Mas alla

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Mas alla

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:07 pm

link original:
http://foro.univision.com/t5/forums/mobileforumtopicpage/board-id/anahiydulcemaria/thread-id/274161/page/17

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Mas alla

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:12 pm

Capítulo 1

Me incorporé para buscar una respuesta a lo que había pasado. Y, aún ahora, no sé si la encontré, lo que sí sé es que visualicé los ojos más bonitos que podré ver jamás.
Estaba frente a una chica, de... pocos años menos que yo, con el cabello color rojo fuego y casi semidesnuda. Tapada con lo que parecía ser una gruesa tela, dejando uno de sus hombros descubiertos. Escondida tras uno de los árboles, me miraba fijamente a los ojos.

- Espera, no te vayas... ¿Cómo te llamas?... ¿Quién eres?

Me sentía realmente absurda, probablemente ni si quiera hablara el mismo idioma que yo. Llevó sus manos llenas de heridas a mi cara, agarrando con dulzura mi rostro. Me estaba analizando por completo y yo, simplemente, me dejé hacer. No sabía qué buscaba ni qué quería averiguar, sólo sabía que tenerla observándome a menos de dos centímetros de distancia me intimidaba demasiado.
Miró nuestras manos agarradas y volvió a mirarme a los ojos. Sentí que se me encogía el corazón, un extraño nudo que me impidió respirar.

- ¡Any!

Pude observar como se alejaba y echaba a correr, desapareciendo en mitad de aquella selva. Lo que me hizo darme cuenta, ahora más que nunca, que esta aventura iba a valer la pena.

Días antes...

- ¿Estás preparada?

Dirigí mi mirada a la ventanilla del avión, que comenzaba a moverse. Estaba temblando, muerta de miedo, aterrorizada. Por supuesto que no estaba preparada. De echo, si hubiera podido, habría salido corriendo.

- Preparada.

Ahora, sé que fue la mejor decisión que pude tomar en toda mi vida.

Estaba encaminándome en algo que había planeado desde hacía muchos años. Quería respuestas a todas mis preguntas y las iba a conseguir como fuera, dejando atrás mis miedos, mi familia, mis amigos, mis raíces, mi historia... todo. Todo, por... suposiciones.

- Va a ser duro. Lo sabes, ¿no?

Respiré hondo y volví a perderme en la ventanilla, observando cómo, poco a poco, nos alejábamos y dejábamos atrás esa ciudad, mi ciudad.
No respondí. Claro que iba a ser duro, estaba de más que me lo dijera.

- Any... tu mamá está muerta.

Me dolió. Me dolió en el alma.

- Maite, si estás aquí es porque me apoyas. ¿No es así?
- Claro que te apoyo, pero no quiero que te hagas falsas ilusiones.
- De momento no han encontrado su cuerpo. ¿Cómo puedes asegurarlo?
- Han pasado muchos años...
- Los años me importan un comino.

Tras decir esto me giré hacia la ventanilla y me preparé para lo que parecía que iba a ser un largo vuelo.
Era mi primer trabajo desde que terminé la carrera de periodismo y ya estaba cometiendo el primer fallo: mezclar lo profesional con lo personal.
Había movilizado a toda la universidad en busca de alguien que se hiciera cargo de mi proyecto, de mi investigación. Y lo conseguí. Mi objetivo era desenmascarar uno de los mayores incidentes de la historia: el hundimiento de un trasatlántico cerca de las islas Maldivas, sin sobrevivientes. Mi madre se subió en ese barco.
Esa niña de 6 años que se despedía de su madre desde el puerto, y esta mujer, 20 años mayor, merecen una explicación.
Por eso, por todas las familias desamparadas y por la misteriosidad de la historia... me encontraba en un vuelo de más de varias horas que me transportaría hasta... quién sabe dónde.

Aterrizamos en Malé, capital de la República de las Maldivas, una de las pocas islas urbanizadas. Estábamos en pleno verano y hacía muchísimo calor. Buscamos un sitio donde comer y descansar del largo y pesado vuelo.

- Come algo, luego continuaremos con el viaje.

Hice caso omiso al "consejo" y continué con mi mirada fija en el mapa que sostenía entre mis manos. Tenía en frente de mí todas las islas de las Maldivas. Sabía muy bien lo que tenía que hacer, cuál era el próximo paso.

- ¿Qué es lo siguiente?

Esta vez no la ignoré.

- Éste es nuestro destino -Dejé el mapa en la mesa y señalé la última isla, completamente deshabitada.
- ¿Por qué esa? ¿Por qué la demás no?
- Porque ésta fue la zona del accidente. Nadie se molestó en buscar el barco, en buscar sobrevivientes, en buscar un por qué... Si queremos respuestas, las vamos a conseguir aquí. ¿Entiendes?

Maite se tomó unos segundos de relfexión, observando mis señas en el mapa.

- Entiendo. Pero...

Fue incapaz de acabar la frase. Regresó su mirada al plato de comida, suspiró y negó con la cabeza, en total señal de desacuerdo.

- Mai, confía en mí, sé lo que hago.
- Si no confiara en ti, no estaría aquí.

Me conformé con su respuesta y continué dándole vueltas a mi cabeza. Pero Maite no parecía dispuesta a guardar silencio.

- Solo te recuerdo que especialistas de todo el mundo estuvieron durante más de un año buscando esas respuestas y no las encontraron.
- No, no buscaron respuestas. Simplemente decidieron que el barco había sufrido una avería y no aguantó las horas estimadas del rescate. ¿De verdad te tragas ese cuento? Hay mucho más, hay mucha historia en esa isla, en ese mar... y yo voy a descubrirla, aunque tenga que sumergirme miles de millas en busca del trasatlántico.
-Creo que si tu madre no hubiera estado en ese barco, no estarías interesada en este caso.
- ¿Y de verdad importa el motivo por el que estoy haciendo esto? Te aseguro que todas esas personas que perdieron a alguien, les va a importar un pimiento por qué lo estoy haciendo, solo quieren respuestas y vivir en paz.

Eso parecía haber sido suficiente para que Maite guardara silencio y volviera a poner su atención en el plato de comida.

Terminamos de comer y nos dirigimos al puerto. Buscamos una persona amable que supiera hablar inglés y pudiera alquilarnos uno de sus barcos para llegar hasta la isla, pero nos fue imposible. Nadie se prestaba a ello, pues decían que esa era la isla maldita.... Años trabajando en este proyecto y, ahora, descubro que se le conoce como "la isla maldita".

- ¿Isla maldita? Me niego Any, me niego. Vamos a la que está al lado. ¿Qué más da una que otra?
- Eso es una soberana estúpidez, ¿vale? Esa gente ha visto muchas películas. No es ninguna isla maldita, no nos vamos a encontrar fantasmitas. ¿Ves como tengo razón? Esa isla es nuestro destino, tiene muchos secretos... tenemos que llegar sea como sea.
- Pues como no sea nadando...

Guardé silencio, pensé en que sería una posibilidad... De echo, era la única posibilidad que se me ocurría.

- No, no me gusta ese silencio.
- Quizás nadando no, pero con una lancha... esa sí que las alquilan -Observé la cara de Maite, estaba descompuesta- Decimos que nos dirigimos a la isla más cercana y punto, nadie tiene por qué enterarse.
- Probablemente eso sea ilegal.
- Soy extranjera, no conozco las leyes de este país.
- Eso no te salva de infringir la ley.
- Bueno, ¿vas a seguir aquí poniendo excusas o vamos a movernos ya?

Ni si quiera dejé que me respondiera, me giré y regresé a hablar con los responsables del puerto. Después de un gran rato y con dificultades, pues nos costó entendernos en inglés , conseguí que nos alquilaran una lancha bastante rápida, supuestamente.

- En todos los años que planeaste este viaje, ¿también estudiaste como poner en marcha esta cosa?

No pude evitar reírme a carcajadas. Esa pregunta por parte de Maite había roto el incómodo silencio que se había creado cuando nos sentamos y nos dimos cuenta de que, ninguna de las dos, sabíamos ponerla en marcha.

- Pues no, ese detalle se me escapó.
- Ah, genial, pues ya me dirás qué hacemos -Dijo indignadamente, cruzándose de brazos y mirándome con expresión seria.
- Maite... relájate. ¡El Universo conspira! Seguro que nos manda una señal para encender esta cosa.

Y tanto que el universo conspira... No tenía ni idea de cuánta razón llevaba cuando dije eso.

- ¡Ei! ¡Guapas! ¿Necesitan ayuda?

Nos dimos rápidamente la vuelta y nos encontramos con un chico joven, de más o menos nuestra edad, sonriéndonos.

- ¿Ves? El Universo.
- Ah claro... ¡Gracias Universo! -Dijo incrédulamente, mirando el cielo, provocando que nuevamente no pudiera evitar reírme.
- Serías muy amable si nos encendieras esta cosa y nos explicaras como... manejarla.

Esta vez sí, lo conseguimos. El chico nos puso en marcha la lancha y nos explicó cómo manejarla, algo mucho más sencillo de lo que parecía.
Dos horas más tarde, aproximadamenrte, llegamos a nuestro destino... con dificultades, pero llegamos. Ciertamente tenía aspecto de isla maldita, lo admito. Pero... el aspecto de una isla no iba a acabar con mis sueños.
Llegamos a la orilla de la playa, por fin. Me agaché y cogí un puñado de arena, obervando como se me escapaba de las manos. Respiré hondo, ese olor a sal me fascinaba... Y me daba igual que estuviera maldita, una isla desierta es el sueño de cualquier persona.

- Señorita Anahí, ¿sabe usted que no vinimos a un viaje turístico?

Miré detrás de mí y observé a Maite muy apurada agarrando las amarraderas de la lancha para que no se la llevara la marea. Una vez más, me reí a carcajadas... Cuando se indignaba y hablaba seriamente, era imposible no reírse.

- Genial, me encanta que, por lo menos, una de las dos se lo esté pasando bien. Pero cuando termines, si quieres, me ayudas.
- Deberías relajarte, pareces una viejita de 80 años.

Tras decir eso, con el objetivo de molestarla, la ayudé a amarrar la lancha una de las palmeras más cercanas.

- Bueno... ahora toca instalarse.

Si las miradas matasen, estaría muerta y enterrada. Porque Maite me miró mal, muy mal.

- Ya... ¿Y exactamente en dónde quieres que nos instalemos? ¿Encima de esa palmera tan bonita o debajo de ella? Te recuerdo, querida amiga, que procedemos de los monos... ¡pero no lo somos!
- A ver Mai, no vinimos a un hotel de 4 estrellas... y cuando te embarcaste en esta historia, lo sabías. Nos toca sacar la caseta de campaña, montarla, meternos debajo de una palmera si viene una tormenta tropical, controlar las proviciones y aguantar el tiempo que podamos con lo que tenemos.

Maite me miró en silencio, supongo que se dio cuenta de que tenía razón.

- Mira el lado positivo... el bronceado nos va a durar todo el año-Añadí, queriendo darle un toque de humor.

Por fin comenzamos a organizarlo todo. Evidentemente, fuimos bastante equipadas y preparadas para cualquier inconveniente. Llevamos todo tipo de proviciones, calculando poder aguantar un mes, por lo menos.
Una hora después, mi mente ya se había descentrado por completo y estaba en su mundo. Desde que había llegado estaba atenta a la selva que se encontraba a solo unos metros de nosotras. Quería entrar en ella, explorar.
Lo inteligente habría sido terminar de colocarlo todo y luego, en compañía, comenzar a investigar. Pero no... mi cotidiano defecto de no pensar las cosas antes de hacerlas, me impulsó a meterme en esa selva cual superheroína.

Algo me llamaba, había algo en mi interior que me hacía dar esos pasos. Buscaba algo, una señal que me dijera que iba bien encaminada... Y la encontré.
Observé huellas en el embarrado terreno. Eran humanas, no me cabía duda alguna. Seguí los rastros, institivamente, sintiendo que cada vez estaba más cerca. Hasta que choqué con algo o alguien que, debido a la velocidad a la que iba, me hizo caer al suelo y golpearme la cabeza con una piedra.
Tiempo después abrí los ojos y me di cuenta de que no estaba en el mismo lugar. Descubrí diversas hojas en mi frente, tapando lo que parecía ser una herida que debí hacerme al caer. Me incorporé para buscar una respuesta a lo que había pasado. Y, aún ahora, no sé si la encontré, lo que sí sé es que visualicé los ojos más bonitos que podré ver jamás.
Estaba frente a una chica, de... pocos años menos que yo, con el cabello color rojo fuego y casi semidesnuda. Tapada con lo que parecía ser una gruesa tela, dejando uno de sus hombros descubiertos. Era realmente bonita, preciosa, pero estaba llena de rasguños, manchas y golpes. Sus ojos color café expresaban un inmeso terror, pero también curiosidad. Escondida tras uno de los árboles, me miraba fijamente a los ojos. Me puse en pie y di algunos pasos, lentamente, dispuesta a acercarme. Al hacerlo, ella retrocedió con expresión de miedo.

- Espera, no te vayas...

Pedí, alzando mis manos en señal de desarme y tranquilidad. Se detuvo y esperó mi llegada, escondida tras ese árbol que parecía aportarle seguridad.
Ya a pocos centímetros de ella, la miré, confirmando así que, efectivamente, no estaba en un sueño y sí, se trataba de una chica humana, normal, como yo.

- Hola...

No me respondió, ni si quiera se inmutó. Se limitó a analizarme con detenimiento, observando todo mi cuerpo y deteniéndose en mis ojos, fijamente.

- ¿Cómo te llamas?... ¿Quién eres?

Me sentía realmente absurda, probablemente ni si quiera hablara el mismo idioma que yo. Poco a poco fue descubriéndose y acercándose más a mí, dejando atrás aquel frondoso árbol. Me di cuenta entonces de que estaba completamente descalza, algo que me pareció increíble. Llevó sus manos llenas de heridas a mi cara, agarrando con dulzura mi rostro. Me estaba analizando por completo y yo, simplemente, me dejé hacer. No sabía qué buscaba ni qué quería averiguar, sólo sabía que tenerla observándome a menos de dos centímetros de distancia me intimidaba demasiado.

- ¡Anahí!

Soltó rápidamente mi cara, asustada, alejándose de mí.

- No, no, tranquila... es... sólo es mi amiga, Maite -Traté de explicarle, agarrándola de las manos.

Miró nuestras manos agarradas y luego volvió a mirarme a los ojos. Sentí que se me encogía el corazón, un extraño nudo que me impedió respirar.

- ¡Any!

Volvió a alejarse de mí, pero esta vez no me dio tiempo de reacción. Comenzó a dar pasos atrás, a medida que los gritos de Maite se acercaban. Pude observar como se alejaba y echaba a correr, desapareciendo en mitad de aquella selva. Dejándome con la duda de si volvería a verla algún día.

En ese momento me di cuenta de que, de verdad, la aventura valdría la pena

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Mas alla

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:12 pm

Capítulo 2

Los gritos se acallaron por fin y Maite, acompañada de Alfonso, otro compañero que se iba a sumar más tarde a la aventura, llegaron hasta mí.

- ¿Qué haces aquí tan pronto? -Pregunté a Alfonso, sorprendida por su incorporación.

Maite no dejó ni que Alfonso fuera el que respondiera, se tomó ella misma la libertad de hacerlo por él.

- ¿Pronto? ¡Llevo buscándote todo un dia, Anahí!

Maite se abrazó a mí, parecía realmente desesperada y asustada.

- ¿Un día? ¿Cómo que un día? ¿Estuve un día perdida?
- Sí, ¿me puedes explicar qué narices pasó? ¿Dónde te metiste? ¿Qué es esa herida en la cabeza?

El repentino interrogatorio de Maite fue demasiado para mi cabeza y tuve que pedirle que se callara.

- ¿Cómo que un día? Explícame -Insistí.
- Estábamos "instalándonos", como tú lo llamaste. Y cuando quise darme cuenta, no estabas. Te busqué por horas, pero no te encontré. Anocheció y... tuve que quedarme en la cabaña, sola, pensando lo peor. Cuando amaneció cogí la lancha, fui hasta la urbanización y llamé a Alfonso para que adelantara su llegada... Y menos mal que te encontramos, Dios mio...

Volvió a abrazarme. Yo solo pude mantener mi mirada fija en el horizonte, por donde había desaparecido aquella extraña chica.

- Any, ¿estás bien? ¿Qué miras?

Miré a Alfonso en silencio, sin responder a su pregunta. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Les contaba lo ocurrido? Después de haberme golpeado la cabeza, ¿me creerían o me darían por loca? Mejor no correr el riesgo.

- Nada, solo estoy cansada.

Regresamos a la playa. No recordaba haber caminado tanto, no sabía como había llegado hasta allí.
Maite, aún nerviosa, buscó el botiquín para curarme la herida de la frente.

- Pero Any... si esto ya está curado.
- ¿Cómo?
- Sí, está cicatrizando perfectamente. Alguien te curó la herida.

Traté de hacer memoria, de pensar quién pudo haberlo hecho y cuándo. Entonces, recordé el momento en el que me desperté, cuando tenía algunas hojas en la frente. Quizás aquella mujer pelirroja las había puesto ahí con la intención de que la herida sanara.

- ¿Recordaste algo?

Salí del pequeño mundo de pensamientos en el que me había sumergido y regresé mi mirada a Maite.

- No, no, nada... No entiendo.
- Yo tampoco entiendo. Porque... estás segura de que esta isla está deshabitada, ¿no?

¿Segura? ¿Cómo podía estar segura después de ver lo que vi? No entendía nada, no sabía quién era esa chica ni qué hacía allí. Era imposible que sobreviviera sola, al menos eso creía yo...

- Por supuesto que estoy segura.

Me dejaron descansar un rato en la caseta de campaña mientras ellos iban en busca de algún elemento para hacer fuego. Pero no descansé, para nada. Mi cabeza no paró de darle vueltas a lo ocurrido.
Comimos y nos dispusimos a poner en orden todas las ideas y planear cuál sería el siguiente paso.

- Deberíamos coger la lancha e investigar la zona marina -Propuso Alfonso.
- No, esta isla es la respuesta, estoy segura -Decidí.
- Pero Any... Alfonso tiene razón, si esto está deshabitado, ¿a quién le vamos a preguntar?
- No nos vamos a mover de aquí, ¿está claro? -Dije ya seriamente, coniguiendo que Maite no me debatiera más- Quiero que inspeccionemos cada milímetro de tierra, cada roca, cada arbusto, cada pantano... Todo, ¿está bien?

Ambos me miraron y, a pesar de no estar de acuerdo, asintieron con la cabeza.

- Pues ya está anocheciendo, así que empezaremos mañana.

Maite me observó en silencio y suspiró.

- Es una pérdida de tiempo...

Mi paciencia comenzaba a agotarse y, si por mí hubiera sido, en ese momento habría gritado miles de bestialidades. Sin embargo, tomé aire profundamente y conté hasta diez, relajándome.

- Les voy a decir algo muy en serio... Si no están de acuerdo con el proyecto, si lo ven una pérdida de tiempo, si quieren marcharse... Ahí tienen la lancha, pueden irse. Sobretodo tú, Maite, sabías perfectamente a lo que veníamos -Ella agachó la cabeza, en riguroso silencio- Y claro que vamos a inspeccionar la zona marina, Alfonso. Pero poco a poco, paso a paso... En esta isla hay algo muy gordo, estoy segura. Solo confíen en mí, por favor...

No pronunciaron ni una sola palabra, gesto que me dejó más que satisfecha. Aún así, no había acabado con mi discurso.

- El universo conspira, chicos... Pero no lo hace todo, tenemos que poner de nuestra parte también. Así que actitud positiva, energía y valentía... Estoy segura que, así, conseguiremos nuestro objetivo.

De repente, la mirada y la cara de Maite cambió. Me miraba con los ojos brillantes y una amplia sonrisa.

- Siempre he admirado esa actitud positiva y hippie que te caracteriza.
- Te quiero, mensa.

Agarré su cara, le di un largo y sonoro beso en la mejilla y la abrazé. Así zanjamos lo que había parecido una pequeña discusión de amigas y compañeras.

**

Un sonido extraño me hizo abrir los ojos. Me encontraba dentro de la diminuta, incómoda y calurosa caseta de campaña. Me pareció visualizar la sombra de alguien en el exterior, así que, en ropa interior, abrí la cremallera y salí, acompañada de una linterna. Miré los alrededores, pero no encontré nada ni nadie extraño, algo que me decepcionó pues, por un momento, creí haber encontrado nuevamente a esa chica.
Suspiré. Llevé mi mirada al estrellado cielo y sonreí. Había luna llena y estaba realmente hermosa. Me senté en la arena, cercana a la hoguera, sin quitar ni un solo momento la vista de aquel maravilloso paisaje. Bajé un poco, observando ahora el mar, la zona en la que había ocurrido el siniestro. Me permití unos segundos de reflexión, estaba frente a ese mar que tantos años estudié. Dejé que mi imaginación volara, traté de proyectar el accidente en mi cabeza, de simularlo. Pero me era imposible... no habian detalles, ni datos, ni si quiera restos del barco...

- Anahí.

Alguien había pronunciado mi nombre. Se trataba de una mujer y no, no era la voz de Maite. Instintivamente me giré para saber por fin de quién se trataba.
Al hacerlo mi cuerpo se paralizó, mis extremidades sufrieron fuertes calambres, mi piel se erizó, mi corazón se aceleró y mi cerebro fue incapaz de mandar órdenes, excepto la de respirar. No podía creerlo, estaba de nuevo frente a aquella chica pelirroja.
Sus rasgos físicos eran los mismos, la única diferencia es que esta vez ya no tenía ninguna tela a forma de vestido, pero sí a modo de ropa interior, bastante indiscreta. Además, traía entre sus manos unas hojas, similares a las que había encontrado en mi frente cuando me caí.
Escuché su voz por primera vez. Dulce... realmente dulce y bonita.

- Anahí.

Repitió, dando pasos hacia adelante, acercándose a mí. La iluminé con la linterna, para poder verla mejor. Ella pareció asustarse por ello, así que la apagué al instante.

- Tranquila, tranquila. Solo es una linterna...

Alzó una ceja, sorprendida con lo que le había dicho. Parecía entenderme. Y también parecía que no conocía el objeto.

- Mira... sirve para iluminar y ver mejor... -Expliqué, volviendo a encenderla, iluminando parte de la playa.

Ella observaba mis gestos con la boca abierta, como una niña pequeña a la que le enseñas por primera vez cómo hacer algo.

- Ven, confía en mí... Tócala, no tengas miedo.

Agarré su mano y se la di para que, ella misma, la utlizara.

- Pulsas este botón y... listo.

Movía la linterna en todas las direcciones, anonadadamente.

- Luz... -Pronunció, en baja voz.
- Exacto, es luz.

De repente, dirigió la linterna a mi frente. Acercó su cara a la mia, quedándose apenas a milímetros, observando con detenimiento la herida. Mi respiración comenzó a entrecortarse, tanta cercanía me incomodaba de una manera sobrenatural.
Sin decir ni una sola palabra partió las hojas que tenía en las manos y me las puso sobre la herida, con gran delicadeza.

- Mejor

Concluyó, alejándose unos centímetros, dándome un respiro. Pero quedándose ahí, en frente, mirándome fijamente a los ojos, observándome.

- Muchas gracias -Agradecí con una tierna sonrisa.

Comenzaba a comprender algunas cosas. Una de ellas era que, efectivamente, ella había sido quien me había curado la herida. Sin embargo, muchas dudas asaltaban mi cabeza. Y no iba a guardármelas.

- ¿Cómo te llamas? ¿Quién eres?
- Anahí... -Dijo, sin prestarme nada de atención, analizando mi cara y mi cuerpo por completo.
- Sí, yo soy Anahí... ¿Y tú? -Agarré su cara para que me mirara a los ojos- ¿Quién eres?
- Dulce.

Un enorme silencio se apoderó del momento. Me perdí en su mirada brillante, en esos ojos tan penetrantes color café.

- ¿Dulce? ¿Te llamas Dulce?

Ella sonrió y asintió con la cabeza, llevando una de sus manos a mi mejilla, acariciándome.

- Y... ¿quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué...
- Muchas preguntas.
- Sí, tengo muchas preguntas. Soy periodista, ¿sabes? Y...

Llevó su dedo a mis labios y me calló, negando con la cabeza.

- Tengo que hacerte muchas preguntas -Aclaró.
- Oh... claro, pregúntame lo que quieras.

Una gran sonrisa, de oreja a oreja, se dibujó en su rostro. No sabía qué había sido, pero está claro que lo que dije le alegró infinitamente.

- Ven conmigo.

Y sin darme tiempo de reacción, agarró mi mano y comenzó a jalar de mí, adentrándome en la selva, lejos de la zona de campaña, sin saber muy bien a dónde íbamos.

Lo que yo no sabia es que, a partir de ese momento, mi vida cambiaría por completo

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Mas alla

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:12 pm

Capítulo 3

Estaba volviéndome loca, definitivamente.
Me encontraba corriendo a gran velocidad por mitad de la selva, en plena noche, en ropa interior, descalza y... me sentía libre. El viento golpeaba en mi cara, sentía la húmeda tierra en mis pies hundirse a cada paso que daba, abriéndome camino entre los arbustos.
No sabía a dónde iba, no sabía cuáles eran sus intenciones ni qué podía pasar, pero me daba igual. Esa sensación era increíble y no la hubiera cambiado por nada.

De repente, se paró en seco y jaló de mi mano, obligándome a parar a mí también. Nos miramos en silencio, respirando agitadamente por la gran carrera.
Intenté hablar, pero repitió el gesto de antes, llevando su dedo a mis labios y callándome, negando con la cabeza. Dio varios pasos atrás, alejándose lentamente de mí, pero sin quitar su mirada ni un solo segundo. Apartó las ramas y hojas de unos arbustos y descubrió un robusto árbol. Me di cuenta de que su mirada ascendía, por lo que la seguí, encontrándome con lo que parecía ser una "casa-árbol", como las de las películas.
El tronco tenía talladas unas escaleras que llevaban hasta una plataforma de madera aparentemente nada resistente. No disponía de techo, ni de ventanas, ni de puertas ni de paredes.... No, simplemente se trataba de una tabla, haciendo el papel de un piso.

Extendió una de sus manos, en señal de que me ayudaba a subir.

- ¿Cómo? ¿Quieres que yo me suba ahí? ¿Estás loca?

Entonces su mirada cambió. Me miró extrañada, seria, fríamente. Incluso parecía decepcionada.

- En cuanto ponga un pie en esa tabla, se va a caer.

Sin embargo, mantuvo su brazo en la misma posición. Solo movió su cabeza para indicarme que subiera, como si yo no hubiera pronunciado ni una sola palabra.

- Pero... Dulce... yo... de verdad que gracias, pero... no es más que una tabla...

Movió por fin su brazo, pero lo hiso para agarrar el mío y jalar de mí. Llevó mis manos hasta la escalera, me agarró de los muslos, muy cerca de mi trasero y me empujó, casi levantándome en el aire, obligándome a subir y sorprendiéndome con la fuerza que tenía.

Nada segura, comencé a subir, sintiendo en todo momento una de sus manos en mi cintura. Al llegar al último escalón miré hacia abajo y sentí que todo me daba vueltas. Sí, tenía miedo a las alturas. Pero ni por ese motivo me permitió parar, volvió a llevar sus manos a mis muslos y a empujarme, para que terminara de subir.

Era incapaz de ponerme de pie, así que simplemente me senté en aquella tabla y cerré los ojos, con mucho miedo de caerme.

- Anahí, ven.

Arrodillada a mi lado, agarró mi cara y me obligó a mirarla. Cogió mis manos y tiró de mí, para que me pusiera en su misma posición.

- No tengas miedo, confía en mí.

Recordé el momento en el que le mostré lo que era una linterna. Yo le había pedido que confiara en mí, para poder enseñarle, mostrarle mi mundo. Comprendí así que ahora me tocaba a mí confiar si quería conocer el suyo.
Respiré hondo y la miré a los ojos. Sonrió y agarró mis manos, comenzando a ponerse en pie. Seguí sus movimientos muy despacio, casi temblando.

Ya de pie, aferrada a sus manos y perdida en su mirada, sonreí. Había superado uno de mis mayores miedos, había vencido al temor que sentía y había salido victoriosa. Y todo gracias a... una mirada, una simple mirada que me transportó a un lugar de paz.

- Para sobrevivir en este mundo tienes que vencer tus miedos, no dejar que tus sentimientos te controlen, mirar más allá, mucho más allá de lo material, de lo superficial... Esto es mucho más que una tabla inestable en un árbol. Mira más allá, Anahí...

Soltó una de mis manos y me señaló el horizonte, mostrándome el paisaje más bonito que había visto jamás. El cielo azul marino totalmente estrellado y una preciosa luna llena adornaban la noche de aquella isla.
¿Isla maldita? Esa isla no tenía nada de maldita.

- Si miras más allá de esta tabla, de tus temores, de tu miedo, de mí... te darás cuenta de que lo que te rodea, es maravilloso. Eso es luz, eso sí ilumina. No necesitas ninguna linterna, ni pulsar ningún botón... Mira más allá y aprenderás a apreciar lo que te rodea.

Regresé mi mirada a ella, a esos ojos, brillantes. Me perdí en ellos unos minutos, miré más allá, mucho más allá del color café hipnotizante. Tenían luz propia, iluminaban, me proporcionaban un inmenso sentimiento de paz y tranquilidad, de armonía. ¿Salvaje? Para nada. Había mucho más que ese aspecto salvaje. Había una gran historia.

- Quiero que me enseñes a mirar más allá.

Una amplia y gran sonrisa se dibujó en su rostro.

- ¿Segura?

- Segurísima.

Entones, jaló de mi mano y me subió a su espalda, cogiéndome. Se agarró del tronco con una mano, mientras con la otra me agarraba a mí, y se deslizó por el inmenso árbol. Yo me aferré a su cuello y cerré los ojos. No podía creerme lo que estaba pasando.

¿Cómo una persona humana, normal y corriente, podía deslizarse así por un árbol? ¿Cómo una chica tan joven, con ese cuerpo, tenía tanta fuerza? ¿Estaba sola? Y si lo estaba, ¿cómo podía sobrevivir? Demasiadas dudas y muy pocas respuestas.

- ¡Estás loca!

A pesar de quejarme, lo cierto es que, en el fondo de mí, disfrutaba. La sensanción de peligro, de locura, de libertad... me encantaba.

- ¡Vamos!

No me permitió ni dos segundos para quejarme. Volvió a echarse a correr, entre la oscuridad de la noche. Y yo la seguí, sin pensármelo dos veces.
Iluminadas solo por la luz de la luna, corríamos como locas, sin pronunciar ni una sola palabra y, al menos por mi parte, sin destino alguno.

Si yo, en lugar de ser una fumadora empedernida con los pulmones más que débiles, fuera una atleta que corre diez kilómetros todos los días, podría haber aguantado su ritmo, pero me fue imposible y tuve que empezar a reducir la velocidad.

- ¿Estás bien? -Preguntó al darse cuenta de que me detenía.

- No puedo más -Admití, apoyándome en uno de los árboles, totalmente asfixiada.

Sin ni si quiera responderme o esperar a que me recuperara, me cogió en brazos.

- Es mejor que descansemos.

Ella parecía no cansarse nunca.
Me llevó cogida en brazos hasta lo que parecía ser un descampado, con arbustos y árboles. Me bajó y arrancó las hojas de unas palmeras, dejándolas en el suelo.

- Ven, acuéstate.

Esas hojas parecían ser nuestra cama por esa noche.
No sabía qué hora era, probablemente estuviera a punto de amanecer, pero me fue completamente indiferente. Me recosté a su lado, en riguroso silencio, mientras ambas mirábamos aquel maravilloso cielo y nos llenábamos de paz y tranquilidad.

- ¿Donde tú vives... también se ve la luna?

La miré, sorprendida por esa pregunta.

- Claro que sí, la luna se ve desde todas partes.

Asintió con la cabeza y se mantuvo firme en su posición, sin quitar la mirada del precioso cielo.

- ¿Nunca has salido de aquí? -Pregunté sin dejar de mirarla
- Es... complicado.
- ¿Algún día me lo contarás?

Por primera vez en esa conversación, me miró, haciéndome dar cuenta de que estábamos muy cerca, más de lo normal.

- Algún día.

Regresó su mirada a las estrellas y yo hice lo mismo. Estaba claro que no quería hablar, no quería contarme nada y yo no iba a presionarla. Aunque por alguna extraña razón tampoco necesitaba que me diera explicaciones. Sentía que la conocía a la perfección. Y con que me enseñara a mirar más allá.... era más que suficiente.

- ¿Y tú me contarás algún día?

Tomé como excusa su pregunta para volver a mirarla, era imposible no hacerlo.

- ¿Qué quieres que te cuente?
- Todo, todo lo que no sé, lo que conozco. Muchas veces quiero ir más allá de esta isla, salir de esta playa, de este mar... Averiguar, conocer...
- ¿Y por qué no lo haces?

Suspiró y negó con la cabeza. Parecía incómoda, triste, melancólica.

- Pues claro que te contaré. Es más, algún día vendrás conmigo.

Me miró, totalmente sorprendida por la noticia que le había dado sin ni si quiera pensarlo.

- Tú me enseñarás a mirar más allá y yo te enseñaré lo que hay más allá de esta isla... ¿Te parece bien?

Volvió a sonreír ampliamente.

- Me parece perfecto.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Mas alla

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:13 pm

Capítulo 4

La luz del sol me hizo abrir los ojos.
Había amanecido y todo parecía mucho más bonito que por la noche.
Las imágenes de lo sucedido el día anterior pasaron por mi mente y busqué a mi derecha, la busqué a ella. Pero no la encontré.
Me incorporé, asustada por pensar que podía haberme dejado ahí abandonada, en mitad de la selva. De ser así, ¿cómo iba a volver? No tenía ni idea de dónde me encontraba.

- ¡Dulce!

La llamé, con la esperanza de que apareciera al lado mío. Sí, como por arte de magia.
Pero no lo hizo y mi nerviosismo aumentó. Me puse de pie y miré a todos lados, volviendo a llamarla a gritos.

Siguió sin aparecer y el miedo comenzaba a apoderarse de mí.

- Mira más allá, Anahí.

Era su voz, su dulce voz.
Volví a buscarla con mi mirada, pero no la encontré.

- Deja de lado el miedo y la desesperación.

Me hablaba, podía escucharla y sabía que estaba cerca, muy cerca. Pero era de locos, por más que miraba a mis alrededores no la encontraba.

- ¿Por qué buscas a los lados? Mira más allá –Repitió una vez más.

Me di cuenta entonces de que no la iba a encontrar en frente, ni a los lados, ni detrás de mí... Levanté la cabeza y la vi ahí, sentada en una de las ramas de los grandes árboles.

- ¿Quieres?

Preguntó con un coco partido a la mitad entre sus manos.

- Casi me muero de un infarto.
- Yo he estado sentada aquí todo el tiempo. Para la próxima, mira bien antes de dejarte dominar por el miedo.

Sin más, me lanzó una mitad del coco para que la cogiera.

- Come, está riquísimo.

De un salto bajó del árbol. Era increíble, estaba a más de 7 metros y lo había saltado sin ningún problema, como si estuviera a ras del suelo.

- También tienes que enseñarme a hacer eso.

Ella simplemente me miró y comenzó a reírse.

- No, en serio... Es increíble que hagas todas esas cosas, que tengas esa fuerza siendo una mujer y...
- No es la fuerza, es lo que te esfuerzas.

Después de esa célebre frase no supe qué más contestar y simplemente sonreí.

- No sé cómo aprendí estás cosas, así que dudo que pueda enseñarte... Simplemente me adapté a vivir aquí y, poco a poco, fui adquiriendo estas habilidades. No me quedó de otra que sobrevivir.
- Pero... ¿por qué? ¿Qué pasó?
- Te dije que algún día te lo contaría... pero hoy no es ese día.

Asentí con la cabeza, comprendiendo que no debía insistir más en ese tema.

- Hoy voy a enseñarte una cosa que te va a encantar...

La miré sorprendida.

- ¿Qué cosa?

No respondió, simplemente se acercó a mí y extendió su mano.

- ¿Preparada?

Sin dudarlo, sonreí y agarré su mano para que, juntas, comenzáramos a correr como locas en mitad de aquella selva.

Al cabo de un rato, los árboles comenzaron a desaparecer y llegamos hasta lo que parecía ser un acantilado, sin salida.

- ¿Y ahora?

Como ya acostumbraba a hacer, no me respondió. Miró hacia abajo e hizo un gesto con la cabeza, en señal de que ese era nuestro destino.

- ¿Cómo? ¿Pretendes que saltemos? ¿Estás loca? No, no, no... Me niego

Di varios pasos atrás y seguí negándome, nerviosa, muy nerviosa.

- Anahí, no dejes que te controlen tus miedos... Mira más allá y…

- ¡Estoy harta de ese cuento! -Grité.

Me había descontrolado, estaba claro. No tenía ningún derecho a gritarle, y mucho menos a decirle eso. Principalmente, porque tenía razón.
Sorprendentemente para mí, sonrió, negó con la cabeza y se sentó en el piso, mirándome. No pronunció ni una sola palabra, solo me miró.

- ¿Y ahora qué haces?
- Esperar a que controles tu miedo y te prepares para disfrutar.
- ¿Disfrutar? Tengo miedo a las alturas Dulce, ¿cómo voy a disfrutar saltando desde más de 10 metros al mar?
- Una vez más te pido que mires más allá... Hay mucho más que ese acantilado, que ese mar y que ese salto. Te va a encantar, pero es tu decisión.

Respiré hondo. Era increíble que la única persona capaz de hacerme recapacitar tanto estuviera loca, completamente.

Se puso en pie y, con esa sonrisa que ya la caracterizaba, me agarró de la mano.

- Vamos a saltar juntas y no pienso soltarte por nada del mundo.

Dicho esto, dio algunos pasos hacia el acantilado, jalando de mí.

- No, espera, Dul... -Pedí, agarrándome a su cintura, realmente muerta de miedo.

Ni si quiera lo había pensado, la había llamado "Dul" y me había aferrado a ella con la intención de no soltarla.

Me abrazó. Noté su respiración en mi cuello y mi piel se erizó. Cerré los ojos y aspiré su aroma. Corroboré entonces que no tenía nada de salvaje y sucia. El olor de su pelo me cautivó y su suave piel me obligó a quedarme entre sus brazos un rato más.

- Confía en mí... Sé que puedes hacerlo Any, de verdad.
- No, no puedo...

Agarró mi cara y me miró fijamente a los ojos, pegando nuestras frentes.

- Puedes hacerlo. Puedes hacer todo lo que te propongas, solo es cuestión de esfuerzo...
- ¿Tú no tienes miedo?
- El peligro es real, el miedo solo es una opción...

Nuevamente, otra de sus célebres frases, crearon un gran silencio. Esta vez, la cercanía no me incomodó para nada. Nuestros labios estaban a apenas dos centímetros de distancia y me sentía increíblemente bien. Sus ojos, su mirada, me aportaban muchísima paz y tranquilidad.

- Claro que cuando llegué aquí estaba aterrorizada, muerta de miedo... pero aprendí que, o lo superaba, o no aguantaría ni dos días.

Volví a mirarla en silencio.

- Así que señorita, si está preparada... Vamos a dar lo que yo llamo: "El salto de la felicidad"
- ¿Por qué lo llamas así?

Me miró y me dedicó una amplia y tierna sonrisa.

- Si saltas, lo averiguarás.

Agarradas de las manos y a varios pasos del final del acantilado, nos miramos.

- ¿Preparada?

Respiré hondo y asentí con la cabeza.
No sabía si estaba preparada. Lo que sí sabía es que, a pesar de ser consciente del peligro que había, conseguí controlar mi miedo.

- A la de tres, corremos y saltamos, ¿vale? No te lo pienses.

Esperó mi consentimiento, sonrió, respiró hondo y guardó unos segundos de silencio.

- Uno...

La cuenta atrás se me hizo eterna, realmente eterna.

- Dos...

Ahora puedo asegurar que ése fue el segundo más largo de toda mi vida.

- Y tres.

Sin más comenzamos a correr y, al llegar al final, saltamos agarradas de las manos.
Efectivamente no me lo pensé, ni si quiera miré abajo. Simplemente cerré los ojos, salté, me aferré a su mano y grité.
La adrenalina y presión que sentí fue indescriptible. Probablemente solo tardé unos segundos en llegar al mar, pero para mí fueron horas. En un instante abrí los ojos, miré el horizonte y vi todo un mar bajo mis pies. Imagen preciosa que, jamás, podré borrar de mi mente. En ese momento comprendí por qué lo llama "el salto de la felicidad".

Caímos limpiamente al agua, sumergiéndonos bastantes metros debido a la presión. Nadé rápida y automáticamente hacia la superficie, en busca de Dulce.
Y allí estaba, con una amplia sonrisa, esperándome.

- ¡Increíble! -Grité, pletórica.

Ella solo me miraba y sonreía, mientras yo admiraba aquel salto.

- Pues aún te queda la mejor parte.

La miré sorprendida, no sabía a qué se refería.

- Vamos

Dicho esto comenzó a nadar en dirección a unas rocas y yo la seguí. Descubrí así que eso no era todo, había mucho más que explicaba "el salto de la felicidad".

Llegamos hasta las grandes rocas y nos subimos en ellas. Se trataba de un gran cúmulo de rocas enormes, sin sentido.

- ¿Qué tiene esto de bonito?

Me miró y sonrió irónicamente, negando con la cabeza.

- Mira más allá de las rocas, Any... -Repitió por enésima vez- Vamos, sígueme.

Comenzó a caminar por las rocas y yo la seguí. Llegamos hasta lo que parecía ser una cueva descubierta, pequeña, pues se veía la luz que indicaba el final. Y, aunque yo no entendía nada, entramos en ella. La atravesamos y entonces, descubrí por fin qué era lo bonito.

- Es... precioso...

Estaba frente a una pequeña isla dentro de otra isla, era increíble.
Se trataba de una cueva que desembocaba en el mar y, a tan solo unos metros, había una pequeña isla. Pequeña, muy pequeña... de muy pocos metros cuadrados, con algunas palmeras y algunos arbustos. Sin embargo, estaba muy bien equipada. Por un lado, lo que parecía ser una cama elástica, colgada de dos palmeras. Además de una cabaña hecha con troncos, bastante bien construida. Amarrada a una de las palmeras había una especie de barca, supuse que construida con troncos. También una pequeña hoguera, toallas, cajas, telas y otro tipo de cosas.

- ¿Ahí vives?

Sonrió y asintió con la cabeza.

- Pero... esto prácticamente es otra isla y... esta no aparece en los mapas.
- Hay que mirar más allá de los mapas, Any... Mucho más allá.

Admin
Admin

Mensajes : 3134
Fecha de inscripción : 26/01/2015

Ver perfil de usuario http://anahiydulcemarifans.foroac.org
Volver arriba Ir abajo
Re: Mas Alla...
Mensaje por Admin el Mar Feb 10, 2015 4:05 am
Capítulo 5

Dimos la vuelta a la pequeña isla en tan solo una hora, o menos. Era increíblemente romántico, bonito, precioso... como de película.
Ahí tenía todo tipo de cosas, de artilugios. Las cajas contenían linternas, mantas, fósforos, comida, navajas, cuchillos... entre otras cosas.

- ¿Cómo has conseguido esas cosas? ¿Cómo has construido todo esto tú sola? ¿Cómo encontraste la isla?
- No importa cómo, solo importa que lo conseguí y... es maravilloso.
- Completamente.

Estaba de acuerdo con ella, en todos los sentidos.

- Eres la única persona a la que he traído aquí.

Sonreí y me perdí una vez más en su mirada.

- Gracias por confiar en mí.

Como ya acostumbraba a hacer, agarró mi mano y, corriendo, me llevo hasta la orilla de la playa. El mar estaba realmente limpio, el agua era casi cristalina.

- Quiero enseñarte algo -Me dijo, mientras nos adentrábamos en el mar.

Cuando hubimos nadado algunos metros, alejadas bastante de la orilla, paramos.

- Cuando cuente hasta tres nos sumergimos y abres los ojos, ¿vale?

Dicho y hecho. Hizo la cuenta atrás y nos sumergimos en el agua. Abrí los ojos y vi el fondo marino más maravilloso que había visto jamás.

- ¡Es precioso!
- ¿Te gusta?
- Me encanta...

Cuando me quise dar cuenta, mis manos estaban alrededor de su cuello y las suyas en mi cintura. Ambas sonreíamos y nos mirábamos, simplemente eso.
En un momento, me fue inevitable descender a sus labios. Por alguna extraña razón una fuerza mayor a mí me incitaba a atraparlos, a besarla como nunca antes había besado a nadie. Volví a mirarla a los ojos, pero esta vez no nos encontramos, pues su mirada también estaba en mis labios. Subió y, nuevamente, nos unimos.
Mis manos abandonaron su cuello y se dirigieron a su cara. Acaricié sus mejillas, coloqué un mechón de su pelo rojo por detrás de su oreja y ella sonrió. Seguí el recorrido de mis manos y llegué a sus labios. Volví a hipnotizarme con ellos y, cuando quise despertar, fue demasiado tarde. Esa fuerza mayor a mí, fue ya imposible de controlar y me impulsó a besarla.
No correspondió, pero tampoco me rechazó, simplemente... se quedó paralizada. Por lo que me alejé y la miré. Ella estaba en shock, su cara no tenía ninguna expresión que pudiera permitirme averiguar sus pensamientos.

- Lo... lo siento...

Su mirada llegó a intimidarme por un momento.

- No quiero que te vayas nunca.
- Y no pienso irme... -Añadí.

Una sonrisa se dibujó en sus labios.
Esa fuerza superior a mí volvió a aparecer cuando me encontré de nuevo con sus labios. Conseguí alternar la mirada entre sus ojos y su boca. Hasta que noté que, lentamente, se aproximaba a mí. Agarró mis mejillas y juntó nuestras frentes. Me miró unos segundos fijamente y sonrió. Yo correspondí con otra corta sonrisa.
Estoy segura de que sus ojos tienen algo capaz de hipnotizar, pues, sin casi darme cuenta, me encontraba atrapando sus labios de nuevo, sin ningún pudor ni vergüenza. No lo pensé, necesité besarla una vez más y, así fue... lo hice.
Tampoco me respondió, ni si quiera se movió. Sentí entonces que si me quedaba un segundo más ahí, frente a ella, moriría de vergüenza. Así que me di la vuelta y nadé hacia la orilla, sintiendo como mis ojos se inundaban de lágrimas.
No sabía exactamente por qué lloraba, por qué aquello me había dolido tanto. Pero me senté en la arena, tapándome la cara y me fue imposible evitar que un mar de lágrimas se escapara de mis ojos.

Pocos minutos después sentí su presencia en frente de mí y noté que se sentaba a mi lado. Intentó agarrar mis manos, pero me negué. Sin embargo, repitió el gesto con más fuerza y consiguió su objetivo, dejando al descubierto mi cara empapada de lágrimas. Sin decir ni una sola palabra me giró, colocándome frente a frente con ella y, con la mayor dulzura que había visto jamás, secó mis lágrimas con una penetrante mirada.

No dijo nada, se quedó ahí, inamovible frente a mí, mientras más lágrimas se escapaban de mis ojos, pero fueron atrapadas rápidamente por sus dedos.
Respiró hondo, agachó la mirada un momento y volvió a subirla.

- Nunca... he… he hecho esto…

Esta vez la que se quedó en shock fui yo. Quizás era lo más lógico, pero... no lo había pensado, en ningún momento. Ni si quiera conocía el concepto “besar”.

- Nunca he sentido esto que estoy sintiendo... Nunca he conocido a nadie como tú... Bueno, de hecho, hacía muchos años que no conocía a nadie. Pero... esa mirada, tu mirada, tus labios, tus manos, tu pelo... Tú... me haces sentir cosas que jamás he sentido.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y, a pesar de estar completamente paralizada por todo lo que me estaba diciendo, conseguí despertar mi cuerpo y abrazarla. Comenzó a llorar en mi hombro y yo solo pude consolarla.

- ¿Por qué lloras? ¿No... no te gusta sentir lo que estás sintiendo?

Rompió el abrazo para poder mirarme, secándose las lágrimas.

- Claro que me gusta, me encanta. Pero… me estoy dando cuenta de todo lo que me he perdido... Hasta hace unos días no sentía ningún vacío, vivía feliz aquí, sin preocupaciones, sin dudas... Pero desde que te vi, desde que te conocí tengo tantas dudas y tantas ganas de experimentar, de vivir, de... de ir más allá... Y tengo miedo, mucho miedo...
- El peligro es real, el miedo solo es una opción.

Repetí las mismas palabras que me había dicho ella antes. Me sonrió cortamente y suspiró.

- Daría lo que fuera por volver el tiempo atrás y haber sido capaz de corresponderte.

El silencio se apoderó del momento. Podía haber respondido muchas cosas, sí. Pero solo se me ocurrió decirle:

- Yo aún estoy aquí, no me he ido a ninguna parte.

Esta vez sí correspondió.
Los escalofríos y calambres llegaron a mi cuerpo. El corazón se me había encogido por un momento y era incapaz de respirar. Aun así, fue lo más mágico que había sentido jamás.
Rompimos el beso un segundo para reponer el aire y volvimos a unirnos con más pasión.
Intensifiqué el beso con mi lengua, estaba empezando a subir de tono. Sus manos se aferraron a mi cintura y yo comencé a dejarme llevar, después de que toda mi piel se erizara. Mis manos se aferraron a su cuello y, a partir de ahí, la palabra "control" era totalmente desconocida para mí.

Evidentemente no ponía en duda que nunca hubiera besado a alguien, pero... para ser el primer beso, tenía un sobresaliente. Nadie me había besado como lo estaba haciendo ella, nadie me había hecho sentir lo que ella... nadie me había hecho perder el control como ella y, definitivamente, se me estaba yendo de las manos, por lo que decidí parar antes de que hacer algo de lo que después pudiera arrepentirme.

- ¿Qué pasa?

Respiré hondo, notando un gran calor que inundaba todo mi cuerpo. La miré a los ojos y me reí, negando con la cabeza.

- Que me vas a volver loca, eso pasa...

Alzó una ceja y me miró sorprendida, aparentemente sin comprender nada.

- Dame un abrazo...

Era tremendamente tierna, inocente, buena... ¿Salvaje? Ojalá todas las personas fueran salvajes... Me abrazó sin dudarlo y yo me aferré a ella, llegando incluso a emocionarme.

- Estoy muy orgullosa de ti, ¿sabes? Por lo que has conseguido tú solita... Y no, ahora más que nunca sé que no voy a dejarte sola... Te voy a enseñar que hay mucho más que esta isla, te voy a mostrar el mundo, lo maravilloso que es... Vamos a ir más allá, juntas. Te lo prometo.

Rompió el abrazo y me miró, sin salir del asombro.

- ¿En serio?

- Sí... vas a venir conmigo y con Maite y... Mierda, Maite.

Me había olvidado de Maite completamente.

- Me tengo que ir Dul... ya, cuanto antes... -Dije, poniéndome en pie, nerviosa.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? -Ella repitió mis movimientos, siguiéndome.
- Maite, eso pasa...

Me miró con la misma cara de antes, no comprendía nada.

- Maite y Alfonso, mis compañeros de viaje, deben estar buscándome como locos, estarán pensando que me pasó algo. Tengo que irme a avisarlos. Y cuanto antes...
- Está bien, te acompaño.

Nadamos hasta las rocas y volvimos a pasar las cuevas. En silencio y caminando, atravesamos la frondosa selva, pasando por todos los lugares del día anterior. Eso me hizo recordar, pensar, sentir... era increíblemente feliz. Simplemente con ella, con su presencia, era el día más maravilloso que había vivido.

De repente, se detuvo.

- Ya solo te queda atravesar esas palmeras, y estás en el campamento.

Sonreí tiernamente, agarré sus mejillas y le di un corto beso. Yo no era así, era incapaz de reconocerme, pero me daba igual... el amor es así, supuse.

- Gracias.
- Pero... vamos a volver a vernos, ¿no?
- Claro que sí. Venme a buscar esta noche al campamento, ¿vale?
- Ahí estaré, te lo prometo.

Volví a sonreír, esta vez más ampliamente. Caminé hasta esas palmeras y, antes de atravesarlas, le dediqué la última mirada. Me dispuse a marcharme por fin, pero escuché que me hablaba de nuevo.

- Y prepárate... porque vamos a ir mucho más allá

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Mas alla

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:14 pm

Capítulo 6

Maite volvió a abrazarme como una loca.
Me hicieron un interrogatorio más que completo. Querían saber dónde había estado, con quién, haciendo qué, por qué no avisé, por qué no volví... Pero yo era incapaz de dar explicaciones. ¿Qué podía decir? "Pasé la noche con una chica pelirroja, que me perturba y me vuelve loca. Me llevó a su isla privada y, ahí, nos besamos como si no hubiera un mañana". Pues no... Evidentemente, no dije eso.
Se sorprendieron por el hecho de que estaba completamente empapada y en ropa interior. Ni si quiera yo me había parado a pensar en ese detalle.

Me bañé como pude, me cambié, comimos y me obligaron a descansar, mientras ellos se marchaban a inspeccionar la zona y tratar de averiguar algo. Mi cabeza aprovechó ese tiempo para pensar. Recapacité sobre el concepto de "ir más allá"... y comprendí muchas cosas. Una de ellas, la isla. No aparece en los mapas, se puede pasar por delante y nadie se dará cuenta de que está ahí. Sin embargo, gracias a que miramos más allá, la encontramos. Posiblemente así lo descubrió Dulce y quizás por eso insiste tanto, porque gracias a ello aprendió a sobrevivir.

Aun así había muchas cosas que no me cuadraban. Quería saber su historia, necesitaba saberla. ¿Cómo llegó a esta isla? ¿Qué le ocurrió? ¿Estuvo sola todo ese tiempo? Por alguna extraña razón, algo me decía que ella era la pieza a mi puzle incompleto, la llave que abriría la cerradura, la persona que me ayudaría a resolver el misterio que vine a buscar...

Centrándome ahora en mis sentimientos, en lo que había ocurrido cuando estuve con ella... no tenía palabras para describirlo. No sabía qué pasaba en mi interior cuando estaba a su lado, pero estaba claro que era algo nuevo. Me hace mejor persona, me ayuda a superarme, a controlar mis temores... aunque también a descontrolarme. Revuelve mi estómago como si miles de mariposas estuvieran dentro. Esos labios y esos ojos... tienen algo especial. Sentía que no quería separarme de ella, y lo que le dije fue completamente cierto. Quería llevarla conmigo... sacarla de esta isla desierta, que viviera, conociera, experimentara, aprendiera... y mucho más, juntas. ¿Una locura? Probablemente.

Horas después, Alfonso y Maite volvieron exhaustos. Habían buscado y buscado por toda la isla, la habían rodeado dos veces y no habían encontrado nada relevante. Insistieron en marcharnos, en que era una pérdida de tiempo, pero no... yo sabía perfectamente que ahí estaba le respuesta y, fuera como fuera, íbamos a conseguirla. Dulce me iba a ayudar, estaba segura.

- Hija mía... por fin... ¿cómo estás?

Maite me había obligado a llamar a mi padre.

- Bien, estoy bien. Todo marcha como esperábamos.
- ¿Ya tienes alguna respuesta?

Guardé un largo silencio. No, no tenía ninguna respuesta. Y lo peor... tenía aún más dudas.

- Sí, todo se está resolviendo por fin.

¿Qué podía decirle a mi padre, la única persona que había creído en mí desde el primer momento?

- No sabes cuánto me alegro... Solo te pido que me llames a menudo, ¿vale? Necesito saber de ti.
- Si papá, no te preocupes, te llamaré, te lo prometo.

Lo escuché toser agitadamente, algo que me sorprendió y asustó.

- ¿Estás bien? ¿Qué te pasa?
- Sí, no te preocupes cariño, tengo un poco de gripe, nada más.
- ¿Seguro?
- ¿Alguna vez te he mentido?
- No, solo espero que no empieces a hacerlo ahora.
- Disfruta, aprende, sueña y... no te olvides de por qué estás ahí, de tus raíces. Y sobre todo, sé feliz. ¿Me lo prometes?

Consiguió emocionarme, pues mi padre era el típico hombre de "pocas palabras".

- Te lo prometo...
- Un beso hija, te quiero.
- Y yo a ti, papá.

Corté y, a pesar de haberme quedado un poco preocupada, confié en él y en que simplemente era eso, una gripe.

No tardó mucho en anochecer, afortunadamente. Nos sentamos al rededor del fuego y, tras hablar un poco, nos fuimos a "dormir". Y lo pongo entre comillas porque fue lo menos que hice, por supuesto. Esperé impacientemente a que apareciera ella, como me había prometido.
Salí de la caseta de campaña con la linterna y me senté a esperarla. Entonces, apareció, bajando de un salto de uno de los árboles.

- Tendré que acostumbrarme a estas apariciones.

Ella se rio y me miró, sonriendo.

- No puedo aparecer de repente, necesitaba saber si estabas sola... nadie puede verme.
- ¿Por qué?

Tras mi pregunta su sonrisa se borró y el silencio apareció. Tardó varios segundos en responder.

- Algún día te explicaré, te lo prometo.

Ciertamente me moría de ganas por que me lo contara, pero cuando ella quisiera, no porque yo la obligara. Por ello, sonreí y negué con la cabeza.

- No necesito que me cuentes nada, no te estoy presionando... Claro que tengo curiosidad, pero cuando quieras o puedas contármelo, sin obligaciones, ¿vale?

Asintió con la cabeza y la sonrisa volvió a aparecer en su rostro, esta vez incluso más amplia.

- Vamos, tengo preparado algo que te va a encantar.

Me dispuse a caminar con ella, pero se detuvo y me miró de forma extraña.

- Esa cosa se queda aquí -Dijo, refiriéndose a la linterna.

No pude evitar reírme a carcajadas, por su indignación.

- Está bien, está bien... aquí la dejo.

Sin dejar de reírme y observando como ella también se reía, dejé la linterna y ambas comenzamos el camino.

Entre carreras, bromas y risas, llegamos a la cueva. La atravesamos y volvimos a lo que yo ya consideraba la felicidad plena, como un refugio al que sabes que puedes recurrir.
Estaba adornado con largas antorchas que iluminaban la isla y parecían hacer un camino hasta algún lugar.

- ¿Y esto?

Ella sonrió y extendió su mano. Entrelacé mis dedos con los suyos y, tras dedicarnos una tierna sonrisa, nos dispusimos a llegar a la orilla de la playa. Para mi sorpresa, esta vez no tuvimos que mojarnos y nadar, íbamos a cruzar en la pequeña barca de madera que ella misma había construido.

A pesar de ser inestable y costarnos bastante, llegamos sanas y salvas y, lo más importante, sin mojarnos.

Seguimos las antorchas que nos indicaban el camino, encontrando al final lo que parecía ser un picnic nocturno.

- No es gran cosa... sé que estarás acostumbrada a lujos comparado con esto, pero... quería hacerte algo especial al alcance de mis posibilidades.

Me permití un segundo para analizar la escena. Se trataba de unas toallas extendidas en la arena a modo de mantel, con cocos, plátanos y otras frutas que parecían ser exóticas, además de pescando asado al fuego y otro tipo de comida que no conocía, supuse que característica de las islas. Todo esto bajo el cielo más maravilloso que había visto jamás, frente a un azulado mar más que pacífico y en una isla privada solo para nosotras. ¿Qué podía ser mejor que esto? Ningún restaurante de lujo bajo la luz de las velas o el mejor de los hoteles podría superarlo.

Negué con la cabeza y pasé mis manos alrededor de su cuello, mirándola con una tierna sonrisa.

- todo esto es mucho mejor que cualquier lujo, te lo aseguro.

Escucharme decir eso pareció haberle alegrado enormemente, pues sonrió y pasó sus manos alrededor de mi cintura, pegándome suavemente a ella.

- Eres... maravillosa. Cuando te vi bajar de aquella lancha sabía que eras especial, por como acariciaste la arena y aspiraste el aroma del mar, pero jamás me imaginé que fueras así.
- Tú sí que eres maravillosa, Dul. Es increíble lo que has conseguido, lo que eres... Jamás imaginé que esto podría pasarme, encontrarme sumergida sin querer en, prácticamente, una nueva versión de Tarzán, pero en femenino.

Lo que dije la descolocó por completo, pues su cara mostró una total incomprensión. Me di cuenta entonces de que no conocía la película, por lo que me reí.

- ¿Cómo?
- Nada, olvídalo...

Suspiré y guardé silencio, mirándola a los ojos, esos ojos cafés iluminados bajo la luz de la luna y las antorchas, que consiguen transportarme a otro lugar.

- Vamos a comer, anda... me muero de hambre.

Mi petición fue totalmente aceptada por ella. Comimos, entre bromas y charlas. Me sentía increíblemente feliz, llena... y eso en mí era muy extraño.

Un rato más tarde nos dispusimos a recogerlo todo.

- ¿Dónde tiras la basura?
- Pues una parte la meto en una cueva que hay algo lejos de aquí y otra en una especie de vertedero que hice al final de la isla. Pero ahora metámoslo todo en cajas y mañana me encargaré yo de eso, no te preocupes.

Dicho y hecho, aunque insistió en hacerlo ella sola mientras yo me encargaba de colocar las toallas cerca de la orilla para sentarnos allí.

- Eres una afortunada…

Me miró mientras se sentaba a mi lado, sorprendida por mi comentario.

- Pues sí, eres una afortunada, pasar todas las noches aquí ante este maravilloso paisaje es increíble… En la ciudad, es muy complicado ver tantas estrellas.
- ¿Cómo es la ciudad?

Esta vez fui yo quien la miró, sorprendida con su pregunta.

- ¿Nunca conociste la ciudad? – Me atreví a preguntar.
- Supongo que sí, en algún momento… pero ya no me acuerdo. ¿Cómo es?

Me permití varios segundos para pensar y organizar las ideas en mi cabeza.

- Es… ruidosa, llena de gente, de vehículos, de contaminación… Efectivamente se ve la luna, pero no tiene ese brillo… -Dije con una sonrisa más que melancólica, observando el azulado cielo- Las estrellas apenas se ven. No hay más que edificios y comercios por todos lados, hay muy pocas zonas verdes como estas que nos rodean… Las personas van corriendo a todos lados, viven aislados en su propia rutina. Está llena de injusticias, violencia, corrupción, vicio… En fin, no te pierdes nada, Dul –Volví mi mirada a ella- Es… todo lo contrario a esto, al paraíso.
- Y si tan horroroso es, ¿por qué llevas tantos años viviendo allí? Al igual que el resto de personas… ¿Eras feliz en un mundo así?

Nuevamente guardé un largo silencio para pensar en mi respuesta. El problema era que, esta vez, no tenía ni idea de qué podía decir.

- Era feliz… en medio de las comodidades, de los lujos, de las tecnologías, que nos mantienen a todos ciegos y nos hacen olvidarnos de lo que realmente importa, de lo maravilloso que es el mundo –No pude evitar que un suspiro se escapara de mis labios- Gracias a esta isla, a ti… he aprendido a mirar más allá de todo eso, a apreciar mi alrededor, a valorarlo… Y eso, exactamente eso, es lo que admiro de ti.
- Y yo por qué estoy muerta de miedo? ¿Por qué siento que he perdido gran parte de mi vida? Que no he experimentado nada, no he aprendido a… crecer, a besar, a amar… Se supone que somos iguales, pero… ¿por qué siento que hay mucha diferencia entre tú y yo?
- Entre tú y yo no hay ninguna diferencia.
- ¡Sí que la hay! –Gritó, nerviosa- Mírate y mírame… Soy todo lo opuesto a ti, soy una especie de animal, doy… doy asco.

Su voz comenzó a romperse y sus ojos a llenarse de lágrimas. Esa imagen fue capaz de hacerme rabiar por dentro, me sentía impotente. Agarré sus mejillas con firmeza y le dije:

- No quiero que vuelvas a decir eso, ¿me escuchaste?
- Es la pura verdad, Any…

Agachó su mirada y trató de taparse la cara, pero no la dejé. Agarré sus mejillas nuevamente y, con firmeza, le alcé la cara para que me mirara a los ojos.

-No has perdido parte de tu vida porque estás viva, cariño… Has vivido algo completamente diferente a lo que he vivido yo y el resto de personas, sí, eso es cierto. Pero ¿y qué? Eso no te hace ni mejor ni peor. Has experimentado muchas cosas, muchísimas más que yo, probablemente. Has crecido, más que todas las personas del mundo, y eso te lo aseguro… porque lo que tú has vivido a tu corta edad, no lo ha vivido nadie fuera de esta isla. Y el amor… el amor no lo vas a encontrar por vivir o crecer en un lugar u otro. El amor se siente, llega sin avisar y no tienes que dar ninguna clase para aprender… Cuando llega, simplemente… simplemente lo sabes.

Agarré su mano y la dirigí a mi pecho, para que sintiera los latidos de mi corazón.

- ¿Lo notas? Eso, eso que late a mil por hora es mi corazón…

Ahora llevé su mano a su propio pecho, para que escuchara los latidos del suyo.

- Y eso… es tu corazón, también latiendo a todo dar.

Me miró en silencio, emocionada, sin mover su mano. Al igual que yo, que la mantuve ahí, sobre la suya.

- Esta es la prueba más clara que te puedo dar de que somos iguales, exactamente iguales. Sentimos lo mismo, completamente lo mismo… No sé si es amor, no sé lo que es, soy incapaz de ponerle un nombre en este momento. Lo que sí sé es que yo, al igual que tú, jamás lo había sentido… No importa donde hayas crecido, cómo te hayas criado ni cual sea tu forma de vida… somos iguales, Dul. Con la capacidad de amar, de sentir, de besar, de abrazar… Así que no tengas miedo, porque de lo único que no se puede tener miedo es de los sentimientos.

Sin más, me abrazó, aferrándose a mí. Hundió su rostro en mi cuello y la sentí respirar hondo, aspirar mi aroma. Mi piel se erizó de una manera sobrenatural, el corazón volvía a encogérseme. Yo correspondí a su abrazo si pensármelo, acariciando su espalda.
Sorprendentemente para mí sus labios comenzaron a moverse, rozando mi piel y, haciendo casi un recorrido con ellos, llegó a mi cara. Pegó nuestras frentes y me miró como solo ella sabía hacerlo.

No pude evitar alternar la vista entre sus ojos y sus labios, y me di cuenta de que ella estaba igual. Acarició mis mejillas con sus dedos, suavemente. Y, despacio y sin prisa, comenzamos a acercarnos. Aunque no hizo falta mucho esfuerzo, pues nuestros labios se encontraron a tan solo unos centímetros.

Volvimos a unirnos como hicimos esa misma tarde. Nuestros labios se encontraron, deseosos, con pasión, como si hiciera años que estaban separados. A continuación vino el reencuentro de nuestras lenguas, que subieron la temperatura del momento. El juego que comenzaron provocó en mí que volviera a perder el control y esta vez no hiciera nada para remediarlo, pasando mis manos alrededor de su cuello y profundizando aún más el beso. Ella, inexperta, correspondía los movimientos con sus labios, pero su cuerpo estaba completamente rígido y sus manos apoyadas en la arena, muy tensa.

Entonces rompí el beso poco a poco, con delicadeza y la miré con una corta sonrisa.

- Relájate…

Pedí, mientras agarré sus manos y las llevé a mi cintura.

- Expresa con tu cuerpo lo que sientes, déjate llevar…

Dicho esto agarré sus mejillas y volví a besarla. Esta vez parecía más libre, más cómoda, así que yo también me dejé llevar. Agarró mis mejillas, acariciándolas, consiguiendo que una vez más la piel se me erizara.

Abandoné sus labios y comencé a darle cortos besos por la mejilla, para descender lentamente a su cuello. Pasé de cortos y tiernos besos a suaves mordisquitos que, después, pasaron a ser excitantes lametones. Noté como se estremecía, la oí suspirar en varias ocasiones y respirar agitadamente. Volví a sus labios y la atrapé de nuevo.

Mi temperatura corporal cada vez era mayor y llegué a la conclusión de que tenía demasiada ropa, necesitaba desprenderme de ella. Así que, sin dejar de besarla, me quité el corto pantalón que tenía puesto y, esta vez sí, rompí el beso para poder quitarme la fina blusa de tiros. Observé como sus ojos descendían un momento para mirarme y, casi al instante, volvió a besarme.

Poco tiempo después volví a sentir que mi ropa sobraba, que necesitaba ir más allá, mucho más allá. Así que, ahora sí rompí el beso y la miré. Me puse en pie y llevé mis manos a mi espalda, para desprenderme del sujetador, sin dejar de mirarla ni un solo segundo.

Dejé caer la prenda a la arena y noté como su mirada alternaba entre mis ojos y mis pechos, la expresión de su rostro comenzaba a cambiar. Convirtiéndome en otra persona, sin vergüenza ni pudor, lanzada y sin miedos, llevé mis manos a la celeste tanga que tenía. También me lo quité sin dejar de mirarla a los ojos, pero ella no correspondió mi mirada, ya que su vista estaba mucho más lejos, siguiendo cada movimiento que hacía con mis manos.

Dejando caer de nuevo la prenda a la arena y sintiéndome más que analizada por ella, la miré. Bajo la tenue luz de la luna y las antorchas, me encontré con sus ojos, que expresaban pasión y deseo. Observé que movía su mano y se acariciaba a sí misma, llevándola abajo, por dentro de la fina tela que llevaba a modo de ropa interior, a su zona más íntima. Negué con la cabeza y me arrodillé ante ella, dirigí mi mano al mismo lugar y la saqué de ahí, entrelazando nuestros dedos. Pegué nuestras frentes y cerré los ojos, respirando hondo, sintiendo su respiración a mil por hora, al igual que la mía, lo que me hizo sonreír.

- Esta vez voy a ser yo la que te enseñe a ir más allá…

Dicho esto volví a abrir mis ojos y le besé, para encargarme ahora de desnudarla a ella. Con su ayuda lo conseguí fácilmente y, esta vez, fui yo quien la analizó.
Para mi sorpresa, estaba completa y perfectamente depilada. No entendí nada, no lo comprendí… si era “salvaje”, ¿cómo es que había aprendido a depilarse? ¿Cómo sabía que “debía” hacerlo? Aun así no era el momento de resolver mis dudas, era el momento de disfrutar.

Agarré sus manos y las llevé a mis mejillas, marcándole un recorrido que debía seguir. Bajé, consiguiendo que acariciara mi cuello y llegara a mis pechos. Su mirada seguía el recorrido, mientras que la mía estaba perdida en sus ojos. Continué, para que acariciara ahora mi abdomen, cosa que hizo con mucha delicadeza. Pasé a la zona de atrás, para que acariciara mi espalda y llegara hasta mi trasero, mientras yo me estremecía con cada roce. Y volvió a la zona delantera para, por último, perderse en mi zona más íntima, cosa que hizo ya sin mi ayuda. Me estremecí, incluso temblé al notar simplemente sus dedos rozarme, como si fuera la primera vez. Sus dedos comenzaron a moverse y yo, ya desesperadamente y con locura, la besé.

Algo muy superior a mí me obligó a mover mis caderas al ritmo de sus dedos, sin poder evitar que ya algunos gemidos se escaparan de mis labios. Entró en mí con decisión, con firmeza, haciéndome dar un pequeño gritito de placer. Fue entonces cuando rompí el beso y hundí en su cuello. Sus movimientos comenzaron a ser cada vez más brusco, más rápidos, más enérgicos y yo… visualicé todo el sistema estelar. Mis uñas se aferraron a su espalda con fuerza y así, tan solo unos segundos después, un grito se escapó de mis labios y mis ojos se vieron obligados a cerrarse por el cansancio, indicándome por fin que había llegado más allá, mucho más allá…

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Mas alla

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:14 pm

Capítulo 7

Con la mirada perdida mientras caminaba y dándole miles de vueltas, atravesé la selva. Todo comenzaba a cobrar sentido, absolutamente todo.

¿Por qué Dulce dice que nadie se molestó en buscar si no es así? Porque estaban buscando en el lugar equivocado. Esa isla no aparecía en el mapa, era muy probable entonces que la zona del accidente tampoco. Por eso no había rastros del barco, ni de sobrevivientes… Aunque ella había sido una sobreviviente, una de las dos únicas supervivientes. Y la otra… la otra había sido mi madre. Y estaba segura, era ella, tenía que ser ella. Era tal y como me la describió, tanto física como personalmente. Pero… ¿había muerto? Quizás si hubiera emprendido este viaje solo un año antes, habría llegado a tiempo de verla por última vez…

- ¡Por fin apareces!

Maite me hizo salir de mis pensamientos, dando un fuerte grito, enfadada, acercándose a mí.

- ¿Se puede saber dónde estabas?

Sin embargo no le respondí, no tenía fuerzas ni ganas. Lo menos que necesitaba en ese momento era discutir.

- Anahí, te estoy hablando.

Me mantuve en mi postura y continué caminando, sin contestar.

- ¡Anahí! –Gritó por fin, bajo la perpleja mirada de Alfonso.

Entonces sí, me di la vuelta y la miré.

- Maite, no quiero discutir, ¿vale? Me fui a dar una vuelta, necesitaba aire, respirar y…

- ¿Sabes qué? – Me interrumpió, algo que me sorprendió, pues no era propio de ella- Eres una egoísta, una maldita egoísta.

Me sorprendí completamente con su reacción, de ahí que mi cara se quedara descompuesta y las palabras no salieran de mi boca.

- Llamaron de madrugada de un hospital de España, Any. Es tu papá… está muy enfermo.

Las palabras de Maite retumbaron en mi cabeza una a una. Me sentó como un jarro de agua fría, fui incapaz de reaccionar. Demasiado para un solo día, definitivamente.

- Lo trasladaron anoche al hospital “12 de Octubre” y… al parecer está muy enfermo.

Me miró, supongo que esperando que yo le preguntara qué tenía. Pero era incapaz, no podía preguntarle de qué estaba enfermo, no podía perderle a él también.

Aun así ella, no contenta con mi silencio, respondió a la pregunta que ni si quiera llegué a hacerle.

- Cáncer de pulmón.

Llevé mis manos a mi boca y me dejé caer en la arena, de rodillas, sin poder evitar romper a llorar. Descubrir que mi madre había muerto solo un mes antes y que mi padre corría el mismo riesgo, era demasiado.

Maite se arrodilló ante mí y me abrazó.

- Va a salir de esta, ya lo verás.

Negué con la cabeza, pero no pronuncié ni una sola palabra, más que nada porque el llanto no me lo permitía. Algo en mi interior me decía que no, que no saldría, que estaba demasiado grave. ¿Pesimismo? Tal vez, pero tenía ese presentimiento.

- Me vuelvo a España

Decidí, entre sollozos y lágrimas, rompiendo el abrazo.

- ¿Abandonamos la investigación? ¿Después de todo lo que nos ha costado llegar hasta aquí? –Preguntó Alfonso.
- Eres un insensible –Respondió en mi nombre Maite, bruscamente- ¿No te das cuenta de lo grave que es esto?

Los dejé discutiendo y me dirigí a la caseta de campaña para coger mis cosas, mientras miles de imágenes y pensamientos abordaban mi cabeza.

- ¿Qué vamos a hacer? –Preguntó Alfonso, al verme salir.
- Esta investigación está más que muerta, es una pérdida de tiempo.

No sé qué monstruo se apoderó de mí en ese momento para decir las palabras que decía.

- Nos vamos –Añadí.
- Any... te vas a arrepentir de todo lo que estás diciendo.
- ¡Maite, mi padre se está muriendo! –Grité desesperadamente, soltando toda mi rabia- ¿De verdad crees que me importa algo esta isla?

Volvieron a mirarme y guardar silencio, sin pronunciar una sola palabra. Yo respiré hondo e intenté tranquilizarme, algo muy complicado en esos momentos.

- Yo me voy ya, ustedes deciden si se van o se quedan. Pero que alguien venga conmigo para que pueda traer de vuelta la lancha.

Sin esperar una respuesta por parte de ellos me dirigí a la lancha, enfada, triste, confundida, rabiosa, asustada… con un gran cúmulo de sentimientos.
Alfonso fue quien me acompañó en el corto viaje hasta Malé, donde se encontraba el aeropuerto. Y no… no me despedí de Maite, ni de Dulce. ¿Mala decisión? Por supuesto, pero fue la que tomé, sin pensar en consecuencias.
Me dejó en el puerto y regresó, pidiéndome que tuviera cuidado y que pronto nos volveríamos a ver.

Reservé el primer vuelo que salía en dirección a Madrid y, en menos de dos horas, me encontraba de nuevo en aquel avión. Estaba igual de nerviosa, temerosa y confundida. Sí, había resuelto grandes de mis dudas gracias a la historia que me había contado Dulce. Sin embargo… mi vida se había desmoronado en tan solo unas horas.

Era consciente de que había hecho una promesa y no la había cumplido. Dulce se había instalado en mi vida y mi corazón muy fugazmente; tenía miedo de mis sentimientos y de lo que debía hacer con ellos, quizá ese fue otro de los motivos por los que salí casi huyendo de la isla.
Recosté mi cabeza dolorida de tanto pensar en el asiento incómodo de ese avión, miré por la ventanilla y me preparé para lo que, nuevamente, parecía ser un largo y pesado vuelo.

**

Siempre confié ciegamente en Anahí, en ella y en su palabra. Por eso me senté en la arena y, simplemente, la esperé. Agarré mi muñeca y observé detenidamente la pulsera que Marina me había entregado. Recordé entonces todo lo que me contaba sobre su hija, como la describía, tanto física como personalmente… y, ciertamente, eran la misma persona.

Algo en mi interior no me permitía estar tranquila, tenía un mal presentimiento y sabía que algo iba mal. Por ello, horas después de estar esperándola, decidí ir a ver si todo iba bien, como acostumbraba a hacer.

Salí de la cueva y anduve por la selva, pasando por los mismos lugares en los que estuve con Anahí. Cerca del campamento trepé a uno de los árboles para poder observar sin ningún peligro, sin ser vista.

Encontré a esa chica, Maite y al otro muchacho, Alfonso. Ambos sentados hablando de forma nerviosa y, al parecer, sin llegar a estar de acuerdo. Busqué a Anahí, con tranquilidad al principio, pero al darme cuenta de que no estaba, la desesperación se apoderó de mí.

Los escuché hablar en la lejanía.

- Está loca –Dijo indignadamente Alfonso.
- NO está loca –Contestó ella a regañadientes- Su reacción fue más que normal.

Me deslicé por el árbol hasta el suelo y traté de acercarme más a ellos para escuchar mejor.

- Ah, normal… ¡Se fue, Maite! –Gritó enfadado- Nos dejó aquí tirados, a nosotros y a toda la investigación, le importó un comino. Solo es una niña caprichosa que tenía ilusión de venir a una isla desierta y cuando se dio cuenta de que esto no le gustaba, se largó.
- ¡No vuelvas a hablar así de Anahí!

En cuanto dijo su nombre y lo relacioné con todo lo que dijo Alfonso, sentí que algo en mi interior se quebraba.
¿Se había marchado? Tenía una promesa, me la había hecho. ¿Cómo podía marcharse después de la noche que pasamos? Después de todo lo que le conté, después de averiguar que su madre estuvo aquí… ¿Es que es como todos los demás? ¿Acaso estaba equivocada con ella?

La rabia se apoderó de mí y, por primera vez, fui incapaz de controlarla y mirar más allá de ella.
Olvidé la promesa que le hice a Marina, atravesé los árboles y corrí hacia ellos, revelando por primera vez mi presencia en esa isla. Necesitaba conocer el paradero de Anahí, averiguar el motivo por el cual se había marchado.

Ambos se levantaron asustados. El chico sacó de su bolsillo algo puntiagudo y brillante, que ahora conozco como navaja. Colocó a la muchacha detrás de él, para protegerla… de mí. ¿Eso era lo que provocaba en ellos? ¿Miedo? ¿Tan distinta me veían?

- ¿Qué… qué eres? ¿Qué quieres? ¡Lárgate!

¿Qué eres? Esa pregunta… me hirió, profundamente.
¿Es que solo Anahí me ve igual a ellos? Acaso… ¿acaso soy un monstruo? Me preguntaba una y otra vez.

Intenté acercarme a la chica, que simplemente me miraba sorprendida detrás de los brazos del muchacho. Ella no parecía tan asustada y, por lo tanto, sería mucho menos hiriente.

- ¡No des ni un solo paso más!

Alfonso parecía ponerse cada vez más nervioso, moviendo la navaja de un lado a otro. Sin embargo, no frené mi gesto y continué caminando. Alcé mis brazos en señal de desarme y tranquilidad, esperando que eso sirviera de algo.

En un momento, él hizo un rápido y brusco movimiento con su mano y yo, si querer hacerle daño, reaccioné. Agarré su muñeca con una mano y con la otra el codo, inmovilizándole así el brazo. Y, en un ágil movimiento lo dejé caer al suelo, despojándolo de la navaja.

- Perdón, fue… fue un acto reflejo.

Me disculpé al instante, pues no pude controlarlo. Le extendí mi mano para ayudarlo a levantar, pero me rechazó gritando:

- No me toques, ¡monstruo!

Nuevamente esas palabras me hirieron profundamente, incluso más que antes.

- ¡Alfonso! –Gritó ahora la chica, regañándolo.

Entonces la miré, recordando su presencia. Esta vez sí pude acercarme a ella sin problemas.

- ¿Dónde está Anahí? ¿Por qué se marchó? Dímelo, por favor, necesito… necesito saber si va a volver.

Cuando me quise dar cuenta me encontraba agarrándole los brazos con nerviosismo, con ansiedad. Su cara de sorpresa no hacía más que aumentar, supongo que algo completamente normal. Sin embargo, el trato que ella me dio fue mucho mejor en comparación al de Alfonso.

- Anahí está… está en España.

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Mas alla

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:14 pm

Capítulo 9

Anahí… mi pequeña Anahí…
Antes de empezar debo pedirte que leas esto con una sonrisa de oreja a oreja, con esa que tanto te caracteriza, y no con lágrimas. Porque esta no es ninguna carta de despedida, todo lo contrario… es una carta de bienvenida. Bienvenida a este mundo tan maravilloso que sé que te encantará, en el que todos los días será una aventura, donde puedes vivir libre, sin ninguna preocupación, como siempre soñamos, mi amor.
Que estés leyendo esto no quiere decir que me haya marchado. Estoy aquí, contigo, junto a ti, en tu corazón. Mira más allá de este papel, de estas letras, de esta tinta… y, cada vez que me necesites, simplemente busca dentro de ti porque me encontrarás, siempre.
Al encontrar a Dulce lo único que pensaba era que debían conocerse, son la una para la otra. Tienen los mismos sueños, el mismo espíritu de libertad, las mismas pasiones… Así que también debes mirar más allá de su apariencia, de su piel. Busca en su interior y encontrarás lo que tanto necesitas, Any.
Ella no tiene a nadie, sus padres fallecieron en el accidente. Por eso debo pedirte que no la abandones, cuídala, cuídense… sean felices, es lo único que quiero que me prometas.
No estoy triste, así que tú tampoco lo estés. Y recuerda: “Cuando realmente quieres algo, todo el Universo conspira para que ayudarte a conseguirlo”. Nunca lo olvides, Anahí.

Te amo, hija.

PD: Dale un beso enorme a tu padre de mi parte, por favor… Los amo.

Guardé la carta que, por enésima vez ya, había leído sin poder evitar que las lágrimas se escaparan rebeldes de mis ojos.
Había podido cumplir el último deseo de mi madre, ese que era tan simple como darle un beso a su esposo. Y ese fue el último que pude darle, pues a los pocos segundos se marchó con ella… Se marchó a reencontrarse, por fin, con el amor de su vida.

La carta de mi madre me había hecho replantearme muchas cosas. Entre ellas el hecho de que Dulce se había recorrido medio mundo simplemente para cumplir su promesa, la de entregarme la carta y la pulsera. Teniendo en cuenta, además, que este mundo era completamente desconocido para ella y debía estar temblando y muerta de miedo.
Egoísta, ese era calificativo que me definía mejor, entre muchos otros.

Por ello, me encuentro en este avión que, en tan solo unas horas, me llevará también con el amor de mi vida.

**

Le entregué la carta y la pulsera y me marché. Lo más rápido posible, queriendo huir de ella y de ese mundo, ese mundo que tanto estaba odiando. Pues no, no me gustó, para nada. Anahí tenía razón en solo una de las cosas que dijo: la isla, sin lugar a dudas, era el paraíso.

Por ello, exigí a Maite que me trajera de vuelta, queriendo no permanecer allí ni un solo segundo más. Y así lo hizo, volvimos a lo que ella llamaba “aeropuerto” y me reservó el primer billete de avión que salía hacia Las Maldivas.
Ese vuelo me pareció mucho más largo que el primero, quizás porque no iba acompañada y mi cabeza había decidido revelarse y llenarme de dudas. Haciéndome pensar que, tal vez, todo había sido un error.

Fuera como fuera lo hecho está hecho, pensé.
Horas más tarde, llegué a mi destino. Volví a perderme entre la multitud y solo conseguí que me llevaran a una de las islas cercanas, por lo que me tocó nadar hasta allí. Estaba acostumbrada a hacerlo, así que para mí no fue complicado.

Ya en mi isla, después de recolectar frutas y alimentos para el resto del día, me senté en la arena y miré el horizonte. Me sentía diferente, notaba que me faltaba algo. Me sentía… vacía. Y ese vacío tenía nombre y apellido: Anahí Puente. ¿Dónde podía estar? Más allá de esta isla, sí, eso estaba claro. Pero… si yo misma decidí alejarme de ella, ¿por qué la echaba tanto de menos? ¿Por qué tenía ese sentimiento? ¿Por qué sentía ese vacío?

**

Otra vez la rutina de la primera vez. Aterricé en las islas Maldivas y me dirigí al puerto. Tuve que volver a mentir para conseguir una lancha y, yo sola, tuve que dirigirla a la isla. Fue mucho más complicado y tarde unas horas más, pero lo conseguí.

Estaba igual de nerviosa que la primera vez que pisé esta arena. Tenía miedo, miedo a lo desconocido, a no saber qué me iba a encontrar o como podría llevar la investigación. Y ahora, ahora también estoy muerta de miedo… Pero esta vez, no hay nada desconocido, ni en mis sentimientos, ni en mi futuro. La investigación está terminada, para mí, pues no voy a publicar absolutamente nada, no voy a aprovecharme del sufrimiento de mi madre, de Dulce y todas esas personas… con saber la verdad yo, me es más que suficiente. Sabía que mi vida estaba aquí, junto a ella, junto a esa inocente y buena persona… la única capaz de enseñarme lo que es el amor, incluso cuando ella misma desconocía su significado. En definitiva, junto al amor de mi vida.
Esto me llevó a plantearme: Si tengo amor, cariño, alguien que me quiere y con quién compartir el resto de mi vida… ¿qué más necesito para vivir? Y precisamente porque no encontré ninguna respuesta a esa duda existencial, me encuentro aquí… casi sin ropa ni comida, frente a esa selva, dispuesta a buscarla.

Me adentro entre los árboles y arbustos. Conozco el camino perfectamente, recuerdo perfectamente cada uno de los pasos que dimos, a pesar de darlos a toda velocidad. Inevitablemente, los recuerdos vinieron a mi mente.
Me encuentro debajo de la casa árbol y no puedo evitar subir para observar de nuevo aquel maravilloso paisaje. En ese mismo lugar, Dulce me había enseñado a mirar más allá por primera vez y, sobre todo, me había enseñado a superar mis miedos… Pues ahora me encuentro firme, mirando el horizonte, sin ningún temor a la altura.

Continuo mi camino y, entre recuerdos que me hacen suspirar en varios momentos, llego al acantilado. Respiro hondo y miro abajo, hacia aquel azulado mar. Si dijera que no temblé al estar ahí arriba, mentiría. Me dio la misma impresión de vértigo, y el corazón estaba a punto de salírseme del pecho, pero no tenía miedo, pues sabía lo maravilloso que sería el salto y, que lo que me esperaba abajo, era muchísimo mejor.

Me imaginé que Dulce agarraba mi mano, como la primera vez, y ambas saltábamos al vacío.
Grité, reí, lloré y maldije todo lo que se me pasó por la cabeza, pero al llegar abajo, tuve una vez más el sentimiento de que valió la pena.

Llegué hasta la cueva y la atravesé, observando por fin aquella isla en la lejanía. La vi allí, acostada en la orilla de la playa mirando el cielo. Sonreí, era increíble cómo podía ser feliz simplemente con eso, con recostarse y apreciar el azulado cielo. Creo que esa era una de las cosas por las que me enamoré de ella.

Traté de no hacer ruido y me sumergí en el agua, nadando silenciosamente hasta la playa. Al acercarme a la orilla me fue inevitable silenciar el sonido de mis pies abriéndose paso entre el mar, lo que hiso que ella se incorporara a mirarme.

Y allí estaba ella, por fin volví a encontrarme con esos ojos cafés, con el mismo brillo que el primer día, la misma ilusión de vivir a pesar de tener los recursos justos.
La miré a los ojos y me detuve, con el agua por mis rodillas, realmente sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Ella se puso en pie e hizo lo mismo, supongo que se había quedado en shock, algo completamente normal.

Tenía mi discurso muy bien preparado, sabía exactamente lo que quería decirle y lo que quería hacer, incluso lo dije frente al espejo en varias ocasiones. Sin embargo, ahora que la tengo en frente, ahora que llegó la hora de la verdad… las palabras habían decidido jugarme una mala pasada, pues era incapaz de pronunciar una sola palabra.

Siguió mirándome allí, anonadada, observándome de arriba abajo, supongo que aún sin creerse que estuviera frente a ella.

Nuestras miradas se encontraron una vez más y de ahí fue de donde saqué las fuerzas o… quizás la valentía de, por fin, hablar.

- Estoy temblando… y necesito decirte muchas cosas… Sé que estarás odiándome, por haberme marchado sin avisar, por dejarte tirada, sola… después de prometerte que nunca lo haría.

Ni se inmutó, su mirada y su cara no cambiaron, no movió ni un solo músculo. Quizás por eso mi nerviosismo aumentó, pues no sabía si tras terminar de hablar ganaría un beso o un cachetón.

- Descubrí demasiadas cosas ese día, fue muy fuerte y sé que no es una excusa. De hecho… reconozco que fui una cobarde, una tonta y… me comporté como una niña pequeña que huye de lo difícil. Lo siento… Lo siento, ¿vale? Perdón, perdóname…

Ella suspiró y miró hacia otro lado, ahora sí con expresión de tristeza y… decepción, quizás.

- Sabía que un “lo siento” no serviría de nada, que pedirte perdón no evitaría el vació y la tristeza que debes haber sentido todos estos días. Por eso, estoy aquí…

Su mirada regresó a mí, atenta, escuchándome.

- Te amo, Dulce.

Nunca en mi vida había pronunciado esas palabra, nunca le había dicho a nadie que estaba enamorada, y no por orgullo o… cualquier tontería, simplemente porque nunca lo había sentido. Esta era la primera vez y sabía que no sería la última… pero también sabía que ella sería la única y última persona a la que se lo diría.

- Te amo y… quizás no sepas lo que eso signifique, pero no te hace falta ningún diccionario para conocer su definición –Agarré su mano y, como aquella vez, la puse en mi pecho- Si sientes esto que estoy sintiendo, si tu corazón se acelera de esta forma… es amor –Llevé ahora mi mano a su mejilla derecha, para acariciarla- Si se te eriza la piel cuando te acaricio… es amor. Si cuando nos miramos a los ojos se para el mundo… es amor.

Sin poder evitarlo, mis ojos se llenaron de lágrimas. No estaba triste, para nada. Lloraba de emoción y felicidad.

- Me haces mejor persona, me haces valorar el mundo, perder el miedo… Y eso, no puede ser otra cosa más que amor –Sonreí emocionada, sintiendo como ella llevaba sus pulgares a mis mejillas para secarme las lágrimas- Me enseñaste a mirar más allá, Dul. Y por eso estoy aquí, porque miré más allá de mi mundo, ese mundo repleto de vicios y egoísmo, con una sociedad… asquerosa. Aquí estoy, Dul… mirando más allá de ti, de tu apariencia… dejando que mis sentimientos decidan –Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro- Quizás debas agradecérselo a mi madre, porque gracias a ella me di cuenta de todo esto. Me di cuenta de que tú cruzaste medio mundo por cumplir una promesa y yo… que te tenía al lado, huí.

Respiré hondo, siendo consciente de que mi discurso comenzaba a llegar a su fin y la respuesta llegaría en breve.

- Así que, más que pedirte perdón, vengo a hacerte otra promesa y esta… esta sí que la voy a cumplir, hasta el día en que me muera.

Guardé un largo silencio, me dediqué un tiempo para mirarla a los ojos y corroborar lo que sentía. Afirmándome a mí misma que sí, que estaba frente a lo más maravilloso que pudo aparecer en mi vida.

- Pienso quedarme en esta isla junto a ti el resto de mi vida. Porque te amo, más que a nada en este mundo y… nunca volveré a cometer el error de dejarte.

Había terminado. Tenía más que decir, podría pasarme el día hablando, pidiéndole perdón y tratando de convencerla. Pero creí que era suficiente, había jugado todas mis cartas y esperaba que fuera suficiente para que me dejara cumplir mi promesa.

Guardó silencio. No sé exactamente cuantos minutos de silencio, pero a mí se me hizo eterno. Dirigió su mirada a mis ojos, por fin… y lo único que dijo fue:

- ¿Sabes? Tu mamá una vez me dijo algo… “Si alguien te hiere y luego es tan valiente de volver a pedirte perdón… Quiere decir que vale la pena, y que te quiere”

Sonreí tras escucharlo y no pude evitar emocionarme cuando la imagen de mi madre diciendo esas palabras llegaron a mi mente.

- Como tú dices…. No sé lo que es el amor, pero esto que siento… no puede ser otra cosa más que amor –Ahora sí que me fue imposible borrar mi sonrisa- Te amo Any, te amo… incluso más que a mí misma.

Me abalancé sobre ella y ambas caímos a la orilla. Quedé recostada sobre su cuerpo y nuestras caras prácticamente pegadas. Las dos sonreíamos ampliamente, éramos felices, plenamente felices. Agarré su cara y atrapé por fin esos labios que tanto me habían hecho falta.

- Te amo, Dul… Te amo y te amaré hasta el día de mi muerte. Y si existe otra vida… te amaré más allá.


... Fin ...

Admin
Admin

Mensajes : 5509
Fecha de inscripción : 11/04/2016

Ver perfil de usuario http://wnlesb.foro-blog.com

Volver arriba Ir abajo

Re: Mas alla

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.