el amor, casi un trabajo:

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el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:42 am

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:42 am

cap 1
Hace ya tiempo que busco un trabajo mejor que el que tengo. Aquella mañana un número desconocido aparecía llamando a mi móvil.
-Hola
-Buenos días, con dulce Pertienti? –dijo una voz de mujer
-Si, ella habla…
-Te llamo de Varem Group, nos dejaste un currículo por nuestro aviso en el periódico…
-Si, si – conteste nerviosa
-Mi nombre es Anahí puente, nos gustaría tener una entrevista con vos el próximo miércoles a las 16 hs.
-Si, como no…en las oficinas de calle bla bla bla?
Estaba muy nerviosa pero terriblemente emocionada por el llamado. Cuando llegué a casa le conté eufórica a mi padre y él muy feliz por la noticia no dejó de darme consejos de cómo presentarme.
Ese miércoles llegué puntual. La decepción fue considerable. En la recepción de Varem Group había cuatro chicas más, que como yo esperaban la entrevista con Anahí puente a las 16 hs. Al cabo de 10 minutos ya éramos doce esperando. Me tomó de sorpresa, esperaba ser la única y sólo tenía en mente dar una buena impresión y tema solucionado, el puesto era mío! Pero no era así, tenía que competir al menos con once chicas más. Fui adaptando mi cabeza a la nueva situación y mientras veía desfilar a mis contrincantes intentaba hacer una lista mental de razones de por qué el puesto debería ser mío. Pasados unos eternos 30 minutos un joven me informó amablemente que era mi turno.
Atravesé un amplio corredor con varias puertas enfrentadas hasta que llegue a la puerta donde se encontraba esperándome la famosa Anahí puente. Debo confesar que esperaba encontrar una persona algo mayor, pero ella aparentaba tener entre 30 y 35 años, vestía un tanto informal para lo que yo esperaba de Varem Group. Me saludo con un gesto muy simpático en su rostro, extendió su mano sobre mi hombro y amablemente me invito a pasar y tomar asiento. Se presentó nuevamente y en escasos minutos me explico a qué se dedicaba la empresa y de qué se trataba el puesto vacante. A continuación tomo mi currículo en sus manos y leyendo rápidamente dijo:
-Bien, mmm, dulce…y tu edad es mmm…-mientras ojeaba a vuela de pájaro el papel que tenía en sus manos
-24 años –me apresuré a decir
-Ok,-dijo con una sonrisa y mirándome a los ojos- contame un poco de tu historia laboral…
Intenté ser lo más concisa posible, y comencé a hablar de mis antiguos trabajos, de mi formación, mis proyectos y aspiraciones, etc., etc. Ella hizo algún que otro comentario que me llevaron a distenderme y sentirme realmente cómoda con la situación. En un momento, se acomodo los anteojos y mientras anotaba algo que no pude descubrir, me detuvo en mi monologo y me dijo
-Ok, dulce, es suficiente –elevo su mirada y prosiguió- el lunes te estaremos informando nuestra decisión, ya sea por un sí o por un no. Desde ya te agradezco tu tiempo y estamos en contacto.
Se paró de su asiento y casi con el mismo gesto con que me invito a pasar, me invitó a salir. Me despedí cordialmente y mientras me dirigía hacia la salida, supe que apenas había estado allí siete minutos y al pasar por la recepción pude ver casi una docena más de chicas de las que ya habían, y que como yo, seguramente, acudían a la entrevista, pero esta vez de las 18 hs.
De más está decir que desde aquel miércoles hasta el lunes el tiempo se mostro particularmente lento. Estuve todo ese maldito día esperando algún llamado y por las dudas chequeaba mis mails esperando novedades. Cerca de las 19 hs mi móvil comenzó a vibrar. Pude ver el número de Varem Group destellar en la pantalla. Ansiosa atendí:
-Hola..
-Hola dulce, habla Anahí puente, disculpa la hora…
-No, por favor! No hay problema,…decime…
Perdón pero fue un día complicado. Elevé tu informe al directorio y coinciden conmigo que el puesto es tuyo. Tendrías que presentarte mañana a las 12 hs para formalizar el contrato y te espero el miércoles a las 9 hs para comenzar en tu puesto. No me falles!
No podía creerlo! Esa noche mi padre compró un vino caro y cocinó una lasagna de los dioses. Me sentía terriblemente feliz al verlo tan orgulloso de mí y en mi cabeza estaban las palabras de Anahi: "elevé tu informe…no me falles". Estaba convencida que no le fallaría…
Llegué quince minutos antes. Había decido copiar el look de Anahí, informal pero elegante. Unos jeans, unas botas de taco moderado y un sueter. Por momentos me pareció demasiado informal pero ya era tarde para arrepentirse. Esperé en los sillones de la recepción hasta que se hicieron las nueve y vi un desfile de personas pasar y tomar el ascensor, otras tomaban la escalera y otras se dirigían por el corredor donde yo había estado una semana atrás.
-Hola! dulce?- me preguntó una chica de más o menos mi edad
-Sí, soy yo…?- respondí mientras me paraba rápidamente de mi asiento
-Mi nombre es Paola, any me dijo que empezabas hoy.
Me saludo con un beso en la mejilla y me pidió que la acompañara. Ella iba a mostrarme mi oficina y a entrenarme durante dos semanas. Subimos dos pisos por ascensor y me indico que ese era el piso del directorio. Hacia el ala izquierda estaban los despachos de la gerencia, entre ellos el de any y mi oficina estaba en el ala derecha contigua a la de Paola.
Durante esas semanas solo vi a Anahí tres veces. El primer día de trabajo que apareció de la nada cerca del mediodía para darme la bienvenida. En aquella ocasión la distancia que mostro en la entrevista desapareció. Me saludó con un beso en la mejilla y volvió a repetirme:
-La decisión no fue fácil sabes? Tuviste mucha competencia, tuve que defenderte bastante en la reunión de directorio, no me falles! Eh!
Me sentí halagada. any me parecía increíble y de pronto sentí que no fallarle era un compromiso ineludible.
La segunda vez pasó por mi oficina para presentarme un grupo de ejecutivos que pertenecían a la multinacional que Varem Group representaba. En aquella oportunidad me presentó haciendo hincapié en mi puesto. Dijo que básicamente era su apuesta y que en breve esperaba dejar descansar en mí el triple de responsabilidades.
La tercera vez fue hacia el final de la segunda semana de mi entrenamiento. Ya había conocido a todos mis compañeros y todos y cada uno de ellos no dejaba de nombrar a any ya sea por la relación laboral, ya sea por su relación personal. Al parecer ella mantenía una relación bastante especial con ellos. Si bien parecía ser una "amiga", el respeto que le tenían revelaba que la relación jefe-subordinado estaba intacta. Era extraño, pero todos se comportaban con ella con una confianza inusual, pero al momento de acatar órdenes, mostraban una fidelidad absoluta. Hacia poco el tiempo que estaba allí, pero sentí un deseo enorme de pertenecer a esa elite.
Ese viernes de mi segunda semana, saliendo del edificio de Varem Group me tope con su auto saliendo de la cochera.
-Como va mi protegida?- dijo bajando la ventanilla
-Muy bien!-dije acercándome
-El próximo viernes hacemos nuestra escapada mensual te avisaron?
-Yo sin saber bien de que hablaba puse cara de no entender…
-Una vez al mes nos reunimos fuera de la oficina, digamos que es un recreo…
-Qué bien!- atine a decir
-Bueno, me imagino que cuento con tu presencia?
-Obvio!-dije mientras me preguntaba a mi misma como iba a hacer para pagar esa salida ya que todavía no cobraba mi primer sueldo.
-Más que obvio!-respondió- tu incorporación es la excusa perfecta para la reunión este mes! Tus compañeros te invitamos!- terminó por decir como si leyera mis pensamientos.
Mi tercera semana empezó de maravillas. Ya me sentía parte del grupo de trabajo. Empecé a desempeñarme sola sin la necesidad de Paola. any comenzó a solicitarme cada vez más. Entraba y salía de su despacho unas diez veces al día. Ella exigía bastante pero era un placer complacerla. No dejaba de ser simpática y muy graciosa. Por lo general parecía de buen humor y solía ser ocurrente y sarcástica al mismo tiempo. Llegada la última hora del viernes, pase por su despacho para despedirme y decirle que nos veríamos luego en la reunión mensual.
-No me vas a fallar! No??-dijo mirándome por sobre sus anteojos
-Para nada jefa!-dije riendo- no pienso fallarle!
-Entonces nos vemos esta noche
Quedamos en un bar que para cualquiera sería extraño encontrarse con su jefe, pero al parecer any era especial y ni bien llegué la conversación giraba en torno a ella. Todos tenían alguna anécdota o algo que decir sobre ella. Todos la querían y se les notaba. La esperaban con ansiedad. Giraron un par de rondas de cervezas hasta que llegó any. Me sorprendió. Vestía zapatillas, un jean y una camiseta blanca.
-Buenas noches camaradas!- dijo a brazos abiertos
Todos alzaron sus copas y saludaron como si fueran sus mejores amigos. Ella hizo un gesto de saludo general y acabó sentada a mi lado.
La noche transcurrió divertida. Las copas volaban. Cerveza, tequila, champagne… Bailamos, nos distendimos. La escapada mensual como había sugerido any era una noche de alcohol y desenfreno. Promediada la noche estaba acoda en la barra del bar conversando con any no sé muy bien de qué, pero de golpe soltó su pregunta:
-Estás de novia dulce?
Era obvio que any tenía varias copas de más, como el resto de mis compañeros.
-Si,- conteste apurando el trago que tenía en mis manos
-Y estas enamorada?- preguntó con naturalidad
No había tomado casi en toda la noche, pero su pregunta hizo un eco que quise estar menos consciente para contestar…
-Hace sólo tres meses que salgo! No sé todavía si estoy enamorada!-contesté
any tomo mi mano derecha y la llevó al lado izquierdo de mi pecho
-Sólo dos veces estuve enamorada-su mano apretó con fuerza la mía contra mi pecho y prosiguió - y las dos veces desde el primer segundo sentí que algo se oprimía aquí!
Se me quedó mirando en silencio…mi corazón latía fuerte, lo podía sentir en mi mano.
-Si estas enamorada…- soltó mi mano y continuo- se siente desde el primer momento….
Al segundo, apareció Pablo, la tomó del brazo y any desapareció en la pista de baile…
Me fui sin despedirme de nadie…tomé un taxi y en el refugio de mi cama pensé en any.
Al lunes siguiente era como si nada hubiera pasado… y no sé por qué pero para mí algo había pasado.
Alrededor del mediodía llegó any. Me saludo con un gesto sin acercarse y me pidió el informe diario.
Todo continúo igual por al menos cuatro meses. La reunión mensual también transcurrió como siempre. Nos veíamos en aquel bar de mala muerte y any apenas si me dirigía la palabra.
No voy a negar que esperé la segunda "escapada mensual" como la llamaba any para seguir la conversación y contarle que en realidad no estaba enamorada de Mauro aunque fuésemos novios, porque nunca lo había sentido como ella decía, en mi pecho.
Pero nada de eso sucedió. Por cuatro meses, any me ignoró. Si bien entraba y salía de su despacho a diario, en todas y cada una de las salidas, any apenas me dirigió la palabra. Al parecer, dejé de ser la novedad.
Al cabo de seis meses hubo una reunión de directorio. Me pidieron que me quedara después de hora. Al principio me preocupé...tal vez dejé de ser el nuevo juguete de any…pero… por qué pensaba eso?... desde cuando sentía que para any era un juguete?... Estaba confusa… no sabía por qué any me preocupaba tanto. Era obvio! Era mi jefa! …
-dulce?-dijo una voz nueva para mí que me sacó de mis pepensamientos
-Si, acá estoy- me apuré a decir
-Serias tan amable de acompañarme?
bre sesentón me acompañó hasta la sala de reuniones. Allí estaba any que con mirada firme acompañó mi andar hasta uno de los asientos de la gran mesa del directorio.
-dulce, - dijo una voz gruesa- mí nombre es Nicolas Stredman y fui uno de los que apoyó su candidatura.
-Le agradezco la confianza- dije
-Por nada. Pero ahora necesitamos algo más de Ud. De ahora en adelante su tarea estará en estrecha relación con anahi…queremos que sea su sombra
-any-prosiguió-como Ud. sabrá, tiene demasiadas responsabilidades sobre sí, y considerando que Ud. fue seleccionada por ella, nos parece atinado que sea su persona de confianza. De más está decir que su salario se ajustará a su nueva tarea…
-No tengo ningún inconveniente- dije- si Anahí avala la proposición? …estoy completamente de acuerdo.
any aclaró la garganta con un leve carraspeo y sugirió:
-Pienso que esto aportará una nueva dinámica a la empresa por lo que sugiero se tenga en cuenta que dulce esta …bla…bla…bla…bla…

Salimos de aquella reunión alrededor de las 21 horas. any consiguió que se me aumentara mi salario en un 75%. Antes de retirarnos de la sala me pidió que la aguardara en la esquina.
-Y? Contenta? – dijo cuando llegó
-Más biennn… emocionada – alcancé a decir cuando comenzó a sonar su celular.
Hizo un gesto para que la disculpara, observó por un instante la pantalla de su móvil y a continuación corto sin contestar.
-No para nunca por lo que veo- dije haciendo referencia a lo que era característico en ella: su móvil sonaba constantemente.
-Es una cruz! Pero qué le vamos a hacer? Es el trabajo!, en fin, volvamos a lo tuyo- dijo sonriente y continuo- no te voy a pedir que seas mi mano derecha, primero porque no creo en las manos de derechas y segundo porque como verás soy zurda ja ja!
-Entonces… seré tu mano izquierda?
-No para nada! –exclamó- quiero hacerte jugar en las grandes ligas. Al principio lo único que voy a pedirte es que escuches y veas lo que digo y hago. Quiero que preguntes todo lo que quieras, nunca te quedes con dudas o supongas. Sos una persona muy inteligente y sé que vas a aprender rápido.
-Gracias por la oportunidad que me das, pero…
-Sin peros, -se apuro a decir- no quiero una obsecuente chupamedias al lado mío. Quiero una compañera de trabajo. Tenés mucho potencial, y no pienso ser piadosa! Te voy a explotar! Ja Ja!
-Así que pensás abusar de mí?-dije espontáneamente y sonriendo. Por un segundo eterno pensé en lo descolocado de mi comentario, de pronto me descubrí coqueteando con anyy quise que el tiempo volviera atrás y borrar lo dicho!
Acomodánse los anteojos con ese gesto tan conocido ya para mí, me contesto: "Tranquila, jamás podría hacerte nada que no quieras". Se me aceleró el pulso con su respuesta y creo que no pude evitar que mi expresión denotara mi nerviosismo. Por fortuna volvió a sonar su móvil.
-Hola,…sí, estoy en la esquina….ok – y cortó.
A los pocos segundos apareció un auto negro con los vidrios polarizados. Me preguntó si quería que me alcancen a algún sitio.
-Te agradezco pero espero a Mauro, ya debe estar por llegar.

Me besó en la mejilla y guiñándome un ojo se despidió diciéndome que mañana estaría temprano por la oficina.
Le había mentido. Mauro estaba de viaje y no vendría por mí. Tomé el ómnibus y durante el recorrido mis pensamientos eran vertiginosos. Mi ascenso me parecía increíble, estaba contentísima con ello, pero no dejaba de aparecer any en mi cabeza. La admiraba, me parecía muy inteligente, linda, simpatiquísima, muy carismática y me sentía por demás orgullosa de que me haya elegido y que pusiera tanta confianza en mí. No quería pensar en lo que le había dicho, pero tenía que reconocer que era la segunda vez que con ella me pasaba lo mismo, de golpe me sentía paralizada, mis latidos aumentaban y tenía la sensación de estar sonrojándome. Me intrigaba enormemente quién sería la persona que la pasó a buscar… su marido? Estaba casada?... un novio?...por qué rechacé la invitación a llevarme? Me habría sacado las dudas. En realidad, creo que en no quise saber. Por eso le mentí. Durante los 50 minutos que duró el viaje a casa, pase por todos los estados, alegría, vergüenza, intriga, emoción….
Por la mañana estuve puntual en mi nueva oficina. De ahora en más compartiría el despacho con any. En realidad, tenía una oficina contigua más pequeña donde estaría mi escritorio. Pero básicamente estaría en el mismo espacio físico. Su despacho tenía baño propio y un pequeño closet. Me dediqué unos minutos a observarlo todo. En el baño me llamó la atención varios cepillos de dientes nuevos aún en su paquete. Recorrí su escritorio deslizando suavemente mis dedos por él. Tenía un desorden importante de papeles, su notebook, muchas lapiceras, un paquete de cigarrillos abierto. En el closet había un par de paraguas, un piloto y un suéter prolijamente doblado. Casi con miedo tome una las mangas del piloto la acerqué a mi rostro y pude sentir el olor de su perfume. Cerré los ojos y por mi mente apareció la imagen de su rostro y tuve un deseo enorme de besarla. Me asusté de mis pensamientos y volví rápidamente todo a su lugar. Escuché sonar mi teléfono, era any.

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:42 am

cap2
Trabajar con any era todo un desafío. No era fácil seguirle el ritmo, era capaz de atender distintos temas a la vez, desde el más insignificante al más importante, ella le daba su justo trato y no dejaba de escapar detalle. Lo que más me fascinaba eran las reuniones con empresarios que dependían de Varem Group. Tenía una sutil agresividad y siempre conseguía lo que se proponía. Escuchar y ver todo lo que ella decía y hacía era como tomar un curso de tácticas y estrategias de guerra. Como ella me había dicho, no dejaba de preguntar cada cosa que no entendía. Sus respuestas me maravillaban. Tenía todo tan calculado! Lo que a mí me parecía una irracionalidad, siempre tenía una razón oculta y supe así que sus actos no eran azarosos.
Me convertí en su sombra tal como me lo habían propuesto en aquella reunión de directorio y así aprendí a moverme dentro del mercado como ella lo hacía. Aprendí a ser encantadora y suspicaz, serena y tenaz. Con el tiempo me convertí en su compañera de trabajo como ella quería que fuera. Formábamos un buen equipo y me encantaba que me lo hiciera saber. Nos entendíamos de maravillas, conocía muy bien sus gestos y cada vez que teníamos reuniones importantes, reconocía perfectamente cuando ella quería que participara y como quería que lo hiciera.
Comencé a sentirme segura y muy cómoda a su lado. Una de las cosas que más me gustaba de trabajar con ella, era que era muy divertida, no había ocasión que no me hiciera reír. Tenía un sentido del humor un tanto extraño pero muy original y me sobraban los dedos de una mano para contar las veces que la vi enfadada o realmente preocupada.
La primera vez que tuve que trabajar un proyecto con ella, fue con mucho esfuerzo y eternas horas de dedicación. El día que lo concluimos con éxito ya había anochecido y sólo estaba en la empresa el personal de limpieza.
-Huyamos socia, que no tengo intenciones que me barran la suerte! –me dijo feliz
Llegó conmigo hasta la planta baja y me llamó la atención que no siguiera por ascensor hasta el subsuelo donde estaban las cocheras. Pensé que tal vez no anduviera en su auto y que la pasarían a buscar. Una vez en la acera me despedí diciéndole que me había encantado que todo terminara como lo habíamos propuesto y atine a marcharme.
-A dónde vas? – me preguntó seria
-A tomar el ómnibus – respondí inocentemente
-Voy a confesarte algo – dijo con gesto de preocupación- tengo la sensación que en escasos minutos voy a sentirme como una *******…
La miré sin entender muy bien de qué me hablaba. Me puse un tanto nerviosa, no sabía muy bien con qué sentido me estaba haciendo ese comentario.
Perdió su mirada en el suelo y continuo diciendo con un tono extraño:
-Pienso ir a cenar y pedir el mejor vino que tenga la carta para festejar… y estar sola en una mesa de restaurant con cara de haberme ganada la lotería, te juro que me va a ser sentir como una *******!- dijo riendo
Sonreí aliviada y le dije:
-Ahora que lo mencionas… viajar 50 minutos en ómnibus con cara de haberme ganado la lotería también me haría sentir como una *******!
-Entonces que esperamos guapa! Mi plan parece más atractivo que el tuyo!
Caminamos dos calles hasta un restaurante muy apañado del lugar. Fuimos conversando sobre las anécdotas que vivimos en el transcurso del proyecto y sus comentarios me hacían reír muchísimo. Era extraño porque si bien el trabajo parecía ser algo muy serio para any, de pronto decía cosas que le quitaban el peso de la seriedad y todo se convertía en una parodia en la que ella se divertía mucho.
Después de comer y ya por la segunda botella de vino tinto, propuso un brindis:
-Por mi muy acertada y excelente intuición!
-Intuición? – dije mientras chocaba mi copa con la suya- el proyecto me pareció más calculado que intuitivo!
-No hablaba del proyecto – bebió un sorbo y continuó- hablaba de vos…
De nuevo los nervios, las mariposas en el estomago, las ganas de que siguiera hablando y el miedo de qué lo hiciera. Me recosté en la silla y simulando extrañeza pregunté:
-De mí??
-Si, si, de vos – dijo con gesto afirmativo- no siempre me sucede, pero una vez cada mil años elijo bien a la gente.
-Tengo dos preguntas…- dije
-Escucho- me respondió apoyando ella también su espalda al respaldo de su silla
-La primera… mi formación no tuvo nada que ver en tu elección? Fue pura intuición??
-Exacto, nunca leí tu currículo – dijo con soltura
-O sea que arme toda esa carta de presentación en vano?
-Tan en vano no fue!, alguien leyó los currículos por mí y de los casi cien que se presentaron pedí que seleccionaran 24 para una entrevista conmigo…
-Bueno! Me quedo más tranquila! Y puedo preguntar mmm…qué intuiste cuando me entrevistaste como para desechar 23?
El vino ya estaba haciéndome efecto y sabía que estaba haciendo esa pregunta con un tono un tanto provocativo, pero no me importaba, me gustaba el camino por el que iba aunque no sabía bien adonde quería llegar. Aunque tal vez lo sabía, pero no quería pensarlo mucho.
-Van cuatro –comentó
-Cuatro qué?
-Dijiste dos preguntas y ya me hiciste cuatro!
-No, no vale! – exclame riendo- todas se deprendían de la misma!
-Ok, te la dejo pasar por esta vez! Escucho la segunda…
-Bien, la segunda: dijiste una vez cada mil años… eso te convierte en una especie de vampiresa que anda viajando por la eternidad! Mordiste muchos cuellos en ese viaje o volves siempre al mismo cuello como Drácula con Elizabeth?
No sé de dónde sacaba semejante atrevimiento! Sabía perfectamente que estaba poniéndome cada vez más sugestiva con mis preguntas pero no podía parar, me sorprendí a mi misma con una incontrolable necesidad de seducirla. Tantas horas con ella tal vez estaban haciéndome confundir, pero como dije antes no quería pensarlo demasiado.
-La verdad es que si a mis 40 años siguiera volviendo al mismo cuello, de seguro estaría sufriendo todos los efectos adversos. Aquello fue una "envenenada medicina"! Tampoco ando mordiendo a diestra y siniestra! – concluyó
-Tenés 40! Es una broma! – exclame sorprendida
Me sorprendió su edad. Me llevaba 16 años de diferencia y no podía creerlo! Jamás hubiese notado semejante diferencia generacional.
-Con gusto te diría que tengo menos, pero es la cruda realidad! Ja ja
-Algún pacto con el diablo hiciste mujer! Estas bárbara!
-Estoy buena, no? – dijo guiñándome un ojo y sonriendo burlona.
La verdad es que a mí me parecía hermosa y aquella noche en particular me mataban las ganas de decírselo. Pero recapacité y opté por continuar en tono de broma:
-Estas re-buena! Ja Ja!
-Gracias! Ya lo sé – respondió riendo.
Continuamos hablando cosas sin importancia y salimos del lugar tambaleando y matándonos de risa por el efecto del alcohol.
-Como verás no puedo conducir en este estado! Compartimos un taxi – me propuso.
Llegamos a una calle de edificios acomodados. Antes de bajar señaló su portal y dijo:
-Fijate el detalle… no te vas a olvidar nunca donde vivo.
Mire detenidamente y observé la numeración de su edificio:
-Cerrito al 2440! Mi edad y la tuya!
-Viste que prolija que soy!, el próximo año me mudo al 2541, ja ja
Pedí al chofer que esperará a que entrara y la vi girar para saludarme. Instintivamente me salió el gesto de soplarle un beso de mi mano. El taxi emprendió la marcha y me fui con una sensación de inexplicable felicidad como cuando tenes una cita y todo sale demasiado bien y lo único que queres que suceda es volver a encontrarte con esa persona.
Cuando llegue a casa y de nuevo a la realidad, recordé que había apagado el móvil. Tenía un mensaje de Mauro:
"Amor? Dónde estás que no tenes señal?... bueno quería avisarte que recordé que hoy es el cumple de Maxi y nos juntamos en su casa. Solo hombres amor, así queeee…. perdón, perdón, perdón, pero…suspendemos la cena de hoy? … Te quiero! No me mates!"
En realidad, en lo más mínimo recordé que habíamos quedado en cenar juntos. Suspiré aliviada pensando en mi buena suerte. Tenía la excusa perfecta para explicar porque no lo llamé en toda la noche: estaba ofendida porque me dejó plantada!
Apoyé mi cabeza en la almohada y me dejé llevar por la imaginación. Recordé cuando unos minutos atrás any se inclinaba un poco sobre mí en el taxi para señalarme su puerta. Su rostro demasiado próximo al mío me hizo sentir su respiración y me invadió su perfume. Comencé a alucinar ahora en mi cama. Fui cambiando la escena en mi cabeza, mis ojos dejaban de mirar hacia donde ella señalaba y me detenía a mirar su boca. Y ya no estábamos en el taxi, sino en su auto, las dos solas. Su rostro se giraba para quedar frente al mío a escasos centímetros uno del otro. Ella iba acercando sus labios a los míos, me regalaba un beso suave, cálido. Mi boca se abría a la suya. Era tan vivida la sensación de estar besándonos que sin proponérmelo de pronto mi mano estaba acariciando mi vagina. Continué imaginando lo que me hubiese gustado que hubiera pasado aquella noche. Imaginé su lengua dentro de mi boca recorriéndome, acariciándose con la mía. Comencé a deslizar mis dedos por mi sexo húmedo, estaba muy excitada, y mi mente se animó a mas y ahora any estaba conmigo en una cama enorme, las dos completamente desnudas y yo me moría de ganas de tocarla, besarla, penetrarla, hacerla mía. Me quite la ropa de dormir y desnuda continué masturbándome cuidando de no hacer demasiado ruido y no alertar a mi padre que dormía en la otra habitación. Deslicé mis dedos por mi clítoris, me frotaba con ansias de un orgasmo urgente. Me penetré con mi dedo y en mis pensamientos mis dedos entraban en la vagina de any. Y mientras dibujaban círculos en mi clítoris húmedo y erecto, me ví recostada en el escritorio de la oficina, desnuda, con las piernas abiertas, ofreciendo mi vagina mojada, palpitante a los labios de any que sentada en su sillón se acomodaba mis piernas en sus hombros para luego meterme su lengua serpenteante en mi sexo. Su lengua me penetraba, me llenaba de su saliva, me frotaba el clítoris! Un orgasmo me atravesó el cuerpo y apreté mis piernas con fuerza. Mordí la almohada para evitar mis gemidos. Me volteé boca abajo, abrazando mi vagina con la palma de mi mano y manteniendo las piernas muy juntas. Acompañé los ecos de mi orgasmo con un movimiento suave de caderas, arriba y abajo y me dormí soñando que any estaba debajo de mí llevando el ritmo rozando su pubis contra el mío.
El reloj despertador tronó como un relámpago descomunal en mis oídos. Desperté con resaca, desnuda, oliendo a sexo en mis dedos. Estaba avergonzada por lo que había hecho. Recordaba perfectamente haberme masturbado pensando en any.
Me metí a la ducha y los pensamientos morbosos se disiparon pero no dejaba recordar en detalle la noche anterior. Buscaba indicios, alguna señal que me dijera que a ella le estaba pasando lo mismo. Recordé la manera que empleo para invitarme a cenar. "Tengo que confesarte algo" me dijo y yo por un segundo desee que continuara diciendo que estaba loca por mí. Soy una imbécil!
Cuando llegué a la oficina, any ya estaba allí. Fresca y radiante como una lechuga. Pensé, tiene 40 años, tomó lo mismo que yo y esta como si nunca hubiera trasnochado! Me ruboricé cuando entre y pensé, claro, pero ella no tuvo una sesión solitaria de sexo.
-Vamos socia! Despierte! No voy a pedirte que estes al 100% pero dame un 60 o 70, que tengo varias ideas nuevas rondando en la cabeza! – dijo mientras guardaba su notebook en su valija
-Juro que intento estar a la altura de las circunstancias!
Comenzó a ponerse su abrigo, calzo su notebook al hombro, fue al baño a buscar uno de los tantos cepillos de dientes que había descubierto la primera vez que entre a su despacho y comenzó a revolver los papeles de su escritorio como buscando algo. Sin dudarlo yo sabía que buscaba sus cigarrillos:
-Están en el primer cajón –le dije- ya te vas? – pregunte intrigada
Su celular sonaba sin parar y mientras tomaba el paquete cigarrillos desde la puerta dijo:
-Tengo un vuelo en una hora, vuelvo en tres días, cuando llegue te llamo porque voy a necesitar que estemos en teleconferencia. Después te digo bien lo que vamos a armar.
-Pero adelantame algo así por lo menos me pongo a tono! –le reproche
-Mi vuelo demora unas tres horas. Mejor aprovecha ese tiempo para entrar en sintonía con el mundo. Anoche por lo visto te deje de cama!, en mi ausencia va a ser peor! Te voy a matar con el teléfono!
No se equivocaba me había dejado de cama. Todo era tan rápido con ella. En un momento estábamos trabajando a morir, en otro emborrachándonos en una cena, y en otro momento no está. Y yo me quedo con esas ganas enormes que tenía estar con ella. Me siento en mi escritorio con un café, muy molesta con lo que estoy sintiendo. No me puede estar pasando esto.
No podía entender qué era lo que me estaba sucediendo. Me sentía completamente atraída por any y no era el morbo de pensar en ella como una mujer lo que me tenía hipnotizada. Era any en su conjunto, era cómo me sentía a su lado, segura, cómoda, tranquila… no me importaba trabajar 10 horas diarias si estaba a su lado, no me importaba que me llamara fuera del horario de trabajo para hablar de trabajo! Me gustaba que lo hiciera, ver destellar su nombre en la pantalla de mi celular me reconfortaba porque me encantaba saber que contaba conmigo.
Durante su viaje sucedió lo que ya me había anticipado: me bombardeo a llamadas telefónicas. Durante la teleconferencia me presentó como su colaboradora y sin anticipármelo anunció que yo sería quien llevaría la cuenta de los nuevos clientes, quienes de ahora en más deberían tratar exclusivamente conmigo. Disimulé mi desconcierto y procedí a exponer lo que hasta hace unos segundos atrás pensaba que iba a exponer any. Todo salió a la perfección y cualquiera diría que lo habíamos ensayado! Por algunos minutos la odié por ponerme en aquella situación sin aviso.
-Estuviste genial! –dijo su voz al teléfono
-Te quería matar! Cómo no me avisaste antes que tenía que tomar el mando de la presentación del dossier! –respondí indignada
-No puedo creer que estes enojada por eso! Se supone que deberías estar feliz, festejando que tenés tu primer cuenta! Te anuncio que Varem Group te acaba de poner alitas para que empieces a volar y me querés matar??!
-Claro que estoy feliz! Pero no era la manera! Me lo tendrías que haber anticipado al menos antes de iniciar la teleconferencia!
-Era la única manera de asegurar el éxito de tu debut - objetó- si te lo hubiera anticipado habrías ensayado tu presentación y hubieses dejado de ser vos misma. Y esto requería de tu espontaneidad, necesitaba a la Dulce que yo conozco. Además, si te lo hubiera dicho antes de empezar te hubiesen devorados los nervios…
-Me devoraron los nervios! –respondí- vos crees que no se dieron cuenta que temblaba como una hoja!
-Yo al menos no lo noté, para mí estuviste fantástica
-Vos ves lo que querés ver –agregué todavía enfadada
-Si –respondió de inmediato- y ahora lo que quiero ver es a mi compañera feliz, puede ser?
-Estoy muy feliz –dije suavizando mi tono
-Entonces relájate y salí a festejar con Mauro que te sobran los motivos!
-No creo que pueda, hoy es el día que juega al futbol con sus amigos…
-Llamá a tus amigas, no se… aprovechá a distenderte que mañana no madrugás… te mereces un descanso… trabajaste muy duro estos días
-Sí, creo que te voy a hacer caso. Cuando volves?
-Esta misma noche, tengo un vuelo en un par de horas – me respondió
-Debes estar agotada, porque no haces noche en el hotel y viajas mañana por la mañana? –le sugerí
-Te preocupa que este anciano cuerpo no resista? –preguntó riendo
-Y ya estas grande! Vos te confías porque tu mente todavía esta lúcida, pero recordá que los años no pasan en vano! –respondí en broma
-Perra! Ya vas a llegar a los 40 y vas a odiar a las borregas de 24! – exclamó
-Jaja! Me estoy vengando por lo que me hiciste hoy!
-Yo no te hice nada! Además, recordá que jamás te haría nada que vos no quieras –agregó.
En ese momento el tono de su voz cambió. La conversación se tornaba ahora un poco más íntima.
-El problema está en saber qué es lo que quiero – me apuré a decir sugestivamente
-Eso no creo que sea un problema para mí – agregó confiada
-Ah! Así que para vos eso no es problema? –pregunté
-Lo único que necesito es que me vos me digas lo que queres – respondió
Me quedé en silencio, por un instante mis pensamientos estaban hechos un nudo. Tenía que decirle que lo que quería era a ella y que si no fuera porque estábamos a casi 2000 km de distancia una de la otra, le partiría la boca de un beso? No parecía muy razonable tirarme a la pileta en esta situación. Qué pasaría si estuviera malinterpretando la conversación y ella no me está seduciendo como yo creía que lo está haciendo? Con qué cara la miraría al día siguiente?...
-Hola!... estás ahí?... Hola… Apolo llamando a Houston??
-Si, si, acá estoy! Lo que pasa es que me distraje con..-no alcancé a terminar mi excusa cuando ella me interrumpió
-Estás todavía en la oficina?
-Si todavía estoy acá –respondí mirando la hora y lo tarde que se había hecho
-Por dios! Huí de ahí rápido! Es una orden, no te entretengo más que es tardísimo! Además, a mí también me apura el tiempo -exclamó
-Si, mejor te dejo arreglar tus cosas. Mañana nos vemos.
-Mañana no, tenes tu día libre. Nos vemos el lunes, ok?
-Ok. Gracias por el día –le respondí un poco decepcionada porque en realidad tenía muchas ganas de verla y la espera hasta el lunes iba a ser una eternidad.
-Por nada amiga, te mando un beso
-Otro para vos – y corté
Me decidí a llamar a mi mejor amiga y me fui a su casa dónde organizamos una cena sencilla con el resto de las chicas para festejar mi nuevo logro laboral. Mauro me llamó en ese momento y le conté lo que me había pasado en la empresa. Se puso contento y me propuso que lo acompañara el día siguiente a la costa, ya que él tenía que viajar por trabajo y ya que estábamos podíamos aprovechar quedarnos todo el fin de semana. Cuando corté les conté a mis amigas y ellas no paraban de decirme que yo era una mujer realmente con suerte. Que Mauro era un divino y encima era guapísimo. Yo no conseguía realmente sentirme tan afortunada como decían:
-No sé muy bien qué es lo que me está pasando… con Mauro todo está muy bien pero creo que no estoy enamorada realmente de él… - dije un poco apenada
Se desencadenó un debate sobre lo que significa estar enamorada, quién de nosotras lo había estado alguna vez, etc., etc. hasta que una mis amigas me preguntó:
-Te diste cuenta sola que no estabas enamorada o es que apareció alguien más en tu vida?
Su pregunta me incomodó y de inmediato negué que hubiera alguien más.
-No parece-repuso mi amiga- que no estás enamorada de Mauro se nota, pero también se nota que estas enamorada de alguien… hablas del amor no como algo que te gustaría que te pase sino como algo que te está pasando…
Me puse roja de vergüenza! Tanto se me notaba? No sabía qué explicación dar y para colmos todas se dieron cuenta y comenzaron a bromear y a pedir que les cuente.
-Ok, ok – dije dándome por vencida- hay una persona que me está poniendo el mundo de cabeza
-Quién es? Alguien del trabajo? –preguntaron todas superintrigadas
-Si, es alguien del trabajo pero no va a pasar nunca nada! –respondí
-Por qué? Está casado? Es gay? – dijo una de las chicas riéndose
Sentí que me estaba metiendo en un lío. No podía decirle que no se trataba de un hombre.
-No sé nada de su vida –respondí – lo único que sé es que no creo que se fije en mí
-Qué pesimista nena! Ni que fueras un *******! Además nos conocemos bastante querida! –acotó una de mis amigas – Tipo que te gustó, tipo que no tuviste problemas en conquistar!
-Esto es distinto –contesté- lo único que nos une es el trabajo y aparte no he tenido éxito las veces que me insinué
-Es gay! Lo sabía – agregó una de las chicas
Todas rieron y especularon seriamente que fuera gay. Entre mí pensaba que sería fantástico que fuera gay! El debate continuo y las opiniones se dividieron. Algunas me alentaban a seguir intentando y otras sugerían que olvidara la cuestión y que apostara a mi relación con Mauro. Por mi parte lo único que quería era irme este fin de semana con Mauro y que se produjera un milagro, me enamorara perdidamente de él, y sacar de mi cabeza este delirio.
En casa me fui a la cama pensando que lo que estaba viviendo era una tortura. Me hubiese gustado poder decirles a mis amigas la verdad entera y no a medias como lo hice. Decirles que Anahi me quita el sueño, que me encanta, que se me ilumina la cara cada vez que la veo, que me parece la mujer más hermosa. Decirle a Mauro que un fin de semana juntos no me parece el mejor programa, que lo que él me da no me basta, que odio esa actitud machista de separar sus amigos por un lado y su novia por el otro, y que las pocas veces que junta sus dos mundos me exhiba como un trofeo. Estaba decidido, con Mauro la cosa debía terminar. Me dormí recordado la conversación telefónica con any.
Me levanté temprano, había decidido cortar con Mauro, pero no me parecía adecuado decírselo cinco minutos antes de que me pasara a buscar. Opté por inventar una excusa para no viajar con él y esperar a su regreso para hablarlo. Le dije que no me sentía bien, que algo que había comido me había caído mal. Me quedé en casa, dando vueltas como león enjaulado. Atiné a tomar mi celular para llamar a Anahi un par de veces. Deseché la idea de inmediato. Me parecía demasiado evidente y fuera de lugar. Se me ocurrió llamar a Paola para pedirle unos informes para el lunes.
-any está ahí? –pregunté disimuladamente
-Estuvo pero se fue a una reunión con la gente del banco
-Vuelve?
-Creo que no porque me dijo que quería irse al campo lo más temprano posible
-Al campo? –pregunté intrigada
-Si, nunca te habló de la casa de campo? – dijo Paola- en realidad está construyendo, pero parece que falta poco y está ansiosa por terminarla, ama esa casa! Igualmente conociendo a any, en una rato anda de nuevo por acá y termina yéndose a cualquier hora… querés que le diga algo si la veo?
-No, no le digas nada –dije apurada- yo la llamo. Gracias
Jamás me había hablado de esa casa y sentí celos que Paola y al parecer todo el mundo supiera menos yo. Volví a pensar que en realidad no sabía nada de su vida privada. Impulsivamente tomé el celular y la llamé.
-Hola… pasó algo? – contestó preocupada
-No, no pasó nada… yo solamente… - alcance a decir y de inmediato me interrumpió
-Entonces aguárdame que estoy en una reunión, te llamo apenas termine. Ok?
Me sentí una *******. Como no pensé?! Paola me había dicho que estaba en una reunión! Me arrepentí de haber llamado. No soportaba más estar encerrada en casa. Me puse ropa deportiva y salí a correr al parque. Pasada una hora llamó Anahi:
-Hola –contesté
-Hola, estas bien? Te noto agitada –preguntó
-Estaba corriendo, estoy bien
-Que mujer sana! –exclamó- admiro la gente que tiene voluntad para correr!
-En realidad me sentía un poco encerrada en casa y decidí salir por un poco de aire
-Te estás volviendo una adicta al trabajo! Un día sin trabajar y no sabes qué hacer?
-Algo así –le contesté sonriendo
-Me habías llamado por algo en particular?
-Por nada, en realidad es como vos decís, me estoy volviendo adicta y llamé para ver como andaba todo…
-Todo está perfecto, Varem Group puede funcionar sin nosotras! No hay peligro, no van a quebrar, quedate tranquila –me dijo en broma
-Vos tampoco vas a ir a la oficina hoy? –pregunté aprovechando el "sin nosotras" y haciéndome la desentendida
-Estuve temprano pero ahora pienso marcharme al campo
-Vos también andas necesitando un poco de aire?
-La verdad es que siempre necesito aire por eso estoy a mil intentando terminar de construir la casa de campo, mañana temprano van a instalar la calefacción central, así salimos hoy y hacemos noche – comentó
Me sorprendió que usara el plural. "Salimos", quien iba con ella? Me mataba no saber nada, odiaba la idea de alguna pareja que acompañara sus horas fuera del trabajo. Seguramente serían sus mejores horas, en cambio a mi me tocaban las horas de stress, de cálculos infinitos, de reuniones agotadoras. No sabía cómo disimular mi desengaño.
-Entonces no te molesto más…te dejo seguir tu plan - se me ocurrió decir
-Y vos que planes tenés para este fin de semana? –me preguntó tranquila
-Nada importante, en realidad?... tampoco nada sin importancia –dije bromeando
-No querés venir conmigo al campo?-preguntó
Se me aflojaron las piernas. No esperaba esa invitación.
-La verdad es que me encantaría –respondí
-Podes venir con tu novio si queres –agregó
-Mauro está de viaje-dije sin preocuparme
-Vaya! Estoy dudando que ese chico exista!-dijo sorprendida- si no está con sus amigos está viajando!
-La verdad que yo también dudo que exista –agregué
-Mmmm, parece que toque un tema espinoso…
-Un poco, las cosas no van muy bien que digamos
-Entonces, con mayor razón tenes que aceptar mi invitación, prepara un poco de ropa cómoda que en una hora te paso a busca
-Genial! –le dije- te paso mi dirección?
-Ya la sé-me dijo
-Cómo la sabes? Pregunté intrigada
-Ah! Yo lo sé todo!- respondió graciosa
-Te espero entonces sabelotodo!
Me apuré para estar lista a la hora acordada. Llamé a mi padre a su trabajo para avisarle que no estaría el fin de semana. Me sentí muy ansiosa y casi feliz. La verdad, es que por momentos recordaba que no iba ella sola y me comencé a preparar para lo peor. Seguramente estará con marido, novio o lo que sea, así que Dul no te hagas ilusiones que es solo una invitación de amiga, me decía a mí misma. Después comencé a creer que había sido una pésima idea aceptar su invitación. Iba a ser muy duro tener que verla con alguien. De pronto escuché el timbre. Tomé mi bolso y salí apurada.
Era el mismo auto negro de vidrios polarizados que la había pasado a buscar aquella noche que charlamos fuera de la oficina. Anahí estaba hermosa, vestía sport, llevaba su cabello recogido y exhibía una sonrisa divina. Me dio un beso en la mejilla y tomo mi bolso, la puerta del lado del conductor se abrió en ese momento y bajó un hombre muy apuesto, alto, con cabello entrecano y ojos azules.
Por un segundo me sentí embotada. El tipo parecía ser la pareja perfecta para any. Se presento amablemente:
-Así que esta es la famosa dulce! – dijo acercándose para saludarme con un beso en la mejilla- yo soy Guillermo
Me ruboricé un poco, no esperaba enterarme que any hablara de mí, y menos tanto como para considerarme "famosa". Me invitó subir por la puerta trasera donde descubrí que se encontraba una adolescente de unos 15 años aproximadamente.
-Ella es Sofía, mi hija – nos presentó Guillermo
Asumí que él estaría divorciado o algo por el estilo y que seguramente aquel fin de semana le tocaba estar con su hija. Durante el viaje observé como Sofía conversaba con any con mucha familiaridad. Supuse entonces que seguramente llevaba mucho tiempo en pareja con Guillermo porque era obvio que para Sofía, any formaba parte de su vida.
Guillermo intentó en vano sintonizar alguna emisora en la radio, al parecer nada de lo que escuchaba lo conformaba. Pasó muchas melodías por alto, hasta que se dio por vencido y dijo dulcemente a any:
-Gordita, buscá algún CD que en la radio no hay nada como la gente
any hurgó en la guantera hasta que se decidió por un CD de Ana Belén. Sentí unos celos enormes. Tenía ante mis ojos una any distinta, lejos estaba la mujer independiente y autosuficiente que yo conocía en el trabajo. Sentada al lado de Guillermo parecía una mujer común, la esposa ideal, cariñosa, que se dejaba llamar "gordita" aunque no tenía ni un gramo de grasa en su cuerpo. En ese triángulo todo parecía perfecto: un hombre guapo y tierno, una hijastra conforme con la novia de

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:42 am

ellos. Jamás se fijaría en mí, por qué habría de hacerlo? Si soy solo su "socia" en el trabajo como ella decía. *******, me repetía mentalmente, tenes que sacártela de la cabeza! Ella sólo me ve como una amiga.
-Cómo te trata any? –preguntó Guillermo buscando mis ojos por el espejo retrovisor.
-Muy bien –contesté saliendo de mis pensamientos- a veces no es fácil seguirle el ritmo pero parece que voy bien…
-Esta mujer puede ser una tirana –agregó Guillermo- pone esa carita encantadora y no para hasta que consigue lo que se propone! No te dejes engañar! – comentó bromeando
-No lo escuches dulce! –dijo any girando en su asiento para mirarme- vos sabes que no es así! El problema lo tiene él que no sabe decir que no cuando le pido algo
-El problema es que te tengo mucha paciencia! –comentó él- y seguro que dulce te tiene la misma paciencia, sino no se explica que dure tanto trabajando contigo –prosiguió riendo
-Es una santa! –dijo ella- me tiene una paciencia enorme, aunque ayer casi me mata!
-Yo también hubiese reaccionado igual –comentó Guillermo haciéndome saber que ya estaba el tanto de lo que había pasado en la teleconferencia
-Sigo pensando que podría haberme avisado antes, pero le estoy agradecida igualmente –dije convencida
-Una virtud de any! Plantea las cosas de tal manera que hace que del enfado pases al agradecimiento en un segundo! – dijo él- es una negociante nata!
-Ya lo creo que es muy hábil para negociar! –expusé con admiración- De todas maneras es un placer trabajar con ella, no es una jefa como otras, por lo menos es divertida
-Herencia de familia – dijo Guillermo
Creí no entender lo que decía y continuó:
-Papá era igual, cuando estábamos los tres juntos mamá se enfadaba muchísimo porque nunca sabía cuando hablábamos en broma y cuando en serio, no cierto hermanita?
El alma me volvió al cuerpo. Guillermo era su hermano! Creo que se me dibujó una sonrisa en los labios. Disimulé mi sorpresa y continuamos todo el viaje charlando y riéndonos mucho de las anécdotas que tenían de cuando eran chicos. Cuando llegamos no pude ver demasiado el lugar porque ya había anochecido. La casa se notaba en construcción aunque básicamente parecía que la mayor parte ya estaba terminada. Preparamos algo para cenar y terminamos en el living conversando hasta que Sofía se durmió con la cabeza en el regazo de any. La imagen me parecía muy dulce, ella acariciaba con ternura el cabello de Sofía y hablaba bajito para no despertarla. Guillermo propuso que ya era hora de ir a la cama y tomó en brazos a Sofía para llevarla a su habitación.
-Esta chica si sigue creciendo me va a romper la espalda! –dijo haciendo un gesto de esfuerzo en su cara- las abandonamos, estoy filtrado y mañana hay que madrugar. Damas.. tengan buenas noches!
Cuando se marchó any me invitó a la galería que estaba al frente de la casa. Llenó lo que quedaba de vino en nuestras copas, fue por sus cigarrillos y tomó dos mantas porque la noche estaba un poco fresca. Nos sentamos en los escalones de entrada y nos quedamos en silencio escuchando los ruidos de la noche.
-Esto es lo hermoso de las noches en el campo – dijo elevando sus ojos al cielo- el cielo es un infierno de estrellas!
Tire mi cuerpo hacia atrás, recostándome un poco sobre el próximo escalón y soportando el peso de mi cuerpo en mi brazo derecho de modo que quedé inclinada hacia el lado de any, pudiendo ver su perfil. Ella volvió su vista al frente y permaneció así mientras fumaba su cigarrillo apaciblemente. Cuando baje la vista luego de contemplar las estrellas desde mi posición podía ver como el escote de su camisa dejaba entrever su seno cubierto por un hermoso corpiño de encaje blanco. Me quedé observando cómo su pecho subía y bajaba al compás de su respiración, entonces su cuello al descubierto por su cabello recogido, su pecho respirando suavemente, el relieve de su seno apenas al descubierto, formaron un conjunto delicioso para mis ojos y pensé que era una crueldad tener que contener mis ganas de esta manera.
-En qué pensas? –me preguntó dirigiéndome la mirada
-En las cosas que tengo por resolver –respondí fingiendo que no la miraba a ella
-Tu noviazgo por ejemplo? –preguntó
-Mi noviazgo por ejemplo – asentí
-En eso no te puedo ayudar –dijo mientras apagaba su cigarrillo consumido- no soy la más indicada para opinar de relaciones de pareja
-No parece –objeté- algunas vez me dijiste que el amor se sentía en el corazón desde el primer momento…
-Yo te dije eso?!-preguntó sorprendida
-Jaja! Creo que estabas con bastante alcohol encima! –le respondí
-Ese es el problema cuando bebo-dijo apurando el último sorbo de su copa- hablo demasiadas tonterías
-Pues a mí no me pareció una tontería lo que me dijiste aquella vez –repuse seria
-Créeme, soy un desastre en materia de amor –dijo mientras se paraba- y no creo poder ayudarte en tu relación con Mauro, lo que yo opine poco importa
-A mi si me importa tu opinión – le reclamé parándome junto a ella
-Tal vez te va a parecer duro lo que voy a decir – habló con gesto serio- a mí no me interesa opinar sobre lo que tenes que hacer o dejar de hacer con Mauro, porque en definitiva vos vas a hacer lo que quieras, y lo que hagas o dejes de hacer depende exclusivamente de tu decisión, yo no tengo nada que ver en el asunto. Aprovechá estos días para aclarar tus sentimientos pero no esperes que yo te diga lo que tenes que hacer.
Se retiró a su cuarto deseándome buenas noches. Yo me quedé unos minutos más y encendí uno de sus cigarrillos. Estaba confundida, nunca any me había hablado tan duramente, aunque tenía razón en todo lo que me había dicho. Qué otra cosa esperaba que me dijera: "dulce deja a Mauro y quedate conmigo"? Era una estupidez y muy inmaduro de mi parte. Me fui a la cama reprochándome la actitud infantil que había tenido.
Por la mañana me despertó Sofía para desayunar. Escuché voces, ya habían llegado los que instalarían la calefacción central. Era un día hermoso, miré por la ventana y pude ver que el lugar era alucinante. Aparecí en la cocina después de una ducha y vestida para pasar un bonito día de campo. Sofía me comento que any la había sacado de la cama temprano a ella también y que le había pedido que me despertara porque seguramente cortarían el agua y el gas en un rato más. Desayuné con Sofía, conversamos de todo un poco, de su escuela, su padre, su tía, de mí. Por la ventana pude ver a any y Guillermo que hablaban con los operarios. Salí a saludarlos.
-Buen día! –dijo any como si nada hubiera pasado la noche anterior- Dormiste bien?
-Espectacular! Me desmayé! –le comenté
-Me acompañas? Tengo un par de cosas que hacer… si tenes ganas…- me dijo dudando
-Claro que sí, vamos
Fuimos en el auto de Guillermo hasta la casa de un peón de campo que según me comentó cuidaba del jardín y de un par de caballos que tenían en la casa. Nos bajamos y ella se acercó a saludar a un señor bastante mayor, vi como le extendía un sobre, supuse que sería su paga. Se acercó un perro y le acaricíe la cabeza.
-Te gustan los perros? –preguntó any
-Me encantan! – le respondí
-A mí también, pero no podría tener uno, no estoy nunca en casa. –comentó
-Bueno! Pero por las noches podrías estar con él, cenarían juntos, que se yo…-se me ocurrió decir
-Eso tendría su ventaja y su desventaja –opinó- la desventaja es que siempre me tocaría cocinar a mí, la ventaja es que no tendría que escuchar que cocino mal.
-No te gusta cocinar? –pregunté
-Poco y nada, soy de las que prefieren lavar los platos y disfrutar de la comida –dijo
-Entonces un día de estos te cocino! –dije animada- a mi me encanta cocinar, pero odio lavar los platos
-Trato hecho! –exclamó- quedas comprometida a cocinarme
Me animó su expresión, estaba comprometida a cocinarle y Dios sabe que me mataban las ganas de hacerlo todos los días! Continuamos camino a un restaurante donde encargó el almuerzo y quedaron en llevárselo al mediodía. Ahí se me ocurrió que si no tenía inconveniente yo podría cocinar la cena. Le pareció una excelente idea aunque me advirtió que tendría que compartir con Guillermo, por lo general él es quien toma las riendas de la cocina.
Volvimos a la casa. Mientras any seguía ocupada con una cosa y otra, yo me recosté a leer un libro en el patio. Después de almorzar me invitó a andar a caballo.
-No se montar –le dije
-Siempre hay una primera vez! Vamos guapa no tengas miedo! –exclamó
-Te conviene no resistirte – dijo Guillermo- no va a parar hasta que te vea galopar!
-No pienso resistirme –dije- además no tengo miedo, tengo plena confianza en mi profesora!
Fuimos al corral y allí me tomó de la mano.
-Te presento, Miel y Cardón, dijo acariciándoles el lomo. Me acerqué un tanto temerosa. Me parecían enormes y en cierto sentido me intimidaban.
-Tenes que relajarte –dijo acercándose por detrás de mí- ellos saben perfectamente cuando tenes miedo
Me tomo por la espalda y con su mano dirigió la mía hasta el lomo de Miel. Me dejé dirigir, sentía su mano tibia y suave sobre la mía, deslizándose por el pelaje del animal. Ahora respira conmigo, me dijo acercando su boca a mi oído.
-Así, despacio, inhala…, exhala…- decía apenas susurrando
La verdad es que me costaba muchísimo relajarme, su cuerpo tan cercano al mío me ponía a mil.
-Cerrá los ojos –me dijo suavemente
Mantuve los ojos cerrados y me dejé estar en ese paraíso que era estar entre sus brazos.
-Así vamos mejor! –dijo satisfecha- sentís cómo Miel también está tranquila
-Es cierto-dije sin abrir los ojos
De pronto se separó de mí para empezar a ensillar a la yegua.
-Vamos a comenzar con Miel que es más dócil
Me ayudó a montarla y a continuación la montó ella también colocándose por detrás de mí. Sentí sus muslos rodear los míos, su pecho apoyado en mi espalda y sus brazos a los lados de mi cuerpo sujetando las riendas. Su cercanía me resultaba muy excitante. Podía sentir su respiración, sus latidos, su perfume, sus pechos apretados contra mi espalda, sus brazos que rozaban los míos, y lo que más me torturaba, sentía su sexo en mis glúteos. Ordenó a la yegua iniciar la marcha con un golpe de talones. El balanceo del andar hacía que sintiera su cuerpo rozar el mío. Al principio mantuvo ese andar lento. Me explico que cuando comenzara a trotar, lo importante era encontrar el ritmo con el animal, para que nuestro cuerpo no rebote contra el lomo de la yegua, sino que acompañe el andar. Me preguntó cómo me sentía. Le respondí que estaba perfecta, para no decirle que me sentía en la gloria! Nos fuimos alejando y la yegua comenzó a apurar su paso hasta que comenzó a trotar.
-Te animas a galopar? –me preguntó como en complicidad
-Claro que sí! –le respondí sintiéndome sumamente excitada
Comenzó a apurar la marcha con golpes más severos de talones y agitando las riendas.
-Tomá mis manos con fuerza! –me dijo
Y la yegua comenzó un galope veloz. El viento me golpeaba la cara, sentía el rostro de any sobre mi hombro y muy cerca del mío. Sentía sus pechos firmes rozar mi espalda con fuerza y como sus pies estaban en los estribos, mis muslos estaban sobre los de ella, sintiendo cada uno de sus movimientos. Me alucinaba pensar en lo que sentiría ella en su sexo ahora que tenía sus piernas abiertas alrededor de mí. Me fui excitando cada vez más y de pronto en mi vagina comencé a sentir pequeñas oleadas de calor que me obligaban a contraer mis muslos, buscando estimular aún más mi clítoris. La carrera era vertiginosa y el deseo de un orgasmo se presento con urgencia. Me parecía una locura venirme de esa manera, pero no podía evitarlo. Me preguntaba si ella notaría lo que estaba pasando. Y no resistí más y el orgasmo nació en mi vagina para recorrerme el cuerpo por entero. Apreté sus manos con mayor fuerza y deje caer mi cabeza contra su hombro.
-Es hermoso! –exclamé
-Disfrútalo – me respondió ella sin cesar la carrera
Llegamos hasta una laguna donde detuvo la marcha. Me ayudo a desmontar y sentí mis muslos doloridos.
-La primera vez duele un poco –dijo any refiriéndose a mi expresión al bajar
-La realidad era que a mí me dolía más de lo normal porque no solo había galopado sino que además me había masturbado. Por Dios! Era realmente una locura. Dejó la yegua beber tranquila en la laguna y se tiro de espaldas en el pasto. Me recosté a su lado.
-Vas a resultar una buen jinete- me dijo
-Te parece? –le repuse
-Vos sos como yo, cuando comenzamos algo no lo dejamos a medias, no paramos hasta que nos salga perfecto o al menos lo concluimos – comentó
-Por un segundo creí que se refería a mi orgasmo. Después no creí que fuera posible que se hubiera dado cuenta.
-Pienso irme de acá aprendiendo a galopar, me pareció una experiencia hermosa! –le dije
Ella se volteo hacia mí y mirándome con una sonrisa dijo:
-Se te nota en la cara que te gustó, te brillan los ojos
Me quedé mirando su rostro en silencio. Sus ojos miraban los míos imperturbables. Su boca delineaba una sonrisa leve, apenas perceptible. No me contuve y lleve mis dedos a sus labios. Los acaricié y entonces ella cerró sus ojos y dejo que descubriera su boca. Comenzó a besar dulcemente la punta de mis dedos que exploraban y recogían su saliva para empapar su boca. Tomó mi mano y la llevo a su mejilla. Acaricié sus ojos, recorrí despacio sus cejas, su frente, baje por su nariz hasta volver a su boca. El galopar de un caballo nos trajo a la realidad. Abrió sus ojos de inmediato y se aparto de mí para ver quién venía. Era Sofía. Se puso de pie y le hizo señas para indicarle donde estábamos. Me senté fastidiada, no podía creer que semejante momento se me desvaneciera como por arte de magia.
Durante el resto del fin de semana no tuvimos oportunidad de estar a solas. Buscaba sus ojos de continuo, esperando alguna señal que me dijera que estaba como yo, ansiando terminar lo que empezamos, pero ella sistemáticamente evitaba encontrar mi mirada. Me dejaron el domingo por la noche en la puerta de mi casa. Me despedí y any apenas me dio un beso rápido en la mejilla diciéndome que nos veríamos mañana.
Me estaba duchando para luego ir a la cama cuando escucho mi padre golpear la puerta del baño:
-Nena es Mauro, al teléfono, dice que espera porque no se ha podido comunicar contigo
Suspiré fastidiada! En la última persona en la que quería pensar era en Mauro. Tomé el teléfono y comenzó a reprochar mi desaparición durante el fin de semana. Discutimos y termine largándole que ya no me interesaba continuar con la relación. Me amenazó diciéndome que si le decía eso ni se ocurriera volver luego. Que era un adiós definitivo. No pude aliviarme más, era exactamente lo que quería: que fuera un adiós definitivo. Corte y me encerré en mi cuarto. Estaba sólo con una bata de baño y una toalla en la cabeza. Me comencé a peinar frente al espejo y en mis movimientos mi escote se abrió un poco dejando uno de mis pechos al descubierto. Me quedé observando mi imagen al espejo. Llevé mi mano a mi seno y comencé a acariciarme. En mi mente apareció la imagen del escote de any dejándome ver apenas su seno. Pensé en sus tetas y en las ganas que tenía de comérselas. Recordé la manera en que me había excitado montar con ella aquella yegua. Desabroche mi bata y me observé desnuda, abrí mis piernas y vi mi vagina en el espejo. Estaba mojada, era inevitable pero any me mantenía en un estado de excitación constante. Una fiebre imparable atacaba mis muslos, mi clítoris, mis pechos. Recordé el orgasmo secreto que había sentido con su cuerpo abrazando al mío. Mis dedos en sus labios volvieron a aparecer en mi mente y entonces observé mi clítoris hinchado, pidiendo que lo alivie. Comencé a frotarme con mayor intensidad mientras repetía su nombre mentalmente y cuando mi orgasmo llegó me encontré diciendo su nombre bajito entre gemidos ahogados: any, mi amor!
El lunes estaba como siempre a horario en la oficina. A los pocos minutos llego any. La escuché dirigirse a otras oficinas primero y de pronto estábamos todos en su despacho. Había organizado una reunión de equipo donde se enteró de algunas cosas que habían sucedido en su ausencia.
-No entiendo porque me estoy enterando recién ahora de esto? –repuso un poco enfadada.
-Es que la semana pasada apenas estuviste por acá… -explicó Pablo
-Y eso que tiene que ver? –objetó elevando una ceja- estaba dulce, no?
-Si pero ella estaba muy ocupada con el tema de Broken, asi que…-volvió a excusarse Pablo
-A ver, a ver…- dijo any- si dulce está acá es como si estuviera yo, se entiende? Si Uds. me avisan tres días después ya empezamos en desventaja, no es lo mismo actuar al instante que tres días después! Vamos chicos! Uds. saben cómo son las cosas! A dulce la consultan constantemente cuando yo estoy acá, con mayor razón lo tienen que hacer cuando no estoy! Ella sabe cómo y cuándo resolver las cosa y en última instancia, sabe si debe llamarme o no. Pero Uds. no pueden suponer que las cosas pueden esperar hasta que yo vuelva. No los estoy retando, no pongan esas caras!
Todos estaban cabeza gacha escuchando a any. Ella continúo:
-Esto no es para que se sientan mal. Es para mejorar el trabajo. Uds. me conocen y tienen la suficiente confianza como para saber que si les llamo la atención no es porque sea una bruja! Y no se preocupen si dulce está poco o muy ocupada, ese es el trabajo de ella y ella sabe cómo manejarlo. Estamos?
Todos asintieron con la cabeza y acordaron que any tenía razón.
-Entonces equipo a trabajar! a recuperar el tiempo perdido!- concluyó any
Cuando quedamos a solas, me pidió que tomara asiento, mientras miraba detenidamente su ordenador, elevando una ceja como hacia un rato.
-Ese gesto a mi no me asusta –dije bromeando- al contrario me encantan las personas que lo pueden hacer.
-Cual gesto? –dijo elevando su mirada hacia mí
-El de la ceja…-dije sonriente- yo no puedo levantar una ceja sola
-Segura? – me dijo con una sonrisa- a ver? Intentalo?
Se mató de risa viendo mis expresiones intentando levantar una ceja sola.
-Ves que no me sale! No te rías de mí…-repliqué con tono infantil
-No tengo la culpa, si me haces reír! – dijo alegre
-Me encanta ponerte de buen humor – agregué
-Y ahora que me cambiaste el humor vayamos al trabajo – dijo un poco cortante
Me dio instrucciones para atender el tema de Metalpak que los chicos habían desestimado. Me pasó una lista de asuntos para seguir trabajando con Broken, mi cuenta, y me informó que pretendía que para el miércoles viajara para poner el contrato en marcha. Me planteó un día a full y aunque no me desagrada el trabajo, esperaba otro tipo de actitud para conmigo.
Se pasó todo el día yendo y viniendo y cuando no, hablando por teléfono. Al finalizar la jornada la invité a cenar.
-Me encantaría pero tengo una cena de trabajo con Nicolas Stredman –se excusó secamente.
Mientras recogía sus cosas, Paola pasó a informarnos que Metalpak estaría firmando el contrato mañana por la mañana. Se fue diciendo que quería cubierto hasta el mínimo detalle.
Realmente no estaba entendiendo la situación. Se perfectamente que estuvimos a un paso de besarnos, que fue real y que no se trataba de una suposición mía. Acaricié sus labios y ella me respondió, eso no fue un sueño. Entonces por qué actuaba tan distante? Por qué me evitaba de esa manera?
Nos quedamos hasta que anocheció con Paola, Pablo y Enrique. Cuando nos aseguramos tener todo en perfecto orden, nos fuimos por un trago al bar de la esquina.
-any hoy tenía un humor de perros! – comentó Enrique
-Tal vez necesita un poco de sexo- dijo Pablo bromeando- yo no tendría inconveniente en resolver ese problemita! Jaja!
-Sos un *******! –repuso Paola- eso no tiene nada que ver! que vos estés muerto con ella es otra cosa!
-Paola tiene razón –dijo Enrique- no creo que sea eso, si cada vez que está de mal humor es por falta de sexo, te puedo asegurar que alguien se lo provee muy bien! Desde que la conozco, la vi tres veces de mal humor!
Aproveché la conversación para averiguar un poco más de any.
-Tiene pareja? –pregunté desinteresadamente
-Ni idea! Pero me juego que algún que otro amante debe tener! –respondió Pablo levantando los hombros
-any es muy reservada –agregó Paola- jamás habla de su vida privada. Pero yo no creo que esté sola. Además sino lo sabés vos que estas con ella todo el día, menos nosotros!
-Nunca me habla de su vida – comenté- soy testigo que es muy reservada
-No debe ser fácil estar con una mujer como any –reflexiono Enrique- es del tipo de mujer demasiado independiente. El hombre que esté con ella tiene que tener los huevos bien puestos!
-Yo me imagino que el tipo que esté any tiene que ser, en primer lugar, mayor que ella, después, tiene que ser un tipo exitoso, de esos tipos seguros, con mucha presencia, que se yo?... lindo. dulce seguro me entiende el tipo de hombre al que me refiero… -dijo Paola buscando mi aprobación
-Entiendo a que te referís, pero lo que todavía no comprendo es cómo podemos seguir siendo tan estructurados –dije indignada
-Estructurados? –preguntó Pablo mientras los otros me miraban intrigados
-Claro! Se supone que estamos en un país donde hace poco se aprobó la ley de matrimonio gay, porque siempre que pensamos en la pareja de alguien, tenemos que suponer que es hetero?
Mis compañeros me escuchaban atentamente. Casi sin pensarlo me estaba metiendo yo sola en un terreno personalmente complicado, pero me sentí en la obligación de continuar con mi argumento sin delatarme.
-Hace unos días hablábamos con mis amigas de este tema, porque lo vivimos en carne propia con amigo –mentí- y ahora esta conversación sobre any me parece el ejemplo ideal
-Creo que entiendo lo que decís –recapacitó Enrique
-Lo que digo es que cuando empezamos a hablar de la pareja de any, de inmediato suponemos que es un hombre… por qué no pensar que puede ser una mujer?-agregué con soltura- any podría ser gay y eso no cambiaría en nada a la persona que conocemos…, no?
-Claro que no – me confirmó Paola- y tenes mucha razón, por más que nos hagamos los liberales y estemos de acuerdo con la ley de matrimonio gay, somos unos estructurados de *******!
-Yo coincido con vos –dijo Pablo y agregó- a vos te pasó con un amigo?
El comentario de Paola y la pregunta de Pablo me tranquilizaron. De pronto lo que dije quedó como una observación sobre lo hipócritas que podemos ser sin darnos cuenta. Le respondí a Pablo continuando la mentira sobre un amigo al que todo suponíamos hetero hasta que nos presentó a su pareja y supimos que era gay. En un segundo supe que difícilmente mi comentario levantaría sospecha alguna.
Durante el transcurso de la semana el trabajo fue una pesadilla. any solo me dirigió la palabra para hablar de negocios, perfiles financieros y cuanto tema que nada tuviera que ver con nosotras. Intenté mil veces sacarla de esa posición pero se mostraba inmutable y sumamente evasiva. Concluí que probablemente estaba arrepentida de lo que había sucedido entre nosotras en la laguna. Por mi parte, me costaba mucho renunciar a ella y me aferraba a lo poco que había conseguido como a una tabla de naufrago.
Viajé tal como lo había planificado el día miércoles y el jueves tuve que presentar en reunión de directorio los resultados y una proyección del negocio a futuro con un detalle de los objetivos a cumplir. Cuando terminé mi exposición comenzaron las preguntas. Pude responder todas dejando en claro que mi proyecto no tenía fisuras, hasta que any que no había abierto la boca hasta el momento y se la había pasado garabateando en su cuaderno, se quitó los anteojos y con mirada fría disparó su pregunta haciendo blanco en el punto más flaco de mi plan. Lo primero que intenté fue cambiar el vector de la pregunta y llevarla a un plano más seguro y respondí sabiendo que no estaba contestando lo que ella quería.
-No nos estamos entendiendo …-dijo con un gesto de superioridad
Volvió a plantearme que no quedaba en claro cómo previa yo resolver determinada cuestión si se presentaba determinado problema. Sumamente molesta por la manera en que ella me increpaba, improvisé una respuesta.
-Esta perfecto lo que me decís dulce, pero yo no lo veo desplegado en tu proyecto, y no me equivoco si digo que ustedes tampoco lo ven, señores…-dijo con actitud altanera
El resto de los presentes estuvieron de acuerdo con ella y continuó:
-La solución que me planteas es una solución improvisada, esa improvisación tiene un costo mi querida!-dijo sarcásticamente- tendríamos que disponer de manera urgente de recursos que…
Y comenzó hacer cálculos complejos demostrando que mi "plan perfecto" tenía un margen de error demasiado grande y concluyó sus argumentos diciendo irónicamente:
-Creo que deberías empezar a trabajar de inmediato en ese aspecto que al parecer te pareció menor…
Intenté mantenerme lo más entera posible y con tono firme propuse un plazo de 72 horas para pulir los puntos críticos que me había señalado any, siempre y cuando ellos consideraran que era adecuado mantenerme a cargo de la cuenta. Accedieron y dieron por finalizada la reunión.
Salí de allí completamente furiosa. Sentía que había quedado como una imbécil y any se había dedicado a herir mi orgullo sin piedad. Entré al despacho como un rayo y me encerré en el baño. Una vez allí no pude más que llorar. La odié, odié ese aire de superioridad, odié su soberbia, odié su inteligencia, odié que mostrara su lado perverso, y me odié a mi misma por sentirme tan ******* y completamente enamorada de ella. Me incorporé y me lavé la cara. Respiré profundo hasta sentirme más calmada y cuando salí ella estaba sentada en su escritorio. Decidí ignorarla y pasar a mi oficina. A los pocos minutos se acercó para ofrecerme un café.
-No quiero gracias –le respondí sin siquiera mirarla
-No creo que estar enojada conmigo solucione tu problema…- dijo mientras se sentaba en la silla frente a mi escritorio
-Y yo no creo que dejarme en ridículo sea la manera de señalarme los errores – le reclamé
-Que esperabas? Que dijera: "no Vale, así no! A ver, que mamá te explica cómo es"?
-Sabés que no esperaba eso! No me subestimes que ya lo hiciste bastante!- respondí enfurecida
-Estas muy equivocada si pensas que yo te subestimo o que disfruto de situaciones como las de hace un rato – me contestó mientras yo me incorporaba y buscaba mi abrigo y mi cartera para irme
-Equivocada estaba cuando creía que me respetabas, cuando creía que te importaba un poco – dije elevando la voz
-Esto no es un jardín de infantes, esto es la vida real! – dijo incorporándose para cerrarme el paso- Te vas a encontrar con gente que te va a tratar mucho peor de lo que yo lo hice hoy! Ese grupo de señores que hoy viste muy amables, son amables hasta que cometes un error! Y cuando lo cometes no te dejan en ridículo, te defenestran! Yo estoy para ahorrarles el trabajo, si yo no soy dura, lo van a ser ellos y te juro, que lo que yo hice no llega ni a la mitad de lo que ellos pueden hacerte!
La aparté de mi camino y salí de allí casi corriendo. Una vez en la calle caminé sin rumbo, no quería llorar, pero me dolía tanto lo que me había pasado con any! Se había transformado en un monstruo, fría, impiadosa, y me dolía pensar que esto no tenía marcha atrás, que ya no había manera de recuperar la any que me había fascinado. Esa mujer era fuego y me había consumido el alma. Si no la amara no dolería tanto pensé. Aquella noche me acosté temprano sin cenar.
Apenas amanecía cuando desperté. Sentía como si un camión me hubiese pasado por encima. Fui directo a la ducha y mientras me vestía estornudé un par de veces. No me puedo estar enfermando! pensé maldiciendo. Llegué al trabajo a las seis de la mañana. No quería pensar en nada, quería concentrarme y corregir ese estúpido proyecto! Me había propuesto dejarlo a la perfección y cerrarle la boca a todos! Juré que en mi vida any ni nadie me iba a volver a poner en ridículo!
Estaba escaneando unos documentos cuando any llegó. Se acercó para saludarme con un beso en la mejilla. Retrocedí para evitar que lo hiciera y me di media vuelta murmurando un rápido buenos días. Trabajé por horas y solo me detuve cuando ella me pidió un par de tareas pequeñas. Las hice sin chistar y se las entregue lo más rápido posible, para volver a mi trabajo principal. Pasado el mediodía noté que me estaba sintiendo mal. Comencé a estornudar más seguido y sentía que los ojos me ardían. Sabía que me estaba cogiendo una gripe. Tomé un par de aspirinas y me preparé un té.
-Te sentís bien? –me preguntó any cuando me vio pasar con la taza de té
-Si –le respondí-nada que no pueda manejar
Volví a mi trabajo. Pasaron las horas y la verdad es que me sentía un desastre. Me dolía todo el cuerpo, algunas líneas de temperatura seguro tenía y la cabeza parecía que iba a estallar. Cerca de las cinco de la tarde la mayoría empezaba a marcharse, any como nunca había permanecido allí todo el día. La escuché preparar sus cosas y ponerse su chaqueta.
-Me voy –me dijo desde mi puerta- segura que estas bien?
-Estoy bien –respondí secamente mientras tomaba un pañuelo descartable
-No te creo en absoluto –me objetó- estas pálida
Se acercó para apoyar su mano en mi frente como para comprobar si tenía fiebre. Me desplacé un poco hacia atrás para que no me tocara. Se puso en cuclillas frente a mí y tomó mi mano.
-Hasta cuando me vas a seguir castigando? –me pregunto resignada
-No te estoy castigando, sólo necesito tenerte lejos de mí-le respondí con tono triste
Se me quedó mirando y viendo que yo bajaba mis defensas, posó su mano en mi frente.
-Estas hirviendo – dijo preocupada
-Tengo que terminar mi trabajo –dije intentando evadir la situación
-Ya va a haber tiempo para eso- dijo y con cuidado me ayudó a pararme
Me puso mi abrigo, apagó mi ordenador y acomodó prolijamente mis papeles. Yo apenas tenía fuerzas para protestar, sentía miles de agujas en el cuerpo y escalofríos. Pasó su brazo por mi cintura para ayudarme a caminar y me dijo: -Vamos a casa.
No me sentía con fuerzas como para oponerme. any volvía a mostrarse tierna y protectora. Conducía su auto serena y volteaba debes en cuando a verme. Se detuvo en una farmacia y regresó con un par de medicamentos para bajarme la fiebre.
-Cómo te sentís? –me preguntó mientras volvía a colocarse el cinturón de seguridad
-Muy cansada y con mucho frío –respondí cerrando mis ojos y sin darme cuenta, me dormí
Me despertó cuando estábamos en la cochera de su edificio. Un brevísimo mareo me hizo tambalear. Se apuró a sostenerme.
-Ni se te ocurra desmayarte! –dijo en tono de broma
-Debería hacerlo sólo para complicarte –respondí recuperando un poco la lucidez
Apenas entramos a su departamento, me condujo hasta la habitación. Me ayudó a sentarme en su cama y con cuidado me quitó el abrigo y las botas. Volvió a comprobar mi temperatura con su mano.
-Terminá de desvestirte y acóstate, yo ya vuelvo –me dijo mientras la vi salir de la habitación dejándome uno de sus pijamas a mano.
Cuando regresó ya estaba bajo sus sabanas tiritando, tapada hasta el cuello. Me trajo un vaso con agua y un comprimido para bajar la fiebre. Puso un termómetro en mi boca y acomodó mi cabeza en las almohadas. La vi disponer un recipiente con agua sobre la mesa de noche.
-Estas volando en fiebre! Tenés casi 40º! –dijo preocupada sentándose a un lado de la cama.
Embebió un paño con agua fría y me lo puso delicadamente sobre la frente. Una sensación de alivio me recorrió el cuerpo. Repitió la operación sobre mis mejillas y mi cuello, y continuó refrescando mi frente hasta que la fiebre comenzó a ceder un poco.

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:42 am

-Creo que estoy mejor, debería regresar a casa –dije amagando incorporarme pero sin éxito.
-No seas testaruda! – me dijo volviéndome a recostar sobre las almohadas – apenas podes hablar y pretendes pararte!
-Tendría que avisarle a mi padre dónde estoy…-le dije con preocupación
Buscó mi celular en la mi cartera y me puso al habla con él. Intenté expresarme con la mayor naturalidad posible, le dije que pasaría la noche en casa de una amiga y corté. No le dije como sentía porque no quería preocuparlo. Suspiré fastidiada.
-Me siento horrible!
-Estas horrible! –me dijo en broma
-Vas a ser cruel todo el tiempo o pensas darme un descanso? –repuse molesta
-Es tan fácil hacerte enojar! –dijo apoyando una de sus manos a un lado de mi cuerpo mientras que con la otra me acomodaba dulcemente el pelo
-No tengo fuerzas ni para levantar un alfiler, pero la verdad es que tengo muchas ganas de matarte- bromee mientras reconocía en mi cuerpo una imperiosa necesidad de dormir
-Aprovechá a descansar y dejá de pelearme – me dijo con tono suave
-Cerré los ojos y me dormí profundamente. Me desperté en medio de la noche sintiendo que mi cuerpo volvía a arder. No podía parar de temblar y como en una alucinación apenas podía ver el rostro de any que me ayudaba sosteniendo mi cabeza para que pudiera tomar un nuevo comprimido. Sentía que cambiaba de continuo paños fríos sobre mi rostro procurándome con ello un cierto alivio. No recuerdo cuando volví a dormirme pero cuando desperté el sol se escurría por entre las cortinas. Tenía la sensación de haber transpirado toda la noche. Me sentía mejor, al menos no tenía fiebre aunque me dolía un poco la cabeza. Recorrí el cuarto con mi mirada y alcancé a ver a any hecha un ovillo durmiendo en un sillón que se encontraba en su habitación. Sobre la mesa de noche observé el desorden que testimoniaba que había pasado la noche cuidándome.
Tenía la boca seca. Torpemente choque el vaso con agua contra la lámpara de noche y el ruido la despertó. Se movió con dificultad, abrió sus ojos mientras hacia un gesto de tener su cuello dolorido por la posición en la que estaba.
-Ahora la que se ve horrible sos vos!- le dije en broma y sabiendo que en realidad opinaba todo lo contrario, me parecía hermosa!
-Vaya! Parece que estas mucho mejor! Siempre amaneces tan encantadora? –me dijo en tono de burla mientras avanzaba hacia la cama tendiéndose a mi lado.
-En realidad siento como si me hubiesen boxeado toda la noche! – dije restregándome los ojos
-Yo necesito dormir un poquito más –dijo volteándose hacia mi lado y apoyando su cabeza en mi hombro
Me preguntaba a mi misma cómo es que podía ser tan adorable. Lo que había pasado se me aparecía en mi mente como un mal sueño. Allí la tenía durmiendo sobre mi hombro y con su rostro lleno de dulzura. Comencé a jugar con mis dedos en su cabello. Recordé lo que había dicho su hermano: "Una virtud de any! Plantea las cosas de tal manera que hace que del enfado pases al agradecimiento en un segundo." Cuánta razón tenía! En este preciso momento no quedaba un rastro de rencor por la manera en que me había tratado en la reunión, al contrario, sentía que le debía algo por haber cuidado de mí toda la noche y lo que era peor, me sentía completamente agradecida de tenerla así a mi lado y poder acariciar su rostro como lo estaba haciendo. El sueño volvió a vencerme.
Me desperté sobre el mediodía, esta vez con mejor semblante. any ya no estaba a mi lado, la escuché en el baño. Me incorporé un poco sobre la cama y comprobé que el pijama era un desastre. Lo sentía húmedo por la transpiración producto de la fiebre. any apareció vestida con una salida de baño recogiéndose el cabello:
-Creo necesito una ducha urgente! –le dije señalando la camisa pijama que llevaba puesta
Me dirigí hacia el baño, caminando rápido, sintiendo un poco de pudor de mostrar mis piernas. Cerrando la puerta tras de mí observé con detenimiento sus cosas mientras orinaba. Sus cremas, perfumes, shampoo, sales de baño, una tina enorme… Me lavé las manos y la cara y entreabrí la puerta.
-Puedo darme una ducha? –pregunté en voz alta
Ella entró de nuevo en la habitación y respondió que sí. Ingresó al baño conmigo mostrando naturalidad. La escena que componíamos me resultaba maravillosa. Las dos solas, en el cuarto de baño, yo sólo vistiendo una camisa pijama y ella cubriendo su cuerpo que supuse desnudo bajo esa bata de baño blanca. Abriendo uno de los cajones, me ofreció uno de los tantos cepillos de dientes a estrenar que tenía.
-Cómo adoro tu obsesión por los cepillos de dientes!- le dije agradecida
-A veces mi neurosis es útil, viste? –me respondió con simpatía.
Se puso a prepararme la ducha, abrió la regadera y buscó toallas limpias. Cuando me incorporé luego de enjuagarme la boca, vi su imagen en el espejo empañado por el vapor del agua tibia que corría. Había cerrado la puerta y estaba a mis espaldas, observándome. Nos quedamos mudas por un instante, sólo mirándonos. Giré sobre mis talones y apoyando mis manos en la mesada del lavabo, dejando caer el peso de mi cuerpo sobre mis brazos suspiré como tomando fuerza para lo que iba a decir:
-No consigo descifrarte any… y duele,… duele que me mires, duele que me hables, duele que me trates bien, duele que me trates mal, duele todo el tiempo,… me estoy muriendo por un jodido beso tuyo!
Aparté mi mirada de sus ojos sintiendo un nudo en la garganta, no quería llorar. Ella permaneció sin decir palabra. Se acercó unos centímetros, tomó mi mentón con su mano, mientras rozaba mis labios fue aproximando su boca a la mía. Estaba comenzando a suceder, ya no era un sueño, podía sentir su aliento tibio en mi piel, sus labios posándose en los míos con delicadeza. Tomo mí rostro con ambas manos y comenzó a besarme, su boca se abrió sobre la mía. Apenas me atrevía a moverme, solo pude responder a su beso y descubrir su boca dulce, que con serenidad empapaba mis labios.
Separó su boca de mí, apoyó su frente contra mí frente y su respiración se fundió con la mía. Me mantuve en la misma posición aferrada al lavabo temiendo que se desvaneciera si me movía. Pude ver como sus manos comenzaban a desabrochar los botones de mi pijama, primero uno, luego otro y así, hasta llegar al último. Descubrió mis hombros y fue deslizando la prenda por mis brazos hasta quitármela de encima. Mi cuerpo temblaba como una hoja y ya no era por la fiebre. Su mano izquierda se posó en mi cuello y las yemas de sus dedos fueron estremeciéndome a medida que recorrían mi clavícula hasta encontrar el bretel de mi corpiño.
Su mirada buscó mis ojos y me regaló una sonrisa. Mordí mi labio inferior y extendí mi cuello hacía atrás lanzando un suspiro mientras ella dejaba mis pechos desnudos frente a sus ojos. Deshizo el nudo que sujetaba su bata para dejarla caer a sus pies. De inmediato me detuve a contemplar su cuerpo desnudo que tantas veces había recreado en mi imaginación.
Sus dedos recorrieron son suavidad la circunferencia que dibujaba la areola de mis pezones rígidos de placer. Fue llevando sus caricias por mi silueta temblorosa, bajando por mi cintura hasta llegar a mis caderas. Inclinándose con delicadeza comenzó a bajar la última prenda que me quedaba. Sujetándome de sus hombros levante primero un pie y luego el otro para quedar completamente desnuda.
Volvió a pararse frente a mí y pegó su cuerpo al mío en un abrazo tierno y sensual al mismo tiempo. Cada poro de mi piel reaccionaba al contacto de su cuerpo y la sangre corrió a raudales por mis venas, acelerando mis latidos. Su pierna separó mis muslos para encontrar mi sexo húmedo. Sus brazos rodearon mi cuello y comenzó a besarme con pasión. Mi lengua devoró su boca mientras mis manos acariciaban su espalda.
Y allí estaba ella, regalándome sus caricias maravillosas, sus besos cálidos, su pulso acelerado. No quería perderme nada de lo que estaba sucediendo, no quería embriagarme de deseo, quería estar lo más consciente posible, quería que su cuerpo se tatuara en mi mente para no olvidar jamás sus pechos redondos y suaves, su espalda estrecha, su cintura delicada, su sexo mojado rozando mi piel.
Me condujo hasta la tina y donde volvimos a besarnos abrazadas sintiendo la tibieza del agua mojándonos la piel. Me separé para llevar mis labios hasta sus pezones, una mágica sensación de placer se apoderó de mi boca cuando los comencé a acariciar con mi lengua. Sentí sus manos revolver mis cabellos empapados y desde su boca escapaban entrecortados gemidos de placer. Su ansiedad acabó con mi dedicada labor para llevar mi boca a sus labios nuevamente y con sutil agresividad tomo mi mano para posarla en su vagina. La besé con mayor energía pues su gesto me había autorizado a hacer lo que tantas veces había soñado. Mis dedos descubrían su sexo, su exquisita vulva de mujer. Y la magia se redobló cuando sentí sus dedos escurrirse por entre mis piernas para deslizarse suavemente por mis labios vaginales. El placer multiplicado por dos, sus dedos acariciaban cada pliegue de mi sexo, de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás, en tanto los míos recorrían el suyo descubriendo su clítoris inflamado. La sentí penetrarme y mis piernas flaquearon por un segundo. Mis dedos también entraron en su cuerpo y allí comenzamos a frotarnos los clítoris con los dedos pulgares mientras entrabamos y salíamos de nuestras vaginas enérgicamente.
El orgasmo se aproximaba y nuestras piernas procuraban mantenernos unidas con fuerza. Comencé a venirme, una corriente avasalladora crecía como una ola gigantesca dentro de mí sin cesar de frotarla, esperando que ella también acabara. Mi espalda se arqueó ante la llegada del placer y cuando de mi boca se deprendía un gemido agudo, su mano se aferró con fuerza a mi nuca y sus caderas comenzaron a cabalgar frenéticamente sobre mis dedos que no paraban de frotarla. Sus muslos se apretaron violentamente reteniendo mis dedos dentro de ella y un espasmo tras otro de su cuerpo me señaló que estaba acabando conmigo.
Nos quedamos así, ella continuaba dentro de mí, inmóvil, penetrándome, y yo con mis dedos acariciaba tiernamente su sexo inundado de flujo. Recuperamos la respiración, apoyó su espalda contra pared y se dejo caer lentamente llevándome con ella hasta el piso de la tina. Me acomodé entre sus piernas y recosté mi espalda sobre sus pechos mientras sus brazos me rodeaban.
Dejamos que la tina se llenara y nos quedamos bajo la tibieza del agua. Mi cabeza permanecía apoyada contra su pecho. Sus dedos se entretenían recorriendo mi rostro subiendo y bajando por mi nariz hasta alcanzar mi mentón. A la par, mis manos acariciaban sus piernas intentando abarcarlas en toda su extensión.
Por mi cabeza desfilaban un millón de preguntas que no me atrevía a formular. Rogaba que dijera algo, pero ella permanecía en silencio aumentando mi ansiedad. Lo que any pensaba o sentía seguía siendo una incógnita para mí. Me sentía en desventaja, hasta ahora la única que había hablado era yo y le había mostrado lo vulnerable que era a cualquier cosa que ella hiciera.
Salimos de la tina y hambrientas nos preparamos algo de comer. Hablamos de cosas sin importancia, de la bonita vista que tenía su piso, de cómo preferíamos el café, hablamos de sus gustos, sus manías. Repasé su colección de música, sus películas. Cada rincón de su departamento testimoniaba su sello. Me enamoré de ella y de todo lo que la rodeaba. Quise quedarme allí para siempre, compartir sus días, sus noches y respirar el mismo aire que ella respiraba.
Anahi me había tratado con ternura todo el tiempo, me había regalado su excitación, me había dejado entrar en ella y arrancarle un orgasmo, me había cuidado y me había mimado, pero me estaba estaqueado a este presente mezquino. Ella no hablaba del pasado ni del futuro, y con sus abrazos, sus besos, sus gestos de cariño casi consigue engañarme con una perpetuidad de un presente que yo sabía que estaba acabando.
Cuando comenzó a caer el sol, la vi salir al balcón y quedarse allí perdiendo su mirada en la distancia. Me uní a ella tomándola por detrás y rodeé su cintura con mis brazos. Besé su cuello y ella acarició mi mejilla.
-Voy a preparar mis cosas – le dije indicándole que me marchaba
Se apartó de mí para entrar en el living y encender un cigarrillo.
-Podes quedarte si queres –dijo como si le diera lo mismo
-Y vos que querés? – le pregunté
-La que tiene que decidir si se queda o se va sos vos, yo ya estoy en mi casa –respondió tranquila
Por un instante volví a girar en remolinos de palabras sin nombrar. Esa maldita costumbre suya de no exponerse jamás!
-Pierdo el tiempo si espero que te involucres aunque sea un poquito, no? –le dije con ironía
-Yo creo que me involucré bastante! Te recuerdo que la que estuvo en la ducha contigo fui yo! –respondió queriendo bromear
-Por qué todo es tan difícil contigo any? –dije suspirando tomándome la frente resignada
Me encaminé hacia la habitación a buscar mi abrigo y mis cosas. No estaba enojada, estaba dolida. Lo que había pasado entre nosotras era para mí demasiado fuerte. Lo que significaba esto para ella, era algo imposible de saber.
-Me acerque para besarla por última vez.
-Te llevo… –sugirió amable
-Me gustaría caminar un poco –respondí de pie frente a ella
Acomodó un mechón de mi cabello que caía sobre mi rostro y besó delicadamente mis labios. Respondí a eso beso deseando que me pidiera que me quedara. No lo hizo, sólo sonrió y me dijo: - Cuidate.
Mientras caminaba pensaba en ella. En cuánto la quería, en lo mucho que había esperado este encuentro, en todas las veces que lo imaginé. En nada se parecía a lo que había soñado. Besarla, acariciarla, hacerle el amor había colmado mi cuerpo. Todavía me recorrían escalofríos cuando recordaba cada roce de su piel. Pero después de eso, any se desvaneció y en su lugar quedó una actriz, actuando conmigo el papel de mujer cariñosa. La any que siguió después evitó por todos los medios hablar de cómo habíamos llegado a esto y mucho menos de cómo continuaría. Su oferta resultó para mí muy clara: esto es todo lo que hay.
Quizá para no tener que pensar me había entregado por completo a mi tarea de corregir mi proyecto. Cuando comenzó la semana lo tenía concluido y estaba listo para soportar cualquier evaluación. Dediqué mucho tiempo arreglándome para ir al trabajo. Quería sentirme linda y atractiva. Me miré conforme en el espejo y finalmente conseguí sentirme de buen ánimo.
La reunión con el directorio sería después del mediodía. Durante toda la mañana trabajé como lo hacía habitualmente. Me tranquilizó que any no viniera aún, aunque me perturbaba la idea de tener que verla tarde o temprano. Más de uno halagó mi belleza y no faltó quién dijera bromeando: "Parece que pasamos un buen fin de semana, eh?". Nada más lejano que eso.
Estaba hablando con Paola en el corredor cuando escuche la risa de any bajando del ascensor. Iba acompañada de los hombres fuertes de la compañía. Se detuvieron a hablar un segundo hasta que ellos continuaron su camino y any entró a su despacho. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, intenté relajarme, detestaba que eso me sucediera.
-Tranquila! Todo va salir bien! – me dijo Paola pensando en mi reunión – además estas tan guapa que no creo que se puedan concentrar demasiado! –agregó riendo.
Le agradecí el ánimo que me daba y respirando hondo me dirigí al encuentro con any.
-Buenos días – dije apenas atravesé la puerta
-Buenos dí… Vaya! – respondió ella desde su escritorio con mirada elocuente– parece que viniste decidida a dar una buena impresión!
-Vine decidida a recuperar los puntos que perdí, mi informe está listo, así que cuando dispongan acá estoy – dije mostrándome segura e imperturbable
-Calculo que empezamos en media hora, así que… que te parece si nos preparamos un café? – me invitó mostrando simpatía
-Tengo cosas que hacer, tal vez más tarde – dije mientras me dirigía a mi escritorio.
-Ok, como quieras – respondió mostrando un poco de decepción.
En realidad no tenía nada que hacer en esa media hora y me hubiese encantado tomar un café con ella. Pero intentaba hacerle saber que no me interesaba, que prefería hacer otra cosa. Me puse a configurar unos documentos que en realidad no tenían ninguna urgencia. Y así pasé el tiempo hasta que la escuché decirme –Vamos?
La rectificación de mi proyecto pasó la prueba. Me hicieron toda clase de preguntas, any también, pero esta vez con amabilidad. Dieron por terminada la reunión felicitándome y augurándome un éxito rotundo. Salí última, después de recoger mis papeles, y me fui hasta la oficina de Paola.
-Y??? – preguntó entusiasmada apenas vio mi cara asomarse por la puerta
-Un éxito total! –exclamé felíz
Se paró de inmediato para darme un abrazo y felicitarme. Se acercaron Pablo y Enrique a felicitarme también. Nos pusimos a charlar y bromear un poco sobre el asunto, hasta que por la puerta asomó any.
-Qué orgullo jefa! No te podes quejar! La chica te hace quedar bien! – comentó Pablo
-No tengo la menor duda – dijo any – pero lamento cortarles el festejo. Podrías venir un segundo dulce? –me dijo con gesto serio
La seguí por el pasillo hasta que la detuvo el Gerente de Finanzas que estaba a punto de tomar el ascensor. Comenzaron hablar de sus asuntos y yo le dije que la esperaba en la oficina.
Los minutos que demoró en llegar fueron una tortura. Me intrigaba que es lo que iba a decirme. Entró cerrando la puerta tras de sí.
-Bien, ahora sí, acá estoy!, preguntarte si estás contenta parece una obviedad! – dijo
-Estoy satisfecha, sí –dije como restándole importancia a la cosa
-Creo que Pablo se me adelantó a lo que pensaba decir pero igual lo digo – prosiguió ella - Quiero que sepas que estoy muy orgullosa de vos y creo que no alcanzas a darte cuenta, o mejor dicho, no alcanzas a dimensionar la importancia de tus logros. Tenes 24 años y en el poco tiempo que llevas acá haz avanzado más que cualquiera.
-Gracias –dije meditativa - Tal vez es como vos decís, soy muy joven y hay cosas que no alcanzo a dimensionar, pero no es siempre así, hay cosas que veo con mucha claridad…
-Ya lo creo! Y me parece que…bla bla bla
Continuó hablando de la empresa eludiendo mi comentario. La seguí en el tema y terminamos conversando como tantas veces de cuestiones laborales hasta que llegó la hora de irnos. Comenzamos a prepararnos y en un momento ella ya con su abrigo puesto, esperaba que me pusiera el mío. Considerándome ya lista, ella extendió su mano para acomodarme el cuello del abrigo que me había quedado doblado. Instintivamente incliné mi rostro para sentir su piel en mi mejilla. Se detuvo por un instante dejándome sentirla y la retiró al segundo. Abrió la puerta y nos fuimos sin hablar demasiado.
Pasaron los meses y con ellos la rutina del trabajo. Día tras día debía estar con any. A medida que mi carrera crecía, mayor era la cantidad de horas que pasaba con ella. Nunca tratamos el tema de lo que pasó entre nosotras. Y aunque todo me parecía muy lejano jamás dejé de sentir que la amaba. No faltaron oportunidades en que me dejé llevar y me descubría hablándole sugestivamente o actuando de manera provocativa. En esos casos ella no hacía nada para detenerme pero tampoco hacía nada para dejarme avanzar. Parecía que se conformaba teniéndome a sus pies y había días que me sentía como un perro a quien su amo de vez en cuando le acaricia la cabeza.
Era viernes, el día de la "escapada mensual", nos reuníamos con los chicos de la oficina en el sitio de costumbre. Como siempre mucho alcohol, bailar, reírnos. Pasadas un par de horas conocí a un chico en la barra y me quedé conversando con él. Me invitó a bailar y accedí. La mayoría de mis compañeros estaban en la pista y entre ellos any. Inevitablemente la miraba de vez en cuando. El chico comenzó a seducirme y aunque al principio no le prestaba atención descubrí que me hacía sentir bien, que estaba cansada de andar mendigando los gestos de cariño de any y que necesitaba que alguien me prestara su atención, que me abrazara, me mimara. Le seguí el juego y acabé besándolo.
La sensación de bienestar duró sólo unos minutos. Comencé a sentir fastidio y me di cuenta que no me daba lo mismo cualquier beso, cualquier abrazo. Me detuve antes de que fuera demasiado tarde y terminara en la cama de un desconocido. Le pedí disculpas y decidí marcharme. En el estacionamiento reconocí a any buscando las llaves de su auto. Me apuré para alcanzarla.
-Vos también te vas? –le dije cuando estaba abriendo la puerta del conductor
Se giró sorprendida y me dijo que ya había sido suficiente para ella por esta noche.
-Vamos que te acerco hasta tu casa – me propuso y yo acepte de inmediato.
Anduvimos en silencio algunas calles y en el estéreo sonaba Bella Luna de Jason Mraz.
-Que pasó que decidiste irte tan temprano? – me preguntó
-La verdad es que no la estaba pasando muy bien, me estaba aburriendo bastante – le dije
-No parecía que te estabas aburriendo en absoluto!– comentó con sorna
Me sorprendió su comentario. Acaso me había estado mirando? Después pensé: no seas estúpida medio mundo te vio!
-En realidad me di cuenta que no era mi tipo –agregué por decir alguna cosa
-Te costó darte cuenta! Lo tuviste una hora hablando en la barra, bailaste un buen rato y después de que te besó te diste cuenta que no era tu tipo?? Más bien parecía que tenía mal aliento! Jaja – dijo
Me sonreí pero no por su broma, sino porque no cabían dudas que me había estado mirando.
-La que parece que se aburría bastante eras vos…- opiné con indiscreción
-Por qué lo decis? –preguntó
-No tenías otra cosa para hacer que mirar lo que hacían los otros? – interrogué
Se sonrió y no dijo nada. Se mantuvo atenta al camino y al cabo de un instante dijo:
-Es en la próxima calle no? – haciendo referencia a mi casa
Asentí con la cabeza. Cuando llegamos detuvo el motor del auto como indicando que pretendía quedarse por un rato. Permanecí inmóvil como esperando instrucciones y en realidad ya estaba acostumbrada a eso, a esperar, a observar, a depender de lo que ella quería hacer, esperanzada que algún día abriera su boca para decirme que me quería.
-Vas a tener que soportar las bromas el lunes, casi todos te vieron… -comentó
-Basta de hablar de ese tipo! No pasó nada! Lo besé y ya! No se cual es el problema? –dije molesta
-Ninguno, no me hagas caso… tenes un cigarrillo? –preguntó cambiando de tema
-Acá no pero en en casa sí, bajá que te los doy – le propuse
-No, está tu papá durmiendo, mejor traeme uno, te espero – me dijo
Entré despacio, dejé mi cartera y volví a salir con el paquete de cigarrillos. any estaba parada fuera de su auto esperándome. Encendí un cigarrillo con ella.
-Es una noche hermosa, no hace nada de frío –comenté
-Dentro de poco te tomas tus vacaciones…pensas irte a alguna parte?- dijo como no prestando atención a mi comentario
-Creo que iré al mar…-contesté
-Cuanto tiempo? –preguntó
-Dos semanas…- apagué mi cigarrillo y bostezando agregue- me voy a ir a la cama me parece…
Me separé unos pasos de ella y antes de llegar a mi puerta jugué tontamente con el pie con unas piedritas que habían en la acera.
-Te voy a extrañar – me dijo con voz suave
Era la primera vez que la escuchaba decir algo sobre sus sentimientos. Parecía una estupidez pero que me dijera que me iba extrañar era como escuchar una confesión tremenda de su parte!
-Yo también – se me ocurrió decir
Entonces sin casi darme tiempo avanzó hacia mí y tomando mi rostro con ambas manos me besó enérgicamente haciéndome retroceder hasta ponerme contra la pared. Se detuvo y con su boca rozando la mía dijo susurrando y mostrando que estaba perturbada:
-Es tan difícil! No puedo soportarlo, no puedo! – y volvió a besarme
-Esta todo bien mi amor, tranquila, está todo bien – respondí buscando darle calma
No conseguía entenderla pero era evidente que algo estaba sucediendo y estaba dispuesta a ofrecerle toda mi comprensión pasara lo que pasara. Se la notaba impotente, como no pudiendo decir más que lo que decía. El corazón me estallaba de emoción y de pena también por verla así. Estaba sufriendo por mí, como yo sufría por ella, aunque no podía comprender sus motivos.
Se aparto de mí tomando mis manos y llevándoselas hacia su boca para besarlas con devoción.
-Me tengo que ir…-dijo tristemente
-No lo hagas! Por favor! –le supliqué- necesito que me expliques! Por qué me alejas de vos? Por qué haces esto conmigo?
Volvió a su auto y sin apenas poder articular palabra, balbuceó, -perdóname es mejor que me vaya de una vez.
Otra vez esa maldita distancia! Esa barrera infranqueable! Volvía a partirme en dos, a dejarme impotente y destrozada. Otra vez a juntar fuerzas para seguir adelante, otra vez a buscar la manera de no amarla.
Durante el fin de semana me devané los sesos especulando sobre el por qué del comportamiento de any. Por mi mente pasó como una película cada momento vivido con ella. Sentí como si se hubiese robado mi vida y, la hubiese cercado entre mi trabajo y mi casa. Mi universo se había estrechado y yo sólo era un satélite orbitando a su alrededor.
Me convencí de mi derecho a llamarla y reclamarle una explicación. El tono de espera me aturdía, en realidad no sabía cómo comenzar a hablarle. Escuché activarse su contestador. Había rechazado mi llamada. Corté indignada. Cuántas veces la había visto mirar destellar la pantalla de su móvil para luego cortar sin atender con gesto de no interesarle el llamado. Impulsivamente estrellé el móvil contra la pared de mi cuarto. Cuando pasaron las horas y sintiéndome más calmada, me arrepentí. Y si en realidad no había podido atender? Si accidentalmente me había cortado? Quizá intentaría devolverme el llamado y yo sin celular!
Pasé por todos los estados. Por momentos era la persona que mas detestaba en mi vida y al segundo, buscaba explicaciones que la excusaban. Rescaté el chip y pensé en salir a comprar un móvil de inmediato. Luego recapacité y concluí que tener mi celular activado me condenaría a estar pendiente a su llamado. Pero la incertidumbre sobre sí any intentaría comunicarse me estaba matando. Pocos fueron los momentos en que conseguí distraerme, pasé dos días en el infierno. El domingo por la noche le pedí el celular a papá para colocar el chip y esperanzada consulté mi buzón de voz. Sólo dos mensajes y ambos de Luciana, mi amiga.
El lunes procuré mantener la calma y me presenté en el trabajo intentando exhibirme lo más equilibrada posible no sin antes pasar a comprar un celular nuevo. Paola me buscó de inmediato para que le contara sobre mi conquista del viernes por la noche.
-Quiero todos los detalles! Desapareciste querida! El muchacho te secuestró? – me preguntó entusiasmada.
Le conté en parte la verdad. Le dije que no pasé más allá de algunos besos, que de pronto se transformó en un cargoso y que me fui para no tener que soportarlo. Le pregunté cómo habían terminado ellos la noche para llevar su atención hacia otro tema.
-Estuvo genial como siempre. Nos fuimos tardísimo, cuando amanecía! La que me extrañó que se fuera temprano fue any… -comentó
Tragué saliva y simulé que también me sorprendía. Me hubiese gustado contarle que yo ya lo sabía y que any se había ido conmigo. Me hubiese gustado contarle todo! Que estaba locamente enamorada de any, que habíamos hecho el amor, que ella se empeñaba en alejarme y que aquel viernes por la noche, me había vuelto a besar! Deseaba tanto hablar con alguien sobre lo que me estaba pasando! Obviamente no lo hice y continuamos hablando de otras cosas.
Escuchamos que llegaba any, saludando con simpatía como siempre y antes de entrar a su despacho preguntó demostrando curiosidad:
-dulce ya llegó?
La voz de uno de mis compañeros contestó que creía haberme visto entrar a la oficina de Paola. Salí de inmediato.
-any… acá estoy! Buen día…- dije acercándome a saludarla.
-Buen día – me respondió mostrando naturalidad y sin dar tiempo a nada comenzó a hablar de trabajo.
Convocó a Enrique y Silvana de inmediato y nos juntó en su escritorio. Les dio directivas, les recordó que la semana próxima yo me tomaba vacaciones y a mí me pidió que fuera trasladando mis impostergables a ellos.
Se la notaba tranquila y para los ojos de los demás su actitud era la de siempre, pero yo alcanzaba a distinguir claramente que evitaba quedarse a solas conmigo. Me resigné, incapaz de oponerme a su voluntad de evasión. Organizó su agenda, la escuché posponer una reunión para asistir a otra y no se quedó mucho más tiempo en la empresa. Se retiró comunicando que era probable que no regresara por hoy y manifestando que tendría un día de locos.
Idéntica escena se repitió al día siguiente, sólo que en aquella oportunidad me informó que había un cambio de planes: adelantaba las auditorias a las sucursales, por tanto el resto de la semana se la pasaría viajando. Acto seguido llamó por el interno a Paola para que se acercara a su despacho.
-Necesito que organicemos urgente las auditorias, mi vuelo sale a las cinco –nos explicó
Sospeché que no era casual que hubiese dispuesto viajar antes de lo planeado. Tuve el impulso de confrontarla y decirle lo que pensaba. Que su actitud me parecía cobarde, que no tenía ningún derecho para tratarme como lo hacía, que creía que ella era una egoísta que lo único que le importaba era resguardarse! En su lugar, lo único que pude decir con evidente decepción fue:
-No nos vamos a volver a ver hasta después de mis vacaciones entonces…!
any me miró dándome a entender que mi comentario era inoportuno.
-Seguramente no, pero no creas que en mi ausencia no vas a tener que trabajar! Todavía te quedan unos días antes de empezar tus vacaciones! –dijo desviando el clima de la conversación.
-Ay any! No entendes nada! – intervino Paola- yo te extraño cuando no estás! Imagina dulce cuánto te va extrañar que se la pasa todo el día con vos!
Sentí que se me incendiaban las mejillas con el comentario de Paola. Me puse a ordenar unos papeles, nerviosa.
-No te preocupes Dul! –agregó Paola abrazándome cariñosamente y diciendo en broma- bajo esa apariencia de mujer fría y calculadora, se esconde un corazón tierno que sabe perfectamente que la queremos igual!
Sonreí esperando que Paola no percibiera mi turbación. Por su parte any mostraba una gran capacidad de control y cómo si no pasara nada dijo antes de salir de la oficina:
-Por el momento este corazón tierno tiene un mundo de cuestiones que atender y ustedes también, así que pónganse a trabajar cuanto antes!
Era admirable la capacidad que tenía para que las cosas no le afectaran! Comprendí que era normal que nadie supiera nada de su vida privada. Sus sentimientos y lo que hiciera más allá de la oficina eran un territorio que jamás dejaría en evidencia. Yo había franqueado una barrera que nunca nadie habría imaginado que era posible franquear y ese atrevimiento me estaba costando caro. No sólo había sido dueña de su placer por algunas horas, sino que también había vulnerado sus defensas. Recordé aquel viernes por la noche cuando fuera de control me repetía: "Es tan difícil! No puedo soportarlo, no puedo!" Me pregunté si alguna vez iba a dejar de cobrarme lo que impensablemente yo le había arrebatado. Me pregunté también si alguna vez dejaría de dar batalla y me daría la posibilidad de una tregua donde yo pudiera demostrarle que no me interesaba su derrota, sino sólo ofrecerle mi amor y mis días.
Pasé mis vacaciones reflexionando mucho sobre mis sentimientos. Luciana, mi mejor amiga, compartió conmigo aquellos días de playa. Ella, como era lo normal, esperaba que nos divirtiéramos y en lo posible permitirnos alguna que otra aventura con los hombres del lugar. Los clásicos escarceos amorosos de verano. Pero apenas pude secundarla en alguna que otra salida donde no tuve ojos para nadie. La realidad era que me sentía enamorada por primera vez en mi vida y que peor no me podía ir! El destino me la había puesto difícil, no sólo me había enamorado de una mujer, sino que encima ella era mi jefa, considerablemente mayor que yo, aunque apenas se notara la diferencia de años y sumamente complicada en cuestiones de afecto!
Los últimos días en la playa comprendí que no era posible detener eso que "se siente en pecho", como decía any. La extrañaba a horrores y no hubo un día que no dejara de pensar en ella. Anhelaba volver a verla, escuchar su voz, sentir su presencia.
Cuando regresé a mi trabajo escuché a mi padre hacerme el siguiente comentario antes de verme partir:
-Andás al revés del mundo hija! Uno se entusiasma cuando se toma vacaciones y se fastidia cuando tiene que volver al trabajo, contigo es exactamente lo contrario! Te veo más entusiasmada ahora que cuando te fuiste de vacaciones!
No se equivocaba. Deseaba ansiosamente volver a trabajar, pero solo para poder estar con ella. Llegué a la empresa nerviosa como si fuera mi primer día de escuela. Fui saludando a mis compañeros y de inmediato procuré ponerme al día con el trabajo. Me fui poniendo en contacto con todos los asuntos que me competían y resolví que si any no llegaba en 15 minutos más, la llamaría con la excusa de alguna consulta laboral. No soportaba más la espera, necesitaba saber de ella ya!
-Hola, que sorpresa! De nuevo en el trabajo? – me respondió al teléfono.
-Así es! Intentando adaptarme a la dura realidad de tener que trabajar! – bromee sabiendo que mentía y que me moría de ganas por volver.
-Es lo malo que tiene las vacaciones: se terminan! –comentó sonriendo
-Te llamaba en realidad para saludarte y comentarte que estoy acá viendo el tema de Metalpack y no encuentro el último reporte de producción… - dije como si estuviera realmente interesada en ello.
-Revisá el segundo cajón del armario, en una carpeta gris…- me indicó

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:43 am

Me puse a revolver el cajón y tomé una de las carpetas.
-Esa no, la que está más abajo…- me dijo
-Cómo?...- dije sorprendida y sobresaltada al escuchar su voz cercana. Me gire de inmediato buscando su presencia y la hallé apoyada en el marco de la puerta sonriente y hermosa como siempre.
-Te sienta muy bien el bronceado…-opinó con admiración
-Tonta! Me asustaste! No sabía que ya estabas acá! –dije cortando el teléfono que tenía en la mano y acercándome para saludarla.
Me besó afectuosamente en la mejilla y mirándome directamente a los ojos dijo con satisfacción: - Es muy bueno tenerte de vuelta! - Una mezcla de emoción e inquietud me invadió el cuerpo. Este era uno de los momentos en que detestaba el poder que ella tenía sobre mí. No esperaba que me dijera eso y menos que me mirara de la forma que lo hacía. Su mirada era un flechazo que me daba directo al corazón.
-Yo también estoy muy feliz de estar de vuelta…-le confesé
-Estabas con Metalpack? Yo quería que viéramos juntas el informe porque bla, bla, bla…-dijo rompiendo el clima que se había generado.
Era de esperarse, ya estaba acostumbrada a ello. Cada vez que any me hacía tomar vuelo, me cortaba las alas al instante y yo daba contra el suelo sin remedio. Se dirigió a su escritorio sin parar de hablar, mientras encendía su notebook y buscaba papeles que esperaba ver conmigo. Me quedé observándola sin escuchar lo que decía. Sin saber de dónde tomé valor, fui caminando con tranquilidad hacia la puerta y le di una vuelta de llave.
any se me quedó mirando como esperando que le explicara lo que acababa de hacer. Se quitó los anteojos que acababa de ponerse y con gesto de preocupación me preguntó:
-Pasa algo?
-Nada que vos no sepas – le contesté mientras me acercaba a ella dispuesta a no detenerme por nada del mundo
-dulce, no me parece una buena idea… -comenzó a decir mientras se incorporaba de su sillón.
Cubrí su boca suavemente con mis dedos indicándole que no quería que hablara. Percibí su inquietud pero también noté que era incapaz de rechazarme. Eso me dio más valor y no dudé ni un instante en hacer lo que tanto deseaba. Comencé a besarla con todo mi amor, su boca apenas ofreció resistencia. Y lo que nació como un beso tímido fue transformándose en un beso apasionado e incontenible. Sus brazos me rodearon con fuerza, mi lengua invadió su boca para enredarse con la suya y ya no me importó nada. Todo el miedo que sentía desapareció y con suavidad empuje su cuerpo haciéndolo caer nuevamente sobre su sillón para luego ubicarme a cada lado de sus piernas y sentarme sobre ellas.
Su boca se separó de la mía para recorrer mi cuello haciéndome estremecer y provocando que mis caderas se balancearan sutilmente sobre las suyas. Sus manos hábiles fueron abriéndose paso por debajo de mi camisa. Volví a buscar su boca y mientras la besaba, me incorporé sólo un poco para poder alcanzar su entrepierna con mi mano. Me dejó hacer deslizándose un poco sobre su sillón para que pudiera bajar el cierre de su pantalón. Atravesé la frontera de su ropa hasta que llegué a palpar su vagina que sentí húmeda entre mis dedos. Lanzó un suspiro de placer y sin perder tiempo sentí su mano por debajo de mi falda que descubría mi sexo empapado de deseo. Nos penetramos y apuramos la llegada del orgasmo. Entre gemidos ahogados recordé que detrás de aquella puerta había un mundo que ni remotamente sospechaba lo que aquí estaba ocurriendo. De a poco nuestros cuerpos volvieron a relajarse y nos quedamos abrazadas recuperando la respiración.
-Qué voy a hacer contigo? – me preguntó resignada mientras me acariciaba con dulzura.
-Cualquier cosa menos abandonarme de nuevo – le respondí dándole un beso.
Comenzó a sonar su teléfono devolviéndonos a la realidad. Me incorporé de inmediato dirigiéndome al baño. La escuché seguirme los pasos mientras hablaba. Yo acababa de lavarme las manos y acomodaba mi cabello frente al espejo cuando la vi detrás de mí continuando la conversación telefónica. Con naturalidad pasó su brazo para rodear mi cintura y luego de despedirse de su interlocutor cortó la llamada y cariñosamente me besó en el cuello.
-En media hora tenemos una reunión con la gente de Lartese, estás preparada para entrar en batalla? – me preguntó mientras sus manos recorrían mi vientre y bajaban peligrosamente hasta mi pubis.
Instintivamente empujé mis nalgas contra sus caderas y estremecida de placer respondí:
-Si no dejas de hacer esto difícilmente pueda salir de este baño siquiera…
Se sonrió y luego de besarme se separó de mi cuerpo diciendo: - Vamos a trabajar!
Durante la reunión me fue muy difícil concentrarme, la veía tan seria y segura negociando un contrato que no podía creer que hace algunos minutos atrás había estado rendida a mis caricias. Por mi mente pasaba la imagen de sus dedos dentro de mí y entre mis piernas sentía un cosquilleo inquietante. Me pasé la reunión excitadísima y al parecer eso me mantenía en alerta pues mis intervenciones fueron agudas y acertadas. Al finalizar, nos quedamos a solas con Nicolás Streidman.
-Las felicito señoritas! Pusieron a Lartese contra la espada y la pared! Y usted dulce estuvo brillante! –dijo mostrando conformidad.
-Al parecer las vacaciones la llenaron de energía! – dijo any guiñándome un ojo.
Su gesto de complicidad me hizo sentir nerviosa. No podía dar crédito de lo que estaba sucediendo. Había hecho el amor con any en su oficina y lo que en realidad temía era que adoptara la actitud de siempre, que actuara distante y apática como lo venía haciendo hasta ahora. Pero al contrario de mis temores, any seguía siendo tierna y cariñosa, dándome a entender que no me abandonaba.
El resto del día lo pasamos trabajando en un ambiente de continua excitación. any me lanzaba miradas que me partían en dos, hacíamos frente a la gente comentarios de doble sentido que solo nosotras entendíamos y en más de una oportunidad buscó rozar mi cuerpo como al descuido. Yo no veía la hora de largarme con ella de allí! Pero aquel día ese plan quedaría frustrado. Me explicó que había quedado en cenar con su hermano Guillermo. Se lamentó por ello y antes de partir me regalo un beso furtivo calmando un poco mi decepción.
Una vez en casa me sentía como en las nubes, era una mezcla rara de felicidad e incertidumbre. Llegué a pensar por un segundo que bien podría haber pospuesto la cena con su hermano. Yo lo hubiese hecho de haber estado en su lugar. Sobre mis hombros cayó el peso de la preocupación y las preguntas de siempre: Qué demonios pasaba por la cabeza de any? Por qué no me atrevía a preguntarle qué es lo que siente por mí? Cómo conseguía ella poner ese límite?
Estaba perdida en mis preguntas sin respuestas cuando pasada de la medianoche escuché sonar mi celular. Desbordé de alegría cuando observé que era any la que llamaba. Me apuré a contestar sintiéndome como una adolescente:
-Dormías? – me preguntó
-No, para nada, estaba pensando en vos –contesté con sinceridad
-O sea que no interrumpo nada importante –dijo en broma
-Yo creo que no, entre pensar en vos y hablar con vos, prefiero lo último –respondí
-Eso suena muy bien, aunque tengo que admitir que en lo que mi respecta últimamente hay otras cosas que prefiero hacer con vos antes que hablar – comentó de manera sugestiva.
-Si me estas provocando te advierto que no me hago responsable de mis actos! – continué diciendo mientras escuchaba de fondo ruidos de autos pasar y de inmediato le pregunté – Dónde estás?
-En la calle, comprando cigarrillos – contestó tranquila.
Por un segundo estuve tentada a proponerle que nos veamos. Pero no me atreví a hacerlo, esperaba que ella tomara la iniciativa, cosa que no hizo y mantuvo unos minutos más la conversación hasta que se despidió con palabras dulces.
Me dormí sabiéndome completamente enamorada de ella. Su llamado me confirmaba que pensaba en mí.
Al día siguiente ella ya estaba en la oficina cuando llegué. La besé sin dudarlo y aprovechando que estábamos solas. A medida que fue llegando gente y con el paso de las horas, la tensión entre nosotras fue aumentando. Nos provocábamos la una a la otra sintiendo la adrenalina correr por nuestro cuerpo. Si continuábamos así, estábamos a un paso de ponernos en evidencia frente a todos. Antes de la hora del almuerzo, any había desaparecido. Oculté mi intriga frente a los demás y con disimulo le pregunté a uno y otro si no la habían visto, hasta que me sorprendió un mensaje de texto suyo: "te espero en la 206 del Capítol"
Me llené de ansiedad. El Capitol era un hotel a dos calles de la empresa. Recogí mis cosas y para no levantar sospechas me fui diciendo que si la veían a any le avisaran que estaba camino a una reunión. Caminé esas dos calles encendida de deseo.
Cuando llegué perdimos el control en un segundo. Nos comenzamos a besar con desesperación y nos fuimos quitando la ropa con urgencia. Desnudas caímos en la cama llenándonos de caricias. Su cuerpo quedo sobre el mío dominando la situación. Me fue colmando de besos y comenzó a subir por mi cuerpo hasta que colocó sus piernas a cada lado de mi cabeza. Ofreció su vagina a mi boca y no la hice esperar ni un segundo. Comencé a lamerla, abracé sus muslos para mantenerla aferrada a mi y podía ver su torso desnudo agitar sus pechos mientras su mano izquierda se apoyaba en la pared buscando no perder el equilibrio. El espectáculo era magnifico desde mi posición. Veía la expresión de placer en su rostro, sus pezones erectos que alcanzaba a acariciar con mis manos y mi boca que no paraba de devorar el delicioso néctar que su vagina derramaba. Su clítoris cobró dimensiones sobre mi lengua incansable y no paré hasta que sentí su orgasmo colmar sus sentidos. Sus músculos se contraían espasmódicamente y de su garganta brotó un gemido de placer.
Se dejó caer a mi lado sobre las sábanas desordenadas quedando su cabeza a mis pies. Con mi mano no dejaba de acariciar sus largas piernas completamente absorta por lo que acababa de hacer. Por primera vez había sentido el sexo de any en mis labios y quería repetirlo hasta el cansancio. Comencé a sentir sus besos recorrer mis pies, su lengua tibia se deslizaba deliciosamente, fue cambiando de posición hasta quedar sobre mi cuerpo y fue dibujando un camino de saliva con su lengua por mis piernas. Avanzó lentamente acercándose cada vez a mi sexo. Yo esperaba la llegada de sus labios con ansias. A la par que su lengua penetro mi vagina, su sexo volvió a quedar sobre mi boca anhelante.
Una sensación de inexplicable placer se apoderó de mí. any danzaba con su lengua en mi sexo con una delicadeza avasallante. Y cuanta más placer sentía mayores eran mis besos sobre su vagina. La punta de su lengua se concentro en mi clítoris y no paró hasta arrancarme un hermoso orgasmo que me hizo emitir gemidos que testimoniaron el goce que sentía.
Cuando acercó su boca a la mía para besarme con ternura, el olor de mi sexo en sus labios hizo que una agradable sensación de pertenencia me recorriera el cuerpo.
-De dónde saliste vos que estas poniendo mi vida de cabeza? –dijo suavemente a mi oído
-Vos sola te metiste en esto…-le dije mientras la abrazaba
-Cómo es eso? –preguntó intrigada
-La que me eligió fuiste vos! Te recuerdo que tuve que competir con 23 chicas más para estar a tu lado! – le respondí aludiendo a aquella primera entrevista donde nos conocimos.
-Yo te elegí para que trabajes conmigo no para que te metas en mi cama! – exclamó exagerando
-Así que esto no es parte del trabajo…-dije insinuándome mientras me ubicaba sobre su cuerpo besándole suavemente cada uno de sus senos
-Si esto es trabajo, jamás permitas que me tome vacaciones – dijo mientras su cuerpo se estremecía por mis besos.
Volvimos a hacer el amor y con desgano decidimos que era tiempo de volver a la oficina. Acordamos que ella llegaría primero y luego la seguiría yo para no despertar sospechas.
Así fue como me convertí en su amante. Mantuvimos nuestra relación en la clandestinidad. No hice nada para cambiar lo que desde un comienzo se planteo de manera tácita: los tiempos los marcaba any. Ella decidía cuándo y dónde encontrarnos. Yo mostraba por mi parte completa disponibilidad mientras que ella por lo general y casi siempre tenía una excusa para no vernos cuando yo lo proponía. Si bien creí que por fuera del horario de trabajo podría estar con ella el tiempo que quisiera, eso no fue así. Eran escasas las noches en que me invitaba a su casa y podía quedarme a dormir con ella. Igual sucedía con los fines de semana. Por lo demás, la habitación 206 del Capítol pasó a ser casi nuestra segunda casa.
Más allá de eso, any mostraba un genuino interés por mí. Me colmaba de atenciones, solía invitarme a cenar al menos una vez a la semana aunque no me llevara a dormir con ella luego. Los días que me invitaba a su casa eran un sueño, compraba champagne, me ayudaba con la cena, ponía música suave, bailábamos, hacíamos el amor de maravilla!
Si bien yo no podía disponer de any a mi antojo, el tiempo que compartía con ella era perfecto. Pasar la noche en su departamento me hacía alucinar lo bonito que sería no separarnos jamás. Me encantaban los momentos de serenidad en que compartíamos alguna charla tiradas en el sillón con la tele encendida o por las mañanas, despertarnos juntas y verla preparar el desayuno. Por otra parte, en materia de sexo, any despertaba en mí una fogosidad que desconocía. Con ella me sentía completamente liberada!
Llegué a sentir que ser su amante era todo un privilegio. Mientras veía como todos en el trabajo la trataban con respeto y admiración, yo solía excitarme pensando que nadie se imaginaba que yo gozaba en secreto de su cuerpo desnudo y que esa boca que veían desplegando órdenes, peleando contratos, lanzado bromas, me conducía a la gloria cuando se posaba sobre mi sexo!
Tenía muchísimos deseos de que todos supieran lo que pasaba entre nosotras. Comencé a detestar tener que ocultar mis sentimientos.
Unas de las tantas veces que me llevaba hasta casa en su auto, cuando se detuvo no resistí más y le pregunté antes de bajarme.
-Cuánto tiempo vamos a estar así?
-Así cómo? – preguntó haciéndose la desentendida.
-Así! Ocultándonos! Cómo si fuera un delito! – le respondí sugiriéndole que no evadiera la pregunta.
-Creo que tenemos puntos de vistas totalmente distintos…-dijo con calma y dejando entrever cierto fastidio.
Me preocupó su gesto. Por un instante pensé que confrontarla era un error, que corría el riesgo de perderla. Pero era tarde para arrepentirme.
-Yo no creo que estemos ocultándonos y menos que esto que nos pasa sea un delito – continuó diciendo.
Me tranquilizó que usara el plural. "Esto que nos pasa" la incluía a ella también. Pero lo que continuó diciendo despertó mi indignación:
-No sé si te das cuenta, pero son más las cosas que nos separan que las que nos unen!
-Ya lo creo! –respondí irónicamente- yo te amo, por ejemplo, en cambio, a vos no sé qué demonios te pasa conmigo!
-Acaso no es claro lo que me pasa con vos? – preguntó
-No, no sos clara! Siento que ando todo el tiempo adivinándote! Esperando que me digas si querés verme, si queres pasar la noche conmigo! Hay veces que siento que te da lo mismo! – dije sin poder controlarme mientras ella me miraba como si hablara en otro idioma.
-No me da lo mismo… -respondió apenada – no me da lo mismo tenerte que perderte. Pero tengo 40 años, y sé lo que busco y lo que quiero en cambio vos apenas tenes 24 y todavía vivis con tu padre! Entiendo que acostarte con una mujer, mayor que vos y que encima es tu jefa te confunda! Me reprochas que nos ocultamos pero yo me preguntó cuántas de tus amigas saben con quién te acostas. Yo no me oculto, me preservo. De las dos, aunque no lo entiendas, soy la que más tiene que perder. Y si después de todo lo que pasamos juntas todavía no te das cuenta qué demonios me pasa con vos, lo siento mucho, porque no conozco otra manera de demostrar mi amor…!
Me dejo sin palabras e impotente. Encendió un cigarrillo molesta por lo que había pasado.
-Creo que lo mejor es dejarlo acá…- agregó con tono grave
-No entiendo lo que queres decir con eso? – le pregunté preocupada
-Digo que es obvio que lo que te doy no te alcanza y que es mejor dejarlo acá antes que terminemos lastimándonos – respondió convencida.
-Así de fácil es para vos?! Qué tengo que hacer ahora? Darte la mano y decir que fue un placer conocerte? – la increpé.
-Me parece que si estamos juntas es para pasarla bien y estamos siendo desagradables, no le veo ningún sentido continuar con algo que no nos hace bien…- reflexionó altanera.
-Vos estás siendo desagradable y realmente no entiendo esa puta costumbre tuya de herirme! – le respondí dejando escapar mis lagrimas. Me bajé del auto dando un portazo.
Me arrojé en mi cama avasallada por la angustia. Lloré hasta que me venció el sueño. Desperté con los ojos hinchados y echa un horror. Mientras me duchaba escuché a mi padre que se iba a trabajar. Suspiré aliviada, no quería que me viera así. Decidí no ir a la oficina, inventé una excusa y me quedé en casa. Durante la mañana recordé todas y cada una de las palabras de any. Tal vez mi reclamo había sido injusto, yo tampoco le había dicho a nadie de lo que me pasaba con ella, pero algo era seguro, yo no estaba confundida. La amaba con todas mis fuerzas y entonces decidí que haría lo que ella me había enseñado: no darme por vencida. Yo le enseñaría que había otras formas de demostrar su amor.
Aquel día lo viví como una pesadilla. Había pasado del cielo al infierno en cuestión de horas. Estaba claro que entrar en la vida de any no era fácil y yo había conseguido arruinar todo por un estúpido comentario caprichoso. Ella tenía razón al señalar mí edad como un obstáculo. Si lo que buscaba any era una pareja, era obvio que no la encontraría en una ***** como yo que todavía vivía con su papá como si tuviera 15 años.
De todo lo que me había dicho lo que más me había dolido era que opinara que estábamos juntas sólo para pasarla bien, como si se tratase de una aventura sexual, como si lo único que pudiera obtener de mí fuera sexo. Me sentí usada, any había dispuesto de mí como un objeto al que recurría cada vez que necesitaba placer no esperando llegar más allá. Si esa era la manera de demostrar su amor, prefería que no lo hiciera.
Sin dudas le pasaban cosas conmigo, pero al parecer ella no estaba dispuesta a apostar a una causa que evidentemente consideraba perdida. Entendí entonces que era yo quien debía cambiar algunas cosas si lo que quería era que any entendiera que valía la pena. No tenía ningún plan, pero no pensaba renunciar a ella y por algún lado tenía que empezar.
El día se me hizo eterno y decidí hacer algunas compras para la cena. Cuando mi padre llegó yo estaba casi con la comida lista.
-Mmmm! Eso huele muy bien! Festejamos algo? – me dijo mientras observaba la mesa puesta y con un vino listo para brindar.
-Tengo una noticia para darte – le dije mientras servía las copas.
…..- me miró con curiosidad
Decidí que es tiempo que busque mi propio lugar – le solté
-Vaya! Eso sí que es toda una noticia… - respondió intentando ocultar que hubiese preferido que no sucediera
-Es para que te alegres! Tu hija creció y anda buscando su camino! Tampoco me voy al otro lado del mundo!
Le comenté de mi idea de comenzar a buscar departamento de inmediato, le expliqué de mi necesidad de independencia, que ya tenía edad para vivir sola y que esperaba festejar mis 25 años en mi propia casa. Me entendió y se emocionó un poco.
Llegó la mañana y con ella lo inevitable. Enfrentar un nuevo día de trabajo después de lo que había pasado con any, era tan difícil que hasta respirar resultaba doloroso. Cuando al fin llegué a la oficina me enteré que ella se había tomado unos días. Tal vez una semana o más, me dijeron. Al contrario de aliviarme, la noticia me enfermó. Podía ver cómo any se me escurría entre los dedos.
Los días pasaron eternos y mis horas se dividieron entre el trabajo y mi búsqueda de un departamento que me agradara. Conseguí un piso bonito con buena vista. Compré algunos muebles y al cabo de una semana ya estaba viviendo allí. En mi primera noche, Luciana se quedó a cenar conmigo después de haberme ayudado todo el día con la mudanza.
-Me vas a contar qué te pasa? – me preguntó de pronto
-Cómo qué me pasa? Nada… que va a pasar? – le contesté haciéndome la desentendida
-Vamos nena! Te conozco demasiado! Desde hace mucho que estas así! Es más, desde que terminaste con Mauro que te veo rara… sino me queres contar, no me cuentes, pero no soy tonta! Te pasa algo… - dijo buscando que reaccionara.
-Me pasa de todo! – le confesé – es largo de explicar! No sé por dónde empezar!
-Por el principio está bien! – dijo sonriendo
-Ok! Vamos por el principio – le dije – me enamoré de la persona equivocada…
-Tu compañero de trabajo? –peguntó intrigada
-No es un compañero del trabajo – respondí casi con temor
-No es el mismo tipo del que nos hablaste en aquella cena? – preguntó sorprendida
-Nunca dije que fuera un compañero de trabajo, trabaja en la misma empresa pero no es un compañero… tampoco dije que fuera un hombre… -dije mientras tomaba coraje
-Epa! Estas queriendo decir lo que estoy entendiendo? – me preguntó
Es una mujer, se llama Anahí, y es mi jefa – lo largué sin apenas respirar y por fin aliviada
-Vaya! Eso parece complicado! Pero no veo cuál es el problema realmente! – expresó como queriendo demostrar naturalidad
-No te hagas la superada! Estas sorprendida no? – le pregunté sonriendo
-Claro que estoy sorprendida! Pero no soy una troglodita! Esas cosas pasan y lo único que me preocupa es como estas vos llevando esto… - dijo tranquilizándome
-Lo estoy llevando para el carajo! – le dije resignada
Le conté toda la historia. Ella me escucho atentamente, especulo conmigo sobre lo que le estaría pasando a any, opino con mesura, hizo lo que se esperaba de una amiga. Esa noche sentí que me sacaba un enorme peso de encima. De un momento a otro estaba hablando de mis sentimientos, relajada y sin inhibiciones. Alguien sabía ahora que yo era lesbiana y el mundo seguía girando. Mi amiga me había demostrado que aquello no era la muerte de nadie.
-Bien o mal hay que reconocer que any te puso los puntos en algún sentido – me dijo Luciana al finalizar nuestra conversación- abandonaste la casa de papá y dejaste de ocultarte, por lo menos conmigo. Eso demuestra que no todo es tan malo…
-Tampoco tan bueno… -agregué en broma.
Pocos días antes de mi cumpleaños any regresó al trabajo. Aquella mañana yo me la había pasado invitando a cada uno de mis compañeros a una pequeña reunión que haría el viernes por la noche para festejar y de paso inaugurar mi nueva casa. No esperaba que ella llegara y su presencia me tomo de improviso.
Me sentía consumida por los nervios. Volvía a alterar todos mis sentidos, ella estaba tan bonita como siempre, haciéndose sentir en cada rincón, destilando seguridad, colmando el aire que yo respiraba.
-Cómo estás? –me animé a preguntarle en la soledad de nuestra oficina
-Muy bien… necesitaba un descanso… - dijo casi como disculpándose por su ausencia
-Seguramente – agregué yo sin saber bien cómo debía hablarle
-dulce …- comenzó a decir mirándome con compasión
-No, no hace falta que digas nada…- me apuré a decir, lo que menos necesitaba era su lástima.
Hice un esfuerzo sobrehumano para sólo dedicarme a trabajar. Era dolorosa la distancia que me separaba nuevamente de any. Sentí una nostalgia agobiante de los besos que me daba a escondidas, de los roces furtivos, las miradas cómplices. Ahora sólo hablábamos de trabajo, casi no nos reíamos y su mirada era fría. Ni un rastro de todo lo que me transmitían sus ojos cuando me miraban. No había una sola puerta de entrada por la que yo pudiera pasar.
Hacia la tarde se acercó a mi escritorio para dejarme unos documentos y se quedó un instante mirando un catalogo de muebles que había quedado sobre mis papeles.
-Estás por comprar muebles? – me preguntó con cierto interés
-Ya los compré – le respondí
-Ah! – exclamó intrigada
-Me acabo de mudar…- le expliqué
-Qué bien! Te felicito! Y por dónde? – me preguntó
-Por acá cerca, en Palermo, nada extraordinario pero me gusta, es cómodo, luminoso,…-comenté como para extender un poco más la conversación
-Bonita zona –agregó
-Si, realmente es bonita – dije sabiendo que no quedaba mucho más por hablar.
Se quedo un segundo más en silencio ojeando el catalogo rápidamente.
-Bueno, me voy –dijo finalmente- nos vemos mañana
-Hasta mañana – le dije muriéndome de ganas de que dijera algo más.
Se marchó y yo me quedé terminando mis asuntos. Intentando distraerme y espantar los fantasmas que me agobiaban. Cuando salí pasé frente al restaurante dónde habíamos ido a cenar por primera vez. Me quedé observando la mesa dónde estuvimos y recordé lo bonita que había sido esa noche, la noche que me di cuenta que la amaba.
Seguí caminando y en mi mente apareció una de las tantas cosas que dijo durante aquella cena: "si a mis 40 años siguiera volviendo al mismo cuello, de seguro estaría sufriendo todos los efectos adversos. Aquello fue una envenenada medicina!". Caí en la cuenta que jamás habíamos hablado de su pasado. De quién era ese cuello al que al parecer retornó tantas veces? Quién había sido su envenenada medicina? Cuánto tiempo había pasado desde aquella historia?
Fui hilvanando pensamientos y recordé la primera vez que hablamos fuera de la oficina de cosas que nada tenían que ver con el trabajo. "Sólo dos veces estuve enamorada", me dijo aquella vez. De quienes estuvo enamorada? Cuál de esos dos amores le había roto el corazón? A cuál de ellos volvió tantas veces hasta que dijo basta?
Había tanto que desconocía de su vida! Sentí celos de aquellas personas de su pasado que sin nombrarlas nunca, se notaba claramente que habían dejado una huella profunda en any. Celos porque en comparación, yo sólo apenas era una anécdota en su vida.
El viernes volví a trabajar con el mismo desanimo y fastidio. Si bien era mi cumpleaños no conseguía estar a tono. Tenía programado terminar temprano y volver a casa cuanto antes para preparar todo. Pero se me había presentado un dilema. Invitaba o no a any? Me la pasé debatiéndome sobre qué sería mejor. Cuando creí que el dilema se había resuelto solo, ya que no la invité no porque no quisiera, sino porque no podía, porque nunca encontré la ocasión ni hallé la manera de decírselo, Paola sin quererlo le dio al caso un giro de 180º. Ella estaba en mi oficina junto con any cuando yo decidí marcharme:
-Nos vemos esta noche a las 9, no? – dijo Paola confirmando la hora
-Si, si a las 9 – dije incomoda porque no quería hablar demasiado frente a any
-Vos a qué hora vas? – preguntó a any que estaba concentrada en otra cosa
-A donde? – pregunto any desconcertada
-Ay! Nena al cumpleaños de dulce! Dónde va ser?- respondió Paola inocentemente
-Si, si claro que voy! –respondió any disimulando
-Ya sé que vas! Pero a qué hora? … Pregunto porque viste como soy! No me gusta llegar sola! Decime, paso por tu casa y vamos juntas, te parece? – le sugirió
-No creo que pueda ir muy temprano…-se excusó any
-Uff! Que mujer esta! Qué tanto tenes que hacer? – insistió Paola
-Vas a mi casa Paola, no hace falta que llegues acompañada, está todo bien, no te vas a poner tímida conmigo? – comenté para salir del paso
-Está bien, está bien! Voy sola!–protestó- decime la dirección que la anoto
Tomó nota y copió lo mismo en otro papel que le dio a any:
-Tomá, guardala, porque ya te conozco!, después empezas a llamar a uno y a otro para preguntar dónde era?
any tomo la dirección mirándome cómo preguntando qué debía hacer.
-Me voy porque se me hace tarde. Las espero – dije apurando mi partida
En casa estaba Luciana para ayudarme a organizar.
-La invitaste? –me preguntó
-No, pero Paola se encargó de invitarla por mí – le respondí
Le conté como se había dado todo y Luciana se rió bastante con la situación.
-Bueno, por ahí tengo suerte y conozco a la famosa any! – expresó
-No creo que venga! – le dije resignada
-Te gustaría que viniera? – me preguntó
-Claro que me gustaría! Pero sé que no tiene sentido! Lo único que voy a conseguir es sentirme incomoda y pasar mi cumpleaños de manera horrible! – le comenté
-Si llegase a venir no te olvides que ésta es tu casa! No tenes porque sentirte incomoda en tu propia casa! En última instancia la que tiene que sentirse así es ella! – me sugirió casi como una orden e indignada.
Comenzaron a llegar casi todos mis compañeros de oficina y mis amigos. Por suerte congeniaron bien y la gente se mezcló sin problemas. Recibí muchísimos regalos, comenzamos a charlar, puse algo de música y no faltó quien se pusiera a bailar. La estaba pasando bien aunque no dejaba de estar pendiente de any, deseaba que viniera. Cerca de las 12 de la noche y cuando la cosa estaba bastante animada, alcance escuchar el timbre. Vi a Pablo que atendía el portero eléctrico desde la cocina mientras preparaba unos tragos.
-Llegó la madre superiora! –exclamó a viva voz y bromeando.
Todos hicieron comentarios sobre ella y su manía de llegar siempre tarde a este tipo de reuniones. A mí se me puso la piel de gallina y se me aceleró el pulso. Odiaba ponerme así y el tiempo que demoró en llegar desde el ascensor hasta mi puerta me pareció eterno. Cuando abrí la puerta ella estaba divina con un vestido sencillo con unos breteles angostos que dejaban ver sus hombros.
-Feliz cumpleaños! – me dijo dándome un beso en la mejilla y extendiéndome un obsequio
-Gracias!… Creí que ya no vendrías- le dije sin pensarlo
-No estaba segura de hacerlo… después de todo no estaba invitada… - me reclamo
-No creí que quisieras venir…- le respondí apenada.
-Ya lo ves! Quería venir! De hecho vine sin que me invitaras! – dijo sonriendo
Me relajé y la hice pasar apenas me di cuenta que estaba como una ******* atendiéndola en el umbral de la puerta.
Pasó y fue saludando a todos y presentándose con quienes no se conocía. Me encantaba esa manera suya de hacerse presente en cualquier lugar. De inmediato estaba charlando con uno y con otro. De pronto la vi riéndose con mis amigas como si las conociera de toda la vida. Fui a la cocina por un trago y me quede apoyada en la barra mirándola a la distancia. Se acercó Luciana a mi lado y dijo:
-Es muy bonita, ni ahí le das la edad que tiene!
-Aha…- balbucee
Luciana tomó una servilleta e hizo el gesto de limpiarme la baba.
-*******! – le dije mientras nos reímos
Se acercaron Pablo y Paola.
-Es hermoso el departamento! –comentó Paola
-Como la dueña! – agregó Pablo
-Gracias! – dije halagada
-Me pregunto si la dueña es tan cálida como su departamento! – acotó Pablo con ánimo de seductor
-Ay! Pablo! Sos un pesado! No te das cuenta que no tenes ni una chance con dulce! – dijo Paola
-Por qué no?! – exclamó Pablo- sólo es cuestión que vea al hombre que hay detrás del compañerito de trabajo!
-Paola tiene razón estás perdiendo el tiempo conmigo – afirmé
-Qué negativa! Dame aunque sea una oportunidad! – me rogó
-Hay dos razones por las que no te daría una oportunidad – le dije mientras Luciana y Paola escuchaban atentamente

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:43 am

-La primera, sos hombre y la segunda, me gustan las mujeres – dije con soltura
-Guauuu! Por lo menos tenemos algo en común! – agregó Pablo
-Que tienen en común? – dijo any sumándose a la conversación
-A los dos nos gustan las mujeres! – contestó Pablo desinhibido por el alcohol que había tomado
Luciana se atragantó con el champagne, a any se le desfiguró la cara y yo estaba intentando mantenerme estoica.
-De verdad dul? – pregunto Paola asombrada
-De verdad, no es broma – respondí segura
-Podés creerlo? –dijo dirigiéndose a any- jamás lo hubiese imaginado!
any tampoco se lo imaginaba aunque no se sorprendió tanto – intervine
-Vos ya lo sabías? – la interrogó Paola nuevamente.
-La jefa lo sabe todo! Sabe de tu problemita de estreñimiento por ejemplo! – le dijo Pablo riéndose
-Sos un tarado! – le dijo Paola
De pronto comenzó a sonar una canción muy linda y Luciana aprovechó para sacarme de allí.
-Vamos a bailar! –dijo arrastrándome con ella
Cuando pasamos cerca de Paola la escuchamos preguntar a any: - Esa chica es su pareja?
No fuimos a bailar muertas de risa. Yo no podía creer lo que había hecho, pero desde hacía tiempo que no me sentía tan bien! Ya no me importaba lo que pensaran de mí, me sentía segura. Me invadió una sensación de triunfo y sentía que podía llevarme el mundo por delante. No sabía cómo ni cuándo pero tenía la plena confianza que any volvería conmigo y ya no tendría motivos para reprocharme nada.
Con el transcurso de las horas algunas personas comenzaron a marcharse. Vi a any buscar su cartera.
-Ya te vas? – me acerqué para preguntarle
-Si, es bastante tarde ya – me respondió
-Te acompaño hasta abajo – me apuré a decir
-No hace falta – se opuso
-Quiero hacerlo – le dije
Fuimos en silencio por el ascensor hasta llegar a su auto. La noche se había puesto algo fría y comencé a tiritar un poco.
-La pasé muy bien, ahora anda adentro que te estás muriendo de frio! – me dijo
-Qué tengo que hacer para que vuelvas conmigo? – le pregunté
-dulce hay muchas cosas que no sabes de mí, que son difíciles de explicar y no creo que sea el momento…- replicó con angustia
-Cuándo es el momento any? Qué es lo que tengo que saber? –pregunté con desesperación- tu pasado? No me importa lo que hayas hecho antes, no me importa nada, no necesito que me expliques nada, lo único que quiero es que vuelvas!
-No es tan fácil dulce…- dijo mirando el suelo
-No pretendo que sea fácil! Quiero estar con vos y lo que sea que no te deja estar conmigo lo enfrentemos juntas! Quiero que confíes en mí! No te das cuenta que todo lo que hago lo hago por vos! Que más tengo que hacer?
Se me quedó mirando, mordiéndose los labios, quizá buscando qué decir.
-No quiero que hagas nada más,… quiero que te detengas… dulce, por favor! Vivo atormentada pensando en que lo último que quiero es lastimarte! Y vos te empecinas en seguir! Y me destroza el alma no poder darte más de lo que te doy! No hay un solo día en que no te piense y no me sienta miserable!
-No puedo detenerme, no puedo hacer de cuenta que no te amo! Acaso existe alguien más?... es eso no?, hay otra persona… -deduje con angustia
-dulce por favor! No es eso! No hay nadie más! – negó molesta
-Entonces no me rechaces más! – le supliqué
Extendió su mano y acarició mi mejilla. Sus ojos estudiaban cada línea de mi rostro, yo sentía que era la mirada más profunda y triste que había conocido en mi vida.
-Sos tan hermosa… mereces algo mejor… - dijo como pensando en voz alta.
-No sé lo que merezco, solamente quiero lo que me corresponde… - le dije y no pude evitar besarla.
Su boca me aceptó y abrazó mis labios. Todas las piezas de mi universo volvían a estar en su lugar.
-Te haría el amor aquí mismo… - le dije anhelante
Y esta vez fue ella quien me besó, pero esta vez como si quisiera devorarme por entero, presionando mis labios con fuerza, tomándome del cabello, apretando su cuerpo contra el mío, sosteniéndome con firmeza por la cintura.
-Salgamos ya de aquí! –dije imperativamente
Destrabó las puertas de su auto y condujo todo el camino hasta su casa alternando acaricias en mi rodilla y arronjándome sonrisas devastadoras. Fuimos comiéndonos a besos, trastabillando todo el recorrido hasta su cama. Nos arrancamos las ropas para no demorar un segundo más las ganas de sentirnos. Volvía a sus sábanas, al perfume de su cuerpo, a sus caricias, sus besos, a sentir su sexo encajar en el mío mientras nuestras caderas danzaban dispuestas a no detenerse hasta que el orgasmo estallara de una vez.
Boca abajo, con su rostro de lado apoyado en sus brazos cruzados, recibía mis caricias sobre su espalda.
-Tendría que llevarte de regreso… que van a pensar tus invitados? – me dijo
-Mis invitados tenían demasiado alcohol encima como para darse que su anfitriona ha desaparecido! – le respondí con una sonrisa – aunque creo que lamentablemente tengo que volver!
-Tu amiga debe estar preocupada – me dijo refiriéndose a Luciana
-Mi amiga debe estar imaginando dónde estoy! Nos vio salir juntas! – le expliqué
-O sea que ella lo sabe todo! Debe estar intentando deshacerse de los últimos borrachos y odiando a la bruja de tu jefa que te secuestró! – comentó
Resolví llamar a Luciana para ver cómo estaba todo. Me dijo que no me preocupara por nada, que ella se encargaba de todo, no sin antes interrogarme y confirmar que yo estaba dónde ella suponía.
-Y? qué te dijo? – me preguntó any apenas corté con Luciana
-Que no me preocupara por nada, es una santa! Y me deseó suerte….- le contesté
-Suerte?... porque nunca se sabe lo que puede pasar conmigo, no?…- comentó irónicamente mientras se ponía de costado para mirarme a los ojos
-No pienso caer en la trampa! – agregué de inmediato- si tu idea es pelear, te vas a quedar con las ganas! Este momento es mío y no pienso estropearlo por nada del mundo!
Se quedó mirándome unos segundos en silencios para luego decir:
-Me pregunto por qué la vida no te trajo antes conmigo …
Lo que dijo y cómo lo dijo me estrujó el alma. Le hice el amor con la mayor dulzura que me era posible, intentando hacerle comprender que poco importaba que no hubiese llegado antes, porque no era tarde, porque habían muchos días por delante, porque mientras ella estuviera conmigo el mundo seguiría en pie.
Lo días que siguieron fueron de completa felicidad. De a poco fue dándome más lugar en su vida y aunque nunca blanqueamos lo nuestro en el trabajo. Cuando no estábamos allí, ella era toda dulzura y encanto. Aprendí a separar cada ambiente y dejé de sentir que nos ocultábamos. Comprendí que no nos escondíamos, solamente "nos preservábamos".
La primera vez que la invité a salir con mis amigas que ya lo sabían todo de mí, no puso reparo y recuerdo lo maravilloso que fue llamarla "amor" delante de todas. De pronto me parecía estar viviendo un sueño! Y si bien ella no pasaba todas las noches conmigo, aprendí también a respetar sus ausencias, sus silencios, sus extravíos, y ya no le pedía explicaciones porque sabía que volvería siempre conmigo. Y eso parecía conformarme.
Aquel viernes por la noche había ido a cenar a la casa de Luciana.
-Y any?- me preguntó como al pasar
-Hoy no nos vemos – le respondí queriendo que cambiara de tema
-Ah! Hoy no se ven, mañana sí… cómo es?
-Es como es! Qué es lo que te preocupa? – le pregunté molesta
-dulce, vos sabes que te quiero muchísimo y puedo hacerme la tonta en muchas cosas, pero no puedo hacerme la tonta y creer que la relación que tenes con any es la que queres tener! – me dijo sincera
-No es lo que quiero, pero es lo que puedo tener –le confesé
-Y eso lo justifica! Como yo lo veo, any hace y deshace a su antojo, está cuando quiere, desaparece cuando quiere y vos? Cuándo empieza a jugarse lo que vos queres? – me dijo como reprendiéndome
-Ella es lo que quiero! Y acepto su manera de estar conmigo! Tal vez como vos lo ves, parece poco, pero para mí es todo! Y no pienso seguir discutiendo al respecto – dije dando por finalizada la discusión
-Ok, ok… no me entrometo más! Amigas de nuevo? – dijo extendiendo su mano
-Amigas de nuevo…- dije con reticencia.
-Mañana que haces? – me preguntó cambiando de tema
Luciana había conocido un abogado por su trabajo y él, evidentemente interesado en ella, la había invitado al club de regatas. Al parecer el tipo tenía un pequeño yate y había organizado una especie de reunión social donde la había invitado a participar y le había propuesto, para animarla a ir, que podría invitar a alguna amiga si quería. Como era evidente que no se atrevería ir sola, accedí a acompañarla.
Me pasó a buscar cerca de las 5 de la tarde y fuimos hablando de lo nerviosa que estaba ella. No nos costó demasiado encontrar el barco. Había un grupo de gente subiendo a él y se escuchaba música y un ambiente de diversión. Apenas subimos, Daniel el candidato, nos dio la bienvenida manifestando evidente alegría al verla a Luciana. Nos invitó a ponernos cómodas y nos avisó que en apenas un minutos partiríamos. Mientras hablábamos de lo atractivo que era Daniel y recorríamos la proa, sucedió lo que menos esperaba en mi vida.
A escasos metros nuestros una pequeña embarcación acababa de ingresar al muelle. Reconocí la figura de any amarrando el pequeño velero. Pude ver que una mujer la acompañaba. Por algunos segundos busqué alguna explicación para lo que estaba viendo. Pero vi a any tomar se celular con la intención de contestar una llamada y aquella mujer se acercó con evidente confianza y se lo quitó de las manos. Las vi jugar, any hacia ademanes con intención de recuperarlo mientras que la mujer la evadía. Al cabo un breve forcejeó acabaron abrazadas. Luego ella le tomaba el mentón a any cariñosamente y mientras le decía algo que yo no podía escuchar le devolvía el móvil separándose.
Sentí mi sangre correr helada por mi cuerpo. El mundo se detuvo y un zumbido me atravesó los oídos.
-Tal vez no es lo que pensas …- dijo Luciana que también había visto lo que yo
No pude responderle. Estaba aturdida y arrepentida de haberla acompañado.
-dulce! –dijo tomándome de los brazos para hacerme reaccionar – no saques conclusiones! Lo que vimos no fue nada!
-Me tengo que ir… Perdóname Luciana, … me tengo que ir…- fue lo único que puede decirle y me apresure a bajar antes de zarpar
-Voy con vos! – dijo Luciana terminante
-No hace falta… estoy bien,… solo necesito irme… - balbuceé
-Pero mira cómo estás! Yo me voy contigo! – insistió
-Sólo voy a volver a casa… tranquila, estoy bien… ya estás aquí, ahora a disfrutar!... llamame cuando regreses – dije para tranquilizarla
Luciana accedió con desgano y me dejó partir. Tomé un taxi hasta mi casa. Me desplomé de espaldas en mi cama y con la mirada fija en el techo, lo único que pude hacer fue odiar, "odiar como nadie en este mundo puede odia, odiar como no se puede odiar a nadie más, odiar porque siempre, siempre, siempre, siempre, estas aquí".
1º PARTE: El descubrimiento de dulce
Todo comenzó a revelarse para mí con una claridad absoluta. El halo de misterio que cubría el comportamiento de any se desvaneció y descubrí el secreto que la mantenía alejada de mí. A medida que avanzaban mis pensamientos fui dándome cuenta que todo este tiempo me dejé dominar y sólo vi lo que ella quería que viera. No era tan difícil explicar su conducta, los límites que ponía, sus evasiones.
Cómo pude creer que una mujer como ella podía estar sola? Comparándome con aquella mujer que la acompañaba me sentía insignificante. Se notaba apenas observarla que era bonita, elegante, el tipo de persona que complementaba perfectamente con any. No cabían dudas que de tener que elegir, nunca se quedaría conmigo.
Después de abandonarme a una serie de pensamientos que me convertían en una desgraciada, comencé a meditar en todas las cosas que any había dicho. Sus mentiras me hundían en una profunda decepción. Parecía imposible de creer que ella fuera capaz de sostener todo este engaño sin demostrar el menor remordimiento.
Decidí prepararme un té y me senté en el balcón queriendo desvanecer esta espantosa sensación de vacío. Un conjunto caótico de sentimientos me atravesaba el cuerpo. Me sentía enojada, triste, defraudada, frustrada, enamorada sin remedio y quise volver el tiempo atrás y jamás haber conocido a any y menos al amor.
Era de noche cuando el timbre me sacó de mis pensamientos. Se me antojó que no era momento de recibir visitas, pero luego supuse que quién fuera tal vez me había visto en mi balcón desde la calle y difícilmente desistiría de continuar tocando el timbre.
-Quién es? –pregunté por el auricular del portero eléctrico.
-Yo, me abrís? – dijo la voz de any.
Accioné el comando para dejarla pasar. El tiempo que demoró en subir me alcanzó para recomponerme un poco, decidí que no la confrontaría, quería verla actuar por última vez para así desengañarme por completo. Luego encontraría la manera de hacerle saber que la había descubierto, que ya no era necesario que se tomara la molestia de seguir fingiendo.
Entró cargando una enorme lámpara de pie. Llevaba tiempo sugiriendo que el rincón que tenía vació en el living necesitaba una bonita lámpara.
-Mirá lo que compré! Te gusta? A mí me encantó apenas la vi! – dijo entusiasmada – combina perfectamente con los muebles!
Asentí, me quedé examinándola a distancia, observando a any, que ajena a todo lo que me estaba pasando buscaba acomodarla. Tenía buen gusto y seguramente le había costado una fortuna. Se la veía feliz, satisfecha de dejar otra marca suya en mi mundo. Conforme con su doble vida, segura preservando su engaño, escondiendo su verdad, manteniendo mi mentira.
Cuando estuvo segura que aquella era la posición que más le gustaba, pasó a mi lado en dirección a la cocina. Antes me obsequió un beso en los labios.
-¿Cómo estas bombón?-, dijo sin detener su marcha. Mientras buscaba un vaso en la alacena, me dijo sirviéndose agua:
-Estoy muerta de hambre! Vamos a cenar afuera? – me prepuso
-En realidad no tengo muchas ganas,… tendría que cambiarme,….arreglarme un poco…, me da un poco de pereza… -dije buscando una excusa que no delatará mi ánimo verdadero.
Se acercó para rodearme con sus brazos y acomodando un mechón de mi cabello dijo:
-No te cambies, estas hermosa así
No podía quitarme la imagen de any con otra mujer y estar en sus brazos me hizo sentir sofocada. Reconsideré de inmediato mí primera decisión y accedí. La verdad, necesitaba salir de allí y tomar un poco de aire.
Fuimos a un restaurante de comida italiana. Estaba haciendo un esfuerzo enorme para no evidenciar mi malestar, intenté comer pero apenas pude probar bocado.
-Te sentís bien? – me preguntó con gesto de preocupación
-Me duele un poco la cabeza, pero nada de qué preocuparse – respondí
-No tendrás fiebre no? Tenes los ojitos un poco vidriosos – dijo mientras con su mano palpaba mi frente
-No creo, es solo cansancio… - expliqué
-Vamos a casa, te metes en la cama, te preparo un té y te hago unos mimos te parece? – dijo mientras besaba mi mano.
-Si, mejor vamos…
Cómo podía ser tan dulce? Era tan difícil creerle! Creer en sus gestos, sus palabras… no quería enojarme y acabar diciendo lo que no quería. Dejar avanzar mi ira contra ella no serviría de mucho. Eso sólo conseguiría disponer un terreno donde any se conducía muy bien. Conocía perfectamente su habilidad para manejar situaciones de este tipo. Ella se movía como un pez en el agua cuando el otro perdía el control. Tenía que estar entera y muy centrada en mi eje para decir lo que realmente debía.
Cuando estuvimos en casa fui por una ducha y me metí en la cama. any apareció con el prometido té y recostándose sobre mis piernas, encendió el televisor. Masajeaba mis pies mientras hacía comentarios de lo que estábamos viendo. Cuando sintió que acababa mi té se apuro a ayudarme con la taza. La ubicó con cuidado sobre la mesa de noche y volvió a preguntarme como me sentía.
-Un poco mejor… - dije intentando acomodar mis almohadas
-Voltéate! – intervino ella y retirando las almohadas continuó – unos masajes te van a sentar bien
Quitó las sabanas sobre mi cuerpo y se deshizo de mi camiseta de dormir. Quedé solo con las bragas puestas. Se ubicó con delicadeza sobre mí y comenzó a masajear mis hombros con suavidad. Continuó por mi cuello, por mis brazos hasta llegar a las puntas de mis dedos, recorrió una a una mis vertebras. Desplazó sus manos a los lados de mi cuerpo, rozando apenas lo que se dejaba ver de mis senos desnudos. Cerré los ojos y no pude no disfrutar lo que me hacía. Llegó a mi cintura y la sentí incorporarse con delicadeza y ubicarse a un costado de mí sin dejar de presionar con deliciosa fuerza cada uno de mis músculos. De a poco la tensión y la rigidez iban desapareciendo y una maravillosa sensación de relajación fue apoderándose de mí.
Dejé que me quitara las bragas y entonces continuó sus masajes por mis glúteos, avanzó por mis muslos, mis pantorrillas, llegando a mis pies. Inició el camino inverso y comenzó a subir por mis piernas repitiendo la misma operación. Esta vez puso especial atención a mis muslos, una sensación de apacible bienestar me hizo separarlos para que alcanzara la cara interna. Sus dedos rozaron casi sin intención mis labios vaginales haciéndome escapar un suspiro.
Sin pausa llegó nuevamente a mi cuello. Mis ojos permanecían cerrados y mi respiración apenas perceptible. Entonces abandonó los masajes para llenarme de caricias hasta que me supuso dormida. Evitando hacer ruido fue incorporándose lentamente. Se inclinó para acomodar con cuidado mi cabello y me beso con suavidad mi hombro desnudo.
La escuché entrar al baño sigilosamente y después de ducharse sentí como su cuerpo desnudo se acostaba a mi lado. Volvió a deslizar las puntas de sus dedos por mi piel. En mi mente comenzó a desatarse una guerra. Ella era tan hermosa, tan tierna, tan cariñosa que resultaba difícil creer que estuviera fingiendo. También era difícil soportar la idea que aquello que hacia ahora conmigo quizá lo habría hecho unas horas atrás con otra mujer.
Sin poder contenerme mi mano comenzó a acariciar su cuerpo también. Entonces ella se aproximó más a mí pasando su pierna flexionada sobre las mías. Me puse de lado para buscar su boca. Comenzamos a besarnos y la idea que su boca había estado en otra boca me desesperó y quise borrar todos esos besos ajenos. La aferré con fuerza contra mí, quería que el fuego de mis senos abrazara los suyos. Y comencé a hacerle el amor con la intención de dejar en claro que ella era mía, mía y de nadie más.
Avancé por su vagina mojada y la penetré con violencia. Ella lanzó un suspiro de placer. Sus dedos resbalaban por mi flujo y entonces le dije colmada de excitación:
-Penétrame por favor!
Sus dedos entraron en mí. Y sentirme dentro de ella y sentirla dentro mío parecía no alcanzar para borrar la imagen de aquella mujer sujetándole el mentón y diciéndole cosas que solo yo debería decirle. Y mientras me agitaba sobre ella buscando alcanzar el orgasmo la idea de su cuerpo desnudo enredándose al cuerpo de una extraña me atormentó.
El climax llegó fulminante y devastador. Sentía que había perdido todo, que nada quedaba ya por hacer y las lágrimas brotaron de mis ojos involuntariamente. any me miró con su cara llena de preocupación y mientras procuraba secar mis lágrimas preguntó:
-Qué pasa mi amor?
-Nada, nada… estoy bien – respondí apurándome a secar mi cara e intentando volver a armarme de fuerzas
-Pero estas llorando… algo te pasa…- insistió
-Nada, no te preocupes, estoy sensible nada más, estos días lloro por cualquier cosa! No me hagas caso! Debe ser hormonal, estoy por menstruar… - dije quitándole seriedad al tema
-Segura? No me mentís, no? No pasa nada? – volvió a preguntar
-Si, si, quedate tranquila! Es la típica sensiblería premenstrual! – dije mientras me incorporaba un poco sobre las almohadas y forzaba una sonrisa
-Menos mal! Por un momento pensé, sé que no soy guau en la cama, pero tampoco es para llorar! – dijo bromeando
Era increíble! Allí estaba ella otra vez haciéndome sonreír, cuando un segundo atrás me había llenado de tristeza.
-Me asustaste un poco – agregó ahora con gesto serio – no soporto verte llorar y no poder hacer nada…
Aparentaba tanta sinceridad en sus palabras! No conseguía entenderla, cómo hacia ella para dividirse en dos y no darse cuenta que lo que estaba haciendo era lo que me estaba matando. Para no darse cuenta que lo que hacía era doloroso e imposible de soportar.
El domingo por la mañana desayunamos juntas, hablamos de algunos temas de la empresa y sin más me avisó que se iba y que el lunes llegaría más tarde a la oficina porque tenía que llevar a su hermano al aeropuerto. No me atreví a preguntarle porque se iba tan temprano, prefería el silencio a sus mentiras, supuse que tal vez pasaría la tarde con "la otra". Me pregunté qué pensaría "la otra" en este momento, qué excusa le habría dado any para poder pasar la noche conmigo?
Cuando se fue me sobrevino la rabia. Arrojé el primer objeto que encontré contra la pared y me quedé llorando hecha un ovillo sobre el sillón hasta que me llamó por teléfono Luciana para peguntarme como estaba. Hablamos un buen rato, se ofreció a venir a casa, pero me negué, prefería quedarme sola.
Pasé una semana consumida por la paranoia. Cada cosa que hacía any tenía para mí una segunda intención, ocultaba algo. Buscaba en su ropa algún rastro, algún cabello quizá, algún ticket que me revelará dónde había estado, olía su piel esperando encontrar otro perfume que no sea el que ella usaba. Comencé a mostrarme evasiva y hasta cínica a veces.
Aquel día habíamos ido a casa después del trabajo.
-Mañana podríamos ir a comprar unos estantes para los cd’s, tenemos discos tirados por todas partes – sugirió
-La mayoría son tuyos, no sé de qué me servirían uno estantes que no voy a poder llenar – comenté con ironía
-Estás insinuando que me los tendría que llevar? – me inquirió
-Estoy diciendo que no sé por cuánto tiempo van a estar esos discos acá – le respondí secamente
-Se puede saber qué te pasa? – me preguntó levantando una ceja como solía hacerlo cada vez que se ponía seria
-A mí? Nada… qué me va a pasar? – conteste irreverente
-dulce yo puedo tener muchos defectos pero no soy tonta! Sé perfectamente que te pasa algo y no sé si tiene que ver conmigo directamente, pero hace días que siento que no haces más que atacarme y me gustaría saber por qué – replicó con gravedad
-No me pasa nada any, dejémoslo ahí, no tengo ganas de hablar! Hace de cuenta que no dije nada! Vamos a comprar esos benditos estantes! – le respondí con fastidio
-Esto es el colmo! Se supone que yo soy la hermética, la que nuca dice nada, y ahora que quiero que hablemos vos no queres! Lo que tengas que decir, decilo! No vamos a hacer de cuenta que no pasó nada! – me reclamó
-Ok! Queres que hable? Voy a hablar! Aunque creo que la que debería empezar a hablar sos vos! Al parecer la que tiene algo para contar sos vos y no yo! – respondí indignada
-No entiendo de qué estás hablando dulce! Qué es lo que tengo para contar? No sé de qué hablas? – me preguntó alterada
-Hablo de que te vi any. Ya no hace falta que sigas mintiendo- contesté apenada
-Sigo sin entender! Qué viste? Por qué decís que miento? Esto es de locos! – volvió a interrogarme
-Te vi en el regatas, estabas con no sé cómo se llama, estabas con ella, en el velero…..-le solté de una vez
-Cuándo me viste? – pregunto sorprendida
-Qué importa cuándo te vi? Ese día fui a acompañar a Luciana al regatas y te vi con ella…
Se me quedó mirando como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo. Se pasó la mano por la cabeza lanzando un suspiro evidenciando malestar.
-Y qué es lo que viste? – me preguntó desafiante
-Suficiente como para darme cuenta que soy una *******! – le respondí indignada
-Así que "suficiente", aha! Mirá qué bien! Lo que viste bastó para hacer de mí una mentirosa y de vos una *******! Qué imagen más reveladora! Estoy impresionada! – comentó con cinismo
-Dejá de subestimarme! Acaso no te alcanza con destrozarme?! Yo te creí any! Creí todo lo que me dijiste! Y sabes qué? No hacía falta que mintieras. Si lo que querías era acostarte conmigo, podrías habérmelo dicho directamente! Porque yo estoy tan estúpidamente enamorada que me hubiera acostado con vos con tal de tener algo tuyo!
-Estas siendo muy injusta… - dijo con tristeza
-Yo soy la injusta?! Claro! Porque la gran Anahí es el mar de la justicia! Un poco para cada una y estamos todas felices! Es así? O cómo es? Cómo lo explicas vos?
-Yo no tengo nada qué explicar porque lo que viste fue nada. No hay nada de lo que me puedas acusar. Tal vez podría explicar algo de lo que viste, pero para mí no tiene ningún sentido hacerlo, porque ya no confías en mí. Y si hay algo que aprendí en mi vida es que cuando uno pierde la confianza, uno mismo debe recuperarla, no hay nadie que te pueda ayudar con eso.
-Siempre es igual contigo! Lo importante es mantenerte a salvo! Siempre mirando desde arriba observando cómo se las arreglan abajo! Podes irte tranquila any, ya me sacaste todo lo que tenía para darte. No hace falta que vuelvas.
No volvió a hablar. En silencio buscó sus llaves y su cartera. Me dio la espalda y sin volver la vista atrás atravesó la puerta. Comencé a llorar, por Dios! Cuánto dolía todo esto!
Regresar al trabajo fue una pesadilla. Dividir las aguas era terriblemente difícil. Anahí por su parte procuro que se me reasignara un despacho independiente al suyo, consiguiendo con eso descomprimir un poco la tensión que nos generaba tener que estar juntas.
Desde aquella vez todo había cambiado profundamente. any había perdido su buen humor y se limitaba a dar directivas y supervisar todo. De pronto fue como si la distancia que había tomado conmigo hubiese abarcado al resto de mis compañeros también. Ellos comentaban por lo bajo lo notorio del cambio.
En cuanto a mí, las reuniones de directorio dónde yo debía presentar algún proyecto o rendir algún balance, eran como batallas a las que asistía cada vez mejor armada. any era impiadosa, sus intervenciones eran lanzas que buscaban dar en el blanco y yo aprendía día a día a esquivarlas con mayor habilidad.
Pasó un año y todo parecía ya muy lejano. Con any jamás volvimos hablar de otra cosa que no fuera trabajo. Y aunque el tiempo había atemperado la pasión, nunca había dejado de amarla y sufrir por ella. Me hubiese gustado que regresara, que me dijera que se quedaba conmigo, que me elegía. Desde any no había podido estar con nadie más. Era incapaz de sentir nada por nadie y así se me pasaba el tiempo, yendo de mi corazón a mis asuntos. Fui poniendo todas mis energías en mi trabajo y alcanzando cada vez, una posición de mayor respeto.
Anahi en tanto se había transformado en una persona fría, taciturna, impenetrable. Trabajar con ella había dejado de ser divertido para mí y para todos. Habían días, que venía de pésimo humor, se comportaba arrogante y soberbia, haciendo que todo el mundo anduviera temeroso de cometer algún error.
Una mañana apenas llegué a trabajar Nicolas Streidman me citó en su despacho. Quería hablar conmigo a solas. Asistí muy intrigada.
-Tome asiento dulce – me dijo amablemente – quiere un café?
-No gracias, así estoy bien – respondí
-Bien, vayamos al grano. No le voy a decir lo que todos ya sabemos, su trabajo viene alcanzado niveles cada vez más altos y es claro que su crecimiento es permanente, por eso espero que lo que le voy a proponer no le resulte un desafío muy grande
-Lo escucho – dije procurando no evidenciar demasiada curiosidad
-Como usted bien lo sabe Anahi puente ocupa un puesto estratégico en la compañía, es algo así como el sistema nervioso central que hace que este organismo se mueva coherentemente. Ella por desgracia no va quedarse mucho más tiempo con nosotros, por lo que nos urge encontrar la persona indicada para relevarla…
…. – no podía caer en la cuenta de lo que me decía, cómo que any se iba?
-Esto no es una decisión apresurada y de hecho lo venimos previendo con Anahí desde hace bastante tiempo. Usted ha trabajado con ella y demostró que tiene la capacidad y la formación necesaria para ocupar su lugar. El puesto bla, bla, bla
Streidman continuó explicando en qué consistía la oferta laboral y lo que se me exigiría. Me dijo que en un plazo no menor a 6 meses y no mayor a 10, yo debería ir absorbiendo las responsabilidades de any, quien durante ese período me las iría delegando paulatinamente.
-any no dudó en ningún momento en su candidatura, fue quien más ha apoyado la propuesta y quien más confía que usted no pondrá objeciones de asumir el cargo. Por mi parte, respeto profundamente a any y no dudo de su criterio.
Lo que me dijo me cayó como un balde de agua fría.
-Puedo saber los motivos del alejamiento de any? – pregunté con cuidado
-No me es posible decírselo, seguramente ella se los informará de manera oportuna, pero por el momento le adelanto que se trata de un motivo personal que nada tiene que ver con algún tipo de disconformidad entre la empresa y ella.
Salí de aquella reunión aturdida no alcanzaba a imaginar cuales podrían ser los motivos que hacían que any presentara su renuncia.
2º PARTE – Los ocultamientos de anahi
Me presenté a la Junta de Directorio con el currículo de una tal dulce Pertienti. De las 24 chicas que había entrevistado, ella era la que más se ajustaba al perfil que buscábamos.
-No es muy joven? – preguntó Streidman
-La misma edad que tenía yo cuando empecé – le contesté
-No quiero presionarte any pero no tenemos demasiado tiempo y si nos equivocamos con ella, buscar nuevamente nos achica aún más los tiempos…
Después de una eternidad conseguí convencerlos que era una buena elección. Cerca de las 7 de la tarde la llamé ansiosa, quería avisarle cuanto antes que ella había conseguido el puesto.
Recuerdo que la primera vez que la vi me pareció atractiva. Después que se incorporó a la empresa y pasado unos días no sólo me parecía atractiva, sino que sentía que esa chica realmente me gustaba. Verla me provocaba un cosquilleo y me reconocía torpe delante de ella.
No hice ningún esfuerzo por sacarla de mi cabeza porque no había motivo por el cual preocuparme. Ella era muy joven y evidentemente heterosexual. En cuanto a mí, yo era su jefa, bastante mayor y bien sabía que no estaba en condiciones de empezar una relación con nadie y menos con una chica de 24 años.
Me gustaba lo que me provocaba, disfrutaba fantaseando en lo bonito de debería ser tener algo con ella y me deje llevar, segura que nunca pasaría a más.
Una noche en que salimos de juerga, me preocupé. dulce salía con nosotros por primera vez y yo habiendo tomado de más recordaba haber estado conversando con ella, pero al día siguiente no recordaba en absoluto qué le había dicho. Presentía que le había dicho algo fuera de lugar pero no había manera de que mi mente me devolviera el recuerdo de mis palabras.
En realidad estaba un poco avergonzada pues temía haberle confesado que me gustaba. Entonces adopté una actitud un poco distante. Si se lo había dicho, no pensaba dar lugar a que creyera que era cierto.
Con los días me fui relajando y dejó de preocuparme aquel ridículo suceso. Comencé a seguir su trabajo más de cerca, tal y como estaba previsto. Agradecí para mis adentros que ella cumpliera con mis expectativas y llegó el momento de dar el primer paso. Le dimos un ascenso y de un día para otro, estaba compartiendo conmigo mi despacho.
Me sentía muy a gusto trabajando con ella, me divertía muchísimo, ella me llenaba de energías.
-Te gusta! – afirmó mi hermano mientras cenábamos en casa
-Quién?! – pregunté asombrada
-Quién va a ser? dulce! Desde que llegué hasta ahora la nombraste unas 10 veces! – me respondió riendo
-No! … o sea, me parece bonita pero no es que me guste! – expliqué
-Ay! any, no jodas! Estas hasta la cabeza con esa chica! Se te nota! – me objetó
-Está bien! Sí, me gusta,…mucho… muchísimo! Pero soy completamente consciente que no va a pasar nada! – le reconocí
-No estoy tan seguro. Lo único que me tranquiliza es que trabaja con vos, y nunca te gustó mezclar placer con trabajo – comentó sonriendo
-Ya no estoy para mezclar nada con nada… - agregué seria
-La viste a Martina? – me preguntó cambiando de tema
-Ayer – le respondí sin más
-Y cómo está?
-Cómo va estar? Mal! No sabe qué hacer! Por momentos me propone volver como si con eso pudiera cambiar algo, después me quiere matar por arruinarlo todo! Vivimos 10 años juntas! Es normal que se confunda!
Martina había sido mi pareja por 10 años, me dejó cuando se enteró que la había engañado. Una aventura estúpida que lo único que hizo fue decantar algo que inevitablemente iba a suceder entre Martina y yo. Después de tanto tiempo éramos más amigas que pareja y la relación en definitiva no estaba funcionando. No hacía mucho que nos habíamos separado definitivamente. Habíamos conseguido concluir de manera pacífica, pero lo que vino después le era difícil de asimilar. Ya no había amor entre nosotras pero nos quedaba un profundo cariño que no le permitía dejarme sola con esto.
-Y vos como estas? - pregunto mi hermano esta vez
-Como puedo, …intentando organizar todo. Hay veces que me apuro, porque siento que el tiempo corre como el viento, otras… me dejo estar…esos son los días que van lentos …- le expliqué esbozando una sonrisa
-Yo en tu lugar no me preocuparía tanto y buscaría acostarme con esa chica divina de la que hablas! La vida se ha hecho para disfrutar!– me sugirió riendo para cambiarme el humor
-Jamás! No podría tocarle ni un pelo! Lo último que quiero en esta vida es hacerle daño!- exclamé
-Eso es amor! – agregó mi hermano
-Tal vez y quizá me enamoré perdidamente y esta vez sea mí a quien le rompan el corazón! – exclamé
Ir a trabajar comenzó a ser lo mejor que me pasaba en el día. dulce era como una bocanada de aire fresco. Solía pensar en la suerte que tenía su novio que podía comerle la boca todas las veces que quería.
El día que trabajamos hasta tarde para poder terminar un proyecto que nos traía de cabeza, no resistí la tentación de invitarla a cenar. En realidad no quería separarme de ella y quería retenerla conmigo un rato más. Me sentí como una adolescente, invitándola a salir conmigo y con miedo a que se diera cuenta que me moría de ganas de que me dijera que sí.
Fue una noche maravillosa. Hablamos, nos reímos, la conocí un poco más y eso bastó para confirmarme a mí misma que estaba enamorada. Ella me hacía preguntas con una inocencia que me conmovía- un par de veces creí que dejaba entrever algo más con sus comentarios. Me costaba discernir si me estaba seduciendo o eran solo fantasías mías.
Nos fuimos en taxi y recuerdo que al llegar hice un chiste estúpido sobre la numeración de mi edificio que me sirvió de excusa para acercarme un poco más a su cuerpo. Me había inclinado sobre ella para señalar el numeral y tuve un deseo enorme de partirle la boca de un beso. Cuando me bajé me sorprendió ver su gesto de lanzarme un beso.
En la soledad de mi casa juré que esa sería la última vez que me acercaría tanto a ella. Obviamente no pude cumplir con mi juramento. Una cosa y otra, llevó a que terminara por invitarla con mi hermano y mi sobrina al campo.
Allí me confesó que las cosas con su novio no andaban bien. Que intentara hablar conmigo del tema me molestó. Lo último que pretendía era jugar de amiga comprensiva. Bastante tenía con ocultarle lo que me pasaba con ella y de ninguna manera podía escuchar sus problemas con su novio y pretender que eso no me afectaba. Resolví no darle lugar a extenderse en el tema y fui un poco cortante al hacerlo.
Al día siguiente la invité a conocer los caballos y le propuse enseñarle a montar. Fue imposible no dejarme llevar, mi comportamiento fue sumamente sugestivo y disfruté seduciéndola. Con la excusa de que superara su miedo al animal, aproveché para tener mayor contacto con su cuerpo. La abracé por la espalda y conduje su mano por el lomo de la yegua. Pude sentir que mi acercamiento la alteraba. Un sutil estremecimiento le recorría el cuerpo y me sentí excitada.
Fuimos a cabalgar. Mi cuerpo enteró rodeaba al suyo. Mi corazón latía con fuerza y supuse que ella lo sentiría palpitar en su espalda. Le hice experimentar la sensación del viento contra su cara haciendo que la yegua galopara a toda carrera. Sentí su cuerpo dejarse caer sobre el mío como si se entregara a mí para dejarse llevar hacia donde yo quisiera.
Tiradas en el pasto descubrí en sus ojos que yo también le gustaba. Se atrevió a acariciar mi rostro con dulzura y estuve a un paso de besarla. La aparición de mi sobrina a la distancia me trajo nuevamente a la realidad. Interrumpí aquella escena convencida que era lo mejor. Sabía que era un error dejar avanzar este amor que sentía. dulce era demasiado joven y no era justo que yo me aprovechara de su inexperiencia. Seguramente para ella sería muy excitante estar a punto de besarse con su jefa, pero no podía dejarla continuar sabiendo que aquel inocente juego de seducción tendría consecuencias demasiado caras para dulce.
Mi promesa de no tocarle un pelo estuvo a punto de romperse y castigándome por ello adopté una actitud severa con dulce como si con ello lograra detener lo que sentía. En una reunión de directorio fui tiránica y la traté de la peor manera. Luego de hacerlo, me arrepentí, pues vi como ella se partía en dos por mi comportamiento. Había conseguido que ella me odiara, pero no de la manera que yo pretendía, sino dolorosamente.
La vi trabajar duro para demostrarme que me equivocaba en mis críticas, la vi enfadada y triste hasta ponerse enferma y se me partió el alma. No pude tolerar más esa situación y fui por ella. Quería rescatarla, darle todos mis cuidados para compensar el mal rato que le estaba haciendo pasar. En el refugio de mi casa pasé la noche en vela procurando bajar su fiebre. Cuando al fin concilio el sueño me quedé acurrucada en un sillón mirándola dormir hasta que también caí rendida.
Por la mañana la vi recuperada. Me preguntó si podía ducharse. Abrí la regadera y busqué toallas limpias. Caí en la cuenta que ella estaba en mi casa, usando mi cuarto de baño, que estábamos solas ella y yo, y que si algo debía suceder debía ser en ese momento. Intentaría hacerla mía y tomando coraje me propuse avanzar hacia ella. De todas las cosas que podían suceder, sucedió la que menos esperaba.

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:43 am

Ella se me adelanto y lo que esperaba confesar yo lo hizo ella. En cuestión de segundos supe todo lo que yo le provocaba. Vulnerada por completo dulce suplicaba un jodido beso mío. Y qué más podía yo hacer?
Su boca llena de besos nuevos fue colmando mis rincones más impenetrables. Sentí como si un peso empezara a ceder y todas mis penas, mis amarguras, mis preocupaciones, mis limitaciones desaparecieron. Hacer el amor con ella detuvo mi reloj en el presente y no quise pensar en el pasado ni en el futuro. No quise pensar… estaba tan cansada de pensar!
Pasó el día conmigo y cuando las horas comenzaron a correr recordé lo implacable que puede ser el tiempo. Salí al balcón por un poco de aire, esperando que dulce decidiera marcharse sin preguntas. Cómo podría explicarle que así como esto había empezado debía terminar? Cómo explicarle lo mucho que significaba esto para mí y que por eso mismo debía acabar?
Me convencí que lo que ella me había dado era suficiente. Que no necesitaba nada más, que aquello era el regalo más hermoso que podía recibir. Me convencí que era posible conformarme con el recuerdo de ese día que pasó conmigo. Entonces la dejé partir sin hacer nada para retenerla y con un nudo en el estomago aguanté mis ganas de pedirle que se quedara conmigo.
Me vestí y fui a cenar con Martina. No podía estar sola un minuto más. Ella sabía todo sobre mí y por supuesto sabía lo que me pasaba con dulce.
-Qué manía la de querer controlar todo! Si esa chica apareció en tu vida por algo será! Dejá que fluya! Además lo que pasó entre ustedes te demuestra que hay cosas que no podes controlar! – me dijo Martina reprendiéndome
-Pero debería haberlo controlado! – respondí indignada conmigo misma
-Pero no lo hiciste – dijo Martina
-Y fue un error…-agregué arrepentida
-Deja de torturarte! Dale una oportunidad a esta historia – dijo como suplicando
-Sabes que sería muy injusto! Qué puedo ofrecerle? – dije con tristeza
-any! Tampoco te estas muriendo! – contestó indignada
-Pero es lo más parecido a la muerte… - agregué resignada
Me abrazó buscando reconfortarme. Ella sabía bien de lo que hablaba. Le pedí que me dejara dormir con ella aquella noche.
Lo que fue sucediendo con dulce después de aquella primera vez termino por confirmarme lo que Martina me había dicho: hay cosas que no puedo controlar. Luché con todas mis fuerzas contra lo que sentía. Pero la razón no manda al corazón y cada vez era más difícil contener este amor que me iba creciendo en el pecho. Confiaba que ella dejaría de dar batalla, que se olvidaría de mí, que alguien apareciera en su vida.
Pero ella no se daba por vencida y buscaba en mis ojos alguna señal que le permitiera avanzar, entonces no pude más, me abandonaron las fuerzas y la dejé entrar en mi vida. Ella se convirtió en mi amante. Tanto tiempo dándole vueltas al asunto hizo que nuestra relación al comienzo fuera de continua excitación. Quería hacerle el amor todo el tiempo, en mi cama, en la oficina, en el auto!
Por aquel entonces olvidé voluntariamente la razón por la cual ella había comenzado a trabajar conmigo. Cuando en las reuniones de directorio me felicitaban por mi acertada elección y reconocían que dulce iba llenando nuestras expectativas, caía en la cuenta que cada vez era menos el tiempo que me quedaba para decirle de una vez por todas la verdad. Pero nunca conseguí reunir el valor para hacerlo y preferí vivir el momento, hacer de cuenta que aquello era eterno y que así como estábamos era perfecto.
Había cosas a las que yo no podía renunciar. Amaba a dulce con toda mi alma, pero no poderle decirle mi verdad me hacía necesitar conservar los espacios dónde podía volver a la realidad. Necesitaba el tiempo que compartía con Martina. Ella era el refugio donde podía acudir para contarle como iba todo, para hablar de mis miedos, contarle cómo estaba organizando todo para lo que irremediablemente iba a suceder, el refugio donde podía ocultarme cuando sobrevenían las crisis. Con Martina sólo mantenía una sincera y genuina amistad, y aunque a veces me quedaba a dormir con ella no había nada sexual en ello. Solamente necesitaba de vez en cuando dejar de atormentarme y descansar mi cabeza sobre su pecho y entonces podía descansar de todo, del trabajo, de mi hermano, de dulce, de todo.
Era de esperar que mi media verdad acabara por hacer que dulce no encontrara explicaciones a la manera en que yo mantenía nuestra relación. Entonces su paciencia tambaleaba y yo me quedaba paralizada esperando lo peor. Esperando que cansara de mí, de mis ausencias, de mí estar a medias, de mis silencios. La veía llevar su amor por mí sobre sus hombros como quién apenas puede mantener el peso. Buscaba desesperadamente las maneras de hacerla feliz, compensar el daño que le hacía llenándola de atenciones.
Así fue como fuimos y venimos. Nos tuvimos y nos dejamos, para nuevamente tenernos. dulce volvía a darme una oportunidad que yo no merecía.
-Cuándo se lo vas a decir? – me preguntó Martina aquella tarde mientras navegamos por el río.
-Cuando junte valor – respondí
-Cuánto más tiempo dejas pasar es peor, tenes que hacerlo – insistió
-Ya lo sé
-Tenes que dejar que sea ella la que decida qué es lo que quiere hacer. Estas siendo muy egoísta ocultándole la verdad. Además esta situación no le hace nada bien a tu salud, vivís estresada con tu trabajo, dormís poco, fumas, ese bendito teléfono que llevas encima todo el tiempo y que no para de sonar! Se supone que lo que tenes con dulce tendría que restar preocupaciones, no sumarlas!
Anduvimos un par de horas más hasta que resolvimos regresar al muelle. Cuando terminé de amarrar el velero, comenzó a sonar mi celular. Pretendía atender la llamada cuando Martina me lo arrebató de las manos.
-Podes cortarla con ese teléfono?! Es sábado! Fin de semana! No se trabaja! – me decía reprendiéndome mientras yo intentaba quitárselo de las manos para recuperarlo.
Forcejeamos jugando hasta que me lo devolvió. Me tomó del mentón con ternura y me dijo:
-Prometeme que se lo vas a contar esta vez… No la vuelvas a perder sin antes averiguar lo que ella es capaz por tu amor
Le prometí que lo haría, que se lo diría. Después de dejar a Martina fui directo a la casa de dulce. Cuando iba en camino mientras estaba detenida en un semáforo vi en una tienda de decoración una lámpara de pie. Estacioné de inmediato, la tienda acababa de cerrar pero podía ver al empleado aún adentro. Le supliqué que hiciera una excepción y abriera la tienda para mí. Acabó por vendérmela y llegué entusiasmada a obsequiársela a dulce.
La noté rara, apenas dijo algo sobre mi regalo, durante la cena casi no probó bocado. Me dijo que le dolía la cabeza, que estaba cansada. Supuse que era cierto, últimamente trabajábamos demasiado. Una vez en la cama le ofrecí unos masajes. Me encargué de relajar cada uno de sus músculos hasta que se durmió. Contemplé su cuerpo desnudo, era hermosa desde la cabeza hasta la punta de sus pies. Decidí darme una ducha rápida y no demorar un segundo más para recostarme a su lado.
Desnuda busqué la calidez de su piel. Tenía muchas ganas de acariciarla. Despacito fui rozando su espalda con la punta de mis dedos. Sentía tanto placer al hacerlo! Pensé que esa podría ser la última vez que me permitiría acariciarla. Al día siguiente le contaría lo que me estaba pasando. dulce estaría en libertad de decidir. Decidir si era capaz de seguir o no a mi lado.
Mis caricias la despertaron y comenzó a devolverme los mimos. Nos enredamos en un abrazo, su boca me besaba con voracidad. Mi temperatura se elevó de inmediato. dulce conseguía excitarme de inmediato! El calor entre mis piernas crecía y me moría por sentir sus dedos en mi vulva. La sentí entrar dentro de mí. Su cuerpo ardía de placer, se movía con exquisita sensualidad. Escuché su voz ordenándome que la penetre. Así continuamos, las dos dedicadas a colmarnos, las dos desnudas intentando ser una, saciando la sed de nuestras vaginas, rozando nuestros pezones, devorándonos las bocas. Comencé a sentir el milagro de su orgasmo entre mis dedos atrapados en su sexo cargado de flujo. La maravillosa imagen de su cuerpo de mujer descargando su placer en mi mano me hizo venirme a mí también.
Cuando nuestros cuerpos dejaron de agitarse siguieron los mimos tiernos y a la placidez le continuó mi preocupación. Sin motivos dulce comenzó a llorar. Busqué que diera alguna explicación pero sólo conseguí que me diera una excusa poco convincente. Es una cuestión hormonal, me dijo y no quise insistir, pues cuantas veces yo también había sido poco convincente con mis excusas y ella me había respetado sin más.
Mi plan de contarle todo quedó postergado. Evidentemente no era el momento de hacerlo. El domingo por la mañana mientras desayunábamos comencé a sentir un hormigueo en mis manos. Hacía tiempo que no me sucedía, pero temí una nueva crisis. Pretendí actuar con naturalidad y decidí que era mejor irme. No podía pasar el día en su casa sabiendo lo que podría sobrevenir. Detestaba que me pasara eso cuando estaba con ella. En el trabajo era más fácil evadirme, cualquier reunión inventada justificaba mi partida. Pero a solas con dulce mi partida parecía sin sentido y obviamente se traducía como desinterés. Me partía en dos ver la decepción en su mirada.
Durante la semana supe que algo con dulce no estaba bien. La sentía hostil, distante. Yo me esforzaba por complacerla pero nada parecía cambiar su humor. Decidí ir de frente y preguntarle que le estaba pasando. Cuando comenzó a hablar fue como si me precipitara en un abismo del cual no había retorno.
Decía haberme visto, haberme descubierto. Sin comprender al principio de qué hablaba, fui dándome cuenta que me había visto con Martina. Sus acusaciones me parecieron completamente injustificadas. Con Martina no había absolutamente nada, era imposible que hubiera vista algo entre nosotras. La escuché decir lo que pensaba y comprendí que ella me consideraba menos que una basura.
Entonces supe que era el momento. Que ya no hacía falta decirle la verdad. Aprovecharía su desprecio para salirme de su vida. Le ahorraría tener que comprometerla a tomar una decisión.
Siempre a lo que más temía de tener que contarle la verdad era que ella se quedara conmigo por lástima. Tampoco soportaba la idea que se quedara por amor. No soportaba condenarla a tener que ver llegar conmigo lo inevitable. Y la verdad es que nunca tendría que haberme permitido que el amor se hiciera un lugar en mi vida.
Cuando atravesé la puerta del departamento de dulce supe nunca más volvería. Anduve conduciendo sin rumbo y terminé en la casa de campo. Descorché un vino y me senté en la hamaca de la galería del frente. Miré las estrellas, escuché los grillos, pensé en dulce. Pensé tanto en dulce!
Ella tenía toda una vida por delante y no tardaría en echarme al olvido. Seguramente se volvería a enamorar, de algún hombre o de alguna mujer. En cuanto a mí, me preguntaba cómo haría para olvidarla. Aún tenía más de un año, si todo iba bien, para continuar preparándola para lo que Varem Group pretendía. No podía dar marcha atrás, después de todo había sido mi idea preparar a alguien para que me reemplace.
Pasé toda la noche reflexionando sobre todo lo que había pasado. Comenzó a salir el sol, recordé las veces que habíamos hecho el amor al amanecer, sus párpados hinchados, su pelo desordenado, su cuerpo desnudo sobre el mío diciéndome lo loca que estaba por mí… una lágrima se escapó de mis ojos y tragué saliva para deshacer el nudo en mi garganta. Me incorporé de inmediato, fui a lavarme la cara y conduje de nuevo a mi casa. Tenía muchas cosas por hacer.
1º PARTE: Los días sin dulce
Había cosas por resolver. Haber conocido a dulce había sido un tropiezo. Las razones porque la había elegido para trabajar conmigo y luego heredarle mi puesto aún estaban claras. Ella tenía los atributos que se necesitaban, inteligencia, liderazgo, firmeza, perseverancia. Haberme enamorado de ella estaba por fuera del proyecto, pero eso no haría que diera por tierra con todo lo demás. Habríamos de continuar trabajando juntas. Y aunque me doliera su presencia, bien sabía yo ocultar mis heridas.
Sugerí en la empresa que ya era hora que dulce tuviera su propio despacho. Decidí no tener concesiones y actuar con ella como lo que yo era, su jefa. No habría más demostraciones de afecto, ni amabilidades que excedieran la relación laboral. No habría margen para confusiones, sólo la claridad que el trabajo requería.
Supe así que se podía convivir con el pasado, pero no se podía convivir con la suposición de lo que hubiera pasado, si las cosas se hubieran dado de otra manera. Pero a mis ojos no había otra forma, entonces lo mejor era no lamentarse y decidí sólo permitirme recordar.
-Desde que te conozco te he visto hacer dos cosas estúpidas en tu vida! Y las dos veces por preferir callarte y decidir qué era lo mejor para el otro! – me dijo Martina mientras cenábamos
… - la miré esperando que me explicara a lo que se refería.
-La primera cuando estábamos juntas y te pareció que la mejor manera de hacerme entender que lo nuestro no podía continuar era engañarme con otra… - comenzó a decirme casi como un reproche
-Martina! Por favor! Eso ya lo hablamos mil veces! – agregué con fastidio
-Ya sé que lo hablamos mil veces! Pero por lo visto no te sirvió de nada mujer! Creíste que lo mejor era que yo te descubriera, diera un portazo y si te visto no me acuerdo! Pero ya lo vez! Acá estamos las dos cenando como amigas!
-Ok, ok! Tenes razón! Me equivoqué, tendría que haber hablado! Ahora, cuál es la otra estupidez que cometí? – pregunté
-Haber dejado que dulce se continuara engañando… haberla perdido… - agregó
-No pienso hablar del tema – contesté de manera terminante
-No hables si no queres, pero yo voy a decirte lo que pienso te guste o no! No conozco a dulce en lo más mínimo, no sé si sufre o no por lo que pasó entre ustedes, pero te conozco a vos. Aunque no lo reconozcas, aunque sigas jugando a la súper mujer de negocios, sé perfectamente que te duele. Andas como una autómata de tu casa al trabajo y del trabajo a tu casa! Nada te divierte! Apenas te dejas ver! Si yo no vengo a visitarte o pasa Guillermo, no ves a nadie más!
-Estoy cansada, no puedo estar cansada? No puedo tener ganas de estar en mi casa? – protesté
-Eso no es cansancio any, eso es tristeza. Vos no eras así! Eras una persona divertida, interesante! Uno podía pasarse horas contigo y era lindo escucharte, reírse con vos! Ahora cuando hablas, sólo lo haces de trabajo, tengo que suplicarte una sonrisa, tenes una frialdad que le crispa los nervios a cualquiera! – explicó como reprochándome
-Nadie te obliga a estar acá conmigo. Si te aburro ya sabes dónde está la puerta –agregué altanera
-Sos una soberbia de *******! – dijo resignada
-No es novedad! – agregué
-Sabes perfectamente que no me voy a ir – aclaró
-Ya lo sé…
Nos quedamos en silencio por unos minutos. Yo sabía que ella tenía razón. Estaba triste y luchando día a día por mantenerme en pie.
-Vemos una película? – le pregunté
-Dale… una comedia puede ser? – sugirió
Martina no dejaba pasar oportunidad para sacar el tema de dulce, intentando que yo cambiara mi actitud. Por mi parte, yo no hacía más que evitar la conversación. No veía la hora que llegara el momento de anunciar mi retiro y abandonar la empresa. Cada día que pasaba al lado de dulce era una tortura. En mi casa me dedicaba a escuchar los discos que a ella le gustaban y a mirar nuevamente todas las películas que vimos juntas. En soledad perpetuaba la nostalgia que ocultaba delante de la gente.
Llegó el día que Streidman hablaría con dulce. Me propuso que yo estuviera presente. Me excusé diciendo que probablemente ella quisiera saber por qué dejaba la empresa y prefería no explicárselo en ese momento. Él me entendió, considerando que comprendía que aquello era delicado para mí y no insistió. Se lo agradecí y le informé que me tomaría el día.

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:43 am

2º PARTE: dulce busca comprender
Esperaba cualquier cosa de any. Esperaba su actitud distante, su infinita frialdad, su despótica manera de exigirme cada vez más de mí trabajo. Pero lo que jamás hubiera esperado era recibir la noticia que ella dejaba la empresa.
No podía entender lo que estaba pasando conmigo. any me había usado a su antojo, me había engañado, me había abandonado sin dar explicaciones y menos aún, se había disculpado. Luego, yo había continuado a su lado, incapaz de buscar otro empleo, manteniéndome con firmeza a sus tiránicos embates, intentando demostrarle todo este tiempo que yo era fuerte, que aunque ella se hubiera empeñado en destruirme, no lo había conseguido.
Por algún tiempo creí que continuar en Varem Group era demostrarle que lo que había pasado entre nosotras no me afectaba. Que no me importaba en lo más mínimo haber compartido su cama, que yo podía continuar trabajando como siempre, porque ella no había significado nada para mí. Que así cómo yo había sido una aventura para ella, ella también lo era para mí.
Ahora que sabía que se iba, comprendía que nada de lo que quise hacerme creer a mí misma era cierto. En realidad no soportaba la idea que se fuera, no soportaba no volver a verla nunca más. En mi interior siempre había estado pendiente de algún detalle, algún gesto, alguna mínima señal que me diera a entender que ella quería volver. Y todos los días iba al trabajo esperando que algún milagro me la devolviera.
El milagro no sólo no había sucedido, sino que lo que me anunciaba Streidman me dejaba en claro que quedaba poco tiempo para que se produzca. Entonces decidí que no me quedaría esperando a que Dios se acordara de mí, él seguramente debía tener otros milagros más importantes que hacer, antes que ocuparse de uno que yo misma podía provocar, me dije! Con esperanza renovada, resolví que lucharía por ella. Sólo había dos salidas posibles, que any volviera conmigo o que no lo hiciera. No pensaba quedarme con las dudas.
-Sabes que es posible que te des la cabeza contra la pared? – me dijo Luciana preocupada con lo que acababa de contarle
-Desde que rompí con any vivo en una agonía constante! Ya no puedo seguir así, si me va a herir, pues que sea de muerte – dije en tono de tragedia burlona
-No sabes nada de ella! Ni cuando creías saberlo todo, supiste algo! any parece una caja de sorpresas! Y si volves a caer? Y si te engaña de nuevo? Y si crees que te elige pero hace lo mismo que antes? – preguntó acertadamente
-Es el riesgo que corro. Pero hay algo ella me dijo que no deja de martillarme en la cabeza… - agregué
…. – Luciana me miró sin entender
-Cuando le dije que yo ya sabía todo, ella me dijo que no tenía nada que explicar, porque lo que yo había visto no había sido nada. Y la verdad es que lo que vi tal vez no fuera nada… - dije pensativa
-Tal vez no fuera nada, pero sí lo era? si el motivo por el que se va tiene algo que ver con esa mujer que vimos en el muelle? Si se va, no sé,… del país, que sé yo… pero con ella? Qué vas a hacer? – me preguntó preocupada
-Entonces quiero saberlo! No voy a andar reprochándome el resto de mi vida no haberle exigido una explicación! No voy a andar lamentándome de lo que pudo haber pasado si las cosas hubieran sido de otra manera! Las cosas de alguna manera son y quiero saberlas!
De alguna manera conseguiría acercarme a ella aunque durante todo el año que había pasado se mostrara impenetrable. Quizá yo le debía una disculpa por dar por hecho sin demasiadas razones que ella me engañaba, pero era seguro que ella me debía una explicación. Con aquella mujer any compartía algo que yo desconocía, no sé si era su amiga, su pareja o lo que fuera, pero eso merecía una explicación. Hoy por hoy me enteraba que ella me había elegido desde hace mucho para que sea su reemplazo, Streidman lo había dicho claramente, "esto lo venimos previendo con any desde hace tiempo". Eso también exigía una explicación.
Quizá any no era para mí, pero necesitaba que ella me explicara por qué no, porque así como estaban las cosas, yo no lo podía entender y menos resignarme a ello.
Cuando volví al trabajo aquel día sabía que any debía reunirse conmigo en su despacho para darme detalles del proceso de traspaso. Estaba segura que ella esperaría que le preguntara sobre su alejamiento de la empresa y por tanto decidí no hacer ninguna referencia a ello. Hacer de cuenta que no me interesaba, que aquello resultaba natural para mí. Aunque me moría de ganas de hacerlo, de ninguna manera haría lo que ella esperaba. Pretendía descolocarla pues era lo que ella me había enseñado. Nunca hagas lo que el otro espera que hagas, aunque parezca absurdo, esa es una buena manera de vulnerar sus defensas, me había repetido miles de veces.
-Nicolás me informó que habló con vos y que estás de acuerdo con la propuesta – me dijo desinteresadamente mientras ojeaba algún que otro papel de su escritorio
-Es correcto – dije sin mas
Se quedo en silencio, ordeno unos documentos sin mirarme y luego se quitó los anteojos. Restregó un poco sus ojos evidenciando cansancio, recostó su espalda sobre su sillón y elevó su mirada para encontrarse con la mía.
-Vamos a empezar por lo más macro si te parece bien, en principio quiero explicarte como idee el traspaso, bla bla bla…
Continuo hablando sobre el proceso, abordó algunos detalles, yo mientras la escuché con especial atención y sólo intervine para hacer alguna que otra pregunta.
-Bien, esto es sólo el comienzo. Como vez hay bastante por hacer, nos va a llevar tiempo pero calculo que estaremos dentro de los plazos estimados. Alguna duda? – me pregunto seria sin salirse de su posición
-Por ahora ninguna, seguramente aparecerán dudas en el camino y obviamente las iremos despejando – respondí con tranquilidad
-Seguramente. De todas maneras quiero que sepas que no pretendemos apabullarte y que la idea es que te vayas acomodando paulatinamente. Los plazos tampoco son tan rígidos y si demanda más tiempo no hay inconvenientes – agregó con un tono más amable
-No tengo dudas que el proceso es complejo pero tengo intenciones de colaborar al máximo para que sea en el menor tiempo posible – dije dando a entender que cuanto antes se terminara, mejor para mí
Se quedó mirándome por un segundo.
-Claro, obviamente! – agregó mientras revisaba algún archivo en su notebook y apurándose a decir– en cuanto al departamento de logística, me gustaría luego revisar algunos números que espero tengas en cuenta, no creo que yo haga modificaciones, pero … bla bla
Continuo hablando sobre un detalle que evidentemente no era importante. Me di cuenta que estaba un tanto incomoda con mi actitud despreocupada.
-Lo tendré en cuenta… Bien, si no hay otra cosa… - dije haciendo un gesto como para indicar que me retiraba
-No, no, para nada, podes retirarte – dijo intentando estar a la altura de la circunstancia
Me incorporé y cuando estaba abriendo la puerta me volvió a hablar.
-dulce… - me llamó
Por un brevísimo instante mi cuerpo tembló, me mantuve inalterable y giré para preguntarle que necesitaba.
-Gracias por aceptar el puesto… - dijo
El tono que empleó para decirlo y la manera en que me miró, me dio a entender que mi estrategia de mujer dura lejos de descolocarla, la había tranquilizado. Lo que menos quería ella era que la interrogara y lo que en verdad agradecía era que yo no preguntara.
Me retiré sintiéndome totalmente fracasada. Parecía que nunca acertaba en mis estrategias con any! Ella estaba a años luz de mí!
Pasamos un par de meses trabajando como cuando recién ingresé en la empresa. A su lado todo el tiempo, siguiéndole los pasos, yendo de una reunión a otra, donde ella cada vez me daba más participación. La única diferencia era que ahora no daba espacio nada más que para el trabajo.
Me desesperaba no encontrar una sola brecha por dónde entrar. Allí dónde a mí me parecía un buen flanco, ella se encargaba de demostrar que nunca bajaba sus defensas. Agotada de estrategias fracasadas y casi dándome por vencida ocurrió lo menos pensado.
Aquella tarde llevábamos horas trabajando cuando comenzó a sonar el teléfono de su despacho. Desde recepción le avisaban que estaba su sobrina Sofía esperándola abajo. No entendí muy bien qué sucedía pero el caso es que any bajó diciéndome que ya volvía. En su breve ausencia comenzó a sonar su celular que había dejado sobre el escritorio. Miré la pantalla, decía "Alonso". Lo dejé sonar. Inmediatamente volvió a sonar. Sin dudas el tal Alonso no quería dejarle un mensaje de voz y esperaba que any lo atendiera. Dudé un poco pero decidí responder el llamado considerando la insistencia.
-Hola… -dije un poco incomoda porque no estaba segura de estar haciendo lo correcto.
-any? – preguntó una voz de hombre extrañada
Le explique que ella no estaba en el piso, mentí diciendo que era su secretaria y le ofrecí dejar un mensaje para que yo se lo transmitiera.
-Por favor le avisas que esta mañana se destrabó el tema de la aduana y que la medicación a más tardar estará a las 6 en la droguería – dijo como si eso fuera de suma importancia
-Ok, le aviso – le dije ocultando mi curiosidad y esperando dejarlo tranquilo.
-Igualmente decile que me llame apenas reciba el mensaje – agregó como preocupado
-No te preocupes, apenas suba le aviso – dije sin más
any regresó despreocupada unos minutos más tarde.
-Llamó un tal Alonso – le dije apenas entró
Su rostro mostró especial interés y preguntó que había dicho. Le transmití el mensaje y ella disculpándose se retiró al espacio que antiguamente era mi oficina. No pude escuchar lo que hablaba pero cuando volvió noté que la noticia le había agradado.
No pude evitar preguntarle si todo estaba en orden. Ella respondió que sí y continuamos trabajando. Cerca de las seis miró su reloj y dijo que tenía que irse. Mientras acomodaba sus cosas me comunicó que el día siguiente no vendría a la oficina, que tenía algunos asuntos que atender. Yo a esa altura sabía bastante de los asuntos que tenía any por atender y su imprecisión respecto de qué asuntos se trataban me hizo sospechar algo.
La acompañe hasta la puerta y simulé ir a mi oficina. Apenas la vi marcharse regresé a su despacho. No sabía bien que buscar pero el llamado me dejó sumamente intrigada y comencé por revisar su agenda en la notebook. Como era de esperar la había apagado y tenía una clave de acceso. Me sorprendió descubrir cual era.
Intenté con datos que conocía de ella, fechas de cumpleaños, nombres de sus seres queridos, hasta que no sé por qué atiné a colocar 2440, la dirección de su departamento, mi edad y la suya cuando recién nos conocimos, aquel número que aquel día un poco pasadas de copas nos había hecho reír.
La pantalla se abrió para mí y llena de emoción comencé a buscar algún dato que me diera una respuesta a lo que había escuchado hoy. Encontré el número de Alonso que al parecer era un abogado y encontré la dirección y un teléfono de una droguería. Tomé nota y volví a dejar todo en su lugar.
A la mañana siguiente después de dar vueltas en mi casa acabé por decidirme a llamar al número de la droguería.
-Farmasur, buenos días – dijo una voz de mujer
-Buenos días, te hablo del estudio de Alonso y Asociados, quería verificar que la medicación de any Lagos fue entregada – dije aventurando una posibilidad
-Un segundo por favor…-me respondió mientras la escuchaba teclear buscando en su base de datos – si, la señora Lagos retiró todo en el día de ayer.
-Perfecto, muchas gracias – respondí simulando conformidad.
Colgué llenas de preguntas. De qué medicación se trataba? Por qué Alonso estaba tan interesado en que any retirara todo ese día? Por qué any se había mostrado tan discreta y se había apartado para hablar con Alonso? Por qué ella no iría a trabajar ese día? Yo sabía perfectamente que no era nada laboral lo que le impedía ir a la oficina…
Tomando coraje decidí ir directo a su casa. Cuando estuve frente a su edificio y dándome cuenta de lo absurdo de la situación desistí de tocar su timbre. No tenía la menor idea qué preguntarle y por qué hacerlo. Retorne sobre mis pasos y cuando ya estaba en la acera escuche una vos de mujer:
-dulce?!
-Me volteé sorprendida. No reconocía la voz pero al parecer me conocía.
-Esperá, no te vayas – me dijo la mujer que yo había visto en el muelle con any aquella vez.
Ella se acercó cargando unas bolsas, apurada como decidida a no dejarme partir. Se aproximó y dijo:
-No sabes el gusto que me da verte!
Yo no podía entender nada. Sinceramente jamás hubiera esperado encontrarme con ella y menos aún que le diera gusto verme. La mujer que tanto me había atormentado todo este tiempo de pronto aparecía de la nada y al parecer yo era la persona que más esperaba encontrar aquel día!
-No te vayas por favor! – me rogó
-Discúlpame pero … - alcancé a decir nerviosa cuando me interrumpió
-Ya sé que no entendes nada pero por favor no te vayas! Necesito hablar con vos… - me dijo suplicante
-No creo que sea buena idea …- le dije queriendo salirme inmediatamente de allí, lo que menos pretendía era enfrentarme con su amante
-No soy quien vos pensas, por favor dame un segundo! Necesito hablar con vos… No tengo nada que ver con ella, necesito que me escuches – imploró casi desesperada
Lo que dijo me hizo dudar y accedí a subir con ella al departamento de any. Entramos y subimos en silencio por el ascensor. En verdad no entendía que hacía allí con ella que al parecer tenía libre acceso a cada espacio de any. Escogió la llave sin dudar y me invitó a pasar.
-Perdóname! Creo que fui muy descortés! Soy Martina! – dijo extendiendo su mano
-dulce… - dije tomando su mano y sintiéndome ridícula pues ella ya sabía quién era yo.
Un tanto nerviosa me invitó asiento y luego algo de tomar. Le pedí un vaso de agua. Se sentó frente a mí y un poco más relajada me contó quién era. Así me enteré que era la mejor amiga de any, que había convivido con ella por 10 años, que ahora nada quedaba de aquella relación nada más que un profundo cariño. Me contó que ella sabía quién era yo porque una vez le insistió tanto a any que quería conocerme, que había accedido a esperar para verme salir de la empresa.
-Yo pensé que había algo entre ustedes – le dije entre avergonzada y desconcertada
-Ya lo sé. Y lo que voy a decirte tal vez me salga carísimo! any no me va a perdonar tan fácilmente lo que voy a hacer! – dijo sonriendo apenada pero decidida
-Sinceramente cada vez entiendo menos! No entiendo que hacemos en la casa de any hablando,… donde está any? No estoy segura de querer oírte… - le dije temerosa y confundida
-dulce yo no sé por qué viniste hoy a la casa de any. Lo único que sé es que no viniste a hablar de trabajo! Y seguramente lo que voy a decir es lo que menos esperas escuchar, pero creo que tenes derecho a saberlo. Lo único te pido es que me escuches después, lo que hagas será tu decisión… -dijo seriamente
-Me estas asustando – confesé
-Corregime si me equivoco, pero yo creo que viniste por respuestas… - se atrevió a decir
-… - apenas pude asentir con la cabeza
-No todas, pero creo que algunas te puedo dar… - me dijo comprensivamente
-Entonces te escucho. Ya no creo que pueda resistir mucho más –dije resignada
-Yo se que muchas de las cosas que hizo any fueron dolorosas. Dejar que pensaras que te engañaba conmigo fue cruel, pero yo te juro que lo único que buscó fue protegerte – dijo serena
-De qué tiene que protegerme? – pregunté angustiada
-dulce, any está enferma… - dijo con temor
Una sensación de vértigo me atravesó el cuerpo. De qué hablaba Martina? Qué tenía any? Esto parecía surrealista! Un nudo en se instaló en mi garganta y sólo pude escucharla.
-Hace siete años cuando aún estábamos juntas, tuvo su primera crisis, fue al médico. Por aquel entonces me mintió como suele hacer ella, para no preocuparme y creyendo que era lo mejor para mí. Tuvo una serie de calambres, pasó varios días en cama y me dijo que era estrés, nada de qué preocuparse. Desde aquel momento ella sabía de qué se trataba pero decidió callarlo…
Martina me reveló el secreto de any. Desde hace siete años any sabe que tiene esclerosis múltiple, una enfermedad silenciosa y cruel. Ella sabía que con el tiempo las crisis se harían cada vez más repetidas y destructivas. Su sistema nervioso de a poco se iría deteriorando. De a poco sus músculos dejarían de reaccionar y acabaría en una silla de ruedas y así hasta que su voluntad se fuera reduciendo hasta tener que depender de alguien para subsistir.
any no era de las personas que sepan lo que es depender de alguien, porque por lo general las personas dependen de ella. Ella sabe cómo hacerlas feliz, sabe cómo hacerlas funcionar, ella sabe lo que es mejor para todos.
Poco más de cinco años después de su primera crisis, y viviendo su vida normalmente, los síntomas volvieron a aparecer. El diagnostico fue definitivo y comenzó su tratamiento. De allí en más se preocupó por dejar todo en orden. Su trabajo en primer lugar. Siendo ella tan joven, no había un sucesor natural dentro de la empresa y por eso cuando planteo su problema al directorio sugirió formar alguien ella misma. Así pensó también en la casa de campo, el lugar dónde iría a recluirse.
Nada en any estaba librado al azar, todo debía estar calculado, pero aparecí yo para estropear sus planes.
-Vos no tenes la mínima idea lo mucho que te quiere any! No tengo la menor idea lo que ella significa para vos, ni por qué hoy viniste a verla, pero si lo que te estoy contando cambia tu opinión y te acobarda yo prometo dejar esto entre nosotras.
Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. No podía creer lo que Martina me contaba, no podía creer que any estuviera sufriendo tanto.
-Dónde está ella ahora? – alcance a peguntar conmovida.
-En casa. Porque para complicar aún más las cosas su medicación estuvo retenida en la aduana, pero por suerte no se interrumpió demasiado su tratamiento. Cuando esto sucede, la medicación la hace vomitar, pero pasa rápido, ya sabes cómo es ella! Tiene más fuerza que un toro! – agregó dándome animo
-Yo la amo… - dije sin titubear
-Ella también, y no tiene sentido lo que se están haciendo – agregó casi indignada
De pronto me sentía como arrojada al medio del océano con tan solo una pequeña madera a la cual asirme. No sabía lo que tenía que hacer ni cómo hacerlo. Lo único que quería era abrazarla y decirle que lo sentía. Decirle que moría de amor por ella!
-Qué es lo que tengo que hacer para que vuelva conmigo?! – pregunté casi desesperada
-Eso no es algo en lo que yo pueda ayudarte. Ahora sabes la verdad, vas a hacer lo que tengas que hacer. No dudo que sabras buscar en los lugares correctos. Pero quiero que te lo pienses muy bien, porque no voy a permitir que le hagas el mínimo daño, any es más frágil de lo que pensas – dijo casi amenazante
Tenía razón, any era casi de cristal ahora para mí. Ahora menos que antes nada haría que renunciara a ella. No sé cuánto tiempo quedaba antes de lo irremediable, pero de ninguna manera la dejaría sola, any no se desharía de mí tan fácilmente. Y mientras ella estuviera en pie no dejaría que sufriera un día más por un estúpido orgullo y me juraba que esos serían los días más felices de nuestras vidas.
Ella era mi primer amor, mi primera mujer. Y mientras su corazón me abrazara poco me importaba que sus brazos no pudieran hacerlo. Porque yo la necesitaba como el aire que respiraba.
Martina me convenció que no era buena idea que intentará ver a any aquel día. Ella no estaba segura que yo estuviera entendiendo lo que sucedía, insistió que mi decisión no debía se apresurada, que debía pensarlo muy bien. El futuro de any no iba a ser para nada fácil y seguramente iba a ser muy duro para mí.
En la soledad de mi casa, supe que no tenía nada qué pensar. A any yo la elegiría mil veces!
Al día siguiente, cuando llegué a la oficina la vi de pie en el corredor dando instrucciones. Me quedé observándola. Se la veía fuerte, entera, como si nada le estuviera pasando. Al parecer, según Martina, el día anterior la había pasado bastante mal, su cuerpo no toleraba muy bien la medicación cuando ésta se descontinuaba. Pero hoy no había rastros de ese mal rato y nadie podría imaginarse el infierno en el que ella vivía.
Parecía ocupada discutiendo con Enrique algún proyecto. Llevaba el cabello recogido, dejando al descubierto su cuello elegante. Recordé su perfume. Vi su mano ascender casi en cámara lenta, para acomodar con delicadeza un mechón de su cabello por detrás de la oreja. Un gesto cotidiano, casi desapercibido para el resto del mundo, a mí me parecía el más hermoso y perfecto.
Paola tropezó conmigo distraída.
-Ay! Perdóname! No te vi! – dijo disculpándose
Me sacó de mi ensueño y proseguí camino a mi oficina. Tomé el teléfono y encargué un ramo de rosas. Un momento después apareció any, me saludó y me invitó a pasar por su despacho en 15 minutos para empezar con el trabajo de hoy.
-Hoy me gustaría que empezáramos a ver las certificaciones anuales de las normas ISO – dijo introduciéndome inmediatamente en tema.
Comenzó a hablar casi sin parar de uno y otro aspecto del asunto. Yo apenas podía seguir el hilo de su exposición. Ahora más que nunca necesitaba encontrar el momento para comenzar a decirle algo que la sacara de esa posición tan distante. Miré la hora rápidamente pensando cuánto más demorarían en traerle mi obsequio.
-Perdón, tenes algo que hacer? – me preguntó interrumpiéndose
-No! No, nada! Sólo tenía curiosidad por saber la hora… -respondí nerviosa
-Si tenes algo que hacer no hay problema, podemos continuar más tarde – insistió
-No! No te preocupes! Podemos continuar! – aseguré maldiciendo no encontrar las palabras para comenzar con ella.
-Ok. Como te iba diciendo, estaba pensando en cambiar de consultora, porque no estoy muy conforme con las auditorías internas. Los procesos de ventas, por ejemplo, no tienen un buen monitoreo. Vos especialmente te daras cuenta con lo que está pasando con Volpe, Ronstra y Marison…- dijo esperando mi confirmación
-Eh… sí, sí, claro… - vacilé dejando al descubierto que no la estaba escuchando.
-dulce creo que va a ser mejor tomarnos unos minutos de descanso. Obviamente estás distraída. Continuamos en media hora – me dijo quitándose los anteojos dejando entrever su malestar
-No es necesario! Podemos continuar! Solo me distraje un segundo! – me apuré a decir intentando disipar su molestia
-No es una sugerencia. Continuamos en media hora – agregó autoritaria
Alguien golpeo la puerta en ese instante.
-Adelante! – exclamó más enfadada aún desde su sillón
-Perdón! Trajeron esto para vos any – dijo Paola trayendo un ramo de rosas en sus manos y extendiéndoselo
any lo tomó extrañada. Buscó una tarjeta y sin hallarla le preguntó a Paola quién las había traído.
-Vino el cadete de la florería. No supo decir quién las enviaba. Sólo dijo que eran para vos. Tal vez tengas un admirador secreto! – sugirió Paola sonriendo
-O admiradora! – agregué sacando valor de donde no tenía
Paola me miró sonrojándose por lo que yo acababa de decir. De inmediato reflexionó sobre lo alguna vez habíamos hablado de ser estructurados y nuestra visión heterosexual del mundo.
-De todas maneras creo que si no fueras gay tendrías los mismos defectos que nosotras, no cierto any? – concluyó Paola ya desde la puerta buscando en any una cómplice
any se limitó a asentir con un gesto mínimo. Apenas volvimos a quedar solas, recordé su orden de tomarnos una pausa e incorporándome de mi asiento le dije:
-Nos vemos en media hora, te dejo disfrutar tu regalo…
-Esperá! Cerrá la puerta y tomá asiento por favor – me detuvo nuevamente con tono autoritario.
Obedecí, mi cuerpo comenzó a temblar como una hoja. No podía imaginar que quería decirme y mi incapacidad de predecirla me alteraba. Tomé aire buscando relajarme, no podía perder de vista mi objetivo, si quería recuperarla tendría que armarme de la mayor paciencia posible y evitar cualquier discusión inútil.
-Se puede saber de qué va todo esto? – me preguntó con enfado
-De que va qué? – pregunté haciéndome la desentendida
-Esto! Las flores! El comentario delante de Paola! – expresó agitando sus manos
Su turbación me demostró que por fin estaba saliéndose de su postura impenetrable. Aproveché de inmediato para tomar ventaja!
-Por qué estas tan segura que fui yo quién te mandó las flores? – le interrogué
-Por qué es obvio que fuiste vos! – me contestó sugiriendo que era imposible que ella se equivocara.
-Y cuál es el problema si fui yo? Acaso no puedo regalarte flores cuando quiero? – pregunté manteniendo la calma
Mi serenidad la hizo explotar y se paró de abruptamente de su sillón, caminando por su oficina desordenadamente.
-No! No podes! No está bien que lo hagas! No está bien que yo las reciba! No está bien que sugieras que sos mi admiradora secreta! No es así dulce como se manejan las cosas! No podes venir de un día para el otro con un ramo de flores y esperar que yo me sienta halagada! Qué pretendías?! ay! Que atenta dulce! Qué bonitas flores?! – protestó desencajada
-Yo creo que puedo regalarte todas las flores que a mí se me antojen! Y si querés que te explique porque te regalo flores hoy, no hay mucho que decir… cuando llegué a la oficina te vi a lo lejos. Hiciste un gesto simple, acomodaste tu cabello y eso fue suficiente para que te quisiera regalar todas las flores del mundo! – respondí siendo completamente sincera
Ella se quedó un rato en silencio. Mirando por la ventana, con una mano extendida apoyada en el dintel y la otra restregando su frente mostrando signos de impotencia.
-Esto no es un juego dulce… - musitó con tristeza
Me fui acercando quedando a un paso de ella. Extendí mi mano queriendo alcanzar su espalda. No llegué a tocarla, any giró sobre sus pies para quedar frente a mí.
-No se trata de vos y yo nada más… -dijo recuperando su tono grave y agresivo- Hay mucha gente pendiente de este traspaso! No pienso hacerlos esperar solamente porque a vos se te antoja acostarte conmigo…
Se separó de mí dando un paso al costado y dirigiéndose hacia la puerta para volverla a abrir invitándome a salir.
-Te espero en media hora – ordenó con firmeza
any podía ser increíblemente dura cuando se lo proponía. Pero esta vez su actitud no me hería en absoluto, pues ya conocía sus razones.
-Perfecto! Aquí estaré! Pero no creas que media hora bastará para que se me quiten las ganas de acostarme contigo…- dije con una sonrisa en mi boca mientras le obedecía
Cuando salí me topé con Enrique y Silvana que seguramente habían escuchado lo que yo le acababa de decir a any. No me importó en absoluto y sonriente les guiñé un ojo y continué mi camino. Ellos se quedaron sorprendidos no pudiendo dar crédito de mi conducta.
any
Apenas dulce salió de mi oficina me dejé caer sobre mi sillón, casi aliviada. Me quedé observando el ramo de rosas que yacía sobre mi escritorio. No podía entender porque ella volvía a intentar algo conmigo. Todo este tiempo parecía que lo nuestro era una historia concluida para dulce, sin embargo, retornaba con un ramo de flores, mostrándose audaz y completamente desinhibida!
Esto no estaba en mis planes! Su nueva conducta no era fácil de manejar para mí. Cuando la tuve en frente un estremecimiento recorrió mi cuerpo al sentirla tan peligrosamente cerca. Volvieron a mí los recuerdos de los días felices. Su rostro sonriente, la forma en que me miraba cuando hacíamos el amor, su espalda blanca recibiendo mis caricias, la manera en que me besaba! Por Dios! Cuánto añoraba sus besos!
No podía permitir que volviera ocurrir algo con ella! Espanté los recuerdos de mi mente y volví sobre mis papeles con la fuerte convicción que de alguna manera yo sabría manejarlo.
dulce
Para cualquiera que hubiese presenciado la conversación de seguro pensaría que nuestra relación estaba condenada al fracaso. En cambio para mí lo que había sucedido era lo mejor que podía pasarme! Había conseguido por fin esquivar sus filosos comentarios! El mundo comenzaba a estar a mi favor y estaba dispuesta a tener toda la paciencia que sea necesaria! any iría perdiendo terreno conmigo. No pensaba detenerme, volvería estar a su lado para llenarla de mimos, de besos, de cuidados!
Cuando volví a su oficina para continuar con nuestro trabajo mantuve mi actitud despreocupada. Ella no volvió a tocar el tema, comenzó a hablar haciendo de cuenta que nada había pasado.
Pude ver que el ramo de flores estaba ahora en un improvisado florero con agua sobre uno de sus ficheros. Me dio gustó ese detalle, en verdad esperaba encontrarlo en el tacho de basura. En varias oportunidades me perdí en su escote. No hice ningún esfuerzo para evitar que se diera cuenta. No cabían dudas que aquello la ponía un poco incomoda pues repetida veces atinó a cubrirlo ligeramente con sus manos.
Comencé a disfrutar de la situación. any no se equivocó cuando dijo que yo tenía ganas de acostarme con ella. Por supuesto que me moría de ganas!
Por suerte para mí, nuestra reunión fue muy interrumpida, distintos llamados y asuntos que atender en otros departamentos hicieron que nos sorprendiera avanzada la tarde. Por la ventana de su oficina notaba como el sol caía, las luces ya estaban encendidas, reinaba un gran silencio en el piso, solo quedábamos nosotras.
Con la excusa de observar la pantalla de su ordenador me ubiqué de pie a un lado de ella. Apoyé mi mano sobre el respaldo de su sillón y la otra sobre su escritorio, inclinándome un poco sobre su hombro, dejándola prácticamente atrapada en su posición.
-Dejame echar un vistazo… -dije acercándome sutilmente a su rostro. Sin dejar de mirar la pantalla continué- creo que no sería mala idea reforzar los puntos de aquí, aquí y aquí – dije señalando con mi dedo a lo que me refería.
any sin mostrar la mínima inquietud aceptó parcialmente mi opinión. Expuso sus argumentos evidenciando absoluto control, inmutable ante mi sugestiva proximidad. De acuerdo con lo que me estaba diciendo, permanecí unos minutos más en la misma posición, mientras conversábamos sobre el asunto.
Evitábamos mirarnos a los ojos mientras lo hacíamos. Entendí aquello como un juego, donde ninguna de las dos se atrevía a avanzar, asumiendo que disfrutábamos de sentirnos tan próximas la una de la otra.
-Bien creo que ya es suficiente por hoy! – dijo mientras cerraba el archivo y movió su cuerpo buscando ponerse de pie
-Tenes razón, es tardísimo! – opiné desplazándome torpemente para dejarla pasar.
Intentaba ser convincente, pero era indudable que lo que menos me preocupaba era la hora! Hubiera permanecido eternamente a su lado! Me quedé de pie sin alejarme demasiado de su escritorio y mientras la miraba ordenar sus papeles hice un comentario sin importancia buscando tener su atención aunque más no sea unos segundos más.
any
dulce se ubicó detrás de mí buscando observar la pantalla de mi notebook. Con una mano sobre el respaldo de mi sillón y la otra sobre el escritorio me sentí virtualmente atrapada en sus brazos.
Se inclinó para ver mejor la pantalla y su rostro quedó muy próximo al mío. Podía sentir el cálido perfume de su cuerpo. Un escalofrío me recorrió la espalda. No quería que ella notara mi turbación. Continuamos hablando, permanecí inmóvil, sin atreverme a mover. Sabía que cualquier mínimo roce con ella sería fatal.
Me dejé llevar, disfrutaba tanto del calor que emanaba su cuerpo, de su respiración calma, su olor, su voz pausada! Por el rabillo del ojo alcancé a percibir su escote que tímidamente me dejaba observar su pecho descubierto. Desde mi posición era fácil espiarla sin que ella lo notara. Completamente aturdida por la imagen de sus senos moviéndose al compás de su respiración, busqué abruptamente salir de allí cuanto antes! dulce me estaba vulnerando y me hacía olvidar todos los motivos por el cuáles ella no era para mí! Busqué incorporarme haciendo que ella tomara distancia.
Mientras ordenaba mis papeles, noté que permanecía cerca, sin alejarse demasiado de mí. No podía sacar de mí cabeza todos los pensamientos que ella había provocado, ni quitarme la maravillosa sensación que me había atravesado el cuerpo mientras estuvo a mi lado. La escuche hacer un comentario sin importancia sobre los temas que habíamos discutido y no resistí un segundo más.
dulce
Apenas terminé de hablar, any se detuvo apoyando bruscamente unos papeles sobre su escritorio para de inmediato girarse y fijar sus ojos en mí. Sorpresivamente sus manos se posaron sobre mi cintura y su boca buscó la mía con desesperación, haciéndome retroceder hasta dejar mi cuerpo contra la pared atrapado con el suyo.
Una sensación de inexplicable satisfacción me invadió por entera. Ella no paraba de besarme, desbordando mi boca con su exquisita lengua. Me tomó de las muñecas y las mantuvo prisioneras. Casi con violencia elevo mis brazos sobre mi cabeza y con una sola mano me sujetó impidiendo que la tocara. Sus besos fueron descendiendo por mi cuello y su mano izquierda se escabullo por entre mis ropas alcanzando a acariciar mis pechos.
Me los acariciaba con fuerza buscando dejarlos al desnudo. Apartó la tela de mi corpiño para posar sus labios en mis pezones erguidos y cargados de excitación. Incrustó una de sus piernas entre las mías, haciendo que mi sexo descansara sobre la rigidez de su muslo. Mi cuerpo se retorcía de placer. Podía ver cómo me devoraba las tetas colmándome de ansias. Con las manos inmovilizadas por la suya, yo solo podía entregarme a ella y dejar que hiciera conmigo lo que quisiera.
-Así mi amor! No pares! Seguí! – alcancé a articular desesperada
any hacía que me sintiera la mujer más sensual del mundo. Su boca volvió a buscar mis labios y sentí su mano levantar mi falda para luego apoyar la palma por debajo de mis bragas cubriendo toda mi vulva. Me frotó la vagina con evidente desesperación y sin dejar de besarme, sus dedos me penetraron haciendo que una corriente de calor recorriera mi bajo vientre.
Mi espalda se arqueo de gusto, mis piernas se juntaron con fuerza. Entraba y salía de mí con un ritmo enloquecedor sin dejar de frotarme el clítoris. Comencé a gemir sin poder contenerme y cuando estaba a punto de llegar al orgasmo su mano se detuvo, haciendo que mis caderas continuaran agitándose buscando mantener la estimulación en mi vagina.
-Ay por dios! No me hagas esto! No pares! Haceme acabar de una vez! Cojeme por favor, cojeme! – le imploraba mientras no paraba de cabalgar sobre sus dedos inmóviles dentro de mí.
Sin demorar un segundo más, fue bajando hasta alcanzar mi clítoris con sus labios. Alzó una de mis piernas para soportarla sobre su hombro y volvió a entrar y salir de mí mientras su lengua arremetía en círculos perfectos contra mi clítoris.
El orgasmo me alcanzó recorriéndome por entera. Mis músculos se tensaron, descargas de placer avanzaban desde mi vagina hasta cada célula de mi cuerpo. Un sinfín de emociones se fue agolpando en mi pecho. any había vuelto, estaba entre mis piernas, regalándome los besos más tiernos y suaves en mi vagina recién colmada y satisfecha.
any
Me quedé abrazando sus caderas. Había fracasado nuevamente con ella. Me sentía tan débil e incapaz. Otra vez mis ansias de su cuerpo habían socavado mi voluntad. Cómo detener lo que siento por ella? En un segundo el esfuerzo de todo un año había dado por tierra. Comprendí que hasta ahora si nada había sucedido entre nosotras, era porque dulce no lo había querido. No más mostrarme ella un mínimo deseo por mí, había caído yo rendida a sus pies!
Sus dedos desordenaban mi cabello. La sentía recuperar su aliento. Había vuelto a probar sus besos, había vuelto a sentir su cuerpo estallar, otra vez había estado dentro de ella. Sus manos me invitaban a ponerme de pie. Me fui incorporando hasta quedar reposando en su pecho, escuchando sus latidos. Ella me abrazó con ternura y me cobijo en su pecho.
-Es una locura! Esto no debía suceder… qué estás haciendo de mí? Qué más queres de mí? – dije pensando en voz alta sintiéndome rendida y culpable a la vez.
dulce
Entre mis brazos, cobijándola en mi pecho su voz sonó desesperada. Me atreví a contestar la pregunta que bien sabía que había hecho para sí misma.
-Quiero que vengas conmigo… pasa la noche conmigo… regálame esta noche nada más! Después podes marcharte… sin preguntas… sin explicaciones… esta noche nada más! – le dije tomando su rostro entre mis manos para mirarla a los ojos.
Le estaba mintiendo. Yo no quería sólo esa noche, quería todas sus noches y todos sus días! Pero necesitaba que confiara en mí, necesitaba que me diera esa oportunidad. De ninguna manera pensaba acomodar mis ropas y marcharme de allí sin ella.
Sus ojos me miraron confusos. Yo sabía que en su interior una batalla estaba librándose entre lo que quería y lo que suponía debía hacer. Me conmovió enormemente su incapacidad de derramar una lágrima. Nunca la había visto llorar aunque le sobraban los motivos. Se permitía tan poco mostrar su quebranto que verla acurrucada sobre mi pecho era desgarrador!
-Sin preguntas… - insistió poniendo como condición
-Sin preguntas… - contesté mientras daba un beso en mi dedo haciendo la señal de la cruz como juramento.
-Pues vamos… - respondió con una sonrisa resignada
Any
Una pausa, sólo un permiso. Sólo por aquella noche me permitiría salir del infierno y dar un paseo por el paraíso. Fingir que era para siempre, creer que con aquellas alas se podía volar, salir sólo unos instantes por un poco de aire, para luego volver hundirme y poder resistir.
Se veía tan hermosa, abotonando su camisa, alisando las arrugas de su falda. Ocultando las huellas que mis ávidas manos habían dejado sobre sus ropas. Los ojitos le brillaban de emoción, había atravesado mis fronteras y descubría que no era extranjera. Por mi parte, buscaba convencerme que aquel breve exilio entre sus sabanas me daría fuerzas para continuar.
Cuando llegamos a su casa se ofreció para preparar algo de comer. Yo conseguía percibir su entusiasmo aunque pretendiera estar tranquila. Recorrí su sala despacio y en silencio, aparecieron miles de recuerdos de todas las horas que había pasado allí. Suspiré con nostalgia. Escuche sonar mi celular. Era Martina.
-Estas bien?! Dónde estás? – preguntó preocupada
Recordé que habíamos quedado en que pasaría por casa.
-Sí, sí, estoy bien, olvidé que pasarías por casa. Me surgió otra cosa… perdón – contesté
-Me asustaste! Dónde estás? – volvió a preguntarme
-En casa de una amiga, dulce, por cenar – contesté simulando naturalidad
-No te puedo creer! Contame ya! Está todo bien o más o menos?? Cómo llegaste ahí?? – preguntó desbordada de curiosidad
-Trabajamos hasta tarde… vamos a comer algo… nos quedaron un par de asuntos por definir… - respondí evadiendo su interrogatorio
-Vas a pasar la noche con ella? – preguntó con picardía
-Seguramente… - contesté sin emoción haciéndole notar que no podía hablar
-Promete que no vas a hacer ninguna estupidez! – me ordenó
-Como siempre, ya lo hice… - respondí en código
-Cómo que ya lo hiciste?? – inquirió
-Está bien… quedamos así… mañana te llamo… - volví a simular
-Ok, mañana hablamos – se despidió Martina insatisfecha
dulce se mostró ajena a mi conversación telefónica. Seguía en ocupada en la cocina y regalándome una sonrisa me dijo:
-Espero que te guste!
-No te preocupes! No tengo mucha hambre de todos modos. Tenes vino? – le pregunté
-Si en la alacena… pero podes … - me detuve a tiempo, estuve a punto de preguntarle si podía tomar alcohol con la medicación que se aplicaba
-…. – se me quedó mirando intrigada mientras se dirigía a buscarlo
-… podes descorcharlo,… yo siempre hago un desastre, por lo general destruyo el corcho! – concluí rápidamente
-Claro que puedo! No es necesario que te ocupes de todo – me respondió
Agradecí a dios que no notara mi vacilación. Cualquier referencia al tema podía arruinarlo todo! No quería ocultarle que ya sabía su secreto pero tampoco podía decírselo sin más. Debía buscar el momento y la ocasión oportuna. Claramente, no iba a ser esa noche.
Sirvió las copas y se quedó conmigo en la cocina. Se puso a examinar un estúpido artefacto de cocina que yo tenía sobre la mesada. Mientras yo preparaba una rápida salsa de champignones me pidió que le explicara cómo funcionaba. Dejé la salsa a fuego lento y puse agua a hervir para unos spaghettis. Mientras lo hacía le ofrecí que pusiera algo de música.
Seleccionó un disco y se acomodó en el sillón del living. Me senté a su lado. Tomé su barbilla con delicadeza y la bese dulcemente. Ella cerró sus ojos, recibió mi primer beso y luego buscó mi boca para que continuara. Nuestros labios se reconocían, exploraban, volvían a encontrarse después de tanto tiempo.
Sólo me separé para dejar mi copa sobre la mesa y hacer lo mismo con la suya. Ella me miró dejándome hacer. Ubiqué mis rodillas a cada lado de sus piernas y comencé a desabrochar los

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Re: el amor, casi un trabajo:

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 2:44 am

botones de su camisa. A medida que dejaba su torso desnudo fui dando suaves besos sobre sus hombros y su cuello. Me quité también mi camisa y mi corpiño. Posé mis nalgas sobre sus piernas, mi falda se subió un poco por las mías dejando mis muslos casi descubiertos.
Nos abrazamos dejando que nuestros pechos se acariciaran entre sí. Su piel era suave, tibia. Sentí sus manos por mi espalda, su boca rozar suavemente mi clavícula. Recorrí una a una sus vertebras desde su cuello hasta alcanzar el nacimiento de sus glúteos. El milagro de gustarnos, reconocernos, amarnos, estaba sucediendo.
Empujé su cuerpo lentamente hasta recostarla sobre el sofá. Delicadamente fui quitando lo que quedaba de su ropa. Desnuda se quedó observando cómo me deshacía de mi falda y mis bragas. Separé sus piernas para ponerme de rodillas entre ellas. Sin separar mis ojos de los suyos fui acercando mi vagina. Ella observaba mis movimientos, se mordía el labio inferior esperando que mi sexo entrara en contacto con el suyo.
Nos tomamos de los brazos y comenzamos a fregarnos. Podía sentir su húmeda vagina bajo mi clítoris inflamado de placer. Nos agitábamos siguiendo un ritmo sensual y delicioso. Nuestros ojos se colmaban de excitación viendo nuestros pubis unidos.
Nuestros rostros congestionados, traducían nuestro placer, una vena se dibujó en su cuello, de su boca solo salían gemidos que revelaban que pronto acabaría entre mis piernas. Separé con mis dedos nuestros labios vaginales para que nuestros clítoris se encontraran libremente y entonces sobrevino casi al unísono mi orgasmo y el suyo.
Dejé caer mi cuerpo rendido sobre el sofá. Nos quedamos rozando nuestras vaginas y acariciándonos las piernas hasta que el olor a quemado nos hizo saber que nuestra cena se había arruinado.
Corrí de un salto a apagar el fuego. any me observaba sonriendo desde el sillón abrazando sus rodillas. Era la imagen más bonita que había visto en mi vida!
Volví a sus brazos. Nos reímos, nos besamos, nos miramos. Volvimos a hacer el amor. La madrugada nos sorprendió abriendo una lata de atún y tostando pan del día anterior.
El amor era aquella noche un fuego que a mí me mantenía encendida, mientras que a any la consumía. Deseaba tanto decirle que no había de qué preocuparse, que ya lo sabía todo, que no me importaba, que todavía nos quedaban muchos días, que no le tenía miedo a lo que vendría después! Decirle que ella me había hecho fuerte, que podía soportarlo todo, menos su ausencia.
-Te amo tanto any! – le dije sin poder evitarlo
-No está bien que lo digas… -dijo apenada
-Aunque no lo dijera, es lo que siento. Decimelo vos también, por favor! Aunque sea una vez! – le supliqué
-dulce, por favor … - murmuró evitando mi mirada
-Decilo por favor! – le insistí acariciando su mejilla
Se separó de mí para ponerse de pie. Envuelta en mis sabanas, busco en silencio las palabras que iba a decirme, hasta que al fin comenzó a hablar.
-Te amo dulce, te amo desde casi la primera que te vi, te amo todos los días de mi vida y sé que mañana también te voy a amar y no hay nada que pueda hacer para detenerlo! No hay un minuto en que no maldiga no poder darte lo que te mereces! Todo este año fue una tortura! Siento que no hago otra cosa que desearte y estar pendiente de lo que haces y dejas de hacer! Pero no tengo nada más para ofrecerte que esto…
Avance para abrazarla y calmarla
-Yo quiero esto! –le dije- vamos por el día a día, no hablemos del futuro, no hablemos de cómo vamos a seguir, vayamos por un día a la vez!
Me abrazó conmovida.
-Vas a cansarte de esto, no va a funcionar – me dijo pesimista
-No tenemos ninguna seguridad de que eso suceda… tal vez me cansé, tal vez no funcione, pero quizá nos estemos equivocando y resulta que funciona! Resulta que no me canso! any, yo no voy a soportar perderte ahora, me arriesgo a sufrir el error de descubrir que me cansé de vos o que quizás vos te canses de mí, pero no pienso renunciar a lo que hay ahora! Mucho, poco, no sé! Pero es lo que quiero y lo que me hace bien
any
Aquella noche acepté lo que dulce me dijo. Yo tampoco quería renunciar. Esta vez era distinto y decidimos ir de a un día por vez tal como lo propuso. Inevitablemente llegaría la hora en que debería decirle que yo estaba enferma.
Decidí apostar en este juego de cartas donde mi contrincante era el destino. No había otra manera de seguir. Las cartas ya estaban sobre la mesa. Las mías las conocía bien y sabía que no eran muy buenas, pero existía una posibilidad que de alguna manera yo ganara la partida. Tal vez al destino también le había tocado una mano floja.
Dulce
Busqué por internet información sobre la enfermedad que padecía any. Quería saberlo todo. Con Martina nos encontramos una vez más, en un café alejado de la empresa. Le pedí que me contara cada detalle, lo que decían los médicos, lo que iba a suceder, los tiempos en que sucedería. Quería saberlo todo, pues era la única manera en que yo podría ayudarla y sentirme definitivamente preparada para aceptarlo.
Me contó que la enfermedad avanzaba por ciclos. Que en el caso de any había permanecido latente desde aquel primer episodio hace años y que ahora volvía a despertar. Esta segunda vez esperaban que los síntomas fueran más agresivos. Su tratamiento era sencillo pero debía respetarlo a rajatablas. Los médicos consideraban que era muy probable que consiguieran atenuar pero nunca curar por completo. Hasta el momento el avance indicaba que sus piernas eran las más afectadas. En no más de un año any ya no podría caminar.
-Se va a morir? – le pregunté temerosa y angustiada
-Como todos! Como vos y como yo. La única diferencia es que any sabe de qué tiene más probabilidades de morirse… - contestó Martina sabiamente
Volví a la empresa con un nudo en la garganta. Temía que any pensara que me quedaba con ella por lástima. No era por piedad sino por amor. Demasiado injusto era lo que le pasaba como para dejar que ella siguiera cometiendo otra injusticia más, no permitiéndonos estar juntas.
Entré a su despacho olvidando tocar la puerta antes. Ella estaba reunida con Enrique.
-Oh! Perdón – dije – vuelvo más tarde… - proseguí disculpándome por la interrupción
-No por favor! –dijo Enrique apresurándose a recoger unas carpetas – ya habíamos terminado, pasa!, pasa!, yo ya me retiro
La situación era algo incómoda. Enrique parecía urgido por salir de allí de inmediato.
-Las dejo solas! Atiendan sus asuntos… - dijo con cierto nerviosismo mientras cerraba la puerta tras de sí
La miré a any sonriendo por lo que acababa de ocurrir.
-Y a este que le pasa? – me preguntó ella extrañada
-Creo que escuchó cuando el otro día te dije que me quería acostar contigo …- dije con soltura mientras me acercaba a darle un beso en los labios
-Así que media empresa sabe que te queres acostar conmigo! – protestó con simpatía
-Así parece! Me tiene sin cuidado lo que piensen! Tal vez puedan decir cualquier cosa, pero lo que no podrán negar es que tengo buen gusto! - le respondí volviéndola a besar
-Y de mí que crees que opinaran? – me preguntó curiosa
-Lo de siempre! Que nunca perdes de vista las necesidades de tus subordinados! – le contesté en broma
-O que soy una perversa que se aprovecha de mujeres jóvenes, hermosas e inocentes! – agregó mientras deslizaba las puntas de sus dedos por mi escote.
-Lo de joven, es discutible! Tampoco soy una niña! – respondí mientras any me rodeaba la cintura con su abrazo.
-Puede ser, mmm, podemos discutirlo – murmuró mientras me recorría con sus ojos haciéndome sentir terriblemente deseada
-Lo de hermosa?, pues, siempre confié en tu criterio, así que si tu lo dices, debe ser que soy hermosa! – agregué riendo
-No lo dudes! – me confirmó besándome el cuello suavemente
-Pero lo de inocente! Ya has visto como me pone el sólo hecho de que me mires! Muy inocente no soy! – dije mientras movía mis caderas para rozar mi pubis contra el suyo
-Pues vamos a tener que controlarlo! Tenemos mucho trabajo! – dijo tomando mi rostro con sus manos – venís a casa esta noche?
Me encantó que me lo propusiera!
-Claro que sí, tendría que recoger algo de ropa…- respondí con entusiasmo
-Yo tengo un asunto que resolver a última hora y tal vez llegue un poco tarde, pero te dejo un juego de llaves, ve cuando quieras y no encontramos allí… te parece – dijo mientras buscaba en su cartera las llaves que pensaba darme
Nos dispusimos a trabajar y yo me sentía por demás de feliz! No sólo me proponía que fuera a pasar la noche con ella, sino que además me había dado un juego de llaves de su casa! Sin hablarlo demasiado, estaba dejando que el día a día sucediera yendo despacio y atreviéndose a ir un poco más allá.
Cerca de las 5 de la tarde coincidimos en la expendedora de café, Paola, Silvana, Enrique y yo. Estábamos hablando de cosas sin importancia cuando apareció any avisando que ya se iba.
-Enrique, por favor, trata de resolver lo que hablamos para mañana a primera hora, ok?
-Despreocúpate! – asintió él
-Nos vemos mañana gente! – dijo despidiéndose y agregó dirigiéndose a mí– y a ti te veo más tarde…
-Por supuesto… -respondí algo inquieta porque no esperaba que lo mencionara delante de todos
Me guiñó un ojo y prosiguió su camino despreocupada. Se hizo breve un silencio entre nosotros hasta que Paola comentó:
-No sé qué será lo que le estará sucediendo, pero me alegra que haya cambiado ese humor de perros que venía teniendo! Se la nota mejor, no?
-Tendrá sus motivos! – agregó Silvana buscando la mirada cómplice de Enrique. Ambos me habían escuchado aquel día y seguramente algo intuían.
-No creo que nos incumban sus motivos… basta con que sea feliz, no? –respondió Enrique eludiendo entrometerse – Bien! Voy a seguir con lo mío, … si me disculpan…
Se retiró rápidamente. Silvana lo siguió sumándose a su actitud. Mientras Paola quedó sin entender demasiado y sumamente curiosa:
-Estos dos saben algo! – exclamó indignada
-Paola! Hay cosas que conviene estar preparada antes de saberlas! En tu lugar, me conformaría con lo que sé! – le sugerí porque sabía que ella haría de esto un escándalo y lo que menos necesitábamos any y yo era convertirnos en el centro de atracción.
-Maldición! Vos también sabes lo que le pasa! – me reclamó
-Sé lo mismo que vos. any ya nos anunció su retiro, seguramente eso le preocupa. Ahora que ve que puede dejar todo en orden es obvio que está más tranquila- dije desviando el tema
-Es probable… -dijo apenas convencida – pero no entiendo porque se retira… si tanto le preocupa por qué lo hace?...
-Ella ya hizo demasiado aquí, se merece un descanso. Puede darse el gusto de vivir sin trabajar! Acaso vos no harías lo mismo? – le pregunté
-Tenes razón,… a veces soy egoísta! No quiero que se vaya! La voy a extrañar muchísimo! – dijo con tristeza
-Yo también – agregué antes de volver a mi tarea
-dulce,… - me detuvo Paola nuevamente- a vos… digo… como mujer… any te gusta? … pregunto si es tu tipo… vos me entendes – agregó un poco avergonzada de preguntármelo
-Paooola!!! – le exclamé haciéndole notar que su pregunta era indiscreta
-Ok, ok! Hace de cuenta que no pregunté nada! – agregó arrepentida
any
Aquel día en la oficina me sentía sumamente feliz. dulce se había aparecido en mi despacho y todo se me iluminaba. Me parecía hermosísima! Ella podía ser tan sensual a veces, que me costaba volver a concentrarme en mis asuntos. No sólo era hermosa y sensual, sino que además estaba loca por mí! Camino a mi cita con los médicos, me preguntaba "que habré hecho yo de bueno para que la vida crea que yo la merecía".
En la camilla del consultorio el neurólogo medía mis reflejos y examinaba mis piernas.
-Cómo te has sentido estos últimos días? – me preguntó
-Un poco fatigada pero bien, al menos no siento dolor, ni tampoco calambres – respondí
-Es normal que te sientas cansada, es por el interferon, estamos dando dosis máximas. Estas reaccionando bien, eso es bueno – comentó satisfecho
Pasé el resto de la tarde haciéndome exámenes. Aunque era un fastidio hacerme ver por tantos especialistas no podía dejar pasar ningún detalle y estaba dispuesta a someterme a lo que fuera con tal de dilatar la llegada de la odiosa silla de ruedas. No soportaba la idea de depender de nadie y menos ahora que dulce estaba a mi lado, era humillante pensar que ella me vería como una inútil que ni siquiera podría ir al baño por sus propios medios!
Pasé por la casa de mi hermano antes de dirigirme a mi departamento. Tenía que llevarle un par de cosas que le había prometido a Sofía. Desde que Guillermo se había divorciado, intentaba darle una mano con su hija. Los días que ella debía pasar con él, agradecía que yo estuviera allí pues decía que se sentía totalmente inútil.
-Te quedas a cenar con nosotros? – me ofreció Guillermo
-No puedo, tengo gente en casa – contesté mientras probaba la salsa que estaba cocinando
-Reunión de trabajo? – preguntó curioso
-Todo lo contrario –respondí misteriosa
-Vaya! Que sorpresa! Una cita entonces? – indagó
-Un poco más que una cita…- le respondí mostrando felicidad
-Esa expresión no dejan dudas que se trata de dulce! – aseguró
-Exactamente! Calculo que debe estar ya en casa… - dije mirando la hora y apurando mi partida
-Después quiero detalles! – exclamó él viéndome salir rápidamente
Cuando llegue a casa dulce tenía la mesa puesta, había bajado un poco las luces y sonaba una música suave. La busqué en la cocina, allí estaba vestida de entre casa, con unos jeans y una camiseta de tirantes. Me quedé observándola apoyada en el marco de la puerta.
-Ya sé que no estoy muy acorde con el ambiente pero realmente necesitaba ponerme algo cómodo! – dijo sonriendo mientras controlaba la comida que tenía en el fuego
-Me tiene sin cuidado como vistas! Tengo planes de deshacerme en breve de lo que llevas puesto! – le dije mientras la abrazaba por la espalda y llevaba mis manos por sus senos y su entrepierna, besándole el cuello mientras lo hacía
-Deja de hacer eso, si pretendes cenar esta noche! – me respondió mientras sentía su cuerpo estremecerse de placer
-Tengo tiempo de una ducha? – le pregunté mientras ella me ofrecía probar la comida acercando una cuchara a mi boca
-Si te apuras, sí… que tal está? – me preguntó
-Delicioso! – le dije y me apresuré a darme un baño
Volví cubierta sólo por la bata de baño y con una toalla en la cabeza.
-Demoré mucho? – dije mientras observaba si necesitaba ayuda para servir la mesa
-Para nada! A ver déjame ayudarte – me dijo quitando la toalla de mi cabeza y secando un poco mí cabello. Me lo acomodó con sus manos y no pude evitar besarla con ternura por ese gesto tan dulce que tenía conmigo
-Vamos a comer que se enfría! – agregó
Comimos conversando, riéndonos de tonterías. Cuando acabamos rellené nuestras copas y la invité a brindar por su habilidad en la cocina.
-Por la delicia que me has hecho probar! – dije
-Salud! – dijo ella y luego de beber un sorbo agregó- aunque yo no pude disfrutarla a pleno… no dejé de imaginar el postre que se esconde debajo de esa bata…
-No te dejé comer en paz? – pregunté sugestivamente mientras descubría un poco más mi escote llevando mi mano por mi esternón, acariciándome suavemente
-Aha… - musitó mordiéndose los labios – vas a dejarme ver un poco más? – preguntó atrevida acomodándose en su silla como esperando disfrutar de algún espectáculo
Fui desatando el nudo de mi bata y prolijamente descubrí mi cuerpo. Crucé mis piernas exhibiendo el triángulo que de mi sexo se dibujaba para sus ojos.
-Así te parece bien? – pregunté
-Ven aquí conmigo! – dijo señalando sus piernas
Me acerqué dejando mi bata tirada en el suelo y me senté sobre sus piernas pasando las mías a cada lado. Me resultaba muy excitante estar completamente desnuda en los brazos de dulce que aún permanecía vestida. Era como estar en desventaja pero de alguna manera era darle a entender que me tenía a su merced. Me daba gusto sentirme su mujer.
-Ya te dije que te amo? – preguntó sonriendo mientras sus manos recorrían mi piel suavemente
-Creo que alguna que otra vez…- le contesté acariciando sus labios con mis dedos
-Siempre me pusiste nerviosa! Casi desde el primer momento que te vi empecé a tener deseos de besarte! Sufría como loca no poder decirte lo que me estaba pasando. Era una tortura tenerte cerca! – decía sin dejar de tocarme
-Acaso no te dabas cuenta que me pasaba lo mismo? – pregunté curiosa
-A veces sí, pero creía que eran fantasías mías. Para mí eras inalcanzable! Me pasaban millones de cosas contigo y vos parecías completamente ajena! Hasta que fuimos al campo y me dejaste saber que yo te gustaba. Guauuu! Fue tocar el cielo con las manos! – me confesó con la cara llena de emoción
-Ese día fue terrible! – recordé- casi me haces perder el control! Tenías una expresión tan bonita en tu rostro que era imposible no tener ganas de comerte la boca!
-Tengo que confesarte algo con respecto a ese día… - dijo casi tímidamente
-Qué cosa? – pregunté curiosa
-Ese día tuve mi primer orgasmo contigo! – me largó sin titubear
-Cómo que tuviste tu primer orgasmo conmigo?! Cuándo?! – pregunté sorprendida
-Cuando montábamos! Estabas tan cerca de mí que no pude evitarlo! Me excité sin necesidad de que me tocaras, me bastó solo el roce de tu cuerpo detrás de mí! Creí que me iba a morir de vergüenza si lo descubrías! – me confesó sonrojada
-No te puedo creer! Juro que no lo noté! Fui realmente una estúpida! Ahora la que siente vergüenza soy yo! Mira como me está poniendo lo que me contas! – dije tomando su mano y llevándola hacia mi vagina húmeda, con tono de excitación
Sentí sus dedos comenzar a tocarme y una sensación de paz y placer me inundó.
-Quiero tenerte dentro de mí – le dije mirándola a los ojos y buscando sus labios para comerlos a besos
Comenzó a entrar y salir dentro de mí a ritmo lento y exquisito. Me besaba los pezones mientras lo hacía. Yo me estremecía y me entregaba por completo a sentirla. No cesó en sus caricias, en sus besos, en su penetración, hasta conseguir que mi orgasmo llegara pacífico y desbordante a la vez. Mi espalda se tensó y espasmos de placer me hacían dar pequeños saltos sobre su cuerpo.
-Aún no puedo creer que pueda tenerte! Quiero gritarle a todo el mundo que Anahí Puente es mi mujer! Que de ahora en más soy yo la que le hace el amor! La que prepara sus desayunos! La que amanece con ella! – dijo desbordada de alegría
-No va a hacer falta que grites nada! Es obvio que me traes de cabeza! Te amo tanto que apenas que cabe el corazón en el pecho…- le dije completamente enamorada
Dulce
Era un sueño lo que estábamos viviendo. any ya no se defendía de mi amor. Dejaba que las cosas pasaran naturalmente. No había noche que no durmiéramos juntas. En la empresa el chisme de que algo sucedía entre nosotras circulaba por lo bajo. No ocultábamos que nos veíamos por fuera del horario de trabajo y por lo general llegábamos juntas.
En cierta medida nos gustaba que sospecharan. En más de una oportunidad any había tenido gestos conmigo delante de todos que evidentemente excedían la relación de una simple amistad, como por ejemplo, llevar algún bocadillo con su mano hasta mi boca o tomar mi barbilla con su mano para decirme algo dulcemente. Me emocionaba que lo hiciera.
Pasaron los meses. Habían días en que olvidaba la enfermedad de any y cuando reaccionaba, rogaba que algún milagro hubiese ocurrido y estuviera curada. Pero habían detalles que me lo recordaban. Solía fatigarse a menudo, le costaba incorporarse cuando pasaba demasiado tiempo sentada en su escritorio o por las mañanas cuando nos levantábamos, así también era innegable que había adelgazado un poco.
Una tarde de domingo fuimos a pasar unas horas al parque. Cuando comenzó a caer el sol decidimos volver a casa. Noté que caminaba con dificultad. Sin querer demostrarle mi verdadera preocupación le pregunté si sentía bien.
-Sólo es un calambre! No te preocupes…- dijo para tranquilizarme
Subimos las cosas al auto y cuando se sentó al volante, mientras se ponía el cinturón abruptamente llevó su mano a la pierna derecha. Intentó masajearse, buscando alivio y ocultando que se trataba de un dolor intenso.
-Segura que estas bien? – volví a preguntar
-Si, si, ya va a pasar…- respondió con expresión de dolor.
Permanecí en silencio. Me desesperaba no poder ayudarla y tener que seguir ocultando lo que yo ya sabía. Aquello era un síntoma serio y no un simple calambre o entumecimiento. Encendió el motor del auto pero no podía empezar la marcha.
-Quieres que conduzca? – le sugerí
Apoyó su frente al volante como dándose por vencida. No decía una sola palabra.
-Amor, dejame que te ayude! Todo va a estar bien! – le dije apoyando mi mano en su espalda
-Llamá a Martina por favor! Necesito que venga! – me ordenó sin mirarme
-Busqué su celular en su cartera y me apuré a marcar el número de Martina.
-Hola linda! Que pasa? – dijo la voz de Martina
-Soy dulce, necesito que vengas, estamos en ….- le dije mientras ella comprendía de inmediato y me prometía que no demoraría
any esperó a que terminara de hablar para pedirme que la esperara fuera del auto. Evidentemente no quería que la viera sufrir.
-Ve a comprar una botella de agua, tengo sed… - me dijo buscando una excusa para mantenerme lejos
Obedecí sin protestar y me apuré a encontrar un lugar dónde hacerlo. Caminé dos calles hasta que hallé una cafetería que me vendió una botella. Corrí nuevamente hacia el auto. Vi a Martina aparcar a un lado. Con un gesto me indicó que guardara la distancia y ayudó a any a salir del auto para llevarla al suyo. Luego se acercó hasta donde yo estaba.
-Voy a llevarla al hospital, no te preocupes, te llamo apenas hayan controlado esto. Ella te va a necesitar pero ahora dale este tiempo, solo para salir de la crisis, estás de acuerdo? – me dijo buscando tranquilizarme
-Ok, pero prométeme que vas a llamarme apenas esté mejor, por favor! – le rogué
-Lo prometo! – dijo mientras volvía a su auto apurada
Conduje el auto de any hasta su casa. Guardé todas las cosas que llevamos al parque y luego me quedé hecha un ovillo en el sillón, esperando con impaciencia que Martina llamara. Llamé a Luciana, necesitaba estar con alguien, no soportaba la espera. Ella no tardó en llegar, apenas entró me abrazó preocupada.
-Está sucediendo… - dije no pudiendo contener mis lágrimas.
No sabía si me dolía más lo que estaba pasando o reconocer la posibilidad que any decidiera sacarme de su vida a partir de este momento.
Luciana buscó tranquilizarme, preparó un té y se quedó conmigo hasta que por fin sonó el teléfono.
-Ya está mejor… - dijo Martina
-Voy para allá! – le dije sin esperar que me respondiera.
Cuando llegué al hospital vi a Martina hablando con uno de los médicos. Avancé rápidamente.
-Cómo está ella? – pregunte ansiosa sin preocuparme por saludar ni presentarme
-Luis, ella es dulce, la pareja de any – dijo Martina al médico que estaba con ella
-dulce, no te asustes, ya está todo controlado. Fue un episodio importante pero los corticoides están haciendo efecto. Al menos pasó el dolor agudo. Mañana el neurólogo va evaluar si hubo algún daño serio a nivel nervioso. Suponemos que alguna secuela habrá, probablemente una parálisis parcial, pero incipiente, de su pierna derecha. Estoy seguro que podrá caminar con ayuda de alguna muleta, pero eso lo determinaran los exámenes de mañana – me explicó sereno
-Dónde está ahora? – pregunté esperando poder verla
-En aquella habitación, ahora esta Guillermo con ella…- dijo Martina señalando una puerta del corredor
-Yo las dejo, quédense tranquilas, any tiene cuerda para rato! – comentó el médico animando nuestra esperanza mientras se retiraba.
Martina me tomó del mentón y buscó mis ojos.
-Vamos a mejorar esa cara! –dijo sonriendo – any ya sabe que vos estabas al tanto de su enfermedad…
-Cómo lo tomó? –pregunté preocupada
-Se cabreó como era de esperar! Hay veces que tiene un carácter de *******! – me respondió con gracia – pero ahora quiere verte! Tiene miedo que la dejes, así que borrá esa expresión de velorio que aquí no se murió nadie! Ella te necesita fuerte!
Me sonreí sintiéndome menos angustiada y más segura al escuchar a Martina. Repasé mi rostro con mis manos y acomodé un poco mi cabello.
-Cómo estoy? – le pregunté antes de disponerme a entrar
-Horrible! Pero no hay mucho más que puedas hacer! – dijo en tono de chanza
-Te odio! – le dije golpeando su hombro con suavidad
Cuando entré la vi recostada con la bata de hospital y una guía de suero entrando por una vena de su brazo izquierdo. Guillermo estaba sentado a su lado conversando. Cuando me vieron entrar él de inmediato se paró y después de saludarme nos dejó a solas.
-Todo este tiempo lo supiste… - me dijo sin poder mirarme a los ojos
Me acerqué y tomé asiento en la silla que acababa de desocupar Guillermo.
-Sí, lo sabía y menudo susto me diste en el parque! – comenté sonriendo para distender el clima
-dulce yo… no sabía cómo decírtelo, no quería perderte! Soy una ridícula! – protestó para sí
-Shhh! – le dije mientras le tomaba la mano – no quiero que digas nada, no quiero que me expliques nada! Lo único que quiero es que ni se te ocurra sacarme de tu vida!
-No podría hacerlo tampoco…- agregó suspirando
-Así me gusta! Te dije alguna vez que te amo? – le dije bromeando como solía hacerlo
-Alguna que otra vez…- me contesto ella como siempre
La besé en los labios y por fin sentí que podíamos vivir en paz.

Any
Cuando salí del hospital lo hice en compañía de dulce y Martina. Me llevaron en silla de ruedas hasta la vereda tal y como lo indica el protocolo del hospital. Luego me coloqué mi muleta, debía empezar a acostumbrarme a ella. Mi pierna derecha había quedado parcialmente paralizada.
No podía volver a trabajar de inmediato y tenía que pasar algunos días de reposo en casa. Cuando llegamos dulce y Martina me ayudaron a recostarme. dulce se sentó a mi lado en la cama y me beso tiernamente. Martina por su parte se tendió a los pies y hablamos de los días por venir.
-No veo la necesidad de tener que retirarte de la empresa… dulce podría ser tu representante y seguirías trabajando desde tu casa…- sugirió
-No es mala idea – respondió dulce
-Tendríamos que pensarlo– respondí
Estábamos divagando al respecto cuando entró Guillermo.
-Vaya! No sé cómo lo consigues! Yo apenas logro que mi ex mujer me dirija la palabra y vos te das el lujo de tenerlas a las dos en tu cama! – dijo bromeando
-Siempre fui mejor que vos seduciendo mujeres! – le dije sonriendo
Martina y Guillermo se quedaron un rato más con nosotras conversando y luego se marcharon sugiriendo que debíamos reunirnos más seguido.
Cuando al fin quedamos solas, dulce se acurrucó a mi lado. Su cuerpo se sentía cálido y reconfortante. Comprendí que era la mujer de mi vida y que difícilmente podría seguir adelante sin ella.
-Te amo – le dije mirándola seriamente para que comprendiera que era lo único seguro en mi vida
-Yo también te amo… -dijo besándome
-Sabes? Está pierna mía no va a impedir que te haga el amor! – le dije provocándola
-Crees que será mejor que me cuide? – preguntó bromeando
-Te prefiero descuidada! – respondí buscando sus pechos por debajo de su camiseta
No tardó en desvestirse y ayudándome a mí a hacerlo, volví a sentir su piel y su cuerpo. Agradecí para mis adentros no haber conseguido sacarla de mi vida y agradecí que ella no se diera por vencida conmigo. dulce era lo más hermoso que podría pasarme y esperaba que nunca se fuera de mi lado.


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