La última carta

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La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:26 am


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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:26 am

La última carta
El destino es algo extraño. Juega con nosotros a su antojo. Nos sitúa y nos aparta de la vida de las personas, a veces, sin un motivo de peso. Sin una explicación coherente.
Él no explica. Él, simplemente decide y nosotros, pues no nos queda más remedio que aceptar dichas decisiones, por muy injustas que nos parezcan…
O quizás no. Quizás son nuestras propias acciones, las que escriben nuestro destino.

PRIMERA CARTA.

“Hoy he estado pensando en ti.
Hay sol en las calles, gente en la playa, oigo risas todo el tiempo… El mundo es feliz.
En cambio, a mi alrededor sólo hay nubes, no encuentro hueco en ese lugar al que tanto me gustaba ir, el mar no me consuela, las risas se convierten en lágrimas calladas. No lloro, pero no soy feliz.
Me pregunto qué nos pasó. Por qué se volvió tan difícil seguir ocupando el lugar tan privilegiado que ocupábamos una en la vida de la otra. ¿Por qué dejamos de entendernos?
Ni siquiera eso lo entiendo.
Quisiera saber adónde se fue la magia. Quisiera saberlo para levantarme de esta cama e ir a buscarla ahora mismo. La traería a rastras si hace falta. No tenía derecho a marcharse. No tenía derecho a abandonarnos.
Sólo espero que tú si estés logrando encontrar tu lugar en el mundo. En un mundo sin nosotras. Porque perderse, puede volverse insoportable.
PD: Siempre pienso en ti.
Te quiero. Dulce.”

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:26 am

I.
-Septiembre, Octubre, Noviembre-
…Sin ti…

SEGUNDA CARTA

Hoy me he acordado de ti.
Es 28 de Septiembre.
Hoy habría sido nuestro cuarto aniversario... ¿Recuerdas aquel día? Fue mágico ¿Verdad? Final de un verano perfecto, alcohol en nuestras venas (eso no podía faltar jajaja) la noche, un lugar secreto en el que sólo estábamos… tú, yo y las salpicaduras del mar fundiéndose con la repentina lluvia veraniega, una pregunta en el aire y una respuesta que llegó en forma de beso; “¿Quieres ser mi novia?”
***
─¿Me vas a responder de una vez? ─me atreví a preguntarle por fin.
─¿Responderte a qué?
─A lo que llevamos días hablando y dijiste que me responderías cara a cara… Ya estamos cara a cara.
─Sigo sin saber a qué te refieres exactamente.
La miré frunciendo el ceño.
─¿Te estás quedando conmigo?
─No… ─sonrió ─Te lo digo de verdad. No sé a lo que te refieres. Recuérdame la pregunta.
La timidez me superaba y ella lo sabía, por eso se propuso ponerme a prueba.
Suspiré, como si aquellas palabras, a pesar de ser lo que más deseaba en el mundo, no supieran de qué forma salir de mis labios.
─¿Quieres ser mi novia? ─pregunté por fin.
Ella no respondió.
Me miró fijamente… con una sonrisa de ternura adornando su rostro, aumentando mis nervios y mi incertidumbre por la espera… He de decir que se tomó tranquilamente su tiempo, prolongando mi agonía…
Pero de pronto, agarró mis mejillas y me besó con dulzura… Las pequeñas gotas de lluvia caían sobre nosotras como si estuviera planeado por el universo. Como si de una película romántica se tratase. Con la diferencia de que aquello no era una película… La lluvia era real, el sonido del mar era real, las pequeñas salpicaduras que nos llegaban cuando las olas rompían en nuestra roca, también eran reales… Ella… era real…
Y aquella noche, estaba resultando más mágica de lo que esperaba.
Separamos nuestros labios y al abrir los ojos, me pareció verla más bonita que nunca. En sus ojos había un brillo que jamás le había apreciado… Ella continuó sin hablar, simplemente observándome.
─Sigues sin responderme… ─le dije bajando la mirada con cierto atisbo de tristeza.
Acarició mi mejilla, consiguiendo que alzara la vista una vez más y la encontré sonriendo, como si estuviera frente a una niña asustada.
─Debes aprender que algunas respuestas, no necesitan palabras.
***
Hoy, mis manos se transformaron en una máquina del tiempo. Escribí esa escena con todos y cada uno de sus detalles y ¿sabes qué? Mi piel se erizó igual que aquel día, cuando te miraba a los ojos y lo único en lo que podía pensar era, la infinidad de tiempo y posibilidades que teníamos por delante. Aquello era sólo el principio.
Es lo bueno que tiene la escritura… te vuelve eterna. Eres eterna.
Feliz aniversario, pequeña.
PD: Siempre me acuerdo de ti.
Te Quiero...
Dulce.
Un pequeño sonido, consigue sacarme automáticamente de ese mundo paralelo, en el que me adentro al escribir. Miro la pantalla de mi ordenador, dónde la página principal de “Facebook”, me muestra un pequeño recuadro azul con el nombre de la única persona con la que aceptaría hablar ahora mismo; Maite.
─¿Cómo estás?
─Bien ¿Y tú? ─escribo sin mucho ánimo.
─Mentirosa. Apuesto a que casi tienes que agarrarte y levantar muy despacio cada dedo, para teclear esa pobre frase que ni tú te crees.
Se me escapa una pequeña y débil sonrisa.
A veces me asusta, llego a pensar que tengo la “webcam” activada sin darme cuenta y me está viendo todo el tiempo. No es normal que me descifre a través de una pantalla y tampoco es normal que siempre logre hacerme sonreír.
─Estoy viva; respiro, como, duermo, camino… te diría que también estudio, pero no. Eso aún no lo he conseguido.
─O sea que… estás hecha mierda!.
─Jajaja digamos que he tenido momentos mejores.
─¡Dulce, coño!! ¡Grita! ¡Llora! ¡Quéjate! ¡Di que te quieres morir, para darte una cachetada virtual! ¡Pero haz algo!
─No me quiero morir. Aunque no estaría mal dejar de existir por un rato.
─Eso es casi lo mismo. Así que, recibe mi cachetada virtual.
─¡Auch!
─Te fastidias, por decir tonterías. Escúchame una cosa… o mejor dicho, léeme una cosa (y prepárate para la cursilería)
Doy de cabeza mientras espero a que en la pantalla deje de aparecer ese conocido; “Maite está escribiendo…”
El gran texto aparece después de unos minutos, obligándome a entornar los ojos para aumentar mi concentración.
─Sé que esta situación es una porquería, que no levantas cabeza y que no sabemos qué cojones le pasa a tu mundo, para estar tan empeñada en que no la levantes. Sé que cuando consigues ver la luz, ocurre algo que ¡Pam!... otra vez para abajo. Y sé que ya no sabes cómo luchar para mantenerte en pie, que tus brazos están cansados y tu corazón lo está aún más… Sé que te sientes perdida, que echas de menos tanto como yo, a la Dulce de hace casi dos años y también sé, que por ese mismo motivo, te aferras tanto a tus sueños. Que nada te hace dejar de soñar, pero que ahora mismo, tu vida es una pesadilla. Sé que la extrañas, Dul… a cada segundo…y que aunque haya pasado más de un año, eres incapaz de acostumbrarte a su ausencia y que ahora, la extrañas aún más. Estás viva; respiras, comes, duermes, caminas y seguramente podrás volver a concentrarte en el estudio… Pero no saber de ella, te duele, como nada te ha dolido en esta vida. Te duele más que su ruptura y te duele más que su alejamiento… lo sé. Y no sé si en algún momento dejará de doler… Ojalá pudiera decirte que sí. Ojalá tuviera esa certeza… No la tengo, pero ni se te ocurra seguir por ese camino. Ni se te ocurra cerrarme la puerta en la cara, porque te vas a llevar la sorpresa de encontrarme ahí dentro, contigo. No te voy a dejar sola aunque me eches a patadas. Adoro a Anahí, de verdad que la adoro y nada me gustaría más que volver a verlas bien. Pero es la persona más ciega que he visto en mi vida y eso me molesta. Me molesta que no valore un amor tan incondicional como el tuyo. Me molesta que te deje marchar, en vez “morirse” si te vas…
─Nadie puede obligarla a echarme de menos, Maite…
─No, si no va a hacer falta. Ella solita se dará cuenta. Es más, si desapareces del todo, ella va a quedar tan destrozada como estás tú… Pero hasta eso tratas de evitar, te empeñas en hacerle saber que sigues ahí por si te necesita
─Alejarnos fue una decisión mutua… Ella tiene una nueva relación y mi presencia sólo complica las cosas. No quiero eso… Quiero que pueda seguir adelante, que sea feliz.
─Ya lo sé, Dulce… Ya sé por qué haces las cosas y conozco mejor que nadie tu manera de amarla, pero… ¿Y tú? ¿Qué hay de ti? ¿Vas a volver a ser feliz en algún momento? ¿Vas a pensar en ti de una vez?
─Maite… Yo, ya no… Esto no se trata de…
─Ni siquiera te salen las palabras para negarlo, Dul… Podrás engañarla a ella, al mundo, e incluso intentarlo contigo misma. Pero la amas… Nunca has dejado de amarla. Es hora de que lo aceptes.

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:26 am

TERCERA CARTA.
Hoy me he acordado de ti.
Es 9 de octubre… ¿Te suena de algo esa fecha? ¡Ya sé, ya sé…! No tienes un calendario grabado en la mente, con un círculo rojo rodeando cada día especial de nuestra historia. Lo sé…. Pero yo si lo tengo.
Hoy hace exactamente 3 años, viajé para encontrarme contigo, después de estar tres semanas sin vernos. Tres simples semanas que para cualquiera, no significan nada… Pero que para nosotras, resultaron todo un mundo. ¿Recuerdas? ¡Joder, como nos extrañamos!
Conversaciones telefónicas a larga distancia, con las que casi nos arruinamos económicamente. Eso es lo único que teníamos… porque ni siquiera internet. Tú aún no estabas tan instalada para eso.
Nuestro primer… “Te amo”…
Recuerdo estar de pie, junto al balcón de mi casa, enredando mis dedos en la fina y blanca cortina, con el corazón a mil por hora, como cada vez que escuchaba tu voz. Era imposible acostumbrarme. Recuerdo la sensación de las lágrimas humedeciendo mis mejillas, aunque trataba de controlarlas… Y recuerdo lo oprimido que se sentía mi corazón al saber que al otro lado del teléfono, tú también estabas llorando.
No podíamos estar lejos, nadie nos había enseñado a separarnos… Pero era por tu bien y había que aguantar. Era tu sueño y teníamos que aprender a esperar… Aunque no esperamos demasiado jajaja. Recuerdo con toda exactitud ese preciso instante en el que me dijiste “Ven, por favor… No lo aguanto más. Ven desde que puedas”
Una semana después, llegó ese 9 de Octubre… Un billete de ida y sin vuelta. Un millón de emociones recorriéndome de pies a cabeza, antes de subirme en ese avión y también mientras sobrevolaba las aguas del océano atlántico, que nunca antes me había parecido tan inmenso.
La nueva ciudad en la que puse el pie, carecía de importancia ante la ansiedad por verte… ¡Dios! ¡Que desesperación sentía y que bonita resultaba la emoción de saber que en pocos minutos iba a encontrarte! Por fin, volvíamos a estar en el mismo país, ya sólo nos separaban metros y minutos…
Recuerdo estar de pie en la estación fluvial, esperando que el pequeño ferry en el que venías a buscarme hiciera su atraque… Recuerdo ese momento en el que todos los pasajeros comenzaron a bajar y mi corazón se aceleró, anticipándome que tú estabas entre ellos…
Y en ese instante… cuando te vi entre la multitud… volví a sentirme viva… volví a recordar el significado de la palabra felicidad.
Tus ojos llenos de brillo a medida que te acercabas… tu sonrisa desesperada, haciéndome saber que los metros de distancia también estaban resultando eternos para ti.
El mundo desapareció en un abrir y cerrar de ojos… Tú y yo, frente a frente, deteniendo el tiempo una vez más… Nos abrazamos…
Nuestros cuerpos acudieron el uno al otro como el imán se funde con el metal… Decían que se extrañaban, decían que se pertenecían… gritaban que se amaban.
Yo, gritaba en silencio que te amaba… Y tus ojos, aunque hoy todo sea diferente, también me amaban.
Jamás nos habíamos abrazado tan fuerte y jamás nos habíamos mirado de aquella forma. Nada podía separarnos ¿recuerdas?
Eso sucedió hace ya tres años y tres años fueron los que estuvimos juntas. Hemos vivido cosas increíbles, lo que iba a ser un viaje de diez días, se transformó en nueve meses, terminamos construyendo en aquel país, nuestro hogar, pero el recuerdo de ese día, las sensaciones que todavía hoy me hace sentir cuando viajo en el tiempo, nada es capaz de superarlas, es simple y pura… magia.
Antes de alejarnos de esta forma, me contaste que esta semana tenías cita en el médico. Espero que la revisión rutinaria haya salido bien… Pero si no es así, te suplico que me busques.
PD: Siempre me acuerdo de ti.
Te Quiero...
Dulce.

Introduzco el sobre en el interior del buzón, permitiendo así, que se reúna con el resto de cartas que hay en él. Exhalo un suspiro y por un momento me quedo observando esa pequeña rendija. Me pregunto cuántas historias debe haber ahí dentro.
Además de facturas, cartas oficiales y ese tipo de cosas… ¿Qué más habrá? ¿Cuántas personas pueden estar viviendo algo similar a lo mío? ¿Cuántas cartas dirigidas a alguien importante hay en este buzón? ¿Cuántos lugares del mundo están reunidos ahora mismo, en ese sitio tan pequeño, a través de un montón de papeles llenos de historias?
A veces, resulta un poco egocéntrico y egoísta, sentirse triste en un mundo tan grande y tan lleno de problemas. De hecho, soy de las que se niegan a quejarse y en vez de gritar, llorar, patalear o maldecir al mundo, dejo que mi tristeza se quede ahí dentro, en un lugar en el que sólo pueda pertenecerme a mí.
Todo el mundo tiene derecho a estar triste, pero si permaneces demasiado tiempo en esa tristeza, al final ella, te consume.
Nunca permitiré que me consuma… Tarde o temprano, saldré de ella.
Me subo en la bici y vuelvo a exhalar un suspiro antes de comenzar a pedalear rumbo hacia mi universidad. El viento golpeando mi cara, me regala unos minutos de libertad… No voy a dejar de pedalear jamás. No pararé nunca de soñar…

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:27 am

CUARTA CARTA

Hoy me he acordado de ti.
Sería ilógico no hacerlo… es tu cumpleaños. El sexto cumpleaños que tengo la oportunidad de felicitarte. Aunque en esta ocasión exista una distancia infranqueable entre nosotras. Dado que no he recibido noticias tuyas después de la petición que te hice en la última carta, imagino que los análisis salieron bien y sigues igual de fuerte que siempre. Pero… Ojalá pudiera saber qué estás haciendo… Cómo se te presenta el día… Si te sientes feliz… O si por casualidad hoy, te has descubierto extrañándome.
¿Recuerdas aquel primer cumpleaños? En ese momento sólo éramos amigas… Es más, tú tenías novia. Pero a pesar de eso, aquel día hubo una conexión entre nosotras. Quizás la primera… Una de esas tantas veces, en las que nos miramos con complicidad y nos sonreímos, como si el resto del mundo estuviera ajeno. Cómo si solamente nosotras, fuéramos capaces de hablar a través de la mirada.
Te querían sorprender con la tarta de cumpleaños y lo hicieron de una forma bastante poco inteligente. De hecho, eras totalmente consciente de que algo estaban tramando. Yo fui la única en darme cuenta de lo que pasaba por tu mente… ¿No era tan difícil sabes? Sólo había que detenerse a observarte… Y yo me detuve. En medio de la vorágine que estaba viviendo, me detuviste… y te vi. Nos vimos mutuamente… Éramos tan similares, que sabíamos perfectamente que ambas estábamos en la misma sintonía, aunque apenas nos dirigiéramos la palabra. Tú y yo conectamos, como sólo se conecta en esas películas. De esa forma que crees que en la vida real no existe. Con magia.
El segundo cumpleaños, un año después, ya habían pasado tantas cosas y nuestra vida había dado tantas vueltas, que apenas importa recordarlo. Estábamos juntas… Esa magia, se volvió real.
Fue una noche de lo más sencilla… Una cena en aquella pequeña y acogedora pizzería y una pulsera de plata con nuestras iniciales grabadas, cómo símbolo de que siempre iba a estar contigo. Siempre voy a estar contigo…
Parte del regalo, llegaría una semana más tarde, cuando hicimos nuestro primer viaje juntas. Fue un poco fugaz… lo sé… Mi trabajo no me permitía ausentarme más tiempo, pero, ¿no lo recuerdas absolutamente perfecto? Tú, yo… y Madrid a nuestros pies.
El tercero… ¡Dios! El tercero implica recordarme a mí misma corriendo como loca por el pueblo en el que vivíamos, para prepararte una sorpresa antes de que volvieras de la universidad. Además, no tenía llaves de la casa, tuve que dejar la ventana abierta para poder volver a entrar… ¿Te imaginas el desastre? Jajaja.
Aun así, todo me parecía poco para conseguir que ese día fuera lo más especial posible. Estar lejos de tu familia en tu cumpleaños, te entristecía… sólo me tenías a mí y me había propuesto lograr que nada empañara un día tan importante. Aunque los regalos fueron de lo más absurdo… no había mucho donde elegir en aquel lugar. ¿Sigues teniendo la ovejita? No recuerdo el nombre.
¡Oh! Casi se me olvida el incidente con el perfume… ¡Eso sí que fue ridículo! Me pasé más de dos semanas nerviosa porque conseguí comprar tu perfume favorito por internet, ya que en las tiendas no se encontraba, y bajo ningún concepto podías enterarte. Debía ser una sorpresa. El mensajero tendría que llegar en la mañana de tu cumpleaños, con el tiempo suficiente para dejarme ponerlo sobre la cama, junto al resto de regalos. Pero ni siquiera pude averiguar si la cosa hubiera salido bien, fui tan estúpida, que te dejé ver los movimientos de mi cuenta bancaria, dónde se reflejaba perfectamente la compra de un perfume… Recuerdo tu mirada, con una ceja levantada y una sonrisa burlona, transmitiéndome algo así como; “Eres una torpe… pero aun así, te quiero”
Yo sí que te quiero.
Quizás, aquel cumpleaños no haya sido el más especial para ti… Pero a día de hoy, sigo agradeciendo la oportunidad de haber podido estar contigo aquel día. No importa dónde… Siempre juntas.
En el cuarto cumpleaños te regalé la caja de los sueños, o de los deseos, no sé bien como la titulé. Una cursilada muy típica de mí, en la que cada regalo, representaba los deseos que tenía para ese nuevo año de tu vida; Suerte, sueños, amor… Recuerdo que todo iba cuidadosamente colocado en el interior de una caja de zapatos, la cual tuve que llevar a la escuela. Todo el mundo me preguntaba si dentro había un gato jajaja, algunos creían incluso que era un pastel. Pero yo respondía con orgullo; Es el cumpleaños de mi novia y éste, es su regalo. No me separaba de la caja ni para ir al baño.
No fue un día tan especial, porque apenas pasamos juntas unas horas cuando salí de clase y lo cierto es que ahora, al echar la vista atrás, me doy cuenta de que lo nuestro ya había comenzado a sufrir altibajos… ¿Nos estaba abandonando la magia?
Desde que regresamos a nuestra ciudad, cuatro meses atrás, dejando con ello de vivir juntas y retomando la vida tal cual era antes de irnos, fue como si diéramos un paso atrás…
Quizás por eso no recuerdo el día con tanto cariño, quizás porque ya nos estábamos perdiendo…. Y no fuimos capaces de verlo. Lo único que sé, es que con la caja de los deseos, pretendía lo único que siempre he pretendido… hacerte soñar. Aunque sólo fuera por unos minutos.
En el quinto cumpleaños, el del año pasado, ya hacía cinco meses que habíamos roto. Tú ya estabas con otra persona… Pero para mí, éste siempre será un día especial en el calendario. Tuve la oportunidad de verte y de darte un pequeño detalle como regalo… Pero te confieso que me sentí triste. Ya nada era cómo antes… Yo ya no tenía el mismo lugar en tu vida. Y eso… bueno, quizás algún día lo termine de asumir.
Hoy por hoy, aquí sigo… enviándote a través de esta carta, todos mis buenas deseos. Queriendo con todo mi corazón, poder abrazarte en un día tan especial… Pero sé que vas a cerrar los ojos y vas a sentir mi “abrazo de oso” ¿Recuerdas? Esos aplastantes y sanadores, que estrujan cualquier tristeza del mundo. Ese, es el que te mando.
Sonríe… Hoy es tu día.
Feliz cumpleaños, mi amor.
PD: No es sólo hoy, siempre me acuerdo de ti.

Te Quiero...
Dulce.

─¿Cuánto tiempo piensas seguir con ese rollo de las cartas?
La voz de Maite me sobresalta y levanto la vista para encontrarla junto a la puerta de mi cuarto, con los brazos cruzados sobre su pecho. ¿Cuánto tiempo llevará ahí?
Todo el tiempo que mi mente haya decidido, porque lo cierto es que Maite no está, al menos no físicamente hablando. Y yo, puede que esté lista para que me encierren en un manicomio, no lo voy a negar. Pero imaginarme su presencia no es producto de ninguna enfermedad mental. Simplemente es mi deseo de que ella estuviera realmente aquí. A mi lado, regañándome, llevándose las manos a la cabeza o lo que quiera que estuviera haciendo. Pero aquí conmigo. No a miles de kilómetros de distancia, con un océano de por medio.
Maite no sólo es la voz de mi conciencia, mi terapeuta y en ocasiones, también una “fan” bastante psicópata. Además de todo eso, es mi hermana de vida. De esas personas con las que no compartes lazos sanguíneos, sin embargo, el universo un día decide ponerlas en tu camino para… pues eso, para que no te pierdas.
Me encojo de hombros mientras dejo de mirarla para cerrar el sobre.
─Te pido por favor que hoy no me regañes, es su cumpleaños.
─¿Y el mes pasado que fue? ¿Y el anterior? De verdad que no entiendo lo que pretendes con todo esto. Si decidieron alejarse, ¿por qué no haces un esfuerzo por seguir adelante? Estás sufriendo, Dulce… Sigues aferrándote y no sé lo que quieres, no sé a qué le temes.
─A que me olvide ─respondí de súbito ─eso es lo que me da pavor. Que me olvide.
─¿Y para que no lo haga decides torturarte a ti misma, escribiendo cosas que ya de por sí te es imposible no recordar? Si decidiste alejarte de ella… ¿Qué estás haciendo entonces?
─Yo no decidí alejarme de ella, Maite. Yo simplemente me di cuenta de que lo único que llevo a su vida, son problemas… Traté por todos los medios de mantenerme en ella aunque me resultara difícil, aunque sin querer me hiciera sentir que el espacio que antes ocupaba, se hacía cada vez más pequeño. Pero aunque la haya dejado marchar… me aterroriza que me olvide. No sé… Supongo que ésta, es la única manera que conozco de hacerle saber que sigo aquí. Que aunque no pueda verme, no la he dejado sola. Nunca la dejaré sola.
─¿Y después? El calendario sólo tiene 365 días. En un año, ya habrás revivido y escrito todos esos momentos que te empeñas en recordar ¿Qué harás luego? ¿Repetir la secuencia? ¿Seguir enviándole cartas para siempre?
─No lo sé ¿vale? No lo sé… ─suspiro desesperada ─Supongo que en algún momento llegará el final… Y si un día alguien me pregunta; “¿Qué es lo más bonito e importante que has hecho por alguien?” Podré responder; “Escribirle nuestra historia… Dos veces” Creo que la música y la escritura, son lo único permanente en la distancia y en el tiempo… Así que, simplemente estoy haciéndola… eterna.

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:27 am

II.
-Diciembre, Enero, Febrero, Marzo, Abril, Mayo-
…Sin ti…

QUINTA CARTA
Hoy me he acordado de ti.
Ya es navidad… ¡Cómo pasa el tiempo! Calles adornadas con cientos de luces, centros comerciales repletos de gente, aumento sospechoso de la solidaridad humana… Amor, amor, amor… Vendedores ambulantes de castañas asadas, manzanas de caramelo, más amor, frío, derroche de dinero, regalos… Tu ausencia… ¡Dios, odio la navidad!
Perdón por transmitirte mi negatividad en una época tan especial y señalada, en la que todo el mundo es bueno y se reparte amor en cada esquina. Lo siento… sólo es mi forma de expresar que la navidad es una mierda.
Te quiero todos los días, te extraño todos los puñeteros días y no me hace falta que llegue diciembre, para que la nostalgia invada cada espacio del mundo ¡Joder! ¿No pueden dedicarse a ser amorosos el resto del año y dejar de recordarme que las navidades que he pasado contigo han sido las mejores de mi vida?
¿Recuerdas aquel diciembre de hace tres años? Aún vivíamos fuera y en pocos días regresaríamos a casa para pasar estas fechas con nuestras familias.
¿Recuerdas aquel día en el que decidimos lanzarnos a la aventura de un nuevo centro comercial, en un pueblo bastante alejado, para comprar los regalos navideños?
Tú, yo… un autobús… dos horas de trayecto y una aventura por delante…
***
─Recuérdame por qué decidimos ir a un centro comercial que casi está en la otra punta del país, con todos los que teníamos alrededor… ─le dije mientras caminábamos y caminábamos, tratando de encontrar el lugar al bajarnos del autobús.
─Porque todas las tiendas de éste, tienen ofertas y nosotras somos unas pobres infelices con escaso presupuesto ─respondió encogiéndose de hombros ─Además, ¿Qué haces quejándote tanto, si tú eres la aventurera de esta pareja?
─Lo sé, pero es que gracias a la señorita, salimos de casa prácticamente a la hora de la comida, y el viaje en autobús con el hambre que tengo, ha resultado interminable… Lo primero que haremos será ir a comer, ¿verdad?
─Sí… pequeña ratona ─confirmó sonriéndome con ternura.
─¡¿Una pizza con la masa rellena de queso?!
Sentí los ojos iluminárseme en el acto y mi boca comenzó a salivar, mientras el crujido de mi estómago podía escucharse a kilómetros.
─Lo que mi amor quiera ─volvió a sonreír, haciéndome inevitable la tentación de detenerme y agarrar sus mejillas para darle un beso, sin importarme que estuviéramos en medio de la calle.
Un beso delicado, suave, dulce y algo fugaz. Pues no acostumbrábamos a besarnos en público y cuando nuestros labios se rozaban, el mundo amenazaba con desaparecer.
─Tú… eres lo único que quiero ─susurré mirándola fijamente.
Era absolutamente cierto. Me daba igual estar en otro país, lejos de mi familia, vivir en un piso compartido con desconocidos y aburrirme durante las horas que ella permanecía en la universidad. Me daba igual todo… Porque en esos instantes, en los que tenía sus ojos frente a mí, mirándome con ese brillo, entendía que cualquier lugar se sentía mi hogar, si ella estaba en él. Juntas, la vida era una hermosa rutina con tiempo para la aventura.
Me sonrió, haciéndome saber que aunque la frase fuera de lo más simple, a través de mis ojos, pudo escuchar el más amplio monólogo interior que acababa de tener. Le guiñé un ojo y nuevamente emprendimos el camino hacia el centro comercial.
Horas y horas de un lado para otro. Mirando las mismas tiendas una y otra vez, deteniéndonos a cada rato en alguna cafetería, heladería o lo que se interpusiera en nuestro camino, para recuperar fuerzas.
Es la persona más indecisa que he conocido nunca, por lo que me tuvo dando vueltas todo el día, hasta que encontramos los regalos perfectos.
Salimos del centro comercial, riéndonos la una de la otra, porque caminábamos cual burros de carga, repletas de bolsas. Pero en cuanto pusimos un pie en la calle, la noche llegó para sorprendernos, no sólo por su aparición sino por su belleza. El edificio del centro comercial estaba iluminado de arriba abajo con hermosas luces de navidad. Además, el árbol gigante que vimos al llegar, ahora también estaba encendido, con su estrella alumbrando todo alrededor. Las personas iban más abrigadas que hace unas horas. Habían carritos ambulantes, en los cuales se veía una ráfaga de humo dirigirse hacia el cielo y desprendía un olor a castaña asada, muy típico de la navidad.
En ese momento, un extraño hormigueo invadió mi estómago y una pequeña sonrisa se instaló en mis labios. Creo que nunca había sabido ver la magia de la navidad hasta entonces. Y no era la primera que pasábamos juntas… De hecho, era la tercera siendo amigas y la segunda, siendo novias. Pero casi siempre, no es necesario un gran acontecimiento para poder ver la magia. Está en las cosas más sencillas… En la felicidad de una familia, asistiendo juntos a comprar regalos navideños o en la energía de unos niños, que corretean felices porque se acerca ese día tan especial, en el que su árbol se llenará de juguetes nuevos.
Ese día lo entendí… Nunca antes la había disfrutado, porque vivía la navidad como un símbolo de comercialización, en el que la industria aumentaba sus ingresos a costa de la fe de los ciudadanos. Veía un amor repentino, que el resto del año brillaba por su ausencia. Y un nivel de estrés exagerado… Centros comerciales dónde no cabía ni un alma, agobio, prisas…
Ese día, miré a mi izquierda y descubrí junto a mí, a la persona que amaba… Esa era mi navidad diaria. Una, que en aquella ocasión, sólo tenía la diferencia de los bonitos adornos y el paisaje de película. Pero lo cierto es que, cada mañana al despertarme, era navidad.
***
Lo mejor que tenían los 31 de diciembre, es que después de haber celebrado con tu familia el final de un año que quedaba atrás, venías a mi casa, para comenzar juntas un nuevo año… una nueva etapa… un nuevo comienzo en el que teníamos 365 días por delante para llenarlos de pura magia y absoluta felicidad.
Eso es lo que hoy te deseo con todo mi corazón; que este nuevo año te llene de vida, de sueños, que poco a poco consigas cada pequeña meta que te propongas, que nunca te rindas y que nunca sientas que no puedes con algo. ¡Éste es tu año! Tienes 365 días para lograrlo. Deseo que en el último de esos días, eches la vista atrás y con una sonrisa digas: Lo conseguí…
Feliz navidad, mi niña. Y próspero año nuevo.
PD: Siempre me acuerdo de ti.
Te Quiero...
Dulce.

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:27 am

SEXTA CARTA
Hoy me he acordado de ti.
¡Feliz comienzo de año! ¿Cómo fueron las fiestas? ¿Comiste mucho turrón? Espero que no te hayas atragantado con las uvas, como yo. Casi muero asfixiada y eso que mi madre se encargó de comprarlas sin semilla y pelármelas como si fuera un bebé. Pero no sé, me parece que este año las campanadas fueron más deprisa que en otras ocasiones, porque fui incapaz de ingerir las doce uvas sin casi morir en el intento.
Pero gracias a dios, ya han pasado dos días… Estoy recuperada.
¿Te emborrachaste mucho en fin de año? ¿Sabes? Se me hizo muy extraño no enviarte un mensaje de felicitación, como siempre. Y bueno… lo de dormir contigo… el año pasado tampoco lo hicimos, ya no estábamos juntas. Pero sí, definitivamente, extrañé pasar las primeras horas del año, viendo una película de Disney, abrazadas, en nuestro propio mundo, mientras el mundo real celebraba a su manera.
Probablemente no te acuerdes de esto, pero echa la vista cuatro años atrás; 2 de enero, tú, yo… en casa de nuestra amiga. Primera vez que salíamos las tres juntas, primera vez que tú y yo nos veíamos sin la presencia de tu novia… primera vez que dormíamos una al lado de la otra.
¿Recuerdas esa noche? ¿Recuerdas calmar mi tos con tus caricias sobre mi pecho? Me sentí como un bebé ¿sabes? Un bebé nervioso, que en cuanto le pusiste la mano encima, encontró su estado de paz y tranquilidad. Era impensable que pudiera fijarme en ti… estaba prohibido. Hasta esa noche… hasta aquella mañana en la que, nuestro juego de fuerza y mordidas sobre la cama, nos hizo abrir los ojos ante algo inevitable;
La lógica y la prohibición no existen cuando el amor aparece… Ese día descubrimos la magia que había entre nosotras. Una magia que desapareció a nuestra acompañante y al resto del mundo y que a partir de ese momento, se volvió imparable.
Por favor, cierra los ojos y revive ese momento como estoy haciendo yo… Siente aquella magia… Recuerda mis ojos al mirarte; confundida, asustada e ilusionada… Recuérdame.
PD: ¿Cómo está mi pequeño trasto? Ya hace tres años que lo tenemos con nosotras… Zarandéale el pelo de mi parte y dile que cumpla su promesa.
Él sabrá a lo que me refiero.
Siempre me acuerdo de ti.
Te Quiero...
Dulce
***
Diciembre (Tres años atrás)
─¿Estás segura de lo que vamos a hacer? ─me preguntó mientras esperábamos impacientes.
─Sí… De lo que no estoy segura es, de que sea buena idea.
Soy incapaz de permanecer quieta mientras esperamos a que traigan los cachorros. Los ladridos del resto de perros que hay alrededor, me angustian. Quisiera que pudiéramos llevárnoslos a todos. Y lo cierto es que, incluso adoptar uno sólo, nos supone un problema.
─Mis padres me van a matar… ¿Qué vamos a hacer si se niegan a que me lo quede?
─Escúchame ─pedí acercándome y agarrando sus mejillas para que me mirara a los ojos. Su preocupación y nerviosismo me produjeron ternura. Aunque yo también estaba temblando de nervios ­─La única manera que tenemos de conseguirlo, es arriesgándonos. Es una completa locura, lo sé. Pero presiento que la única forma en la que tus padres van a aceptar un perro, es si lo pones en sus propios brazos. Y si hay que hacer eso para que se cumpla uno de tus sueños, pues lo haré… No puedo comprarte un coche, al menos por el momento. Pero si puedo regalarte un amigo que estará contigo siempre.
─Pero… pero… ¿Y si no lo aceptan? Tengo que volver a irme en dos semanas… ¿Qué haremos?
─Me quedaré con él durante dos meses, hasta que le pongan todas las vacunas y pueda viajar. Entonces él y yo, volaremos para reunirnos contigo y cuando llegue el momento de regresar, nadie será capaz de separarte de él.
─Estás loca… ─susurró con un brillo incontrolable en sus ojos.
─Ya lo sé… La esperanza de que tus padres dejen de odiarme, se desvanecerá después de esto.
─No te odian.
─Tampoco me quieren… ­─me encogí de hombros.
─Para eso ya estoy yo.
Le sonreí sin apenas poder evitarlo y me dispuse a acariciar su mejilla, en el preciso instante en el que una de las veterinarias apareció, poniendo en los brazos de Anahí uno de los cachorros que traía consigo.
Ambas nos quedamos paralizadas en el acto… Era una pequeña bola de pelo negra, excesivamente diminuta, que reposada sobre su pecho y movía ligeramente la nariz, seguramente tratando de reconocer ese olor nuevo que tenía delante.
Sus ojos se iluminaron mientras lo observaba… Y los míos casi se emocionaron a causa de la escena que estaba observando. Era él… Definitivamente… éste iba a ser nuestro pequeño.
─Ya no puede ser otro… ─susurró, mirándome con una felicidad extrema.
─Lo sé…
Me incliné ligeramente hasta llegar a la oreja del pequeño y también en un susurro apenas audible, le dije:
─A partir de hoy, es tu deber cuidar de ella, pequeño.
***
Espero que lo estés haciendo, pequeño trasto… Espero que estés cumpliendo nuestro pacto. No tuve muchas oportunidades de estar contigo cuando creciste, pero entre tú y yo hay una conexión especial. Nada me hará olvidar esos primeros días de tu vida, los cuales dediqué a cuidarte. Noches en vela, acariciándote y poniéndote sobre mi pecho, porque era la única forma en la que lograbas dormir. Te vi dar tus primeros pasos, como una madre ve gatear a su bebé. Y aún a veces, cuando voy a mi cocina, te recuerdo “correteando” torpemente por ella, emitiendo esos extraños sonidos, propios de un perrito de juguete al que hay que darle cuerda.
Incuso recuerdo aquellas mañanas en las que me despertaba sobresaltada por haber soñado que alguien olvidaba tu presencia en la casa y dejaban la puerta del balcón abierta, a riesgo de que pudieras caerte. Me levantaba corriendo a buscarte, para asegurarme de que estabas bien y tú me mirabas como queriendo decirme: “Ya era hora de que te levantaras, llevo toda la noche llorando y tú ni caso”
A ti también te extraño, pero sé que ella te está cuidando.

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:27 am

SEPTIMA CARTA
Hoy me he acordado de ti...
¡Feliz San Valentín! Dicen que hoy es el día del amor y la amistad. ¿Qué estupidez es esa? ¿El amor y la amistad no están presentes todos los días del año?
Sé que vas a pensar que me he convertido en una amargada de la vida, pero te lo digo en serio, si la navidad este año me resultó odiosa, San Valentín se lleva la palma de mi repulsión.
¡Por dios! Sólo falta salir a la calle y que me lluevan corazones en la cabeza. Los restaurantes están llenos de “enamorados”, todo el mundo se mira con cara de idiotas empalagosos. Se hacen regalos costosos e incluso se piden matrimonio… ¡Por favor!
Vale, sí… soy una amargada. Pero es que realmente no lo entiendo… Cuando estábamos juntas, tampoco le veía ningún sentido al día de San Valentín.
Creo que me encargaba de demostrarte mi amor a diario, como para tener que pregonarlo en un día señalado por no sé quién, ¿No crees? Siempre he sido un poco rebelde, lo sé.
Pero bueno… A pesar de todo, espero que, ese alguien con quien estás compartiendo tu vida y este día de San Valentín, esté llenándote de amor.
Aunque realmente espero que te llenen de amor todos los días de tu vida.
Pero por si acaso, te envío el mío
PD: Siempre me acuerdo de ti, no sólo en San Valentín.

Te Quiero mucho...
Dulce

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:27 am

OCTAVA CARTA
Hoy me he acordado de ti.
Y no es un día señalado como algo especial en mi calendario. Simplemente es 15 de Marzo… Pero aun así, igual que ayer y antes de ayer, me he acordado de ti.
¿Qué habremos estado haciendo algún 15 de marzo de algún año atrás? Seguramente alguna tontería de las nuestras…
Te echo de menos ¿sabes? Hace ya siete meses que no hablamos. Que no puedo preguntarte cómo estás… Gracias a Facebook sé que estás bien, que eres feliz, que sigues sonriendo. Y eso es lo único que me permite seguir adelante… Porque si tuviera la mínima duda de que no lo eres, de que me necesitas, abandonaría esta estupidez de permanecer lejos y correría a abrazarte.
Sabes que sigo aquí ¿Verdad? Que si en algún momento me necesitas, dejaré todo para ir a buscarte. No estás sola… Mientras yo exista en alguna parte del mundo, esté donde esté, nunca debes sentirte sola.
PD: Siempre me acuerdo de ti.
Te Quiero...
Dulce.

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:27 am

NOVENA CARTA

Hoy me he acordado de ti...
Deberías darme una tregua ¿No te parece? El próximo mes comienzan mis exámenes y tú no sales de mi cabeza. ¡Así no hay quien estudie, Anahí!
Estaba tranquilamente intentándolo y cuando me quise dar cuenta, mi mente había viajado al pasado… ¿Cuántas mañanas de aquel año de convivencia me encargué de despertarte temprano para ponernos a estudiar?
¡Por dios! Sin duda, intentar despertarte es una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida… ¡Eres una marmota!
Así te llamaba cada mañana ¿Recuerdas? Aunque en realidad, lo que eras es demasiado inteligente. Sabías perfectamente que mientras más te hicieras la remolona con tus “cinco minutitos más”, más intentos cariñosos iba a llevar a cabo para que te levantaras. Lo cierto es que, casi siempre terminabas consiguiendo que me volviera a acostar contigo y nuestro desayuno, ya preparado con mucho cariño, terminaba enfriándose en la cocina. Pero me era imposible resistirme cuando te dabas la vuelta y te colgabas de mi cuello como un Koala, obligándome a abrazarte… Ese era tu truco, porque una vez me encontrara en esa posición… se acabó… toda tuya.
Una hora después, conseguíamos levantarnos de la cama y me veía obligada a calentar de nuevo tu vaso de leche y mi café. Siempre te miraba de reojo, mientras esperabas sentada en la mesa de la cocina, con cara de fastidio por haber tenido que madrugar y sonreía sin que te dieras cuenta.
¿Alguna vez te he dicho que fue exactamente tu niñez, lo que me enamoró de ti como una loca? Cualquier persona sentía ganas de cuidarte y protegerte.
Aunque fueras mayor que yo, eras mi bebé. Por eso, a día de hoy me sigue resultando impensable que haya alguien en este mundo capaz de hacerte daño. Por eso me enfado tanto cuando lo hacen y por eso me da tanto coraje que tú lo permitas.
No lo permitas… vales demasiado.
Hablando de todo esto, de nuestra época de convivencia, hace un par de noches también me acordé de ti en plena madrugada. Un mosquito me acribilló (literalmente) Y no fue el mosquito lo que me hizo recordarte, obviamente, sino la situación. En medio del estrés porque el zumbido de ese animal y sus picaduras me impedía dormir, me encontré a mí misma sentada en la cama, algo somnolienta, sin saber qué hacer y una vez más, volví a viajar en el tiempo. Hasta esas noches en las que algún indeseable mosquito se colaba en nuestro cuarto y la señorita no me dejaba dormir hasta que no lo encontrara y acabara con él. Al principio me negaba, prefería soportar el zumbido a tener que levantarme en medio de una noche tan fría. Pero definitivamente, tú te proponías impedírmelo de una forma bastante incordiosa y al final terminábamos las dos sentadas, con la luz encendida y una zapatilla en la mano, listas para la hora del ataque. En algún momento, la caza del mosquito se convertía en una noche de risas y estupideces, escuchando la lluvia torrencial que estaba dando lugar al otro lado de la ventana. ¿Recuerdas la lluvia de Portugal? Nunca habíamos vivido semejante e imparable fenómeno.
La pasada noche, también llovía… por lo que la situación se volvió aún más parecida. Pero la gran diferencia fue que tú no estabas… Así que, mi búsqueda del mosquito en una noche fría y lluviosa, no fue tan divertida como alguna vez lo fue. Sobre todo porque después de atraparlo, no iba a tenerte a ti a mi lado, lista para volver a enredarnos entre las sábanas y con nuestro calor, aislar el frío para siempre.
Hoy también llueve… Y si alguien me concediera un deseo, pediría transformar este jueves, en uno de aquellos lluviosos en los que decidíamos ir corriendo hasta aquel restaurante cercano que tanto nos gustaba, dónde disfrutábamos de nuestro pescado frito y nuestras aceitunas negras con ese toque tan delicioso.
Últimamente soy muy amiga de la lluvia, pero lo cierto es que no sé exactamente por qué. Siempre he adorado el sol, la playa y el bronceado de mi piel. La lluvia me parecía triste y gris… Pero últimamente, no sólo he aprendido a apreciarla, sino que necesito ver, escuchar y sentirla… No sé si se deba a que alguna parte de mí piensa que es renovadora, que las gotas caen para limpiar tanto el espacio como el alma. No sé si es por eso… o porque la lluvia me recuerda aquellos días.
¿Sabes? Es curioso como a medida que te escribo, me doy cuenta de la manera en la que transformo cosas tan sencillas en hechos mágicos. Algo que para cualquier persona puede ser una estupidez, como estudiar, matar un mosquito o empaparse de pies a cabeza, para mí es magia. Me pregunto si tú lo recordarás igual… Si esos pequeños e insignificantes detalles te acaban de producir la misma sonrisa que a mí. Espero que sí…
Pero también espero que tú si hayas encontrado respuesta a esa dichosa pregunta, que siempre asalta mi cabeza cuando recuerdo nuestras “mágicas estupideces”; ¿Qué nos pasó? Si todo esto era real… ¿Qué sucedió?
Creo que hay otra cosa que nunca te he confesado; fue exactamente durante aquellos meses, en aquellos días en los que te ayudaba a preparar tus exámenes, copiando apuntes, traduciéndolos o simplemente facilitándote el trabajo, cuando se me volvió a prender esa chispa y esas ganas de retomar los estudios. Es gracias a ti, a esos momentos de complicidad y aprendizaje en el que formamos un equipo perfecto, que hoy, 24 de Abril, estoy a menos de dos meses de graduarme… de cumplir mi sueño.
Gracias… por ser la responsable de que esté hoy aquí. Y gracias, por haberme acompañado y apoyado durante todo el camino. Porque en este último año, aunque no estuvieras físicamente… nunca has dejado de estar conmigo.
PD: Siempre me acuerdo de ti.
Te Quiero...
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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:28 am

DECIMA CARTA
Hoy me he acordado de ti...
Se aproxima la fecha en la que decidimos irnos de vacaciones a París. ¿Te acuerdas de aquella noche, sentadas en la cama, con nuestras espaldas apoyadas en la cabecera y el ordenador portátil colocado estratégicamente sobre una pierna tuya y una mía?
¿Cómo fue que se nos ocurrió semejante locura de un momento a otro?
Recuerdo que ya faltaba poco tiempo para que nuestra estancia en aquel país, que se había convertido en nuestro hogar, terminara. Estabas acabando tus exámenes y con todo ello, llegaría el fin de nuestra aventura juntas. Durante esos días, por mi mente sólo pasaba el pensamiento de regalarte una motivación. Algo que te ayudara a coger impulso para esa última etapa de esfuerzo. Esa que te llevaría a lograr tu meta.
En un primer momento, pensé que te gustaría volver a Madrid, esta vez para acudir a una de las funciones del musical “El Rey León”. Era un sueño de ambas y cada vez que veíamos el anuncio en televisión, se nos iluminaban los ojos… Incluso planeamos ir unos meses antes, pero lamentablemente, había que comprar las entradas con mucho tiempo de antelación porque se agotaban enseguida. Así que, en aquella ocasión nos quedamos con las ganas.
Pero recuerdo exactamente aquella noche en la que estábamos dispuestas a intentarlo de nuevo, cuando de pronto un anuncio apareció frente a nosotras:
"Ven al 20 Aniversario de Disneyland París"
Nos miramos y… ¿Qué se nos pudo haber pasado por la mente en ese momento para que, de un instante a otro, un sueño imposible, se volviera posible? ¿Qué fue lo que vimos en los ojos de la otra que nos dio la fuerza necesaria para intentarlo?
ILUSIÓN.
Eso fue exactamente lo que nos transmitimos mutuamente… La ilusión de dos niñas que siempre habían tenido un sueño demasiado grande para volverse real. O quizás si podría volverse real, pero dentro de mucho tiempo. Cuando tuviéramos hijos y entonces el sueño fuera para ellos… Pero no ahora. O por lo menos, no hasta ese preciso segundo, en el que todo cambió. Lo imposible, se volvió POSIBLE.
Después de esa noche… después de esa elección y de prepararlo todo con una ilusión que probablemente habíamos sentido pocas veces antes, las semanas se volvieron eternas. Sólo queríamos que llegara el momento… ¡¡Nos íbamos a Disneyland París!! ¿Cuántas veces lo habíamos soñado?
Recuerdo que cada vez que los días se te volvían pesados, entre apuntes y exámenes, te miraba con un brillo de niña en los ojos y te decía: “Cuando todo esto pase, no sólo habrá terminado tu esfuerzo… Sino que, iremos a París… ¿Puede haber mejor recompensa?” En ese momento, tu mirada también cambiaba y ya no hacía falta que respondieras. Sé perfectamente que visualizabas el momento y con él, la fuerza regresaba.
Pero como siempre, el tiempo hizo su trabajo… Las semanas pasaron y el día llegó.
Aquella mañana, a pesar de tener que despertarnos cuando aún no había amanecido. O mejor dicho, ni siquiera haber dormido. Nos levantamos repletas de energía y euforia… Mientras te escribo esto, no puedo evitar sonreír al recordarnos. Éramos una extraña mezcla de zombis con sobredosis de café (y eso que a ti no te gusta) ¿Cómo pude enamorarme de alguien a quien no le gusta el café? ¡Somos polos opuestos!
No… no es cierto. De hecho, solíamos ser muy similares (exceptuando mi amor vs tu indiferencia por el café)
Bueno, retomando el tema (como siempre, me voy por las ramas), eran tantas nuestras ganas de partir, que llegamos al aeropuerto con demasiada antelación y nos tocó esperar mucho hasta que saliera nuestro avión. Recuerdo que estábamos desayunando, te miré… y entonces me di cuenta de algo que hasta ese momento no había entendido; no se trataba del viaje, ni de Disneyland París, pues yo ya había ido, aunque era tan pequeña que apenas lo recuerdo. Pero no se trataba del lugar, de estar a punto de cumplir un sueño, ni siquiera del hecho de viajar… se trataba de ti. De hacer todo eso junto a ti… Eso es lo que tenía mi corazón tan acelerado. Eso es lo que me hacía sonreír sin motivo alguno para el resto del mundo. Y eso, era exactamente lo que me estaba haciendo inmensamente feliz en ese instante; TÚ… Cumplir un sueño junto a ti.
Entonces pensé; ¿Cuánta cantidad de sueños nos quedan por cumplir juntas? ¿Cuántas veces en nuestra vida, vamos a disfrutar de esta sensación? ¿Será siempre igual? ¿O te terminas acostumbrando? La verdad es que ya hacía casi dos años que estábamos juntas y aún no me había acostumbrado a nada que hiciera contigo. Sentía que aunque fueran las mismas cosas, las sensaciones siempre eran diferentes y nos quedaba tanto tiempo por delante, que el simple hecho de pensar hasta dónde podíamos llegar de la mano, cuánto nos veríamos crecer mutuamente o de cuantos sueños y metas seríamos testigos y cómplices. Era motivo suficiente para que ese corazón, se mantuviera acelerado.
Sé que no hablo demasiado de mis sentimientos, que descifrarme puede ser complicado y que los “te quiero” no salen de mi boca con tanta frecuencia como de la de algunas personas… Pero como puedes ver, en medio de mi silencio, también era capaz de… amarte.
Me gustaría que estas cartas fueran algo más que un diario sobre mis vivencias. Me gustaría que tú también pudieras contar si recuerdas o no, esos momentos. Qué instantes te resultaron más especiales, o simplemente, qué pensabas al mirarme. Me gustaría saber si al igual que yo, también soñabas con una vida a mi lado… Me gustaría saber, en qué momento exacto supiste que me amabas y también en qué momento dejaste de hacerlo.
Pero bueno, supongo que la vida consiste en eso… Tu versión de la historia, está viva dentro de ti. No tienes más que leer estas líneas y permitir a tu mente viajar en el tiempo para recordarlo, para revivirlo… Ahora y siempre que lo desees o necesites.
Tú y yo, tenemos esa inmensa suerte.
Lamentablemente, el resto del mundo, debe conformarse con imaginarlo si algún día lo contamos. Porque seguramente, ninguna de mis palabras será suficientemente precisa para reflejar la realidad absoluta de aquellos sentimientos.
Felíz viaje a París, princesa.
PD: Siempre te recuerdo.
Te Quiero...
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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:28 am

III
-Julio-
…Sin ti…
─Lo que más me gusta de nosotras, es que me paso la vida dándote consejos que te entran por un ojo y te salen por el otro.
─¿No era por un oído? ─le pregunto.
─Eso sería en los casos normales en los que ambas personas mantienen una conversación de palabras. Pero tú y yo, no somos normales y nos leemos a través de una pantalla. Así que la adaptación sería: “Te entra por un ojo y te sale por el otro”.
─Jajaja entendido. Pero en cualquier caso, tú nunca me das consejos cuando no te los pido. Te limitas a llevarte las manos a la cabeza cuando me ves ir directa hacia la pared y luego acudes con “tiritas” para hacer más llevaderas las heridas. Pero nunca me juzgas, ni siquiera cuando no me entiendes.
─Entenderte no es tan difícil como crees, Dul… El primer paso para lograr que te dejes conocer, es querer hacerlo de verdad. Y sinceramente, cuando se trata de amor… ninguno podemos darnos el lujo de juzgar al otro. El corazón dicta sus reglas y nadie está a salvo de ellas.
Me encojo de hombros mientras escribo, como si realmente Maite pudiera verme. Aunque apuesto a que no le cuesta demasiado imaginar mis gestos.
─Debe ser por eso que siempre le llevo la contraria al mundo.
─No. Eso se debe a que eres más terca que una mula.
─Jajaja gracias. Bueno, entonces la idea de las cartas, casi un año después ¿ya no te parece tan terrorífica?
─Lo único que me parecía terrorífico era que te torturaras a base de plasmar recuerdos sobre un papel. Hoy, 340 días más tarde, he sido testigo de cómo te has encargado de mantener viva a una persona en tu corazón y en tu memoria, mientras aprendías a vivir sin ella. Eso no lo hace cualquiera, Dulce… Todo el mundo lucha por olvidar lo antes posible, es el camino más “rápido”. Y tú, sin embargo, elegiste el camino más largo y quizás el más doloroso, pero el único prueba de un amor real… Elegiste aprender a vivir con los recuerdos y con el amor, hasta que ambos dejaran de hacer daño.
─Me alegra mucho que por fin me entiendas, May. Porque muchas veces me han hecho creer que aferrarse a los recuerdos es malo, que hay que seguir adelante, que si extrañas es que no has superado y debes volver a empezar. Nunca he sabido explicar que no quiero ni pretendo olvidarla. Si lo hiciera, me estaría fallando a mí misma… estaría borrando una parte de lo que soy. No quiero borrarme, ni quiero borrarla.
─No lo harás jamás… Aunque ya hayas escrito la última carta.
Dejé escapar una bocanada de aire que liberó mis pulmones.
─La última carta ─repetí ─suena a despedida…
─Suena a cerrar el libro. Un libro que ya tienes la necesidad de concluir.
─Necesito leerla una vez más, antes de enviarla. ¿Me das unos minutos?
─Claro. Aquí estaré esperando, con tequila y limón por si se te rompe el corazón ─me fue inevitable reírme mientras en la pantalla aparecía la siguiente frase ─con rima improvisada ¿Has visto?
─Te has vuelto una poetisa.
─Tus influencias de escritora cursi.
─Te quiero, idiota.
─Yo también te quiero, animal… ¡ánimo!
Con una última sonrisa, guardé el teléfono en el bolsillo trasero de mi pantalón y me dispuse a abrir el cuaderno por esa última página que almacena la última de estas once cartas.
Suspiré… Y me gustaría decir que el aire expulsado, se llevó consigo cualquier rastro de miedo que pudiera tener y me llenó de alivio. Pero la verdad es que no es así… En mi pecho se instaló un nudo que de haber tenido que pronunciar alguna palabra, me lo habría impedido.
Mi corazón, no puede evitar encogerse al leer estas letras…

LA ULTIMA CARTA
Hoy me he acordado de ti:
Y hoy no sé cómo comenzar. No es un día especial, ni voy a transcribirte un recuerdo. Hoy es simplemente un día más, de estos 340 que llevamos sin hablar. Un día más, que en el calendario de nuestra historia, debió ser de lo más normal, pero seguramente con alguna bonita tontería implícita. A lo mejor, incluso una discusión, quien sabe.
Hoy es un día más… un día más sin ti… un día más conmigo.
Puedo comenzar haciéndote un breve resumen de mi vida en el último año; lo primero que debe quedarte claro es que, no… no he dejado de extrañarte ni un solo segundo, de un solo día, de los últimos once meses de mi vida. Y no te habré dejado de extrañar mañana, ni el próximo mes… aunque esta sea mi última carta.
Se lee extraño ¿verdad? “Mi última carta” No es fácil escribirlo y mucho menos sentirlo. Porque aunque te parezca raro, con estas estúpidas cartas me he sentido conectada a ti de alguna manera. Es irónico, ni siquiera sé si has leído alguna de ellas o si todas fueron a parar directamente a la papelera. O quizás, alguna se haya perdido en el camino. No lo sé… Pero sea como sea, mi intención era mantenerte conmigo y mantenerme contigo. Hacerte saber que a pesar de nuestro pacto, seguía estando aquí. Lograr que la distancia o la ausencia física, no fueran motivo para que dejaras de sentirme presente… No he dejado de sentirte presente.
Hay algo que no te he contado; hace dos semanas presenté mi proyecto. Sí, estás leyendo las palabras de una, ya oficial, Graduada en Educación Social.
Suena bien ¿No? Lo conseguí, mi niña… lo conseguí.
Por supuesto, ahí también estuviste presente. Al igual que, como en su día me contaste, yo también estuve en el tuyo, aunque no fuera físicamente. Te lo agradecí, como mismo hice en una de las cartas anteriores y como vuelvo a hacer ahora: gracias por ser culpable del inicio y gracias por acompañarme en el camino.
He estado un poco ausente, porque necesitaba tomar una decisión importante antes de volver a escribirte. Y dicha decisión (escribo esto tomando una bocanada de aire) ya está tomada.
Me voy… Anahí.
Sí… me voy.
Una de mis profesoras, lleva años luchando y trabajando por llevar a cabo un proyecto social en una región interior de Perú. Hace apenas unos meses y después de mucho esfuerzo, una universidad privada aceptó financiarlo. El caso es que mi proyecto de fin de carrera y el suyo, eran bastante similares. Ambos consisten en la creación de una escuela holística, especialmente para niños y niñas que sufren violencia intrafamiliar, pobreza o algún tipo de situación que los ponga en riesgo de exclusión social. Digo “especialmente”, porque en el caso de mi proyecto, dicha escuela pretendía estar abierta para cualquier niño o niña que lo necesitara y no sólo para los que están en riesgo. Soñé y creé, aunque fuera sobre un papel, un lugar en el que se llevara a cabo una visión diferente de educación. Un lugar para aprender a ser seres humanos. Un sitio abierto a cualquier sugerencia, donde la base del aprendizaje fuera la experimentación. Donde los niños y niñas pudieran descubrir quiénes son realmente, qué capacidades tienen y qué es aquello que los mueve. Un sitio dónde se enseñara a ser feliz y no a competir por ser iguales, por pertenecer a un mundo que en vez de destacar tus cualidades, te obliga a cumplir un papel determinado, en un tiempo determinado. Además, y creo que esta fue la clave, traté de mantener una continua relación entre padres, madres, educadores, hijos e hijas, independientemente de la situación de esas familias. Por medio de actividades conjuntas, consideré que la mejor manera de crecimiento para todos, era una convivencia en la que nos enseñáramos mutuamente. Creo que esto y mi pequeña introducción de las nuevas tecnologías, fueron los puntos claves para que mi profesora, después de escuchar la presentación del proyecto, me citara en su despacho para decirme (textualmente):
“Eres realmente ilusa, si piensas que en una región con escasos recursos, tendrías la oportunidad de enseñar las infinitas posibilidades de internet. En un lugar donde hay que pelear por conseguir sillas y mesas, imagínate cuantos años tardarías en conseguir un solo ordenador. Por no hablar del logro que supondría la colaboración de unos padres con una situación tan complicada, que probablemente no crean en ti, ni en tu trabajo. ¿Qué te hizo pensar que tu proyecto es viable?“
Yo le respondí que el primer paso para crear, es creer… Y que yo creo en un mundo diferente. Mi proyecto, en cuanto a cantidades, recursos y posibilidades, era totalmente lógico y coherente. La posibilidad de llevarlo a cabo o no, sólo dependía de alguien que lo formulara. Ese es el principio y eso es lo que yo hice. Le dije que si algún día conseguía ponerlo en práctica, la llamaría para contárselo. Entonces me sonrió y me dijo: “Necesito a alguien como tu, que cuando pise aquella tierra y vea la cruda realidad con la que conviven esas personas, siga soñando y creyendo que puede cambiar su mundo. Ven conmigo a Perú.”
Y como te podrás imaginar, me quede en shock. Pero no sólo en aquel momento… Durante varios días. Tú, mejor que nadie sabes que ese siempre ha sido mi sueño… luchar por cambiar el mundo y alguien me lo estaba poniendo delante. Me estaban ofreciendo llevar a cabo el proyecto que tantas horas de desvelo y de trabajo me supuso. Me estaba ofreciendo fusionarlo con el suyo y crear algo que ni siquiera aún sabemos, pero algo increíble.
Entonces pensé en ti… Mi sueño suponía irme al otro lado del mundo, alejarme miles de kilómetros físicos. Suponía no poder acudir en tu ayuda si algún día me necesitabas. Suponía dejarte atrás, dejarte sola… Le dije que no… que aún no estaba preparada.
Es cierto, no lo estaba.
Pero comencé a escribir esta carta… y con cada palabra, me daba cuenta de que ésta, estaba siendo la última carta que te escribiría y lo más importante, me daba cuenta, que dejar de hacerlo, no iba a suponer dejar de estar. Irme, no iba a suponer marcharme. Porque nunca, jamás, me iba a marchar de ti… De hecho, como una vez te dije; pienso llevarte conmigo, adónde quiera que vaya.
Hace unos días llamé a mi profesora y le dije que tenía unos asuntos que arreglar conmigo misma y que ya lo había hecho, que si la oferta seguía en pie, era el momento para acompañarla.
Así que, nos vamos a Perú…
Y digo “nos vamos”, porque aunque físicamente te quedas aquí, te vienes conmigo, en un lugar en el que siempre estarás y del que nadie te podrá sacar. Ya sabes a cual me refiero.
Entenderlo, me hizo libre… Y aceptarme, me hizo aún más libre. Aceptar mis sentimientos a lo largo de todas estas cartas y también mis limitaciones. No puedo obligarte a quererme ni obligarme a no quererte. No puedo ser tu super-heroína y emprender el vuelo cada vez que caigas para ir en tu auxilio. No puedo prometerte que nunca vayas a sufrir o que algún día, deje de dolerme tu sufrimiento. Ni siquiera puedo prometerte que siempre vaya a estar presente, porque como te digo, esta es la última carta que te escribo. Debo seguir adelante… Pero hay algo que sí puedo prometerte y regalarte; Nuestra historia.
Algo real, que está escrito en el tiempo, en el espacio y ahora, también en unas hojas de papel. Algo, a lo que podrás acudir cuando caigas, cuando te sientas sola, cuando creas que ya no puedes más… Podrás leer estas líneas y sabrás que en alguna parte del mundo, hay una chica con la que viviste cosas increíbles. Una chica para la cual el tiempo no significa nada, pues te hizo eterna en letras y te lleva viva en su corazón. Entonces sabrás que, con algo tan simple como descolgar el teléfono, encontrarás al otro lado, una voz que te resultará familiar, porque con esa voz un día reíste, lloraste, soñaste e incluso hiciste el amor. A esa voz le contaste tus dudas, miedos, inseguridades y proyectos… Y también escuchaste de ella una cantidad infinita de sueños y alguna que otra queja. Así que, si algún día olvidas quien eres… llámame, que yo te lo recordaré.
Pero ahora llegó mi momento… mi momento de seguir “sin ti”… de seguir conmigo. Quizás esto vaya a sonar pretencioso, soñador, o como quieras llamarlo, pero me conoces, sabes que no hablo por hablar (o no escribo por escribir). Así que, créeme cuando te digo que, me voy a cambiar el mundo, amor.
Pero antes de irme, quiero pedirte algo muy importante. Y no lo haré de una forma normal (soy yo) sino a través de mi poema favorito. Te lo dedico, por si un día te da pereza levantar el teléfono y prefieres simplemente leer… Para ti;
No te rindas
No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás sola, porque yo te quiero.
-Mario Benedetti-

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:28 am

Léelo siempre que lo necesites. Quédate por favor con esa última frase; “Porque no estás sola, porque yo te quiero” Quizás no haya sabido hacerlo de la mejor manera, quizás ni siquiera haya sabido cómo expresarlo y quizás, estas cartas no hayan sido más que un proceso de descubrimiento para mí misma. Porque definitivamente, conmigo va a la perfección esa frase que dice “No sé lo que siento, hasta que leo lo que escribo” La cita no es exactamente así, pero la adapto a mi circunstancias. En este momento debes estar diciendo que, como siempre, me enredo más que una persiana y que soy incapaz de hablar claro. Pero lo voy a hacer, por primera vez…
Te amo… Anahí…
Y ahora sí… tanto tú, como yo, somos libres.
PD: Siempre, siempre… te recordaré.
Hasta siempre, mi amor...
Dulce.

Con una lágrima descendiendo lentamente por mi mejilla, y las manos temblando a causa de los nervios, cierro el pequeño cuaderno de una manera algo torpe. Lo introduzco en el interior del sobre amarillo donde previamente había escrito su dirección, me aseguro de que quede bien cerrado y después de exhalar un suspiro de ánimo para mí misma, dejo que el paquete caiga lentamente en el interior del buzón.
No sé cuántos días tardará en llegar a ella, lo único que sé, es que ya no hay vuelta atrás. Aunque ahora mismo me arrepintiera, ya no podría impedir que ese cuaderno llegue a su destino.
Pero lo cierto es que no, no me arrepiento.
Permanezco en esa posición durante algunos minutos más, observando y preguntándome, cómo es posible que toda mi historia quepa en un compartimento tan pequeño y amarillo y comparta espacio con miles de cartas más.
Cuando estoy preparada, saco el teléfono de mi bolsillo y abro la conversación con Maite:
─Hecho…
Rápidamente veo como comienza a escribir su respuesta.
─Ya estaba a punto de enviar una ambulancia por si te había dado un ataque al corazón mientras leías.
─Ese es un guerrero resistente.
─Doy fe de ello… ¿Está todo… “bien”?
─Lo estará.
─No me cabe duda. Por cierto… en lo que tú releías la carta, yo también lo hice y además me quedé un rato observando la foto que me enviaste del cuaderno (tardaste mucho). No lo había analizado, pero es precioso ¿De dónde lo sacaste? parece como un manuscrito original ¿no? Deberías enviarle uno igual a tu hermana de vida.
─Jajaja pertenece a una colección que se llama “Manuscritos Bellos” y precisamente ese, es una representación de “Los Narcisos”, el poema de Wordsworth, que… pues… lo identifico con la historia.
─Uhm… Lo compraste porque te gustó el color ¿Verdad?
─Jajajajaja sí… De hecho, estuve durante semanas buscando uno en concreto que hubiera sido el perfecto para esta historia, para ella… Era la representación de una pintura de Laurel Burch, una artista del movimiento hippie de los 60’s que se distinguía por su estilo alegre y lleno de color. A las personas les impactaba mucho cuando conocían su historia, porque padecía una enfermedad ósea que le impedía hacer muchas cosas. Sin embargo, ella no se dejaba mitigar por ese dolor y decidía transformarlo. Una vez dijo “Me niego a tener nada en mi vida que no pueda transformar en algo mágico y precioso. Simplemente me niego.” Me parece admirable su forma de afrontar la vida y que en vez de hurgar en su dolor, con su arte haya querido transmitir optimismo, alegría o bondad. Por eso quería dejar escrita esta historia en ese cuaderno… No sólo porque amo el estilo de Burch y admiro increíblemente sus obras, sino porque para el mundo, ésta puede ser una historia de desamor o de sufrimiento. Pero no lo es… Y no quiero que Anahí la recuerde de esa forma. Quería que cuando mirase el cuaderno, cuando tuviera la necesidad de leer el libro, supiera de antemano que se va a encontrar con algo mágico y bonito. Con un amor incondicional e infinito… Aunque se mostrara el rostro de una mujer a la que le caen lágrimas, estaba lleno de color, de alegría y esperanza. Al igual que yo, mientras escribía cada una de esas cartas y recordaba nuestros momentos. Hubiera sido algo así como, poner en sus manos no sólo nuestra historia, también mi esencia. Pero finalmente me fue imposible encontrarlo, ni siquiera por internet. Ninguna de las tiendas con las que contacté hacia envíos a tanta distancia. Así que, el que compré me pareció estéticamente precioso y al final me decidí por él.
─Todo lo que haces, por insignificante que parezca, tiene un motivo ¿verdad?
─No siempre, pero en este caso, lo hubiera tenido.
─De todas formas, como bien acabas de decir, el que compraste es precioso y a final de cuentas, al igual que en la vida, lo que cuenta es el interior. Pero aún me queda una duda, hablando de esto de los motivos y los “por qué”, ¿cuál es el porqué de haber unido todas las cartas que le has estado enviando durante un año, en un mismo cuaderno, como si hubieras creado un libro que culmina finalmente con la última?
─No encontré una manera mejor de ponerle fin a nuestra historia. Ya sabes que la escritura es mi idioma. El único idioma con el que sé expresar lo que realmente querría decir, aunque sea mediante novelas ficticias, metáforas, cartas o textos idealistas y filosóficos.
─¿Segura que es por eso? ¿Y no porque temes que si envías una sola carta y la lee antes de que te vayas, te pida que te quedes?
─No, no es por eso. Ni siquiera me había planteado esa posibilidad. No empecé a enviarle las cartas con la intención de que respondiera y ahora tampoco es esa mi intención.
─¿Y si lo hiciera? ¿Si Anahí de pronto abriera los ojos y te suplicara que te quedaras? ¿Lo harías?
Observo esa pregunta durante varios segundos. Maite es la única persona en el universo, que se atreve a hacerme aquellas preguntas que ni yo misma soy capaz de cuestionarme. Los dedos me tiemblan al escribir la respuesta.
─No…
─¿Aunque hayas aceptado que aún la amas?
─Aunque esté “condenada” a amarla durante mucho tiempo.
─¿Por qué?
─Porque si ella también me amara, sabría que en este momento necesito marcharme y a pesar de su amor, me dejaría ir… como yo la dejé ir.
─No te creo… No creo que en el fondo de tu corazón no estés deseando que aparezca de la nada y te suplique que no te vayas.
─Puede que en el fondo de mi corazón lo desee, puede que siempre haya deseado que apareciera y me dijera que me extraña y que se niega a seguir con nuestro acuerdo, que no puede estar lejos de mí. Pero a veces, lo que deseamos no es lo que más nos conviene.
─Lo sé… Y sólo quiero que vuelvas a ser feliz, que vuelvas a ser esa loca con la que pasaba horas y horas, madrugadas, inventando historias nada normales. Quiero que vuelvas a brillar y que saques tus sueños del papel, para hacerlos realidad. Así que, cuéntame… ¿Qué toca ahora?
─Seguir mi camino.

Llegó el momento…Ya está todo listo.
Toda mi ropa va en un pequeño bolso de mano que tengo colgado al hombro. Aún no sé cómo conseguí guardar tantas cosas en un espacio tan pequeño y tampoco sé si algo de lo que llevo me vaya a resultar útil en Perú. No tengo la más mínima idea de lo que me voy a encontrar, pero eso lo hace aún más emocionante.
Aunque es cierto, que una moneda siempre tiene dos caras. También siento nostalgia al observar mi cuarto tan… ordenado… tan tranquilo. Esta habitación que ha sido testigo de múltiples experiencias, tanto malas, como buenas… Ésta que ha sido mi refugio y que, durante el último año, ha tenido que soportar los innumerables cambios que decidí hacerle.
Ante una situación de ansiedad o vacío emocional, hay personas que se dedican a cambiar de look continuamente. De una forma casi compulsiva. Yo me dediqué a modificar la organización de mi cuarto, de mi espacio, de todas las formas y maneras posibles. No colgué la cama del techo, porque no tenía fuerza para levantarla. Pero seguro que si me hubiera sido posible, lo habría hecho.
Y ahora, todo se ve tan tranquilo… tan en paz… Mis libros… los que me han acompañado en las noches de desvelo. Las miles de historias en las que me he introducido. La repentina biblioteca que formé sin apenas darme cuenta. También comencé a devorar libros de una forma compulsiva. Como si introducirme en el mundo de otras personas, pudiera alejarme del mío. De hecho, lo conseguía, durante horas, lo conseguía… Pero ahora, todo eso queda atrás. Mis libros se quedan aquí, mi mesa de estudio, que de tanto esfuerzo fue testigo, se queda aquí. Mi guitarra, los dos únicos peluches que hay en mi cama, uno de los cuales fue un regalo suyo, y que lamentablemente no me puedo llevar, se quedan aquí, cuidando de mi pequeño mundo… Este cuadro, en el que Anahí y yo sonreímos ampliamente, con los ojos brillantes de felicidad, ese, que no ha abandonado nunca mi pared, también se queda aquí.
Y yo… me voy, sin volver a mirar atrás.
Los coches pasan sin parar, aumentando mi desespero porque ninguno de ellos es el taxi que me llevará al aeropuerto. Busco mi teléfono móvil para comprobar la hora y asegurarme de que no llegaré tarde.
Bueno, aún voy bien de tiempo.
Cuando vuelvo a alzar la vista, distingo a lo lejos una pequeña luz verde que se aproxima. Alzo el brazo para que me vea y apenas unos segundos más tarde, el taxi llega a mi altura y se detiene a un lado de la carretera, dónde no entorpece el paso al resto de los coches.
El conductor se baja para ayudarme a guardar el bolso en el maletero, cosa que me parece innecesaria, tampoco es que pese 30kg, pero aun así se lo agradezco. Cerramos la puerta y él se vuelve a dirigir a su asiento, mientras yo me encamino hacia el mío.
Pero justo en el momento en el que voy a abrir mi puerta, un reflejo en el cristal me hace detener el movimiento… El corazón me da un vuelco, casi doloroso… No puedo creer lo que estoy viendo…

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:28 am

Es ella… Es Anahí… Está justo detrás de mí.
Me doy la vuelta tan rápido como mi cuerpo me lo permite, queriendo descubrir lo antes posible, si estoy alucinando o su imagen es real…
Es real… está aquí… justo delante de mí… Observándome en silencio, mientras el sonido de mi corazón desbocado aísla el resto de sonidos del mundo y en mi garganta se forma un nudo que me impide hablar…
Está aquí… después de tantos meses… después de que mi mente haya difuminado las proporciones exactas de su rostro… está aquí… igual de hermosa que siempre… más hermosa que nunca… Y yo siento que mis piernas dejarán de sostenerme en cualquier momento…
Sus ojos están bañados en lágrimas… los míos comienzan a humedecerse… Lloro… por primera vez en… no sé cuánto, una lágrima desciende lentamente por mi mejilla… Tan lentamente como si alguien hubiera decidido detener el tiempo… Dios… ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué alborotas mi mundo de esta manera?
─¿La última carta? ─me pregunta. El sonido de su voz… tanto tiempo sin escucharlo ─¿ésta es tu manera de despedirte? ─dentro de mi campo visual, de pronto aparece el cuaderno siendo agitado con rabia, por una de sus manos. ─¿Así pensabas marcharte a la otra punta del mundo? ¿Sin decirme adiós?
Me encojo de hombros… ¿Qué viene ahora?
─¿Qué querías que te dijera? “Hola, Any. Vengo después de un año a informarte de que me voy” ─suspiro ─No… claro que no.
─No, claro que no… Preferiste ser cobarde y enviarme una carta diciéndome que no voy a volver a verte en lo que me queda de vida, pero que si te extraño, puedo levantar el teléfono, siempre me quedará tu voz.
─¿Y qué diferencia hay, eh? He estado aquí durante un año y no me has visto ¿Qué iba a cambiar el hecho de subirme en un avión?
─Algo… desde luego… porque ni siquiera sé cómo llegué hasta aquí… Pero aquí estoy.
─Esto es precisamente lo que quería evitar.
─¿El qué? ─me preguntó ─¿Qué te reprochara el querer largarte sin más?
─No. ─sentencié con seriedad ─Que verte perturbara mi fingida tranquilidad.
Se creó un momento de silencio…
Aparté la mirada resignada, pero seguía sintiendo la suya clavada intensamente sobre mí.
─Tu partida también perturba mi fingida tranquilidad, por si te interesa saberlo.
Tras esa confesión volví a mirarla y algo en su expresión me hizo bajar la guardia. Sus ojos enrojecidos, su mirada afligida, sus palabras… No son demasiadas las veces que he visto llorar a Anahí y mucho menos por algo que tuviera que ver conmigo.
─Lo siento… ─susurré bajando la mirada tras un suspiro.
─No, Dul… Yo lo siento. Soy yo quien debe disculparse… Por estos últimos dos años, por ir alejándote sin darme cuenta, por enfadarme cuando te fuiste y no saber ver que era yo misma la que te estaba obligando a hacerlo…
─Eso ya no importa…
─No, sí que importa, Dulce. Claro que importa… porque te vas y yo…
─No me voy por tu culpa, Any. No me voy por ti… Me voy porque es mi sueño. Siempre lo ha sido y ya hace mucho tiempo que aquí no tengo nada. Tú eras lo único que me mantenía en este lugar y no porque me retuvieras, sino porque cualquier sitio en el que tú estuvieras, era mi casa. Pero cuando no estabas, ningún rincón me resultaba familiar, todo me quedó demasiado grande y demasiado pequeño a la vez. Pero nadie tiene culpa de eso, sólo yo… Nadie es culpable de que me haya encerrado en mí misma, de que el mundo que me rodeaba ya no me llenara. Quería huir… Quise huir durante muchísimo tiempo. Pero ya no me voy huyendo… No estoy escapando de ti, ni de todo esto… Estoy continuando con mi vida. Así que no te sientas culpable.
─No me siento culpable de que te vayas… Estoy tan orgullosa de ti, como jamás lo he estado de nadie. No me siento culpable de que estés cumpliendo tus sueños, Dulce. Me siento estúpida… ciega, la peor amiga del universo y una orgullosa sin remedio. Y la verdad es que no entiendo nada… no sé qué nos pasó, qué sucedió para que no pudiéramos cumplir ninguna de nuestras promesas. En una de tus cartas me decías que ojalá yo si hubiera encontrado esa respuesta. Pero lo cierto es que no, no la encontré nunca y un día simplemente dejé de preguntármelo… Cuando lo nuestro se acabó teníamos que seguir adelante, porque… porque así debe ser, porque esa magia que nos unía de pronto se esfumó, Dul, y yo tampoco lo comprendía. No quería hacerte daño, no quería que sufrieras y te fallé… Todo aquello que un día prometimos, de estar siempre juntas aunque nuestra relación se rompiera, me encontré sin saber cómo cumplirlo… Y sé que eso te dolió… Sé que me necesitabas más que nunca y que sentías que te había abandonado. Pero no lo hice… estaba ahí, aunque no supiera como demostrarlo. Aunque tú te negaras a pedirme ayuda, estaba ahí… Pero nunca me lo perdonaste, aunque jamás dijeras nada… Nunca supimos ser amigas porque entre nosotras hay algo que jamás nos permitió serlo. No supe lo que era ese algo, hasta que en tu última carta llegué a ese: “Me voy”. Dos simples palabras que rompieron en mil pedazos la barrera de orgullo que yo misma me había creado… Porque al leerlas y comprobar que no eran unas vacaciones, que te ibas para siempre, que probablemente ya no te volviera a ver jamás, traté de imaginar una vida así… una vida lejos de ti… y lo único que encontré, fue vacío. Por eso estoy aquí… porque no quiero una vida sin ti.
─No me hagas esto, Anahí… ─supliqué entre lágrimas ─No me pidas que me quede, por favor te lo suplico…No podré marcharme a ninguna parte si lo haces…
─No estoy aquí para eso, Dulce… no voy a pedirte que no te vayas. No vine para retenerte, sino para acompañarte… para irme contigo.
Entonces la vi, una pequeña mochila que colgaba de su hombro y en la que hasta ahora no había reparado. No puede ser posible…
─¿Qué?
─Lo que estás escuchando… Me quiero ir contigo a Perú, como tú te fuiste un día conmigo a Portugal.
─Pero… pero… no puedes hacer eso. Tu familia… tu trabajo… no puedes dejarlo todo.
─Tú lo hiciste.
─Eso fue diferente. Aquel viaje duraría un año como mucho… éste no sé cuánto vaya a durar. Ni siquiera sé si algún día voy a regresar… No permitiría jamás que lo dejaras todo por mí. Allá no hay nada, Anahí. No hay comodidades, ni agua caliente, ni siquiera carreteras asfaltadas…No hay nada.
─Estarás tú, Dulce… Tu fuerza, tu ilusión, tus ganas de comerte el mundo e invitarme a que me lo coma contigo… Estará todo eso que necesito para ser feliz. Mi trabajo es una porquería… Después de un tiempo, comprendí que siempre tuviste razón, ganar dinero no es suficiente cuando un día descubres que el vacío sigue ahí. Mis padres… ellos construyeron su vida, ahora yo tengo que construir la mía.
─¿Y tu…? ¿Qué hay de…? ¿Qué pasa con… ella?
─Terminó tan pronto como descubrí que ni ella ni nadie estaba consiguiendo llenar el vacío que me dejaba tu ausencia. Un vacío que sólo tus cartas lo volvían soportable.
─Any… pero… si tú nunca dijiste nada. Nunca respondiste, nunca apareciste…
─Teníamos un trato, Dul… Y debía cumplirlo. Por primera vez me propuse soltarte la mano… Dejarte seguir adelante como tú habías querido dejarme a mí… Dejar de hacerte daño. Cuando decidimos alejarnos parecía que querías estar sola… no deseabas saber nada del mundo. Alejabas a cualquiera que intentara acercarse. Excepto a Maite…
─Tampoco a ti ─negué entre lágrimas ─Es cierto que no quería saber nada del mundo. Pero ese mundo no te incluía a ti… Nunca te alejé a ti, Anahí… No digas eso, porque me mantuve a tu lado a pesar de todo, a pesar de mis sentimientos. Hasta que empecé a sentir que ya no te hacía falta.
─Lo sé… Lo sé y por eso te pido perdón. Siempre me has hecho falta, Dulce, siempre me harás falta. Pero precisamente de esos sentimientos jamás hablabas y yo… simplemente creía que lo mejor era dejar las cosas como estaban, nunca me habías dicho que me siguieras amando… no lo hiciste hasta esa última carta.
─Any… yo…no sé… todo esto es muy confuso ─le confieso llevándome una mano a la frente, aturdida ─Me costó mucho tomar esta decisión… De la noche a la mañana tuve que aprender a vivir sin ti en un mundo que cada día se me complicaba más y nadie me había enseñado como hacerlo… Me caí cientos de veces y es apenas ahora, cuando estoy logrado mantener el equilibrio… No sé… no sé qué sentir ahora mismo. No sé lo que siento.
─¿Me amas? ─su pregunta fue súbita y directa. Tanto, que aparté la mirada y sonreí con ironía ─No se va a acabar el mundo cuando te atrevas a responderme eso cara a cara, Dulce ¿Me amas?
Volví a enfrentar su mirada y por primera vez, después de mucho, muchísimo tiempo, mirándola a los ojos…
─Sí.
─Dímelo…
─Anahí, deja de presionarme. Me estás poniendo nerviosa.
─Venga, Dulce, suéltalo de una maldita vez.
─¡Te amo! ─exclamé desesperada ─¿Ya estás contenta? No he dejado de amarte ni un solo minuto desde que comencé a hacerlo, por muy lejos que estuviéramos y aunque no pudiera aceptármelo ni a mí misma. Pero… pero… ¿Eso qué más da?
─Entonces sólo déjame demostrarte algo… No te estoy pidiendo nada. No estoy pretendiendo que olvides estos dos años de dolor, mi lejanía, ni mi ausencia en tus peores momentos… Sólo que me dejes acompañarte. Déjame… déjame luchar por ti, Dulce.
Miré hacia el cielo, completamente sobrepasada por la situación y volví a mirarla a ella, negué numerables veces con la cabeza, en medio de una risa nerviosa y me detuve a observar sus ojos enrojecidos y su mirada entristecida.
Apenas sin controlarlo, una bocanada de aire, salió expulsada con mucha fuerza desde mis pulmones.
─Sólo con una condición…
La expresión de su rostro se volvió confusa, como la de una niña pequeña asustada a punto de perder lo que más quiere.
Doy dos pasos adelante, acortando los centímetros de distancia que nos separaban… Agarro sus mejillas, sintiendo como todo mi cuerpo tiembla en cuanto nuestra piel contacta después de tanto tiempo… La obligo a que me mire a los ojos, me detengo en ellos unos segundos, disfrutando la sensación de tenerlos tan cerca… Detengo con mi dedo pulgar, el recorrido de una lágrima rebelde que decidió escapar… y sonrío.
─No quiero volver a verte derramar una sola lágrima jamás… Prométemelo y te invito a venir conmigo.
Ella, automáticamente sonrío. Sonrió con alivió.
─Te lo prometo ─me dijo tratando de secar a toda costa, el resto de lágrimas que empapaban sus mejillas ─Te lo prometo…
Me volví a separar, dejando de agarrar su rostro y extendí una de mis manos frente a ella con una sonrisa llena de complicidad.
─¿Quieres venir conmigo a Perú, Anahí?
Sin dudarlo ni un segundo, su mano se posó sobre la mía con decisión y sonriendo con la misma complicidad, me respondió:
─A Perú, a México, a China… o al fin del mundo si es preciso.
Con un rápido y decidido movimiento, tiré de su mano hacia mí y la abracé… La envolví entre mis brazos como hace años que no hago… Recibiendo al instante el aroma de su perfume que… ¡Dios! Como lo había extrañado… Su olor, que tantas veces me invadió en medio de la nada para traerme su recuerdo. Ese aroma, que guardo en un frasco que ella misma me regaló, con la intención de recordarla cuando estuviera lejos… Ese pequeño frasco, que fui incapaz de destapar jamás, pues olerla y no tenerla, era demasiado doloroso. Pero ahora está aquí de nuevo, su aroma, el olor que más me gusta del mundo, tal y como lo recordaba, acompañado por la cálida sensación de sus brazos al rodearme.
Dicen que no hay sensación comparable a la de abrazar a la persona que amas… Y que abrazarla después de haberla extrañado durante tantas horas, días, noches, semanas y meses, es aún mejor…
Pero abrazarla y sentir que ella te está abrazando con la misma intensidad, con el mismo… amor. Aferrando sus brazos a tu espalda como mismo un bebé agarra el pulgar de su madre, es algo que… que simplemente no seré capaz de explicar jamás.
A mí, personalmente, un abrazo siempre me ha parecido más profundo que incluso un beso. En un momento dado, puedo besar a cualquiera, pero jamás abrazaría a cualquier persona… En un abrazo sincero, se transmite cariño, protección, amor… Un abrazo, es la única manera humanamente posible de demostrarle a una persona, que estás dispuesta a usar tu cuerpo como barrera ante cualquier tormenta que pretenda azotar su vida. Un abrazo significa: “Mientras estés aquí… mientras estés así… nada malo te va a suceder. Mis brazos no lo van a permitir”
Un abrazo, es mucho más que el calor de dos cuerpos. Es la unión de dos almas… Es una demostración de amor, sin palabras.
Quisiera que esa demostración, que esa sensación, no terminara jamás… Pero lamentablemente, el tiempo apremia. Hay vuelo al que debemos llegar, hay un país hasta el que tenemos que volar… juntas.
Me separo lentamente de ella y vuelvo a encontrarme con sus ojos frente a frente… Me detengo en ellos y sonrío… Simplemente soy capaz de sonreír… Son tantas las cosas que querría decirle y tan pocas las palabras que vienen a mi mente. Ojalá tuviera una hoja de papel, ojalá pudiera escribirle todo lo que me produce volver a mirarla sabiendo que, una vez más… tenemos toda la vida por delante.
─No sé entonces, a qué estamos esperando –finalicé manteniendo la sonrisa.
Me di la vuelta, dispuesta a introducirnos de una vez en el taxi. Pero Anahí me lo impidió tirando de mi mano con tanta decisión, que apenas tuve tiempo a preguntarme qué está pasando, antes de que sus labios chocaran directamente con los míos.
El corazón se me detuvo en el acto… De hecho, todo mi cuerpo perdió la capacidad de movimiento en cuanto sentí la calidez de su boca, besándome… después de casi dos años sin sentirla…
Aquí… en medio de la calle, sin importarle quien estuviera pasando a nuestro lado, me besó… Y cuando nuestros labios se separaron, antes de lo debido, después de un beso más fugaz de lo que en el fondo deseaba, me quise desvanecer.
Sin embargo, la miré frunciendo el ceño, confundida, muy lejos de estar enfadada, aunque quisiera parecerlo. Ella se encogió de hombros, con una sonrisa pícara dibujada en esos labios que hace tan sólo un segundo estaba sintiendo junto a mí.
─Tengo algo por lo que debo empezar a luchar.
El amor es lucha, es espera…
Pero también es saber, cuándo termina esa lucha y esa espera.
El amor es aprender a seguir adelante,pues si realmente lo desean, esas dos personas hallarán la forma de volver a encontrarse

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Re: La última carta

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:29 am

...La vida tiene diferentes "finales"...
Observo el pequeño edificio principal del aeropuerto, a través de la ventanilla del avión. En breves minutos comenzará el despegue. En breves minutos, abandonaré mi tierra para encaminarme hacia quien sabe dónde y lo cierto es que, por primera vez en mucho tiempo… me siento bien. Completamente bien… Me invade una emoción que apenas recordaba. Una emoción que no sé si alguna vez he sentido, pues es muy diferente a aquella que experimentaba mientras sobrevolaba el Atlántico para encontrarme con Anahí. Pero eso no quiere decir que sea mejor ni peor… simplemente, diferente.
Anahí… En un lugar remoto del fondo de mi corazón, deseaba que viniera a buscarme.
Que me pidiera que me quedara… Aunque otra parte de mí, rogaba que no lo hiciera, porque quien sabe cuál hubiera sido mi respuesta. Sí… así es. Puedo haberle hablado a Maite con muchísima seguridad y convicción (aunque no me haya creído) Puedo incluso repetirme a mí misma un millón de veces, que nada me iba a hacer cambiar de opinión… Ni siquiera ella. Puedo incluso estar segura de ello ahora mismo… Pero en el momento en el que la hubiera tenido delante… probablemente todas mis ideas se hubieran desvanecido.
Así somos los y las enamorad@s...
Pero no lo hizo… No obtuve respuesta, aunque no la culpo y la conozco perfectamente, debe haberse enfadado por despedirme de una forma tan… ¿cobarde? Quizás. Pero siendo completamente honesta, hay que ir paso a paso… Apenas estoy aprendiendo a mantenerme en pie. Aún no estoy preparada para enfrentarla de esa forma. Para decirle adiós mirándola a los ojos… Quizás algún día pueda hacerlo. O quizás algún día, vuelva a decirle “Hola”… Sólo el destino decidirá si nuestros caminos vuelven o no a juntarse. Se le pasará el enfado, lo sé.
En algún lugar de la lejanía escucho la voz del comandante, supongo que informando sobre el despegue. Mis auriculares y el volumen de la música, me impidieron llegar a tiempo para escuchar el mensaje. Pero por si acaso, apago el reproductor hasta que pueda volver a usarlo y busco mi teléfono en algún lugar del bolso. También tengo que desconectarlo.
Me sorprendo al ver un mensaje de texto en la pantalla, ni siquiera lo escuché sonar… Pero me sorprendo aún más, cuando mis ojos descubren esas letras que aún tienen el poder de acelerar mi corazón…
“Anahí”
Permanezco observando su nombre durante varios segundos, o quizás sean minutos… no lo sé. Sólo sé que me tomo el tiempo necesario, para que mis latidos se tranquilicen y mi mente se estabilice…
Estoy lista… Ahora sí, estoy lista. Ya no hay nada que temer.
Mi dedo pulgar pulsa sobre su nombre y un corto pero conciso mensaje, aparece frente a mis ojos.
“Cambia el mundo...y nunca permitas que el mundo te cambie.
Somos eternas, Dul.
Gracias… por todo. Gracias, por siempre.”
Sonrío…
Simplemente sonrío… y dejo escapar una bocanada de aire contenido en mis pulmones desde hace rato. Pero no es sólo oxigeno lo que sale de mi interior, son un cúmulo de emociones, imposibles de explicar…
Ella está impulsando mi vuelo… Y yo… por fin, soy libre.
─Señorita… ─me interrumpe una voz, sobresaltándome. Levanto la vista para descubrir a la azafata, que me observa como si estuviera frente a un extraterrestre al que acaban de soltar en medio del desierto ­─Tiene que apagar el teléfono, estamos a punto de despegar.
En vez de responderle con palabras, le sonrío… Pero no de esa forma en la que mis labios esbozan una pequeña sonrisa, no. Le sonrío ampliamente, como probablemente no haya sonreído en los dos últimos años de mi vida, dejando que mis ojos y todo mi interior, se llenen de luz…
Ella, que en un principio parece confusa y frunce el ceño como si el extraterrestre se hubiera convertido en una loca salida del manicomio, termina sonriendo aún algo confusa, mientras pulso el botón de apagado.
─Gracias.
Me encojo de hombros.
─Ya no hay impedimentos para que este avión despegue y nos lleve a Lima.
Ella vuelve a sonreír y hace amago de marcharse, pero parece haber olvidado algo que la obliga a retroceder.
─¿Sabes? El mundo debería aprender a sonreír más a menudo sin motivo.
─Cada persona que se cruce en nuestro camino, merece y debería ser ese motivo.
Me vuelve a sonreír mientras asiente y ambas nos distraemos al escuchar la voz del comandante diciendo; “Tripulación de cabina, preparados para el despegue”
─Feliz vuelo ─finaliza ofreciéndome una última sonrisa antes de encaminarse hacia su lugar.
Aunque la chica se haya ido, aunque mi profesora lleve a mi lado todo el tiempo, tan profundamente dormida que ha sido ajena al cambio que acaba de sufrir mi vida. Aunque el mundo entero, también sea ajeno a dicho cambio, continúo con una leve sonrisa dibujada en mis labios mientras reposo la cabeza en el asiento y observo como el paisaje comienza a moverse ante mis ojos… Cada vez más y más rápido… Mi cuerpo es ligeramente sacudido por el movimiento del avión al que acompaña un ruido ensordecedor…
Hasta que de pronto, el ruido cesa, el movimiento disminuye… la tierra se aleja… Estamos volando.
─¿Ya nos vamos? ─pregunta la voz adormilada de mi acompañante.
Volteo a mirarla un segundo, ofreciéndole una sonrisa antes de volver a dirigirme al paisaje y descubrirnos cada vez más arriba.

─Nos vamos…
La vida es como un despegue; te sacude y te atormenta de una forma casi insoportable, justo antes de que todo se detenga, de que llegue la calma… Es entonces cuando puedes mirar por la ventanilla y dedicarte a disfrutar, pues por fin… Estás volando.
La última carta, no es nada más y nada menos que un nuevo comienzo. Porque también en eso consiste la vida; en comenzar de nuevo, una y otra vez. Cerrar ciclos, seguir adelante… Amo a Anahi y probablemente la siga amando durante mucho tiempo. Probablemente lo haga para siempre, aunque ese amor se transforme, pues ella es parte de mí, de lo que soy hoy y de lo que seré mañana. Así que, en vez de luchar por olvidarla, dejaré que permanezca en ese lugar de mi corazón que sólo a ella le pertenece. Nadie va a sacarla de ahí. No podrían y tampoco lo permitiría.
Pero si algo he aprendido de todo esto, es que el “vacío” no es más que una cantidad infinita de espacios libres, listos para ser llenados cuando nosotros lo decidamos. Poco a poco, sin prisa… Dicen que el mundo se hizo en 7 días, así que aún nos quedan 6. Pero ya hemos perdido uno… Es hora de comenzar.
Es momento de empezar a llenar mi vacío, no con alguien más, sino con la vida… con los sueños… con este mundo que a pesar de lo que lo quieran convertir, es hermoso y merece la pena estar en él. Hay muchas cosas por hacer, muchos sitios a donde ir y muchas personas a las que conocer y otras tantas a las que ayudar. No con grandes heroicidades, sino con una sonrisa, con un abrazo. Al final, es eso lo que todos necesitamos; un abrazo sincero que llegue justo a tiempo.
Así que, como alguna vez dijo Paulo Coelho; “Si un día tu corazón está cansado, camina sólo con tus piernas, pero nunca te detengas” pues el mundo va a seguir girando aunque te empeñes en pararlo. Vivir, no es más que volver a cogerle el ritmo.
Un final inesperado y diferente, no tiene por qué ser un final infeliz. Lo único que siempre importará y quedará, es tu manera de vivir y recordar la historia.
Eso, es lo que te dará tu propio final feliz.

Ésta, mi historia, está dedicada a ustedes…
Pero sobre todo, fue escrita por y para ella, su protagonista.
Dulce

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