Mi profesora de calculo

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Mi profesora de calculo

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 5:19 am

Mi profesora de cálculo
Estaría por mis 18 años de edad, comenzando mi carrera (Ing. Mecánica).
Me encontraba en el aula de clases con poncho a mi lado, conociendo a los que serían mis compañeras (os). Los grupos en el aula estaban divididos dado a que aún no nos conocíamos muy bien. Estábamos conversando sobre un tema que domino y del cual jamás me aburriría, ¡Autos! Discutíamos sobre marcas, modelos cualidades...
Mi mano se hallaba jugando con un lapicero pasándolo por mis dedos de manera inquieta hasta que perdí el control del movimiento y dicho objeto salió disparado lejos de mí. Me levante a buscarlo cerca de la puerta. Me agaché para recogerlo y unas piernas hermosas y perfectas capturaron por completo y de inmediato mi atención. Detalle sus tacones altos negros subiendo mi mirada por sus piernas, una falda que culminaba en sus rodillas me impedía ver más allá pero bajo su falda sus tonificados muslos se hacían notar. Seguí subiendo mi mirada a medida que alzaba mi cuerpo con mi lapicero ya en mis manos. Un abdomen promedio (ni plano, ni relleno) se ocultaba bajo una camisa de botones, su escote sin timidez se dejaba ver de mi; observé su rostro, un cutis lindo cubierto con una cantidad considerable pero bien repartida de maquillaje; la noté algo mayor no mucho, tal vez está cerca de los 30 años de edad, su cabello negro azabache caía largo y liso por su espalda. Por último me encontré con sus ojos oscuros como la noche; tenía una mirada intensa que expresaba abiertamente cada detalle de su personalidad
Se me hizo inevitable sonreírle, ella a cambio desvío su mirada de la mía. ¡Es bella, atractiva y por lo que veo es todo un reto! sonreí de nuevo.
No lo había pensado hasta que colocó todos sus objetos sobre el escritorio - ¡es la profesora!
- Buenos días - tomé asiento.
- Buenos días.
- Mi nombre es dulce maria espinoza y seré su profesora de cálculo - su voz combinaba perfectamente con su apariencia sobria y rígida. Sin perder mucho el tiempo en presentaciones inicio la clase.
No pude apartar mis ojos de ella, me tenía completamente fascinada su modo de comportarse, su estilo, toda ella desbordaba seguridad, seriedad, elegancia y su caminar sin ser intencional era coqueto.
Cada una de mis clases con ella estaba llena de expectación, siempre que trataba de mirarla a los ojos me evadía y para ser sincera eso me encantaba.
Verla molesta o irritada era mi mayor atracción, se veía sumamente sexy con su rostro envuelto en seriedad, su mirada tomaba aún más profundidad y se me hacia cada vez más irresistible y deseable. Llevaba la batuta en lo que a participaciones en clases se refería, quería hacerme notar a diferencia de mis compañeros que la mayoría de ellos comenzaron a tenerle rabia por ser tan estricta y no dejarse ni sobornar ni burlar por ninguno de ellos.
La primera vez que cruzamos palabras sin ser dentro del aula y no siendo por motivos de la materia fue un viernes en la cafetería; la noté algo triste, sola en una mesa bebiendo un café negro y revisando trabajos. Deje a poncho para atreverme a sentarme a su lado.
- Hola profe ¿como se encuentra? - aparto la mirada de los papeles y la poso sobre mi.
- Bien señorita puente, y ¿usted como se encuentra?
- Dime any es mas... Natural - le sonreí, ella hizo el intento de devolverme la sonrisa pero no fue muy expresiva su emoción - ¡y estoy bien!
Ya era hora de irme a mi siguiente clase aunque prefería quedarme allí con ella.
- ¿Me permite decirle algo profe?
- Si, adelante dígame - me miro llena de curiosidad.
- ¡Luce muy hermosa hoy! - sonreí ampliamente, ella simplemente me miro en silencio; seguro se esperaba cualquier cosa menos eso - debo irme, tenga un buen día.
- Igual para ti - alcanzó a responderme a medias, tomé un pequeño riesgo pero él que no arriesga ni gana ni pierde. De lo que sí estoy segura por su reacción es que la deje pensativa...
A partir de eso su actitud conmigo cambio, ya no evadía mi mirada, ahora por momentos la dejaba fija en mi como sí tratara de analizarme, yo fingía no darme cuenta. Aumentamos un poco el trato por lo menos los saludos eran mas largos pero en sus palabras y expresiones percibía que no sabia como dirigirse a mi, como tratarme.
Una tarde a eso de las 6 y algo estaba en el estacionamiento afuera de mi carro en espera de una niña que actuaba como mi novia pero era solo mi amiga. Veo venir a la profe con sus manos llenas de unas cinco carpetas repletas de documentos.
- Señorita puente - me saludo, me acerqué a quitar ese peso de sus manos - ¡gracias! - suspiro aliviada y de inmediato abrió la puerta de su auto. Introdujo las maletas y me agradeció de nuevo.
- No te preocupes.
- ¿Qué haces aquí aun?
- Espero a una amiga.
- Ah... Bueno debo partir, hasta luego ¡cuídate!
- Chao.
Trato de encender el auto pero este no le respondía. Salió del auto.
- ¡Ahora esto no enciende! - dijo llena de irritación.
- Te llevó sí estas muy apresurada - propuse a sabiendas de que no aceptaría.
- No, no tú estas esperando a tú amiga, yo llamó a un taxi o a una grúa, algo.
- No, mejor ¿sabes qué? Veamos que sucede ¿sí?
- Pero...
- Pero nada, dale déjame mirar.
Abrí el capo... El auto necesitaba mantenimiento de urgencia, le hice un par de pequeños ajustes, le coloque agua y prendió.
- any - ¡hasta que al fin me llama así! - ¡gracias!
- Tranquila.
– ¡Que pena! Te ensuciaste las manos - mire mis manos.
- ¿Esto? Na, no es nada he estado peor - le sonreí y por primera vez me regalo una sonrisa en todo su esplendor, provocaba besarla - llévalo al taller de mi padre ¡le hace falta mantenimiento!
- Sí, no lo envío a un taller desde hace varios meses - admitió apenada, ese es el problema no cuidan sus autos y luego se molestan cuando no funcionan.
- Ten - le di una tarjeta con la dirección - ve en la tarde, yo estaré allá y te lo revisó de inmediato.
- ¡Gracias! Y perdona la molestia.
- ¡En serio no es nada!
En eso llega may, mi amiga.
- Hi - me dio un fugaz beso de pico; sí algo tiene may es que no le importa mostrarse ante nadie y esa libertad resulta refrescante pues la mayoría de las niñas le temen al que dirán, a la gente... may es todo lo contrario, le encanta hacerse lucir como mi novia aunque sabe que no es así y sabe que salgo con otras chicas.
- Hasta luego any - se despidió evadiendo mi mirada.
Subió a su auto y partió. Me fui con may
La tarde siguiente esperaba en el taller, no estaba segura sí iría o no pero algo me decía que sí lo haría y así fue...
A eso de las dos se apareció mi profe con un look bastante light que me llamó mucho la atención, jamás la había visto así con un jean que se ajustaba maravillosamente a su hermosa figura, acompañado por unos zapatos deportivos y una franelilla.
Me saludo y de una me ocupé de su auto. Estuvimos conversando un poco mientras atendía su auto pero ninguna tocó el tema de la vida personal de la otra.
- Termine - le exprese sonriente, cuando se disponía a responderme se lo impedí - no me lo agradezcas. Sonríe recostándose al carro. - ¿Tal vez me aceptarías ir a tomar algo? Tengo sed.
- No es mala idea - me sonríe de nuevo.
Mi paño de siempre se hallaba sobre el carro, exactamente a sus espaldas. Me acerqué a tomarlo, casi me pegó por completo a ella pasando mi mano atrás en busca del paño, sentí con orgullo como su respiración no respondía, se detuvo y su cuerpo se tenso. Inhale y exhale dejando el aire de mi respiración rozar su cuello, su tensión rebasó el límite. Me aleje de modo inocente, simulando no haber visto nada.
Limpie mis manos, entre a la oficina a cambiar de camisa y estaba lista para irme con ella. Tomamos un par de cafés y me permitió conocerla un poco más.
- ¿y tú vida? ¿Estas enamorada? - pregunté viéndola a los ojos.
- Creo que sí - enarque mi ceja
- Ehhh tengo novio, bueno es casi compromiso - sonrió a medias y bebió de su café. Así que tiene novio... Mmm... Igual no es la primera que conozco con novio... - ¿y tú any? ¿La chica de ayer es tú novia? - me sonreí.
- No, es una amiga.
- ¡Amiga! Ok.
Regresamos al taller.
Ya despidiéndose para entrar en su auto se acerco para besar mi mejilla, puse mi mano en su cintura mientras se producía dicho acercamiento. Un delicioso aroma impregno mi olfato, una unión entre su perfume de rosas y el aroma de su piel. Me sature de esa sensación y tomando por completo el riesgo, jugándomelas todas; evite que se alejara, fije aun mas fuerte mi mano en su cintura mientras llevaba mi otra mano a su rostro para tomarlo con suavidad, la apegué a mi totalmente, sintiéndola, rozando sus labios con los míos.
Sus labios recibieron los míos aceptando el roce, iniciando el juego. Unos segundos me dieron la dicha de disfrutar su sabor. Bese como ultimo movimiento su labio inferior y permití que de nuevo la distancia se creará entre ambas, mi mirada invadió la suya, a diferencia de otras veces está vez mantuvo el contacto por un poco tiempo creando en mi más deseo. Luego giro su rostro, meditando.
- Debo irme, chao – subió a su auto y se marcho sin ni siquiera atreverse a verme de nuevo.
Recordaba ese beso, había nublado mis sentidos, la deseaba y ese no era el momento de detenerme, no voy a detenerme la quiero para mi.
El lunes a primera hora fui en busca de cristian, él trabaja en el área administrativa de la uni.
- Dame aunque sea su correo.
– ¡anahi tú estas loca! No puedo darte esa información, ¿quieres que tenga problemas?
- ¡cristian no me hagas decirte las razones por las cuales debes hacerme este favor!
- ¡No me manipules!
- ¡Aún no lo hago! ¡Dame su correo! - espere su respuesta, él sabía muy bien que no podía negarme nada - ¡cristian!
- ¡Por Dios any! ¿Es en serio?
- Dámelo ¡no te meteré en problemas!...
- Déjame entrar al sistema, ya te lo doy - dijo resignado, sonreí satisfactoriamente.
Luego de tener su dirección le envíe un par de correos pero no recibí respuesta.
La tarde de los miércoles ella siempre salía tarde del aula casi a las siete y decidí ir a verla.
- Hola - anuncie entrando al aula desierta, ella juntaba algunos documentos se giro y el nerviosismo la domino mientras yo dejaba la puerta cerrada...
- ¡any!... Hola.
- ¡Te he escrito! - mis pasos lentos pero firmes me llevaban hasta ella; la observaba, como siempre lucía hermosa, sus labios estaban resaltados por un brillo rojo, sin necesidad de comunicarse conmigo me llamaban hasta ellos.
- Sí, ehhh... No debiste hacerlo - una sonrisa de medio lado se mostró en mí.
- ¿Por qué?
- No es correcto y... Y ese beso en el taller tampoco lo fue.
- Pero ¡te gusto! O ¿me vas a decir que no?
- ¡Eso no importa! - me miro a los ojos totalmente ofuscada - ¡No es lo correcto! - exclamó acentuando sílabas.
- Para mi - comencé a decir con tono suave y terminando de acercarme a ella - lo correcto es lo que quieres y - tomé parte de su cabello que caía hacia adelante para llevarlo hacia atrás de su oreja, se quedó inmóvil - ¡lo que yo quiero es a ti!
- Esto no... No puede ser.
- ¿Por qué? ¿A qué le temes? - junté mi frente con la suya - ¿cuál es tú miedo? ¡dime!
- any tú me estas enfrentando a una realidad que yo no puedo aceptar, que no quiero aceptar.
- ¿Cuál realidad? ¿La realidad de que te gustan las mujeres o la realidad de que te gusto YO?
Mire sus labios, ella permaneció en silencio y sin más la bese, colocó sus manos en mis hombros para alejarme, la tomé de la cintura y con fuerza la atraje hacia mi. Siguió intentando resistirse pero mis labios forzaban los suyos y poco a poco la convencían de seguir el movimiento y relajar el beso para que dejara de ser tensión y se convirtiera en lo que naturalmente era, deseo y pasión. Al fin me dio pasó y pude introducir mi lengua en su boca, mis movimientos en esa área arrancaban de sus labios suaves suspiros, suspiros que firmaban y sellaban una rendición declarada.
Mis manos se escurrieron hasta sus glúteos, la tomé de ellos ¡que divinidad!, la alce para dejarla sentada en el escritorio, bajé mis labios a su cuello, mis manos contornearon su silueta llegando a palpar esos bellos senos, sus manos se fijaron en mi cabello suelto mientras su cabeza se reclinaba hacia atrás y sus suspiros en aumento dominaban por completo el silencio.
Traía una blusa de escote, bajé mis labios hasta allí pasando mis besos por esa zona, palpando sus muslos con mis manos, marcando un ascenso que me llevaría hasta su lugar más privado.
Logré sacar uno de sus senos del bra dejándolo libre ante la presencia de mi boca; comencé a succionarlo mis manos estaban a punto de llegar, tocaban la cara interna de sus muslos, sin resistencia me abría sus piernas. Mantuve mi succión y con mi dedo índice alcance a rozar su ya bastante inflamado clitoris por encima de la tanga húmeda.
- ¡any! - me tomo fuerte del cabello y su cadera inclemente se estremeció; hizo presión en mi para alejarme - ¡any! Aquí no - suplicó entre jadeos - ¡pueden vernos!
Subí a besar sus labios mientras con mis manos colocaba su seno de vuelta a su lugar.
- ¡Vamos a mi casa! - le dije sin preguntarle sí quería, con la lujuria incendiando mi mirada y llenando de fuego la suya.
Tomamos sus cosas y subimos al auto.
El estacionamiento estaba prácticamente sólo, quedaban un par de autos solamente. Los vidrios completamente ahumados de mi auto nos ocultaban del apasionado beso que nos unía. No me separe de sus labios mientras mis manos subían su falda. Casi no podíamos respirar nos hallábamos sumergidas en suspiros y gemidos silenciados; yo no podía esperar más, con mi mano quité su tanga. Deleite mi tacto con su deliciosa humedad; perdió el ritmo del beso por no poder contener un exquisito gemido, sonreí y volví a besarla...
Ya no podía contenerme, quería ver a mi bella Prof. De cálculo llegar. Tomé su clítoris entre mis dedos, lo movía con fuerza, su respiración agitada, sus pequeños gritos, mis besos ya en su cuello, su pecho subiendo y bajando me avisaba lo que en su cuerpo sucedía. Me aleje para presenciar mejor el espectáculo. Sus ojos se cerraron, una de sus manos tomo con violencia mi brazo proveedor de su placer. Decidió mirarme y con su otra mano me sujeto del cuello para llevarme a sus labios, un beso salvaje se creo. Mi mano sentía como su zona se estremecía vigorosamente, como el calor la cubría, sus uñas estaban marcando mi brazo desde el inicio y bajaban, me dolía y me excitaba de un modo único; mordí su labio, su espalda término por levantarse violentamente, su cadera acompañaba obedientemente el ritmo de mis dedos.
- Ahhhhh...
El modo en que su cuerpo se movía lleno de instinto, de descontrol y deseo. No tengo palabras que describan la excitación que me provocaban las reacciones de su anatomía, mientras ese orgasmo se adueñaba de sus sentidos y marcaba con un delicioso sabor los míos. El rasguño en mi brazo se hizo más profundo e intenso haciéndome gemir del dolor y excitación, pronto poco a poco a medida que el orgasmo pasaba y su cuerpo se relajaba, la fiereza de sus uñas clavadas en mi piel dejó de hacerse presente.
Mi brazo quedó marcado en rojo, su labio mordido y el asiento de mi auto notablemente mojado. Una sonrisa repleta en satisfacción apareció en nuestros rostros; de nuevo junté mis labios con los suyos.
Esa noche mi casa fue testigo y cómplice, de un episodio repleto de locura, de una unión sin frenos ni tapujos, bajo la esclavitud del deseo...
...Nuestras vidas continuaron su ritmo natural, ella con su prometido que aún no se como le explico la marca que le deje en el labio y yo con... Con lo que la sorpresa de cada día me traía... No es necesario decir que a pesar de que nuestros destinos transcurrieron caminos diferentes había noches en las cuales un enlace mágico se creaba uniendo nuestros cuerpos de nuevo...

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