecía.
-¿Tienes algo Any?-Preguntó asustada su amiga. –Te noto ida-Añadió.
-No-Negó sin mirarla.
-Vamos, puedes confiar en mí. Lo sabes, somos como hermanas. Sigo siendo la misma- trató de convencerla y animarla para que hablara con ella.
-Tengo miedo, me siento desprotegida-Confesó alzando la mirada. Su amiga le tomó las manos.
-No debes sentirte así. Aquí hay mucha seguridad, nada te pasará-
-No es solo por eso. La necesito, aquí conmigo-
-¿A ella?-Preguntó sabiendo a quien se refería. Any asintió con un movimiento de cabeza, con la vista fija en la cobija que le cubría las piernas.
-¿Por qué no la llamas?-Sugirió su amiga con una sonrisa.
-No. Ella dijo que vendría, pero tal vez no pudo-
-Tal vez tuvo algo urgente que surgió a última hora-
-Si-Dijo con algo de tristeza
–Voy a intentar dormir, estoy cansada-
Magui asintió y se iba a parar cuando tocaron la puerta.
-Yo abro-
La chica abrió la puerta de la habitación encontrándose con una hermosa mujer de ojos intensamente remarcados, pelirroja, muy sexy y una sonrisa en su rostro. Llevaba una mano detrás, al parecer escondía algo.
-Hola-Saludó educadamente.
-Hola-Dulce esperó a que la chica hiciera o dijera algo, pero se la quedó viendo sin emitir palabras.
-Disculpa, creo que me confundí de habitación-
-Oh no, perdón-Habló por fin la chica
–Esta es la habitación de Anahí, yo ya me iba-Se giró y le hizo un gesto a Any.
-Adelante-Le dijo y luego se retiró.
Anahí sonrió al verla y se levantó rápidamente de la cama.
-Viniste-La abrazó.
-Claro mi amor, te prometí que vendría-La abrazó fuertemente con un brazo, el otro lo tenía detrás de su espalda. Anahí lo notó y trató de averiguar.
-¿Qué tienes atrás?-Preguntó sonriente.
-Cierra los ojos-
Any lo hizo sin dudar. Cerró los ojos y sintió un fugaz beso en sus labios. Luego Dul le entregó un oso de felpa, que llevaba un corazón que decía “Te Amo” y sostenía una rosa.
Anahí abrió los ojos y la abrazó efusivamente, encantada por el regalo.
-¡Mi amor! Es lo más hermoso que me han regalado-
-¿Te gusta?-
-Me encanta-Rió y luego besó el peluche afelpado.
–Tiene tu olor-Expresó abrazando el muñeco.
-Para que no te sientas sola cuando yo no esté-
A Anahí se le borró la sonrisa.
-¿Cuándo no estés?-
-Cuando viaje-Dulce notó la tristeza en los ojos azules de su chica.
-Princesa…-Le levantó el mentón para que lo mirara a los ojos
–Ya hablamos de esto-
-No quiero que te alejes de mí-
-Serán unos meses. Te llamaré, vendré a verte-
-¿Por qué no puedo ir contigo?-
Dulce se sentó en la cama e hizo que ella se sentara en sus piernas. Adoraba tenerla en su regazo.
-No quiero ponerte en peligro-
-Yo estaré bien contigo-
-No podré protegerte siempre, y no me perdonaría que algo te ocurriera- Anahí hizo un puchero.
-¿Cuándo viajas?-Preguntó con lágrimas en los ojos.
-Por eso me tardé, es que tuve que sacar los pasajes. Viajo mañana por la noche-
-¿Ya?-Se quejó frunciendo el ceño.
-Si amor, cuanto antes mejor-
Any desvió su mirada
-Te voy a extrañar-
La abrazó por el cuello.
Al separarse la miró intensamente a los ojos. Dulce la sostenía tiernamente de la cintura, y su vista estaba fija en sus ojos azules. Anahí se derritió por aquella mirada y la besó.
Se acomodó mejor en las piernas de ella y la besó más intensamente. Las manos que Dulce tenía en la cintura de la castaña, fueron subiendo para acariciar toda su espalda.
Cuando el aire les faltó, se separaron. Any quiso seguir el beso, pero Dulce la frenó.
-Me sigues besando así y no me voy a poder contener-
-Nadie te impide que me hagas el amor-
Dulce sonrió con admiración, le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja y le dio un corto beso.
-No mi amor. Es tu casa, están tus padres y… hay que respetar-
Anahí hizo un puchero que conmovió a la pelirroja.
-Mañana te irás y no te veré por no sé cuánto tiempo, Dul-
-Pero quiero respetar tu casa, a tus padres, a ti Any-Anahí asintió y la abrazó.
-¿Y en tu casa?-Dulce la separó para mirarla a los ojos con una ceja levantada.
-¿Quieres ir a mi casa?-
-Quiero estar contigo, me da igual donde sea-
La besó con desesperación otra vez.
***
El cuerpo cansado de Anahí reposaba sobre el colchón. Dulce tenía su cara apoyada sobre la suave espalda de Any.
-¿Prometes llamarme?-Preguntó de súbito la castaña, rodando un poco y poniéndose boca arriba.
-Te llamaré a cada segundo si es posible-
Seguidamente cerró sus ojos, en paz. Estar a su lado le transmitía eso; paz.
Aún no había dormido sin su compañía, pero pensó que no podría hacerlo. Dormir con Dulce, desde la primera vez, había sido confortante y con ella a su lado ya no tenía pesadillas.
Se abrazó a su cuerpo y cerró sus ojos al sentirse en sus brazos, protegida. Sintiéndose en su lugar, su mejor lugar en el mundo.
***
Sus padres estaban cada vez más preocupados ante las constantes pesadillas de su hija. Sufría hasta desequilibrios mentales desde que Dulce se había ido, y eso los asustaba.
La primera crisis la tuvo la segunda noche, y a partir de ese entonces no habían cesado. Se repetían constantemente, generalmente por la noche.
Los señores ya no sabían que hacer, era difícil de controlar a su hija ante esos ataques. Ataques de llanto, miedo, desequilibrio, furia.
No sabían que hacer, si llamar a Dulce o que. No querían que la muchacha dejara todo por volver a México, ellos se encargarían de solucionarlo.
Dulce llamaba frecuentemente, pero ni Anahí ni los señores Puente le hablaban de lo sucedido.
Por su parte Anahí no quería ser una molestia para Dulce. Ella tenía que seguir con su búsqueda, no podía frenarla por sus ataques.
Sus padres habían obligado a que Anahí asistiera a un psicólogo que la ayudara, pero por más que hicieran, nadie lograba controlar sus pesadillas.
A esto le siguió ataques de pánico, algo que asustaba mucho más a sus padres, derrotados, sin saber que hacer.
Ante los ahora frecuentes ataques de pánico, Lupe era la única en disminuirlos y calmar a su niña. Solo le tomaba la cara con sus manos, la miraba fijamente y le hablaba, tratando de calmarla, y eso funcionaba en algunos momentos. Pero luego venían las pesadillas, que no se comparaban a nada con los ataques de desequilibrio mental que sufría.
Una noche, los gritos de Anahí despertaron a sus padres, que ya se habían acostumbrado a dicha forma de despertar.
Su cuerpo se retorcía sobre las sábanas, su cuerpo estaba bañado en sudor, y su cara expresaba dolor, sufrimiento.
Su padre se acercó para despertarla de esa terrible pesadilla que estaba teniendo, pero al hacerlo Anahí se despertó de golpe y lo confundió con uno de aquellos tipos, que la poseían en aquél lugar.
No supieron en que momento sucedió, pero ahora la joven tenía a su padre tomado de la bata y un filoso cuchillo sobre su garganta.
-No volverán a hacerme daño. Antes lo haré yo-
Ante un momento de locura, Anahí había tomado uno de los cuchillos que tenían en su casa, bien afilado, usado para cortar cualquier tipo de carne.
-Anahí, hija, tranquilízate. Soy tu padre-Trató de tranquilizarla, mientras la madre lloraba desesperada en la misma habitación.
Ante una lucha interminable, el señor Puente pudo tomar fuertemente a su hija por las muñecas hasta quitarle el cuchillo.
Lupe, que sabía de enfermería, le había aplicado un calmante, dejándola totalmente dopada, en la cama. Mientras, sus padres decidían que hacer.
-Es un peligro. Es mi hija, pero no podemos exponernos a que nos haga algo ante un desequilibrio-Expresó el hombre.
-¿Qué sugieres?-
-Lo siento mucho, pero corremos peligro mientras esté aquí y en ese estado-
-¿Cómo dices eso? Nuestra hija estará bien aquí, sabremos controlarla-
-¿Y poner en peligro nuestras vidas? Le puede agarrar nuevamente un ataque, peor que este y nos puede matar-
-¡No exageres Jorge!-
-No exagero. Será mejor que esté controlada por especialistas. Por lo menos un tiempo, hasta que logre superar todo esto-
-¿A que te refieres con especialistas? ¿No será lo que estoy pensando?-
-Es lo mejor. Mírala-Señaló a su hija desparramada en la cama, totalmente dopada por la dosis que le habían dado.
-No permitiré que lo hagas-
-Lo haremos. Por su bien, Diana-
-¡No Jorge! Ha sufrido mucho, no podemos hacerle eso a nuestra hija-Expresó casi a gritos, desesperada.
-Tenemos que llamar a la muchacha, a Dulce-Sugirió.
Su marido se negó.
-¿Por qué a ella? Nosotros somos sus padres, y tenemos que hacer lo que a nosotros nos parezca mejor para nuestra hija-
-Eso no será lo mejor para ella-
-Le hará bien, necesita estar controlada, necesita que la ayuden a superar esto-Suspiró y tomó de los brazos a su mujer.-Es lo mejor-
Dulce llevaba horas llamando a Anahí pero su móvil lo enviaba sin más a la casilla de correo, y eso la estaba desesperando, pues no había pedido el número de la casa de ella como para llamarla allí.
Se le estaba haciendo difícil concentrarse en la búsqueda de su hermana, cuando su mente estaba en si a Anahí le había sucedido algo.
Llamó a su hermana Mai, y le pidió que fuera a la casa de los Puente y se asegurara que Anahí estuviera bien.
Mai hizo lo que su hermana le pidió. No conocía a Anahí, pero así y todo se preocupó, pues era la novia de su hermana. Tal vez no fueran las mejores condiciones para conocerla, ella esperaba una presentación formal, pero su hermana estaba preocupada y ella iba a ayudarla si eso era lo que Dulce le pedía.
Mai se encontró con la desagradable noticia de que los Puente habían llevado a Anahí a un centro de recuperación. Eso fue lo que le dijo el ama de llaves de la casa, pero a lo que ella interpretó un “manicomio”. Se quedó helada al escuchar esa noticia, sabía que su hermana, en cuanto supiera eso, dejaría todo y volvería para sacar a su novia de allí.
Ella no conocía a Anahí, ni tampoco estuvo presente cuando le dieron los ataques. Pero su hermana le había confesado con detalles lo que había vivido su novia.
Ante tanta presión, tanta perversidad, tanta infamia en la que había vivido, lo muy probable era que quedara afectada.
Pensó en su hermanita, que seguramente estuviera pasando lo mismo que vivió esa muchacha. Lo mejor no era internarla en un loquero, lo mejor sería tratarse acompañada de su familia, de las personas que la quieren. De ningún modo ella dejaría que la internasen, así fuera peligrosa, porque dentro de su alma, Anahí estaba sufriendo por lo vivido. Llevarla a ese lugar no iba a “sanarla”, es más, le iba a hacer mucho peor.
Se fue de allí algo afectada, debía contárselo a su hermana, así Dulce abandonara todo.
Ella era su felicidad, lo podía notar en los ojos de su hermana al hablarle de Anahí, y para Anahí, Dulce sería su felicidad… así lo supuso.
Ahora tenía algo pendiente que hacer al salir de allí, contárselo a su hermana para que ésta la volviera a rescatar.
***

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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:31 am

Capítulo 8
Anahí despertó en una sala empapelada en blanco, cortinas del mismo color que dejaban pasar al rey sol aunque estaban corridas.
Se sentía como si hubiera dormido una semana entera, pero la realidad era que no sabía ni cuánto tiempo había dormido.
Se paralizó al pensar que la habían capturado nuevamente esos tipos, porque se encontraba atada a una cama, con una bata blanca y descalza.
Miró bien hacia todos lados, no había nada más que esa cama y una mesita alejada de allí, además de una lámpara que colgaba en el alto techo, muy alejado del piso. Estaba tan alejado que hasta pensó que para cambiar la bombita de la luz tendrían que subirse a una larga escalera; por lo que sería imposible llegar hasta ese techo sin una.
Volvió a la situación en que se encontraba, miró sus muñecas que estaban sujetas a unos cintos que le apretaban fuertemente, casi lastimándola. Sus piernas estaban separadas, sus tobillos del mismo modo que sus muñecas.
No dijo nada, solo trató de pensar que lugar era ese, además el pánico no la dejaba ni siquiera gritar.
Cuando volvió en sí iba a gritar, pero antes de que alguna palabra saliera de su boca, se abrió la puerta dándole paso a una mujer de uniforme blanco que la miró y no dijo nada, solo tomó una jeringa y se la inyectó en el brazo.
No le dio tiempo a nada, cuando ya sentía que los párpados le pesaban y todo daba vueltas, llevándola a un lugar desconocido, oscuro, donde se encontraba sola… y asustada.
Cuando volvió a despertar se encontró en el mismo estado, en la misma posición, en el mismo lugar, pero ya no había claridad. Ahora una luz oscura entraba por el ventanal que estaba en aquella habitación.
No sabía que hacer, sentía la boca seca, necesitaba ir al baño y estaba incómoda allí, así que no hizo más que gritar y gritar por varios minutos hasta que apareció la misma mujer, con la misma mirada fría, mirándola como si hubiese interrumpido algo que estaba haciendo. ¿Dormir tal vez?
Pero ¿Dónde estaba? Se animó a preguntarle, pero ésta no le contestó, así que volvió a insistir.
-¿Dónde estoy?-La mujer la miró con indiferencia mientras preparaba la jeringa.
-No, espera-Anahí miró la gran aguja y tragó saliva.
-Necesito ir al baño, y además quiero agua. Por favor-
La mujer dejó la jeringa.
-¿Te portarás bien?-Anahí frunció el ceño. ¿Qué pregunta era esa?
-Dime donde estoy-
-En Gèneve, es un centro de recuperación mental-
-¿Un loquero?-
-Si así quieres llamarlo-Anahí desvió su mirada, quiso entender que hacía allí. Mientras, la mujer la desataba.
-En cuanto intentes algo te irá peor-La miró y tragó saliva, luego asintió.
Ella no estaba loca ¿Por qué estaba en ese lugar?
-¿Quién me trajo?-
-Oye ¿piensas que estamos aquí para platicar?-Le preguntó con la misma mirada fría.-Vamos-
La tomó fuertemente del brazo y la bajó de la cama. Las piernas de Anahí flaquearon ¿Cuánto tiempo llevaba acostada al punto de no poder caminar?
Al bajar de la cama y no sentir sus piernas, cayó redonda al piso. La mujer la levantó de los brazos y la hizo caminar.
-¿Por qué estoy aquí?-
La mujer siguió su camino e hizo como si no la escuchara.
-Yo no estoy loca-
La señora, de aparentemente 40 años, sonrió irónicamente.
-Todos dicen lo mismo-Respondió con una sonrisa burlona.
-No estoy loca-Insistió Anahí, pero ésta no volvió a hablar.
Al volver a la habitación, la enfermera no la volvió a atar, pero si le dio una pastilla que Anahí tuvo que tomar. Luego de eso, no recordó mas nada. Hasta el otro día, que despertó en la misma habitación.
Segundos después apareció un hombre, al parecer el doctor del establecimiento, y una muchacha joven que lo acompañaba.
-¿Quiénes son?-Preguntó alarmada Anahí, acorralándose a si misma sobre el respaldo de la cama.
-El Director de este establecimiento-
-¿Por qué estoy aquí? ¡Yo no estoy loca!-
-¿Algo más convincente que eso?-Preguntó el hombre, mayor, de aparentemente 60 años, de pelo gris y barba del mismo color, acompañado por una carcajada. Anahí frunció el ceño y lo miró seriamente.-¿Por qué me tienen aquí?-
-¿Por qué crees que estarías aquí?-Le respondió el hombre, con otra pregunta.
-No estoy loca-Susurró casi inaudible, como si tratase de convencerse a sí misma.
-Tus padres no pensaban lo mismo-
-¿Mis padres?-
-Ellos te trajeron aquí, necesitaban controlarte de alguna forma. Pero no te preocupes, es el mejor lugar donde podrías estar-
¿Mejor lugar? ¿Un loquero sería un mejor lugar para ella?
-Trataste de matar a tu padre en uno de tus ataques de locura-Comentó el hombre, mirándola fija y seriamente.
-¿Sigues pensando que no estás loca?-
No, porque ella no estaba loca… y… ¡Eso era imposible! Ella no pudo haber intentado matar a su padre. ¿O si? Era consciente de que le habían agarrado varios ataques; de pánico, de miedos, de locura… ¿De locura? Eso acababa de decir aquel hombre, pero ella no recordaba ningún ataque de locura.
-No tenemos ningún…-El hombre achinó los ojos y pensó, buscando la palabra justa.
-No tenemos ningún antídoto para dejar que seas loca, porque los locos, quedan locos para siempre, no hay manera de curarlos. Pero, en este lugar estarás acompañada por personas como tú. Y estarás controlada, así no intentas matar a alguien como quisiste hacerlo con tu padre-
-¡¡Quiero ver a mis padres!!-Gritó desesperada.
-¡¡Ellos no podrían encerrarme aquí!! Yo… yo no estoy loca, y no soy una asesina-
-Lamento decirte que tus padres no vendrán, no por el momento-
***
En cuanto se enteró, Dulce abandonó todo, en realidad dejó todo en manos de sus amigos periodistas que estaban en la búsqueda con ella, y tomó el primer vuelo a México. Estaba furiosa, se suponía que quedaba en las mejores manos, con las personas que la cuidarían, la entenderían y protegerían… pero terminaron llevándola a otro lugar espantoso, luego de salir del infierno.
Bastaron solo unas horas para llegar a su país, y ni siquiera pasó por su casa. Su chofer la había esperado en el aeropuerto y la había llevado directamente a casa de los Puente.
-No podíamos hacer otra cosa, era peligrosa-Habló el señor Puente.
-¿Peligrosa?-
-Intentó matarme, y tal vez intentaría hacerlo otra vez si no la hubiésemos llevado-
-Pero…-Se pasó las manos por los cabellos y suspiró.
-¿Entienden que ella necesita su apoyo? ¿No entienden todo el infierno que ha vivido?-Rió irónicamente.-Claro que no lo entienden. Ustedes no han vivido lo que a ella le tocó vivir-Se respondió furiosa.
La señora Puente la miró conmovida.
-Yo no estaba de acuerdo-Expresó la mujer.
-Dulce, ella ha sufrido varias crisis. No te lo quisimos decir para no preocuparte, para que no hicieras esto y abandonaras todo-Confesó Diana.
-La llevamos allí por no saber que hacer-Dijo el señor.
-La única que lograba calmar sus ataques de pánico era Lupe, pero luego ya no la podíamos controlar-Contó la mujer.
-Tendrían que habérmelo dicho. Iba a volverme en cuanto lo supiera-
-Anahí no quiso-Dulce bufó.-Además, Dulce, ella comenzó con esos ataques cuando tú te fuiste-
-Tuvo pesadillas, una tras otra, no dormía casi-Siguió Jorge Puente, sentándose en el sofá, con el ceño fruncido.
-Conmigo no tuvo pesadillas-
-Es que contigo se siente protegida, eso nos ha dicho. No ha tenido paz desde que te fuiste-
-No debí dejarla-Se reprochó la periodista.
-Necesito sacarla de allí-
-No podemos-Negó el hombre.
-Apenas la ingresamos-
-No me importa. Ella no estará un segundo más allí. ¿Dónde está?-Preguntó seriamente, con un tono impaciente.
No iba a permitir que Anahí volviera a sufrir, se lo había prometido, le había prometido que siempre estaría con ella y la cuidaría, y que jamás la dejaría… y esta no sería la excepción. No iba a decepcionarla.


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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:31 am

Capitulo 9
La habían llevado a una sala, donde había otras personas, con la misma bata que ella, demacradas igual que ella, con la mirada perdida, tal vez a algunos le duraba aún el efecto de las pastillas o inyecciones.
No se sentía cómoda, no. Los hombres la miraban con la mirada oscura, las mujeres del mismo modo, otros no se percataron de su presencia.
Dos tipos se le acercaron, y uno le acarició la mejilla.
Anahí tembló.
-¡Déjame!-Se escuchó diciendo en voz alta, antes de salir corriendo por la sala y apoyarse en una pared alejada a donde estaban los hombres de bata blanca.
Los tipos no tenían otras intenciones que hacerla sentir bienvenida, pero Anahí no confiaba en nadie. La vida le había enseñado eso.
Se deslizó por la pared hasta quedar sentada en el piso cuando el aire le comenzó a faltar.
Un hombre de seguridad, que estaba en la puerta de lo que sería la sala de estar, la miró y llamó a una enfermera que llegó acompañada de otro hombre, que traía una mascarilla de oxígeno.
Lo único que supieron hacer, ponerle la mascarilla para que se regulara la respiración. Pero ella no necesitaba eso, necesitaba a Lupe… o peor aún, la necesitaba ya mismo a Dulce.
Con la respiración ya controlada, fue llevada nuevamente a su habitación, y la dejaron allí sola.
Unos minutos después entró otra enfermera, de pelo rubio amarrado en un moño, y una sonrisa en su rostro.
-¿Mejor?-
Anahí la miró raro. No era fría, ni tenía esa mirada oscura y dura como los demás de allí. Solo atinó a asentir con la cabeza, para luego desviar su mirada hacia el ventanal con las cortinas abiertas.
-¿Qué ha ocurrido?-La mujer llevaba una carpeta en sus manos, al parecer iba a anotar todo allí, todo lo que hablaran.
-¿Quién eres?-La mujer levantó una ceja y se sentó en una silla, cerca de la cama.
-Soy psiquiatra-Anahí rió irónicamente
-No me digas-La mujer sonrió divertida.
-No estoy loca-Dijo Anahí, volviendo la mirada hacia la mujer.-No sé por qué me tienen aquí-
-Yo lo sé, si estuvieras loca no tendrías esta conversación conmigo. Solo te alejarías, pensarías que te haré daño, gritarías y golpearías todo, como todos los pacientes de aquí lo hacen-
-¿Entonces?-
-No eres una paciente como los demás. Solo estás aquí para controlarte, para que no te vuelvas loca completamente-
-¿Completamente? ¡Le he dicho que no estoy loca!-
-Ok, cálmate-La Doctora dejó la libreta y se acercó más.
-Sé tu trauma, he hablado con tus padres. Sé que has ido a sesiones psicológicas y no han logrado quitártelas-
-Es que no he ido lo suficiente, ya que me encerraron aquí-
-Solo queremos ayudarte-
-¿Por qué aquí? Quiero irme de este lugar. Me han amarrado, me han inyectado, me han tratado mal-
-No volverá a pasar. Estabas… tuvieron que medicarte ¿No recuerdas nada?-Anahí no contestó.
-En medio de los ataques quisiste dañar a tu papá-
-Yo jamás le haría daño-Se defendió.
-Pero casi lo haces. Y como tus padres no supieron controlarte tuvieron que traerte aquí-
-Quiero salir de aquí-Dijo con un tono suplicante.
-Pronto saldrás. Pero primero tienes que estar mejor, nunca sabemos que puedes llegar a ocasionar-Le contestó sinceramente.
-Quiero ver a alguien-
-¿A quién quieres ver? ¿A tus padres?-Anahí negó.
-¿Hermanos?-Volvió a negar.
-Sé que la única que lograba calmarte era una señora ¿A ella quieres ver?-
-No. Quiero ver a Dulce-
-¿Quién es ella?-Preguntó la mujer. Luego sonrió.
-¿Tu amiga?-
-No, mi novia. Necesito verla, por favor-
-No creo que sea posible. Los primeros días no permitimos visitas, no hasta que…-Se calló.-Tú no eres como los demás, así que…-Suspiró y vio los ojos de Anahí llorosos.-Haré lo posible porque puedas verla la semana que entra-
-Quiero verla ahora-Lloriqueó mirando a la mujer que estaba a su lado.
-Por favor-
-Con suerte podrás verla la semana que viene, antes no. Lo siento-Anahí se levantó y se tomó la cabeza con las manos.
-¡Quiero verla! ¡Necesito verla! ¡Quiero que me diga que todo estará bien, que está conmigo y que me sacará de aquí! Necesito verla-
-Tú lo que necesitas es estar aquí. Estarás bien aquí Anahí-
La mujer se paró y se acercó lentamente a Any. Como acto de reflejo Anahí se alejó, hasta que chocó con una mesa que había cerca.
-Tranquila. Aquí no te haremos daño-
-¡No me toques!-Gritó poniendo las manos en alto, para que la mujer no se acercara más.
-Está bien, no te toco, pero tranquilízate ¿si?-
-Yo no necesito estar aquí-Dijo con la mirada perdida.
-No quiero volver a estar encerrada, no quiero que me vuelvan a dañar-La Doctora trató de acercarse un poco más, ya que Anahí no estaba mentalmente allí. Lo notaba en su mirada, estaba perdida.
-Anahí…-
-Yo sé que aquí me harán daño. No quiero que me lo vuelvan a hacer. ¡Ya fue suficiente!-Gritó entre llanto.-¡¿Qué hice para merecer todo esto?!-
Su mirada volvió, ahora miraba con los ojos empañados a aquella mujer rubia.
-Ya te dije que nadie te hará daño. Aquí no hacemos daño, Anahí-Se acercó más y la tomó suavemente de los brazos.
-No…-Trató de alejarse-No me toques-
La Doctora le quitó las manos de encima y asintió.
-¿Quieres salir de aquí?-La chica asintió.
-Entonces hablemos. Cuéntame todo lo que viviste, todo eso que te hizo daño y que aún te asusta. Yo podré hacer mucho por ti, puedo ayudarte a que salgas en un abrir y cerrar de ojos. Yo podré curarte-
-¡¿Por qué me tratan como a una loca?! No estoy loca-
-¡Pero tienes algo que se llama paranoia, y no puedes vivir con ello! Necesitas ayuda-Levantó la voz.-Yo te ayudaré si te dejas ayudar-
***
Ahora la que se iba a volver loca era Dulce, si no la dejaban verla.
Llevaba intentando más de dos semanas que la dejaran ver, pero nada podía hacer. Incluso los Puente habían hablado con el director del lugar, pero no había caso.
<<La paciente está en tratamiento, no puede recibir visitas por unos días más>>
Le habían respondido.
Dulce no tenía paz, porque no sabía cómo estaba Anahí, no sabía como la trataban, o como se sentía ella allí. Tenía miedo de que pensara que ella no había intentado sacarla de allí, tenía miedo que pensara que no le importaba ¡Maldicion! Eso no era así, ella estaba haciendo hasta lo imposible por sacarla de allí.
Una mañana recibió una llamada de los Puente, diciéndole que le habían otorgado una visita luego de tanta insistencia.
Lo más rápido que pudo se vistió y salió hasta la residencia de éstos, que la acompañaron hasta el establecimiento.
Iba por el pasillo acompañada por un hombre con uniforme azul, que la guiaba por el lugar.
Se escuchaban personas gritando, algunas cantando, otras riendo… hasta algunos golpecitos que provenían de las puertas, tal vez alguno pidiendo que le abrieran la puerta.
Llegaron al final del pasillo, donde el hombre de uniforme frenó y sacó sus llaves, para luego abrir una puerta. Desde afuera no se escuchaba nada, estaba totalmente silencioso.
Cuando el hombre abrió la puerta, la dejó pasar, encontrándose con Anahí sentada con las piernas flexionadas sobre la cama, con la mirada hacia el ventanal.
Ella volteó la vista al escuchar la puerta, e instantáneamente se levantó con torpeza para aferrarse al cuerpo de Dulce que había ingresado segundos antes.
-Mi amor-Lloró la castaña aferrada con fuerzas a sucuerpo.
-Princesa. Mi amor-Le besó el cabello.
-Pensé que jamás vendrías. Quiero irme-
-Lo sé mi vida, lo sé-
Any se separó y lo tomó de la mano para guiarla hasta la cama donde Dulce se sentó primero e hizo que ella se sentara en su regazo.
-¿Cómo estás mi amor?-Preguntó Dul mientras le acomodaba el cabello hacia atrás.
-Elena me está ayudando-
-¿Quién es Elena?-
-La psiquiatra de aquí. Al principio, no te miento, quería irme de aquí como sea, pero me hizo bien-Dulce le sonrió de lado.
-No estoy loca, nunca lo estuve. Solo me trajeron aquí para controlarme, para ayudarme a superar mi trauma-
-Cuando me enteré casi me muero-Le confesó acariciando su mejilla,
-Tenía miedo de que pensaras que te había abandonado en este momento, y quiero que sepas que no lo he hecho-
-Lo sé. Yo sabía que tú no me ibas a abandonar, y sé que no te dejaron venir por las reglas que tiene este lugar-Dulce asintió.
-Pronto saldrás de aquí mi amor-
-No me siento mal aquí, pero no quiero estar en este lugar. Necesito mi casa, te necesito a ti-
-Tuve miedo. Yo sabía que no estabas loca, pero cuando me dijeron que te trajeron aquí tuve miedo-Confesó Dulce afectada.
-No sé en que momento intenté matar a mi padre. Creo que me ha pasado lo mismo que ocurrió aquella vez en la carretera contigo. Lo habré confundido en uno de mis ataques-Dulce asintió, mientras le acariciaba el brazo suavemente.
-¿Me sacarás de aquí? Yo sé que puedo seguir con el tratamiento desde mi casa-
-Estoy haciendo hasta lo imposible por sacarte de aquí, Mai es mi abogada y… te sacaremos de aquí-
-¿Mis padres no pueden sacarme de aquí?-
-De poder, pueden. Pero quieren que estés bien antes de sacarte. Yo no estoy de acuerdo-
Any la abrazó y escondió su cara en su cuello.
-Quiero salir de aquí-
-Pronto te sacaré de aquí, cariño-


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Re: Dulce Antídoto para Olvidar.

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:31 am

Capítulo 10
Dulce abrió la puerta de su departamento impaciente. Una Mai sonriente entró al lugar.
-Dime que me traes buenas noticias-
Mai dejó su bolsa en el sofá y la miró.
-¡Mai!-Gritó impaciente.
-¡Ey hermana! Tranquila-
-¿Qué noticias tienes?-
-Me he juntado hoy con el director de Gèneve, y hemos llegado a un acuerdo-
-¿Cuál?-
-La dejarán salir, pero si vuelve a peligrar una vida tendrán que llevarla allí para que el tratamiento sea allí, sin interrupciones ni terceros-Dulce sonrió y abrazó a su hermana con felicidad.
-¡Gracias! Gracias hermana-Mai le palmeó la espalda y se separó.
-¿Cuándo la dejan salir?-
-Este viernes-
-¡Faltan cuatro días aún!-
-¡Ey!-La regañó nuevamente.
-Esperaste tanto tiempo, cuatro días más pasan rápido-
La pelirroja rodó los ojos.
Su celular sonó y luego de abrazar nuevamente a su hermana, lo tomó.
Su cara cambió al escuchar una voz conocida. Mai, que estaba a su lado, borró la sonrisa al ver la cara de su hermana y como sus ojos se llenaban de lágrimas.
-No puede ser-
Tiró el celular y se desplomó en el sofá, largando las lágrimas acumuladas que le habían empañado la vista.
Mai se sentó a su lado, su cara de preocupación seguía intacta. Tomó el celular e intentó saber quien estaba del otro lado.
<<¿Quién habla>>
Había preguntado.
Ella también había reconocido la voz, conocía tan bien esa voz que se dio cuenta al instante el tono de tristeza de esa persona.
-¡No!-
Gritó para luego abrazar a su hermana y llorar juntas, desconsoladas.
<<Hemos encontrado un cuerpo, el ADN coincidió… Anahiara está muerta>>
Ambas se sintieron morir, luego de tanta búsqueda, luego de tanta lucha, tanto dolor… todo había sido en vano, habían matado a su hermana… a su pequeña hermanita de apenas 20 años.
***
Dulce sentía que ya no tenía más lágrimas. Quería ser fuerte, no quería mostrarse débil delante de su familia que estaba destruida… pero para que disimular, si a ella le dolía más que nadie la muerte de su hermana.
Habían traído el cuerpo de su hermana a México, estaba irreconocible a pesar que llevaba muy poco tiempo sin vida.
Poco tiempo.
Cuando llegó el cuerpo al país, le habían dicho que a Anahiara la habían asesinado, según la autopsia, hacía nada menos que dos semanas, el tiempo que Dulce llevaba en México luego de dejar Argentina. Al parecer, se habían dado cuenta que su hermana la estaba buscando y decidieron matarla. Eso había averiguado su amigo, también periodista.
Una pista en el cuerpo de la muchacha los había llevado a los policías a encontrar al asesino, un hombre de aparentemente 40 años, que había sido contratado para hacerlo.
Lo atraparon y obligaron a hablar, y él no se negó.
<<Ya estoy condenado, que se hundan conmigo>>
Había dicho en el interrogatorio, dando a conocer los nombres de los dueños del prostíbulo donde tuvieron a la adolescente desde que había sido capturada.
Además había dado la dirección, y hasta como llegar al escondite.
Ahora todos estaban presos, las otras muchachas liberadas… pero su hermana estaba muerta y aún no podía asumirlo.
Había tenido la esperanza de encontrarla con vida. Había imaginado encontrarla y ayudarla, como a Anahí, a salir adelante luego de salir de ese infierno.
Se preguntaba por qué en el mundo había tanta maldad, cuando nacieron y fueron creados para amar.
Se preguntaba cómo ese hombre dormía tranquilo, cuando había asesinado a una jovencita.
Se preguntaba tantas cosas que jamás podría responder.
Quería matar a todos esos malditos que le habían hecho daño a su hermana y a Anahí.
Los quería matar con sus propias manos por hacer sufrir a las mujeres más importantes de su vida.
Pero nada podía hacer, no podía ensuciarse las manos con sangre que no valían la pena, y no podía permitirse dejar sola a Anahí.
Anahí.
Ella le daba fuerzas para seguir adelante.
Miró a su lado y sonrió aún con lágrimas en sus ojos. Ella estaba allí, durmiendo tan bien, tan tranquila.
Luego de salir de esa clínica, Dulce le había pedido que se fuera a vivir con ella, y Any encantada había aceptado. Aceptó no solo porque adoraba estar con ella, sino porque era con ella únicamente donde se sentía segura.
Las pesadillas no habían vuelto, ni tampoco los ataques de pánico. Any le había dicho que gracias a ella no habían vuelto, porque siempre que dormía a su lado estaba tranquila, como si nada hubiera pasado.
Anahí despertó y le dedicó una sonrisa para animarla. No le gustaba verla de ese modo, no le gustaba verla angustiada.
Día a día hacía hasta lo imposible para que Dul estuviera bien, así como la pelirroja había hecho todo para que ella estuviera bien y segura.
La abrazó y Dul lloró aferrada a su menudo cuerpo. Descargó todo el dolor que llevaba guardado todo este tiempo, y la castaña solo se dedicó a abrazarla.
Ella la entendía, entendía que tenía que descargarse y llorar, llorar y llorar, porque ya nada se podía hacer. Lo único que quedaba era asumir y olvidar todo, recordar a su hermana como la persona hermosa, alegre, divertida y amorosa que era. Recordar su sonrisa, su voz, su luz, su cara en los momentos más felices, porque ahora descansaba en paz, se había hecho justicia, habían apresado a todos lo que le hicieron daño alguna vez.
Dulce era algo así como una heroína para Anahí, y seguramente, desde donde fuera que estaba su hermana, para ella también lo había sido… porque jamás se rindió, jamás dejó de buscarla, y jamás dejó de buscar la justicia.
Le besó el cabello y la acarició.
Una lágrima calló por sus mejillas, desatando ese nudo en la garganta que se le había formado al ver a Dul en ese estado.
-No quiero que llores-Le dijo Dulce al notar su sollozo, secando sus lágrimas.
-Y yo no puedo verte así, mi amor-
-Necesitaba hacerlo, no podía aguantar más estas lágrimas-
-Lo sé mi vida. Desahógate, yo estoy aquí contigo-
Habían pasado largas horas encerradas en la habitación, llorando, desahogándose juntas.
-Tienes que llevar en tu corazón los mejores momentos de Anita. Recordando su risa, el brillo de sus ojos, su voz… Eso es lo único que queda Dulce, por lo menos tienes su recuerdo-
-Aún no entiendo por qué le hicieron eso a mi hermanita, una niña indefensa. Quisiera matarlos-
-Porque son unos malditos sin alma, porque lo único que saben es hacer daño. Pero no debes dejar que te dañen a ti también. Es horrible lo que le pasó a tu hermana, pero tienes una vida por delante, tienes más hermanas que te necesitan, tienes a tus padres que no has visto desde que se enteraron de esto. ¿No te has dado cuenta que, al igual que tú, necesitan contención? No dejes que estos tipos te arruinen la vida a ti también, no permitas que dañen tu alma. Ellos ya tuvieron su merecido, la justicia se encargará de que cumplan su condena por todo el mal que hicieron, al igual que Gilbert y los demás que se van a pudrir en la cárcel. Ahora tienes que dedicarle tu tiempo a tu familia que te necesita. Y yo también te necesito. Necesito a la mujer que eras. Te necesitamos, todos-
Dulce le besó la frente y luego la abrazó.
-No dejes que estos tipos nos hagan infelices. Vivamos el presente. Yo sé que será muy difícil olvidar todo, y me encantaría que hubiera un antídoto para olvidar todos los momentos malos, pero no lo hay. Hay que aprender a vivir con eso, dejarlos atrás y continuar con la vida-
Dul la tomó suavemente por las mejillas y la besó tiernamente.
-Tienes razón. Yo estoy viva y tengo que seguir con mi vida. Voy a recordar a mi hermana en los momentos más felices, siempre contenta, con una sonrisa, como ella era. Es momento de continuar, y ahora tengo una razón muy importante para seguir con más fuerzas. Tú-La pelirroja volvió a dejarle un casto beso en los labios
-Gracias-Expresó Anahí llorando.
- Gracias por todo, porque gracias a ti, puedo seguir adelante haciendo como si nada hubiera pasado. Obviamente cosas así no se olvidan jamás, pero día a día, hora a hora, tú me haces olvidar todo lo que sufrí. Gracias por ser mi heroína, por ser mi sostén. Gracias por tanto amor, gracias por estar conmigo. Gracias por ser, día a día, mi dulce antídoto para olvidar-
~FIN~

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