Nueve meses

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Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:16 pm

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:17 pm

capítulo 1
Habían pasado algunas semanas desde su visita a la clínica y aún ninguna de las dos chicas se atrevía a saber los resultados del tratamiento. Por un lado Anahí tenía miedo de que no funcionara y no quería decepcionarse tan pronto y por otro lado Dulce no estaba aún preparada para una respuesta positiva y temía lastimar a Annie si su reacción era demasiado relajada ante un resultado negativo.
Era un mañana, el verano había comenzado y hacia un clima excelente en la ciudad, a pesar del ajetreo que siempre había en Nueva York, se percibía un ambiente agradable. En una parte de la ciudad, en un enorme departamento, se encontraban Dulce y Anahí preparándose para salir a sus respectivos trabajos. Dulce estaba en la cocina preparando su tradicional café matutino y un delicioso pan tostado con mermelada para su rubia. Anahí aún estaba arreglándose en la recamara.
-¡Cariño date prisa o llegarás tarde!- gritó Dulce desde la cocina mientras terminaba de preparar el desayuno, era algo que le encantaba hacer y sobre todo si era para su hermosa novia bailarina - Aquí está tu desayuno Tubby- decía la pelirroja mientras dejaba un plato con leche para su gato y le acariciaba.
-Aquí estoy, Dul tengo algo que decirte, ayer fui...- dijo Anahí un poco agitada, nerviosa y con cara de sorpresa, llevaba unos jeans ajustados y una blusa color negro que se ajustaba perfectamente a su figura, cuando la vio Dulce no podía quitar su vista de encima y ni siquiera escuchó que Anahí le hablaba.
-¡Dul, Dul, DULCE! si me sigues viendo así...-no pudo terminar la frase porque Dulce se había acercado a ella para darle un tierno pero apasionado beso en los labios. Posó sus manos en su cintura y la acercó a su cuerpo, Anahí solo atinó a poner sus brazos alrededor de su cuello y respondió como solo ella sabía hacerlo.
-¡mmm, voy a ponerme más seguido esta blusa!-dijo Anahí sobre los labios de Dulce, ella solo soltó una carcajada.
-No es por la blusa, aunque admito que te queda sensacional, pero eres toda tú que me vuelve loca y hoy estas condenadamente hermosa -dijo Dulce sin dejar de abrazar a la rubia.
-Me encanta cuando te pones así de empalagosa, pero te tengo que decir algo-dijo Anahí un poco ansiosa pero Dulce ya la estaba besando de nuevo hasta que sonó un celular.
-Sí, Alice buenos días, si voy para allá no tardo -Dulce estaba hablando con su secretaria mientras Anahí ya estaba en la cocina desayunando.
-¿Todo bien?- preguntó Anahí al ver que Dulce se quedaba pensativa.
-Sí, solo era para confirmar la cita con los Geller, de verdad que los padres de Josh son unos verdaderos ineptos, ahora entiendo porque ese niño tiene tantos problemas -decía Dulce mientras se dirigía a tomar su portafolio para salir a su consultorio.
-Pero Dul no los puedes juzgar, no dejan de ser sus padres y se aprende en el camino -decía Anahí mientras veía a su novia y como tenía ese semblante serio y molesto, se veía hermosa pero no le gustaba verla así.- Dul tengo algo que decirte...- trato de decir Anahí pero su novia la interrumpió.
-Ahora no amor, hablamos luego-dijo dándole un pequeño beso en los labios antes de salir- De verdad no entiendo, no todos nacimos para ser padres, como van a educar a un hijo sino pueden con sus propias vidas- seguía diciendo Dulce, sin darse cuenta de sus palabras y del efecto en su novia, mientras salía del departamento.
Anahí solo suspiro mientras escuchaba las palabras que Dulce decía, se quedó mirando a la nada, pensativa y preocupada -¿Me habré apresurado?, tal vez presione a Dulce, no, ella estaba de acuerdo ¿verdad? pero ya no hay vuelta atrás- pensaba Anahí mientras una voz la sacaba de sus pensamientos.
-Amor, no olvides que el fin de semana iremos a la casa de campo de May y saldremos el sábado muy temprano y recuerda que pasaré por ti a la academia, te tengo una sorpresa-dijo Dulce desde la puerta del departamento y se despidió enviándole besos con su mano y gritándole un te amo.
Anahí suspiro- Yo también, creo que se lo diré en esta tarde, así estará más relajada -y salió para la academia a disfrutar de sus clases con esas adorables niñas.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:17 pm

capítulo 2
Eran cerca de las 4 de la tarde de la tarde y Dulce se dirigía a la academia de baile donde Anahí daba clases, había pasado a su departamento a cambiarse de ropa y por algunas cosas para pasar un tarde romántica con su novia, había preparado una canasta para un día de campo en la playa, con un delicioso vino y algo de caviar, el mejor, así le gustaba a la pelirroja, siempre lo mejor, unas mantas y ya solo faltaba su hermosa rubia para comenzar. Llegó un poco antes de que Anahí terminara, estacionó el auto frente a la academia y se dirigió a entrar a buscarla.
-Hola Sophie -saludó la pelirroja a la recepcionista de la academia, ya la conocía pues siempre iba a recoger a Anahí a la academia.
-¡Hola Dulce! ¿Cómo has estado?-saludo la chica a la pelirroja.
-Excelente, vengo por Annie, ¿ya terminó?-pregunto la psicóloga mientras miraba a su alrededor tratando de encontrar a su rubia por algún lado.
-No aún no termina, pasa-y le hizo una seña para que pasara a uno de los salones donde Anahí se encontraba terminando su clase. Dulce se encaminó hacia el salón que le indicó Sophie, caminaba a paso firme y seguro, justo como era ella, llevaba unos jeans ajustados, una blusa blanca y una chaqueta negra y sus lentes de sol descansaban en el escote de su blusa. Llego al salón y ahí estaba Anahí, vestía con unas mallas y un leotardo color rosa que provocó en ella un enorme suspiro, ahí estaba su rubia con su grupo de pequeñas alumnas, eran niñas entre cinco y seis años, la bailarina estaba hablando con una pequeña rubia, se quedó parada afuera mirando la escena por el cristal de la puerta. Anahí sintió su mirada y se giró para verla y con su mano le lanzó un beso a lo que Dulce respondió haciendo lo mismo provocando que las pequeñas también le lanzaran besos con sus pequeñas manos, provocando la risa de la rubia. Dulce soltó una carcajada y continuó respondiendo los besos que le enviaban mientras ponía sus manos encima de su cabeza imitando una posición de ballet y comenzaba a dar vueltas provocando la risa de las niñas, Anahí la miraba con toda la ternura que solo tenía para ella mientras no borraba la risa de su rostro.
-Definitivamente serás una buena madre, solo tienes que confiar en ti -pensó Anahí mientras seguía observando a su novia.
Habían llegado a la playa de Manhattan y Dulce comenzó a preparar todo para su pequeño día de campo, mientras Anahí estaba cerca de la orilla del mar mirando el atardecer e inmersa en sus pensamientos.
-¡Bebé ya está todo listo, anda ven!-gritó Dulce mientras se sentaba sobre la manta y comenzaba a servir dos copas de vino.
-Y ¿se puede saber que celebramos?- preguntó Anahí mientras se sentaba junto a su pelirroja y tomaba la copa que esta le daba.
-No sabía que tuviéramos que celebrar algo para que pasáramos una tarde tú y yo solas-dijo la pelirroja mientras depositaba un tierno beso en los labios de la rubia -Aunque si podríamos hacer un brindis, por ti, por mí, porque estamos juntas, te amo y me amas ¿cierto? -dijo mientras levantaba una de sus cejas y miraba a Anahí.
-Hum, no lo sé, debo pensarlo -dijo la rubia mientras ponía cara de estar pensando su respuesta, provocando que la pelirroja abriera los ojos a manera de sorpresa- jajajaja, sabes que te amo y te amaré siempre -dijo Annie mientras se acercaba para besar a su novia.
-mm, esto es vida, solo tú y yo sin nadie más -decía Dulce sobre los labios de su rubia.
-Dul ayer fui a... -intento decir Anahí pero Dulce la interrumpió poniéndose de pie y con la copa en su mano para hacer un brindis.
-Por nosotras, porque esto -dijo señalándose y también a Annie -es la perfección, es estabilidad.
-Cariño ¡cuidado! -gritó Anahí mirando al cielo y haciendo que Dulce se girara para mirar, al instante sintió que algo golpeó su cabeza y cayó al suelo.

Ahí estaba Dulce, tirada en la arena, tratando de abrir los ojos pero no podía, solo lograba escuchar algunas voces, entre ellas la de Anahí pero por más que intentaba abrir sus ojos no podía, además de las voces escuchaba el sonido de las olas y algunos pájaros, recordó que estaba en la playa -¿qué rayos paso? -pensaba la pelirroja.
-¡Oh por dios la maté!, despierta, despierta, ¿estás bien?-decía una voz que Dulce no conocía, poco a poco abrió sus ojos y ahí muy cerca de su cara estaba una mujer de cabello negro, de ojos cafés, tendría unos 36 años y estaba a punto de darle respiración de boca a boca.
-¿Qué demonios hace? -grito la pelirroja al tiempo que hacia su rostro a un lado, tratando de alejar a esta mujer y buscando a Anahí.
-¡Oh lo siento! es que me asusté, ves amor está bien, no la maté -decía la mujer pelinegra a otra castaña que se acercaba corriendo con unas niñas, se puso de pie y estiró su mano hacia Dulce para levantarla y esta de mala gana se la dio, se levantó tomando su cabeza que le dolía mientras Anahí se acercaba para sostenerla.
-¿Qué demonios paso? -preguntó Dulce a Anahí que estaba sosteniéndola por la cintura y no dejaba de darle besitos en su cabeza.
-Yo lo siento, es que no pude controlar el cometa y te golpeó -dijo la mujer pelinegra ante la mirada molesta y recriminante de Dulce -mi nombre es Maite, Maite Perroni -dijo mientras le tendía la mano a manera de saludo.
Dulce no tenía intención de saludarla pero vio la cara de Annie pidiéndole que no fuera grosera y saludo a Maite.
-Cariño ¿qué ha pasado? ¿está bien?-dijo la mujer castaña, mientras cargaba a una pequeña niña, mientras otras dos, una pelinegra de unos 11 años y otra castaña con risos de unos 7 años se sentaban y comenzaban a comerse el caviar que Dulce traía en su canasta, ante la sorpresa y molestia de esta.
-¡ay por dios! ¿Porque no les enseñan a no comerse la comida de los demás? -gritó la pelirroja al ver lo que las niñas hacían, mientras una de ellas escupía lo que había comido -¡pero qué demonios hacen! qué asco –volvió a decir Dulce señalando a las niñas.
-Amor cálmate son solo unas niñas -decía Anahí si dejar de sonreír ante las ocurrencias de las pequeñas.
-¡Lo siento de verdad! ¡Niñas les he dicho que no escupan en la comida de los demás! -les gritaba la castaña mientras alejaba a las niñas de la comida -mi nombre es Angelique y ellas son nuestras hijas, mucho gusto -decía mientras saludaba a Anahí e intentaba saludar a Dulce.
-Mucho gusto, yo soy Anahí y ella es Dulce mi novia- dijo la rubia mientras miraba un poco molesta a la pelirroja por sus comentarios.
Maite no dejaba de ver la cabeza de Dulce e intentaba tocarla pero la pelirroja se resistía y le retiraba la mano cuando trataba de tocarla - ¿puedes dejar de hacer eso? estoy bien y además me incomodas- le dijo la pelirroja a lo que Maite solo soltó una carcajada.
-Bien ahora que estas bien y no te maté, nos vamos, niñas despídanse de Anahí y Dulce - dijo Maite mientras le daba un abrazo a la pelirroja que intentaba zafarse sin mucho éxito. -¡Qué bueno que estas bien! no quería ir a la cárcel y dejar a mis mujeres -decía Maite mientras se despedía de una molesta Dulce. Por su parte las niñas de despidieron de la rubia dándole un abrazo y cuando iban a abrazar a Dulce esta se alejó y solo les dio la mano provocando una cara de enfado en Anahí.
-¿Porque querrían tener tantos hijos?-pregunto la pelirroja mientras seguía viendo cómo se alejaban las dos mujeres y sus tres hijas.
-Se ven felices y eso es lo importante, ¿Estas bien?- preguntó Anahí en un tono un tanto molesto.
-¿Te parece que estoy bien cuando fui golpeada por un estupido cometa, dirigido por una mujer que no sabe educar a sus hijas a no comer o escupir en la comida de los demás?-dijo la pelirroja aun tocando su cabeza -No sé porque hay gente que se empeña en tener hijos cuando ni siquiera los pueden educar bien- decía Dulce un poco molesta.
Anahí solo suspiró y comenzó a recoger todo para regresar a su departamento mientras Dulce se dirigía al auto.
-Bien, creo que no es un buen momento para decírselo -decía Anahí mientras se dirigía al auto y la pelirroja la esperaba ya en el asiento del conductor

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:17 pm

capítulo 3
El departamento de las chicas eran grande, tres recamaras, una era la de ellas, la más grande obviamente; la otra era una pequeña biblioteca con un escritorio que era el estudio de Dulce y en la otra había algunas cosas de ambas y algunos aparatos para hacer ejercicio; la sala era enorme, tenían una preciosa sala blanca, elegida por la pelirroja, un enorme televisor, ahí la rubia podía practicar para sus clases de baile; la cocina y un comedor. En la recamara principal se encontraba Dulce aun durmiendo en la cama, cuando un rayo de luz comenzó a pegar en su rostro y comenzó a despertar, se giró hacia el lado derecho estirando su brazo y se dio cuenta que Anahí ya se había levantado.
-Amor, sé que es temprano pero se nos va hacer tarde -dijo Anahí desde la puerta del baño, ya estaba terminando de arreglarse, regresó y se miraba en el espejo pensativa -Bien hoy se lo diré, es lo que deseamos, las dos ¿cierto? -pensaba mientras terminaba de recoger su cabello rubio en una coleta.
-Te ves preciosa, lo sabias -dijo la pelirroja mientras abrazaba a la rubia por detrás y apoyaba su barbilla en su hombro, ya se había levantado y entró al baño para ducharse - ¿Qué tal si nos damos una ducha antes de salir?-dijo Dulce mientras besaba el cuello de Anahí.
-Me encantaría amor pero ya se nos hizo tarde -le dijo la rubia mientras se giraba para quedar frente a ella, con sus manos alrededor de su cuello y depositaba pequeños besos en los labios de la pelirroja.
-Está bien, pero me debes una ducha -decía Dulce mientras veía como Anahí salía del baño.
-Las que quieras pero por ahora date prisa -gritaba la bailarina desde fuera.
-¡Uhm la amo, la amo, la amo!-decía Dulce mientras se metía a ducharse.
Dulce adoraba viajar por carretera y sobre todo si su acompañante era una hermosa rubia de ojos azules y con un cuerpo que le quitaba el aliento, y si a esto le agregaba que adoraba su auto deportivo, un convertible color negro, decía que combinaba con sus ojos. Esa sensación de libertad y la velocidad la hacían sentir extasiada, libre, sentía correr la juventud por sus venas y la adrenalina le encantaba. Así que ahí estaban las dos, camino a la casa de Emily Fields, una gran amiga de Dulce, se conocieron en la universidad, ella era artista, una gran pintora y famosa pero era una soltera empedernida, no le interesaba el compromiso solo pasarla bien y mientras más joven fuera la mujer con la que estuviera mejor. Era una mujer muy hermosa, morena, de cabello negro y largo y de un cuerpo envidiable. La única relación estable que le conocía Dulce a Emily era Hanna pero hacía tiempo que no la veía. La casa a la que se dirigían era de Em, la había heredado de su padre y la conservaba porque así lo recordaba; su padre había muerto cuando ella tenía solo 10 años y algunos años después su madre había vuelto a casarse, algo que no le agrado mucho a Emily.
-Es que ¿te lo imaginas Annie? no es posible que haya padres tan irresponsables e inconscientes, padres que destruyen la vida de sus hijos, de verdad son unos completos ineptos y luego quieren que yo arregle el desastre que ellos hicieron por no saber qué hacer con sus hijos -seguía diciendo Dulce mientras conducía por la carretera, había tenido una semana difícil con sus pacientes y después del incidente en la playa que parecía confirmar todas sus ideas al respecto de la maternidad. Anahí iba en el asiento del copiloto, mirando sus manos, estaba nerviosa pero la pelirroja no se daba cuenta, de hecho llevaba algunos días así porque no había podido hablar con Dulce y ahí estaba su novia que seguía con su discurso sobre porque no se debe tener hijos.
-Para ser padres de verdad necesitan preguntárselo ¿quiero ser padre o madre? ¿Quiero estropear la vida de mis hijos? ¿Estoy listo para esa responsabilidad? -dijo Dulce mientras giraba su cabeza para ver a su rubia que no había dicho nada desde que salieron de Nueva York.- Annie amor ¿estás bien? -preguntó la pelirroja mientras seguía conduciendo.
-mm, ¿Dul? estoy embarazada -soltó Anahí lo más rápido que pudo y suspiró ante su confesión.
-Bien -dijo Dulce mientras volteaba para verla y asentirle con la cabeza.
-Bien -dijo Anahí un poco más calmada.
-Espera ¿qué? -volvió a decir Dulce mientras volvía a mirar a Anahí con cara de pánico y desviando su mirada de la carretera -¿embarazada? ¿Cómo? ¿Cuándo?-seguía preguntando con cara de pánico.
-¡Dulce cuidado! -gritó la rubia mientras con una mano tomaba el volante del auto y lo giraba a la derecha al ver que venía un tráiler justo frente a ellas.
El auto logro salir de la carretera antes de estrellarse pero seguía su curso mientras las chicas gritaban y Dulce trataba de no perder el control del auto, rompieron una cerca y fueron a estamparse contra un montón de paja que había enfrente.
-Wow, puedo ver que no quieres al bebe -dijo Anahí cuando el auto por fin se detuvo

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:17 pm

capítulo 4
Anahí estaba sentada en una de las pacas de paja, con sus brazos abrazaba sus rodillas mientras seguía absorta en sus pensamientos, tratando de ordenar sus ideas y tratando de comprender la reacción de Dulce. Hacía rato que habían llegado unas patrullas, la grúa y Dulce se encontraba ocupada haciendo los arreglos debido al pequeño incidente.
-¿Estas bien? -la voz de la pelirroja la sacó de sus pensamientos.
-Sí, ¿se dañó el auto? -dijo la rubia, sabia cuanto quería ese auto Dulce.
-No, solo algunos rasguños y pronto podremos irnos -dijo Dulce mirando hacia los campos -Estará listo en un minuto, así que ¿estas segura? -preguntó casi en un susurro sin mirar a la rubia y sentándose a su lado.
-Completamente, lo supe hace unos días -contestó Anahí sin mirar a Dulce -Intenté decírtelo pero no encontraba la manera, habías tenidos unos días un poco difíciles y no quería ponerte más nerviosa -dijo la rubia mientras se volteaba para mirar a la pelirroja que seguía con cara de susto y con el ceño fruncido.
-Wow, no pensé que pasaría tan rápido -dijo Dulce con una media sonrisa y mirando a Anahí.
-¡Esta listo! -se escuchó una voz, era el mecánico que ya había terminado con el auto. Dulce se levantó y se dirigió hacia él, dejando a Anahí pensando por las últimas palabras que dijo, se dibujó una sonrisa de incredulidad en su rostro, se levantó y caminó hacia donde estaba la pelirroja.
-¿No pensaste que pasaría tan rápido? Por Dios Dulce podrías ser más positiva -decía la rubia con un tono de enojo, algo que no pasó desapercibido para Dulce que estaba firmando unos papeles mientras la miraba preocupada y asustada.
-Si trato de serlo, es solo que no pensé que funcionaria a la primera y me sorprendió- respondió Dulce mientras entregaba los papeles al mecánico y se subía al auto.
-Intentar matarnos no creo que sea “positivo” -dijo la rubia haciendo unas comillas con sus dedos -¿No querías que sucediera tan pronto? Si lo hicimos fue porque deseábamos que sucediera pronto ¿no es así? -preguntaba Anahí mientras subía al auto y se ajustaba el cinturón de seguridad.
-Lo siento ¿sí? fue algo inesperado y no era mi intención que chocáramos -decía la pelirroja mientras encendía el auto y continuar su camino. Dulce no quería discutir y menos después de semejante noticia, estaba asustada y tenía que ordenar sus ideas. El resto del camino ninguna habló, cada una estaba absorta en sus pensamientos tratando de asimilar lo que había pasado. Estaban llegando a la casa de Em, era una casa estilo colonial, enorme y los campos a su alrededor hacían más hermoso el lugar; Dulce estacionó el auto, Anahí seguía sin decir una palabra y su mirada se veía triste, decepcionada y Dulce sabía que ella era la causante de esa mirada, odiaba ver esos hermosos ojos así pero que podía hacer si ella se estaba muriendo de miedo ante la noticia que su novia le acababa de dar, jamás imagino que esto pasaría tan pronto y de verdad aún no se sentía prepara para lo que venía, estaba segura que amaba a Anahí pero sabía que había cometido un error al no haber sido sincera con ella respecto a sus miedos.
-Hola, por fin llegaron -saludó Emily que venía saliendo de la casa y llevaba de la mano a una rubia mucho más joven que ella.
-Em -saludó la pelirroja desde el auto mientras se quitaba el cinturón.
-¿Quién es la rubia? –preguntó Anahí, la pelirroja la miro sorprendida de que le hablara.
-No lo sé -dijo Dulce mientras bajaba del auto.
-¡Por Dios que le pasó a tu auto! -decía Emily mientras veía el auto de Dulce al tiempo que saludaba a Anahí dándole un abrazo y un beso en la mejilla -Anahí estas preciosa, ¿qué te hiciste? te ves diferente -decía mientras la hacía girar para poder verla.
-Dulce María Espinoza -decía la pelirroja a la rubia que venía con Emily.
-Lo siento, ella es Cristine -presentó Emily a la rubia -Cristine ellas son Dulce y Anahí, ¿qué le pasó a tu auto? -volvió a preguntar Emily mientras ayudaba a Dulce a bajar el equipaje del auto y Anahí conversaba con Cristine.
-Es una larga historia -dijo la pelirroja mientras caminaba hacia la casa con Emily -¿Donde esta Hanna? -preguntó Dulce.
-Es una larga historia -le respondió Emily mientras seguían caminando.
Llegaron a una habitación, era enorme, de paredes blancas, había una terraza con una mesa preparada con algunas bebidas y frutas.
-Aquí es donde se quedarán ¿qué te parece? -decía Emily mientras dejaba las maletas.
-Wow es enorme, no recuerdo que fuera tan grande -dijo la pelirroja mientras veía la habitación.
-No, me refiero a Cristine, ¿qué te parece? -rió Emily mientras se dirigía a la terraza y Dulce iba tras ella.
-Pues es atractiva, pero ni creas que iré a visitarte a prisión cuando te encierren por abuso de menores -dijo Dulce que reía ante la expresión de sorpresa de Emily -Es broma, pero ¿qué pasó con Hanna? no creí que las cosas fueran tan mal -dijo la pelirroja mientras se servía una copa de vino y se recargaba en el barandal de la terraza al lado de Emily.
-No solo es atractiva, tiene 20 años, está loca por el sexo, su piel es suave como un caramelo y su... -decía Emily cuando fue interrumpida por Dulce.
-No me interesa saber sobre su, lo que sea, no respondiste a mi pregunta -dijo la pelirroja mientras levantaba una ceja y tomaba de su copa.
-Quería tener bebés -dijo Emily provocando que la pelirroja se atragantara con el trago que le daba a su copa y comenzara a toser haciéndose aire con la mano -¿Estas bien? -decía Emily mientras daba ligeros golpes en la espalda de Dulce -Si quería tener bebés, le dije que no estaba lista, que no quería cambios ni dejar mi libertad por cuidar niños, así que me dejó hace dos semanas -dijo la pintora ante la cara de sorpresa de su amiga -¿De verdad estas bien? tienes una cara de miedo que da risa -dijo Emily mientras miraba la cara de Dulce.
-Annie está embarazada -soltó sin más la pelirroja mientras Emily dibujaba una sonrisa en su rostro.
-Wow no pierdes el tiempo Espinoza ¡felicidades! -dijo la pintora mientras le daba un abrazo a la pelirroja y cuando se apartó volvió a ver preocupación en su rostro -¿estas feliz cierto? quiero decir es algo que planearon juntas ¿verdad? -preguntó Emily y miró preocupada a su amiga que solo veía su copa y no respondía, Emily suspiró –Dulce María Espinoza Saviñón dime que estabas cien por ciento segura cuando decidiste dar este paso con Anahí -volvió a decir la pintora sin dejar de ver a su amiga, la conocía demasiado bien.
-Bueno, segura al cien -dijo la pelirroja mientras jugaba con la copa en su mano -Bueno un sesenta por ciento, quiero decir, la amo Em y lo sabes, pero verla tan ilusionada no pude decir que no y no imaginé que sucedería tan rápido, quiero decir estos tratamientos se supone que son largos y creí que tendría más tiempo para hablar con ella y llevar las cosas con calma y que mi miedo se pasara por lo menos un poco pero, demonios -se detuvo la pelirroja porque necesitaba tomar un poco de aire -No pensé que funcionaria tan pronto, en el primer intento y ahora está embarazada, casi nos estrellamos cuando me dio la noticia, por eso el auto esta así -dijo la pelirroja mientras se encogía de hombros y miraba a su amiga que la veía con seriedad y preocupación.
-Dul eres una mujer maravillosa y bueno no seré la persona más maternal en el planeta y sinceramente no tendría hijos, pero tú lo harás genial, estas con Annie y todo saldrá bien, solo tienes que ser sincera con ella y decirle a que le tienes miedo, no pueden dar marcha atrás así que tienes algunos meses para asimilar que de ahora en adelante dormirás menos, el sexo disminuirá, tendrás que pensar en fondos para estudios, no podrás salir más de fiesta, serás responsable de una personita que estará encima de ti todo el día, no... -seguía diciendo Emily hasta que Dulce la interrumpió.
-Gracias por animarme Fields -dijo la pelirroja con sarcasmo mientras le daba un golpe en la cabeza a Emily para que se callara. Dulce se giró para ver a Anahí que seguía conversando con Cristine, la miró y le sonrió, suspiró -Serán unos meses largos -dijo mientras terminaba de beber su copa.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:18 pm

capítulo 5

-¡No te vayas, por favor no te vayas! -gritó Dulce mientras se sentaba en la cama, mirando a todos lados, provocando que Anahí se enderezara también para ver qué pasaba.
-Tranquila amor, todo está bien, tranquila es solo un mal sueño -decía la rubia mientras acariciaba la cabeza de la pelirroja y la volvía a recostar en la cama -Tranquila, estamos en esto juntas ¿ok?, te amo y eres la única con la que quiero formar una familia - dijo Anahí mientras dejaba tiernos besos en los labios de su novia que aún estaba un poco agitada por su pesadilla -Lo harás genial Dul y yo estaré ahí contigo no lo olvides -terminó de decir la rubia mientras profundizaba el beso que le estaba dando a la pelirroja y se recostaba sobre su pecho.
Se dibujó una sonrisa en la cara de Dulce -Me encanta cuando haces eso- decía ella que no dejaba de sonreír -Continua.
-¿Qué? -dijo la rubia que intentaba volver a dormir.
-Eso que haces en mi pierna, me encanta -volvió a decir Dulce que seguía con la sonrisa en su boca.
-¿De qué hablas Dul? No estoy haciendo nada -dijo la rubia mientras levantaba su cabeza para ver a Dulce con ojos de sorpresa.
Las dos se miraron sorprendidas y miraron hacia las colchas de la cama y de un brinco ambas salieron de la cama, Dulce halo las cobijas hacia atrás y ahí debajo estaba una pequeña niña de cabello castaño, que al verse sorprendida solo comenzó a gritar provocando los gritos de las chicas también que se asustaron al verla ahí. De pronto la puerta de la habitación se abrió de golpe y entro una mujer pelinegra algo agitada.
-¿Que paso? ahí estas, ¡Aquí esta cariño! -gritaba mientras se acercaba a la niña, detrás de ella entraron otras dos pequeñas, una rubia y otra morena, la rubia estaba entretenida con un libro mientras la morena se subía a brincar a la cama en medio de todo el alboroto, Dulce y Anahí estaban sorprendidas y sin decir palabra ante lo que sucedía. Otra mujer castaña entro corriendo a la habitación y tomo en brazos a la pequeña mientras la mujer de cabello negro bajaba a la otra niña de la cama y le decía a la pequeña rubia que avisara a los vecinos que ya habían encontrado a su hermana, cuando se dio cuenta de quienes estaban en la habitación.
-¡Lo siento de verdad! -decía mientras trataba de acomodar las colchas sobre la cama -Mira cariño son las personas de la playa- dijo Maite a su esposa -Lo siento es que le gusta jugar a las escondidas.
-Hola -dijo Anahí haciendo un gesto con la mano como saludo y con una sonrisa tierna.
-Hola –decía Angelique con la niña en brazos cuando la otra puerta de la habitación se abría y entraba Emily y Cristine aun en pijama, un poco agitadas y asustadas por los gritos que escucharon. Dulce seguía con cara de sorpresa y miro a Emily como pidiendo una explicación.
-¿Qué pasó? -preguntó la pintora mirando a Maite
-Nada ya la encontramos, bueno nos vamos y perdón de nuevo -dijo May mientras se despedía de Dulce dándole un abrazo y besando constantemente su mejilla -Que bueno que están aquí, será un fin de semana genial -dijo la pelinegro mientras salía de la habitación.
-Es broma ¿verdad? -dijo la pelirroja cuando la otra mujer salió -¿Que hacen aquí? -preguntó Dulce a Emily que seguía sorprendida.
-Yo lo siento, es Angelique mi media hermana y su esposa -decía Emily al ver la cara de fastidio de la pelirroja -Siempre hacen lo mismo, llegan sin avisar, de verdad lo siento Dul -dijo la pintora para tratar de calmar a su amiga -Espero no echen a perder su fin de semana -terminó de decir Emily mirando a las dos mujeres.
-No para nada, las niñas son lindas -dijo Anahí mientras seguía sonriendo por lo ocurrido esa mañana.
-¿Lindas? son unos monstruos -dijo Emily con cara de fastidio y mirando a Dulce- ¿Ves?, por eso te dije que no quiero tener hijos, solo te complican las cosas -y diciendo esto salió de la habitación, dejando a una Dulce sorprendida que miraba a Anahí que la veía con tristeza mientras bajaba su mirada.
Después del incidente y de una mañana un poco ajetreada por fin se encontraban almorzando en el jardín, había una gran mesa ya que había varios amigos de Emily pasando un fin de semana en su casa, se reunían de vez en cuando para ponerse al día, algunos habían sido compañeros en la Universidad. Así que ahí al final de la mesa estaban Dulce y Anahí conversando con Emily y Cristine que estaban frente a ellas y justo al lado de Dulce una de las hijas de Maite y Angelique, la niña rubia que no dejaba de ver a la pelirroja y comenzaba a incomodarse.
-Te amo -dijo la niña mientras dibujaba una sonrisa sin dejar de ver a Dulce.
La pelirroja la miro con cara de confusión
-¿Qué? –preguntó Dulce para después mirar a Anahí que le sonrió.
-Creo que tienes una admiradora -le dijo la bailarina al oído y dibujando una sonrisa en su rostro mientras volvía a la conversación con Emily.
-Te amo, cásate conmigo –volvió a decir la pequeña rubia a Dulce.
Dulce volvió a mirarla y sonrió un poco nerviosa
-Gracias, creo, pero no puedo casarme contigo -le dijo mientras se acercaba para que los demás no la escucharan -¿Ves a esta hermosa rubia de ojos azules que está a mi lado?, la amo y es mi novia por eso no puedo casarme contigo -decía la pelirroja mientras la niña fruncía el ceño y se cruzaba de brazos.
-¡Te odio! aléjate de mí -gritó la niña mientras se levantaba, la pelirroja solo frunció el ceño y vio que todos la miraban
-¡Lo siento!- gritó la pelirroja.
-¿Por qué no enseñas a tu hija a que se comporte? -dijo Emily molesta mirando a Angelique mientras esta se paraba para ir tras su hija -Podrías enseñarle modales, por eso no quiero hijos, son insoportables -continuó diciendo la pintora.
-Lo siento, ha estado leyendo novelas románticas -intervino Maite al ver que su esposa estaba a punto de responderle a Emily -Discúlpala ¿Dulce, cierto?- dijo May a Dulce que miraba a Angelique que estaba muy molesta.
-No te preocupes son solo niños -le dijo Anahí al ver que su novia no respondía.
-¿Sabes porque no quieres tener hijos o comprometerte con alguien? -le gritó Angelique a Emily haciendo que todos voltearan a verla -No quieres tener hijos ni un compromiso porque eres una egoísta, solo piensas en ti y eres incapaz de compartir algo con otra persona, ahora entiendo porque Hanna te dejó -se dio la vuelta para irse pero se detuvo -¿Sabes que Em? vas a terminar sola porque ni siquiera eres capaz de convivir con tu familia -y diciendo esto se retiró y Maite fue tras ella, Emily no dijo nada solo suspiró mientras se recargaba en el respaldo de la silla.
El resto del día había sido tranquilo, Dulce se enteró que Emily había conocido a Angelique tiempo después que su padre murió y se enteró que era su media hermana, aunque la castaña trataba de convivir con ella a Emily nunca le agradó del todo y menos ahora que tenía que convivir con su enorme familia. Angelique trabajaba como maestra de música en Joulliard y Maite tenía una agencia de autos. Emily no podía entender como lograban sostener a tantos hijos con unos trabajos tan “comunes” como les decía ella. Dulce estaba en la terraza de la recamara, era de noche y regresarían temprano por la mañana a Nueva York, estaba de pie recargada en el barandal mientras miraba el cielo, Anahí la observó cuando salió del baño y decidió acercarse, la pelirroja ni siquiera escucho que su rubia abría el ventanal para salir.
-¿Estas bien? -preguntó Anahí mientras abrazaba a Dulce por detrás y recargaba su barbilla en el hombro de su novia -No has hablado mucho desde... -la rubia no sabía si continuar hasta que la pelirroja apretó sus brazos en señal para que siguiera -bueno desde que te dije que estoy embarazada.
Dulce solo suspiró -Solo pensaba en lo que pasó hoy en el almuerzo -dijo la pelirroja mientras se giraba para quedar de frente a Anahí sin romper con el abrazo.
-No me digas que estás pensando en la propuesta de esa pequeña rubia -dijo la bailarina provocando que Dulce soltara una carcajada -Me gusta cuando ríes -dijo mientras depositaba un tierno beso en sus labios -Dul entiendo que estés preocupada, yo también tengo miedo pero estoy feliz porque voy a compartir contigo esta aventura de ser madres y sabes que te amo y quiero estar contigo por el resto de mi vida y solo contigo quiero formar una familia -terminó de decir la rubia mientras seguía mirando esos ojos oscuros que tanto quería.
-Annie yo también te amo y quiero estar contigo siempre, pero sabes lo que opino del... -no terminó de hablar porque Anahí puso un dedo sobre sus labios indicándole que se detuviera.
-Amor no te estoy pidiendo que nos casemos, solo quiero saber que de verdad deseas compartir esta aventura que está empezando a crecer aquí, nada va a cambiar- decía la rubia mientras tomaba las manos de Dulce y las colocaba en su vientre y con su otra mano acariciaba la mejilla de la pelirroja.
-Te amo -dijo la pelirroja mientras tomaba el rostro de Anahí con su manos y se acercaba a ella para besarla, quería transmitirle todo lo que sentía en ese momento, amor, deseo pero al mismo tiempo sus más grandes miedos, cuando terminó de besarla simplemente se abrazó a ella respirando el aroma de su cabello que tanto le gustaba y por alguna extraña razón siempre la tranquilizaba

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:18 pm

capítulo 6

Había pasado una semana desde que Anahí le dio la noticia a Dulce, una semana en la que ya la familia de la rubia estaba enterada y todavía la pelirroja no había puesto al tanto de todo a su madre. No es que tuviera miedo hablar con ella, es solo que aún estaba asimilando la noticia del embarazo de Anahí y que eso la convertiría en madre. Dulce se encontraba en su oficina, ya era tarde y aún estaba arreglando algunos pendientes.
-¿Se le ofrece algo más? -preguntó Alice mientras se asomaba a la oficina de su jefa.
-No Alice, puedes retirarte, nos vemos mañana –dijo Dulce mientras se quitaba sus anteojos y los ponía sobre su escritorio. Alice se retiró y Dulce se decidió tomar el teléfono. -Vamos responde -decía la pelirroja mientras esperaba impaciente y comenzaba a mover sus dedos sobre el escritorio en señal de que estaba nerviosa.
-¿Hola? -se escuchó por fin al otro lado de la línea, a Dulce se le dibujó una sonrisa en el rostro y se acomodó en el respaldo de su silla para estar más cómoda.
-Hola mamá ¿cómo estás? -decía Dulce a la mujer al otro lado de la línea.
-Dulce María Espinoza hasta que te dignas a llamarme, pensé que habías olvidado que tenías madre, ¿cómo esta Anahí? -dijo Alma haciendo que Dulce frunciera el ceño ante el saludo de su madre.
-Está bien, precisamente por eso te hablo -dijo la pelirroja que no sabía cómo darle a su madre la noticia.
-¿Que le hiciste Dulce? -dijo su madre en tono de reproche.
La pelirroja solo rodó los ojos y suspiro con fastidio -¿Por qué crees que hice algo? Estamos bien ¿ok? -al menos eso pensaba ella, se detuvo y permaneció en silencio un momento -Está embarazada -por fin dijo Dulce a su madre, solo escuchó un suspiro del otro lado de la línea, Alma conocía muy bien a su hija y estaba segura que para Dulce esto no iba a ser nada fácil.
-Felicidades hija, me alegro por ustedes, aunque soy demasiado joven para ser abuela -decía Alma tratando de aliviar un poco la tensión, aun a kilómetros sabía que su hija estaba nerviosa y podría asegurar que estaría golpeando sus dedos sobre su escritorio en señal de ese nerviosismo -Dul sé que estas asustada, de otra manera no me estarías llamando a esta hora -dijo su madre provocando que su hija suspirara -Sabes que ahora te espera una gran responsabilidad, pero cariño, eres una gran mujer y estoy orgullosa de ti y de lo que has logrado, créeme cuando te digo que estas lista, solo tienes que verlo y confiar en ti, deja de culparte por los errores de tus padres, los problemas que hayamos tenido tu padre y yo no tienen nada que ver contigo y estoy segura que tu no cometerás los mismos errores, eres fuerte Dulce y sé que amas a Anahí y la amarás siempre, te amo y estaré para apoyarte siempre -su madre se quedó en silencio.
Dulce había escuchado atentamente las palabras de su madre y tenía algunas lágrimas en sus ojos
-Gracias- fue todo lo que la pelirroja pudo decir ante las palabras de su madre.
-Las cosas van a cambiar Dulce y tienes que estar preparada y segura para poder apoyar a Anahí -dijo por fin Alma, sabía que el cambio seria difícil para su hija y le preocupaba como fuera a reaccionar.
Después de hablar con su madre, Dulce regresó a su departamento, cuando entró se sorprendió de que estuviera todo apagado, dejó sus llaves y su portafolio en la mesa y se dirigió a la cocina por algo de beber, abrió el refrigerador y saco una botella de jugo, cuando iba a servirse vio que en la botella había una nota: “Cuando termines te espero en la habitación. A”, a Dulce se le dibujo una sonrisa traviesa y dejando la botella se dirigió a la recamara. Mientras se acercaba podía escuchar una suave melodía desde el interior y cuando por fin llegó se sorprendió de lo que vio, había pétalos de flores esparcidos por el piso y sobre la cama, la luz estaba apagada y solo la luz de las velas iluminaba la habitación, había una pequeña mesa con dos copas y una botella de vino, Dulce estaba con la boca abierta al ver todo eso y se sorprendió más cuando vio sobre la cama a Anahí con una pequeña y sexy bata que dejaba la vista sus perfectas piernas.
-¿Que es todo esto? -preguntó la pelirroja sin dejar de sonreír y mirando todo a su alrededor, de pronto su sonrisa desapareció y llevó una de sus manos a su frente -Annie perdóname, de verdad lo siento, he estado muy ocupada, no fue mi intención... -seguía diciendo la pelirroja provocando que Annie soltara una carcajada al ver su chica así y provocando que Dulce detuviera su discurso.
-¿Sabes que te ves muy sexy cuando te pones así? -decía la rubia mientras se ponía de pie y se dirigía hacía Dulce para abrazarla por el cuello y deposita un beso en sus labios.
-Espera, ¿entonces no olvidé nuestro aniversario? -dijo la pelirroja al separarse de Anahí, soltando un suspiro de alivio- ¿Y se puede saber que celebramos? -dijo Dulce mientras rodeaba la cintura de la rubia con sus manos y la acercaba más a ella.
-¿Es necesario que celebremos algo para poder tener una noche romántica tu y yo? -preguntó Anahí a escasos centímetros de los labios de Dulce, esta solo dibujó una coqueta sonrisa y acortó la distancia para besar a su chica, poco a poco Dulce fue guiando a la rubia hacia la cama mientras el beso se volvía cada vez más apasionado y la rubia le quitaba con delicadeza la ropa que ya comenzaba a estorbarle; pero de pronto Anahí se detuvo y se separó de Dulce que la miraba con sorpresa, la rubia se llevó una mano a su boca y salió corriendo al baño. Dulce tardó un poco en reaccionar, camino de prisa al baño y ahí encontró a Anahí sentada en el suelo a un lado del excusado vomitando.
-¿Estas bien amor? -dijo la pelirroja mientras se acercaba y se sentaba a un lado de la rubia, acariciaba su espalda y acomodaba el cabello de su chica detrás de una oreja. Anahí solo asintió y permaneció un momento más ahí sentada -¿Quieres algo, un poco de agua?- preguntó con preocupación a lo que Anahí solo asintió. Dulce salió del baño y se dirigió a la cocina por el agua, mientras Anahí ya se encontraba sentada en la cama.
-Aquí tienes -dijo la pelirroja mientras se sentaba al lado de la rubia y la abrazaba, dejando pequeños besos en su cabeza -¿Te sientes mejor? –preguntó la pelirroja que seguía preocupada.
-¿Dul podrías ducharte por favor? -dijo la rubia con cara de preocupación mientras se desasía del abrazo de su chica y se retiraba un poco de ella, Dulce la miró sorprendida y levantando una ceja ante las palabras de Anahí -Es que, creo que a nuestro bebé no le agrada tu perfume -dijo la rubia mientras bajaba su mirada.
Después de su ducha a petición de su rubia y de estar quejándose en el baño por no poder usar sus lociones que tanto le gustan, por fin salió la pelirroja y vio que Anahí ya se encontraba acostada en la cama, ya había apagado todas la velas pero seguía con su sexy bata puesta lo que provocó una sonrisa en Dulce y que se le olvidaran sus perfumes. Se acercó y comenzó a meterse a la cama, abrazando a la rubia por la cintura, mientras besaba su cuello.
-Dul no te enojes pero estoy cansada y no me siento muy bien -dijo la rubia casi en un susurro, no quería molestar a su novia, Dulce detuvo sus caricias y dejando un tierno beso en el hombro de su chica, se recostó a su lado sin dejar de abrazarla -La doctora dijo que serían normales estos malestares, me acompañarás a la próxima cita ¿verdad? -preguntó Anahí mientras entrelazaba sus dedos con los de la pelirroja.
-Por supuesto -dijo Dulce mientras dejaba un beso en la cabeza de Anahí y se giraba al otro lado de la cama y volvían las palabras de su madre a su cabeza “Las cosas van a cambiar Dulce y tienes que estar preparada y segura para poder apoyar a Anahí”. Ese era el problema, Dulce no estaba lista para los cambios, de hecho no le gustaban los cambios.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:18 pm

capítulo 7
Anahí se encontraba en el departamento, estaba viendo algunas revistas sobre bebés y decoración de habitaciones, Dulce había salido a correr como todos los días, desde su noche romántica frustrada la pelirroja estaba un poco distante e incluso parecía molesta. La rubia escuchó que se cerraba la puerta del departamento y supuso que su novia había regresado.
-Hola Tubby -saludó la pelirroja al gato que se paseaba por la sala mientras se dirigía a la cocina por algo para beber.
-Dul llegaste -salió la rubia de la habitación y se dirigió hacia su novia para saludarla con un beso pero esta se apartó.
-Espera, no quiero ser la causante de tus malestares otra vez, así que voy a ducharme -Y se fue directo a la habitación, dejando a Anahí algo desilusionada.
-No tardes o llegaremos tarde a la cita -gritó la rubia desde la cocina.
-Ya lo sé ¿sí?, no tienes que recordármelo -le respondió Dulce algo enfadada desde el baño. Anahí solo suspiró y acarició al gato que se pasaba por sus pies, mientras pensaba que tenía que ser paciente con su novia.
El Hospital Bellevue se encontraba sobre la 1er Avenida en NY, uno de los mejores hospitales de la ciudad, las chicas bajaron del auto que dejaron en el estacionamiento del hospital, ya iban retrasadas porque Dulce no pensaba dejar su hermoso auto en la calle y en el estacionamiento no encontraban lugar.
-Llegamos tarde Dulce, seguramente perderé mi cita con la Dra. Montgomery -decía la rubia algo molesta mientras caminaban por los pasillos del hospital.
-No pasa nada Annie, además supongo que habrá otros doctores -dijo la pelirroja para quitarle importancia al asunto.
Llegaron a la recepción, a pesar de estar un poco molesta por la tardanza Anahí no soltaba la mano de su novia, la hacía sentir segura.
-Buenos días, la Dra. Montgomery, teníamos cita a las 11 am, soy Anahí Puente. –dijo la rubia a la enfermera en la recepción, mientras Dulce miraba a todos lados viendo e inspeccionando la sala y las personas que había en ella, la mayoría eran mujeres embarazadas con sus parejas, algunas ya con un embarazo avanzado.
-Lo siento ya se ha retirado, tuvo una emergencia, tal vez quiera reprogramar la cita o tal vez quiera que el Dr. Kosevich la atienda -dijo la enfermera mientras la rubia miraba a Dulce con cara de “te lo dije”.
-Bueno podríamos reprogramar la cita –dijo Dulce que se empezaba a poner nerviosa con todas esas mujeres embarazadas en la sala.
-No, entraremos con el Dr. Kosevich -dijo la rubia mientras miraba a la pelirroja con el ceño fruncido.
-¿Están seguras? -preguntó la enfermera.
-¿Hay algún problema? –dijo Dulce
-Es solo que el doctor es nuevo, viene de Rusia y es un poco nervioso pero muy dulce -dijo la enfermera a las chicas.
-Está bien, no importa -dijo Anahí mientras se dirigían a la sala a esperar a que las llamaran, la enfermera les dijo que no tardaría el doctor.
-Wow, estas mujeres sí que están enormes -dijo la pelirroja en un susurro y en tono de burla mientras veía a las personas en la sala.
-Pues en unos meses tu querida novia estará así de “enorme” -dijo la bailarina mientras se cruzaba de brazos en señal de molestia ante el comentario de su novia. Dulce solo giró los ojos y suspiró.
Entraron las dos al consultorio, dentro se encontraba un hombre de unos 45 años, cabello oscuro, estaba hablando por teléfono en otro idioma y se veía un poco nervioso y alterado.
-Por favor siéntense, un momento, pequeños problemas familiares -les dijo interrumpiendo su llamada telefónica. Las chicas lo veían un poco sorprendidas mientras se sentaban y veían como el doctor se ponía algo nervioso y hablaba más fuerte por teléfono.
-Segura que no quieres reprogramar la cita -dijo Dulce al oído de la rubia.
-No, ya estamos aquí Dul -dijo la rubia mientras tomaba la mano de su novia.
El doctor colgó el teléfono e invito a las chicas a sentarse
-Lo siento de verdad, las madres pueden ser un poco histéricas -se sentó frente a las chicas sin decir nada, así pasó un rato en que solo las miraba y no decía nada hasta que Dulce habló.
-Así que escuchamos que es de Rusia -dijo la pelirroja para romper con el silencio incómodo.
-¿Tiene algún problema con eso? -decía el doctor un poco nervioso -no soy comunista, solo soy un científico, en Rusia era jefe de obstrucción.
-¿Obstrucción? -preguntó la rubia con cara de confusión.
-Abstracción -dijo el doctor tratando de pronunciar bien.
-Obstetricia quiere decir -dijo Dulce que ya comenzaba a desesperarse.
-Eso es, obstetricia, un momento por favor -tomó una pequeña grabadora de su escritorio y repitió la palabra para corregirla
-Así es, era obstetra en el hospital de Leningrado.
-¿Y que lo trajo aquí? -volvió a preguntar la pelirroja.
-Bueno nunca tuve oportunidad de trabajar con personas en Rusia -decía el doctor de la manera más normal.
-Oh, se dedicaba a la investigación -Dijo la pelirroja en su interrogatorio al doctor.
-No, en realidad trabajaba con animales -dijo el doctor mientras Dulce y Anahí abrían sus ojos por la sorpresa.
-¿Animales? -preguntó la rubia sorprendía.
-Solo ratas y monos -volvió a decir el doctor un poco nervioso -Quería pacientes que no me mordieran y el mes pasado recibí mi nueva licencia y ahora puedo atender bebés humanos -dijo el doctor con una sonrisa en su rostro mientras las chicas estaban con la boca abierta y Dulce miraba a Anahí con sorpresa -Así que tengo un programa en la computadora que diseñé yo, nos va a decir cuando se embarazó y cuando nacerá él bebe, ¿quién es la futura mamá? -preguntó el doctor a lo que Dulce señaló a Anahí que seguía sin reaccionar -¿Cuando fue su última menopausia? -preguntó el doctor mientras miraba la computadora.
-¿Menopausia? -dijo la rubia frunciendo el ceño.
-Menstruación -corrigió Dulce al doctor.
-Si menstruación -dijo el doctor sonriendo.
-Un 3 de marzo -dijo la bailarina mientras tomaba la mano de su novia que ya se estaba impacientando con el doctor. Mientras el doctor anotaba la fecha en la computadora, las chicas se miraban, si, ambas pensaban que debieron reprogramar la cita.
-Bien el bebé nacerá el 8 de diciembre felicidades y usted se embarazó el 17 de marzo -les dijo el doctor, Anahí sonreía.
-Oh eso es exactitud -dijo la pelirroja con media sonrisa que enseguida se le borró -Oh por Dios, Anahí ¿me engañaste? -dijo con sus ojos muy abiertos mientras trataba de asimilar lo que pensaba -El 17 de marzo yo estaba en Boston en un congreso sobre psicología infantil y yo no había aceptado comenzar con el tratamiento hasta que volví de ese congreso una semana después ¿recuerdas? –Dijo mientras respiraba con rapidez y cerraba sus puños en señal de enojo -Me engañaste.
- ¿Qué? Dulce que estás diciendo -dijo Anahí mientras trataba de tomar la mano de la pelirroja.
-Tal vez deba dejarlas solas -dijo el doctor parándose de su silla y dirigiéndose a la puerta.
-No, está bien, yo me voy -dijo la pelirroja levantándose de su asiento y caminando a la puerta.
-¡NO! esperen, siéntense, Dulce siéntate y ahora chequee su computadora otra vez -dijo la rubia ya alterada por la situación, haciendo que también el doctor regresara a su lugar.
-La computadora está bien -decía el doctor algo nervioso.
-¡No! chequee la maldita computadora -gritó la rubia mientras señalaba la computadora.
-¡Chéqueela!- gritó Dulce
-¡Chéqueela ya! -también gritó la rubia.
-¡Ahhh! No me griten -decía mientras ponía sus manos en su cabeza -No me hagan esto no tolero la presión, lo checaré pero por favor no me grite -el doctor comenzó a teclear nervioso y a golpear un poco la computadora en desesperación.
-¡Apúrese! -dijo la pelirroja desesperada
-Espere, espere -decía mientras seguía dándole pequeños golpes a la computadora -oh ya lo siento, es un problema de las teclas de funciones, una es para humanos y otra es para chimpancés y usted no es un chimpancé -decía el doctor mientras Dulce trataba de calmarse y Anahí tomaba su mano para calmarla.
-No, no lo soy -dijo la rubia mientras trataba de calmar a su novia.
-Lo siento, no quise -decía Dulce mientras acariciaba la mejilla de su novia y depositaba un tierno beso en sus labios.
-Bien, ¿hicieron la inseminación el 23 de marzo? ¿Ya estaba usted aquí? -preguntó el doctor mirando a la pelirroja la cual solo asintió con la cabeza y Anahí suspiro de alivio -Bien su bebé nacerá el 15 de diciembre, ok ahora es tiempo de el examen físico, síganme -el doctor se dirigió a otra sala, al abrirla las chicas vieron la camilla, Anahí se asustó un poco de pensar que se tendría que acostar ahí con sus piernas abiertas -Bien aquí, Señorita si pudiera desvestirse y ponerse esta bata por favor, usted puede esperar afuera si quiere -le dijo el doctor a Dulce.
-Está bien, te espero afuera -le dijo a Anahí
-No te atrevas a dejarme sola con él -dijo la rubia en un susurro mientras detenía a su novia.
-Me...me quedo -dijo Dulce un poco nerviosa.
-Bien, entonces vamos a probar esto -decía el doctor mientras movía unas palancas que había al lado de la camilla haciendo que esta se moviera arriba y abajo de manera rápida sin poder controlarla. Dulce tomó a Anahí de la cintura y ambas se estaba poniendo nerviosas con este raro doctor, cuando por fin pudo controlar la camilla le hizo una señal a la rubia para que se subiera a ella.
-Corre -dijo la pelirroja a su novia en un susurro haciendo que Anahí saliera de la habitación.
Después de discutir un poco sobre regresar o no a la revisión, por fin las chicas se decidieron a volver y terminar la consulta, el hecho de que la doctora de Anahí aun no volviera influyó en la decisión de regresar. Habían terminado y estaban saliendo del consultorio cuando Dulce volteó y miró a Maite y a Angelique salir de otro consultorio.
-Oh por Dios, ahí está Angelique la hermana de Emily -dijo la pelirroja mientras tomaba a Anahí del brazo para dirigirse al elevador sin que las vieran.
-¿Anahí? ¿Dulce? -dijo Angelique que las había visto. Las chicas se detuvieron y se giraron lentamente, la rubia sonreía y Dulce solo hizo un gesto raro en señal de saludo.
-¿Que hacen aquí?- preguntó Maite.
-Revisión de rutina –dijo Dulce, ganándose una mirada de enojo de parte de su novia.
-¿Y ustedes? –preguntó Anahí
-Pues Angelique está embarazada -dijo Maite con una enorme sonrisa en sus labios mientras abrazaba a su esposa por la cintura.
-¡Felicidades! -dijo la bailarina mientras le daba un abrazo a la castaña, Dulce no decía nada solo medio sonreía y trataba de que Maite no se le acercara demasiado.
-Señoritas esperen -escucharon un grito, el doctor Kosevich venía con una chamarra en la mano -se les olvido esto -dijo mientras le daba a Anahí la chamarra.
-Oh gracias, lo olvidé -dijo la rubia
-Tiene muchos pelos -dijo el doctor mirando a Anahí.
-¿Qué? –preguntó Dulce levantando una ceja y mirando de mala gana al doctor.
-Sí, pelos, de... -hacia señas con sus manos, no recordaba la palabra que quería decir -si de miau, miau -dijo haciendo unos gestos raros.
-De gato -dijo la rubia -Si tenemos un gato en casa.
-Pues deben deshacerse de él, los gatos tiene enfermedades... -otra vez no recordaba la
Palabra- en su popo, tax... taxo... -Angelique lo interrumpió.
-Toxoplasmosis -dijo la castaña
-Si eso, es dañino -volvió a decir el doctor a la pelirroja que lo miraba con el ceño fruncido.
-No, Tubby es viejo y muy limpio, no me voy a deshacer de él -respondió Dulce.
-Lo siento, tendrán que elegir el bebé o el gato -les dijo el doctor y enseguida se retiró.
Dulce y Anahí se miraron sorprendidas y vieron como Angelique y Maite también reían.
-¿Quien está embarazada? -preguntó Maite mientras daba pequeños aplausos de emoción.
-Yo -dijo Anahí levantando su mano de manera tímida. Enseguida Angelique la abrazó para felicitarla y Maite hizo lo mismo con Dulce.
-¡Felicidades! -dijo la pelinegra a Dulce que estaba siendo asfixiada por el abrazo de Maite
-Es lo mejor que te puede pasar en la vida -decía la pelinegra a una pelirroja disgustada por la situación.
La situación no podría ser peor para Dulce, por un lado estaba Angelique que no paraba de hablar del embarazo, de lo maravilloso que es, le daba tips y consejos a la rubia, algo que parecía gustarle a Anahí porque no dejaba de reír y por otro lado estaba Maite que no dejaba a Dulce, mientras hablaba de lo maravilloso que es, que querían un niño y no dejaba de darle consejos a Dulce, la pelirroja comenzaba a fastidiarse y solo se limitaba a responder con un sí o no a las preguntas de Maite. Así siguieron hasta el estacionamiento del hospital. Cuando por fin llegaron al auto de la pelirroja esta se apresuró a subir, quería salir de ahí lo más pronto posible.
-Wow, ¿es tu auto? –Preguntó Maite mientras rosaba con su mano el auto -Es genial, un BMW convertible -decía la pelinegra que no dejaba de admirar el auto.
-A veces creo que esta más enamorada de los autos que de mi- dijo Angelique a Anahí mientras veía con una enorme sonrisa a su esposa.
Dulce sonreía sinceramente por primera vez desde que salieron de los consultorios, adoraba a su auto y que alguien dijera que era genial la hacía sentir bien- Si es genial, además me encanta el color negro así que… - dijo la pelirroja sonriendo y encogiéndose de hombros.
-Sabes tengo una agencia de autos, si quieres cambiarlo yo te puedo ofrecer buenos precios -dijo la morena de cabello negro.
Dulce solo arqueo una ceja y se puso seria -¿Cambiarlo? jamás cambiaria mi auto -dijo la pelirroja, su sonrisa había desaparecido.
-Si May tiene razón, necesitarán un auto más familiar ahora que van a ser mamás -dijo Angelique a Anahí, la bailarina solo asentía con su cabeza como aceptando la propuesta, no había pensado en eso. La pelirroja miró a la castaña con cara de pocos amigos, algo que Maite notó.
-Bueno cariño vámonos, debemos recoger a las niñas –dijo Maite a su esposa para que no siguiera hablando -Dulce toma mi tarjeta por si cambias de opinión -le entregó la tarjeta y le tendió la mano para despedirse. Dulce la tomó de mala gana y solo hizo un gesto raro a manera de despedida. En cambio Angelique se despidió de Anahí acordando que la llamaría para asistir a algunos cursos para mujeres embarazadas.
-Adiós Dulce -dijo la castaña haciendo un ademan con su mano para despedirse. Cuando se fueron la bailarina seguía mirando el auto de Dulce, estaba pensativa.
-Creo que tienen razón cariño, este auto no es adecuado para cuando nazca el bebé -dijo la rubia mientras se subía al auto. -Además creo que tendremos que deshacernos de Tubby, no quiero que el bebé se vaya a enfermar -término diciendo la rubia ante una Dulce que no podía articular palabra.
-¡No no no! en primer lugar no me voy a deshacer de mi auto y tampoco de mi gato, llevo 12 años con él y no lo voy a abandonar ahora -prácticamente gritó la pelirroja, ya estaba enfadada de tener que escuchar que se tenía que deshacer de sus cosas.
-Pero Dulce ¿dónde piensas poner al bebé cuando salgamos? ¿En el capote del auto? No lo creo -la rubia ya se estaba molestando también por ver la reacción de su novia, de verdad que no la entendía y estaba esforzando demasiado para no perder la paciencia -Esta bien, entiendo lo de Tubby, no te pido que nos deshagamos de él, pero ¿el auto? creo que deberías pensarlo- termino diciendo la rubia.
-Menos mal que nada iba a cambiar ¿cierto? -dijo la pelirroja con ironía sin mirar a Anahí mientras encendía el auto para salir de ahí, Anahí solo la miro y negó con la cabeza, de verdad que no entendía a Dulce, la amaba de eso no tenía duda, pero últimamente no lograba entenderla y eso la entristecía y le preocupaba

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:19 pm

capítulo 8
Las chicas llegaron a su departamento, ninguna habló durante el trayecto a casa, no querían empeorar las cosas. Se dirigieron al departamento en un silencio total, Dulce sabía que había hecho sentir mal a Anahí y la rubia no entendía la actitud de Dulce, era como si no se sintiera cómoda con la situación. Entraron al departamento y la rubia se dirigió a la habitación sin decir nada mientras Dulce se sentaba en el sofá y trataba de ordenar sus ideas y asimilar un poco todo lo vivido esa mañana. Ahí permaneció durante un largo tiempo hasta que decidió ir a la habitación y hablar con su novia.
-¿Annie? -preguntó la pelirroja en un susurro mientras abría poco a poco la puerta de la habitación -Annie ¿estás bien? -ya había entrado cuando vio a la rubia recostada en la cama mirando al techo, no le respondió -Lo siento -dijo la pelirroja y vio como Anahí limpiaba su rostro, había estado llorando, había hecho llorar a su novia y eso la hizo sentir fatal.
-¿Que parte? el no querer deshacerte de tu estúpido auto y de tu estúpido gato o tu reproche por querer hacer estos cambios por el bien de nuestro bebé -gritó la rubia, se había sentado en la cama y estaba viendo a la pelirroja que se había quedado petrificada en la puerta por el tono que por primera vez le escuchaba a su bailarina. Sin decir nada Dulce se acercó y se sentó al lado de Anahí.
-Perdóname por favor -dijo la pelirroja en un susurro, seguía con la mirada abajo, no podía ver esos ojos azules tristes y sobre todo saber que ella era la causante de esa tristeza.
Anahí rompió en llanto otra vez y se lanzó a los brazos de Dulce que sorprendida por la reacción no hizo más que abrazarla fuertemente contra su pecho -Lo siento, por favor ya no llores, me parte el corazón verte así -decía la pelirroja mientras dejaba pequeños besos sobre la cabellera rubia de su chica.
-Dul perdóname, no quería gritarte, es solo que me siento muy sensible y tu actitud no ayuda mucho -dijo la rubia que seguía abrazada a Dulce -Lamento lo que dije del auto y de Tubby -dijo esto mirando a su novia a los ojos.
-Perdóname tú a mí por mi reacción, todo ha pasado tan rápido que… -dijo pero Anahí puso un dedo sobre sus labios para que no continuara.
-Lo sé, sé que estas asustada y te entiendo, pero entiéndeme a mi también por favor, a veces siento que te arrepientes y eso me duele, solo quiero saber si estarás conmigo o… - decía Anahí sin dejar de ver los ojos de su novia, Dulce la interrumpió dándole un tierno beso.
-Dame tiempo ¿sí?, necesito asimilar todo esto y sabes que voy a estar contigo -dijo la pelirroja cuando terminó de besar a su novia, le dolía verla a si y sabía que no era capaz de decirle que aún no se sentía lista, solo miraba sus hermosos ojos azules.
Anahí no respondió solo se acercó para volver a besarla, Dulce la tomó por la cintura para acercarla más ella mientras la rubia ponía sus manos en la nuca de su novia para profundizar el beso, quería trasmitirle todo su amor y sobre todo que estaría ahí para esperarla. Dulce fue deshaciéndose de la ropa de la rubia con la mayor delicadeza mientras Anahí hacia lo mismo con ella, cuando se liberaron de la ropa sus manos acariciaban cada palmo de piel mientras seguían uniendo sus bocas en tiernos y apasionados besos, Dulce fue acostando a Anahí poco a poco mientras ella se posaba encima, quería demostrarle cuanto la amaba y la rubia quería demostrarle que era ella todo lo que siempre había deseado. Sus respiraciones comenzaban a acelerarse con cada caricia, entre sutiles gemidos que indicaban que ambas estaban llegando a la cima no paraban de decirse cuanto se amaban- Te amo...Annie -logró decir Dulce mientras se aferraba al cuerpo desnudo de Anahí
-Quiero...estar...contigo siempre -logró decir la rubia mientras sus piernas se aferraban con más fuerza a las caderas de Dulce y con sus manos se aferraba su espalda, no quería soltarla nunca. Llegaron juntas al éxtasis, seguían abrazadas mientras sus respiraciones se calmaban poco a poco, Dulce estaba recostada sobre el pecho de Anahí y esta le deja pequeñas caricias en su espalda desnuda.
-¿Cambiaste de perfume? -preguntó la rubia mientras aspiraba el aroma de la pelirroja.
-¿Porque? ¿Este tampoco le gusta al bebé? -dijo la pelirroja haciendo reír a su novia.
-Umm, creo que este si le ha gustado -dijo la rubia mientras entrelazaba su manos -Dul tengo hambre y se me antoja un helado de fresa -dijo la bailarina haciendo que Dulce levantara su cabeza para mirarla -¿Qué? tengo que alimentar a otra personita y después de este “ejercicio” tengo mucha hambre.
Dulce solo rodó los ojos y suspiró -Esta bien, vamos por algo de comer -dijo la pelirroja, en otras circunstancias se habrían quedado en la cama toda la mañana, haciendo “ejercicio”, sin pensar en comer, solo querían comerse una a la otra, las palabras de Anahí estaban retumbando en la cabeza de Dulce, “otra personita”, sentía que tenía que compartir a su rubia y eso no le hacía mucha gracia.
Después de ducharse, salieron de su departamento a un centro comercial, hacía mucho que no tenían un día libre de sus trabajos y querían pasarlo juntas, así que ahí estaban paseando por el centro comercial tomadas de la mano, habían comido unas hamburguesas que fue lo que la rubia quiso comer así que Dulce no se negó. La rubia se encontraba sentada en una banca mientras la pelirroja le complacía su antojo por el helado de fresa.
-Aquí tienes amor -dijo la pelirroja mientras le daba a Anahí su helado y se sentaba a su lado.
-Gracias Dul -la rubia le dio una hermosa sonrisa -¿Quieres? -dijo la rubia mientras miraba a Dulce.
-No, sabes que no me gusta el dulce, Annie... -dijo la pelirroja que veía como su novia se había manchado un poco la mejilla con el helado, sin decirle nada se acercó a ella y beso su mejilla al tiempo que pasaba ligeramente su lengua para quitar el resto de helado, la rubia solo cerró los ojos para disfrutar la caricia de su chica.
-Creí que no te gustaba el dulce -dijo la rubia mientras se giraba para quedar a pocos centímetros del rostro de Dulce.
-El dulce no me gusta pero me gustas tú -la pelirroja cerró la distancia que había entre ella y la beso dulcemente hasta que un sonido distrajo a Dulce -Annie tu celular- dijo la psicóloga sin dejar de besar los labios de su chica.
-Espero que sea importante como para interrumpir -dijo la bailarina mientras se separaba de Dulce y contestaba la llamada.
-¿Hola? ¿Angelique? -dijo la rubia mientras veía a la pelirroja que había levantado una ceja al escuchar el nombre de quien llamaba a su novia -¿a cenar el sábado? -Anahí miró a Dulce que le hacía señas con las manos para que dijera que no -claro está bien, nos vemos a las 8 -terminó la rubia mientras miraba a Dulce que tenía cara de pocos amigos.
-¿Porque le dijiste que si? -la pelirroja estaba enfadada, lo que menos quería era tener que pasar una cena con Maite y su enorme familia –Annie sabes que no me agrada –dijo cruzándose de brazos, realmente estaba molesta.
-Vamos Dul, es solo una cena -decía la rubia mientras se acercaba a su chica y rodeaba su cuello con sus brazos -Además nos pueden dar algunos consejos ahora que vamos a ser mamis -la rubia veía a su chica con un tierno puchero en su rostro, sabía que Dulce no se podría resistir.
-No Anahí, no pongas esa cara -dijo la pelirroja que seguía con los brazos cruzados -No pienso pasar la noche del sábado con ellas y menos soportar a Yako, Wako y Doc -la pelirroja se giró para no ver la cara de Anahí que la estaba convenciendo -Además es solo un bebé por Dios, no necesitamos consejos -estas palabras no las pensó Dulce, provocando que la rubia se alejara de Dulce y ahora ella se pusiera de brazos cruzados, eso le había dolido.
-¿Solo un bebé? -preguntó mientras miraba a la pelirroja -Si no te has dado cuenta es NUESTRO BEBÉ -casi gritó la rubia, Dulce la miró sorprendida y sin poder decir nada, solo bajo la mirada y suspiró.
-Lo siento Annie -dijo la pelirroja en un susurro, ahora ella trataba de abrazar a la rubia cuyos ojos comenzaban a llenarse de lágrimas -Perdóname ¿sí?, soy una tonta -volvió a decir la pelirroja mientras con su mano limpiaba las lágrimas que comenzaban a bajar por las mejillas de la bailarina -Iremos a esa cena y... -no pudo terminar la frase porque la rubia ya se había lanzado a sus labios.
-Gracias Dul -dijo la rubia a poca distancia de los labios de su novia -Será divertido.
Dulce solo suspiro y rodó los ojos, sería una cena larga y necesitaría de toda su paciencia

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:21 pm

capítulo 9
Para pesar de Dulce el sábado había llegado y eso significaba que tendría que pasar una cena en casa de Maite y Angelique junto a sus tres pequeños “monstruos” como los llamaba Emily. Anahí se encontraba en la recamara terminando de prepararse mientras la pelirroja estaba en la sala viendo televisión, aun no se había cambiado y no tenía muchas ganas de hacerlo.
-¡Dul, vamos a llegar tarde! -gritó la rubia desde la habitación, Dulce solo suspiró, apagó el televisor y se dirigió a la habitación -Sé que no quieres ir pero podrías disimular un poco, por favor -dijo la rubia mirando a Dulce por el espejo que ahora se había tirado en la cama.
-Sabes que podríamos quedarnos y hacer cosas más interesantes -dijo la pelirroja que ahora estaba abrazando a Anahí por la espalda mientras comenzaba a besarle el cuello, la rubia solo hecho su cabeza un poco hacia a otras para que la pelirroja continuara.
-Podemos hacer todas las cosas interesantes que tienes en mente -dijo la rubia haciendo que a Dulce se le dibujara una coqueta sonrisa en el rostro -Pero cuando regresemos de esa cena -esto solo hizo que a su novia se le borrara la sonrisa y dejara de besar a su rubia.
-Más te vale que sea muy pero muy interesante -decía la pelirroja mientras señalaba a la rubia y se dirigía al baño para arreglarse.
Habían llegado a la casa de Maite, por supuesto llegaban tarde, primero porque Dulce como siempre tardó en arreglarse y porque se habían perdido de camino, habían estado dando vueltas por el vecindario, Dulce ya estaba desesperada y solo quería regresar a casa, sin embargo la rubia supo convencerla y pudieron dar con la dirección. La casa era grande y tenía al frente un jardín y algunas flores, la fachada era blanca con grandes ventanas.
-¿Segura que es aquí? -preguntó la pelirroja mientras seguía observando la casa, estacionó el auto enfrente -Vaya, es una casa grande y... -Dulce seguía observando la casa mientras Anahí bajaba del auto, no pensó que estas mujeres tuvieran tan buen gusto -Es hermosa.
-Wow, ¿acabas de dar un cumplido a la casa de Maite y Angelique? -dijo la rubia mirando con sorpresa a su novia -Espero que sigas con esta amabilidad durante la cena -la rubia había tomado la mano de Dulce y le dio un rápido beso en los labios provocando la risa de Dulce.
-Lo intentaré –dijo mientras se dirigían a la puerta para comenzar con esta espléndida cena de sábado por la noche. En cuanto llegaron a la puerta toda la hermosura que pensó Dulce de esa casa se desvaneció ya que cuando se acercaron a tocar el timbre escucharon gritos de niñas así como la voz de Angelique, parecía que dentro había un caos -¿Y si a los cinco minutos finges que te sientes mal y nos vamos? -dijo la pelirroja mientras miraba a Anahí con el ceño fruncido y una ceja levantada -Esta bien, yo seré la que se sienta mal -volvió a decir la pelirroja provocando en la rubia un sonrisa, Anahí le tomó la mano con fuerza y toco a la puerta.
-No va a pasar nada Dul, son solo niñas -decía la rubia mientras dejaba un pequeño beso en los labios de su novia, cuando escucharon que alguien corría a la puerta.
-Por fin llegaron -dijo Maite que se lanzó a abrazar a Anahí para saludarla, iba hacer lo mismo con Dulce pero esta extendió la botella de vino que llevaban para evitar ser ahogada por la pelinegra y su efusivo abrazo -Adelante, solo faltaban ustedes -dijo la pelinegra haciéndose a un lado para que pasaran -¡Cariño ya llegaron! –Gritó Maite desde la entrada y prácticamente en el oído de Dulce haciendo que esta se asustara -Lo siento.
Las chicas entraron a la casa, también era muy bonita por dentro, solo había algunos juguetes por el suelo haciendo que la pelirroja casi cayera con uno de ellos, Dulce no soltaba la mano de Anahí lo que provocaba en la rubia un tierna sonrisa, sabía que su chica estaba nerviosa y más nerviosa se puso cuando de pronto tres pequeñas aparecieron corriendo y gritando, lanzándose a abrazar a Anahí y a Dulce provocando que esta abriera sus ojos por la sorpresa y el susto.
La más pequeña, una niña castaña de ojos claros veía fijamente a Dulce y extendía sus manos hacia la pelirroja, esta no sabía qué hacer y solo reía tímidamente.
-Quiere que la alces -dijo Anahí al oído de la pelirroja, está la miro con los ojos abiertos -No te va hacer nada Dul, ve es pequeñita.
Dulce tomó a la niña y la sentó sobre sus piernas, solo le sonreía tímidamente mientras la pequeña no dejaba de mirarla, de pronto solo sonrió y dejo un beso en la mejilla de la pelirroja.
-Le agradas -se escuchó las voz de Angelique que había llegado a la sala, se dirigió a saludar a las chicas -Kat no habla mucho pero es una niña muy dulce y le agradas -decía la castaña viendo la escena -Bien chicas a cenar que para eso las invitamos -la castaña tomo a Kat en brazos y se dirigieron al comedor.
-Ves, le agradas a los niños -dijo la bailarina mientras dejaba un beso en la mejilla de su novia, esta solo se encogió de hombros y sonrió.
El comedor era grande, así como la familia que Vivian en esa casa. La cena transcurría lentamente para pesar de Dulce, por un lado estaba Angelique que no dejaba de hablar con Anahí sobre el bebé, ropa, decoración de habitaciones, molestias, hormonas y la constante pregunta “Tu qué piensas Dulce”, y por otro lado estaba Maite que no dejaba de hablar de su auto, que si era mejor cambiarlo, que necesitarían uno más familiar y por ultimo las niñas que no dejaban de moverse, gritar, además que siempre la miraban, Dulce estaba a punto de salir corriendo de ahí y su rubia lo veía en su cara.
-¡Demonios! -gritó la pelirroja levantándose de golpe de la silla, la pequeña Lucy había derramado su bebida sobre ella -¿Porque no tienes cuidado? –dijo mientras veía a la niña, Lucy comenzó a llorar exageradamente y se fue corriendo, Dulce se ganó una mirada asesina de parte de Anahí.
-Igual de dramática que Angelique -dijo Maite mientras reía, risa que se le borró con la mirada asesina de su castaña esposa.
-¿Donde está el baño? -dijo la pelirroja que seguía limpiando su pantalón.
-Al fondo a la izquierda -dijo Angelique que seguía mirando a su esposa.
La psicóloga se dirigió al baño, en cuanto entro dio un gran suspiro, se miró en el espejo, de verdad estaba perdiendo la paciencia y esa cena parecía no llegar a su fin. Se mojó el rostro y se quedó con las manos recargadas en el lavabo cuando un ruido la despertó, su celular estaba sonando, vio en la pantalla quien era y sonrió.
-Hola Em -dijo la pelirroja mientras bajaba la tapadera del inodoro y se sentaba sobre ella -Hubieras llamado hace media hora y me hubieras ahorrado la peor de las cenas.
-¿Tan mal están las cosas con Anahí? -preguntó la pintora provocando una carcajada en su amiga.
-Para nada, no me vas a creer en donde estamos cenando -la pelirroja sabia cuanto quería Emily a su querida hermana Angelique.
-Sabes que odio las adivinanzas así que ya suéltalo -Emily se escuchaba desesperada y eso hizo reír a la pelirroja.
-Angelique y Maite nos invitaron a cenar y Annie no se negó -la pelirroja quería saber la reacción de su amiga que no se hizo esperar y soltó una sonora carcajada provocando que se quitara el teléfono del oído -¿Que tiene tanta gracia? -preguntó la pelirroja con confusión.
-Es que jajajaja tu Dulce Espinoza jajajaja cenando con jajajaja los conejos “Mai-Ang” jajajaja -decía Emily que apenas podía hablar de la risa.
-¿Conejos…?- la pelirroja arqueó una ceja y abrió sus ojos por la sorpresa -¿De dónde sacaste eso Em?- la pelirroja también había comenzado a reír.
-Es que se reproducen como conejos, no tienen límites -la pintora ya empezaba a calmarse de su ataque de risa y ahora Dulce era la que no podía dejar de reír.
-Em háblame en cinco minutos, necesito salir de aquí -dijo la pelirroja mientras se miraba en el espejo y borraba las lágrimas que le habían salido de la risa.
-Claro, por cierto en unos meses estaré en NY haciendo una exposición y ya sabes que estas invitada y tu rubia también -Emily estaba en París y siempre que tenía oportunidad de estar en NY visitaba a su querida amiga.
-Claro ahí estaremos, pero háblame en cinco minutos -decía mientras terminaba la llamada –Conejos "Mai-Ang"- decía mientras seguía riendo y negando con la cabeza, pero la sonrisa se le borró de la cara al abrir la puerta del baño y encontrarse con Anahí de brazos cruzados, arqueando una ceja y muy enojada.
-¡Oh Annie!, me entretuve hablando con Em -fue todo lo que la pelirroja pudo decir, miró a Anahí y bajo la mirada, de verdad estaba enojada.
-Claro y te hablará en cinco minutos para salir de aquí ¿Cierto? -la rubia seguía en su posición y esperando a que la pelirroja respondiera -¡No lo puedo creer Dulce, no puedes esforzarte un poco! -dijo la rubia subiendo el tono de su voz.
-Annie lo siento, lo intento de verdad -la pelirroja se había acercado a la rubia y la tomaba por los hombros.
-Pues no parece -dijo la bailarina sin mirar a Dulce, sus ojos comenzaban a ponerse húmedos -No voy a discutir contigo aquí -la rubia se limpiaba sus ojos para que las lágrimas no siguieran saliendo -así que volveremos y terminaremos con esa cena ¿entendido? -la rubia se había controlado para no llorar, miró a Dulce con enojo y se dirigió a la sala mientras Dulce la seguía con la mirada abajo y lentamente.
-Por fin chicas -dijo Maite con una sonrisa mientras ponía una bandeja con unas tazas sobre la mesa al centro de la sala -Angelique fue a acostar a las niñas, no tarda –dijo mientras se sentaba, notó que la situación entre la bailarina y la pelirroja estaba un poco tensa ya que Anahí se sentó sin mirar a Dulce y esta aunque se sentó a su lado miraba a otro lado sin decir nada, lo confirmó cuando el celular de Dulce sonó y Anahí la miró casi asesinando al celular lo que provocó que la pelirroja rápidamente colgara la llamada y apagara el celular.
Cuando Angelique volvió, la conversación fue tranquila y agradable, entre anécdotas de las niñas y la familia, Maite trató de aliviar la tensión entre Dulce y Anahí cuando les preguntó cómo se habían conocido, esta simple pregunta provocó que ambas se miraran a los ojos y de inmediato dibujaran un enorme sonrisa en sus rostros, sin pensarlo la bailarina entrelazo sus dedos con los de la pelirroja y relató la historia.
Angelique no dejaba de darle tips a Anahí y a Dulce para ayudarlas como madres primerizas, según la excusa de la castaña aunque lo cierto era que no podía dejar de hablar y Maite solo la miraba con amor al escuchar cada consejo que les dabas a sus invitadas, Annie estaba encantada y la pelirroja no parecía tan impaciente.
Dulce también quiso saber cómo se habían conocido Angelique y Maite, la pelinegra solo miró a su esposa para que fuera ella la que relatara la historia mientras entrelazaban sus dedos y Angelique no perdió la oportunidad.
-Nos conocimos en el instituto -dijo la castaña mientras miraba a su esposa -pero hasta que nos graduamos Maite se atrevió a confesar que estaba enamorada de mi -volvió a mirar con ternura a su morena cabello negro y besó su mejilla -Después nos mudamos a NY, yo estudiaba en Joulliard y ella en Columbia pero hasta que nos graduamos decidimos vivir juntas -volvió a mirar a su esposa y le sonrió -Y un año después Maite me pidió que nos casáramos y no pude negarme -miró a Maite que solo sonrió y le dio un beso -a los dos años Maite me dio uno de los mejores regalos, Beth -la niña ahora tenía 10 años y se parecía a Maite.
-Pero también Angelique me dio un hermoso regalo 3 años después –habló Maite mirando a su esposa -Lucy, cuando la tuve en mis brazos, tan pequeña, me volví a enamorar -Lucy ahora tenía 7 años y se parecía a Angelique, castaña, de ojos oscuros y con el carácter de su madre.
-Y después llegó Katherine -dijo Angelique mirando a Dulce -es hermosa como Maite volvió a mirar a su esposa, Katherine de 4 años era la perfecta combinación de Angelique y Maite, cabello castaño y ojos claros -Y ahora esperamos a Charly -dijo la castaña mientras se tocaba el vientre, querían un niño y eso le hacía mucha ilusión a Maite -Bueno aún no sabemos si será niño pero nos encantaría -Angelique había terminado su historia.
Anahí estaba emocionada escuchando el relato de sus amigas, se les veía tan feliz y eso era lo que ella quería, una familia junto a una mujer de hermosos ojos oscuros, cabellera roja hermosa y con un ácido sentido del humor, quería una familia con su Dulce, quería casarse con ella y estar con ella para siempre.
-¿Y porque tantos hijos? -esta pregunta hecha por su Dulce la sacó de sus sueños, Anahí la miro sorprendida, no creía que la pelirroja estuviera haciendo esa pregunta, bueno si creía solo que tenía la esperanza de haber escuchado mal. Maite y Angelique se miraron y solo rieron sin darle importancia.
-Bueno, somos hijas únicas y siempre quisimos tener una familia grande –dijo Maite encogiéndose de hombros y quitándole importancia a la pregunta de la pelirroja.
Las chicas se despidieron, Maite y Angelique se quedaron en el marco de la puerta viendo como subían al auto, la castaña suspiro haciendo que Maite la mirara mientras sonreía, conocía a su esposa y sabía que algo estaba pasando por su cabeza.
-¿Que pasa amor? -dijo la pelinegra una vez que entraron a la casa.
-Estas chicas necesitan ayuda -dijo la castaña mientras Maite la abrazaba por detrás.
-No entiendo -dijo la pelinegra mientras besaba el cuello de su esposa.
-Es claro que se aman, se puede ver en cómo se miran -decía la castaña mientras hacía espacio en su cuello para que su esposa siguiera con su labor -Dulce está loca por Anahí y no se diga de Annie, pero Dulce esta que se orina del miedo cada vez que escucha algo sobre el bebé que van a tener -esto provocó que la pelinegra riera provocando que Angelique le diera un golpe en su brazo.
-No se ve tan asustada -decía sin dejar de abrazar a su esposa.
-Claro que está asustada, apenas escucha “bebé” y tiembla -dijo Angelique haciendo un movimiento raro con sus brazos -Además Annie es muy sensible, imagina ahora con los cambios, definitivamente necesitan ayuda -la castaña se giró sin romper el abrazo, paso sus brazos alrededor del cuello de Maite -Y tú y yo las vamos a ayudar -terminó de decir la castaña para besar a su esposa con mas pasión.
-Umm, así que el poder ‘Mai-Ang’ entra en acción -dijo Maite sobre los labios de Angelique provocando que esta la besara más intensamente y sin pensar le arrancara la blusa -Me encanta cuando las hormonas te vuelven una fiera grrr.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:21 pm

capítulo 10
Había pasado casi un mes desde la cena en casa de Maite y Angelique, la habían repetido dos veces más, cenas que al igual habían sido momentos desesperantes para Dulce, sin embargo había comenzado a llevarse bien con Maite, aunque a veces esta también la sacaba de sus casillas.
Anahí estaba terminando su primer trimestre del embarazo y sus cambios de humor estaban volviendo loca a Dulce, la bailarina era una persona sensible, pero ahora era extremadamente sensible y al segundo podía estar fúrica con la pelirroja, claro que los comentarios y actitudes de Dulce no ayudaban mucho.
-Hola amor -Dulce estaba llegando al departamento, cuando entró Tubby se acercó a sus pies -Hola gordito -dejó su maletín y sus llaves, se dirigió hacia Anahí que estaba sentada en el sofá con unas revistas, se sentó a su lado esperando un beso de la rubia que seguía atenta a su lectura.
-Sabes que la música puede tranquilizar al bebé -la rubia se giró para mirar a Dulce que la miraba con ternura, esta simplemente sonrió.
-Estas hermosa -fue lo único que dijo la pelirroja antes de acercarse y besar a su novia con ternura, puso su mano en la nuca de la rubia para acercarla más, poco a poco Anahí soltó la revista y puso su mano en la mejilla de Dulce, la pelirroja profundizó el beso y poco a poco fue recostando a la bailarina sobre el sofá mientras ella lentamente dejaba caer su peso sobre Anahí sin romper con el beso; en cuanto estuvieron recostadas Dulce dejó los labios de la rubia para besar su cuello, Anahí solo hizo su cabeza hacia atrás para darle más espacio a la pelirroja que ahora comenzaba a desabrochar la blusa de la rubia lentamente.
-¿Dul? -dijo la rubia en un susurro, podía sentir las manos de su novia que quería deshacerse de su ropa.
-Umm -fue lo único que dijo Dulce, seguía concentrada en el cuello de la rubia y en quitarle la blusa.
-Necesitamos arreglar la habitación para el bebé -esto provocó que Dulce se detuviera, levantó un poco la cabeza para mirar a Anahí que esperaba una respuesta.
“No puede ser” pensó la psicóloga, se levantó y se volvió a sentar ante la mirada de Anahí -¿Qué? -peguntó la pelirroja, quería asegurarse de haber escuchado bien, la rubia también se volvió a sentar mientras comenzaba a abrocharse la blusa de nuevo.
-Necesitamos acondicionar una habitación para el bebé -la rubia vio como la cara se Dulce pasó de la confusión a la molestia.
Dulce solo suspiró mientras rodaba los ojos -Annie es solo una habitación, podemos hablarlo después -la pelirroja intentó acercarse para besar de nuevo a la bailarina pero esta la detuvo, Dulce cerró los ojos y se regañó a si misma por sus palabras, esta noche le tocaría dormir en ese sofá.
-¿Solo una habitación? -dijo la rubia cruzándose de brazos y mirando fijamente a Dulce -No Dulce, ¡es la habitación de nuestro bebé! –Anahí comenzó a levantar el tono de su voz, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
-No quise decir eso Annie -la pelirroja no sabía que decir para evitar las reacciones de su novia, últimamente no sabía cómo hacerlo.
-Pues no parece Dulce! -Anahí se levantó del sofá, con sus manos trato de limpiar sus mejillas -¿Cuando quieres que lo hablemos? ¿Cuándo vaya a irse a la universidad? -fue lo último que dijo Anahí antes de irse a la habitación dando un fuerte portazo al cerrarla.
Dulce solo suspiró pesadamente y se recostó en el sofá, ahí permaneció un buen rato, hasta que se decidió a ir a la habitación, por lo menos por una almohada y una frazada Se acercó lentamente y despacio comenzó a abrir la puerta pero una voz la detuvo.
-¡No quiero verte Dulce!-gritó la bailarina desde el interior.
-Pero Annie… -fue lo único que pudo decir la psicóloga para recibir un “no” como respuesta -Malditas hormonas -apenas dijo esto escuchó un almohadazo en la puerta y la voz de su novia.
-¡Te escuche!
Dulce regreso a su sofá, tratando de acomodarse, era demasiado incomodo pero no le quedaba de otra; sin embargo no podía dormir y aún era temprano, así que decidió salir a dar un paseo. Salió de su departamento, simplemente subió a su auto y comenzó a conducir sin rumbo, no podía llamar a Emily, seguramente en Paris estaba de fiesta o divirtiéndose en su hotel con alguna hermosa mujer, además no estaba de humor para escuchar alguna de sus bromas sobre su situación. Se acordó de cierta pelinegra, un poco loca pero experta en situaciones similares, así que tomo su teléfono y marco.
-Hola Angelique, ¿esta Maite? -Dulce no sabía a quién más recurrir -Soy Dulce -tardó unos segundos esperando, cuando escucho la voz al otro lado del teléfono.
-Hola Dulce ¿todo bien? -la pelinegra se había extrañado que la psicóloga la llamara, escuchó atentamente -Umm, si, se dónde está, voy para allá -se encontraría con Dulce en un bar, cerca de Central Park.
Maite llego después de media hora, primero se tardó porque Angelique quería saber que había pasado, la pelinegra solo le dijo que Dulce y Anahí habían discutido y que la psicóloga necesitaba hablar con alguien. La castaña inmediatamente tomo el teléfono y marco a Anahí, quería saber cómo estaba en ese momento
Anahí salió de la habitación, tenía sus ojos llorosos todavía, lentamente caminó hasta la sala -¿Dulce? -dijo la rubia pero no obtuvo respuesta, se acercó hasta el sofá y vio que no había nadie, se acercó a la mesa y vio que no estaban las llaves de su auto, se acostó en el sofá y se acurruco abrazando un cojín, sus lágrimas comenzaban a salir otra vez, el teléfono comenzó a sonar y la rubia rápidamente se levantó a contestar.
-¡Dulce! –dijo Anahí rápidamente
-No Annie, soy Angelique ¿estás bien? ¿Qué paso? ¿Estas llorando? -la castaña hablaba demasiado rápido y fuerte, la rubia se alejó un poco el teléfono y cuando ya no la escuchó lo volvió a acercar.
-No estoy bien, discutí con Dulce y sí, estoy llorando -dijo la bailarina con calma, intentando responder a todas las preguntas de Angelique.
-Si lo se, Dulce llamó a Maite -dijo la castaña, Anahí se sorprendió pero por lo menos sabía que no estaría sola en algún bar -Y ¿cómo estás? - volvió a preguntar Angelique.
Anahí solo suspiró -Estas benditas hormonas me están volviendo loca y... -se detuvo un momento y sonrió tristemente -creo que también estoy enloqueciendo a Dulce, además sigue con sus comentarios y su actitud, cada vez que trato de hablar sobre cambiar el auto o regalar al gato se molesta y ahora intenté hablar de la habitación del bebé y dijo que era solo una habitación -la rubia se estaba desahogando, por un momento no dejó hablar a Angelique que solo sonrió al recordar lo que le hizo a Maite por no querer opinar sobre el papel tapiz para la habitación de Lucy.
-Es normal Anahí, estas experimentando muchos cambios y en cuanto a Dulce, bueno tú la conoces mejor, pero tal vez solo está asustada -dijo la castaña para tranquilizar a la rubia.
-Ese es el problema Angelique, últimamente no sé si está asustada o molesta por el embarazo, a veces creo que... -la rubia sentía como las lágrimas comenzaban a salir de nuevo y su voz se quebraba -Simplemente no le interesa -terminó de decir mientras limpiaba su rostro.
-Tranquila cariño, es solo que están viviendo muchos cambios -decía Angelique tratando de consolar a la bailarina -Pero cualquier cosa, cuentas con nosotras.
-Gracias -dijo la rubia aun con la voz entrecortada por el llanto.
………………………………………………
Al fondo en una mesa estaba una pelirroja con la mirada fija en la mesa y con un vaso en la mano, Maite se acercó rápidamente.
-Hola -saludó tímidamente la pelinegra mientras se sentaba frente a Dulce, la pelirroja la miró y sonrió -¿Qué pasó?
Dulce solo suspiró y se encogió de hombros -Estábamos...ya sabes -dijo la psicóloga moviendo sus manos, Maite solo asintió y sonrió -Y empezó a hablar de la habitación del bebé y...
-Wow, espera ¿qué dijiste de la habitación? -dijo Maite abriendo sus ojos por la sorpresa.
-Que era solo una habitación -dijo Dulce frunciendo el ceño, no entendía cuál era el problema.
-Jamás digas que es solo una habitación -decía la pelinegra agitando la cabeza y sus manos -Angelique me dejo sin sexo un mes, solo porque dije que cualquier papel tapiz estaría bien para la habitación de Lucy
-Pero si solo es una habitación -decía la psicóloga frunciendo el ceño y riendo.
-shhh, que te dije -la pelinegra señaló a la pelirroja
-No es solo una habitación -dijo la pelirroja con resignación -Es que... -miró a Maite, había dejado de reír y la miraba seria -Todos estos cambios me están volviendo loca y... -se encogió de hombros -Todo pasó tan rápido, no estoy lista y tengo miedo -Dulce bajó la mirada.
Maite sonrió y negó con la cabeza -¿Y cómo crees que se siente ella? -la pelirroja levantó la mirada -Es la que lleva a una personita en su vientre, tiene que soportar los cambios en su cuerpo y por lo que veo... -Maite señaló a la psicóloga -también tiene que soportar tus comentarios y tu actitud
Dulce solo arqueó una ceja y se cruzó de brazos, era la primera vez que alguien era tan directa con ella y eso le agradaba de Maite, podría ser empalagosa a veces, sobre todo cuando aparecía con toda su tropa, pero en verdad era una mujer madura y parecía que Dulce no la intimidaba.
-Haz hablado con ella sobre esto, es decir, como te sientes -preguntó la pelinegra mirando a la psicóloga con esa actitud defensiva.
-No -fue la única respuesta, Dulce solo suspiró y bajo sus brazos.
-Pues hazlo, antes de que crea que no te interesa ni ella ni el bebé -termino de decir Maite seriamente, Dulce solo asintió.
-¿Un mes sin sexo? -dijo la pelirroja riendo y mirando a su ahora amiga que solo decía si con la cabeza.
Dulce regresó a su departamento, eran casi las 2 am, así que lentamente entró sin hacer ruido, todo estaba oscuro y en silencio, dejó las llaves sobre la mesa y se dirigió a la habitación, se detuvo en la puerta, dudaba de entrar o dormir mejor en el sofá, permaneció de pie durante algunos minutos hasta que despacio abrió la puerta para no despertar a Anahí, la habitación estaba totalmente a oscuras, rápido se dirigió al baño, entró y se cambió, había fumado y sabía que eso no le gustaba a la rubia, así que intentó desaparecer todo rastro de su delito. Cuando salió, se acercó a la cama y ahí se dio cuenta que no había nadie, Anahí no estaba en la habitación.
-Demonios ¿se fue? -susurró preocupada -Si solo es una habitación -volvió a decir en voz baja -¡Cállate Dulce! no es solo una habitación -se regañó a si misma -¿Dónde estás? -rápidamente salió del cuarto, caminaba tan rápido que chocó con una silla del comedor llevándose un fuerte golpe en la rodilla -¡Maldición!, estúpida silla del demonio -gritó la pelirroja mientras llevaba su mano a su rodilla, la lámpara en la sala se encendió y vio a su rubia levantándose del sofá, la pelirroja sonrió al verla.
-¿Estas bien? -decía la rubia un poco adormilada todavía, Dulce asintió y caminó hacia el sofá, cojeaba por el golpe que se había dado, se sentó junto a la bailarina que la miraba preocupada -¿Te duele? –preguntó Anahí mientras llevaba su mano hacia la rodilla de su novia, Dulce solo asintió sin dejar de mirar a Anahí.
-Perdóname -dijeron las dos al mismo tiempo, se quedaron viendo a los ojos y ambas sonrieron.
Dulce acomodó un mechón del cabello de la rubia detrás de su oído, se acercó a su rostro poco a poco, y se detuvo mientras rozaba los labios de su novia, Anahí no quería esperar y sin perder tiempo atrapó los labios de su novia en un beso profundo y apasionado que sorprendió a Dulce, solo sonrió y tomó por la cintura a la bailarina que en un movimiento rápido coloco sus piernas a los costados de Dulce, quedando sentada sobre ella, la rodeo con sus brazos por el cuello y se acercó más a la pelirroja que solo deslizaba sus manos sobre los muslos de la bailarina.
-Vamos a la habitación -susurró la rubia aun en medio del beso.
Como pudo Dulce se puso de pie mientras cargaba a Anahí que solo enrolló sus piernas alrededor de la cintura de la pelirroja que sin romper el beso comenzó a caminar hacia la habitación hasta que Dulce volvió a chocar con la misma silla.
-¡Maldita silla del demonio! ¿Quién la puso ahí?, la voy a tirar -gruño la psicóloga aventando la silla con el pie, iba a soltar a Anahí pero esta se aferró más fuerte y tomando el rostro de Dulce la volteo para volver a besarla.
-Mañana -dijo la bailarina mientras besaba a su novia.
-Si, mañana -dijo Dulce mientras comenzaba caminar de nuevo hacia la habitación
Entraron y Dulce cerró la puerta empujándola con su pies y se dirigieron a la cama, donde Dulce chocó y cayó sentada, la rubia se perdió en el cuello de la pelirroja dejando suaves besos, mientras que la pelirroja comenzó a levantar la blusa de la rubia y se deshizo de ella, contempló el torso desnudo de su novia y se acercó para dejar besos por todo su cuello mientras acariciaba su espalda, rápidamente se deshizo del resto de la ropa de Anahí que no quería quedarse atrás y dejó a Dulce en las mismas condiciones.
Poco a poco Anahí recostó a Dulce sobre la cama, ambas admiraron el cuerpo desnudo de la otra, Dulce recorría con la mirada cada parte del cuerpo de la rubia, apenas comenzaba a hacerse visible el embarazo de la bailarina, de pronto Dulce comenzó a recordar las palabras de Maite “Lleva una personita en su vientre”, cuando sintió el cuerpo de la bailarina que se recostó a su lado y volvía a besar su cuello, mientras sentía las manos de Anahí que comenzaban a recorrer su cuerpo desde sus hombros hasta perderse en su lugar preferido, justamente en la entrepierna de la pelirroja que solo soltó un gemido que fue ahogado en la boca de la rubia con un apasionado beso. Dulce sentía que perdía la cabeza, primero por todo lo que Anahí le hacía sentir en ese momento, pero también porque tenía demasiada cosa en la cabeza dándole vueltas: “Lleva una personita” “Menos sexo, menos fiestas, universidad”; responsabilidad y compromiso eran dos palabras que definitivamente asustaban a Dulce María Espinoza, tenía miedo de no ser suficiente o de cometer los mismo errores de sus padres, pero sobre todo, Dulce sentía que perdería su ¿libertad?

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:21 pm

capítulo 11
Anahí estaba en la cocina preparando el desayuno para Dulce, tenía un poco de música para acompañar la mañana y cantaba mientras preparaba el café preferido de su novia; no habían discutido en semanas, parecíaá que todo tomaba el rumbo de nuevo, sin embargo ninguna de las dos había querido sacar el tema de nuevo, ni del auto ni del gato y menos de la habitación, Anahí tenía miedo de la reacción de Dulce y la pelirroja simplemente quería dejarlo pasar.
-¡Cariño, ven a desayunar! -gritó la bailarina a Dulce que estaba en la habitación preparándose para ir a su consultorio, al no escuchar respuesta salió de la cocina y se acercó al pasillo para volver a llamar a Dulce.
-¡Voy! -gritó la psicóloga desde la habitación.
Cuando Anahí regresó a la cocina se encontró con Tubby encima de la mesoleta donde estaba el desayuno mientras lamia el pan tostado con mermelada que había dejado ahí.
-¡NO TUBBY! -gritó la rubia que corrió y tomo al gato en sus manos -Es el desayuno de Dul, eres un gato malo, ¿porque te tienes que comer todo? -decía la rubia mientras ponía al gato en el sofá
Dulce salía de la habitación y caminaba por el pasillo hacia la cocina cuando escuchó a su rubia hablar con el gato, era algo que a la psicóloga le parecía gracioso y al mismo tiempo le causaba mucha ternura.
-Por eso estas tan gordo -seguía diciendo la rubia al gato que solo ronroneaba -Espera, no te voy a dejar que te acerques a mi bebé, espero que no te lo quieras comer también -terminó de decir la rubia.
Dulce solo sonreía al escuchar a su novia hablar así con el gato, comenzó de nuevo a caminar y salió hacia la cocina, la bailarina aún seguía parada detrás del sofá y regañando al gato, Dulce se acercó y la abrazó por detrás haciendo que la rubia se asustara.
-¿Ahora que hizo? -preguntó la pelirroja mientras recargaba su barbilla en el hombro de la rubia y la abrazaba por la cintura.
Anahí sonrió y colocó sus manos en los brazos de su novia -Se quería comer tu desayuno -dijo mirando de nuevo al gato.
-¿Se lo quería comer o se lo comió? -preguntó la psicóloga arqueando una ceja y viendo al gato que seguía en el sofá.
-Lo probó -dijo la bailarina riendo
Dulce dejó un beso en el hombro de la rubia y se dirigió a la cocina a tomar su café de siempre, claro sin tocar el pan tostado que ya su querido gato había comido primero.
-¿Pasas por mí a la academia? –preguntó Anahí mientras se sentaba frente a la pelirroja que solo frunció el ceño.
-¿A dónde iremos? -preguntó dejando su taza en el fregadero.
-Dul, hoy comenzamos las clases de preparación para el parto -la rubia entrecerró los ojos y miro a Dulce que se quedó con la boca abierta y sin decir nada -Lo olvidaste, te lo recordé hace dos días -Anahí bajo su mirada triste.
Dulce se acercó a su novia y levantó su barbilla para mirarla a los ojos -¡No! claro que no lo olvidé, paso por ti a la academia ¿está bien? -terminó de decir dejando un beso sobre sus labios, la rubia dibujo una débil sonrisa y asintió -Te amo, nos vemos en la tarde -dijo Dulce antes de salir del departamento.
La rubia solo suspiró -Lo olvidó -dijo en un susurro sin dejar de ver la puerta por donde había salido su novia.
Anahí se esforzaba por hacer que Dulce participara de cada momento y acontecimiento durante el embarazo pero cada vez parecía que Dulce no estaba interesada y eso le dolía demasiado a la rubia, desde la primera cita que tuvieron para comenzar con el chequeo de Anahí y el bebé, Dulce no había vuelto a estar presente, o llegaba tarde o simplemente lo olvidaba o prefería esperar afuera, poniendo cualquier excusa para disculparse; mientras los días pasaban y el embarazo avanzaba, Anahí se sentía que caminaba sola en esta experiencia que se supone ambas habían decidido comenzar.
Dulce llegó a su consultorio, iba deprisa, definitivamente ese seria un largo día y tendría que salir antes para ir a esas clases que Angelique le había dicho a Anahí, la psicóloga seguía pensando que no eran necesarias, “Por Dios, es solo un bebé, que tan difícil puede ser” pensaba la pelirroja mientras entraba en su consultorio.
-Buenos días Dulce –saludó Alice al ver entrar a la psicóloga que venía distraída -Te están esperando -volvió a decir la secretaria.
-¿eh? perdón Alice, buenos días -saludó mirando a su secretaria, tomó unos papeles que le extendía la chica -Alice cancela las últimas citas, por favor
-Ya lo hice -dijo la secretaria sonriendo mientras Dulce la miraba frunciendo el ceño -Olvidaste el curso ¿cierto? -decía la chica arqueando una ceja, Dulce solo suspiró y asintió -Te lo recordé la semana pasada y me pediste que cancelara las citas
-Maldición, como pude olvidarlo -susurró haciendo reír a su secretaria que la miró sorprendida - Lo siento - la pelirroja se encogió de hombros
-Te están esperando -terminó de decir la chica señalando el consultorio.
La pelirroja frunció el ceño y miro su reloj -Pero, no tengo a nadie hasta dentro de una hora -Dulce entró a su consultorio y sonrió al ver ahí a su amiga, Emily Fields.
-¡Vaya que te haces esperar Espinoza! -la pintora se puso de pie y caminó para abrazar a su amiga.
-¿Cuándo llegaste? ¿Pasó algo? ¿Porque volviste tan pronto? -decía la pelirroja sin dejar de sonreír.
-¡Respira mujer! decidí regresar antes y llegué anoche -dijo la pintora encogiéndose de hombros -Y decidí visitar a mi mejor amiga -Emily volvió a sentarse mientras Dulce hacia lo mismo pero sin dejar de verla, conocía muy bien a Emily Fields
-¿Qué hiciste Fields? -dijo la pelirroja arqueando una ceja y observando detenidamente la reacción de su amiga que solo abrió los ojos y negó con la cabeza -Em, te conozco, ¿qué pasa? -volvió a decir mientras se acomodaba en su silla.
Emily solo suspiró y se cruzó de brazos -Extraño a Hanna y... -la pintora se encogió de hombros y sonrió -quiero volver con ella -miró a su amiga que sonrió
-Y ¿cuál es el problema? -la psicóloga colocó sus brazos sobre el escritorio y sonrió
-¡Demonios Dulce! no quiero que me analices, vine hablar con mi amiga, no con la psicóloga -dijo la pintora un poco enfadada, Dulce se puso de pie y se sentó junto a ella - ¿Recuerdas lo que me dijo Angelique? aquella vez en la casa de campo -Emily estaba con la mirada hacia el piso
Dulce se quedó pensando un momento tratando de recordar - No
Emily la miro y sonrió -Eso de que no me quiero comprometer con alguien porque era una egoísta y que terminaría sola -la morena se encogió de hombros y dibujo una media sonrisa -En estos meses me di cuenta que quiero a Hanna y solo quiero estar con ella, no quiero tener hijos ya pero... -la pintora sonrió -Si los tengo quiero que sea con ella
Dulce sonrió al ver así a su amiga, solo cuando la veía con Hanna podía ver a Emily contenta, por algo Dulce y Emily se llevaban tan bien, habían tenido una niñez difícil y el compromiso de cierta forma siempre las asustó, pero habían encontrado a dos hermosas rubias que al parecer comenzaban a cambiar su perspectiva, sin embargo aún Dulce estaba aterrada con la llegada del bebé.
-¿Ya hablaste con Hanna? –Preguntó Dulce a lo que Emily afirmó con la cabeza -¿qué paso?
Emily solo suspiro y sonrió -Dijo que soy una inmadura y que no sé lo que quiero, que ella necesita alguien que quiera comprometerse - sus ojos comenzaron a humedecerse, la pelirroja le pasó un pañuelo y la abrazó.
-Em sabes que te quiero y eres mi mejor amiga... –Dulce se detuvo, respiró y continuó -Pero sabes que tiene razón -Emily se apartó rápido de ella y la miró arqueando una ceja -Es cierto Em, desde que terminaron no has hecho más que ir de cama en cama y... -la psicóloga se encogió de hombros -Eso te quita puntos -dijo riendo
La pintora hizo una mueca en su cara y asintió -Buen punto -se quedó pensativa un momento -Pero... -se puso de pie y sonrió de manera coqueta -Soy Emily Fields -se señaló de arriba abajo sonriendo -Y la voy a conquistar de nuevo
Dulce soltó una sonora carcajada, definitivamente esa era su amiga de siempre y sabía que no descansaría hasta conseguir su propósito y también sabía que de alguna u otra manera ella terminaría involucrada en esos intentos.
-Y ¿cómo van las cosas con tu rubia y tu bebé? -preguntó la morena que había vuelto a sentarse, Dulce dejo de reír y solo se encogió de hombros
-Bien -fue la simple respuesta de la psicóloga
-¿Porque será que no te creo? -la pintora la miraba entrecerrando un poco sus ojos
La pelirroja solo se encogió de hombros -Bien Fields, no te corro pero tengo que trabajar -dijo mientras miraba su reloj, había pasado el tiempo.
-Bien Espinoza, hablarás cuando quieras -la pintora se puso de pie y abrazo a su amiga- Daré una fiesta antes de mi próxima exposición, quiero que vayas y lleves a tu rubia -caminó hacia la puerta y le lanzó un beso con la mano a la pelirroja -Si Hanna sabe que va Anahí, tal vez logre que vaya -Emily sonrió haciendo que Dulce solo negase con la cabeza y riera.
Dulce estaba muy concentrada analizando uno de los expedientes de un paciente, no se había dado cuenta de la hora.
-Dulce, me voy -Alice entró a la oficina y vio a su jefa en su escritorio muy concentrada -Recuerda que el curso comienza a la siete
La psicóloga la miró, no había puesto atención a nada de lo que decía la chica, esta solo sonrió y negó con la cabeza.
-¿Que decías Alice? –preguntó la pelirroja
-Que el curso comienza a las siete -señaló el reloj -Y que ya me voy -volvió a decir la secretaria, Alice salió de la oficina.
Definitivamente Dulce amaba su trabajo, cuando decidió estudiar psicología y sobre todo enfocarse en los niños, sabía que era porque quería de alguna manera ayudar a los pequeños que tenían que atravesar los duros proceso de separación de los padres, eso era algo que ella había vivido y quería ayudar a los demás; su teléfono comenzó a sonar y eso la saco de sus pensamientos.
-¿Hola? –contestó la psicóloga mientras se recargaba en su silla
-¡Dulce! te estoy esperando hace media hora -decía la rubia al otro lado del teléfono, se escuchaba molesta -Llegaremos tarde
…………………
La pelirroja miró su reloj, 6:15 pm, había olvidado por completo que tenía que pasar por su novia para sus clases pre-parto, se puso de pie rápido y comenzó a guardar unos papeles en su maletín sin dejar el teléfono a un lado -Si, ya voy para allá Annie, no tar... -no terminó de hablar cuando escuchó que su bailarina había terminado la llamada -...do, ¡Demonios! seguramente está molesta otra vez
Las chicas llegaron con el tiempo justo a la clase, en todo el camino Anahí no dijo nada, Dulce trataba de conversar con ella pero la rubia estaba demasiado molesta con la psicóloga, cuando llegaron al lugar se encontraron con Maite y Angelique que ya estaban ahí, era una enorme sala, muy iluminada y con alfombra en el piso, había unas 10 parejas que también tomarían ese curso, además de Maite y Angelique; Dulce frunció el ceño al ver aquel lugar, no entendía que harían, en un acto reflejo tomó la mano de la rubia y esto hizo que Anahí sonriera, por primera vez desde que la recogió en la academia, la rubia sabía que Dulce comenzaba a ponerse nerviosa, sobre todo al ver aquel salón lleno de mujeres embarazadas y sobre todo al escuchar la voz de Angelique que caminaba, o mejor dicho, corría hacia ellas.
-¡Llegaron! -decía la castaña mientras abrazaba a la rubia y enseguida a la pelirroja
-Tranquila –dijo Maite que se había acercado a Dulce y al ver su cara de susto sonrió -No debes preocuparte por ellas -dijo la pelinegra señalando a las mujeres -Preocúpate por la instructora -volvió a decir haciendo que Dulce la mirara y arqueara una ceja -¿Volvieron a discutir? –preguntó Maite al ver que las chicas habían llegado muy serias.
-No, pero olvidé el curso -dijo encogiéndose de hombros, a lo que Maite solo negó y rodó los ojos.
-¡Bienvenidas! este curso es para mujeres que se encuentran iniciando su segundo trimestre de embarazo -saludó una mujer, delgada, rubia y de cabello corto, de unos 50 años que vestía ropa deportiva -Mi nombre es Sue Silvester y seré su instructora durante este curso, así que nos veremos durante los próximos meses -la mujer tenía una sonrisa arrogante en el rostro
-¿La anciana nos va a enseñar que hacer con el bebé? -dijo la pelirroja en un susurro a Maite, haciendo que esta soltara una fuerte carcajada provocando que todas las parejas las miraran y ganándose la mirada asesina de la instructora y también una de su castaña esposa mientras Anahí miraba a Dulce sin entender.
-¿Dije algo gracioso? -Sue se había acercado y quedó frente a la pelirroja que la miraba desafiante y Maite que intentaba contener la risa –Maite Perroni -dijo la instructora -Veo que ha traído compañía -miró a Dulce que estaba de brazos cruzados.
-Disculpe Srita. Silvester -habló la castaña -es que está emocionada porque tendremos un niño –Angelique sonrió al pronunciar aquello y la instructora también, las había conocido desde el primer embarazo y la pelinegra siempre la sacaba de sus casillas.
-Felicidades Angelique -volvió a mirar a la pelinegra -veo que por lo menos una de las dos maduró -arqueo una ceja y sonrió mirando a Maite que dejó de reír.
-¿Señorita? ¿Y así pretende enseñarnos a cuidar un bebé? -volvió a decir la pelirroja en un susurro a Maite que solo logró taparse la boca para no ser escuchada, pero no lo logró.
Sue se detuvo y se volteo para mirar a Dulce, la observó un momento y sonrió -¿Cuál es tu nombre? -preguntó dirigiéndose a la psicóloga.
-Dulce María Espinoza -dijo con arrogancia y arqueando una ceja
-Muy bien Dulce Espinoza -dijo Sue mirando a los demás que estaban atentos a lo que la instructora diría, algunos miraban a la pelirroja, Maite estaba ahora seria mientras Anahí estaba con la mirada en el piso, no podía creer que Dulce se estuviera comportando como una adolescente que le gusta desafiar al profesor - Puedo ver que es tu primer curso y por lo tanto supongo que es tu primer hijo -Sue miró a la bailarina que estaba al lado de la psicóloga -Y supongo que esta rubia es tu esposa -terminó de decir esto que hizo que Anahí levantara rápidamente la vista y Dulce la mirara abriendo los ojos por la sorpresa, esto hizo que Sue sonriera -O ¿me equivoco? -volvió a mirar a la psicóloga.
Dulce la miró tratando de mantener su actitud, aunque los nervios le estaban ganando en esta ocasión -Es mi novia -dijo en un susurro mientras miraba a Anahí y tomaba su mano, la rubia dibujo media sonrisa.
Sue volvió a sonreír, miro a Anahí que volvía a mirar al piso, se dirigió de nuevo a toda la clase -En mi curso, siempre hay un papá o una mamá primerizos... -miro a Dulce que volvía a verla fijamente y se cruzaba de brazos -Que creen no es necesario aprender porque es “simplemente un bebé” -Sue hizo un gesto con sus dedos imitando hacer unas comillas -Aunque lo único que demuestran... -miro fijamente a Dulce -es que se mueren del miedo a equivocarse con ese bebé del que se harán responsables... -Sue miró a Anahí que levantó la mirada y dibujo una sonrisa, parecía agradecerle a la mujer su comentario - Y terminan siendo de poca ayuda para las futuras mamás -terminó de decir la instructora
La psicóloga solo bajó la mirada, Maite sonreía al ver así a Dulce Espinoza, se acercó y le susurró al oído -¿Ves? te dije que te preocuparas por la instructora
Dulce la miró arqueando una ceja y muy seria -Cierra la boca
-Bien, después de esta interesante presentación -miro a la pelirroja que estaba molesta -Comencemos, tomen las colchonetas que están ahí -señaló a un lado del salón -las acomodan en el suelo y se sientan sobre ellas, la futura mamá se colocara delante de su pareja, entre sus piernas -termino de decir Sue.
Todos tomaron una colchoneta e hicieron lo que la instructora dijo, todos se acomodaron, a un lado de Dulce y Anahí estaban Maite y Angelique que no dejaban de reír y hacerse cariños, la pelirroja las miró y solo rodo los ojos con fastidio.
-Es necesario que la ropa que traigan sea cómoda -miró de nuevo a Dulce que vestía un traje sastre de pantalón y saco, además de sus inseparables tacones -para que puedan hacer los ejercicios y ayudar mejor a su pareja -Sue caminaba a lo largo del salón, mirando a cada una de las parejas y asegurándose que todo marchara bien -Ahora, comenzaremos con un ejercicio para tranquilizar y controlar la respiración, será muy útil en el momento del parto para poder mantener la calma
-¿Que tan difícil puede ser tener un hijo? -susurró la pelirroja, más para sí misma, pero Anahí la escuchó y se volteo para verla, definitivamente estaba molesta, también Maite la miró abriendo sus ojos y arqueando una ceja.
-Ahora quiero que coloquen sus manos en el vientre de su pareja... -Sue seguía dando instrucciones y atenta a cada pareja en el salón -simplemente sintiendo la respiración, comiencen a inhalar y exhalar despacio, esto hará que sus respiraciones vayan a un mismo compas y que su cuerpo comience a relajarse
-Lo siento -dijo la pelirroja en un susurro, cerca del oído de su bailarina, no le había dirigido la palabra desde que llegaron y eso ponía nerviosa a Dulce
-¿Que parte? -preguntó la rubia, suspiró -Olvidar el curso, llegar tarde o tu actitud infantil con la instructora -terminó de decir la rubia en un susurro
-Silencio -dijo Sue al ver a las chicas hablando -Durante estos meses descubrirán la importancia de la vida, irán descubriendo su cuerpo embarazado y como pareja fortalecerán el amor y la familia...
Las parejas continuaban con el ejercicio de relajación y Sue seguía explicando para que serviría ese curso.
-Te amo –susurró Dulce en el oído de la bailarina
-¿Y al bebé? -preguntó la rubia en un susurro, se giró un poco para ver a la pelirroja que abría y cerraba la boca sin poder decir nada, Anahí solo suspiro y se volteo, en la posición en la que estaban Dulce pudo sentir como la respiración de la bailarina pasaba de estar tranquila a acelerase, Anahí limpió sus ojos, no quería que sus lágrimas comenzaran a salir en ese momento. Maite se dio cuenta y solo miró a la pelirroja que se encogió de hombros.
-Descubrirán su sensualidad aun en el embarazo -Sue miró a Maite que le susurraba cosas a Angelique al oído y esta solo reía y se sonrojaba, la instructora solo rodó los ojos -Perroni, el ejercicio es para ayudar a controlar la respiración y relajar el cuerpo de Angelique -miró a la pelinegra que sonreía -No para que la calientes -dijo esto y todos rieron, Angelique se sonrojó más.
-En eso soy buena –dijo Maite encogiéndose de hombros y riendo
-Su ternura, todo esto expresando sus emociones y viviendo su embarazo con conciencia, relajadas... -la instructora miro a Dulce y su rubia, ninguna sonreía como las demás parejas, Dulce se veía ausente y Anahí demasiado triste; “Definitivamente la rubia no lo está pasando bien con esa pelirroja testaruda” pensó Sue -y en armonía y así poder entender la naturaleza del parto -la instructora volvió a mirar a Dulce y suspiró con fastidio -¡Dulce se trata de ayudar a relajar a tu pareja y no lo estás haciendo! -dijo Sue levantando el volumen de su voz, esto hizo que los demás las miraran, Dulce solo le lanzó una mirada asesina a la instructora.
El resto de la clase transcurrió normal, Sue pendiente sobre todo de la bailarina y de su ausente novia que no se esforzaba por ayudar a la chica, Maite susurrándole cosas a Angelique que la hacían reír y sonrojare, “Definitivamente Maite Perroni no cambiará” pensaba Sue, Dulce y Anahí que no hablaban, algo que tanto Angelique como Maite notaron, a la castaña le dolía ver a Anahí así, entendía lo que estaba pasando y sumándole el embarazo no era nada agradable la situación y Dulce comenzaba a molestarla, le daban ganas de darle un par de bofetadas para que reaccionara.
Las chicas comenzaron a despedirse, Anahí se acercó a la instructora.
-Gracias -dijo la bailarina con la tristeza en sus ojos.
-Anahí ¿cierto? -preguntó la mujer, Anahí la miró extrañada, no recordaba haberle dicho su nombre -Tu nombre está en la lista, al lado de Dulce Espinoza -sonrió cálidamente la mujer que observaba a la pelirroja que estaba hablando con Maite. Anahí se volteo, la miró y suspiró -Tranquila rubia, mamá Dulce se va a convertir en un osito cariñosito cuando vea a su bebé -Sue sonrió y logró que la rubia sonriera también.
-Eso espero –terminó de decir Anahí para alejarse de ahí.
Las chicas se dirigían a sus autos, Angelique caminaba junto a Anahí mientras que su esposa y la pelirroja caminaban detrás de ellas.
-¿Estas bien Annie? -la castaña rompió el silencio, le preocupaba ver a la rubia tan cabizbaja.
-Si -respondió en un susurro e intentando sonreír.
-Cualquier cosa, llámanos -Angelique le dio un fuerte abrazo -Nuestra casa es grande -le dio un beso en la mejilla -Adiós Dulce -dijo secamente la castaña, la pelirroja solo intentó sonreír.
Las chicas llegaron a su departamento, ninguna había dicho nada, en ese silencio se dirigieron a su habitación, Anahí rápidamente se cambió y se recostó, estaba cansada y solo quería dormir; por otro lado Dulce no sabía que decir, la pregunta de la rubia la descoloco por completo e incluso ahora no sabía que responder, se acostó lentamente al lado de la rubia, se dio cuenta que aún no dormía pero estaba con los ojos cerrados, intentó decir algo pero nada salía, quiso acercarse pero se detuvo y simplemente se volteo para quedar de espaldas a la rubia y permaneció despierta mientas escuchaba a su novia sollozar.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:22 pm

capítulo 12
El tiempo seguía avanzando, había pasado un mes desde que iniciaron el curso y las chicas seguían asistiendo; cada día el embarazo de Anahí era más notorio, estaba a una semana de cumplir cinco meses de embarazo. La situación con Dulce parecía haberse calmado, o por lo menos la rubia trataba de convencerse de eso. Algunas veces había tenido que estar sola en el curso porque la psicóloga no llegaba o si lo hacía, llegaba tarde.
-Mañana acompañaré a Angelique -decía la rubia mientras se acostaba para dormir -Hará algunas compras para el bebé -terminó de acostarse, dándole la espalda a la psicóloga que estaba leyendo un libro.
-¿Quieres que te acompañe? –preguntó la pelirroja mientras se quitaba sus lentes y ponía su libro en el buró.
-No lo sé, ¿quieres acompañarme? -Anahí seguía dándole la espalda a Dulce, la pelirroja solo suspiró.
-Si -respondió en un susurro, se acercó a Anahí y comenzó a besar su hombro hasta llegar a su cuello.
-Dulce, estoy cansada -dijo la rubia en voz baja y sintió como la pelirroja detenía sus caricias, la rubia cerró sus ojos y suspiró.
Dulce solo frunció el ceño y volvió a sentarse, hacía semanas que la rubia estaba distante, no la llamaba con su tierno diminutivo “Dul”.
-Cariño...hace...casi dos meses...que… -la psicóloga trataba de sonar calmada, miraba a la rubia que seguía de espaldas a ella, se encogió de hombros y continuó -bueno...que no...Hacemos el amor -dijo en voz baja.
Anahí se volteo rápidamente para mirarla, arqueó una ceja y se sentó para quedar a la altura de la pelirroja.
-Olvidas llegar al curso, olvidas las citas para ver el crecimiento del bebé -decía la rubia mientras intentaba mantenerse calmada -¡Pero no olvidas que no hemos tenido sexo! -la rubia alzo la voz, Dulce la miraba con la boca abierta, no podía decir nada -Eres increíble Dulce -la bailarina se levantó de la cama y entró en el baño.
La psicóloga rodó los ojos y bufo con fastidio, permaneció unos minutos ahí sentada, hasta que escucho a su bailarina llorar en el baño, se puso de pie y se acercó.
-Annie, ¿estás bien? -dijo en voz baja e intentó abrir la puerta
-¡NO QUIERO VERTE DULCE! -gritó la rubia haciendo que la pelirroja desistiera de su intento de entrar, solo suspiró y regresó a la cama.
***
Maite y Angelique ya estaban en el centro comercial, la castaña quería hacer algunas compras para la habitación del futuro bebé, además de accesorios y algo de ropa, así que como en todos sus embarazos siempre hacían juntas esas compras.
-Estoy preocupada por Anahí -decía la castaña mientras caminaba de la mano de su esposa -Estas últimas semanas ha estado triste y... -Angelique se encogió de hombros -eso no le hace bien al bebé ni a ella.
Maite solo suspiró -Es por Dulce, ¿verdad? -la castaña solo asintió, desde aquella noche que había hablado con ella en el bar, no había vuelto hablar con la pelirroja.
-Tal vez... -Angelique miró a su esposa -deberías hablar otra vez con ella -la castaña se detuvo y miro a su esposa, esta solo le sonrió, se quedaron mirando unos momentos y se dieron un tierno beso, Maite solo acariciaba el abultado vientre de Angelique que al igual que la rubia bailarina tenía casi cinco meses de embarazo.
-Hay niños alrededor -la psicóloga las miraba frunciendo el ceño y seria.
Las chicas se separaron y solo sonrieron, Angelique abrazo a Anahí mientras que a Dulce solo le dijo un simple “hola”. Estuvieron dando vueltas por todo el centro comercial, entrando y saliendo de tiendas, a Angelique le fascinaba ver todo lo que le podía comprar a su bebé y Maite sonreía al verla. Por otro lado estaban Dulce y Anahí, la rubia se emocionaba con cada cosa que veía, en unos días les dirían el sexo del bebé y hasta entonces comenzaría a comprar todo lo necesario para su bebé, a la psicóloga le gustaba ver a la rubia sonreír y verla emocionada, no tenía la menor duda de que era la mujer con la que quería pasar el resto de sus días.
Para terminar el día de compras, decidieron pasar a una juguetería, a Maite le encantaba consentir a sus hijas, aunque Angelique siempre le decía que no lo hiciera, la pelinegra no lo podía evitar, esas niñas eran su todo y siempre terminaban convenciéndola de comprarles más juguetes y lo que más enloquecía a su castaña esposa, es que la pelinegra terminara jugando como una niña más con sus hijas, incluso hasta hacia berrinche con alguna de ellas, a pesar de que Angelique se molestaba por eso, no podía negar que adoraba ver a Maite rodar por el suelo y esconderse por toda la casa mientras jugaba con sus pequeñas y ahora que vendría otro bebé, la pelinegra estaba loca por la emoción y más porque estaba totalmente segura que sería un niño.
-¿Es necesario que lleves tantos juguetes? -la psicóloga miraba como Maite seguía poniendo juguetes en el carrito, caminaba por los pasillos de la juguetería mientas Angelique y la bailarina veían otras cosas -Además, ¿cómo sabes que será un niño? ¿Ya les dijeron? -la pelirroja frunció el ceño, todo lo que Maite había puesto en el carrito eran juguetes para niño, pelotas, balones, hasta un pack para jugar a los vaqueros.
-Solo lo sé -Maite se encogió de hombros, tomó una de las pelotas y se la colocó debajo de la blusa -Mi madre decía que si la panza esta más abajo y con forma de balón, será un niño -la pelinegra seguía acomodando el balón y sonriendo -Y Angelique tiene el estómago así, con ninguna de las niñas lo tuvo así, por lo tanto será un niño -terminó de decir triunfante por sus deducciones -Además será un gran jugador de basquetbol, ¡tendré a mi hijo jugando con los Knicks de NY! -gritó la pelinegra haciendo que las personas las miraran.
Dulce frunció el ceño ante esa explicación -Es broma ¿cierto? -tomó un pequeño peluche de un patito en sus manos y sonrió, recordó que a su rubia le encantaban los patos.
-¿Tu qué quieres que sea? -preguntó la pelinegra al ver la cara de Dulce, la pelirroja la miro y solo frunció el ceño por la confusión -¿Qué quieres tener? niño o niña -seguían caminando por el pasillo, la pelinegra no se había quitado el balón del estómago.
-No lo sé -la pelirroja se encogió de hombros -Creo que mientras esté bien -dibujo una media sonrisa.
***
-Maite insiste en que será un niño -la castaña caminaba al lado de Anahí, se veía un poco seria y pensativa -Seguramente ahora está llenando el carrito con una cantidad enorme de juguetes -Angelique miró de reojo a la rubia que solo asentía o medio sonreía -Me encanta verla jugar con las niñas, se ve adorable -guardó silencio un momento y suspiró -¿Cómo van las cosas con Dulce?
Anahí solo suspiró y se encogió de hombros -Bien, supongo -dibujó una media sonrisa -A veces creo que no tiene intención de involucrarse con el bebé -decía mientras colocaba sus manos en su vientre.
-Es una mujer de un temperamento fuerte pero... -la castaña sonrió y miro a la rubia -se nota que está muerta de miedo, jamás pensé que una persona con el carácter de Dulce -se encogió de hombros -pudiera estas así
-Lo sé y por eso he tratado de entenderla -Anahí sonrió al recordar el carácter de su novia, era una de las cosas que la había enamorado -No tuvo una infancia muy tranquila, sus padres se divorciaron cuando tenía cinco años y por desgracia su padre quiso la custodia total porque regresaría a México a vivir -la rubia miro a la castaña que la escuchaba con atención -Así que paso dos años entre peleas y juzgados, mientras su padres peleaban su custodia, por fortuna el juez decidió que lo mejor era que se quedara con su madre, después su padre se fue y Dulce no habla mucho con él -la rubia suspiro al recordar cuando Dulce le compartió esta parte de su vida, sabía que era algo que a la psicóloga le dolía mucho -Además, cuando supo sobre su sexualidad... -la bailarina se encogió de hombros -no lo tomo muy bien y culpaba de todo a Alma
-Vaya -decía la castaña, por primera vez Angelique se había quedado sin palabras, ahora entendía un poco la actitud de la psicóloga, pero aun así no la justificaba.
***
-¿Cómo van las cosas con Anahí? -Maite caminaba empujando un carrito lleno de juguetes, mientras la psicóloga solo reía.
Dulce solo suspiro y se encogió de hombros -Pues...hace dos meses que... -la pelirroja bajo la mirada -no tenemos sexo -dijo en voz muy baja.
-¿Qué? -pregunto la pelinegra
-Que no tenemos sexo -volvió a decir la pelirroja en un tono de voz muy bajo
-¿Qué? -la pelinegra no lograba escucharla
-¡QUE HACE DOS MESES QUE NO TENEMOS SEXO! -gritó la pelirroja haciendo que una señora con su hijo las mirara y se alejara rápidamente de ahí asustada.
-No grites, que hay niños por aquí -dijo mirando a todos lados -Ahora entiendo tu humor –la miró y sonrió -Agradezco que sea Angelique la embarazada porque, mmm, con ella... -la pelinegra se mordió el labio inferior y se quedó pensando mientras dibujaba una coqueta sonrisa -es todo lo contrario
-¡Cállate Maite! -la pelirroja golpeó ligeramente la cabeza de su amiga para que se callara -No quiero tener esa imagen en mi cabeza
***
-¡Por Dios Anahí! ¿Dos meses? -dijo la castaña en voz alta haciendo sonrojar a la rubia -Eso es un crimen, mira que no apruebo las actitudes de Dulce pero... -Angelique se encogió de hombros, miró a la rubia sonriendo –es mexicana… y ya sabes es de sangre caliente
La rubia solo rio al escuchar a Angelique, era cierto, Dulce era de sangre caliente y solo pasaba por su cabeza todas las noches llenas de pasión que había pasado con la psicóloga, Anahí comenzaba a sentir calor en todo su cuerpo al tener esos recuerdos en su mente. -Sí, creo que he exagerado un poco -la bailarina solo se encogió de hombros
***
-¿Cuando les dicen el sexo del bebé? -las chicas seguían caminando por los pasillos de la juguetería, Maite dejó de poner juguetes en su carrito, pero solo porque ya no cabían y Dulce no pensaba cargar con ellos.
-Creo que la próxima semana -dijo
-¿Crees? -Maite se volteo para verla, solo arqueo una ceja y se cruzó de brazos.
-Sí, no recuerdo la fecha exacta -la pelirroja se encogió de hombros y frunció el ceño por la actitud de su amiga -¿Cuál es el problema?
-¡Tu actitud Dulce! -Maite levantó la voz, definitivamente la psicóloga la desesperaba porque no se daba cuenta de cómo eso afectaba a su novia -¿Es que no te das cuenta?
-¡Qué demonios te pasa! -la psicóloga levantó la voz, no le gustaba que le gritaran y menos porque sabía que Maite tenía razón.
-Es que no... -la pelinegra fue interrumpida
-Hola, quieren probar el nuevo “Dino Train”, a sus hijos les encantará -un hombre con un disfraz de dinosaurio había aparecido.
Maite suspiró con fastidio -No, gracias -y se volteo para seguir mirando a Dulce que seguía de brazos cruzados.
-Haces sentir mal a Anahí, no le estas ayudando con el embarazo, es como si la estuvieras dejando sola, que también es tu bebé te guste o no -la pelinegra trataba de mantener la calma pero la testarudez de la pelirroja la sacaba de quicio.
-¡Y a ti que carajos te importa! ¿Acaso yo digo algo de tu matrimonio? No, así que deja de meterte en lo que no te importa –la psicóloga se había acercado más a Maite, ambas se sostenían la mirada.
-Vamos, pueden probarlo sin compromiso -volvió a interrumpir el dinosaurio.
-¡Lárgate! -dijo la psicóloga con fastidio, ambas veían al tipo con el disfraz.
El dinosaurio se dio la vuelta para irse –Idiotas -susurró
-¿Que dijiste? –preguntó Maite, iba a comenzar a discutir otra vez con Dulce.
El hombre con el disfraz de dinosaurio se volteo y camino hacia las chicas -I-D-I-O-T-A-S-dijo deletreando la palabra –Idiotas -se dio la vuelta y comenzó a caminar.
-No te preocupes Anahí, es normal que este asustada, tiene que pensar en compromiso, responsabilidad -la castaña seguía aconsejando a la rubia sobre Dulce -Tendrá que madurar -la castaña se encogió de hombros -Cuando Beth iba a nacer, a veces Maite se comportaba como una niña berrinchuda, pero ahora es una mujer muy madura
-¡MAMÁ, ESTAN MATANDO AL DINOSAURIO!
Anahí y Angelique sonrieron al escuchar a ese niño.
-¡NO LO SUELTES DULCE!
-¡PEGALE MAITE, AHORA SI HIJO DE BARNEY, CONOCERAS A DULCE ESPINOZA!
La rubia y la castaña se miraron sorprendidas, definitivamente esas voces las reconocían a la perfección, ambas caminaron de prisa hasta el final del pasillo.
-¡Maite Perroni! -gritó la castaña al ver a su esposa con un bate en la mano a punto de golpear al hombre con el disfraz de dinosaurio que estaba tirado en el suelo mientras Dulce esta sobre el dándole golpes en la cabeza.
-Hola cariño -sonrió la morena cabello negro
-¡Dulce! -dijo la rubia que solo rodó los ojos y rio al ver así a su novia.
-Hola amor -la psicóloga dejó de golpear al dinosaurio y sonrió.
Todas salieron de la juguetería acompañadas por dos guardias de seguridad, Dulce y Maite iban detrás de la rubia y la castaña, no podían verse porque de recordar lo que hicieron se morían de la risa.
-¡Jamás volveré a comprar aquí! –gritó Maite al salir de la tienda
-¡Esos disfraces solo asustan a los niños! -grito la pelirroja
-¿Te asustó el dinosaurio? –preguntó Maite a la pelirroja que solo se encogió de hombros.
-Estaba feo -dijo la pelirroja con toda la tranquilidad y haciendo una mueca en su rostro que solo hizo reír a Anahí, la rubia se acercó y besó los labios de la pelirroja de manera dulce pero con mucha pasión, para sorpresa de Dulce que solo sonrió en medio del beso y colocó su mano en la mejilla de la rubia para que no se alejara -¿Y eso? -sonrió mirando a los ojos de su rubia.
Anahí solo se encogió de hombros y sonrió -Porque te amo
Maite y Angelique sonreían al ver así a las chicas, pocas veces en estas últimas semanas las habían visto contentas una con la otra.
-Nosotras nos vamos -dijo la castaña mirando de reojo a Maite, quería reírse pero tenía que mantenerse seria -Vámonos Maite -dijo con un tono autoritario haciendo reír a Dulce que solo se ganó una mirada de pocos amigos de la pelinegra.
Dulce y Anahí seguían riendo al ver como se alejaban sus amigas de ahí, Angelique regañaba a Maite que solo caminaba cabizbaja como una niña en problemas.
-¿Vamos a comer? -dijo la psicóloga sonriendo mientras toman la mano de la rubia y caminaban a su auto.
Las chicas estaban en un hermoso restaurante al aire libre, el favorito de Dulce y en donde habían tenido su primera cita, habían estado hablando animadamente, ya no se sentía el ambiente tan tenso entre las dos y eso se notaba en sus miradas y sonrisas.
-¿Dul? -Anahí sonaba un poco tímida, la psicóloga la miro para que continuara -Estaba pensando que...bueno tal vez...esta noche tu y yo... -miró a Dulce de manera coqueta y sonrió, la pelirroja solo abrió mas los ojos y sonrió.
-¡Mesero! -comenzó a gritar la pelirroja ante la atenta mirada de la rubia -La cuenta -decía nerviosa, se puso rápido de pie y saco algunos billetes de su bolso.
-¿Qué pasa? -dijo extrañada la bailarina, la pelirroja solo la tomó de la mano para salir de ahí rápido
-Porque esperar hasta la noche -sonrió de manera coqueta y dándole un rápido beso a la rubia salieron de ahí.
Las chicas llegaron a su departamento, Dulce abrió la puerta de golpe y la cerró empujándola con uno de sus pies, estaba muy entretenida besando a la rubia mientras esta abrazaba esta la por el cuello.
-Te amo -susurró la pelirroja en medio del beso mientras se dirigían a la habitación, esa recamara que había sido testigo de tantas noches de pasión, amor y deseo.
En cuanto entraron, la pelirroja comenzó a dirigir a la rubia a la cama, habían sido dos meses de abstinencia impuesta y la psicóloga estaba que ardía con el contacto de los besos y la piel de su hermosa bailarina.
-Dul espera –logró decir Anahí con su respiración agitada -Ahora vuelvo -la rubia se separó ante la cara de confusión de la pelirroja -Ponte cómoda -dijo mientras caminaba al baño y le guiñaba un ojo.
Dulce rápidamente comenzó a desvestirse, la blusa voló en cuestión de segundos, mientras intentaba sacarse el pantalón se atoró porque no se había quitado los zapatos y cayó al suelo.
-Dul ¿estás bien? -se escuchó a la rubia que había escuchado el golpe.
-Si -dijo la pelirroja aun en el suelo, ahí se terminó de quitar el pantalón y los zapatos, de golpe se puso de pie quedando solo en un sexy conjunto de encaje negro, rápidamente se metió en la cama, ansiosa porque la rubia apareciera.
Dulce se quedó con la boca abierta al ver a la rubia salir del baño con una diminuta bata que dejaba ver sus hermosas piernas y por supuesto su abultado vientre. Anahí sonrió al ver la cara de la pelirroja que prácticamente la desnudaba con la mirada, la rubia comenzó a moverse de manera sexy y a caminar lentamente ante la atenta mirada de su novia, pero a mitad del camino se detuvo, Dulce solo frunció el ceño mientras la rubia colocaba su mano en su vientre y sonreía.
-Se movió -dijo la rubia riendo al sentir otro movimiento del bebé -Se movió
Dulce solo abrió los ojos por la sorpresa, dibujó una media sonrisa, Anahí caminó rápido hacia la cama y se colocó al lado de Dulce.
-Ven Dul, dame tu mano -tomó la mano de la pelirroja y la puso sobre su vientre -¿Sentiste? -preguntó la rubia.
-No -Dulce estaba seria, su fin de la abstinencia impuesta no llegaría, permanecieron en silencio unos minutos.
-Otra vez, ¿lo sentiste? -volvió a preguntar la rubia para recibir un no como respuesta.
Anahí miró a Dulce que volvió a besarla, la rubia no tardó en responder, sentía como las manos de la pelirroja recorrían sus muslos lentamente, la psicóloga dejó los labios de la rubia para descender a su cuello y comenzar a dejar besos ahí.
-¿Y si se asusta? -preguntó la rubia al sentir las caricias de su novia
-¿Quién? –preguntó la pelirroja sin dejar de besar el cuello de la bailarina.
-El bebé -la rubia abrió sus ojos y se quedó pensativa -Cariño, no eres muy discreta cuando hacemos el amor -dijo mientras se mordía el labio inferior al sentir las manos de la pelirroja que al escuchar eso se detuvo y la miro frunciendo el ceño -No quisiera causarle un trauma a nuestro bebé -la bailarina se encogió de hombros -por escuchar a sus madres hacer cositas -dijo en un susurro para que solo la escuchara Dulce.
Dulce la miraba incrédula, esa dulzura e inocencia en la bailarina la descolocaba por completo y nunca podía negarle nada, solo suspiro y asintió con la cabeza, tendría que resignarse, solo se acostó y la bailarina se recostó sobre ella mientras la pelirroja la abrazaba, permanecieron en silencio hasta que la rubia habló.
-Dul -dijo la bailarina mientras dejaba leves caricias en el abdomen de la pelirroja que solo le dio un beso tierno el su cabeza en señal para que continuara -¿Me acompañarás a la cita con la doctora? Nos dirán el sexo del bebé y me gustaría que estuvieras ahí -Anahí sonaba tímida e insegura y eso Dulce lo notó.
-Por supuesto -dijo la pelirroja, Anahí rápidamente levantó la cabeza para mirarla y dibujar una enorme sonrisa en su rostro.
-¿Lo prometes? -sonrió la rubia
Dulce levantó su mano y su dedo meñique, la rubia sonrió y entrelazo su meñique con el de la psicóloga -Promesa de meñique -dijo Dulce mientras se inclinaba para besar los labios de su novia.
***
Anahí estaba sentada en la sala de espera del Hospital Bellevue, a cada instante miraba su reloj, cada vez que lo hacia los minutos había pasado y eso la ponía nerviosa.
-Anahí ¿estás lista? -la doctora Montgomery salía de su consultorio, era la que había estado al pendiente de la evolución del bebé y de la salud de la rubia, conocía a Dulce y sabia lo importante que era para la rubia que su novia estuviera ahí.
Anahí miró su reloj una vez más -¿Podemos esperar un momento? Por favor -dijo en tono suplicante, la doctora solo sonrió y asintió –Gracias -tomo su celular y comenzó a marcar, uno, dos, tres tonos y nada -¿Dónde estás Dulce? Lo prometiste -Anahí sintió como un nudo se formaba en su garganta y las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos, con un movimiento rápido las quitó de ahí y suspiro.
Había pasado media hora, la doctora volvió a salir y miró a la rubia -Anahí, no puedo esperar más -la rubia la miró y sonrió débilmente -¿Vamos?
Anahí suspiró pesadamente, miró una vez más el reloj y volvió su mirada a la doctora –Vamos

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:23 pm

capítulo 13
Dulce había salido temprano de su departamento, esa mañana no tendría consulta hasta la tarde y se dirigió al club, Emily la había invitado para pasar un rato y conversar, necesitaba despejarse y la frustración contenida por tantos días de abstinencia más la llamada que recibió el día anterior, no la tenían de muy buen humor.
-¡Vamos Dulce despierta! -gritó la pintora al ver como la pelirroja se distraía en el juego de tenis que estaban teniendo.
-¡Deja de gritarme! –gritó la pelirroja mientras daba un fuerte golpe a la pelota con la raqueta.
Emily se dio cuenta del humor de su amiga, así que se limitó a jugar, pero con cada pelota que le devolvía a la psicóloga esta se la regresaba con mayor fuerza, el rostro de Dulce estaba serio y cada vez que golpeaba la pelota gritaba, así permanecieron jugando, pero cada vez la pelirroja goleaba con más fuerza la pelota, en un momento Emily dejó de responder y Dulce solo gritó mientras golpeaba la raqueta en el suelo, la gente alrededor las miraba y Emily solo trataba de sonreír.
-Está bien, no se preocupen -decía la pintora para que dejaran de mirarlas, corrió hacia Dulce que estaba de rodillas en el suelo y respirando agitadamente -¿Estas bien?
La pelirroja solo asintió, necesitaba sacar toda la frustración que tenía desde hacía meses y en ese momento lo logró, se puso de pie, se acomodó un poco el cabello y respiró hondamente.
-Ven, vamos a beber algo -dijo Emily mientras comenzaba a caminar.
Se sentaron fuera del restaurante del club, Emily observaba a su amiga, se veía molesta y distraída.
-¿Que pasa Dulce? -preguntó sin rodeos la pintora.
La psicóloga solo se encogió de hombros y suspiró -Nada
-Vamos roja, que te conozco desde hace años -Emily la miró arqueando una ceja, mientras se acomodaba en su silla y se cruzaba de brazos.
-Ayer llamó mi padre -Dulce observaba su vaso como si fuera interesante, suspiró -ahora resulta que quiere conocer a Anahí y al bebé -dijo la pelirroja con ironía -¡Nunca le ha importado nada de mi vida y ahora como si nada quiere formar parte de ella! -la psicóloga comenzó a agitarse.
-¿Que le dijiste? -Emily veía como eso afectaba a su amiga, la conocía y sabía que no tendría intenciones de hablar con su padre.
-Nada, solo colgué -la pelirroja se encogió de hombros para quitarle importancia.
-Dulce... -Emily fue interrumpida
-Srita. Fields, necesitamos que firme aquí -una empleada del club le extendió una hoja, Emily frunció el ceño -es para el cierre de mes y cubrir la cuota
Dulce seguía cabizbaja, pero al escuchar que era cierre de mes, rápidamente levantó la mirada y abrió la boca por la sorpresa -¿Que día es hoy? -miraba a Emily asustada.
-31 de agosto -dijo la pintora que vio como Dulce se ponía pálida -¿Qué pasa?
-Mierda -se levantó de golpe -Hoy nos decían el sexo del bebé -se llevó las manos a la cabeza -La cita es a las 11
-Son 11:30 -dijo Emily mirando su reloj, volteó a ver a la pelirroja, Dulce no sabía que hacer -Ten las llaves de mi auto, tal vez llegues -la morena le lanzó las llaves a la pelirroja.
***
Anahí entraba al consultorio de la Dra. Montgomery, iba con su mirada dirigida al piso, el nudo que sentía en su garganta le impedía hablar, por más que intentaba no llorar, era imposible; sus lágrimas bajaban por sus mejillas de manera silenciosa, por un momento dejo de resistirse y ahora solo se dedicaba a limpiar su rostro con su mano.
-No te preocupes Anahí, seguramente no tarda en llegar -la doctora miró a la rubia y le sonrió -Veamos cómo esta ese bebé -la rubia solo asintió e intento sonreír -Colócate sobre la camilla, ahora vuelvo
Anahí volvió a ver su teléfono, no había ni una llamada o mensaje de parte de Dulce, suspiró profundamente y lo apagó -Me fallaste Dulce -guardó el teléfono en su bolso y se recostó en la camilla.
-Bien, veamos cómo va el embarazo -la doctora se sentó junto a la camilla y recorrió el aparto del ultrasonido -Descubre tu vientre -le indicó a la rubia.
***
Dulce corría hacia el estacionamiento del club, a su paso solo esquivaba a las personas o empujaba alguna, en cuanto llegó, busco rápidamente el auto de Emily y corrió hacia el, sin pensarlo subió rápidamente en el auto y lo encendió para salir de ahí a toda velocidad.
-Soy una estúpida -decía la psicóloga mientras buscaba su teléfono en su bolso -¡Oops!!-gritó al ver que en su teléfono tenía varias llamadas perdidas de la rubia, no lo había escuchado porque lo tenía en silencio, rápidamente marcó el numero pero la llamada se enviaba al buzón, podía sentir como la frustración y su desesperación se apoderaban de todo su cuerpo, estaba consiente que había llegado al límite con su irresponsabilidad -Perdóname Annie -susurró mientras seguía conduciendo a toda velocidad, cambiando a cada segundo de carril y acelerando para tratar de ganar un poco de tiempo.
**
-Ok, ya sabes que sentirás el gel frio -la doctora seguía dándole indicaciones a la rubia, intentaba tranquilizarla, depositó el gel en el vientre de Anahí que solo hizo una mueca, enseguida coloco el escáner para el ultrasonido -Bien, veamos -decía mientras miraba la pantalla, frunció un poco el ceño y la rubia lo notó.
-¿Pasa algo? -dijo con un poco de preocupación en su voz, sus lágrimas seguían bajando por sus mejillas y su voz aún se escuchaba un poco entrecortada por el llanto.
-Anahí necesito que te calmes -la doctora la miró y sonrió -Sé que era importante que ella estuviera pero... estas muy alterada y eso altera al bebé, no logro verlo -la rubia solo asintió y suspiro -Bien, respira -volvió a indicar -Así está bien, otra vez -la rubia volvía a inhalar, así repetidas veces hasta que poco a poco el llanto fue cediendo y el latido de su corazón comenzaba a calmarse -Ok, así está mejor, ahora veamos... -volvió su mirada a la pantalla y sonrió -Ahí esta
Anahí sonrió al ver la imagen de su bebé, podía distinguir sus pequeñas manos, sus pies, sonrió aún más al ver como tenia uno de sus dedos de la mano en su boca, se veía tan indefenso y fuerte a la vez.
-Muy bien, su tamaño es normal -seguía observando la pantalla mientras con su mano recorría el escáner por el vientre de la rubia -los latidos de su corazón también, definitivamente es un bebé muy sano -miró a la rubia y sonrió -¿Quieres saber qué es? -preguntó mirando de nuevo a la pantalla.
-Si -la bailarina sonrió, en ningún momento despegó sus ojos de la pantalla donde podía ver a su bebé.
-Bien, veamos... -observó detenidamente la pantalla y sonrió -Felicidades, es...
***
-¡Oops!! ¿Porque no se mueven? –gritó la pelirroja desde el auto al ver que el tráfico se detenía, miró a los lados intentando cambiar de carril pero no podía, los autos avanzaban de manera lenta, volvió a tomar su teléfono y marcó de nuevo el número de la rubia pero nada, con toda la frustración que sentía arrojó el aparato a la parte trasera del auto –AAAAAHHHHHH -gritó para tratar de calmarse un poco, respiró hondo y recargó su cabeza en el volante pero rápidamente se levantó y sonrió -Voy a llegar -dijo con firmeza, con un ágil movimiento logró dar la vuelta en una de las calles que estaba más despejada, conocía la ciudad como la palma de su mano y un simple atorón de tráfico no iba a impedir que Dulce Espinoza llegara a esa cita.
***
Anahí caminaba hacia la salida del hospital, permaneció un momento en la sala de espera para ver si Dulce aparecía pero no fue así, tenía emociones encontradas, una inmensa felicidad por saber que todo iba bien con el embarazo y por la nueva noticia, tenía tantos planes para decorar, ropa que comprar, la sonrisa que se había formado en su rostro se desvaneció al recordar que todas esas cosas las haría sola, todo su ser era también invadido por una enorme tristeza, se sentía decepcionada por la única persona que era importante para ella, por la persona que amaba y con la que quería pasar el resto de sus días, pero por desgracia, Dulce le había fallado una vez más, desde que el embarazo comenzó era lo único que su novia hacía, dejarla sola, quejarse y estaba cansada, necesitaba estar tranquila, por lo menos durante los meses restantes de su embarazo, después, no quería pensar en un después. Salió del hospital, respiró profundamente, volvió a limpiar las lágrimas de su rostro mientras sentía un ligero movimiento en el interior de su vientre.
-Mamá está bien, no te preocupes -susurró tocando su vientre mientras intentaba sonreír, sacó el teléfono de su bolso y marcó -¿Angelique?
***
Fuera del hospital se escuchó un auto que frenaba de manera escandalosa, Dulce bajó rápidamente y entró corriendo hacia el consultorio, miró a todos lados para ver si aun veía a la rubia pero nada, sin esperar más caminó hacia el consultorio y entró de golpe, asustando a la doctora.
-¡Anahí! -dijo la pelirroja agitada aun por la carrera que había realizado.
-Se fue hace media hora -la doctora sonrió.
Dulce solo bajó la mirada y suspiró –Gracias -dijo cuándo se disponía a salir del consultorio.
-Dulce, espera -la doctora tomó algo de su escritorio y se lo dio a la pelirroja -Salió muy rápido y olvidó esto
La psicóloga frunció el ceño, observó la etiqueta que tenía la caja “Puente-Espinoza” -¿Es...? -miro confundida a la doctora.
-Sí, es el ultrasonido -sonrió y observó por un momento a Dulce que veía detenidamente el video en sus manos -Es un niño -volvió a decir.
Dulce la miró rápidamente, estaba con la boca abierta por la sorpresa -Un niño -dijo en un susurro mientras sonreía -Y ¿está bien? ¿Está completo? ¿Viste su...? bueno su... -frunció un poco el ceño y miró a la doctora.
-Si Dulce, está perfectamente, será un niño muy sano -sonrió al ver la cara de preocupación de la pelirroja -Ella está muy sensible, necesita estar tranquila, así que... -se encogió de hombros -trata de cuidarla y hacer que se sienta tranquila
Dulce solo asintió, seguía viendo la etiqueta en el video –Gracias -dijo en un susurro y salió del consultorio, sacó su teléfono para llamar de nuevo pero nada, marcó al departamento para saber si ahí estaba Anahí pero nadie respondía.
Llegó al departamento, en todo el camino seguía dándole vueltas a todo, “Puente-Espinoza” esa pequeña frase se repetía una y otra vez en su cabeza, le gustaba como sonaba; además seguía pensando en su bebé, tendría un niño. Entró al departamento y todo estaba en silencio, colocó las llaves sobre la mesa y vio que ahí estaban las de Anahí.
-Annie –gritó, pero nadie respondía, permaneció en silencio un momento y escuchó ruido en la habitación, despacio camino hacia ella; tenía que pensar que le diría a la rubia ante su promesa rota, pero por primera vez no tenía ni idea de que diría, se detuvo en la puerta y suspiró mientras giraba lentamente la manija, al abrir la puerta se quedó con la boca abierta mientras sentía un enorme vacío en su estómago y un nudo en su garganta -¿Qué haces? -dijo en un susurro.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:23 pm

capítulo 14
Dulce sintió como su corazón se detuvo, un escalofrío recorrió todo su cuerpo mientras un nudo se formaba en su garganta, quería caminar hacia a Anahí pero sus piernas no respondían, simplemente se quedó de pie en la puerta mientras observaba con incredulidad como la persona que amaba, la mujer con la que había compartido los últimos cinco años de su vida, aquella con la que quería pasar el resto de sus años empacaba sus maletas para salir de ese lugar que habían compartido juntas.
Anahí no quería ver a Dulce porque sabía que no tendría el valor para continuar, una y otra vez en el camino a casa se repetía que era lo mejor, por su bien y el del bebé, necesitaba sentirse tranquila y segura y en esos momentos Dulce no era capaz de darle esas dos cosas, así que en cuanto llegó al departamento comenzó a empacar deprisa, no quería encontrarse con la psicóloga.
-Annie ¿qué haces? -volvió a preguntar en un susurro la pelirroja, no quería escuchar una respuesta pero la imagen frente a sus ojos era más que suficiente.
-Me voy Dulce -por fin miró a la psicóloga, Dulce sintió un dolor en su corazón, la mujer frente a ella, con esos hermosos ojos azules ahora la miraba con decepción y tristeza, claramente se podía ver en sus ojos el dolor y los restos de las lágrimas que había derramado desde hacía unas horas.
Dulce suspiró profundamente y a paso lento se acercó a la rubia que seguía poniendo cosas en su maleta, trató de buscar de nuevo su mirada pero la rubia no quería verla, con timidez detuvo las manos de Anahí antes de que siguiera empacando, la rubia solo suspiró -Amor, hablemos, por favor -dijo la pelirroja en tono suplicante, acercó su mano y acarició la mejilla de la bailarina.
Anahí zafó sus manos del agarre de la pelirroja, la miró directamente a los ojos mientras una de sus manos la colocaba sobre su vientre, el bebé comenzaba a ponerse inquieto -Hablar, ¿de qué? de tu actitud, tus comentarios, tu falta de interés -la decepción se podía sentir en sus palabras -Cuando te dije que estaba embarazada casi nos matamos por tu reacción -Anahí intentó sonreír -Pensé que todo mejoraría, pero es más importante para ti tu auto y tu gato que el bienestar de MI hijo -la rubia comenzaba a llorar de nuevo mientras su respiración empezaba a agitarse, había soportado tanto en estos meses que sentía que explotaría en cualquier momento -¡ME DEJASTE SOLA DULCE! -gritó la rubia, sintió como le faltaban las fuerzas pero se mantuvo de pie, Dulce la miraba con preocupación, nunca le había hablado de esa manera y estaba consciente que se lo había ganado a pulso.
-Cariño, cálmate, por favor -Dulce quiso acercarse otra vez pero Anahí levantando su mano la detuvo -No le hace bien al bebé -dijo con voz suplicante.
-¿Ahora te preocupa? -Anahí la miró mientras intentaba sonreír, limpió las lágrimas de sus ojos -Creí que era algo que ambas queríamos, que juntas comenzaríamos esta nueva etapa en nuestra relación -miró a su alrededor, esa habitación en la que tanto habían vivido -Pero me equivoqué, me dejaste sola -la pelirroja no era capaz de articular palabra -¡SABES COMO ME SENTI! -volvió a gritar Anahí, necesitaba sacar todo lo que sentía en ese momento -¡COMO SI TE HUBIERA PUESTO UNA MALDITA PISTOLA EN LA CABEZA PARA QUE ACEPTARAS! -la rubia llevó su mano a su cabeza mientras con la otra seguía acariciando su vientre.
-Perdóname -dijo la pelirroja en un susurro, ni siquiera podía mirar los ojos de su rubia -Necesitaba tiempo y... -Dulce intentaba ordenar sus ideas, todo estaba pasando demasiado rápido, ver a su rubia empacando y escuchar todo lo que sentía, era demasiado -tenía miedo
Anahí solo suspiró y negó con la cabeza -Tiempo, ¿cuánto tiempo? -intentó buscar la mirada de la pelirroja pero era incapaz de mirarla -5, 10, 15 años, ¿que ibas hacer? esconderte, refugiarte en tu trabajo mientras tu hijo crecía solo, ¡por Dios Dulce! -tomó aire y cerró sus ojos, no quería seguir llorando y solo deseaba salir lo más rápido posible de ahí -Me quedó más que claro que no estas preparada para tener un hijo y formar una familia y vaya manera de demostrármelo, si hubieras sido sincera desde un inicio -Anahí terminó de cerrar su maleta y caminó hacia la puerta.
-¿Dónde te quedarás? -preguntó en un susurro la pelirroja, estaba de espaldas a la rubia, no podía ver como salía de ahí y tal vez para no volver.
-Me quedaré con Maite y Angelique, por lo menos hasta que nazca el bebé -la bailarina suspiró y cerró sus ojos, no sabía si eso era lo correcto, por un momento sus piernas no respondían, no quería salir de esa habitación -También es tu hijo y... -su voz comenzaba a quebrarse de nuevo -si quieres puedes ser parte de su vida, no cometas el mismo error que tu padre Dulce -terminó de decir la rubia y salió de la habitación.
“No cometas el mismo error que tu padre”, estas palabras retumbaban en la cabeza de Dulce, cuando escuchó que la puerta de la entrada se cerró perdió todas las fuerzas y se dejó caer al suelo de rodillas, sus lágrimas bajan sin piedad por sus mejillas, lo que más quería lo estaba perdiendo por sus estúpidos miedos, y el miedo más grande se hacía realidad, estaba cometiendo el mismo error de su padre, estaba perdiendo a su familia, en estos meses eso es lo que había hecho, dejó sola a Anahí cuando prometió que ahí estaría.
***
Anahí salía del edificio, caminaba deprisa, no quería detenerse ni mirar atrás, su corazón le decía que se quedara, que era un error irse, pero su razón que en ese momento hablaba más fuerte, le decía que era lo mejor, que necesitaba tiempo para pensar y sobre todo para estar tranquila y también el bebé, necesitaba sentirse segura por lo menos el resto del embarazo.
Al salir del edificio miró a todos lados pero no lograba encontrar a la persona que buscaba, colocó sus manos en su vientre y suspiró -Tranquilo, mamá está bien -dijo en un susurro, por más que intentaba no llorar era imposible, era como si sus ojos tuvieran vida y solo dejaban salir las lágrimas sin intención de detenerse.
-Tranquila -escuchó, mientras sentía un abrazo, eran Angelique y Maite, habían visto llegar a la psicóloga y prefirieron permanecer enfrente y esperar a que la rubia saliera, en caso de que lo hiciera, al verla ambas bajaron del auto y se dirigieron hacia ella, la castaña trataba de consolarla mientras la dirigían a la camioneta y la pelinegra cargaba la maleta, Angelique subió a la bailarina en la parte trasera y se sentó junto a ella, no dejaba de abrazarla y de decirle que todo estaría bien. Maite subió y encendió la camioneta para salir de ahí.
El resto del camino a la casa de las ‘Mai-Ang’ fue en silencio, solo se escuchaban los sollozos de la bailarina, Maite a veces miraba por el retrovisor y cruzaba miradas con su esposa que se veía muy preocupada y también lloraba al ver a Anahí así.
-Llegamos -dijo Maite mientras veía que Anahí se había quedado dormida, Angelique la miró y sonrió -Estará bien -dijo la pelinegra mientras veía a su esposa preocupada.
Anahí poco a poco abrió los ojos, todas bajaron, Angelique caminaba junto a la bailarina mientras Maite bajaba el equipaje de la rubia. Las pequeñas Perroni-Boyer se habían quedado con los papas de Angelique, así que la casa se encontraba en total calma, la castaña guio a la bailarina hasta la habitación que le habían preparado, la rubia permanecía en silencio, absorta en sus pensamientos y en todo lo que le había dicho a Dulce; lentamente se recostó en la cama.
-Debes descansar -dijo la castaña al ver a su amiga -El bebé necesita que estés tranquila -se sentó en la orilla de la cama mientras veía como las lágrimas de la rubia volvían a aparecer -Tranquila cariño, verás que todo se arregla -intentó consolar a la rubia.
-Le dije cosas horribles -murmuró la rubia -Estaba muy enojada, nunca le había hablado así -terminó de decir mientras volvía a pensar en Dulce, por primera vez la vio vulnerable y débil, incapaz de mirarla a los ojos.
***
Había perdido la noción del tiempo, desde que escuchó la puerta cerrarse había permanecido tirada en el suelo, ya no lloraba, solo sentía un enorme agujero en su alma y en su corazón, las palabras de la rubia seguían repitiéndose una y otra vez.
Lentamente se puso de pie, dio un rápido vistazo a la habitación y pudo observar lo vacía que se miraba, limpió su rostro y salió de ahí, a paso lento caminó hacia la sala y sin fuerzas de se dejó caer en el sofá, apoyó su cabeza en su manos mientras un hondo suspiro se escapaba de sus labios, permaneció ahí unos minutos hasta que levantó la cabeza y observó en la mesa el video que la doctora le había entregado, se levantó y lo tomó, volvió a leer la inscripción “Puente-Espinoza”, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro, caminó hacia el reproductor y colocó el video.
-Un niño -dijo en un susurro mientras oprimía el botón de inicio.
En la pantalla apareció una imagen en color, al principio no distinguió que era hasta que un pequeño sonido, similar a un pequeño tambor, comenzó a sonar de manera lenta y rítmica, poco a poco sus ojos lograron distinguir una pequeña imagen, ahí en esa pantalla estaba su hijo, de manera clara lograba distinguirse todo su pequeño cuerpo, imagen acompañada por los pequeños latidos del bebé Puente Espinoza; en el rostro de Dulce se dibujó una enorme sonrisa que fue acompañada por traviesas lagrimas que se escapaban de sus ojos, a diferencia de las anteriores, estas eran lágrimas de alegría y felicidad al contemplar esa hermosa imagen y sobre todo al escuchar ese magnífico sonido del pequeño corazón latir; permaneció contemplando la imagen y ese hermoso sonido.
-Hola -dijo tímidamente sin dejar de ver la pantalla, sin querer limpió sus lágrimas -Soy tu mamá -volvió a susurrar sin dejar de sonreír -Perdóname, lastimé a tu mami, espero que algún día me perdone -dijo mirando a la pantalla, ahora se podía apreciar al pequeño que tenía su dedo pulgar en su boca, Dulce no pudo evitar llorar otra vez -No te quiero perder -de un salto se paró del sofá, buscaba sus llaves -¡No los voy a perder! -gritó mientras señalaba la pantalla, logró encontrar las llaves del auto y sin perder más tiempo salió de su departamento, no cometería el mismo error que su padre, recuperaría a su mujer y a su hijo -¡LOS AMO! -gritó mientras salía a toda prisa del edificio y corría hacia el auto.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:23 pm

capítulo 15
Sin lugar a dudas salir del departamento corriendo a toda velocidad y conducir de la misma manera, como si de ello dependiera la vida, había sido el paso más fácil; Dulce nunca imaginó que dar el siguiente paso, en su inexistente plan para recuperar a la rubia, sería tan difícil. Llevaba cerca de una hora afuera de la casa de Maite y Angelique, solo observaba la enorme casa, aun no se animaba a bajar del auto y tocar la puerta.
-¿Qué le diré? -susurró para si la psicóloga, se miró por el espejo del auto, se acomodó un poco el cabello, sonrió y aclaró su garganta -Anahí… -así se quedó unos segundos hasta solo rodar los ojos -¡por Dios! Qué demonios le voy a decir -dijo con frustración mientras golpeaba el volante del auto -¡Demonios! -gritó cuando el sonido de su teléfono la asustó, rápidamente lo buscó, observó la pantalla y sonrió al ver quien hablaba -¿Qué pasa Emily?
-¿Qué pasa Emily? -decía la pintora con enojo -Desapareciste con mi auto y me preguntas que pasa -gritó haciendo que la pelirroja se alejara el teléfono un momento -¿Qué pasó?
Dulce solo suspiró y dibujó una melancólica sonrisa -Anahí me dejó -del otro lado de la línea no se escuchó nada por algunos minutos -¿Sigues ahí? -dijo por fin la pelirroja
-¿Cómo estás? -dijo con timidez la pintora, no podía imaginar cómo se encontraría su amiga en ese momento, sabía lo importante que era la rubia para la pelirroja -¿Quieres hablar?
-Me comporte como una estúpida Em, no me di cuenta como lastimaba a Annie con mis actitudes y… -suspiró mientras intentaba que las lágrimas no salieran de nuevo -La dejé sola, no quiero perderla ni a mi hijo, será un niño -sonrió al recordar la imagen del ultrasonido -Los voy a recuperar -dijo con firmeza mientras seguía viendo a la casa de las ‘Mai-Ang’.
-¿Qué harás? -preguntó la pintora, Dulce podía notar su preocupación.
-Ahora estoy afuera de la casa de Angelique, aquí se está quedando -volvió a suspirar -Y no sé qué hacer o decir -dijo mientras se encogía de hombros.
-Haz algo o parecerá que la acosas -decía Emily en broma, trataba de relajar a su amiga.
En ese momento Dulce vio como Maite salía -Adiós Em, te hablo luego -rápidamente colgó y bajó del auto, caminó deprisa hacía la pelinegra que sacaba unas bolsas de basura –Hola -saludó tímidamente, la pelinegra solo abrió los ojos sin saber que decir -Necesito hablar con Anahí, por favor -suplicó la pelirroja.
-Dulce es mejor que te vayas -decía Maite, parecía nerviosa, no dejaba de mirar hacia la puerta -Si Angelique me ve hablando contigo, me mata -volvió a decir mientras se acercaba a la pelirroja y baja el volumen de su voz.
-Maite, por favor, necesito hablar con ella -volvió a suplicar la pelirroja.
-Dulce… -decía la pelinegra hasta que escuchó la voz de su esposa.
-¡MAITE! ¿CON QUIEN HABLAS? -gritó la castaña desde el interior de la casa.
La pelinegra no sabía que decir, solo miraba a la psicóloga con preocupación -ES MI MAMÁ -gritó a su esposa -Por favor Dulce, Anahí no ha dejado de llorar, necesita calmarse y no quiere verte -decía rápidamente.
-¡PERO TU MAMÁ ESTA MUERTA! -se escuchó la voz de la castaña de nuevo.
-¡LO SÉ, ES RARO! -gritó la pelinegra, volvió su mirada suplicante a la psicóloga para que se fuera.
-Está bien -Dulce solo rodó los ojos -Pero mañana volveré -dijo mientras la señalaba con su dedo, esta solo asintió sin poder evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro.
Cabizbaja, Dulce regresó a su departamento, todo estaba en total silencio, solo podía pensar en que haría para recuperar su hermosa rubia bailarina y a su hermoso niño.
-Ojalá tenga tus ojos Annie -decía mientras se sentaba en el sofá y volvía a mirar la pantalla, en la que todavía estaba la imagen del bebé. Permaneció ahí bastante tiempo, no quería estar en la habitación, le dolía demasiado, a paso lento se dirigió hacía el cuarto, entró lentamente y sin ganas se recostó sobre la cama, con su mano acaricio el lugar donde la rubia dormía y acercó su almohada hacía ella, quería por lo menos sentir su aroma, cerró sus ojos un momento mientras un recuerdo comenzó a invadir su mente.
---FLASH BACK---
Era un sábado por la noche y Dulce decidió ir al supermercado a hacer sus compras para las siguientes semanas, tenía un año de haberse graduado y tenía poco que había comenzado a trabajar en su consultorio y no tenía mucho tiempo en la semana, así que ahí estaba con un carrito en uno de los pasillos del supermercado mientras se quejaba de los precios y de que no encontraba lo que necesitaba.
-No es posible que no tengan palitos de pan, definitivamente cambiare de supermercado -decía la pelirroja mientras recorría uno de los pasillos en busca de sus preciados palitos de pan, cuando en medio de los estantes vio a una rubia en el otro pasillo, estaba frente a ella pero con la mirada hacia abajo, se quedó embobada mirándola hasta que la chica levantó su mirada -¡por Dios que hermosos ojos! -pensó Dulce al ver la mirada de esa chica rubia que se giró para continuar con sus compras.
Mientras la pelirroja comenzó a caminar empujando su carrito y siguiendo con la mirada a esa chica, hasta que sintió un golpe, había llegado al final del pasillo y había chocado con el carrito de otra persona.
-Yo lo sien... -dijo Dulce mientras se dirigía a ver al dueño de ese carrito y se sorprendió al ver que era la chica de los hermosos ojos, esto hizo que Dulce se sonrojara ante la expresión de sorpresa de la rubia. -Lo siento iba un poco distraída ¿estás bien? -preguntó la pelirroja mientras la otra chica le sonreía de una manera muy amable. Dulce no podía dejar de ver esos ojos y sus labios que le parecían hermosos.
-Tranquila que no me arrollaste -dijo la rubia provocando una sonrisa en el rostro de la pelirroja.
-Si claro, lo siento -volvió a disculparse la pelirroja mientras veía como la rubia continuaba caminando por el pasillo.
-No te preocupes, pero ten cuidado al conducir -exclamó la rubia a unos metros de Dulce mientras continuaba con sus compras, llevaba un short de mezclilla que dejaba ver sus piernas y una blusa blanca sin mangas, el cabello suelto y unas sencillas sandalias.
Dulce la siguió con la mirada, tenía su cabeza ligeramente de lado -Wow que bonito trasero -dijo la pelirroja provocando que un anciano que pasaba a su lado la mirara con cara de sorpresa mientras le sonreía. La pelirroja solo se sonrojo más y prefirió continuar con sus compras.
-Señorita, disculpe ¿tendrán palitos de pan? -preguntaba la pelirroja a una de las empleadas que afirmando a su pregunta le indicaba en donde los podía encontrar. La pelirroja sonreía mientras se dirigía al pasillo donde encontraría sus deliciosos palitos de pan.
-Por fin, aquí están -estiró su mano para tomarlos cuando se topó con otra mano que también quería tomarlos, provocando que la pelirroja frunciera el ceño y se girara para ver quien se atrevía a quitarle sus palitos de pan y ahí estaba la rubia de los hermosos ojos y el bonito trasero.
-ay disculpa, creo que tuvimos la misma idea -decía la chica de los ojos azules, mientras seguía tomando la mano de la pelirroja sin soltar los palitos de pan -Creo que son los últimos, así que... -seguía hablando porque Dulce no reaccionaba, estaba atenta a esos ojos azules.
-¿Uhm? perdón, si creo que son los últimos, así que ¿qué hacemos? -por fin logró decir Dulce ante la mirada atenta de la otra chica.
-Bueno teniendo en cuenta que casi me arrollas, creo que debería llevármelos yo -dijo la rubia mirando a Dulce que se sonrojaba.
-Eh... bueno... si yo lo siento... -decía la pelirroja que no lograba articular más palabras.
-Jajajaja, no te creas es broma, llévatelos, no creo que mi perro se muera por no comerlos un día -dijo la rubia mientras se despedía de Dulce -Adiós y que disfrutes tus palillos de pan -dijo la chica mientras se alejaba de la pelirroja que seguía con sus mejillas rojas y una sonrisa tonta en la cara.
-¡Despierta Dulce! de seguro tienes esa risa estúpida en tu cara -se decía a sí misma mientras acomodaba sus palillos de pan en su carrito y se dirigía a la caja para pagar.
Había una larga fila en la caja y eso estaba desesperando a Dulce, pareciera que no avanzaba y se estaba poniendo de mal humor -Podría darse prisa -gritó la pelirroja desde donde se encontraba, tratando de ver porque la cajera no se apresuraba, pero no lograba ver nada -Seguramente es alguna anciana que está pagando con todos sus centavos, podría darse prisa que tengo una vida -volvió a gritar la pelirroja saliéndose un poco de la fila para mirar y se quedó estática al ver que la persona que estaba pagando era la rubia de ojos azules que la miraba con el ceño fruncido y en su rostro pudo ver su enojo, la pelirroja solo atinó a regresar a su lugar en la fila mientras los colores iban y venían de su rostro, no tardó nada mientras la fila comenzaba a moverse y pudo ver que la rubia se dirigía a la salida del supermercado, no supo porque pero Dulce salió de la fila, tomando solo sus palillos de pan y adelantándose en la fila para pagarlos lo más rápido que pudo y salir corriendo a buscar a la chica.
Salió del supermercado, mientras miraba a todos lados tratando de encontrarla hasta que por fin la vio, estaba en el estacionamiento acercándose a su auto, corrió hasta ella y la tomo por el hombro provocando que la chica volteara asustada.
-¡Lo siento! -fue lo único que pudo decir Dulce ya que estaba un poco agitada por la carrera que había hecho.
-¿Perdón? -dijo la rubia mientras intentaba abrir la cajuela de su auto.
-¡Lo siento! por mi comentario en la caja, es que me pone de mal humor tener que esperar, de verdad discúlpame -seguía diciendo Dulce ante la poca atención de la otra chica que seguía intentando abrir la cajuela de su auto -Bien creo que no quieres mis disculpas, así que me voy -dijo Dulce un poco triste mientras se giraba para irse cuando escucho su voz.
-No espera, lo siento es que es esta estúpida cajuela que no puedo abrir -decía la rubia mientras Dulce se giraba pasar regresar al auto donde se encontraba la chica aun peleando con su cajuela.
-Haber déjame, creo que puedo ayudarte -dijo la pelirroja mientras se quitaba un pasador de su cabello y le quitaba las llaves a la rubia, en un par de minutos pudo abrir la cajuela ante la mirada de asombro de la otra chica.
-Espero que no te dediques a eso -dijo la rubia señalando la cajuela que estaba ya abierta.
Dulce solo soltó una carcajada mientras le devolvía las llaves a la chica -No, lo aprendí de una amiga, que siempre se llevaba el auto de su madre cuando salía a escondidas de noche, me llamo Dulce Espinoza -decía la pelirroja mientras estiraba su mano para saludar a la rubia que no quitaba su mirada de Dulce y esta comenzaba a ponerse nerviosa, además que no dejaba de mirar sus ojos y sus labios -¡por Dios Dulce concéntrate, si pero es hermosa y esos labios, quiero probarlos! -se decía la pelirroja.
-¡Mucho gusto Dulce Espinoza!, y yo soy Anahí -decía la chica mientras saludaba a Dulce, ella también estaba embobada con la pelirroja, “Es sexy” pensó la rubia.
-Bien, me tengo que ir -dijo la pelirroja y comenzó a caminar hacia su auto, pero de pronto sin saber porque estaba caminando directamente hacia la rubia que estaba guardando sus cosas en la cajuela de su auto, se acercó a ella y de manera inesperada la tomó del brazo y la giró para quedar muy cerca de su rostro y sin pensarlo acercó sus labios a los de la rubia y comenzó a besarla de manera delicada, puso sus manos en sus cintura, la rubia no tardó mucho en reaccionar y solo cerró sus ojos, puso sus brazos alrededor del cuello de Dulce y correspondió a ese beso, era delicado, suave y lento, ambas disfrutaban de ese momento, hasta que el sonido de un claxon hizo que Dulce reaccionara y se apartara de la rubia que estaba sorprendida y sin poder articular palabra -Yo...lo...siento...es que...eres hermosa -trataba de decir Dulce mientras se alejaba de la chica y se dirigía a toda prisa a su auto, cuando llegó subió a toda velocidad, aun con la respiración agitada, puso sus manos en el volante y recargó ahí su cabeza -¡por Dios Dulce! ¿Qué hiciste? creerá que eres una loca -se decía una y otra vez la pelirroja hasta que unos ligeros golpes en su ventanilla hicieron que se asustara y volteara a ver quién era, ahí estaba la rubia parada, esperando a que la pelirroja abriera la ventanilla, bajó lentamente el vidrio y miró a la chica.
-Olvidaste esto -dijo Anahí mientras le entregaba la bolsa con sus palillos de pan -no creo que puedas sobrevivir sin ellos, así que toma -volvió a decir la rubia, ya que Dulce no decía absolutamente nada, cuando la pelirroja estiró la mano para tomar la bolsa Anahí la detuvo y sacando un bolígrafo de su bolsillo comenzó a escribir en el brazo de Dulce que seguía sorprendida -Este es mi número, espero tu llamada o pensaré que te gusta acosar a todas las chicas en los estacionamientos de los supermercados -dijo mientras dibujaba una sonrisa en su rostro y se acercaba hacía Dulce para robarle un beso -Gusto en conocerte Dulce Espinoza y tú también eres muy hermosa y sexy -dijo mientras le guiñaba el ojo y se alejaba del auto de la pelirroja que solo atinó a dibujar una tierna sonrisa en su rostro.
Después de ese encuentro Dulce comenzó a salir con Anahí, primero a tomar un café, después idas al cine, a eventos que Anahí tenía en la academia donde daba clases, a cenar, hasta que en una de esas cenas terminaron en el departamento de la pelirroja del cual no salieron en todo el fin de semana mientras disfrutaban de sus besos y caricias que parecía no querían que terminaran.
---FIN DEL FLASH BACK---
Dulce estaba recostada en su cama, con una foto de ella con su rubia y el video del ultrasonido, los tenía entre sus manos mientras se abrazaba a ellos.
-Los amo -dijo en un susurro mientras una lágrima corría por sus mejillas y se quedaba profundamente dormida o por lo menos lo intentaría ya que nunca dormía bien si su rubia no estaba del otro lado de la cama para abrazarla

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:23 pm

capítulo 16
Lentamente abrió los ojos, había intentado dormir durante la noche pero su mente seguía reproduciendo los acontecimientos vividos una y otra vez, se quedó acostada en la cama, mirando fijamente al techo mientras un hondo suspiro se escapaba de sus labios.
-Dulce -susurró mientras una de sus manos acariciaba el lado vacío de la cama y con la otra acariciaba su vientre, permaneció perdida en sus pensamientos, una y otra vez venían a su cabeza todas las palabras que le había dicho a la pelirroja -Necesito estar tranquila -dijo para sí misma, era lo que se había estado repitiendo una y otra vez para convencerse que había tomado la decisión correcta, unos suaves golpes en la puerta hicieron que volviera a la realidad –Adelante -dijo mientras se sentaba en la cama.
-¿Lograste dormir? –preguntó Maite que entraba a la habitación con una charola en la mano, se acercó y se sentó en la orilla de la cama.
-Un poco –Anahí bajó la mirada y suspiró -Lamento haberlas involucrado en esto -la rubia miró a Maite que solo sonrió.
-No te preocupes Anahí, estamos encantadas de tenerte aquí -Maite se quedó un momento en silencio mientras la rubia de ojos azules comenzaba a desayunar -Anoche…Dulce vino a buscarte -la pelinegra vio como Anahí dejaba de comer y la miraba con sorpresa -Yo…bueno…le dije que…no estabas bien y que…lo mejor era que se fuera -terminó de decir mientras bajaba su mirada, no sabía si había hecho lo correcto.
-Gracias -susurró la rubia -Aún no estoy lista para hablar con ella o verla -se encogió de hombros y dibujo una débil sonrisa.
-Dijo que hoy volvería – Maite solo se encogió de hombros -Y con lo poco que la conozco…creo que insistirá en verte
- Lo sé –Anahí sonrió por primera vez desde la noche anterior -Es muy testaruda, pero aun no quiero verla, por favor Maite –miró a la pelinegra con súplica, necesitaba ordenar sus ideas y sobre todo necesitaba sentirse tranquila, Maite solo asintió y sonrió.
Después de la noche más larga de su vida por no tener a Anahí al otro lado de la cama, Dulce se levantó más temprano que de costumbre, se arregló y ordenó un poco el departamento, necesitaba recuperar a la rubia y a su bebé y lo único que se le ocurrió fue ir a buscarla y llevarle unas rosas y sus chocolates favoritos.
-¿No piensas devolverme mi auto?
Dulce se giró rápidamente, se llevó una mano a su pecho y suspiró -¡Demonios! Emily, me asustaste
-¿A dónde vas? -preguntó la pintora al ver de arriba abajo a la psicóloga.
-Voy a buscar a Anahí, necesito hablar con ella, pedirle que regrese a casa, que la amo y amo a mi hijo, que no puedo estar sin ellos -decía la pelirroja demasiado rápido cosa que hizo reír a Emily.
-Respira, pareces Angelique -dijo la pintora haciendo que Dulce frunciera el ceño -¿Y crees que con unas rosas y unos chocolates te perdonara? -Emily arqueó un ceja.
-Siempre funcionan -decía la pelirroja, convencida de que su idea era la mejor
Emily suspiró y negó con la cabeza -Dulce, olvidaste llegar a la cita donde les dirían el sexo del bebé, Anahí te dejó y no creo que haya sido solo por eso, ahora ¿crees que eso funcione? -dijo señalando las rosas y los chocolates.
La pelirroja miró sus regalos, se quedó pensando un momento y suspiró -Voy a intentarlo -dijo mientras se encogía de hombros.
-Bien, pero si esto falla, me dejarás ayudarte -decía la pintora mientras se subía al auto en el lado del copiloto.
En cuanto llegaron a la casa ninguna se atrevía a bajar del auto, Emily observaba la casa, nunca había visitado a Angelique, la casa le parecía bonita y Dulce solo observaba mientras sus dedos se movían nerviosos golpeando el volante del auto.

-¿Vas a bajar o te quedaras aquí hasta que las flores se sequen? -dijo la pintora al ver que su amiga no reaccionaba -Bien, yo tocaré a la puerta -Emily se bajó haciendo que la pelirroja despertara.
-¡No!, espera -dijo la pelirroja que rápidamente bajó del auto y detuvo a su amiga antes de que llegara a la puerta -Yo lo hago -se acercó, respiró hondo y tocó el timbre, Emily había regresado al auto por las flores y los chocolates que la psicóloga había dejado; dentro de la casa todo parecía tranquilo, pasaron unos minutos hasta que escuchó que alguien se acercaba a la puerta.
-Dulce -dijo la pelinegra con sorpresa, salió y cerró un poco la puerta -¿Qué haces aquí? –preguntó Maite, al ver a Emily cerrar el auto, la saludó haciendo un gesto con su mano.
-Quiero hablar con Anahí -dijo la pelirroja con firmeza.
Maite suspiró -No quiere hablar contigo -dijo por fin la pelinegra.
-Quiero que ella me lo diga y no me voy a ir hasta que no hable con ella -terminó de decir la pelirroja, caminó un poco hacia el jardín y comenzó a gritar -¡Annie te amo! Y no me voy a ir hasta que no me escuches -se quedó ahí de pie con sus flores y su chocolates en la mano.
Maite entró a la casa y subió hacia la habitación de Anahí que estaba sentada a la orilla de la cama viendo hacia la ventana, la pelinegra se acercó y se sentó junto a ella -Ya la escuchaste -dijo Maite en un susurro.
-No estoy lista para hablar con ella -la voz de Anahí comenzaba a quebrarse mientras rebeldes lágrimas escapaban de sus ojos -Por favor Maite, dile que se vaya -la pelinegra se acercó y la abrazó, permanecieron así bastante tiempo hasta que la bailarina se calmó un poco, Maite la ayudó a recostarse para que descansara.
Dulce seguía de pie, fuera de la casa mientras Emily seguía recargada en el auto viendo a su amiga que comenzaba a ponerse nerviosa, si esto no funcionaba tenía que comenzar a idear algo para que la rubia perdonara a Dulce o por lo menos para que pudieran hablar.
-Por fin -dijo la psicóloga cuando vio que la puerta se abría pero se detuvo cuando vio que no era la rubia que ella quería ver.
-Lo siento, esto no le hace bien ahora, por favor Dulce vete, necesita estar tranquila, dale unos días -decía la pelinegra de la manera más tranquila que podía.
-¡NO!, no me voy hasta que me escuche, ¡ANAHÍ! ¡ANAHÍ! ¡ANAHÍ! -comenzó a gritar la pelirroja desesperada, sin querer sus lágrimas comenzaban a bajar por sus mejillas, se dejó caer de rodillas en el suelo mientras soltaba de sus manos las flores y los chocolates, Emily se acercó rápidamente hacia ella y la abrazó mientras rompía en llanto -Por favor Maite, ayúdame -dijo en un susurro.
A la pelinegra se le hizo un nudo en la garganta al ver a la pelirroja de esa manera, solo suspiró y sonrió -Está bien, te ayudaré, pero hoy necesitas calmarte y dejar que ella este tranquila, hazlo por el bebé –suplicó Maite, la psicóloga sin dejar de llorar solo asintió.
Dale esto, por favor -la pelirroja le dio las flores que había llevado -Y dile que no me rendiré -aunque lo intentara sus lágrimas no se detenían, con ayuda de Emily se puso de pie, limpió un poco su rostro y se despidió de la pelinegra.
Cabizbaja caminó hasta el auto, la angustia se había instalado en su pecho y el miedo a no poder recuperar a Anahí y a su hijo la estaban matando por dentro, Emily subió al auto en total silencio, le dolía ver a su amiga así, nunca había visto a Dulce Espinoza derrumbarse de esa manera y eso Emily Fields no lo iba a permitir. Ya en el auto Dulce volvió a romper en llanto mientras apretaba con fuerza el volante y recargaba ahí su cabeza, la pintora se acercó y la abrazó.
-Tranquila, todo estará bien -intentó consolarla la pintora -Ella te ama y volverán a estar juntas
-Los perdí Emily -Dulce apenas podía hablar por el llanto que no podía controlar.
-¡No! -dijo la pintora levantando la voz y sorprendiendo a su amiga –Dulce Espinoza no se da por vencida, ¿entendido? -terminó de decir mientras señalaba a su amiga con su dedo -Eres la persona más terca e insistente que he conocido y no te vas a rendir ahora -dijo con seguridad haciendo que una leve sonrisa se dibujara en el rostro de la pelirroja -Si, hiciste muchas estupideces, dignas de ti debo decir -Dulce la miró y arqueó una ceja -Pero debes agradecer que tienes a Emily Fields a tu lado y te ayudará -dijo con una enorme sonrisa en su rostro -Así que mueve tu trasero que tenemos que pensar en un plan para que tu rubia regrese, eso sí, debes darle tiempo pero no te desaparezcas otra vez, no se síguele mandado flores o que se yo, no puedo pensar en todo -decía agitando sus manos de manera exagerada logrando que la pelirroja riera de nuevo.
-Gracias Em -dijo la pelirroja mientras abrazaba a su amiga.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:23 pm

capítulo 17
Casi una semana había pasado desde el frustrado intento de Dulce de hablar con la bailarina, una semana en la que cada día un ramo de rosas rojas y una caja con los chocolates favoritos de la bailarina llegaban a casa de las ‘Mai-Ang’, una semana en la que Dulce intentaba no salir corriendo y buscar hablar con la rubia a como diera lugar, tenía que pensar en su tranquilidad y en la del bebé, casi una semana en la que Emily no la había dejado sola y en la cual la pintora había ideado un plan para que Dulce pudiera expresarle a la bailarina cuanto lo sentía y que quería enmendar las cosas y la psicóloga estaba dispuesta hacer cualquier cosa.
Por su parte Anahí ya estaba un poco más calmada, ya no lloraba todas las noches, las flores que recibía a diario le alegraban el día, pero aún no estaba segura de querer ver o hablar con Dulce; Maite y Angelique la estaban ayudando mucho, eran un gran apoyo para ella en esos momentos, todas las noches dormía pensando en Dulce y a la pelirroja le pasaba lo mismo. Por su parte Maite intentaba cumplir con su promesa de ayudar a Dulce, pero lo hacía a escondidas de Angelique que no quería ver ni en pintura a la pelirroja, gracias a la pelinegra, Emily pudo organizar su plan, jamás imaginó que podría trabajar tan bien con su cuñada.
-¿Estas segura? -Angelique estaba en la habitación con Anahí.
-Si, será lo mejor -la rubia se encogió de hombros y sonrió.
-No podían faltar el día de hoy –Maite había entrado a la habitación con las rosas y los chocolates que cada día mandaba Dulce.
Anahí dibujó una pequeña sonrisa, acomodo las flores donde siempre, en un florero cerca de la ventana y los chocolates los dejó para las pequeñas.
-¿Por qué no hablas con ella? -dijo Maite al ver como la bailarina permanecía observando las flores.
Anahí solo suspiró -Tengo miedo -se giró para ver de nuevo a las chicas que la escuchaban con atención -Rompió muchas promesas y no se… -cerró sus ojos por un momento.
-No sabes si podrás confiar en ella -terminó de decir Maite, la bailarina solo asintió.
-Ok, basta de cosas tristes -dijo la castaña que veía como eso afectaba a la bailarina –Anahí tenemos que irnos de compras -se puso de pie y se acercó a su esposa para darle un pequeño beso en los labios -¿Vienes? -dijo mientras se abrazaba a su cuello.
-No, tengo algo que hacer -dijo la pelinegra ante la mirada extraña de su esposa -Tranquila, no meteré a ninguna extraña a la casa -dijo totalmente seria, ganándose un golpe por parte de su esposa.
-Ni se te ocurra Maite Perroni –terminó de decir la castaña -Nos vemos más tarde -la castaña y la bailarina salieron de la habitación, pasarían la tarde de compras.
En cuanto salieron, la pelinegra tomó su teléfono y marcó -Listo, el pollo está en el horno
-¿Qué demonios es eso? ¿estás cocinando? -dijo Emily al otro lado del teléfono, Dulce estaba escuchando con atención ya que tenían el altavoz y solo frunció el ceño al escuchar a la pelinegra.
-¡No! Quiero decir que ya salieron para el centro comercial -dijo la pelinegra rodando los ojos con frustración -La operación “Regresa bebé regresa” está en marcha -terminó de decir la pelinegra.
-¿Qué te pasa? Te quemaste el cerebro pensando en nombres tan originales -dijo la pelirroja, ya empezaba a ponerse nerviosa -Nos vemos allá Maite
-Ok, la pintora sexy y mamá Dulce se despiden -dijo la pintora haciendo que la psicóloga la viera frunciendo el ceño y negando con la cabeza -¿Qué? Esto es divertido -Emily sonreía, estaba emocionada y esperaba que su plan funcionara, por lo menos para que la rubia supiera lo que Dulce sentía.
-No puedo creer que haya confiado en ustedes para recuperar a mi Annie y a mi hijo -dijo la pelirroja con frustración, esos días sin poder ver a su bailarina la estaban matando, estaba hecha un manojo de nervios por lo que haría y sobre todo porque después de tantos días vería a su rubia.
-Ya no te quejes Dulce, agradece que te estamos ayudando, bien chicas, Rayo McQueen se despide, nos vemos allá -finalizó la pelinegra pero antes de colgar escuchó las carcajadas de las chicas al otro lado de la línea.
-¿Rayo McQueen? –gritó Dulce sin poder dejar de reír -¿No pudiste pensar en algo más original?
-Se te acabó la creatividad desde que te casaste con Angelique -dijo Emily que seguía riendo sin parar.
-¿Qué? Amo los autos y Cars es la película favorita de mis hijas -se defendió la pelinegra -Como sea, manos a la obra y muevan sus traseros que no tenemos mucho tiempo -finalizó la pelinegra la llamada.
Maite salió de su casa, primero llevaría a sus hijas a casa de sus suegros y después tendría que salir directo al centro comercial donde estarían Angelique y Anahí, desde que Emily le habló del plan para que Dulce pudiera hablar con la bailarina estuvo dispuesta a ayudar, se sentía como una adolescente y eso la emocionaba, solo esperaba que su esposa no se enojara cuando la viera.
-Bien roja, llegó la hora -dijo Emily mientras salían del departamento de Dulce directo al centro comercial.
-¿Crees que funcione? –Dulce iba del lado del copiloto, miraba hacia la ventana, era su única oportunidad de poder hablar con su bailarina y tenía miedo.
-Por supuesto -decía Emily tratando de confortar a su amiga -Respira, no es momento de tener miedo, ya la rubia vio bastante de eso ¿no crees? -la pintora seguía con su vista al frente mientras conducía, Dulce solo asintió y sonrió -Por cierto tendrás que pagar $20 dólares por cada entrega -decía Emily riendo, Dulce solo rodó los ojos y asintió
Angelique y Anahí caminaban por el centro comercial, ya habían visitados varias tiendas, la castaña seguía comprando cosas para el bebé pero la rubia no se animaba.
-Vamos Annie, tienes que empezar a comprar cosas para el bebé -decía la castaña para animar a la bailarina.
-Lo se Angie, pero… -la rubia solo se encogió de hombros -Siempre quise hacerlo con Dulce -intento sonreír -Pero no te preocupes, de seguro mi mamá ya le tiene muchas cosas a su nieto -dijo mientras sonreía.
-¿Cuánto tiempo… -iba a preguntar la castaña pero algo la interrumpió, un pequeño niño de unos seis años se había acercado a ellas, solo sonreía y estiraba su mano para entregarle a la rubia un pequeño peluche de un pato.
-Gracias -dijo la bailarina mientras tomaba el peluche en sus manos, sin darle tiempo de preguntar el niño corrió para alejarse de ellas, la rubia vio el peluche y tenía una pequeña nota pegada, la quitó despacio y la abrió: “Te amo desde el primer momento en que te vi” la rubia abrió sus ojos por la sorpresa mientras comenzaba a ver a todos lados, definitivamente esa caligrafía la conocía a la perfección.
-¿Qué dice? -preguntó la castaña al ver la cara de la rubia, se acercó y leyó la nota -Wow, que niño tan romántico -dijo riendo
-Es Dulce -la bailarina seguía mirando a todos lados pero no lograba encontrar nada.
-Vaya, comienza a superarse -sonrió la castaña -Vamos Anahí -comenzaron caminar de nuevo pero ahora una pequeña hizo lo mismo -¿Otro pato? -dijo la castaña sorprendida.
La bailarina volvió a leer la nota: “Mi mundo tiembla cuando no estás cerca, no puedo vivir sin ti”, Anahí sonrió, volvió a mirar a su alrededor pero nada -Debe estar aquí -dijo nerviosa. Siguieron caminando, ahora ambas estaban atentas por si lograban ver a la psicóloga.
-¿Cuántos faltan? -preguntó una nerviosa Dulce, estaba en el segundo piso, sentada en una banca donde podía observa todo sin ser vista, además que tenía sus gafas negras y un periódico en las manos con el que se cubría.
-Creo que tres -escuchó la voz de Emily por el teléfono.
Anahí comenzaba a ponerse nerviosa, demasiados días sin ver a Dulce y saber que estaba cerca le producía sentimientos encontrados, quería verla pero no se sentía lista para hablar con ella. Ahora un joven se acercó y con una sonrisa hizo la misma entrega que los anteriores, la rubia quiso preguntarle algo pero el chico se retiró rápidamente, volvió a tomar la nota que tenía el pato: “Nada importa cuando no estas a mi alrededor, porque tú, mi chica de hermosos ojos azules y el fruto de nuestro amor, son todo lo que necesito”, Anahí sintió como el bebé comenzaba a moverse, colocó su mano en el vientre y sonrió -Es tu mamá -dijo en un susurro.
Angelique seguía intentando encontrar a la pelirroja pero no veía nada, decidieron no seguir caminando, las dos estaban de pie cerca de las escaleras eléctricas. Cinco minutos después se volvió a repetir lo mismo, ahora un joven entrego el patito, la rubia nerviosa volvió a tomar la nota que había en el: “Tú y mi pequeño son lo mejor que hay en mi vida, nada es lo mismo sin ti”, sin poder evitarlo una lágrima escapó de sus ojos.
-Esto es tan romántico -dijo la castaña que comenzaba a emocionarse.
Emily estaba observando todo -Solo falta uno, a tu posición Rayo McQueen -dijo la pintora por el teléfono.
-Entendido pintora sexy, cambio -terminó de decir la pelinegra riendo.
-Lista mamá Dulce, es tu momento -terminó Emily mientras caminaba hacia las escaleras, cerca de donde estaban las chicas.
Anahí se había sentado en una de las bancas, todo la estaba poniendo demasiado nerviosa, la castaña seguía de pie observando a su alrededor. Un niño se acercó a ellas y con una enorme sonrisa entregó otro patito, la bailarina volvió a leer la nota: “¿Puedes perdonarme? Los amo” -¿Emily? -dijo la rubia frunciendo el ceño al ver a la morena acercarse con una guitarra.
-¿Maite? -la castaña veía con asombro a su esposa que también se acercaba, se detuvo a un lado de Emily y acomodó un pequeño órgano delante de ella, Maite solo sonrió guiñándole un ojo a su esposa.
Emily comenzó a tocar la guitarra mientras Maite la acompañaba con el otro instrumento, de pronto apareció Dulce en el segundo piso justo al lado de las escaleras eléctricas, tenía un micrófono en la mano que sostenía nerviosamente y una sonrisa en su rostro, todos a su alrededor observaban la escena con una sonrisa en el rostro. Anahí se puso de pie muy rápido, no podía creer lo que estaba viendo en ese momento, se llevó una mano a la boca para no gritar, después de tantos días veía a su pelirroja y le parecía hermosa.
Aún parece
Nuestra primera noche juntos
Parece el primer beso
Está mejorando nena
Nadie puede hacerlo mejor
Aún continúa
Todavía eres la única
Dulce comenzó a bajar por las escaleras que descendía de manera lenta mientras continuaba con la canción sin dejar de ver en ningún momento a la bailarina que seguía al final de la escalera sin apartar la mirada de ella.
La primera vez que
nuestros ojos se vieron
Tuve el mismo sentimiento
Solo se siente mas fuerte
Quiero amarte mucho mas tiempo
Tu aún me enciendes el fuego
Pues si te sientes sola, no
Tu eres el único amor
que siempre quise
Solo quiero hacerlo mejor
Pues si te amo un poco
más de lo que debería
Por favor perdóname
No puedo parar de amarte
No me niegues
Este dolor está siguiendo
Por favor perdóname
Si te necesito como ahora
Por favor cree que cada
palabra que digo es cierta
Por favor perdóname
No puedo parar de amarte
Ambas se miraban a los ojos, las lágrimas comenzaron a descender en el rostro de Anahí mientras que Dulce intentaba mantener la voz, sus corazones latían a mil por hora, la pelirroja terminó de bajar y caminó despacio hasta acercarse a la bailarina.
Todavía se siente como nuestros mejores tiempos están juntos -cantó mirando los ojos azules de la rubia
Se siente como el primer toque
Aún está cerca, nena
No se puede concluir -cada vez se acercaba más a ella
Aún te tengo
Aún eres la número uno
Ya estaba frente a la rubia, después de tantos días, por fin la veía.
Recuerdo el aroma de tu piel
Recuerdo todo
Recuerdo todos tus humores
Te recuerdo, si!
Recuerdo las noches y lo sabes
Pues si te sientes sola, no -acercó su mano para acariciar su mejilla.
Tu eres el único amor
que siempre quise
Solo quiero hacerlo mejor
Pues si te amo un poco
mas de lo que debería
Por favor perdóname
No sé lo que hago
Por favor perdóname
No puedo parar de amarte
No me niegues
Este dolor está siguiendo
Por favor perdóname
Si te necesito como ahora
Por favor cree que cada
palabra que digo es cierta
Por favor perdóname
No puedo parar de amarte
No podían dejar de mirarse a los ojos, Dulce también había comenzado a llorar pero su voz la mantenía firme.
De una cosa estoy seguro
Es la forma que hacemos el amor
Una cosa de la que yo dependo
Permanecer fuerte es para nosotros
En cada palabra y cada respiración que oro
Es por eso que te digo
Por favor perdóname
No sé que hacer
Por favor perdóname
No puedo parar de amarte
No me niegues
Este dolor está siguiendo
Por favor perdóname
Si te necesito como ahora
Por favor cree que cada
palabra que digo es cierta
Por favor perdóname
No puedo parar de amarte -Dulce estaba frente a la bailarina que seguía con sus ojos llenos de lágrimas, la pelirroja lentamente y con timidez acercó de nuevo su mano hacia el rostro de Anahí que solo cerró los ojos ante la caricia, la psicóloga con su otra mano acarició el vientre de la rubia mientras una hermosa sonrisa aparecía en su rostro, se acercó aún más, no quería que hubiera ningún espacio entre ellas, todos a su alrededor miraban sorprendidos por el espectáculo que acababan de presenciar, Emily y Maite sonreían satisfechas mientras que la castaña tenia algunas lágrimas en los ojos y sonreía sin dejar de ver a las chicas y a su esposa.
-Por favor, perdóname –susurró la pelirroja sin dejar de ver los ojos azules de Anahí, comenzó a acercarse muy lentamente hacia el rostro de la rubia pero esta se volteó rápidamente interrumpiendo a Dulce que solo frunció el ceño mientras su sonrisa se borraba -¿Anahí? -dijo en un susurro, el miedo se había hecho presente de nuevo, comenzaba a sentir que la fuerza de sus piernas fallaban.
Anahí solo suspiró, sus ojos seguían dejando salir pequeñas lágrimas, el aroma de Dulce la embriagaba y tenerla tan cerca después de tantos días le estaba pasando factura, sintió la mano de la pelirroja en su rostro intentando hacer que la mirara, la rubia se volteó pero tenía sus ojos cerrados, volvió a suspirar profundamente y por fin miró a la pelirroja que esperaba ansiosa una repuesta o algo de parte de la bailarina que no lograba articular palabra alguna -Lo siento -fue lo único que salió de sus labios mientras comenzaba a alejarse de ese lugar muy rápido, Dulce se quedó inmóvil, su cerebro le gritaba que corriera tras ella pero sus piernas no respondía.
-Voy con ella -dijo la castaña rápidamente mientras veía a su esposa, rápido salió detrás de la rubia.
-¡Dulce! -gritó Emily al ver que la pelirroja casi caía al suelo.
-Voy con ellas -dijo Maite, la pintora solo asintió mientras sostenía a la pelirroja, la pelinegra salió detrás de su esposa.
-Respira, tranquila, todo estará bien -decía la pintora en un intento por calmar a Dulce que lloraba en silencio sin poder creer lo que había pasado.
Después de pagarle al chico que las había ayudado, Emily se llevó a Dulce hacia el auto, la psicóloga no hablaba, parecía que todo lo hacía en automático, la pintora condujo hasta el departamento de la pelirroja, lentamente subieron y Emily la acompañó a su habitación, al entrar, Dulce vio en la cama el enorme peluche de un pato que tenía planeado darle a la rubia, tenía la esperanza que la acompañara a casa, sin decir nada caminó hasta el y lo acarició -Tengo que verla -dijo en un susurro, tomó el peluche y salió de la habitación, Emily caminaba tras de ella sin entender.
-¿A dónde vas? -preguntó al ver a la psicóloga que tomaba las llaves del auto.
Sin decir nada, Dulce salió del departamento, rápidamente subió al auto y condujo a toda velocidad hasta la casa de Maite, el trayecto le pareció eterno, sumado a que encontró algo de tráfico, cosa que la hacía maldecir a cada momento. En cuanto llego, bajó del auto llevando con ella el enorme peluche de pato, caminó con decisión hacia la puerta, esta vez no se iría hasta no hablar con la bailarina, tocó el timbre y esperó un momento.
-Dulce -dijo la pelinegra en un susurro.
-Déjame pasar Maite -dijo la pelirroja con voz firme mientras daba un paso hacia la pelinegra.
-Dulce, cálmate, por favor -intentó detener a la psicóloga que solo cerró los puños con frustración.
-¡Es mi mujer y mi hijo! -gritó con desesperación -Así que quítate y déjame entrar -cerró sus ojos para tratar de calmarse un poco.
-Dulce, Anahí se fue –dijo Maite sin dejar de ver a la pelirroja

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:23 pm

capítulo 18
Dulce sintió que algo se rompía en su interior al escuchar esas palabras, sacudía la cabeza constantemente intentando comprender o reaccionar, se llevó una mano a la cabeza mientras cerraba sus ojos, ya no quería llorar pero sus lágrimas no obedecían otra orden que no fuera salir y humedecer sus mejillas, lentamente dejó caer el pato que traía en sus manos y sin decir nada se sentó al borde de las escaleras mientras Maite se sentaba junto a ella.
-¿Se fue? -logró susurrar la pelirroja, su voz aun sonaba temblorosa, no podía creer que Anahí se hubiera ido, ¿A dónde? Era la pregunta que rondaba su mente.
Maite solo suspiró -Tranquila Dulce, cuando llegamos del centro comercial, ella estaba muy nerviosa -la pelinegra miraba al frente mientras Dulce escuchaba con atención -Ya había planeado pasar unos días con su familia, Angelique y yo la acompañamos al aeropuerto, dijo que estaría bien y que en unos días regresaba, dijo que necesitaba alejarse de todo -la pelinegra terminó, se volteó para ver a Dulce, ya no lloraba y parecía un poco más calmada.
-Gracias Maite -dijo la psicóloga después de varios minutos en silencio, se puso de pie, limpió un poco su rostro y sonrió mirando a la pelinegra -Me voy -comenzó a caminar lentamente hacia su auto.
-¡Dulce!-grito la pelinegra, la pelirroja se giró y observó a Maite sosteniendo el enorme pato de peluche que había llevado.
Dulce sonrió y volvió hacia la pelinegra -Lo traje para Santy -dijo mientras se encogía de hombros -Puedes ponerlo en su habitación, para cuando regrese, por favor -miro a la pelinegra frunció el ceño y sonrió.
-¿Santy? -preguntó mirando a Dulce, esta se encogió de hombros.
-Santiago, como mi abuelo -dijo la psicóloga con una sonrisa en su rostro.
La pelinegra la miró un momento y volvió a sonreír -Es un hermoso nombre, a Anahí le gustará -se quedó en silencio un momento -Todo saldrá bien -dijo mientras se acercaba para abrazar a la pelirroja que dudó en responder pero le devolvió el abrazo a la pelinegra.
Dulce regresó a su departamento, al entrar todo estaba oscuro, se sentía vacío y ahora le parecía un lugar demasiado grande, incluso hasta sombrío -Son la luz de este lugar -susurró mientras caminaba hacia la habitación, pesadamente se recostó en la cama y tomó la almohada de la rubia mientras se abrazaba a ella y aspiraba el aroma que aún quedaba ahí, necesitaba saber cómo estaba su bailarina y su hijo, así que tomo su celular y comenzó a marcar.
Los padres de la bailarina la habían recogido en el aeropuerto, camino a casa la rubia observaba las luces de la ciudad, Scottsdale, Arizona no había cambiado mucho desde que salió hacia NY; a pesar de disfrutar de la vista, sus pensamientos solo eran ocupados por una pelirroja de hermosa sonrisa y el espectáculo del centro comercial, el sonido de su celular la despertó, vio el mensaje y suspiró profundamente haciendo que su madre la viera por el retrovisor.
“Sé que no quieres hablarme y lo entiendo, solo quería saber si están bien, ¿Cómo estuvo el viaje?, espero que mi pequeño no te haya dado malestares, necesito saber que están bien, por favor, te amo. DM”
Anahí se quedó viendo el mensaje una y otra vez, “mi pequeño” no podía evitar una mezcla de emociones con esas palabras, alegría y tristeza, ¿Por qué hasta ahora? Pensaba la rubia, no sabía si responder pero tampoco podía negarle no saber del bebé.
Dulce miraba con insistencia el teléfono, no había recibido respuesta a su mensaje y eso la ponía demasiado nerviosa -Por favor, responde -decía sin dejar de ver la pantalla, sus dedos se movían debido a los nervios y la preocupación, arrojó el teléfono sobre la cama y caminó hacia la ventana, dio un hondo suspiro mientras observaba la ciudad hasta que el sonido de su teléfono hizo que se arrojara sobre la cama para ver el mensaje que había llegado.
“Estamos bien, mis padres me recogieron en el aeropuerto, vamos camino a casa. A”
La psicóloga dibujó una sonrisa triste por la respuesta, tenía la esperanza de leer un te amo de parte de la bailarina pero al menos sabía que estaban bien y camino a casa de sus suegros, a pesar de que Maite le dijo los motivos por los que su novia se había ido, Dulce necesitaba que la misma Anahí se los dijera.
-¿Estás bien? -la voz de su madre desde el asiento delantero hicieron que levantara la vista, Marichelo estaba atenta a los gestos de su hija y a la atención que le prestaba a su teléfono.
-Sí, Dulce que quiere saber si llegamos bien -dijo mientras se encogía de hombros, volvió su atención al teléfono cuando comenzó a vibrar de nuevo.
“¿Por qué te fuiste? ¿Cuándo regresas?, por favor perdóname, los amo. DM”
-Cariño, llegamos -la voz de su madre la sacó de sus pensamientos, miró a la mujer frente a ella y sonrió, guardo el teléfono y despacio bajo del auto mientras su padre sacaba su equipaje del maletero.
-¡Estas enorme! -escuchó que le gritaban, un joven de cabello castaño y ojos azules corría hacia ella -¿Segura que solo es uno? -pregunto el chico mientras observaba el vientre de su hermana.
Anahí solo sonrió y extendió sus brazos para que el chico la abrazara -Yo también te extrañe Chris -el hermano menor de la rubia, aunque ahora era mucho más alto que ella, la abrazo con fuerza -Despacio, no quieres que tu sobrino se ahogue -decía la rubia riendo.
-Estas hermosa -dijo el chico mientras le regalaba una gran sonrisa a su hermana, volvió a abrazarla -Esa psicóloga loca se muere por ti, todo se arreglará -le dijo mientras guiñaba un ojo –Ouch -la rubia le dio un golpe en el brazo.
-No le digas así -Anahí sonrió.
-¡CHRISTOPHER! -escucharon el grito de Enrique, el padre de la rubia -Lleva las maletas de tu hermana a su habitación, que esos músculos sirvan de algo -gritó el hombre ojos azules haciendo reír a sus hijos. Christopher dejó un beso en la frente de su hermana y corrió hacia el auto para cumplir con las órdenes de su padre.
-Vamos cariño, comes algo y descansas -dijo Marichelo mientras caminaban hacia la entrada de la casa.
Al no recibir respuesta a su último mensaje, Dulce volvió a dejar el teléfono sobre la cama, se recostó un momento y cerró su ojos tratando de contener las lágrimas que querían hacerse presentes de nuevo, no había dormido bien los últimos días así que sin querer se quedó dormida pensando en Anahí.
La cena en casa de los Puente transcurría tranquila, entre anécdotas de Christopher y las bromas de su padre, Anahí estaba más tranquila e incluso un poco más alegre, sus padres no querían tocar el tema de Dulce, sabían que la rubia había dejado el departamento y lo motivos de esto pero también sabían que Anahí no podía estar sin esa pelirroja, menos ahora que esperaban un hijo.
La bailarina observaba la escena que se llevaba a cabo en el comedor de la casa, sus padres regalándose sonrisas y caricias, su hermano que no paraba de contar algún chiste para que ella riera, sin embargo sus pensamientos solo estaban en cierta psicóloga.
---FLASH BACK---
Dulce conocería por vez primera a los padres de la rubia, llevaban poco más de un año de relación oficial, así que ahí estaban llegando a la casa de la bailarina en Arizona, pasarían un fin de semana ahí. La pelirroja estaba un poco nerviosa, el padre de la rubia, según palabras de su novia, era un hombre algo estricto y podría decirse que hasta conservador. Las chicas llegaron a la casa, Dulce estacionó el auto y dio un enorme suspiro.
-¡Tranquila! -dijo la rubia mientras se acercaba a darle un pequeño beso en los labios -Le encantarás -se miraron por un momento y ambas sonrieron.
Comenzaron a bajar las maletas del auto, no llevaban mucho equipaje ya que solo serían un par de días.
-Por cierto, mi padre cree que aun soy virgen, estaremos en habitaciones separadas -dijo la bailarina con naturalidad mientras sacaba su maleta de la cajuela, la pelirroja soltó una sonora carcajada por eso, haciendo que la rubia la mirara arqueando una ceja.
-¿Era en serio? -preguntó al ver la seriedad en el rostro de su novia, la pelirroja sonrió de manera coqueta y se acercó demasiado a la rubia -Entonces, podré enseñarte muchas cosas este fin de semana -dijo esto rozando los labios de la bailarina que solo sonrió.
Pero el sonido de la puerta abriéndose y un grito hizo que se separaran rápido -¡Mi pequeña! -Enrique salía prácticamente corriendo de la casa, detrás de él venía Marichelo y el hermano menor de Anahí -¿Qué tal el viaje? -dijo mientras abrazaba a su hija.
-Excelente papi -se separó de su padre y mirando a la pelirroja la tomó de la mano -Les presento a mi novia, Dulce Espinoza -dijo con una enorme sonrisa en su rostro.
Enrique observó a la joven, arqueó una ceja y se quedó en silencio un momento, a Dulce le pareció una eternidad, ese hombre la intimidaba -Mucho gusto -dijo tímidamente la pelirroja mientras extendía la mano para saludar a su suegro.
Enrique sonrió al ver la timidez de la muchacha, esbozó una sonrisa y sin decir nada la abrazo -Bienvenida Dulce, espero que respetes a mi pequeña -dijo en el oído de la pelirroja, esta solo asintió.
- Enrique no la asustes -dijo Marichelo que se acercó a saludar a la pelirroja con una enorme sonrisa -Mucho gusto Dulce, Annie no deja de hablar de ti –la pelirroja sonrió y miró a la bailarina que solo se sonrojó -Entremos, deben tener hambre -decía Marichelo mientras caminaban hacia la casa, atrás se quedaron Anahí y Dulce.
-Tengo hambre, pero de ti -dijo la pelirroja al oído de la bailarina que solo sonrió y se sonrojó, Enrique se giró para verlas y arqueó una ceja haciendo que a la pelirroja se le borrara la coqueta sonrisa que tenía en el rostro.
La cena transcurrió tranquila, todos querían conocer a Dulce que era observada atentamente por Enrique, algo que la ponía nerviosa, Anahí se daba cuenta y solo le tomaba de la mano por debajo de la mesa, hasta que decidió divertirse un rato mientras acariciaba la pierna de la pelirroja, subiendo poco a poco cada vez más, le divertía ver la cara de Dulce y lo nerviosa que estaba, hasta que llevó su mano un poco más allá, haciendo que la pelirroja se parara rápidamente de la mesa sorprendiendo a todos.
-Lo siento, estoy cansada por el viaje -dijo mirando a todos y algo sonrojada -Voy a dormir -terminó de decir y salió de comedor.
-Voy a ver si necesita algo -dijo la rubia que salió tras su novia.
Dulce entró a su habitación, la de la rubia estaba al final del pasillo, caminó deprisa al baño y comenzó a mojarse la cara, su temperatura había subido demasiado y gracias a las caricias de su adorable novia.
-¿Estás bien? -preguntó la rubia entrando también al baño, Dulce solo la miró y sonrió, sin decir nada se acercó hacia a ella y tomándola del rostro la besó con pasión, la rubia solo sonrió y respondió con las mismas ganas, Dulce la acorraló en la pared y dejando su boca comenzó a descender hacia su cuello haciendo que la rubia suspirara, sus manos las enredó en el negro rojo de su novia mientras que ella no dejaba de acariciar sus muslos hasta comenzar a colar sus manos debajo de la blusa de la rubia.
-Te gusta provocarme -dijo cerca del oído de la rubia que no dijo nada, solo buscó de nuevo sus labios para volver a besarse.
-¡Chicas! -escucharon la voz de Enrique y rápidamente se separaron algo agitadas por el momento -¿Está todo bien? -preguntó el padre de la rubia mientras entraba al baño, frunció un poco el ceño al ver a su hija algo sonrojada y agitada y a la pelirroja en el otro extremo del baño.
-Si, a veces a Dul le duele la cabeza cuando viaja -dijo mirando a su novia que solo abrió los ojos sin entender -¿Verdad? -dijo mirándola fijamente.
-Si...cierto -dijo la pelirroja un poco apenada ante la mirada escrutadora de Enrique.
A Dulce no le hacia ninguna gracia tener que dormir en otro cuarto lejos de su rubia, pero no quería caerle mal a Enrique, sobre todo después de lo que la bailarina le dijo, pero eran demasiadas las ganas que tenia de dormir con ella y sobre todo después de su encuentro en el baño, así que ahí estaba en su cama, pasada la medianoche y solo dando vueltas por no poder dormir.
-Un beso de buenas noches me ayudará a dormir -se dijo así misma, se levantó de la cama y salió de su habitación sigilosamente, primero vio que no hubiera nadie en el pasillo, no había ninguna luz así que supuso que todos estarían dormidos, despacio y de puntitas caminó hasta la habitación de la rubia, abrió despacio la puerta, se acercó a la cama y lentamente se metió debajo de las sabanas, se acercó a la rubia y paso su mano por su cintura para acercarla a ella.
-¿Qué haces aquí? -dijo la rubia medio dormida al sentir a su novia.
-Quería mi beso de buenas noches -dijo mientras comenzaba a besar su cuello -No puedo dormir sin el -continuó besando el cuello de su novia mientras que su mano comenzaba a meterse debajo de la camiseta de la bailarina.
La rubia se volteó para quedar de frente y sonrió, se acercó y comenzó a besar a la pelirroja, despacio y muy suave -Listo, ahora regresa a tu cuarto -dijo sobre los labios de la su novia.
-Vamos Annie -volvió a dirigirse a su cuello mientras su mano ya estaba más arriba haciendo que la rubia suspirara.
-Dul… mis papas -dijo en un susurro que fue apagado por otro beso de la pelirroja, Anahí no se resistió más y con sus manos acercó de nuevo a Dulce para perderse en un apasionado beso, rápidamente se deshicieron de las pijamas, poco a poco la pelirroja comenzó a descender, dejando besos en el cuello de la rubia que solo suspiraba e intentaba no gemir demasiado fuerte cuando sintió esos besos en su pechos bajando hacia su abdomen, lo único que pudo hacer fue colocarse la almohada en la boca cuando sintió a Dulce entre sus piernas haciendo maravillas, con una mano sostenía y apretaba la almohada en su boca y con la otra acariciaba el cabello de la pelirroja que seguía entretenida entre sus piernas, sintió como Dulce dejó su labor y comenzaba a subir de nuevo, soltó un hondo suspiro cuando la pelirroja se acomodó entre sus piernas lentamente hasta tener el contacto deseado, Dulce sonrió al ver el rostro de Anahí que aún seguía con sus ojos cerrados, se acercó y dejó un beso suave en sus labios que la rubia respondió desesperada, se abrazó a la espalada de la pelirroja cuando sintió como esta comenzaba con los movimientos de sus caderas de manera lenta y torturante, sus respiraciones comenzaban a agitarse mientras las dos trataban de contener su gemidos entre besos o simplemente escondiéndose en el cuello de la otra, sus cuerpos comenzaban a tensarse indicando que el momento culmen se acercaba, la rubia se aferró más a la espalda de Dulce que comenzó a hacer sus movimientos más frenéticos, bastaron unos movimiento más para que ambas ahogaran su grito de placer en un profundo beso que poco a poco se iba haciendo suave y delicado mientras sus respiraciones volvían a calmarse, la pelirroja comenzó a dejar suaves besos en el cuello de la rubia que solo sonrió -Eres una fiera Dulce -la pelirroja la miró y sonrió, se perdió en sus ojos y volvió a darle un dulce beso, Dulce se acostó a su lado y se quedaron profundamente dormidas mientras se abrazaban.
A la mañana siguiente Anahí abrió los ojos lentamente, pero al reconocer la habitación se levantó de golpe y miró al otro lado de la cama pero no encontró nada -Fue un sueño -dijo en un susurro mientras se acostaba de nuevo, pero al darse cuenta que estaba completamente desnuda sonrió, escuchó que abrieron una puerta y rápidamente se enderezo -¿Qué haces aquí?
Dulce estaba en la puerta, miró a todos lados y frunció un poco el ceño -Me invitaste a pasar un fin de semana para conocer a tus padres -dijo mirando a la rubia.
Anahí rio, le hizo un gesto a la pelirroja para que se acercara a la cama, Dulce volvió a meterse debajo de las sabanas y dejó un beso en los labios de la rubia -¿Por qué no te quedaste? -dijo en medio del beso.
-No quería que tu papá me viera aquí -dijo mientras se dirigía a besar el cuello de la rubia.
-Anoche no te importó -lentamente se acostó para que Dulce continuara con su labor.
-Fuiste una buena niña -volvió a besar a la rubia -Muy calladita -sus manos comenzaban a acariciar el cuerpo de la bailarina que ya estaba desnuda.
-Mis papas -intentó decir la rubia de nuevo.
-Acaban de salir con Christopher -esto tranquilizó a la rubia que se dejó llevar otra vez por las caricias de su novia, rápidamente Dulce se quitó la pijama para continuar con su ejercicio matutino, perdieron la noción del tiempo entre cada caricia y beso, debajo de esas sabanas solo estaban ellas disfrutando de cada roce de sus cuerpos desnudos. Ninguna escuchó el auto que acababa de llegar.
-Anahí cariño -Marichelo abrió la puerta de golpe -Oh por Dios -se llevó una mano a sus ojos cuando vio a Dulce sobre la rubia, afortunadamente las sábanas las cubrían un poco, rápidamente la pelirroja volteó hacia la puerta e intentó que las sabanas las cubrieran totalmente.
-Pequeña, levanta… -Enrique entró a la habitación y se quedó con la boca abierta al ver a su niña en esa situación -¡Dulce que le haces a mi niña! -gritó el hombre que rápidamente fue sacado de la habitación por su esposa que solo reía por la situación, algo que hacia enojar más a su marido.
-Me va a odiar -dijo la pelirroja escondiendo su rostro en el cuello de su novia que solo le acariciaba la espalda para calmarla. Minutos después tocaron a la puerta.
-Cariño, dile a Dulce que tu padre quiere hablar con ella -se escuchó la voz de Marichelo fuera de la habitación.
-Estoy muerta -Dulce se recostó y cubrió su rostro con la almohada -Me iré por la ventana -dijo rápidamente mientras se levantaba y comenzaba a vestirse.
-¿Estás loca? -dijo la rubia riendo al ver a su novia tan nerviosa -No va a pasar nada, ellos te adoran -se acercó a la pelirroja y la besó tiernamente -Yo te amo y eso basta -dijo sonriendo haciendo que su novia también sonriera.
Después de una hora, las chicas bajaron tomadas de la mano, Dulce ni siquiera podía levantar la mirada, entraron al comedor donde estaba Marichelo que al verlas solo sonrió y Christopher que estaba desayunado.
-Enrique está en la sala -dijo mirando a Dulce que rápidamente levantó la mirada, vio a Anahí un momento y esta solo le apretó la mano en señal de apoyo y así salió directo a la sala.
Ahí estaba, sentado en un sofá, con la mirada fija en la pelirroja y con una expresión totalmente seria en su rostro, los demás se acercaron silenciosamente hacia la sala sin ser vistos y así poder escuchar, Anahí se mordía las uñas de los nervios.
-Siéntate -fue lo único que dijo Enrique, Dulce no se atrevía a decir nada y silenciosamente obedeció, sentándose frente a él -¿Cuáles son tus intenciones con mi hija? -preguntó sin dejar de ver a la pelirroja.
Dulce no levantaba la mirada, jugaba con sus dedos de manera nerviosa -Eh…yo…bueno…eh…quiero lo mejor para ella…eh hacerla feliz…y…jamás la lastimaría -decía nerviosa, Anahí sonrió al escuchar a su novia y tenía unas ganas enormes de correr a besarla al escucharla tan nerviosa.
-Que linda, está nerviosa –dijo Marichelo mirando a Anahí que solo rodó los ojos y siguió acabando con sus pobre uñas.
-¿La amas? -preguntó el rubio.
Por primera vez Dulce levantó la mirada, tragó saliva y con voz firme y segura respondió -Como nunca antes, cambió mi vida, es lo mejor que me ha pasado y quiero estar siempre con ella, la necesito, la deseo, la amo, es la mujer más perfecta que he conocido, sus ojos me desconectan del mundo y cada día me enseña que la vida es hermosa, no quiero otra cosa que hacerla feliz y estar con ella -decía una pelirroja totalmente emocionada y con un brillo especial en sus ojos, ni siquiera notó que Enrique sonreía, de la nada Anahí salió corriendo hacia ella y la abrazó para después darle un tierno beso.
La rubia miro a su padre y sonrió -¿Qué más puedes pedir para tu hija? -se encogió de hombros y entrelazo su mano con la de Dulce -Además, vamos a vivir juntas.
-Sí, vamos… -la pelirroja miró sorprendida a la rubia -¿De verdad? Espera, entonces ¿aceptas? -no podía borrar la sonrisa de su rostro al escuchar aquello, Anahí solo asintió y volvió a besarla, hacia una semana que Dulce le había pedido a la rubia que vivieran juntas y aun no le daba una respuesta, hasta ahora.
- Sí -dijo la rubia sin dejar de mirarla a los ojos, sonrió de nuevo y se acercó para darle un beso tierno.
-Siiii –gritó Christopher que sala corriendo de donde estaban escuchando -Menos mal que Dulce no se comió a mi papá -dijo el chico inocentemente, para ser un adolescente de trece años, algunas veces era demasiado despistado e inocente.
-¿Porque dices eso Chris? –preguntó Marichelo que seguía sonriendo al lado de su esposo.
El chico solo se encogió de hombros -Anahí dijo que Dulce era una fiera y las fieras se comen a las personas ¿no? -con toda la naturalidad dijo esto, Marichelo frunció un poco el ceño y miro a Enrique, las chicas se miraron sin entender, al ver las caras de todos Christopher solo rodó los ojos y suspiró -Anoche baje por agua y cuando volvía a mi cuarto escuché ruidos en el cuarto de Anahí, me acerqué y escuché que dijo “Eres una fiera Dulce” -miró a sus padres que solo abrieron la boca intentando decir algo.
-Me quiero morir -dijo Dulce que se cubrió el rostro con sus manos ya que estaba demasiado sonrojada y Anahí bajó la mirada riendo.
-Vaya -dijo Marichelo sin poder evitar reír -Deberías aprender cariño -dijo mirando a su esposo con una coqueta sonrisa.
-Ok, demasiada información en una sola mañana -Enrique se puso de pie y tomando de la mano a Marichelo caminaron hacia el comedor -Mejor desayunemos, Dulce necesita recuperar energías -dijo riendo.
---FIN DEL FLASH BACK---
Anahí se encontraba en su habitación, intentaba descansar pero los recuerdos de aquel fin de semana seguían apareciendo en su cabeza, una pequeña sonrisa cargada de melancolía se dibujó en su rostro.

-¿La extrañas? –escuchó la voz de su madre, se volteó para verla parada en el marco de la puerta.
-Demasiado -dijo la rubia intentando sonreír.
Marichelo se acercó a la cama y se sentó junto a ella, simplemente la abrazo y así se quedaron por un largo tiempo.
-¿Porque no regresas con ella? –preguntó Marichelo mientras acariciaba el cabello de su hija
-Tengo miedo que vuelva a fallarme, sé que se está esforzando pero... -suspiró profundamente -¿qué pasa si cuando nazca el bebé vuelven sus miedos e inseguridades? no lo soportaría y no quiero que mi hijo pase por eso -limpió una lágrima de su rostro.
-Te entiendo, pero también es su hijo, debes darle una oportunidad -Marichelo se levantó, le dio un beso en la frente y salió de la habitación.
Anahí se quedó pensativa, tal vez su madre tenía razón, su teléfono comenzó a sonar y sonrió al ver que tenía otro mensaje de Dulce.
“Perdóname, nunca me cansaré de decírtelo, me comporté como una estúpida todos estos meses, sin darme cuenta te lastimé, sé que necesitas tiempo y respetaré eso, no quiero perderme la oportunidad de ver crecer a mi hijo y de educarlo juntas, los amo, estaré esperando que regreses y poder hablar. DM”
-¿Cómo está? –preguntó Enrique al ver a su esposa regresar a su habitación.
-Triste -dijo encogiéndose de hombros, se sentó junto a su esposo mientras este la abrazaba -Deberíamos llamar a Alma, seguramente Dulce no le ha dicho nada -miró a su esposo que solo sonrió y asintió.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:24 pm

capítulo 19
Dulce intentaba cumplir su palabra de esperar a que Anahí volviera para intentar hablar con ella; ya habían pasado casi dos semanas desde que la rubia estaba fuera de Nueva York, cada noche Dulce le enviaba un mensaje que siempre terminaba con un “Los amo”, en todos esos días la psicóloga solo salía de su departamento a su trabajo y viceversa, no tenía ánimo para nada.
Ahí estaba, un viernes por la tarde, terminando algunos asuntos de su trabajo y de algunos pacientes, ordenaba un poco su escritorio para irse a su departamento y como todas las noches enviarle un mensaje a la bailarina y esperar a que lo respondiera.
-Hasta mañana Alice -salió de su consultorio con su portafolio en mano y su saco sobre su brazo.
-¿Trabajarás mañana? -preguntó la secretaria mientras veía atentamente a su jefa que se detuvo en la puerta y la miró confundida -Mañana es sábado -dijo esperando una respuesta, solo negó con la cabeza -Los sábados no trabajas -terminó de decir con una pequeña sonrisa en su rostro.
Dulce solo suspiró e intentó sonreír -Tienes razón, que tengas buen fin de semana -se despidió y salió del edificio.
En otras circunstancias habría salido mucho más temprano para buscar a su bailarina en la academia y hacer cualquier cosa que se le ocurriera a la rubia, sin embargo ahora solo se dirigió a su departamento a encerrarse en el durante todo el fin de semana. En cuanto entró dejó sus cosas en la mesa y se tiró en el sofá, solo quería dormir y esperar a que cuando despertara todo fuera como antes; el departamento era un desastre, ropa por aquí y por allá, algunos trastes sucios en la cocina, todo un desorden; cuando el sueño la iba venciendo el sonido del timbre la despertó, al parecer era algo importante porque tocaban con demasiada insistencia, a pesar de no querer levantarse y abrir, el ruido era demasiado, sin mucho ánimo y algo molesta se levantó.
-¿Por qué demonios… -abrió rápidamente para despedir a quien estuviera tocando de esa manera pero no pudo terminar porque una Emily muy apresurada entro al departamento.
-¡A mí también me da gusto verte! -dijo la pintora mientras entraba ante la atenta mirada de su amiga, caminó hacia la sala y se sentó esperando que la pelirroja cerrara la puerta -¿Piensas quedarte ahí? –gritó
Dulce solo empujó con fuerza la puerta y regresó a su posición en el sofá, ni siquiera miró a la morena, simplemente volvió a tumbarse y a cerrar sus ojos para intentar dormir.
-¡Dulce! -gritó la Emily haciendo que la pelirroja rápidamente abriera sus ojos, la pintora solo reía al ver la cara de su amiga.
-¿Qué quieres? -dijo sin ningún ánimo.
-¿Qué quiero? -Emily arqueó una ceja y se cruzó de brazos, Dulce la miró sin decir nada -En unas horas es la exposición de mis cuadros, te lo dije hace tiempo -volvió a mirar a su amiga que solo se llevó una mano a su frente -Así que te bañas, te arreglas -se puso de pie y caminó hacia la habitación no sin antes observar el desastre en el departamento -¡Deberías limpiar! -gritó desde la habitación.
La pelirroja se puso de pie y caminó hacia su habitación, ahí estaba Emily sacando ropa de su armario y arrojándola sobre la cama.
-¿Qué prefieres? -preguntó la pintora mientras en una mano sostenía un conjunto de pantalón y saco negro y en la otra un vestido rojo, los miro por unos momentos y sonrió –Este -colocó sobre la cama el vestido rojo.
-No he dicho que iré –la pelirroja estaba sentada en su cama mientras seguía con sus brazos cruzados.
-Vamos amiga -Emily se sentó junto a ella -Tienes que salir de aquí, divertirte un poco, conocer gente, no solucionarás nada encerrada aquí -abrazó a la pelirroja que correspondió -Además, Hanna acepto ir y te necesito ahí -dijo mientras seguían abrazadas.
-Sabía que había algo mas -dijo entrecerrando sus ojos, dio un hondo suspiro -La extraño demasiado -sus ojos no tenían el mismo brillo de siempre.
-Lo sé -Emily abrazo con más fuerza a Dulce que simplemente correspondió, el apoyo de Emily siempre había sido incondicional.
Dulce se puso de pie y caminó hacia baño -¡Te veo allá! -gritó haciendo sonreír a la pintora.
Mientras tanto en Arizona, una rubia con un pronunciado vientre caminaba por el centro comercial al lado de su madre; tal y como lo predijo Anahí, Marichelo ya se había encargado de armar un pequeño guardarropa para su nieto.
-¿Has pensado en algún nombre? -preguntó la rubia mayor mientras miraba un pequeño traje de short y camisa acompañado de una pequeña gorra.
La rubia se quedó pensativa un momento –No -fue lo único que dijo, su madre la miró, la rubia se había quedado perdida en sus pensamientos una vez más, era algo común desde que había llegado a la casa de sus padres.
-Creo que deberías comenzar a pensar en alguno -dijo Marichelo mientras volvía a admirar los pequeños conjuntos de ropa en la tienda -Ya no quiero escuchar a Christopher llamarlo “pequeño bebe pelirrojo” o “Espinoza Jr” -Marichelo sonrió al recordar los nombres con los que su hijo llamaba al bebé.
Anahí solo negó con la cabeza y también sonrió -Tienes razón, pero es algo que… -solo se encogió de hombros mientras la sonrisa se borraba de su rostro.
-Quisieras hacer con Dulce -terminó de decir la rubia mayor, su hija solo asintió mientras se quitaba una pequeña lagrima de sus ojos -¿Y porque no hablas con ella? -volvió a insistir Marichelo.
-Mamá, por favor -Anahí suspiró con pesadez, esa era una pregunta que siempre le hacia su madre, pero aún no estaba lista, a pesar de alegrarse con los mensajes de la pelirroja, el miedo a que volviera a fallarle seguía muy presente, sabía que no podía quedarse para siempre en casa, tenía su vida en NY y no se sentía capaz de alejarse totalmente de Dulce, pero aun dolía recordar los meses en que se sintió sola y sin el apoyo de la pelirroja, cuando ambas habían decidido dar ese paso en su relación.
West Chelsea, la galería de arte en Nueva York, donde todos los artistas más vanguardistas podían realizar sus exposiciones, presentarse aquí aseguraba el éxito a los expositores y sin duda Emily Fields era una de las artistas jóvenes que comenzaba a tener ese reconocimiento.
Dulce llegó en su auto, aquel auto que aún no cambiaba y por el cual en varias ocasiones había discutido con la rubia; la combinación del auto deportivo color negro y el ajustado vestido color rojo que vestía la psicóloga atrajo las miradas de más de uno o una a su llegada a la galería, donde su amiga llevaría a cabo la exposición de sus cuadros.
Con paso firme y con aquella elegancia que la caracterizaba entró, miró hacia ambos lados del enorme salón para buscar a Emily pero no logro encontrarla, suspiró profundamente y comenzó a caminar, se topó con un mesero y rápidamente tomo una copa de champaña, estar en ese lugar le traía demasiados recuerdos, memorias que solo hacían que se sintiera incómoda y que los últimos sucesos en su vida parecieran más dolorosos; caminó por toda la galería mientras observaba y admiraba cada cuadro, no cabía duda que tenían el sello característico de su amiga, sonreía al escuchar los comentarios alagando el trabajo de Emily, se detuvo a observar uno de los cuadros, ya lo conocía pues su amiga se lo había mostrado meses atrás, se quedó ahí de pie frente a la pintura mientras delicadamente llevaba la copa a sus labios y una pequeña sonrisa cargada de nostalgia se dibujaba en su rostro.
---FLASH BACK---
-¿Estas segura? -era la décima vez que Emily le hacia esa pregunta a Dulce, se encontraban en una galería de arte, era la primer exposición de las obras de la pintora y por supuesto que su querida amiga no podía faltar, pero algo más iba a suceder en esa exposición y Emily no había podido negarse a ayudar a la pelirroja.
-Por supuesto -dijo firmemente Dulce que miraba por toda la galería en busca de una persona, específicamente una rubia de ojos azules que no podía sacar de sus pensamientos desde hacía tiempo.
-¿De verdad? -volvía a insistir la morena que solo se ganó una mirada de reproche por su insistencia, sonrió y negó con la cabeza -Creo que atraparon a Dulce Espinoza -dijo riendo -¿Y si no viene? -también miraba a todos lados, su amiga comenzaba a ponerla nerviosa.
-¡Cállate Fields! -la pelirroja le dio un golpe en el hombro -Me pones más nerviosa -dijo mientras volvía a tomar una copa de vino de uno de los meseros que pasaba junto a ellas.
-Si sigues bebiendo, no podrás hablar -a la pintora le causaba gracia ver a su amiga tan nerviosa, Emily solo suspiró -Si la veo, te aviso -se alejó de su amiga para seguir al tanto de su exposición.
Dulce comenzó a caminar por toda la galería en busca de su rubia, había demasiada gente pero no lograba encontrar a la única persona que le importaba en ese momento, tenían poco más de dos meses saliendo y Dulce había preparado un sorpresa para Anahí, siguió caminando a través de la galería mientras intentaba admirar el trabajo de la morena, se detuvo en un cuadro que llamó su atención y ahí permaneció durante varios minutos mientras lo observaba, hasta que una voz la sacó de sus pensamiento.
-¿Necesitas compañía? –escuchó detrás de ella, esa dulce voz logró que su rostro dibujara una pequeña sonrisa, rápidamente se giró y ahí frente a ella estaba Anahí regalándole una hermosa sonrisa y una mirada totalmente iluminada -Siento haber tardado -la rubia hizo un pequeño puchero que solo hizo sonreír más a Dulce.
La pelirroja se acercó y colocando una de sus manos en la cintura de la rubia la acercó más a ella sin borrar la sonrisa de su rostro, se miraron por un momento sin decir nada hasta que Dulce acortó la distancia y le regaló un suave beso a la rubia.
-Estas hermosa –susurró la pelirroja mientras seguía rozando los labios de la rubia que solo volvió a sonreír y sin esperar más volvió a perderse en los labios de la pelirroja.
Permanecieron así, regalándose pequeños besos y tiernas miradas, parecía que Dulce había olvidado que estaba acompañando a Emily en su exposición y porque había invitado a la rubia.
-Hola Anahí -la voz de Emily las sacó de su burbuja, Dulce la miró enfadada por haber interrumpido y la rubia solo sonrió un poco sonrojada -A Dulce le preocupaba que no llegaras -dijo sonriendo.
Anahí miró a Dulce que comenzaba a ponerse un poco sonrojada y con la mirada estaba ahorcando a su querida amiga -Hola Emily -dijo la rubia sonriendo mientras se acercaba a la pintora para darle un abrazo -Esto es grandioso -miró a su alrededor y sonrió –Felicidades -volvió a abrazar a la pintora.
-Ahora entiendo porque Dulce solo habla de ti –Emily seguía abrazada a la rubia y con una coqueta sonrisa en su rostro.
-¡Fields! –gritó Dulce al ver la mirada de su amiga que solo sonrió.
-Tranquila -Emily no podía dejar de reír -¿Cuándo estés lista Espinoza? –miró a la pelirroja que asintió sin dejar de ver a la rubia que no entendía nada.
La pintora sonrió y se alejó de ellas, las chicas vieron cómo se acercaba a otra mujer y le susurraba algo al oído, la mujer solo asentía.
-¿Qué pasa Dul? –preguntó la rubia mientras tomaba a la pelirroja de la mano.
-No sé –Dulce solo se encogió de hombros y entrelazó sus dedos con Anahí mientras caminaban hacia otra parte de la galería. Entraron a un salón, estaba solo y frente a ellas había un cuadro cubierto con una manta.
-Annie espera aquí, por favor -la pelirroja salió rápidamente dejando a Anahí un poco confundida.
La rubia observaba el cuadro y le daba curiosidad ver que había debajo, se acercó para levantar la manta.
-¡Felici… -Emily entraba a la sala con una sonrisa en su rostro pero solo encontró a Anahí que se asustó y se alejó del cuadro -¿Y Dulce? -se acercó a la rubia que solo se encogió de hombros -Mmm… Anahí quiero… -Emily caminó hacia la rubia y sonrió -quiero pedirte algo… -miraba al suelo y movía sus manos un poco nerviosa.
-¿Qué pasa? -preguntó la rubia.
-Quiero que… -Emily se detuvo cuando vio que la manta se deslizaba hacia abajo y dejaba al descubierto el cuadro, la rubia rápidamente lo miró y se quedó con la boca abierta, en el cuadro estaban dibujados algunos corazones y en el centro una pregunta “¿Quieres ser mi novia?”.
Anahí miró a Emily sin decir nada, intercalaba su mirada entre el cuadro y la morena frente a ella -Eh….yo… -balbuceaba sin poder articular palabra, Emily solo abría más sus ojos, se suponía que Dulce descubriría ese cuadro, la morena sabía que su amiga la mataría por arruinar su sorpresa.
Dulce regresaba a la galería con un enorme ramo de rosas rojas en la mano y una tonta sonrisa en el rostro, cuando se acercaba al salón donde dejó a la rubia se detuvo cuando escucho a Anahí “Eres muy guapa Emily, pero…”, rápidamente entró y con el ceño fruncido miró a las dos mujeres frente al cuadro ya descubierto, a la rubia un poco sonrojada y a Emily que la miró con miedo.
-¡¿Qué carajos te pasa?! -gritó muy alterada Dulce que caminó directamente hacia Emily, la morena solo se hizo un poco hacia atrás, estaba segura que sería golpeada -No puedo dejar sola un momento a mi futura novia y ya la quieres conquistar -seguía gritando muy enojada, la rubia estaba sorprendida, primero por la reacción de Dulce y segundo por haber escuchado “futura novia”, sin querer una sonrisa apareció en su rostro.
-¡No! -dijo una Emily un poco asustada, conocía demasiado bien el carácter de su amiga así que comenzó a caminar hacia la salida.
-¡No huyas! -volvió a gritar la pelirroja al ver las intenciones de su amiga, iba a caminar hacia ella pero las manos de Anahí la detuvieron.
-¿Futura novia? -dijo la rubia que miraba a la pelirroja sin poder dejar de sonreír.
Dulce al escuchar aquello se detuvo, miró a Emily que se había alejado más y asentía con la cabeza y se giró para ver a Anahí que solo sonreía.
-Ella hizo el cuadro -dijo rápidamente Emily mientras señalaba a la pelirroja, la rubia solo sonrió -Y la manta se cayó sola -finalizó la morena aun alejada de su amiga.
-¿Dul? -volvió a decir la rubia, Dulce solo miraba al piso sin saber que decir -¿Es cierto? -delicadamente hizo que la pelirroja se volteara para poder verla.
-Era una sorpresa -dijo entre dientes, volvió a mirar a Emily que solo dibujo un “Lo siento” en sus labios.
-¿Son para mí? –Anahí señaló las flores que aún seguían en las manos de la pelirroja, Dulce las miró y tímidamente se las entregó, la rubia las tomó y caminó hacia el cuadro observándolo -Así que… -la rubia miro a Dulce que seguía sin decir nada.
-¡Di que sí! -gritó Emily desde donde estaba.
-¡Fields! –gritó la pelirroja haciendo que la pintora dejara de sonreír.
Dulce caminó hacia Anahí, tomó sus manos y la miró a los ojos, se perdió en ellos una vez más como le pasaba desde que la conoció en aquel supermercado, sonrió al recordar aquello, respiró profundamente para calmar un poco los nervios -Tal vez es muy pronto…pero desde que te vi no puedo dejar de pensar en ti…eres lo mejor que me ha pasado…y -se quedó en silencio contemplando el rostro de la rubia que la miraba atentamente y con una sonrisa en el rostro -Y bueno… -miró hacia atrás donde estaba el letrero -Quisiera saber si…si quieres –Dulce no podía controlar los nervios que sentía en ese momento y la mirada profunda de Anahí con su hermosa sonrisa no ayudaban a su propósito -¿Quieres ser mi novia? -dijo mientras sonreía.
Anahí no respondió, solo sonrió más, si eso era posible y colocando sus manos alrededor del cuello de Dulce la besó lentamente y sintiendo como su corazón se aceleraba y cada célula de su cuerpo respondía con descargas eléctricas que solo Dulce lograba provocar en ella. La pelirroja sonrió en medio del beso y se aferró aún más a la cintura de su ahora ¿novia?, “Me atraparon” pensó Dulce.
---FIN DEL FLASH BACK---
-¿Necesitas compañía? -escuchó tras ella, por un momento su cuerpo se tensó, rápidamente se giró para encontrarse frente a ella una hermosa rubia de ojos azules que le sonreía de una manera coqueta, Dulce la miró y frunció un poco el ceño -Llevas bastante tiempo frente a esta pintura y pensé que tal vez necesitabas compañía -volvió a decir la rubia que miraba de pies a cabeza a la pelirroja -Phoebe Harrison -dijo mientras extendía su mano para saludar.
Dulce reaccionó y sonrió –Dulce Espinoza -sin poder evitarlo observó detenidamente a la rubia frente a ella.
-¡Espinoza! -el grito de Emily sacó a ambas de ese pequeño juego de miradas en el que se encontraban, la morena se acercó a su amiga mientras otra rubia la acompañaba -Pensé que no vendrías –abrazó a la pelirroja que solo sonrió y respondió el gesto.
-Sabes que no me perdería tu exposición -dijo sonriendo la pelirroja -Hola Hanna -saludó a la acompañante de su amiga.
-Que gusto verte Dulce -la rubia se acercó e hizo lo mismo que Emily al darle un abrazo a la pelirroja, mientras que la pintora observaba a la rubia al lado de Dulce, Hanna se separó y disimuladamente observó a la otra mujer, frunció ligeramente el ceño al ver la manera en que miraba a la pelirroja -¿Cómo esta Anahí? -dijo Hanna mientras observaba a la otra mujer.
Dulce observó a Emily, dándole una pequeña mirada de reproche, la pintora no sabía que decir -Eh, bien, en casa de sus padres -a Dulce se le borró la sonrisa del rostro e intentó sonar lo más calmada que podía.
-¿Y cómo va el… -Hanna iba a continuar con su pequeño interrogatorio pero fue detenida por Emily para tranquilidad de la pelirroja que comenzaba a sentirse incómoda y con ganas de volver a encerrarse en su departamento.
-Disculpa, Emily Fields -la pintora saludó a la rubia que seguía al lado de la pelirroja -Dulce donde quedaron tus modales –miró a su amiga que intentó sonreír.
-Lo siento…ella es… -Dulce iba a presentar a la rubia pero fue interrumpida.
-Phoebe Harrison -saludó con una sonrisa -Excelente trabajo Emily -dijo mientras daba una rápida mirada alrededor de la galería.
-Hanna Marin -saludó extendiendo su mano hacia la rubia, la observaba detenidamente -Así que… ¿se conocen? –señaló a la pelirroja y a la rubia.
-Me encantaría -Phoebe miró a Dulce de manera coqueta, haciendo que la pelirroja se sonrojara levemente.
-Eh…no…quiero decir…acabamos de conocernos -Dulce hablaba rápido, sabía que Hanna era muy amiga de Anahí y no quería que las cosas las malinterpretara, no quería empeorar su situación.
-Bien -dijo Emily al notar el ambiente un poco tenso, las miradas que la rubia le daba a Dulce, la pelirroja incómoda con las preguntas de Hanna y la mirada inquisidora que la otra rubia le daba a esa mujer al lado de Dulce -Te veo más tarde Dulce -miró a su amiga y sonrió -Phoebe, un placer -tomó a Hanna de la mano para alejarse.
-¡Espero que todo vaya bien con el embarazo! -prácticamente Hanna gritó esto mientras era llevada de la mano por una Emily que caminaba lo más rápido que podía. Dulce solo suspiró y bajó su mirada.
-¿Por qué hiciste eso? –reprochó la pintora cuando se detuvo de su rápida caminata.
Hanna la miró y frunció el ceño -¿Qué? -solo se encogió de hombros -¿Acaso no viste como esa mujer se comía a Dulce con la mirada? -preguntó, Emily intentó decir algo pero se detuvo, Hanna tenía razón.
-No es nuestro problema -Emily se volteó para ver a Dulce que platicaba animadamente con la otra mujer, al menos se distraía un momento -Además… -la pintora miró pensativa a la rubia frente a ella y entrecerró sus ojos -¿Estas celosa de Dulce? -se cruzó de brazos y frunció el ceño.
Hanna solo sonrió y negó con la cabeza -No, solo hay una morena que me interesa, un poco inmadura y con miedo al compromiso, que además, hecho a perder un poco las cosas pero… -rio al ver como Emily abría sus ojos por la sorpresa -Se está esforzando en arreglarlo -ambas chicas se miraron un momento y sonrieron, Hanna miró hacia donde se encontraba Dulce -No quisiera que Anahí lo pase mal -solo se encogió de hombros.
-Créeme, no creo que Dulce tenga intención de empeorar las cosas -Emily tomó la mano de Hanna y continuaron al tanto de la exposición.
Anahí se encontraba en su habitación descansando, después de pasar toda la tarde de compras con su madre había terminado agotada, pero a pesar de estar cansada no podía dejar de observar su teléfono, era casi media noche y aun no recibía el mensaje que Dulce enviaba todas las noches, colocó su mano en su vientre al sentir un ligero movimiento -Creo que tu mami no nos saludará hoy -dijo en un susurro mientras colocaba el teléfono en el buró al lado de la cama -¿Cómo te llamarás? -dibujó una sonrisa al sentir el movimiento de su bebé –Adelante -gritó al escuchar que golpeaban a la puerta.
-¿Estás bien? -Enrique entró a la habitación -Vi la luz encendida y… -solo se encogió de hombros, caminó hasta acercarse a la cama de la rubia y se sentó junto a ella.
-Solo estoy un poco cansada -dijo devolviéndole la sonrisa a su padre -Y este pequeño -dirigió su vista a su vientre -está algo inquieto
Enrique colocó su mano sobre el vientre de su hija y sonrió al sentir el movimiento de su nieto -¡Vaya! Será un torbellino, igual que sus madres -miró a su hija que dibujó una media sonrisa -¿Volverás con ella? -preguntó con timidez.
La bailarina solo dio un hondo suspiro -No lo sé –bajó su mirada y se encogió de hombro.
Enrique se acercó y dejó un beso sobre la cabeza de su hija -Lo sabes, solo que tienes miedo -se puso de pie y caminó hacia la puerta –Descansa -sonrió y cerró la puerta.
Anahí se quedó pensativa un momento, volvió a mirar su teléfono pero no había nada, suspiró de nuevo -Deberíamos volver -dijo en un susurro y sonrió al sentir de nuevo los pequeños saltitos que en su vientre daba su pequeño -Si, yo también la extraño -se recostó para intentar dormir.
Mientras tanto en la galería, Dulce se había divertido un momento, aquella rubia sí que tenía sentido del humor y la plática había sido muy amena y agradable; hablaron de todo y de nada, simplemente disfrutaron de la conversación; Phoebe intentaba que la pelirroja sonriera y no perdía la oportunidad para acercarse y tocar su mano o decir alguna frase que solo hacía que la pelirroja se sonrojara.
-Ha sido un placer conocerte –Dulce se estaba despidiendo de la rubia.
-El placer ha sido mío -Phoebe sonrió y miró intensamente a la pelirroja que le devolvió la sonrisa, sacó una tarjeta de su bolso -Mi número -se lo dio a Dulce que lo tomó y lo guardó en su bolso.
-Gracias -fue todo lo que dijo la pelirroja -Me tengo que ir -se sorprendió cuando la rubia se acercó y rápidamente dejo un beso en su mejilla, muy cerca de la comisura de sus labios.
Dulce se despidió rápidamente, buscó a Emily por la galería para despedirse de ella y también de Hanna que al parecer no se había separado de la morena, algo que hizo sonreír a la pelirroja.
-¡Fields! -la pelirroja se acercó a donde estaban las otras chicas que de inmediato se voltearon para verla.
-¿Te vas? –preguntó la morena, Dulce solo asintió -¿sola? -dijo mientras arqueaba una ceja.
Dulce solo rodó los ojos, su querida amiga sabia cuando enfadarla –Adiós -fue lo único que dijo, se acercó a Hanna para despedirse y salió de la galería. Espero un momento para que le trajeran su auto, en cuanto pudo subió y emprendió el camino de regreso a su departamento y su soledad; iba manejando tranquilamente cuando vio a una persona que caminaba por la banqueta, disminuyó la velocidad y fue acercando el auto para ver mejor, bajo el vidrio de la ventanilla y se sorprendió al ver que era la rubia de la galería.
-¿Phoebe? -preguntó, la rubia se detuvo y la miro sonriendo –Sube -la rubia asintió.
-Gracias -dijo mientras subía al auto.
El camino a casa de la rubia fue tranquilo, igual que en la galería la plática era agradable y la ojiazul no paraba de hacer reír a la pelirroja, por fin Dulce se detuvo frente a un enorme edificio.
-Llegamos -dijo mientras observaba el edificio.
-Gracias -volvió a decir la rubia, se acercó a Dulce y dejó un beso en su mejilla -¿Te gustaría subir? -miro a la pelirroja, acercó su mano y la colocó sobre la pierna de Dulce.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:24 pm

capítulo 20
Dulce miraba la mano de la rubia que aún seguía sobre su pierna, se quedó sin poder hablar un momento mientras comenzaba a sentirse nerviosa y no precisamente cómoda; la chica era hermosa y eso no lo negaba, sería la mujer perfecta en otras circunstancias, pero definitivamente no era “su mujer perfecta”, a ella ya la había encontrado hacía tiempo. La pelirroja simplemente sonrió al recordar a su rubia, sonrisa que se borró cuando recordó que estaba a punto de perderla, así que delicadamente retiró la mano de la otra chica y sonrió, respiró profundamente e intentó sonar de la manera más amable.
-Podríamos beber algo o… -continuó insistiendo la rubia pero Dulce solo negó con la cabeza y suspiró.
-Phoebe eres hermosa -esto provocó que la rubia sonriera -Pero… -la pelirroja solo se encogió de hombros -Amo a mi novia…no estamos pasando por un buen momento pero…no quiero empeorar las cosas -miró con timidez a la mujer frente a ella que solo suspiró.
-Sabía que no podías estar sola -la rubia solo sonrió, tomó su bolso y bajó del auto -Fue un placer conocerte Dulce -se despidió haciendo un gesto con su mano, la pelirroja observó como se alejaba la chica que antes de entrar al edificio se detuvo -¡Suerte! Y tu auto es genial -y regalándole una última sonrisa a la pelirroja se perdió tras las puertas del edificio.
Dulce dejó caer su cabeza en el asiento, “No debí salir de mi departamento” pensó -Te voy a matar Fields -susurró entre dientes, tomó su bolso y comenzó a buscar su teléfono, no había olvidado su mensaje de todas la noches -Seguramente ya estará dormida -comenzó a escribir “Los extraño y los amo”, dibujó una sonrisa llena de melancolía, dejó su teléfono mientras volvía a poner el auto en marcha para dirigirse a su departamento, definitivamente ese sería un fin de semana demasiado largo.
Anahí comenzaba a quedarse dormida cuando escuchó el pequeño sonido que hacia su teléfono al vibrar sobre el buró al lado de su cama, se giró con un poco de dificultad, tener seis meses de embarazo no ayudaba mucho, tomó el teléfono y al ver el remitente del mensaje no pudo evitar sonreír -No lo olvidaste -susurró mientras colocaba una mano sobre su pecho, su corazón latía rápido y eso también lo sintió el pequeño Espinoza que de inmediato comenzó a moverse de nuevo -Mamá te extraña -dijo mientras acariciaba suavemente su vientre.
De manera lenta y sin ánimo Dulce subía las escaleras hacia su departamento mientras no dejaba de maldecir el elevador descompuesto -Solo a mí se me ocurre escoger un quinto piso -murmuró entre dientes mientras llegaba a la puerta de su departamento, con los tacones en la mano comenzó a buscar las llaves en su bolso
-¡Oops! bolso! -comenzaba a frustrarse al no encontrarlas pero algo hizo que detuviera su búsqueda, un ruido dentro de su departamento hizo que se quedara quieta, lentamente acercó su mano hacia la puerta y se dio cuenta que estaba abierta, frunció ligeramente el ceño y despacio abrió, sin hacer ruido entró dejando la puerta entreabierta, la luz de la sala estaba encendida y se sorprendió al ver su cocina limpia y en orden, “Deben ser unos ladrones ordenados” pensó, sin dejar de observar, tomó una sombrilla que había en la entrada y la levantó como si de un arma se tratara, caminó despacio mientras seguía observando todo, dio un pequeño salto al sentir al gato pasearse por sus pies –sshhh -le susurró, se detuvo cuando escuchó que alguien salía de la habitación y caminaba por el pasillo hacía donde ella se encontraba, se colocó al final de la pared, tomó con firmeza la sombrilla, dispuesta a golpear a quien fuera en cuanto apareciera.
-¡Te atrapé! -gritó la pelirroja mientras golpeaba en la cabeza al intruso, pero al ver quien era se quedó sorprendida y un poco asustada.
-¡DULCE MARIA ESPINOZA! –gritó Alma al momento que le quitaba a su hija su singular arma y con otra mano tocaba su cabeza.
-¿Ma…Mamá? -dijo la pelirroja con el ceño fruncido y aun confundida -¿Qué… -seguía observando a la mujer frente a ella.
-Eres un desastre, ¿lo sabias? -le dio un ligero golpe a su hija con la sombrilla -¿Qué horas son estas de llegar? -dijo su madre cruzándose de brazos.
La pelirroja seguía sin entender que hacia Alma ahí, en su departamento, la mujer solo rodó los ojos al ver que su hija no respondía y caminó hacia la sala seguida de Dulce -Agradece que puse un poco de orden -dijo señalando a su alrededor, entró en la cocina y comenzó a preparar un poco de café ante la atenta mirada de la pelirroja.
-¿Pero…? ¿Cómo entraste? –preguntó Dulce saliendo de su asombro.
-El portero me dejó entrar -Alma buscaba entre la alacena un poco de café -Es un hombre agradable -dijo mientras tomaba en pomo que había encontrado.
-Deberían despedirlo –susurró la pelirroja entre dientes, más tranquila dejó sus cosas sobre el sofá y se sentó.
Minutos después Alma se acercó con dos tazas de café, le dio una a su hija y se sentó frente a ella -Y bien ¿Qué tal la fiesta? -preguntó mientras bebía de su café.
-¿Fiesta? –preguntó la pelirroja mirando a su madre, Alma la miró y arqueó una ceja mientras señalaba la vestimenta de su hija -Ah, bien, supongo -bebió de su taza -Fue la exposición de Emily -dijo encogiéndose de hombros.
-¿Aquí en Nueva York? -dijo sorprendida, dibujó una pequeña sonrisa en su rostro -Logró su sueño -Alma conocía a la mejor amiga de su hija y le alegraba que estuviera realizando sus metas.
Dulce solo suspiro y asintió, siguió bebiendo su café mientras entre ambas mujeres se formaba un silencio algo incómodo; la pelirroja sabía a qué había venido su madre y Alma no encontraba la manera de abordar el tema con su temperamental hija.
-¿Qué haces aquí mamá? -por fin hablo Dulce, miró a su madre seriamente.
-¿No puedo visitar a mi hija? -al ver que su hija la miraba sin creerle solo suspiró y rodo los ojos -Está bien -dejó su taza sobre la mesa y miró a la pelirroja -¿Por qué no me dijiste que Anahí te dejó? -esta pregunta tan directa hizo que la expresión de Dulce cambiara totalmente, la seriedad de su rostro por la presencia de esa mujer en su departamento se convirtió en tristeza y nostalgia.
-No me dejó –Dulce bajo su mirada, no quería volver a llorar pero el nudo en su garganta y su voz temblorosa indicaban lo contrario -Solo… -suspiró -pasamos por un mal momento -miró de nuevo a su madre que la veía con preocupación.
Alma sabia lo importante que era esa rubia en la vida de su hija, sin decir nada se paró para sentarse junto a ella, delicadamente pasó su brazo sobre su espalda y la atrajo hacia ella en un cálido abrazo que solo hizo que Dulce rompiera en llanto una vez más, esos días sin ver a la rubia estaban siendo una tortura -shhh, tranquila –susurraba Alma mientras acariciaba el cabello de la pelirroja.
-La perdí…mamá -fueron las únicas palabras que logró pronunciar en medio del llanto, su madre solo la abrazo más hacía ella.
-Todo se solucionará –Alma dejó un tierno beso sobre la cabeza de su hija.
Ambas permanecieron en silencio por bastante tiempo, las lágrimas habían cesado y Dulce estaba más tranquila, su cabeza reposaba sobre las piernas de su madre; este silencio no era incómodo, ambas estaban más tranquilas, Alma por haber visto a su hija y Dulce por tener ahí a su madre apoyándola, como siempre.
-¿Qué paso Dul? -preguntó por fin su madre
-Fui una estúpida, eso pasó –Alma notó la molestia en las palabras de su hija, pero definitivamente era un enojo consigo misma.
-Dime algo nuevo -intento bromear Alma, Dulce se levantó, arqueo una ceja y miro seria a su madre que solo sonrió estirando de nuevo sus brazos para que su hija volviera a su posición, sin negarse mucho la pelirroja volvió a abrazarse a su madre. -Entonces… -dijo Alma para intentar obtener una respuesta, no sabía mucho, Marichelo solo la había llamado diciéndole que Anahí estaba con ellos, que había discutido con Dulce pero no entró en detalles, así que en cuanto pudo, decidió volar a NY para ver a su hija.
Dulce suspiró profundamente -Le hice daño… -no quería volver a llorar, así que intentó calmarse de nuevo -me comporté como una irresponsable, simplemente me asusté, tuve miedo de la responsabilidad que tendría, del compromiso -soltó una pequeña risa mientras negaba -pensé que perdería mi libertad, que tontería -el departamento volvió a quedar en silencio, Dulce se había perdido en los momentos vivido durante esos meses.
-¿Por eso se fue Anahí? -preguntó su madre.
-No…bueno, eso y otras cosas, es largo de contar -la pelirroja estaba consciente de los errores que había cometido en esos meses y hablar de ellos solo hacia más doloroso el comprender a su bailarina, sabía que Anahí tenía toda la razón en haberse ido.
-Tenemos tiempo –indicó Alma mientras seguía acariciando el cabello de su hija.
-Ok, primero… -Dulce hizo una lista mental de todo antes de contárselo a su madre -estrellé el auto cuando me dijo que estaba embarazada y le dije que no creí que sucedería tan pronto… -dijo tímidamente.
Alma solo negó y sonrió -Típico de los Espinoza –interrumpió -Tú padre se desmayó cuando le di la noticia -sonrió, Dulce se levantó y la miró arqueando una ceja.
-Me vas a dejar continuar o prefieres hablar de él -dijo fríamente, Alma solo suspiró y asintió, comprendía el resentimiento que su hija tenia hacía su padre que a pesar de intentar acercarse, siempre era rechazado por la pelirroja -Me pidió que cambiara el auto, el doctor nos dijo que no era bueno que tuviéramos un gato y me negué a hacerlo, la dejé sola en las citas con el médico, discutimos por la habitación para el bebé… -un suspiro se escapó de sus labios -olvidé el curso de preparación para el parto y por último, falté a la cita donde nos dirían el sexo del bebé –finalizó con un nudo en la garganta -¿Sabes que será niño? -dibujó una enorme sonrisa en su rostro.
-Sí, Marichelo me lo dijo -Alma también sonrió, se quedó pensativa un momento -¿Haz intentado hablar con ella? –preguntó Alma, sintió como el cuerpo de su hija se tensó, lentamente Dulce se sentó junto a su madre.
-Lo intenté, la busqué el día que se fue… -limpió una pequeña lágrima -pero no quiso hablar conmigo…le canté en el Centro Comercial… -la melancolía se dibujó en su sonrisa -Emily y Maite me ayudaron… -miró a su madre que la veía con ternura, solo con esa rubia su hija sería capaz de una locura así -pero no quiso hablarme, ese día se fue a Arizona -solo se encogió de hombros -Le dije que le daría su tiempo y que hablaríamos cuando volviera…la extraño y a mi hijo -simplemente se encogió de hombros y limpio las lágrimas que volvían a salir de sus ojos -La deje sola mama, cuando se supone que era algo que compartiríamos las dos, yo…simplemente la dejé sola –miró a su madre, en sus ojos se veía el dolor que sentía y sobre todo el miedo a no poder recuperar a Anahí ni a su hijo -No quiero perderlos -se quedó en silencio, mirando a la nada.
-Cariño, sabias que era una gran responsabilidad, ¿Por qué no hablaste con Anahí? -pregunto Alma.
Dulce solo se encogió de hombros -No lo sé, estaba tan ilusionada y pensé que…nada cambiaria -llevó su manos al rostro, se sentía frustrada -No quiero perder a mi familia, no quiero alejarme de mi hijo -sonrió ilusionada -cuando lo vi tan pequeño e indefenso, escuchar el pequeño latido de su corazón, fue simplemente perfecto, Santiago es perfecto -miró a su madre con un brillo en los ojos, Alma sonrió, solo veía esa mirada cuando Dulce hablaba de cierta bailarina rubia.
-¿Santiago? –preguntó su madre con una enorme sonrisa.
La pelirroja solo asintió sin borrar la sonrisa de su rostro -Si, bueno si a Annie le gusta -frunció un poco el ceño.
-Le encantará -dijo muy segura Alma -Dul… -la pelirroja la miró y le indicó que continuara -Sabes que estoy orgullosa de ti, eres el mejor regalo que la vida me dio, pero por favor… -miró suplicante a la pelirroja -deja de culparte por los errores que cometimos tu padre y yo, fueron nuestros problemas y fuimos unos tontos al involucrarte de esa manera, pero nunca es tarde para cambiar y enmendar las cosas -Dulce la miró un momento, Alma se acercó y así madre e hija se fundieron en un largo abrazo -Es tarde… -dijo Alma mirando su reloj cuando se separaron -y mañana iremos de compras, ¿Qué le hace falta a mi pequeño Santy? -pregunto a su hija
Dulce se quedó pensando -¡Dulce Espinoza! ¿No has comprado nada para tu hijo? -dijo casi gritando -Definitivamente eres un desastre -le dio un ligero golpe en la cabeza.
-No lo había pensado -fue lo único que respondió la pelirroja aun tocando su cabeza por el golpe de su madre.
-ay hija, a veces me sorprendes -Alma solo negó -Admito que fue romántico eso de cantarle en el Centro Comercial pero… -miro a su hija -¿No crees que tienes que hacer algunos cambios? -arqueó sus cejas esperando que su hija comprendiera, Dulce solo frunció el ceño y la miró confundida -Piensa Dulci, piensa -dejó un beso sobre su cabeza -Mañana iremos de compras, además, quiero ver a Anahí -se puso de pie mientras llevaba las tazas del café a la cocina.
-¿Iras hasta Arizona? -dijo dudosa la pelirroja.
-No, Marichelo me dijo que Anahí regresa el lunes -dijo mirando a su hija que solo abrió la boca por la sorpresa -Que descanses -se despidió de su hija.
Dulce se quedó en el sofá pensativa, dos cosas rondaban en su cabeza; Anahí volvería pronto y eso le provocaba un nudo en el estómago, quería verla, besarla, abrazarla y decirle cuanto la había extrañado, a ella y a su pequeño Santiago; y la palabra “cambios”, esa palabra la había asustado demasiado y ahora veía las consecuencias pero no entendía a qué se refería su madre, de pronto sintió algo que rozaba sus pies, bajó su mirada y se encontró con Tubby, sonrió al verlo y ahí fue donde entendió las palabras de su madre. Necesitaba demostrarle a Anahí que los quería de vuelta, que estaba lista para ser mamá y compartir esa aventura juntas.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:24 pm

capítulo 21
Anahí caminaba por el aeropuerto mientras empujaba un carrito donde, además de su maleta, cargaba todos los regalos que sus padres le habían hecho a su nieto, miraba hacia todos lados buscando a cierta pelinegra y castaña que la irían a recoger a su regreso de Arizona, estaba un poco cansada por el viaje y otro poco por el cúmulo de emociones que tenía en ese momento; esos días con su familia le habían servido para relajarse un poco, para ordenar sus ideas y prepararse para tener esa conversación con Dulce, se despidió de su familia con la promesa de verlos pronto, es decir, en cuanto la fecha del nacimiento del pequeño Espinoza estuviera más cerca, pero lo que la tenía verdaderamente nerviosa era la visita de Alma, el día anterior había hablado con ella, sabía que estaba en Nueva York visitando a Dulce y eso la tranquilizó, saber que ella estaba acompañando a su pelirroja, sin embargo quería verla a ella también; aunque deseara tener esa conversación con Dulce no podía evitar estar nerviosa porque sabía que irremediablemente la vería esa tarde.
-¡Anahí! -escuchó el grito a lo lejos, Maite y Angelique caminaban hacía ella en compañía de sus tres torbellinos, la pelinegra se acercó para ayudarla con el carrito mientras la pequeña Kat le acariciaba el vientre, la castaña le dio un cálido abrazo y un beso en su mejilla -¿Cansada? -preguntó al ver el rostro de su amiga, la rubia solo asintió y sonrió -Vamos a casa, descansas y nos preparamos para la visita de tu suegra -decía con una sonrisa, la rubia borró la sonrisa de su rostro y los nervios la invadieron de nuevo.
-Angelique -la reprendió su esposa por su comentario inoportuno.
-¿Qué? -dijo la castaña encogiéndose de hombros -Sigue siendo su suegra -afirmó viendo a la rubia bailarina.
-Me da gusto verte Angelique –afirmó Anahí volviendo a sonreír, agradecía haberse cruzado con ese par en aquella playa, nunca pensó que serían tan importantes para ella.
Sin más, todas caminaron hacia la salida mientras Anahí y Angelique se ponían al día respecto a sus embarazos, la familia de la rubia y muchas otras cosas, más atrás caminaba Maite con todas las cosas de Anahí y con el teléfono en mano mientras enviaba un mensaje a cierta pelirroja que necesitaba estar informada sobre la llegada de la rubia.
Ese fin de semana había sido agotador para la pelirroja, los nervios porque vería a su rubia bailarina la tenían vuelta loca y el haber pasado todo el fin de semana de compras con su madre la tenía agotada, jamás pensó que un bebé necesitara tanto, mejor dicho, jamás pensó que ella quisiera comprar todo lo que veía para su hijo, así que se había equipado bastante bien para recibir a su pequeño, sin embargo la alegría desaparecía ante la posibilidad de no lograr que la rubia regresara a su departamento y a su vida, no quería desempacar nada de lo que había comprado, aún necesitaba hacer algunos cambios antes de presentarse ante Anahí y pedirle que regresara a casa con ella, para siempre, quería demostrarle que la necesitaba, los necesitaba y que a pesar del miedo, no quería perderse ni un segundo más al lado de ella y su pequeño Santiago.
-Vas a desgastar el reloj si lo sigues viendo -Alma salía de la habitación mientras se colocaba sus aretes y sonreía al ver a su hija tan nerviosa -No hará que pase más rápido el tiempo -dijo negando.
Dulce solo la miró y rodó los ojos en señal de fastidio -¿Regresarás al departamento o te llevo al aeropuerto? -se puso de pie mientras se dirigía a la cocina, necesitaba un poco de cafeína para intentar calmarse, su ansiedad se había elevado al recibir el mensaje de Maite, su bailarina estaba de regreso.
-¿Quieres asegurarte de que no regrese? –preguntó Alma riendo.
-No –Dulce solo sonrió y contempló por un momento a su madre –Gracias -dejo la taza sobre la mesa y se acercó para envolverse en un cálido abrazo con ella.
-Eres mi hija favorita –susurró Alma.
Dulce sonrió -Soy tu única hija -dijo separándose de su madre.
-Cierto -asintió Alma -Aunque… -dijo pensativa -Anahí también es como mi hija y ahora que lo pienso ella debería ser mi favorita, es quien lleva a mi nieto –terminó sonriendo, la pelirroja solo entrecerró los ojos y sonrió negando con la cabeza haciendo reír más a su madre.
El viaje de regreso del aeropuerto transcurrió normal, entre gritos de Maite para calmar a sus torbellinos, regaños de Angelique a su esposa por regañar a sus retoños y la sonrisa de la rubia de ojos azules ante aquella escena. En cuanto llegaron a la casa, las tres pequeñas Perroni-Boyer bajaron de la camioneta y entraron corriendo a la casa en medio de una algarabía por ver quien ganaba, Angelique y Anahí se encaminaron a la casa mientras la pelinegra se encargaba del equipaje, al entrar la bailarina no pudo evitar suspirar, se sentía cómoda en aquella casa que la había recibido, pero no era su hogar, aquel que compartía con cierta pelirroja malhumorada que extrañaba demasiado.
Subió las escaleras hacía su habitación para descansar un poco, al abrir la puerta sus ojos se abrieron por la sorpresa al ver en medio de su cama un enorme pato de peluche, se llevó una mano a su vientre al sentir como su pequeño comenzaba a moverse, sin poder evitarlo sonrió ante aquel regalo, caminó hacía la cama y con una mano acarició el enorme peluche, se detuvo cuando encontró una tarjeta pegada a él, nerviosa la tomó en sus manos dispuesta a abrirla.
-Lo trajo el día que te fuiste –escuchó a su espalda, Maite iba entrando con sus maletas, la rubia la vio y solo pudo sonreír -Dijo que era para Santiago -la pelinegra entró en la habitación y acomodó el equipaje a un lado de la cama.
-¿Santiago? -la bailarina frunció el entrecejo y miró a Maite esperando una explicación.
Su amiga solo sonrió y señaló su vientre -Dijo que así se llamaba… -continuó.
-Su abuelo –susurró Anahí, había abierto la pequeña tarjeta y no pudo evitar una pequeña lágrima al leer el sencillo mensaje “Para mis dos amores”, volvió a llevar una de sus manos a su vientre, al parecer el pequeño Espinoza estaba inquieto –Santiago -repitió la rubia y sonrió al sentir las pequeñas pataditas del bebé -Te gusta -afirmó.
Maite no pudo evitar sonreír, no se equivocó al decirle a Dulce que ese nombre le gustaría a la rubia -Te dejo descansar -dijo antes de salir de la habitación.
Unos ligeros golpes en la puerta hicieron que la bailarina se despertara, estaba agotada y no pudo evitar caer en un profundo sueño, abrió lentamente sus ojos, llevó una mano a su vientre cuando volvió a escuchar que tocaban a su puerta.
-¡Adelante! -dijo aun somnolienta, vio que la puerta se abría despacio, se enderezo sobre la cama y pudo ver a Angelique haciendo su aparición con una enorme sonrisa en sus labios.
-Estabas cansada –afirmó mirando a la rubia que solo asintió mientras bostezaba, la castaña la observó un momento sin dejar de sonreír.
-¿Qué hora es? -preguntó la rubia acomodando un poco su desordenada cabellera rubia.
-Las 5 de la tarde –Angelique entró a la habitación y se sentó junto a la rubia -Tienes visita -dijo sonriendo.
La rubia frunció el ceño y segundos después abrió los ojos por la sorpresa llevándose una mano a la boca –Alma -dijo en un susurro, la castaña solo asintió -Lo olvidé -se puso de pie y comenzó a caminar por toda la habitación intentando encontrar un poco de ropa para presentarse a su suegra.
Angelique la detuvo –Tranquila -le dijo tomando su mano -Así estas bien -volvió a sonreír.
La rubia solo asintió, vio como Angelique empezaba a caminar hacía la salida pero ella no podía moverse, la castaña volteó para verla y negó sonriendo -Ha venido sola -esperó a ver la reacción de la rubia que la miró rápidamente -Dulce la trajo y después se fue -dijo.
Anahí se moría por verla pero no pudo evitar suspirar aliviada al saber que no estaba ahí, despacio y con cuidado bajó las escaleras, no pudo evitar una sonrisa al escuchar esa risa ya conocida, hacía tiempo que no la veía.
-¡Anahí, cariño! –saludó Alma que rápidamente se puso de pie y caminó hacía la rubia para abrazarla y dejarle un beso sobre su mejilla, sin poder evitarlo observó su abultado vientre y su sonrisa se hizo más grande -¡Estas hermosa! –Afirmó, acercó su rostro al vientre de la rubia -Hola bebé, soy tu abuela -decía sin dejar de sonreír.
-Hola Alma -la rubia seguía sonriendo y no pudo evitar abrazar de nuevo a esa mujer -Te he extrañado –afirmó sin romper el abrazo.
-Esta mujer es genial -se escuchó la voz de Maite que sonreía ante la escena, ambas la miraron aun sonriendo.
-Es el efecto de los Espinoza –afirmó Alma haciendo reír a las demás.
-¿Estas segura que Dulce es tu hija? –preguntó Angelique mientras se sentaba en uno de los sofá, Maite la miró recriminándole, su castaña esposa la miró y solo se encogió de hombros -¿Qué?, esta mujer es muy agradable y… -pero fue interrumpida por su esposa.
-Cariño, vamos a la cocina -se puso de pie e intento llevarse a Angelique.
-Pero… -decía la castaña mientras era llevada por su esposa, lejos de esa sala.
-Son divertidas –habló Alma, observando como ese par desaparecía de ahí, se sentó en el sofá y le hizo una seña a la rubia para que se sentara junto a ella -¿Cómo estás? –preguntó mirándola con ternura.
La rubia sonrió y solo se encogió de hombros -Bien, ¿Cuándo llegaste? -preguntó la rubia, intentaba evitar el tema de Dulce.
-El viernes, por la noche -sonrió al recordar el encuentro con su hija -Dulce no estaba así que convencí al portero para que me dejara entrar -la rubia solo sonreía al imaginar la sorpresa para Dulce -¡Dul casi me golpea porque pensó que era un ladrón! –rió -Quien le manda andar de fiesta tan tarde -afirmó, la rubia frunció el ceño ante eso último.
-¿Fiesta? –preguntó, sintió como empezaba a molestarse, ¿Cómo era posible que anduviera de fiesta?
-Sí, era la presentación de Emily en una importante galería –afirmó sonriendo al ver la expresión de la bailarina.
-Oh -fue lo único que dijo, lo había olvidado, Alma permaneció en silencio, observando a la rubia algo pensativa.
Alma tomó su bolso y sacó una pequeña bolsa de color azul, extendió su mano para entregárselo a la rubia que solo dibujó una pequeña sonrisa -Para mi pequeño -dijo sonriendo.
Anahí tomó la bolsa y metió su mano, de ella sacó un pequeño conjunto de pantalón y camisa, con una pequeña gorra en color rojo -Es hermoso, gracias, le gustara a Santiago -susurró sin poder evitar emocionarse.
Alma la miró sorprendida y la rubia solo asintió con una enorme sonrisa -Es un hermoso nombre, es mi nieto y se verá hermoso con cualquier cosa –afirmó haciendo reír a la rubia -Es un Espinoza, somos hermosos por naturaleza -la rubia volvió a reír, esa mujer nunca cambiaria y se lo agradecía, le recordaba tanto a Dulce, su sonrisa se fue desvaneciendo al recordarla, algo que no pasó desapercibido para Alma.
-Y… ¿Cómo está? -pregunto cabizbaja.
Alma suspiró -Ella dice que bien…reflexionando –observó a la bailarina que seguía con la mirada baja, delicadamente tomó la mano de Anahí y le dio un ligero apretón para que la mirara -Cariño, ¿Qué pasó? –preguntó, a pesar de saber la situación, necesitaba escuchar a la rubia, esperaba poder ayudarlas a ambas.
Anahí suspiró y limpió una pequeña lágrima que salía sin ser invitada -Ella… ¿no te lo dijo? -preguntó.
-Sí, pero quiero saber cómo te sientes tú -señaló a la bailarina y volvió a quedar en silencio, esperando a que la chica se sintiera lista para hablar.
La rubia suspiró profundamente, inevitablemente los recuerdos de esos últimos meses volvieron a su mente produciéndole tristeza -Me hizo sentir que no le importaba nuestro hijo… -bajó su mirada hacía sus piernas donde reposaba el pequeño traje que Alma le había regalado a su pequeño -Que no estaba lista para formar una familia, ¿Por qué no me lo dijo Alma? –miró a su suegra, esperando una respuesta, Alma solo bajó la mirada, se sentía responsable de las inseguridades de su hija -Simplemente me dejó sola, sentí que la había obligado a dar un paso al que no se sentía preparada -limpió sus ojos y dirigió su mirada a Alma -¿Por qué no fue sincera conmigo desde un inicio? -llevó sus manos a su vientre para dejar una suave caricia sobre el, respiró profundamente e intentó sonreír.
-¿La amas? –preguntó Alma.
La rubia solo sonrió -Cada día la amo más…y no dudo de su amor, solo… -suspiró y observó hacía la nada -Necesito sentirme segura, saber que de verdad quiere formar una familia conmigo, que está dispuesta a tomar el riesgo… -suspiró -que no me dejara sola de nuevo, no quiero que Santiago pase por eso -finalizó viendo a la mujer frente a ella, Alma acercó su mano y limpió la mejilla de la rubia quitando esas pequeñas lágrimas.
Alma no pudo evitar sonreír, agradecía que esa rubia hubiese aparecido en la vida de su testaruda y malhumorada hija, no podía desear a otra persona para que compartiera su vida con Dulce y sabía que Anahí no pudo elegir a mejor persona -¿Le darías otra oportunidad? –preguntó.
Anahí suspiró, dibujó una pequeña sonrisa y asintió –Siempre -fue su respuesta haciendo sonreír a Alma que también había derramado algunas lágrimas, ambas rieron y limpiaron sus rostros para después abrazarse pero el sonido de un claxon hizo que se asustaran y se separaran, Alma solo rodó los ojos y negó con la cabeza, Anahí la miró confundida.
-Algún día terminara con mi paciencia –dijo Alma, la rubia se tensó al momento de darse cuenta que Dulce estaba afuera esperando a su madre -Te dejo cariño, Dulce me llevará al aeropuerto, volveré pronto, quiero estar cuando este pequeño decida salir -sonrió tocando el vientre de la rubia, se puso de pie, Anahí aún seguía sentada en el sofá, intentando calmar sus nervios -Tranquila, no es necesario que la veas hoy -estas palabras hicieron que la rubia volviera en sí, miró a Alma y sonrió -Volveré pronto -dijo acariciando el vientre de la bailarina.
Dulce esperaba afuera de la casa, jugaba con sus manos, nerviosa por la posibilidad de ver a su bailarina, sin soportarlo más bajo del auto, iba a caminar hacía la casa cuando la puerta se abrió, dejando ver a su madre acompañada de Anahí, ambas sonreían y platicaban animadamente, la pelirroja se quedó de pie, observando esa escena, sin querer una sonrisa llena de nostalgia se dibujó en su rostro, aún no podía creer que las dos mujeres más importantes en su vida se llevaran tan bien y ver esa sonrisa en la rubia siempre la había deslumbrado, sin poder evitarlo clavó su mirada en ella, recorriéndola de pies a cabeza y sonriendo aún más al ver su vientre abultado, parecía que había crecido demasiado en este tiempo, al levantar la vista sintió como su corazón de aceleró al cruzar su mirada con Anahí, por un momento la rubia la miró seria y eso provocó temor en la pelirroja, un miedo que duró unos pocos segundos al ver como la rubia le sonreía, a ella, después de ese tiempo por fin su bailarina volvía a sonreírle; Alma solo era una alegre espectadora de ese pequeño encuentro de miradas y sonrisas, y sin poder evitarlo ella también sonrió.
La pelirroja se moría por correr y abrazar a la rubia pero se detuvo, sabía que primero necesitaba arreglar algunas cosas antes de pedirle a la rubia que volviera al departamento, necesitaba unos días más, no sabía cómo iba a soportarlo pero tenía que asegurarse de que Anahí volviera a sentirse segura a su lado, tenía que demostrarle que no la dejaría nunca, ni a ella ni a su pequeño, estaba dispuesta a mostrarle a la rubia que quería una familia con ella para siempre, así que se limitó a hacer un pequeño gesto con su mano para saludar a Anahí que extrañada devolvió el saludo mientras veía como Dulce volvía a entrar al auto. Observó a lo lejos como su madre se despedía de la rubia, al ver que se acercaba encendió el motor y suspiró mirando hacia atrás en el auto.
-¿Por qué no te has acercado? –preguntó Alma apenas entró al auto.
-Porque me lanzaría a besarla y nadie podría detenerme -sonrió mirando a su madre que solo rodó los ojos -Necesito arreglar algunas cosas antes de hablar con ella -solo se encogió de hombros y hecho a andar el auto.
-¿Trajiste mi equipaje? –Preguntó Alma, Dulce solo asintió -¿Qué pasa Dul? -preguntó al ver la seriedad en su rostro.
-Necesito pedirte un favor –miró a su madre que esperaba que continuara, cuando un maullido hizo que volteara, percatándose que en el asiento trasero se encontraba Tubby en una jaula para viaje, Alma solo sonrió, esperaba que pronto esa rubia volviera a casa con su hija.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:24 pm

capítulo 22
Anahí permaneció de pie, observando como el auto desaparecía frente a ella, una extraña sensación la invadió ante la reacción de la pelirroja, tenía la esperanza de que, al menos, se acercara a saludarla; sin poder evitarlo, demasiadas dudas comenzaron a surgir en su mente -¿Será que… -susurró, inmediatamente negó con la cabeza ante esa posibilidad, pensando que tal vez la pelirroja ya no estaba interesada en ella, tal vez había tardado demasiado en querer escucharla y ahora que se sentía lista, tal vez Dulce ya no quería volver con ella, un miedo comenzó a invadirla sin poder evitarlo.
-¿Todo bien? -la voz de Maite hizo que despertara, haciendo que diera un pequeño salto asustada, la pelinegra se acercó observando hacía donde la rubia miraba.
-Si -dijo en un susurro bajando la mirada un poco triste.
-¿No te agradó la visita de Alma? –preguntó la pelinegra sin entender.
Anahí intentó sonreír y solo negó -Imposible, a esa mujer la adoro –afirmó -Es solo que… -volvió a quedarse pensativa.
-¿Hablaste con Dulce? -la pelinegra miró a la bailarina que solo negó aún más triste, había observado sin querer la escena desde su ventana, al intentar alejar a su esposa que insistía en ver qué pasaba.
-Solo me saludó y volvió al auto -dijo la rubia confundida -Ni siquiera intentó acercarse –miró a la pelinegra que estaba a su lado como intentando que ella le diera una respuesta -¿Y si ya no quiere resolver las cosas? -preguntó asustada.
maite solo sonrió y negó -Esa pelirroja se muere por ti y por él -dijo señalando su vientre -Tal vez solo tenían prisa… -se encogió de hombros -Tenía que llevar a Alma al aeropuerto ¿cierto? -preguntó.
-Si, tal vez -dijo más animada la bailarina.
Ambas volvieron a la casa, la pelinegra era la encargada de la cena para todas las mujeres que había en su casa, a pesar de que Angelique quería ayudar, su esposa no la dejaba insistiéndole que tenía que descansar.
-¡LUCY PERRONI-BOYER ALEJATE DE ESA VAJILLA! -gritó apenas entró en la casa, provocando la sonrisa de la rubia.
Madre e hija caminaban por el aeropuerto, en dirección a la sala donde tendría que salir Alma, la pelirroja llevaba el equipaje de su madre, mientras Alma cargaba la jaula en la que iba Tubby, llegó el momento de abordar el avión, cuando escucharon que anunciaban su salida.
-Llámame cuando llegues -dijo la pelirroja mientras abrazaba a su madre.
-Sí, mamá –rió Alma, le causaba ternura esa faceta de su hija, tan preocupada por ella, en realidad siempre se preocupaba por los que quería.
La pelirroja solo rodó los ojos fastidiada pero sin poder evitar una sonrisa al imaginar a su hijo pronunciando esa sencilla palabra. Se acercó a la jaula de Tubby, el gato ni se percataba que iría de viaje, se encontraba profundamente dormido.
-Te veré luego amigo -dijo mientras colaba un dedo en una de los agujeros para acariciarlo -Sí aún sigues vivo, te dejaré volver para jugar con Santy -dibujó una sonrisa en su rostro, su madre solo negaba y reía, definitivamente esa nueva faceta de su hija le encantaba -¿Qué? –preguntó extrañada y frunciendo el ceño.
-Eres demasiado cursi –afirmó su madre. Se volvieron a abrazar cuando escucharon la última llamada para abordar -Te veré pronto -dejó un beso en la mejilla de su hija y sonrió -Quiero ver que tan cursi y melosa llegas a ser cuando nazca mi nieto –afirmó volviendo a reír. Dulce solo rodó los ojos fastidiada pero agradecía la aparición de su madre en el momento justo.
La bailarina se encontraba en su habitación, había sido un día agotador, sin embargo no podía dejar de sonreír al escuchar los gritos de Maite y sus hijas que se encontraban jugando en el jardín. Antes de meterse en la cama se acercó al enorme pato que se encontraba sobre un pequeño sofá, lo acarició y sonrió de nuevo al imaginar a su pelirroja cargando el enorme peluche, necesitaba verla, escucharla, volver a sentirla cerca pero sentía que la pelirroja necesitaba dar el primer paso, volvió a la cama para leer un momento y descansar, cuando el teléfono sobre el pequeño buró a un costado, comenzó a sonar.
“Cada día estas más hermosa, te amo” -DM
Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro con esas cortas palabras, ese sencillo mensaje despejó en segundos las dudas que la habían asaltado al ver la actitud de Dulce, tecleó rápidamente una respuesta pero se detuvo, observó de nuevo lo que había escrito y un pequeño temor volvió a invadirla, no quería apresurar las cosas y sentía la necesidad de que fuera ella quien la buscara, quien le demostrara que de verdad quería estar para siempre con ella y con su hijo, recordó la mirada de Dulce esa tarde, esa mirada que siempre era única y exclusivamente para ella, ahí estaba a pesar de la distancia, sonrió y apretó el botón de enviar.
Dulce entraba a su departamento, al entrar notó la calma en la que se encontraba y no le agradó, esos pocos días con su madre la habían animado, pero al verse de nuevo sola en ese enorme departamento sintió un vacío que solo una persona podría volver a llenar, sonrió al recordarla de pie junto a su madre, tan hermosa como siempre pero con un brillo especial; el sonido de su teléfono la despertó y sonrió aún más cuando vio la respuesta a su mensaje.
“Gracias por el regalo, a Santiago le encantará, te extraño” -A
Sintió como su corazón se aceleró, su rubia había aceptado el nombre para su hijo y esas últimas palabras le devolvían el ánimo que segundos antes había perdido en la soledad de ese departamento, la sonrisa no se borraba de su rostro mientras caminaba hacía la habitación que ocupaba como oficina, lentamente abrió la puerta y suspiró profundamente.
--------
"-Necesitamos acondicionar una habitación para el bebé -la rubia vio como la cara se Dulce pasó de la confusión a la molestia.”
Dulce solo suspiró mientras rodaba los ojos -Annie es solo una habitación, podemos hablarlo después -la pelirroja intentó acercarse para besar de nuevo a la bailarina pero esta la detuvo, Dulce cerró los ojos y se regañó a si misma por sus palabras, esta noche le tocaría dormir en ese sofá.
-¿Solo una habitación? -dijo la rubia cruzándose de brazos y mirando fijamente a Dulce -No Dulce, ¡es la habitación de nuestro bebé! -Anahí comenzó a levantar el tono de su voz, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
-No quise decir eso Annie -la pelirroja no sabía que decir para evitar las reacciones de su novia, últimamente no sabía cómo hacerlo.
-¡Pues no parece Dulce! -Anahí se levantó del sofá, con sus manos trató de limpiar sus mejillas -¿Cuando quieres que lo hablemos? ¿Cuándo vaya a irse a la universidad? -fue lo último que dijo Anahí antes de irse a la habitación dando un fuerte portazo al cerrarla.
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-Te llevas el premio a la estupidez –susurró la pelirroja, entró a la habitación y comenzó a ordenar todo en cajas, necesitaba esa habitación desocupada, totalmente limpia y acondicionada para su hijo, esa sería la habitación para su pequeño Santiago, tenía que tener todo listo en unos días, necesitaba hablar pronto con su rubia y para eso necesitaría la ayuda de algunas personas, unas menos desagradables que otras pero tenía que demostrarle a Anahí que estaba lista y la quería de vuelta en su hogar.
Las horas pasaron rápido, estaba tan entretenida ordenando todo para llevarlo a su consultorio que parecía que el sueño no se haría presente esa noche, por fin se detuvo en la entrada de la habitación, observó todo detenidamente y suspiró satisfecha con una sonrisa en su rostro, la primera etapa estaba hecha, esa habitación incluso parecía más grande a pesar que aún faltaba sacar unos muebles, ya tenía todo listo para preparar esa habitación, solo tenía que esperar a que trajeran las cosas de la tienda para bebés, pero era algo que no quería hacer sola, así que sonrió y cerró la habitación, en espera de su rubia para poder empezar.
Agotada se sentó en la sala, vio el reloj y se dio cuenta que ya era de madrugada, necesitaba descansar un poco para después continuar con otra parte de su plan para demostrarle a Anahí que estaba lista, a pesar del miedo, estaba preparada; con la imagen de Anahí y su sonrisa sin poder evitarlo se quedó profundamente dormida en el sofá.
La actividad en la casa Perroni-Boyer había comenzado muy temprano, Angelique preparaba el desayuno mientras Maite terminaba de arreglar a Kat, Lucy y Beth se alistaba para que su madre pelinegra las llevara a la escuela y después ella partiera a su agencia de autos; Anahí ayudaba a la castaña, con casi siete meses de embarazo ya se les dificultaba un poco el ser tan ágiles; la bailarina observaba como cada movimiento en esa casa era como una perfecta maquina cuyos engranes encajaban adecuadamente para su funcionamiento, esos día viviendo con ellas podía observar como Angelique y Maite se apoyaban mutuamente y como la pelinegra se desvivía por sus hijas y su esposa, no entendía como la paciencia de la pelinegra no terminaba, ni ante las más locas travesuras de sus hijas, de pie junto a la cocina observaba atentamente, Maite llegaba con la pequeña Kat en brazos y la acomodaba en su silla, se aceraba a Angelique y dejaba un tierno beso en sus labios, enseguida la atmósfera era interrumpida por la algarabía que hacían Beth y Lucy, así el desayuno transcurrió entre risas y algunos regaños de Maite a sus hijas y a Angelique que les seguía el juego, Anahí no podía evitar sonreír al imaginarse una casa así en algunos años, solo que en su sueño había un niño y dos niñas más, pero sobretodo una hermosa pelirroja a su lado.
-Niñas a lavarse los dientes -dijo Angelique a Beth y Lucy, la rubia bailarina despertó de sus sueños mientras la castaña y sus hijas salían de la cocina.
Anahí observó a Maite que seguía ayudando a Kat a terminar su desayuno, la ternura con la que miraba a la pequeña y la paciencia que parecía infinita -¿Cómo lo hacen Maite? –preguntó haciendo que la pelinegra la mirara un poco extrañada.
-¿Cómo hacemos qué? –preguntó un poco confundida.
-¿Cómo hacen que la maternidad parezca tan sencilla? ¿Cuál es el secreto? –preguntó mirando fijamente a la pelinegra.
Sin poder evitarlo Maite río demasiado fuerte, haciendo que la pequeña Kat también riera sin saber porque su madre reía, Anahí solo frunció el ceño haciendo que Maite dejara de reír –Perdóname -dijo un poco apenada, se quedó pensando un momento y volvió a sonreír -No hay una fórmula secreta –miró a Kat, volvió su mirada a la rubia y solo se encogió de hombros -Yo simplemente… hago lo que mis instintos me dicen que haga –finalizó.
La bailarina no lograba entender -Pero… ¿cómo sabes que tus instintos no te están llevando por un lado equivocado? –preguntó totalmente preocupada, a veces tenía la sensación de no poder llevar a cabo esa tarea y en esos momentos entendía a Dulce y sus miedos, provocándole cierto malestar al no haberla entendido totalmente, aunque sabía que la actitud de la pelirroja no había sido la mejor, ahora la entendía.
Maite volvió a mirar a su hija de tan solo cuatro años y suspiró -Anahí… la maternidad es algo compleja, a veces nos toca tomar decisiones que no son fáciles pero siempre son las acertadas -sonrió y se llevó una mano a su corazón -A veces solo debemos escucharlo -miró a la rubia que seguía un poco pensativa -Te diré la verdad -esto hizo que la bailarina la mirara esperando una respuesta -No todo será color de rosa, te tocará lidiar con los arranques de rabia y que te tiren la puerta en la cara o te griten que te odia -Maite simplemente se encogió de hombros.
La cara de Anahí era de total asombro -Que fuerte, ¿A qué edad ocurre eso? –preguntó muy preocupada.
-A los cinco años -dijo una Maite muy sonriente.
La bailarina solo tragó saliva y abrió sus ojos enormemente, llevó su mano a su vientre -ay no -dijo en un susurro y muy preocupada.
Maite volvió a reír ante la cara de Anahí -Descuida, lo harás muy bien, tú y Dulce serán unas madres maravillosas -dijo suavemente mientras la tomaba de la mano para despejar cualquier duda o preocupación. Al escuchar eso Anahí no pudo evitar sonreír, ella estaba totalmente segura que su pelirroja sería una excelente madre.
La entrada de Beth a la cocina las hizo sonreír -Mami, no encuentro mi suéter –miró fijamente a su madre.
Maite se puso de pie y tomó en brazos a Kat -Te apuesto que está debajo de tu cama -miró a la bailarina y sonrió -Siempre está debajo de su cama –afirmó para después salir de la cocina junto a sus hijas.
Anahí sonrió divertida, definitivamente esas mujeres eran unas excelentes madres, siempre al pendiente de sus tres hijas, aún se preguntaba cómo le harían ahora que serían cuatro, pero no dejaba de asombrarla el brillo que siempre tenían en sus ojos al verlas, incluso en sus travesuras, la rubia solo suspiró -Espero ser así de buena yo también –susurró mientras acariciaba su vientre.
Dulce regresaba a su departamento, después de un agotador día de mudanza a su consultorio y dejar todo en orden, de asegurarse que sus muebles fueran llevados en perfecto estado, de estar al pendiente de que el cuarto de su hijo quedara perfectamente tapizado de color azul con pequeños patos y osos, de un día de compras en tiendas de bebé, ropa, accesorios, libros y de invertir tiempo en la elección de un importante regalo para la rubia; había decidido tomarse unos días para continuar con su plan, aún tenía un par de detalles que arreglar y para eso necesitaba la ayuda de dos mujeres, una más desagradable que la otra pero eran necesarias.
Se sentó en el sofá, después de haberse dado un baño y con su pijama, antes de adentrarse en su lectura sobre bebés, tomó su teléfono, necesitaba darle las buenas noches a Anahí y a su pequeño Santy.
“Que tengas dulces sueños, te amo y te extraño, en realidad los extraños a los dos. -DM”
Volvió a colocar su teléfono a un lado y tomó el libro que acababa de comprar “Que esperar cuando estas esperando”, estaba totalmente concentrada y sorprendida de todo lo que estaba descubriendo, en algún punto al leer sobre la importancia de atender a la futura madre y ayudar a que sus emociones se mantengan tranquilas, se regañaba a si misma al darse cuenta de cómo había hecho sentir a la rubia.
Sin poder evitarlo una enorme sonrisa se dibujó en su rostro -Ya puedes oírme -dijo en un susurro al terminar de leer los cambios y la evolución del bebé al estar en el séptimo mes de embarazo, Anahí ya estaba cerca de ese séptimo mes y su corazón se aceleró al descubrir que su pequeño Santiago ya podía escucharla, se moría de ganas por hablarle y cantarle mientras acariciaba el vientre de su rubia.
El sonido de su teléfono la sacó de su sueño, frunció el ceño al ver de quien era el mensaje pero lo borró al darse cuenta que era la información que estaba esperando.
-Al menos haces algo bien Perroni –susurró mientras tomaba el teléfono del departamento y comenzaba a marcar.
Anahí salía del baño, necesitaba descansar, así que sin perder más tiempo se metió en la cama, se dio cuenta que su teléfono anunciaba un mensaje y rápidamente lo tomó, su sonrisa volvió a aparecer al ver el mensaje y sobre todo quien era la dueña de esas palabras, rápidamente se dispuso a responder.
“Te amo y también te extrañamos. -A”
Suspiró sin poder evitarlo, tomó el libro que había en su buró “Que esperar cuando estas esperando” mientras colocaba unos audífonos en su vientre con algo de música para su pequeño Santiago, una pequeña manía que había adquirido desde que leyó que ya podía escuchar y desde que su doctora le confirmó que eso relajaba al bebé.
Dulce sonrió al recibir el mensaje de su bailarina, suspiró profundamente mientras se acostaba en su cama y acomodaba la alarma de su despertador con algo de molestia -¿Por qué a las 5 de la mañana? -se preguntó -Es tu culpa Dulce, espero aprendas a mantener la boca cerrada -seguía reprendiéndose, pero sabía que era necesario.

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:24 pm

capítulo 23
Estar a las 5 de la mañana en medio de Central Park no era algo agradable, mucho menos para Dulce, levantarse tan temprano no era precisamente su fuerte, sin embargo el ánimo de concluir esa parte de su plan para presentarse ante su rubia bailarina le ayudaba a mantenerse despierta, además de las tres tazas con café que bebió antes de salir; el clima era algo freso, el otoño estaba en sus inicios y se podía ver como las hojas comenzaban a tener ese color amarillento y algunas caían ya de los arboles; con las manos dentro de su chamarra deportiva permanecía atenta a todos lados en espera de la responsable de haberla levantado tan temprano, miró su reloj con desesperación, ya habían pasado 15 minutos de la hora acordada, afortunadamente ya había otros corredores alrededor del enorme parque.
-¡Demonios! –bufó la pelirroja, comenzaba a molestarse y el clima frío no le ayudaba a mantener el buen humor –Suficiente -volvió a quejarse al ver que ya eran 45 minutos de retraso, decidida comenzó a caminar para volver a su auto.
-¿A dónde vas Espinoza? –escuchó detrás de ella, se detuvo y se giró lentamente, ahí frente a ella se encontraba Sue Silvester, con su típico traje deportivo, aquel que siempre observó en las pocas veces que llegó al curso con Anahí, cruzada de brazos y con esa sonrisa arrogante que vio desde la primera vez.
-¡Llevo esperando 45 minutos! -se quejó bastante molesta y señalando su reloj.
Sue solo sonrío más y caminó hacía la pelirroja -Deja de quejarte -la miró fijamente y la señaló -Si estoy aquí ayudándote, es porque tu rubia me pareció agradable -sonrió y se cruzó de brazos.
Dulce relajó su postura ante el recuerdo de Anahí, dio un hondo suspiro y asintió -Bien, ¿Por qué me citaste aquí? -aún no entendía que hacía en medio de Central Park, pudieron reunirse en el salón donde Sue impartía los cursos.
La mujer rubia observó su reloj, faltaban quince minutos para las seis de la mañana, sacó de su bolsillo un cronometro y un silbato, la pelirroja la miraba extrañada y frunciendo el ceño -Darás 10 vueltas al parque, trotando -miró seriamente a la pelirroja.
Dulce abrió los ojos con sorpresa -¡¿Qué?! -aún no entendía -¿Qué tiene esto que ver con el curso? -preguntó cruzándose de brazos -Solo necesito saber cómo ayudar a Anahí a respirar en el parto y tal vez saber cómo cambiar un pañal -se quejó.
Sue dio un paso al frente y quedó cerca de la pelirroja, era visible su altura pero aun así la mirada retadora de Dulce no desaparecía, lentamente la instructora acercó el cronometro frente al rostro de la pelirroja -Mi curso, mis reglas –afirmó mientras daba un clic para que el cronometro comenzara a avanzar -Mueve tu trasero si quieres ese diploma para mostrárselo a la rubia –finalizó mirando fijamente a la pelirroja.
Dulce entrecerró los ojos, escuchó el sonido del silbato que Sue Silvester sonaba con una arrogante sonrisa en su rostro; suspiró con frustración y sin preguntar más, comenzó a correr ante la atenta mirada de la instructora.
El reloj despertador marcaba las 7:05 am, la luz comenzaba a aparecer por la ventana, había sido una noche un poco ajetreada ya que el pequeño Santiago había estado algo inquieto, además una pequeña punzada en el bajo vientre no había dejado descansar a Anahí, en un par de días cumpliría siete meses de embarazo y dormir de costado se estaba convirtiendo en la única manera de lograr descansar, se levantó con dificultad de la cama mientras colocaba su mano en su vientre sintiendo aun la incomodidad y esa pequeña molestia; decidió bajar a la cocina y comenzar a ayudar a Angelique con el desayuno y no pudo evitar sonreír al percatarse de la algarabía que ya se escuchaba en la planta baja de la casa, colocó sus pantuflas, se puso su bata y se recogió el cabello en una sencilla coleta mientras caminaba hacia la puerta.
-¡Beth no molestes a tu hermana! -la voz inconfundible de Angelique se escuchó mientras la bailarina se acercaba a la cocina.
-¡Buen día! –saludó la rubia.
-¡Buenos días tía Annie! –saludó la pequeña Lucy con una gran sonrisa, se puso de pie y se acercó para tocar el vientre de la rubia -Hola Santy –saludó la pequeña haciendo sonreír a su madre y a Anahí.
-¿Estás bien? –preguntó Maite al ver la cara de Anahí un poco pálida.
La rubia solo asintió y terminó por sentarse en el pequeño comedor de la cocina y escuchando atentamente el relato de las aventuras de la pequeña Lucy, era como ver a una mini Angelique pero con una energía diez veces más grande.
Dulce intentaba controlar su respiración mientras se sostenía apoyando sus manos sobre sus rodillas e intentando comprender cómo le iba a servir haber estado corriendo como loca alrededor del parque, haber hecho abdominales y varios ejercicios más, en el nacimiento de su hijo.
-Y…ahora…me…darás…mi diploma -dijo la pelirroja agitada y mirando a la instructora que solo sonreía.
-Cuando completes el curso -sonrió mientras arqueaba perfectamente una ceja, se daba la vuelta y comenzaba a caminar.
La pelirroja frunció el ceño y se enderezó -¡Espera! –gritó al ver a la mujer alejarse, respiró profundamente y haciendo un esfuerzo corrió detrás de ella -¿Estás loca? -dijo molesta cuando observó como Silvester cruzaba la calle y entraba en un enorme edificio. Dulce se detuvo un momento hasta que se percató que estaba afuera del mismo edificio donde asistían al curso.
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Sue volvió a sonreír, miró a Anahí que volvía a mirar al piso, se dirigió de nuevo a toda la clase -En mi curso, siempre hay un papá o una mamá primerizos... -miró a Dulce que volvía a verla fijamente y se cruzaba de brazos -Que creen no es necesario aprender porque es “simplemente un bebé” -Sue hizo un gesto con sus dedos imitando hacer una comillas -Aunque lo único que demuestran... -miró fijamente a Dulce -es que se mueren del miedo a equivocarse con ese bebé del que se harán responsables... -Sue miró a Anahí que levantó la mirada y dibujó una sonrisa, parecía agradecerle a la mujer su comentario -Y terminan siendo de poca ayuda para las futuras mamás -terminó de decir la instructora
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Dulce solo sonrió y negó con la cabeza, respiró profundamente y entró en el edificio, subió las escaleras con pesadez, jamás pensó volver a correr tanto y por alguna extraña razón esa mujer y sus constantes gritos mientras corría le recordaban sus días en la preparatoria como porrista y a su loca entrenadora.
-¡Estás loca! -fue lo único que atinó a decir la pelirroja cuando al llegar al salón se encontró con Sue Silvester colocándose un vientre falso sobre su traje deportivo.
La instructora frunció el ceño y se acercó a la pelirroja -Mi curso… -quiso decir.
-Sí, si -interrumpió Dulce -“Mi curso, mis reglas” -dijo imitando la voz de la otra mujer y cruzándose de brazos -No pienso practicar contigo -aseguró.
Silvester observó su reloj y sonrió -Solo tienes dos horas para aprobar MI curso –afirmó -Así que si quieres llevarle ese diploma a la rubia será mejor que empecemos -se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia otro salón, se detuvo en la entrada y volteó a ver a Dulce que seguía de pie y cruzada de brazos, puso su silbato en la boca -¡Mueve tu trasero! -gritó antes de sonar el silbato.
Dulce se sorprendió al entrar en el otro salón “Parece un campo de batalla” pensó al ver todo lo que había, varias mesas colocadas una al lado de la otra, en una había una manta, algunos pañales y talco, en otra había una bañera para bebes, en otra había también una manta y lo que parecía ser un pequeño conjunto de ropa, del otro lado del salón se encontraba una colchoneta donde practicaban las posiciones de relajación para el momento del parto, la pelirroja frunció el ceño sin entender absolutamente nada.
-Son parte del curso -dijo la mujer rubia -lo sabrías si hubieses estado en todas las sesiones –afirmó mirándola a los ojos, Dulce solo suspiró y bajó sus brazos, eso había sido un golpe bajo, suficiente tenía con su conciencia.
-Bien -dijo mientras se acercaba a la mesa donde estaban los pañales -¿Qué tengo que hacer? -preguntó mientras observaba con cuidado, sin querer una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al imaginarse a su bebé usando aquellos curiosos pañales con ositos.
-Aprenderás tres cosas básicas -comenzó a decir Sue.
La expresión de Dulce era totalmente diferente, tenía puesta toda su atención en esa mujer y no pretendía fallar ni un solo intento.
Sue comenzó a señalar con sus dedos -Primero, como cambiar un pañal; segundo, como bañar un bebé y tercero como colocarle la ropa –finalizó -Espero que en alguna seas útil a la rubia -dijo burlándose, Dulce solo entrecerró los ojos y comenzó a subir las mangas de su sudadera deportiva haciendo sonreír a la rubia.
-Comencemos -dijo firmemente la pelirroja mientras estiraba sus brazos y movía su cuello para relajarse.
Las manecillas del reloj avanzaban rápidamente, al menos esa era la perspectiva de Dulce, sus manos frías, las pequeñas gotas de sudor sobre su frente, el extraño muñeco que estaba sobre la mesa que intentaba parecer un bebé y hacía unos ruidos extraños, la mirada fija y los constantes ruidos del silbato de Sue Silvester, además que los benditos pañales se rompían uno tras otro y ahora que por fin había podido colocarlo correctamente, la estúpida tapa del talco no abría.
-Maldito Karma -pensó la pelirroja, su poca paciencia estaba bajo cero y su mal humor podría romper los límites permitidos.
-20 segundos -dijo Silvester mientras se llevaba el silbato a la boca y sonreía, definitivamente se estaba divirtiendo demasiado con esa pobre mujer -¿Cómo era? -pregunto llevándose la mano a la barbilla -Ha sí, “Que tan difícil puede ser cambiar un pañal” -imitó la voz de la pelirroja.
-¡Oops! talco! -dijo desesperada por abrirlo, el muñeco comenzó a llorar y a moverse haciendo que el pañal, que por fin había colocado correctamente, se moviera -No te muevas –susurró Dulce mientras seguía forzando la tapadera del envase -Por favor -volvió a insistir al pequeño bebe robot -¡Abre, mal.dita sea! -gritó agitando de nuevo el envase y jalando la tapadera tan fuerte que logro abrirla haciendo que el contenido se esparciera sobre su rostro, llegando a su cabello y a su boca, dejando una gran nube blanca a su alrededor, Dulce comenzó a mover sus manos para disipar esa nube blanca y a toser por la gran cantidad de talco que había entrado a su boca, después de un momento de silencio la ruidosa carcajada de Sue Silvester se escuchó.
-ay Espinoza, eres un desastre -afirmó la instructora intentando controlar sus risas ante la imagen de una pelirroja espolvoreada de talco en el rostro y cabello, rodó los ojos y caminó hacía su oficina, esa era la última prueba e iba a dar su veredicto-
La espera afuera de la oficina de Sue Silvester la hacía sentirse como si estuviera en la preparatoria de nuevo, estaba nerviosa y su uña era la que pagaba las consecuencias -No me fue tan mal, ¿O sí? -Se preguntó mientras observaba atentamente la puerta de la oficina, había tenido algunos fallos, casi se electrocuta con el pequeño bebe robot al meterlo en la bañera y terminó dejándolo dentro mientras se hundía y le salía humo por la cabeza; afortunadamente Silvester tenía varios de esos bebés, pero no contó con que fueran tan frágiles y cuando intentaba colocarle la camiseta terminó sacándole un brazo a su bebé robot número dos y ni hablar del intento número tres, aún olía a talco de bebé y sus cejas se veían todavía un poco blancas.
- Definitivamente soy un desastre -susurró con cansancio y sonrió con un poco de tristeza -¿Cómo voy a ayudar a Annie? -Se preguntó desilusionada. Estaba tan metida en sus pensamientos que no escuchó la puerta de la oficina abrirse hasta que vio a Sue Silvester frente a ella, con sus manos detrás y con una expresión en el rostro nada agradable.
-En todos mis años de experiencia -dijo mirando fijamente a la pelirroja -Jamás le he negado a alguien un diploma -finalizó.
Dulce solo bajó la mirada y sintió como la desilusión la invadió, sin poder evitarlo una pequeña lágrima se escapó de sus ojos siendo eliminada rápidamente, sin decir nada se dio la vuelta y comenzó a caminar a la salida.
-¿A dónde vas? -preguntó firmemente la instructora, la pelirroja se detuvo sin voltearse -Es verdad, fuiste un completo desastre… -la pelirroja se volteó, no estaba de humor como para soportar algún otro comentario de esa mujer -Déjame terminar… -pidió al ver que la pelirroja tenía intenciones de reclamar, Dulce solo se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, no quería que aquella mujer la viera llorar -No lograste hacer tres sencillas cosas, además que no me ayudaste a relajarme mientras tocabas mi falso vientre -afirmó, el rostro de Dulce mostraba tristeza mientras miraba al piso -Sin embargo… -dio un paso hacía la pelirroja –Dulce, serás una buena madre y no necesitas de un tonto diploma -la pelirroja la miró sorprendida, Sue la miró a los ojos y con una cálida sonrisa en su rostro -Tú hijo solo necesita de tu amor, Y eso, estoy completamente segura, lo tiene desde el primer momento que supiste de su existencia, solo estabas asustada -sonriendo le extendió a Dulce su ansiado diploma, la pelirroja la miró sorprendida y no pudo evitar sonreír -No dejes que el miedo sea más grande que el amor por tu familia –finalizó la instructora.
Dulce tomó el diploma y lo observó, suspiro y volvió a sonreír por las palabras de aquella mujer –Gracias –susurró conmovida, no necesitaba ese papel, solo quería pasar el resto de su vida junto aquella rubia bailarina y con su pequeño Santiago, deseaba poder aprender junto a la rubia y vivir juntas la aventura de la maternidad, como le decía Anahí, sorpresivamente para la instructora, Dulce le dio un fuerte abrazo.
-¿Por qué me hiciste correr en el parque? –preguntó arqueando una ceja mientras caminaban a la salida del edificio.
-Solo quería divertirme -dijo encogiéndose de hombros y sonriendo.
-Pagaré los muñecos -dijo de pronto preocupada ante de salir.
Sue solo sonrió -No te preocupes, no ha llegado quien rompa el record de cinco bebés robots en una sesión de Maite Perroni -dijo, Dulce solo abrió enormemente los ojos y acto seguido, ambas rompieron en una sonora carcajada.
La agencia de autos de Maite era reconocida en la ciudad, sobre todo por sus grandiosas promociones y por la atención personalizada de la propietaria, Dulce caminaba por la agencia en busca de la pelinegra pero no lograba encontrarla, además que los empleados vestían curiosos disfraces de hallowen, mientras intentaba localizar a la pelinegra observaba las camionetas familiares que había, una llamó su atención primero por el color negro y porque se veía espaciosa, comenzó a observarla, acarició lentamente el exterior y se acercó a una de las puertas para abrirla, sonrió cuando la vio por dentro, tenía el espacio perfecto para una familia grande, además que tenía el lugar adecuado para colocar una silla para bebés.
-Es una Chevrolet Orlando –escuchó una voz detrás y rápidamente volteo, frunció el ceño pero cuando se dio cuenta quien le hablaba solo atinó a llevarse una mano a la boca para no reír -Ideal para familias extensas -terminó de decir la pelinegra que vestía un disfraz de vampiro, su cara cubierta de una pintura blanca, un delineador negro en sus ojos y unos colmillos dibujados en su boca.
-¿Perroni? –preguntó la pelirroja intentando no reírse.
La pelinegra sonrió y asintió -¿Cómo te fue con Silvester? –preguntó entusiasmada.
La pelirroja no pudo evitar sonreír ampliamente mientras de su bolso sacaba su reconocimiento -Esa mujer está loca pero es muy sabia -dijo encogiéndose de hombros -¿Qué haces vestida así? –guardó su diploma y señaló a la pelinegra de pies a cabeza.
-Es por la temporada -dijo encogiéndose de hombros -Y bien –señaló la camioneta -¿Te la llevas? -dijo sonriendo y mirando a la pelirroja que volvía a ver la enorme camioneta -Es una de las más seguras, con mucho espacio para la familia -Maite hizo énfasis en la última palabra.
Dulce no pudo evitar sonreír, le agradaba como sonaba esa palabra y no pudo evitar imaginar futuros paseos con su bailarina y su hijo en esa camioneta, miró a Maite y entrecerró los ojos -¿Aceptas autos a cambio? –preguntó sonriendo y viendo las llaves de su convertible en su mano, Maite solo asintió mientras sonreía con esos extraños colmillos dibujados en su rostro.
-Necesito pedirte un último favor -pidió la pelirroja cuando salían de la agencia de autos.
-Claro -dijo emocionada la pelinegra.
-Necesito que mañana me dejes cuidar a tus hijas -dijo juntando sus manos a manera de súplica.
-¿Estás loca? -la pelinegra abrió sus ojos por la sorpresa.
-¡Por favor! –insistió Dulce -Necesito mostrarle a Anahí que puedo ser responsable –finalizó mirando a la pelinegra vampiresa -Por favor -volvió a insistir ante el silencio de Maite.
-¿Te das cuenta lo que me estas pidiendo? -preguntó la pelinegra.
-Te prometo que las cuidaré, puedo hacerlo, ¡por favor! -insistió la pelirroja.
-¡Son mis hijas! –enfatizó Maite -¡Las tres! –insistió -¡Al mismo tiempo! -volvió a agregar.
-¡Por favor! –suplicó de nuevo -Angelique no se enterará -dijo.
-¡No me preocupa Angelique! -la pelinegra rascó su cabeza -¡Me preocupas tú! -miró a la pelirroja y sin poder evitarlo comenzó a reír, tomó a la pelirroja por los hombros que la veía con el ceño fruncido y suspiró -Suerte con las niñas Perroni-Boyer -finalizó haciendo sonreír a la pelirroja, ahora solo faltaba que Anahí aceptara su invitación.
Un día agotador, así lo definía Anahí mientras se metía en la cama, miró el reloj y apenas marcaba las 9:30 pm y lo único que quería hacer era dormir, ni cuando terminaba sus clases de baile se sentía tan exhausta, pero teniendo en cuenta sus siete meses de embarazo ese cansancio parecía normal, además que su espalda la estaba matando y esa punzada en su bajo vientre seguía apareciendo. Revisó su teléfono antes de acostarse, no había recibido ni un solo mensaje de Dulce, pensó un momento en enviarle uno pero no fue necesario, su rostro dibujó una pequeña sonrisa cuando el aparato comenzó a sonar y en la pantalla parpadeaba el nombre de Dul, rápidamente oprimió la tecla para contestar.
-¿Sí? -dijo la rubia en cuanto respondió.
-Hola Annie -la rubia sonrió al escuchar la tímida voz de su pelirroja al otro lado del teléfono.
-Hola Dulce –saludó, no pudo evitar sonreír al imaginar a Dulce con el ceño fruncido al escuchar su nombre completo, ambas se quedaron un momento en silencio.
-¿Cómo estás? -preguntaron al mismo tiempo, sin poder evitarlo ambas rieron y suspiraron, esa sensación extraña de nervios en sus estómagos como si hablaran por primera vez con aquella persona que les gusta. Volvieron a permanecer en silencio un momento, Dulce no entendía cómo es que estaba tan nerviosa, era Anahí, SU Anahí, la mujer que amaba con todo su ser y la madre de su hijo; esa era la razón, tenía miedo de fallarle de nuevo, tenía miedo de que Anahí no quisiera volver con ella, que no quisiera volver a verla.
-¿Dul? -la voz de la rubia la despertó de sus dudas, sobre todo al escuchar aquel dulce diminutivo, respiró profundamente y continuó.
-Annie, me preguntaba… -intentaba sonar calmada pero las mariposas en su estómago estaban en una revolución total -me preguntaba si… -tragó saliva -si podríamos vernos mañana -dijo rápidamente -quisiera que habláramos y… -respiró.
Anahí sonrió al escucharla de esa manera, le recordaba a sus primeras citas, no entendía como una mujer como Dulce Espinoza se ponía tan nerviosa cuando le hablaba y eso la desarmaba por completo –Si -dijo la rubia sin pensarlo mucho, su sonrisa se agrando más cuando escuchó un suspiro de alivio al otro lado de la línea.
-Genial -dijo contenta Dulce -Te veo a las 11, en el parque frente a la academia de baile -Anahí sabía que estaba sonriendo, extrañaba demasiado esa sonrisa, en realidad extrañaba todo de esa mujer.
-Hasta mañana -dijo la rubia de ojos azules.
-Hasta mañana –susurró la pelirroja, permaneció un momento en silencio -Te amo -dijo para finalizar la llamada sin esperar una respuesta.
Anahí sonrió -Te amo –susurró mientras dejaba el teléfono al lado de la cama, sonrió aún más cuando el pequeño Santiago comenzó a moverse -Mañana veremos a mamá -dijo acariciando su vientre sin poder borrar la sonrisa de su rostro.
Pocas veces se detenía a observar el ajetreo que ocurría en aquel parque, hoy era una excepción como muchas que vendrían, ahora simplemente se detenía en cada detalle frente a la enorme área de juegos, niños de todas las edades corriendo, subiendo a las resbaladillas, pasando por el pasamanos una y otra vez con mucha agilidad, los más pequeños en la caja de arena intentando hacer un castillo o simplemente juagando con la arena, algunas mamás paseando a sus pequeños en sus carreolas; la sonrisa en su rostro parecía permanente y la emoción por la próxima llegada de Santiago la hacían sonreír aún más al imaginarse con Anahí viviendo aquellos momentos, compartiendo aquellas experiencias junto a su pequeño, metió su mano en el bolsillo para asegurarse que su regalo seguía ahí.
-¡Dulce! –escuchó a lo lejos, su sonrisa desapareció un poco y suspiró, Maite se acercaba con Beth y Lucy a un lado y en brazos llevaba a Kat, hizo un saludo con su mano y se puso de pie.
-Hola -saludó tímidamente la pelirroja.
-Bien, aquí están mis tres tesoros -dijo la pelinegra, Dulce tomó a Kat ganándose una sonrisa de la pequeña, Maite observó su reloj -Me tengo que ir, cualquier cosa llámame -miró con preocupación a la pelirroja y Dulce solo asintió mientras observaba a Lucy correr hacia los columpios y a Beth sentarse en la banca.
Dulce se quedó viendo a las niñas, Beth leía tranquilamente, no se dio cuenta cuando una pequeña castaña se acercaba a ella, la pelirroja miró a Lucy esperando que le dijera algo pero la niña solo se cruzó de brazos delante de ella y frunció el ceño, Dulce intentó no reír ante aquella postura.
-Dulce -dijo firmemente la pequeña mientras intentaba ponerse de puntas y parecer más alta.
-¿Qué pasa Lucy? –preguntó la pelirroja apretando sus labios para no reír.
-Hiciste llorar a mi tía Annie -dijo entrecerrando sus ojos, la sonrisa de Dulce se borró un momento, Lucy dio un paso más al frente y señaló a la pelirroja con su pequeño dedo -Te estaré vigilando -miro seriamente a la pelirroja un momento y se dio la vuelta para seguir jugando.
Dulce solo frunció el ceño y negó con la cabeza -Habla en serio -dijo Beth detrás de ella, la pelirroja la miró y la pequeña rubia solo se encogió de hombros y continuó con su lectura.
Maite regresó a su camioneta para dirigirse a la agencia, dio un último vistazo al parque y sonrió al ver a Dulce mirando atentamente a Kat, en el camino a su trabajo la música siempre la acompañaba hasta que se dio cuenta que su teléfono estaba sonando, sonrió al ver que era una llamada de su esposa -Hola cariño –saludó pero la sonrisa se borró de su rostro -¿A qué hospital? –preguntó rápidamente mientras observaba el camino e intentaba encontrar una salida -Ok, voy para allá –finalizó la llamada mientras aceleraba a toda velocidad.
Dulce se sentía satisfecha con su labor hasta ahora, por lo menos no había perdido a ninguna de las niñas y tampoco habían tenido ningún accidente, así que tranquilamente empujaba a la pequeña Kat en el columpio mientras observaba a Lucy jugar sobre una pequeña casa, frunció el ceño al ver a la pequeña castaña.
-¡Lucy deja a ese niño! –gritó la pelirroja al ver que Lucy Perroni rodeaba el cuello de otro niño y le daba golpes en la cabeza.
-Se burló de Kat –gritó la pequeña sin dejar de golpear al niño.
-¡Cariño no! -volvió a insistir la pelirroja sin dejar de empujar a Kat, volteó a ver a Beth pero la rubia estaba demasiado entretenida con su lectura, Dulce frunció el ceño al leer el título del pequeño libro “Asesinato en el tren”, solo negó con la cabeza y volvió a ver dónde estaba Lucy pero afortunadamente el niño ya había escapado de ella.
-El detective encontró el cuerpo destazado en la cabina número 13 -leyó en voz alta Beth.
Dulce la miró y arqueó una ceja -¿Por qué lees eso? –preguntó sin dejar de empujar el columpio.
La rubia solo se encogió de hombros y sonrió -Mi mamá Maite dice que debo aprender a leer de todo, ayuda a que mi mente se abra -dijo muy segura y volvió a su lectura.
Dulce negó y miro su reloj, ya eran más de las 12 y Anahí no aparecía y no respondía sus mensajes Se habrá arrepentido pensó la pelirroja.
-¡Dulce! –escuchó el grito de Maite que venía corriendo.
La pelirroja se distrajo y el columpio con Kat le golpeó haciéndola caer al suelo -¡Mierda! -dijo la pelirroja mientras se levantaba y tocaba su cabeza debido al ligero golpe.
-Le diré a mi mami Angelique que dijiste una palabrota frente a Kat -amenazó la pequeña Lucy.
-¿Qué pasa? –preguntó la pelirroja a una agitada Maite.
-Anahí -dijo casi sin aliento, Dulce sintió como su sangre dejó de correr y contuvo la respiración -Esta…en el…hospital -dijo.
-¿En qué hospital? -preguntó rápidamente la pelirroja, necesitaba salir de ahí, apenas logró escuchar a Maite que le decía que no se preocupara cuando salió corriendo hacía su camioneta para dirigirse rápidamente al hospital.
Angelique se paseaba de un lado a otro nerviosa, sobre todo después de la llamada de su esposa diciéndole que Dulce iba en camino, ahora no solo estaba preocupada por Anahí sino también porque Dulce no tuviera un accidente, conociéndola sabía que intentaría llegar lo más pronto posible, dio un suspiro de alivio cuando vio a una pelirroja que entraba corriendo y con su rostro cargado de miedo, levantó su mano para que Dulce la viera y la pelirroja corrió rápidamente hacía ella.
-¿Dónde está? ¿Qué pasó? –preguntó rápida y agitadamente.
-Cálmate Dulce –intentó decir la castaña.
-¡Cómo quieres que me tranquilice! –gritó desesperada ganándose un regaño de una de las enfermeras -Quiero verla, ¿Cómo está mi hijo? -volvió a preguntar.
-Tranquilízate y te explico –exigió Angelique, la pelirroja solo suspiró con resignación -Bien, Anahí y el bebé están bien -la castaña vio como el rostro de Dulce se relajaba un poco -Comenzó a tener ligeras contracciones… -dijo.
-¿¡Ya nació!? –preguntó la pelirroja, parecía que el color se le había ido de la piel.
angelique sonrió y solo negó -No todavía, son normales estas contracciones pero la doctora quiere tenerla en observación y también al bebé para descartar cualquier complicación –acercó su mano al hombro de la pelirroja y lo apretó ligeramente -Están bien -dijo, Dulce solo asintió y sonrió -¿Quieres verla? –preguntó, la pelirroja dudó un segundo pero era lo único que quería hacer.
Un ligero sonido, como un bip era lo único que ese escuchaba en aquella habitación, Anahí se encontraba sentada en la cama vistiendo una bata de hospital color azul, jugaba con sus manos, nerviosa, solo pensaba en que su bebé estuviera bien y que no había podido ver a Dulce, sabía que en cualquier momento aparecería ahí, al menos eso le dijo Angelique, no quería estar sola en esa habitación, la compañía de Angelique y Maite era agradable y les agradecía su amistad incondicional pero solo necesitaba en ese momento a su pelirroja de ojos oscuros, unos ligeros golpes se escucharon en la puerta y rápidamente levantó la mirada, sin poder evitarlo una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
-Hola -dijo tímidamente Dulce mientras cerraba la puerta tras ella, se quedó de pie en silencio y escuchando el sonido de la maquina aún lado de la cama, deseaba acercarse pero no quería incomodar a su bailarina.
-Hola –saludó la rubia.
Dulce miró la máquina y entre cerró sus ojos -Es su… -miró a la rubia.
-Sí, es su corazón –Anahí no apartaba su mirada de la pelirroja y cada uno de sus sentidos se puso en alerta ante el perfume de Dulce que invadió toda la habitación en cuanto entró.
-¿Esta… -miró la máquina de nuevo.
-Está bien –susurró la bailarina al ver la preocupación en el rostro de Dulce quien dio un suspiro de alivio al escuchar a su bailarina.
Dulce comenzó a acercarse a la cama donde se encontraba la rubia, no sabía si acercarse o quedarse de pie pero no quería estar más lejos así que lentamente y con temor se sentó en la orilla de la cama mirando fijamente a la rubia.
-Me asusté mucho –confesó, bajó su mirada y con cuidado acercó su mano al vientre de la rubia, se detuvo pero la mano de la rubia tomó la suya y la colocó sobre su vientre.
-Lo siento -dijeron al mismo tiempo, Anahí sonrió y Dulce solo frunció el ceño, no entendía porque ella lo decía, al ver su expresión la rubia continuó -No debí irme así -colocó un dedo sobre los labios de la pelirroja para que no dijera nada -Yo también tenía miedo y por un momento pensé que… -bajó su mirada y tomó la mano de Dulce para entrelazar sus dedos -habíamos apresurado las cosas…y entiendo tus miedos…la maternidad no es sencilla –sonrió -vivir con Maite y Angelique me hizo darme cuenta de eso y te… -Dulce colocó un dedo sobre sus labios y la miró.
-Yo fui una tonta, dejé que mi miedo fuera más grande cuando lo único que quiero es pasar el resto de mi vida contigo y con él, te amo y amo a mi hijo desde el primer momento que supe de su existencia, solo que… -suspiró -no me creí capaz de poder ser responsable de alguien más -dijo mientras tocaba el vientre de la rubia y una enorme sonrisa aparecía en su rostro -Se movió -dijo mirando a la rubia que solo asintió y colocaba su mano sobre la de Dulce, lentamente la pelirroja acercó su rostro al vientre y recargó su oído, sin poder evitarlo Anahí simplemente acarició su cabello rojo -Hola Santy, te amo bebé –dijo en un susurro al vientre, una pequeña lágrima se escapó de los ojos de la rubia, una lágrima de alegría -Necesito que me ayudes a convencer a tu mami Annie -susurró de nuevo y volvió a sentir un pequeño golpe en el vientre que la hizo sonreír aún más, se volvió a levantar y miro fijamente a la rubia.
-¿De qué me tiene que convencer? –preguntó la rubia sonriendo y acariciando la mejilla de Dulce.
La pelirroja solo cerró los ojos ante aquel sencillo contacto, lo había extrañado demasiado, metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una cajita de color negro, con la otra mano tomó la mano que la rubia tenía en su mejilla y dejó un cálido beso sobre ella, respiró profundamente y con su corazón acelerado, sus manos frías y temblorosas abrió la pequeña caja ante la atónita mirada de la bailarina cuyas lágrimas comenzaban a salir lentamente, la pelirroja tomó el anillo entre sus dedos y miró fijamente a los ojos azules de la rubia.
-Anahí -dijo en un susurro -Permíteme ser quien te acompañe en esta aventura -colocó su mano sobre el vientre la rubia -Permite ser quien los cuide, solo contigo y con mi hijo puedo vencer mis miedos, ustedes son mi fortaleza, el motivo para ser mejor persona, déjame ser tu amiga, tu amante… -tomó la mano de la rubia y comenzó a deslizar el anillo por su dedo anular lentamente -déjame ser tu esposa ¿Pasarías el resto de tu vida con esta loca enamorada? –preguntó mirando fijamente el rostro de la rubia que solo miraba el anillo en su dedo -¿Aceptas? -dio un ligero apretón a la mano de Anahí.
La bailarina solo sonrió -¡Si, si, si! –tomó el rostro de Dulce y comenzó a dejar pequeños besos en sus labios, la pelirroja solo podía sonreír, se quedaron en silencio mirándose solamente, se habían extrañado demasiado pero sentían que su amor era más fuerte y cada vez más pleno, Dulce limpió las lágrimas de la rubia con delicadeza mientras la tomaba por las mejillas, deslizó su pulgar sobre sus labios y sin poder esperar más los besó, sintiendo de nuevo esa revolución en todos sus sentidos y ese revoloteo en su estómago que sentía desde la primera vez que la había besado; Anahí rodeo su cuello con sus brazos y no pudo evitar sonreír al pensar que esos besos siempre serian suyos, siempre, cada roce de sus labios, cada roce de sus lenguas, cada movimiento lento y siempre con extrema ternura y una pizca de pasión, esos besos siempre serian su cima.
-¡SI, SI, SI! –gritó Angelique al otro lado de la puerta -¡SE VAN A CASAR! -volvió a gritar hasta que una enfermera le pidió que se callara o tendría que sacarla

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Re: Nueve meses

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 7:25 pm

capítulo 24
La calidez que sentían sus corazones al sentir el roce de la piel de la persona que aman y amaran siempre, era suficiente para mantener un clima cargado de ternura y amor a pesar de estar en una habitación de un hospital, no podían dejar de mirarse, de regalarse sonrisas, besos y caricias tímidas, Dulce no podía dejar de darle pequeños besos al vientre de la rubia que solo sonreía ante aquella simple caricia, no podía dejar de sentir que esa era su lugar y la pelirroja sabía que no quería marcharse de su lado, así que simplemente Dulce se recostó sobre la cama y se abrazó al vientre de la rubia dejando su oído recargado sobre el para poder sentir los ligeros movimientos de su hijo y la respiración tranquila de su prometida, había extrañado demasiado la calidez de los brazos de su mujer.
Anahí simplemente comenzó a acariciar el cabello de Dulce, simplemente disfrutando de aquel contacto, había soñado tanto con un momento así y ahora parecía un sueño, su vista se posó en el anillo que descansaba sobre su dedo anular y sonrió, sin embargo una pequeña duda pasó por su mente y sin poder evitarlo suspiró preocupada.
-¿Estás bien? –preguntó Dulce levantándose y mirando a su prometida.
-¿Por qué te quieres casar? -preguntó la ojiazul, Dulce solo frunció el ceño sin entender -No quiero que hagas esto solo por… -miró su vientre -Nunca has creído en el… -decía sin mirar a Dulce.
-Shhh -puso un dedo sobre los labios de la rubia y sonrió ante la mirada de Anahí -Puede oírte -dijo en un susurro, Anahí frunció el ceño.
-¿Cómo lo sabes? –preguntó.
Dulce solo se encogió de hombros y sonrió -He leído algo sobre bebés -la rubia no pudo evitar sonreír, la pelirroja se sentó para quedar a un lado de ella, acarició su rostro desde sus ojos, su nariz, sus mejillas y deslizó sus dedos sobre los labios de Anahí que solo cerró sus ojos, se acercó a su oído -Me quiero casar porque te amo… -susurró -Porque solo tú me haces pensar en matrimonio, en una familia -dijo tocando su vientre -solo contigo deseo pasar el resto de mis días -sentía como la rubia se estremecía ante cada palabra, se separó para poder mirarla y no pudo evitar sonreír al ver el leve rubor que habían adquirido sus blancas mejillas, dejó un suave beso en su labios -Y quiero que todos sepan que soy la mujer más afortunada por tenerte a ti como esposa, como compañera y sobre todo como madre de mis hijos -la rubia abrió sus ojos sin poder creer lo que escuchaba, solo puedo sonreír ampliamente y dejar que una traviesa lagrimilla escapara de sus ojos.
-Te amo -susurró la rubia, tomó a Dulce del rostro y la acercó de nuevo a sus labios, esas semanas lejos de sus besos habían sido una tortura, ambas sonrieron mientras sus labios volvían a reconocerse.
-¿Dan la misma atención en todas las habitaciones? -la voz de Maite hizo que se separaran rápidamente, la rubia no pudo evitar sonrojarse y Dulce solo arqueó una ceja ante la inoportuna aparición de la pelinegra y su esposa, la pelirroja iba a responder pero fue interrumpida.
-Muy bien Anahí -la doctora Montgomery entraba en la habitación atenta al expediente de la rubia, levantó la vista y sonrió -Dulce, que gusto volver a verte –saludó a la pelirroja que rápidamente quiso bajarse de la cama pero las manos de la rubia la detuvieron, así que solo volvió a acomodarse en su lugar.
-Hola doctora, ¿Está todo bien? ¿Cuándo pueden irse a casa? –preguntó rápidamente haciendo sonreír a todas en la habitación.
-Primero respira -dijo la doctora -No quiero tener que atenderte a ti también –miró de nuevo el expediente, se acercó a checar a Anahí e hizo algunas anotaciones de lo que observaba en la máquina que checaba el latido del corazón de Santiago, la pelirroja no perdía ningún detalle y tampoco soltaba la mano de su prometida.
-¿Y bien? -volvió a preguntar.
La doctora volvió a sonreír y solo negó -Todo está perfecto, solo los tendremos en observación esta noche y mañana a primera hora puedes irte casa -dijo mirando a la rubia.
-Bien, prepararemos tu habitación -dijo Angelique sonriendo.
-Dijo a casa –habló Dulce haciendo énfasis en la última palabra, Anahí solo apretaba sus labios para no reír, Angelique tenía un don para terminar con la poca paciencia de su pelirroja.
Angelique le iba a responder pero afortunadamente Maite se adelantó -Cariño, Anahí vuelve a casa -dijo mirando a su esposa.
-A casa –susurró la bailarina haciendo que Dulce la mirara y sin poder evitarlo volvió a besar sus labios.
Pasar la noche en un hospital dejaría de mal humor a cualquiera, sin embargo esa noche había sido una de las mejores para Dulce, el simple hecho de poder dormir abrazada a Anahí hacia que cualquier noche en cualquier lugar fuera perfecta, encontraron la manera de acomodarse ambas en aquella cama sin dejar de abrazarse y que Dulce pudiera dar besos al vientre de la rubia. Había sido un día con demasiadas emociones y después de las llamadas de parte de las familias de ambas preocupados por la rubia y el bebé, después felices porque estaban juntas de nuevo y por último los gritos de alegría por la futura boda las había dejado agotadas.
El regreso a su departamento no había sido menos emocionante, el rostro de sorpresa de la rubia al ver el nuevo auto familiar como lo llamaba Dulce había sido una agradable sorpresa para Anahí quien no pudo evitar besar a la pelirroja hasta quedar sin aliento fuera del hospital. Entrar de nuevo a aquel departamento dejaba en la bailarina una sensación de tranquilidad, observaba cada detalle y el orden que había, nada había cambiado, rozó con sus dedos uno de los sillones mientras caminaba hacia la cocina, Dulce se encargaba de subir el equipaje de Anahí que habían recogido de casa de Maite y Angelique; respiró para volver a sentir aquel aroma tan familiar, el aroma de su lugar, su hogar, aquel que compartiría con Dulce y sus hijos, sonrió al pensar en otro pequeño o pequeña, sin embargo frunció un poco el ceño ante el inusual silencio y porque faltaba el recibimiento de un felino que siempre ronroneaba alrededor de sus pies cuando llegaba al departamento.
-¡Estupido! elevador! -se quejaba Dulce mientras entraba por la puerta con el enorme pato de peluche que le había regalado a la rubia, lo dejó sobre el sofá y respiró aliviada, no entendía como el elevador había dejado de funcionar justo en ese momento; su rostro se iluminó cuando vio la sonrisa de Anahí, aquel departamento parecía iluminado de nuevo solo con su presencia.
-¿Dónde está Tubby? –preguntó la rubia acercándose a Dulce.
La pelirroja solo se encogió de hombros -De vacaciones indefinidas con mi madre -dijo sonriendo, el rostro de Anahí se iluminó, no pudo evitar recordar aquella discusión por el gato y el auto y tampoco pudo evitar sentir aquella seguridad que Dulce le transmitía con cada pequeño detalle, se acercó a la pelirroja y rodeó su cuello con sus brazos y besó sus labios de nuevo, sintió los brazos de la pelirroja que se enredaban en su cintura y sonrió -Te amo -susurraron ambas sin despegarse de sus labios.
-Quiero mostrarte algo -la pelirroja se separó y tomó a Anahí de la mano, caminaron por el pasillo hacia una de las habitaciones, Dulce se detuvo, se sentía nerviosa y miró a la rubia -Podemos cambiarlo si no te gusta -dijo y enseguida abrió la puerta de la habitación ante la atenta mirada de la bailarina.
-¡Oh por Dios! -fue la exclamación de Anahí.
-Podemos cambiarlo… -dijo nerviosa la pelirroja -Solo pensé que… -continuó.
-Es perfecto -dijo la rubia en un hilo de voz, soltó la mano de Dulce y entró en la habitación, la sonrisa no se borraba de su rostro, era el lugar perfecto para su pequeño Santiago, con aquel lindo tapiz en las paredes de color azul y algunos toques de amarillo, los muebles aun vacíos pero perfectamente acomodados, la cuna de un café oscuro y cubierta con aquellas colchas en combinación con los colores del tapiz y aún muchas cosas en bolsas y en cajas que faltaban por acomodar y poner en su lugar.
Dulce se acercó a la rubia y la abrazo por detrás recargando su barbilla en su hombro -¿Entonces te gusta? –Preguntó sonriendo -Solo falta acomodar todo en su lugar y armar algunos juguetes pero quiero que lo hagamos juntas –susurró cerca del oído de la rubia.
Anahí giró su rostro buscando los labios de Dulce, tarea que no fue difícil de realizar -¿Cuándo empezamos? –preguntó.
Después de que la rubia descansara, prácticamente obligada por Dulce, la habitación de Santiago comenzó a ser ordenada por sus dos madres, entre risas y pequeños besos cada cosa era acomodada en su lugar, su pequeña ropa acomodada en los cajones, pañales, cremas, talcos, perfumes todo perfectamente ordenado en el costado de una mesa especialmente acomodada para cambiar al bebé, los muñecos de peluche acomodados sobre una repisa en la pared y un pequeño pato acomodado dentro de la cuna, sin embargo Dulce se estaba enfrentando a un obstáculo ante la atenta mirada de Anahí que se encontraba sentada en una mecedora, la pelirroja sentada en el suelo y frunciendo repetidas veces el ceño al intentar armar un juguete que iría sobre la cuna de Santiago con pequeños animalitos que giraban y hacían sonar una canción de cuna. Anahí solo apretaba sus labios para no reír y moría de ternura al ver las expresiones en el rostro de Dulce, una mezcla de concentración y frustración.
-Amor, deberías leer las instrucciones -decía la rubia leyendo un pequeño manual.
-No Annie, esto es sencillo -decía sin mirar a su prometida e intentando colocar una pieza grande en un pequeño orificio.
-Dul aquí dice que esa pieza va… -miró a su alrededor intentado encontrar lo que buscaba, un poco complicado al estar todas las piezas esparcidas por el suelo ante el poco tacto de la pelirroja al abrir la caja –aquí -dijo la rubia poniéndose de pie para tomar la pieza correcta. -¿Ves? -dijo sonriendo a su pelirroja, Dulce solo entrecerró los ojos y suspiró resignada, tendría que seguir las instrucciones del manual que pacientemente la rubia le indicaba sentada desde su mecedora.
La sonrisa en el rostro de Dulce era enorme al ver su creación perfectamente colocada sobre la cuna de su bebé, girando y emitiendo esa sencilla melodía, Anahí le dio un beso en la mejilla -Te lo dije, con el manual fue más sencillo -dijo sonriendo -pero eres tan testaruda -volvió a besar su mejilla y Dulce solo frunció el ceño, la rubia la abrazó -Y por eso te amo -y se acercó a besar sus labios.
-Falta algo -dijo la pelirroja al salir de la habitación ante la extraña mirada de la bailarina, al cabo de un par de minutos regreso con dos cuadros en sus manos.
Anahí entrecerró sus ojos -¿Qué es eso? –preguntó.
Dulce solo sonrió y en la pared al lado de la cuna de Santiago coloco dos pequeños clavos y colgó sobre ellos los cuadros, Anahí sonrió al reconocer uno de ellos pero se sorprendió por el otro -¿Cómo lo… -dijo incrédula al ver los diplomas que otorgaba Sue Silvester.
Dulce solo se encogió de hombros -Tomé un curso intensivo -dijo con una sonrisa tímida.
Anahí sonrió sorprendida y emocionada, se acercó a la pelirroja, la tomó del rostro y besó sus labios haciendo sonreír a la pelirroja -Te amo, te amo, te amo -decía la rubia entre cada beso.
-Lastimé a tres bebés -dijo haciendo un tierno puchero.
-No te preocupes -la rubia dejó un suave beso sobre sus labios -Aprenderemos juntas -susurró sobre los labios de la pelirroja.
Los días avanzaban, Dulce había vuelto al consultorio y habían comenzado con los preparativos para la boda, la rubia no pudo evitar soltar algunas lágrimas cuando la pelirroja le dijo que no quería que su hijo naciera sin que sus madres estuvieran casadas, así que en menos de dos semanas se llevaría a cabo la ceremonia, una boda organizada en tan poco tiempo solo era posible gracias a Dulce con la ayuda de Maite Perroni y Emily Fields que había regresado de presentar sus obras de arte en Londres y su inseparable novia, de nuevo, Hanna. La ceremonia, el lugar de la recepción, el banquete y cada detalle ya había sido acordado, solo faltaba que el día llegara y por supuesto los vestidos.
-¿Cómo voy a entrar en un vestido de novia? -se quejaba la rubia recostada en el sofá con sus pies sobre las piernas de Dulce que veía atentamente otra revista.
-Te verás hermosa con lo que te pongas -la pelirroja la miró y le regaló una amorosa sonrisa y volvió su vista a la revista.
-Tengo casi ocho meses -decía la rubia haciendo unos lindos pucheros con sus labios -no me quedará ningún vestido -resignada dejó la revista sobre la mesa de centro y observó atentamente a Dulce, tomó un bolígrafo de color rojo con el que marcaban los vestidos que les gustaban y comenzó a colorear.
-Dul -hablo la rubia al cabo de unos minutos.
-Uhm -la pelirroja seguía atenta a su revista.
-Alguien quiere decirte algo -volvió a decir mientras mordía el bolígrafo.
Dulce levantó la vista para ver a la rubia -¡Oh Dios Annie! -dijo emocionada y con la mano en su boca que no podía ocultar la sonrisa de su rostro, Anahí tenía la camiseta levantada sobre el inicio de su vientre en el que había dibujado un muñequito sonriendo y sobre el unas letras en color rojo “Te amo mami”.
Dulce se acercó y dejó un beso sobre el vientre de la rubia y después subió para dejar otro en los labios de su prometida, un beso más largo, suave y cargado de ternura -Te amo –susurró la pelirroja sobre los labios de la bailarina, siguieron regalándose besos hasta que el timbre las interrumpió.
-Dul… -decía sin dejar de besar a la pelirroja -la puerta -pero sus labios volvían a ser atrapados.
-Ya se cansarán -decía sin despegar sus labios de los de Anahí pero el timbre volvía a sonar, molesta y con el ceño fruncido se separó de su prometida.
-No iré a ningún lado -susurro la rubia antes de darle otro beso, Dulce se puso de pie con una enorme sonrisa en el rostro, sonrisa que se borró al abrir la puerta, tensó su mandíbula -¿Qué haces aquí? -dijo fríamente.

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