Mundos opuestos

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Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:47 pm


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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:47 pm

Mundos Opuestos

-Prólogo-

“Hay personas que nunca han conocido el amor, hay personas que viven con la ilusión de encontrarlo y hay otras, que sin embargo un día dejaron de creer en el significado de esa palabra.
¿Qué ocurre cuando tienes todo lo que siempre soñaste y llega alguien para recordarte que somos unos ilusos?
No importa cuántas veces digas NO… basta con que una vez tu corazón diga SÍ y entonces…
Todo lo que creíste perfecto, deja de serlo. Todo lo que creíste saber, dejas de conocerlo. Todo lo que deseabas, pierde sentido y te das cuenta que algunas cosas están destinadas a ocurrir una sola vez en la vida…No importa cuando, ni en qué lugar… Lo importante es que ocurre y si lo dejamos pasar, quizás nunca volvamos a ser los mismos.
Pero la gran pregunta es…
¿Pueden dos personas amarse a pesar de sus… Mundos Opuestos?”

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:47 pm

Capitulo 1

Ciudad de México.

─Papá, es una completa locura lo que me estás pidiendo.
─Anahí por favor –Suplicó el imponente hombre –Sabes que no te lo pediría si no fuera realmente importante.
─Lo sé… Pero estoy a dos meses de casarme y no me estás pidiendo cualquier cosa, pretendes que deje absolutamente todos los preparativos a un lado, para irme a no sé donde, a entregar personalmente un cheque simbólico en tu nombre.
─Hija, te prometo que solo serán unos días. No sabes cómo me encantaría hacerlo yo mismo, como cada año, pero sabes perfectamente como están las cosas en la empresa Any, y mi salud se deteriora. Esto es importante para mí. Sabes cómo adoro a esos pequeños y el compromiso tan grande que tengo con esa aldea en concreto. Pequeña… ─Pidió agarrándole las mejillas a su hija –Tú tienes un corazón enorme y no te vendrá nada mal vivir esa experiencia antes de sumergirte en el siguiente capítulo de tu vida. Tómatelo como unos días de vacaciones.
─¡¿Vacaciones?! Papá, mi concepto de vacaciones es irme a un lujoso hotel en alguna hermosa ciudad de Europa, no pasar no sé cuantos días en una aldea del interior de la región.
El esbelto señor miró a su hija frunciendo el seño, un gesto suficientemente claro para que la chica lanzara un suspiro de resignación, sabiendo que su padre no iba a darse por vencido.

─Ven… ─Pidió guiándola hacia los grandes ventanales de la lujosa oficina. La situó delante de él, permitiéndole a esa joven mujer observar el paisaje que quedaba a mucha distancia de ellos. El bullicio de la ciudad era inaudible debido a la insonorización del lugar. Pero se podía ver perfectamente, como los coches avanzaban velozmente por aquella importante calle de la Ciudad de México. Los peatones caminaban con prisa, cada uno hacia un lugar diferente, incluso pobres indigentes podían ver tratando de resguardarse del frio mañanero

─Sabes que siempre he tratado de darte todo ─Explicó agarrando los hombros de su hija ─Pero el mundo no es tan perfecto como he intentado que lo veas, Anahí… Eres una gran mujer y estoy profundamente orgulloso de lo que has conseguido en la vida, por ti misma y sin mi ayuda. Estás a punto de contraer matrimonio, formarás tu propia familia, te harás cargo de esta empresa, como siempre has soñado y serás una mujer muy exitosa… Pero necesito estar seguro de que ese éxito no va a helar el corazón que tienes convirtiéndote en alguien que no eres. Tú estás acostumbrada a tenerlo todo y a veces la vida no es tan fácil… Solo quiero que entiendas, que unos días de tu tiempo, no es nada cuando vas a hacer algo tan hermoso por personas que lo necesitan.

Unos segundos de silencio se crearon mientras Anahí continuaba observando el paisaje, al mismo tiempo que pensaba en las palabras de su padre. Ese hombre al que respetaba y admiraba más que a cualquier otra persona. Pues él sólo, se había encargado de sacarla adelante y a pesar de sobreprotegerla y consentirla, nunca dejó de inculcarle esos valores morales que él posee y que lo hacen único para ella.

─Está bien… ─Aceptó volteando, con una sonrisa ─Iré a entregar esa donación en nombre del hombre más bueno y sabio del mundo.

El señor puente, completamente satisfecho, abrió los brazos para que su hija se refugiara en su pecho y sumirla en un profundo y protector abrazo.

Península de Yucatán (México)

Que increíble sensación experimento cada mañana al salir de mi cabaña y encontrarme con este lugar, con este paisaje tan lleno de vida. Acunada por la naturaleza, por el sonido del agua cayendo al rio, las aves revoloteando para dar sus buenos días al resto de las especies… Pero si hay algo que llena mi corazón cada mañana, es esto… Observar a esos niños concentrados en sus tareas, absolutamente pendientes de lo que su maestra les explica. Ellos no tienen nada… Para el resto del mundo son pobres niños carentes de un hogar y una familia que los acoja y les ofrezca la educación que cualquier menor recibiría en la sociedad.
Pero no saben cuan equivocados están. Estos pequeños, con sus escasos recursos, son más felices que muchos de los que viven en el nuevo mundo y tienen acceso a la mejor educación. Estos tienen una dulzura e inocencia en su mirada, que gracias a dios no puede ser corrompida por eso a lo que nuestra sociedad llama comodidades y dinero.
A ellos no les hace falta nada más que aprendizaje, naturaleza, amor… Esta es la esencia del mundo, aquí es donde puedo recordar que tan hermoso y puro puede llegar a ser el ser humano.

─¡¡ Ei Dulce María!! ─Interrumpe una voz haciendo aspavientos frente a mí.
─¿Uhm? ¿Qué pasó, Maite?
─Que llevo diez minutos tratando de comunicarme contigo. ¿Ya estabas de nuevo en uno de tus momentos filosóficos?
─Ya me conoces… ─Respondí con una sonrisa.
─Demasiado bien, diría yo.
Su respuesta me obligó a alzar una ceja ─¿Eso es una queja?
─¿Cómo crees? ─Sonrió burlona ─Tengo que hablar contigo.
─Cada vez que me dices eso, lo siguiente es un sermón.
─Dul… Si tu parte de buena persona no fuera igualmente proporcional a tu parte de “golfa”, seguramente no te llevarías tantas broncas.
─Te juro que eres peor que una madre, Maite… Además, no puedo ser perfecta.
─Dejemos a un lado tu gran modestia, por favor. Recibí una llamada de la central hace rato, alguien debe ir al pueblo dentro de unas horas.
─¿Hay que traer algo?
─No… bueno, sí… más bien a alguien ─Sacudió la cabeza ocasionando mi sonrisa ─¿Recuerdas al Sr. Puente?
─Claro May… ¿Cómo no voy a recordarlo si viene cada año a entregar personalmente su donativo? Pero creía que nos avisarían con antelación ¿Ya está en la región?
─No exactamente, verás… hubo un cambio de planes. El señor Enrique no puede venir este año, sin embargo prometió que igualmente contaríamos con su donativo e insistió en enviar a alguien de su confianza, para entregarlo en su nombre.
─¿Por qué siento que estás dando rodeos Maite?
─¡Ay! ¡No lo sé! El caso es que por algún motivo, decidió que viniera su hija a pasar unos días en la aldea.
─Oh… ─Exclamé pensativa ─¿Es bonita?
─Si… ─Respondió frunciendo el seño ─Es bonita y está comprometida, además Dul, no es lo que se dice una chica discreta. Me extraña que no la conozcas, su nombre siempre aparece en revistas codeándose con la “jet set” de México y Estados Unidos.
─Lo siento… Pero aún no nos ha llegado la prensa de este mes.
─Es cierto… Olvidaba que tu autismo te tiene aislada del mundo exterior.
Nuevamente me vi obliga a mirar a mi amiga con el seño fruncido ─¿Entonces se puede decir que es una “Niña rica”?
─Me temo que eso es exactamente lo que es…
─Pues qué bien… ¿Y cuando se supone que llega?
─Esta misma tarde.
─¿Vas a ir a recogerla?
─Uhm… No amiga, tú vas a ir a recogerla.
─¡¿Qué?! ─Me reí exageradamente ─Olvídalo, sabes que tengo muchas cosas que hacer.
─Y yo también Dulce, además tu clase no empieza hasta después del almuerzo. Perfectamente te da tiempo de ir, recogerla y simplemente traerla hasta aquí.
─Pero Maite, ¿Por qué yo?
─Porque yo no puedo… Y además necesito que me traigas unos papeles de la oficina central.
─Está bien ─Acepté resignada ─Me voy a buscar a la niña rica…
─¡Dul! ─Trató de detenerme ─Te conozco… Así que no seas bruta y trátala bien.
─¿Cuándo me has visto tratar mal a una mujer? ─Pregunté ofendida.
─A las mujeres las tratas demasiado bien, diría yo… Pero cuando alguien te cae mal puedes llegar a ser realmente insoportable. Y ya que esa chica aceptó pasar unos días aquí, no quiero que la asustes.
─Vamos May, tú sabes tan bien como yo, que si una niña rica viene a esta aldea es por obligación de su padre y no por benevolencia.
─Sea como sea… el Sr. Puente es un buen hombre y gracias a su aportación tus adorados niños pueden tener una mejor vida.
─Ya lo sé, pero deja de tratarme como si fuera un ogro, que no tengo quince años… Y ya me voy, mamá sermoneadora.
─Ve con cuidado ─Sonrió con ternura.
─¿Ves? ─Rodé los ojos ─Lo que yo digo…

Después de dejar a Maite, negando ligeramente con la cabeza, mientras sonreía resignada y completamente acostumbrada ya a mi comportamiento. Me dirigí hacia el auto, dispuesta a poner rumbo al pueblo. Aproximadamente una hora de camino era lo que me esperaba, pero gracias a Dios, sería una hora entre naturaleza, arboles, animales, tierra y la más absoluta tranquilidad.
Sin duda, este es mi lugar y la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida, fue la de embarcarme en esta aventura. He crecido tanto… Me ha cambiado tanto esta experiencia, que me atrevería a asegurar que ya no queda ni rastro de la antigua Dulce. Siempre perdida, sin saber qué rumbo tomar, sin saber a dónde ir o qué camino seguir, completamente vacía, sensible, introvertida, esa niña que no le encontraba un sentido a la vida y simplemente deseaba huir a un lugar muy lejos donde sintiera paz, donde nadie le hiciera daño y donde se sintiera útil para el mundo.

Ese lugar resultó ser esta aldea de una región de México, un país hermoso, con una gente hermosa. Un proyecto que llenó mi vida de una ilusión jamás sentida… Una ilusión que solo me pertenecía a mí y que por primera vez, no lo relacionaba con otra persona.

Definitivamente, todo esto me convirtió en un ser humano diferente, para el cual, lo único realmente importante eran esos niños a los que trataba de educar y que me agradecían con todo su amor.
Como diría mi amiga y compañera Maite: “Para los niños, eres un ángel, en cambio para las mujeres, eres un demonio”
Sonrío al recordar su cara cada vez que finaliza sus sermones con esa frase. Realmente tiene razón… hace mucho tiempo que mi corazón está cerrado porque descubrí que de esta forma soy feliz, hago lo que quiero, cuando quiero, con quien quiero... No doy explicaciones, no me ato y siempre trato de no hacer daño, aunque la mayoría de las veces no lo consiga. ¿Pero qué puedo hacer? Decidí hace mucho tiempo que los únicos dueños de mi corazón serían esos pequeños. Y así es y seguirá siendo.

El tiempo transcurrió más rápido de lo que esperaba cuando me di cuenta que había llegado ya a lo más parecido a una civilización, que había alrededor de nuestro campamento-aldea.
Calles asfaltadas, pequeñas casas de colores, tiendas, un bar al que solíamos venir cuando deseábamos introducirnos un poco en el mundo exterior. Y por fin, la oficina central del proyecto para el que trabajo “Aldea Maya”. Estaciono la pequeña camioneta justo en la puerta y me adentro, ofreciéndole automáticamente una sonrisa a la recepcionista que se queda pálida al verme.

─Buenos días Andrea.
─Dulce… ¿Qué…? ¿Qué haces aquí?
─¿Tan poco querías verme? ─Pregunto confusa.
─No… no es eso. Pero… ya sabes, no te esperaba… simplemente.

Noté un ligero rubor en sus mejillas mientras la observaba ponerse nerviosa. Andrea era bonita, sin duda, era muy bonita y eso la llevó a ser una de mis últimas conquistas, pero ella sabía tan bien como yo, que lo nuestro había sido simplemente un juego de atracción. Aunque su forma de mirarme a veces me expresa que desearía que fuese diferente, que yo fuese diferente… Quizás por eso en ocasiones me siento culpable de hacer daño sin proponérmelo directamente.

─¿Está Marcos adentro? ─Quise saber, con la intensión de romper el cruce de miradas.
─No… Hace rato que fue al aeropuerto para recoger a la hija del señor Enrique Puente. Seguramente ya deben estar al llegar.
─Eso espero… ─Suspiré ─Bueno, pues mejor los espero adentro. Así mientras, voy buscando unos informes que me pidió Maite.
─Está bien…
─Nos vemos luego.

Sonreí y me adentré en el interior de la oficina, con la intensión de rebuscar entre papeles esos informes. Pero la misión me estaba resultando bastante complicada ya que, hacía mucho tiempo que no controlaba el material de esta oficina. Todo estaba en diferente lugar y no sabía ni en que carpeta de estas enormes estanterías debía comenzar a buscar.

Gracias, a Dios, como si hubiera caído del cielo, escuché unos pasos adentrándose tras de mí, que me hicieron pensar automáticamente que mi salvación había llegado.

─Andrea… ─Dije mientras me volteaba, sin levantar la vista de unos papeles que tenía en mis manos ─¿Puedes ayudarme a encontrar esos informes?

Después de escuchar el más absoluto silencio, sabiendo que había alguien más en esta habitación, alcé mi mirada y automáticamente sentí una fuerte punzada en mi pecho, cuando mis ojos se encontraron con esa imagen que tenía enfrente. Esa imagen que no esperaba… Pero que por algún motivo, consiguió que mis manos temblaran irremediablemente, dejando caer al piso lo que antes sostenía.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:47 pm

Capitulo 2

El sonido de esos papeles al golpear en el piso me hizo despertar de la absurda hipnosis en la que me vi sumida unos segundos. Sacudí mi propia cabeza, mientras rompía el contacto visual con esa extraña y me agaché rápidamente a recoger el destrozo que en un momento había ocasionado.
Mis manos se habían vuelto torpes, los papeles estaban regados por todo el piso y al querer recogerlos todos a la vez, no atinaba a alcanzar ninguno. Me sentía nerviosa y extremadamente *beep* por no poder coordinar mis movimientos. Pero cuando creí que la situación no podía empeorar, visualicé otras manos tratando de ayudarme en mi torpeza.

Alcé la vista temerosa por esta situación y me encontré de frente con unos ojos que me miraban fijamente. Unos ojos grandes, perfectamente resaltados y poseedores del azul más intenso que jamás había visto. Me miraban de una forma que parecían atravesarme.
Pasaron segundos… Y yo seguía sin poder apartar la mirada, era como un imán, un imán que me impedía cambiar de posición y me atraían magnéticamente.

─¡Dulce! ─Interrumpió una conocida voz, haciendo que aquella mujer se levantara rápidamente, mientras mi cuerpo decidió responder de la misma forma al cortar el contacto visual ─¡Me dijo Andrea que ya habías llegado! Veo que ya conociste a la Srta. Puente.

La mencionada, se volteó dirigiendo su mirada nuevamente a mí, que aún no era capaz de pronunciar una palabra.

─Siento el desastre ─Se disculpó ─No pretendía asustarte.

Su voz me resultó aún más dulce que su rostro y para este momento, creía que eso era completamente imposible… ¡Vamos Dulce! ¡Despierta!

─Fue culpa mía… ─Pude pronunciar por fin ─Simplemente estaba distraída.

Me ofreció una sonrisa, ocasionando automáticamente un extraño hormigueo en mi pecho. Ni siquiera en el estomago, no. En el pecho, en la parte izquierda para ser exactos. ¿Qué significa esto?

─Anahí Puente ─Se presentó estrechando su mano.
─Dulce María Espinoza.

Cedí al estrechamiento de nuestras manos, sintiendo como algo extraño le sucedía a mi cuerpo cuando nuestra piel entró en contacto y… otra vez sus ojos. Por mucho que quería y mi cerebro me gritaba que apartara la mirada de esa mujer, mi cuerpo había entrado en un estado de absurdéz total y no pretendía hacerme caso.

─¿Dulce, que estabas buscando, antes de regar por el piso todos mis papeles? ─Volvió a interrumpir la voz de un Marcos ya olvidado.

Solté rápidamente la mano de aquella chica, al escuchar la voz de mi compañero y le ofrecí una mirada acusadora al mismo.

─Maite me pidió los informes de los últimos donativos recibidos y las fichas de los posibles voluntarios de este año para ir echándoles un vistazo. Pero no encuentro nada en este lugar.
─Si hubieras encendido la computadora, quizás hubieras tenido más posibilidades Dul, que seamos una ONG comunitaria, no quiere decir que no estemos informatizados.
─Uhm ya… ─Exclamé entrecerrando los ojos ─Pues date prisa con eso, que a este paso no llego a mi clase.

El encargado del papeleo, pasó a nuestro lado, sentándose en el escritorio mientras tecleaba algunas cosas en aquel aparato.

─En unos segundos lo tendrás impreso ─Informó ─No sabía que vendrías tú hoy, esperaba a Maite.
─Tenía muchas cosas que hacer y como mi turno no empezaba hasta después del almuerzo me pidió que viniera yo.
─En pocos minutos comenzará su viaje hacia nuestro campamento, Srta. Puente.
─Lo cierto es que mi viaje comenzó como a las cinco de la mañana y tenía la esperanza de que este fuera el último destino.
─ Esta es la oficina que instalamos en el pueblo más cercano, pero como usted comprenderá, una aldea intantil se encuentra un poco más alejada de la civilización. Pero no se preocupe, allí encontrará al resto de mis compañeros, que junto con Dulce, se encargaran de mostrarle todo lo referente a nuestro proyecto, como años anteriores hemos hecho con su padre.
─Está bien… ─Suspiró resignada ─Supongo que no tengo más remedio.

Mientras estas dos personas mantenían esta especie de conversación, yo observaba incrédula a esta chica. Maite tenía razón, era preciosa… Bueno, su definición fue simplemente la de “bonita”, pero yo la consideraba preciosa. Aunque lamentablemente, su largo cabello castaño claro, su delgada y firme figura, su femenina vestimenta, haciéndola parecer una auténtica princesa, su sonrisa deslumbrante, su rostro dulce y sus ojos indescriptibles, no eran capaces de borrar de un plumazo la falta de neuronas que me acababa de demostrar. ¿A dónde se creería que vendría esta niña de papá? ¿A un hotel de cinco estrellas en medio de la selva?
Me divertirá mucho ver su cara al darse cuenta donde pasará los próximos días de su vida.

─Aquí están los informes, Dulce ─Dijo Marcos entregándomelos ─Mira a ver si te falta algo.
─Está perfecto ─Informé observando los mismos ─¡Gracias Marc! Entonces te abandono ya, que el camino es largo.

Sin siquiera mirar a la chica, me dirigí hacia la salida, sabiendo que ambos me seguían. Pero me detuve en la recepción para despedirme decentemente.

─Dale saludos a Maite… A ver si vuelven al pueblo en estos días que se están acostumbrando demasiado a ser ermitañas.
─Descuida, que ya nos va haciendo falta una fiesta o algo parecido. Así que no tardaras mucho en volvernos a ver.
─¡Perfecto entonces! ─Exclamó satisfecho ─Señorita Puente, le doy nuevamente la bienvenida a Sabacché, esperamos que la estancia en nuestra aldea sea de su agrado y que lo disfrute tanto como siempre ha hecho su padre. Si necesita cualquier cosa, no dude en comunicárselo a mis compañeros.
─Gracias ─Recibió el estrechamiento de mano ─No creo que tardemos mucho tiempo en volver a vernos.

Al darme cuenta de que todas las despedidas y formalidades estaban hechas, esta vez sí, fui dispuesta a dirigirme hacia el auto, no sin antes, ofrecerle una sonrisa a la muchacha que sentada en su puesto, no dejaba de observarme.

─Cuídate mucho preciosa… Nos vemos pronto.

Andrea se sonrojó ante mi inesperado comentario. Inesperado incluso para mí, que a pesar de sentir que la estaba fastidiando nuevamente, fue algo que no pude evitar. Y ni siquiera yo sé por qué.
Sabía que la otra chica, me estaba observando y eso me producía una satisfacción aún mayor.

─Gracias, Dulce… Eso espero.

Una vez finalizado mi coqueteo, me dirigí satisfactoriamente a la nueva inquilina y con una sonrisa triunfante, debida aún no sé a qué triunfo, le hice una señal de que era nuestro momento de partir.

Cuando llegué a la altura del auto, me volteé para asegurarme de que me seguía y la descubrí a unos metros, observando la camioneta con una expresión algo extraña.

─¿Te piensas quedar ahí todo el día?
─¿Vamos a ir en esa cosa?
─Lo siento… ─Dije entrecerrando los ojos ─Se me olvidó traer el caballo blanco, para la princesa.

Sin ninguna intención de soportar más a esta mujer, me adentré en el auto con la intensión de prender el motor y salir de aquel lugar con o sin ella.

─¡¡Espera, espera!! ─Me detuvo, abriendo la puerta del copiloto ─Tampoco seas salvaje. ¿Podrías ayudarme con esto?

Me entraron unas ganas enormes de discutirle ese término con el que se había referido a mí. Pero algo me hizo recordar las palabras de Maite y quise contenerme. Así que me desbroché el cinturón de seguridad y para no tener que salir del auto, me arrodillé en el asiento del copiloto para ayudarla a subir su equipaje. Pero joder… ¿De dónde sacaron a esta niña?

─En serio… ¿Tú a donde te crees que viniste? Porque Mahattan está justamente en la dirección contraria.
─Solo traigo lo necesario ─Replicó.
─Lo necesario en una maleta de treinta kilos… claro.

Como pude, la ayudé a cargar semejante armatoste y lo situamos en el maletero, con algo de dificultad.
Una vez realizada nuestra tarea, volví a mi posición y ella se sentó a mi lado.

─Te recomiendo que te abroches el cinturón de seguridad, el camino es algo…movidito.

Y así, con una sonrisa, ante su mirada extrañada, puse en marcha el auto y salí a toda velocidad de aquel pueblo. Sintiendo a mi derecha, como trataba de agarrarse a todos lados, creyendo que el viento la haría salir volando.

*********

─No puedo creer que lleve todo el camino sin pronunciar una palabra ─Pensaba Anahí mientras observaba el paisaje ─Esta chica es una autentica salvaje, además, creo que pretende matarme conduciendo a esta velocidad tan exagerada. ¿Y por qué demonios tardamos tanto? Seguro lo hace por molestar… Sí, no puede ser que mi papá me haya mandando a los confines de la tierra simplemente para entregar un cheque.
Tranquila Any, tranquila… solo serán unos días, solo un esfuerzo y cuando menos te lo esperes estarás en alguna isla paradisiaca disfrutando de tu luna de miel. Eso es… piensa en las aguas cristalinas, en la arena blanca, en los meseros sirviéndote cóckteles a orillas del mar… Eso sí que es vida… Oh sí, esa es mi vida…

De pronto, el auto en el que llevaban ya un tiempo interminable, se detiene bruscamente, haciéndola desear al instante que por fin hayan llegado a su destino. Deseo que es rápidamente desechado al observar el lugar donde se encuentran, prácticamente desolado ─No por favor, que no sea aquí ─Suplicaba en silencio la chica.
Pero sus súplicas fueron interrumpidas al darse cuenta de que su acompañante había bajado del auto siguiendo con ese silencio sepulcral que había adoptado ─¿A dónde vas ahora? ─Preguntaba para sus adentros. Pero aquella chica misteriosa, continuó ignorándola exactamente igual que lo había hecho durante el camino. Simplemente observó como sacaba del maletero descubierto su equipaje y lo dejaba sobre la tierra en la que se encontraban.

Dulce, continuó su camino sin siquiera voltear a verla. Anahí entendía cada vez menos y sin duda, esa mujer la irritaba de una manera sobrenatural ─¿Qué le pasa a esa grosera? ¿Cómo se atreve a dejarme aquí sola? ─Cuando la chica estaba dispuesta a salir del auto para comenzar algo bastante parecido a un reclamo, observó como Dulce era detenida por otra muchacha a mitad de camino. Una chica morena, con el cabello bastante largo y una sonrisa adornando sus labios. Algún intercambio de palabras estaban teniendo la una con la otra, pero desde su posición era imposible que escuchara. Aunque de pronto, aquella nueva mujer, tornó su rostro serio mientras le daba a Dulce un pequeño golpe en el hombro.
Eso sí que ocasionó una pequeña risa en Anahí ─Seguro que esta me cae bien ─Se dijo a sí misma.

La mujer, después de que la chica grosera continuara su camino entre risas, se dirigió hacia el auto, ofreciéndole a Anahí una dulce sonrisa desde la lejanía.

─¡Bienvenida a la aldea señorita Puente! ─Exclamó alegremente, abriéndole la puerta del auto y estrechándole su mano.
─Gracias… Pero por favor, llámeme Anahí.
─¡Encantada Anahí! ¡Yo soy Maite! ¿Qué tal el viaje?
─Largo… y pesado.
─Si, lamentablemente nuestro campamento se encuentra muy alejado de la civilización y venir desde la Ciudad de México, es realmente agotador.
─Así es… Y si además en el último tramo alguien decide manejar a toda velocidad, como si el mundo se fuera a acabar, haciéndote saltar con cada piedra, resulta aún más agotador.
─Te pido disculpas en nombre de Dulce, Anahí. Mi amiga es algo…
─Salvaje ─Interrumpió.

Para sorpresa de Anahí, esta chica, Maite, sonrió de una forma peculiar y misteriosa.

─Te sorprenderías de lo salvaje que puede llegar a ser.

La chica entrecerró los ojos, tratando de entender el significado de esa última frase. Pero Maite, con su sonrisa, continuó caminando sin darle importancia al tema y dejando a esta muchacha con algo parecido a intriga.

─Aquí estamos ─Informó frente a un montón de paja y madera.
─¿Dónde estamos?
─En tu cabaña. Aquí dormirás los próximos días.
─¿Mi cabaña? ¿Me estás diciendo en serio que aquí voy a dormir? Si esto se viene abajo con un poco de aire.
─Créeme que es más resistente de lo que parece ─Se rió la chica mientras abría la puerta ─Oh… se me olvidaba. Aún están las cosas de Dulce, espero que no te importe, ahora tiene clase pero al ratito pasa a recogerlas.
─¿Las cosas de Dulce? ¿Por qué están aquí?
─Verás, es que esta es originariamente su cabaña. Pero no te preocupes ─Prosiguió al ver su cara de incomprensión ─ dormirá conmigo mientras permanezcas aquí. Solo que, como la envié a buscarte, no tuvo tiempo de sacar sus cosas. Allá tienes el baño, espero que con todo lo necesario para que puedas relajarte. Voy a darte tiempo para que te habitúes y descanses si lo necesitas. En cuanto estés lista, búscame, para enseñarte el campamento y presentarte al resto de los compañeros.

Anahí asintió absolutamente a todo lo que Maite le indicaba, sin llegar a escuchar realmente lo que le decía. El viaje había sido tan largo y agotador que solo deseaba darse un baño caliente durante una o dos horas.

Cuando quiso darse cuenta, la chica morena ya había salido de la cabaña, dejándola por fin a solas.
Observó un instante a su alrededor, lo cierto es que la cabaña era bastante acogedora, aún no llegaba a entender como un montón de paja le estaba resultando tan cálida. Quizás era por la forma en la que Dulce la tenía adornada, demasiado sencilla para su gusto, incluso algo hippie, cosa que no solía soportar. Pero aún así, el ambiente le transmitía paz… Habían numerosos cuadros pintados, alrededor del espacio y en su panorámica visión pudo observar un caballete situado en una esquina… ¿Significa eso que ella misma los pintó? ─Se preguntó acercándose a uno de ellos. La pintura que descubrió sobre el lienzo le impactó bastante… Era simplemente un paisaje, bueno, realmente no estaba muy segura de lo que era, parecía una especie de cueva en la que se veía agua. Un agua más azul que sus propios ojos… El contraste de ese azul, con el verde fructuoso de las plantas, era realmente hermoso… ─¿Existiría en este lugar, algo así de bonito? ─Lo cierto es que esta chica de ciudad, nunca se había descubierto a sí misma tan fascinada por una simple pintura. Quizás el hecho de que esa mujer tan salvaje y antipática en sus formas, pudiera haber tenido tanta sensibilidad a la hora de plasmar sobre un lienzo, le llamaba poderosamente la atención.

O eso, o ya necesitaba urgentemente un baño que la relajara, porque quizás el cansancio estaba dejando que se contagiara por este ambiente y de ninguna forma lo podía permitir.
Se dirigió hacia lo que Maite había definido como cuarto de baño y desde luego, la desilusión llegó an instante cuando descubrió que no había jacuzzi, ni siquiera una simple bañera… nada. Un retrete, acompañado por un lava manos, un diminuto espejo y lo que parecía ser una ducha… demasiado pequeña. ─Genial… ─Dijo irónicamente ─Al menos está todo limpio ─De eso si que no podía quejarse, podía encontrarse entre pura miseria, pero la higiene se ve que esa chica la controlaba bastante bien. Aunque no dejaba de preguntarse, como una persona podía vivir en un lugar como este.

Se desvistió antes de que su cerebro se pusiera en marcha y decidiera salir corriendo de aquel lugar para volver a su fantástico y perfecto mundo, y se adentró en la ducha, abriendo el grifo y dejando que el agua corriera unos minutos hasta que se calentara.
Pero eso no sucedía, pasaba el tiempo, el agua continuaba helada y lo peor del caso es que cada vez salía con menos fuerza, como si se estuviera terminando.

─No me lo puedo creer… ¿Ni siquiera agua caliente hay en esta pocilga? ¡Joder! ¡Voy a matar a mi padre y a todos los que viven en este sitio! Está bien Anahí… respira hondo… cuenta hasta tres y te metes debajo rápidamente, seguro que solo está fría al principio, después te acostumbras… Y solo serán unos días… En cuando entregues ese maldito cheque y te hagan una foto, te largas de este lugar para siempre… Sí, eso es…¡1…2…2…y 3!

Minutos más tarde, pocos minutos más tarde, salió del cuarto de baño, completamente congelada y con su mal humor bastante aumentado, replicando para sí misma unas cuantas barbaridades. Cubrió su cuerpo con algo de ropa y salió de mala gana a ver si en este lugar había algún tipo de distracción.

Una vez fuera de la cabaña, a lo lejos pudo ver como Maite conversaba con Dulce, al principio dudó en acercarse, pero la chica morena se dio cuenta de su presencia y comenzó a hacer numerosos gestos con los brazos para que se uniera a ellas. En cambio, la otra, que antes había podido distinguir una sonrisa, se quedó completamente seria en cuanto la vio y no dejaba de observarla fijamente. Así que, ese fue motivo suficiente para que Anahí decidiera acercarse e interrumpir, con la intensión de… quizás molestar un poco.

─¿Qué tal esa instalación? ─Preguntó Maite cuando llegó hasta ellas.
─La verdad… Esperaba darme un relajante baño con agua caliente y casi muero congelada.
─Oh si… se me olvidó avisarte. Solo disponemos de agua caliente durante unas horas por la mañana y hay que tratar de gastarla lo menos posible para que a todos nos alcance.
─Genial… ─Expresó irónicamente ─Entonces nada de baños relajantes por el momento.

Maite sonrió, como siempre, pero Dulce en cambio, además de no haber apartado de ella esa mirada intensa y sería desde que había llegado, pudo distinguir de reojo, como rodaba los ojos y suspiraba casi que irónicamente.

─Mejor me voy a trabajar ─Sentenció sorprendiendo y alejándose de ellas sin decir nada más.

Anahí, no pudo evitar seguirla con la mirada, seria y cansada de sus desplantes. Maite continuaba hablando, o al menos eso le parecía escuchar a lo lejos, pero no era capaz de centrar la atención en su acompañante, ya que su vista y su curiosidad seguían observando como esa chica caminaba hacia un grupo de niños, siendo abordada por algunos de ellos, que saltaban con la intensión de que los cargara en brazos a todos a la vez. Dulce sonreía, sonreía como no la había visto hacer hasta este momento y la visión de esa imagen, por algún motivo muy extraño produjo un extraño hormigueo en el corazón de Anahí que comenzó a latir velozmente.
Sentía sus propios ojos entornados, frunciendo el ceño y al mismo tiempo parecía estar sonriendo interiormente. Extraña contradicción de sentimientos.

─¿Un poco extraña, verdad? -Preguntó Maite, sacándola de sus pensamientos.
─¿Qué? ¿Perdón?
─Dulce ─Señaló con la cabeza ─Te resulta extraña…
─Si… Bastante.
─No es tan grosera como parece ─Sonrió.

Anahí volvió a clavar su mirada sobre aquella chica, que en este momento se encontraba sentada frente a todos esos niños, que la miraban atentamente, como si estuviera a punto de contarles algo muy interesante. Sin embargo, ella llevaba entre sus brazos una guitarra. Se disponía a tocarla en el preciso momento en el que alzó su mirada al frente y sus ojos se encontraron en medio del camino, transcurrieron segundos en los que el tiempo resultaba extraño, ambas se desafiaban. Anahí sentía la enorme necesidad de no apartar la vista, de no ser ella quien cediera. Pero entonces, Dulce volvió a su tarea, cortando el contacto visual y comenzando a tocar unos acordes en aquel instrumento, que deseaba con todas sus fuerzas poder escuchar, pero la lejanía y la voz de Maite no se lo permitían.

─¿Cuál es su labor aquí? ─Se encontró de pronto preguntando con toda curiosidad.
─¿La de Dulce? Oh… Pues hace de todo prácticamente.
─¿Es maestra?
─Realmente no. Es trabajadora social y eso fue lo que la trajo hasta aquí, pero trata de enseñar a los niños todo lo que ella sabe, tiene nociones de música, de pintura… Así que siempre podrás encontrártela haciendo cualquier cosa en sus clases y fuera de ella. Esos pequeños la adoran y para ella son lo más importante de este mundo.
─No me la imaginaba así ─Expresó sorprendida.
─Dulce no se da a conocer fácilmente Anahí, pero a pesar de todo, es la persona con el corazón más grande que he conocido en mi vida. Si no, créeme que esos niños no la adorarían.
─Entonces yo debo caerle realmente mal, porque esa persona que está allá, no es la misma que me trajo desde aquel pueblo, hace unas horas.
─¿Y por qué te preocupa tanto? ─Preguntó cruzándose de brazos y con una picara sonrisa.
─¿Qué? ¡No! Por supuesto que no me preocupa… ─Encogiéndose de hombros ─Simplemente me intriga.
─Uhm ya… Ese siempre es el comienzo.
─¿Perdón?
─Nada ─Sonrió ─Mejor vamos a presentarte con el resto de compañeros.

Anahí continuó observando durante unos segundos, esa escena en la que la chica misteriosa cantaba a los pequeños. Y antes de que Maite volviera a interrumpirla, decidió seguirla.
En el camino, pudo observar un poco mejor el paisaje a su alrededor. Había algunas otras cabañas además de la suya. Maite la introdujo en una de ellas, donde pudo divisar una especie de pizarrón, acompañado por numerosas mesas, algo parecido a un aula de estudio. Aquí deben realizarse las clases ─Pensó.

─Esta es el aula de clases principal ─Confirmó Maite ─Aquí imparto mis clases y por acá llegamos al comedor, donde cómo ves, las cocineras voluntarias se encargan de preparar la comida, no solo para los niños, también para nosotros. Todos nos reunimos para comer a la misma hora y en el mismo lugar.
─Como una gran familia.
─Exactamente eso es lo que somos ─Sonrió.

Salieron de aquel lugar y continuaron caminando hacia otro lado. Se estaba dando cuenta de que todas las unidades de esta aldea estaban muy cercanas unas de otras.

─Estas son las “oficinas”, o lo más parecido que tenemos a una oficina. Aquí gestionamos todo lo relacionado con informes y papeles, aunque siempre tratamos de que eso quede a cargo de la sucursal que hay en el pueblo. Bueno… ─Intentó aclarar sonriendo ─Siendo sinceras, este es el verdadero trabajo de Dulce, supuestamente es la encargada de preparar todos los informes referente a cada niño, pero ella siempre ha hecho lo que le ha dado la gana y estar sentada frente a una computadora le produce alergia.
Esa confesión le hizo sonreír ligeramente ─Siempre hace lo que le da la gana ─Repitió rodando los ojos.
─Cuando te vayas de aquí Anahí, descubrirás que lo que realmente nos hace felices a todos los que trabajamos en este lugar, es el contacto con esos pequeños. Y me apresuro a decir que tu sentirás exactamente lo mismo.
─La verdad es que nunca se me ha dado muy bien tratar con niños ─Reconoció avergonzada.
─Entonces estás en el lugar perfecto.
─¿Sabes? Me has enseñado todas las instalaciones, he visto como tu compañera tocaba la guitarra frente a esos niños. Pero realmente, aún nadie me ha dicho que función desempeña esta ONG. ¿Cuál es el objetivo de este campamento?
─Somos una organización que nos encargamos de acoger a todo tipo de niños en situación de riesgo social o desamparo. Como seguramente sabrás, en esta parte del país hay mucha pobreza… Nosotros ofrecemos educación, alimento, higiene, alojamiento. Cualquier tipo de necesidad que tengan y que sus padres, si es que los tienen, no puedan ofrecerles.
─¿Pero los acogen también aquí? ─Preguntó aumentando su curiosidad.
─Algunos no tienen familias y se encuentran bajo nuestra tutela hasta que sean mayores de edad. Otros, simplemente no tienen recursos y tratamos de ofrecerles todo lo posible para que algún día puedan salir adelantes por sí mismos.

Anahí asintió con la cabeza, entendiendo cada palabra de Maite, mientras caminaban hacía otro lugar, se encontraba cada vez más interesada en el tema.

─¿Y quién se supone que subvenciona todo esto? Digo… Deben ser muchos gastos, son muchos niños, trabajadores…
─Sobrevivimos como podemos ─Respondió lanzando un suspiro acompañado de una sonrisa
─Todos los que trabajamos en este lugar, somos perfectamente conscientes de que no elegimos una forma de hacernos millonarios. Esto es simple y pura vocación Anahí… Tienes que llevarlo en el corazón para poder sacrificar tantas cosas. Vivimos de los generosos donativos anuales o mensuales que hacen personas como tu padre, el gobierno también nos proporciona alguna que otra prestación. Pero como tú dices, hay demasiados gastos… Así que, lo principal y más importante es que esos pequeños cuenten con los recursos que les prometemos.

Las palabras de aquella mujer entraban por los oídos de Anahí, consiguiendo que realmente se detuviera a pensar un momento en la importante labor que tenían esas personas allí. Personas que a pesar de no conocerse de nada, algo las llevo a involucrarse en un proyecto completamente altruista, sabiendo que no recibirían ningún beneficio. Aún así, eran capaces de sacrificar sus vidas para hacerse cargo de unos niños, seguramente desconocidos hasta el momento… ¿Qué les puede haber impulsado a tomar una decisión así? ¿Qué les habrá hecho elegir este camino y no otro? ¿Y a Dulce? ¿Qué puede haber pasado por la mente de una chica tan joven para dejar a su familia, su casa, su vida y sumergirse en algo con tanta responsabilidad?

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:48 pm

Capitulo 3

Verlos observarme tan atentamente, sentados en sus pequeñas sillas, disfrutando del exterior y con sus hojas en blanco, esperando impacientes que les de alguna instrucción, me proporciona una alegría difícil de explicar y una sonrisa que soy incapaz de no exteriorizar.

─Bueno chicos, es hora de que dejen volar su imaginación… Quiero que comiencen a pintar algo de lo que vean a su alrededor. Cualquier cosa que les inspire… Algo que les parezca realmente bonito.

Todos, completamente satisfechos y contentos porque esta era una de sus actividades favoritas, sobre todo cuando no les impuse un objeto a dibujar, comenzaron a llenar esas hojas en blanco de trazos imperfectos.

─¡¡Dul!! ─Escuché la voz de Maite desde atrás.

Me di la vuelta sin abandonar esa sonrisa que me ocasionaban los pequeños y recibí a mi amiga, que lamentablemente venía acompañada.

─Vinimos a traerte algo de comer ─Prosiguió entregándome una bandeja ─Ni siquiera pasaste por el comedor antes de ponerte a trabajar.
─No… Ya habían comido todos y tampoco tenía demasiada hambre. Pero gracias, ahora sí que tengo ─Sonreí y dirigí mi mirada un instante a Anahí, que me observaba fija y seriamente
─¡¡Dulce, Dulce!! ─Gritó un pequeño, abrazándose a mis piernas y consiguiendo que casi se me cayera la bandeja de las manos.
─¡¿Pero qué te pasa terremoto?!

Deposité la comida en una pequeña mesa para seguidamente cargarlo en brazos. Lucas era uno de los más pequeños y sin duda, el niño de mis ojos.

─Es que tengo una duda…
─A ver señorito, cuénteme usted su duda.

El pequeño parecía tímido, hizo el intento de morder el lápiz que traía entre sus manos mientras trataba de esconder su cabeza en mi hombro. Pero yo, tratando de no dejarme simplemente enternecer, aparté el objeto punzante de su boca y lo obligue a sacar la cabeza de su escondite.

─¿Puedo pintarla a ella? ─Preguntó sonrojado señalando a Anahí.

La observé un segundo para confirmar, que el dedo del pequeño no apuntaba hacia otro lugar y me la encontré absolutamente sorprendida. Cosa que me hizo sonreír aún más.

─¿Y por qué la quieres pintar a ella?
─Porque tú nos dijiste que pintáramos algo bonito. ¿Ella no es bonita? ─Preguntó inocentemente.

En ese momento, la sangre dejó de llegar a mi cerebro por un instante. Maite me observa, Anahí me observa, el pequeño me observa… Y todos, esperan que yo de una respuesta coherente a este niño inocente.

─N… no es a mí a quien debes preguntar, Lucas… ─Traté de salir del paso ─Dile a la Señorita Puente que si acepta ser tu modelo.

El pequeño la miró al instante y ella, aún sorprendida, comenzó a hacer graciosos gestos con la boca, tratando de dar una respuesta.

─Mejor otro día, Lucas ─Intervino la voz de Maite ─Anahí acaba de llegar y aún tiene cosas que hacer. Pero no te preocupes que la tendrás por aquí varios días y seguro que en otro momento estará encantada de hacerlo. ¿No es así?

El pequeño observó rápidamente a Anahí, esperando su afirmación. Maite y yo hicimos lo mismo, todos expectantes por saber, como iba a reaccionar esta chica, aunque por la expresión de su rostro parecía que ni ella misma lo sabía.

─S…si…claro…estaré en encantada ─Respondió sin estar muy segura.

Maite y yo nos miramos y sonreímos con complicidad, completa y extrañamente satisfechas.

─Bueno Lucas, ahora sí, pequeñajo… vuelve a tu tarea, que seguro estás aquí entreteniéndonos para librarte.

Hice un amago de hacerle cosquillas, ocasionando la automática carcajada del pequeño, cuando aún ni siquiera lo había rozado. Pero él, con un movimiento rápido rodeó mi cuello con sus brazos y se ancló en ese lugar, transmitiéndome con su pequeño y cálido abrazo, todo el amor que yo necesitaba. Después me dio un sonoro beso en la mejilla y lo bajé nuevamente al suelo, para verlo correr como loco hacia sus compañeros, mientras yo me quedaba embelesada observándolo y sonriendo.

─Hablando de otro día ─Dije volteando y encontrándome nuevamente, con la mirada fija e incluso curiosa de aquella chica, cosa que por unos segundos me hizo olvidar lo que estaba a punto de decir.
─¿Otro día qué, Dul?
─¿Eh? ─Miré a Maite ─¡Oh! Si… Que estaba pensando que mañana podríamos hacer una excursión.
─Como te gusta caminar con ese grupo de pequeños terremotos, amiga. Pero si… tienes razón, los días están hermosos para hacer actividades al aire libre.
─Ya sabes que cualquier cosa es buena para librarme de dar clase en las aulas.
─¡Oyeme respeta un poco! Ya sé que lo tuyo es la naturaleza y la libertad, pero mis clases allá adentro también son muy efectivas.
─No lo pongo en duda. ─Sonreí ocasionando un silencio en el que nuevamente miré a la niña rica.
─¡Creo que es una buena idea! ─Confirmó Maite ─Así sirve para que Anahí conozca un poco los alrededores.
─¿Cómo? ─Se sorprendió al escuchar su nombre ─¿Yo?
─¡Claro! ¿No pretenderás quedarte aquí sola todo el día? Sería muy aburrido.
─No tengo ningún problema, de verdad. Seguro que encuentro algo que hacer.
─¡No, no, no! Olvídalo… Que después llega un animal salvaje y no hay nadie para rescatarte.

Su rostro comenzó a perder color de un momento a otro, la seriedad pasó a convertirse en una especie de pánico momentánea y eso me hizo reír interiormente.

─¡Es broma, mujer! ─Aclaró mi amiga ─Pero no vamos a dejar que te quedes aquí sola y aburrida todo el día.
Además seguro que te gustará, hay sitios hermosos por aquí y seguramente regresemos poco después del almuerzo. Bueno Dul ─Continuó sin siquiera dejarla responder ─Te dejamos que sigas con tu labor. Cómete eso, que se te enfría… Al rato nos vemos.
─Gracias ─Sonreí dispuesta a verlas marchar, mirando por última vez a esa chica, que sin apartar de su rostro esa mirada intensa y seria, se dieron media vuelta y comenzaron su camino.

Pero antes de volver a mi trabajo, algo me hizo quedarme en mi posición, observando como aquellas dos mujeres se alejaban. No pude hacer más que sacudir ligeramente la cabeza, tratando de despertarme a mi misma y continuar con lo que quiera que fuese a hacer ahora.
La tarde pasó bastante entretenida, los pequeños continuaron con sus dibujos hasta que comenzó a atardecer y los introduje en el aula para poder enseñarles algo de teoría.
Una vez comenzó a entrar la noche y las clases habían terminado, todos se dirigieron al comedor para disfrutar de la cena, pero yo no tenía demasiada hambre, así que preferí aprovechar que no había nadie, para recoger mis cosas de la cabaña y trasladarme a la de Maite, donde dormiría las próximas noches.

Nada más entrar, observé la maleta de Anahí, completamente abierta sobre el suelo y algo revuelta, eso me hizo sonreír, no sé por qué, pero sonreí. Esta chica parecía ser un poco desastre.
Me obligué a mi misma a dejar de pensar y acabar con esto lo antes posible. Así que agarré un pequeño bolso y comencé a vaciar el armario. Intentaba coger solo lo necesario, pero al mismo tiempo, apartaba mi ropa para dejarle el máximo espacio posible, aunque observando el tamaño y el peso de su equipaje, me temo que todo eso no le cabrá ni en dos armarios como el mío.

Cuando estaba a punto de terminar, escuché la puerta abrirse y sentí una presencia a unos pocos metros de mí. Así que rápidamente volteé.

─Lo siento… ─Me disculpé mirándola ─Ya estoy acabando.
─Esta es tu cabaña ─Se encogió de hombros ─Así que ni siquiera tienes que sacar las cosas si no quieres.
─Es lo más cómodo para las dos. Traté de hacerte el máximo espacio posible.

Ella miró el armario un segundo y después su maleta que aún seguía en el suelo.

─Creo que ni siquiera en dos armarios como ese, cabría toda mi ropa.
─Bueno… ─Me dirigí hacía otro pequeño mueble ─Nadie te manda a traer tanto.

Mi comentario sonó grosero y antipático. Realmente no quería que sonara de esa forma, o no fue mi intensión atacarla, pero era la verdad, y ya estaba dicho así que… Obvié su ceño fruncido y continué con mi tarea.
Intenté guardar algunos objetos personales para que no le estorbaran. Pero pronto, sentí su presencia muy cerca de mí, agarrando uno de los marcos que tenía sobre la mesa. Observó la fotografía unos segundos, mientras yo la miraba curiosa.

─¿Quién es? ─Preguntó alzando la mirada y encontrándose conmigo.

No es posible que esta mujer tenga esos ojos tan… tan… no sé qué, pero realmente alucinantes y me sentía absolutamente *beep* cuando me descubría a mi misma sin poder parar de mirarlos.
Ella hizo un gesto con el cuadro, tratando de hacerme despertar, a lo que simplemente pude responder sacudiendo la cabeza, deseando que mi estupidez se largara lejos.

─¿Ahora le dio por el chisme, Señorita Puente?
─No ─Respondió entrecerrando los ojos ─Solo estaba intentando mantener una conversación. Pero ya me quedó claro que contigo es imposible.

Dejó el portarretratos en su sitio y se alejó de mí, dirigiéndose hacia su maleta.
Yo me quedé observándolo un instante, analizando la foto que había en su interior, todos los recuerdos que me traían el rostro de esa chica junto al mío, una de las tantas tardes de verano que disfrutábamos juntas. Y tras un suspiro…

─Es alguien importante… ─Respondí observando cómo volvía su mirada hacia mí. ─Alguien que… dejé en mi antiguo camino.

Ella se detuvo en silencio, mirándome fijamente, cosa que me hacía sentir extraña y débil, o quizás vulnerable.

─No entiendo como alguien tan joven, haya podido abandonar su vida por esto.
─Tampoco pretendo que tú lo entiendas ─Respondí ofendida.
─Tienes razón, al fin y al cabo, no voy a estar aquí mucho tiempo.
─Pues perfecto. ─Sentencié terminando de guardar mis cosas.
─Tengo la ligera intuición de que todo lo que digo te molesta.
─Intuyes bien…
─¿Se puede saber yo que te he hecho? Ni siquiera me conoces.
─No me hace falta conocer a una niña rica que odia estar en este lugar. Si quieres irte ya sabes por dónde hacerlo. Tu buena labor está cubierta de por vida, ¡felicidades!

Me dirigí a la puerta, completamente dispuesta a marcharme, antes de que las cosas empeoraran aún más, ya que esta mujer, era capaz de sacarme de quicio simplemente con abrir la boca.

─¡Eres insufrible! ─Gritó tras mi portazo.

Me dirigí a toda prisa hacía la cabaña de Maite, hablando sola y echando pestes por el camino. Una vez allí cerré la puerta del mismo modo que lo había hecho segundos antes.

─¿Pero esta que se cree? ─Pregunté al aire, soltando el bolso con brusquedad.

Maite me observaba atónita desde la cama, con un libro entre sus manos.

─¿Y ahora que te pasó?
─¡Esa niña es lo que me pasa! De verdad que… ¿Donde se piensa que está? ¿En el “Palacio de Buckingham”? ¡Te juro que no la soporto! ¡No puede ser posible que haya una persona tan **** en este mundo!
─¡¡Ei ei ei!! ¡¡Párale a tu monologo!!

Observé a mi amiga un instante y después de respirar hondo me senté en la cama, sin apartar de mi rostro ese ceño fruncido.

─¿Qué te dijo ahora?
─Esa niña solo abre la boca para decir ***** May. De verdad que no entiendo cómo has podido pasar un día entero con ella.
─No es tan mala como parece. Pero creo que ustedes empezaron con mal pie.
─¿Si? Pues ya me dirás tú cómo es posible, que cada vez que bajo la guardia e intento ser amable, suelta alguna de sus tonterías. Ya sé que odia estar aquí, pero nadie la obliga, no tiene por qué joder, haciendo saber que su mundo es perfecto y que jamás podría vivir en un sitio como este.
─Dul… no te lo tomes tan personal, tú misma lo has dicho, es solo una niña rica. Ya sé que no soportas cuando alguien se mete con tu mundo. Pero ella no lo conoce, no sabe nada de lo que hacemos aquí y seguramente no sepa las necesidades que puede llegar a pasar un ser humano. Pero intenta darle una oportunidad, realmente no creo que sea mala persona
─¿Oportunidad? No Maite… lo único que quiero es que se largue de aquí.
─¡Vamos, no exageres! ¿Además, no me negarás que si es muy bonita?
─¿Qué? ─Pregunté confusa ─¿Y eso que tiene que ver?
─Que al menos te alegra la vista, déjala que se quede unos días más.
─No me alegra nada esa niña caprichosa y berrinchuda, ni siquiera la vista.
─Uhm ya… ─Sonrió con picardía ocasionando que mi molestia aumentara ─A ver si el motivo de que te irrite tanto va a resultar ser que… en el fondo te encanta.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:48 pm

Capitulo 4

Me gusta despertarme al amanecer y disfrutar de los pocos minutos de silencio, antes de que este pequeño mundo comience a girar. Es extraña la “rutina” que he adquirido desde que vivo en esta aldea. En otra época, era incapaz de levantarme de la cama antes del medio día, no le encontraba sentido a madrugar. Pero desde que estoy aquí, la vida se ve desde una perspectiva diferente. Todo tiene una razón de ser, cada detalle de un día aparentemente normal, se puede disfrutar. Siempre hay nuevas cosas por hacer, nuevos lugares que descubrir. Y eso me encanta… Adoro levantarme cada mañana con una función que realizar. Lejos de convertirse en aburrido o rutinario, siento que cada día es distinto al anterior. Tengo lo que siempre quise, hago lo que siempre desee, ser útil en el mundo. Ayudar a estos niños, engrandece mi corazón y me hace sentir plena conmigo misma.

─Que madrugadora ─Interrumpe una voz haciendo que mi corazón aumente la velocidad de sus latidos.

Incorporo un poco mi cuerpo acostado para quedar sentada y poder observarla. La veo diferente… Su vestimenta es distinta, igual de fina pero mucho más sencilla. Su mirada… también está distinta, más relajada, tranquila…Aunque seguramente, igual de hermosa. Después de hacerle un escáner exhaustivo e involuntario a su cuerpo, me detengo a observar sus pies.

─Veo que te cansaste de los zapatos de tacón.
─Bueno… ─Comenzó sentándose a mi lado ─No creo que sea el calzado más adecuado para caminar por no sé qué sitios en esa excursión a la que pretenden llevarme.
─No… ─Sonreí ─Definitivamente, no hubiera sido el más adecuado.

Se crearon unos segundos de silencio en los que ambas nos mirábamos fijamente y sin eliminar esa pequeña y relajada sonrisa que por alguna razón, salía espontáneamente.
Entonces, me viene a la mente el recuerdo del día anterior, cuando la conocí, antes incluso de pronunciar una palabra. Su sonrisa me había parecido terriblemente dulce y en este momento… esa dulzura había decidido resucitar.

─¿Por qué estás aquí tan temprano? ─Interrumpió mi pensamiento.
─Me gusta disfrutar un poco del amanecer y el silencio antes de que esto se llene de terremotos corriendo de un lado para otro.
─Tenía entendido que adorabas a esos terremotos.
─Y los adoro… Pero soy de las que piensan, que antes de enseñar algo a los demás, debo enseñármelo a mí misma. Y pasar tiempo a solas, es la única forma de conocernos a nosotros mismos, así como el mundo que nos rodea.
─Entiendo… ─Asintió seriamente para mi sorpresa, desviando un momento la mirada hacia el horizonte ─Creo que esta es la primera conversación de más de cuatro palabras que hemos tenido.
─Yo también lo creo… ─Sonreí ocasionando nuevamente que la dulzura en sus labios reapareciera. ─¿Y tú? ¿Por qué estás despierta tan temprano?
─Estoy acostumbrada a levantarme prácticamente al alba. Una empresa como la de mi papá no se mantiene sola. Además… tengo que reconocer que me costó bastante trabajo dormir aquí.
─¿No era lo suficientemente cómoda la cama?
─¡No! Bueno… Si. Quiero decir, que tú cama está bien. Pero se escuchan demasiados ruidos por la noche y eso… seguramente ahora será el momento en el que te rías de mi ─apresuró ─ Pero me dio algo de miedo…
─No me voy a reír de ti… ─Aclaré notando alivio en su sonrisa ─Al principio cuesta un poco. Son muchos los animales que viven por esta zona y al estar todo en silencio es más fácil que un pequeño ruido te desvele. Pero ya te acostumbrarás a escuchar los sonidos de la naturaleza y créeme que cuando los conozcas, no temerás ninguno de ellos. Es más, puede que incluso aprendas a entenderlos.
─¿Cómo voy yo a entender que quieren decir los animales nocturnos de esta selva?
─Todo está conectado… la tierra, los animales, el agua, los arboles… Todo es como una ruleta. Cada noche, gira exactamente igual a la anterior… Simplemente hay que saber escuchar.
─Entonces debo aprender primero eso… Escuchar no es algo que se me dé demasiado bien.

Para su sorpresa, decidí levantarme del suelo bajo su atenta mirada que no entendía muy bien mi repentino cambio de actitud.

─Algún día te enseñaré ─Sentencié ─Ahora debo ir a preparar todo. Este pequeño mundo está a punto de comenzar a girar y en cuanto desayunemos, saldremos a caminar.

Al ver que hizo el intento por levantarse, automáticamente le ofrecí mi mano para ayudarla. Mi cerebro ni siquiera fue el ordenante de ese movimiento, fue algo prácticamente involuntario.

─Entonces… ─Aceptando mi ayuda para levantarse ─voy a darme una ducha, antes de quedarme sin agua caliente una vez más.
─Es una buena idea ─Sonreí, mientras el tacto de su mano creaba extrañas sensaciones dentro de mi ─Nos vemos después, Anahí.

Sin decir una palabra más, me alejé de allí, dirigiéndome directamente al cuarto de Maite.
Al entrar, encontré a mi amiga despierta y rebuscando algo en su armario.

─¿A qué se debe esa sonrisa? ─Preguntó extrañada al voltear.
─¿Cuál sonrisa?
─La que traes dibujada en la cara a las siete de la mañana…
─No lo sé May… ─Me dirigí a la cama ─Siempre sonrío, no sé que le ves de raro ahora.
─No… no siempre sonríes de esa forma ─entrecerró los ojos ─Pero está bien, no me lo cuentes… lo terminaré averiguando.

Nada más terminar esa frase, se adentró en el cuarto de baño mientras yo rodaba los ojos y me dirigía hacia el pequeño bolso revuelto, para colocarlo un poco.

Minutos más tarde, Maite salió y nos encaminamos juntas hacia el comedor donde se serviría el desayuno, recibiendo a los pequeños que ya comenzaban a llegar para disfrutar de su excursión.

Cuando llegamos, observé que Anahí se encontraba sentada en una de las mesas junto al resto de compañeros. Maite se les unió y me dejó encargada de coger también su bandeja con comida. Así que me dirigí hacia una de las voluntarias, que para mi sorpresa, no era alguien a quien esperaba.

─Buenos días, Sonia ─Saludé amablemente.
─¡Dulce… ¿Cómo estás?!
─Bien ─Sonreí ─¿Y tú? Creía que este año vendrías más tarde.
─Si… esa era la idea. Pero terminé todos los exámenes y ya tengo vacaciones. Así que ya sabes… un verano más aquí y el año que viene te haré la competencia.
─Me parece perfecto… Si necesitas ayuda con el proyecto, avísame ¿Vale?
─Gracias… No dudes que lo haré.
─¿Oye, me das mi desayuno antes de que Maite venga a acusarme de cosas raras?
─¿Café y pan para las dos? ─Preguntó riendo.
─Exacto… no hay que abandonar las costumbres.
─Hablando de abandonar costumbres… ─Dijo mirando hacia la mesa donde estaba mi amiga y el resto de compañeros ─¿Esa chica es nueva?
─¿Eh? Oh… ¿Anahí? No… simplemente es la hija del señor Puente, el hombre que cada año nos ofrece un donativo descomunal.
─Oh si… lo recuerdo… ¿Y qué hace aquí?
─Su papá no pudo venir, así que este año ella será la encargada de la entrega.
─Entiendo… ─La observó pensativa mientras colocaba nuestro desayuno sobre una bandeja─ Es guapa…
─¿Te parece? ─Pregunté observándola también.

De pronto, se hizo un extraño silencio que me hizo voltear nuevamente hacia Sonia, para encontrármela arqueando una ceja y mirándome de forma extraña.

─¿Cómo que si me parece? ¡Es preciosa! Y no es por ofenderte Dul, pero me extraña mucho que tú no hayas intentando aún llevártela a la cama.
─Vaya… que buen concepto tienes de mi.
─Nada más y nada menos que el que tú te ganaste, hermosa.
─Ya sé… ─Reconocí arrugando la nariz ─Pero no… por mucho que te sorprenda, Anahí no me interesa.
─¿Será eso una señal de que Dulce María se está curando?
─¡¡Oye!! Que no estoy enferma… ─Entrecerré los ojos ─Además, tampoco veo yo que te hayas quejado demasiado.
─¿Y qué le voy a hacer? ─Exagerando un suspiro ─Solo soy una de tantas a las que les has roto el corazón.
─Eso no es cierto…

Ella sonrío a la vez que me mostraba la lengua. Adoraba molestarme de esa forma, aunque en el fondo nunca he llegado a saber si realmente le hice daño o no. Pues para mí, lo nuestro fue simplemente una aventura de verano que nunca se volvió a repetir. Aunque si es cierto que me caía muy bien y nos divertíamos enormemente juntas.

─Mejor vete para allá ─Dijo haciendo un ligero movimiento con su cabeza que señalaba la mesa ─Creo que ya te están extrañando.

Su comentario me hizo voltear una vez más y descubrí como Anahí miraba fijamente en nuestra dirección. Entonces, mi corazón, al igual que en la mañana, decidió por si mismo comenzar un latido más veloz de lo normal.

─Hablamos luego ─Finalicé picándole el ojo coquetamente a Sonia.

Me encaminé hacia la mesa, notando como esa chica ya había apartado la mirada y esta vez era Maite la que fruncía el seño queriendo matarme.

─Hasta que por fin llegas ¿No?
─Lo siento… Estaba hablando con Sonia.
─No, si ya vi perfectamente lo que hacías, tranquila…
─Bueno ya… no te enojes que aquí tienes tu café bien calentito.
─Uhm ─Exclamó absorbiendo el aroma del mismo ─Sabes cómo convencerme.
─Tengo mis poderosos trucos ─Chuleé.

Ambas nos reímos y por un segundo me sentí obligada a buscar la mirada de Anahí, a ver si me respondía. Pero para mi sorpresa, la encontré hablando animadamente con Jesús, el profesor que trataba de entrenar físicamente a los niños. Me detuve a observarla unos segundos mientras absorbía un poco de mi café. La miraba completamente atenta, pero mi cerebro, que aún no se había desconectado del todo, esperaba que nadie se percatara de la poca fuerza de voluntad que tenía en este momento para apartar la vista de ella.

El tiempo transcurrió demasiado rápido y cuando quise darme cuenta, Maite me arrastraba mientras todos se levantaban dispuestos a comenzar la jornada laboral del día.

Minutos más tarde, alistamos a los niños, agarramos unas mochilas con algo de comida pero sobretodo agua y nos preparamos para la partida.

Todos esperaban ansiosos. Les encantaba este tipo de actividad en la que descubrían nuevos paisajes, nuevas “aventuras” como ellos mismos decían.

─¡Enanos! ─Grité para captar su atención ─Ya saben cuáles son las reglas; vamos en pareja, agarrados de la mano y formando una fila. No se separen y si por casualidad pierden de vista al grupo, dejen de caminar, quédense donde están hasta que yo llegue a buscarlos ¿Entendido?
─¡¡Si Dulce!! ─Gritaron todos al unísono.

Le hice una señal a Maite con la mirada y esta vez sí, nos encaminamos hacia nuestra aventura.

********
Anahí observaba como ese grupo de pequeños caminaban emparejados delante de ella, siendo liderados por Dulce. Le resultaba muy extraño, como absolutamente todos obedecían las indicaciones de esa chica, sin protestar.

Maite, que se encontraba a su lado, además de vigilar a los pequeños, de vez en cuando le daba algo de conversación. Esa muchacha le caía muy bien, sus ocurrencias le hacían gracia y además era mucho más relajada que Dulce, la cual, obviando la pequeña conversación que mantuvieron en la mañana, podía pasarse el día entero ignorándola y sin saber que existía. Estaba claro, que no le importaba demasiado entablar ningún tipo de conversación o relación con ella. Y eso, a Anahí en cierta forma le molestaba, porque con el resto del mundo parecía ser la persona más amable de la tierra. Incluso con esa voluntaria con la que se pasó minutos hablando en el desayuno.

De pronto, interrumpiendo sus pensamientos y el monologo que Maite estaba teniendo, creyendo que la escuchaba, todo el mundo se detuvo.
Observó como Dulce le hacía un gesto a su amiga, esperando algún tipo de aprobación, y tras recibir la afirmación de esta, indicó a los niños que se sentaran. Ahí… en el suelo cubierto por tierra y algo de hierba. Sin ningún tipo de comodidad. Pero ellos parecieron ni siquiera percatarse de eso, ya que automáticamente obedecieron la orden igual de felices que minutos antes.
Maite le indicó que la acompañara y en el corto camino, Anahí suplicaba al cielo que no tuviera que sentarse sobre ese suelo arenoso. Pero sus súplicas fueron completamente ignoradas, al ver como la chica morena tomaba asiento justo frente a su compañera, en medio de todos esos pequeños y lo peor del caso, le ofreció a ella un lugar a su lado.

─Bueno chicos… ¿Les gusta el lugar? ─Preguntó Dulce, mientras se sentaba en una especie de roca frente a ellos.

Los niños afirmaron contentos al mismo tiempo.

─Se me ocurrió traerlos aquí porque es un sitio que descubrí hace poquito tiempo y me pareció hermoso. Ahora quiero que cierren los ojos…

Rápidamente todos obedecieron. Anahí miró a su alrededor y descubrió a un montón de niños con los ojos cerrados. Observo justo a su lado y Maite también había hecho caso a la petición, cosa que aún no le desvelaba si ella debía o no hacerlo. Aunque por otro lado no era algo que le apeteciera demasiado. Por último, miró a Dulce dándose cuenta de que su mirada estaba clava sobre ella… Por algún motivo, su piel se erizó y no pudo apartar la vista durante unos segundos, tras los cuales, con un gesto afirmativo y tranquilizador, le dio a entender que también debía cerrarlos. Anahí obedeció… Extrañamente y sin dudarlo, obedeció cerrando los ojos exactamente igual que el resto de personas allí presentes.

─Quiero que sientan el aire… ─Continuó con una voz pausada y dulce ─Como los acaricia… Como el sol calienta su cuerpo y el olor a naturaleza inunda sus pulmones…

Anahí continuó obedeciendo . Aspiró el aire profundamente y dejó que sus pulmones se impregnaran de ese olor a naturaleza… Ese olor y ese oxigeno que llenaron su interior de una sensación diferente.

─Ahora… visualícense a ustedes mismos en un lugar… Un lugar que les de paz, tranquilidad, amor… cualquier tipo de amor.

En este momento, la voz de esa chica era exactamente igual que su nombre… dulce. Completamente dulce y tranquila, conseguía que su cuerpo se relajara y sin apenas darse cuenta, hizo lo que le pidió. Se vio a sí misma en algún lugar… Un lugar que a pesar de no conocer, le resultaba familiar… Sí, era ese paisaje que había visto en el cuadro el día anterior… Se encontraba sentada en una roca, mojando ligeramente sus pies en aquel lago… el agua era fría. Pero la sensación era de libertad… Entonces, alguien acarició su hombro por detrás y justo cuando iba a voltear....

─Anahí… ─Escuchó como la llamaban, consiguiendo que saliera automáticamente de aquel lugar al que se había transportado.

Abrió los ojos y vio como Dulce, aún frente a ella, la observaba con curiosidad.

─¿Quieres compartir en qué lugar te viste? ─Preguntó

La chica se quedó perpleja, no esperaba tener que contar su experiencia… Y además ¿Qué le importaba a ella, donde se había visto a sí misma? ¿Por qué tenía que contarlo delante de todo el mundo? Entonces, sintió los labios de Maite acercarse a su oído.

─Siempre debemos empezar nosotras, para que los niños se animen ─Susurró la profesora.

Está bien, ahora lo había entendido… Dulce no tenía ningún interés. Simplemente era una costumbre… Está bien… Pero… ¿Qué iba a decir?

─Era… Había… había un lago ─Explicó ─O algo así… Solo sé que era un agua muy azul y la forma en que contrastaba con las plantas… Era hermoso.
─¿Has estado alguna vez en ese lugar?
─No… ─Sonrió ─Quizás solo fue producto de mi imaginación.
─Te equivocas Anahí… aquí quien trabaja es el corazón, no la imaginación… ¿Puedes contarnos algo más? ¿Te viste acompañada por alguien?

Entonces vino la duda… Sí, había alguien en su fantasía. Alguien que con el simple roce de su mano le transmitió calidez y paz… Pero realmente no alcanzó a ver el rostro de esa persona y a pesar de saber que probablemente fuera Christopher, su futuro marido, no podía estar del todo segura.

─No… No había nadie.

Dulce permaneció observándola unos instantes. Le ponía nerviosa esa manera tan fija e intensa de mirarla, parecía estar queriendo leerle la mente y aunque pareciera una locura, Anahí se intimidaba al pensar que quizás fuera a conseguirlo.

─Chicos… ─Dijo sin embargo, interrumpiendo el contacto y dirigiéndose hacia los niños ─La felicidad es simple…

Cada persona, cree tener una idea de felicidad que según ellos se diferencia de los demás. Pero están equivocados… La felicidad de cada uno consiste en amarse a uno mismo y amar lo que está a nuestro alrededor. No importa el lugar…No importa cuanto tengamos o lo que dejemos de tener… No importa quién se vaya o quien venga… Si nosotros decidimos ser felices, no habrá nada en este mundo que nos pueda detener… El amor es el impulso más fuerte que existe y para amar a alguien, primero debemos amarnos a nosotros mismos.

Anahí, no podía dejar de observarla… Dulce le causaba un sentimiento extraño, una especie de curiosidad que jamás había sentido. Debía ser cierto lo que Maite le había dicho, esa chica no se daba a conocer fácilmente. Pero en el fondo, algo le decía que no era tan salvaje como quería aparentar con ella… Era inteligente, cariñosa con los pequeños, incluso “sabia” a pesar de su corta edad. Era una mujer llena de contradicciones, pero sin duda una mujer diferente a las que estaba acostumbrada.
Dulce, continuó hablando hacía los niños, escuchando a cada uno, respondiendo sus dudas y curiosidades, mostrándoles su enseñanza… Anahí simplemente podía escucharla hablar y mirarla atentamente, analizando cada uno de sus gestos, tratando de averiguar a través de su anatomía que se escondía realmente tras la fachada de esa chica misteriosa.

La tarde transcurrió entre caminata y caminata, conociendo diferentes paisajes, sitios hermosos que realmente te hacían vivir esos minutos de una forma diferente a la que estás acostumbrado, olvidándote del bullicio de la ciudad, de las prisas, del estrés, de todo lo que no fuera el “aquí y ahora”
Desde una perspectiva trasera, en la que Maite sacaba una y otra conversación, Anahí podía observar como Dulce, liderando aún el grupo, jugaba con los pequeños, se dejaba abrazar por ellos, ofrecía muestras de cariño todo el tiempo, como si cada uno de esos niños fueran parte de sí misma.

Sin apenas darse cuenta, llegaron nuevamente a la aldea, donde todo continuaba girando igual que antes de marcharse. La tarde comenzaría a caer en breve, así que los pequeños se dirigieron al aula, para tomar las últimas clases del día. Dulce y Maite ya habían terminado su turno. Al menos el turno que incluía trabajar directamente con los pequeños.

Era viernes y ciertamente, Anahí desconocía absolutamente que pasaría a partir de ahora, nadie se había encargado de informarle. Pero si todo salía bien, el lunes más tardar estaría tomando un vuelo de regreso a la Ciudad de México, donde su ajetreada vida y su futuro marido, la esperaban. Donde podría dormir en su cómoda cama, bañarse con agua caliente las horas que hiciera falta para relajarse, sin pensar en cuanto gastaría o dejaría de gastar. Esa era su vida… eso era a lo que estaba acostumbrada y por muy sano que pareciera esto, jamás podría vivir en un lugar así.

─Anahí, esta noche saldremos al pueblo ─Informó Maite, como si hubiera leído su pensamiento de hace unos segundos.
─¿Saldremos? ─Mirando a una Dulce silenciosa que se encontraba con ellos ─¿Quiénes?
─Tú y yo ─Sonrió ─Es viernes y solemos ir a un pequeño local para despejarnos de lo atareado de la semana. No me vas a decir que no ¿Verdad?
─Pues no creo que tenga opciones más divertidas que esa ─Se encogió de hombros.
─¿Tú nunca estás contenta con nada? ─Interrumpió ahora sí, la voz de la antes silenciosa, mujer. ─En fin… ─Suspiró mostrándole unos papeles a Maite ─Voy a organizar esto.

Y sin decir absolutamente nada más, se dirigió a una de las cabañas, dejándolas a ambas prácticamente con la palabra en la boca.

─¿Y ahora que mosca le picó?
─No le hagas caso ─Volvió a sonreír la chica morena ─Ella es así…
─Te juro que no sé como la aguantas. A veces es tan… tan… y otras tan… ¡insoportable!

Maite observaba a la chica castaña con una ceja levantada y una sonrisa burlona dibujada en sus labios.

─¿De qué te ríes? ─Preguntó con mirada amenazante.
─Del significado que últimamente le dan a la palabra “insoportable”
─No sé lo que quieres decir…
─Da igual, mejor vete a descansar un poco, en unas horas te aviso para que nos vayamos.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:48 pm

Capitulo 5

El resto de la tarde pasó bastante aburrida, lo único que Anahí pudo hacer fue lavarse un poco, para refrescar su cuerpo después de la caminata y sentarse a esperar que Maite viniera a buscarla.

─Mi único entretenimiento es curiosear las cosas de Dulce ─Pensó para sí misma, mientras agarraba por tercera vez entre sus manos el marco que sostenía esa fotografía que había visto el día anterior. ─¿Quién será esta chica?

Dulce aparecía en esa fotografía con otra chica. Una niña muy linda. Ambas parecían tener la misma edad, incluso algún parecido físico era capaz de encontrar. Pero lo que más le llamo la atención era su forma de sonreír… Parecían realmente felices. Y hasta ahora, en lo poco que la conocía, lo más parecido que había visto a esa sonrisa en Dulce, era al interactuar con esos pequeños que parecían ser su adoración.

El resto del tiempo se lo pasaba sumida en sus pensamientos, ausente, seria, misteriosa, con esa mirada intensa que parecía querer atravesarte en un instante. Anahí descubrió su piel estremecerse simplemente por pensarlo…

─¿Anahí estás aquí? ─Preguntó Maite abriendo la puerta.

Esta, rápidamente la miró, despertando de su hipnosis y depositando el porta-retratos en su lugar.

─Lo siento ─Continuó la morena ─Llevaba tiempo llamando y no respondías.
─No te preocupes... ¿Ya nos vamos?
─Venía precisamente a ver si estabas lista.
─Hace como una hora ─Sonrío ─No encuentro mucho que hacer por aquí.
─Pues siéntete afortunada, yo no tuve sino treinta minutos para prepararme.

La chica morena, hizo un gesto con su mano, invitándola a salir de esa cabaña y de esta forma, ambas mujeres se dirigieron al auto que las transportaría hacia el pueblo.
Al sentarse, Anahí se percató de que no era el mismo coche que la había traído el día anterior y al ver como Maite se ponía en marcha sin esperar que nadie más subiera, le fue imposible preguntarse por qué motivo Dulce no habría querido acompañarlas. Aunque esa pregunta, se quedó simplemente en un pensamiento, porque su orgullo esta vez no superaría a su curiosidad.

En cuestión de una hora, entre conversación, risas y más conversación, las muchachas llegaron a ese pueblo que le resultaba conocido. Pasaron incluso por delante de la que ellos llamaban su oficina central. Manejó unos metros más y se detuvo frente a un local, con apariencia de bar algo cutre ─Este debe ser el gran antro donde se divierten ─Pensó irónicamente.
─¡Llegamos! ─Confirmó Maite deteniendo el motor del auto.

Anahí intentó que su cara expresara lo menos posible su pensamiento. Pero la sonrisa de Maite le indicó que no lo había conseguido.

─No es tan malo como parece…
─No he dicho nada ─Se defendió.
─Lo sé… Pero no seas actriz a menos que quieras morirte de hambre.

Ese comentario le hizo mucha gracia y provocó que bajara del auto sonriendo y algo más tranquila. Puede que el lugar no fuera a lo que estaba acostumbrada, pero Maite le caía bien y con un par de tragos terminaría divirtiéndose.

Entraron al local y permaneció observando a su alrededor mientras su acompañante era saludada por algunas personas. No… definitivamente no era ni parecido a las discotecas de lujo que acostumbraba visitar. Pero dentro de lo malo… Puede que sea lo mejor que hay por este lugar.
Se dirigieron a la barra, donde una mujer esperaba con una gran sonrisa.

─¡¡May!! ─Saludó efusivamente mientras esta se inclinaba hacia el interior de la barra para darle un beso en la mejilla ─Hasta que por fin apareces.
─¡¡Eso digo yo!! No sabes la semana que hemos tenido…
─Me lo puedo imaginar ─Sonrió ─¿Oye… y Dulce? ¿Viniste sola?
─Dulce no vino, quien sabe dónde o con quien estará, ya la conoces…Pero te presento a Anahí.

El sonido de su nombre, interrumpió ese intento que hizo su mente para concentrarse en el comentario que acababa de escuchar.

─Anahí, ella es Inés, la propietaria de este acogedor lugar.
─Un gusto… ─Sonrió estrechándole la mano.
─El gusto es mío… ¿Piensas quedarte por aquí mucho tiempo?
─No lo creo, dejé demasiados asuntos pendientes en la ciudad y debo volver cuanto antes.
─Bueno, espero que las chicas te estén tratando bien.
─Al menos una de ellas si lo hace ─Aclaró dedicándole una sonrisa a Maite.

La chica detrás de la barra, también observó a su acompañante, con una cara algo extrañada pero sonriendo.

─Entonces hay algo que no me cuadra ─Añadió
─Lo que pasa es que Dulce y Anahí tienen… ¿Cómo te diría yo? ¡Diferencias!
─¿Y desde cuando Dulce María Espinoza tiene diferencias con una mujer guapa?

Ese comentario, ese comentario no era la primera vez que lo escuchaba y aún así no era capaz de entenderlo.

─¿Ya están criticando? ─Preguntó una voz desde atrás que consiguió sobresaltarla.

Rapìdamente, Anahí observó a su derecha y descubrió a una mujer completamente diferente a la que había visto estos días. Una mujer bien vestida, nada exuberante, pero sí demasiado… sexi. Su cabello estaba peinado de una forma especial y su mirada expresaba una seguridad que casi llegaba a aterrorizarla. La observaba… la observaba a ella y le sonreía de una forma demasiado descarada.

─¡Dichosos los ojos! ─Exclamó Maite ─¿Se puede saber dónde te metiste?
─Fui a buscar a Andrea, de hecho, se quedó estacionando el auto.
─Dulce… ─La miró entrecerrando los ojos ─No me lo puedo creer.
─Ay ya… no estoy para regaños hoy, May. ¿Inés, me preparas dos cervezas?
─Claro que sí preciosa. Aquí tienes.

Dulce agarró ambas cervezas y después de picarle el ojo a Maite con chulería, detuvo su mirada en Anahí. Unos instantes eternos en los que sus ojos parecían querer atravesarla. Unos segundos en los que su cuerpo se descubría sintiendo extrañas e inexplicables sensaciones.

─Al rato nos vemos… chicas.

Tras decir eso, se marchó. Dirigiéndose aparentemente hacia la puerta. Pero Anahí ni siquiera se atrevió a mirar. Sus ojos volvieron al frente, donde una espumosa cerveza la esperaba. Estaba acostumbrada a tomar otro tipo de bebida cuando salía, pero en este momento, lo único que deseaba era que un líquido bien frio recorriera su interior, alejándola de sus pensamientos.

─¿Está todo bien? ─Preguntó la voz de Maite
─¿Qué? Oh… sí… es solo que… no la esperaba.
─¿A Dul? ─Preguntó recibiendo una afirmación de su cabeza ─Ella es así… llega cuando menos lo esperas.
─Ultimamente lo único que escucho es… “ella es así”.
─Es que… intentaría explicártelo Anahí, pero Dulce es una mujer difícil de entender, difícil de conocer… incluso para mi, que soy su mejor amiga, a veces me cuesta comprenderla.
─Y a pesar de eso… la quieres ¿No?
─Claro… ─Sonrió ─Ya te lo dije ayer, puede ser muy complicada. Pero es una de las personas con el mayor corazón que conocerás jamás.

Anahí asiente, no muy segura del argumento de Maite, y lleva esa botella de cerveza hacia sus labios. Sintiendo como un impulso la hace voltear a su derecha y buscar a esa chica entre la multitud.

La ve en una mesa, a unos pocos metros, sentada con otra chica, ambas riéndose de algo aparentemente muy gracioso. Dándole apenas unos segundos para observarla, nota su presencia y le corresponde la mirada… La mira unos instantes… Sonríe… y vuelve a dirigirse hacia su acompañante. Pero entonces… algo inesperado sucede. Anahí llega a pensar incluso que la cerveza subió demasiado rápido a su cerebro. Pero no… Es cierto lo que ve. La está besando… Dulce está besando a esa chica… No puede ser… ¿Es gay?

─¿Quién es gay?

Anahí creyó que esa pregunta solo había sido formulada en su cabeza, pero al escuchar la voz de Maite, se dio cuenta de que lo pronunció en voz alta y rápidamente apartó la mirada de esas dos mujeres.

─¡Ah! ¿Te refieres a Dulce?
─Si… ─Respondió confusa.
─Pues sí ─Confirmó mirando como su amiga besaba a la otra chica ─Es la mujer más gay del mundo probablemente.
─No lo sabía, yo… yo… no lo parece.
─Creo que eso es parte de su encanto…
─¿Tú… ella… ustedes…?
─Somos amigas ─Interrumpió sonriendo ante su nerviosismo. ─Pero no te voy a negar que alguna vez llegué a confundirme.
─¿Confundirte por qué? ¿Tú también eres…?
─No… Pero como te digo, fue simplemente una confusión… Dulce es… ¿Cómo explicártelo? ¡Imposible de enamorar! Tiene su corazón completamente hermético y eso la hace más deseable. Ella hace lo que le da la gana, con quien le da la gana, es libre, va y viene… nunca da explicaciones y de antemano, todas las mujeres que se acuestan con ella, saben que nunca llegarán a nada más.
─Oh… ¿Y todas esas mujeres caen rendidas a sus pies? ¿O cómo?
─No es que caigan rendidas… Pero si debo reconocer que siempre consigue a la que quiere.
─Entonces estoy a salvo ─Sonrió, tratando de quitarle importancia al asunto ─A mi no me soporta. ¿Y esa chica quién es?
─Andrea… Trabaja con nosotros en la oficina del pueblo y… ya tendrá que explicarme esa pelirroja que hace de nuevo con ella.
─Pareces su madre ─Sonrió divertida.
─Eso es lo que ella me dice ─Frunció el seño mientras sonreía ─Pero hay veces que me preocupa su actitud y como en el fondo es una niña… Me siento en la obligación de cuidarla.
─No es por discutirte Maite… Pero no creo que esa chica quiera que alguien la cuide.
─Estoy de acuerdo… Pero hay veces en las que nos negamos a querer algo cuando en el fondo es lo único que necesitamos.

La chica permaneció observándola pensativa… No entendía muy bien lo que Maite había querido decir con esa frase. Pero esta sonreía, siempre sonreía, como si fuera una especie de redentora que nunca tiene problemas y todo lo afronta sonriendo.

─Que serias están por aquí ─volvió a interrumpir la voz de antes, consiguiendo que el cuerpo de Anahí se pusiera en tensión.

Volteó su rostro y ahí estaba ella, con su brazo sobre los hombros de la chica a la que minutos antes estaba besando. Después de unos instantes, la castaña de ojos azules volvió su mirada al frente.

─Creo que nuestra salida está llegando a su fin ─Informó Maite.
─¿Y por qué tan pronto? ¿A caso a la señorita Puente no le gusta el lugar? ¿Demasiado sencillo para ella?
─¿Sabes qué? ─Preguntó Anahí levantándose y desafiándola con la mirada ─Prefiero irme caminando a esa aldea y pasar la noche en vela. Que quedarme aquí teniendo que soportarte.

Sin decir una palabra más, dejando a aquellas personas completamente perplejas. La chica se dirigió rápidamente hacia la salida. Siendo seguida por Maite, que después de lanzarle una mirada asesina a su amiga, salió tras ella.

─¡¡Anahí!! ─Gritó viendo como la chica se alejaba.

Al ver que esta no se detuvo, se vio en la obligación de correr un poco para alcanzarla.

─¡¡Espera un momento mujer!!
─Maite, No te preocupes ¿Ok? Vuelve con tus amigas, yo me las sé arreglar sola.
─¿Ah sí? ¿Y qué pretendes? ¿Volver andando?
─No. Buscaré un hotel o incluso una pensión… Algo debe haber en este pueblo para pasar la noche.
─Si, pero tú te vienes conmigo para la aldea en este momento, ni sueñes que te voy a dejar sola aquí.
─Maite, te voy a decir esto con todo el respeto del mundo porque me caes muy bien. Pero no quiero volver a esa aldea, ni siquiera sé por qué acepté venir a este lugar. Me caso en menos de dos meses, se supone que debo estar con mi prometido, preparando la boda del siglo y en cambio, estoy en el último lugar del mundo, sin poder bañarme con agua caliente, sin poder dormir y además de todo, soportando a una mujer que se cree superior a todo el mundo. ¿Qué le pasa a tu amiga eh? ¿Qué le he hecho para que siempre tenga que dirigirse a mí de esa forma? ¡¡No me conoce!! ¡¡No tiene ni idea de cómo es mi vida!! Puede que tenga todo lo que quiero, que no pase tantas necesidades como ustedes, pero eso no le da derecho a tratarme como se le pega la gana… No soy una de las tantas que se mueren por acostarse con ella. ¡¡Me tiene harta y no la soporto!! Así que mañana mismo te entregaré ese cheque y me largaré de este lugar, a continuar con la vida que tanto me gusta.
─¡¡Ey Anahí!! ─Exclamó haciendo un gesto con las manos mientras sonreía ─¡¡Para el carro!! No deberías irritarte tanto por alguien que no te importa…
─No estoy irritada ─Sentenció ─Pero tu amiga me resulta cada día más insoportable.
─Está bien, pero deja eso para mañana ¿Ok? Vamos a la aldea, descansas, y te prometo que arreglaremos todo para que te puedas ir cuanto antes.
─El domingo como muy tarde quiero estar saliendo de este lugar Maite.
─Muy bien… el domingo volverás a tu casa… Pero ahora, volvamos.

De muy mala gana, Anahí hizo caso a la morena y se dirigieron al auto para comenzar el largo camino de vuelta a la aldea. Se sentía un poco mal por haberle fastidiado su única noche de distracción. Pero realmente no soportaba permanecer un segundo más en ese lugar, observando cómo Dulce la miraba con ese aire de superioridad, con esa sonrisa de autosuficiencia y con sus comentarios punzantes. Sabía que realmente no había sido para tanto, pero esa chica colmo su paciencia, no la soportaba y no la soportaría nunca.

*******

Ni siquiera sé que hago aquí. Lo único que tengo claro es que no he hecho otra cosa más que fastidiarla esta noche. ¿A ver en qué momento se te ocurrió buscar a Andrea, Dulce? Joder, que pareces una niña pequeña. Ya te acostaste con ella una vez, no quieres nada serio. Entonces… ¿Qué pretendías? ¡¡Todo lo haces al revés!! Y encima de todo, la llevas a su casa y sin explicar nada, te largas, simplemente disculpándote por ser tan imbécil.
Y aquí estás… Manejando tu auto, como alma que lleva el diablo, rumbo al campamento. Con un malestar en tu interior que ni siquiera sabes explicar… ¡¡****!!

Detengo el auto bruscamente y bajo de él. Observo unos instantes mi cabaña, deteniéndome a unos metros de la puerta. Inhalo aire profundamente, tratando de llenar mis pulmones de oxigeno y dar tiempo a mi cuerpo para tranquilizarse… Estoy nerviosa, enojada, asustada… tengo un cúmulo de sensaciones que en este momento se instalaron en mis piernas haciéndolas temblar. Vuelvo a inhalar aire y sin siquiera pensarlo me decido a entrar en esa cabaña donde he dormido los últimos años.

A pesar de mi estado, abro la puerta sigilosamente, escuchando en medio del silencio el bombeo de mi acelerado corazón que continúa nervioso.

Y ahí está ella… La observo sentada en la cama, con su espalda apoyada en la pared, las rodillas flexionadas sobre su pecho y la cabeza ligeramente echada hacia atrás, cubriéndose el rostro con las manos.

Escucha mis pasos y me mira rápidamente. Detiene su mirada sobre mis ojos y yo ordeno a mi cuerpo tomar una postura estática… Ella no dice nada, yo no digo nada… Simplemente nos observamos. Sus ojos están vidriosos consiguiendo que ese azul profundo resalte en medio de la casi absoluta oscuridad ¿Cómo puede ser tan hermosa? ¿Cómo es posible que me vuelva tan vulnerable?

─¿Qué haces tú aquí? ─Rompió de lleno el silencio.
─¿Estás llorando? ─Pregunté acercándome lentamente.
─Intento dormir Dulce, por favor, déjame…
─¿Qué te pasa? ─Insistí
─¿Para qué quieres saberlo? ¿Para seguir humillándome con tu concepto de niña rica?
─Anahí… ─Suspiré ─Dime qué te pasa…
─¡Que estoy harta de este lugar, estoy harta de no poder dormir, de no bañarme con agua caliente, estoy harta de ti y tú mal humor… Quiero volver a ese mundo perfecto que crees que tengo! ¿Contenta? ¿Ahora ya puedes irte? ¡Gracias!
─Ven conmigo ─Sentencié ofreciéndole mi mano.

Su rostro detonaba confusión y su cuerpo permanecía inmóvil. Continué dejándola observarme unos segundos, tratando quizás de averiguar lo que me proponía. Pero cuando vi que no estaba por la labor de colaborar. Me incliné sobre la cama y de un tirón, saqué la manta que la cubría. Después de eso, siendo observada en todo momento por ella, salí de la cabaña, con la manta en brazos bajo su atenta mirada.

Caminé unos metros hasta llegar a un espacio de tierra situado en medio de todas las cabañas. Me incliné para extender la manta y el ruido de unos pasos tras de mí, me hizo sonreír interiormente.

─¿Se puede saber que pretendes hacer?
─Voy a ayudarte a dormir ─Aclaré sentándome sobre la manta sin mirarla.
─¿Cómo? ¿Aquí? ¿A la interpérie? Los besos de tu amiguita te dejaron borracha ¿Verdad?
─Anahí ─Fruncí el seño mirándola ─¿Puedes por una vez en tu vida dejar de quejarte y aceptar mi ayuda? ¿O prefieres que me largue a dormir tranquilamente, mientras tú pasas otra noche en vela?
─De verdad que no me explico… ─Continuó resoplando mientras se sentaba a mi lado ─Como puedes conquistar a tantas mujeres si eres insoportable.

Su comentario me hizo sonreír en mi interior, al mismo tiempo que la miraba de reojo levantando una ceja.

─Shh… Tienes que recostarte y mantener silencio.

Incliné mi cuerpo hacia atrás, quedando completamente tumbada, observando por un momento el cielo estrellado. Un cielo tan claro como probablemente no existiría en otra parte del mundo.

─¡Wou! ─Exclamó haciéndome saber que había imitado mi postura ─Jamás había visto algo así.
─¿No te parece hermoso?
─Cuando era una niña. Mi papá llenó el techo de mi cuarto con estrellas que se iluminaban en la noche… Solía decirme que en algún lugar del mundo, seguramente habrían otros niños disfrutando de un cielo estrellado y depositando en cada una de esas estrellas todos sus sueños… Me pedía que yo también lo hiciera cada noche antes de dormir.
─¿Lo hacías?
─Si… ─Sonrió ─Permanecía minutos observando las estrellas, soñando como sería mi vida y me dormía con la sensación de no estar sola, de que en algún lugar del mundo habría otra persona observándolas también.

Mi rostro ladeado hacia la derecha la observaba. Observaba como sus ojos se perdían en ese cielo eterno lleno de constelaciones. Realmente parecía una niña. Una niña que jamás había visto lo hermoso del mundo… Una niña llena de nostalgia en su voz.
Después de unos instantes me miró y permanecimos en esa posición algunos segundos, sus ojos transportándome a un mundo desconocido. Un mundo en el que no me sumía conscientemente, pero al que era inevitable ir cuando me miraba en silencio de esa forma tan penetrante. Ciertamente, Anahí es la mujer más hermosa que he visto en mi vida.

─Cierra los ojos ─Ordené devolviendo mi vista al cielo.

Ella se tomo unos segundos para responder. No sé qué estaba haciendo ni a donde había ido su mente. Pero tampoco quería averiguarlo, así que yo misma cerré los ojos inhalando aire con profundidad.
Noté en el movimiento de la manta, como ladeaba nuevamente su cabeza y automáticamente supuse que había obedecido mi orden.

─Me da miedo… ─Susurró sin embargo.

Entonces, mi cuerpo obedeció las órdenes de algún órgano que no era precisamente mi cerebro, haciendo que mi mano se deslizara ligeramente por aquella manta y se entrelazara con la suya en el instante en que la rozó. Aún no sé qué demonios me llevó a realizar ese movimiento. Pero ahí estaba, con sus dedos enredados en los míos, tratando de transmitirle a través de mi piel algo de seguridad para que cerrara los ojos con total tranquilidad de que nada le ocurriría. Sentía temblor, un ligero temblor que no sabía si le pertenecía a ella o a mí.

─Respira hondo ─Sugerí en un susurro ─Deja que el oxigeno llene tus pulmones y relájate. Estoy aquí… contigo…

Escuché en medio del silencio como el aire entraba en su interior y era expulsado pausadamente. Al mismo tiempo, el temblor de su mano disminuyó, aunque no por ello la presión del enlace.

─Concéntrate en los sonidos que tienes a tu alrededor…No tengas miedo. Solo es la naturaleza comunicándose. Cada noche es igual… Cuando obscurece, los animales salen en busca de lo que anhelan durante el día… Aprende a entenderlos y sus sonidos serán parte de tu vida.
─Solo escucho ruido… No distingo nada…
─Concéntrate bien. Selecciona lo que quieres escuchar con atención… ¿Oyes al búho?

Después de unos instantes de silencio que me indicaron que lo estaba intentando…

─Si… ─Confirmó.
─Su sonido parece espeluznante, como si fuera sacado de una película de terror… Pero con el tiempo aprendí que es lo más hermoso que puedes escuchar en la noche. El búho es el rey nocturno… Sus gritos son de búsqueda, es un animal solitario… Y cada noche ulula durante un intervalo de tiempo perfecto…3…2…1 ahí está…
─Es cierto ─Exclamó cuando escuchó al animal ─¿Por qué?
─Porque es el encargado de cuidar la noche mientras su pareja aparece… Ulular de esta forma, es la única manera de que lo encuentre en medio de la oscuridad…
─Que romántico… ─Susurró haciéndome notar que sonreía.
─Lo es… El búho tiene una sola compañera durante toda su vida… Cuando la encuentra, conoce el sentido de su existencia.
─Deberíamos aprender de ellos ¿Verdad?
─Deberíamos ─Sonreí.
─Ya no me parece tan espeluznante…
─Al contrario, el sonido de los búhos auyenta a los animales salvajes. Por eso, cuando escuches uno cerca, no debes sentir miedo, estas protegida.
─¿Entonces por qué se escuchan lobos?
─Esos aullidos provienen de perros, no de lobos… A nuestro alrededor, hay numerosas tribus indígenas que poseen perros guardianes. Por eso en las noches, cuando todo está en silencio puedes escuchar su aullido, que además de indicar que están cuidando de su hogar, tratan de comunicarse entre ellos… Para demostrarse que aún en la lejanía, no están solos…
─Resulta que todo trata de no sentirse en soledad…
─Todo está conectado Anahí… Como te dije, cada sonido tiene una razón de ser… Los animales utilizan la noche para comunicarse y aunque pueda llegar a asustarnos, si consigues escucharlos te puede llegar a parecer realmente hermoso…
─¿Cómo sabes tanto?
─Cuando llegué aquí estuve meses sin poder pegar ojo… Pero poco a poco, me fui dando cuenta que cada noche era igual a la anterior. Entonces comencé a prestar atención a informarme y cuando descubrí que lo que leía era cierto. Mi curiosidad aumentó y deseaba que llegaran las noches para aprender algo nuevo… Con el paso del tiempo, esos sonidos se han convertido en parte de mí y ahora creo que sería incapaz de dormir con el ruido de coches pasando a toda velocidad por una carretera.
Sentí como su cuerpo se giraba, aún sin soltar mi mano, se puso de perfil a observarme. Su silencio me hizo abrir los ojos y ladear el rostro a la derecha para descubrirla mirándome fijamente.
─¿Qué es lo que te trajo hasta aquí? ─Preguntó curiosa.

Sonreí y aparté mi mirada un instante, dirigiéndola de nuevo hacia el cielo estrellado. Descubrí en esas estrellas, todos los sueños que también yo, deposité algún día en ellas. Entonces volví a mirarla…

─Supongo que mis ganas de cambiar el mundo…

Ella también sonrió… Sonrió de una forma en la que magnéticamente atrajo mis ojos hacia sus labios. Entonces mi corazón dio una fuerte punzada contra mi pecho, haciéndome despertar de esa pequeña hipnosis. Ascendí nuevamente hacia sus ojos y al encontrarlos de frente, un suspiro se escapó de mi interior, mientras apartaba la mirada una vez más.

─¿No te cansas de intentarlo? ─Continuó preguntando.
─¿Te cansas tú de vivir en tu mundo perfecto?
─A veces… ─Suspiró.

Su respuesta desde luego, no había sido la que esperaba, cosa me obligó a mirarla inmediatamente.

─No creas que eres la única que sabes sorprender ─Añadió sonriendo.
─¿Y si no eres feliz… por qué no lo cambias?
─Ojalá fuera así de fácil ─Sonrió ─Además… no he dicho que no sea feliz…Ni si quiera sé… ¿Qué se supone que es exactamente la felicidad, Dulce?
─Tú lo sabes… Hoy en la tarde, cuando hicimos el ejercicio de visualización… Imaginaste lo que te haría feliz en este momento, Anahí… No pierdas tiempo haciéndote preguntas, porque la verdadera felicidad se encuentra en las cosas más sencillas y donde menos imaginas.

Ella permaneció unos instantes observándome fijamente, analizando mis palabras… Yo, a pesar de querer romper ese contacto visual, me era imposible hacerlo. Creo que en este momento, podría pasarme horas mirándola.

─¿Sabes? Me caes mucho mejor cuando te quitas ese escudo “salvaje” que traes siempre. Resultas algo más… ¿soportable? ─Sonrió con picardía.
─Tu también resultas más soportable cuando dejas esa postura de “niña ****”…Además, te ves incluso más bonita…

Me arrepentí, sí, me arrepentí de haber dicho eso, en el mismo instante en que la palabra “bonita” salió de mis labios. Esto de bajar la guardia con ella, me estaba resultando realmente peligroso.
Ella sonreía como si hubiera dicho algo muy dulce, y eso me ponía aún más nerviosa.

─Si ese es el tipo de cumplidos que utilizas para ligar con chicas… La verdad es que no entiendo tú éxito. Porque conmigo no te comerías un rosco.
─Créeme que si hubiera querido ligar contigo. Ya lo habría conseguido.

Su boca y sus ojos se abrieron enormemente, causándome una sonrisa casi incontrolable.

─¡¿Estás diciéndome que no te parezco atractiva?!
─Solo he insinuado que no eres mi tipo…
─¿Ah no? ─Preguntó frunciendo el ceño ─¿Y por qué no?
─Yo… Definitivamente creo que nunca entenderé a las mujeres ─Sonreí sin más.
─Y además de fea me dices loca…
─¡Yo no he dicho que seas fea Anahí!
─¡¡Ah!! ¿Entonces soy bonita pero estoy loca?
─¡Sí! Eres bonita… y caprichosa, ****, berrinchuda y además estás loca…
─Estás empezando a caerme mal de nuevo ─Frunció el seño con una sonrisa.
─Ah… ─Sonreí con picardía ─¿Entonces en algún momento te he caído bien?
─Durante unas milésimas de segundo en las que dejaste de ser un ogro.
─Vaya… ─Exclamé sin poder evitar reírme ─Eres la primera mujer en mi vida que me llama ogro.
─Bueno… Así ya tengo dos records contigo.
─¿Dos? ─Pregunté extrañada pero sin poder evitar la sonrisa que me causaba verla a ella sonreír también ante este momento tan extraño ─¿Y cuál es el otro?
─Soy la primera mujer en tu vida que te llama ogro… Y también soy la única mujer en tu vida a la que no podrás conquistar.

Mis ojos se semi-cerraron automáticamente, arrugando ligeramente el ceño, mientras su sonrisa llenaba el silencio que en ese momento se había producido. Tenía ganas de responder, de debatir, de discutir… Pero lo único que pude hacer fue observar como esa sonrisa me dejaba completamente ****izada.

Cuando quise darme cuenta, sus labios se habían posado sobre una de mis mejillas, consiguiendo que hasta el centímetro más escondido de mi piel, sufriera una sensación de escalofrío muy extraña. Mi cuerpo se paralizó… Me di cuenta de ello, cuando los segundos pasaban y noté que el tiempo junto con mis extremidades, habían parecido detenerse…
Entonces, despegó sus labios de mi piel y me miró directamente a los ojos, corroborándome que ninguna parte de mi cuerpo era capaz de moverse en este momento.

─Gracias… ─Susurró por último.

Y así, sin más, se levantó del suelo, y se alejó definitivamente de mí. Dejando en el aire el aroma de su cabello que impregnó mi espacio… Y fue entonces, cuando mis labios dibujaban una sonrisa, cuando el silencio se apoderaba del lugar, cuando sentí que algo diferente había dentro de mi pecho. Un ritmo acelerado y frenético estaba invadiendo mi corazón y aún no sabía a ciencia cierta en qué momento ni por qué ocurrió…

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:52 pm

Capitulo 6

Llevo horas en la misma posición, sentada sobre la cama, mirando a un punto fijo y tratando de que el sueño llegue a mí en algún momento. Pero esta noche parece no querer visitarme, o más bien, yo tengo miedo de lo que pueda llegar a soñar si vuelvo a cerrar los ojos.
Son muchos los pensamientos que han invadido mi mente durante estas últimas horas. Cuando me decidí a volver a la cabaña, descubrí como Maite dormía plácidamente y en este momento, apostaría que si la observó, está exactamente en la misma posición. En cambió yo, parezco un niño inquieto que no para de dar vueltas.

─Yo creo que tus neuronas no van a soportar tanto pensamiento nocturno ─Interrumpió la voz de mi amiga.

La miré un instante y tras un suspiró, continué con mi silencio.

─¡Oye, a mi ni se te ocurra ignorarme eh, que no soy Anahí!

Nuevamente la miré, esta vez con el seño fruncido y una cara de querer matarla, realmente espeluznante.

─¿Puedes evitar nombrármela? ¡¡Gracias!!
─Oh… ¿Así que tu insomnio es causado por ella? ─Sonrió ─Interesante…
─Yo no sé donde le ves la gracia, la verdad.
─Si estuvieras en esta posición, observando cómo tu amiga lleva horas desvelada y suspirando por una mujer, le verías la gracia.
─No llevo horas suspirando por ninguna mujer Maite. Simplemente no puedo dormir.
─Está bien… ─Dijo levantándose ─Lo que tu digas, terca.

Observé como mi amiga abandonaba la cama y se dirigía a su armario para coger algo de ropa. Pero algo me resultaba extraño esta mañana… Algo que mi mente, sabía que faltaba.

─¿Dónde está tu sermón? ─Pregunté casi masoquistamente.

Ella se volteó y me observó con una ceja levantada.

─¿Por qué quieres que te sermonee exactamente?
─No lo sé ─Me encogí de hombros ─Siempre que hago una estupidez, o me ves dos veces con la misma chica, me sermoneas… Y… me parece extraño que no lo hagas.
─¡¡Oh!! ¿Te refieres a Andrea?
─Si…
─Ya… definitivamente te doy la razón, no haces más que *****. Pero ni siquiera me voy a molestar en sermonearte… Te doy por caso perdido. Además, fuiste una completa tonta, pero estoy segura de que a la hora de la verdad, no pasó nada con ella.
─¿Y por qué estas tan segura de eso? ─Pregunté ya cuestionándome si mi amiga era vidente.
─Vamos Dulce… Nadie aquí te conoce mejor que yo y salta a leguas el motivo por el cual invitaste a salir Andrea, justamente anoche.
─Porque me gusta ─Repliqué.
─¡¡Claro!! ─Exclamó irónicamente ─Te gusta tanto que llevas toda la noche sin dormir pensando en ella. Dime una cosa Dulce María; te has parado a pensar en estas horas de meditación, ¿Por qué motivo dejaste plantada a una chica que según tú te gusta, para volver corriendo a la aldea y terminar acostada bajo las estrellas, con otra chica a la que según tú, no soportas?
─¡¡Sí!! Hice eso porque me pasé de la ralla con ella… Y necesitaba arreglarlo de alguna forma. Solo volví para ayudarla con su problema de insomnio. Deja de imaginar cosas.
─¡Vaya…Que benevolente amiga! ─Repitió con ironía.
─¡¡Maite!! ¿Estás tratando de insinuar algo? ─Pregunté ya comenzando a enojarme.
─No Dulce, no trato de insinuar nada… Te estoy diciendo claramente que llevaste a Andrea al bar, para demostrarle al mundo y sobre todo a ti misma, que Anahí no te mueve ni un pelo… Pero lamentablemente, te salió el tiro por la culata y terminaste confundiéndote más aún,
─¡¡Qué manía la tuya carai!! ─Grité ya si, levantándome de aquella cama ─Desde que esa niña llegó estás empeñada en que me gusta y el hecho de que no la soporto no te dice nada. ¡¡Me exaspera!! ¡¿No lo entiendes?! Odio su forma de ser, el tenerlo todo y siempre andar quejándose, el no valorar lo que tiene a su alrededor, no soporto su tono de voz dulce y delicado, ni su sonrisa perfecta, ni sus ojos que… que…. ¡¡**** Maite!! ¡¡No la soporto!! No puedo soportarla….

Sin siquiera darle tiempo a que mi amiga respondiera, agarré mi mochila y salí de aquella cabaña, como alma que lleva el diablo… Repitiéndome a mí misma, esas palabras que segundos antes le había casi gritado a Maite. No la soporto… Aunque haya bajado la guardia unos minutos, aunque haya tenido un momento de debilidad con ella… Es todo lo contrario a mí… Es todo lo que nunca quise… No puedo soportarla… No…

*********
Anahí salió de aquella cabaña, con una sensación de bienestar diferente… Había dormido, como nunca en su vida. Con una comodidad y un descanso, que desde luego, no esperaba encontrar en este lugar. Era demasiado temprano aún. Estaba completamente segura de que no habría nadie despierto a estas horas… Pero su sorpresa llegó al ver como la imagen de Dulce, caminaba a toda prisa, adentrándose en el fructuoso bosque.
Se dio unos segundos a sí misma para extrañarle esa actitud, pero entonces, alguna fuerza poderosa, decidió mover su cuerpo y cuando quiso darse cuenta, había comenzado a seguir a esa chica hacia solo Dios sabe dónde.

Maite, que había salido a toda prisa, tratando de retener a su amiga, se detuvo en seco al ver como Anahí, sin esperarlo, iba tras ella… Eso, por algún motivo la hizo sonreí y después de negar ligeramente con la cabeza, decidió volver a su cabaña para comenzar a preparar su día.

Anahí caminaba y caminada. Por mucho que lo intentaba, la velocidad de Dulce, le impedía alcanzarla, realmente ni se había percatado de que la seguía. Pero gracias al cielo, a pesar de su rapidez, no le perdía la pista. Y eso era toda una azaña, porque siendo sinceras. La chica castaña no sabía ni donde se encontraba y si llegaba a perderse, seguramente jamás podría volver a esa aldea por sí misma.
Atravesaban el bosque, numerosas plantas y árboles de todo tipo. Reconoció el lugar donde un día antes había estado con ese grupo de niños y aquella chica continuaba andando aparentemente sin un rumbo fijo…

─Perfecta tu idea de seguirla Anahí ─Se dijo a sí misma ─Ahora no puedes volver y no te queda más remedio que seguir adelante y no perderla de vista. Definitivamente, desde que estás en este lugar no haces más que tonterías.

Continuó atravesando el bosque y cuando creía que ya no podía más, llegó a un lugar que la dejó completamente maravillada por lo que se veía a su alrededor. Un sinfín de plantas hermosas, lleno de colores, de vida… Y a unos metros de distancia… Dulce… Frente a una cascada que caía fuertemente hacía una especie de acantilado que ella observaba.

Reconocía perfectamente este lugar… Sí, en principio, las rocas de la cascada le habían parecido ser una cueva… Pero no, sin duda este era el lugar que había dibujado en el cuadro de Dulce… Era hermoso… como había imaginado, era realmente hermoso.
Caminó unos pasos, tratando de ser silenciosa, pero la chica que estaba de espaldas a ella, volteó sorprendiéndola.

No dijo nada, simplemente la observó… Se observaron en silencio unos instantes. Hasta que Dulce, tras un suspiro, devolvió su mirada hacia la cascada. Eso, a pesar de extrañarla, consiguió que Anahí se acercara aún más, hasta que llegó a su lado.

─¿Qué estás haciendo aquí? ─Preguntó después de unos segundos, sin mirarla todavía.
─Te seguí…
─¿Por qué?
─No lo sé, parecías enojada y quise ayudarte… Pero no sabía que tu intención era atravesar todo el bosque.
─No necesito tu ayuda, Anahí… Vengo aquí cuando quiero pensar y me gusta venir sola.
─Está bien ─Sentenció la chica dándose la vuelta ─Pues ya no te molesto más.

Pero cuando estaba completamente dispuesta a marcharse, una mano la agarró del brazo deteniéndola.

─¿A dónde vas a ir?
─No lo sé, pero me largo de aquí ─Se soltó.
─¡¡No sabes cómo volver!!
─¡¡Me da igual!! ─Gritó ya comenzando a alejarse ─Prefiero perderme en medio del bosque que volver a soportar tu mal humor…

Entonces, cuando creía que ya estaba bastante alejada, sintió algo acariciar su mano y voltearla con decisión. Las pocas milésimas de segundo no fueron suficiente tiempo para que reaccionara y cuando quiso darse cuenta, tenía a Dulce frente a ella, observándola fijamente y más cerca de lo que hubiera pensado.

─Lo siento… ─Susurró ─No te vayas…

En ese momento, algo impedía que las palabras salieran de la boca de Anahí. Era incapaz de moverse, incapaz de articular una sola sílaba. Solo podía observar como Dulce la miraba tan intensamente, ocasionando que su mano, esa misma que estaba siendo agarrada por ella con delicadeza, temblara de nerviosismo, al mismo tiempo que su estómago parecía revolucionarse de una forma, nada normal.

La chica misteriosa tampoco dijo nada, el silencio duró unos segundos, hasta que Dulce decidió moverse, y dirigir a Anahí nuevamente hacía donde estaban antes.

Llegaron frente a la cascada una vez más. Por alguna razón, se colocaron frente al acantilado, sin dejar de agarrar su mano. Observando ambas, como el agua caía con fuerza y continuaba su camino hacía quien sabe donde…

─¿Este es el lugar que pintaste? ─Preguntó de pronto.
─Así es…
─Es hermoso… Igual que en el cuadro.
─No sabía que te fijabas en mis pinturas ─Comentó dirigiendo su mirada hacia ella.
─No soy tan insensible como crees…

Dulce sonrió, simplemente sonrió haciéndola sentir una tregua en esa sonrisa. Y a continuación, sintió como se sentaba y tiraba de su mano para que hiciera lo mismo.

─¿Cómo lo descubriste? ─Preguntó obedeciendo el acto.
─Suelo necesitar momentos para estar a solas conmigo misma… Un día comencé a caminar y caminar, sin rumbo, hasta que llegué aquí. Y después de un tiempo se ha convertido en el lugar perfecto para… pensar.
─¿Y en qué necesitas pensar?
Dulce volvió a sonreír, ─¿Te han dicho alguna vez que pareces una niña pequeña haciendo tantas preguntas?
─Es que tu misterio me intriga ─Respondió encogiéndose de hombros.
─Hay momentos en los que todos necesitamos pensar en nosotros mismos, preguntarnos cómo nos sentimos… Hoy es uno de esos días.
─¿Tienes problemas con tu… con tu novia?
─¿Mi novia? ─Preguntó habiéndosele quedado una cara extraña muy graciosa ─¿Qué novia?
─Esa chica con la que fuiste anoche al bar… esa A…
─Andrea no es mi novia ─Sentenció sonriendo.
─Oh… yo… yo lo siento… como te vi… creía que…
─Suelo cometer muchas ***** ─Interrumpió ─Y lo de anoche fue simplemente una más de ellas.
─¿No la quieres?
Anahí observó como Dulce bajaba la mirada y sonreía irónicamente ─Hace tiempo que yo no quiero a nadie de esa forma.
─¿Desde qué dejaste en el camino a esa chica de la foto?
Entonces, alzó su mirada nuevamente. Seria, haciéndole creer a Anahí, que una vez más la había importunado con sus comentarios. Pero, sin embargo…

─Si… ─Confirmó ─Desde que me fui.
─Y si la querías… ¿Por qué te fuiste? ¿Qué te hizo abandonarlo todo para venir a este lugar?
─ Mi relación con ella terminó y la quería demasiado, tanto que renuncié a todo lo que soñaba por ella, me entregué al máximo. Pero nuestra forma de pensar era muy diferente, anhelábamos cosas distintas y sin darme cuenta, fui renunciando a todo lo que yo era. Hasta que un día todo acabó y sentí que ya no me quedaba nada, que había perdido la ilusión por la vida. Pero entonces sentí la enorme necesidad de encontrarme a mí misma, recordar quién era antes de depositar mis sueños sobre una sola persona. Así que me fui… Antes de dejarme hundir, dejé mi casa y mi familia para salir en busca de lo que siempre había soñado. Para ayudar al mundo… Y decidí que nadie iba a volver a conseguir que me perdiera a mí misma, nadie tendría suficiente poder para que yo me entregara una vez más… Digamos que cerré mi corazón al amor y año tras año he hecho lo que me ha dado la gana, sin dejar que nadie fuera más allá. Así que lo puedes interpretar de dos formas; Puedes pensar que huí para no afrontar un desengaño, o que salí en busca de mis sueños perdidos.
Anahí permaneció en silencio, observando y analizando cada palabra de esa chica que poco a poco iba desvelando sus misterios, hasta que sintió la necesidad de decir algo.

─Seguramente ahora vayas a pensar que esta niña rica, no tiene ni idea de lo que habla. Pero pienso que eso no era amor… Ni por tu parte, ni por la suya…
─¿Por qué piensas suya
─Porque el amor es compartir ─Dijo tras un suspiro ─Es dar y recibir… Los sueños de uno, se convierten en los sueños del otro… Nadie tiene que renunciar a nada por nadie, cuando se ama… esos sueños se unen y se lucha de la mano por ellos. No importan las diferencias de personalidad, de opiniones, de creencias… El amor simplemente es… unión.

Dulce permaneció en silencio, observándola con una expresión en su mirada, difícil de explicar… Podía ser sorpresa, intriga… Para Anahí era muy difícil descubrirlo, pero sin duda, ese nuevo brillo, le gustaba… Por alguna razón, le gustaba.

─¿Estás enamorada, Anahí? ─Preguntó de pronto.

La castaña se vio completamente sorprendida por esa pregunta y más aún por su escases de respuesta.

─Me caso en menos de dos meses…
─Lo sé… Pero… ¿Sientes por él, eso que describiste?
─No lo sé… ─Confesó ─Llevo años cumpliendo mis metas y viendo como Christopher cumplía las suyas…
Digamos que caminamos en la misma dirección, pertenecemos al mismo mundo… Nuestra relación siempre ha sido… fácil.

─Tienes todo lo que deseas, eres millonaria, vas a casarte, posees una profesión por la cual has luchado, te codeas con gente importante, vas a fiestas, tienes la vida que muchas mujeres desearían tener… y sin embargo, cuando te pedí que imaginaras tu felicidad, te imaginaste aquí… En un paisaje hermoso, en el que nunca habías estado, sin poseer absolutamente nada… simplemente… estando…
─Para que veas… ─Dijo Anahí llevando juguetonamente, su dedo índice hacia la frente de Dulce ─Que no todo es tan perfecto como tú crees.

La chica misteriosa, interrumpió el retroceso de ese dedo, agarrándolo en su huida y sonriendo de una forma, con la que Anahí se enterneció.

─Quiero enseñarte algo ─Dijo levantándose y tirando de su mano hacia arriba.
─A ti te dan unos arrebatos muy extraños.
─Vamos, deja de quejarte, que te va a gustar ─Sentenció mientras caminaba a toda prisa, llevándola casi corriendo.
─Tú tienes un concepto de queja un poco raro también, déjame decírtelo.
─Si… No me gusta que a todo le pongan pegas. ¡¡Vive la vida Anahí!! ─Gritó soltándola y echando a correr ─¡¡Disfruta!!

La muchacha se quedó absolutamente perpleja observando como esa chiflada mujer, corría hacia no sé donde, dejándola sola.

─Está loca… ─Susurró sonriendo.

******

Llegué corriendo hasta el lugar exacto que pretendía. Ni yo misma sé qué extraño arrebato se había apoderado de mí en ese momento. Y menos aún mostrándome así con alguien a quien supuestamente no soportaba.
Permanecí unos segundos inmóvil, observando ese enorme árbol y sonriendo interiormente al escuchar los pasos de mi acompañante. Volteé y la encontré aproximándose, intercalando su mirada entre el árbol y yo, tratando de recuperar poco a poco el aire perdido durante la carrera.

─Ven… ─Ordené agarrando su mano nuevamente y situándola delante de mí.

Desde esta posición trasera, posé mis manos sobre sus hombros, y sentí el olor de su cabello fundirse con la naturaleza, consiguiendo que me perdiera en algún lugar. No sé qué extraña necesidad tengo hoy de mantener un contacto físico con ella… No lo sé… Pero se ve tan delicada, que en el momento en que mis manos rozan alguna parte de su cuerpo, el mío sufre un escalofrío inexplicable.

─¿Me hiciste correr como una loca para enseñarme un árbol?
─Si… ─Confirmé.

Su rostro se giró hacia la derecha, encontrándose inesperadamente con el mío, que la esperaba sonriendo. Esa sonrisa se borró de un plumazo al observar esos ojos azules, mirándome tan fijamente que conseguían hacerme olvidar cualquier cosa que tuviera la intensión de decir.

─No es un árbol cualquiera ─Continué después de conseguir apartar la mirada y dirigirla hacia ese árbol, sintiendo como ella permanecía observándome ─Es el ceibo.
─Oh… ─Exclamó esta vez sí, dejándome una tregua ─Creo que me dejaste exactamente igual.

Aparté mis manos de su cuerpo y me dirigí hacia el frondoso árbol, arrancando con delicadeza una de las flores que en él crecían. La olí un instante y volví hacia ella, entregándosela bajo su atenta y extraña mirada.

─¿Nunca te has preguntado de donde viene tu nombre?
─Uhm… Mi papá me contó una vez que era el nombre de una flor. Pero… ─Se detuvo a pensar ─Oh… no… ¿Enserio?

Mi sonrisa, fue lo único que hizo falta para confirmarle que esa flor llevaba su mismo nombre, Anahí.

─Supongo que no conocerás la leyenda, entonces.
─No… Pero me encantaría que me la contaras.
─Cuenta la leyenda ─Comencé imitando una voz interesante que la hizo reír como un ángel ─Que a orillas del rio Paraná, en Argentina, vivía una tribu guaraní a la que pertenecía una chica. Anahí… era una mujer muy fea, de rasgos toscos y facciones duras…
─Creo que ya no me va a gustar la historia ─Interrumpió.
─A pesar de eso ─Continué sonriendo ─Anahí poseía una voz hermosa, con la que, en las tardes de verano deleitaba a sus paisanos, con hermosos canticos haciendo honor a su amor por la naturaleza. ─Su mirada pasó a expresar una completa atención e interés ─Pero un día, los conquistadores españoles invadieron sus tierras, hubo una batalla en la que vencieron a la tribu y se llevaron cautivos a los sobrevivientes. Anahí estaba entre ellos… Ella, se negaba a ser capturada y en su intento por escapar asesinó a uno de los soldados. Huyó… ─Expliqué observando sus ojos atentos ─Pero no tardaron mucho en encontrarla y el castigo fue aún mayor.
─¿Qué le hicieron? ─Preguntó intrigada y con cierto pánico.
─La encadenaron al árbol del Ceibo y prendieron fuego a su cuerpo con vida. Pero Anahí… a pesar de sentir las llamas apoderándose de ella, se mantuvo firme, no hizo ni un solo gesto de dolor o sufrimiento… Poco a poco, el fuego ascendía y su cuerpo se iba tornando de un color rojo intenso metamorfoseándose milagrosamente con el árbol, hasta formar parte de él. Al día siguiente, como si nunca hubiera estado en contacto con el fuego, el árbol no solo poseía sus comunes y brillantes hojas verdes, además ostentaba unas maravillosas flores rojas y aterciopeladas. Esas flores nacieron como símbolo de valentía y fortaleza, por ello fueron bautizadas con el nombre de Anahí… aquella mujer que jamás se rindió.
─Wou… ─Exclamó sonriendo ─Una historia intensa.
─Ahora ya conoces el origen de tu nombre…
─Ojalá en el nombre hubiera venido un poco de la fortaleza que esa Anahí poseía.
─¿Y por qué piensas que no es así?
─Porque podré ser muchas cosas en la vida Dulce… Pero creo que valiente no es una de ellas.
─¿Quién te ha hecho creer eso?
─La vida… ─Respondió encogiéndose de hombros ─Al fin y al cabo tú tienes razón, no soy más que una niña rica, que lo tiene todo y no sabe nada de la vida…
─Yo nunca he dicho eso.
─Pero lo piensas ─Sonrió ─Y no te culpo, es lo que sé ve a simple vista.
─Anahí… Yo soy una *beep* ─Sentencié observando cómo me miraba asombrada ─No te conozco… no sé nada de tu vida y no tengo derecho a juzgarte. Ni siquiera… ni siquiera sé si eso es lo que realmente pienso de ti.
─¿Entonces por qué no me soportas?
─Yo… No es que no te soporte… Pero… soy así, soy una bruta y una salvaje que cuando se meten con su mundo saca las uñas y por alguna razón, me irritaste desde el segundo minuto en que te conocí… Pero… ¿Te confieso algo?? ─Pregunté mientras ella asentía con la cabeza ─Te podrías haber largado de aquí el primer día… y no lo hiciste. Soportas mis desplantes y me haces cara… Y además de todo, estás aquí… Aún sabiendo que no nos soportamos, me seguiste por todo el bosque para no dejarme sola… Pienso que eres una terca ─Sonreí ─Pero eso me encanta…

Lentamente me acerqué a ella, que expresaba en su rostro una sonrisa iluminando el azul brillante de sus ojos. Sin duda… era un momento de tregua entre ambas. Un momento donde la rivalidad de mundos no existía, donde simplemente veía a una chica… Una chica hermosa, capaz de robarle el corazón a cualquier persona, observándome con una expresión diferente.
Robé de sus manos esa flor que minutos antes le había entregado y con mucha delicadeza, la coloqué enredada en su pelo. Pasé un mechón por detrás de su oreja y la mezcla entre su sonrisa, sus ojos y su rostro angelical, fue suficiente para que mi mano se auto-dirigiera a acariciar la piel de su mejilla con suavidad. Entonces, mi corazón envió impulsos nerviosos a todo mi cuerpo, consiguiendo que un hormigueo desconocido hasta el momento, me recorriera de pies a cabeza.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:52 pm

Capitulo 7

Permanecí unos segundos observándola, mientras me sonreía. Con esa flor enredada cuidadosamente en su cabello. Había conocido a muchas mujeres en mi vida, había estado con la mayoría de ellas, pero sin duda, Anahí no se parecía en lo más mínimo a ninguna chica que hubiera conocido jamás. Su forma de mirar, expresaba dulzura y valentía al mismo tiempo, era intensa, era caprichosa, era tan solo una niña rica que no tenía idea de lo que significaba este mundo. Pero a pesar de todo eso, en este momento en el que sus ojos azules me observan a mí y solamente a mí. Me pregunto, ¿Qué hay detrás? ¿Qué se esconde tras la mirada de esa niña para conseguir ponerme tan nerviosa?

─Al final no vas a resultar tan ogro como parecías ─Sonrió.

Yo simplemente continué mirándola, sin apenas hacer caso a su comentario, sintiendo como esas miles de preguntas me abordaban mientras observaba sus ojos.

─Cuéntame de tu vida ─Pedí seria e intrigada.

Su ceño se frunció, extrañada por mi repentina curiosidad. Pero al ver que no desistía, simplemente exhaló un suspiro.

─No creo que haya nada interesante que contar ─Se encogió de hombros.
─¿A qué te dedicas?

Entonces, interrumpió de pronto nuestro contacto visual y se dirigió a la sombra de aquel árbol, sentándose y observándome para que hiciera lo mismo.
Por primera vez, obedecí y me senté a su lado.

─Siempre supe que algún día tendría que hacerme cargo de la empresa de mi papá, así que decidí estudiar Administración y dirección de empresas en España. Actualmente soy la subdirectora y como te digo, su sueño es que en algún momento esa compañía sea totalmente mía.
─¿Es duro? Digo… Llevar una empresa tan importante tú sola ¿Es difícil?
─Seguramente no sea tan difícil como encargarse de que unos niños tengan todos los recursos necesarios para su vida ─Sonrió ─Pero sin duda, no es tan fácil como lo pintan en la prensa… Fiestas, glamour, eventos, viajes… No es todo tan sencillo y bonito.
─Pero es lo que siempre quisiste ¿No?
─En algún momento de mi infancia quise ser astronauta ─Sentenció tan seriamente que me ocasionó una carcajada ─¡Oye no te rías de mi! ─Golpeándome el hombro con una sonrisa.
─Lo siento… Es que no te imagino con un traje plateado flotando en el espacio.
─Soñaba con llegar a las estrellas ─Aclaró con algo de nostalgia en su voz ─Era una niña muy soñadora, aunque te cueste creerlo.
─No me cuesta creerlo…
─Bueno… Pero entonces fui creciendo y en la adolescencia aseguraba que algún día sería una estrella del pop y recorrería el mundo siendo aclamada por millones de personas.
─Vaya… ─volví a sonreír ─Desde luego aspirabas alto. ¿Y cómo cambiaron de repente tus sueños?
─Pisé la realidad… Conocí gente importante, a Christopher, me fui adentrando en el mundo al que pertenecía y dejé de soñar con las estrellas… Cuando quise darme cuenta, estaba en una universidad española, con el que sería mi futuro marido. Vinieron los eventos, los paparazzis, el glamour… una cosa fue llevando a la otra, terminé de crecer en ese mundo de cristal y ahora estoy aquí, contándole a una chica misteriosa que hasta hace unos minutos no me soportaba, que en dos meses voy a casarme con mi novio de toda la vida, dirigiré una de las empresas más importantes de México, tendré hijos y seré una mujer tremendamente exitosa ─Suspiró.
─¿Por qué hablas con tanta nostalgia? Creía que adorabas ese mundo.
─Hasta hace dos días lo adoraba ─Sonrió ─Y ahora… ─Bajó la mirada ─Ni siquiera sé lo que ocurre.

En este momento, algo en mi corazón se había encogido. La chica misteriosa, que siempre tenía la palabra exacta, el dicho correcto y el pensamiento idealista, se había quedado absolutamente muda al ver como esa mujer hablaba de su propia vida. Jamás hubiera creído que pensara así, jamás hubiera pensado que en el fondo de Anahí hubiera algo más de lo que se veía aparentemente. Y por algún extraño motivo, en este momento en el que su rostro miraba al suelo con nostalgia, sentí unas ganas enormes de protegerla, de cuidarla, de enseñarle a ver el mundo a través de mis ojos… Era extraño sí… Pero esa misma fuerza me hizo levantar su mentón para poder descifrar algo en el fondo de su mirada.

─Quiero enseñarte algo ─Sentencié levantándome.

Ella ascendió su rostro extrañada, pero al ver una sonrisa en mis labios, mientras le ofrecía mi mano, sintió la seguridad suficiente para aceptar la ayuda y con otra sonrisa levantarse dispuesta a seguirme.

Comencé a caminar agarrando su mano, en una dirección no muy segura de hacia dónde me dirigía, ella se dejaba guiar absolutamente en silencio, hasta que pasaron unos minutos y encontramos una especie de obstáculo.
Bajé el pequeño desnivel, para a continuación ayudarla a que hiciera lo mismo.

─¿Ya te gustó demasiado esto del misterio, verdad?
─Shh… ─Exclamé llevándome un dedo a los labios y sonriendo al ver su repentina cara de berrinche.

Nos disponíamos a emprender la marcha nuevamente, cuando algo inesperado se cruzó en nuestro camino. Sonreí al verlo, pero esa sonrisa se borró de un plumazo al sentir los brazos de mi acompañante anclarse a mi cintura, escondiendo su rostro en mi cuello.
Esa reacción, además de sorprenderme, hizo que mi cuerpo se paralizara completamente de un momento a otro, sintiendo únicamente un hormigueo recorrerme de pies a cabeza, mientras el acelerado sonido de su corazón golpeaba mi pecho.

─¿Eso qué es? ─Susurró con la voz temerosa, haciéndome despertar.
─Es solo un Koala… ─Aclaré sin siquiera poder corresponder a ese repentino abrazo ─No tengas miedo…

Con delicadeza, separé su cuerpo del mío, notando la duda en su mirada. Pero después de una sonrisa tranquilizadora, me dirigí hacia el hermoso animal arrodillándome frente a él. Saqué de mi mochila una botella de agua y derramé un poco sobre mis propias manos para que el animal se diera cuenta de lo que era. Él se acercó aún más y fue entonces cuando, como si se tratara de un bebé, coloqué la botella en su boca, para darle agua con sumo cuidado.

El pequeño me agarraba las manos y bebía ansioso el líquido que le ofrecía, hasta que pareció estar completamente saciado y apartó su boca de la botella. Me permití acariciarlo unos segundos, dejándome invadir por esa ternura que me ocasionaban los animales.

Pero al girar mi rostro para cerciorarme de que mi acompañante no había salido huyendo, la encontré exactamente en la misma posición, observándome de una forma extraña y diferente, con un brillo en sus ojos que no le había apreciado hasta el momento y a la vez con un fondo de temor.

Entonces me incorporé nuevamente y fui en su busca. Agarré su mano y traté de transmitirle con mi mirada, toda la confianza posible para que moviera su cuerpo siguiendo mis indicaciones. Al ver que trataba de dirigirla hacia el animal, se volvió a detener en seco, apretando fuertemente mi mano y tratando de hacerme entender que no quería aproximarse más.

─Confía en mi… ─Susurré mirándola nuevamente.

En ese momento, sentí como su mano dejó de ejercer presión y su cuerpo se relajó un poco, permitiéndome guiarla.
Una vez habíamos llegado nuevamente hasta el hermoso animal, le indiqué que se sentara. Aún tenía algo de tensión, pues estaba muy cerca del Koala, pero sin quitarle la vista de encima, obedeció y se sentó, permitiendo que yo me sentara tras ella.

Con la intensión de transmitirle aún más seguridad, coloqué su cuerpo entre mis piernas, consiguiendo que su espalda quedara pegada a mi pecho. Nunca la había tenido tan cerca, nunca la había sentido cobijada entre mi cuerpo… Y a pesar de todo, sabía que se sentía segura, a pesar de tener frente a ella a ese animal desconocido, mis piernas y mi cuerpo le proporcionaban seguridad. Ese fue motivo suficiente para que me decidiera a sacar de mi mochila unas galletas y colocarla una de ellas sobre la palma de su mano.
Temblaba, aún seguía asustada porque no sabía muy bien lo que me proponía. Pero no tardó mucho en descubrirlo cuando, utilizando mi mano derecha como base y entrelazando los dedos con la suya, conseguí que la estirara, teniendo una de las galletas depositada en su palma.

El animal, tardó apenas unos segundos en oler ese manjar que le estábamos ofreciendo y rápidamente se acercó aceptando la comida, y agarrando con cariño la mano de Anahí que continuaba asombrada por lo que estaba haciendo.
Cuando sintió el tacto del pequeño rozar su piel, me miró rápidamente, para cerciorarse de que no era un sueño, para saber si yo estaba viendo lo mismo que ella. Efectivamente, le expresé con una sonrisa, viendo como la ilusión de una niña invadía sus ojos. Esos ojos y esa imagen que me tenían absolutamente cautivada en este momento.

Una vez el animal había engullido el alimento, fue ella misma la que se atrevió a acariciarlo cuidadosamente, sintiendo como ambos, el pequeño y ella misma, perdían miedo y adquirían confianza.

Me encantaba verla de esa forma, definitivamente era una imagen que me enternecía y la felicidad que expresaba teniendo tan poco en este momento me inspiraba aún más ternura de la que jamás nadie me inspiró.

─Esto es increíble… ─Susurró mientras continuaba acariciando al animal.
─Lo es…

El pequeño comenzó a lamer sus manos ocasionándole cosquillas así como una contagiosa y relajada risa. Esta vez fue ella la que, con toda la seguridad del mundo, me pidió más de esas galletas para continuar alimentando al animal.

Pasaron algunos minutos en los que esa chica de ciudad interactuaba con un Koala salvaje, como si de un animal domestico se tratase, había perdido completamente el miedo, lo acariciaba y alimentaba igual que haría con un cachorrito. Yo simplemente podía observarla, su forma de reír, su espalda golpeando mi pecho con cualquier movimiento, el olor de su cabello que me resultaba prácticamente como una droga…

De un momento a otro, el pequeño animal desapareció y ambas nos quedamos observando la lejanía en absoluto silencio. Disfrutando de los sonidos, viendo como nuestro amigo trepaba un árbol absolutamente contento por haber recibido tan rico alimento.

Sonreía tontamente cuando de pronto, sentí unos labios rozar mi mejilla a la vez que depositaba en ella un cálido y delicado beso. A pesar del sobresalto y la sorpresa, no pude evitar que cada centímetro de mi piel se erizara y mi corazón latiera con una velocidad que nunca había alcanzado, cuando la descubrí mirándome fijamente.
Yo continuaba a su espalda y nuestros rostros estaban más cerca de lo que había planeado.

─Gracias… ─susurró con esa sonrisa, que lejos de espabilarme me sumía aún más en ese estado de estupidez.

Simplemente podía observarla. Observarla sonreír mientras sentía que hasta mi propio idioma se me había olvidado… Sus ojos eran hermosos, siempre habían sido hermosos, pero en este momento tenían un brillo especial. Un brillo capaz de deslumbrar a cualquiera. Incluso a mí, la conquistadora de mujeres sentía su propio cuerpo temblar mientras esos ojos la observaban… Nunca me había ocurrido algo así, nunca me había sentido tan vulnerable y nerviosa frente a alguien.

Ella no desistía, yo no desistía… y cuando quise darme cuenta, mi mirada descendió a sus labios, otorgándome un deseo que hasta ahora no había sentido, un deseo de acortar la distancia y besarla. Besarla hasta quedarme sin aliento.
Deseaba con todas mis fuerzas probar los labios de esta niña caprichosa que me mira con tanta dulzura. Y ese deseo estaba consiguiendo superarme en el momento en que involuntariamente, mi rostro se acercaba minuciosamente al suyo…

¡Pero no…! Me detuve cuando apenas estaba a un centímetro de su boca ¿Qué pretendía hacer? ¿Qué significa esto? El deseo se convirtió en miedo, un terrible miedo que me hizo levantarme y alejarme de ella lo más rápido posible.

¿Qué ocurre? Caminé y caminé a pasos agigantados, creyendo que mientras más lejos llegara más rápido me alejaría de lo que quisiera que acababa de sentir. Mis pensamientos me aturdían, mi corazón continuaba acelerado y mi mente estaba absolutamente nublada. ¿Pero qué demonios te pasa? ¡¡**** Dulce!! Es solo una mujer. Sí… esas que tan bien se te dan. Es bonita, ok… Es Hermosa, perfecto. Es absolutamente normal que tengas ganas de besarla porque… porque… ¡es una mujer! ¡Y te encantan las mujeres! Y es una mujer hermosa… ¡Mierda!
Entonces, sentí una presión en mi brazo que me hizo voltear y descubrir al instante a esa mujer hermosa.

─¿Se puede saber que haces? ─Pregunto confundida e incluso enojada.
─Vuelvo a la aldea ─Respondí continuando mi camino.
─¡¡Oh!! ¿Te largas corriendo sin decir absolutamente nada y vuelves a la aldea dejándome sola?
─Exacto…
─¿Pero a ti qué demonios te pasa, Dulce? ─Gritó volviendo a detenerme ─Pensaba que era bipolar hasta que te conocí… ¿Cómo es posible que cambies de actitud de un segundo a otro?
─¡Anahí! ─Grité esta vez yo, ya desesperada ─Déjame en paz ¿Ok? ¿Es tan difícil de entender? ¡¡Quiero estar sola!! ¡Y desde que llegaste a esta aldea, todo es un maldito desastre! ¡¡Desaparece!! ¡¡Lárgate y déjame vivir en paz!!


En el momento en que esas palabras fueron expulsadas directamente desde algún lugar de mi interior, sus ojos se humedecieron y antes de que pudiera hacer o decir algo más, se largo corriendo en la dirección opuesta a la que yo seguía.
En ese instante, por algún motivo, mi corazón se encogió y en mi pecho se formo un nudo extraño.

─¡Mierda, mierda, ****! ─Me reproché llevando ambas manos a mi cabeza ─¿Cómo puedes ser tan bruta? ¡¡Joder!!

En cuestión de segundos, Anahí había desaparecido completamente de mi vista y eso suponía un problema, aún mayor. Ella no conocía estos lugares, podría perderse en cualquier sitio o incluso ser atacada por algún animal si no sabía cómo tratarlo.

─¡Anahí! ─Grité corriendo en la dirección hacia la que se había marchado. ─¡Anahí!

Continué llamándola y siendo absolutamente ignorada. Los minutos pasaban y mi nerviosismo aumentaba… ¿Dónde demonios se metió? El miedo volvió a invadir mi cuerpo, la preocupación estaba superando a cualquier otro sentimiento. Corrí entre los árboles, descubrí en mí, una velocidad que no conocía. El oxigeno descendía… los latidos aumentaban… Hasta que sentí mi corazón detenerse bruscamente en el momento en que la vi, unos metros frente a mí. Sentada en el suelo arenoso…

─¡¡Anahí!! ─Corrí su lado y como si en algún momento hubiera procesado la información, me arrodillé junto a ella. Observé algo de sangre en su pierna y eso me alarmó aún más ─¿Qué te pasó?
─Lárgate Dulce… Quieres que te deje en paz, vete.
─¡No digas tonterías, eres una inconsciente! ¿Te has dado cuenta de que esta no es tu ciudad? No eres más que una niña rica que no tiene ni idea…
─¿Sabes qué? ─Preguntó haciendo un esfuerzo sobrehumano por levantarse ─¡¡Vete a la mierda!!

Cuando estaba dispuesta a echarse a caminar, su mirada se perdió y su cuerpo prácticamente se desplomó entre mis brazos.

─¡¡Ey!! ¡¡Ey!! ¡Anahí aguanta ─Supliqué mientras daba pequeños golpes en sus mejillas, tratando de hacerla reaccionar. Abrió ligeramente los ojos, mientras intentaba mantenerse en pie con mi ayuda ─Tienes que decirme lo que te pasó…
─No lo sé… ─Dijo con dificultad ─Algo me picó…

Llevé cuidadosamente una mano a su frente para cerciorarme y efectivamente, su piel ardía en fiebre.

─Tenemos que llegar a la aldea… Te está subiendo la fiebre y hay que bajarla cuanto antes. Vamos a ir despacio… Pero tienes que ayudarme ¿Ok? ─Pregunté para obligarla a mantenerse despierta, pero sin recibir respuesta ─Any… ─Agarré su rostro para que me mirara ─…Tienes que ayudarme.

Entonces abrió sus ojos y aunque apenas tenía fuerza para hablar, la simple expresión de su mirada me indicó que pondría todo de su parte. Así que no pude hacer más que pasar su brazo alrededor de mi cuello y dejar que el peso de su cuerpo recayera sobre el mío. De esta forma comenzamos a andar despacio… Le costaba demasiado caminar y aunque trataba de hablarle para que se mantuviera despierta, solo recibía una especie de gemidos como respuesta.

El sol había comenzado a esconderse, la noche estaba llegando y aunque el camino fue duro, en apenas unos minutos llegamos a la aldea, que se encontraba completamente en silencio.

Lo más rápido que pude, la dirigí hacia mi cabaña, recostándola cuidadosamente sobre la cama y quitándole los zaparos para su mayor comodidad.

─Espera aquí un momento…
─No… ─Suplicó agarrando mi mano ─No me dejes sola.

Entonces me incliné sobre la cama y acaricié su rostro sudoroso.

─Tengo que traerte algún medicamento que te baje la fiebre… Prometo que vuelvo enseguida.

Sintiendo como su mano perdía fuerza, dejándome marchar, acudí a toda prisa hacia la cabaña donde guardábamos los botiquines de primeros auxilios. Una vez encontré las pastillas que buscaba y un termómetro, volví a su encuentro.
Observándola prácticamente dormida, me senté al borde de la cama y volví a comprobar el estado de su temperatura simplemente con mi mano en su frente. Me di cuenta de que esta no hacía más que aumentar y eso me preocupó demasiado.

─Anahí, intenta incorporarte un poco ─Pedí ayudándola con mis brazos.

Como pudo, trató de erguir su cuerpo para quedar algo más sentada.

─Tengo mucho frio, Dulce…
─Tienes demasiada fiebre, tomate esto ─Deposité la pequeña pastilla en su boca y le ofrecí un vaso de agua ─Ahora te tomo la temperatura.
─Déjame cubrirme con la manta ─Suplicó.
─No puedes Any, eso solo hará que te suba más la fiebre.
No muy contenta con mi respuesta, terminó de tragarse la pastilla ayudada por un sorbo de agua y esta vez sí, me dispuse a comprobar definitivamente cuando había subido su temperatura.
La ayudé a recostarse nuevamente, ya que su cuerpo no aguantaba erguido demasiado tiempo y le introduje en su boca, el pequeño termómetro.

Mientras esperaba a que el utensilio hiciera su labor, la observaba, completamente en silencio y derrumbada, su cuerpo estaba cansado… Sabía exactamente lo que sentía en este momento. Había sido picada por un mosquito común en esta zona, no muy peligroso, pero que subía la temperatura de una forma descomunal y hacía pasar varios días en cama. Yo he sufrido sus efectos en más de una ocasión, por eso sé exactamente como debe sentirse Anahí en este momento.
Mi mayor preocupación ahora, era conseguir bajar esa fiebre, porque si continuaba aumentando, entonces sí podría convertirse en algo peligroso.

Transcurrieron los minutos y extraje el termómetro del interior de su boca, comprobando seguidamente su temperatura, que asustándome, estaba más alta de lo que esperaba.

─Anahí… ─Susurré ─Tienes demasiada fiebre. Hay que conseguir que se te baje urgentemente… Tenemos… Tenemos que bañarte con agua fría.
─No… ─Gimió abriendo los ojos con dificultad ─Tengo mucho frio Dul… No puedo moverme.
─Escúchame… Si no hacemos algo, tendrás cada vez más frio y te seguirá aumentando la temperatura.
─No quiero bañarme… por favor… no me obligues ─Suplicó agarrando mi mano.

Observé un momento, su mano acariciando la mía y nuevamente dirigí mi vista a sus ojos, para descubrirla observándome suplicante y abatida.

─Está bien… ─Suspiré ─Pero tengo que bajarte la fiebre de alguna forma.

Sin darle opción a discutir me dirigí rápidamente al baño, llené un recipiente con agua fría y agarré unas toallas pequeñas.

Volví a los pocos minutos, encontrándola en la misma posición. Al sentir mi cuerpo sentarse en la cama, abrió difícilmente los ojos.

─Me siento muy mal… ─Susurró.
─Lo sé… Pero te vas a poner bien… Estoy aquí contigo.

Se produjeron unos segundos de silencio, en los que nos mirábamos y mis dedos autónomos, acariciaban su cabello empapado por el sudor frio.

─Es necesario quitarte la ropa ─Informé no muy segura de su reacción ─Mientras menos cosas te cubran, más rápido bajará la fiebre.

Ella simplemente asintió, creo que con tal de que no la metiera en la ducha, aceptaría cualquier cosa en este momento. Eso me hizo sonreír, pero al ver que en sus intenciones no estaba la de desvestirse voluntariamente, comprendí que era yo la que debía ayudarla. Y por algún motivo, mis manos comenzaron a temblar en el momento menos indicado.
Saqué fuerzas de donde no las tenía para incorporar su cuerpo. Sus brazos pasaron alrededor de mi cuello y su peso estaba sobre mi pecho… En esa posición, comencé a levantar su camisa, notando como alzaba los brazos para que pudiera sacarla definitivamente. Una vez conseguida la tarea, abracé su espalda con la intención de recostar su cuerpo nuevamente, pero en el momento en que mis manos tocaron su piel desnuda, mi cuerpo se estremeció.
Conseguí recostarla con dificultad, notando como la visión de su cuerpo semidesnudo me dejaba absolutamente paralizada… Era… era la mujer más hermosa que había visto en mi vida.

Traté de auto-sacarme de ese estado antes de ser descubierta y comencé a desabrochar el botón de su pantalón, para a continuación proceder a deshacerme también de él.
Su cuerpo entero temblaba. Era totalmente consciente de que estaba muriendo de frio y necesitaba con todas mis fuerzas terminar de una vez con ese sufrimiento. Así que empape una de las toallas en agua fría, la escurrí para no mojarla y rápidamente la coloqué sobre su frente, notando como todo su cuerpo se erizaba y retorcía.

─Tengo frio… ─Murmuró con la voz rota.
─Ya lo sé Anahí… Pero tengo que hacer esto o empeorarás.
─Dul, me muero de frio… por favor, déjame taparme.

Su voz denotaba que estaba casi a punto de llorar, y mi corazón se encogía simplemente por verla en esa situación. Su temperatura no descendía, estaba casi desnuda y con una toalla helada en su frente. Era algo casi torturador, pero no podía permitir que se tapara..

─No puedo cariño ─Respondí acariciando su rostro ─Solo podrías… ─Entonces, algo vino a mi mente.

Me levanté de la cama como si ningún movimiento fuera controlado por mi cerebro y comencé a desvestirme.

Ella ni siquiera abrió los ojos, se retorcía en aquella cama, abrazando sus propias piernas y tratando de que su propio cuerpo le proporcionara algo de calor.
Una vez, estaba en ropa interior, me dirigí al otro lado de la cama y me recosté sobre ella, llegando hasta su lado.

Observé su espalda unos segundos, su cuerpo en posición fetal, sus gemidos de sufrimiento… Respiré hondo y sin volver a pensarlo una vez más, cobijé su cuerpo entre mis brazos, pegué mi pecho a su espalda, me encajé en ella como si fuéramos dos piezas de un puzle perfecto y permití que mi piel le proporcionara algo de calor y refugio…

─¿Que… que haces? ─Murmuró.
─Voy a darte calor con mi cuerpo… No te preocupes, poco a poco te sentirás mejor…

Entonces, dificultándome aún más esta situación, decidió voltearse para quedar frente a frente. Sus brazos se anclaron a mi cintura, su rostro quedó cobijado en mi cuello, una de sus piernas se introdujo entre las mías y de alguna forma consiguió que nuestros cuerpos quedaran absolutamente fundidos uno con el otro, sin dejar si quiera un centímetro por el que el aire pudiera pasar.
Se aferraba a mí con todas sus fuerzas, yo la abrazaba como si mi vida fuera en ello… Y de esta forma, los temblores cesaron, los gemidos se apagaron… Y poco a poco… el sueño y la tranquilidad llegó a ella, siendo completamente consciente de que nada le ocurriría, de que mientras se encontrara entre mis brazos iba a protegerla de absolutamente todo lo que le ocurriera en este mundo

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:52 pm

Capítulo 8

Anahí abrió dificultosamente los ojos al sentir como el sol incidía en ella. Los párpados le pesaban, sentía una presión descomunal en la cabeza, como si esta le fuera a estallar de un momento a otro. Y su cuerpo, se encontraba absolutamente adolorido, parecía que en vez de dormir, alguien le hubiera pegado una tremenda golpiza.Ya no tenía frio. Sentía en su cuerpo desnudo, la calidez de aquella enorme y abrigada manta, que la cubría de absolutamente todo lo exterior.
Le bastaron simplemente unos segundos para darse cuenta de que se encontraba sola en aquella cama… Y a pesar de extrañarle, decidió descubrirse e intentar levantarse para ir al baño.
Pero entonces, escuchó como la puerta se abrió firmemente, dejando su intención a la mitad.

Ahí estaba Dulce, parada en la puerta, observándola tan fijamente que incluso consiguió estremecerla… Transcurrieron algunos segundos. La chica portaba algo entre sus manos, pero esa mirada… esa mirada conseguía ruborizar a la semi-desnuda Anahí, que no sabía muy bien que decir ni como actuar.

−¿Cómo te sientes? −Preguntó Dulce, rompiendo el silencio y saliendo de ese estado de quietud en el que se había sumido, acercándose a la cama y dejando sobre la mesilla de noche, esa bandeja que había portado todo el tiempo.
−Como si te hubieras pasado la noche golpeándome −Respondió Anahí con una sonrisa, mientras volvía a taparse y recostarse.

La otra muchacha correspondió a la sonrisa y se sentó a su lado, posando una de sus manos sobre la frente de la enferma.

−Tu temperatura está más normalizada −Informó.
−¿Significa eso que me estoy curando, doctora?
−Si… −Sonrió −Pero no debes descuidarte. Así que… −Agarrando nuevamente la bandeja y posándola sobre sus propias piernas −Me hace usted el favor, de comer algo para que pueda tomarse sus medicinas.

Anahí permaneció observándola unos instantes, tan fijamente que ni ella misma era consciente del por qué… Pero sonreía, no podía evitar sonreír al ver las atenciones que esa mujer se tomaba con ella. Aunque en medio del silencio creado, fue descubierta.
Dulce la miró fijamente, consiguiendo que su piel se estremeciera y deseando que llegara a su mente algún poder adivinatorio que le permitiera descubrir la totalidad de lo que se escondía tras esos ojos intensos.

−Gracias… −Dijo sin embargo.
−No tienes nada que agradecer…
−Y tú no tienes ningún motivo para cuidarme como agradecer
−Bueno… −Sonrió −Ya sé que crees que soy una salvaje. Pero dejarte morir en medio del bosque hubiera sido demasiado.

Anahí también sonrió, bajando al instante la mirada para esconder la emoción que expresaba en el fondo.

−¿Estás bien? −Escuchó preguntar a su acompañante.
Suspiró volviendo a mirarla −No lo sé…
−¿Cómo? −Se apresuró a levantarse, colocando nuevamente la mano sobre su frente −¿Te sientes mal otra vez?
−Dul… −La interrumpió agarrándole la mano y sonriendo enternecida −Estoy bien… tranquila. No es eso…

La chica, a pesar de no entender demasiado bien, volvió a tomar asiento sobre la cama, siendo observada en todo momento por aquella mujer.

−¿Entonces qué ocurre?
−Es solo qué… Me siento mejor cuando no peleamos todo el tiempo.

Aquella muchacha de ojos color miel permaneció unos cortos instantes observándola fijamente y después sonrió. Se veía tan diferente cuando sonreía… tan… tan… dulce.

−Entonces no tienes por qué preocuparte…

Tras decir esa última frase, antes incluso de que Anahí pudiera reaccionar, sintió un cálido beso ser depositado en su frente. Un beso inocente que por algún extraño motivo, erizo su piel y la hizo sentir protegida. Pero cuando quiso darse cuenta, ahí estaba de nuevo, esa mirada intensa, a unos centímetros de distancia, sonriéndole a ella…

−Desayuna… −Pidió tranquilamente −Vuelvo enseguida.

Anahí asintió, dándose cuenta al instante que la mirada de esa chica misteriosa había bajado a sus labios en cuestión de segundos. Este gesto paró de súbito absolutamente todos sus órganos, excepto su corazón, que latía a una velocidad extrema e incontrolable.
Pero eso no duró demasiado tiempo. Aunque realmente, en esas pocas milésimas de segundo algo había sucedido para que se le hicieran eternas y lo viviera a cámara lenta.

Sin decir una palabra más, Dulce salió de aquella cabaña, dejándola con una sensación extraña que a pesar de todo, de su estado, de la situación y de todo lo que le rodeaba, creaba un cosquilleo desconocido en su pecho.

*******

Camino a toda prisa, en dirección al auto, sintiendo como mi corazón martillea con fuerza mi pecho. No sé lo que me está ocurriendo… No lo sé… Pero siento que mi mente se desconecta cuando la tengo cerca. Mi cuerpo reacciona de una manera que yo no controlo, mi corazón se desespera cuando la tengo a mi lado y cuando la miro… simplemente siento ganas de protegerla, de abrazarla, de prometerle a esa niña frágil que nada malo le va a ocurrir mientras esté a mi lado. ¿Cómo puede ser eso posible? ¿Cómo debo entender que en un momento no la soporte, deseando con todas mis fuerzas que se largue cuanto antes y al segundo siguiente me resulte prácticamente imposible controlar las ganas de abrazarla, de cuidarla, incluso de…besarla?

Llego al auto desesperada e incluso algo enojada conmigo misma. Agarro lo que se me había olvidado y decido volver a su encuentro. Trato de relajarme y tranquilizarme en el camino. Al fin y al cabo, ella no tiene ninguna culpa de lo que me ocurre y esta vez es mejor que sepa controlar mi mal genio.

Abro la puerta de mi cabaña, después de tomar aire y la encuentro en la misma posición en la que la dejé, pero esta vez sí, disfrutando de los alimentos que le había traído.
Sonríe al verme y yo… Sí, me desarmo… Simplemente eso, me desarmo.

−Esto está riquísimo −Informó como si realmente no se diera cuenta de lo que me sucede.
−Me alegra que te guste −Acercándome −No sabía muy bien lo que querrías.
−Pues diste en el clavo −Sonrió −¿Y eso qué es?
−Oh… Antes de que despertaras fui al pueblo a ver si encontraba algo con lo que pudieras entretenerte… La verdad es que no tenía idea de lo que traer. Así que termine comprando estas revistas donde… −Mostrándole la portada −Apareces en primera página.

Aceptó el conjunto de revistas, permaneciendo observando sus portadas un instante.

−”La conocida y fashion empresaria, Anahí Puente, a unos meses de contraer matrimonio con el apuesto y codiciado Christopher Uckermann” −Leyó dejando un suspiro en el aire.
−Creo que estoy un poco alejada del mundo real −Reconocí sonriendo con timidez −Jamás te había visto en una revista.
−Bueno… No creo que te hayas perdido gran cosa.
−¿No fue buena idea traerte esto verdad? Lo siento si…

Ella me miró y sonrió ante mi inseguridad.

−No es culpa tuya −Interrumpió −Es simplemente que… Da igual, no me creerás.
−¿Qué? −Insistí sentándome a su lado.
−Cuando me veo en una portada de revista siento que… No sé como explicártelo… Es como si no fuera yo ¿Entiendes?... Veo a una princesa, una chica fina, delicada, importante, exitosa, bien vestida, una chica de la élite… No te voy a negar que las fotos son hermosas y cualquier mujer desearía verse de esa forma, con esos vestidos y ese maquillaje… Pero siento que el mundo me ve simplemente como eso, una muñeca de porcelana, siempre perfecta. Si me vieran ahora −Sonrió irónica −Seguramente me borrarían automáticamente de esa lista de élite.
−¿Quieres saber lo que pienso? −Pregunté observando su mirada cabizbaja.

Ella volvió a mirarme curiosa y asintió expectante.

−Creo que sin tus zapatos de tacón, tus vestidos costosos, tus joyas inalcanzables o tus peinados de cuento… Sigues siendo hermosa… Y ser tú misma, así… tal y como estás ahora… es lo que te hace ser una princesa.

Su mirada se detuvo en mí unos segundos, los suficientes para hacerme temer lo que pudiera estar pensando o quizás sentía miedo de que pudiera leer mi mente y fuera irremediablemente descubierta.

−¿De verdad crees eso?
−¿Cuántas cosas amables te he dicho desde que me conoces, Anahí?
−Creo que… ¿Ninguna? −Sonrió.
−Entonces créeme cuando lo hago −Me levanté correspondiendo la sonrisa −Y ahora… como veo que traer esas revistas no fue una gran idea. Mejor olvidémonos por un rato de ese mundo al que perteneces… Ahora estás aquí ¿No?
Ella asintió observando cómo me dirigía hacia la cómoda −¿Qué vas a hacer?
−Ya qué necesitas descansar y mi intento de entretenerte fue un fracaso… Voy a enseñarte mi mundo.

Saqué del cajón unos álbumes enormes y bajo su atenta mirada, me dirigí hacia el otro lado de la cama, dispuesta a sentarme junto a ella.

−¿Te vas a quedar conmigo? −Preguntó aún incrédula.
−Hasta que me eches a patadas −Respondí sonriendo a un palmo de su rostro.

Ella también sonrió y entonces volvió a surgir un extraño silencio en el que nuestras miradas permanecían estáticas la una sobre la otra.

−¿Te tomaste tus medicinas? −Interrumpí volviendo a la realidad.
−Si, Doctora…

Entrecerré los ojos y alcé una ceja observando como en respuesta me sacaba la lengua y recostaba su cabeza sobre mi hombro.
Entonces, algún poder superior me guió hasta pasar mi brazo por su espalda y cobijar su cuerpo casi desnudo, junto al mío. La sentí acomodarse, pasando sus brazos alrededor de mi cintura hasta quedar en la posición perfecta. Mi cuerpo se tensó en un primer momento pero a ella parecía resultarle algo completamente normal. Así que, con el olor de su cabello que me estaba transportando a un estado de calma total, mi cuerpo consiguió relajarse y sonreí ante tal extraña situación.

−¿Son fotos? −Preguntó procediendo a abrir la portada del primer álbum.
−Así es… Desde que llegué aquí, he tratado de captar con fotografías una especie de historia o evolución de todo lo que sucede.
−No deja usted de sorprenderme, Dulce María… −Mientras continuaba pasando las fotografías, hasta detenerse en una −Oh dios… ¿Que tenías en el pelo?
−Oye, era mis look post-adolescente.
−Pero, lo tenías de colores… ¿Cómo puedes haber vivido con semejante atrocidad?
−Anahí… Estas peligrosamente cerca de volver a ser la niña pija que no soporto.
−Pero es que… Ve esto −Insistía señalando la fotografía.
−¿Pero que le ves de malo? Era mi look “Rockero y rebelde”… Estaba increíble.
−¿Ligabas con ese fantástico look “Rockero- rebelde”? −Preguntó irónica.
−Te sorprendería saber cuánto…

Rápidamente me encaró, desafiándome con la mirada.

−No me lo creo.

Mis ojos se entrecerraron, tratando de mantener una posición seria y respetable antes de que sus ojos azules me volvieran estúpida.

−¿Quieres que te demuestre mis capacidades? −Pregunté comenzando a hacerle cosquillas.

En el momento en que mis manos tocaron su cuerpo, comenzó a retorcerse bajó unas contagiosas carcajadas. Cosa que lejos de hacerme parar, me incitaba a continuar la tortura, con tal de no dejar jamás de escuchar esa risa.
Pero entonces, escuchamos un carraspeó que me hizo parar súbitamente, mirando hacia la puerta, donde ambas encontramos a una Maite, apoyada en el umbral y observándonos con una ceja levantada.
Las tres permanecimos en silencio, Anahí tratando de recuperar el aliento perdido por el sobreesfuerzo, yo intentando borrar de mi rostro esa sonrisa estúpida que se me había quedado, sin conseguirlo. Y Maite…

−Ahora es el momento en el que me dicen que esto no es lo que parece ¿Verdad?
−No… no…no… −Balbuceó Anahí −Sea lo que sea lo que parece… no es…
−Eso te pasa por dudar de mis capacidades −Le susurré al oído recibiendo un manotazo por su parte.
−Bueno bueno −Interrumpió Maite −Dejen un momento de… hacer lo que quiera que estuvieran haciendo y escúchenme. Veo que te sientes mucho mejor −Dirigiéndose a Anahí.
−Si… la verdad es que sí. Ahora mismo lo peor que llevo es el dolor de cuerpo, parece que me pasé la noche saltando.

Nuevamente, Maite alzó una ceja y yo tuve un ataque de risa momentáneo por el cual recibí un pequeño codazo.

−Óyeme… −Me quejé riendo −Que no soy yo la que está metiendo la pata.
−Yo no estoy metiendo la pata −Sentenció alzando un dedo frente a mí, mientras sonreía −Ustedes son unas mal pensadas.
−Es un poquito difícil no pensar mal, teniendo en cuenta a quien tienes al lado –Intervino mi “amiga”
−¡Pero bueno! −Me volví a quejar −No sé cómo me las apaño para llevarme siempre la culpa.
−Algo harás –Finalizó esa berrinchuda, sacándome la lengua.
−¡Chicas, chicas, chicas! Me encanta verlas llenas de paz y sin pelear como perros y gatos, ¿Pero pueden dejar de coquetear y hacerme caso un segundo?

Observé de reojo como el rostro de Anahí volvía a ponerse rojo y eso me hizo reír una vez más.

−Ya May… deja de molestarla que después seré yo la que tenga que soportar a la niña repelente −Dije viendo como fruncía el ceño.
−Y tú muy preocupada amiga −Cortó Maite consiguiendo que esta vez fuera yo la que fruncía el ceño −¡¡Bueno ya!! Venía, además de cerciorarme de que te encontrabas mejor, aunque me acabo de dar cuenta de que tu capacidad de recuperación es bastante…rápida…
−Tiene una buena doctora –Alardeé
−…A informarles –Continuo mi amiga, negando y sonriendo −que esta noche es el cumpleaños de Inés.
−¡¡Si es cierto!! Lo había olvidado.
−¿Quién es Inés? −Preguntó Anahí algo perdida.
−La propietaria del bar en el que estuvimos el otro día.
−Oh si… ya la recuerdo... Fue muy simpática.
−¿Fuiste la mejor amiga del mundo y le compraste un regalo también en mi nombre? −Pregunté con toda la poca vergüenza que me caracterizaba.
−Si Dulce… Creo que eres tan desastre porque te tengo muy mal acostumbrada. Pero la cuestión de todo esto es que, vamos a hacer una cena aquí, ya sabes, una pequeña reunión, la noche, hoguera… todas esas cosas que nos encantan.
−Me gusta el plan −Confirmé −Una noche tranquila, antes de comenzar el trabajo.
−¡Exactamente eso! ¿Anahí, te sentirás recuperada para acompañarnos?
−¡Si! −Interrumpí siendo observada por ambas −Quiero decir que… aún tienes todo el día para descansar y… no te vas a quedar aquí sola mientras todas disfrutamos de una deliciosa cena.
−Seguramente las acompañe −Confirmó mientras me observaba con esa sonrisa dulce que posee.
−Bien, pues… Creo que las voy a abandonar para prepararlo todo… Si en algún momento quieres venir a ayudarme,Dulce… no se adelantará el fin del mundo.

Tras decir eso y rodar los ojos ella misma, desapareció dejándonos nuevamente a solas.

−Creo que no soy la única a la que sacas de quicio −Comentó Anahí mirándome con una sonrisa triunfante.
−¿Qué? ¿Cómo crees? ¡Maite me adora! Y tú también me sacas de quicio a mí eh… No te creas.
−¿Siempre tienes que tener la última palabra?
−Si… y tú me discutes demasiado. Así que… −Comencé a acercarme a ella con una sonrisa juguetona y descarada −Yo intentaría no llevarme tanto la contraria a menos que quieras que te calle de una forma menos… sutíl…
−Si lo intentas… −Respondía acercándose ella también, peligrosamente a mis labios −Te cruzo la cara de una cachetada.

Y así, sin decir nada más, dejándome absolutamente desencajada, mientras sonreía irritablemente, continuó pasando las fotografías de aquel álbum que tenía entre sus manos. Yo permanecí observando su perfil, notando como mi ceño se fruncía. Pero realmente era difícil explicar lo que sentía en mi interior al ver cómo iba un paso por delante de mí, como continuaba con una sonrisa de triunfo dibujada en sus labios mientras yo me preguntaba qué demonios provocaba eso en mí.

−¿Esto donde es? −Interrumpió señalando una fotografía.

El sonido de su voz me volvió a despertar, consiguiendo que rápidamente dirigiera mi mirada hacia lo que intentaba mostrarme. Era una foto mía, de hace algunos años con un numeroso grupo de jóvenes.

−Son alumnos de una universidad de la ciudad −Aclaré.
−¿Y qué hacías con ellos?
−Verás… Cada año viajo a la ciudad para ofrecer convenciones a los alumnos que están estudiando “Trabajo social”, les hablo un poco de nuestra labor en la aldea y los invito a hacerse voluntarios…
−¿Y aceptan? −Continuó curiosa.
−La gran mayoría sí… Deciden venir aunque sea una vez para vivir la experiencia. Algunos repiten cada año, como Sonia, una de las chicas que sirve el desayuno. Y otros simplemente deciden continuar la carrera para sentarse en una oficina a firmar informes −Sonreí.
−Tengo la impresión de que algunas deciden volver solo para verte…
−¿Por qué dices eso?
−Por esta chica… −Respondió señalando la siguiente fotografía −¿Cómo dices que se llama?
−Sonia…
−Sonia… −Repitió −Se ve a leguas como te mira.
−Bueno… Sonia y yo… ya sabes… pero no creo que siga habiendo nada de eso.

Entonces me miró rápidamente, quedando a unos centímetros de mí.

−¿Cómo es posible que hayas estado con tantas mujeres y de ninguna hayas llegado a… ya sabes…enamorarte?
−Ya te conté ayer lo que me sucedía −Respondí encogiéndome de hombros −Creo que eso ya no es para mí.
−¿La sigues queriendo a ella? –Señaló la foto que había sobre la cómoda.

Observé un instante esa vieja fotografía y me detuve a pensar por primera vez en mucho tiempo, qué había dentro de mi corazón. Entonces, la volví a mirar a ella, sintiendo como su mirada expectante atravesaba cada parte de mi ser en cuestión de segundos.

−Siempre le tendré cariño… ha sido mi única relación duradera y esos años crearon una fuerte unión…
−¿Pero la quieres? –Insistió –¿Si volvieras a verla tú…?
−Vuelvo a verla cada año –Interrumpí –Cuando regreso a casa siempre… Pero si la quisiera de esa forma yo… Simplemente no estaría aquí, en este momento… El motivo por el cual no me he enamorado es porque me cerré completamente a ello y entendí que eso no era para mí… al menos no en un futuro cercano.
−Algún día llegará alguien… que rompa todos tus esquemas −Sentenció mirándome fijamente –Te desarmará… y dejarás de ser tan dura como quieres hacer ver que eres.

En este momento, no pude hacer otra cosa más que tragar saliva e intentar de todas las formas posibles, que como bien acababa de decir y como mi corazón me ha anticipado en alguna que otra ocasión, su mirada… no me desarmara.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:53 pm

Capitulo 9

La forma intensa en la que esa muchacha la miraba en este momento, conseguía que Anahí se preguntara ¿Qué pasa por tu cabeza? Siempre la misma pregunta, siempre la misma respuesta silenciosa, de una mujer que a pesar de mostrarse cada vez más abierta con ella, continuaba ocasionándole una curiosidad extrema. Y es que… había algo en el fondo de Dulce, existía algo en el interior de su mirada que le producía un sentimiento extraño, algo que la incitaba a querer saber más y más sobre ella.
Ese algo, que en este momento, en el que tiene a una mujer observándola fijamente, haciéndola sentir completamente desnuda frente a ella, lejos de ocasionarle incomodidad… Le producía… otra cosa… imposible de explicar… Pero Dulce, a pesar de sus peleas tontas, de su mal humor, de su forma grosera de tratarla, cuando la miraba a los ojos veía algo diferente, algo que la hacía sentirse en paz, algo que… extrañamente, la hacía olvidar por completo el mundo al que pertenecía.

−Y no habrá nada que te pueda salvar –Insistió Anahí apuntándola con su dedo índice y con una sonrisa juguetona dibujada en sus labios.
−Te gusta mucho molestarme ¿Verdad?
−Me gusta ver la cara de pánico que se te pone…
−Si… −Sonrió –No es algo que me agrade mucho pensar.
−Resulta que la gran conquistadora de mujeres no es más que una niña con un terrible miedo a enamorarse.
−¿Estará mi secreto a salvo contigo?
−Puedes estar tranquila –Correspondió Anahí con una sonrisa más dulce de lo que pudo controlar –Por cierto, aún no me has dicho ¿Por qué decidiste estudiar Trabajo Social?
−¿En qué momento empezaste a querer saberlo todo de mi vida? –Preguntó frunciendo el seño a la vez que sonreía.
−Bueno… eres lo único interesante que hay por aquí.

En el momento en que la chica castaña pronunció esa frase, la expresión en la cara de Dulce cambió, alzando rápidamente una ceja sin apartar la mirada de ella.

−Yo… yo… −Balbuceó –No quise decir que esto no fuera interesante…Es solo que… Espera… −Se detuvo al ver la sonrisa de la peliroja −¿Esa expresión es de “enfado” porque una vez más metí la pata infravalorando tu mundo? ¿O de “creída” porque acabo de decir que eres lo más interesante que hay por aquí? Me está costando un poco descifrarte –Reconoció nerviosa.
−Un poco de las dos cosas… Pero como lo compensaste –Encogiéndose de hombros –Esta vez me voy a ahorrar llamarte “niña pija”
−Menos mal… −Sonrió aliviada −Creía que nuestro momento de paz iba a llegar a su fin.

Dulce bajó la mirada, escondiendo tras sus manos una risa irónica a la vez que negaba con la cabeza. Anahí la observó incrédula pero también riendo y extrañada al no saber qué sucedía ahora.

−¿Se puede saber que te hace tanta gracia?
−Nada… −Respondió deteniéndose para mirarla –Es solo que a veces me resultas tremendamente inocente y me hacen gracia tus meteduras de pata.
−Ya… Normalmente no suelo ser así. O bueno… quizás sí, pero eres la única que me baja ese aire de “niña rica” de un plumazo y sin anestesia.

La risa de Dulce, debió escucharse por toda la aldea y esto consiguió que Anahí también riera.

−La delicadeza no es lo mío –Aceptó divertida.
−Créeme que me he dado cuenta –Dijo rodando los ojos mientras sonreía –Pero ya, deja de reírte de mí y contesta la pregunta.
−¿Por qué decidí estudiar trabajo social?
−Exacto…
−Cuando era pequeña no me gustaba nada estudiar, era un desastre en la escuela y la típica niña bohemia, que se pasa la vida en su cuarto, con su guitarra, componiendo, escribiendo, leyendo, pintando… haciendo cualquier cosa menos agarrar un libro de la escuela.
−No sé por qué razón así es exactamente como te imaginaba –Comentó con una sonrisa molestosa.
−Nunca entró en mis planes estudiar una carrera universitaria, soñaba con recorrer el mundo en una furgoneta hippie y vivir al límite, con escasos recursos. Quería ser útil, visitar aldeas infantiles, ayudar a los miles de niños que no tienen nada… Pero, una cosa era contradictoria con la otra. Me iba a ser imposible ofrecer algo a alguien si ni siquiera yo misma tenía donde caerme muerta –Sonrió–Entonces descubrí esta carrera, con la que podría ayudar a las personas incluso en la propia ciudad. Así que me adentré en ella… Me gustaba lo que aprendía y con algo de esfuerzo logré terminarla después de cuatro años. Pero algo en mi interior me seguía diciendo que no servía para estar en una oficina y firmar informes… Yo necesitaba salir a la calle, estar frente a frente con cada persona y hacer algo en favor de la humanidad… Trabajé un tiempo para los servicios sociales públicos de México y cuando todo acabó, decidí hacer un viaje solidario al interior de la región… Este viaje me trajo hasta aquí y entonces me di cuenta de que no se trata de lo que tengas o dejes de tener… Hay muchas formas de ayudar al mundo y cuando esos niños me dieron el primer abrazo, supe que jamás podría volver a irme

Anahí escuchó atentamente toda la historia, sintiendo como cada palabra que pronunciaba esa muchacha, se iba instalando en un lugar extraño de su interior e iba abriendo una veda desconocida.
La admiraba… Sí, por alguna extraña razón admiraba absolutamente todo lo que esa chica representaba. Maite estaba en lo cierto desde el principio, Dulce era reservada, extraña, misteriosa y hasta ahora se habían llevado a matar. Pero en este momento, Anahí estaba sintiendo que solo había una persona capaz de conseguir su admiración como Dulce lo estaba haciendo, y esa persona era su propio padre. Nadie más, en ningún momento de su vida, había tenido esa influencia sobre ella, creando de un momento a otro un enorme deseo que necesitaba ser manifestado…

−¿Estarías dispuesta a enseñarme tu mundo? –Preguntó casi inconscientemente.
−¿Realmente estás dispuesta a conocerlo?
−¿Crees que no es para mí, verdad? –Suspiró Anahí bajando la mirada –Seguramente seguirás pensando; ¿Qué se le habrá pasado por la cabeza al señor Puente para enviar a su hija a este lugar?

Entonces sintió como una delicada mano rozaba su mentón, consiguiendo que su mirada ascendiera.

−Sé perfectamente lo que pensó tu papá para hacerte venir –Sentenció mirándola fijamente –Y no solo voy a enseñarte mi mundo, Anahí. Voy a conseguir que lo veas a través de mis ojos.

En ese momento, el corazón de Anahí se aceleró, un hormigueo desconocido invadió la zona próxima a su estomago y una emoción diferente abarcó sus ojos y su corazón.

−Pero ahora voy a dejar que descanses un poco… En unas horas llegarán las chicas y aún no estás del todo recuperada. Además… no quiero que Maite se pasé la noche echándome en cara que no la ayudé en nada –Sonrió −¿Estarás bien?
−No te preocupes –Asintió correspondiendo la sonrisa –Intentaré dormir un poco antes de comenzar a prepararme.
−Muy bien… Aquí te dejo esto, por si quieres seguir viendo fotos.

Anahí asintió observando cómo Dulce, tras una sonrisa hizo el intento de levantarse. Pero rápidamente, la chica sintió el impulso de detenerla agarrando su brazo.

−Gracias… −Dijo en cuanto volteó para mirarla.

Dulce sonrió e inesperadamente se acercó a ella dejando un cálido beso sobre su frente.

−Si necesitas algo, avísame…

Y de esta forma, se levantó dispuesta a abandonar definitivamente la cabaña, dejando tras ella a una Anahí, que sin darse cuenta observaba como esa chica se marchaba, con una sonrisa dibujada en sus labios.

Pasaron algunas horas. Por alguna extraña razón desde que llegó a este lugar, Anahí sentía que el día tenía más horas que en la ciudad. Y eso no significaba que se aburriera, al contrario, vivía con una relajación extraña en ella. Cuando estaba en México, debido a su trabajo tenía que pasar prácticamente el día corriendo y cuando llegaba la noche, simplemente quería acostarse, leer un buen libro durante los diez minutos que sus ojos le permitieran y seguidamente dormir para ocho horas después, repetir la misma rutina diaria.
Aquí era completamente distinto, apenas lleva unos días y a pesar de los pocos recursos que existen, ni uno ha sido igual al anterior. Siempre hay algo nuevo por descubrir… O simplemente el hecho de estar en paz y tranquilidad, tornaban su estado de ánimo muy diferente.

Había comenzado a sentirse un poco mal, en la entrada de la tarde, sintió frio nuevamente y probablemente su temperatura estuviera aumentando. Pero hace unos pocos minutos apareció Maite, que en nombre de Dulce le entregó un medicamento y le informó de que era la hora de volver a tomarlo. Además, la invitó a salir al exterior en cuanto se sintiera lista, añadiendo que el resto de invitados a la cena estaban comenzando a llegar.
Eso fue hace aproximadamente una hora. Hora en la que Anahí se dedicó a recuperarse un poco y también a arreglarse para dicha cena. Dulce no había vuelto a visitarla, o quizás lo hizo mientras dormía…No importa, seguramente habría estado muy ocupada con la preparación de esa cena.

La chica castaña terminó de arreglarse y se dispuso a salir, para llevar a cabo algo de vida social.
Una vez en el exterior de esa cabaña, se encontró a lo lejos, una fogata encendida y numerosas personas a su alrededor. Se aproximó lentamente y a medida que se acercaba distinguía mejor a los presentes. Allí estaba ella… Dulce… acompañada por esa chica voluntaria, Sonia… hablando animadamente con ella y sonriendo. Anahí se permitió a si misma unos segundos de tregua en los que simplemente la observaba a unos metros de distancia. El resto de personas parecían haber desaparecido… Solo veía como la sonrisa de esa chica se iluminaba con las llamas que estaban a su lado… Y la otra muchacha, esa que la acompañaba, parecía derretirse simplemente por tenerla tan cerca y una sensación particular inundo el estómago de Anahí justo antes de que esa mirada color miel la descubriera observando.

Dulce la miró, a ella… Consiguiendo que cualquier sensación que estuviera experimentando anteriormente se borrara de un golpe, mientras su corazón comenzaba un latido más veloz de lo normal, haciéndola sentir nerviosa, ansiosa en esos segundos en los que los ojos de esa chica que ya no sonreía la miraban fijamente… Cuando daría por saber que piensa.

Pero antes de que pudiera terminar de formularse esa pregunta, observó como ella se levantaba y misteriosamente acudía a su encuentro, haciendo esos metros de distancia, eternos.

−Buenas noches… −susurró con una pequeña sonrisa cuando llegó frente a ella.
−Buenas noches…

La miraba intensa de esa mujer parecía clavarse en sus ojos como una flecha paralizante. No sabía que le estaba ocurriendo esta noche, pero sin duda, un nerviosismo desconocido se había apoderado de ella.

−¿Cómo te sientes?
−Mejor que hace rato… −Sonrió −Gracias por hacerme llegar el medicamento.
−Supuse que en la tarde te subiría de nuevo la fiebre y como tuve que volver al pueblo, le pedí a Maite que se encargara ella de llevártelo.
−Supusiste bien… −Volvió a sonreír –Estás en todo.

Dulce simplemente correspondió la sonrisa, permaneciendo en silencio, sin ninguna intensión aparente de hacer o decir nada más.

−¿Y por qué tuviste que volver al pueblo?
−Oh… Fui a recoger a Andrea…
−¿Andrea? –Preguntó extrañada −¿No es la chica que..?
−Si… -Interrumpió dirigiendo su mirada hacia un lugar donde esa chica nombrada se encontraba –Debía hablar con ella…
−Oh… está bien…

Los segundos de silencio regresaron, la mirada de Anahí esta vez intentaba huir a la de su acompañante, deseando que esa incomodidad interior desapareciera.

−¿Nos unimos a la fiesta? −Interrumpió Dulce una vez más.

Anahí simplemente sonrió, sintiendo al instante como la mano de esa chica se posaba delicadamente en su cintura, ejerciendo una ligera presión que además de estremecer su cuerpo involuntariamente, la obligó a caminar.

Al cabo de unos pocos segundos, llegaron hasta donde estaban Maite y esa mujer, que había conocido en el bar.

─¿Cómo se encuentra la enferma? ─Preguntó Maite con una sonrisa en cuanto se acercaron.
─Recuperándose satisfactoriamente ─Respondió la propia Anahí.
─Y tan satisfactoriamente ─Añadió Inés ─Con una picadura así, te podrías haber pasado días sin poder salir de la cama.
─Entonces es que tuve la suerte de dar con una buena doctora.

En ese instante buscó inconscientemente la mirada de Dulce. Y ahí estaba… esperándola con esa sonrisa misteriosa que en esta noche además poseía una dulzura desconocida… un resplandor que la hacían sentir diferente y extraña.

─Voy a traerte algo de tomar… ─Añadió sacándola de sus pensamientos ─En seguida vuelvo.

Tras recibir una silenciosa afirmación por su parte, Dulce se fue en busca de lo prometido. Mientras, Anahí permaneció observándola marchar hasta el momento en el que alguien se interpuso en el camino de la trabajadora social, hablándole animadamente y consiguiendo que esta riera sin parar. Sonia… esa chica con la que se encontraba a penas minutos antes. Sin duda, desde esa perspectiva se podía notar lo bien que se llevaban… Dulce era incorregible, pensaba Anahí, en la mañana le había contado lo de su aventura con esa chica y ahora está aquí… ve como la mira, se ríen y quien sabe que más… Y por otro lado, Andrea… esa muchacha con la que supuestamente también se acostó. Hace unos días salen juntas, la besa. Hoy decide ir al pueblo a recogerla para hablar solo Dios sabe de qué cosas… Y ahora, también se encuentra aquí… ¿Cuántas mujeres más de este lugar habrán pasado por la cama de esa chica?

─Como sigas mirándola así la vas a gastar ─Interrumpió una conocida voz.
─¿Perdón? ─Preguntó Anahí confundida, observando cómo Maite le hacía un gesto para que se sentara junto a ella.
─A Dulce… No le has quitado la vista de encima en minutos.
─No es lo que piensas ─Respondió frunciendo el ceño ─Solo me preguntaba cómo es posible que reúna a todas sus mujeres en lugar y no ocurra nada.
─¡¿Sus mujeres?! ─Riendo ─Que todas estemos aquí es precisamente por eso Anahí, porque ninguna es “Su mujer” como tú dices. Dulce, nunca le ha prometido nada a nadie... Si una virtud caracteriza a mi amiga, desde luego es la sinceridad a la hora de no comprometerse. Además tampoco se ha llevado a la cama a todas las aquí presentes.
─¿Ah no? ─Sonrió irónica.
─No… Pero la verdad es que si tanto te preocupa deberías preguntárselo a ella.
─No me preocupa.
─¿Qué te preocupa? ─Interrumpió esta vez sí, SU voz, sobresaltándola.
─Nada ─Se apresuró a responder mientras la observaba sentarse a su lado.

La chica clavó sus ojos en ella, creando unos segundos de silencio absoluto, donde entornaba ligeramente esos ojos color miel intenso, poniéndola algo nerviosa. Parecía querer averiguar algo… Pero pronto se dio por vencida y descolocando absolutamente a Anahí, sonrió tan dulcemente como antes.

─Aquí tienes ─Ofreciéndole un vaso que automáticamente aceptó observando su contenido.
─¿Coca cola?
─Ajá…
─¿Y por qué yo tengo coca cola y tú tienes cerveza? ─Frunció el ceño.
─Porque yo estoy en perfectas condiciones… En cambio tú, estás tomando medicamentos para controlar tu temperatura y de ninguna manera voy a permitir que el alcohol anule su efecto y vuelvas a tiritar de frio en unos minutos.
─¿No crees que te estás tomando demasiado enserio eso de ser doctora? A lo mejor te equivocaste de profesión…
─¿Vamos a volver a pelear? ─Preguntó sonriendo al ver la seriedad de Anahí.

Esta bajó la mirada y sonrió ligeramente, rindiéndose ante la situación y sintiendo al instante como unos delicados dedos ejercían presión sobre su mentón para que levantara la mirada y se encontraran frente a frente.

─¿Qué ocurre? ─Volvió a preguntar.
─Creo que no estoy de muy buen humor… No lo sé… quizás ya extrañe mi casa.
─Eso no es cierto… ─El rostro confundido de Anahí hizo que Dulce continuara hablando ─Estoy segura de que en las últimas horas ni siquiera has recordado una sola vez nada de lo que dejaste allá.
─¿Por qué crees eso?
─Porque me lo dicen tus ojos…
─Quizás mis ojos y mi mente no estén en la misma frecuencia.
─Por supuesto que no ─Aclaró ─Tus ojos expresan lo que siente tu corazón… y ese casi nunca está sintonizado con nuestro cerebro.
─Entonces… ¿Cuál de los dos crees que tiene la razón?

En el justo instante en el que Dulce iba a responder…

─Dulce… ¿Podemos hablar un momento? ─Interrumpió una voz, consiguiendo que ambas rompieran el contacto visual, dirigiéndose hacia esa voz femenina que había llegado y que Anahí reconoció como la famosa Andrea.

Sin decir absolutamente nada, la trabajadora social volvió su mirada hacia Anahí.

─ ¿Me das un minuto?

La chica castaña simplemente asintió, ofreciendo una sonrisa bastante más fingida de lo que hubiera deseado. Y tras ese gesto, Dulce se levantó siguiendo a esa muchacha hacia algún lugar apartado.

Pasaron algunos minutos, quizás demasiados, en los que Anahí intentaba llevar algo del alimento a su boca. Pero lo cierto es que las ganas de comer eran escasas esta noche, aún no se sentía del todo recuperada y por alguna razón estaba incomoda, nerviosa, esperando como una estúpida que esa muchacha apareciera y haciendo caso omiso a las innumerables conversaciones que intentaban mantener el profesor de educación física o incluso la mismísima Maite.

Llegado el momento, se cansó de esperar. Pero sobre todo se hartó de fingir interés en conversaciones que ni siquiera escuchaba… Necesitaba estar sola, necesitaba algo de calma en esta noche tan extraña. Así que, lo más discreta posible, se levantó del lugar y alejándose un poco de la luz de la hoguera, encontró un lugar solitario, donde la música llegaba ligeramente de fondo, apenas audible, aunque si alcanzaba a escuchar otros diversos sonidos de la naturaleza…

Pudo distinguir al búho… ese animal que nunca había visto pero que cada noche la acompañaba, convirtiéndose prácticamente en la banda sonora de sus madrugadas. No lo conocía… es cierto, pero ya lo sentía parte de ella.
Escucho también los aullidos de esos perros que cuidaban la noche de criaturas salvajes, intentando comunicarse de una aldea a otra… Se preguntó ¿A qué distancia estarían esos poblados unos de otros?, ¿Por qué hasta ahora no había visto ningún indígena rondar por este campamento…? En este momento, parecía todo estar tan cerca… tan conectado, que le resultaba prácticamente imposible pensar que quizás fueran muchos los kilómetros que separaban una aldea de otra… Recordó entonces esa noche en la que Dulce la ayudó a comprender este mundo. Ella dijo que todo estaba conectado, que cada sonido tenía una razón de ser y que cuando aprendiera a escuchar… todo pasaría a formar parte de ella.

─Ya no resulta tan espeluznante… ¿Verdad?

Su repentina voz hizo que Anahí se sorprendiera, aunque lejos de asustarse, una sonrisa involuntaria adornó sus labios mientras sentía la presencia de esa chica detenerse a su lado.

─No… ─Respondió al voltear su rostro encontrándola ─Definitivamente… no.

Dulce sonrió y desvió su mirada al frondoso bosque donde la única iluminación era la que otorgaba esa luna completamente llena y hermosa. Se crearon unos segundos de silencio… nada incómodos para Anahí, a pesar de la situación.

─Estas muy pensativa esta noche…
─¿Por qué dices
─Bueno… no creo que te hayas alejado de la multitud para simplemente observar el bosque.
─Comenzaba a dolerme la cabeza ─Sonrió ─Necesitaba un poco de tranquilidad.
─Si quieres volver a la cabaña y descansar… Puedo llevarte algo de comer más tarde.
─Creo que tus amigas no te dejarían estar lejos más de dos minutos ─Añadió Anahí con una sonrisa irónica.
─Lo que estás pensando no es… no tiene nada que ver…
─No te estoy pidiendo explicaciones, Dulce.
─Y yo no te las estoy dando ─Sentenció ─Simplemente creo que estás equivocada.
─Sea como sea… no es asunto mío.
─Baila conmigo.
─¿Perdón? ─Preguntó sorprendida y descolocada.
─Baila conmigo esta canción ─Repitió extendiendo su mano.

Anahí, que había tenido los brazos cruzados todo este tiempo, observó la mano extendida de esa chica, con algo de confusión y volvió a dirigir la mirada hacia sus ojos. Observando en ellos una intensidad aún mayor que nunca… Era extraño, pero podía prácticamente ver aún las llamas de aquella hoguera reflejada en sus ojos… y eso le producía pánico… pero un pánico diferente.

─Ni siquiera se escucha bien la música.

Dulce sonrió y para sorpresa de Anahí, esa mano que había estado extendida durante segundos esperando una respuesta, rozó sus brazos, obligándola a abandonar esa postura a la defensiva y cuando quiso darse cuenta, el cuerpo de Dulce estaba pegado al suyo, sus labios en su oído… y su propio cuerpo, completamente inmóvil.

─Yo cantaré… ─Susurró a medida que abrazaba su cintura, esperando pacientemente una respuesta corporal.

Anahí, aunque en un principió se tensó al sentir el contacto… En cuanto la voz de Dulce susurró en su oído, consiguió relajar sus músculos aunque su corazón siguiera exactamente igual de nervioso.
Entonces… sus brazos, obviando las indicaciones de su cerebro, se anclaron al cuello de la otra chica, como si toda su vida hubiera hecho algo así, como si tener el cuerpo de otra mujer pegado al suyo no fuera nada extraño, como si Dulce simplemente fuera el refugio perfecto en esta noche llena de contradicciones…

─”Fue un día como cualquiera… ─Comenzó a cantar en susurros ─Nunca olvidaré la fecha… Coincidimos sin pensar el tiempo ni el lugar…”

La piel de Anahí se estremeció al escuchar la forma en que esa mujer cantaba junto a su oído, haciendo que su cuerpo comenzara un balanceo despacio, al ritmo de esa música y de esa voz que se iban metiendo directamente en su corazón…

─”Algo mágico pasó…Tú sonrisa me atrapó… Sin permiso me robaste el corazón…”

Dulce separó ligeramente sus cuerpos, consiguiendo que sus ojos se encontraran una vez más y que Anahí comprendiera de una vez, que todo lo que había alrededor estaba desapareciendo, el tiempo simplemente se detenía en los ojos de esa chica…

─”Y así sin decirnos nada… Con una simple mirada, comenzaba nuestro amor… Tú me cambiaste la vida, desde que llegaste a mí… ─Continuó cantando mientras hacía que la chica de ojos azules diera una vuelta en medio del baile ─Eres el sol que ilumina todo mi existir…”─Volvió a ella sonriendo.
─”Eres un sueño perfecto…todo lo encuentro en ti…” ─Nuevamente la hizo voltear entre risas.
─”Tú me cambiaste la vida, por ti es que he vuelto a creer… ─Cantó mientras Anahí regresaba a su cuerpo ─ahora solo tus labios encienden mi ser…”

Entonces… cuando el cuerpo de Anahí, regresó a los brazos de Dulce, algo extrañó sucedió, la música desapareció, la voz se silenció… Y de un momento a otro, en un tiempo inexistente, sin saber cómo ni por qué, los labios de esa chica se encontraban rozando los suyos… Consiguiendo que cada centímetro de su piel se estremeciera, mientras su corazón había parecido detenerse súbitamente y su estómago se contraía intentando controlar esa revolución y explosión de sentimientos que habían tenido lugar en su interior.

Se encontraba absolutamente paralizada, sintiendo la calidez de esos labios sobre los suyos y dándose cuenta al instante de que sus manos, involuntariamente habían decidido aferrarse al cabello de esa chica… No entendía nada… Solo sentía una enorme necesidad de tenerla más cerca.

Pero dicha necesidad fue la que, después de unos extraños instantes, hizo que se separara y casi sin pensarlo, notó un dolor en su mano al golpear la mejilla de Dulce con una fuerza incontrolable.
La confusión vino a ella automáticamente y algo de rabia invadió sus propios ojos…

─Te advertí que si lo hacías… te cruzaría la cara.

Y tras decir eso, observando cómo Dulce la miraba en silencio y sin ninguna intención de añadir nada más, se alejó prácticamente corriendo de aquel lugar. Con un cúmulo de sensaciones absolutamente alborotadas y mezcladas en el interior de su cuerpo, hasta el punto de no saber cual prevalecía entre todas.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:53 pm

Capitulo 10

Me quedé absolutamente paralizada cuando salió corriendo… No entendía que acababa de pasar… La besé, sí… Besé a esa mujer y por primera vez en mi vida me dieron una cachetada. Pero lo peor del caso es que me encontraba absolutamente confundida… No sé qué demonios me llevó a besarla ¿Es que no puedes controlarte Dulce? ¡Ya la fastidiaste! Ahora va a pensar que… ¡****! Ni siquiera sé lo que piensa… Pero no debiste hacerlo… no con Anahí… no ahora que habían conseguido dejar de pelear… ¡Eres una estúpida! Te dejaste llevar por el momento y por… por…

─¿Me explicas que acaba de pasar? ─Interrumpió la voz de Maite desde atrás, haciéndome voltear.
─¿De qué hablas?
─De que acabo de ver como Anahí corría hacia la cabaña, con cara de pánico.
─La besé ─Respondí simplemente, observando como mi amiga levantaba una ceja.
─La besaste y…
─Me abofeteó.

Entonces la carcajada de Maite hizo acto de presencia, consiguiendo enojarme aún más.

─¿Se puede saber que le ves de gracioso?
─Perdón, perdón ─Se disculpó sin parar de reír ─Es que nunca te habían abofeteado.
─Repito la pregunta; ¿Se puede saber que le ves de gracioso?
─Lo gracioso querida amiga… es que lo volverías a hacer aunque te volviera a cachetear.
─¡Joder Maite! ─Grité llevándome las manos a la cabeza ─¡No me estás ayudando!
─¿Y en qué quieres que te ayude exactamente?
─¡¡En nada!! En nada… Pero se supone que eres mi amiga, al menos no te rías o… o… dime que hago.
─¿Qué quieres a hacer?
─Maite… ─Respiré hondo mientras fruncía el ceño ─Si lo supiera, no te estaría preguntando.
─¡¡A ver Dulce María!! Aquí solo hay dos opciones… Primera; piensas, recapacitas… te das cuenta de que esa chica es hija de uno de los hombres más importantes para esta aldea, vuelves a pensar y te alejas de ella antes de seguir metiendo la pata. O segunda opción; No piensas, no recapacitas, te olvidas de quién es y de donde viene, empiezas a sentir, corres hacia esa cabaña, la vuelves a besar y reconoces de una vez que te mueres por esa mujer desde el primer segundo en que la viste.

Después de escuchar todo el discurso y esas dos opciones que siendo completamente sincera no me ayudaban en nada, permanecí en silencio unos segundos, intentando que algún pensamiento lógico y coherente de verdad, llegara a mi mente.
Pero al ver, que el tiempo transcurría y nada sucedía, ningún milagro me desvelaba lo que debía hacer, mis piernas comenzaron a caminar sin control.

─¡¡¿Y bien?!! ─Preguntó Maite al ver que me alejaba sin responder ─¿Cuál es la decisión?
─¡¡No lo sé!! ─Grité ─¡¡Sólo sé que tengo que hablar con ella!!

Llegué a mi cabaña en cuestión de minutos y aunque en otro momento me hubiera detenido a pensar, a reflexionar o simplemente a recuperar el oxigeno, esta vez no fue así… Abrí la puerta como si nadie se encontrara adentró, sin ningún tipo de cuidado y la imagen que encontré me sorprendió de tal forma que hizo a mi corazón latir nervioso, asustado.

─¿Qué estás haciendo? ─Pregunté observando cómo guardaba algunas cosas en su maleta.
─Mi equipaje… me voy de aquí mañana mismo.
─Pe… pero Anahí… no puedes hacer eso… si fue por… por lo de antes… vengo a disculparme… no debí besarte… pero no…
─¡¡No Dulce!! ─Interrumpió dándose la vuelta ─¡¡No debiste hacerlo!! Y yo no debí venir aquí nunca… ¡Todo esto es una completa locura! Hace dos semanas mi vida era perfecta ¿Entiendes? Iba a casarme con el hombre de mis sueños, a ser dueña de una empresa importante, a tener una bonita casa y formar una familia feliz, era una mujer admirada… ejemplo de muchas. ¡¡¿Y ahora?!! Ahora estoy aquí, en un lugar que ni siquiera aparece en el mapa, con una mujer que piensa que soy una más y caeré rendida a sus brazos a la primera de cambio, que cree tener el derecho de besarme y que automáticamente iré directa a su cama… Preguntándome, ¿En que maldito momento se me ocurrió aceptar venir a este lugar y dejar que con tu aparente buena voluntad de estos días, o con tu sonrisa dulce, te metieras en mi vida? -Preguntaba desesperada -¡¡Pero ya está bien!! Te equivocaste conmigo… no soy ninguna de esas niñas con las que juegas a tu antojo. Así que no se te ocurra volver a besarme en tu vida ─Amenazó alzando un dedo ─O no respondo ¿Te queda claro?

Después de sus palabras, de su discurso, de sus preguntas sin respuestas y de sus gestos de desesperación, permanecí en silencio… Observando su pecho agitado por el nerviosismo, intentando recuperar el aliento. Analizando sus ojos inquietos y completamente confundidos por mi silencio.

Algo me impulsó a acercarme a ella muy lentamente, sintiendo como su mirada era cada vez más confusa y su cuerpo se tensaba a medida que me aproximaba.
Me detuve justo frente a ella, a escasos milímetros de su rostro, sintiendo en mis labios su agitada respiración y observando cómo su mirada descendía incontrolablemente.

─No lo hagas… ─Susurró casi sin voz.

Pero esa petición pareció simplemente ser el detonante perfecto para que mis labios rompieran la distancia y se unieran a los suyos con delicadeza, con dulzura… sin ninguna intensión de obligarla. Pero con la firmeza necesaria para demostrarle que sus amenazas no significaban nada para mí.

Su cuerpo se quedó inmóvil y mi pecho experimentó una revolución por el simple roce de sus labios, consiguiendo que en esos segundos de unión absolutamente todo desapareciera… Todo perdió sentido… las palabras fueron olvidadas, las amenazas ignoradas y me invadió una enorme necesidad de ir más allá… de explorar cada rincón de su boca y calmar de una vez estas ansias que siento.

Pero nuevamente, igual que hace unos minutos, mi deseo fue interrumpido por el dolor de su mano golpeando mi rostro con furia. Y está vez, después de lanzarme una mirada asesina, empujó ligeramente mi pecho hacia atrás, para que me apartara de su camino dirigiéndose rápidamente a la puerta.

─Lárgate de aquí ─Sentenció mirándome desde el umbral.

Me aproximé a ella y justo antes de salir, desafié su mirada.

─Por si se te había olvidado… esta es mi cabaña.

Justo en el momento en que terminé de decir esa frase hizo el intento de ser ella misma la que se marchara, pero algo hizo que mis manos la detuvieran rápidamente, dejándola de espaldas a la puerta y acorralándola entre mis brazos.

─¿Qué estás haciendo? ─Preguntó intentando forcejear.
─No eres más que una niña caprichosa ─Sentencié.

Y cuando su boca se abrió dispuesta a responderme cualquier barbaridad, sellé sus labios besándola nuevamente…
Con algo más de intensidad que mi en minutos anteriores, pero otra vez sin llegar a profundizarlo antes de que cruzara mi cara una vez más con otra cachetada.

─¿Cuántas veces voy a tener que golpearte para que dejes de besarme? ─Preguntó furiosa.
─Si una cachetada es el precio que tengo que pagar… ─Susurré acortando la distancia ─Te van a doler los labios antes que a mí las mejillas, porque no pienso dejar de besarte…
─¿Qué es lo que pretendes Dulce? Dime… ¿Qué es lo que quieres?
─¿No lo ves Anahí?¿No te das cuenta de que me muero por ti desde el primer momento en que te vi? ¿No ves que por muchos intentos que hice, no puedo odiarte? ─Comencé a preguntar desesperada ─ Eres todo lo contrario a mi… me caes mal, no te soporto… Representas todo lo que siempre rechacé… Pero desde que estás aquí, todo ha cambiado… no hay un solo día en el que no me despierte deseando verte. Sonriendo al pensar con qué tontería de niña pija saldrás hoy… ¿Tienes idea de lo que sentí ayer? ¿Al verte morir de frio sobre esa cama y no poder hacer nada?¡Quería cambiarme por ti…! Deseaba ser yo la que estuviera en esa cama con tal de que no tuvieras que pasar ese sufrimiento… Intento rechazarte y lo único que consigo es desearte… Querer protegerte, enseñarte, ayudarte, abrazarte…No sé lo que me pasa… no sé lo que ocurre desde que llegaste… y sé que te vas a casar, que tienes una vida perfecta y que soy una completa estúpida por sentirme tan vulnerable frente a ti… ─Acariciando su mejilla ─Me aterra todo esto, siento pánico ¿No lo ves? …Pero a pesar de eso… quiero besarte… quiero besarte como nunca quise besar a nadie…Me estás volviendo loca Anahí…Completamente loca…

Sentí que mi cuerpo temblaba como nunca antes había hecho y que mis ojos se humedecían con cada palabra que salía directamente desde mi corazón… Ese corazón confundido que durante muchos años luchó para no sentirse así. Pero todo había sido en vano, mis esfuerzos por mantenerme fría se vinieron abajo en el mismo instante en que esos ojos azules me miraron por primera vez… Con esa intensidad con que lo hacen ahora… Convirtiendo en eternos estos segundos… Haciéndome sentir como una niña indefensa ante esa mirada que podía desnudarme el alma… ¿Qué me está pasando? ¿Qué me estás haciendo?

Y como si hubiera escuchado todas y cada de una de mis preguntas, como si pudiera sentir a través de mi pecho agitado el ritmo acelerado de mi corazón…

─Esto es una locura… ─Fue lo último que pronunció, antes de que sus manos se enredaran en mi cabello y rompiera con firmeza la poca distancia que nos separaba…

…Me besó…

Nuestros labios se unieron de una forma apasionada, ansiosa, desesperada e incluso con rabia… Deseando calmar de una vez esta angustia que por alguna razón ambas sentíamos… Dejando que de una vez por todas, el universo siguiera su curso… nuestras lenguas se abrieron paso al mismo tiempo, cómo si algo las hubiera sincronizado… Mi estómago, mi pecho, mis músculos y cada parte de mi cuerpo estaban sufriendo una revolución constante y un hormigueo imparable producido por el roce de sus labios, de su lengua, de su cuerpo cada vez más unido al mío… Unas manos que se aferraban a mi cabello… Un cuerpo que pedía a gritos que desapareciera al mundo y lo poseyera…

Sí, me moría por hacerle el amor aquí mismo como nadie se lo había hecho jamás… Pero algo me sucedía, algo me impedía actuar de forma normal, dirigirla y simplemente dar rienda suelta a este deseo… Ese algo me estaba paralizando y solo me permitía besarla. Besarla hasta que mis labios se gastaran…

Entonces, fue ella la que ejerciendo un poco de presión, dirigió mi cuerpo hacia la cama y de un momento a otro rompió el contacto, mirándome fijamente…
¿Y ahora qué…? Me preguntaba mientras sentía mis manos temblar nerviosas… Esos nervios debieron ser expresados a través de mis ojos, porque sin apartar un solo segundo su mirada directa, acarició mi mejilla con tanta dulzura que no pude evitar cerrar los ojos y suspirar…Nuevamente los abrí y ahí estaba ella… No estaba soñando… la tenía enfrente… acariciándome… observándome con una mezcla de dulzura y deseo que jamás había visto…

Su mano descendió por mi cuello, acariciando delicadamente mi piel y erizándola al paso de sus dedos… Continuó descendiendo por mi brazo… Agarró mi mano con delicadeza y la dirigió hacia su cintura… Toqué su cuerpo por encima de la ropa y me estremecí… Ella no me soltaba, quería que continuara… Así que simplemente me dejé llevar e introduje mis dedos por debajo de su camiseta, sintiendo la calidez de su piel estremecerse también… No dejaba de mirarme fijamente y yo no podía apartar mi vista de sus ojos azules…

Acaricié su cuerpo y comencé a levantar la prenda muy despacio, dándole tiempo a pararme en cualquier momento… Pero no me detuvo… Con su mirada me pidió que continuara. Así que me deshice definitivamente de ella y sentí que mi mundo se detuvo cuando observé su cuerpo semidesnudo, infinitamente más perfecto de lo que pudiera llegar a imaginar… Su abdomen firme y ligeramente marcado, su ombligo perfecto que sólo me incitaba a jugar con él, sus senos… indescriptibles. Acaricié su pecho con la yema de mis dedos, este ascendía y descendía notablemente a mi paso y pude sentir como el latido acelerado de su corazón entraba por los dedos hacia todo mi cuerpo, consiguiendo sincronizarse con mi propio latido…
Ascendí hasta su cuello… Cerró los ojos mientras la acariciaba y entonces sentí la enorme necesidad de volver a tenerla junto a mí. Rompí la distancia y me incliné ligeramente, aspirando su aroma… dejando suaves besos por todo su cuello que la hacían comenzar a gemir… En este instante me pertenecía… era mía…únicamente mía…

Mi lengua jugueteó con el lóbulo de su oreja y su piel se erizó aún más… Besé su mejilla… su mentón… y nuevamente me encontré con sus labios, donde me detuve a observarlos mientras nuestras respiraciones trataban de controlar la agitación. Pero era imposible… Los acaricié con mi dedo pulgar antes de besarlos y en el preciso momento en que me decidí a hacerlo, sentí sus manos en mi abdomen, levantando ligeramente mi camiseta y dejándome de una vez por todas en igualdad de condiciones.

Y esta vez sí… Abracé su cintura y atraje su cuerpo uniendo definitivamente nuestros labios… Nuestras lenguas se esperaban… Mis manos acariciaron su espalda. Esta mujer poseía la piel más tersa que jamás había tocado y todo mi cuerpo se desestabilizaba simplemente por acariciarla… La besé con pasión, con desenfreno y también con dulzura… Demostrándome a mí misma que esto no era un simple deseo… Que me moría por besar cada parte de su cuerpo y acariciar cada centímetro de su piel sin ningún tipo de prisa.
Bajé mis manos hasta el broche de su pantalón y ella hizo lo mismo… Sin dejar de besarnos conseguimos que la prenda callera al suelo y como si todo estuviera planeado, nos deshicimos de ellas con menos dificultad de la que esperaba…

Al instante siguiente, separó sus labios de los míos y pude distinguir en su mirada un halo de pasión y deseo que estremecieron mi piel de forma descomunal. Con esa profundidad y decisión, impulsó mi cuerpo hacia atrás dejándome sentada al borde de la cama.
La observé mirarme fijamente… Como si nuestros ojos hablaran un idioma que yo aún no alcanzaba a comprender… Era tanto el poder que ejercía la mirada de esa mujer sobre mí…

─¿Que me estás haciendo? ─Pregunté mordiendo ligeramente su dedo que acariciaba mis labios.
─Romper tus esquemas… ─Respondió acariciando mi rostro ─…Lo mismo que tú a mí.

En ese momento, mi cuerpo casi paralizado respondió y con una mezcla de rabia y deseo, de cariño y coraje, atraje su cintura con la intensión de que su cuerpo volviera a mí… Ella entendió perfectamente y se colocó a horcajadas sobre mis piernas, enredando sus dedos en mi cabello.
Acaricié sus piernas y ascendí por todo su cuerpo mientras su respiración agitada golpeaba mis labios a unos milímetros de distancia. Si lo que pretendía era aumentar mi deseo por atrapar su boca nuevamente, desde luego estaba teniendo mucho éxito… porque el simple hecho de tenerla a esa mínima distancia y no poder probarla, me estaba desesperando. Todo de ella me desesperaba… su olor… su piel… su mirada… esa mirada con la que continuamente me desafiaba… como si me tuviera en sus manos… como si fuera suya… deseando que fuera mía…

Con un movimiento rápido, giré su cuerpo recostándola y quedando sobre ella, adquiriendo al instante el control de la situación… Una de mis manos, que aún permanecía bajo su espalda, se autodirigió para desabrochar el cierre de su ropa interior, deshaciéndome de ese brasier al instante… Y entonces… al ver sus pechos al descubierto y desearlos de esta forma tan asombrosa, mi cuerpo, mi mente, mi corazón…todo mi ser volvieron a sufrir un extraño estado de nervios, ansiedad, deseo, miedo…mucho miedo…

Ella simplemente me miraba, esperando que reaccionara…que continuara…

─Estás temblando… ─Susurró acariciando mi rostro.
─Tengo miedo…
─ ¿Miedo de que?
─De esto…
─ ¿Qué es esto? ─Insistió
─Sentir como si nunca lo hubiera hecho antes… ─Sonreí con ironía ─Por primera vez en mi vida… no sé qué debo hacer… quiero… quiero que estés segura de esto y quiero hacerlo bien...Me siento como una niña en su primera vez . No… ni siquiera en mi primera vez me sentí así… Quiero… Necesito que estés bien Anahí…
─Y yo necesito… Dulce… que dejes de tener miedo y me beses en este momento, como nunca besaste a nadie… me acaricies como nunca acariciaste a nadie… y me hagas el amor…como nunca se lo has hecho a nadie…

Sus palabras determinantes y seguras, sus manos acariciando mi rostro con decisión y su mirada azul intensa me pedía a gritos que perdiera el miedo. El miedo que sentía por estas extrañas sensaciones que nunca antes había sentido, el miedo que por primera vez en mi vida me hacía temblar en los brazos de una mujer… Una mujer que era completamente opuesta a mí, pero una mujer que me miraba como jamás nadie me había mirado y me hacía desearla como jamás a nadie había deseado… Y así lo hice… Así perdí el miedo… Entendiendo que en este momento solo existía ella…solo existía yo… Atrapé sus labios como hasta ahora no había hecho… besándola con pasión y dulzura… Sintiendo cómo su calidez entraba por mi boca invadiendo cada espacio de mi interior… Su lengua me acariciaba, sus manos vagaban por mi cuerpo erizando centímetro a centímetro mi piel…

Una de sus piernas se aferró a mi cintura, resultándome imposible dirigir mi mano a acariciarla mientras el beso no se detenía… Era tan suave que mis dedos se deslizaban por su piel como si de seda se tratase… En mi ascenso me encontré con la única prenda que aún la cubría, la parte baja de su ropa interior… Enredé mis dedos en ella y con una suavidad y delicadeza nada propias de mí, comencé a deslizarla hacia abajo, deshaciéndome definitivamente de ella y siendo completamente consciente de que esta vez sí… Su cuerpo estaba al descubierto, recibiendo mis caricias, esperando mis besos, perteneciéndome…

Separé un instante nuestros labios y la miré fijamente, dándome cuenta de que esta vez era su mirada la que expresaba inseguridad.

─Ahora eres tú la que estás temblando ─Susurré con una sonrisa.
─No eres la única a la que le asusta sentir vulnerabilidad…
─Vas a ser mía… ─Sentencié perdiéndome en la profundidad de sus ojos asustados ─únicamente mía…

Sin darle tiempo a responder, mis labios se anclaron a su piel… dejando que la pasión me guiara… Besé su cuello escuchando como su respiración volvía a acelerarse y sus manos inquietas recorrían mi espalda, aferrándose a ella… Mordí ligeramente su cuello y lo succioné hasta el punto exacto en el que la única marca que produjera sería el erizamiento automático de su piel acompañado por unos gemidos que invadían mis oídos…

Continué bajando mis besos y saboreándola…humedeciendo cada centímetro que recorría y sintiendo que podría estar oliendo su piel durante el resto de mi vida… Mi concentración a penas me permitió darme cuenta de que con su agilidad se deshizo de mi ropa interior, dejándome también desnuda… Nuestro sudor se mezclaba… nuestros alientos se fusionaban… Nuestro cuerpo comenzaba a danzar…
Mis labios continuaban descendiendo hasta encontrarse con sus pechos y sin poder retrasarlo un segundo más, besé uno de ellos con fuerza…lo mantuve en mi boca y jugueteé con su pezón y mi lengua… Dándome cuenta de que sus dedos se anclaban a mi cabello y me empujaban más contra ella, pidiéndome en silencio que no me detuviera… Sus gemidos aumentaban… Una de mis manos recorría la parte interior de sus piernas, sintiendo como el calor de su intimidad empezaba a impregnar mis dedos… Pero en el justo momento en el que la rocé, notando su humedad… Hizo un movimiento rápido en el que consiguió que rodáramos juntas y quedó sentada a horcajadas nuevamente sobre mis piernas…

Nada me hizo detenerme… Mis manos vagaban por su espalda, las suyas acariciaban mi cabello mientras su cintura comenzaba a moverse en círculos, rozando directamente mi intimidad… Entonces, nuestros gemidos y jadeos se sincronizaron, nuestras miradas permanecían fijas la una sobre la otra y no pude resistir más la tentación de sentirme dentro de ella… Una de mis manos descendió y dificultosamente acarició su intimidad, sintiéndola absolutamente mojada, al igual que yo… En esta extraña posición, mi mano rozaba su clítoris a la vez que el mío… Me detuve un instante… Esperando el permiso… Su cintura ascendió permitiéndome el espacio suficiente para colocar mi mano y fue lo único que me hizo falta para introducir mis dedos en su interior… Vi como automáticamente cerraba los ojos y una vez me encontraba completamente dentro de ella, volvió a descender su cintura, introduciendo más mis dedos en su interior y consiguiendo que esa misma mano rozara una vez más mi propia intimidad…

Abrió sus ojos y no encontró más que mi mirada admirándola, deseándola, perteneciéndole… Y así… mientras unos ojos azules se fundían con unos color miel… sus caderas comenzaron a bailar de forma que ambas recibíamos placer al mismo tiempo…
Gemidos sincronizados… sudores mezclados… pieles unidas… movimientos cada vez más veloces e intensos… jadeos desenfrenados… miradas intensas… unión incontrolable… Y una explosión interna que nos hizo llegar juntas al mismo lugar… al mismo destino… a ese momento de placer, que por primera vez no había durado simplemente unos segundos… Por primera vez, esas miles de descargas y ese derrame de líquido interior, fue simplemente el efecto de un placer superior… De una unión extrema que dejaba en mí, esa sensación de plenitud que solo me producía su mirada…

Saqué de su interior mi mano, que estaba bañada por una mezcla de sus líquidos y los míos y de un momento a otro, intentando recuperar la estabilidad de nuestra respiración, caímos hacia atrás, quedando su cuerpo recostado sobre el mío, a un lateral… donde permanecimos unos segundos mirándonos fijamente...

Ninguna decía absolutamente nada… Ella tenía su mano en mi pecho, donde aún podía sentir mi corazón acelerado y yo… simplemente observaba cómo algunos mechones de cabello caían por su rostro… ¿Era realmente tan bonita como a mí me lo parecía?

─¿Qué piensas? ─Preguntó deslizando la yema de sus dedos por el lateral de mis ojos.
─En lo hermosa que eres…
─Sí… ─Sonrió con ironía ─debo estar preciosa en este momento.
─Lo estás ─Sentencié con seriedad.

Entonces la expresión de su mirada cambió, sus ojos se entrecerraron haciéndome entender que buscaba algo en el interior de los míos… una duda o preocupación le asaltaba y con un suspiro a penas inaudible bajó su mirada, consiguiendo que al instante fuera yo misma quien con un gesto delicado alzara su mentón, obligándola a encontrarme nuevamente.

─ ¿Qué te preocupa? ─Pregunté sin más.

Se tomó unos segundos para observarme antes de responder…

─Dime solamente si soy una más… Es lo único que quiero saber.
─ ¿Por qué ahora…?
─Necesito saberlo…

Después de esa petición, aparté mi mirada de ella, encontrándome con el techo de esta cabaña que durante muchos años había sido el único testigo de mis desvelos, de mis pensamientos, de mis dudas y temores… Suspiré…cerré los ojos otorgándome a mi misma unos segundos de tregua y nuevamente los abrí, incorporándome un poco y enfrentando su mirada una vez más.

Fue ahí… en esos ojos azules temerosos donde encontré esa respuesta que ni siquiera yo me había planteado aún… fue en su mirada donde por primera vez no me asustó encontrar mi propio reflejo… Fue en este momento en el que mi corazón latió a un ritmo diferente y me dijo…

─Eres la única… Anahí.

El brillo volvió a sus ojos y esa fuerza magnética de la que no podía escapar, me impulsó a apagar definitivamente sus dudas, atrapando sus labios con delicadeza y dulzura… En un beso en el que tanto ella como yo, entendimos que todo había cambiado… Entendimos que cuando el destino tiene un plan para ti… no importa cuántas veces intentes huir… no importa a que parte del mundo decidas llegar… Esa fuerza te encontrará y te hará sentir una revolución interior desarmándote de tal forma que romperá todos y cada uno de tus esquemas.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:53 pm

Capitulo 11

Habían pasado unas horas en las que un profundo sueño fue la única preocupación de esas dos chicas.
Anahí pudo sentir la calidez del cuerpo de Dulce durante el resto de la noche, proporcionándole eso una sensación de seguridad y bienestar inigualables… Ese sentimiento que solamente te produce el estar en el lugar exacto donde deseas estar… entre sus brazos.

Aún lo sentía… sus besos recorriendo cada parte de su piel, sus manos acariciando centímetro a centímetro, el olor de esa mujer invadiendo su alma… Sí, era una mujer, alguien de su mismo sexo que curiosamente nunca le había atraído. ¿Qué ocurría con Dulce? ¿Qué había hecho esa chica para introducirse en ella de tal forma, sin siquiera darse cuenta, sin planteárselo, sin pensarlo? No existían los pensamientos cuando se trataba de ella… Ahí estaba el quit de la cuestión… Nada tenía sentido, nada era racionalmente explicable… Simplemente se trataba de sentir… de lo que la mirada penetrante de esa otra mujer causaba en su interior, su presencia, su voz, su sonrisa… todo su cuerpo, su mentalidad, sus palabras… absolutamente todo de Dulce había creado en Anahí un sentimiento desconocido hasta el momento. Un sentimiento que a pesar de producirle cierto temor, le fue imposible evitar en el momento en que sus labios se rozaron en aquel baile… Le hubiera dado mil cachetadas, sí… Pero por mucha fuerza que empleara, por mucho coraje que expresaran sus ojos, absolutamente nada iba a saciar las ganas que tenía de dejarse llevar y permitirle besarla como nadie la había besado jamás. Esa dulzura bañada de pasión, esa mezcla perfecta y esa sensación de que ningunos otros labios podrían besarla de igual forma, como si estuvieran hechos específicamente para ella.

Aún podía sentirlos, cálidos, dulces y firmes, explorando cada parte de su boca… Así, con una sonrisa causada por el recuerdo de esas sensaciones, abrió los ojos descubriendo una nueva mañana en la que el sol irradiaba su luz con fuerza, seguramente como todas las mañanas… pero produciéndole una sensación de plenitud diferente.

A los pocos segundos se dio cuenta de que ningunos brazos la acunaban y eso automáticamente la hizo voltear, encontrándose sola en aquella cama.
Un atisbo de inseguridad recorrió su estómago, encogiendo su corazón de forma incontrolable…
Se incorporó un poco, con la intensión de que sus ojos claros se habituaran a la luz y por un momento el pensamiento de que todo pudiera haber sido un sueño invadió su mente… Pero eso no duró más que unos segundos, hasta que a su izquierda, posada cuidadosamente sobre la mesilla de noche, encontró una flor… Esa que llevaba su mismo nombre, Anahí… Eso le hizo sonreír sin siquiera darse cuenta y el alivio se apoderó de su corazón nuevamente. Después de olerla y transportarse automáticamente hacia el día anterior, donde esa chica le sonreía mientras colocaba una igual en su cabello, agarró el pequeño papel que la acompañaba y se dispuso a leerlo.

“Creía que no había nada más hermoso que verte sonreír, hasta que te vi sonreír mientras dormías entre mis brazos.
Dulce. M”

Una frase… una simple frase que hizo a su corazón latir de una forma descomunal… No había sido un sueño y si en algún momento el pensamiento de que Dulce se hubiera arrepentido pasó por su cabeza al no verla a su lado, en este instante desapareció por completo.
Suspiró inconscientemente y como si ese pequeño papel le hubiera proporcionado la energía necesaria, se levantó de aquella cama, dispuesta a comenzar un nuevo día. Pudo observar en la mesilla de noche un vaso de agua acompañado por esa pequeña pastilla que ya le resultaba familiar y eso la hizo sonreír una vez más mientras negaba ligeramente con la cabeza.
Así que obedeciendo las sutiles ordenes de Dulce, ingirió la pastilla y seguidamente tomó agua para ayudarse a digerirla.

Ahora sí, se dirigió al pequeño baño mientras rezaba en el camino porque no la hubieran dejado sin agua caliente.

Minutos más tarde, una vez se encontraba bañada, vestida, completamente arreglada y sintiéndose como nueva, decidió abandonar la cabaña. No sabía exactamente con que intensión… Pero quería verla, buscarla, besarla… saber por qué no había amanecido a su lado y sobre todo, descubrir cómo se sentía ella después de lo ocurrido.

En el exterior se encontró con un sol que iluminaba el paisaje de una forma especial, los rayos incidieron en su piel, proporcionándole algo de calor y con esa sensación de plenitud observó a su alrededor como los trabajadores de la aldea caminaban de un lugar a otro. Ni siquiera sabía qué hora era, pero ese ajetreo y movimiento, la hicieron recordar que el fin de semana había terminado y por lo que se ve, este pequeño mundo giraba con su habitual normalidad.
Sus ojos estaban haciendo un recorrido alrededor del lugar, en el preciso momento en el que su corazón latiendo a toda velocidad le advirtió que ahí estaba ella… incluso antes de que el sentido de la vista pudiera enviar dicha información a su cerebro.
Anahí sonrió incontrolablemente y se permitió a si misma unos segundos para observarla… Notando como ese ritmo acelerado y ese cosquilleo de su estómago no cesaban.
Observaba atentamente cada movimiento de esa mujer en la lejanía, cómo mostraba su autoridad ante esos pequeños que sentados a su alrededor, la miraban expectantes y obedientes…

─Empiezo a preguntarme por qué cada vez que te veo, estás mirando a Dulce tan atentamente ─La interrumpió la voz de Maite haciéndola voltear.

Anahí la miró y por primera vez, lejos de excusarse, ponerse nerviosa o mentir… simplemente sonrió.

─Buenos días Maite.
─Uhm…veo que ya te encuentras mejor ¿No es así?
─Si ─Confirmó ─Creo que ya no hay rastro de esa fiebre.
─Me alegro mucho, fue muy mala suerte que de los pocos días que llevas aquí, dos los hayas tenido que pasar en cama.
─Mirándolo por el lado positivo, nunca se habían preocupado tanto por mí.
─ ¿Lado positivo? ─Preguntó abriendo los ojos enormemente ─Creo que ya te estás pareciendo demasiado a Dulce María.
─ ¿Y eso es malo?
─Para nada ─Sonrió la maestra. ─Aunque… Bueno, lo cierto es que te estaba buscando para hablar.
─Te escucho…
─No es que te vaya a echar de aquí ni mucho menos ─Advirtió sonriendo ─Es más, creo que deberías pasar mucho más tiempo en esta aldea. Pero siendo honestas, viniste aquí con una misión… y hasta el otro día, querías arreglar la entrega oficial del cheque para irte cuanto antes… No sé si sigas pensando igual o prefieras esperar unos días más hasta estar totalmente recuperada… ─Finalizó picándole un ojo con una dulce sonrisa
─Eso venía a preguntarte.

Anahí se detuvo un momento a pensar las palabras de Maite, volteó y observó como Dulce cargaba en brazos a uno de esos pequeños que tanto adoraba… Entonces volvió su mirada a Maite y suspiró…

─ ¿Qué pensarías si te dijese que en este momento lo último que quiero es volver a mi mundo?
─Pensaría que quizás… aún no sabes realmente cuál es tu mundo. ¿Me permites un consejo?
─Por favor… ─Casi suplicó con una sonrisa.
─Anahí… Yo no tengo ni la menor idea de lo que haya sucedido estos días o de lo que te esté sucediendo a ti desde que llegaste aquí… Pero sin duda algo ha cambiado, porque hasta un ciego vería que tu mirada no es la misma de hace cuatro días y… si existe una persona sobre la faz de la tierra capaz de cambiar tu mundo en tan poco tiempo, creo que deberías plantearte bien las cosas… averiguar lo que sientes.
─Ojala fuera tan fácil…
─ ¡Es muy fácil! ─Corrigió riendo ─Acompáñame.
─ ¿Qué? ─Preguntó extrañada al ver como Maite se alejaba en dirección a Dulce ─ ¿Qué vas a hacer?
─Yo nada… ─Continuó caminando ─Tú solo tienes que ver a qué velocidad late tu corazón dentro de 10 segundos, y sabrás darme una respuesta.

Justo en el momento en que una confundida Anahí iba a responder, la sonrisa misteriosa de esa mujer con la que unas horas antes había hecho el amor loca y dulcemente, la sorprendió, dejando inmóviles todos sus órganos, excepto uno… su corazón.

─ ¿Cómo va eso? ─Preguntó Maite evitando que ese momento de miradas duraran más de unas milésimas de segundos
─Como siempre ─Respondió una confundida pero sonriente Dulce, que aún llevaba en sus brazos a uno de sus alumnos ─Estos pequeños vienen los lunes con la pila cargada.
─Y eso te encanta ─Confirmó su amiga.
─ ¿Para qué negártelo si me conoces bien? ─Sonrió encogiéndose de hombros y dirigiendo su mirada nuevamente hacía Anahí ─Buenos días…

Esta, que no había dejado de observarla en silencio ni un solo segundo, correspondió esa sonrisa dulce…

─Buenos días… ─Prácticamente susurró.

Sus miradas se clavaron una sobre la otra, olvidándose por completo de todo lo que hubiera a su alrededor… Comunicándose en el más absoluto silencio.

─Bueno… creo que las voy a dejar solas para que sigan con su interesante conversación ─Interrumpió Maite riéndose y comenzando a alejarse.
─¡¡Maite!! ─Llamó Anahí consiguiendo que volteara ─Eso de lo que acabamos de hablar… ¿podría… habría posibilidad de retrasarlo unos días?

Maite simplemente sonrió, observando cómo Dulce fruncía el seño en señal de no haber entendido esa pregunta y volviendo su mirada a Anahí, que seguramente ni haya pensado su decisión, por la duda y confusión que expresa en su mirada.

─Por supuesto… ─Concluyó esta vez sí, alejándose definitivamente y dejándolas prácticamente a solas.

****
Cuando volvió su mirada hacía mí, la noté nerviosa, confundida, como si algo en su interior le preocupara. Seguramente había muchas cosas que le preocuparan, pensé.
Se ve tan bonita esta mañana… a pesar de esa confusión o esa duda, sus ojos brillan como nunca los he visto brillar y su sonrisa es simplemente preciosa… Que idiota me vuelves Anahí.

─Dulce… ─Escuché una pequeña voz sacarme de ese estado y automáticamente miré los ojos del pequeño que tenía entre mis brazos ─ ¿Se va a quedar la muchacha bonita con nosotros hoy?

Entonces la miré a ella, dándome cuenta de que su confusión había desaparecido y su rostro expresaba ternura mientras observaba a mi pequeño.

─ ¿Quieres que se quede? ─Volví a preguntarle a él que asintió tímido escondiendo su pequeña carita en mi hombro ─ ¿Y por qué quieres que se quede?
─Me gusta… ─Continuó sin salir de su escondite ─Es buena…
─Oh… ─Exclamé sorprendida mirándola a ella que sonreía enternecida ─ ¿Y cómo sabes que es buena si no la conoces?

El pequeño abandonó su cálido lugar junto a mi cuello, para mirarme, con uno de sus dedos metido en su propia boca, cosa que como siempre traté de corregir.

─A ver señorito, quítese la mano de la boca y responda, a lo mejor así la convences para que se quede, ¿Por qué crees que Anahí es buena?
─Porque tú la quieres…

En ese momento mi respiración se detuvo, mi corazón se aceleró queriendo huir muy lejos y deseé con todas mis fuerzas que Ian no hubiera dicho eso, o en su defecto, que la tierra se abriera y me tragara completa antes de tener que enfrentar su mirada.
Pero eso no sucedió, ni la tierra me tragó ni las palabras de Ian fueron simplemente imaginación. Así que me vi en la obligación de intervenir antes de comenzar a parecer estúpida.

─Vuelve con tus compañeros ─Dije revolviéndole el pelo mientras lo bajaba de mis brazos ─Que en unos minutos corregiremos la tarea.

Una vez en el suelo, el pequeño niño echó a correr feliz junto a sus compañeros. Ese acto me hizo sonreír mientras negaba inconscientemente con la cabeza al observarlo marchar sin ser consciente del aprieto en el que me había metido. Aprieto que tarde o temprano, en los próximos segundos, tendría que enfrentar… y esta vez no tenía escapatoria.

─Adoras a esos niños… ─Interrumpió su voz, consiguiendo que volteara para enfrentar su mirada una vez más.

Su mirada… esa que con su brillo, era capaz de apartar en apenas unos segundos cualquier rastro de preocupación, de aprieto o de vergüenza, que hubiera en mí, consiguiendo hacer fácil lo difícil, así como posible lo imposible.

─ ¿Y eso te molesta? ─Pregunté sonriendo, aunque realmente queriendo saberlo.

Ella apartó sus ojos de mí unos instantes y la dirigió hacia los alumnos que concentrados terminaban sus tareas mientras el pequeño Ian se unía a ellos. Entonces suspiró y volvió a mirarme…

─ ¿Cómo podría molestarme, Dulce? Me encanta ─Sentenció ─Y es lo que más admiro de ti.

Sus palabras, además de sorprenderme, me llegaron a un lugar al que probablemente, nada de lo que me habían dicho en mi vida, había llegado aún.
Esta vez fui yo la que se quedó observándola unos instantes, cada detalle de su rostro, cada expresión de su mirada atenta, expectante y tierna.

─ ¿Sabes? Si te sigo teniendo delante, no creo que sea capaz de soportar un minuto más sin besarte…
─Entonces mejor me voy… ─Sonrió ─No quiero ser la culpable de que te quedes sin trabajo.
─Te recojo en dos horas.
─ ¿Recogerme? ─Preguntó frunciendo el seño además de sonreír ─ ¿A dónde me vas a llevar?
─Te dije que ibas a ver este mundo a través de mis ojos… Haré que veas y sientas cosas que jamás podrás olvidar.
─ ¿Por qué tengo el presentimiento de que así será?

Sin más, correspondiendo a su sonrisa, me acerqué a su rostro y deposité un cálido beso en su mejilla, tan cerca de sus labios como me pude permitir… Inhalando el aroma de su piel, me separé ligeramente para observar ese brillo de sus ojos.

─Dos hora… ─Sentencié marchándome tras dedicarle la última sonrisa.

De esta forma, volví a mi labor con aquellos niños a los que llevaba toda la mañana dedicándoles mi tiempo y mi espacio, como cada día. Permitiendo que se expresaran a través del arte, dejando que sus emociones fluyeran y guiándolos lo mejor que podía hacerlo.

Al cabo de una hora, mis clases habían terminado y me dirigí a la cabaña de Maite, con la intensión de cambiarme la ropa y recoger algunas cosas.
Una vez allí, comencé a revolver en mi pequeño bolso mientras un recuerdo invadía mi mente, haciéndome sonreír involuntariamente.

─ ¿De qué te estás riendo? ─Escuché interrumpir la voz de mi amiga.

Volteé encontrándomela frente a la puerta con los brazos cruzados sobre su pecho.

─ ¿Y tú desde cuando estás aquí?
─Hace como dos minutos que te miro mientras te ríes sola, completamente intrigada por saber que te hace tan feliz.
─No es nada, solo estaba recordando algo…
─ ¿Y me lo vas a contar ya? ¿O tendré que estar una hora preguntándote, como siempre?
─Oye te sentó mal el lunes ¿Eh…? ¡Qué genio!
─El lunes me sentó perfectamente y tú no cambies de tema, amiga.
─Solo estaba recordado un aprieto en el que Ian me metió antes, me hizo gracia…y me reí… no hay más.
─ ¿Qué tipo de aprieto?
Su insistencia me hizo suspirar ─Cuando dejaste a Anahí conmigo… a ese pequeño terremoto no se le ocurrió otra cosa más que decir frente a ella que… yo la quería.

El silencio que se produjo inmediatamente después de que yo misma sonriera, mientras negaba con la cabeza, me hizo mirar a Maite, que se encontraba observándome fija y seriamente.

─ ¿Y bien…? ─Pregunté alzando una ceja, deseando que hiciera algún comentario con tal de no tener que soportar esa mirada acusadora suya.
─ ¿La quieres?
─ ¿Qué? Vamos Maite… acabo de conocerla y… tú ya sabes cómo soy.
─Si… sé cómo eres. Y también sé que nunca había visto ese brillo que tienes en tus ojos desde que ella llegó y que además hoy es más evidente aún.

Entonces, al escuchar esas palabras sentí la necesidad de abandonar mi tarea y sentarme en la cama, bajo la aún atenta mirada de mi amiga.

─Ella es increíble Maite… Nunca me había sentido tan vulnerable frente a una mujer, tan torpe… He estado con muchas, siempre he sabido lo que hacer…Y sin embargo con Anahí… todo resulta nuevo y diferente. Todo es un misterio que mientras más descifro más me encanta… ─Suspiré ─Intenté alejarme de ella y me encantaría haber podido conseguirlo… pero entonces me mira y…pierdo el sentido de todo lo que ocurre… Dices que rompo corazones y muchas mujeres han confesado estar enamoradas de mí. Pero nunca, en ninguna de ellas, he visto jamás lo que veo en los ojos de Anahí cuando me mira. Es como si… como si no me hiciera falta decir nada, como si ella entendiera perfectamente lo que siento a través de mi mirada, es como si me viera reflejada en sus ojos, de una forma en la que jamás me he visto a mi misma… Es simplemente…una completa locura ─Sonreí.
─Pero es la locura más bonita que has dicho jamás ─Sentenció ─Dul… no hacen falta años para querer a alguien. Eso es algo que sucede al instante, cuando miras a esa persona por primera vez a los ojos, algo cambia dentro de ti, automático, fulminante… En algunas ocasiones se tardan meses en descubrirlo, en otras años, y en otras…simplemente días... No sé qué aconsejarte amiga porque estás metida en algo extremadamente peligroso. Pero no dejes que el miedo te frene…
─No tengo miedo, ni siquiera soy capaz de pensar en lo que va a suceder mañana. Maite… puede que lo veas exagerado, cursi o incluso increíble, dado mi historial… Pero en toda mi vida, jamás he hecho el amor con nadie como lo hice con ella hace unas horas… Sí, puede que cuando me detengo a pensar, solo tengo ganas de huir muy lejos para que esto no se apodere de mí. Pero entonces la veo y me doy cuenta de que lo único que deseo es hacerla feliz, aunque solo sea por unas horas, por unos minutos, por unos días… Quiero que cada segundo que pase junto a mí, descubra una nueva forma de felicidad… ¡Y ya! ─Sentencié levantándome ─Mejor me dejo de cursilerías y me pongo manos a la obra, que no quiero hacerla esperar…
─ ¿A dónde la vas a llevar?
─A un lugar en el que se sienta única…

Sin decir más, tras picarle el ojo a mi amiga y sonreír, me adentré en el baño dispuesta a cambiarme de ropa lo más rápido posible, deseosa por verla de nuevo… por alejarla del mundo, por llevarla a un lugar donde solo existiéramos ella y yo.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:53 pm

Capitulo 12

Mientras la espero sentada en el auto, siento el sol incidir sobre mi piel de una forma especial. No es molesto, ni agobiante… es simplemente perfecto y relajante. Siempre he adorado los días soleados, llenos de vida, esos días en los que la naturaleza parece querer demostrar que todo, por sencillo que sea, es completamente hermoso.

En ocasiones extraño la playa donde crecí. Recuerdo esos días en los que me sentaba frente al mar, observando su inmensidad y pensando que quizás alguien estuviera al otro lado haciendo lo mismo que yo… El mar, a pesar de hacerte sentir pequeño, te otorga una libertad indescriptible, esa seguridad de que hay mucho más de lo que tus ojos ven. Recuerdo las veces que soñaba con cruzarlo, con recorrer el mundo sin un destino marcado… Recuerdo esos momentos de duda y soledad, cuando no sabía hacia dónde ir, qué camino seguir y aún así, a pesar de todo…frente al mar imaginaba el día en que llegara el amor de mi vida. Soñaba con esa persona que me hiciera suspirar al verla… Estaba segura de que esa mujer, a pesar de todo, un día llegaría… Ni siquiera imaginaba su rostro, su personalidad, sus gustos… de lo único que estaba segura era que en el momento en que yo dejara volar mi imaginación y aunque solo fuera por soñar le dijera “Vámonos a…”, cualquier lugar que en ese momento deseara, ella respondería “Yo iría contigo hasta el fin del mundo”. Sí…algo tan sencillo como que deseara caminar junto a mí, hacia cualquier parte. Esa era mi idea del amor en aquel entonces… Quizás por eso siempre me decepcionaba, quizás esperaba demasiado.

─No sabes lo que daría por saber en qué piensas ahora mismo ─Susurró una voz haciéndome volver al mundo real.

Volteé la cabeza hacia mi derecha y ahí estaba ella, con sus manos apoyadas en la puerta de este 4x4 descapotable, típico del más aventurero safari. Mi auto que a pesar de ser viejo y nada lujoso, me encantaba.
Ahí se encontraba, observándome con esa sonrisa tan deslumbrante, y dejándome absolutamente atontada con la expresión de su mirada… cada segundo que paso mirándola, me resulta aún más hermosa que el anterior.
─Siento decirte que quizás tengas que acostumbrarte a mis momentos de ausencia ─Respondí sonriendo tímidamente ─Suelo pasar bastante tiempo en mi propio mundo.

Ella correspondió la sonrisa y tras abrir la puerta se sentó en el asiento del copiloto.

─Aunque ese aire de misterio es parte de lo que tú eres… Seguiré teniendo la esperanza de que un día me dejes entrar en ese mundo.

Yo simplemente sonreí una vez más, permitiendo que unos segundos de silencio nada incómodos nos acompañaran.

─ ¿Estás lista para comenzar el camino?
─ ¿Vas a manejar a toda velocidad como la primera y única vez que me subí a este auto?
─No… ─Admití sonriendo ─Hoy no pretendo incordiarte.
─Aunque así fuera, presiento que estaría lista igualmente.
─Vaya…─Exclamé alzando una ceja ─No sabía que tuvieras tu lado masoquista.
─Yo tampoco ─Respondió encogiéndose de hombros ─Hasta que te conocí.

Después de que apartara su mirada de mí, observando al frente con una picara sonrisa dibujada en sus labios, sentí un cosquilleo en mi corazón que me hizo negar ligeramente con la cabeza mientras ponía en marcha el auto hacia… quien sabe dónde.

De vez en cuando la observaba mirando atentamente el paisaje que recorríamos, ninguna de las dos decía absolutamente nada… La música del reproductor, junto con los sonidos de la naturaleza, se encargaban de que el silencio fuera cubierto de una forma maravillosa, permitiéndome continuar observándola, tratando de averiguar que sería lo que pasa por su cabeza en este momento… qué piensa… ¿Se encontrará feliz?

Ascendíamos montaña arriba, por un camino de tierra algo inestable y ni siquiera eso parecía perturbar su estado… En cierto modo, eso me alegraba… A pesar de no conocer mucho sobre ella, me gustaba que en este momento se encontrara sumida en su propio interior, sin que nada del exterior pudiera influir… encontrándose consigo misma.

Al cabo de aproximadamente una hora, llegamos al lugar exacto, un sitio al que no solía venir a menudo por su lejanía, pero sin duda, el rincón más especial de toda esta región.
Detuve el auto y eso pareció ser suficiente para que despertara de su hipnosis, volteando rápidamente para mirarme.

─ ¿Llegamos? ─Preguntó confundida al no ver nada a su alrededor.
─Llegamos ─Confirmé sonriendo y bajándome del auto.

Inesperadamente para ella y también para mí, me dirigí hacia su lado y abrí la puerta para que pudiera bajar cómodamente. Ella me sonrió sorprendida y accedió a bajar del coche mirando a nuestro alrededor.

─ ¿Dónde estamos?
─En ningún lugar… y en todos al mismo tiempo.

Su mirada fue de extrañeza a pesar de dibujar una sonrisa en sus labios. En ese momento entendí que mi misterio no iba a responder preguntas, así que agarré su mano y juntas avanzamos unos metros, hasta llegar al borde del acantilado, donde una ligera brisa abordó nuestros rostros automáticamente.

─Estamos en la cima de la montaña ─Expliqué ─Desde aquí se ve la aldea, el pueblo, otras comunidades indígenas. No es nada especial… Pero si miras al frente… sientes que puedes estar en todos esos lugares al mismo tiempo… Observas todo y nadie puede verte a ti… Puedes gritar tan alto que tus cuerdas vocales se resienten y allá abajo no escucharían más que un ligero eco… Aquí puedes ser todo o dejar de ser algo…
─Esto es increíble Dulce… -Comentó emocionada -Nunca había visto algo así… ¿Cuántos kilómetros se distinguen a lo lejos?
─Los que tu vista alcance… ─Respondí sonriendo y posicionándome tras ella, abrazando su cintura ─Al igual que los sueños…

Su cabeza se inclinó ligeramente hacia atrás apoyándose en un lateral de mi rostro, mientras sus manos se aferraban a mis brazos e inevitablemente inhalé aire, impregnándome con el aroma de su cabello.

─ ¿Qué quiere decir eso?
─Que los sueños no tienen límites, Any… Tan lejos como imagines, es a donde puedes llegar. Y no hay nada que pueda interponerse entre tú y tu corazón.
─Si eso que dices es cierto… No habrá nada que me deje alejar de ti…

Sonreí observándola fijamente y sintiendo como mi corazón había dejado de escuchar a mi cerebro desde el instante en que subió al auto.

─ ¡Vámonos…! ─Pedí sin siquiera procesar un pensamiento ─ ¿Te imaginas poder ir al lugar que quisieras en este momento?
─El lugar donde quiero estar, es en el que tú estés… Así que simplemente, me iría contigo al fin del mundo.

En ese instante, mi corazón quiso detenerse, el silencio se apoderó de la situación y noté la expresión de mis ojos cambiar automáticamente. Ella tuvo que ser consciente de mi incomodidad, porque segundos más tarde separó su cuerpo del mío y quedamos frente a frente.

─ ¿Ocurre algo? ─Preguntó preocupada al ver mi mirada ─ ¿Dije algo que te molestara? Lo siento si…Quizás voy demasiado deprisa…yo…

Entonces, al haber escuchado esa frase salir de sus labios, dejándome absolutamente atemorizada y verla ahora balbuceando frases incompletas, tratando de disculparse por algo que había conseguido helar mi corazón para hacerlo latir con más fuerza que nunca segundos después. Solo fui capaz de depositar un dedo en sus labios para hacerla callar de una vez, acariciando con dulzura su rostro.

Fue entonces cuando esa mirada confusa, temerosa y esos labios semi abiertos consiguieron que hiciera de una vez lo que deseaba desde que el sol salió por la mañana, lo que anhelé desde el momento en que la volví a ver después de haberle hecho el amor… Me aproximé a sus labios y sentí su respiración fundirse con la mía de tal forma, que no pude aguantar un segundo más sin unirme a ella… sin besarla… sin probar esa calidez que una noche antes me había conquistado…
Sentí su suavidad recibirme y recordé al instante lo que significaba temblar con un beso, o con el simple roce de sus manos al rodear mi cuello.
Todo mi sistema enloquecía mientras nuestras lenguas se buscaban… era un beso dulce y tranquilo, sin la desesperación y rabia mostradas la noche anterior… pero no por ello menos apasionado. Eso es lo que más me enloquecía de ella, la dulzura de su rostro aniñado escondía la pasión de una mujer apasionada.

Poco a poco, el oxigeno almacenado en nuestros pulmones se fue agotando y muy a nuestro pesar nos vimos en la obligación de despegar nuestros labios, uniendo nuestras frentes…

─No vuelvas a pensar eso… ─Susurré con los ojos cerrados, mientras tratábamos de recuperar el aliento. ─No pienses que no deseo lo mismo que tú o que esto no significa nada para mí…
─No lo pienso… ─Corrigió ─Aunque desde que te conozco no has hecho otra cosa más que tratar de ocultar tus sentimientos a toda costa, veo como me miras, siento como me besas… y también sé que tienes miedo, seguramente tanto como yo.
─Hoy no existe el miedo ─Sentencié sonriendo y acariciando nuevamente su rostro ─Hoy solo existimos tu y yo… ¿Te parece bien?
─Me parece perfecto.

Y esta vez fue ella la que unió nuestros labios en un beso sencillo y sin pretensiones. Un roce, que a pesar de esa sencillez, no dejó de erizar mi piel.

─Es hora de comer ─Informé a los pocos segundos, sonriendo y dejando un pequeño beso sobre su frente, para seguidamente dirigirme hacia el auto.
Agarré la mochila que conscientemente había preparado y saqué de ella una manta junto a algunos recipientes con comida. Pude llevarlo todo de vuelta hasta donde ella se encontraba, pero una vez allí, me vi demasiado torpe al intentar extender la manta sin que la comida se me cayera al suelo. Así que ella, con una sonrisa al ver mi repentino apuro, decidió ayudarme, encargándose de extender la cobija en la que segundos después nos acomodaríamos.

─ ¿Sabes una cosa? ─Preguntó mientras se sentaba y recibía el refresco que le ofrecí sonriendo y expectante ante su pregunta ─He comido probablemente en los restaurantes más lujosos del mundo, en la “Torre Eiffel”, en el “Empire State”, con un cumulo de comodidades y las ciudades más asombrosas bajo mis pies… Pero estoy en completa posición de decirte, que ninguno de esos lujos supera esta vista, este almuerzo... y mucho menos este momento… ─Me miró sonriendo ─Nunca imaginé que pudiera ser tan feliz… con tan poco.
─Esto es lo que tú eres, pequeña… Esta es la verdadera Anahí. La que de niña miraba el techo de su cuarto lleno de estrellas iluminadas y pensaba que en algún lugar del mundo habría alguien observando las verdaderas… Esa que soñaba con ser astronauta o artista… Esa, que me está mirando ahora mismo con un brillo en los ojos que no tenía al llegar aquí. No eres esa mujer perfecta de las revistas, eres una chica sencilla… e incluso más hermosa de lo que el mundo cree saber.
─Gracias… ─Susurró sin más, apartando la mirada.
─ ¿Gracias por qué?
─Por hacerme ser yo misma…

En este momento, sentí que no había nada que pudiera decir… Simplemente recibí el impulso de agarrar su mano y entrelazar fuertemente nuestros dedos. Ella, después de observar ese gesto, me miró a los ojos y nos regalamos unos segundos de silencio, en los que nuestras miradas decían todo lo que las palabras callaban.

Al cabo de unos minutos, terminamos de comer y decidí recostarme a observar el cielo soleado que poco a poco bronceaba mi piel. Definitivamente, existían pocas sensaciones en la vida, como la de ver los pájaros revolotear felices de un lado para otro… o eso creía, hasta que sentí el cuerpo de Anahí recostarse junto a mí, acomodando su cabeza sobre mi pecho. Entonces entendí que cualquier sensación que antes me pareciera buena… junto a ella se convertía en absolutamente perfecta.

─ ¿Has estado alguna vez aquí con alguien? ─Preguntó de pronto confundiéndome.
─ ¿Por qué me preguntas eso?
─Curiosidad…
─No… Nunca he estado aquí con otra chica, si es lo que quieres saber.
─ ¿Por qué…? ─Continuó incorporándose un poco, apoyándose sobre sus propios codos para mirarme directamente.
─Porque no dejo que nadie entre en mi mundo, Anahí ─Me encogí de hombros ─Siempre he sido así…
─ ¿A pesar de todas las mujeres que hay enamoradas de ti?
─Eso no es cierto… ─Corregí sonriendo ─Ninguna de todas esas mujeres que tú dices, sabe realmente quien soy… Pueden haberse enamorado de una idea, pero no de mí. Se ilusionan con un misterio, con una chica imposible a la que nunca podrán tener. Ninguna de ellas sabe cuáles son mis sueños, mis inquietudes, o incluso mis miedos.
─Tu sueño es recorrerte el mundo en un furgoneta hippie.
─Eso era hace muchos años ─Acepté con ternura.
─Si… pero aunque te empeñes en pensar que ya no eres la misma de entonces, sé que en el fondo sigues soñando recorrer las carreteras con la música a todo volumen, compartiendo ese viaje con alguien que te ame tanto, que sea capaz de acompañarte a cualquier lugar… Y si no lo reconoces es porque te da pánico sufrir. Prefieres ser misteriosa, solitaria e incluso mujeriega, para que ninguna mujer pueda llegar a ti de tal forma que tenga un poder que no puedas controlar.
─ ¿Por qué haces eso? ─Pregunté llevándome una mano a la sien, cerrando los ojos fuertemente ─ ¿Por qué tengo la sensación de que sabes todo de mí, incluso cuando no te cuento nada?
─No lo sé… ─Respondió sonriendo ─Simplemente te miro y… no hace falta que hables, sé lo que sientes en cada momento.
─Creo que por eso me caíste tan mal cuando te conocí ─Fruncí el seño sonriendo.
─ ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando me viste?
─Nada… Cuando te vi parada en aquella oficina, mi cerebro se desconectó, simplemente podía mirarte… Y cuando mi cuerpo decidió volver a la tierra, pensé que eras la mujer más bonita que había visto en mi vida… Pero eso solo fue hasta que abriste la boca, en ese momento comenzaste a resultarme insoportable.
─ ¡Oye! ─Se quejó dándome una ligera cachetada, para continuar acariciando mis mejillas.
─ ¿Y tú? Seguro que tu primer pensamiento al verme fue; “¿Pero qué se cree esta salvaje?”
─Pues no. ─Sentenció sacándome la lengua ─Al igual que tú, eso lo pensé en cuanto abriste la boca… Pero cuando te diste cuenta de que estaba en la oficina y volteaste a mirarme… fue extraño, lo único que pensaba era que nadie jamás me había mirado como tú lo estabas haciendo… y de alguna forma eso me gustaba.
─Eso no me lo creo Anahí, eres preciosa… hay miles de hombres y mujeres por el mundo que te comen con la mirada.
─No me estoy refiriendo a eso ─Se defendió frunciendo el seño ─Hablo de una mirada diferente. Además, no eres la más indicada para decir ¿eh?... Que no soy yo la que tiene a su alrededor una legión de ex amantes.

Mi carcajada en ese momento se escuchó como un eco alrededor de la montaña y su cara de niña enfadada me producía aún más risa, aunque en cierta forma, también me enternecía.

─ ¿Estás celosa? ─Pregunté con una sonrisa pícara.

Ella frunció aún más el seño, consiguiendo que hiciera un gran esfuerzo por aguantarme las ganas de reír.

─No.
─ ¿Segura?
─Sí.
─ ¿Ah sí?

Y entonces, debido a su cara de berrinche, a su cabezonería y a mis ganas de molestarla, llevé mis manos a su cintura y comencé a hacerle cosquillas de tal forma que todo su cuerpo se retorcía entre risas, suplicándome que me detuviera.

─ ¿Segura que no estás celosa? ─Continué con la tortura.
─¡¡Por favor para!! ─Suplicaba ella, con esa risa que de un momento a otro haría que mi corazón saliera desbocado.
─No voy a parar hasta que reconozcas que estás celosa.

Pero me detuve súbitamente, observando con una sonrisa, como intentaba recuperar el aliento y me miraba, entre risueña y enojada.

─No estoy celosa Dulce… Pero… son demasiadas, incluso estoy segura de que la mismísima Maite siente algo por ti… Son chicas que te importan y…
─ ¡Ven aquí! ─Sentencié levantándome y agarrándola de la mano para que hiciera lo mismo.
─ ¿Qué estás haciendo?

Entonces, la dirigí hacia el acantilado y nos encontramos de nuevo con esa vista bajo nuestros pies, esas aldeas, comunidades, pueblos, casas, ríos, arboles, cuevas, animales, civilización y silencio… el más absoluto silencio bajo nosotras.

Solté su mano, la observé un momento y la descubrí mirándome con expectación y confusión, seguramente preguntándose qué demonios me proponía. Entonces mi corazón me dijo que el azul de este cielo, por hermoso que fuera no era ni por asomo comparable al color y al brillo de sus ojos… y fue en ese momento, cuando inhalé aire profundamente, llené mis pulmones de oxigeno, rodeé mi boca con ambas manos para darle una mayor potencia a mi voz y…

─¡¡¡¡¡¡¡ANAHÍ!!!!!!!! ─Grité tan fuerte que rápidamente comenzaron a volar los pájaros asustados.

Asustados igual que ella, que ante mi inesperado grito observé de reojo como pegaba un pequeño brinco y me miraba aún más perpleja que antes.

─¡¡¡¡¡TÚ!!!!! ─Continué lanzando mi mensaje a ese pequeño mundo bajo nuestros pies ─¡¡¡ERES!!!! ¡¡¡LA ÚNICA!!! ─Volví a mirarla al gritar esa palabra y sus ojos habían cambiado, ese brillo había aumentado y sentía que de un momento a otro las lágrimas escaparían de ellos… Pero no era tristeza lo que expresaba.
─¡¡¡¡LA ÚNICA…!!!! ─Repetí al horizonte ─¡¡¡QUE ME IMPORTA!!! ─Entonces volví a mirarla y esta vez, sin alzar la voz, sin necesidad de demostrar nada, susurré ─No lo olvides nunca…

Y antes de que pudiera darme cuenta, sus brazos estaban rodeando mi cuello sumiéndome en un abrazo tan fuerte y profundo como no me habían dado jamás. Sentía su cuerpo tratando de aferrarse al mío… la sentía tan cerca, tan unida a mí, que deseaba con todas mis fuerzas que este momento no terminara jamás. Que pudiera oler su cabello y sentir su delicado cuerpo así, el resto de mi vida. Débil y fuerte al mismo tiempo… exactamente como ella me hacía sentir a mí.

─Estás loca… ─Susurró en mi oído erizándome la piel ─Completamente loca ─Reafirmó mientras unía nuestras frentes ─Pero… tú también eres la única…mi amor.

Esas palabras, ocasionaron que mi corazón sonriera incontrolablemente, expresándolo a través de mis labios. “Mi amor”… me había llamado “mi amor”. Probablemente fuera algo que no escuchaba desde hacía muchos años, pero por alguna razón sentía que no lo había escuchado nunca, o mi corazón latía como si nunca hubiera sentido realmente ser el amor de alguien. Y con ella, a pesar del tiempo, a pesar de nuestros mundos opuestos…lo sentía… todo.

Permanecimos en esa misma posición unos instantes en los que el tiempo simplemente perdió su significado. Su cuerpo se refugiaba entre mis brazos mientras juntas observábamos ese hermoso paisaje.

─Dul… ¿Cuántos niños pueden haber aproximadamente en esta región? ─Preguntó de pronto, mientras continuaba observando al horizonte.
─ ¿Niños sin recursos, quieres decir?
─Sí… ¿Son solo los que viven en la aldea?
─Ojala ─Respondí tras un suspiro y una sonrisa ─En la aldea no alojamos ni a una cuarta parte de todos los que hay aquí. Son muchísimos… pero lamentablemente no tenemos espacio ni recurso para más.
─ ¿Y no hay ninguna solución?
─Llevo años intentando encontrarla… Ese es realmente mi trabajo. Conseguir medios y subvenciones para crecer… pero no te haces ni una idea de lo que me cuesta incluso mantenernos como estamos ─Expliqué ─¿Sabes? A veces cuando subo aquí me pongo a observar algunos de esos rincones y a pensar lo increíble que sería poder crear una escuela para todos… ¿Te imaginas? Por la mañana recibirían su educación obligatoria y en las tardes habría el personal suficiente para enseñarles otro tipo de recursos, deportes, oficios, agricultura… todo desde un punto de vista divertido para cualquier niño. Jugando y educando al mismo tiempo… ─Comenté ilusionada ─Eso sería perfecto y además no habrían distinciones, se podrían relacionar con el resto de niños, todos juntos, colaborando y aprendiendo a trabajar en equipo. Mira eso ─Pedí señalando montaña abajo ─Hay espacio suficiente para crear una gran escuela y ni siquiera habría que destruir nada. Nos abasteceríamos de los medios naturales que nos rodean… Nunca le he contado esto a nadie. Pero tengo en mi oficina miles de proyectos y planes para esa escuela, la he creado en mi cabeza y sobre un papel de muchas formas diferentes, tratando de mejorarla cada vez… Pero es imposible llevar a cabo algo así sin el dinero suficiente, el gobierno de este país no está muy dispuesto a colaborar en acciones sociales y algo de esa magnitud, necesita demasiado dinero. Es imposible…
─ ¡No es imposible! ─Corrigió captando mi atención ─Tú tienes razón… ¡Ve este lugar! ¡Mira las infinitas posibilidades que hay! Soy experta en finanzas, en relacionarme con todo tipo de profesionales y en saber cómo, cuando y donde construir, y te aseguro que lo que sueñas es completamente posible cariño. La solución está en encontrar a las personas adecuadas… y en este momento, sé perfectamente que ingeniero crearía esa maravillosa escuela… En cuanto al dinero, sí… tienes razón en que se necesita demasiado. Pero así como el gobierno no ve más allá de sus narices, el pueblo es solidario y simplemente hace falta hacer ruido, organizar eventos, reunir contactos y lo poco de uno, hará el mucho de todos...

Sus palabras me sorprendían… No sólo por lo que decía, sino por la intensidad con que lo hacía. Como si mi sueño se hubiera convertido de un momento a otro en el suyo. Esto que nunca le había contado a nadie, esto que simplemente se encontraba en mi cabeza y que a pesar de haberlo trabajado día y noche, me parecía imposible, en este momento resultaba no serlo tanto. Ella sabía de lo que hablaba y su seguridad así me lo transmitía.

─Yo te voy a ayudar ─Sentenció clavando su mirada intensamente sobre mí ─Construiremos juntas esa escuela.
─ ¿Por qué? ─Pregunté después de unos segundos observándola entre alucinada y confundida ─ ¿Por qué quieres hacerlo?
─Porque es necesaria… porque seguramente habrán muchos niños que necesiten la ayuda de personas como tú… porque por primera vez acabo de sentir que mi trabajo tiene una función más importante que la de construir para ganar dinero… porque este país lo necesita… y porque es tu sueño, Dulce… porque no he conocido nunca a una persona con un corazón como el tuyo y siento… siento que me haces ser mejor persona.

Me permití a mi misma unos segundos de silencio en los que simplemente observaba sus ojos llenos de ilusión. Una ilusión contagiosa… Me vi a mi misma reflejada en su mirada. Observé a la misma Dulce soñadora y rebelde de hace unos años, esa a la que lo único que le importaba era cambiar el mundo. Ahora lo veía claro… Anahí tenía razón, esa Dulce no había desaparecido, o quizás si… Pero ella, esta chica por la que en unos días había sentido cosas completamente desconocidas, la había vuelto a despertar.

─¡¡Hagámoslo!! ─Me descubrí diciendo de pronto ─Construyamos esa escuela…tú y yo… juntas.

******
El resto de la tarde transcurrió entre risas, besos, abrazos, conversaciones, sueños y magia… Llegó la noche sin que esas dos chicas se dieran a penas cuenta. El tiempo había perdido todo su sentido y para este momento, sin saber si quiera que hora fuera, ambas se encontraban recostadas en la parte trasera del auto, una sobre el pecho de la otra, observando en silencio, ese cielo lleno de estrellas. Tan natural y real como Anahí no había visto jamás. El único sonido que esa chica escuchaba, era el corazón pausado de Dulce, latiendo junto a su oído… Le encantaba ese sonido, por alguna razón conseguía tranquilizarla, sumergirla en un mundo desconocido donde nada de lo que ya conociera existía.

─Any… ¿Puedo hacerte una pregunta? ─Escuchó de pronto la voz de Dulce, notando al mismo tiempo como ese corazón antes pausado aumentaba el ritmo de sus latidos.
─Claro… ─Respondió ascendiendo ligeramente la mirada. ─ ¿Qué ocurre?
─ ¿De qué estuviste enferma?

En el momento en que Anahí escuchó esa pregunta, su corazón pareció querer detenerse súbitamente. Desde luego, eso era lo último que esperaba.

─ ¿Tú como sabes eso? ─Preguntó incorporándose un poco para encontrarse con la mirada de Dulce.
─Hace muchos años, la primera vez que llegué a este lugar, un señor me dijo que tenía una hija de mi edad a la que deseaba que conociera, pero lamentablemente esa chica estaba muy enferma… Él señor volvió para hacerse cargo de ella y nunca más supe lo que le ocurría. Hasta que Maite me dijo que la hija del Sr. Puente vendría a la aldea… entonces supe que tú eras esa chica y desde que llegaste, es algo que he querido saber. Pero obviamente, no estaba en posición de preguntarte, por eso estás en tu derecho de no responder si te incomoda…yo sólo…
─Anorexia ─Interrumpió apartando la mirada ─Padecí anorexia durante los últimos años de mi adolescencia.

Cuando la mirada de Anahí se perdió en el horizonte, transportándola hacia un lugar en el interior de sus pensamientos, sintió los brazos de Dulce ejerciendo una ligera presión para que se recostara nuevamente. La chica no opuso resistencia y quedó protegida entre sus brazos, dándose cuenta de que esa mirada fija e intensa solo podía producirle una paz inmensa.

─Cuéntamelo… ─Susurró Dulce acariciando su mejilla.
─Fue una época muy… oscura ─Comenzó ─Cuando me fui a estudiar a España, mi abuela acababa de morir, sólo me quedaba mi papá y de alguna forma necesitaba estar lejos. Pero comencé a sentirme sola, no había nadie a mí alrededor que me diera un abrazo sincero, sentía que todo el mundo esperaba algo de mí que no era… Y no sé en qué momento esa soledad fue tan grande para llevarme a eso. Ni siquiera me veía gorda o flaca… simplemente no me gustaba lo que veía en el espejo, no era lo que los demás esperaban y cuando me quise dar cuenta estaba sumida en esa oscuridad de la que ya no sabía cómo salir.
─Pero… ¿Nadie se dio cuenta? ¿Tu novio? Dices que él estudió contigo en España… O tus amigas…
─No ─Interrumpió ─Absolutamente nadie. Y si se dieron cuenta, nunca lo demostraron… Me volví muy astuta ¿Sabes? Capaz de engañar a cualquiera… Excepto a mi papá. Él me obligó a volver… y a comenzar un proceso de recuperación. Gracias a eso estoy aquí contándotelo…
─ ¿Fue muy dura? La recuperación…
─Seguramente sea lo más duro que haga en mi vida… De hecho, creo que nunca estaré del todo recuperada.
Lo primero que te dicen los psicólogos en las terapias es que esa enfermedad siempre te acompaña… y que nuestra labor es luchar contra ella día con día.
─Pero eso no es malo ─Añadió Dulce captando su atención ─Bueno, al menos yo creo que todo lo que hayamos vivido nos hace quien somos. Y tú eres fuerte, quizás tuviste que pasar por eso para cambiar tu rumbo y llegar a ser quien eres. Lo realmente importante es que lo hayas superado… Te dieron una segunda oportunidad Any y estoy segura de que eso es por algo. No todo el mundo puede decir lo mismo. Aún así… me hubiera gustado conocerte entonces, porque no te hubiera dejado caer.

Anahí observó un instante los ojos de esa mujer que tan diferente la miraban. En esos ojos se encontraba protegida, respetada, comprendida… Acarició su mejilla con un inevitable suspiro.

─Estoy segura de que tú no me hubieras dejado caer ─Confirmó ─Pero tienes razón, todo pasa por algo… y por primera vez me siento orgullosa de mí misma, de haberlo superado… Quizás… quizás ahora tenga una misión ¿No crees?
─Si lo creo ─Sonrió ─Y por si te sirve de algo, yo también estoy orgullosa de ti.
─Eres la primera persona además de mi papá a la que le cuento esto. Ni siquiera los que me conocieron entonces saben esa historia…

Dulce acarició su mejilla con cariño, clavando en ella esa mirada color miel.

─No entiendo cómo alguien puede estar a tu lado y no verte… ─Sentenció seriamente ─Si fueras mi… ─Dulce suspiró antes de continuar con esa frase ─Mereces que alguien se encargue de hacerte feliz cada día de tu vida. No soportaría verte sufrir ni un solo segundo…
─En este momento soy feliz, cariño… Cómo nunca antes lo había sido.

Las palabras de Anahí eran probablemente lo más real que había dicho en toda su vida. No sabía cuál era el motivo exacto… Pero sí sabía que si en este momento le ofrecieran estar en cualquier lugar del mundo, esta sería su elección. Encontrarse cobijada entre los brazos de una chica, a la que apenas conocía, con la que en pocos días había hecho el amor sintiendo cosas que ni sabía que existían. Esta chica capaz de conseguir que el mundo desaparezca, que las preocupaciones se deshagan y qué el sencillo hecho de encontrarse acostaba sobre un simple auto, en una montaña a cientos de kilómetros de la ciudad, observando las estrellas, escuchando sonidos extraños y sintiendo el latido de su corazón golpeándole el oído, la llenaran de completa y auténtica felicidad.

─No tengo idea de cómo vamos a volver si ya oscureció demasiado ─Comentó Dulce unos segundos después, demostrando en su expresión cierto atisbo de preocupación.
─ ¿Es necesario volver esta noche?

El seño de Dulce se arrugó ligeramente, mostrando algo de confusión acompañada de una sonrisa.

─Deberíamos… ─Respondió ─Pero se nos fue el tiempo hablando y ahora no sé cómo vamos a encontrar el camino.
─Entonces quedémonos aquí.
─ ¿Aquí? ─Preguntó extrañada ─ ¿A la intemperie? ¿No te da miedo?
─No conozco el miedo cuando estoy a tu lado, Dulce… Quiero dormir así esta noche, abrazándote.

Ella simplemente sonrió, haciendo gala de su habitual misterio… Cobijando el cuerpo de Anahí junto a su pecho, callando las muchas palabras que probablemente tuviera que decir. Así era Dulce, reservada, silenciosa, misteriosa… Así la veía el mundo entero. Pero para Anahí, no hacía falta que dijera una sola palabra, le bastaba con mirarla a los ojos para darse cuenta que no era la única en esto, era suficiente con sentir el latido acelerado de su corazón, confirmándole… que estaban juntas en esto.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 6:54 pm

Capitulo 13

Me resultaba increíble la sensación de tener su rostro posado sobre mi pecho, como había permanecido toda la noche, sin siquiera mover un músculo ni permitir que yo lo moviera. No recuerdo haber pasado jamás una noche tan estática, en la que no era capaz de moverme ni un centímetro simplemente por no perturbar su sueño. Lo único que era capaz de hacer era observarla sonreír, mientras soñaba y escuchar el sonido de su respiración fundirse con los de la naturaleza nocturna. Acaricié su pelo durante horas y por primera vez en muchos años deseé que no llegara la mañana para no tener que despertarla ni separarme de ella… Pero lamentablemente, comenzaba a amanecer y en muy pocas horas debía volver al trabajo. Un trabajo que precisamente hoy no deseaba comenzar.

Entonces, como si hubiera escuchado todos y cada uno de mis pensamientos, sus ojos comenzaron a moverse para segundos después mostrarme ese precioso color, qué se volvía incluso más hermoso al ser iluminados por el alba… Lo primero que hizo al descubrirme observándola, fue sonreír… Sonreír de esa forma que me hacía parecer realmente estúpida por no poder apartar la vista de ella.

─ ¿Estás realmente despierta? ─Preguntó al ver que no hacía ningún gesto ─ ¿O duermes con los ojos abiertos?
─Buenos días… ─Susurré ganándome de nuevo esa sonrisa. ─ ¿Qué tal dormiste?
─Teniendo en cuenta, que estamos sobre un carro, en medio de una montaña y que al parecer no moví un solo centímetro de mi cuerpo en toda la noche… perfectamente. ¿Y tú?
─Perfectamente… ─Confirmé sonriendo ─Llevo un rato intentando sacar fuerzas para despertarte… lamentablemente tenemos que volver.

Su sonrisa se vio disuelta por un momento, dando paso a una ligera expresión de tristeza.

─Me quedaría días aquí contigo ¿Sabes? Aisladas del mundo… Solas tú y yo.
─Yo también, créeme… ─Acaricié su mejilla ─Pero me basta con saber que estarás ahí y seguirás siendo mía, en cuanto termine el turno. Hay muchas cosas que podemos hacer el resto del día ¿No?
─Sí… ─Volvió a sonreír ─ Seré completa y solamente tuya.

Tras escuchar esa frase y ver el brillo eterno de sus ojos, un impulso me obligó a acortar la pequeña distancia que nos separaba, besándola con ternura y deseando realmente poder sentir esa cálida sensación para siempre.
Pero lamentablemente, como había advertido hace apenas unos minutos, debíamos volver al mundo real. Así que nos vimos en la obligación de separarnos antes de lo deseado.

─ ¿Vamos? ─Pregunté con una sonrisa.

Ella asintió y esta vez sí, me levanté del auto, ofreciéndole seguidamente mi mano para ayudarla a hacer lo mismo.

Minutos más tarde, con todo recogido, nos subimos en la parte delantera, dispuestas a comenzar el camino de vuelta a la aldea.

Un camino que probablemente duraría menos que la subida del día anterior. Música, paisaje, pequeñas conversaciones, sonrisas, miradas de complicidad y caricias fugaces, fueron nuestros acompañantes durante el viaje que al cabo de 40 minutos había finalizado.

Detuve el coche en el mismo lugar de siempre, observando al fondo aquellas cabañas que durante los últimos años han sido mi hogar y descubriendo a algunos madrugadores caminando ya de un lado para otro, dispuestos a empezar la actividad diaria. Anahí volteó su rostro y nuestras miradas permanecieron un instante en esa posición, simplemente observándonos, diciéndonos miles de cosas en medio del más absoluto silencio. Entonces sonrió de una manera increíblemente dulce, aunque poseía cierto atisbo de inseguridad, duda, o quizás miedo por haber vuelto a la realidad. En ese momento, mi corazón experimentó el habitual hormigueo que sufría cada vez que ella me sonreía y aunque las palabras adecuadas no llegaban a mi mente, otra sonrisa de respuesta fue la única forma que encontré para hacerle saber que todo estaba bien.

Acaricié su mejilla instintivamente, viendo como ladeaba el rostro y cerraba los ojos a la vez que depositaba un pequeño beso en la palma de mi mano, ocasionando que el hormigueo de mi corazón, lejos de cesar, aumentara. Y tras un suspiro y una última sonrisa, bajé del auto, llegando rápidamente hasta ella que también había bajado ya.

─Parece que no hay mucha gente despierta ─Comentó observando en dirección a las cabañas.
─Aún es temprano. Pero no te confíes, en unos minutos tendrás a unos cuantos terremotos corriendo hacia el comedor para desayunar antes de volverme loca.
─ ¿Qué tienes preparado para hoy? ─Preguntó con una sonrisa.
─Nada. ─Sentencié riendo ─Suelo preparar mis clases el día anterior y ayer me pasé toda la tarde en la montaña con una chica preciosa… Así que, supongo que tendré que improvisar algo.
─Oh… ─Exclamó acercándose peligrosamente a mi rostro ─ ¿Y mereció la pena olvidar tus tareas durante un día por esa chica preciosa? ¿O resultó muy traumática la experiencia?
─Lo único traumático… ─Seguí acortando la distancia ─Será aguantarme las ganas de besarla a cada minuto durante las próximas horas.
─Entonces es mejor que aproveches ahora… ¿No crees?

¿Qué persona medianamente cuerda, sería capaz de no besar a esta mujer, teniéndola a un milímetro de distancia? No sé si esa persona existe en el universo, pero desde luego no era yo. Siempre he sido capaz de controlar mis impulsos, medir hasta dónde puedo llegar, jugar con el deseo de otra mujer… Pero Anahí, ella, era capaz de nublar mi juicio solamente con mirarme y conseguir que me importara bien poco si el mundo se derrumbaba o no a nuestro alrededor.

Solo me importaba ella… su respiración golpeando mis labios, el incesante deseo de sentirla cerca de mí todo el tiempo. Eso que me hizo olvidar donde me encontraba, así como el cuidado y respeto que siempre tuve a las personas de este lugar, manteniendo mi intimidad al margen, se fueron al diablo porque simplemente me daba igual quien me viera besándola, me importaba un Oops! lo que opinara el mundo. Así que junté mis labios con los suyos, que me esperaban ya semi abiertos, tan ansiosos como los míos, abracé su cintura con la intensión de que su cuerpo se pegara completamente al mío, para sentir cada parte de ella y le demostré con mis caricias, con mi deseo y con mi dulzura, que todo era diferente… que en mi interior, todo había cambiado.

Poco después, la falta de oxigeno nos obligó a separarnos y una pequeña risa se apoderó de nosotras, al darnos cuenta de que parecíamos adolescentes con ese primer amor que te hacer ver absolutamente idiota. A pesar de todo… había algo en esa sensación de idiotez, que me hacía feliz… Eso era lo diferente. Esa certeza de que todo lo que te está ocurriendo se escapa de tu control, no manejas nada, no influyes en tus pensamientos, ni en tus sentimientos o emociones, no controlas ninguna parte de tu cuerpo y aún así… eres feliz.

Después de unos segundos observándola, y siendo consciente de que si no lo dejaba ahora, corría el riesgo de pasarme así el resto del día, agarré su mano, entrelazamos nuestros dedos, y juntas avanzamos hacia las cabañas, sin si quiera darle importancia a la gente, nos mirábamos y sonreíamos como una auténtica pareja de enamoradas.

Entonces escuchamos unas voces aproximándose de frente, cosa que nos hizo voltear la mirada y descubrir a mi amiga Maite, que venía acompañada y charlando con alguien, sin darse cuenta de nuestra presencia hasta el momento en que a una significante distancia, sus miradas se encontraron de frente con las nuestras, y un silencio algo extraño para mí, se produjo.

─Christopher… ─Dijo Anahí, soltando mi mano y dejándome aún más confundida.

El chico que acompañaba a Maite, llegó hasta ella en menos de dos segundos y agarró su rostro con algo de desesperación, acercándose tanto a ella, que mi corazón se aceleró de una forma temerosa.

─¡¡Bebé!! ─Exclamó acariciándola ─ ¿Dónde te metiste? ¿Te encuentras bien?

¿Bebé? ¿Cómo que “Bebé”? ¿Quién demonios eres tú?

─S…si…estoy bien ─Respondió ella algo aturdida, quitándose de la cara las manos del chico ─ ¿Qué estás haciendo aquí?
─ ¿Cómo que qué estoy haciendo aquí, Any? Tu Papá me dijo que algo te había ocurrido, que habías enfermado y ha sido imposible contactar contigo desde que estás en este lugar…
─Estoy bien… eso… solo fue un accidente Christopher, no era necesario que vinieras.
─Eso no es importante mi amor, aquí estoy… Y así podemos volver juntos, recuerda que tenemos que continuar con los preparativos, aún hay mucho por hacer y aquí ya terminaste el encargo de tu papá ¿No es así?

Sin siquiera dejarla responder a la pregunta y casi sin esperarlo, el muchacho depositó en sus labios un pequeño beso, que ella rápidamente finalizó ladeando su cabeza y bajando su mirada al suelo. Pero a pesar de eso, la imagen que acababa de presenciar ocasionó que un fuerte ardor recorriera mi cuerpo de pies a cabeza mientras mi corazón latía fuertemente, aunque a diferencia de otras ocasiones… esta vez no me hacía sentir nada bien, al contrario, mis piernas y todo mi cuerpo tuvieron la necesidad de largarse de ese lugar en el momento en que comprendieron que ese chico, ese tal Christopher, era su novio… su prometido… ese hombre con el que está a punto de casarse.

Pasé a su lado con una sensación de rabia apoderándose de todo mi ser, sin siquiera mirarlos, notando como los ojos de Anahí se clavaban en mi espalda, al igual que los de Maite.
Minutos más tarde llegué a la cabaña de mi amiga sintiendo como todo el coraje que sentía se iba transformando en una emoción diferente que aún no llego a entender. Comencé a revolver entre mi ropa, buscando desesperadamente lo más adecuado aunque probablemente no lo fuera a encontrar, ya que mis ojos y mi mente ni siquiera distinguían las prendas que pasaban por mis manos.

─Cálmate… ─Pidió tranquilamente la voz de Maite desde atrás.
─Estoy calmada…
─No lo estás.
─ ¡Si lo estoy, Maite! ─Sentencié volteando para mirarla ─ ¡Estoy muy calmada! ¿Y sabes por qué? Porque no tengo ni un solo motivo para no estarlo… No acaba de ocurrir nada que no fuera a ocurrir tarde o temprano. Nada que no supiera. Esto es lo que hay ¿Ok?... Y no tengo derecho a estar enojada, alterada o incluso celosa.
─ ¡Dulce por dios! Tu diplomacia está empezando a cabrearme… ¿Quieres reconocer de una maldita vez que te estás muriendo por dentro? ¿Qué se te encogió el estómago y se te detuvo la respiración cuando viste a Christopher besando a esa chica que te tiene completamente loca? ¿Vas a aceptar que te duele? ¿O piensas hacer como si no pasara nada…?
─¡¡Por supuesto que me duele Maite!! Claro que tengo ganas de salir ahí fuera y romperle la cara a ese tipo por besar a la mujer con la que he pasado las dos mejores noches de mi vida… ¿Crees que es fácil? ¿Qué no tengo ganas de agarrarla de la mano y llevármela muy lejos? … ¡Pero no puedo! No puedo hacer absolutamente nada. Está allá afuera con su prometido… con el hombre al que quiere unir su vida… y ni siquiera sé lo que han significado para ella estos últimos días… no sé lo que yo significo para ella. Ha sido precioso soñar por un momento que todo era perfecto… pero siempre he sido consciente de la verdad… y lamentablemente eso que está allá afuera…es nuestra realidad.

Sin decir una palabra más y sin dejar que mi amiga respondiera alguna cosa que probablemente fuera cierta, me dirigí hacia el cuarto de baño cerrando la puerta a mi paso, esperando que el agua, al correr por mi cuerpo se llevara esta explosión de sentimientos que estaban teniendo lugar dentro de mí. Estos sentimientos que me era imposible controlar que realmente me aterrorizan…

*******
Aproximadamente una hora más tarde de lo sucedido, Anahí se encontraba sentada al borde de esa cama en la que dos noches antes había hecho el amor con Dulce. Sostenía su propia cabeza entre sus manos, completamente aturdida… tratando de encontrar una tregua y un momento de silencio en medio de tanta confusión que le produjera paz, esa paz que solo había sentido los dos últimos días de su vida.

─ ¿Qué opinas? ─Interrumpió una voz sacándola de sus pensamientos.
─ ¿Perdón? ─Preguntó alzando la mirada hacia el chico que tenía frente a ella, su novio.
─Está resultando una misión completamente imposible hablar contigo hoy. Llevas una hora sin escucharme.
─Lo siento Christopher… ─Se disculpó cubriendo ligeramente sus ojos con sus propias manos ─Estoy algo aturdida.
─Debe ser este lugar… ─Comentó él arrodillándose para que lo mirara a los ojos ─Ya tiene que estar afectándote tantas incomodidades. Pero no te preocupes mi amor, ya estoy recogiendo tu ropa y en cuanto esa chica, Maite, arregle lo de la donación, volveremos a casa… a nuestro mundo, donde tu única preocupación será ultimar los detalles para pasar el resto de tu vida conmigo y ser completamente felices… Verás que en unos días olvidas la locura que cometió tu papá al enviarte a un lugar como este…
─ ¿Qué tiene de malo este lugar? ─Preguntó enfrentando su mirada ─Ni siquiera lo conoces…
─No me hace falta conocerlo para darme cuenta de que este no es tu sitio.
─A lo mejor entonces es que no me conoces en absoluto.
─ ¿Qué estás diciendo Any? ¿Quién puede conocerte mejor que yo, que llevo años a tu lado? En cuanto volvamos olvidarás todo esto, créeme…
─ ¿Sabes qué, Christopher? ─Se levantó de la cama bruscamente ─No puedo respirar aquí dentro, me estoy agobiando…
─ ¿Pero a dónde vas?
─ ¡Necesito coger aire!

De esta forma Anahí abandonó la cabaña prácticamente corriendo y pretendiendo que las manos en su cabeza aliviaran el agudo dolor que llevaba una hora sintiendo.

Avanzó unos metros, tratando de alejarse de Christopher lo máximo posible, pero su huída se detuvo en el momento en que su corazón le advirtió que Dulce se encontraba a lo lejos, antes incluso de que sus ojos pudieran enviar dicha información a su cerebro. La trabajadora social y maestra caminaba alrededor de sus alumnos, moviendo las manos y aparentemente explicando algo a esos pequeños que la miraban atentamente. Se veía tan firme y tierna al mismo tiempo cuando se trataba de sus alumnos… que Anahí no pudo controlar el suspiro que salió de su interior mientras la observaba.

─ ¿Te encuentras bien? ─Preguntó la voz de Maite al llegar a su lado sin darse cuenta.
─No demasiado… ─Respondió sin apartar la mirada de Dulce.
─No tenía forma de avisarlas de que él estaba aquí… Me sorprendió aproximadamente una hora antes de que ustedes llegaran y no sabía dónde estaban. Siento no haber podido prevenirlas…
─No es culpa tuya Maite, probablemente tarde o temprano tendría que haber pasado esto.
─ ¿Qué piensas hacer ahora?
─No lo sé… No tengo ni la más mínima idea de lo que vaya a pasar. Sólo sé que quiero hablar con Dulce… Necesito saber lo que piensa, decirle lo que siento…
─ ¿Y qué sientes Anahí? ¿Qué sientes por ella?
─Lo único de lo que estoy segura es de que ella me ha hecho pasar los mejores días de toda mi vida, consiguió que me olvidara de absolutamente todo lo que estuviera fuera de nuestro perímetro… Maite, por primera vez en mi vida, supe exactamente dónde y con quien quería estar.
─Díselo. ─Sentenció captando su mirada ─Dile a Dulce exactamente todo lo que sientes por ella.
─ ¿Crees que quiera hablar conmigo después de lo que vio?
─Está terriblemente asustada… Pero si a alguien va a escuchar, es a ti, te lo aseguro.

Anahí asintió volviendo su mirada hacia esa chica que continuaba concentrada en su trabajo sin ni siquiera notar su lejana presencia. En medio de sus pensamientos sintió los pasos de Maite alejarse, dejándola a solas de nuevo. Pero al ver que Dulce continuaría trabajando, decidió dar una vuelta por el lugar, hasta que estuviera desocupada y pudiera hablar con ella.

En ningún caso pretendía volver a la cabaña, donde Christopher la esperaba dispuesto a aumentar su dolor de cabeza. Así que caminó y caminó, sin sentir siquiera el paso del tiempo, era tanto lo que debía pensar, tantas cosas abordaban su mente que transcurrió aproximadamente una hora sin que apenas se diera cuenta. Una hora de la que solo fue consciente en el momento en que regresó a la aldea y descubrió que ni los niños ni Dulce se encontraban donde los había dejado.

Avanzó unos pasos, hasta la cabaña que servía de aula y ahí encontró a Maite ejerciendo de profesora a esos pequeños. No quiso interrumpir, así que desde la misma puerta echó un vistazo alrededor, pero seguía sin haber rastro de Dulce.

Maite advirtió su presencia y con gestos le indicó que no sabía dónde se encontraba su amiga. Así que Anahí, después de hacerle un gesto de agradecimiento con la cabeza, retrocedió para buscarla por algún otro lugar de la aldea.

Estuvo en el comedor, en la cabaña de Maite, en la oficina e incluso caminó por los alrededores a ver si la encontraba, pero no había rastro de ella. Fue entonces cuando se dio cuenta de que solo había un lugar al que hubiera podido ir…

Caminó y caminó, entre árboles y arbustos, tratando de recordar el camino por el que había pasado unos días antes. Aunque se le dificultó un poco, cuando quiso darse cuenta, la imagen de Dulce sentada en el acantilado por el cual caía el agua de la cascada, le indicó que ya había llegado.

Ahí estaba ella… de espaldas, sin notar aún su presencia, concentrada en observar caer el agua y completamente sumida en sus pensamientos. Unos pensamientos que Anahí pagaría por descubrir en este mismo momento.

Después de permanecer observándola unos segundos, tratando de reunir fuerzas para lo que quiera que fuese a decir, inhaló aire profundamente y avanzó con sigilo.

Dulce debía haber notado perfectamente su presencia, al sentir el chasquido de las hojas secas que iba pisando mientras avanzaba. Pero no hizo ni un solo movimiento, mientras Anahí llegaba a su lado y se sentaba cuidadosamente en su misma posición, observando el recorrido que hacía el agua al caer de la cascada y como continuaba corriendo después río abajo.

─Daría lo que fuera por saber qué piensas en este momento… ─Comentó Anahí después de unos segundos.
─Pienso en cómo ha cambiado todo desde la última vez que estuve aquí… Intento recordar en qué momento exactamente sucedió.
─Sucedió hace cinco días. En el momento exacto en que nuestros ojos se cruzaron por primera vez.

En ese instante, Dulce giró el rostro para enfrentarla y sus miradas se encontraron una vez más, exactamente igual que aquel día. Produciendo en Anahí los mismos escalofríos que aquella mañana, en aquella oficina.

─ ¿Cómo es posible que cinco días puedan cambiar tanto la vida de alguien?
─No es el tiempo… ─Respondió Anahí con un suspiro ─Fuiste tú, quien cambiaste mi vida.

Dulce bajó la mirada y en ese momento Anahí sintió miedo, miedo por lo que esa chica estuviera a punto de decir.

─Anahí yo…
─Te quiero ─Interrumpió captando de nuevo su mirada confusa. ─Y me resulta una completa locura que en tan poco tiempo te hayas adentrado tanto en mi corazón. Pero te quiero Dulce.
─No puedo responderte de la misma forma.

En ese momento el corazón de Anahí sintió un fuerte hormigueo fruto del miedo, no quería escuchar lo que Dulce tenía que decir.

─No me quieres…
─Eso no importa Anahí ─Respondió mirándola de nuevo ─No importa lo que yo sienta, ni lo que hayamos sentido estos días… Fuera de este lugar, fuera de esta aldea, de este pueblo, de esta región… está tu realidad. Tienes una vida completamente organizada, una profesión que te gusta, una empresa que dirigir, un padre al que cuidar, una imagen que mantener… Tienes un novio Anahí, un novio con el que estás a punto de casarte… Esa es tu vida, ese es tu futuro…
─Dulce esa era mi vida hasta que llegué a este lugar… hasta que te conocí… hasta que hicimos el amor y sentí cosas que jamás había sentido… ¿Vas a salirme tu también con eso de que no pertenezco a este lugar? ¿De que este no es mi sitio? ¿Vas a volver a ser la Dulce con prejuicios que conocí el primer día?
─No es eso lo que trato de decirte…
─ ¿Entonces qué es? ─Preguntó mientras sus ojos comenzaban a humedecerse ─Dímelo… dímelo porque no estoy entendiendo nada.
─Anahí… yo no voy a dejar este lugar por nadie ─Sentenció ─De eso se trata lo que intento decirte. Puede que ahora quieras quedarte, que esto te resulte una aventura, un descubrimiento… Pero, ¿Cuánto tiempo crees que vas a aguantar aquí? ¿Cuántas semanas pasaran hasta que quieras regresar a la ciudad?
─Entonces es eso… Piensas que solo eres un capricho.
─No… ─Respondió levantándose ─Lo único que estoy diciendo es que por muy hermoso que haya sido lo que vivimos estos días, cada una tiene su vida, vidas completamente diferentes y… aunque no queramos reconocerlo… pertenecemos a Mundos Opuestos.
─ ¿Por qué dejaste que pasara? ─Se levantó también llegando hasta ella ─Si esto es lo que pensabas desde el principio… ¿Por qué me besaste Dulce? ¿Por qué te has comportado como si todo fuera diferente? Como si yo fuera…especial.
─ ¿Crees que no lo es? ¿Qué me resulta fácil pedirte que te vayas cuando me estoy muriendo por abrazarte y no soltarte nunca? Pero no puedo Anahí, no puedo permitir que arruines tu vida… No sé lo que todo esto ha significado… Pero si tu duda es que seas una más para mí, te aseguro que si fuera así, no estaría pidiéndote que te vayas, que continúes tu vida, que seas feliz…
─Ni siquiera sé que decir… ─Suspiró llevándose ambas manos a la cabeza ─No soy capaz de pensar en nada.

Dulce se acercó a ella y agarró sus manos levantando su mirada y consiguiendo que se encontraran la una a la otra.

─En el fondo sabes que tengo razón… que esto es lo mejor.
Pero hubo algo en esas palabras, en todo el transcurso de esa conversación que producía un nudo en el estómago de Anahí, una mezcla de tristeza, enfado e incomprensión. Ese cúmulo de sensaciones que la hizo soltarse bruscamente.

─No sé qué es lo que siento Dulce, no sé qué es lo que pienso… Pero desde luego si esto fuera lo mejor no me sentiría de esta forma. Así que no me digas eso, no hagas como si estuvieras pensando en mi… Porque soy yo la que se va, pero eres tú la que está huyendo.

Y así, sin decir una sola palabra más, Anahí se fue de aquel lugar sin mirar a atrás, caminando y caminando bosque abajo, dejando con cada paso, cada vez más atrás a esa mujer por la que en apenas cinco días, había sentido lo que nadie le había hecho sentir en toda su vida… La misma mujer que en este momento la estaba dejando ir.

El día transcurrió a una velocidad espeluznante desde que regresó a la aldea. Todo ese ajetreo le hacía recordar como era su vida en la ciudad, llamadas, concertar su vuelo de vuelta, firmar papeles, hacer efectiva la entrega de ese cheque donativo deseo de su papá, ese por el cual se encontraba en este lugar, ese, único y verdadero culpable de que su vida hubiera cambiado de tal forma, es el mismo que estaba poniendo fin a todo lo vivido los últimos días, el mismo que en unas horas la haría regresar a su casa, donde la esperaba el bullicio de los coches, las prisas de los ciudadanos, el estresante trabajo, los preparativos de su boda, ese lugar en el que ya no escucharía los sonidos de la naturaleza antes de dormir, ya no saldría al exterior para poder contemplar las estrellas, no se despertaría al alba observando el amanecer más hermoso del mundo… y sobre todo, no la vería a ella…

─¿Estás segura de esto? ─Preguntó Maite mientras la observaba firmando el cheque.
─No… Pero no hay nada que pueda hacer.
─Anahí, trata de ponerte un momento en su lugar… ella…
─Ella está huyendo Maite ─Interrumpió mirándola ─Tiene muy claro lo que quiere y ya tomó una decisión. Puede que esto sea lo mejor…
─Te aseguro que no lo es.
─Me dijo muy claramente que ella no pensaba abandonar este lugar por nadie, Maite… Nunca le hubiera pedido que lo hiciera, porque aún en medio de tanta confusión, hubiera sido capaz de quedarme aquí con ella… Pero con esas palabras, solo me demuestra que no ha habido nada especial para ella entre nosotras.
─Anahí, Dulce está asustada… Ni siquiera sabe lo que quiere. Pero te aseguro que si te vas, su vida no volverá a ser la misma que era antes.
─Ni la mía volverá a serlo… Pero es hora de regresar al mundo real, continuar con lo que siempre había planeado e intentar olvidarme de lo vivido en este lugar. Ella volverá a ser la chica rompecorazones que ha sido siempre, la imposible de enamorar, esa para la que esta aldea y esos niños, son más importantes que cualquier otra cosa en el mundo…

Maite permaneció observándola unos segundos, mientras depositaba el bolígrafo sobre la mesa y dudaba de si levantar o no su mirada, seguramente cristalizada o entristecida. Entonces ambas escucharon como se abría la puerta de la cabaña.

─Bebé, llegó el carro ─Interrumpió la voz de Christopher.

Anahí enfrentó la mirada de Maite y tras un suspiro, se acercó para entregarle personalmente ese cheque.
Sus manos temblaban, sus ojos intentaban reprimir esas lágrimas de impotencia por la situación. Pero si esa chica continuaba mirándola de esa forma, le iba a ser imposible controlarlo. Así que con una sonrisa forzada salió definitivamente de aquella cabaña para dirigirse al exterior, donde el auto que los llevaría de vuelta al pueblo y seguidamente al aeropuerto, esperaba pacientemente.

Christopher la ayudó a guardar su equipaje en el maletero y esa imagen consiguió que su corazón se encogiera cuando el recuerdo de su llegada abordó su mente. Cuando se visualizó intentando dificultosamente subir esa gran maleta al auto y Dulce la observaba como un bicho raro, como una niña pija y superficial que creía haber llegado a un hotel de cinco estrellas… A pesar de su accidentado encuentro, incluso en ese momento, la chica misteriosa y grosera le producía una curiosidad que nadie le había producido nunca.
Apretó su mandíbula fuertemente, tratando de controlar una vez más esas rebeldes lágrimas que luchaban por salir. Levantó la vista al frente y descubrió a Maite, esperando a unos metros para despedirla definitivamente.

Le indicó a Christopher que podía esperarla en el auto y se dirigió a ella, sabiendo que estaba viviendo sus últimos minutos en esa aldea.

─Llegó la hora… ─Dijo mientras llegaba hasta la profesora.
─Aún estás a tiempo de arrepentirte.
─Te aseguro que lo último que quiero en este momento es subirme a ese coche, Maite… Pero es lo que debo hacer ─Suspiró mirando a su alrededor ─Ni siquiera vino a despedirse…
─Creo que sabe perfectamente que si viene a decirte adiós, no podría dejar que te marcharas…
─¿Siempre estás tan segura de lo que piensa o siente…?
─Para lograr entender a esa chica no me ha quedado otro remedio que aprender pacientemente a conocerla en estos años.
─¿Me harías un favor? ─Preguntó después de asentir ligeramente.
─Claro, dime.
─¿Podrías entregarle esto? ─Ofreciéndole una carta bien doblada ─Pero no lo hagas hoy… Hazlo en unos días, cuando se haya calmado la cosa, creo que ahora no sería capaz de leerla.
─¿Ves? ─Sonrió mientras recibía el papel ─En apenas unos días has llegado a conocerla mejor que yo, en años.
─¡¡Bebé, nos va a dejar el avión!! ─Interrumpieron los gritos de Christopher haciendo que ambas voltearan.
─Bueno… ─Volviéndose hacia Maite ─Si algún día vas a la ciudad, ya sabes dónde encontrarme, cualquier cosa que necesites…
─Te buscaré cuando vaya, tenlo por seguro, aunque sea para tomarnos un café ─Sonrió ─Si algún día decides volver, las puertas de estas cabañas estarán abiertas para ti siempre.

Anahí sintió la necesidad de abrazar a esa chica, que de alguna forma la hacía sentir más cerca de Dulce. La coherencia y sinceridad de Maite, las atenciones que había tenido con ella y su eterna preocupación en cuanto a su relación con Dulce, habían hecho que llegara a considerarla una autentica amiga.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:05 pm

─Gracias por todo, Maite.
─Cuídate muchísimo Anahí ─Pidió mientras se separaban ─Y sigue a tu corazón.

Esta le ofreció una última sonrisa y se dirigió hacia el auto que en este momento se disponía a alejarla definitivamente de este lugar.
Este lugar, que inesperadamente le había hecho pasar los mejores días de toda su vida…

El auto se puso en marcha y en menos de un minuto se encontraba dejando atrás la aldea, a Maite, las cabañas, los niños… Dulce… todo quedaba en la lejanía mientras el coche avanzaba por el asfalto rumbo al pueblo.

Pasando por los mismos lugares que esa misma mañana, al regresar de la montaña, había visto… recordando con cada paso como si de una película se tratase, cada escena vivida los últimos días, cada mirada de esa chica, cada palabra, cada caricia o cada beso… Absolutamente todo vino a su mente de golpe encogiendo ese corazón que en este momento latía sin demasiado sentido.

Hasta el instante en que una figura a lo lejos, lo hizo acelerarse. Y continuar acelerándose a medida que el coche avanzaba y la figura se iba haciendo más nítida.
Era ella… era Dulce la que estaba a un lado de la carretera y aunque el auto fuera probablemente a 40 km por hora, el tiempo pareció detenerse, la velocidad reducirse a cámara lenta, el ruido desaparecer, consiguiendo que solo escuchara los latidos de su propio corazón golpeando con fuerza.

La tuvo frente a frente unas milésimas de segundo, sus miradas se encontraron una vez más, perdiéndose la una en la otra… Pero antes de que pudiera darse cuenta, antes de que pudiera reaccionar de alguna forma, decir o hacer algo, el auto ya había avanzado, dejando atrás a esa mujer que con una simple mirada era capaz de revivir estos desconocidos sentimientos.

Anahí volteó rápidamente y la descubrió aún ahí, situada en medio de la carretera, observando como el auto se alejaba… Y un gesto de adiós con su mano, fue el único y definitivo detonante para que las lágrimas que había estado reprimiendo, salieran descontroladas mientras respondía con el mismo gesto.

Ya no había marcha atrás… Dulce se quedaba en la aldea, Anahí regresaría a su casa… llevándose consigo ese corazón ahora encogido, esos sentimientos descontrolados y el recuerdo de ese amor fugaz, que probablemente nunca fuera capaz de olvidar.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:06 pm

Capitulo 14

(Dos semanas más tarde)

Han pasado dos semanas desde que ella se fue… Y absolutamente nada ha conseguido disminuir esta presión que sintió mi pecho desde el momento en que aquel coche se alejaba, llevándosela de mi lado mientras me observaba con esa expresión de tristeza en su mirada.
Sé que la podría haber retenido, sé que una parte de mí deseaba correr tras ella y suplicarle que no se marchara, que no me abandonara. Esa parte fue la misma que en un impulso me hizo correr colina abajo hasta llegar a la carretera por la cual debía pasar para abandonar la aldea… Pero una vez allí, cuando el auto se aproximaba y mi corazón se aceleraba, tuve miedo. ¿Qué podía decirle? ¿Por favor, abandona tu vida y quédate conmigo? ¿Qué derecho tenía yo a pedirle algo así? ...Ninguno.

Esa parte de mí, es la qué aún, dos semanas después me sigue gritando que soy una estúpida, esa parte es la que me hace sentir angustia cada día al despertarme y una tristeza incontrolable a medida que pasan las horas, esas que antes transcurrían rápidamente, ahora me resultan eternas… Ni siquiera el hecho de estar aquí, en el lugar donde antes encontraba paz, es capaz de calmarme. Aquí me despedí de ella, aquí vi sus ojos azules brillantes a causa de las lágrimas y ahora, este, como todos los lugares de la región, me recuerda a ella.

─Puedes meditar durante horas o días si quieres ─Informó la voz de Maite sobresaltándome ─Pero nada de eso hará que te sientas mejor.
─Vaya… Tú sinceridad cada día tiene menos tacto.
─Contigo no funciona el tacto Dulce ─Continuó sentándose a mi lado ─Eres tan cabezota que hay que hablarte bien claro para que entiendas.

Aparté mi mirada de ella y me permití unos segundos de silencio, tras los cuales, con un suspiro entendí que mi amiga no venía en son de paz.

─¿Qué haces aquí? Ya sabes que vengo a este lugar para estar sola.
─¿Y lo consigues? ¿Has conseguido un solo minuto de estas dos semanas, dejar tu mente en blanco y estar en paz? ¿O acaso el recuerdo de Anahí te persigue por cada rincón?
─Maite… ─Exhalé aire nuevamente ─De verdad te digo que no estoy de humor para un sermón.
─Ya lo sé Dulce, ya sé que no estás de humor para un sermón ni para nada…Llevas dos semanas vagando como alma en pena de un lado para otro. No tienes apetito, no sonríes, te pasas las horas ausente…más de lo que habitualmente lo hacías, ni siquiera los niños te hacen feliz…
─Eso no es cierto… Ellos son lo mejor que hay en mi vida.
─Y no te lo voy a negar… Pero tanto tú como yo, sabemos que eso ya no es suficiente.
─¡Solo han pasado dos semanas, Maite! ¡Dos malditas semanas! Y aún la recuerdo, sí… Pero sé que no será para siempre, nunca es para siempre. En algún momento volveré a ser la de antes, volveré a disfrutar de la vida que yo misma me cree, esta vida que siempre he adorado.
─¿Por qué te engañas? ¡Joder, Dul! ¿Por qué te mientes a ti misma? Puede que un día te acostumbres a esta situación, por supuesto que lo harás… Pero sabes bien que ya nada volverá a ser como antes, que tú no podrás ser la misma. No podrás disfrutar del amanecer de la misma forma, ni de estos lugares, de tu trabajo… ni siquiera de las mujeres.
─¿Y qué pretendes que haga eh? ¿Cuál es tú maldita solución?
─Reconoce lo que sientes… reconoce que la extrañas… reconoce que darías lo que fuera por verla en este momento y ve a buscarla. Olvida tu orgullo…
─¿Crees que es orgullo? ¿Crees que le pedí que se fuera por orgullo?
─No… tú orgullo es lo que te impide reconocer que estás enamorada de ella, pero es el miedo el que te paraliza, el miedo a sufrir otra vez, el miedo que te produce darte cuenta de que por primera vez en tu vida, serías capaz de dejarlo todo por una mujer… ─Sentenció muy segura de si misma ─Sí, Dulce… te asustaste al darte cuenta de que una parte de ti, lo hubiera abandonado absolutamente todo por ella. Y te aterroriza pensar que si no está, nada en tu vida tendrá sentido…

Me detuve unos segundos a analizar las palabras de Maite mientras observaba el agua caer a través de la cascada y continuar corriendo rio abajo… Así era el ciclo… el agua caía con fuerza y el río se la llevaba hacia quien sabe dónde. No importaba que día fuera, ni en que estación del año estuviéramos… siempre ocurría igual, a cualquier hora, en cualquier minuto… Fue en este lugar en el que hace justamente dos semanas, observando y analizando esa misma cascada, descubrí que nada iba a cambiar si yo no estaba en este lugar, la aldea no se iba a desmoronar, los niños no iban a desaparecer… el río continuaría su cauce… absolutamente nada cambiaría el día que yo no estuviera. Entonces llegó el miedo… ese día, pasó por mi mente el pensamiento y la posibilidad de abandonar esta vida… ese día me descubrí a mi misma reflexionando sobre algo que nunca me había planteado desde que llegué a este lugar. Nunca.

─Maite… no hubiera funcionado ─Reconocí descendiendo ligeramente la cabeza ─Tenemos vidas muy diferentes… Ella es una empresaria importante, rica, conocida, acostumbrada a hospedarse en hoteles de cinco estrellas y a comer en los restaurantes más lujosos de la ciudad, se codea con personas de altos cargos y yo… soy sólo una trabajadora social, que no solo no tiene donde caerse muerta, además le encanta eso… Me conformo con ver cada día la sonrisa de esos niños y saber que soy útil para una pequeña parte del mundo… Somos completamente diferentes…
─Dul, dime una sola cosa que hayas descubierto de Anahí en estos días, algo que no te hubieras imaginado sobre ella y que sin embargo te gustaba.

Nuevamente me regalé unos minutos de ausencia, en los que su rostro, así como cada uno de los momentos que viví con ella, llegaron a mi mente y aceleraron mi corazón.

─Es soñadora ─Sonreí recordándola ─Es como una niña, a la que su entorno obliga a ser mujer. Anahí no es una chica superficial como todos piensan… Cuando le contaba algo, cuando le hablé de mis sueños, ella me miraba con una ilusión que… ─Enfrenté su mirada ─Soñaba mis sueños Maite, los soñaba como si fueran suyos…
─¿Entonces donde están esas diferencias que tanto ves? ─Preguntó consiguiendo que bajara la mirada─ Dulce… yo no soy la más indicada para saber que es el amor exactamente. Pero hay algo que si puedo decirte… Llegaste a este lugar después de romper la relación que tenías con una chica muy parecida a ti, en carácter, en aficiones… pero una chica que quería de la vida cosas muy diferentes a las que tú querías y en cierta forma, eso frustraba tus sueños. Viniste aquí, te construiste la vida que siempre soñaste, eres el motor de esta aldea y una parte fundamental de la vida de esos niños. Has estado años acostándote con toda la mujer que se te daba la gana, sin sentir absolutamente nada por ninguna…Entonces llegó ella… y cambió tu mundo. Dul… ─Suspiró ─Sé que es muy difícil para ti, esta situación… Pero es hora de que dejes de pensar en los inconvenientes, en lo imposible. Porque no importa lo que suceda a partir de ahora… no importa su nivel económico, sus caprichos, su vida tan diferente a la tuya, no importa que sean tan parecidas como el agua y el aceite y que pertenezcan a mundos opuestos… porque cada mañana, cuando abras los ojos, todo aquello que has conseguido con tu trabajo, todos esos sueños a los que aspiras y toda esta paz que siempre has buscado en este lugar, no significarán nada en el momento en que descubras que al despertar, Anahí no está a tu lado.

Mis ojos, comenzaron a humedecerse a medida que Maite pronunciaba cada una de esas palabras, era imposible controlar el nudo formado en mi pecho y la angustia e impotencia que me producía el hecho de estar sentada en este lugar, muriéndome por verla, por abrazarla, por besarla y no soltarla jamás. Sin embargo, no podía mover un solo musculo. Mis ojos eran los únicos que involuntariamente habían decidido revelar la verdad de mis sentimientos… ¿Cuántos años llevo sin llorar?... Probablemente demasiados para una persona normal… ¿Por qué no había llorado antes si durante dos semanas la tristeza me invade de pies a cabeza?...

Seguramente, porque no fue hasta este momento que entendí mis sentimientos, entendí el significado del nudo que lleva dos semanas formado en mi pecho y entendí, que esto no era algo pasajero, no pasarían los días y de pronto dejaría de doler… No. Esto no era un amor adolescente que se olvida con el tiempo, no era ni siquiera parecido a lo que había sentido anteriormente con otras mujeres. Ella había entrado en mi corazón veloz y súbitamente. Anahí se había anclado a un lugar del que probablemente nunca pudiera salir… Es eso lo que Maite trataba de explicarme; Puede que un día aprenda a vivir de esta forma, intentando que todo fuera igual a como era antes de que ella apareciera. Durante muchos años estuve segura de que esa era la felicidad… Hasta aquel día que amaneció entre mis brazos, quizás entonces no supe descifrar el latido de mi corazón acelerado, ni el brillo que expresaban mis ojos simplemente por verla dormir plácidamente. Es ahora cuando entiendo, que nada de esto, por muy hermoso que sea, podrá compararse con la felicidad que sentía al verla sonreír.

─Ten… ─Interrumpió Maite mis pensamientos, entregándome lo que parecía ser una hoja de papel doblada a modo de carta.
─¿Qué es esto?
─Anahí me pidió que te la entregara, unos días después de su marcha, creyó que si lo hacía aquel día, probablemente la guardarías sin llegar a leerla y… lo cierto es que hasta ahora no había encontrado el momento perfecto para dártela. Pero ahora sé que ya estás preparada… Has tenido dos semanas para pensar y analizar tus sentimientos. Ahora es momento de que tomes una decisión… Una decisión que probablemente cambie tu vida para siempre.

Acepté la carta con algo de miedo y temblor en mis manos. Una parte de mí, no quería leer esas líneas, por temor a lo que pudiera decir y la otra parte, deseaba con todas sus fuerzas tener una noticia suya, saber cuáles fueron sus últimos pensamientos hacia mí antes de irse.

─Suerte… ─Dijo Maite, haciéndome saber que ya estaba de pie e incluso dispuesta a dejarme sola de nuevo mientras comenzaba a marcharse.
─¡May! ─Me apresuré antes de que se marchara, consiguiendo que volteara para mirarme ─Gracias… Por todo.
─Dul… sólo te pido que recuerdes una cosa; la única persona que merece que lo dejes todo por ella, es la misma que estaría dispuesta a dejarlo todo por ti.

Y así, con esa sonrisa de ternura que le ofreces a un niño inocente e inexperto en la vida, mi amiga se despidió, dejándome sola en aquel acantilado, frente a aquella cascada, sobre aquel río, comenzando a desdoblar cuidadosamente el papel, para encontrarme con una sucesión de palabras que así comenzaban:


“Algo en mi interior me dice que no vendrás a despedirte de mí, quizás sea mejor así, creo que si te tuviera enfrente una vez más… si te mirara a los ojos de nuevo, no tendría la fuerza suficiente para ser capaz de irme lejos de ti. Pero si te soy sincera… una parte de mí, probablemente la más importante, desea con todas sus fuerzas que aparezcas por esa puerta y me supliques que me quede a tu lado, que lo abandone todo por esta locura que me estás haciendo vivir. Pero sé que eso no va a suceder, de hecho, si estás leyendo esto, con toda seguridad, no sucedió.

Por eso, mientras terminaba de empacar mis cosas sentí la necesidad de decirte todo lo que siento. Así que aquí estoy, sentada en la silla de tu despacho, apoyada en tu mesa, utilizando tus bolígrafos y dedicándote estas palabras que a pesar de los rodeos son simplemente de agradecimiento.

Sí Dulce… agradecimiento por todo lo que me has hecho vivir, por lo que me has hecho sentir. Porque en apenas unos días me enseñaste a ver el mundo a través de unos ojos diferentes, me mostraste tu mundo, me abriste las puertas y me hiciste sentir protegida, cuidada, querida… Una parte de mí, en este momento quiere odiarte, porque me pediste que me marchara sin siquiera titubear, como si nada de esto hubiera significado algo para ti. Pero la otra parte, en el fondo sabe que si no estás aquí, es porque piensas que es lo mejor, que de esta forma me estás ayudando. Sé perfectamente que no quieres complicarme la vida, que quieres que sea feliz… Si tan solo pudiera hacerte entender, que no concibo felicidad alguna sin la complejidad de estar contigo… Que irónica es la vida.

Tal y como me pediste, me voy a marchar, volveré a la ciudad, cuidaré de mi papá y continuaré su legado en la empresa… Pero si hay algo que nunca haré, será olvidarte. Aunque aprenda a retomar mi vida, nada será como antes… Dicen, que cuando conoces la verdadera felicidad, las cosas nunca las vuelves a ver igual.

Y gracias a ti, cariño, sé lo que es ser feliz, en todos y cada uno de sus sentidos… Así que gracias por enseñarme que el amor es más que un cuerpo, una apariencia o una estabilidad, el amor es locura… contradicción… Gracias por enseñarme a ver el mundo a través de tus ojos, donde todo se aprecia de un color diferente, donde todo tiene su razón de ser, su motivo de existir… Es por ello, que creo firmemente, que en algún momento de nuestras vidas, nos volveremos a encontrar… Quizás algún día, hallemos el equilibrio necesario para luchar contra nuestros mundos opuestos.

Hasta ese momento… gracias por enseñarme a amar. Anahí."

******

Anahí observa el bullicio de la ciudad a través del gran ventanal que hay en la oficina de su papá… En este mismo lugar se encontraba aquel día, en el que Enrique Puente le pidió que acudiera ella en su nombre a entregar una donación a esa aldea infantil que sin saberlo cambiaría su vida. ¿Quién iba a decirle aquel día, que dos semanas después se encontraría en el mismo lugar, observando el mismo paisaje, pero siendo una persona completamente distinta?

Así se sentía desde su regreso a la cuidad, fuera de lugar, perdida, como si todo lo que antes disfrutaba, hubiera cambiado, como si la personalidad de las personas que antes admiraba, le resultara completamente aburrida, sin nada nuevo que aportar, siempre hablando de los mismo temas, finanzas, moda, viajes… nadie se preocupaba por el mundo, nadie era consciente de que en algún lugar del país, existía una aldea, donde un grupo de niños vivían y estudiaban como podían, con escasos recursos. Y a pesar de ello, nunca perdían su sonrisa, eran felices. Mientras tanto, en este lugar, la gente andaba con prisa, no sonreían, su máxima preocupación era tener un billete más en la cartera para salir de fiesta o cenar en algún lugar importante. Derrochaban agua, tiraban comida… y no valoraban absolutamente nada.

─¿En qué piensa mi pequeña? ─Interrumpió la voz de su papá agarrando sus hombros por detrás.

Anahí se dio la vuelta, para encontrarse con la mirada tierna y firme de ese hombre al que tanto quería y que siempre había dado su vida por ella.

─Te estaba esperando… ─Respondió con una sonrisa.

El señor puente, acarició las mejillas de su hija y la miró fijamente a los ojos.

─¿Te he dicho que desde que volviste de la aldea, te ves incluso más bonita que antes?
─No… ─Sonrió ─Pero supongo que a eso se le llama “amor de padre”
─No… Siempre has sido una mujer hermosa… Pero ahora, tu mirada es diferente, tu ropa, continuas con tu elegancia sin ser demasiado superficial, tu maquillaje es sencillo, natural, te miro y veo a mi pequeña… a esa niña que estaba escondida tras la fachada de la importante empresaria Anahí Puente.
─Si… ─Asintió suspirando ─Sorprendentemente he dejado de darle importancia a cosas que antes me parecían primordiales.
─A eso se le llama crecer.

Anahí sonrió, sin poder evitar bajar la mirada y su padre sintió la enorme necesidad de depositar un beso protector en su frente.

─¿Qué te ocurre, mi amor?
─Nada papá, estoy algo estresada… ya sabes los preparativos de la boda, los últimos movimientos de la compañía ─Continuó dirigiéndose hacia uno de los estantes de su padre dispuesta a evadir el tema ─A eso venía, necesito los informes de los movimientos realizados en mi ausencia, para hacer las comparativas con el año pasado.
─Relájate un poco Any ─Pidió llegando hasta ella ─Tu padre está viejo, pero aún sabe perfectamente cómo manejar esta compañía en tu ausencia.
─No lo dudo ─Sonrió su hija, mirándolo ─Pero ya me conoces, necesito tenerlo todo bajo control.
─Lo sé perfectamente. Así que, mejor cuéntame cómo llevas los preparativos de la boda en lo que busco esos informes.
─No lo sé… ─Respondió encogiéndose de hombros ─Le pedí a Christopher que se encargara de todo. Así que mi única misión es asegurarme de entrar en el vestido perfecto y presentarme en la iglesia como una princesa.
─Siempre has sido una princesa, no tienes que ponerte un vestido de novia para parecerlo. Creo que aún no me he hecho a la idea de que mi pequeña esté a unas semanas de casarse.
─Probablemente ni yo misma me haya hecho a la idea.
─Sabes que es una decisión muy importante ¿Verdad? No me gustaría que lo hicieras sin estar segura…
─¿Por qué no iba a estar segura papá? Es lo que siempre quise… casarme, crear una familia, dirigir tu empresa, cuidarte… ─Continuó abrazándolo con una tierna sonrisa ─Y darte mucho cariño.
─Lo sé mi amor, pero a veces en la vida ocurren hechos que cambian tus deseos, tus sueños… vivencias que te hacen descubrir que eso que siempre quisiste, resulta no ser importante… ─Explicó el Señor Puente mientras hallaba la carpeta que buscaba.

La sacó del estante con una mano, mientras con el otro brazo abrazaba a su hija que aún permanecía apoyada en su pecho. En el dificultoso movimiento, un objeto que había en el estante, quiso caer al suelo, pero los reflejos de Anahí consiguieron que prácticamente lo detuviera en el aire.

─Por poco… ─Sonrío volviendo a colocar aquel marco en su lugar.

Pero entonces, al depositarlo donde estaba y ver la foto que contenía, su corazón comenzó a latir a una velocidad casi ensordecedora, su estómago experimentó un hormigueo que hacía justamente dos semanas no sentía… Sus manos comenzaron a temblar incontrolablemente.

─¿Qué ocurre? ─Preguntó su padre al observar su repentino estado de ausencia observando esa foto.
─Nunca había visto esta fotografía…
─Pues lleva años en esa misma estantería.
─Tú…y… Dulce… ¿Cuándo…?
─Hace unos años ─Interrumpió sonriendo y observando también esa fotografía en la que él y Dulce aparecían como grandes amigos ─Si no recuerdo mal, fue una de las primeras veces que estuve en la aldea… Ella era apenas una chica saliendo de la adolescencia, que acababa de terminar su carrera. Y aunque te parezca extraño… me recordó tanto a ti…
─¿A mí? ─Preguntó extrañada ─¿Por qué?
─No lo sé… Quizás por su rebeldía. Por sus ganas de soñar… por su testarudez. Siempre quise que la conocieras… Aunque pensaba que al principio probablemente se odiarían.
─Pues no te equivocaste ─Sonrió con nostalgia acariciando incontrolablemente el rostro de Dulce a través del marco y sintiendo como sus ojos comenzaban a humedecerse.
─Pero algo en mi interior me decía… que si eso sucedía, una vez se hubieran aceptado, Dulce podría devolverte a esa Any soñadora y rebelde, tan diferente pero tan parecida a ella. Una parte de mí, sabia que esa chica te haría encontrarte… Y esa misma parte, me confirma que tenía razón, al ver cómo te tiemblan las manos sosteniendo esa foto.

Anahí miró a su padre y le fue completamente imposible reprimir por un segundo más, esas lágrimas.

─No tengas miedo, pequeña ─Pidió sosteniendo sus mejillas.
─Tengo que volver al trabajo ─Sentenció ella limpiando sus propias lágrimas y dejando el marco en su lugar.

El señor Puente, siendo completamente consciente de que su hija se había intentado poner una coraza imposible de quebrantar hasta que ella misma lo decidiera, con un suspiro le entregó la carpeta que aún sostenía entre sus manos.

─Gracias Pá ─Finalizó ella depositando un beso en su mejilla para después dirigirse hacia su despacho.
─¡Anahí! ─La detuvo consiguiendo que volteara antes de salir ─Si en algún momento quieres hablar de ello… estoy aquí.
─Lo sé papá…gracias…

Y así sin más, la chica abandonó el despacho de su padre para dirigirse al suyo con la intención de analizar esos informes y continuar poniendo al día su trabajo, ya que esa era su forma de mantenerse distraída la mayor parte del día.

Una vez acomodada en su elegante silla de piel, frente a su computadora de última generación, procedió a buscar en la carpeta los informes necesarios… Había decidido no permitirse ni un segundo de tregua para pensar en esa fotografía, en lo que continuaba sintiendo con el simple hecho de ver la imagen de esa chica, y sobre todo… para no pensar en ella. Pero había algo que no se lo permitía, quizás ese nudo permanente de su pecho, esa sensación de que algo no iba bien, de que algo faltaba…

Transcurrió aproximadamente una hora en la que su cabeza estaba tan saturada con números y palabras inentendibles, que le era completamente imposible concentrarse. No había logrado analizar si quiera uno de los informes que tenía frente a ella, su día de trabajo hoy, había resultado un completo fracaso.

Dirigió su vista a hacia la ventana y se dio cuenta de que prácticamente estaba anocheciendo, pero entonces, su reloj le confirmó que aun era demasiado pronto para regresar a casa, Christopher probablemente aún estaría despierto y lo último que necesitaba en este momento era una reclamo por su repentino cambio de actitud. Aunque… ¿A quien pretendía engañar? Christopher no había hecho ni un solo comentario al respecto, a pesar que desde su regreso, ella evitaba cada día llegar a casa antes de que él se durmiera.

No podía permanecer en esta oficina ni un minuto más, pero automáticamente desechó la idea de pasear sola por la ciudad a estas horas. Y lo último que quería en este momento era llamar a alguna de sus “amigas”, para que permanecieran toda la noche hablando de temas banales que probablemente ni escucharía.

Así que una idea abordó su mente… quizás, si llamara a la aldea… podría hablar con Maite, ella se había comportado como una verdadera amiga en muy poco tiempo y estaba segura de que podría contarle cualquier cosa. Pero… una vez más, ¿A quien pretendía engañar? Si llamaba a Maite, corría el riesgo de que Dulce respondiera el teléfono… o de ser ella misma quien quisiera averiguar cómo, dónde y con quien estaba. No podía permitírselo… no podía permitirse el hecho de tirar por la borda todo lo que había logrado en estas dos semanas.
¿Y qué demonios había logrado? ¿Atarse prácticamente las manos para no bajar la guardia y querer saber de ella? Porque si entre los logros que pretendía conseguir estaba el de olvidarla, no pensarla o dejar de recordar cada uno de los momentos que pasaron juntas, desde luego su misión había resultado un fracaso.
No… definitivamente, la idea de llamar a la aldea, quedaba desechada.

Así que, aunque la opción de irse a cenar sola era la que más pesaba en su mente, alguna vocecilla de su consciencia, le aseguró que si hacía eso, su cabeza lo último que haría sería despejarse. Por ello, retomó la idea de llamar a dos de sus amigas. Chicas bien que siempre están dispuestas a una cena lujosa, acompañada de cotilleos y una noche de compras. No podía ser tan grave… al fin y al cabo, hasta hace tres semanas era capaz de disfrutarlo… ¿Por qué no iba a hacerlo ahora?

Fuera como fuese, no iba a darse el lujo de volver a arrepentirse. Así que llamó a Iliana y Pamela, que como era de esperar, aceptaron la propuesta.

Anahí se reunió con sus amigas en un conocido y lujoso restaurante de la ciudad, cenaron, charlaron, hablaron sobre su matrimonio, la pusieron al día de cuanta noticia amarillista hubiera acontecido en su ausencia, interrumpiendo todos y cada uno de los momentos en los que su mente quería dispersarse. En teoría eso era bueno, o al menos era lo que pretendía conseguir.

Después, llegaron a un centro comercial, donde derrocharon su dinero en cosas que probablemente ni llegaran a usar. Anahí, hasta hace pocas semanas también hubiera hecho lo mismo, pero hoy, se dedicó a observar y sonreír, comprar compulsivamente no le aportaba ningún tipo de placer en este momento y desde luego no llenaba el vacío que sentía.

Unas horas más tarde, bien entrada la noche, estaba de vuelta en su departamento, donde efectivamente como esperaba, Christopher dormía profundamente. Se desvistió tratando de no hacer ruido y una vez en la cama, dio gracias a que su cuerpo estuviera tan cansado que la ayudaría a conciliar el sueño de un momento a otro.

Pero antes de eso, algo la hizo detenerse a observar la imagen del hombre que tenía a su lado, ese chico que durante toda su vida no había hecho otra cosa más que cuidarla, consentirla, quererla… ¿Por qué le estaba haciendo esto? ¿Qué derecho tenía ella a evitarlo de tal forma? ¿A no hacerlo feliz y ni siquiera disfrutar de los preparativos del que sería el día más importante de sus vidas? Ese día en el que se unirían para siempre…
Unir su vida a la de Christopher, eso era lo que le esperaba y durante estas dos semanas no había sido capaz de permitir que la tocara ni una sola vez, se sentía incapaz de hacer el amor con él… Por extraño y estúpido que parezca, sentía que le estaba siendo infiel a ella, a Dulce… ¡Vaya tontería! Serle fiel a una mujer que probablemente estaría acostándose con toda la que se le pusiera en el camino, mientras ella estaba aquí, observando a su novio, sintiendo culpabilidad por no desearlo y temor porque no podría resistir una vida entera de esta manera… ¿Qué iba a ser de ella?

Desde luego tenía que cambiar, debía hacer todo lo posible por volver a ser la misma Anahí de antes… Aunque ese vacío interior nunca fuera cubierto, debía ser la mujer que todos esperaban que fuera, la esposa que Christopher merecía, la hija que su padre deseaba… Debía intentar ser feliz y guardar para siempre en su corazón, el recuerdo de esa mujer que con una mirada erizaba su piel.

De esta manera, bajo estos pensamientos, el sueño llegó a ella por unas horas, no demasiadas, ya que pronto sonó el despertador que le indicaba que debía comenzar su rutina diaria.

Abrió los ojos encontrando a Christopher en la misma exacta postura que tenía justo antes de dormirse y le hizo sonreír el hecho de que siempre había sido igual, ella podía permanecer horas en vela, levantarse al alba y él no se inmutaría ni con una bomba estallando a su lado. Le vinieron a la mente los pensamientos del día anterior y decidió que a partir de hoy, todo cambiaría… o mejor dicho, todo volvería a ser como antes.
Abandonó el cuarto para dirigirse al pequeño gimnasio que habían montado en su departamento, prendió la música y comenzó a realizar su rutina de ejercicios que la ayudaban a comenzar el día con energía.
Una hora después había terminado y decidió darse una ducha que relajara su cuerpo dejándola como nueva.
Al llegar a la cocina, Christopher estaba absorto leyendo la prensa frente a dos tazas de café.

─Buenos días… ─Saludó con una sonrisa, llegando hasta él.

El chico levantó la vista encontrándose con su futura mujer, que esta mañana parecía haber comenzado el día de forma diferente.

─Buenos días bebé ─Respondió dándole un pequeño beso en los labios ─Qué sonriente amaneciste hoy.
─¿Eso es malo?
─Para nada, llevo dos semanas extrañando a la Anahí con la que me iba a casar.
─Pues ya no debes extrañarla más, esa Anahí está de vuelta.
─Me alegro… ─Sonrió bebiendo un sorbo de su café ─¿A qué hora llegaste anoche?
─Algo tarde… Fui a cenar con las chicas y después nos entretuvimos de compras, ya sabes.
─Oh sí, esas cosas que tanto te gustan. Por cierto hablando de eso, este sábado tenemos una cita en el club con los chicos, ayer me llamaban quejándose por lo poco que te han visto desde que llegaste y me pareció buena idea organizar algo para el fin de semana. Espero que no te importe.
─No… ─Sonrió ella, disimulando la poca emoción que le producía la idea ─Está bien.
─Perfecto ─Se levantó el chico para darle otro pequeño beso en los labios ─Voy a buscar mis cosas para que no se me haga tarde. ¿Vamos juntos? ¿O llevas tu coche?
─Voy contigo. Me termino el café en lo que regresas.

El chico, con una sonrisa, abandonó la concina dejándola disfrutar de esos últimos sorbos de café. Definitivamente, su vida no iba a ser un cúmulo de emociones a partir de ahora. Pero así había sido siempre, así que solo era cuestión de volver a acostumbrarse.

Christopher tardó unos segundos en aparecer y juntos abandonaron su departamento en dirección a la empresa en la que ambos trabajaban y de la que pronto, Anahí sería directora.
El lugar no quedaba demasiado lejos, así que tardaron apenas diez minutos en llegar al edificio.

Justo antes de tomar el ascensor, Christopher sostuvo las mejillas de Anahí entre sus manos y le dio un profundo beso a modo de despedida, pues ambos trabajaban en pisos diferentes y probablemente no se volverían a ver hasta la hora del almuerzo.

La chica subió al elevador y pulsó el botón de última planta, donde sólo se encontraban su oficina y la de su papá que seguramente aún no habría llegado.

Un minuto más tarde, el sonido del elevador le indicó que había llegado a su destino y al abrirse las puertas encontró a su secretaria, como cada mañana muy concentrada en su trabajo.

─Buenos días Carla ─Saludó amablemente.
─Buenos días Srta. Puente. Tenga, el listado de llamadas a primera hora.
─¿Algo importante? ─Preguntó recibiendo el pequeño cuaderno.
─Llamó la diseñadora de su vestido para informarle que estaban realizados los últimos cambios, quería concretar una cita lo antes posible.
─Llama y di que esta tarde a última hora me pasaré por la tienda. Cuanto antes lo resuelva, mejor.
─Estoy de acuerdo en eso. En seguida llamaré.
─Gracias Carla ─Sentenció dirigiéndose a su despacho ─Por favor, no me pases ninguna llamada, a menos que sea de vida o muerte. Me urge compensar el día tan poco productivo que tuve ayer, así que únicamente estoy disponible para mi papá ¿Entendido?
─¿Ni siquiera para el señor Uckermann?
─Christopher sabe que estaré ocupada, así que si llama, simplemente anota la hora y el sitio donde quiere almorzar y me avisas media hora antes.
─Entendido señorita Puente. Descuide.
─Gracias… ─Fue lo último que dijo después de sonreír a su secretaria y adentrarse en su oficina, cerrando la puerta a su paso.

Estaba dispuesta a terminar el trabajo que sin éxito había comenzado ayer, así que después de prender su computadora y sacar del cajón aquellos informes, comenzó a hacer las cuentas y anotaciones necesarias que la llevaran a los resultados que pretendía.

Todo parecía ir más encaminado que el día anterior y desde luego su mente permanecía infinitamente más concentrada, haciendo que todo fuera viento en popa, hasta el preciso momento en que escuchó la puerta de su despacho abrirse de golpe, aunque había decidido que ni eso arruinaría su concentración.

─Más te vale que sea de vida o muerte, Carla… ─Dijo sin siquiera levantar la cabeza dando por hecho que sólo su secretaría podía entrar de esa forma.
─Te amo…

El susurro de esa voz, el sonido de esas palabras, la presencia que su corazón sentía en ese momento, consiguieron que el bolígrafo callera sobre la mesa mientras sus manos temblaban, su cuerpo se paralizaba y su corazón palpitaba a una velocidad dolorosa… Es ella… es su voz… es Dulce.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:06 pm

Capitulo 15

“Te amo” Esas fueron las únicas palabras que mi boca supo pronunciar cuando la tuve enfrente… “Te amo”… Mi cerebro ni siquiera pudo procesarlo. La vi frente a mí, tan concentrada en su trabajo, tan hermosa como siempre, tan firme e “insoportable” como el día en que la conocí, que mi corazón decidió obviar definitivamente las ordenes de mi cerebro y quiso hacerse escuchar de una vez por todas… La amo… y siento mi cuerpo temblar de pies a cabeza mientras levanta la mirada y me encuentra, la encuentro… Dios, sus ojos… confusos pero tan profundos como siempre. Siento que han pasado un millón de años desde la última vez que la vi, siento que el tiempo transcurre a cámara lenta desde que me colé a esta oficina huyendo de su secretaría. Pero realmente, no ha pasado más de un minuto… Dios… cómo deseo correr a abrazarte.

─¿D…Dulce? ─Preguntó consiguiendo despertarme del absurdo estado en el que me encontraba mirándola. ─¿Tú…cómo… qué…?
─No lo sé ─Interrumpí ─No sé lo que hago aquí. Pero déjame intentar explicarlo antes de entrar en pánico y salir corriendo.

Mi nerviosismo la hizo sonreír con ternura y en ese momento, sentí que todo mi mundo se desmoronaba… Como extrañaba su sonrisa… Como extrañaba que esa mirada transparente se clavara sobre mí, de la forma en la que ahora mismo lo estaba haciendo… hablándome a través del silencio.

─¡Señorita Puente! ─Interrumpió la voz de su secretaria ─Lo siento, le advertí que no podía pasar y aún así se coló… Le juro qué…
─Está bien Carla ─Continuó ella sin dejarla acabar ─No te preocupes… Déjanos a solas.

Sin decir una palabra más, extrañada por esa petición, la chica abandonó la oficina cerrando la puerta tras ella y dejándonos solas una vez más… ella y yo… simplemente.

─¿Quieres tomar asiento? ─Preguntó interrumpiendo el nuevo silencio que se había creado en el cual simplemente nos mirábamos.
─Si levanto un pie de este lugar, no seré lo suficientemente fuerte, para evitar llegar hasta ti y besarte.

Ella bajó la mirada, mientras suspiraba, haciendo notable su confusión y consiguiendo que entendiera que debía ser rápida y concreta en lo que quisiera que fuera a decir.

─Dulce, ¿Qué estás haciendo aquí? Han pasado dos semanas… no entiendo a qué…
─Te amo… ─Repetí interrumpiendo sus palabras y consiguiendo que me mirara perpleja ─No estoy aquí para pedirte nada Anahí… Llevo dos semanas aferrándome a la idea de que lo mejor fue pedirte que te marcharas… Pero entendí, que por mucho que quisiera arreglarlo, por mucho que intentara restarle importancia, lo cierto es que volteé tu mundo, al igual que tu volteaste el mío… Y eso no se arregla pidiéndote que te marches y que intentes hacer como si nada hubiera sucedido. Porque sucedió… Me enamoré de ti, de una forma en la que jamás creí que fuera a suceder, rápida y sin darme cuenta… Siento mucho decirte esto ahora Anahí, sé que no tengo ningún derecho… Pero tenías que saberlo, porque el simple hecho de que puedas pensar que no significaste nada, me mata… no me deja dormir, no me deja avanzar… Me despierto cada mañana, con la esperanza de que todo haya sido un sueño y estés a mi lado cuando abra los ojos... Pero al no verte, todo lo que antes disfrutaba, todo lo que antes adoraba… pierde su sentido. No hay un solo lugar en este mundo en el que quiera estar si tú no estás, no hay nada que me haga feliz si no lo comparto contigo… Por mucho que haya trabajado, por mucho que haya luchado… Apareciste en mi vida y entendí que nada de eso volverá a tener sentido si cuando abra los ojos cada mañana, tú no estás a mi lado.

Podía apreciar sus manos temblar a través de la distancia, sus ojos se habían humedecido desde el instante en que levantó la vista y me encontró… pero ahora, unas ligeras lágrimas escapaban de ellos, al igual que de los míos. Es completamente increíble la velocidad a la que late mi corazón en este momento, nervioso, asustado, ansioso… “Te amo” nunca había pronunciado esas palabras hacia una mujer, por mucho que hubiera querido, creía que era incapaz de decirlo por orgullo. Pero es ahora cuando entendí, que el orgullo no tuvo nada que ver… no fue hasta este momento, que mi corazón encontró un sentido para esa pequeña frase. Estoy profundamente enamorada de esta mujer.

A medida que esos pensamientos llegaban a mi mente y mi vista se nublaba a causa de las lágrimas, apenas sin darme cuenta, sin siquiera pensarlo, llegué hasta ella y la envolví entre mis brazos sin mediar palabra.
Se aferró a mí con fuerza, la abracé como si nunca jamás pudiera volver a hacerlo… Su olor hizo que mi corazón latiera aún a más velocidad si era posible. Y a pesar de todo, de la situación, de los miedos, de los obstáculos, en este momento estoy experimentando la felicidad más absoluta que un ser humano puede sentir. Esa felicidad que solo se conoce cuando abrazas a la persona que amas y ella te abraza de igual forma… Como si en un intento quisieran quedar unidas para siempre. Es una sensación única… una sensación que hasta este momento no había conocido.

Poco a poco separé nuestros cuerpos y uní nuestras frentes, observando en silencio como las lágrimas caían por sus mejillas y continuaba sin pronunciar una palabra… Quizás ellas estaban de más.
Coloqué ambas manos en sus mejillas, y sequé esas lágrimas rebeldes que no cesaban… Sentía la necesidad de besarla, teniendo su boca apenas a un centímetro de distancia, un imán me acercaba cada vez más a ella para que de alguna forma terminara de demostrarle la verdad de mis palabras.

Entonces, la puerta se abrió inesperadamente. Y antes de que mi cerebro pudiera procesarlo, ella ya se había apartado de mí, bruscamente y observaba a la persona que había interrumpido.

─¿Bebé, está todo bien? ─Preguntó una voz que me resultaba conocida. Supongo que refiriéndose a los ojos rojos de Anahí y esas lágrimas que trataba de secarse.

Después de observarla a ella y procesar su reacción, volteé para encontrarme con ese chico, Christopher, su prometido… Ese que apenas media hora antes, la estaba besando en la entrada del edificio.

Sí, llegué tan temprano a la ciudad que permanecí horas esperando a que empezara su jornada de trabajo. Cuando la vi aparecer con él, los seguí hasta el interior del edificio y sentí que todo mi cuerpo ardía de coraje cuando lo vi besándola justo antes de subir al ascensor… Mi primer impulso fue salir corriendo, abandonar la ciudad, volver a la aldea y olvidarme de ella como seguramente ella se hubiera olvidado de mí.
Caminé varias manzanas… hasta que el coraje se convirtió en impotencia, la impotencia en tristeza y la tristeza en amor. Un amor que no me permitió dar un paso más en aquella dirección y sin embargo me devolvió a este edificio donde trabaja, para que de una vez y por todas, ambas supiéramos la absoluta verdad de mis sentimientos… Para asegurarle, que por primera vez en mi vida, estaba dispuesta a dejarlo todo por alguien… y ese alguien, era…ella.

─¿Qué… qué estás haciendo aquí Christopher?
─Bueno… este… tenía un rato libre y quise pasar a preguntarte personalmente donde te gustaría que almorzáramos ─Respondió dudoso observándome, seguramente sin recordar si quiera quien soy ─Me hablaron del catering ─Prosiguió sin darme importancia ─les gustaría que pasara lo antes posible para ultimar los detalles de nuestro banquete… Pensé que te gustaría acompañarme después de comer.

Ella se llevó ambas manos a la cabeza, aparentemente aturdida ante la situación. Y poco a poco, sin darme cuenta, esa sensación de rabia e impotencia habían vuelto a mí en cuanto este tipo mencionó su boda.

─S… si… está bien ─Respondió haciéndome voltear rápidamente ─Yo te acompaño Christopher.

Parecía que se había olvidado completamente de mi presencia en cuanto su novio entró en la oficina, ni siquiera me miraba, ni me mencionaba… Me sentía como una intrusa completamente fuera de lugar cuando ese hombre clavaba sus ojos sobre mí, esperando quizás que Anahí le diera una explicación acerca de mi presencia.

─¡¿Dulce?! ─Preguntó otra voz rompiendo el incómodo silencio que se había creado y haciéndome agradecer completamente la aparición de Enrique Puente que asomaba justamente detrás del tal Christopher.
─¡Señor Puente! ─Me atreví a hablar por fin mientras el hombre, se acercaba dispuesto a envolverme en un cariñoso abrazo ─Me alegro mucho de verlo.
─¿Cómo estás muchacha? ¿Qué te trajo a la ciudad?
─Un asunto pendiente… ─Sonreí con algo de tristeza, para luego mirar a Anahí ─Ya sabe como son las cosas por allá.
─Por supuesto. Siempre luchando, siempre trabajando…
─Así es…
─¿Te quedarás mucho tiempo por aquí?

Dudé unos segundos sobre la respuesta que debía dar, lo cierto es que ni siquiera yo misma sabía que iba a ser de mí a partir de ahora. Pero mirarla y encontrar su vista clavada en el suelo, ausente, pensativa…

─Lo cierto es que no… ─Respondí volviendo a dirigirme hacia el señor Puente ─Si no hay algo que me retenga, mañana mismo volveré a la aldea.
─Entonces voy a tomarme la libertad de raptarte unos minutos, quiero que me cuentes como van las cosas ¿O tienes algo que hacer?

Dirigí nuevamente mi mirada hacía Anahí, clavando mis ojos en ella y probablemente esperando que inventara una excusa para quedarse conmigo, para terminar nuestra conversación… para pasar un rato a solas o Dios sabe para qué. Pero aunque su vista en algún momento había vuelto a mí, no hizo ni dijo absolutamente nada. Se limitó a observarme con la mirada perdida, sin mediar palabra. Cosa que me hizo entender por fin lo que realmente quería.

─No. ─Sentencié ─Ya resolví lo que vine a resolver.
─Entonces perfecto… Pasemos a mi despacho, para que me pongas al día de todo. Mi amor ─Llamó esta vez a su hija, sacándola de aquel estado ─¿Estás bien?
─S… sí…sí papá. Lo siento, estaba distraída.
─Pareces cansada… ¿Por qué no te tomas un respiro?
─Ya conoces a tu hija, Enrique ─Interrumpió aquel chico ─Ya puede estar desmoronándose el mundo, que ella estará en esta oficina hasta que lo tenga todo bajo control.
─Christopher no exageres ─Replicó algo molesta.
─No exagero bebé, sabes perfectamente que eres incapaz de relajarte cinco minutos y olvidarte del mundo.

Entonces, ella dirigió su mirada hacia mí y me encontró observándola fijamente, sabía perfectamente lo que estaba pensando en este momento. Ella no era así, la verdadera Anahí no era una maniática obsesiva y controladora de su trabajo. La verdadera Anahí sabía disfrutar de las cosas sencillas de la vida, en completo y absoluto relax… Yo lo sabía, porque esa fue la Anahí que conocí hace dos semanas. Esa que en mis brazos fue completamente capaz de olvidarse del mundo.

El recuerdo de esos momentos y la sensación que en este instante me transmitía, me erizaron la piel, cosa que me hizo ofrecerle una ligera sonrisa, tratando de transmitirle tranquilidad. Yo sabía que eso no era cierto… ella también lo sabía. Y en este momento… ¿Qué importaba lo que pensara ese tal Christopher, que a pesar de llevar años a su lado, había sido completamente incapaz de conocerla?

─¿Tienen algo planeado? ─Volvió a interrumpir Enrique Puente, dirigiéndose a su hija y su futuro yerno.
─Si ─Respondió el chico ─Iremos a almorzar y después nos pasaremos por las instalaciones del catering para ultimar algunos detalles finales del banquete.
─Está bien… Entonces deberíamos dejar que Anahí termine su trabajo. Porque si no, seguramente no irá a ningún lado ¿Verdad pequeña? ─Comentó acercándose a su hija y dejando un beso en su frente. Al cual ella respondió con una sonrisa. ─Estaré con Dulce en mi despacho si necesitas algo…
─Si papá, gracias…

Tras recibir una última sonrisa por su parte, el señor Puente se dirigió hacia la puerta, pasando por mi lado y sonriéndome también, para después indicarme que lo siguiera.
Algo me hizo permanecer ahí unos segundos más, clavada en su mirada asustada y suplicante en cierto modo. Intenté que escuchara a través del silencio que la amaba una vez más. Pero mis labios no pudieron pronunciar palabra, así qué después de un suspiro, abandoné la oficina con la esperanza de que hubiera sido capaz de leer mis pensamientos en el transcurso de esas miradas.

Llegué a la oficina del señor Puente, que esperaba educadamente en la puerta para cederme el paso. Entré en aquel despacho y miré alrededor, era un poco más grande que el de Anahí, aunque ambos eran rodeados por un gran ventanal a través del cual se observaba gran parte de la ciudad.

─¿Te ofrezco un café? ─Pregunto el señor Enrique, haciéndome voltear para verlo junto a una pequeña cafetera eléctrica.
─Gracias ─Acepté asintiendo.

El silencio se hizo de nuevo y en menos de dos minutos, Enrique puente me ofrecía asiento al mismo tiempo que me entregaba una taza de humeante y delicioso café.

─Te advierto que no sabe igual que cuando lo tomas en la aldea ─Sonrió ─Allá todo sabe de forma diferente. Pero algo es algo.
─¿Cómo está de salud Enrique? Este año extrañamos su visita…
─Mi salud está perfectamente Dulce ─Volvió a sonreír confundiéndome ─O todo lo perfecta que puede estar para un hombre de mi edad. Pero este año, muy a mi pesar, debía tomarme un descanso… Tenía que enviar a mi hija en mi lugar. Era necesario.

Su hija… el simple hecho de mencionarla y automáticamente recordarla, me aceleraba el corazón.

─¿Necesario? No entiendo a qué se refiere.

El hombre se levantó del sofá donde nos habíamos sentado y lo observé dirigirse hacia su mesa, de la cual, agarró un marco de fotos que rápidamente trajo hasta mi.
Lo acepté en el preciso momento en que me lo ofreció, tratando de averiguar que pretendía este buen hombre.

Pero mi corazón, aumentó nuevamente la velocidad de sus latidos cuando vio ese rostro en la fotografía. Era ella… Anahí, junto a su papá, en una foto aparentemente reciente, pues tenía el cabello de forma similar y naturalmente estaba igual de bonita que ahora. Pero eso no era todo, se trataba de un marco doble, que albergaba otra fotografía aparte de esa, una en la que aparecía el señor Puente, bastantes años más joven, cargando en sus brazos a una pequeña que… Sí, sin duda debía ser ella. Eran sus ojos, su misma sonrisa… y el brillo que desprendía su mirada hace dos semanas. Esta niña era Anahí cuando tenía aproximadamente cinco años. Este marco era una referencia, del pasado y el presente.

─No te resulta increíble el brillo que desprenden sus ojos cuando era apenas un bebé.
─Si… ─Respondí sin poder evitar sonreír ─Era una niña feliz.
─¿Conoces ese brillo Dulce? ¿Lo has apreciado alguna vez en los ojos de mi hija?
─Si… cuando estaba en la aldea, ella era…así ─Expliqué señalando la fotografía antigua ─Era como una niña, descubriendo un mundo nuevo, lleno de aventuras y sus ojos estaban continuamente ilusionados.
─Mi hija ha pasado por muchas cosas a lo largo de su vida… La he protegido tanto, que creció en una burbuja de cristal perfecta, donde todo era de cuento de hadas…Durante muchos años creí que eso era lo mejor, que nada podría ocurrirle si la mantenía ahí dentro. Pero poco a poco me fui dando cuenta de lo equivocado que estaba. Mi sobreprotección dio lugar a que Anahí creciera con la idea de que debía crear ese cuento de hadas que todo el mundo deseaba, y poco a poco…todos esos conceptos apagaron el brillo de sus ojos, creció y perdió por completo a esa niña que en las noches miraba las estrellas de su techo mientras le contaba algún cuento…
─No es culpa suya Enrique… Las personas crecen, maduran… Usted educó a Anahí de la mejor forma que pudo hacerlo, llenándola de cariño y asegurándose de que nada le faltase y creo sinceramente, que esa niña se convirtió en una mujer increíble, inteligente, hermosa, soñadora…
─Dulce, cuando te conocí, ¿Recuerdas que te conté que mi hija estaba enferma?
─Lo recuerdo…
─Aquellos días que pasé en la aldea, cuando vi todo aquello, tu trabajo, cuando tuvimos aquellas pláticas en las que observaba a una niña con ganas de cambiar el mundo, entendí que algo había hecho mal… A pesar de todo el cariño y las comodidades que le ofrecí a mi hija, algo debió faltar para que ella sintiera ese vacío tan grande. Y si te soy sincero, creo que a pesar de su recuperación… el vacío nunca fue cubierto. En ese momento, supe que algún día ella debía ver esa aldea, conocerte, dejarse contagiar por esa vida que desprenden tus niños y por la ilusión que continuamente trasmites… Hace un mes, mi hija estaba a punto de casarse con un hombre al que no ama, dispuesta a planear toda una vida perfecta, hacerse cargo de esta empresa y continuar cosechando los éxitos que hasta ahora ha logrado. Y simplemente sentí que no podía permitirlo ─Continuó encogiéndose de hombros ─No podía permitir que mi pequeña fuera infeliz el resto de su vida, sin recordar al menos una vez más, lo que era la verdadera felicidad.

Estas palabras me resultaban extrañas, no sabía a donde pretendía llegar el señor Puente, y en cierto modo me dolía, me dolía saber que esa felicidad quizás tampoco había sido suficiente para ella.

─¿Por qué me cuenta todo esto Enrique? Igualmente Anahí va a casarse, no sirvió de nada conocerme, en este momento debe estar probando lo que todos sus invitados cenarán ese día…
─Te equivocas Dulce, claro que conocerte cambió su vida… Porque pase lo que pase, aunque mi hija una su vida a la de Christopher para siempre, estoy seguro de que nunca veré en sus ojos el brillo que tenía ayer mientras te observaba en aquella fotografía ─Señalando un marco que había sobre un estante ─Ese mismo que tenía hace apenas unos minutos, cuando a ambas se les olvidó que Christopher y yo estábamos presentes y se miraban… se miraban como yo miraba a mi mujer cuando aún vivía. Como nunca he vuelto a mirar a otra mujer. Con ese amor, que solo se siente una vez en la vida… Por supuesto que sirvió de algo conocerte Dulce, porque tome la decisión que tome, mi hija ya conoce lo que es el verdadero amor. Y créeme que eso es más fuerte que cualquier otra cosa que exista en el mundo.

****
Anahí observaba a través del espejo, como la modista hacía algunos arreglos en aquel precioso vestido blanco que lucía. Ajustaba un poco por aquí, un poco por allá. Todo con la intención de que ese día luciera como la princesa más hermosa de este país. Probablemente, mientras caminara hacia el altar y todos la observaran sonreír, no habría nadie capaz de darse cuenta del vacío interior que estaría sintiendo.

Por qué sí, ¿A quien pretendía engañar? La novia perfecta es aquella que aunque se casara con un trapo amarrado al cuerpo, su corazón latiría emocionado y sus ojos brillarían ilusionados por el simple hecho de pasar el resto de su vida junto a la persona que ama. No la que luce el vestido más lujoso del momento y sin embargo su mirada no desprende ningún tipo de luz… Anahí lo sabía perfectamente, sabía que ella pertenecía al segundo tipo. Pero… ¿Qué podía hacer? ¿Cómo terminar con algo que todo el mundo espera? ¿Cómo estar segura de lo que realmente desea? ¿Cómo puede saber, si esta sensación no es más que un engaño de su corazón para hacerla dudar en el último momento? Producto de los nervios quizás.

Su boda es algo planeado desde hacía muchos meses, su relación con Christopher ha durado años, este es el final feliz que todo el mundo espera, esta es la vida que su papá quería para ella. No puede simplemente abandonarlo todo y echar a correr, por el simple hecho de que en este momento su corazón se encuentre encogido y asustado. No puede.

El tiempo transcurrió sin darse cuenta mientras observaba su propio reflejo en el espejo y la modista terminaba su trabajo. Ya estaba listo. Apenas unas semanas antes del gran día, su vestido estaba completamente preparado y a pesar de lo hermoso y ostentoso, sentía que no era el vestido perfecto. Lo cierto, es que absolutamente nada era perfecto en este momento.

Anahí abandonó el taller de moda una vez la diseñadora se lo indicó. La tarde comenzaba a caer, el día había transcurrido muy rápido, entre una cosa y otra… Cada segundo que pasaba estaba más cerca de ese momento, cada preparativo que concretaban la llevaban más directo a ese lugar.

El sol aún no se había ocultado del todo. Pero había sido un día tan extraño y pesado, que no deseaba volver a su casa en este momento. Y al mismo tiempo, el pánico por volver a la oficina era lo que conseguía que estuviera caminando y caminando sin rumbo fijo…

Tenía un profundo miedo a volver y que Dulce aún siguiera ahí. Habían pasado horas, pero realmente no sabía cuáles eran las intensiones de la trabajadora social y aunque su corazón, deseaba con todas sus fuerzas encontrarla frente a ella en este momento, su mente sabía que si eso ocurría, le iba a resultar imposible evitar querer abandonarlo todo para irse con ella.

La amaba, recordó. Dulce la amaba… y vino hasta la ciudad para… ¿Para qué exactamente? ¿Para pedirle que se fuera con ella? ¿Para quedarse a su lado? No tuvo tiempo de preguntarle, no sabía cuáles eran sus intensiones. Pero esas palabras se repetían en su cabeza una y otra vez, consiguiendo acelerar su corazón y su estómago revolucionado por momentos.

¿Por qué hoy? ¿Por qué aparece justamente cuando había decidido continuar su vida con Christopher y tratar de borrar esos recuerdos de su mente? Es tan complicado tomar decisiones en esta vida. Decisiones transcendentes que cambiaran todo tu mundo… Esto no se trata de elegir pinta labios, color de pantalón, lugar de vacaciones o restaurante para cenar… Esto era una decisión, que haría daño a personas, decepcionaría a otras y por mucho que quisiera evitarlo, alguien saldría lastimado. Entonces… ¿Qué es lo correcto? ¿Continuar hacia adelante sobre seguro? ¿O arriesgarse al cambio? Estas eran preguntas que su mente inteligente y calculadora no sabía responder.

Sin darse cuenta, llegó hasta su lugar de trabajo. Ya había anochecido, el edificio estaba prácticamente vacío, a penas trabajaban los guardias de seguridad y las recepcionistas, que permanecían ahí cada noche.
Anahí subió en el ascensor que la llevaba a su oficina, completamente segura de que su papá ya se habría ido y que probablemente su secretaria también habría terminado su trabajo. En cierta forma, eso era un alivio, pues podría permanecer algunas horas más trabajando sin ser interrumpida.
Cuando las puertas del elevador se abrieron, le sorprendió ver aún a su secretaria tecleando en su computadora.

─Buenas noches señorita Puente ─Saludó al verla aparecer.
─Carla… ¿Por aquí a estas horas? ¿Por qué no te vas a casa?
─En seguida me voy señorita, estaba adelantando algunas cosas para mañana en lo que esperaba a ver si usted volvía. No sabía si quizás usted y el señorito Uckermann pasarían el resto de la tarde juntos.
─Hace horas que no veo a Christopher ─Respondió mirando el reloj de su muñeca ─Probablemente ya haya vuelto a casa.
─Usted también debería descansar… Se acerca el día de su boda y creo que está pasando aquí más tiempo del que debería.
─Quise venir para terminar algunas cosas, ya que los preparativos me ocuparon casi todo el día… Me vendrá bien trabajar un poco.
─Como usted decida ─Sonrió su secretaria.
─¿Hay algún mensaje para mí? ─Preguntó temerosa.
─Oh sí… su papá aún está en su oficina, me pidió que si llegaba fuera a verlo porque necesitaba comentarle algunas cosas.
─¿Mi papá? ─Se extrañó con la noticia ─Después se queja de mí, pero ya ves que a alguien tuve que salir ¿No?
─Sin duda, su papá le heredó la responsabilidad por el trabajo.
─La obsesión querrás decir ─Corrigió sonriendo ─¿Alguna cosa más?
─Nada más señorita Puente, si me disculpa en unos minutos me voy a retirar, ya terminé mi trabajo.
─Por supuesto ─Aceptó dirigiéndose hacia la oficina de su papá ─Es más, quiero que mañana vengas más tarde. Llevas aquí todo el día y necesitas descansar.
─Pero señorita…
─Yo me haré cargo de todo ─Informó ─Que pases buena noche Carla.

Y así, sin darle tiempo a debatir la idea, Anahí se adentró en aquella oficina, donde observó a su papá completamente concentrado tras aquella mesa.

─¿Se puede? ─Preguntó sonriendo, al ver que el hombre no se había percatado de su presencia.
─Oh… por supuesto pequeña… ─Indicó haciéndole un gesto con la mano para que se acercara ─Adelante.

La chica caminó hasta su papá y se inclinó para darle un pequeño y cariñoso beso en su mejilla.

─¿Querías verme?
─Si… ─Confirmó levantándose y dirigiéndose hacia el sofá para que su hija lo siguiera.
─Que serio te pones… ─Comentó ella sonriendo.
─Solo quiero saber cómo estás.
─Bueno… ─Dijo encogiéndose de hombros ─Algo cansada, ha sido un día pesado.
─¿Entonces por qué volviste a la oficina en vez de ir directa a tu casa?
─Dejé trabajo pendiente al medio día, papá… Y no deseaba volver aún al departamento. Ya sabes que a veces necesito trabajar y trabajar…
─Lo sé… ─Comentó el hombre pasando un mechón del cabello suelto de su hija, por detrás de su oreja ─Eso te sucede, cuando tu mente necesita dejar de pensar en algo.

Anahí sonrió, era increíble cómo podía llegar a conocerla su papá. Nadie en el mundo… Bueno, si existía alguien en el mundo capaz de conocerla tanto como él. Pero ese no era el caso, no era momento de pensar en ella nuevamente.

─¿Sabes lo que creo? ─Volvió a preguntar el hombre captando la atención de su pensativa hija.
─¿Qué cosa?
─Creo que si en ese departamento en vez de esperarte Christopher, estuviera Dulce, lejos de huir, alejarte y refugiarte en tu trabajo, correrías a buscar ayuda y consuelo en ella… Porque eso es el amor, hija… sentir que el único lugar de paz en el mundo se encuentra en los brazos de la persona que amas y te ama.

Los ojos de Anahí se abrieron enormemente ante esas frases de su padre, su corazón se aceleró y a pesar de intentar controlarlo, no pudo evitar que unas lágrimas de emoción, tristeza, confusión y hasta impotencia, comenzaran a asomar por sus ojos.

─No tengas miedo por favor ─Suplicó el señor Puente acariciando su mejilla ─No tienes nada que temer, pequeña. Te quiero con todo mi corazón y tu felicidad es lo único que deseo en este mundo.
─¿Cómo sabes qué…?
─Any, puede que las madres tengan un sexto sentido con el cual saben absolutamente todo de sus hijos. Pero yo tuve que aprender a desarrollarlo con los años, quizás no sea perfecto… Pero sé distinguir perfectamente cuando mi hija tiene en sus ojos un brillo que no tenía desde niña y cuando se siente atrapada en una bola de cristal de la que no sabe salir.
─Ni siquiera sé lo que quiero papá…
─Tú sabes lo que sientes mi amor. Sabes cómo se te acelera el corazón cuando piensas en ella, o como te tiemblan las manos cuando la tienes enfrente… Sólo tú puedes saber lo que sentiste aquellos días que pasaste en la aldea y compararlo con lo que sientes ahora… Cada mañana, al levantarte ¿Eres feliz Anahí? ¿Te despiertas ilusionada de afrontar un nuevo día? ¿O sin embargo sientes que estás viviendo una cuenta atrás? ¿Restando minutos, restando segundos hasta que llegue la noche… y al día siguiente igual?
─Eso no importa papá… Estaba dispuesta a dejarlo todo por Dulce hace dos semanas y fue ella misma la que me pidió que me marchara. Ahora volví a mi mundo y todo es diferente, me prometí seguir adelante con mi antigua vida sin tener que fallarle a nadie, a Christopher…a ti. Eso simplemente fue una locura, no puedo abandonar todo esto por alguien.
─Cariño, en la vida a veces nos vemos en situación de tener que abandonar cosas, elegir caminos, fallar a personas importantes, tomar decisiones incorrectas y equivocarnos… ¿Pero sabes qué marca la diferencia? Que en el transcurso de todo eso no te traiciones a ti misma… debes serle fiel a tu corazón antes que a nadie. Las personas, por un motivo o por otro, siempre salen lastimadas… Pero es tu vida la que está en juego, es tu felicidad la que debes buscar… Y si tu felicidad fuera Christopher, en este momento estarías en tu departamento, entre sus brazos y no aquí, huyendo de tu futuro y extrañando a la única persona en el mundo que te ha hecho amar de verdad.

Anahí permaneció en silencio unos segundos, tratando de que su mente analizara esas palabras que decía su padre. ¿Cómo era posible que este hombre supiera tanto sobre ella? ¿Más incluso de lo que sabía de si misma? ¿En qué momento se había dado cuenta de todo?

- ¿Por qué eres tan sabio?
─No soy sabio… ─Sonrió con ternura ─Simplemente soy tu padre. Me ha tocado verte en todas las facetas de tu vida, triste, feliz… Y por alguna razón sé que enviarte a esa aldea ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida. Ese lugar, esa chica… te recordaron quien eres realmente. y cuando eso sucede, ya no hay vuelta atrás Any, ya no hay forma de que te conformes con lo que tenías antes… ahora sabes lo que es ser feliz, lo que es amar. Tienes toda tu vida por delante, una vida que no está destinada a pasarte los días tras un escritorio, intentando que esta empresa continúe cosechando éxitos… No es eso lo que sueño para mi pequeña, quiero que seas feliz. Que te despiertes cada mañana con una sonrisa y que cada día sea una nueva y emocionante aventura. No importa que te hayas enamorado de una mujer, mi amor. Lo único importante es que ella te devolvió una ilusión que desde hace muchos años no sentías… y tú le demostraste que aunque te niegues al amor, cuando este llega, no hay escapatoria… No importa las veces que digas “No”, basta con que una vez tu corazón diga “Si”, y entonces no hay vuelta atrás. Eso es amor. Algo que creeme, solo sentirás una vez en la vida. Y algo, que solamente tú, puedes decidir si dejar escapar o no… Dulce vino a buscarte, dispuesta a dejar todo lo que ha logrado por ti. Dicen… que la única persona que merece que abandones todo por ella, es la que estaría dispuesta a dejarlo todo por ti. ─Explicó Enrique Puente, acariciando la mejilla de su hija ─Ahora la decisión es tuya… Tú tienes que elegir entre la comodidad de una vida perfecta o la inseguridad de una vida soñada. Y creo que necesitas tiempo a solas contigo misma para pensarlo. Así que me voy a ir a casa, sólo si me prometes que estarás bien.
─Estoy bien papá ─Sonrió con ternura y algo de tristeza ─No te preocupes.

El hombre correspondió a la sonrisa, depositó un beso en la mejilla de su hija a modo de despedida y se levantó de aquel sofá, dispuesto a irse, no sin antes:

─Te voy a pedir un último favor ─Dijo antes de marchar ─Escucha a tu corazón.

Anahí asintió, sin siquiera saber a lo que se refería realmente. Lo cierto es que su mente se encontraba completamente saturada en estos momentos. Incapaz de que le cupiera un solo pensamiento más.
Así que, tras ver a su adorado padre marchar, decidió volver a su propia oficina, con la intención de que su trabajo la aislara un poco de esos pensamientos que todo el tiempo la atormentaban.
Ya no había prácticamente nadie en el edificio, el personal de seguridad y alguien más que como ella, se refugiaba en su trabajo para huir de los problemas.
Llegó hasta su mesa y se sentó, dispuesta a encender la computadora y hacer algo productivo antes de que sus neuronas explotaran.
Pero entonces, algo que vio sobre la mesa, llamó poderosamente su atención, y su corazón comenzó a latir a un ritmo frenético, sin saber realmente el motivo. Pero esa flor que encontró posada cuidadosamente sobre sus papeles, esa flor que lleva su mismo nombre, sólo una persona podía haberla puesto ahí… esa misma persona que se la mostró en aquel árbol, contándole aquella maravillosa historia sobre el origen de su nombre.
Al agarrar esa flor entre sus manos y oler su perfume, descubrió que estaba posada sobre una nota escrita que rápidamente comenzó a leer:

“Esta flor que lleva tu nombre, nació como símbolo de valentía y fortaleza… Nunca te rindas, Anahí.
Dulce.”

Y ahí, se encontraba el motivo por el cual, su corazón, latía a una velocidad tan acelerada.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:06 pm

Último Capitulo

Cinco días después…

Han pasado cinco días desde que volví de la ciudad. La vida aquí continua exactamente igual a como era antes de irme, con la diferencia de que cada día que pasa mi tristeza es mayor. Creía que con el paso del tiempo olvidaría todo lo sucedido, que dejaría de necesitarla… Pero lo cierto es que a cada segundo la extraño y la recuerdo en cualquier lugar.

Quizás este sea mi castigo por haber dañado a tantas mujeres en los últimos años, quizás debía llegar una que rompiera mis esquemas y se marchara dejándome vacía.
La verdad es que ni siquiera puedo culparla. Fui yo quien le pedí que se marchara… fui yo la estúpida que tardó dos semanas en abrir los ojos. No podía pretender llegar a su vida y que lo abandonara todo por mí, después de asegurarle que lo nuestro no tenía futuro. E ahí las contradicciones del corazón. Muchas veces el miedo a lo diferente te impide actuar y quizás cuando abres los ojos, es demasiado tarde.

De lo único que estoy segura en este momento es que Anahí dejó una huella en mi corazón imposible de borrar… Siempre he creído en el universo, en las señales, en que todo sucede por alguna razón. Quizás el motivo de haberla conocido fue demostrarme que por mucho que intenté negarme, cuando el amor llega, te atrapa de una forma súbita e inesperada, sin dejarte ningún tipo de escapatoria.

Es extraño… toda mi vida soñe con encontrar ese amor bonito que me hiciera vibrar a cada instante, siempre tan romántica y soñadora. Pero durante muchos años, dejé de creer en esa idea dedicándome a conquistar sin sentir… Hasta que un día, hace aproximadamente tres semanas, llegó ella… una mujer diferente, caprichosa, superficial, que aparentemente poseía todo eso que siempre rechacé. Entonces… la miré a los ojos y poco a poco en su mirada descubrí que esa chica era realmente lo que siempre soñé… Nunca esperé encontrar a la mujer de mi vida y que ella ya tuviera al hombre de la suya.

─¡¡Tierra llamando a Dulce!! ─Escuché la voz de Maite agitando las manos frente a mis ojos.
─Lo siento… estaba distraída.
─No te preocupes, ya me había dado cuenta… Llevo prácticamente media hora hablándote de cosas sin sentido y tú solo asientes dándome por loca.
─¿Qué me decías? ─Pregunté sin ganas de escuchar un sermón.
─Nada demasiado importante, facturas, cuentas, lo de siempre…
─Me pondré esta tarde a revisar todo eso, no te preocupes, ya sabes que si tengo que ingeniármelas para darle lata al gobierno, lo hago.
─Lo sé, pero no te preocupes por eso, va todo bien por el momento.
─Entonces genial…

Se crearon unos segundos de silencio en los que sentada en mi oficina, sentía la mirada de mi amiga desde su lugar al otro lado de la mesa.

─Por cierto… ─Continuó después de ese instante de silencio ─Sonia te estaba buscando antes. Dice que estás desaparecida desde hace algún tiempo.
─¿No le dijiste que cuando alguien desaparece es porque no quiere que la encuentren?
─Venga Dul, no seas así… el mundo no te ha hecho nada.
─Ya lo sé Maite, pero sinceramente no tengo ganas de ver a nadie, ni de que una mujer me coquetee… Lo único que quiero en este momento es estar con mis niños todo el tiempo.
─¿Sabes que es normal que te sientas así, verdad? No tienes que estar enfada por sentirte triste.
─No me siento triste y no estoy enfadada.
─Ya… desde luego si algo no cambia es tu orgullo y cabezonería.

Una mirada asesina fue mi única respuesta ante ese comentario que aunque me fastidiara reconocerlo, era completamente cierto.

─Desde que Anahí apareció en tu vida, no hemos tenido una conversación en la que no te sermonee ¿Te has dado cuenta?
─Si… Creo que le cogiste el gusto a eso de hacerme saber que siempre tienes razón, aunque no lo reconozca ─Sonreí.
─Bueno, es difícil acertar cuando llevo cuatro días esperando a que me cuentes lo que sucedió en la ciudad… Y no es que quiera recordártelo Dul, ya sabes que sé cuando darte tu espacio. Pero va siendo hora de que te desahogues para que puedas seguir adelante.
─No sucedió nada relevante May. Fui a buscarla… le dije que la amaba, llegó su novio, se marcharon a continuar con los preparativos de su boda, hablé con su papá, entendí que su felicidad es lo único que me importa, tuve la esperanza de que me buscara antes de irme… pero no fue así. Regresé entendiendo que no puedo cambiar su vida de un momento a otro, ella tomó una decisión y tengo que respetarla como mismo ella respetó cuando le pedí que se marchara. Fin de la historia.
─¿Segura que fin de la historia? ¿Qué piensas hacer ahora?
─Pues nada… continuar con mi vida, supongo que poco a poco todo volverá a ser como antes.

Maite volvió a permanecer en silencio observándome fijamente durante unos largos segundos.

─¿Qué estás mirando? ─Pregunté confundida.
─Es que me parece increíble como esa mujer cambió tu vida en tan poco tiempo.
─Es que esa mujer es increíble, May.
─¿No estás enojada con ella?
─¿Por qué iba a estarlo? Anahí me dio una felicidad que nunca creí llegar a sentir… La extraño muchísimo y deseo a cada segundo que aparezca de pronto y me lleve lejos para siempre… eso es lo único que siento. Pero no estoy enojada… es imposible que lo esté Maite. Si me desaparezco de vez en cuando es porque necesito estar a solas conmigo misma… probablemente esa Dulce mujeriega a la que le encantaban las mujeres, haya desaparecido para siempre.
─Algo en el fondo de tus ojos, me asegura que así es… te cambió algo en la mirada, Dulce.
─Creo que después de tantos años, volví a creer en el amor… y a pesar de lo sucedido, Anahí me hizo recuperar a esa Dulce idealista que soñaba con su amor bonito.
─Lo realmente bonito es que pienses de esa forma a pesar de las circunstancias… ─Sonrió mi amiga mostrándome algo de orgullo en su mirada.
─Bueno, será mejor que vaya a trabajar… ─Finalicé levantándome de la silla, intentando terminar la conversación… el mundo no se va a detener.
─¡Dul! ─Interrumpió antes de que me marchara ─Si quieres saber mi opinión… Estoy segura de que Anahí te quiere.
─Lo sé Maite… y lo que vivimos ninguna de las dos podremos olvidarlo. Pero si éste no es el momento para nosotras… quizás… algún día, nos volvamos a encontrar y entonces puede que si lo sea.

Mi amiga asintió y yo simplemente pude sonreír, sabiendo que esas palabras eran lo que me hacía permanecer fuerte. Y es que... hay algo en esta historia, algo en mi corazón que me dice que esto no es el final, que un amor así no puede terminar. Quizás no sea el momento, ni el lugar, quizás nos conocimos cuando no debimos hacerlo… Pero quizás también algún día, el universo conspire y llegue nuestro momento, nuestro lugar.

Abandoné la cabaña que hacía de oficina, para dirigirme hacia aquel rincón en el que mis niños y niñas esperaban ansiosos a que su profesora les sorprendiera hoy con alguna clase, que además de educarlos, les permitiera expresarse libremente.

Antes de que pudiera llegar hasta ellos, el pequeño Ian, se abalanzaba sobre mis brazos entre risas. Esa sonrisa y esa cara de travieso que poseía me hizo recordar al instante, aquel día en el que frente a Anahí, aseguro que yo la quería.
Sonreí al recordarlo… ¿Cómo era posible que un niño, pudiera advertir cosas que ni siquiera yo sabía? Es curioso como ellos no se dejan llevar por estereotipos sociales, por diferencias culturales y ni siquiera por el hecho de que fuéramos dos mujeres. Él vio en mi mirada que la quería… y de esa misma forma lo expresó, sin ningún tipo de miedo. Qué hermoso es ser niño.

─¡Buenos días chicos! ─Saludé llegando hasta ellos, y dejando al pequeño en el suelo después de darle un beso en la mejilla. ─Hoy vamos a hacer algo distinto. Quiero que todos agarren sus cuadernos de dibujo. Vamos a comenzar con una actividad en la que deben expresar, de la forma que quieran, con palabras, con pintura, como deseen, pero plasmen cuáles son sus sueños… No importa que sea más de uno, escriban o dibujen todo lo que deseen y tampoco importa que quede perfecto… Se trata de que busquen en ustedes mismos, y compartan con sus compañeros y conmigo, lo que desean de la vida. Cuando hayan terminado, lo comentaremos ¿De acuerdo?
─¡¡¡Si Dulce!!! ─Gritaron todos al unísono.
─¡Muy bien! ¡A trabajar!

Tras esa orden, todos agarraron su cuaderno, su lápiz, sus colores y comenzaron concentrados a dibujar quien sabe que cosas.

Yo, por mi parte, hice lo mismo, pues se trataba de una actividad en conjunto y como siempre, me gustaba colaborar y servir de ejemplo en todo lo que hacíamos, eso les daba seguridad y confianza.
Mis manos comenzaron a moverse prácticamente solas. No tenía planeada esta actividad, pero fue algo que me surgió después de hablar con Maite. Así que traté de concentrarme y comencé a dibujar lo que mi corazón me dictaba… de una forma nada profesional, simplemente símbolos que representaran mis sueños.

Al cabo de aproximadamente 30 minutos, todos fueron acabando sus obras de arte, algunos venían a mostrármela, queriendo mi aprobación antes de exponerla y otros, simplemente avisaban de que habían finalizado.

─¿Falta alguien? ─Pregunté consiguiendo que se miraran unos a otros, esperando ver si alguien se anunciaba
─Muy bien, entonces comencemos… ¿Quién quiere empezar?
─¡¡Yo!! ─Dijo Lucía levantando su mano.
─Adelante Lucía, ¿Que dibujaste?

La pequeña adolescente, sentada sobre la hierba, mostró a sus compañeros el cuaderno, donde se apreciaba el dibujo de unos zapatos y unos vestidos hermosos y aparentemente lujosos.

─Mi sueño es ser diseñadora de moda ─Explicó ─Espero que algún día mis vestidos se paseen por las pasarelas más importantes del mundo, Cibeles, New York, Gaudí… ─Me miró con algo de duda en su rostro, esperando quizás mi opinión o aprobación y seguidamente se encogió de hombros ─Soñar no cuesta nada ─Añadió con algo de tristeza.
─Por supuesto que no ─Respondí─… y en eso consiste esta actividad, en soñar sin importar lo grande que sea. Así que gracias por enseñarnos tu sueño, Lucía.

La niña, algo tímida asintió y seguidamente observé como otro brazo se levantaba dispuesto a hablarnos de su dibujo.
Javi, un chico de unos 11 años, tremendamente inteligente para su edad.

─Bien Javi, muéstranos tus sueños ─Indiqué observando cómo alzaba su dibujo en el que había reflejado un muchacho jugando con un balón de futbol.
─Mi sueño es ser futbolista. Me gustaría llegar a jugar en los equipos más grandes del mundo… Y sé que si algún día eso ocurre, nunca me olvidaré de mis orígenes.
─Eso es muy importante chicos ─Asentí dirigiéndome a todos ─Sueñen, y aspiren a llegar todo lo alto que quieran… Pero como dijo Javi, nunca olviden de donde vienen y serán capaces de volar sin despegar los pies de la tierra. Gracias Javi ─Concluí.

Uno a uno, fueron alzando las manos y contando sus más profundos deseos… Esta actividad estaba resultando más productiva e interesante de lo que esperaba.
Y es que, cada persona de este mundo es diferente, cada corazón desea y anhela algo distinto… Pero si algo he aprendido en este lugar, es que a pesar de las diferencias, los sueños nos unen a todos.

Estos niños, a pesar de sus escasos recursos y sus difíciles situaciones, eran capaces de dejarse enseñar, aprender y respetar a cualquiera de sus compañeros.
Nadie juzgaba a nadie, simplemente hablaban, escuchaban y con cada una de sus historias me nutrían de enseñanzas que ni yo misma conocía.
Quizás por eso amo tanto este lugar. En ocasiones soy alumna al mismo tiempo que maestra.

Después de varios minutos, el último de los pequeños alzó su mano para compartir su dibujo y ansiosa le di paso.

─Ian… ¿Qué dibujaste?

El niño alzó su cuaderno, mostrando en él algo parecido a esta situación. Dibujó a unos niños, sentados en semicírculo frente a una chica, y al fondo del dibujo se apreciaban unas cabañas, arboles y en la parte superior una especie de planeta Tierra, lleno de colores. Aparentemente Ian había dibujado la aldea.

Esperé pacientemente a que el pequeño, explicara el significado de su dibujo.

─Mi sueño es que desaparezca el hambre en el mundo ─Explicó ─Que ningún niño se sienta triste y solo nunca. Que todos puedan ser igual de felices que nosotros ahora mismo.

En ese momento, mis ojos quisieron humedecerse. Me sentía más sensible de lo normal últimamente… Y en ocasiones como esta, cuando te das cuenta del enorme corazón que puede llegar a tener un niño tan pequeño, caes en la cuenta del egoísmo que a veces caracteriza al ser humano.

Seguramente ahora mismo, en muchas partes del mundo, hay una persona quejándose por su vida, maldiciendo y deseando no estar vivo… Todos tenemos problemas, todos sentimos en algún momento ganas de tirar la toalla. Pero entonces, observas como este pequeño, huérfano, que no tiene absolutamente nada más que este lugar, estos amigos y a mi… desea que el resto de niños que hay en el mundo sean tan felices como él. No pidió ser un artista famoso, no pidió tener dinero… Deseó que desapareciera el hambre en la tierra.

Para mi sorpresa, y sacándome de ese estado de emoción y sensibilidad en el que me había sumido, todos estos pequeños comenzaron a aplaudir a su compañero haciéndole cariñosos gestos en el pelo, tras los cuales, reía como loco.
Esta imagen, conseguiría erizar el bello de cualquier ser humano.

─Bonito sueño, Ian ─Felicité sonriendo cuando el alboroto se había calmado.
─¿Y tú Dulce? ─Preguntó la voz de Lucía, sabiendo que ya todos habían terminado y era mi turno ─¿Qué dibujaste?

Entonces, alcé mi cuaderno, observando cómo sus rostros expresaban confusión al ver que la hoja estaba completamente en blanco.

─¿No tienes sueños Dulce?
─Al contrario ─Respondí con una tierna sonrisa ─Pero si algo quise demostrar con esta actividad, es que cada uno de nosotros, cada ser humano tiene sueños diferentes y ninguno son mejores que otros. Nosotros hoy, aprendimos a escucharnos unos a otros y conocernos mejor, respetando todos y cada uno de nuestros deseos, por muy diferentes que sean a los nuestros. Aunque ninguno sea capaz de verlo, en esta hoja en blanco, están dibujados los vestidos de Lucía, el futbolista de Javi, la aldea de Ian, cada uno de sus sueños… y también esta dibujado el amor… Porque mi sueño, es que cada uno de ustedes llegue a donde desea llegar y estén siempre llenos de felicidad incluso cuando yo no pueda verlo. Mi sueño es que el amor sea siempre el sentimiento más poderoso para cada ser humano y que nada pueda destruirlo, porque lo que amamos no es un trofeo chicos, no es algo visible que se pueda dibujar y podamos poseer, el amor es algo que llevamos en el corazón allá donde vayamos, es algo que se siente a pesar de todas las cosas… y hay que tener sensibilidad para vivirlo.

Después de unos minutos observándome atentamente y analizando mis palabras, igual que habían hecho con Ian, mis pequeños alumnos comenzaron a aplaudir contentos por esa pequeña reflexión que les había mostrado.

Entonces, observé a lo lejos como un auto llegaba apresuradamente y se estacionaba en la entrada de la aldea, cosa que me sorprendió, pues Maite no me había comentado que fuera a venir alguien del pueblo hoy.

Mi amiga, que andaba por el lugar, al ver el coche buscó mi mirada y me demostró que tenía el mismo desconcierto que yo. Así que pedí a los niños que estuvieran tranquilos unos minutos y me acerqué a ella, para recibir a quien quiera que fuera que había llegado.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:06 pm

Mientras caminaba, observé como un hombre alto de unos 35 o 40 años, bajaba del auto con un maletín en mano y tras él, aparecía Marcos, nuestro compañero, demostrando que había sido el encargado de guiar a ese hombre hasta aquí.
Observé como Maite, que iba más adelantaba que yo, aceptaba estrecharle la mano a modo de saludo cordial e intercambiaban unas palabras.

Yo no tardé sino unos segundos en llegar hasta ellos y rápidamente la mirada del hombre se dirigió hacia mí, haciendo el mismo gesto.

─Buenas tardes ─Saludó ─Alejandro González, Ingeniero Técnico Especialista en energías renovables.
─Dulce María Espinoza ─Respondí confundía estrechándole la mano.
─¡Oh! ¿Así que usted es la Srta. Espinoza? Encantado de conocerla.

El hecho de que supiera quién soy, me dejó aun mas desconcertada. Pero lo cierto es que quería saber cuanto antes quien era este hombre, para poder volver a mi trabajo.

─¿Y qué le trae por aquí señor González? ─Preguntó Maite, casi escuchando mis pensamientos.
─Por favor, llámenme Alejandro. El motivo de mi visita sin duda es comenzar cuanto antes a conocer y analizar los terrenos para la construcción del proyecto.

Esa noticia, sin duda, había sido como un jarro de agua fría para mí. Ya que a pesar de escuchar todas las frases, no había entendido ni una palabra.

─¡Espere, espere! ¿Cómo que construcción? ─Pregunté confundida ─¿De qué proyecto está hablando? Creo que se equivocó de lugar.
─Esta es la aldea infantil de Yucatán y ustedes son Dulce María Espinoza y Maite Perroni, ¿No es así?
─Si… Así es… pero…
─¡Entonces sin duda estoy en el lugar correcto! ─Interrumpió ─Ahora si me disculpan, debo comenzar a trabajar con mi equipo ─Señalando a un grupo de personas que también bajaban del auto─ Su compañero Marcos, al que agradezco que me haya guiado hasta aquí, les explicará el resto. Encantado de conocerlas, señoritas.

Aquel hombre sonrió y sin decir una palabra más, como si estuviera en su propia casa, comenzó a caminar seguido por esas personas que supuestamente eran su equipo.

Observé a Maite un instante, completamente perpleja por la situación que acabábamos de vivir y me di cuenta de que ella estaba igual de confundida o incluso peor que yo.

Entonces, el sonido de una escandalosa e insistente bocina atrajo nuestra atención, observando como otro auto entraba en la aldea de una forma nada discreta.
Mi mirada se dirigió hacia esa extraña y hippie furgoneta que había llegado, exactamente igual a la que tantos años soñé tener para recorrerme el mundo o parte de él.

Mi confusión aumentaba cada vez más, pero en este momento ya era incapaz de buscar la mirada de Maite. Algo me retenía observando ese auto, algo había decidido acelerar mi corazón en cuestión de segundos. Quizás debido a la incertidumbre o a no entender nada de lo que estaba sucediendo.

Entonces, el conductor de esa furgoneta, bajó quedando a la vista y mi respiración se detuvo en el momento en que la vi… Mi corazón latía ya tan fuerte que incluso dolor me llegaba a ocasionar, un dolor que apenas sentía.
Mi mundo se estaba deteniendo y mi estómago parecía estar lleno de mariposas, hormigas, o algún tipo de animal que no hacía más que revolotear tratando de decirme algo… Anahí… es Anahí.

Sonrió… Su sonrisa iluminó cada espacio de esta aldea y cada rincón de mi corazón. ¿Qué haces aquí? ¿Es esto un sueño? Eran tantas las preguntas que abordaban mi mente, y tantas las dudas de que esto no fuera más que uno de los tantos sueños en los que ella venía a buscarme, que mi cuerpo se paralizó, incapaz de correr a comprobar si su cuerpo, su piel y sus ojos eran reales.

Caminó lentamente hasta mí, tan lentamente que esos pequeños pasos se me hicieron eternos… Su sonrisa no cesaba, sus ojos brillaban como nunca antes habían brillado… Si esto era un sueño, ruego al mundo que jamás me despierte… Su olor, la brisa comenzó a traerme su olor.

Y entonces, demostrándome que esta era la realidad más hermosa que había vivido jamás, sus manos agarraron mis mejillas y sin decir absolutamente una palabra, sus labios atraparon a los míos. Frente a un mundo que en este momento carecía de importancia.

Cada órgano de mi cuerpo temblaba. Mis ojos, que se habían cerrado para sentir ese beso con más profundidad, comenzaban a dejar escapar unas lágrimas. Lagrimas de emoción…
Siento sus labios, siento su piel, siento sus manos acariciándome y por fin entiendo que esto sí es un sueño. Mi sueño hecho realidad… Ella está aquí, besándome.

Entonces, mi cuerpo reacciona, mis brazos se aferran a su cintura y la beso como si el mañana no existiera. Olvidándome completamente del lugar y la gente que se encuentra a mi alrededor… Me dejo llevar a un mundo que solo con ella he llegado a conocer. Un mundo capaz de sumirme en una bola de cristal donde solo nosotras existimos… donde ni siquiera el tiempo tiene sentido. Donde nada es más importante que sus labios aferrados a los míos.

Poco a poco, el oxigeno se disipa obligándonos a finalizar el beso… Mi frente se une a la suya, queriendo que esa sensación dure para siempre… Pero mis ojos se abren deseosos de encontrarla y temerosos por lo que fuera a pasar ahora.

Ella lo nota en el fondo de mi mirada y sonríe de nuevo…

─Yo también te amo… ─Susurra consiguiendo que mi corazón de un vuelco inesperado.

Soy incapaz de pronunciar una sola palabra, mi corazón late con fuerza, tanta fuerza que no consigo escuchar a mis propios pensamientos. Siento las lágrimas correr por mis mejillas y solo puedo observar el brillo de sus ojos y la tierna sonrisa que no desaparece mientras seca las lagrimas que caen por mi rostro.

─Te amo Dulce… ─Repite acariciándome ─Y estoy aquí para cumplir todos y cada uno de tus sueños.
─Any… ─Intento decir tragando saliva.
─Sh… no digas nada. Se acabó el ser cobardes, se acabó el huir… Estoy aquí para quedarme. Y nada de lo que digas conseguirá que cambie de opinión… Eres la única persona con la que me gustaría pasar el resto de mi vida Dulce. Quiero que juntas construyamos esa escuela que siempre soñaste, eso que hace apenas unas semanas nos prometimos, quiero que nos subamos a esa furgoneta y recorramos juntas el continente… Quiero acompañarte en tus sueños.

─Pero… ¿Qué hay de tu boda?...¿La empresa de tu papá?... ¿Qué pasa con tu vida?
─Tú eres mi vida, entiéndelo ─Sentenció ─No existe un lugar del mundo en el que quiera estar si no es contigo. No voy a casarme con nadie que no seas tú… La empresa de mi papá, cuando llegue el momento, la gestionaré en la distancia. En este instante, mi empresa se está fusionando con el proyecto de la escuela infantil más grande que se haya creado en el país… ¿Ves a esos hombres? ─Preguntó señalando al tal Alejandro y su equipo ─Son los Ingenieros y arquitectos más importantes de la ciudad. Están aquí para analizar los terrenos y crear un proyecto enorme, que aproveche al máximo los recursos de esta región sin destruir absolutamente nada… La empresa de mi papá gestionará todo eso y a partir de este momento… Tú y yo… somos socias… A partir de ahora, los sueños de una son los de la otra y caminaremos de la mano, cumpliendo todos y cada uno de ellos.
─Algo en mi interior me dice que no puedo permitir que abandones tus sueños por mí, Any.
─Ese algo se llama miedo… Y es hora de que entiendas que no se trata de que nadie abandone sus sueños por nadie… Se trata de que los unamos… Y eso sucedió en el mismo instante en que nos conocimos y nuestra vida cambió. ¿O vas a decirme que tus días han sido iguales que antes en estas últimas semanas? ¿Vas a negarme que a pesar de todo lo que tenías, seguías sintiendo que algo faltaba…? Porque eso es lo que sentía yo y me cansé de temer al cambio, a lo desconocido… No quiero más seguridad, mi amor ─Aseguró aumentando el brillo de sus ojos sin soltar mis mejillas ─No quiero la estabilidad de una vida perfecta… Deseo la imperfección de una vida inesperada a tu lado.

Me permití unos segundos de tregua para analizar sus palabras que llegaban directamente a mi corazón, consiguiendo emocionarme cada vez más. Podía sentir mis ojos intercalarse nerviosos entre los suyos aparentemente serenos.

─Dilo otra vez ─Supliqué creando confusión en su rostro.
─¿Qué cosa?
─Di que me amas una vez más… y prometo hacerte la mujer más feliz de este mundo el resto de tu vida.

Sus manos acercaron con cuidado mi rostro aún más al suyo, dejando nuestros labios a unos milímetros de distancia… Y consiguiendo que fuera inevitable el hecho de bajar la mirada hacia donde sentía su respiración.
Sus ojos azules se clavaron profundamente en los míos y esperó hasta que mi mirada los encontrara de nuevo, para con esa intensidad volver a susurrar…

─Te amo…

Entonces mi corazón se sintió liberado. La opresión que llevaba sintiendo las últimas semanas, despareció, dejando una completa y absoluta sensación de libertad… Como si algo hermoso estuviera llegando. Como si la desconfianza, los temores y cualquier cosa negativa que me impidiera actuar, se hubieran marchado para siempre dando paso a una armonía diferente, una valentía desconocida… Entonces entendí que a pesar de todo, el amor es sentirse de esta forma, libre… Libre para amar plenamente.

Esta vez fui yo quien agarré su rostro y rompí definitivamente con la distancia que nos separaba, besando sus labios de una forma distinta, asegurándole con cada movimiento que ya no tenía miedo. No había nada que temer, cuando mi corazón llevaba tiempo gritándome, que estaba frente a la mujer que toda mi vida soñé.

Nos separamos a los pocos segundos, quedando una vez más con nuestra frente unida, observándonos y queriendo grabar para siempre en la memoria este momento. Pero entonces, la expresión de su mirada mostró cierto atisbo de picardía y con un rápido movimiento agarró mi mano dirigiéndome hacia quien sabe donde a toda prisa.

─¡Mi amor, mi amor, mi amor! ─Me apresuré a detenerla antes de que continuara arrastrándome.
─¿Qué? ─Preguntó volteándose y sonriendo.
─¿A dónde me llevas?
─¿Cómo que a donde te llevo? ¡¡Tenemos que empezar nuestro viaje!!

Y sin dejarme tiempo a reaccionar, tiró nuevamente de mi mano, con la irremediable intención de dirigirme hacia esa furgoneta.

─Pero… ¡mi amor, mi amor, mi amor! ─La detuve una vez más, consiguiendo que volteara ─¿Y mi maleta?
─¿Qué clase de mochilera necesita hacer el equipaje? ─Preguntó como si fuera obvia la respuesta
─Compraremos lo necesario en el camino, a menos que tu lado hippie no haya sido más que un farol para conquistarme…
─No es ningún farol ─Respondí alzando una ceja ─¿Pero cómo vamos a irnos así sin más? ¿Y esos hombres a los que trajiste? ¿Y los niños? ¿Maite…?

Creo que por primera vez desde que la volví a ver, recordé que existía un mundo a mi alrededor antes de helarme con su mirada.

─Está todo organizado y bajo control… Hablé con Maite poco antes de llegar y la informé de todo ─Aseguró mirando a mi amiga, que ya había quedado en la lejanía.

Maite nos observaba sonriendo emocionada y después de guiñarle un ojo con complicidad a Anahí, asintió dándome a entender, que tenía vía libre. Todo estaba bajo control… este era mi momento.

─Alejandro tardará aproximadamente un mes en analizar todo el terreno y diseñar los primeros bocetos… ─Continuó explicando ─Ese es justamente el tiempo que tienes de las vacaciones que aún no has disfrutado este año. Cuando regresemos, nos meteremos de lleno en la construcción de este proyecto… No se moverá ni un solo dedo, hasta que tú no des el visto bueno, cariño. Pero este es nuestro momento… es hora de que te tomes un tiempo para ti… antes de sumirte en algo tan grande.

Sabía perfectamente que sus palabras eran ciertas y no es que tuviera miedo o necesitara convencerme para irme con ella… Simplemente estaba comenzando a hacerme adicta a esta Anahí soñadora, valiente y arriesgada que explicaba las cosas con la misma ilusión que lo haría un niño.

Así que, con una sonrisa, dándose cuenta de que yo no respondía, volvió a tirar de mi mano, en la misma dirección que minutos antes, esperando que su explicación hubiera sido suficientemente convincente. Pero…

─¡Mi amor, mi amor, mi amor! ─Volví a detenerla, observando esta vez sí, frustración en su mirada ─Yo también te amo ─Concluí agarrando su rostro y observando cómo su inicio de berrinche se transformaba en una sonrisa ─No te lo había dicho…
─Eres una idiota… ─Susurró derritiéndose mientras mis labios la besaban con dulzura.

Esta vez sí, permití que me guiara definitivamente hacia esa furgoneta que no era más que el comienzo de algo hermoso, de un viaje inesperado, de un sueño cumplido… Y no me refiero al sueño de recorrer Sudamerica en una furgoneta de los años 70, no. Me refiero al sueño de haber encontrado por fin, mi amor bonito.

Una vez llegamos al auto, lanzó juguetonamente las llaves al aire, para que mis reflejos las atraparan. Le ofrecí una última sonrisa y completamente emocionada, como si de una niña con un juguete nuevo se tratase, me senté en el asiento del conductor, observando todo a mí alrededor mientras ella se acomodaba como copiloto.

─¡Es perfecta! ─Comenté emocionada, explorando un poco lo que veía a mi alcance.
─Bueno… no es la “limusina” que me gustaría... pero supongo que no está mal.

Sus palabras consiguieron que mi mirada y mi boca se abrieran completamente perpleja, ante lo que acababa de escuchar.

─¡¡Es broma, mi amor!! ─Dijo riendo ─Respira…
─¿Sabes que es lo peor del caso? ─Pregunté entrecerrando los ojos, mientras ella se divertía ─Que incluso en tu faceta pija, superficial, e insoportable… ─Sonreí ─Te amo.
─Y eso… señorita… ─A medida que se acercaba ─Consiguió volverme tan loca, que aquí estoy, sin ropa, en una furgoneta hippie… dispuesta a conocer el mundo de la mano de la mujer más grosera y antipática que he conocido en mi vida. Pero la única con la que quiero pasar el resto de ella.

Con una sonrisa cómplice y llena de dulzura, nos besamos una vez más. Un beso suave y tierno, sin más pretensiones que la de demostrar cuanto nos costaba permanecer separadas más de dos minutos.
Ambas reímos al darnos cuenta de eso y fue entonces, cuando nuestros labios se separaron, cuando mis ojos vieron a través de la ventana, como mis alumnos se habían agolpado alrededor de Maite y saltaban despidiéndonos como locos.
Sonreí al verlos y suspiré… Sin duda, los echaría mucho de menos.

Volví a mirar a Anahí, que me observaba tratando de averiguar mis pensamientos y con una sonrisa tranquilizadora le dije:

─¿A dónde te llevo… mujer de mi vida?
─Al fin del mundo… amor de la mía.

Tras su respuesta y tener en mi pecho esa sensación de emoción e ilusión ante algo nuevo y desconocido, puse en marcha el motor, dispuesta a que esa furgoneta, así como la naturaleza, fueran nuestro hogar al menos durante el próximo mes.

No nos alejábamos de esta aldea para siempre, no. Esto era simplemente el comienzo de la que sería nuestra gran aventura… Una vida juntas. Seguramente llena de imperfecciones pero sin duda, era la vida que nosotras estábamos eligiendo… era la vida que siempre habíamos soñado.
Esa vida en la que no va a importar lo que ocurra a lo largo del día, si cada mañana, al despertarme, su mirada azul, será la primera imagen que tenga cuando abra los ojos.

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Re: Mundos opuestos

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:06 pm

Epílogo.

“Sueños”

1º …Un mes después…

─¡Chicos, chicos, vean lo que tengo aquí! ─Informó Maite tratando de captar la atención de los pequeños revolucionados, que estaban hoy más revoltosos que nunca.

─¿Noticias de Dulce y la chica bonita? ─Preguntó Lucía emocionándose.
─Así es. Llegó una carta de Dulce y Anahí, pero no pienso leerla hasta que no estén todos bien sentados y portándose como es debido, que últimamente no hay quien los controle.

En el momento en el que Maite pronunció esas palabras, todos se sentaron en su lugar sobre la hierba y trataron de imitar la mejor carita de ángel que pudieron conseguir.
Esta se vio en la obligación de rodar los ojos, pues no había nada más inteligente en el mundo como un niño cuando quiere conseguir algo.

Se sentó frente a ellos, en el lugar donde habitualmente Dulce se acomodaba para dar sus clases. Abrió el pequeño sobre que tenía entre sus manos y se dispuso a leer esas palabras que llegaban desde un lugar bastante lejano.

“Escribo esta carta, desde diferentes lugares del continente.

Sé que deben estar molestos por prácticamente no haber recibido noticias mías durante un mes… Pero quiero que sepan todos, que no han salido de mi mente y de mi corazón ni un solo minuto. Los llevo conmigo allá donde vaya.
Por eso quise hacer esto así, escribir estas líneas desde cada país que visitara, porque en cada uno de ellos descubrí algo mágico que enseñarles. Algo que muy pronto les mostraré…

¡Chicos, esto es realmente increíble! No se hacen una idea de las maravillas que hay por el mundo. Me encantaría que pudieran ver todo lo que nosotras estamos viendo. Y que sintieran la realidad del mundo en el que vivimos. Un mundo que a pesar de lo que nos quieran hacer ver, es completamente maravilloso.
Hemos visitado innumerables aldeas, comunidades indígenas, diferentes poblaciones, personas de todo tipo de cultura, religión, edad, sexo, preferencia sexual… Y ¿Saben que es lo más increíble que descubrí? Que a pesar de las diferencias, todos buscamos lo mismo. Cada persona que encontré en mi camino, llevaba en sus ojos la lucha por sus sueños, la sabiduría de un anciano y la ilusión de un niño… Todos y cada uno de nosotros, vivimos la vida, con la esperanza de encontrar amor. Amor verdadero.

Hoy, les digo con total seguridad, que nunca dejen de creer en ello, porque el amor existe… Y no es ese amor trágico que se ve en las películas o en las canciones románticas… Es un amor distinto. Un amor que te complementa… Porque chicos, no hace falta que llegue una persona perfecta para que nuestro ser, se sienta completo. No somos una media naranja a la eterna espera de que aparezca su otra mitad para ser felices para siempre. Somos seres humanos, completamente llenos de defectos y virtudes, a los cuales, un día nos llegará esa persona, que lejos de completarnos, nos acompañará.

Eso es amor… Dos personas completas, se unen y caminan de la mano consiguiendo que sus direcciones opuestas se conviertan en un mismo camino… Aquí está la diferencia.
Es por eso, que no importa a que religión pertenezcan, que idioma hablen, la situación social, la edad, el sexo… No importa que antes de conocerse, pertenecieran a Mundos Opuestos… En el momento en que la mirada de esas dos personas se unen, descubren, que es un único mundo es el que existe… todos pertenecemos a él y todos estamos en completa libertad de amar y ser amados.

¡Yo amo! Amo la vida, amo a mi familia, amo mi trabajo, amo a mis amigos, amo al mundo, los amo a ustedes, pequeños… Y amo a una mujer. Una mujer, que me enseñó a romper barreras, a correr riesgos, a perder el miedo, una mujer que es un claro ejemplo de valentía y superación… Por eso, hoy me siento en completa libertad de aconsejarles, que nunca tengan miedo al amor. Él puede llegar en cualquier momento, de cualquier forma o apariencia, incluso cuando creamos que no estamos preparados… Pero eso no es cierto, siempre estamos preparados. Siempre… es el momento adecuado para amar y romper la barrera de esos, Mundos Opuestos.
Espero que nunca lleguen a olvidarlo… Por el momento, me despido desde algún lugar del mundo, no sin antes recordarles, que nos veremos muy pronto… más pronto de lo que imaginan.

Los quiero con todo mi corazón… Dulce. ”

Maite alzó la mirada al terminar de leer esas líneas y sonrió al ver como esos pequeños habían escuchado atentamente cada palabra.

─¿Cuándo van a volver? ─Se atrevió a preguntar Lucía.
─No lo sé ─Respondió Maite encogiéndose de hombros ─Supongo que no deben tardar.

La construcción de la escuela está a la espera de que ellas regresen.

─Maite… Cuando hagan esa escuela… ¿Qué va a pasar con nosotros?
─¿Cómo que qué va a pasar Lucía? Absolutamente nada va a cambiar con ustedes, solo nos mudaremos a un lugar más grande, tendremos mejores aulas, más materiales… Pero nada va a cambiar.
─¿Seguirás siendo nuestra maestra?
─Por supuesto que sí, pequeña.
─¿Y Dulce…? ¿Volverá a darnos clase?
─Eso ya depende de ella. Tenemos que entender que la vida de Dulce dio un cambio repentino y bueno para ella… Pero, estoy segura de que todos los que estamos aquí solo deseamos su felicidad. Así que, sea cual sea su decisión, será bienvenida… Yo solo les puedo decir, que Dulce los quiere con todo su corazón.

Tras esa afirmación, los niños y niñas se miraron unos a otros con cierto atisbo de tristeza en sus rostros.

─Por supuesto que los quiero con todo mi corazón ─Interrumpí consiguiendo que alzaran nuevamente la mirada para encontrarme frente a ellos.

En el momento en que me vieron allí parada, observándolos con ternura y orgullo, la expresión de sus pequeñas caritas cambió por completo, de la sorpresa a la emoción. Fueron unos segundos los que tardaron sus cerebros en reaccionar, dándose cuenta de que realmente era yo quien los observaba y haciéndolos correr como locos abalanzándose sobre mí, abrazándome y haciéndome miles de preguntas que no alcanzaba a responder. Solo quería rodearlos con mis brazos, demostrarles cuanto los había extrañado y nutrirme de esos pequeños abrazos que tantas cosas podían aportar a cualquier ser humano.

Maite me observaba emocionada, desde un punto más lejano. También a ella la había extrañado, mi mejor amiga… mi consejera y la responsable de abrirme los ojos siempre que mi terquedad quisiera imponerse.
Esta era mi familia… este era mi hogar. Pero ni siquiera sintiendo la familiaridad de haber regresado a casa, pude evitar que en un momento tan emotivo como este, mis ojos la buscaran… a ella.

Aquí estaba, a mi derecha, observando emocionada la escena. Transmitiéndome a través de sus ojos que estaba y siempre estaría conmigo… La amo. La amo cada día más.
Algunos de los pequeños, después de unos segundos hablando como locos, sin permitirme realmente escuchar nada, se percataron de la presencia de Anahí y se abalanzaron también sobre ella, dándole la bienvenida y dejándola absolutamente perpleja.
Su cara de sorpresa, transformándose paulatinamente en emoción, hacía que mi corazón latiera a una velocidad descontrolada… Esta imagen, era una de las más bonitas que había visto en mi vida.

Casi sin darme cuenta, me encontraba cargando a Ian sobre mis brazos, mientras él se anclaba a mi cuello como siempre hacía y de un momento a otro, la distancia que nos separaba ya no significaba nada. Los niños habían servido de unión, para que ella llegara a mi lado y todos nos abrazáramos como una autentica familia.
Ellos son mis pequeños, ella es mi amor… y este, a partir de ahora, sería nuestro mundo… Para siempre.

2º …. Un año más tarde…

Por fin llegó el gran día. Es increíble descubrir que después de tanto esfuerzo y trabajo, lo hayamos conseguido…
Diferentes medios de comunicación de todo el país están aquí para ser testigos de la apertura de esta escuela, un proyecto que comenzó hace poco más de un año. En el cuál, todos y cada uno de nosotros nos volcamos al 100%.
Debería estar nerviosa, pero no lo estoy… es algo que todos creamos con mucho trabajo y sé que nada puede salir mal.

Observo desde un segundo plano, como Anahí habla con la prensa, tan sonriente y amable como siempre. Ha pasado un año… y mi corazón aún late acelerado cuando la veo sonreír… Sé que probablemente tenga cara de estúpida en este momento. Pero… hace mucho tiempo, que eso dejó de importarme.

─Un año y aun no se te ha borrado esa cara de idiota enamorada ─Interrumpió la voz de Maite, sin conseguir que apartara la mirada de Anahí.
─Lamentablemente para ti, seguramente nunca se me vaya a borrar.
─Tranquila que lo tengo asumido desde mucho tiempo antes que tú ─Sentenció molestosa ─En breve comenzará el acto… ¿Estás preparada?
─Si ─Sonreí esta vez sí, mirando a mi amiga ─¿Y tú?
─Algo nerviosa… hemos trabajado mucho para que todo sea perfecto.
─Precisamente por eso, todo será perfecto.
─Me encanta verte así.
─¿Así como?
─Así… tranquila, segura, ilusionada…feliz. Estoy frente a una versión mejorada de ti misma.
─Supongo que llega un momento en la vida en el que todos encontramos nuestro lugar, nuestra definición… el tiempo transcurre, las personas cambian. Pero cuando te encuentras a ti mismo y te sientes seguro de lo que eres y cómo eres… todo a tu alrededor no hace más que mejorar.
─Ella hace que seas una mejor persona… y tú haces que también ella lo sea. Es hermoso ver lo que puede conseguir el amor, día a día, lucha a lucha…
─Mírala… ─Pedí dirigiendo nuevamente mi mirada hacia Anahí, que seguía platicando con los periodistas
─Desprende una vida en su mirada, que no desprendía la primera vez que vino a este lugar, cuando su fachada decía a gritos que era una niña, caprichosa, berrinchuda y superficial, a la que no soportaba…
─No la soportabas porque en el preciso momento en que la viste, te ocurrió algo que jamás te había ocurrido… y darte cuenta de que esa chica, era todo lo que siempre rechazaste, te hizo poner un muro para tratar de evitar que tu corazón latiera a mil por hora cada vez que la veías.
─Y aún así, no pude evitarlo ─Sonreí al recordarlo ─Mientras más intentaba odiarla, más la conocía y me enamoraba… Alguna parte de mí, en el interior de toda esa superficialidad, veía a esa mujer que está ahora mismo ahí en frente. Esa de la que cada día estoy más orgullosa.
─Y enamorada… ─Añadió.
─Y enamorada ─Confirmé.

En ese momento, su mirada se evadió por un instante de esos periodistas y me encontró… Me encontró en la lejanía, observándola y sintiendo como las palabras de Maite se desvanecían en el aire… Me sonrió… le sonreí… y mi corazón sintió el mismo hormigueo que el primer día que vi esa sonrisa, deteniendo el tiempo y llevándose muy lejos cualquier sonido o presencia que no fueran las nuestras. Con una simple mirada, sus ojos azules eran capaces de decirme que había llegado nuestro momento. Eso en lo que tanto hemos trabajado juntas, está a punto de ser una realidad.

Entonces, el tumulto de periodistas regresó, haciéndome ver que se estaban colocando para el comienzo del acto.
Ella era el rostro mediático, la que mejor se defendía frente a la prensa y por lo tanto, la encargada de expresar el discurso de inauguración y responder cualquier tipo de pregunta. Así lo habíamos decidido.

─Buenas tardes a todos ─Comenzó dirigiéndose a los presentes, niños, padres, periodistas y personas procedentes de todo tipo de lugares ─Antes que nada, quiero agradecerles su presencia en la inauguración del que es, en este momento, el proyecto social más grande que se está llevando a cabo en el país. Porque esto no es simplemente una escuela de acogida para niños… Este, a partir de hoy, será un lugar de sueños, donde cada persona que quiera venir a aprender y compartir, será bienvenida, sea cual sea su nivel económico, su procedencia, su raza o su estatus social… ─Aclaró con una firmeza y seguridad envidiables ─Este proyecto, comenzó hace poco más de un año… cuando una persona me llevó a un lugar desde el cual, se veía cada rincón de esta ciudad, así como sus infinitas posibilidades. En ese lugar, me compartió su sueño… Un sueño, que en ese preciso instante, se convirtió también en el mío. El sueño de crear una escuela donde la libertad y la solidaridad fueran de la mano… Es por ello, que creo que no existe una persona en este mundo, que pueda inaugurar esta escuela, de mejor forma que ella… ─Dirigió su mirada hacia mí, mientras sonreía ─Dulce… ¿Me acompañas?

Completamente sorprendida e incluso algo más nerviosa que antes, caminé unos pasos para llegar hasta ella. Sus ojos me miraban fijamente, transmitiéndome toda la seguridad que necesitaba.

─Un lugar de sueños… ─Confirmé dirigiéndome hacia los periodistas ─Porque así comenzó todo esto, como el simple sueño de crear una escuela mayor, donde los niños de nuestra aldea obtuvieran cualquier cosa que pudieran necesitar a lo largo de su crecimiento… Durante un año, este equipo de personas que ven aquí atrás, hemos trabajado sin descanso en la planificación, en el diseño y en la construcción… de lo que hoy inauguramos, no sólo como una escuela en una determinada región del país, sino como una fundación, una Organización, que con la ayuda de todos ustedes y del resto del mundo, llegará a cualquier lugar del planeta que necesite ayuda… Nuestro principal objetivo es romper cualquier tipo de barreras que nos separen y conseguir que poco a poco, paso a paso… la felicidad, esté al alcance de todos y cada uno de los niños de este mundo, demostrándoles que la situación en la que hayan nacido no es vinculante para el cumplimiento de sus sueños… Porque las banderas, no son más que un convencionalismo social, los mundos opuestos son limitaciones que nosotros mismos nos ponemos y este no es más que el comienzo para conseguir que esos mundos opuestos desaparezcan. Por eso… hoy… aquí… quiero agradecer a Enrique Puente, porque sin su ayuda, no estaríamos en este lugar, a todos mis compañeros que trabajaron duro, día y noche para que todo fuera exactamente como planeábamos, al equipo de ingenieros y arquitectos, que respetaron en todo momento nuestros deseos y llevaron a cabo una construcción perfecta y responsable con el medio ambiente, al personal de voluntariado que siempre estaba dispuesto a ayudar en todo momento, a los niños de la aldea, que con su ilusión por este nuevo hogar, conseguían que cualquier problema surgido, careciera de importancia… Quiero pedir a todos, que se acerquen, para que juntos cortemos la banda inaugurativa…

Maite, el señor Puente, Marcos, Sonia y cada una de las personas que formaban este equipo y que habían contribuido de una forma u otra en la creación de la escuela, se posicionaron detrás de mí, permitiéndome observar en sus rostros el nerviosismo y la ilusión. Tras una sonrisa, continué con mi discurso.

─Pero por supuesto, antes que nada, quiero agradecer a Anahí Puente, la única y directa responsable de que esto esté sucediendo, porque sin ti… ─Dije dirigiéndome a ella ─Este proyecto y yo… no seríamos lo que somos hoy. ─Sus ojos expresaban un brillo de emoción y nuestras sonrisas se dijeron mutuamente que aquí estábamos, la una para la otra, como siempre y para siempre ─Todos nosotros, ─Continué ─Les damos la bienvenida a la ONG y la Escuela… “Mundos Unidos”.

Tras anunciar el nombre del que es nuestro proyecto, comenzaron una lluvia de aplausos que me hicieron entender que este sueño era real. A base de esfuerzo, trabajo y unión, se estaba convirtiendo en realidad. Y a partir de este momento, con Anahí, Maite, Enrique Puente y cada una de las personas que han participado en la construcción del mismo, rompimos definitivamente esa cinta, que era un simple simbolismo indicador de que las puertas de la escuela, “Mundos Unidos”, quedaba abierta para cualquier persona que deseara aprender, enseñar y colaborar a nuestro lado, por la lucha hacia un mundo mejor.

*****
3º …Horas más tarde…

Esta sigue siendo una de las mejores sensaciones que experimentaré jamás, recostarse sobre la hierba de mi rincón favorito, escuchando el sonido del agua caer por la cascada y correr rio abajo, fluyendo, exactamente igual que la vida… Los pájaros revolotean de árbol en árbol, como cada día, de todos los años que llevo viniendo a este lugar. Y así, el ciclo continúa… la naturaleza sigue su curso y yo, a pesar de los años, continuo necesitando mis momentos de contacto con ella, con todo esto, conmigo misma…

Siento un movimiento crearse en la hierba sobre la que estoy recostada, sé perfectamente a que es debido y no puedo evitar sonreír mientras siento el latido de mi corazón aumentar su velocidad. Ladeo mi cabeza hacia la derecha, y me encuentro de frente con sus ojos azules… Esos ojos, que solo Dios sabe, cuantas emociones me producen.

─Me gusta respetar tus momentos de soledad… ─Comentó tras unos segundos ─Pero ya no podía extrañarte más.
─Creía que nunca vendrías… ─Susurré sonriendo.

Ella sonrió, aparentemente aliviada con mi respuesta y acarició mi mejilla con la yema de sus dedos.

─Ha sido un día de locos ¿No crees?
─Completamente ─Confirmé ─Pero por fin… lo logramos.
─Si… aún no llego a creerme del todo que a unos metros de nosotras, esa escuela en la que tanto hemos trabajado, esté en pie y funcionando.
─A unos metros… los justos y necesarios para que este lugar haya quedado intacto y tan aislado y solitario como antes.
─Bueno… este es tu “rincón secreto” no podíamos quebrantarlo…
─Nuestro ─Corregí ─Todo lo que algún día fue mío, ahora es Nuestro.
─¿Todo?
─Todo…

Unos segundos de silencio se apoderaron de la situación mientras nuestras miradas permanecían estáticas, la una sobre la otra.
Había sido un día tan largo, duro y lleno de emociones encontradas, que las palabras en este momento carecían de sentido.

─¿Eres feliz? ─Me atreví a preguntar, observándola fijamente.
─¿Por qué me preguntas eso?
─Porque llevas un año aquí, conmigo, trabajando día y noche por ese proyecto que recién hoy inauguramos, viviendo mi sueño como si fuera realmente el tuyo… y ha sido tanto el ajetreo diario, que nunca me he detenido a preguntarte… si todo esto es lo que esperabas o si en algún momento extrañas tu antigua vida.
─Todo lo tuyo es mío ─Repitió mi comentario de minutos antes ─¿No es así? Incluidos tus sueños. Nunca en mi vida, he sido tan feliz, como cada día de este último año…
─Te amo Anahí ─Sentencié ─Nunca olvides eso.
─¿Por qué iba a olvidarlo mi amor? Si me lo demuestras día a día…
─Y te lo seguiré demostrando el resto de mi vida ─Sonreí inclinándome un poco para darle un pequeño y tierno beso.
─Sabes… Quería contarte algo… ─Comentó después de unos segundos bajando la mirada, dudosa.
─Cuéntame…
─Es una locura, porque a penas hoy se inaugura la escuela y se da a conocer la nueva fundación que dirigiremos, pero… he estado pensando… “Mundos Unidos” es una ONG que pretende ayudar a todas las personas que lo necesiten ¿No?
─Así es…
─Y si… quizás… ─Trataba de decir algo, no muy segura de ello ─Mi amor, llevo días sintiendo como algo en mi interior me decía, que todo esto que estoy viviendo, toda esta felicidad que siento desde que te conozco, nunca hubiera sido posible si yo… no me hubiera recuperado de mi enfermedad. Ni siquiera estaríamos hablando en este momento… No habría visto todo esto y probablemente nunca hubiera sido consciente de la realidad del mundo. Sé que eso sucedió por algo, que me dieron una segunda oportunidad, no nada más para que diera las gracias y continuara con mi vida… Durante muchos años fue así. Pero hoy… hoy siento que debo ayudar a todas las niñas y niños que están en la misma situación que yo estuve… De pronto, es como si todo hubiera sido planeado… creamos juntas una organización de ayuda para personas que lo necesitan… Y todo esto me ha hecho ver, barajar la idea de crear una campaña, centros o una fundación asociada con Mundos Unidos, que se encargue de ayudar a niños y niñas… con trastornos alimenticios… ─Finalizó por fin.

Un profundo silencio por mi parte, continuó en el momento en que ella terminó de soltar toda esa retahíla de palabras atoradas unas con otras. Se veía tremendamente adorable tratando de hacerse entender en medio de su nerviosismo.

─¿Una completa locura, verdad? ─Preguntó frunciendo el ceño con algo de miedo.
─Mi amor, ¿Realmente crees que hemos hecho algo cuerdo desde que nos conocemos?
─No… ─Sonrió ─Supongo que no…

Entonces, al ver su rostro que aun expresaba confusión y duda, sentí la enorme necesidad de levantarme rápidamente y agarrar su mano para guiarla hasta un lugar.

─¡Espera, espera, espera! ─Me detuvo descolocada ─¿A dónde vamos?
─¿Cómo que a donde vamos? A buscar cuadernos, lápices, la computadora y todo lo que haga falta para comenzar a diseñar esa campaña de la que hablas.
─Pero… mi amor, es sólo una idea… ni siquiera me has dicho que te parece, aún tenemos otras muchas cosas que hacer antes de eso…y…y…hay que pensarlo bien…
─Shh… ─La callé depositando un dedo en sus labios nerviosos ─Es una idea increíble, si ese es tu sueño, me parece perfecto… y no Any, no hay muchas otras cosas que hacer antes de eso, ni tenemos nada que pensar…
En el momento en que tengas un sueño, voy a hacer todo lo que esté en mi mano para ayudarte a cumplirlo…
─Te amo… ─Susurró sonriendo, con sus ojos brillantes y visiblemente emocionados.

Antes de que pudiera responder, sus labios se acercaron peligrosamente a los míos, consiguiendo que mi corazón aumentara nervioso el ritmo de sus latidos. Y en cuestión de milésimas de segundo, eliminó la distancia que nos separaba y me atrapó en un beso profundo, cálido, en el que nuestras lenguas no tardaron en encontrarse para juguetear…

Aunque pocos segundos después, notando como la temperatura del ambiente se caldeaba, algo me hizo frenar antes de que me fuera completamente imposible parar.

─Mejor volvamos a la oficina… porque si seguimos aquí… no creo que sea capaz de controlarme.
─¿Y por qué quieres controlarte…? ─Susurró besando malvadamente el lóbulo de mi oreja, erizando cada parte de mi piel.
─Por…porque…si continuamos, no comenzaremos con el diseño de ese nuevo sueño…

─Bueno… ─Continuó descendiendo por mi cuello y dejando húmedos besos en él ─Piensa que en este momento…tengo otro sueño completamente distinto… Al fin y al cabo ─Besó mis labios ─Para el otro… tenemos ─Beso ─el resto ─Beso ─de la vida…por delante. ¿No crees? ─Finalizó apartándose y mirándome con esa sonrisa pícara a la que no me podía resistir.

Me detuve a observarla un instante, sintiendo ese cúmulo de sensaciones que producía en mi interior, acompañado por ese repentino calor que creaba su mirada provocadora y llena de picardía… Siento que jamás en la vida, seré capaz de resistirme a su mirada ni a su sonrisa. Pero… lo cierto es… ¿He querido resistirme en algún momento?

─¿Cuánto llevamos sin hacer el amor? ─Pregunté de pronto.
─Cuatro horas…
─¡¡¿Cuatro horas?!! ¿Tanto? ¿Cómo es posible?

En ese momento, agarré con firmeza su cintura y la atraje hacia mi cuerpo, sintiendo como su sonrisa de triunfo aumentaba. Y no pude resistir un solo segundo más antes de unir nuestros labios definitivamente, con más pasión y desesperación que antes… Mis brazos sintieron la necesidad de sentirla aún más cerca, así que cargaron ligeramente su cuerpo, y sus piernas automáticamente abrazaron mi cintura… Fundiéndonos en ese beso lleno de pasión, deseo, aventura, misterio, sueños y sobre todo… amor…

Un amor como el que jamás había vivido. Un amor que me demostraba día a día, que todo lo que experimenté anteriormente, no había sido más que parte del camino. Las lágrimas, el sufrimiento, incluso la golfería, no eran más que pasos necesarios de vivir, para que un día… unos ojos azules atravesaran mi mirada y llegaran directos a mi corazón, rompiendo todos mis esquemas y demostrándome, que no existen… los Mundos Opuestos.

Un día dejé de creer en el verdadero amor, ese que de niña soñaba y esperaba ilusionada. Crecí y di por hecho que esa perfección romántica, no existía más que en mi cabeza. Pero entonces, cuando menos lo esperaba, la conocí a ella, y descubrí que efectivamente, la perfección no existe, pero en algún lugar del mundo, siempre se había encontrado esa persona de la que algún día me enamoraría. Esa persona que me enseñaría que el significado del amor no es un cuento de hadas perfecto. El amor se encuentra en los ojos de aquella persona que sueña tus sueños de tal forma, que cuando la miro, en el interior de ese azul, descubro quien soy y hasta dónde puedo llegar.

Es por ello, que a partir de este momento, nos amaremos, nos cuidaremos y caminaremos de la mano, consiguiendo que cada lucha, sea un nuevo sueño cumplido.



“No importa cuántas veces digas No, basta con que una sola vez, tu corazón diga Sí, y entonces…todo lo que creíste perfecto, deja de serlo… y conoces el auténtico significado de la felicidad “




...FIN...

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Re: Mundos opuestos

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