Enemigas intimas

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Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:36 am

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:36 am

Capítulo 1

Dulce María Espinoza Saviñón, 26 años, soltera y pelirroja. Asesina y culpable de venta ilegal de armas. Se han realizado tres operaciones para atraparla; todas fracasaron, dejando como resultado dos policías muertos.
- ¿Dos muertos?
- Así es.
- ¿Por arma de fuego?
- No, los apuñaló por la espalda.
- Continúa.
Actualmente no se sabe en dónde se oculta, lo único que sabemos es que tiene un gatito que se llama “miau”
- ¿Qué?
Se rió- Sólo es una broma.
Además de tener un gatito, la señorita Espinoza está protegida por dos hombres. Alfonso Herrera y Christopher Uckermann. Alfonso, más conocido como Poncho. Creció en las calles, está especializado en bombas y, según nuestras fuentes, fue obligado por Dulce a unirse a ella. Christopher sacó las oposiciones de policía, especializándose en forense simplemente para infiltrarse en una comisaría, cosa que le había pedido Espinoza. Fue descubierto, pero con ayuda de la sorprendente aparición de Dulce, logró escapar.
- ¿Cómo?
- ¿Cómo, qué?
- ¿Cómo consiguió escapar?
- Espinoza atrapó dos rehenes, dos ciudadanos que se encontraban en la comisaría. Después de más de diez horas de secuestro y a base de chantajes consiguió escaparse.
- Continua –Pidió nuevamente.
Sabemos que esta noche, a las 10, va a tener una cena en un lujoso restaurante del centro de Madrid, posiblemente con una de sus cómplices para planear su próximo golpe.
- Tenemos trabajo entonces
- Así es. Esta noche tenemos la oportunidad de atraparla.
- ¿Fotos?
- Aquí están –Entregándole tres fotos, una de cada uno.
- Chris… ¿es ella? –Preguntó, mirando la foto de la mujer.
- Sí, esa es. Dulce María Espinoza. La verdad es que no tiene cara de asesina, ¿eh? -Se rió.
- Pues… no… -Aún con la mirada fija en esa foto.
- Annie, ¿qué le ves? –Preguntaba.
- Nada, nada… Solo que no tiene cara de… pues de eso.
La miró, incrédulo- Tú tampoco tienes cara de policía y lo eres –Se rió- De verdad amiga, últimamente estás muy rarita.
- Ay déjame en paz, tú siempre estás raro y yo no te digo nada -Dijo, dándole un suave golpe en el hombro.
Se rió- Sí, claro –Sarcásticamente.
- Voy a buscar a Mai para que se prepare para esta noche –Anunció, levantándose de su silla.
- ¿Preparo patrullas de refuerzo o vamos nosotros tres nada más?
Guardó un corto silencio- No, ellos son tres, así que vamos a estar en igualdad de condiciones –Concluyó.
- Como usted diga jefa –Aceptó con una sonrisa- Preparo los pasamontañas, ¿no?
- Ay no, odio esas cosas, ¿para qué?
- ¿Cómo que pare qué? Parece mentira que seas comandanta jefa de nuestra patrulla… Son peligrosos, no podemos dejar que nos vean las caras.
- Pues está bien, prepáralo si quieres. Voy a buscar a Mai, ¡adiós!
***
- ¡Hola! –Saludaba efusivamente Anahí a su amiga y compañera Maite, abrazándola.
- Todavía sigo sin entender por qué me saludas como si hiciera una vida entera que no me ves –Decía Maite, riéndose, correspondiendo al abrazo.
- Porque eres mi mejor amiga y te quiero -Respondió con una amplia sonrisa, rompiendo el abrazo- Oye, vine a darte una buena noticia.
- A ver, sorpréndeme.
- Nos asignaron un caso importante, esta noche tenemos una salida –Anunció.
Asintiendo con la cabeza- Vale, ¿aviso a alguien o vamos nosotros solos?
- No, nosotros solos. Ve al despacho de Chris a que te pase los informes para que te enteres de qué trata el caso.
- Ok, pues voy para allá –Dijo, dispuesta a dirigirse al despacho de Christian.
- No, no, espera un momento –Pidió, agarrando a su amiga del brazo- Tengo un problema.
- ¿Cuál?
- Estoy enamorada.
- Ay no –Suspiró- ¿Otra vez?
- No, no, escúchame… esta vez es en serio.
Se rió- Sí, claro, como todas las anteriores.
- Mai, de verdad –Afirmaba, muy segura de eso.
- A ver, ¿quién es?
- Ángel
- ¿Qué? –Se rió- ¿El del gimnasio?
- Es que… es tan… tan…
Mirándola mal- ¿Tan qué?
- Pues no sé, pero tiene algo que me encanta.
Riéndose- Annie, sabes te quiero mucho, pero creo que de aquí a que tú te enamores de verdad, van a pasar mil años.
- Ay… ¿por qué me dices eso?
- Pues porque estoy segura de que lo único que sabes de él es que se llama Ángel y que entrena en el gimnasio de la esquina… –Anahí guardó un corto silencio, dándole a entender de que así era- ¿Ves? –Se rió.
- Bueno, ¿sabes qué? Voy a olvidarme de los hombres por un tiempo y me voy a centrar en cuidarme a mí misma –Decidió, muy segura de sí misma.
- Ya no sé cuantas veces he escuchado eso… -Se reía, mirando divertidamente a su amiga.
- Esta vez va a en serio –Dijo, algo más seriamente.
- Claro que sí, lo que tú digas amiga –Le dio la razón, sin la más mínima gana de discutir- Voy con Chris, luego nos vemos, ¿ok?
- Vale, vale, hasta luego –Decía, quedándose pensativa por lo que acababa de hablar con Maite.
***
Diez de la noche, a fuera del lujoso restaurante ya nombrado anteriormente. Anahí, Maite y Christian se encontraban en un coche, simplemente esperando la ansiosa llegada de Dulce. Y ese momento llegó. La pelirroja se bajó de un coche, acompañada de dos hombres: Christopher y Alfonso.
- Apunta la matrícula –Pidió Anahí a Christian, observando fijamente.
- ¿Qué hacen? –Preguntó Maite, quien también estaba mirando fijamente, dándose cuenta de que estaban los tres ahí parados.
- Probablemente están esperando a la persona con la que quedaron –Dijo Christian, una vez había apuntado la matrícula.
Los tres miraban fijamente desde el interior del coche.
- ¿Y ahora? –Decía Maite, sin entender el comportamiento de Dulce, Christopher y Poncho.
- Están buscando algo –Decía Christian, dándose cuenta de que estaba mirando para todos lados.
Anahí guardó un corto silencio, observando la situación y dándose cuenta de algo:
- Van armados –Anunció la rubia.
- ¿Qué? ¿Y cómo lo sabes? –Preguntó Maite.
- La pelirroja lleva la pistola en el bolsillo trasero de su pantalón –Explico Anahí, mirando hipnotizadamente a esa chica.
- ¿Y tú qué haces mirándole el culo a una asesina? –Preguntó Christian, riéndose.
- ¿Qué? ¡No le estoy mirando el culo! –Se defendió la rubia, observando cómo sus dos amigos se reían- Está de espaldas, ¿a dónde quieres que mire?
- Oigan, entraron el restaurante –Anunció Maite, sin responder a ese comentario de Anahí.
- ¿Entramos? –Preguntó Christian, poniéndose ya más serio.
- No –Respondió rápidamente Anahí- Tú mismo lo dijiste: no podemos dejar que nos vean las caras. Esperaremos a que salgan –Decidió.
Así fue, los tres esperaron en el coche pacientemente hasta que, después de dos horas, Dulce, Christopher y Alfonso salieron del restaurante, acompañados de una joven y alta mujer morena.
- ¿Y esa quién es? –Preguntó Maite.
- Pues la persona con la que quedaron –Respondió Christian- Annie, se van –Informó el chico, dándose cuenta de que se dirigían al coche del que anteriormente se habían bajado.
- Poneos los pasamontañas –Indicó Anahí, poniéndose el suyo- Vamos a actuar –Informó, cargando su pistola.
- ¿Cuál es el plan? –Preguntó Christian, poniéndose su pasamontañas.
Guardó un corto silencio, pensando- Son 4 y nosotros somos 3, estamos en desventaja. Probablemente en cuanto nos vean van a echar a correr. Christian tú vas a por los dos chicos, Maite tú a la mujer y yo a por la pelirroja. Nada de locuras, ¿vale? Ahora mismo nuestra intención es avisarles de que los vigilamos, así que no disparen si no es necesario –Daba instrucciones Anahí- ¿Preparados? –Preguntó. Christian y Maite asintieron con la cabeza, ya empuñando sus pistolas- Pues adelante.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:36 am

Los tres se bajaron del coche y corrieron hacia ellos, provocando que los vieran. En cuanto los vieron Christopher y Poncho sacaron sus armas, apuntándolos, lo que provocó que Anahí y sus compañeros hicieran lo mismo. Siendo protegida por Christopher y Poncho, Dulce y la otra mujer echaron a correr; ahora le tocaba a Anahí seguirlas. Christopher y Poncho intentaron impedir el paso a Anahí, pero fueron rápidamente detenidos por Christian y Maite, quienes los distrajeron lo justo para que la rubia pudiera echar a correr detrás de las dos mujeres.
Anahí corría detrás de Dulce y la otra mujer, pero muy alejada de ellas. Observó como la otra mujer entraba en una calle, pero prefirió dejarla escapar y continuar su persecución detrás de Dulce, pues era a ella a la que tenía que atrapar. Se dio cuenta de que la pelirroja entró en un almacén abandonado, cosa que no le gustó nada porque podría ser una trampa, pero confió en que no fuera así y también entró allí, aún bajo el incómodo pasamontañas y empuñando su pistola por si acaso. Caminó y caminó por el interior de ese almacén y lo único que veía eran estanterías vacías, pero ni rastro de la pelirroja. Escuchó un ruido y se volteó para ver de quien se trataba, pero no había nada. De repente sintió como la empujaban desde atrás, provocando que cayera al suelo, al igual que su pistola, que se alejó varios metros de ella. Anahí la miró desde el suelo, nerviosa, pues estaba desarmada y lo único que tenía era su pasamontaña para que no pudiera verle la cara.
- ¿Eso es todo lo que sabes hacer? –Preguntó la pelirroja desde arriba, con una amplia sonrisa.
Rápidamente Anahí se levantó y dirigió una fuerte patada al abdomen de la pelirroja, patada que fue muy bien esquivada por ella y respondida con un fuerte puñetazo a su cara, imposible de esquivar. Anahí se llevó la mano al lugar de la cara donde había sido golpeada, dolida.
- Vas de mal en peor -Se reía Dulce, observándola.
Nuevamente Anahí hizo un rápido movimiento con su pierna, esta vez dirigida a las piernas de Dulce, consiguiendo que la pelirroja no la esquivara y provocando que cayera al suelo. Anahí sacó las esposas y, cuando fue a acercarse a ella, la pelirroja sacó su pistola, apuntándola a la cabeza.
- Suelta eso –Exigió Dulce, refiriéndose a las esposas, levantándose y acercándose a Anahí.
La rubia obedeció rápidamente, dejando caer las esposas al suelo, ahora sí se temía lo peor.
- ¿Sabes? Creía que los que se ponían pasamontañas eran los ladrones, no los policías –Decía con una sonrisa vengativa, llevando su mano al pasamontañas de Anahí, dispuesta a quitarlo.
Anahí agarró rápidamente la mano de Dulce y la giró, provocando que, por la presión, Dulce se agachara.
- ¡Joder! –Se quejó la pelirroja por el dolor en su muñeca.
Aprovechando ese momento de distracción, Anahí se agachó para coger la pistola, pero fue detenida por Dulce, quien la empujó, provocando que volviera a caer al suelo. Esta vez sí Dulce se posicionó encima de ella, ya sin pistola y agarrándole los brazos para que no la golpeara.
- Venga, déjame ver tu asquerosa cara –Pidió Dulce, llevando sus manos al pasamontañas de Anahí y quitándolo en un rápido movimiento.
Dulce dejó al descubierto la cara de Anahí, quedándose sorprendida pues, para nada, era una cara asquerosa, todo lo contrario, tenía unos ojos hermosos. Anahí, por su parte, se dio cuenta de que era mucho más guapa en persona y de cerca que en fotos y no pudo evitar dirigir su mirada a los carnosos labios de la pelirroja, por alguna razón que no sabía deseaba besarlos.
Silencio, silencio y silencio, eso era lo único que se escuchaba mientras ambas se miraban, analizando cada detalle de sus caras. Todo ese silencio fue interrumpido por Christian y Maite, quienes entraban en el almacén preguntando a gritos.
- ¿¡Anahí estás aquí!?
Dulce, desde arriba sonrió.
- Así que te llamas Anahí
Anahí no respondió, estaba demasiado nerviAnah
- Encantada –Dijo Dulce, con una amplia sonrisa y quitándose de encima de Anahí- Espero volver a verte.
Después de escuchar esa frase Anahí observó como Dulce echaba a correr y ella sólo la miró, sin hacer nada para intentar detenerla. A los pocos minutos llegaron Maite y Christian, quienes la vieron tirada en el suelo y sin pasamontañas.
- Annie, ¿estás bien? –Preguntó rápidamente Maite, acercándose a ella, asustada por si le había pasado.
Aún sorprendida por todo lo que había pasado- Sí… -Dijo simplemente, incorporándose.
- ¿Qué pasó? ¿Estuviste aquí con ella? ¿Te vio la cara? –Preguntaba Christian.
- Sí, sí me vio… -Dijo, nerviosa, llevándose las manos a la cabeza y respirando hondo- Además sabe mi nombre –Informó.
- ¿Qué? Pues estamos jodidos… -Dijo Maite.
Anahí guardó silencio y cerró los ojos, recordando ese momento de cercanía que había tenido con Dulce.
- ¿Te dijo algo? –Preguntó Christian, provocando que Anahí saliera de sus pensamientos.
- No… no sé, no me dijo mucho… yo ni si quiera le hablé, no escuchó mi voz –Explicaba la rubia.
- Bueno, yo creo que ya está bien por hoy, es mejor que regresemos a la comisaría –Propuso Maite.
- Sí, tienes razón, ya mañana vemos qué hacemos –Apoyó Christian a Maite, agarrando las manos de Anahí para que se levantara.
- ¿Y a ustedes cómo les fue con Christopher y Alfonso? –Preguntó Anahí, recogiendo su pistola y su pasamontañas, ya de pie.
- Pues… mal, se escaparon y como nos dijiste que no disparáramos, no lo hicimos –Explico Christian.
- Mañana tenemos trabajo –Anunció Anahí- Tenemos que averiguar quién era la mujer con la que quedaron en el restaurante y dónde van a volver a actuar. También quiero toda la información de la pelirroja. Padres, amigos, enemigos, hermanos, primos, novios, exnovios… todo, lo quiero todo.
Sorprendida por esas peticiones- ¿Para qué? –Preguntó Maite.
- Porque sí, lo quiero saber todo de ella –Respondió seriamente, mientras los tres se dirigían a la salida del almacén.
- Bien, como quieras, entonces mañana comenzamos la investigación –Concluyó Christian.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:36 am

Capítulo 2
Al día siguiente comenzaron la investigación, intentando averiguar todo lo posible sobre Dulce, pero sin obtener muchos resultados.
- ¡Es que no puede ser! –Decía Anahí, realmente agobiada- ¡Es imposible que nadie sepa nada de ella!
- Annie, tranquilízate, ¿no? –Proponía Maite- De verdad no entiendo por qué tanta obsesión con este caso.
- ¿Cómo quieres que me tranquilice? Lo único que sabemos de ella es que se llama Dulce María Espinoza Saviñón, que tiene 26 años, que tiene un gato y que sus dos secuaces se llaman Christopher y Alfonso, ¡nada más!
La miraba, incrédula- Apenas estamos empezando con el caso, poco a poco iremos sabiendo más, tranquilízate –Decía su amiga, intentando poner calma.
Maite observó como Anahí recostaba la cabeza en el respaldo de su silla y respiraba hondo, cerrando los ojos.
- A ver, cuéntame, ¿qué te pasa? –Preguntó Maite.
La miró- No lo sé –Respondió claramente- Esa mujer tiene algo que… que me interesa. No es la típica mujer loca que va matando gente por ahí.
- Ah, ¿no? ¿Y cómo lo sabes?
- Mai… soy policía, la estaba espiando y me tuvo para ella solita, sin nadie, en una almacén abandonado mientras me apuntaba a la cabeza con una pistola. ¡Si hubiera querido me hubiera matado, pero no lo hizo! –Explicaba, nerviosamente.
- Annie, si no te mató a ti fue porque no quería sumar un muerto más a sus penas carcelarias, ¿vale? No es muy difícil de comprender.
Negaba con la cabeza- No, no fue por eso, sé que no fue por eso –Decía, realmente segura- Es… es diferente, hay algo que me dice que ella es diferente.
- Muy bien, supongamos que ella es diferente y no es, como tú dices, la típica loca que va matando gente por ahí, pero ha asesinado a gente Annie y, además, ha vendido armas ilegales. Tiene que pagar por lo que ha hecho, da igual que sea diferente o no –Explicaba, intentando hacer entrar en razón a Anahí.
Respiró hondo- Ay Dios, yo ya no sé, me duele la cabeza de tanto pensar.
- No te obsesiones con el caso Annie, separa lo profesional de lo personal, ¿ok? De verdad, si no te vas a volver loca –Aconsejaba.
- No, es que ya estoy loca. Llevo toda la noche buscando en internet y no he conseguido averiguar quien coño era la mujer con la que se vieron anoche.
- Si no encontraste nada es porque, tal vez, no tiene antecedentes penales, ¿no crees?
La miró rápidamente, sorprendida, como si hubiera descubierto un tesoro- ¡Claro, eso es! –Sonrió ampliamente- Que inteligente eres por Dios –Se rió, dándole un largo beso en la mejilla- Lo malo es que, entonces sí, no vamos a encontrara nada de ella…
Fueron interrumpidas por Christian, quien entró en el despacho.
- ¡Buenas noticias! –Anunciaba el chico, con papeles en las manos.
- ¡Por fin buenas noticias! –Agradeció Anahí- Cuenta, cuenta –Pidió.
- Estuve buscando información sobre la chica con la que estuvieron anoche, pero no la encontré y pensé que sería porque….
- Sí, ya, eso ya lo deducimos –Interrumpió Anahí- No tiene antecedentes penales.
- Exactamente –Afirmó Christian- pero sí tiene una cuenta compartida con Espinoza en un banco, por lo que pude averiguar su nombre.
- ¿Cuál es? –Preguntó Anahí.
- Claudia Espinoza Saviñón.
Anahí abrió la boca, sorprendida- ¿Su hermana?
- Así es. Claudia Espinoza Saviñón, 20 años, hermana pequeña de Dulce María Espinoza Saviñón –Informaba, entregándole papeles a Anahí- Como ya averiguaste: sin antecedentes penales, estudiante de la carrera de derecho en la universidad de Madrid, con novio de su misma edad, independizada. En fin… una persona normal, exceptuando que su hermana es asesina –Anahí escuchaba con atención, observando los papeles que Christian le había entregado con toda la información- Pero ahora viene lo importante… Las hermanas Espinoza son huérfanas de madre y padre –Anahí y Maite lo miraron, sorprendidas- Los padres se dirigían a hacer unas compras cuando escucharon unos disparos. Se trataba de un tiroteo creado por unos delincuentes que, de momento, no he podido identificar. Ambos intentaron esconderse dentro de su coche, pero desgraciadamente una bala alcanzó al señor en la cabeza, provocándole la muerte inmediata y… la pobre mujer se murió al cabo de unos seis meses por una gran depresión a consecuencia de la muerte de su marido –Anahí estaba cada vez más sorprendida- Tal vez esté equivocado y aclaro que sólo es una teoría, pero mi conclusión es que, después de la muerte de sus padres, Espinoza se hundió y se metió en el mundillo ilegal, simplemente con la meta de, tarde o temprano, encontrar a los culpables de la muerte de sus padres y vengarse –Concluyó su teoría Christian.
Anahí guardó un largo silencio, observando esos papeles y pensando en esa posibilidad.
- Muy buen trabajo, Chris –Felicitó Anahí a su compañero y amigo.
- Gracias –Agradeció él con una sonrisa.
- ¿Qué hacemos ahora? –Preguntó Maite, mirando a Anahí, quien estaba pensativa.
- Quiero una patrulla de vigilancia en frente de la casa de la tal Claudia, que la vigilen en todo momento –Decidió la rubia.
- Annie no tiene antecedentes, no hay motivos para… -Intentaba hablar Maite.
- Es hermana de una asesina en busca y captura, generalmente los hermanos se visitan y se ven. Así que es muy probable que Espinoza aparezca por allí, quiero vigilancia total, ¿entendido? –Maite y Christian asintieron con las cabezas- También vamos a controlar las entradas y salidas de dinero de esa cuenta compartida, así podremos obtener pistas sobre los movimientos económicos de Dulce –Decidía- Y… de momento creo que nada más –Concluyó.
- Muy bien, entonces yo ya voy a avisar una patrulla para que se dirija a la casa de Claudia –Anunció Maite.
- Y yo voy a hacer lo de la cuenta del banco –Anunció ahora Christian.
- Ok, yo voy a ir a…
- No Annie, me parece que no vas a ir a ningún sitio –Dijo Maite, interrumpiéndola.
Se sorprendió por ese comentario- ¿Por qué?
- Mira quien está allí –Dijo con una sonrisa, mirando por la ventana.
Anahí se volteó para mirar por la ventana y se encontró a Ángel, el chico del gimnasio ya nombrado anteriormente por Anahí, en la puerta de la comisaría.
- Fiu Fiu –Silbaba Christian, riéndose.
- Cállate Chris –Exigió la rubia, mirando mal a su amigo- ¿Qué hace aquí? –Preguntó ahora a Maite, mirándola.
- Pues no lo sé, pero creo que deberías bajar a hablar con él –Propuso Maite.
- No, estoy trabajando, él ya lo sabe. No sé ni para qué se molestó en venir hasta aquí –Se negó rotundamente Anahí, dejando de mirar a través de la ventana.
- Oh, vamos Anahí, no seas así –Aconsejó Christian, siempre con su tono burlón- Llevas muchos días de mal humor, yo creo que lo que necesitas es un buen revolcón y él es el adecuado para eso –Se rió.
- Ya te dije que no estoy rarita ni de mal humor, solamente estoy centrada en mi trabajo –Respondió seriamente- ¡Y no necesito ningún revolcón! –Se defendió.
- Sí, sí lo necesitas Annie –Apoyó Maite a Christian, riéndose- Lo siento amiga, pero tienes mucho estrés encima y necesitas desahogarte de alguna forma. Ve a hablar con él, anda –Concluyó con una amplia sonrisa.
- No –Volvió a negarse nuevamente, pero esta vez con menos convicción.
- Venga mujer, no vayas a dejar al pobre hombre esperando por ti ahí abajo –Decía Christian.
- Ay caray… está bien, voy a hablar con él –Aceptó por fin Anahí- Pero vuelvo rápido, ¿eh? No tardo ni diez minutos –Decía, dirigiéndose a la puerta.
- Tú tómate tú tiempo, que no hay prisa –Decía el chico, riéndose.
Anahí se dirigió a la puerta principal de la comisaria, dónde la estaba esperando Ángel.
- Ángel… -Sonreía Anahí, ya en frente de él, dándole dos besos.
- Hola guapa –Saludó con una amplia sonrisa- ¿Cómo estás? –Preguntó.
- Bien, muy bien –Respondió, sonriendo cortamente- ¿Qué haces aquí? –Preguntó.
- Pues… vine a hablar contigo –Dijo- ¿Te apetece ir a dar una vuelta para hablar mejor? –Propuso.
- Estoy trabajando, Ángel… ya lo sabes –Respondió, seriamente.
- Eres la jefa, solo van a ser 10 minutos… De verdad, no te quito mucho tiempo ­Decía, tratando de convencerla.
- Bueno, está bien –Aceptó- Pero rápido, por favor –Pidió.
Dicho y hecho, ambos comenzaron a caminar, aún en silencio.
- Bueno… cuéntame –Pidió Anahí, en vista de que el chico no abría la boca.
- A ver… -Respiró hondo, con una sonrisa, notablemente nervioso- Para mí la noche que pasamos juntos fue… mágica… -Decía, siendo observado por Anahí, quien lo miraba con una extraña cara- Y… quería pedirte algo, pero antes voy a hacer algo, sí, mejor –Dijo, nerviosamente.
A Anahí no le dio tiempo de responder a eso, pues Ángel le agarró ambas mejillas y la besó. El beso iba dirigido con mucha profundidad por parte del chico, pero debido a que Anahí no lo profundizó, se rompió en pocos segundos.
- ¿Quieres… ser mi novia? –Preguntó, aún con la cara de Anahí entre sus manos.
Después de escuchar esa pregunta Anahí abrió tanto los ojos que parecían platos, comenzando a toser, alejándose de él, nerviosa.
- ¿Qué? –Se rió- Es broma, ¿no? –Preguntó.
- No, claro que no, a mi me gustaría…
- Mira Ángel… -Dijo, interrumpiéndolo- Eres un buen chico, estás muy bueno y me caes muy bien, pero fue una simple noche, nada más –Explicó claramente, sin rodeos- De momento yo no busco nada serio y… pensaba que tú tampoco –Añadió.
- No, no lo buscaba, pero te conocí a ti y…
- Y yo no soy la persona adecuada para ti, lo siento –Acabó ella misma la frase, nuevamente sin dejarlo hablar.
- ¿Ya? ¿Así? ¿No me vas a dar ni una oportunidad? –Preguntó.
- Lo siento… pero es que no…
- Da igual, déjalo –Siendo ahora él quien la interrumpía- Creo que mejor me voy a ir –Anunció- Que seas muy feliz –Dijo, antes de voltearse y comenzar a caminar por donde habían venido.
Anahí observó como Ángel se alejaba por la calle y, cuando iba a dirigirse de nuevo a la comisaría, alguien desde atrás le dijo:
- No sabía que fueras una rompecorazones, rubia.
Anahí había identificado esa voz, era Dulce, era ella, estaba detrás suya.
Anahí se giró rápidamente, efectivamente encontrándose cara a cara con Dulce, quien la miraba con una amplia sonrisa. Nuevamente se había puesto nerviosa, no sabía por qué, pero estar en frente de Dulce hacía que le temblaran hasta los pies. Rápidamente Anahí llevó las manos al bolsillo trasero de su pantalón, buscando la pistola, pero sin encontrarla.
- No, no la busques, te la dejaste arriba –Anunció Dulce, manteniendo su sonrisa- De todas formas, ¿por qué tanta violencia? Vine en son de paz, también estoy desarmada –Advirtió, levantando los brazos y dando una vuelta sobre sí misma, para que Anahí observara que, efectivamente, iba desarmada.
- ¿Qué quieres? –Preguntó, hablándole por primera vez.
Después de escuchar esa frase, notablemente la sonrisa de Dulce aumentó de amplitud.
- Anoche no escuché tu voz y necesitaba comprobar si era igual de linda que tú –Respondió, picándole el ojo con una coqueta sonrisa, lo que provocó que a Anahí le faltaba el aire- Y, como me esperaba, no me defraudaste –Decía, manteniendo en todo momento su sonrisa.
Anahí estaba tan nerviosa que sabía que si intentaba hablar, no le iba a salir la voz, así que prefirió guardar silencio.
- Pero… de verdad, pobre chico, no está bien ir rompiendo corazones por ahí, rubia.
Por fin, Anahí se armó de valor o, mejor dicho: se armó de voz para hablar.
- No eres la más adecuada para decirme lo que está bien y lo que está mal.
Sonrió- Pues sí, tienes razón, pero aún así te lo digo.
- Muy bien, gracias. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste? –Preguntaba.
- No sólo los policías son capaces de espiar, ¿sabes?
- ¿Me estás espiando? –Se sorprendió. Dulce solamente sonrió- ¿Para qué?
- Podría decirte que es mi trabajo y quería vengarme de lo de anoche, pero te mentiría –Reconoció- Me moría de ganas por volver a verte –Confesó.
Una vez más Anahí sintió que le faltaba el aire, quería decirle que ella también moría de ganas por verla, pero no lo hizo.
- Pues la verdad yo no tenía ninguna gana de verte –Dijo seriamente Anahí, cruzándose de brazos.
Sorprendentemente para Anahí, Dulce se rió.
- ¿De qué te ríes? –Preguntó.
- Eso no te lo crees ni tú –Respondió, siempre con la sonrisa en los labios.
- Vamos a ver Espinoza…
La interrumpió- Ay no, odio que me llamen así, de verdad, llámame Dul –Pidió.
- Espinoza –Repitió seriamente, obviando lo que le había dicho- te voy a explicar una cosa, ¿vale? Voy a por ti y, sí, muero de ganas por verte, pero entre rejas.
- Estoy aquí Anahí, ¿por qué no has llamado a tus amiguitos para que vengan a detenerme? –Preguntó, pero sin obtener ninguna respuesta, pues Anahí no supo que contestarle.
Anahí guardó un largo silencio, sin saber qué decirle ahora.
- Sigo sin comprender qué haces aquí. ¿Vienes aquí, poniéndote en riesgo, solamente para escuchar mi voz? –Preguntaba la rubia.
Sonrió- Claro, te dije que esperaba volver a verte y yo siempre cumplo mis “promesas”.
- ¿Para qué?
Arqueó una ceja- ¿Para qué, qué?
- Simplemente soy una más que quiere meterte en la cárcel, ¿qué interés tienes en mí?
- Creo que yo debería preguntarte lo mismo, ¿no? Simplemente soy una delincuente más, ¿qué interés tienes en mí? -Preguntó ella también, sonriendo.
- Yo no tengo ningún interés en ti –Respondió fríamente, intentando aparentar desinterés.
Se rió- Lo que tú digas.
- Respóndeme –Pidió.
- Es muy pronto para eso –Respondió con una sonrisa más tierna, acercándose a ella.
- ¿Muy pronto para qué? –Preguntó, sin comprender a qué se refería y volviendo a sentir que le faltaba el aire al ver que Dulce se acercaba a ella.
- No te conviene saberlo –Advirtió, ya a menos de 10 centímetros de su cara.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:37 am

- Tampoco me conviene estar hablando contigo y lo estoy haciendo.
- ¿Y no te has preguntado por qué?
Ahora fue ella quien arqueó una ceja- ¿Por qué qué?
- Si sólo fuera una delincuente más, ya me habrías pegado dos puñetazos y me hubieras arrestado. Y… sin embargo, estás aquí, mirándome a los ojos y hablándome. ¿Por qué?
Nuevamente Anahí no obtuvo respuesta para esa pregunta, por lo que decidió guardar silencio, provocando que, una vez más, una sonrisa se dibujara en los labios de la pelirroja. Anahí se dio cuenta de que Dulce movía su mano, por lo que pensó que iba a golpearla, así que rápidamente movió ella también su mano, dándole un fuerte cachetón.
- ¡Oye! –Se quejó Dulce, llevándose la mano al cachete golpeado- Que agresividad por Dios -Decía, tocándose la mejilla golpeada.
- Pensaba que ibas a golpearme… -Explicó, algo apenada por lo que acababa de hacer, dándose cuenta de que para nada eran esas las intenciones de la pelirroja.
- Solamente quería hacer esto.
Dijo Dulce, moviendo nuevamente sus manos, llevándolas a las mejillas de Anahí, agarrándolas un momento para acercar sus labios y darle un suave beso en el cachete.
- Jamás te haría daño Annie –Dijo en un hilo de voz, después del corto beso.
Anahí se quedó petrificada en ese mismo momento, ya no respiraba, ni una sola gota de oxígeno corría por sus pulmones.
- Hasta la próxima –Dicho esto y, sonriendo como siempre, Dulce se alejó por la calle.
Anahí no entendía nada, esa mujer era realmente extraña y, no sólo ella era extraña, lo realmente extraño es lo nerviosa que se ponía cuando estaba con ella. Se dio cuenta de que ya se había hecho muy tarde, así que decidió volver a su despacho. Encontrándose con Christian y Maite.
- Parece que te tomaste en serio lo de tomarte tu tiempo, ¿eh? –Decía Christian, riéndose.
Observando lo seria y pensativa que venía Anahí- ¿Discutiste con él? –Preguntó Maite.
- No, bueno, sí… no sé, realmente no discutimos… -Respondió, poco concretamente.
- ¿Qué pasó? –Preguntó ahora Christian, ya más serio, dándose cuenta de que Anahí no estaba para bromas.
- Me dijo que la noche que pasamos fue mágica y que si quería ser su novia –Respondió claramente, sin ningún rodeo, pues realmente eso ni le importaba.
- ¿Y qué le dijiste? ­–Preguntó Maite con una amplia sonrisa, pensando que la respuesta había sido positiva.
- Pues que no, por supuesto –Contestó Anahí.
- ¿Qué? –Se quedó casi patidifusa Maite- ¿pero tú no estabas enamorada? –Preguntó, atónita.
- No, tenías razón: no estoy enamorada –Explicaba, sin darle nada de importancia. Maite simplemente se rió.
- ¿Y tardaste más de media hora solamente para eso? –Preguntó Christian. Anahí guardó silencio- Pasó algo más, ¿no?
Anahí solamente asintió con la cabeza, pues aún no sabía si debía contarles o no que Dulce había ido a verla.
- ¿Qué pasó Annie? –Preguntó ahora Maite.
- Me van a matar… -Advirtió la rubia.
- Ay Dios, cuando dices eso me das miedo –Confesó Christian.
Nuevamente Anahí guardó silencio, aún dudando en si contarlo o no.
- Annie, por Dios, cuéntanos ya –Pidió Maite.
Respiró hondo- Hablé con Ángel y cuando ya iba a volver, escuché que alguien me hablaba... –Comenzaba con la explicación la rubia- Y… era…
Maite y Christian escuchaban atentamente, esperando con ansias que Anahí dijera el nombre de esa persona, pero eso no ocurrió.
- ¿Era? –Decía Christian, ya deseando que Anahí abriera la boca.
- Espinoza –Dijo por fin.
- ¿Qué? –Abrió la boca Christian, sorprendido- ¿Y qué pasó? ¿Se te volvió a escapar?
Después de esa pregunta Anahí volvió a guardar silencio, ahora tenía que buscar la manera de explicarles que ni si quiera había intentando atraparla.
- A ver… -Se disponía a explicarse- No traía pistola… solo… solo hablamos.
Christian y Maite la miraron atónitos.
- ¿Cómo que sólo hablasteis? –Preguntó Christian totalmente sorprendido- Annie, ¿tú sabes cuál es tu trabajo? –Preguntó.
- Sí, claro que lo sé Chris, claro que lo sé –Respondió, agobiada.
- ¡¿Entonces cómo se te ocurre hablar con ella y dejar que se largue!? –Decía, ya nervioso- Nos estamos comiendo la cabeza como locos para saber su paradero ¿y tú, que la tienes en frente, sólo te molestas en hablar con ella y dejar que se marche?
- Lo siento, ¿vale? –Se disculpaba.
- ¡Es que no puedes hacerte amiguita de una asesina! ¡Es tu enemiga! ¿No te das cuenta de que estás poniendo en riesgo tu trabajo y, además, tu vida? –Continuaba hablando Christian muy nervioso, pues eso no le había gustado nada- ¡Puede estar usándote sólo para sacarte información!
Anahí respiró hondo y apoyó los codos en la mesa, sosteniéndose la cabeza con sus manos, realmente agobiada y confundida. Maite, quien había estado escuchando toda esa “discusión, intervino, intentando poner algo de calma.
- A ver Chris, cálmate –Pidió.
- ¿Qué fue eso tan interesante que hablaron? –Preguntó Christian, obviando por completo el comentario de Maite.
Anahí no respondió, ni si quiera se movió ni lo miró. Si le contaba lo que había ocurrido, definitivamente, la mataría.
- Annie, dinos –Exigió Christian, en un tono bastante serio.
Ahora sí lo miró- ¿Qué más da? Eso es lo de menos… -Dijo, levantándose y asomándose a la ventana, necesitaba aire.
- ¡¿Cómo va a ser lo de menos!? ¡Es lo más importante! –Exclamaba Christian.
- Chris, por Dios, ¡cálmate! –Pedía nuevamente Maite, alzando un poco la voz- Annie… esa mujer es muy peligrosa, es capaz de todo, no puedes fiarte de ella… -Explicaba más tranquilamente Maite, observando Anahí de espaldas, mirando por la ventana- Y lo que hablaron es muy importante, ¿qué te dijo? ¿Te dio alguna pista importante o…
- No me dijo nada importante Mai, NADA –Recalcó, manteniendo su postura, sin mirarla.
- ¡Estuviste más de media hora con ella, Anahí! ¿Cómo pretendes que nos creamos que no te dijo nada importante? –Decía Christian.
- Chris tiene razón Annie, algo tuvo que decirte… -Apoyaba Maite a Christian, pero relajadamente, pues estaba viendo a su amiga mal.
- ¡Os estoy diciendo que no! –Exclamó, ya mirándolos, con algunas lágrimas saliendo de sus ojos- Sí, hablamos, pero no me dijo nada que sea importante para la investigación, ¿vale? Y ya déjenme en paz –Pidió, secándose las lágrimas y dirigiéndose a la puerta.
- No me esperaba esto de ti Annie, de verdad –Decía Christian, consiguiendo que Anahí se detuviera y lo mirara- Siempre has respetado tu trabajo, pero esta vez metiste la pata y hasta el fondo –Dijo, siendo él quien saliera del despacho.
Christian salió del despacho dando un fuerte portazo, notablemente se había enfadado mucho. Anahí suspiró y, aún en la tarea de secarse las lágrimas volvió a sentarse en la silla, tomando la postura anterior de apoyar los codos en la mesa y taparse la cara con sus manos. Maite agarró una silla y se sentó a su lado, llevando su mano a la cabeza de Anahí, acariciándole suavemente cabello en señal de apoyo.
- Chris está exagerando, no se lo tomes en cuenta –Dijo Maite, tratando de quitarle importancia a la actitud de Christian.
Levantó la cabeza, mirándola- No, no está exagerando, tiene toda la razón –Decía, mientras Maite llevaba sus manos a la cara de Anahí, secándole las lágrimas- No sé por qué coño no hice nada para detenerla. Seguramente, como Chris dijo, me está utilizando para sacarme información o, simplemente, para joderme… pero ¿sabes qué? No le voy a dar el gusto –Decía con rabia- Voy a por ella Mai, voy a por ella, te juro que esa mujer acaba entre rejas.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:37 am

Capítulo 3

En un lugar muy lejano a la comisaría:
- ¿Está preparada la bomba?
- Sí, ya conecté todo, está más que preparada.
- Ok, recuerda que sólo quiero una pequeña explosión de gas para asustarlos, nada peligroso.
- No te preocupes, casi no tiene material explosivo, es menos dañino que un petardo.
Sonrió- Genial, gracias Poncho. Voy a llamarlos y, en diez minutos, estoy ahí.
- Ok, aquí te esperamos Dul.
En ese mismo momento en la comisaría:
- Lo siento Annie, ayer me puse muy nervioso… -Se disculpaba Christian con su amiga Anahí- Pero de verdad que te lo dije por tu bien, no debes fiarte de esa tipa…
Sonrió- Ya, ya lo sé Chris, no te preocupes. Mejor perdóname a mí, no tenía que haber hablado con ella.
- No hay nada que perdonar –Respondió él también con una sonrisa.
Después de esa frase los dos amigos se estrecharon en un sincero y cariñoso abrazo.
- Te quiero mucho –Decía Anahí durante el abrazo, feliz por haberse reconciliado con su amigo.
- Y yo a ti –Sonrió el chico, rompiendo el abrazo y dándole un corto beso en la mejilla.
Ese tierno momento fue interrumpido por Maite, quien entraba en el despacho exaltada y nerviosa, diciendo.
- ¡Chicos, chicos! –Exclamaba- Acabamos de recibir una llamada oculta de Espinoza, dice que tienes dos rehenes secuestrados en las afueras de Madrid y que, o vamos, o los mata –Informaba, casi sin aire, pues había corrido para llegar antes al despacho.
- ¿Qué? –Se sorprendió Anahí.
- ¡Lo que escuchaste, vamos! –Decía Maite, cogiendo su arma.
- ¿Pido refuerzos? –Preguntó Christian, mientras él también cogía su arma.
- Sí, esta vez vamos a por ella –Respondió seriamente, también cogiendo su arma- No se va a escapar –Concluyó, muy segura de ello.
Regresando a las afueras de la ciudad, dónde se encontraba Dulce:
- ¿Por qué trajiste a tantos hombres? Nosotros tres podemos con ellos –Dijo Christopher.
Negó con la cabeza- Hoy no van a venir sólo ellos tres, vendrán con refuerzos –Dijo, totalmente convencida de eso- A ver, presten atención –Pidió, alzando un poco la voz para que todos escucharan- Hice una llamada oculta a la policía diciendo que teníamos dos rehenes atrapados para que vinieran hasta aquí. Cuando lleguen Poncho prenderá la bomba, pero solamente saldrá humo, nada de grandes explosiones, no se preocupen –Aclaró- Quiero que disparen sin ninguna dirección, nuestra única intención es asustar, ¿de acuerdo? ¡NO quiero ningún herido! –Recalcó, alzando la voz para que quedara bien claro- Llegarán en pocos minutos, estén preparados –Pidió, finalizando su “discurso”.
- Dul, ¿no crees que te estás pasando? –Preguntó Poncho- De verdad, no puedo creerme que estés montando todo este circo sólo para verla a ella.
- No es sólo por ella, ¿vale? Vamos a darles un sustituto para vengarnos de que nos hayan espiado.
- Nos han espiado miles de policías y nunca nos hemos molestado en darle sustitutos, así que no te hagas –Respondió, mirándola mal- Y tenemos cosas más importantes que hacer, ¿no crees?
- Poncho, no te preocupes, ¿ok? Los cabrones que mataron a mis padres van a acabar bajo tierra, pero todo a su debido tiempo, sé lo que hago. ¿Cuándo te he fallado?
- Nunca –Respondió.
- Pues entonces confía en mí –Pidió.
- Sabes que confío en ti, pero creo que te estás buscando la ruina con esa mujer, no te conviene enamorarte de ella… es policía, vas a acabar mal.
- No me estoy enamorando de nadie Poncho –Dijo seriamente, tratando de poner total seguridad en sus palabras.
- Sabes perfectamente que sí –Dijo irónicamente.
- NO –Negó nuevamente.
- Lo que tú digas –Dijo, sin ánimos de discutir.
- Sí, lo que yo diga y mejor vete a tu puesto, no tardan en llegar –Ordenó.
****
En otro lado, Anahí, Christian y Maite se encontraban de camino a las afueras de Madrid, con varios coches policiales acompañándolos.
- Hoy vamos a por ellos, los quiero tener entre rejas –Decía Anahí, cargando su pistola- Si hay que disparar, disparamos y lo más prioritario es la vida de esos dos rehenes –Daba instrucciones la rubia, pues ella no sabía que, en realidad, no había ningún rehén- No quiero descontroles vamos a intentar tener controlada la situación en todo momento, nada de locuras.
Al cabo de diez minutos llegaron al lugar. Todos los policías, incluidos Anahí, Christian y Maite, se bajaron de sus coches y comenzaron a adentrarse en el bosque. Anahí iba en la punta de adelante, dirigiendo y dando instrucciones. Caminaban y caminaban en señal de algo o alguien, pero no vieron nada, hasta que escucharon un fuerte ruido (la explosión). Cerraron los ojos y, cuando volvieron a abrirlos estaba todo lleno de humo. Seguidamente comenzaron a escuchar disparos, pero afortunadamente ninguno alcanzó a nadie. Varios minutos después, cuando el humo desapareció, se encontraron con una multitud de gente en frente suya, en la que estaba Dulce con Christopher y Poncho. En ese momento todo lo que se escuchaba era silencio, la pelirroja miró a Anahí y sonrió ampliamente. Seguidamente y como una respuesta, Anahí levantó su arma, apuntando directamente a la pelirroja, con cara totalmente seria. Rápidamente Christopher y Poncho se colocaron al lado de Dulce, apuntando ahora ellos a Anahí, lo que provocó que Anahí hiciera una señal con su mano y todos los demás policías, incluidos Christian y Maite, alzaran sus pistolas, apuntándolos.
De repente, Dulce gritó:
- ¡Fuego!
Ese grito bastó para que sus hombres dispararan, como ella había dicho, sin ninguna dirección, intentando asustar.
- ¡¿Qué haces Dulce!? –Gritó Anahí, quien no entendía qué se proponía la pelirroja- ¿Dónde están los rehenes? –Preguntó, manteniendo firme su pistola, apuntándola.
Dulce la volvió a mirar con una amplia sonrisa y, una vez más, gritó:
- ¡Fuego! – Dando nuevamente la orden de que sus hombres dispararan.
Pero esta vez las cosas no salieron según lo planeado. Dulce, quien mantenía fija su mirada en Anahí, se dio cuenta de que la cara de la rubia ahora estaba completamente blanca, bajó su mirada al hombro derecho de Anahí y se dio cuenta que comenzaba a sangrar, cayendo seguidamente al suelo. La pelirroja se llevó las manos a la cabeza, observando a Anahí tirada en el suelo con sangre saliendo de su hombro.
Seguidamente se escuchó un:
- ¡Hijos de puta!
Era Christian, quien comenzó a disparar en dirección a algunos hombres de Dulce. Maite lo llamó con un grito, pero dándose cuenta de que Christian avanzaba y seguía disparando, hizo una señal a los demás policías para que abrieran fuego, incluida ella misma.
La pelirroja tiró su arma y, obviando por completo lo que estaba ocurriendo, corrió hacia Anahí, arrodillándose ante ella.
- Mierda… Joder, joder, joder… -Decía, realmente nerviosa, apretando la herida de Anahí.
- ¡Ah, no, joder! –Se quejaba de dolor al sentir la presión que hacía Dulce en la herida- ¡Me duele Dulce! ¡¡Me duele!! –Gritaba Anahí, desde el piso, realmente con mucha sangre saliendo de su hombro.
Notando como le temblaban hasta las manos por el nerviosismo- Tranquila, te voy a sacar de aquí –Dijo, sacando fuerzas de dónde no supo, cogiéndola en brazos- ¡Christopher, ven aquí! –Gritó, llamando a Christopher, mientras se adentraba aún más en el bosque, cargando a Anahí.
Rápidamente Christopher corrió hasta Dulce.
- Vamos a la cabaña, rápido –Pidió, dándole a Anahí para que la cargara él- Tienes que sacarle esa bala como sea ­Rogaba, mientras caminaba rápidamente.
En menos de cinco minutos y casi corriendo Dulce y Christopher, con Anahí cargada, quien continuaba gritando de dolor, llegaron a la cabaña. El chico tumbó a Anahí en el suelo.
- No tengo material Dul –Decía el chico, nervioso, pues no sabía cómo iba a sacarle la bala.
- ¡Me importa una mierda! –Gritó posicionándose detrás de la cabeza de Anahí, agarrándole la cabeza y recostándola en sus muslos, acariciándole la cara desde arriba- ¡Le sacas esa bala como sea! –Repitió- ¡Cómo si es con un palo, me da igual!
- Ok, ok, voy a ver qué encuentro. Tapónale la herida –Pidió, buscando rápidamente en los cajones de esa cabaña.
Asfixiada- Me duele, Dulce, me duele –Se quejaba la rubia, casi sin voz.
Mirándola desde arriba y entrelazando sus manos con las de Anahí- No te preocupes, te juro que te vas a poner bien –Juró, agachando la cabeza y dándole un suave beso en la frente.
Anahí respiró hondo como pudo, cerrando los ojos y apretando las manos de Dulce, intentando descargar así su dolor y no gritar para no asfixiarse más.
- ¡Christopher, rápido, joder! –Gritaba Dulce, exigiendo rapidez por parte del chico, quien había encontrado una navaja, unas pinzas y varias botellas de ron.
- ¡Ya, ya voy! –Respondió, acercándose a ellas.
Christopher se arrodilló al lado de Anahí, con la navaja y las botellas de ron.
- Toma, rájale la camisa –Pidió, dándole la navaja a Dulce para que le rompiera la camisa por la parte del hombro.
Dulce obedeció, agarrando la camisa de Anahí y rajándola con la navaja.
- Toma, échaselo en la herida para desinfectarlo –Pedía nuevamente Christopher, dándole la botella de ron y cogiendo la navaja.
Nuevamente Dulce obedeció, dejando caer el ron en la herida de Anahí, lo que provocó que Anahí gritara, pues escocía. Seguidamente Christopher respiró hondo, preparándose para lo que estaba a punto de hacer.
- Voy a intentarlo, ¿ok? –Dijo él.
- Sí, hazlo ya –Rogó la pelirroja, volviendo a entrelazar sus manos con las de la rubia.
Christopher hizo un corte limpio y rápido en el hombro de Anahí, lo que provocó que la rubia gritara fuertemente de dolor y clavara las uñas en las manos de Dulce, diciendo todas las palabrotas posibles.
- Bien, veo la bala –Anunció Christopher, observando la herida.
- Pues sácala, ¿a qué esperas? –Decía la pelirroja, a quien le dolió sentir las uñas clavadas de Anahí en sus manos, pero no se quejó.
Una vez más Christopher tomó aire y, con las pinzas, después de varios intentos muy dolorientos para Anahí, consiguió sacar la bala.
- Aquí está –Sonrió orgulloso Christopher, enseñando la bala- Necesito tu camisa –Dijo, mirando a Dulce.

Rápidamente y sin dudarlo Dulce se quitó la camisa, dándosela a Christopher. El chico la cortó con la navaja y pidió a Anahí que se incorporara un momento, cosa a lo que, con ayuda de Dulce, la rubia obedeció. Christopher vendó, de alguna u otra forma, la herida de Anahí con la camisa de Dulce.
- Más o menos eso le puede servir de vendaje, pero hay que coserle la herida. Voy a ver cómo se quedó eso ahí fuera y Poncho y yo vamos a buscar material para terminar de curarla, ¿ok? –Propuso el chico.
- Vale, pero rápido –Exigió.
- No te preocupes Dul, ya está fuera de peligro –Dijo, cosa que tranquilizó bastante a la pelirroja.
- Ok, vete al bosque y no quiero ningún herido más, ¿me escuchaste? Se largan de ahí, nada de disparos –Ordenaba- Y al imbécil que hizo esto –Refiriéndose al disparo de Anahí- lo matas a golpes, ¿me escuchaste? ¡Dije que no quería ningún herido!
Anahí escuchaba con los ojos cerrados toda esa discusión, aún con la respiración agitada y dolor en el hombro, pero más alivianada.
- ¿Y a los amiguitos de la rubia qué les digo? –Preguntó Christopher- Deben de haberse dado cuenta de que te la llevaste.
Dulce miró a Anahí, quien abrió los ojos, esperando a que ella decidiera qué quería que le dijeran a Christian y Maite.
- Es mejor que me vaya Dulce –Dijo Anahí, intentando incorporarse.
- No, no –Se negó rotundamente, agarrándola suavemente y volviendo a recostarla en sus muslos- Hay que acabar de curarte eso, te quedas aquí.
- No puedo estar aquí contigo –Dijo la rubia desde abajo.
- Anahí, estás herida, simplemente deja que te curemos y luego te marchas si tú quieres –Anahí respiró hondo, sin responder a eso- Diles que está bien –Respondió por fin Dulce a Christopher.
- ¿Sólo eso? –Preguntó el chico.
- Sí, sólo eso –Corroboró Dulce.
- Ok, adiós –Se despidió Christopher, saliendo corriendo de la cabaña.
- No se van a quedar tranquilos Dulce, no van a parar hasta encontrarme –Insistía

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:37 am

Anahí, mirándola desde abajo.
Llevando sus manos a la cara de la rubia, acariciándola- Que vengan a buscarte si quieren, tú te quedas aquí hasta que yo vea con mis propios ojos que estás bien –Anahí fue a hablar, pero Dulce la interrumpió- Ya, no seas terca y mejor no hables, es preferible que estés calladita y relajada. ¿Prefieres ponerte en la cama? Tal vez estés más cómoda –Propuso.
- No, no, así estoy bien –Respondió, volviendo a entrelazar su mano con la de Dulce.
La pelirroja sonrió por ese gesto y llevó su mano libre a la cabeza de Anahí, acariciándole el cabello.
- ¿No tienes frío? –Preguntó la rubia, refiriéndose a que Dulce estaba sin camisa, ya habiéndose fijado en todos los detalles del torso desnudo de la pelirroja.
Sonrió, negando con la cabeza- No, estoy bien, no te preocupes.
Después de esa respuesta hubo un corto silencio; silencio que Dulce rompió diciendo:
- Lo siento, de verdad, es culpa mía que tú estés así… -Se disculpaba- Pero te juro que el imbécil que no cumplió mis órdenes lo va a pagar.
- No, Dul… -Dijo, llamándola por primera vez así- No puedes ir así por la vida. Eso de ir golpeando y matando a gente por cualquier cosa no…
- No quiero hablar de mis supuestos delitos, ¿vale? –Dijo, sin dejarla hablar.
- ¿Cómo que supuestos? No son supuestos, son delitos y asesinatos, sin suposiciones.
- ¿Vas a hacerme un interrogatorio aquí o qué? No pienso hablar de eso –Se negó rotundamente.
- Bueno, vale, me callo – Aceptó por fin Anahí, guardando silencio, sintiendo aún las caricias de Dulce en su cabello- Sé que no eres mala persona –Dijo de súbito, cosa que sorprendió a Dulce- Dentro de toda esa coraza hay una buena mujer, sensible y cariñosa, harta de este mundo. ¿Por qué no te entregas? –Preguntó, tratando de convencerla.
Negando con la cabeza- Tengo muchas cosas que hacer todavía, no pienso entregarme.
- ¿Y qué pretendes? ¿Estar huyendo de la policía el resto de tu vida?
- Prefiero estar huyendo el resto de mi vida a estar en una asquerosa cárcel.
Anahí respiró hondo, dándose cuenta de que había jurado no volver a hablar con Dulce y de que, nuevamente, estaba incumpliendo las leyes de su trabajo.
- ¿Por qué? –Preguntó nuevamente de súbito Anahí.
- ¿Por qué qué? –Preguntó Dulce.
- ¿Por qué te molestaste en traerme aquí y curarme? ¿Por qué no dejaste que me desangrara?
- Ya te dije que jamás voy a ser capaz de hacerte daño –Decía, dejando de acariciar el cabello de la rubia, acariciándole ahora la cara.
- Sólo soy una más, una completa desconocida.
Negando con la cabeza y sonriendo- Eres más que eso Annie, mucho más que eso.
Los nervios volvieron a Anahí- ¿Qué soy? –Se armó de valor para preguntar Anahí.
Sonrió cortamente, dándole un suave beso en la frente- Eres la mujer más hermosa que he conocido en toda mi vida.
Tras escuchar eso el corazón de Anahí comenzó a bombear el triple de rápido, haciendo pensar a la rubia que, en cualquier momento, se le saldría del pecho.
- Tienes unos ojos impresionantes –Decía aún Dulce, mirándola fijamente a los ojos, desde arriba- Y… me encanta tu forma de ser… A veces tan tímida y callada y otras veces tan… tan directa… No sé, no sé que tienes, pero hay algo en ti que me interesa, que me atrae, que… que me gusta –Explicaba la pelirroja.
Lenta y cuidadosamente, pues todavía le dolía el hombro, Anahí se incorporó para poder mirar bien a Dulce, pero sin decir ni una sola palabra. Suave y cariñosamente llevó su mano a la cara de la pelirroja, acariciándola, mirándola, volviendo a analizar milímetro a milímetro cada parte de su cara, como la primera vez. Dulce, por su parte, ya tenía más que analizada la cara de Anahí y, perfectamente, podría describirla detalle a detalle, por lo que centró su mirada en los azulados ojos de la rubia y sus carnosos y rozados labios, realmente tentadores.
Anahí no supo cómo ni por qué, pero algo dentro de ella le pedía que fuera más allá, que se dejara llevar y se diera la oportunidad de descubrir por fin por qué se sentía así cuando estaba cerca de Dulce. Así que sin ningún pudor pegó su frente con la de la pelirroja, mirándola fijamente a los ojos, respirando casi su mismo aire, sin poder evitar mirar sus labios. Ahora comenzó a bajar, rozando su nariz con la mejilla de Dulce y continuando la bajada, llegando hasta su cuello, queriendo aspirar su dulce aroma, cosa que le estaba encantando. Dulce, por su parte, respiraba agitadamente y, simplemente, se dejaba hacer. Anahí volvió a su postura inicial, pegando su frente con la de la pelirroja, pero ahora dándole vida a sus manos.
Las manos de la rubia acariciaron el cabello de Dulce, bajando, acariciando ahora las mejillas de la pelirroja, deteniéndose ahí varios largos segundos y volviendo a bajar, acariciándole ahora el cuello y los hombros, consiguiendo que la piel de Dulce se erizara, cosa que notó y fue algo que la hizo sonreír, siendo respondida con otra sonrisa por parte de Dulce. Mientras, sus manos continuaban con su camino, acariciando los brazos erizados de Dulce, llegando hasta sus manos y entrelazándolas con las suyas un momento, volviendo a sonreír. Seguidamente llevó sus manos al vientre de Dulce, acariciándolo mientras subía, acercándose peligrosamente a los pechos de la pelirroja, zona que, finalmente, no tocó, pues dio un pequeño salto con sus manos, llegando a la parte de arriba de los pechos de Dulce, dándose cuenta de que la pelirroja tenía ahí algunas pecas, que, por cierto, le habían encantado, regresando a su cuello y volviendo subir, nuevamente agarrándole las mejillas.
Había descubierto lo que necesitaba saber, era algo que ya sospechaba, pero había decidido negárselo a sí misma: le encantaba esa mujer, la quería, por primera vez en toda su vida que, realmente, estaba enamorada.
Abandonó sus pensamientos y regresó a ese maravilloso momento, frente a frente con Dulce, dándose cuenta de que la pelirroja tenía la mirada perdida en sus labios.
- ¿Quieres besarme? –Preguntó la rubia casi en un susurro, observando que, inmediatamente, Dulce asentía con la cabeza- Bésame –Pidió.
Dulce la miró a los ojos, sorprendida por esa petición, pero dispuesta a cumplir su deseo sin ningún problema.
La pelirroja llevó sus manos a las mejillas de Anahí, dándole suaves caricias con sus dedos pulgares y atrayéndola hacía sí, con sus labios a pocos milímetros de los de Anahí.
- Dul, ya tenemos todo lo que… -No acabó la frase, dándose cuenta de que habían interrumpido.
Christopher y Poncho interrumpieron ese mágico momento, provocando que Anahí y Dulce se separaran rápidamente.
- Perdón… -Se disculpó Christopher- Es que… ya traje las vendas y el material necesario para cocerle la herida… -Explicaba el chico, apenado por esa interrupción.
Carraspeó, pues con tanta cercanía y algo de excitación, tenía la voz algo ronca- Bien… gracias Christopher –Agradeció la pelirroja.
- Si quieres nos vamos y luego venimos a…
Interrumpió a Christopher- No, no, ya que estás aquí cúrale la herida –Le dijo la pelirroja.
- Ok… -Aceptó él, sacando el material del bolso que había traído- Deberías volver a acostarte Anahí –Aconsejó.
Dulce volvió a su posición anterior, colocando sus mulos como almohada para que Anahí recostara ahí su cabeza, sonriéndole. La rubia le devolvió la sonrisa y se recostó en sus muslos, como antes, volviendo a entrelazar su mano con la de ella.
- ¿Qué tal todo por ahí fuera, Poncho? –Preguntó la pelirroja, mirando a Poncho.
Christopher y Poncho se miraron y, seguidamente, guardaron silencio, lo que preocupó a Dulce.
- ¿Qué pasó? –Preguntó nuevamente Dulce.
- El… compañero de la rubia se enfureció cuando la hirieron y comenzó a disparar a diestro y siniestro, hiriendo a varios de nuestros hombres –Explicó Poncho.
Anahí miró a Dulce, Dulce miró a Anahí y negó con la cabeza en señal de que no se preocupara.
- “Nuestros hombres” se lo buscaron, di órdenes exactas de que no quería ningún herido.
- Lo sé… por eso ordené que ninguno disparara contra el rubio –Refiriéndose a Christian- La mujer consiguió calmarlo –Refiriéndose ahora a Maite- y, después de buscar por todo el bosque, pero sin llegar hasta aquí a Anahí, se fueron –Explicó.
- Dul, en cuanto me curen esta cosa me voy, yo no puedo estar aquí –Insistía Anahí.
- Eso ya lo hablamos tú y yo después, ¿ok? –Anahí quiso hablar, pero Dulce la calló diciendo- Después lo hablamos, ahora cállate.
Finalmente Anahí obedeció, guardando silencio. Christopher procedió a cocerle a herida, haciéndola sufrir y gritar nuevamente, pero siempre agarrada de la mano de Dulce.
- Bueno, pues… ya está, esa herida quedó perfecta –Dijo Christopher, finalizando la tarea- Los puntos se caerán solos dentro de dos semanas, aproximadamente. Quedó bastante bien, así que no creo que necesites ir a ningún hospital, pero si deberías curarla todos los días con algo de alcohol –Explicaba el chico, volviendo a guardar los materiales.
- Gracias… -Agradeció Anahí, cosa que le había costado, pues jamás se había imaginado agradeciéndole nada a un delincuente.
- De nada –Sonrió cortamente él.
- Dulce, ¿qué vas a hacer ahora? –Preguntó Poncho, sin prestar atención a la pequeña conversación de Anahí y Christopher- ¿Piensas quedarte aquí con ella?
- Oh, no, no, yo me voy –Anunció la rubia, incorporándose con ayuda de Dulce.
- No, Annie, por favor, quédate un momento –Rogó la pelirroja. Anahí sólo la miró- Chicos, ustedes váyanse a… dónde ya saben que yo voy en un rato –Dijo, mirando a Christopher y Poncho.
- No me fio de ella Dulce –Dijo seriamente Poncho, refiriéndose a Anahí.
- Tal vez tú no, pero yo sí –Respondió Dulce- Váyanse que yo les llego en un rato, de verdad –Insistía.
- ¿Segura? –Preguntaba Poncho, nada convencido de dejarla ahí con Anahí.
- Segurísima –Contestó sin ninguna duda.
- Está bien entonces, nos vamos, pero si tardas más de una hora vengo a buscarte, ¿me escuchaste? –Advirtió el chico.
- Ay por Dios, pareces mi padre –Se rió- Vale, lo que tú digas.
- Adiós
Christopher y Poncho salieron de la cabaña, volviendo a dejar a solas a Anahí y Dulce.
- Dul, me voy –Anunció, intentando ponerse en pie, con ayuda de Dulce, quien, desde atrás, la sujetaba- Mai y Chris tienen que estar súper preocupados y cuando se enteren de que he estado aquí… hablando contigo y… y… como se enteren me matan –Decía, nerviosa.
- Ya te dije que iba a dejar que te fueras si querías, solamente déjame hablar contigo antes –Rogó. Anahí asintió con la cabeza, dándole a entender que sí, la dejaba- ¿Te piensas ir así? Antes de que Christopher y Poncho entraran… estábamos a punto de hacer algo, ¿no? –Decía, volviendo a agarrar las mejillas de Anahí.
Volviendo a ponerse nerviosa- No debemos Dulce, es… es mejor que lo dejemos así…

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:37 am

-Pidió, aunque sin moverse, dejando que Dulce acariciara sus mejillas.
Negando con la cabeza, acercando un poco su cara a la de Anahí- Antes sentiste algo, sé que sentiste algo al tocarme. Te temblaron los pies igual que a mí, te faltaba el aire como a mí… Yo ya sé lo que siento y lo que quiero, ¿tú también lo sabes? –Preguntó.
Sí, claro que lo sabía, Anahí sabía perfectamente que lo que sentía era amor y que lo que quería era a ella, pero no podía decírselo, no podía hacerlo porque su trabajo consistía en atraparla a ella, cosa que no estaba cumpliendo porque, en lugar de atraparla, estuvo a punto de besarla. Tampoco podía hacerlo porque Dulce es una mujer y ella es heterosexual, a ella no le gustan las mujeres.
- Esto es una locura –Dijo nerviosa Anahí, llevándose una mano a su cabeza, totalmente confundida, sin responder a la pregunta de Dulce.
- Lo sé, pero me da absolutamente igual –Respondió claramente- Te amo Anahí, estoy perdidamente enamorada de ti desde el primer día en que te vi –Se declaró por fin- Y sé que tú sientes algo, no sé si lo mismo, pero algo sé que sientes…
Anahí fue a hablar, pero antes, Dulce pidió:
- Dime la verdad –Rogó la pelirroja- Olvídate de todo y sólo dime qué sientes por mí.
Anahí guardó un largo silencio, hasta que, respiró hondo y, finalmente, dijo:
- Yo también estoy enamorada de ti Dul… me encantas, haces que me tiemblen hasta los cabellos… -Decía, cosas que hacían sonreír a Dulce.
Después de esa declaración Dulce se moría de ganas por hacer algo, pero prefirió preguntar antes de llevarse una cachetada.
- ¿Te puedo besar?
Anahí sonrió ampliamente y, en señal de respuesta afirmativa, pegó nuevamente su frente con la de Dulce, mirándole los labios, lo que dejó más que claro a Dulce que su respuesta era que ya estaba tardando en hacerlo. Después de mirarse varias veces, Dulce acercó sus labios a los de Anahí, consiguiendo unirlos por fin, sintiendo como un calambre recorría todo su cuerpo, al igual que la rubia. Todo iba lento y despacio, tranquilo y sin prisas. Dulce acariciaba suavemente las mejillas de Anahí durante el beso, mientras que la rubia tenía su mano izquierda en la cintura de Dulce, tratando de no mover mucho el brazo derecho para que no le doliera el hombro. Estaban disfrutando al máximo de ese momento, sólo era ternura, ninguna de las dos quiso profundizarlo pues sabían perfectamente que no era el momento apropiado. El mágico momento se rompió debido a la falta de aire por parte de Anahí, quien aún estaba muy débil debido al disparo. Dulce sonrió y, sin más, la abrazó con mucho cuidado, tratando de no hacerle daño en el hombro.
- Esto es una locura Dul… -Repitió Anahí, durante el abrazo.
- Me da igual –Respondió lo mismo que antes, abrazándola.
Después de esa frase sólo hubo silencio, hasta que varios largos segundos después, Anahí rompió el abrazo diciendo:
- Es mejor que me vaya ya
- ¿Quieres que te lleve? –Preguntó.
Se rió- No suelo desvelar mi domicilio a los delincuentes que investigo –Dulce se rió cortamente- No, de verdad… -Dijo, ya dejando a parte las bromas- Llamo a Chris y Mai para que vengan a buscarme, es mejor no meternos más en problemas.
- Te daría mi número de teléfono, pero creo que es mejor que no, ¿verdad? –Preguntó.
Sonrió de medio lado- No, es mejor que no me lo des. No te olvides de que, a pesar de este beso y de lo que sintamos, soy policía y voy a por ti –Advirtió, cosa que le dolió bastante hacer, pues ella misma estaba muy perdida entre sus sentimientos y su trabajo.
- Créeme que no lo olvido.
- Adiós –Se dispuso a despedirse.
Sonrió y dándolo un corto beso en la mejilla- Adiós.
****
- Annie, Annie, ¿cómo estás? –Preguntaba Christian, nervioso, observando a su amiga.
- Bien, estoy bien, tranquilo –Respondió con una sonrisa para tratar de tranquilizarlo.
- ¿Quién te curó la herida? ¿Qué pasó? Desapareciste de un momento a otro –Decía Maite, también muy nerviosa.
Efectivamente Anahí había llamado a sus dos amigos para que fueran a buscarla, pues en esas condiciones ella no podía conducir.
Suspiró- Llévenme a mi casa por fa, estoy súper cansada –Rogó, sin responder a sus preguntas.
- Sí, sí, claro que te llevamos, pero cuéntanos qué te pasó –Decía Christian.
- Mañana les cuento, ¿ok? Ahora necesito descansar –Dijo Anahí, intentando evitar contarles dónde había estado, con quién y qué había pasado.
- Sí Chris, vamos a llevarla a su casa y ya mañana nos cuenta que pasó, yo también creo que ahora no es momento de hablar –Apoyó Maite.
Y así fue, Anahí consiguió librarse de tener que contarles lo que había ocurrido con Dulce; por lo menos hasta mañana.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:37 am

Capítulo 4
No puede ser. No, no puede ser. Es Dulce, es una mujer y es asesina. Aunque… lo que sentí cuando la toqué fue… fue mágico y cuando me besó… casi se me para el corazón… Me encanta, me vuelve loca y no lo entiendo… A veces es tan misteriosa y otras tan… tan normal, tan buena… Me cuida, sé que me que cuida y me protege… Dios, ¿cómo pude llegar a esto?
- ¡¿Hola!? ¡Annie, te estoy hablando! –Interrumpió Maite los pensamientos de Anahí.
- ¿Qué? –Preguntó la rubia.
Suspiró- ¿Ya me vas a contar qué pasó? ¿La pelirroja fue quien te secuestró?
- No me secuestró Mai, por Dios… -Dijo, pues pensaba que su amiga exageraba.
- Bueno, entonces ¿qué pasó? Cuéntame –Pedía.
- Me llevó a una cabaña para que Christopher me sacara la bala y me curara la herida. No me secuestró ni me hizo daño ni nada por el estilo –Explicaba.
- Pero ¿tú estás loca? Ya te dije que no puedes confiar en ella, ella fue quien dio la orden de que te dispararan
- ¡No! –Respondió rápidamente- Ella jamás me haría daño –Decía, diciendo las mismas palabras que Dulce le había dicho.
- ¿Qué? –Se rió- Anahí, es asesina, te hará daño a ti y a todo el que se le pasé por en frente.
- ¿Entonces por qué me salvó la vida? ¡¿eh?! –Decía ya nerviosa.
- ¿¡Pero qué coño te pasa con esa mujer!? –Preguntó, también nerviosa, sin entender por qué Anahí defendía a Dulce- Desde que empezamos este caso estás como obsesionada, te pasas el día pensando y hablando de ella y, de verdad, NO LO ENTIENDO –Recalcó.
Suspiró- Mai…
- ¿Qué? –Anahí sólo la miró, sin hablar- Annie, cuéntame qué te pasa, sea lo que sea –Pedía.
Anahí negaba con la cabeza, nerviosa- Yo tampoco entiendo que me pasa Mai, no lo entiendo… -Decía, con la voz algo rota.
- ¿Qué pasó ayer en esa cabaña? –Preguntó, sabiendo perfectamente que había pasado algo.
Secándose las lágrimas que acababan de empezar a salir- Una locura, eso fue lo que pasó.
- No te entiendo –Decía, sin entender nada- Habla claro Annie, por Dios, dime ya.
- ¡Pues que la amo Mai, que estoy enamorada de esa mujer! ­Dijo por fin Anahí- Y lo que pasó ayer en esa cabaña fue que nos besamos –Maite la miraba con la boca abierta, totalmente sorprendida- ¿Y sabes qué? ¡Me encantó! –Confesó nerviosamente, llorando- Ese momento fue mágico y no puedo evitar recordarlo cada vez que cierro los ojos… -Maite no sabía que responder a su amiga, estaba totalmente atónita con esa noticia y viéndola llorar- Y, sí, sé que está mal, está muy mal, pero no puedo evitarlo, no puedo evitar derretirme cuando la tengo en frente, no puedo evitar que me tiemblen las piernas y me falte el aire cada vez que me dirige la palabra, no puedo… -Explicaba, tapándose la cara y negando con la cabeza, llorando.
- Jamás te había visto llorar así por nadie… -Fue lo único que se le ocurrió decir a Maite, aún petrificada, mirando como su amiga lloraba desconsoladamente con la cara tapada.
- Es que ya no puedo más Mai, de verdad, estoy… estoy muy mal –Decía volviendo a mirarla y secándose las lágrimas con sus manos- Aparentemente parece una mujer capaz de todo, asesina, delincuente y… todo lo que tú quieras, pero luego, cuando está conmigo, me trata tan bien, es tan buena, tan cariñosa, tan… tan… -Suspiró- No sé, ¡no sé! –Negaba rápidamente con la cabeza totalmente confundida- Me dijo que me quería, que estaba enamorada de mí y que jamás me haría daño y, ¿sabes qué? La creo, sin dudas la creo… porque cuando me miró a los ojos y me lo dijo supe que era verdad… No me preguntes cómo, simplemente lo sé.
Guardó un largo silencio, aún pensando en cómo responder a todo eso- A ver… voy a saltarme el paso de preguntarte cómo es posible que te hayas enamorado de una mujer cuando eres heterosexual.
- Sí, mejor sáltatelo porque yo todavía no he encontrado una respuesta para eso –Respondió, respirando hondo y ya algo más tranquila después de desahogarse.
- Es que… lo siento Annie, pero esa mujer no es de fiar, no puedo decirte nada positivo en estos momentos…
- Sólo dime lo que piensas, me da igual que sea bueno o malo, pero dime tu opinión –Rogó, necesitando saber la opinión de Maite.
Volvió a respirar hondo- Pues… -Decía, tratando de pensar rápidamente algo para decir- Creo que has trabajado mucho para llegar hasta dónde has llegado, si continuas adelante con… con lo que quiera que tengas con esa mujer, lo único que vas a hacer es mandar a la mierda tu trabajo… Creo que esa tía no merece la pena… ni ella merece la pena ni te merece a ti. Y, lo siento, pero dudo mucho que ella sienta algo por ti, es más… dudo que sea capaz de sentir algo por alguien. No tiene corazón –Concluyó.
- Si tiene corazón Mai, por Dios, todo ser humano tiene corazón… -Defendía a la pelirroja.
- Ay vale, lo que tú digas, si vas a defenderla no sé para qué me pides mi opinión –Dijo, ya molesta y harta de que Anahí defendiera tanto a Dulce- Y es que ya no se trata de que tenga corazón o de que sienta algo por ti, se trata de que si continuas viéndote con ella puedes ser sospechosa en la investigación, ¿no te das cuenta?
- Ya, ya lo sé y no sé que voy a hacer ahora. Estoy muy confundida…
- Sabes perfectamente lo que tienes que hacer, Annie.
- ¡Sí, sé lo que tengo que hacer, pero no tengo ni idea de que es lo que QUIERO hacer! –Dijo, recalcando con énfasis esa penúltima palabra.
- ¡La conoces hace cuatro días! ¿¡Cómo es posible que…
- ¡Te estoy diciendo que no lo sé Maite, joder! –Gritó, nuevamente nerviosa.
- Olvídate de ella –Aconsejó rápidamente, ya sin gritos.
Se rió irónicamente- Qué fácil es decirlo.
- Mira, yo ya no sé qué decirte. Diga lo que diga, nada te parece bien –Dijo Maite, harta de la actitud de Anahí, cogiendo sus cosas- Me voy a la comisaría, tú deberías quedarte hoy aquí a descansar, no te conviene trabajar con el hombro así.
- No, no, yo también voy –Se negó - Estoy mucho mejor y no pienso pasarme el día metida en mi casa pensando, necesito distraerme.
- En la comisaría sólo vas a pensar más en ella, mejor quédate aquí a descansar y a pensar, que creo que necesitas hacerlo –Insistía.
- No quiero pensar más Mai, te lo juro que si sigo pensando me va a reventar la cabeza.
- ¿Entonces cómo piensas tomar una decisión? –Preguntó, sin obtener respuesta por parte de Anahí- Quédate aquí, ¿vale? No hace ni un día que te pegaron un disparo en el hombro, necesitas estar en reposo por lo menos un día.
Suspiró- Está bien, aquí me quedo… -Aceptó por fin- Pero por favor, no atrasen la investigación, ¿ok? Intenten averiguar lo que les dije el otro día y con cualquier cosa me llaman –Pedía, a lo que Maite asentía con la cabeza- Y… no le cuentes nada a Chris de lo de Dulce… -Rogó- No quiero que vuelva a enojarse conmigo.
- Está bien, no diré nada, no te preocupes –Aceptó- Pero piensa y, por favor, no tomes una decisión equivocada –Pidió.
Volvió a suspirar- Intentaré no hacerlo…
Maite se fue, dejando a Anahí totalmente sola en su casa. Tuvo horas y horas para pensar, pero no conseguía llegar a ninguna conclusión. Realmente le dolía la cabeza de tanto pensar, así que se vistió y se dirigió a una farmacia para comprar unas pastillas que le aliviaran el dolor, después fue a hacer unas compras para poder hacer la comida y regresó a su casa, llena de bolsas. Se encontraba en la entrada de su edificio, introduciendo la llave en la puerta principal, cuando escuchó una voz desde atrás que le decía:
- ¿Necesitas ayuda, rubia?
Reconoció su voz, una vez más sabía que era ella. Se volteó rápidamente, realmente sorprendida por la aparición de Dulce.
- ¿Dulce? –Preguntó, mirándola a la cara y sabiendo perfectamente que era ella- ¿Qué haces aquí? –Preguntó.
- Quería ver si estabas mejor del hombro.
- ¿Sólo viniste hasta aquí para eso?
Se rió- Bueno no, la verdad puse eso de excusa, necesitaba verte.
Suspiró- ¿Cómo supiste que vivo aquí?
- Da igual, eso no importa –Respondió, sabiendo que a la rubia no le gustaría cómo lo averiguó.
- No, claro que importa. No quiero que mandes a nadie para que me espíe Dulce –Dijo seriamente, sabiendo perfectamente como había conseguido Dulce saber dónde vivía.
- Yo podría decir lo mismo, ¿no?
- Si yo te espío es porque estás en busca y captura y te estoy investigando, tú lo haces simplemente para poder verme.
- Pues… sí, probablemente tengas razón, lo siento. –Se disculpó- Veo que estás mucho mejor, hasta de compras te fuiste –Dijo, con una sonrisa.
Sonrió cortamente- Sí, estoy mejor, además Mai no me dejó ir a trabajar y aproveché para ir a comprar unas cosas… -Explicó.
Dulce solamente asintió con la cabeza y guardó un corto silencio.
- ¿Te ayudo? –Preguntó, observando a Anahí llena de bolsas.
Miró el interior del edificio y luego miró a Dulce- No creo que sea buena idea que entres…
- Ya sé dónde vives Annie, ¿qué más da que suba? –Preguntó- Vamos, ¿qué crees? ¿Que voy mandar a alguien para que te secuestre? –Preguntó.
- Eres capaz –Dijo totalmente en serio.
Se rió- Pues sí, soy capaz, pero no lo voy a hacer –Anahí la miraba seriamente- Confía en mí –Pidió.
Negando con la cabeza, soltando las bolsas en el suelo- No puedes pedirme eso. Deberías entender que desconfíe de ti, eres…
Sin dejarla hablar- Tú eres policía y yo si confío en ti.
- La diferencia es que yo no sé donde es tu casa, tú sí, y lo puedes usar en mi contra.
La miró un momento- Está bien, entonces me voy ya y no te molesto.
Anahí observó como Dulce se volteaba, disponiéndose a caminar y, por algún extraño motivo, no pudo evitar decir:
- No, Dul, espérate –La pelirroja sonrió y se volteó, mirándola- Coge las bolsas, anda –Dijo, dándole a entender que la dejaba subir, volviendo a introducir la llave en la puerta- Espero no arrepentirme de esto… -Decía, abriendo la puerta.
- No lo harás –Respondió, entrando detrás de Anahí.
Cogieron el ascensor y subieron hasta el piso de Anahí.
- Qué bonita… -Decía Dulce, entrando en la casa.
- Gracias –Sonrió cortamente- Deja las bolsas en la cocina, por fa.
Dulce obedeció y se dirigió a la cocina para dejar allí las bolsas. De repente fue sorprendida desde atrás por Anahí, quien metía la mano en el bolsillo trasero del pantalón de Dulce, sacándole la pistola y pudiendo palpar así, levemente, el trasero de Dulce.
- ¿Llevas la pistola a todos lados? –Preguntó, con el arma de la pelirroja entre las manos.
- Sí, claro, nunca se sabe lo que pueda pasar –Dijo, mirándola- Dámela –Pidió, extendiendo la mano para que Anahí le diera la pistola.
- No –Se negó- No me fio de ti si llevas una pistola encima –Decía, mirándola divertidamente.
- Y yo no me fio de ti siendo policía, seguramente tienes guardadas unas esposas por ahí –Decía también con una divertida sonrisa.
- Pues sí, tengo esposas, pero las esposas se pueden usar para muchas cosas –Dijo picándole el ojo con una pícara sonrisa, dejando la pistola encima de la mesa.
Dulce se sorprendió con ese comentario, definitivamente no se esperaba una reacción así por parte de la rubia.
- Annie… -Decía la pelirroja, observando como Anahí cogía dos copas y buscaba algo en uno de los armarios de la cocina.
- ¿Qué? –Preguntó sin mirarla, sacando una botella de vino del armario.
- ¿Lo que me dijiste ayer era cierto? –Preguntó, lo que hizo que la rubia la mirara- ¿Me quieres o…
- Sí, desgraciadamente es cierto -Dijo seriamente, interrumpiéndola y sirviendo vino en las copas.
- ¿Desgraciadamente? –Preguntó.
Dándole la copa de vino- Yo no sé cómo lo estés pasando tú, pero para mí esto está siendo muy difícil, la verdad… -Confesó, apoyándose en la encimera con la copa en la mano y dándole el primer trago al vino- Para empezar no entiendo cómo es posible que me guste una mujer –Dulce la escuchaba mientras bebía vino, mirándola- además no puedo confiar en ti, porque no sé si estás haciendo todo esto para sacarme información y joderme –Explicaba, intentando ser lo más clara posible- Y soy policía, no puedo relacionarme con los asesinos a los que investigo…
- A ver… Para empezar yo estoy espectacularmente bien, jamás me arrepentiré de haberte conocido… -Explicaba- Yo si entiendo cómo es posible que te guste una mujer, porque esa mujer soy yo cariño –Dijo muy orgullosa de sí misma, lo que provocó que Anahí se riera- Y… ¿qué información voy a querer sacarte Annie? Eres tú la que me está investigando a mi, así que eso debería pensarlo yo, ¿no crees? Tengo cosas más importantes que hacer que enamorar a una mujer simplemente porque es policía y por ganas de hacer daño…
- No se trata de eso –Dijo rápidamente- Se trata de que, tal vez, sólo estés haciendo esto para confundirme y… para… no sé, no sé… -Decía, bastante confundida.
- Mira –Decía, dejando la copa de vino encima de la encimera, acercándose a ella y agarrándole las manos- Lo que te dije ayer era cierto, estoy enamorada de ti y… no sabes lo que sentí al verte ahí tirada desangrándote… -Explicaba, recordando ese momento, emocionándose un poco- En ese momento me di cuenta de que me importas mucho más de lo que yo pensaba… Me di cuenta de que, como te dije, jamás te haría daño y de que, si alguien lo hace, se las va a tener que ver conmigo –Decía mirando fijamente a Anahí, consiguiendo que la rubia sonriera- Y, sí, sé que es muy difícil en estos momentos confiar la una en la otra y sé que si estás tan confundida es porque esos, a los que tú llamas tus amigos, no hacen más que regañarte y prohibirte verme, poniéndote entre la espada y la pared.
- No Dul, no digas eso –Dijo, interrumpiéndola- Si Mai y Chris me dan sus opiniones y me dicen que debería alejarme de ti es porque me quieren y no quieren que sufra, porque piensan que es lo mejor.
Soltándole las manos- Ellos no son nadie para decirte lo que tienes o no que hacer
- Sí, claro que lo son, son mis amigos.
Suspiró- Bien, vale, pero es que en esta vida no todo es blanco o negro, ¿sabes? –Observando como Anahí arqueaba una ceja, probablemente sin comprenderla- La gente como tú, los policías, se piensan que lo saben todo de mis, como ya te dije, supuestos delitos, pero no saben UNA MIERDA –Dijo, matizando esas dos palabras, ya algo nerviosa.
- ¿Por qué dices eso? –Preguntó, observando cómo Dulce negaba con la cabeza- Dul, no te hagas la santa, ¿vale? No hay nada supuesto, los delitos de los que se te acusan son ciertos. Hay pruebas claras que confirman que has sido tú la que, por ejemplo, mató a esos dos policías en la operación que hicieron para atraparte.
- Ah, ¿sí? ¿Y cuáles son esas pruebas tan claras? –Preguntó, para algo a lo que no tuvo respuesta, pues Christian le había dicho que Dulce era quien los mató, pero no enseñó ninguna prueba de que eso fuera cierto- Es muy fácil acusar sin pruebas y, sobre todo, sin molestarse en saber mi versión de lo que ha pasado –Dijo, resignada- Y ya estoy HARTA, porque la mayoría de las cosas que se dicen son MENTIRA –Recalcaba con énfasis, enfadada.
- A ver, tranquilízate –Pidió, siendo ahora ella quien le agarrara las manos, pues notaba que la pelirroja estaba nerviosa- ¿Cómo quieres que sepamos tu versión si lo único que haces es huir? Si, de verdad, lo que dices es cierto… entrégate Dul –Dulce se rió irónicamente, negando con la cabeza- ¿Por qué no? Si realmente tú no has matado a esa gente, no tienes nada que temer…
- Esto es demasiado complicado como para que tú lo entiendas –Decía, volviendo a soltarle las manos.
- Pues yo quiero entenderte –Dijo, agarrándole ahora la cara y mirándola a los ojos- A mí sí me interesa tu versión y necesito saberla, necesito saber quién eres realmente.
- Entiende que no puedo contártelo Annie, eres policía… -Explicaba, realmente con muchas ganas de contar su verdad, pero sabiendo que no podía hacerlo.
- Precisamente por eso, si me cuentas cómo han pasado las cosas realmente, puedo ayudarte.
- No, no puedes ayudarme –Decía, separándose de Anahí, necesitando tomar aire y relajarse.
- Sí, claro que puedo –Insistía, observando cómo la pelirroja se volteaba.
- ¡No, no puedes Anahí! –Dijo, ya alzando la voz y volviendo a mirarla- En MI VIDA he sido capaz de matar a nadie y te aseguro que todo tiene una explicación –Confesaba- Pero no puedes ayudarme, ¿sabes por qué? –Anahí simplemente negó con la cabeza- Porque cuando tú me ayudes ya va a ser demasiado tarde.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:37 am

- ¿Por qué dices eso? –Preguntó, sin entender a la pelirroja.
- Porque no, no he matado a nadie, pero dentro de muy poco voy a mandar bajo tierra a 4 ***** que me jodieron la vida un día y lo han seguido haciendo todo este tiempo -Dijo ya con rabia y la voz entre cortada.
- Creo saber de qué estás hablando… Se trata del accidente que tuvieron tus padres, ¿no?
Sonrió irónicamente mientras negaba con la cabeza, con lágrimas saliendo de sus ojos y secándolas rápidamente con sus dedos- Ni si quiera esa historia la tienen bien contrastada… -Nuevamente Anahí arqueó una ceja, estaba metida en una conversación que, definitivamente, era difícil de entender- No fue un accidente Anahí, no lo fue. Mis padres habían ido a comprar, nada especial, sólo la típica compra de principio de mes… -Comenzaba a explicar- Cuando, de repente, escucharon algunos disparos. Ellos se asustaron mucho, así que decidieron meterse en su coche. Desde allí, estaban observando toda la pelea. Cuatro asquerosos tíos estaban discutiendo y peleando entre ellos con pistolas en sus manos, disparando sin ninguna dirección simplemente para asustarse los unos a los otros… Se dieron cuenta de que había alguien viéndolos: mis padres. Los cabrones esos fueron hasta el coche de mis papás apuntándolos con las pistolas y, sin ni si quiera hablarles, un **** disparó a mi papá fríamente a la cabeza, matándolo allí mismo, delante de su mujer, de mi mamá –Contaba con lágrimas saliendo de sus ojos, mientras sentía como Anahí le agarraba la mano- Escucharon que llegaba la policía así que decidieron largarse y no hacerle nada a mi mamá, dejándola con su marido en brazos desangrándose. Y… supongo que lo que vino después sí corresponde con lo que ya sabes: mi mamá murió de depresión varios meses después –Concluyó la explicación, secándose las lágrimas- Y eso es lo que voy a hacer con cada uno de ellos. Voy a mirarlos fríamente a la cara y les voy pegar un tiro en la frente, en el centro de la frente, entre ceja y ceja –Decía totalmente enrabiada, con mucho odio desprendiendo de sus ojos.
- No, no digas eso –Pedía la rubia, algo emocionada por la historia que le acababa de contar la pelirroja- Si tú nos dices los nombres y… y dónde se ocultan podemos arrestarles y que paguen por la muerte de tu papá…
Se rió irónicamente- Estar metido en una cárcel en la que te dan de comer y tienes de todo no es ningún castigo. Se merecen la muerte, eso es lo que se merecen. Además… bueno, nada, yo no debo contarte estas cosas –Dijo, prefiriendo guardar silencio.
- No, no, cuéntame, por favor –Rogaba.
- No –Se negó rotundamente- Ni si quiera te tendría que haber contado lo de mis papás… -Decía, apenas dándose cuenta de todo lo que había contado- ¿Sabes qué? Me voy Annie, es mejor que me vaya –Anunció, dispuesta a dirigirse a la puerta.
- No, no te vayas –Pidió, agarrándola del brazo, lo que provocó que un escalofrío recorriera el cuerpo de la pelirroja- Dame un abrazo –Pidió, extendiendo ambos brazos- Creo que lo necesitas hace mucho tiempo –Dijo, observando cómo Dulce, nuevamente con lágrimas en los ojos, se acercaba a ella para abrazarla.
Dulce abrió también sus brazos y abrazó a Anahí, hundiendo la cara en su hombro y cerrando los ojos, sintiendo como la rubia apretaba suavemente su cintura con los brazos.
- Estoy cansada de ser la mala, la que no tiene corazón, la insensible, la loca asesina… No soy así Annie, te juro por Dios que yo no soy así… -Decía Dulce entre llantos, abrazándola.
- Sé que no eres así, lo sé –Decía, rompiendo el abrazo y agarrándole la cara, mirándola a los ojos- Si tú me dices que eres inocente de esas muertes, yo te creo, ¿vale? –Dijo, con miedo de arrepentirse más tarde de eso- Pero tienes que hacer algo para que los demás también se lo crean, es normal que nadie te crea si lo único que haces es organizar un secuestro falso con disparos sin ninguna dirección en la que, accidentalmente, terminó herida una policía por arma de fuego en el hombro –Explicaba, refiriéndose a lo que había pasado el día anterior.
- Cuando mate a esos 4 ****, ese día me entregaré y diré mi verdad, mientras que piensen lo que quieran –Insistía con eso.
- No vas a matar a nadie.
- ¡Sí, sí lo voy a hacer! –Dijo en un grito, volviendo a separarse de Anahí- Voy a ir a por ellos y les voy a reventar la cabeza –Anahí fue a hablar, pero Dulce la interrumpió- No, no me digas nada más. Ya sabes cuál es mi objetivo y estoy segura de que vas a hacer hasta lo imposible por pararme, pero no lo vas a conseguir, ni tú ni tus amiguitos ni nadie va a evitar que acabe con ellos.
- Eso ya lo veremos. No subestimes mi inteligencia Dulce, solamente te digo eso –Dijo en tono amenazante.
- ¿Por qué me dices eso? –Preguntó, sin entender lo que Anahí había querido decir.
Dirigiéndose al salón, sentándose en el sofá ya sin la copa de vino que, sin darse cuenta, había dejado en algún momento encima de la encimera- Sé lo que digo –Observando cómo Dulce acudía también al salón, acercándose al sofá- Y quiero que sepas que sí, que te creo, pero que voy buscar pruebas de lo que me estás diciendo… -Mirando a Dulce mientras se sentaba a su lado- Voy a averiguar en qué circunstancias murieron esos policías y por qué motivo se cree que fuiste tú. Si realmente encuentro algo evidente que demuestre que tú eres la que los mató…
- No las vas a encontrar –Dijo, interrumpiéndola.
- Si las encuentro –Repitió- voy a ir a por ti y me va a dar igual lo que sienta por ti –Advirtió.
- De acuerdo –Aceptó sin poner ninguna pega.
Después de esa aceptación hubo un largo silencio, Dulce observaba como Anahí cruzaba las piernas y miraba al frente, sonriendo, algo que no entendió.
- ¿De qué te ríes? -Preguntó la pelirroja, mirando a Anahí.
La miró manteniendo su sonrisa- No me rio, estoy sonriendo –Aclaró, haciendo más amplia su sonrisa- Y sonrío porque, no sé para ti, pero yo no suelo tener sentada en mi sofá a los delincuentes que investigo.
- ¿No? Pues para mí sí es muy normal, todas las semanas me ligo a una policía rubia con ojos azules –Dijo seriamente. A Anahí se le fue la sonrisa y la miró realmente mal, lo que provocó que Dulce se riera- Es broma
- ¿Tú eres homosexual, Dulce? –Preguntó de súbito, cambiando completamente de tema, algo que sorprendió a la pelirroja.
- ¿Por qué preguntas eso? –Preguntó, sin entender muy bien el motivo de la pregunta.
- Hablaste en femenino, dijiste que sueles ligarte a una policía, no a un policía... -Explicó.
Esta vez fue Dulce quien se rió, algo que tampoco entendió a Anahí.
- ¿De qué te ríes? –Preguntó la rubia, aunque sonriendo, pues le encantaba ver esa sonrisa.
- Veo que te fijas en todo, rubia… que fuerte –Decía entre risas, realmente sorprendida por tanta atención de Anahí- Pero sí, soy homosexual, si hay algo que tengo claro en esta vida es que jamás podrían gustarme los hombres –Se confesaba, ya más seriamente.
- ¿Por qué? –Preguntó.
- Porque son… brutos, insensibles, machistas, nada cariñosos y muy malos en la cama Eso último hizo reír a Anahí- Con una mujer es distinto… -Explicaba, agarrándole la mano a Anahí- Todo es más… delicado, cariñoso, amoroso… supongo que las mujeres somos más románticas. Además… somos suaves –Decía, acariciándole la mano a la rubia- y con curvas a las que realmente poder agarrar –Consiguiendo que Anahí se riera.
- ¿Y en la cama? –Preguntó con una pícara sonrisa.
Sonrió de la misma forma- En la cama, las mujeres, tenemos una mezcla de romanticismo, salvajada y pasión que hacen volver loco a cualquiera –Anahí escuchaba con una amplia sonrisa, mirando fija e intensamente los ojos de Dulce- En cambio, los hombres, en lo único que piensan es en correrse y en saber si, como buenos machos, consiguieron hacer que la mujer llegue al orgasmo –Decía con repugnancia.
- No todos los hombres son así –Decía saliendo en defensa del género masculino, aunque encantada de haber escuchado hablar a Dulce tan bien de las mujeres.
- Hay muy pocos en este mundo que, realmente, valgan la pena.
- ¿Y no crees que estás siendo un poco feminista? En este mundo hay de todo, también hay muchas mujeres brutas e insensibles que en lo único que piensan es en sexo –Continuaba con su defensa.
- Sí, claro que las hay, pero menos que hombres.
- Pues a mí me encantan los hombres –Confesó soltando una pequeña carcajada.
- Ah, ¿sí? ¿Segura? –Anahí asintió con la cabeza- Entonces voy a hacerte una pregunta íntima, ¿puedo? –Preguntó antes de decir nada.
Guardó un corto silencio- Me das miedo, pero dispara –Aceptó.
- ¿Cuántas veces te has acostado con un tío y has tenido que fingir un orgasmo porque realmente no te llena? –Anahí la miró un momento, en silencio- Te acuestas con él y después te sientes vacía. Sí, hay placer, pero nada más –Anahí la seguía mirando en silencio, pues, sí, eso le había pasado- Tengo razón, ¿verdad? –Anahí simplemente asintió con la cabeza- Si es lo que yo digo… los hombres no sirven ni para follar –Dijo intentando darle un toque de humor, consiguiéndolo, pues Anahí se rió.
- ¿Alguna vez te has acostado con alguno? –Preguntó, pues era algo que le interesaba- Porque… si sabes todo eso, es porque a ti te ha pasado, ¿no?
- Rubia inteligente, me sorprendes –Se reía.
Dándole un suave golpe en el hombro- Ya te dije que no subestimaras mi inteligencia–Dijo, entre risas.
- Pues sí… desgraciadamente sí me acosté con un hombre y fue tan desagradable y asqueroso que jamás en mi vida volveré a hacerlo –Decía, recordando ese momento con cierta repugnancia.
Se reía observando la cara de asco de Dulce- Nunca había conocido a nadie que tuviera las cosas tan claras…
- ¿Por qué? –Preguntó.
- Porque sí, yo he conocido a chicos y chicas gays, pero nunca les habían tenido asco al sexo opuesto.
- A ver… Christopher y Poncho son hombres y no les tengo asco… no es que vea a un hombre y me dé asco, lo que me da asco es imaginarme en una cama con ellos –Explicaba, observando como Anahí asentía con la cabeza y la miraba fija e intensamente, con una amplia sonrisa, como hipnotizada y sin escuchar nada de lo que Dulce le estaba diciendo. - Me pone nerviosa que me mires así –Confesaba riéndose nerviosamente.
- ¿Por qué? –Preguntaba sin dejar de mirarla de esa forma.
- Porque sí, me intimidas.
- Estoy imaginando algo –Confesó con una pícara sonrisa.
- ¿El qué? –Sin poder evitar sonreír de la misma forma.
- Como sería… -Dijo simplemente, mirando firmemente Dulce, cosa que ponía demasiado nerviosa a la pelirroja.
Con esa mirada tan fija e intensa Dulce sentía que el calor aumentaba, los ojos de Anahí eran realmente perturbantes y podían hacer temblar a cualquiera con una mirada como esa.
- ¿Cómo sería qué? –Preguntaba.
- Hacerlo, con una mujer. Sería extraño…
- No, no sería extraño, te encantaría –Dijo con una orgullosa sonrisa, muy segura de eso.
Sonrió- No lo dudo, pero sería raro, no sé… jamás me había planteado tener nada con una mujer y… sería como perder la virginidad de nuevo.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:38 am

Se rió- Exagerada.
- No, de verdad, para mí sería… raro e importante, no sé –Explicaba, observando cómo Dulce asentía con la cabeza- Oye… -Decía, volviendo a agarrarle la mano- gracias por confiar en mí y contarme lo de tus papas –Agradeció.
Negó con la cabeza, dándole a entender que no tenía que darle las gracias- Ya te dije que confío en ti.
Después de esa frase sólo se escuchó al silencio. Ambas miraban sin ninguna dirección, a veces chocando sus miradas y quitándolas rápidamente, mirando a otro lugar del salón.
- ¿Vas a estar todo el día sola? –Preguntó la pelirroja, tratando de romper el silencio.
- Sí, supongo, porque no creo que Mai vuelva a pasar por aquí… -Explicó de forma corta, pero clara.
- Ah… -Dijo simplemente, asintiendo con la cabeza y sonriendo de medio lado.
- ¿Vas a quedarte aquí conmigo? –Preguntó, esperando una respuesta afirmativa por parte de Dulce, pero sin recibirla, pues la pelirroja se quedó en silencio- ¿O… tienes algo planeado? –Preguntó.
- Sí, quedé con la asesina más buscada para organizar un plan y acabar con el mundo –Se reía, observando como Anahí la miraba mal.
- Odio que me vaciles –Dijo claramente, mirándola mal, pero sin poder evitar sonreír.
- Pones una cara muy graciosa cuando te enfadas, me encanta –Confesaba, mirándola entre risas.
Sonrió- ¿Te encanta? –Preguntó.
Sonrió ampliamente- Me encanta –Repitió.
Anahí no pudo evitar mirarla fijamente unos largos segundos, era realmente maravillosa la sonrisa de Dulce.
Saliendo de su hipnosis- Bueno… dime, entonces ¿te vas a quedar aquí? –Preguntó nuevamente.
- ¿En tu casa?
Volvió a mirarla mal- No mujer, en la cima de una montaña –Dijo sarcásticamente, provocando que Dulce se riera- Pues claro que en mi casa, tonta.
- ¿Quieres? –Preguntó.
- ¿Tú quieres? –Respondió con la misma pregunta.
- Yo te pregunté primero –Dijo con una sonrisa, provocando que Anahí también sonriera- Contéstame –Pidió.
- Me encantaría –Respondió por fin, sonriendo ampliamente- ¿Y tú? –Preguntó nuevamente.
Asintiendo con la cabeza y sonriendo- Sí, claro que sí.
Nuevamente volvieron a sumergirse en un largo silencio; silencio que Dulce rompió preguntando:
- ¿Cómo va tu herida? ¿La has curado como te dijo Christopher?
Guardó un corto silencio- No, la verdad es que no –Confesó- Lo que pasa es que Mai se fue tan rápido que no me acordé de pedirle que me la curara, porque yo sola no puedo… -Explicó- Igual después la llamo y le pido que venga un rato para que me la cure…
- ¿Llamarla? No, no hace falta, yo estoy aquí, puedo curártela –Dijo- Si tú quieres, claro –Añadió.
Sonrió- ¿Segura? –Preguntó.
- Claro –Dijo con una amplia sonrisa- Fue culpa mía, lo mínimo que puedo hacer es curártelo…
- En el baño está alcohol, unos esparadrapos y algún algodón, tráelos –Pidió Anahí.
- ¿Y el baño está…? –Preguntó riéndose y levantándose del sofá.
- El pasillo, a la izquierda –Indicó, riéndose.
Así fue, Dulce se dirigió al baño y cogió lo que Anahí había pedido, cuando regresó observó a la rubia tumbada en el sofá ya sin camisa, cosa que la hipnotizó. La pelirroja observó cada milímetro del torso de Anahí, comenzando por sus pechos, dándose cuenta de que eran realmente perfectos, los mejores que había visto en toda su vida, bajando ahora al abdomen de la rubia, observando que tenía ligeramente marcados los abdominales, cosa que la hacía realmente sensual.
- A…Aquí… está lo… lo que me pediste –Dijo a duras penas Dulce, tratando de disimular su hipnotización, sentándose en el filo del sofá, al lado de la rubia.
- Gracias –Sonrió cortamente, observando cómo Dulce llevaba sus manos al esparadrapo que tenía Anahí pegado en su hombro, tapando la herida.
Después de quitar el ya nombrado esparadrapo, Dulce cogió el bote de alcohol y lo vertió lentamente en la herida de Anahí, provocando que la rubia gimiera de dolor debido al escozor y agarrara involuntariamente la mano libre de la pelirroja. Dulce sonrió y apretó la mano de la rubia, dándole a entender que apretara todo lo que quisiera y, con la otra mano, continuó curándole la herida.
Algunos minutos más tarde Dulce ya había terminado y, ahora sí, soltándole la mano a la pelirroja, tapó la herida con un nuevo trozo de esparadrapo.
- La verdad yo creo que la herida está muy bien, Christopher hizo un buen trabajo –Decía Dulce, recogiendo lo que acababa de usar, siendo observaba fijamente por Anahí, quien moría de ganar por hacer algo- Y no creo que deje una cicatriz muy grande, sólo serán unos…
La pelirroja no pudo acabar la frase, pues Anahí había agarrado sus mejillas, atrapándola en un beso lleno de deseo. Dulce se sorprendió al principio, pero en pocos segundos reaccionó y correspondió al beso con la misma intensidad. La rubia pasaba las manos alrededor del cuello de Dulce, profundizando así el beso, dejando paso a su lengua y buscando con ansiedad la de Dulce, encontrándola y jugando con ella incansablemente.
- Si no te beso yo, me muero esperando –Dijo Anahí, entre besos, dándole a entender que llevaba bastante tiempo esperando a que Dulce diera el paso de besarla.
Se rió y la volvió a besar largamente- No soy ***** para saber qué quieres –Dijo sonriendo, transformando esa cadena de besos en cortos besos.
- Pues ojalá lo fueras, porque ni yo misma sé que quiero –Confesó, respondiendo a cada beso que le daba Dulce, aunque fueran cortos.
- ¿No lo sabes? –Preguntó, mirándola desde arriba, pegando su frente con la de la rubia, mientras ésta le daba suaves caricias en el cabello.
Suspiró, pensando en cómo explicarse- Cuando estoy así, contigo, lo único que quiero es… besarte y abrazarte y acariciarte y… estar contigo, pero cuando vuelvo al mundo real y me doy cuenta de cómo están las cosas… desearía que la tierra me tragara para desaparecer.
- ¿Por qué? No estamos haciendo nada malo –Dijo, llevando sus manos a la cara de la rubia, acariciándola.
- Sí, sí lo estamos haciendo… -Respondió, con tono triste- Tú y yo no si quiera deberíamos dirigirnos la palabra y mira como estamos… -Dulce sonrió cortamente, robándole un corto beso, siendo correspondida por Anahí- Dios… -Separándose un poco de Dulce y respirando hondo, llevándose una mano a la cabeza- Mai me va a matar…
- No pienses en ella –Pidió- y, de todas formas, no deberías hacerle caso.
- ¿Entonces qué debería hacer? –Preguntó, volviendo a acortar distancias y poniéndose en la misma posición que antes.
- Pues… -Sonreía, manteniendo sus caricias, colocándole un mechón de pelo rubio detrás de su oreja- deberías hacer lo que sientas y dejarte llevar, simplemente eso, olvídate de lo demás.
- Sí, suena muy bonito, pero es que pienso y pienso y…
Llevó su dedo índice a los labios de Anahí, callándola mientras negaba con la cabeza- No pienses, no tienes que pensar, sólo siente, siente y déjate llevar, es lo único que tienes que hacer.
Anahí, con una sonrisa, llevó su mano al dedo de Dulce que le estaba tapando la boca y lo acarició, agarrándole ahora la mano y entrelazándola con la de la pelirroja.
- Te amo –Dijo la rubia con una amplia sonrisa, cosa que sorprendió a Dulce- Querías que me dejará llevar y que sintiera, ¿no? –Dijo, observando la cara de sorpresa de Dulce- Sólo cumplo órdenes. Te amo –Repitió, besándola cortamente.
Profundizando un poco ese beso de forma intensa y luego separándose con la intención de dejarla con ganas de más- Me gusta que cumplas órdenes –Dijo con una sonrisa, observando como Anahí se mordía el labio inferior, dándose cuenta de que había conseguido lo que se proponía- ¿Qué te pasa? –Sonrió ampliamente, casi riendo- ¿Sentiste demasiado?
Se rió, dándole un suave golpe en el hombro y abrazándola- No me calientes aposta… -Rogó, cerrando los ojos y hundiendo su rostro en el cuello de Dulce, respirando su aroma.
- ¿Yo? ¿Calentarte? ¿A ti? –Decía irónicamente y riendo, mientras Anahí rompía el abrazo, riéndose también- Entonces, ¿te gusta? –Preguntó ya más seriamente, pero con su habitual sonrisa en los labios, algo pícara.
- ¿El qué? –Preguntó, suponiéndose de qué se trataba, pero prefiriendo preguntar para no meter la pata.
- Mis besos, ¿te gustan? –Anahí solamente sonrió de la misma forma- ¿Qué sientes?–Preguntó sin poder evitar sonreír de forma amplia al observar la sonrisa de la rubia.
- Siento… un calor inmenso en todos lados –Se reía, abanicándose con la mano.
Se rió, dándole un corto beso en los labios- Eso es buena señal.
- ¿Buena señal de qué? La única señal que yo veo es que, como siga así, dentro de poco me quemaré de tanto calor.
- Me dijiste que estar con una mujer para ti sería raro y extraño, que te encantaban los hombres y… no sé cuantas cosas más –Anahí asentía, observando cómo se explicaba Dulce sin poder evitar sonreír, pues la pelirroja gesticulaba mucho con las manos- Pero si te calientas con un simple beso mío, quiere decir que… pues que todo va a ir muy bien –Explicó cortamente, riéndose.
- ¿Qué somos, Dulce? –Preguntó de súbito, cosa para la que Dulce no tuvo respuesta- Necesito saber qué somos, porque si no me voy a volver loca…
- Yo soy Dulce y tú eres Anahí –Dijo con una sonrisa, tratando de evadir ese tema con algo de humor.
- No, es en serio, sabes a qué me refiero –Dijo ya en un tono más serio, mirándola fijamente.
- ¿Qué más da que seamos? Nos queremos, nos divertimos y cuando estamos juntas nos lo pasamos muy bien. Eso es lo que importa –Observando como Anahí negaba con la cabeza y suspiraba- A ver, ¿qué te pasa? –Preguntó, volviendo a llevar sus manos a las mejillas de Anahí, acariciándolas tiernamente con sus dedos pulgares.
- Me pasa que estoy en un momento demasiado confuso Dul –Comenzaba a explicarse- Estoy peor que una niña de 15 años… Ya no sé qué quiero, que soy o que no soy, que debo hacer y que no debo hacer…
- Quieres ser feliz, eso es lo que quieres. Eres Anahí y lo que debes hacer es lo que menos importa ahora, no siempre lo mejor es lo que se debe hacer –Respondió claramente Dulce a todo.
- ¿Y voy a poder ser feliz contigo, Dul? –Preguntó, provocando que Dulce soltara su cara y miraba para otro lado- Dulce, mírame –Pidió, incorporándose un poco- Dulce María Espinoza, mírame –Exigió en tono serio, consiguiendo que, ahora sí, la pelirroja la mirara- Realmente en algún momento de tu vida, ¿conseguirás hacerme feliz?
- Mientras estemos alejadas del mundo y metidas en nuestro propio universo… sí, podré hacerte feliz.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:38 am

- ¿Y en el mundo real? ¿Con todas esas pistolas, sangre, muertes y delincuencia?
Guardó un corto silencio, mirándola- En ese mundo lo dudo mucho –Respondió con total sinceridad, provocando que Anahí se entristeciera notablemente- Lo siento Annie, pero… yo jamás podré darte lo que tú te mereces, jamás podré ponerme ni si quiera a tu altura y… yo no quiero ni pienso hacerte daño, nunca lo haré, te lo prometo.
- ¿Y qué es lo que yo me merezco? Solamente necesito cariño y amor de una persona que me quiera, nada más.
- Eso es justamente lo que yo no te puedo dar.
Anahí no comprendía el motivo por el que Dulce decía eso- ¿Por qué?
- Porque no Annie, porque es imposible. Mi vida no es adecuada para una mujer como tú, no puedo ofrecerte nada, absolutamente NADA –Recalcó esa última palabra.
-¿Y a mí qué me importa lo que tú puedas ofrecerme? No quiero dinero, no quiero casas, no quiero coches ni… cosas materiales –Decía, llevando ahora ella sus manos a la cara de la pelirroja, pegando su frente con la suya- Yo… yo sólo te quiero a ti Dul… 
Sin más la pelirroja abrazó a Anahí, siendo automáticamente correspondida por la rubia.
- Te prometí que no te haría daño de ninguna forma y, de verdad, lo voy a cumplir –Decía Dulce mientras se separaba para mirar a Anahí, observando como la rubia negaba con la cabeza, aunque sonreía levemente- ¿Cómo que no? ¿No confías en mí?
- No me puedes pedir una confianza total en estos momentos, lo estoy intentando y espero conseguirlo. Pero de todas formas no se trata de confianza, se trata de que, tarde o temprano, nos vamos a hacer daño… sé que esto no va a salir bien, lo sé, pero me da igual, quiero correr el riesgo de sufrir –Esta vez era Dulce quien negaba con la cabeza- Sí, Dul, sí. No me prometas algo que, ambas, sabemos perfectamente que no vamos a poder cumplir –La pelirroja guardó silencio, mirándola, mientras Anahí continuaba acariciando su cara- Sólo… sólo quiero preguntarte algo…
- Lo que quieras, pregunta lo que quieras –Respondió muy segura.
- ¿Estás enamorada de mí? ­ ¿De verdad me quieres o esto es simplemente una diversión?
- Claro, claro que estoy enamorada de ti Annie, ya te lo dije: te amo.
Sonrió levemente, algo emocionada por escuchar esas palabras- ¿Sabes? Yo nunca en mi vida me había enamorado, es más, pensaba que nunca conseguiría hacerlo y… definitivamente jamás me imaginé que iba a enamorarme de mujer a la que, además, estoy investigando- -Sonrió tiernamente- Yo tampoco.
- Tengo miedo, de verdad que tengo mucho miedo de esto que estoy sintiendo… -Confesó.
- No tienes por qué tener miedo.
- Sí, claro que sí –Respondió rápidamente, muy segura de ello- Estoy muerta de miedo porque, por primera vez en toda mi vida, estoy sintiendo algo tan grande que… que me hace sentir cosas tan extrañas que no entiendo… -Trataba de explicarse lo mejor posible, gesticulando con las manos y siendo observada por Dulce con una tierna sonrisa- Y, de verdad, tengo… tengo tanto miedo…
- ¿De qué tienes miedo?
- De lo que siento, de ti, de confiar en algo que… que en realidad es sólo una mentira, de sufrir, de… de perderte.
Guardó un corto silencio, mirándola- Tiempo, sólo dame tiempo para demostrarte de que esto es real –Pidió.
Asintió con la cabeza, sonriendo- Claro que sí –Dicho esto la abrazó, tratando de esconder la cara en su cuello, cerrando los ojos y respirando hondo.
- ¿Puedo pedirte algo? –Preguntó, abrazándola.
- Lo que quieras –Respondió, sin la mínima intención de dejar de abrazarla.
- No me dejes –Rogó algo emocionada, lo que provocó que Anahí sí rompiera el abrazo y la mirara- Eres la única que realmente se ha preocupado por mí, eres la única que ha sido capaz de hacerme temblar con una mirada, la única capaz de enamorarme, la única capaz de… de muchas cosas… Y, de verdad Annie, confía en mí, no te dejes llevar por lo que te digan, no creas todas las cosas que te digan de mi…
- Dul –Dijo, volviendo a sosteniéndole las mejillas- Si de verdad me dejara llevar por lo que me dicen, no estaría aquí contigo.
Sonrió- Lo sé, pero… necesito pedírtelo, no lo hagas, por favor.
- Te prometo que no me voy a dejar llevar por lo que digan, voy a intentar hacer siempre lo que sienta –Prometió, alzando su mano con la palma de la mano abierta, en señal de promesa- ¿Te vale con eso? –Preguntó con una sonrisa.
Sonrió- Sí, me vale –Respondió entrelazando su mano con la mano ya alzada de Anahí- Te amo
Suspiró con una emocionada sonrisa- Todavía sigo sin acostumbrarme a que me lo digas
Sonrió ampliamente- Pues vete acostumbrándote, porque pienso decírtelo todos los días.
Sonrió tiernamente- ¿Todos los días?
Agarrando ambas mejillas de Anahí y acercando su cara a la de la rubia- Sí, todos los días –Dicho esto le dio un corto beso en los labios.
Sonriendo, correspondiendo al beso y dándole ella otro, llevando su mano a la mano de Dulce, acariciándola- Me encanta como besas –Confesó, llevando su mano libre a los labios de la pelirroja, acariciándole el labio inferior con su dedo índice- Lo haces de una forma tan… cariñosa y dulce, pero con una mezcla de… de pasión y… le das un toque tan… caliente, que, de verdad, me vuelve loca –Explicaba la rubia.
Se rió- Vaya, que bien describes los besos –Dijo entre risas, agarrándole ambas mejillas y besándola.
Esta vez ese beso no fue corto como los anteriores, ahora Dulce lo alargó, siendo correspondida por Anahí, quien puso de su parte en esa profundización usando su lengua, jugando con la de la pelirroja. Varios largos segundos más tarde ninguna de las dos daba señales de querer romper ese momento, así que Dulce se dejó llevar un poco y se posicionó encima de la rubia, llevando su mano al muslo de Anahí, acariciándolo y subiendo poco a poco, tratando de llegar a su trasero. Al sentir la mano de Dulce en su trasero, Anahí sintió como un escalofrío recorría todo su cuerpo, quedándose sin aire, lo que provocó que rompiera el beso.
Llevando su mano libre a la cara de Anahí, acariciándola- ¿Qué pasa? –Preguntó.
Con la respiración agitada, negando con la cabeza- Nada, nada.
Quitó su mano del trasero de Anahí, incorporándose- Muy rápido, lo siento –Se disculpó, algo apenada por su atrevimiento- Si es que soy imbécil…
- No, no, no es eso –Dijo rápidamente, observándola desde abajo pues aún continuaba recostada en el sofá- Es que… no sé… ya te dije que esto es raro para mí, siento cosas tan fuerte que no había sentido antes que… me bloqueo.
Asintió con la cabeza- Vale…. Entiendo, me aguanto las ganas y ya, dejo mis manitas quietas, lo siento, pensé que tú también tenías ganas…
Anahí negó con la cabeza, llevó sus manos al cuello de Dulce y jaló de ella, consiguiendo que volviera a posicionarse encima suya.
- No entiendes nada –Dijo la rubia desde abajo, pegando su frente con la de la pelirroja- Que me bloquee por sentir cosas tan fuertes no quiere decir que no tenga ganas.
- ¿No? –Preguntó, algo sorprendida por esa noticia.
Sonrió- No, claro que no. Es más… -Decía, llevando sus piernas a la cintura de Dulce, abrazándola por ahí- me muero de ganas –Confesó con una pícara sonrisa, provocando que Dulce también sonriera- Sólo que… me bloqueo
- Pero…. ¿quieres? –Preguntó con algo de miedo a la respuesta de Anahí.
- Me muero de ganas –Repitió- Claro que quiero –Añadió, tratando de resultar más segura.
- ¿Estás segura? –Continuaba con las preguntas.
- Completamente –Respondió claramente sin ninguna duda.
Después de esa afirmación ambas se quedaron en un riguroso silencio, sólo se miraban a los ojos, aún con sus frentes pegadas.
- Estoy súper nerviosa… -Confesó Anahí, soltando una pequeña risa de nerviosismo.
Sonrió y llevó su mano a la cara de la rubia, acariciándola- Pues relájate
Dicho esto, Dulce llevó sus labios a la frente de Anahí y comenzó a dar ahí suaves y cortos besos, continuando por su mejilla izquierda, dirigiéndose ahora a su nariz y bajando, rozando sus labios con los de Anahí, pero sin besarla. Continuó su camino hasta el cuello de la rubia, haciendo lo mismo que anteriormente: rozando sus labios, pero sin ir más allá, aunque eso bastaba para que la piel de Anahí se erizara. Siguió bajando, acercándose a los pechos de Anahí, pero deteniéndose y volviendo a subir, nuevamente pegando su frente con la de Anahí. Se detuvo a mirarla varios segundos y cuando se dio cuenta de que la rubia ya tenía la respiración entre cortada, la besó, despacio, tranquila y relajadamente, con cariño, siendo correspondida por Anahí. La rubia llevó sus manos a la nuca de Dulce, profundizando así el beso, dando paso a su lengua, en busca de la de Dulce y encontrándola casi instantáneamente, siendo muy bien recibida por la pelirroja.
Nuevamente volvieron a sumergirse en un profundo y pasional beso, Dulce volvió a dejarse llevar y, de nuevo, dejó que su mano tomara vida y que, esta vez, acariciara la cintura desnuda de la rubia, pues aún estaba sin camisa.
Rompió un momento el beso, ya con la respiración algo agitada- Si voy demasiado rápido o me paso o no te gusta… párame o dímelo o pégame, ¿vale? –Dijo la pelirroja.
Se rió, negando con la cabeza- Que bruta eres, de verdad –Dijo, volviendo a besarla de forma profunda- Vas a un ritmo perfecto, no te pasas en nada y me encanta, ¿vale? –Dijo ahora la rubia, tratando de dejarle claro que estaba preparada y quería hacerlo.
- Pero… de verdad, no quiero forzarte a nada, si no…
Sin dejarla hablar- Cállate –Rogó, volviendo a besarla de la misma forma que las últimas, siendo correspondida en todo momento por Dulce- No hables, no me digas nada –Pedía, entre besos- Sólo… sólo ámame –Rogó mientras la miraba fijamente a los ojos.
Eso bastó para que las “inseguridades” de Dulce se esfumaran y se sintiera muy segura de lo que estaba a punto de hacer.
- ¿Tu cuarto? –Preguntó la pelirroja, cosa que a Anahí le sorprendió.
- Allá –Respondió, señalando con su dedo.
- Bien
Dicho esto, Dulce cogió a Anahí en brazos, como pudo, diciendo:
- Estás pequeñita, pero si pesas…
- Pues claro que peso -Se reía- Pero ¿qué haces? ¿A dónde me llevas?
- Al paraíso
Nuevamente eso provocó la risa de Anahí, pero esta vez su risa era nerviosa.
- Estás completamente chiflada –Dijo Anahí, entre risas.
- Suelen decírmelo a menudo
Llegaron al cuarto de Anahí y Dulce la recostó con cuidado en la cama, provocando cada vez más nerviosismo en Anahí.
- Relájate –Volvió a pedir la pelirroja, agarrando los brazos de Anahí y extendiéndolos hacia atrás, colocándolos a ambos lados de la cabeza de la rubia- Sólo déjate llevar –Dijo, posicionándose encima de Anahí y acercando sus labios al cuello de la rubia, comenzando a darle besos ahí.
En ese momento Anahí sintió como su corazón aumentaba la rapidez de sus latidos, su piel se erizó muy considerablemente y un escalofrío recorrió todo su cuerpo, pero sin poder moverse, pues Dulce aún estaba sosteniendo sus brazos. Varios segundos después Dulce comenzó a darle mayor pasión a esos besos, transformándolos en suaves y placenteros mordisquitos, provocando que Anahí cerrara los ojos, suspirara e, involuntariamente, entrelazara sus manos con las de Dulce. Ese gesto provocó que una sonrisa se dibujara en los labios de Dulce.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:38 am

- ¿Estás bien? –Preguntó la pelirroja, por si acaso la respuesta era negativa.
Abrió los ojos y la miró con una sonrisa- Perfectamente.
Dulce sonrió y le dio un corto beso en los labios, para volver a bajar y retomar su tarea de devorarle el cuello, pero esta vez bajando más y llevando esos besos a los pechos de Anahí, por encima del sujetador, tan solo insinuándose. Continuó bajando para besar ahora el abdomen de la rubia y alrededor de su ombligo, sintiendo como la piel de Anahí se erizaba cada vez más.
La pelirroja volvió a subir, poniéndose cara a cara con Anahí, quien la miraba con la respiración agitada. Volvió a besarla, esta vez con rapidez y pasión, siendo correspondida por Anahí, quien respondió con la misma intensidad, llevando sus manos a la cintura de la pelirroja y comenzando a levantarle la camisa. Eso provocó que Dulce rompiera el beso, se incorporara un poco y levantara los brazos, dejando así que Anahí le quitara la camisa. La rubia reaccionó rápidamente y, con una sonrisa, quitó del todo la camisa de Dulce, dejando a la vista el torso semidesnudo de ésta, apreciando cada detalle, en especial esas pecas que tanto le gustaban. Ahora fue ella, Anahí, la que se incorporó un poco y llevó sus labios al cuello de Dulce, besando y mordiéndolo, provocando que, ahora, la que suspirara fue la pelirroja.
- Me encantas… -Susurraba la rubia, mientras continuaba devorando el cuello de Dulce, acariciándole con ansiedad su cintura y su espalda.
Sonrió, mientras suspiraba, bastante excitada- Y tú a mi… -Respondió la pelirroja, con sus manos en la nuca y el cabello de Anahí, acariciándola.
Anahí bajó un poco más, acercando peligrosamente sus labios a los pechos de Dulce, pero sin llegar a ellos, besando sus pecas, mientras sus manos llegaban al broche del sujetador, pero parándose ahí, deteniendo todo movimiento. Anahí se había puesto nuevamente nerviosa, no sabía si desabrochar o no el sujetador de Dulce, algo que la pelirroja notó y rápidamente acabó con todas las inseguridades, sonriéndole mientras le picaba el ojo y volvía a besarla, dándole a entender que lo hiciera y cuanto antes.
Y así fue, eso bastó para que Anahí, mientras correspondía al beso, desabrochara el sujetador de Dulce, quitándolo con su ayuda. La rubia rompió el beso, necesitaba ver ese paisaje, observarlo y analizarlo, disfrutarlo.
- Eres… hermosa –Dijo Anahí, casi hipnotizada, analizando el cuerpo semidesnudo de Dulce.
La pelirroja solo sonrió y volvió a recostar a Anahí en la cama, posicionándose nuevamente encima de ella, besándola. Entre beso y beso, esta vez Dulce, fue la que llevó sus manos al broche del sujetador de Anahí, parándose también, pidiéndole permiso. Como antes, Anahí sonrió y besó a Dulce en señal de que sí lo hiciera, incluso ayudándola y llevando su mano atrás para poner de su parte en la acción de quitarse el sujetador. Esta vez fue Dulce quien se quedó hipnotizada con ese paisaje, provocando una cierta timidez en Anahí.
- Tú sí que eres hermosa… preciosa, bellísima –Decía Dulce, anonadada con esa imagen.
Anahí sólo sonrió tímidamente y la abrazó, cerrando los ojos, respirando el aroma de la mujer que tenía encima suya. Dulce correspondió al abrazo y aprovechó ese momento para acariciar la espalda desnuda de Anahí, bajando, sin poner frenos a sus manos, cubriendo con suavidad el trasero de la rubia. Al sentir eso Anahí rompió el abrazo y miró a Dulce con una sonrisa, agarrándola del cuello y haciendo un rápido movimiento, dejándola ahora abajo y posicionándose ella encima. Sin decir ni una sola palabra y aún sintiendo las manos de Dulce en su trasero, Anahí atrapó en un loco beso a la pelirroja, mientras daba total libertad a sus manos de pasearse por el cuerpo de Dulce, acariciándolo, comenzando por sus muslos aún cubiertos por un pantalón, siguiendo por su abdomen desnudo y llegando al pecho derecho, cubriéndolo con su mano, deteniéndose unos segundos ahí, provocando que Dulce suspirara durante el beso y volviendo a subir, llegando hasta su mejilla y parándose ahí.
Ahora fue Dulce la que hizo un rápido movimiento y dejó a Anahí abajo, repitiendo cada uno de los movimientos anteriores de la rubia, excepto que esta vez la pelirroja llevó sus labios al pecho izquierdo de Anahí, comenzando a besar y morderlos, jugando con su pezón, mientras con su mano libre le acariciaba el pecho derecho, causando que el calor y los suspiros en Anahí aumentaran. Dulce, aún besando el pezón de Anahí, dejó que su mano bajara lentamente, acariciando suavemente y por encima del pantalón la intimidad de Anahí, provocando con ese simple gesto que Anahí diera un suave gemido. Ese gritito fue algo que a Dulce le encantó escuchar y, lentamente, llevó sus manos al pantalón de Anahí, quitándoselo con su ayuda, dejando más partes de su cuerpo a simple vista. Sin decir ni una sola palabra, la pelirroja volvió a besarla, bajando sus besos y recorriendo, nuevamente, todo el cuerpo de la rubia con sus labios, llegando a su intimidad. Dejó ahí varios besos y volviendo a subir para encontrarse cara a cara con Anahí, pero dejando que su mano bajase y se adentrara en las braguitas de la rubia, provocando que Anahí sintiera como un enorme escalofrío recorría todo su cuerpo y un nuevo gritito saliera de su boca.
Sonriendo, acercando sus labios al oído de Anahí- Me encantan tus grititos –Dijo la pelirroja con un tono de voz bastante cachondo, besándole excitantemente el lóbulo de la oorej
Ese susurro sólo sirvió para que el calor de Anahí aumentara y su corazón se acelera todavía más, haciéndola sentir que en cualquier momento se le podría salir del pecho.
- ¿Estás bien? ¿No voy muy rápido? –Preguntó Dulce, manteniendo ahí su mano.
Anahí no podía hablar, sabía que si lo hacía no le saldría nada entendible, así que simplemente asintió con la cabeza en señal de que todo estaba bien. Ese simple gesto sirvió para que Dulce se convenciera y comenzara a mover su mano, sólo acariciando un poco la zona, haciendo estremecer a Anahí sólo con ese contacto. Al darse cuenta de que la rubia necesitaba más, buscó con sus dedos el clítoris de Anahí y comenzó a jugar con él, moviendo sus dedos, estimulándolo, provocando que los grititos de Anahí dejaran de ser suaves y se transformaran en largos y fuertes gemidos.
Lentamente Dulce aumentó la rapidez de sus movimientos y, en un rápido gesto, bajó un poco más sus dedos y entró en Anahí, causando que, ahora sí, un un fuerte grito saliera de Anahí. La rubia llevó sus manos a la espalda de Dulce y se aferró a ella, aún gritando, pegándose contra su cuerpo, preparándose para lo que sabía que estaba a punto de llegar.
Dulce continuó con sus rápidos movimientos, entrando y saliendo de Anahí, alternando sus movimientos en círculos y escuchando un fuerte grito de Anahí que fue acompañado de las uñas de la rubia clavándose en su espalda, dándole la noticia de que había llegado al orgasmo.
- ¿Estás bien? –Volvió a preguntar Dulce, sintiendo la respiración totalmente acelerada de Anahí.
- Dios… -Fue lo único que pudo decir Anahí, casi sin aire, sintiendo como Dulce sacaba la mano de sus braguitas y se quitaba de encima suya, acostándose a su lado, mirándola- Fue… fue… eres… oh dios mío… -Era lo único que podía decir la rubia, con los ojos entre abiertos mirando el techo, respirando agitadamente.
Dulce sólo la miraba sin poder evitar sonreír, apreciando cada detalle de su cara y recordando cada grito que había dado Anahí hacía tan sólo unos minutos.
- ¿Qué tal? –Preguntó por fin la pelirroja.
La miró y sonrió ampliamente- No tengo palabras –Dijo soltando una carcajada, ya con la respiración más tranquila, abrazándose a ella.
- ¿Qué sentiste? –Preguntó, pasando mano alrededor de la espalda de Anahí, acariciándola.
- ¿Que qué sentí? –Tomando una bocanada de aire, sin saber cómo describirlo- Fue… fue mágico… sentí… tantas cosas… ¿Recuerdas lo que me dijiste antes de que me acostaba con un hombre y no me llenaba? –Dulce asintió con la cabeza mientras sonreía, acariciándole el cabello- Pues tú… tú conseguiste lo que jamás nadie había conseguido… Me llenaste, me hiciste temblar, me hiciste gritar, me hiciste sentir… Perfecto, simplemente perfecto. –Dulce sólo sonrió y le dio varios besos en la mejilla- Tenías razón –Dijo de súbito, algo que a Dulce sorprendió- Lo de que con una mujer es distinto, tenías razón –Concretó- Es… completamente distinto, mucho más… más tranquilo, más amoroso, sin tanta brusquedad… más suave… no sé… me encantó.
Sonrió ampliamente- Me alegro de que te haya gustado.
- Gracias.
Negó con la cabeza- Gracias a ti.
Agarrando sus mejillas y besándola, cortamente- Te amo Dul…
- Y yo a ti Annie… no sabes cuánto…
Después de escuchar esas palabras, Anahí volvió a recostarse en el pecho de Dulce y cerró los ojos, sólo quería permanecer allí, abrazada a ella, disfrutar de ese momento antes de que acabara, porque sabía perfectamente de que, tarde o temprano, iba a acabar.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:38 am

Capítulo 5
A la mañana siguiente Anahí se despertó, algo aturdida, pues no recordaba haberse dormido. Observando el techo recordó lo que había pasado el día anterior. Recordó como tocó el cielo, como Dulce la subió hasta lo más alto y la hizo tocar las estrellas, como gritó hasta quedarse ronca. Moría de ganas por verla de nuevo, quería ver esa sonrisa de nuevo, así que miró al otro lado de la cama para buscar a la pelirroja, pero no la encontró. Cogió su bata, se la puso y salió en busca de Dulce, pensando que podría estar fuera, pero no fue así, no había ni rastro de ella, cosa que no le gustaba nada. Regresó a su cuarto y miró el reloj, dándose cuenta de que eran las 10 de la mañana y ya había llegado tarde a la comisaría. Cogió su móvil y vio cinco llamadas perdidas de Maite y otras cinco de Christian.
- Joder…. Me van a matar –Decía nerviosa Anahí, vistiéndose.
Mientras se vestía su móvil volvió a sonar.
- ¿Sí? –Respondió la rubia a la llamada.
- ¡Por fin! ¡Te hemos llamado miles de veces! –Era Christian, notablemente enfadado- ¿Dónde estás?
- En mi casa, me quedé dormida –Explicaba, mientras se vestía con mucha rapidez.
Suspiró- Bueno… te esperamos aquí, no tardes, tenemos que darte noticias.
- Vale, vale, llego en quince minutos –Colgó, ya vestida.
Anahí se peinó, cogió sus cosas y salió casi corriendo. Veinte minutos después, más tarde de lo que había dicho, llegó a la comisaría, encontrándose a Christian y Maite con una muy mala cara, estaba bastante claro su enfado.
- Lo siento… -Fue lo primero que dijo la rubia, dirigiéndose a su mesa.
- ¿Por qué te quedaste dormida? Sueles despertarte temprano y nunca llegas tarde –Dijo Christian, mirando a su compañera y amiga muy seriamente.
- Pues… anoche me acosté tarde y… y esta mañana se me olvidó poner el despertador –Mintió Anahí, sin saber qué otra cosa decir.
- ¿Dónde estuviste anoche? –Preguntó ahora Maite, sin darle nada de importancia al hecho de que Anahí hubiera llegado tarde- Fui a verte después de que salí de la comisaría, toqué veinte mil veces y nadie me abrió. Además te llamé al móvil y tampoco respondiste.
Anahí se puso nerviosa, muy nerviosa, de hecho estaba segura de que su cara había cambiado completamente de color. Apenas había tenido tiempo para pensar en qué iba a hacer, en si iba a contarle o no a Maite lo que había pasado con Dulce.
- ¿A… anoche? No… no sé… yo estuve en casa…. –Decía la rubia, pensando que probablemente Maite había ido cuando ya se había quedado dormida.
- ¿Y por qué no me abriste? –Continuaba con las preguntas Maite.
- Debo haberme quedado dormida… -Se excusaba, sentándose en su mesa y buscando algún papel, tratando de disimular su nerviosismo y evitando mirar a la cara a Christian y Maite.
- Yo fui a las ocho de la noche y acabas de decirnos que te dormiste tarde –Dijo ya más seriamente la morena, cruzándose de brazos y dándose cuenta de que Anahí le estaba mintiendo.
Tragó saliva a duras penas- Ah… bueno, es que yo a esa hora estaba…. Estaba en el doctor, sí, eso… me dolía mucho el hombro y me pincharon un calmante, por eso al llegar a casa me dormí al instante y no me enteré de nada… -Respondió ya más concretamente, pensando que había encontrado la excusa perfecta.
- ¿Y cómo está tu hombro? –Preguntó Christian, cambiando completamente de tema, cosa que relajó a Anahí.
- Bien, bueno, me duele un poco, pero creo que va mejorando… -Explicó con una ladeada sonrisa, pero dándose cuenta de que Maite continuaba mirándola de forma muy seria.
- Pues me alegro, si te hubiera pasado algo grave habría matado a esos imbéciles –Dijo Christian, con rabia, recordando el momento del disparo.
Sonrió, mirando a su amigo- Estoy bien Chris, no te preocupes. Bueno… ¿tenemos alguna noticia o algo? Pónganme al día –Pidió Anahí, cambiando ahora ella de tema.
- Ah, sí, sí, hay noticias –Dijo rápidamente el chico, cogiendo algunos papeles- Te acuerdas de que nos pediste que vigiláramos a la hermana de Espinoza y de que contraláramos la cuenta bancaria que habíamos identificado, ¿no? –Anahí asintió con la cabeza- Pues ya hay resultados…. –Dijo, dándole un papel, aparentemente un “recibo” del banco- Espinoza usó una gran cantidad de dinero para reservar un viaje a Estados Unidos.
- ¿Un viaje a Estados Unidos? –Se sorprendió la rubia, mirando esos recibos.
- Sí, así es. Sacó cuatro pasajes. El suyo, el de su hermana, el de Christopher y el de Alfonso –Informaba el chico.
- ¿Para cuándo? –Preguntaba Anahí.
- Hoy, a las 6 de la mañana, hace más de cuatro horas que deben estar en ese vuelo.
- ¿Qué? –Se sorprendió aún más la rubia, entendiendo por qué Dulce no había despertado a su lado- ¿Por qué no me avisaste antes?
- Lo intenté hacer, pero no respondiste mis llamadas –Respondió, mirándola mal.
- -Asintió con la cabeza, dándole la razón- ¿Y de su hermana sabemos algo? –Preguntó a Maite, quien continuaba muy seria.
Negó con la cabeza Maite- Nada importante. La patrulla la ha estado siguiendo y no ha recibido visitas de nadie sospechoso. Ha salido a la universidad, a una cena con unos amigos, ha sacado al perro y… poco más –Informó la morena.
Guardó un corto silencio, pensando en qué iba a hacer- ¿Hay alguna sospecha de para qué viajan a Estados Unidos? –Preguntó la rubia.
- No, nada, sólo podemos acceder a la cuenta bancaria de Espinoza, no a sus pensamientos Annie… -Dijo Christian.
- Bien, pues… vamos a ver… Chris, llama al aeropuerto y reserva el primer vuelo que salga para Estados Unidos, tres pasajes.
- ¿Un vuelo para Estados Unidos? –Se sorprendieron Maite y Christian.
- Sí, un vuelo para Estados Unidos –Repitió la rubia- Mai, tú cancela la patrulla de espionaje a la hermana de Dulce y… quiero que hagas otra cosa.
- ¿Qué cosa? –Preguntó Maite.
- Voy a llamar al aeropuerto –Anunció Christian saliendo del despacho, antes de que Anahí pudiera responder.
- Quiero las pruebas o los argumentos de por qué se le asignan asesinatos a Espinoza.
- ¿Qué? –Dijo la morena con la boca abierta- ¿Para qué quieres eso, Annie?
- Simplemente lo quiero, no hagas preguntas –Respondió, revisando los papeles que le había dado Christian.
La miró en silencio unos segundos- Anoche estuviste con ella, ¿verdad?
Nuevamente el nerviosismo corrió por el cuerpo de Anahí, haciendo que le faltara hasta el aire.
- ¿Con quién? –Preguntó, tratando de ocultar su nerviosismo.
- Sabes perfectamente con quién. Con Espinoza –Respondió claramente Maite.
- ¿Qué? No… claro que no… ya te dije que estuve en…
- Ay Anahí, por favor, que te conozco perfectamente –Anahí simplemente la miró- ¿Qué pasó? –Preguntó.
- Nada… -Mintió, agachando la cabeza.
- Te dijo algo, ¿verdad? Seguro te metió algo en la cabeza y te dijo que era inocente, ¿cierto? Por eso quieres las pruebas de todo de lo que esté acusada –Anahí simplemente guardaba silencio, no quería hablar, no quería responderle nada- ¡No puedes fiarte de ella, joder! No le hagas caso, ¡no la creas! –Exigía, realmente enfadada.
- Todo el mundo se merece un voto de confianza Mai… -Dijo en un hilo de voz, casi con miedo de la respuesta que pudiera darle Maite.
- ¡Una asesina no se merece ningún voto de confianza! –Respondió rápidamente- Te está usando Anahí, por Dios, ¡abre los ojos! –Pedía. Nuevamente Anahí sólo la miró- ¿Pasó algo más? –Una vez más no obtuvo ninguna respuesta por parte de la rubia- Joder… ¿te acostaste con ella? –Anahí agachó la cabeza, gesto que sirvió a Maite para saber que la respuesta era afirmativa- No me jodas Anahí, no me jodas… ¿estás loca? ¡¿Cómo se te ocurre acostarte con esa mujer!? –Anahí volvió a guardar silencio- Me dijiste que ibas a pensar y que no ibas a tomar una decisión equivocada Anahí, joder, ¿no te das cuenta de que te acostaste con…
Interrumpió- ¡Ya lo sé Maite, ya lo sé! –Gritó, hablando por fin.
- ¿Y si ya lo sabes por qué lo hiciste?
Respiró hondo- La amo… estoy enamorada de ella…
Se rió irónicamente- ¿Cómo puedes estar enamorada de una persona a la que no conoces?
- No lo sé, ¿vale?
- Eres imbécil –Dijo claramente, cosa que a Anahí le dolió- Lo siento, pero es verdad. Vas a terminar perdiendo tu puesto, tus amigos y todo por esa zorra que lo único que hace es usarte.
- No es una zorra –Defendió a la pelirroja, cosa que molestó a Maite- No puedo evitarlo Mai, es… es más fuerte que yo… -Explicaba la rubia, algo emocionada- La tengo en frente y me tiembla todo, me habla y me derrito, me besa y… y me pierdo, no puedo evitarlo, de verdad.
- Pues no puedes seguir así Annie, no puedes. Es o esa mujer o todo lo demás –Anahí guardó silencio, con los ojos húmedos- Sabes perfectamente lo que tienes y lo que debes hacer.
- Sí, lo sé, pero no puedo Mai… no puedo… -Decía, con algunas lágrimas saliendo de sus ojos.
- Ella no se lo pensaría ni un segundo si estuviera en tu situación.
Negando con la cabeza- Ella no es así Mai… tú no tienes ni idea de cómo se comporta conmigo… Es… es perfecta, me trata como a una reina.
- ¡Sólo te está usando! ¿En serio no te das cuenta?
- Pues no, no me doy cuenta…
- Como tú dices: te trata como a una reina para contarte que ella jamás haría daño a nadie, que es una santita y así conseguir que tú dudes y usarte para no acabar en la cárcel –Anahí guardó silencio, pensando en esa posibilidad- No seas tonta Annie, no le des el gusto de que se salga con la suya… ¿Dónde está ahora? En Estados Unidos. ¿Fue capaz de, por lo menos, decirte adiós antes de irse y dejarte tirada en la cama? –Anahí guardó silencio, dándole a entender que la respuesta era negativa- Pues no, claro que no. Lo único que quería era acostarse contigo y ya está. No te arruines la vida Annie, por favor –Rogó a su amiga.
- ¿Y qué quieres que haga Mai? Estoy loca con ella, loca, me encanta.
- ¡Eso es lo que ella se propone, reacciona! –Anahí guardó silencio- Voy a proponerte algo, ¿vale? –Anahí asintió con la cabeza, volviendo a respirar hondo- Aviso a Chris para que sólo reserve dos pasajes a Estados Unidos. Tú te quedas aquí y piensas en algo…
- ¿En algo
- Es… un plan que se me ha ocurrido para atraparla, pero tú eres la clave.
- ¿De qué se trata? –Preguntó, con miedo de esa respuesta.
- Cuando vuelva del viaje, llamas a Espinoza, la citas en un sitio para que se vean, aparecemos nosotros y… la arrestas.
- ¿Qué? –Se quedó petrificada, no podía hacer eso, no podía engañarla de esa forma.
- Es el plan perfecto Annie… Dulce iría desarmada y sola, totalmente desprevenida y sin ningún refuerzo…
- No puedo hacerle eso Mai… es… dijimos que íbamos a intentar confiar la una en la otra, no puedo traicionarla de esa forma…
Suspiró- No voy a volver a decirte todo lo que pienso. Yo sólo te doy la idea, ¿vale? Tú te quedas aquí y piensas en si lo quieres hacer o no, ¿ok? –Anahí suspiró y, simplemente, asintió con la cabeza- Voy a avisar a Chris.
Dicho esto Maite se acercó a su amiga, abrazándola, sabiendo perfectamente que era lo que la rubia necesitaba en esos momentos. Sin decir ni una sola palabra rompió el abrazo y salió del despacho, en busca de Christian, dejando sola a Anahí totalmente pensativa, sin saber qué es lo que iba a hacer.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:38 am

Capítulo 6
Dos días, habían pasado dos días. Maite y Christian se habían ido a Estados Unidos y Anahí, como habían dicho, se quedó en Madrid, simplemente pensando en si iba a engañar y delatar o no a Dulce. No se veía capaz de hacerlo, no podía. Sí, había dicho que iba a confiar en ella y que la creía, pero no podía evitar también dudar cuando Maite le decía esas cosas y mucho más cuando se va de viaje a Estados Unidos sin decirle nada.
Su móvil sonó, interrumpiéndole los pensamientos.
- ¿Sí? –Respondió a la llamada Anahí.
- ¿Por qué no viniste con ellos?
Anahí guardó silencio, largamente, poniéndose nerviosa y reconociendo a la perfección esa voz. Nuevamente era ella, aunque prefirió preguntar antes de meter la pata:
- ¿Dulce
- La misma.
Tragó saliva a duras penas- ¿Cómo conseguiste mi número?
- Tu amiga Maite es demasiado despistada y se dejó el móvil en una terraza en la que estaban tomándose unos cafés –Explicó, escuchando como Anahí asentía- ¿Por qué no viniste con ellos? –Volvió a preguntar.
- Creyeron que mi hombro no estaba preparado para la acción y que debía quedarme aquí a descansar… -Mintió.
Se rió irónicamente- Vamos Annie, no me tomes por tonta. Tu hombro está perfectamente.
- Sí, es cierto, pero ellos no me dejaron ir, eso es todo. ¿Por qué te largaste así sin ni si quiera decirme adiós? –Preguntó ahora ella, tratando de cambiar de tema.
- No podía decírtelo, además pensaba que vendrías tú también y que iba poder verte.
- ¿Y tú como sabías que nosotros íbamos a saber que viajabas a Estados Unidos?
Sonrió y guardó un corto silencio- Tengo mis contactos.
- ¿Para qué te fuiste a Estados Unidos?
- No puedo decírtelo, ya lo sabes. Será cosa tuya averiguarlo, para eso eres policía, ¿no? –Dijo en tono burlón, cosa que no le gustó a Anahí.
- No juegues conmigo Dulce –Dijo seriamente y con la voz algo rota, realmente estaba muy confundida.
- No juego contigo Annie, por Dios… -Suspiró, volviendo a ponerse seria- La noche que pasamos juntas fue mágica, nunca había sentido lo que sentí al estar contigo y todas y cada una de las cosas que te dije son ciertas, te amo, créeme por favor –Anahí guardó silencio, sin poder evitar que varias lágrimas salieran de sus ojos, pues que Dulce le dijera esas cosas sólo la hacían confundirse más- ¿Qué pasa? ¿Por qué otra vez estás tan desconfiada? –Preguntó la pelirroja, pero Anahí no respondió- Tus amiguitos, ¿no? Volvieron a meterte mierda de mi en la cabeza –Dijo con rabia, pero nuevamente sin obtener respuesta por parte de Anahí- Dijiste que confiabas en mí, que me ibas a creer.
- Sí, lo dije, pero…
Anahí no tuvo argumentos para acabar la frase, así que fue Dulce quien lo hizo:
- Pero confías más en ellos y en todo lo que te dicen de mí, ¿no? –Una vez más Anahí se calló- Ya no sé qué hacer para que me creas… Voy a verte sin importarme que me puedan atrapar, te cuento lo de mis papás sabiendo que puedes usarlo en mi contra, confío en ti, te llamo y me pongo en riesgo sabiendo que puedes delatar mi número de teléfono para que lo pinchen…. ¿En serio crees que una persona que no te quiere haría esas cosas? –Anahí volvió a guardar silencio, ya llorando- Mira… ¿sabes qué? –Suspiró- No voy a molestarme más en llamarte y en intentar verte. Si tú, de verdad, quieres verme… ya tienes mi número de teléfono…. Confío en ti y sé que nunca serías capaz de mentirme o engañarme –Dijo, muy segura de eso, cosa que a Anahí la hizo llorar aún más, pues aún no sabía si iba a tenderle la trampa o no- Te amo Annie… -Esperó unos segundos para ver si Anahí respondía, pero no lo hizo- Adiós… -Dicho esto la pelirroja colgó.
En cuanto escuchó que Dulce colgaba, Anahí lanzó el teléfono al suelo, con rabia y llorando, observando como la batería y la tapa se salían, terminando tiradas en el suelo.
No puedo más, me voy a volver loca. Cuando hablo con ella le creo, pero cuando Maite me dice esas cosas no puedo evitar desconfiar… joder... ¿Qué hago? ¿Qué coño es lo que vas a hacer ahora Anahí?

New York, Estados Unidos, 16:00 horas:
- No entiendo para qué la llamas, deja de ponerte ya en riesgo por esa mujer Dulce, joder.
- Déjame en paz Poncho, sé lo que hago.
- No, no te dejo en paz. Estás metiendo la pata y hasta el fondo, te van a terminar atrapando por su culpa –Insistía Poncho, nada de acuerdo con que Dulce hablara con Anahí.
- Poncho tiene razón Dul… sólo es una mujer, olvídate de ella, búscate a otra y ya… -Apoyó Christopher a Poncho.
- Ay, ustedes cállense, dejen en paz a mi hermana –Pidió Claudia, apoyando a su hermana- Como se nota que son hombres y no saben lo que es el amor.
- Aquí no se trata de amor, se trata de que esa rubia la va a arruinar, Claudia –Insistía Poncho- Le está diciendo demasiadas cosas, está confiando demasiado en ella y un día le va a clavar el puñal por la espalda.
- Annie jamás haría eso –Dijo Dulce, defendiendo a la rubia.
- ¿Y cómo estás tan segura? –Preguntó ahora Christopher.
- Porque no, ella no es así, confío en ella al 100% y pondría las manos al fuego.
- Pues ten cuidado, te puedes quemar –Respondió Poncho, seriamente- Y al final, por culpa de esos imbéciles que vinieron siguiéndonos, no hemos podido encontrar a los 4 tíos que mataron a tus papás.
- Ese tema lo tengo yo completamente controlado, ¿vale? –Dijo Dulce.
- Ah, ¿sí? ¿Y cuál es tu plan? –Preguntó Christopher.
- Ya llevamos dos días aquí, es hora de volver a Madrid, hay muchas cosas que hacer. Pero no podemos volver sin dejar a nadie que vigile a esos ****…. Así que tú y Poncho se quedan aquí, Claudia y yo regresamos a Madrid –Anunció.
- ¿Qué? Pero… pero ¿tú estás loca o qué? –Dijo Poncho, pues esa idea no le había gustado- ¿Cómo vas a regresar tu sola a Madrid? Si los amiguitos de tu rubia intentan volver a atraparte no vas a tener a nadie que te defienda.
- No necesito a nadie que me defienda Poncho, por favor… Además yo solita me basto, ¿vale? Lo principal es localizar a los **** que mataron a mis papás y acabar con ellos.
Guardó un corto silencio- Igualmente no me parece buena idea de que te regreses tú sola… -Insistía Poncho, nada de acuerdo con esa decisión.
- ¿Quién es la jefa acá?
- … Tú –Respondieron Christopher y Poncho.
- Pues ya está, está decidido, hoy mismo regresamos a Madrid.

Madrid, España, 17:00 horas:
- Hay noticias –Informó Maite.
- ¿Qué pasa? –Preguntó Anahí.
- Vuelven a Madrid –Anunció.
- ¿Ya? ¿Tan rápido? –Se sorprendió.
- Sí, están en el aeropuerto.
- Qué raro…
- Pues hay algo más raro todavía… -Advirtió.
- ¿Qué cosa? –Preguntó, bastante intrigada.
- Sólo viajan Espinoza y su hermana, Christopher y Alfonso se quedan en Nueva York.
- No lo entiendo… -Decía, algo confundida con esa noticia- ¿Para qué va a volver ella sola?
- No lo sé, pero lo que importa ahora es otra cosa.
- ¿Qué cosa?
- Es el momento perfecto Annie.
Guardó un corto silencio- ¿El momento perfecto para qué?
- ¿Cómo que para qué? Pues para hacer lo que te dije antes, para atraparla –Anahí suspiró, volviendo a estresarse- Está sola, completamente sola y si va a verse contigo ni si quiera va a ir armada…. Vamos Annie, es nuestra oportunidad –Intentaba convencer Maite a su amiga.
- Mai… yo todavía no he decidido nada, ¿vale? No puedo engañarla de esa forma, no puedo hacerle una trampa como esa, ella confía en mí…
- No, ella te está haciendo creer que confía en ti, pero no es así –Anahí guardó silencio, nuevamente confundiéndose con esas cosas que le decía Maite- Venga, por favor, está en tus manos resolver uno de los casos más importantes…
Nuevamente suspiró- Mai, cojan el primer vuelo y vengan, ya… ya cuando lleguen decido qué hacer, ¿ok? Déjame pensar.
- ¿Eso quiere decir que hay alguna posibilidad de que lo hagas? –Preguntó con una amplia sonrisa, orgullosa de, por lo menos, haber conseguido que se lo pensara.
Guardó un largo silencio- Sí, tal vez sí, pero… no estoy segura.
- Bueno, vale, vale, nosotros cogemos el primer vuelo y cuando lleguemos nos dices. Pero oye… Chris aún no lo sabe, me pediste que no se lo dijera.
- Pues no se lo digas aún, ya se lo diré yo cuando vuelva… Creo que se enfadará menos si se entera por mí.
- Ok, como quieras.

Avión, trayectoria Nueva York – Madrid, 18:00 horas:
- La quieres mucho, ¿verdad? –Preguntó Claudia a su hermana.
- ¿Qué? ¿A quién? –Respondió con otra pregunta, sorprendida por esa súbita pregunta.
- A la tal Anahí, la policía.
Guardó un corto silencio- Sí, puede ser.
- No, puede ser no, sí la quieres, y mucho –Respondió, mirándola mal- No te hagas la dura con tu hermana.
- Bueno…está bien, sí, sí la quiero –Dijo ya más claramente- ¿Contenta?
Sonrió- Sí. ¿Ella te quiere? –Continuaba con las preguntas.
- Eso se lo deberías preguntar a ella, no a mí.
- ¿Pero tú qué crees?
- Pues que sí, supongo que sí… ya no sé ni qué pensar.
- ¿Qué vas a hacer?
- ¿Qué voy a hacer con qué?
- Pues con ella, con lo que tienen.
- No lo sé Claudia, no tengo ni idea –Respondió, suspirando algo agobiada.
Guardó un corto silencio, pensando en cuál podría ser su siguiente pregunta- ¿En serio confías tanto en ella?
- Sí, claro que sí, ya te dije antes que pondría la mano al fuego por ella.
- ¿Y cómo estás tan segura de que no te va a fallar?
- No lo sé, simplemente estoy segura.
- Pues… deberías pensar en lo que te dijo Poncho, ten cuidado porque puedes quemarte –Dulce negó con la cabeza, totalmente segura de que eso no pasaría- Está bien que la quieras, pero no puedes tener una confianza tan ciega en ella cuando es policía y va detrás de ti, entiéndelo.
- Bien, gracias, eres muy amable –Respondió, pasando completamente de ella, sin querer escuchar lo que le decía.
- Papá siempre decía que eres una cabezota –Dijo con algo de melancolía en su voz.
Dulce miró a su hermana, algo emocionada al haber recordado a su padre.
- Cuando murieron te lo prometí, pero te lo voy a volver a prometer… Los **** que mataron a papá, lo van a pagar, te lo juro.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:39 am

Capítulo 7
Anahí pasó una muy mala noche, no durmió, empleó todo su tiempo en pensar qué iba a hacer y no le sirvió de nada, pues a la mañana siguiente aún continuaba sin saberlo. Desayunó, se vistió y salió en dirección hacia la comisaría. Al llegar allí se dio cuenta de que Maite y Christian aún no habían llegado, cosa que, de alguna u otra forma, la tranquilizó, pues todavía tenía tiempo de pensar qué iba a hacer.
Ese tiempo no le dio para mucho, pues en menos de quince minutos, Maite y Christian entraron por la puerta.
- ¡Hola Annie! –Saludó Christian, abrazando a su amiga- ¿Qué tal, cómo estás? –Preguntó.
Sonrió cortamente- Bien, bien, estoy bien. Hola Mai –Saludó ahora a Maite con otra sonrisa y dándole otro abrazo.
- Hola, ¿qué tal ese hombro? –Preguntó la morena, rompiendo el abrazo.
- Bien, el hombro bien, todo lo demás mal, muy mal –Respondió muy claramente la rubia, volviendo a tomar asiento.
- ¿Sigues sin saber qué hacer? –Preguntó Maite. Anahí simplemente asintió con la cabeza.
- ¿Perdón?–Interrumpió Christian, quién no tenía ni idea de qué estaba hablando- ¿Me perdí algo? –Preguntó. Anahí y Maite simplemente lo miraron- Tiene algo que ver con que no hayas ido con nosotros a Nueva York, ¿verdad?
- Más… o menos… -Respondió Anahí, nada segura.
- Bueno, pues cuéntenme, yo también tengo derecho a enterarme –Pidió Christian.
Guardó un corto silencio- Antes que nada quiero pedirte que no te enfades, ¿ok? –Dijo Anahí, antes de empezar a hablar- Déjame explicártelo todo y ya, después, si quieres me insultas, pero déjame explicarme –Rogó la rubia.
Se sorprendió con esa petición- Cuando pides esas cosas me das mucho miedo, de verdad… ¿Qué hiciste ahora?
- Estoy enamorada –Dijo rápidamente la rubia.
Sonrió- Ah, pero eso está muy bien, por fin… -Dijo alegre el chico, realmente eso no le parecía una mala noticia- ¿Y de quién? –Preguntó, pero Anahí no tuvo el valor de responder- ¿Annie?
- No te va a gustar –Advirtió Anahí.
Ya algo más serio- ¿Por qué no? Venga, dime ya, ¿quién es? –Anahí volvió a guardar silencio- Annie, ya, dime, por favor –Rogaba.
- Dulce, Espinoza –Dijo por fin, cosa que dejó a Christian totalmente petrificado- Cuando me dispararon en el hombro fue ella la que me llevó a una cabaña y me curó la herida –Comenzaba a explicar rápidamente Anahí, antes de que Christian dijera nada- Ese día me dijo muchísimas cosas y… pues… me besó, bueno… nos besamos –La cara de Christian comenzó a ponerse blanca- Sí, me besó –Repitió, por si a Christian no le había quedado claro- Y me encantó… -Aclaró- Al día siguiente, cuando yo no vine a trabajar, fue a mi casa. Estuvimos… estuvimos juntas toda la noche, por eso ni le abrí a Maite ni respondí las llamadas, nos quedamos dormidas después de… -Suspiró, realmente estaba siendo difícil de contar- Me acosté con ella Chris –Anunció- Y también me encantó –Christian no salía de su asombro- No fui con ustedes a Nueva York porque Maite me dijo un plan para atraparla y me pidió que me quedara aquí a pensarlo…
- ¿Y qué pensaste? –Interrumpió Maite- ¿Vas a hacerlo o no?
- ¿Por qué ella sí lo sabía y yo no? –Interrumpió ahora Christian, pues no le había gustado nada que Maite sí supiera la historia y él no.
- No quería que te enfadaras… -Dijo Anahí, en un hilo de voz, sabiendo que eso era un motivo de enfado aún mayor.
- Tenías que habérmelo dicho Anahí, joder –Decía Christian, enfadado.
- ¿Para qué? Ibas a decirme todo lo que me dijo Maite: que me alejara de ella, que juega conmigo, que no me quiere, que me va a hacer daño, etc, etc… Y no quería volver a pelear –Explicó Anahí.
- ¿Y cuál es ese plan? –Cambió de tema Christian, entendiendo de alguna forma que Anahí no se lo hubiera contado.
Suspiró- Eso que te lo explique Maite… -Dijo Anahí.
- Sólo está ella aquí, sin protección. El plan sería que Annie la llame, que quede con ella en algún lugar y cuando estén juntas aparecemos nosotros con nuestros hombres y la atrapamos. Es fácil, si es para verla a ella, Espinoza va a ir desarmada y totalmente desprevenida –Explicó Maite, totalmente convencida de que, si lo hicieran, todo saldría a las mil maravillas- Sólo falta que Annie quiera hacerlo… -Dijo, mirando a la rubia- ¿Qué vas a hacer, Annie? –Preguntó, pues Anahí no decía nada.
- No lo sé, de verdad que no lo sé… -Dijo, respirando hondo y negando con la cabeza- Es que, de verdad, tal vez ustedes la vean insensible y… y todo lo que quieran, pero conmigo no es así, no lo es. Es… súper cariñosa, amorosa, atenta, simpática….
- Bueno, vale, no nos cuentes ahora las virtudes de esa mujer –Interrumpió Christian.
- Pues sí, claro que te las cuento, ¡también hay que saber su versión! Me dijo que buscara las pruebas que la acusaban de haber matado a esos dos policías en la operación para atraparla.
- Claro y te dijo que era inocente, ¿no? –Se rió irónicamente el chico- Por favor Anahí, no seas tan ingenua.
- ¿Dónde están las pruebas, Chris? ¿Realmente las hay?
- ¡Por supuesto que las hay! –Respondió rápidamente el chico, dirigiéndose al ordenador de su mesa- Quieres pruebas, ¿no? –Decía, haciendo algo en el ordenador- Pues toma tus pruebas –Dijo, señalando la pantalla del ordenador.
Anahí se acercó al ordenador para mirar lo que Christian quería enseñarle, mientras explicaba:
- Se sabe que habían cuatro personas en la escena del crimen por huellas encontradas. Las de Dulce, las de los dos policías y las de otra persona que no están identificadas porque ni si quiera se le vio la cara –Decía, mostrándole las imágenes de unas huellas y el nombre de la persona al lado. Anahí fue a hablar, pero él la interrumpió- Lo importante aquí es otra cosa… -Dijo, dándole a un botón del teclado y cambiando de imagen, mostrándole ahora una foto de los cuerpos de los policías apuñalados y, seguidamente, las de un chuchillo- Estos dos hombres fueron apuñalados por la espalda con una arma blanca. La asesina fue bastante imbécil y no usó guantes, probablemente por estar nerviosa o agobiada y dejó sus huellas en el cuchillo, lo que llevó a los investigadores a Dulce María Espinoza Saviñón –Anahí miraba atenta esas pruebas, todo era bastante coherente- ¿Te parece eso una prueba lo bastante sólida como para saber que esa mujer no tiene escrúpulos y es capar de asesinar a cualquiera con un cuchillo por la espalda?
Suspiró, negando con la cabeza, cada vez más confundida- Si me lo contó fue por algo… -Dijo la rubia, aún poniendo algo de su confianza en Dulce.
- ¡Pues claro! ¡Te lo contó para usarte Anahí, por Dios! –Dijo Christian en un grito, enfadado.
Continuaba negando con la cabeza- Me contó que… -Suspiró, prefiriendo callar.
- ¿Qué te contó? –Preguntó Maite.
- Nada –Respondió Anahí de forma cortante.
- No deberías creer todo lo que dice, Annie –Aconsejó Christian, observando cómo su amiga suspiraba- Y es que, de verdad, no entiendo cómo es posible que sigas confiando en ella. ¿Acaso ella te ha dado alguna prueba de su inocencia? –Anahí guardó silencio- No, y yo si te he dado pruebas de que, como mínimo, ha matado a dos hombres, así que la cosa está muy, pero que muy clara.
Anahí guardó un largo silencio para pensar, realmente Christian sí tenía razón y eso le estaba doliendo, pues quería decir que Dulce le había mentido. Tenía las pruebas en su cara, delante suya, ahí estaban las huellas dactilares que clarificaban que la culpable de esas dos muertes había sido Dulce.
- ¿Vas a seguir defendiéndola? –Preguntó Christian, bastante cansado de la actitud de Anahí.
Nuevamente Anahí guardó un largo silencio, pensando la respuesta y, finalmente, decidiendo que:
- No, ya se acabó que juegue conmigo… A la mierda, que se vaya a la mierda –Dijo la rubia rabiosamente, dolida después de haberse enterado de que, supuestamente, Dulce le había mentido.
- Bien –Dijo Maite sonriendo ampliamente- ¿Entonces ponemos en marcha el plan? –Preguntó, ansiosa por escuchar la respuesta.
- Sí, está bien, voy a hacerlo –Aceptó por fin Anahí, aunque aún dudando que pudiera mirarla a la cara y detenerla- Pero… ¿tiene que ser hoy? –Preguntó, algo asustada y nerviosa.
- Pues claro, ¡cuánto antes mejor! No sabemos cuándo van a regresar esos dos de Nueva York –Respondió la chica.
- Mai… -Dijo Anahí, suspirando, con los ojos algo húmedos y la voz entrecortada- Ahora mismo no puedo, dame un poquito de tiempo, ¿no? -Rogó, pero casi exigiéndoselo a su amiga.
- Oh… sí, claro que sí Annie, perdón… -Se disculpó la morena, dándose cuenta de que Anahí estaba afectada.
Observando como Anahí se secaba una lágrima que había salido de sus ojos- De verdad, no entiendo cómo puedes haberte enamorado de… de una mujer como esa –Dijo Christian.
- Yo tampoco lo entiendo –Dijo la rubia y, tras decirlo, salieron más lágrimas de sus ojos- Es que… -Respiró hondo y se secó las lágrimas, tratando de tranquilizarse- Es… es… me encanta, no puedo evitarlo… Cuando está conmigo me trata realmente bien y, tal vez no lo aparente, pero es súper sensible –Insistía- Y… pues… no sé… -Decía, sin poder evitar que más lágrimas salieran de sus ojos- O es muy buena actriz o yo soy muy tonta, porque cuando me mira a los ojos y me dice que me quiere… yo si la creo y… me tiemblan hasta las pestañas.
- Pues lo siento Annie, pero creo que es muy buena actriz… -Dijo Christian, totalmente convencido de que Dulce no sentía nada por Anahí.
Volvió a respirar hondo, pues estaba bastante nerviosa- Déjenme sola un rato, por favor –Rogó la rubia, dirigiéndose a la ventana para que sus lágrimas pudieran salir sin que nadie las viera y respirar aire.
- ¿Segura de que vas a estar bien? –Preguntó Maite, nada convencida de dejarla sola.
- Sí, sólo… necesito estar sola un rato –Dijo Anahí desde la ventana y de espaldas.
- Bueno, como quieras, si necesitas algo estamos en el despacho de Chris –Dijo Maite, saliendo acompañada de Christian del despacho.
Maite y Christian salieron, dejando sola Anahí, quien en cuanto escuchó que salían se sentó en el suelo, apoyándose en la pared y lloró, simplemente eso, necesitaba desahogarse. No entendía nada, estaba demasiado confusa. Dulce parecía muy convencida de sí misma cuando le contó esas cosas, pero esas pruebas también eran muy sólidas y coherentes, lo que quería decir que la pelirroja le había mentido. Lo que no comprendía era por qué. ¿Por qué la había mentido? ¿Realmente la quería? ¿Sólo estaba jugando con ella? ¿Era cierto lo de sus padres o ahí también había mentido? Fuera como fuese iba a salir de dudas esa misma tarde, porque había decidido llevar el plan a cabo y detenerla, mintiéndole y jugando con ella, como había hecho ella antes y, cuando estuviera entre rejas, preguntarle todo. Sí, es un plan muy sucio, pero lo que había hecho Dulce con ella, bajo su punto de vista, también lo era, así que, simplemente, le iba a pagar con la misma moneda o, como se dice en otro lugares, a darle de su propia medicina.
Pensó que esa mujer, Dulce, no merecía que estuviera llorando por ella, así que sacó fuerzas de donde no supo, se levantó, se secó las lágrimas y respiró hondo. Buscó su móvil y marcó el número del que había llamado Dulce, suponiendo que ese sería su número.
- ¿Quién es? –Respondió seriamente la pelirroja al móvil.
- ¿Así sueles responder a todas las llamadas? –Preguntó Anahí con tono serio, tratando de que no se le rompiera la voz y de no emocionarse o insultarla en ese mismo momento.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:39 am

- ¿Annie? –Preguntó, probablemente sin creer que la rubia la estuviera llamando.
- La misma –Volvió a responder con tono serio- Necesito hablar contigo…
- Oh, claro, dime, dime –Pidió, ansiosa por escucharla hablar.
- No, pero por teléfono no… Quiero verte Dul, necesito verte –Dijo, diciendo la verdad, pues necesitaba verla, la echaba de menos.
Sonrió al escuchar esa proposición- Y yo a ti. Dime hora y lugar y… estoy ahí.
- No, dime tú, tú eres la que está en busca y captura –Creyendo que era más oportuno que ella fuera quien eligiera el lugar para no levantar sospechas.
- Bueno pues… si quieres quedamos en el almacén de la vez dónde nos conocimos, allí no suele haber nadie y es seguro para que a ninguna de las dos nos vean… -Propuso, escuchando como Anahí asentía- ¿Te va bien a las 6 de la tarde?
- Sí, a las 6 está bien –Aceptó.
Guardó un corto silencio- Annie… -Dijo en un hilo de voz.
La rubia se puso nerviosa, conocía ese casi susurro, ese tono de voz y ese silencio que le indicaba que iba a decirle algo bonito o importante y, por alguna extraña razón, se le hacía muy difícil no creerla.
- Dime –Dijo simplemente, casi con la voz ronca por tanto nerviosismo.
- De verdad que… que estoy enamorada de ti, créeme, por favor.
El corazón de Anahí se aceleró salvajemente, su pulso aumentó y su respiración se aceleró, estaba realmente nerviosa. Necesitaba llorar, gritar, pegar… desahogarse, urgentemente.
- Después hablamos Dul –Fue lo único que pudo decir.
Dicho esto y sin dejar que la pelirroja pudiera responder, colgó rápida y ansiosamente, demasiado nerviosa. No quería volver a llorar, así que rápidamente se dirigió a la puerta y salió, dirigiéndose ahora al despacho de Christian.
- Ya –Dijo la rubia, en cuanto entró en el despacho.
Maite y Christian la miraron algo sorprendidos.
- Ya, ¿qué? –Preguntó Maite.
- Quedé con ella, a las 6, en el almacén de la primera vez. Vamos a por ella.
- ¿Preparada? –Preguntó Maite a Anahí, ya empuñando su pistola.
- No –Respondió la rubia, negando con la cabeza, nerviosa.
- Es muy sencillo, ¿vale? Nosotros vamos a estar escondidos aquí –Explicaba Maite, refiriéndose a las estanterías vacías- Tú la saludas o hablas con ella y cuando nos des la señal intervenimos.
- Sí, eso es muy fácil. Pero mirarla a la cara y… y decirle que está detenida no es nada fácil, Mai –Decía Anahí, volviendo a emocionarse.
- No llores por esa mujer Annie, no se le merece –Dijo Christian
Asintió con la cabeza, secándose las lágrimas- Tienes razón… -Suspiró- Voy a esperar a que llegue –Dijo, saliendo de detrás de las estanterías.
Así fue, Anahí esperó allí hasta que llegara Dulce, quien no tardó mucho, pues en pocos minutos había llegado.
- Hola –Saludó con una amplia sonrisa Dulce, acercándose a Anahí.
Poniéndose nerviosa- Hola…
Dulce acortó del todo la distancia, agarró ambas mejillas de Anahí y le dio un corto beso en los labios a modo de saludo, provocando que la rubia se quedara totalmente petrificada.
- Bueno… ¿de qué querías hablar conmigo? –Preguntó la pelirroja.
Anahí guardó un largo silencio, demasiado largo. Ahora era el momento en el que ella tendría que sacar su pistola, apuntarla y decirle: “Estás detenida”. Pero no podía hacerlo.
- Eh… bueno… -Intentaba hablar la rubia.
- Te eché mucho de menos –Dijo Dulce, en vista de que Anahí no hablaba.
Suspiró- Y yo a ti –Dijo, sin poder evitar hacerlo, dándose cuenta de que Dulce abría sus brazos y la abrazaba.
Nuevamente Anahí no pudo evitar corresponder a eso y la abrazó, respirando hondo y llevando disimuladamente su mano al bolsillo trasero del pantalón, de dónde sacó su pistola.
- Lo siento Dul…
Dicho esto Anahí rompió el abrazo y, empuñando su pistola, apuntó a la pelirroja.
- Estás detenida.
Esas dos palabras eran la señal que necesitaban Christian y Maite y, en tan solo un par de segundos, salieron de detrás de las estanterías con más hombres, apuntando a Dulce. 
La pelirroja estaba petrificada y demasiado sorprendida, mirando a Anahí, observando cómo varias lágrimas salían de sus ojos.
- ¿Qué estás haciendo, Annie? –Preguntaba Dulce, mientras Christian la esposaba.
Anahí no respondió, simplemente continuó apuntándola y dejando que las lágrimas salieran de sus ojos, mirándola.
- ¡Dijiste que confiáramos la una en la otra, que confiabas en mí! –Comenzaba a gritar Dulce, mientras Christian le hablaba, diciéndole sus derechos- ¡Eres una mentirosa, una falsa, una imbécil! –Comenzaba ahora a insultar, con los ojos húmedos- ¡No…
Dulce no pudo acabar la frase, pues Christian la empujó hacia la salida del almacén. En cuanto se llevaron a Dulce, Maite abrazó a Anahí, quien lloraba desconsoladamente.
- Hiciste lo mejor Annie… -Fue lo único que se le ocurrió decir, mientras la abrazaba.
Anahí no respondió a eso, simplemente lloró, dejando caer su pistola al suelo.
- Me va a odiar de por vida Mai… -Decía la rubia, entre tanto llanto.
- Y tú deberías hacer lo mismo –Respondió claramente, abrazándola- Olvídate de tanta tontería y piensa que es tu enemiga, ¿vale? Es tu enemiga, nada más.
- ¡Me acosté con ella Mai! -Dijo rompiendo el abrazo y gritando, sin importarle que los demás policías la oyeran- La amo, la amo Mai, la amo… -Decía, provocando que al decir esas palabras sus lágrimas salieran aún con más intensidad- Eso no es una enemiga para nadie.
- Bueno pues… íntima, a partir de ahora es tu enemiga íntima, ¿vale? Olvídate de todo lo demás.
- ¿Cómo va a ser mi enemiga íntima, Mai? Por Dios, déjate de tonterías –Dijo, secándose las lágrimas y tratando de tranquilizarse un poco.
- Lo es Annie, quieras o no es tu enemiga íntima –Anahí guardó silencio, pensando en eso- Y… ya, no hablemos, vamos a la comisaría, tenemos un interrogatorio que hacer.
- ¿Yo también tengo que interrogarla? –Preguntó, caminando en compañía de Maite hacia la salida del almacén.
- Si quieres sí, tú eres la jefa, tú decides.
Suspiró- No sé… no sé qué haré.
Anahí y Maite se dirigieron a la comisaría, dónde ya estaba Christian.
- ¿Qué tal? ¿Cómo está? –Preguntó Anahí, entrando en el despacho de Christian.
- Pues mal, muy mal, de los nervios –Respondió el rubio- Se puso muy agresiva y costó meterla en el coche, pero ya está en el calabozo. En un rato voy a mandar a que la suban a la sala de interrogatorio. ¿Quieres hacerlo tú o prefieres que lo hagamos nosotros? –Preguntó.
Lo pensó un momento- Yo, quiero hablar con ella –Respondió finalmente.
- ¿Segura? –Preguntó ahora Maite.
- Sí, necesito… que me explique
- Está muy nerviosa Annie, te va a decir de todo menos bonita –Advirtió Christian.
- Me da igual. Voy a hablar con ella y punto –Decidió.
Veinte minutos más tarde habían trasladado a Dulce a la sala de interrogatorios. Había un cristal en el que, desde fuera, se podía ver lo que pasaba dentro, pero desde dentro no se podía ver lo que pasaba fuera. Anahí respiró hondo y entró, encontrándose con la mirada de Dulce.
- ¿Qué haces aquí? Lárgate –Exigió la pelirroja, casi sin dejar que Anahí entrara.
Anahí no respondió, simplemente entró y cerró la puerta, sentándose en frente de ella.
- Todavía no sé como tienes la cara de venir aquí, sinvergüenza –Comenzaba de nuevo Dulce.
Nuevamente Anahí no respondió a eso, simplemente buscó algunas cosas que tenía en su carpeta y sacó varios folios, en los que estaban las fotos de los cuerpos de los policías a los que, supuestamente, había matado Dulce y otro con la foto del arma blanca.

- Tus huellas estaban en el cuchillo –Dijo simplemente la rubia, mientras Dulce observaba las fotos- Los mataste, me mentiste.
- Yo no los maté –Dijo muy despacio, tratando de que eso bastara para convencerla.
- ¡Estaban tus huellas ahí Dulce, por Dios! –Alzó la voz, ya nerviosa.
Negó con la cabeza, sonriendo de forma irónica, aunque con los ojos húmedos- Sigues sin creerme.
- Te dije que si encontraba pruebas iba a ir a por ti…
- ¡Unas huellas no son pruebas de nada! –Dijo levantándose, nerviosa- Pero, ¿sabes qué? Ni si quiera me voy a molestar en explicártelo. Haz y piensa lo que te dé la gana –Anahí solo la miró- ¿Tanta desconfianza me tienes que hasta tengo que estar esposada? –Preguntó, mostrándole sus muñecas esposadas.
Anahí se levantó, sacó una llave de su bolsillo y le quitó las esposas, volviendo a tomar asiento y observando cómo Dulce se restregaba las manos.
- ¿Por qué lo hiciste? –Preguntó Dulce.
- Ya te dije que…
- ¡Sí, dijiste que irías a por mí, pero no mintiendo y jugando conmigo de esa forma! –Dijo en un grito, sin dejarla hablar.
- ¡Sólo hice lo que tú hiciste conmigo! –Respondió en otro grito- Jugaste conmigo, me enamoraste, me… te acostaste conmigo y ya está, conseguiste lo que querías, ¿verdad? –Dijo algo dolida.
Negando con la cabeza- Piensa lo que te dé la gana, no voy a pedirte más veces que confíes en mí ni voy a decirte más veces lo que siento por ti. Si quieres creerme, créeme y si no vete a la mierda con los imbéciles de tus amigos.
- Dame una prueba de que eres inocente Dulce, sólo dame una prueba –Pidió.
- ¡Es que no las tengo, Anahí! No las tengo, lo único que tengo es… mi palabra.
- Entonces, por lo menos, explícame qué fue lo que, según tú, pasó –Pidió de nuevo.
Negó nuevamente con la cabeza- No voy a perder el tiempo en eso. No me vas a creer, como siempre –Volviendo a sentarse.
- Te creí al principio, lo hice, confíe en ti, pero es que ahora no…

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:39 am

- ¡Nunca lo hiciste, no seas mentirosa! –Gritó, nuevamente sin dejarla hablar- Siempre desconfiaste, de una manera u otra, pero desconfiaste –Anahí guardó silencio, dándole toda la razón- Confíe en ti Annie… te conté lo de mis papás, te… te dije lo que sentía, me entregué como jamás lo había hecho con nadie y tú… me… me usaste, jugaste conmigo –Dijo Dulce, con la voz entre cortada y los ojos húmedos, intentando no llorar.
- No, eso no es así –Dijo rápidamente- Todo lo que yo te dije también era cierto, todo, absolutamente todo, era cierto…
- ¡Pero lo usaste para hacerme esto! –Respondió en un grito y Anahí sólo pudo guardar silencio, pues nuevamente tenía la absoluta razón- Poncho tenía toda la razón… eres una… -Respiró hondo y volvió a levantarse, dándose la vuelta, tratando de tranquilizarse- Jamás pensé que fueras así.
- Tienes que comprender que es mi trabajo, Dulce.
- ¡Y mi trabajo es matar gente y no te he matado a ti, Anahí, joder! –Gritó fuertemente, de los nervios, secándose una lágrima que había salido de sus ojos.
- Tardé o temprano lo ibas a hacer –Dijo, fríamente.
- ¿Qué? –Realmente se sorprendió con eso- ¿En serio me crees capaz de eso?–Anahí no respondió, sólo la miró- ¡Te prometí que jamás te haría daño y es totalmente cierto, nunca en mi vida seré capaz de ponerte una mano encima!
Anahí simplemente se tapó la cara y respiró hondo, sin poder evitar que varias lágrimas salieran.
- No puedo creerte Dulce, no puedo –Dijo la rubia, con la voz entre cortada- No me confundas más, por favor.
- Annie… -Intentó hablar.
La miró- Esto es lo que tenía que hacer y punto. ¡Tú mataste a esa gente, eres una asesina, nunca me has querido, jugaste conmigo y mi trabajo es detenerte! –Concluyó ella sola, llorando.
- Estás completamente equivocada…
- ¡No estoy equivocada en nada! –Ahora fue ella la que se levantó, gritando- ¡Te odio Dulce, te odio!
Dicho esto Anahí se dirigió a la puerta, pero Dulce, en menos de dos zancadas, llegó a su lado y la agarró del brazo, impidiéndole que saliera.
- ¿Por qué me odias? No te he hecho nada, eres tú la que me traicionó. ¡Debería odiarte yo a ti y no lo hago! –Anahí sólo la miró, llorando- Y no lo hago porque te amo, te amo demasiado como para poder odiarte.
- ¡¡¡Deja de mentir ya!!! –Exigió rabiosamente, soltándose bruscamente de ella- ¡Dijiste que nunca me harías daño, ¿pero no te das cuenta de que diciéndome eso lo estás haciendo!? ¡Me estás haciendo daño Dulce! –Dulce sólo la miró- ¡¡¡No puedo más, ya no puedo más!!! –Gritó fuertemente.
- ¿Pues sabes qué? ¡Haz lo que te dé la jodida gana! Si eres más feliz creyendo que soy una hija de puta que va por ahí matando gente, créelo, pero sabes que hay algo en tu interior que te pide que confíes en mí, lo sabes.
- ¡Lo único que sé es que te odio con todo mi corazón! –Mantenía sus gritos- ¿Por qué coño tenías que meterte en mi vida? ¡¿Por qué no te buscaste a otra rubia imbécil para jugar con ella, enamorarla y llevártela a la cama?! –Dulce sólo negaba con la cabeza, esas cosas le estaban doliendo- Sal de mi vida de una puñetera vez Dulce, olvídate de que existo, deja de jugar conmigo y fóllate a cualquier otra, pero olvídate de mí –Exigió, sin gritos, pero nerviosamente.
La rubia se secó las lágrimas y esperó unos segundos a que Dulce contestara, pero no lo hizo, así que, ahora sí, se dirigió a la puerta y salió, encontrándose con Maite y Christian, quienes lo habían visto y escuchado todo, pues desde fuera también se escuchaba lo que hablaban. Sin más abrazó a Maite, llorando desconsoladamente.
- Lo hiciste muy bien Annie, tranquila… -Decía Maite, abrazando a su amiga-Es lo que se merecía esa mujer, es lo que debías hacer.
- Háganle ustedes el interrogatorio por favor, yo… yo ya no puedo verla más –Dijo Anahí, rompiendo el abrazo y secando las lágrimas, intentando tranquilizarse.
- Sí, no te preocupes Annie, nosotros la interrogamos, tú deberías ir a tomar agua abajo o… algo –Propuso Christian.
- Sí, voy a beber agua y a tomar un poco de aire –Aceptó Anahí- Pero… no se pasen con ella –Pidió la rubia- está mal.
- ¿Sigues defendiéndola? Joder Anahí, ya está bien –Dijo Maite en tono amenazante.
Suspiró- Está bien, está bien… voy abajo. Suerte –Dijo, saliendo de la sala.
- Gracias, creo que la necesitamos –Agradeció Christian, sabiendo que ese interrogatorio no iba a ser nada fácil- ¿Preparada? –Preguntó a Maite.
Respiró hondo- Sí, vamos allá, esa pelirroja nos va a contar todo Dijo totalmente segura de que lo iban a conseguir.
Y así fue, Christian y Maite entraron en la sala de interrogatorios, dispuesto a conseguir que Dulce les contara todo.
****
- ¿Qué tal fue todo? –Preguntó Anahí a Christian y Maite, quienes ya habían salido del interrogatorio con Dulce.
- Mal, todo mal –Respondió Maite.
- ¿Por qué? –Preguntó la rubia.
- No habló –Respondió ahora Christian- Simplemente no habló… Sólo abrió la boca para decirnos que nos fuéramos a la mierda, nada más.
Suspiró- Dudo mucho que cuente algo –Advirtió Anahí- Y menos a vosotros…
- Pues tarde o temprano va a tener que contarlo –Dijo seriamente Christian- Ya está en el calabozo y hasta que no hable no pienso dejar que le lleven comida ni bebida.
- ¿Qué? ­Interrumpió Anahí, pues eso no le había gustado- ¿Estás loco o qué? Sabes perfectamente que eso no se puede hacer con ningún preso.
- Tampoco podemos acostarnos con los sospechosos, Anahí –Respondió Christian, buscando unos papeles.
Anahí guardó un corto silencio, sorprendida con esa respuesta, tratando de asimilar bien las palabras que Christian le había dicho.
- Voy a hacer como que no escuché eso… -Dijo la rubia.
- Mira, es la única forma de que hable. No pienso dejar que le lleven comida y punto –Repitió el chico.
- Sabes que no me gusta ponerme en plan jefa, pero no me estás dejando otra opción Christian…. –Suspiró- Aquí la jefa soy yo y yo soy la que va a ordenar si le llevan comida o no, ¿te parece bien? –Dijo en tono amenazante.
- ¡Esa mujer te tiene abducida, joder! –Exclamó Christian- ¡Sólo piensas en ella y lo único que haces es defenderla!
- Ahora mismo no se trata de pensar o defender, se trata de que está prohibido no alimentar a los presos y tenemos la obligación de hacerlo, ¿vale? –Insistía la rubia- Además tiene que estar muy mal, hay que darle algo de tiempo para que…
- ¿Sabes qué, Anahí? –Dijo Christian- Estoy harto, muy harto. Me mato trabajando para traerte pruebas de que esa mujer es una hija de puta y tú lo único que haces es defenderla –Decía, dirigiéndose a la puerta.
- Chris… -Lo llamaba la rubia, suspirando.
- Chris, ¿qué? Al final vas a terminar perdiéndolo todo: tu trabajo, tus amigos y tu vida por esa tía.
- Estás siendo muy injusto… -Fue lo único que pudo decir Anahí.
- ¿Injusto? ¡Aquí la única injusta que hay eres tú! Lo justo es que esta tía esté entre rejas de por vida y se muera ahí, eso es lo justo –Decía Christian con mucha rabia en sus palabras.
- ¡Eso no tiene nada de justo! –Volvió a la defensa de Anahí.
- ¡Que no la defiendas! –Exigió ya Christian.
- ¿Por qué no se tranquilizan un poco? –Propuso Maite, quien había estado escuchando toda esa conversasióndiscusión- Chris, ¿por qué no vas a tomar algo de aire y… te tranquilizas? –Propuso.
- No, aquí la que se va soy yo –Concluyó Anahí, dirigiéndose a la puerta.
- ¿A dónde vas, Annie? –Preguntó Maite, por alguna razón suponiéndose cuál sería la respuesta.
- A llevarle comida, por si acaso el animal este la deja morirse de hambre –Refiriéndose a Christian.
- ¡Animal tu abuela! –Gritó Christian.
Anahí prefirió no responder a ese insulto y se fue, pues lo menos que le apetecía en esos momentos era pelearse con él.
.Fue a la cafetería y compró un sándwich y un refresco, esperando que eso le gustara a Dulce. Seguidamente se dirigió al calabozo, que era una habitación con dos celdas en su interior, servían para dejar a los presos ahí provisionalmente mientras hacían los juicios o los interrogatorios y, una vez hechos, mandarlos a su cárcel correspondiente.
- Hola –Sonrió cortamente al agente de seguridad que estaba allí- Puede salir si quiere, yo me encargo –Dijo la rubia.
- ¿Segura señorita? –Preguntó el hombre- Estaba muy nerviosa, está golpeándolo todo y puede agredirla.
Miró a Dulce, quien estaba sentada en el suelo, apoyada en la pared, con la cabeza gacha, sólo mirando el piso- Sí, no se preocupe, yo me encargo –Repitió, totalmente segura.
- Está bien, como quiera, así aprovecho y voy un momento al baño –Se rió el hombre, cosa que a Anahí no le hizo mucha gracia, pero sonrió.
El agente de seguridad salió y Anahí se quedó allí, mirando a Dulce, de pie. Después de mucho silencio se sentó también el suelo, frente a la celda cerrada, mirándola.
- Te traje algo de comer –Dijo Anahí, rompiendo el silencio, metiendo sus manos por los barrotes de la celda, dándole el sándwich y el refresco. Dulce simplemente la miró- Los sándwiches de aquí están buenísimos, seguro que te gusta… -Dijo, con una corta sonrisa.
- ¿Eres bipolar? –Preguntó, provocando que Anahí volviera a ponerse seria- Primero me dices que me odias y ahora me traes comida…
- Te odio, pero me preocupo por ti –Dulce fue a hablar, pero no la dejó- Mejor cállate y cómete esto, vas a estar aquí bastante tiempo y te vendrá bien reponer fuerzas.
- No quiero comer –Dijo, aunque cogiendo el sándwich y el refresco, dejándolos en el suelo- Pero muchas gracias por preocuparte por una persona a la que odias.
- De nada –Respondió relajadamente, sabiendo que Dulce lo había dicho para molestar- ¿Por qué no dijiste nada en el interrogatorio? –Preguntó.
- Porque no voy a decir nada. Ya te dije que no voy a perder mi tiempo en contarles cosas y que después no me crean –Explicó nuevamente.
- Sólo es cuestión de probar.
- Ya probé contigo y el resultado salió nulo, así que déjame en paz –Anahí guardó silencio, dándole toda la razón- ¿Por qué no abres la celda? Me siento… como una delincuente –Dijo en tono burlón, lo que provocó que una sonrisa se dibujara en los labios de Anahí- No, ahora en serio… me siento asfixiada con esas rejas, ábrela un rato hasta que venga el imbécil ese, por favor –Rogó.
Anahí guardó un corto silencio pensando en si hacerlo o no. Finalmente se levantó, buscó una llave y abrió la celda de Dulce, observando como la pelirroja también se levantaba.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:39 am

- Gracias –Agradeció Dulce, con una corta sonrisa. Anahí no respondió, simplemente la miró- ¿Puedo darte un abrazo? –Preguntó.
Nuevamente Anahí guardó un corto silencio para pensar en si hacerlo o no. Al final asintió con la cabeza y abrió ligeramente los brazos, dejando que la pelirroja la abrazara. Se abrazaron unos segundos, hasta que Anahí sintió como Dulce bajaba su mano hasta su trasero y le sacaba del bolsillo trasero de su pantalón la pistola, rompiendo rápidamente el abrazo y apuntándola con ella.
- Yo también lo siento, Anahí –Dijo la pelirroja, apuntándola con la pistola- Ven aquí –Pidió, jalando de la rubia y agarrándola del cuello, mientras la apuntaba a la cabeza, comenzando a caminar.
- ¿Qué haces, Dulce?
- Salir de aquí, eso hago –Respondió, apretando ligeramente el cuello de Anahí.
- ¿Y ahora quién está traicionando a quién? –Preguntó irónicamente, mientras sentía la pistola su cabeza y a Dulce agarrándola fuertemente, caminando hacia la puerta, la iba a usar de rehén.
- Te estoy pagando con tu propia moneda, cómo, supuestamente, hiciste tú –Respondía, mientras abría la puerta.
En cuanto Dulce y Anahí salieron por la puerta, todo el personal que había allí se asustó y se levantó de sus mesas, nerviosos, mirando como la pelirroja apuntaba a Anahí. Entre ellos se encontraban Christian y Maite, quienes dieron la orden de que todos apuntaran a Dulce.
- ¡Cómo disparen la mato a ella, rubio! –Gritó Dulce, refiriéndose a Christian- Ordena que bajen las armas –Exigió, manteniendo firme la pistola en la cabeza de Anahí.
- Dulce, por favor, no hagas esto –Rogaba Anahí, en voz baja.
- Cállate Anahí –Exigió la pelirroja.
- Bajen las armas –Ordenó Christian, accediendo a la petición de Dulce.
- ¡Chris, no, joder! –Gritó Anahí, nada de acuerdo con que diera la orden de que bajaran las armas.
- ¡Cállate Anahí! –Exigió Dulce ya en un grito, haciendo más presión con la pistola.
- ¿Por qué? Sabes perfectamente que no vas a hacerme nada –Respondió Anahí,
nuevamente en voz baja.
- ¿Y cómo estás tan segura ahora? ¿No se suponía que ya no confiabas en mí? –Preguntaba también en voz baja, mientras comenzaba nuevamente a caminar con ella, en dirección a la salida de la comisaría- ¡No quiero que nadie me siga! –Exigía en gritos para que la escucharan.
- Me quedaba algo de confianza y por eso abrí la celda, pero ya veo que Christian tenía razón: eres una imbécil –Decía Anahí, saliendo de la comisaría con Dulce, quien continuaba apuntándola con la pistola.
- Pues sí, lo soy, lo siento –Dijo irónicamente con una sonrisa- ¿Dónde está tu coche? –Preguntó.
- ¿Mi coche? ¿Para qué?
- Ahora no eres tú la que hace las preguntas. Simplemente responde –Pidió.
- A la derecha, al final de la calle –Respondió por fin.
Ambas se dirigieron a donde Anahí había indicado, de la misma forma, aunque Dulce ya no apretaba tanto la pistola, sólo la mantenía allí por si acaso.
- Súbete –Pidió Dulce, abriéndola la puerta del conductor.
- ¿Qué? ¿Para qué? –Preguntaba, sin comprender nada de lo que estaba haciendo la pelirroja.
- Que te subas –Repitió.
Ahora sí Anahí obedeció y se subió en el coche. Dulce cerró la puerta y se dirigió al sitio del copiloto, sentándose allí.
- Arranca el coche –Hizo otra petición Dulce.
- Dulce, no entiendo nada, ¿para qué quieres que…
- Annie, arranca el coche –Repitió nuevamente.
La rubia suspiró y volvió a obedecer, arrancando el coche y haciendo que comenzara a andar, realmente sin ninguna dirección.
- Por lo menos dime a dónde voy, ¿no? –Dijo Anahí.
- Simplemente conduce, a dónde quieras. Da vueltas, me dejas dónde se te pegue la gana y te largas –Respondió, mirando por la ventanilla.
- ¿Y ya está? ¿Para qué me vas a hacer dar vueltas como una imbécil? –Preguntaba, sin comprender para qué quería Dulce que hiciera eso.
- Soy imbécil, ¿no? La gente imbécil suele hacer cosas imbéciles –Anahí simplemente negó con la cabeza, suspirando- Sólo hazlo y ya está.
- Yo pensaba que me ibas a secuestrar… -Dijo la rubia, mirando la carretera.
Dulce miró a Anahí, tratando de averiguar si eso lo había dicho enfadada o con esa picardía que la caracterizaba. Continuó su observación y se dio cuenta de que, muy ligeramente, la rubia estaba sonriendo, lo que le indicó el tono en el que lo había dicho.
- Si quieres te secuestro de por vida, por mí no hay ningún problema… -Dijo la pelirroja, sonriendo, mirándola.
- ¿Por qué no me cuentas tu versión de lo que pasó con esos dos policías? –Preguntó Anahí, cambiando completamente de tema, algo nerviosa, pues había dicho lo del secuestro sin pensar.
Suspiró, volviendo a llevar su mirada a la ventanilla- No voy a perder el tiempo, ya te lo dije.
- Dul…
- Dul, ¿qué? –Anahí guardó silencio, realmente sin saber qué decirle- Mira, sé que dije que no lo iba a hacer, pero te lo voy a decir de nuevo… Nunca en mi vida he matado a nadie y mucho menos a esos dos policías. Sí, tal vez pueden acusarme de venta de armas, pero no he hecho nada más ilegal –Dijo una vez más la pelirroja- Así que dile a los imbéciles de tus amiguitos que esperen a que mate a las 4 **** que mataron a mis papás y, entonces sí, van a tener un motivo y toda la razón de meterme en la cárcel.
- ¿Todavía sigues con eso?
- Por supuesto. Por eso es por lo que me metí en toda esta mierda, Anahí.
- Pues no lo entiendo… -Dijo, verdaderamente sin comprender a Dulce.
- ¿Qué no entiendes? –Preguntó, sin comprender ella por qué no la entendía.
- Esas ansias de venganza, esa rabia que veo en tus ojos cada vez que lo dices… Deberías dejar que pagaran en la cárcel y tú no buscarte más problemas.
- Mataron a mi papá, prácticamente también a mi mamá y dejaron dos niñas huérfanas. Mi hermana sólo tenía 12 años cuando pasó todo eso y, yo, con 18 años, tuve que hacerme cargo de ella. ¿No te parece ese un buen motivo para tener rabia en los ojos?
- Sí, claro que sí, pero no es un buen motivo para matar. Ningún motivo es bueno para matar –Decía, mirando la carretera y, a veces a Dulce.
- Vale Annie, lo que tú digas, no pienso discutir sobre ese tema contigo… -Dijo, regresando su mirada a la ventana del coche.
Guardó un corto silencio- ¿Qué vas a hacer ahora? –Preguntó la rubia, volviendo a cambiar completamente de tema.
Volvió a mirarla- Pues te dije que me ibas a dejar en dónde tú…
Sin dejarla ni empezar- No me refiero a eso.
- ¿Entonces?
- ¿Qué vas a hacer ahora que te volviste a escapar de la cárcel? ¿A dónde vas a ir?
- Eso a ti no te importa –Dijo seriamente, volviendo a mirar la ventanilla.
- No pienso dejar que cometas la locura de matar a esos hombres, Dulce –Advirtió la rubia- Voy a ser hasta lo imposible porque no te jodas aún más tus antecedentes penales. Ese fue uno de los motivos por los que te mentí y te detuve.
Se rió irónicamente, volviendo a mirarla- No pongas excusas, lo hiciste porque no me creíste y porque no te importo.
La miró seriamente un momento y volvió a dirigir su mirada a la carretera- No son excusas. Sí, es cierto que esas pruebas me dejaron muy poca confianza en ti. Por eso te detuve. Quería hablar contigo, que Mai y Chris escucharan tu versión, que dijeras la verdad para poder creerte… Pero ya veo que no es así –Dulce negaba con la cabeza, sólo escuchándola- Además creí que haciendo eso te ablandarías un poco y nos contarías dónde estaban esos hombres para detenerlos, pero… nada, que contigo es imposible predecir lo que vas a hacer o decir.
No pudo evitar sonreír cortamente- Nadie ha conseguido que hable y no lo haré hasta que acabe con ellos, Annie. Cuando lo haga, si es necesario, yo misma me entregaré a la policía y contaré la verdad, pero, mientras, ni Dios va a conseguir que me quedé entre rejas, que te quede claro –Advirtió.
- Pues que te quede claro a ti que yo no voy a dejar que hagas esa locura –Advirtió ella también, repitiendo lo que ella ya había dicho.
- Eso ya lo veremos –Dijo, con tono desafiante.
- Lo mismo digo –Respondió en el mismo tono.
Anahí continuó conduciendo unos minutos más, en silencio, hasta que pensó que ya estaba bien.
- ¿Te parece bien que pare ya o quieres que dé más vueltas? –Preguntó, deseando que la respuesta fuera positiva.
- Sí, déjame dónde quieras –Aceptó.
- ¿Vas a quedarte aquí en medio? ¿Cómo vas a llegar hasta dónde quiera que vivas? –Preguntó, parando el coche en una calle.
- Te lo repito: eso a ti no te importa –Respondió, desabrochándose el cinturón.
- De acuerdo –Dijo, algo molesta, pues claramente Dulce no quería decirle nada.
- Encima no te enfades, ¿vale? –Pidió o casi exigió, notando el tono de voz en que la rubia había dicho ese “de acuerdo”- Lo mínimo que puedes esperar es desconfianza por mi parte Anahí –Dijo Dulce, abriendo la puerta del coche.
- Pues lo mismo te digo, Dulce –Respondió seriamente Anahí, notablemente enfadada- ¿Te bajas ya o qué? Me muero de ganas por que te largues para dejar de verte –Decía, realmente con ganas seguir allí con ella, pero su orgullo ganaba más.
- ¿Por lo menos me creías cuando te decía que te amaba o… ni si quiera eso creías? –Preguntó de súbito la pelirroja, siendo ahora ella quien cambiaba de tema.
Anahí guardó un largo silencio, pensando en la respuesta a esa pregunta, comenzando a ponerse nerviosa.
- Ya no sé qué pensar… -Dijo Anahí, bastante confundida, pues ya no sabía si Dulce le había mentido en lo de los policías o no, realmente aún no había nada claro.
Dulce se rió irónicamente, negando con la cabeza, eso le había dolido.
- Cuando me mirabas a los ojos y me lo decías, sí, me lo creía completamente, es más, me faltaba hasta el aire cada vez que lo escuchaba –Respondió ya mucho más claramente Anahí.
- ¿Y la noche que pasamos juntas? ¿Fue real o… o sólo fue una mentira? –Continuaba preguntando.
- Eso me gustaría saber a mí. ¿Fue cierto Dulce? Todo lo que me dijiste, lo que pasó, lo que sentimos… ¿fue cierto?

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:39 am

- Por mi parte sí, claro que sí, el problema es que no me crees –Respondió sin ninguna duda, observando como Anahí guardaba silencio- Pero bueno, ya da igual, todo importa una mierda. Tú me odias, no confías en mí y yo tampoco confío en ti, no quieres volver a verme, soy una imbécil, una insensible, una hija de puta y miles de adjetivos más que me adjudicaron tus amiguitos… Ya está todo dicho.
- Pues sí… está todo dicho… es mejor olvidarse de lo que ha pasado y ya está –Dijo, cosa que le dolió hacer, aunque tratando de que su voz no se rompiera ni sus ojos se humedecieran.
Asintió con la cabeza- Pues nada, adiós
Dicho esto la pelirroja salió del coche, ansiosa por largarse ya para poder llorar, pero ese momento aún no iba a llegar.
- Dulce –La llamó Anahí desde dentro.
- ¿Qué? –Preguntó la pelirroja, asomando un poco la cabeza para mirarla.
- Nos olvidamos de nuestros sentimientos, de lo que pasó esa noche y… de todo lo íntimo. Pero de lo demás no pienso olvidarme. Mejor no te olvides tú de que soy policía, de que te voy a estar vigilando y, te lo repito, no voy a dejar que mates a esos hombres.
- Muy bien, gracias por ese recordatorio tan completo –Agradeció con tono sarcástico- ¿Algo más o puedo largarme y dejarte en paz como estás deseando?
- Sí, algo más. Devuélveme mi pistola –Pidió, extendiendo la mano.
Dulce se había olvidado de ese detalle, así que cogió la pistola y se la dio, provocando sin querer que sus manos se rozaran y un escalofrío corriera por el cuerpo de ambas.
- Adiós –Dijo una vez más Dulce.
Ahora sí Dulce pudo comenzar a caminar por la calle, mientras Anahí ponía de nuevo en marcha el coche y se alejaba en dirección contraria a la de Dulce. En cuanto ambas supieron que ya estaban lejos, lloraron y se desahogaron, después de tanta tensión en ese día necesitaban hacerlo.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:39 am

Capítulo 8

- Deja de llorar ya Anahí, por Dios.
- ¡Déjame en paz, Maite! –Exigió la rubia.
- ¡No! ¡Ya está bien, joder! Llevas una semana llorando por los rincones, ¡olvídate de esa mujer ya!
- ¿¡No te das cuenta de que no puedo!?
- Ni si quiera lo has intentado.
- ¡Tú que coño sabrás! –Dijo a gritos, secándose las lágrimas, nerviosa.
Respiró hondo, intentando tranquilizarse y no gritar- Por lo menos tranquilízate y deja de llorar, un día te va a dar algo –Propuso.
- Llevo una semana entera sin saber de ella, la echo de menos Mai, mucho, demasiado.
- Pues eso es lo mejor que puede pasarte, no saber de ella.
- ¿Sabes qué? Ya estoy harta. ¡Déjenme en paz, joder! Yo decido si Dulce me conviene o no, yo decido si quiero seguir viéndola o no, ¿vale? Pero ¡déjenme en paz! –Exigió en un grito, sin poder tranquilizarse.
- Si te lo decimos es por tu bien, porque te queremos y porque no queremos que…
La interrumpió- ¡Pues gracias, pero ya dejen de decirme lo que tengo o no que hacer! –Volvió a exigir- NO soy una niña, sé lo que me conviene y lo que no y, no, Dulce no me conviene, pero la amo y punto.
- No todo en esta vida es el amor.
Suspiró, ya más tranquila- No se trata de eso
- ¿Entonces de que se trata? ¿Vas a ir a buscarla, a declararte y a escaparte con ella o qué?
- No, claro que no. Sólo quiero verla, sólo eso, ¿vale? –Intentaba explicar.
- Pues no te entiendo…
- No voy a decirle que la eché de menos, ni pedirle perdón, ni… ni besarla, sólo quiero verla, nada más.
- ¿En serio pretendes que yo me crea eso? –Dijo con una sonrisa irónica- En cuanto la veas te vas a olvidar de todo lo que estás diciendo y vas a hacer lo primero que se te pase por la cabeza.
Asintió con la cabeza- Y si ya lo sabes, ¿por qué no me entiendes?
- Claro que te entiendo Annie, pero eso no quiere decirte que esté de acuerdo.
- Bueno pues ya está, Chris no me habla y no quiero que me pase lo mismo contigo.
Sonrió cortamente- Deberías hablar con él.
- No tengo ganas de volver a discutir, es muy cabezota.
- Lo hace porque te quiere y se preocupa por ti, Annie­Dijo la morena, tratando de que su amiga lo comprendiera.
- Ya, ya lo sé, pero… pues ya te lo dije, no puedo evitar lo que siento.
Fueron interrumpidas por Christian, quien entró sin llamar en el despacho de Anahí. El chico se dirigió a Anahí sin decir ni una sola palabra y, sin más, le dio unas fotos.
- ¿Qué es esto? –Preguntó la rubia, cogiendo las fotos, pero sin mirarlas.
- Como después de eso sigas confiando en esa imbécil, no me hables más en toda tu vida –Dicho esto Christian volvió a salir del despacho, dejando a Maite y Anahí sin comprender nada.
Anahí miró las fotos. Las vio, varias veces, probablemente demasiadas. No podía creerse lo que veía, su corazón se rompió como nunca antes lo había hecho.
- Annie… ¿qué pasa? –Preguntó Maite, observando el nerviosismo de Anahí y dándose cuenta de que la rubia estaba a punto de llorar.
La rubia simplemente le dio las fotos, tapándose la cara y dejando que sus lágrimas salieran, negando con la cabeza. Maite miró las fotos y se quedó realmente sorprendida. En las fotos se veía a Dulce, con otra chica, caminando de la mano por un parque y sentadas en un banco, besándose de forma realmente pasional.
- ¡Es una hija de puta! Una imbécil, una… ¡La odio! ¡¡La odio!! –Gritaba Anahí, realmente rabiosa, entre tanto llanto.
Maite no sabía qué decir, se había quedado demasiado impresionada al ver esas fotos y, sobretodo, al ver la reacción de Anahí. Rápidamente la rubia se levantó, le quitó las fotos de las manos a Maite y se dirigió a la puerta del despacho, totalmente enfurecida.
- Annie, ¿a dónde vas? –Preguntó Maite, observando como Anahí abría la puerta.
- ¡A buscarla! –Respondió en un grito, saliendo del despacho.
- ¿Qué? –Se sorprendió, corriendo detrás de ella- ¡Anahí, espérate! –Pedía, alcanzándola y agarrándola del brazo- ¿Estás loca? ¿Cómo vas a ir a buscarla? ¿A dónde?
- A casa de su hermana o… a dónde sea, ¡pero voy a hablar con ella sí o sí, como sea! –Decía, soltándose del brazo de Maite y volviendo a caminar.
La seguía- No voy a dejar que vayas tu sola a verla Anahí, es una locura, por favor, piensa y no hagas una tontería.
- Mai esto no se puede quedar así, ¡necesito que me explique esta mierda! –Dijo, refiriéndose a las fotos- Voy a hablar con ella sea como sea.
- No me parece buena idea…
- ¡Pues lo siento, pero me voy, adiós!
Dicho esto Anahí aceleró el paso y se dirigió a la salida de la comisaría, sabiendo que Maite se había dado por vencida y la había dejado marcharse. La rubia estaba dispuesta a aclarar eso, no iba a permitir que nadie más la besara, no iba a permitir que estuviera con otra persona… Realmente le sorprendían sus pensamientos y sus celos, pero era así, no podía soportarlo. Cogió su coche y se dirigió a casa de Claudia, la hermana de Dulce. Sabía que era una locura, pero le daba igual. Respiró hondo y dio tres suaves golpes en la puerta, llamando. Después de, aproximadamente, un largo minuto, Claudia abrió la puerta. La chica miró a Anahí, la conocía, pero no recordaba de qué. Después se acordó de quién era y, rápidamente, intentó cerrar la puerta, pero Anahí puso la mano, impidiéndoselo.
- No, no, espera –Rogó la rubia- Necesito ver a tu hermana, por favor –Dijo tristemente, aún bastante dolida con las fotos que tenía entre las manos.
- No puedo ayudarte, lo siento –Dijo Claudia, intentando volver a cerrar la puerta.
Volvió a poner la mano, impidiendo que cerrara- Sé que tu sabes dónde está. De verdad que necesito verla… -Decía en el mismo tono que antes- ¿Sabes quién soy? –Preguntó.
- Sí, claro que lo sé, pero… lo siento, no puedo decirte nada.
- Sólo dime dónde está. Llevó toda la semana llamándola al móvil, pero no la localizo. Necesito verla, Claudia, por favor, dime dónde está –Insistía.
Claudia respiró hondo y miró a Anahí, quien tenía los ojos húmedos, aún estaba bastante nerviosa.
- Si te lo digo Dulce se va a enfadar conmigo… -Dijo la chica, bastante preocupada porque la pelirroja se enfadara con ella.
- No, Dul no se va a enfadar, de verdad. Ella… ella me dijo que si quería localizarla viniera aquí y te preguntara por ella –Mintió, realmente ansiosa por encontrarla.
- ¿En serio? –Se sorprendió con eso- Pues… no me había dicho nada.
- Bueno, se le habrá olvidado… ¿Me vas a decir?
Suspiró- Espera aquí, voy a apuntarte la dirección.
Dicho esto Claudia se adentró en la casa, dejando sola a Anahí en la puerta, con una amplia sonrisa, pues lo había conseguido. Al poco rato Claudia regresó, con un papelito en la mano.
- Está en ese gimnasio, entrenando –Dijo la chica, dándole el papel a Anahí.
Sonrió ampliamente, feliz por haber conseguido convencerla- Gracias, muchas gracias, de verdad –Agradeció varias veces y, sin más, se fue, casi corriendo.
La rubia fue rápidamente a su coche y se dirigió a la dirección que Claudia le había escrito, que, por cierto, no estaba muy lejos, sólo a un par de manzanas. Llegó en menos de diez minutos, se bajó del coche y se acercó a una de las ventanas que había. Al mirar vio a Dulce, sola en esa sala, golpeando fuertemente un saco de boxeo. Se dirigió a la puerta y entró silenciosamente para que no la escuchara, simplemente, dedicándose a observarla. Dulce iba vestida con un short bastante pegado y corto que dejaba ver todas sus piernas y una blusa de tirantes, también pegada, con el pelo recogido y unas zapatillas deportivas. Golpeaba muy fuerte ese saco, estaba asfixiada, notablemente cansada.
- Deberías descansar un rato –Propuso Anahí, desde atrás.
Dulce se sorprendió, no esperaba escuchar esa voz y mucho menos en ese lugar, así que se volteó rápidamente para comprobar que era Anahí.
- ¿Qué haces aquí? –Preguntó la pelirroja, totalmente sorprendida, con la respiración agitada a consecuencia del ejercicio que acababa de hacer.
- No deberías machacarte tanto, no es bueno –Aconsejó sin responder a su pregunta, sacando una pequeña botella de agua que tenía en su bolso y dándosela.
- Solamente me desahogo. Gracias –Agradeció, cogiendo la botella y bebiendo- ¿Qué haces aquí? –Volvió a preguntar, respirando hondo, tranquilizando poco a poco su respiración.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:40 am

Anahí volvió a meter la mano en su bolso y sacó las fotos que Christian le había dado- ¿Qué coño es esto, Dulce? –Preguntó, extendiendo su mano con las fotos.
- ¿El qué? –Preguntó sin saber a qué se refería, cogiendo las fotos y mirándolas- Oh… -Dijo, sin ningún nervio, alternando la mirada entre las fotos y Anahí.
- ¿Oh? ¡¿No tienes nada mejor que decirme!? –Gritó, volviendo a ponerse nerviosa.
- No me hables así, Anahí –Exigió aunque de buenas formas, devolviéndole las fotos y sentándose en el suelo para descansar un poco.
- ¿¡Y cómo quieres que te hable si veo esas fotos!? –Continuaba con el mismo tono de voz, desde arriba- ¿Puedes explicarme quién coño es esa? ¿Qué hacías con ella? ¿Por qué… por qué la besabas así? –Comenzó con las preguntas.
- Es una amiga, simplemente estaba dando una vuelta con ella y la besé así porque me apeteció. ¿Te parece bien? –Respondió sin mirarla, prácticamente sin darle importancia al asunto.
- ¡Pues no, claro que no me parece bien! –Respondió en otro grito, desde arriba, su actitud sólo la hacía rabiar más.
- ¿Celosa? –Preguntó, riéndose desde abajo.
- ¿Yo? ¿Celosa? –Se rió irónicamente, tratando de ocultar que realmente si lo estaba- ¡No, claro que no! Simplemente me estás demostrando con eso que realmente no significaba nada para ti y que jugaste conmigo.
- Ya te lo dije hace una semana, pero te lo repito: piensa lo que te dé la gana, a mí ya me da absolutamente igual.
A Anahí esas cosas le estaban doliendo. Le dolió ver las fotos y ahora le estaba doliendo todavía más que Dulce lo aceptara con total tranquilidad y, ni si quiera, intentase excusarse.
- ¿Por qué me haces esto? –Preguntó la rubia con la voz entre cortada, provocando que Dulce la mirara desde abajo- ¿Por qué juegas conmigo de esta forma? ¿Por qué, en menos de una semana, te buscas a otra y, prácticamente, te la comes en medio de un parque?
- Vamos a ver Annie…. –Dijo Dulce desde abajo, ya algo confundida- No te entiendo, de verdad que no entiendo nada… -Decía mientras se ponía de pie para estar a la altura de la rubia- Me dijiste que me odiabas, que no confiabas en mí, que te dejara en paz, que te olvidara, que me buscara a otra, que íbamos a olvidarlo todo y... no sé cuantas cosas más. ¿A qué viene esto? ¿A qué viene esta escena de celos?
Negaba con la cabeza, con los ojos húmedos- Que te dijera eso no significa que realmente lo sintiera –Respiró hondo, intentando no llorar- Además… si ni si quiera trataste de luchar por mí, desapareciste y te buscaste a otra, ¡quiere decir que te importaba una mierda!
- ¡No! –Respondió rápidamente- Quiere decir que te respeto, que si es lo que tú quieres lo hago y ya.
Se rió irónicamente- Ah claro… ¿¡y si te pido que te tires por un barranco también lo haces o qué!?
- ¡Pues sí, claro que sí! –Respondió también rápidamente, cosa que a Anahí le sorprendió bastante- Haría todo lo que tú me pidieras, todo, cualquier cosa –Anahí guardó silencio, aún sin salir de su asombro; no se esperaba esa “declaración”- ¿Cómo supiste que entreno aquí? ¿Volviste a ponerme espías?
- Pues… sí te puse espías, pero en una semana no han conseguido localizarte…
- ¿Entonces? ¿Cómo supiste que…
La interrumpió- Te lo digo si me prometes que no te enfadas… -Dijo, sabiendo que aún así se iba a enfadar, pero tal vez menos.
Guardó un corto silencio- Cuando pides eso me das miedo… ¿Qué hiciste?
- Prométemelo –Repitió.
- Annie, dime –Exigió.
- PROMÉTEMELO –Exigió ella también, pero ya en tono amenazante.
Suspiró, rodando los ojos- Está bien, te lo prometo.
Guardó un largo silencio y respiró hondo- Fui a casa de tu hermana…
- ¿Qué?
- Y le dije que tú me habías dicho que si quería localizarte fuera a hablar con ella para que me dijera dónde estabas –Dijo muy rápidamente, tratando de acabar cuanto antes la frase.
- ¿Qué? –Dijo de nuevo, totalmente sorprendida- ¿Por qué hiciste eso?
- Porque necesitaba verte Dul, necesitaba verte y que me explicaras qué coño está pasando… -Se confesó por fin- Pero… bueno, veo que no sirvió de mucho, porque prácticamente no me has explicado nada.
Volvió a suspirar- ¿Qué quieres que te explique?
- ¿La quieres?
- Sí, claro que la quiero, la adoro, es mi hermana.
- No, a tu hermana no. A la mujer esa a la que, prácticamente, le estabas comiendo la boca en medio de un parque.
- No, no la quiero, claro que no la quiero –Dijo claramente, tratando de zanjar todas las dudas que tuviera Anahí respecto a ese tema.
- ¿Y entonces? ¿Por qué ibas agarrada a su mano? ¿Por qué la besaste? ¿Por qué? –Continuaba con las preguntas.
- Porque sí, porque… porque yo no voy a estar esperándote toda la vida, Annie –Eso le dolió a la rubia- Me dijiste que me odiabas y que saliera de tu vida, así que es lo que hice. No entiendo por qué estás aquí.
- Estoy aquí porque te quiero Dulce, por eso estoy aquí –Se declaró.
Sonrió nerviosamente por esa declaración, negando con la cabeza- Ahora sí que no entiendo nada… Primero me odias, luego me mandas a la mierda, después me llevas comida a la celda, me dices que olvidemos lo que sentimos y, después de una semana, vienes a hacerme una escena de celos y a decirme que me quieres.
- Dijiste que harías cualquier cosa que te pidiera, ¿no? –Preguntó, cambiando de tema, sin responder a eso.
- Sí, cualquier cosa –Volvió a responder de forma segura, aunque con miedo de cual pudiera ser su petición- ¿Por qué?
- ¿Puedo pedirte algo? –Preguntó.
Guardó un corto silencio- Sí, claro, pide lo que quieras.
- Dame un abrazo –Rogó, con los ojos húmedos, realmente necesitaba, como mínimo, volver a abrazarla, la echaba demasiado de menos.
La pelirroja sonrió cortamente, abrió los brazos y se acercó a la rubia, pasando sus manos alrededor del cuello de Anahí, abrazándola. Anahí pasó sus manos alrededor de la cintura de la pelirroja, hundiendo su cara en el cuello de Dulce, cerrando los ojos y disfrutando de ese momento.
Estuvieron abrazadas un largo tiempo, hasta que la rubia rompió el abrazo, diciendo:
- Sé que tu confianza en mí es casi nula, pero de verdad que no voy a decirle a nadie que entrenas aquí, ni a usarlo para la investigación ni nada… Te lo prometo –Prometió.
- Pues eso espero… y también espero que no vuelvas a meter a mi hermana en esto, ella no tiene nada que ver, ¿vale?
Asintió con la cabeza- Sí, sí, vale… lo siento –Se disculpó.
Estuvieron un corto tiempo en silencio, hasta que Dulce se quitó los guantes y dijo:
- Bueno… ¿por qué no me demuestras de lo que eres capaz? –Dijo, dándole los guantes.
Se rió- No… ahora mismo no…
- Venga, el ejercicio viene muy bien para descargar tensiones –Insistía.
- Dul, ve como estoy vestida… así no puedo ha…
- Eso me suena a excusa –Dijo con una divertida sonrisa, sin dejarla acabar la frase.
Se rió- No es una excusa. Traigo pantalones vaqueros y… y una camisa demasiado incómoda para hacer ejercicio.
- En el almacén también tenías pantalones vaqueros y una incómoda camisa y bien que me pegaste –Anahí sólo se rió, recordando aquel momento- Venga, enséñame de lo que eres capaz –Concluyó, dándole los guantes.
Anahí suspiró, dejó su bolso en el piso y, por fin, cogió los guantes, poniéndose el de la mano derecha.
- Ayúdame, anda –Pidió, refiriéndose a que le ayudara a ponerse el de la mano izquierda.
- Sí, te ayudo, pero no te pases conmigo, ¿eh? –Pidió ella, ayudándola a ponerse el otro guante.
- Pero… ¿no iba a pegarle al saco? –Preguntó, sorprendida, no sabía que tenía que pelear con Dulce.
- ¿Al saco? –Se rió- No, claro que no, pégame a mí –Dijo, dando un par de pasos hacia atrás para alejarse de ella, con una sonrisa.
- Pero tú no tienes guantes Dul.
- Da igual, úsalos tú, yo no los necesito –Llevando sus puños cerrados a media altura, colocándose para comenzar la pelea- Venga, pega sin miedo.
Se rió- No te voy a pegar porque sí y sin motivos, déjate de tonterías.
Sorprendentemente para la rubia, Dulce llevó su mano a la cara de Anahí y le dio un suave cachetada, muy flojo, sin ninguna intención de hacerle daño y sin hacerlo, todo lo contrario, esa cachetada gustó a la rubia.
- Ahora ya tienes un motivo –Dijo la pelirroja con una sonrisa- Venga, muévete.
Alzó también los puños, igual que Dulce- No sé qué le ves de divertido a esto.
- Pues muchas cosas, ¿tú no? –Respondió, dando pequeños saltos, moviéndose a un lado y otro.
Se rió- No, nada –Decía, también dando algunos saltos, pero sin moverse de su lugar.
- ¿Vas a pegar o sólo vas a saltar? –Preguntó, tratando de provocar.
La rubia alargó su brazo derecho para golpear suavemente a la pelirroja, pero ésta se hizo a un lado, esquivándola.
- Floja, muy floja –Decía la pelirroja, con una desafiante sonrisa.
Ahora Anahí dirigió su puño izquierdo a la cara de Dulce, con más fuerza, pero siendo detenido por la mano de Dulce, quien le agarró el puño.
- Fuerte rubia, dale fuerte –Continuaba diciendo Dulce.
Rápidamente Anahí dirigió su puño derecho a la mejilla derecha de la pelirroja, ahora sí golpeándola con fuerza.
- Auch... –Dijo Dulce, llevándose la mano a la mejilla.
- Perdón, perdón… -Decía la rubia- ¿Te pegué fuerte?
Se rió, restregándose la mejilla- Sí, pero así tiene que ser –Dijo, volviendo a su posición inicial- Venga, pega.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:40 am

- Sigo sin entender para qué quieres que te pegue –Decía la rubia, lanzando algunos golpes, pero sin ninguna dirección, siendo esquivados por Dulce- ¿Eres masoquista o algo parecido?
Se rió- No, lo hago por ti, para que te desahogues.
- También puedo desahogarme pegándole al saco.
- No, necesitas pegarme a mí para descansar tensiones.
Nuevamente Anahí dirigió un puño a la cara de Dulce, fuertemente, pero ésta lo volvió a detener con su mano.
- Bien, muy bien –Felicitaba la pelirroja a Anahí.
- ¿Y tú por qué no me pegas? –Preguntó, ya con la respiración agitada con tanto salto, pues se había dado cuenta de que Dulce había tenido muchos buenos momentos para pegarle y no lo había hecho.
- Siempre cumplo mis promesas: no hacerte daño. Además… yo ya me desahogué con el saco.
Una vez más Anahí movió su puño, esta vez sí alcanzando la cara de Dulce, con bastante fuerza.
- Pues esta si dolió –Se rió dolorosamente la pelirroja, con la mano en su boca, pues le había golpeado ahí.
- Ya, mejor paramos, te voy a dejar la cara echa un desastre –Decidió, quitándose los guantes.
- ¿A que estás más relajada? –Preguntó, con una sonrisa, dejando de taparse la boca y dejando ver a Anahí que tenía sangre.
- Sí, yo estoy más relajada, pero tú tienes sangre caray… -Dijo, metiendo la mano en su bolso, sacando un paquete clínex y cogiendo uno, volviendo a acercarse a le pelirroja- Te dije que no era buena idea –Decía, ya cara a cara con Dulce, llevando su mano con el clínex al labio con sangre de Dulce.
- Auch, Auch… -Se hizo para atrás Dulce, quejándose- Cuidado.
- No me seas floja tú ahora –Se rió, agarrándole el mentón con su mano libre para que no moviera la cara y volviendo a llevar el clínex a su labio, secándole la sangre.
Dulce aprovechó ese momento para perderse en los ojos de Anahí, bajando su mirada más abajo, analizando cada milímetro de su cara y deteniéndose en sus carnosos y deseosos labios.
- Bueno, yo creo que no te va a salir más… -Dijo la rubia, acabando su tarea, notando la mirada de Dulce, poniéndose muy nerviosa y, como siempre, faltándole el aire. Se separó y le dio la espalda a Dulce, respirando hondo, guardando el paquete de clínex nuevamente.
Dulce llevó su mano al brazo de Anahí, provocando que la piel de la rubia se erizara al instante y, lentamente, la volteó, consiguiendo que volvieran a quedarse cara a cara.
- No huyas de mí –Pidió la pelirroja, llevando ahora la mano que antes estaba en el brazo de Anahí a su cintura, pegándola a ella.
- No juegues conmigo –Pidió ahora ella, dejando que Dulce la pegara a ella, mirándola fijamente a los ojos.
- No lo hago –Respondió, pegando ahora su frente a la de Anahí.
- Sí, sí que lo haces… -Dijo en un hilo de voz, cerrando los ojos, disfrutando de ese momento de cercanía.
- No –Volvió a negarlo, agarrándole las mejillas e incorporándole un poco la cara para que la mirara- Estoy enamorada de ti Anahí, me da igual si me crees o no, yo sé lo que siento y es lo que me importa –Se declaró, claramente.
- ¿Entonces por qué… por qué te besaste con esa mujer? –Preguntó, provocando que sus ojos se humedecieran al recordar esa foto.
- Porque sí, porque me apeteció, pero no significó nada, absolutamente nada.
- ¿Segura? –Preguntó, sin poder evitar que una lágrima saliera.
Sonrió tiernamente, secando casi instantáneamente la lágrima con su dedo pulgar- Segurísima –Anahí guardó silencio, mirándola, dejando que alguna lágrima más saliera, siendo rápidamente secada por el dedo de Dulce- Sólo te pido que me creas cuando te digo que te amo, por favor… -Rogó.
Sonrió, aún emocionada- Dímelo –Pidió, pues hacía tiempo que no lo escuchaba.
Sonrió, acariciando la mejilla derecha de la rubia- Te amo –Anahí sonrió ampliamente, volviendo a pegar su frente con la de Dulce- ¿Me crees? –Preguntó.
Pasando sus manos alrededor del cuello de Dulce, volviendo a separarse un poco para poder mirarla- Sí, te creo.
- ¿Segura o… sólo me lo estás diciendo para que me calle? –Preguntó, nada segura de si realmente Anahí la creía o no.
- Dulce, yo también te amo –Dijo, esperando que eso bastara para convencerla.
Satisfecha con su respuesta- Yo pensaba que me odiabas… -Dijo, riéndose.
Se rió- Sí, a veces también te odio, pero me encantas y eso es lo importante.
Dulce volvió a sonreír ampliamente y volvió a pegar su frente con la de la rubia, sintiendo como ésta le daba suaves caricias en el pelo.
- No sabes cómo te he echado de menos esta semana… -Dijo Anahí.
- Yo también.
Se hizo para atrás, mirándola mal- Sí, ya, se nota, sobre todo por las fotos.
Se rió- Me encanta que te pongas celosa –Confesó con una tierna sonrisa, entre lazando sus manos con las de la rubia.
- Pues a mí no me gusta nada que me den motivos para estarlo… -Dijo, seriamente, aunque sin poder evitar sonreír- En serio… no sabes la rabia que me dio ver esas fotos… venía con toda la intención de matarte, que lo sepas –Confesó ahora ella.
- Y luego la agresiva soy yo… -Decía, riéndose.
- No, ahora en serio Dulce… -Dijo, con tono bastante serio- No quiero volver a ver unas fotos así, ¿me escuchaste? No… no quiero que te beses con nadie más que no sea yo…
Sonrió- ¿Por qué no? Hasta dónde yo sé no tenemos ningún compromiso, ¿no?
Anahí guardó un largo silencio, pues sí, Dulce tenía razón, oficialmente no habían decidido ser una pareja ni crear ningún tipo de compromiso, es más, llevaban una semana sin ni si quiera hablar.
- Bueno… -Intentaba hablar la rubia, sin saber muy bien que decir- Igualmente no quiero, ¿vale? Me arde la sangre solo de pensarlo.
- ¿Posesiva? –Preguntó con una divertida sonrisa.
- No, posesiva no, sólo protejo y reclamo lo que es mío.
- Eso es lo mismo que ser posesiva, pero… ¿tuya? ¿soy tuya? Te lo repito: no tenemos ningún tipo de compromiso.
- ¡Pero a mí me da igual eso Dulce! –Dijo, alzando la voz un poco.
- ¡Pues a mí no! –Respondió de la misma forma, sorprendiendo a Anahí- Yo… yo si quiero tener algún compromiso contigo.
Se sorprendió bastante con eso- ¿Qué?
- Ya sé que es una locura, es una completa locura porque… porque es imposible, pero quiero que seamos algo, quiero ponerle nombre –Observando como la cara de Anahí había cambiado completamente- ¿Tú no quieres? –Preguntó.
Guardó un corto silencio- No… no es que no quiera… es que… es demasiado complicado, Dul… Tenemos… una inestabilidad total, un día peleamos y otro nos queremos a más no poder. De repente estamos una semana sin vernos o… o una se despierta una mañana y se entera de que la otra se fue a Nueva York. Así no se puede tener ningún compromiso… -Intentaba explicarse y hacerla entrar en razón.
- ¿Entonces qué quieres hacer con nosotras? –Preguntó, bastante confundida- Porque es que yo ya no te entiendo… Una semana me odias, la otra me quieres, pero luego no quieres ningún compromiso, de repente un día me detienes porque no confías en mí… ¿Qué es lo que quieres de mí?
Suspiró, alejándose un poco de ella, dándole la espalda- No lo sé –Escuchó como Dulce se reía irónicamente- Y no te rías, porque tú tampoco sabes –Dijo, volviendo a mirarla.
- Yo sé lo que siento y me da absolutamente igual lo que me digan los demás, ¿a ti también? –Preguntó, sabiendo que la respuesta era negativa, pues Anahí guardó un largo silencio- Entonces no tengo nada más que decirte... –Dijo, recogiendo su bolsa del suelo- Creo que tienes cosas que pensar, te dejo los guantes y si quieres desahogarte un rato, ahí tienes el saco –Dijo, acercándose a ella- Y haz el favor de pensar bien, porque un día de estos me vas a volver loca, NO TE ENTIENDO –Recalcó, acercándose a ella y dándole un corto beso en la mejilla- Adiós
Dicho esto Dulce salió del gimnasio, sin escuchar ni una sola palabra de Anahí, quien cada vez estaba más confundida. Respiró hondo, miró los guantes y decidió ponérselos para hacer lo que Dulce le había dicho: desahogarse con el saco de boxeo.

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:40 am

Capítulo 9

Dos días habían pasado desde el encuentro que habían tenido Anahí y Dulce. No habían vuelto a verse, no habían vuelto a saber nada la una de la otra. Anahí le daba muchas, muchísimas vueltas a su cabeza, pero no conseguía llegar a ninguna conclusión de lo que hacer con Dulce. Había momentos en los que la amaba y confiaría ciegamente en ella y, otros, en los que la odia con todo su corazón y desconfía completamente. Era extraño, Dulce era extraña y eso era algo que no entendía. Había decidido no contarle nada a Maite del acercamiento que había tenido con Dulce, simplemente le dijo que fue a casa de su hermana, pero ella no lo quiso decir dónde estaba Dulce.
- Annie, tenemos una salida, ¡rápido! –Dijo Maite, irrumpiendo en los pensamientos de la rubia, entrando en el despacho.
Se sobresaltó- ¿Qué? ¿Qué pasa? –Preguntó, pues no había escuchado bien a Maite.
- Espinoza, atracó un banco, ¡vamos! –Dijo, cogiendo su arma y guardándola.
- ¿Qué hizo qué? –Se sorprendió, poniéndose en pie.
- ¡Anahí, te espero abajo con Chris, rápido! –Dijo, saliendo casi corriendo del despacho.
Anahí cogió rápidamente sus cosas y bajó, aún sin entender muy bien lo que había pasado.
- ¿Qué pasó? –Preguntó la rubia, entrando en el coche en el que ya estaban Christian y Maite.
- Tu novia, atracó un banco –Respondió Christian, sin ni si quiera mirarla; seguía enfadado con ella.
- No es mi novia –Dijo claramente Anahí, ella sí mirándolo- Llevas más de una semana sin, prácticamente, hablarme, ¿cuánto tiempo vas a estar así? –Le preguntó
- El tiempo que tú tardes en dejar y olvidar para siempre a esa mujer y meterla en la cárcel –Respondió él, ya con el coche en marcha.
- Pero ¿por qué? Yo no te he hecho nada, Chris –Decía la rubia, realmente sin comprender por qué su amigo se había alejado de ella. Christian no respondió, simplemente guardó silencio y continuó conduciendo- ¿Sabes qué, Christian? Vete a la mierda –Dijo, tratando de provocarlo y que, por lo menos así hablara, pero no lo consiguió, pues Christian simplemente la obvió- ¿Alguien puede explicarme o darme detalles de lo que pasó? –Pidió.
- Nos dieron un aviso de que una pelirroja y dos hombres habían atracado un banco. Al parecer había poca gente, pues aún es temprano y no hay ningún herido –Explicó brevemente Maite- Nada más –Concluyó.
- ¿Atracado un banco? –Aún más sorprendida.
- Sí, atracado un banco –Repitió Maite.
Continuaron el camino en silencio y, al cabo de unos diez minutos, llegaron al banco. Se bajaron del coche y sacaron sus armas.
- Vale… vamos a entrar, no creo que estén en la sala principal, pero por si acaso estad prevenidos –Indicaba Anahí.
Así fue, los tres abrieron rápidamente la puerta y apuntaron con sus pistolas hacia el interior, pero no había nadie ahí.
- Bueno, pues… ahora hay que buscar. Vamos a separarnos –Decidió Anahí- Christian, tú vete a la caja fuerte a ver si ya se robaron el dinero; Mai, tú vete a las oficinas o busca a algún trabajador y… yo voy por acá haber si encuentro algo –Dijo, mirando un pasillo en frente suya.
Dicho y hecho, Christian se dirigió a la caja fuerte, Maite a las oficinas y, Anahí, comenzó a caminar por ese pasillo, empuñando su pistola. De repente alguien le tapó la boca desde atrás y jaló de ella, metiéndola en un cuarto, aparentemente un despacho. Una vez dentro, Anahí movió rápidamente su brazo y le dio un codazo a la persona que la agarraba, con todas sus fuerzas.
- ¡Joder! –Gritó la persona que había agarrado a Anahí.
La rubia, una vez más, reconoció esa voz, así que se volteó rápidamente.
- ¿Dul? –Dijo, sorprendida, mirándola y observando la cara de dolor de la pelirroja- Perdón, no… no sabía que eras tú –Se disculpó, guardando su pistola.
- Que agresiva eres, por Dios –Se reía dolorosamente.
- ¿Qué haces? ¿Qué está pasando? ¿Cómo es eso de que atracaron un banco? ¿Por qué me trajiste hasta acá? –Preguntaba.
- Auch… -Continuaba quejándose, restregándose el abdomen, pues ahí le había pegado Anahí- No he robado nada, solo encerré a los trabajadores y clientes en un cuarto, todo el dinero está en la caja fuerte.
No entendía nada- ¿Para qué atracas un banco si luego no vas a robar?
- Sólo quería verte.
Se sorprendió- ¿Hiciste todo esto… sólo para verme?
Se rió- Sí. Ahora que lo pienso es una locura, pero bueno, da igual.
Se rió, algo nerviosa- Pues… sí, sí es una locura… -Compartiendo algunas miradas con Dulce, en riguroso silencio- ¿Te pegué fuerte? –Preguntó, rompiendo el silencio, dándose cuenta de que Dulce aún se tocaba el abdomen
- Sí, un poco y la verdad no entiendo porqué siempre me tengo que llevar yo los golpes –Dijo, riéndose, provocando también la risa de Anahí.
- Lo siento –Se disculpó nuevamente, entre risas.
Volvieron a mantenerse en un largo silencio, se miraban la una a la otra, apartando las miradas y volviendo a mirarse, algo nerviosamente.
- Y… ¿cómo has estado estos días? –Preguntó Dulce, intentando romper el silencio.
Suspiró- Más o menos, bastante confundida… ¿Y tú? –Preguntó ahora ella, con una corta sonrisa.
- Bien, echándote de menos, pero bien –Respondió también con una sonrisa, más amplia.
- ¿Me echaste de menos? –Preguntó, ahora sí mirándola fijamente a los ojos, sin apartar la mirada.
- Sí, demasiado… -Respondió, correspondiendo a sus miradas de la misma forma- Además… el otro día me quedé con ganas de hacer algo –Confesó, llevando sus manos a las mejillas de Anahí, acariciándolas.
Sin poder evitar sonreír y mirar los labios de Dulce, pues sabía a qué se refería y ella también se había quedado con ganas- ¿El qué? -Preguntó, aunque ya sabiéndolo, acortando la cercanía entre sus caras.
Dulce también miró los labios de la rubia y decidió no responder, para acortar finalmente la distancia entre las dos y unir sus labios con los de la rubia. Ambas volvieron a sentir prácticamente lo mismo que la primera vez que, un escalofrío recorrió el cuerpo de las dos, sus corazones bombeaban con total rapidez. La pelirroja la besó despacio, con amor y cariño, sin ninguna prisa y Anahí respondió pasando sus manos alrededor del cuello de Dulce, profundizando un poco el beso, pero sin sobrepasarse. Dulce, por su parte, llevó sus manos a la cintura de la rubia, acariciándola y profundizando más el beso, dejando paso a su lengua, que fue bien recibida por su compañera, jugando con ella. Varios largos segundos después se dieron cuenta de que estaba quedándose sin aire, así que se vieron obligadas a separarse, aunque dejaron sus frentes pegadas. Se miraron, sonrieron y volvieron a besarse, esta vez con más rapidez y pasión.
Después de una cadena casi interminable de besos, Anahí se separó:
- Espera, espera un momento… -Pidió la rubia, con una sonrisa y la respiración algo agitada- Quiero… quiero preguntarte algo.
Sonrió, pasando un mechón rubio de Anahí por detrás de su oreja- Dime
Respiró hondo- ¿Aún sigues… sigues queriendo tener algún compromiso conmigo? –Preguntó algo tímidamente.
Sin poder evitar sonreír ampliamente- Sí, claro que sí, por supuesto –Afirmó de varias formas, observando como una sonrisa de lo más amplia se dibujaba en la cara de la rubia- ¿Por qué? –Preguntó, volviendo a llevar sus manos a las mejillas de Anahí, acariciándolas.
- Pues… -Suspiró- Me pediste que pensara y… eso fue lo que hice durante estos dos días… Aunque no sirvió de nada, porque realmente no llegué a ninguna conclusión –Confesó, sin poder evitar reírse, provocando también la risa de Dulce- Pero… teniéndote aquí y… después de haber sentido todo lo que sentí con esos besos… sé que no quiero separarme de ti, no quiero que ninguna tipa más tenga la oportunidad de tenerte y… quiero que seas mía, sólo mía, con todo el compromiso que sea posible –Se declaró, aunque tímidamente.
Se sorprendió bastante con esa declaración, incluso se emocionó un poco- ¿Estás segura? –Preguntó, prefiriendo corroborarlo antes de emocionarse demasiado.
Le dio un corto beso en los labios, a modo de respuesta- Completamente segura –Respondió, con una amplia sonrisa- Pero…
- ¿Condiciones? –Se rió, realmente feliz con la noticia que le había dado Anahí.
- Bueno, algo así… -Sonrió- A ver… -Se dispuso a explicarse- El otro día, cuando regresé del gimnasio, no le conté a Maite que nos habíamos visto ni… ni nada... –Dulce asintió con la cabeza- Sé que lo hacen por mí y porque me quieren, pero ya no soporto que me digan lo que tengo que hacer… así que he decidido no contarle nada de… de lo que pase entre tú y yo. Lo que quiere decir que esto sea en secreto, por favor –Rogó. Dulce volvió a asentir, con una amplia sonrisa, sin ningún tipo de problema- Aunque no sé cómo vamos a hacerlo, porque es una locura, pero me da igual… que sea lo que Dios quiera y ya, no voy a pensar más, estoy cansada de pensar –Decidió, positivamente.
- Pues todo, absolutamente todo me parece genial… -Respondió Dulce con una amplia sonrisa- Te amo –Dicho esto la besó, cortamente.
- -Correspondió al beso un momento y luego se separó- Yo también te amo –Nuevamente la besó.
Dulce profundizó ese beso, volviendo a usar su lengua y a bajar sus manos a las caderas de la rubia, metiendo las manos por dentro de la camisa de la rubia, acariciándola y provocando que su piel se erizara. Anahí correspondía con la misma intensidad al beso, mientras que la pelirroja pegaba lo más posible a Anahí contra su cuerpo, sin poder evitar bajar sus besos al cuello de la rubia.
- Oye, oye… contrólate –Dijo la rubia, sin poder evitar sonreír al sentir los labios de Dulce devorar su cuello.
- Eso me cuesta bastante –Confesó, riéndose y continuando en su tarea.
- Pues contrólate, aunque cueste –Exigió, pero sonriendo ampliamente, agarrándole la cara para que la mirara- Tengo que irme… -Dijo, alejándose un poco del cuerpo de la pelirroja.
- No, no, no… -Pidió, volviendo a pegarla- Quédate un ratito más.
- No puedo Dul… Mai y Chris ya tienen que haberse dado cuenta de que, en realidad, no robaste nada y deben estar buscándome. Es mejor que me vaya… -Insistió, volviendo a alejarse un poco.
Suspiró, más por el calor que sentía que por otra cosa- Bueno, está bien, como quieras –Aceptó, sonriendo cortamente.
Guardó un corto silencio, mirándola- Si quieres puedes venirte esta noche a casa… -Propuso, de forma nada segura, pero lo propuso.
- ¿Me estás invitando? –Preguntó.
- No, claro que no… -Dijo irónicamente, riéndose- Pues claro que sí, tonta –Respondió ya más claramente, con una tierna sonrisa- Te espero esta noche, ¿vale? A partir de las 7 estoy en casa –Concluyó ella misma, agarrándole las mejillas y dándole un beso a modo de despedida- Te amo
Dicho esto la rubia salió de ese despacho, sacando su pistola y volviendo a caminar por donde había venido. 
Por el camino pensó en todo lo que había pasado. Estaba realmente feliz. Ya le daba igual lo que pudiera pasar después, quería disfrutar ese momento y punto, eso era lo importante. Sobre todo le daba igual lo que pensaran los demás, había decido que ya no se iba a preocupar por lo que pudieran pensar Christian y Maite. Sí, eran sus amigos y tienen el derecho a aconsejar, pero ella decide si seguir sus consejos o no y, en este caso, tenía muy claro que no lo iba a hacer. Le daba absolutamente igual que Dulce fuera su enemiga o, como dijo Maite, su enemiga íntima. Dulce la hace muy feliz, mucho, nadie había conseguido hacerla tan feliz como ella y eso era lo que importaba.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por Maite, quien la llamaba a gritos desde lejos.
- ¿¡Annie!? ¡¿Anahí!? –Gritaba Maite.
- ¡Aquí Mai! –Respondió, acelerando su paso y observando a lo lejos a su amiga.
- Por fin… -Dijo Maite, agradecida de por fin encontrarla- Llevo un buen rato buscándote, ¿dónde te metiste? –Preguntó.
- Pues… no sé, por ningún sitio en especial… Fui por allá haber si veía algo, pero nada, no encontré nada –Dijo, tratando de explicarlo lo más creible posible- ¿Y… qué tal? ¿Estaba el dinero? –Preguntó, aunque ya sabiendo la respuesta.
- Sí, sí, estaba todo el dinero… Los clientes y los trabajadores estaban encerrados en una oficina, pero estaba todos bien. Es más… nos contaron que Dulce no trató de hacer nada violentamente, simplemente les exigió que se metieran todos en la sala, los cerró con llave y, ya, ahí los dejaron… -Explicó, observando como la rubia asentía con la cabeza- No entiendo nada… -Dijo, bastante confundida con ese “atraco”- Atraca un banco, pero no roba… Es… es ilógico, estúpido, irrazonable… No lo entiendo –Repitió.
- Pues…. pues yo tampoco lo entiendo –Dijo, intentando resultar interesante con el tema y fingiendo no saber el real motivo por el que Dulce había montado ese número- ¿Dónde está Chris? –Preguntó.
- Me dijo que iba a dar una vuelta por el banco a ver si los encontraba, porque no tendrían que estar muy lejos… pero, de momento, no hay ninguna señal.
- Pues vamos, vamos a buscar nosotras también –Dijo, jalándola del brazo, consiguiendo que Maite caminara- Chris tiene razón, seguro que no están muy lejos… -Dijo, llevándola hasta la salida del banco, sabiendo que por ahí no estarían, disimulando interés.
Se rió- Estás muy rarita –Dijo, siendo prácticamente arrastrada hasta fuera del banco.
- ¿Yo? ¿Rara? No, no, para nada, sólo quiero atraparlos –Mintió- Venga, vamos…

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Re: Enemigas intimas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 3:40 am

- Sí, vamos, pero espera un momento –Pidió, consiguiendo que Anahí la mirara- Quiero proponerte algo –Dijo con una amplia sonrisa.
Se rió- A ver, dime.
- ¿Por qué no salimos esta noche? Hace tiempo que no salimos de fiesta por ahí a ligarnos a algún tío que esté bueno –Propuso con una amplia sonrisa.
La cara de Anahí cambió completamente, se había puesto nerviosa, no entendía por qué a Maite se le tenía que apetecer salir la misma noche en la que había quedado con Dulce.
- No… no puedo… -Dijo la rubia, casi tartamudeando.
- -Alzó una ceja, sorprendida con esa respuesta- ¿No? ¿Por qué? ¿Hiciste planes? –Preguntó.
- Sí, es que… es que quedé esta noche con… -Trataba de buscar un nombre- con… Ángel, sí, eso es, quedé con Ángel –Dijo finalmente, dándole algo de seguridad a la frase.
- ¿Con Ángel? –Cada vez entendía menos- Pero… ¿con ese no habías terminado súper mal? Te dijo que fueras su novia y tú…
- Pues sí Mai, pero… de alguna forma tengo que olvidar a Dulce, ¿no? –Mintió completamente, cosa que habría sobrado, pero creyó que sería lo más convincente para Maite.
Sonrió ampliamente,sin duda esa respuesta le había encantado- Ah, bueno, si se trata de eso lo podemos dejar para otro día, no te preocupes –Aceptó sin ningún problema- Me alegro mucho Annie, de verdad. Por fin decidiste, por lo menos, intentar olvidarla… ¡Es una gran, gran noticia! –Dijo, con una más que amplia sonrisa, casi de oreja a oreja.
Sonrió, bastante falsamente- Sí… sí, gracias… -Agradeció, cosa que sonó muy poco real- Bueno… yo… voy por aquí y tú vete por allá –Dijo, señalando direcciones opuestas.
Así fue, Maite se fue por el lado izquierdo de la calle y Anahí por el lado derecho, simplemente pensando y sintiéndose muy mal por la mentira que le acababa de decir a su amiga, pero si quería, por lo menos, intentar algo con Dulce, no podía decirle nada a Maite… o por lo menos no de momento.

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