Llenare tus dias de vida

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Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:48 am


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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:48 am

Llenaré Tus Días De Vida

¿Qué ocurre si un día sales en busca de tu camino y alguien te enseña que el futuro no existe, ni siquiera el pasado?
¿Que Lo único realmente importante es el presente?
¿Y qué el único camino viable es el que estás recorriendo en este momento?

Para todas las personas, incluidos nosotros, la vida puede cambiar de un momento a otro destrozando todos y cada uno de nuestros planes.
En esta historia, aprenderemos cómo hasta de la más grande de las tragedias podemos aprender una lección… A veces vivimos nuestra vida de una forma equivocada y cuando nos damos cuenta creemos que es demasiado tarde para cambiarlo.
Pero ahora… dos chicas descubrirán que una fuerza poderosa llamada “Universo” las puso en el mismo lugar y en el mismo momento, para que juntas aprendieran a vivir el presente, teniendo la certeza de que no existe el futuro.

Miedos, Lágrimas, Risas, Aventuras, Amor, Superación, Lucha y sobretodo… Fuerza.
Estos son los ingredientes de esta conmovedora historia con la que pretendo llegar a sus corazones.


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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:48 am

Capitulo 1

(Estaba Tan Cansada De Solo Dar Pasos Atrás)

Observo el paisaje pasar rápidamente ante mis ojos. A través de esta ventana a muchos kilómetros por hora, dejamos cada vez más atrás la última ciudad en la que nos detuvimos y nos acercamos a la siguiente.

Esa es la rutina de este viaje. Una ciudad tras otra, diferentes usos horarios, paradas y visitas a pueblos que ni siquiera aparecen en el mapa y nuevamente aquí, en este pequeño y solitario vagón donde me gusta pasar el día disfrutando de un café y valga la redundancia, de la soledad y tranquilidad que me otorga sentarme frente a mi computadora, donde una hoja en blanco espera que escriba alguna palabra de lo que será mi próximo libro.

Pero eso no sucede. En los tres días que llevo viajando a bordo de este tren no he podido hacer otra cosa más que observar el paisaje que va quedando tras de mí y frustrarme cada vez más, porque la que iba a ser mi gran aventura, está resultando un completo fracaso.

Ni una palabra, ni una frase, ni siquiera una miserable idea de lo que podría escribir.
Llegué al transiberiano con la esperanza de escuchar las muchas historias de sus pasajeros y sacar de ellas alguna idea. Pero en ese momento de gran lucidez no se me ocurrió pensar que probablemente en un tren que atravesaba todo el continente asiático, nadie hablaría español. Y por supuesto yo no hablo ruso, así que tengo que conformarme con la poca comunicación que me otorga mi básico nivel de inglés.

“Un escritor debe vivir para poder escribir”

Hasta ahora esa frase ha sido mi lema de vida. Pero en estos momentos la duda me asalta y comienzo a creer que este viaje no me mostrará lo que estoy buscando. A lo mejor en la siguiente parada vuelva a Moscú y tome un vuelo de regreso a México, o quizás en Europa encuentre historias interesantes. Sólo sé que no tengo destino fijo ni parada permanente, a donde me lleve la vida iré y como siempre, nada ni nadie harán que me detenga. Ni si quiera la falta de dinero ha sido un problema para mí, no soy millonaria para viajar de un lugar a otro todo el tiempo, pero este es mi modo de vida y no me hace falta más que mi computadora, una pequeña maleta y algo de dinero ahorrado para llevar a cabo este viaje del que sea como sea, sacaré la historia más increíble que jamás escribí.

Mis pensamientos son interrumpidos debido al ruido que hace alguien entrando en el que hasta ahora había sido mi vagón favorito, atreviéndose a interrumpir la gloriosa concentración que estoy prestando a este maravilloso “best-seller”.

Dirijo mi mirada hacia ese intruso que ni siquiera saludó al entrar y mi sorpresa es aún mayor cuando descubro que no es intruso, sino intrusa y que directamente se sentó frente a mí, sin siquiera mirarme.

Observa el paisaje en la misma postura en la que yo estaba minutos antes, pero más atentamente, como si realmente estuviera concentrada en ver un montón de tierra pasar a cientos de kilómetros por hora. Ni siquiera parece haberse percatado de mi presencia y eso consigue irritarme. Simplemente nos separa la mesa donde tengo apoyada mi computadora, así que es completamente imposible que no se haya dado cuenta de que hay alguien más, unos centímetros frente a ella. ¿Cómo se puede tener tan poca educación?

De pronto me doy cuenta que llevo minutos sin quitarle la vista de encima, completamente enojada y me atrevería a decir que hasta embobada.
Está bien Dulce, tu retiro asiático está resultando peor de lo que pensabas, como no apartes la vista en este momento y continúes con tu tarea de no hacer nada, esa chica va a pensar que la estás acosando… Si es que algún día se da cuenta que existes, claro.

Es bonita –Pienso, haciendo caso omiso a mi conciencia -Solo puedo ver su perfil, pero es una chica muy linda. Su largo cabello rubio oscuro o castaño claro, recae sobre unos firmes hombros… Me gusta ese color, no es demasiado claro, ni demasiado oscuro y creo además que no tiene la más mínima importancia, la claridad de la ventana le otorga un brillo deslumbrante, haciéndolo realmente llamativo, al menos para mí. Desde mi posición no puedo ver el color de sus ojos, pero si puedo apreciar que son grandes. Su nariz es fina al igual que sus labios, perfectamente delineados. Y su piel… su piel tiene un bronceado propio del más soleado de los veranos. Un hecho bastante extraño ya que en esta parte del mundo vivimos el invierno más feroz que jamás presencié. Desprende un halo de vida que impregna toda la habitación y me hace pensar que debe ser tremendamente suave al tacto.

¿Suave? –Consigo preguntarme mentalmente -¿Pero qué significa eso? ¿A ti que te importa cómo sea su piel? Y sobre todo… ¿Desde cuándo tienes por costumbre hacerle un escáner exhaustivo a una chica que ni siquiera conoces? Bueno… y aunque la conocieras. Definitivamente tantos días de soledad no podían traer nada bueno Dul... ¡Mira cómo te tiene el aburrimiento!

Nuevamente, y esta vez recibiendo un silencioso y verdadero agradecimiento por mi parte, alguien interrumpe estos extraños pensamientos entrando en mi “ahora ya no tan solitario” vagón.

El mesero se dirige a la chica e intercambian algunas palabras. Yo observo la escena en completo silencio. Veo como apunta su pedido en un pequeño papel pero soy incapaz de escuchar una palabra, siento como si alguien hubiera bajado el volumen del televisor y solo pudiera observar. De pronto me doy cuenta de que el chico ya abandonó la sala dejándonos nuevamente a solas.

Entonces, cuando creo que por fin puedo salir del trance y volver a mi escritura, su mirada, antes de volver a su antigua posición en la ventana, se clava directamente sobre mis ojos. Consiguiendo que hasta el centímetro más escondido de mi cuerpo temblara al instante y una tensión invadiera todos mis órganos. Había sido descubierta y aún así no era capaz de apartar la vista de esos enormes ojos… azules. Ahora si pude verlos, esos ojos poseían el azul más intenso que jamás en mi vida había visto… y pude sentir como algún indescifrable poder estaban ejerciendo sobre mí.

Pasaron minutos, o quizás simplemente fueron segundos, no lo sabría decir porque el tiempo estaba tomando un sentido extraño. Nuestras miradas permanecieron clavadas la una sobre la otra, sin ninguna intensión de apartarse. Aunque por mi parte, más bien me resultaba extrañamente imposible hacerlo.
Hasta que, cortando ese nada incomodo silencio, sus labios dibujaron la sonrisa más bonita que había visto en mi vida, acompañada de un:

-Hola… -Susurrado con una voz infinitamente más dulce de lo que habría imaginado.
-Hola… -Respondí agradeciendo al cielo por no haberme petrificado y vuelto tan ton*tal como creía

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:48 am

Capitulo 2

(Planeando siempre “el mañana”)

En el momento en el que me miró directamente y pude ver su sonrisa, mi corazón comenzó un latido extremadamente veloz y mi estomago un cosquilleo propio del más absurdo nerviosismo.
Ella, al ver que mi vocabulario había terminado con ese simple “Hola”, devolvió su mirada hacia la ventana, concentrándose de nuevo en el paisaje y olvidándose de mi presencia una vez más.
Cuando mi mente consiguió salir de ese extraño trance por unos segundos, me di cuenta de un hecho que había pasado completamente por alto y por primera vez, mi cerebro volvió a funcionar consiguiendo que mis labios recordaran como se articulaban las palabras.

-¿Hablas español? -Pregunté torpemente.
¡Bravo Dulce María! Tu inteligencia va en ascenso…

Después de unos segundos que se me hicieron eternos, su mirada se dirigió nuevamente a mí, con esa enorme sonrisa que minutos antes me había ofrecido y consiguiendo que exactamente las mismas emociones recorrieran cada centímetro de mi cuerpo.

-Soy de México –Respondió sin dejar de mirarme fijamente.

¿Cómo es posible que una chica a la que no conozco de nada y con la que apenas he cruzado tres palabras esté poniéndome tan nerviosa? No sé si es su mirada, tan intensa, o esa forma de sonreír, que te llena de vida al verla. Sí, Eso es, esta chica desprende vida por cada uno de sus poros y es capaz de contagiarte, solamente con mirarla.

-Estaba comenzando a perder la esperanza de encontrar a alguien que hablara mi idioma en este tren y menos aún alguien de mi país –Sonreí, intentando romper el hielo, o más bien, intentando ocultar mis nervios.
Ella no apartaba su mirada fija de mis ojos –Pues la esperanza es lo último que se pierde… -Extendiendo su mano –Soy Anahí.
-Dulce… -Respondí estrechando la mano que me ofrecía.

Permanecimos unos segundos en esa posición, sosteniendo nuestras manos y mirándonos fijamente, como si algo percibiéramos la una en la otra. No me resultaba incomodo, al contrario, estaba comenzando a sentir una sensación de familiaridad que jamás había sentido con nadie y por extraño que parezca, me habría pasado horas sin apartar la mirada de esos ojos que me atraían de una forma magnética.
Pero una vez más, fuimos interrumpidas por el mesero, que llegó ofreciéndole una taza de humeante café. Esa que ella misma había ordenado minutos antes. Ese olor impregnó el diminuto espacio en el que nos encontrábamos y me hizo recordar que mi café seguía intacto y probablemente bastante helado a estas alturas.

-¿Necesitabas urgentemente encontrar a alguien que hablara español? –Preguntó sacándome de mis pensamientos sobre café y quien sabe que cosas...
-No es que lo necesitara, pero llevo tres días hablando conmigo misma y eso tarde o temprano acabaría con la poca cordura que me queda.

Esta última frase, me hizo bajar la mirada tímidamente y al alzarla de nuevo, pude darme cuenta de que había ampliado enormemente su sonrisa, consiguiendo muy a mi pesar, que me sonrojara.

-Sé de lo que hablas… También llevo tres días en los que las únicas palabras que pronuncio son “Coffe” “Thank you” y poco más –Admitió con resignación -No fuimos demasiado inteligentes al decidir hacer un viaje por toda Rusia.
-No… definitivamente la inteligencia no me acompaña demasiado últimamente.

Tras unos segundos de silencio, en los que no dejaba de mirarme fijamente, mientras continuaba bebiendo su café y poniéndome cada vez más nerviosa.

-¿Entonces…si no fue tu inteligencia, qué fue lo que te trajo hasta aquí? –Preguntó súbitamente.

La forma tan directa en la que expresó su curiosidad me inquietó y no pude evitar clavar mi mirada sobre sus ojos, con una expresión algo seria. Intentando intimidarla, pero ni siquiera eso conseguí… Me retaba con la mirada, y de ninguna manera parecía tener la intensión de retraerse en su pregunta. Parecía ser yo la única intimidada, mientras a ella no le importaba haber parecido inoportuna. Lo cierto es que ese aire de descaro que desprendía me intrigaba. Así que tras un suspiro no pude hacer más que satisfacer su curiosidad.

-¿Quieres la versión corta o la larga?
-Creo que tenemos tiempo para la larga –Sentenció mientras bebía un sorbo de su café.
No pude evitar sonreír ante tal extraña situación en la que sin querer me encontraba –Soy escritora… o bueno, al menos últimamente intento serlo.
De pronto abrió enormemente los ojos –Vaya… así que escritora. –Dijo impresionada por la confesión -¿Y Tienes un bloqueo o algo así?
-No… eso es lo extraño. He escrito muchas historias durante el último año y ninguna ha conseguido llenarme. Novelas de amor, muy comerciales, pero sin ningún ingrediente especial. –Dirigí mi mirada hacia la ventana, esperando encontrar en ese paisaje una forma de explicarme –Busco algo más… algo diferente. Una historia que consiga conmoverme y me toque directamente el corazón, con un mensaje importante que haga al mundo replantearse nuestra forma de vivir. Quizás te parezca es*tupido –Dije volviendo mi mirada hacia ella –En resumen, estoy aquí para encontrar mi camino y redirigir mi futuro, porque últimamente ando algo perdida.

Ella no había apartado ni un segundo la mirada de mí y estaba más atenta a la explicación, de lo que habría imaginado.

-¿Y qué fue exactamente lo que te trajo hasta el transiberiano? Quiero decir… hay muchos países en el mundo, con muchas personas y miles de historias que contar… ¿Cómo terminaste en este tren?
- Ni siquiera sabía que existía un tren que atravesaba todo el continente asiático, hasta que leí “Aleph” de Paulo Coelho. Entonces fue como si algo me impulsara a hacerlo… Llevaba mucho tiempo ahorrando dinero para preparar un viaje, “revelador” según yo. De hecho, esa es mi vida, ahorro hasta que tengo el dinero suficiente para hacer viajes, grandes o pequeños, no importa… y sin más, me lanzo a la aventura. Cuando leí Aleph, algo me dijo que quizás en este tren, donde miles de personas suben y bajan cada día, o en alguna de las ciudades en las que se detiene, encontraría lo que estaba buscando… Pero cómo puedes ver, mi intuición debió esfumarse junto a mi inteligencia –Finalicé con una sonrisa.

Ella, sin responder ni hacer ningún tipo de gesto, volvió su mirada a la ventana, quedándose nuevamente pensativa.

-¿Y a ti? ¿Qué fue lo que te trajo al transiberiano?
-También leí Aleph –Respondió mirándome de nuevo.
Mi sorpresa tuvo que ser demasiado obvia, ya que su expresión seria y pensativa fue sustituida por esa sonrisa que automáticamente ya conseguía tranquilizarme.
-¿Me dirás ahora que también eres una fracasada escritora en busca de su futuro?
-No creo para nada que tú seas una fracasada –Aclaró con complicidad en su mirada -Y no… no soy escritora y mucho menos estoy buscando mi futuro… De hecho, carezco de futuro.

¿Carezco de futuro? ¿Qué persona carece de futuro? Sin duda esta chica, había despertado mi curiosidad desde el momento en el que apareció frente a mí y con cada palabra no hacía más que intrigarme.

-No entiendo a que te refieres.

Por primera vez, sentí como si hubiera querido evitar mi mirada por algún motivo, y la dirigió de nuevo hacia la ventana, manteniendo unos segundos de silencio, mientras yo esperaba ansiosa una respuesta o aclaración.

-Me voy a morir Dulce.

En el preciso momento que escuché esa frase, sentí una rápida y dolorosa punzada en mi corazón, que consiguió congelarme de un momento a otro impidiéndome cualquier tipo de articulación. Tras unos segundos en los que el silencio se había apoderado de la situación, ella me miró una vez más y por un momento busqué en sus ojos alguna señal de que estuviera bromeando. Pero no encontré nada, ni rastro de broma, ni de preocupación… simplemente tranquilidad. Una tranquilidad que chocaba directamente con mi estado de inquietud y malestar. Ella debió notarlo en el fondo de mis ojos o en lo pálido de mi rostro, porque decidió continuar hablando.

-Me diagnosticaron un tumor hace algunas semanas.
-Yo…yo… no sé qué decir –Balbuceé torpemente.
-La gente suele decirme que lo siente –Dijo con una ligera sonrisa, en lo que creí fue un intento de tranquilizarme –Pero por favor, te pido que tú no lo sientas.
-¿Pe…pero es definitivo? Quiero decir, hoy en día los… ¿No hay posibilidad de curarte?
Ella hizo un ligero gesto de negación con la cabeza -La enfermedad está ya muy avanzada, incluso sometiéndome a tratamientos de quimioterapia, solo tendría un 5% de probabilidad de cura.
-Pero el 5% es una posibilidad Anahí, ¿Ni siquiera lo vas a intentar? ¿Te diste por vencida?
-¿Ves en mis ojos a una persona vencida?

Definitivamente no, sus ojos expresaban de todo menos haberse rendido. Esa chica tenía más vida en su mirada que cualquier persona con la que jamás me había cruzado, incluso más que yo misma… Quizás por eso me había impactado tanto esa noticia, era lo último que podía imaginar.

-No quiero pasar mis últimos días en hospitales –Aclaró antes de que pudiera responder –En el momento en el que los doctores me dieron la noticia, no sentí miedo ¿sabes? Ni siquiera dolor… Lo único que sentí es que había desperdiciado mi vida durante muchos años.
-Pero… ¿Por qué?
-Porque siempre viví POR y PARA mi futuro. Todo el tiempo planeando, asegurándome de tener una vida perfecta, un trabajo perfecto y un marido perfecto. Estudié derecho porque mi padre fue un prestigioso abogado y toda mi familia creyó que era lo mejor para mi, obtuve las mejores calificaciones de mi año, mientras en la soledad de mi cuarto hacía lo que realmente me gustaba… cantar, componer, la música. Nunca fui capaz de decir que eso era lo único que conseguía llenarme…
-¿Crees que no lo hubieran aceptado? –Pregunté confusa.
-No lo sé… quizás sí. Pero fui criada con el pensamiento de esa vida perfecta y segura que solo me darían una buena carrera y un buen trabajo. Yo misma me imponía ese modo de vida… Aún sabiendo que no era feliz. Es ahora cuando me doy cuenta que la vida no se hizo para sobrevivir o simplemente estar bien, Dulce. La vida se hizo para vivirla, disfrutarla y soñar...
-Me recuerdas a mi YO adolescente y rebelde –Recordé con una sonrisa. –Pero sigo sin entender por qué no quieres tratarte. Puede que aún estés a tiempo de vivir como siempre quisiste.

-Lo estoy haciendo en este momento… Estoy viviendo cada minuto de mi vida como si fuera el último, sin pensar que realmente puede ser el último. No quiero pasar los días en una cama, rodeada de médicos y de personas compadeciéndome, mientras mi cuerpo se deteriora y mi luz se apaga… No tengo mucho tiempo Dulce, y lo único que quiero es morir con la satisfacción de haber hecho todo lo que siempre soñé y que nada pudo detenerme, ni el miedo, ni la vergüenza, ni las obligaciones, ni el deber…

Mientras yo, que prácticamente acababa de conocerla, sentía una sensación abrumadora oprimiendo mi pecho, ella, afectada en primera persona, demostraba una serenidad, optimismo y fortaleza que muy poca gente sería capaz de tener en una situación así. Ya había conseguido desconcertarme y estaba intrigándome todo sobre ella.

-¿Y tu familia? ¿Están de acuerdo?
-Lo cierto es que no saben nada sobre mí enfermedad, o bueno… en realidad creen que estoy enferma, pero de la cabeza –Añadió riendo -porque abandoné a mi novio de toda la vida un mes antes de casarme para subirme en un tren que recorre Rusia y atraviesa Asia.

Mis ojos se abrieron enormemente con esa noticia, cada palabra que pronunciaba esta chica no hacía otra cosa que sorprenderme y a pesar de la extraña angustia que se había depositado en mi estomago al saber que estaba hablando con alguien a quien apenas le quedaban unos días de vida, su cuerpo y su presencia desprendían algo que me mantenían en un curioso estado de paz y tranquilidad.

-¿Te ibas a casar? –Pregunté queriendo saber más – ¿Y lo plantaste un mes antes de la boda?
Ella asintió con una sonrisa como si toda esta situación le pareciera divertida, pero al ver en mi rostro la expresión de no entender absolutamente nada, decidió continuar explicando, cosa que por otro lado, no tenía obligación de hacer.
-Poncho y yo éramos esa pareja convencional, que se conocen desde niños, juegan juntos, crecen juntos y antes de darse cuenta ya son novios, tienen un futuro completamente planeado, con boda, hijos y una familia feliz… Pero a pesar de quererlo mucho, nunca llegué a amarlo y creo que él a mi tampoco. Simplemente era cómodo y conveniente para todos que estuviéramos juntos.
-¿Pero como sabes que no lo amabas si estuviste tantos años con él?
-Porque para mí el amor tiene que ser… Alguien que me consuma –el azul intenso de esos ojos volvió a clavarse en mi mirada, consiguiendo que un escalofrío se apoderara de mi cuerpo mientras escuchaba sus palabras -Pasión y dulzura al mismo tiempo… aventura… alguien que me haga vibrar a cada momento… -Nuevamente volvió su mirada hacia el paisaje, dándome un respiro -Poncho es muy buen hombre, seguramente el mejor que conozca jamás… pero nunca, ni por asomo, he vibrado estando junto a él.

A pesar del alivio que sentí cuando apartó su mirada de mí, y el oxigeno volvió a llegar hasta mis pulmones. Era yo ahora, la que no conseguía dejar de mirarla fijamente.
-Quizás es esto lo que estabas buscando para tu libro… “Loca, enferma terminal, abandona a su prometido justo antes de la boda, para sumergirse en un viaje a través de Asia y pasar sus últimos días a bordo de un tren ruso”

Su sonrisa me confundió y algo de lo que había dicho, me había molestado enormemente. Quizás la forma de referirse a sí misma,”loca, enferma terminal”, como si fuera eso lo que yo debía pensar de ella. O tal vez, que diera por hecho que usaría su confesión para escribir una historia…

-No eres una loca Anahí –Sentencié seriamente –Eres la persona más valiente que he conocido en mi vida. Yo… admiro tu fuerza.
-Yo lo tengo fácil Dulce… en unas semanas, o quizás días, estaré muerta… no tengo nada que perder y lo único que me queda es aprovechar cada minuto de estos días. Lo realmente difícil es darse cuenta de eso sin tener la certeza de que te vas a morir mañana… Ese es nuestro mayor fallo, nos hemos acostumbrado a sobrevivir en vez de vivir.

Cuando me disponía a responder, escuchamos un fuerte ruido, procedente de la bocina y poco a poco notamos como el tren iba deteniendo su marcha, consiguiendo que olvidara lo que estaba a punto de decir y solo pudiera observarla mientras miraba por la ventana, como nos íbamos deteniendo en la estación.
-Parece que llegamos a la siguiente parada –Dijo volviendo su atención hacia mí.
-Si… eso parece…
-Es hora de que volvamos a la civilización parece
-Uhm… si, lástima que no me agrade mucho esa idea.
-Oh… así qué eres un lobo solitario –Afirmó con una sonrisa juguetona.
-Algo así...la soledad es mi compañera de viaje.
-¡Pobre escritora que lleva horas teniendo que soportar los desvaríos de una completa desconocida! –Dijo en modo de burla.
-Bueno… como dijiste, esos desvaríos quizás me sirvan para algo.

Tras mis palabras, entrecerró los ojos desafiándome, mientras una sonrisa interior se apoderaba de mí.

-La buena respuesta hubiera sido: “Para nada Any, ha sido un verdadero placer escucharte y compartir las últimas horas de viaje contigo. Gracias por hacérmelo más ameno”
-¿Siempre te dicen lo que quieres escuchar? –Pregunté esta vez sí, sonriendo triunfante.
-¿La verdad? Si… -Respondió resignada, pero sonriendo también.
-Entonces acabas de encontrar a la horma de tu zapato.

Nuestras miradas permanecieron unos segundos en esa posición, sonrientes y sintiendo como algo nos mantenía de aquella forma, clavadas la una en la otra, sin hablar, sin pensar, sin sentir… simplemente observándonos.
Hasta que ella decidió romper ese silencio.

-¿Y que tiene pensado hacer la horma de mi zapato a partir de ahora?

Aparté mi mirada, dirigiéndola a la ventana una vez más, dándome cuenta que no había vuelto a pensar en eso desde hacía horas, justo antes de conocerla. Y ahora me encontraba ahí, en la siguiente estación y con muy poco tiempo para tomar una decisión coherente.

-Sinceramente no lo sé… Mañana por la noche vuelve a partir el tren para seguir con su ruta, así que quizás visite un poco esta ciudad y regrese a Moscú, de ahí puedo seguir por Europa, volver a México… Quien sabe –Asumí encogiéndome de hombros -¿Y tú?

-Me gustaría terminar la ruta y llegar a “Vladivostok”, pero lo cierto es que tampoco sé lo que haré… supongo que el universo me guiará, al fin y al cabo el me trajo hasta aquí… solo hay que seguir las señales.
Con esa sonrisa que nunca la abandonaba, se levantó de su asiento, recordándome que yo debía hacer lo mismo si quería salir algún día de este tren.

-Ha sido un placer compartir estas últimas horas contigo Dulce –Dijo extendiendo su mano –De corazón espero que encuentres lo que estás buscando.
Al estrechar su mano nuevamente una extraña sensación se apoderó de mi cuerpo, haciendo que mi corazón se encogiera una vez más, recordándome, que quizás nunca volviera a ver esos ojos azules tan llenos de vida.

-Te deseo mucha suerte Anahí…

El nudo formado en mi garganta me impedía decir algo más, y es que ¿Qué más podía decirle? ¿Qué te vaya bien la vida? ¿Qué seas feliz? ¿Espero volver a verte algún día? Nada de eso tenía sentido y esa forma de mirarme junto al tacto de su mano aún unida a la mía, me nublaba cualquier tipo de pensamiento.

-¿Me permites un consejo? –Preguntó consiguiendo sorprenderme, a lo que simplemente asentí. –Nunca te rindas Dulce… lucha por tu sueño, sigue las señales… y no te preocupes del camino, sólo vive… vive intensamente y estoy segura de que pronto encontrarás eso que tanto anhelas.
-Lo haré… -Respondí completamente convencida, como si algo en mi interior me hiciera debérselo.

Una sonrisa de satisfacción fue su respuesta y después de un corto silencio, nada incomodo, donde realmente las palabras sobraban, acarició mi mano, ocasionando un fuerte cosquilleo en mi interior que me dejó completamente paralizada cuando me soltó definitivamente para dirigirse hacia la salida.

-¡Anahí! –Me apresuré a decir antes de perderla de vista. A lo que respondió volteando rápidamente. Y de nuevo la tenía ahí, sin saber realmente lo que quería decirle –Ha sido… Ha sido un placer conocerte.

Sus ojos me decían que a pesar de la horrorosa manera de explicarme, había entendido exactamente lo que deseaba transmitirle.

-Igualmente Dul… Hasta pronto.

Tras decir esas palabras y sonreírme por última vez, desapareció, dejándome con una sensación que no recordaba haber sentido nunca y con un solo pensamiento abordando mi cabeza…
¿Y ahora qué?


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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:48 am

Capitulo 3

(Pero mira que bella es la vida…)

Llevo horas caminando sin saber a dónde voy, el frio de Novosibirsk atraviesa cada prenda de ropa que llevo, calando directamente en mis huesos. No recuerdo haber sentido jamás un frio de esta magnitud y por ese mismo motivo, la vestimenta que traje a este viaje no es la más adecuada para un país como Rusia, consigue que este paseo me resulte realmente insoportable.
Han pasado casi veinticuatro horas desde que llegamos a esta ciudad y en todo este tiempo, para no variar, no he podido escribir una sola página de mi libro. Aunque esta vez existe una diferencia, ya ni siquiera puedo sentarme frente a la computadora a observar la hoja en blanco, hasta que llegue la idea extraordinaria. No, ahora además tengo que caminar y caminar, bajo este insoportable frio, porque me resulta agobiante quedarme en ese pequeño hotel sin hacer nada o simplemente sentarme en una cafetería a tomarme un café bien caliente, ese que tan bien me vendría.
Me siento inquieta, nerviosa, mis pensamientos me aturden… ¿Y cuáles son esos pensamientos? Esa chica…Anahí. Ni un solo minuto he podido dejar de pensar en ella, en su historia… su forma de ser… su fortaleza… en su mirada… No sé qué me pasa ni porque estoy así. Reconozco que sé muy poco sobre ella pero… siento algo extraño al saber que no voy a volver a verla. Algo que ni siquiera a mi misma soy capaz de explicarme.
Supongo que cuando cualquier ser humano conoce a alguien y a los pocos minutos se entera de que esa persona con la que habla, está a punto de morir… duele… ¿no?
Como mínimo hay un pequeño sentimiento de tristeza… ¿Verdad?
¡Ni siquiera sé a quién le estoy haciendo estas preguntas absurdas!
Lo cierto es que sí me duele… Aunque no la conozca, aunque no sepa de su vida más de lo que me contó, aunque lo poco que conozco sobre ella es su nombre y que está enferma… hay algo que me produce tristeza. Una tristeza que probablemente nunca haya sentido.
Siempre he sido una chica independiente, viajando a todas partes, escribiendo mis historias y sumergiéndome en un mundo creado para mis personajes… Sé que soy algo extraña. Lo asumí desde una edad muy temprana, incluso he llegado a pensar que doy tanto amor a los personajes de mis relatos que al final no sobra nada para las personas que están a mi alrededor. Siempre he tratado de no estar unida a nadie, sentimentalmente hablando, y no me refiero solo a una pareja, también a la amistad o a cualquier vínculo con otro ser humano que pueda afectarme…
Desde los doce años tengo el pensamiento de que todas las personas salen de tu vida exactamente igual que entran, sin previo aviso. Por eso hace ya mucho tiempo que tomé la decisión de que ese hecho no me dañaría otra vez…
Precisamente eso es lo que me convirtió en un “Lobo solitario”, como ella dijo, o en un ***** raro, como algunos otros piensan. En fin… la cuestión de todas estás divagaciones es que por primera vez en mucho años siento una tristeza que va más allá de mi control, algo que no tiene nada que ver con un mal día o un bloqueo en mi trabajo, algo que no voy a solucionar con pasear, ver el sol o auto convencerme de que la vida es bella.
¡No!, la verdad es que en este momento, lo menos que me parecía es que la vida fuera bella. Había una chica, con menos de treinta años, con la mirada más hermosa que jamás he visto, a la que probablemente le quedaban unas semanas de vida. ¿Quién puede pensar que eso es bello? ¿Por qué una persona con tantas ganas de vivir tiene que marcharse tan pronto? ¿Cuándo aún debería quedarle mucho tiempo por delante? ¡Dios! Me parece tan injusto el mundo en este momento… Quisiera saber por qué me afecta tanto, por qué llevo las últimas veinticuatro horas pensando en ella y por qué esta *beep* opresión de mi pecho no desaparece.
Esta misma noche parte el tren de nuevo para continuar con su ruta… pero mañana a primera hora yo estaré regresando a Moscú, para después tomar un vuelo rumbo a… a donde me lleve el viento…o las señales, como ella mencionó… -Nuevamente ella- Sea como sea, decidí que no tenía sentido seguir la ruta del transiberiano, por eso estoy segura de que no volveré a verla, pero… ¿Saldrá en algún momento de mi cabeza? ¡Sí! Seguramente en unos días mi encuentro con Anahí no será más que una anécdota y podré seguir con mis planes, ¡eso es! A fin de cuentas, no es más que una chica… sólo una chica… -¡Por favor, necesito urgentemente ese café caliente, que reviva mis neuronas y consiga hacerme pensar en otra cosa! –Puede que ese sea el problema, el frio me congeló las neuronas en cuanto salí del tren y cómo mi último pensamiento fue ella, por eso sigue siendo ella. – ¡Vaya! te mereces un premio nobel por semejante descubrimiento Dulce, la ciencia te estará eternamente agradecida. ¡¡Café, café, café!!

-¿Dulce? –Escucho como una voz llama desde atrás, sacándome de esa discusión conmigo misma.

En un acto reflejo y prácticamente automático volteo, encontrándome de frente con esa mirada azul, que me mira tan fijamente como siempre, consiguiendo que mi corazón lata a toda velocidad mientras mi cuerpo experimenta un número infinito de sensaciones en tan solo un segundo. –Ok…esto ya está dejando de ser normal –Me digo a mi misma mientras esos ojos siguen clavados extrañamente sobre los míos, haciéndome perder la noción del tiempo.

-¿Anahí?
-Por un segundo creí que habías olvidado mi nombre –Responde con esa pequeña sonrisa que… sí, honestamente había extrañado.
-Lo siento… Mis neuronas están congeladas y procesan la información más lento de lo normal. –Oh vaya… la teoría de las neuronas congeladas no suena tan interesante como sonaba en tu cabeza. ¡Genial!
-En ese caso, tengo el remedio perfecto –Ofreciéndome el recipiente que tenía entre sus manos. –Un delicioso y caliente café que las descongelará.
Permanecí unos segundos mirándola, con el seño fruncido mientras sentía como el calor que producía ese vaso de corcho, calentaba mis manos descubiertas.
-¿Eres un ángel?
-Aún no… -Respondió sonriendo –Pero bebe, te sentará bien.

Le hice caso y bebí un sorbo de café que a medida que bajaba por mi garganta, calentaba todo mi cuerpo, notando como me descongelaba poco a poco. Y efectivamente, como ella había dicho, sentándome de maravilla.

-Gracias…
-Creo que cogerás una pulmonía si sigues paseando con esa ropa tan poco abrigada –Dijo observando mi atuendo.
-Mmm ya sé… La verdad es que no tenía planeado llegar tan lejos. Comencé a caminar y caminar hasta que tú me detuviste…

Sentí como sus ojos se hicieron más pequeños y parecían buscar algo en el fondo de mi mirada.

-Eso quiere decir que tenías muchas cosas en las que pensar.
-Probablemente –Respondí con una tímida sonrisa queriendo cambiar rápidamente de tema –Creí que no volvería a verte.
-Bueno… No creo en las casualidades así que estoy segura de que El Universo me envió para rescatarte de una posible hipotermia.
-Entonces debo agradecerle al Universo -Dije con más complicidad de la que pude controlar -Me alegro de verte.

Si… no sé cómo ni por qué, pero lo cierto es que me alegraba mucho de verla, más incluso de lo que hubiera imaginado. En este momento en el que su mirada permanece clavada sobre mí, sin pronunciar una palabra, simplemente observándome. Es el único momento de estás ultimas veinticuatro horas en el que me siento tranquila, serena, en paz… como si esa inquietud de momentos antes hubiera desaparecido, como si estar frente a ella fuera lo único que me hacía falta para sentirme bien. Aunque al mismo tiempo me invade la curiosidad de saber por qué siempre me mira de esa forma, por qué permanecemos segundos observándonos fijamente, cómo si el tiempo se detuviera a nuestro alrededor…
¿Qué piensas cuando me miras así? Me encantaría saberlo.

-¿Qué piensas? –Pregunta de pronto, haciéndome creer en la posibilidad de que me leía la mente. Así que intento buscar una respuesta lo más rápido posible, para que no se note este tonto nerviosismo que está comenzando a aparecer de nuevo.
-Pienso que acabo de beberme tu café y me siento con la responsabilidad de invitarte a otro.

Pff definitivamente, fue la excusa más pobre que se me pudo ocurrir para no perderla de vista tan pronto. Aunque para mi sorpresa, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño, añadió:

–No tienes ningún tipo de obligación conmigo.

Su repentina cara de niña enfadada no solo me sorprendió, sino que se veía tan adorable que no pude evitar la sonrisa incontrolable que se dibujó en mis labios ante aquella extraña situación.

-¿De qué te estás riendo? –Preguntó pareciendo aún más enojada.
-Lo siento… es que no sabía que fueras tan berrinchuda.
Sus ojos se abrieron enormemente, seguidos de su boca, ambos expresando una notoria cara de asombro. -¿En qué te basas para llamarme berrinchuda?
-En cómo te pones por invitarte a un simple café.
-No es por invitarme a un café, es por que pienses que tienes alguna obligación de hacerlo porque yo te ofrecí el mío y no porque realmente quieras hacerlo, además no me he puesto de ninguna forma –Sentenció.

Esta vez fui yo la que abrió los ojos como platos, después de escuchar tremenda deducción que sacó de una simple invitación.

-¿Te han dicho alguna vez que eres un poco complicada?
-No… y en menos de dos minutos tú me has llamado berrinchuda y complicada.
-Ok… mejor dejémoslo –Me rindo sin ninguna gana de continuar “discutiendo” –Fue una excusa tonta y tú parece que no estás de buen humor así que… que tengas un buen día Anahí.

Cuando estoy dispuesta a irme y dejarla con la palabra en la boca, me doy cuenta que en su rostro hay dibujada una sonrisa, exactamente igual a la que yo había expresado minutos antes, una sonrisa de juego, de pique, de triunfo…
-¿Y ahora de que te estás riendo tú? –Pregunto confundida y comenzando a enojarme.
-¿Quién es la berrinchuda ahora?

Permanezco observándola con los ojos casi cerrados y el seño fruncido, completamente descolocada por esa chica tan extraña y sin saber que se proponía realmente.

-Vamos, sólo quería que reconocieras que había sido una pobre excusa para invitarme a un café ya que no quieres decirme en que pensabas realmente.

Mis ojos se abrieron como platos y una sonrisa irónica se escapo de mis labios mientras intentaba ocultar el sonrojo que me producía su gran acierto.

-¿Siempre eres tan directa?
-Bueno… no es que tenga mucho tiempo para estar andándome con rodeos –Dijo encogiéndose de hombros –Además… me gusta ver cómo te sonrojas.
Nuevamente sonreí con ironía, intentando evitar su mirada –Esto es muy extraño…

Sonrió, aparentemente satisfecha por su clara victoria ante mi nerviosismo y sin decir más, agarró mi mano y me dirigió hacia una cafetería que se encontraba apenas unos metros alejada de nosotras.

En el corto trayecto pude darme cuenta de que nos encontrábamos en el centro de la ciudad, ya que había diversos monumentos siendo fotografiados por cientos de turista. Pensé que algunos seguramente eran viajeros del transiberiano igual que nosotras. La verdad es que mi hotel estaba un poco alejado de esta parte de la ciudad y sinceramente no sé cómo pude aguantar caminar tanto tiempo soportando ese frio que ahora me resultaba casi imperceptible, ya que su mano, dirigiéndome, desprendía el calor necesario para que mi cuerpo se mantuviera en una temperatura y un estado perfectos.

Cuando entramos al lugar, ambas notamos el cambio brusco a una alta temperatura producida por la calefacción. En seguida, ella comenzó a quitarse su gran abrigo mientras caminaba hacia una pequeña mesa situada junto a la ventana. Me miró un segundo para saber si estaba de acuerdo con su elección y tras una sonrisa afirmativa, nos sentamos.
Esta situación me recordaba mucho al día anterior, cuando la vi por primera vez. Una sentada frente a la otra, separadas simplemente por una mesa y mirando a través de una ventana. Pero en esta ocasión, no veíamos un montón de tierra pasando a cientos de kilómetros por hora. Esta vez, veíamos una plaza rodeada de gente, todo el mundo tomando fotografías y sosteniendo bebidas calientes para escapar del frio.
Hablando de bebidas calientes, pude ver como llegaba una chica, y depositaba dos capuchino frente a nosotras, cosa que me extrañó ya que no recordaba haber ordenado nada.

-Decidí pedir yo misma para no interrumpirte…te veías muy concentrada –Aclaró Anahí, notando mi confusión –Si no te gusta el capuchino, estamos a tiempo de ordenar otra cosa.
-Está bien así…Gracias.

Bebí un sorbo de ese espumoso café mientras sentía su mirada aún clavada sobre mí.

-¿Siempre estás tan pensativa? –Preguntó observándome.
-Siempre suelo estar ausente… pero no quiere decir, que esté pensando en algo…a veces simplemente… disfruto del silencio. Pero tú no te puedes quejar… creo que ayer contigo hablé bastante, para lo que suelo hacerlo sin conocer a alguien.
-Si… pero antes de eso estabas exactamente en la misma posición que estabas hace dos minutos. Mirando hacia la ventana y completamente ausente…
-¿Y tu cómo sabes eso? –Pregunté entrecerrando los ojos –Si ni siquiera te diste cuenta de mi existencia hasta que no te quedó más remedio.

De pronto, su mirada pasó a expresar un ligero aire de misterio, acompañado por unos labios, que sonreían ligeramente, aumentando mi curiosidad.

-¿Eso crees? –Preguntó divertida -Te vi mucho antes de sentarme frente a ti… pero parecías tan concentrada que no quise interrumpirte. Por eso ni siquiera te saludé y me senté directamente.
-¿Estabas observándome? –Dije completamente sorprendida por esa noticia.
-Oye ni te quejes que tú te quedaste cómo diez minutos mirándome después.
-Eso no es cierto… -Me defendí levantando una ceja.
-Ok ok… -Levantó las manos riendo -Te permito que no lo reconozcas si me cuentas en que pensabas ahora mismo.
-No pensaba en nada, simplemente estaba observando a la gente… Por si no lo has notado aún, soy algo extraña –Admití con resignación.
-Pues a mí me gustas.

Rápidamente levanté la vista para encontrarme con esos ojos mirándome directamente.

-¿Qué? –Pregunté cómo pude, intentando disimular los nervios que me había causado.
-Que me gusta tu forma de ser… por muy rara que seas, como tú dices, tienes algo… no sé, especial. Siendo abogado conoces a todo tipo de personas y… la verdad es que nunca he conocido a nadie cómo tú.
-Vaya… así que realmente soy un ***** raro –Asumí sonriendo.
-¿Y crees que eso es malo?
-Bueno… supongo que no entra dentro de la normalidad, pero tampoco es que pueda elegir ¿no?
-Siempre se puede elegir y personalmente creo que tú tomaste la mejor decisión… Hay personas que eligen ser iguales al resto del mundo, mientras su corazón les grita que son diferentes… eso es…muy triste. La vida es demasiado bella para desperdiciarla queriendo ser alguien que no eres.


Nuevamente esa frase “la vida es bella”. ¡No! ¡No es bella!
No puedo evitar pasar una mano por mi cabello en un claro gesto de desesperación –No sé cómo puedes decir que la vida es bella Anahí…

A pesar de su falta de expresión mientras me miraba fijamente, sabía que entendía exactamente a lo que me refería. Lo cierto es que me sentí egoísta al decir eso. ¿Qué sabía yo de sufrimiento? Pero carai no pude evitarlo, a pesar de no querer tocar el tema de su enfermedad, me desesperaba escucharla decir que la vida era bella, cuando yo llevaba las últimas veinticuatro horas maldiciendo al mundo por querer llevársela tan pronto.
Suerte que mi personalidad reservada no me deja gritar a los cuatro vientos cuan impotente me siento en este momento.
Mis sulfurados pensamientos se vieron interrumpidos al sentir el tacto de su mano acariciando la mía por encima de la mesa. De pronto sentí una calma que iba invadiendo mi cuerpo poco a poco, tranquilizando mis pensamientos y dándole un respiro a mi corazón desbocado por el enojo. Continuaba desbocado, pero ya no tenía nada que ver con enfado o impotencia, ahora se sentía bien, acelerado y nervioso pero en paz… como si esas caricias fueran el remedio para cualquier angustia que pudiera sentir.

-¿Qué sientes ahora mismo? –Preguntó consiguiendo que levantara la vista para encontrarme de frente con su mirada –En este preciso momento. Olvídate del resto. ¿Qué sientes?
-Tranquilidad… Entre otras cosas –Respondí demasiado sinceramente.
-¿Cosas buenas? –Continuo preguntando, sin darme una pista de a donde quería llegar.
-Si…
-¿Entonces qué es lo que no te deja ver lo bueno de la vida?
-Que tú vas… -Mi miedo a pronunciar esa palabra me impidió continuar -Simplemente no lo veo justo Anahí. Lo siento… ni siquiera debería estar hablando de esto pero… no es justo, ni bello, ni nada…

Intenté apartar mi mirada antes de sentirme aún más vulnerable de lo que ya me sentía, pero me lo impidió dirigiendo suavemente mi rostro hacia sus ojos. ¿Realmente sabía el poder que tenía en ellos?

-Estoy aquí Dulce, puedes mirarme… puedes tocarme, en este momento estoy aquí y eso es lo único que debe importar. No sufras por algo que no sabemos cuándo llegará… Me prometiste que vivirías siempre el ahora.
-Si Anahí, te lo prometí pero…
-Pero nada –Me interrumpió –Te conté lo de mi enfermedad porque me inspiraste confianza, no para que te sintieras mal. No aparecí en tu vida para eso.
-¿Entonces para que crees que aparecimos en nuestras vidas?
-Para ser consientes de su belleza… No sufras y déjate sorprender Dul.
Permanecí unos segundos observándola, mientras aumentaba su misterio con esa forma de hablar -¿Te estás haciendo la interesante? –Pregunté viendo que no apartaba la mirada de mí.
-Soy interesante… –Respondió levantando las cejas con chulería.
-En eso si tengo que darte la razón… Creí que nunca encontraría a una persona más filosófica que yo.
-Pues mira… ahora tu también encontraste a la horma de tu zapato –Dijo guiñándome un ojo mientras sonreía con picardía.

Estuve unos segundos mirándola, sin decir nada, admirándola… Dejándome contagiar por ese optimismo que desprendía y observando esa forma tan alegre de sonreír, como si realmente fuera la persona más feliz del mundo. ¿Por qué no te conocí antes Anahí? ¿Por qué no puedo disfrutar de ti un poco más?

-Eres increíble ¿sabes? –Dije sin siquiera pensarlo, cómo si mis pensamientos hubieran sido resumidos y expulsados sin poder controlarlo –Ojala nos hubiéramos conocido antes o… en otro lugar...
-Si nos hubiéramos conocido en otro lugar, quizás hoy habrías seguido caminando hasta dios sabe dónde y hubieras terminado con una pulmonía de no haberte encontrado.
-Y si no te hubiera conocido, no habría salido a caminar ni mis pensamientos me hubieran hecho perder la noción de tiempo y lugar, por lo tanto no habría hecho falta que me rescataras.
-Por lo tanto… –Repitió –Las señales son perfectas y la vida te sorprende cuando menos crees.
-¿Siempre crees que todo pasa con un fin? –Pregunté
-Simplemente pienso que las cosas suceden cuando tienen que suceder y no creo en las casualidades, como te dije antes.
-Mañana regreso a Moscú… -Cambié de tema.
-¿Crees que allí se encuentra lo que estás buscando?
-Ni siquiera sé ya lo que estoy buscando –Sonreí irónicamente.
-Estoy segura de que tarde o temprano lo averiguarás… Yo creo en ti…

Esas últimas palabras hicieron que mi corazón, que poco a poco había conseguido tranquilizarse, volviera a latir con rapidez. No pude evitar mirarla fijamente mientras sentía como de nuevo acariciaba mi mano. Pero esta vez no me dejé acariciar simplemente, esta vez tuve el impulso de agarrar fuertemente su mano, mientras mis ojos la miraban con mucha intensidad, como jamás miraron a nadie.

Nunca me habían dicho que creían en mi, y mucho menos de esa forma en que lo había hecho ella, con esa sinceridad y transparencia que trasmitía, con ese cariño que demostraba a pesar de si quiera conocerme. Me parecía realmente extraña la conexión y confianza que había creado con esta chica a la que solo he visto en dos ocasiones. Ni siquiera yo misma me reconocía estando con ella… o quizás, era en estos momentos, estando junto a ella, cuando realmente me sentía yo misma…
-Tengo que volver al hotel –Dijo devolviéndome a la realidad –En un par de horas parte el tren y aún tengo que recoger mis cosas.
-Si… -Asentí levantándome –Será mejor que yo también regrese antes de que anochezca y no sepa por donde volver.
-¿No dejaste migas de pan por el camino? –Preguntó divertida.
-Oh… ¿Cómo se me pudo olvidar? Lo tendré en cuenta para la próxima vez.
-Yo que tu no tentaría a la suerte eh… quizás la próxima vez no encuentres a una linda mujer que te rescate con su café caliente.
-¿Y eso cuando ocurrió? –Pregunté fingiendo, con la intención de picarla.

Su respuesta fue un ligero golpe en mi hombro, tras el cual ambas sonreímos.
Seguidamente nos dirigimos hacia la salida de la cafetería, donde nuevamente Anahí se colocó su abrigo y yo sentí como el insoportable frio, volvía a calar mis huesos. Froté mis manos, una contra otra, en un intento de calentarlas, y cuando quise darme cuenta, Anahí estaba deteniendo mis movimientos, mientras sacaba algo de su bolso. Agarró mis manos y bajo mi atenta y curiosa mirada, las introdujo despacio en unos guantes que consiguieron aislar completamente el frio.

-Los necesitas más que yo –Dijo al ver mi cara de confusión.
-Pero…
-Ya me los devolverás –Interrumpió dedicándome su eterna sonrisa.

Yo simplemente asentí, consciente de que solo lo había dicho para convencerme y agradeciendo realmente ese gesto, que me haría soportar el camino de vuelta.

-Gracias por todo Anahí…

Una vez más tenía que despedirme de ella, volviendo a sentir que no me salían las palabras adecuadas. Entonces, como si hubiera leído mi pensamiento, noté sus brazos rodear mi cuello y su cuerpo pegándose completamente al mío, sumiéndome en un abrazo. Un abrazo que me produjo una repentina parálisis, ya que me costó unos segundos reaccionar. Solo podía sentirla, sentirla tan cerca de mí, que notaba su corazón latiendo contra mi pecho y el olor de su cabello, fresco, transportándome al más soleado de los veranos.

Después de unos segundos, mis brazos respondieron, y me aferré tan fuertemente a ella, que podría haberla dejado sin respiración. La sentía tan frágil y delicada entre mis brazos, que me fue completamente imposible evitar que mis ojos se humedecieran queriendo dejar escapar alguna lágrima. Lágrimas que no sabía exactamente a qué se debían, pero que estaban ahí… formando un nudo en mi pecho. Un nudo que me impedía pronunciar cualquier tipo de palabra. Sólo quería que me abrazara… que me ayudara a combatir esta extraña angustia y que no dejara de abrazarme nunca.

Finalmente pude evitar que mis ojos me traicionaran y controlé esas lágrimas rebeldes que amenazaban con escapar. Poco a poco sentí como su cuerpo se iba despegando y detuvo sus labios a la altura de mi oído.

-Gracias a ti Dul… -Susurró, consiguiendo un inesperado efecto en mi piel –Espero volver a verte.

Sin decir más, depositó un tierno beso en mi mejilla. Un beso que terminó por erizar hasta el último centímetro de mi piel y me hizo sentir completamente *beep* por paralizarme de aquella forma.

Me miró por última vez a los ojos y después de una sonrisa, se marchó.
Dejándome con unas sensaciones aún mayores a las que había sentido el día anterior. Unas sensaciones que no era capaz de explicar, pero que estaban comenzando a controlar absolutamente todo de mí, dejando a mi conciencia y racionalidad, completamente al margen.
Minutos más tarde me encontraba en el hotel. Había pasado el trayecto, caminando sin pensar en absolutamente nada, sin hacerme preguntas, sin sentir el horrible frio azotando mi cuerpo. Lo único que sentía era el tacto de su cuerpo aún pegado al mío y el olor tan vivo que desprendía su piel y su cabello… Aún podía olerlo. Y eso me producía una sensación de bienestar interior difícil de explicar. Era una sensación de… plenitud… ¡eso es! Cómo si su abrazo hubiera completado un vacío existente desde hace mucho tiempo.

Al entrar en mi habitación, dejé mi bolso sobre la cama y allí pude ver mi computadora. Exactamente en la misma posición que la había dejado, encendida, con un documento abierto y completamente en blanco. Allí estaba el motivo de este viaje… mi trabajo… mi sueño… la única forma de vida que conocía. Allí, en aquel pequeño aparato se encontraba todo lo que hasta ahora había sido Dulce María… viajes, aventuras, historias, libros, soledad, vacío… En esa computadora estaban mi pasado, mi presente y mi futuro…

-Mi futuro… -Me dije a mi misma, sonriendo irónicamente.

Por primera vez desde que había entrado en la habitación, sentí un acaloramiento producido por la alta temperatura de la calefacción. Así que, me quité esos guantes que llevaba, con la esperanza de que mis manos se refrescaran. Y fue entonces, cuando sostuve esas pequeñas prendas sobre mis manos, cuando tuve el impulso de acercármelos al rostro y aspirar profundamente su aroma. Olían a ella… a su frescura y vitalidad… Fue en ese momento cuando mi corazón, con su rápido latido me dijo:

“Al diablo con el futuro”

Dos horas más tarde me encontraba ahí… Nuevamente a bordo de ese tren en el que había pasado los últimos días. Sin saber realmente por qué motivo había tirado mi boleto a Moscú en la primera papelera que encontré. Pero eso ya no importaba, estaba aquí, en el transiberiano, rumbo a la siguiente ciudad de esta ruta, a dos metros del vagón donde me gusta sentarme a escribir, con mi corazón latiendo rápidamente, ansioso por llegar y mis nervios aumentando a cada paso que doy.
No tenía una explicación para mi cambio de idea, no sabía realmente que era lo que me había traído hasta aquí y tampoco sabía qué pasaría a partir de ahora… pero…

Mis pensamientos se detuvieron al llegar a la puerta del pequeño vagón y verla ahí, recostada en uno de los pequeños sillones-cama que había a los laterales de la mesa, esos que de día servían para pasar horas, sentada sin que te dolieran los huesos, y de noche se podían convertir en una cama bastante confortable. Me resultó extraño verla ahí, ya que cada pasajero disponíamos de una habitación en la que podíamos dormir cuando el tren viajaba de noche, por eso los espacios comunes a penas eran utilizados.
Permanecí unos segundos observándola, apreciando como un lateral de su cuerpo se movía arriba y abajo, indicando su respiración pausada. Sin duda, me gustaba aquella vista, pero no podía quedarme allí de pie toda la noche. Así que intentando hacer el menor ruido posible, entré y muy despacio me acerqué a ella.
Agarré una manta y cubrí su cuerpo del frio, agachándome para hacerlo con más delicadeza. Su cuerpo debió notar el cambió, ya que se movió ligeramente y abrió los ojos despacio, encontrándome a mí, arrodillada justo frente a ella.

-¿Dulce? –Preguntó murmurando, como si el cansancio no la dejara hablar bien – ¿Qué haces aquí? Creí que habías decidido ir a Moscú.
-Así era, pero… -Sonreí –La vida te sorprende cuando menos crees…

Ella asintió, sonriendo y haciendo un enorme esfuerzo porque sus ojos se mantuvieran abiertos.

-¿Por qué estás aquí? –Pregunté preocupada –Seguro que es más cómoda la cama de tu habitación que este sofá.
-Te estaba esperando…

Mi tonto corazón dio un salto al escuchar esas palabras y ambas permanecimos unos segundos mirándonos fijamente, como solíamos hacer desde que nuestras miradas se cruzaron por primera vez. Un impulso me empujó a acariciar suavemente su rostro, mientras sus ojos comenzaron a darse por vencidos y se cerraron.

-Que descanses…Any –Susurré para después depositar un pequeño beso en su frente.

Siento tantas ansias de protegerte –Dije para mí misma mientras la observaba sumergida en ese profundo sueño, tan delicada cómo cuando nos abrazamos, tan inocente como una niña pequeña. Ella, que habría vivido y visto cosas que yo ni si quiera podía llegar a imaginar, una abogada luchando contra una enfermedad terminal, una mujer fuerte… mis ojos la veían como una niña llena de vida, una niña a la que quería cuidar para que nada malo le sucediera…
Ahora… en este momento, algo en mi interior me susurraba…

“Mira que bella es la vida… Te sorprende cuando menos crees

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:49 am

Capitulo 4

(Voy a subirme a este tren…No me importa el destino…)

Creo que esta ha sido la noche que menos he dormido en toda mi vida. Perdí la cuenta del tiempo que estuve mirándola después de haberse quedado dormida, observando su sonrisa, deseando introducirme en sus sueños para saber que la hacía tan feliz, que cosa conseguía que permaneciera en ese estado de calma absoluta. Ese mismo estado al que incluso a mi me transportaba… ¿Cómo era posible que una persona me transmitiera tantas cosas buenas solamente con mirarla?
Pues sí, así es Anahí, una persona que irradia luz por cada uno de sus poros. Es bonita… sin duda a cualquier ser humano con dos ojos en la cara tiene que parecerle bonita. Pero ya no es solo eso… su halo, su personalidad, algo hay en ella que por algún motivo se había depositado en un lugar de mi interior, al que nadie había llegado jamás. Un lugar al que cada segundo se aferraba con más fuerza… Si esto es así ahora, a dos días de conocerla… ¿Qué pasara mañana? ¿Hasta dónde van a llegar estos sentimientos?

-¿Ya te volvió la inspiración? –Preguntó consiguiendo sobresaltarme.

Detuve mi escritura y mis pensamientos para mirarla con una sonrisa. Me alegraba verla despierta… Me alegraba mucho y mi corazón, como siempre, quiso que quedara constancia de ello, acelerando sus latidos y consiguiendo que mi estomago se le uniera en una revolución conjunta. A veces me planteaba si mi fisionomía sería capaz de aguantar semejante alboroto por mucho tiempo sin traerme consecuencias.

-¿Dormiste bien? –Pregunté antes de que se diera cuenta que me había vuelto definitivamente tonta.
-Bueno… -Estirando sus brazos y moviendo ligeramente su cuello –Todo lo bien que se puede dormir aquí. ¿Qué hora es?
Miré un segundo el reloj de la computadora, que estaba encendida a mi lado –Las 8:00 Am

Sus ojos se abrieron enormemente, mirándome como si hubiera dicho algo asombroso.

-¿Las 8:00 de la mañana? ¿Desde qué hora estás despierta Dulce?
-No lo sé –Encogiéndome de hombros –Creo que no habré dormido más de tres horas.
-¡¿Tres horas?! ¿Y estás tan despierta como si fueran las 5:00 de la tarde? ¿Tan repentina te vino la inspiración que no podías esperar a una hora decente para desarrollarla?
-Si te refieres a la inspiración de mi libro, te informo que sigue exactamente igual de perdida que en los últimos días –Dije divertida, observando su rostro entre adormilado y asombrado.
-¿Entonces qué estás escribiendo? –Señalando el bolígrafo junto al papel que había dejado minutos antes.
-Oh… esto… en realidad es tuyo.
-¿Mío?
-Si… es que estaba aburrida… -Dudé con cierto miedo –Vi que habías estado escribiendo una canción y… como no despertabas… me puse a continuarla… lo siento.

Su rostro permaneció serio unos segundos, haciéndome eterna la espera. Quizás le molestaba ese atrevimiento por mi parte. Reconozco que no estuvo bien… No tendría ni que haber cogido ese papel. Pero no pude evitarlo y en cuanto la leí, las palabras fluyeron una detrás de otra, haciéndome recordar por qué me gustaba tanto escribir.

Sin decir una sola palabra, se levantó de su asiento y rápidamente se sentó a mi lado, agarrando el papel, mientras yo permanecía en ascuas.

Tardó apenas unos segundos en leerla completa, o al menos lo que había escrito hasta ahora, cuando me miró directamente a los ojos. Consiguiendo que mi nerviosismo de antes de multiplicara infinitas veces por el simple hecho de tenerla tan cerca y seguir sin saber su opinión.

Entonces, todos esos temblores internos y ansias desaparecieron cuando sus labios dibujaron esa sonrisa tan especial que poseía…

-Es preciosa Dul… Imaginaba que tenías talento pero…esto es…

El alivió que me invadió fue inmediato y por fin pude soltar el aire que estaba manteniendo.

-Yo solo continué lo que tú estabas haciendo… -Añadí con timidez -¿De verdad te gusta?
-Me quedé dormida mientras escribía y ahora mismo, al leerla… sentí que estaban plasmadas todas y cada una de las palabras que quería transmitir… Me encanta… ¿Cómo te dio por hacerlo?
-Bueno… aún no está terminada. Pero no lo sé… la leí y… las palabras vinieron solas… simplemente quise aprovechar ese momento de inspiración y recordar por qué no he abandonado mi profesión aún.
-Gracias… -Dijo mientras nuestras miradas se detenían, una sobre la otra, sonriendo tontamente.
-¡Ni gracias ni nada! –Interrumpí el momento agarrando una guitarra que tenía a mi lado –Quiero que me la cantes…

Sus ojos se abrieron como platos ante mi repentina reacción.
-¿De dónde sacaste esa guitarra? –Preguntó perpleja.
-Este… -Dudé apartando la mirada -La tomé prestada…
Sentí como sus ojos se hacían más pequeños mientras fruncía el ceño -¿Qué quiere decir que la tomaste prestada?
-Pues… eso… que cuando iba de camino al baño, la encontré en un vagón y me la llevé.
-¡¡ ¿Robaste una guitarra?!! –Preguntó completamente sorprendida y alzando la voz.
-¡¡Shh!! –Me apresuré a tapar sus labios con un dedo –No la robé, solo la tomé prestada y además dejé en su lugar, más dinero del que seguramente cuesta.
-¡Estás loca!
-Lo sé… eres una mala influencia.
-Ah, ¿así que tú robas una guitarra y yo soy la mala influencia? –Preguntó burlona.
-Si… Hace dos días, la habría encontrado y mi conciencia hubiera superado al deseo de llevármela. Pero hoy simplemente la vi y pensé… quiero terminar la canción y escuchar a Anahí cantarla… Así que dejé dinero y me la llevé. Pero ya te dije que sólo la tomé prestada, en un rato la devuelvo… ¿Hay que vivir el ahora no? Pues eso es lo que estoy haciendo… y ahora quiero escucharte cantar.
-¿A dónde se fue la Dulce comedida de los últimos días?
-Desapareció en cuanto te conoció –Sentencié comenzando a tocar unos acordes.

Sentía su mirada clavada sobre mí, mientras intentaba concentrarme en tocar bien esa melodía que llevaba imaginado prácticamente toda la noche.

Después de unos segundos, se acercó un poco más a mí y levantó ligeramente el papel donde estaba escrita la canción, de manera que ambas pudiéramos leerla. Su cercanía aumentó mi nerviosismo y di las gracias por tener entre mis brazos esa guitarra que servía como escudo protector ante la extraña tensión que comencé a sentir.
Entonces… en el momento en que su garganta se unió a la melodía de aquella guitarra… el mundo a mi alrededor desapareció. La gente que pasaba por los pasillos ya no existían. El ruido a veces insoportable del tren dando tumbos por aquellas vías, ya no se escuchaba. Absolutamente nada era más importante en ese momento que su voz, comenzando a interpretar esta canción que había adquirido una magia especial en sus labios.

“Y voy a subirme a este tren,
No me importa el destino, quiero estar conmigo,
Saber que también yo valgo la pena,
Y que mi corazón ha estado tan tibio,
Por falta de amor… Y en este vagón…
Vi en los ojos de alguien más… (Acariciando mis ojos suavemente)… a tú corazón…”

(Su gesto y el contacto me produjeron una sonrisa extremadamente nerviosa que solo pude calmar, dejándome llevar por el momento y uniéndome a ella en la canción)

“Aleph…Aleph…Aleph
Aleph, Aleph, Aleph, Aleph”

(Su sorpresa fue evidente al escucharme acompañarla y por algún motivo, decidió dejarme sola en la siguiente estrofa)

“Te vi y decidí ignorarte…
La verdad no estoy en posición… de sufrir
Y decidí bajarme…En la primera estación.
Pasaron más de cuatro días… Y en mi pensamiento estabas tú...”

(Mirando sus ojos muy fijamente dejé que la magia se hiciera dueña del momento y juntas interpretamos esa última frase…la más especial… esa que definía a la perfección todo lo ocurrido estos días)

“Pero mira que bella es la vida… te sorprende cuando menos crees”

Continué tocando los mismos acordes en la guitarra, mientras nuestras miradas seguían clavadas la una en la otra.

-Hay que terminarla… –Después de unos segundos, ya dejando de tocar.
-No sabía que también cantaras.
-No suelo hacerlo delante de nadie… -Me encogí de hombros -Se me da mejor escribir. En cambio tú… tienes una voz mágica…
-Es la primera vez que le canto a alguien ¿sabes?
-¿En serio? –Pregunté sorprendida por esa confesión -¿Y eso por qué?
-Como ya te dije cuando nos conocimos, mi familia es algo estricta…Para ellos esto no tenía ni la más mínima importancia.

Pude notar en su rostro siempre alegre un atisbo de tristeza o quizás decepción. Me parecía realmente imposible que nadie hubiera podido disfrutar jamás de esa voz… Pero una parte de mí se sentía tremendamente orgullosa por haber sido la primera y única persona con la que ha compartido esto que tan importante es para ella.

-Pero… ¿Y tu novio? ¿O alguna amiga? No puedo creer que nadie te haya escuchado nunca.
-¿Poncho? –Preguntó riendo –A Poncho de lo único que podía hablarle era de cuántos hijos pensábamos tener y a que maravillosa escuela los íbamos a enviar… Y en cuando a mis amigas, realmente nunca tuve una especial con la que compartir algo tan importante para mí como es la música. No les importaba otra cosa que no fueran los chismes y los lugares de moda para viajar en vacaciones.
-Vaya… Al final va a resultar que nuestra vida no era tan diferente como creíamos.
-¿También tienes un novio pesado y unas amigas insoportables?
-¡No! –Negué sonriendo –Ni novio pesado, ni amigas insoportables.
-¿Entonces…?
-Quise decir que tú… aunque estuvieras rodeada de gente, probablemente en más de una ocasión te sentiste completamente sola y… seguramente en alguna otra parte de México yo estaba sintiéndome exactamente igual.

Me miraba con curiosidad, como si quisiera adivinar algo solamente viéndome a los ojos.

-¿No hay ni siquiera una persona…alguien que…?
-No –Interrumpí rápidamente –Mi madre… murió cuando yo tenía doce años. Desde entonces he estado prácticamente sola. Ha habido gente a mi alrededor, pero realmente nadie ha conseguido entrar en mi vida… supongo que yo misma decidí convertirme en ese “lobo solitario” que tú misma dijiste –Finalicé con una sonrisa.

Ella permaneció atenta, mirándome seriamente con esos ojos azul intenso que me hacían sentir completamente transparente.

-¿De qué murió? –Preguntó obviando el resto de datos –Tu madre…

Dudé unos segundos antes de dar esa respuesta, realmente no sabía si estaba preparada pero… ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Mentir? ¿Cambiar de tema? No… Anahí no era del tipo de personas que se daban por vencidas cuando querían saber algo. Así que… no tuve más remedio que responder.

-Tenía un tumor cerebral…
De pronto, se formó un silencio que invadió cada espacio de aquel vagón consiguiendo que una sensación de incomodidad se apoderara de mí.

Pero entonces, como si mis sentimientos no fueran un secreto para ella, agarró mi mano fuertemente, consiguiendo que la mirara nuevamente a los ojos y sin siquiera darme cuenta entrelazara mis dedos con los suyos. En un intento de que me transmitiera su fuerza para explicar lo que llevaba tantos años guardando, tantos años sin contar a nadie y escondido en un baúl que creí jamás volver a abrir.

-…Yo no lo sabía –Expliqué –Decidió no contármelo y continuar nuestra vida como si no pasara nada… Pero un día, mi abuela fue a buscarme a la escuela antes de la hora de salida. Esa tarde había prometido llevarme a un parque de atracciones –Recordé mientras mis ojos se humedecían –Pero eso nunca ocurrió, cuando llegué al hospital estaba muy mal… Ahí me contaron lo que pasaba y en vez de simplemente llorar como cualquier niña de doce años, me enfadé con ella, me enfadé tanto que… -Unas lágrimas que habían comenzado a caer por mi rostro fueron detenidas por sus dedos –Después ya nada fue igual, murió en cuestión de horas… y pasé años enfadada… Llegó un momento en el que ya no sabía si estaba enojada con ella por no habérmelo contado o conmigo misma por reaccionar de esa forma y dejarla marchar sin decirle cuanto la quería y agradecerle todo lo que hizo por mí… Porque desde el momento en el que se enteró, su vida estuvo dedicada a mí, cada segundo me decía que me amaba y se encargó de que viviéramos al máximo cada uno de sus días, por muy cansada que estuviera, a pesar de esos terribles dolores de cabeza, nada impedía que llenara mis días de vida… Desde entonces no he dejado que nadie entre en mi corazón… hasta que te conocí…
-¿Por qué volviste Dul? –Preguntó claramente emocionada -¿Por qué… si llevas tantos años alejándote de la gente para no sufrir? ¿Por qué… si ya sabes cuál será mi final?
-Porque no quiero cometer dos veces el mismo error Anahí… Si pensara en lo que pasará mañana seguramente no estaría aquí. Mi primer impulso fue irme y alejarme de ti lo máximo posible… Pero entonces te volví a encontrar y me hiciste entender que por alguna razón estabas apareciendo en mi camino una y otra vez, por alguna razón no he sido capaz de escribir una sola página de mi libro y por alguna razón no podía dejar de pensar en ti después de conocernos… Realmente no sé cuáles son esas razones, pero sé que si estoy aquí es por algo y que si decidí mandar al diablo mis planes también es por algo… Quiero hacer este viaje contigo, quiero que vivamos cada día como si fuera el último, quiero seguir aprendiendo de ti…

Nuevamente se produjo un silencio en el que simplemente me miraba, sin hacer ningún tipo de gesto, sin decir una palabra, consiguiendo que esas milésimas de segundo fueran las más largas de toda mi vida. Nunca me había planteado siquiera la posibilidad de cambiar mis planes por alguien… Nunca había deseado tanto estar al lado de una persona como en este momento, aunque fuera totalmente consciente de que eran sus últimos días…aunque el simple pensamiento de su muerte me formara una angustia paralizante. Aunque todo esto fuera contradictorio… quería estar con ella hasta el final…

-¿Estás dispuesta a vivir cada segundo de tu vida al máximo? –Preguntó rompiendo el silencio.
-Si.
-¿Sin importar lo que diga o piense la gente?
-Si.
-¿Escuchando a tu corazón en todo momento?
-Si.
-¿Sin tenerle miedo a nada?
-Si.
-¡Entonces prepárate Dul! –Dijo con un brillo resplandeciente y especial en sus ojos -Porque vamos a vivir como jamás hemos vivido…Vamos a hacer todo lo que nunca pensamos que haríamos… Intensamente… sin miedo… ¿Estás realmente preparada para aceptar este reto? –Preguntó estrechando su mano.
-Absolutamente preparada –Sentencié sellando el trato -¿Cuándo empezamos?

Su sonrisa de medio lado y el brillo de sus ojos, demostraron que algo estaba pasando por su cabeza…

-Espero que hayas traído ropa de fiesta –Dijo con picardía en su mirada.
-¿Fiesta?
-Esta noche vamos a encontrar una buena fiesta… y vamos a bailar sin control… hasta que nuestras piernas no puedan mantenernos…
-Estás loca… -Dije mientras la observaba con asombro y una secreta admiración.
-Gracias a eso estás aquí –Finalizó sonriendo con seguridad.

Podría afirmar perfectamente que llevo dos horas frente al espejo, probándome una y otra vez diferentes combinaciones de la poca ropa que traigo.

-¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mi? Si llego a saber lo que me esperaba, desde luego me hubiera molestado más en hacer la maleta… No puede ser que no haya traído nada medianamente decente para una fiesta. Aunque pensándolo bien, creo que nada me parecería lo suficiente bueno para ponerme.

En fin… que no cunda el pánico Dul…
¿Dul? ¿Desde cuándo me digo así a mi misma?

Bueno… retomando el tema. Si Anahí no ha dado señales, puede que exista la posibilidad de que se encuentre exactamente en la misma situación que yo ¿No?

-¡¿Dul?! -Escucho como dicen mientras llaman a la puerta.

¡Perfecto! Si antes lo dices, antes aparece… Estoy comenzando a pensar seriamente que me lee la mente o tiene una extraña conexión con mi cerebro.

-Creí que te habías quedado dormida –Dijo en cuanto abrí la puerta.
-¡Tenemos un problema!
-¡Que no cunda el pánico Houston! –Bromeó al ver mi cara de preocupación
-Muy graciosa –Entrecerrando los ojos –Anda ven.

Me aparté un poco de la puerta para cederle el paso y cuando volteé se encontraba observando el montón de ropa que había sobre la cama. Permaneció unos segundos en esa posición antes de voltear de nuevo hacía mi y mirarme de arriba abajo, recorriendo con sus ojos cada parte de mi cuerpo, cubierto simplemente con una toalla y consiguiendo que mi piel se erizara con el paso de su vista.

-¿Cuál es el problema? –Preguntó una vez había llegado con su mirada a la altura de mis ojos.

De pronto, mi cuerpo desprendía un sofocante calor por cada uno de sus poros y me di cuenta de que probablemente mi rostro estaría de un color rojo fuego en estos momentos.

-¿Quién es la que está dormida Any? Mucha ropa encima de la cama… Yo, aún en toalla… Dos horas en la misma situación… ¿Cuál crees que es el problema? -Pregunté como si fuera obvio -¡No tengo nada que ponerme!
-¿Por qué no vas así? -Señalando mi cuerpo casi desnudo con una pícara sonrisa que me puso aún más nerviosa si todavía era posible.

Mi única respuesta fue un levantamiento de ceja al que respondió ampliando su sonrisa burlona.

-Está bien, Está bien –Se defendió levantando las manos –La verdad es que venía a decirte que yo también llevo dos horas probándome de todo y nada me convence.
-¿Entonces qué hacemos? ¿Ya no salimos?
-¡¿Qué?! ¿Dulce… tú no has aprendido nada?

Me encogí de hombros sin saber realmente a lo que se refería.

-¡En este preciso momento tú y yo nos vamos de compras!

Agarró mi mano totalmente dispuesta a dirigirme hacia la puerta.

-¡Any, Any, Any! –Intenté decir lo más rápido que supe, cuando pude reaccionar.
-¿Qué? –Preguntó volteando.
-Aún no hemos llegado a la estación…
-No importa, saltaremos con el tren en movimiento.

Sentí como el oxigeno dejó de llegar a mi cerebro por un momento, produciendo una palidez automática en mi rostro. Cosa que pareció causarle bastante gracia, ya que amplió enormemente su sonrisa al ver mi cara de susto.

-¿Ya no solo estás loca sino que también eres una suicida?
-Si no quieres que te saque de aquí con esa sexi toalla, será mejor que te vistas… Te espero tomándome un café… No tardes.

Tras decir eso, después de picarme un ojo y sonreírme con esa picardía con la que solo ella me sonrojaba, salió definitivamente de mi habitación, cerrando la puerta a su paso.

-Por favor… -Supliqué apoyando mi frente en la puerta, mientras mi corazón latía a un ritmo desenfrenado –Necesito fuerza para que esta mujer no termine volviéndome loca.
Minutos más tarde, me encontraba completamente lista… Lista para… ni siquiera sé para qué, pero vestida al fin y al cabo.

Llegué a “nuestro” vagón y la encontré exactamente igual a la primera vez que la vi, completamente concentrada en el paisaje que pasaba a toda velocidad en el otro lado de la ventana.

Me permití el lujo de permanecer unos segundos observándola, aprovechando el hecho de que nadie me veía en ese momento y ella aún no se había percatado de mi presencia.
Lo cierto es que, cada minuto que pasaba a su lado me resultaba una persona aún más interesante… Una chica aparentemente formal, con una importante profesión, con mucha experiencia en la vida y una inteligencia descomunal... Si tenías la suerte de conocerla realmente, resultaba ser una niña alocada, divertida, pícara… una niña que no le tenía miedo a nada y con una alegría contagiosa. No puedo evitar sentirme increíblemente afortunada por haberme encontrado con alguien así… Y tampoco puedo evitar esta tonta sonrisa que se forma en mis labios cuando pienso en todo esto.

-¿Qué piensas? –Me decidí a preguntar después de unos segundos.
-Sólo disfruto del silencio… -Sonriendo al verme.
-Oh Oh… Creo que se te están pegando mis rarezas
-Bueno, así ya tendré algo que decirte cuando me eches en cara que estás loca por mi culpa.

Antes de que pudiera responder, una vez más fui interrumpida por el ruido procedente de las bocinas del tren, indicando que llegábamos a la siguiente estación.

-¡Vamos! –Dijo levantándose rápidamente cuando el tren aún no se había detenido.

Pasó por alto mi cara de asombro y me agarró de la mano, dirigiéndome completamente desesperada hacia la salida.

-Yo creo que en realidad te gustó esa idea de saltar con el tren en marcha…

Una furtiva mirada fue su respuesta antes de que el vehículo se detuviera y nos dejaran salir definitivamente, recordándonos que mañana era la partida hacia el siguiente destino y deseándonos una feliz estancia en Baikal. O al menos eso supongo que habrán dicho porque mi Ruso sigue siendo igual de pobre que el primer día y mi nivel de inglés también es algo escaso…
Cuando quise darme cuenta, me había conducido a toda prisa hacia una zona comercial, como si conociera este pueblo de toda la vida.

-¿Cómo supiste el camino? –Pregunté mientras nos dirigíamos a una tienda en concreto.
-El secreto está en seguir a la multitud –Respondió burlona –¿De verdad tu eres una escritora que viaja por el mundo o fue una mentira que me contaste el primer día con la intención de impresionarme?
-Si… en realidad soy un agente de la NASA, pero me pareció mucho más interesante lo de escritora bohemia –Dije encogiéndome de hombros.

Su risa se escuchó por toda la tienda, consiguiendo que absolutamente todo el mundo volteara para mirar hacia la puerta por la que acabábamos de entrar y donde aún nos encontrábamos.
-Y yo que quería pasar desapercibida… -Dije en voz baja. Mientras las miradas acusadoras de clientes y dependientes se clavaban sobre nosotras.
-¡Todos tranquilos! –Gritó Anahí –¡Esta chica es un agente de la NASA, están todos a salvo!

No pude evitar llevarme una mano a la frente, completamente incrédula por lo que estaba haciendo.

-¿No querías pasar desapercibida? –Preguntó juguetona.
-¿Tú no conoces el significado de la palabra “vergüenza” verdad? Ve cómo nos miran… -Sin poder evitar reírme al ver los rostros desencajados de esas personas –Ni siquiera te entendieron.
-Eso es lo más divertido de todo –Finalizó divertida, dirigiéndose hacia el centro de la tienda.

No pude evitar seguirla, sacudiendo la cabeza y riéndome interiormente. Definitivamente… estaba segura de que me esperaban muchas sorpresas a partir de ahora.

Se acercó directa a un expositor donde habían algunos vestidos y sin siquiera pensarlo agarró uno rojo, aparentemente muy sexi y sugerente. Seguramente le sentará perfecto, pensé ilusa.

Sí ilusa… Porque mi sorpresa llegó cuando lo colocó bajo mi cuello y se detuvo unos segundos a observar como quedaba la prenda en mi cuerpo.

-¡Perfecto! –Dijo claramente entusiasmada.
-¿Perfecto para qué exactamente?
-Para ti… para esta noche…
Mis ojos se abrieron como platos, evidenciando una clara alucinación.

-¿No te gusta? –Preguntó confundida.
-Es precioso Any, pero… ¿Eres consciente de que ahí fuera estamos aproximadamente a cinco grados? Ya te hartaste de mi y quieres que muera congelada ¿Verdad?
-Dul… Deja que te explique cómo funciona el mundo -Dijo mientras me agarraba del brazo y me dirigía hacia los probadores –Existen unas prendas, llamadas abrigos, muy útiles por cierto, que se utilizan en países como Rusia, para que las personas normales no mueran congeladas y aún así puedan lucir hermosas y bellas… Ya sé, ya sé –Continuó al ver mi seño fruncido –No te hace falta ese vestido para verte hermosa, pero vinimos en busca de la prenda perfecta y la tienes en tus manos, así que pruébatelo mientras me encargo de buscar el abrigo y los zapatos también perfectos…

Sin dejarme responder, corrió la pequeña cortina que me aislaba del resto de la tienda, proporcionándome algo de intimidad.
Ok Dulce –Me dije a mi misma –Respira hondo y piensa con calma… Esta chica está absolutamente chiflada… Y no vayas a fingir ahora que eso no te gusta… Reconoce que si no te encantara, no pondrías esa cara de estúpida que pones cuando comete alguna de sus locuras…
¿Qué diablos estás haciendo conmigo Anahí?

-¡¿Ya estás lista?! –Gritó desde el otro lado.

Antes de que pudiera responder, la cortina del pequeño probador se abrió de golpe, desvelándome ante ella, vestida con ese traje que ella misma había escogido.

De pronto se formó un silencio absoluto, en el que simplemente me observaba, con una mirada tan intensa que no supe entender bien lo que significaba, pero desde luego conseguía intimidarme, ruborizarme y seguramente faltaban palabras en el diccionario para definir bien lo que me hacían sentir esos ojos azules mirándome de arriba abajo sin ningún tipo de pudor.

-Preciosa… -Añadió después de unos segundos sin quitarme la vista de encima.

La verdad es que había escogido el vestido perfecto, no solo porque fuera hermoso, además creo que era absolutamente mi estilo. Rojo… a juego con el tono rojizo de mi cabello, ceñido en la parte superior y con un corte en la parte inferior que extendía la mini falta por un lateral hasta prácticamente el tobillo. Mi largo colgante con el símbolo de la paz, lejos de desentonar, parecía ser el complemento perfecto.

Cuando quise darme cuenta, me encontraba de nuevo en el interior del probador, mientras Anahí cerraba la cortina nuevamente, pero esta vez quedando en el interior junto a mí.

-¿Qué haces? –Pregunté cómo pude, poniéndome tremendamente nerviosa por la cercanía debida al poco espacio del lugar.
-Ahora me toca a mí –Respondió mirándome fijamente, con nuestros rostros a un palmo de distancia, consiguiendo que cada vez me costara más respirar y concentrarme –Los otros probadores están ocupados. Así que… espero que no te importe que me vista aquí contigo.

Ok… Una pausa reflexiva. Es cierto que los probadores son pequeños, pero siento su respiración casi chocar con la mía, y aunque nuestros cuerpos no se rocen, puedo notar perfectamente el calor que ambos desprenden… ¿Es esto normal? ¿O se propuso matarme de un paro cardiaco aquí mismo? Porque si eso es lo que quiere, está a punto de conseguirlo… Estoy completamente segura de que hasta ella misma puede escuchar el latido desenfrenado de mi corazón en estos momentos… Definitivamente esto no puede ser bueno para la salud… ¡Que alguien me ayude!
Por un momento parece que mis súplicas fueron escuchadas, ya que, debido a la ausencia de respuesta por mi parte, se volteó de cara al espejo, quedando de espaldas a mí y dándome el espacio suficiente para que por fin el oxigeno llegara a mi cerebro.

-Gracias a dios… -Susurré en voz baja.
-¿Dijiste algo? –Preguntó mirándome a través del espejo.
-No –Intenté sonreír –Solo que hace calor aquí dentro.

Asintió y sin dar ninguna otra respuesta, con un movimiento rápido, del que apenas me percaté, se quitó la parte de arriba de su vestimenta, quedando con medio cuerpo simplemente en ropa interior.

Oh… Genial, solo faltaba esto –Me dije a mi misma, irónicamente.

Sentí la enorme necesidad de mantener la respiración, no sé exactamente para que, si para controlar el hormigueo de mi estómago y los latidos desbocados de mi corazón o para quedarme sin aire y demostrarme a mi misma que aún estaba viva, porque desde luego esta situación era lo más extraño que jamás me había ocurrido. Cualquiera diría que nunca he visto a una mujer en ropa interior. Ni siquiera cuando perdí la virginidad estaba tan nerviosa por ver a un hombre desnudo… Aunque siendo sinceros, muy poco tenía que ver el cuerpo de un hombre con el de Anahí… Tan fina y delicada, pero firme al mismo tiempo… Una espalda perfecta, pequeña y ejercitada, aparentemente suave… Unos hombros firmes en los que recae su cabello ondulado, colocado todo a un mismo lado… Su olor, ese olor adictivo que desprendía con cada uno de sus movimientos… Sus…

-¿Me ayudas? –Interrumpió cuando mi mirada estaba a punto de recorrer la parte delantera de su cuerpo.
-S…s…si…claro –Balbuceé aceptando la prenda que me ofrecía.

Levantó los brazos para permitirme introducir el vestido. Y desde una posición trasera fui testigo, de cómo la prenda caía lentamente por su cuerpo, amoldándose a cada espacio y ajustándose como si fuera un guante hecho a medida.
Esa imagen produjo en mi cuerpo unas sensaciones imposibles de explicar. Tanta fue mi hipnosis que ni siquiera me di cuenta del momento en el que desabrochó sus jeans y los dejó caer, para cederle el paso a ese espectacular vestido de seda.
Negro… brillante… La parte inferior le llegaba un poco por encima de las rodillas, dejando al descubierto la mayor parte de sus piernas, que a pesar de no ser muy largas, me parecían las piernas más increíbles que jamás había visto en una mujer.

-¿Puedes subirme la cremallera? –Preguntó haciéndome despertar de este tonto estado en que parecía que hasta mi propio idioma se me había olvidado.

Con mis manos siendo invadidas por un temblor extraño y tremendamente exagerado, estiré un poco el vestido hacia abajo y fui subiendo muy despacio esa cremallera situada en su espalda, observando como con cada paso, el vestido se ceñía más a su cuerpo. Hasta que estuvo definitiva y perfectamente colocado.
Mi primer impulso, una vez terminado mi trabajo, fue apartar definitivamente las manos y retirarme lo máximo posible para recuperar el aliento. Pero algo me lo impedía… algo me hizo depositar las manos en su cintura y acercar su cuerpo al mío, como si fuera un imán impidiéndome que retrocediera o despegara mi cuerpo del suyo, recreándome con el aroma que desprendía su cabello, observándola a través del espejo… Observándonos…
Su mirada estaba fija en mi reflejo y sus manos sobre las mías agarrando su cintura. Ambas mirábamos nuestro reflejo. Y a pesar del temblor que me invadía y del nerviosismo del momento, me sentía segura al ver esa imagen… Porque sentía que era la imagen más perfecta que había visto jamás.

-¡¡Ladies please!! –Gritaron desde el otro lado.

Rápidamente me aparté, sintiendo como esos gritos me sacaban de un mundo mágico en el que estuve por unos minutos, devolviéndome a la realidad.
-¡¡Ladies leave here!! –Escuchamos nuevamente.
-¿Y a este que le pasa? –Preguntó Anahí pareciendo enojada.

Abrió la cortina bruscamente para encontrarnos con el dependiente de la tienda, hablando no sé cuantas cosas en ruso y haciendo exagerados gestos con las manos, que por lo que pude entender, intentaba decirnos que no podían haber dos personas dentro de un mismo probador. Lo cierto es que el hombre se veía bastante ofuscado, como si hubiéramos cometido un terrible pecado.

-A lo mejor llevaba tiempo llamándonos y no lo escuchamos –Le dije a Any mientras el hombre seguía hablando desesperado frente a nosotras.
-Los rusos están locos… -Añadió completamente atónita.
-¡Oh no… Es la primera vez que encontramos a alguien más loco que tú… el fin del mundo está cerca!
-¿También te parece más guapo que yo? –Preguntó mirándome con una sonrisa descarada y retadora.

¡No! Obviamente no… Y ella lo sabía perfectamente. Como también sabía que yo no lo reconocería… Al menos, no mientras me mirara con esa sonrisa picara de chulería a la que intentaba resistirme frunciendo el seño y sin contestar nada… ya se sabe que después todo puede ser utilizado en mi contra.

Con esa sonrisa de satisfacción por mi silencio, nos dimos cuenta de que el dependiente aún seguía hablando con nosotras, como si en realidad le estuviéramos entendiendo.

-Dul… saca tu identificación de la NASA y haz que se calle, porque a este hombre le va a dar un infarto.

Su comentario, la forma en la que miraba a ese señor, los gritos ofuscados del mismo y en general el panorama de la situación, me causaron una risa inevitable.

Risa después de la cual se produjo un silencio sepulcral en toda la tienda. Mientras el dependiente me miraba como si estuviera a punto de explotar.

-Mejor vámonos de aquí… porque no creo que lo hayas arreglado.

Y así fue, agarró mi mano antes de que el señor estallara en cólera y salimos a toda prisa de aquel lugar

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:49 am

Entre risas y nuevamente los gritos de fondo, llegamos a la calle donde el tremendo frio nos azotó de golpe consiguiendo que nos diéramos cuenta de un hecho que habíamos pasado completamente por alto.

Nos miramos una a la otra de arriba abajo. Una y otra vez para cerciorarnos de que era cierto, habíamos salido tan deprisa que no nos dimos cuenta de que aún llevábamos puestos los vestidos. Así que en unas milésimas de segundos, cuando nuestras miradas se encontraron…

-¡¡Corre!! –Gritamos al mismo tiempo.

Casi sin aliento llegamos de nuevo al tren, el cual no había cerrado sus puertas, ya que todos los pasajeros siempre teníamos la opción de pasar la noche en él aunque estuviéramos detenidos en una ciudad. Algunos decidían igualmente buscar un hotel cercano al centro, para no tener que desplazarse hasta la estación cada vez que quisieran descansar. Pero en este caso, nosotras aún no habíamos tenido tiempo de buscar uno y lo cierto es que, esta vez el transiberiano volvía a partir por la mañana, así que no tenía mucho sentido hacer las maletas para unas cuantas horas simplemente.
Como iba diciendo… Llegamos casi sin aliento, por causa de la tremenda carrera y de las incontrolables risas. La gente nos miraba de una forma muy extraña, algo bastante normal cuando ves a dos locas que no paran de correr descalzas, con unos vestidos de fiesta tan cortos que el frio congelaría hasta sus pestañas, al más puro estilo “Jack Dawson en Titanic”.
Ni siquiera sé por qué nos echamos a correr en vez de entrar nuevamente a la tienda y devolver los vestidos. Desde luego, si algo no me pasaba estando con Anahí, no me pasaría nunca, eso lo doy prácticamente por hecho.
Al entrar en el tren, automáticamente sentimos el calor de la calefacción que agradecimos enormemente y entre más risas terminamos en su habitación, queriendo escapar de las miradas acusadoras de pasajeros y cualquier persona que se cruzara en nuestro camino.

-¡Eres un peligro público! –Dije apoyándome en la puerta que cerré a mi paso, para recuperar un momento el aliento.
Ella, que había ido directamente hacia la cama y se encontraba sentada frente a mí, me miró un momento, con una sonrisa que noté algo extraña, carente de fuerza, como si ocurriera algo e intentara disimularlo.
La risa desapareció completamente de mí y me acerqué despacio a ella que ahora se encontraba mirando al suelo con una mano aferrada a su propio cabello.

-¿Estás bien? –Pregunté arrodillándome.

La ausencia de respuesta consiguió preocuparme y pude darme cuenta, que su mano libre, depositada al borde de la cama, tenía las venas demasiado marcadas, como si se estuviera aferrando a esa colcha con todas sus fuerzas.

-¡Ey Anahí! –Agarré su rostro suavemente y la obligué a que me mirara -¿Qué ocurre?
Por fin abrió los ojos encontrándose con mi mirada absolutamente preocupada.
-No te preocupes… -Dijo con una sonrisa, intentando tranquilizarme –Ya está…
-¿El que está? ¿Qué te pasa?
-Solo fue un dolor de cabeza Dul… Suele pasarme cuando hago más esfuerzo de lo normal. Pero estate tranquila, solo dura un momento…
-Deberíamos ir al médico, no tienes buena momento
-Ahora se me pasa…
-No Anahí, insisto… vamos al doctor, será solo un momento pasa…
-Dul… ¿Para qué voy a ir al doctor si ya sabemos lo que ocurre?

En ese momento, algo me dolió tanto que no pude evitar bajar ligeramente la cabeza, con la intensión de escapar de su mirada.
Después de unos segundos de silencio, sentí sus manos sobre mis mejillas, dirigiendo mi rostro hacia sus ojos.

-Ya pasó… ¿Ok? No te preocupes…
-¿Cómo quieres que no me preocupe? –Pregunté quitando sus manos de mi rostro y agarrándome fuertemente a ellas.

Su habitual sonrisa volvió, haciéndome sentir que mi corazón volvía a latir y abandonaba ese repentino estado de “apachurramiento” momentáneo.
“Apachurramiento”, ni siquiera sé si esa palabra existe y probablemente haya muchos sinónimos más elegantes que intenten definir un estado parecido. Puedo decir, aplastado, encogido, etc.… Pero siendo sincera, ninguna de esas palabras va a definir lo que sintió mi corazón hace dos segundos. Una impotencia y desesperación que ralentizaron sus latidos y lo dejaron completamente “apachurrado”.

-Deberíamos prepararnos –Añadió después de unos segundos en los que nuestras miradas se habían quedado absortas la una sobre la otra.
-¿No será mejor que descanses?
-¿Cuándo llegará el día en el que entiendas que no quiero descansar Dulce María?
-Eres la persona más testaruda que he conocido en mi vida ¿Sabes?
-Probablemente… Pero eso no va a conseguir que me dejes de querer. –Sentenció con su sonrisa de autosuficiencia.
-¡Oh! –Exclamé fingiendo sorpresa -¿Así que ya das por hecho que te quiero?
-Vamos… Si no me tuvieras un poco, aunque sea mínimo, de cariño, ya me habrías mandado al diablo con mis locuras ¿No crees?

Sin la mínima intención de responder, me levanté de aquella posición antes de que mis rodillas se entumecieran y le di un sonoro beso en la frente, acompañado por una sonrisa misteriosa.

-Cómo veo que ya estás recuperada, será mejor que vaya a prepararme si queremos salir de aquí algún día –Finalicé dirigiéndome hacia la puerta.
-¡Voy a ablandar tu duro corazón Dul! –Dijo sonriendo, antes de que me fuera –No tienes escapatoria…

La miré por última vez, rodando los ojos. Y con una sonrisa de autosuficiencia igual a la suya, salí definitivamente de aquella habitación.
En algún momento del camino hacia mi cuarto, esa sonrisa de autosuficiencia había pasado a ser una sonrisa absolutamente tonta recordando lo sucedido y sus últimas palabras.

¿La quería? ¿A tanto habían llegado mis sentimientos en estos pocos días? Definitivamente sentía por ella un cariño especial, un cariño que no había sentido por nadie en prácticamente trece años. Y lo más extraño del asunto, es que fue algo que se creó desde el primer segundo que la vi, aumentó en nuestra primera conversación y crece cada momento que paso junto a ella.
Es extraño, sí… Y mi “duro corazón” como ella misma dijo, no se lo había planteado hasta este momento… Quizás tenga razón, quizás si no sintiera este cariño no la seguiría en todas sus locuras y sobre todo, no me sentiría como me siento al seguirla, tan… feliz.
Pero… ¿la quería? ¿Unos días es suficiente tiempo para querer a alguien?
Y sobre todo… ¿Me querría ella a mí?


Entre tantas preguntas y pensamientos, llegué a mi habitación y me bastó aproximadamente una hora para estar completamente lista.
Sí… una hora, porque cómo es evidente, después de correr descalza por las calles de este pueblo, tuve que bañarme nuevamente, maquillarme y volver a ponerme ese espectacular vestido, que ahora lucía mucho mejor. Aunque una vez frente al espejo, completamente preparada, pude darme cuenta que algo se nos había pasado por alto.

Me dirigí una vez más a su habitación y tras llamar un par de veces, la puerta se abrió dejándome absolutamente paralizada con la imagen que apareció al otro lado.
Tragué saliva con la esperanza de ganar algo de tiempo hasta que mi cerebro recordara, esa cualidad tan común en el ser humano y de la cual carecía yo en este momento, el lenguaje.
No era la primera vez que la veía con ese vestido, habían pasado aproximadamente dos horas desde que la observaba probárselo a través de ese espejo. Y si antes me pareció que estaba preciosa… ahora puedo afirmar que me dejó prácticamente sin aliento. Sus ojos se veían más azules e intensos con esa forma en la que se había maquillado, su mirada dulce y penetrante al mismo tiempo, conseguía que mi cuerpo se desestabilizara. Y su manera de sonreírme… Simplemente no existían palabras en la lengua española que me permitieran definir esa sonrisa y lo que podía conseguir en una persona… o en mí, para ser exactos.

-¿Tan mal me veo? –Preguntó haciéndome volver a la realidad del momento.
-¿Qué? N… no… por supuesto que no… Estás… estás…
-¿Bien?... ¿Bonita?... ¿linda?
-¡Preciosa! –Sentencié sin siquiera pensarlo.

Me miró fijamente durante unos segundos, sonriendo de una forma peculiar, como si se hubiera propuesto algo y acabara de cumplir su propósito.

-Menos mal… Sabía que dejarte sin aliento solo podía significar dos cosas… “Preciosa” o “Espantosa”
-Yo no me he quedado sin aliento… -Me defendí frunciendo el seño -¡Eres una creída! Pero bueno, mejor cambiemos de tema… -Entré rápidamente en la habitación sin siquiera recibir el permiso, con la única intensión de librarme de esa mirada. –Tengo un problema.
-¡Oh no! La última vez que me dijiste eso terminamos robando unos vestidos a un ruso chiflado.
-Si… Y en tu fantástico plan de huida nos olvidamos de algo muy importante –Señalé la parte inferior de mi cuerpo –Los zapatos.

Siguiendo mis indicaciones observó mis pies descalzos, con los brazos cruzados sobre su pecho y sin quitar de sus labios esa sonrisa burlona que tiene desde que me quedé hipnotizada mirándola.

-Yo creía que le habías cogido gusto a eso de correr descalza por Baikal…

Mi única respuesta fue un levantamiento de ceja silencioso.

-Está bien, está bien –Se defendió dirigiéndome hacia la cama para que me sentara –Creo que para ese “gran problema” podemos encontrar una rápida solución.

Me dejó allí observándola mientras ella buscaba algo en el interior del pequeño armario.

-¡Perfectos! –Dijo cuando parecía haber encontrado lo que buscaba.
Se dirigió nuevamente hacia mí y arrodillada, comenzó a vestir mis pies con unos hermosos zapatos color plateado, a juego con mi colgante. Eran abiertos y de tacón alto, aparentemente de verano… En seguida supe, que probablemente pasaría bastante frio esta noche.

-Me siento como “Cenicienta” –Dije mientras la observaba ajustar el cierre a mis pies.
-¿Eso me dejaría a mí en el lugar de príncipe azul? –Preguntó frunciendo el seño pero sonriendo.

Hubiera continuado la broma, pero… antes de volver a tartamudear, sonrojarme, ponerme nerviosa o cualquiera de esas cosas que me ocurren últimamente con frecuencia, preferí cambiar de tema.

-Parece que llevamos la misma talla.
-Si… Siempre he creído que nadie tenía un pie tan pequeño como el mío ¿Dónde has estado todos estos años para robarte los zapatos?

Una sonrisa fue mi respuesta al mismo tiempo que me ofrecía su mano para ayudarme a levantar.
Estando ya en pie, sentí que todo se veía desde una perspectiva diferente. Nuevamente había recuperado los dos centímetros que me hacían un poco más alta que ella otorgándome algo más de seguridad.

Nuestras manos seguían unidas mientras su mirada ascendía muy despacio desde esos zapatos. Una vez llegó a mis ojos, nuestras miradas permanecieron en esa posición al mismo tiempo que el silencio se adueño de la situación. Podría decir que me resultaba incomodo… de hecho, en cualquier otra situación, o más bien, con cualquier otra persona me hubiera resultado tremendamente incomodo. Pero en este caso, con ella, no…
Imposible sentir algún tipo de malestar o incomodidad cuando su mirada se dirigía a mí con esa intensidad, con ese brillo que conseguía desaparecer el tiempo y el espacio. Podría estar así toda la vida y nunca me cansaría de ello.

-¿Estás lista para una larga noche? –Preguntó interrumpiendo el silencio.
-¿Por qué estás tan segura de que será larga?
-Porque te advertí que ibas a bailar hasta que tus piernas no pudieran mantenerte
-Eso me suena a reto Anahí –Respondí levantando las cejas con misterio –Y no tienes idea de con quién estás hablando.

Después de sonreírme con el mismo misterio que yo había expresado, se acercó muy despacio, consiguiendo que mi cuerpo se tensara automáticamente y apartó el cabello que recaía sobre mi hombro derecho, acercándose más peligrosamente.

-No sabes cómo me muero por averiguarlo –Susurró provocando que cada centímetro de mi piel ardiera al instante, mientras mi estomago entraba en ebullición y mi corazón latía desesperado por huir a un lugar seguro.

Ni siquiera me dio tiempo a paralizarme, porque seguidamente tiró de mi mano y cuando quise darme cuenta ya estábamos en camino hacia el lugar donde pasaríamos el resto de la noche.
Baikal es una de las ciudades más bonitas de la ruta del transiberiano y de noche resultaba aún más increíble. Uno de sus mayores encantos es el lago llamado por el mismo nombre, ese que acabamos de atravesar para llegar a la zona céntrica donde se encontraban todos los clubs de la ciudad.
Aparentemente ninguno parecía mejor que otro.

-Como me metas en un sitio con esta música me temo que vas a bailar tú sola –Me apresuré a decir escuchando el estilo de música discotequera que provenía del local.
-A que adivino… A la señorita solo le gusta la música latina ¿Verdad?
-Pues para eso soy latina Any… Esta música a parte de darme dolor de cabeza, no tiene nada de sensual y no sé bailarla.

En el momento en el que veo su sonrisa picara, algo dentro de mí se revuelve sintiendo un tipo de pánico, porque ya sé que después de eso dirá alguna cosa de las suyas y no podré evitar ponerme como un tomate.

-¡Busquemos música latina! –Dijo rápidamente y algo emocionada consiguiendo sorprenderme.

A los pocos minutos encontramos un club en el que la música parecía ser de nuestro estilo. Así que nos decidimos a entrar.
El ambiente parecía ser bueno y tranquilo, pero dejó de gustarme en el momento en que un grupo de chicos voltearon tontamente a mirarnos según aparecimos por la puerta… ¿Por qué debería eso molestarme? ¿Tendría que ser todo lo contrario, no?
Bueno pues sea como sea, el caso es que no me había gustado nada y Anahí parecía que ni si quiera se había percatado. Por eso, sin darle más importancia al tema, la seguí mientras se dirigía a la barra.

-¡¡Dos tequilas!! –Gritó al camarero al mismo tiempo que le hacía señas.
-¿Tequila? Pues sí que quieres empezar fuerte…
-Hay que entrar en calor Dul… Después te dejo tomar cerveza si quieres.
-Oh vaya… muchas gracias por tu permiso –Dije irónicamente.

Después de picarme un ojo a modo de respuesta, el camarero llegó sirviendo dos chupitos de tequila acompañados por unas rodajas de limón en un pequeño plato.
En seguida, levantó ligeramente su vaso a modo de brindis.

-Por la vida… que te puso en mi camino justo a tiempo…
En el fondo de mi corazón no estaba muy de acuerdo con su percepción. Si me dieran a elegir, escogería haberla conocido mucho antes para poder disfrutar más tiempo de todo esto… de ella.
Pero el brillo que en este momento irradiaban sus ojos conseguía que cualquier miedo, angustia o duda, desaparecieran automáticamente transformándose en paz y felicidad. Y obligándome a agradecerle también a la vida el simple hecho de haberla conocido y tenerla frente a mí en este momento.
Así que, con una sonrisa sincera, no pude hacer otra cosa más que responder al brindis, para seguidamente continuar con el ritual de “Sal-Trago-Limón”

El tequila bajó por mi garganta quemando cada centímetro a su paso.

-¿Demasiado fuerte para ti? –Preguntó burlona al ver mi rostro encendido.
-Solo tengo que volverme a acostumbrar… Nuevamente te digo que: “No sabes con quien estás hablando”
-Nuevamente te respondo que: “Me muero por averiguarlo”

Después de unos segundos en los que su mirada permanecía con ese mismo brillo y me observaba de una forma retadora, mi orgullo se hizo dueño de mi cerebro que últimamente había decidido tomarse unas vacaciones.

-¡¡Dos tequilas más!! –Grité al camarero sintiendo la mirada de Anahí sobre mí.
-Esto será muy divertido…

Sin siquiera responderle, imité su gesto de antes y levanté ligeramente mi vaso para hacer un brindis.

-Por Anahí… la única responsable de que mi cerebro esté de vacaciones.
-¿Puedo saber qué significa eso? –Preguntó frunciendo el seño y sonriendo al mismo tiempo.
-Mejor no quieras averiguarlo…

Su mirada se detuvo a observarme intensamente durante unas milésimas de segundo que me parecieron eternas. Analizaba mis ojos con la intensión de encontrar algo en el interior de ellos…
Pero… ¿Qué demonios iba a encontrar? Si ni siquiera yo sé por qué dije semejante tontería.

-Lo averiguaré… -Finalizó tomando seguidamente ese segundo chupito de tequila.

Cuando el trago hubo llegado a mi estomago, sentí un ligero temblor en mis piernas, indicándome que ya el alcohol comenzaba a hacer su efecto.
Muy bien Dulce… quizás no fue tan buena idea eso de dejarte controlar por tu orgullo de “Hembra mexicana”… Hace mucho que no bebes y esta chica parece tener el mismo aguante de un toro.
¿Pero tú no podías quedarte calladita verdad? ¡¡No!! Anahí te lanza un “reto” y automáticamente te picas, sabiendo perfectamente que lo hace para eso y además disfruta… Mira, mira como te observa con esa autosuficiencia… es totalmente consciente de lo que te provoca y lo peor es que sigues sin poder evitarlo…
¡Por favor no me mires de esa forma! –Suplico como si realmente me estuviera escuchando.

-¿Por qué están solas unas chicas tan guapas? –Pregunta una voz, sacándonos de esa hipnosis.

Oh no… son dos del grupo de babosos que se quedaron como tontos cuando entramos… ¡Esto tiene que ser una broma!
Anahí sonrió amablemente y esos dos chicos se acercaron aún más con la intensión de presentarse.

-Soy Bruno –Dijo dándole dos besos –Y él es mi amigo Mikel.
-Anahí –Respondió sonriendo.
-¿Y tu amiga no tiene nombre? –Preguntó el otro chico, mirándome con una sonrisa, de…coqueteo, supongo.

¡¡Para ti no, estúpido!!

-Dulce… -Respondí sin embargo, teniéndolo ya prácticamente encima.
-¿De dónde sois? Nos resulta raro encontrar alguien que hable español por estos lugares.
-Somos de México –Continuó respondiendo ella, mientras a mi me incomodaba cada vez más la presencia de estos chicos -¿Y ustedes?
-De España… Pero si todas las mexicanas son tan guapas como vosotras, seguramente cambiemos de país.
Vaya… que ingenioso es el muchacho –Pensé sin poder evitar rodar mis ojos. Cosa de la que Anahí se percató y sonrió disimuladamente.
-Y si todos los españoles intentan ligar cómo tú, probablemente nosotras nunca cambiemos de país –Respondió tajante pero sonriendo y consiguiendo que ese chico se quedara pálido por tremendo corte y extrañado por la risa de ella, que no dejaba claro si estaba bromeando o enserio.
-¿Lo arreglaría invitándote a bailar?

En el momento en que escuché esa frase, todas las alarmas de mi cerebro se encendieron a la vez, produciendo un ruido desternillante que al parecer solamente yo escuchaba. Mi cuerpo respondió tensándose, mientras mi mirada nerviosa se intercaló unas cuantas veces entre Bruno y Anahí, hasta que definitivamente se detuvo en ella al darse cuenta que también me miraba.
¡No, no, no, no! –Suplicaba mentalmente, con la intensión de que fuera telepática.

-Por supuesto… -Respondió sin dejar de mirarme desafiante –Me encantaría.

¡¡¡Mierda!!! Apreté mi mandíbula con fuerza, intentando reprimir esta extraña rabia que se iba apoderando de mí por momentos. Continué mirándola, con una mezcla de furia y suplica en mi mirada, esperando que alguna señal le hiciera entender lo que estaba sintiendo.

¿Y qué estoy sintiendo? Pues no lo sé, pero desde luego estoy arrepintiéndome de haber venido a este sitio. Y para colmo de males, mientras ella se larga con su sonrisa irritante, mirándome como si mi frustración le divirtiera, yo me quedo aquí, con el segundo baboso que seguramente terminará pagando los platos rotos de mi cabreo.

-¿Quieres bailar tu también Dulce?

Miro un momento a la persona de la cual salió esa pregunta y me tranquilizo un poco al ver la sonrisa inocente del chico. Así que, respondo intentando controlar mi genio lo máximo posible.

-La verdad es que no estoy de humor para bailar… pero gracias.
-Está bien… Entonces mejor te dejo tranquila. Si cambias de opinión búscame –Dijo amablemente.
-Gracias… -Respondí con una sonrisa realmente aliviada porque no hubiera insistido.

Una vez sola, dirigí mi mirada hacia aquellos dos que habían comenzado a bailar en pleno centro de la pista. En un lugar donde los veía tan perfectamente como ellos me veían a mí.
Anahí bailaba de una forma muy sensual, mientras el chico se encontraba a su espalda, agarrándole la cintura y con sus labios casi rozando su cuello. Esa imagen consiguió que mi piel se erizara y no precisamente en el buen sentido. Ella me miraba… Me miraba tan fijamente que parecía incluso que no se diera cuenta de quien la acompañaba realmente. No sé qué demonios me quiere decir con esa mirada, no entiendo lo que pretende…ni lo que quiere provocar, pero cada segundo que pasa, en mi estomago se va creando un ardor que me hará explotar de un momento a otro.

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:49 am

Como si hubiera caído del cielo, el camarero dejó junto a mí una botella de espumosa cerveza. No recordaba haber pedido ninguna, así que al ver mi cara de extrañeza, rápidamente señaló hacía un lugar del club, al que seguidamente dirigí mi mirada para encontrarme con Mikel, sonriendo desde lejos.
Le hice un gesto de agradecimiento por la invitación y sin dudarlo un segundo me llevé a los labios ese botellín, con la intención de que la cerveza refrescara un poco mi cuerpo y sobre todo…mis ideas.
En tres minutos ya me la había terminado y estaba segura de que próximamente sentiría los efectos de haber bebido tan rápido.
Mi mirada no se había apartado ni un solo segundo de los dos “bailarines”, O más bien… de Anahí, que también seguía observándome de esa forma tan desafiante, esa que lejos de calmarme, me irritaba cada vez más. El chico no dejaba de mover sus manos por todo su cuerpo, mientras prácticamente baboseaba sobre su cuello. No pude evitar recordar el olor que desprendía su cabello al verlo tan cerca de este y sin siquiera apreciarlo.

¡Será estúpido! –Pensé nuevamente – ¡Joder Dulce! ¿Por qué demonios estás tan nerviosa? Ella puede bailar con quien se le pegue la gana, incluso con ese baboso que no le quita las manos de encima.

En medio de mis pensamientos, el baboso hace un rápido movimiento, en el que consigue que Anahí quede cara a cara con él, mientras mi corazón comienza a golpear bruscamente mi pecho al ver sus labios tan cerca de los de ella.

En ese momento, mi cerebro y cualquier otra parte de mi cuerpo se desconectó definitivamente, deteniendo a su vez el tiempo o convirtiéndome en un veloz vampiro. Porque cuando quise darme cuenta, me encontraba en medio de la pista, con Anahí entre mis brazos y sin pensar si quiera donde había quedado el chico.

Nada me importaba… absolutamente nada tenía sentido mientras esos ojos azules me miraban tan fijamente, al mismo tiempo que su sonrisa continuaba intacta viendo como mis pulmones luchaban por recuperar el aliento perdido en alguna parte del camino o en el momento en que mis brazos rodearon su cintura.

-Creí que nunca te ibas a decidir…
-¿A qué estás jugando? –Pregunté tratando de recuperar la respiración y entender algo de toda esta situación
-A llevarte hasta tus límites –Respondió
-¿Y por qué quieres hacer eso?
-Porque sigues sin entender lo que quiero enseñarte Dulce… sigues sin aprovechar el momento por culpa de tus miedos…
-¿Qué se supone que es para ti aprovechar el momento Anahí?

Su mirada bajó a mis labios y se acercó más peligrosamente, haciéndome sentir su propia respiración golpeando contra ellos, mientras mi corazón latía cada vez más rápido a punto de hacerme sufrir un autentico paro cardiaco.

-Hacer lo que llevas días deseando hacer… -Susurró casi rozando mis labios.

Una parálisis ya nada desconocida se apoderó de mi cuerpo al ver y sentir sus labios tan cerca. Mi piel entró en un constante escalofrió, erizando partes de las que ni siquiera sabía su existencia hasta ahora. No podía moverme, estoy dispuesta a jugar por lo que sea, que en este momento mis articulaciones no respondían y mi cerebro había desaparecido completamente de la faz de la tierra.
De pronto, sentí como algo o alguien tiraba de mi mano, haciéndome despertar automáticamente para ver a Anahí dirigiéndome hacia la salida.
¿Se puede saber que le pasa a mi cabeza últimamente que está completamente atontada?

-¿A dónde vamos? –Pregunté cuando conseguí recuperar el habla.
-Tengo ganas de bañarme…
-¿Cómo que bañarte? ¿Y tiene que ser ahora?
-Claro… -Se detuvo un momento frente a mí -A menos que tuvieras intención de hacer otra cosa.
-N…n…no –Tartamudeé nerviosa ante su mirada inquisitoria.
-Eso me parecía…

Sin decir nada más, continuó dirigiéndome hacia la estación, sin soltar mi mano ni un momento.
¿A qué persona normal se le ocurre irse de una fiesta porque de pronto le dan ganas de bañarse? ¡Definitivamente Anahí era de todo menos normal! Y su bipolaridad iba a conseguir acabar con mi cordura de un momento a otro.

Cinco minutos después nos encontrábamos en el lago Baikal, ese por el que habíamos pasado de camino hacia el club. Durante todo el trayecto creía que nos dirigíamos hacia la estación del transiberiano, pero decidió detenerse aquí y aún no averiguo por qué.
Por primera vez, soltó mi mano, mientras ambas mirábamos al horizonte y yo seguía esperando una explicación. Pero esa nunca llegó… O bueno, en realidad sí, aunque no era exactamente la que yo esperaba ni de la forma que la esperaba…
Comenzó a quitarse la ropa, bajo este frio helador, dejándome perpleja.

-¿Pero qué estás haciendo? –Pregunté completamente asombrada.
-Quitarme la ropa –Respondió como si tal cosa.

No pude evitar fruncir el seño al sentir que me creía estúpida o algo por el estilo.

-Eso ya lo estoy viendo, gracias… ¿Pero eres consciente de la temperatura a la que estamos?
-Totalmente consciente… Pero quiero bañarme y lógicamente no voy a estropear el vestido.
-¡¡ ¿Bañarte?!! –Grité -¿A ti se te cayeron los tornillos en el tequila de antes? ¿Cómo vas a bañarte aquí Any? ¿Quieres morir congelada?
-Voy a bañarme aquí Dul… simplemente porque me apetece hacerlo y no moriré congelada porque tú vas a entrar conmigo –Finalizó con su pícara sonrisa.

Mi boca y mis ojos se abrieron incluso más de lo que ya estaban.

-Tú te volviste completa y definitivamente chiflada… yo no pienso entrar ahí ni loca.
-Ok… como tú quieras –Sentenció mientras se dirigía directamente al agua sin dejar de sonreír.

¡Loca… completamente loca! –Dije para mí misma al verla caminar en ropa interior, como si el frio no fuera con ella.

¿Frio? ¿A dónde se había ido el frio ahora? Probablemente estaríamos a unos pocos grados sobre cero y mi cuerpo en este momento era prácticamente un horno mientras veía esa imagen contorneándose provocativamente hacia un lago que probablemente estaría helado.

¡¡No Dulce!! ¡No te vas a mover de aquí ni un centímetro! Si la señorita bipolaridad quiere morir congelada es cosa suya… Tú no te mueves de aquí.

Mientras hablaba conmigo misma, Anahí ya había llegado al agua y sin siquiera pensarlo se adentró en el lago, sumergiéndose después como si se tratara de un jacuzzi o de una piscina climatizada y no de las aguas de uno de los países más frio del mundo.

Permanecí unos segundos observando el horizonte, controlando que emergiera de un momento a otro, porque realmente no quería verme en la obligación de convertirme en un “vigilante de la playa”.
Gracias a Dios así fue, en unas milésimas de segundos vi a lo lejos asomar su pequeña cabeza, mientras sus manos chapoteaban sobre el agua. Estaba completamente oscuro y aún así distinguía una sonrisa dibujada en sus facciones.

¿Qué pretendes? –Pregunté como si realmente me escuchara.

Entonces sus manos hicieron unos gestos indicándome que me uniera a ella.

¡Ni lo sueñes! –Respondí nuevamente para mí misma.

Una vez más, sus gestos me invitaron a sumergirme, como si realmente me estuviera escuchando.
Pero esta vez, no sé lo que cambió, la única explicación razonable que encuentro es que mi cerebro volvió a desconectarse, como estaba pasando ya muy a menudo.

¡Mierda! –Me quejé mientras me quitaba el vestido y sentía que el terrible frio azotaba mis huesos. –Si no muere congelada, yo misma la mato.
Una vez me encontraba en ropa interior, camine rápidamente hacia la orilla, como si eso fuera a devolverle a mi cuerpo su temperatura normal. Pero lamentablemente no fue así. Por eso, cuando llegué hice el último intento de que saliera del agua y me evitara pasar por ese sufrimiento. Pero su sonrisa me demostraba que no tenía ninguna intensión de arrepentimiento y que realmente no estaba pasando ningún tipo de calvario. Así que de una vez y por todas, dejé que mi cuerpo caminara solo hacia su tumba.

-¡Joder, joder, joder! –Repliqué una vez había llegado a su encuentro -¡¡Que frio!! ¡¡Estás loca Anahí!! ¡¡Completamente loca!!
-Vamos, deja de quejarte que no es para tanto… –Respondió acercándose a mí y colocando sus brazos alrededor de mi cuello -¿Mejor?
-No sé qué decirte –Respondí nerviosa mientras rodeaba su cintura bajo el agua, buscando algo de calor.
-Que estoy loca… pero eso ya lo has dicho.
-Si… creo que “loca” ya no es suficiente para lo que hay en tu cabeza.
-¿No vas a reconocer ni siquiera una vez que te encanta? ¿Y que nunca habías sido tan feliz como estos días, haciendo estas locuras?
-No creo que necesites que reconozca absolutamente nada… Siempre vas un paso por delante de mí… y no entiendo por qué.
-Porque yo no tengo temores, ni vergüenzas… Sólo me dejo llevar…
-Quizás no te des cuenta Any, pero has conseguido de mí cosas que nadie ha conseguido… ni siquiera yo misma… Puede que no me deje llevar tanto cómo tú, pero desde luego no soy la misma Dulce de siempre.
-Esta es la única Dulce que existe… la que ha estado dormida esperando...esperándome.
-No estoy tan segura de eso, no creo que fuera capaz de vivir de esta forma si tú no estuvieras aquí…
-¿Y qué te hace pensar que yo si podría hacerlo sin ti?
-Tú eres así Anahí, te gusta el peligro… ponerme al límite…consumirme…sentir adrenalina… te gusta vivir con intensidad... No tiene nada que ver si yo estoy en tu vida o no.
-Tú misma lo dijiste… “ponerte al límite”… “consumirte”… a ti… Porque eres la única persona con la que me he sentido realmente yo y la que consigue que me comporte como una demente sin importarme absolutamente nada, porque no me juzgas… nunca lo has hecho… nunca me has tenido lástima… Si estás aquí es por mi y también por ti… porque quieres estar aquí y porque te gusta que descubramos cuales son los límites cuando no hay nada que perder… Es contigo con quien tengo que vivir todo esto Dulce y es conmigo con quien tienes que vivirlo tú…
-¿Y que es todo esto Any? ¿Hasta dónde quieres llegar?

Su rostro antes serio, pasó a dibujar una sonrisa misteriosa que consiguió confundirme y hacerme bajar la guardia.

-¡Hasta el fondo! –Respondió hundiendo mi cabeza en el agua y desprendiendo su cuerpo del mío.

Cuando conseguí salir y recuperar un poco el oxigeno mientras ella se reía a carcajadas, busqué venganza… Imité su gesto y sin piedad conseguí hundirla unos segundos bajo el agua.
Una vez emergió comenzó a nadar tras de mí y estuvimos minutos jugando, chapoteando y riéndonos como dos autenticas niñas pequeñas en una piscina.
Hasta que minutos después, nuestras risas se vieron interrumpidas por una pequeña luz que procedía de un lado de la orilla, apuntándonos directamente y casi cegándonos.
No nos dimos cuenta de lo que ocurría hasta que la persona que sostenía esa linterna, comenzó a gritarnos algo en ruso, algo que por supuesto ninguna entendíamos. Pero que automáticamente nos recordó al dependiente de la tienda en la que estuvimos esa mañana. El enfado parecía ser el mismo.

Así que, sin siquiera pensarlo salimos del agua como locas, sintiendo de nuevo el frio azotando nuestros huesos, mientras ese hombre continuaba gritando desde el otro lado.
Rápidamente cogimos nuestros vestidos y continuamos corriendo, no sin antes echar un vistazo atrás y darnos cuenta de que el hombre que nos gritaba estaba vestido de seguridad y probablemente fuera la persona encargada de vigilar el lago para que a ninguna demente se le ocurriera bañarse a estas horas de la noche.

Corrimos, corrimos y continuamos corriendo… agarradas de la mano… completamente empapadas… en ropa interior… con nuestros vestidos también mojados y sin poder parar de reírnos ni un solo segundo…
No encontramos a mucha gente en el camino, debido a las altas horas de la noche y gracias a dios, cuando entramos en el tren tampoco nos cruzamos con nadie arriesgándonos a que nos encerraran. Nos fuimos directamente a su habitación, exactamente igual que hicimos unas horas antes.

Esta vez, ambas nos quedamos una frente a la otra, tratando de recuperar el aliento y de calmar las incesantes risas provocadas por los nervios, el miedo y hasta la excitación del momento…

-¡Un día… terminamos… en la cárcel! –Dije respirando con dificultad.

Su única respuesta fue el silencio, cosa que me hizo incorporar un poco mi cuerpo cansado para mirarla y asegurarme de que no había ningún problema.
¿Problema? El único problema que había en este momento era la imagen que tenía frente a mí…
La mujer con la que había pasado los últimos días de mi vida, estaba en ropa interior… con su cabello empapado y numerosas gotas de agua cayendo por todo su cuerpo, mientras su pecho se movía rápidamente arriba y abajo debido a la falta de aire.
Aire que yo ya no recibía por ningún lado… Mis pulmones se detuvieron… mi corazón se aceleró como nunca lo había hecho… mi cuerpo se estremeció al encontrarse con esa mirada… mi estómago se contrajo…

Horas…minutos…segundos… No sé cuánto tiempo transcurrió, cuánto tiempo estuvimos observándonos hasta que me di cuenta por fin de lo que deseaba… de lo que llevaba deseando todos estos días… y de lo que sin darme cuenta, había deseado desde el primer momento en que esos ojos azules me miraron directamente…
No sé cuánto tiempo transcurrió, ni en qué momento acortó la distancia entre nosotras, pegando mi espalda a la puerta y encerrándome entre sus brazos… No soy capaz de averiguarlo porque el tiempo desaparecía cuando me perdía en su mirada… Esa mirada que ahora tenía a unos centímetros de mí… observándome con intensidad… con deseo…

-Hazlo Dulce… -Susurró golpeando con su respiración en mis labios -…Pierde el miedo de una vez…

Sin poder dejarla terminar, sintiendo que una corriente invadía mi cuerpo de arriba abajo…
…Lo hice…

Agarré su rostro con suavidad y junté mis labios con los suyos… cómo había deseado en la pista… en el lago… en el tren…cuando la vi dormir… cuando la conocí… cuando la encontré...
Como había deseado desde el primer segundo hasta el último… Sintiendo la pasión de sus suaves labios rozarse con los míos y creando por todo mi cuerpo un cosquilleo jamás sentido, algo que creía un mito de las películas románticas… eso que solo te puede ocurrir con tú único y verdadero amor… eso que todos los seres humanos anhelamos sentir…

Sus brazos se aferraron a mi cuello con pasión, mientras abría sus labios permitiendo el paso de mi lengua desesperada, ansiosa por acariciarla, por sentirla… Ambas juguetearon, se exploraron, se conocieron… Pero necesitaban más.

Sentía su pecho golpear fuertemente contra el mío, mientras intentábamos no perder la respiración. Pero el deseo parecía ser más poderoso que cualquier otra cosa… Hundí mis dedos en su cabello mojado y eso me excitó como jamás pensé que me excitaría.

Así que, separé mi espalda apoyada en la puerta y comencé a dirigir nuestros cuerpos empapados hacia la cama.
Una vez allí me detuve y con un ligero movimiento conseguí que su cuerpo quedara recostado, mientras me permitía observarlo unos segundos… grabando esa imagen en mi cabeza, asegurándome de que es real y no voy a despertar en cualquier momento…

Unos nervios extraños se apoderaron de mí en ese instante, viéndola de aquella forma, deseándola tanto… Sentí que mis brazos temblaban y como si estuviera dentro de mi propio cuerpo, extendió su mano, dirigiéndome nuevamente hacia ella. Creando unos segundos de silencio en los que mi cuerpo estaba sobre el suyo y simplemente nos observábamos…Había algo diferente en su mirada, esa seguridad que siempre poseía había desaparecido, la sentía vulnerable, nerviosa… tan vulnerable y tan nerviosa como yo.

-No te enamores de mí Dul… -Suplicó mientras nos mirábamos fijamente, respirando con agitación.
-¿Por qué me pides eso? –Pregunté con miedo.
-Porque no soportaría hacerte sufrir… sabes que no podemos tener un futuro…
-Tú me enseñaste a no pensar en el futuro.
-Sí pero…
-Pero nada Anahí –Interrumpí tapando sus labios con un dedo –Estás a tiempo de pararme si es lo que quieres… Si crees que solo siento deseo, dime que me vaya…Porque si no lo haces, si me quedo aquí, voy a hacerte el amor… como nunca se lo he hecho a nadie… Y no seré responsable de lo que suceda después…

Permanecí unos segundos observando su expresión, tratando de encontrar una pista acerca de lo que sentía. Esta vez era yo la que debía transmitirle seguridad, esta vez era ella la que tenía temores…
¿Qué no me enamore de ella? ¿Cómo está segura de que no es demasiado tarde ya para pedirme eso? ¿Cómo puedo estar segura yo misma?

Al no recibir respuesta, la besé nuevamente… Y me respondió nuevamente…

Nos besamos como si fuera la última vez que pudiéramos hacerlo, como si no hubiera nada más allá de esta habitación, como si no existiera el futuro, como si el mundo se estuviera derrumbando a nuestro alrededor… La besé como nunca había besado a nadie…

Sentía un deseo incontrolable, unas ganas descomunales por recorrer cada espacio de su piel, pero no tenía ninguna prisa… quería deleitarme con cada beso y con cada caricia, hacerlas eternas… detener el tiempo para siempre.

Mi cabello caía mojado sobre su cuerpo, consiguiendo que su piel se mantuviera húmeda y con pequeñas gotas deslizándose lentamente, mientras mis besos bajaban por su cuello… sus pechos… su estomago… Jugueteé con su ombligo… acaricié su abdomen firme… enamorándome al instante de cada centímetro de su piel.

Volví a subir mientras sus manos se hundían en mi cabello, dirigiéndome hacia su boca… Me besó con pasión, con desenfreno, como si hubiera estado toda su vida esperándome, como si el mundo se fuera a acabar en este preciso momento…

Con un rápido movimiento conseguí quitar el broche de su brasier y deshacerme de él para siempre. No habían pasado ni dos segundos cuando ella hizo lo mismo, dejándonos a ambas con los pechos al descubierto… No pude evitar la tentación de besarlos, acariciarlos, mordisquearlos, succionarlos… Nunca había hecho algo así, nunca me había encontrado en esta situación… Pero con ella era todo tan fácil… la deseaba tanto… que simplemente quería devorarla de arriba abajo con toda la pasión y ternura que había dentro de mi…
De pronto, agarró con fuerza mi cabello y me hizo subir a la altura de sus labios, dándome cuenta de la agitación con la que respiraba, completamente desesperada…

-Me… consumes… Dulce –Dijo agarrando mi rostro y mordiendo mi labio inferior.

Me aparté unos centímetros de ella para poder observarla bien, mientras mi mano derecha acariciaba la parte inferior de su estomago y continuaba bajando…

-Si no recuerdo mal... –Susurré aproximando mi mano demasiado a su intimidad –Esa era tu idea del amor…

Un fuerte jadeo, acompañado por un hundimiento de sus uñas en mi pelo, fue la respuesta que dio en cuanto mi mano acarició el centro de su cuerpo.
Estaba completamente mojada… y eso… eso me excitaba de una forma incontrolable.

Sus caderas se movían en círculos bajo mi cuerpo tembloroso, mientras mis dedos acariciaban su clítoris con rapidez… No podía esperar más…necesitaba hacerla mía en este preciso momento… Y ella necesitaba ser mía.
Pero también necesitaba hacerme suya. Así que con un rápido movimiento, casi sin darme cuenta, se posicionó sobre mí, sosteniendo mis manos a ambos lados de mi cabeza, impidiéndome el movimiento.
Con una sonrisa de triunfo, haciendo patente ese descaro suyo que me volvía completamente loca, comenzó a mover sus caderas sobre mí, rozando nuestras partes más intimas y consiguiendo, que todos los gemidos que siempre había reprimido, esta vez fueran expresados sin ningún tipo de pudor, sin miedo… perdiendo por completo el control de mi ser.

No podía más, con el simple roce de su cuerpo, me estaba haciendo sentir cosas que ni siquiera sabía que se podían sentir. Así que, conseguí desprender mi mano derecha, que tenía prisionera y la bajé directamente hacia su centro. Olvidándome por completo de cualquier estrategia… con el simple y único deseo de tocarla… de sentirla…

Acaricié su clítoris nuevamente, mientras sus caderas continuaban aumentando ese ritmo desenfrenado. Y cuando no pude más… cuando sentí que ella no podía más… introduje dos dedos que consiguieron crear una tensión en su cuerpo, acompañada de un esperado gemido.

Por unos segundos detuvo sus movimientos y recostó su cuerpo más sobre el mío, de forma que nuestros labios quedaran a la misma altura. Su cabello mojado caía sensualmente sobre mi rostro y me moría de ganas por besar sus labios…

En medio de esa fija mirada, pareció entender mis deseos, porque no me hizo falta siquiera moverme para tener sus labios rozando los míos, mientras nuestras lenguas volvían a juguetear y mis dedos continuaban dentro de ella.

Volvió a separarse un momento… Y con su mirada fija en mis ojos, apenas sin darme cuenta, bajó su mano hacia mi centro e introdujo sus dedos dentro de mí, consiguiendo que mi espalda se arqueara por la impresión y el placer…

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:49 am

Sus labios dibujaron una sonrisa de triunfo… Y esta vez sí… con nuestros cuerpos rozándose… nuestros labios a centímetros… nuestras miradas tan fijas y penetrantes como siempre… y nuestros dedos en el interior de cada una… comenzamos una danza frenética y desenfrenada en la que el sudor, el agua, la excitación, la pasión y… el amor, eran los ingredientes de esta experiencia que probablemente nunca fuera capaz de explicar, algo que me llevaba a unos límites que ni siquiera yo conocía… Una mezcla de amor y pasión, que me producían el placer más grande que podía sentir un ser humano… El placer de tener entre tus brazos a la única persona que deseas tener, sabiendo que ella está sintiendo exactamente lo mismo que tú. Que estos cuerpos… en algún momento dejaron de ser dos… para fundirse en uno solo… donde cada movimiento parecía estudiado con el fin de llegar a este punto.

Este punto en el que el cielo y las estrellas parecían haberse quedado muy por debajo de nosotras… Este punto en el que nuestras almas se encontraron y con un sonoro gemido se unieron para siempre…
Pude sentir la descarga que recibió su cuerpo en ese momento y la sensación de relajación que nos invadió a ambas después. Se dejó caer a mí lado y permanecimos mirándonos fijamente mientras nuestra acelerada respiración se iba pausando, a medida que nuestros pulmones volvían a recibir aire.
Acarició mi rostro y yo acaricié el suyo… en completo silencio… con el único sonido de nuestros corazones desbocados que aún luchaban por normalizar su ritmo…

Y así, mirándonos fijamente… en un tiempo en el que las palabras estaban de más, nuestros cuerpos temblorosos y corazones acelerados hablaban por sí solos en un lenguaje que sólo nosotras comenzábamos a entender…
Así, de esta forma… permanecimos horas, minutos o segundos… hasta que el sueño nos ganó la partida.

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:49 am

Capitulo 5
(Quédate justo aquí… aquí conmigo)

Siento unas ligeras cosquillas en mi mejilla y eso me hace despertar de este hermoso sueño, del que no querría haber despertado… O al menos, eso creía hasta que abrí los ojos y me encontré con la mirada más hermosa que había sobre la faz de la tierra. Entonces me di cuenta de que mi realidad en este momento, era infinitamente mejor de lo que siempre soñé.

-¿En qué piensas? –Pregunté media adormilada, al ver cómo me observaba con esa sonrisa contagiosa.
¿No era esta la mejor forma en la que un ser humano podía despertar?
-En la vida… –Respondió sin dejar de deslizar esa pequeña y delicada pluma por mi rostro.
-¿Y qué piensas de la vida exactamente?
-Le agradezco… porque me haya permitido sentir esto…

Sus ojos resplandecían de una forma especial…diferente, consiguiendo que ese azul que antes me fascinaba, ahora me hiciera temblar…
-Eres tan bonita… -Dije admirando cada parte de ese rostro que tantas cosas me hacía sentir -¿En qué momento ocurrió esto?
-¿A qué te refieres?
-A ti… a mi… esta noche… estos días… todo… ¿Cuándo comenzó? ¿Cuándo tú…? ¿Ya habías estado antes con una chica?
-No… Y no creo que esto tenga nada que ver con eso…
-¿Entonces?
-¿Tú que pensaste la primera vez que me viste en el vagón Dul? Cuándo aún no habíamos hablado… ¿qué sentiste?

Permanecí unos segundos en silencio, tratando de echar la vista atrás y recordar exactamente lo sucedido hace cuatro días.

-Yo… no lo sé… Te veía hermosa… Llena de vida… No sé cómo explicarlo, pero no podía dejar de mirarte, algo me unió a ti en cuestión de segundos… como si… como si estuviera planeado…
-Exacto… Como si el destino nos hubiera puesto en el mismo lugar justo a tiempo…
-¿Habrías estado conmigo si no…? Ya sabes…
-¿Si no estuviera enferma?
-Si…
-Quizás nunca hubiéramos llegado a conocernos de no ser así.
-No voy a agradecer que te hayas enfermado para poder conocerte Any…
-No tienes que hacer eso Dul… Simplemente hay que pensar que las cosas sucedieron así. Pero yo si voy a agradecer que la vida te haya puesto en mi camino y poder sentir esto aunque sea una vez…

En ese momento un impulso me hizo tumbarla con un rápido movimiento y posicionarme sobre ella, agarrando sus manos a ambos lados de su cabeza.

-¿Y quién te dijo que solo lo ibas a sentir una vez? –Pregunté con picardía.
-Oh… ¿Así que la señorita dejó su dureza definitivamente?
-Tú quisiste provocarme hasta abrir la veda, guapa… Ahora tendrás que atenerte a las consecuencias
-¿Y cuáles son esas consecuencias?
Me acerqué peligrosamente a su oído –Que me vuelva adicta a ti… Y no pueda parar de besarte… –Susurré mordisqueando el lóbulo de su oreja –Ni acariciarte…

Sentí como toda su piel se erizaba mientras apretaba fuertemente mis manos que aún tenían las suyas aprisionadas.
-¿Y… qué… se supone… que…hay… de malo en eso? –Preguntó entre jadeos.

Dejé por un momento mi labor de provocarla para mirarla directamente, sin poder evitar que su cara de frustración me causara una sonrisa de triunfo.

-No hay nada de malo… Pero… corremos el riesgo de pasar todo el día en esta habitación.
-Y yo vuelvo a preguntar… ¿Qué se supone que hay de malo en eso?
-Absolutamente nada –Dije levantándome definitivamente –Pero tenemos que desayunar para aprovechar cada minuto del día…
-¿Desayunar? –Preguntó mirando el reloj que llevaba en su muñeca –Dul… Son las tres de la tarde.

Yo, que ya había llegado hasta el armario, volteé rápidamente al escuchar esa información.

-¿Las tres? –Intenté corroborar, realmente asombrada -¿Cuánto tiempo dormimos?
-Pues no demasiado, por si no lo recuerdas la noche de ayer…o más bien, el día completo fue bastante… ¿ajetreado?
-Créeme que lo recuerdo perfectamente… Uno de estos días nos encierran por escándalo público, por ladronas y quien sabe por cuantas cosas más…

Con un aire de picardía en su mirada, se levantó de la cama, dejándome observar su cuerpo completamente desnudo y haciéndome sentir que mis piernas se tambaleaban al instante, pudiendo fallar en cualquier momento.
En cuestión de segundos llegó hasta mí, que ya me encontraba en ese absurdo estado de hipnosis transitoria… ¿De qué me servirá intentar hacerme la provocadora si con una simple mirada suya, consigue paralizarme?

-¿Se arrepiente usted de algo? –Susurró acercándose peligrosamente a mis labios.
-Eso es lo más curioso –Respondí intentando mantener la compostura –Que lo repetiría una y otra vez…

Permaneció unos segundos mirándome sin decir absolutamente nada, simplemente sonriendo, con nuestros labios a unos centímetros y nuestros cuerpos rozándose.
No entiendo cómo es posible que mientras más la miro, más hermosa me parece.

-Será mejor que nos vistamos –Interrumpí el momento antes de parecer más tonta de lo que ya parecía cuando la miraba –Quiero enseñarte algo antes de que lleguemos a la estación.
-¿Una sorpresa? –Preguntó tan emocionada como una niña pequeña.
-Algo así…
-¡¡Me voy a bañar!!
Tras decir eso, salió en dirección al pequeño baño que había en su habitación, dejándome con una tonta sonrisa dibujada en mis labios mientras la veía marchar.
Mi corazón latía con rapidez, como si la emoción fuera su único aliado en este momento, a la misma vez que mi estomago experimentaba numerosas sensaciones imposibles de explicar.
Volví mi atención al armario para buscar algo que ponerme entre su ropa, cuando escuché de fondo una horrible toz proveniente del baño. Esperé unos segundos hasta que se calmara, pero me asusté enormemente al darme cuenta que en vez de cesar, iba en aumento y se escuchaba realmente mal.

-¿Estás bien Any? –Pregunté a través de la puerta cerrada.

Después de unos segundos en los que seguía escuchando simplemente esa toz impertinente, llegó la respuesta.

-Si… No te preocupes, seguramente habré cogido frio cuando nos bañamos en el lago.

Aunque esa respuesta, en ningún caso me había convencido ni tranquilizado, la toz cesó definitivamente. Cosa que me hizo no seguir insistiendo, a pesar de la preocupación que ya se había depositado en mí.
Toda la felicidad que sentía cuando me olvidaba del futuro y de lo que sucedía fuera de esta habitación se empañaba en tan solo un segundo, cuando algo me hacía volver a la realidad… a esta triste realidad que por mucho que rezara, por mucho que pidiera o suplicara, no iba a tener un final diferente… y eso… conseguía que la angustia que sentí en mi pecho el primer día, no pudiera parar de crecer.

Pero lo que yo sintiera ya no importaba, en algún momento de la noche anterior, mientras le hacía el amor o quizás mientras la observaba antes de quedarnos dormidas, había hecho una promesa en silencio, un juramento al universo que la había puesto en mi camino. Mientras la acariciaba… mientras la besaba… o mientras me perdía en su mirada, había entendido el significado de la palabra felicidad y supe que a partir de ahora… quizás vinieran momentos difíciles, quizás muchas veces no entendiera los motivos de Dios o las señales no fueran claras, pero mi única misión a partir de este momento, era simplemente… vivir junto a ella… llenar sus días de momentos como estos, en los que la felicidad fuera la única opción… encargarme de que nunca apagara esa risa contagiosa que posee, esa risa capaz de iluminar y cambiar la vida de cualquier persona… incluida la de alguien que un día decidió cerrar por completo su corazón.

Minutos después de haberme dejado, apareció nuevamente, saliendo de aquel baño y dejando un aroma refrescante a su paso. Automáticamente vino a mi mente el recuerdo de la primera vez que me abrazó, ese día en que el olor de su cabello me hizo sentir cosas que nunca pensé llegar a sentir con el abrazo de una mujer. Ese aroma que se quedó impregnado en mí el resto del día, consiguiendo que me resultara aún más imposible sacarla de mi cabeza.

-¿Estás ahí? –Preguntó haciendo exagerados gestos con las manos delante de mi rostro.
-Lo siento… estaba distraída.

Con una sonrisa de ternura, se acercó despacio y rodeo mi cintura con sus brazos, apoyando su cabeza en mi pecho.

-A veces me gustaría estar dentro de tu mente para saber lo que piensas –Dijo tras un suspiro.

No pude evitar rodearla con mis brazos, sintiendo su cabello mojar mis manos y su olor impregnarse cada vez más en mi.

-¿Te he dicho alguna vez que me encanta como hueles?
Levantó ligeramente su rostro para mirarme con una sonrisa –No… -Dijo estando a unos centímetros escasos de distancia.

Antes de que los nervios me impidieran actuar, saqué de mi bolsillo un pañuelo de tela y comencé a atarlo en sus ojos, cogiéndola desprevenida.

-¿Qué estás haciendo?
-Imitar a las películas románticas… Siempre quise hacerlo.

Su carcajada se escuchó por todo el pasillo mientras la dirigía hacia el lugar que pretendía.

Durante el camino, las personas que nos encontrábamos nos miraban con una cara de extrañeza bastante graciosa… Y ella, lógicamente, ajena a todo, no paraba de preguntar el motivo de mi risa.
No tardamos ni siquiera cinco minutos en llegar al lugar.

-Shh… ahora no hagas ruido –Dije misteriosamente.
-Dul… esto me empieza a asustar ¿Se puede saber que se te ocurrió?
-Solo quiero enseñarte una cosa… El inconveniente es que está prohibido entrar.

Cuando su boca se abrió enormemente y estaba a punto de contestar, abrí rápidamente la puerta que estaba a nuestro lado y la hice entrar, antes de que alguien nos descubriera.
En el preciso instante en que pasamos al otro lado, el aire frio azotó nuestros huesos de una forma descomunal.

-Dios… ¿Tu idea de romanticismo era meterme en un congelador?
-¡¡Anda ven!! –Grité intentando hacerme escuchar por encima del ruido.
Dirigí su cuerpo hacia la zona exacta y me posicioné tras ella, dejando que el viento ondeara nuestro cabello y golpeara nuestro rostro, unos segundos.

-¡¡Siente la libertad!! –Dije a medida que desataba el pañuelo.

En cuanto destapé sus ojos y vio lo que tenía frente a ella, sus manos se agarraron fuertemente a mi ropa. Quizás por la impresión o por la sensación de poder caer al vacío en cualquier momento.
Antes de decir nada, coloqué el pañuelo alrededor de su cuello, con la intención de protegerla un poco de ese aire helado que nos azotaba.

-¡¡Esto es impresionante!! –Dijo mientras observaba el paisaje pasar a toda velocidad, completamente alucinada.
-Tranquila… no te vas a caer… estamos sujetas.
-¿Cómo descubriste esto?
-Uno de los primeros días, cuando buscaba un vagón solitario como en el que nos conocimos, llegué aquí… y entré por curiosidad. Está completamente prohibido pasar… porque cualquier persona puede caer a las vías del tren. De hecho, nunca volví… Pero esta mañana sentí que tú debías conocerlo… Quería que sintieras esta sensación de libertad que nos proporciona la velocidad y el paisaje… como si estuviéramos volando… No podía dejar que nos fuéramos sin sentirlo juntas…

Muy lentamente, intentando no hacer ningún movimiento brusco, que pusiera en peligro nuestra vida, se volteó, consiguiendo que quedáramos cara a cara.
Permaneció unos segundos observándome, aferrada a mi cuerpo, mientras yo me aferraba al suyo, como si el hecho de caer no fuera importante, como si lo único importante fuera estar juntas. Me miraba fijamente y acariciaba mi rostro con ternura, consiguiendo que las mariposas de mi estomago revolotearan incesantemente.

-Eres tan hermosa…

Mi corazón latía con fuerza por culpa de sus palabras y de su cuerpo aferrado a mis brazos, me atrevería a decir incluso que quise sonrojarme… Pero era todo tan perfecto…era todo tan natural, que lejos de ponerme nerviosa, paralizarme o cualquier otra cosa, hice lo que llevaba queriendo hacer desde que abrí los ojos y la encontré frente a mí, sonriendo y acariciándome con aquella pluma. Hice lo que deseaba hacer cada segundo que pasaba a su lado y no parar de hacerlo nunca…
...La besé…

Un beso dulce y delicado, que simplemente quería transmitir lo que mis palabras no podían. Un beso que deseaba explicarle porqué mi corazón latía tan rápido cuando me miraba, porque mi piel se erizaba cuando me tocaba o porque mi estomago se sobresaltaba con el simple hecho de tenerla cerca. Sin importar los temores o lo que sucediera después.

Nuestras lenguas jugaron con ternura mientras la velocidad del tren nos impedía movernos a cualquier otro lugar que no fuera más unidas una a la otra. El beso, a pesar de tierno era exactamente igual que cada uno de nuestros besos y nuestras caricias. Intenso… cómo si realmente fuera el último.

Estoy segura de que las personas, cuando se enamoran, besan con intensidad y pasión… Pero esto era tan diferente… Sentía que en cada beso le regalaba una parte de mí, que en cualquier momento, esta intensidad nos fusionaría convirtiéndonos en una sola persona.

Puede que sea exagerado, sí… Pueden pensar que estoy loca, como quieran…
Pero lo que siento al besar a Anahí, solamente lo entenderán el día en el que tengan la certeza de que están dando su último beso a la persona que aman. El día en el que sepan que quizás no tengan otra oportunidad… Será entonces cuando, con cada gesto, en cada caricia, en cada sonrisa y en cada beso… le estén entregando su vida a esa otra persona.

Una vez nuestros labios se habían separado y nuevamente me encontraba con esos ojos azules desnudándome el alma, no pude evitar que mis ojos se humedecieran, ante el nudo que se había creado en mi garganta.

-No quiero perderte Any…

Vivía en una lucha constante conmigo misma. Por un lado, estaba la felicidad de este momento, la promesa de vivir cada día como si fuera el último… Y por otro lado, mi corazón, que al mirarla a los ojos sentía una angustia incontrolable al pensar que llegaría un día en el que perdiera de vista esa mirada para siempre.
Sus ojos también se humedecieron. Intentó controlarlo… pero para su desgracia, en estos pocos días me había aprendido de memoria, cada detalle de su mirada y supe a la perfección, que a pesar de sus esfuerzos por evitarlo, se habían vuelto cristalinos.

-Me gustaría pedirte algo –Dijo para mi sorpresa, con una sonrisa.
-Lo que quieras…
Después de unos segundos de silencio se atrevió a proseguir -¡Escribe nuestra historia Dul!
Me tomé unos segundos para analizar esa frase, tratando incluso de recordar cuál había sido mi profesión antes de embarcarme en esta aventura. En este momento me di cuenta de que había olvidado por completo lo que me trajo hasta aquí, el deseo obsesivo que tenía por escribir mi próximo libro, había quedado completamente en el olvido hasta este momento.

-¿Me hablas enserio?
- ¡Si… Escribe tu diario! Un libro en el que cuentes cada detalle de tus sentimientos desde que me viste por primera vez.
-¿Por qué quieres que haga eso? –Pregunté confusa pero comenzando a ser invadida por una emoción.
-Porque te ayudará a mantenerme viva en tus recuerdos…
-No me hace falta escribir un libro sobre nosotras para recordarte Anahí… ¿Crees que podría olvidarte?
-No me estas entendiendo… Yo siempre voy a estar contigo Dul, en las cosas más sencillas… Cuando algo se te caiga de las manos, seré yo… jugando a molestarte… O cuando sientas el viento a tu alrededor, también seré yo… tratando de acariciarte… Tengo que cuidar de ti e intentar que esta Dulce siga viva y no vuelva a desaparecer. Quiero que escribas nuestra historia, que el mundo conozca el cuento de dos chicas, a las que el destino unió para que aprendieran la una de la otra y vivieran algo que jamás habían vivido… Quiero que tú lo recuerdes, cuando te sientas perdida o triste… cuando me extrañes, quiero que mantengas vivos los sentimientos que te he hecho sentir y que eso te de la fuerza que necesites…

La mezcla de emociones que en este momento me invadían, impidieron que cualquier palabra saliera de mis labios, mientras la observaba, tratando de que las lágrimas no me jugaran una mala pasada.

-Prométemelo Dul –Suplicó acariciando mis mejillas.
-Con una condición…
-¿Cuál? –Preguntó extrañada.
-Empecemos juntas.

Su única respuesta fue besarme… Besarme exactamente igual que yo lo había hecho antes, con pasión y dulzura, con intensidad y cariño. Haciéndome sentir que en estos momentos, absolutamente todo, carecía de importancia.
Minutos más tarde, mientras hacíamos de ese beso, algo eterno, escuchamos una vez más las bocinas del tren, indicando que habíamos llegado a la siguiente estación.

-Será mejor que salgamos de aquí antes de que alguien nos encuentre y no nos culpa…volver al tren –Dije notando como el transiberiano se iba deteniendo.
-Al final seré yo la que acabe presa por tu culpa…
-No creas que esto compensa las locuras que me has hecho cometer… No es nada comparado con terminar robando unos vestidos a un ruso loco o bañarme en un lago helado a unos pocos grados sobre cero.
-Tienes razón –Aceptó –Aún te falta mucho para superarme. Pero vas por buen camino ¡Sigue así!

No pude evitar rodar los ojos ante su chulería, a lo que respondió con esa sonrisa de autosuficiencia que me volvía completamente loca.

Salimos definitivamente de aquel lugar, antes de que alguien nos descubriera y abandonamos el tren, llegando a la penúltima estación de este hermoso viaje.

A pesar del ya conocido frio, este día, el sol iluminaba el paisaje de Jabárovsk, haciendo la ciudad aún más bonita de lo que en principio parecía. La verdad es que ya extrañaba ver el sol, a pesar de que en este caso no calentara demasiado el ambiente debido a su lejanía.

El silencio se apoderó de nosotras mientras veíamos como los pasajeros del tren iban de un lado a otro, en diferentes direcciones, sabiendo exactamente a donde se dirigían. Al contrario que nosotras, que nunca sabíamos a donde iríamos ni donde terminaríamos…

Esta ciudad está apenas a unas horas de Vladivostok, la última estación del transiberiano. Por lo tanto, esta misma madrugada, partiría el tren nuevamente, para mañana llegar al final de su ruta.

En este momento, no sé exactamente lo que va a ocurrir a partir de ahora, no sé qué será de nosotras cuando lleguemos a esa ciudad y me entristece el simple hecho de pensar que esto pueda acabar, que quiera regresar a su casa y yo no entre en sus planes.

Lo sé… he repetido en mil ocasiones, que estamos viviendo cada segundo sin pensar en lo que sucederá después. Pero a veces es imposible ¿No? Sobre todo en estos momentos, en los que mi mente quiere hacer todo el trabajo que no hace cuando Anahí me mira y mi cerebro se desconecta.

-Siempre que te quedas callada, tengo el presentimiento de que estás pensando cosas que no deberías –Interrumpió como si hubiera escuchado mi monólogo interior.
-Yo estoy teniendo serias dudas de que tú realmente me lees la mente.
-Lo que pasa es que te conozco –Sentenció con una sonrisa.

No pude evitar que un suspiro saliera de mí, al darme cuenta que tenía muchísima razón… Me conocía, más de lo que ambas creíamos y más de lo que nadie me había conocido jamás…incluso más que yo misma, me atrevería a decir.
En cuestión de segundos, sentí su mano rozar la mía, cosa que automáticamente consiguió erizar mi piel y alborotar mis órganos en cuanto entrelazó nuestros dedos.
Caminamos en silencio y agarradas de la mano durante minutos, sin importar absolutamente nada si la gente nos miraba o no. Sin pensar en la posibilidad de que una relación entre dos mujeres estuviera mal vista en esta parte del mundo…
¿Qué más da lo que piense la gente?
Tengo a mi lado a la única persona que me importa sobre la faz de la tierra… La única persona por la que he sentido algo real durante toda mi vida… La única persona a la que quiero llevar de la mano y que todos sean testigos de lo que sentimos. Estén de acuerdo o no.
Llegamos a una plaza, coronada por una estatua a la que cientos de turistas fotografiaban.

-¿Tienes cámara fotográfica? –Preguntó dirigiéndome hacia la multitud.
-Claro… lo primero que se me ocurre cuando voy a viajar sola es llevar cámara para hacerme fotos a mi misma–Respondí irónicamente y sonriendo.

Su respuesta fue sacarme la lengua, consiguiendo que me riera aún más.

-Espera aquí un momento.
-Ey, ¿A dónde vas? –Me apresuré antes de que me abandonara.
-Enseguida vengo…

Se fue sonriendo, sin si quiera responderme y dejándome allí sola entre una enorme multitud de personas.
Pero gracias a Dios, no tardó más de dos minutos en volver. Y para mi sorpresa, venía acompañada por un hombre de mediana edad, con rasgos orientales.

-¿A dónde fuiste? –Pregunté en cuanto llegó hasta mí y el hombre se detenía a unos metros.
-No podemos terminar este viaje sin tomarnos nuestra primera foto.

El hombre, que llevaba entre sus manos una cámara enorme, de esas que saca la foto al instante, se puso en posición apuntando hacia nosotras.
Any me abrazó por la cintura y con nuestros rostros completamente unidos, sonreímos a la cámara, bajo esa enorme estatua. El señor no tardó ni cinco segundos en disparar tomando la fotografía que automáticamente fue impresa.

Pudimos ver como la agitaba un poco en el aire, con la intención de que se secara la tinta más pronto y seguidamente nos la mostraba.

Era perfecta, más perfecta de lo que jamás imaginé que quedáramos juntas en una fotografía.
Un simple pedazo de papel, era capaz de mostrar la felicidad absoluta en la cara de dos personas. Dando a entender al mundo que están justo donde desean estar y ninguna otra cosa podría hacerlas más feliz.
¿Así nos verá la gente? ¿Es eso lo que transmitimos?

Cuando quise darme cuenta, Anahí me dirigía nuevamente hacia nuestra antigua posición, indicándole al señor que nos tomara otra foto. A pesar de no entenderlo, ya que me parecía que aquella había salido perfecta, llegué dispuesta a adoptar la misma postura de minutos antes. Pero cuando esperaba ansiosa a que el hombre disparara de nuevo, las manos de mi acompañante sujetaron mi rostro y sin siquiera darme cuenta, unió sus labios con los míos.

En un pequeño beso, que ni siquiera profundizamos, simplemente estático. Pero no por ello menos intenso o bonito que los anteriores. Agarraba mis mejillas con fuerza como si quisiera evitar que me apartara, cosa que por supuesto nunca pasó por mi mente, a pesar de tener cada vez más claro, que a esta chica nada era capaz de detenerla.

Segundos más tarde ya me había olvidado completamente de la situación en la que nos encontrábamos y la tentación de tener sus labios unidos a los míos fue suficiente para querer ir más allá. Así que, mi lengua se abrió paso, con unas ganas locas de jugar un poco con esa compañera a la que entendía a la perfección.
Poco después, casi sin darme tiempo a saborear bien, ambas sentimos un ligero movimiento a nuestro lado que nos hizo detener ese beso, muy a nuestro pesar. Noté una ligera cara de enfado en Anahí, dándome cuenta de que iba dispuesta a cantarle las cuarenta a quien fuera que nos hubiera interrumpido. Pero nuestra sorpresa llegó al ver, el rostro enfadado de ese pobre oriental, que agitaba las dos fotos en nuestra cara, con la intensión de que pagáramos su servicio.

Mientras yo me ponía como un tomate y me reía de tremenda situación, Any entregó unas monedas a ese hombre, que se fue balbuceando algunas palabras en no sé qué idioma.

-¡Que carácter tienen los rusos!
-Ese hombre no tenía mucha pinta de ser ruso Any –Respondí burlona, haciendo hincapié en sus rasgos orientales, que lo ubicaban en China, Japón o incluso Corea.
-No importa… en dos días hemos sido “insultadas” por tres hombres diferentes.
-Eso te pasa por no tener vergüenza y besarme delante del pobre hombre que simplemente tenía que hacernos una foto.
-Es que quería una foto besándonos y como a la “señorita inteligente” no se le ocurrió traer su propia cámara… Además no te quejes, que tampoco vi que te apartaras.
-Obviamente no quería hacerte ese feo –Dije encogiéndome de hombros con indiferencia.
-Ya claro… -Respondió entrecerrando los ojos.

Un pequeño beso en los labios fue suficiente para que su habitual sonrisa regresara, abandonando ese fingido berrinche.

Nuevamente emprendimos nuestro camino, sin saber a dónde y minutos más tarde, decidimos sentarnos en un pequeño banco a un lado de la plaza. Desde el cual podíamos ver perfectamente como decenas de niños correteaban alrededor de las palomas, mientras algunos ancianos echaban pan al suelo, con la intención de alimentarlas.
Los primeros, apenas comenzaban a vivir… Los segundos, se encontraban muy cercanos al final de sus vidas… Y por extraño que parezca, no se veía mucha diferencia entre unos y otros. Ambos desprendían ilusión y vitalidad en cada uno de sus movimientos. Envidiaba a los niños, por poseer una vida larga en la que tenían todo por aprender… Envidiaba a los ancianos por haber recorrido su camino y sentirse satisfechos de todo… Pero lo cierto es que, no me cambiaría por ninguno de ellos, aunque me ofrecieran una vida eterna, aunque me prometieran llegar a la vejez con la certeza de haber cumplido mis sueños… Nada de eso era comparable a la felicidad que invadía mi corazón en este momento. En el que tenía su mano acariciando la mía mientras observábamos la escena, pensando cada una algo diferente. Sé que probablemente me queden muchas cosas por vivir y muchas personas a las que conocer… Pero también sé, que lo que estoy sintiendo en este momento, ocurre una sola vez en la vida y estoy inmensamente agradecida porque se me haya permitido disfrutarlo.

-Eres lo mejor que me ha pasado en la vida –Dije de pronto, como si mis pensamientos hubieran tomado vida propia.

Sentí su mirada clavarse en mí después de esa frase y automáticamente mi corazón comenzó a bombear con fuerza, mientras tomaba el valor para mirarla.

-Aún tienes muchas cosas por vivir… -Respondió acariciando mi mejilla.
-Puede, pero… sé que nada va a superar esto… -Dirigí mi mirada nuevamente hacia el horizonte, encontrándome con las personas que caminaban a través de la plaza –Quisiera… Sin tan solo fuera capaz de explicártelo… Pero las palabras no son lo mío –La miré fijamente y sonreí con ironía –Se me da mejor escribir…

De pronto su mirada se detuvo, como si hubiera recordado algo, o le hubiera invadido una idea maravillosa.

-No te muevas de aquí –Dijo levantándose rápidamente.
-¿Y ahora a dónde vas? Voy a pensar que le cogiste gusto a esto de abandonarme.

Con un tierno beso en los labios seguido de una sonrisa, se encaminó hacia no sé donde, dejándome allí sentada, mientras continuaba observando a los niños, ancianos, animales y cualquier cosa que pasara por aquel lugar.

Pocos minutos después, llegó con una bolsa entre sus manos y se sentó nuevamente mientras yo esperaba extrañada alguna explicación.

-¡Vamos a comenzar! –Se emocionó mientras abría un pequeño cuaderno que parecía haber comprado ahora mismo.
-¿A comenzar el qué?
-El libro… ¿Dices que con las palabras no sabes expresarte y que se te da mejor escribir? Pues es el momento perfecto para comenzarlo y saber qué es exactamente lo que guardas en tu hermético corazón…
-¿Hermético corazón? –Pregunté ofendida –No creo que te haya costado tanto abrirlo como para que lo creas hermético.
-Bueno… es que sólo yo tenía la llave mágica –Finalizó sonriendo e impidiéndome cualquier tipo de respuesta.

Me detuve a mirarla fijamente, preguntándome si realmente sabría cuanta verdad tenían sus palabras. No sé si fue una llave mágica, pero desde luego, algún secreto tenía para haber entrado en mi corazón de esa forma tan rápida y hacerme sentir que está tan anclada a él, que ni siquiera la muerte podrá desprenderla.

-Vuelve la vista atrás… recuerda lo que pensabas minutos antes de verme, cuando mirabas ausente por aquella ventana… ¿Qué sentías?

Por extraña que me pareciera la situación, le hice caso… Eché la vista atrás y me visualicé a mi misma en aquél vagón, justo antes de conocerla…

-Me sentía cansada… -Comencé a recordar –Estaba cansada de solo dar pasos atrás…
-¿Qué haces en este momento? –Preguntó consciente de que mi memoria ya había viajado cuatro días atrás en el tiempo.
-“Observo el paisaje pasar rápidamente ante mis ojos. A través de esta ventana a muchos kilómetros por hora, dejamos cada vez más atrás la última ciudad en la que nos detuvimos y nos acercamos a la siguiente…”

Y así continuamos el resto de la tarde, recordando cada detalle de nuestro principio, ese principio que parecía ya muy lejano, a pesar de haber pasado simplemente cuatro días. Los cuatro días más intensos y más llenos de vida que jamás imaginé vivir.

Cuando nos quisimos dar cuenta, el sol había desaparecido dando lugar a una hermosa y redonda luna, que nos recordaba el significado de esa condición llamada tiempo, esa que para nosotras no tenía mucho sentido ya.

Decidimos cenar en un restaurante de la zona, antes de volver al transiberiano para pasar allí nuestra última noche.

Encontramos un restaurante, aparentemente elegante, incluso demasiado para la vestimenta que en esa ocasión llevábamos. Pero ni siquiera eso era un impedimento para nosotras a estas alturas.

Hice un pequeño gesto al acomodador, indicándole que necesitábamos mesa para dos y no tardo si quiera dos minutos en colocarnos en el sitio perfecto. Una pequeña mesa situada en el piso superior, al lado de una ventana por la cual se veía la misma plaza donde habíamos pasado la tarde. Y todo esto acompañado por una chimenea encendida, que además de regalar el toque necesario para el romanticismo, nos aislaba del terrible frio que había cubierto la noche.

-Si lo hubiéramos planeado seguro que no damos con un sitio tan romántico –Dijo mirando a nuestro alrededor.
-Es bonito… –Asentí de acuerdo.
El mesero llegó con una botella de vino. Después de recibir aprobación por nuestra parte, llenó el fondo de nuestras copas y nos entregó la carta para que nos decidiéramos tranquilamente.
Antes de comenzar a leer el menú y pedir algo al azar por no entender el idioma, quise probar ese vino tinto, que tenía una pinta exquisita. Así que alcé mi copa, esperando que imitara mi gesto.

-Por nosotras… -Brindé observando el brillo de sus ojos –porque la vida nos siga llenando de momentos inesperados.

Su sonrisa de aprobación fue suficiente para que golpeáramos suavemente una copa contra la otra y a continuación bebiéramos un sorbo de aquel vino, que como ya había anticipado, era exquisito.
Nuestras miradas se detuvieron fijamente, sin acordarnos del menú que esperaba ser abierto, ni de cualquier otra cosa que pudiera haber alrededor.

-¡Vaya sorpresa! –Exclamó una conocida voz, sacándome de ese agradable momento.

¡¡Oh no!! Los babosos de la discoteca, pensé en cuanto vi el rostro demasiado sonriente de ese chico, del cual no recordaba ni el nombre.

-¡Anahí y Dulce! –Volvió a exclamar como si fuéramos amigos de toda la vida -¡Que pequeño es el mundo!

O el mundo es pequeño o hice algo muy malo en otra vida para tener que soportar tu presencia nuevamente.

-¿Bruno y… Mikel? ¿Verdad? –Preguntó Anahí, tratando de ser cortés.

Genial… encima ella si recuerda sus nombres.

-¡Los mismos!

El chico agarró una silla y automáticamente se sentó a su lado, dejando que su amigo, el que me caía un poco mejor, se sentara junto a mí. Pero no por eso la cólera que empezaba a sentir era menos importante.

¡Cuidado con lo que haces! –Advertí en silencio, siendo consciente de que mi cara en este momento sería muy parecida a la de un perro rabioso.

-¿Y qué? ¿Cómo están las mexicanas más guapas del mundo? –Preguntó intentando ser amable, pero consiguiendo parecer estúpido.
-De maravilla hasta hace dos minutos –Respondí con ironía, sin siquiera pensarlo.

El chico, lejos de darse por aludido y largarse definitivamente, quiso aumentar mi coraje, haciendo más evidente su coqueteo con Anahí.

-¿Tú amiga es siempre así de dura?

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:50 am

Amiga? ¿Y tú qué demonios sabes lo que soy para ella ****o? No sé por qué razón, pero cada palabra que pronunciaba ese muchacho me parecía más estúpida a la anterior. Y desde luego, ver esos ojos de cachorro desvalido cuando miraba a mi chica… Sí… MI CHICA, por si a alguien no le ha quedado claro aún. Me producía un nudo en el estómago nada satisfactorio.

-Mejor voy al cuarto de baño –Informé mirando seriamente a Any, que lo único que hacía era reírse de la situación.

Si… puede que yo también me hubiera reído. Pero ese chico me había caído realmente mal desde el principio. Quizás porque a leguas se veían sus intenciones y me daba impotencia no poder pararle los pies.
Entre tanto pensamiento, llegué al cuarto de baño y fui directamente a refrescar mi rostro, o mis ideas… o ambos.

Minutos más tarde, me estaba secando cuando escuche que alguien abría la puerta y mi instinto me hizo levantar la vista para verla a través del espejo, apoyada en la pared, con los brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa irritante adornando sus labios.

-¿De qué te estás riendo? –Pregunte completamente seria y molesta.

Ni siquiera se dignó a responder y muy despacio, se fue acercando… con la misma expresión en la mirada que tiene un gato cuando acecha a su presa y está a punto de darle caza. Consiguiendo que un temblor invadiera mi cuerpo de pies a cabeza… y no era precisamente por miedo que se estaba erizando mi piel.
Rodeó mi cintura con sus brazos, mientras yo trataba de mantener mi postura de dura… Cosa que me costaba bastante trabajo hacer cuando mi piel entraba en contacto con la suya.

-Celosa… -Susurró a la altura de mi oído, mientras me miraba con descaro a través del espejo.
-Yo no estoy celosa –Me defendí entrecerrando los ojos.
-¿Ah no? ¿Y porque te cae tan mal Bruno a ver?
-Que rápido te aprendiste su nombre
-¿Ves como estás celosa? –Continuó sonriendo.
-No estoy celosa Anahí… Simplemente me cae como una patada en el estomago el tipo ese, porque desde el primer día son claras sus intenciones contigo y cada vez que lo veo, no puedo evitar recordarte bailando con él mientras estaba a punto de besarte y yo como una ****a revolviéndome por dentro sin hacer nada… Exactamente igual que ahora, cuando lo veo coqueteándote.

Sobra decir que después de que todas esas palabras salieran de mi boca, atropellándose unas con otras y sin siquiera haber sido pensadas, fui presa de un alivió inmediato, como si un gran peso hubiera sido apartado de mis hombros.

-Solo llevándote a los límites reaccionas Dulce María… Y si lo que te molesta es que me coqueteé, nadie te impide salir ahí fuera y besarme para que entienda que soy tuya...
-¿Eres mía? –Pregunté por primera vez, queriendo saber realmente que significaba todo esto para ella.
-Completamente… -Respondió apoyando su barbilla en mi hombro, mientras nos seguíamos observando fijamente a través del espejo.

Después de unos segundos en los que una tranquilidad había invadido mi corazón, no solo por escuchar sus palabras, sino por sentirlas tan verdaderas en lo profundo de su mirada. Comencé a sentir su mano, bajar lentamente por mi estómago y adentrarse sin ningún tipo de tapujos en el interior de mi jean.

-¿Qué… que haces? –Pregunté con dificultad al sentir sus dedos acariciando mi intimidad.
-Conseguir que tú también seas mía –Respondió provocativamente.

Con un rápido movimiento, me dio la vuelta, consiguiendo que quedáramos cara a cara y volviendo a su labor en el interior de mis pantalones.

-¿Aquí…? ¿Es…estás loca?
-¿Aún no te lo he dejado suficientemente claro, cariño?
-No…Nos… Nos van…a ver –Traté de advertir, comenzando a perder el control de mi cuerpo y olvidando el hecho de que en cualquier momento podría entrar alguien.
-Esa posibilidad lo hace más excitante –Respondió con todo su descaro.
Yo simplemente trataba de agarrarme al borde del lava-manos, con la intención de que mis piernas no fallaran de un momento a otro, por lo que producían sus dedos moviéndose a toda velocidad sobre mi clítoris.
-E… eres… una descarada…

Detuvo sus movimientos bruscamente, consiguiendo que mis ojos enviaran una mirada de molestia y decepción. Cosa que pareció ser el detonante perfecto para sin apenas darme cuenta, introducir sus dedos en mi interior, con un simple movimiento, que me provocó un gran gemido imposible de controlar.

-Y eso te encanta… -Susurró en mi oído, mientras mordisqueaba el perfil de mi rostro y aumentaba los movimientos de sus dedos, consiguiendo que mis jadeos y gemidos fueran cada vez más audibles. –Admítelo…
Traté de resistirme lo máximo posible, pero en este momento… mi mente había viajado hacia un lugar en el que solo había estado la noche anterior, un lugar que conseguía desaparecer el tiempo y el espacio, haciendo que todo lo que estuviera fuera de nosotras, careciera de sentido.
-¡Admítelo! –Repitió aumentando más sus movimientos.
-Lo… lo admito…

En el momento en que acepté, que su descaro me volvía completamente loca, sus dedos aumentaron más y más sus embestidas, consiguiendo que mis caderas perdieran el control completamente desenfrenadas. Mientras mis, siempre silenciosos gemidos, ahora se habían convertido en gritos desesperados por llegar…

Y así…llegué…

Llegué al punto de máximo placer, en el que una especie de descarga eléctrica recorrió mi cuerpo ocasionando el grito más sonoro que jamás había expresado.

-Completamente mía… -Susurró dejando pequeños besos en mi mejilla mientras trataba de recuperar el aliento.

Mis fuerzas se habían desvanecido en aquel frenético vaivén de caderas y ahora trataba de recuperarme lo más rápido posible. Pero entre tanto ruido y concentración, ninguna de las dos nos dimos cuenta de que una mujer había entrado y se encontraba absolutamente pasmada frente a nosotras, mirando la escena desencajada.
Un color púrpura subió rápidamente a mis mejillas. Y la señora, al verse descubierta, salió de aquel cuarto de baño, diciendo no sé cuantas cosas en un idioma, que si antes no entendía, en este momento muchísimo menos.

Anahí comenzó a reírse a carcajadas en cuanto escuchó la puerta cerrarse de golpe, y yo… a pesar de la vergüenza del momento, no pude evitar hacer lo mismo.

-¡Descarada!
-¿Quieres que te vuelva a demostrar lo descarada que soy? –Preguntó levantando una ceja retadora.

En ese momento, un escalofrío invadió todo mi cuerpo, siendo completamente consciente de que era absolutamente capaz de hacerme el amor nuevamente allí mismo. Y además de todo… esa idea conseguía que mi piel se erizara nuevamente.

-Mejor vámonos de aquí –Me apresuré a decir tratando de controlar la temperatura de mi cuerpo.

Salimos del cuarto de baño, en dirección a la salida del restaurante, habiendo olvidado por completo el hecho de que teníamos una pesada compañía esperando desde hace rato.
Mientras caminábamos a toda prisa, sin poder parar de reírnos, vimos como ese chico, Bruno, hacía gestos desde nuestra mesa, tratando de llamar nuestra atención.

Así que, me detuve bruscamente y con toda la decisión que hasta ahora nunca había tenido, agarré el rostro de Anahí y le planté un beso delante de absolutamente todo el restaurante. Notando como las miradas volteaban hacia nosotras, completamente asombrados. Incluida la de Bruno, que seguramente nunca en su vida se le había desencajado tanto.

Cuando separamos nuestros labios, nos dimos cuenta de que habíamos conseguido ser centro de atención y de murmullos. Y eso nos volvió a producir la risa de minutos antes, con la que salimos definitivamente de aquel restaurante. Dejando a los chicos con la cuenta de nuestra botella de vino.

Minutos más tarde llegamos al tren, entre risas, como ya era algo habitual. Pero esta vez y gracias a Dios, sin huir de nadie… aunque por poco.
Una vez en la habitación, nos lanzamos a la cama boca arriba y permanecimos mirando al techo mientras tratábamos de estabilizar nuestra respiración y calmar nuestra incesante risa.

Poco a poco, el oxigeno fue llegando a mis pulmones nuevamente y las carcajadas desapareciendo dando lugar a una sonrisa de completa felicidad. Entonces, miré hacia un lado, encontrándome con su mirada fija en mí. Imité su postura y me giré para así quedar cara a cara…

Permanecimos segundos observándonos en esa misma posición, sus manos acariciaban mis mejillas y mi cuerpo poco a poco se iba relajando, dando paso a un profundo sueño. Pero no quería dormir… me gustaban estos momentos de miradas silenciosas… me encantaba observarla… me reconocía como absolutamente adicta a esos ojos azules hipnotizantes.

-Te quiero… -Susurró de pronto.

Al escuchar esas palabras, mi corazón dio un pálpito y comenzó a latir desesperadamente contra mi pecho. Deseoso por salir corriendo en alguna dirección segura o quizás simplemente queriendo hacerse escuchar por encima de cualquier otro órgano de mi cuerpo.

Sin siquiera darme tiempo a pensar y mucho menos a responder, sentí sus labios rozando los míos en un beso tierno, tranquilizador… Un beso que trataba de apartar de mi ser, cualquier tipo de duda o temor que existiera… si es que aún había algo de eso dentro de mí.

Hubiera deseado sentirla más tiempo, hubiera deseado que mi corazón dijera las palabras que mi boca no sabe pronunciar… Esas palabras que a pesar de sentirlas… solo sé expresar en cada beso. Pero después de unos cortos segundos separó nuestros labios y con una sonrisa…

-Buenas noches… -Finalizó cerrando los ojos y dejándose vencer por el sueño.
-Buenas noches… mi amor

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:50 am

Capitulo 6

( Lo que me sigue es escapar )

Abrir los ojos y ver su rostro profundamente dormido, crea en mí una sensación de calma y bienestar instantánea. Aun me cuesta creer que esto sea verdad, que una mujer tan increíblemente bonita se haya podido fijar en alguien como yo… Y no me estoy menospreciando, tampoco es que mi éxito en relaciones haya sido nulo, al contrario. Pero lo que sí es cierto es que ninguna de las personas que ha pasado por mi vida, tiene punto de comparación con Anahí. No sé donde estuvo metida todos estos años o por qué no llegó antes… Pero ahora mismo, en este preciso momento, al observarla dormir con esa sonrisa dibujada en sus labios, siento que es ella… que es exactamente la persona que siempre había esperado, la única capaz de hacerme sentir esto que estoy sintiendo.
Y lo más increíble del asunto es que… me quiere… y yo también la quiero.
Puede que aún no me atreva a decirlo en voz alta, sé que en el momento en que eso pase, en el momento en que mis labios pronuncien lo que siento, no habrá marcha atrás, no tendré escapatoria… y eso me asusta. Pero la pregunta es… ¿Sigo teniendo escapatoria?
¿Podría irme antes de que fuera demasiado tarde?
No… creo que el ritmo que en este momento lleva mi corazón, por el simple hecho de observarla, el temblor que invade mi cuerpo cuando me toca, o la paz que me produce su sonrisa, son una clara señal de que… ya es demasiado tarde.
Caíste en la trampa Dulce… Estás completamente loca por esta chica de ojos azules y tu único deseo ahora mismo es poder disfrutar de esta imagen todos los días del resto de tu vida… Aunque seas consciente de que es algo completamente imposible.

-Si pudiera dar mi vida a cambio de la tuya… lo haría ¿Sabes? -Pienso mientras acaricio unos mechones de cabello que caen por su rostro.

Si… por muy fuerte que parezca, lo haría… Lo haría sin siquiera pensarlo.
Después de seguir observándola unos segundos y darme cuenta de que está sumida en un profundo sueño del que no quiero despertarla, decido levantarme de aquella cama e ir en busca de un buen desayuno… o almuerzo, dada la hora que es.
Hace aproximadamente una hora que sentí el tren detenerse, cosa que consiguió despertarme mientras a ella no la hizo ni parpadear. Esa era la señal de que ya estábamos en Vladivostok, última parada en la ruta del transiberiano. Eso indica que, por mucho que me guste verla dormir, tendré que despertarla en breve, antes de que alguien aparezca para echarnos del tren.

¿Qué mejor forma de despertar a alguien que una bandeja llena de un delicioso desayuno, para reponer fuerzas y afrontar el día?

En la cafetería del tren, compro todo lo necesario y me dirijo nuevamente a la habitación, encontrándola exactamente igual a como la dejé.

No puedo evitar sonreír tontamente al verla. En estos momentos agradezco que nadie pueda verme, porque seguramente causaría risa en más de uno. Pero… ¿Qué más me da?

Me siento al borde de la cama y al ver que tampoco se inmuta con el movimiento, comienzo a acariciar su rostro con una rosa que robé de los jarrones que adornaban las mesas del restaurante elegante del tren.

Lo sé… últimamente se me da muy bien esto de la cleptomanía. Juro que en cuanto pisemos tierra firme, iré a tratármelo antes de que se agrave.

Por fin, las cosquillas que le producen esa rosa parecen surtir efecto y comienza a moverse ligeramente. Tardó apenas unos segundos en abrir los ojos definitivamente encontrándose con esa sonrisa tonta de mis labios que por alguna razón aún no ha desaparecido.

-Buenos días… -Sonríe mientras estira sus brazos.
-Buenos días dormilona… casi no te despiertas.
-¿Tan tarde es? Siento como si sólo hubiera dormido una hora…
-¿Una hora? Creo que debes multiplicarlo por 10 o 12 –Informo acariciándola con ternura –Ya debe ser más de medio día.
-¿Medio día? ¿Ya llegamos a Vladivostok?
-Hace aproximadamente una hora… ¿Te encuentras bien? –Pregunto preocupada al ver su rostro tan cansado.
-Sólo un poco cansada… puede que se me haya bajado la presión. Pero seguro que me recupero con este manjar –Observó con emoción la bandeja que reposaba sobre mis piernas, la cual casi había olvidado.
-La verdad es que no sabía que querrías comer y el restaurante del tren ya está cerrado, así que traje algunas cosas de la cafetería –Informé con algo de timidez –Tienes tostadas, pan, zumo de naranja, café, fruta, agua…
-Dime la verdad… tú querías alimentar a un elefante no a mi –Bromeó al ver mi inseguridad.
-Seguro que un elefante se hubiera despertado más pronto que tú –Dije sacándole la lengua –Además yo también quiero comer, que llevo prácticamente una hora mirando al techo, esperando que te dignaras a abrir los ojos…
-¿Al techo? –Preguntó levantando una ceja juguetona -¿Estás segura de que es a donde mirabas?
-Mejor empecemos a comer ya –Entrecerré los ojos tratando de cambiar de tema –Que tenemos que irnos antes de que nos echen a patadas.

Asintió mientras daba un mordisco a una de las tostadas que había preparado con mantequilla y mermelada.

-¿Dónde vamos a dormir hoy?

Esa pregunta consiguió que mis manos temblaran mientras me llevaba un sorbo de café a la boca. No fue realmente la pregunta en sí… Sino el hecho, de llevar horas pensando que sería de nosotras una vez llegáramos a la última estación y no atreverme a realizar la pregunta por miedo a la respuesta. Pero aquí estaba…el tema sobre la mesa.

-No lo sé… ¿Qué tienes pensado hacer a partir de ahora?
-Yo… pues… -Dudó mientras hacía que pensaba –Estar contigo.

Rápidamente la miré, dándome cuenta de que estaba sonriendo. Y eso me confundió bastante, al no saber si bromeaba o de qué demonios se estaba riendo.

-¿Enserio?
-¡Claro! ¿Tú qué crees Dul? A menos que… ya quieras deshacerte de mí.
-¡No! –Me apresuré a decir –Es solo que… bueno… yo no sabía cuáles serían tus planes cuando termináramos la ruta.
-Yo no tengo planes… pero si tengo claro que quiero seguir contigo.

No pude evitar sonreír mientras mi corazón volvía a latir a un ritmo medianamente normal, sintiéndose más tranquilo.

-Entonces deberíamos salir de aquí lo más pronto posible para buscar un hotel mientras decidimos.
-Si… creo que me levantaré de esta cama antes de volver a quedarme dormida.

Después de una sonrisa, hice el intento de levantarme, para dejar la bandeja sobre la mesa y así permitir que se bajara de la cama.

-¡Oye, oye, oye! –Me detuvo agarrándome del brazo -¿Y mi beso?

Sin dudarlo un solo segundo, me incliné sobre ella y la besé con delicadeza, tratando de ser dulce y cuidadosa. Pero sorprendiéndome al sentir su lengua tratando de abrirse paso. No le impedí hacerlo… Abrí mis labios y permití que nuestras lenguas juguetearan con pasión, subiendo con cada movimiento la temperatura del ambiente. Corroborándome que si esto continuaba así me iba a ser muy difícil parar.
Segundos más tarde nos quedamos sin oxigeno y nos vimos obligadas a detenernos para recuperar el aliento.

-Veo que ya recuperaste fuerza –Dije sonriendo mientras ella unía nuestras frentes.
-Tú eres mi fuerza Dulce.
Después de esa frase, que me llegó más adentro de lo que nadie pueda pensar, permanecimos unos segundos en silencio, disfrutando de ese momento en el que nuestras miradas se encontraban. Ese momento que aún tenía la capacidad de desaparecer todo a nuestro alrededor.
Cuando ya había disfrutado bastante de esa vista, aunque realmente nunca me parecía bastante, me aparté y extendí la mano para ayudarla a salir de la cama.
Recibí una sonrisa de agradecimiento que rápidamente fue empañada por un movimiento de su mano agarrando su cabeza, mientras cerraba los ojos.
Mi instinto me hizo apresurarme a sostenerla, con miedo de que pudiera caerse en cualquier momento.

-¿Qué te pasa? –Pregunté muy preocupada -¿Te encuentras bien?

Unos segundos de silencio se me hicieron eternos, cuando volvió a incorporarse dibujando una suave sonrisa, más para tranquilizarme que para otra cosa.

-Creo que me levanté demasiado rápido…
-Deberías sentarte un momento por si rápido
-Ya estoy bien, de verdad –Dijo acariciando mi mejilla –No te preocupes.
-Eres una cabezota Any...

Aunque mi afirmación fue muy seria, ella sonrió y depositó un pequeño beso sobre mis labios antes de dejarme definitivamente para dirigirse al baño.

Me quedé en la misma posición unos minutos, observando la puerta que se había cerrado tras ella. Me era completamente imposible sacar esta preocupación que se instalaba en mi pecho cada vez que la veía con un malestar, por pequeño que fuera… Quizás exagero. Esto fue solo un mareo por haberse levantado deprisa, pero lo siento… mi corazón salta en cuanto algo me recuerda que algún día la perderé.

No puedo estar así, no puedo saltar cada vez que algo ocurre y quedarme angustiada por el miedo… Pero de verdad, siento que es inevitable. Por muy fuerte que quiera parecer… Aunque me haya dicho que soy su fuerza. Si alguien otorga fuerza a alguien, estoy completamente segura de que es ella a mí y no al contrario.

En lo que termina lo que quiera que esté haciendo allá adentro, decido comenzar a recoger algunas cosas que hay por la habitación, para meterlas en su maleta. No quiero revolver demasiado, pero supongo que será buena idea ir adelantando trabajo para poder dirigirnos juntas después a mi cuarto y coger el pequeño bolso de viaje.
Entonces ocurre de nuevo, escucho esa horrible toz del día anterior apoderarse de ella en el interior del baño. Detengo un momento mi tarea para estar pendiente de que se calme lo más pronto posible. No quiero volver a preguntarle si se encuentra bien, no quiero resultar paranoica y que termine hartándose de mi miedo. Así que trato de anclarme a mi sitio y evitar el impulso de mi corazón que lo único que hace es latir con fuerza para que vaya hacia ella, cuando de pronto, escucho un fuerte golpe proveniente del cuarto de baño y en cuestión de milésimas de segundo, invadida por un impulso y sin siquiera darme cuenta, me encuentro ahí.
Abro la puerta rápida y automáticamente sintiendo como mi corazón se detiene ante la imagen que tengo frente a mí.

-¡¡Anahí!! –Grito corriendo a su lado.

Su cuerpo reposa sobre el frio suelo en posición fetal, con los ojos cerrados y absolutamente inconsciente.

-¡¡Anahí!! –Vuelvo a gritar arrodillándome junto a ella y subiendo ligeramente su rostro mientras le doy pequeños golpes, tratando de hacerla reaccionar.
Pero no reacciona… Ni a mis llamadas, ni a mis golpes, ni a mis lágrimas comenzando a caer sobre su rostro.
No sé qué hacer, me encuentro completamente desesperada y mi cuerpo sufre de una parálisis inexplicable.

-¡Anahí por favor… despierta! –Suplico dando palmadas en su rostro –¡¡Mi amor!! ¡¡Despierta!!

No hay respuesta… No sé qué ocurre ¿Por qué no puedo moverme? Mi cuerpo me impide dejarla de esa forma y mi mente debe encontrarse en un lugar al que no tengo acceso.

¿Y si… Y si está…?

¡¡¡No!!! –Me digo a mi misma –¡No está muerta! ¡Aún siento el latido de su corazón y su respiración pausada!

Por fin mi cuerpo reacciona y salgo disparada en busca de ayuda. Ni siquiera sé a dónde me dirijo, el tren está prácticamente vacío y lo único que se me ocurre es comenzar a gritar pidiendo una ambulancia, pero nadie me entiende…

¡Por Dios! ¿No ven mi desesperación? ¡Que alguien haga algo o no sé de lo que soy capaz!
Pero nadie me hace caso, no entienden mis palabras y simplemente observan asombrados mis gestos.
Después de mandar a todo el mundo al diablo, regreso corriendo a la habitación y decido hacer lo único que puedo hacer en una situación así.
Mi cuerpo tiene la intensión de volver a paralizarse al verla en la misma posición, pero mi corazón bombea con tanta fuerza que se lo impide y me da el valor suficiente para arrodillarme y con toda la delicadeza que me permite la desesperación, paso uno de sus brazos alrededor de mi cuello y saco fuerzas de donde no las tengo para cargarla en brazos.

Salgo lo más rápido que puedo hacia el pasillo y vuelvo a gritar pidiendo como loca una ambulancia. Esta vez, el hecho de tener a una chica inconsciente en mis brazos parece ser motivo suficiente para que entiendan, porque diez minutos más tarde, escucho la alarma de una ambulancia acercándose cada vez más.

No sé de donde saqué la fuerza para salir definitivamente de aquel tren, después de haber estado esos diez minutos completamente estática en un mismo lugar, sin bajar su cuerpo de mis brazos ni dejar que nadie se acercara. Pero lo hice… En cuanto escuché los sonidos de la ambulancia, salí apresuradamente y esta vez sí, cedí su cuerpo a los médicos, que llegaron preguntándome no sé cuantas cosas que no entendía.

Mi cabeza estaba saturada, mi corazón desesperado, mis ojos lloraban impotentes y yo… yo aún no era capaz de asimilar que hace veinte minutos estaba besándome y ahora la veía así… inconsciente, sobre esa camilla, en el interior de una ambulancia que corría a toda velocidad hacia un hospital. Los minutos se me hacían eternos mientras agarraba su mano inmóvil y mojada por mis lágrimas.

Sentí a la ambulancia detenerse y en cuestión de segundos, alguien separó nuestras manos alejándola de mí. Traté de correr tras la camilla que transportaban los médicos a toda prisa, pero llegó un momento en el que no me dejaron pasar más allá… por mucho que forcejeé, grité, lloré y hasta insulté.

Ahora me encontraba en medio de la “sala de espera” de un hospital, completamente perdida, sin saber qué hacer ni a quién acudir.

-¡Por favor! –Supliqué acercándome al mostrador de recepción -¡¿A dónde se la llevaron?!

La señora al otro lado del mostrador dijo algo en ruso, que por supuesto no entendí.

-¡¡Anahí!! ¡La chica que acaban de traer! ¿A dónde la llevaron? –Grité desesperada.

La mujer volvió a repetir las mismas palabras de antes, esta vez en un tono de voz algo mayor y haciendo gestos que consiguieron ponerme más nerviosa de lo que yo ya estaba.
Lo único que ocasionó eso, es que nos sumergiéramos en una discusión en la que ambas hablábamos un idioma completamente diferente, sin entender absolutamente nada, la una de la otra. Así que, cansada de no recibir respuestas, me fui directamente a la puerta por donde se habían llevado a Any y cuando estaba dispuesta a entrar para averiguar qué había pasado con ella, me sorprendí siendo agarrada por unos guardias que también hablaban ese idioma que ya estaba empezando a odiar.

-¡Suéltenme! –Forcejeé –¡¡Joder!! ¡¡Déjenme en paz!! ¿Dónde está Anahí?
-¿Qué pasa aquí? –Intervino una voz femenina justo cuando esos gorilas estaban a punto de echarme a patadas.
-¡¡Por favor ayúdame!! –Supliqué entre lágrimas –No entiendo a nadie, no sé donde está, solo quiero saber si está bien…

Después de mirarme unos segundos, la voz femenina, vestida con una bata blanca pronunció unas palabras en ruso que fueron suficientes para que esos brutos me soltaran al instante.

-¿Cómo te llamas? –Preguntó mientras yo frotaba mis propias muñecas tratando de que volviera a correr la circulación.
-Dulce…
-Muy bien Dulce, soy la doctora García. Cuéntame que ocurre.
-Anahí… se la llevaron… por favor, solo quiero saber cómo está.
-No puedes pasar ahí dentro, tienes que esperar a que traigan noticias.
-Pero no entiendo a nadie, no quieren informarme… necesito estar a su lado.
-Dulce, si los doctores metieron a tu amiga en esa sala es por su bien, no tienes nada que temer… está en buenas manos. Pero debes tranquilizarte porque estás a punto de sufrir un ataque de ansiedad…
-No, no, no… no estaré tranquila hasta que sepa que está bien.
-Bueno… vamos a hacer una cosa. Voy a entrar ahí para que mis compañeros me informen sobre el estado de la paciente, en cuanto tenga noticias vendré personalmente a informarte, pero tienes que prometerme que te vas a tranquilizar y no volverás a provocar que te echen.

Por primera vez, detuve mi mirada nerviosa en los ojos de esa doctora, con la intención de corroborar que fueran verdad sus palabras. No encontré ningún atisbo de mentira o engaño. Así que, mientras mi respiración se iba calmando a medida que el oxigeno llegaba a mis pulmones…

-Está bien… Pero por favor… dese prisa.
-Vendré en cuanto tenga noticias, descuida.

Después de una sonrisa, a la que ni siquiera fui capaz de responder, la doctora desapareció por aquellas enormes puertas por las que los médicos se habían llevado a Anahí minutos antes.
Yo, sintiendo que un vació se instalaba en mi corazón desesperado, no pude hacer otra cosa que sentarme a esperar…

Por favor, tiene que estar bien –Supliqué entre lágrimas.
No entiendo cómo puede haber pasado esto de un momento a otro, como hace una hora todo era perfecto mientras la observaba dormir plácidamente y ahora estoy aquí, sentada en la sala de un hospital, con el corazón encogido y rezando porque pueda volver a ver su mirada.

Hace muchos años, me prometí a mi misma no volver a sentir esto, no volver a desear ser yo la que estuviera en esa cama y no ella… Y a pesar de todo, por mucho que me aferré a esa idea, por mucho que cerré mi corazón… ella consiguió abrirlo y lo peor de todo, instalarse en un lugar en el que nadie se había instalado.
¡Soy una completa estúpida! Sabía que esto podía ocurrir en cualquier momento, desde el preciso instante en que la conocí y aún así… aquí estoy…

Por favor Anahí… No me dejes… aún no… por favor.

Pasaron minutos que me parecieron horas, o quizás si fueron horas… La verdad es que miraba el reloj de pared cada dos segundos y por mucho que me empeñaba, el tiempo no transcurría más rápido.

-Dulce… -Escuché a lo lejos una voz que me resultaba familiar.

Levanté la cabeza un poco desorientada, observando a través de mis ojos llorosos, que esa voz no se encontraba tan lejana como yo creía. Me costó unas milésimas de segundo reconocer a la doctora que minutos antes me había ayudado.

¿Cómo está Anahí? –Pregunté levantándome rápidamente y agarrándola por los brazos con más fuerza de la que deseaba.
-Tienes que tranquilizarte –Sentenció seriamente.

Rápidamente solté los brazos de la doctora, llevando una mano a mi cabeza aturdida y tratando de controlar mis nervios.

-Lo siento… yo… estoy desesperada… por favor, dígame como está.
-Anahí ya está consciente Dulce, cuando entré a ver qué ocurría mis compañeros ya habían conseguido devolverle la consciencia. Si tardé tanto en venir fue porque tenía que hablar con ella, soy la única que habla español en este hospital y me cedieron su caso.

Cuando escuché las primeras frases de la doctora, mi corazón fue normalizando sus latidos desesperados y sentí como de pronto, un nudo formado en mi pecho, se abrió ligeramente dejando que el oxigeno pudiera pasar con algo más de normalidad.
No pude evitar llevarme ambas manos a la cabeza, suspirando y agradeciendo a Dios, al Universo o a quien sea…
-¿Puedo verla?
-Lo primero que hizo al abrir los ojos fue pronunciar tu nombre y no ha dejado de preguntar por ti en todo este tiempo. Así que, en cuanto terminen de darle los medicamentos podrás pasar.
-Gracias… -Dije agarrándole las manos, tratando de disculparme por mi nerviosismo.

Ella simplemente sonrió mientras me miraba fijamente, dándome la impresión de que una duda le asaltaba.

-Dulce… ¿tú sabes lo que le ocurre a Anahí?
-Si… -Respondí bajando la mirada ligeramente.
-¿Y estás preparada para soportarlo? Quiero decir… Ella tiene un tumor muy complicado, del cual no quiere tratarse. Estos desmayos ocurrirán cada vez más frecuentemente hasta que uno sea definitivo… -Mis ojos se volvieron cristalinos nuevamente –Si aceptara tratarse, ampliaría su calidad y tiempo de vida, aunque la posibilidad de cura definitiva sea muy baja… Pero si no lo hace… en cualquier momento morirá. Llevo prácticamente media hora hablando de esto con ella y nada la hace cambiar de opinión pero… no sé si tú vayas a ser capaz de soportarlo, no creo que seas consciente, ni estés preparada.
-No lo estoy… –Acepté tras un suspiro –Creía que sí… pero no estoy preparada para perderla.

La doctora permaneció mirándome en silencio, mientras yo apretaba con fuerza mi mandíbula tratando de controlar las lágrimas.

-Por favor… necesito verla –Supliqué.
Sin decir nada más, hizo un gesto afirmativo con su cabeza y me indicó que la siguiera mientras me dirigía a la habitación donde se encontraba Anahí.

Una vez allí, abrió la puerta y me cedió el paso. Antes de entrar, me aseguré de limpiar cada una de las lágrimas que hubieran caído por mi rostro y con un profundo suspiro, adquirí la fuerza necesaria para adentrarme en aquella habitación.

Al entrar, observé el respaldo de la cama bastante inclinado hacia arriba, permitiendo que su cuerpo estuviera prácticamente sentado y mirara hacia la ventana.

Mi corazón volvió a desesperarse en cuanto la vi, tratando de hacerme entender de una vez y por todas, que ella era el único motivo por el cual latía con tanta rapidez. Mis manos sudaban nerviosas y mi cuerpo se quedó estático, con la misma timidez que sientes cuando ves a la persona que te gusta por primera vez.
El sonido de la puerta al cerrarse, me hizo salir de mi hipnosis y consiguió que ella volteara, dándose cuenta de mi presencia.

Creí que el mundo se me caía encima, en el preciso momento en el que vi su sonrisa, esa que por unos instantes, pensé que no volvería a ver más. Hice un esfuerzo sobrehumano por reprimir las lágrimas y las ganas de derrumbarme entre sus brazos, tratando de sacar nuevamente la dureza que siempre había mostrado.

-Hola… -Dijo con mucha ternura
-Hola… -Respondí acercándome y sin poder evitar esa sonrisa que producía en mi, consiguiendo que me olvidara de todo.

Me senté a su lado en la cama, tratando de que quedáramos cara a cara y acaricié su rostro, con mis manos temblorosas.

-¿Cómo te encuentras?
-Mejor… parece que los medicamentos me tienen más despierta

Un silencio repentino se apoderó de la situación, mientras nos mirábamos fijamente. Dios… Por un momento creí que no volvería a ver esa mirada.

-Lo siento… -Susurró mientras me observaba con intensidad.
-No tienes nada que sentir Any…
-Siento haberte hecho llorar… -Repitió acariciando mis ojos con suavidad.

Bajé la mirada, tratando de esconderme, con la única intensión de no ser tan obvia ante ella. Pero era imposible… por mucho que quisiera ocultarme, a ella no podía esconderle nada, porque en estos pocos días me conoce como nadie me ha conocido nunca.

-Yo… me asusté mucho –Reconocí por fin.
-Estoy aquí Dul… -Agarrando mi mano –Ya pasó…
-No ha pasado Any… Sí, ahora estás bien, pero esto volverá a ocurrir y cada vez será con más frecuencia, hasta que un día… hasta que un día no despiertes.
-Estuviste hablando con la doctora ¿No es así?
-Si…
-Ya soy consciente de todo eso Dul… Y tú también lo sabías.
-Que lo supiera no consigue que no me duela Anahí… Puedo no pensar en el futuro, puedo vivir cada día contigo como si fuera el último… Pero cuando te vi inconsciente no fui capaz de soportarlo, creía que te iba a perder y me mataba la idea… No voy a ser capaz de esto Anahí, no voy a ser capaz de vivir sin ti…
-Mi amor escúchame –Dijo agarrando mis mejillas para que la mirara a los ojos –No quiero que sufras Dul, no puedo soportar verte así… pero no puedo cambiar lo que va a suceder…
-¡Puedes retrasarlo Any! Si quisieras tratarte podrías tener una mejor calidad de vida y más tiempo…
-Esa es una decisión que ya está tomada –Sentenció dirigiendo su mirada hacia otro lado.
-¿Y como ya está tomada nada puede hacerte cambiar de opinión?
-No…

Su respuesta se clavó en mi corazón como si fuera un cuchillo afilado y me hizo levantar rápidamente de aquella cama, con un dolor en mi pecho que se había transformado en enfado.
-Entonces no vuelvas a decir que me quieres.

Rápidamente me miró, haciéndome entender que mi frase le había dolido casi tanto como a mí su respuesta anterior. Su mirada, antes débil, ahora resultada vidriosa, dejando claro que unas lágrimas habían comenzado a escaparse.

-¡¿Crees que no te quiero?! ¡¿Crees que no daría todo lo que tengo porque me concedieran una mínima oportunidad de pasar una vida larga a tu lado?! ¡¿Crees que no abandonaría todo por estar contigo?! Porque si de verdad piensas eso… me demuestras que no me conoces.
-Yo lo único que veo es que te están ofreciendo la oportunidad de vivir más tiempo y no sufrir de esta manera, que aún tienes una mínima posibilidad de curarte y no eres capaz de aceptarlo por una decisión que tomaste… Yo lo único que veo es que eso que dices sentir por mí, no es suficiente para hacerte luchar… quieres rendirte…
-¡¡Joder Dulce!! ¿No eres capaz de entender que no quiero sufrir ni hacerte sufrir más? No quiero ser una inútil, ni convertirme en un estorbo, no quiero que veas como la radio terapia destruye mi cuerpo o consigue que se me caiga el pelo, mientras dejo de funcionar y tienes que llevarme incluso al baño… no quiero que tú último recuerdo sea tenerme lástima… Quiero que recuerdes estos días, en los que he llenado y has llenado mi vida. Quiero que recordarme solo te produzca felicidad y no sombras…
-Si piensas que en algún momento podrías resultar un estorbo para mí, entonces eres tú la que demuestras no conocerme… ¡Soy una estúpida! –Dije sonriendo con ironía, mientras las lágrimas incontrolables no cesaban -Porque en algún momento llegué a creer que mi amor podría cambiar las cosas… Pero no es así… y… lo siento mucho Anahí, pero hace media hora estaba rezando para que Dios me pusiera en esa cama con tal de que tú salieras de ella… Me di cuenta de que no soy capaz de soportarlo…

Su mirada, que no se había apartado de mí, permitiéndome ver que no era la única que lloraba, se dirigió hacia la ventana, tratando de escapar…

-Necesito estar sola Dulce… por favor vete.

Sin decir nada más, tratando de controlar el mal humor que se había apoderado de mí en ese instante, abrí la puerta y antes de salir permití que mi rabia se hiciera dueña de mis palabras…

-No voy a quedarme para verte morir Anahí –Sentencié saliendo de allí definitivamente tras un portazo.

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:50 am

Capitulo 7

(Hacer todo a un lado y decir lo que siento)

Sabía perfectamente que todas las palabras dichas fueron desde la rabia y la impotencia. El dolor que había sentido minutos antes, cuando creía haberla perdido, era superior a cualquier otro sentimiento y no me permitía actuar de otra forma.

¡No quiero perderla joder! –Grité al frio helador que invadía las calles alrededor del hospital -¿Tan difícil es de entender?
-Él no es responsable de esas cosas –Respondió una voz conocida.

Rápidamente me giré, encontrándome con la famosa doctora García, que expulsaba el humo del cigarro que tenía entre sus dedos.

-¿Entonces quien es el responsable?
-Eso mismo me pregunto cada vez que veo morir a un paciente en el quirófano y hasta ahora no he tenido la respuesta. Así que, si lo averiguas… te agradecería que me lo contaras.
-No creo que sea lo mismo ver morir a un paciente que… -Bajé la mirada dudosa –A alguien importante.
-No… no es lo mismo. Pero te quiero decir Dulce, que nadie es responsable de estas cosas y no puedes cargar sobre tus hombros un peso que no te pertenece.
-¿Qué se supone que somos entonces? ¿Marionetas? ¿Simples títeres a merced del destino, que un día decide darte la felicidad más grande que hayas conocido y al día siguiente te la quita?
-Puedes verlo así o simplemente agradecer el hecho, de haber podido conocer esa felicidad…
-¡No me importa mi felicidad! –Grité sintiendo que mis ojos volvían a humedecerse -¿Nadie es capaz de entender eso? ¡No es justo! No es justo que a una persona como ella le pase algo así. Usted no la conoce… pero esa chica, esa chica que tiene una enfermedad terminal, es la persona con más vida de este mundo… ¿Por qué se está rindiendo ahora? ¿Por qué no puedo hacer nada?
-Ella no se está rindiendo Dulce… Sólo tomó una decisión respetable. Cómo medico, me encantaría que quisiera tratarse y alargara su vida. Pero ella quiso vivir de esa forma y tienes que aceptarlo…
No pude evitar que una sonrisa irónica se me escapara –No creo que haya nadie en este mundo que admire y respete más a Anahí que yo… En tan solo unos días ha dado a mi vida un giro de 180 grados ¿Sabe?… todo lo que tenía, todo lo que yo era, resultó no significar absolutamente nada después de haberla conocido, de haber vivido lo que he vivido con ella… Pero no pueden pedirme que lo acepte, no pueden pedirme que me resigne a perderla, no ahora que…
-Nadie te está pidiendo nada Dulce, eres tú la que tienes que poner en una balanza y ver que pesa más… tu amor por ella… o tu miedo a sufrir… Sufrirás, eso es obvio, pero ¿Podrás vivir el resto de tu vida con la sensación de no haber hecho lo que tenías que hacer por el miedo al dolor? Porque el dolor ya lo sientes… y lo sentirás a partir de ahora, pero si te aferras a eso y te vas… vivirás el resto de tu vida con la decepción de no haber aprovechado lo que aún puedes aprovechar…

Permanecí unos segundos en silencio, mirando al frente mientras trataba de aislar mis manos del frio, pensando en cada palabra de esa doctora, pero sin dejar de sentir esa rabia e impotencia que se habían adueñado de mi.

-¿Usted como sabe que…?
-¿Qué estás enamorada de ella? –Interrumpió. –El miedo es vulnerabilidad y la vulnerabilidad es amor… si no estuvieras profundamente enamorada no tendrías tanto miedo a perderla… Sólo tú puedes saber que pesa más en la balanza, ¿Ese miedo? O ¿El amor? …
Si me permites un consejo, creo que eres muy afortunada por haber encontrado una persona que te ame tanto como tú a ella… Hay seres humanos que viven muchos años y nunca llegan a hacerlo. Quizás deberías valorar eso antes de que sea demasiado tarde…

Está vez, provoqué que mi mirada se encontrara con la de la doctora, pero no dije nada. No fui capaz de pronunciar una palabra, porque en este momento lo único que me salía era discutir o rebatir las ideas. Pero en este caso… era imposible discutir algo, si en el fondo de mi corazón sé que tiene toda la razón.

-Debo volver al trabajo… Te dejo para que puedas pensar. Pero recuerda que cualquier minuto que desperdicies haciéndolo, será un minuto menos que puedas aprovechar…

¿Qué se supone que debo pensar? –Me pregunto una vez la doctora había desaparecido dejándome sola. No tengo ninguna duda de mis sentimientos hacia Anahí. No después de haber visto su cuerpo inconsciente y sentir que mi vida se iba con ella… Me sigue costando creer que esto haya sucedido en tan poco tiempo, como si fuera una película o una telenovela, con la diferencia de que esos cuentos de hadas terminan viviendo felices para siempre y en este caso, el “para siempre” no existe…

¿Qué pesa más Dulce? ¿Tu amor o tu miedo? Porque esto ya no se trata de que Anahí esté enferma y tengas miedo a perderla… eso es una realidad. Tienes miedo a no poder vivir sin ella ahora que la conociste, sientes dolor. Pero como dijo la doctora, ¿Es eso más fuerte que las ganas de pasar hasta el último minuto junto a ella? ¿Vas a permitir que el dolor de lo que va a suceder impida que vivas lo que está sucediendo? ¿Serás capaz de seguir viajando y escribiendo, sabiendo que el amor de tu vida se encuentra aún en algún otro lugar del mundo?

Quizás el frio ya me haya congelado las ideas, quizás el hecho de llevar una hora caminando bajo este cielo helado, esté nublando un poco mis pensamientos… Pero hay una cosa que es evidente, el hecho de que mis neuronas y mi cerebro estén congelados, me permite darme cuenta de que hay un solo órgano que no deja de funcionar en mi cuerpo… mi corazón.

Este corazón al que el miedo no le impide latir. Este corazón que con una mirada, con una caricia o incluso con un simple pensamiento sobre ella, se acelera de una forma descomunal, haciéndome saber que no importa mi miedo, no importa donde esté o lo que esté haciendo, todo lo que ha ocurrido en mi vida, todos los caminos recorridos han sido para llegar a ella.

¿Sigo sintiéndome una marioneta a merced del destino?

¡Qué tonterías puede llegar a pensar una persona cuando está dolida! ¡Qué egoístas podemos llegar a ser los seres humanos! Siempre pensando en nuestro propio mal y gritando que la vida es injusta cuando algo no sucede como esperábamos o creíamos. Puede que la vida sea injusta, puede que nos toquen vivir cosas que desearíamos cambiar… Pero perdemos todo el derecho a quejarnos en cuanto el Universo nos ofrece lo más valioso que hay en esta vida y lo dejamos escapar…

¡No voy a seguir siendo una marioneta!

Tú… destino, tú quisiste que la conociera, tú… por alguna razón decidiste ponerla en mi camino… Pero ahora, ahora soy yo quien decide. Este es el momento en el que te agradezco la crisis de escritura por la que llevaba meses pasando. En este momento te agradezco haber puesto “Aleph” en mis manos y haberme impulsado a sumergirme en una aventura sobre un tren que atraviesa Siberia. En este momento, te agradezco haberme llevado a aquel solitario vagón esa mañana… Ahora, por primera vez, te agradezco que me hayas cruzado en el camino de aquella chica, alocada y descarada, dulce y aniñada, inocente y rebelde, fuerte y débil… Te agradezco ese instante, en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez y mi corazón supo que no había escapatoria…

Puede que tu plan fuera llegar hasta aquí, hacerme sentir eso para darme cuenta de que no soy tan dura como yo creía. Pero lo siento… esto no va a acabar aquí.
Sea lo que sea, lo que tienes planeado para ella, ahí voy a estar, hasta el último minuto. Digas lo que digas, quieras lo que quieras… Lo siento, me cansé de seguir tu guión.
Ahora soy yo la que va a escribir mi vida, ahora soy yo la que toma las decisiones.
Y mi única decisión se llama... Anahí Puente.
Una vez más, perdí la noción del tiempo caminando por las calles de esta ciudad que ni siquiera conozco. Mi cuerpo parece haberse acostumbrado perfectamente al frio. No sé cuanto tardé ni hasta donde llegué, lo único que sé es que aquí me encuentro de nuevo. Camino a esa habitación de la cual, hace un rato salí completamente enojada, dolida y hasta furiosa. Dejando dentro de ella, lo único que realmente me importa.
Abro sigilosamente la puerta, con mi corazón latiendo a mil por hora y sin saber qué es exactamente lo que voy a decir… quizás ya va siendo hora de que deje que hable él ¿No?
Me sorprendo al descubrir la habitación completamente vacía y no puedo evitar que una mala sensación se instale en el ya mencionado y desbocado órgano. Antes de que los malos pensamientos inunden mi cerebro, decido ir en busca de la única persona que puede darme una explicación.

-¡Doctora! –Grito al verla venir por el pasillo.
-¿Dulce? ¿Qué haces aquí todavía?
-¿Cómo que hago aquí? –Pregunté extrañada -¿Dónde quiere que esté? ¿Dónde está Anahí?
-¿Acaso no lo sabes?

¿Saber el qué? Esta sucesión de preguntas sin respuesta ya me estaban poniendo bastante nerviosa. Y la doctora García debió notarlo en mi cara de confusión.

-Anahí me pidió el alta voluntaria en cuanto subí a ver como se encontraba, hace aproximadamente una hora que se fue.

Esas palabras consiguieron que mi mundo se detuviera por unos instantes, mientras mi cerebro trataba de procesarlas y encontrarles un significado razonable.

-¿Cómo… cómo que se fue? ¡Eso no puede ser! ¿A dónde se fue?
-No lo sé Dulce, simplemente pidió el alta y dejó algo para ti sobre la cama, creía que ya lo habrías leído y te había dado tiempo de detenerla… ¿Dónde estuviste?

Sin siquiera responder, dejando a la doctora con la palabra en la boca, volví corriendo al interior de la habitación, tratando de encontrar eso que había dejado para mí. Con la intención de hallar alguna pista o explicación de lo que estaba sucediendo.

Y allí estaba, un pequeño cuaderno, reposado sobre la almohada. Me resultaba bastante familiar, era un cuaderno exactamente igual al que había comprado el día anterior y en el que me obligó a escribir el comienzo de nuestra historia. Sabía que era imposible que fuera el mismo, pues el nuestro se había quedado en el tren con el resto de nuestras cosas. Así que, sin dudarlo un momento más, abrí su primera página y me encontré con un texto escrito a mano:


“Mi amor… Perdóname.
Perdóname por no haber sabido comprenderte, por querer arrastrarte en mis locuras sin pensar en lo que tú pudieras sentir después. Lo único que he intentado desde que te conocí ha sido abrirte el corazón, enseñarte a vivir intensamente… No planeé que ocurriera esto, no planeé enamorarme de ti. Pero sucedió…
Y es por ello, que no soporto la idea de hacerte sufrir.
Quiero que sepas que eres lo mejor que me ha pasado en la vida Dulce…
Puede que ahora estés triste o enojada y no lo veas. Pero yo no puedo dejar de agradecerle al destino que te haya cruzado en mi camino y me haya permitido vivir estos días junto a ti.
Ha pasado todo tan deprisa que es un poco increíble o incluso surrealista… Al menos lo es para el resto del mundo y las cabezas pensantes.
Pero no lo es para mí… no lo es para nosotras. Porque solo tenemos que sentirlo.
Te conozco… y sé que volverás. De hecho, si estás leyendo esto es porque lo hiciste.
Pero no puedo esperarte… Te quiero Dulce, te quiero con todo mi corazón. Pero no puedo obligarte a que te quedes a mi lado y vivas eso a lo que tanto miedo le tienes.
Mañana regreso a mi casa… Ya viví la aventura más grande que jamás soñé. Cuando me embarqué en este viaje no pensé que iba a ocurrir esto, que en unos pocos días conocería a la persona que durante tantos años estuve esperando. Y estoy tan agradecida por ello… Que no puedo pedirle nada más al Universo.
Llenaste mis días de vida… Y eso te lo voy a agradecer siempre.
No cambies nunca Dul, no vuelvas a cerrar tu corazón y permite que el mundo vea lo que eres, lo que vales, permite que todos conozcan a la chica de la que me enamoré.
Continua nuestra historia, lucha por tu sueño, nunca te rindas, cree en ti, vive… y sobre todo, recuerda siempre con una sonrisa a esta loca que consiguió demostrarte que no tienes límites.
El mundo es tuyo… Creo en ti.
Te quiere… Anahí “


Las lágrimas escapaban incesantes mojando el cuaderno que tenía entre mis manos, mientras me dejaba caer sobre aquella cama en la que unas horas antes dormía ella.
Se fue… Se marchó sin darme tiempo a decirle lo que siento. Ella sabía que volvería, que cuando se me pasara el enojo volvería a su lado y aún así decidió irse. Dejé marchar a la única persona que me importa en este mundo por mi temor a perderla…
Qué irónica es la vida a veces…
Mi corazón late a toda velocidad tratando de decirme algo. Lo más curioso de todo este asunto es que… después de tantos errores, después de escuchar tantas veces a mi cerebro, he aprendido a la perfección el idioma de mis latidos y sé lo que me está pidiendo.
No sé dónde estás ahora mismo Anahí, no sé a dónde te fuiste… Pero no me voy a rendir…

Salgo nuevamente de aquella habitación, pasando por alto a los doctores que encontré en mi camino y dirigiéndome a toda velocidad al único sitio donde sé que podría estar.
No sé el camino de vuelta a la estación del transiberiano, ni siquiera sé si el tren ya partió en su regreso a Moscú, llevándose consigo todas nuestras pertenencias. Pero eso no me va a detener.

Detengo el primer taxi que encuentro y trato de hacerme entender en un inglés bastante limitado. Por primera vez parece que el idioma no será un problema, ya que en cuestión de minutos me encuentro rumbo a mi destino.

El trayecto fue bastante corto, aunque mis nervios puede que lo hayan acelerado todo. Bajé rápidamente del taxi y corrí como una liebre hacia la habitación donde había dormido las dos últimas noches junto a ella.
La puerta estaba entre abierta, indicándome que podía encontrarse dentro. Así que, después de coger aire profundamente y prepararme una vez más para lo que quiera que fuera a decir, me adentré en aquel cuarto. Encontrándolo para mi decepción absolutamente vacío.

Eché un vistazo alrededor, asegurándome de que no hubiera nadie. Me acerqué al cuarto de baño y mi corazón se aceleró al recordar la imagen que me tocó vivir apenas unas horas antes. Pero ni siquiera eso iba a ser capaz de detenerme esta vez. Así que simplemente sacudí la cabeza, tratando de sacar de ella cualquier mal pensamiento y volví al centro de la habitación, donde observé la cama deshecha y el mismo cuaderno que tenía entre mis manos, reposando sobre ella. Lo abrí… exactamente igual que minutos antes y descubrí un pequeño papel pegado sobre la primera página que habíamos escrito juntas el día anterior.

“Continúalo…” –Decía.

¿Cómo sabes exactamente qué pasos voy a dar Anahí? –Pregunte como si realmente fuera a responder.
En fin… no quiero seguir pensando en las maneras que tiene esta chica de leer mi mente y saber lo que voy a hacer en cada momento. Ahora lo único que me importaba era que había estado aquí… no sé hace cuanto tiempo, pero vino a recoger sus cosas y ahora… ¿Dónde estás?
¿Piensas que hasta aquí voy a llegar no es así? ¿Qué al no encontrarte en el tren me voy a dar por vencida? Pues no sé cómo lo voy a hacer mi amor, pero esta vez vas a ser tú la sorprendida porque no pienso rendirme… no ahora…

Pero… vas a tener que echarme la mano –Pedí mirando al cielo.
Si alguno de ustedes me pregunta por qué cosa estuvieron guiados mis pasos a partir de ese momento, no sabría qué contestar… Corazonadas ¿Quizás? Presentimientos ¿Tal vez?
Sea lo que sea, gracias a eso, después de haber pasado por mi habitación para recoger la computadora casi olvidada y algunas otras pertenencias, me encontraba en el aeropuerto de Vladivostok, sin saber realmente hacia donde me dirijo pero por primera vez, con un único destino fijo.

-¿Cuándo sale el primer vuelo hacia México? –Pregunto al acercarme a la central de información.

La azafata al otro lado, me miró cómo si en vez de español hubiera hablado chino mandarín.
-¡The first flight to México! –Intenté de otra forma.

Llevo desde el principio de esta historia advirtiendo que mi nivel de inglés era bastante pobre. Pero en este caso pareció ser el suficiente para darme a entender, ya que comenzó a teclear algunas cosas en su computadora y seguidamente dirigió hacia mí una retahíla de palabras que me dejaron absolutamente K.O.

¡Ok, ok, ok! Que haya sido capaz de organizar un grupo de palabras con algo de sentido, no quiere decir que vaya a entender semejante trabalenguas que acaba de disparar.
Mi cara de confusión fue suficiente para explicarle que no había entendido una palabra, porque tratando de que llegáramos a un entendimiento, volteó la pantalla de la computadora hacia mí, permitiéndome leer yo misma lo que quería mostrarme.
Se encontraban reflejados los itinerarios de dos vuelos diferentes. El primero, partía mañana hacia el aeropuerto internacional de Juárez en la ciudad de México, directamente desde esta ciudad. El segundo, partía hoy mismo hacia México con la diferencia de que hacía escala en Moscú. Era un viaje más largo y pesado pero llegaría antes que el directo.

Dudé unos segundos, tratando de decidir cual comprar, el vuelo con escala, partía en apenas una hora y tendría un largo viaje por delante. En la carta, Anahí dijo que mañana partía hacia México, eso puede significar que va en el vuelo directo… ¿Qué debo hacer?

Mi corazón dictó la respuesta y con una simple señal le indiqué a aquella mujer cual había sido mi decisión.

***

Una hora más tarde me encontraba volando los cielos de Rusia, en dirección a Moscú. Me esperaba un largo viaje y aún ni siquiera estoy segura por qué decidí elegir el camino más largo. Tardaría aproximadamente veinticuatro horas en llegar a la Ciudad de México… A estas alturas estoy bastante a acostumbrada a viajar, sea de la forma que sea, pero un día entero a bordo de un avión, en cualquier otro momento me habría parecido una tortura. Pero ahora… cada kilómetro recorrido, a pesar de alejarme de ella, significaba estar más cerca de mi sueño.

No puedo evitar hacerme miles de preguntas, mientras observo desde las alturas, como sobrevolamos las ciudades que he estado recorriendo los últimos días. Quizás tendría que haber tomado el mismo vuelo que ella. ¿Y si cambia de opinión y decide seguir viajando en vez de volver a su casa? Si no regresa a México, no tendré forma de volver a encontrarla. A lo mejor una parte de mi, quiso probar al destino una vez más. Pero si algo me ha enseñado todo esto es que las cosas suceden por alguna razón y como decía El Alquimista, si deseas algo desde el fondo de tu corazón, el Universo entero, conspira para ayudarte a conseguirlo.

Por un momento, observó el pequeño maletín que transporta mi computadora, recordando cuál fue la última vez que la usé y decido probar suerte… Me esperan muchas horas por delante. Así que, seguramente no será mala idea mantener mi mente ocupada en algo y ver cómo ando de inspiración, después de todo lo sucedido. Abro el maletín y me encuentro con una pequeña sorpresa que ya tenía prácticamente olvidada… En cuestión de instantes me viene a la mente el recuerdo de su voz, aquella mañana, cantando frente a mí esta canción que ella misma había comenzado a escribir y yo decidí continuar. No puedo evitar que mi piel se erice con el recuerdo provocando un suspiro terminado en sonrisa… Me resulta curioso al leerla, darme cuenta que cada estrofa refleja una parte de nuestra historia. Una historia en la que aún no hemos escrito el final, exactamente igual que en esta canción. Las palabras comienzan a dispararse por mi mente con tanta rapidez que la única manera posible para encontrarles un significado era ordenándolas sobre este papel.

Cuando quise darme cuenta, estaba aterrizando en Moscú.

Me invade una buena sensación mientras camino por este aeropuerto, un sentimiento de plenitud que nunca había sentido. La sensación de saber que te estás dirigiendo hacia tu sueño y nada podrá detenerte, saber que al final de este viaje encontraras lo que tanto deseas. Esa chispa es la que llevaba tantos años buscando, esa seguridad de saber que estás haciendo lo que te dicta tu corazón y que ese simple hecho, hará que consigas lo que te propongas. Yo… que no soy la más indicada para dar consejos, me atrevería a pedirles que lo probaran alguna vez… se sentirán llenos de vida y verán que las cosas comienzan a encajar con perfección absoluta cuando estamos concentrados en lo que queremos.

Una vez leí, que la vida estaba llena de momentos mágicos, momentos inesperados que ocurrían a lo largo del día en los que el Universo nos daba la oportunidad para cambiar eso que no nos hace felices. Esa magia se puede encontrar en el instante en que pisas por primera vez el suelo al bajarte de la cama, o en el momento en que metes la llave en la cerradura al llegar a casa, o quizás en la mirada de alguna persona que encuentras de camino al trabajo, a la escuela, a la universidad… No importa qué edad tengas o como sea tu vida… Si hay un vacío, si sientes que algo no va cómo quisieras, ¡Cámbialo! Solamente tú puedes tomar esa decisión, al fin y al cabo vivir es experimentar y no estar pensando en el sentido de la vida.

Anahí me enseñó que las personas se encuentran cuando necesitan encontrarse y que la vida es como el transiberiano… Todos viajamos en un tren, con la intención de llegar a una estación. Pero a veces no nos damos cuenta de que el viaje consiste en disfrutar de las diferentes paradas y de las personas que suben y bajan constantemente… eso es lo hermoso, darnos cuenta de que la vida es el tren y no la estación.

No soy una famosa escritora, ni una gran filosofa, no soy más sabía que alguno de ustedes y por supuesto mi intención no es enseñar nada a nadie. Con estas palabras trato simplemente de mostrarles un poco más sobre mí, sobre una simple chica que creía saber lo que quería hasta que otra simple chica llegó para cambiar por completo su mundo.

¿Cómo es posible eso? ¿Cómo puedo haberme enamorado de una mujer sin haberme fijado en otra anteriormente?

Paradojas de la vida… que un día decide que ese camino que estás recorriendo no es el correcto y te manda una señal para que cambies tu dirección. A todos nos suele costar entender esas señales en un principio, uno de los errores más grandes del ser humano es el miedo al cambio… ¿Pero alguna vez nos hemos parado a pensar que jamás llegaremos a donde queremos si permanecemos todo el tiempo en el mismo lugar?
Yo tampoco sabía entender esas señales. Pero entonces llegó ella… una mujer con ojos azules y cara de ángel que me dijo: “Yo creo en ti”

Y esta simple chica con aspiración a escritora se preguntó… ¿Qué más da que sea una mujer?
Nunca he sido el tipo de persona que se preocupa por lo que piense el resto del mundo, soy consciente de que aún existe mucha gente incapaz de aceptar una relación así… Pero también estoy segura de que si fuera diferente, si me preocupara lo que puedan pensar de mí, ella también hubiera conseguido cambiarlo. Porque no hay fuerza más poderosa que el amor y al final del día… es el único que puede contra todo.

Guardo el archivo y cierro mi computadora al escuchar cómo las azafatas anuncian por megafonía que estamos a punto de aterrizar en la Ciudad de México. Gracias a Dios el idioma ya no es un impedimento. ¡Mi adorado español… como te he echado de menos!
Cómo venía anticipando, han pasado veintitrés horas desde que salí de Vladivostok. El viaje desde Moscú lo pasé durmiendo y cómo pueden comprobar, también escribiendo.

Camino por el aeropuerto Juárez Internacional, con la sensación de haber viajado en el tiempo, ya que aquí hay dieciséis horas menos que en Vladivostok, por lo tanto son exactamente las 6:00 a.m. Antes de encaminarme hacia una cafetería para desayunar y abastecer mi dosis diaria de café, decido acercarme a uno de los paneles informativos que indican los horarios de las próximas llegadas.

Vuelo: UX6070 Origen: Vladivostok(Rusia) Hora Prevista: 8:00 Am (En hora)

-Muy bien… no llega con retraso –Pienso sintiendo como mi tranquilidad se va desvaneciendo, dando lugar a un potente nerviosismo –Mejor vete a reponer fuerzas Dulce, si no quieres quedarte dormida en cualquier esquina.

Hago caso de mi misma y me dirijo hacia una cafetería cercana en el interior del aeropuerto donde puedo disfrutar de ese delicioso café de mi país. Siento decirlo pero en Rusia no se encuentran cafés tan puros cómo en México, de estos con los que sientes tus ideas activarse a medida que el líquido baja por tu garganta.
Ahora… ahora siento tanta energía como si alguien hubiera puesto mi batería a cargar durante horas. Siento euforia, nervios, ansiedad… Mi corazón late con tanta fuerza que si no llego a entender su idioma pensaría que está a punto de darme un infarto.

Su avión está a punto de aterrizar y yo camino a toda prisa hacia la sala de espera, después de haberme pasado casi dos horas paseando por las tiendas de este aeropuerto. Nunca me había dando cuenta de que los aeropuertos son prácticamente como centros comerciales, cualquier cosas que necesites la encuentras, aunque tienes que pagar casi el doble de su peso real, eso sí.

Muy bien, ya estoy aquí… que no cunda el pánico Dulce. No te pegaste un viaje de veintitrés horas para que ahora te tiemblen las piernas.
Las piernas, las manos, el estómago, incluso las pestañas me tiemblan en este momento… Cualquiera pesaría que estoy a punto de pedir matrimonio con semejante imagen.

-¡Por favor! ¡Necesito once voluntarios! –Digo dirigiéndome a las personas que esperan también a los pasajeros.
Ok… Creo que perdí la vergüenza en algún lugar del camino. Ah no… debió ser en el momento en que una loca me hizo robar unos vestidos o bañarme en un lago en medio de la noche, congelándome de frio.

Las personas allí presentes, me observan sin siquiera inmutarse, con cara de muy pocos amigos. Pero mi testarudez es mayor y no me doy por vencida.

-¡Verán… -Volví a intentar posicionándome en el centro de todas esas miradas -El amor de mi vida llega en ese avión. Necesito su ayuda para conseguir que me perdone y demostrarle que es lo más importante para mí!

Los hombres y mujeres permanecieron unos instantes más observándome, supongo que queriendo averiguar si había alguna cámara oculta o en cualquier momento alguien me ponía una camisa de fuerza y me sacaba de allí. Pero al no ocurrir ninguna de las dos cosas y cuando estaba a punto de intentarlo por tercera vez, once personas se levantaron con una sonrisa y se acercaron a mí para recibir instrucciones.

Una vez colocados cada uno en su posición, no había más que esperar. Está bien, lo reconozco… la espera no era lo mío y mi estómago estaba luchando con ese café y el medio sándwich que me había comido momentos antes, revolviéndolos como si fuera una centrifugadora.

Pero llegó el momento… las puertas se abrieron dando paso a la mujer más hermosa que había visto en mi vida. La única responsable de que yo estuviera aquí, sosteniendo una guitarra y la última de esas doce rosas, bajo mis sudorosas y temblorosas manos.

Su mirada cabizbaja y expresión de tristeza se transformaron en sorpresa, al descubrir justo delante de ella, una fila de personas que no conocía de nada y aún así habían decidido entregarle una rosa cada uno…

1ª…

2ª…

3ª…

4ª…

5ª…

6ª…

Llegaba el momento y con él aumentaba la expectación, la sentía cerca, muy cerca… y los latidos de mi corazón eran tan fuertes que me impedían escuchar lo que pasaba alrededor.

7ª…

8ª…

9ª…

Ya está aquí… ya casi…

10ª…

11ª…


…Y aquí está…

Su mirada antes triste, resplandecía con un brillo cegador mientras me observaba aún incrédula. Mis ojos se volvieron cristalinos y mi corazón seguía bombeando a toda velocidad, consiguiendo que una vez más, el mundo desapareciera, el ruido no existiera, el tiempo se desvaneciera… Y sólo me importara su mirada, esa mirada azul, única culpable de la revolución de mi interior.

Probablemente hubieran miles de ojos clavados sobre nosotras en este momento, pero eso ya no importaba... Siento que estoy en el Aleph, el punto en el que todo está en el mismo lugar al mismo tiempo. Todo lo que necesito, lo tengo frente a mí, todo está ocurriendo ahora.

Así que, con una sonrisa nerviosa, siendo consciente de que las palabras olvidadas sobran, le entrego la 12ª y última rosa… Para… Comenzar a tocar unos acordes con la guitarra y de la única forma que sé, explicarle por qué estoy aquí…

“Y voy a vivir los momentos
Que desde hace años los traigo guardados,
Y creo es el momento de tomar riesgos,
De hacer todo a un lado y decir lo que siento,
Si ya te he encontrado no pienso de nuevo llorar mi pasado,
Si es que ya te tengo…
Siguiente parada será mi destino…
…Seremos tú y yo…
Y un lugar para dos.
…Se llama amor…
Y quédate… justo aquí… aquí conmigo”

En cuanto terminé de cantar, su mirada permaneció clavada sobre mí unos segundos eternos, su rostro no expresaba absolutamente nada y sus labios no articulaban palabra. Pero sus ojos irradiaban una luz, que me daba la fuerza necesaria para continuar.
Dejé la guitarra cuidadosamente en el suelo y agarré sus manos, dándome cuenta de que el temblor incontrolable no era únicamente mío. Aquí está, la chica fuerte y alocada, con su cuerpo tembloroso, invadido por la más profunda vulnerabilidad.
Y ahora sí… por primera vez, mi corazón se cansó de ser el último y decidió que en esta ocasión, era él, el único que debía hablar.

-Perdóname… -Dijo a través de mis labios mientras la miraba fijamente –Perdona mis miedos, perdona mis dudas… perdón si alguna vez sentiste que mi temor era superior a cualquier cosa.
-Dul yo… -Intentó decir, mientras sus ojos se volvían cada vez más cristalinos.
-No… déjame terminar por favor… déjame decir todo lo que hace mucho tiempo tendría que haberte dicho. Esto no se trata del miedo Anahí… no vine aquí para decirte que ya no temo perderte… Me duele, me rompe el corazón el simple pensamiento de que un día ya no estarás conmigo y me asusta… me asusta no saber vivir sin ti después de haberte conocido. Pero puse ese miedo en una balanza y su peso se convirtió en una pluma al competir con el otro sentimiento…

Su rostro, expresó confusión, ante los rodeos que daba mi vocabulario para explicar una cosa tan simple…

-Te amo… -Continué –Te amo como nunca pensé amar a nadie y no estoy aquí para pedirte que te quedes conmigo… Estoy aquí para decirte, que a partir de este momento, me quedo contigo.
…Hasta el final…
Porque aquí, frente a todas estas personas te prometo que vas a tener una vida hermosa… no será como la de las demás mujeres, pero será una vida de la que podrás sentirte orgullosa y en la que no te faltará amor. Desde el momento en el que te conocí no has hecho otra cosa que enseñarme y llenarme de felicidad… Por eso yo te prometo que a partir de ahora… Llenaré tus días de vida.
Haremos lo que siempre soñamos, viviremos como siempre quisimos y estaremos juntas hasta el último momento. Respetaré tus decisiones y jamás te abandonaré… Voy a hacerte la mujer más feliz del mundo Anahí.

Unas lágrimas ya comenzaban a correr desesperadas por sus mejillas.

-No quiero que sufras Dul… no me lo perdonaría…
-Escúchame mi amor… -Dije agarrando su rostro, para que me mirara a los ojos –No hay nada en este mundo que pueda darme la felicidad que tú me das… No puedo hacer otra cosa más que agradecerte lo que me has hecho vivir y lo que has conseguido en mi…

Sus ojos, al igual que los míos estaban completamente bañados en lágrimas. Es cierto que ambas teníamos miedo, es cierto que a partir de ahora tocaría vivir muchos momentos difíciles, momentos de lucha incansable donde tendremos que tirar la una de la otra cuando alguna no pueda más. Siento las riendas entre mis manos, al observar esa inocente mirada sobre mí. Esos ojos me otorgan la fuerza necesaria para tirar las veces que haga falta y no rendirme jamás.

-Te amo Dulce…

Sintiendo como esas palabras entraban por mis oídos y se instalaban en mi corazón, llenando todos sus espacios. Decidí acortar definitivamente la distancia que nos separaba y apresar sus labios entre los míos. Demostrándole con un beso, que ya no importaba el miedo.

A partir de ahora, cada beso, sería el último, cada caricia definitiva, cada mirada intensa, cada instante único, cada momento mágico… y cada día estaría repleto de vida, pero sobre todo… de amor.

-Te amo…


"Un día despertarás y descubrirás que no tienes más tiempo para hacer lo que soñabas.
El momento es ahora. Actúa" (Paulo Coelho)

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Re: Llenare tus dias de vida

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 4:50 am

Capitulo 8

( 5 años después…)

Es muy posible que se me haya dormido la mano por escribir tantas veces seguidas las mismas palabras. Siento un cosquilleo que recorre todas mis articulaciones. Trato de sacudirla, intentando que la sangre vuelva a circular, pero no hay manera… En estos momentos, pienso seriamente la idea de inventar un sello que diga:

“Con cariño, Dulce María” o “Gracias por venir, Dulce María”


Así solo tendría que llenarlo de tinta y plasmarlo sobre el papel. Vale… sé que la idea no es muy buena y muchos de ustedes pensaran que mi humildad se desvaneció con los años, cualquiera pensaría que soy una famosa actriz de Hollywood. Pero les propongo que se pasen dos horas, sentados en una silla, plasmando su firma miles de veces sobre alguna hoja del interior de un libro. Al principio comienza siendo tu firma perfecta, tantas veces ensayada. Después de una hora pasa a ser algún garabato propio de una receta médica. Y ahora… ahora se parece más a un tipo de jeroglífico egipcio indescifrable para los arqueólogos actuales.
Bueno… Si algo no he perdido es la capacidad de exageración.

Y lo cierto es que me encanta ¿Para qué nos vamos a engañar? La sensación de tener frente a ti a todas esas personas que vienen con ilusión, para darte un beso, tomarse una foto contigo o llevarse de recuerdo tu garabato, sobre este libro que por una u otra razón llegó hasta sus manos y probablemente a sus corazones… Es una sensación única.

Puedo verlo en sus ojos, cuando levanto la vista para recibirlos con una sonrisa. Personas de todas las edades, adolescentes, adultos, ancianos. Más mayores o más jóvenes… no importa. Todos ellos vienen sosteniendo mi historia entre sus manos. Una historia que por algún motivo, consiguió conquistarlos, de la misma manera que me conquistó a mí, hace cinco años.

-Uno más y se acabó Dulce –Escucho como advierte la voz de mi editor, desde atrás.

Levanto un momento la vista para cerciorarme y me sorprendo al ver que aún hay muchas personas en la fila. Trato de lanzarle una mirada interrogante. A pesar de estar a punto de solicitar un brazo mecánico, no me gusta la idea de dejar a todos estos lectores sin lo que vinieron a buscar. Pero antes de que mi mirada llegara hasta Carlos, me vi obligada a detenerla bruscamente sobre la persona que tenía frente a mí.
Una niña de aproximadamente quince años, con el cabello dorado, una sonrisa inocente y una mirada azul llena de ilusión. Me ofreció su ejemplar con las manos temblorosas y mucha timidez, mientras yo no podía evitar mirarla con cariño.

-Tienes unos ojos muy bonitos ¿Sabes? –La afirmación fue expulsada antes de que mi cerebro pudiera impedirlo –Me recuerdas a alguien…
-¿A ella? –Preguntó señalando el libro que tenía entre mis manos con la intensión de firmar.

Miré un momento el ejemplar, con aquella portada celeste y las grandes letras que formaban el título:
“Llenaré Tus Días De Vida” acompañado por otras más pequeñas, encargadas de constituir mi nombre y apellido como autora. Y seguidamente me dirigí de nuevo a la niña que esperaba sonrojada una respuesta.

-Si… -Acepté con un suspiro de nostalgia -A ella…

La pequeña adolescente me dedicó una tímida sonrisa tras la cual continué la tarea de firmar el ejemplar.

“Conserva siempre la ilusión que expresan tus ojos… Dulce María”

Cerré la portada y se lo entregué sin dejar de sonreír.

-Gracias… -Fue lo último que dijo antes de que mi editor irrumpiera de nuevo.

-¡Lo sentimos mucho! –Habló en voz alta dirigiéndose a las decenas de personas que aún esperaban ansiosos –Nuestro tiempo terminó por hoy.

Los múltiples cuchicheos y sonidos de decepción se hicieron eco de aquella sala. Así que me vi obligada a intervenir.

-Muchas gracias a todos por haber venido… Siento no tener más tiempo para firmar uno a uno cada ejemplar. Pero prometo que en breve nos volveremos a ver. Les agradezco a todos y cada uno que hayan leído esta historia y se encuentren hoy aquí… espero haber llegado a sus corazones… Por último, solo me queda decir, que están todos invitados asistir a la rueda de prensa que tenemos a continuación y si desean formular alguna pregunta, no lo duden.

La mirada inquisidora de mi editor, se clavó sobre mí en cuanto dije esto último. A pesar de lo raro que me resulta el hecho de que aún no se acostumbre a que haga lo que me parece, mi respuesta fue una sonrisa seguida de un encogimiento de hombros. Al cual contraatacó rodando los ojos.

Los hombres y mujeres de las diferentes revistas y televisiones del país, se encontraban sentados frente a mí. Algunos con cuadernos, dispuestos a escribir y otros con cámaras fotográficas, completamente preparadas para avasallarme con sus flashes.

Si me han llegado a conocer un poco, seguramente está de sobra decir que esta parte es la menos agradable que me resulta. Pero bueno… como se suele decir, “Gajes del oficio”
-¡Podemos empezar! –Indicó Carlos a todos los presentes.

Automáticamente los flashes comenzaron a dispararse en mi dirección, mientras numerosos brazos se alzaban, ansiosos de reservar su turno de preguntas. Carlos, mi ya nombrado editor, fue el encargado de seleccionar.

-¡Buenas tardes Dulce, del “New York Time”! –Dijo una voz en la lejanía. ¿El “New York Time”? Debo estar soñando… -¿Cómo se siente al darse cuenta del repentino éxito que está teniendo su libro?

¡Venga, tu turno Dul! Activa el modo de respuestas automáticas y concretas.

-Pues la verdad es que estoy muy agradecida y contenta de que esta historia haya llegado a tanta gente.
-De la revista “Magazine España”, Dulce. ¿Esperaba que su novela tuviera tanta trascendencia?
-Ni si quiera me detuve a pensarlo, si soy sincera… Pero desde luego es todo un honor.
-Si no me equivoco, esta historia transcurrió hace cinco años ¿Por qué esperó usted tanto tiempo para publicarla?
-Bueno… Han sido cinco años difíciles, todo tiene su proceso y su momento. Y el momento llegó ahora.
-Todos sabemos que ese libro trata una historia verídica, algo que usted misma tuvo que vivir… El final de la novela es muy romántico y aspira a cuento de hadas, pero todos somos conscientes de que después de eso, las cosas no fueron tan bonitas… ¿Se ha planteado la posibilidad de escribir una segunda parte, una continuación que nos muestre cómo fue el verdadero final?
-La esencia de “Llenaré tus días de vida” es contar una historia real, sobre dos chicas que se conocen por causas del destino y se enamoran. Lamentablemente hay una gran tragedia con la que tienen que aprender a vivir y creo que el libro trata de eso. Terminó justo cuando ambas decidieron que el miedo no iba a superar al amor. Lo que haya sucedido después de eso… seguramente permanezca en mi intimidad para siempre.
-¿Nunca tuvo miedo de la repercusión que podría tener escribir una historia sobre dos mujeres en un país que aún no tiene la mente tan abierta?
-¿Por qué iba a tener miedo? La novela trata de mostrar un claro mensaje a todo el mundo que quiera y esté preparado para que se lo muestren. El hecho de que las protagonistas sean mujeres u hombres creo que es lo de menos. Quien no estuviera preparado para leer algo así, con no comprar el libro estaba solucionado.
-Se ve un claro cambio en la Dulce, como protagonista del libro y en usted, como autora en este momento ¿A que es debido?
-Bueno creo que el cambio, o mejor dicho, el descubrimiento de Dulce, comenzó en las primeras páginas de esa historia, cuando vio por primera vez esos ojos llenos de vida.
-¿Es posible superar algo así con el paso del tiempo? ¿Olvidar? ¿Seguir adelante?
-Seguir adelante no es una opción sino una obligación. Pienso que nadie debe intentar olvidar algo que en un momento le otorgó tanta felicidad… Si seguimos caminando en vez de gastar nuestras fuerzas en olvidar, el dolor se convierte en nuestro aliado llenándonos de bonitos recuerdos.
-¿Entendemos con eso que Anahí sigue estado en su corazón?

Mi corazón… Mi corazón acaba de dar un fuerte pálpito con el simple hecho de escuchar su nombre y ahora late nervioso mientras todos esperan ansiosos una respuesta.

-Por supuesto… Anahí siempre estará en mi corazón.
-¡Muy bien, vamos terminando! –Interrumpió Carlos, al notar mi incomodidad cuando las preguntas se encaminaban hacia lo personal.
-¡Una pregunta más, Dulce! ¿Qué tiene pensado hacer a partir de ahora? ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
-Yo vivo el día a día sin planearlo… Si una mañana me despierto con ganas de hacer algo, simplemente lo hago… Ahora mismo estoy centrada en que esta novela llegue a todas partes del mundo que quieran recibirla. Pero si la vida tiene otros planes para mí… ya se encargará de hacérmelo saber.
-Por último, sabe usted que actualmente es una referencia para muchas personas y miles de adolescentes leyeron su historia. ¿Hay algún mensaje que quiera transmitirles desde aquí?
-Simplemente quiero agradecer a cada persona que ha leído este libro, ya sea porque llegó a sus manos, porque se lo regalaron o porque llamó su atención en alguna librería, sea cual sea el motivo… Espero que esta historia haya llegado a su corazón y les haya hecho reír, llorar, enojarse… y sentir cualquier tipo de emoción. Si fue así, mi objetivo está más que conseguido. Soy una simple chica, que hace cinco años conoció a alguien que en unos días le cambió completamente la vida, no soy la más adecuada para dar consejos. Pero ese alguien, me enseñó a vivir cada momento de la vida cómo si no hubiera un mañana… Si tuviera que aconsejar algo sería que absolutamente todo lo que hagan en su vida, lo hagan con intensidad… Si tienen que besar, háganlo despacio. Si tienen que reír, rían a carcajadas. Si desean llorar, lloren hasta que se sequen las lágrimas y si tienen que amar… háganlo con todo su corazón y grítenselo al mundo, aunque ese mundo no quiera escucharlo. Nunca se guarden un te quiero por orgullo y salgan en busca de sus sueños… puede que un día lleguen a un tren y conozcan en él al amor que siempre esperaron.

Con una sonrisa de agradecimiento, finalicé mi discurso, mientras los aplausos invadían la sala y los flashes se disparan contra mí, casi consiguiendo cegarme.

Cinco minutos más tarde, me encuentro en el estacionamiento del edificio, escuchando como mi editor habla por teléfono con no sé qué editorial de no sé qué país, mientras algunos directivos del lugar y otras personas que ni si quiera sé quiénes son, charlan animadamente, creyendo que escucho algo de lo que dicen.

-¡Dulce! –Dijo Carlos caminando hacia mí. -¿Lista para irnos?
-Completamente lista para IRME… en singular. “Irnos” me sonó a manada.
-¿Cómo que irte? –Preguntó confundido, señalando su teléfono –Acabo de concretar una reunión con una editorial española, el libro está arrasando y quieren llevarte muy pronto para allá.
-Mmm ya… -Dudé fingiendo que me interesaba el tema –Pues creo que van a tener que esperar, porque mi día de trabajo termina en este momento.

Los ojos de mi editor, pasaron a expresar una mezcla entre miedo y querer matarme, que no sé muy bien cómo explicar.

-No puedes hacer eso Dulce, quedaremos muy mal ante ellos…

Con una sonrisa, apreté el control que automáticamente consiguió encender las luces de mi coche y me dirigí hacia él.

-¡Di que tenía un asunto importante! –Sentencié abriendo la puerta de mi auto.
-¡Así no puedes ir por la vida Dulce! ¡Estás perdiendo una gran oportunidad!
-Sobreviviré… -Susurré mientras ponía en marcha el motor y salía definitivamente de aquel edificio, viendo por el espejo retrovisor como a mi editor le salía humo por las orejas.

Una vez llegué a la autopista principal, recorrí el camino que ya haría incluso con los ojos cerrados. Me detuve un momento a comprar las doce rosas en mi floristería favorita y me encaminé de nuevo hacia mi destino.
Aproximadamente diez minutos después, me encontraba entrando en, el ya tan conocido cementerio de la Ciudad de México, donde me bastaron apenas unos minutos para encontrar el lugar exacto.
No pude evitar, detenerme unos segundos frente a esa inscripción, mientras intentaba sacar de algún lugar las fuerzas que me hacían falta.

-Feliz cumpleaños… -Susurré cómo si realmente me estuviera escuchando.

De pronto, una ráfaga de viento pasó a mi alrededor, acariciando mi rostro y elevando en el aire las secas hojas que habían esparcidas por el suelo arenoso. Una sonrisa automática se instaló en mis labios mientras mi corazón latía sintiendo esa presencia que me había otorgado la fuerza que estaba suplicando.
Agarré el pequeño frasco que transportaba unas flores casi marchitas y después de vaciar el agua para reponerla, coloqué las nuevas rosas que daban un aspecto completamente diferente al lugar.
A continuación me senté sobre la hierba y disfruté del silencio unos instantes, observando esa lápida mientras millones de recuerdos invadían mi mente.

-Aquí estoy… -Me atrevo a decir tras un suspiro acompañado por unos segundos más de silencio –Un día más… de estos cinco años… ¿Cómo pretendían que estuviera hoy en cualquier otro lugar? ¿No puedo fallar verdad? ¡Tenemos una cita inquebrantable! –Sonrío al escuchar mis propias palabras, mientras siento unas lágrimas cristalizar mis ojos –Te extraño mucho ¿Sabes?... Ojalá estuvieras aquí… Ojalá pudieras ver todo lo que he logrado… Desearía tanto poder compartirlo contigo. Ya sé… ya sé que te prometí que sería fuerte y seguiría adelante, pero a veces… A veces me gustaría devolver el tiempo, para verte aunque sea una vez… para abrazarte… y decirte cuanto te quiero… No te soltaría, no permitiría que te marcharas -No pude evitar acariciar las letras inscritas en la lápida, como si la estuviera acariciando a ella misma –Estas bien… ¿Verdad? Quiero decir… ¿Todo te va bien allá arriba? ¿Estás cuidando de mí como prometiste? Si… estoy segura de que tú tienes mucho que ver en algunas de las cosas que me han sucedido… -Seco las lágrimas que caen por mi rostro y sonrío -Gracias… Gracias por todo lo que hiciste por mí y por lo que aún sigues haciendo… ¡Por favor… nunca me dejes ¿Vale?! Sigue permitiendo que te sienta viva, en cada detalle, en cada recuerdo, dentro de mí… no me abandones…

De pronto, siento unos brazos rodear mi pecho, fundiéndome en un abrazo desde atrás… Su mentón queda apoyado sobre mi hombro y la brisa trae hasta mí el olor de su cabello recién lavado… nunca me cansaré de ese olor.

-Ella está muy orgullosa de ti… –Susurra en mi oído, consiguiendo que cada centímetro de mi piel, se erice igual que la primera vez.

Permanezco en silencio unos segundos, mientras cierro mis ojos y me aferro fuertemente a sus brazos, disfrutando de la intensidad y calidez con la que me envuelve. Después de tanto tiempo, su cuerpo es el único capaz de conseguir que cualquier tristeza o miedo desaparezca. Mientras estoy entre sus brazos no hay nada que temer, el mundo no existe, puedo afrontar y desafiar cualquier obstáculo.

Después de esos instantes disfrutando del único sonido que hace su respiración cerca de mi oído, volteo. Y al levantar su mentón apoyado en mi hombro, me encuentro con la sonrisa más hermosa que he visto en mi vida… Mi estomago comienza a revolotear nervioso, exactamente igual que hace cinco años, cómo una adolescente que acaba de encontrar al amor de su vida. Y mi corazón… Ese, tantas veces mencionado músculo, no puede evitar desenfrenarse, cuando mi mirada se cruza con esos ojos azules que consiguen desnudarme al instante.

-Te extrañé… -Consigo decir después de unos segundos hipnotizada.

Con su sonrisa iluminando cada espacio, acaricia suavemente mi rostro, tratando de secar algunas de las lágrimas que habían decidido escapar.

-Yo también a ti mi amor… Pero solo llevamos tres horas separadas.
-¡¿Te parece poco?! –Pregunto exagerando a propósito –¡En tres horas casi tienes que visitarme en el manicomio!
Su carcajada contagiosa se escuchó por todo el lugar y mi corazón sintió una liberación inmediata… ¿Cómo es posible que tenga tanto poder?

-¿Tan espantosa fue la presentación?
-No… -Acepté con una sonrisa –¡La presentación fue increíble! ¡Como siempre! Pero Carlos… ya sabes que es difícil librarse de él. Pretendía llevarme a una reunión con no sé qué editorial española.
-Apuesto a que, con su sonrisa triunfante, mi chica se subió en el coche y lo dejó con la palabra en la boca mientras salía humo de sus orejas…

La miré entrecerrando los ojos unos instantes y al ver el brillo de sus ojos no pude evitar reírme.

-¿Ta predecible soy?
-Te conozco cariño… y eres una rebelde.
-¿Por qué será? –Pregunto desafiándola.
-¡Oh no, no! –Se defendió levantando los brazos –Yo no tengo nada que ver en eso…Venías así de fabrica.

Mi boca se abrió enormemente al igual que mis ojos, y justo iba a responder cuando atrapó mis labios con un beso. Un beso más apasionado de lo que esperaba, como si realmente lleváramos días sin vernos. Igual de intenso que la primera vez en aquel tren, cuando por fin acepté este deseo incontrolable que me hacía sentir y sigo sintiendo a día de hoy… incluso mayor, me atrevería a decir.
Instantes más tardes nos vimos obligadas a detenernos por falta de aire.

-Bonita forma de callarme la boca… -Susurro con fingida indignación.
-Es que ya son muchas horas sin besarte…

Sonrío de acuerdo y aparto un mechón de pelo, que el viento acababa de interponer en su rostro.

-¿Cómo te fue con tu papá?
-Cómo siempre… –Responde con un suspiro de resignación –Está empeñado en que regrese al bufete.
-¿Y tú qué quieres hacer?
-Eso ya no es lo mío Dul… Ahora que mis fuerzas físicas regresaron, no quiero malgastarlas en ese trabajo que un día decidí dejar. Además ya sabes cómo es mi papá, empieza por el bufete y después querrá que vuelva a su casa y te olvide para siempre…
-Eso ya no me hace tanta gracia… -Digo con una sonrisa. –Any… hablando de esto… quería contarte algo -Su mirada permanecía expectante ante mi inseguridad –He estado pensando las últimas semanas…

De pronto, comenzó a hacer que buscaba algo con mucha ansiedad alrededor de mi cabeza.
-¿Qué haces? –Pregunto extrañada.
-Asegurándome de que tu cerebro sigue intacto… eso de que lleves semanas pensado habrá causado algún daño.
-¡Payasa! –Sentencié entrecerrando los ojos.
-Pero me quieres…

Ok… No voy a decir una vez más, que su chulería me derretía igual o más que hace años.
-¡Bueno ya¡ Deja de entretenerte mirándome y cuéntame en que has estado pensando.

-Definitivamente nunca cambiarás… –Ruedo los ojos mientras una sonrisa de satisfacción adorna su cara.

Depositó un pequeño beso en mi mejilla tras el cual, la sonrisa de satisfacción ahora era de inocencia… como si fuera un angelito bajado del cielo. Esa era la forma en la que siempre trataba de compensarme después de picarme o molestarme. Y… pues sí, lo conseguía.
¡Ya sé… ya sé que me he vuelto una blanda con los años! ¿Pero a ver quién puede resistirse a esa mirada de no romper un plato?

-En fin… -Digo mientras sacudo ligeramente mi cabeza, tratando de que mis neuronas espabilen –Como te iba diciendo, llevo semanas barajando una idea.
-¿Qué idea? –Preguntó seria e intrigada.
-Llevamos cinco años entre doctores y hospitales, de un lado para otro… has estado recibiendo muchos tratamientos y como dijiste antes, a penas es ahora cuando empiezas a encontrarte recuperada físicamente… ¿No te gustaría comenzar a trabajar?
-¿Quieres que acepte la oferta de mi papá?
-¡No, no! –Me apresuré a corregir –Bueno, no si tú quieres… Lo quiero decir es que… ¿Por qué no grabas un disco?
La noticia, o más bien, la pregunta, pareció llegar a ella como un cubo de agua fría y al ver su cara de póquer, me vi obligada a continuar con la explicación

-El libro se está vendiendo de maravilla, tenemos dinero suficiente para contratar expertos y producir nosotras mismas un buen disco. Estos cinco años hemos tenido tiempo suficiente para componer canciones juntas… ¡Imagínatelo! Siempre ha sido tu sueño dedicarte a la música ¿Qué tal si ahora es el momento?

De pronto, noté un brillo que se instalaba en el interior de esos ojos azules. Un brillo igual al de un niño cuando le informas de que las próximas vacaciones serán en Disneyland.

-Pe… pero mi amor… ese dinero es tuyo… Yo, mis ahorros ya sabes dónde quedaron y…
-Shh –Interrumpí tapando sus labios con un dedo y frunciendo el ceño –Punto número uno, todo lo mío es tuyo… Y punto número dos, te recuerdo que tú escribiste gran parte de ese libro junto a mí. Por no mencionar que si no llega a ser por ti, nunca hubiera habido tal libro… ¿Quieres que siga?
-No, no, no… así está bien –Aceptó sonriendo –Me gusta…
-¿El que te gusta?
-Que todo lo tuyo sea mío y todo lo mío sea tuyo…

Permanecimos unos segundos en silencio, observándonos fijamente. Disfrutando de ese instante en el que teníamos el poder de aislarnos completamente del mundo, ese momento en el que nuestras miradas eran el único refugio y conseguíamos detener el tiempo.

-Gracias… -No pude evitar decir, muy sinceramente –Por no rendirte y enseñarme a no rendirme.
-Si hay alguien que tiene que agradecer aquí soy yo… Porque me has regalado los cinco años más felices de toda mi vida, a pesar de todo. A pesar de verme en una cama, demacrada y sin fuerzas… nunca me dejaste sola. Me levantaste cuando quise caer y me llenaste de vida cada segundo… ¿Cómo sigues teniendo fuerzas Dul? ¿Cómo? Después de todo lo que hemos pasado…
-Si no recuerdo mal, una vez me dijiste que yo era tu fuerza ¿No es así? –Pregunté viendo como asentía –Pues tú también eres la mía y no vas a caer mientras pueda levantarte…
Acarició mi rostro con cariño y una expresión algo extraña en su mirada –Ya llegaron los últimos análisis…
-¡¿Qué?! –Pregunté sorprendida por esa información -¡¿Cómo lo sabes?!
-Porque antes de venir para acá tuve que pasar por casa y estaba la carta en el buzón.
-¡¿Y me lo vienes a decir ahora?! ¡¿Cuales son los resultados?!
-No lo sé… aún no la he abierto –Reconoció con timidez.
-¿Por qué no?
-Porque quiero que estés conmigo… me da miedo saberlo Dul… no quiero que todo sea como volver a empezar…
-Ei… -Levanté ligeramente su rostro –Diga lo que diga esa carta, vamos a seguir luchando Any… Sabemos que esto es una lucha eterna. Si el tumor sigue ahí… seguiremos haciéndole frente, como hasta ahora… Y si no, tendremos que seguir peleando para que no vuelva.
-¿Nunca te vas a cansar de luchar?
-No mientras mi recompensa sea el amor que veo en tu mirada…

Sus ojos se humedecieron ligera y claramente emocionados mientras besaba la mano con la que acaricio su rostro. Entonces, siento como una sonrisa se apodera de mí, creando mucha confusión en su mirada.

-¿De qué te ríes?
-Perdón… -Traté de disculparme pero sin poder controlar la sonrisa –Es sólo que tengo unos pensamientos muy cursis y no puedo hacer más que reírme.
-¿Qué cursis pensamientos son esos, a ver?
-Es que… A veces me cuesta creer que seas tan bonita ¿Sabes? O que me gustes tanto… No sé, pero me quedo tonta mirándote Any y cualquier gesto que haces me enternece. Estaría todo el tiempo observándote, besándote, abrazándote… ¡Dios! –Grité exageradamente -¿Qué hiciste conmigo?
-¿Ah sí? –Preguntó con una mirada seductora y acercándose peligrosamente a mis labios -¿Solo te parezco tierna?
-N… no… no –Balbuceé nerviosa por su cercanía –Por supuesto que me pareces muchas otras cosas.
-¿Sexi? –Besó mi cuello consiguiendo erizarme de pies a cabeza.
-A…ajá…
-¿Sensual? –Preguntó mientras su lengua jugueteaba por el mismo lugar.
-Tam… también…
-¿Y qué más?

Para este momento. Y no pregunten, porque no consigo recordar cuando fue exactamente que terminó subida a horcajadas sobre mí, rodeándome el cuello y con sus labios tan cerca de los míos, que podía sentir su respiración mucho más pausada que la mía, que estaba comenzando a desesperarse.

-Bipolar… también me pareces bipolar. –Dije consiguiendo una carcajada por su parte.
-¿Y eso por qué?
-No soy yo la que hace dos minutos tenía carita de cordero degollado y en cuestión de segundos se convirtió en el lobo feroz…
-¿No te gusta el lobo feroz? –Pregunto acercándose cada vez más.
-Me… me encanta…
Sin darme tiempo a decir una sola palabra más, unió nuestros labios con pasión. Enredando sus dedos en mi cabello para acercarme a ella lo máximo posible. Pronto sentí su lengua tratando de abrirse paso y no se lo impedí. Nuestras lenguas juguetearon mientras mordía mi labio inferior con desesperación. La temperatura del ambiente iba aumentando… sentía unas ganas desesperadas de hacerla mía aquí mismo, olvidándome completamente donde estaba.
Sentí sus manos introducirse por debajo de mi camiseta y acariciarme el estomago.

-Any, Any… -Traté de decir con la respiración entre cortada.
-¿Uhm? –Preguntó sin abandonar su tarea.

No podía resistir ni un segundo más, así que, antes de que las cosas empeoraran y no pudiera parar, separé cuidadosamente su rostro anclado a mi cuello, recibiendo una mirada de desaprobación por su parte.

-Yo sé que te gusta el peligro, los sitios raros, etc… Pero un cementerio nunca ha sido una fantasía sexual que quisiera cumplir… Y menos aún delante de mi mamá.
Por un momento, miró a nuestro alrededor, pareciendo haber recordado enseguida dónde nos encontrábamos. Nuevamente dirigió su mirada hacia mí, haciéndome notar un ligero sonrojo en sus mejillas.

-Mi suegra me debe odiar por pervertir a su pequeña…
-Estoy segura de que te adora –Dije con una sonrisa tranquilizadora –Pero si… mejor vámonos antes de que cambie de opinión.

Antes de levantarme, recibí un ligero golpe en el hombro de su parte.

-¡Oye! No pues si además de pervertir a su hija, también la golpeas… creo que terminaras encabezando su lista negra.

Mi sonrisa aumentó en cuanto vi la expresión de terror instantáneo que había invadido sus ojos.

-¡Es broma! –Dije estrujando sus mejillas como si fuera un bebé.
-Me chocas… -Sentenció frunciendo el ceño como una niña berrinchuda.
-¡Te amo!

El tono de esa confesión fue más alto del que había planeado, consiguiendo que algunas miradas allí presentes se dirigieran hacia nosotras.

-¡¡Te amo!! –Repetí más fuerte.
-Dios… ¿Y tú me llamabas loca a mi?
-¡¡¡Te amo!!!
-¡¡¡¡Yo también te amo!!!!

Nuestras risas y gritos se habían escuchado por todo el cementerio y un hombre algo mayor, con pinta de guardia, se acercaba directo a nosotras. Nos miramos un momento y después de agarrar su mano echamos a correr como dos niñas pequeñas que acababan de cometer una travesura… Cómo ven, algunas cosas no cambian.

-¡¡Te quiero mamá!! –Fue lo último que grité, antes de salir definitivamente de allí siendo observadas como completas dementes.

Llegamos al auto prácticamente sin aire debido a la carrera y las incontrolables risas.

-No sé cómo no has conseguido aún que me metan presa –Dije mientras me sentaba en el asiento del conductor.
-¡Oye que esta vez tu empezaste eh!
-Ya sé… definitivamente, Anahí Puente, es usted una muy mala influencia.
-Pues esta mala influencia, Dulce María Espinoza, es la causante de su felicidad.
-Eso no se lo puedo negar –Acepté con una sonrisa de medio lado.
De pronto, su mirada se dirigió a la nada, abriéndose enormemente como si hubiera recordado algo.

-¿Qué pasa?
-Qué te pasas la vida entreteniéndome y tenemos que volver a casa.
-Ah ¿Yo te entretengo? –Pregunté con exagerada sorpresa -¿Por qué tenemos que volver a casa?
-¡Ahora lo verás! ¡Arranca el coche!
-¡¿Una sorpresa?! –Dije emocionándome pero tratando de desesperarla.
-¡¡Dul!! ¡O arrancas o yo conduzco!
-Está bien, está bien –Acepté introduciendo la llave en el contacto –Que carácter se te ha puesto con los años.

Tras otro ligero golpe en el hombro, que me causo una sonrisa triunfante, puse en marcha el auto y salimos en dirección a la que durante los últimos cinco años, se había convertido en nuestro hogar.
Quince minutos más tarde, nos encontrábamos abriendo la puerta de nuestro acogedor departamento. Estaba muy acostumbrada al olor a café que siempre desprendía nuestra casa y a la irradiante luz que alumbraba la sala, nada más entrar. Pero sin duda, esta vez fue algo diferente… El aroma a café había sido sustituido por un ligero olor a… a… a algo muy extraño que aún no sé descifrar.

-¿Se nos caducó alguna comida en el refrigerador? –Pregunto regañada.
-Ups…
Esa fue su última respuesta antes de que una diminuta bola peluda apareciera corriendo y jadeando sobre sus pies. Mi cara de asombro debió ser obvia, ya que rápidamente agarró en brazos al pequeño cachorro y se dirigió hacia mí, que aún no procesaba lo que veían mis ojos.

-¡¡Hola mami!! –Dijo con voz de bebé, fingiendo ser el propio perrito el que hablaba –¡Soy… soy… Bueno, aún no tengo nombre, pero soy tu primer hijo!
-¿Esto es en serio? –Pregunté aún incrédula observando semejante imagen.
-¿No te gusta? ¿A que soy muy guapo?

El pequeño cachorro, parecía agradecer sus palabras dando lametones por todo su rostro, mientras ella lo abrazaba como un muñeco de peluche.

Definitivamente… aunque aún no haya salido de mi asombro, esta es la imagen más bonita que he visto en mi vida. Al notar mi estado de incredulidad, Any acercó al pequeño y me lo puso en los brazos antes de que pudiera darme cuenta.

-Es un Husky Siberiano –Dije emocionada, acariciando a la bolita de pelo, que trataba de darme besos por todas partes.
-¿Te gusta?
-¿Sabes que uno de mis sueños siempre ha sido tener un Husky?
Su sonrisa de satisfacción era casi tan grande a la felicidad que en estos momentos sentía, teniendo al pequeño juguetón entre mis brazos mientras ella nos miraba como una madre orgullosa.

-¡Tenemos que ponerle un nombre!
-¡Siber! –Afirmé como si llevara horas meditándolo.
-¿Siber? ¿Por qué Siber?
-Porque es un hermoso Husky siberiano y porque sus mamás se conocieron en un tren también siberiano…

Dudó unos segundos observando la imagen del inquieto cachorro tratando de lamerme las orejas.

-Siber… -Dijo con una sonrisa acercándose a nosotros –Me gusta.
-Hola Siber… -Alcé al cachorro consiguiendo que quedara frente a mí, para observarlo con detenimiento –Bienvenido a esta familia de locas, donde se te cuidara y se te dará mucho amor todo el tiempo… Oye mamá –Me dirigí a Anahí percatándome de un hecho –Nuestro hijo sacó tus ojos.

Así era, el pequeño cachorro gris y blanco, tenía unos ojos azules casi tan bonitos como los de su madre… Definitivamente, esta era la familia perfecta.

-Somos una familia de guapos ¿A que sí pequeñín? –Preguntó haciéndole carantoñas al cachorro como si realmente fuera un bebé.
Pobre perrito… aún no sabe donde vino a caer.
-Mi amor… siento interrumpir este momento familiar. Pero… ¿No tenemos algo que abrir?

Su mirada cambió automáticamente de la absoluta felicidad a un terrible miedo. Así que, con mucho cuidado, dejé al pequeño en el suelo, que rápidamente echó a correr hacia algún lugar y cogí la carta que estaba sobre el mueble donde solíamos depositar las llaves al entrar.

Se la entregué con una sonrisa tranquilizadora y antes de que pudiera darse cuenta, la había sumergido entre mis brazos. Tratando de transmitirle con mi cuerpo la fuerza necesaria para afrontar lo que hubiera que afrontar.
Después de unos segundos nos separamos y me aparté un poco para darle espacio, aunque no por eso, dejé de notar sus manos temblorosas tratando de abrir el sobre.
Ahora sí, desdobló el primer papel y comenzó a leer en voz alta, las instrucciones del doctor.

-Señorita Puente,
Le adjunto en este sobre el resultado de los últimos análisis efectuados hace prácticamente dos meses. Sé que interpretar unos análisis médicos es algo complicado, por eso en esta carta trataré de explicar cuál es su situación actual.
Bien sabe que llevamos muchos años, con tratamientos de radio y quimio terapia, además de algunas operaciones, tratando de combatir el complicado tumor que se había instalado en su cerebro. Cómo ya le dijimos en un primer momento, no tenía usted un tumor incurable, el principal problema es que cuando lo descubrimos ya estaba bastante avanzado y eso dificultaba las operaciones.
Anahí, antes que nada, quiero expresarle mi profunda admiración por la lucha que ha demostrado usted en los últimos años. Es usted un claro ejemplo de superación y constancia. Siendo tan joven, afronta la vida de una manera que muy pocos hacen ya.
Pase lo que pase y sea cual sea el resultado… Nunca pierda esa vida que la caracteriza.
Ahora si… me permito informarle que…

Detuvo un instante la lectura en el momento clave para mirarme, sus ojos estaban cristalinos y sentí que necesitaba mi presencia. Así que no dudé un momento en acercarme y darle un pequeño beso en los labios, seguido de una sonrisa.

-¿Puedes leérmelo tú por favor? –Preguntó entregándome el papel.

Acepté la carta con una mano, mientras con la otra acariciaba sus dedos que se aferraban fuertemente a mí. Suspiré tratando de eliminar la tensión de mi voz y busqué entre aquellas palabras, la última frase para continuar…

-Ahora si… me permito informarle que en los últimos análisis efectuados hace dos meses… no hay rastro del tumor.

En ese momento, mi interior se deshizo, haciéndome sentir por fin que el oxigeno reprimido conseguía llegar a mis pulmones como es debido y mis ojos se humedecieron de la emoción, casi llegando a impedirme continuar leyendo. Pero tenía que hacerlo… no podía caer ahora.

-Exacto Anahí, no hay rastro del tumor. Pero esto no quiere decir que esté curada para siempre, todos sabemos que siempre hay posibilidad de que las células se vuelvan a formar. Pero me siento completamente satisfecho de darle mi más sincera enhorabuena, porque lo consiguió. Su gran esfuerzo, lucha y constancia han sido recompensados. Ahora lo único que queda es continuar luchando… Y eso usted sabe hacerlo a la perfección.
Esto no lo he conseguido yo Anahí, ni los tratamientos, ni las operaciones… eso es simplemente una ayuda. Esto lo ha conseguido usted, con sus ganas de vivir, con su amor y su forma de aferrarse a esta vida. Nunca deje de hacerlo…
Pronto estaremos en contacto para seguir dándole instrucciones en su mantenimiento. Por ahora no tengo más que decirle, disfrute de esta noticia y de su vida.
Un cordial saludo.

Un silencio sepulcral se adueñó del departamento al terminar de leer las palabras del doctor. Anahí me miraba fijamente. Pero por mucho que traté de averiguar lo que quería expresar, me resultó imposible. Simplemente me observaba, completamente estática, como si estuviera en estado de shock.
Hasta que unas ligeras lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, demostrándome que no se había congelado.

-Estoy curada Dul… estoy curada…

Las lágrimas que llevo prácticamente diez minutos reprimiendo, se rebelaron en cuanto escuche su voz quebrada por la emoción…
Nunca podré explicar la felicidad que siento en este momento… Cinco años… cinco años luchando por sumar días a la vida de esta hermosa chica. Cinco años de lágrimas, hospitales, tristezas, risas, alegrías, aventuras… Cinco años de miedo y superación, de caer y levantarse… Cinco años de auténtica y pura vida…

Sentí su cuerpo abalanzarse sobre el mío de pronto, haciéndome despertar de esos pensamientos. Ni siquiera dudé un segundo. Subí ligeramente su cuerpo para que sus piernas pudieran abrazar mi cintura y comenzamos a girar por toda la casa, gritando y riendo, mientras las lágrimas de emoción no cesaban.

-¡Lo conseguimos mi amor! –Dijo pegando su frente a la mía, tratando de recuperar la respiración cuando me detuve. –Lo conseguimos… Y… ¿Y ahora qué?
-Ahora toca vivir exactamente igual que lo hemos hecho hasta hoy… Luchando contra el tiempo… disfrutando cada día como si no hubiera otro… amándote a cada instante…
Porque te amo Anahí ¡¡Te Amo!! ¡¡Y jamás voy a dejar de llenar tus días de vida!!
-¡¡¡¡¡Te Amo!!!!!!

Tras ese grito de felicidad y desahogo, nos besamos… Con pasión y desenfreno, con dulzura y tranquilidad. Con la intensidad del primero y el amor del último…

Como si no hubiera nada fuera de este departamento, como si el tiempo ya no fuera importante.

El tiempo ya no era importante… Desde el preciso momento en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, el tiempo quiso ir en nuestra contra y lo convertimos en nuestro aliado…
Vivimos la vida sintiendo que cada día podía ser el último y eso creó un amor intenso como ningún otro, una lucha inquebrantable, una amistad envidiable…
¿Qué podía separarnos ahora?
Seguramente seguiremos viviendo momentos difíciles, momentos en los que sintamos que ya no podemos más...
Pero entonces bastará con mirarnos a los ojos y recordaremos cómo el destino nos puso un día cualquiera, en un vagón cualquiera de un tren cualquiera... Para que supiéramos que todo sucede por alguna razón. Y para que juntas aprendiéramos a vivir como jamás vivimos y a amar como jamás amamos.
Seguiremos luchando...Seguiremos soñando...Seguiremos creyendo.
¿Qué cosa puede tan poderosa para poder con este amor que había superado a la mismísima muerte?

Nada… absolutamente nada podrá impedir… que continuemos llenando nuestros días de vida.
La vida es solo un respiro; hay que reír hasta que duela, soñar sin límites, perdonar rápido, besar despacio, amar sin frenos, dejar huella...
Pero mira que bella es la vida, te sorprende cuando menos crees... Anahí...

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Re: Llenare tus dias de vida

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