Amor accidental

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Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:06 pm


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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:07 pm

Primera Parte
Dulce Espinoza se subió el cierre de su sudadera azul marino y bajó la capucha sobre su cabeza. El cordón que normalmente lo habría mantenido en su sitio había sido quitado mucho antes de que la comprara en el almacén de descuento. No tenía duda de que la primera ráfaga del viento frío penetrante lo sacaría de su cabeza pero por el momento, esto era lo mejor que podía hacer. Miró en la intensa iluminación del estacionamiento del Money Slasher, el gran supermercado en el que trabajaba a media jornada. Había esperado estar a tiempo completo ya, pero con la economía de la manera que estaba, los trabajos de tiempo completo eran difíciles de obtenerse. El loco horario que le asignaron le hacía imposible conseguir otro trabajo de media jornada para completar el hueco y Dulce no podía correr el riesgo de dejarlo. Había tardado semanas en conseguir el ingreso a los almacenes de Albany solo para conseguir este trabajo.
Como el meteorólogo había pronosticado, los pequeños copos habían estado cayendo cuando ella comenzó su turno. Ahora estaba soplando una fuerte ventisca y un pie de nieve había caído interminable a la vista. Dulce bajó la mirada en sus raídos tenis y gimió. Ésta era la peor parte de tomar un trabajo a dos millas de su apartamento. La larga caminata a casa garantizaba que sus pies estarían congelados, por no mencionar el resto de su cuerpo. A veces era bastante afortunada al conseguir que Kim, la encargada del almacén, le llevara a casa pero no esta noche Kim había terminado su turno hacia una hora y de ninguna manera Dulce le hubiera pedido que la esperara. Respiró profundamente, metió su cabello rojizo dentro de la capucha, doblándola hacía adelante, y salió al implacable clima.
*****
Anahi Puente echó un vistazo en su reloj con diamantes por décima vez en una hora. De todas las miserables noches tenía que hacer una aparición en Sam's, la casa del marisco que hacía también de lugar para las reuniones sociales de los ricos y poderosos de Albany. Cualquier noche uno podría ir allí y ver al gobernador, a senadores de estado, y gente común que deseaba gastar cientos de dólares en una cena. El maître sabía quién era quién y los sentaba como correspondía. Nunca sentaría a alguien como Anahi, quien encabezaba una de las más grandes familias que poseía corporaciones en el área, cerca de alguien quien incluso no poseía su propia casa. A Anahi no le gustaba ir allí, a pesar del prestigio mundial de su cocina. Esta noche, sin embargo, tuvo poca alternativa. Mark Grace, el Zoning Board of Appeals Commisioner, peleaba una petición de cambio de zona y había acudido a ella para alisar sus arrugadas plumas y para conseguir que la negociación pujara. Sus primos llevaban una pequeña ramificación de la corporación familiar, Puente Car Washes. Era un negocio pequeño, en términos de los ingresos que traía a la familia, pero enorme a los ojos del público, especialmente con los treinta túneles de lavado de autos sobre el área y los numerosos anuncios de televisión. "Consiga su auto lavado adecuadamente en Puente’s " era un muy acertado slogan, y hacía mucho tiempo, financieramente hablando, que el nombre de los varones de la familia era una noticia de casa. John y Christopher, los primos a cargo del servicio de lavados de autos, deseaban construir uno nuevo en la esquina de Lake y State Streets. Era una primordial localización en un área predominantemente residencial. Incluso querían, por ahora, comprar la parte de la esquina del almacén que había estado previamente allí y las casas adyacentes en espera de conseguir la transición. Ahora el comisionado Grace estaba cuestionando la destrucción de tres "magníficos antiguos edificios" de Albany para poner otro maldito auto lavado. Las reuniones y negociaciones no funcionaron, ofertas de grandes donaciones cívicas no funcionaron, incluso los sobornos fallaron. Y cuando los hermanos habían agotado todas sus ideas y aún no podían dominarlo, acudieron a Anahi para poner las cosas correctas. El comisionado saltó en la oportunidad de encontrarse con una de las mujeres más elegibles de la ciudad e insistió en cenar esa noche.
Así que como resultado ella tuvo que salir de su agradable hogar en medio de una de las peores ventiscas golpeando la ciudad desde hacía años, para venir y cenar con el comisionado para que les autorizara la transición. Era una situación para negociar y Anahi estaba acostumbrada a esto. El único problema era que Grace quería más que buena voluntad de la belleza de cabello oscuro que dirigía Puente Corporation. Debido a su insistencia en que ellos se encontraran esa noche, no había habido oportunidad de hacer la reserva de mesa. Para casi cualquier persona, habría significado no entrar a la prestigiosa casa de la ostra. Pero para Anahi, el maître los colocó en el bar, mientras desesperadamente intentaba encontrar un lugar para la presidente de Puente Corporation y su invitado. Durante la espera, la mujer de azules ojos sufría teniendo que escuchar los clamores poco recortados de un hombre que le decía todo sobre sus títulos y lo inteligente que él era y cómo ella debería realmente considerar pasar más tiempo con él. La única parte buena de la noche había sido el constante rellenar de su copa de vino con el más fino de la cosecha por parte del camarero. Por lo menos había podido gozar de un buen vino mientras le escuchaba.
Ahora una hora y media más tarde, estaban sentados en su mesa, tomando una cena que fue servida apenas pocos minutos antes.
"Anahi... usted sabe ese es un nombre tan bonito. Un nombre bonito para una bella dama," Mark extendió su tenedor para robar un pedazo de langosta de su plato. "No entiendo por qué usted cree que un área con tal clase y belleza necesita un autolavado. ¿Puede usted imaginar todo el tráfico que atravesaría por allí? Interrumpiendo a la gente mientras ellos están durmiendo, disturbándolos con todo el fuerte ruido que esas máquinas hacen." Su tenedor encontró otro pedazo de langosta, el resto de la cola. "Seguramente usted no desearía uno de esos justo al lado de su puerta, ¿no es así?"
Los azules ojos se deslumbraron en la mejor parte de su langosta que hacía su camino dentro de la boca de alguien más. Había sido cortés y agradable toda la noche y ahora era tiempo de enseñar al pequeño hombre una lección. Limpió sus labios con la servilleta de lino.
"El autolavado está únicamente abierto de ocho de la mañana a diez de la noche. Estoy segura que a nadie se le despertará y se le estará molestando, y si usted roba un pedazo más de comida de mi plato yo voy a apuñalar su mano con este tenedor, ¿me explico claramente?" Dijo llanamente mientras que llevaba la copa de vino a sus labios.
"Ahora usted y yo, ambos sabemos que en esas calles hay mucho tráfico, y seguro que a los residentes les gustará la idea de que un autolavado llegue a su área, y esto también significa diez trabajos más a la comunidad. ¿Qué piensa que sucedería en las próximas elecciones si apoyamos a los Demócratas y les damos esta pequeña pieza de información? ¿Qué bueno sería su nombramiento si el nuevo alcalde decide limpiar la casa?"
"Ahora usted está justo exhalando humo, Srta. Puente," él dijo, recostándose y encendiendo un cigarro. Fumar por supuesto estaba prohibido en esa sección del restaurante pero Mark creía que su posición lo ponía por encima de lo que él consideraba era una tonta ley. "Los Puente siempre han apoyado a los republicanos, todo el mundo lo sabe." Él tomó otra calada de su cigarrillo, el humo cosquilleó la nariz de Anahi.
¿"De verdad?" Ella vació su copa y la posó en el mantel de lino de la mesa, reprimiendo una sonrisa en el pensamiento de la bomba que estaba a punto de poner en el desgraciado comisionado. "Déjeme decirle algo, Sr. Grace. Los Puente han financiado a más de un demócrata durante años y ahora que yo estoy a cargo, hay más cada vez." Sus azules ojos taladraron en los de él cuándo se inclinó y tomó el cigarro de su mano, hundiéndolo profundamente en su cangrejo relleno. "Ésta transición no significa nada para mí excepto conseguir a mis primos fuera de mi espalda. Su posición no significa nada para mí. Pagaría cientos de miles en la siguiente elección si significara sacarlo de la oficina y poner a alguien que viera que el trabajo es más importante que el poder de representar, así que usted necesita tomar una decisión. Puede ser el buen individuo que trajo diez trabajos para el área o puede ser el idiota que consiguió ser votado para salir de la oficina, la decisión es suya." Anahi había ya determinando que pronto habría un nuevo comisionado. "Creo que esta reunión terminó. Espero que haya disfrutado mi cena." En su sobresaltada mirada agregó, "¿Qué? ¿Usted pensó iba a tener suerte esta noche, Sr. Grace?" Sus ojos le miraron rápidamente una vez. "Lo siento. No duermo con perros. Nunca se sabe cuándo pueden tener pulgas." Recogió su maletín y salió en grandes pasos, dejando al enojado pero arrinconado comisionado con sólo una difícil posición y la cuenta.
*****
Dulce cruzó la calle y entró en el parque Washington, un gigantesco lugar en el centro de la ciudad. El parque estaba cerrado al oscurecer cada noche debido al crimen y al crucero que pasaba por allí. Normalmente Dulce lo habría rodeado pero eso significaba seis cuadras adicionales fuera de su camino y con el alarido del viento y el agresivo frío, la ruta más directa a casa era necesaria. En las cinco cuadras de camino del supermercado al borde del parque, las orejas de Dulce estaban rojas como la remolacha por el frío y su nariz había comenzado ya a moquear. No podía sentir los dedos de sus pies y los bolsillos de su sudadera no hacían nada para proteger sus dedos. Decidiendo que la falta de huellas en la nieve y la temperatura bajo cero era seguro, Dulce caminó fatigosamente más allá de la enorme estatua de Moses que marcaba la entrada y la nieve cubría la señal que advertía contra estar en el parque en la noche. El feroz viento se negaba en permitirle mantener su capucha puesta y su cabello hasta los hombros ondeaba libremente sobre su cara. Su cuerpo temblaba ferozmente y todo en lo que ella podía pensar era llegar a casa y hundirse en un agradable baño caliente. Estaba a medio camino a través del parque y dentro de la vista de Madison Avenue cuando los oyó acercarse, sus rápidas pisadas cruzando la nieve bajo sus pies.
"Bien bien bien, ¿qué tenemos aquí?" Giró su cabeza para ver como cuatro hombres se le acercaban rápidamente, no corrían pero asegurándose de caminar muy rápido.
"Vamos dulzura, tenemos algo detente ya."
"Sí, ¿por qué no vienes a una fiesta con nosotros?"
El intenso frío hacía que sus piernas se sintieran como el plomo pero la idea de ser pillada a la mitad del oscuro parque por los cuatro hombres ponía nueva vida en sus pasos. Intentó ignorarlos y continuar en su camino pero los hombres continuaron siguiéndola.
"Vamos perra, deja a Danny tener algo de diversión," el más cercano dijo, provocando que el corazón de Dulce comenzara a palpitar con dolorosa fuerza en su pecho. Tenía que salir de allí y tenía que salir de allí ahora mismo. Comenzó a correr, más que tropezando, a través de la nieve hacia las brillantes luces de Madison Avenue.
*****
Anahi despreocupada atravesaba las luces de la durmiente ciudad, en medio del camino el Porsche se deslizaba sobre en la nieve. No era que alguien más estuviera alrededor a esas horas. Pasó de la calle Lark sin pensarlo y maldijo en voz alta. Ahora tendría que ir todo el camino más allá del parque cruzándolo para coger la siguiente calle. No viendo ningún auto delante, pisó el pedal de su Porche 911 y lo lanzó a toda velocidad. Iba demasiado rápido por la calle cubierta de nieve, especialmente dado que no parecía que los quitanieves hubieran pasado recientemente, pero le daba igual. No era que tuviera que parar pronto en algún momento y todavía estaba bajo el límite fijado, aunque definitivamente más rápidamente que las condiciones de las calles dictaban. El cruce siguiente estaba por lo menos a media milla. De repente un destello de azul y rojo apareció delante de ella, una figura salió corriendo de entre los automóviles estacionados. Anahi colocó ambos pies en los frenos y dio un tirón duramente al volante hacia la izquierda pero no hubo tiempo. La nieve no le dio ninguna tracción y un escalofriante silencio llenó el aire mientras vio como el frente bajo del Porsche golpeaba al peatón y lanzaba a la indefensa persona contra el parabrisas. El auto deportivo rojo finalmente se detuvo varios autos más adelante y el cuerpo desecho cayó de la capota sobre el suelo cubierto de nieve. Durante varios segundos Anahi no pudo hacer nada sino agarrar el volante y mirar fijamente la telaraña que ahora constituía su parabrisas, mientras que su corazón palpitaba con fuerza despiadada. La realidad de lo que había sucedido finalmente penetró en su mente y con las manos temblorosas abrió la puerta. Echó un vistazo rápidamente por si había algún testigo pero a las 12:30 a.m., pero era martes por la noche y todo el mundo estaba en cama. Nunca vio a la pandilla de criminales que habían estado persiguiendo a la víctima darse la vuelta y escabullirse nuevamente dentro de la oscuridad del parque.
La sangre estaba ya comenzando a juntarse en el suelo debajo del cuerpo, aunque el extremo frío hacía el flujo mucho menor que el que pudiera normalmente haber sido. Anahi se arrodilló junto a la desplomada forma y con su mano enguantada giró a la víctima al otro lado. Jadeó cuando vio la maltratada cara de una joven mujer. "Oh mi dios." Un destello verde justo en el borde de su visión causó que la mujer de cabello oscuro girara y buscara. Era el reflejo de un semáforo. Echó un vistazo sobre el cruce Avenida New Sclotand. Estaba solamente a tres calles del centro médico. Abrió rápidamente la puerta del pasajero y tiró de la palanca que reclinaba el asiento. Anahi sabía que la mejor cosa era intentar inmovilizar a la mujer pero no había alguna manera que pudiera hacer eso en ese momento y el charco de sangre estaba continuamente creciendo. El hospital estaba demasiado cerca para pensar en llamar a una ambulancia y perder preciados minutos. La decisión fue tomada, Anahi deslizó sus brazos debajo de los hombros de la inconsciente mujer y la arrastró al coche. Menos de un minuto más tarde estaban corriendo hacia el centro médico.
Mientras conducía marcó a "emergencia" un pensamiento se le ocurrió a la magnate corporativa. No sólo había estado corriendo velozmente y golpeado a esta mujer sino que si un policía decidía hacerle la prueba del alcoholímetro no habría manera alguna que pudiera pasarlo, no después de todo el vino que había consumido en Sam's solo un rato antes. Giró el auto a la derecha en el último momento y giró en el que era el espacio del estacionamiento de los cirujanos. En la oscuridad con solamente la parte trasera del Porsche proyectándose, nadie la cuestionaría porque estaba estacionada allí. Salió del auto y caminó hacia la entrada de emergencias, intentando desesperadamente pensar en qué hacer. La respuesta vino a cuando distinguió una camilla colocada justo en el interior de las puertas de cristal. Anahi agarró la camilla y la empujó hacía su auto. Las horas pasadas en su gimnasio privado hicieron que levantara fácilmente a la inconsciente mujer arriba sobre la camilla. Durante la transferencia, una pequeña cartera deportiva cayó del bolsillo trasero de la víctima y aterrizó en suelo cubierto de nieve. Anahi la recogió, metiéndola en su chaqueta de piel, y corrió tan rápidamente como podía mientras empujaba la camilla hacía la entrada de emergencia.
"¡Necesito algo de ayuda aquí! ¡Esta mujer fue golpeada por un auto!" Gritó tan pronto como las puertas internas se deslizaron abriéndose. La enfermera a cargo y el interno de la noche corrieron al otro lado de la camilla para comenzar las pruebas.
"Tenemos lesiones múltiples, comprobaremos el tablero y veremos a quién llamar para OR." El rubio doctor dijo. Un recepcionista se fue inmediatamente a buscar al cirujano y llamar por ayuda mientras la enfermera comenzó a tomar la presión arterial de la inconsciente mujer. Apartándose del camino, Anahi miró con horror cuando el doctor cortó la chaqueta y las ropas de la joven mujer quitándolas de su cuerpo. Todo parecía estar cubierto con sangre, especialmente los pantalones. Un viejo doctor llegó al lugar, su cabello despeinado del sueño.
¿"Qué tenemos?"
"Golpe y fuga. Se compone de fracturas de ambas tibias y peronés, Doctor Maise", el joven doctor explicó.
"Probables lesiones internas también. Quienquiera que la golpeó iba rápidamente."
"Haga que ellos preparen OR 2. El tipo de sangre y análisis para coincidir seis unidades de sangre y busquen a los doctores Gannon y Marks para operar." El resto de la conversación fue perdida por Anahi cuando puso las manos en sus bolsillos y sintió la fría cartera metida adentro. Abrió la delgada cartera, sorprendida en la carencia del contenido. No había fotos, ninguna tarjeta de crédito, incluso ninguna licencia de conductor. Una tarjeta azul de la biblioteca identificaba a la víctima como Dulce Espinoza y decía su dirección como calle Morris. Una tarjeta de Seguridad Social y una tarjeta de una cuenta en efectivo de Money Slasher eran las únicas otras partes de su identificación. Abrió el compartimiento del velcro adentro y encontró dos boletos de autobús, una llave de casa, y doce centavos. No había nada más. Bien, por lo menos tenían un nombre y dirección para avisar, pensó mientras caminó hacía el escritorio de la enfermera a cargo. Cuando se acercó, oyó a dos mujeres detrás del escritorio hablando.
"Parece una indigente para mí. Regístrala como Jane Doe... Déjame ver..." Arrastró los papeles sobre el escritorio. "... número 77. Una vez que ella esté fuera de peligro la trasladaran al Memorial de todos modos."
"Disculpe," Anahi interrumpió. "Ella fue golpeada por un auto y gravemente lesionada. ¿Por qué ellos la trasladarán a otro hospital?"
"Mire Srta", dijo la enfermera a cargo, que en su placa simplemente se leía señora Garrison. "Este hospital está por mandato del estado de New York para proporcionar todo al que venga aquí que necesite asistencia médica urgentemente. Una vez que no corran peligro de morir por sus lesiones, tenemos que trasladarlos a otro hospital que no han llenado su requerimientos para los indigentes."
¿"Requerimientos para los indigentes?"
"Nosotros estamos requeridos a proporcionar el cuidado completo para cierto número de indigentes, en no estimar el costo de cada año. Ya hemos cubierto este requisito. Es obvio que ella no tiene dinero y muy probablemente ningún seguro. Ahora la están llevando a cirugía, intervención quirúrgica que probablemente nunca pagará. Este hospital no funciona solo de buenas intenciones. Si no tiene capacidad para pagar, será trasladada al Memorial. No han cumplido sus obligaciones este año."
La mujer de cabello oscuro entendía las implicaciones... si no se tenía ningún seguro, no permanecería en el mejor centro médico de la región. "Pero ella tiene seguro," Anahi dejó escapar, su decisión tomada. "Quiero decir... la conozco. Es empleada mía."
¿"Ella tiene seguro?" La enfermera Garrison preguntó incrédula. "Srta., estamos a veinte bajo cero allí afuera con el viento helado. Estaba corriendo por ahí con una primaveral chaqueta que parecía que fue tomada de la basura. El fraude del seguro es un crimen en Nueva York. ¿Dónde está su tarjeta del seguro?"
"No, estoy diciéndole a usted que ella tiene seguro. Mire," Anahi metió su mano dentro de su chaqueta y sacó su pequeña cartera de tarjetas de visita. "Soy Anahi Puente, presidenta y CEO de Puente Corporation." Rápidamente bajó la mirada a la tarjeta de la biblioteca en su mano. "La Srta. Espinoza acaba de comenzar a trabajar para nosotros. No ha habido tiempo para que ellos expidan su tarjeta pero juro que ella tiene seguro a través de mi compañía. ¿Ahora hay algún formulario o algo que tenga que firmar para autorizar esto?"
Ahora se daba cuenta que pudo haber incurrido en una equivocación, la enfermera a cargo dio marcha atrás. Ella estiró su brazo y agarró uno de varios sujetapapeles ya instalados con una pluma inmovible y formas múltiples. "Llene las secciones del uno al diez dentro de sus posibilidades. ¿Usted sabe cómo entrar en contacto con sus familiares?"
"Uh, no... estoy segura que la información está en la oficina en alguna parte. Puedo llamar para eso mañana."
"Bien." La enfermera volteó para dirigirse a su compañera de trabajo. "Cambia la tabla para Jane Doe77. Su nombre es..." Miró de nuevo a la alta mujer inquisidoramente.
"Dulce Espinoza."
"Dulce Espinoza," la enfermera Garrison repitió, como si la enfermera más joven no lo hubiera oído la primera vez.
Anahi se alejó del escritorio de recepción y se desplomó en una de las sillas de vinilo anaranjadas para completar la poca información que sabía e instalarse para la larga espera.
Durante las tres horas de cirugía Anahi estaba muy preocupada. No había tenido noticias de la joven mujer que había golpeado y la falta de conocimiento ponía los nervios de la ejecutiva en el borde. ¿Y si murió? Anahi se estremeció en el pensamiento. Entonces otro pensamiento llegó a su mente. La luz del día llegaría pronto y el daño obvio en el frente de su auto sería evidente. Evidentemente significaría preguntas, preguntas que no quería contestar. Caminó al teléfono público. La mujer que siempre concedía favores ahora necesitaba uno. Anahi marcó el familiar número. En el tercer timbrazo, una voz masculina llena de sueño contestó.
"Tú, es mejor que tengas una buena razón de mierda para despertarme."
"Ucker, soy Any."
¿"Any?" El tono cambió inmediatamente. "Hey Cuz, ¿qué pasa?"
"Yo necesito..." tragó. "Necesito un favor."
"¿Tu conseguiste que ese idiota concediera la transición?"
"Eso está en la bolsa. Escucha Christopher, esto es importante." Oyó el sonido de un encendedor cuando su primo encendió un cigarro en un intento de despertarse completamente. "Necesito que vengas a recoger mi auto y me dejes otro."
"¿Desde cuándo me convertí en tu servicio privado de remolque de coches?"
"Desde que tuve que pasar una noche afianzando tu trasero saliendo con ese imbécil de Grace," gruñó. "Está en el estacionamiento de emergencias en el Centro Médico de Albany. Coloca el otro auto en el estacionamiento general y tráeme las llaves a la sala de espera de emergencias. Christopher, tienes que hacer esto ahora. No puedo esperar hasta mañana." Sabía que el costo de pedir el favor compensaría mucho el actual favor pero a veces era justo la manera que debía ser. Por lo menos sabía a quién avisar cuando necesitaba hacer algo discretamente. Su primo preferido no era nada si no cuidadoso.
"¿Sala de emergencias? Any, ¿tú estás bien?"
"Calma, Ucker. Despertarás a Agnes. Sí, estoy muy bien, solo muy conmocionada." Miró en su reloj. "Realmente necesito que vengas aquí y te lleves el auto."
"Está tu auto manejable o lo envolviste alrededor de un árbol?"
"El parabrisas y el frente están hecho añicos. Tu mejor lo conduces un par de calles y después lo pones en una grúa."
"Caramba, no pides mucho, ¿no es así? Sabes que tendré que conseguir a John para ayudarme? No puedo conducir una grúa y un auto de repuesto."
"Pon el repuesto en la grúa, entonces no necesitarás otro conductor, solo haz esto ahora." Colgó y volvió a la silla que había estado haciendo su trasero incómodo por las últimas tres horas. Recogió la revista del cuarto mes de People y había justo empezado a hojearla cuando el Doctor Maise entró en el cuarto.
"Espinoza. ¿Hay alguien aquí para Espinoza?" Él preguntó en voz alta, aunque Anahi era la única persona en el cuarto.
"Aquí." Se levantó rápidamente. "¿Cómo está ella?"
"Tan bien como puede estar en su estado, supongo. Está descansando ahora. ¿Es usted familiar?"
"Uh... no, soy su jefa."
"Oh... ¿pudo usted ponerse en contacto con su familia ya?"
"No todavía. Mi secretaria está trabajando en eso," mintió. "¿Cómo está?"
"Bien, ambas piernas estaban seriamente fracturadas y había una muy fina fractura en su cráneo, muy probablemente al golpearse con el coche. Con excepción de raspones y un corte profundo en su cara que requirió varias puntadas, no había mucho más. Ninguna lesión interna de todos modos. Ella vivirá, pero pasará un buen tiempo antes de que pueda volver a trabajar, estoy seguro." Él se quitó sus lentes y los limpió con la esquina de su chaqueta. "Diría que probablemente unos tres meses para que las piernas se curen, entonces quizá tres a seis meses de terapia física."
"Oh Dios." Anahi se sentó nuevamente, incapaz de creer que en una fracción de segundo le había arruinado la vida a alguien más por quién sabe cuánto tiempo.
"¿Usted vio el accidente?" Él preguntó, sacándola de sus pensamientos.
"Uh, no, yo no," dijo, rogando que Christopher no se hubiera quedado dormido y estuviera en camino con la grúa y un auto de repuesto.
"Bien, quienquiera que haya sido golpeó a esa pobre chica duramente. Probablemente algún borracho que incluso probablemente ni se dio cuenta que la golpeó."
"Probablemente," repitió.
"Bien, si usted me disculpa, necesito ir a vigilarla." Él salió de la sala de espera. Lo vio alejarse, entonces se hundió nuevamente en la silla anaranjada. La mujer, Dulce, viviría. Suspiró aliviada por eso, pero la culpabilidad todavía pesaba fuertemente sobre ella. En un breve momento había destruido las piernas de la joven mujer, en su mente posiblemente la Srta. Espinoza quedara lisiada de por vida.
*****
El cielo seguía estando oscuro cuando Anahi cerró los ojos, el cansancio amenazaba reclamarla. Minutos más tarde ellos se abrieron otra vez cuando su nariz fue atacada por el olor de lejos de demasiada colonia barata. "Any."
"Hola Ucker," dijo con cansancio cuando él se sentó en el asiento a su lado. "¿Te ocupaste de eso?"
"Todo hecho," dijo orgullosamente, extendiéndole un juego de llaves. "Mazda Azul. Tercer nivel, placas del distribuidor. No hay perdida."
"Gracias."
"Seguro. Siempre feliz de hacerle un favor a mi prima preferida." Sonrió, mostrando los dientes que eran demasiado blancos para ser verdaderos. "Y bien, ¿qué hiciste? ¿Golpeaste a alguien?"
"¡Cállate!" Susurró apretando los dientes, sorprendida de la cantidad de estupidez que su primo parecía poseer.
"Lo siento." Levantó sus manos en un apaciguador gesto. "Caramba, ¿es tú tiempo del mes o algo así?"
"Gracias por ocuparte de eso, Christopher. Ahora hazme un favor y asegurarte de que el Porsche sea llevado a mi casa. Colócalo en el garaje. Haré que Hans vaya y lo arregle."
"No entiendo por qué no lo llevas, podrías tener a Michael trabajando en él. Sabes que es el propietario..."
"Michael posee una representación de Toyota. Trabaja en autos de veinte y treinta mil dólares, no Porsches. Hans es el mejor mecánico que conozco. Solo asegúrate de que esté puesto en el garaje, fuera de la vista. Mueve el jeep si necesitas el lugar."
"Bien," suspiró, sabiendo que nunca ganaría la discusión. Echó un vistazo por algo que ocupaba su interés.
"¿Qué es?" Cuestionó, mirándolo mordazmente y entonces a la puerta.
"Tú no vas a decirme por qué estás aquí o por qué tu auto está todo destrozado, ¿no es así?"
"Ucker, lo que sucedió a mi auto o por qué estoy aquí, es mi asunto, justo como donde todos los beneficios del autolavado vayan es tu negocio. ¿Lo entiendes?"
"Lo entiendo." Sabía que era mejor mear lejos de su prima, sabiendo perfectamente bien cómo de volátil ella podía ser a veces. Se levantó. "Sabes mi número si necesitas algo."
"Si." Abrió la revista People y miró a través de las páginas, eficazmente despidiéndolo. Esperó hasta que salió por la puerta antes de dirigirse a la estación de enfermeras a preguntar sobre la condición de la joven mujer.

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:07 pm

*****
Anahi salió al deprimente gris de otro día. La nieve había parado y ahora las calles estaban llenas de gente que intentaba una forma de pasar a través de la nieve congelada. Metió la mano en su bolsillo y sacó la tarjeta de la biblioteca. Morris Street. Intentó imaginar donde estaba la calle en referencia al hospital. Seguro que no estaba lejos y que podría encontrarla sin un mapa, Anahi se dirigió hacia el garaje de varios niveles del estacionamiento.
El pequeño auto azul estaba estacionado justo donde Christopher había dicho que estaría. La mujer de cabello oscuro lanzó su maletín en el asiento del pasajero y dobló su largo cuerpo dentro del pequeño espacio del asiento del conductor, agachándose hasta que encontró la palanca que permitió que empujara el asiento atrás de modo que sus rodillas no besaran su barbilla. Tuvo que girar la llave varias veces antes de que el 323 pudiera chisporrotear a la vida. Anahi bombeó la gasolina en varias ocasiones hasta que el viejo auto parecía dispuesto a continuar por el mismo. "Christopher, tú, idiota," juró que le daría una paliza como excusa por el vehículo, lentamente lo sacó del estacionamiento y lo dirigió hacía la rampa.
Anahi tomó a la izquierda del garaje del estacionamiento y condujo sobre la avenida New Scotland hacia el parque. Condujo dos calles antes de que la señal de la calle que estaba buscando apareciera. Como pensó, Morris Street era de un solo sentido, por supuesto en la dirección contraria del camino que quería ir. Un rápido giro sobre Madison y otro en Knox la puso en el otro extremo de la calle y finalmente pudo subir por la estrecha calle.
Morris Street fue una vez el hogar para doctores y familias ricas pero hacía mucho que había cambiado a una calle conocida únicamente por los esporádicos conductores que pasaban de largo y las cucarachas que algo más. Las casas estaban abarrotadas firmemente juntas, normalmente con menos de un pie entre ellas. Anahi aparcó sobre el único espacio abierto que encontró, no haciendo caso de la salida contra incendios rojo que estaba prominentemente situado sobre la rota acera. Anahi agarró su maletín del asiento al lado y salió del auto.
Brevemente pensó en cerrar el montón estropeado pero decidió que no valía la pena el esfuerzo. Si un ladrón quería luchar para conseguir que funcionara, eso estaba bien para ella. Subió sobre el banco de nieve y echó un vistazo al el número de la casa. A la mayoría de los edificios les faltaba uno o ambos dígitos pero finalmente encontró el lugar que Dulce Espinoza llamaba hogar...
Anahi subió los desvencijados y resbaladizos escalones hasta que llegó al exterior de la puerta que conducía al primer y segundo piso de apartamentos. Una mirada a los tres buzones montados en la pared mostró que Dulce vivía en el apartamento del sótano. Sacó del pequeño buzón de correo las cartas que había y dio un paso atrás sobre la plataforma. Maldiciendo en el pensamiento de bajar las escaleras cubiertas de nieve otra vez, la mujer de cabello rubio puso la enguantada mano sobre el inestable metal de los pasamanos y lentamente regresó al nivel de la calle. Debajo de las escaleras encontró una puerta que la mayoría de su pintura había desaparecido. Una pequeña tarjeta pegada al cristal decía simplemente "Espinoza". Anahi golpeó varias veces pero no recibió respuesta. Quizás la joven mujer vivía sola. Metiendo la mano en su bolsillo, sacó la llave de la gastada cartera deportiva y la introdujo en la cerradura montada adentro en la manija de la puerta. Tomó algunos intentos pero finalmente la cerradura giró, permitiéndole a la ejecutiva entrar al pequeño apartamento.
Decir que Dulce vivía en miserable pobreza habría sido amable. El primer cuarto en el que Anahi entró era muy probablemente la sala, aunque nadie habría sabido de los muebles. Una silla de jardín a la que le faltaban varias tiras estaba colocada en el centro del cuarto, libros marcados "Albany Public Library" apilados junto a esta. Ése era el alcance del mobiliario. Ni un solo cuadro o póster colgaba en las paredes. No era que una docena de cuadros hubiera hecho la diferencia. El yeso viejo, desmigajado había desaparecido en varios lugares, mostrando las secas salidas tablillas debajo. El techo estaba en un estado similar de deterioro. Las manchas amarillentas por el agua formaban accidentados círculos y en varios lugares este cedía visiblemente. Anahi dudó que pasara mucho tiempo antes de que el techo comenzara a derrumbarse. El apartamento estaba extremadamente frío y una rápida comprobación del termóstato demostró por qué. El polvo se había colocado en el marcador, indicando que la temperatura no había sido cambiada en bastantes horas. Fue establecido en treinta pero con las ráfagas que venían de las viejas ventanas el cuarto se sentía más como diez. Dejó su maletín en la desvencijada silla, entonces metió la mano en su bolsillo y sacó las dos cartas que había tomado del buzón de Dulce. La primera era nada más que propaganda postal anunciando que si el número ganador igualaba con el que estaba en el sobre que "Inscrito a Esponoza" sería el ganador de once millones de dólares. La otra carta era un sobre amarillo de la compañía de luz. Aunque sabía que no debía, Anahi deslizó una muy manicurada uña bajo la esquina y la abrió. Como había sospechado, era un aviso de desconexión. La metió en la parte trasera de su bolsillo y se dirigió hacia el dormitorio, esperando encontrar una agenda de direcciones o algo que indicara a quién debería avisar que la joven mujer estaba en el hospital.
El dormitorio era justo tan revelador como la sala. Una pequeña cama estaba empujada contra la pared y una silla plegada servía como un improvisado tocador. Un par de jeans que hacía mucho habían visto sus mejores días e igualmente desgastadas sudaderas componían el pequeño apilado de ropas junto con algunos pares de calcetines que parecían más como queso suizo que calzado. Una minuciosa búsqueda, no que esto tomara mucho esfuerzo, faltaba revelar alguna agenda de direcciones u otros artículos personales. Ni una carta de un amigo, ninguna fotografía, nada que indicara que Dulce conocía a alguien... o que alguien conocía a Dulce.
El cuarto de baño fue solo otra deprimente parada en el recorrido de Anahi. El botiquín contenía un casi vacío tubo de desodorante y un aplastado tubo de pasta dental, ambos luciendo el nombre de la marca de Money Slasher. Dos tampones situados en el mueble del retrete junto con un rollo medio vacío de papel de baño. Una gastada toalla estaba cubierta sobre el borde de la tina y tres pares de ropa interior hecha andrajos colgaban sobre el tubo de la ducha. "¿Cómo lo haces tú para vivir así?" Preguntó en voz alta mientras giraba dejando el pequeño cuarto de baño. Mientras lo hacía, notó el único artículo que previamente había pasado por alto antes. Encajonado entre la tina y la pared una pequeña caja arenera. "Bien por lo menos no estás sola." Como si hubiera oído la frase, un anaranjado y blanco gatito de no más de cuatro meses vino corriendo al cuarto de baño, maullando bastante fuerte para anunciar su presencia. "Hola allí."
"¡Mrrow!" Anahi se inclinó para acariciarlo pero el gato salió hacia la cocina. "Ven aquí. No voy a lastimarte."
"¡Mrrow!" El gato permaneció en la entrada de la cocina, negándose a acercarse. "Bien, será de esa manera, veremos si te doy algo." Pasó al lado del gatito y entró a la cocina, deseando rápidamente que no lo hubiera hecho.
La cocina era un viejo modelo de gas que probablemente fue bastante eficiente en los tiempos de su abuela. Una pequeña sartén para freír y una cafetera situados encima mientras una bien usada lamina para galletas yacía dentro del horno. Abrió un cajón y dio un paso atrás cuando varias cucarachas corrieron alrededor, intentando furtivamente regresar dentro de la oscuridad. Cerró el cajón rápidamente, pero no antes de notar el único juego de cubiertos que este contenía. El refrigerador contenía una botella de leche de plástico que había sido llenada con agua, la mitad de un frasco de mayonesa, una barra de margarina, y una casi vacía botella de ketchup. Cuando Anahi alcanzó la puerta del armario, sus piernas fueron rápidamente rodeadas por el ansioso gato.
"Meow, meow, ¿mrrrow?" Efectivamente, el armario tenía dentro una caja medio vacía de comida para gatos de Money Slasher y una caja de macarrones. "Mrrow, ¿meow?"
"Ok, Ok, entendí la indirecta," dijo, sacando la caja. El anaranjado y blanco gato correteaba sobre su tazón, esperando sin demasiada paciencia que la alta humana le diera de comer. "¿Cuánto comen los gatos de tu tamaño, pues?"
"¿Mrrow?"
"No importa." Sirvió el seco alimento en el tazón hasta que llegó al borde. "Aquí tienes, eso debe entretenerte por un rato." Miró el cuenco del agua. "Supongo que quieres un poco de agua también, ¿su majestad?" El gato estaba demasiado ocupado comiendo abajo para responder. Anahi llevó el cuenco al fregadero y tiró la restante agua antes de girar el grifo. Un horrible sonido vino de las tuberías y rápidamente lo cerró. "Parece que tu conseguiste el agua del refrigerador." Dejó el cuenco en el piso al lado del tazón de la comida y estaba a punto de continuar su búsqueda cuando oyó golpes en la puerta.
"Espinoza, sé que estás allí adentro. Te oí abrir el agua." Una enojada voz en el otro lado de la puerta gritaba. "¡Es el tercero ya y quiero mi puto dinero del alquiler ahora!" Golpeó otra vez. "Maldición, estoy enfermo de tu lloriqueo sobre tu minúsculo cheque. Si tú no puedes permitirte este lugar entonces tu nunca debiste haberte mudado aquí... ¡Maldición pedazo de basura!"
La puerta fue abierta de golpe para revelar a un corpulento hombre que apestaba a alcohol a pesar de la hora temprana de la mañana. "¿Quién mierda es usted? Le dije a ella que los compañeros de cuarto costaban extra."
"¿Cuánto le debe ella?" Anahi preguntó, intentando muy difícilmente mantener su mal humor controlado.
"Cuatrocientos cincuenta. Seiscientos si descubro que está viviendo aquí también," gruñó. "¿Y quién mierda es usted?"
Anahi no contestó, en lugar de eso fue a la silla y revolvió su maletín hasta que encontró su chequera.
"¿Cuál es su nombre?"
"¿Qué le pasa a usted?"
"Si usted quiere que sea pagada la renta, necesito un nombre para endosarlo en el cheque... ¿o puedo yo solo poner la palabra estúpido pedazo de burro?"
"No tomo cheques de mierda. Ellos siempre botan."
"Garantizo que éste no botará. Déme su nombre."
"Cecil Romano, pero no aceptaré ningún cheque de mierda."
"¿Ha oído de Puente Corporation?" Preguntó mientras llenaba varias partes del cheque.
"Por supuesto, ¿y quién no?"
"Bien, Soy Anahi Puente. Este cheque es de mi cuenta personal. Si usted quiere su dinero de la renta yo le sugiero tomar este." Entregó el cheque. Cecil lo miró cuidadosamente, seguro que era un engaño.
"Necesito la identificación."
"Bien. ¿A usted le gustaría ver mi licencia de manejo o alguna importante tarjeta de crédito?" Preguntó, alcanzando el maletín y sacando su cartera. En ese momento el anaranjado y blanco gatito decidió salir y ver que era todo ese escándalo.
"¿Qué mierda es eso?"
"A mí me parece un gato. Dígame, ¿es usted capaz de formar una oración completa sin la palabra mierda en ella?"
"Le dije a ella no mascotas. No mascotas significa ninguna mascota de mierda. No mascotas, no compañeros de cuarto, no... quienquiera que usted mierda sea." Dobló el cheque y lo guardó en su bolsillo. "He tenido suficiente. desde el pequeño ruido en las tuberías, en la falta de pintura en las paredes y ahora esto. Cuando usted vea a la pequeña perra le dice que la quiero fuera de aquí antes del fin de semana. Ella y esa pulgosa cosa peluda pueden ir a vivir al banco de nieve no me importa."
"Bien. Veré que sus cosas sean sacadas de aquí inmediatamente. ¿Supongo que usted es el propietario de la vieja cocina y refrigerador de hace cientos de años?"
"Maldita sea claro que soy el propietario. Soy el propietario de esa cama en la que ella duerme también. Estaba supuestamente queriéndomela comprar por cincuenta dólares pero no la he visto todavía."
"Bien, ahora usted no ganará. Usted puede conservarla." Metió su cartera y chequera nuevamente dentro de su maletín. "¿Hay algo más o siente la necesidad de continuar asaltándome con su apestosa respiración?"
"No doy una mierda por usted, no puede venir a mi casa y hablarme de esa manera," gruño. "Solo asegúrese de que el lugar esté en las mismas condiciones que cuando ella se mudó o no conseguirá su garantía devuelta."
"Dudo que usted la regresaría de todos modos" Anahi contrarrestó. "Después de todo, usted es el epitome de un señor de los cuchitriles."
"Mejor toma a ese maldito gato con usted cuando se vaya o yo retorceré su cuello de mierda y lo tiraré en el banco de nieve." Salió dejando la puerta abierta, dejando que el frío aire se mezclara con el frío aire ya dentro del apartamento. "Y asegúrese de que ella reexpida su correo de mierda," gruñó cuando cerró de golpe la puerta.
Anahi volteó y frotó su frente.
"¿Meow?"
"Bien, supongo que tendré compañía por algunos días, ¿huh?" Dijo, sentándose en el vacío piso al lado del gato. "Quisiera saber tu nombre. Eso es mucho más fácil que llamarte 'gato' todo el tiempo."
"Mrrow," el gatito respondió, subiéndose en el regazo de la mujer de cabello oscuro. Anahi permitió que el ronroneante felino permaneciera por algunos minutos mientras intentaba pensar bien justo qué sucedió. Había solamente querido investigar a quién contactar para dejarles saber que Dulce estaba lastimada y terminó por conseguir que echaran a la joven mujer de su casa. No que fuera mucho una pérdida, considerando las condiciones en las que vivía. No importa, decidió. Su primo Danielle, encargado de Puente Properties, lo solucionaría seguramente allí había un apartamento accesible disponible en el cual podrían poner a Dulce. "Algo con paredes verdaderas," murmuró, mirando que el plato de comida era del tamaño del agujero en la pared opuesta. "Ok gato, hora de moverse." El gatito objetó ruidosamente pero finalmente accedió cuando la alta humana se levantó. "Vamos a conseguir juntar las cosas de tu mami y sacarte de aquí y meterte a algún lugar cálido."
Mover las pertenencias de Dulce fue fácil, especialmente cuando Anahi decidió que las únicas cosas que tenían que salir del decrépito apartamento eran los libros de la biblioteca y el talonario de cheques que encontró en el cajón de la cocina. La gastada ropa, el inservible mueble... decidió que para cuatro cientos cincuenta dólares Cecil podría limpiarlo el mismo. Metió el talonario de cheques en su maletín los libros de la biblioteca bajo su brazo, y del gato dentro de su chaqueta, Anahi dejó el apartamento, no molestándose en cerrar la puerta.
*****
Dulce abrió los ojos y miró alrededor, gimiendo de dolor y se dio cuenta de donde estaba. Una joven pelirroja enfermera levantó la mirada y sonrió. "Buenos días, Srta. Espinoza. Mi nombre es Mary." Sacó un termómetro digital de su bolsillo, colocó una funda protectora sobre la punta, y la puso en la boca de Dulce.
"Usted tuvo un muy grave accidente." Envolvió el puño de la presión arterial alrededor de la parte superior del brazo de Dulce y presionó su estetoscopio contra el interior del codo de la joven mujer. El termómetro pitó y Mary lo retiró comprobando la lectura. "Bien."
"Disculpe..." Dulce inhaló agudamente mientras la enfermera hacía anotaciones en su tabla. Se sentía atontada pero asustada al mismo tiempo. "Qué... ¿qué sucedió?"
"Usted fue golpeada por un auto ayer por la noche. Fue muy afortunada que su jefa pasara cerca y la viera. Ella la trajo al hospital."
¿"Mi jefa? ¿Kim me encontró?"
"Oh, no sé su nombre, querida. No estaba aquí ayer por la noche. Trabajo en el turno de día."
Cuidadosamente limpió la piel alrededor de la ordenada hilera de puntadas en la mejilla de Dulce. "Usted estuvo en cirugía durante bastante tiempo y está en el cuarto de recuperación ahora mismo. Solo necesitamos asegurarnos de que esté estabilizada y entonces será llevada a su cuarto."
"¿Mis piernas?" Intentó incorporarse pero eso solamente sirvió para incrementar el intenso dolor que sentía en sus extremidades inferiores.
"Ambas piernas estaban quebradas. Los cirujanos trabajaron durante horas ayer por la noche colocando los huesos de nuevo en su lugar."
"Esto duele." Dulce levantó su cabeza para ver el desolador blanco del yeso llenar las piernas.
"Le están dando algo para el dolor en su intravenoso," la enfermera dijo. "Le haré saber al doctor que usted está despierta."
En cuanto la enfermera salió del cuarto, Dulce se echó a llorar. Su cara y costillas dolían pero no era nada comparada a la terrible agonía de cómo sus piernas estaban. Incluso no quería pensar en la cuenta del hospital, que sin duda aumentaba con cada hora que pasaba allí. Estiró su brazo para servirse una taza de agua de la jarra de plástico colocada al lado de la cama pero el movimiento causó tanto dolor que no pudo terminar su tarea. Lo que sea que le estaban dando para el dolor también le estaban haciendo sentir los miembros sumamente pesados y no tomó mucho tiempo para que Dulce cayera nuevamente dentro de un inquieto sueño.
*****
Anahi tiró del Mazda dentro de su camino de entrada y lo estacionó al lado del garaje. Para su gran molestia, quitar la llave del encendido no apagó el motor. En su lugar el coche azul continuó chisporroteando y resoplando durante un minuto después finalmente murió. "Bien, Gato. Pienso que es seguro decir que el lugar siguiente que irá este pedazo de mierda será el depósito de chatarra."
"¿Mrrow?" El felino respondió cuando intentó subirse sobre el regazo de la alta mujer.
"No no no. Este no es tiempo para mimos." Metió al gato debajo de su brazo y abrió la puerta. "Vamos, veamos si María puede encontrar algo en la cocina para que tu comas."
Cuando salió del auto con el gato en remolque, Anahi echó un vistazo sobre sus tres autos en el garaje. La puerta estaba medio abierta y a través de la media luna de la ventana vio su Porsche. Silenciosamente agradeció a su primo por ayudarle. El gato se retorció en su agarre. "Oh no tu no. No estaré recorriendo todo el vecindario en tu búsqueda."
Annie abrió la puerta deslizable y entró en la cocina. Una vez dentro puso al anaranjado y blanco gatito en el suelo. "¿María? ¿María estas aquí?" Las llaves del auto azul fueron lanzadas sobre la encimera.
"Estoy aquí," una voz desde la sala llamó.
"Tenemos compañía," Anahi dijo.
María era una vieja mujer trabajando en su trigésimo año con la familia Puente y era cercana y querida al corazón de Anahi. De mediana edad el cabello negro como azabache que tenía hace mucho tiempo le combinaba ahora con canas y se extendía a su regazo perfecto para que cada vez que llegara la joven niña viniera encima. María entró en la cocina. "No es bueno que estés fuera toda la noche, Annie," la regañó. "Si tu madre sabe..."
"No estaba fuera puteando por ahí, María," respondió, satisfecha con la impresionada reacción en la cara de la mujer mayor. Desabrochó su chaqueta y la lanzó sobre uno de los taburetes al lado de la plataforma de la cocina. "Tenemos algo aquí para alimentarlo?" Dijo señalando al gato.
"¿Mrrow?"
"¿Un gato?" Finalizó.
María bajó la mirada a los pies de Anahi para ver al anaranjado y blanco felino frotarse contra ella. "Oh mí Dios. ¿Tu trajiste a casa un gato?"
"No es un permanente arreglo. Él únicamente estará aquí por algunos días mientras que su dueña está en el hospital."
El ama de llaves se agachó y tomó ahora al ronroneador felino. "Odio decirte, Annie, pero él es ella. ¿Cuál es su nombre?"
"No lo sé. Llámalo gato por ahora."
"Hola dulzura, que linda gatita eres," María la piropeó, sosteniendo al feliz animal en su amplio pecho. "¿Te gustaría un poco de atún?" Llevó el gato a la despensa y sacó una lata. "Hmm, ¿no te parece esto rico?"
"No creo que él, quiero decir ella, alguna vez comiera atún antes. Creo que solamente come alimento seco."
"Oh... bien entonces." María puso la lata en la barra y dejó al gato suavemente en el suelo. "No es bueno llevarla directo de seco a enlatado. Sería bastante sabroso para ella. Puedo mezclarlos."
"No traje ninguno. Supongo que tendremos que conseguirle un poco de alimento."
"Bien, he hecho ya las compras esta semana pero si quieres saldré ahora. Puedo comenzar a hacer la comida cuando regrese." Limpió sus manos en su delantal y alcanzó sus tirantes.
"No, está bien. Saldré y traeré un poco de alimento para ella. Supongo que necesitamos una caja también."
"¿Cogiste un gato sin incluso conseguir una caja arenera? Annie, ¿qué es lo que voy a hacer contigo?"
"Bien, su caja estaba sucia y no estuve ni cerca de tocarla." Anahi protestó. "Mira, solo hazme una taza de café mientras tomo una ducha y me cambio. Luego saldré y compraré las cosas que el gato necesita."
"Te haré una lista. Conociéndote, conseguirás la caja y se te olvidará la arenera."
"Graciosa," vino la sarcástica respuesta, aunque de hecho ni había pensado en conseguir otras cosas para ponerla salvo en la caja cama. "Regreso enseguida. Intenta mantener a la bola de pelos fuera del sofá y lejos de las antigüedades, ¿Ok?"
*****
El centro comercial estaba abarrotado para una tarde de miércoles y Anahi terminó estacionándose al final de una hilera. Una rápida presión del botón en su control y las puertas azul brillante de la Jeep Cherokee se cerraron y una luz de advertencia sobre el salpicadero indicó que el sistema de alarma estaba activado.
Le tomó quince minutos hacer su recorrido alrededor del centro comercial hasta que encontró la tienda de mascotas. Una vez adentro, caminó hacía las estanterías hasta que encontró los suministros para gatos. Los percheros y estantes de todo desde falsos ratones y postes para arañar para morder y collares competían por su cartera. Anahi odiaba hacer compras y cuando la joven dependiente se ofreció para ayudarle a elegir las cosas para su nueva mascota, la mujer de cabello oscuro de buena gana aceptó. El resultado fueron setenta y cinco dólares del valor de la caja, el arenero, juguetes, el alimento, los catnip, y varios otros artículos que la joven chica insistió que eran necesarios para un feliz y sano gato.
Después de finalizar sus compras, Anahi fue al hospital para averiguar de Dulce. Ella no estaba para nada preparada para lo que vio. La sábana que cubría las piernas de la joven mujer contorneaba la completa longitud del molde. Un horrible aspecto de la hilera de puntadas rodeadas por un igualmente horrible aspecto de la contusión cubría una mejilla y secas huellas de las lágrimas destacaban mostrándose en su cara. Un intravenoso con varias bolsas colgando desde un lado, dando a la lesionada mujer los fluidos y los medicamentos para el dolor que ella necesitaba. Un catéter desaparecía debajo de la sábana. El corazón de Anahi dolía por el dolor en que Dulce estaba así como el dolor que estaría atravesando cuando se recuperara, sabiendo interiormente que su imprudencia detrás del volante era la única razón de que la joven mujer estuviera aquí. Como si sintiera su presencia, la cabeza pelirroja rojiza giró y dulces ojos se encontraron con ella. "Hola." Dijo educadamente, su voz un poco ronca.
"Hola Dulce. ¿Cómo te sientes?"
"Agradecida de estar viva supongo," refunfuñó, sus ojos se dirigieron sobre la jarra de agua. Anahi inmediatamente se acercó y sirvió un poco en un vaso amarrillo de plástico.
"Aquí." Le dio el vaso pero entonces rápidamente recuperó su agarre en él cuando vio la mano de la joven mujer temblar. "Déjame ayudar." Juntas consiguieron que la mitad del vaso bajara por la garganta de Dulce antes de que Anahi lo regresara a la pequeña mesa. "¿Recuerdas algo sobre el accidente?"
"No, no realmente. Yo estaba corriendo... algunos hombres me perseguían... yo escapaba del parque y salí corriendo a la calle... Es todo lo que recuerdo antes de despertar aquí."
"¿No recuerdas nada sobre el auto que te golpeó?" Anahi presionó. "El color, el tipo de auto, el conductor, ¿nada?"
"No, nada. Lo siento. ¿Es usted de la policía?"
"No." Por dentro Anahi suspiró con alivio. Dulce no podía recordar que sucedió. Con un poco de suerte ella podría arreglar esto.
"Oh, ¿entonces supongo que usted está aquí para hablarme sobre la cuenta?" Dulce preguntó, decidiendo que la hermosa, bien vestida mujer tenía que ser administradora del hospital, a pesar de usar un abrigo. Quizás estaba justo fuera de servicio, Dulce razonó.
"En realidad, necesito hablar con usted sobre eso pero..."
"Yo no tengo dinero," interrumpió. "No tengo niños, yo no califico para ningún programa." Dio un suspiro de derrota. "Le daré lo que pueda cada semana pero me temo que esto no serán más de cinco dólares." Se resignó a entregar su dinero del autobús para ayudar a pagar la increíble cuenta.
"No necesita hacer eso," Anahi dijo, sorprendida que alguien obviamente con poco o nada de dinero estuviera tan rápidamente tomando la responsabilidad financiera de la cuenta del hospital. "Quizá mejor me permite explicarle." Dulce asintió. "Mi nombre es Anahi Puente. Soy propietaria de Puente Corporation. Yo um... yo la encontré después del accidente y la traje aquí. Cuando me di cuenta que no tenía seguro, les dije que trabajaba para mí. Puente tiene un excelente paquete de beneficios incluyendo cobertura médica. Usted no tendrá que pagar un centavo por su asistencia médica, lo prometo."
¿"Usted? Pero ellos me dijeron que mi jefa..." La comprensión se instaló. "¿Usted les dijo que era mi jefa?"
"Sí."
"Oh." Dulce parecía reflexionar la información. "Así que en vez de deberle al hospital, ¿le deberé a usted?"
"No no no. Para el final del día su nombre será agregado a la lista del seguro. Lo tendré posfechado antes del accidente y estará cubierta."

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:08 pm

¿"Pero eso no es fraude?"
"No, solo si no trabajara para mí". ¿Maldición, por qué lo tenía que hacer tan difícil? ¿No podría solo aceptar que la cuenta sería cubierta? Anahi no podía entender por qué alguien que no tenía nada estaba cuestionando una buena cosa cuando le estaba siendo ofrecida. Quizá calculó mal solo por lo pobre que la joven mujer era. Necesitaba más información. "Dígame, ¿dónde trabaja ahora?"
“Yo..." Dulce bajó la mirada, claramente avergonzada. "Trabajo mediotiempo como cajera en Money Slasher. Debo decir que trabajaba mediotiempo. Estoy segura que ellos no conservaran el trabajo para mí hasta que pueda caminar otra vez."
"¿Tiene alguna habilidad? Quiero decir, ¿puede mecanografiar o tomar dictado o algo así?" La abatida mirada en la cara de la joven mujer contestó la pregunta. "Bien entonces, supongo que serás una auxiliar. Es un trabajo de nivel de entrada pero es mejor que empacar comestibles."
"Pero no puedo trabajar." Bajó la mirada a los moldes que cubrían sus piernas. "No puedo incluso caminar."
"El trabajo estará allí cuando estés lista. Hasta entonces, solo concéntrate en recuperarte." ¿Eso era tan simple, por qué estaba ella haciéndolo tan difícil? Anahi no previó eso.
"¿Señora Puente?"
"Es Srta., pero por favor llámame Anahi."
"¿Por qué está haciendo esto? Quiero decir, usted no me conoce." Después de una vida de estar braceando abajo metida en el fondo, un acto de tan gran generosidad era demasiado para que ella lo creyera. Tenía que haber algo más en esto. Todo tenía un precio fijo.
La mujer de cabello rubio pensaba rápidamente, corriendo a través de las historias que había inventado en su mente de camino aquí, desechándolas todas por ser tan pobres. "Supongo que solo quiero ayudar. Te vi tirada allí en la calle y reaccioné. La única manera de mantenerte aquí en el Centro Medico era decirles que tenías seguro y la única forma de darte seguro era hacerte una empleada. Dirijo una corporación grande que opera varias más pequeñas. Añadirte a la lista no es un gran reparto. Lo siento, yo no tengo una mejor explicación." La única otra explicación implicaría la verdad y Anahi no podía permitirse eso. "No te preocupes acerca de por qué estoy ayudando. Solo déjame hacerlo. Ahora ¿hay alguien a quien deba contactar para dejarles saber que estás en el hospital?"
"Um... Supongo que Kim debería saberlo para que ella pueda emplear a alguien más para mi espacio." Dulce dijo reservada, doliéndole la pérdida del trabajo que había trabajado tan duramente para conseguir. Era demasiado para que creyera que le estaba siendo ofrecido un trabajo con una compañía tan grande como Puente Corp. "Ella es la encargada de la noche en el Money Slasher en el centro. Tengo que devolver mi delantal para obtener mi último cheque."
"¿Era la cosa gris que usabas debajo de tu chaqueta?" Dulce asintió. "Me temo que el doctor en la sala de emergencias lo cortó en partes cuando estaban atendiéndote."
"Oh." Otra abatida mirada. "Ellos cargan ocho dólares por los delantales arruinados."
"No te preocupes por eso," Anahi dijo, no completamente entendiendo como importante era la pequeña cantidad de dinero para la joven mujer. Para Dulce, ésa era su asignación semanal para la tienda de comestibles, casi la mitad de la cual se iba en la comida para gatos. A través de su droga que la llenaba de neblina, un pensamiento llegó a ella.
"¡Tabitha!" Exclamó. "Oh mi dios, alguien tiene que ocuparse de Tabitha."
"¿Podría ser ese tu gato?"
"Sí, ¿cómo lo sabe?"
"Encontré tu llave en la cartera y fui a tu apartamento esperando encontrar un nombre o un número de alguien para contactarlo para ti."
"¿Usted la alimentó?" Su preocupación de que alguien estuviera bajando en su apartamento fue eclipsada por su preocupación sobre la única cosa que traía un poco de alegría a su vida.
"Sí lo hice," Anahi contestó cuando Dulce volvió la cabeza, dejando que un largo silencio se formara entre ellas. Una solitaria lágrima bajo de la mejilla de la joven mujer. "¿Hey, qué pasa? ¿Sientes dolor? ¿Necesitas que llame a la enfermera?" La mano de Anahi alcanzaba ya el botón de llamada.
"No," la joven mujer aspiró, limpiando la errante lágrima. "Es solo que..." Aspiró otra vez, "... si no estoy allí para ocuparme de Tabitha, ellos se la llevarán."
"No no no. Nadie estará llevándose a Tabitha lejos de ti. Lo prometo. De hecho, está en mi casa ahora mismo. Ella puede permanecer conmigo hasta que estés del todo estable." El corazón del Anahi se sacudió con el pensamiento de cómo había destruido fácilmente la vida de Dulce. En un movimiento le había costado a la joven mujer su trabajo, su hogar, y mucho más dolor que alguien merecía tener. Ahora estaba sentada allí, mintiendo para protegerse ella misma. "Juro que nadie estará llevándose a Tabitha."
"Yo... yo puedo extenderle un cheque para su alimento. No come mucho. Es muy amistosa." Las palabras rodaron fuera de la boca de Dulce y no hubo manera de que a la mujer mayor pudiera pasarle por alto la desesperación en su voz.
"No te preocupes sobre eso. Por favor, quisiera que te concentraras en mejorarte. Tabitha estará bien conmigo. Vivo sola, estoy segura que disfrutaré la compañía."
La mujer de cabello rubio estaba por decir algo más cuando los firmes golpes en la puerta provocaran que ellas voltearan. El corazón de Anahi saltó latiendo en la vista del uniforme azul y la brillante placa. "Disculpen señoras. Estoy aquí para tomar un informe sobre el golpe y fuga de ayer por la noche." Entró y sacó una pequeña libreta del bolsillo de su camisa. "Usted es Dulce Espinoza, ¿correcto?" Continuó sin esperar por una respuesta. "Ahora, ¿entiendo que esto sucedió en la avenida Madison alrededor de medianoche?"
"Creo que eran más de las doce treinta," Dulce dijo.
"Sí, doce treinta," él repitió. "Ahora hay algo que usted puede decirme, ¿cómo la marca y el modelo del auto que la golpeó, el número de la placa, el color?"
"No, nunca lo vi." Giró su cabeza hacía Anahi. "¿Usted recuerda?"
"¿Usted estaba allí también?" El oficial preguntó. Nadie le dijo que hubo algún testigo.
"Yo um... yo debo haber llegado allí justo después del accidente. No vi a nadie."
"Eso seguro era un infierno de una tormenta anoche. ¿Qué estaba haciendo fuera tan tarde, Srita...?"
"Puente, Anahi Puente. Tuve una cena de negocios con el Comisionado Grace en Sam's y estaba dirigiéndome a casa."
"Puente, ¿cómo los autolavados Puente´s?"
"Sí, entre otras propiedades," contestó, molesta que después de todo su duro trabajo la parte más conocida de su compañía fuera el estupido autolavado del primo.
"Bien... entonces;" Giró su atención de nuevo a la víctima en la cama. "Supongo que es bastante afortunada en haberla tenido a ella para encargarse de usted. Parece que la golpearon bastante bien. Probablemente un conductor borracho. Difícil de creer que el bastardo no tuvo las agallas para quedarse y asegurarse de que usted recibía ayuda pero supongo que todo lo que importa es que usted está viva."
"Sí, fui muy afortunada que la Srta. Puente apareciera cuando ella lo hizo. Quién sabe cuánto tiempo estuve allí."
"Bien, si puedo solo conseguir su dirección y número de teléfono para el informe, estaremos estableciendo todo. Tengo que decirle que no hay mucho por hacer así que no le daré esperanzas. A menos que ese individuo sea bastante tonto para conducir por ahí con toda la parte delantera dañada y admitir que estaba en Madison anoche, no hay mucho realmente que podemos hacer."
"Entiendo," Dulce dijo reservada. No esperaba que ellos encontraran al hombre que la golpeó. "No tengo un teléfono pero mi dirección es calle Morris 98." Las emociones encontradas de Anahi entre el alivio de tener un policía tan desinteresado en investigar el accidente y la culpabilidad en el hecho de que mentía para proteger su propia piel a expensas de la paz mental de Dulce.
"Bien, supongo si hay alguna cosa que pasé por alto, nosotros podemos encontrarla aquí. Por el aspecto de sus piernas no pienso que usted vaya a alguna parte por un rato." Anahi se erizó por el comentario pero a Dulce pareció no afectarle.
"Gracias," la joven mujer dijo. El policía volteó hacia la puerta y vio a un amigo suyo caminando por el pasillo.
"Hey John, espera. Señoras, gracias. Estoy seguro que tengo todo lo que necesito ahora mismo." Salió antes de que cualquiera de las dos pudiera responder.
"Ellos no van a encontrarlo, usted sabe," Dulce dijo silenciosamente. "Sé que la vida no es como en la televisión. Incluso no saben qué clase de auto buscar." Se movió levemente, gimiendo por el dolor que ahora era su compañero constante. "No importa de todos modos," suspiró. "El daño está hecho. Incluso si lo encontraran no haría que mis piernas se curaran más rápidamente."
Anahi no sabía qué decir y estaba agradecida cuando entró la proveedora de la televisión. "Buenas tardes señorita..." Miró su portapapeles. "¿Le gustaría encender su TV?"
"No gracias," Dulce dijo rápidamente.
"¿Por qué no?" Anahi preguntó, aunque estaba segura que sabía la respuesta.
"No me gusta la televisión."
"Huh Uh." La mujer de cabello oscuro volteó hacia la proveedora. "Volteé ésta y déjela encendida mientras la Srta. esté aquí."
"Son tres dólares por día, veinte dólares por semana."
"Bien." Anahi recogió su maletín del piso y sacó su cartera. "Aquí tiene." Le dio a la mujer de la televisión dos de veinte.
Hizo una anotación en su portapapeles, entonces extendió el brazo detrás de la TV y abrió el sujetador de la caja. Algunos segundos después el televisor tarareó a la vida con la Juez Judy gritando en el acusado en su sala de juicio en el programa de moda.
"Ya está, ahora tendrás algo que te ayude a pasar el tiempo," Anahi dijo después de que la proveedora saliera.
"Usted no necesita hacer eso," Dulce contestó, sintiéndose muy incómoda. "Habría estado bien sin eso. Estuvo en mi apartamento. Sabe que no poseo una TV." Suspiró. "Además, lo que sea que ellos me están dando para el dolor me cansa. No sé cuánto estaría viéndola. Por supuesto que no veinte dólares."
"Vamos a hacer un trato aquí, ¿Ok? Necesitas ayuda y quiero ayudar. La televisión está pagada ahora. Puedes aceptarla y disfrutarla o puedes dejarla apagada y mirar fijamente una pantalla en blanco todo el día."
El ruido de la televisión interrumpió su conversación. "... Y si usted piensa por un minuto que creeré que algún extraño se metió destrozando su apartamento y robó todo lo que pertenecía a su compañero de cuarto aquí y dejó todas sus cosas entonces usted es un completo imbecil. No nací ayer, señor Richards. El fallo para el demandante es la cantidad de seiscientos cincuenta y tres dólares y doce centavos. Caso sobreseído." Anahi volteó para ver a Dulce observando con completo interés.
"Es como estar en juicio," la joven mujer dijo, su atención nunca dejó el televisor.
"Es un buen programa."
"¿Es cada semana?"
"Todos los días, Dulce. Puedes mirarlo todos los días a mediodía." Sonrió y susurró conspiradoramente. "Estoy demasiado ocupada para mirarlo cuando está al aire pero lo grabo y me pongo al corriente en el fin de semana."
"Gracias," la joven mujer dijo sinceramente, sus ojos miel sonrieron en Anahi. "Esto hará que sea más fácil pasar el tiempo aquí."
"Es lo menos que podría hacer." Reclinó los brazos en el pasamano de la cama. "¿Así que vas a decirme a quien puedo contactar además de tu trabajo para decirles que estas aquí? Seguramente alguien te extrañará."
La pequeña sonrisa que había estado en la cara de Dulce desapareció. "No hay nadie para contactar."
"¿Nadie? ¿Ni siquiera un amigo?" Dulce dio una triste una sonrisa. "No he vivido en Albany mucho tiempo," dijo, no deseando revelar la verdad, que evitó deliberadamente hacer amigos porque los amigos querrían pasar y visitarla y estaba demasiado avergonzada en sus exiguas condiciones de vida. Se movió y un dolor se dispersó quemando su pierna izquierda, haciéndola gritar. "Oh Dios esto duele," silbó. Anahi inmediatamente presionó el botón de llamada en varias ocasiones.
"¿Qué pasa?" Mary preguntó cuándo entró al cuarto.
"Ella siente dolor. ¿No puede usted darle algo?"
"Ella está recibiendo una cantidad apropiada a través de su intravenoso pero si necesita más puedo ponerle una inyección." Miró a Dulce, que estaba intentando difícilmente no llorar. "¿Srta. Espinoza?"
"Si está. ¿No puede usted ver qué está sufriendo?" Anahi replicó irasciblemente.
"Srta.?" La enfermera repitió. Dulce a regañadientes asintió, el dolor era demasiado para resistir más tiempo. Para su sorpresa, una mano grande envolvió la suya. Otra punzada de dolor se disparó a través de ella y se agarró de la mano de Anahi firmemente. La enfermera salió y volvió un minuto después con una aguja. Poco ceremoniosa tiró de la sábana y de la bata de hospital atrás exponiendo la cadera derecha de Dulce y metió la aguja adentro. "Esto dolerá un poco". La mano de la joven mujer agarró la de Anahi incluso más fuerte cuando el medicamento fue inyectado. "Ya está, todo hecho." La enfermera levantó la mirada en la mujer de cabello rubio.
"Probablemente se quedará dormida en pocos minutos."
"Bien, no estaré mucho tiempo." La enfermera asintió y salió, no molestándose en tirar de la sábana nuevamente en su lugar. Anahi utilizó su mano libre para cubrir la cadera de Dulce con el desolador lino blanco. "Quieres que permanezca por un rato hasta que te quedes dormida?"
"No, es..." No pudo contener un bostezo. "... Está bien... Estoy bien" La potente droga actuaba rápidamente, causando que su cabeza colgara de lado y sus ojos adquirieran una vidriosa mirada. "¿Está segura que usted no es un ángel?" Preguntó adormilada cuando sus párpados cedieron. "Usted parece un ángel... usted..." Otro bostezo, "... actúa como..." Sus ojos se cerraron y la mano que había estado sosteniendo la de Anahi cayó flojamente al lado.
Esperó varios minutos hasta que estuvo segura que Dulce estaba dormida antes de ponerse de pie y remeter la manta alrededor de la lesionada mujer. "Duerme bien, Dulce" susurró.
Anahi abrió la puerta y metió la caja, el arenero, el poste para rasguñar, y la bolsa de juguetes adentro. "Tabitha, ven pequeña bola de pelos, he traído juguetes para ti." Se sentó en el suelo y sacó los diversos artículos. El anaranjado y blanco gatito llegó arrojándose encima para ver lo que la alta humana estaba mostrando. Se recostó y observó mientras los paquetes fueron abiertos y los ratones falsos, bolsas de mordiscos para gatos, y los diversos juguetes fueron lanzados en una pila. "Ya está, ves?" dijo, completamente esperando que el felino saltará en la pila y jugara. Tabitha hizo lo que haría cualquier gato, pasó más allá del montón de juguetes para gatos y comenzó a golpear en los vacíos envoltorios. "Hey, los juguetes están aquí." Agarró la pequeña bola con la campana oculta adentro y la sacudió para conseguir la atención del gato. "¿Ves? Juguetes aquí, basura allí." Tabitha miró eso, miró los envoltorios, y volvió a jugar con el transparente plástico.
"Bien, será de esa manera, mira si me importa," la desanimada mujer dijo, metiendo los envoltorios en el bolso de plástico. "Te conseguí una caja, y un arenero también, ¿crees que tu usaras eso?"
"¿Mrrow?"
"Eso es lo que pensé." Se puso de pie, metiendo la bolsa del arenero bajo un brazo, la caja del gato bajo el otro, y se dirigió a la cocina. "Setenta y cinco dólares en los juguetes y la estupida cosa quiere jugar con los paquetes en los que ellos venían." Puso la bolsa y la caja en la mesa. Una nota se sostenía en el refrigerador con un imán María le decía se había ido por hoy junto con instrucciones de cuánto tiempo la cena que había preparado debería estar en el microondas.
El agotamiento le pedía detenerse y descansar pero había ahí justo demasiadas cosas que tenían que ser hechas. Rápidamente instaló la caja arenera y la puso en el cuarto de servicio, dejando la puerta entreabierta de modo que Tabitha pudiera ir y venir libremente. Esa tarea fue hecha, Anahi a zancadas salió a la sala, descolgando el teléfono inalámbrico y marcó el familiar número en el camino.
"Seguros Puente, ¿en qué podemos ayudarle?" La fresca y femenina voz en el otro extremo del teléfono preguntó.
"Susan Puente, por favor."
"Ella está ocupada ahora mismo, ¿puedo preguntar quién está llamando?"
"Anahi Puente. Interrúmpala, esto es importante."
"Un momento." Oyó un clic seguido por el muy aburrido tono de espera musical que jamás había oído. Tirándose en su sofá de suave piel marrón y quitándose sus zapatos, metió sus pies debajo de ella. Tabitha saltó fuera de la cocina y se subió a su lado.
"¿Mrrow?"
"¿Qué quieres?" Preguntó, estirando su mano libre para rascar detrás de las orejas del gato. "Vamos a llegar a algo francamente apropiado desde el principio, ¿Ok? Compré un poste para rasguñar para ti. Los diez mil dólares del sofá están fuera del límite para tus garras, ¿lo entendiste?"
"Mrrow." El anaranjado y blanco felino puso su cuerpo arriba en el muslo de Anahi y comenzó a ronronear.
"Annie, ¿cómo estás?"
"Bien hermana, escucha, yo necesito que agregues a un empleado a las listas del seguro."
"Usualmente recursos humanos envía su papeleo una vez que ellos han alcanzado el servicio apropiado marcado." Anahi oyó el sonido del teclado. "¿Cuál es su razón social?"
"Ella no está en la computadora todavía, Susan. Necesito que la agregues y presiones para terminar el papeleo."
"Ella tiene que estar en el sistema. Todos los empleados son agregados una vez que hayan completado su I-9's y W-4's."
"Ella no los ha completado todavía. Es una empleada nueva." Anahi oyó el sonido parar y el chirrido del movimiento de la silla de su hermana.
"¿Para qué departamento trabaja?"
"Um... ella es una auxiliar en la oficina contable del centro."
"¿Un nivel de entrada? Annie, ¿no sabes que ellos tienen que tener seis meses de servicio antes de que les demos beneficios?"
"No me di cuenta de eso." Frotó su frente, sacando una protesta del ronroneante montón de pelusa en su pierna.
"¿Qué fue eso?"
"Estoy cuidando el gato de una amiga por algunos días. Mira, la contraté personalmente y le prometí beneficios completos. ¿No puedes presionar para eso?"
"Es tan raro que mi única hermana me pida un favor. Por supuesto que puedo. Envíame por fax sus datos y la agregaré a las listas."
"Realmente Susan, necesito que tú me envíes por fax los papeles para que ella los firme. También necesito que le des a ella el mejor plan médico que tenemos y posfecharlo al primero del mes. ¿Puedes hacer eso?"
"Te costará...." la hermana más joven dijo con una voz cantarina. "¿Cena con mamá el próximo viernes?"
"¿No puedo solo comprarte un auto nuevo o algo?" La ejecutiva gimió.
"Anahi Giovanna, nunca pasas algo de tiempo con mamá. Alfonso y yo estamos allí cada viernes en la noche para cenar y Christian está allí los domingos. Ella siempre pregunta por ti."
"Sabe mi número de teléfono, Susan. Hablo con ella."
"Lo sé. Oímos hace dos semanas que tú la llamaste en su cumpleaños. Raro, eso fue hace un mes."
"De acuerdo, de acuerdo. Faxeame todos los papeles y los regresaré más tarde esta noche."
"¿Así que te veremos la próxima semana con mamá?"
"Bien. Estaré allí, pero no esperes que me quede después de cenar mientras ella pasa a través del libro de recuerdos e intenta volver a vivir nuestra niñez."
"Por lo menos estarás allí. Eso la hace feliz."
"Lo que sea. Faxeáme eso, ¿lo harás ya?"
"Estarán allí en unos minutos. Desearía que me dejaras saber por qué empleaste personalmente a alguien para un trabajo del nivel de entrada."
"Hermana, si pensara que necesitas saberlo, te lo diría. Bueno hablar contigo también, adiós." Anahi pulsó el botón de apagado en el teléfono inalámbrico y lo dejó abajo en la mesita del café. "Bien Tabitha, todo está arreglado. Qué te parece saltar abajo y jugar con algunos de tus juguetes mientras que tomo una siesta, ¿hmm?" Intentó codear al felino pero el ronroneador montón de pelos se negó a moverse. "Bien, será de esa manera." Ajustó el extremo del cojín y cerró los ojos. Al principio el rítmico ronroneó la molestó pero en pocos minutos Anahi estaba profundamente dormida, como lo estaba una muy satisfecha Tabitha.
*****
Dulce estaba despierta pero obviamente sentía mucho dolor para el momento en que Anahi volvió al hospital. "Hola."
"Hola, Dulce. ¿Cómo te sientes?" Dejó su maletín en el sofá y colocó la silla al lado de la cama.
"Todo duele pero a excepción de eso estoy muy bien," bromeó.
"¿El medicamento que ellos te dan no está ayudando?"
"Ellos me ponen a dormir, pero sí. Es la única cosa que calma el dolor," contestó, alisando la manta que la cubría.
"Traje algunos formularios que necesito que firmes. Los llené lo mejor que pude pero no sabía todas las respuestas" Sacó un fólder color manila del maletín y lo puso sobre la cama. "Nunca imaginé cuántos papeles lleva el contratar a alguien." Le tendió la pluma y estaba sorprendida de ver a Dulce tomarla con su mano izquierda. "¿Eres zurda?"
"Yeah."
"Yo también," sonrió. "Solo necesitan tu firma las primeras tres. Las otras tienen algunos espacios en blanco que tienes que llenar."
"Sabe, yo todavía no puedo creer que usted este justamente dándome un trabajo, especialmente dado que no puedo incluso trabajar," Dulce dijo, moviendo su cabeza. "Esto no tiene ningún sentido."
"Hago muchas cosas que no tienen ningún sentido, solo pregúntaselo a mi madre."
Dulce firmó los formularios silenciosamente antes de darle la pluma de nuevo. "¿Usted es cercana a su madre?"
"No realmente. Tenemos diferencia de opiniones sobre cómo debo vivir." Dudó por un momento antes de decidir sacar a colación el tema que estaba tirando en su mente. "¿Qué sobre tu familia? ¿Tienes un refugio con ellos o algo? Quiero decir, me parece extraño que no quisieras que supieran que estabas en el hospital."
Verdes ojos se desviaron mirando fijamente en las persianas venecianas que cubrían la ventana. "Era un bebé cuando ellos murieron. Un accidente automovilístico. Un conductor borracho se pasó la luz de un alto y los golpeó. Eso es todo lo que sé."
"Lo siento, no lo imaginé." Se sentía mal por plantear el tema.
"Está bien," la joven mujer dijo descartándolo con un movimiento de su mano. "No los recuerdo. Supongo que no puedes extrañar lo que nunca tuviste." Dulce intentó parecer indiferente sobre eso pero Anahi sospechó que era un acto fingido para su beneficio.
"¿Quién te crió?"
"El Estado. Algunas familias adoptivas, pero sobre todo viví en orfanatos dirigidos por el Estado o en hogares. Tan pronto como me gradué de la secundaria conseguí un empleo trabajando como cajera. He estado sola desde entonces." No deseando continuar con el asunto de su pasado, Dulce cambió el tema. "¿Y cómo está Tabitha?"
"Está muy bien. A ella le gusta ronronear mucho."
"Mmm, eso indica que ella es feliz," Dulce contestó. "Usted debe ser buena con los animales."
"No puedo saberlo. Esta es la primera vez que tengo uno."
"¿Usted nunca tuvo mascotas cuando crecía?"
"No. Mi padre era alérgico a los gatos y mi madre tenía miedo de que un perro pudiera destrozar la casa. ¿Cómo terminaste con Tabitha?"

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:08 pm

"Oh." Estiró la mano por el vaso de agua solo para tener a Anahi ayudándole. Tomó un largo trago del fresco líquido antes de contestar. "La encontré, o más bien ella me encontró. Estaba caminando a casa una noche y apareció saliendo de la nada. Solo piel y huesos. Siguiéndome a casa. Ha estado conmigo desde entonces." Una temerosa mirada apareció en sus ojos. "¿El casero no la vio, lo hizo? Se supone que no tengo ninguna mascota."
"En realidad... él vino al piso de abajo mientras yo estaba allí."
"Oh no." Una preocupada mirada cubrió la cara de la joven mujer. "¿Fue él amable?"
"En absoluto," Anahi contestó. "Él parece pensar que la palabra mier.da es un adjetivo y que debe estarla utilizando cada vez que él abre su pequeña asquerosa boca."
"¿Qué le dijo él a usted?" El temblor era evidente en su voz.
"Nada de lo que necesites preocuparte ahora mismo."
"Él me echó a patadas, ¿no es así?" Si bien la ejecutiva podría nunca considerar eso una gran pérdida, la joven mujer estaba obviamente trastornada por la noticia.
"Dulce, no te preocupes por eso, por favor, prometo que todo estará bien." Miró su reloj. "Vamos, pienso que Jeopardy aparecerá pronto. Nos recostaremos y veremos quién consigue más respuestas correctas, ¿Ok?"
"Me gusta Jeopardy," Dulce dijo, presionando el botón para levantar un poco la cabecera de la cama. "Hay una TV en el salón de empleados en el trabajo y a veces mi descanso para cenar es a las siete treinta así que puedo verlo. Soy bastante buena también, aunque no sé si puedo permanecer despierta bastante tiempo."
"Oh, ¿quieres que me marche para que puedas dormir un poco?"
"No." Alcanzó la mano de Anahi. "Por favor quédese."
"Seguro, solo no te disgustes si logró más respuestas correctas. Nadie quiere jugar Trivial Pursuit conmigo."
"Oh, ¿usted tiene ese? Es un juego tan divertido. Lo jugué una vez en el centro comunitario."
"Te haré un trato. Lo traeré mañana para que juguemos y prometo no ganarte demasiado gravemente."
"Veremos quién gana a quién," Dulce contradijo con una sonrisa. El tema musical de Jeopardy atrajo su atención a la televisión. "Ooh, está comenzando." Colocó su cabeza nuevamente en su almohada para mirar el programa pero antes del primer comercial del descanso estaba dormida. La ejecutiva de cabello oscuro metió suavemente la manta de Dulce y apagó la televisión.
Se quedó sentada allí por varios minutos mirando el gran molde y las puntadas que formaban una línea en el pómulo de la joven mujer.
"Lo siento," susurró antes de salir del cuarto.
*****
Tabitha estaba esperando no demasiado pacientemente en la puerta cuando Anahi volvió a casa. "¡Mrrow!"
"¿Qué? Tienes comida."
"¡Mrrow!"
"Tienes juguetes y tienes alimento. ¿Qué más quieres?" Tabitha respondió frotándose contra la pierna de Anahi, dejando los anaranjados y blancos pelos por todo su pantalón negro. Se agachó y recogió al felino, al parecer girando en el botón del ronroneo al mismo tiempo. Sostuvo al feliz gato con un brazo y el maletín en el otro. "¿Deseas ver cómo trabaja la máquina del fax? Vamos."
La oficina de Anahi estaba en el primer piso cerca de las escaleras. Los formularios del seguro fueron enviadas por fax cinco minutos más tarde y la mujer de cabello oscuro se dirigió arriba a cambiarse en sus 'cómodas' ropas, a saber en sudadera y un pants de gran tamaño. Echó un vistazo en su reloj y gimió. Tenía una reunión a primera hora de la mañana y tenía todavía que repasar los informes mensuales. "Pienso que va a ser una noche larga, Tabitha." Se arrastró hacía su escritorio y encendió su computadora, teniendo pavor a la idea de pasar las próximas horas fluyendo sobre las hojas de los balances y los informes. Por supuesto, los jefes de cada división harían las mismas cosas con ella mañana pero Anahi se enorgullecía de saber exactamente lo bien o mal que cada departamento estaba haciendo antes de oír la versión lustrada de sus parientes. Un apretón del botón de power y la computadora tarareó a la vida. El logotipo corporativo de Puente cubrió la pantalla de veinte pulgadas. Mecanografió su contraseña y el logotipo desapareció, revelando la pantalla principal.
"¿Mrrow?"
"No. Ésta es una cosa humana, nada hay aquí arriba para tu veas", le dijo al ansioso gato que estaba parado sobre sus patas traseras en la expectativa de ser levantado. Tabitha extendió sus garras delanteras en los pantalones grises de Anahi. "Ni siquiera pienses acerca de eso."
"¿Mrrow?"
"No. Ve a jugar con tus juguetes." Giró su atención al primer informe, Puente Real Estate. Christian, el hermano más joven de Anahi estaba a cargo de esa división. Varios terrenos habían sido comprados a lo largo de la región en anticipación de urbanización para la construcción de viviendas pero estaban seriamente atrasados en sus proyecciones de crecimiento. El calendario pedía que cien hogares fueran construidos y vendidos, aun cuando a finales del mes pasado solamente veinte habían sido realmente terminadas y apenas la mitad de ésas tenían ofertas en ellas mucho menos vendidas. "¿Qué voy a hacer con él?" Se recargó en la confortable piel de su sillón y frotó sus ojos. El movimiento pareció ser una abierta invitación a Tabitha, quien rápidamente saltó sobre su regazo. "Vamos, no puedo hacer ningún trabajo si estás aquí." Suavemente cogió al ronroneador animal en sus brazos y lo dejó en el piso. "Ve a jugar."
El reloj abajo en la esquina derecha de la computadora leía 2:53 a.m. para el momento en que Anahi se levantó y apagó la computadora por esa noche. Salió al cuarto principal para poner la alarma para la noche cuando vio la chequera de vinil azul marino que estaba sobre la mesa de la entrada al lado de los libros de la biblioteca. Su conciencia le decía no mirar, los asuntos financieros de Dulce eran privados, pero la curiosidad consiguió lo mejor de ella y se encontró sentándose sobre la suave piel del sofá marrón claro con el talonario de cheques en su mano.
No había muchas entradas. El registro era solamente de cuatro meses atrás, pero dio abundancia de penetrar en la vida de la mujer que permanecía en el hospital. La pequeña escritura, ordenada detallaba cada depósito, cada cheque. Ningún depósito era mayor de ciento cincuenta dólares. Cuatro retiros estaban enumerados como estando para la renta, cada vez borrada del dinero que había tomado la mayor parte del mes anterior, la acumulaba. Dos entradas existían para la compañía de luz, y varios fueron extendidos a Money Slasher. Cada semana los depósitos de varias exiguas cantidades fueron registradas seguidas por los cheques a la tienda de comestibles. El cheque más alto era por un poco más de diez dólares y el más bajo era por solo cinco. Lo qué Anahi encontró más interesante fueron los cheques restantes, extendidos todos a alguien llamada Dolores Bickering. Esos cheques fueron extendidos en cantidades desde cinco a veinticinco dólares, cada uno hacía que quedara poco en la cuenta de la joven mujer después de pagar sus gastos semanales. Esas entradas aparecían justo tan a menudo como los cheques a Money Slasher. El actual balance mostraba unos ciento doce dólares y cambio en la cuenta de la joven mujer, mucho menos que la renta que había estado debiendo. Los ojos de Anahi fueron de nuevo a la entrada para la renta de noviembre. Era esa semana que Dulce había comprado los cinco dólares y el cambio de comestibles, el registro mostraba una negativa cantidad de dos dólares y quince centavos después de esa entrada. Era la única vez que Dulce había tenido en descubierto su cuenta y Anahi no podía incluso imaginar lo que había comprado la joven mujer para intentar y sobrevivir esa semana.
Cerró la chequera y la dejó sobre la mesa del café. ¿Por qué estaba Dulce, quién no tenía dos céntimos para frotar juntos, constantemente expidiendo cheques a alguien más? ¿Tenía una vieja deuda que estaba intentando liquidar? ¿Qué otra explicación podía allí estar? La joven mujer dijo que no había nadie para contactar, así que esa persona Bickering no podía ser un pariente. La hora tarde y el último pensamiento tomaron su cobro cuando el agotamiento finalmente salió ganando y el sofá una vez más se convirtió en la cama de la rica mujer para la noche, con Tabitha enroscada contra ella.
*****
En alguna parte en la distancia un teléfono estaba sonando. Anahi se dio vuelta, perturbando al durmiente gato. Los timbrazos se hicieron más y más fuertes, penetrando en el mundo de sus sueños y sacándola de su profundo sueño. Su brazo salió y torpemente lo dejó caer sobre la mesa del café por el molesto teléfono. "Mmm... Puente."
"¿Annie?"
"¿Yeah?" Vino la adormilada ininteligible contestación.
"Annie, ¿tienes idea qué hora es?" El sonido de la voz de su hermana ayudó a despejar las telarañas en su mente mientras lentamente rodaba moviéndose para sentarse. "Son cuarto para las diez."
"¡Oh mierda!" Azules ojos se dispararon abriéndose cuando se dio cuenta del propósito de la llamada.
"Maldición, me quede dormida en el sofá. Estaré allí tan pronto como pueda." Se dirigía ya hacía las escaleras, con el teléfono inalámbrico en la mano. "Susan, ni una palabra. Tengo un neumático desinflado, ¿lo entiendes?"
"No puedo creer que te quedaras dormida," la hermana más joven reía suavemente. "Pensé que tenías construido dentro un despertador. Espera a que a mamá oiga esto."
"Susan..." gruñó, llegando a la parte superior de las escaleras y corriendo dentro de su dormitorio. "Estaré allí, retenlos o algo." Golpeó el botón de apagado en el teléfono y lo tiró en la cama cuando se dirigió hacia a su baño. Quince minutos más tarde estaba en su Jeep Cherokee y de camino para Albany, los límites de velocidad eran maldecidos.
A las diez treinta, las puertas dobles de roble se abrieron de par en par cuando Anahi rápidamente entró en la sala de reunión. "Lo siento neumático, desinflado." Dijo mientras tomaba su asiento al final de la larga mesa rectangular. "¿Vamos a comenzar?" El silencio que recibió la hizo voltear. Al parecer no era la única que tuvo problemas para llegar a la reunión a tiempo. "¿Dónde está Christian?"
"No lo sé. Lo he estado llamando desde que hablé por teléfono contigo y no hay respuesta en ninguno de sus números," Susan contestó. Sentada justo a la derecha de su hermana mayor, la jefa de seguros Puente nunca podría confundirse con Anahi. Susan tenía, gracias a las horas con un estilista, el llamativo cabello rojo permanentemente en un gran ensortijado que era un enjambre sobre su cabeza y hasta sus hombros. Aunque casada desde hacía trece años con un exitoso abogado, se negó a dejar de llevar el nombre de la familia, decidiendo que el status que este proporcionaba era mucho mejor que el común nombre de Smith. Diferente de Anahi, que fuera del ligero esmalte de uñas podría solo raramente estar imponiéndose en usar la más mínima cantidad de maquillaje, Susan creía sinceramente que este realzaba sus facciones y así que dedicaba dos horas todos los días aplicando todo desde la base para el rubor hasta el rímel.
"¿Intentaste en su busca?" Era una pregunta estu*pida pero Annie todavía tuvo que hacerla. Durante los últimos meses, su hermano más joven había hecho cada vez más difícil de conseguir agarrarlo y abandonaba mucho su atención a las reuniones. Mirando su reloj, decidió no esperar al rebelde hermano más tiempo. "Bien, estamos gestionando bastante tarde, vamos solo a comenzar." Abrió su portafolio y sacó el primer informe. Uno por uno fue recorriendo el cuarto, diez distintos Puente o parientes de los Puente explicaban lo que sus divisiones en particular estaban haciendo y cuáles eran sus planes para el siguiente mes. La mayor parte de las palabras navegaron más allá de Anahi, que asentía de vez en cuando pero prestando apenas alguna atención. Su mente estaba a varios kilómetros, preguntándose qué estaría haciendo Dulce, cómo estaba sintiéndose, y cómo Dolores Bickering entraba en la vida de la joven mujer.
Eran cuarto para las doce cuando las puertas se abrieron para revelar a un hombre de cabello rubio oscuro, que estaba despeinado y arrugado. "Lo siento," él masculló, escabulléndose hacía su silla. "Puse el despertador, pero la alarma no saltó."
"¿Supongo que no tenías un traje limpio tampoco?" Anahi dijo con desaprobación. Los varios primos y parientes que rodeaban la mesa miraban de la mujer de cabello oscuro a Christian y de regreso otra vez, completamente esperando una batalla. El hombre joven, sin embargo, fingió no notar el comentario de su hermana mayor.
"¿Me perdí algo importante?"
"No, por supuesto que no," su tono traicionó apenas su irritación en él. "Estaba justamente disponiéndome a repasar las cifras para tu último proyecto."
"Yo diría que estamos en bastante buena forma, todas las cosas consideradas," contestó. Diez pares de ojos volaron de nuevo a Anahi.
"¿Y solo qué cosas te gustaría que yo considere en las claras cifras que estoy mirando?" Sacó el informe originado en la computadora y buscó a través de las páginas hasta que encontró lo que buscaba. "Las ventas han disminuido casi el treinta por ciento que el año pasado y los costos están llegando al techo."
"No puedo evitar esto si los contratistas aumentaron sus precios. Inflación, tu sabes," se lanzó hacía atrás airadamente. Anahi no pasó por alto los enrojecidos ojos o la manera en que Christian mantenía su mirada en su reloj.
"La inflación no tiene nada que ver con esto. Según estas cifras, más de cincuenta unidades habitacionales deberían estar terminadas. Pero la semana pasada, solamente veinte estaban terminadas. ¿Qué diablo está ocurriendo, Christian?"
"Estoy sobre eso, ¿está bien?" Se hizo para atrás airadamente, su puño golpeó la superficie de la mesa de mármol con bastante fuerza agitando el vaso del agua delante de él. El silencio llenó el cuarto cuando todo el mundo esperaba la reacción de Anahi. En lugar de eso giró su atención a Christopher.
"Escuché que conseguiste la transición que querías. ¿Cuándo estarás estropeando el suelo?" Para el resto de la reunión, la mujer de cabello rubio se negó a mirar a su enojado hermano, y viceversa. Christian salió en cuanto la reunión terminó, sólo añadiéndose a las especulaciones y a los comentarios de los parientes.
"Annie, ¿qué está ocurriendo con él?" Susan se había arrinconado a la ejecutiva a un lado, con la preocupación escrita claramente en su cara. "Ha estado tan extraño últimamente, tan irritable. No piensas que está tomando drogas, ¿es así?"
"No sé lo que pienso, hermana, yo solo sé que algo está mal." Echó un vistazo en su reloj. "Necesito estar en algún lugar."
"Si, ¿qué está ocurriendo contigo? ¿Qué con esta persona Espinoza?" La curiosidad natural para el chisme de su hermana más joven, particularmente cada vez que esto concernía a alguien en la familia, estaba mostrándose.
"Nada, solo alguien que conocí y que decidí emplear. ¿Te ocupaste de ese seguro?" Mientras estaba hablando, Anahi estaba dirigiéndose hacia la puerta.
"Por supuesto. Está en mi lista de las cosas para hacer hoy." Susan contestó despreocupadamente.
"No. Tiene que ser hecho enseguida. Y no se te olvide de posfecharlo al principio del mes. Es muy importante." Agarró el brazo de su hermana más joven para enfatizar su punto.
"Lo haré al instante en que vuelva a mi oficina. Realmente, Annie, piensas que ésta es una situación de vida o muerte."
"Solo asegúrate que esté hecho hoy, Susan. Envíame por fax las confirmaciones a casa." Anahi salió hacía el elegante vestíbulo y presionó el botón para el elevador. Entró solo para hacer que su hermana más joven le agarrara el brazo para evitar que las puertas se cerraran.
"Hey, casi me olvidé de preguntar. ¿Qué le comprarás a mama para Navidad?"
"Tengo que irme, Susan." Presionó el botón y esperó expectantemente.
"¿Quiere decir que no le has comprado nada todavía? La Navidad es solo en veinte días."
"Estos veinte días que tengo elegiré algo. No te preocupes sobre eso. Mamá tendrá un apropiado regalo de mí. Vamos, Susan. Necesito conseguir salir de aquí." Empujó el brazo de su hermana apartándolo de las puertas.
"Solo no se te olvide estar el próximo viernes en la cena con mamá. Lo prometiste."
*****
El jeep subía sobre la avenida de Madison justo cuando una ligera nevada comenzó a caer. Anahi recordó su promesa de traer un juego de Trivial Pursuit con ella pero las oscurecidas nubes y lo tarde de la hora hicieron que decidiera renunciar a un viaje para el centro comercial para escoger uno, prefiriendo llegar al hospital antes de que se hiciera demasiado tarde.
Caminó a través de la puerta abierta de la habitación de Dulce solo para encontrar la cama vacía, un afanador cambiaba las sábanas. "¿Dónde está la Srta. Espinoza?"
"Rayos X. La traerán de regreso en algunos minutos," el corpulento hombre respondió, metiendo la última esquina dentro. Fue a la silla en la cercana esquina y se sentó para esperar el regreso de la joven mujer.
Quince minutos pasaron antes de que Dulce fuera empujada nuevamente dentro del cuarto. La primera cosa que Anahi notó eran las frescas lágrimas que bajaban por la cara de la lesionada mujer. Los dos celadores tenían tanto cuidado como podían con su paciente pero Dulce todavía gritó de dolor cuando la cambiaron de la camilla de nuevo a su cama.
"Hey, ¿cómo te sientes?" La alta mujer preguntó suavemente, tirando de la dura silla de plástico más cerca a la cama.
Dulce forzó una sonrisa en su cara en la vista de la mujer de cabello oscuro. Después de una larga noche de estar en agonía y de una aún más agotadora mañana de tener doctores y residentes que entraban para empujarla y pincharla, la vista de la mujer que hacía su recuperación posible fue completamente bienvenida. "Tomaron nuevas radiografías de mis piernas para asegurarse de que todo este ya colocándose correctamente." Su cara traicionó su dolor cuando se movió y frotó su cadera. "Me están dando Hepa algo para adelgazar mi sangre. El doctor Barnes está preocupado sobre la coagulación."
"¿Él dijo algo sobre cómo estás evolucionando? Quiero decir, no está previendo ningún problema a largo plazo, ¿lo hace?" Anahi estiró su brazo y ayudó a acomodar una de las almohadas detrás de la cabeza de la pelirroja mujer.
"Ella dijo que no sabremos eso por semanas," Dulce contestó.
"¿Ella? Bien, ¿qué piensas de ella? ¿Te pareció competente? Si no te gusta, Dulce, solo déjamelo saber. Te traeré otro doctor." Las palabras salieron rápidamente y Anahi estaba justo tan sorprendida como la lesionada mujer. "Quiero decir, si no estás contenta con la forma en que te está tratando, tienes el derecho de pedir otro doctor." Esperaba que su explicación no sonara tan pobre para Dulce como lo hizo para sí misma.
"No, ella está bien, de verdad. Quiero decir, no puede ayudarme si tengo dolor. Dijo que estoy recibiendo la mayoría del medicamento para el dolor que ella se siente cómoda dándome."
"Si necesitas más..."
"No. No pienso que ellos hagan algo bastante fuerte para calmar el dolor. Es solo que duele tanto todo el tiempo. Incluso cuando estoy durmiendo, me muevo y el dolor es tan fuerte que me despierta." Bajó la mirada desanimada en sus fracturadas piernas y tobillos. "Parece que el dolor nunca terminará," dijo con tristeza.
"Dulce, esto puede no parecer así ahora, pero mejorarás. Esto solo tomará tiempo." Anahi intentó mantener su voz lo más tranquilizadoramente posible. "Tabitha es absolutamente un personaje," dijo, esperando que el cambio de tema pudiera ayudar a sacar de la mente de Dulce sus lesiones.
"Ella es la mejor cosa que jamás me sucedió," la joven mujer dijo honestamente. "Siempre que la necesito, ella está justo allí. Todo lo que pide siempre es alimento y atención."
"Y estoy segura que le das un montón de ambos," Anahi contestó.
"Bien, el amor y atención puedo darle siempre." Los ojos verdes adquirieron una mirada triste. "El alimento no es siempre tan fácil." Levantó la mirada a las esculpidas facciones de su generosa benefactora. "Estoy segura que ella es muy feliz con usted."
"Dulce, no me he llevado a Tabitha lejos de ti, creéme. Únicamente la estoy cuidando mientras que estás aquí. Una vez que estés de nuevo sobre tus pies, te la traeré, lo prometo."
"No sé lo que voy a hacer," dijo suavemente, lágrimas, tanto por el persistente dolor y del miedo de perder a su querida mascota nublaban sus ojos y amenazaban desbordarse. "No puedo incluso ocuparme de mí misma mucho menos de ella. Incluso no tengo un lugar para vivir."
"Ese lugar no es ni para que una rata viva adentro. Cuando salgas de aquí..."
"Cuando salga de aquí no podré caminar, no tengo dinero, y yo incluso no tengo un lugar para vivir," Dulce dijo. "Usted debió haberme dejado allí en la calle."
"¡NO!" Anahi se levantó y se inclinó hasta que estuvo solo a pulgadas de la cara de Dulce y miraba profundamente en los ojos color miel. "Escúchame. Tú vas a caminar otra vez y no tienes que preocuparte de encontrar un lugar para vivir. Dulce, no voy a dejar que te rindas así que no vas a estar rindiéndote tú misma. Sé que eres una sobreviviente. No dejaré que te sea quitado."
"¿Qué se supone que haré cuando me den el alta? Ya hace cinco días. Cecil habrá cambiado seguramente las cerraduras ya. Él me advirtió que nunca me atrasara con la renta."
"Ese grandote abusón no se molestará en cambiar las cerraduras."
"Él me pateó, ¿no es así?..."
"Sí," Anahi admitió. "Pero yo no te habría permitido continuar viviendo allí de todos modos. No es espacio para que un ser humano viva ahí e indudablemente no tú. Cuando te den de alta de aquí probablemente te enviarán a un centro de rehabilitación hasta que puedas caminar otra vez. Después de eso me aseguraré que consigas un lugar decente para vivir." Respiró hondo antes de continuar. "Dulce, ambas sabemos que necesitas ayuda y que deseo ayudar. Sé que has estado ocupándote de ti misma durante mucho tiempo pero ahora mismo necesitas a alguien más que cuide por ti. Por favor déjame ser ese alguien."
El cuarto quedó silencioso durante un minuto Dulce bajó la mirada en su regazo, mordiendo su labio inferior. "No he tenido que depender de que alguien se ocupe de mí durante mucho tiempo. Supongo que no tengo mucha elección ahora." Su cara traicionó sus sensación de fracaso y la desesperación de su situación. "Esto es difícil para mí. Prefiero pasar privaciones que recibir caridad."
Anahi encontró duro creer que fuera tan difícil para Dulce aceptar la ayuda que le era ofrecida cuando las alternativas eran tan claras, pero cuando hizo una pausa para considerar la historia que la chequera decía, tuvo el sentido perfecto. Había una profundidad en el carácter de la joven mujer que ella no habría creído que todavía existiera en la edad moderna donde tanta gente parecía más que lista a aceptar cualquier cosa que el estado o el gobierno ofreciera, si ellos lo merecían o no. "No pienses en esto como caridad, Dulce. No."
"¿Cómo te parece a ti?" Preguntó con curiosidad. Antes de que Anahi pudiera contestar, otra explosión de intenso dolor se disparó a través de la joven mujer, causando que su cara se arrugara con agonía. "Oh Dios, esto duele," silbó. "Esto duele tanto." Las lágrimas comenzaron a desbordarse por su cara y alcanzó a los ofendidos miembros. "Haz que esto pare, por favor haz que este dolor pare," suplicó.
Incapaz de eliminar el dolor, Anahi hizo la única cosa que podría ocurrírsele. Se sentó en el borde de la cama y le dio a Dulce un apretado abrazo, sin preocuparle que las lágrimas empaparan su blusa de seda. No importaba. Nada importaba excepto intentar ayudar a que la increíblemente valiente joven mujer lograra atravesar esto. "Está bien, Dulce. Te tengo," murmuró en el rojizo cabello mientras que su mano suavemente frotaba arriba y abajo la desnuda espalda expuesta por la bata del hospital.
"Esto duele... esto no parará de doler... oh Dios, por favor haz que pare, haz que pare duele tanto," Dulce sollozaba, su agarre alrededor del cuello de Anahi se intensificó. Los fuertes brazos le envolvieron alrededor ofreciendo consuelo, algo que casi nunca había sido ofrecido a la joven mujer antes, y Dulce lo aceptó agradecida.
"Lo siento, Dulce, lo siento tanto," Anahi susurró una y otra vez, sintiendo que sus propias emociones amenazaban salir vaciándose por el dolor de la joven mujer, dolor causado por sus acciones en esa fatídica noche. "Todo va a estar bien. Shhh... Está bien, ahora todo estará bien." Continuó haciendo tranquilizadores ruidos y sostuvo a Dulce mientras los sollozos continuaron. Afortunadamente la enfermera llegó pocos minutos más tarde y puso a la lesionada mujer una inyección que la llevó a un inquieto sueño. Anahi permaneció por bastante rato, mirando a Dulce dormir y deseando que hubiera algo, cualquier cosa que pudiera hacer para quitar el dolor que le había causado a la valiente joven mujer.
*****
Dulce despertó varias horas más tarde encontrándose sola. Presionó el botón de llamada para la enfermera.
"¿Qué necesita, querida?" La mujer de piel oscura dijo cuando entró.
"Nada realmente," Dulce contestó, avergonzada sobre haber presionado el botón solo para ver otra cara. Habían pasado cuatro días desde que ingresó y la únicas personas que siempre veía era personal del hospital y a Annie.
"Bien, me alegra que usted esté despierta," la enfermera dijo. "Es hora de comprobar sus signos vitales."
"¿Usted sabe hace cuánto tiempo la Srta. Puente se fue?" La mujer pelirroja preguntó justo antes que el termómetro encontrara su camino a su boca.
"¿Sería su amiga la que estuvo aquí temprano?" Dulce asintió. "Se fue justo después de que yo continuara con mis deberes así que diría que fue más o menos una hora. Le dejó una nota."
Eso fue entonces lo que vio Dulce el papel color crema doblado por la mitad colocado en su bandeja de la cama. Quiso alcanzarlo pero su brazo no era suficientemente largo. La enfermera se lo dio antes de envolver el puño negro de la presión arterial alrededor de su antebrazo. Dulce dejó la nota sobre su pecho hasta que la enfermera terminara, prefiriendo leerlo en privado. Gimió cuando el puño se apretó más y más alrededor de su pequeño brazo. Cuando ella pensó que no podría estar posiblemente más apretado oyó el silbido del aire que era liberado. "Bien. Su presión es buena y su temperatura es normal. A este ritmo usted estará fuera de aquí en un santiamén." La enfermera quitó el apretado puño de velcro e hizo una anotación en la tabla. "Su cena estará aquí pronto y regresaré más tarde para revisarla."
"Gracias." Dulce sonrió, le habían dado alimento sólido el día anterior y su apetito había vuelto más fuerte que nunca.
Una vez que la enfermera salió Dulce tomó la nota y la desdobló. Allí en el papel membretado Puente estaba una nota de Anahi.
( Dulce,
Tuve que volver a la oficina para ocuparme de algunas cosas. Estaré de regreso con tiempo para Jeopardy. Intenta descansar y no tengas miedo de pedir más medicamento si los necesitas. Deja espacio después de la cena. Espero que te guste la comida china.
Annie.)

Los dedos de la joven mujer se deslizaron sobre la textura del papel. Mientras que su propia caligrafía era pequeña y ordenada, la de Anahi estaba llena de florituras y estilo. Sonrió en el comentario sobre dejar espacio después de la cena. Cuando llegara la comida, Dulce sabía que podría siempre comer todo delante de ella y después algo más. Presionó el control remoto de la televisión, una vez más silenciosamente agradecida de su benefactora, y observó que estaban pasando las noticias locales. Eso significaba menos de una hora antes de que Anahi volviera. Dulce tomó el peine de plástico de la mesa y lo pasó a través de su rojizo cabello, intentando mirarse un poco más presentable a su nueva amiga.
"Mi amiga," dijo en voz alta, sonriendo en el pensamiento. Pensó sobre la manera en que había llorado tan duro antes y lo bien que se sintió ser sostenida por Anahi. En sus brazos, se sentía segura, cuidada, confortada. De manera extraña, Dulce se encontró deseando esa sensación otra vez, ser sostenida en esos fuertes brazos, para oler la ligera fragancia de perfume en el bronceado cuello de la alta mujer, para sentir la compasión y la ternura dentro de su tacto y voz. Dulce todavía no entendía por qué Anahi la había elegido para ser su amiga pero estaba agradecida que lo hiciera.
La rueda de la fortuna estaba sobre la mitad cuando a Dulce le fue regalada la vista de Anahi entrando en el cuarto, un bolso pequeño por completo de comida que olía deliciosamente en una mano, el siempre presente maletín en la otra. "Hola allí."
"Hola," la joven mujer contestó, alegremente olfateando en el aire cuando Anahi dejó el bolso en la bandeja de la cama y, después de dejar su cazadora de piel en el respaldo de la silla y el maletín en el piso, tomó su acostumbrado asiento junto a la cama. "Olores maravillosos."
"¿Guardaste espacio? Traje camarón chow mein y costillas asadas a la parrilla sin hueso," Annie decía mientras sacaba las cajas blancas de la bolsa junto con dos juegos de utensilios de plástico.
"Cuando llega la comida, siempre tengo espacio," Dulce contestó, tomando el tenedor de plástico que le era ofrecido. Sus piernas palpitaban pero el dolor de alguna manera parecía estar disminuyendo por la presencia de su nueva amiga.
"No me dieron ningún tazón o plato así que justo tendremos que compartir," Anahi dijo cuando abrió las cajas para revelar el vapor de la comida caliente. "No sabía lo que te gustaba pero imaginé que no podría equivocarme con las costillas."
"Nunca he probado camarón chow mein pero sí, las costillas no durarán mucho." Su tenedor estaba dirigiéndose ya para la caja.
"Oh, tendrás que probarlo. Es realmente bueno." Retiró un tenedor de chow mein y lo puso dentro de su boca, atrayendo el aire adentro al mismo tiempo para probar y contrarrestar la ardiente temperatura caliente de la comida. Dulce estaba rápidamente encargándose de las costillas de cerdo, empujaba varios pequeños trozos de carne en su boca y tarareaba con deleite.
"Oh, esto está taaann rico," murmuró alrededor del bocado de cerdo. "Gracias."
"De nada. Incluso hemos conseguido las galletas de la fortuna para el postre." Puesto que a Dulce no se le ocurrió nada para hablar con el alimento en su boca, Anahi se relajó e hizo lo mismo. "No he tenido tiempo para parar en alguna parte para cenar así que pensé elegir algo y traerlo aquí."
"Oh, me alegra que lo hicieras. Esto es delicioso," Dulce dijo. "Gracias." Jaló de la caja de chow mein cerca de su boca y extrajo un tenedor de vegetales y camarón. "Oh, esto está bueno."
"Te lo dije," Anahi sonrió, contenta que su elección fuera tan bien recibida. "¿Así que dime descansaste bien? Siento haberme ido pero tenía algunos asuntos de que ocuparme en la oficina."
"¿Está todo bien? Estarme ayudando no está causando ningún problemas, ¿es así?" Dulce preguntó con preocupación, no deseando hacer algo que agregara estrés a su nueva amiga.
"No Dulce, mis problemas son con una de las divisiones." Dejó su tenedor y dio un educado eructo. "Oh, está bueno. Había olvidado lo sabrosa que es la comida china." La música del tema musical para Jeopardy comenzó en la televisión seguida por el anfitrión que presentaba a los concursantes. "Tú no me contestaste. ¿Tuviste un buen descanso?"
"Sí, dormí muy bien, gracias." Giró para capturar los profundos azules ojos de la mujer mayor. "Gracias por permanecer hasta que me quedé dormida."
La enfermera regresó interrumpiendo su picnic. Dio una mirada en las dos vacías cajas y las miradas culpables en las caras de las mujeres y frunció el ceño. "Usted realmente no debe traer comida al hospital," regañó. "Srta. Usted está en alguna dieta especial, ¿no es así?"
"No. Lo siento. Le pedí que ella trajera esto," Dulce dijo, intentando tomar la culpa.
"En el futuro usted realmente debe apegarse a la comida que servimos. Nuestros nutriólogos trabajan duramente para diseñar un menú..."
"Ese es Abraham Lincoln," Dulce dejó escapar, su atención en el programa y no en la conferencia que ella estaba recibiendo.
"Now, fue Johnson."
"No. Él no tomó la oficina en febrero, él la tomó en abril." El anfitrión confirmó que la respuesta de Dulce era correcta con las fechas en que ocurrió la sucesión presidencial. La enfermera miró a las dos mujeres concentradas en la televisión y cejó en su intento de explicar por qué la comida china no era tan buena para un paciente como la comida del hospital. Salió del cuarto sabiendo de lleno adónde iba a ir en su descanso a cenar.
Justo cuando el tema musical estaba finalizando el aviso vino en los altavoces que la hora de visita había acabado. "Supongo que es mi señal para irme," Anahi dijo renuente. "Te veré mañana." Se levantó y tomó su chaqueta. "Oh, casi me olvido." Metió la mano en el bolsillo y sacó una tarjeta de visita y una pluma.
"Déjame darte mi número en caso de que quieras llamar o si quisieras que te traiga algo." Escribió su número de teléfono privado abajo al reverso de la tarjeta y la dejó en la bandeja de la cama después recogió las cajas vacías de la comida y la bolsa. "De verdad, si deseas o necesitas algo, solo dame una llamada.
Estoy normalmente levantada hasta las once." Alisó una arruga imaginaria en la manta antes de ponerse su cazadora. "Descansa bien, Dulce. Te veré mañana."
"No quiero impedir tu trabajo."
"Confía en mí, yo mucho prefiero estar aquí que allá. Estaré por aquí vez después del desayuno. Recuerde lo que dije. Llámame siempre que desees, incluso si es solo para hablar." Solo para estar segura, Anahi empujó el teléfono un poco más cerca en la mesa lateral.
"Gracias. Buenas noches, Anahi."
"Hey, llámame Annie. Todos mis amigos lo hacen," dijo con una sonrisa.
"Annie. Buenas noches, conduce con cuidado." Dulce no notó la mirada que destelló a través de la cara de la mujer más mayor antes de ser cubierto con una fingida sonrisa.
"Buenas noches, Dulce."
*****
Annie estaba enroscada en la cama con Tabitha puesta a su lado, cuando el teléfono sonó. Un rápido vistazo al reloj le dijo que eran casi las once. "¿Hola?"
"Um... hola, soy Dulce. Espero que no esté llamando demasiado tarde."
"No, no no estás llamando demasiado tarde en absoluto." Se incorporó, mucho para el descontento de Tabitha. "¿Estás bien?"

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:08 pm

"Si, yo um... supongo que yo solo quería... saber cómo está Tabitha," vino la pobre excusa. Annie sonrió, apoyando una almohada detrás de su espalda y reclinándose contra la cabecera de roble.
"La máquina ronroneadora está bien. ¿Deseas saludarla? Ella parece pensar que dondequiera que yo esté es un buen lugar para ella estar." Sin esperar una respuesta puso el teléfono cerca del gato. "Dile hola a mami, Tabitha." Lo sostuvo allí por algunos segundos antes de poner el receptor de nuevo en su oído. "¿Oíste su ronroneo?"
"Si." Annie podía sentir la sonrisa a través del teléfono y en vuelta sonrió misma. "¿Hay algo que quisieras que te llevara mañana? Estaré probablemente allí alrededor de las diez."
"Um... si no fuera demasiado problema, ¿crees que podrías comprobar el correo por mí?"
"Maldición, completamente me olvidé sobre eso. Tendré que parar en la oficina de correos y pondré una dirección a la que reexpidan la correspondencia para ti antes que ese imbe*cil de Cecil comience a sabotear tu correo."
"Oh... Yo no sé a dónde podrías reexpedirlo."
"Me ocuparé de eso, no te preocupes. Pero yeah, daré una vuelta por ahí mañana y veré si tienes algo."
"Realmente apreciaría eso." Hubo un momento de silencio antes de que Dulce continuara. "¿Annie?"
"¿si?"
"Um... duerme bien, ¿Ok?" Eso provocó que la ejecutiva sonriera otra vez.
"Tú también, Dulce. Te veré en la mañana."
"Buenas noches."
"Buenas noches." Esperó algunos segundos antes de presionar el botón de apagado en el teléfono y ponerlo de nuevo en el cargador sobre su mesita de noche. Tabitha avanzó lentamente sobre su pecho y comenzó a intentar imprimir marcar sus patas en los órganos internos de Annie. "Oof, creo que no, srita," dijo, suavemente empujando el gato nuevamente sobre la cama y recibiendo un desanimado meow en respuesta. "Vamos, tengo muchas cosas en que ocuparme mañana. Es una enorme cama. Hay demasiado espacio sin que tengas que estar justo encima de mí." No obstante, la belleza de cabello oscuro terminó quedándose dormida con el felino ronroneador enroscado contra ella.
La alarma saltó a las seis como de costumbre, anunciando que el día de Annie empezaba.
"¿Mrrow?"
"En un minuto," contestó adormilada, quitando las mantas y metiendo los pies en las suaves azules pantuflas esperando junto a la cama. Con los ojos medio cerrados, caminó fatigosamente a su baño. Volviendo pocos minutos más tarde, dientes cepillados y vejiga vacía, se quitó su sudadera y se puso su traje de entrenamiento gris claro antes de dirigirse hacia el sótano.
El gimnasio privado de Annie sería la envidia de cualquier deportista en buena forma. Con la excepción de que el cuarto contenía el calentador de agua y la calefacción, el resto del sótano estaba dedicado a un sin número de banquillos, de máquinas, y colchonetas. Creciendo en la casa que ahora era suya solamente, Annie había a menudo soñado con la renovación del húmedo sótano en un lugar en donde pudiera solo estar ella misma, el bombeo del hierro y el acaloramiento la hicieran sudar saludablemente. Su objetivo fue consumado con el gimnasio privado. El cuarto estaba decorado con brillantes elevadas luces fluorescentes y realzadas por las paredes de espejos. Agarró una fresca toalla del estante, encendió el estéreo, y se dirigió a la escaladora para calentar.
Duran Duran retumbó a través de las bocinas colocados a lo largo del gran cuarto mientras Annie empujaba sus pantorrillas y muslos a los límites en la escaladora. En su propio privado refugio, nadie podía oírla cantar en la música, ver el sudor formarse en su frente, cuello y pecho, o notar la forma en que se empujaba. Se enorgullecía de la forma y fuerza de su propio cuerpo pero ambos requerían constante mantenimiento. Veinte minutos escaló, esto nunca va a ninguna parte y avanzó a la parte siguiente del equipo, tomándose tiempo para atar su cabello para mantenerlo fuera de su cara y la nuca. Comprobó la cantidad de pesos en la barra antes de acomodarse abajo en el banco, quitó la barra de su apoyo, y la trajo abajo a su pecho. Meneó sus dedos para asegurarse que sus manos estaban en la apropiada posición y comenzar sus agotadoras repeticiones, subiendo la barra a la máxima altura antes de bajarla de nuevo sobre su pecho. Entonces estaba fuera de la pierna presionando, la máquina crujía por sus abdominales, el antebrazo se apretaba, entonces la máquina se encaminó para una buena en general sesión de ejercicios. Para el momento en que el CD estaba finalizando, Annie era un montón de merecido sudor y los músculos pedían un descanso. Lanzó la empapada toalla en el cesto cerca de la puerta y se dirigió de regreso a su dormitorio donde se desnudó la piel cubierta de sudor expandido por su cuerpo y entró en al baño. La ducha sobre su cabeza enviaba los pulsos de agua caliente contra su cuerpo, masajeando mientras limpiaba. Diez minutos con el secador de pelo y Annie estaba fresca y lista para hacerle frente a lo que sea que el día le ofreciera.
La nieve había caído durante la noche, cubriendo la ciudad con una capa ligera de blanco. La cherokee azul brillante recorría las estrechas calles de Albany, luchando con el resto del tráfico de la mañana de viernes. Encontró un espacio para estacionarse en Morris Street y cuidadosamente se dirigió a las escaleras para recuperar el correo de Dulce. Lo recogió, planeando en dejar la propaganda postal para que Cecil le hiciera frente cuando un pequeño sobre atrapó su atención. Lo metió en el bolsillo interior de su cazadora y volvió al calor de su vehículo deportivo. Solo entonces lo sacó y examinó el remite. D. Bickering, RR 3 Box 4120, Cobleskill. Cobleskill, conocido más por su universidad agrícola que por algo más, era un pequeño pueblo a una hora de Albany. Fue pensado para ser sobre todo tierras de labranza, aunque había un claro número de residentes en el área. La abrumadora mayoría eran o bien granjeros o gente que estaba dispuesta a viajar cuarenta minutos o más para llegar a sus trabajos todos los días, tan lejos de una verdadera ciudad estaba el pueblo. Annie empujó la carta nuevamente dentro de su bolsillo y puso el jeep en marcha, determinada a llegar al hospital y entregar la carta a Dulce antes de que el impulso de ir a casa y con el vapor abrir el sobre consiguiera lo mejor de ella. Desesperadamente quería saber cómo entraba la misteriosa Dolores Bickering en la vida de Dulce y por qué la joven mujer sin dinero estaba expidiendo cheques a esta persona.
Annie llegó justo cuando la enfermera terminaba de comprobar los signos vitales de Dulce. Como esperaba, la cara de la joven mujer mostraba el dolor que las drogas no podían completamente borrar. "Hey tu," dijo suavemente, atrayendo la atención de Dulce de la enfermera a ella.
"Hola," la pelirroja mujer sonrió. "Parece que la nieve te atrapó."
"Solo un poco," Annie contestó, quitando los derretidos copos de su oscuro cabello y los hombros de su suave chaqueta café. "¿Debo regresar un poco más tarde?"
"Casi termino," la enfermera dijo sin levantar la mirada de su tarea. Se incorporó e hizo varias anotaciones en la tabla de Dulce. "Ya está. Todo terminó por ahora." Se quitó los guantes de látex dejándolos en el rojo recipiente para residuos. "La doctora Barnes vendrá a visitarla dentro de poco," dijo antes de dejar a las dos mujeres solas.
La curiosidad ganó saliendo al instante que estuvieron solas. Annie sacó el sobre de su bolsillo y se lo dio a Dulce. "Aquí está tu correo."
La sonrisa que había estado en la cara de la joven mujer desapareció en la vista de la escritura en el sobre. La abrió y leyó las palabras escritas que resaltaban en el papel mientras que Annie dejó su maletín en el piso y colgó su abrigo en el respaldo de la silla antes de tomar su acostumbrado asiento junto a la cama. Dulce estaba silenciosa cuando acabó de leer la carta y la puso nuevamente dentro del sobre. "¿Podrías hacerme un favor y traerme mi chequera mañana?"
"¿Pasa algo? ¿Algo con lo que pueda ayudar?"
"No, es solo algo de lo que tengo que ocuparme." No pudo evitar encontrar los penetrantes azules ojos que la miraban. "Odio hacer esto, pero ¿podrías traer un sobre y una estampilla también?"
"Por supuesto, Dulce," Annie contestó, todavía muriéndose de la curiosidad sobre el contenido de la carta. "Mira... si tienes una deuda que necesites ayuda para pagar..." Lamentó las palabras inmediatamente, pensando que ofendieran a su nueva amiga.
"No, no es eso. Es de alguien con la que viví." La cabeza de Dulce nunca se levantó y su actitud totalmente cambió, retirándose dentro de sí misma.
"¿Un novio?"
"Una madre adoptiva. Viví con ella cerca de dos años. Se ocupó de mi cuando nadie más pudo" Los hombros de la pelirroja mujer se hundieron y dejó salir un suspiro de derrota. "Ha tenido un tiempo difícil desde que el Estado le quitó a todos los niños que cuidaba. Tu no querrás oír hablar sobre esto," Dijo, dándole a su nueva amiga una salida si la quería.
"Claro que quiero hacerlo," Annie dijo, extendiendo su mano para envolver la pequeña mano dentro de la suya. "Esa carta pareció realmente preocuparte. ¿Te importaría compartir?" Esperó que Dulce diera detalles sobre Dolores pero fue sorprendida encontrar la carta empujada en su mano.
"Pienso que esto explicará todo."
Annie miró a Dulce antes de abrir el sobre y de leer la carta.
(Dulce,
No he sabido nada de ti desde hace tiempo. Las cosas son de verdad duras aquí. Puedo apenas mantener un tejado sobre mi cabeza mucho menos algo más. Los idiotas de los servicios sociales no entendieron nada de lo que les dije. Sé que estás ocupada con tu vida y no tienes tiempo para una vieja señora como yo pero tienes que recordar que me ocupé de ti cuando nadie más pudo. Abrí mi hogar para ti, te di de comer y me aseguré de que fueras a la escuela. Has sido buena sobre intentar ayudarme pero realmente necesito más de lo que has estado enviando. Tú sabes que cuesta mucho alimentar a un niño más. Sin mí habrías pasado hambre. Estuve allí cuando necesitaste que alguien se ocupara de ti. Estaré esperando cualquier mis... miseria... cualquier pequeña cantidad que puedas enviarme.
Tú tía Dolores.)
Annie dobló la nota y la metió en el sobre, intentando mantener su mal humor en control, que estaba rápidamente haciéndose difícil para hacerlo. Dejando el sobre abajo en la bandeja de la cama, agarró los carriles laterales de la cama tan firmemente que sus nudillos se pusieron blancos. Dio varias respiraciones intentando tranquilizarse antes de sentir los verdes ojos mirándola expectantemente. "Tú no le debes a ella, Dulce," dijo a través de los apretados dientes, incapaz de levantar su cabeza para encontrar la mirada.
"Debo hacerlo," la joven mujer dijo tristemente. "Cuando estaba viviendo con ella, había cuatro de nosotros. Ella siempre dejó claro que el Estado no le daba bastante para ocuparse de nosotros."
"Mierdadetoro." Annie echó pestes levantándose de su asiento y acercándose a la ventana, mirando fuera en la ligera nieve cayendo. "No tengo ningún derecho de decirte qué hacer con tu dinero, Dulce, pero ella solo te está usando, jugando con tu compasión. Tanto tiempo como te mantengas dándole dinero, dinero que no puedes permitirte reponer, ella solo volverá por más." Volteó la mirada en la joven mujer. "¿Ella te agradeció una vez el dinero que le has enviado hasta ahora? No, ella solo dice que tienes que enviarle más. Está culpándote de darte su dinero. Cualquier deuda que piensas que le debes, esa se pagó hace mucho tiempo. Está ahora solo chupándote hasta secarte." No queriendo perturbar a Dulce más de lo que estaba, Annie regresó a su asiento y bajó su voz, "Ni una vez te preguntó cómo estabas viviendo, ni siquiera una palabra amable. Esa carta era nada más que 'envíame dinero'. No mereces que se aproveche de tu bondad así, Dulce. Eres una persona demasiado buena para ser tratada así."
"Ella es la cosa más cercana que tengo a una familia," la mujer joven protestó, no obstante débilmente. Nunca había compartido este problema con alguien más antes y estaba sorprendida de ver la reacción de su amiga. Dulce había oído por tanto tiempo sobre cómo le debía a Dolores por haberse ocupado de ella que creía que era una deuda que nunca podría pagar, sin tener en cuenta sus sentimientos personales sobre esto. Tener a alguien para expresarle los sentimientos que habían estado enterrados profundamente dentro de ella era algo que no esperó.
"No necesitas una familia así. Mereces lo mejor," Annie dijo. Dio un resignado suspiro. "Te dije que te traería tu chequera y lo haré. También te traeré la estampilla y el sobre pero realmente quisiera que pensaras acerca de esto antes de que le envíes más dinero." Estiró su mano y tomó la mano de Dulce entre las suyas. "Prométeme que lo pensarás primero, ¿Ok?"
"Ok," la mujer joven contestó, sacando una sonrisa de Annie. "Vamos hablar de algo más en lugar de eso, ¿Ok?"
"Seguro, dime que."
"¿Por qué no me cuentas sobre tu familia? Me encantaría oír acerca de ellos."
"No es tan interesante como es posible que pienses." Annie iba a intentar y sacarle la vuelta a esto pero la expectante mirada en la cara de Dulce cambió su opinión. "De acuerdo, pero te advierto, que es bastante aburrida." Se movió en su asiento, deseando estar usando jeans en vez de sus pantalones de vestir. "Soy la mayor de tres. Somos Susan, Christian y yo. Susan es completamente lo opuesto de mí. Ella dirige los seguros Puente. Está casada con Alfonso; él es abogado." Sonrió como si compartiera algún gran secreto. "Susan usa más maquillaje que Tammy Faye Baker y piensa que es una maravilla. Pero puede sumar números en su cabeza más rápido que una calculadora y trae a la división de seguros arriba del promedio de ganancias para ser una de nuestros principales creadores de ingresos. Tengo que advertirte sin embargo, no permitas que te atrape sola en una fiesta. Mi hermana es la más grande para recaudar chismes e información en el estado. Una vez que logra atraparte no te deja ir hasta que sepa todo hasta tu tipo de sangre."
"¿Qué sobre tu hermano?" Dulce preguntó, mirando como la sonrisa abandonó la cara de Annie.
"Christian es un alma perdida. Él tiene veinticinco años pero todavía actúa como un adolescente. Le tomó seis años y tres universidades para obtener su licenciatura porque no puede aplicarse él mismo. La familia insistió que lo pusiera a cargo de algo así que le di la División de Bienes Inmuebles." Suspiró. "Imaginé que eso estaba bien que no podría hacer algo para estropear esto. Ahora estamos pasando por el peor crecimiento desde la recesión y actúa como si no importara. Por eso tuve que regresar a la oficina ayer. Odio la irresponsabilidad."
Su conversación fue interrumpida por la llegada de la doctora Barnes. "¿Cómo está hoy, Srta. Espinoza?" Preguntó.
"Igual que ayer, supongo," Dulce contestó. "Oh, doctora Barnes, ella es mi amiga Annie. Annie, ella es la doctora Barnes." No vio la sonrisa formarse en la cara de Anahi por el título otorgado.
"Hola," la médica dijo. Miró la tabla de Dulce por un momento e hizo una anotación. "Bien, Srta. Espinoza, parece que todo está cicatrizando correctamente bien." Dejó la tabla abajo y se trasladó a la cabecera de la cama para comprobar las puntadas en la mejilla de Dulce. "Los huesos están fijándose apropiadamente y no veo razón para que usted no pueda ir a casa."
"¿Casa? Pero..." Miró temerosamente a Annie por ayuda.
"¿Cómo puede usted enviarla a su casa? Ella no puede incluso caminar todavía," la mujer de cabello rubio dijo, cayendo en el rol de protectora fácilmente. Parecía una cosa natural para hacer cuando venía para Dulce.
"Mire Srita..."
"Puente, Anahi Puente."
"Srta. Puente," la doctora corrigió, sin impresionarse con el nombre de la alta mujer. "No hay nada más que podemos hacer por ella ahora mismo. Su cuerpo está reaccionando bien al tratamiento. No hay nada más que hacer, excepto esperar a que los huesos cicatricen."
"Pero no puede caminar todavía," Annie protestó.
"Ella no podrá caminar hasta dentro de un año," la doctora contestó. "No hay muestras de infección, los escasos agentes han evitado la formación de cualquier coágulo y la hinchazón ha ido bajando a un aceptable nivel. A este punto no hay nada más que el hospital pueda hacer, excepto proporcionarle a ella una cama. Le haré una prescripción para el dolor y debe volver el próximo viernes para retirar las puntadas de su cara. Al mismo tiempo miraré sus piernas y tobillo entonces veremos adónde vamos de allí."
La respiración de Dulce estaba aumentando y parecía lista para llorar, Annie se inclinó rápidamente sobre la cama, bloqueando de la vista de la joven mujer de la portadora de las malas noticias. "Dulce," susurró. "Déjame ocuparme de esto. Prometo que todo estará bien."
"Yo no puedo... Yo no..."
"Shh. Deja que me ocupe de esto. Confía en mí." Habló suavemente, como si calmara a un pequeño niño. "¿Confías en mí?" Recibió un tembloroso cabeceo. "Prometo que todo estará bien."
"Pero..."
"Confía en mí, Dulce." Mantuvo su mirada, dejando que el intenso azul buscara y calmara al verde, intentando silenciosamente transmitirle que todo estaría bien.
Finalmente la joven mujer dejó salir una pesada respiración y asintió, poniendo su vida en las manos de la mujer que parecía tan dispuesta a ayudarla. Tan asustada como la perspectiva parecía, había un confort en saber que Annie estaba allí para ella.
"¿Qué necesito saber sobre el cuidado para ella?" Anahi preguntó, girando su atención a la doctora.
"Le mandaré a la enfermera para que le indique cómo bañarla adecuadamente para prevenir infecciones. Sugiero que consiga para su casa a un asistente de la salud o una enfermera privada si puede permitírselo." Ese comentario ganó un levantamiento de cejas de la mujer que había donado seis cifras al hospital el año pasado. "La cosa más importante es asegurarse que las heridas se mantengan limpias." Hizo otra anotación en la tabla. "Le mandaré una hoja de instrucciones preparadas explicándole exactamente qué necesita ser hecho cada día."
"Bien," Annie dijo, su mente pensaba ya qué habitación sería acomodada en un espacio para la recuperación. Era un inesperado giro en los acontecimientos, pero uno que podría manejar. Confusa observó que no era culpabilidad la que la hacía abrir su santuario a Dulce, era algo más fuerte, preocupación y afecto. En alguna parte en el curso de intentar compensar su error, a Anahi Puente había comenzado a importarle. "Lo que sea para hacer que ella este mejor."
"Haré que la enfermera le dé todo los detalles. Firmaré los papeles de la alta antes de que comience el resto de mis rondas." Giró la mirada en su paciente. "Lo siento, Srta. Espinoza, he oído que se encariñó bastante con nuestra comida." Su intento de bromear no fue recibido tan bien como esperaba, ganando solamente una débil sonrisa de la pelirroja. "Bien, si hubiera alguna manera que justificara mantenerla aquí, lo haría."
"Lo sé," Dulce contestó. "Gracias."
"No se olvide de concertar una cita con nuestra clínica para pacientes externos para retirar esas puntadas el próximo viernes. Asegúrese que le programen la cita conmigo y no con un médico asistente. Quiero dar una mirada a esas piernas también."
"Lo haré."
"Me ocuparé de eso," Annie dijo firmemente, no dejando duda en la mente de la joven doctora que su paciente estaría bien cuidada.
*****
Fue una ocupada tarde para Anahi. Su teléfono celular estaba constantemente encendido, agotando la batería bastante que la ejecutiva tuvo que recurrir a usar el teléfono de la habitación de Dulce para terminar sus preparativos. Llamó a una compañía de suministros quirúrgicos para comprar una cama de hospital, una silla de ruedas, y varias otras cosas que la enfermera insistió que eran necesarias para la adecuada recuperación de Dulce. Pero no importó cómo duramente intento, Annie no podía conseguir que entregaran la cama ese día. En la frustración les dijo que solo entregaran los otros artículos y llamó a varias mueblerías hasta que encontró una que vendía camas ajustables. Incluso eso tomó un poco de trabajo para convencerlos que enviaran un camión con ésta ese día. Entonces tuvo que llamar a María para dejarle saber lo que ocurría. Explicó al ama de llaves de su confianza que habitación iban a ocupar y qué artículos necesitaban ser movidos para hacer espacio para el mobiliario nuevo. La llamada siguiente había sido a un servicio privado de ambulancias para arreglar el traslado del hospital a su casa para Dulce. Las restantes llamadas habían sido a varias agencias en un intento de conseguir una enfermera privada para contratarla a largo plazo, en una base de tiempo completo, después a María otra vez para ponerla al tanto de los últimos acontecimientos.
"¿Annie?" Dulce llamó suavemente, atrayendo la atención de la alta mujer.
"Tengo que irme, María. Llámame al teléfono del jeep si hay algún problema." Colgó el teléfono y se sentó en el borde de la cama. "Supongo que todo está listo. Ahora solo esperaremos que la ambulancia llegue."
"No sé cómo agradecerte," Dulce susurró, su voz quebrada por la emoción.
"Shh... no necesitas estarte preocupando de cosas así."
"Pero nadie nunca... yo, quiero decir esto es tanto..." Sus ojos emergieron con el sincero sentimiento.
"Hey, no es problema, ¿recuerdas? Prometí que cuidaría de ti." Annie extendió su mano y cogió una lágrima antes de que pudiera rodar por la mejilla de Dulce. "Hey, nada de eso. Tabitha te extraña y esta es la manera perfecta de asegurarme que ella tenga a alguien más para conseguir su atención de modo que yo pueda conseguir hacer un poco de trabajo." Recibió la más desnuda de las sonrisas. "Además, he estado sola durante mucho tiempo. Será agradable tener compañía."
Tanto como Annie quería viajar en la ambulancia con Dulce para proporcionarle comodidad, estaba el jeep para considerar y la idea de dejarlo en Albany de noche era un desagradable pensamiento. No había pasado cerca del Porsche desde el accidente, aunque observó que Hans había estado durante el día anterior para comenzar las reparaciones. Eso la dejó sin ninguno de los vehículos que estuviera bien en la nieve o su preciado Mustang 1967 para sacarlo y el Mustang nunca vería el salado invierno de las calles de Albany si podía evitarlo. Con reticencia eligió dejar viajar a Dulce sola en la ambulancia mientras los seguía detrás en el jeep.
El conducir de Albany a Loudonville donde la casa de Annie se encontraba, normalmente tomaba menos de quince minutos. La mujer de cabello rubio dio al conductor de la ambulancia una advertencia que él no estaba en una llamada de vida o muerte, y tenía que hacer lo posible para evitar golpear algún bache en su salida de Albany, incluso si significaba tomar tiempo doble para llegar allí. Loudonville era un área llena de antiguas y viejas casas, que databan de los siglos XVI y XVII. A menudo era considerado un suburbio rico de Albany incluso aunque era una entidad completamente separada. La única relación que Loudonville tenía con la capital era que estaban dentro del mismo condado. La gente que vivía en el prestigioso pueblo dejaba en claro que no eran residentes de Albany de ninguna manera, forma o modo. El viaje a su casa fue el más angustioso paseo de la vida de Annie. Las calles eran las típicas de principios de diciembre los trozos de aguanieve y el hielo hicieron el viaje bastante movido pero con el agregado factor de los baches, la ambulancia se encontró rebotando mucho más de lo usual. Sabiendo que cada bache significaba dolor para Dulce, Anahi gruñó cuando la ambulancia golpeó un bache particularmente grande justo cuando estaban saliendo de Albany y cruzando para entrar a Loudonville. La verde y blanca ambulancia rebotó y se sacudió sobre la irregular calle, convirtiendo a Annie en un manojo de nervios antes de que finalmente llegaran a las lisas calles de su ciudad natal y giraran sobre la entrada Puente.
María abrió la puerta y salió justo cuando la ambulancia subió por el camino de entrada, seguido de cerca por el jeep azul brillante. Annie normalmente utilizaba su control remoto para abrir las apropiadas puertas del garaje y guardar su vehículo pero tenía algo más importante que hacer. Se colocó en el área del gran estacionamiento enfrente de los garajes y esperó que las puertas traseras de la ambulancia se abrieran. Hizo lo posible para permanecer apartada cuando sacaron a Dulce, observando que más de unas pocas lágrimas que le parecía ser nada peor para tener. "Y pensé que comenté que el hospital era frío," la joven mujer comentó, la manta y la sábana no hicieron nada para parar el penetrante viento que se había levantado.
"No te preocupes, estarás en el interior y te calentarás bastante pronto," Annie contestó, notando por la esquina de su ojo que María tenía las puertas dobles abiertas dándoles el espacio máximo para atravesar con la camilla y su preciada carga.
Lo plano en su espalda, fue lo primero que Dulce notó cuando entraron a la gran estructura que tenía altos techos, oscuras vigas contra un color crema de fondo. Giró su cabeza y sus ojos se ensancharon en las vistas. La sala era enorme, fácilmente más grande de lo que había sido su apartamento completo. Cuando sintió el cambio en la altura se dio cuenta que una parte de la sala estaba hundida, algo que había visto en revistas en la biblioteca pero nunca había visto realmente en el hogar de alguien. La alfombra de pared a pared era el mismo color crema que el techo, espesa y lujosa sin una sola muestra de decolorado o desgaste. Grandes armarios de madera oscura alineaban una pared; Dulce supuso que serían cerezo o caoba. Un conjunto de escaleras ocupaba otra pared. Le recordaron las escaleras del programa de televisión The Brady Bunch, excepto que en vez de tener un reducido rellano, estas escaleras curvaban alrededor en el fondo. El barandal era también del mismo intenso color que los armarios y las vigas del techo. Escuchó a Annie maldiciendo en alguna parte en el fondo pero no podía localizarla, no importaba como volteara su cabeza. Entonces la vio salir de una habitación en el extremo y correr arriba de las escaleras. María caminó en su línea de visión y Dulce consiguió el primer vistazo real del ama de llaves. "Hola."
"Bien hola allí, ¡pobrecita!," el ama de llaves contestó. "Annie tuvo que ir arriba para traer algunas sábanas. Estará de regreso pronto."
"Mi nombre es Dulce." Extendió su mano.
"Soy María, niña," contestó, tomando la mano ofrecida y la saludó. "Una vez que estés instalada haré algo rico de comer. Estoy segura que estás harta de esa espantosa comida del hospital."
"Es usted muy amable pero no quisiera que tuviera ningún problema."
"Oh, no es ningún problema en absoluto. Oh, aquí viene Annie. Mejor voy a poner esas sábanas en la cama para que puedas estar cómoda."
María tomó las sábanas de lino de las manos de Annie y desapareció dentro de la alejada habitación mientras la alta mujer fue al lado de Dulce. "Siento sobre eso," dijo.
"Annie, ¿puedes hacerme un favor?"
"Claro, ¿qué quieres?"
"¿Puedes cubrir mis pies? Están congelándose." Un segundo después sintió grandes manos cálidas cerrarse alrededor de sus helados dedos de los pies, la única parte de sus extremidades inferiores no encajonadas en un molde de yeso.
"¿Por qué no dijiste nada?" Annie dio una mirada furiosa a los asistentes de la ambulancia mientras ajustaba la sábana y la manta para cubrir los expuestos pies. María salió de la habitación algunos minutos más tarde, anunciando que todo estaba dispuesto. "Te pondremos en la cama y entonces iré arriba y te conseguiré un par de agradables calcetines calientes," Annie dijo antes de apartarse del camino cuando los asistentes tomaron el agarre de cada extremo de la camilla.
Solo tomó una rápida mirada alrededor para que Dulce se diera cuenta que el cuarto en la que la estaban poniendo era la oficina de Annie. Dos altos archiveros estaban presionados contra la pared, al parecer para hacer espacio para la cama queen sized ubicándola en medio del cuarto. Un escritorio para la computadora con el monitor más grande que había visto nunca estaba contra una pared cercana y una inmensa televisión ocupaba la pared restante donde podría verla cómodamente.
"Ok, Mike, ¿listo?" Uno de los asistentes preguntó, alzando la sábana debajo de Dulce en sus manos. "A las tres," Mike contestó. "Uno... dos...tres." Fácilmente la levantaron pero en el proceso de ponerla de nuevo abajo, una esquina se resbaló de sus manos, provocando que el pesado molde de la pierna derecha cayera abajo sobre la cama. La sacudida envió ráfagas de dolor a través de Dulce y el posterior grito trajo a Annie a su lado. "Srta. Lo siento," Mike dijo. "Necesitamos ahora rodarla sobre su costado para que podemos conseguir sacar la sábana de debajo de ella."
"No," Annie dijo. "Yo la sacaré." Había claramente cólera en su tono así como la preocupación que Dulce no estuviera lastimada aún más. Con cuidado infinito descorrió la sábana sacándola debajo de la joven mujer hasta que finalmente salió libremente. La lanzó al compañero de Mike. "¿Hay algo que necesito firmar?"
"No Madame. Usted recibirá la factura de nosotros en algunos días."
"Bien. ¿Hay algo más?" Sin esperar una respuesta cabeceó a María, que estaba parada en la puerta, "María los acompañará a la puerta."
"Fue un accidente," Dulce dijo una vez que se fueron los asistentes. Annie repasaba atareada las instrucciones de como operar la cama nueva.
"Fue un estupido accidente. Él debió haber tenido más cuidado. ¿Qué, si no hubieras estado sobre la cama?" Bajó el brazo y envolvió su mano en los fríos dedos de los pies de Dulce. "Déjame conseguir algunos calcetines para ti. Regresaré pronto. ¿Deseas algo de la cocina?"
"No, gracias. Puedo esperar hasta la cena."
"Huh. Uh. Bien, reconozco que necesito una taza de café. ¿Quieres algo caliente o frío para beber?"
"Um..." La mirada en los intensos azules ojos decía que era mejor elegir uno u otro. "Caliente, por favor."
"Aquí está el control para la cama." Dio el blanco aparato de plástico a Dulce junto con el folleto de instrucciones. "Esto viene con calor y masaje. Solo presiona estos botones si quieres encenderlo. Éstos controlan los pies y la cabecera de la cama." Observó como la joven mujer experimentaba, levantando la cabeza hasta que estuvo en un ángulo de cuarenta y cinco grados. "Te dejaré que consigas utilizar esto y estaré de vuelta con esos calcetines."
Annie volvió pocos minutos después con un par de gruesos calcetines blancos y un ronroneador montón de pelusa anaranjada y blanca. "Mira a quién encontré escondida en el cuarto de servicio," dijo, dejando a Tabitha en la cama y sonriendo cuando vio los brazos de Dulce envolverse alrededor de su precioso gatito.
"Hola dulzura... te extrañé," la joven mujer arrullaba a su satisfecho gato. "Has ganado peso."
"¿Mrrow?"
"¿Me extrañaste?" Abrazó a Tabitha otra vez, sin pensar en las lágrimas que se derramaban saliendo de sus ojos. "Gracias," susurró a Annie. "Gracias por ocuparte de ella por mí. No puedo decirte cuanto..." Su voz se interrumpió y se dio por vencida para intentar hablar.
"Lo sé," la mujer de cabello rubio dijo suavemente. "Y de nada." Hace una semana no habría creído que podría significar tanto tener a alguien que se ocupara de su mascota pero ahora Annie entendía justo lo importante que el felino era para Dulce.
"Hey, vamos a poner estos calcetines en ti." Se trasladó al extremo de la cama, todavía mirando la llorosa reunión entre Dulce y Tabitha. "Éstos fueron los más calientes que pude encontrar," dijo mientras apartaba la manta. Reunió el tejido de algodón en sus dedos y lo deslizó cuidadosamente sobre los dedos del pequeño pie de Dulce, después sobre el pie y el tobillo cubiertos por el molde. Con el talón en el lugar, parte de la punta de los calcetines caía, claramente mostrando la diferencia en el tamaño de los pies de las dos mujeres. "Lamento esto. Te conseguiré algunos calcetines que te queden mañana."
"No tienes que hacer eso, Annie. Éstos están bien, si no te importa que use tus calcetines. Además, tienen que ser grandes o no cabrían sobre el molde." El calor que emanaba de la cama tomó más que solo tranquilizar a Dulce, esto disminuyó el dolor en sus piernas y la relajó al punto que sus párpados se sentían muy pesados y no pudo sofocar un bostezo. "¿Te importaría si descanso un pequeño rato?"
"Por supuesto que no, Dulce, cuando estés cansada, solo dímelo." Annie observó la computadora, gimiendo internamente en el pensamiento del trabajo que había estado acumulándose toda la semana esperando por ella. "Te molestaría el teclado si trabajo un poco?"
"Oh no. Adelante. No me molestará en absoluto." Dulce no sabía si lo haría o no pero no estaría diciéndole a Annie que no podría hacer su trabajo en su propia oficina en su propia casa. Tabitha parecía bastante satisfecha tumbada en la climatizada cama y pronto se quedó dormida.
El sueño no llegó tan fácilmente para Dulce, sin embargo. El traqueteo del teclado atrajo su atención a Annie que trabajaba duro solo algunos metros más allá. Había computadoras en la biblioteca pública y sabía cómo usarlas para buscar la localización de libros pero poco más. Incluso desde esta distancia podía ver que Annie estaba revisando algún tipo de hoja de cálculo. Aunque la esculpida cara tenía la mirada desviada de ella, Dulce no tenía ninguna duda de que la cabeza de Puente Corporation fruncía el ceño. Un lápiz con el extremo bien mordisqueado encontró su camino dentro de la boca de Annie una y otra vez. Cuando éste no estaba siendo roído, estaba siendo rebotado arriba y abajo en el escritorio, un evidente inquieto hábito. Cada tan frecuentemente como una incongruente explicación podía salir de la boca de la culta mujer y la pantalla de la computadora podía cambiar de una hoja de cálculo a otra.
Annie se levantó y se acercó a los archiveros, sacando un fajo de informes generados en computadora. "¿Qué diablos estás haciendo, Christian?" Preguntó al aire antes de volver a su asiento y comparar la información sobre el papel a lo que le decía la pantalla. A través de los medios cerrados párpados Dulce continuó mirando a su nueva amiga luchar para encontrarle sentido a lo que estaba observando. Varias veces Annie se reclinó en su sillón de piel y dejaba salir frustrados suspiros. Eran esas veces que Dulce podía ver su cara, frente surcada con el pensamiento, labios fruncidos, quijada apretada. La joven finalmente se quedó dormida deseando poder hacer algo para disminuir los problemas de Annie de la forma en que la compasiva mujer había disminuido los suyos.
*****
Annie apagó el monitor y giró en su asiento para encontrar a Dulce durmiendo, Tabitha justo a su lado. El anaranjado y blanco felino estaba ajetreado limpiando sus patas e incluso no se molestó en levantar la mirada cuando la ejecutiva salió del cuarto.
"¿Cómo está la pobrecita, querida?" María preguntó cuándo Annie entró en la cocina.
"Ella está durmiendo ahora. La despertaré para cuando la cena esté lista." Alcanzó un vaso del armario antes de sacar una cerveza del refrigerador. "Realmente agradezco que te hayas quedado tarde hoy para hacer esto."
"Oh, no es ningún problema para nada, Annie, sabes eso," la mujer mayor dijo. "Qué le sucedió?"
"Fue golpeada por un auto. No tiene familia y nadie más para ocuparse de ella. Va a permanecer aquí hasta que esté curada totalmente y no necesito que mi madre y hermana sepan sobre esto," Annie advirtió, deseando evitar cualquier discusión familiar.
"¿Supongo que es la madre de Tabitha?"
"Si." Tomó un trago de cerveza y olfateó en el horno. "Olores ricos."
"Uh huh estará rico una vez que esté hecho. Incluso no pienses acercarte allí y tomar algo." María recordó que en el pasado muchas veces cuando los tenedores para la cena desaparecían los encontraba en el momento en que los sacaba del horno. "No me dijiste lo que le gustaba así que hice una cacerola de asado."
"Oooh. Suena rico." Los ojos de Annie se iluminaron. "Espero que hayas hecho suficiente." Tomó otro trago de cerveza y echó un vistazo en las hileras de gabinetes. "Sabes dónde está esa bandeja que utilizamos cuando mamá estuvo enferma?"
"Por supuesto que lo sé. A diferencia de ti, conozco mi camino alrededor de la cocina."
"Hey, sé dónde están las cosas. Encontré la cerveza sin problemas." Annie sonrió.
"Siempre saliéndote lo listilla, ¿no es así, Anahi Giovanna?"

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:09 pm

"Únicamente contigo, María," la alta mujer contestó, inclinándose y dándole a su querida ama de llaves un beso en la mejilla y le rizó el cabello. "Tomaré mi cena en la oficina con Dulce. Si necesitas ayuda solo dame un grito."
"Considerando que serví a tu familia entera cuando vivían todos aquí pienso que llevar dos cenas a la oficina no será un problema." Abrió la puerta del horno y pinchó la carne y las papas con un tenedor grande. "Ahora ve a ocuparte de tu huésped. La cena tardará por lo menos otra media hora."
Una vez que estuvo sola otra vez en la cocina, la cara de María dejó la sonrisa. Se acercó a las puertas corredizas y miró detenidamente afuera en la noche. La lámpara grande de sodio iluminaba el garaje y el maltratado Porsche situado en el interior de éste. "Oh Anahi..." susurró. "¿Qué has hecho?"
*****
"Estaba delicioso," Dulce dijo por milésima vez, poniendo su tenedor abajo en el plato vacío. "Nunca me interesé mucho por las zanahorias pero éstas estaban deliciosas."
"Creo que María pone un poco de azúcar en ellas mientras se están cocinando," Annie contestó, quitando la bandeja del regazo de la pelirroja y dejándola sobre el escritorio. "¿Estás lista para el postre?"
"¿Postre?" Dulces ojos se iluminaron.
"Postre. Sé que ella tiene pastel de chocolate y nueces recién hecho allí y si busco realmente puede que encuentre un poco de helado para acompañarlo." La mirada de completo placer en la cara de Dulce trajo una sonrisa a la suya. "Manten eso y María te hará tan grande como una casa. Nada le complace más que ver a la gente disfrutar de lo que cocina." Echó un vistazo en la joven mujer aún en su bata azul y blanca del hospital. "Por supuesto parece que te puede ser útil un poco de carne en tus huesos. De modo que no sería una mala cosa. Mientras estoy en eso, te traeré algo un poco más cómodo para usar que esa cosa."
"Oh, bien supongo que es un poco espantoso," Dulce contestó, levantando la tela sobre su hombro.
"No pienso que tenga algún pantalón que sean bastante grande para pasar esas piernas pero estoy segura que tengo una camisa de dormir en alguna parte. Ya regreso." Recogió los platos vacíos y salió del cuarto.
"¿Carne en mis huesos?" Dulce preguntó a Tabitha una vez que Annie salió. "Me parece que he ganado diez libras de todo lo que he comido los últimos días."
"¿Mrrow?"
"Si, parece que has estado disfrutando algo de lo que María cocina también," refunfuñó cuando el anaranjado y blanco gato subió sobre su muslo para posarse sobre su regazo. "No entiendo esto." Rascaba ausentemente detrás de las orejas de Tabitha mientras expresaba sus pensamientos. "Ella me encuentra en la calle, me lleva al hospital, y debería haber sido hasta ahí. En lugar de eso se ocupa de ambos como si fuéramos la cosa más importante del mundo para ella."
"¿Mrrow?"
"Oh cielos, prohibido que deje de rascarle a usted, su majestad." Reasumió su suave rascar. "Crees que puedo entender." Levantó a Tabitha sobre su pecho y frotó su nariz en la suave piel. "Eres tan adorable, cualquier persona que te ve se enamora de ti." Escuchó el suave ronronear por un minuto, tomando comodidad en sostener su precioso gatito. "No, no lo entiendo en absoluto. Estoy agradecida pero no lo entiendo."
"Aquí estamos," Annie dijo cuando entró en el cuarto. Cada mano sostenía un plato de postre con un gran pedazo de pastel de chocolate y nueces y una copa de helado de vainilla perforado con una cucharita mientras que una camisa de dormir café claro colgaba sobre su hombro. Dejó los platos abajo en el escritorio y dio la camisa de dormir a Dulce.
"¿Dartmouth?" La mujer más joven preguntó, sosteniendo la camisa delante de ella.
"Si. Conseguí mi licenciatura allí y mi maestría en Stanford," Annie dijo mientras le daba un plato a Dulce. "Está vieja y descolorida pero todavía la amo."
"¿Cuáles son tus títulos?"
"Mmm, buena niña exploradora. Veamos... Tengo una Licenciatura en Administración de Negocios con un secundario Marketing y mi Maestría es en Dirección de Negocios."
"No me sorprende que seas la presidenta de tu compañía."
"Bien, eso es porque soy la mayor," Annie sonrió. "Cuando esto viene de Puente Corp., el nepotismo se consigue por todas partes."
"Estoy segura que tomó más que eso para llegar a donde estás," Dulce contestó, poniendo una cucharada del sabroso postre en su boca.
"Así es, pero si estuviera con cualquier otra compañía solo estaría en gerencia media. Mi padre murió menos de tres años después de que me gradué y entonces tomé el control de las riendas."
"Oh. ¿Estabas cercana a tu padre?"
"Supongo." Empujó el último pedazo de pastel de chocolate y nuez en su boca. "Era la mayor y por mucho tiempo la manzana de su ojos. Sabes, es curioso, no importaba lo ocupado que él estaba, encontró siempre el tiempo de asistir a cada conferencia de padres y profesores, cada juego, incluso asistió a todos los juegos de mi pequeña liga. No muchos hombres en su posición harían eso."
"Parece que él te amo mucho."
"Él lo hizo. Era el infierno criarme y estaba siempre intentando mantenerme fuera de problemas." Annie dejó su plato abajo y se recargó en su sillón de piel. "Recuerdo más de una vez en que uno de los floreros antiguos de mi madre se conseguía roto con mi pelotera y él estaba culpándose." Sonrió ante el recuerdo. "Solo una vez conseguí herirme y él no pudo cubrirlo por mí. Resbalaba de esa barandilla allí afuera y me caí. Me fracturé el brazo. Mamá me castigó todo el verano".
"Si creciste aquí, ¿por qué tu madre no vive aún aquí?"
"Bien, después de que papá muriera, ella vivió aquí durante un tiempo. Eventualmente comenzó a pasar más y más tiempo con sus amigas de canasta. Todas ellas viven en una comunidad de retiro cerca. Pensó que si estaba pasando todo su tiempo allí por qué no solo vivía allí, así que le compramos un condominio y asumí el control de la casa de la familia. Tiene sentido, sin embargo. Está rondando los sesenta y no necesita un lugar tan grande de todos modos."
"¿Tus hermanos no querían la casa?"
"No tuvieron una opción. Soy la mayor. Es cómo funciona en nuestra familia. ¿Terminaste con eso?"
"Oh, sí, gracias." Dulce entregó el ahora vacío plato.
"Además," Annie continuó. "Susan y Alfonso tienen una agradable casa a unos pocos kilómetros de aquí y Christian parece preferir apartamentos. Si no la hubiera tomado, probablemente habríamos puesto el lugar a la venta." Apiló los dos platos y giró alrededor en su silla para hacer frente a la gran pantalla de televisión. "Son casi las diez. ¿Estás cansada o deseas ver que está pasando?"
"No, estoy bien despierta. Esa siesta de antes ayudó." Dulce se movió e inhaló agudamente. "Pienso que es hora para otro Percocet, sin embargo."
"Te lo traeré. Encuentra algo para que veamos."
*****
Tabitha estaba satisfechamente durmiendo junto a Dulce, que continuaba mirando fijamente arriba en el techo. Annie se había ido a la cama una media hora antes, dejando a la joven mujer sola con sus pensamientos. Le sorprendió a Dulce darse cuenta justo como decepcionada estaba cuando su amiga anunció que se iba a la cama. Había verdaderamente disfrutado la noche y la atención constante de la mujer más mayor. También parecía que cuando Annie estaba alrededor, sus piernas y el tobillo no dolían tanto ni la conducía a las lágrimas tan a menudo. Pensó de nuevo en qué había sucedido justo después que comenzaron a ver las últimas noticias.
Un incorrecto movimiento envió el atroz dolor a través de ella e inmediatamente Annie había estado allí. Annie la sostuvo fuertemente, le susurraba consoladoras palabras, que tiernamente la acunó. Dulce deseó que el abrazo no terminara nunca. Quería continuar sintiendo la cálida piel contra la suya, aspirar la fragancia del perfume de Annie, sentir la subida y caída del pecho de la fuerte mujer contra su mejilla. Cuando Dulce finalmente la soltó, fue con gran reticencia y un sentimiento de pérdida. Ajustó la almohada detrás de su cabeza y forzó sus ojos para cerrarse, pero no hizo nada para borrar la sensación de Annie confortándola.
Arriba, Annie estaba mirando fijamente su propio techo. No quería dejar a Dulce, pero no le había parecido correcto mantener a la mujer aún en recuperación levantada demasiado tarde. Escuchó los sonidos de la noche, los ocasionales camiones que bajaban por la calle principal, los búhos ululando en la distancia. Nada de eso le interesó. Lo que estaba escuchando era por el suave, melódico sonido de la voz de Dulce llamarla.
"Maldición, tendría que haber conseguido un sistema de intercomunicación," murmuró en la oscuridad. ¿Y si Dulce necesita ayuda con el acomodo? ¿Qué si despierta y necesita más Percocet? ¿Era seguro dejar a Tabitha con ella? ¿Qué si caminaba a través de las piernas de Dulce? ¿Qué si sentía dolor otra vez y necesitaba ser sostenida? Ésos y una docena más de preguntas pasaron por su mente, todas convenciéndola que arriba no era el lugar correcto para estar. Con la puerta de la oficina abierta permitiendo a Tabitha entrar y salir en caso de que necesitara la caja de arena, no había seguramente manera que pasara por alto oír a Dulce. ¿Pero qué si lo hacía? ¿Qué si Dulce la necesitaba y no la oía llamarla? Sí, era por eso que tenía que estar cerca de ella... solo en caso de que necesitara algo. Agarrando las almohadas y la manta, Annie salió de su dormitorio y se dirigió abajo.
Acomodando la ropa de cama en el sofá, silenciosamente cruzó el cuarto y echó un vistazo en la mujer durmiendo. Después de convencerse de que Dulce estaba bien, Annie volvió al sofá y se acomodó, el sueño tomó el control en menos de minutos.
*****
Annie se levantó alrededor de las seis. Regresó las ropas de cama a su habitación y se cambió a su ropa de entrenamiento antes de entrar en la oficina para checar a Dulce. La joven mujer estaba todavía durmiendo profundamente así que se sintió segura para dirigirse abajo para introducirse en su entrenamiento. Sin embargo, esto que normalmente significaba paredes sacudidas por los decibeles de la música de los años 80 fue cambiada al silencio absoluto a fin de no perderse de oír a Dulce llamándola. Lo que eran normalmente veinte repeticiones con cada máquina se tornaron en diez y la máquina de deslizamiento fue ignorada completamente. Volvió arriba y revisó a la dormida mujer una vez más antes de ir a tomar una muy necesaria ducha. Era sábado. No habría señales de María que tenía los fines de semana libre. Esto hizo que Annie resolviera que hacer para que ella y Dulce desayunaran.
Cuando el vapor del agua enjuagó el champú de su cabello y el sudor de su cuerpo, los ojos de Annie se cerraron y su mente vagó de nuevo a la mujer de cabello rojizo durmiendo en el piso de abajo. Hubo un casi culpable placer en sostenerla anoche, sabiendo que era la única responsable del dolor, sin embargo también la única que le proporcionaba consuelo a ese dolor. Disfrutó sostener a Dulce, enterrando su nariz en el cabello de hilos rojizos, envolviendo los brazos alrededor del suave cuerpo, sintiendo la cálida respiración contra su cuello...
Los ojos de Annie volaron abriéndose y bajó la mirada para descubrir su jabonosa mano acariciando su propio pecho izquierdo. Rápidamente se enjuagó, mentalmente regañándose por fantasear cuando tenía muchas cosas más importantes para hacer.
Dulce se despertó por el sonido de Annie entrando al cuarto, un plato lleno de hot cakes y tocino en cada mano. "No soy una buena cocinera como María, pero por lo menos no quemé nada."
"Estoy segura que estará estupendo."
"¿Quieres café o té?"
"Oh, café sería genial," Dulce dijo feliz.
"Hay una jarra recién hecha. ¿Crema y azúcar?"
"Solo crema por favor."
"Un café, crema, nada de azúcar sale de inmediato." Dejó su plato en el escritorio y el plato de Dulce en la bandeja antes de colocarla en el regazo de la joven mujer. "Desayunaremos y entonces te ayudaré a bañarte. La enfermera no comenzará hasta el lunes pero pienso que puedo ayudarte."
"Sabes de verdad odio sentirme así de impotente," Dulce dijo. "Quiero decir, yo no puedo incluso inclinarme sin que me duelan mis piernas. Si no pienso y meneo mis dedos del pie es incluso peor, no mencionar la cosa entera del cómodo." Sus mejillas se ruborizaron levemente con vergüenza.
Annie no sabía qué decir a ese comentario, sabiendo que si los papeles estuvieran invertidos no estaría probablemente tan bien sobre la completa situación. "Vuelvo enseguida con el café y después del desayuno veré si puedo encontrar ese juego Trivial Pursuit." Se dirigió hacia la puerta encontrándose con Tabitha.
"¿Mrrow?"
"¿Y supongo que quieres tu desayuno también?" Recibió su respuesta en la forma felina frotándose contra la pierna de sus pants. "Vamos, si estás comiendo no fastidiarás a tu madre por algo de lo suyo."
*****
Aunque Annie había ayudado a Dulce ayer por la noche con el acomodo, la mujer joven estaba aún muy tímida de tener a la rica y poderosa mujer ayudándola. Ni una palabra fue dicha cuando el cuenco fue deslizado debajo de ella, hizo su deber, y Annie lo llevó al cuarto de baño contiguo. Bien por lo menos no tengo mi período, Dulce pensó para sí misma, temiendo al hecho de que era solo en una semana o algo así. No tenía idea cómo iba a manejar eso cuando se encontrara.
"Bueno, supongo que debemos conseguir asearte. ¿Quieres un Percocet ahora o después?" Annie preguntó cuándo volvió del baño con un recipiente lleno de agua caliente jabonosa y un paño.
"Después. Me ponen a dormir también fácilmente. ¿Crees que podríamos cortar las pastillas por la mitad? Quiero decir, yo sé que la doctora Barnes quisiera que las tomara para el dolor pero odio sentirme tan atontada todo el tiempo."
"No veo ninguna razón de por qué no," Annie contestó, dejando el recipiente en el escritorio. "Vamos a lavarte. Seré tan gentil como pueda," prometió.
La mujer de cabello rubio era de hecho extremadamente gentil, como si estuviera asustada de causarle la más mínima cantidad de dolor. "Ok, ¿si lavo tu espalda puedes hacerlo con el resto?"
"Si." Dulce se inclinó y se quitó la camisa de dormir de Dartmouth y se la puso delante de sus pechos. Firmes dedos bajo la jabonosa toallita trabajaban de un lado a otro de su espalda, sacando un inesperado gemido de sus labios.
"¿Te lastimé?"
"No, lo siento. Supongo que me duele mi espalda de pasar tanto tiempo en esto."
"Me acostumbré a conseguir las peores tortícolis en mi espalda después de estudiar toda la noche durante los finales. Mi compañera de cuarto era estupenda en los masajes." La mente de Annie pensó brevemente de nuevo a algunas de las otras cosas que Christine era buena. "De todos modos," dijo, empujando la imagen de su mente. "Ella me enseñó que hacer. ¿Puedes inclinarte un poco más?" La joven mujer obedeció y Annie puso el trapito a un lado. Se movió un poco para conseguir una mejor posición y comenzó a masajear los apretados músculos con sus largos dedos.
"Oh, esto se siente bien," Dulce murmuró adormilada, inclinándose nuevamente dentro del suave masaje. Parecía que cada dolor, cada nudo en su espalda desaparecía bajo el tacto de Annie. El agua jabonosa hizo que los fuertes dedos resbalan incluso más fácilmente a través de su piel. "Estás en la línea equivocada de trabajo, Annie. Debes haber sido una masajista."
"¿Es eso así?" Murmuró, su atención enfocada en la suave piel debajo de sus manos.
"Absolutamente," Dulce gimió cuando la firme presión fue puesta en un punto particularmente adolorido. "Vas a ponerme de nuevo a dormir si mantienes eso."
"Bien, nosotras no deseamos eso ahora, ¿no?" Tomó el trapito, y limpió el resto de la espalda de Dulce. "Ok, te dejaré para que termines mientras busco el Trivial Pursuit."
Una vez que Annie salió del cuarto, Dulce puso la camisa sobre su regazo y lavó el resto de su cuerpo y áreas íntimas. Había terminado y acaba de tirar de la camisa sobre su cabeza cuando la mujer de azules ojos volvió. "Yo encontré... oh, lo siento." Annie cerró la puerta rápidamente. "Hazme saber cuándo estés lista," dijo a través de la puerta cerrada, la vista de los firmes pechos de Dulce ocupaba su mente. Ésa fue una de las cosas que echaba de menos desde que puso su propio gimnasio privado. Cuando había estado yendo al gimnasio local, había muchas mujeres guapas que andaban por el vestidor en varias etapas de desnudo. Era fácil para ella secretamente mirar sus cuerpos y gozar de la vista sin ser notada. Annie dejó salir un suspiro de desilusión en lo que nunca podría tener otra vez. Su experiencia en Stanford había asegurado eso.
"Ok," la voz de Dulce llamó. Entró para encontrar al cuerpo superior de la mujer postrada en cama cubierto por la camisa de dormir de Dartmouth, su cuerpo inferior oculto debajo de las mantas. "¿Lo encontraste?"
"Si, siento acerca de entrar sin tocar. No pensé."
"Está bien. Estoy segura que has visto a mujeres medio desnudas antes."
"Bien, aun así tendría que haber tocado." Annie miraba la pequeña bandeja. "Hmm... esto no va a ser bastante grande para jugar."
"Sabes?, si pones la pierna apoyada arriba sobre esa silla de ruedas, estoy segura que podría jugar en una mesa contigo."
"¿Piensas que estás lista para eso?"
"Bien, me pusieron en una para cambiar las sábanas en mi cama en el hospital. Estoy segura que si tenemos cuidado nosotras podremos hacerlo."
"No lo sé, Dulce. No quiero lastimarte," Annie dijo con indecisión.
"Tengo dolor la mayor parte del tiempo de todos modos. No pienso que esto hará mucha diferencia". Levantó la mirada en los penetrantes azules ojos y sonrió. "Realmente deseo jugar contigo."
"¿Estas segura sobre esto?"
"Estoy segura. Además, de esa manera puedes darme un recorrido."
Annie vaciló por un momento, sopesando los peligros de mover a Dulce y confiar que la joven mujer sabía cuáles eran sus límites. "De acuerdo, pero si te sientes cansada o quieres acostarte de nuevo me lo dices inmediatamente, ¿Ok?"
"Ok."
*****
El lunes llegó como lo hace siempre, forzando atenciones para estar volteando a las cosas de importancia además de las de cada uno. Este particular día también traía con él, altas temperaturas y la nieve fundiéndose. María llegó a las 7:30, media hora atrasada. El lunes era el día que paraba en el supermercado primero para recoger la leche fresca y el pan para reponer lo que sea que Annie hubiera agotado en el fin de semana. Normalmente no era un problema, pero un accidente cerca en la ruta 378 y 9, había atascado el tráfico durante casi una hora. Annie estaba ya en la ducha después de su entrenamiento de la mañana. Cuando María caminó por el vestíbulo, el ama de llaves lanzó una mirada curiosa en los muebles precipitadamente movidos en la sala, observando la arrugada manta y la almohada. "¿No se supone que no deberías estar subida allí?" Preguntó al anaranjado y blanco gato que dormía en ellas.
"¿Mrrow?" Tabitha levantó su cabeza en la voz y siguió rápidamente a María a la cocina. Ésta era la de cabello oscuro que dejaba pequeños trozos de carne todo el tiempo, el felino recordó.
"Veo que has asumido el poder mientras estuve ausente, ¿eh?" Dejó los bolsos abajo en la barra antes de dejar su monedero en el cajón reservado para ese propósito. Su mojada chaqueta entró al cuarto de lavado junto con su bufanda. "Bien, vamos a ver si podemos intentar y hacer algo rápido preparado al instante antes de que Annie baje aquí."
"Se ve bastante horrible allí afuera," la mujer de cabello rubio dijo cuando entró en la cocina pocos minutos después. "Pienso que quizás podría tomarme el día libre y permanecer en casa."
"¿Tuviste un buen fin de semana? Veo claramente que dejaste bastantes platos para mí."
"Realmente he tenido un buen fin de semana," Annie contestó cuando cruzó el cuarto buscando una taza recién hecha de café. "Las calles están bastante horribles, ¿correcto?"
"Bien, no son las mejores pero están transitables."
"Pero podrían ponerse peor," dijo, haciendo que la declaración sonara más como una pregunta.
"Supongo que eso puede ser, Annie. Realmente no vi lo que el reporte del tiempo dijo esta mañana."
"Así que podría ponerse peor allí afuera." La ejecutiva parecía contenta con su razonamiento. "Mejor trabajo desde casa hoy. No quiero correr riesgos."
"Por supuesto que no, después de todo estás a cuantos kilómetros, ocho del trabajo ¿o algo así?" María abrió el refrigerador para examinar los daños del fin de semana. "¿Tortilla de huevo?"
"Suena rico. Iré a ver a Dulce mientras estás haciendo eso."
"¿Qué es lo que a ella le gustaría en el suyo?"
"Pienso que champiñones y pimientos verdes... oh, y queso, por supuesto." Annie recogió su taza de café y se dirigió hacia la oficina, dejando a María en sus tareas y a Tabitha siguiendo al ama de llaves en la esperanza de un convite.
Dulce estaba todavía durmiendo cuando Annie entró en la oficina y envió un email a su secretaria y a Susan anunciando que iba a trabajar desde casa ese día. Dulce dormía a pesar del sonido de la televisión que era girada y cambiada constantemente de un canal a otro. La única cosa que la trajo de su mundo de sueños fue el olor de la tortilla de huevo y molletes recién hechos cuando María les llevó el desayuno.
"Sabía que algo tenía que despertarte," Annie bromeó.
"¿Mmm? Oh, buenos días Annie," dijo, limpiando el sueño de sus ojos. "Buenos días María, ¿cómo fue su fin de semana?"
"Estuvo muy bien, Dulce. ¿Cómo fue el tuyo?"
"Bueno." Olió en el aire. "Oh, eso huele maravilloso."
"La cocina de María es siempre maravillosa. Por eso la mantengo alrededor," Annie bromeó.
"Sabía que allí había alguna razón," el ama de llaves regresó la broma. Giró su atención de nuevo a la lastimada mujer. "¿Cómo estás sintiendo tus piernas?"
"Duelen mucho pero el calor parece ayudar."
"Bien. Solo haz lo que dice el doctor y estoy segura que estarás levantada y alrededor en un santiamén."
"Si, mientras no intente hacer todo por sí misma," Annie convino. "Tuvimos que hacer un viaje a ER."
"¿Ustedes lo hicieron? ¡Oh mí Dios!" María miraba de la una a la otra. "¿Qué sucedió?"
Annie puso al tanto a la ama de llaves sobre el incidente mientras Dulce intentaba sin éxito entre los tenedores cambiar el tema. La jefa de la casa estaba justo terminando su desayuno cuando el timbre sonó. "Esa debe ser tu enfermera," dijo a la joven mujer.
"Iré, le recogeré su chaqueta y después la traeré aquí," María dijo.
Pocos minutos después la enfermera entró en el cuarto. "Hola. Mi nombre es Maite Brown y seré su enfermera," le dijo a Dulce.
"Hola, Soy Dulce." Tendió su mano a la enfermera.
"Annie," la ejecutiva ofreció.
"Bien, supongo que la primera cosa que debería hacer es lavarla y darle una mirada a esas puntadas en su mejilla." Maite levantó la mirada en Annie. "¿Cuánto tiempo ha estado en casa?"
Annie optó por no corregir a la enfermera sobre el estado de residencia de Dulce. "Le dieron de alta el viernes en la tarde."
"¿Ha hecho alguna terapia pasiva?"
"No, pero ha estado subiéndose a la silla de ruedas un poco."
"Eso no es terapia pasiva," la enfermera Brown corrigió. "Bien entonces, supongo que limpiaremos las heridas y podemos empezar." Echó un vistazo en la mejilla de Dulce y las puntadas que corrían a través de ésta. "No hay muestra de infección allí. ¿Cuándo se supone que volverá para que le quiten las puntadas?"
"El viernes. Con algo de suerte estaré levantada y caminaré otra vez pronto."
Maite empujó sus lentes arriba sobre su nariz. "No levantaría mis esperanzas, Srta. Dulce. Sus piernas han atravesado un enorme trauma. Va a tomar tiempo y esfuerzo mucho antes de que usted pueda salir por si sola. No vamos a preocuparnos de caminar aún y solo nos concentraremos en lograr que se cure."
Annie se levantó y agarró su taza vacía. "Traeré algo más de café. ¿Quieres un poco, Dulce?"
"Sí por favor, gracias." Ofreció su taza.
"¿Qué sobre usted, Srta. Brown?"
"Oh nada gracias. No bebo cafeína."
"Bien, regresó en un minuto." Se dirigió hacia la puerta pero fue parada por la melódica voz.

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:09 pm

"¿Annie?"
"¿Si?"
"¿Podrías darme algunos minutos?" Dulce le dio una avergonzada sonrisa. "Tengo un par de cosas de las que necesito ocuparme." Miró señalando el cómodo asentado en la pequeña mesa.
"Oh, uh, Ok. Estaré en la sala si me necesitas."
Pero Annie no entró en la sala de estar. En lugar de eso, estuvo con María mientras la mujer mayor intentaba conseguir hacer las tareas diarias. "Así pues, tú la viste, ¿qué piensas sobre ella?"
"Ella no es mi enfermera. Deberías preguntarle a Dulce."
"¿Pero piensas que ella está bien? Quiero decir, la agencia dijo que era enfermera certificada. ¿Tendría que haber conseguido más información sobre ella? Puedo llamar a Susan y hacer que investigue su carrera con el Consejo de Estado."
"Si lo crees, deberías hacerlo, Annie," María contestó, el plumero en su mano volaba sobre las antigüedades.
"¿Le dijo o hizo algo que tu no apruebes?"
"Bien... no, no realmente."
"Entonces ¿cuál es el problema?"
"No hay problema. Solo preguntaba si debería o no, es todo," la ejecutiva contestó, su tono un poco enojado. Estuvo parada allí silenciosa por un minuto, la tensión se erigía dentro de ella. "Tengo mucho trabajo que hacer y mi computadora está allí adentro."
"Tienes otra arriba en tu habitación que podrías utilizar si tuvieras que hacerlo."
"Solo que los datos que necesito están en ésta," mintió, sabiendo completamente bien que ambas computadoras estaban conectadas con la red en las oficinas corporativas.
"Annie, si necesitas entrar allí estoy segura que Dulce lo entenderá."
El tono en la voz de María hizo que la alta mujer se diera cuenta justo cómo estaba sonando. "No, utilizaré la de arriba. Avísame cuándo el almuerzo esté listo." Dio vuelta y subió las escaleras. Una vez dentro de su habitación, Annie movió el interruptor de su computadora y se enfurruñó sobre su cama. Echó un vistazo a su habitación, dándose cuenta, por primera vez, que silenciosa y vacía estaba. Las gruesas alfombras y los sólidos suelos de madera hacían que los sonidos de abajo no se filtraran hasta ella. "Esto es estupido," frunció el ceño, volviendo a su escritorio de la computadora y se sentó. "Tengo trabajo que hacer."
La carpeta que abrió sin embargo, no era una carpeta de trabajo. Era su juego del solitario. Siguió repasando su libreta de citas y observó que Navidad estaba a diecisiete días solamente. Bien, no lastimaría a nadie si echaba un vistazo al Internet por un rato. Echar una ojeada al sitio de Macy's no dio a Annie ninguna idea en absoluto sobre conseguir un regalo para su madre. Había visto varios artículos que pensó que a Dulce le gustarían sin embargo. Al cuarto para las doce, Annie todavía no tenía ningún presente para los miembros de su familia. "El regalo que siempre cabe," decidió, haciendo click en la forma de un vale de regalo. Es problema resuelto, apagó la computadora y trotó al piso de abajo para almorzar con Dulce y mirar a la juez Judy juntas.
Cuando Annie entró al cuarto de Dulce, se contentó de ver que Maite estaba terminando. "Volveré mañana. No se olvide de hacer esos ejercicios que le enseñé. Usted tiene que mantener esos músculos activos tanto como sea posible o eso retardará únicamente su recuperación."
"Lo haré, gracias," la joven mujer contestó.
"Bien." La enfermera dio vuelta a su atención a Annie, asumiendo correctamente que ella era la que estaba a cargo. "Volveré mañana alrededor de las nueve."
*****
El almuerzo fue sencillo un plato de sopa y emparedados, comieron mientras escuchaban a la enojada juez reprendiendo a alguien por pensar que ella pudiera creerle que había liquidado un préstamo pero solo que no podía encontrar su recibo. Para el momento en que los créditos rodaron, ambas mujeres miraron en sus vacíos platos.
"María puede hacer que cualquier cosa sepa bueno."
"Oh, ella es una cocinera maravillosa," Dulce coincidió. "¿Ha trabajado siempre para ti y tu familia?"
"Hasta lo que puedo recordar. Su madre trabajó para nosotros también, pero se retiró poco después de que nací. María ha sido todo desde ama de llaves, niñera, árbitro desde entonces." El alto tono del teléfono la interrumpió. "Probablemente otro telemercadeo," murmuró.
"¿No vas a contestar?"
"No. María selecciona las llamadas para mí." Como si en señal, Maria tocó en la puerta. "Ok," Annie dijo mientras alcanzaba el teléfono. "Anahi Puente."
"Um... si, Srta. Puente soy Jonatán Barker de First Albany Savings y Trust. ¿Cómo está hoy?" Reconociendo el nombre del Vicepresidente Senior del Banco, la postura de Annie se agarrotó y empujó su sillón hacía el escritorio.
"Sí, Señor Barker. ¿Qué puedo hacer por usted hoy?"
"Bien... no quería molestarla en casa pero siento que este asunto requiere su inmediata atención." Ella no pasó por alto el toque de nerviosismo en su voz. "El señor Puente no ha devuelto ninguna de mis llamadas y me temo que a este punto tengo que buscar recursos en alguna parte más."
Annie rodó sus ojos y tomó su lápiz, ligeramente golpeándolo en el escritorio. "¿De qué se trata?"
"Bien... como usted sabe, cuando un préstamo es incumplido, estamos obligados a ir al aval para recuperar nuestra pérdida y dado que usted es la consignataria de los préstamos personales del Sr. Puente..."
"¿Yo consignataria de un préstamo?" El lápiz paró el movimiento. "¿Cuándo fue eso?"
"Oh, yo um..." Ella oyó papeles arrastrándose sobre el escritorio de Barker. "Sí, aquí está. Tengo su firma fechada el cinco de abril como consignataria por el préstamo personal del Sr. Christian Puente." Un toque de nerviosismo se arrastró en su voz. "Usted hizo la consigna de un préstamo personal para él, ¿no es así, Srta. Puente?"
El lápiz comenzó a golpear rápidamente. "Supongo que debo haberme olvidado sobre eso, señor Barker."
"Bien, estoy seguro que fue solo un simple descuido de parte del señor Puente pero me temo que no hemos recibido un pago en por lo menos cinco meses. Realmente no puedo dejar pasar esto mucho más tiempo."
"No, por supuesto que no." El lápiz se movió con más fuerza. "Usted puede transferir la cantidad atrasada de mi cuenta de ahorros personal."
"Bien, agradezco eso Srta. Puente pero me temo que a este punto el préstamo está considerado en incumplimiento y tenemos que pedir la completa liquidación."
"Bien. Usted puede tomar lo que se debe de mi cuenta." Se acomodó el teléfono entre su oído y hombro, liberando su mano para tomar un pedazo de papel. "¿Puede usted por favor decirme la cantidad exacta de la liquidación para que yo pueda marcar mis registros?" El lápiz se cayó del escritorio y chocó ruidosamente sobre el piso. "¿Qué?"
"Dije que el total con interés y últimos honorarios ascienden a diecisiete mil seiscientos cuarenta y dos dólares y veintitrés centavos. Tendré eso retirado de su cuenta inmediatamente."
"¿Señor Barker?"
"¿Sí?"
"En el futuro, asegúrese de comprobar conmigo personalmente antes de aprobar algún préstamo más para algún miembro de mi familia."
"Por supuesto, Srta. Puente."
Hubo una pausa antes de que Annie se diera cuenta que él había dicho algo más. "Discúlpeme, me temo que no le oí."
"Pregunté si hay algo que el banco pueda hacer por usted hoy." El banquero repitió.
"No, pienso que usted ha hecho bastante, gracias."
"Tenga un buen día, Srta. Puente," dijo, pero ella había ya colgado.
De su asiento a solo unos pocos centímetros, Dulce oyó cada palabra de la conversación del lado de la ejecutiva. No fue difícil reconstruir qué sucedió. "¿Annie?" Toda lo que consiguió era una vista del respaldo del sillón café y del furioso clic del teclado. "¿Annie?"
"Necesitas algo, ¿Dulce?" Su tono sonó mucho más severo de lo que fue su intención. El mecanografiar se detuvo. "Sabes, hay veces en las que deseo no ser la mayor," suspiró, girando su silla para hacer frente a la joven mujer.
"¿Deseas hablar acerca de eso?"
La primera reacción de Annie era decir no, los problemas de esta familia eran siempre tratados privadamente, pero entonces levantó la mirada en unos suaves ojos y se dio cuenta que quería hablar acerca de eso, quería compartir sus frustraciones y sentimientos con Dulce. "Christian obtuvo un préstamo personal y falsificó mi firma en éste como consignataria."
"Oh, eso es terrible," la joven mujer resopló. "Pero, ¿por qué tú lo pagaste?"
"Porque eso es lo que se espera que haga," suspiró. "Si no, Susan o mamá lo harían."
"Pero estás haciéndolo más fácil para que él lo haga otra vez."
"Lo sé, pero no tengo una opción." Empujó su sillón más cerca a la cama. "Incluso aunque soy considerada la cabeza de la familia, hay todavía algunas cosas que tengo que hacer si me gustan o no."
"Es mucha presión a veces, ¿no es así?" Dulce puso una suave mano en el antebrazo de la mujer más mayor. "Debe ser muy estresante tener que guardar todo dentro."
Annie levantó la mirada en sorpresa. "Si." Era la primera vez que alguien había expresado alguna comprensión de sus sentimientos desde que era el guardián de la familia. "Christian acaba de absorberme casi dieciocho mil dólares."
"¡Oh mi dios! ¿Dieciocho mil dólares?"
"Ni siquiera es el dinero lo que me moleta," Annie continuó, deliberadamente no enfocándose en el hecho de que la cantidad significa cosas totalmente diferentes a cada una de ellas. Para ella, esta era una fracción de sus ahorros y la verdad no sería echado de menos. Para Dulce, bien... ni siquiera quería pensar sobre lo que significaba a la joven mujer que gastaba menos de veinte dólares a la semana en comestibles.
"Es el hecho de que te utilizó," la pelirroja mujer conjeturó.
"Falsificó mi firma en un préstamo de banco. No puedo imaginarme por qué tendría la necesidad de un consignatario para esa pequeña cantidad, sea lo que sea no manejo sus finanzas. Apenas no puedo creer que tuviera las bolas para hacer eso y después no molestarse en pagarlo." Mientras hablaba, la voz de Annie traicionaba más a su cólera e indignación. "Sabía que me ocuparía de esto. Sabía que el banco nunca cuestionaría mi firma en un préstamo para él."
"Él te utilizó."
"Él me utilizó." Miró en su escritorio y en los aún problemas sin resolver que la esperaban allí. La magnitud del problema hizo que respirará profundamente. "Voy a tener que llamar para una auditoria a la División de Propiedades Inmobiliarias."
"¿Piensas que está defraudando?"
"Si me hubieras preguntado esto ayer, habría dicho que no estaba segura." Se inclinó y tomó una carpeta manila. "¿Hoy? Ahora sé que él está defraudando, solo que no puedo probarlo." Dejó caer la carpeta de nuevo en el escritorio con frustración. Su cuerpo era un haz de nerviosa energía y necesitaba sacarla. "Dulce, necesito ir al piso de abajo y hacer ejercicio por un rato. ¿Piensas que estarás bien?"
"Estaré bien," la mujer joven le aseguró. "Sé que tienes cosas que hacer. No tienes que hacerme compañía todo el tiempo."
Ah, pero Dulce, pensó para sí misma. Me gusta hacerte compañía. Se levantó y empujó su sillón de nuevo al escritorio. "Regresaré en más o menos una media hora. Si estás levantada podemos ir a la sala de estar y mirar algunas películas más."
"Eso sería agradable."
Sí lo sería, la ejecutiva pensó.
*****
Una agotadora sesión de ejercicios nada hizo para mejorar el humor de Annie, que solo parecía empeorar más cuando pensaba en su hermano y en lo que él había hecho. La pera de boxeo sufrió un ataque furioso de golpes, enfatizado por una cadena de maldiciones que podrían hacer incluso que el más estridente de los marineros se ruborizara. Solo cuando estuvo completamente exhausta se quitó los guantes de boxeo y se dirigió al pequeño refrigerador para tomar algo de beber. Cuando sacó la última botella de Gatorade, Annie observó el reloj en la pared. Eran después de las tres, bien más allá de la media hora que había planeado en estar fuera. "Maldición."
La puerta se abrió en la oficina quince minutos más tarde con una recién bañada Annie llevando un video. "Lo siento, supongo que me enganché en lo que hacía. ¿Nosotras todavía estamos para la película?"
"Oh, sí. Por supuesto," Dulce sonrió. Había oído los ahogados sonidos de Annie haciendo ejercicio, o rabiando, dependiendo de cómo uno lo mirara, y seriamente dudó que la ejecutiva pudiera estar pasando tiempo con ella.
Como lo había hecho ayer, Annie usó su fuerza bruta para llevar la silla de ruedas y a su ocupante los últimos escalones de la hundida sala de estar y ayudar a Dulce en el sofá. "Pensé que una comedia romántica sería agradable... a menos que prefieras algo más."
"No, estoy segura que lo que has escogido estará bien," la joven mujer contestó con entusiasmo. Y era la verdad. Dulce habría sido feliz mirando una prueba de modelo si eso era lo que Annie quería. La inicial incomodidad fue rápidamente desvaneciéndose, remplazada por un sentimiento de amistad y afecto por la mujer que la amparó. Estuvo sorprendida cuando la ejecutiva no bajó la bandeja para aperitivos que había servido como una barrera entre ellas y aún más asombrada cuando Annie se sentó en el cojín del medio, solamente a escasas pulgadas de ella. "¿No deseas tu reposapies?"
"Naw, me apetece sentarme por un rato," contestó, metiendo sus pies por debajo al estilo Indio. "¿Estás cómoda?"
"Mucho."
"Bueno." presionó el botón de play en el control remoto y rápidamente adelantó los avances hasta que vio el logotipo de la característica presentación. "Aquí vamos."
El comienzo de la escena estaba casi terminado cuando la nariz de Dulce recibió un muy delicioso olor. "¿Palomitas?" Como si en señal, María apareció de la cocina con un tazón grande del convite a disposición así como varias servilletas.
"Si no me necesitas para algo más, me marcharé," María dijo cuándo le dio el tazón a Annie. "La cena está en el refrigerador, enciende el microondas en medio por tres minutos para calentarla."
"Pienso que tenemos todo puesto, María. Maneja con cuidado."
"Solamente voy a casa, Annie. Piensas que vivo a diez pasos" la mujer mayor dijo. "Podría caminar si no estuviera tan endemoniadamente frío afuera."
"Lo sé, pero todavía me permito preocuparme por ti. ¿Después de todo, quién me haría toda la cocina y la limpieza si no estuvieras alrededor?" El brillo en sus azules ojos era la única señal que la mujer de cabello oscuro bromeaba.
"¡Annie!" Dulce gruñó. María se rió suavemente.
"Mantén eso firme, Anahi Giovanna, y te sorprenderás." Volteó a Dulce. "Vigílala."
"Lo haré," la mujer joven prometió con una sonrisa.
Una vez que María se fue, Annie retrocedió la cinta hasta el principio y las dos mujeres se acomodaron para ver a Richard Dreyfuss intentar ganar el corazón de Marsha Mason. El tazón de las palomitas apoyado entre ellas y ambas mujeres afanosamente metían el tentempié untado con mantequilla en sus bocas. Como si estuviera destinado para suceder, las manos grandes y pequeñas entraron al mismo tiempo y los grasientos dedos se entrelazaron. "Oops," vino la simultánea disculpa mientras sus dedos estaban soltándose el uno al otro.
"Ricas palomitas," Dulce dijo, esta vez asegurándose de permanecer en su propio lado del tazón.
"Si, realmente ricas."
Mientras la película lentamente pasaba y el abastecimiento de palomitas disminuía, sus manos continuaron rozándose la una con la otra en la búsqueda de los sabrosos granos de maíz. Después de la cuarta o quinta vez, ambas se dieron por vencidas en disculparse y solo dejaron que sucediera sin hacer comentario. Dulce todavía hizo lo posible para evitar estar tocando la mano de Annie, pero parecían siempre estar en su lado del tazón. Cuando únicamente los minúsculos pedazos fueron dejados junto con granos de maíz sin estallar, la mujer más mayor pasó el tazón sobre el cojín vacante.
"¿Quieres algo de beber?"
"Seguro, gracias."
"¿Qué es lo que quieres?"
"Cualquier cosa estará bien. Agua está bien."
"Huh Uh." Annie se levantó graciosamente del sofá y salió hacia la cocina, volviendo un minuto después con refrescos para cada una.
"Gracias," Dulce dijo, tomando el vaso. "¿Quieres retrocederlo para que puedas ver lo que se te pasó?"
"Naw, he visto ésta unas cuantas veces." Se sentó y metió sus piernas por debajo de sí misma. "Soy una aspiradora para una buena historia de romance."
Tabitha vagó hacia fuera para ver qué pasaba. "¿Mrrow?"
"No estaremos levantándonos de aquí ahora mismo. Ve a jugar," Annie dijo. Al parecer el anaranjado y blanco gato pensó que ella dijo 'vamos sube' porque hizo exactamente eso, cruzándose sobre el regazo de la ejecutiva y colocándose abajo entre las dos mujeres.
"¿Quieres ponerla abajo?" Dulce puso su mano debajo del estómago del felino, lista para espantarla.
Annie miró al ronroneador gato. Hace dos semanas nunca habría dejado a un animal tomar control de su casa. "Supongo que ella no estará dañando nada." La verdad era que esto hacía a la ejecutiva sonreír internamente en ver a Dulce feliz y obviamente el estar alrededor de Tabitha hacía eso. Extendió su mano y dejó que sus largos dedos se unieran a los más pequeños en acariciar al alegre ronroneador felino.
*****
El martes trajo con éste la realización de que los asuntos en Puente Corporation no podían ser ignorados más tiempo. Annie intentó despedirse de la aún durmiente Dulce y se dirigió hacia el jeep.
Los locutores de la mañana estaban ocupados burlándose de las recientes actividades políticas, dejando a la ejecutiva sin elección excepto para el pop en un CD. Guiaba el jeep azul brillante con la serie interminable de luces del tráfico y las calles de un solo sentido hasta que llegó al garaje del estacionamiento Hudson Avenue. Se impulsó sobre la rampa después al elevador hasta que llegó a la fila de los espacios reservados para los ejecutivos de Puente. Annie se colocó en el sitio reservado para ella y apagó el motor. Tomó algunos minutos para poner su cabeza a modo en el trabajo después de ser la guardiana durante tantos días. Sintiéndose lista para hacer frente a lo que le esperaba, Anahi Puente salió de su vehículo y se dirigió hacia el elevador que la podría conectar a su piso. Desde ahí hay un paseo a State Street y al edificio Puente.
La peor parte sobre tener las oficinas corporativas en los pisos superiores de un gran rascacielos en el centro de Albany era que tenía que compartir el elevador con todo el mundo que trabajaba en los pisos inferiores. Annie se encontró aplastada en la esquina cuando más y más gente se convenció que ellos podrían caber en el pequeño transporte. Agarró su maletín apretándolo contra su cuerpo y esperó una interminable cantidad de tiempo para que las puertas del elevador finalmente se cerraran y comenzar el lento paseo hacia arriba. Las mezclas de colonias y perfumes atacaron sus sentidos, persistiendo detrás después de que sus dueños salieran en sus asignados pisos. Cuando el elevador finalmente llegó el vigésimo octavo piso, una Annie agradecida salió para hacerle frente a las puertas dobles de cristal que conducían a las oficinas corporativas Puente.
"Buenos días, Laura. ¿Algo importante de lo que necesito saber?" Anahi preguntó, sacando la pila de mensajes telefónicos rosados de su tablilla. Más que medio encontrados arrugados y lanzados en el reciclador azul al lado del escritorio de la joven secretaria.
"Los informes están en su escritorio." La pequeñita mujer de cabello castaño echó un vistazo sobre la libreta de citas. "Usted tiene una reunión a las diez con los inversionistas de Houston y su hermana le ha dejado a usted dicho que le llame tan pronto como llegara." Tomó la chaqueta de su jefa y cruzó el cuarto para colgarlo en el armario. "Ella dijo que es importante."
"Siempre es importante para Susan," Anahi respondió, sin impresionarse. Alcanzando la manija de su oficina ordenando, "llama a mi casa y pon a María en el teléfono para mí."
Una vez dentro de la intimidad del rincón de su oficina, Annie dejó sus zapatos debajo del escritorio y caminó silenciosamente alrededor en sus cansados pies, trayendo una taza recién hecha de café de la cafetera personal mantenida en su oficina. Pocos minutos más tarde estaba sentada en su escritorio, la computadora tarareando a la vida. Una educada llamada por el interfon y el destello de luz en su teléfono le dijeron que la tarea de Laura fue efectuada. Tomó el negro auricular y presionó el botón para la línea dos. "María."
"¿Pasa algo?" El ama de llaves preguntó. Era raro que Annie llamara a casa.
"Solo quería saber cómo van las cosas con nuestra huésped."
"Dulce todavía está durmiendo. ¿Quieres que la despierte?"
"No." Intentó esconder la decepción de su voz. "Escucha, cuando ella despierte, le das mi número de la oficina para que pueda llamarme, ¿Ok?" El sonido de la puerta de la oficina abriéndose hizo que Annie levantará su cabeza. Susan estaba parada allí, su lenguaje corporal indicaba que era algo de vida o muerte. "Tengo que irme. Dile que me llame." Colocó el receptor abajo. "¿Qué?"
"¿Conoces a esa 'nueva contratada' tuya? ¿Dulce Espinoza?"
"¿Si? ¿Qué sobre ella?"
"Ella nunca se ha presentado a trabajar. La documentación de la rescisión acaba de llegar a mi escritorio."
"¿La documentación de la rescisión? ¿Quién autorizó eso?"
"Grace lo hizo. Contabilidad es su departamento. Dijo que nunca había oído hablar de esta mujer y que nunca se ha presentado a trabajar."
Annie tomó el teléfono y presionó los dígitos para el teléfono de Laura. "Consigue a Grace en el teléfono." Dio vuelta su atención de nuevo a su hermana. "Todo lo que involucre a Dulce viene a mi escritorio inmediatamente. No debes hacer nada que la involucre sin mi consentimiento."
"Annie, ¿qué pasa? ¿Empleas a alguien para un nivel de entrada, les das beneficios completos inmediatamente e incluso no se presenta a trabajar?"
"No te preocupes sobre eso, Susan. Manejaré esto."
"Grace en la línea tres," la voz de Laura saltó a través del intercomunicador. Annie tomó el auricular.
"Grace, ¿hay un problema con un nuevo empleado, Dulce Espinoza?"
"Sí, parece que ella nunca se ha presentó a trabajar." La prima contestó.
"No te preocupes sobre eso. Ella está en licencia médica extendida. Solo procesa su papeleo cada semana. Bajo ningunas circunstancias estarás rescindiéndola."
"¿Por qué? Annie, ella nunca se ha presentado. Nunca incluso me he reunido con ésta mujer. Todo lo que tengo son algunas formas enviadas por fax de Susan la semana pasada."
"Sé todo acerca de eso." Hubo una pausa y pensó que su prima iba a discutir un poco más sobre esto. "Grace, no hay discusión sobre esto."
"Bien. Tu eres la jefa." Hubo un clic seguido por el tono de marcar. Annie colgó el teléfono y echó un vistazo en la pantalla de la computadora. "¿Hay algo más, hermana?"
"Por supuesto que hay." Susan contestó, moviéndose alrededor del escritorio hasta que estaba parada al lado de su hermana mayor. "Annie, vamos, ¿qué pasa?"
"Nada de lo que necesites preocuparte. Estoy segura que tienes cosas más importantes que hacer que preocuparte a cerca de una pequeña empleada."
"Una pequeña empleada a la que misteriosamente contrataste." La pelirroja se inclinó impensadamente contra el escritorio de caoba. "Annie, nunca has empleado directamente a alguien para un puesto excepto a Laura." Un pensamiento se le ocurrió. "Esto no es como cuando estabas en Stanford, ¿lo es?"

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:10 pm

La mención de su gran fracaso personal trajo la atención de la ejecutiva apartándola de la computadora. "¿Susan, no puedes dejar algo morir? ¡Ése fue hace diez años!" No había que confundir su tono enojado.
"Hey, tendrías que saberlo mejor que confiar en alguna pobre basura blanca."
"Christine no era una pobre basura blanca. Estaba allí con una beca académica."
"¿Y qué tema era el que ustedes dos estudiaban en la noche en su cuarto?" Susan masculló. "No estabas allí cuando papá contestó al teléfono la noche que ella llamó. No oíste las cosas que le dijo. La manera en que amenazó hacerlo del conocimiento público."
"Para eso, Susan," advirtió con un gruñido bajo. "Habría podido manejarlo."
"¿Cómo? ¿Habrías preferido que todo el mundo supiera que el heredero evidente de Puente Corporation era rara?" Se encogió en la mirada ardiente en los ojos de Annie. "Mira, eres mi hermana y te amo. Puedo entender que incurriste en una equivocación. Eras joven, no sabías mucho. Solo no quisiera que tuvieras que sufrir con eso otra vez."
"Eso no es lo que está sucediendo." Annie tomó un lápiz y comenzó a golpearlo ligeramente en el escritorio.
"Prometiste a papá que no sucedería otra vez."
"¡Y no sucederá!" El lápiz fue lanzado airadamente,provocando que rebotara fuera del escritorio y en el suelo. Annie se levantó y miró fuera de la ventana en el horizonte de Albany, viendo en el interior el recordatorio de su gran humillación. La visión de los azules ojos de la pelirroja que una vez la había llenado de felicidad únicamente para dar vuelta y volverse una chantajista chupando sangre destellaba ante sus ojos. "Yo nunca he... quiero decir... desde..." Se dio por vencida y continuó mirando fijamente fuera de la ventana.
"Annie..." Susan estaba parada al lado de su hermana más alta y puso su mano en el antebrazo. "Me sentía tan mal por ti cuando mamá y papá fueron a recogerte al aeropuerto esa noche." La llamada de Christine exigiendo dinero a cambio de mantenerse silenciosa sobre su aventura vino menos de dos horas antes de que Annie arribara al aeropuerto del condado de Albany para pasar las vacaciones de Navidad en casa con la familia. "Ese fue el peor día de fiesta que puedo recordar. Todo era griterío y griterío."
Había sido un tema que las dos hermanas nunca hablaron, ni siquiera en ese entonces. Annie nunca había sabido los verdaderos sentimientos de Susan sobre el asunto de su sexualidad o el entero incidente del chantaje. Sin voltearse, la mujer más mayor habló. "Había estado anhelando venir a casa. Falté para Acción de Gracias y después de que Chris y yo terminamos" Meneó su cabeza. "¿Qué fue lo que hice tan horriblemente incorrecto?" Preguntó reservadamente.
"¿Confiar en ella o tener sexo con una mujer?" Susan preguntó, volteándose e inclinándose contra el alféizar de la ventana.
Annie se encogió de hombros. "Cualquiera... ambas... ah, no importa." Se giró retirándose de la ventana se sentó en su sillón. "Ambas tenemos trabajo para hacer."
"No está bien." La pelirroja dijo, tirando de una silla para sentarse en el mismo lado del escritorio que su hermana. "Mira, lo que dije anteriormente sobre ser raro, yo no quise decir..."
"Olvídate de eso."
"No. Es tu vida. No tengo ningún derecho de juzgarte. El señor sabe, yo he hecho cosas de las que estoy avergonzada."
"No hay juicio en esa declaración, ¿la hay?" Annie dijo sarcásticamente, girándose en su sillón un poco y sacando el cajón del teclado. "Supongo que está bien tener una aventura con tu entrenador personal pero no con alguien del mismo sexo, ¿correcto?"
"No pensé que sabías sobre André" Susan dijo con indecisión, preguntándose solo cuánto sabía su hermana mayor. "No mucho se me escapa." Metió su contraseña, cambiando la pantalla de la insignia corporativa a su escritorio personal.
"Mira, yo he aprendido mi lección, ¿Ok? No frecuento los bares gay, no cruzo los campos de softball, o tengo un desfile de mujeres que entran y salen de mi cama."
"Tienes también treinta tres años y no estas casada, Annie. Esto es un negocio. Tenemos que mantener cierta imagen."
"¿Y lo hago!" Se levantó y comenzó a pasearse. "Siempre he acudido a todas las funciones de caridad con un acompañante masculino de buen aspecto. ¿No lo hago? No he hecho nada para fastidiar la preciosa imagen de la familia."
"¿De qué se trata esto, una mujer?" Susan se levantó para hacerle frente a su hermana. "¿Es eso? Realmente. Ayúdeme a entenderlo, hermana. Crecimos juntas. ¿Qué pasa?"
"Susan, estamos en el trabajo. Vamos a dejar esto, ¿Ok?"
"Bien. La misteriosa Dulce permanece en la nómina de pago y seguro porque así lo dijiste." La pelirroja estaba obviamente enfurruñada por el tono brusco. "¿Hay algún otro problema en el que estés interesada o es ella éste?"
"Soy la presidenta, ¿no es así?" Annie frunció el ceño. "La cosa entera no es un reparto grande, Susan. No tienes que preocuparte de verme a la cabeza orgullosa del próximo desfile gay tampoco. ¿Ahora podemos hablar de algo más?" Fue hacía su escritorio y se sentó. "¿Consignaste algún préstamo para Christian?"
"¿Por qué Christian necesitaría un consignatario? Él está consiguiendo mucho dinero. Él incluso no posee un hogar propio a excepción de esa cabaña en el Adirondacks."
"Él incumplió en un préstamo que tenía mi nombre falsificado en el cómo consignatario."
"Debe haber alguna clase de error."
"Ningún error. Voy a tener enviadas copias del uso para que pueda compararlo a mi firma."
"Quizá alguien inventó el nombre de Christian también."
"Si, quizá. Lo descubriré después de que consiga los papeles. Mientras tanto te sugiero que eches un vistazo en tus registros del banco." Alcanzó el ratón y chasqueó abriendo su conexión al banco. "Oh, una cosa más. Estoy pidiendo una auditoria de Propiedades Inmobiliarias."
"¿Qué? ¿Estás auditando los libros de Christian?" Susan no fue nada sino alarido. "¿Sabes cómo mirará eso él?"
"Como que no confío en él. No lo hago." Un rápido mecanografiar de su número de cuenta y contraseña y Annie echaba un vistazo en sus recientes transacciones. La tarjeta de débito que parecía de repente una tarjeta Visa de platino era práctica. Todas las compras fueron destinadas a su cuenta corriente en menos de dos días, haciendo esto fácil para que verificara que su tarjeta no estaba comprometida. Miraba sobre la lista, observando los artículos familiares como los juguetes de Tabitha y la cama de Dulce. "Tú misma dijiste que pensabas que algo estaba pasando. ¿Quieres que descubra que es esto ahora, o quieres esperar hasta que se ventile en la prensa? Pensé que estabas preocupada de nuestra imagen."
Susan se erizó en el comentario pero concedió renuente que su hermana tenía razón. La confianza era un reparto grande con la imagen pública. Los nombres públicos eran recordados y si no lo hicieran cada noche las noticias serían más que felices recordarlos. Era así como los escándalos duraban tanto tiempo en Albany. Hasta el momento los Puente habían sido bastante afortunados en no estar implicados públicamente, no importaba los costos privados. "Está bien," la hermana más joven suspiró. "No puedo ver nada donde lastimaría si él es inocente." Se dirigió hacia la puerta. "¿Annie?"
"¿Qué?"
"Si lo es, tendrás que darle mejor una disculpa. Y asegúrate que mamá no descubra sobre esto." El intercomunicador zumbó, seguido rápidamente por la voz de Laura.
"Dulce en la línea uno para usted."
Annie levantó la mirada hasta ver los ojos de su hermana iluminarse en el nombre. "¿Es esa la misteriosa Dulce?"
"Adiós Susan." Tomó el auricular y presionó el botón. "Hola..." No había que confundirse en el cambio en la voz de Annie. Se transformó más suave... más gentil. Había una dulzura en ella que era en contraste directo a su tono anterior. "¿Puedes esperar un minuto?"
"Ya me voy, ya me voy. Pero éste no es el final de esta conversación."
"¡Susan!" Miró mordazmente la puerta. La pelirroja se fue, determinada más que nunca a solucionar el rompecabezas de su hermana y Dulce Espinoza.
"Hola. Lamento eso. ¿Dormiste bien?" Annie dijo, sentándose en su sillón y apoyando sus pies en el escritorio.
"Muy bien. María dijo que querías que llamara."
"Si... um... Supongo que solo quería que supieras que si necesitas cualquier cosa, déjaselo saber a María. Va a permanecer allí hasta que llegue a casa. Hará cualquier cosa que quieras para el desayuno, solo pídeselo. Oh, y si hay algo que quisieras que te compre en el supermercado, solo déjale saber eso también."
"Estoy muy bien, solo gracias. ¿Cómo está yendo el trabajo?"
"Oh, justo un día típico," Annie contestó sarcásticamente. "Es increíble que no tenga una úlcera a veces."
"Desearía que hubiera algo que pudiera hacer para hacerlo mejor para ti," Dulce dijo sinceramente.
Ya lo haces, la mujer de cabello rubio pensó para sí. "Estoy muy bien. Cuéntame tú. ¿Te apetecen los mariscos esta noche?"
"Suena genial."
"Bien. Haré que María nos prepare algo rico." La luz en la línea dos comenzó a destellar. "Pienso que mejor voy de nuevo a trabajar, solo quería averiguar sobre ti."
"Ok, me alegra que lo hicieras."
"Um... sabes si quieres puedes llamarme más tarde."
"Oh. Ok, bien ¿quizá después de almuerzo? No deseo incomodarte."
"Seguro. Después de almuerzo estará bien. No creo que vaya a estar todo el día de todos modos."
"Está bien... bien... ¿supongo que hablaré contigo más tarde entonces?"
"Ok Dulce. Relájate y haz lo que la enfermera te diga."
"Adiós."
"Adiós." Annie escuchó el tecleo y entonces la señal para marcar por algunos segundos antes de presionar la línea dos. "Anahi Puente." Su voz, era una vez más, puro negocios.
***
Annie se sorprendió de ver la luz de la cocina encendida cuando volvió a casa, hasta que recordó que le había pedido a María que se quedara hasta que llegara allí. Ella y Dulce habían hablado brevemente por la tarde pero una reunión había interrumpido esa llamada. Ahora, al fin en casa, anhelaba pasar el resto de la tarde con la mujer pelirroja. Colgó su chaqueta en el guardarropa y le dio un puntapié a sus zapatos antes de entrar en la oficina.
"¡Hola!" Dulce saludó con entusiasmo, una enorme sonrisa vino sobre su cara.
"Hola tu misma." Turnó su atención a María, que estaba recogiendo las cartas que ella y la joven mujer habían estado jugando. "Gracias por quedarte tan tarde."
"No me importó nada. Es mejor en el Rummy de lo que tú eres" el ama de llaves comentó, sacando una sonrisa de Dulce. "Puedo quedarme tarde mañana también si me necesitas."
La primera respuesta de Annie era decir que no sería necesario pero en la reflexión de lo qué había acontecido hoy en la oficina y de lo qué iba a suceder una vez que Christian descubriera sobre la auditoria, reconsideró su respuesta. "Realmente, pienso que puedo aceptar eso. Quizá podrías llegar más tarde de modo que no tengas que trabajar tanto. Puedo hacer mi propio desayuno."
"Hacer tu propio desayuno y ensuciar cada pieza de mis utensilios en mi cocina," María resopló. "Estaré aquí a las siete como siempre. La única noche que no puedo quedarme tarde es el jueves. Carrie y Mónica se preocuparán si no me ven allí a las seis treinta."
"Noche de bingo," Annie le explicó a su huésped. "Bien, ya que estás ahora aquí de todos modos, ¿por qué no te quedas y te reúnes con nosotras para cenar? Estoy segura que hiciste más que suficiente."
La mujer mayor se rió suavemente. "Sabes que tu madre tendría un ataque si lo supiera."
"¿Por qué? ¿Su madre no la quiere?" Dulce preguntó, su curiosa expresión giró en un tímido ceño fruncido cuando María se rió y meneó su cabeza.
"La señora Puente me quiere bien, niña. Pero se considera de mal aspecto compartir una comida con la empleada doméstica."
"Oh," la joven mujer murmuró, la vergüenza tiñó su cara. Se preguntaba si la madre de su amiga la desaprobaría también.
"Pero mi madre no decide con quién ceno," Annie dijo firmemente. "¿Ahora crees que te gustaría comer en el comedor o aquí adentro?"
"Um... donde quieras estará muy bien."
"Colocaré algunos lugares en la mesa. Llevará solo algunos minutos calentar todo," María dijo, al salir del cuarto.
"Gracias," Annie dijo cuando la mujer mayor paso a su lado, la persona que ella había mantenido en casa todo el largo día. Ahora sola con Dulce sus hombros se hundieron, sus cansados pies protestaron de estar parados, y el dolor de cabeza con el que había estado luchando hizo su presencia sabida con la fuerza completa. Cruzó el cuarto y se dejó caer en su sillón. "Qué día." Levantó su pierna izquierda, apoyándola sobre su rodilla derecha, y comenzó a frotar su adolorido pie.
"¿Tú enfrentaste a Christian?"
"No. Él no se presentó," Annie suspiró. "Ordené una auditoria."
"Oh."
"Si. No va a ser una visión bonita cuando lo descubra." Comenzó a frotar su pie con más fuerza, usando ambas manos para masajear los adoloridos músculos. "Encima de eso, tuve una montaña de papeleo para atravesar. Laura salió en el intermedio durante el día."
"¿Laura?"
"Mi secretaria," aclaró.
"Oh, ella debe haber sido la que contestó al teléfono cuando llamé."
"Sí, fue ella." Annie invirtió la posición de sus piernas y comenzó a dar masajes a su pie derecho. "Oh genial," frunció el ceño, mirando rápidamente en el creciente deshilar moviéndose en su pierna. "Sabes, alguien debería ser capaz de encontrar una manera de hacer medias que no se rasguen al instante en que te las pones." Se levantó, alisando la falda gris oscuro. "Voy arriba a cambiarme. Para entonces estoy segura que la cena estará lista." Sus ojos cayeron sobre los filamentos de los cabellos circundando la cara de Dulce. "Después de cenar pienso que nosotras lavaremos tu cabello."
"¿Cómo vamos a hacer eso? No puedo tomar una ducha."
"Tengo una idea."
*****
Después de cambiarse en sus pants y tenis, Annie tomó un juego de llaves y se dirigió a través del camino de entrada cubierta de nieve al garaje. La construcción original había sido derribada hace tres años para hacer el sitio para su idea de lo que un verdadero garaje debía ser. Con la capacidad de guardar cuatro autos cómodamente, el garaje lucía múltiples hileras de fluorescentes luces y un separado sistema de alarmas. La mitad trasera del garaje servía como lugar de almacenaje. Entrando a través de la puerta lateral, Annie caminó rápidamente sobre el panel de control y desactivó la alarma.
Un rápido tirón del interruptor y los cuatro recuadros fueron bañados en un mar de blanca luz. El primer recuadro contenía un auto oculto por una cubierta de lona. Distraída por un momento, Annie caminó a la parte trasera del auto y tiró de la cubierta. La estigmatizada placa blanca de la estatua de la libertad en el lado izquierdo y las letras azules anunciando el auto como "el juguete de Rons". Tiró de la cubierta más para revelar el tapón de la gasolina con el familiar logotipo del Mustang. "Pronto," se prometió. Su preciado auto había sido meticulosamente restaurado y la severa sal de los inviernos de Albany significaba que tenía que permanecer en hibernación hasta que las flores comenzaran a florecer otra vez. Sus dedos se arrastraron sobre el intenso azul metálico de la pintura y su mente vagó al pasado cuando había comprado el auto.
Era su año superior en Dartmouth. Aunque utilizaba el Audi que su padre le había dado para su vigésimo primer cumpleaños, se encontró siempre anhelando el potente Mustang que el novio de una de sus hermanas de la fraternidad poseía. La pintura había estado mellada, la superficie oxidada era el color dominante, pero cuando el pedal era metido a fondo, el auto podía descargar la potencia levantándose contra este. Cuando Annie había pedido a su padre permiso para retirar suficiente dinero para comprar uno para ella, Richard Puente firmemente se negó, citando que tenía un buen auto y que el Ford era un vehículo demasiado peligroso. Annie estaba serena, sin embargo, y ahorró su asignación para el completo semestre hasta que pudo permitirse comprárselo ella misma. Lo condujo a casa en las vacaciones de primavera, para la consternación de sus padres. Su padre lo llamó un montón de chatarra y su madre insistió que solo conseguiría matarse en esa 'trampa mortal'. Intentaron ofrecerle un Mustang nuevo, amenazándola de cortarle el financiamiento, incluso la vieja expresión 'las damas de educación apropiada no conducen potentes autos', pero ningunos de ellos funcionaron. Antes del fin de semana todo lo que habían logrado era hacer que Annie determinara aún más conservar y restaurar a su veloz demonio azul. Aunque no era desde hace mucho tiempo su auto principal, todavía lo sacaba para dar una vuelta de vez en cuando y, la belleza azul metálico seguía siendo su favorito.
Un ligero fresco la atravesó, tirando de Annie del carril de los recuerdos y regresarla al presente. Restituyó la cubierta sobre su Mustang y caminó al recuadro siguiente. El rojo Porsche acomodado allí. Era la primera vez que lo veía desde el accidente. En el cuarto recuadro era donde estacionaba el jeep y de este modo alejar lo que había hecho con el objetivo de no acercarse al auto deportivo. Ahora lentamente caminó alrededor del auto, azules ojos recogieron todas las reparaciones. La cinta verde rodeaba los bordes del nuevo parabrisas, sin duda permitiendo que la nueva goma sellara fijándolo. El capote, la parrilla, el parachoques, y el cristal del cuarto derecho delantero fue quitado todo, el gris metal del chasis manteniéndose firme en contraste con el resto del vehículo. Una rodante caja de herramientas situada contra la pared, evidencia de las visitas de Hans. Annie desvió la mirada del auto e inclinó las manos contra la caja de herramientas luchando para mantener su estómago bajo control. Supo perfectamente entonces que nunca podría conducir el Porsche otra vez. Mordió tragándose el resurgimiento de la culpa y tomó deliberadamente los pasos hacia la puerta del cuarto de almacenaje, todo el tiempo diciéndose que todo se resolvería, que Dulce se recuperaría totalmente, que el daño que le había causado podría ser reparado. Probó tres diferentes llaves en el cerrojo hasta que encontró la correcta y caminó en la oscuridad del almacén.
Le tomó a Annie un minuto encontrar el interruptor de la luz. Cuando lo hizo, encontró lo que buscaba inmediatamente. En la esquina, debajo de un montón de abandonados trapos estaba una cubeta utilizable de cinco galones que una vez contuvo concreto de secado rápido. Se acercó a la utilizable palangana y la limpió minuciosamente hasta que la lechosa agua blanquizca corría limpia. Completada su tarea, Annie volvió a la casa.
*****
"Entonces ¿qué pensaste de esa última pregunta?"
"Todavía digo que era demasiado fácil. Todo el mundo sabe que los números pares de las autopistas corren de este a oeste y las impares corren de norte a sur," Dulce contestó, ajustando la almohada detrás de su cabeza. María se había marchado algunos minutos antes y ellas estaban ahora relajadas en la oficina.
"Si todo el mundo sabe eso, ¿por qué hace que tanta gente se pierda cuando están viajando?" La mujer mayor contestó, recostándose en su sillón y poniendo sus descalzos pies arriba en el borde de la cama cerca de la cadera izquierda de Dulce. Desde que los meses de invierno estaban sobre ellos y Annie no tenía motivo para usar zapatos con punta abierta, no se molestaba en hacerse la pedicura tan a menudo como lo hacía usualmente. En el proceso de menear sus dedos, una uña arañó contra la de al lado. "Bueno, no me sorprende que este rasgando todas mis medias. Supongo que es hora de llamar para un pedicure." Vio una lejana mirada absorber la cara de la joven mujer. "¿Qué?" Preguntó suavemente. "Lo compartes conmigo."
"Estás hablando de un pedicure y estaba recordando cuando tenía trece." Viendo la expectante mirada en la cincelada cara de su compañera, Dulce continuó. "El Estado encontró a la familia Foster para mí por algunas semanas y tenían una niña justo de mi edad. A Stacey le encantaba tenerme alrededor porque era una dispuesta conejilla de indias para que ella practicara la cosmetología. Le encantaba jugar con el esmalte de uñas. Tenía hileras e hileras de botellas sobre su tocador en todo los colores que puedas imaginar." Dulce ausentemente extendió su mano abajo y puso sus dedos sobre los dedos del pie de Annie. "Bien, una noche estábamos de ánimo. Pintamos cada uña de un diferente color. Puedo recordar que en mis dedos del pie fueron desde el ciruelo al aguacate a ese horrible púrpura." Mientras hablaba, su dedo índice rozaba atravesando cada uña del gran pie descalzo. "La cosa divertida es que estábamos despiertas más allá de nuestra hora de ir a la cama y no tuvimos tiempo para quitarlo. Fuimos a la escuela al día siguiente y cuando estábamos tomando una ducha después de la clase de gimnasia todo el mundo vio nuestros dedos de los pies." Se rió suavemente. "Realmente fue divertido. Quiero decir, entre nosotras dos estaban allí veinte diferentes colores en nuestros pies. Después de eso, Stacey usó deliberadamente diferentes tonalidades de esmalte en sus dedos. Ésa fue la última vez que esmalté mis uñas del pie."
Annie la miró burlonamente, después se levantó y fue al pie de la cama. En menos de segundos los calcetines de gran tamaño fueron quitados para revelar los dedos del pie de Dulce. "¿Cuándo fue la vez última que alguien te hizo la pedicura?"
"Ese fue, si podrías llamar eso una pedicura. Solo uso el cortaúñas para mantenerlas cortas ahora. Ow, tranquila."
"Oh, lo siento," Annie se disculpó, dejando el pequeño dedo del pie que había movido para lograr una mirada mejor en el siguiente. "¿Puedes sentir eso en tu tobillo?"
"Si, es por eso que no los meneo. Mis piernas duelen bastante cuando lo hago.
"¿Cuándo fue la vez última que tomaste algo?"
"No, no es que este mal ahora mismo. Prefiero esperar hasta que realmente lo necesite."
Annie levantó la mirada y recordó lo que quería hacer esa noche. "¿Estás lista para lavar tu cabello?"
"¿Encontraste una manera?" Se incorporó, preparándose para instalarse nuevamente en la silla de ruedas.
"No, quédate aquí. Lo tengo todo resuelto de modo que no tengas que salir de la cama." Miró la cama ajustable, en este momento levantada en un cómodo ángulo. "Vas a tener que poner la cama plana, sin embargo."
Pocos minutos después Dulce estaba acomodada de espaldas a través de la cama, su cabeza suspendida en un costado. Una toalla rodeaba detrás de sus hombros colgando para proteger el colchón contra cualquier agua jabonosa. Annie estaba situada sobre un taburete tomado de la cocina, la blanca cubeta de cinco galones acomodada entre sus rodillas. Una toalla grande fue puesta en el piso para coger cualquier derrame. "¿Estás lista?" Preguntó.
"Si."
Annie vertió el agua lentamente sobre los rojizos mechones, usando su otra mano para ayudar a distribuir el líquido sobre todo el cabello. Vertió una generosa cantidad de champú en su mano y la trabajó en una espuma. Annie hizo todo lo posible para sostener la cabeza de Dulce, tomando algo del esfuerzo excesivo del cuello de la joven mujer. "¿Cómo estás sintiendo esto?"
"Riiicooo," murmuró. "Tienes fuertes dedos."
"Los ejercito. ¿Estoy presionando demasiado duro?"
"Oh no, está bastante bien."
"Bueno." Annie continuó moviendo sus dedos en el suave cabello, minuciosamente lavando este. "Hora de enjuagar. Mantén tus ojos cerrados." Usando su mano izquierda levantó la cabeza de Dulce, poco a poco enjuagó el champú. Una vez que eliminó la mayor parte, puso otro poco del líquido con esencia de fresa en su mano. "Segunda ronda."
"¿Vas a lavarlo otra vez?" Dulce preguntó sorprendida.
"Por supuesto. Sabes las indicaciones. Lavar, enjuagar, repetir." Trabajó el champú en el rojizo cabello antes de que la joven mujer pudiera decirle que no. "¿Asumo que únicamente lo lavas una vez?"
S"Si, se usa menos champú de esa manera. Mi cabello siempre parece limpio. Mucha gente lo lava solo una vez." Dulce se reclinó en la presión suave pero firme de los dedos de Annie. No solo fue tratada con una segunda lavada, sino teniendo acondicionador peinado a través de su cabello. La ejecutiva tuvo que ir dos veces por más agua pero los resultados habían valido eso. La suave luz de arriba rebotaba en varios mechones del cabello de Dulce, creando una aureola alrededor de la cara de la joven mujer.
"Se mira genial." La mujer de cabello rubio dijo, observando la sonrisa que vino a la cara de su compañera al mirarse en el espejo sostenido en su mano. "¿No es así, Tabitha?" Le preguntó al gato que decidió que el agua no era una gran amenaza.
"¿Mrrow?" Dos segundos después, la anaranjada y blanca máquina ronroneadora estaba acomodada en el vientre de Dulce.

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:10 pm

"Ooof, estás ganando definitivamente peso."
"Pienso que María le está dando las sobras pero no puedo probarlo," Annie dijo con una sonrisa. "Solo sé que cada vez que ella está cocinando esta bola de pelos sale de la cocina lamiéndose sus bigotes."
Ding, ding, dong, dong. Los agudos tonos del timbre sonaron a lo largo de la casa. "¿Quién podrá ser a esta hora?" Annie preguntó, mirando el reloj sobre la mesita. "Son casi las diez." El timbre sonó otra vez, esta vez acompañado por furiosos golpes contra la sólida puerta de roble.
"¿Annie? Annie, ¡abre la jodida puerta!" El grito seguido por más golpes y tonos de del timbre.
"Ahora vuelvo." Se puso sus tenis y metió el exceso de cordón en los lados. Tabitha saltó de la cama, detectando que algo más interesante estaba a punto de suceder en el otro cuarto. "Oh no tú no. Quédate aquí con tu madre." Annie recogió la protesta felina y la colocó nuevamente sobre la cama, esta vez al alcance de la mano de Dulce.
*****
"¡Annie! Abre esta jodida..." Las palabras murieron en la garganta de Christian cuando él vio la luz exterior encenderse y oyó que la cerradura fue girada. "Bien, ya era hora."
"¿Qué estás haciendo aquí a esta hora?" Frunció el ceño, no teniendo duda que su hermano más joven estaba completamente borracho.
"¿Qué demonios intentas hacerme?" Christian pasó más allá de ella y atravesó el vestíbulo entrando a la sala de estar. "¿No me presentó a trabajar un día y tú ordenas una jodida auditoria?"
"Este no es el momento para hablar de esto, Christian. Vete a tú casa y duérmete." Annie se movió entre él y la oficina, intentando dirigirlo nuevamente hacía la puerta. Puso su mano en su brazo únicamente para tenerlo alejado.
"¡Vete a la mierda, Annie!" Pasó al otro lado del cuarto y dio un puñetazo por enfrente la madera del mueble del centro de entretenimiento. Se giró haciéndole frente y pudo claramente ver el crecimiento de varios días en su cara así como lo descuidado del cabello y las ropas. Christian había obviamente estado en un doblador y únicamente ahora había oído las noticias. "¿Qué piensas que estoy haciendo? ¿Robando de mi propia compañía?"
"No sé lo que estás haciendo, pero no voy a dejar que esto continúe," devolvió el grito, mostrando un poco su propio mal humor. "¿Qué es eso, Christian? ¿Drogas? ¿Juego?"
"¡Oops!, Srta. fuerte y Diosa todo poderosa!" Su puño se cerró de golpe en el gabinete con bastante fuerza golpeando un diminuto florero de copa. Solo que la gruesa alfombra salvó la antigüedad de romperse.
"Vete de mi casa, Christian."
"Tu casa," él se burló. "Crecí en esta casa de mierda. ¿Qué te da el derecho de decir que me vaya?"
"Compré la casa honradamente y a carta cabal de mamá y tú sabes eso." Sus ojos se empequeñecieron en la salvaje mirada, casi inhumana en los ojos de su hermano. Christian era bastante fuerte por sí solo, pero si él estaba drogado...
Las sospechas de Annie fueron confirmadas algunos segundos después cuando levantó el extremo de la pesada mesa del café y la volteó. "Actúas como si fueras un ángel pero no lo eres, Annie." Por el momento, estaba parado aun así ella mantuvo su distancia. Su corazón latiendo fuertemente con la adrenalina bombeando a través de ella. "Te sientas en esa oficina día tras día. No tienes idea de cómo es trabajar para una vida," escupió, "no puedo solo chasquear mis dedos y hacer tu cartera más grande."
"No, pero puedes falsificar mi firma en un préstamo," ella replicó.
"¿Qué?"
"Incumpliste en un préstamo y tenían mi nombre en él como consignatario. ¿Por qué necesitabas un consignatario, Christian?"
El hombre de rubio cabello parpadeó algunas veces cuando comprendió la información. "Mierda. ¿Eso es todo lo que siempre te ha preocupado, no es así? ¿El dinero de mierda?"
"Alguien tiene que preocuparse acerca de eso. Tú por supuesto no. ¡Ahora vete de mi casa!"
"¡No es sobre eso! Me da igual lo que en tu maldita auditoria aparezca, no puedes echarme a patadas de la compañía." Un pensamiento se le ocurrió. "Puedes poseer la mayoría de la acciones pero no tienes control de los interés. ¿Piensas que alguien va a votar contigo para conseguir librarte de mí?" Dio una corta risa, su energía comenzó a desaparecer ya que para el colmo había estado cabalgando. "Enfréntalo, Annie. No puedes hacer nada sobre mí. ¿Piensas que mamá va a votar contigo para destituirme? ¿Christopher? ¿Susan? No puedes ganar esta batalla." Se dirigió hacia la puerta. "Cualquier tonto puede ver eso. Solo déjame en paz, hermana, o lo lamentarás." Christian cerró de golpe la puerta detrás de él, el sonido que reverberaba a través del cuarto. El corazón de Annie estaba palpitando con fuerza y podría solo suponer que Dulce tenía miedo.
"¿Estás bien?" Annie preguntó cuándo entró en el cuarto. Notó la palidez del miedo en la cara de la pelirroja mujer. "Hey, todo está bien."
"Él estaba bastante enojado. ¿Qué se estrelló?" La expresión de Dulce era más serena ahora que sabía que Annie estaba segura. Acarició el lugar vacío en la cama al su lado. "Aquí, hay un asiento."
"Nah, gracias," la alta mujer continuó de pie, aunque la suave almohada le hacía señas. "Él tiró la mesa del café y golpeó algo de la superficie del gabinete. Nada roto." Miró en la TV, aún encendida pero con el sonido silenciado. "Hey, hay uno de esos programas de noticias de revista."
"Si, están suponiendo que tienen una cosa en esos camiones de renta y que peligrosos son." Acarició a la cama otra vez. "Vamos, tengo el calor y el masaje encendido. Esto tiene que ser más cómodo que ese sillón." Encendió la pequeña lámpara en la mesita a su lado justo antes que Annie apagara la luz de arriba. El suave brillo fue preferido por ambas para mirar la televisión.
"Estarías sorprendida de lo confortable que el sillón es," Annie contestó, dando un puntapié a sus tenis y con reticencia aceptó la oferta. Se hundió en el vibrante calor y cerró los ojos con placer hedonista. "¡Oh! Esto es agradable. Tengo que conseguir una de éstas para mi habitación." Acomodó la almohada detrás de su cabeza, deslizó los pies bajo las cobijas, y abrió los ojos. Dulce presionó el botón y comenzó a mirar el programa. Con la alta mujer a su lado derecho, sentía una sensación de seguridad y rápidamente el latido de su corazón retornó a un nivel más normal.
Dulce utilizó el telecontrol para apagar la televisión una vez que las últimas noticias comenzaron. "¿No estuvo eso interesante?" No recibiendo respuesta, giró su cabeza para ver los ojos de su compañera cerrados. "¿Annie?" Ninguna respuesta, solo el rítmico subir y caer de la sudadera cubriendo el pecho. Dulce apagó la lámpara. La cama era bastante grande. No había razón para que despertara a Annie solo para enviar a la mujer más mayor a su propia cama. "Buenas noches, Annie," susurró, cerrando los ojos y dejando que la regular respiración de la mujer a su lado la calmara metiéndola en un profundo sueño.
*****
Los azules ojos se agitaron abriéndose poco después de las seis y miró alrededor, intentando conseguir sus almohadas. "Qué el... oh," masculló, dándose cuenta que se había quedado dormida en la cama de Dulce. Tomándose un momento para borrar el sueño de sus ojos, Annie se apoyó sobre un codo y bajó la mirada a su dormida compañera. Los rayos de la mañana resaltaron la respingada nariz, las cejas óxido, y los llenos labios separados un poco en sueño. Los segundos hicieron tictac mientras observaba a la dormida mujer. Esto la asombró como fácilmente se había quedado dormida al lado de Dulce. Con excepción de Christine, Annie nunca había dormido con alguien. Eso lo había hecho entonces únicamente porque estaba esperando por su amante. Sinceramente, nunca se sintió cómoda compartiendo una cama y podía frecuentemente esfumarse y dormir en la cama acostumbrada en su dormitorio. Sin embargo obviamente no tuvo problema en enroscarse y dormir al lado de Dulce. Era un curioso misterio Annie sabía que no fue seguro deliberado. Sentía el ligero zumbido del masaje debajo. Eso fue. Tuvo que haber sido el masaje. Este la relajó bastante para ponerla a dormir sin tener en cuenta la presencia de alguien más en la cama. La ejecutiva sonrió para si con la lógica de su explicación, incluso cuando eligió ignorar el hecho de que todavía estaba allí al lado de Dulce. Contemplaba consentirse pero la voz de la responsabilidad triunfó. Con un decepcionado suspiro lentamente salió de la cama sigilosamente, cuidadosa de no molestar a su compañera, y caminó silenciosamente al baño.
Una vigorosa sesión de ejercicios y una reconfortante ducha prepararon a Annie para el día. Inhaló en el café que María hizo para ella mientras se ponía su larga chaqueta de lana. La temperatura había caído considerablemente por la noche, descendiéndola a un solo dígito. Se dirigía hacia la puerta cuando el teléfono sonó.
"Residencia Puente," María contestó. "Ahora mismo. Annie, es Susan. Ella parece perturbada." Ella tomó el teléfono color crema y asintió en su ama de llaves.
"Susan?"
"Annie, tenemos un problema."
"Estoy segura que tenemos más de uno. ¿Qué te tiene tan jorobada para que no pudieras esperar hasta que llegara a la oficina?"
"Ricky y Timmy ambos cayeron con el pollo pox."
"¿Y? Susan, tus hijos están enfermos no es el fin del mundo. Es solo pollo pox."
"Annie, la fiesta de Navidad de la familia es esta noche."
"¿Y?" Desabotonó su chaqueta, decidiendo no iba a ser una rápida y fácil llamada telefónica después de todo. "Estoy demasiado ocupada para ir. Por qué deberías planear la fiesta para el miércoles en la noche de todos modos?"
"Era el mejor día que nosotros pudimos asegurar. La gente siempre tiene fiestas para ir en los fines de semana. Poner está en un miércoles garantizaba que todo el mundo se presentaría, pero ése no es el punto. El punto es que nosotros no podemos tener la fiesta aquí."
"Entonces. Alquila un salón en algún lugar." Un pensamiento le cayó en cuenta. "Oh no tú no, Susan. No estaré teniendo la fiesta aquí."
"Annie. Es demasiado tarde para alquilar un salón y enviar las direcciones a todo el mundo."
"No la estarás teniendo en mi casa. No, no, no." La chaqueta ahora se encontraba en un taburete cerca. "Hermana, no puedo tener la fiesta aquí. ¿Tienes alguna idea de cuánto trabajo ésta podría tomar?"
"Es perfecto. Todo mundo sabe dónde vives y les encantará la idea de un buena fiesta al estilo antiguo en la casa Puente."
"Te he dicho antes. Ésta es mi casa ahora y no quiero a cada pariente en el mundo pisoteando alrededor de aquí." Miró a María preparando huevos para el desayuno de Dulce. "Hermana, tengo a la Compañía que permanece conmigo. No es realmente conveniente tener gente aquí." El tono de la llamada en espera señaló. "No cuelgues, Susan, tengo otra llamada." Presionó el parpadeante botón. "Habla Anahi."
"Annie, es tu madre."
"Hola mamá." Rodó sus ojos, sacando una divertida mirada de su ama de llaves.
"Estaré allí después de que llegue del aeropuerto a ayudar con los proveedores y asegurarme de que no colocarás algunos de esos llamativos adornos."
"¿Qué, Susan te llamó primero? La tengo aguardando en la otra línea."
"Sí. Lo hizo. Decidimos que la casa sería la solución perfecta."
La perfecta solución para todo mundo menos para mí, Annie pensó para sí. "Mamá, no puedo tener la fiesta aquí. ¿No podríamos solo volver a programar esta o conseguir un salón en algún lugar?"
"No. Nosotros no podemos." Beatrice Puente contestó. "Ahora Anahi, no tenemos tiempo para todos estos tontos egoísmos. Tengo que recoger a tu tía Elaine en el aeropuerto a las tres. Envía un auto por mí a las dos y asegúrate de no enviar a ese incompetente bobo como la última vez. Le tardó cerca de una hora para llegar allí."
"Madre, esa fue una tormenta de nieve y el tráfico estaba atascado por kilómetros. No fue su problema."
"Él debió haber tomado una ruta alterna. No pudo incluso entrar en frente de la terminal. Solo asegúrate de conseguir a alguien más esta vez."
"Pero..."
"Ningún pero de ti, jovencita. Ahora tengo que conseguir mi cita para el salón de belleza. Habla con tu hermana y no te olvides llamar para mi auto."
"Ma..."
"Adiós querida. Gusto en hablar contigo." Click. Annie quitó el teléfono de su oído y miró fijamente el auricular por un momento antes de golpear el parpadeante botón.
¿"Susan? ¿Todavía estás allí?"
"Estoy aquí. Supongo que era mamá en la otra línea"
"Supones correctamente. Nada como traer la artillería pesada."
"Lamento eso." Annie dudó de la sinceridad de su hermana. "Llevaré algunos adornos que los chicos hicieron. Ooh, son tan lindos. Annie, te encantaran. Ricky hizo unos con oropel verde..."
"Hermana, necesito conseguir lo que va a ir aquí." Dio un suspiro de derrota. "Supongo que tengo una fiesta para conseguir lista."
"Oh. Seguro. Alfonso y yo estaremos ahí alrededor de las seis. Dejaré a la familia saber."
"Estoy segura que mamá ya les llamó," Annie dijo en un tono seco. "Ocúpate de conseguir al decorador y a los proveedores aquí. Oh, y ¿Susan?"
"¿Sí?"
"Esto nos hace empatar."
*****
Dulce estaba sorprendida de ver entrar a Annie y girar la computadora. "Buenos días."
"Buenos días, Dulce," contestó, dejando su taza de café abajo y mecanografiando su contraseña. "María traerá tu desayuno en algunos minutos." Hizo click en su archivo del correo y rápidamente escaneó en unos sin leer.
"¿Pasa algo malo?"
"¿Malo? ¿Qué podría posiblemente estar mal? Mi madre y hermana han decidido que la fiesta de Navidad de la familia estará llevándose a cabo en mi casa, esta noche."
"Oh." Una pausa momentánea, entonces "¿Qué es lo que vas a hacer?"
"¿Qué puedo hacer? Supongo que me toca conseguir que este lugar este listo para ellos." Comenzó a dar golpecitos con el lápiz en su mano izquierda en el escritorio. "Por lo menos una tercera parte de ellos fuma. Puse esas alfombras hace tres años y están aún perfectas. ¿Piensas que permanecerán de esa manera? Ah. Ya lo creo allí van a estar por lo menos media docena de agujeros de quemaduras en ellas antes de que la noche termine." Annie detuvo el vociferar el tiempo suficiente para tomar un trago de café. "Tengo que cambiar todos los muebles, hacer que María limpie el cuarto de juego y surtir el bar allí adentro, hacer que la licorería haga una entrega..." Los golpecitos aumentaron. "Y encima de todo eso, tengo que ir a comprar para nosotras dos algo para usar."
"¿N-nosotras?" Dulce tragó difícilmente en la implicación.
"Bien, sí por supuesto." Annie la miró socarronamente. "No querrás saludar a todo el mundo usando mi camisa de Dartmouth, ¿no?"
"¿Qué? Uh..." La impresión la había dejado sin palabras y la pelirroja mujer estaba en una pérdida por las palabras. "Yo... bien..."
"Dulce, no estoy intentando castigarte haciendo que conozcas a mi familia, pero no voy a encerrarte en un cuarto sola toda la noche mientras hay una fiesta aconteciendo." El lápiz encontró su camino a sus perfectos blancos dientes, y comenzaron a roer en el borrador. "Realmente," murmuró alrededor del amarillo utensilio de escribir mientras miraba alrededor del cuarto. "¿Crees que podemos ambas ocultarnos aquí toda la noche?"
Se rieron suavemente por algunos segundos antes de que la seriedad de la situación asumiera el control. Annie dejó el lápiz en el escritorio y movió su sillón más cerca a la cama. "Aunque te dejara permanecer oculta, todo el mundo sabe que hay un baño aquí adentro." Las mujeres encontraron su conversación interrumpida por María, cuando entró en el cuarto con la bandeja del desayuno y una jarra de café.
"¿Dónde vas a querer el árbol?" El ama de llaves preguntó.
"En la casa de alguien más," Annie bromeó, consiguiendo un resoplido de su compañera. "Me da igual. Dulce y yo estaremos escondidas aquí toda la noche."
"Ni siquiera pienses en eso, Anahi Giovanna." María dejó la bandeja sobre el regazo de Dulce y comenzó a servir el café en la taza de porcelana. Annie extendió su propia taza expectante. "No hay suficiente tiempo para conseguir limpiar las alfombras."
"Aspirarlas estará bien. Gracias." Llevó la taza a sus labios y tomó un trago agradecida. "¿Quieres que llame a algún lugar y consiga ayuda extra para tener el lugar listo?"
Una mirada parecida al dolor destelló a través de los ojos cafés del ama de llaves. "Solo porque no recorres alrededor como tu madre investigando para saber si había polvo no significa que he dejado esta casa desatendida. Pulo la plata regularmente incluso si no la utilizas. A excepción de un rápido trabajo de pasar la aspiradora y mover los muebles, estaremos preparadas para la compañía. Claro, que no puedo poner de nuevo la mesita del café de la manera en que debería estar."
"Lo siento, María, yo no quise sugerir que tú haces algo menos que un trabajo perfecto. Me ocuparé de la mesita del café y de todo lo demás." Tomó su taza. "Ahora necesito salir y conseguir algunas cosas." Annie se levantó y dio a Dulce una sonrisa. "Tu enfermera debe estar aquí en un rato y yo estaré de regreso en un par de horas. ¿Cuál es tú color favorito?"
"De verdad, yo no..."
"¿Color?" Annie repitió, dejando en claro que no aceptaba un no por respuesta.
Dulce miró en los intensos azules ojos y la respuesta vino sin pensarlo. "Azul."
"Fácil encontrar algo lindo en ese color. ¿Qué tonalidad? ¿Prefieres claros tonos como turquesa o uno oscuro como el cobalto?" Annie no pasó por alto en notar que los verdes ojos continuaron mirando fijamente en los suyos.
"Um... un azul marino, supongo. Algo intenso." Dulce se movió nerviosamente y bajó la mirada a su pan tostado. "Supongo que cualquier tonalidad estará bien."
"Me aseguraré de elegir algo lindo." Annie sonrió internamente en el pensamiento de poder escoger un vestido para que ella usara.
"Si es demasiado problema puedo ocultarme en otro cuarto. Podría llevar un libro en el cuarto de la lavandería. Nadie entrará allí," Dulce ofreció, sintiéndose muchísimo en medio.
"No." Annie rápidamente contestó. "No voy a ocultarte. Eres una huésped en mi casa y ellos tendrán que aceptar eso." Miró a María, que asintió en el acuerdo. "Estaré de regreso antes de la comida."
Era bastante fácil para Annie caminar dentro de la exclusiva boutique y seleccionar un vestido para sí. Era completamente otra cosa seleccionar algo para que Dulce usara. Durante más de una hora se sentó allí observando a la modelo probarse diferentes combinaciones de blusas y faldas, pantalones de vestir, y vestidos. Nada parecía adecuado.
"¿Tal vez si me dijera exactamente lo que usted busca, Srta. Puente?" La gerente inquirió.
"No estoy realmente segura cómo explicarlo, pero ninguno de éstos funcionará." Annie agitó una mano en el aparador de ropa. La mujer de edad miraba a su particular cliente y frunció el ceño.
"¿Qué pasa con ellos? Quizá podamos resolver lo que usted está buscando de esa manera."
"No hay nada mal con ellos solo que no son los adecuados." Apretó el puente de su nariz. "Quizá solo debería mirar alrededor y ver si hay algo que me guste."
"Por supuesto." La gerente de la boutique agitó su brazo. "Mónica estará feliz de modelar algo que usted desee."
Annie caminó a través de los estantes de las costosas prendas de vestir, apenas dándoles a cualquiera de ellas más que un vistazo de pasada. Entonces lo vio. Metido en la esquina, casi lo pasó por alto y de hecho no estaba incluso segura qué le hizo mirar en esa dirección. Extendió la mano y sacó el vestido para mirarlo. Justo una tonalidad abajo de un vivo azul, la seda brillaba con belleza y suavidad. El tejido se reunía en el elástico de la cintura antes de ensancharse otra vez. Annie imaginó que éste llegaría abajo de los tobillos de Dulce, fácilmente cubriendo los moldes. "Éste," anunció, atrayendo la atención de la gerente.
"¿Le gustaría que Mónica se lo modelara?"
"Eso no será necesario. Éste es el que quiero." Echó un vistazo en la etiqueta de la talla. "Sí, éste será perfecto."
*****
El jeep hizo su camino a través del tráfico de un día festivo. Un vistazo en el reloj de la radio dijo a la ejecutiva que eran casi las once. Había estado hasta ahora en la boutique y la joyería. Ahora estaba afuera en el centro comercial luchando con otros compradores por las pequeñas cosas que estaba necesitando, como regalos. Estaba a una milla del centro comercial cuando una esquina llena completamente de árboles capturó su mirada. Desvió la Cherokee a la izquierda y pasó a través de los pasillos de pinos y bálsamos apoyados arriba contra los pasamanos de madera. Detectando a un vendedor, el bajo robusto comerciante corrió a su lado.
"¿En qué puedo ayudarle hoy?"
"Quiero un árbol lindo lleno de brazos y una robusta copa." Annie dio una desaprobadora mirada en el grupo delante de ella.
"Tenemos muy bonitos atrás," él dijo, gesticulando hacía los pinos más altos reclinados contra los eslabones de la cadena de la valla que corría a lo largo de la parte trasera del estacionamiento. "¿Qué tan alto es lo que usted busca?"
La frente de Annie se frunció mientras intentaba imaginar justo que tan alto los árboles en su casa normalmente eran. "Alto. Más de ocho pies."
"Oh, bien entonces." Sus ojos se iluminaron aún más y aceleró el paso. "Tenemos unos hermosos de nueve y diez pies."
Annie ubicó un árbol de diez pies que parecía querer reventar de los lados las cuerdas que lo sostenían. El hombre llamó a su hijo para que le ayudara pero todavía necesitó un poco de ayuda de la fuerte mujer para acomodarlo en la parte superior del jeep. Destacaba sobre el frente, la cuerda blanca corría del árbol al frente de la defensa. Un par de cuerdas hicieron lo mismo en la parte trasera. Una vez completamente asegurado, Annie continuó su viaje al centro comercial. Presionó el botón escaneando en su radio y lo dejó en una estación que tocaba música festiva. Cuando los Carpenter cantaban Merry Christmas, Darling vamos, Annie se perdió en los fascinantes sonidos y armonía. Sin pensar sobre eso, comenzó a cantar, su rica voz de contralto se mezcló con los últimos tonos magníficos de Annie. Ignoró las raras miradas que le eran lanzadas por los otros conductores, prefiriendo en lugar de eso perderse en la canción. Incluso después de meterse en el estacionamiento, dejó el auto funcionando hasta que la canción terminó.

*****
Las canciones del día de fiesta fueron traídas a través de los altavoces, añadiéndose al habitual estruendo de la muchedumbre. Todo el mundo tenía bolsas en sus manos y tenían prisa en terminar sus compras. Annie agarró su cartera más cerca de su cuerpo y se dirigió hacia Macy. Algunos vales de regalo y sus compras estarían hechas. Cuando se movió a través de la muchedumbre apresurada, vio la tienda de Navidad, un almacén abierto únicamente para los días de fiesta vendía de todo desde las luces hasta los adornos de oropel de cada posible diseño. Los dependientes se alternaban entre las ventas por teléfono y observar por los ladrones. Annie tomó una canasta de compras y comenzó a llenarla con los acostumbrados adornos. Pronto la canasta estuvo llena pero no terminó. Después de coger a un dependiente para ayudarle, Annie pasó la mayor parte de una hora eligiendo cosas de buen gusto y cosas divertidas para convertir su rígida residencia en un festivo hogar. Justo cuando dio al dependiente su tarjeta de crédito, notó que un artículo había sido pasado por alto. "Oh, espere. Necesito eso también." Señaló con un elegante dedo en el artículo en cuestión. Cuando la ramita de muérdago fue agregada a sus compras, la mente de Annie consideró el posible beneficio de ver a Dulce debajo de este. "Agregue algunos más, ¿podría usted, por favor?"
*****
"Vamos a intentarlo otra vez," Maite dijo suavemente, poniendo las manos en posición.
"No, espere, por favor" Dulce lloraba. "¿No podemos hacer esto más tarde?"
"Srta. Dulce, usted tiene que estirarlas por lo menos dos veces al día."
"Lo sé," dijo, limpiando una lágrima de su mejilla. La puerta se abrió y Annie entró con varias bolsas de compras en sus manos.
"¿Qué está pasando?"
"Yo, todo está bien," Dulce murmuró, avergonzada por las gotas que continuaban bajando por sus mejillas.
Levantó la mirada y vio la preocupación en la cara de Annie. "Tengo que estirarlas y eso duele."
"Déjeme intentar," Annie dijo, substituyendo las manos de Maite por las suyas. La joven mujer miró cuando la enfermera explicaba como estirarlas correctamente. Satisfecha sabiendo lo que estaba haciendo, la ejecutiva miró de nuevo a Dulce. "¿Crees que estás lista?"
Ella asintió, sus ojos trasmitían su miedo del dolor. "¿Serás suave?" Estaba aún indecisa pero había algo tranquilizador sobre el calor de las manos de Annie en su pie.

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:11 pm

de cualquier pequeña mano curiosa. Con la tarea acabada, regresó a la sala de estar y se fortaleció para saludar a su hermano.
"Oh, aquí viene Annie," Susan dijo.
"Bueno. No sé dónde estuvo todo este tiempo," la matriarca dijo en un tono de desaprobación.
"Lo siento. Tuve que ayudar a Tyler a encontrar el baño," Annie dijo cuándo se acercó. Cabeceó en su hermano. "Hola Christian."
"Hola hermana, ¿cómo estás?" Se inclinó y besó su mejilla. "¡Perra!" Siseó antes de dar un paso atrás. "Ese vestido se mira maravilloso en ti, ¿no es así madre?"
"Es muy bonito, pero demasiado oscuro." Extendió una mano y tiró en la aterciopelada manga. "Deberías usar colores más ligeros, Anahi."
"Bien, pienso que ella se ve encantadora," él dijo, sonando totalmente de apoyo de su hermana mayor. "Annie es hermosa no importa lo que use."
Oh eso es, descarga grueso tu mierda, pensó para sí. "Te ves bien esta noche también, Christian. ¿Traje nuevo?"
"Pues sí, lo es. No pensé que algo que tuviera era bastante bueno para esta noche."
"Estoy segura de eso." Azules ojos tiraron dagas en el hombre de cabello rojizo oscuro.
"Después de todo, creo que esta es la primera vez que has permitido a la familia entrar aquí desde que tomaste posesión de ésta." Le dio una siniestra sonrisa, atreviéndose a empujarla.
"Bien, pienso que se ve muy bien aquí esta noche," Susan chirrió. "Me gusta la forma en que colgaste todos los adornos alrededor. Todo el mundo se detiene a mirar estos. Quiero ver uno que hice en tercer grado. Annie, ¿puedes ayudarme a encontrar este?"
"Si. Pienso que está por ahí," dijo, agradecida por el escape ofrecido.
Caminaron a través de la multitud hasta que un destello de rojizos cabellos cogió la mirada de Susan. Inmediatamente la pelirroja estaba cambiando de dirección. "¿A dónde vas?" Annie preguntó.
"A conocer a la infame Dulce," contestó. "Tía Elaine dijo que ella tuvo en un accidente de auto."
"Susan..."
"Ahora ¿qué clase de anfitriona sería si pasara y no la saludara como todo el mundo?" Sus ojos brillaron con travesura.
"Pensé que era la única anfitriona de la fiesta. Es mi casa."
"Como sea," la pelirroja replicó, obviamente no interesada en tontos detalles técnicos como esos. "De cualquier manera, realmente debo conocerla." Sintió una firme mano agarrar su antebrazo.
"No te atrevas a hacerla atravesar por una de tus famosas inquisiciones." Annie disminuyó su apretón, pero únicamente un poco. "Quiero decir, ella es un poco tímida."
"¿Cómo se supone que voy a enterarme de algo acerca de una persona si no le hago preguntas?" Susan bromeó, pero la seria mirada en la cara de su hermana la hizo reconsiderar. "Solo quiero saludarla, no voy a preguntarle por cada detalle personal de su vida."
"¿Lo prometes?"
"Lo prometo."
La lastimada mujer estaba terminando su cerveza inglesa de jengibre cuando vio a las hermanas acercarse. "Dulce, me gustaría presentarte a mi hermana, Susan Puente."
"Hermana más joven," la pelirroja corrigió. Extendió su mano. "He oído mucho sobre ti, Dulce. Es agradable finalmente conocerte." A decir verdad, Susan había interrogado a su madre y su tía en la búsqueda de información sobre la misteriosa mujer. Miró en la hilera de puntadas y dijo. "Es una pena, una cara tan bonita."
"Susan, pienso que Alexandra está por ahí en alguna parte. No la has visto en un rato." El intento de Annie de alejar a su hermana fracasó.
"No, ve por delante, hermana. Me quedaré aquí y charlaré con Dulce." Tomó la copa vacía que Dulce había dejado en la mesita del café. "Esto va a dejar un anillo. Annie, ¿no tienes algún portavasos?"
"Por sup..." Con la esquina de su ojo cogió la avergonzada mirada en la cara de su huésped. Fue únicamente entonces que a Annie se le ocurrió que Dulce pudiera no estar acostumbrada a usar portavasos. "Realmente, pienso que todos ellos están siendo utilizados."
"Bien, supongo que realmente no importa. María puede quitar los anillos más tarde." Susan se cruzó enfrente de la silla de ruedas saltando a la mujer y sentándose solemnemente en la mesita del café, en una posición mucho más cómoda en la cual interrogar a su desconocida víctima. "Asi que cuéntame, Dulce, ¿cómo conociste a Annie?"
"Yo um..." Ojos color miel levantaron la mirada a los azules, pidiendo ayuda.
"Ella era una hermana de la fraternidad en Pi Epsilon Gamma," Annie soltó abruptamente.
"¿De verdad?" Susan miraba de Dulce a su hermana y de regreso otra vez. "Pero pareces mucho más joven que Annie."
"Um... yo brinqué un par de grados en escuela," la joven mujer dijo.
"Oh, eso es bueno. De todas formas, debiste haber sido un estudiante de primer año cuando Annie estaba en su año superior."
"Lo estaba," Dulce contestó, todavía intercambiando miradas de desesperación con su amiga. No estaba segura de la razón exacta de la mentira pero entendida que no había forma de regresar ahora.
"¿Así que de dónde eres?"
"Oh, bien... crecí alrededor de Albany." Tenía miedo de mentir y de mencionar una ciudad con la que la mundana pelirroja estuviera familiarizada.
"¿De verdad? Bien, Annie y yo fuimos a la academia de San Sebastián."
"Casa de los tigres," Dulce ofreció, atrayendo una sonrisa de Susan. Estaba agradecida ahora por las horas pasadas en la biblioteca leyendo el periódico local.
"Sí. Era la animadora principal el año que fuimos los campeones del estado."
"¿Qué deporte?"
"Bien, baloncesto por supuesto," la pelirroja dijo, sus cejas se levantaron levemente. "Estoy sorprendida que no supieras eso. Annie jugaba..." Miró a su hermana burlonamente.
"Jugué de guardia," Annie dijo, silenciosamente deseando a alguien, cualquier persona que se acercara para distraer a Susan.
S"Si, eso es. Estuviste toda la conferencia ese año, ¿no es así? Toda la estatal."
"Toda la estatal," la pelirroja repitió, no particularmente preocupándose acerca de los detalles. "De todas formas, suficiente sobre Annie. ¿Entonces qué te sucedió? Oí que tuviste un accidente automovilístico."
"Realmente un auto me golpeó."
"¿Quieres decir que tu caminabas y conseguiste el golpe?"
"Si."
"Oh, eso es terrible. ¿Así que estás paralizada o algo?"
"Susan," Annie amonestó. "Su tobillo izquierdo y ambas piernas están quebradas."
"Oh, eso debe doler bastante, ¿huh?"
"Bueno... si." Dulce no podía imaginar por qué alguien haría una pregunta tan tonta. "Mis piernas están quebradas muy seriamente."
"Eso es una verdadera pena. Bien, por lo menos eres bastante afortunada de tener a Annie ocupándose de ti."
"Muy afortunada," Dulce estuvo de acuerdo. "No sé lo que habría hecho sin ella." Dio una sonrisa a su amiga, una acción no desapercibida para Susan. La pelirroja se levantó y alisó su falda. "Bien, si ustedes dos me disculpan, tengo que alternar. Fue agradable conocerte, Dulce. Estoy segura que pronto nos veremos otra vez."
"Gusto en conocerte también."
"Annie, ¿puedes ayudarme en la cocina un momento?" Susan preguntó con una cantarina voz, la clase que siempre rechinaba en los nervios de la hermana mayor.
"Realmente..."
"Esto únicamente tomará un minuto." Agarró el codo cubierto de terciopelo y tiró de Annie alejándola de Dulce hacía la cocina, dejando a la mujer más joven sola con sus pensamientos.
Los abastecedores y María ocupaban la cocina, no permitiéndoles privacidad. Susan miró la puerta del cuarto de la lavandería. "Aquí adentro."
"Tú no deseas entrar allí," Annie advirtió, pero fue demasiado tarde. Su hermana abrió la puerta para revelar un molesto montón de pelusa anaranjada y blanca.
"¡Mrrow!"
"¿Tienes un gato?"
"Bien solo no estés parada allí. Ella se saldrá." Dio a su hermana más joven un empujón y cerró la puerta detrás de ellas.
"¿Le harás saber a mamá que tienes un gato?" Susan preguntó.
"Ella lo sabrá en más o menos veinte segundos después de que salgas de este cuarto," Annie dijo con conocimiento. "¿Así qué de que quieres hablar?, como si no lo supiera ya"
"Ella no era una hermana de la fraternidad. Apostaría mi Bentley que incluso nunca fue a Dartmouth." Susan se reclinó contra la puerta cerrada, una sonrisa engreída cruzó sus labios. "¿Sabes lo que pienso, Annie?" Continuó sin esperar una respuesta. "Pienso que esto es una repetición de lo que sucedió en Stanford."
"No sabes de lo que estás hablando. Dulce es solo una amiga a la que estoy ayudando a salir de una dificultad. Eso es todo."
"¿Eso es? Le das un trabajo, seguro... ¿está ella viviendo contigo?"
"Ella está quedándose conmigo mientras se cura."
"Oh, ¿así que esto es un arreglo temporal?" Susan bajó la mirada al desesperado gato que intentaba conseguir la atención de Annie. "¿Este es suyo o tuyo? ¿O pertenece a ambas?"
"Para esto, Susan. Tabitha es el gato de Dulce, no hay nada que esté sucediendo entre nosotras, y esta discusión acabó." Pasó más allá de su hermana y agarró la manija de la puerta.
"Annie," puso su mano en el hombro de la mujer más alta. "Di lo que quieras pero hay más en esto que solo ayudar a salir a una amiga." Enfatizó la última palabra, dejando en claro que no creía que ese era el título apropiado para la pelirroja mujer.
"Piensa lo que quieras, hermana, pero ahora mismo hay un cuarto lleno de gente que necesito atender. ¿Y Susan?"
"¿Si?"
"No pienso que Alfonso estaría demasiado contento de oír hablar de André ¿no?" Annie dijo, jugando la única tarjeta del triunfo que tenía contra en su hermana. Hubo silencio en el cuarto de la lavandería por un momento antes de que Susan asintiera, aceptando la tácita amenaza.
"Esto mejor que no explote en tu cara, Annie. No puedes permitirte otro incidente como Christine."
"Lo sé," la mujer de cabello rubio dijo enfáticamente.
Annie pasó el resto de la noche manteniendo su distancia de dondequiera que su hermano estuviera. Afortunadamente parecía que el vanidoso hombre joven no tenía interés en conocer a la mujer en la silla de ruedas. Esto permitió que pasara la mayor parte de su tiempo asomándose alrededor de su huésped. El tiempo pasaba lentamente y el licor corría abajo. Annie había subestimado la capacidad de su familia para consumir alcohol. Christian parecía estar quedándose apartado de los licores, su sonrisa y amigable actitud permanecieron constantemente a lo largo de la celebración. Pero cada vez que él la miraba, la sonrisa giraba a una engreída sonrisa abierta que ella contestaba con una resplandeciente amenaza. Un intercambio de miradas que la tenía al borde de explotar cuando oyó a Dulce tranquilamente participar con el resto de los villancicos.
"... fa la la la la, la la la la. Tis the sea son to be jolly, fa, la la la la."
"Don we now our gay apparel", Annie intervino, uniendo su rico contralto al alto de Dulce.
"Fa la la la la, la la la la," cantaron juntas. "Troll the ancient Yuletide carol, Fa la la la la, la la la." La canción terminó demasiado pronto para la mujer de cabello oscuro cuando el reloj del abuelo sonó para anunciar la última hora. Como se esperaba, la música paró y varios invitados comenzaron a despedirse.
"Supongo que la fiesta está terminando. Mejor juego a la anfitriona," Annie dijo, sus sentimientos mezclados acerca de la noche. Era agradable ver a todo el mundo tan feliz y estar recordando los anteriores días de fiesta. La presencia de Christian y los comentarios de su madre sin embargo hicieron que deseara haber insistido en que ellos llevaran a cabo ésta en algún otro lugar más. Sin embargo... habría sido agradable compartir otra canción con Dulce, se lamentaba mientras tomaba su lugar cerca de la puerta, pegando una sonrisa en su cara y deseando a todo el mundo un viaje seguro a casa. Esto tomó cada onza de concentración para mantener su sonrisa cuando Christian apareció delante de ella. "Bonita fiesta, hermana."
"Lamento que no puedas quedarte más tiempo," dijo sin un rastro de sinceridad. "¿Supongo que te veré en la oficina mañana?"
"No puedo, Annie. Estaré en el campo todo el día, pero hey, si consigo un minuto me acercaré y te saludaré. Hola, Madre." Beatrice y Elaine aparecieron forzando a Annie a tragarse el comentario que ella deseó decir.
"Madre, ¿marchándote tan pronto?"
"Son casi las once, Anahi. Todavía tenemos que dejar a Elaine en el Hilton."
"Podría dejar a tía Elaine allí," Christian ofreció amablemente.
"Oh, eso es tan amable de tu parte, querido, pero el chofer puede llevarla. No desearía ser una carga para ti." Besó a su hijo en la mejilla. "Él es como su padre, ¿no es así, Elaine?"
"Mucho," la hermana de la matriarca convino, mucho para la molestia de Annie.
"Bien, déjenme por lo menos escoltar a dos encantadoras señoras a su auto." Enganchó su brazo a través de su madre. "Buenas noches Annie. Ten un buen rato. Debemos hacer esto otra vez."
"Buenas noches, madre," dijo, ignorando el comentario de su hermano. Besó la ofrecida mejilla y dio un paso atrás. "Tía Elaine, fue agradable verte."
"A mí también, querida." Christian y las dos mujeres salieron al aire frío de la noche. Annie inhaló profundamente y soltó esta, sintiendo la manta pesada de estrés que la había cubierto toda la noche escabulléndose.
Annie comprobó todas las puertas y fijó el sistema de alarma una vez que todo el mundo se fue. "Me alegra que terminara." Apagó las luces del árbol de Navidad y volteó para hacerle frente a Dulce. "Así que. Ésa es mi familia. ¿Qué opinas?"
"Allí seguro son muchos de ellos," Dulce contestó. "Tyler es agradable."
"Él es demasiado joven para ser un snob." Annie miró su alfombra. "Mira eso. Sabía que alguien estaría quemándola." Exploró el resto del cuarto buscando daños, entonces se dio cuenta que estaba demasiado silencioso. "¿Dulce?" No esperaba ver la cara triste regresándole la mirada. "Hey," largas piernas cruzaron el cuarto rápidamente. "¿Qué pasa?"
"Nada. Supongo que estoy solo cansada, eso es todo." Vino la suave respuesta, aunque la joven mujer se negó a mirarla.
"No, hay más que eso." Annie se sentó en la mesa del café, su rodilla tocaba la rueda derecha de la silla.
"¿Qué pasa, Dulce? ¿Alguien dijo o hizo algo que te disgustara?"
Había silencio por un momento antes de recibir una respuesta. "¿Estás avergonzada de mí?"
"¿Por qué dices eso?"
Dulce se encogió. "No lo sé, no importa."
"No." Estiró su brazo y puso su mano en la más pequeña. "¿Es por qué le mentí a Susan?" La rápida mirada apartada le dio la respuesta. "Dulce, no estoy avergonzada de ti."
"¿Entonces por qué inventaste esa historia sobre mí que era una hermana de la fraternidad?" Sus ojos la miraban, revelando la confusión y el dolor.
"No lo sé," Annie suspiró. "No estoy avergonzada o desconcertada de ti. Si en alguna cosa estoy avergonzada es de mi familia." Arrastró su mano atrás y recorrió sus largos dedos a través de su oscuro cabello. "Susan no me creyó de todos modos." Se dio cuenta que aún debía a Dulce una explicación, continuó. "Supongo que solo pensé que era más fácil."
"¿Qué diciéndoles la verdad? ¿Qué soy solo una pobre vagabunda sin ningún lugar más para quedarse?" Dulce volvió su cabeza, rápidamente parpadeando para mantener las lágrimas a raya.
"No. Eso en absoluto." Extendió su mano y tomó la barbilla de la joven mujer con sus dedos. "Estás aquí porque quiero que estés aquí, no porque no hay algún lugar más para que te quedes," dijo enfáticamente. "Mi familia no entendería eso. Lamento si mi intención de protegerte te hizo sentir que yo estaba avergonzada de ti." Soltó la barbilla de Dulce y bajó la mirada. La jodí otra vez, pensó para sí. "¿Sabes que todo el mundo actuaba hacia ti porque estás en un silla de ruedas?"
"¿Si?"
"Si saben que no vienes de dinero, esto habría sido mucho peor. Habrías sido el tema de conversación en vez de los entremeses."
"De modo que en vez de ser la lisiada, habría sido la pobre lisiada viviendo de ti," la joven mujer aclaró.
Annie masticó su labio inferior, intentando pensar en una manera de negar la verdad en las palabras de Dulce.
Finalmente se dio por vencida asintiendo. "Es como ellos lo habrían visto, sí, pero eso no es cómo lo veo y eso es todo lo que importa." Palmeó la mano de Dulce y se levantó. "Ahora mismo, pienso que nosotras mejor dejamos salir a Tabitha antes de que ella decida arañar a través de la puerta."
El reloj en la mesita al lado de la cama decía 12:15 para el momento en que Dulce estaba quitándose el vestido azul y poniéndose nuevamente la camisa de dormir de Dartmouth. Paseando de un lado para otro a través de la cama estaba Tabitha, todavía protestando su tiempo en confinamiento y exigiendo atención extra. Annie ayudó a la joven mujer a meterse en la cama y acomodó las almohadas. "¿Todo listo?"
"Si, supongo que sí." Dulce miraba alrededor. "¿Sabes dónde está mi Percocet? Pensé que estaba en la mesita pero no lo veo."
"Seguro." Annie se dirigió al baño. "Lo puse aquí para que Tyler no lo encontrara," dijo en voz alta. Dulce oyó el gabinete de los medicamentos abrirse y se sirvió una taza de agua preparándose. El sonido de artículos siendo empujados de un lado para otro en los estantes la hizo girar su cabeza en la dirección del baño.
"¿Pasa algo?" Fue respondida con el continuo movimiento sobre los artículos seguido por el cerrar de golpe del gabinete de los medicamentos. "¿Annie?"
La mujer de cabello oscuro salió del baño, su cara una máscara indescifrable. "Alguien lo tomó."
"¿El Percocet no está?" Las piernas de Dulce estaban palpitando parecían comenzar rápidamente a intensificarse con la noticia.
Annie comenzó a pasear de un lado a otro entre la cama y el escritorio, su cólera se incrementaba con cada paso. “Christian. Te apuesto lo que sea que ese fue él. Mierda, no puedo creer que hiciera esto." Sus manos se envolvían en los puños y su quijada estaba visiblemente apretada. "El bastardo viene a mi casa y te hace esto. Tuvo que saber que esas eran para ti, tu nombre está en la botella. ¿Qué clase de bestia quita el medicamento a alguien que obviamente necesita tanto este?"
"No sabes con seguridad si fue él."
"Oh sí lo sé. Puedo sentir eso." Su sillón de piel se metió en el camino por donde pasaba y le dio que un duro empujón. "Insoportable Oops hábil mentiroso."
"Hey..." Dulce dijo suavemente, estirando el brazo y poniendo su mano en el antebrazo de Annie, sintiendo los músculos agrupados bajo la piel. Permitió a su pulgar deslizarse en la blanda superficie del brazo de la enojada mujer y comenzó suavemente a frotar. "No hay nada que puedas hacer sobre eso ahora."
La furia de Annie estaba cerca de estallar cuando sintió el suave tacto. Por razones que no podía explicar, la cólera pareció disolverse, los tensos músculos se relajaron bajo el calmante movimiento del pulgar de Dulce. Asintió con acuerdo e intentó pensar en una solución inmediata a su problema. "Llamaré a la doctora. Quizá puede darte una nueva prescripción." Se dirigió a su escritorio y agarró el grueso directorio telefónico. "Estoy segura que hay farmacias las veinticuatro horas en alguna parte." Annie buscaba en las páginas de la sección amarilla, rompiendo varias de ellas en el proceso con su desesperación. "Doctores, ver médicos. Maldición, ¿por qué no pueden hacer esto fácil de encontrar?"
"Annie..."
"Barnes... Barnes... no hay Barnes en las listas. Intentaré el hospital." Más páginas se movieron de un tirón, rasgándose.
"Annie..."
"Todo estará bien, Dulce. Conseguiremos una nueva prescripción y estarás instalada en un santiamén."
"¡Annie!"
"¿Qué?" Finalmente levantó la mirada de su frenética búsqueda.
"Para."
"Pero..."
"Es demasiado tarde para hacer algo ahora. Puedo esperar hasta mañana."
"Dulce, tú no puedes esperar hasta mañana." Miraba de nuevo en la sección amarilla. "Mira, hay una farmacia toda la noche a menos de cinco millas de aquí."
"No puedes salir ahora."
"Claro que puedo. Puedo ir allí y volver en menos de media hora." Tomó el teléfono.
"Annie, no." Se movió, bien consciente del dolor en sus piernas. "Está comenzando a nevar allí afuera."
"¿Y? He conducido nevando antes." Su mano puesta sobre el teléfono pero no descolgando este. "Dulce, necesitas el Percocet, sabes eso. ¿Cómo vas a hacerle para pasar la noche sin este?"
"Puedo lograrlo. Annie, no quiero que conduzcas esta noche. Está nevando y estuviste bebiendo."
"No hice eso mucho. Estoy bien para conducir." Se puso de pie, proponiéndose completamente cambiarse en ropas más apropiadas para salir.
"Estoy segura que la persona que me golpeó se sentía de igual manera." Dulce dijo seria, causando que Annie se detuviera y la mirara, las palabras golpearon certeras más duramente de lo que ella imaginaba. "No quiero que jamás tengas que atravesar eso."
Incluso aunque Annie sabía no podía discutir el punto, vaciló antes de bajar su cabeza. "¿Estás segura que es lo que quieres? Podría tomar un taxi," ofreció.
"No. Es demasiado tarde. Por favor, puedo hacer esto por una noche." Incluso cuando dijo las palabras, Dulce no estaba absolutamente segura. El dolor había estado constantemente aumentando y realmente deseaba tener una pastilla en este momento. "Quizá tengas algún Tylenol o Advil."
"Sabes que no conseguirán calmar el dolor."
"Es mejor que nada."
Annie salió y volvió un minuto después con varias botellas de pastilla contra el matador dolor de su gabinete de medicamentos. Mientras las recogía, también agarró su sudadera y la camiseta para dormir, sabiendo que el sofá sería su cama esta noche. Era imposible dejar a Dulce sola en el piso de abajo. Entró al baño y se cambió mientras Dulce examinaba a fondo a través de los varios productos que prometían aliviar el dolor y tomó tres pastillas.
"¿Necesitas algo más?" Annie preguntó cuándo volvió.
"No, pienso que estoy lista." Extendió los brazos por las cobijas, pero su benefactora fue más rápida.
"Yo haré eso. Muévete, Tabitha." El felino protestó pero se apartó del camino. Annie metió la manta alrededor del cuerpo de Dulce. "Ya está."
"Gracias." El anaranjado y blanco gato saltó de nuevo y reasumió su posición en la cama.
"Si necesitas algo, estaré afuera en el sofá."
"Oh Annie, no tienes que hacer eso. Estoy segura que tú cama es mucho más cómoda."
"No, de verdad, el sofá está bien. Dejaré la puerta abierta en caso de que la bola de pelos necesite salir." Estiró la mano y acarició al ronroneador felino. "¿Necesitas algo más?"

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:11 pm

"No, pienso que estoy lista."
"Ok. Entonces, supongo que es hora de decir buenas noches."
"Buenas noches, Annie."
"Buenas noches, Dulce." Alisó una imaginaria arruga en la manta antes de dirigirse a la puerta. "Recuerda, si necesitas algo, solo llama. Tengo el sueño ligero."
"Lo haré," la joven mujer prometió cuando la luz fue apagada y Annie salió del cuarto.
Remolinos de recuerdos de las navidades pasaron bailando en los sueños de la rica mujer; regalos deseados y recibidos, risas y felicitaciones, papel de envolver rasgado apartado en la expectativa de los tesoros ocultos dentro. El sonido de alguien llorando suavemente se rompió atravesando la niebla, sacando a Annie de su niñez y regresándola al presente. Sus ojos se abrieron en la oscuridad de la noche y le tomó un momento para darse cuenta donde estaba y lo que ella oyó. "Dulce," susurró para sí, sacudió el peso del sueño y se levantó.
"¿Dulce?" Llamó de la puerta.
"¿Te desperté? Lo siento," la joven mujer se atragantó, agradecida que la oscuridad mantuviera sus lágrimas ocultas de la mirada de su amiga.
"Sabía que las cosas que tenía no harían ningún bien," Annie dijo cuando entró en el cuarto y se sentó en la cama. "¿Quieres que salga ahora? Estoy completamente sobria."
Dulce sacudió su cabeza. "No, no te vayas por favor." El dolor era prácticamente insoportable pero el pensamiento de atravesar este sufrimiento sin Annie era incluso peor. "Por favor." Estiró su brazo y agarró la mano más grande con la suya. "¿Puedes... puedes tu quedarte aquí conmigo?" Hubo un cambio en el peso cuando la más alta mujer se deslizó bajo las sábanas.
"Estoy justo aquí." Annie se atrevió a moverse tan cerca como pudo, diciéndose que era para la comodidad de Dulce y no la propia. Estaba sorprendida cuando sintió la suave mejilla presionarse contra su hombro.
"¿Está todo bien?" La joven mujer susurró. Annie sintió que las lágrimas comenzaron a empapar atravesando el algodón y se dio cuenta que Dulce debió haber estado llorando durante mucho tiempo antes de que hubiera sido despertada.
"Está muy bien," Annie contestó, moviéndose un poco más cerca.
"Esto duele," Dulce admitió, levantando su cabeza para permitir que el brazo de Annie se deslizará debajo. Ellas movieron sus cuerpos en una más cómoda posición, por lo menos tan cómodas como pudieron considerando que la lastimada mujer no podía rodar sobre su costado debido a sus piernas quebradas. Annie consiguió enterrar su cara en el suave rojizo cabello, respirando en el delicado olor. Dulce se encontró arrimándose en la curvatura del hombro de la mujer más mayor, un lugar mucho más cómodo para ella de lo que la almohada más suave podría jamás ser. En los brazos de Annie se sentía segura, protegida, cuidada. El palpitante dolor estaba aún allí, ya de alguna manera este parecía soportable ahora. En menos de minutos ambas mujeres estaban profundamente dormidas.
*****
Dulce se despertó por el palpitante dolor en sus piernas y el sonido de Annie tecleando en la computadora. "Buenos días," bostezó, acurrucándose nuevamente dentro del calor de su almohada.
"Buenos días. Tus pastillas están allí en la mesita." La ejecutiva paró de mecanografiar y volteó para quedar frente a ella. Fue entonces que Dulce notó que Annie estaba vestida para el trabajo, una falda sastre gris y chaqueta combinación acentuada por una blusa color crema.
"¿Tú saliste ya?" La mujer joven se incorporó despacio, claramente sorprendida.
"Llamé el hospital tan pronto como desperté y les expliqué la situación." Movió su sillón más cerca y sirvió un vaso de agua de la jarra. "La doctora Barnes estaba allí y extendió otra receta para ti inmediatamente," dijo mientras daba el vaso a Dulce. "Después fue solo cuestión de salir corriendo y recoger esta." Miró a la joven mujer tomar las pastillas antes de que se girara y presionara en algunas más teclas. "Tengo que irme. ¿Necesitas algo antes de que me vaya?"
"No, estoy segura que Maite estará aquí pronto. ¿Está Maria aquí?"
"Si, llegó aquí hace cerca de una media hora. Le dejaré saber que estás despierta." Annie se levantó y apagó la computadora. "¿Estás segura de que no puedo conseguirte algo?"
"No, de verdad, estoy lista. Ten un buen día en el trabajo. ¿Crees que Christian estará allí?"
"Lo dudo. Él dijo algo anoche acerca de no estar en la oficina hoy." Un destello de la cólera sobre los acontecimientos de anoche nubló sus facciones. "Es mejor que él no aparezca tampoco." Estiró una mano y dio a Tabitha una rápida caricia. "El número de mi oficina es dos en el marcado rápido si quieres darme una llamada."
"Oh, no quiero molestarte o algo así." Dulce silenciosamente deseaba que Annie le diera un abrazo de despedida pero no se atrevió a pedirle uno.
"Si deseas llamarme, solo hazlo. No te preocupes acerca de molestarme porque no lo haces." Vaciló por un momento. "Sería agradable oír una voz amistosa a la mitad del día."
"Ok. Entonces te llamaré más tarde." Dejó el vaso abajo y miró a su amiga. "¿Annie?"
"¿Mmm?"
"Gracias por salir esta mañana. Yo de verdad agradezco eso."
Annie sonrió. "De nada." Estiró la mano y dio a la mano de Dulce un apretón. "Ahora de verdad tengo que ir trabajar. Llámeme más tarde, ¿Ok?"
"Okay."
*****
Era tarde cuando la puerta a la oficina de Annie se abrió y Susan entró, llevando una carpeta manila. "Tenía razón," la pelirroja dijo triunfantemente cuando lanzó la carpeta sobre el escritorio.
"¿Tenías razón acerca de qué?" Annie preguntó con desinterés, no molestándose en desviar la mirada de su computadora.
"Tu huésped." Recogió la carpeta y la abrió, repasando la información que había obtenido. "Dulce se graduó del instituto de Albany. No hay registros incluso de que hubiera acudido a la universidad en alguna parte o que posea una tarjeta de crédito. Ella incluso no tiene una licencia de conducir."
Annie se levantó rápidamente, enviando su sillón balanceándose hacia atrás cuando arrebató la carpeta de las manos de Susan. "¿La investigaste?"
"Tuve que hacerlo," la hermana más joven protestó. "Obviamente crees todo lo que ella dice."
"¿Y qué te importa a ti?"
"Annie, ella no tiene obviamente nada y vio un buen ticket de comida."
"No tienes idea acerca de lo que estás hablando." Cerró de golpe la carpeta abajo sobre su escritorio. "Dulce no me está utilizando."
"¿No? ¿Sabes dónde trabajaba antes de que le dieras un trabajo?"
"En Money Slasher, lo sé. Ella era una cajera allí."
"Una cajera de medio tiempo," Susan corrigió, "Ganando el salario mínimo. De lo que puedo decir, antes atendía las mesas en un restaurante barato."
"¿Cuál es tu punto?"
"¿Mi punto es por qué estás haciendo esto? ¿Por qué dejas a una pobre basura blanca vivir de ti?"
"No... tú... ¡jamás la llames así otra vez!" Annie gritó. "No tienes idea de lo qué estás hablando, y en cuanto a la 'basura blanca', ¿le has dado una buena mirada a Christian últimamente?"
"Estás intentando cambiar el tema."
"¿Lo estoy? La estás juzgando porque no tiene el dinero que tú y yo tenemos. ¿Cómo de justo es esto?" Se acercó a la ventana y miró en el triste cielo gris. "¿Te tomaste el tiempo de hablar con ella para averiguar qué clase de persona es? No. No todo el mundo que no tiene dinero es suciedad y no todo el mundo que es rico es una buena persona."
"No estoy diciendo eso."
"¿No lo estás? Averiguas que no nació privilegiada y enseguida asumes que es una excavadora de oro."
"¿Entonces qué es ella, Annie? Ayúdeme a entender porque ahora mismo no lo hago," Susan cuestionó. "Intenta mirarlo desde el punto de vista de la familia. Una mujer de la que nunca hemos oído hablar de repente se muda a tu casa, completamente con un gato y obvios problemas médicos y ¿esperas que solo nos recostemos y no estemos preocupados?"
"Sí. Es mi vida, Susan. Quién se aloje en mi casa es mi preocupación, no la tuya. No hice una investigación sobre Alfonso cuando anunciaste que ibas a casarte con él."
"¿Estás planeando casarte con ella?"
"Aún no aceptas que ella es solo una amiga, ¿no?" Cruzó el cuarto y se dejó caer en el sofá de cuero negro. "¿Por qué te preocupa tanto?"
"Solo no deseo verte lastimada... otra vez."
"Esto no es como Christine, te dije eso antes."
"Puede que no lo pienses así, pero lo que yo vi..."
"Entonces tu mira mejor otra vez. Dulce no desea nada de mí. Ella es solo una amiga. Para de intentar hacer esto en algo más de lo que es." Dio un puntapié a sus zapatos sacándoselos y metió sus pies bajo sus piernas. "No la conoces, Susan. No sabes como es. Anoche su botella de Percocet fue robada. Me ofrecí ir a conseguir más pero no quiso que lo hiciera. ¿Eso suena como alguien que está solo interesado en mi dinero? Ella no me ha pedido una sola vez que la compre una maldita cosa. Todo lo hago, porque quiero hacerlo, no porque ella me lo pida." Agitó su mano descartándolo. "¿Lo entiendes?, olvida esto."
"Mira. Eres una adulta. Que tomas tus propias decisiones. Investigué todo lo que pude sobre ella hoy. Toda la Información está en ese expediente. Haz con esto lo que quieras." Susan se dirigió hacia la puerta. "Annie, no te olvides de la cena de mañana con mamá."
"Oh, tengo muchas ganas de que empiece esta," dijo sarcásticamente. "¿Le enviaste a ella una copia por fax de tu precioso informe? ¿O solo sacaste un anuncio en el Times Useless?"
"Eso no fue necesario, Annie. Estoy solo cuidando de ti."
"La última vez que miré, me ocupaba de mi misma muy bien. No recuerdo haberte pedido ser mi niñera."
"Bien. Haz lo que quieras, tú lo harás de todos modos." Susan se fue, no molestándose en cerrar la puerta. Laura, que había estado escuchando las voces levantadas, discretamente la cerró y volvió a su escritorio, sabiendo que el intercomunicador estaría llamando en algunos segundos.
"Laura, guarda mis llamadas." Un segundo después, dos líneas se encendieron y la joven asistente administrativa habría apostado su cheque completo a que ella sabía a quién llamaba su jefa. "Residencia Puente," María contestó.
"Hola María, ¿puedo hablar con Dulce por favor?" Annie aún estaba sentada en su sofá en la oficina, las multilíneas bloqueadas del teléfono colocado en el piso al lado de ella. Era de esas veces que agradecía la longitud extra en el cordón del teléfono gris, incluso si este conseguía enredarse en sus pies debajo del escritorio de vez en cuando.
"¿Hola?"
"Hola allí." El sonido de la voz de Dulce, hizo sonreír a Annie, la tensión de su conversación con Susan desapareció. "¿Cómo estuvo la juez Judy hoy?"
"Oh, no creerías los casos que ella tuvo."
"Cuéntame sobre ellos," pidió, acomodándose nuevamente dentro de una cómoda posición. Annie no podía explicar esto pero el sonido de la voz de Dulce tenía un efecto calmante en ella y, en estos momentos, necesitaba ese confort.
*****
Algunos días después, Dulce fue al hospital para que le quitaran los puntos y le tomaran nuevas radiografías de sus piernas. Annie estaba sentada en la sala de espera, leyendo una vieja revista de hace seis meses para pasar el tiempo.
"Casi termino," la doctora Barnes dijo, quitando la última puntada en la mejilla de Dulce. Dio un paso atrás y echó sus guantes de látex en el recipiente rojo de los desechos. "Buen aspecto. Pienso que no quedará cicatriz. Recuerde mantener ésta alejada del sol hasta que esté completamente curada. No que sea un problema en esta época del año." Hizo una anotación en el registro de Dulce. "Usted se está recuperando espléndidamente. A ese ritmo que va, no veo ninguna razón por la que usted no esté usando muletas hacia finales de la primavera."
"¿Finales de la primavera?"
"Finales de la primavera," la doctora repitió. "Su cuerpo sufrió un severo trauma. Su tobillo estaba quebrado en siete partes. Va a tomar tiempo para curar. Entienda eso, nosotros estamos hablando de meses de terapia, no semanas." El corazón de la joven mujer se hundió en las palabras. Ella sabía que tomaría tiempo, solo que no tan largo. ¿Cómo reaccionaría Annie? Seguramente eso sería demasiado tiempo de permanecer en el lugar que estaba rápidamente pensando como hogar.
A pesar de los miedos de Dulce, Annie tomó las noticias bien, más preocupada sobre el progreso de la recuperación que el marco de tiempo. Aunque causó un poco de molestia, la joven mujer insistió que podría viajar en el asiento trasero de la Cherokee sentándose de lado, permitiendo que las piernas se apoyaran sobre el terciopelo gris intenso. Annie hizo lo posible para evitar los baches, pero todavía había algunas veces en que miraba en el espejo retrovisor y veía a Dulce hacer muecas de dolor cuando pasaban sobre un punto particularmente áspero de la calle. "Sabes que podría quedarme en casa esta noche,".
"No, tu madre y hermana están contando contigo. Estaré bien."
"¿Pero qué si necesitas utilizar el cómodo o algo así? ¿Qué si necesitas una bebida?" Tiró del jeep en el camino de entrada y apagó el encendido.
"Iré antes de que te vayas. Si llenas esa jarra en la mesita, estoy segura que estaré bien."
*****
Annie fue la última en llegar al condominio de su madre. Culpó al tráfico de la hora pico de viernes pero la verdad era que encontró difícil dejar a Dulce sola. Una jarra llena del agua, latas de refresco enfriándose en la hielera, varios bocados todo al alcance de la mano de la lastimada mujer... no dejó nada a la improvisación, incluso hasta anotó el número de teléfono de su madre solo por si Dulce necesitaba algo.
La pequeña mesa redonda del comedor tenía apenas suficiente sitio para todo el mundo. Annie se encontró sentada entre Elaine y Susan. Era bastante malo quedar pegada al lado de una persona derecha pero el fuerte olor del perfume de su tía amenazaba con quitar el apetito de Annie. "Huele maravilloso," Susan dijo cuándo la fuente de la carne fue colocada en la mesa.
"Gracias, querida," Beatrice contestó como si hubiera sido quién hubiera pasado las horas preparando la comida en vez de su asistente de medio tiempo. "Sabes que tu hermana siempre disfruta de una buen asado de cerdo."
"Si lo sé," Annie de buena gana coincidió, estirando el brazo a la fuente.
"Hey, deja algo para el resto de nosotros."
"Vamos Susan, no te preocupes de eso," su madre la regañó. "Hay suficiente para todos." Volteó a su hija mayor.
"Toma tanto como desees, querida. Estoy segura que debes estar cansada de esas cenas recalentadas que María hace para ti."
Annie se sirvió el humeante gravy sobre su cerdo. "María es una estupenda cocinera, madre, lo sabes."
"Sé que cuando yo dirigía la casa ella trabajaba hasta las ocho de la noche. Nunca tuve que preocuparme de los platos sucios amontonados hasta la mañana."
"Tengo una lavavajillas."
"Humph, otro electrodoméstico comprado para que ella trabaje menos, sin duda." Beatrice se sirvió con un cucharón un poco de salsa sobre su plato. "Sabes que la echas a perder."
"Lo sé," Annie sonrió, sacando una sonrisa de su hermana y un ceño fruncido de molestia de su madre.
"Primero fue cada fin de semana libre, después fueron las horas acortadas. Por lo menos ella va, estás pagándole para permanecer en casa justo como esa gente de bienestar."
"Madre, ella hace una semana completa de trabajo, justo como cualquier otra persona."
"Estoy segura que ella está más ocupada que nunca con tu amiga allí," Susan concordó.
"Sí, ¿cómo está esa pobrecita, querida?" Elaine preguntó. "Ella parece una chica tan agradable. ¿Cuál era su nombre? Dalia, Dani…"
"Dulce," Annie corrigió.
"Ah sí," el pariente de visita dijo, en absoluto interesado en el nombre correcto. "Bien de todos modos, ella parecía una chica agradable. Pásame el maíz, por favor. ¿Bea, viste en el periódico donde están con la chusma emocionada sobre los cuidados de la salud otra vez?"
"Pienso que el presidente tendría cosas mejores acerca de qué preocuparse," la matriarca replicó. "Alfonso, ¿sabes de alguien sin seguro?"
"Por supuesto que no, mamá," él contestó, aprendiendo hace mucho exactamente que respuestas su suegra quería oír.
"Ven, eso es mi punto exactamente. Ellos necesitan preocuparse de cosas más importantes como reformar el código de impuestos o traer de nuevo la oración a las escuelas." Beatrice tomó un trago de vino. "Estoy diciéndoles, aquí es en donde el país está mal. Hubo una época en que los niños respetaban a sus mayores. Ahora no puedo conseguir que el muchacho del periódico lo deje en la puerta cuando está lloviendo. Y él pregunta por qué no le doy propina. Propinas que debería ganarse, pero parece que hoy en día piensan que la merecen solo por hacer sus trabajos."
Durante el resto de la cena y después de cenar, y las bebidas, Annie intentaba prestar atención a la conversación pero encontró su mente escabulléndose de nuevo en pensamientos de la pelirroja mujer que la esperaba en casa. Se preguntaba si estaría durmiendo en el sofá o si Dulce la dejaría compartir la cama otra vez. Esperaba lo último. La mente de Annie estaba tan ausente que no oyó que su madre se dirigía a ella y fue únicamente cuando Susan la pateó por debajo de la mesa que la trajo de nuevo al presente. "Lo siento, ¿qué?"
Beatrice frunció el ceño molesta. "Te pregunté si planeas venir aquí para Navidad. Honestamente, Annie."
"Lo siento, estaba solo pensando sobre algo."
"O alguien," Susan dijo tan quedamente que solo su hermana pudo oírla.
"Realmente creo que pasaré Navidad en casa este año," contestó, dándole una mirada furiosa a su hermana menor.
"Oh bueno. Elaine me preguntó si la acompañaba a un crucero pero no quería que estuvieras sin un lugar para ir."
"¿Qué sobre Christian?" Susan preguntó.
"Él dijo que tenía otros planes este año, algo sobre ir hasta las montañas con algunos amigos suyos. Tú y Alfonso tienen a los niños, así que la única que me preocupaba era tu hermana."
"Estaré bien, mamá." Annie miró su reloj. "No me di cuenta del tiempo. Necesito volver para la oficina y recoger algunos expedientes antes de que se haga mucho más tarde." Se levantó y dejó su servilleta en el ahora vacío plato. "La cena estuvo estupenda, como siempre."
"Esa es mi hija, siempre trabajando," Beatrice dijo. "Tal vez algún día encuentres el tiempo para sentar cabeza y darme algunos nietos."
Annie ignoró el comentario y se puso su chaqueta. "Realmente necesito irme." Echó un vistazo fuera de la ventana. "Está comenzando a nevar fuerte allí afuera."
"Claro, por supuesto. Ve, y trabaja en la fabricación del dinero. Supongo que tendré que depender de Alfonso y Susan para que me den un nieto."
"Supongo que sí," la mujer de cabello negro dijo cuando alcanzó la manija de la puerta. "Alfonso, tú mejor ten cuidado en el camino a casa, parece que hay aguanieve. Buenas noches a todos."
*****
"Hey, todavía estás despierta," Annie dijo cuando entró en la que antes era considerada la oficina y ahora era la habitación de Dulce.
"Si, son solo las diez.S
"¿Algo bueno están pasando?"
"No realmente." Dulce utilizó el telecontrol para apagar la televisión antes de palmear el espacio en la cama a su lado. "¿Así qué cómo estuvo tu cena?"
"Agotadora," la mujer más mayor suspiró, tomando el asiento ofrecido en la cama ajustable y se recargó en una cómoda posición. "Ahora recuerdo por qué odio tanto las cenas familiares."
"¿Por qué es eso?"
"Todo el mundo habla acerca de nada. Se dedican a hablar sobre cosas de las que no tienen control sobre impuestos y propinas. Por no mencionar a mamá comenzar otra vez acerca de que no le doy nietos."
"Oh, eso es bastante malo. ¿Ella hace eso mucho?"
"En cada oportunidad que puede," Annie se encogió de hombros. "Vamos, veamos que hay en la TV."
Se recostaron y miraron un drama de crimen. Ambas adivinaron quién era el asesino mucho antes de que los policías lo descubrieran. Cuando este acabó Dulce se encontró que no podía sofocar un bostezo. "Lo siento, debo estar más cansada de lo que pensé," se disculpó cuando Annie presionó el botón en el telecontrol para apagar la televisión.
"Está bien. Se está haciendo tarde. Supongo que mejor me voy y te dejó dormir un poco." Hizo el movimiento de bajarse de la cama únicamente para ser detenida por la mano de Dulce en su brazo.
"¿Te irás arriba?"
"No, probablemente dormiré en el sofá, ¿por qué?"
"Sabes, ésta es una cama grande y estoy segura que es más cómoda que el sofá. Podrías quedarte aquí." Dulce se mordió su labio inferior. "Quiero decir, si tú quieres, no me importa."
Annie vaciló por solo un segundo. "Bien, no desearía apretarte o algo."
"Tú no lo haces."
"Es más cómodo que el sofá... pero solo si estás segura." Si la verdad fuera dicha, podría quedarse dormida en cualquier lugar, pero uno definitivamente era su preferido sobre el otro.
"Estoy segura." Dulce sacó una de las dos almohadas de detrás de su cabeza. "Aquí, incluso compartiré."
Annie sonrió en el gesto. "Deja cambiarme y apagar la luz."
Pocos minutos después Annie estaba cambiada en su sudadera y una camiseta de algodón. Apagó la luz y se deslizó debajo de las cobijas, conscientemente evitando que su cuerpo presionara contra Dulce no importa cuanto lo deseara. Su resolución duró solamente hasta en el momento que el sueño la alcanzó, cuando su cuerpo se hizo cargo e hizo lo que deseó tan desesperadamente hacer cuando estaba despierta. Medio dormida, Dulce se despertó completamente cuando sintió el fuerte brazo apoyado a través de su estómago. Annie dio un suave suspiro de satisfacción en su sueño y se arrimó más cerca, su cálida respiración acariciando el hombro de la mujer más pequeña. Dulce sonrió en la oscuridad y bajó su mano izquierda para apoyarla sobre la más grande. Esto tendría que haberle parecido extraño dormir junto a alguien después de pasar los primeros veintiséis años de su vida durmiendo sola pero no fue así. Acostada junto a Annie se sentía natural, cómodo, correcto. Creyó que la mujer más mayor verdaderamente cuidaba de ella, algo que Dulce nunca había realmente sentido antes. Esto la llenó con un sentimiento de bienestar, lo que sea que no exactamente pudiera nombrar pero era un maravilloso sentimiento justo igual. Otro suspiro y la mujer más mayor se movió incluso más cerca, su barbilla apoyada justo sobre el hombro de Dulce y su cara enterrada en el rojizo cabello.
El tiempo hacía tictac mientras la joven mujer disfrutaba de las sensaciones, el calor de la mano de Annie a través de la camisa de dormir de algodón, las suaves respiraciones haciéndole cosquillas en su oreja. La sensación de seguridad y confianza que la cubría como una manta no podría jamás. Dulce tuvo amigos al crecer, compañeros, chicas con quién compartir secretos, pero nunca sintió hacía ellos lo que sentía hacía Annie. Sus sentimientos recorriéndola eran más profundos que algo que hubiera conocido y si bien esto tendría que haberla asustado, no lo hizo. Volteó su cabeza de lado y puso un suave beso en la frente de Annie. "Dulces sueños," susurró antes de cerrar sus ojos y dejar que el sueño la alcanzara.
*****
La oxidada Statión Wagon traqueteó su camino hasta subir a Morris Street. Dolores Bickering observó la dirección que estaba buscando y dobló estacionándose enfrente de ésta. Había planeado en visitar a su hermana pero decidió que ya que estaba en el área de todos modos no le dañaría detenerse y ver a Dulce, especialmente desde que no había recibido una respuesta, o un cheque, de la joven mujer aún. Bajó rodando la ventana y estiró la mano por la manija exterior, la única manera

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:11 pm

de abrir la puerta del auto, y salió. Bajó los escalones que conducían al apartamento del sótano, frunciendo el ceño cuando vio una pareja de hispanos moviéndose adentro. Llamó a la puerta. "¿Dulce Espinoza vive aquí?"
"No, nosotros acabamos de mudarnos. Usted puede hablar con Cecil. Él vive en el piso de arriba."
"¿Qué jodidos quiere?" Cecil preguntó cuándo abrió la puerta.
"Estoy buscando a Dulce Espinoza. Pensé que ella vivía aquí."
"Desalojó," gruñó. "La maldita perra no me dio ningún aviso tampoco."
"¿Usted sabe adónde ella se mudó?"
"¿Quién jodidos es usted?" miraba a Dolores sospechosamente.
"Soy su madre," mintió.
"No lo sé y no doy una mierda. Si usted desea saber, debe preguntar a la perra que estuvo aquí. Espere, tengo su nombre aquí en alguna parte. Lo apunté en caso de que el cheque que me dio botara." Regresó dentro del apartamento, dejándola parada afuera. Volvió un minuto después con un Post it con unos garabatos anotados en éste. "Aquí está, es el nombre y la dirección de la perra que sacó sus cosas."
Dolores tomó el papel y lo miró. A. Puente, One Puente Drive, Loudonville. "¿Usted tiene un número de teléfono?"
"¿Parezco la puta cabina de información?" Gruñó. "Eso es todo lo que sé. Ahora, a menos que usted esté interesada en rentar el tercer piso, está haciéndome perder mi puto tiempo." Cerró la puerta sin esperar una respuesta. Dolores regresó a su auto, desconcertada. Alguien que vivía en una calle con el mismo nombre que el suyo era sin duda rico, y el hecho de que éste fuera en Loudonville, donde nadie que estuviera recibiendo subsidio podría vivir era aún más intrigante. Decidió que necesitaba averiguar más. Ajustó la almohada en el asiento delantero, la única cosa que mantenía los gastados resortes de presionarse en su trasero, y giró la llave varias veces antes de que el viejo auto Station Wagon de veinte años chisporroteara a la vida.
Se detuvo en la más cercana tienda de barrio para proveer de gasolina al auto, no preocupándole en parar en la bomba surtidora más apartada. Déjalos esperar, pensó para sí mientras ponía el inyector en el tanque. Puso exactamente cinco dólares de gasolina en el tanque antes de entrar en la tienda. Una vez adentro, tomó un mapa de las calles del condado de Albany y se dirigió hacia el fondo donde los refrigeradores de los refrescos estaban alineados. Mientras abría la caja con una mano, Dolores utilizó su otra para meter el mapa de las calles en su bolso. Se acercó al granoso dependiente haciéndole frente con una botella de Pepsi en su mano. "Setenta y cinco centavos por el refresco y cinco por la gasolina," el dependiente dijo. Dolores sacó un gastado billete de su bolsillo de la chaqueta junto con un sello de comida de un dólar. El vendedor asintió y devolvió veinticinco centavos, completamente ignorante del robo en la tienda. Como siempre lo hacía, Dolores no pudo resistir sonreír cuando salió de la tienda, consiguiendo una vez más marcharse con algo gratis. El Station Wagon farfulló y atravesó el congestionado tráfico de Albany entrando a la más tranquila zona residencial de Loudonville. En el pueblo donde los ingresos promedio estaban también dentro de las seis cifras, el oxidado Ford con falsos paneles de madera resaltaba en marcado contraste con los más nuevos vehículos del vecindario de Annie. Dolores hizo dos equivocadas vueltas antes de encontrar Puente Drive, culpando al mapa de las calles y no a sí misma. Decidiendo que la mansión grande al principio de la calle tenía que ser el número uno, tiró del auto sin inspeccionar y sin asegurarse en el largo camino de entrada, deteniendo este justo detrás de un jeep Cherokee azul brillante. Quitó la llave del encendido y esperó un momento mientras que el auto continuaba funcionando antes de que este finalmente diera un moribundo grito y quedara silencioso. Gotas de aceite mancharon la entrada principal mientras bajaba rodando la ventana para alcanzar la manija de la puerta. Sin duda sobre esto, pensó para sí. Ésta tiene que ser el número uno de Puente Drive. Si Dulce conocía a la persona que poseía esta casa, bien por supuesto que esto valía la investigación, Dolores razonó. Notó las tejas de loza del camino de entrada que rodeaban el césped y conducía a la puerta doble grande de la entrada y siguió esta.
*****
Annie trabajaba en su computadora cuando oyó el traqueteo del sonido de un auto que tiraba en su camino de entrada. Una rápida mirada en la cama confirmó que Dulce estaba aun profundamente dormida. Se levantó y se acercó a la ventana, ojos azules se ensancharon en la vista del color café, blanco y oxidado Station Wagon situado en su camino de entrada. "¿Qué el infierno...?" La ventana bajó rodando y un brazo estirado por la manija. Miró cuando una redonda mujer, mal vestida, salía del auto y miraba la casa. El primer pensamiento de Annie fue que era un perdido viajero o uno de esos molestos vendedores de puerta en puerta. Dio otra mirada en la mujer pacíficamente durmiendo y decidió interceptar la inesperada llegada antes de que el timbre pudiera despertar a Dulce.
Annie abrió la puerta y se dio cuenta que ésta no era ningún vendedor a domicilio. Un negro gorro tejido con una borla en la punta cubría la cabeza de una mujer que parecía estar en la mitad de sus años 40 mientras una sucia chaqueta amarilla con varias manchas esparcidas cubriendo la parte superior el cuerpo. Ella sostenía un bolso de gran tamaño en las manos que no llevaban guantes y sus pies estaban cubiertos con un par de tenis que habían hace mucho tiempo dejado de ser considerado blancos. La ejecutiva de cabello oscuro bajó la mirada en la mujer más baja y frunció el ceño. "¿Puedo ayudarle?"
"Um, sí," Dolores dijo, levantando la mirada con sorpresa. "Cómo supo..."
"Yo oí..." Annie hizo una pausa cuando intentó pensar en un término discreto para el cubo de chatarra, "su... auto... estacionarse en mi entrada. ¿Qué quiere?"
"Estoy buscando a alguien y me dijeron que usted podría saber dónde ella está. Su nombre es Dulce Espinoza."
"¿Quién le dijo que yo podría saber dónde está?" Annie ahora sabía quién era la mujer que estaba parada delante de ella y no estaba absolutamente feliz con la revelación. Había prometido llevar la chequera de Dulce al hospital pero con la inesperada alta y todo lo que había sucedido desde entonces, no había habido más mención del tema. Por lo que Annie sabía, Dulce no había enviado nada desde que estaba en su casa. ¿Así que cómo esta sanguijuela la encontró?
"Paré en su anterior apartamento y me dijeron que usted le había pagado la renta." Dolores tembló y miró sutilmente a la puerta. "¿Puedo entrar? Está bastante frío aquí afuera, usted sabe."
Annie maldijo mentalmente a quienquiera que la crió educadamente y dio un paso atrás, manteniendo la puerta abierta. "Entre, ¿señora...?"
"Bickering, Dolores Bickering," la redonda mujer dijo, pasando a la ejecutiva y quitándose su gorro tejido para revelar el liso cabello castaño que parecía necesitar una buena limpieza. "¿De modo que usted es A. Puente?"
"Sí," Annie dijo sin molestarse en detalles adicionales. Ahora estaba frente a un dilema moral. Podría fingir que Dulce no estaba aquí y despachar a Dolores empaquetada, pero ese riesgo trastornaría a la joven mujer. Entonces otra vez, no estaba segura que deseara dejar al buitre cerca de su compañera. Aceptó renuentemente que la decisión no era realmente suya. "Espere aquí."
Annie cruzó la habitación y entró en la oficina, asegurándose de cerrar la puerta detrás de ella. Se arrodilló sobre la cama y puso su mano en el hombro de la mujer durmiendo. "Dulce... Dulce cariño, despierta."
"¿Hmm?" Los ojos color miel se abrieron y parpadearon pesadamente.
"Tenemos compañía, tienes que levantarte."
"¿Compañía?" Dio un sano bostezo y frotó sus ojos. "¿Quién?"
"Dolores." Annie hizo lo posible para no dejar mostrar su molestia.
"¿Dolores? ¿Bickering? ¿Aquí?" Los ojos de Dulce se ensancharon.
"Dolores Bickering. Aquí." Miró cuando las palabras penetraron y el semblante de la pelirroja cambió. "Hey, si no deseas verla..."
"No, si se tomó todas estas molestias para encontrarme entonces yo le debo por lo menos eso."
"Dulce." Tomó la barbilla de la mujer más joven en su mano. "No le debes a ella nada. Lo que hizo por ti en el pasado lo has ya devuelto en todo caso, estoy segura." Suavizó su tono, dándose cuenta que esto no ayudaba. "Lo siento, sé que sientes que le debes y no debería estarte diciendo cómo pensar o sentir." Retiró la mano y se recostó. "Solo no me gustaría ver que seas utilizada y me temo que es exactamente por eso que Dolores está aquí." Tomó el cepillo y comenzó a peinar el desordenado cabello de Dulce.
"¿Annie?"
"¿Mm?"
"¿Sería demasiado preguntar si podría pedir prestada la blusa que usaste ayer? Puedo cubrir el resto de mi cuerpo con una manta."
"Será una poco grande en ti pero no hay problema conmigo." Se inclinó y utilizó su largo brazo para tirar de la blusa gris colocada en el respaldo de la silla. Dulce se quitó la camisa de dormir al mismo tiempo y cuando Annie se enderezó fue saludada a la vista de los firmes pechos de la joven. Renuente intentó mantenerse de mirar fijamente para concentrarse en ayudar a Dulce a meter los brazos en las mangas. "Te dejaré abotonarla mientras traigo la silla." Dijo repentinamente, dejando la cama y recuperando la doblada silla de ruedas de la esquina. Pocos minutos después Dulce estaba cómodamente colocada en su silla, la manta metida cuidadosamente alrededor de sus piernas y caderas. "¿Estás lista?" Annie preguntó.
"Si," vino la desganada respuesta. La última persona que quería ver era a Dolores. No había contestado a la última carta y en su mente no había duda de que la antigua madre adoptiva mencionaría el tema del dinero, especialmente después de descubrir dónde estaba viviendo. "¿Annie?"
"¿Sí?"
"Podrías... Quiero decir, si no te importa, ¿podrías... quedarte conmigo?" Esperaba que la presencia de Annie pudiera mantener a Dolores de preguntar por el dinero, pero más que eso, deseaba el apoyo emocional que sabía que su amiga le daría. Sonrió cuando sintió la cálida mano apretar su hombro.
"Todo estará bien allí, no te preocupes," Annie dijo.
Dolores volteó de su inspección de los varios adornos que todavía colgaban y jadeó cuando vio a Dulce en una silla de ruedas. "¿Qué te sucedió?"
"Fui golpeada por un auto," la joven mujer contestó. "¿Cómo supiste dónde estaba?"
"Tu casero me lo dijo," dijo con suficiencia. "¿Demandaste a la persona que te golpeó?"
"La policía no sabe quién fue. Él huyó después del accidente."
"¿No pudieron encontrarlo? Eso es una vergüenza. Si lo encontraran, habrías podido demandar. Conozco a un buen abogado que te ayudaría si lo necesitarás. Él me representó cuando me resbalé en un poco de agua en el supermercado. Me consiguió casi cuatro mil dólares." Dolores entró a la parte del desnivel de la sala de estar y se hundió en el sofá de piel, sacando una mirada de desaprobación de Annie. "Así pues, ven cuéntame lo que has estado haciendo. No he oído de ti en casi dos meses ya." Alcanzó en su bolso de gran tamaño y sacó un gastado estuche de cigarros de vinil y encendedor, encendiendo uno sin un pensamiento.
"No permito fumar en mi casa," Annie dijo.
"Oh, no se preocupe, tengo mi propio cenicero," Dolores contestó cuando sacaba un pequeño monedero café.
"No, yo no permito fumar en mi casa," la mujer de cabello oscuro enfatizó, no cuidando nada sobre el resplandor que recibió de la visitante grande, pero cuidando mucho que Dulce no hiciera un sonido de objeción.
"Oh, bien." Dolores tomó una larga fumada antes de apagar la colilla del cigarrillo. "Así que Dulce..." Exhaló, llenando el aire alrededor con el translúcido humo. "Cuánto tiempo te quedarás con la Srta. Puente, ¿o tú vives aquí ahora?"
Dulce parpadeó en sorpresa y miró a su benefactora, haciendo la misma pregunta con sus ojos. Annie tragó, insegura de cómo contestar. ¿Qué deseas, Dulce? No había duda en su propia mente que deseaba a la mujer de cabello rojizo en su vida, y en su hogar. ¿Dejando la decisión en mí significa que lo deseas también? Investigando en los ojos de Dulce, Annie inhaló profundamente y corrió el riesgo, dejando a su corazón dirigir su respuesta. "Ella vive aquí."
Dulce abrió su boca, después la cerró, impresionada desapareciendo su capacidad de hablar por un momento. "S... si, eso es." Su voz se quebró y luchó para mantener alejada una sonrisa de su cara. "¿Así pues, qué te hizo venir para esta área? ¿Visitando a Isabel otra vez?" Preguntó, refiriéndose a la hermana de Dolores.
La mujer grande asintió. "El Tupperware llegó. Sabes que ella nunca conseguirá la ocasión para entregármelo. Si no vengo y no los consigo acabará usándolos ella misma o vendiéndolos a alguien más para el dinero justo como el episodio de las galletas. Recuerdas eso, ¿no es así, Dulce?"
"Isabel recogió todo el dinero por las galletas de las chicas exploradoras pero no lo tenía cuando llegó la hora de pagar por ellas," Dulce explicó a Annie.
"Suena como exactamente una familia," la ejecutiva dijo secamente.
"No mencionar lo que sus hijos les hacían antes de que fueran repartidas," Dolores agregó, siempre lista para una oportunidad de maltratar al resto de su familia, incluso si ella era culpable de las mismas cosas. "De modo que..." Giró su atención a su antigua hija adoptiva. "¿Y qué dicen los doctores? Espero que fueras a un verdadero hospital y no apenas a la clínica. Sabes que ellos no saben nada allí. Luché con ellos por cinco años sobre Jimmy y nunca encontraron algo mal con él," Dolores dijo. Dulce asintió educadamente pensando para sí que la razón de que nunca encontraron algo con su hermano adoptivo era que nunca hubo algo mal con él. Jimmy era la imagen de la salud durante el tiempo que ella permaneció con ellos, sin embargo Dolores lo arrastraba de doctor en doctor, insistiendo que una rara terrible dolencia afectaba a su hijo más joven. "Sabes, él está en el colegio ahora."
"¿De verdad?" Dulce no había pensado que él pudiera hacer la secundaria. "¿Qué es lo que estudia?"
"Actuación. Algún día conseguirá su propia serie justo como Seinfeld. Incluso consiguió una oferta para actuar en el centro" presumió, como si el centro Cobleskill fuera algo para presumir. "Yup, están haciendo Joseph y el Amazing Technicolor Dreamcoat. Andy Gibb dirige la obra en Broadway, sabes."
"Ahora hay alguien para visitar," Annie dijo arrastrando las palabras, ganándose una ceja ligeramente levantada de la joven mujer. Dio a Dulce un ligero mohín pero rápidamente volvió a su normal expresión aburrida a medida que Dolores continuaba divagando y llenando a la joven mujer en todos los acontecimientos triviales que habían sucedido en su familia recientemente. Finalmente, como Annie sospechó, la conversación giró al dinero.
"Sabes que el estado dejó de pagarme por Jimmy cuando él cumplió dieciocho. No se les ocurrió a ellos que necesito ese dinero extra cada mes para los otros niños. Uno en el colegio y los otros cuatro niños aún en la primaria."
"¿No está Jimmy ayudando?" Dulce preguntó.
"Él trabaja únicamente los fines de semana en la gasolinera de Fred. Necesita ese dinero para la gasolina para ir y venir a la escuela."
"Parece que Jimmy necesita conseguir otro trabajo y ayudar," Annie bromeó, ganando otra desaprobación, si bien breve, en la mirada de Dulce. Dolores se movió, centrando su atención en la joven mujer y deseando que la mujer de cabello rubio se marchara. Para su placer, fue en ese momento que el teléfono sonó y Annie se disculpó por un momento. La maquinadora mujer se inclinó adelante en su asiento.
"Al estado le da igual. Al tarado del Trabajador Social no le importa tampoco." Hizo una pausa, suspirando para el efecto. "Es tan difícil cuando estás sola, entiendes eso, ¿no es así, Dulce?"
"Sí," contestó.
Dolores sonrió por dentro. "Sabes fue difícil cuando estabas allí, todos los sacrificios que tuve que hacer justo para mantenerte y a los otros fuera de los orfanatos del estado y de los hogares de grupo." Miró, satisfecha, cuando Dulce asintió. El anzuelo está colocado, ahora encájalo, la regordeta mujer pensó. "Debiste conseguir un poco de dinero de incapacidad, ¿no es así?"
"Realmente, no. yo no obtuve ningún beneficio en Money Slasher y no he solicitado nada." La cabeza de Dulce se inclinó, una expresión visible de su conocimiento en cuanto a donde la conversación iba y su incapacidad de hablar fuerte y parar esta.
"Pero estás viviendo aquí. No puedes decirme que alguien como ella te permite vivir aquí sin renta. Debes pagarle algo."
"Pienso que ese es un asunto entre Dulce y yo," Annie dijo cuando regresó al cuarto, su tono enérgico finalizando el tema. No pasó por alto la rápida mirada de alivio que pasó por la agradecida mujer. También no pudo pasar por alto la manera en que los hombros de Dulce cayeron.
"Bien no veo cuál es el gran reparto. Solo pedí una simple respuesta." Dolores intentó parecer dolida, pero nadie le creyó esto.
"Y esta fue contestada," Annie dijo firmemente cuando se sentó. Cruzó los brazos, dejando en claro que no estaría saliendo del cuarto otra vez. No tenía duda que si no hubiera vuelto la sanguijuela habría metido culpa en Dulce para que le diera dinero. Annie se estaría maldiciendo si permitía que eso sucediera.
"Pienso que Dulce es bastante mayor para hablar por sí misma, ¿no lo cree?" Dolores no hizo intento de ocultar su rabia. Tenía solamente un tiro para hacer. "Dulce, pienso que debes venir a quedarte conmigo hasta que te recuperes. Siempre cuidé tan bien de ti cuando eras una niña."
Allí está. La amenaza estaba sobre la mesa. Dolores estaba haciendo que Dulce eligiera entre ella y Annie y la regordeta mujer estaba segura que la tranquila niña que una vez conoció y controló vendría por delante y la elegiría.
"Yo... yo..." Dulce sentía la presión cerrarse en torno a ella. Habría sido tan automático de hacer lo que Dolores intentó por tanto tiempo. Ahora tenía realmente una alternativa, una opción para decidir. Someterse al status establecido hace muchos años o saltar hacía adelante en lo desconocido con Annie. Levantó su cabeza y miró en el color azul intenso, viendo únicamente calidez y preocupación. "Yo... yo no deseo irme." Dijo esto tanto a Annie como a Dolores. Observó a la ejecutiva soltar una respiración y darle una pequeña sonrisa. Por otra parte, la antigua madre adoptiva parecía furiosa.
"Dulce, quiero hablar contigo a solas, ¿o ella toma todas tus decisiones por ti?" Dolores se deslumbró en Annie.
"Dulce es su propia dueña," la mujer de cabello rubio dijo. "No la controlo, o la manipulo" insistió. Su propio mal humor estaba rápidamente saliendo y los pensamientos de Annie estaban centrándose sobre echar a la gorda mujer de una oreja y esperanzadamente sacarla de la vida de Dulce.
"¿Entonces por qué no la deja decirme eso por ella misma?" Dolores gruñó, visiblemente disgustada sus planes estaba desmoronándose. "Usted no sabe cómo trabajé duramente para mantener un techo sobre su cabeza cuando nadie más pudo."
"Usted la recibió debido al dinero extra del estado. Eso es todo lo que allí está." Annie se levantó y comenzó a pasearse. "¿Le preguntó una vez si había algo que usted pudiera hacer para ayudarle? No, le preguntó qué pasaba y después entró en su propio pequeño mundo de problemas, la mitad de los cuales serían solucionados si usted sacara su perezoso trasero y consiguiera un trabajo en vez de vivir de alguien más." Deliberadamente evitó mirar a Dulce, segura que vería desaprobación en sus ojos. Sabía que debía parar, dejar a su amiga luchar sus propias batallas, pero maldita sea si iba dejar a Dulce darle un centavo más a la abusona de Dolores Beckering.
"No tengo que escuchar esto," la grandota mujer dijo furiosamente, poniéndose de pie y recuperando su bolso. "Dulce, tú estás dejando que esta perra te controle. ¿Vas a darme la espalda? ¿A la única familia que tienes?" Subió sobre el nivel principal y se dirigió hacia la puerta. "Después de todo lo que he hecho por ti."
Dulce dejó una solitaria lágrima resbalar por su mejilla. "Espera." Levantó la mirada en Annie. "¿Por favor?"
"Dulce," la mujer de cabello rubio protestó. "No tienes que hacer esto."
"Por favor, solo algunos minutos. Estaré bien." Hizo una mueca de dolor internamente en la dolida mirada en la cara de Annie pero sabía que necesitaba hacer esto.
A pesar de no estar completamente convencida finalmente Annie asintió. "Estaré en el piso de abajo." Dio una asesina mirada en Dolores antes de salir del cuarto.
*****
"Hrmmpf," Delores gruñó cuando volvió a su asiento. "No sé, Dulce. Esta gente rica, piensa que ellos pueden controlar a todo el mundo solo porque tienen dinero."
"Annie no es así," la joven mujer protestó.
"Ella no te dejó hablar por ti misma. Eres una mujer grande. Lo qué haces con tu dinero es tu asunto, no el suyo." Alcanzó su bolso y sacó su caja de cigarros. "Podría pensarse que eres una niña por la manera en que ella te trata."
"Dolores por favor no." Dulce señaló en la caja de cigarros.
"Obviamente ella no sabe tratar a los invitados tampoco," la mujer grande se quejó, empujando la caja nuevamente dentro de su bolso. "Bien, no puedo permanecer mucho tiempo. Tengo que recoger el Tupperware y espero tener suficiente gasolina para llegar a casa."
"Dolores, ¿tú entiendes que no estoy trabajando? No tengo ningún dinero."
"Dulce, vives aquí. No puedes decirme que si necesitas algo ella no te ayudaría." La mujer grande señaló lo obvio. "Tú no estarás muriéndote de hambre... o acabado la gasolina sobre algún solitario tramo de la carretera en el camino a casa..." Dolores hizo una pausa para el efecto. "Recuerdo la vez que estaba nevando y tuve que llevarte para el doctor... ¿Qué fue esa vez?"
"Dolor de garganta," Dulce contestó malhumorada, sabiendo completamente bien lo que la más vieja mujer recordaba.
"Eso es. Tuve que conseguir recetas para ambos para ti y Jimmy porque él no la había tenido esta todavía. No pude ir al bingo esa semana debido a eso, lo sabes."
"Lo sé."
"Sabes, los monos valían doscientos cincuenta dólares y tenía justo tanta oportunidad de ganar como cualquiera en ese sitio."
"Lo sé," Dulce repitió, hundiéndose más y más en el papel que se sabía tan bien.
"¿Sabes lo asustada que estaría la pequeña Jessica si no llegara a casa?"
Cualquier fuerza y reserva de Dulce se había desmoronado con la última implicada amenaza. Jessica tenía nueve y estaba muy encariñada a su madre. "¿Cuánto necesitas?"
Dolores se relajó contra el sofá, triunfante. "Por lo menos treinta dólares."
"No tengo tanto," la joven mujer mintió.
"¿Bien cuánto tienes?"
Dulce pensó rápidamente. "Lo más que pude ahorrar son quince dólares."
"Bien si eso es todo lo que puedes hacer entonces supongo que es lo que será."
"Traeré mi chequera." Agachando su cabeza en derrota, giró su silla y empujó hacía la oficina, volviendo pocos minutos después con el cheque colocado en su regazo. Dolores ya tenía su chaqueta puesta.
"Gracias, Dulce. Espero oír de ti en Navidad." Dolores estiró la mano para el cheque solo para tener a la joven mujer tirando de éste fuera del alcance.
"Espera..." convocó su valor y respiró profundamente. "Yo... yo realmente no puedo permitirme darte más dinero después de esto."
La sonrisa de Dolores cambió a un enojado gruñido. "Bien, lo recordaré si terminó sin comida o algo que no debo llamarte por ayuda." Se inclinó y arrebató el cheque de la mano de Dulce. Ahora, teniendo por lo que ella vino, Dolores estaba lista para irse, pero haría lo posible para reforzar su agarre sobre la joven mujer. Su voz se volvió chillona, acusatoria. "Solo recuerda esto mientras estás sentada aquí en todo esto..." extendió los brazos abarcando el cuarto. "Que luché y sufrí para ocuparme de ti por tanto tiempo." Dolores abrió la puerta, dejando entrar el frío aire. "Espero que vuelvas a caminar pronto, Dulce. Quizá algún día pararás de ser tan egoísta y te darás cuenta apenas cuánto costó para mí mantener un techo sobre tu cabeza." La puerta se cerró y pronto Dulce oyó el sonido de un motor esforzándose para encenderse. Después de algunas falsas salidas y un petardeo acompañado por una nube de negro humo salir del oxidado tubo de escape, el Station Wagon se retiró de la entrada y se dirigió hacia la calle.
La puerta al sótano se abrió y Annie apareció, mirando alrededor por su invitada incómoda.
"Ella se fue," Dulce dijo en respuesta a la ceja levantada. Preocupada que su benefactora pudiera disgustarse sobre el cheque, ocultó la chequera debajo de la manta del afgano. "Annie, siento sobre..."
"No, no te preocupes acerca de eso," la mujer más mayor contestó, cortando la disculpa. "No tenías ninguna manera de saber que ella podría aparecer aquí." Se acercó colocándose detrás de la silla de ruedas. "¿Tienes hambre?" Preguntó. "No importa, pregunta tonta."
"¿Qué puedo decir? María es una estupenda cocinera," Dulce contestó. Su sonrisa de oreja a oreja le ganó un rápido despeinado del cabello de su compañera.
"Ok, tú dirígete adentro y encuentra algo en la tele mientras veo qué delicias dejó María para nosotras."
Nada más fue dicho sobre Dolores Beckiring mientras avanzaba el día, ambas mujeres estaban más interesadas en estar acostadas una a lado de la otra en la cama y viendo televisión juntas. Fue solo después que la noche había caído y ambas estaba instaladas para dormir que Dulce sacó a colación el tema.
"¿Annie?"
"¿Mmm?"
"¿Te enfadarías conmigo si te digo que terminé dándole dinero a Dolores?"
"Pienso que no podría nunca estar enfadada contigo," Annie admitió, rodando sobre su costado y apoyando la cabeza en su mano.
"¿Decepcionada?"
"No," ella suspiró. "Dulce, si parecí cortante o molesta o..."
"¿Hostil?" La mujer más joven ofreció. Annie miró en las sombras formadas en la débil luz de la luna y arqueó una ceja.
"No creo que fui hostil, Dulce. Pienso que hice un gran trabajo siendo cortés con la bruja, especialmente considerando lo que realmente deseaba hacer que era echarla en el banco de nieve."
Dulce estiró su mano en la oscuridad y recorrió sus nudillos arriba y abajo del antebrazo de Annie. "Sé que lo hiciste... y agradezco eso."
"No me gusta ver a nadie utilizarte, Dulce," susurró. "Mereces más que eso." Annie vaciló por un momento antes de continuar. "¿Así qué cuánto le diste?"
"Quince dólares," fue la respuesta. "Solo que le dije que esta era la última vez," Dulce agregó rápidamente.
"¿Alguna vez le habías dicho eso antes?"
"No."
"Bien entonces, eso es un comienzo, de cualquier forma." Extendió su mano libre y suavemente acunó la mejilla de Dulce. "Hey, entiendo, de verdad lo hago. Es difícil decir no después de decir sí por tanto tiempo. Fíjate en mí y mi familia."
"¿Así qué tú realmente no estás molesta conmigo?"
Annie se inclinó y le dio a su joven amiga un abrazo. "Nunca podría estar molesta contigo," susurró en el oído de Dulce. No esperó sentir los brazos envolverse alrededor de su cuello y tirar de ella más cerca.
"No sé qué hice para merecer a una amiga tan buena como tú," la joven mujer se atragantó cuando se apretó más fuerte. Annie devolvió el abrazo, sonriendo al principio con la sensación de tener a Dulce. Entonces los recuerdos vinieron sin invitación a su mente... un destello de azul volando sobre la capota y el parabrisas, sangre juntándose en el suelo, y una serie de mentiras diseñadas para cubrir la verdad. La sonrisa se descoloró, remplazada por una mirada de tristeza.
"Yo soy la que no te merece," Annie susurró. Se aferró por un largo momento antes de rodar de nuevo a su lado de la cama. "Es hora de que nosotros durmamos un poco."
A pesar de sus intenciones cuando cerró sus ojos, el cuerpo de Annie la traicionó cuando este hizo lo de cada noche. Justo cuando Dulce estaba divagando sintió el cálido peso del brazo de la mujer más mayor dejado caer a través de su estómago y la cálida respiración acariciando su hombro. Sonrió y permitió que el sueño la reclamara. Profundo en la tierra de los sueños, ellas dejaron que el calor de cada cuerpo sorteara el frío de la noche de las dos y un medio siglo de la vieja casa no pudiera mantenerlo acorralado.
*****
"Annie, ¿tienes un segundo?" Susan preguntó cuándo entró en la oficina. "Hay una demanda aquí que no tiene ningún sentido."
"¿Desde cuándo tu vienes a mí con algo así?" Preguntó, no molestándose en levantar la mirada de la pantalla de la computadora.
"Desde que implica materiales y equipo perdidos totalmente de más de cien mil dólares."
"¿Qué?" Annie se volteó de la computadora e indicó para que su hermana tomara asiento en la silla en el otro lado del escritorio.
"Orbison Contractors presentó una demanda por equipo y materiales perdidos del lugar de remodelación de ese mini-centro comercial. Dicen que toda la madera y herramientas de un camión marca New Work fue robado." Le dio a Annie una copia de las múltiples páginas de la demanda. "Puesto que ellos tienen completa protección con nosotros, también están demandando por los salarios perdidos debido a la falta de equipo."
"¿Estás segura que esto es legítimo? Quizá ellos solo están intentando poner una demanda para el dinero del seguro." Annie tiró a través de las páginas, frunciendo el ceño en cada cifra. "¿Ellos presentaron una denuncia a la policía?"
"Claro que lo hicieron. Encontraron el camión, despojado del metal en Arbor Hill."
Annie leyó la denuncia cuidadosamente, buscando alguna pista de que esto fuera un fraude. "¿Christian sabe acerca de esto?"
"No. No pude localizarlo. He dejado mensajes por todas partes para él."
"Él está probablemente todavía drogado de todo el Percocet que robó de mi casa durante la fiesta de Navidad," la ejecutiva murmuró.
"¿Qué?"
"Nada, no importa." Los dientes de Annie se hundieron en la suave madera de su lápiz mientras continuó estudiando detenidamente la demanda. No hay señales de forzar la entrada, no que fuera necesario para conseguir pasar una simple cerca con cadenas circundantes en el lugar de trabajo. El camión fue una pérdida total y no había señales de cifras infladas por las herramientas y materiales desaparecidos. "No puedo ver algo fuera de lo normal aquí, hermana. A excepción del costo, ¿qué es eso lo que te preocupa?"
"Realice una comprobación a los informes que tenemos en el archivo y por lo que puede ver, este proyecto tenía que haber finalizado o casi cerca de eso. Pero según el informe de las pérdidas, ellos apenas habían comenzado. Le hice a Mike Orbison una llamada y él dijo que estaban por lo menos a seis semanas de la terminación."
"Si estaban hasta ahora lejos de estar finalizando..." Annie miró el papel otra vez. "¿Entonces por qué había tanto material allí? Mira esto... todas las hojas de grandes cristales, pintura, tabla rock, incluso alfombrado. Pensé que ésas eran las últimas cosas que serían entregadas."
"Eso es lo que pensé. Quizá ellos esperaban estar terminando antes esto."
"No, Mike lleva en el negocio bastante tiempo para saber exactamente lo que necesita y cuando lo necesita. No puedo imaginarlo ordenando que el material sea acarreado al lugar sin que éste sea utilizado enseguida. Él sabe cómo fácilmente las cosas son robadas de las obra en construcción." La frente de Annie se surcó cuando intentaba darle forma al rompecabezas. "¿Y estás segura que estas cosas estaban en el lugar?"
"No puedo imaginarlo mintiéndonos después de todo este tiempo. Su familia ha trabajado para nosotros desde los años 60 y ésta es solo la quinta vez que han presentado una demanda."
"Estoy segura que es la primera vez que ha llegado a las seis cifras." Annie tomó el teléfono. "Laura, localiza a Mike Orbison para mí." Un minuto después el timbre y la luz que destellaba anunciaron que la tarea fue lograda. "¿Mike? Anahi Puente... bien ¿y tú? Bueno. Mike, quiero hablar contigo sobre esa demanda que ustedes presentaron contra Puente Insurance. Seguro, entiendo eso... sí, eso parece extraño a mí también, es por eso que quise llamarte... no, no hay problema con eso... si... absolutamente... uh huh... si... no, yo no sabía eso... uh huh... ¿cuándo fue eso?"
"¿Qué está pasando?" Susan preguntó, obteniendo un ceño de su hermana.
"Sí Mike, estoy aún aquí, continúa... uh huh... ¿cuándo últimamente hablaste con él? Ya veo... Mike, déjame preguntarte algo, con excepción de tu gente, quién más tenía llaves del edificio? ¿Qué? ¿Bien cuándo pasó esto? ¿Le preguntaste a él acerca de eso? ¿Cuándo? ¿Y ésa fue la última vez que hablaste con él? Ok. Mike... no, entiendo perfectamente... por supuesto... tú también... sí, salúdame a Sarah... okay Mike, adiós." Annie colgó el teléfono y suspiró.
"¿Qué te ha dicho él?"
"Dijo que todo fue ordenado con semanas de antelación pero Christian se mantuvo empujando las fechas detrás, es por eso que todo estaba en el lugar cuando sucedió el robo. ¿El informe de la policía dice si el camión fue atado con alambre o no?"
"Creo que no. No presté a eso mucha atención, ¿por qué?"
"Mike dijo que Christian pasó por ahí la semana pasada y después de que se fuera un juego de llaves desapareció."
"¿Llaves para qué?"

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:12 pm

"El edificio, el camión, las cajas del equipo, todo. Mike dice que estaban en su escritorio cuando Christian pasó pero no pudo encontrarlas más tarde ese día."
"Annie, tú no piensas..."
"Eso es exactamente lo que pienso." La mujer de cabello rubio se levantó y fue a la ventana, el brillante sol reflejándose en los bancos de la nieve abajo. "Susan, quiero que entres en contacto con todos los otros contratistas y que les digas que traten directamente conmigo de ahora en adelante, en lugar de Christian. Si él se presenta en alguna parte, quiero saber acerca de eso."
"¿Por qué él querría robar? No necesita dinero."
"¡Él me robó a mí!" Annie gruñó furiosamente. "¿Por qué lo estás defendiendo? La verdad está justo delante de tu cara." El timbre del teléfono interrumpió su diatriba. "¿Qué?"
"John Means de Means Auditing en la línea uno," Laura respondió.
"Estupendo." Se desplomó en su sillón y tomó el auricular. "Esto mejor que sean buenas noticias," dijo antes de presionar el botón. "Anahi Puente
Diez minutos después una furiosa Anahi y una Susan boquiabierta se miraban fijamente la una en la otra.
"¿Ahora me crees?"
"No puedo creer que él pudiera robar de su propia familia," la pelirroja contestó reservadamente.
"Pues él lo hizo. Algunas semanas más y habría desmantelado la división Real Estate, por no mencionar lo que habría hecho a la compañía en su totalidad. Seremos afortunados si presentamos un beneficio este cuatrimestre."
"¿Qué pudo él necesitar con todo ese dinero?"
"¿Qué tú crees, Susan? No eras tú quién mencionó drogas la semana pasada."
"Lo sé lo dije pero realmente no creía eso."
"Bien, tendrías que." Annie tomó el teléfono y llamó por el interfón a su secretaria. "Laura, quiero que llames a la compañía de seguridad y al cerrajero. Quiero que todas las cerraduras sean cambiadas y los códigos de las llaves de Christian sean bloqueados antes de que termine el día. Llama al piso de abajo y asegúrate de que nadie le permita entrar. Después llama a todos los directores para una reunión. Me da igual a qué horas, solo asegúrate de que todo el mundo esté allí."
"Solo no puedo creer esto," la hermana más joven repitió.
"Créelo. Nuestro hermano bebé es un ladrón y un mentiroso y me lleva el diablo si él conseguirá irse con éste."
Para el final del día todas las cerraduras habían sido cambiadas y las noticias comunicadas al resto de la familia. Annie paró cada proyecto de construcción hasta nuevo aviso y anunció que John el hermano de Christopher manejaría la división Real Estate hasta que un reemplazo apropiado fuera encontrado. Como precaución adicional, llamó al banco y reportó la tarjeta de crédito empresarial de Christian como robada solo para enterarse que grandes cantidades adelantadas habían sido tomadas en la tarjeta durante las últimas dos semanas y esta había alcanzado su límite. Otro parte de información para agregar al palpitante dolor de cabeza de Annie por los problemas.
*****
"¿Qué te parece una linda bufanda?"
"Ella odiará eso."
"Hmm... ¿Qué te parece una botella de su perfume preferido?"
"Ugh, odio su perfume."
"Bien, ¿qué le gusta a ella?" Dulce pasaba las páginas del catálogo del Macy's. "Tienen bonita joyería aquí." Ellas habían pasado las últimas dos horas repasando los diferentes catálogos y volantes, en vano. Todo lo sugerido fue descartado tan rápidamente y a Dulce estaban acabándosele las ideas para ayudar a su amiga.
"No. Mamá tiene más joyería con la que ni sabe que hacer." Annie lanzó el catálogo de Bloomingdale sobre el escritorio, tomó otro, y suspiró. "Odio la Navidad."
"Oh, no será una queja ahora, prometo ayudarte a encontrar algo para ella." Dulce dio a su amiga una sonrisa. "No puede ser tan difícil encontrar un regalo para tu madre."
"Beatrice Puente es sin ninguna duda una de las mujeres más difíciles para comprarle un regalo." Annie tomó un trago de vino y colocó la copa sobre el escritorio. "Quizá debería solo enviarla a un crucero." Azules ojos brillaron con malicia en el pensamiento. "Quizá un agradable largo, crucero."
"¿Le gustaría eso?"
"Yo podría," la ejecutiva contestó con una diabólica sonrisa. "Quizá uno de esos viajes alrededor del mundo. Tú sabes, quizá seis, ocho... meses."
"Oh, tú. Para," Dulce juguetonamente la regañó, extendiendo una mano para ligeramente golpear el antebrazo de Annie. "Tu madre no es tan mala, es solo un poco... un poco..." Puso su dedo en sus labios, intentando encontrar una o dos palabras que pudieran con precisión describir a la madre de su amiga. "Anticuada."
"Mi madre es una snob, cariño." Annie dijo cuando tomó otro trago de vino rosado. "Ella no toma un no por una respuesta, espera perfección todo el tiempo, y se preocupa más sobre la imagen de la familia que lo que nosotros sentimos." Otro trago. "Quizá debería solo darle un vale de regalo y dejarla seleccionar lo que ella quiera."
"¿Estas segura?" Dulce buscó una página en el catálogo y la extendió para que la mujer más mayor la viera. "Aquí hay un número gratuito al que puedes llamar para ordenar uno, si eso es lo que realmente deseas hacer," dijo, su tono dejando en claro que no creía que sería el caso. A pesar de solamente conocerla por tres semanas, Dulce estaba comenzando a entender algunos de las pequeños expresiones faciales y actitudes que traicionaban los verdaderos sentimientos de Annie. Lápices roídos significaban frustración, las uñas golpeando ligeramente equiparaba al aburrimiento, y el firme pero tierno abrazo que la sostenía cada noche hablaba de algo que ninguna de ellas se atrevía a ponerle palabras.
Los azules ojos levantaron la mirada del líquido por un momento, entonces bajaron otra vez. "No," Annie de mala gana admitió. "Solo odio sentirme tan presionada. Siento como que tengo que conseguir el regalo perfecto."
Ella abrió su boca para protestar, después la cerró, dándose cuenta que en la familia de su amiga, eso no estaba lejos de ser la verdad. La fiesta de Navidad mostró eso. No únicamente fue la cosa entera empujada sobre los hombros de Annie, no había habido sentimiento de agradecimiento de Susan y Beatrice por todo el esfuerzo. Dulce decidió que tal vez una táctica diferente era pedida a gritos.
"Ok. Entonces, ¿cuál es el regalo perfecto?"
Las cejas de Annie se levantaron, no contando con esa reacción de la mujer de cabello rojizo. "Um... no lo sé, algo... algo..." Movía sus manos, provocando que el vino chapoteara dentro de la copa. "Supongo que nunca realmente pensé acerca de eso."
"Pues entonces, vamos pensar acerca de eso. Ven aquí." Dulce levantó el nivel de la cabecera de la cama hasta que casi estaba en una posición sentada y acarició el espacio a su lado, quitando a Tabitha en el proceso. "Veamos, si la única cosa que puedes darle es un regalo perfecto entonces vamos a encontrar uno." Dio vuelta a las páginas. "Quizá el truco es conseguir los regalos perfectos, tú sabes, una colección de cosas que le gusten en vez de un regalo grande. Trae una pluma, marcaré algo que encontremos."
Annie intentó coger algo con que escribir, pero todos sus lápices estaban roídos y no había una pluma a la vista. Levantó una pequeña pila de papeles sobre su desordenado escritorio pero ninguna pluma apareció. Abrir el cajón viendo los clips, grapas, incluso un montón de Post-it, pero nada con que escribir. "Presidente de una multimillonaria corporación y no puedo encontrar una pluma cuando la necesito." Continuó su búsqueda inconsciente de la página que Dulce estaba mirando. ¡Eso es! Dulce pensó emocionadamente. Allí ante sus ojos estaban unos juegos de plumas y lápices en una variedad de precios y diseños. La colección de Mont Blanc eran exquisitos pero completamente más allá de su escaso nivel de gasto. Dio vuelta a la página y lo vio. En el centro de la página estaba un bonito juego, un jaspeado diseño en una tonalidad de azul que a Dulce le recordaban el resplandor de los ojos de su mejor amiga. Con indecisión se enfocó en el precio escrito en una letra más pequeña abajo y tragó saliva. Esto podría llevarse la mayor parte de sus fondos restantes. Levantó la mirada para ver a Annie cazando aún la evasiva pluma, entonces de nuevo al catálogo. El problema de encontrar un regalo para Beatrice no había sido resuelto sino que había otro problema. Dulce discretamente dobló la esquina inferior de la página, entonces las movió nuevamente a la joyería justo cuando Annie encontró la desaparecida pluma y vino a la cama. Dulce tomó la ofrecida pluma y movió el catálogo de modo que la mujer más mayor pudiera ver. "Ahora, vamos a resolver esta cosa. ¿Cuál es el lugar preferido de tu madre para visitar?"
"Europa. Ella tomó dos de esos viajes país por país y se entusiasmó sobre ambos." Annie sonrió y, la tensión y preocupación de los últimos días se fueron de su cara. "¡Eso es! Ella lo amaría. Un viaje por Europa. No puedo creer que no pensé en eso antes." Tomó el catálogo de Dulce y comenzó a pasar las páginas.
"Wow... ese... es un regalo maravilloso." Intentó difícilmente no parecer demasiado impresionada pero no obstante esto se mostró en su expresión.
"¿Piensas que es suficiente?" Annie preguntó cuando miraba en el glosario de fotografías, inconsciente que Dulce, usaba al pensamiento en términos de peniques, estaba ahora intentando comprender los miles de dólares que un viaje así podría costar. "Estaba pensando quizá un nuevo guardarropa o..." Levantó la mirada y fue encontrada por la belleza que la miraba fijamente. Se estudiaron la una a la otra durante varios segundos antes de que Dulce diera una tímida sonrisa y apartara la mirada.
"Así que um..." Recogió en un pedazo inexistente de pelusa en la manta cuando un suave rubor subió por sus mejillas.
"¿Tú dijiste algo sobre ropa?"
"Um... si, ropa." Annie cerró el catálogo, no teniendo ya algún interés en la elección de regalos. Lo que deseaba hacer era apagar las luces y enroscarse contra la mujer más joven. "Sabes, está haciéndose tarde."
"Si, supongo que sí." Afuera en la sala de estar, el reloj de abuelo anunció las diez pero ambas mujeres eligieron fingir no oír este. Dulce reclinó la cama en una posición para dormir mientras Annie recorría alrededor apagando luces y comprobando las cerraduras en las puertas. En menos de minutos la casa estaba oscura y ellas estaban acostadas en la cama juntas.
Mirando fijamente arriba en la oscuridad, Dulce pensaba acerca de lo que había pasado antes. Por ese breve momento allí había habido algo... especial entre ellas. Oyó el sonido de un puño golpeando una almohada y a Annie deseando poder solo darse vuelta y sostenerla pero eso normalmente no pasaba hasta que ella estaba casi dormida.
Annie daba vueltas suficientes por ambas. Una vuelta en particular golpeó la lesionada pierna y la joven mujer silbó en el repentino dolor. "Lo siento, Dulce. Solo parece que no puedo ponerme cómoda esta noche."
"No te preocupes. Esto solo dolió por un segundo, eso es todo." Estaba alegre que estuviera oscuro cuando una lágrima se escapó.
"Saldré al sofá." Annie se movió para levantarse solo para ser detenida por la mano de la joven mujer tocándola en su hombro.
"¿Por qué tú no solo pones tu brazo alrededor de mí como normalmente lo haces? Pareces dormir bien después de hacer eso." Dio un suave tirón en la camiseta de la mujer más mayor. "Vamos Annie, sabes que solo terminarás volviendo aquí adentro después de que me duerma y me sostendrás de todos modos." Tal había sido el caso hace algunas noches. Lentamente, renuentemente el peso a su lado cambió y sentía el familiar calor del cuerpo de Annie contra el suyo. Un segundo después y su deseo se hizo realidad cuando un fuerte brazo cubrió su vientre. Dulce dejó salir un satisfecho suspiro y cerró sus ojos. Para el momento en que Tabitha decidió donde estaban cambió de lugar y saltó de nuevo en la cama, ambas mujeres estaban profundamente dormidas.
"¿Y qué le compraste a María?"
Annie golpeó el botón mudo en el control remoto y giró su cabeza para mirar a su compañera. ¿Oh, vamos a intentar esto otra vez? "Un regalo." La esquina de su boca se encrespó en una burlona sonrisa.
"Vamos, dime, ¿por favor?" Dulce le dio su mejor mirada de cachorrito. "No lo diré, lo prometo."
"Ya te dije... un regalo." Ella lanzó una palomita de maíz en el aire y lo atrapó en su boca. "Ahora ¿pensé que querías ver ese programa?"
"Quiero, pero deseo saber lo que compraste también. Una pista."
Annie fingió considerar la petición por un momento antes de sonreír malignamente con una diabólica mirada en sus ojos. "No es algo que María pueda salir y comprarse así como así."
"Esa es una podrida pista," Dulce se quejó, intentando coger su taza.
Eres tan linda cuando haces berrinches. Ella alcanzó la taza primero y se levantó. "Ah, vacía. ¿Quieres más?"
"No, he tenido bastante chocolate caliente por esta noche. Más y estaré levantada a la mitad de la noche." Le tendió su mano. "Vamos, siéntate y relájate. Te estás perdiendote el programa."
"¿Quieres la bandeja de los aperitivos arriba o abajo?"
"Arriba. No la necesitaremos más," Dulce contestó.
"Seguro, no hay problema." Annie cumplió inmediatamente, sabiendo que la bandeja de los aperitivos subida era un preludio para algo más agradable que ver un programa de televisión. Dejó la taza vacía en la mesa del café y volvió a su cojín, esta vez con sus pies arriba y descansando entre ellas. "Oooh," hizo un gemido exagerado y meneó los dedos del pie.
"¿Te duelen tus pies?" Dulce preguntó.
"Nada peor que lo habitual," contestó. Ah, sí... tú sabes lo que deseo, pensó para si cuando sintió que sus pies fueron colocados en el regazo de Dulce. Espero que tus dedos no estén cansados esta noche. Levantó su talón en respuesta al suave tirón sobre su calcetín. Pronto estaba descalza y los diestros dedos de Dulce borraron los dolores del día y no tuvo alternativa excepto gemir con placer. "Tú haces eso taaann bien..."
"Es fácil contigo. Sé justo dónde empujar y frotar." Dulce demostró su habilidad presionando su pulgar firmemente a través del arco del pie izquierdo de Annie.
"Mmm, tú puedes parar en.... oh siete u ocho horas." Cerró los ojos y suspiró. Esto es tan agradable.
"O quizá pare si no me dices que regalo le compraste a Maria." Sus dedos se aquietaron como si llevaran a cabo su amenaza.
"Tú tienes un difícil trato," Annie admitió. "No es mucho, solo un boleto de avión."
"¿Un boleto de avión? ¿Para dónde?"
"Arizona."
"Es donde está su hijo," Dulce recordó.
"Ella no lo ha visto en más de un año. Pensé que a ella le gustaría hacer un viaje para visitarlo." Levantó una ceja. "Así ¿qué vas a continuar?" Enfatizó su punto meneando los dedos del pie.
Dulce rió y continuó el masaje. Había llegado a ser un tácito ritual entre ellas. Annie gemiría acerca de sus pies y ella inmediatamente ofrecería frotarlos. Ellas podrían pasar horas en el sofá así, Dulce sentada en una reclinada posición con sus piernas rectas y Annie acostada a lo largo del sofá con sus pies siendo mimados. La mujer más joven únicamente daba un vistazo en lo que pasaba en la televisión cuando su atención se enfocaba en la suave carne bajo sus dedos.
Dulce tomó especial placer en el masaje a los pies de Annie. Con la excepción del abrazo en la noche era el único contacto físico que ellas generalmente compartían. No podía explicar por qué, pero la hacía sonreír oír los gemidos hedonistas venir de los labios de su amiga en reacción a sus dedos. Con todo el estrés sobre la auditoria y Christian no hablando a nadie excepto a su madre, los masajes eran una de las pocas cosas que traían una sonrisa a la cara de Annie, y esa sonrisa era algo que Dulce trataba de ver en cada oportunidad.
Bajó la mirada y estudió el pie ante ella. La suave piel de bebé no revelaba absolutamente ningún callo en la parte más ancha del talón. Dejó sus yemas deslizarse sobre la suavidad de los dedos del pie al tobillo antes de mover sus pulgares hacia atrás para dar un fuerte masaje. Dulce presionó con un poco más fuerza de lo acostumbrado y fue recompensada con un gemido que oscilaba sobre el borde de lo sensual. Repitió el movimiento pero únicamente recibió una versión menor del deseado sonido. Impávida, soltó el pie de Annie y tiró del otro en su agarre. "Sabes, cuando salga de estos moldes te daré un masaje de espalda que no se te olvidará."
"Mmmm..." Una lenta, sexy sonrisa cruzó los labios de Annie y abrió un ojo perezosamente. "Eres demasiado buena para estar desperdiciada en un trabajo de oficina. Pienso que cambiaré tu puesto a Jefe Masajista."
"Uh huh... ¿conseguiré un aumento de sueldo con ese nuevo título?"
"Tú mantente tocándome así y te pagaré lo que quieras." Los ojos de Annie se cerraron otra vez mientras los dedos de Dulce presionaban en todos los lugares correctos. "Recordaré eso," la mujer más joven contestó, su mente viajando en pensamientos teniendo la fuerte espalda de Annie bajo sus dedos en el futuro. Hmm, un poco de aceite, un agradable día de verano... tú rodada sobre tu estómago y sin los tirantes de tu bikini... sus dedos pararon el movimiento y sacudió su cabeza para despejar los inusuales pensamientos. Sí, disfrutaba tocando a Annie, ¿pero así? Dio una risa corta y se concentró en lo que estaba haciendo.
"¿Qué es tan divertido?" Annie preguntó, abriendo un ojo y bajando la mirada en su amiga.
"Oh, nada... solo algo en Home Improvement. Él realmente es una amenaza alrededor de las herramientas, ¿no es así?"
"¿Hm?" Oh, ¿es eso lo que estamos viendo? "Uh, sí." Detectó que allí había más en eso que Dulce no reveló. Pensó solo brevemente acerca de decir algo pero el masaje comenzó otra vez y Annie cerró los ojos, entregándose al suave tacto. Ellas permanecieron en esa posición durante la siguiente hora, ambas silenciosamente disfrutando de lo que comenzaba como un masaje y se tornaba en ligeras caricias. La feliz y pacífica escena fue rota un momento más tarde cuando el teléfono sonó.
"Maldición." Annie renuentemente se incorporó. "Si esa es una de esas gentes de MCI yo iré a matarlos." Sus dedos del pie sintieron frío donde apenas segundos antes ellos habían sido sostenidos en las suaves, cálidas manos de Dulce. Se metió en la cocina y tomó el teléfono. "Residencia Puente." Comenzó a caminar nuevamente dentro de la sala de estar, teléfono en mano, cuando paró. "¿Cuándo pasó eso? Bien, ¿ellos capturaron a alguien?" Caminó dentro de la vista de Dulce. "¿Es la que esta en Central? Sí, te encontraré allí en una media hora. Ok, adiós Susan." Colgó el teléfono y meneó su cabeza.
"¿Annie?"
"Increíble." Se hundió sobre el sofá y soltó una larga respiración. "Alguien allanó la oficina esta noche."
"Oh no. Espero que no haya nadie lastimado."
"Susan no dijo nada acerca de eso. La policía capturó al individuo, sin embargo." Annie tuvo que sonreír internamente. La primera cosa que sale de su boca es la preocupación por otros. Mi primera preocupación fue si algo fue robado. Esto era sin embargo otro ejemplo de las pequeñas cosas sobre Dulce que encontraba tan tiernas. "Tengo que encontrar a Susan en la estación de policía. Ellos capturaron a uno de los ladrones." Renuentemente se levantó. "Vamos a llevarte a tu cuarto antes de irme."
Ayudó a Dulce a ponerla nuevamente en su silla y pronto estaba la joven mujer instalada en la cama. "Mejor me voy," dijo cuando bajó la mirada en los suaves verdes ojos y sintió la irreprimible necesidad de abrazarla. Ah, al infierno con eso. Se inclinó rápidamente y envolvió sus largos brazos alrededor de los hombros de Dulce. "Te llamaré si se me hace tarde." Sonrió cuando sintió su apretón devuelto.
"Ten cuidado. Está nevando," la joven mujer dijo una vez que se separaron.
"Lo tendré."
*****
Annie llegó a la estación de policía primero y habló con el sargento de la noche que la dirigió a uno de los detectives. Volvió al pasillo varios minutos después, a punto de estallar de cólera por la información que el oficial la había dado.
Susan y Alfonso descendieron por el pasillo, sacudiéndose la nieve de sus chaquetas. "Fui a la oficina. Tú no creerás esto. Ellos habían levantado esa cinta amarilla y tu oficina parece que un Buldózer llego hasta ella," la pelirroja dijo mientras colgaba su chaqueta en el cercano estante. "Parece que ellos intentaban meterse en la caja fuerte."
"Él fue." Annie contestó tranquilamente. "Supongo que fue una buena cosa que cambiara la combinación la semana pasada, ¿huh?" A la mirada confundida de su hermana, asintió y continuó. "Eso es, Susan. Adelante y adivina quién allanó las oficinas e intentó robarnos, de nuestra ¡FAMILIA!" Su elevación de la voz atrajo la atención de varios oficiales cerca, forzando a Annie a hablar con los dientes apretados en un intento de mantener su cólera en control. "El hijo prodigo está abajo en la cárcel ahora. Probablemente están tomándole las huellas dactilares y presentándole a sus nuevos compañeros por los próximos cinco a diez años." No hizo ningún intento de ocultar la cólera en su tono.
"¿Tú quieres decir Christian...?" Susan meneó su cabeza. "No, eso es imposible."
"Tienes razón, Susan." Apretando sus puños con incredulidad, continuó sarcásticamente. "El estirado yuppi allí en la cárcel, solo se parece a Christian y lleva su cartera."
"Pero... quizá él solo fue de nuevo a conseguir algo. Tú cambiaste todas las cerraduras, quizá él activó la alarma accidentalmente." Miró a su marido por apoyo, pero vio solamente la verdad reflejada.
"Cariño, pienso que tu hermana tiene razón. Estuviste allí, viste la oficina." Él dio a Annie una mirada de disculpa. "He oído que las drogas pueden obligar a la gente a hacer toda clase de cosas, incluso robar a sus propios parientes."
"Bien esa es la verdadera aclaración, Alfonso. ¿Solo ahora te diste cuenta que Christian tiene un problema de drogas?"
"Annie, solo porque tú estás disgustada no significa que puedes sacar esto en Alfonso. Después de todo, no es su problema."
"No Susan, no es culpa de Alfonso que Christian este en la cárcel, esa es de Christian, y pienso que debemos dejar su trasero allí hasta que se enderece."
"¿Qué?" La pelirroja estaba parada entre su hermana y marido. "¿Tú no puedes honestamente estar pensando acerca de dejarlo a él allí... en la cárcel?"
"¿Por qué diablos no? Él allanó la oficina, intentando forzar la caja fuerte. Susan, si lo seguimos mimando..."
"No lo estoy mimando. Solo digo que tú no puedes dejarlo en la cárcel de noche."
"Oh, bien, gracias por la explicación de la diferencia," Annie se burló, desviando la mirada y frotándose su cara con exasperación. "Susan..." Detuvo a su hermana más joven. "Christian tiene un problema de drogas. Lo primero fue robar el dinero de los proyectos de las propiedades inmobiliarias después estaba falsificando préstamos. Ahora está cometiendo robos para intentar conseguir dinero para su hábito. Pienso que es hora para un poco de amor resistente." Volteó para ver rayas en el maquillaje de su hermana de las lágrimas que comenzaban a caer. "Mira, quizá esta es la mejor cosa para él. Algunos días para conseguir esas drogas fuera de su sistema y estará bien como nuevo."
Susan meneó su cabeza firmemente. "No. Son dos días antes de Navidad. No puedo dejar a mi hermano más joven, mi ÚNICO hermano, pasar Navidad en la cárcel, solo no puedo." Levantó la mirada en su marido. "¿No puedes hacer algo?"
"Soy abogado de impuestos, cariño. Si estuviera siendo arrestado por engañar en sus impuestos, entonces si podría ayudarle. No soy realmente versado en derecho penal."
Susan golpeó ligeramente su barbilla con su dedo, reacia a darse por vencida. "¡Lo tengo!" Sus ojos crecieron de par en par. "Nos negaremos a presentar cargos. No hay delito, no hay cárcel."
"Eso habría estado bien a excepción de un pequeño detalle." Annie sostuvo su índice y pulgar levemente separados. "Parece que Hércules allí decidió que no quería ir dispuesto con los policías. Él mordió a uno de ellos." Meneó sus dedos juntándolos como si limpiara apartando la idea de su hermana.
"¿Qué sobre la libertad bajo fianza? Podemos sacarlo bajo fianza, ¿no?"
"¿Susan, es mejor dejarlo allí adentro, ¿no entiendes? Necesita ayuda, ayuda que no conseguirá si se le permite vagar por las calles."
"Annie, sé que ustedes dos no se han llevado bien siempre y sé que está celoso de ti, ¿pero puedes ser tan mezquina que podrías dejar a tu propio hermano pasar Navidad en la cárcel?"
Un hombre calvo entró a zancadas en la estación, su maletín en una mano y su celular en la otra. "Vine tan pronto como recibí la llamada." Ese era Richard Jenkins, el abogado de la familia que hacía un poco más que organizar sus tickets de estacionamiento a cambio de su enorme anticipo anual. "He estado en el teléfono con el ADA por la última media hora."
"¿Quién te llamó?" Annie preguntó.
"¿Por qué?, lo hizo tu madre, por supuesto. Christian no podía recordar mi número."
"¿Quieres decir que Christian la llamó?" Se apartó de ellos y maldijo silenciosamente. ¿Claro que la llamaría, quién más podría continuar rescatándolo de lío después de lío? Había una última esperanza. "¿Qué sobre morder al policía?"
"Me ocupe de todo." Jenkins sonrió orgullosamente. "Él solamente rasgó la camisa del individuo y no tocó su piel así que nosotros pudimos negociarla por restitución y servicio a la comunidad que será atendido después de Año Nuevo." Abrió su maletín y guardó el teléfono. "Si las señoras me

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:12 pm

disculpan, tengo que regresar en algunos minutos con su hermano." Cabeceó en Alfonso. "Bueno verte otra vez."
"Igualmente, Richard."
Annie estaba harta. Cogió su chaqueta del estante y bruscamente la sacudió poniéndosela. "¿Dónde vas?" Susan preguntó.
"No me apetece permanecer alrededor para celebrar." Bajó la mirada para ver que en su prisa había abotonada mal su chaqueta. "Te estoy diciendo, Susan, dejarlo salir así es un gran error." Se dio por vencida con los botones y enfadadamente tiró del cinturón alrededor de su cintura. "Lo que necesita es rehabilitación, no salir de la cárcel liberado de cargos."
"Quizá lo que necesita es saber que su familia lo ama y lo apoya," Susan replicó mordazmente.
"¿Cómo piensas que se sintió al descubrir que su propia hermana lo había sacado del negocio de la familia?"
"¿Cómo te sentiste cuando oíste el resultado de la auditoria? ¿Disfrutaste mirando que tus beneficios anuales entraron al bolsillo de Christian?" Susan abrió su boca para protestar, después la cerró, dándose cuenta que su hermana tenía razón.
"Quizá esto se resuelva, Annie. Esto es quizá lo que necesita para volver al camino."
"No levantes tus esperanzas, Susan. Tengo la sensación de que esto es solo el principio."
Demasiado enojada para volver directamente a casa, Annie condujo por de las calles de Albany durante una hora. Volvió a casa, a una oscura casa. Intentando ser tan silenciosa como fuera posible, se metió al cuarto y comenzó a desvestirse en la oscuridad. "Estoy despierta," Dulce dijo cuando encendió la lámpara.
"Estaba intentando ser silenciosa."
"Estaba esperándote. ¿Cómo fue eso?"
"Nada bien." Se volteó de espaldas y se quitó su camisa. "Parece que nuestro ladrón no es ningún otro que mi hermano bebé."
"¿Christian?"
"Bonita manera de tratar a su familia, ¿no lo piensas?" Tiró de la camiseta sobre su cabeza y se dio vuelta para encontrar que Dulce había puesto la cama en una posición vertical. Imaginas que necesitó hablar, ¿eh? Se deslizó bajo las sábanas y ajustó las almohadas. "No me preocupé ir allá para ver los daños de primera mano. Tengo suficiente con un dolor de cabeza." Se llevó los dedos a sus sienes.
"Permíteme," suaves dedos sustituyeron los suyos y comenzaron a frotar la sensible área. "¿Cómo fue eso?" Dulce susurró.
"Mmm... a poco difícil... hmm, sip, justo allí..."
No había una onza de relajación en ningún lugar de la parte superior del cuerpo de Annie, la joven mujer pronto lo descubrió. Suavemente codeó a la ejecutiva dentro de una sentada posición y movió sus manos hacía los anchos hombros. Cada músculo estaba agrupado firmemente, rígidos como si estuvieran listos para la batalla. Presionando suavemente al principio, después con más fuerza, Dulce forzó a los músculos rendirse a sus manipulaciones. "Eso es, solo relájate," arrulló. "Cierra tus ojos."
"Ellos están cerrados" vino el relajado murmullo. Dulce sonrió para si en el implícito cumplido.
"Piensa acerca de pasado mañana. Piensa acerca de todas las luces en el árbol... los regalos..."
"Dulce, ¿estás intentando hipnotizarme?"
"Claro que no, boba." Movió los pulgares a la base del cráneo de Annie y comenzó a masajear el área delicadamente. "Solo quiero que te relajes y que pienses cuánta diversión traerá la Navidad."
"Mmm."
"Eso es..." El tacto llegó a ser más ligero cuando Annie se relajó. "¿Hace esto sentirte mejor?"
"Mucho," suspiró.
"Bueno." Una sonrisa autosatisfecha vino a los labios de la joven mujer. "Qué te parece que nosotras consigamos dormir un poco y dejemos todas la cosas malas para mañana, ¿Ok?" Codeó la espalda de Annie sobre su propia almohada. "Buenas noches."
"Buenas noches, Dulce." Hubo silencio por un momento antes de que Annie agregara. "Gracias." La carga salió de sus hombros por lo menos una noche, rápidamente cayó dentro de un pacífico sueño.
*****
Annie tomó un trago de café y miró la vista perfecta de la mañana de Navidad. Una ligera pulverización de nieve había caído por la noche, cubriendo su patio trasero y los árboles que rodeaban este con un ligero manto de blanco. El sol estaba justo saliendo, toda la escena le recordaba un grabado de Currier e Ives. Apretando el cinto de su albornoz, abrió la puerta corrediza y caminó hacía fuera sobre la cubierta, la delgada capa de nieve crujiendo debajo de sus pantuflas azules. Colocó su taza sobre la mesa, el calor causó un pequeño círculo de nieve derretida y reveló el metal debajo pintado de verde. Annie inhaló profundamente y sonrió. Estaba bastante frío para mantener la nieve de derretir pero la falta del viento evitaba que fuera tan áspero.
Ella parada allí y bebiendo su café, disfrutando de una familia de conejos correteando a través del campo. Sus grises pelajes eran un vivo contraste a la crujiente nieve blanca. Perfecto. Voy a hacer de esta la mejor Navidad que tu hayas tenido jamas, Dulce. Por lo menos voy a intentar hacer todo lo posible. Pensó en los regalos debajo del árbol. Tanto como odiaba los centros comerciales y compras en general, Annie tomó gran placer en personalmente elegir cada uno de los regalo para Dulce. Finalmente el frío se coló a través de su bata y se refugió en el interior.
El reloj de la cocina le mostró que eran justo pasadas las siete. Maldición, demasiado temprano. Dejando la vacía taza en el fregadero, se dirigió a la sala de estar. Centenares de minúsculas luces parpadeaban y destellaban sobre el árbol, sus multiplicidades de colores reflejando el brillo del papel que cubría los regalos apilados en el suelo. Annie sonrió. Todo era perfecto. Ahora era solo cuestión de esperar para que Dulce despertara. Miró el reloj del abuelo, esperando que no tuviera que hacerlo mucho tiempo. No había estado tan emocionada con la Navidad en años. "Vamos, Dulce," murmuró para si, notando que el tiempo parecía estar pasando mucho más lento que habitualmente. Reordenó los regalos y tomó otra taza de café. El reloj ahora decía siete treinta. Tabitha se frotó contra sus piernas. "¿Qué quieres?"
"¿Mrrow?"
"El desayuno para ti es dentro de media hora."
"¿Mrrow?" Tabitha se acercó al armario donde la comida para gatos era almacenada y maulló otra vez. Cuando el maullido no funcionó, el juguetón gatito rodó sobre su espinazo y giró su cabeza a un ridículo ángulo. Annie se rió suavemente y meneó su cabeza.
"Bien, puesto que es Navidad." Se arrodilló y abrió el armario. "Ok. Ahora, vamos ver lo que tenemos aquí." Sacó una lata con etiqueta verde y la sostuvo delante del ahora ronroneador felino. "¿Quieres pavo para Navidad?"
"Mrrow." Tabitha golpeó en la lata con su pata.
"Bien, pavo será entonces."
La alimentación de Tabitha no agotó tanto tiempo como Annie hubiera querido. Cuando el reloj de abuelo sonó las ocho, la expectativa estaba matándola. "Pienso que es bastante tarde, ¿no lo crees, Tabitha?" Se agachó y levantó al gato en sus brazos. "Vamos a despertar a mami para que pueda ver todos los bonitos regalos, ¿hmm?"
Annie colocó a Tabitha abajo al pie de la cama y avanzó lentamente al lado de la durmiente mujer. "¿Dulce? Dulce, hora de despertar." Un suave codazo en el hombro. "¿Dulce? Es la mañana de Navidad. ¿No deseas levantarte y abrir regalos?"
"Hrmmphf."
"Vamos, es hora de levantarse. No quieres desperdiciar toda la mañana en la cama, ¿es así?"
Somnolientos ojos lentamente se revelaron. "¿Qué hora es?"
"Las ocho." Los ojos rápidamente se cerraron y la joven mujer soltó un gemido. Ella tiró de la sábana sobre su cara únicamente para que una mano más fuerte jalara ésta echándola atrás. "Pero es Navidad. Tú no puedes dormir en Navidad." Annie saltó fuera de la cama y empujó encima el cómodo portátil. "Vamos, arriba y en esto."
Dulce dio un gemido más pero lentamente abrió sus ojos, decidiendo que Annie estaba demasiado alegre ésta mañana... hasta que se dio cuenta qué mañana era esta. "¡Oh Dios, es Navidad!"
"Feliz Navidad," Annie se rió suavemente, apartando la sábana del camino y poniéndose sobre su costado, usando su codo para apoyar su cabeza arriba. "Es una hermosa mañana y sería un crimen dejarte dormir durante esta."
"¿Cuánto tiempo tienes de estar levantada?"
"Alrededor de una hora y media."
"Estoy sorprendida que esperaras este tiempo." Annie estaba a punto de defenderse cuando vio el brillo en los ojos de Dulce. Saltó juguetonamente sobre la mujer más pequeña, las dos enganchándose en una breve lucha de cosquillas. "Tú eres despiadada," Dulce dijo cuando finalmente se separaron.
"¿Bien, supongo que tú estás despierta ahora, ¿no es así? Solo te dejaré ocuparte de tus asuntos."
"Uh, Ok. Solo serán un par de minutos."
"Seguro, solo dame un grito cuando estés lista. Llevaré tu café a la sala de estar. Puedes beberlo y abrir los regalos al mismo tiempo, ¿no es así?"
Dulce escuchó cuidadosamente hasta que estaba segura que Annie no se regresaría, entonces recuperó el pequeño regalo oculto en el cajón de la mesita de noche. Un inesperado temor pasó a través de ella. Repentinamente, el juego de la pluma y el lápiz que pidió a Maite que comprara para ella no parecía tanto un gran regalo después de todo. Si Annie deseara uno, habría tenido este ya. Quizá no le gustaban los lápices mecánicos porque no podría morderlos. "Estupida, estupida, estupida" murmuró para si antes de dejar el regalo poniéndolo en el cajón de la mesita y empujarse sobre el cómodo.
Quince minutos más tarde, estaba vestida usando una camisa color beige que Annie había insistido en darle. Dulce no creyó por un minuto que esta era demasiado pequeña para su benefactora, pues colgaba mucho más de ocho a diez pulgadas pasando su propias caderas y los puños tuvieron que ser dobladas varias veces antes de que pudiera ver las puntas de sus dedos. De todas formas, ésta le fue dada por Annie, y como la camisa de dormir de Dartmouth, era algo que presionaba a María que difícilmente conseguía mucho tiempo para lavarla.
Un último recorrido del cepillo a través de su cabello y Dulce estaba lista. Puso el regalo en su regazo entonces lo cubrió con el edredón antes de gritar. Algunos segundos después Annie apareció. "¿Lista?"
"Supongo que sí." Forzó una sonrisa en su cara. Oh Dios, por favor deja que le guste mi regalo, silenciosamente rezó mientras Annie le ayudaba a meterse a la silla de ruedas y la guiaba fuera del cuarto.
*****
Un gran montón de regalos derramados debajo del árbol cautivaron la atención de Dulce cuando Annie le ayudó a entrar al desnivel de la sala de estar. Incluso cuando permaneció con una familia de cinco una Navidad, la joven huérfana nunca había visto tantos regalos metidos debajo del árbol. Reconoció el estilo, grande fluído de la letra de Annie en todas las etiquetas de los regalos. "¿Tú familia vendrá hoy?"
"No. Tengo que ir a ver a la familia de Susan más tarde, pero ninguno supuestamente estará visitándome. ¿Por qué?"
¿Por qué poner todos sus regalos debajo del árbol si ellos no vendrán? Su expresión llegó a ser incluso más desconcertada. "Bien, ¿no son esos sus regalos?" Annie dio una corta risa y apretó su brazo.
"No. Esos son tuyos."
Los ojos de Dulce se ensancharon como platos y por algunos segundos se olvidó cómo respirar. "¿Míos? ¿"T-tú quieres decir...?" Dándose por vencida en un discurso, simplemente señaló a los regalos.
"Yup, ellos son todos para ti." La frente de Annie se arrugó. "¿Pasa algo?"
"N-no... yo..." Levantó la mirada en la persona más importante en su vida cuando un par de lágrimas resbalaron por su cara. Dulce tuvo que luchar para evitar que su labio temblara. "Yo nunca... todos esos... para mí..." Extendió sus brazos y fue encontrada a medio camino, envuelta en fuertes, confortantes brazos. "Oh Annie."
"Shh, te tengo." Annie dejó un brazo alrededor de la espalda de Dulce y utilizó el otro para acariciar su cabello. "Lo siento. No estaba pensando acerca de cuántos había. Solo estaba viendo cosas que pensé que te gustarían y las compré."
"P-pero solamente te tengo uno..."
"Shh." Puso sus dedos en los labios de Dulce. "Es el pensamiento lo que cuenta, no algo más." Enjugando una lágrima con su pulgar, Annie habló otra vez. "Un regalo de ti vale mil de alguien más, ¿entiendes?"
La pelirroja cabeza se movió con un débil movimiento. "¿Puedo darte mi regalo primero?"
"Sabes qué..." Annie secó las otras rayas de las mejillas de Dulce. "Preferiría esperar hasta después de que abras tus regalos. ¿Eso está bien?"
"¿Estás segura?"
"Si." Se levantó y alcanzó las manijas de la silla de ruedas.
"¿Dónde vamos?" Dulce preguntó con algo de sorpresa cuándo se sintió moverse.
"Es Navidad. Estarás mucho más cómoda en el sofá y estoy cansada de arrodillarme. Vamos, nos recostaremos y beberemos nuestros cafés, entonces abriremos regalos."
*****
Dulce estaba justo colocándose en el sofá cuando oyeron un estruendo de detrás del árbol. "¿Qué el...?"
Annie exclamó. Obtuvo su respuesta un segundo después cuando Tabitha salió a toda velocidad de debajo del árbol y corrió a la cocina. Antes de que ninguna de las dos pudiera hablar, la anaranjada y blanca imagen volvió y saltó nuevamente dentro de la montaña de regalos.
"¿Qué pasa con ella?" Dulce preguntó, preocupada. "Nunca la había visto moverse tan rápido antes."
"Pienso..." Annie cruzó el cuarto, se arrodilló, y comenzó a apartar los regalos. "Yup... Tabitha, eres una pequeña chica codiciosa." Se hizo hacía atrás y dejó a la mujer más joven ver. El gato estaba acostado sobre su lomo, golpeando en una bola de adorno colgado por encima de ella. "Tú pequeño bebé allí, se metió en su regalo de Navidad." Metió la mano para recuperar el paquete únicamente para que su muñeca quedara capturada entre las patas delanteras de Tabitha. "Ni siquiera pienses en arañarme," le advirtió mientras lentamente intentaba sacar su mano. Suaves patas revelaron sus armas, las garras presionando contra su piel hasta que paró el movimiento. Tabitha posó la mirada en ella por un segundo, entonces comenzó a ronronear y lamer la muñeca de Annie. "Srta. Dulce, creo que su gato está loco." Sacó la bolsa de Catnip. Estaba todavía envuelto en festivo papel verde, excepto por el prominente pedazo desaparecido en donde había sido masticado.
"¿Tú pusiste el Catnip debajo del árbol?"
"Si pero este estaba en una bolsa de plástico y fue envuelto en papel."
Dulce sonrió maliciosamente y meneó su cabeza. "Annie, puede oler el Catnip a millas de distancia. Tabitha. ¿Tabitha? Ven aquí, cariño."
La gata se movió tres pasos antes de caer sobre un bulto en la alfombra y limpiarse.
"No creo que ella este yendo a ninguna parte, Dulce." Suficiente de esto. Yo quiero que tú abras tus regalos. Extendió el brazo y tomó una camisa envuelta en una caja en papel plateado. "Ya que estoy aquí de todos modos, vamos a comenzar con tu primer regalo." Volvió al sofá y se lo dio, intentando difícilmente controlar su entusiasmo y excitación.
Pequeños dedos pasaron sobre el lujoso papel y el lazo rojo. "Es casi demasiado bonito para abrirse."
"Es solo un envoltorio de papel. Ábrelo," urgió. Vamos, ábrelo y mira lo que te compré. Una sonrisa semejante a la de un niño creció en la cara de Annie.
Dulce echó un vistazo. "No hay lugar para tirar el papel."
"Tíralo en el suelo. Lo recogeré más tarde. ¡Ábrelo!" Annie se arrimó hasta que estuvo en el cojín al lado de la mujer más joven.
"No puedo tirarlo en el piso." Sus yemas del dedo trazaron la letra en la etiqueta del regalo.
"Pero..." Annie echó un vistazo, frunciendo el ceño cuando no encontró algo conveniente a la vista. "Ya vuelvo." Saltó del sofá y entró a la cocina. Dulce escuchó el sonido de los armarios que se abrían y cerraban, seguido por los cajones. Hubo un murmullo de maldiciones seguidas. "Aquí está." Algunos segundos después Annie volvió, abriendo la bolsa para la basura. Se la dio a Dulce y volvió al cojín contiguo, metiendo sus descalzos pies por debajo de sus muslos. "Ok. Ahora ábrelo."
La joven mujer miró del regalo a Annie. "Gracias."
"Tú ni siquiera sabes qué es todavía." Date prisa y ábrelo. Dulce deslizó su uña debajo de la etiqueta y cuidadosamente la separó del paquete, dejándola en la mesa lateral. Otro paso y una ala de la esquina se abrió. "Solo rásgalo," Annie gruñó juguetonamente. "O estaremos aquí hasta la siguiente Navidad."
Dulce miró el hermoso paquete, la excesivamente emocionada cara de su amiga, entonces al regalo otra vez. Los pequeños dedos se enroscaron debajo del ala abierta y con un rápido tirón rasgó una tira grande del papel. Algunas tirones más y la caja fue abierta para revelar una camisa color óxido. La alzó hasta los hombros y se quedó mirándola. "¡Oh! Es muy bonita."
"¿Te gustó?"
"Oh sí, absolutamente." Dulce miró la longitud de las mangas, notando que ellas estaban a una perfecta altura de sus brazos más cortos. "No tendré que doblar los puños."
"Por supuesto que no. Me aseguré de conseguir la talla correcta." Annie sonrió orgullosamente. "¿Te gusta el color?"
"Muchísimo."
"Ésta hace juego con tus cejas. Apuesto que te verás muy bien en esta." Dulce volteó la camisa de un lado y de otro, asintiendo en acuerdo. Esta era, absolutamente sin lugar a dudas, maravillosa y no podía esperar para usarla. Ella la dobló y se la dio a Annie, quién la puso en el cojín vacío en el extremo del sofá. La basura fue apartada del camino y otro regalo recuperado de debajo del árbol...
*****
Dulce empujó el último pedazo de papel de envolver dentro de la ya atestada bolsa de la basura y limpió otra lágrima de felicidad de su mejilla. "¿Realmente eres asombrosa, sabías eso?"
"Me alegra que tú lo creas así," Annie respondió con una cálida sonrisa. Este había sido un día lleno de lágrimas y sonrisas de Dulce y la ejecutiva no habrían podido ser más feliz. "Ésas son las únicas cosas que no estoy segura." Gesticuló con su mano en el par de tenis azules y blancos en el regazo de Dulce. "Puedo devolverlos si son demasiado grandes."
"No, son perfectos."
"Estupendo." Annie estiró la mano y los tomó, entonces echó un vistazo por un vacío lugar para ponerlos. El cojín estaba repleto con ropas y la mesa del café estaba en desorden con programas de software y varios otros artículos. Iba a dejarlos en la alfombra pero Tabitha vino corriendo. "Oh no tú no." Al final los tenis fueron puestos encima del montón de suéteres.
Dulce dio una corta aspiración y parpadeó varias veces antes de mover su mano debajo del afgano. "Supongo que es tiempo para tu regalo ahora. Me tem..."
"No, espera." Annie saltó fuera del sofá. "Hay uno más. No te vayas, ya vuelvo."
Tocando el delgado lazo en el regalo en su regazo, Dulce dejó su mirada posarse en la pila de ropa. Una lágrima rodó sobre su cara, provocando que un ceño fruncido cruzara la cara de la mujer de ojos azules en su regreso. "Sabes, no era mi intención hacerte llorar." Reasumió su posición en el sofá únicamente a pulgadas de Dulce.
Eso le ganó una risita baja. "Estoy solo un poco abrumada, supongo," Dulce contestó, descuidadamente limpiando las saladas gotas de sus mejillas. "Nunca he obtenido tantas cosas incluso en Navidad." Miraba alrededor, todavía asombrada de la multitud de regalos amontonados alrededor. "Solo no puedo..." Dulce bajo la mirada en su regazo y meneó su cabeza. "Escúchame, he sobrevivido sanamente con mi vida recta fuera de Oliver Twist." Tomó el ofrecido pañuelo de lino.
"Claro que si," Annie dijo suavemente. "Vamos, déjame darte tu último regalo y entonces puedes darme el mío." Dejó la caja de la joyería en las manos de Dulce.
"Oh... oh mi." La mano de la joven mujer comenzó a temblar solo para ser afianzada por una mucho más grande envolviéndose alrededor de la suya.
"Ábrela," vino el susurro cerca de su oído. "Está bien, ésta no te morderá." Después de algunos segundos, largos dedos abrieron la caja para revelar su contenido.
Dulce miraba fijamente en asombro el colgante unido a una delgada cadena. Justo en pulgada y media de largo, el oro blanco había sido cuidadosamente moldeado en una exquisita representación de una rosa. Pequeñas esmeraldas y chispas de rubíes componían los pétalos y dejando a un solitario diamante apoyado en la base del tallo. Su labio inferior tembló cuando tocó el colgante reverentemente con la yema del dedo. "Oh Annie... es hermoso," susurró.
"Una rosa para una rosa," Annie dijo, repitiendo el eslogan que la había atraído a la joyería en principio. Sacó el collar de la caja y abrió el broche. Dulce muy quieta todavía cuando el frío metal tocó su piel y Annie abrochó la cadena. "Se ve perfecto en ti."
"Esto es demasiado, Annie. No puedo..." Fue parada por un par de dedos presionando contra sus labios.
"Dulce..." Limpió otra lágrima con su pulgar. "Supongo que Santa debió haberte traído algunos pañuelos también, ¿hmm?" Quitó otra lágrima de la cara de Dulce. "Escúchame. Quiero que tengas esto."
"Pero..." Dulce miró alrededor. "Toda esa ropa, los programas, los zapatos y los tenis y..." Los dedos de Annie la silenciaron otra vez.
"Tú mereces ropa bonita. Tú mereces cosas que te queden y se miren bien en ti." Tomó la barbilla de la joven mujer en su mano y la forzó a enfrentar su mirada. "Y tú mereces usar algo bonito. Ahora... Dame un abrazo, diciéndome cuánto te gusta esto, y dame mi regalo." Dijo la última parte con una juguetona sonrisa, forzando a Dulce a sonreír junto con ella.
"Esto más que bonito, es maravilloso. Yo amo esto." La joven mujer envolvió los brazos alrededor del cuello de Annie y tiró de ella para un abrazo. "Esto es tan maravilloso," susurró. "Amo esto muchísimo, gracias."
"Me alegra."
"Tú realmente eres mi ángel de la guarda, ¿no?" Dulce se hizo hacía atrás y miró a su amiga, ojos color miel brillaban por la humedad. "Eres la mejor amiga que alguien podría siempre tener." Metió la mano bajo el afgano y sacó el regalo. "Solo desearía tener algo más para demostrarte justo cuánto significas para mí. Feliz Navidad, Annie." Nerviosamente entregó el regalo, un millón de pensamientos volaban atravesando su mente. Su ansiedad creció cuando Annie lentamente quitó la etiqueta del regalo y la metió en su bolsillo. "Bien, ábrela."
La mujer más mayor reía en la impaciencia de Dulce y tiró de la delgada cinta roja. "Tú eres tan mala como yo... oh." Abrió la larga aterciopelada caja. "Dulce, son hermosas."
"¿Te gustan?"
"Sí, muchísimo." Annie sacó la pluma y la levantó a la luz, la sonrisa nunca abandonando su cara. "Es un muy bonito diseño. Todos esos azules y verdes arremolinando alrededor. Me gusta esa banda de oro allí también."
"¿A ti de verdad de te gustó? No estás solo diciéndolo para hacerme sentir bien, ¿no?"
"No cariño, no lo estoy diciendo solo por eso. Realmente me gustan." Se inclinó y le dio a Dulce un abrazo. "Realmente es un considerado regalo," dijo, apartándose.
"Dijiste que nunca puedes encontrar una pluma por aquí."
"Nunca puedo," Annie convino. "Garantizo que no perderé ésta."
"No sabía si te gustaban los bolígrafos. Probablemente no ya que no puedes morderlos, ¿huh?"
"Dulce, los bolígrafos están muy bien. Realmente, lo están. Únicamente utilizó los de madera porque eso es lo que tenemos en la oficina como suministro de trabajo. Nunca tuve alguna razón para comprar un lápiz como éste." Giró el metal en la punta, observando el plomo crecer desde el extremo. "Te prometeré esto, no masticaré la punta de éste."
"Sería mejor que no," Dulce bromeó juguetonamente, sus temores desaparecieron por la sonrisa en la cara de Annie. Su tono se volvió serio. "Estoy realmente feliz de que te gusten. Nunca he comprado a nadie algo así antes."

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:12 pm

"Sabes habría sido feliz no importa lo que tú me dieras, incluso si fuera solo una tarjeta." Bajó la mirada en el juego y sonrió. "Éstos realmente son hermosos." Se inclinó para otro abrazo, mucho para la alegría de Dulce.
"Esta es mejor Navidad que he tenido jamás," susurró en el oído de Annie. "Muchas gracias."
La mujer de cabello rubio sonrió y la abrazó incluso más fuertemente. "De nada. Gracias por hacer mi Navidad tan especial." Renuentemente terminó el abrazo, su mano todavía agarrando la caja de la pluma. Observó el reloj. "Uh, no me di cuenta que era tan tarde. ¿Tomó tanto tiempo solo abrir regalos?"
"Allí había muchos regalos para abrirse," Dulce contestó con una sonrisa. "No tengo idea de que hacer con todos esos programas de computadora." Gesticuló en el apilado sobre la mesa.
"Tú vas a aprender de ellos." Annie dejó la caja de las plumas abajo y tomó una de las cajas de software. "Éste te enseñará cómo mecanografiar. Es otro paso y te muestra cómo formatear cartas comerciales y memorando." Puso la caja en el regazo de Dulce y tomó otra. "Este te enseñará lo esencial de contabilidad y cálculo. Hay programas para hacer todos los cálculos reales pero si vas a estar en el mundo de los negocios realmente debes saber lo básico." Puso los programas de nuevo sobre la mesa. "Los instalaré para ti mañana y te mostraré como sacarlos para que puedas trabajar en ellos. Una vez que estés cómoda, te mostraré como registrarte en la red corporativa y puedas acceder al Internet."
"Eso parece como divertido. He estado en el Internet antes. Lo tenían en la biblioteca. Encontré una vez un sitio genial en el que había toda clase de información sobre cómo cuidar gatos."
"Cualquier cosa de la que estés interesada está allí en el Internet. Cuando al principio me acostumbré a estar en una computadora, pasé horas navegando en Internet mirando diversas cosas. Mi archivo de favoritos debe tener una milla de largo."
"¿Archivo marca textos?" Dulce meneó su cabeza. "No sé si pueda conseguir todas esas cosas de computadora."
Annie rió. "Oh, Dulce. Confía en mí. Unas pocas semanas y tú y la computadora serán las mejores amigas. Tendré que arrastrarte lejos de ella."
"No sé sobre eso."
"Sí. Es muy adictivo."
"¿Annie? Entiendo como los que mecanografían y los otros programas se suponen me ayudaran, ¿pero qué es lo que se supone que Rescuer of Maiden me enseñará?" Señaló en la caja de color brillante con caballeros luchando en la cubierta.
"Uh... bien..." La cara de la ejecutiva se ruborizó levemente y dio una avergonzada sonrisa. "Ese te enseñará como ser el gran caballero que rescata a la pelirroja virginal del malvado rey Dungeon. Pensé que te gustaría un juego para relajarte y descansar."
"Un caballero rescatando a una virginal, ¿hmm?" Dulce echó un vistazo en la cubierta otra vez, observando que la virginal era de cabello rojizo, como ella lo era. Inspeccionó en su propio caballero personal en brillante armadura. "Estoy segura que lo disfrutaré."
Annie sonrió y se levantó. "Ahora mismo pienso que tenemos mejor que ir a la cocina y empezar a hacer la comida o no vamos a estar comiendo hasta tarde esta noche."
Dulce observó como la silla de ruedas era traída. "Oh, Ok." Se permitió ser levantada en la silla pero antes de que Annie pudiera tirar hacía atrás envolvió sus brazos alrededor del cuello de la ejecutiva y se apretó, enterrando su cara en la oscura cabellera. "Gracias. Eres la mejor amiga que he tenido jamás y hoy es uno de los días más felices de mi vida."
Annie devolvió el abrazo, sonriendo dentro del rojizo cabello. "De nada. Y gracias por hacerlo tan especial para mí." Cuando llegaron al umbral de puerta de la cocina, Dulce levantó la mirada. "Hey, mira en eso."
"¿Qué?"
"El muérdago. Dejaste este allí arriba todo este tiempo y no lo noté."
"Hmm, supongo que lo hice." El corazón de Annie comenzó a latir más rápidamente. Estaban directamente debajo del adorno verde. "Um, podría estar bien si..."
"Bien, ambas estamos bajo el muérdago y es Navidad." Dulce tragó, nerviosamente acercándose lentamente aunque no estaba segura por qué. Después de todo, es solo Annie. "Sí." Levantó su cara para encontrar la oscura cabeza que venía bajando. Sus labios se tocaron una vez... dos veces antes de que Annie se hiciera hacía atrás.
"Yo um... supongo que mejor nosotras empecemos la comida." Las guió dentro de la cocina, sabiendo completamente bien por qué su corazón latía como el golpeteo de un tambor. Los labios de Dulce eran suaves, tan suaves que casi se había perdido en ellos, parando justo antes que su lengua pudiera salir. Sabiendo que no podía permitirse otro beso así, Annie hizo una nota mental dejó a la joven mujer empujarse por si misma en la cocina.
"Sí," Dulce coincidió, girando su cabeza hacia adelante y esperando que el rubor que sentía en sus mejillas no fuera evidente para Annie. Fue suave y dulce y se sentía culpable sobre la manera como le hizo sentir. Nadie la había besado desde hacía mucho tiempo y ciertamente no con tanta suavidad y ternura. Sentía el interior caliente, como si hubiera tragado una fuerte bebida. Vagamente se dio cuenta que Annie estaba hablándole.
"Lo siento, ¿qué?"
"Pregunté si quieres hacer algunas galletas de azúcar."
"Oh. ¿Te gustan las galletas de azúcar?"
"Bien, ellas estarán bien y son la galletas tradicional del día de fiesta." Annie abrió el refrigerador y sonrió. "Claro que tenemos un paquete de galletas con chispas de chocolate aquí también." Su tono dejó en claro que era la clase que prefería.
"Suena bien para mí." Rodó hacía el gabinete más bajo y recuperó una lámina para galletas, cuidadosa de no dejar la silla de ruedas rayar contra la ebanistería de Annie. La barra era demasiado alta para que fácilmente ayudara con las preparaciones pero Dulce hacía lo que podía. Annie encendió la radio en la esquina y pronto la música festiva llenó el aire, haciendo el perfecto escenario para preparar la comida. Ninguna sabía lo que la otra estaba pensando acerca del muérdago y el beso.
Dulce estaba confusa. Sus sentimientos iban más allá del afecto amistoso, pero cuánto más allá, no estaba segura. Cuando observó a Annie cortar la pasta de las galletas, fue golpeada otra vez por lo hermosa que su amiga era. Ciertamente, nadie había significado tanto para ella y Dulce no podía imaginar su vida sin Annie en ésta. El beso fue cálido y cariñoso y algo que deseaba experimentar otra vez.
Annie tenía su propio dilema interno. Su mente y cuerpo gritaban, quería sentir de nuevo su suavidad una vez más, para demostrarle a Dulce justo cuánto significaba para ella, el coger a su hermosa compañera de rojizos cabellos en sus brazos y nunca dejarla ir. Era tortura, simple y sencillamente, y el frío aire cuando salió para ir a la casa de su hermana no hizo nada para bajar la temperatura de su afiebrada alma.
*****
Dulce acababa de doblar el último par de bragas y las puso en el cajón inferior del tocador cuando Annie volvió. Entró en el cuarto y se dejó caer en la cama, sus largos brazos cruzados detrás de su cabeza. "¿No fue bien?" Dulce preguntó, observando la sombría expresión.
"Oh, a los niños les encantaron los regalos. Igual a Susan."
"¿Qué sucedió?" Rodó al lado de la cama y puso su mano en el antebrazo de Annie. "¿Christian apareció o algo así?"
"No, supongo que él está arriba en las montañas con sus amigos. Todo está bien, es solo que..." Annie apartó su mirada de Dulce y echó un vistazo en el techo. "Algunas veces deseo no ser la mayor. Es demasiada responsabilidad."
"¿Qué sucedió?"
Annie dio un suspiro y miró de nuevo a su compañera. "Mamá llamó de algún puerto donde su crucero se detuvo. Ella no está feliz con la forma en que manejé toda la cosa de Christian desfalcando a la Compañía."
"¿Cómo ella sabe sobre eso? Pensé que no ibas a decirle."
"No hay secretos en esta familia, Dulce," dijo con tristeza. "La cosa es que ella no está cuestionando si él lo hizo o no, sino cómo yo llevé esto. Dijo que tendría que haber mantenido una tapa en esto hasta que estuviera completamente segura, y entonces debí haber hablado con él antes de quitarlo de su oficina."
La mano de Dulce comenzó a moverse arriba y abajo del brazo de Annie en un movimiento consolador. "¿Susan por lo menos te apoyó?"
"Ella no dijo una palabra. Ni un pío. ¿Sabes?, a veces me pregunto por qué no solo les digo que se retuerzan a todos ellos y renuncio. Podría trasladarme a Chicago o a Boston y comenzar mi propia compañía."
"¿Entonces por qué no lo haces?" Hubo un silencio largo antes de que Annie contestara.
Cuando lo hizo, fue con silenciosa resignación. "Porque me necesitan." Moviendo su cabeza, dio un resignado suspiro y alcanzó el control. "Vamos, todos esos programas de Navidad pronto comenzarán. HBO está reponiendo Rich Little versión de A Christmas Carol".
"Nunca la he visto."
"Oh, es bastante divertido. Él hace todos los personajes imitando a famosas celebridades. Lo vi cuando era una niña. Vamos." Annie encontró el canal correcto y dejó el control remoto a un lado antes de levantarse y ayudar a Dulce a meterse en la cama. La medianoche las encontró como lo hacía siempre, la más grande enroscada contra el lado de la más pequeña, ambas durmiendo satisfechamente.
*****
Dulce miraba fijamente la pantalla, concentración que causaba que su frente se surcara. Presionó el botón del ratón y movió el siete rojo debajo del ocho negro. Estaba tomando un corto descanso del programa de mecanografía, había trabajado en él desde hacía casi tres horas. Estaba satisfecha con su progreso después de solo tres semanas de práctica. Su velocidad estaba mejorando rápidamente mientras que el número de errores disminuía. Un tablero bajo apoyado en de los brazos de la silla de ruedas que servía como un improvisado escritorio, los moldes completos de las piernas hacían imposible para que Dulce las pusiera debajo del escritorio alejándola bastante para utilizar el teclado.
Maria entró al cuarto con un sándwich y una taza de café. "Necesitas tomar un descanso." Esperó a que Dulce pusiera el ratón y el teclado de regreso en el escritorio, después le dio el sándwich, dejando la taza en la mesita de noche al alcance de la mano. "Juro que estás tan mal como ella está a veces. La he dejado algunas tardes con ella en esa cosa y regreso en la mañana para encontrarla aún sentada delante de eso." La mujer de mediana edad movió su cabeza. "Cuando ella estaba en la escuela era de la misma manera."
"¿Cómo era ella, cuando era más joven?" Dulce agarró las ruedas y giró su silla, silenciosamente pidiendo a María que se sentara y la acompañara. El ama de llaves se relajó en la suave piel del sillón de Annie y unió sus dedos entrelazándolos.
"¿Así qué quieres saber cómo era ella?" Una amistosa sonrisa atravesó su cara. "Annie era independiente, siempre lo ha sido. Siempre ha sabido lo que quiere hacer y donde ir."
"No, eso no es lo que quise decir." Dulce meneó su cabeza, intentando pensar en cómo expresar su petición. "Cuénteme acerca de ella algo que hizo, algo que le sucedió, algo sobre ella."
"No estoy segura que yo deba. Tú sabes es la regla fundamental de las amas de llaves guardar lo que ellos ven y oyen en privado."
"Bien no tiene que decirme sus profundos oscuros secretos, Maria," Dulce refunfuño. "Annie misma me contó que era una alborotadora. Estoy segura que usted debe tener una historia o dos que recuerde. Estoy segura que ella no era el ejemplo de una niña perfecta."
"¿Perfecta? ¡ja!" La mujer mayor se rió, las esquinas de sus ojos se arrugaron de una manera maternal. "Anahi era muchas cosas cuando estaba creciendo pero perfecta no era una de ellas. Esta niña me tenía corriendo alrededor más que su hermano y hermana juntos."
"Oh, ¿de verdad? Cuénteme." Los ojos de Dulce se ensancharon con expectación mientras mordia a su sándwich.
"Espera, déjame traer algo de beber." María salió y volvió un minuto después con un vaso de refresco y un posavasos. Se colocó nuevamente en el sillón y tomó un trago antes de continuar. "Recuerdo una vez cuando ella tenía trece y sus padres estaban fuera de la ciudad. Algunas amigas querían que fuera al centro comercial con ellas. Ahora, normalmente eso habría estado bien, pero ella se había escabullido de la escuela pocos días antes y su padre la castigó mientras ellos estaban fuera."
"¿Qué hizo ella?"
"Lo qué cualquier niño su edad haría, ella se escapó. Entró a su habitación y salió trepando por la ventana. Yo sabía adónde había ido, pero no había manera que pudiera ir tras ella con Susan y Christian aquí. No eran más de las cinco o seis y estaba ocupadísima sola."
"¿Y qué pasó?" Dulce estaba escuchando atentamente, imaginando a Annie de trece años escapándose para pasar tiempo con las amigas en el centro comercial.
"Ella y un par de amigas suyas decidieron que querían probar los cigarros. Bueno claro que ninguna tienda en el centro comercial iba a venderles a tres chicas adolescentes un paquete de cigarros. Annie era alta para su edad pero aún... así, decidieron que si no podían comprarlos entonces ellas los robarían de la tienda."
"Oooh, ¿las atraparon?"
"No, en la tienda no. Las tontas chicas estaban caminando por Cónsul Road fumando y llevando sus chaquetas de la escuela. Un policía las vio y las recogió."
"Apuesto que usted estaba furiosa."
"Al principio lo estaba, pero entonces descubrí que ella tomó toda la culpa aunque los cigarros fueron encontrados en uno de los bolsillos de otra chica."
"¿Quiere decir que ella se echó la culpa por alguien más?"
María asintió y tomó otro trago de su refresco. "No le dije a su padre. Imaginé que ser arrastrada a la estación de policía era suficiente para poner un susto en ella."
Dulce estaba sentada silenciosamente por un momento, en profundos pensamientos. Tenía sentido perfecto que Annie intentara proteger a otros alrededor de ella. Bajó la mirada a sus quebradas piernas y asintió.
Siempre la guardiana, pensó para sí. "María, ¿Annie ha hecho alguna vez algo así antes?" Indicó en sí misma. "Quiero decir, ¿alguna vez ha traído a alguien que no tuviera un lugar más para ir?"
"Nunca," el ama de llaves contestó. Dulce detectó en esa parte la vacilación de María y esperó pacientemente para que ella continuara. "Estaba sorprendida cuando trajo a Tabitha aquí e incluso más cuando llamó para decir que tu estarías quedándote. Annie es una mujer muy privada." Parecía que quería decir más pero decidió lo contrario.
"Tengo una casa que limpiar y tú tienes un almuerzo que terminar. Ella seguro que llamará pronto otra vez." María se levantó y recuperó el vaso del escritorio. "A propósito, recuérdale que la cita de Tabitha es mañana. Ellos llamaron hoy."
"Oh, eso es, me olvidé." Dulce echó un vistazo para asegurarse de que el felino no estaba alrededor. "¿Cuánto tiempo se supone que estará allí?"
"Solo durante la noche," el ama de llaves contestó.
"Pobrecita." La cara de la joven mujer adquirió una mirada compasiva. "Ella incluso no sabrá que está ocurriendo. Pero supongo que es mejor que dejarla sufrir con ese calor otra vez."
"Oh, no me recuerdes." Maria movió su cabeza. "Estaba lista para lanzarla hacia el banco de nieve con todo ese aullido."
"Usted no fue la única. Pensé seguramente que Annie iba a hacer algo la noche que ella no paraba de estar maullando." Justo entonces el tema de conversación saltó en la cama para reclamar su espacio para su siesta.
"Goce de esto mientras pueda, señorita," el ama de llaves dijo a Tabitha, que respondió lamiéndose las patas y frotando su oreja.
"Ella es tan linda," Dulce dijo, estirando su brazo para hacerle una caricia al gato.
"Linda, seguro," María se burló. "Intenta hacer la comida con ella bajo tus pies y me dices lo linda que es." Se inclinó y rascó la cabeza de Tabitha. "Si eres una buena gatita y te quedas aquí adentro mientras que estoy limpiando te daré un convite extra para gatos antes de irme, ¿qué te parece eso?"
"Oh, a ella le gusta esa idea," la joven mujer dijo cuándo Tabitha comenzó a ronronear. "La vigilaré."
Una vez que María se fue, Dulce colocó el teléfono inalámbrico en su regazo y esperó por Annie que generalmente después del almuerzo llamaba por teléfono.
*****
"Allí va nuestro bono," Susan suspiró antes de lanzar el informe de nuevo sobre el escritorio de Annie. "Pienso que no he visto nunca unas ganancias más bajas en un cuatrimestre. ¿Te diste cuenta que excelente año habría sido sin esto?"
La ejecutiva abrió la carpeta otra vez, los números aún incomprensibles. Las pérdidas en la división de Real Estate eran bastantes para hacer mediocre el año entero en términos de beneficios. Aunque todos los miembros de la Junta Directiva eran familia y sabían exactamente qué estaba pasando, el resto del mundo de los negocios no, y Puente Corporation tendría algunas serias explicaciones que hacer.
Annie recorrió sus dedos a través de su cabello y miró a su hermana. "Todo el año. Él ha estado destruyendo todo lo que nosotros hemos hecho. Te das cuenta que esto es solo la punta del iceberg. ¿Aparte esos auditores que van a hacer cuando ellos retrocedan a cuando asumió el control?"
"¿Tú piensas que ha estado robando hace mucho tiempo?"
"No, las auditorias anuales habrían reflejado algo así. ¿Cuándo comenzó a desaparecer en fechas topes y tomando mucho tiempo libre?"
"No lo sé... Marzo, abril ¿quizá?"
Annie asintió. "Parece correcto. Él obtuvo ese préstamo en abril." Tomó su pluma y apoyó la punta contra sus labios. La acción tenía un efecto calmante en ella, recordándole la belleza de rojizo cabello esperándola en casa. "Pienso que cualquier droga que esté metiéndose. Probablemente crack o heroína. Comenzó a hacerlo antes."
"¿Crack? Annie, solo los yonkies le hacen al crack."
"¿Cómo piensas que llegan a ser yonkies, hermana? No pienso que el crack cuide si la persona es rica o pobre siempre y cuando tengan bastantes para la siguiente bolsa, o golpe, o lo que sea que ellos hagan con este." Suspiró y daba golpecitos rítmicos con la pluma contra su barbilla. "Él necesita ayuda, Susan probablemente rehabilitación."
"Es bonita. ¿Cuándo la conseguiste?" La pelirroja preguntó, cambiando el tema.
"Dulce me lo dio para Navidad." Annie paró de golpear este y lo extendió para mirar en los remolinos veteados de azul y verde acentuados por una fina banda de oro. "Tiene una pluma igual."
Espontáneamente, una sonrisa vino a sus labios, una que no fue pasada por alto por su hermana más joven.
"¿Y cómo está ella?"
Era un tema que no habían hablado desde la fiesta y Annie miraban a su hermana con sorpresa. "Ella está um... bien. Verá al doctor la próxima semana para que le cambien sus moldes. Pienso que van a ponerle uno corto para su pierna derecha."
"Oh, eso es bueno."
Un silencio cayó entre ellas. Annie normalmente podría decir cuándo su hermana estaba solo siendo solícita pero esta vez allí no parecía haber ningún oculto significado, ninguna agenda secreta en las palabras de su hermana más joven. "Um... si. Dejamos de necesitar a su enfermera porque puede moverse bastante bien por sí misma." Hizo una pausa y sonrió. "La comezón la está conduciendo a la locura, sin embargo."
"Oh, apuesto. ¿Recuerdas cuando te fracturaste el brazo? No sé cuanto tiempo le tomó a mamá para que intentara meter un palo o una regla allí para rascarte." La pelirroja dio un puntapié a sus zapatos y se sentó en el sofá. "¿Y, qué le diste a ella? Y ven aquí por un rato. Estoy cansada de hablar a través del cuarto."
Oscuras cejas se levantaron. "¿Desde cuándo tienes deseos de hablar acerca de Dulce?"
"No dije que quería hablar acerca de ella, solo te pregunté que le diste para Navidad, eso es todo." Susan bajó la mirada a sus uñas, obviamente evitando la mirada de su hermana. Annie estaba indecisa a abrirse, insegura acerca del repentino cambio de actitud.
"Algo de ropa y un par de programas de computadora," dijo, no haciendo ningún esfuerzo para levantarse de su sillón. "No me enloquecí demasiado." La verdad era que había gastado mucho más de lo que originalmente planeó, pero las sonrisas que Dulce le había dado valieron cada penique.
"No dije que lo hicieras, Annie." Viendo que su hermana no iba a acompañarla en el sofá, Susan estiró sus piernas y dejó sus pies apoyados sobre el cojín. "¿Le gustaron?"
"Sí, le gustaron." La ejecutiva bajó la mirada a su pluma y sonrió, girando el instrumento para escribir en sus manos.
"¿Así que las cosas van bien entre ustedes dos?"
"Susan, ella es solo una amiga. Ya te lo dije." Miró fijamente el lápiz por algunos segundos antes de hablar otra vez, esta vez en voz más baja. "¿Realmente es hermosa, no es así?"
"Es muy bonita, Annie," la pelirroja estuvo de acuerdo. "Supongo que no le tomó mucho tiempo entender tu hábito para comer cada lápiz a la vista."
"Yo no los como." Un ligero rubor tiñó sus facciones. "Yo los muerdo. Hay una diferencia. No puedo evitarlo. Lo he hecho desde que era una niña y probablemente continuaré haciéndolo hasta que sea una señora mayor."
"Bien hermana, estoy dispuesta a apostar que no morderás este." Annie sonrió.
"No, es demasiado hermoso. Además, probablemente quebraría mis dientes en él."
"¿Dijiste que éste tiene una pluma igual?"
"Si, justo aquí." Annie se volteó por la chaqueta colocada en el respaldo de su sillón y sacó la pluma del bolsillo interior del pecho. "Incluso se aseguró que tuviera tinta azul en vez de negra."
"Sabes, nunca vi alguien tan selectiva acerca de con qué color ellos escriben." Susan se levantó y se cruzó hacía el escritorio para mirarla mejor. Annie renuentemente se la dio. "Oh, es preciosa." Hubo un silencio por un momento antes de que Susan le devolviera la pluma. "Estaba pensando que quizá Alfonso y yo podríamos ir alguna noche para una visita. Nada sofisticado quizá una de esas parrilladas de invierno que antes te gustaba hacer."
"¿Nosotros no hemos hecho una de ésas en qué... dos o tres años ya?" Annie movió su cabeza. "No puedo creer que haga tanto tiempo."
"Bien entonces, debemos hacerlo. Será divertido y nosotros conoceremos a Dulce."
"La conociste en la fiesta de Navidad, Susan," precisó. "Y recuerdo, que no estabas nada emocionada acerca de eso."
"Bien..." Una culpable mirada pasó sobre la cara de la hermana más joven. "Quizá saqué conclusiones precipitadas."
"Quizá lo hiciste," Annie convino.
"Así que quizá quiera una segunda oportunidad," la pelirroja ofreció.
El silencio cayó entre ellas por un momento antes de que Annie renuentemente asintiera. "Estamos justo a la mitad del deshielo de enero así que ésta sería la época perfecta para una parrillada de invierno."
"Exactamente. Incluso dejaré a los niños con la niñera para que no tengas que preocuparte."
"No, puedes llevarlos. No han estado allí desde hace tiempo."
"Llevaré su PlayStation para que tengan algo que hacer." Susan extendió la mano y apretó el hombro de su hermana. "Sabes que les gusta vencerte en ese juego de lucha libre."
"¿Todavía tienen eso? Pensé que era para ese pequeño sistema de juego negro que tenían."
"Oh, todavía tienen ese en alguna parte. Ellos únicamente utilizan el PlayStation ahora. Acabo de comprarles un nuevo juego de lucha libre. No sé el nombre de él, por supuesto."
"No importa. Tendrán a mi individuo en la lona en tres segundos justo como lo hacen siempre, excepto Ricky. A él le gusta tirar a mi individuo del ring unas doce veces y ponerlo en coma antes de declararme vencida." Las hermanas rieron, rompiendo la tensión de las últimas semanas.
"¿Qué te parece el sábado?"
"Suena bien. Disculpa." Annie presionó el botón del interfono.
"Su mamá en la línea dos. Dice que es urgente," la voz de Laura dijo.
"Gracias." Miró a Susan. "¿Ahora qué?"

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:13 pm

Dulce mantenía el teléfono contra su pecho, debatiendo por cuarta vez en una hora si debería llamar a Annie o no. La ejecutiva siempre la llamaba a las dos y ya eran las cuatro. Cuando el teléfono sonó, sobresaltó a Dulce bastante que casi se le cae. "Residencia Puente."
"¿Dulce?"
"¿Annie?" Una sonrisa inmediatamente cruzó la cara de la joven mujer. El sonido del fondo de alguien siendo llamado a radiología fue suficiente para borrar la sonrisa. "¿Dónde estás?"
"Estoy en Albany Medical." La mujer de cabello oscuro se dio cuenta que estaba parada exactamente en el teléfono público que había utilizado la noche del accidente de Dulce para llamar a Christopher. Sacudió el pensamiento cuando oyó la voz de su amiga llegar a través del teléfono. "Oh lo siento, mucho ruido aquí. Estoy bien, Christian tuvo en un accidente automovilístico."
"Oh no." Las piernas de Dulce palpitaron con la memoria. "¿Está lastimado gravemente?"
"No lo sé aún. Los doctores todavía están con él y no nos han dicho mucho. Perdió al parecer el control al llegar a una curva y chocó en un poste de teléfono. Hey, tengo que irme. La policía está hablando con mamá."
"Ok, déjame saber qué está pasando, ¿Ok?"
"Te llamaré más tarde."
Una vez que se despidieron, Annie colgó y se paró al lado de su madre, impacientemente escuchando las palabras del oficial. "Exceso de velocidad..."
"Todo el mundo sobrepasa el límite de velocidad en esa área," Beatrice saltó. "Quizá si el estado se ocupara mejor de las carreteras algo así no habría sucedido," dijo indignada.
"Las mejores carreteras en el mundo no van a ayudar cuando el conductor está ebrio, madame." El policía sacó una libreta de notas de su bolsillo del pecho y pasó las páginas hasta un escrito. "Encontraron una docena de latas vacías de cerveza en el suelo del asiento delantero. Un alcoholímetro tomado en la escena del accidente mostró que el nivel de alcohol en su sangre era dos veces del límite legal. ¿Usted todavía quiere culpar a las carreteras?"
Incapaz de protestar y en una pérdida de palabras, Beatrice se giró a su hija mayor. La silenciosa petición fue entendida. Era hora para la guardiana de la familia. "Sargento Mitchell," Annie dijo, poniéndose entre el oficial y su madre. "¿Qué pasará con Christian ahora?"
"Después de que le den las puntadas será llevado a la cárcel del condado y retenido. Si llega allí bastante temprano, el juez Turner dictaminará la libertad bajo fianza hoy, de lo contrario eso será mañana." Meneó su cabeza. "Le diré esto, Srta. Si usted no le consigue a ese hombre alguna ayuda pronto, sería mejor que planeé pasar mucho tiempo aquí." Guardó la libreta y dio un paso atrás. "Él tuvo suerte esta vez. Algo que se puede decir gracias al cinturón automático del asiento y el airbag. Podríamos estar pasando algo mucho peor aquí que algunos cortes y contusiones."
"Sí, mucha suerte." Por la esquina de su ojo, Annie vio a Susan envolver un brazo alrededor de su madre, que parecía destrozada entre el regaño del oficial y el romper a llorar. Entendía la lucha de su madre. Esto era un problema para el nombre Puente y el dinero no podría arreglarlo. "Oh." Miró al oficial. "¿Y qué hay sobre su auto?"
"Este fue retenido. Le haremos saber cuando puede recogerlo. Está destrozado, sin embargo."
"Quiero ver a mi hijo," Beatrice anunció.
"Una vez que terminen, él será llevado a la cárcel. Usted puede verlo allí una vez que haya sido registrado."
"Sargento," Annie le dio una suave sonrisa, esperando disipar la tensión en el aire. "¿Dañaría algo si ella lo ve por solo un minuto?" Lo vio dudar y entró, bajando su voz para que su madre no pudiera oír por casualidad. "Creo que necesita verlo ahora, no después de que lo hayan limpiado, ¿no lo creé?" Él bajó la mirada al piso por un segundo antes de dar un pequeño cabeceo.
"Él es un desastre, Srta. Usted necesita conseguirle ayuda."
"Lo haré," prometió.
"Solo un minuto y tendré que estar con ustedes."
"Gracias." Se dio la vuelta para hacer frente a su madre y a Susan. "Nos va a dejar verlo por un minuto." Mientras que se movían para seguir al policía, Annie sintió la mano de su hermana en su brazo.
"¿Estás segura que esto es una buena idea?"
"No," Annie admitió. "Pero no pienso que ocultarle la verdad sea la mejor cosa tampoco. Quizá sea necesario ahora, para ver lo que se está haciendo a sí mismo."
En sus treinta años, Annie podía únicamente recordar un puñado de veces cuando su madre había llorado. No importaba cuanto algo disgustará a Beatrice Puente, ella lo guardaba adentro, un rasgo que pasó a su hija mayor. Ya en la vista de su hijo más joven en una cama de hospital, su cara ensangrentada y contusionada, fue suficiente para traer las lágrimas a los ojos de la matriarca. Él abrió los ojos en el grito de asombro y miró a su madre, sus ojos se llevaron un momento para enfocar antes de que dejara caer su cabeza hacía atrás sobre la almohada. "¿Qué te dijeron?" Preguntó cautelosamente.
"Que tuviste un accidente, cariño." Beatrice se acercó a la cama y tomó su mano en las suyas.
"No sé qué sucedió, Madre..." Se lamía los labios como si estuviera muerto de sed. "Estuve trabajando tarde anoche y supongo que debo haber estado cansado. Salí a conseguir algo para desayunar y debo haberme quedado dormido al volante." Levantó la mirada a través de sus ennegrecidos ojos y dio a su madre una mirada de disculpa. "Siento que hayas tenido que salir para venir aquí."
Beatrice palmeó su mano y usó su mano libre para limpiar sus lágrimas. "No te preocupes, cariño. Estoy aquí ahora. Llamaremos al señor Jenkins y haremos que nos encuentre en la cárcel. Estoy segura que puede ocuparse de todo."
"Supongo que no debo conducir cansado, ¿huh?" Bromeó, su cara se torció con dolor cuando intentó incorporarse. "Oh, duele." Sus hermanas intercambiaron dudosas miradas en el exagerado gemido. El sargento Mitchell educadamente tosió y miró en su reloj.
"Madre, pienso que es hora de irnos," Annie dijo, poniendo las manos en los hombros de la mujer más pequeña. "¿Por qué tú y Susan no me esperan afuera en la sala de urgencias? Quiero hablar con Christian un minuto."
Beatrice asintió y se dirigió hacia su hija más joven, quién rápidamente la sacó del cuarto. Annie escuchó la voz apagada de su madre mientras desaparecían por el pasillo. "... y él es un muchacho tan hermoso, Susan. Espero que no termine con ninguna cicatriz."
"¿Y qué pasa, hermana?" Christian le sonrió, su aspecto de Cheshire de marca registrada no funcionaba demasiado bien con una nariz rota y el ensangrentado labio. Su sonrisa se descoloró cuando Annie se acercó más, su cara mostrando no enojo, sino preocupación.
"Christian, necesitas ayuda. Las cosas solo están poniéndose peor." A pesar de todo lo que había sucedido entre ellos durante el último par de meses, seguía siendo su hermano. "Si recibes tratamiento quizá retiren los cargos."
"¿Tratamiento?" Se mofó. "Tú haces que parezca como uno de esos vagabundos que viven en la cuneta."
"Mucha gente con dinero y posición entran en tratamiento, Christian. Podrías ir a la clínica Betty Ford si tú quieres. Tengo entiendo que es un estupendo lugar."
"Si es tan jodidamente maravilloso entonces ve allí."
"Esta vez fue un poste, la próxima vez podría ser otro auto o peor. Esto tiene que parar." Pasó sus dedos a través de su cabello, frustración que se hizo presente al dejar salir una larga respiración. "Obviamente tienes un problema con la bebida y probablemente de drogas también."
"Una mirada y puedes decir eso, ¿correcto doctora Puente?" Dijo con desprecio.
"¡Tú robaste las pastillas de Dulce de mi casa, Christian! Intentaste forzar la caja fuerte en la oficina y has falsificado mi firma en préstamos bancarios. ¿Si no es drogas entonces qué es? Dímelo, porque no puedo entender por qué estás haciendo estas cosas."
"¿Esto es de lo que se trata? ¿Tú amiga no puede encontrar sus estúpidas pastillas y por supuesto ya que estuve en tu casa una vez en los últimos tres años decides que tuve que ser yo?"
"Dos veces," corrigió, su quijada se apretaba con cólera. "¿O no recuerdas la noche que volteaste mi mesa del café?"
"Lárgate de aquí, Annie," gruñó. "Me quedé dormido al volante, nada más. Estás solo intentando poner a todo el mundo contra mío."
"Estoy intentando ayudarte, Christian. Necesitas rehabilitación antes de que mates a alguien."
"Lo que necesito es una limpieza algo que no consigo contigo alrededor. Oh poderosa Anahi, Reina de los Puente."
"Christian..."
"¡Vete a la Oops!, Annie!"
"Srta. Puente," estaba sorprendida de que el sargento aún se encontrara en el cuarto, se había olvidado totalmente de él. "No puede hacer nada más aquí. ¿Por qué no va a ocuparse de su madre y que ellos se encarguen de él?"
"Eso es, Annie, ve ocúpate de mamá y demuéstrale lo buena hija que eres," Christian gruñó. "Quizá incluso se olvide que su orgullo y alegría es una Oops!."
Un silencio mortal descendió sobre el cuarto. El cerebro de Annie intentó desesperadamente reescribir lo que había oído pero fue en vano. Su cabeza bajó, la larga rubia cabellera ocultaba su cara de la vista del oficial. Sus emociones se arremolinaron y respiró varias veces antes de que encontrara su voz. "Realmente espero que consigas ayuda, Christian." Salió del cuarto y se fue en la dirección opuesta del área de espera, incapaz de hacer frente a su familia todavía.
Afuera la nieve estaba cayendo suavemente, creando una ligera neblina de blanco contra el gris cielo, Annie se recargó contra el frío ladrillo del edificio. Con su chaqueta todavía arriba en la sala de espera, la blusa de seda era poca defensa contra el frío viento. De todas formas la cansada ejecutiva permaneció donde estaba, esperando que el amargo frío congelara algo de su dolor. Annie estaba desgarrándose entre estar enojada con su hermano y preocuparse de que estaba en un rumbo de destruirse el mismo con solo dos posibles finales, cárcel o muerte. Sus hirientes palabras se repitieron en su mente y deseaba nada más que estar en casa, acurrucada contra Dulce. Dulce... los azules ojos se cerraron y dejó a su mente llenarse con la visión de la joven mujer. Annie se perdió momentáneamente en la imaginaria comodidad de los brazos de Dulce cuando sintió una mano muy real en su brazo.
"Hace frío aquí afuera. Vamos adentro," Susan dijo, dándole la chaqueta a su hermana.
Annie tomó la chaqueta y la abrazó a su pecho. "Gracias. Estaré arriba dentro de un rato. Solo necesito un poco de aire." El calor de la piel impregnada a través de la seda, le dejó saber justo el frío que realmente hacía.
"Sé lo que él te dijo," Susan confesó, tomando la chaqueta y sosteniéndola para que Annie deslizara los brazos dentro. "El sargento Mitchell me llevó a un lado y me lo dijo."
"Estupendo. Quizá lo pondrá en su informe también." Se enderezó el suficiente tiempo para conseguir ponerse la chaqueta, entonces se reclinó de nuevo contra la pared.
"Me prometió que no diría nada. Solo estaba preocupado de que estuvieras mal." La pelirroja puso su mano en el hombro de su hermana. "¿Por qué no descansas? Ve a casa con Dulce. Estaré aquí con mamá y esperaré al señor Jenkins."
El primer pensamiento de Annie fue aceptar la oferta de su hermana y escapar con la única persona que le hacía sentirse confortable, apartarse de este lío que no deseaba hacerle frente y volver a su santuario. Pero ser la mayor significaba estar a cargo, y también llevaba con esto mucha responsabilidad. Suspiró. "No, sabes que no puedo irme hasta que esto acabe."
"Lo sé, solo pensé que por lo menos lo ofrecería." Susan miraba la nieve cayendo y tembló. "Sabes que me estoy congelando aquí fuera."
"¿Por qué no te vas a casa con Alfonso y los niños? Puedo ocuparme de mamá."
"No. Si tienes que estar aquí entonces debo estar aquí también. Vamos, la miseria ama la compañía." Susan y Annie regresaron adentro y se dirigieron hacia la sala de espera. "Yo um... le dije a mamá que coincido contigo sobre la cosa de las drogas."
"¿Lo hiciste?"
La pelirroja asintió. "Pensé que quizás podría creer esto más si le dijera que también pensaba que él estaba tomando drogas."
"¿Qué dijo ella?" Annie vio su respuesta en la abatida cara de Susan.
"No cree que sea tan malo como le dije, e incluso le mencioné lo que me dijiste sobre esas pastillas desaparecidas de tu casa y del préstamo del banco." Levantó la mirada a Annie y compartieron una silenciosa pero triste comprensión. Nada de lo que dijeran cambiaría la opinión de su madre. Alcanzaron las puertas externas de la sala de emergencias.
"Bien... una cosa buena, supongo..." Annie comenzó. En la expectante mirada, sonrió. "Es agradable saber que estás de mi lado en esto. Lo hace más fácil."
"Hey, no podremos ser la mejor clase de amigas hermana, pero somos aún hermanas," Susan dijo. "Además, estoy obteniendo de ti una parrillada de invierno este fin de semana."
"Trato hecho." Juntas regresaron a hacerle frente a la larga tarde de espera mientras las ruedas y el papeleo de la justicia giraban lentamente.
*****
El sonido de la puerta de un auto despertó a Dulce de su sueño. Bostezó y frotó sus ojos, observando por los números rojos del reloj que era ya pasada la medianoche. "¿Annie? Estoy despierta," llamó cuando oyó cerrarse la puerta corrediza.
"Oh." Un momento después la ejecutiva apareció en la puerta. "Lo siento, ¿te desperté?"
"No," mintió y encendió la lámpara. "Quería estar despierta cuando llegaras a casa de todos modos." Acariciando al espacio vacío en la cama a su lado, preguntó, "¿Y qué sucedió?"
Annie suspiró y se dejó caer en la cama, su cabeza agradeció hundirse en las gruesas almohadas. Ambos zapatos golpearon la madera dura del suelo y los dedos del pie cubiertos con las pantis se menearon con alivio. "Ah, mucho mejor." Su reloj de pulsera siguió, dejándolo en la pequeña mesita lateral. "Christian estaba bebido y cargado con heroína y estrelló su auto en un poste de teléfono."
"¿Hubo alguien más lastimado?"
"Gracias a Dios, no. Se llevó una nariz rota y algunas contusiones. Encontraron un poco de cocaína en cuando lo registraron en la cárcel."
"¿Cocaína? Oh Annie, eso es tremendo"
"Debiste ver la cara de mamá cuando agregaron la posesión a la lista de cargos." Meneó su cabeza. "Todavía no puedo creer que le dieran la libertad bajo fianza." Frotó su cara vigorosamente con ambas manos. "No lo sé, Dulce," suspiró. "Sabía que algo estaba pasando pero imaginé que era hierba, no coca." Respiró profundamente. "Esa cosa va a matarlo y a él incluso le da igual. Intenté hablar sobre ir a rehabilitación pero ni me escuchó." Una breve mirada de dolor cruzó la cara de Annie en el recuerdo de las odiosas palabras de su hermano. "Supongo que lo que le diga no importa."
Dulce oyó la tristeza en la voz de su amiga y sabía que allí había pasado más de lo que estaba diciendo. Se movió en la cama, girando para que la parte superior de su cuerpo estuviera frente a su compañera. "¿Siempre ha tenido este rencor hacia ti?"
"No." Annie miró fijamente arriba en el techo. "Cuando éramos más jóvenes, Christian era mi sombra. Cualquier cosa que hacía, él quería hacerla. Si estaba interesada en algo, estaba interesado en eso."
"¿Qué sucedió?"
Annie se encogió de hombros. "Realmente no lo sé. Comenzamos a hacernos más mayores y las cosas cambiaron. Pienso que siempre supuso que dado que era el único hijo, sería el que estaría asumiendo el control cuando nuestro padre dimitiera. Pienso que está resentido conmigo debido a eso."
"Sin embargo todavía intentas ayudarlo."
"Es mi hermano. ¿Qué más puedo hacer?" Entrelazó sus dedos detrás de su cabeza. "Tenía tanto potencial, Dulce. Odio ver lo que esas drogas están haciéndole."
"Quizá hay aún esperanza que busque tratamiento él solo."
"Quizá," Annie coincidió. "Supongo que todo es posible. Dios, solo me hace enojar tanto a veces. Habría podido hacer que lo arrestaran por desfalcar y no lo hice. ¿Piensas que a le importa? No, intento ayudarle y da la vuelta y me llama una t..." Detuvo la palabra antes de salieran de su garganta. "... una maldita perra," enmendó. "Ah, no importa, supongo."
"Importa." Dulce extendió el brazo y puso su mano en el hombro de Annie. "Quizás a tu familia le da igual pero a mí no. No tiene ningún derecho a lastimarte así. No mereces eso. Tú, Anahi Puente, eres una de las más cariñosas, más tiernas personas que he conocido nunca y cualquiera que no vea lo especial que eres es un ciego."
Annie estiró la mano y revolvió el cabello de la mujer más joven. "Eso va de ambas maneras, mi amiga." Había más, mucho más que quería decir, pero el miedo la contuvo. Parte de ella deseó tirar de Dulce dentro de sus brazos y mantenerla allí para la eternidad y la otra parte gritar la verdad que las mantendría separadas por siempre. Su humor juguetón desapareció cuando la última parte ganó. "Hey, pienso que mejor nos dormimos."
"Oh... okay." Dulce estaba sorprendida por el repentino cambio pero se dio cuenta que quizás era mejor esperar que hablar del tema. Había aún partes de Annie que estaban cerradas a ella y no deseó hacer algo que hiciera a su amiga incomodarse. Se recostó en su propio lado y esperó por la compañía bajo las sábanas.
Annie miró en la mujer esperándola y las palabras de Christian hicieron eco en su mente. "Quizá deba ir a mi propia habitación. Estás durmiendo durante la noche sin dolor y probablemente te gustaría tener la cama toda para ti sola otra vez."
"Um... Supongo... si eso es lo que quieres," Dulce dijo quedamente, mordiendo su labio inferior.
"Supongo que probablemente estarás más cómoda en tu cama de todos modos."
"Si, supongo que sí." Annie notó la voz de su compañera llevando el mismo tono de pesar que el propio, sin embargo de todas formas se incorporó y recogió sus zapatos. "Te veré en la mañana." Se levantó y caminó a la puerta. Su mano estaba sobre la manija cuando oyó un quedo sollozo. Se dio vuelta para ver tristes ojos color miel mirándola. "Hey, ¿qué pasa?" Preguntó suavemente.
"N-nada, lo siento. Te veré mañana, Annie." Dulce giró su cabeza pero no antes de que Annie viera una lágrima rodar libre. Un segundo después que la cama se movió cuando agregó su peso. Largos dedos acunaron la barbilla de Dulce, forzándola a voltear y encontrar la preocupada mirada.
"¿Qué pasa?" Sin pensarlo, su pulgar comenzó a acariciar la suave piel debajo de él. "Dímelo, Dulce."
"¿Estás aún contenta teniéndome aquí? Sé que esto ha sido una inconveniencia y..." Fue interrumpida por el dedo de Annie sobre sus labios.
"Tú escúchame. No eres una inconveniencia para mí. Y sí, estoy aún contenta contigo aquí. ¿Qué provocó esto?" Habría podido patearse cuando inmediatamente se dio cuenta de la respuesta a su propia pregunta. "Solo pensé que estarías más cómoda sin mí en tu cama. No es que no te quiera aquí, lo juro."
"¿Estás segura?"
"Estoy segura."
"Supongo que solo estoy siendo tonta. Inquietándome solo porque deseas dormir en tu propia cama." Dulce limpió sus ojos con la palma de su mano. "Puedo solo imaginar lo que tu familia diría si descubriera que estás durmiendo conmigo. Ellos probablemente pensarían que estoy convirtiéndote en una lesbiana o algo así. No podemos hacer eso, ¿no?"
Annie soltó una profunda respiración y movió su cabeza. "No, no podemos hacer eso." Se levantó y reunió sus almohadas. No, no podemos tenerlos pensando que Anahi Puente es una lesbiana, ¿podemos? No querrían arruinar la imagen perfecta de la familia. Está bien que Christian salga y estrelle autos en los postes y fuerce lugares pero el cielo me prohíbe meter a una mujer en mi cama. "Te veré mañana, Dulce."
"Podrías dejar la puerta abierta para que Tabitha pueda entrar, por favor?"
"Seguro. Buenas noches, cariño."
"Buenas noches, Annie. Que duermas bien."
"Tú también." Apagó la luz y salió del cuarto, una pesada manta de soledad se posó sobre ella.
Abriendo la puerta en su habitación, Annie fue golpeada por solo lo extraño que le parecía dormir sin Dulce. La blusa y la falda de seda aterrizaron apilándose al pie de la cama, seguidas rápidamente por su bra y medias. Tiró de la manta hacía atrás y se sentó en las frías sábanas. Los segundos hicieron tictac para cuando la soledad cedió el paso al enojo. Enojo que creciera hasta que dormir no fue más tiempo una opción. Pocos minutos después se había puesto sus pantalones y se dirigió al sótano para sacar un poco de agresividad.
¡Thwap! ¡Thwap! Una y otra vez el saco de entrenamiento cogía la furia y la rabia de una mujer desgarrada entre lo que necesitaba y deseaba y lo qué era esperado de ella. "¡Maldita sea! ¿Por qué no lo pueden entender?" Annie gritó al gimnasio vacío. "No estoy lastimando a nadie!" Sus enguantados puños golpeaban el saco una y otra vez. Thwap, thwap, thwap. "¿Por qué esto es tan incorrecto? ¿Por qué?" Su única respuesta fue el crujido de las bisagras de su saco de entrenamiento cuando sus golpes provocaban tambaleos.
En el piso de arriba, Dulce dejada en la oscuridad, escuchaba los amortiguados sonidos que llegaban del sótano. ¿Oh Annie, qué dijo él que te lastimó tanto? Abrazó la almohada fuertemente contra sí misma, deseando que fuera su amiga a la que estuviera sosteniendo. De repente los sonidos de abajo pararon, seguidos pocos minutos después por el sonido de la puerta del sótano abriéndose. "¿Annie?" Gritó.
¿"Estás bien?" La alta figura apareció en la puerta, su silueta invisible contra la oscuridad de la noche.
"Yo um... yo... ¿te importaría pasar una noche más conmigo?"
"¿Está todo bien?" Annie cruzó el cuarto y puso su rodilla sobre el borde de la cama.
"Yo solo... tuve un mal sueño y no puedo volver a dormir," mintió. Hubo silencio por un momento antes de que Dulce sintiera que la manta era tirada hacía atrás y el suave calor del cuerpo de Annie se acomodó contra el suyo.
"¿Mejor?" La voz en su cuello preguntó.
"Mmm," Dulce se arrimó más cerca, apoyando su nuca contra la suave curva del ofrecido hombro. "¿Estás cómoda?"
"Mucho," vino el murmullo somnoliento. "Buenas noches, Dulce."
"Buenas noches, Annie." Cerró los ojos y sonrió cuando la respiración de la mujer más mayor llegó a ser profunda y uniforme. "Todo estará bien. Descansa bien." Susurró antes de permitir que el sueño la reclamara también.
*****
"Srta. Puente, ¿puedo hablar con usted un minuto?" Laura preguntó, asomando su cabeza en la puerta.
"Seguro, entra." Annie dejó su pluma abajo y levantó la mirada, observando la sonrisa en la cara de la joven secretaria.
"Quiero contarle las buenas noticias yo misma antes de que todo mundo en la oficina las oiga."
"Estás embarazada," la ejecutiva adivinó. La joven mujer asintió alegremente. "Felicitaciones. Sé que tú y Mike lo estaban intentando. ¿Cuánto tiempo?"
"Gracias, hace tres meses ya. Tengo el presentimiento que Mike hizo ese Quarterback que él siempre deseó. Estoy claramente ganando bastante peso." Miró en el sofá, entonces a su jefa.
"Por favor, siéntate. Vas a estar saliendo en licencia por maternidad justo en tiempo para el verano."
"Sobre eso es lo que quiero hablar con usted. Mike no quiere que trabaje una vez que el bebé nazca. Acaba de obtener un ascenso y piensa que podemos hacer esto con un ingreso."
"¿Así que vas a renunciar cuando se acerque el tiempo?"
"En realidad... Mike no quiere que espere ese tiempo. No quiere que tenga ningún exceso de estrés." Laura frotó su vientre distraídamente. "Voy a irme justo antes de que mi segundo trimestre comience."
Annie hizo rápidamente las matemáticas y se dio cuenta que solamente tenía tres meses para encontrar una nueva secretaria. La idea de atravesar los interminables curriculums vitae y las entrevistas amenazó con darle un dolor de cabeza. "Bien... Te agradezco que te estés quedando durante un tiempo. Será agradable tener una transición sin problemas entre tú y tu sustituta."

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:13 pm

"Pondré un aviso en el periódico y notificaré a las agencias de colocación," Laura ofreció. "Me aseguraré de ser clara sobre sus requisitos." Se levantó. "Bien, mejor salgo de aquí. Apuesto que el teléfono está sonando descolgado y además que son casi las dos."
"¿Lo es?" Annie miró su reloj, sobresaltada por la cantidad de tiempo que había pasado. "Ok, Laura."
Tenme un borrador del anuncio preparado para mí para mañana, ¿sí? Me gustaría tener a alguien aquí adentro y establecido antes de que te vayas."
Una vez sola, la ejecutiva tomó el teléfono y marcó el familiar número. Dos tonos después la voz más dulce que había oído nunca contestó. "Residencia Puente."
"¿Por qué siempre contestas el teléfono así? Sabes que soy yo," bromeó.
"Solo costumbre, supongo," Dulce contestó. "¿Cómo va todo?"
"Realmente hoy está volando. Puede que llegue a casa temprano. ¿Qué hay para la cena?" Se recostó, dándole un puntapié a sus zapatos y subiendo los pies en el borde de su escritorio.
"No estoy segura. Ella normalmente no empieza la cena hasta alrededor de las cuatro o algo así."
"¿Por qué no le dices que no se moleste esta noche? Compraré algo de chino para nosotras."
"Oh, eso suena rico."
"¿Hay algo bueno en la TV esta noche o quieres que me detenga y compre una película?"
"No hay mucho sucediendo excepto las nuevas revistas."
"Nosotras siempre miramos eso. ¿Qué te parece una película esta noche?"
"Seguro, suena bien. Hey, mi velocidad está arriba de cincuenta palabras por minuto ya."
"¿Oh si? Estupendo." Un minúsculo pensamiento se formó en el fondo de su mente. "Has estado estudiando esas cartas y formularios de negocios?"
"Por supuesto. Incluso mecanografíe de nuevo algunas viejas cartas que tenías en el escritorio solo para conseguir práctica."
"Muy bien." Annie sonrió ampliamente en el esfuerzo extra por parte de Dulce. "Hey, Laura me dijo hoy que está embarazada."
"¿Oh si? Eso es estupendo."
"Estupendo para ella, fatal para mí. Ahora tengo que encontrar a otra secretaria. Odio buscar a una secretaria. Estoy peor que Murphy Brown cuando llegó a eso."
"Oh por favor," Dulce reía. "He estado viendo eso en las mañanas. Ella tenía una que hablaba con el diablo."
"Tuve dos que creían que Satán estaría descendiendo y asumiría el poder en cualquier momento. Huelga decir que no duraron mucho tiempo. Tengo una suerte terrible con ellas. Laura es la mejor que he tenido y me tomó seis meses atravesar sin embargo los objetos flotantes del mundo secretarial para conseguirla." Un zumbido en el teléfono desvió la atención de Annie en la luz que parpadeaba en la línea dos. "Cariño, tengo que irme. Dile a María que no se moleste con la cena y estaré en casa dentro de un rato."
"Ok, Annie, te veo pronto."
"Adiós."
"Adiós."
Annie miró en su querida pluma durante unos segundos antes de renuentemente presionar el botón en el teléfono. "Anahi Puente."
*****
"Prepárate para encontrar la trituradora, arg arg arg," Ricky el hijo mayor de Susan dijo. "Él va a pulverizarte."
"¿Peor que el encargado de una funeraria?" Dulce preguntó.
"Oh, él no es nada comparado a la trituradora." Cogió a su tía pasando. "Hey, tía Annie, ven a verme pulverizar a Dulce."
"¿No pudiste encontrar algo más agradable para jugar? ¿Se puede saber que le sucedió al Pac-Man?" Dijo cuando entró en la sala de estar.
"¿Pac-Man?" El de doce años se rió y presionó varios botones en rápida sucesión, expulsando al hombre de Dulce del cuadrilátero y encima de la estera. "He visto ese juego en las galerías comerciales. Aburrido. Tienes que ir con los tiempos, tía Annie. Es Virtual Fighter y Wrestlemania ahora." Bajó su voz para que solo Dulce pudiera oírlo. "La siguiente cosa que sabrás es que saca esos viejos discos que tiene de los ochentas."
"Hey, me gusta la música de los ochentas," protestó.
"En ese caso tú eres vieja como tía Annie y mamá."
"¿Vieja? Odio decirte, Ricky, pero veintiséis no es viejo."
"¿Veintiséis? Oh hombre, eso es viejo. Vamos, regresa a tu hombre dentro del cuadrilátero antes de que el conteo lo saque."
"¿Para qué? Cada vez que lo regreso dentro tú lo expulsas otra vez."
"Ese es el objetivo," el chico contestó, moviendo su personaje dentro de la posición. Dulce miró a Annie y rodó sus ojos, haciendo a la mujer más mayor reír antes de salir del cuarto.
Annie encontró a Susan afuera en el porche, supervisando los filetes y las hamburguesas cocinándose sobre la parrilla. El último deshielo de enero hizo que la temperatura bajara a diez grados, prácticamente balsámico para Albany. Los otros hijos de Susan, Timmy y John, estaban disfrutando el brillante sol, montando las bicis que habían encontrado en el garaje. "Ricky seguro disfruta esos juegos de video, ¿no es así?" La Puente mayor dijo cuando se acercó y olió la carne asándose.
"No puedo quitarlo de ellos," Susan contestó. "¿Crees que nosotras debamos comenzar a freír las setas ya?"
"No, no dentro de diez minutos o así." Fueron interrumpidas por el de seis años John montado sobre una bici morada, las lágrimas saliendo de sus ojos.
"¿Qué sucedió, cariño? ¿Te caíste?" Susan entró en su carácter de madre, levantando a su hijo en brazos para buscar algún arañazo. Él meneó su cabeza, aun llorando ruidosamente.
"Timmy no para de burlarse de mí a causa de que estoy montando la bici de una chica," gimió, señalando con el dedo en la florida canasta en el frente.
"Me ocuparé de eso," Annie dijo, extendiendo su mano para tomar la más pequeña en la suya. "Vamos, John. Hay algunas herramientas en el garaje. Quitaremos esa canasta. ¿Eso estará mejor?" Recibió un débil cabeceo en respuesta. Con su sobrino remolcado, Annie se dirigió hacia el garaje.
Satisfecha que la carne pudiera cocinarse sin supervisión, Susan entró a lo caliente por un rato y comprobó a su hijo mayor. Lo encontró todavía jugando el juego de lucha libre con Dulce, quién únicamente hacía esfuerzos simbólicos de luchar nuevamente cuando su personaje era retirado una y otra vez. "¿Divirtiéndose?"
"Oh sí, mami. Dulce es más un desafío que tía Annie," contestó, sus ojos nunca dejaron la pantalla.
"Ricky, ¿por qué no vas a jugar billar con tu papá? Quiero hablar con Dulce unos minutos."
"Pero estoy divirtiéndome," gimoteó.
"Richard..." dijo en ese tono de la edad de 'mamá'. Los controles del juego aterrizaron en el piso y un chico haciendo pucheros se dirigió hacia el cuarto de juegos. Dulce dejó su control en el sofá al lado de ella, el nerviosismo se estableció como lo hizo cuando Susan se topó con ella en la fiesta de Navidad.
"¿Dónde está Annie?" Preguntó.
"Afuera ayudando a Jonh con la bicicleta," la pelirroja dijo cuando se sentó en el cojín previamente ocupado por su hijo. "¿Así qué tus piernas están mejorando?"
"La doctora Barnes dice que mi pierna derecha está curándose perfectamente." Bajó la mirada al brillante blanco de sus moldes nuevos, la pierna izquierda todavía cubierta hasta la cadera pero la otra se detenía justo debajo de la rodilla.
"¿Qué sobre el izquierdo?"
Dulce suspiró, recordando la radiografía de su tobillo que se parecía a un mapa de carretera. "Ese llevará mucho tiempo. Lo rompí bastante."
"Oh, eso es bastante malo." Hubo un torpe silencio antes de que Susan hablara otra vez. "Ese juego de pluma y lápiz que le diste a Annie es muy bonito."
"Gracias," Dulce contestó. "Ella está quejándose que nunca puede encontrar una pluma cuando necesita una y pensé que eso le gustaría."
"Le encanta este. Nunca la veo utilizando algo más ya, y nunca pensé que la vería parar de morder sus lápices." Susan miró en los gráficos destellando en la televisión, pidiéndoles que presionaran el botón de comenzar e introdujeran otra ronda de videos de lucha libre. "Sabes amo mucho a mi hermana. No me gustaría verla lastimada."
"Ella es una persona muy especial," Dulce coincidió, insegura a donde iba la conversación.
"Espero que entiendas solo cuánto está poniendo la raya teniéndote aquí." La voz de Susan no llevaba ningún reproche, solo preocupación por su hermana. Se colocó de lado sobre el sofá, mirando con cuidado a la joven mujer al otro lado de ella. "Fue lastimada muy seriamente por Chris. Solo espero que no suceda otra vez."
"¿Qué le hizo él?" Dulce preguntó. Las cejas de Susan se levantaron. Recordando a su hermana negando repetidamente una relación, ahora se cuestionaba sus anteriores suposiciones.
"Um... oh... bien, pienso que quizás deberías preguntar a Annie acerca de eso. Necesito vigilar los filetes. Discúlpame." Se levantó rápidamente y salió, dejando a una confundida Dulce mirar su forma de retirarse.
Sin un chico para mantenerse ocupada con los juegos de video, la joven mujer decidió aventurarse a salir y buscar a Annie. Con una pierna en un molde corto, era mucho más fácil que maniobrara dentro y fuera de la silla de ruedas. La rampa temporal hecha de madera le permitía entrar y salir de la parte de desnivel de la sala de estar por si sola. Encontró a la belleza de cabello rubio en el porche, hablando con su hermana.
"Hola allí," Annie dijo con una sonrisa cuando vio a Dulce en el porche. "¿Quieres una chaqueta? Hace más calor pero no tanto."
"No, este suéter es bastante caliente," aseguró. "Ricky está jugando al billar con su padre así que pensé salir y ver cómo va todo." Olió el aire apreciándolo. "Huele estupendo."
"Mmm, sí." Annie levantó la cubierta y miró hambrienta en los filetes.
"Ni siquiera pienses sobre eso," Susan amonestó. "Pensé que ibas a hacer los champiñones y los pimientos"
La ejecutiva se rió y asintió. "Esta bien Vamos, Dulce. Puedes ayudarme a cortar los pimientos." Abrió la puerta corrediza e indicó para que su compañera pasara primero. "Susan, recuerda que queremos los nuestros hechos bien a punto, no quemados."
"Persiste y conseguirás los pucks del hockey," Susan dijo, alcanzando el control de la flama en una falsa amenaza.
"Bien entonces, sabré que tú eres la que cocinó, eso por seguro," Annie contestó con una bromista sonrisa, sintiéndose mucho más relajada alrededor de su hermana de lo que estuvo en semanas. Había una familiaridad sobre tener a su familia alrededor eso era agradable pero era la presencia de Dulce la que verdaderamente le hacía disfrutar el día.
*****
Después de la cena los dos chicos más grandes se reunieron con Annie y Alfonso en el cuarto de juegos para el billar mientras que Dulce se ofreció voluntariamente a jugar un juego de video con John. Para su sorpresa, no tenía ningún interés en el juego de lucha libre, en su lugar puso en un juego de autos de carreras donde compitieron el uno contra el otro. Diferente de su agresivo hermano mayor, John estaba contento de permanecer en su propio carril y no intentaba sacar a Dulce del camino, a pesar de la bonificación de puntos permitidos para hacerlo también. Por supuesto que lo dejó ganar, moderando en el botón de velocidad en el último minuto para permitir que él tomara la ventaja.
Cuando Susan se acercó, echó un vistazo en ellos de tiempo en tiempo, sorprendida cuando vio a John sentado en el regazo de Dulce cuando se entablaron en otra carrera. Miró por varios minutos, notando lo tierna que era la joven mujer con su hijo, mostrándole como hacer que su auto fuera más rápidamente y no se estrellara mientras se movía alrededor de las esquinas. Nunca oyó a su hermana mayor llegar por detrás. "¿Hay algo más que tenga que entrar en el lavaplatos?"
Susan saltó. "Oh Dios, Annie, no sabía que estabas allí," dijo. "Estaba solo comprobando para ver lo qué John estaba haciendo," juntas observaron a la pareja por algunos minutos. "Parece una persona agradable."
"Es una persona agradable," Annie corrigió. "No pienso que Dulce tenga una mala espina en su cuerpo."
"Bueno, ellos están bien. Vamos a ver lo qué Alfonso y los chicos están haciendo."
"Todavía están jugando billar. Justo salí para asegurarme de que todo estuviera recogido y en el lavavajillas." Siguió a su hermana más joven al cuarto de juegos, volteando en el último momento para darle un último rápido vistazo a Dulce.
*****
Eran justo después de la seis cuando el auto de Susan salió del camino de entrada. Annie puso el lavavajillas, después se reunió con Dulce en la sala de estar. "¿Entonces, película o televisión esta noche?" Preguntó cuando se dejó caer en el cojín del sofá.
"Oh, cualquiera de las dos está bien conmigo, ¿pero nosotras no hemos visto todas tus películas ya?"
"Bien, hay siempre HBO o pago por evento. Creo que la nueva película de Whoopi Goldberg la está pasando esta noche." Annie echó un vistazo pero no vio lo que estaba buscando. "¿Dónde está la guía de TV?"
"Oh, por aquí." Dulce lo recogió del extremo de la mesa y se lo pasó. Cuando se lo dio, notó el color beige del esmalte en las perfectamente manicuradas uñas de Annie. "Oh, ese es un bonito color." Tomó la mano más grande en la suya para obtener una mirada mejor.
"Sabes, apuesto que este color se vería bonito en ti también." Recorrió su pulgar sobre los bordes en las uñas de Dulce y se le ocurrió una idea. "Al parecer puedes usar una lima de uñas."
Dulce retiró la mano y sonrió. "Si, supongo que no he prestado mucha atención a ellas últimamente."
"¿Por qué no te las hacemos esta noche?" Annie ofreció. "Tengo toneladas de esmalte para uñas en casi cualquier tonalidad que puedas imaginar." En la vacilación de Dulce, agregó. "Vamos, tengo que hacer las mías de todos modos. Es de la marca de secado rápido. Será divertido, justo como una fiesta de pijamas." Annie hizo un pequeño guiño junto con ojos de cachorrito, y estuvo enormemente satisfecha cuando la joven mujer sonrió y asintió. "Genial. Conseguiré todo y tú puedes dirigirte al dormitorio. La luz es mejor allí de cualquier forma."
Al poco rato se encontraban en la cama, Dulce apoyada arriba contra la cabecera y su compañera sentada con las piernas cruzadas a su lado. Rodeadas por bolas de algodón, lima de uñas, una botella de quitaesmalte, y varias frascos de esmalte para uñas de secado rápido. Annie tomó la mano más pequeña en la suya y comenzó a darles forma a las puntas planas de las abandonadas uñas. "Ok, también tengamos una plática de chicas."
"Ok," Dulce dijo con una sonrisa. "Vamos a ver, sobre qué no hemos hablado todavía." Utilizó su mano libre para darse golpecitos con el dedo contra su barbilla. "No hemos hablado sobre sexo."
"¿Algo que no sepas?" Annie se mofó. "Entiendo que hay libros ahí afuera..."
"Oh, tú..." Dulce le dio un golpe juguetón. "Eso no es lo que quiero decir y lo sabes." Intercambiaron sonrisas amistosas mientras la lima se movía sobre la otra uña. "Quiero decir ¿por qué alguien como tú no tiene un marido y niños corriendo alrededor? No puedes decirme que no tienes propuestas."
"Oh, recibo propuestas todo el tiempo, solo que las ignoro. La otra mano por favor." Annie volteó la lima y reasumió su tarea. "La mayoría de ellos son solo oportunistas que buscan impulsarse con mi dinero."
"¿Y los otros?"
"Los otros son justos en los cuales no estoy interesada. Quizá me establezca algún día pero no ahora mismo." Soltó la mano que estaba sosteniendo y movió en el montón de frascos. "¿Entonces qué color?" Buscó y eligió un color rosa. "Pienso que éste te quedaría bien. El rojo brillante sería demasiado oscuro con tu tono de piel."
"Seguro, adelante." Dulce extendió la mano obedientemente. Annie se acercó más y le dio el frasco abierto para que lo sostuviera.
"¿Y qué sobre ti?" Annie preguntó mientras pasaba la pequeña brocha a lo largo de la uña.
"No he tenido muchas citas. Hoy en día la mayoría de los hombres esperan que la mujer ayude con los gastos y tú sabes que no puedo proporcionar eso." Bajó la mirada a la uña a medio terminar. "Oh, ese es bonito."
"Te dije que te gustaría," la mujer más mayor dijo. "Y no todos los hombres esperan que la mujer ayude con los gastos."
"Los que conozco lo hacen, si no esperan algo más. He tenido que luchar mi salida de los autos más de una vez."
Annie se rió suavemente. "Pienso que es un rito del paso. Tú no eres una mujer a menos que hayas tocado a Horny Harry por lo menos una vez. Es realmente asombroso cuantos de ellos piensan con la cabeza incorrecta." Volteó la mano de Dulce para conseguir el pulgar. "No vale mi tiempo para tratar eso."
"¿Tú alguna vez fuiste sorprendida?"
"¿Sorprendida qué? ¿Haciendo eso?" La mujer más mayor meneó su cabeza. "La otra mano. ¿Tú?" La contestación sonrojada incremento su curiosidad. "¿Qué sucedió?" Tapó el esmalte y se inclinó con expectación.
"Dios, esto es embarazoso. ¿Cómo llegamos a este tema?"
"Tú lo sugeriste," Annie contestó, meneando sus cejas.
"Oh si." Todavía sonriendo, Dulce bajó la mirada a su regazo. "Tenía dieciséis y vivía con Dolores. Salí a una cita con ese chico de la escuela. Él se quedó conmigo afuera y estábamos en su auto estacionado en su entrada." Se ruborizó con el recuerdo. "Nunca la oí salir."
"¿Estabas ocupada de otra manera?" Annie no pudo evitar sonreír en la incomodidad de su amiga. "Eso tuvo que haber sido tremendo."
Dulce asintió. "Nosotros no estábamos haciendo exactamente eso pero estábamos bastante cerca. Y fue tremendo. Ella me castigo por el resto del año escolar y tuve tareas extras desde entonces."
"Caramba, espero que tú siguiente cita fuera mejor." Annie abrió un frasco de esmalte y reasumió su tarea.
"Él no salió conmigo otra vez después de la manera en que ella le gritó. Llamó a sus padres también. Fui humillada. Él incluso no habló conmigo en la escuela porque se metió en muchos problemas también."
"Todos tenemos nuestros momentos embarazosos," Annie dijo suavemente, dándole a la mano dentro de la suya un apretón.
"Tú turno. Cuéntame acerca de Chris." La brocha se detuvo a media uña y la cara de la mujer más mayor parecía que tragó de manera incorrecta.
"Um, ¿Chris?" Su voz chirrió y tuvo que despejarla. "¿Quién habló sobre Chris?"
"Susan dijo que Chris te lastimó muy seriamente. ¿Qué te hizo él?"
Annie sintió que su corazón cogía velocidad y se lamió los labios nerviosamente. "¿Qué te dijo Susan?"
"Solo eso, que Chris te lastimó seriamente. No dijo nada más. Lo siento, si tú no quieres hab..."
"No, esta bien," regresó su atención a la mano que sostenía. ¿Cuánto le digo? Levantó la mirada en la apacible cara, intentando calcular su reacción. "Um... conocí a Chris mientras estaba en Stanford."
"¿Cuánto tiempo salieron ustedes dos?"
"Nosotros estuvimos juntos cerca de tres meses y medio. Estaba joven, enamorada y supongo... que Chris no lo estaba."
"¿Qué te hizo él?"
"Me traicionó." Había un tono de dolor de mucho tiempo en su voz. "Después de que terminé esto, Chris llamó a mis padres y pidió dinero." Mentalmente se maldijo por dejar a Dulce creer que su ex-amante era un hombre pero todavía se encontró que no podía decir la oculta verdad. "Amenazando con hacer pública nuestra relación."
"¡Oh eso es terrible!" Dulce jadeó. "No me sorprende que tú no tengas muchas citas."
"¿Muchas?" Annie dio una corta risa. "No he tenido seriamente una cita con alguien desde hace años. Tengo un servicio de acompañamiento que utilizo para los asuntos formales."
"No vale la pena la molestia, ¿eh?"
"Absolutamente no lo vale," la mujer de cabello rubio dijo enfáticamente. "Ok, estas hecha." Soltó la mano más pequeña, deliberadamente trayendo su índice a lo largo del de Dulce cuando se separaban. "Ese es el asunto del secado rápido. Dale un minuto, entonces estarás lista. Si elegí tú color, tú elige el mío."
Ojos color miel examinaron con cuidado las varias tonalidades antes de decidir sobre una. "Ya que tú eres alguien que puede usar los rojos intensos. Pienso que este se vería bonito en ti." Levantó una tonalidad oscura llamada Corazón. "¿Sabes que esa blusa roja que usaste la semana pasada esta tonalidad quedaría perfecta con ella?." Se enfocó en las fuertes manos descansando en el regazo de Annie. "Tienes manos fuertes. No huesudas en absoluto. Debe ser todo ese entrenamiento." Decidiendo que sus uñas estaban bastante secas, Dulce tomó la mano de la mujer más mayor en la suya.
Tengo algunas maneras de liberar mi tensión, Annie pensó para sí. Compartiendo una cama no le permitía la privacidad que tenía normalmente en la noche para aliviarse de otra manera. Intentó difícilmente no pensar acerca de lo agradable que se sentía mantener las manos con las de Dulce, aunque estuvieran ambas siendo cuidadosas de no manchar las recién pintadas uñas. El calor, la suavidad... en un principio no se dio cuenta que la joven mujer estaba hablándole. "¿Lo siento, qué?"
"Nada, estaba solo bromeando."
"¿Qué dijiste?"
"Te pregunté si entrenas tanto porque estás frustrada." Dulce se ruborizó en su intento de una broma audaz. "Por qué estás abajo en ese gimnasio tan a menudo."
Annie se rió suavemente. "Si ése fuera el caso, estaría allí todo el tiempo. Por supuesto que hay otras maneras de ocuparse de ese problema," dijo pensando que le gustaba el bonito color que ascendía por las mejillas de la joven mujer.
"Uh, sí hay," Dulce convino, bajando la mirada. Finalizó la uña en la que estaba trabajando en silencio. No era común que discutiera de sexo con alguien y se sentía como una adolescente, curiosa y avergonzada al mismo tiempo. "¿Haces eso?" Prácticamente susurró cuando trasladó la brocha a la siguiente uña.
"Todo mundo hace eso, Dulce."
"Si, estoy segura que lo hacen, solo no pensé... quiero decir que no puedo imaginar..." La imagen de Annie tocándose ella misma se formó en su mente por un instante antes de que forzara a ésta alejándola. "No quiero decir que imaginé que tú... bien... tú sabes... lo que quiero decir..." Tartamudeó deteniéndose, estando ahora completamente avergonzada. "Oh Dios, ¿este tema fue mi idea?" Rió y movió su cabeza. "Supongo que tendría que haber escogido algo en el que tuviera un poco más de experiencia."
"Eres linda cuando te sonrojas, sabes." Annie dio una gran sonrisa y movió su cabeza hacía atrás en el fingido pasar de la brocha del esmalte en su nariz. "Obviamente ambas hemos tenido mala suerte cuando llegó un romance."
"Sabes que no significa que no encontrarás el amor otra vez." Comenzó a trabajar en la última uña. "Eres una mujer muy especial, Annie. Cualquier hombre sería afortunado de tenerte... oops." Extendió una mano y agarró una bola de algodón para limpiar el errante golpe del esmalte del pulgar.
"Si, bien quizá algún día encontraré a alguien, pero no estoy preocupada acerca de eso." Levantó su mano y sonrió. "Hiciste un buen trabajo, Dulce. Se ven geniales."
"Gracias, tú también." Levantó su propia mano para comparar. "Hey, mira cuánto más pequeña es mi mano en comparación con la tuya." Presionó juntando sus palmas y soltó una risita en la diferencia.
"¿Y qué quieres hacer ahora?" Annie preguntó, no haciendo ningún movimiento para retirar su mano. No quería que terminara - aún no. "La noche es aún joven. Lo sé, ¿qué te parece que nos trencemos el cabello la una a la otra?"
"Oh, eso suena como divertido," Dulce aceptó feliz. "Me encanta tu cabello. Apuesto que te verías realmente linda en una de esas trenzas francesas."
"Lo que tú quieras hacer. Confío en que no me harás parecer a Heidi la pequeña Srta. Suiza."
"Ohh." La mujer de cabello rojo hizo un fingido puchero. "Pero te verías tan linda."
"Y qué pensarías de que te hiciera tú look ¿si querrías ese?" Annie se rió suavemente. "¿Quieres qué haga tú cabello primero?"
"No, deseo hacer el tuyo primero. Tienes un bonito cabello. Además, tienes que darle a esas uñas otro minuto o dos para secarse." La mujer más mayor obligada, se volteó para que su espalda diera a Dulce. Los azules ojos se agitaron cerrándose en la sensación de los suaves dedos hundiéndose en su cabello. La suave, melódica voz oscilando. "Tan espeso y largo. No sé cómo no consigues pasar las horas cepillándotelo."
"Soy talentosa," Annie dijo con una sonrisa. "Y tengo una maldita buena secadora de pelo," agregó.
"Es muy bonito," Dulce susurró, arrastrando sus dedos a través de las hebras. "Cuando la luz brilla sobre este, algunas partes parecen como oro otras parecen más claras, como un pollito."
"Se pone un poco más claro en el verano. Me imagino que es por todo el cloro en la piscina."
"Mmm." Dulce comenzó a torcer el cabello en una trenza. "Apuesto a que eres feliz estando en la piscina durante el verano. Albany es absolutamente abrasador."
"¿El tuyo se pone más claro? Apuesto que lo hace."
"Si, llega a ser tan claro que es casi azafrán." Los pequeños dedos continuaron torciendo el rubio cabello, cuidadosos de mantener la trenza recta. Ellas mantenían una ligera charla pero la concentración de Dulce estaba en lo que sus manos estaban haciendo, no en lo qué estaban hablando. Cuando llegó el final y lo ató, sus dedos automáticamente cayeron sobre los anchos hombros delante de ella. Experimentó apretando suavemente y fue recompensada con un profundo gemido. "Parece que puedes necesitar un masaje."
"Amaría uno," Annie contestó, reclinándose en la presión. "Tienes un agradable tacto."
"Gracias." Deslizó los dedos y los pulgares debajo del cuello de la camiseta y comenzó a dar masaje a los ocultos músculos bajo la caliente carne. Dulce se movió hasta que la abertura le permitiera dar un suave tirón en la camisa.
"No tienes que hacer eso."
"Lo sé, quiero hacerlo." Dio otro tirón. "No es que haya alguien más aquí para hacer esto, y además, si no puedo darle a mi mejor amiga un masaje de espalda, ¿quién puede?" Apartó sus manos cuando la camisa gris clara fue quitada.
"Eso es agradable," Annie murmuró.
"¿Qué es agradable?"
"Mejor amiga." Se volteó para encontrar unos suaves ojos mirandola. "Es en ambas direcciones, sabes. Nunca he tenido a alguien con el que yo pueda hablar como contigo." En un impulso tiró de Dulce dentro de un abrazo.
Al principio la joven mujer estaba sobresaltada pero después se relajó contra el calor de la descubierta piel. Con su cara enterrada en el hueco del cuello de Annie, inhaló la mezcla de perfume, jabón, y el propio olor de la mujer más mayor. Mientras que el abrazo continuó, se dio cuenta de donde su antebrazo se apoyaba contra la inflamación de los pechos descubiertos. Nunca había tocado los pechos de otra mujer antes y se encontró con curiosidad enfocada en la nueva sensación. Ellos eran suaves, cálidos... por un breve instante tuvo el impulso de ahuecar uno en su mano, para sentir su peso, pero el cuerpo de Annie sacudió con una risa baja y el encanto fue roto. "¿Qué?"
"Dije que sé que soy suave pero tú no puedes dormir allí," la mujer de cabello rubio bromeó.
"Oh, lo siento, es solo... yo um..." La cara de Dulce se ruborizó y su mente rechazó ofrecer alguna excusa.
"Te sentí como si estuvieras flotando e imaginé que tus almohadas eran mejor que mis pechos." Annie se volteó otra vez y suspiró cuando el masaje de espalda se reanudó.
"Oh, no estoy segura sobre eso, "Dulce contestó, moviendo los dedos abajo de la amplitud de la columna vertebral de su amiga. "Parece que tienes suficiente para hacer una almohada." Se sorprendió con su audacia y rápidamente intentó echarse a reír. "No es que sea particularmente carente en ese departamento yo misma." Sus ojos cayeron sobre un pequeño triángulo de piel más oscura que el resto apenas debajo de los omoplatos de Annie. "¿Sabías que tienes una marca de nacimiento justo aquí?" Aplastó el área en la pregunta.
"Si he oído. Nunca lo visto yo misma." Dulce continuó trazando la marca con su yema del dedo, inconsciente del efecto que su tacto estaba haciendo en los sentidos de Annie. "Esta um... no en una buena posición, incluso con los espejos."
"Hmm, es muy bonito. Es apenas una pequeña cosa, no más grande que mi yema del dedo. Está justo debajo de tu omoplato." Sus ojos estudiaron el paisaje de la espalda de su amiga, observando cada peca y marcas de la belleza. Donde sus ojos iban, sus manos le seguían, extendiéndose y corriendo de una parte a otra. "Tienes una fuerte espalda, Annie." De hecho, todo sobre ti es fuerte, silenciosamente reflexionó. Fuertes hombros, fuertes brazos, incluso su mandíbula es fuerte. Se inclinó y vio las grandes manos apoyadas sobre el muslo de Annie. Y tus manos... fuertes y suaves. Cuando me sostienen por la noche me siento tan segura. Cuando mis piernas me duelen tanto que no pienso que pueda soportarlo vienes y haces que se sienta mejor solo poniendo tus brazos alrededor de mí. Nunca se dio cuenta que su mano se había movido y ahora suavemente acariciaba arriba y abajo de un bien definido bíceps.
"Um... Pienso que está bien, Dulce."
"¿Hmm? Oh." Dulce retiró sus manos y observó a Annie ponerse su camiseta de nuevo.
"Ok, tú turno. Ponte adelante."
Largos diestros dedos se movieron a través de su cabello, contra su cuero cabelludo, dando masajes mientras trenzaban. Dulce no supo cuándo sus ojos se cerraron o cuándo Annie comenzó a tararear. Se dio por vencida intentando resolver qué es lo estaba sintiendo y se perdió en esto. Presionó su espalda contra los dedos de su amiga, suspirando audiblemente cuando Annie tomó la indirecta y comenzó a presionar los pulgares contra la base del cráneo. "Ooh, eso es agradable," murmuró, una perezosa sonrisa apareció en su cara.
"Hablando de necesitar un masaje," la ejecutiva contestó. "Eso es, relájate contra mí." Dulce hizo como la suave voz le dijo, dejando a su cuerpo superior reclinarse sobre Annie. La camisa de dormir de Dartmouth era grande en ella, el cuello más grande permitió que las manos llegaran a los hombros sin obstáculo. Suspiró cuando los dedos fuertes forzaron otra vez a sus músculos a relajarse. Se hundió más profundamente contra el marco más grande detrás de ella. Sus hombros estaban completamente blandos pero Dulce descubrió que otra parte de ella estaba lejos de ese estado. No necesitó bajar la mirada para darse cuenta que sus pezones estaban irguiéndose. Mientras las manos de Annie se movían debajo de la camisa de dormir, la tela se frotaba contra la encogida rosada piel. Cerró sus ojos, Dulce se imaginó que esas fuertes manos se movían hacía abajo. Sus ojos volaron abriéndose cuando se dio cuenta de lo que estaba sintiendo... excitación.
"Hey... um... ¿por qué no encendemos la televisión? Estoy segura que hay algo transmitiéndose que podemos ver." Alcanzó el control remoto, esperando que su voz no sonara tan nerviosa para Annie como lo hizo a sus propios oídos.
Sacada de sus propias meditaciones por el repentino movimiento, la mujer de cabello oscuro pudo únicamente murmurar una aprobación. El ruido de la televisión llenó el aire. Le tomó un momento para que se diera cuenta que Dulce no iba a recargarse contra ella más. Desilusionada que el masaje hubiera terminado, Annie volvió a la tarea anterior de trenzar el colorado cabello. Cinco minutos antes había estado contenta, acogedora, y cómoda. Ahora su cuerpo sentía frío sin el calor de la mujer más pequeña contra ella. Soltó un silencioso suspiró y se resignó a contentarse con solo tocar la suave cabellera.
Dulce estaba también sintiendo la pérdida del contacto de su cuerpo. Tomó esfuerzo de su parte para no reclinarse en los dedos de Annie y comenzar el masaje otra vez. ¿Por qué estoy sintiendo así? ¿Qué está pasando dentro de mí? Es solo Annie. Intentó imaginarse cómo se sentiría si alguien más estuviera tocándola pero un accidental roce de una mano contra su clavícula hizo que alejara esos pensamientos. Oh, qué no daría por un agradable masajes de espalda de ti ahora mismo. Comenzó a reclinarse en el tacto de Annie otra vez y tuvo que pararse. Esto es loco. Es solo que nadie me ha jamás tocado así antes, eso es todo. Repitió las palabras una y otra vez en su cabeza

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:13 pm

hasta que el trenzado fue hecho. Cuando Annie salió de detrás ella y se recargó contra las almohadas, Dulce sentía todo excepto relajación. Su cuerpo estaba completamente despierto y quemándose con un fuego que no había sentido en años. De hecho, el cuarto le parecía absolutamente caliente en estos momentos. Únicamente esperaba que el sueño pudiera llegar rápidamente. "Estoy cansada," dijo con un falso bostezo.
"¿De verdad?" Annie miró el reloj. "Es aún temprano."
"Si, no lo sé, pienso que tu masaje de cuello es el que hizo que me diera sueño. Puedes quedarte levantada si quieres, la TV no me molesta." Cerró los ojos y frotó su nariz más profunda en su almohada.
"No estoy cansada todavía pero no quiero mantenerte levantada. Iré al piso de abajo y entrenaré durante un rato. Estoy segura que eso me cansará."
"Oh, no tienes que irte," Dulce protestó, aunque una idea se estaba formando en su mente.
"No, eso no es ningún problema, de verdad. Necesito un entrenamiento," la tranquilizó, bajando de la cama y apagando la televisión. "Volveré en alrededor de una media hora, cuarenta y cinco minutos o algo así."
"Ok." Perfecto.
*****
Dulce esperó hasta que oyó la música flotando a través del entarimado antes de doblar su rodilla derecha y separar sus piernas. Darse placer ella misma no era algo que hiciera frecuentemente pero sus dedos no tuvieron ningún problema en deslizarse entre sus tersos labios y localizar sus excitados nervios. "Ah..." Sus dedos se sentían fríos rodeándolo por el líquido caliente y la sensación fue intensa cuando llevó su dedo a través de su clítoris. Llenó su mente con eróticas imágenes mientras que su pasión creció. Su mano izquierda se metió debajo de la camisa de dormir y cerró en su pezón llegando a ser difícil bajar el rítmico bombeo...
... Acostada sobre la gruesa estera azul de entrenamiento, Annie dejó su mano libre viajar en sus pants para ahuecar su montículo a través de sus bragas. "Ohh..." Los largos dedos empujaron el algodón contra sus húmedos rizos, entonces más hasta que la entrepierna estaba saturada. Moviéndose para apalancarse, provocó un poco de aflojamiento en la forma de las bragas y la utilizó a su completa ventaja, enroscando los dedos bajo el borde del elástico y entre sus labios inferiores. Cerró los ojos, sus dedos se convirtieron en los dedos de Dulce. Imaginando a la dulce mujer tocándola tan íntimamente provocando que las caderas de Annie saltaran violentamente contra la estera y su respiración se acelerara. Esta era una fantasía que no se había permitido considerar hasta ahora y estaba sorprendida por su fuerza. Era demasiado para negarlo más. Estaba enamorada de Dulce; nada podría cambiar eso. En la realidad podría nunca ser, pero aquí, ahora, sobre una estera en su gimnasio privado, la fantasía podría ser real. Aquí no había accidente, ningún hueso quebrado, ninguna vida destrozada. Aquí estaban solo ella y Dulce, amándose la una a la otra. Los dedos de Annie se movieron a través de los negros rizos y los rosados labios con vieja familiaridad pero los tactos eran de alguna manera diferentes, más intensos. Estaba más que lista cuando dos largos dedos encontraron su entrada y se deslizaron dentro en su primer nudillo...
... Dulce trajo la otra mano abajo y se frotó frenéticamente. El molde integral era la única cosa que mantenía sus caderas uniformes remotamente en la cama. Los músculos de su muslo se tensaron y sintió una punzada de dolor en su pierna izquierda pero este palideció en comparación al placer que sus dedos estaban trayendo. Bombeando dentro, retrocediendo, entonces dentro más profundo aún, su amante de la fantasía la trajo al borde. Dulce empujó tanto como podía pero había más... más que no podría completamente alcanzar. Ese lugar especial estaba tan cerca y aún tan lejos. Dientes apretados fuertemente, cara contraída, empujó para alcanzar el orgasmo. Bombeando tan intensamente que lastimó los tejidos entre sus dedos mientras su mano izquierda nunca cesó en sus frenéticos esfuerzos. Dulce se sintió balancearse sobre el borde pero no podía caer sobre él. Entonces su amante de la fantasía le habló. "Sí, eso es, Dulce. Déjate ir, eso es." Los tonos bajos de Annie retumbaron a través de ella, disparando cargas eléctricas que se movieron de sus pechos a su clítoris donde la explosión final vino con demoledora fuerza...
..."¡Oh... Dulce!" Annie gritó cuando los embates estrepitosamente la atravesaron. Los seguros, deliberados movimientos la arrastraron fuera del placer, permitiéndole algunos segundos más con su imaginaria amante antes de caer flojamente de nuevo a la estera. Cerró los ojos, quedándose allí por varios minutos, poco dispuesta de dejar a la fantasía irse demasiado pronto. Finalmente su respiración se retardó y la realidad volvió. Con ella vino la profunda tristeza. No importa lo que hiciera, nunca desaparecería la verdad sobre el accidente. Nada quitaría el dolor de Dulce. Annie se incorporó y envolvió los brazos alrededor de sus piernas, abrazándose en un ovillo. Por tanto tiempo no he necesitado a alguien y ahora estás tú. Miraba el techo, entonces lentamente enterró su cabeza contra sus rodillas. ¿Qué es lo que voy a hacer? Te necesito en mi vida, Dulce. No puedo imaginar cómo era esta vida antes de que tú vinieras y me da pánico el pensamiento de que te vayas para siempre. En este momento no había nada que Annie deseara hacer más que abrazarse contra la mujer más pequeña. Respiró hondo y se incorporó, sabiendo que entre más tiempo permaneciera abajo más tiempo pasaría antes de que pudiera recostarse contra el calor de Dulce.
La toallita entre sus piernas, quitó cualquier rastro de actividad. Su tarea finalizó, dejó ésta de nuevo en el cómodo sobre la mesita de noche. Dulce se recostó bajo las sábanas y esperó a que Annie volviera. En la oscuridad, pensó acerca de lo que había sucedido. Nunca en sus remotos sueños se había pensado teniendo sexo con otra mujer. Ahora, su cuerpo aun hormigueando por el intenso orgasmo, Dulce intentó resolver sus encontrados sentimientos. Se preocupaba muy profundamente por Annie, ¿pero de esta manera? No obstante, todo lo que tomó su pensamiento era la ejecutiva hablándole bajo y seductoramente a ella y Dulce comenzó a calentarse otra vez. Intentó pensar en dos mujeres teniendo sexo. Nada. No había interés en absoluto. Las visiones en su mente eran solo sexo, cuerpos y miembros mezclándose juntos para el placer físico. Pensó en Annie otra vez. Largas, nunca terminando piernas llevadas a una fácil hinchazón en la cadera después estrechándose a su delgada cintura. Pechos que ni parecían demasiado grandes ni demasiado pequeños para su alto marco. Un esbelto cuello llevaba a una cuadrada quijada y fuertes pómulos, todo acentuado por llenos labios y expresivos ojos azules. Pero la revisión mental no podía permanecer en lo físico. La rica voz jugó en su oído mientras la dulce fragancia persistiendo sobre la cercana almohada llenó sus fosas nasales. Dulce de repente se dio cuenta de su mano moviéndose contra su pecho. El repentino silencio cuando el estéreo fue apagado sacudió a la joven mujer sacándola de su nueva fantasía. Sus manos fueron directo a sus costados y esperó a que la puerta del sótano se cerrara y que la de ésta habitación se abriera.
"¿Estás despierta?" Annie susurró cuando entró en el oscuro cuarto. Esperó algunos segundos antes de repetir su pregunta. Contenta de que Dulce estuviera durmiendo, cuidadosamente se deslizó dentro de la cama. Sus cuerpos estaban apenas tocándose. Intentó una vez más. "¿Dulce?" Esperó varios segundos antes de recostarse y se meneó en cierre. Su cara se enterró en el rojizo cabello, su brazo descansado a través de la pequeña cintura, Annie dio un suspiro satisfecho y flotó libremente.
Mucho tiempo después de que la respiración de Annie cediera a suaves ronquidos, Dulce estaba despierta, sus dedos ociosos hacían círculos en el dorso de la mano que se apoyaba sobre su estómago. Es demasiado malo que Chris te lastimara tanto, usando su amor contra ti, amenazando decir a todo el mundo sobre... Sus ojos estallaron abriéndose cuando la pregunta tomó forma. ¿Por qué sería tan terrible para ti ser involucrada con un compañero estudiante? No es que tú estuvieras durmiendo con un profesor o algo. A menos... sus ojos crecieron de par en par.
A menos que Chris sea una Christine.
"Buenos días, María." Dulce rodó dentro de la cocina, siguiendo el olor de los panecillos de canela recién horneados.
"Y buenos días a ti también, Dulce. ¿Quieres un poco de café?"
"Me encantaría una taza, gracias."
"La traeré aquí a la mesa." El ama de llaves alcanzó en el armario y sacó una taza sin mirarla. Para el momento en que se dio cuenta cual había agarrado, ya había añadido la crema y azúcar. "Bien, supongo que Annie tendrá que usar otra taza."
"Usted me dio su favorita otra vez, ¿no es así?" Dulce preguntó con una sonrisa. Este era otro de los pequeños caprichos de Annie. Su café de la mañana era siempre servido en una taza negra con las palabras "el jefe" a través de ésta.
"Me temo que lo hice. La vaciaré y te daré en otra."
"No, no se preocupe. Annie puede vivir sin su taza del jefe por un día." Esto realmente divertía a Dulce que con las docenas de tazas que llenaban el armario, su amiga estuviera tan encariñada con esta en particular.
"Ya sabes que le gusta su café en esa taza," María amonestó.
"Es bueno que cambie su rutina de vez en cuando," vino la juguetona contestación cuando tomó la taza de la mujer mayor.
"¿Y qué está pasando con ustedes dos?" Annie preguntó cuando entró en el cuarto. Tomó el periódico y echó un vistazo en el titular antes de que notara. "¿Robando mi taza favorita?" Cruzó detrás de la joven mujer y se sentó en la silla al lado de ella.
"No te preocupes, yo sé quién es realmente el jefe por aquí," Dulce contestó cuando tomó un trago.
"A veces me lo pregunto," Annie regresó la broma. "¿Crees que puedas enviarme un mail hoy?"
"Si, anotaste qué hacer, ¿no es así?"
"Está al lado de la computadora." Levantó la mirada para ver a María venir con su café. Miró la taza burlonamente. "¿De dónde vino ésta?" Era una taza de Cartoon Far Side con dos ciervos en ésta. Uno tenía una diana roja brillante en su pecho. El pie de foto por debajo decía 'infierno de una marca de nacimiento, Hal.' Annie se rió suavemente y bebió de ésta.
"Ves, el cambio es bueno," Dulce dijo con el labio sobre de su taza. María trajo su desayuno junto con una jarra de café.
"Si las señoras me disculpan, iré a comenzar en la lavandería."
"Ok, gracias María."
"Si, gracias."
Ya solas, ambas mujeres comenzaron a comer su desayuno. Annie tenía el tenedor en una mano y el periódico en la otra. Aunque ojeaba la sección de negocios, el periódico también tenía la ventaja extra de permitirle mirar y estudiar a la inadvertida Dulce. Las quebradas piernas estaban ocultas debajo de la mesa redonda. Con el suave y rojizo cabello metido detrás de sus orejas, Annie tenía una vista sin obstáculos de la suave curva de la mejilla de Dulce, la pequeña nariz respingada, el color óxido de las cejas que se reclinaban por encima de sus ojos. Repentinamente esos ojos voltearon y la miraron. Arrugando las páginas y bajando la mirada al periódico, Annie esperó que el rubor que sentía no fuera demasiado visible. "Um... estoy pensando acerca de disminuir algo de la cantidad de trabajo de Laura. Tengo algunas cartas que necesiten ser puestas al día. No es difícil de hacer pero es tiempo consumiéndose. Dijiste que aprendiste cómo utilizar la fusión del correo, ¿no es así?" Sus ojos nunca salieron del periódico, aunque no tenía idea cuáles noticias estaban en el periódico.
"Hmm. Um." Dulce tragó y dejó la taza abajo. "Fue difícil al principio pero una vez que conseguí agarrarle esto es realmente bastante fácil." Por dentro estaba entusiasmada. Annie me está dando verdadero trabajo para hacer, no solo ejemplos y pruebas en los programas de computadora. Verdadero trabajo que necesita ser hecho y me lo está confiando. "Me aseguraré de que este sea hecho enseguida y prometo que no habrá errores."
Detrás del periódico, la ejecutiva sonrió en el entusiasmado tono. "Te mandaré un correo electrónico de los archivos tan pronto como llegue al trabajo. Estoy segura que no tendrás ningún problema con eso." Dejó la sección de negocios del periódico abajo y se sirvió otra taza de café. "Bien, vamos ver a quién la policía capturó anoche," Annie dijo cuando tomó la sección local. Se movió a través de las páginas hasta que encontró el informe de la policía enumerando a toda la gente que fue arrestada o compareció en la corte. Vio el nombre de una vieja amiga de la preparatoria arrestada por prostitución. "¿Qué?" Acercó más el periódico, tirando su taza de café encima en el proceso. "Maldición." Se levantó. La blusa amarillo crema ahora estaba cubierta abajo del frente con el mojado beige del café. Deshizo los primeros botones, confirmando que este se hubiera filtrado sobre su fondo también. "¡María!" Se giró para ver al ama de llaves salir del cuarto de lavado. "Café."
"Sobre la seda," María señaló. "Anahi Puente , atravesaré más Woolite contigo." Movió su cabeza, causando que Dulce sonriera mientras el café mojaba la mesa. "Bien, sal de esas cosas mojadas." Annie se giró para salir del cuarto. "No hay necesidad de ser modesta ahora. Tú no vas a correr al piso de arriba con el café goteando de tu blusa. Hay bastante desastre para limpiar aquí mismo."
"Bien." En un movimiento rápido la blusa fue quitada seguida por el fondo. "Dame la falda también." Un tirón de cierre y la prenda siguió a las otras ropas mojadas en las manos de María.
Con Annie de espaldas a ella, Dulce dejó a sus ojos viajar arriba y abajo del alto cuerpo vestido en solo medias y un bra color crema de encaje. Se concentró pero no sintió la excitación que había experimentado la noche previa. Lo qué sentía era culpa por mirar fijamente en el cuerpo de su amiga. Esto es tonto. Es solo Annie. Apartó sus ojos cuando el cuerpo medio vestido se dio la vuelta, levantando la mirada solo cuando oyó a la mujer de cabello rubio dirigirse a ella. "Voy arriba a cambiarme."
"¿Oh, sabes qué se vería realmente bonito en ti? Ese pantalón gris de lana y esa blusa azul claro." Dulce pensó sobre la última vez que había visto a Annie usar ese traje y en como destacaba sus ojos. "Éstos se ven realmente bonitos en ti."
"El pantalón gris, ¿hmm?" Annie recordó cuánto le gustaba a Dulce esa particular combinación. La piel chinita se levantó en sus muslos. "Es mejor que vaya a cambiarme antes de que me congele a muerte por estar parada aquí."
Volvió pocos minutos después, admitiendo para sí misma que el pantalón de lana era una mucho mejor idea que la falda en una mañana tan fría. "Ok, ¿qué piensas?" Preguntó, dándose vuelta con la blazer doblada en el brazo.
"Estupendo aspecto," Dulce dijo. El pantalón se ajustaba en todos los lugares correctos y la camisa contorneaba agradablemente sus suaves curvas. "Te ves... preciosa."
"Gracias." Annie bajó la mirada en los destellantes verdes ojos y sonrió. "Te enviaré por correo esos archivos una vez que llegue allí." Combatió el impulso de darle a la joven mujer un beso rápido en la mejilla y cambió eso por un apretón en el hombro. "Mejor me voy antes de que el tráfico se ponga demasiado pesado."
"Oh, Ok. Me aseguraré de tener ese programa subido para que pueda conseguir empezar tan pronto como eso llegue."
"No tengas prisa, Dulce. Lo que consigas de ellos estará bien." Privadamente le satisfizo al final no oír el entusiasmo en la voz de su amiga. Annie no tuvo duda cuando llegó la ética de trabajo de Dulce. "Intentaré estar temprano en casa." En ese momento, el ama de llaves salió del cuarto de lavado con el estropajo y el cubo en mano. "Mejor me voy antes de que María encuentre un nuevo uso para ese estropajo."
"A veces," María dijo cuando sacudió su cabeza.
Annie giró su atención a Dulce. "Te llamaré más tarde."
"Okay."
Dulce se rodó apartándose cuando el ama de llaves comenzó a limpiar el desastre. El jeep azul brillante desapareció del camino de entrada, dejándolas a las dos solas. Es hora de conseguir algunas respuestas, Dulce pensó para si misma.
"María, ¿fue fácil para usted aprender a utilizar el mail?"
"Señor no, niña. Cuando Annie me dio la computadora yo estaba asustada de encenderla. No sabía lo que haría."
"¿Pero ahora a usted le gusta?"
"Hablo con mi hijo en Arizona todas las noches." Empujó el estropajo seco sobre las últimas gotas de lo derramado. "Debiste ver mis cuentas del teléfono antes de eso."
"Apuesto cuando Annie estaba fuera en la universidad las cuentas del teléfono eran algo." Genial sigue, Einstein. Por qué no solo sales directo y dices vamos hablar del tema Stanford, mentalmente se regañó. "Quiero decir, es solo tan cercana a su familia y todo."
"Cuando los chicos estaban en el colegio esto por supuesto era un tiempo duro por aquí." María tomó los platos del desayuno y se dirigió hacia el lavavajillas. "Uno de ellos estaba siempre llamando para una cosa u otra." Tomó la jarra y sirvió algo del humeante líquido en una taza para sí. "Lo juro estaba en la oficina postal todos los días enviando algo a uno de ellos."
"Vamos siéntese y hablemos por un rato," Dulce dijo, señalando en el asiento vacío. "No hay mucho que tenga que ser hecho hoy y tengo que esperar para que ella me envíe esos archivos."
"Solo por un pequeño rato. Tengo que aspirar. Tabitha arroja más pelo que cualquier gato que haya visto nunca," volvió a llenar la taza de la joven mujer. Se sentó en la silla ofrecida y tomó un trago de su café. "Ellos eran exactamente un puñado entonces."
"Supongo que la independencia que vino con estar ausente del hogar debe haber sido demasiado, ¿huh?" Metió un perdido mechón de cabello detrás de su oreja. "Annie seguro tuvo un rato duro de esto." Vio el parpadeo en los ojos de la mujer mayor y sabía que tenía que pisar cuidadosamente. "Ella me contó sobre Chris."
"Esa fue una cosa muy triste y no algo que me guste hablar." María dijo, bajando la mirada a la mesa. Bebió varios tragos de café. "Alguna gente es solo basura, Dulce. Simple y sencillamente."
"María, ¿puedo hacerle una pregunta?" En el reacio cabeceo, respiró profundamente y continuó. "¿Usted piensa qué estoy utilizando a Annie?"
"No importa lo que pienso. Lo qué importa es lo que ella piensa." Vació su taza y le dio a Dulce una seria mirada. "Odiaría verla lastimada así otra vez."
"No sé como alguien que pueda conocer a Annie por cualquier espacio de tiempo quiera utilizarla," Dulce dijo suavemente, su mirada fluctuaba de María a la mesa y de regresó otra vez. "Tiene el corazón más bueno que cualquier persona que yo conozca y no quiero decir por ser solo generosa. Debe haber sido devastador para ella confiar en alguien y tener esa confianza rota." No tenía idea que los pensamientos del ama de llaves fueron inmediatamente al Porsche completamente reparado metido allá en el garaje. "Estando en esa edad, teniendo algo tan privado expuestos a sus padres..." Dulce meneó su cabeza. "Solo no puedo imaginarme por qué alguien sería tan cruel con ella. ¿Usted alguna vez conoció a Chris?"
"No, el excavador de oro nunca se presentó aquí," María dijo. "Yo únicamente hablé con ella por teléfono."
Bingo. La gran pregunta fue contestada.
*****
Dolores Bickering condujo su oxidada Station Wagon dentro del garaje del estacionamiento público y se metió en el primer sitio vacío, no importándole que fuera reservado para los minusválidos. Si recibía un ticket, terminaría en la guantera con el resto de los que había recibido. Los tickets y el seguro no eran cosas en lo que eligiera gastar su dinero. El vacío paquete de cigarros golpeó el suelo cuando encendió el último y se alejó de su auto. Si fueran las cosas de la manera en que las planeó, tendría suficiente dinero para los cigarros antes de que el día hubiera acabado.
A los Puente siempre le han gustado las cosas grandes. Cuando el Hotel Wellington fue construido a finales de los años 20, ésta torre sobre el más pequeño edificio Puente en la siguiente puerta. El abuelo de Annie lo tomó como un desafío y el resultado fue la construcción de uno de los edificios más grandes de Albany, más de treinta plantas altas. Dolores estaba parada delante de éste e hizo una mueca desdeñosa en el gran logotipo tallado en granito rojizo sobre las puertas. Se empujó a través de las puertas giratorias y entró al espacioso vestíbulo. En la pared estaba una placa de metal dándole la bienvenida a las oficinas corporativas de Puente. Bajo éste estaba un directorio de departamentos junto con los pisos en los cuales estaban situados.
Annie estaba justo terminando un tazón de fruta cuando el timbre sonó. "¿Sí, Laura?"
"Um... hay alguien aquí que quiere verle," la vacilante voz dijo.
"¿Quién?" Un rápido vistazo en su calendario no mostró cita programada para esa tarde. Oyó a su secretaria preguntar el nombre del visitante y apretó su quijada tan pronto como reconoció la voz. "Manténgala allí afuera un minuto." Colgó el teléfono y golpeó ligeramente el bolígrafo contra el escritorio. Maldición, ¿qué está haciendo ésa perra aquí?
La respuesta vino a ella inmediatamente. Su primer instinto fue lanzar a Dolores fuera pero cuando abrió su boca para hablar, Annie notó algo que cambió su decisión. Girando alrededor en su asiento, alcanzó el ratón e hizo clic encendiendo el ícono de seguridad. Su contraseña y algunos tecleos más, una pequeña luz roja se encendió en la cámara de seguridad metida discretamente en la esquina superior de su oficina. Era hora de exponer a Dolores Bickering por lo que ella realmente era. "Envíala adentro."
"Bonita oficina," la mujer grande cabeceó aprobadora cuando echo un vistazo. "¿Usted emplea?"
"No." Annie no podría creer que tuviera el descaro incluso para hacer tal pregunta. "Usted no está aquí para preguntarme acerca de un trabajo."
"Vine hablar con usted sobre Dulce." Desabrochó su sucia chaqueta amarilla y se quitó el gorro tejido, enviando copos de nieve sobre la espesa alfombra Borgoña. "Usted sabe que soy la cosa más cercana a una madre que ella ha tenido nunca."
"Si usted lo dice." Oops, no quisiera que Dulce me viera siendo hostil con la perra. Forzando una cortes sonrisa en su cara, dijo con una más cuidadosa voz. "¿Y para qué usted deseaba verme? Por favor, tome asiento."
Dolores se dejó caer en el sofá y lanzó su chaqueta en el cojín más lejano. "Habría pensado que alguien como usted tendría café para sus visitantes." Miró mordazmente en la vacía cafetera en la mesa lateral. "Especialmente para aquellos que son parientes de sus amigos."
Los ojos de Annie se estrecharon pero guardó su lengua. "¿Usted dijo que desea hablar conmigo sobre Dulce?"
"He encontrado una manera de ayudarle a salir."
"¿Ayudarle a salir?"
"Si." La mujer grande se incorporó. "Le he encontrado un trabajo en Cobleskill. Puede comenzar el lunes. Pagan seis dólares por hora."
"¿Por qué necesitaría trabajar en Cobleskill? Eso está a una hora. Además, ¿usted no notó que tiene dos piernas quebradas? Ella no está en condiciones para trabajar."
"Es en una oficina de telemarketing. No tendrá que estar levantada, solo es hablar por el teléfono. Por supuesto que pienso que tendrá que mudarse nuevamente conmigo."
"Ella le dijo ya que desea vivir conmigo. ¿Por qué cambiaría su opinión ahora?" ¿Qué truco está usted intentando sacar? ¿Hacer que Dulce elija entre nosotras? Maldita sea si la dejo a usted llevársela lejos de mí.
Dolores meneó su cabeza. "Usted no entiende. Dulce y yo tenemos un acuerdo. Me debe por haberla cuidado y prometió ayudarme de cualquier manera que pudiera."
"Déjeme conseguir esto correcto. ¿Quiere que se mude de nuevo con usted y trabaje en ese empleo de telemarketing para que pueda darle dinero?"
"Pienso que es solo lo justo. Vivió bajo mi techo y comió mi comida por años sin pagar nada y ya es tiempo para que me devuelva el pago." Dolores se cruzó los brazos y se recargó.
"¿Así que le debe a usted por todo lo que hizo por ella cuando vivió con usted?" Sonaba ridículo pero no se rió. No puedo creerle. Dulce merece mucho más en su vida que un pedazo de basura como usted.
"Usted puede considerarlo de esa manera. Yo lo considero de esta forma. Habría podido rentar su cuarto a alguien que hubiera podido pagarme. Me debe el dinero que perdí por no poder rentarlo. Cuando se fue tuve que comenzar a pagar una niñera en las noches del bingo y los bolos. Mi generosidad puede ir únicamente hasta ahora. No soy rica, usted sabe. No puedo permitirme ser tan caritativa como usted."
Annie agarró el borde de su escritorio. Usted perra. Ahora no tenía duda sobre la razón de que Dolores viniera a su oficina. "Decidió que Dulce le debe dinero porque vivió con usted cuando era un adolescente, ¿es eso correcto?"
"Exactamente."
"Y dado que le debe todo ese dinero piensa que debe mudarse con usted y trabajar en ese empleo para que pueda pagarle lo qué le debe, ¿correcto?"
"Correcto."
Los labios de Annie tiraron hacía atrás dentro de una sonrisa mucho como una cobra justo antes de atacar.
"Pero dado que soy su amiga pensó usted en venir y ver si había algo que yo pudiera hacer, ¿correcto?"
"Bien, no estamos hablando de mucho para alguien como usted. Si es realmente su amiga pienso que desearía ayudarla." Dolores dijo indignadamente.
"Y yo podría ayudar a Dulce pagando su deuda a usted, ¿esa es la idea?" Annie estaba cansada del juego y de mirar a la sucia mujer que estaba intentando utilizar a Dulce. Hora de conseguir el punto. "¿Cuánto?"
"Bien, usted tiene que tener en cuenta cuánto tiempo vivió conmigo y entonces..."
"¿He dicho cuánto?" Annie hizo lo posible para mantener la hostilidad fuera de su tono. "Vamos, estoy segura que usted tenía una cifra en mente cuando entró aquí. ¿Cuánto piensa que Dulce le debe por cuidar de ella?" Sacó la chequera del cajón y la abrió.
"Cinco... no, diez mil."
"¿Diez mil dólares y usted se alejará y dejará a Dulce en paz?"
El signo de dólares bailaba delante de los ojos de Dolores y la avaricia cantó en su corazón. Casi estuvo de acuerdo, entonces se dio cuenta que la rica mujer estaba haciéndolo demasiado fácil. "Espere." Se levantó y se acercó al escritorio, apoyando las rechonchas manos en la pulida madera. "¿Qué si dijera que quiero quince mil o incluso veinte?"
"¿Es lo que usted tomaría?"
"¿Usted está realmente dispuesta a darme veinte mil dólares?" La suspicacia apareció. "¿Por qué?"
"Tengo mis razones." Tomó la pluma para endosar el cheque y se detuvo. No tenía intención de usar la pluma que Dulce le regaló. Buscó en el cajón, sacó otra y comenzó a escribir.
"Es B- i- c-k-"
"Sé como se escribe."
"Sabe," Dolores rió nerviosamente. "Siempre supe que encontraría a alguien que la acogería." Sus ojos se ensancharon cuando los ceros fueron agregados a la casilla de la cantidad. Sensación de victoria dentro de su visión, se relajó y recargó su cadera contra el escritorio, mucho para la irritación de Annie. "Veinte mil dólares. Humph. Puede no parecerle mucho a usted pero puedo conseguir un nuevo remolque con eso."
Annie se levantó y arrancó el cheque del talonario. "Y por el costo de un remolque usted está dispuesta a salir de la vida de Dulce y dejarla en paz para siempre, ¿correcto?" Dolores extendió la mano por el cheque pero ella lo sostuvo en el aire. "Este es el trato. Por veinte mil dólares usted no volverá, nunca llamara o parará cerca. Usted se olvidará que ella existe."
"Deme el cheque y olvidaré todo acerca de ella," Dolores prometió, su índice y pulgar agarraron en la esquina del papel.
"¿Usted incluso no desea despedirse de ella?" La ejecutiva sostuvo el cheque firmemente, negándose a entregarlo sin una respuesta. No esperaba lo que consiguió.
"¿Por qué? ¿Esto valdrá más dinero si lo hago?" Dolores la miró expectantemente.
Annie se olvidó sobre la videocinta en el shock de oír las frías palabras. Con un movimiento enojado tiró del cheque atrás y se levantó, su marco de seis-pies se elevó sobre la mujer más baja. "Usted perra." Los azules ojos ardían con furia. "Usted nunca se preocupó por ella, ¿lo hizo?" Sus puños se cerraron, arrugando el cheque. "¡Usted la recogió solo por el cheque de cada mes y para tener una niñera incorporada!" Los nudillos se volvieron blancos bajo la presión y cheque sufrió más daño.
"El cheque..." Dolores precisó. "Tenemos un acuerdo."
Annie bajó su cabeza, el largo rubio cabello ocultaba su cara. "El dinero. Eso es todo lo que usted le preocupa, ¿no es así?" Su voz era reservada, baja... la calma después de la tormenta. "Usted utilizó a Dulce por el dinero. La utilizó como una hija para obtener el dinero del estado y cuando estaba luchando por sobrevivir usted tomó el dinero de ella." Levantando su cabeza de un tirón, Annie trabó los ojos con la mujer que odiaba. "Ahora está acostada allí con dos piernas quebradas y en vez de preocuparse sobre ella está intentando conseguir dinero de mí."
"¿Usted quiere deshacerse de mí? Deme el cheque y me iré." La mujer grande extendió su mano.
"¿Usted quiere el cheque?" Annie aplanó el arrugado cheque, después lo extendió delante de ella. Lo rompió cuidadosamente en dos, después puso los pedazos juntos y los rasgó otra vez. "Estoy segura que el Estado de Nueva York le pagó mucho más de lo que usted incluso gastó en Dulce." Otro rasgón. "Hubo semanas cuando ella pasó sin nada de comida para sí misma sin embargo le enviaba a usted un cheque porque consiguió convencerla de alguna manera que le debía." Lanzó el montón de confeti sobre el escritorio. Dolores podía únicamente estar parada allí y ver como su plan se derrumbaba. "Usted ha utilizado a Dulce por última vez. Salga de mi oficina antes de que haga que seguridad la eche."
"Usted no puede..."
"¿No puedo qué? ¿Lanzar a una vividora holgazana fuera de mi propio edificio?" Annie presionó sus nudillos contra el escritorio para evitar llegar al otro lado y golpear a la asquerosa mujer. Los músculos en sus antebrazos agrupados y apretados preparados. "Usted lastimó a Dulce y no permitiré que lo haga otra vez. No merece saber de alguien tan amable y tierna como ella. Llegue a la de vista de mi casa y haré que la arresten. Una llamada telefónica, una carta, cualquier intento de ponerse en contacto con ella y haré de su vida un infierno."
Con todas las perspectivas del dinero idas, Dolores no tenía nada que perder. "Usted piensa que es tan inteligente con todo su dinero de Oops. ¡Usted no sabe NADA!" Arrebató sobre el sofá y agarró su gorro y chaqueta. "¿Usted piensa que Dulce era la única niña adoptada que tuve?" La puerta se abrió y dos robustos oficiales de seguridad entraron, sin duda llamados por Laura después de oír las fuertes voces.
"¿Hay problemas, Srta. Puente?"
"Acompañan a esa..." Perra vino a su mente pero un sentido de decoro tenía que ser mantenido en la oficina. "... intrusa afuera y asegúrense de que nunca entre otra vez."
"Ustedes mantengan sus manos apartadas de mí," Dolores agarró su bolso y estalló delante de los hombres uniformados. "Cerciórese de que Dulce sepa que usted fue la única que me hizo detenerme para hablar con ella. Ésta es toda su culpa." La puerta externa de la oficina se cerró, dejando a una confundida Laura y a una furiosa Annie paradas allí.
"Laura, quita el resto del día. Me iré a casa temprano." Cerró la puerta y se acercó a su escritorio. Los pedazos del cheque fueron echados al bote de la basura y su preciada pluma fue puesta de nuevo en su cajón del escritorio.
Hubo unos rápidos golpes antes de que su puerta se abriera. "¿ Annie?" Susan asomó su cabeza. "¿Qué sucedió? Oí que llamaron a Seguridad a tu oficina."
"Nada importante, solo un cierto asunto del que tuve que ocuparme." Agitó su mano rechazando. "No te preocupes sobre eso."
"Sabes que voy a averiguarlo de cualquier manera. Puedes también decírmelo." La pelirroja entró y cerró la puerta.
"Tengo derecho a algo de vida privada." Se hundió en su sillón, un profundo suspiro se escapó de sus labios. "Deja esto ir, hermana."
"¿Tiene que ver con Dulce?" El rápido tirón de la cabeza respondió a la pregunta de Susan. Un torpe silencio cayó entre ellas por varios segundos antes de que ella hablara otra vez. "Um..." La Puente más joven bajó la mirada en su uñas. "Si um... bien, sé que tú realmente no tienes a alguien cercano a ti excepto Dulce y bien, supongo, yo. Si... si necesitas a alguien para hablar... bien, estoy aquí." Se enderezó y dio un paso atrás. "Los niños están preguntando cuando pueden ir otra vez." Aclarando su garganta, Susan continuó, su mirada cayendo sobre su hermana mayor. "Cuando expliqué a John que Dulce vivía contigo, él me preguntó si eso la hacía su tía también."
"Ya te dije..." Annie comenzó solo para ser detenida por una mano levantada.
"Lo sé. Le dije que no lo era, pero si esto estaba bien para ella, él podría llamarla así."
Bajando la mirada a su escritorio, la ejecutiva sonrió, entendiendo el indecible gesto detrás de las palabras. Se levantó y aunque nunca es muy cariñosa con su hermana, Annie se acercó y envolvió su brazo alrededor de los hombros de su hermana. "¿Qué te parece mañana en la noche? Estoy segura que Dulce no puede esperar para tener a su individuo de lucha libre pisoteado otra vez." Soltó el casual abrazo. "¿Pero qué te parece ahora mismo que yo los lleve a comer? A algún lugar agradable, ¿qué te parece Maurice o Giovanni?"
"Oh, eso suena rico, ¿pero qué te parece probar ese nuevo lugar chino en Western Aveniue? Oí que tienen excelente comida."
Un pequeño ícono en la pantalla cogió la esquina del ojo de Annie. Con un comienzo recordó la videocinta. "Uh... yeah, eso suena rico." Se giró para la computadora y apagó la cámara. "¿Por qué no vas conseguir tu chaqueta y me encuentras abajo en el vestíbulo? Tengo un par de cosas aquí que necesito terminar."
*****
Annie llevó a casa el video y lo ocultó en su dormitorio, no viendo razón de mostrárselo a Dulce enseguida. Sabía que la cinta lastimaría a su preciada amiga y esa era la última cosa que quería hacer otra vez. En su lugar esa noche y las otras que siguieron fueron pasadas acostadas una junto a la otra en la cama ajustable viendo televisión o en el sofá mirando películas. A veces ellas renunciaban al entretenimiento electrónico y solo pasaban el tiempo trenzándose el cabello la una a la otra o pintando sus uñas. Era una cómoda rutina de la que disfrutaba enormemente. No se hizo mención sobre los arreglos del continuar durmiendo juntas y Annie estaba muy bien con eso. Si tuviera la forma dormirían siempre juntas. Amaba la manera en que el cuerpo de Dulce cabía contra el suyo. Nunca hablaron acerca de los crecientes abrazos y los cariñosos tactos pero Annie observó que ellos eran instigados por ambas en partes iguales.
Con Maite no más tiempo necesitada, Dulce llenó sus días trabajando en proyectos para Annie. Además de mejorar sus habilidades, también le dio una intensa enseñanza de la manera en que la empresa de su amiga estaba funcionando. Les dio algo más de que hablar por las tardes otro que de ellas mismas o de lo qué estaba pasando en la televisión. El último deshielo de enero continuó metido en febrero, prometiendo una anticipada primavera. Ya más hierba estaba viéndose en el jardín trasero más la nieve y el sol viniendo a través de las ventanas era suficiente para calentar la habitación sin subir el termóstato. Por supuesto en la noche había el calor agregado del cuerpo de Annie para mantenerla caliente. Era durante esas últimas horas de la noche que Dulce pensaba acerca de su relación con su amiga. Con la excepción del trabajo, Annie estaba a su lado

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:14 pm

constantemente, no que Dulce se quejara. Gozaba el tiempo que pasaban juntas. A menudo, mientras veían la televisión, su cabeza se apoyaba contra el hombro de Annie o incluso en el regazo de la mujer más mayor. Disfrutaba ese tiempo todo lo posible. Annie podría ausentemente acariciar su cabello o dejar una cálida mano apoyada sobre su hombro. Ellas estaban mucho más relajadas la una con la otra ahora. Los iniciales abrazos en la cama no fue más asunto tieso, vacilante. Ahora, cuando llegaba la hora de dormir, el brazo de Annie se envolvía alrededor de su cintura y la cálida respiración cosquilleaba su cuello cuando ellas moldeaban sus cuerpos juntos.
Dulce pensó a menudo del cariño cada vez mayor entre ellas. Los abrazos eran un común acontecimiento y los fomentaba tanto como lo hacía Annie. Parecía que podían sentir las necesidades de la una en la otra, por lo menos estaba segura que Annie podía sentir las suyas. Cuando el dolor en sus piernas se encendía, los fuertes brazos la confortaban y consolaban. Cuando una lágrima la sacudía por una película romántica que motivaba la necesidad de ser abrazada, no había discusión o petición indirecta, ellas solo se acurrucaban una contra la otra. Pero sin bien disfrutaba la atención y el cariño, Dulce no estaba segura que estuviera lista para algo más o si Annie estaba incluso interesada. No había habido besos desde que estuvieron bajo el muérdago en Navidad y sus conversaciones permanecían lejos de los asuntos del corazón o del sexo. Si era deliberado por parte de Annie o no, Dulce no estaba segura. Solo sabía que ella estaba evitándolo, sus sentimientos eran bastante confusos incluso para pensar en darles voz.
Como en este momento. Ellas estaban acostadas en la cama viendo Dateline y la cabeza de Annie estaba apoyada contra su hombro. Dulce bajó la mirada al sedoso cabello rubio mezclado con el propio. Su compañera parecía tan relajada, tan pacífica. Teniendo su brazo atrapado entre sus cuerpos era no más una aceptable posición. "Levanta tu cabeza por un segundo."
"¿Hmm? Lo siento, ¿estoy lastimándote?" La perezosa voz le dijo a Dulce justo cómo relajada la ejecutiva estaba.
"En absoluto. Solo quiero mover mi brazo." Lo hizo y rápidamente lo envolvió alrededor de los hombros de Annie antes de que la mujer más mayor pudiera alejarse. "Ahora vuelve aquí." Jaló suavemente y fue recompensada con la cabeza de su compañera apoyándose justo sobre su pecho derecho. "¿Cómoda?"
"Mmm, mucho."
"Bien." El comercial terminó y la atención de Annie fue de nuevo a la televisión. Dulce no lo hizo. Sus dedos empezaron a tirar de los largos cabellos. "Tienes el cabello muy suave."
"Si tú lo dices. Pienso que el tuyo es más suave, sin embargo. El mío es justo más grueso."
Los dedos de Dulce se hundieron en el cabello de Annie y comenzaron a masajear su cuero cabelludo. "Hmm, puedes tener razón sobre eso," concedió. Pero me gusta tocar el tuyo más. Lentamente los pequeños círculos que estaba haciendo con sus dedos se movieron más bajo hasta que ellos estaban acariciando la suave piel del cuello de Annie. La televisión fue completamente olvidada por ambas mujeres a medida que el masaje continuó. ¿Cuánto estarás permitiéndome? Un solitario dedo se aventuró debajo del suave algodón de la camisa por un segundo entonces tiró hacía atrás. Otra vez. "¿Chris alguna vez frotó tu cuello así?"
Annie se agitó, sus ojos parecían mucho como esos ciervos cegados por los faros. "Um, n-no..." Tragó, su garganta repentinamente seca. "¿Por qué preguntas?"
"Solo me preguntaba." Dulce ahora vaciló, la pregunta no parecía como tal una buena idea más. "Es solo... bien, te gusta esto tanto. Había esperado que alguien hiciera esto por ti antes."
"Chris y yo..." Annie buscó las palabras adecuadas. "Nosotros no éramos..." Era un cara o cruz entre qué estaba más seco, sus labios o su garganta. "No estábamos físicamente cercanos. No hubo muchos abrazos." Se sentó completamente y se movió hasta que estuvo enfrente de Dulce. "Pensé que era verdadero amor entonces." Una despreciativa risa dejó ver el viejo dolor. "Ahora lo sé mejor." Bajó su cabeza y se miró las manos. Dulce permanecía silenciosa, sintiendo la lucha de Annie con algún demonio interno. Finalmente la alta mujer eligió la salida fácil. "Por lo menos el sexo era bueno."
Las bromas no estarán funcionando conmigo. Te conozco demasiado bien, Anahi. "Sabes, odio a Chris por lastimarte así." Extendió la mano y puso sus dedos debajo de la fuerte barbilla, forzando a los azules ojos a encontrar los suyos. "Y no odio a mucha gente en este mundo."
Annie quitó la mano de su barbilla y la sostuvo dentro de las suyas. "Curioso." Bajó la mirada a sus manos, su pulgar ocioso rozaba los nudillos de la mujer más pequeña. "Siento de la misma manera sobre la gente que te lastima." Hizo una pausa por un momento, el miedo amenazando mantener las palabras atrapadas adentro. "Eres muy especial para mí, Dulce." Su cabeza se levantó y por varios largos segundos se miraron fijamente la una a la otra.
¿Oh, mi Dios, vas a besarme? Dulce no estaba segura si estaba excitada o asustada cuando su corazón comenzó a latir a paso acelerado. Sus labios se separaron un poco en subconsciente invitación.
Estaba justo a punto de moverse hacia adelante cuando vio los resplandecientes azules ojos parpadear y mirar hacía otra parte.
"Pienso que esto es bastante serio para hablar esta noche," Annie dijo, renuente soltando el agarre en la mano de la joven mujer. El mágico hechizo estaba roto y ambas sintieron una gran sensación de decepción. Otra oportunidad perdida...otra ocasión no tomada.
Dulce estaba aún pensando acerca de ese momento mucho tiempo después de que se hubieran colocado para la noche. Giró su cara para mirar a la mujer dormida junto a ella. Quería que me besaras. ¿Tú querías eso también? Cuidadosa de no molestar a su compañera, se apoyó en su codo derecho y metió su cabello detrás de su oreja. Con indecisión bajó sus labios a la mejilla de Annie, plantando el más suave de los besos allí. Sus ojos se ajustaron a la oscuridad, Dulce vio tanto como sintió la pequeña sonrisa venir a la durmiente cara. "Te amo," susurró antes de recostarse en sus almohadas. Entrelazó sus dedos con los que descansaban sobre su vientre, la joven mujer cerró los ojos.
"Te amo también," Annie murmuró adormilada, inconscientemente se arrimó más cerca. La expresión sobresaltada de Dul por un minuto antes de que se diera cuenta que su amiga estaba durmiendo. Volteó su mejilla para apoyarla contra la oscura cabeza y pronto se quedó dormida ella misma.
*Annie abrió la guía de TV y comenzó a leer las opciones. "'Un paseo por la nubes.' Está programada. Nosotras vimos esa ya. 'Sabrina', esa es aburrida." Dio vuelta a la página. "Vamos a ver cuáles están en pago por evento." Un suave tirón en su muñeca la forzó a mover la guía para que Dulce pudiera mirar con ella.
"Hay esa nueva película de Jim Carrey," la joven mujer ofreció.
"Odio a Jim Carrey. Mira, Bruce Willis haciendo explotar otro edificio."
"Odio las películas de acción. Vamos a ver una romántica."
"¿Por qué una romántica y no una comedia?"
"Bien, este es el Día de San Valentín, boba."
"Si dos personas están realmente enamoradas no necesitan un día para celebrar éste."
"Anahi Puente, eres tan cínica. Dame eso." Dulce tomó la guía de TV y comenzó a buscar a través de las páginas. "Sabes que podríamos jugar o algo si prefieres. Vi que estás dos niveles más arriba que yo en 'Rescuer of the Miden'." Se rió de la avergonzada sonrisa en la cara de la mujer más mayor. "¿Cómo le haces, juegas cuando estoy dormida?"
"Es adictivo. Vamos, encontremos algo para que nosotras veamos."
Quince minutos más tarde la televisión todavía no ofrecía apropiados programas para ver. "¿Hay qué, cien, ciento cincuenta canales en esto y nosotras no podemos encontrar nada para ver?"
"Eso es porque no quieres ver alguna historia de amor y yo no quiero ver alguna de esas películas donde corren rápidamente haciendo explotar edificios," Dulce contestó.
"Mucho para la televisión." Annie presionó el botón de apagado y lanzó el telecontrol sobre la mesa del café. "Este es un emocionante Día de San Valentín."
"Si estás aburrida entonces vamos a hacer algo diferente."
"¿Cómo qué?"
"Podríamos jugar o hacer la uñas la una a la otra o algo así." Dulce estaba también no sabiendo qué hacer. Aunque nunca hubiera creído que podría suceder, estaba realmente bastante aburrida en estos momentos. En dos meses de tiempo habían conseguido ver cada película que Annie poseía y jugado cada juego en la casa varias veces. Realmente no había mucho más para hacer excepto... "Hablar."
"¿Hmm?"
"Vamos hacer un poco de chocolate caliente, recostarnos, y hablamos. Tú sabes, una de nuestras infames conversaciones de chicas." Los ojos de Dulce tenían un brillo de travesura.
"¿Y cuál exactamente sería el tema de la conversación esta noche? No estaré haciendo 'revivir' tus momentos más embarazosos otra vez."
"Oh vamos, tú te enteraste de algunas cosas bastante embarazosas sobre mí también," la joven mujer regañó.
"Bien, eso es verdad," Annie concedió. "Y tú das vuelta a esa tonalidad más linda de rojo. Ok, jugaré pero vamos a estar en la cocina y hacer la cena mientras estamos hablando."
Quince minutos más tarde Dulce estaba sentada en la mesa de la cocina cortando cebollas mientras Annie estaba parada en la plataforma rebanando champiñones. "Contéstame algo," la joven mujer dijo mientras limpiaba el interminable río de lágrimas, "¿Por qué soy yo quien termina siempre cortando la cebolla?"
"Oh, no puedo soportarlas, me hacen llorar," la mujer más mayor dijo descaradamente.
"Eres afortunada de no estar al alcance de mi mano, Srta. Puente," advirtió juguetonamente. Annie sirvió el humeante chocolate caliente en dos tazas, entonces añadió mini-melcochas. Trajo una a la mesa y la dejó al alcance de la joven mujer.
"Estoy al alcance de tu mano ahora, ¿qué es lo que vas a ser sobre eso?" La inteligente ejecutiva se dio cuenta de su error un segundo después cuando los pequeños dedos se deslizados alrededor de su cintura y comenzaron a cosquillearle despiadadamente. "Oh, hey ya, heh heh, vamos ya, Dulce, solo bromeaba." Se hizo hacía atrás fuera del alcance de las juguetonas manos. "Tú solo espera..." dijo entre respiraciones. "Cuando estés fuera de esa silla... Me las pagarás."
"Si, ¿tú y qué ejército?" Dulce le sonreía de oreja a oreja, obviamente completamente orgullosa de sí misma. "Parece que yo solo necesito mis dos manos para derrotarte, oh poderosa guerrera del mundo corporativo."
"Eso es porque conoces mis debilidades," Annie contestó. Y estoy indefensa cuando llegas a resistirte. Se acercó por detrás de la silla y puso las manos en los hombros de la mujer más pequeña. "Y una debilidad ahora mismo es que estoy muriéndome de hambre. ¿Quieres tu filete asado o salteado?"
"Sorpréndeme."
"¿Salteado dijiste? Sale enseguida." Le dio un suave apretón y caminó hacía el refrigerador. "Oh, hay pastel con crema para el postre."
"Suena estupendo. María selecciona siempre la mejor comida," Dulce dijo. "Tú estabas prácticamente babeando encima del pollo anoche."
"Otra de mis debilidades," dijo mientras recuperaba los filetes y la mantequilla.
"Tendré que decirle a tus potenciales pretendientes que el camino a tu corazón es a través de tu estómago."
Y tendría que decirles que mi corazón está ya dado, Annie pensó para sí misma. "¿Y qué sobre ti? ¿Qué cosas secretas debería saber para decirles a tus potenciales pretendientes?" Observó con atención de que Dulce volteaba a todo menos a ella. "¿Qué es eso? No estoy entendiéndote." Nadie puede entender ese murmullo. Vamos, Dulce, déjame entrar.
"Um..." Sus dedos remontaron el delicado diseño de su servilleta. "Yo tengo," finalmente contestó con un encogimiento de hombros. "Supongo que nunca realmente pensé en lo que desearía en un amante."
Ah, ahora estamos llegando a algo interesante. "Ok, así que piensas en eso ahora. Vamos a comenzar con lo básico alto, moreno y atractivo. ¿Ahora qué más?" Puso los filetes a cocinar, agarró su taza, y se dirigió hacia la mesa.
"Bien, supongo que desearía a alguien que fuera inteligente, atento, que tenga sentido del humor pero no sea un bromista práctico, ningún problemas con juego o drogas o algo así."
Por ahora estoy bateando un mil. "Estar atento a tus necesidades y deseos..."
"Pero no a expensas de las suyas," Dulce interpuso.
"Apropiado," convino. ¿Sus propias? Su ceja se levantó levemente. "Ok, ¿qué más?"
"Hmm." La joven mujer golpeó ligeramente su dedo en la punta de su barbilla. "Oh, bien que haya honradez y confianza. Tendría que saber que nunca me mentiría. Tiene que haber esa confianza."
Ups, nada bueno en eso. Hey, ¿Qué ellos nunca mintieran? ¿Qué pasa con la neutralidad de género, Dulce? "No te olvides que él tendría que poder cumplirte cada deseo."
Dulce parecía reflexionar un pensamiento en su cabeza por un momento antes de hablar. "No sé como nuestros padres lo hicieron. Esperando hasta que estuvieran casados para tener sexo."
Whoa, ¿de dónde vino eso? "Um, odio decirte mi amiga, pero no pienso que ellos esperaran. Quiero decir, ¿comprarías un auto sin primero sacarlo para un paseo de prueba?"
"Si, quizá es por eso que tantos intercambian el suyo después de algunos años."
"Pienso que ellos solo están buscando un modelo más nuevo."
"Quizá lo qué están realmente buscando no es un auto en absoluto," Dulce ofreció nerviosamente.
"Tal vez." Annie respiró profundamente y se sumergió adelante en un peligroso territorio. "No todo el mundo está interesado en autos." ¿Estás preguntando si estoy?
"Y eso está bien," la joven mujer dijo rápidamente. "Si alguien preferiría tener una camioneta que un auto, más poder para ellos."
"Con cualquier marca, ellos felices, supongo." Tú y yo sabemos que me estás diciendo que está bien, ¿no es así? Otro pensamiento se le ocurrió a la mujer de cabello rubio. ¿O estás intentando decirme que tú eres? "Hay incluso a los que les gustan ambos." Ya está cubre todo los ángulos, solo en caso.
"Algunas personas no están seguras qué les gusta." Dulce levantó la mirada por un segundo entonces de nuevo en la mesa. "Quizá creyeron que le gustaban los autos pero ahora piensan que quieren una camioneta."
Annie dejó salir una profunda respiración. Oh chica, ¿cómo se supone que yo responda a eso? "Um, bien... e-eso está bien también. Pero pienso que deben tomar su tiempo y no darse prisa en algo debido a que piensan que a alguien más puede gustarle." Observó los nerviosos dedos que golpeaban ligeramente el asa de cerámica. "Especialmente si no están seguros." Vamos ver si consigo eso correcto.
"Quizá han conducido únicamente autos y ahora tienen un amigo que le gustan las camionetas. Pueden pensar que quieren una camioneta también pero realmente no."
"Así qué estás diciendo que no deben darse prisa en algo, ¿incluso si realmente sienten que quieren una camioneta?" Vino la suave voz mientras los ojos color miel se levantaron hasta encontrar los de Annie.
"¿Tuvieron alguna vez deseos de una camioneta antes?" Tanto como las metáforas la conducían a la locura, la mujer más mayor no deseaba hacer algo que pudiera aparecer los fantasmas de la obviamente nerviosa Dulce.
"No."
"Pienso que la mejor cosa es que la persona solo pase algún tiempo paseando en auto por ahí con su amigo para ver si realmente le gustan las camionetas." Eso es, solo dejar todo de la manera en que está, agradable y seguro. El olor de la carne chisporrotear le dio la excusa perfecta. "Maldición, me olvidé sobre los filetes." Annie saltó y fue a la plataforma. "Bueno, están bien. Ahora ves por qué a María no le gusta que cocine."
"Oh, pensé que era porque utilizas cada olla y sartén en la casa."
"Ya veo que las dos hablan de mí cuando no estoy alrededor." Annie sonrió por dentro en el pensamiento. "Espero que sean cosas buenas."
"Sobre todo cosas buenas," Dulce bromeó. Un incómodo silencio siguió, roto solamente por el chisporrotear de los filetes cuando cada mujer se retiró metiéndose en sus propios pensamientos. Para Annie, la conversación reveló mucho más de lo que había esperado. Miró en Dulce. Así qué sientes algo. No estoy imaginando los crecientes tactos y abrazos. Con ese pensamiento sin embargo, vino el miedo. No creo que alguna vez me utilizarías como Christine lo hizo pero no puedo poner todo sobre la línea otra vez. No puedo tomar ese riego. En ese momento Tabitha vino saltando a la cocina y Dulce movió su silla para permitir que el gato saltara a su regazo. Entonces por supuesto, hay el detalle de mayor importancia para mí, que soy la que te golpeó. Estoy segura que si ese pequeño pedazo de información saliera, tú incluso no desearías ser mi amiga mucho menos algo más. En lo más profundo Annie sabía que tenía razón en mantener las cosas de la manera en que estaban, no importa lo que su corazón dijera. Había lastimado a Dulce bastante.
En la mesa, Dulce estaba cruzando su propia agitación mental. Abrazó al ronroneador felino parpadeando al fondo las emociones y fluyendo demasiado cerca de la superficie. Así que ya sabes que lo sé. Miró cuando Annie alcanzó el armario para los platos. Tú sabes y no me deseas. Dulce no estaba segura si estaba aliviada o decepcionada. Su corazón insistió en lo último.
Annie puso los dos platos en la mesa. "¿Necesitas algo más para beber antes de que me siente?"
"No, esto está muy bien, gracias." La joven mujer nunca levantó la mirada de su plato. Sin embargo sabía que esos increíbles ojos azules estaban mirando fijamente en ella. "Esto huele maravilloso." Tomó su cuchillo y tenedor y se enfrascó en cortar su carne. Annie se dirigió hacia el lado opuesto de la pequeña mesa redonda, después se detuvo y se sentó al lado de Dulce.
"Hay más vegetales si quieres."
"No, así está bien." La joven mujer continuó empujando su carne alrededor de su plato.
Annie pudo únicamente sentarse cerca impotentemente y observar como Dulce se retiró metiéndose en sí misma. Odió la tensión pendiendo en el aire pero no estaba absolutamente segura qué hacer o decir para romper esta. "Um, si tienes alguna pregunta sobre las camionetas, uh, quizá pueda contestarlas para ti." Oh, eso es brillante, se regañó. "Quiero decir..." se detuvo por un segundo cuando la mujer más joven levanto la cabeza para encontrar su mirada. "Quiero decir... odio esta torpeza." Compartieron una pequeña sonrisa antes de que Dulce bajara su cabeza otra vez.
"No me emociono especialmente con eso yo misma."
"Entonces hablemos." Más fácil decir que hacer.
"No sé qué decir," la joven mujer dijo en una queda voz. El corazón de Annie se estremeció por el dolor que oyó allí. Sin pensarlo estiró su brazo y puso su mano encima de la de Dulce. El suave apretón devuelto la dejó saber que el tacto era bienvenido.
"Solo di lo qué está en tu mente." Varios bocados del filete desaparecieron antes de que Dulce hablara.
"¿Has tenido muchas camionetas?"
"Um..." No era la pregunta que Annie esperaba. "No, Christine fue la única." Ya está, dije su nombre. Vamos a conseguir más allá de esta cosa estúpida de autos/camionetas.
"Oh." Dulce retiró la mano y comenzó a cortar más carne.
"Tú no puedes mirarme y hablar de esto, ¿puedes?"
"No." Lentamente un rubor se arrastró sobre su cuello. "Nunca fui buena hablando acerca de esta clase de cosas."
"Más en la acción que palabras, ¿eh?" La broma de Annie hizo exactamente lo que esperaba que hiciera. Dulce le sonrió y le dio un golpe juguetón.
"En realidad, cuando viene a esto, no soy realmente muy buena en ninguna categoría." Se relajó un poco, manteniendo el contacto visual por varios segundos antes de bajar la mirada otra vez. "No he tenido la experiencia."
"Quieres decir..." Tienes veintiséis años. Tú no puede ser. "¿P-pero cuando fuiste pillada en el camino de entrada?" Miró el lindo rubor volver a la cara de Dulce.
"No estábamos haciendo 'eso'. Estábamos trabajando nuestro camino para eso cuando fuimos pillados." Apartó su plato, desistiendo de pretender comer. Annie hizo igual. "Después de eso, bueno... eso nunca sucedió."
Annie luchó por mantener una sonrisa fuera de su cara. "Así que tú... nunca has..." La sonrisa se negó a ser ocultada y tuvo que mirar para otra parte. "... um, ¿siendo llevada para un paseo de prueba?" riendo.
"Para de reír." Dulce fingió enojo pero la chispa en sus ojos la traicionó. "No. Nadie me llevó para un paseo de prueba." Tiró a una diabólica mirada en la mujer de cabello rubio. "Eso no quiere decir que nadie miró bajo la capota."
"No podemos comenzar esto otra vez." Annie vació su taza y se levantó. "Dado que la cena obviamente se acabó, vamos a la sala de estar y a relajarnos en el sofá." Tengo el presentimiento que esta conversación va a continuar y yo preferiría hablar bajo la suave luz en vez de esta potente lámpara fluorescente. "Traeré el pastel con crema."
"No te preocupes por mí." Dulce miró a su amiga abrir el refrigerador y sacar una cerveza. "¿Me das una de ésas?"
Annie la miró burlonamente. "¿Qué sobre tu Percocet? Pienso que no deberías beber con eso."
"No he tomado ninguno hoy y no tomaré ninguno esta noche." Dulce no era ni mucho menos una bebedora pero en este momento su boca estaba tan seca que estaba segura que podría vaciar un six pack sin problema.
"Está bien," la mujer más mayor contestó con indecisión. Quizá no debo beber. Necesito mi agudeza cuando estoy contigo, Dulce. Sacó dos vasos del armario y siguió a su amiga dentro de la sala de estar.
Dejó las cervezas y los vasos y en la mesa del café justo cuando Dulce estaba preparada para transferirse de la silla de ruedas al sofá. "Aquí, déjame ayudar."
"Puedo hacerlo."
"Es más fácil si ayudo." Dio un paso adelante y bajó su cabeza. Había sido demasiado tiempo desde que Dulce dejó su ayuda y extrañaba la sensación de sostener a la joven mujer en sus brazos. Un brazo se deslizó detrás de la espalda y sintió los brazos más pequeños envolverse alrededor de su cuello. Sí, eso es, agárrame. Puso su otro brazo bajo las piernas de Dulce y la levantó apartando la silla de ruedas con su rodilla. En vez de poner su precioso paquete abajo enseguida, Annie sostuvo a Dulce sin problemas en sus brazos y bajó la mirada en la cara que amaba. Si solo las cosas fueran diferentes, pensó cuando sus ojos cayeron sobre los suaves labios rosados tan cerca de los suyos. En el fondo de su mente sabía que un beso no sería protestado. Pero el destino a veces encuentra la necesidad de ser cruel, Dulce tuvo que moverse, provocando que el duro yeso de su molde frotara contra el antebrazo de Annie. Fue un inmediato recordatorio a la ejecutiva de todas las razones de no actuar sobre sus sentimientos. Dejó a su amiga abajo rápidamente pero suavemente, desviando la mirada antes de que cambiara de opinión. Pasó al otro lado del sofá y se sentó de lado en el cojín lejano. Un rápido torcer de su muñeca y la cerveza estaba abierta. Annie no se preocupó por el vaso, tomando varios tragos directo de la botella. "¿Quieres algo de música de fondo?" Oh, eso es brillante. Es Día de San Valentín. Todas las estaciones tocaran canciones de amor.
"Seguro." Para Dulce, cualquier cosa era mejor que el ensordecedor silencio. Annie jugó nerviosamente con los diferentes controles hasta que encontró el correcto. Ajustó el volumen a un punto donde podrían apenas oírlo, entonces dejó el control en la mesa. Abrió la otra cerveza y la sirvió en un vaso sin hacer comentario, entonces se lo pasó a Dulce. "Gracias."
"De nada." Annie se recargó contra el brazo del sofá y tomó otro trago de su cerveza. Se miraban la una a la otra, silenciosamente esperando que la otra comenzara. Una canción comenzó y terminó sin un sonido de ninguna de las dos mujeres. "Bien, esto es productivo," la ejecutiva finalmente dijo.
"Quizá debamos solo dejarlo para esta noche," Dulce sugirió.
"No. Necesitamos sacar esto abiertamente." Dio un profundo suspiro y alcanzó su cerveza. Para su sorpresa estaba ya vacía. "Wow. No he tomado una así en mucho tiempo." ¿Por qué estoy tan nerviosa? Sé lo que tengo que hacer. "Dulce, tú significas mucho para mí, sabes eso." Se forzó para encontrar la mirada de la joven mujer, esperando que sus palabras no sonaran tan falsas para Dulce como lo hicieron a sus propios oídos. "Pero tomé una decisión hace mucho tiempo que la empresa viene primero." Incluso sobre mi propio corazón. "No puedo volver sobre eso."
"¿Chris te lastimó tan seriamente?"
"Si ella lo hizo" Annie había estado mirando su regazo y levantó su cabeza en sorpresa en el gentil tacto en su extendido tobillo. "Es más complicado que eso, pero..."
"Tu camioneta esta estacionada en el garaje y no irá a ninguna parte," Dulce ofreció. Sus palabras que le ganaron una sonrisa conmovedora.
"Algo así. Necesito otra cerveza. ¿Qué te parece?"
"Estoy haciéndolo muy bien con ésta." Tomó otro trago y observó cuando Annie salió de la habitación.
Ahora sola, Dulce sentía el nerviosismo que intentaba mantener bajo control echándolo de lado. Sus traguitos se convirtieron en tragos y su vaso estaba casi vacío para el momento en que Annie volvió. Miró el alto, inclinado cuerpo doblarse sobre el cojín y mirarla expectante. ¿Supongo que ahora es mi turno, huh? Tomó otro trago, el alcohol reforzaba su valor. Levantó la mirada en los suaves ojos azules. "No sé lo que quiero," susurró. "Nunca he sentido de esta manera sobre alguien más, Annie." Apartó la mirada y terminó su vaso, su corazón palpitaba con fuerza dolorosamente dentro de su pecho. Dulce no tenía idea de cómo habían comenzado esta conversación pero sabía que no podían dar marcha atrás ahora.
"¿Así qué a dónde vamos nosotras a partir de aquí?" La voz de Annie era titubeante, traicionando las fuertes emociones luchando dentro de ella. "No quiero perder lo que nosotras tenemos." No quiero perderte.
"No, lo sé." Miraba anhelante la cerveza de su amiga. Annie sonrió y se la pasó. "Gracias." Dulce tomó varios tragos de la botella antes de devolverla. "Supongo que las cosas pueden solo permanecer igual. Quiero decir, nosotras somos aún amigas, ¿correcto?"
"Las mejores amigas," Annie corrigió, pasando la cerveza.
"Las mejores amigas." La pelirroja sonrió. "Y las mejores amigas pueden dormir una junto a la otra a y no tiene que significar nada."
"Correcto, y las mejores amigas, pueden aún abrazarse."
"Absolutamente." Dulce estaba animada por la dirección de la conversación. "Y a veces..." El sonrojo comenzó a levantarse sobre sus mejillas. "... si esta es una ocasión especial... ellas pueden incluso besarse." Sus orejas quemadas de un rojo intenso y no se atrevió a levantar la mirada. Si lo hubiera hecho habría visto la ceja arqueada y la sonrisa dirigida en ella.
"Sí, si hay una ocasión especial yo no veo razón de por qué las mejores amigas no puedan besarse." La mente de Annie fue nuevamente al bienaventurado beso bajo el muérdago. Se maldijo por bajarlo después de los días de fiesta.
"Te diré un secreto," Dulce aún no podía mirarla. "Antes, cuando me levantaste. Yo um... pensé... quiero decir yo esperé... que tú pudieras besarme." Dijo las últimas palabras tan bajo que Annie casi las pasó por alto. Levantó la cerveza y dio de regreso la botella vacía. "Lo siento, no me di cuenta que estaba sedienta."
"No te preocupes. Hay suficiente cerveza. ¿Quieres otra?"
"No... si. Por favor." Annie se levantó del sofá y se arrodilló abajo al lado de Dulce. Levantó una mano y dio vuelta a la cara de la joven mujer hacía ella. "Ahora regreso." Su pulgar rozó contra un labio demasiado suave. "Yo deseé besarte también." Se levantó y presionó sus labios en la coronilla del rojizo cabello. "¿Quieres ese pastel de crema ya?"
Con su miedo disipándose, Dulceencontró que su hambre había vuelto. Asintió y miró a Annie salir del cuarto. ¿Deseas besarme también? Estiró su mano y tocó el punto donde los labios de su amiga habían tocado su cabello. Cuando Annie volvió, Dulce la recompensó con una sonrisa de oreja a oreja y los dedos se arrastraron unos sobre los otros cuando la botella fue intercambiada. "Gracias."
"De nada," dijo volviendo a su asiento. Sabía que estaba pisando una línea peligrosa pero no podía detenerse. "Feliz Día de San Valentín, Dulce." Extendió su botella, observando que la joven mujer había servido la suya en el vaso.
"Feliz Día de San Valentín a ti también, Annie." Los cristales tintinearon juntos y ambas tomaron un saludable trago. "¿Recuerdas en la escuela primaria cuando acostumbrábamos repartir valentines a todo el mundo en clase?"
"¿si?"
"Bien, de vuelta entonces pediríamos a nuestros amigos que fueran nuestros valentines, ¿correcto?"
"Correcto, recuerdo eso." Annie sonrió. "¿Srta. Dulce, estás pidiéndome que sea tu Valentín?" Recibió una tímida sonrisa en respuesta. "Seré tu Valentín con una condición." Dejó la cerveza abajo y se movió más cerca. "Tienes que ser el mío, también." Se arrodilló en el cojín al lado de dulce, sus caras apartadas a menos de pulgadas.
"¿Annie?"
"¿Mmm?" Su atención estaba únicamente sobre los labios de la joven mujer.
"Podría el Día de San Valentín... ser considerado... ¿una ocasión especial?" Prudentemente amortiguó la cerveza, Dulce levantó su brazo y encrespó su mano izquierda alrededor de la nuca de Annie, los largos mechones rubios resbalaban a través de sus dedos. No hubo respuesta, sólo una sonrisa y el bajar de los labios a los suyos.
El recuerdo de Annie del beso de Navidad palideció en comparación a la realidad. El suave, delicado roce de labios juntos la hizo tener hambre de más y volvió, mordiendo el labio inferior de Dulce con los suyos varias veces antes de dejar salir lengua para probar la suavidad. Se hizo hacía atrás y recibió un suave gemido de protesta. Oh sí, podría fácilmente perderme en ti, Dulce. Muy fácilmente. "Feliz Día de San Valentín." Annie retrocedió a una distancia 'amistosa' y recuperó su cerveza. Para su inmenso placer, fue otro segundo antes de que los ojos color miel se abrieran y se enfocaran.
Para Dulce, todas las historias sobre los fuegos artificiales y las campanas estallando fueron reales. Se sentía absolutamente mareada y no pudo resolver si fueron los besos de Annie o la cantidad de alcohol que había consumido. La sensación de hormigueo en sus labios gritó su elección y su corazón palpitó con fuerza en acuerdo. "F-feliz Día de San Valentín para ti también." Levantó la mirada y vio la sonrisa de gato Cheshire en la cara de Annie. "¿Qué?"
"Nunca antes mis besos habían dejado a alguien sin aliento." Estiró la mano y tomó la de la mujer más joven en la suya. Mirar en la forma en que tú me miras. Si tú supieras la verdad... Annie echó un vistazo en el reloj, observando que era demasiado temprano para fingir estar cansada. "¿Quieres ver una película?" Sin esperar una respuesta, alcanzó los telecontroles. Un segundo después la música había parado, substituido por Chevy Chase fanfarroneando a lo largo de la película 'Vacations'. "Allí vamos."
Dulce echó un vistazo en la televisión entonces de regreso en la mujer que acababa de besarla tiernamente. Annie se negó a mirarla. Tú no estás engañándome. Esa película justo no es interesante. ¿De qué estás asustada? Nunca te lastimaría como Chris lo hizo, lo juro. Entendía que su amiga necesitaba un poco de espacio y Dulce estaba dispuesta a darlo. La noche había contestado a muchas preguntas. Ahora sabía que sus sentimientos eran recíprocos, por lo menos parcialmente. El beso había sido la prueba. Su miedo a ir más lejos había sido apaciguado por la declaración de Annie que ella no quería tomar su relación en esa etapa, pero ahora Dulce necesitaba...algo. "¿Annie? ¿Puedo acostarme en tu regazo?"
"Me gustaría eso." Se colocaron en la posición familiar, la cabeza de Dulce en su regazo y su mano ligeramente acariciando el rojizo cabello debajo de esta. El tacto llevaba con este un nuevo significado ahora, a la luz de las recientes revelaciones. La ternura estaba aún allí, pero envuelta en una capa de amor que se movía de la una a la otra. Los dedos de Annie se desviaron para trazar el contorno de la pequeña oreja ocultada por el cabello de Dulce. La mano apoyada en su rodilla comenzó a moverse también, trazando ociosos círculos a través del algodón grueso de su pants, haciendo que Annie deseara tanto estar usando un short para así poder sentir esos dedos moviéndose a través de su piel. ¿Oh Dios, cómo voy a hacer esto? Bajo la mirada en Dulce. Si tú solo supieras cuánto deseo hacerte el amor en este momento. No sé si puedo hacer esto, estar tan cerca de ti y no poder tocarte de la forma en que quiero. Su dedo índice recorrió la quijada hasta la barbilla. Te amo tanto, Dulce.
Al final de la noche, era hora para otra prueba. La casa fue cerrada y las luces fueron todas apagadas para la noche salvo la pequeña lámpara al lado de la cama. Dulce estaba preparada para meterse en la cama cuando sintió los fuerte brazos de Annie envolverse alrededor de ella y levantarla. "Imaginé que ayudaría otra vez."
"Huh uh," observó que la alta mujer no hacía esfuerzo de soltarla, no que se estuviera quejando. "¿Supongo que te debo alguna clase de recompensa por ayudarme?" Una sonrisa tiró en la comisura de la boca de Annie.
"Bien, tú no me 'debes' nada pero si quieres darme una recompensa, por supuesto no me importaría." La bajó a la cama, su boca a escasas pulgadas de la de Dulce. Ambas mujeres estaban completamente conscientes de la manera en que la parte superior de sus cuerpos estaban presionándose juntos.
"No me importaría." Sonrió cuando sus labios se encontraron, sorprendidas en lo perfecto que era este sentimiento. Cuando Annie se hizo para atrás, ella se hizo para adelante, prolongando el contacto por otro segundo. Demasiado pronto para su comodidad, el peso sobre ella se movió, remplazado por las cálidas sábanas.
"Buenas noches, Dulce." Annie se acomodó a su lado, el largo brazo se envolvió alrededor de su cintura como de costumbre. Sonrió en la oscuridad. Cuando el nervio naufragó como debía, el día había resultado mejor de lo que Dulce había pensado que sería. A su manera ellas hablaron de sus miedos y sentimientos y ahora estaban durmiendo juntas como hacían cada noche. Aunque sabía que algunas cosas habían cambiado entre ellas, había mucho más que había permanecido igual.

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:14 pm

Bajo su mano para entrelazar sus dedos con los más grandes. "Buenas noches," la adormilada voz de Annie murmuró cuando apretó sus dedos unidos.
"Buenas noches."
****
En el mes que siguió, ambas mujeres se ajustaron a la nueva faceta de su relación y todo lo que esta conllevaba. La revelación y el reconocimiento de sus sentimientos les permitió más libertad cuando venía para demostrar el cariño la una por la otra. Había mucho más contacto y ambas fueron bastante creativas cuando definieron el término 'amigas cariñosas'. Para Annie, no había nada más agradable que pasar una noche intercambiando suaves caricias y tiernos besos con Dulce acurrucada en sus brazos. Continuó diciéndose que no estaba rompiendo su promesa a su padre dado que ella y su diosa de cabellos rojos no eran amantes, sin embargo con cada mirada, cada tacto, Annie sabía que estaba mintiéndose a sí misma. Estaba cautivada por la joven mujer con la tierna sonrisa y suave risa y no había nada que pudiera cambiar eso.
"Penique."
"¿Hmm?" Bajó la mirada para ver sonreír unos ojos que levantaban la mirada en ella. Estaban en su posición favorita sentada en el sofá con Dulce encrespada en su regazo. Había pasado casi una semana y media desde que el molde derecho fue quitado y el izquierdo acortado justo debajo de la rodilla. La diferencia del peso era una bendición para los muslos de Annie y la suavidad del cuerpo de su compañera era también absolutamente bienvenido.
"Un penique por tus pensamientos. Parecías lejos de aquí, durante un rato."
Annie levantó su mano para ahuecar la mejilla de la mujer más joven. "Nada, solo pensando."
"¿Sobre? ¿O debo suponerlo?"
"Sobre ti," dijo simplemente, sacando una sonrisa de oreja a oreja de Dulce. "Me importas mucho tú..." Su pulgar remontó sobre la fina cicatriz en la mejilla de su compañera, un severo recordatorio de la oculta verdad. "Estoy tan contenta de que estés conmigo. Soy muy afortunada."
Dulce sonrió y frotó su mejilla contra la mano grande. "Yo soy la que es afortunada." Trabando los azules ojos con los suyos, continuó. "Nunca entenderé por qué me recibiste en tu casa, una completa extraña, y hacer todo lo que puedes para ayudarme." Se arrimó más cerca, apoyando su cabeza en el pecho de Annie. "Pero siempre te estaré agradecida por eso. Y esto." Agitó su mano para indicar su íntima posición. "Tú no me empujas ni me haces sentir incómoda."
"Nunca," la mujer de cabello rubio dijo vehemente. "Nunca querría hacer algo para hacerte sentir de esa manera."
"Y tú no podrías. Se eso." La cara de Dulce se volvió seria y se apartó un poco. "Apuesto a que deseas que me de prisa y decida sobre si me gustan las camionetas o no." Era una idea que jugaba en ella constantemente en el fondo de su mente, especialmente después de algunos bastante acalorados besos intercambiados.
"Hey," Annie susurró. "Eso es algo que únicamente tú puedes decidir." Atornilla los eufemismos. "Sé que no hablamos acerca de esto mucho pero..." Vaciló, en absoluto segura que quería sacar el tema con el objeto de sus deseos sentada en su regazo. "Es más que solo preocupación por otra mujer." Puso un dedo para silenciar la protesta de Dulce. "Pon tus sentimientos sobre mí a un lado por un minuto. Piensa acerca de lo que significa ser una... lesbiana." Después de muchos años de estar avergonzada por quién era, Annie encontró difícil decir realmente la palabra en voz alta.
"Esto es más aceptado actualmente," Dulce dijo suavemente.
"No en mi mundo." Dijo las palabras más duramente de lo que era su intención, la amargura coloreando su tono. En una voz más baja agregó. "No en mi familia." Su mente destelló de nuevo a ese fatídico día en el estudio de su padre cuando la forzaron a aceptar su castigo de por vida. Bajó la mirada a su amada, Annie decidió que si esa fuera la única cosa que la restringía, podría marcharse por una oportunidad de estar con su Dulce. La fina blanca cicatriz y el yeso restante dieron vuelta completamente al cerrojo en esa puerta.
"Nada tiene que cambiar," la suave voz dijo quedamente. "Ambas somos felices y nadie está siendo lastimado." Annie sintió los suaves brazos envolverse alrededor de ella y un ligero apretón. Feliz devolvió el abrazo. "Vamos," Dulce dijo. "Tu hermana va a estar aquí pronto y estoy segura no querrías que nos viera así." Intentó apartarse pero se encontró mantenida en el lugar por las fuertes manos de Annie.
"No deseo dejarte ir." Las palabras llevaban mucho más significado que solo ese momento y Dulce lo sabía. Se inclinó hacia adelante y besó a la mujer de cabello rubio.
"No me iré a ninguna parte." Sus labios rozaron juntos otra vez y el miedo fue perdido en la cara del amor. Como siempre le gusta hacer, el reloj de abuelo sonó a la hora y rompió el momento. Con la ayuda de Annie, Dulce se levantó en su pierna derecha y deslizó las muletas bajo sus brazos. "¿Dónde pusiste los rotuladores? Sabes que los niños estarán queriendo pintar el molde nuevo."
"Creo que están en un cajón en la cocina. Hablando de lo cual, nosotras podemos probablemente hacer algunas galletas para los chicos."
"¿Y para las chicas?" Dulce apoyó su axila contra la parte superior de la muleta y utilizó su mano libre para palmear el estómago de Annie.
"Bien," la ejecutiva agachó su cabeza y dio una avergonzada sonrisa. "Pienso que hay otro pastel de chocolate chips en el refrigerador." Salieron hacía la cocina.
"No cuentes en eso a menos que María comprara los comestibles ayer," Dulce dijo. Entraron en la cocina justo cuando la minivan de Susan tiró en el camino de entrada.
Annie abrió la puerta corrediza y los saludó. "Fuera de mi camino, yo primero" Ricky el de doce años dijo cuando corrió pasando con el Play Station en la mano. Timmy de diez años y John de seis años lo siguieron rápidamente, ambos hacían la misma cantidad de ruido que el pre-adolescente muchacho. Dulce rápidamente se hizo para atrás contra la plataforma para evitar de ser atropellada por el trío.
"No corran en mi casa," Annie gritó inútilmente.
"No sé... ellos nunca escuchan," Susan dijo cuando entró, seguida por Alfonso. Vio a Dulce y sonrió. "Dulce querida, Annie dijo que estabas en muletas." Se acercó y le extendió su mano. La joven mujer se equilibró en su pie derecho y devolvió el gesto. "¿Así que las cosas te van mejor?"
"Sí, todo va bien según la doctora Barnes. Solo esperando que mi tobillo se cure completamente."
"Bueno bien, me alegra que estés mejor. Sin embargo no deberías estar de pie tanto tiempo." Lanzó a su hermana mayor una mirada y sacó una silla. "Tú solo siéntate justo allí. Si quieres algo, estoy segura que Annie lo traerá para ti." Dulce comenzó a protestar pero decidió que era más fácil ceder. Para su sorpresa, Susan se sentó en la silla contigua. "Alfonso, ve a ver que están haciendo los chicos. No deseo remplazar algunas de las cosas de mi hermana." Una vez que él salió del cuarto, la pelirroja indicó en la silla vacía. "Ven siéntate, yo no quisiera que los niños oyeran por casualidad esto." Dulce y Annie intercambiaron miradas confusas cuando la mujer de cabello rubio se sentó.
"¿Qué está pasando? ¿Todo está bien contigo y Alfonso?"
"Por supuesto todo esta bien con nosotros. Nosotros estamos felizmente casados desde hace trece años," Susan contestó.
"¿Entonces cuál es el problema?" Annie decidió que era mejor no mencionar las aventuras sobre las que sabía, incluyendo la actual.
"¿Tú sabes de ese broche de diamantes que papá le dio a mamá en su vigésimo quinto aniversario?" La Puente mayor asintió. Su padre había gastado una extravagante cantidad, incluso para una familia tan rica como lo eran ellos. Era una de las posesiones más preciadas de Beatrice. Susan bajó la mirada al encaje del mantel. "Ha desaparecido."
"¿Desapareció? ¿Qué quieres decir con que desapareció?" Los ojos de Annie se ensancharon con incredulidad. "Ella lo guarda en su caja fuerte cuando no lo está usando, ¿no es así?"
"Ella dijo que lo puso allí adentro. Únicamente cuatro personas saben la combinación. Mamá, tú, yo... y." Las hermanas se miraron la una a la otra, entonces asintieron lentamente en acuerdo.
"Christian." Annie empuñó sus manos. Dulce nunca había oído un nombre dicho con tanto coraje, como si fuera una maldición. Sin pensarlo, estiró su mano y la puso sobre la más grande. Se dio cuenta de su error inmediatamente cuando sintió el encogimiento y la retiró. Intercambiaron miradas antes de que Annie hablara otra vez. "¿Cuándo descubrió esto?"
"Ayer. No te gustará esto," Susan comenzó. "Dijo que había ido a casa de su amiga para la noche de martes de brigde y cuando volvió notó que el marco de la pintura no estaba al ras contra la pared pero no pensó nada de esto."
"¿Está la caja fuerte detrás del cuadro?" Dulce preguntó.
"¿Cuándo fue la última vez Christian estuvo allí?" Annie preguntó, asintiendo al mismo tiempo a la pregunta de su amada.
"El sábado en la noche." La pelirroja suspiró. "Pienso que él lo tomó y le dije eso a mamá también."
"¿Le dijiste?" La Puente mayor no se molesto en ocultar su sorpresa. "¿Le dijiste que su precioso Christian pudo haberle robado? ¿Qué te dijo ella?"
"Justo lo qué piensas que diría," Susan contestó. "Me acusó de asociarme contigo contra él. Dijo que no entendíamos como estaban las cosas difíciles para él. Pero pienso que me cree." Volteó a Dulce. "Nuestra madre no ve nunca las cosas tan claras como debería."
"Esa es una manera de considerar esto," Annie dijo, secretamente satisfecha que su hermana hubiera invitado a Dulce a entrar en lo que obviamente era una discusión familiar. "Más precisamente, ella ve lo que únicamente desea ver y algo que moleste su visión es incorrecto." Suspiró y rascó su cabeza en la frustración. "Nada que podamos hacer sobre lo que ella piensa. ¿Qué sobre el broche?"
"Pagaremos sobre la reclamación, por supuesto. Ése no es el problema."
"No, el problema es un muchacho que piensa que las drogas lo hacen un hombre. ¿Por qué no me llamaste por esto?"
"Justo supe esto ayer y no quise perturbar tu fin de semana." Miró a Dulce sutilmente. "Además, sabía que te vería hoy."
Annie ignoró la descarada implicación de su hermana. "¿Y qué vamos a hacer sobre él? Ahora él está robando a su propia madre."
"Hice que el cerrajero pasara y cambiara la combinación en su caja fuerte. Seguros Puente pagará la reclamación. Realmente no hay nada más que podamos hacer."
"Eso es todos lo que tomó, ¿solo su broche?"
"Sí," Susan asintió. "Todas las otras joyas están aún allí. Pero solo nosotros sabíamos que el broche era la pieza más cara allí adentro. Tiene ese collar que parece que vale más que ese y estaba sin tocar."
"Christian sabe que todo es valioso. Mamá solo los saca en ocasiones especiales. Probablemente imaginó que ella no lo notaría enseguida." Annie miro a Dulce, silenciosamente deseando que ellas estuvieran solas. Una profunda cólera fluyó dentro de ella y solo el abrazo de la joven mujer podría disminuir ésta. Al infierno con esto, tú ya piensas que nosotras somos amantes. Respiró profundamente, estiró el brazo, y envolvió su mano alrededor de la más pequeña de Dulce.
Susan dio lo que era claramente una incómoda sonrisa. Tú comenzaste esto. Annie apretó la mano de su amiga una vez más, entonces la retiró. Echó un vistazo de lado para ver la sorprendida e interrogativa mirada de Dulce. Sonrió y esperó que la joven mujer pudiera entender. A veces yo solo necesito tocarte.
"Y... um... vamos a hablar de otras cosas." Susan dijo. "¿Conseguiste la receta de María para el pollo relleno?"
"Lo hice, pero no estoy de humor para escándalos alrededor de eso esta noche. Tendrás que venir durante la semana y hacer que ella lo haga."
"¿Quieres decir ese con el brócoli y esa salsa?" Dulce preguntó. "Es delicioso. María dijo que siempre te ha gustado."
"Bien, a Annie le gusta también." La cautivadora sonrisa de la joven mujer provocó que Susan devolviera una del mismo modo. "María hace absolutamente los mejores rellenos."
"Sí, los hace," la Puente mayor convino. Dulce sonrió para sí misma recordando la caja roja que decía 'Stove Top' colocada sobre la barra una tarde. Decidió guardar el secreto de la ama de llaves. Además, había intentado hacer la Stove Top antes, cuando vivía sola, y nunca le quedó tan bien como a María.
Con el asunto librado del gesto físico y puestas en un asunto más familiar, Susan visiblemente se relajó. "Es por eso que Annie decidió conservar a María. Cocina tan bien, si trabajara para mí estaría tan grande como una casa."
"A veces me siento de esa manera también," Dulce dijo, palmeando su estómago. Justo entonces John entró escabulléndose en la cocina.
"Mami, quiero refresco."
"Necesitas decir por favor y tienes que pedírselo a tu tía Annie," su madre dijo. Él miró a su alta tía y repitió su pregunta correctamente.
"Por supuesto."
"Tía Dulce, ¿puedo sentarme en tu regazo?" Sobresaltados ojos encontraron su inocente pregunta. "¿Por favor?" Él agregó, pensando que ese era el problema.
"Um bien..."
"Si tía Dulce quiere dejar que te sientes sobre su regazo, esa es su decisión," Susan dijo. Miró a Annie y asintió.
"Seguro, si quieres hacerlo. Eso está bien." Dulce empujó hacia atrás su silla un poco para darle a él espacio. Él rápidamente se subió y envolvió su brazo alrededor de su estómago para evitar resbalarse. "¿Tus hermanos te dejaron jugar con ellos?" Preguntó en su oído.
"No, ellos no son divertidos para jugar," John puso mala cara.
"Alfonso no es mejor," Susan dijo. "Os juro que al instante que los controles están en sus manos sus treinta años caen." El ruido de los chicos discutiendo atrajo su atención. "Mejor iré a ver lo qué están haciendo antes de que uno de ellos mate al otro." Se levantó y le extendió la mano a su hijo más joven. "Vamos, John."
"Estaremos allí en un minuto," Annie dijo, parada cerca de la silla de Dulce. Una vez que estuvieron solas, se inclinó para un beso. "Pienso que Susan está encantada contigo."
"No lo sé. Cuando me tocaste, parecía que se tragó un insecto."
"Pero incluso después de eso dejó a John sentarse en tu regazo y te llamó tía Dulce."
"Mmm, eso es verdad." Permitió un beso más de Annie antes de alcanzar sus muletas. "¿Llamaste para las pizzas ya?"
"Maldición, sabía que me olvidé de algo. ¿De cuál quiere todo el mundo?"
"Dos grandes de champiñones, dos supremas, y tú quieres tu peperoni y champiñones," Dulce dijo. La estridente voz de Susan vino de la sala de estar. Al parecer había una lucha de voluntades ocurriendo entre ella y su hijo de doce años, Ricky.
Annie meneó su cabeza. "Mejor salgo allá. ¿Puedes llamar por mí? Es tres en el marcado rápido."
"Seguro." Dulce tomó el teléfono y presionó el botón mientras Annie iba a evitar la tercera guerra mundial. Lo consiguió en el primer intento e hizo el pedido. Colgó y estaba justo colocándose sus muletas debajo sus brazos cuando el teléfono sonó. Pensando que era la llamada de regreso del lugar de las pizzas, Dulce lo tomó. "¿Hola?"
¿"A- Annie?" No reconoció la voz pero claramente entendía el tono. La mujer en el otro extremo del teléfono estaba llorando.
"No, soy Dulce."
"¿Podría usted por favor decirle a Annie que su madre está al teléfono? Yo-es muy importante," Beatrice sollozó.
"Espere solo un segundo." Dándose cuenta que no podría sostener el teléfono en una mano y utilizar las muletas, Dulce lo dejó abajo en la barra y se dirigió a la sala de estar.
Susan tenía agarrado a Timmy y Alfonso estaba sosteniendo a Ricky mientras los dos chicos se lanzaban insultos el uno al otro. "Tú hiciste trampa."
"¡No hice!"
"¡Si que hiciste!"
"¡No hice!"
"¡Suficiente!" La voz de Annie retumbó sobre las ruidosas protestas. "Me da igual quién hizo trampa o de quién era el turno. Si ustedes dos no pueden jugar agradablemente yo voy a apagar eso." La amenaza no había detenido a los dos hermanos de discutir una y otra vez.
"Pero él comenzó esto."
"¡Timothy!" Ambos padres gritaron.
"Annie." Dulce se apoyó sobre sus muletas. "Tú madre está en el teléfono." Cuando la alta mujer pasaba, le habló en una voz más baja. "Ella parece que ha estado llorando." Eso hizo a la mujer de cabello rubio vacilar por un segundo antes de tomar el teléfono. Un padre llorando nunca significa algo bueno.
"¿Mamá? Ma... Mamá... Mamá, para de llorar. No puedo entenderte." Silenciosamente indicó para que Dulce llamara a Susan. "Ok, dímelo otra vez, lentamente." La pelirroja entró en la cocina justo cuando Annie intentaba unir las piezas que su histérica madre le estaba diciendo. "¿Están seguros? mamá ok, está bien, tranquila... ¿qué dice él?" Se volteó de espaldas a la otra mujer y se apoyó contra la plataforma. "Mamá, escúchame cuidadosamente, dijo seguro que ese es Christian?" En la mención del nombre de su hermano, la mano de Susan fue a su boca.
"¿Pasa algo?"
"¿Quién te llamó?" Annie preguntó cuando alejaba a su hermana. Tenía bastante para intentar entender lo que Beatrice estaba diciéndole. "No, Susan está aquí. Pasaremos y te recogeremos, sí mamá, estaremos allí en quince minutos, no. No llames a nadie más. Si necesitan ser llamados, lo haré más tarde. No, no llames un taxi. Estaremos justo a allí. Sí, lo prometo... adiós." Presionó el botón de apagado y dejó el teléfono abajo en la barra.
"¿Annie?" Susan dio un paso adelante. "¿Le pasó algo a Christian?" No hubo respuesta. "¿Annie?"
"Christian..." De espaldas a ellas, se agarró del borde de la barra. "Él estaba yendo hacia el este en el carril del oeste de la autopista."
"Oh mi dios," Dulce susurró. Annie se empujó a sí misma para situarse y hacerles frente.
"Dulce, necesito que vigiles a los niños hasta que volvamos. Estoy segura que solo comerán pizzas y jugarán vídeojuegos."
"Por supuesto," la joven mujer contestó. "Cualquier cosa. Sabes eso."
"Traeré a Alfonso y nuestras chaquetas," Susan con voz temblorosa. Salió del cuarto para ir por su marido. Dulce cojeó hacía su alta compañera. Por varios segundos, ninguna habló. Finalmente Annie rompió el silencio.
"No sé qué tan tarde estaremos. Intenta meterlos a la cama a las diez. Hay suficientes habitaciones para que escojan."
"Me ocuparé de eso," Dulce prometió. Levantó su mano y acunó la mejilla de la mujer más mayor. "Te amo."
Los ojos de Annie brillaron y sonrió. "¿Cómo sabes justo qué decir?" Tiró de su amor acercándola y la besó en la cabeza. "Te amo también, Dulce. No mates a los niños ni juegues ningún juego que implique que te amarren, ¿Ok?"
"Pienso que puedo manejarlos. Tienes cosas más importantes de que preocuparte." Sintió a Annie dar un paso atrás y se dio cuenta que Alfonso y Susan habían entrado al cuarto.
"Te llamaré tan pronto como sepa algo."
"No pueden tener nada de cafeína o azúcar después de las siete. John tiene que estar en cama a las ocho y los otros niños pueden permanecer levantados hasta las diez." Susan dijo mientras buscaba en su bolso. "No puedo encontrar las llaves. Alfonso, ¿dónde están las llaves?" Su labio inferior temblaba y sus manos comenzaron a temblar.
"Conduciré," Annie dijo firmemente, arrebatando las llaves de su hermana. El cambio en su tono motivo que Dulce la mirara. Donde suaves curvas acentuaban la fuerte mandíbula, tensos músculos se apretaban justo debajo de la superficie. La espalda de Annie estaba recta, su postura imponente. No era la suave, sensible mujer que era con Dulce en privado. En su lugar estaba la ejecutiva, la líder de una multimillonaria compañía y la cabeza de una poderosa familia. Aunque entendía la necesidad para las dos identidades, Dulce de todas formas desesperadamente deseaba que Annie no tuviera que ser la guardiana todo el tiempo. Odiaba la manera en que la presión y la tensión agotaban la energía de su amada. Mirándolos irse, Dulce pudo únicamente rezar para que todo estuviera bien.
*****
Las campanadas del reloj despertaron a la mujer que dormitaba. Dulce alcanzó sus muletas y se puso de pie. Un rápido frotamiento de sus ojos le ayudó a ver que era las tres. No había habido llamada telefónica aún, ninguna palabra. Fue a la cocina y comenzó a preparar una jarra de café. Sin duda cuando Annie volviera desearía un poco. Pronto Dulce estaba sonriendo en el pacífico sonido de la cafetera. Ricky y Timmy habían decidido continuar su pelea, forzando a Dulce en un momento dado a enviarlos por separado a las esquinas para tranquilizarlos. Esa acción le ganó una colorida serie de palabras de Ricky. Únicamente la amenaza de repetírselas a su tía Annie consiguió calmarlo. A la hora de irse a la cama tomó la salida fácil y dejó a cada chico escoger su propia habitación para dormir. Sus brazos aún le dolían de subir las escaleras dos veces antes de que los sobrinos de Annie se quedaran finalmente dormidos.
Dulce pasó el tiempo bebiendo café en la mesa de la cocina y releyendo el diario. Tabitha saltaba dentro de vez en cuando, exigiendo atención, entonces salía. El total de tres días de noticias impresas y la mitad de la jarra de café resbalaron para antes de que el jeep de Annie tirara por el camino de entrada. Se levantó sobre sus muletas y fue a la puerta, abriéndola con tiempo para ver a Alfonso ayudando a su esposa y suegra a salir del vehículo. "Oh Señor," susurró, sabiendo que lo peor había sucedido. Annie asumió el control por su cuñado y ayudó a Beatrice a entrar.
"¿En qué habitaciones metiste a los niños?" Preguntó cuando pasaba.
"Las habitaciones a ambos lados de la tuya y la que está al final del pasillo," Dulce dijo, ahogando al fondo un nudo en su propia garganta. Hasta que vio las desoladas miradas en sus caras, se había estado aferrando a la esperanza de que Christian hubiera sobrevivido de alguna manera al accidente. Annie asintió y miró a Alfonso.
"La habitación de la izquierda cerca al final del pasillo está vacía. Ponla allí. Pondré a mamá en mi habitación." Tomó el bolso de la matriarca y lo dejó en la barra. "¿Mamá? Vamos, pienso que necesitas acostarte por un rato."
"Pero tengo que llamar..."
"Me ocuparé de que todo el mundo sepa. Necesitas acostarte." Vio a Alfonso conducir a su esposa fuera del cuarto. "Vamos, iremos arriba ahora."
"Horrible... Esto es solo tan horrible..." Beatrice gritó.
"Lo sé, mamá. Vamos ya." Annie condujo a la afligida mujer.
Quince minutos más tarde volvió a la cocina. "Dulce, ¿crees que puedas hacer una jarra de café?"
"Ya la hice. Tu taza está en la mesa." Annie miró en la familiar taza, entonces en su compañera. "Imaginé que necesitarías un poco de café," Dulce dijo con un encogimiento de hombros. "He tomado un poco yo misma." Ambas miraron la jarra casi vacía.
"Ese es buen pensamiento." Frotó sus ojos. "¿Qué hora es?"
"Casi las seis treinta."
"Supongo que debo esperar una hora o así antes de empezar a llamar a todo el mundo." Annie envolvió las manos alrededor de su taza y miró fijamente el oscuro líquido. Insegura qué decir, Dulce permanecía silenciosa, dando a su compañera el tiempo que necesitaba. Los azules ojos brillaron con la amenaza de derramar las lágrimas pero permanecían enfocados en el café. Después de un prolongado silencio, Annie comenzó a hablar. "Los testigos dijeron que giró fuera de la rampa en vez de sobre la rampa." Su labio inferior tembló y parpadeó rápidamente. "Iba a exceso velocidad y chocó contra un camión de basura justo antes de entrar a la autopista."
"Annie, lo siento tanto." Puso su mano en el fuerte antebrazo.
"Ellos um..." El parpadeo aumentó cuando luchaba por mantener las lágrimas dentro. "Ellos tienen que hacer una autopsia." Su voz se enredaba. "Piensan que tomó... drogas..." Un sollozo se escapó de sus labios y Annie se encontró siendo tirada en los brazos de Dulce.
"Está bien, te tengo," la joven mujer arrullaba. Las sillas rasparon a través del piso de la cocina cuando se acercaron, ninguna quería romper el contacto. La guardiana necesitaba consuelo y Dulce era la única que podía proporcionarle este.
"No e-es justo. Era demasiado joven," Annie se atragantaba. "Las drogas..."
"Lo sé." Besó su frente. "Lo sé." Comenzó a mecerla mientras las calientes lágrimas empapaban su camisa. Los sollozos atormentaron al alto marco pero Dulce seguía, murmurando consoladoras palabras y frotando suavemente la espalda de Annie. "Te tengo... eso es, suéltalo."
"Fueron esas malditas drogas," gritó.
"Lo sé." Dulce continuó meciendo y sosteniendo a su amada hasta que finalmente las lágrimas amainaron y los sollozos se redujeron a sorbidos. Sintió el tirón de Annie hacía atrás y soltó el abrazo. "¿Mejor?" Recibió un tembloroso cabeceo. "Ven aquí." Tomó una servilleta de lino de la mesa y limpió la húmeda cara. "Desahógate... eso es mejor."

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:15 pm

"Gracias, solo necesitaba... bien, esto." Annie con fatiga se hundió nuevamente en su silla y movió su cabeza. "Esto es solo tan difícil de creer." No había nada que Dulce pudiera decir así que arrimó su silla hasta que sus rodillas estaban tocándose. Annie puso su mano sobre la más pequeña y la apretó. "Los próximos días van a ser duros."
"No tienes que atravesar esto sola." Dulce levantó su mano libre y ahuecó la mejilla de su amor. "Estaré justo aquí contigo, lo prometo." Miró el reloj. "Es aún demasiado temprano para llamar a todo el mundo y realmente necesitas un poco de descanso. Has estado levantada toda la noche."
"¿Qué sobre ti?" Por primera vez Annie notó los oscuros círculos debajo de los hermosos ojos de su amada. "¿Dormiste algo?"
"Me quedé dormida alrededor de las dos pero estaba levantada para las tres."
"Ambas necesitamos dormir un poco." Se levantó, entonces frunció el ceño. "Tengo que dormir en el sofá. Si alguien despierta..." No hubo necesidad de acabar la oración.
"¿Por qué no tomo el sofá? Necesitas la cama cómoda más que yo."
"Estoy demasiado cansada para discutir contigo Dulce."
"Entonces no lo hagas," la joven mujer dijo firmemente. Annie la miró y se preguntó si alguien más podría hablarle de esa manera y salir impune por eso. Sospechó que nadie, excepto tal vez María. Sus ojos se entristecieron en el pensamiento de dar la noticia al ama de llaves quién había conocido a Christian desde que era un bebé.
"Hay tanto hacer. Tengo que llamar a los primos..."
"Puedes hacer todo eso después de que hayas tenido un par de horas de descanso." Dulce se forzó para levantarse sobre sus muletas. "Vamos ya, me acostaré contigo hasta que te quedes dormida." Annie asintió con fatiga. Necesitaba descansar y no había duda que con su pelirroja amiga a su lado podría hacer justo eso.
Después de ir al baño y de cambiarse sus pantalones, Annie se arrastró en la cama. "¿Estás segura qué no te quedaras dormida?" Murmuró grogui mientras arreglaban sus almohadas.
"No, he tomado tanto café que no pienso que podré dormir." Dulce extendió su brazo. "Ven aquí, déjame sostenerte." Pronto Annie se acomodó contra su pecho. "Eso es," comenzó a acariciar el largo rubio cabello. "Tú descansa y deja que me ocupe de ti para variar."
Dulce estaba tarareando suavemente y dulcemente acariciaba la espalda de su durmiente compañera cuando oyó el auto llegar por el camino de entrada. Cerró sus ojos lentamente con la certeza que era ya lunes y en menos de un minuto María estaría cruzando la puerta, totalmente inconsciente de los acontecimientos de la noche previa. Echó un vistazo en Annie y sabía que no podría despertarla para esto. "Me ocuparé de eso," susurró antes de deslizarse y poner un tierno beso en el hombro de la durmiente mujer.
Entró a la cocina justo cuando María estaba cerrando la puerta corrediza. "Oooh, ese viento," el ama de llaves dijo cuando se quitaba su chaqueta. Dio vuelta y se dio cuenta que no estaba sola. "Oh, buenos días, Dulce. ¿Es el auto de Susan el que está en el camino de entrada?" En ese mismo momento notó la cafetera medio vacía y los periódicos derramados sobre la mesa.
"Sí."
"Dulce, ¿qué pasa? ¿Dónde está Annie?"
"Está durmiendo. María, por favor venga siéntese." Dulce apoyó las muletas contra la barra y sacó una silla.
"¿Por qué Susan está aquí? ¿Están los niños bien? ¿Algo le sucedió a Alfonso? Está..."
"No, ellos están bien. Por favor siéntese." Dulce soltó una respiración y esperó a que el ama de llaves se sentara antes de sentarse ella misma.
"Estás asustándome. ¿Qué pasa?" La voz de María estaba llena de preocupación. Dulce sentía la garganta apretarse incluso antes de que hablara.
"Desearía que hubiera una manera fácil de decirle esto." Dándose cuenta que sus palabras estaban únicamente inquietando más a la mujer mayor, respiró profundamente y continuó. "Christian se mató en un accidente de auto anoche."
Como un espejo rompiéndose, la cara de María perdió toda la compostura y rompió en llanto. Como hizo con Annie, Dulce tomó a la afligida mujer en sus brazos y la confortó. El ama de llaves permitió el contacto por algunos minutos antes de levantarse y limpiar sus ojos. "Bien entonces, creo que hay cosas que debo hacer." Se acercó a la cafetera. "Estoy segura que una jarra recién hecha estaría en orden."
"María, usted no tiene que hacer eso."
La mujer mayor volteó y la miró. "Dulce, no soy una Puente. Annie dice que soy el ama de llaves pero eso no me hace familia. Recuerdo cuando su padre falleció. Trabajé para ese hombre por veinticinco años y en el día de su funeral estaba aquí asegurándome de que hubiera bastante comida para la gente que iba a llegar después del servicio de entierro."
"Eso es terrible," Dulce jadeó. "¿Annie no le dio el día libre?"
"Annie no estaba a cargo entonces, estaba su madre." María vació el café en el fregadero y giró en el grifo. "Dijo que me necesitaba aquí para ocuparme de todo por ella. ¿Qué era lo que se suponía que hiciera?"
"Estoy segura que Annie no esperará que usted trabaje." Cojeó dando otro paso y habló en una voz más baja. "Beatrice está aquí también."
"Bien entonces, estará esperando té caliente cuando baje." María abrió el armario y sacó la tetera. "¿A qué horas vas a despertar a Annie?"
"Pienso que le daré otra media hora o así. Estuvo levantada toda la noche."
"Hmm, Beatrice normalmente despierta a las ocho. Probablemente debes despertar a Annie una vez que el café este listo." Dulce asintió en el acuerdo. No sería una buena cosa despertar a su compañera y entonces hacerle frente a su madre inmediatamente.
*****
Dulce siguió a María dentro de la habitación y dejó la taza humeante de café en la mesita de noche.
"Comenzaré el desayuno para los niños. Estoy segura que estarán levantados pronto."
"Gracias. Estaremos afuera en algunos minutos," dijo, sus ojos nunca dejaron a la durmiente mujer.
Una vez que oyó el clic de la puerta cerrándose, Dulce recargó las muletas contra la pared y se colocó al lado de su compañera. Se apoyó sobre un codo y bajó la mirada, silenciosamente deseando no tener que despertar a Annie. Incluso dormida la cara de la ejecutiva mostraba los signos del dolor. Los aún cerrados ojos mostraban la hinchazón por el llanto y no había paz en las cinceladas facciones. "¿Annie? Hora de despertar, cariño."
"¿Hmm?" Los ojos que no obtuvieron bastante sueño se abrieron con momentánea confusión. "¿Qué hora es?"
"Cuarto para las ocho," la joven mujer contestó. Annie gimió y se incorporó.
"Supongo que mejor me levanto entonces. Tengo un día ocupado delante de mí." Sus ojos se ensancharon en la vista del café que le era dado. "Oh, gracias." Tomó un trago y sonrió agradecidamente. "Necesitaba esto." Tomó otro trago, después miró a Dulce juguetonamente. "¿Tú hiciste esto?"
"María lo hizo."
"Oh Dios, María." Annie puso su mano a su boca. "Tengo que..."
"Me ocupé de eso por ti," Dulce dijo en un tono bajo, sus ojos traicionaban justo lo difícil qué había sido para ella ser la portadora de las malas noticias.
"Ven aquí." La alta mujer apoyó la espalda contra la cabecera y extendió su brazo derecho.
"Pero tienes cosas que hacer," dijo, aunque no había nada más en el mundo que deseara hacer en ese momento que acurrucarse en los brazos de Annie.
"Puedo prescindir de un minuto." Tristes ojos azules miraban a Dulce. "Realmente necesito sostenerte." Cuidadosa de no derramar el café, se abrazaron, la cabeza de Dulce apoyada contra el pecho de la ejecutiva. "Gracias."
"Si hay algo que pueda hacer..."
"Tú lo estás haciendo ahora," Annie dijo, presionando sus labios contra la cabeza de Dulce. "Solo necesito algunos minutos de tranquilidad contigo antes de que salga allí y haga frente a cualquier persona." Tomó otro trago de café y comenzó ociosamente a acariciar los cabellos de miel. "Va a ver centenares de personas que estarán entrando y saliendo por los próximos días. Tabitha estará pasando mucho tiempo en el cuarto de lavado." Frotó su mejilla contra el suave cabello entonces tomó otro trago. "¿Si Alfonso y Susan se quedan, podrías ayudar a mantener a los niños ocupados? Les gusta jugar videojuegos contigo."
"Por supuesto, Annie. Cualquier cosa que tú necesites." Tanto como ella no deseaba hacerlo, Dulce se separó del abrazo. "Mejor vuelvo allí y veo si María necesita alguna ayuda. Además, estoy segura que quieres vestirte antes de que todo el mundo despierte."
"¿María? ¿Ella no se fue a su casa?"
"No, está haciendo el desayuno."
"Dile que puede irse a su casa. No tiene que trabajar hoy." Annie estaba sorprendida de recibir un rápido abrazo. "¿Por qué fue eso?"
"Sabía que no la harías trabajar."
"Por supuesto que no. ¿Cómo podría esperar que trabaje después de esto?"
"Tú madre lo hizo cuando tu padre murió." Miró la quijada de Annie tensarse.
"No soy como mi madre," dijo tajantemente. Arrojó las sabanas detrás y se levantó. "¿Dulce, te importaría decirle a María?"
"No, no me importaría en absoluto," la joven mujer dijo momentos antes de que Annie cerrara la puerta del baño. Tomó la taza vacía. "Tendré café recién hecho esperando por ti cuando salgas." Era más fácil decir que hacer cuando Dulce intentaba resolver como maniobrar con sus muletas. La solución fue sostener el asa con sus dientes, lo cual le ganó una mirada de desaprobación de María cuando entró a la cocina.
"Eres tan testaruda como ella lo es, ¿no es así?" El ama de llaves la reprendió cuando tomó la taza.
"Sabes que habría ido a recogerla. No necesitabas traerla aquí."
"María, Annie dijo que usted no tiene que quedarse hoy. Estoy segura que podemos manejar todo."
"¿Fue esa su idea o la tuya?"
"Suya."
"Ya veo." El ama de llaves asintió. "Puedo esperar eso de alguien tan generosa como Annie. Sin embargo, pienso que debo quedarme."
"¿Por qué? Usted está justamente tan perturbada como todo el mundo, ¿por qué debe quedarse y trabajar?"
"¿María? ¿María está usted allí?" Beatrice gritó desde las escaleras.
"Por eso," la mujer mayor dijo. Salió a la sala de estar y levantó la mirada en la matriarca. "Hay té esperando por usted, señora Puente."
"Oh que bueno que está aquí." Beatrice bajó las escaleras, su cara mostraba las señales de una madre abatida. "Es terrible, ¿no es así? Solo simplemente terrible."
"Trágico," el ama de llaves estuvo de acuerdo.
"¿Dónde está mi hija?" Finalmente vio a Dulce apoyada sobre sus muletas. "Hola, querida. ¿No eres tú la pequeña amiga de Annie? ¿La que estaba en la silla de ruedas?"
"Sí. Mi nombre es Dulce."
"Dulce, ¿dónde está Annie?"
"Ella está vistiéndose. Saldrá en un minuto."
"¿Ha comenzado a llamar a alguien ya?"
"Lo haré en un minuto," Annie dijo cuando salió de la habitación de Dulce. Parecía serena pero Dulce sabía que era una actuación. Los hinchados ojos dijeron que nuevas lágrimas de dolor esperaban para desbordarse. "Buenos días, mamá."
"No hay nada bueno acerca de este día, Anahi. Tú mejor empieza. Llama a tu tía Elaine primero." La matriarca caminó a zancadas en la cocina, despidiendo con eficacia a su hija.
"Supongo que es mejor empezar a hacer algunas llamadas telefónicas." Miró en la dirección de la cocina y meneó su cabeza. "Voy a utilizar el teléfono en la oficina. Discúlpenme."
Dulce esperó hasta que la puerta al cuarto se cerró antes de hablar a María en silencioso tono. "¿Por qué es tan cruel con Annie?"
"No está tratando de ser cruel," el ama de llaves explicó. "Beatrice tiene una cierta manera de manejar las cosas. Ésa es su manera."
"Sé que está dolida pero Annie también. ¿No puede ver eso?"
"Algunas personas no puede ver más allá de su propio dolor, Dulce." María miró a la cocina. "Tengo que entrar allí."
Dulce se quedó parada allí por un momento, su primer instinto fue hacerle compañía a Annie pero entonces se dio cuenta que había una mejor manera de ayudar a su amiga. Acorazándose ella misma, siguió a María a la cocina.
*****
Beatrice estaba sentada en la mesa con una taza de té en una mano y un pañuelo en la otra. "Señora Puente, ¿le importaría si me siento aquí?" Dulce preguntó dulcemente. "Todavía no puedo estar de pie por mucho tiempo."
"Bien sí, siéntese. María, un poco más de té."
"Gracias," la joven mujer dijo cuando tomó asiento. El ama de llaves se acercó con la tetera y una taza de café para Dulce. Intercambiaron miradas pero no dijeron nada. Beatrice miraba su reloj.
"Pensaba que Ricky estaría levantado ya. Él siempre es un madrugador."
"Estuvo levantado hasta tarde. Tuve problemas para conseguir que se durmiera."
"Eso es, usted los vigiló, ¿no es así?" Dulce asintió. La matriarca sorbió su té. "Ese Ricky. Es como Christian, usted sabe."
"Me temo que no me familiaricé con su hijo. ¿Por qué usted no me cuenta sobre él?"
Annie entró en la cocina una hora más tarde buscando su café. Su garganta comenzaba a estar seca después de hacer tantas llamadas. Una ceja se arqueó en la vista de su madre, Dulce, y Susan sentadas y hablando en la mesa. Dado que la espalda de Beatrice daba hacia ella, Annie esperaba poder entrar furtivamente, conseguir el café, y salir. El sonido de la voz de su hermana, sin embargo, truncó esa esperanza. "Annie."
"Buenos días Susan." Se dio vuelta e hizo frente a la mesa. "Mamá, Christopher y los niños estarán aquí en un rato. La mayoría estará aquí esta tarde."
"¿Hiciste los preparativos? Quiero qué te asegures de que tenga lo mejor, lo mejor de todo."
"Me ocuparé de eso" Annie dijo. "Tengo algunas llamadas más por hacer. Laura puede encargarse de los socios y ponerlo en la prensa." María le dio la taza. "Regresaré más tarde."
"¿Llamaste a tu tía Elaine?"
"Su servicio contestó. Regresará la llamada."
"Pero estás en el teléfono." La voz de la matriarca se levantó incisiva. "No podrá llamar Anahi, no quisiera que se enterara de esto en las noticias."
"Tengo la llamada esperando, mamá. No conseguirá la señal ocupada."
"No puede enterarse de esto en las noticias. Christian era su sobrino preferido."
"Le dejé un mensaje con su servicio." ¿Qué es lo que quieres que yo haga? No puedo hacer que me llame. Tragó su café, haciendo una mueca de dolor en el quemante calor que bajaba por su garganta.
"Señora Puente. ¿Le gustaría un poco más de té?" Dulce preguntó.
"No en este momento, querida. Debo ir a pasar algo de tiempo con mis nietos." Miró a su hija más joven. "Susan, supongo que si tú y Alfonso tienen otro niño lo llamarás Christian."
"Mamá, hemos decidido que tres..."
"Tonterías. Eres ciertamente bastante joven y no es como qué tu figura podría arruinarse por otro niño. Tu hermana continúa sin mostrar ningún interés en tener niños." La matriarca se levantó. "Voy a ir con los niños y después puedes llevarme a casa, Annie. Te dejaré saber cuando esté lista."
Los nudillos de la alta mujer dieron vuelta al blanco cuando agarró la asa de su taza y echaba fuego por los ojos en la retirada de su madre. Susan se paró al lado de su hermana. "No sabe lo que está diciendo. Está solo dolida por lo de Christian."
"Sabe exactamente lo que está diciendo, hermana. El problema es que nosotras continuamos aguantando esto." Volteó a Dulce. "La gente va a comenzar a llegar pronto. Es posible que quieras entrar en tu habitación antes de que suceda."
"No." Recogió sus muletas. "Puedo ayudar. Vigilaré a los niños para que los adultos puedan estar juntos. No me importa."
"¿Estás segura?" Annie la miró y fue difícil forzarse para no buscar un abrazo. ¿Sabes cómo de loco va a estar y tú aún quieres ayudar? Estaba segura que no sería tan generosa si la situación fuera inversa. Entonces otra vez, cuando viene de ti, no hay nada que yo no haría. "Gracias," dijo suavemente.
"Por supuesto. Eso es lo menos que puedo hacer." Dulce sonrió y Annie se encontró irremediablemente perdida en ésta.
"Ahem." La tos cortés de Susan rompió el momento.
"Es mejor que regrese a las llamadas telefónicas."
"Annie, me aseguraré de que mamá llegue a casa. Tú preocúpate de entrar en contacto con todo el mundo," la pelirroja dijo.
*****
Estaba casi anocheciendo cuando Susan y su familia se fueron a casa de Beatrice. Annie decidió permanecer oculta en la oficina tanto como fuera posible mientras sin que lo supiera Dulce estaba haciendo lo posible para mantener a la matriarca alejada de ella. Cuando la minivan se retiró de su camino de entrada, la mujer de cabello rubio exhaló un suspiro de alivio y entró a la sala de estar. Maldición. En su escondite, no había notado que el grupo de parientes que llegaron estaban sobrepasando a aquellos que se habían ido y ahora cerca de treinta Puente estaban flotando alrededor. Vio a Dulce inmediatamente y fue directamente a ella. "Hola."
"Hola. Tu madre se fue."
"Vi eso." Echó un vistazo, su alta figura le permitía ver pasar la masa de gente. "¿Piensas que podrían ser un poco más ruidosos?"
"¿Quién es el de chaqueta azul con la corbata deshecha?"
"Michael. Posee una representación de Toyota. Uno de los primos," Annie dijo cuándo miró al hombre joven, frunciendo el ceño en su actuación de duelo.
"Oh."
"¿Por qué preguntas?"
"Estaba diciéndome que él y Christian estaban muy unidos."
"Si y estaba 'unido' a papá después de que murió. Entonces no consiguió nada y ahora no."
"Quieres decir que está únicamente actuando así porque..." Dulce se detuvo, pensando en cómo Dolores actuaba cuando su padre murió. "Eso es horrible."
"Estoy sorprendida que esté aquí y no saqueando el condominio de Christian en éste momento. Debe haber estado tan cercano a él que olvidó la dirección por todo su dolor." Oculta de la vista de otros, una pequeña mano recorrió la espalda de Annie y comenzó a frotar en suaves círculos.
"Estarán marchándose pronto, ¿no es así?"
"Bien, no hay razón para que ellos se queden. Todos dieron sus condolencias a mamá y averiguaron cuando y donde el entierro está programado. Solo cayeron aquí porque no tienen un lugar mejor para estar." Un fuerte estruendo del cuarto de juegos atrajo su atención. "Vuelvo enseguida."
El estruendo resultó ser una barra completa con sus ocupantes. "Hey, Annie," el borracho hombre arrastró las palabras. Dos de la media docena de hombres que estaban parados alrededor se movieron para ayudarlo a levantarse. Un alcoholímetro no era necesario para saber que todos estaban absolutamente borrachos.
"Christopher, ¿qué estás haciendo?"
"Los muchachos y yo estamos solo levantando un poco a Christian." Se tambaleó de nuevo directo sobre el taburete. Ella caminó más allá de él y fue detrás del bar.
"Una botella de escocés y la mitad de una botella de vodka. Ustedes individuos han estado brindando por él suficientemente, creo." Tapó el vodka y apagó la luz detrás de la barra. "Creo que es hora para que sus esposas los lleven a sus casas." Caminó alrededor apagando las luces y colgó los tacos. Uno por uno los hombres refunfuñaron y salieron del cuarto, no todos sin ayuda. Le llevó un poco más de tiempo separar al grupo de mujeres reunidas hablando de cada tema imaginable. Únicamente cuando el último pariente se fue hizo a María aparecer con la aspiradora. "No te preocupes esta noche," Annie dijo.
"Mira ese cuarto," el ama de llaves dijo incrédulamente.
"Todavía estará aquí por la mañana, María. Este ha sido un largo día y estoy agotada. Por favor, solo deja esto hasta mañana, ¿Ok?"
"Si lo deseas. Estaré aquí a primera hora como de costumbre. ¿Debo traer algo especial del supermercado?"
"No, nada"
"Un rollo de pasta para galletas chocolate chip," Dulce intervino. "Um, tú sabes, a los niños le encantan las galletas. Quizá los mantendrá ocupados." Cogió la ligera sonrisa en los labios de Annie y sabía que su idea fue bien recibida. "Mejor que sean dos," enmendó, sus ojos nunca dejaron a los de su amiga.
Una hora más tarde, dos cuerpos estaban acurrucados alrededor uno del otro, ambos luchando con los bostezos. "Eres una mujer increíblemente atenta," Annie murmuró en el oído de la joven mujer.
"¿Mm?"
"Las galletas. Y sé que toleraste a mi madre para mantenerla apartada de mí." Apretó el hombro bajo de su mano. "No sabes cuánto agradezco eso."
"Tú tenías bastante sobre qué preocuparte." Se retorció metiéndose en el cálido cuerpo detrás de ella. La ventaja más grande de tener su molde acortado era que podía acomodarse tan cerca como deseara de Annie. "No es tan mala."
"Eso es porque no es tu madre."
"Cierto."
"Esa es una buena cosa también." La mano que había estado apretando el hombro de Dulce, se movió hacía su cintura.
"¿Por qué es eso?"
"Porque," Annie contestó mientras tiraba de la más pequeña mujer sobre su espalda y ponía las manos en ambos lados de la cabeza de cabellos rojizos. Relajó sus hombros, trayendo sus labios tan cerca que sus respiraciones se mezclaron. "Eso te haría mi hermana y garantizo que hay veces en que mis pensamientos en ti, están lejos de ser fraternales." Incluso en la tenue luz de la luna Dulce pudo ver la maliciosa sonrisa antes de que fuera substituida con una cara más seria. "No sabes cuánto me has ayudado hoy. Me hiciste sentir... bien... muy especial."
"Con todo lo que significas para mí, ¿cómo podría hacer algo menos?" Subió su mano y acarició la cincelada cara sobre ella. "Y tu eres especial. Sé que va a ser difícil tratar con tu familia por los próximos días pero estaré allí ayudándote a atravesar esto. Ahora vamos, estás cansada, estoy cansada, y mañana será otro largo día. Ya hemos hablado suficiente por esta noche." Dulce puso su mano en el hombro de Annie y tiró de él, forzando a la más alta mujer a acostarse contra ella. "Eso es mejor."
"¿Dulce?"
"¿Mm?"
"¿Puedo quedarme así... en tus brazos?" La mujer que normalmente se hacía cargo sonaba casi como una niña asustada con su petición.
Tan duro como esto era para Dulce el oír a Annie en tal dolor, esto llenó su corazón de saber de qué era la mujer de más edad que volteaba por consuelo. "Siempre," susurró, apretando su agarre.
"No puedo creer que se haya ido." Hubo un largo silencio. "Sé que las cosas habían sido difíciles entre nosotros últimamente pero eso no es lo que veo cuando pienso en él."
"¿Qué ves, Annie?" Susurró, su mano se movía acariciando el largo cabello. "Cuéntame sobre el Christian con el que tú creciste, el que tú amabas."
"Era de pequeño el muchacho más lindo." Dulce sintió el cuerpo contra el suyo relajarse cuando los felices recuerdos emergieron. "Estábamos unidos cuando eramos pequeños. Lo que sea que yo estuviera haciendo, quería hacerlo. Era mi sombra." Una lágrima cayó y Annie tragó difícilmente.
"Hey, ¿harías algo para mí?"
Un asentimiento. "Cualquier cosa."
"Piensa atrás a un feliz momento, solos tú y Christian. Cierra los ojos y represéntalos en tu cabeza." Esperó algunos segundos. "¿Lo estás viendo? Ahora, cuéntame sobre eso. ¿Es verano o invierno?"
"Verano."
"¿Adentro o afuera?"
"Afuera. Estamos acampando con la familia."
"¿Qué es lo que ustedes dos están haciendo?"
"Pescando." Dulce sintió la sonrisa de Annie contra su pecho. "Era un día perfecto. Estábamos en el muelle, solo nosotros dos." Su frente se surcó. "No sé dónde estaban todos los demás."
"No te preocupes por ellos," la joven mujer dijo, continuando su suave caricia a la rubia cabellera. "Estabas pescando con Christian. ¿Capturaste un pez?"
"No, pero él lo hizo." Se relajó contra Dulce otra vez. "Bonito y muy grande. Luchaba como el diablo también."
"Cierra tus ojos. Ahora piensa sobre ese día y cuánta diversión tú y Christian tuvieron juntos. Eso es..." Dulce cerró los ojos y dejó que la profunda y regular respiración cerca de su oído la calmara en el mismo pacífico sueño.
*****
Dulce fue una constante fuente de apoyo para Annie. El informe de la autopsia había vuelto con desagradables noticias. Una variedad de drogas ilegales fueron encontradas en el sistema de Christian. Los Puente habían esperado mantener la información privada, pero ellos eran un nombre en Albany y mientras las noticias de la mañana divulgaron que uno de los Puente había muerto en un accidente anormal, las noticias de la tarde no estuvieron tan amables. Una estación encontró la excusa perfecta para reutilizar viejas imágenes, enganchó la noticia de la autopsia de Christian con un informe sobre drogas en Corporate América. Esto produjo, mucho para la consternación de la familia, manada de reporteros de noticias alrededor de la casa de Annie, negándose a aceptar la corta declaración que la familia estaba de luto y no tenía ningún comentario sobre los resultados de la autopsia. Antes de que el día hubiera terminado, ellos recibieron noticias que el conductor del camión de basura había demandado un juicio contra el estado de Christian. Beatrice declaró que la autopsia era nada menos que una 'exagerada fabricación' y el conductor del camión 'un codicioso oportunista' que intentaba aprovecharse de un desafortunado accidente. Dulce escuchaba las observaciones y asentía frecuentemente, haciendo su parte para hacerle las cosas más fáciles a Annie.
Para el día del funeral, sin embargo, la paciencia de la ejecutiva y la tolerancia estaban ambas en bajo suministro. Los últimos días habían amontonado frustración sobre frustración en ella y la familia parecía felizmente ignorante de la tensión que estaban poniéndole. No únicamente reuniéndose en su casa para llorar, se reunían para visitarse con cada uno de los otros, no permitiéndole a Annie privacidad o tranquilidad. A pesar de los mejores esfuerzos de Dulce, Beatrice todavía conseguía deslizarse más allá e interrogar a su hija sobre cada detalle del servicio. Había discusión de las más pequeñas cosas, tales como quién viajaría en que limusina, en quién estaría en el porta féretro, incluso sobre en qué sección de terreno de la familia debería ser sepultado. Annie guardó la cólera en su interior, liberando esta únicamente después que todo el mundo se había ido. Entonces, su saco de entrenamiento sería el receptor. Solamente cuando estaba físicamente y emocionalmente agotada podía meterse a la cama y buscar el confort de los brazos de Dulce. Los papeles invertidos se sentían extraños, sin embargo al mismo tiempo confortaba a Annie. En los brazos de la mujer más pequeña podía dejar el estrés irse y encontrar paz. Reforzaba su fuerza interna, permitiéndole hacer frente a los desafíos de los recientes acontecimientos.
"María estará aquí más o menos en una hora para recogerte." Annie subió el cierre de su falda y alcanzó su cinturón. "Volverá aquí en vez de ir al servicio del entierro de modo que alguien esté aquí para cuando la gente comience a llegar." Abrochó el cinturón y tiró del abrigo. "Ya está. Creo que estoy lista ahora." Se puso un pequeño sombrero negro sobre su recogido cabello.
"Desearía poder estar allí contigo," Dulce dijo seriamente.
"Lo sé, cariño." Tomó la barbilla de la mujer más joven. "No sé qué habría hecho sin ti éstos últimos días."
"No sé qué habría hecho sin ti estos últimos meses," Dulce contradijo.
"Sabes, si pudiera estarías allí justo a mi lado."
"Es mejor si permanezco atrás con María. Será más fácil entrar y salir con mis muletas."
"Oh, déjame ayudarte con tus tenis antes de que me vaya."
"Puedo hacer eso, Annie. Te arrugarás tu falda."
"Siéntate." Sus largos dedos hicieron rápidamente el trabajo de aflojar los cordones. Se arrodilló y puso una mano en la pantorrilla de Dulce. El material satinado de su alta calceta hasta su rodilla no coincidía con la suavidad natural que Annie normalmente sentía. Usando su rodilla como un reposapiés, puso el tenis en el pie de su compañera y comenzó a atarlo. "Recuerda que la iglesia va a estar abarrotada. Asegúrate de conseguir un asiento. No quiero encontrarte apoyada de espaldas contra la pared, ¿lo comprendiste?"
"Lo comprendí." Se inclinó y ajustó el lazo en la blusa de Annie. "¿Llevas tu pañuelo?"
"Y un repuesto."
"Todo bien entonces, supongo que estás lista." Dulce hizo una pausa por un segundo, entonces puso las manos en los hombros de la mujer más alta. "Annie, sé que piensas que tienes que ser así de grande, una mujer fuerte pero tú no lo eres. Incluso aunque ustedes dos tenían problemas, era de todas formas tu hermano y sé que lo amabas. Si tienes que llorar, hazlo." Sus palabras le ganaron un tierno beso en la frente cuando su compañera se puso de pie.
"Te veré después del servicio." Annie se quedó inclinada bastante tiempo para meter un errante mechón del rojizo cabello detrás de la oreja de Dulce. Si solo hubiera una manera de tenerte conmigo hoy. Esto va a ser tan duro hoy sin ti justo allí a mi lado.
Según lo esperado, la iglesia estaba abarrotada con los amigos, la familia, y los socios de los Puente. A pesar de las palabras de Annie, Dulce estaba contenta de estar parada de espaldas contra la pared pero un hombre que estaba sentado en el último banco se levantó y le ofreció su asiento. Recargada de espaldas en la pared, María tomó posesión de las muletas de modo que nadie tropezara sobre estas. Desde su posición en la parte de atrás de la gran iglesia era imposible ver a Beatrice y sus hijas en la banca de adelante. Dulce escuchó las monótonas palabras cuando el sacerdote atravesó las habituales frases de confort y oraciones de consuelo. Cuando el final se acercaba, indicó a María para sus muletas, decidiendo que era más fácil salir ahora que esperar y hallarse enganchada dentro del tropel de gente.
Justo cuando se subía en el auto de María las puertas de la iglesia se abrieron. Desde su ventajosa posición, pudo ver a los seis hombres llevando el ataúd. Miró cuando Beatrice salió, flanqueada por sus hijas. Dulce escudriñó pero estaba demasiado lejos realmente para ver los ojos de Annie. La cabeza de su amiga estaba agachada y su brazo estaba alrededor de su consternada madre. Vio que Susan estaba también proporcionando apoyo a la afligida mujer cuando bajaban los escalones y entraban en la limusina que las esperaba. Al darse cuenta que María la esperaba, Dulce puso las muletas en el asiento trasero y subió al auto.
*****
Justo como Annie había pronosticado, los amigos y los miembros de la familia comenzaron a fluir dentro de la casa menos de media hora después de que el funeral hubiera terminado. Largas mesas cubrieron un lado de la sala de estar, platos apilados con panes, carnes, y quesos. Apoyada contra una pared fuera del flujo principal del tráfico, Dulce observó que era el primer sitio al que la gente iba en cuanto ellos llegaban. Dado que el cuarto de lavado tenía muchas barras y perchas, este servía como un improvisado guardarropa. Los fríos vientos de marzo retrasaron cualquier idea que la gente pudiera haber tenido sobre guardar sus chaquetas para la estación todavía.
Las puertas eran abiertas y cerradas por cincuenta personas que había allí para el momento en que Annie llegó con su madre y hermana. Dulce vio la melena de cabello rubio sobre el resto de la

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:15 pm

muchedumbre y comenzó a dirigirse hacia allá. El viaje fue hecho más fácil cuando había sido vista y la resuelta ejecutiva la encontró a medio camino. "Hola." De esta cercanía, era fácil ver el maquillaje encubriendo los oscuros círculos debajo de los ojos de Annie. Apoyándose pesadamente en su muleta derecha, Dulce discretamente extendió su mano y entrelazó sus dedos, dándoles un ligero apretón.
"Hola tú misma," Annie dijo, devolviendo el cariñoso gesto con uno propio. "Absolutamente una muchedumbre." Rastreó el área, rápidamente observando a esos que serían problema cuando el tiempo fuera pasando y las bebidas continuaran fluyendo. "Tú espera, Dulce. Antes de que la noche termine te garantizo por lo menos una pelea a puño."
"¿Pelea a puño? ¿En un funeral?"
"Les doy una hora para lamentar la muerte de Christian. Después de eso, el tema girará en su testamento y las especulaciones de quién conseguirá que y entonces la pelea estará comenzando, estoy segura." Se dirigieron hacía una esquina cercana a las escaleras.
Dulce observó cómo su compañera desplazaba su peso de una pierna a la otra y de regreso otra vez.
Pienso que has sufrido en esas ropas suficiente tiempo, Dulce pensó para sí misma.
"Annie, vienes a mi cuarto por un minuto?"
"Seguro," contestó, agradecida por la oportunidad de escaparse. La primera cosa que Annie notó cuando entró en el cuarto fue uno de sus trajes ordenados cuidadosamente en la cama. "Pensé que estarías más cómoda en tus pantalones," Dulce dijo con un encogimiento de hombros. A la enfática mirada en los zapatos en el piso agregó, "sé cuánto te duelen tus pies después de estar en tacones todo el día. Los bajos estarán perfectamente aceptables con esos pantalones. Te he visto usarlos antes."
"¿Así qué tuviste a María escogiendo esto para mí?"
"No," Dulce contestó con una orgullosa sonrisa. "Los escogí yo misma y los traje abajo. María estaba ocupada."
Las atenciones casi trajeron a Annie a las lágrimas. Parpadeando rápidamente, extendió la mano y dejó que un dedo trazara la quijada de la mujer más pequeña. "Gracias." Dio un paso atrás y un puntapié a sus zapatos. "Mejor me cambio y regreso allá. Estoy segura que alguien está buscándome. Probablemente mi madre." Agregó la última parte aguantando su respiración. La falda golpeó el piso seguido rápidamente por su fondo.
"¿Todo fue bien en el servicio?"
"Nada que no pudiera manejar." La quijada de Annie se apretó notoriamente pero no dijo nada, en su lugar recogió sus pantalones y los deslizó sobre las piernas cubiertas por las medias. Dulce notó la tensión pero no dijo nada, asumiendo que sería por el estrés del funeral y los parientes. Los largos dedos del pie se menearon dentro de los cómodos pero elegantes zapatos mientras la blusa gris era metida dentro de la delgada pretina. "Ah, me siento mejor ya."
"¿Hay algo que pueda hacer por ti?" Dulce preguntó. "Como intentar mantener a tu madre ocupada. Está cansándose de mí colgando alrededor de ella, tú sabes."
"Lo oí. Susan estará dirigiendo la interferencia por la mayor parte. Puedes quedarte aquí, que mucho recomiendo por cierto, o puedes solo salir allí y escuchar a mis primos y a mis primos segundos y a Dios sabe quién más divagar acerca de nada de importancia."
"Bien, cuando lo pones de esa manera." Sonrientes ojos miel acompañaron la sarcástica observación. "¿Cómo puedo resistirme?"
Para Dulce, los sonidos no eran nada sino un estruendo general. Annie, por otra parte, los últimos años aprendió a cómo ocuparse de una muchedumbre y poder identificar las conversaciones individuales fácilmente. Mientras se movía a través del cuarto, cuidadosamente escuchó los diferentes temas. Para el momento en que llegó con Christopher, sabía más sobre el barco nuevo que su primo había comprado que cuando él lo hizo. El conocimiento permitió que se deslizara fácilmente dentro de la conversación. Moviéndose de persona en persona, Annie recorrió la habitación. Cuando pensó que había saludado a todo el mundo, intentó escurrirse a la cocina en donde había visto a su belleza pelirroja ir algunos minutos antes.
"Annie." Los azules ojos rodaron en el sonido de la voz de su madre.
"¿Sí, Madre?" Volteó para ver a Beatrice parada detrás de ella. Para ese instante, la agitación que había sentido hacia sus parientes se disipó en la cara de la afligida mujer. Annie inmediatamente suavizó su tono. "¿Hay algo que necesites?"
"¿Dónde está tu hermana?"
"No lo sé." Irguió su cuello para ver sobre la muchedumbre pero no había señales del distintivo cabello rojo. "Quizá Alfonso la llevo a su casa."
"Vamos Anahi," las arrugadas manos fueron a sus caderas. "Sabes que Susan no se iría sin despedirse de mí," la reprendió. "Honestamente, a veces me pregunto qué estás pensando."
"Lo siento, mamá. No estaba pensando." La ejecutiva resistió el impulso de frotar sus sienes. Era una inútil defensa contra una madre el dolor de cabeza de todos modos.
"Bien, la muerte de Christian nos tiene afectados a todos." Beatrice limpió sus ojos con su pañuelo. "Tu padre tenía tan altas esperanzas de él. Una trágica pena, eso es lo que es." Un nudoso dedo se levantó en el aire y los ojos de la matriarca crecieron de par en par. "Lo tengo."
"¿Tienes qué?" Annie preguntó con indecisión, segura que no le gustaría la respuesta.
"La manera perfecta de decidir sobre el legado de Christian. Siempre disfrutó su tiempo en la universidad. Puedes establecer una beca en su nombre." Una autosatisfecha sonrisa se formó en la cara de la mujer mayor. "Sí, esa sería la manera perfecta de honrarlo."
"Podemos hablar acerca de eso en algún otro momento, mamá."
"No hay nada para hablar," Beatrice dijo firmemente. Los ojos de Annie se estrecharon levemente cuando vio a Michael deslizarse detrás de su madre.
"Hola tía Beatrice, hola Annie."
"Michael," la ejecutiva dijo llanamente.
"¿Quieres lo qué todo mundo está bebiendo?" Levantó su vacío vaso.
"Nada para mí," Annie dijo. Y estoy dispuesta a apostar que el tuyo ha sido vaciado más de una vez, pensó para sí misma cuando el tenue olor del alcohol flotó hacía ella. Beatrice levantó su vaso casi lleno para indicar que estaba muy bien en ese momento también.
"Oh bien." Miró en sus zapatos, entonces se movió en las dos mujeres. "Entonces Annie, ¿tienen decidido cuando ustedes van a hacer que su testamento se lea?"
"No me di cuenta que había una gran prisa para hacer eso, Michael," dijo. Las dagas que sus ojos lanzaban fueron desperdiciadas en él, dado que su mirada estaba por todas partes excepto en ella.
"No, ninguna prisa en absoluto," encogió los hombros. "Es solo que nosotros estábamos muy unidos y pensé que debía saber cuándo eso será." Levantó la mirada y finalmente se dio cuenta de las mortales miradas que estaba consiguiendo. "Bien um..." intentó despejar su garganta, que repentinamente sintió como si un limón fue exprimido en ésta. "Estoy seguro que me dejarás saber cuándo será."
"Me aseguraré de que todo el mundo afectado sea notificado."
"Correcto, como dije." Limpió su sudorosa mano en el lado de su chaqueta. "Bien, si las señoras me disculpan." Volteó y tomó a la mano de su tía en la suya. "Tía Beatrice, siento tu pérdida." Annie rodó sus ojos cuando Michael besó la mano de la mujer mayor. "Annie, te veré alrededor." Desapareció en la muchedumbre, dejándola otra vez sola con su madre.
"Um, pienso que mejor iré a ver si todo está bien en la cocina." Dio medio paso atrás como preparación a su rápido escape.
"Tonterías. Estoy segura que María puede manejar cualquier cosa que surja," Beatrice dijo descartándolo. "¿Por qué no vas a encontrar a tu hermana?"
"Esa parece una buena idea, mamá. Regreso enseguida." Annie giró y se movió a través de la muchedumbre tan rápidamente como podía. Para su desagradable sorpresa, terminó cara a cara con Michael.
"Ah, fantástico encontrarte aquí," dijo, sonriendo en su propio chiste.
"No piensas que la rutina de Eddie Haskell era mucho un sátira, ¿Michael?"
"Oh por favor, ese es justo mi encanto natural."
"Lo que sea." Tanto como disfrutaba una buena lucha verbal, éste no era ni el tiempo ni el lugar para esto. "¿Has visto a Susan?"
"La última vez que la vi estaba en la cocina con esa amiga tuya." Las voces levantadas cogió la atención de ambos.
"Mierda, John. Te dije que vendieras cuando estaban en cuarenta y ocho y un octavo. No es mi problema que no lo hicieras." La gente rápidamente se apartó de los dos enojados hombres, formando un círculo.
"Tú eres mi corredor. Se supone que te ocuparías de estas cosas por mí. ¿Tienes alguna idea de cuánto dinero perdí?"
"Sabías que ellos hablaban de la fusión." Annie rompió a través del círculo en ese momento. "Si no actúas rápidamente, serás derrotado."
"¿Cómo Sally Ryan?" La ejecutiva respiró profundamente. Los nombres de las antiguas novias nunca eran una buena señal.
"Sabías que no tenía una cita para el baile. No es mi culpa que la invitara a salir antes de que tú lo hicieras."
"Sabías que quería salir con ella. Era todo de lo que hablé ese año."
Annie sabía que esto iba a intensificarse rápidamente dentro de una clásica riña Puente. Pisó entre los hermanos que peleaban. "¡SUFICIENTE! Se supone que ustedes están aquí de luto por la muerte de Christian, no peleando sobre alguna chica que perdieron hace quince años." Un intenso latido comenzó detrás de sus ojos, la señal de un relativo dolor de cabeza. "John, ya no estás en la secundaria Supera esto." Los hombres intercambiaron terribles miradas y se alejaron en diferentes direcciones. Un murmullo de palabras y entonces todos los demás volvieron a sus anteriores conversaciones. Annie pasó sus dedos a través de su cabello enérgicamente. "¿Estás bien?" Una suave voz por detrás de ella preguntó.
"Si." Volteó para ver los familiares ojos color miel mirándola con preocupación. "De verdad, Dulce. Estoy bien."
"Solo me aseguraba. Te oí gritar."
"Solo una típica reunión Puente," Annie masculló. Cogió un flash de naranja y rojo en la esquina de su ojo. "Uh oh." Susan y su madre estaban acercándose rápidamente. "Veo que mamá te encontró," dijo una vez que su hermana estuvo al alcance del oído.
"Te dije que no se había ido todavía," Beatrice dijo. La mirada en los ojos de Susan dejó en claro que ella no deseaba haber sido encontrada. Oh chico, esto va estar bueno, Annie pensó para sí misma. "Estaba justo diciéndole a tu hermana que quiero revisar las cosas de Christian. ¿Supongo que todavía tienes las cajas arriba en el ático?"
"¿Qué, de cuándo vivió aquí? Él tomó lo que quería y tiré el resto."
"Pero había trofeos y cintas y premios..."
"Si no se los llevó, estás se perdieron."
"¿Y nunca se te ocurrió que yo podía querer esas cosas?" Beatrice estaba parada directamente delante de su hija mayor. "¿Cómo puedes ser tan desconsiderada?"
"¡Mamá!" Susan exclamó. Dulce estaba parada allí silenciosamente, su atención centrada en el tic del músculo en la quijada de Annie.
"Mañana iré a revisar su apartamento y veré si guardó algo."
"No te preocupes. Tu hermana me recogerá y buscaré yo misma." Las hermanas intercambiaron miradas. Susan se encogió los hombros, esto era lo primero que oía acerca de eso también.
"Pienso que debes esperar algunos días, mamá. Sus pertenencias no irán a ninguna parte." Annie estaba preocupada de lo que pudieran encontrar allí.
"Tonterías. Mañana estará bien."
"No pienso que mañana..."
"¡Anahi Puente!" El tic se convirtió en un sólido apretar. Dulce se movió más cerca a su amiga y discretamente puso sus yemas de sus dedos contra la espalda de Annie. Los músculos estaban agrupados y apretados, otra indicación de la tensión de Annie. Presionó levemente y comenzó a frotar en pequeños círculos.
"Bien, mamá. Susan y yo te llevaremos al apartamento de Christian mañana." Genial, ahora tengo que ir esta noche y comprobar las cosas. Se reclinó casi imperceptiblemente en el suave tacto de los dedos de Dulce.
"Honestamente, no se por qué haces las cosas tan difíciles, Annie. En este día de todos los días tienes que ser tan testaruda." Beatrice puso en los ojos secos su pañuelo. "Pido una simple cosa. Solo quiero algo para recordar a mi hijo y lo tienes que hacer difícil."
"Mamá..."
"No Susan, pedí una simple cosa de ella. Solo porque no podía llevarse bien con su hermano no es excusa para trastornarme."
La espalda de Annie ahora era un sólido grupo de tensión y le tomó un momento antes de que pudiera relajar su quijada suficiente para hablar. Los suaves movimientos que circundaban su espalda aumentaron en presión. ¿Piensas que estoy a punto de perder, no es así? Echó un vistazo de lado en su compañera. Ver la mirada de comprensión y apoyo en esos ojos fue suficiente para guardar el agudo comentario de pasar a través de sus labios. En su lugar miró a su madre y asintió. "No era mi intención trastornarte. Supongo que todos nosotros estamos todavía en shock." Annie sabía que estaba rindiéndose, pero hoy no era el día para estar en el estrado con su madre. "Mejor iré a comprobar unas cosas. Discúlpadme." De espaldas a su madre, dio a Dulce una cariñosa sonrisa y salió del cuarto.
Entrando en la cocina, Annie estaba contenta de ver que la única persona allí era María. Se acercó al refrigerador y sacó una botella de agua. Tomó un largo trago antes de hablar a su ama de llaves. "¿Tienes aspirinas? Tengo un palpitante dolor de cabeza y realmente no quiero salir allí otra vez."
"Hablando con tú madre otra vez, ¿no es así?" María abrió un cajón y sacó un blister. "Estoy segura que hay algún Tylenol o Motrin aquí adentro."
"Lo siento," Susan dijo cuando entró. "Está muy rara hoy." Las dos hermanas estaban paradas cerca del extremo de la encimera. María encontró algo para hacer en el cuarto de lavado, permitiendo a las dos mujeres su privacidad.
"¿Cuándo fue la última vez que estuviste en su casa?" Annie preguntó antes de echar tres píldoras en su boca y tomar varios tragos de agua.
"¿Estado? Nunca he estado allí. ¿Por qué iría a su apartamento?"
"Vamos a tener que ir allí, y tú lo sabes. Quién sabe lo que habrá o que cosas podría tener." Puso la botella nuevamente dentro del refrigerador. "¿Puede Alfonso mantener un ojo en los niños?"
"Estoy segura que puede." Susan miró en su reloj. "Nosotros estaremos marchándonos en algunos minutos. ¿Quieres reunirte en casa de Christian alrededor de las seis o siete?"
"Siete sería mejor. Quién sabe cuánto tiempo los demás van a quedarse." Annie miró fuera de la puerta de cristal en el arco iris de autos que dejaron en desorden su camino de entrada. "Por lo menos otra hora o dos."
"Y entonces ahí está mamá."
"Oh no." Annie meneó su cabeza. "Tú no vas a dejarla aquí conmigo. Cuando te vayas, ella se va." Echó un vistazo en la sala de estar. "Hablando de lo cual, ¿qué le pasa a ella?"
"No lo sé. Después de que te alejaste continuó sin parar hasta que Dulce le preguntó algo acerca de Christian y de sus trofeos. Vi eso como mi escape y lo tomé." La pelirroja se inclinó y habló en un conspirador tono. "Personalmente, no pienso que está realmente interesada en sus trofeos."
Annie sonrió con orgullo. "No lo está. Está intentando impedirme que cometa matricidio."
"¿Quieres traerla con nosotras esta noche?" Susan ofreció.
"No. Esperemos que no estemos allí mucho tiempo." Hizo una pausa por un momento, entonces agregó "pero fue amable de tu parte preguntar." Suspiró y golpeó sus nudillos en la barra. "Supongo que no puedo ocultarme aquí siempre."
"Me llevaré a mamá con nosotros cuando nos marchemos. No tendrás que sufrir mucho más tiempo."
"¿Cómo lo hice para sobrevivir dieciocho años con ella?" Annie preguntó, meneando su cabeza en el desconcierto. "No puedo hablar con ella un día sin necesitar de cortar o retorcer su cuello."
"Oh, eso es fácil," la pelirroja sonrió. "Yo estaba allí la mayor parte del tiempo."
"Eso es, tú estabas." Annie golpeó ligeramente un elegante dedo en su barbilla. "Te recuerdo." Esquivó un juguetón empujón. "¿No fuiste tú la que chocó el auto de papá con su bici y me culpó?"
"Um... bien eso fue hace mucho tiempo, Annie. ¿No fuiste tú la que se olvidó de abrir su ventana una noche y tuvo que furtivamente entrar por la mía?"
"Ah, cierto." Envolvió el brazo alrededor de los hombros de su hermana. "Pero no fuiste tú la que..." Comenzó cuando caminaron de regreso a la sala de estar.
***
Annie introdujo la llave en la cerradura. "¿Qué es ese olor?" Preguntó, arrugando su nariz. Susan se encogió de hombros en su falta de una respuesta y sacó una bufanda de su bolso. La puerta se abrió y la ejecutiva movió el interruptor. "Hijo de perra," respiró. Las ropas estaban esparcidas por todas partes, los cojines del sofá estaban en el piso, la mesa del café y cada otra superficie horizontal estaba cubierta con latas de cerveza y basura. Cerveza rancia y ropas sucias se mezclaron con otro olor inidentificable.
"Oh mi dios," Susan dijo cuando observó la escena. "Esto es asqueroso."
"Triste es más lo que es," Annie murmuró, recogiendo un pequeño espejo cuadrado que encontró sobre la barra. La reveladora hoja de rasurar estaba reclinada al lado de este. "Es una buena cosa que viniéramos aquí primero." Mostró a su hermana el espejo empañado con un fino polvo blanco. "No hay manera que podemos hacer que mamá vea este lugar con este aspecto." Susan asintió en el acuerdo. Annie lanzó el repugnante espejo sobre la barra y desabrochó su chaqueta. "Supongo que mejor buscamos algunas cajas y bolsos de basura para toda esta mierda." Para su sorpresa, la pelirroja, que era adversa a cualquier clase de trabajo doméstico, no discutió.
"Pondré algo de música," Susan dijo, abriéndose paso para el estéreo. "Vamos ver ¿cómo funciona?" Presionó el botón de power y fue inmediatamente golpeada con unos incesantemente altos decibelios de ruido.
"¡APAGA ESA COSA!" Annie gritó cubriéndose sus oídos. Un segundo después había tranquilidad silenciosa otra vez.
"¿Cómo podía soportar escuchar esto fuerte?"
"Maldición si lo sé. Quizá las drogas afectaron su audición. Bien empecemos a trabajar. Quiero llegar a casa a una hora decente." La cocina compartía una media pared con la sala de estar, permitiendo a las dos hermanas platicar mientras recogían la basura. Annie levantó la tapadera del bote de basura en la esquina. "Oh Dios." Lo cubrió rápidamente. "Creo que descubrí de donde viene ese olor" se ahogó, dando algunos pasos atrás.
"No puedo oler eso más," Susan gritó desde el lado lejano de la sala de estar. "Todo lo que huelo es cerveza." Movió un cojín para encontrar una pizza medio comida pegada a la alfombra. "Oh Annie, no quiero tocar esto."
"Te diré que vamos a hacer, limpiaré lo que sea que estás mirando si tú sacas estos platos de esto... um... supongo que lo llamarías agua." Se acercó con las puntas de sus dedos pero solo no podía lograr tocar el viscoso líquido. "Sé que no estaré tocando esto."
"Debimos haber traído guantes." La pelirroja recogió una lata vacía de cerveza y comenzó a tirar dentro de la bolsa. "¿Así qué las cosas están bien entre tú y Dulce?" Preguntó casualmente.
"Nos llevamos bien, sí." Annie arqueó una ceja. "Susan, te dije..."
"Lo sé, lo sé. Ustedes no son amantes, ustedes son solo amigas." La hermana más joven agitó su mano descartándolo. "Me rendí intentando resolver esto." Puso la caja abajo y se acercó a la barra que separaba la sala de estar y la cocina. "Ella me da la misma historia que tú pero ustedes no actúan como amigas."
"Tenemos muchos trabajo que hacer aquí, Susan."
"Annie, mírame." Cuando habló otra vez, su voz era más suave. "No me importa. He observado la manera en que ustedes dos actúan alrededor de una con la otra."
"¿Y qué ves?"
"¿Qué veo?" Susan dio una pequeña sonrisa. "Te veo feliz en cierto sentido que nunca pensé que serías." Se rió en el sonrojo de su hermana. "Vamos, tú hiciste la pregunta. Realmente Annie, es obvio para mí que estás enamorada de ella. Por lo que respecta a cómo Dulce siente sobre ti..." La cabeza de la mujer de cabello oscuro se levantó rápidamente. "Ella no es Chris."
"No, no lo es" la ejecutiva convino enfáticamente. "Dulce nunca me ha pedido nada. Lo que le he dado, es porque he querido hacerlo."
"Veo eso," Susan contestó. "¿Piensas que no he estado observando? Tomas más días libres de lo que hiciste alguna vez y no vas a ninguna parte. No veo ningún auto nuevo, aunque no vi tu Porsche por ahí. ¿Lo vendiste?"
"Sí." La verdad era que, tan pronto como fue reparado, había firmado a Hans para venderlo en cualquier precio que él pudiera. "No quiere autos o cosas costosas. Incluso no tiene licencia de conductor. No está intentando conseguir nada de mí."
Susan levantó sus manos. "No tienes que defenderla, Annie. Solo estoy diciendo que no vi algunas de las cosas que me dijeran que está utilizándote y no creo que lo haga. Me gusta."
"¿Te gusta?" La sorpresa se mostró en su cara. Es era una rara confesión de su hermana más joven. "Así qué... estaría bien contigo si nosotras fuéramos... ¿una pareja?"
"No voy a fingir que entiendo por qué quieres estar con una mujer. No tiene ningún sentido para mí." Levantó su mano para impedir a su hermana hablar. "Pero esta es tu vida, y Dulce te hace feliz, entonces eso es todo lo que importa. Así que sí, está bien conmigo si ustedes dos son pareja." Miró a Annie venir de detrás de la barra y alegremente aceptó el abrazo. "Es tu vida, hermana, si Dulce es la que está para ti entonces no dejes que nadie las mantenga separadas" susurró en el rubio cabello.
Annie retrocedió hasta que estuvieron a una distancia de un brazo separadas. "¿Qué hizo que cambiaras de opinión? Te recuerdo llamándola de todo, más una reencarnación de Christine."
"Estaba equivocada," Susan se encogió de hombros. "Hey, eso sucede." Frotó sus manos.
"Estoy haciéndola mi secretaria," Annie ofreció voluntariamente. "He estado llevando trabajo a casa para que lo haga y hasta ahora no ha habido error." Sonrió suavemente. "Tiene una buena cabeza para las cifras también... muy organizada." Sí, la sonrisa creció más ancha. "¿Tú sabes que no se me da bien ordenar mi mail?"
"¿Quieres decir que desenmarañó ese desorden que llamas tu inbox?" Susan movió su cabeza. "Recuerdo cuando le pediste a Laura que hiciera eso. Pensé que iba a renunciar allí mismo."
"Dulce lo hizo incluso sin ser pedido" Annie dijo orgullosamente. "Así es como ella es."
"Parece que eres muy afortunada, hermana. Ahora suficiente de esta sensible charla. Tenemos trabajo para hacer aquí. ¿Deseas intentar y conseguir el estéreo a un volumen que no rompa los vidrios?"
"Seguro." Annie se movió a través del cuarto, la sonrisa nunca dejó su cara.
*****
"¿Ella dijo eso?"
"Así es."
"Oooh, me gusta eso." Dulce movió sus codos del pecho de Annie y se colocó, cruzando sus brazos sobre el pecho izquierdo de la mujer de más edad. Apoyó la barbilla encima de ella entrelazando los dedos. "¿Así qué realmente dijo que le gusto?"
"Dijo que le gustas." Annie sonrió en la oscuridad, su mano suavemente frotaba la espalda de la mujer más pequeña. "¿Ves? Has ganado sobre las mujeres Puente."
"No a todas."
"Amor, incluso yo no he ganado sobre mi madre todavía. Creo que solo tendrás que aceptar que dos de tres no es malo."
"Bien..." Dulce subió poco a poco hasta que sus caras estuvieron a la misma altura, cabellos dorados y rojizos se mezclaron sobre sus hombros. "Hay realmente una única Puente que es la que importa para mí." Los ojos de Annie se cerraron cuando suaves labios presionaron contra los suyos. "Y ahora esa Puente necesita dormir un poco." A pesar de sus palabras, Dulce no pudo resistir inclinarse para un beso más largo. "Mmm, a veces me pregunto si soy realmente Cenicienta y tú estás sosteniendo la zapatilla de cristal."
"Si lo hiciera, eso me haría una muy afortunada mujer," Annie contestó.
"Nunca entenderé que hizo que alguien como tú corriera el riego sobre alguien como yo." Dulce movió la mayoría de su peso sobre la cama y reclamó el hombro de la mujer de más edad como su almohada. "A veces temo que todo esto sea algún sueño maravilloso y voy a despertar y encontrar que te fuiste," sintió los brazos de Annie apretar protectoramente alrededor de ella.
"Nunca dejaré que suceda, Dulce. No permitiré nunca que vuelvas a la manera en que acostumbrabas vivir."
"Eso no me asusta." Frotó su nariz más intensamente en el hombro de Annie.
"¿Entonces qué lo hace?"
"Perderte," reservadamente admitió. "Todo el dinero y posesiones en el mundo no significan nada para mí sin ti."
"Te amo también," Annie susurró, levantando su cabeza el tiempo suficiente para poner un beso en la cabeza de Dulce. Ellas se acurrucaron juntas, colocando las piernas hasta que encontraron una cómoda posición y la sensación pacífica de estar una con la otra las relajó dentro del sueño.
El reloj marcaba justo pasadas las seis cuando la llamada de la naturaleza tiró a Dulce de su dormitar. Somnolientos ojos color miel se abrieron y se enfocaron sobre la mujer durmiendo debajo de ella. Le llevó algunos minutos liberarse del rompecabezas humano que ellas habían formado durante la noche.
Después de un rápido viaje al baño, Dulce se colocó las muletas y fue a la cocina a preparar una jarra de café. Servía el humeante líquido en dos tazas en el momento en que Annie entró en el cuarto. "Buenos días. Pensé que te gustaría un poco de café."
"Mmm, sí gracias." La alta mujer se acercó y envolvió sus brazos por detrás alrededor de Dulce. "Buenos días, amor." Presionó sus labios en la cabeza de la joven mujer. "Tengo que recoger a mi madre en un par de horas."
"Entonces definitivamente necesitas tu café," Dulce dijo, entregando las dos tazas. "Y si vas a darme un beso de buenos días, eso estará correcto."
Annie movió su cabeza. "Mmm, aliento de la mañana. Nada de besos hasta después de que cepille mis dientes."
"Correré el riesgo."
"¿De verdad?" Una ceja se levantó un poco cuando dejó las tazas abajo. Dando la vuelta, tomó primero una muleta, después la otra, y las puso al lado antes de coger a Dulce en sus brazos. "Así qué tú quieres un beso de buenos días, ¿hmm?" Bajó su cabeza y volcó todo su amor en una serie de suaves besos. Mordió y persuadió con sus labios hasta que sintió la boca de Dulce abrirse para ella. Annie tragó un suave gemido cuando su lengua exploró el interior de la boca de la joven mujer. ¿Oh sip, querías esto, no es así? Para su completa sorpresa sentía una muy insistente lengua empujando dentro de su propia boca. Ahora fue el turno de la ejecutiva gemir. Cuando se separaron, fueron varios segundos antes de que su respiración volviera a un manejable nivel. "¿Así?" Preguntó con voz ronca. "Éste tiene su aprobación para un beso por la mañana, ¿Srta. Dulce?"
"Oh sí, muy agradable." Dulce se alzó para otro rápido rozar de labios antes de alcanzar sus muletas. Bésame así cada mañana y seré feliz por siempre. Con renuencia retrocedió, su cuerpo entero gritaba por más contacto. "Mejor bebe tu café antes de que se ponga frío."
Annie miró el reloj. "Preferiría pasar el día contigo, tú sabes." El agudo pitido esbozó un ceño de la ejecutiva. "Recibiré esta. Con mi suerte es probablemente Susan que intenta eludir tratar con mamá hoy." Tomó el teléfono. "Residencia Puente... Si, buenos días a ti también, hermana. ¿Qué sucede?" Dulce miró como las oscuras cejas se fruncían en desconcierto. "Mm hmm, ella está despierta... no, nosotras acabamos de levantarnos y estamos tomando café." Ahora la frente se elevó y los azules ojos se trabaron con los miel. "Bien... seguro, eso suena bien para mí. Déjame preguntarle, aguarda." Annie sostuvo el teléfono sobre su pecho. "Susan desea saber si te gustaría salir a desayunar."
"Uh, seguro." Sería la primera vez que saliera de la casa a excepción de las citas con su doctor y el funeral. Observó una sonrisa cruzar la cara de Annie.
"Seguro, suena bien, Susan." Ellas ultimaron detalles mientras Dulce bebía su café. Para el momento en que Annie colgó, su café se había enfriado bastante para beberse en cuatro largos tragos. "Debemos irnos ahora. Se supone que nos encontraremos allí en cuarenta y cinco minutos. Correré arriba y me vestiré." Recogió la ahora vacía taza de Dulce y la dejó con la suya en el fregadero. "¿Me haces un favor?"
"Lo que sea," la joven mujer contestó.
"¿Usas esa camisa color oxido?" Una sonrisa tímida vino a los labios de Annie. "Pienso que te ves realmente preciosa con ella."
"No creo que ninguna de las faldas vaya con ella."
"Los pantalones color caqui lo hacen. Estoy segura que la pierna es bastante amplia para franquear el molde."
Dulce sonrió. Cuando había abierto esas ropas en Navidad pensó que irían bien juntos. También sabía que Annie tenía una debilidad por esa camisa en particular. "Seguro, pero eso te costará."
"¿Costarme?" El desconcierto giró en diversión cuando vio la calculadora sonrisa.
"Tienes que usar esa camisa gris de algodón y esos jeans negros."
"¿Los anchos o los ajustados?"
"Los ajustados." Dulce se dio cuenta de cómo podría ser tomado y se ruborizó. "Solo pienso que esos te sientan muy bien." Murmuró, apartando la mirada cuando sus orejas giraron a una incluso más brillante tonalidad de rojo.
"Huh uh," Annie sonrió maliciosamente. "Eres tan linda cuando te ruborizas, sabes eso?"
"Me has dicho eso antes."
"Eso es aún verdad." Se acercó a la mesa y se arrodilló hasta que sus ojos estuvieron al nivel con los de la joven mujer. "En realidad, la verdad es, que eres hermosa en cualquier momento. Con o sin un sonrojo." Se inclinó y dio a Dulce un beso en la mejilla. "Vamos, estoy hambrienta."
*****
"¿Puedo traerles a las señoras algo de beber para empezar?" La camarera preguntó. Las tres mujeres estaban sentadas en una mesa, Susan sentada sola en un lado. Dulce abrió su boca pero antes de que pudiera pronunciar un sonido, Annie habló. "Café en este lado y a ella té... limón, sin crema. Estaremos listas para ordenar cuando usted vuelva."
"Vuelvo enseguida con sus bebidas."
"¿Sabes ya qué quieres?" La ejecutiva preguntó sin levantar la mirada de su menú. Dio un suave toque debajo de la mesa a Dulce para que entendiera que la pregunta era dirigida a ella.
"Um..." Exploró el menú, observando con gran alarma los precios abajo a lado derecho. ¿Seis dólares cincuenta centavos por dos huevos y pan? ¿Dos noventa y cinco por el café? Su apetito se redujo en proporción directa a los precios. "Creo que realmente no estoy tan hambrienta. Quizá solo una tostada y café."
"Oh no, Dulce," Susan dijo. "Tienes que probar sus huevos benedict. Es el mejor en Albany, lo juro."
"No, estaré bien con las tostadas, estoy segura." Sabía sin mirar que era la receptora de una inquisitiva mirada de Annie. Quizás se olvide de mi estómago quejándose antes. La camarera volvió con sus bebidas y cuando habían sido servidas miró expectantemente en Annie.
Con un asentimiento de cabeza, la mujer de cabello rubio indicó a Dulce. "Ella tomará dos huevos, con pan tostado, picadillo de carne de res y papas fritas. Tomaré lo mismo excepto que quiero tocino en vez de picadillo y mis huevos deben estar bien cocidos. ¿Susan?"
"Tomaré unos waffles Belgas con fresas y crema."
"Correcto, le traeré su comida pronto."
Dulce miraba a Annie boquiabierta. "Dije que estaba bien con una tostada."
"Susan, ¿nos disculpas por un momento por favor?"
"Seguro, Annie. En realidad creo que necesito hacer un viaje al tocador de damas." Tomó su bolso y abandonó la mesa.
"¿Por qué hiciste eso?" No había acusación en el tono de la joven, solo curiosidad.
"¿Por qué mentiste acerca de no tener hambre?" Annie contradijo. "Mírame. Dime que únicamente deseas una tostada y que el precio no tenía nada ver con esto." Su mano derecha se deslizó bajo la

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:16 pm

mesa y comenzó a acariciar el muslo izquierdo de Dulce. "Entiendo que pienses en cuanto cuesta todo. Desearía que no lo hicieras, pero sé que lo haces. También sé que no voy a sentarme aquí y dejar que comas solo una tostada para el desayuno." Una mano más pequeña agarró la suya debajo de la mesa y la apretó.
"Ok, gracias." Dulce se inclinó más cerca. "En realidad, el picadillo y los huevos suenan maravillosos."
"Tú los amarás, confía en mí."
Un corto tiempo más adelante Dulce limpiaba el plato con el último trozo de pan tostado mientras las dos hermanas hablaban. El tema actual era impuestos, y para alguien que siempre acostumbra la forma fácil, era un tema con el que se sentía penosamente fuera de lugar. Las mujeres Puente, por otra parte, habían charlado durante toda la comida sobre exenciones y vacíos legales. Dulce sonrió y desayunó tranquilamente, escuchando los ricos tonos pero no las palabras de su alta compañera. Excluyó a Susan completamente y así, pasó por alto su nombre la primera vez que fue mencionado. "Lo siento, ¿qué?"
"Pienso que la estamos aburriendo, Susan." Annie rió cuando vio el culpable rubor cubrir la clara piel.
"Dije que Wendy necesita cualquier recibo que tengas para tus impuestos." Viendo la confundida mirada de Dulce, Susan explicó. "Wendy es nuestra contable. Ella hará tus impuestos para ti pero pienso que le está faltando algún papeleo. Tiene únicamente tu W-2 de Puente."
"Bien, tengo el único de Money Slasher. No me llevará mucho tiempo llenar la forma así que no he evadido este aún. ¿Por qué tendría una declaración de ingresos de Puente? Annie no decidió darme el trabajo como su secretaria hasta la semana pasada."
"Whoops," Annie dijo. "Puedo explicar." Se giró en su asiento para poder hacer frente a Dulce. El corto banco y sus piernas largas significó que su rodilla terminara apoyada sobre el muslo cubierto de color caqui. "¿Recuerdas cuando hice que firmaras todas esas formas para que nosotros pudiéramos conseguirte en el seguro? Tú estás en la nómina de pago desde entonces."
"¿Quieres decir que no sabías que estás recibiendo un pago cada semana?" Susan preguntó. La aún impresionada Dulce meneó su cabeza. "Firmaste una autorización directa del depósito para la unión de crédito. Llenaste un W-4 para tus exenciones."
"No recuerdo lo que firmé. Estaba aún en el hospital y con todo ese matador dolor..."
"Annie, ¿no le dijiste lo que estaba firmando?"
Ahora fue el turno de la ejecutiva para ruborizarse. "Bien..." Miró a Dulce. "Cuando estabas en el hospital, todo lo que podía pensar era en asegurarme que tuvieras el mejor cuidado. Sé que te dije que eras ahora empleada de Puente Corp."
"No pensé que querías decir que en realidad recibiría pago." Discretamente puso su mano en la rodilla de Annie. "Debe haber cientos de dólares allí adentro."
"Me gusta más miles," la ejecutiva corrigió. "No pago a mis trabajadores morralla suelta como Money Slasher. Pago un salario real. Por eso la gente con habilidad y talento no nos deja después de algunos años y entra a alguna otra firma."
"Annie, no puedo conservar ese dinero. No lo gané. ¿No puedes solo devolverlo o algo así?" Eso ganó la risa de ambas Puente. "¿Qué?"
"Dulce querida, ¿tienes alguna idea cuánto papeleo estaría involucrado en hacer algo así?" Susan se rió suavemente otra vez. "Eso es imposible."
"El dinero es tuyo, Dulce," Annie agregó. "Siento no haberlo mencionado antes. Honestamente no pensé en cosas como cheques y tú por supuesto no has necesitado ningún dinero."
"Está bien. Podemos hablar acerca de eso en algún otro momento." Dulce llevó la taza de café a sus labios, mentalmente decidiendo a qué instituciones benéficas daría el dinero si no podía convencer a Annie que lo devolviera.
"Hablando de más tarde," la ejecutiva miró en su reloj. "Mejor nos vamos."
"Espera." Susan puso su mano a través de la mesa, rogando a su hermana permanecer donde estaba. La pelirroja miró a Dulce con tal seriedad que hizo que el pulso de la joven mujer se acelera con nerviosismo. "Solo quiero decirte algo antes de que nos vayamos." Se lamió los labios y echó un vistazo rápido en su hermana mayor antes de continuar. "Dulce amo mucho a mi hermana, con Christian desaparecido, bien... esto justamente me ayudó a hacer que me diera cuenta que estaba siendo injusta con ella. Nunca la he visto más feliz que cuando está contigo."
"Susan, no me avergüences," Annie advirtió juguetonamente aunque el calor se levantaba en sus orejas.
"Oh tú quédate tranquila o le diré sobre la vez que una vez cogiste el auto de papá para un paseo subrepticio y fuiste detenida por la policía," la hermana más joven advirtió. "Ahora, como estaba diciendo antes de que tan groseramente me interrumpieran, ella es feliz y eso es lo que es importante." Tomó la cuenta y le echó un vistazo antes de pasarla a través de la mesa a su hermana. "Tú turno. Treinta y ocho y seis para la propina."
"Gracias, sabes que odio calcular eso." Annie abrió el bolso y sacó su cartera, pasando a través de varias tarjetas plásticas hasta que encontró la que buscaba. Pocos minutos después la cuenta fue pagada y estaban paradas junto a sus vehículos, que estaban estacionados uno a lado del otro.
"Tengo que dejar a Dulce y entonces te encontraré en casa de mamá," Annie dijo cuándo quitó la alarma y abrió la puerta del pasajero.
"Ok, no tardes mucho." La pelirroja giró hacia Dulce. "Fue agradable que nos acompañaras a desayunar."
"Gracias por invitarme" contestó. "Y gracias por lo que dijiste allí adentro... con respecto a que ella merecía ser feliz."
"Si si, todo el mundo es feliz," Annie dijo con un fingido gruñido. "Excepto mamá, que va a tener un ataque si no llegamos pronto."
"Estaba siendo seria," Dulce dijo, golpeando el brazo de la alta mujer.
"También yo." Miró a su hermana más joven. "Susan, aprecio lo que dijiste allí adentro... así como lo de anoche."
"¿Crees que dirían algo si dos hermanas se abrazan en público?"
"¿A ti de verdad te preocupa lo que digan?" Annie contradijo. Ellas se abrazaron, para sorpresa de Dulce, Susan le dio un rápido abrazo. Se despidieron y estaban pronto sobre la carretera.
*****
Después de ser dejada en la casa, Dulce se encontró sin nada que hacer. Annie no estaría seguramente de regreso hasta media tarde. Anduvo alrededor, vagando dentro y fuera de cada habitación en la primera planta. Entonces sus ojos siguieron las escaleras. La curiosidad consiguió lo mejor de ella y colocó las muletas en la escalera inferior.
Aunque había estado en el dormitorio de Annie antes, esta era la primera vez que realmente lo miraba. Esta es bastante grande para un apartamento entero. Un acolchado banco situado debajo de una impresionante ventana. Una puerta abierta al lado conducía al baño privado y la joven mujer hizo una nota mental para visitarlo más tarde. Dulce vio que su amiga tenía no uno sino dos tocadores así como el increíble vestidor. Un espejo de cuerpo entero empotrado haciendo juego con la madera situada en una esquina. Una cabecera, con luces y entrepaños, complementada por una cama king sized. Había mesitas de noche de ambos lados también. Sobre la pared opuesta a la cama estaba una versión más pequeña del centro de entretenimiento del piso de abajo. Dulce abrió las puertas para revelar una televisión de veintisiete pulgadas, una colección de videos de Annie y un VCR. Sus ojos, repasaron familiares títulos buscando algo interesante para ver. Hileras de cintas que no tenían cajas o etiquetas en los costados. Tomó uno y miró el título. Oh Annie, no sabía que tenías esta clase de cintas. Sonrió y la metió en la VCR. Bien, ésta debe ser interesante. Colocó las almohadas en la cama y se sentó para ver su primera película de adultos.
Para su sorpresa, había realmente un argumento para la película. Dulce no prestó atención al título pero calculó rápidamente que era sobre dos amantes femeninas que son separadas dentro de una celda por un cruel vigilante. La primera escena de sexo apareció rápidamente y ojos color miel se ensancharon en la vista de dos desnudas mujeres besándose la una a la otra. Eran los mismos lentos y suaves besos que compartía con Annie. Entonces sus besos cambiaron. Llegaron a ser más apasionados y una mujer comenzó a gemir cuando la otra apretó su pezón. De repente los sueños de Dulce tenían otra dimensión agregada a ellos cuando intentó imaginar a Annie hacer el mismo sonido. "Mmm..." Miró a las dos mujeres comenzar sus actos de placer y se imaginaba cada uno haciéndolo con su compañera. La excitación fue inmediata pero más que eso era otra sensación, una mucho más importante. Las mujeres en la pantalla hicieron que Dulce se diera cuenta que esto era más que un acto físico. Incluso aunque eran actrices interpretando un papel, cada tacto era tierno, casi amando. Entre los quejidos y los gritos había repetidas declaraciones de amor de la una por la otra. Por eso es que lo llaman hacer el amor, se dio cuenta quizás por primera vez. Ahora entendía lo que estaba negándole a Annie... y lo qué Annie estaba negándose a sí misma honrando su promesa a su padre. Apagó la VCR, Dulce se sentó y miró fijamente la pantalla azul durante varios largos minutos mientras las últimas piezas del rompecabezas cayeron en su lugar.
***
"¿Probarás las costillas de cerdo?" Annie preguntó, pegando sus labios con satisfacción. "Te digo que, no hay nada como una buena comida china para llevar."
"No, no las he probado todavía," Dulce contestó reservada, sus ojos nunca abandonaron su plato, el contenido que estaba siendo empujado alrededor sin objetivo por su tenedor.
"Deberías. Los rollos de huevo están bastante buenos también. Absolutamente nada de grasosos."
"Hmm Um." El brócoli y el cerdo sufrieron más cambios.
"¿Dulce, pasa algo? Has estado silenciosa desde que llegue a casa."
"Annie, ¿puedo preguntarte algo?"
"Cualquier cosa, sabes eso."
"Si nunca le hubieras hecho esa promesa a tú padre... si nada estuviera siendo para ti un obstáculo... querrías..." La mujer más joven meneó su cabeza y levantó sus ojos con miedo e incertidumbre en su mirada. "¿Podríamos nosotras ser amantes?"
Annie se puso de pie. "Creo que hemos terminado de comer. Vamos a la habitación y hablaremos. Me ocuparé de los platos más tarde."
"Sí, eso sería mejor." Dulce convino, levantándose en su pie bueno. Sí tú y yo nos acurrucáramos juntas en el sofá... "¿Annie? estaría bien si solo fuéramos al dormitorio? Quiero decir, nosotras podemos siempre ver televisión allí adentro, ¿correcto?"
Campanas de advertencia y los silbidos explotaron en la cabeza de Annie y tragó reflexivamente. "Uh... ¿estás segura?" Considerando el tema de discusión, no estaba completamente segura que acostarse juntas en la cama era una sensata idea.
"Sí." Y con esa palabra dicha en voz alta, Dulce se dio cuenta que sí, realmente estaba segura... acerca de todo. Una vez dentro del cuarto, Dulce reclinó las muletas contra la pared y pacientemente se equilibró en su pie bueno.
"¿Quieres cambiarte primero?" Annie preguntó mientras bajaba las sábanas.
"No, estamos bien justo de la manera en que estamos." Una vez que las ropas de cama estuvieron listas, se deslizó entre ellas y rodó sobre su costado para hacer frente a la mujer que había capturado su corazón. Annie comenzó a unírsele. "Espera." Dulce estiró la mano y encendió la lámpara. "¿Podrías apagar la luz?" Pronto el brillo fue substituido por una cálida, suave luz.
"Así que estamos en la cama y quieres hablar,"Annie ofreció cuando se acomodó.
"Si nosotras estamos," asintió apoyándose en un codo, posó la mirada en los azules ojos sin fin. "¿Vas a contestar a mi pregunta? Si no hubieras hecho esa promesa a tu padre, podríamos ser amantes?"
"Creo que no estás segura..."
"Olvídate de eso por un minuto." Extendió la mano y recorrió ligeramente con la yema de su dedo debajo de la quijada de la mujer más mayor. "Si fuéramos solo tú y yo, nadie más." Annie estaba aún usando su camisa gris y con tres botones desabrochados, la visión era completamente tentadora. Dulce movió su yema del dedo abajo de la cincelada quijada a la larga garganta y más allá, parando solamente cuando este encontró el borde del encaje del bra. Observó con cierto placer que la respiración de la mujer más mayor se había acrecentado.
"Dulce, te amo y lo sabes." Annie extendió una mano y acunó su mejilla. "Si no hubiera obstáculos, si realmente fuéramos solo tú y yo, sí. Estaría muy honrada de ser tu amante." Fue recompensada con un rápido beso. Los curiosos dedos estaban conduciéndola a la locura pero no podía encontrar la fuerza para pararlos.
"Annie..." Los distrayentes dedos lentamente desabrocharon el botón siguiente de la camisa gris. "Somos solo tú y yo. No hay obstáculos."
"Dulce..." Su cuerpo respondió inmediatamente a su camisa siendo desabotonada. Los pezones se endurecieron debajo del blanco bra y todo su cuerpo hormigueaba con excitación. Abrió su boca para protestar y para encontrar una cálida, suave lengua presionar contra la suya. "Mmm." Bajo la gentil insistencia, Annie se relajó y dejó a la joven mujer tomar el control. Dulce la sintió ceder y disminuyó la presión de sus labios. Su mano libre viajó por su propia voluntad, deslizándose debajo de la camisa de algodón y contra la cálida piel. En un movimiento que impresionó a ambas, la errante mano se cerró sobre la suave copa de encaje y apretó un poco. Annie jadeó y su cuerpo se arqueó en el tacto.
"Te gusta esto," Dulce observó, dándole al firme montículo otro apretón y disfrutando la reacción inmediata. Dejó su mano donde estaba, bajó su cabeza hasta que sus labios estuvieron contra el oído de su amante. "Annie," dijo roncamente. "Te amo y deseo hacer el amor contigo." Enfatizó su declaración chupando un dispuesto lóbulo, después maniobró hasta la boca de Annie. Teniendo cuidado de no golpear la espinilla de la mujer de más edad, Dulce deslizó su pierna izquierda entre las más largas.
"Dulce..." Tenía todas las intenciones de parar esto antes de que fuera demasiado lejos pero en vez de eso su cuerpo obedeció a su mente, su mano se cerró alrededor de la de Dulce, alentando más exploración. Annie estaba ardiendo y luchó por encontrar una razón para resistirse. "N- no debemos."
"¿Por qué?" La rubia mujer sacó su mano de debajo de la camisa de algodón y miró a su amante con toda seriedad. "¿Dime por qué debemos continuar negándonos esto a nosotras mismas?"
"Lo prometí..." Los dedos presionaron contra los labios llenos.
"No." Había una sosegada cólera en la voz de Dulce. "No Annie. Puedes prometer muchas cosas pero renunciar a tu felicidad para siempre no es una de ellas." Suavemente trazó una definida ceja negra. "No puedes prometer renunciar a mi felicidad, tampoco." Sus ojos se agitaron bajando para estudiar los labios antes de viajar de regreso para llegar a perderse en ese pozo de interminable azul. Annie no se movió, todavía luchando con sus demonios internos. Apoyándose sobre su codo derecho, Dulce utilizó su mano izquierda para soltar su blusa, trance que la hacía exponer cada vez más carne cuando cada botón fue desabrochado. Sonrió en la intensa mirada en los ojos de Annie. Una vez que la camisa color óxido colgara holgadamente, Dulce tomó la mano más grande en la suya y la trajo al área cubierta por la seda beige. "Por favor, no, no luches contra esto," susurró cuando sintió la resistencia de Annie. Presionó su pecho contra la cálida mano y gimió cuando sintió el tentativo apretón.
La limitada experiencia de Dulce no la había preparado para la sacudida que el tacto de Annie le trajo. Otro apretón y estaba segura que simplemente moriría sin que su amante la tocara. Sintió que era empujada sobre la cama y no se opuso. Largos rubios cabellos cosquillearon su cara y la lengua que buscando entró a su boca era completamente insistente. "Siimphf." Nada puede sentirse mejor que esto, pensó para sí misma ansiosamente cuando devolvió el beso con igual frenesí.
"Te amo," Annie exhaló cuando el beso finalmente terminó. Apoyada en su codo, su cuerpo a medias encima de la mujer más pequeña. Sintió a Dulce intentar sacar la camisa gris de los jeans. "Espera." Girando sobre sus rodillas, desabotonó y bajó el cierre de sus pantalones. Desabrochó el último botón en su camisa y lentamente sacó los extremos. Ahora colgaba libremente en su cuerpo, bastante abierta para mostrar un vislumbrar de su bra debajo. Con una lentitud que era tortura para el sistema nervioso de la joven mujer, Annie deslizó el tejido gris de sus hombros, dejándolo caer en la cama detrás de ella. "¿Esta también?" Preguntó, tocando el gancho del frente de su bra.
"Por favor," Dulce pidió. Su amante sonrió ante la urgencia en su voz. Una rápida vuelta y las copas cayeron. El bra cayó encima de la camisa y durante varios segundos ninguna de las dos mujeres habló. Los ojos de Dulce estaban mirando la más hermosa vista que jamás había visto y dijo tanto con la mirada en su cara. "Bésame otra vez."
Oh sí, eso es mucho mejor, pensó para si cuando sus manos viajaron sobre la desnuda piel de la espalda de Annie. Estaba plenamente consciente de los lugares donde su camisa estaba abierta y su piel tocaba. Compartieron una serie de perezosos besos hasta que sintió una inquieta mano intentando quitar su camisa. "Sí," convino, intentando quitarla mientras aún estaba acostada de espaldas.
"Por favor... permíteme,"Annie pidió. Dulce asintió y se dejó ser atraída a una sentada posición. Su camisa se encontró lanzada contra la silla en la búsqueda de Annie por quitarlos del medio. El bra beige terminó en el piso. Se bajó de nuevo de la cama pero su amante permaneció donde estaba. Corazones palpitando con fuerza y cuerpos pulsando cuando ellas miraron abiertamente la una los pechos de la otra. Donde su propia aureola era de color rosado, la de Annie era más oscura, casi café. Bajó la mirada y estaba sorprendida de ver sus pezones todavía manteniéndose firmes como pequeñas gomas, la piel alrededor de ellos aún suaves pero comenzando a fruncirse. Incluso el día más frío no hace que ellos se levanten así musitó mientras miraba de nuevo para ver los pezones de su amante comenzar a hacer la misma cosa.
"Tú... eres... hermosa,"Annie susurró. Se bajó y lentamente, muy lentamente, piel desnuda tocó la piel desnuda. Ambas gimieron suavemente y sonrieron en el reconocimiento del placer mutuo. Largos dedos se hundieron en el dorado cabello. Sus bocas jugaron un juego de dar y tomar, lenguas bailando de un lado para otro mientras ellas flotaban en el amor de una en la otra.
"Oh... oh sí, esto es agradable," Dulce jadeó cuando sintió la boca de su amante trasladarse a su cuello. Sintió los labios separarse y la suave lengua lamía su piel. Subió sus manos para posarlas en la nuca de Annie. "Si... mmm, esto se siente tan bien."
"Siii." El cuerpo de Annie estaba presionándose contra el suyo, traicionando el aumento de la pasión de la mujer más mayor. Dulce dejó que su mano derecha bajara hasta que llegó a los botones de los jeans negros. Desde que fueron desabotonados, había mucho espacio para que se deslizara adentro. Cuando agarró la firme mejilla, Annie gimió contra su piel y comenzó a chupar su cuello en serio. "Dulce..."
"Si Annie... esto se siente sí tan bien." Apretó más duramente y fue recompensada con renovadas contorsiones.
"Vas a conducirme a locura, ¿sabías eso? No puedo concentrarme cuando haces eso." Admitió apartando su trasero de las distrayentes caricias de Dulce. Separó las piernas más pequeñas con un toque con las propias, colocándose de modo que sus labios estuvieran a la par con los pechos de la joven mujer. El largo cabello rubio formó una suave capa que cosquilleaba cuando este se movía sobre la clara piel. "Te amo tanto," Annie dijo jadeantemente cuando reclamó los labios de Dulce para los propios. Fosas nasales dilatadas con irregulares respiraciones cuando se besaron apasionadamente.
"Pero..." Lo que sea que Dulce iba a decir fue perdido cuando sintió un beso en la superficie inferior de su pecho. "Ooooh."Annie contestó con un ahogado gemido y continuó lamiéndole y mordisqueando su suave carne. "Se siente tan bien..." Oh, esto es el cielo. Nada puede sentirse mejor que esto. Sintió la cálida respiración en su pezón un instante antes de que una húmeda lengua rodara sobre este. "Oh, Annie, siiii..."
Las pruebas de intentos con los muchachos adolescentes nunca habían preparado a Dulce para la sensación de ser amorosamente succionada. La arrancada sensación fue contestada con un intenso palpitar entre sus piernas y sus caderas se movieron por propia voluntad, presionando duro contra Annie. Sus manos estaban enterradas profundamente en el rubio cabello y estaba dividida entre mantener a Annie donde estaba o pedirle que le diera al otro la misma atención. Antes de que pudiera decidir, la lengua y los amorosos labios soltaron su tesoro. "Oh, no pares..."
Annie se rió suavemente y presionó su muslo contra el centro de Dulce. "No estoy parando." Usando sus codos para apoyarse, se inclinó para un beso. "Te amo, Dulce."
"Te amo." Sus bocas continuaron dando y tomando, las manos de Dulce bajaron entre sus cuerpos y acunaron dos dispuestos montículos de carne. El gemido de Annie vibró a través de sus labios y Dulce contestó con uno propio. Sus dedos se enfocaron, moviéndose en círculos más pequeños hasta que ellos estaban suavemente acariciando las endurecidas cimas.
"Oh amor," Annie jadeó. "Y-tú no puedes... unggh... hacer eso." Osciló retirándose fuera del alcance y movió su cabeza. "Te dije que no puedo concentrarme cuando haces eso."
"Esto se siente tan agradable." Dulce estiró su mano solo para ser detenida por una mano más fuerte.
"Sí," la mujer más mayor convino. Besó cada nudillo, luego las palmas antes de liberar las manos de Dulce.
"Quiero..." ¿Cómo digo esto sin sonar cruda "Quiero..." Envolvió los brazos alrededor del torso de Annie y subirse, agachando su cabeza con tiempo para traer su boca a su meta.
"¡Oh Dios, Dulce!"
Dulce encontró su cabeza sostenida en el lugar por las manos de Annie mientras alegremente recorría su lengua sobre la oscurecida aureola. Oh si... esto es agradable. Oyó tanto como sintió la respiración de Annie acelerándose y sonrió contra el erguido pezón antes de frotar sus labios de un lado para otro contra él. Se rindió a las fuertes pero gentiles manos que la empujaban de nuevo sobre la cama.
"Deja... que te... muestre... a ti... algo que deseo... mi Dulce," Annie dijo antes de bajar su boca al pecho de Dulce.
"Oooh...." La boca y las manos de Annie estaban en el movimiento constante en sus pechos. Sus manos agarraban y soltaban el rubio cabello y sus caderas estaban en constante movimiento contra el torso de la mujer más mayor. "Annieeeee..." Bajó la mirada para ver la boca succionando su pecho. "Te sientes... oh, tan bien... haciendo esto..." Su respiración se aceleraba y sus caderas presionaban duramente contra el torso de Annie. Su amante contestó con un descendente empuje contra su muslo, haciendo a ambas extremadamente conscientes de su propia humedad. "Por favor... Te necesito..." Intentó alcanzar entre sus cuerpos el botón de sus pantalones.
"Siiii..."Annie asumió el control de la tarea, liberando el pecho que estaba succionando y se levantó dándose sitio. Largos dedos hicieron su trabajo rápido del botón y el cierre pero en vez de quitarlos, la mujer mayor se colocó hacia atrás, poniéndose de lado sobre Dulce para permitir que su mano derecha se deslizara entre los caquis y las bragas blancas de algodón.
"¡Oh sí, SÍ!" Dulce gritó cuando dos dedos presionaron contra su muy sensible área. Tomó la cara de Annie y la trajo para un ardiente beso. "Oh no pares por favor." Sus oscilantes caderas causaron aflojamiento en el tejido, dando más sitio para que los traviesos dedos exploraran. Ellos echaron un vistazo bajo el elástico después lo retiraron, alternando suaves roces con firmes frotaciones. Dulce se levantó rápidamente. Enterró su cabeza en el cabello de Annie y se aferró firmemente. "Annie..." Sus respiraciones venían en rápidas descargas y no estaba segura si sobreviviría al intenso placer enviado a través de su sistema. Los dedos cambiaron la dirección, frotando el algodón en movimiento circulares contra su clítoris. Dulce gimió y movió sus caderas frenéticamente. "No puedo... oh Annie... por favor... yo..."
"Shh... te tengo..."
"Annie... oooh..." Sus manos se agarraron desesperadamente en los hombros de su amante. "Por favor... más fuerte... Oh... si Annie, siiii..." La cálida respiración acarició su oído, ambos confortando y excitando al mismo tiempo.
"Dulce, te amo."
"Siiii." Un intenso palpitar comenzó profundamente dentro y ganó ímpetu cuando se extendió externamente.
"Mi preciosa Dulce... si estás cerca, puedo sentirlo." La presión y el ritmo se incrementaron y el cuerpo de la joven mujer reaccionó, oscilando de un lado para otro más rápido mientras sus dedos agarraban los hombros de Annie más fuertemente.
"Si... más fuerte... ooh..." Sus dientes firmemente apretados, Dulce se balanceó sobre el borde por un agonizante tiempo. Después un largo dedo se deslizó debajo de las empapadas bragas y resbalaron entre sus hinchados dobleces. "¡Oh Dios!" Una vez, dos veces, tres veces a través de su clítoris y el mundo estalló para Dulce. "Annieeeee... ah." Gritó cuando el orgasmo pulsó a través de ella, robando a la joven mujer de toda razón y sentido. Una ronca voz murmuraba palabras que no entendía en su oído y estaba vagamente consciente de ser suavemente mecida pero la realidad era un plano lejos, fuera de ella en este momento. Sentía a su cuerpo ir blando y confió en los fuertes brazos de su alrededor para protegerla mientras flotaba sin rumbo en el resplandor.
Largos minutos después Dulce encontró la fuerza para levantar su cabeza e investigar dentro de una amorosa mirada de azul. "Te amo."
"Mmm, te amo también,"Annie dijo, sellando las palabras con un beso.
"¿Quieres que me mueva?"
"No, quédate aquí, yo quiero sostenerte."
"Suena perfecto," Dulce murmuró, frotándose más profundamente en el abrazo de su amante. "Podría justo permanecer así para siempre."
"Seguro. Siempre que tú quieras."Annie estaba delirantemente feliz y satisfecha de pasar el resto de la tarde abrazada a pesar de no tener su propia liberación aún. Todo lo que le importaba era la tierna mujer en sus brazos. Los minutos hicieron tictac antes de que la cabeza de Dulce se levantara otra vez.
"¿Estás bien?"
"Estupendamente," contestó, besando la carne desnuda cerca de sus labios. "Eres maravillosa."
"Tuve puntería para complacer."
"Mmm, muy buena puntería," Dulce bromeó.
"¿Te dije qué te amo?"
"Una o dos veces, dímelo otra vez." Destelló una brillante sonrisa que Annie sintió la necesidad de recompensar con una serie de besos.
"Te... amo... a ti... con... todo... mi... corazón." Incapaz de resistirse, profundizó el beso, rodándolas para que Dulce estuviera en la parte de abajo. Pero cuando comenzó a besar una línea hacía la garganta de la mujer más pequeña, Annie se encontró detenida por insistentes manos. Se levantó y las manos se movieron para reclamar sus pechos. Comprendiendo la muda petición, Annie juntó sus codos para sostenerse sobre el cuerpo de su amante. Había olvidado de cuan sensibles eran sus pezones hasta que sintió las palmas de Dulce frotarlos. Gimió y se arqueó al tacto. "Oh si...eso es agradable."
"Te gusta esto," la joven mujer observó.
"Mucho..." Las manos se movieron y Annie ahora encontró que sus pezones eran rozados por curiosos pulgares. "Mucho." Sentía los índices de Dulce juntarse y comenzar a apretar en un movimiento de bombeo. "Oh sí, eso es taann agradable..." Intentó mirar pero se sentía demasiado bien y sus ojos se negaron a permanecer abiertos. "Sí Dulce, esto es... agradable y tierno... mmm."
"Annie..." Las pequeñas manos dejaron los pechos y se envolvieron alrededor de su espalda, suavemente impulsándola hacía adelante. Tomando la indirecta cuando vio la rosada lengua moverse rápidamente hacia afuera y humedecidos labios a la expectativa, ella montó a horcajadas el cuerpo de Dulce y se inclinó adelante hasta que sus pechos se movían justo sobre la boca que esperaba. Esta vez se forzó para mirar. Sus ojos se movieron desde el cabello y la clara piel a las pelirrojas cejas enmarcando los ojos miel. La trayectoria continuó, pasando por los suaves pómulos y de la respingada nariz a los labios y a la amorosa lengua proporcionándole alivio a sus doloridos pezones. Como si lo que sus ojos estaban viendo no fuera suficiente, los oídos de Annie fueron tratados con el placer de las palabras de Dulce y de las manos que habían estado tocando ocasionalmente su cuerpo ahora deslizándose debajo de la pretina de sus jeans.
"Permíteme... ooh... Dulce... deja quitármelos. Necesito quitármelos." Lamentó su petición cuando sintió la cálida boca dejar la sensible carne.
"Sí," la joven mujer convino, intentando bajar el negro tejido.
"Yo lo haré." Rodándose, Annie rápidamente se quitó sus jeans y bragas. Antes de que pudiera volver a su posición anterior, se encontró sujetada abajo por su pequeña pero insistente amante. La boca de Dulce reclamó su pecho mientras un muslo cubierto de color caqui se deslizó entre sus piernas. El áspero tejido frotó contra un ya hinchado clítoris y Annie gritó al contacto.
"¿Te lastimé?" Dulce preguntó, con ojos temerosos.
"No." Estiró su mano y acarició la suave mejilla, impulsándola suavemente a continuar su tarea. "No amor, no me lastimaste. Por favor... solo continúa haciéndolo..." Annie suspiró cuando la caliente lengua acarició su pecho otra vez. "... Qué estás haciendo." Sintió algo duro rasguñar su piel justo sobre su pantorrilla y, recordó un incidente anterior en la semana, separó las piernas para darle más que suficiente espacio entre el molde de su amante y su espinilla aun curándose. El cambio provocó que su muslo presionara entre las piernas de Dulce. Los murmullos fueron interrumpidos por lo que Annie consideró ser un muy lindo chillido y repitió el movimiento, ganando un profundo gemido y devolvió un empuje de la joven mujer. Eso es bueno para la piel. Sus largos dedos fácilmente se deslizaron debajo de los caquis y las bragas para un suave agarre a la redonda carne.
"Oh, Annie..."
"Quítate esto, Dulce." Sus dedos se movieron más bajo hasta que rozaron húmedos rizos. "Déjame tocarte." Un enfático cabeceo fue todo lo que necesitó para rodarlas. Cuando movió el tejido sobre el molde, un parpadeo de culpabilidad intentó meterse pero el amor rápidamente lo apagó. Sus ojos viajaron hacia arriba, su pulso se aceleró en el húmedo sitio visible en la entrepierna de las bragas de Dulce. Rubios rizos asomaban, embromando con una indirecta lo que estaba oculto. Luchando por quitarse la tentación, Annie miró sobre el firme abdomen, los perfectos pechos, la mirada de deseo y la pasión en la cara de su querida. "Eres tan hermosa," susurró reverentemente. Enganchando sus dedos bajo la pretina, quitó la última barrera antes de coger a Dulce arriba en sus brazos.
Por largos minutos se abrazaron juntas, intercambiando besos y tiernos tactos mientras convenientemente se acostumbraban ambas a tocar y ser tocadas. Fue Annie quién dio el primer paso, bajando la mano y movió sus dedos a través de los suaves rizos rubios. "¿Te gusta esto?" Murmuró, sus labios rozaron su cabello quitándose del oído de Dulce.
"Mmm, eso es agradable." Intentó hacer lo mismo pero sentada en el regazo de su amante hizo esa hazaña imposible. "Quiero tocarte también."
"Me gustaría eso," Annie admitió, moviéndose hasta que estuvieron una al lado de la otra.
Tuvo que acomodarse un poco para el alcance más corto de Dulce pero pronto los dedos jugaban en los oscuros rizos. "Eres suave, como un gatito," comentó. Su dedo medio se movió más abajo, mojándose en los pulidos pliegues. Trayéndolo hasta su boca, Annie lamió la dulce esencia.
"Mmm... ¡oh!" Fue tomada para cuando el dedo de Dulce bajó pero no únicamente tocando sus labios inferiores sino metiéndolo entre ellos, rozando contra su clítoris. Su mano bajó y agarró la pequeña muñeca. "Por favor..." Tomando dos de los dedos de Dulce, utilizó sus más largos para dirigirlos contra su centro. "Ah... oh sí." Annie levantó su rodilla y se abrió para su amante. "Dulce, por favor..." Presionó los dedos más pequeños contra ella en un movimiento circular y suspiró. Sintió resbaladizos sus muslos internos y débil observó que cuando se dada su propio placer nunca produjo una cantidad tan copiosa de fluido.
"Lo tengo," Dulce dijo cuando tomó el control, inclinándose y suavemente poniendo a Annie de espalda contra la cama. "¿Me... me deseas... adentro?" Dijo las últimas palabras deteniéndose pero el gemido de Annie y la elevación de la cadera contestaron eliminando cualquier temor que tuviera. Lentamente, con indecisión, empujó un dedo hacia adentro. Estaba asombrada de la sensación del caliente húmedo músculo que rodeaba su dedo. Oh Annie... estás tan caliente y suave. La reacción de Annie fue inmediata, gritando y presionándose duramente contra el dedo de Dulce.
"Sí Amor, más... por favor Dulce... siiii." Ella metió un segundo, entonces un tercero. La transformación era asombrosa. El jefe de una corporación importante era incapaz de formar una oración completa. Su nombre llegó a ser un mantra en los labios de Annie, combinados con palabras tales como más fuerte, más rápido, más profundo, y el ocasional oh solo para redondear esto. Dulce presionó dentro más profundamente, la piel entre su anular e índice quemaban cuando intentó satisfacer la petición de su amante. Oh Dios, Annie... te sientes tan bien. La mujer de cabello rubio se movió debajo de ella pero Dulce se negó a dejar ir su premio. La sensación de los músculos internos apretando sus dedos la excitó y no había duda en su mente que la voz de Annie era dos octavas más arriba que lo normal. El metal del marco de la cama crujía con cada empuje y los gritos de su amante llegaron a ser más urgentes. "Dulce."
"Estoy justo aquí." Giró su cabeza y besó la suave piel.
"Yo... Dulce..." Los muslos de la alta mujer comenzaron a temblar.
"Te amo, Annie." Sintió los músculos rodeando sus dedos apretarse y comenzó a bombear tan duro y rápido como podía. Repentinamente fue cogida en un apretón demasiado fuerte para romperse cuando las caderas de su amante se arquearon levantándose de la cama.
"Yo..." El oscuro flequillo se pegó a la frente empapada de sudor y cada palabra fue rasgada de los fuertemente apretados dientes. "Te... amo... oh Dulce... Dulcee, yo. Yo... ohhh."
"Sí amor... sí." Ellas resistieron juntas, los dedos de Dulce se enterraron en el interior profundamente. Únicamente cuando el último espasmo pasó retiró sus dedos y se acurrucó en los brazos de Annie.
"Esa es una sonrisa bastante grande que he visto en tu cara," Annie dijo cuándo el habla volvió.
"Soy feliz."
"Mmm." Besó la frente de Dulce. "Me alegra oírlo."
"¿Puedo preguntarte algo?"
"¿Cuántas veces tengo que contestar a esa pregunta?"
"Lo siento." Besó los labios de Annie en disculpa... entonces otra vez por el puro placer escarpado de esto. Abrazándose tan juntas como podía, Dulce reclinó su cabeza en el amplio hombro. "¿Era esto... lo que esperabas?" ¿Realmente te complací?
"Fue todo lo que deseaba y más." Dulce sintió los dedos debajo de su barbilla y levantó su cabeza para mirar dentro de los tiernos ojos azules. "¿Qué te pareció a ti?" Annie preguntó. "Esta es tu primera vez. ¿Cómo te sientes con esto?"
Dulce se movió y unió sus labios. "Me sentí muy, muy amada." Puso su cabeza de nuevo en el hombro de Annie. "Mmm, agradable."
"¿Solo agradable?"

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Re: Amor accidental

Mensaje por Admin el Lun Abr 11, 2016 11:16 pm

"Más que agradable." Se giró sobre su estómago y apoyó su cabeza en el abdomen de Annie. "Pienso que haré de esto mi nueva almohada." Con el calor de su amante contra ella, Dulce dejó sus ojos cerrarse.
"Mmm, puedes mantenerte firme."
"Faltaría más." Moviendo su brazo a una posición más cómoda, Annie comenzó a mover su mano arriba y abajo de la espalda de Dulce. "¿Así?"
"Mm hmm."
Algunos momentos en la vida son solo sencillamente perfectos. Para las nuevas amantes, este era uno de ellos. Relajadas... saciadas... simplemente disfrutando de la sensación de los cuerpos de la una en la otra. La mano de Annie se movía sobre la espalda de su amante, alternando entre perezosas figuras en ochos y largas curvas pasando de los hombros a las caderas. Dulce devolvió el cariñoso tacto con uno propio, dejando los dedos deslizarse sobre el flexible muslo. Las tiernas caricias eran agradables pero los brazos podrían permanecer vacíos solo mucho antes de que la necesidad creciera demasiado grande. "Ven aquí," Annie susurró, extendiendo sus brazos. Pronto estaban abrazadas, compartiendo suaves besos y tiernas palabras de amor. Finalmente la lámpara fue apagada y el sueño reclamó a dos mujeres muy felices.
Somnolientos azules ojos se abrieron en una cortina rojiza. Annie sonrió, gozando de la sensación del cabello de Dulce sobre su cara. Se estiró, revelando la sensación de la piel contra piel. Era una maravillosa sensación y que no tenía deseos de terminar pronto. Echó un vistazo en el reloj y gimió. Estaba indecisa entre estudiar a la durmiente mujer o despertarla antes de que llegara María. Tengo el resto de nuestras vidas para mirarte dormir. "Dulce... cariño, hora de despertar." Una suave sacudida del hombro... nada. "Dulce... Dulce..." El durmiente bulto gimió y madrigó bajo las cobijas. "No no. No," Annie se rió suavemente. Enganchando sus dedos en el borde de la sábana, la separó para exponer sus desnudos cuerpos al fresco aire de la mañana. La mano de Dulce automáticamente se estiró por el desaparecido calor solo para ser cogida por la más grande de Annie. "Buenos días." Llevó mano hasta sus labios y comenzó a besar cada nudillo. "Yo... te... amo... Dulce."
"Mmm, te amo también," contestó, levantando sus nublados ojos color miel hasta mirar a su amante de cabello rubio. "Qué te parece que durmamos hasta tarde hoy, ¿hmm?"
"Me encantaría pero María llegará aquí pronto." Recorrió con su dedo la mejilla de Dulce. "No desperté a tiempo para llamarla y decirle que no viniera," se disculpó.
"Está bien. Tú no sabías que nosotros podríamos..." Se ruborizó. "Tú sabes..."
"¿Hacer el amor?" Annie ofreció, rodándolas hasta que estuvo arriba. Su cabello colgaba, poniéndose contra la mejilla de Dulce. Incapaz de resistirse, bajó sus labios para un beso. "Te amo." Renuentemente se hizo para atrás. "Pero ahora mismo tengo que ser... mala."
"Mejor hazlo rápido antes de que esté justo detrás de ti," la joven mujer dijo, alcanzando sus muletas. Cuando Dulce volvió del baño, descubrió a Annie medio vestida. Sintiéndose un poco incómoda con su propia desnudez, fue a su tocador y comenzó a sacar las ropas que iba a usar. Se sentó en el borde de la cama y estiró su mano por sus bragas. La siguiente cosa que supo, es que estaba aplastada de espaldas sobre la cama con la mujer que amaba acostada encima de ella.
"¿Tienes alguna idea de cuánto te amo?" Annie inhaló, ojos azules oscurecidos por la pasión. Los labios bajaron y fueron encontrados a medio camino por un par igualmente ansiosos. Suaves gemidos de placer llenaron el aire cuando el beso se profundizó y las lenguas danzaron juntas. Las manos de Dulce estaban alegremente tocando a través de la amplia extensión de la espalda y terminaron deslizándose abajo para acunar el trasero de Annie a través de sus ropas cuando oyeron el sonido del auto de María en el camino de entrada. Nuevas amantes, eso es lo que ellas eran, el beso no terminó hasta que oyeron el sonido de la puerta del auto cerrarse. "Supongo que tenemos que parar." El tono de la ejecutiva dejó en claro que parar no era lo que realmente deseaba hacer.
"Si, nosotras debemos," Dulce contestó, inclinándose para un rápido beso más antes de que su alta amante se levantara.
"A menos que quieras dar a María una exhibición." Annie tiró de una camiseta gris de algodón sobre su cabeza y la metió dentro de sus pantalones. "Iré a hacerle compañía mientras te vistes." Incapaz de resistirse, robó un beso muy dulce antes de salir del cuarto
*****
"Buenos días, Annie," el ama de llaves dijo cuando entraba y cerraba la puerta corrediza. "Oh, hace frío allí afuera esta mañana. Pensé que habíamos visto lo último de la nieve en esta temporada."
"Oh, probablemente esta sea una buena tormenta para molestarnos antes de que la primavera llegue," la ejecutiva dijo, tomando el periódico del día de las manos de María. En ese momento Tabitha merodeó dentro de la cocina, buscando su comida de la mañana.
"¿Mrrow? ¿Mrrow?"
"¿Y adónde piensas que vas?" Annie preguntó cuando levantó al felino en sus brazos. "¿Hmm? ¿Qué es eso? Quieres el pavo rebanado para desayunar, ¿eso dijiste?" Ella contestó ronroneado y lamiéndose las garras lo que hizo a ambas mujeres reír.
"Ese gato está tan echado a perder," María dijo cuando se dirigió hacía el cuarto de lavado a colgar su chaqueta. "Sé que ambas deslizan pedazos de carne por debajo de la mesa para ella cuando están comiendo. Es por eso que es tan difícil mantenerla fuera de la cocina."
"Oh, y eso no tiene nada que ver con los trocitos que dejas caer 'accidentalmente' en el suelo mientras estás cocinando, ¿correcto?"
"Buenos días," Dulce dijo cuando entró al cuarto. "Oh María, espero que usted esté planeando hacer un copioso desayuno porque estoy muriéndome de hambre esta mañana. Buenos días, Tabitha." Apoyando las axilas contra sus muletas, se paró directamente enfrente de Annie y comenzó a acariciar a su gato, aunque sus ojos nunca dejaron la cara sonriente de su amante. "Espero que hayas dormido bien," susurró.
"De lo mejor. ¿Qué sobre ti?" La voz de la ejecutiva llevaba el mismo tono suave que había calmado a Dulce después de que hicieron el amor y la mujer joven reaccionó a eso sin pensarlo, presionando su cabeza contra el pecho de Annie y sacando una sobresaltada protesta de Tabitha.
"Maravilloso." Se hizo para atrás y acarició al gato, encendiendo de nuevo el motor ronroneante.
"Maravillosa y hambrienta."
"Tendré el desayuno listo en más o menos veinte minutos," María dijo sin levantar la mirada de los huevos que estaba batiendo. Cuando se volteó para empezar a hacer el café, Annie se aprovechó y se agachó para darle a Dulce un tierno beso. Cansada de estar aplastada entre las amantes, Tabitha zigzagueó para liberarse y salió trotando a la sala de estar.
María volteó para hacer una pregunta pero se encontró sin habla en la vista ante ella. Las dos mujeres se besaban profundamente, las manos de Annie estaban metidas en el cabello de Dulce. Desviando la mirada rápidamente, el ama de llaves se negó a darse la vuelta otra vez hasta que oyó los sonidos de las sillas siendo sacadas y el periódico abierto. Contenta que la cafetera tuviera una opción de pausa, sacó la cafetera y llenó dos tazas.
"Aquí tienes, Dulce," dijo amablemente cuando colocó la humeante taza abajo enfrente de la joven mujer.
"Gracias."
"Annie." Dejó una taza amarilla abajo y volvió la encimera a comprobar los huevos. Una ceja se levantó en la desconocida taza y Annie intercambió una mirada de extrañeza con Dulce antes de encogerse de hombros y volver al informe del mercado de acciones.
Un rato después María volvió a la mesa con dos platos. El plato de Annie contenía un pequeño omelet con queso y pan tostado mientras el de Dulce estaba cargado de un omelet relleno, una rebanada de fresco melón, y pan tostado con mermelada de uva.
"Gracias, María. Usted sabe exactamente como me gusta esto." La joven mujer sonrió de oreja a oreja, ganando una sonrisa del ama de llaves.
"Sí lo sé. Ahora si ustedes señoras me disculpan tengo que ir a lavar." Tomó una cesta vacía del cuarto de lavado y fue a recoger la ropa sucia. Las amantes volvieron a su desayuno antes de que un pensamiento pasara por la mente de Dulce. "Annie, va a ver la ropa tirada en el cuarto." Su cara comenzó a ruborizarse por la vergüenza.
"Espero que compruebe debajo de la cama. Pienso que es donde tu ropa interior terminó," Annie contestó, meneando sus cejas lujuriosamente.
"¡Annie!" Golpeó su brazo. "No es divertido."
"Sé que no lo es," la ejecutiva se disculpó. "Ven aquí." Movió su silla un poco y tiró de Dulce contra ella. "Amor, estará descubriéndolo tarde o temprano."
"¿Piensas qué estará bien con esto?"
"Por supuesto. He conocido a María desde que era una niña pequeña. Sabe cuánto significas para mí. Estoy segura que estará feliz," Annie dijo con seguridad.
Pero el ama de llaves era todo menos feliz. Volvió con una cesta llena de ropa sucia justo cuando las mujeres estaban terminando su comida. "Anahi, necesito hablar contigo," dijo irritada antes de entrar al cuarto de lavado. La tapa de la lavadora se abrió después se cerró con un estruendo. La secadora sufrió el mismo abuso.
"¿Qué está pasando?" Dulce preguntó con preocupación.
"No lo sé pero voy a descubrirlo." Annie dejó su servilleta y entró en el cuarto de lavado, cerrando la puerta detrás de ella.
"¿Qué está pasando, María?"
"Sabes que sería mucho más fácil para mí si no tuviera que inspeccionar toda la casa por tus ropas." Dio la espalda a su patrona, aparentemente emparejando los calcetines limpios.
"¿Quieres hablar conmigo acerca de dejar mi ropa en el piso? Las he dejado tiradas antes y nunca te ha disgustado eso." Annie se acercó. "Estás molesta desde antes del desayuno. Mi taza no estaba sucia. Tú me diste esa cosa fea amarilla a propósito. ¿Por qué?"
"No soy tonta, Anahi. Tengo ojos." Arrugadas manos sostenían sudados calcetines en un agarre de muerte. "¿Cómo puedes hacer esto?"
"Supongo que esto no tiene nada ver con la ropa y para con el jodido Anahi. Estás hablando de Dulce y de mí." Esperó por una respuesta pero su ama de llaves continuaba poderosamente doblando los calcetines. "¿Cuál es el problema, María? ¿Está bien ser una lesbiana siempre que no actúe como una?"
María dio vuelta y dio un enfadado fulgor. "He sido apoyo siempre de ti y de tus preferencias. ¿Cómo te atreves a pensar de otra manera?"
"¿Entonces qué es esto?" Su quijada se tensó en cólera. "Dulce ha estado viviendo aquí desde hace más de tres meses. Tenías que saber que dormíamos juntas."
"Durmiendo, Annie, durmiendo." María sacó las sábanas de la cesta y las metió en la lavadora. "Tú ciertamente no estabas 'durmiendo' con Dulce anoche." El detergente fue descuidadamente echado adentro y la tapa se cerró de un golpe. "Esto está mal, solo verdaderamente mal lo qué estás haciéndole a ella."
"¿Por qué es incorrecto amarla? ¿Por qué es hoy algo diferente que ayer? ¡Ayúdame a entender por qué estás tan molesta porque ahora mismo no entiendo!" Annie cerró de golpe la mano sobre la secadora, el ruido reverberaba a través del pequeño cuarto. "No es como Christine, María. Es de Dulce de la que estamos hablando."
"Sé que no es como Christine. Nunca dije que lo fuera. Dulce es una dulce, amable y tierna mujer que merece todo lo mejor que la vida puede darle." Iracunda se acercó a la barra y comenzó a ordenar la ropa limpia. "Ella ha sido bastante lastimada."
"¿Qué?" Annie meneó su cabeza. "¿De qué estás hablando?" Puso las manos en los hombros del ama de llaves y volteó a la mujer más mayor para hacerle frente. Los ojos de María estaban brillantes y Annie suavizó su tono. "Amo a Dulce. Nunca podría lastimarla."
"¿No piensas que ocultándole la verdad la estás lastimando?"
"¿Y justo qué verdad es la que le estoy ocultando?" Preguntó con indecisión.
"Sé sobre el accidente... vi el Porsche antes de que Hans lo arreglara."
El color abandonó la cara de Annie y se recargó contra la secadora, esperando que sus piernas la pudieran mantener derecha. "Oh Dios," susurró. Miraba a su amiga y ama de llaves de toda la vida con aterrados azules ojos. "María, no puedes decir nada. Tú no puedes contarle."
"¿Contarle?" La mujer más mayor metió sus dedos a través de su corto cabello y movió su cabeza. "No Annie, no le contaré. Conozco bien mi posición." Se volteó de nuevo a la pila de ropa. "Además, no es mi casa para decir nada, es tuya." Hizo una pausa por un momento. "¿O es que solo vas a dejarla que continúe pensando que eres su caballero de brillante armadura?"
Las palabras picaron pero Annie no pudo negarlas. "Yo... no puedo contarle. No puedo perderla. No puedo." Su voz enganchada y tuvo que mirar para otro lado. "Dejaría todo para estar con ella pero no puedo hacer eso."
"Mejor que continúe creyendo que algún borracho la golpeó y tú viniste en su rescate que confesarle que eres responsable." María hizo una pausa, debatiendo entre si realmente quería hacer la siguiente pregunta o no. "¿Estabas bebida?" A la falta de respuesta, volteó, leyendo su respuesta en la cara de la alta mujer. "Dios querido... tú estabas."
El largo cabello rubio formó una cortina cuando Annie bajó su cabeza y asintió avergonzadamente. "Estaba nevando y yo... nunca la vi hasta que era demasiado tarde." Respiró varias veces antes de hablar otra vez. "Daría cualquier cosa para cambiar lo que sucedió esa noche." Levantó la mirada, azules ojos brillaban. "Pero no puedo. Por favor, no puedes decirle nada a ella."
María apartó la mirada y por un minuto nada fue oído excepto el golpe sordo de la secadora mientras ambas mujeres luchaban con sus pensamientos. Después de lo que pareció una eternidad para Annie, el ama de llaves suspiró y asintió.
"No voy a estar arruinando la felicidad de esa niña, incluso si esta es una mentira. Ha tenido muchas verdades feas ya." Giró de cara a Annie. "No seré la que le cuente."
Annie soltó una profunda respiración. "La amo, María. La amo más de lo que yo he alguna vez amado a alguien en mi vida y no puedo perderla." Se paró al lado de la mujer más mayor y reclinó sus codos en la pila de los frescos linos. "Si yo puedo..." miró fijamente la pared, "... pasaré el resto de mi vida haciéndola feliz. Por favor dame esa oportunidad."
"Cuanto más tiempo le ocultes la verdad peor será cuando la descubra. Le debes la verdad, Annie."
"Lo sé," reconoció. "Pero no puedo. No aún."
"Ve con ella. Tengo cosas aquí que necesito hacer." Ante la mirada interrogadora de Annie dijo, "ve, estaré bien una vez que termine aquí adentro. Solo necesito algunos minutos."
*****
"¿Qué fue todo eso?" Dulce preguntó cuando Annie volvió.
"Ella está solo teniendo un mal día, eso es todo," mintió. "Pienso que la muerte de Christian aún la tiene mal."
"¿Estás segura que no es nada que yo haya hecho?"
"Estoy segura que no es nada que hayas hecho, amor." Se inclinó y dio a Dulce un rápido beso en la cabeza. "Vamos, estoy segura que hay algunas cintas de la Juez Judy que no he visto aún." Bajó sus labios hasta que estuvieron al nivel con una bien formada oreja. "Amaría estar abrazada en el sofá contigo."
"¿Pensé que no querías darle a María un show?" Dulce preguntó.
"¿Qué?" Puso su mano en su pecho como si dijera '¿quién yo?'. "¿Piensas que no puedo mantener mis manos alejadas de ti?"
"No." La mujer más joven sonrió y, equilibrándose en un pie, dejó las muletas a un lado. Envolvió los brazos alrededor de la cintura de Annie y moviéndose muy estrechamente. "Yo no estoy segura que pueda mantener mis manos en mí." Estiró su mano y agarró un puñado de suave trasero. "¿Ves lo que quiero decir?"
"¿Te volví una adicta al sexo anoche?"
"No, por supuesto no." Dule se ruborizó y recostó su cabeza contra el pecho de Annie. "Solo disfruto tanto tocándote y sé que te gusta eso también."
"Muchísimo," la mujer de cabello rubio murmuró.
"Sabes..." Mieles ojos levantaron la mirada y se encontraron desamparadamente perdidos en el azul. "Me da igual lo que veamos siempre y cuando pueda estar en tus brazos." Los labios se tocaron justo cuando María salía del cuarto de lavado. No había que confundir el amor pasando entre las dos mujeres. Esto apaciguó un tanto a la ama de llaves y pudo poner una sonrisa en su cara cuando Dulce volteó mirándola.
"María, siento sobre la ropa, me aseguraré de ponerlas en el cesto de ahora en adelante," dijo, pensando que la desordenada ropa era la razón de que el ama de llaves estuviera tan molesta.
"Lo siento, Dulce no fue mi intención actuar así. No sé qué me pasó. ¿Por qué ustedes no se sientan y me dejan traerles un poco más de café?" Tomó las tazas vacías y se apresuró más allá de ellas. "Annie, no deberías dejarla permanecer así tanto tiempo." La ejecutiva inmediatamente cumplió, ayudando a Dulce con su silla.
"Pienso que acabo de ser regañada," susurró en el oído de la joven mujer.
"También pienso que lo fuiste," vino la contestación. "Tú mejor siéntate."
"Buena idea." Un rápido beso en la mejilla y Annie tomó asiento. María volvió con los cafés y sonrió afectuosamente a Dulce, disipando la preocupación de la joven mujer.
"Aquí tienes, querida."
"Gracias."
"Bien, pienso que llevaremos esto a la sala de estar y dejaremos a María sola," Annie dijo cuando se puso de pie. "¿Dulce sabes qué cinta tiene a esos dos compañeros de cuarto discutiendo sobre los dos mil dólares de la cuentas del teléfono?"
"Si, pienso que lo sé. ¿No has visto ese aún?"
"No."
"Entonces te estás perdiendo uno bueno, Annie," el ama de llaves convino. "Esos dos tontos se presentaron vestidos como si fueran a uno de esos conciertos de rock punk con sus cuerpos todos perforados y verdes cabellos."
"Oh sí, eso fue espantoso, ¿no es así?" Dulce convino. "Y el rubio con esa cosa en su lengua... ewww." La joven mujer se estremeció en el pensamiento. "Puedo entender los piercing en la orejas ¿pero las lenguas y cejas?"
"Y sus madres los dejan aparecer en televisión nacional así," María señaló mientras las seguía dentro de la sala de estar. "Y pensaba que algunos de los trajes en Jerry Springer estaban mal."
"Debiste haber oído la manera en que la juez Judy les gritaba," Dulce agregó. "Creo que está en la cinta marcada martes." Se instaló sobre el sofá mientras que María empujó el reposet en una mejor posición para ver la televisión y se sentó. Annie puso la cinta y dio vuelta para tomar a su amante en el ofrecido abrazo todo el día cuando vio al ama de llaves sentada allí. Observando la posición de Dulce sobre un extremo del sofá, hizo lo mismo, bajando la bandeja de los aperitivos entre ellas para poner las tazas de café. La apertura de los créditos comenzó y Annie metió sus pies por debajo de sí misma, apoyando su codo contra el brazo del sofá. Mientras que cada uno de los litigantes explicaba por qué no eran responsables de la cuenta, ojos azules echaron un vistazo en María. La mujer más mayor estaba atenta en el caso y no se fijó cuando una larga pierna se estiró hasta que los dedos del pie presionaron contra la cadera de Dulce. El movimiento le ganó una mirada burlona de la joven mujer pero Annie simplemente meneó una oscura ceja y volteó la cabeza hacía la televisión. Intentando difícilmente no sonreír maliciosamente, Annie continuó pasando los dedos del pie por un lado del muslo y la cadera de Dulce. Al parecer era demasiado juguetona porque la mano de la joven mujer apretó sobre el errante pie y lo sostuvo de todas formas. Annie casi lo hizo hacía atrás pero sintió el suave tacto del pulgar de Dulce acariciando de un lado para otro contra la yema de los dedos de su pie. No se movió para protestar cuando sintió que su calcetín era quitado lentamente. Como el mejor magistrado ya que el juez Wapner continuaba regañando a los litigantes, Annie se encontró recibiendo uno de los mejores masajes de pies que Dulce le había dado nunca.
El caso terminó y otro comenzó. Curiosa, Annie retiró su pierna derecha y estiró su izquierda, satisfecha cuando sintió las delicadas manos quitar ese calcetín también. Rodó sobre su espalda, usando el brazo del sofá como una almohada. Pronto ese pie estaba recibiendo el mismo amoroso tacto y Annie decidió que podría importarle un cacahuate quién ganó y perdió en el programa de televisión. Cerrando los ojos, se concentró en los dedos de Dulce contra su piel y la sensación relajada que estaban creando. Los minutos hicieron tictac para cuando ese episodio finalizó y otro comenzó.
María se levantó y habló, rompiendo el trance de Annie. "Tengo que volver al trabajo aquí. Dulce, vas a echarla a perder si mantienes eso."
"Hey, no descubras todos mis secretos," la ejecutiva perezosamente protestó.
"Eso está bien, María. Solo le recordaré a ella que la próxima vez querré mi masaje de pies." Dio una palmadita a los pies descansando sobre su regazo. "Pero ahora mismo necesito visitar el pequeño cuarto de las chicas."
"Pero estoy cómoda," Annie dijo, meneando sus pies.
"Tú no estarás cómoda si hay de repente una gran humedad justo aquí."
"Bien, necesito otra taza de café de todos modos." Se incorporó y dio a Dulce las muletas, tomando un beso como pago. "Mmm, cuando regreses nosotras subiremos la bandeja de los aperitivos y nos abrazaremos, ¿Qué te parece eso?" Annie decidió mostrar algunas de las ventajas de estar cerca mordisqueando la suave piel del cuello de su amante. "¿Hmm? Tú, yo, un sofá de suave cuero."
"Compórtate, María está aún aquí, lo sabes." Permitió un beso más antes de separarse. "¿Puedes traerme un poco más también, por favor?"
"Seguro, cariño."
Annie estaba justo regresando a la sala de estar cuando oyó a Dulce llamarla. Poniendo las tazas en la mesa del café, entró en el cuarto para ver lo que necesitaba su amante. "Estoy justo aquí, Dulce. ¿Qué necesitas?"
"¿Podrías traerme unas bragas?" La voz claramente avergonzada en el otro lado de la puerta del baño preguntó.
"¿Por qué? Qué es... oh." Maldición. "Ok, espera justo allí. Conseguiré eso." Annie intentó excluir la desilusión de su voz cuando se acercó al tocador. De todas las veces para que le llegue su período, musitó, sacando unas apropiadas bragas blancas de algodón del cajón. Entró al baño para encontrar a una Dulce claramente avergonzada sentada en el retrete, las manchadas bragas ya enjuagadas y esperando dentro del lavabo.
"De todas las cosas de ser una mujer," Dulce dijo cuando tomó las limpias. Hizo lo posible para sonreír. "Supongo que la sincronización es pésima, ¿huh?"
"Eso sucede," Annie contestó. "¿Cómo está el pantalón?"
"No creo que esté manchado." Una rápida comprobación confirmó su declaración. "Saldré en algunos minutos."
"Toma tu tiempo." Annie se inclinó y besó la frente de su amante. "No te preocupes por eso, Dulce. ¿Es cuánto... cuatro, cinco días? Sobreviviremos."
"Cuatro o cinco días." La joven mujer repitió las palabras como si fueran una sentencia de muerte. Sus ojos parpadearon en su amante y una idea se formó en su mente. "Sabes, solo porque tengo esto no quiere decir..."
"Sí lo sé. Quiero que esto sea mutuo," Annie dijo firmemente, a pesar de lo que su cuerpo estaba diciéndole.
"Pero..."
"Ningún pero. Nosotras podemos esperar hasta entonces." Viendo la mirada en la cara de Dulce, se arrodilló y levantó la pequeña barbilla con sus dedos. "Hey, mírame. He esperado años por ti. Algunos días más no van a matarme." Dejó a su dedo viajar hacía la delicada garganta y la uve que se formaba en la camisa de Dulce. "Te amo." Se puso de pie y recogió la prenda sucia. "Llevaré esto a María para que pueda ser lavada enseguida mientras terminas aquí adentro."
Cuando llegó la hora de irse a la cama, Dulce se vistió en su habitual camisa de Dartmouth mientras Annie se puso pantalones y camiseta. Se deslizaron bajo las cobijas y se acurrucaron juntas por un momento antes de que la joven mujer soltara una queda risita. "¿Qué?" Annie preguntó.
"Lo siento, es solo que parece extraño estar vestidas después de lo de anoche," admitió, sus dedos se deslizaron debajo de la manga corta y acariciaron la suave piel encontrada allí.
"No hay nada que diga que tenemos que estar vestidas," Annie precisó. Sin previo aviso se incorporó y se quitó su camisa, la luz de la lámpara revelaba sus generosos pechos a la mirada de Dulce. "¿Por qué no te quitas el tuyo también?"
"Bien... supongo que esto no dañará nada."
"Por supuesto que no." Hambrientos ojos tomaron en la vista haciéndosele agua la boca por los pezones de Dulce cuando la camisa de Dartmouth fue quitada. "Dios, Dulce..." Annie tragó. "... Eres tan hermosa." Cubrió el cuerpo más pequeño con el propio y dejó que sus bocas encontraran algo mejor para hacer que hablar. Los labios de Dulce se separaron gustosamente cuando el beso se hizo más profundo y sus manos rodearon la espalda de su amante en un intento de tirar de sus cuerpos incluso más cerca. Las pasiones se encendieron y las caderas se encontraron incapaces de permanecer quietas. "Dulce..." Sus labios se movieron a la delicada piel del cuello de la joven mujer y comenzaron a besar hacia abajo únicamente para ser parados a pulgadas de su objetivo la rosada piel fruncida.
"Annie... tengo mi período, ¿recuerdas?" Se rió de la desanimada mirada en la cara de su amante. "Es únicamente por algunos días." Sus dedos rozaron los lados de los pechos de Annie. "Por supuesto..." Un pulgar rozó sobre un oscurecido pezón. "... tú no." El otro pulgar repitió el movimiento. "Annie... déjame hacerte el amor."
La mujer de cabello rubio se apartó del cuerpo de Dulce y se acomodó a su lado y lejos de los distrayentes dedos. "No puedo." Remontó el contorno de los labios de la mujer más joven con su dedo. "Deseo darte el mismo placer que tú me das." Hizo una pausa. "Sabes... hay algunas parejas que tienen sexo incluso con sus períodos."
"No sé, Annie...eso parece desagradable para mí. Solo no puedo hacer eso." Dulce rodó sobre su costado y apoyó su cabeza en su mano. "Te amo pero no puedo dejar que me toques allí ahora mismo." Estiró su mano libre solamente para ser detenida.
"No tú no. No me embromes." Annie estiró el brazo y apagó la luz. "Te amo, Dulce. Vamos a dormir."
"¿Estás segura que no puedo hacer nada por ti?" Su mano merodeó otra vez, está vez alcanzando su objetivo.
"Dulce..." Resuelta quitó la mano de su amante de su pecho. "Solo si es mutuo." Se inclinó y sus labios encontraron los de Dulce. "Ahora vamos a dormir."
La alarma fue apagada, señalando el comienzo de un nuevo día. Annie despertó y se dirigió abajo a su entrenamiento matutino, imaginando que Dulce dormiría hasta que volviera. Estaba sorprendida, por lo tanto, cuando volvió para encontrar a la joven mujer sentada en la mesa, completamente vestida y bebiendo café. "Pensé que aún estarías durmiendo."
"Oh no. ¿Olvidaste qué día es este?"
Annie sirvió el café en su taza. "¿Hmm?"
"Dijiste que podríamos ir a la oficina hoy. Laura se irá al final de la semana."
"¿Era eso hoy?" Intentó parecer seria pero el tirón en la esquina de su boca la traicionó. "Lo recuerdo, amor. Solo imaginé que tomarías tu tiempo para levantarte." Tomó un trago de café. "No tendrás que hacer ningún trabajo hoy de todos modos, solo acostumbrarte al funcionamiento de la oficina y a aprender cómo utilizar el teléfono."
"Si hay algo para que yo haga, lo haré, no me importa," Dulce dijo cuando entregó el periódico a Annie.
"¿Qué hice para ser tan afortunada?" Estiró la mano y acarició la mejilla de la joven mujer.
"Pienso que la suerte está en mi lado."
"Creo que mi corazón podría discutir contigo sobre eso." Se inclinó para un beso y fue encontrada a medio camino. "Te amo, Dulce."
"Te amo también."
Este fue el paseo más agradable a la oficina que Annie jamás tuvo. Casi fue un paseo turístico cuando ellas viajaron a través de las varias calles de Albany. En un intento de evitar pasar cerca del parque Washington, la vista del infortunado accidente, Annie tomó uno largo, desvió la ruta atravesando el área del centro de la ciudad hasta que llegó a State Street y al edificio Puente. Dejó a Dulce enfrente del gigantesco edificio antes de continuar al estacionamiento. Pocos minutos después volvió y sostuvo la puerta para que la joven mujer pudiera entrar.
Nunca había estado dentro de la palaciega estructura, la joven mujer estaba rápidamente espantada de los altos arcos del techo y los espacios abiertos de par en par del vestíbulo. Una placa grande de metal les daba la bienvenida al edificio Puente.
"Nuestros ascensores están por aquí," Annie dijo, sonriendo para sí misma en la mirada en la cara de Dulce. "¿Asumo que te gustó mi edificio?"
"Es hermoso. Y tan grande."
"Mucha gente trabaja aquí."
"¿Todos ellos trabajan para ti?"
"No." Annie presionó el botón para subir, frunciendo el ceño cuando levantó la mirada y vio a cuántos pisos el elevador estaba. "La mayor parte del vestíbulo y los primeros cinco pisos son rentados a otras compañías y negocios. El resto de ellos trabaja para mí."
"¿Sé que es una compañía grande y todo pero justamente cuánta gente trabaja para Puente Corp?"l
"Pregúntale a Susan, ella sabe. Pienso que entre todas las distintas divisiones hay cerca de diez mil trabajando para nosotros a través de la región, pero no estoy totalmente segura. Ah, aquí vamos." El elevador se abrió y varias personas salieron. Dulce observó el cambio inmediato en la postura de su compañera. Con la relajación ida, la cómoda Annie también. La mujer ante ella era ahora Anahi, la poderosa y la que inspiraba temor. Entraron y el botón fue presionado antes de que las puertas pudieran cerrarse. "Puedes también recargarte contra la pared, Dulce. Será un largo paseo al piso de arriba."
Annie mantuvo la puerta abierta mientras Dulce salía bien en sus muletas. "Laura, quiero que conozcas a Dulce, Dulce, esta es Laura." Las mujeres intercambiaron saludos mientras Annie revisaba sus mensajes.
"¿Todo establecido? Dulce, Laura te mostrará alrededor y conseguirás ubicarte. Estaré en mi oficina si necesitas algo." Intercambió un guiño con Dulce antes de cerrar la puerta.
El escritorio de la ejecutiva estaba lleno con papeleo y el almuerzo era la última cosa en su mente cuando Dulce llamó a la puerta y asomó su cabeza por ésta. "¿Hambrienta?"
"¿Es tiempo ya?" Annie miró su reloj y levantó una ceja con sorpresa de la cantidad de tiempo que había pasado. "Hay un deli en el piso de abajo si quieres llamar y hacer que entreguen algo." Levantó la mirada y se encontró perdida en los ojos miel. Se levantó y cabeceó a la puerta. "Ven, entra y cierra."
Dulce hizo lo que le pidió y se sentó en el sofá, dejando su pierna izquierda apoyada sobre los cojines. Annie se arrodilló a su lado, frotando los labios suavemente contra la oreja de la joven mujer. "¿Sabes cuánto te amo?" Susurró.
"Sabes que podría demandarte por acoso sexual," Dulce bromeó. "El gran jefe malo viene sobre su inocente joven secretaria... ohh..." Sus ojos se agitaron cerrándose cuando la exploradora boca bajó para morder su garganta. "Mmm, afortunada secretaria."
"Afortunada jefa," Annie murmuró en respuesta cuando sus labios viajaron a lo largo del cuello de Dulce. "Vamos a olvidarnos del almuerzo." Sus largos dedos alcanzaron para desabotonar la blusa color óxido pero se encontraron ellos mismos detenidos.
"Annie, no podemos hacer esto. ¿Cómo se supone que alguna de nosotros consiga trabajar si me mantienes atrapada en tu sofá?" Se liberó de los dedos de la mujer de más edad y puso sus manos en los anchos hombros en un intento de evitar que la boca de Annie viajara más bajo. "¿Qué quieres para almorzar?" Vio el travieso destello en los azules ojos antes de que sintiera la cálida respiración acariciando su oído. Sus ojos se ensancharon en las eróticas palabras susurradas en un tono increíblemente sensual. "Um... oh Dios... tú no puedes hablarme así."
"Te gusta eso, ¿sí?" La ceja de Annie se meneó ante el pensamiento. "Hmm..." Acarició el rojizo cabello y sus labios bajaron al oído de la joven mujer. "Tengo toda la intención de hacerte el amor justo aquí en este sofá." Su voz era pura seducción y sus manos se movieron para cumplir su promesa, tomando el pecho de Dulce.
"Annie, no podemos hacer esto ahora." Se movió del tacto demasiado erótico. "Tengo mi período, ¿recuerdas?"
"Tú sabes, un valiente guerrero puede estar dispuesto a entrar a un sangriento campo de batalla."
"¡Anahi!" Chirrió dándole juguetonamente una palmada en el hombro de la mujer más mayor. "No puedo creer que dijeras eso." Suavemente apartó a Annie y se incorporó. "Necesitas sacar tu mente del canal y pensar sobre el almuerzo."
"Ya te dije que no estoy hambrienta... de comida." Su boca reclamó a la de Dulce cuando se movió sobre el sofá, cubriendo el cuerpo más pequeño con el propio.

La puerta se abrió abruptamente. "Hey Annie, pensé que quizás podríamos tomar el almuerzo en..." La voz de Susan se arrastró apagándose cuando miró a su hermana saltar fuera del sofá y desviar la mirada. La pelirroja sonrió maliciosamente cuando una bastante avergonzada Dulce se incorporó y precipitadamente restituía los botones que los hábiles dedos habían desabrochado. "Oh, supongo que tienes ya planes para el almuerzo. Hola, Dulce."
"Hola, Susan." La joven mujer bajó la mirada culpablemente.

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