Rompiendo las reglas

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Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:20 pm


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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:21 pm

Capítulo 1

Nueva York, vísperas de Navidad, 1990:

- Vamos Any, es hora de irse.
- Pero mamá… estamos celebrando mi cumpleaños.
- Apúrate, ya hemos perdido mucho tiempo aquí.

Y sin más, la señora salió de la sala de aquel lujoso restaurante, dejando allí a su hija, en su décimo cumpleaños. Anahí levantó la mirada, sabiendo que ahí estaría ella, con una sonrisa.

- ¿Estás bien?
- Dul… ¿Recuerdas cuando era pequeña y creía que si cerraba los ojos nadie podría verme? –Dijo, mientras cerraba los ojos y soñaba con que eso fuera cierto.
- Sí, claro
- Quiero seguir haciéndolo…

Dulce la miró un momento, con una tierna sonrisa.

- No mires ahora, pero acabo de ver a la niña más bonita que he visto en toda mi vida…
- ¿Dónde? –Preguntó Anahí sorprendida, mirando hacia todos los lados.
- A tu izquierda, pero mírala disimuladamente, seguro que está cansada de que la miren todo el tiempo.

Anahí comenzó a girar su cabeza, disimuladamente, buscando a alguna niña, pero no veía a nadie.

- Un poco más… -Indicaba Dulce- Un poco más…

Y fue entonces cuando la niña se encontró un espejo a su izquierda, viéndose reflejada en él. Sonrió ampliamente y miró a Dulce, quien le devolvió la sonrisa.

- Vamos Any, ¡se nos hace tarde! –Interrumpió su madre.

**

- Any, ¿sabes por qué compramos tu regalo de cumpleaños en Tiffany cada año?
- Porque es mi tienda favorita y una chica no debe depender de nadie para tener sus joyas.
- ¡Exactamente! Eres la única persona con la que cuentas en este mundo, lo que llaman amor verdadero es sólo para los cuentos de hadas.
- Es mentira –Susurró Dulce a su oído- El amor real, el de verdad, es para siempre… Nunca, nunca se termina…
- Venga, vamos, vamos a buscar algo hermoso –Volvió a interrumpir la señora, agarrando la mano de su hija y entrándola en la tienda, siendo seguidas por Dulce.

Dentro de la tienda, Dulce y Anahí comenzaron a observar todos esos diamantes y joyas expuestos.

- ¿Te gustaría probarte algo? –Preguntó una de las dependientas a Anahí.
- Sí, por favor, me gustaría probarme… -Dijo Anahí, buscando su anillo perfecto, su preferido- Ese ­–Dijo, señalando uno de los expuestos.
- ¡Gran elección! –Exclamó Dulce, con una amplia sonrisa.

La dependienta sacó el anillo y se lo colocó a Anahí en su dedo anular de la mano derecha.
- Es precioso, ¡me encanta! –Decía la niña con una amplia sonrisa, observando el anillo.
- ¿Te lo envuelvo?
- Ojalá –Respondió Anahí, devolviéndole el anillo.
- Cuando te cases, ese será tu anillo de bodas –Aseguró Dulce.
- Es amarillo, debo llevar un diamante cuando me case, es la regla.
- Algunas reglas están para romperse –Respondió ella- Además, debes llevar un anillo que le diga al mundo que eres Anahí, eres especial.
- Es un diamante amarillo, es muy especial –Comentó la dependienta.
-¡Perfecto! En ese caso, es realmente tu anillo –Decidió Dulce, provocando la risa de Anahí.

Continuaron caminando, observando el resto de la tienda, hasta que Anahí observó el reloj y se dio cuenta de que ya se acercaba la hora de su cumpleaños.

- ¡Son casi las 5:15, pasaré a tener una década!
- 10 años… la edad de la conciencia –Comentó Dulce- El año en que empiezas a tomar tus decisiones, el año en que… en que… superas… tu niñez.
-La miró, extrañada por su nerviosismo- ¿De qué hablas?
-Suspiró, parándose en frente del ascensor- Ya puedes estar sola ahora, es momento de irme.
- ¿A dónde? –Preguntó la niña, realmente sorprendida.
- Tendré que irme a las 5:15, a la hora que naciste.
- ¿Qué? –Dijo, completamente sorprendida- ¿Por qué? ¿Por cuánto tiempo?

Apartó la mirada un momento de ella y luego volvió a mirarla- Para siempre.
Negó rápidamente con la cabeza, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas- No… no puedes hacer eso.
-Sólo podemos estar hasta que el niño cumpla 10, después de eso… los amigos imaginarios deben irse.
- ¡Eso no es justo!
- Estarás bien… eres inteligente, creativa y fuerte y….
-¿Por qué no me dijiste que esto pasaría? –Preguntó, ya con cientos de lágrimas saliendo de sus ojos.
- Lo intenté –Contestó- Esperé el momento perfecto, sólo que… nunca era el momento perfecto.
- ¡No dejaré que te vayas! –Exclamó, enfadada, entre llanto.
- No tengo opción, son las reglas…
- ¡Dijiste que algunas reglas se rompen! –Gritó, llorando.
Negó con la cabeza, ya con lágrimas en sus ojos- Esta no.
- Quiero irme contigo.
- No puedes…. –Miró a su alrededor- Aquí es dónde nos conocimos, así que… aquí es donde nos despedimos.
- Te voy a echar mucho de menos… --Dijo, con la voz rota.
- Cuando me vaya, ni si quiera me recordarás… -Aseguró.
- Pero eres la única que sabe todo de mí, eres mi única amiga… Te amo…
- Yo también te amo, Any… -Mientras una lágrima salía de sus ojos.
- Estás llorando… Nunca te vi llorar…

Dulce se secó aquella lágrima y le dio al interruptor del ascensor, para que las puertas se abrieran. Ella entró, la miró, y le dijo:

- Te llevo en el corazón… el amor nos mantendrá juntas…

Y, sin darle tiempo a Anahí de nada, aquellas puertas se cerraron, dejando así un inmenso vacío en esa niña. Anahí comenzó a golpear las puertas, llorando, gritando el nombre de Dulce.

- Any, Any, ¿qué pasa? –Preguntó su madre, agarrándola.
- Por favor, abran la puerta, ¡abran la puerta! –Rogaba Anahí a las dependientas, entre llanto y llanto- ¡Dulce está ahí dentro!
- ¿Dulce? ¿Su hija? –Preguntó la dependienta a la madre de Anahí.
- No, no, no es nada, es sólo su amiga imaginaria.
- ¡No es imaginaria, es real!

Las puertas del ascensor volvieron a abrirse, lo que hizo que todas miraran hacia allí.

- Oh, mira, mira, ahí está tu amiguita imaginaria… Hola Dulce –Dijo la madre, siendo consciente de que no había nadie, pero suponiendo que su hija la imaginaria y vería.

- ¡No está ahí! –Gritó ella- Se fue… y no va a volver… -Aceptó, llorando.
- Mira, mira lo que te compré… -Dijo su madre, con un collar entre sus manos- Esto sí lo vas a poder tener para siempre –Decía, mientras se lo ponía y la niña lloraba- Y ya, deja de llorar… Esto es para mejor, quizás no la necesites más.
- Si te necesito, Dul… te necesito mucho…

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:21 pm

Capítulo 2

15 años después…

8:00, suena el despertador y Anahí se ve obligada a levantarse de la cama. Se levantó, duchó y vistió. Revisó sus mensajes en el teléfono y se dio cuenta de que había uno.

- Hola querida, habla tu madre, sólo quería darte un recordatorio… Es que es increíble que no hayas terminado de planificar tu boda, una boda que se llevará a cabo en menos de 30 días. Recuerda que se trata de una persona muy importante y de todo lo que puede ayudar en la familia… Bueno, un beso.

Anahí respiró hondo, hizo como que no había escuchado nada y se dirigió a la cocina, en busca de un rico desayuno para llenarse de fuerzas. Cuando apenas iba por la mitad, recibió un mensaje en su móvil. Se trataba de la joyería Tiffany, que le avisaba de que ya había llegado su anillo de bodas y podía pasar a recogerlo cuando quisiera. Así que, bastante desganada, terminó su desayuno y salió en dirección a la joyería.

- ¡Buenos días, señorita Herrera! –Saludó la dependienta en cuanto vio a Anahí entrar por la puerta.

Anahí sintió cómo todo el mundo dirigía su mirada a ella, algo que sólo consiguió que su cara se pusiera color tomate.

- No soy la señorita Herrera todavía… -Aclaró, con la sonrisa más cordial que pudo transmitir- Soy Anahí, Anahí Puente.
- Bueno, Anahí Puente, aquí tiene su anillo –Respondió la dependienta con una amplia sonrisa, entregándole el anillo.
-Sonrió- Es muy bonito, muchas gracias por traerlo tan pronto –Agradeció Anahí, observando ese anillo con diamante blanco.
Negó con la cabeza- ¿Cómo se siente? –Preguntó.
- ¿Perdón? –Dijo, sin entender esa pregunta.
- ¿Cómo se siente estar prometida con Alfonso Herrera? Es… es el ídolo de Nueva York, actúa de maravilla –Anahí solo la miraba, tratando de sonreír- Es tan romántico… es su alma gemela, ¿verdad? Su verdadero amor, el hombre que la complementa…

La chica se quedó en blanco, sin saber muy bien qué responder a esa pregunta.

- Bueno… sí, supongo que… si existe eso de almas gemelas… sí… -Respondió- Bueno, muchas gracias por todo –Se dispuso a despedirse.
- Gracias a usted, señorita, esperamos verla por aquí pronto.

Y, mientras escuchaba eso, Anahí salía de la tienda con el anillo de boda ya en sus manos, ya era oficialmente una mujer prometida a punto de casarse. Al salir observó cómo dos niñas, entre risas y jugando, entraban a la tienda, algo que le hizo recordar su infancia, su infancia con aquella amiga imaginaria pero que parecía tan real. Suspiró y se colocó en el bordillo de la cera, esperando a que pasara un taxi para poder continuar con su día. Miró al frente y se encontró con una guapa mujer pelirroja, en la otra acera, que la miraba fija y atónitamente. Quitó su mirada de ella al darse cuenta de que venía un taxi a lo lejos, y levantó la mano, en señal de que parara. Volvió a mirarla y se dio cuenta de que la chica la miraba con una de sus cejas alzadas, cómo si estuviera sorprendida de que Anahí no la saludara. De repente, observó como la pelirroja daba un par de pasos y se plantaba en mitad de la calle, provocando Anahí se asustara y que todo el tráfico parara en seco, mientras empezaban a sonar las bocinas.

- ¡¿Estás loca?! –Gritaba el conductor de uno de los coches- ¡Sal de mitad de la calle!
Miró sorprendida al conductor- ¿Me está hablando a mí?
- ¡Pues claro que te hablo a ti! ¡Muévete!
- ¿Pue… puede verme?
- ¡Claro que puedo verte! –Gritó completamente enfadado el conductor- ¡Sal de aquí!

Anahí no entendió nada, supuso que esa mujer estaba un poco loca y no quiso ni esperar a ver cómo terminaba todo aquello. El taxi paró en frente de ella, se subió y le indicó que la llevara a un centro comercial cercano, donde iba a encontrarse con Alfonso.

- ¿Me viste en la tele esta mañana? –Preguntó Alfonso, con una amplia sonrisa, mientras ambos caminaban agarrados de la mano por el centro comercial.
- No, no pude cariño, tuve que ir a recoger esta maravilla –Explicó con una amplia sonrisa, mostrándole su mano y el anillo en sus dedo anular.
- Quedó hermoso… -Dijo con una sonrisa- Parece que alguien te ama mucho

Anahí asintió con la cabeza y, sin más, ambos se fundieron en un corto beso.

- Por cierto, mira –Dijo Alfonso, abriendo el periódico que traía entre sus manos- Página 6 –Indicó- Tu madre volvió a hacer de las suyas.

Alfonso le mostró una foto de ellos dos besándose, promocionando así una obra de teatro.

- Oh… lo siento, mi madre ama usarte de publicidad para el teatro –Se disculpó, bastante apenada con él.
- No, no te preocupes, está muy lindo –Respondió con una sonrisa.
- Bueno mi amor, tengo que ir al teatro.
- ¿Y la organización de la boda? –Preguntó.
- Casi lista –Contestó ella con una amplia sonrisa.
- Está bien, nos vemos después. Te amo.
- ¡Te amo!

Anahí se dirigió, como había dicho, al teatro, para ver a su madre.

- ¿Hiciste tú esto? –Preguntó, entrando en la oficina de su madre con el periódico en las manos.
- De nada –Respondió ella con una sonrisa- Aún tengo amigos en la prensa.
- ¿Qué te hace pensar que quiero una foto mía besándome con Alfonso en el periódico?
- Necesitamos publicidad, hija.
- Creía que ya teníamos todo vendido… -Dijo ella, sin comprender nada.
- Así es, pero oye, mira, escucha –Pidió- Creo que deberíamos hacer un descanso de tres semanas, para la boda, la luna de miel y todo eso, y después volver con otra temporada en enero y..
- Si mamá, claro que sí. Oye, me tengo que ir, voy a probarme vestidos. Nos vemos después –Y, sin ni si quiera dejar que su madre terminara, sin ninguna gana de escucharla, la rubia salió del despacho.

Anahí se dirigió a una tienda de bodas cercana al teatro, donde se encontraría con su amiga Maite, quien la iba a ayudar y aconsejar para elegir un vestido para su boda.

- ¡Dichosos lo ojos, amiga! –Saludó Maite con una amplia sonrisa, abrazando a Anahí- Cuanto tiempo que no te veía caray.
- Ay sí, ya sé, los preparativos de la boda me tienen sin tiempo, lo siento –Se disculpó ella, con una sonrisa.
- Bueno, venga, vamos. ¿Preparada para encontrar tu vestido?

Entraron en la tienda, hablaron con la dependienta y ésta les fue mostrando los diseños. Anahí eligió los que más le gustaban y comenzó a probárselos. Pero una a una sus posibilidades iban cayendo, ninguno le gustaba.

-Se dio la vuelta, para encontrarse con su amiga, quien la estaba observando desde una silla- Me gusta, pero… hay algo que… no está bien. Tiene que ser perfecto.
Suspiró- Ya, Any, te has probado todos los vestidos de la tienda… tres veces.
- Lo sé, lo siento.. es que no me decido –Se disculpó.
- No, lo siento yo, tengo que irme –Dijo, poniéndose en pie- Acuérdate de que soy psicóloga y mi siguiente paciente llega en diez minutos.
- Vale, sí, no te preocupes, gracias.

- ¡Buena suerte! –Se despidió Maite, saliendo casi corriendo de la tienda.

Anahí terminó de probarse los últimos modelos que había escogido y, tras darse cuenta de que ninguno le gustaba, se dio por vencida. Se cambió y cuando salió del probador, se la encontró allí, sentada, mirándola, esperándola, con una amplia sonrisa.

- ¿Qué haces aquí?

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:21 pm

Capítulo 3

- Hola Any –Saludó la pelirroja, poniéndose en pie.
- ¿Nos conocemos? –Preguntó Anahí, realmente sorprendida con el hecho de que supiera su nombre.
- Nadie me recuerda después de partir.

Anahí no esperaba esa respuesta. ¿De partir a dónde? La miró con los ojos bien abiertos, completamente sorprendida.

- Éramos… mejores amigas, cuando eras una niña –Continuó explicando la pelirroja.
- Hm… ¿íbamos juntas al colegio? –Preguntó Anahí, tratando de hacer memoria.
- Sí, sí, de hecho sí –Respondió- Iba contigo todos los días, te ayudaba a estudiar… las divisiones fueron mi pesadilla, pero tú siempre las hacías bien –Anahí la miraba, simplemente eso, atónita, sin comprender por qué se lo contaba y, de paso, analizando su rostro, sus ojos- Hicimos un volcán una vez y metimos caramelos dentro, para que explotara y.. todo el laboratorio terminó hecho un desastre y… Wou… es genial volver a verte –Dijo, con una tierna sonrisa, mirándola de arriba a abajo.
- Eh… si… claro… es genial… Oye, voy a llamar un momento… –Dijo la rubia, metiéndose en los probadores y buscando su móvil- Maite, por favor, ayúdame –Pidió a su amiga, quien había respondido rápidamente a la llamada- Hay una chica que me acosa.
- ¿Cómo que hay una chica que te acosa? –Se rió.
- Que sí, no te rías, es en serio –Dijo seriamente- La he visto ya dos veces, está aquí, me persigue –La rubia asomó la cabeza por la cortina del probador, para saber si seguía allí y, al no verla, salió rápidamente- Parece que se fue ya, por fin, estaba pensando que...
- Oye, Any –Dijo la voz de esa pelirroja desde atrás, consiguiendo que Anahí diera un pequeño saltito.
-Tengo que colgar, chao –Cortó rápidamente Anahí, guardando el móvil- ¿Puedes decirme ya qué haces aquí? –Pidió, ya enfadada.
- Eh... no lo sé, supongo que me necesitas. Así que, ¿qué sucede? ¿Cómo puedo ayudarte? –Preguntó, mientras comenzaba a caminar detrás de Anahí, quien estaba saliendo de la tienda.
- No, te aseguro que no te necesito y… o dejas de seguirme, o te juro que llamo a la policía –Amenazó dándose la vuelta, quedando cara a cara con ella.
- ¿Te acuerdas cuando llamamos porque tu pececito Charlie había muerto? –Dijo con una sonrisa, haciendo sorprender a Anahí- A los policías no les gustó nada.

Anahí la miró con la boca completamente abierta. Intentó analizarla, hacer memoria, recordarla para saber de quién se trataba, otra vez.

- ¿Cómo sabes eso? –Preguntó la rubia.
- Yo… soy tu amiga imaginaria Any, desde los 5 hasta los 10 años, ¿no te acuerdas de mí?
- No, no, no –Dijo, sin dejarla hablar, volviendo a darse la vuelta y a caminar- ¡Aléjate de mí!

La pelirroja, en sólo dos pasos, la alcanzó y la agarró del brazo, volteándolo, consiguiendo que ambas quedaran pegadas, cara a cara, muy cerca. Sus miradas, por primera vez, se encontraron de cerca, una con la otra. Anahí sintió como su corazón se disparaba y, por ello y el miedo que sintió, la empujó.

- No te lo repito más, ¡déjame en paz!

Y, dicho esto, comenzó a caminar rápidamente, casi corriendo, alejándose de la pelirroja lo antes posible. Se dirigió a la consulta de su amiga Maite, necesitaba hablar con ella urgentemente, desahogarse.

- ¿Qué haces aquí? –Preguntó Maite sorprendida al ver entrar a su amiga.
- Tengo un colapso nervioso –Dijo, sentándose.
- Vamos, no es para tanto. Ten un poco de paciencia, encontrarás el vestido pronto.
- No, no, no es eso –Negó rápidamente- Me está persiguiendo –Aseguró- Esa mujer me acosa. Dice que es mi amiga imaginaria cuando era pequeña.
- ¿Tu qué?
- Mi amiga imaginaria –Repitió- Lo que pasa es que, efectivamente, tenía una amiga imaginaria cuando era pequeña, ¿entiendes? –Maite fue a hablar, pero Anahí continuó- Y sabe muchas cosas de mi niñez… muchas que nadie más podría saber.

Maite guardó silencio, pensando en qué podría contestarle a su amiga.

- Probablemente te encontró en facebook –Afirmó- Seguro que es actriz y quiere un papel para la nueva obra de tu madre.

Esta vez fue Anahí quien guardó silencio y pensó en eso que le acababa de decir su amiga.

- ¿Sabes qué? Sí, tienes razón, seguro sea eso…
- Bueno, y ¿cómo va todo con la boda? –Cambio de tema Maite.
- Mal, parece que no puedo decidir nada… nada es perfecto.
- ¡Eso es porque nada es perfecto! –Exclamó- Simplemente tienes que ver algo que te guste, y comprarlo.
- ¡No puedo! Es difícil –Se defendió.
- ¿Sabes lo que se dice de la gente que no puede tomar pequeñas decisiones que llevan a las grandes decisiones?
Se levantó- Por favor, no empieces otra vez –Rogó o casi exigió- Alfonso es perfecto para mí –Decidió, cogiendo sus cosas.
- Hace sólo un año que lo conoces, se declaró en un programa de televisión… no podías decir que no.
- ¡No quise decir que no! Yo... lo amo… -Dijo, aunque con un tono de voz nada seguro.
Suspiró, negando con la cabeza- Está bien, está bien… Tengo que ver a mi próximo paciente.
- Sí, está bien, después hablamos.

Anahí volvió a salir del despacho de su amiga y, cuando apenas estaba saliendo del edificio, se encontró frente a frente con Dulce.

- Any…
- Oh, por Dios, ¿otra vez? –Dándose la vuelta y caminando por el camino contrario- ¡Deja de seguirme! –Exigió- Si eres actriz y quieres un papel en…

Sorprendentemente para Anahí, la pelirroja volvió a agarrarla con fuerza del brazo y a voltearla, pegándola a ella con su mano izquierda y, con su mano derecha, acariciándole la mejilla.

- Any… te dejé en la puerta del ascensor de Tiffany a las 5:15, cuando tenías 10 años… soy yo, soy Dulce… -Anahí negó con la cabeza- Te dije que debía irme y lloraste cuando subí en el ascensor…

La mirada de Anahí recorrió todo el rostro de Dulce, volviendo a analizarlo, tratando de recordarla y, esta vez sí, consiguiéndolo. La reconoció por sus ojos, por esos ojos brillantes color café, tan imposibles de olvidar.

- Soy yo, soy Dul… -Repitió la pelirroja.

De repente, Anahí movió su mano y le dio una cachetada, realmente fuerte. Dulce se alejó un paso atrás y se llevó la mano a la cara, frotándose.

- ¡Oye!
- Lo siento, perdón, perdón… -Se disculpó automáticamente Anahí, acercándose a ella, llevando sus manos a las mejillas de la pelirroja- ¿Te hice daño?
- Si daño significa que me arde la cara y los ojos me lloran… sí, y bastante
Sonrió tiernamente, acariciándole la mejilla golpeada- Lo siento… es que… me recordaste algo doloroso… Dulce me rompió el corazón, estuve llorando meses enteros…
- Lo siento… nunca quise hacerte daño.
Suspiró, soltándole la cara y alejándose un poco de ella- ¿Cómo es que has vuelto?
- No lo sé, estoy tan sorprendida como tú… Se supone que esto no puede pasar, los amigos imaginarios desaparecen cuando se cumplen 10 años –Explicó- Y las reglas son las reglas… es extraño…
- Siempre dijiste que algunas reglas se rompen –Recordó con una tierna sonrisa.
Sonrió- Lo sé, pero este no es el caso… esta regla es imposible de romperse… no entiendo nada, ni por qué volví y mucho menos que sea de carne y hueso. Antes nadie podía verme.
- Es que no tiene ningún sentido… -Dulce no entendió lo que quiso decir Anahí, y se lo hizo saber arqueando una de sus cejas- Quiero decir, entiendo que cuando era pequeña necesitaba una amiga imaginaria, porque estaba sola… Pero ahora mi vida es perfecta… Tengo una casa genial, una amiga genial, un trabajo genial, estoy comprometida con un hombre que muchas mujeres aman y… los amigos imaginarios, son imaginarios, así que tengo que trabajar –Dijo, disponiéndose a caminar en sentido contrario a donde estaba Dulce, tratando de huir de nuevo de ella.

Pero, para su sorpresa, la pelirroja la siguió con una sonrisa y negó con la cabeza, en señal de que no, no se iba a librar de ella, la acompañaría.

Suspiró- Está bien, por los viejos tiempos –Aceptó Anahí por fin.

Llegaron al teatro, donde tenía que ir a trabajar Anahí. Dejaron sus cosas en el despacho de la rubia y bajaron al salón de actos, donde Anahí tenía que organizar los preparativos y adornos de la obra. De repente, Dulce preguntó:

- ¿Cuál es la historia de ellos? –Mirando a un chico y una chica, que se encontraban pintando y adornando.
- Ehm… pues… -Dijo, mirándolos y pensando- Arman copos de nieves para la obra y….
- ¡No! Me refiero a sus vidas secretas
La miró extrañada por esa pregunta- No los conozco.
Se sorprendió- ¿Ya no juegas al juego de las historias?
Se rió, caminando y observando a los trabajadores- No, soy adulta ahora, ya no juego Dul… he madurado, tengo trabajo, vida, lugares donde debo estar y..
- Sí, sí, claro que sí –Dijo, sin darle importancia ni hacerle caso- Una pregunta más… ¿Por qué no empiezas repostería o... a escribir?
- Decidí manejar un teatro –Respondió, como si fuera lo más obvio.
- El de tu madre –Añadió.
- …Sí
- Ese no era tu sueño –Recordó, seriamente.
- Oh, vamos Dulce, tenía 8 años, a esa edad todos los niños quieren ser bombero, estrellas del pop, artistas… Maduré.
- ¿Y? ¿Madurar significa estar amargada, trabajando en algo que no te gusta y sin ningún sueño?
Guardó un corto silencio, sin saber muy bien qué responder- ¿Y quién te ha dicho que mi vida es así?
- No necesito que nadie me lo diga, no hay más que verte, que mirarte a los ojos… No tienes ese brillo como hace 15 años, esa ilusión, esas ganas de cumplir tus sueños… Y dudo mucho que eso sea madurar, madurar es de frutas.

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:22 pm

Capítulo 4

Esa misma noche, Anahí se encontraba en un lujoso restaurante, cenando con su prometido Alfonso, pero la rubia parecía estar en otro lugar, pues estaba muy pensativa, dándole vueltas a la cabeza y tratando de poner en orden sus ideas.

- Any, pareces distraída –Le dijo el chico, haciéndola despertar.
- Es que… tuve un día muy extraño.
Dio un sorbo a su vino- ¿Ocurrió algo? ¿Estás bien? –Preguntó preocupado.
- Sí, sí, estoy bien… Solamente me encontré a alguien.
- ¿En serio? ¿A quién?
- Hasta que te encuentro, rubia.

Anahí se dio la vuelta y se encontró a una Dulce completamente despeinada al lado de la mesa, con una sonrisa de oreja a oreja y la respiración agitada, como si hubiera venido corriendo. Tanto Alfonso como Anahí se quedaron mirándola sorprendida y Dulce, por primera vez, dirigió la mirada a Alfonso, aparentemente dándose cuenta de su presencia.

- Oh, hola… -Saludó con una amable sonrisa- Tú debes ser el prometido de Any…
- Este… Al… Al… Alfonso, esta es Dulce, mi… mi amiga de la niñez –Los presentó Anahí- Con ella fue con quién me encontré hoy.
- Oh, eso es fantástico –Dijo él con una sonrisa, poniéndose en pie y dándole la mano a la pelirroja- Encantado.
Estrechó su mano con Alfonso- ¿Puedo sentarme? –Preguntó.

Automáticamente Alfonso miró a Anahí, y la chica negó con la cabeza, en señal de que le denegara el permiso, pero él no hzo caso.

- Claro que sí, por supuesto.

Dicho y hecho, Dulce tomó asiento, al lado de Anahí y en frente de Alfonso, mientras se colocaba como podía el cabello con sus manos. Se quedaron en un riguroso silencio. Anahí respiró hondo, estaba nerviosa, muy nerviosa y lo peor es que no sabía qué decir.

- Buueeno…. Vamos a… mirar la carta –Dijo la rubia, rompiendo el incómodo silencio y cogiendo la carta- Porque sino la camarera viene, ve que no hemos pedido nada, se vuelve a marchar y son otros veinte minutos esperando y… es mucho tiempo…
- ¿Y a qué te dedicas, Dulce? –Preguntó Alfonso, obviando por completo a Anahí y tratando de sacar un poco de conversación.
- Pues… yo soy… -Comenzó Dulce, mirando un momento a Anahí y volviendo a mirar a Alfonso- Soy amiga de los niños que necesitan un poco de apoyo y…
- Es maestra, es maestra –Intervino rápidamente Anahí.
- ¿Maestra? Qué lindo trabajo

Anahí y Dulce asintieron con la cabeza, con una corta sonrisa.

- Por fin –Dijo Alfonso, al ver que aparecía la camarera- Nosotros dos pediremos el pollo con ensalada en lugar de las papas y…
- Eso no tendrá champiñones, ¿verdad? –Preguntó Dulce, consiguiendo que todas las miradas se dirigieran a ella- Lo digo porque te sientan mal… -Explicó a Anahí.
Se sorprendió de que Dulce lo supiera- Eh… sí, soy alérgica.
- ¿En serio? –Dijo ahora Alfonso, quien también estaba sorprendido- No… no lo sabía…
- Bueno, no pasa nada, no me los comeré –Decidió la rubia.
- Oh, vamos, no seas tonta –Intervino Dulce- ¿Por qué no pides algo que no te haga daño y que te guste más?
Guardó un corto silencio, pensando en esa posibilidad- Hmm… sí, está bien. Pediré… espaguetis a la boloñesa, por favor.
- Mm, eso suena muy bien, yo también quiero unos –Decidió la pelirroja con una amplia sonrisa- Alfonso, ¿tú también?
- ¿Pasta a estas horas de la noche? –Exclamó, negando con la cabeza- No, gracias –Dijo a la camarera, mientras ésta se alejaba con el pedido.
- Vamos hombre, ¡eso te dará fuerza para cuando después luchen en la cama!

Ese comentario los dejó a los dos con la boca abierta. Anahí, por su parte, tenía la cara de un color rojizo, casi igual que el tomate, pero no pudo evitar reírse ligeramente. Alfonso, por su parte, la miraba muy serio.

- Ella es muy buena en la cama, ¿es así o no es así? –Dijo Dulce con una pícara sonrisa, mirando a Anahí, gesto que la dejó aún más perpleja.
- Así es –Contestó el chico, cada vez más serio e incómodo por los comentarios de Dulce.
- Y Alfonso, te casas con Any, eres tan afortunado… -Continuaba la pelirroja- Dime, ¿qué amas de ella?

Alfonso abrió la boca pensando que alguna palabra saldría de ahí, pero no lo hizo. Miró a la rubia en silencio, aparentemente buscando algo que decir.

- Pues… lo que amo de ella es que… -Comenzó el chico- es… muy organizada… gracias a ella no se me olvida nada, me ayuda a controlarlo todo.

Dulce lo miró seriamente un momento, después se rió.

- Bueno, eso se puede conseguir también con una agenda y un reloj, sin necesidad de nadie. Ahora en serio, ¿qué te enamora de ella? –Insistió.
Alfonso volvió a quedase mudo- Eh… Dulce, creo que no entiendo tu pregunta.

Anahí estaba nerviosa e incómoda por esa conversación. Tosió levemente, haciendo ver que estaba presente, y cogió la botella de vino, sirviéndose más en una copa que estaba casi llena.

- Pues no es una pregunta muy complicada, Alfonso –Respondió Dulce- Ella es muy divertida, es increíblemente creativa… y yo, personalmente, amo como se mueve su pelo cuando corre –Comentó con una sonrisa- Es genial… -Volvió a crearse un corto silencio. Anahí volvió a toser, cada vez más incómoda- Y seguro amas como canta cuando duerme… -Añadió.
- Ah, ¿durmieron juntas? –Preguntó el chico, aparentemente enfadado.
- No le gusta dormir sola, ¿tampoco lo sabías?

Alfonso miraba a Anahí con muy mala cara, bastante enfadado. En cambio Dulce, tenía una sonrisa de oreja a oreja.

- Dormimos la siesta juntas en el jardín de mi casa, sobre una manta –Explicó rápidamente Anahí- Totalmente inocente… Como buenas amigas-Añadió.
Se rió irónicamente, negando con la cabeza- ¿Y tienes pareja, Dulce?
- No, no, afortunadamente no –Respondió ella- Nunca estoy en un lugar mucho tiempo, mi trabajo me exige ir de un sitio a otro y nunca sé a dónde me van a mandar –Explicó.
- Ah... claro… entiendo.

Terminaron de cenar y salieron del restaurante. Mientras Dulce y Alfonso compartían una pequeña conversación sobre el salario de los profesores, Anahí pidió un taxi, deseando largarse de ahí ya y terminar con esa gran situación de incomodidad. El taxi paró en frente de ellos.

- Bueno Dulce, encantado de conocerte, espero volver a verte –Se despidió Alfonso, mientras abría la puerta del taxi para que Anahí entrara.
- Adiós Dul… –Se despidió Anahí con una sonrisa.
- Adiós Any, nos vemos pronto –Aseguró ella con otra sonrisa, observando cómo ambos se montaban en el taxi y éste arrancaba.

En el taxi, durante el trayecto:

- Es guapa –Comentó Alfonso- Pero un poco entrometida… -Anahí simplemente asintió con la cabeza, con una corta sonrisa- Sabe mucho de ti…
- Sí… -Corroboró, quedándose pensativa un momento- Siempre fue así…

Alfonso acompañó en el taxi a Anahí hasta su casa y la dejó allí, siguiendo él su camino para dirigirse a la suya pues no, aún no vivían juntos. La rubia se bajó del taxi y, muy pensativa con todo lo que había sucedido esa noche, sacó las llaves de su bolso. Hasta que, de repente, escuchó:

- ¡Es un gran edificio! Y lo mejor es estar tan cerca del parque.

Anahí se dio la vuelta y se encontró a Dulce sentada en un banco, cruzada de brazos, aparentemente con mucho frío y tratando de darse calor a sí misma de esa forma.

- ¿Dulce? –Dijo, sorprendida, dándose la vuelta y sabiendo perfectamente que era ella- ¿Estás aquí?
Miró a su alrededor y luego volvió a mirarla a ella- Pues… creo que sí –Respondió, riéndose- Aquí estoy.
- Mira, toma –Dijo, dándole una tarjeta- Si quieres contactar conmigo ahí está mi número de teléfono, y ahora… buenas noches

La rubia se dispuso a irse, pero Dulce preguntó:

- ¿Alfonso vive contigo?
- Volvió a mirarla- No, él necesita descansar cuando actúa y como yo me levanto temprano, lo molesto… Cuando nos casemos yo me mudaré a su casa –Explicó, quedándose algo pensativa- No sé porqué te cuento todo esto… -Comentó, soltando una pequeña carcajada- Bueno, buenas noches.

Nuevamente Anahí se dio la vuelta y se dispuso a irse, pero sólo fue capaz de llegar a la puerta de su casa sin mirar atrás y, al hacerlo, la descubrió allí acostada en el banco, por lo que volvió a acercarse a ella.

- ¿Vas a dormir aquí?
- Sí, estaré bien, no te preocupes –Dijo, volviendo a sentarse, con una sonrisa.
- Si estás muerta de frío… -Respondió, mirándola mal.
- Bueno, es que no tengo muchos lugares a donde ir, la verdad.
Guardó un corto silencio y suspiró- Vamos anda, mi casa es lo suficientemente grande para las dos…

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:22 pm

Capítulo 5

- Wow… que linda –Dijo Dulce al entrar en la casa de Anahí.
- ¿Te gusta? –Preguntó, dejando sus cosas encima de uno de los sofás.
- Me encanta.
- Necesita urgentemente una mano de pintura… Alfonso siempre dice que me va a ayudar, pero nunca lo hace… -Explicó.
- Hombres, no sirven para nada.

Se produjo un gran silencio después de eso. Ambas se miraron, fija e intensamente. Probablemente sólo fueron cuestión de segundos, pero para ambas fue como si pasaran largas horas.

- ¿Por qué estás aquí, Dulce? –Preguntó de repente Anahí, exponiendo sus dudas.
- No lo sé, yo tampoco entiendo nada –Respondió ella- Como te dije… estoy rompiendo las reglas, esto nunca pasa, no es normal. Lo único que se me ocurre es que me necesitaras, que algo fuera mal… así que tú tienes la respuesta.
- Es que nada va mal, todo va genial. Soy feliz, tengo trabajo, me caso en semanas y…
- ¿Y todo eso te hace feliz? –Intervino la pelirroja, sin dejarla hablar- ¿Tu trabajo te hace feliz? ¿Casarte te hace feliz? ¿Estás enamorada de Alfonso? –Anahí fue a hablar, pero Dulce continuó- Tus sueños nunca fueron estos, esto no es lo que tú querías…
- Ya te dije que las personas cambiamos, maduramos y…
- Y yo te dije que madurar es de frutas –Volvió a interrumpirla- Así que… -Le agarró la mano y jaló de ella, con una sonrisa- Vamos a descubrir qué es lo que va mal.
- ¿Cómo? –Preguntó, sorprendida, siguiendo a Dulce, quien la llevaba hasta el sofá.

La pelirroja no respondió, simplemente se sentó en el sofá y se encargó de que Anahí también lo hiciera, a su lado.

- ¿Tienes vino? –Preguntó.
- Sí, tengo… en la cocina –Respondió la rubia, observando cómo Dulce se ponía en pie- Pero Dul… mañana madrugo, tengo que trabajar. No pretenderás emborracharme, ¿verdad?

Dulce la miró con una sonrisa, le picó el ojo y se dirigió a la cocina.

- ¡Estás loca! –Gritó.
- ¡Las mejores personas lo están! –Respondió con otro grito desde la cocina.

Anahí se rió y suspiró, negando con la cabeza, sintiendo una profunda debilidad por aquella mujer y sin saber por qué. La pelirroja regresó con dos copas y una botella de vino ya abierta entre sus manos.

- Si mañana no me levanto para ir a trabajar, tú serás la responsable –Dijo la rubia, observando cómo Dulce servía el vino en las copas.
Se rió- Deja de lado la responsabilidad por hoy, ¡vive la vida!
La miró, riéndose- La otra dimensión a la que quiera que te hayas ido, te dejó tocada de la cabeza –Comentó, provocando la risa de Dulce- Te dejaste allí un par de tornillos.
- Ya cállate y bebe –Ordenó, con la copa de vino entre sus manos y dando el primer sorbo.

Y, ahora sí, después de soltar una pequeña risa, Anahí dio el primer sorbo a su vino.

- Bueno… cuéntame qué ha sido de ti estos años –Pidió Dulce.
- Pues tendría que contarte 15 años, Dul.
- ¿Y? Tenemos toda la noche por delante –Dijo con una sonrisa, acomodándose en el sofá.
- ¿Toda la noche? No, no, no… -Dijo, negando con la cabeza y poniéndose en pie, dejando la copa de vino en la mesa.
- Oh, vamos Any… -Decía Dulce, observándola- ¿También perdiste las ganas de pasártelo bien?
- No es eso Dul, es que…
- Ya, claro, maduraste –Terminó ella misma la frase, también poniéndose en pie- Ya estoy cansada de esa excusa… Yo también crecí, mírame –Dijo, abriéndose de brazos- Pero sigo siendo la misma de hace 15 años.
- Pero es que tú te largaste y volviste y… es cómo si hubieras estado congelada en el tiempo, tú rompes todas las reglas… siempre ha sido así –Dulce simplemente la miró, en silencio- De verdad… esto lo hacemos otra noche, ¿vale? Pero hoy necesito dormir…

Dulce negó con la cabeza y sonrió, acercándose a Anahí.

Agarró las mejillas de la rubia- Me encargaré de que esa niña soñadora y feliz vuelva

Y, sin más, la abrazó. Anahí no pudo evitar sonreír y, automáticamente, aferrarse a su cintura, escondiendo la cara en su cuello y respirando hondo, cerrando los ojos, sintiendo la misma paz, tranquilidad y protección que cuando tenía 10 años.

- Pues vas a tener que trabajar mucho… -Comentó casi en un susurro, sin ni siquiera abrir los ojos.

Dulce no respondió, simplemente le dio un largo beso en la mejilla, a la par que acariciaba su cabello. Segundos más tardes, cuando Anahí se dio cuenta de que había sufrido algo parecido a una hipnosis, despertó y rompió el momento.

- Bueno… a dormir –Decidió, alejándose unos pasos de ellas.
- De acuerdo… -Aceptó, siguiendo a la rubia, quien comenzaba a dirigirse a su cuarto- ¿Sigues prefiriendo el lado derecho de la cama?

Anahí se paró en seco y, tras repetir en su cabeza la pregunta, se dio la vuelta para mirarla.

- ¿Cómo sabes qué…? –Negó con la cabeza, dándose cuenta de que era mejor ni terminar- ¿Vamos a dormir juntas? –Preguntó.
- Tienes miedo a la oscuridad, ¿cómo voy a dejar que duermas sola? –Dijo, como si fuera lo más obvio- Seguro que todos estos años has dormido abrazada a una almohada.

Sorprendentemente así era… y Anahí no paraba de alucinar.

Suspiró- Está bien, entra anda –Decidió, abriendo la puerta y echándose a un lado, dejando que Dulce pasara.

- Wow… qué cama… qué grande… -Dijo la pelirroja, con la boca abierta, muy sorprendida- Ahí se pueden hacer muchas cosas… -Añadió, provocando la sorpresa de Anahí.
- En ese lugar al que fuiste, también te pervirtieron –Comentó, totalmente ruborizada.
Cogió uno de los cojines de la cama y se lo lanzó- Deja de meterte conmigo –Advirtió, riéndose y provocando también la risa de Anahí.
Levantó los brazos en señal de paz- Tranquila pelirroja, no te ofusques.
- Oye… tendrás que dejarme un pijama o algo para poder dormir
- Ah, sí, claro… -Dijo, dirigiéndose al armario- Tengo un par de pijamas… que no son muy abrigados, pero como la cama tiene edredón y… -Se dio la vuelta y se la encontró ya sin camisa, en sujetador, mirándola- y… y… yy… pues… toma –Terminó por fin, lanzándole sobre la cama los pijamas.
La miró, sorprendida, riéndose- ¿Qué te pasó? ¿Viste un fantasma?

Anahí estaba nerviosa, muy nerviosa. Su mirada recorría todo el cuerpo de Dulce, de arriba abajo. Se estaba dando cuenta de que ya no era una niña, de que había crecido y… bastante. Tenía un cuerpo muy esterilizado y perfecto, de mujer.

- Pues… pues… no sé si un fantasma, pero estoy frente a algo parecido –Se defendió bruscamente- Así que… me voy a poner el pijama.

Y, dicho eso y con la mínima excusa para largarse, la rubia salió del cuarto con su pijama entre las manos.

- ¡Luego la loca soy yo! –Escuchó gritar a Dulce entre risas, desde la habitación.
- ¡Será que tu locura se contagia! –Respondió ella.

Anahí, aún nerviosa, terminó de ponerse el pijama y, a pesar de haber estado alargándolo lo más posible, regresó a la habitación. Al entrar se dio cuenta de que Dulce ya estaba con el pijama puesto, un pantalón largo, pegado, y una blusa de manga corta, no muy escotada afortunadamente para ella. Se encontraba observando algunos cuadros que estaban colgados. La pelirroja se percató de la presencia de Anahí y se dio la vuelta, para encontrarse con ella. Su mirada recorrió por completo el cuerpo de la rubia, quien contaba con un corto camisón.

- Wow… ¡la niña se me hizo mujer! –Exclamó sin ni un poco de vergüenza, riéndose.

El color rojizo volvió a aparecer en las mejillas de Anahí.

- Vamos a dormir –Decidió, vergonzosamente, sintiendo como la mirada de Dulce la recorría de arriba abajo.

Ambas se metieron en la cama. Anahí, efectivamente, en el lado derecho, y Dulce en el izquierdo. Se encontraban boca arriba, mirando el techo, en silencio, separadas la una de la otra pues, cómo Dulce había dicho, la cama era extremadamente grande.

- ¿Tienes frío? –Preguntó Dulce, rompiendo el silencio, mirando a la rubia.
La miró, dudando un momento su respuesta- Sí… un poco…

Para la sorpresa de Anahí, la pelirroja sonrió y se acercó a ella. Pasó su mano izquierda alrededor del cuello de la rubia y la atrajo, consiguiendo que quedara recostada en su pecho, abrazándola con sus manos. Y Anahí, ya dejándose llevar y sin poder evitarlo, la abrazó por la cintura, con una corta sonrisa.

- ¿Mejor?
- Sí… mucho mejor.

Volvieron a mantenerse en un riguroso silencio, pero ahora no era tan incómodo… estaban relajadas.

- ¿Puedo preguntarte algo? –Volvió a preguntar Dulce.
- Sí, claro.
- ¿Lo quieres? A Alfonso –Añadió- ¿Estás enamorada de él?
Guardó un largo silencio- No lo sé…
- ¿No lo sabes? –Se sorprendió.
- Supongo que no sé muy bien lo que es el amor… -Dijo, rompiendo aquel especie de abrazo, incorporándose para mirarla- ¿Qué es para ti el amor, Dul?

La pelirroja sonrió y suspiró, mirando el techo un momento y luego volvió a mirar a la rubia.

- Para mí el amor es la vida… es lo que da sentido a la vida. Sin amor no hay nada. El amor lo puede curar todo y puede solucionar cualquier tipo de problema –Comenzó- Es… sentirte llena, completa, querida, amada… Sin miedos ni vacíos. No digo que sea perfecto, ni que crea en las almas gemelas… pero sí creo que, a pesar de las diferencias, el amor debe vencer y debe existir esa sencación de estar completa, de que la otra persona te complete, de ser uno… -Suspiró- No sé, quizás lo idealizo un poco.
Negó con la cabeza, sonriendo irónicamente, con dolor, con la mirada perdida ya en algún punto de la habitación- No idealizas nada…
- ¿Tú sientes eso?
Volvió a guardar un largo silencioy, tras salir de su temporal estado de stand by, la miró- Yo… no sé ni lo que siento.

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:22 pm

Capítulo 6

- Mamá, ¿te acuerdas cuando era pequeña y tenía una amiga imaginaria llamada Dulce?

La madre de Anahí detuvo en seco su acción de escribir y la miró, quitándose las gafas.

- Claro que sí, incluso te llevé a terapia… y el psicólogo me dijo que debería dejarte tener a tu amiguita porque te hacía feliz y que estaba seguro de que terminaría marchándose –Explicó- Y, afortunadamente… así fue.

Anahí simplemente asintió con la cabeza y sonrió, regresando su mirada al trabajo con todo el papeleo.

- ¿Qué? –Preguntó la madre, sin comprender el motivo de esa conversación.
- Nada, que me encontré a alguien que me recuerda a ella, pero…
- Oh, por Dios, tienes un amante –Dijo rápidamente- Y además mujer.
- ¡No tengo ninguna amante! –Exclamó ella- Es sólo que… me siento… extraña…
- Sólo son nervios por la boda, hija –La rubia asintió con la cabeza- Alfonso y tú hacen una pareja perfecta, lo más perfecta que se puede… Además, ya te dije que es una persona muy importante y…
- Si mamá, ya lo sé, no es necesario que me lo repitas….

**

La rubia regresó a casa después de trabajar, sabiendo que allí la esperaría Dulce. Entró y dejó sus cosas en el sofá, sintiéndose bastante cansada, caminando en dirección al salón- A medida que caminaba levantaba la cabeza, y se daba cuenta de que su casa estaba diferente, de que la habían pintado. Su boca y sus ojos se abrieron completamente, dando una vuelta sobre sí misma para observarlo todo. Y, en ese momento, Dulce apareció por el pasillo.

- No puedo creer que hayas hecho esto –Dijo Anahí, mirándola con una total expresión de sorpresa.
Sonrió- Pues no te lo creas, pero así es. Además… mira, mira qué lindo… -Dijo, mientras se acercaba al árbol de navidad que estaba colocado en una de las esquinas de la casa.

La pelirroja conectó el cable a la corriente, le dio al interruptor y todas las luces de aquel árbol navideño se iluminaron, provocando que una amplia sonrisa se dibujara en los labios de Anahí.

- ¿A que es precioso?

Anahí continuaba anonadada, sin poder articular palabra, sólo observaba la casa y miraba a Dulce.

- Nadie había hecho esto por mí… -Dijo, sentándose en el sofá.
- Pues ese Nadie es un imbécil –Bromeó con una sonrisa, sentándose a su lado- Tú te mereces esto y más.
- Gracias Dul…

Dulce negó con la cabeza a la par que sonreía, en señal de que no tenía nada que agradecer.

- Y… te tengo un pequeño regalo…
- ¿Otro? –Preguntó, observando cómo Dulce sacaba una especie de libro de debajo de uno de los cojines.

Anahí lo agarró entre sus manos y se dio cuenta de que no se trataba de un libro, sino de un álbum de fotos.

- “Las aventuras de Dulce y Anah픅 -Leyó la portada con una tierna sonrisa- Wou… hacía mucho tiempo que no veía esto.
- Ábrelo… -Pidió, con un tono preocupante.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? -Dijo, abriéndolo y observando las fotos- ¿Por qué salgo yo sola? Si recuerdo perfectamente que en todas salíamos juntas…
Suspiró- No lo sé… -Dijo, negando con la cabeza- Antes era imaginaria, quizás antes sólo me veías tú en las fotos, quizás sólo eran producto de tu imaginación… Como ahora soy real, de carne y hueso, por eso no aparezco en ellas… porque hace 15 años no existí y me imaginabas, ahora… soy real.

La rubia guardó un largo silencio y trató de poner en orden todas las palabras, buscándole lógica a algo, pero no la encontró.

- No entiendo nada –Concluyó.
- Yo tampoco –Respondió Dulce- No tengo ni idea de qué hago aquí… Está claro que tengo una misión, pero no sé cuál…
- Bueno… -Dijo, con una sonrisa, agarrándole la mano- Lo importante es que estás aquí, ya descubriremos cuál es tu misión.
- ¿Entonces te alegras de que esté aquí?
- Pues claro, tonta…

**

24 horas más tarde, al día siguiente, Anahí y Dulce se encontraban en el teatro, en uno de los palcos, observando la obra de teatro de Alfonso. La madre de Anahí se acercó a ellas.

- ****helo… hola –La saludó Dulce, en voz baja. La señora la miró sorprendida- Siento haberte prejuzgado, Any dice que te has convertido en una mejor madre
- Oh… -Miró un momento a Anahí y luego volvió a mirar a Dulce- muchas… gracias –Agradeció la señora con una sonrisa muy forzada- ¿Quién eres?
- Dulce –Respondió con una sonrisa- Bueno, solías llamarme “el delirio”, ¿recuerdas? Pero no te preocupes, entiendo que querías proteger a Any, no es que fueras mala… así que está bien, te perdono.
Estaba completamente perpleja ante todo aquello- Oh…. –Miró a Anahí de nuevo, quién estaba más blanca de lo normal, nerviosa, sin saber muy bien dónde meterse- Bien, bien…

Acabó la función y todos se dirigieron a una de las salas del teatro, donde iba a haber una pequeña fiesta en celebración a la obra. Anahí entró en la sala con Dulce, observando a Alfonso y acercándose a él.

- ¡Hola, cariño! –Saludó Alfonso desde lejos, con una amplia sonrisa.

Pero el chico, al darse cuenta de la presencia de Dulce, dejó de sonreír.

- Oh… no sabía que venías con Dulce.
- Sí…
- ¿Sabes? No me gusta que pases tanto tiempo con ella… -Dijo en voz baja, para que la pelirroja no lo oyera.
- Es sólo una vieja amiga...
- ¿Sabes que te…
- Estuviste genial, Alfonso –Interrumpió Dulce con una amplia sonrisa, justo en el momento en el que el chico iba a besar a Anahí.

- Muchas gracias –Dijo, con la sonrisa más amplia que pudo.

Nuevamente, ****helo, la madre de Anahí, se incorporó a la conversación.

- Estuviste genial, querido –Dijo, dándole dos besos a Alfonso.
- Muchas gracias, ****helo –Agradeció él.
- Te hubieran aplaudido de pie si no fuera porque se quedaron absortos con tu actuación –Añadió. El chico simplemente sonrió- Mi hija es una mujer con mucha suerte… -Informó, mirando a Dulce- ¿No es así? –Preguntó ahora a Anahí.
- Sí mamá, por supuesto…
- Vamos Alfonso, tengo algo que enseñarte

Y, dicho esto, la madre de Anahí se llevó a su prometido a otro lado de la sala, para fortuna de las dos, que deseaban estar solas.

- Alfonso es… muy talentoso –Comentó Dulce.
- Lo sé
- En cambio… tu madre es la misma de siempre –Añadió.
Suspiró- Lo sé.
- No sé ni cómo la aguantas
La miró y sonrió- De la misma forma que te aguanto a ti.
Se rió y abrió la boca, en señal de sorpresa- ¡Eso es un golpe muy bajo!
- Ay cállate –Dijo entre risas, dándole un suave golpe en el hombro- Sácame de aquí, esto es un aburrimiento…

Después de esa petición por parte de Anahí, se creó un gran silencio, algo que preocupó a la rubia.

La miró sorprendida- Que tú guardes silencio es señal de que algo malo pasa por tu cabeza...
Se rió- Yo estoy aquí para hacerte feliz, ¿no? Pues eso es lo que vamos a hacer ahora mismo –Decidió, con una sonrisa- Dame la mano –Dijo, extendiendo su mano, esperando una respuesta por parte de Anahí.
Miró la mano de Dulce y luego la volvió a mirar a ella- ¿Para qué?
La miró mal- Dame la mano, ¿no confías en mí?
- Claro que sí, pero…
- Dame la mano –Repitió- Vamos, ¡saca tu “yo atrevida”!

Anahí se rió y, tras suspirar, agarró la mano de Dulce, entrelazando sus dedos con los de la pelirroja.

- Ahora cierra los ojos… -Indicó Dulce, con una sonrisa, cerrándolos ella también- Cuando cuente hasta tres, quiero que visualices el lugar al que quieras ir, en el que quieras estar… y cuando los vuelvas a abrir, estaremos allí.
Soltó su mano y abrió los ojos, provocando que Dulce también lo hiciera- Oh, vamos Dulce, ya no tengo 7 años…
- Qué mujer más poco soñadora… -Dijo, mirándola mal- ¿No te crees lo que te digo? Si te digo que va a suceder, es así. ¡Sueña, caray! Soñar es gratis.
- Pues sí, pero básicamente me estás diciendo que vamos a teletransportarnos a… quién sabe dónde.
- ¿Y?
- Y que…
- Que te calles –Decidió, sin casi permitirle hablar, volviendo a agarrarle la mano- Cierra los ojos y concéntrate.

La rubia suspiró y, a pesar de no estar nada segura de eso, cerró los ojos e hizo caso a Dulce. La pelirroja contó hasta tres y en ese momento, Anahí se olvidó de la sala en la que estaba, de que a tan solo unos metros de ellas estaba Alfonso y se visualizó en una solitaria y preciosa playa, con el maravilloso mal azulado, el sol en hora punta y una más que agradable brisa fresca.

- Ahora… abre los ojos… -Indicó Dulce.

Efectivamente Anahí abrió los ojos y, sorprendentemente para ella, se encontró frente a un paisaje idéntico al que había visualizado.

- No puede ser…–Dijo, completamente sorprendida- Esto tiene que ser un sueño… -Añadió, mirando a Dulce, quién simplemente la observaba con una tierna sonrisa- Es magia… ¿haces magia? No entiendo…
- Yo no hago magia… es la magia de soñar, soñar es… mágico.

Segundos más tardes, cuando Anahí volvió a mirar el paisaje, se dio cuenta de que se encontraba de nuevo en aquella sala, frente a Alfonso.

- ¿Qué hiciste? ¿Qué pasó? ¿Cómo? –Preguntó a Dulce, sin entender nada de lo que había pasado.
- No preguntes nada, la magia no tiene explicación.

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:22 pm

Capítulo 7

- Buenos días –Dijo Dulce con una amplia sonrisa, entrando en el cuarto con dos vasos en sus manos- ¿No vas a trabajar?

Anahí, quién aún estaba con los ojos entre abiertos, apenas despertándose, miró hacia la puerta, encontrándose con la pelirroja sólo con un corto short y en sujetador, con los dos cafés en las manos y una sonrisa de oreja a oreja. Por un momento se planteó que podía tratarse de un sueño, pero después se dio cuenta de que no, de que era real.

- Es lunes… los… los lunes no trabajo… -Explicó, incorporándose y tapándose con la sábana- El teatro no abre los lunes
- Oh, ¡genial! –Exclamó con una amplia sonrisa, sentándose en la cama, en frente de Anahí, dándole el vaso- ¿Qué quieres hacer hoy? –Anahí la miró sorprendida, acomodándose el pelo- ¿Ir al museo? ¿A pasear? ¿De compras? O… ¿sólo quedarte en casa?

Anahí agarró aquel vaso, lo miró y volvió a mirar a Dulce, aún creyendo que eso era un sueño. Recordó que acababa de levantarse, que probablemente tendría el cabello completamente alborotado y la cara llena de legañas.

Colocándose rápidamente el cabello, muerta de vergüenza- Dulce… son… son… no sé qué hora es… pero… mínimo déjame estar decente, mira mi cara.
- Pero si estás preciosa… -Dijo ella con una tierna sonrisa, llevando su mano libre a la mejilla derecha de Anahí, acariciándola- No sé como Alfonso se resiste a despertarse contigo todos los días… -Añadió, colocándole un mechón rubio detrás de su oreja.

Ese comentario retumbó en la cabeza de Anahí, se repitió varias veces, mientras su cara se ponía de su, ya normal, color rojo y una sonrisa tonta y amplia se dibujaba en sus labios. Su mirada se clavó en los ojos de Dulce, fijamente, como si quisiera atravesarlos y averiguar si esas palabras iban en serio o eran simples comentarios tontos. Pero su mirada no se detuvo ahí, se vio obligada a bajar por alguna extraña razón, hasta llegar a sus labios, esos carnosos labios que por un momento sintió que la llamaban. Volvió a mirar a subir su mirada, volviendo a encontrarse con la de Dulce.

- Bueno... –Dijo Anahí, echándose un poco para atrás, pues hasta sin darse cuenta su cara se había acercado a la de Dulce- gracias… gracias por el café… -Agradeció, sintiendo que su corazón estaba completamente acelerado.

La pelirroja negó con la cabeza y mantuvo su sonrisa, simplemente mirándola, ahí sentada, sin decir nada.

- Me acuerdo cuando nos despertábamos juntas todos los días… -Dijo Anahí de repente, con algo de nostalgia en sus palabras- Dormíamos abrazadas y… cuando te marchaste, no sabes lo mal que lo pasé todas las noches…. Lloré noche tras noches, estaba aterrada, no era capaz de dormir –Dulce la escuchaba atentamente- Me enfadé mucho, no entendía por qué me dejabas así, de repente… sin previo aviso.
- Nunca fui capaz de decírtelo –Explicó ella- Y sabía que si te lo advertía, no me dejarías ir…
- Espero que no vuelva a ocurrir… -Advirtió.

Dulce parecía haberse puesto nerviosa, respiró hondo y se levantó rápidamente.

- Bueno… si quieres hacer algo me avisas y…
- Dulce –La llamó, haciendo caso omiso a lo que decía, dejando el café en la mesa de noche y poniéndose de pie también- ¿Qué pasa?
- No pasa nada, simplemente eso que…
- No pensarás largarte otra vez el 24 de diciembre, ¿verdad? –Dulce simplemente la miró- Que ni se te ocurra –Amenazó, apuntándola con el dedo índice.
Agarró su dedo y sonrió- Venga, dime qué quieres hacer hoy –Pidió, cambiando de tema.
- Dulce…
- Esta vez fue ella quien no la dejó hablar- Any, confía en mí, ¿vale? –Rogó- ¿Qué quieres hacer? –Repitió.
Suspiró- Tengo que elegir el vestido de bodas, el pastel, las flores… todo.
- ¿Y a qué esperas para vestirte? Venga, vamos, será divertido –La animó.

Una hora más tarde:

- Bueno, han pasado tres meses y ha elegido estos siete ramos… -Le explicaba la dependienta de la floristería a Anahí- Con los pedidos de navidad que se suman necesito que tome una decisión pronto.
- Lo sé, lo sé… -Decía Anahí, estresada, mirando todos los ramos- Es sólo que… no puedo elegir.
- Quieres ese –Intervino Dulce, señalando uno de los ramos.
- ¿Este? –Se sorprendió Anahí, cogiéndolo.
- Sí, rosa y verde son tus colores favoritos… -Explicó- Y las rosas te acuerdan a tu abuela Rose.

Anahí guardó un corto silencio, observando las flores y recapacitando lo que Dulce acababa de decir.

- Cierto, me quedo con este –Decidió por fin la rubia.
- Deberías haber traído a tu amiga desde el primer día.
Miró un momento a Dulce y luego suspiró- Ojalá hubiera podido.
- Bueno, vamos, ¡nos esperan las tartas!

Y casi sin dejar que Anahí hablara, Dulce la sacó de la tienda corriendo, jalándola del brazo.

- Mmmmm…. el chocolate…. No tengo palabras, deberían inventar palabras nuevas para el chocolate…. –Dijo Dulce, probando el pastel de chocolate de aquella pequeña degustación de tartas que tenían preparado en la pastelería.
- No, la fresa… la fresa… la fresa sabe a esas tardes de verano cuando estábamos en la calle y jugando y vuelves a casa muerta de hambre y sed…

Anahí se dio cuenta de que Dulce la miraba fijamente, con una tierna sonrisa.

- ¿Qué? ¿Qué pasa? –Preguntó.
- Siempre te encantó la fresa.
- Oh, ¿de verdad? –Se sorprendió- Me conoces incluso mejor que yo misma….
- Bueno chicas, ¿con cuál se quedan? –Interrumpió la dependienta.
- Pues… -Anahí miró a Dulce, las tartas y luego volvió a mirar a la dependienta- Con esta, con la de fresa.
- Genial, por fin se decidió señorita.
- Bueno, ahora los vestidos… -Dijo Anahí, suspirando- Ya tengo preseleccionados 6, pero decidir será…
- Será fácil, ya no seas negativa –Le dijo, volviendo a sacarla de la tierra corriendo.
- ¿Vas a todos lados corriendo? –Preguntó riéndose, siguiéndola.
- Yo no voy corriendo, tú vas demasiado despacio

Llegaron a la tienda de bodas. Observaron esos 6 vestidos preseleccionados por Anahí y la encargada de elegir uno para que se la rubia se lo probara, fue Dulce. Así que, una vez elegido, Anahí se dirigió al probador, mientras la pelirroja la esperaba pacientemente.

- ¿Qué te parece?

Eso hizo salir a Dulce de sus pensamientos y, al mirarla con ese maravilloso vestido puesto, se perdió. Se perdió en su mirada, en su pelo, en su cara, en su cuerpo.

- Estás preciosa…

Como si de dos imanes se tratara, ambas comenzaron a acercarse muy despacio, mirándose fijamente.

- Creo… creo que elegiste bien, otra vez… -Dijo Anahí casi en un susurro, ya frente a frente con Dulce.
Llevó sus manos a la cintura de Anahí, acariciándola- Este vestido te queda perfecto… Es… estás preciosa…

Lentamente Dulce la pegó a ella, sin dejar de mirarla a los ojos un solo segundo. Pegó su frente con la de la rubia y respiró hondo. Anahí no supo qué pasaba, ni si estaba bien ni si estaba mal, simplemente se dejó llevar. Sus manos se movieron solas y se colocaron en los hombros de Dulce, pasándolas alrededor de su cuello. Dulce acercó aún más su cara y pegó su nariz con la de Anahí, provocando la sonrisa de ambas.

- Ya tienes tu vestido… -Dijo la pelirroja con una amplia sonrisa.

Anahí simplemente asintió con la cabeza, perdiéndose en la mirada de Dulce. Ambas habían perdido el control de su cuerpo y sus miradas, lentamente y sin darse cuenta habían comenzado a acercarse, a mirarse a los labios, a respirar el mismo aire. Dulce la acercó aún más a su cuerpo, pegándola, al igual que sus labios, que ya se rozaban. Volvieron a mirarse a los ojos y en ese momento, en ese preciso momento, Dulce acortó definitivamente las distancias y la atrapó en un suave beso, dulce. Anahí se quedó sin respuesta un momento, en shock, sin saber muy bien qué estaba ocurriendo, pero al notar como un escalofrío recorría todo su cuerpo no pudo evitar corresponder a ese beso, a ese corto pero maravilloso beso. A penas fueron unos segundos, un corto roce de labios pero que hizo que ambas sintieran un terremoto. Se separaron y Anahí se alejó rápidamente, mirándola sorprendida.

- Any… -Intentó hablar Dulce.

La rubia alzó la mano en señal de que se callara, negando con la cabeza y los ojos llorosos.

- Olvídate de esto Dulce, ¡esto no acaba de pasar! –Y dicho esto se metió en el probador.

Dulce la siguió hasta la puerta de dicho probador, hablándole desde fuera.

- Any, por favor… lo siento, fue…
- Dulce, lárgarte –Exigió desde dentro, con la voz rota.
- Pero…
- ¡Que te largues!

Y ahora sí, la pelirroja obedeció y salió de aquella tienda, siendo consciente de que esta vez sí, había roto todas las reglas.

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:22 pm

Capítulo 8

- ¡Any! Ya no sé cómo decirte que no puedes aparecer así, tengo pacientes y…
- Es urgente –Dijo la rubia a su amiga Maite, cerrando la puerta de la consulta.
- Siempre dices lo mismo y…
-Escúchame –Rogó, dejando sus cosas y sentándose, con los ojos completamente llorosos.
- ¿Qué pasó? –Se sorprendió al verla ya de cerca y observar su estado.
Respiró hondo- En cuatro horas he conseguido pastel, ramo de flores y vestido para la boda… ya lo tengo todo… -Anunció.
- Oh, eso es genial –Afirmó.
- Y todo gracias a que Dulce vino conmigo –Añadió.
- Oh, y eso es... ¿malo? –Preguntó, bastante perdida en la conversación.
-¡Es una locura! Llega y me rompe todas las reglas, todo… ¡lo cambia todo! –Explicó nerviosamente.
- Yo no sé si es una locura o no, solo sé que cada vez que hablas de ella tus ojos brillan…
- Mai, Dulce me besó… -Anunció por fin- Nos besamos.

La cara de Maite fue un poema, se quedó completamente sorprendida y la miró con la boca totalmente abierta, creándose así un gran silencio en aquel despacho.

- Estaba probándome el vestido, le pregunté qué le parecía… me dijo que estaba hermosa… nos acercamos y… y no sé cómo ocurrió… nos besamos….

Maite quiso hablar, por primera vez, pero fue interrumpida por Anahí.

- No, cállate, escúchame –Pidió- Amo a Alfonso, soy la mujer más afortunada del mundo, no me falta de nada y soy feliz –Decidió, auto-convenciéndose a sí misma.
- ¿Ves? Ahora tus ojos no brillan.
- ¡Mis ojos también brillan cuando hablo de Alfonso!

Nuevamente Maite quiso hablar, pero volvió a ser callada por Anahí, quien ya de los nervios se puso de pie y cogió sus cosas.

- No, ¿sabes qué? Mejor me voy. ¿Qué clase de psicóloga eres? ¡Si siempre me dices lo mismo!

Y, dicho esto, salió hecha una furia de la consulta y dejando a su amiga, literalmente, con la palabra en la boca. Se dirigió a su casa con el único deseo de darse una ducha y acostarse a dormir, había sido un día realmente agotador y su mente estaba a punto de explotar. Lo que menos esperaba al llegar a casa, por supuesto, era encontrarse allí a Dulce, sentada en el sofá, esperando por ella.

- ¿Qué haces aquí? –Preguntó.
Se puso en pie- Necesito hablar contigo, Any.
Dejó sus cosas en el sofá, dirigiéndose a la cocina- Me duele la cabeza Dulce, estoy agotada… por favor, déjame en paz –Rogó, siendo seguida por Dulce.
- ¿Te sientes mal? –Preguntó, intentando acercarse a ella.
- Sí, me siento mal –Respondió dando un paso atrás, consiguiendo acabar con el acercamiento- Así que olvídate de lo que pasó y déjame, por favor –Insistió.
- De acuerdo, me olvido de lo que pasó y dejo de insistir, pero déjame cuidarte si te sientes mal… -Rogó, tratando de volver a acercarse a ella.
Volvió a suspirar- Pero Dulce…
- Shh

Ya frente a frente, Dulce llevó su mano a la frente de Anahí para comprobar su temperatura.

- Estás ardiendo
Se sorprendió con la noticia, tocándose la frente ella también- Quizás tenga un poco de fiebre… no te preocupes, es una tontería, me acuesto ahora y mañana seguro que estoy bien.

Dulce negó con la cabeza y salió de la cocina en busca de algo. Dos minutos después regresó con el termómetro en la mano.

- Póntelo –Ordenó, dándoselo.
- Dulce, no seas cabezota, no…
- Que te lo pongas –Insistió.

Ya sin ganas de discutir, Anahí obedeció y se colocó el termómetro en la axila. Dulce esperó allí, sin mover ni un ápice, esperando a que el pequeño aparato sonara y avisara de que ya había tomado la temperatura. Cuando esto sucedió, la pelirroja lo retiró y observó los números que marcaba.

- Any, estás ardiendo –Informó, con expresión de sorpresa en sus ojos- ¿Dónde tienes los medicamentos? –Preguntó.
- Dulce…
Negó con la cabeza- ¿Para qué estoy aquí? Para cuidarte. Olvídate de lo que ocurrió y simplemente déjame trabajar –Anahí la miró mal- Y deja de hacerte la dura, que te sientes pésimo –Anahí negó con la cabeza, ya sin poder evitar sonreír- Venga, a ponerse el pijama –Concluyó, agarrándola de la mano y dirigiéndola a la puerta- Cojo los medicamentos, hago algo de cena y te lo llevo a cuarto.

Anahí obedeció y se fue a la habitación casi temblando del frío. Dulce, tras asegurarse de que le obedecía, preparó la cena y buscó algún medicamento apropiado, para después dirigirse a la habitación. Al llegar allí se encontró a Anahí sentada en la cama, temblando y con la manta hasta el cuello.

- Any… -Dijo dejando la bandeja que sujetaba en las manos en la mesa, mirándola preocupadamente- Tomate esto cuanto antes, anda.

Dicho eso le acercó un vaso de agua con la medicación. La rubia se lo bebió y con una sonrisa, comentó:

- Hacía tiempo que no tenía tanto frío…
- Tienes mucha ropa y estás muy tapada… Así te va a subir la fiebre.
Negó rápidamente con la cabeza- Tengo mucho frío –Repitió.
- Toma, cómete esto –Poniéndole la bandeja entre sus piernas.
- ¿Y tú?
- Luego comeré algo, no te preocupes.
La miró mal- Esto es mucha comida para mí sola, toma.
- Any…
- Toma –Insistió, dándole una rebanada de pan- Come.

Dulce accedió a compartir la cena con Anahí, en un riguroso silencio, ambas sumergidas en pensamientos. Hasta que, sin prácticamente planteárselo, Dulce lo rompió, diciendo:

- Any… Lo que pasó antes… el… el beso…
- No Dulce, no –La interrumpió tajantemente- Cállate.
- Necesito decirte algo… -Explicó con un brillo en los ojos especial, un brillo que expresaba un gran temor.
Suspiró- Me siento muy mal… me duele la cabeza de tanto pensar. No entiendo nada, ¿vale? Así que quiero poner en orden mi cabeza y entonces, hablaremos.
- Pero es que no hay nada que entender… simplemente, simplemente… las reglas se rompen, para eso están.
Negó con la cabeza- Las reglas están para cumplirse.
- El simple hecho de que yo esté aquí ya es romper una regla vital… así que no sé que más pruebas quieres de que estamos “Rompiendo las reglas”.
- Dulce…
- Te quiero Any, te amo… estoy enamorada de ti –Dijo de súbito.

Anahí, al escuchar eso, se quedó completamente petrificada. Dulce agarró la bandeja nuevamente y la puso en el otro lado de la cama, para poder agarrarle las manos a la rubia.
- Te amo y… y el beso fue mágico… jamás había sentido algo así… Desde que éramos niñas, sentía algo especial y… y ambas sabemos que tú también…
Soltó su mano y se levantó de la cama, negando rápidamente con la cabeza- Déjate de decir tonterías –Cruzando los brazos y abrazándose a sí misma por el frío- De pequeñas éramos muy buenas amigas, eras… eras mi amiga imaginaria Dulce, ¡joder!
- Any –Volvió a acercarse a ella, agarrándole ahora la cara- Cuando te besé, cuando nos besamos… ¿qué sentiste? Dime la verdad.
- ¿Qué verdad?

Anahí se separó rápidamente al escuchar la voz de Alfonso desde la puerta.

- ¿Qué pasa? –Preguntó el chico.
- Nada… nada… sólo estábamos hablando… -Explicó nerviosamente la rubia.
- Hola Alfonso –Saludó Dulce con la sonrisa más amable.
- Anahí, ¿podemos hablar? –Preguntó el chico, seriamente.
-Los dejo solos –Decidió Dulce, saliendo del cuarto y dirigiéndose al salón, sentándose allí.

En cuanto Dulce salió del cuarto, Alfonso dio un fuerte golpe en la mesa, nervioso.

- No entiendo porqué sigue aquí
- No tiene a donde ir –Explicó la rubia, sorprendida con la reacción del chico.
-Eres mi esposa, deberías dormir conmigo, ¡no con ella! –Gritó.
- Aún no soy tu esposa, y ¿quieres bajar la voz? –Pidió- Te va a escuchar.
- Te está usando.
- No me está usando, no digas tonterías.
- Aparece ahora cuando te vas a casar con un actor famoso, todo es por mí, ¿no te das cuenta?
Se rió irónicamente, negando con la cabeza- Es increíble que digas tantas tonterías.
- ¡Eres tan inocente! La gente se aprovecha de ti, ¿no te das cuenta?
- Es mi amiga, ¿vale?
Respiró hondo- ¿Te importa tanto esta tipa como para dejar que se meta entre nosotros?
- No, claro que no, es sólo que… no tiene a donde ir.
- ¡No me importa! –Gritó, muy nervioso, saliendo del cuarto y dirigiéndose a la puerta, sin importarle que Dulce estuviera allí fuera.
- No tiene trabajo, no tiene vida, no tiene amigos… entiende –Decía, persiguiéndolo por toda la casa.
- ¿La quieres? ¿Es más que una amiga? ¡Porque eso es lo que parece!
- ¡Claro que no! Ni si quiera me importa, ¡siento lástima por ella!

Al segundo de decir esas palabras, Anahí se arrepintió. Y no por el hecho de haberlo dicho y que fuera falso, sino porque Dulce estaba allí, prácticamente al lado de ellos y lo había oído todo.

Miró a Dulce y luego miró a Anahí- Diez minutos, si no solucionas esto, me largo.

Dicho eso Alfonso regresó al cuarto, dejando solas a las dos chicas. Anahí respiró hondo y se llevó la mano a la cabeza, mirando a Dulce.

- No me malinterpretes, Dul…
- … ¿pero?
- Pero Alfonso es mi futuro, él será mi esposo… -Dulce guardó silencio- Mira Dul… -Dijo, agarrándole ahora ella las manos- Tú y yo nos divertimos mucho cuando estamos juntas, pero… esto no es real… No puedo arriesgar lo que tengo con Alfonso, no puedo… Es mi futuro.
- Ya lo dijiste –Respondió seriamente.
- Pues lo digo otra vez –Contestó algo enfadada, soltándole las manos- Eres una egoísta, ¿sabes? Porque esto es muy sencillo para ti… Tú puedes hacer lo que quieras, no tienes consecuencias aquí.
- Te entiendo Any, pero…
- ¡No, no me entiendes! -Respiró hondo para tranquilizarse- Esta es mi vida, ¿vale? Tengo responsabilidades, ya no soy esa pequeña con una amiga imaginaria… He crecido… Todos tenemos que crecer algún día… Todos… todos menos tú.

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:22 pm

Capítulo 9

2 semanas después…

- Me alegra que te hayas dado cuenta de que tu… amiguita, se estaba aprovechando de ti –Comentó Alfonso, mientras ambos caminaban por la calle, agarrados de la mano.
- no creo que estuviera aprovechándose de mí… -Respondió ella- Pero ya era hora de que… regresara a su casa o buscara trabajo o hiciera algo por sí misma…

Se mantuvieron en un largo silencio, silencio que Anahí usó para pensar si decirle algo que llevaba tiempo meditando.

- Cariño… Quiero volver a escribir.
Alfonso la miró extrañado- ¿Escribir? ¿Escribir el qué?
Suspiró- Mi sueño, desde niña, siempre ha sido ser escritora… Me encanta escribir -Explicó.
- No… no lo sabía…
- Dulce sí lo sabía.
- Yo de pequeño quería ser astronauta –Obvió por completo el comentario de Anahí.
- Ya, ya lo sé, pero es que te estoy hablando de mí y…
- ¿Y sabes? También quería ser futbolista.

Anahí respiró hondo, se ponía muy nerviosa cuando Alfonso le hablaba de sí mismo y la obviaba por completo. De repente sintió como un escalofrío recorría todo su cuerpo debido a un estornudo.

-¿Estás resfriada? –Preguntó Alfonso, quien se había asustado con el repentino estornudo.
-Cuando Dulce se marchó tenía fiebre, quizás no me he curado bien… -Explicó- ¿Quieres cuidarme? –Preguntó con una sonrisa coqueta.
- ¿Y poner en riesgo la salud de los dos? –Respondió irónicamente- No, gracias.
Lo miró bastante mal, esa respuesta incluso le había dolido- Muchas gracias, cariño… -Respondió irónicamente.
- ¿Qué quieres? En unas horas me voy a California a rodar, tengo que estar perfecto.
-por supuesto…

***

Dulce observaba la copa ya vacía con la mirada perdida y un solo pensamiento: Anahí.
Dirigió su mirada a la camarera que se encontraba detrás de la barra.

- Ponme otro -Pidió.

La morena camarera, con una sonrisa, cogió la botella de tequila y llenó la copa de Dulce.

- ¿Alguna vez has extrañado a alguien? –Preguntó de súbito, necesitando desahogarse- Digo extrañar de… de echar de menos, de soñar con ella, de no dejar de pensar en ella, de… de que todo huela a ella… -La camarera la miraba y escuchaba atentamente- ¿Alguna vez has extrañado a alguien así?
- Pues… no, supongo que no –Respondió cortamente.
- Es que es tan… tan linda… tan hermosa, divertida…
- ¿Y dónde está la niña divertida?
Cogió la copa y se la bebió toda de una sola vez- No lo sé –Respondió, sintiendo como su garganta ardía tras el paso del líquido- Ya no es una niña, tiene responsabilidades, un futuro, ha crecido… -Repitió las palabras de Anahí, con sonrisa irónica y negando con la cabeza- Ponme otro –Pidió, refiriéndose al tequila.
- Creo que ya has bebido demasiado –Concluyó, retirándole la copa.
Suspiró- Está bien…
Dejó encima de la barra un teléfono- Tal vez deberías llamarla y decirle lo que sientes.

Dulce miró el teléfono detenidamente, pensando en esa posibilidad. Después volvió a mirar a la chica, quién le sonrió y asintió con la cabeza, en señal de que lo hiciera. Así que, necesitando realmente oír la voz de la rubia, cogió el teléfono y se dispuso a llamar. Sonó varias veces y, cuando ya iba a desistir en el intento, saltó en contestador.

- Hola, soy Anahí, en este momento no puedo atenderte… deja tu mensaje.

Había escuchado su voz nuevamente, aunque fuera en el contestador automático, pero lo había hecho… y ese simple hecho había conseguido que su corazón se disparase. Respiró hondo y se preparó para pensar en qué podría decir.

- hola Any… soy yo, soy Dulce… Quería decirte que… que encontré trabajo… Sí, aunque no te lo puedas creer, así es… Trabajo en el restaurante de la esquina de Tiffany’s, seguro sabes cual es… -Suspiró- Sólo quería… llamarte y saludarte, saber cómo estabas… Te echo de menos…

***

- “Hola Any… soy yo, soy Dulce… Quería decirte que… que encontré trabajo… Sí, aunque no te lo puedas creer, así es… Trabajo en el restaurante de la esquina de Tiffany’s, seguro sabes cual es… -Suspiró- Sólo quería… llamarte y saludarte, saber cómo estabas… Te echo de menos… “

El corazón de Anahí fue a mil tras escuchar ese mensaje de voz. Por una parte estaba contenta de saber que, más o menos, Dulce estaba bien, pero por otra parte ella también la echaba muchísimo de menos y ese mensaje sólo le había dejado con ganas de ir a buscarla en ese mismo momento. No sabía por qué, si se suponía que todo era perfecto y no la necesitaba para nada, pero así era.

- ¡Anahí!

Maite consiguió que la rubia saliera de sus pensamientos y quitara su mirara del teléfono.

- Estamos en mitad de una compra navideña, ¿puedes prestarme atención?
- Sí, sí, claro… -Guardando el teléfono.
- ¿Qué pasó? ¿Quién era? –Preguntó, sorprendida por el aspecto de su amiga.
Respiró hondo- Dulce, me había dejado un mensaje.
Se sorprendió- ¿Y qué dice?

-Nada, que encontró trabajo en un restaurante y… que me echa de menos –Mirando algo de ropa, tratando de darle menos importancia de la que tenía.
- ¿Y la vas a llamar?
- No, claro que no… Las cosas están bien así.
- No sé qué significa para ti estar bien, pero… tú sabrás.
- Aún no le he comprado nada a Alfonso –Comentó, cambiando de tema y buscando algo en la tienda.
- ¿Qué te regaló él?
- Skys, vamos a ir a los Pirineos a esquiar para nuestra luna de miel…
- Pero si tú odias esquiar –Dijo con tono de sorpresa.
- Ya lo sé, pero… a él le hace ilusión –Maite fue a hablar, pero ella no la dejó- No, no me digas nada que ya te conozco perfectamente –Exigió, mirándola mal- Alfonso es perfecto para mí, ¿vale? Cállate.

Maite levantó los brazos en señal de paz y se llevó la mano a la boca, en señal de que no iba a comentar nada al respecto. Continuaron mirando la tienda, sin encontrar nada que a la rubia le gustara, hasta que de repente:

- ¡Mira! ¡Esto le encantará! –Dijo eufóricamente Anahí, al ver una blusa blanca y el signo de la paz en su centro como adorno.
- Pero Any… esto es de mujer.
- Ya sé, es para Dulce
La miró extrañada- ¿No estabas buscando un regalo para Alfonso?
- Sí, pero vi esto y… sé que le encantará, se la voy a comprar –Decidió, ya con ella en sus manos.
- ¿Y cómo se la vas a dar? ¿No decías que no querías verla?
- Pues no sé Mai, se la mandaré por correo o ya veré que hago, pero se la voy a comprar, ¿vale?
- No tienes ni idea de qué comprarle a Alfonso por navidad y, en cambio, con Dulce no hay ningún problema… -Reflexionó.

Anahí no respondió, simplemente continuó admirando la camisa con una sonrisa.

- Deberías ir a buscarla y decirle lo que sientes –Comentó Maite.
Negó con la cabeza sin mirar a su amiga y comenzó a caminar en dirección a la zona de pago- No, eso no es justo para Alfonso…
Se rió irónicamente- ¿justo? Alfonso está en California rodeado de actrices preciosas.
- ¿Y?
- ¿Cómo y? –Respiró hondo, agarrando el brazo de su amiga para que la mirara- Que te dejes de tonterías Any, compra es camisa y vete ahora mismo a buscar a Dulce… Ya deja de negarte lo que sientes amiga, estás loca por ella. No sé si es imaginaria y estás cómo una pu*ta cabra o… o es real o qué pasa, pero está claro que estás locamente enamorada de ella…

Cada palabra de Maite, hiso que un extraño sentimiento recorriera el cuerpo de Anahí e, inevitablemente, que esa posibilidad pasara por su mente.

-No pienses en Alfonso, ni en tu madre, ni en tu futuro, ni en la boda ni en nada… piensa en ti, ¿vale? –Pidió, agarrándole la cara- ¿Qué te haría feliz ahora mismo?
Guardó un corto silencio- Verla… -Confesó por fin, ya emocionada- Necesito verla….
- Pues corre tonta, corre a buscarla.

Así que, casi sin pensárselo, Anahí se dirigió a la zona de pago, compró la camisa, cogió un taxi y se dirigió al restaurante que Dulce le había mencionado. Había mucha gente, estaba completamente lleno. La buscó con la mirada, pero no la encontró, por lo que se vio obligada a preguntar a una de las camareras.

- Hola, ¿podrías ayudarme con una cosa?
- Las mesas están llenas ya, disculpa, pero si…
- No, no –Negó rápidamente- Estoy buscando a alguien –Explicó.
- Oh, ¿trabaja aquí?
- Sí, bueno, eso creo… Se llama Dulce.
La camarera, que era la misma morena que había convencido a Dulce para que llamara a Anahí, abrió la boca, sorprendida- ¿Anahí? –Preguntó.
- Sí, soy yo, ¿cómo sabes qué…
- Ya la llamo, espera un segundo…

Dicho esto y dejando a Anahí sin comprender nada, la chica se alejó entre la multitud. Anahí respiró hondo, sabiendo que ya no había vuelta atrás y, tratando de tranquilizarse, dio una vuelta sobre sí misma, despacio, observando el restaurante. Y cuando regresó a su posición inicial, se encontró a esos ojos cafés que tanto había extrañado. Se perdió en su mirada un tiempo incontrolable, sonrió tontamente y cuando regresó al mundo real, un deseo indomable la obligó a abalanzarse sobre ella y abrazarla, aferrándose cómo nunca antes lo había hecho.
Todos estos gestos fueron correspondidos por Dulce quién, durante el abrazo, le repitió varias veces:

- Te extrañé mucho Any…

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:23 pm

Capítulo 10

- Escuché tu mensaje y… quería ver como estabas –Explicó la rubia, cuando ya ambas se habían sentado en una de las mesas para hablar más tranquilamente.
- Pues… ya ves –Dijo con una sonrisa algo triste- Sobreviví tu abandono
- No te abandoné, Dul…
Obvió su respuesta- ¿Y tú? ¿Cómo estás tú?
Suspiró- Pues… bien, estoy bien… ya con casi todos los preparativos de la boda listos.
- ¿Sigue en pie la boda?
- Sí, claro… -Dulce asintió con la cabeza, en silencio- Bueno, ¿y cómo conseguiste el puesto? –Preguntó, tratando de sacar tema- ¿Chef? No sabía que cocinaras tan bien.
Se rió- No sé, de hecho no sé cocinar casi nada… pero el chef renunció, me presenté al puesto, preparé espaguetis a la boloñesa, tus favoritos y… pues les encantó. Así que es gracias a ti.
- Mi comida favorita cuando era niña –Recordó con una tierna sonrisa.
- Exacto, parece ser que a la gente le gusta que le recuerden su niñez…
- Dul… -Interrumpió la camarera morena la conversación- ¿Vendrás después a tomarte algo con nosotros?

Anahí observó a aquella mujer de arriba a abajo y se dio cuenta de que miraba a Dulce con una coqueta sonrisa y un brillo en los ojos especial, algo que le hizo rabiar por dentro.

- Quizás, luego te aviso –Respondió la pelirroja con una amable sonrisa.
- Vale, guapa

Después de decir eso, la camarera desapareció de nuevo entre la multitud.

- Vaya… veo que en poco tiempo te has hecho popular –Comentó Anahí- Las chicas te persiguen.
- ¿Cómo? –Volvió su mirada a ella, extrañada por el comentario- ¿Te refieres a Lorena? Sólo... sólo es una compañera –Explicó- Cuando terminamos el turno solemos irnos a tomarnos una copa y…
- Dulce, Dulce –Dijo, interrumpiéndola- No tienes que darme explicaciones… me parece bien, estás… estás haciendo tu vida y… no tienes que darme explicaciones –Repitió, ya sin saber muy bien qué más argumentos dar.
- ¿Cómo está Alfonso? –Preguntó, cambiando ágilmente de tema.
- Pues… bien, está bien… Está en California, rodando una película…
- Oh, qué bien… ¿Llegará a tiempo para la boda? Quedan… dos días nada más.
Sonrió irónicamente y negó con la cabeza- Espero que sí.

Se creó un largo silencio, silencio que decía muchas cosas, denotaba la gran inseguridad que ambas sentían. Dulce observaba fijamente a Anahí, quien tenía la mirada perdida en algún lugar de aquel restaurante, con expresión triste.

-No pareces muy contenta… -Comentó la pelirroja, rompiendo el silencio y consiguiendo que la mirada de Anahí volviera a chocar con la suya- Te casas en dos días, deberías estar feliz y radiante.
- Estoy feliz –Aseguró con la sonrisa mas forzada que encontró.

La rubia escuchó una risa por parte de Dulce, risa que le sorprendió.

- ¿De qué te ríes?
Suspiró, negando con la cabeza- Si para ti esto es ser feliz…. Me alegro de no ser feliz.

Tras escuchar eso Anahí guardó un corto silencio y, cuando quizo hablar, fue interrumpida por Dulce, quien parecía haberse quedado con muchas cosas que decir.

- ¿Sabes qué? No entiendo ni para qué viniste… -Dijo Dulce, poniéndose en pie- Si estás tan feliz, ¿qué haces aquí? Lárgate con tu futuro marido y tu vida perfecta –Respiró hondo para tranquilizarse y se volvió a sentar, bajo la fija y sorprendida mirada de Anahí, a quien le había dolido ese comentario- ¿No te das cuenta de que no eres feliz, Any? Estás atada a ese hombre por simple conveniencia, porque es lo que tu madre quiere, porque es lo que te conviene… Pero no eres feliz, no lo quieres, no sabe nada de ti, no te llena… ¿De verdad esta es la vida que quieres? ¿Quieres sentirte vacía el resto de tu vida?

Sin embargo Anahí no respondió, no tenía palabras para hacerlo y se había sumergido en un mundo de pensamientos.

- No puede ser que hayas cambiado tanto… -Continuó Dulce, cada vez más emocionada y sintiendo cada una de las palabras que decía- Busca en tu interior Any, ahí está la niña soñadora y feliz, fuerte, divertida, graciosa… La niña de la que yo me enamoré… Escúchala, déjala salir, vuelve a dejarte llevar cómo hacías antes, olvida las responsabilidades… Haz lo que deseas hacer en este momento y olvídate del resto.
- ¡Dulce, atiende la mesa dos, por favor! –Interrumpió la camarera Lorena, desde la barra.

La pelirroja hizo un gesto a Lorena, en señal de que ya iba y volvió a mirar a Anahí, esperando una respuesta por su parte.

- ¿No vas a decir nada? –Preguntó.

Y nuevamente no obtuvo respuesta, Anahí… Anahí había viajado a algún submundo y era incapaz de articular palabra.

- Genial… -Dijo irónicamente, con los ojos algo llorosos y poniéndose en pie- Genial

Tras repetir eso, Dulce salió rápidamente del restaurante, con el uniforme puesto y sin importarle estar en mitad de su jornada laboral, necesitando con urgencia tomar aire. Anahí simplemente se quedó ahí, recordando cada palabra que Dulce acababa decir y recapacitando sobre ellas. Hasta que una especie de impulso la hizo levantarse, coger su bolso y salir corriendo en busca de la pelirroja. Al salir la buscó con la mirada, pero no la encontró, por lo que se vio obligada a aumentar su campo de visión, encontrándola en la calle de en frente, sentada en uno de los bancos, con los ojos llorosos y mirando el estrellado cielo. Anahí, casi corriendo y a punto de ser atropellada por algún coche, cruzó la calle y, cuando estaba a su lado, le dijo:

- Rompiendo las reglas una vez más…. Aquí está la niña de la que te enamoraste….

Dulce la miró rápidamente, sorprendida y emocionada por escuchar esas palabras. Sus miradas volvieron a unirse, a conectarse, como 15 años atrás y unas amplias sonrisas se dibujaron en sus labios.

- Aquí está la niña de la que te enamoraste y… la niña a la que enamoraste locamente… -Añadió la rubia- Para ti, solo para ti… Para que le hagas vivir la mejor noche de su vida y la hagas olvidar el mundo real… Para que la transportes a tu submundo y acabes con cualquier regla que pueda interponerse entre ustedes…

La pelirroja se puso en pie y, muy lentamente, se acercó a ella, sin quitar ni un solo segundo la vista de sus ojos. Pegó su frente con la de la rubia, le agarró la cara y sonrió, sintiendo como Anahí correspondía esos gestos abrazándola por la cintura y pegándola a ella.

- Bésame…

Tras ese ruego por parte de Anahí, Dulce descendió su mirada a los labios de la rubia, se detuvo ahí un momento y volvió a ascender.

- ¿Estás segura de esto?
- De lo único que estoy segura es de que necesito que me beses…

Ahora sí y casi inmediatamente, Dulce acabó por fin con la distancia entre sus labios y la besó. Fue un beso lleno de pasión y deseo, de sentimiento y magia… de una mezcla de sensaciones. Por fin sus lenguas se conocieron, jugaron, exploraron cada rincón de la otra… Las manos de Anahí ascendieron al cuello de Dulce y se aferraron a él, profundizando así aún más el beso. Mientras que la pelirroja, acariciaba la espalda de la rubia, provocando así que la piel de Anahí se erizara por completo.
Toda esta pasión provocó que poco tiempo después, ambas se vieran obligadas a romper el beso, ya que sus respiraciones tenían un límite y en algún momento tenían que reponer el aire. Ambas quedaron con sus frentes pegadas, Anahí abrió los ojos y se encontró con la tierna mirada de Dulce, sonriendo.

- No sabía que con un beso se podía sentir este terremoto aquí dentro… -Comentó la rubia casi temblando.
- Yo tampoco… Pero definitivamente, amo los terremotos…

Tras ese comentario ambas rieron y volvieron a fundirse en un loco beso. Beso que, esta vez, había subido de tono y había provocado un gran calor en ambas.

- Vamos a casa –Propuso Anahí, entre beso y beso, el tiempo que usaban para reponer el aire.
-Tengo… que… trabajar… -Respondió dificultosamente la pelirroja, siendo callada por los besos y la intensidad de Anahí.
- A la mierda el trabajo… ¿No estamos rompiendo reglas? Pues ya que estamos… las rompemos todas –Decidió, ya cortando aquellos besos interminables, con una juguetona sonrisa- Vamos a casa–Insistió, agarrándola de la mano y jalando de ella- Venga, corre, ¡vamos a casa!
- ¡A la mierda las reglas!

Y, tras gritar eso, provocando que todos los presentes en la calle la miraran, ambas comenzaron a correr en dirección a la casa de Anahí, entre risas, agarradas de la mano.

-¿Segura de que Alfonso no está? –Preguntó Dulce, mientras Anahí, desesperadamente, intentaba introducir la llave en la cerradura de su puerta, para abrir.
- Pues claro que estoy segura, cállate ya.
- Que agresividad… -Comentó la pelirroja con tono burlón.

Anahí, por fin, consiguió abrir la puerta y, tras hacerlo, miró a Dulce con una juguetona sonrisa.

- Te vas a enterar de lo que es agresividad…

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:23 pm

Capítulo 11

- Mi mamá siempre me dijo que guardara este vino para una ocasión especial… -Decía Anahí con la botella de vino entre las manos, a mitad de proceso de abrirla- Y ahora entiendo por qué…
- Pues no le digas que yo soy esa ocasión especial, porque creo que no le caigo muy bien… -Comentó, provocando la risa de la rubia, quien ya estaba sirviendo las copas.
- Ahora mismo me da igual lo que pueda pensar… Tenía que olvidarme de todo, ¿no?
Sonrió, agarrando la copa que la rubia le daba- Exactamente.
- ¿Sabes qué? –Dijo, después de haber estado recapacitando sobre algo, sentándose en el sofá.

Dulce se sentó a su lado y la miró, esperando a que terminara la frase.

- Creo que siempre te odió porque conseguías que me rebelara…
- Pues yo no creo eso… -Anahí la observó sorprendida, siendo ahora ella quien esperaba a que terminara la frase- No, yo creo que siempre has sido rebelde… simplemente todos estos años te has olvidado, has mantenido guardada a esa niña rebelde.
- Pero tú eres la única capaz de hacerla salir…
- Brindemos por eso entonces –Concluyó levantando su copa .

Anahí sonrió ampliamente y alzó su copa, sin dejar de mirar a la pelirroja.

- Porque esa niña no vuelva a desaparecer nunca más.
- Eso depende de ti…

Sin querer responder a eso, Dulce le picó el ojo con una sonrisa, chocaron sus copas y bebieron el contenido, de un solo trago.

- Oh, se me había olvidado… -Dijo la rubia, dejando su copa en la mesa y levantándose en busca del bolso.
- ¿Qué cosa? –Preguntó, observando como la chica abría su bolso y sacaba de ahí un regalo, empaquetado.
- Te compré esto… -Volviendo a sentarse a su lado y dándoselo.
dejó la copa también en la mesa- ¿Para mí? –Se sorprendió, observándolo.
- Claro que para ti… Ábrelo, a ver si te gusta.
- No era necesario, Any… Además, yo no…
- Ábrelo –Insistió, sin dejarla hablar.

Ya guardando silencio, la pelirroja se dispuso a abrir aquel regalo. Al hacerlo se llevó una gran sorpresa, una amplia sonrisa se le dibujó en los labios.

- Qué bonita –Dijo
- ¿Te gusta?
- Me encanta –Afirmó, ya llevando su mirada a Anahí- Muchas gracias.
- Póntela –Dulce la miró sorprendida- Sí, póntela, a ver cómo te queda –Insistió.

Dulce sólo la miraba, intentando averiguar si eso iba enserio o Anahí estaba bromeando.

- Venga, póntela –Insistió una vez más Anahí.
- Any, es de manga corta, estamos en pleno invierno, me voy a morir de frío… ¿Estás hablando enserio?
- ¿Tú eras la de hacer locuras? –Dulce se rió, negando con la cabeza.

El comentario de Anahí cumplió sus objetivos y Dulce, sin más, se puso en pie y se quitó la chaqueta que llevaba, para continuar con la camisa y dejarla caer al piso. Anahí, mientras, admiraba aquel paisaje, sintiendo como su corazón se disparaba, un nerviosismo se apoderaba de su cuerpo y un gran calor la inundaba.

- Si muero congelada, tú serás la culpable… -Dijo la pelirroja ya en sujetador.
- No te vas a congelar, no te preocupes…

Tras escuchar ese comentario con tono sensual por parte de Anahí, Dulce terminó de ponerse la camisa.

- ¿Qué tal? –Preguntó, abriéndose de brazos y dando una vuelta sobre sí misma.
- Perfecta… -Aseguró, poniéndose en pie y acercándose a ella para admirarla de cerca.

Anahí llevó sus manos a la cintura de Dulce, dirigiendo su mirada a la camisa. Aunque más que a la camisa… fue haciendo un recorrido con sus manos y sus ojos. Palpó su cintura y ahí detuvo su mirada, continuó subiendo y observó su abdomen por debajo de la camisa, hasta que llegó justo debajo de sus pechos, teniendo que detener ahí sus manos pero no sus ojos, que analizaron por completo esa zona, sintiendo como el calor aumentaba cada vez más. Dulce, por su parte, lo único que había sido capaz de hacer era respirar hondo y sentir como su piel se erizaba con cada rose.

- Sabía que te quedaría bien… -Comentó la rubia, rompiendo el silencio.

Dulce no contestó. Agarró a Anahí de la cintura y la pegó a ella, llevando su mano a la mejilla derecha de la chica.

- ¿Preparada para otro terremoto?
Sonrió, pegando su frente con la de Dulce- Ya comienzo a sentir los temblores…

Dulce acortó por fin la distancia y atrapó los labios de Anahí en un suave beso. Suave beso que en pocos segundos se había convertido en uno pasional y lleno de deseo, ansias… incluso rabia. En pocos segundos se vieron envueltas en una interminable cadena de besos. Dulce agarró con firmeza las mejillas de Anahí y la separó, rompiendo inesperadamente el beso. Anahí alzó una ceja, respirando agitadamente, mirándola sin comprender la reacción de Dulce. La pelirroja, sin más, volvió a besarla, consiguiendo que ambas volvieran a introducirse en esa cadena de besos.
Entre besos, risas y caricias llegaron a la habitación de Anahí. La rubia pegó a Dulce a la pared y llevó sus manos a la camiseta de Dulce, quitándosela ansiosamente.

- No deberías haberte puesto la camisa… -Comentó con una pícara sonrisa, entre beso y beso, dejando caer la camisa en el piso.
- Tú insististe y…
- Shh –Pidió, dándole un corto pero caliente beso, agachándose en dirección al pantalón.

Dulce ya no tenía ningún control sobre su cuerpo, grandes escalofríos recorrían su piel, completamente erizada. Anahí desabrochó el pantalón de la pelirroja y, a medida que acariciaba cada centímetro de su piel, se deshizo de él.

-Any, Any, Any… -La llamó desde arriba, ya sin pantalones, observando como Anahí se ponía a su altura- ¿Segura de que Alfonso no va a llegar?

Anahí la besó intensamente y, tras varios segundos de locura, se alejó para responderle.

- Completamente segura, cállate ya y olvídate de él.

Tras esa confirmación, Dulce se olvidó por fin del mundo y se centró en ese momento, en Anahí y en la noche. Besó a la rubia y la pegó a la pared, siendo ella ahora la que le despojara la ropa. Ambas, ya en ropa interior, compartían intensas miradas, mientras recuperaban la respiración. Lentamente Dulce, agarrando a Anahí de la cintura, la llevó hasta la cama y la recostó en ella, colocándose encima. Pegó su frente a la de la rubia y, mientras le acariciaba la mejilla derecha, la observaba fijamente.

- Eres preciosa…

-Tú sí que eres preciosa… -Respondió con una tierna sonrisa, llevando su mano al cabello de Dulce y pasando uno de sus mechones pelirrojos que caía en su frente, por detrás de la oreja.

Volvieron a fundirse en un beso lleno de pasión. Sus manos empezaban a cobrar vida por sí mismas. Anahí acariciaba toda la espalda casi desnuda de la pelirroja, llegando a su trasero y volviendo a subir. Al llegar al broche del sujetador y sin pensárselo, lo desabrochó. El beso se rompió y ambas se miraron. La rubia esperaba recibir una aprobación por parte de Dulce para terminar con la tarea y deshacerse del todo de esa prenda, y la recibió. La pelirroja sonrió y se sentó en el abdomen de Anahí, permitiendo así que le quitara el sujetador. Tras hacerlo, la rubia se incorporó y volvió a besarla. Comenzó a bajar sus besos para apoderarse de su cuello, lamerlo y morderlo. Dulce cerró los ojos y disfrutó de ese momento, sin poder evitar sentir como un nudo se le creaba en el estómago y algunos suspiros se le escapaban. Su cuerpo tembló al sentir que los besos de la rubia ya no estaban en su cuello, sino en sus pechos. Anahí cubrió con su boca y lamió uno de los pezones de Dulce, para después mordisquearlo ligeramente. La pelirroja estaba completamente excitada y con cada segundo que pasaba, sentía que necesitaba más. Por lo que agarró la cara de Anahí y la hizo subir, atrapándola en un loco beso. Esta vez fue ella quien bajó sus manos al sujetador y, ahora sin ningún tipo de permiso, se deshizo de él. Volvió a recostarla en la cama e hizo lo mismo que antes la rubia, apoderarse de sus pechos y llevarla a un gran nivel de excitación.
Sin embargo, Dulce no se quedó ahí, continuó bajando, dejando besos por todo el abdomen de Anahí, jugando con su ombligo y acercándose cada vez más peligrosamente a su intimidad. La rubia solo podía respirar agitadamente, ya no controlaba su respiración. La pelirroja volvió a subir para besarla, pero dejó sus manos ahí, en el abdomen de Anahí, muy cerca de su intimidad. Lentamente, mientras la entretenía con el beso, fue bajando, introduciendo la mano en la ropa interior de la rubia. En ese momento Anahí sintió como un escalofrió recorría todo su cuerpo. Y cuando Dulce comenzó a masajear su clítoris, se estremeció por completo. La pelirroja sonrió y se dirigió a su cuello, dispuesta a morderlo, sin dejar de mover sus dedos. Sin previo aviso entró en Anahí, provocando que un grito saliera de la rubia.
Aceleró sus movimientos, de más rápido a más lento. Dejó libre su cuello y la miró a los ojos, viéndose excitada por la simple expresión de su cara, por observar su boca ligeramente abierta emitiendo suaves gemidos y respirando rápidamente.
Se acercó a su oído y con la voz completamente ronca a causa de la excitación, le susurró:

- El terremoto está a punto de subirte al cielo… ¿Preparada?

Ese comentario sólo consiguió encender más aún a Anahí y la única respuesta que obtuvo fue aferrarse a su espalda, y comenzar una danza con la mano de Dulce, moviéndose en total sincronización con ella. Dulce movió aún más rápido sus dedos, provocando que el estado de Anahí fuera ya incontrolable. La rubia cerró los ojos, se olvidó de sus vecinos y se aferró a la espalda de Dulce, sintiendo como los movimientos de la pelirroja incrementaban cada vez más. Hasta que, por fin, llegó a la cima, al cielo, a través de un gran grito que se escapó de su garganta.
Lentamente Dulce aflojó sus movimientos y liberó su intimidad, dirigiendo su mano a la mejilla de la rubia para acariciarla.

- Te amo Any…

Y tras escuchar eso, Anahí entró en un profundo sueño, sin más, sin previo aviso… simplemente se quedó profundamente dormida.

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:23 pm

Capítulo 12

Anahí abrió los ojos lentamente, sintiendo un gran frío y notando como una tenue luz daba en su cara. Se trataba de la ventana, que se había quedado abierta. Se dio cuenta así de que apenas estaba amaneciendo y recordó la mágica noche y todo lo que había ocurrido el día anterior, Dulce… Miró al lado derecho de su cama en busca de la pelirroja, pero no la encontró. Una gran angustia se apoderó de ella.

- ¿Dulce?

La llamó desde la cama, esperando que la pelirroja apareciera por la puerta, pero no lo hizo. El temor y terror de que Dulce hubiera decidido marcharse de nuevo comenzaba a inundarla. Se levantó rápidamente, sólo vestida con el pequeño tanga de la noche anterior, por lo que se puso el albornoz, para ir en su busca. Recorrió toda la casa llamándola, pero no la encontró. Ya casi llorando y sin importarle lo que podía pensar la gente si veía a una chica descalza y en albornoz por la calle, abrió la puerta para continuar su búsqueda.
Apenas tuvo que llegar a la escalera y vio a Dulce subir con dos vasos en sus manos y una bolsa que olía realmente bien.

- ¿Any? –Preguntó sorprendida al encontrársela ahí, casi llorando- ¿Qué pasa? ¿Qué te pasa?

Anahí, ya sin poder contener las lágrimas la abrazó con ansias, habiéndose quitado de encima ese gran temor, pero aún realmente nerviosa.

- Ey cariño… ¿qué pasó? –Preguntaba la pelirroja, con las manos ocupadas pero deseando consolar a Anahí.

La rubia no respondía, simplemente la abrazaba y lloraba.

- Ven, ven, entremos en casa… -Pidió, agarrándola como pudo y jalando de ella para meterse en la casa.

Dulce dejó las cosas en la primera mesa que encontró y se dirigió a Anahí para, ahora sí, abrazarla.

- ¿Qué pasó? –Volvió a preguntar.
- Me desperté, no te vi y… y pensé que te habías marchado otra vez… -Explicó entre sollozos, ya menos angustiada- Te juro que… sentí un nudo aquí… -Explicaba, alejándose de ella y señalándose la garganta.
- Estoy aquí Any, estoy aquí… -Respondió ella volviendo a abrazarla, acariciándole el cabello y dejando ahí suaves besos- No podía dormir y fui a comprar algo rico para desayunar, eso es todo –Explicó- Ya, tranquilízate…
- No podría soportar la idea de que vuelvas a marcharte…

La pelirroja suspiró y rompió el abrazo, dirigiéndose de nuevo a la mesa donde había dejado lo que compró.

- Venga, vamos a desayunar.

Se dirigieron al comedor, donde Anahí, ya mucho más tranquila, se dispuso a poner la mesa bajo la fija mirada de Dulce.

- ¿Qué me ves? –Preguntó la rubia con una vergonzosa sonrisa.
- Te ves tan sexy así… -Comentó totalmente perdida en su cuerpo casi desnudo únicamente tapado con el fino albornoz, sonriendo tontamente- Te comería entera.
- ¿Y qué te lo impide?

El tono sensual en el que Anahí había hecho esa pregunta, hizo estremecer por completo a Dulce, quien no pudo evitar levantarse y acercarse a ella por detrás. La abrazó de la cintura y se pegó a ella, acercando sus labios al lóbulo derecho de la rubia.

- No me tientes…

Anahí se dio la vuelta para encontrarse con su cara, abrazándola por el cuello.

- Lo de anoche fue mágico –Dijo de súbito- Jamás… jamás nadie había sido capaz de hacerme sentir como tú lo hiciste… De… de subirme al cielo sólo con caricias… o de sentir que se me acaba el aire con un beso –Dulce sonrió, llevando su mano a la mejilla de la rubia- Yo no sé si los ángeles existen… ni de si tú eres uno de ellos, pero definitivamente eres especial, mágica… Y nunca tendré palabras para agradecerte todo lo que has hecho por mí… -La pelirroja, con una tierna sonrisa le dio un corto beso en los labios, sin dejar de acariciarle la mejilla- Te amo.
- Yo también te amo Any…

La rubia volvió a acortar la distancia entre ellas y la besó, esta vez más largamente.

- Venga, ¡a desayunar!

Y ahora sí, terminaron de poner la mesa y comenzaron a comer lo que Dulce había comprado. Cuando apenas iban por la mitad, un sonido interrumpió.

- ¿Teléfono? –Preguntó Dulce.
Suspiró- Sí… -Con su móvil en la mano, ya habiendo mirado de quién se trataba- Es… Alfonso…

Al escuchar ese nombre, la cara de Dulce cambió por completo.

- Pero ¿sabes qué? No le voy a contestar –Decidió, sorprendiendo por completo a la pelirroja- No, lo voy a apagar y me voy a olvidar del mundo, que les den a todos…

Dicho eso Anahí, como había dicho, apagó el móvil y lo lanzó al sofá, volviendo a comer.

- Any…
- Cállate –La interrumpió- No quiero que me digas nada, ya lo sé, todo es una locura, mañana me caso… Me da igual, ¿vale? Me da igual.

Dulce parecía tener muchas cosas que decir, sin embargo guardó un largo silencio. Terminaron de desayunar, se vistieron y salieron a pasear por uno de los grandes parques de Nueva York. Se rieron, corrieron, pasearon, jugaron… Todo genial, hasta que Anahí comentó:

- Ha sido el día más maravilloso de toda mi vida.
- El mío también… -Dijo no muy convincentemente, tras un suspiro.
Se detuvo en seco y soltó su mano- ¿Qué? ¿Qué pasa?

La pelirroja miró al frente y luego volvió a mirar a Anahí, respirando hondo, buscando las palabras para hablar.

- Any… tengo que regresar, tengo que marcharme…
- ¿Qué? –Sintió como si su corazón, de cristal, se hubiera caído y roto en miles de pedazos- ¿Te vas?
- No quiero –Respondió, con la voz rota.
- No lo hagas –Suplicó, como una niña pequeña, llorando.
- Tengo que hacerlo… Mañana, 24 de diciembre, tu cumpleaños, a las 5 de la tarde…
- Y las reglas? ¿Dónde están las reglas ahora? –Dulce no respondió- No, por favor, otra vez esto no… -Dijo aturdidamente.

Anahí se llevó las manos a la cabeza y comenzó a negar, sintiendo como le faltaba hasta el aire. Se dio la vuelta y comenzó a caminar, aún en shock.
- Any… lo siento mucho… -La seguía Dulce.
- ¿Por qué hiciste esto? –Preguntó rabiosamente, casi en un grito, volviendo a mirarla- ¿Por qué te construiste esta vida? ¿Por qué dejaste que me enamorara de ti si sabías que te irías? –Dulce no obtuvo respuestas- ¡Confíe en ti! –Gritó- Me dijiste que no volverías a abandonarme…
- No elegí enamorarme de ti… es… es lo más maravilloso que me ha pasado.
- Tú no sabes lo que es el amor, sino… sino ¡no me estarías abandonando!

Respiró hondo, negando con la cabeza y secándose unas lágrimas que habían salido de sus ojos- Any… mañana te casas… tienes tu vida, todo... todo hecho… sigo sin comprender cuál era mi misión aquí, está claro que fracasé.
- Pues sí fracasaste, pero totalmente –Respondió ella con rabia en sus ojos y sus palabras- ¿Sabes? La primera vez que me abandonaste juré que nunca me olvidaría de ti… Pero esta vez… te juro que no desperdiciaré un solo minuto más de mi vida pensando en ti.

Tras hacer este juramento con enorme rabia en sus palabras y sus ojos, pero sin poder contener ni una sola lágrima, Anahí comenzó a alejarse de Dulce. La pelirroja la llamaba a gritos, pero Anahí no respondía, no era capaz de volver a mirarla sabiendo que no volvería a verla nunca más, necesitaba marcharse… y así lo hizo. Poco a poco comenzó a incrementar la velocidad y ya, corriendo, salió de ese parque, entre llanto, consiguiendo que Dulce desistiera en seguirla.

Dulce no pudo hacer más que sentarse en uno de esos solitarios bancos y llorar, llorar como nunca antes lo había hecho. El dolor que sentía dentro era inmenso. Ya no por el dolor que sentía por sí misma, sino por el dolor que había causado en Anahí, en la persona que más quería.
De repente sintió como alguien se sentaba a su lado y le acariciaba la espalda. Alzó rápidamente la cara, creyendo que quizás era Anahí, y no, desgraciadamente no era Anahí… Se trataba de Lorena, la camarera morena.

- ¿Que… qué haces aquí? –Preguntó confusa, secándose las lágrimas.
- Estaba paseando y te vi discutiendo con Anahí… -Explicó- Te sentaste aquí llorando. ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
Negó con la cabeza, mientras su cara volvía a inundarse de lágrimas- Siento que me muero…
- No te estás muriendo… Es tu corazón, roto.
- ¿Y por qué duele tanto?
- Quiere decir que estás viva, que eres humana…

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Re: Rompiendo las reglas

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 8:23 pm

Capítulo 13

Al día siguiente…

- ¿Segura de que quieres hacerlo?
- Por supuesto
- No es tan tarde… Aún puedes huir…

Anahí respiró hondo y se miró al espejo, ya vestida y totalmente preparada para su boda. Maite la observaba desde atrás, intentando por todos los medios que su amiga no cometiera semejante locura.

Respiró hondo y negó con la cabeza- Esta es la decisión correcta… Alfonso es un buen hombre.

-¡Hija mía! –Entró ****helo efusivamente- Estás hermosa.
Se dio la vuelta para mirarla, con una sonrisa- Gracias mamá, tú también.
- Será una boda perfecta –Dijo entusiasmada- En navidad, en plena ciudad de Nueva York, tu cumpleaños… y el lugar se llenó de paparazzis, conseguiremos mucha publicidad.

Anahí solo asentía con la cabeza, con una cordial sonrisa.

- Diez minutos Any, ¡no tardes!

Dicho eso ****helo volvió a salir, dejando de nuevo a Anahí acompañada de Maite, quien le estaba arreglando el cabello.

- Any…
- Cállate, por favor, cállate… -Rogó con la voz rota.
- Pero mírate… -Dijo deteniendo toda tarea y agarrándole la cara- Estás rota, no eres feliz.
- Estoy perfectamente –Decidió secándose una lágrima que había salido de sus ojos, volviendo a mirarse al espejo- Voy a casarme.
- ¿Dulce ya se marchó?
Respiró hondo una vez más- No me hables de ella.
- Es la única persona que tienes en tu cabeza ahora mismo.
- Déjame sola un segundo, por favor.
- Anahí…
- ¡Déjame sola! –Exigió ya.
Suspiró- La decisión correcta no es siempre la mejor opción, Any…

Y, ahora sí, tras decir eso, Maite dejó sola a su amiga. Anahí se miró nuevamente al espejo, ya totalmente preparada. Se imaginó su futuro junto a Alfonso y, ciertamente, todo estaba muy borroso, pero así debía ser, era lo mejor para todos. Tomó una última bocanada de aire, cogió el ramo y salió de aquella sala.
Dio un par de pasos y la sala se puso en pie, mientras la tradicional música de las bodas comenzaba a sonar. Alfonso la esperaba a escasos metros con una amplia sonrisa, para que ambos caminaran juntos hasta el altar. Ambos sonrieron, aunque Anahí solo deseaba llorar.

- Te ves muy hermosa… -Comentó el chico cuando Anahí ya había llegado en frente de él.
- Tú también.

Alfonso extendió su brazo para que Anahí se agarrara de él y ambos comenzaron a caminar. Anahí miraba a los invitados, muchísimos, a los que casi no conocía. Se sentía rodeada de extraños.

- No puedo esperar a la luna de miel… -Comentó Alfonso en susurros- Año nuevo esquiando… me encanta.
- No me gusta esquiar –Dijo seriamente, mirándolo.
La miró extrañado- Sí te gusta.
- No, no me gusta –Respondió, mirando a los invitados con una sonrisa.
- Nunca me lo dijiste.
- Sí, te lo dije, pero no me escuchaste –Reprochó.

El chico no respondió más, sonrió y mientras caminaban fue saludando a los invitados con cortas sonrisas.

- ¿Cuál es mi color favorito? –Preguntó de súbito Anahí.
- ¿Ahora?
- Sí, ahora.
Respiró hondo- Azul.
- No, ese es tu color favorito… ¿Y mi flor favorita?
- Eh… ¿orquídeas?
- No… Siempre me envías orquídeas, pero esas son las flores favoritas de tu madre -Suspiró, mirando al frente, cada vez más cerca del altar- Mis favoritas son las rosas amarillas… Y… y Dulce lo sabía.
- ¿De eso se trata? –Dijo mientras subían los escalones del altar- Dulce no está aquí, ¿vale? Yo sí.
- No, no se trata de Dulce –Negó con la cabeza- Dulce se fue… esto es sobre tú y yo.
- Escúchame, ¿vale? Te perdono, por todo lo de Dulce… Yo tampoco soy perfecto –Anahí se quedó estupefacta con eso- Ahora, casémonos.

Dicho eso Alfonso miró al sacerdote y dio por zanjada esa pequeña conversación. Sin embargo, Anahí se quedó ahí quieta mirándolo, aún sin entender nada.

- Anahí… casémonos –Repitió en susurros para que nadie lo oyera, sabiendo que todos lo estaban mirando.
- No puedo hacerlo.
- ¿Qué?

Toda la sala comenzó a hablar en voz baja, Alfonso la miraba totalmente sorprendido. Dirigió la mirada a su madre, quien estaba completamente estupefacta.

- Lo siento, no puedo –Repitió, dándole el anillo y el ramo.
- Anahí, no puedes hacerme esto.
-Sé cómo se siente el amor y esto… esto no es amor.

Anahí bajó las escaleras queriendo marcharse, pero fue detenida por su madre.

- ¿A dónde vas?
- No lo amo, mamá –Explicó seriamente, mientras su madre la agarraba del brazo.
- Le quieres lo suficiente.
-¡No es suficiente! –Gritó, sin importarle estar frente a cientos de invitados y periodistas.
- Puede ser tu última oportunidad para ser feliz y tener seguridad.
Negó con la cabeza, cada vez más nerviosa- Tengo que encontrar a Dulce.

- Anahí… -La llamaba Alfonso desde el altar.
- Si haces esto estarás arruinando tu vida… Navidad, tu boda, tu cumpleaños… siempre será el día en el que arruinaste tu vida.

Tras escuchar eso que le había dicho su madre, Anahí guardó un largo silencio.

- Mi cumpleaños… -Dijo por fin la rubia- ¿Qué hora es? –Preguntó, agarrando la muñeca de uno de los invitados y mirando el reloj- Faltan 15 minutos para las 5… Tengo que irme.
- Vamos, yo te llevo –Dijo Maite, agarrando a su amiga de la mano.

Anahí miró nuevamente a su madre y a Alfonso, pidió perdón una vez más y se fue casi corriendo con Maite.

- ¿A dónde hay que ir? –Preguntó mientras se dirigían corriendo al coche.
- A Tiffany’s, rápido Mai… muy rápido.
- En cinco minutos estamos ahí.

Cogieron el coche y, lo más rápido posible, llegaron a Tiffany’s. Una vez allí, Anahí se bajó del coche.

- Gracias Mai.
- No me agradezcas nada… Estoy orgullosa de ti, Any.

Tras oír eso y sonreírle a su amiga, Anahí corrió hacia la tienda. Todos los allí presentes la miraban, pues llevaba el vestido de novia. Miró el reloj, aún faltaban tres minutos. La llamó, pero nadie respondió. Se dirigió corriendo hasta el ascensor donde Dulce la había dejado la primera vez. Y allí estaba ella… ahora sí. De espaldas, esperando a que el ascensor llegara.

- ¡Dulce! –Le gritó.

La pelirroja se dio rápidamente la vuelta y se la encontró allí, corriendo en dirección a ella, casi llorando. Anahí la abrazó fuertemente, aferrándose a ella.

- ¿Qué haces aquí? –Preguntaba totalmente sorprendida, mientras la abrazaba.
- Te amo… te amo Dulce, te amo… a ti, no a él –Decía entre llantos, sin soltarla.
- ¿Y la boda?
- No podía hacerlo Dul, no podía… -Explicó rompiendo el abrazo, secándose las lágrimas- No lo amo, no soy feliz.

Dulce sonrió tiernamente, emocionada, llevando su mano a la mejilla de la rubia y secándole las lágrimas.

- Te amo… -Repitió Anahí.
- Yo también te amo Any..

Tras decir eso volvieron a abrazarse con rabia.

- Siempre te he amado y… y voy a extrañarte mucho…
- Quédate conmigo –Rogó la rubia volviendo a romper el abrazo- Por favor… no me dejes, no otra vez.
- No puedo… Ya sabes que son las reglas…
- ¡Las reglas son una mierda! –Gritó llorando.
- Ya lo sé cariño… -Volviendo a agarrarle la cara, secándole las lágrimas.
- ¿Qué se supone que voy a hacer sin ti?

Pero para eso Dulce no obtuvo ninguna respuesta. Pegó su frente con la de la rubia y sonrió, sin poder evitar que ahora a ella también se le escaparan unas lágrimas.

- No me olvides, ¿vale?
- Jamás podría… -Respondió aferrándose a su cintura.

La pelirroja agarró suavemente las mejillas de Anahí y le dio un tierno beso, que duró unos cortos segundos.

- Tengo que irme…

Sin embargo Anahí no la soltaba, seguía aferrada a su cintura y no tenía ni la más mínima intensión de dejarla ir.

- Any, no hagas esto más difícil… -Rogó, tratando de soltarle las manos, muy emocionada y con la voz rota.
- No puedes pedirme que te deje marchar así tan fácil...
Miró el reloj, dándose cuenta de que apenas quedaban segundos paras las en punto- Tengo que irme –Repitió, volviendo a soltarse de ella.

Aunque resistiéndose, ahora sí Dulce consiguió soltarse de las manos de Anahí y dar varios pasos atrás, ya frente al ascensor. Pulsó el botón y volvió a mirar a la rubia, quien solo lloraba, mirándola.

- Deja de llorar ya cariño, por favor… -Rogó sin poder evitar llorar ella también- Me parte el corazón verte así.
- Quédate conmigo –Pidió nuevamente.
- No puedo… Lo siento mucho Any…

Tras decir esa frase, escuchó que la puerta se abría, sobretodo lo supo por la mirada de Anahí, que ahora había expresado un gran miedo.

- No pierdas nunca a esa niña, ¿vale? Y no dejes de romper las reglas… aunque esto sea una excepción… -Decía mientras entraba en el ascensor- Te amo…

Pero Anahí no tenía fuerzas ni voz para hablar, era incapaz. Se quedó ahí viendo como se metía en el ascensor y, lentamente al menos para ella, observó como las puertas se cerraban y tras de ellas desaparecía una Dulce rota y llorando. Se quedó ahí quieta unos largos segundos mirando esas puertas cerradas, comprobando que efectivamente se había ido y no volvería. Se dio la vuelta, llorando, dándose cuenta de que todos los presentes en la tienda la estaban mirando. Habían llamado más la atención de lo que pensaban. Salió de la tienda totalmente hundida, sin poder parar de llorar. Se sentó en el primer banco que divisó y simplemente lloró, observando a la gente pasar, sabiendo que ya nunca más vería a Dulce.

Estuvo ahí largos minutos y, cuando empezó a hacer frío, creyó que era una locura seguir ahí, ya que Dulce no volvería más. Así que se puso en pie y se dispuso a marcharse, aún sin saber a dónde, pero necesitaba caminar.

- Any…

Y en el momento en el que escuchó esa voz, esa dulce voz rota por la emoción, sintió que se le petrificaba hasta el alma. Se dio rápidamente la vuelta y la vio allí, quieta, mirándola, con la cara empapada en lágrimas. Era Dulce… seguía allí. No había explicación, no estaba dentro de ninguna regla, pero estaba ahí, frente a ella y eso era lo importante. Corrió hacia ella y la abrazó, locamente, con fuerza, con rabia, con alegría, con deseo, con pasión… Ambas lloraban como niñas pequeñas, sin hablar. Hasta que Anahí se separó un momento, necesitando algún tipo de explicación.

- ¿Que… qué pasó? ¿Qué haces aquí?
- Querías que me quedara contigo, ¿no? –Dijo con una sonrisa, aún sin dejar de llorar, con su cara pegada a la de Anahí.
- Pero… ¿cómo? No… no entiendo nada…
- No pude irme Any… no pude –Comenzó a explicar- Me subí en ese ascensor y… simplemente bajé al sótano, no… no desaparecí como hace 15 años –Anahí escuchaba atentamente, emocionándose con cada palabra- Y… ya comprendí todo, ya comprendí cuál era mi misión aquí y por qué no pude marcharme… -La rubia abrió los ojos, impaciente por escucharla- Cuando… cuando eras una niña, vine porque tú me necesitabas, porque eras inocente y necesitabas de alguien que te apoyara y te abriera los ojos… Y ahora, quince años después… no me necesitas, eres una mujer hecha y derecha, con todos tus planes listos, con un futuro planeado… Soy yo la que te necesita a ti… Sin ti no existo.

Tras escuchar eso, la piel de Anahí se erizó por completo.

- ¿Y las reglas?
Negó con la cabeza y alzó los hombros, sonriendo- Algunas reglas están para romperse.

Anahí sonrió ampliamente, feliz, inmensamente feliz de escucharla decir eso y, sin más, la atrapó en un loco beso, deseoso, apasionado… muy necesitado por las dos. Lentamente fueron separándose, dándose cortos besos. Abrieron los ojos y se miraron con una tierna sonrisa. De repente, Dulce se alejó un poco para buscar algo en sus bolsillos, cosa que extrañó a Anahí.

- Quiero… regalarte algo tan especial como tú… -Dijo la pelirroja, sacando una cajita de su bolsillo.

Ya con la cajita en las manos, Anahí miró sorprendida a Dulce, aún sin comprender nada.

- Ábrela

La rubia obedeció e, impacientemente, abrió aquella cajita, encontrándose con una más que agradable sorpresa.

- ¡Mi anillo! –Gritó.

Se trataba del anillo que 15 años antes habían visto en la tienda Tiffanys, el diamante amarillo que tanto había gustado a Anahí.

- Exacto… tu anillo. Porque ese anillo es tuyo, es especial, como tú… nadie más podía tenerlo.

Nuevamente Anahí, tras ponerse el anillo, se abalanzó sobre Dulce para abrazarla y besarla.

- Muchas gracias Dul… te amo, te amo…
- Y yo a ti Any…
- Ahora sí rompimos todas las reglas… y te juro que nada ni nadie va a poder separarnos.
- Jamás.


"El amor real, el de verdad, es para siempre… Nunca, nunca se termina…"


Fin...

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Re: Rompiendo las reglas

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