Torpezas del destino

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Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:48 pm


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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:49 pm

PRIMERA PARTE

Es increíble como en cuestión de segundos tu vida puede dar un giro completo de 360 grados. No hace ni una semana yo era una adolescente normal cuya mayor preocupación era intentar sacar ese examen de física y ahora… Aquí estaba, rumbo a España, montada en un avión y haciendo malabarismos con mi pobre estomago para que el delicioso aunque grasiento desayuno que me había preparado la señora Norman siguiera manteniéndose en su sitio. Esa mujer, sin duda la extrañaría. Recuerdo el día en que me mudé con papá al vecindario. Recuerdo todas esas cajas apiladas de la mudanza y como casi sin querer mientras buscaba por mis patines encontré el balón de fútbol. Recuerdo la voz de papá diciéndome que tuviese cuidado con lo que hacia mientras salía por la puerta dispuesta a patear el balón un rato. Pero recuerdo mejor que nada el extraño efecto que conseguí ponerle mientras jugaba para acertar de lleno en la ventana de la cocina de la vecina de al lado. No hace falta decir que fue sin querer.
Nunca en mi corta existencia creo que había corrido tan rápido hacia casa como en esa ocasión. Papá me echó tremenda bronca, y no era para menos, mi primer día allí y ya hacia tiestos. Bueno, creo que también está de más decir que durante mi más tierna edad fui algo bichucho. El caso es que no solo tuve que ir a pedirle disculpas a la vecina damnificada sino que además como castigo mi padre acordó con ella que seria yo quien con mi trabajo le pagaría el desperfecto. Ese fue el comienzo, así es como conocí a la señora Norman, y así es como casi sin querer pasó a convertirse en lo más cercano a una abuela para mí. De eso hacia ya 9 años, pero a pesar de la cercanía del recuerdo se veía tan lejano… Y es que los acontecimientos de los últimos días se habían encargado de precipitarlo todo de forma tan inesperada… Mi padre era un hombre sano y fuerte, nunca en mi vida le había visto ponerse enfermo, sé que parece algo exagerado pero es cierto, podía acatarrarse pero nunca mas allá de eso. Era un hombre bueno y honesto, soy lo que soy gracias a él. Siempre desde pequeña le admiré, y hoy que ya no está le admiro más. Como medio en broma medio en serio le decía siempre, era un súperpadre… Y es que mi madre murió en un accidente de trafico cuando yo apenas tenia 2 años, él fue quien desde entonces se dedicó a mi cuidado. Nunca se volvió a casar, ni siquiera estuvo con ninguna otra mujer, aun no estando ya en este mundo seguía completamente enamorado de mi madre. Así que solo éramos el y yo, y luego la señora Norman. Y ahora, ¿y ahora que?..eran las palabras que inevitablemente resonaban en mi mente una y otra vez desde hacia unos días. Ahora la triste verdad es que solo estaba yo, subida a este avión y con el único conocimiento de que iba a España a quedarme a vivir con el hermano de mi padre, al que ni conocía, hasta que al menos cumpliera la mayoría de edad.
***
—Entonces, ¿cuál es el problema?
— ¿Cómo que cual es el problema? ¡Pues que no la conozco! No sé nada de ella… ¡demonios! ¡Ni siquiera sabia que existía hasta hace apenas unos días!
—Y te molesta que no te dijeran…
— ¡No! ¡Me molesta que ahora quieran encasquetármela a mí!
—¡Tranqui chavala!
— Lo siento… es solo que todo ha ocurrido tan de repente… y es a la vez tan surrealista… supongo que aún necesito encajar el hecho de que en menos de 2 horas dejaré de ser la princesita de la casa y tendré que compartir mis cosas…
—Jajaja, así que es eso… ¿.y que edad tiene la nueva hermanita?
— Creo que 17
—Vaya con la hermanita… ya nos viene crecidita… ¿y sabes como es? ¿La has visto por foto o algo?
— No… con esto de que vivían fuera del país mi pá no tenía demasiado contacto con ellos…
—Apuesto a que es bonita…
— Te encanta torturarme, ¿verdad?
—Para nada… solo me encargo de poner en sobre aviso a tu ego para que se vaya haciendo a la idea…
— Mi ego te lo agradecerá eternamente
—Me aprovecharé y le cobraré bien por ello entonces
— Abusona…
—Abusona o no… no puedes vivir sin mí…
— Eso, y además creída…
—Bueno, ya sabes eso de que todo lo bueno se pega
— Jaja, pues ya sabes lo que tienes que hacer entonces
—Despegarme de ti antes de que me contagies más lindezas…
— Jaja… gracias Andi…
—¿Por que? ¿Por dejarme contagiar?
— Jaja… si, por estar siempre ahí… aguantando a esta paranoica…
—Ahh… por nada… ya sabes que el sentimiento es mutuo
—Si… ¿y que tal si es una psicópata?
—¡¡Pues que entonces definitivamente haréis un buen par!!
(Desde el exterior) —¡¡Any!! ¡¡En menos de media hora salimos hacia el aeropuerto!!
—¡¡Si!! ¡¡Ya bajo má!!!
—¡¡¡Y 3 kilos de malacatones a 5 jeuros!!!Mas verdulera imposible… osú quilla… que poderío de garganta… un poquillo mas cerca del auricular la próxima vez que mi vecino del 6º no se ha enterao…
— Jeje, lo siento… debo marcharme ya…
—Ok amiga, cuídate mucho,¿¿sip?? Y un consejo… por si acaso esta noche no olvides esconder el cuchillo jamonero bajo la almohada… nunca sabes cuando puedas necesitarlo…
— Jaja, gracias… sabio consejo… y tu por si acaso no olvides rezar por mi integridad física…
—Estarás en todas mis plegarias… incluida la de antes del canto del gallo…
— Jajaja… hasta luego loca… te quiero.
—Y yo a ti paranoica… nos vemos.
***
— ¡¡Genial!! ¡¡Simplemente genial!!Que los domingueros salgan los domingos vale… ¿Pero que le cojan el gustillo y salgan un día antes para ir pillando sitio en la autopista? ¡¡Maldita sea!!… ¡¡llegaremos tarde!!… ¡¡eyy tuuu!! ¡¡¡Muévete!!!
PIPIPIIIIIIIIIIIIIIII
—Calma Miguel, con enfurecerte y pagar el pato con el claxon no conseguirás nada… relájate… vamos con tiempo… solo respira y expira… así… siente como el aire llena completamente tus pulmones…
No pude evitar girar mis ojos… y es que mi madre es tan elocuente a veces… siempre pareciendo tan racional… y luego es un caos con patas… si lo sabré yo que soy su hija y tuve la suerte de heredar ese estrambótico gen.
— ¿Cuánto fata tata?— dijo una vocecita en mitad de la sesión de relajación preatasco e interrumpiendo mis pensamientos.
— Un ratito cariño— le contesté sonriendo mientras me miraba con carita expectante
— Ahn… ¿y cuanto es un ratito tata?— volvió a preguntar
— Un tiempo chiquito
— Ahn, ¿Como yo?
— Si, como tú
— Ahn, ¿y cuanto queda ya tata?
— Aun un ratito
— ¿Tamben chiquito?
— ¡¡Enanoo!! ¡¡Cállate de una vez!!
— ¡¡Dani!! ¡¡No le hables así a tu hermano pequeño!!
— ¡¡Pues es que es un pesado mamá!! ¡¡Que se calle!! ¡¡Y tu enclenque no le des más palique, que se embala!!
—¡¡Te tengo dicho que no me digas enclenque!! ¡¡Sapo!!
—¡¡Mamá!! ¡¡Me ha llamado sapo!! ¡¡Regáñale!!
—Any, sé coherente y adulta, no dejes que unas simples palabras sean capaces de cegar tu raciocinio…
—¡¡Eso!! ¡¡Ya oíste a mamá enclenque!! ¡¡Sé coherente y adulta!!
—Maldito 600… ¡¡eyy tuu!! ¡¡Sorcitroen!! ¡¡Muéveteeee!!!
PIPIPIIIIIIIIIIIIIIII
—En la ganja de pipito ia ia ooooo (plas plas) jeje `dito zorcitoen… (plas plas)
—Alex no, palabras feas feas— decía mi madre como poseída mientras se golpeaba la boca en un intento desesperado porque mi hermano pequeño hiciera lo mismo.
De nuevo no pude evitar girar mis ojos. Acababa de verlo y estaba más que claro, sin duda alguna debía de ser adoptada, no había otra explicación coherente. Lo del gen estrambótico se explicaba por un fenómeno de la evolución inexplicable.
***
—Señores pasajeros, en breves momentos se iniciará el proceso de aterrizaje, ocupen sus asientos y abróchense los cinturones por favor, gracias.
Dejé la revista que estaba leyendo a un lado y procedí a prepararme para el aterrizaje. El viaje después de todo no había estado tan mal… la comida había parecido medio de verdad, el servicio como recién sacado de un anuncio de dentífrico, la revista en un lenguaje que a pesar de que hacia unos cuantos milenios que no practicaba seguía siendo el mismo y la niña del asiento de al lado me había cambiado pronto por la barbie azafata… Sin lugar a dudas, divino. El sueño de todo turista de tercera.
Me estiré en mi asiento mientras notaba como el avión iniciaba su descenso a tierra… la tierra que sería mi casa por un año al menos. Sentí un escalofrío al solo pensar en ello… sin duda, extrañaría mi lloviosa Londres. No hay nada como perder algo para darte cuenta verdaderamente de lo que ese algo significaba. Y Londres sin duda había sido algo más que una lluviosa ciudad. Había significado mi hogar por 9 años.
" ¡¡Demonios!!No he pisado aun esta maldita ciudad y ya quiero agarrarlo todo y regresar " . Las turbulencias pronto hicieron acto de presencia. " Tranquila Dulce, solo será un año… 12 meses… 52 semanas… 365 días… casi ná… puedes hacerlo… " . Suspiré mientras el avión al fin tomó tierra.
***
— ¡¡Bien chicos!! ¡¡Llegamos!!¿Que hora es cariño?— preguntó mi padre a mi madre mientras hacia la undécima maniobra intentando encajar la monovolumen en un aparcamiento reservado para los papamóviles de los minusválidos.
— Casi las 7, Miguel, cuidado con el retrovisor tuyo…
— Papá, ¿¿pero aquí se puede aparcar??— pregunté por preguntar ya intuyendo la respuesta.
— ¡¡Claro princesa!! ¿O en los aparcamientos que se hace sino?— respondió tan campante como si fuera lo mas normal del mundo mientras hacia la decimoquinta maniobra— Valep, ¡¡listo!!Pero chicos, una ultima cosa antes de ir a recoger a vuestra prima… Sé que estáis molestos porque apenas os he hablado de ella en todo este tiempo… y mas aun porque a partir de ahora tendréis que compartir todo con ella… una extraña… por favor, no la tratéis como si fuera solo eso… recordad que ante todo es vuestra prima… y ahora mas que nadie necesita apoyo y comprensión por parte de todos… confío en que lo haréis bien y os comportareis… confío en vosotros chicos… y bien, dicho lo dicho… ¿¿alguna pregunta??
— Si, estoo… ¿cómo vamos a salir del coche si las puertas no se pueden abrir?—preguntó al fin el espabilado de mi hermano rompiendo tremendo momentazo familiar.
***
Recogí mi equipaje de la cinta transportadora y me dirigí hacia la salida mientras mi interior se revolvía entre una mezcla de nerviosismo y miedo. " ¡¡Dioses!!Debo tratar de tranquilizarme… ¡ni que fuera la reina de Inglaterra la que me esperara tras esas puertas!… tranquila Dul… solo es el tío Miguel… el tío Miguel, su esposa y su hija… ¡¡puedo hacerlo!! " me decía una y otra vez para mi misma mientras cruzaba el umbral de la puerta y a la vez que un futuro incierto e inesperado se abría paso ante mi.
***
— ¿¿Es esa papá??—preguntó mi hermano por décima vez desde que las puertas se habían abierto.
— No campeón… — respondió mi padre después de confirmarlo una vez mas plantándole en todos los morros a la susodicha el cartelito con el nombre.
— Miguel, quizás sea esa chica. ¿¿No dijiste que era morena??— preguntó mi madre mientras señalaba a una chica alta y morena que justo en ese momento cruzaba la puerta de salida.
— Quizás… a ver si mira… — respondió mientras de nuevo izaba el cartel entre la multitud y hacia intentos desesperados por llamar la atención de la nueva chica… hasta que al fin miró y vimos que comenzaba a acercarse hacia nosotros.
***
El sonido del gentío llegó a mis oídos nada mas atravesar la puerta. La salida estaba que no cabía ni un alfiler " ¡¡Toma ya!! ¡¡Clamor de multitudes a mi llegada!!… Ni el Bisbi… ¡¡me adoran!! " . Me bromeé a mi misma mientras intentaba buscar entre la multitud una cara que me resultara vagamente familiar. Hacia al menos 15 años que no veía a mi tío pero si era hermano de mi padre al menos algo debería de parecérsele, ¿o no? Pues iba a ser que no.
A lo lejos, pero muy a lo lejos, conseguí divisar a un payaso entre la multitud que no paraba de agitar como si la vida se le fuera en ello un pequeño cartel con letras tamaño pulga. La llevaba clara si esperaba que algún pobre desgraciado pudiera leerlas.
Seguí avanzando hacia delante, detrás de otro payaso con complejo de estrella del mundillo del celuloide que no paraba de saludar a diestro y siniestro, mientras intentaba afinar mi vista hacia el cartel del otro payaso exaltado evitando marearme en el intento ante tanto movimiento.
Hasta que al fin lo descifré… y cual fue mi sorpresa al descubrir que la pobre desgraciada no era sino yo…

***
— Tiene que ser ella, ¡¡se acerca!!— exclamó exaltado mi padre mientras movía el cartel cada vez con mas ímpetu.
— ¿Tu crees papá?—contestó mi hermano— no sé, está demasiado buena como para compartir nuestros genes… —afirmó mientras me miraba descaradamente.
Decidí ignorar tal comentario y volví a mirar como la desconocida que, para que negarlo, era cierto que estaba demasiado buena como para compartir algo conmigo, se acercaba peligrosamente, aunque con paso vacilante, hacia nosotros.
" Pobre, la compadezco… no sabe donde se está metiendo " .
— Dani, te tengo dicho que no hables así… a ver si tratamos de controlar esa lengua… compórtate y haz gala de tantos años de estudio enfrente de un colegio de pago.
— Si mamá…
— Shhh… ¡¡que ya esta casi aquí!!… ¡¡intentad parecer medio normales por una vez!!— decía mi padre mientras ya no solo movía el cartel sino que también hacia la ola con el. — ¡¡¡Dulce!!!— gritó cuando la chica estaba lo suficientemente cerca como para oírle.
***
" Vale Dul… que no cunda el pánico… tu solo ignora las inmensas ganas que tienes de salir por patas y trata de avanzar hacia el payaso del cartel… ¡¡Dios!! ¡¡no puedo!!... Si, si que puedes… es solo un año… 52 semanas… 365 días… podría ser peor… " me repetía a mi misma mientras intentaba avanzar hacia delante aun detrás del payaso con complejo de estrellita.
" Ya les veo mejor… veamos… exceptuando al payaso del cartel, no parecen tan raros… una chica bajita pero muy bonita, un chico gordito, una mujer con un niño pequeño en brazos… Todo normal. ¡¡Un momento!! " — Paré inmediatamente cualquier pensamiento automático mientras mi raciocinio intentaba hacer acto de presencia al percatarse de que tales descripciones no encajaban en mis esquemas de conocimiento. " El chico gordito y el niño pequeño sobran… ¡¡ellos no estaban en el lote!!… tranquila Dul, analicemos la situación calmada y pausadamente, seguramente sean los vecinos que también vienen a darte la bienvenida… recuerda que aquí son todos muy completos… y sino fíjate nada mas en el espécimen que llevas delante… " trataba de auto convencerme mientras seguía avanzando por la larga sala.
" Si, va a ser eso… no te lo crees ni tu… mejor aprovecha que todos están emocionados con el panolis que llevas delante, date la media vuelta disimulando así como quien no quiere la cosa y sal por patas antes de que sea demasiado tarde… " Y justo estaba por hacer lo que mi otro yo se me solicitaba con tanto empeño cuando…
— ¡¡¡Dulce!!!
… Ya era demasiado tarde.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:49 pm

SEGUNDA PARTE
—¡¡Dulce!!— gritó de nuevo Miguel, aunque esta vez mas fuerte, mientras seguía haciendo aspavientos con el cartel que tenia entre las manos.
Y la respuesta no se hizo esperar… santa Dulce debía de ser muy popular en Inglaterra porque al menos 8 chicas en la sala dirigieron sus miradas en ese momento hacia mi padre.
—¡¡Noo!! ¡¡No vosotras Dulces!! ¡¡Esa Dulce!!— dijo ahora señalando a su supuesta sobrina, la cual lo miraba con una mezcla de miedo e incredulidad ante el espectáculo de llegada.
—¿¿Porque eres Dulce Maria, no??— preguntó para cerciorarse mientras le plantaba a su vez el cartel en los morros a la pobre chica.
La chica asintió suavemente con su cabeza, intentando apartarse el cartel de la cara, aun sin palabras ante la clamorosa bienvenida que le estaban ofreciendo.
—¡¡Hola Dulce!! ¡¡Woohh!! Donde quedó aquella niña que apenas levantaba un palmo del suelo la última vez que la vi… estás… estás… ¡¡estás grandee!!
Aplaudí mentalmente el recibimiento de mi padre… tan de el… " Genial papá… ¡¡vivan las primeras impresiones!! "
—Me alegro de volver a verte… sé que las circunstancias no son las mejores pero de corazón que me alegro de que estés aquí con nosotros.
Baste decir que la cara de la chica era todo un poema. Suficiente para que mi padre creyendo que la chica no le entendía hiciera gala de su magnifico conocimiento en idiomas.
— ¿Ar yu pikin espanis?— chapapurreó vocalizando exageradamente y hablando en un tono una octava mas elevado de lo normal.
" Eso papi, que se note que eres de mundo " pensé para mi misma mientras observaba con vergüenza ajena tan entrañable escena.
Eso pareció bastar para sacar a la chica de su ensimismamiento y arrancarle una sonora carcajada.
— Si, hablo español. ¿Tío Miguel?— al fin respondió una suave y aterciopelada voz.
—¡¡ El mismo!! ¡¡Dame un abrazo cariño!!— la chica obedeció dando y recibiendo a su vez un estrecho abrazo por parte de su tío— Dulce, déjame te presento a la tropa. Ella es mi esposa Diana, ¿¿ te acuerdas de ella?? Te encantaban sus postres.
— No recuerdo demasiado, era algo pequeña. Pero estoy segura que apenas pruebe uno seguro que recuerdo— Dul sonrió a su tía a la vez que la abrazaba y la besaba— Me alegro de verla de nuevo, ha pasado algo de tiempo desde la última vez.
—Si, la verdad es que un poco… me alegro de que al fin estés con nosotros… siento mucho lo que le ocurrió a tu padre, era un buen hombre.
— Si, lo era. — respondió apenada.
— Bueno, sigamos con las presentaciones. Esta chica tan guapa es tu prima Anahi, y de ella si que deberías acordarte señorita, que buenos tirones de pelo os dabais de pequeñas por las barbies.
Dulce volvió a sonreír, pero esta vez en mi dirección. Estuvo un breve instante así, mirándome con una sonrisa asomando a sus labios, como si mentalmente estuviera reviviendo en su cabeza aquellos momentos de gloria en los que me arrancaba mechones completos de mi preciosa melena rubia, hasta que por fin pareció reaccionar y se acercó a mí para besarme la mejilla. Todo ocurrió en un breve instante, pero mi sensación fue que duró toda una eternidad. Un cúmulo de sensaciones se apoderaron de mí en ese preciso momento. Todo pareció ralentizarse a mi alrededor… fui capaz de sentir todo… desde el calor de su cuerpo, al agradable olor de su perfume, pasando por su calido aliento en mi mejilla y el suave roce de sus labios que para mi suerte tardo en retirar.
Tras besarme volvió a sonreírme de nuevo antes de mirar hacia la dirección donde estaba el sapo y a quien en ese momento mi padre le estaba presentando.
" Que buena presentación Any… ¡¡te luciste!!Para la próxima vez que se te acerque ya de paso te tiras a sus brazos… si es que hija, eres mas simple que el mecanismo de un chupete " me reclamaba mientras intentaba serenar el latido de mi corazón y hacia esfuerzos sobrehumanos por mantenerme sobre mis pies y no sobre mi espalda. " ¡¡Diablos!!¿¿Porque tiene que ser tan bonita??¿¿ De donde ha venido todo eso??¿¿Que me ocurre??… Va a ser que no merendé… Sip, va a ser eso, un ataque momentáneo de hipoglucemia " trataba de auto convencerme.
— Este muchachote de aquí es tu primo Daniel, recuerda no dejarle a cargo nunca de tu comida, puede volar a su estomago— bromeó mi padre.
— ¡¡Papá!!— intentó defenderse el sapo.
— Y este es el hombrecito de la casa, el pequeño Alex… Alex saluda a la prima. — Y Alex comenzó a mover su manita mientras escondía su carita en el hombro de su madre.
Dulce volvió a sonreír nuevamente y se acercó para plantar otro beso en la mejilla ahora de mi hermano pequeño a la vez que él mismo giró su cabecita y puso otro besito, aunque este mas baboso, en su mejilla.
—Jeje, que tierno— rió Dul mientras se limpiaba como podía las babas que aun le colgaban de la cara.
— Si, creo que le gustas— respondió mi madre.
— Y bueno, creo que ya es hora de agarrar los trastos e ir moviéndonos de aquí… ¿no tenéis hambre?— preguntó mi padre mientras agarraba el equipaje de Dulce.
***
" Bueno, ya está. Después de todo parece que no ha resultado tan mal el primer contacto. Reconozcámoslo, se ven un poco raritos pero sin duda son buena gente. Quieras o no al menos compensa… no sé, quizás después de todo no sea un mal año… solo necesito amoldarme a convivir con 5 desconocidos, un hámster, una tortuga, tres peces y un perro… Lo del hámster, la tortuga y los peces ya medio va, lo del perro me tomará su tiempo y en cuanto a los 5 desconocidos… mejor no meto gafe y no adelanto acontecimientos. " Suspiré mientras miraba al techo blanco impoluto.
Noté la presencia de alguien entrando en la habitación, me giré y allí estaba mi prima Any con un bonito pijama de ositos amorosos, disponiéndose a tomar sitio en la otra cama. No pude evitar sonreír ante la visión, no entendia el porque pero se veia adorable, algo que al parecer no le hizo demasiada gracia a ella.
— ¿Que? ¿Que te parece tan gracioso?— dijo mientras miraba a su alrededor.
— Nada, solo sonreía… ¿que no puedo hacerlo?— le respondí bastante a la defensiva y con un tono mas fuerte del que hubiera deseado, la verdad es que no quería pelear con ella ya en mi primer día allí, pero si esa niña quería guerra sin duda la tendría.
— Por supuesto, pero al menos digo yo que podrías compartir tremenda felicidad.
— Buenas noches Anahi— dije mientras apagaba la luz y dejaba a un lado la rabia que iba creciendo rápidamente en mí. "Pero que demonios se piensa esta niñata egocéntrica, como si yo no tuviera otra cosa que hacer que andar contándole el porque de mis actos " .
—¡¡Oyee!!¿¿Quien te crees que eres para dejarme con la palabra en la boca??— reclamó de nuevo a la vez que encendía la luz y me miraba con aire desafiante.
— Mira, lo siento mucho, pero hoy he tenido un día bastante duro y estoy demasiado cansada como para discutir con niñas egocéntricas y sabelotodo, así que por favor, si gustas, me encantaría poder dormir – y apagué de nuevo la luz, la cual no tardó demasiado en volverse a encender.
— ¿Niñas egocéntricas y sabelotodo?… ¿tratas de decirme algo niñata?
—Si, trato de decirte que me dejes de una puñetera vez dormir tranquila, ¿¿estamos??— volví a espetar mientras apagaba por tercera vez la luz, la misma que por tercera vez volvió a encenderse.
— No, no estamos— contestó de nuevo, a la vez que se levantaba para dirigirse hacia el armario de donde sacó algo. Parecía una especie de diario, pues inmediatamente que lo sacó se puso a escribir en el despertando mi mas curiosa curiosidad.
No tardó demasiado en anotar lo que se suponía debiera de anotar, solo cuando acabó y lo guardó me miró de nuevo a los ojos para decirme— ya si estamos. — y apagó la luz, sumiéndome en la profunda oscuridad de la noche y de mis pensamientos.
***
" Niñata maleducada… ¿que en Inglaterra no le enseñaron modales o qué?… ¿¿pero que demonios se cree??Si acaba de llegar y ya se cree la reina de saba, ¿de aquí a un año esto que será? " nada mas apagar la luz mis pensamientos hicieron acto de presencia.
Estaba indignada, esta tipa acababa de aparecerse en nuestras vidas, y ya se creía la mandamás solo porque venia de fuera " no, no, niñita, si quieres algo tendrás que currártelo como todos, nadie te va a dar nada mascado solo por lastima de que estés solita en este mundo " .
" Demonios Any, no seas tan cruel, ¿has tratado de ponerte acaso en su lugar?… acaba de perder a su padre, está en un país extranjero, con la familia Adams como parientes mas cercanos… un poquito de por favor que la niña lo sufre en silencio… " mi otro yo de repente salía a escena en el papel de abogado del diablo. Y lo cierto es que por mucho que tratara de buscarle excusas, por una vez tenia razón, por muy indignada que estuviera, por muy molesta… debía de tratar antes de juzgarla intentar verlo todo desde sus ojos.
" Sí, mañana me disculparé… " decidí al fin en un suspiro " … aunque por supuesto después de que ella lo haga antes "
***
— Y bien Dul, ¿que tal tu primera noche? ¿Dormiste bien? ¿O la princesita te estuvo dando palique hasta altas horas de la noche?— me preguntó mi tío mientras ponía media tarrina de mantequilla sobre su tostada.
— No tío, dormí genial. — respondí asombrada mientras veía como además de la mantequilla añadía ¾ del bote de mermelada de fresa en un lado y otros ¾del bote de ciruela en el otro.
—No hay nada mejor para la circulación matutina— añadió mientras señalaba su manjar antes de llevarlo a la boca.
—¡¡Tostadas!! ¡¡Tostadas!!— apareció gritando y como salido de la nada Dani, a la vez que ocupaba su lugar en una mesa cargada hasta los topes de todo tipo de alimentos.
" Está claro que esta gente no es normal… seguro son caníbales cuyo plan es cebarme para después echarme a la olla de la sopa "
— Que se dice Dani…
—¡¡Buenos días!!Y tan buenos… — dijo mientras se relamía ante la esplendorosa visión.
— Dani, al desayuno no le van a salir patas – volvió a reprender Diana a su hijo ante la voracidad de este –Buenos días Dulce, ¿has dormido bien?— Preguntó dirigiéndose ahora hacia mi mientras colocaba al pequeño Alex sobre la silla.
— Si tía, dormí bien, gracias
— Buenos días… — se oyó una pastosa y adormilada voz desde el marco de la puerta. Miré y allí estaba ella, el motivo de mi insomnio con el pelo alborotado… porque las bellas durmientes también roncan y se despeinan, ¿o que creíais?
— Any, ya que estas de pié, por favor, ve a la cocina y tráete la bandeja que queda.
— Si mamá— bostezó mientras se dirigía hacia el lugar ordenado para acto seguido aparecer con una bandeja cargada también hasta los topes, pero esta vez de churros— Buen provecho— dijo una vez se había colocado en su sitio, comenzando también así su particular lucha con la primera comida diaria.
— Bueno chicos, ya que estamos todos en la mesa os digo que en algo así como 2 horas salimos para el apartamento de la playa a pasar unos días allá.
— ¿Qué?— Any casi escupe la tostada que masticaba en ese momento— Pero papá, ayer dijiste que no iríamos hasta pasado mañana. Ya tenía planes para hoy.
— Pues lo siento señorita, pero tendrá usted que cancelarlos porque ya está decidido, salimos en menos de 2 horas.
Any siguió comiendo su tostada bastante mosqueada con la dirección que llevaban los planes, pero se limitó a eso, solo a comer sabiendo que por mucho que intentara discutir su batalla estaba perdida.
— Cariño, sabemos que ya tenías planes con Andi… pero ya las cosas han salido así… si quieres llámala y dile que puede venirse a pasar unos días al apartamento de la playa con nosotros.
" Éramos pocos y parió la abuela " no pude evitar pensar mientras seguía centrada en mi desayuno y dejaba al mundo correr.
***
Después de 2 horas de atasco para un trayecto de 30 minutos y 3 paradas en la gasolinera al final llegamos al apartamento de la playa.
La salida del monovolumen debió de ser todo un espectáculo de pasarela para los transeúntes que en es momento pasaban por la calle a juzgar por lo que fueron sus caras.
El apartamento tampoco es que fuera muy grande, apenas 3 habitaciones, un baño y un salón con barra americana que conectaba con la cocina. Vamos, una caja de cerillas pero con un poquito de más glamour.
Una vez acoplados y ordenados todos los bártulos nos pusimos los bañadores y nos dispusimos a ir a la playa.
Apenas dos manzanas mas abajo la arena dorada y el calido mar se abrían paso ante seis pares de escandilados ojos.
—Bien chicos, ¡¡llegamos!!Apalancaos donde podáis que mamá y yo iremos a pillar sitio con sombra en el chiringuito. Nos vemos en un rato. Comportaos.
Dicho y hecho, Miguel, Alex y Diana no tardaron en desaparecer dejándonos allí, solos ante el peligro, en medio de esa playa abarrotada de gente.
Viendo que Anahi y Andi colocaban sus toallas, me dispuse a hacer lo mismo, mientras por el rabillo del ojo observaba como Dani trataba infructuosamente de clavar el pincho de la sombrilla en la arena.
" Normal que no pueda… este niña necesita gafas… ¿es que no ve que estamos sobre un pedrusco? "
Cinco minutos bastaron para que el chico se rindiera en su intento desesperado y sustituyera tan laboriosa entrega por un refrescante baño en el salado charco.
—Métete todo lo adentro que puedas. Que no pienso ir a buscarte— exclamó Any en cuanto vio que su hermano se dirigía hacia el mar.
—Muy graciosa… — oí decir a Dani antes de verlo desaparecer entre la multitud de sombrillas.
***
—Has estado muy callada durante todo el camino. Any, ¿hay algo que no me hayas contado?
— ¿Eh? No, nada… no te preocupes Andi… es solo que aun ando medio dormida
— Bueno…
— ¿No me crees?
—Si, claro, ¿acaso no debería de hacerlo?— Me cuestionó mirándome inquisitivamente.
— Anoche tuve un pequeño altercado con Dul— dije tan rápido que ni siquiera estaba segura de que Andi hubiese sido capaz de entenderlo.
—Cuando dices que tuviste un pequeño altercado con Dul, ¿a que te refieres exactamente?
— A que anoche discutimos.
— Agghh… ya sabia yo que algo había pasado, ¿es por eso que no os dirigís la palabra?
— No… para serte sincera tampoco es que nos la hubiéramos dirigido demasiado antes de la discusión.
—Tratas de decirme que por una mísera vez que habéis hablado… ¿lo habéis empleado para discutir?
Traté de mirar a todos lados excepto a la cara de mi amiga antes de darle una respuesta.
— Si, algo así— confesé al fin más que avergonzada.
— Any, Any… que voy a hacer contigo… Pero te daré un consejo, tal vez debería usted de dejar por un momento a un lado su orgullo y tratar de acercarse a ella para pedirle disculpas.
— Es necesario, ¿verdad?
— Pues teniendo en cuenta que como mínimo tendrás que vivir un año con ella bajo el mismo techo… me temo que si que es necesario.
—Gracias conciencia— dije mientras me levantaba de donde estaba sentada y me dirigía hacia donde estaba mi prima poniéndose crema.
— Fue un placer— fue lo ultimo que oí decir a mi amiga antes de alejarme de su lado.
***
Ya que Anahi y Andi iban a su bola, yo decidí ir también a la mía. Apenas habíamos cruzado palabra desde lo sucedido anoche, aunque tampoco es que antes de que sucediera hubiéramos cruzado muchas. Tan solo había hablado para dirigirse a mi cuando me presentó a su amiga Andi. Al parecer eran amigas desde la infancia. Parecía una chica simpática y agradable, todo lo contrario que mi prima.
" Como papá diría, no la juzgues y la crucifiques ya… aun no la conoces bien… " me recordé.
Decidí matar el rato poniéndome protector solar por todo el cuerpo, tampoco es que lo necesitara para evitar quemarme, pues a pesar del poco sol de Londres siempre tuve la suerte de tener un tono tostado en mi piel. " Cosas de genes supongo " .
Mientras me ponía la crema no pude evitar mirar hacia donde estaban tumbadas mi prima y su amiga que no paraban de reír tontamente cada vez que algún chico pasaba por su lado. " La edad del pavo, como no " . Mi prima al igual que yo tenía una piel muy bronceada. Con el cabello no nos pasaba igual, mientras ella lo tenia rubio yo era morena. " Seguramente nuestros genes compartidos se fueron de cañas una noche, pillaron una cogorza y no regresaron. Si, es una teoría razonable, con el suficiente peso para sostenerse por si misma sin evidencia empírica " seguí divagando mientras seguía poniéndome potingue.
— Ey Dul, ¿cuando acabes me la pasas?— me interrumpió en mitad del ritual mi prima a la vez que se sentaba a mi lado en la toalla.
— Si, claro. — respondí pasándole el bote.
— Gracias.
Me puse mis gafas de sol mientras de reojo observaba como se ponía el potingue también ella por todos lados, no puede evitar que un cosquilleo me atravesara al verla acariciar su cuerpo, ¿¿Dios, que tonterias?? Sera el sol, eso sera...
— Se está bien aquí, ¿verdad?— dijo mientras seguía concentrada en tan ardua labor.
— Si, aunque para mi gusto sobra gente— comenté con tono malhumorado mientras por tercera vez seguida limpiaba mi lado de la toalla de arena y miraba con mirada asesina al crío que jugaba haciendo castillitos un metro delante nuestro.
— Lo siento, ya me marcho— la oí decir en apenas un susurro.
—¡¡No!!No es necesario yo… no me estaba refiriendo a ti… — traté de disculparme torpemente.
— Esta bien… solo quería disculparme por lo de anoche… la verdad es que no estuve demasiado fina. Lo siento mucho.
— No te disculpes, no fuiste solo tu… un tango es para dos… yo también lo siento. Me hubiera gustado empezar con mejor pie contigo.
— Y a mi… ojalá pudiera volver atrás en el tiempo…
— Pues ya que está algo dificilillo eso… solo hagamos borrón y cuenta nueva, ¿te parece?
— Me parece – dijo mientras me sonreía por segunda vez desde que nos conocíamos.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:50 pm

TERCERA PARTE
Los días de calor junto al mar pronto pasaron, dando lugar a la vuelta a la vida cotidiana en la gran ciudad. Apenas fueron dos semanas las que estuvimos en el apartamento pero en mi interior tenia la sensación de que habían pasado siglos desde que bajé de ese avión.
Mi relación con mis tíos y mis primos había ido considerablemente en aumento, la única que aun se me resistía era Any. Habíamos conseguido limar asperezas en el primer día que llegamos pero luego nuestra relación fue viéndose limitada dando lugar a que solo fuese un vago espejismo lo que afloró ese día. Lo cierto era que no habíamos vuelto a discutir, aunque claro, tampoco es que se hubiera dado la oportunidad para ello, por alguna razón ambas nos evitabamos.
Con Andi fue mas o menos igual, aunque al contrario, a pesar de que ella si que hacia esfuerzos por acercarse a mi lo cierto es que yo me alejaba de ella. Era una chica agradable aunque con unos puntos un tanto raritos.
Los días posteriores a la llegada a la ciudad pasaron entre el papeleo de mi traspaso al nuevo instituto donde continuaría con mis estudios. Había conseguido que me convalidaran algunas asignaturas, pero para otras debería de volver a pasar examen.
Y puesto que no me apetecía perder un curso por un par de asignaturas (quien dice un par dice cinco) decidí que las cursaría junto con las materias del ultimo año. Estaría difícil que pudiera con todo pero al menos iba a intentarlo.
***
—Y bien chicas… ¿nerviosas ante vuestro primer día de clases?— preguntó mientras conducía mas emocionado si cabe mi tío que nosotras por volver a la rutina diaria.
—Uhm, no demasiado— respondí mas para mi misma que para mi tío.
—Un primer día como el de cualquier otro curso— se limitó a responder Any.
—Uys, que ánimos se respiran en el ambiente –intentó bromear mientras giraba la esquina y aminoraba la marcha hasta parar frente a un edificio abarrotado de gente joven. — Bueno, ya llegamos, ¿me dan mis niñas un besito de despedida antes de entrar al cole con sus amiguitos?
—¡¡Papá!!
—Jajaja, ok ok… ya veo que cada día queréis menos a este viejo… supongo que tendré que acostumbrarme a que me rompáis el corazón… aish, c´est la vie… venga, daos prisa o llegareis tarde a clase, que tengáis suerte chicas.
—Gracias tío— dije mientras salía del coche y miraba al viejo edificio.
—Igualmente papá— le dijo Any a su padre antes de besarlo en la mejilla y apearse del coche también. — Bueno, ya estamos aquí, ¿Qué te parece si entramos?— dijo ahora dirigiéndose a mi.
—Pss… ya que hemos madrugado y hemos llegado hasta aquí… es lo idóneo, ¿no crees?
—Me parece justo— respondió sonriéndome e iniciando la marcha. – ¿Tienes a mano tu horario?
—Si, espera, lo tengo justo aquí— dije mientras me sacaba un papel doblado del bolsillo trasero de mi pantalón.
—Genial, veamos que clase tienes… lengua española en el aula 9… — dijo quedándose un momento pensativa— Pues estas de suerte, te acompaño hasta allá, tengo la misma clase que tu, es la asignatura que tienes pendiente del curso pasado, ¿no?
—Eso parece.
—Bueno, no te preocupes, sé que la pasaras, tienes cara de chica inteligente.
—Jajaja— no pude evitar reír ante el comentario de mi prima— ¿tu crees?
—Claro… ¿que no ves que tu y yo compartimos genes? A la fuerza tuviste que heredarlo de mi— dijo mientras se paraba frente a una puerta— Bien, hemos llegado. ¿Lista para enfrentarte a la jungla?
—Supongo.
—Supones, uyy… je, venga entremos a coger buen sitio en la ultima fila.
Nada mas abrir la puerta el ruido del interior del aula invadió nuestros oídos. Mientras fuimos avanzando a través de la sala pude oír susurros y voces que aunque me empeñara en ignorar no podía evitar escuchar gracias a la agudeza de mi oído.
—Mira, Anahi llegó… ¿y quien es esa con la que va?
—Por ahí he oído que es su prima o no sé que se quedó huérfana y ahora vive con ellos.
—Pero parece mayor…
—No, en realidad es menor, es de fuera… creo que es alemana…
—Sí, eso explica la altura… es muy guapa…
Giré mis ojos ante la credibilidad que le daban aquellas niñas a sus fiables fuentes mientras seguía avanzando tras mi prima por el aula hasta llegar a un par de pupitres vacíos.
—¿Te parece bien aquí?— Preguntó mirándome expectante.
—Si, aquí está bien— Respondí ausente observando el lugar.
—¡¡Any!!— se oyó gritar una voz conocida desde una esquina de la parte delantera del aula. Era Andi. Estaba rodeada por 3 chicas más con las que parecía estar hablando. No tardó demasiado en despedirse de ellas y acercarse a nosotras.
—¡Dul! ¿Que hay? ¡Cuanto tiempo chica! No sabía que estabas en nuestra clase.
—Solo en algunas materias— se apresuró a aclarar Any.
—Si, solo— cercioré yo.
—Entonces en el resto seguro te toca compartir clase con mi hermano.
—Es cierto— exclamó Any como recordando— Es un año mayor que nosotras.
—Seguro que en cuanto le veas le reconoces. Es un chico peculiar, de apariencia tímida y solitaria, seguro sentado por el fondo del aula.
—Recordaré la descripción— le dije a Andi mientras le sonreía.
Poco mas pudo ser dicho pues el profesor hizo de inmediato acto de presencia.
***
La clase transcurrió con normalidad, la típica presentación del primer día de lo que sería la materia en sí, el sistema de evaluación y poco más. Treinta minutos bastaron para que nos viéramos liberados.
—¿Qué tienes ahora?— me preguntó Any mientras salíamos del aula y nos sumergíamos de nuevo en aquellos laberintos que llamaban pasillos.
—Economía, de segundo, en el aula 10.
—Ok, entonces vayamos a la busca y captura.
—No, no te preocupes Any, ya me las apañaré, además, tenéis vuestra siguiente clase en apenas cinco minutos.
—¿Segura?— me cuestionó mirándome fijamente.
—Segurísima — vi la preocupación reflejada en su cara así que le sonreí— Sabré defenderme. A la hora de la comida os veo.
Ni que decir tiene que anduve dando más vueltas que un trompo por esos malditos pasillos por lo menos durante cinco minutos, hasta que al fin conseguí dar con el aula 10, o debiera decir aula 1 ante la ausencia indebida del 0 en la placa.
—¿Ya te cansaste de dar paseitos por el pasillo?— oí decir a alguien mientras cruzaba el umbral de la puerta.
Miré a la dueña de tal voz. Era una chica alta, aunque algo menos que yo, rubia de bote y de tez más bien morena. Sus ojos marrones me miraban entre burlones y desafiantes.
—No, pero gracias por interesarte tanto por la integridad ajena— le respondí entrando al aula y dejándola con la palabra en la boca.
La escena que me recibió no era muy diferente a la que ya me había recibido en el anterior aula; chicos sentados sobre las mesas, chismorreos a mi paso, tizas invadiendo el espacio aéreo…
Centré mi atención en tratar de localizar al chico peculiar, de apariencia tímida y solitaria seguro sentado por el fondo del aula, a la vez que trataba de esquivar los avioncitos de papel que esos momentos volaban sobre mi cabeza. " Niños… "
Noté como todo el ruido ambiental cesó de inmediato dando paso a un silencio casi sepulcral, giré mi cabeza pensando que se trataba de la llegada del profesor pero en lugar de ello mi mirada chocó con la de la chica de la entrada que ahora venia acompañada por otro chico moreno y mas alto que ella. Aguanté su mirada unos instantes, hasta que por fin la chica pareció rendirse y comenzó a hablar con su acompañante.
Continué mi afanosa búsqueda hasta localizar así mi objetivo. Como su hermana bien dijo estaba sentado solo al fondo del aula, sumergido en la escritura en un viejo cuaderno de notas. Por su tamaño sentado supuse que no debería de ser muy alto, lo cual como luego comprobaría era cierto pues lo superaba con creces. Al igual que su hermana era castaño y de ojos color café, pero a diferencia de ésta él llevaba gafas. Parecía el típico chico empollón y solitario, vamos, el incomprendido de la clase a juzgar por como las tizas volaban hacia el desde varios grupitos cercanos.
—¿Está libre el pupitre de allá?— le pregunté cortésmente.
—Si— respondió tratando apresuradamente de cerrar el cuaderno en el que con tanta insistencia escribía instantes antes de mi profanación.
—Hola soy Dulce, la prima de Anahi— ante su cara de perplejidad añadí— la amiga de tu hermana Andi— eso pareció bastar para sacarlo de su ensimismamiento y hacerlo reaccionar.
—Ahh si, un gusto conocer a la famosa Dulce, mi hermana me ha hablado de ti, soy Iván— dijo alargando su mano y estrechándola aparatosamente con la mía.
—Espero que cosas buenas— le sonreí bromeando.
—No lo dudes— me sonrió a su vez.
Quedamos un instante en silencio, lo suficiente como para que mis divagaciones sobre a que tipo de pirado acababa de presentarme hicieran acto de presencia, divagaciones que no tardaron en esfumarse al sentir la presencia de alguien no grato no solo para mí sino al parecer también para mi acompañante.
—Vaya, vaya, pero que ven mis ojos, gafitas granulado y miss doy paseitos al pasillo.
—Ya ves, Dios los crea y ellos se juntan— dije irónicamente mirando a ella y al chico que la acompañaba.
—Muy graciosa. ¿Eres la nueva?
—Depende de que nueva hables.
—No te hagas la graciosa y responde.
—Podría ser la nueva, ¿algún problema con ello?
—Por supuesto que ninguno, pero te echaba mas inteligente.
—Así como tu ¿verdad?, pero que pena que no siempre todo lo que se espera se cumpla.
—Ya veo que la altanería viene de genes.
—¿Segura? Porque que yo sepa tu y yo no compartimos nada.
La chica estaba por responder algo cuando el profesor entró por la puerta.
—Salvada por la campana miss paseitos con titulo honorífico recién adquirido de payasa, felicidades, nos veremos a la salida… y dile a tu primita que también va por ella, porque de esta no se libra ni rezando el rosario al revés— dijo a la vez que me guiñaba un ojo y volvía a su sitio contoneando exageradamente las caderas a cada paso.
—Tu primer día y ya la has pifiado… enhorabuena, batiste el record… olvida que me conoces— me dijo Iván a la vez que abría otro cuaderno y esperaba impaciente el dictado del profesor.
—No puede ser tan malo— me limité a responder indiferente mientras hacia lo mismo que el.
—Cierto, podría haberte partido la cara aquí mismo, pero mira que piadosa fue que te dejó la oportunidad de hacerlo a la salida y con un aforo de espectadores menos limitado.
—Hombre de poca fe… sorpréndeme y dime que también hacen apuestas con las peleas…
***
La hora del almuerzo llegó mas rápido de lo que esperaba. Exceptuando la " cálida " bienvenida con la que me abrumaban algunos de mis nuevos compañeros de clase, la mañana podía decirse que había sido buena dentro de lo que cabía, con algunas materias habíamos empezado ya desde ese primer día y los profesores parecían no defraudar.
Como acordé con Andi y mi prima, Iván y yo nos reunimos con ellas a la hora del almuerzo. El comedor no podía ser menos que los pasillos y las aulas, así que mejor os evito el trauma y lo dejo a la imaginación. Any y Andi nos esperaban sentadas en una mesa, debido a nuestra tardanza habían comenzado a comer y mejor así, porque después de lo que oyeron, exceptuando la saliva, no se quedaron con ganas de tragar mucho más.
—¿Que ha hecho que?— preguntó por tercera vez aun incrédula y como deseando oír otra cosa distinta Anahi.
—Pues eso, que aquí tu querida prima nos ha salido contestona— respondió Iván.
—Oye, a ver que va a pasar… que la tipa fue a por mí desde el principio.
—Sí claro, como gracias a dios se te ve presa fácil— dijo Any girando sus ojos – no podías estarte calladita, ¿verdad?
—Oye guapa, ¿que acaso crees que a mi me gusta ir pillando bulla con tó dios o que?
—Venga chicas, que haya paz, con pelearos no conseguiréis nada. — intentó aplacar los ánimos Andi.
—Da igual, pero por lo menos me desquito con alguien.
—Pues si te parece a la salida en lugar de un asalto, ya puestas hacemos dos.
—No seas bocazas Dul, que en buena te metiste.
—No sufras, sé cuidarme
—Ya está visto lo bien que te cuidas que no puedes dar ni un paso sin meterte en algún lío.
—Pues al parecer tú tampoco eres santo de devoción de la tipa, lo cual quizás explica sus intensas ganas de partirme la cara.
—Chicas, no os pongáis nerviosas… nadie va a partirle la cara a nadie… tranquilizaos y no os peleéis— de nuevo intentó prevenirnos Andi.
—Eso, guardad fuerzas para la salida— aconsejó Iván mientras tranquilamente partía sus macarrones con el cuchillo, como si la cosa no fuera con el.
***
a la hora de la salida Iris nos esperaba en la puerta junto a sus secuaces y un dilatado publico que victima del chisme había acudido deseoso de ver sangre.
—Ya pensé que no nos daríais el gusto de recrearnos con vuestra magnifica presencia, ¿asustadas?— espetó Iris nada mas vernos salir por la puerta del instituto.
—¿Lo estas tú?— le pregunté
—¿Debería?
—Entonces ya tu misma respondiste a tu pregunta… — respondí con una sonrisa irónica colgada en mis labios.
—Eso, tu enciéndela mas, que aun no se le ve la mecha… — oí que me decía Any casi en un susurro a la vez que me sujetaba del antebrazo.
—Anahi, veo que el verano te dejó tan ridícula como siempre, me alegro de que al fin te decidieras a aceptar también la invitación.
—Mira, si tienes un problema con alguien es conmigo, pero a Any la dejas en paz, ¿estamos?— intenté salir en su defensa.
—Salió la defensora… ¿que pasa? ¿Que tío gilito luego te castiga si su niña va con un rasguñito?
—Hija de… — soltó Any antes de que apenas pudiera sujetarla para evitar que hiciera una tontería de la que se lamentara luego.
—Eso, además de enana, deslenguada… ¿que tu papito no te dijo que eso está feo?
—Ya está bien niñata… si tienes algún problema lo dices y si no te apartas y nos dejas pasar.
—¿Ya te me pones en plan gallito?
—Prefiero pensar que es un plan razonable para todos, pero especialmente para ti.
—¿Y desde cuando te preocupas por mi?
—Mira niña, ya me cansé del jueguito, ¿que no sabes responder nada más que con preguntas? o te apartas o te aparto.
—Está bien me aparto, pero me quedo con la rubita… es un buen trato, ¿no crees?
—Te apartas o te aparto, no te lo repito más. Te aparto
La impasividad de la tipa unida a la tensión acumulada en mi cuerpo hizo que actuara casi de forma automática agarrando a mi prima de un brazo mientras con el otro golpeaba a la chica que tenia de frente con un gancho en todos los morros. La reacción no se hizo esperar: sangre por todos lados, un labio roto, clamor popular y primera visita oficial a la oficina del director.
***
—Whoo… así que un labio partido… este Ricardo… Veo que te enseñó bien a defenderte— comentaba mi tío mientras conducía.
A él había sido a quien habían llamado desde la oficina del director para que fuera a recogernos tras la pelea y muy al contrario de lo que supuse no parecía para nada molesto con el asunto, mas bien al contrario, era como si encima me aclamara por mi valentía, la misma valentía que me había costado una semana de expulsión y la apertura de un expediente.
" Maravilloso Dul, simplemente divino… no podías haber comenzado mejor tu primer día de clases " me castigaba a mi misma mientras mi tío seguía divagando y comparando la situación con sus años mozos de instituto. Miré a mi prima sentada a mi lado en el asiento trasero, miraba por la ventana la calle con aire ausente. A pesar de que nos habían llevado juntas al despacho del director no habíamos hablado desde lo sucedido.
"Seguro la asustaste… ¡¡burra!! ¡¡Que eres una burra!!¿¿Cuando aprenderás que las cosas no se solucionan liándote a hostias con tó el que se te ponga por delante?? " suspiré " Al menos me queda el consuelo de que ella salió indemne de todo el asunto , a pesar de todo no soporto la idea de que le quieran hacer daño" .
—Recuerdo que el tipo estaba por partirme la cara cuando… — suena un móvil— ¿si?
— Miguel, ¿¿donde estáis?? Hace más de una hora que deberíais de haber llegado…
—Tranquila Didi, estamos en ello, solo surgió un imprevisto. En menos de 5 minutos estamos ahí.
— ¿Sucedió algo?
—Luego te cuento cariño, lo siento es que ahora voy al volante.
— Esta bien, no tardéis.
—Si, hasta ahora— dejando el teléfono a un lado— era mamá— dijo a la vez que me sonreía como bobis por el espejo retrovisor y continuaba con la batallita del año la pera.
***
—¿¿Pero viste como voló la tipa??¡¡Fue espectacular!!Al fin alguien pone en su sitio a Iris, ¡¡que se joda!! Se lo tiene bien merecido por todas las putadas que nos ha gastado en todo este tiempo.
—Jaja, vaya que es cierto que nos saliste deslenguada… ¿y que pasó en la sala del director? ¿Os castigaron?
—A mí no, pero a Dul… a Dul la expulsaron por una semana y le abrieron un expediente.
—¡¡No jodas!! ¿Y a Iris?
—¿¿Tu qué crees?? Es la sobrina del director.
—*beep*.
—¿Y ahora quien es la deslenguada?
—Eso es que me lo pegaste, como la hermosura.
—Entonces mejor me despego de ti antes que me robes la poca que me queda.
—¿Y como lograste salir indemne de todo el lío?
—Dul se culpó de todo.
—Pero ella no tuvo la culpa… diablos ni tu la tenias… la única que se lo guisó y se lo comió fue Iris… me pregunto que hubiera pasado si hubiera sido al contrario y hubierais sido vosotras las escaldadas…
—Hubiera pasado lo mismo… se las habría ingeniado para involucrar a Dulce como la instigadora del asunto… eso es lo que hubiera pasado… Aggg, me da tanta rabia, Dul no hizo nada para ganarse la losa que le cayó… y encima no pude decir nada para ayudarla… no se dejó, ¿te lo puedes creer?
—¿Qué? Un momento… ya me perdí… ¿a qué te refieres con que no se dejó?
—A que desde el principio se culpó de todo… Traté de defenderla ¿pero qué crees? que ni colaboraba, al contrario, se echaba mas tierra encima.
—Bueno, ya conoces el código.
—¡¡A la *beep* con el código!! ¡¡ A la *beep* con todo!!
—Vaya, gracias.
—Lo siento Andi… me enerva, no lo puedo evitar…
—Ya lo sé amiga… ¿has hablado con Dul en casa?
—No, aun no lo he hecho… y me gustaría agradecerle el que después de todo me defendiera.
—Deberías hacerlo… está claro que la chica tiene carácter… tenía mis dudas pero ahora ya sé que viene de genes.
—Sin duda lo tiene… debo dejarte Andi, mi hermano quiere ocupar esto un rato.
—Entiendo, nos vemos mañana en clase. Saludos para Dul.
—Yo se los mando, gracias, nos vemos mañana.
Desconecté el msn, cerré mi sesión en el pc y me dispuse a subir a mi habitación a hacer lo que hace rato ya debía haber hecho.
***
Toc toc
—¿Se puede?— dijo Any entreabriendo la puerta y metiendo media cabeza a través.
—Claro, te recuerdo que es tu habitación— respondí dejando a un lado el libro en el que estaba sumergida leyendo.
—Ya lo sé, pero ahora ya no es solo mía— contestó a la vez que me sonreía tímidamente y se sentaba sobre su cama.
—Aun así, no necesitas pedir permiso.
—¿Qué lees?
—Hamlet.
—¿Te gusta Shakespeare?
—No me gusta, me encanta.
—Es curioso, pero nunca lo hubiera imaginado
Me limité tragarme mi sarcasmo y a sonreírle, evitando así decir algo que rompiera el calmado ambiente que se respiraba en ese momento.
—Hay tanto que no sé de ti…
—A veces es mejor así, no saber nada de nadie.
—¿Aun arriesgándote a perder cosas buenas?
—También ganas el no saber las malas
—¿Y romper el equilibrio?
—El equilibrio no se rompe. Si no sabes lo bueno, no sabes lo malo. Así de simple.
—¿Siempre eres así de complicada?
—¿Siempre haces tantas preguntas?
—Lo siento, es una fea costumbre— me dijo sonriendo tímidamente a la vez que notaba un pequeño rubor en sus mejillas.
—No tienes porque disculparte. Todos las tenemos.
—Dul…
—¿Si?
—Quería agradecerte por lo de esta tarde… — me dijo levantándose de su cama y sentándose sobre la mía invadiendo peligrosamente mi espacio personal—… gracias por defenderme frente a Iris…
—No hace falta que agradezcas nada, aquello era entre ella y yo, no tenia que meterte en medio.
—Ya, pero no quita que me defendieras aun habiéndome comportado como una cerda contigo en todo este tiempo.
—No te has comportado como una cerda.
—Si, Dul, te he ignorado… y lo sabes.
—¿Y? Yo también lo he hecho contigo.
—Pero no es lo mismo.
—¿Cual es la diferencia? ¿Que yo estoy sola en el mundo? ¿Es eso? ¿Ahora me vas a tener lastima?— me apresuré a decir a la defensiva.
—No, no es eso… además, sabes que no estas sola.
—¿Entonces?
—Que debería haber intentado ponerme en tu lugar, tratar de conocerte… no lo hice porque estaba molesta… molesta porque de pronto te aparecías en nuestras vidas para cambiarlas…
—Eso yo no lo elegí.
—Ya lo sé… pero te culpaba por ello… yo, lo siento mucho… entiendo que estés molesta conmigo.
—No estoy molesta contigo, y a decir verdad no te juzgo por ello… si te soy sincera, si yo hubiera estado en tu lugar, habría sido peor… — le dije a la vez que le sonreía tratando de quitarle hierro al asunto. Funcionó porque me sonrió a la vez que miraba hacia el suelo, pareció quedarse un rato pensativa hasta que de pronto oí de nuevo su voz.
—Si hubiera sido al contrario… ¿me hubieras defendido igual?
—¿Aun lo dudas?
—Y si hubiera sido al contrario… ¿también te hubieras inculpado?
—Es el código, Any.
—Pues hay que ir pensando en reeditarlo, porque no pienso permitir que te expulsen de nuevo.
No pude sino sonreír ante su determinación.
***
El comedor mostraba su máximo apogeo a las 3 de la tarde, hora en la cual casi todos los estudiantes tenían su segundo descanso del día. Andaba de camino a reunirme con Andi e Iván en la misma mesa de siempre cuando Guille se cruzó en mi camino haciendo que tuviera que hacer malabarismos con mi bandeja para evitar que mis albóndigas nadaran en zumo de naranja.
—Lo siento.
—No pasa nada— respondí algo nerviosa, no en vano tenía frente a mis narices al tío más bueno y popular de todo el insti.
—¿Te ayudo?
—No, no hace falta… ya puedo yo— le sonreí.
—Como quieras. No sé si te habrás enterado de lo de la fiesta de mañana en la casa de José…
—Si, algo he oído por ahí— le contesté mientras seguíamos caminando por el pasillo del comedor hacia donde mis amigos me esperaban expectantes.
—¿Te gustaría acompañarme?
Me detuve en seco y le miré con cara de no haber entendido bien.
—¿Acompañarte en el sentido de… yo… tu… salir… fiesta?
—Sí, algo así. ¿Te parece bien que te recoja a las diez?
Parpadeé varias veces antes de responder.
—A las diez estará bien.
—Ok, entonces nos vemos mañana… y cuidado con la bandeja.
—Sí, nos vemos— dije caminando en piloto automático, bandeja por completo olvidada en mis manos, mientras mis cabeza aún trataba de asimilar si lo sucedido instantes antes realmente había ocurrido y no era sólo producto de mi alocada imaginación.
—¿Qué quería Guille? ¿Qué le ha pasado a tu comida?— me empezó a interrogar Andi nada mas llegar a la mesa.
—Nada importante… solo invitarme a salir con él el sábado— contesté ausente aún mientras apartaba los fideos de la sopa de las albóndigas y lamía el pan manchado del caramelo del flan.
—¿Qué? ¡¡¿¿Qué saldrás con el chico más guapo de todo el insti??!! ¡¡Pero que te has fumao!!— gritó escupiendo la sopa de la boca y haciendo que varias cabezas de alrededor se giraran a mirarla.
—Y porque no era nada importante… — comentó Iván mientras hacia a un lado su comida y comenzaba a devorar el postre.
—Dilo un poco mas fuerte que los de la séptima mesa no se enteraron— dije avergonzada.
—Lo siento, pero es que… buff a mi mejor amiga no todos los días la invita a salir el buenorro del insti… ¿Y que le dijiste? ¿Aceptaste? ¿Que te pondrás?
—¿De verdad que tu no eres de la GESTAPO?
—¡¡Ya!! ¡¡Dime!! ¡¡No me tortures de esta forma tan cruel!
—Sí, acepté… o al menos lo intenté— dije mientras mordía mi cuchara— Y antes de que vuelvas a preguntar… no, no sé que me pondré— añadí.
—Se me ocurre que podría dejarte ese conjuntito de cuero de falda y top que…
—No pienso ponerme esa cosa.
—Pero ¿por qué?
—Porque va diciendo a gritos " cómeme " " .
—¿Y? es que es eso lo que se supone que debe de decir.
***
Estaba viendo la televisión sobre el sofá cuando mi tía llegó junto con mi primo pequeño.
—Hola Dul, ya estamos aquí.
Inmediatamente salté de donde estaba y me dispuse a ayudarla con las bolsas que cargaba.
—Gracias— me agradeció.
—De nada— respondí camino a la cocina, seguida de cerca por Alex que cargaba a duras penas el paquete de rollos de papel higiénico.
Dejé todo sobre la encimera de la cocina y ya me disponía a darme la vuelta para salir cuando noté que alguien me tiraba del elástico del pantalón. Bajé mi mirada para descubrir a mi primo mirándome con ojos suplicantes mientras con un bracito sujetaba el paquete y con el otro me señalaba hacia arriba.
—Yo quero — me decía.
—¿Qué quieres?— le pregunté poniéndome a su altura.
—Yo… — trataba de explicarse mirando el paquete y hacia arriba. Seguí su mirada
captando de inmediato lo que quería.
—Ohh— exclamé levantándome para acto seguido cogerlo en brazos y acercarlo a la encimera donde cuidadosamente colocó el paquete.
—Yap— me dijo sonriente volviéndose hacia a mí.
—Sí, que bien lo hiciste… como los niños grandes— le sonreí a su vez.
—Jeje— rió alegre— Si, yo niño grande— se palmeó en el pecho antes de acercarse a mí y sorprenderme con un baboso besito en la mejilla. – Gasias.
Aún sorprendida lo dejé en el suelo donde no tardó en salir corriendo hacia el salón antes de que su madre llegara a la cocina.
—¿Aún no llegó Any?— preguntó mientras se ponía a guardar la compra.
—No, pero ya debe de estar al caer – no me dio ni tiempo a acabar cuando la puerta trasera que daba a la cocina se abrió.
—Hablando de la reina de roma, por la puerta asoma.
—Hola mamá— dijo besándola— Dul— me saludó con la cabeza. – ¿De que hablabais?— preguntó soltando la mochila y poniéndose un vaso de agua.
—Nada, que andaba preguntándole a Dul si habías llegado, ¿cómo te fue el día, cariño?
—No estuvo mal. Uhm, mamá… me invitaron a una fiesta mañana por la noche… ¿puedo ir?
—¿A una fiesta? ¿Donde?
—En la casa de José, un chico del insti. Es una fiesta de bienvenida al nuevo curso.
—Oh, vaya. ¿Irá Andi también?
—No, no creo, ya sabes como es su má para esas cosas… además, creo que trabaja…
—Pues es una mujer coherente.
—Ya… ¿pero puedo ir?
—Tendrás que pedirle permiso a tu padre antes, además, ya sabes que este fin de semana estaremos fuera, es la boda del socio de tu padre, ¿no te acordabas?
—Oh, lo había olvidado completamente…
"¿Cómo que bodorrio? ¿Y cuándo pensaban decirme? ¿Que aquí soy la última mona o que? " el miedo empezaba a apoderarse de mi mientras observaba en silencio la interacción entre madre e hija.
—Pero dije que no iría— continuó Any.
—Ya lo sé, y hablamos de ello, te quedarías en casa de Andi el fin de semana, pero ya que está aquí Dul te quedas mejor con ella en casa.
" Ahh bueno, así pues si… esto me gusta mas. Un momento… fin de semana, casa, solas, Any y yo… me suena a combinación perversa "
***
—¡¡Maldita sea papá!!Ya estoy lo suficientemente crecidita como para poder ir a una fiesta, no me vengas con esas ahora… — dije indignada mientras discutía con mi padre. Me irritaba que para unas cosas me consideraran mayor y para otras aun me trataran como la niña que ya no era.
—Si, se nota lo crecidita que estas que mira el escándalo que estas armando, además, ya dije que no y es no, te quedaras en casa con Dul y que no me entere yo que sales, ¿estamos?
Subí rápidamente las escaleras dispuesta a encerrarme en mi cuarto.
—¿Estamos?
—¡¡Si!! ¡¡Estamos!!— grité dando un portazo con la puerta de mi habitación.
***
Estaba leyendo sobre mi cama cuando Any entró como un huracán en la habitación. Parecía como un perro enjaulado dando vueltas de un lado para otro. Había escuchado la discusión que habían mantenido ella y su padre, no es que fuera una cotilla solo que me había sido imposible ignorarla por el decibelio que le habían puesto desde el principio.
—Es increíble… increíble… — decía mientras seguía dando vueltas y moviéndose mas que una pulga con hipo— ¡¡maldita sea!!— exclamó sentándose sobre la cama y pareciendo calmarse.
—¿Tu padre también era peor que cancerbero?— preguntó de repente.
—Un poco, tirando a mucho mas que el tuyo.
—Buff, y yo que pensaba que el mío era especial.
—Herencia, supongo.
—Pos va a ser que si… Llamaré a Andi para decirle que no voy a la fiesta— dijo mientras agarraba su móvil.
—Creí que ella no iba.
—Y no va, solo que mejor bajarla de la nube ahora y que no se me emocione tanto… esta niña es capaz de no dormir de la intriga en todo el fin de semana. — afirmó mientras marcaba el número.
— ¿Si?
—Andi…
— ¡¡ Si Any!!¿Quieres el conjunto de falda y top?
—No, no te llamo para eso… en realidad es para decirte todo lo contrario… no voy, mi padre se ha emperrado en no dejarme salir por lo de que no están en casa en el fin de semana.
— ¡¡No jodas!! ¡¡Arrástrate!! ¡¡Suplica!!
—Con mi pá no funciona.
— ¡¡Pues me arrastro yo!!
—Ya, payasa, no hay nada que hacer… adiós al sueño…
— Pero no te puedes rendir así… ¡¡Anahi!! ¡¡Reacciona!! ¡¡Es el chico más popular del insti!!
—Ya… ¿pero que puedo hacer si estoy encerrada en el castillo?
— Si, pero sola, nadie tiene porque saber…
—Sabes que no es así exactamente.
— Pero es buena tía… alguien que respeta el código no se chivará… ¡¡vamos Any!! ¡¡No es la primera ni será la última vez que incumplas las normas!! Además, si lo haces bien ella tampoco tiene porque enterarse, así evitas ponerla en el compromiso de que mienta por ti…
—No sé Andi, demasiadas meteduras de pata ya.
— Si, pero mas vale pájaro en mano que ciento volando, lo cual no tienes que tomarlo en el sentido literal, ¿eh?
—Jaja, ok, lo pensaré.
— Vale, que sepas que espero impaciente tu respuesta, nos vemos.
—Nos vemos— colgó
No había podido evitar escuchar a mi prima mientras hablaba con su amiga por teléfono. Puede que no hubiera escuchado lo que se oía al otro lado de la línea pero no era imbécil, aquí se cocía algo… algo que no tardaría en descubrir.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:50 pm

CUARTA PARTE
Me encontraba en el sofá viendo uno de esos programas donde critican a todo ***** viviente cuando sonó el teléfono. Intenté hacer caso omiso de el como aquel que espera que de pronto aparezca por la puerta el criado Ambrosio a cogerlo.
Ante la insistencia del aparato, ya estaba por hacer el esfuerzo y levantarme cuando oí a mi prima desde arriba:
—¡Ya lo cojo yo!
" Si insistes… "
Mis tíos se habían ido hacia unas horas al pueblo donde se celebraría el bodorrio. Tenían pensado dormir allí por lo que no regresarían hasta el otro día.
Ya que la casa quedaba a nuestra completa disposición, Any y yo habíamos decidido que por una noche cada una tendría su espacio, así que ella dormiría en la habitación de Dani.
Seguí observando como uno de los freakis de la tele se quitaba de pronto la camisa y bailaba sobre la mesa.
" Ioss!! El muñeco de la michelín!!Anda que… como está el patio… "
PLOF
Oí de repente un ruido procedente de arriba, como si algo hubiese caído al suelo. Me levanté y en el inicio de las escaleras grité:
—¿Todo bien?
—¡¡Sí, solo se me escurrió el discman de entre las manos!! ¡¡Pero tranquila!! ¡¡Que no cunda el pánico, que aun parece que respira!!— fue la respuesta que escuché procedente de arriba.
Volví a tirarme sobre el sofá mientras agarraba el mando y hacía zapping.
" Presiento que será una larga noche… " Y no me equivoqué.
***
Estaba en el baño terminando de arreglarme cuando sonó el teléfono, al final había decidido que iría a la fiesta de estrangis sin que nadie se enterara.
—¿Si?
— ¡¡Any!! ¿¿Como lo llevas??¿¿Nerviosa??Porque yo si lo estoy…
—Andi, te tengo dicho que no tomes cafeína antes de irte a la cama…
— ¡¡Ya!! ¡¡No seas payasa y responde!!
—Pues llevarlo lo llevo… ando terminando de arreglarme, ¿y tú que? te dije que no llamaras, ¿que tal si ya me hubiera marchado?
— Lo siento, es la emoción, tú sabes…
—Si claro… ¿que tal te va la noche a ti?
— Aburrida… los renacuajos estos ya se quedaron fritos. Estos niños de ahora no aguantan ná…
—Eso es porque tú eres como el conejito de las Duracell… oye Andi, tengo que dejarte, Guille pasará a buscarme en 10 minutos y quiero estar abajo para cuando llegue.
— Ok… pásalo bien Any y ten cuidado… no hagas nada que yo no haría.
—Sí, no te preocupes. Mañana te llamo.
— No problem… para las 9 ya te estoy tirando la puerta abajo.
—Jaja, hasta luego loca impaciente.
— Hasta luego.
Colgué y me miré al espejo por última vez.
"Muy bien Anahi, ¿estas segura de lo que vas a hacer?¿porque aun se puede rectificar…? "mi conciencia me decía por un lado " ¿¿rectificar??No vas a perderte el fiestorro del siglo con el tío mas buenorro del planeta, detrás de Brad Pitt claro, por un mísero remordimiento, ¿verdad? " me decía mi lado rebelde por otro.
" Los zapatos, que mira que soy capaz de irme en pantuflillas con las prisas… " me dirigí al mueble zapatero donde saqué unas sandalias con un tacón algo alto para mi gusto.
" Que remedio, como dice la abuela, pa presumir hay que sufrir " .
Una vez lista me dirigí hacia la ventana de la habitación de Dani, pues justo enfrente había un árbol lo suficientemente cerca como para subir a el de un salto.
" Muy bien, puedes hacerlo… no es como si fuera tu primera vez " me dije a la vez que abría la ventana y me empezaba a subir a ella para pasar a través.
PLOF
—Mierd… — escupí apenas pudiéndome frenar en el impulso.
—¿Todo bien?— escuché a Dul preguntar desde abajo.
—¡¡Sí, solo se me escurrió el discman de entre las manos!! ¡¡Pero tranquila!! ¡¡Que no cunda el pánico, que aun parece que respira!!— dije mientras me agachaba para coger mi zapato del suelo y lo tiraba al jardín. " Maldita sea… "
" El discman… anda que, ya te vale… bueno, lo importante es que se lo ha tragado… piececito derecho, izquierdo, pasito, saaltoo… y listo " me decía a mi misma mientras subía al árbol y bajaba.
—Y ahora a esperar a mi Romeo.
El cuál no tardó mucho en aparecer.
—Hola, sin duda seré la envidia de todos esta noche— dijo a la par que me miraba de arribaabajo.
—Adulador — respondí tímidamente a la vez que me metía en el coche y partíamos rumbo a la fiesta.
El viaje transcurrió entre miradas de soslayo por su parte y sonrisas tímidas en respuesta por la mía. El silencio fue roto una vez llegamos al lugar de la celebración.
—Any, gracias por haber decidido acompañarme — sus ojos marrones clavados en los míos— Es para mi un placer tenerte como pareja esta noche.
—Gracias a ti por invitarme a acompañarte— dije en apenas un susurro mientras veía como sus labios se iban acercando peligrosamente a los míos.
Apenas fue un tímido beso pero… ¡¡Dioses que beso!!
" Vale, ahora es cuando no tienes que olvidar respirar y espirar pausadamente… ha sido solo un beso, ¡¡dios, creo que estoy hiperventilando!! "
—¿Te encuentras bien? – preguntó con tono preocupado.
—Si, mejor salgamos ya. — " ¡¡que necesito aire fresco con urgencia!! "
Apenas abrí la puerta la suave brisa de octubre trajo a mis oídos el sonido de la música junto al lejano murmullo del resto de invitados. Parecía que la fiesta estaba en todo su apogeo. Estaba arreglando mi indumentaria cuando sentí una cálida mano sobre la parte baja de mi espalda.
—¿Preparada para entrar?
—Si. — " O al menos eso creo " .
***
Como bien supuse la fiesta estaba en todo su apogeo. Nada mas llegar varios chicos del equipo de fútbol nos recibieron en la puerta dándonos la bienvenida.
—¡¡Eyy tío!! ¡¡Te tardaste!!
—Hola Toni, ya sabes que mas vale tarde que nunca— dijo mientras chocaba su mano con el y el resto de chicos.— Además, la tardanza me compensó—afirmó mientras me miraba.— Os presento a Any.
—Encantado Any— dijo Toni a la par que se me acercaba para estrecharme la mano, idéntico movimiento que se repitió por parte de todos los chicos.
—Igualmente.
—Oye Guille, por ahí me han dicho que dentro te esperan.
—Ahh, gracias Toni, nos vemos luego.
—Nos vemos— dijo el chico despidiéndose.
Entramos dentro. La casa estaba llena de gente conocida del instituto.
—Any, debo ir a ver que quieren – dijo cerca de mi oído— Ve pidiéndote algo de beber si quieres, ahora regreso— afirmó para acto seguido perderse entre la multitud.
Nunca antes había estado en una fiesta, pero no supuse que sería muy difícil, solo tenía que acercarme a la mesa, pedir una bebida y bailar hasta no sentir los pies.
***
—¿La trajiste?
—Sí, hice todo lo que me pediste.
—Así me gusta. Pobre imbécil, no sabe lo que le tengo preparado. Pronto esa enana me las pagará todas juntas, como que me llamo Iris que lo hará. Deseará no haber nacido nunca.
***
Apenas me había acabado mi bebida cuando vi acercarse a Guille con un vaso en cada mano.
—Toma, te lo cambio.
—Pero si aun me queda.
—Ya, pero de este sabor está mas bueno, ya veras.
Agarré el vaso que me ofrecía y tomé un sorbo mientras seguía moviéndome bajo el influjo de la música.
—¿A que sabe mejor?
—Sip… ¿que es? Tiene sabor a piña
—Porque es piña colada.
—Pero…
—Tranquila, es un combinado sin alcohol.
—Está buena.
—Me alegro que te guste, la hice especialmente para ti.
—Oh, vaya, gracias— le sonreí tímidamente.
—De nada— dijo devolviéndome la sonrisa mientras bailaba a mi lado.

***
El sonido de la cabecera del teletienda hizo que me despertara. Serian algo más de las 2 de la madrugada. Me levanté del sofá donde había pasado las últimas 4 horas y me dispuse a subir a mi habitación casi sin poder moverme.
Ya había llegado a mi puerta cuando escuché el golpe de algo caer en la habitación de al lado, la de Dani. Me acerqué lentamente a la puerta y pegué mi oreja no sabiendo si entrar y mirar directamente que había sido eso o tocar antes. Decidí hacer gala de mis modales y tocar suavemente.
TOC TOC
No hubo respuesta alguna, surgiéndome de nuevo el dilema de tocar otra vez, pero más fuerte, o simplemente evitar hacer más ruido y entrar a mirar.
TOC TOC
Toqué de nuevo, obteniendo la misma respuesta y decidiendo actuar. Abrí suavemente, lo suficiente como para mirar que todo estaba bien a través de la puerta entreabierta. La oscuridad me sorprendió.
—¿Any?— susurré, no obteniendo respuesta alguna.
Desde donde estaba pude ver que la ventana estaba completamente abierta, entré para cerrarla y estaba en ello cuando noté bajo mis pies algo que crujía.
—Agg… ¡¡diablos!!— grité sin poder evitarlo. Miré a mí alrededor en la oscuridad no notando ningún movimiento extraño. Eso bastó para que a duras penas me acercara de nuevo a la puerta y encendiera la luz, descubriendo lo que ya intuía: que me había clavado un trozo de cerámica de lleno en toda la planta del pie y segundo, y no por ello menos importante, que mi prima se había escaqueado, a juzgar lo que decía la escena del crimen, por la ventana.
Salí de la habitación cojeando, con destino al baño, cuando en el camino encontré el teléfono. Marqué rellamada, esperando que una voz conocida se encontrara en la otra línea.
— ¿Sí? — fue la respuesta somnolienta de la voz conocida.
—¡¡Andi!!
— ¡¡Dulce!!¿Que ocurre? Por dios, son más de las dos de la madrugada…
—Eso mismo me gustaría saber a mí, que ocurre…
— ¿Eh?
—No me vengas ahora haciéndote la que no entiende… ¿donde está Anahi?
— ¿Durmiendo?
—Mira, te explicaré la situación, es tarde, tengo media hucha de marrano incrustada en la planta del pie y estoy mas que cabreada porque acabo de darme cuenta que me la pegaron… y ahora, si fueras tan amable de decirme donde esta mi queridísima prima…
— Bueno, yo… no sé nada, estoy trabajando esta noche…
—Ya… y los pájaros tienen vértigo… ¿me dices de una puñetera vez o tengo que ir a sacártelo a golpes?— contesté perdiendo la poca paciencia que de por sí tengo.
— Se fue a la fiesta.
—¡¡No jodas!! ¡¡Ni lo había pensado!!!— le respondí sarcásticamente.
— No sé más…
—Claro que si sabes, dame la dirección…
— Dulce no i…
—Creo que no me oíste bien, así que te lo pediré amablemente de nuevo, Andi… ¿me das la puta dirección?
— El numero 5 de la calle Menéndez.
—Gracias, fue un gusto hablar contigo— colgué el teléfono y seguí mi camino hacia el baño.
***
—Jiji, ugh, Gui… Creo que estoy algo mareada…
—¿Quieres salir fuera al fresco?
—Si… necesito aire…
Ya fuera…
—Estas muy guapa esta noche Any…
—Jiji, no seas zalamero… que me sonrojo…
—Aun sonrojada me gustas… —dijo acercándose y apunto de besarla
—No… — dijo esta apartándose de repente.
—¿No que?
—Que aquí no…
—¿Quieres que vayamos a un lugar mas intimo?
—No, ya es demasiado tarde, debería volver a casa…
—Pero que dices, si la noche apenas acaba de empezar niña— dijo agarrándola del brazo y llevándola hacia el parque que había al otro lado de la calle.
—¡Noo!… déjame, quiero ir a casa…
—Iras… pero cuando yo quiera… antes tú y yo tenemos algo pendiente…
—No, por favor Guille, suelta… me haces daño…
—Te soltaré cuando me apetezca… ¡¡vamos!!
—No, no quiero, déjame en paz.
—Ya oíste, quiere que la dejes en paz— dije apareciendo desde la oscuridad.
Me dirigía a la dirección donde me dijo Andi cuando escuché a alguien gritar desde un parque cercano al lugar, me acerqué y cual fue mi sorpresa ante lo que me encontré.
—¿Y tú quién demonios se supone que eres para darme ordenes? nadie te dio vela en este entierro, así es que, ¡¡piérdete!!
—¿Y si no me da la gana?
—¿Y si te parto la boca?
—¿Serias capaz de hacerle eso a una chica indefensa como yo?— le contesté irónicamente.
—¿Quieres probarlo?
—¿El que? ¿Que eres un cobarde? Vale… si insistes…
—Dul, no… — gritó Any para intentar prevenirme mientras agarraba el brazo de Guille para impedir que se acercara a mí.
—¡¡Suelta puta!!— espetó el tipo a la vez que le empujaba tirándola contra el suelo.
Eso bastó para que de dos pasos me pusiera a su lado y no dándole tiempo ni a reaccionar le golpeara con el puño cerrado en la cara y luego en todo el estomago. El tipo quedó doblado en el suelo, faltándole el aire y con la cara cubierta de sangre mientras se retorcía de dolor.
Me dirigí hacia donde estaba mi prima, se encontraba sentada en el suelo, abrazada a si misma mientras lloraba, habiendo observado toda la escena.
—Any— dije agachándome junto a ella, a lo que ella por instinto reaccionó alejándose. Sus ojos verdes me miraron llorosos y asustados.— Any, soy yo, Dulce, no voy a hacerte daño… — dije de nuevo esta vez alargando la mano y tocándole levemente la mejilla.
Ese gesto pareció suficiente para hacerla reaccionar y sacarla del shock.
—Dulce… — susurró mientras me abrazaba y empezaba a llorar de nuevo desconsoladamente.
—Sssch, tranquila… ya todo está bien… No dejaré que nadie te haga daño… — intenté calmarla, mientras ella se aferraba mas fuerte a mi.— ¿puedes mantenerte en pie?
—Sí…
—Ok, entonces vamos arriba – la guié hasta ponerla de pie junto a mi, pareció mantenerse a duras penas— ¿estas bien?
—Si, un poco mareada… me tiemblan las piernas… apenas tengo fuerzas…
—No te preocupes, apóyate en mi, mientras venia vi un teléfono en la esquina de la siguiente manzana, iremos hasta allí y llamaremos un taxi… ¿crees que podrás hacerlo?
—Si, puedo, solo no me sueltes.
—Tranquila, no te soltaré— afirmé mientras la besaba en la frente y empezábamos a avanzar dejando tras nuestra una sombra retorciéndose aun en el suelo.
***
La dejé sentada en la marquesina del autobús mientras llamaba por teléfono desde la cabina de al lado. Cuando regresé estaba de nuevo llorando. Me senté silenciosamente a su lado, sin saber que hacer ante la situación.
—Siento mucho todo.
—No vale la pena lamentarse ya, lo que se hizo ya está hecho, con lamentarse no lo cambiarás.
—Ya, pero no quita que lo sienta…
—Eso es cierto… ¿porque te escapaste?— dije mirándola.
—Pss… no lo sé, supongo que porque en el fondo tenía ganas de venir…
—¿Supones?
—Tú sabes, no todos los días el chico que crees mas maravilloso del planeta te invita a salir… pensaba que sería distinto…
—A veces no todo lo que reluce es oro.
—Y que lo digas… — fue lo último que dijo antes de ponerse de nuevo a sollozar.
—Vamos, no llores— le susurré acercándome a ella y pasándole un brazo por encima de los hombros.
—Si es que… — susurró a su vez entrecortadamente no pudiendo terminar la frase mientras se volvía hacia mí y escondía su cara en mi pecho.
No me quedó otra que quedarme así, no sabiendo que más hacer ni que decir, hasta que llegó el taxi.
***
Dos calles mas abajo dos sombras discuten en un callejón.
—¿Que hiciste que? vuelve a repetírmelo por favor, que aun no me entra en la cabeza.
—Yo solo quería pasar un buen rato…
—¡Imbécil!! ¡¡Has echado abajo todo el plan!!
—¿Y que acaso hubiera funcionado? La tipa estaba fuera esperando…
—¡¡Calla subnormal!! ¡¡No vales para nada!! ¡¡Nunca sabremos si hubiera funcionado porque tú, imbécil, la pifiaste!! ¡¡Y ahora vete!! ¡¡Desaparece de mi vista!!— el chico cumple la orden y desaparece calle abajo murmurando por lo bajo mientras camina pesadamente.— Tu diosa, te libró de nuevo, pero la próxima vez cuando no esté, ¿que será de ti, enana?
***
El sonido de los albores del nuevo día hizo que poco a poco fuera abriendo mis ojos. Pronto me vi sorprendida por los suaves reflejos del sol en el espejo de enfrente de la cama obligándome a cerrarlos de nuevo de forma involuntaria. Me cubrí con la mano la cara, mientras intentaba recordar donde estaba. Pronto la cercanía y calidez de otro cuerpo junto al mío me hizo recordar.
" Any… " pensé mientras miraba instintivamente hacia mi derecha. Se encontraba acostada de lado, con su cara de frente hacia donde yo estaba. No pude sino observarla mientras dormía, parecía un ángel.
" Y pensar que ayer por poco… " mi mandíbula se tensó de forma inconsciente ante tal pensamiento. " *beep*… mas le… " . La línea de mi pensamiento se vio interrumpida de forma abrupta al sentir la calidez del cuerpo que tenia a mi lado pegarse a mi costado y rodearme con uno de sus brazos.
Miré hacia abajo, a la persona que se atrevía a cometer tal osadía y salir viva de ella. Por el ceño reflejado en su rostro parecía estar soñando, ceño que pronto desapareció siendo sustituido por un sonrisa, me atrevería a decir de satisfacción. Me quedé mirándola un instante, con el dilema ante mí de levantarme para ir al baño y despertarla en el intento o simplemente quedarme allí y hacer sufrir a mi vejiga.
" Demasiados dilemas en tan poco tiempo Dulce " fue lo ultimo que pensé dejando a un lado mis necesidades primarias y rindiéndome de nuevo a Morfeo.
***
Sentí los calidos rayos del sol sobre mis parpados y a alguien moverse debajo de mí. Abrí los ojos lentamente, claramente desorientada, pero el dolor que sentí en mis sienes nada mas abrirlos me hizo cerrarlos de nuevo.
" ¡¡Dioses!!Mi cabeza, me va a estallar, ¿donde estoy? ¿Que ha pasado? "
Miles de pensamientos invadieron de pronto mi mente ante lo que podía haber pasado y no recordaba. El movimiento debajo de mi no ayudó demasiado al ahogo que sentí en mi garganta en ese momento ante la incertidumbre y el miedo.
" Any, que has hecho… que gilipollez mas grande has hecho… " fue mi pensamiento antes de que las lagrimas empezaran a invadir mis mejillas casi sin poder evitarlo.
***
" Ya no aguanto mas… necesito ir al baño… ¡me meooo! "
Empecé a moverme suavemente debajo del cuerpo inerte de mi prima evitando hacer movimientos bruscos para no despertarla cuando sentí a alguien sollozar levemente. Miré hacia abajo y era ella.
" ¡¡*****!! ¡¡Mira que hiciste!! ¡¡Seguro la asustaste!! ¡¡O peor, le hiciste daño al moverte!! "
No sabiendo que hacer me limité a rodearla con mis brazos.
—Lo siento, no llores por favor, shhh, todo está bien, solo necesitaba ir al baño— intenté calmarla.
Levantó su mirada, encontrándose con la mía, para inmediatamente volver a agacharse y abrazarme mas fuerte.
—Shh, está bien, tranquila, no voy a ningún lado.
Me quedé así un instante que se me hizo eterno, sin moverme, solo abrazada a ella, mientras la sentía sollozar y notaba como sus lágrimas empapaban mi pecho a través de la camiseta.
—Lo siento— dijo al fin separándose de mi— yo solo… — continuó entre sollozos.
—Shh, tranquila, todo está bien— le dije sonriendo mientras volvía con mi mano su rostro hacia arriba e intentaba a hacer que me mirara a los ojos.
—¿Me lo prometes?— me cuestionó con la fragilidad de una niña pequeña.
—Te lo prometo.
—Snif… está bien, ya puedes ir al baño… — me respondió en lo que me pareció un amago de sonrisa.
***
Apenas habíamos hablado desde lo sucedido en la mañana. Después de eso, se había ido y se había encerrado en la habitación de su hermano no apareciendo hasta la hora del desayuno, en el cual tan solo se había limitado a comer y a agachar la cabeza.
Tampoco la presioné a que me hablara, bien es conocido que soy de las que necesita que le saquen las palabras con cucharilla también.
Estaba leyendo mi correo electrónico cuando sonó el teléfono. Serian algo más de las 2 de la tarde.
—¿Sí?— contesté con el auricular pegado a mi oreja.
— ¡¡Dulce!! ¿Que tal? ¿Como estáis?— sonó la voz alegre de mi tío al otro lado de la línea.
—Hola tío, bien, sobrevivimos a la noche.
— Jaja, me alegro, ¿está Any por ahí?
—Ehn… creo que está en el baño, ¿quieres que la llame?
— Ahh bueno, no importa, era solo para deciros que regresaremos al final de la tarde. Nos encontramos con unos viejos conocidos aquí y pasaremos la tarde con ellos.
—Ok, no te preocupes tío. ¿Qué tal la boda?
— ¡¡Genial!!oye, ¿ porque no salís y vais al cine o algo?
—No sé, ya veremos, le consultaré a Any.
— Como quieras, pero mas le vale a esa fierecilla portarse bien…
—No te preocupes tío, todo está bien.
— Me alegro, te dejo entonces, ¿aun no habéis comido?
—No, en un rato lo haremos, estamos esperando a la pizza.
— Uy pizza, que lujazo.
—Jaja, si, nos vemos luego tío
— Nos vemos cariño.
Colgué y me encontré con los ojos de Anahi al otro lado de la habitación.
—Era tu padre.
—Ya, ¿que dijo?
—Que se entretendrían con unos amigos y que quizás llegaran tarde.
—Oh, ¿no dijo más?
—No, tranquila que no le dije nada de lo de anoche, seré muchas cosas pero nunca una
chivata.
—No me refería a eso, ya sé que no es tu estilo— se apresuró a decir.
—¿Es por eso que te pasaste por ahí abajo lo que te dijo tu padre? ¿Porque sabias que no me chivaría?
—No… mi intención era que no te enteraras.
—¿Y que hubiera pasado si tu intención se hubiese hecho realidad? ¿Te has parado a pensar donde estarías ahora? o mejor dicho, ¿como y con quien?
—Ya, ¿crees que no lo sé?¡¡me equivoque!! ¡¡Vale!! ¡¡Lo admito!! ¡¡El tiro me salió por la culata!!Pero lo que menos necesito ahora es que te me pongas a restregármelo en la cara… no es el momento… — dijo a la par que salía de la habitación con lagrimas en los ojos.
" ¡¡Genial!! ¡¡Simplemente genial Dulce!! ¡¡Momento ideal para hacer gala de tu sorprendente y magnifica sensibilidad!!… para la próxima ya la zarandeamos también un poco… " me dije mientras me levantaba y la seguía.
—Any… — la llamé a la vez que tocaba a su puerta.
No hubo respuesta y lo intenté de nuevo, sabía que estaba dentro pues la oía llorar.
—Any…
—Snif, ¡¡vete!!¿Que vuelves por mas o que? déjame sola
—Any por favor, lo siento, no fue mi intención hacerte daño… — le susurré a la puerta cerrada. Ya estaba por darme la vuelta y volver por donde había venido cuando la puerta se abrió mostrándome a una rubia con los ojos rojos e hinchados y la nariz húmeda.
—Ya sé que no fue tu intención… solo me hablaste con sinceridad… y la sinceridad a veces duele, es todo… no te preocupes, estaré bien… gracias por preocuparte… y gracias por todo…
—Aun así, lo siento… —dije a la par que me acercaba y le acariciaba el rostro— ¿segura que estarás bien? ¿Quieres que salgamos a dar una vuelta para que te despejes un rato?
—No, quiero estar sola, por favor…
—Está bien, no te preocupes— traté de sonreírle— si necesitas algo estaré abajo.
Me di la vuelta y comencé a caminar cuando de nuevo escuché su suave voz.
—Dul, ¿que te pasa en el pie?
—¿Eh?— me giré y miré hacia abajo— Oh, nada no te preocupes, solo me clavé algo anoche, no tiene la mas mínima importancia.
—¿Como no va a tener importancia si vas cojeando? A ver, déjame mirar— dijo mientras me agarraba del brazo y me guiaba al baño.
—Siéntate— me ordenó haciendo que me sentara sobre la tapa de la taza— veamos— a la par que se sentaba ella también sobre el filo de la bañera y ponía mi pie sobre su regazo.
—No es nada, apenas un rasguño… — intenté restarle importancia.
—¡¡Oh dios!!¿Cuando te hiciste esto? fue cuando…
—No, fue aquí en casa, antes de ir a buscarte, fue por lo que me di cuenta que no estabas.
—Se ve feo Dul, parece profundo, y lo tienes infectado… ¿no te curaste?— su mirada denotaba preocupación.
—No, yo… tenía prisa…
—Dule, que voy a hacer contigo… — dijo mientras sonreía por primera vez en la mañana y me acariciaba la mejilla con delicadeza— no te muevas ni un milímetro.
Situó con cuidado mi pie sobre el filo de la bañera y se levantó buscando entre los muebles del baño el botiquín.
—Donde están las cosas cuando las necesitas… —comentó mientras sacaba mil y una cosas del mueble menos la que buscaba.
—¿Es eso de allá arriba lo que buscas?— pregunté con tono ausente mientras le señalaba con la mirada un estuche que había en la parte alta del mueble.
—Joder, ya de paso lo podían haber pegado en el techo— intentó empinarse en vano.
—Ya lo cojo yo— respondí levantándome y acercándome
—No, no te muevas.— dijo aun de espaldas a mí, sin percatarse de que estaba a su lado.
Alcé mi mano y cogí el maletín, poniéndoselo a la altura de sus ojos.
—Pero mira que eres cabezota, ¿que no te dije que no te movieras?
—Por favor, solo soy victima de mi altura… — le sonreí volviéndome a colocar donde instantes antes estaba.
—Pues ojalá mi má me hubiera dado mas petisuys— afirmó mientras también ella volvía a colocarse como antes.
—Estas bien como estas, ya que yo tuviera tu tamaño, así al menos pasaría algo mas desapercibida… — la miré mientras colocaba agua oxigenada en mi pie y limpiaba el corte con un algodón.
—Bueno, pero ser alta también tiene sus ventajas, no necesitas subirte a sillas, el de delante no te tapa en el cine, intimidas a los malos…
—Jaja, eso es solo un mito, ¿tu crees que con esta carita que tengo puedo intimidar lo mas mínimo a alguien? – cuestioné mientras ponía cara de no haber roto un plato en mi vida.
—Jaja, oyee, deberías de ponerla mas a menudo.
—¿Y acabar con mi reputación de ogro? Antes muerta que sencilla…
—No tienes reputación de ogro… se nota que últimamente has estado incomunicada de las buenas nuevas…
—¿Y que dicen las buenas nuevas? ¿Acaso al fin ascendí a Darth Vader?— inquirí curiosa mientras elevaba mi ceja derecha.
—Pues muy al contrario mi querida prima… las buenas nuevas te tratan bien… parece ser que desde que le partiste los morros a Iris pasaste al hall de la fama como la nueva héroe, defensora de los caídos.
—Wooh, que honor el mió… los bonos gratis de cafetería me lloverán ahora…
—Pues apuesto… ¿me invitaras?— preguntó coquetamente.
—A ti es mas económico regalarte un traje que invitarte a comer— le respondí burlona.
—Jajaja, ese es bueno.
Siguió curándome la herida, esta vez limpiando suavemente con mercromina, para después pasar a cubrírmela con una suave gasa.
—Bueno, esto es mejor que lo tengas al aire para que seque antes pero… visto donde está, creo que lo mejor será que la lleves tapada por unos días… no me gustaría que se volviera a infectar… — comentó ausente mientras suavemente me terminaba de poner el esparadrapo para sujetar la gasa.
—Gracias –le dije mientras la miraba fijamente.
—Por nada, es lo menos que puedo hacer— respondió a la vez que me devolvía la mirada.
—Bueno, y ahora habrá que inventar una buena excusa para explicarle a Dani porque su marrano fue sacrificado— solté de repente mas para verme liberada de esa mirada que de otra cosa.
***
— ¿Que intentó que?
—¿Tendré que repetirlo?
— ¡¡No, demonios!!Pero Any el no…
—No, tranquila, estoy bien, ya te dije que Dulce llegó justo en ese momento…
— Dios, es tan… ¿de verdad que estas bien?
—Si, de verdad… además, Dul me cuida bien.
— De eso no tengo duda, esa mujer es tu héroe.
—Si… y que lo digas…
— Ahora mismo voy para allá, te veo en un rato
—Andi no… Maldita sea… colgó.
Hice lo propio con mi auricular y me disponía a bajar al piso de abajo cuando escuché una risa que provenía del interior de mi habitación. Mi curiosidad fue mayor así que me acerqué a descubrir que era aquello digno de arrancarle sonoras carcajadas a mi prima.
Al asomarme a la puerta la descubrí sentada frente al ordenador. Parecía que hablara con alguien. Me acerqué, aun sabiendo que no estaba bien fisgonear tan descaradamente, y me puse a hacer como si buscara algo en la repisa de al lado mientras de vez en cuando echaba miradas furtivas a la pantalla.
—Si no fuera porque no te conozco aun lo suficiente, juraría que estas cotilleando lo que hago— me soltó mientras seguía sonriéndole a la pantalla del pc.
—Yo… no… — intenté en vano buscar una excusa coherente—lo siento… —me rendí al final.
—Nah, no te preocupes, no es privado, además, ya que está aquí y por ser tu te lo presentaré.
—¿A quien?— cuestioné acercándome mas y mirando fijamente la pantalla.
—Espera, no seas impaciente.
Estuvimos unos instantes así, solo mirando la pantalla, hasta que de repente apareció un chico en la imagen de la cam.
—Te presento a mi amigo Robert.
— Robert tenemos compañía, saluda a mi prima.— tecleó en el pc.
— Oh, vaya, lo llego a saber y me peino y me adecento antes— tecleó a su vez el tal Robert mientras se acicalaba y saludaba sonriendo exageradamente a la cámara.
—Jaja, tenía que ser Robert.
—¿Es amigo de allá de Inglaterra?
—Si, uno de los pocos que me aguantaba, jugábamos en el mismo equipo de básquet en el barrio.
—Es muy guapo… — comenté mientras le observaba.
—Pss si, pero no tanto como yo… Pero no le digas, es demasiado sensible a las criticas— esto ultimo casi en susurro.
—Jajaja, tranquila doña modesta, tu secreto está a salvo conmigo— le sonreí— mejor te dejo sola, digo, para que habléis y eso. Andi me dijo que vendría así que estará aquí en un rato. ¿Necesitas algo?
—Uhm, no gracias, todo bien, ¿tu? ¿Necesitas algo?—inquirió mientras sus ojos miel me miraban fijamente.
—Eh… no— fue lo único que contesté mientras le devolvía la mirada a duras penas.— Mejor me bajo, esta niña debe de estar a punto.
—Como quieras, nadie te echa…
Salí de la habitación y estaba bajando las escaleras cuando sonó el timbre.
—Eyy Andi— la saludé al abrir.
—¡¡Any!! ¡¡Cariño!!— exclamó mientras se me tiraba literalmente al cuello.
—Pero que mosca te ha picado…
—Any, ¿estas bien?— la preocupación reflejada en su rostro.
—Si, ¿que no me ves que estoy entera?
—Ya, no bromees…
—Tampoco ayudas a que no lo haga… te pareces a mi má…
—Que le voy a hacer si no puedo evitar preocuparme… eres mi amiga y te quiero… y no sé lo que haría si algo malo te pasara…
—Shh, tranquila, no me pasará nada… ya sabes el ángel que tengo para esas cosas…
—Hasta que el ángel se tome vacaciones…
—Anda… ¡¡pasa!!— le ordené quitándomela de encima y cerrando la puerta.
—¿Y Dulce?
—Arriba, hablando con un amigo.
—¿Con un amigo? ¿Que amigo?— inquirió curiosa.
—Uno de Inglaterra.
—¿Y esta arriba?— abrió sus ojos tanto que parecía que sus orbitas fueran a salir rodando por el suelo.
—No seas bobis, por el msn… y si ya le vi.
—¿Y es guapo?
—¿Porque será que sabía que esa sería la siguiente pregunta?
—Ya, no seas perra y suelta la lengua.
—No es guapo, es guapísimo… hasta envidia me dio.
—¿De quien exactamente? ¿De tu prima o de él?— me cuestionó burlona
—Ahora por graciosa te quedas sin conocerle.
—Eso lo veremos— sentenció mientras se dirigía hacia las escaleras.
—¡¡Andi!!
—Bubu – me sacó burla desde el primer rellano.
—Andrea Estrada, ¡¡ven aquí ahora mismo!!
—¿Y ahora quien suena a mamá?— me sacó la lengua ya desde arriba.
—¿Que se supone que haces?— preguntó Dulce apareciendo de la nada y haciendo que Andi pegara un bote que casi toca con su cabeza la lámpara.
—¡¡Aaahh!!
—Sabia que era fea, pero no que fuera pa tanto— respondió Dul al grito.
—Jajaja— me tronchaba desde abajo.
Andi seguía pálida, con la mano en el pecho y respirando pesadamente. Dulce se le acercó cautelosamente.
—¿Te encuentras bien?
—S..s… s… si – respondió al fin.
—Me alegro— le sonrió
Decidí subir y unirme a la fiesta.
—Eso te pasa por payasa— le regañé una vez estuve a su lado.
—Gracias, no te preocupes tanto por mí, ya me siento mejor— fue su respuesta mientras me miraba con ojos atravesados.
—¡¡Ya!! ¡¡Que no fue para tanto!!— la palmeó Dulce en la espalda.
—¿Ya se fue Robert?— le pregunté intentando parecer casual.
—Sí, tenia cosas que hacer, ¿por que?
—Por nada, solo preguntaba… —disimulé mientras acariciaba la baranda de madera de las escaleras— ¿Vas a salir?
—No, a decir verdad oí la puerta y quería saludar a Andi, aunque ya veo que no le hace
demasiada gracia el verme— comentó dirigiendo su mirada hacia la aun asustada chica.
—No, no es eso, es solo que me asusté, nada mas… — intentó justificarse esta.
—Me alegra, respecto a lo de anoche… — la palidez de Andi se intensificó mas— ¿de verdad estás bien?— la cuestionó Dulce preocupada.
—Si, si… — contestó mientras se agarraba mi brazo.
—Solo quería disculparme respecto a eso… estaba nerviosa y bueno… no iba en serio.
—Tranquila, entiendo— afirmó mientras soltaba el aire y respiraba aliviada.
—Gracias— sonrió— bueno, os dejo chicas, estaré abajo estudiando.
—No te preocupes— le sonreí en respuesta mientras la veía bajar las escaleras—¿Anoche? ¿Que me he perdido?— cuestioné a mi amiga mientras nos dirigíamos agarradas del brazo hacia mi habitación.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:50 pm

QUINTA PARTE
El otoño pronto dio paso al frío invierno. Cuatro meses habían pasado desde mi llegada a la casa de mis tíos y el comienzo de mi nueva vida. Cuatro meses llenos de todo, pa que negarlo, buenos y malos momentos.
La relación con mis tíos se había estrechado enormemente gracias en parte a la cercanía que en todo momento mantuvieron conmigo. No dejaba de sorprenderme hasta a mí la facilidad con la que me desenvolvía con ellos. Con mis primos sucedió mas de lo mismo, al principio me dejaban en jaque, sobre todo el renacuajo con sus besitos babosos y mi prima con sus prontos extraños, pero una vez acostumbrada… No voy a negar que los primeros meses fueron extraños y especialmente duros, echaba de menos a papá, extrañaba Londres, a mis amigos y como no a la señora Norman.
Pero la vida seguía… y la Navidad estaba a la vuelta de la esquina.
***
La idea rondaba por mi cabeza desde hacia varios días, pero necesitaba consultarla antes a mi tío, a fin de cuentas aun era menor de edad y el era mi tutor legal.
—Tío, ¿tienes un momento?— pregunté mientras le observaba en el sofá leer el periódico.
—Claro cariño, ¿que sucede?— su tono sonó preocupado.
—Oh, nada, no es nada… es solo que quería hablar contigo sobre algo
—Dime— respondió tajante mientras me miraba a los ojos serio.
—Veras, hace tiempo que le vengo dando vueltas a algo…
—Ajam.
—Yo… me gustaría volver a Londres antes de navidad a pasar unos días.
Ya lo había soltado, ahora solo a esperar el no. Cosa que para mi estupefacción, no sucedió.
—Ya había supuesto que algún día me pedirías eso. Aunque también debo de decirte que lo esperaba mucho antes. Extrañas tu vida allí, ¿verdad?
—Tío, aquí estoy muy bien, me siento a gusto con vosotros, no quiero que pienses que quiero volver porque me siento a disgusto ni nada… me habéis hecho sentir como en casa desde el primer día.
—Me alegraoír eso— dijo a la vez que me sonreía.
—Es solo que me gustaría volver para visitar a mis amigos y a la gente que dejé allí.— continué.
—Entiendo, y es comprensible.
—¿Entonces? ¿Puedo?
—Claro, pero antes tendremos que comprar el billete de avión, ¿no?— fue su respuesta.
No sé exactamente como ni cual fue el impulso que hizo que me agachara y le abrazara… o quizás si… simplemente estaba feliz.
***
Mi partida fue preparada antes de lo que hubiera esperado, la misma tarde en la que le confesé a mi tío mi deseo de partir salimos al centro a comprar el billete de avión, mi tía también se mostró emocionada desde que se enteró, comprándome todo tipo de ropa y de comida como para un regimiento, según ella para que la señora Norman tuviera con qué alimentarme, que la pobre era pensionista.
"Tal pareciera que están deseosos de perderme de vista por un tiempo" . Me encontraba tumbada sobre mi cama,observando ausente los posters que había frente a mí mientras dejaba a mi cabeza divagar.
" Mañana… mañana volveré a casa… " .
Aún me parecía surrealista la idea de que en apenas unas horas volvería a mi querida Londres.Seguía intentando hacerme a la idea cuando la puerta se abrió, revelando a una sudorosa Anahi enfundada en ropa de deporte.
—Buenas – me saludó mientras respiraba pesadamente.
—Hola… ¿cansada?— le pregunté burlona elevando una de mis cejas.
—No sé en que te basas… — fue su respuesta mientras sentándose en su cama me sonreía.
Seguí mirándola, mientras le devolvía la sonrisa. Ella siguió mirándome a los ojos, como retándome, mientras se quitaba las zapatillas deportivas y comenzaba a desnudarse lentamente.
—¿Ya preparaste todo?— me cuestionó sin apartar un ápice su mirada de mi mientras se quitaba la sudadera.
—Si, todo— le respondí medio hipnotizada mientras veía como se quitaba también el pantalón quedándose en un top y un pantalón de deporte de lycra minúsculo que apenas cubría lo que se suponía debía de cubrir.
Se levantó de la cama, aun sin dejar de mirarme, y se acercó a mí.
—¿Segura?— volvió a cuestionarme en un susurro demasiado cerca.
—Eso creo— tragué mientras seguía devolviéndole la mirada.
—Vaya, ya veo que llegué tarde entonces— me sonrió apartándose de mi de repente como si tuviera algo contagioso. Se dirigió hacia el armario, cogió algo de ropa y se encaminó hacia la puerta— Mejor le hago una visita a la ducha, te veo en un momento— dijo saliendo disparada como una bala de la habitación.
Me quedé ahí, solo mirando como bobis la puerta cerrada, con el corazón acelerado y con algo golpeando en mi cabeza
" ¿Qué demonios acaba de suceder ahora mismo? "
***
Salí todo lo aprisa que pude de la habitación y me encerré en el baño. Aun podía sentir el fuerte latido de mi corazón retumbándome en los oídos.
"Any, Any, si juegas con fuego te quemas… ¿se puede saber en que andabas pensando? por dios, es tu prima, no puedes andar coqueteándole así porque si solo porque te agrade estar con ella… un momento, ¿agradarme? "
Abrí mis ojos todo lo que pude sorprendida del inesperado rumbo de mis propios pensamientos mientras me sentaba en el suelo aun apoyada en la puerta.
"Te agrada demasiado… y reconoce que después de todo la vas a extrañar durante toda esta semana que esté fuera " . Las palabras de Andi de momentos antes mientras hacíamos deporte resonaban ahora en mi mente.
Me cubrí la cabeza con las manos mientras intentaba poner en orden mis emociones y mis sentimientos, pero todo lo que supe hacer en ese preciso instante fue llorar. Llorar por algo que no entendía, o que más bien me negaba a entender aun después de todo este tiempo ya saberlo.
***
Estaba arreglando la cama cuando la puerta se abrió, esperaba que fuera mi prima, pero me sorprendió al ver que no era sino una cabecita que se asomaba apenas tímidamente.
—Hola Alex, ¿que haces ahí renacuajo?
—Dul… mira— dijo entrando atropelladamente en la habitación y casi tropezando con sus propias piernas al correr.
—A ver, que miro— me arrodillé a su lado.
—Mira— me señaló su mano, mostrándome a Rosita, la tortuga.
—Ohh… ¿que le sucede?
—Le duele la tipa… mira… — señaló de nuevo volcándola y haciendo pucheritos.
—Uhm, a ver…
Me la puso sobre la mano y la observé durante un buen rato como si fuera el veterinario de pelo pico pata. Alex me miraba fijamente con cara asustada.
—¿Se va a morí?— preguntó con los ojillos medio llorosos.
—No, claro que no… mira— la puse en el suelo mientras le hacia observar. Rosita poco a poco fue sacando su cabeza y sus patitas. Nos miró a ambos y comenzó a andar por la habitación.
—¡¡Ta buenaa!!— Alex gritó haciendo palmas.
—Jajaja, si, ¿ves?… solo estaba asustada— le sonreí.
—Tonses ¿ya no se muere?— me preguntó mientras me agarraba la cara con sus manos y me hacia mirarle.
—No, no se muere, aun le queda mecha…
—¡¡Asias Dul!!— me besó en la mejilla mientras me abrazaba. Cogió a Rosita, la cual no tardó demasiado de nuevo en esconderse en su caparazón, y salió corriendo hacia la puerta, donde me percaté que estaba apoyada Any con el cabello aún húmedo. No sé cuanto tiempo llevaría allí pero por la sonrisa de su cara supuse que el suficiente para observar toda la escena.
—No corras Alex— le avisó mientras le acariciaba la cabeza mientras salía.
Me levanté del suelo y me sacudí la ropa, más por hacer algo que por sacudirme realmente.
—Se te dan bien los niños— me dijo mientras se acercaba a mi lado.
—No te creas… solo que ese renacuajo tiene algo…
—Claro, se parece a mi… — me dijo mientras me miraba coquetamente.
—Debe ser eso…
" Y aquí vamos de nuevo " . No pude evitar pensar mientras tragaba saliva pesadamente por segunda vez en la tarde.
—¿Te apetece salir a dar una vuelta?
—¿Ahora?
—No, si te parece en una semana, solo que te lo digo con la suficiente antelación— rodó sus ojos— pues claro que ahora.
—Pero aun no me he duchado ni nada.
—¿Y que haces aun ahí? Vamos, te espero abajo— dijo dándose la vuelta y saliendo de la habitación no dejándome ni tiempo a reclamar.
***
Nuestro destino fue la sala de cine, nos encontrábamos en la cola de taquilla cuando me percaté de la presencia de alguien a lo lejos. Guille con su panda de amigotes. Decidí hacer como si no hubiera visto nada y ahorrarle el trago a Any.
—Y ella a ultima hora decide que no se casa… y se va en busca del reno de los ojos violetas que resulta estar enrollado con la vaca Milka del chocolate que a su vez tiene un rollete con el perro Niebla de Heidi… gracias por ignorarme tan sutilmente…
—¿Eh? ah no, lo siento… es solo que me distraje un momento, ¿que me decías de una vaca?— trate de disculparme.
—Olvídalo— Any giró sus ojos y se cruzó de brazos mirando hacia otro lado en un gesto claro de abatimiento.
Estaba por responderle cuando la cola avanzó y nos encontramos frente al tipo de la taquilla.
—Dos para la sala 4— dije casi lamiendo el cristal de lo cerca que tuve que situarme.
—Por el centro, si puede ser— gritó Any a mi lado mientras pegaba sin ningún tapujo su nariz al cristal y me agarraba de la manga de la chaqueta— Tu cuello me lo agradecerá— dijo dirigiéndose ahora hacia mi.
Pagamos las entradas y nos dirigimos al interior del local.
—¿Quieres palomitas o algo?
—Creí que nunca me lo preguntarías… ¿Vas a invitarme? – me miró con ojillos brillantes.
—Jajaja… y que remedio… solo recuerda que soy estudiante.
—Tranquila que tu bolsillo no se resentirá mucho… me conformaré con un cubo gigante de palomitas de colores, un regaliz de fresa, una cocacola light, una bolsa de patatas…
—La coca light es para la dieta, ¿no?
—¡¡Claro!!En algo hay que controlarse…
—Jaja, loquis…
—¡Yo quiero mi cocaa!
—Claro que si hija mía, ahora mismo te traigo tu dosis… ahora regreso.
—Valep, ¡¡pero no olvides el chupa chups de chocolate y vainilla!!— me sacó la lengua.
—Si claro, todo lo que guste la princesa…
Me aleje de su lado y puse rumbo a la zona de cafetería dispuesta a satisfacer los deseos de la niña cuando alguien no grato se interpuso en mi camino.
—Vaya, vaya, vaya… pero mira a quien tenemos en la sala…
—Hola Iris, ¿que tal va tu labio?
—¿Quieres comprobarlo?
—¿Quieres que te golpee de nuevo?
—¿Te atreverías?
—¿Aun lo dudas?
—Eres todo un enigma… lastima que juegues en el otro bando —La chica me miró con una sonrisa sardónica colgada en los labios.
—Gracias por el piropo… y ahora si me disculpas, tengo cosas mas importantes que hacer.— dije rodeándola y dejándola ahí plantada.
Me pegué al mostrador y esperé pacientemente a que la dependienta me despachara. La presencia no grata de nuevo entró a escena.
—Te gusta dejarme a medias, ¿verdad?
—Si te hace ilusión pensarlo de esa manera — le respondí indiferente.
—A tu querida prima parece que no le gusta hacerlo, mírala nada mas como se divierte…
Me di la vuelta y la miré con una ceja alzada, seguí su gesto con la cabeza y vi algo que no esperaba ver: Any besando a Guille.
—Que pena que ese gen no me lo heredaras…
Me giré de nuevo hacia el mostrador, intentando ignorar en vano la punzada de rabia que empezaba a nacer en mi interior.
—… nos hubiéramos divertido tanto las dos— seguía Iris pinchando.
Apreté mis puños, mientras mentalmente trataba de contar hasta 10 en un vano intento por serenarme y no partirle la cara al ser no grato y al otro desgraciado.
—¿Desea algo?— me sacó la dependienta de mis pensamientos.
***
Estaba observando como Dul se alejaba de mi lado rumbo a la cafetería cuando noté una mano posarse sobre mi hombro. Me giré lentamente para encontrarme con el dueño o dueña de tal mano. De sobra está decir que mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí a quien pertenecía.
—Ey Any.
—Guille…
—Lo siento… te vi y quise acercarme a saludarte— me sonrió tímidamente, algo raro en el.
—Ohh… — fue lo único que supe contestarle mientras con la mirada trataba de localizar a mi prima.
"Demonios Dul, donde estas cuando se te necesita… Ok, tu tranquila Any, que puedes despachar solita al tipo… "
—¿Y como has estado? Hacía tiempo que no nos veíamos…
—Si, desde la fiesta… pues bien, genial he estado…
—A la vista está… respecto a lo de la fiesta… quiero decirte que no sé que me pasó… supongo que fue la bebida o algo… quería disculparme respecto a eso…
—Ya… la bebida…
—Any, por favor, creeme que lo siento… yo no soy así, lo sabes…
—Pues lo siento, pero no, no lo sé… solo conozco lo que he visto de ti… y no me agrada para nada… y ahora si me disculpas, mi película va a empezar de un momento a otro… — dije tratando de dar por zanjada la conversación y girándome para marcharme.
—Any… no… — me detuvo agarrándome del brazo y haciéndome girar— Por favor, me gustas, dame otra oportunidad— fue lo ultimo que dijo acercándose a mi y besándome.
—¡No! Déjame en paz de una vez Guille, no quiero saber nada de ti, ¿me oyes? Nada— le escupí con rabia a la cara mientras me revolvía en su agarre y me liberaba de el.
Me di la vuelta y entré al único lugar donde sabia que no me seguiría, el servicio de chicas.
***
No sé ni como lo hice, pero conseguí librarme de Iris entre la multitud de la sala y colarme en el servicio de chicas. Me acerqué al lavabo y liberé mi frustración golpeando los puños sobre el.
—Eres imbécil Dulce. Una completa imbécil…
Me miré al espejo y unos gélidos ojos azules más fríos que el hielo me devolvieron la mirada.
—Cuando aprenderás… — le estaba diciendo a mi reflejo cuando la puerta se abrió estrepitosamente revelando a una rubia pálida y asustada.
—Tu… Dulce..— dijo acercándose a mi y abrazándome.
—¿Que pasa?— contesté rodeándola con mis brazos mientras toda la rabia que instantes antes sentía se veía disipada por una calidez y ternura extrañas en mi.
—Dulce… está fuera…
—Shhh, tranquila… ya lo sé…
—Tengo miedo…
—No dejaré que nada te ocurra, ¿me oyes?— la encaré haciendo que me mirara. Sus ojos denotaban una mezcla de cansancio, miedo y tristeza. Y pensar que instantes antes su mirada delataba todo lo contrario… — ¿Quieres volver a casa?— le pregunté suavemente.
—No… no… no dejare que un fantasma nos eche a perder la noche…
—No pasa nada, lo sabes.
—Dulce, no quiero darle el gusto— me contestó agarrándome de la mano.
—¿Segura que lo quieres así?
—Si… mas que segura…
—También está Iris…
—Y también estás tu— dijo mirándome a los ojos y sonriéndome.
—Cierto— le devolví la sonrisa— Salgamos a ver esa peli.
—Si… no hagamos esperar mas a Pitt… Por cierto, ¿donde esta mi coca light y mis palomitas?— me decía recuperando su chispa mientras salíamos del baño.
***
La sesión de cine transcurrió sin ningún percance, excepto por algunas palomitas que volaron sospechosamente hacia mi cabeza en varios momentos de la película desde el asiento donde estaba sentada mi prima. De Iris y Guille no hubo señales en el resto de la noche, y mejor así, pues la tarde a pesar de haber intentado torcerse se remendó demasiado bien.
Íbamos por la calle caminando rumbo a casa, la noche estaba fría y húmeda. Noté a Any tiritar levemente dentro de su abrigo.
—¿Frió?— le pregunté acercándome a ella.
—Un poco… ok, quizás algo mas que un poco— contestó revolviéndose en su abrigo— ¿Tu no tienes?
—Nah, esto no es ná comparado con lo que me espera mañana en Londres.
—Ugg, de solo imaginármelo me da mas frío… tienes ganas de volver, ¿verdad?— me cuestionó mirándome mientras seguíamos caminando a través de la mojada calle.
—¿Sinceramente? Si, extraño lo que dejé allí… aunque tampoco fuera mucho— le sonreí.
—No lo creo, si no fuera importante no regresarías, ¿o si?
—No, supongo que no…
—Volverás, ¿verdad?— me preguntó seria mirando hacia el suelo.
—Pues si, me temo que aun te queda por soportarme un rato largo—contesté mirando su perfil.
—Dulce tortura — fue su respuesta mientras levantaba su mirada del suelo y me miraba directamente a los ojos.— ¿Te apetece tomar algo caliente?
—Si me vas a invitar… porque te recuerdo que mas dejao el bolsillo mas seco que una mojama…
—Jajaja, y porque me contuve…
—Pues menos mal… que sino tengo que quedarme en prenda…
—Pero mira que eres exagerada… — dijo entrecerrando sus ojos y mirándome mientras movía la cabeza.
***
A pesar del retraso de más de 3 horas a causa de la huelga de azafatas feministas, mi viaje de regreso a Londres transcurrió sin ningún percance.
Me encontraba junto a la cinta transportadora, tan inmersa en mis pensamientos que por un instante casi perdí de vista mi maleta.
La despedida en el aeropuerto con mis tíos había sido cuanto menos extraña. Mientras mi tío se había limitado a abrazarme y a darme palmaditas en la espalda mientras me decía una y otra vez " lo responsable que era " , mas para autoconvencerse a sí mismo que para hacérmelo ver a mí, mi tía por su parte trataba de recordarme desesperadamente todo lo que se suponía que no debería haber olvidado llevar mientras se cercioraba una y otra vez de si iba bien abrigada abrochando y desabrochando como posesa los botones de mi chaqueta. Sonreí ante el recuerdo.
"No hay duda de que les importo, estaban mas nerviosos por mi partida ellos que yo. Los extrañaré, mas de lo que hubiese imaginado " .
Agarré mi maleta cuando pasó por mi lado y me dispuse a abandonar la sala mientras mi cabeza aún andaba a kilómetros de allá. La realidad me azotó nada mas cruzar el umbral de la puerta de salida de la sala y verme rodeada de gente hablando un idioma que parecía ya tan lejano a mis oídos…
—¡Dulce!
Un movimiento en la parte derecha de la sala y una voz conocida hicieron que volviera mi cabeza y una sonrisa se plasmara en mi cara. Era Robert. Me acerqué a el a trompicones y como pude entre el maremagnum de gente.
—¡Ey tu! ¡Españolita!— me recibió nada mas ponerme a su altura.
—¡Ey tu! ¡Inglesito!— fue mi respuesta.
Sonora fue su carcajada. Cerró el poco espacio que quedaba entre nosotros y me engulló entre sus brazos.
—Te extrañé mucho renacuaja— me susurró al oído.
—Yo a ti no te extrañé mucho… — sonreí ante el poema que fue su cara— Te extrañé horrores— le cercioré mientras le besaba en la mejilla.
Sonrió y se separó de mí mientras abría de nuevo espacio entre nosotros.
—¡Oye! ¡Tas mas sexy!— me miró descaradamente de arriba abajo.
—Claro cariño, porque sabía que vendrías tu a recogerme… tengo que estar a tu altura— le coqueteé en broma.
—Uhm… como te he extrañado… ¿te lo había dicho ya?
—Bueno… era de esperar.
—Egocéntrica.
—Pues un poco… aunque no tanto como tu— me sonrió de nuevo— y qué, ¿piensas quedarte ahí admirándome como bobis durante mas tiempo o despertaras y me llevaras a casa de una vez? Vamos que no es por ná… pero ya sabes que eso de venir pa ná es tontería.
—Pero mira que eres desesperada que ni un momento me permites recrearme la vista…
—Hombres… — rodé mis ojos en broma.
Tomó mi maleta y nos dispusimos a abandonar el aeropuerto. Seguimos charlando animadamente hasta llegar a su coche.
—¡Vaya! ¡Veo que hay cosas que no cambian con el tiempo!— le comenté a mi amigo mientras hacia una mueca mirando al cacharro que osaba llamar coche.
—Te volviste tú muy tiquismiquis, ¿no?
—Tiquismiquis o no… no quita que esta lata de sardinas siga pareciendo el coche del panadero de la de bollos que me trae… ¡oye! ¿Ese de allá es nuevo?
—Veo que estas atenta.
—Claro, ¿que creías? A mi no me la das con queso— le saqué la lengua— ¿que ocurrió?— pregunté curiosa mientras me colaba en el interior de la lata naranja y me colocaba el cinturón.
—Se me atravesó una oveja— respondió mientras ponía en marcha el motor.
—Jaja, ¿una oveja? ¿Pues donde andabas? ¿En la granja de Pepito?— lo miré burlona.
—Algo así… ¿Recuerdas del trabajo que te hablé ante de que te marcharas?
—Si, ¿pero no era en un lavadero?
—Ajam, en un lavadero… pero de vacas.
—Jaja, ¡noo!
—¡¡Si!!
—Pobres vacas…
—Tu siempre tan comprensiva… — me sacó la lengua mientras se sumergía en el tráfico de las afueras.
—Jaja, es que no termino de imaginármelo… tú, un ratón de ciudad, rodeado de bichos en el campo… perdona pero demasiado surrealista.
—Ya ves que valiente te salí. Todo por ti, mi amor, para comprarte al fin esa casita en la playa— me lanzó un beso al aire.
—¡Oh! No tengo palabras a eso… me siento tan halagada… ¿Y cuanto duraste?
—Media hora…
—¡¡Vaya que te superaste!!
—Claro… tu amor era mi mayor motivación.
Le sonreí mientras miraba a través de la ventana. Estuvimos un rato en silencio, hasta que al fin de nuevo habló.
—Y tu que, ¿que te cuentas?
—Uhm, pues ná… que quieres que me cuente— le respondí ausente.
—Y aquí viene Dulce, siempre tan dispuesta a hablar de sí misma— me bromeó.
—Graciosillo… No sé, lo de siempre.
—¿Y que es lo de siempre?
—¿Sabes que me recuerdas demasiado a alguien?
—¿En serio? ¿A quien? ¿A Ashton Kutcher? Ya sabía que éramos como dos gotitas de agua… me lo dicen mucho.
—¿Kutcher? Que más quisieras.
—Te corrijo… que mas quisiera el. Y ya dime, ¿quien tiene el gusto de asemejárseme?
—Te pareces a mi prima Any.
—¡¡Woaa!!¿Tan femenina me veo?— inquirió mientras agitaba suavemente sus pestañas mirándome coquetamente.
—Jaja, ¡¡pero mira que eres payaso!!— le golpeé suavemente en el brazo.
—¡¡Oye!! ¡Que voy al volante! ¡¡Precausion amigo conductó!!… entonces, ¿es bonita?
—Mucho— suspiré mientras centraba mi atención de nuevo en el paisaje.
—Pues sin duda si que se parece a mí.
No contesté nada, simplemente me limité a sonreírle a mi tenue reflejo en la ventana mientras me abandonaba a mis pensamientos, pensamientos que no tardaron en verse invadidos por el recuerdo de cierta chica rubia de ojos azules.
" Me pregunto que estará haciendo ahora mismo… "
***
A unos cuantos kilómetros al sureste y con una hora más en el reloj una chica se encontraba echada sobre su cama mirando el techo como el que busca algo que no encuentra.
" ¿Habrá llegado ya? Me pregunto que estará haciendo ahora mismo… Pues que va a estar haciendo, imbécil, divertirse. De seguro está con su amigo Robert… " . No pude evitar que ese pensamiento trajera algo a mi estomago… ¿una punzada de celos quizás?
"Eres *beep* Anahi… ¿que acaso crees que te va a extrañar? pero si debe de estar en su salsa…"
El teléfono interrumpió mi monólogo interno.
—¿Si?— respondí al auricular.
— ¡Any!
—Ey Andi, ¿que hay?
— Pues ná, dándote señales de vida… logré librarme de la comida con mis padres y me preguntaba si querrías salir un rato a dar una vuelta y hacer la loquis conmigo y mi prima Sandra.
—Uhm… lo siento Andi, pero creo que me quedaré en casa hoy… la verdad es que no me apetece salir…
— ¿Tas bien?
—Si, claro, perfectamente.
— Ya…
—¡¡Oye!!Que estoy bien, en serio…
— Ya se fue Dul, ¿no?
—Si, esta mañana temprano… aun no llamó…
— Ahh, así que eso es… No te preocupes de seguro debe estar tan a gusto que se le olvidó.
—Si, imagino.
— ¿Segura que no quieres venir con nosotras?
—Si, segurísima.
— ¿Y segura que estas bien?
—Jaja ¡¡siii!! ¡¡Yaa!! ¡No seas tan pesada!
— Para mi es un placer… ya sabes que me encanta… entonces, ¿no te animas?
—¡¡Andi!!
— Jaja ok ok, tenía que intentarlo por ultima vez.
—Mándale saludos a tu prima de mi parte, ¿eh?
— Vaya, ¿ya me mandas a volar o que?
—Jaja ¡¡noo!!¿Pero no te ibas?
— Pss… Sip, solo que acabo de darme cuenta que me encanta torturarte con mi digna presencia.
—Empiezas a preocuparme seriamente.
— ¡Ah! ¿Que antes te preocupaba en broma?… eso si que no me lo esperaba de ti… crack… una tirita pa mi pobre corazoncito…
—Jaja, ¡¡bobaa!!
— A su servicio.
—¿Y a donde iréis?
— No sé, quizás al cine a ver al Pitt… ¿de verdad no te animas?
—Bah, ya la he visto…
— ¿¿Que??¿Como? ¿Cuando? ¿Donde? ¿Con quien? ¿Por que?
—Pues eso… con los ojos… ayer… en el cine… con Dul… porque me apetecía… ¿¿satisfecha tu curiosidad??
—Bueno, siempre me puedes entrar en detalles… ya sabes que tampoco es que me vaya a quejar si lo haces…
—Jaja, ¡¡pero mira que eres maruja!!
— No sé en que te basas… así que con Dul, ¿eh?
—Si… lo pasé bien después de todo… ya te contaré… allá nos encontramos con Iris y Guille…
— ¡¡No!!¿Y que pasó?
—Fue un malrato… pero gracias a dios todo salió bien… ya te contaré…
— ¿Hubo sangre?
—Jaja ¡¡noo!!
— Buuu… ¿que hizo Dul?
—Pues… ¿que crees que hizo?
— ¿Salvarte? ¿Comprarte chuches?
—Uhm… puede…
— Así que no me dirás, ¿eh?
—Jajaja esta es la prueba… para que luego me digas que no eres chismosa.
— En ningún momento lo negué… Pero mañana me cuentas, ¿eh? Quiero saber con pelos y señales que hiciste con la prima… y que hizo la prima.
—Si claro… una buena dosis para el mono de chisme…
— Vamos… no seas cruel… si solo es porque me importas…
—Claro, va a ser solo eso.
— Vamos Any, ¡¡vente a dar una vuelta!! ¡¡Que sino me pongo celosa!!Porque claro, con ella si… y conmigo no… ¿es mi pelo lo que no te agrada ya?
—Lo que me faltaba por oír… ¡¡Dios!! ¡¡Que hice yo para merecer estoo!!
— Agghh… ¡¡vamos!! ¡¡Yaa!! ¡¡cuentame!!… to be continued…
Colgó abruptamente el teléfono dejándome con el auricular en la mano y la palabra en la boca. Típico de Andi cuando su madre la descubría hablando por teléfono, de sobra era conocida su pasión por el aparatito. Colgué por mi parte el auricular y volví a colocarme donde instantes antes estaba mientras esperaba pacientemente su llamada.
El teléfono no tardó en sonar de nuevo.
—No pienso contarte ahora mismo mis intimidades mas intimas.
— Ah, ¿no?… vaya, que desilusión… — sonó al otro lado de la línea una voz diferente a la de mi amiga.
—¿Dul? ¿Eres tú?
— Pues eso creo… ¿esperabas otra llamada?
—No… ¡¡Si!!Da igual, no importa.
— Uy, a quien esperarías… no te preocupes, te dejaré pronto, en realidad solo llamaba para decir que llegué sana y salva a casa de la señora Norman, Robert vino a recogerme al aeropuerto y bueno, aquí estamos que vamos a salir a dar una vuelta para rememorar viejos tiempos.
—Oh, vaya, que bien… mándale saludos de mi parte.
— ¿A quien? ¿A Robert o a la señora Norman?
—A ambos.
— Os llevaríais bien…
—¿Con quien? ¿Con Robert o la señora Norman?— le devolví la jugada.
— Con ambos— ya imaginaba esa sonrisa sardónica colgada en sus labios mientras me copiaba mi frase anterior.
—No adelantes acontecimientos.
— Todo a su debido tiempo.
—¿Me retas?
— Si lo quieres tomar así… ¿que es ese ruido?
—Uhm… que están llamando…
— No te preocupes, supongo que era importante, ya te dejo…
—¡¡No!!Quiero decir, no era importante…
— Bueno, aun así… dile a tus padres que llamé…
—Descuida, yo les digo… ¿volverás a llamar?
— Claro, lo creas o no… no os librareis tan fácil de mi… os extraño.
—Nosotros también te extrañamos.
— Nah, pero si debéis de estar en la mismísima gloria… ¡¡sobre todo tuu!! ¡Que no tendrás quien te moleste con la luz por la noche durante una semana!
—Bah, no es pa tanto… ya me acostumbré…
— ¿Eso significara que ya no me gritaras mas para que la apague y me vaya a dormir?
—No, quise decir que ya me acostumbré a gritarte.
— Jaja, ahhn… pues entonces mejor me acostumbro pronto a mis tapones para los oídos.
—Eso explica muchas cosas…
— ¿Que sea capaz de soportar tus ronquidos?
—¡¡Oyee!! ¡¡Que yo no ronco!!Solo respiro fuerte…
— Jajaja… sin comentarios… oye, ¿me haces un favor? ¿Puedes mirar en el último cajón de la mesa del escritorio?
—¿Me dejas mirar en tus dominios? uys, que honor el mío.
— Pa que veas que te tengo en estima.
Me levanté y me acerqué al lugar mandado, abrí el cajón y observé el interior. Una libreta, un libro, una pelota de espuma, dos bolígrafos y un viejo álbum de fotos fue lo que encontré. Todo perfectamente ordenado.
—¿Y bien?
— ¿Ya estás? ¿Está dentro el libro de Hamlet?
—Ajam— lo cogí entre mis manos.— ¿Porque preguntas?— inquirí curiosa.
— Porque pensé que lo había perdido… supuestamente lo traía en mi mochila… supongo que con las prisas lo olvidé…
—Creí que ya lo habías leído…
— Si bueno… pero me gusta…
—Entiendo… pues no te preocupes, está sano y salvo en tu cajón.
— Menos mal… gracias.
—Por nada.
— Debería dejarte ya… tu llamada debe de estar ya desesperada…
—Nah… ni te preocupes.
— Cuídate mucho, intentaré llamar pronto… nos vemos.
—Gracias, tu también, cuídate… nos vemos.
Esperé con el auricular en la oreja a que colgara primero para después repetir el movimiento. Tiré el teléfono a un lado sobre la cama mientras tomaba asiento en ella con el libro aun en mi otra mano. Me quedé observándolo durante unos instantes mientras acariciaba suavemente las tapas con mis dedos.
—¿Sabes? En cierta forma te envidio… ¿que tendrás que a tu dueña le gustas tanto?— susurré ausente mientras me decidía a abrirlo y descubría sus letras.
***
El fuerte sonido de un trueno me sacó de los dominios de Morfeo. Miré hacia la ventana iluminada por los rayos, el sonido de la lluvia era notable. Suspiré mientras trataba de cerrar los ojos y sumergirme de nuevo en el mundo de los sueños. Los pensamientos que me habían acechado antes de irme a dormir volvieron inevitablemente a mí. Me di la vuelta y volví a mirar hacia la ventana, donde en la penumbra, y a través de la lluvia se podía observar al fondo la ventana de otra casa. Mi casa. Cerré los ojos fuertemente evitando que las lágrimas volvieran a brotar. Me fue imposible. Incapaz de mantenerme por más tiempo en ese estado me levanté de la cama y entré al baño. Abrí el grifo y me lavé la cara con agua fría. Miré al espejo donde un reflejo cansado me devolvió la mirada.
—Y para esto querías venir… —le susurré.
Me sequé y salí del baño rumbo a la cocina. Me encontraba saqueando la nevera cuando noté que la luz se encendía. Me di la vuelta y en el umbral de la puerta estaba la señora Norman. No pude evitar quedarme en el sitio, como una niña recién descubierta por su madre hurgando en el tarro de las galletas. Mi parálisis momentánea quedó rota por la sonrisa y la suave voz de la señora Norman.
—Ya te dije que te comieras todo el plato en la cena.
—Lo siento…
—Jaja, vamos cariño… solo bromeaba… es normal que tengas hambre, estas en pleno crecimiento.
—Sip, a lo ancho, jaja.
—A lo que sea, ¿te preparo algo tesoro?
—No, ya me las apaño… siento haberla despertado.
—¿Y quien te dice que me has despertado precisamente tu?— dijo sonriéndome y señalándomesu estómago.
—Upss…
—Ya ves que no eres la única que está en fase de crecimiento " a lo ancho " .
—Jaja.
—Anda, siéntate… te prepararé un vasito de leche caliente.
—Gracias.
Se dio la vuelta y comenzó con su labor. Me quedé mirando su espalda mientras una sonrisa afloraba en mis labios. Por un instante tuve la sensación de que nada había cambiado, que solo estaba allí de visita y de gorrona como tantas otras veces y que papá estaría en la casa de al lado esperándome.
Un vaso colocado frente a mi me sacó de mis recuerdos.
—Gracias.
—No hay de qué cariño.
Lo llevé a mis labios y bebí un poco. La miré y en su cara seguía aquella sonrisa ahora magnificada.
—¿Que?— le sonreí contagiada.
—Nada, cantinflas— respondió cogiendo una servilleta y limpiándome el bigote de leche.
Reí algo avergonzada mientras de nuevo acercaba el vaso a mis labios, aunque esta vez con mas cuidado.
—¿No puedes dormir?— preguntó de repente.
—¿Eh?… uhm, no, esos truenos… —intenté fingir molestia.
—Si, están fuertes… pero tu sueño lo es mas… hay algo que te preocupa, ¿verdad?
—Uhm… no, no es nada, tranquila— le sonreí.
—¿Segura? mira que te conozco mejor de lo que imaginas.
—Si… son solo… recuerdos… que vienen a mi cabeza…
—Oh, cariño, no te apenes con ello, es normal.
—Ya, pero hay cosas que no se pueden evitar… extraño demasiado a papá… —dije con la voz casi rota.
De inmediato me sentí rodeada por unos brazos que fuertemente me sostuvieron en mi llanto. Un llanto que llevaba demasiados meses conteniendo y que ahora se veía liberado. No recuerdo cuanto tiempo estuve así, pero si el suficiente para que los rayos desaparecieran y el cielo pareciera aclararse, no solo fuera, sino también dentro de mi.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:50 pm

SEXTA PARTE
" Uff… joer, que frío "
El frió aire de diciembre me golpeó de lleno en la cara nada mas salir por la puerta de casa de la señora Norman.
" Gracias a dios no llueve " . Pensé para mi misma mientras caminaba por la acera sin un rumbo fijo. Me encontraba exhausta, apenas había podido pegar ojo en toda la noche, pero por alguna extraña razón algo me impulsó a levantarme esa mañana y salir a caminar.
" Estas como una chota Dulce… mírate, con ojeras y aquí tan pancha dando vueltecicas a la manzana como las imbéciles con el frío calándote los huesos " .
Seguí caminando calle abajo, mis pies parecían tener vida propia. Giré a la derecha y me encontré en el último lugar al que hubiera deseado ir durante mi estancia allí. La pesada puerta me dio la bienvenida al lúgubre lugar. Pasé por debajo, aun no demasiado consciente de lo que pretendía hacer allí. Nada más pasar una gitana se abalanzó sobre mí intentando hacerme el agosto… y para mi sorpresa consiguiéndolo.
—¡¡Anda guapa!! ¡¡Llévate una docena!! ¡¡Mira que preciosidad!! ¡¡Y solo por 6 libras!!
Agarré las flores, las pagué y seguí caminando por el largo pasillo central. Lapidas y mas lapidas se abrían paso ante mi a cada zancada. Giré a la derecha no demasiado segura de ir a donde se suponía que debía ir. Avancé unas losas más y me detuve.
Una fina lapida doble de mármol me dio la bienvenida. Me quedé largo rato observándola para instantes después arrodillarme y depositar en el jarrón las flores que había comprado. Seguí observándola, tratando infructuosamente que algún pensamiento coherente viniera a mi cabeza, mientras ausente limpiaba la lapida.
—Como pudisteis concebir una hija tan *beep*… — le sonreí agriamente al frío mármol.
Tragué saliva pesadamente, y agaché mi cabeza tratando por una vez en mi vida de comportarme como la adulta que no era.
—¿Por que?— fue lo único que salió de mis labios. Los apreté con fuerza, como intentando que no saliera nada mas. – ¿Por que me abandonasteis? ¿Porque cuando mas os necesitaba?— cerré los ojos permitiendo que las lagrimas se pasearan con total libertad por mis mejillas.
Los abrí de nuevo, mientras dirigía mi mirada hacia el cielo gris, desde donde poco a poco comenzaban tímidamente a caer gotas de nuevo, clamando porque mis preguntas fueran respondidas por algún tipo de divinidad o algo parecido. Suspiré pesadamente mientras de nuevo miraba las losas.
—Papá, tu siempre me decías que todo sucede por una razón… que para todo el destino tiene una respuesta… ¿que sentido tiene todo esto? dime… ¿cual es la razón para tanto dolor y sufrimiento? Sé que estoy siendo condenadamente egoísta… pero eras lo único que tenia en esta vida… y te marchaste dejándome sola… — el sonido de un trueno pudo oírse a lo lejos— Ok, no exactamente así… — sonreí por primera vez en el día ante el recuerdo de lo que había dejado en España— Pero ya sabes que no es lo mismo… nunca será lo mismo… nunca nadie ocupará el vacío que dejó en mi tu ausencia … es esa sensación de estar rodeada de gente… y a la vez sentirme sola… incompleta… tu siempre me decías que algún día y con el tiempo todas las piezas del puzzle de mi vida encajarían… y ahora lo cierto, es que siento que faltan… y tal vez las mas importantes… me siento perdida… —admití al fin.
Me quedé largo rato allí callada,mirando las losas sin realmente verlas mientras la lluvia acariciaba mi piel ya sin ningún tipo de tapujo.
—¡¡Demonios Dul!!¿Que no tienes ni un euro pa comprarte un paraguas en los chinos de la esquina?— fue el cordial recibimiento de mi amigo nada mas abrirme la puerta de su casa.
—Buenos días Robert, yo también dormí genial— fue mi réplica mientras pasaba al interior y me quitaba la chaqueta empapada.
—¡¡Dulce!! ¡¡Cariño!! ¡¡Estas empapada!!Sube arriba a cambiarte de ropa antes de que pilles una pulmonía… — apareció por la puerta de la cocina la madre de mi amigo.
—Pero… — intenté en vano buscar una excusa.
—Nada de peros señorita… no pienso dejar que mi futura nuera se agarre el gripazo del siglo— me cogió del brazo y me dirigió hacia las escaleras— Rachel está en su habitación, estará encantada de verte, no paró de preguntar por ti desde que llegó del internado, le dije que… — la madre de mi amigo, Anne, era un mujer de lo mas callada, pero cuando quería verdaderamente su verborrea parecía no tener fin.
Me dejé dirigir hacia la habitación de la hermana de mi amigo mientras su madre seguía contándome las mil y una andazas de una autentica sufrida ama de casa en apuros. Aunque seamos sinceros, en cuanto mis oídos captaron el nombre de Rachel el seguimiento de la conversación se volvió algo complicado para mí. Rachel era la hermana pequeña de Robert, apenas 2 años menor que nosotros, pero lo suficiente para que desde que sus hormonas comenzaran a madurar estuviera persiguiendo mis huesos, lo cual tampoco podría resultar tan malo, era guapa, inteligente, agradable, simpática… pero no mi tipo precisamente… Me lo confesó cuando apenas contaba con 14 años, siempre había estado segura de ello, y vamos que si hay algo que le sobra a esta niña es la seguridad que siempre parece tener en todo. Seguridad que se vio en apuros cuando yo le confesé en su momento que muy a pesar de lo que ella pensara de mi yo no era como ella quería que fuera. Es cierto que a veces me he fijado en chicas, pero no exactamente de esa forma. Si hay algo que he tenido lo suficientemente claro hasta ahora eso ha sido mi sexualidad. Y aunque siempre hubiera andado jugando con chicos, lo cierto es que me gustaban las chicas. Lo de que no hubiera tenido demasiadas citas era otra cosa que ahora no me da tiempo a explicar.
El sonido de la música del interior de la habitación inundaba el pasillo muy a pesar de que la puerta del dormitorio se encontraba cerraba.
Toc toc.
Tocó Anne a la puerta antes de abrirla de par en par. El interior era un caos, tal y como había sido desde siempre. Rachel estaba en su escritorio tecleando frenéticamente el teclado del ordenador mientras canturreaba el estribillo de la canción que en esos momentos se escuchaba de fondo a todo volumen.
—¡¡Rachel!! ¡¡Cariño!!— gritó su madre desde la puerta sin ningún éxito. La chica seguía enfrascada en su laboriosa tarea de teclear al son de su cante. El caso es que en una de esas giró su cabeza y nos descubrió en la puerta.
—¡Pero que ven mis ojos!— exclamó sonriente mientras se levantaba y bajaba el sonido al equipo de música.
—Niña te vas a quedar sorda, menos mal que no tenemos vecinos en toda la manzana… — la verborrea de Anne de nuevo empezó a hacer acto de presencia, completamente incapaz de captar lo que en ese momento se respiraba en la habitación—… y mírala como viene…
—Si, ya veo como viene… — dijo frente a mí mientras me miraba de arriba abajo con una sonrisa colgada en sus labios.
—Anda, dale algo de ropa que se cambie. En cuanto terminéis bajad que la comida estará en un momento en la mesa— dicho esto Anne desapareció por la puerta dejándome sola ante el peligro. Ok, quizás no tanto, pero ya sabéis lo que me gusta exagerar.
—¿Se puede saber que rayos te ha pasado para que vengas pasada por agua? no llueve tanto.
—Me surgió un imprevisto… además, ya sabes que me gusta chapotear en los charcos— le sonreí.
—Me alegra volver a verte— afirmó mirándome fijamente a los ojos.
—Y a mi volver a verte a ti— le respondí con sinceridad.
—Ahora es cuando vendría la parte del abrazo y el beso— me sonrió mientras a mi vez hacia lo propio y me acercaba a ella a cumplir con el protocolo.—Bueno, será mejor que le hagamos caso a mamá— dijo nada mas separarse de mi. Se dirigió hacia el armario desde donde empezó a sacar ropa— Aunque tampoco es que creo que vaya a tener mucho dado tu tamaño…
—No te preocupes, será solo para un rato— le respondí mientras me acercaba y me sentaba sobre la cama. No pude evitar echar una mirada a la pantalla del pc. Un archivo de word estaba abierto y palabras y palabras parecían extenderse a través de el.
—¡Oye! ¡No me seas cotilla!— exclamó al tiempo que me arrojaba una camiseta y un pantalón a la cara.
—Siento comunicarte que ahora si que se despertó mi curiosidad— afirmé dejando a un lado la ropa y mirándola detenidamente.
—Es una historia, ya sabes que me gusta escribir esas cosas.
—Cosas que por cierto son muy buenas.
—Si, claro— dijo sonrojándose un poco.
—Es cierto, algún día serás una escritora fabulosa.
—¡Exagerada!— me arrojó el estuche que tenia sobre la mesa.
—¡¡ Eyy!!— traté de defenderme una vez lo tenia en mis manos.
—¿Que? solo compruebo tus reflejos— me miró inocentemente mientras se sentaba en el filo de la mesa.— ¿Y que hay de tu vida? Te ves realmente bien, se nota que te alimentan bien— comentó mientras me veía cambiarme de ropa.
—Pss… no hay mucho que contar… instituto nuevo, casa nueva, familia nueva…
—Vamos, vida nueva.
—Sip, mas o menos.
—¿Y alguien interesante que merezca el reconocimiento ante mi?— me miró con una sonrisa burlona asomando a sus labios.
—Uhm… tal vez…
—Vaya vaya… tendré que partirle las piernas a alguien después de todo…
—Jaja, te quedaras con las ganas parece, nah, no hay nadie interesante, al menos no de esa forma.
—Mejor, eso quiere decir que aun tengo una oportunidad.
—No te rindes nunca, ¿verdad?— terminé de abrocharme el pantalón.
—No cuando lo que está en juego merece tanto la pena.
Vale, llegados a este punto los recursos comenzaban a escasearme, y estaba intentando buscar una respuesta a tal afirmación cuando la puerta se abrió mostrando a mi amigo en el pasillo.
—Siento interrumpir ahora que seguro estabais hablando de mí pero… el almuerzo está servido.
" Salvada por la campana Dul… "
" Y aquí vamos de nuevo… " . Desabroché mi cinturón cuando el avión había tomado suficiente altura. " Y mas vale acostumbrarse… Intuyo que haremos esto muuuchas veces mas " . Tomé el vaso de agua que en ese momento la azafata me tendía y miré a través de la ventana.
" La historia de tu vida Dul… " suspiré " Bueno, mientras este cacharrito con alas se mantenga sobre las nubes… "
Me acomodé en mi asiento y pensamientos de los últimos días vinieron a mi cabeza. Después de la " visita " a mis padres había conseguido liberarme de parte del peso que llevaba cargando sobre mi desde que mi padre me dejara, sentimientos que llevaba demasiado tiempo guardando, evitando que fueran liberados, y que poco a poco me estaban consumiendo por dentro.
Sin lugar a dudas los dos últimos días habían sido de lo mejorcito. Tras del almuerzo en casa de mi amigo, salimos junto con su hermana por ahí de compras. No pude sino sonreír ante el recuerdo de mi amigo probándose ropa de chica en una de las tiendas para confirmar la teoría de que tenia tipito de modelo y los comentarios jocosos de su hermana mientras le colocaba mil y un complementos encima ante la mirada insólita de la dependienta y del resto de compradores.
" Tal para cual… " pensé perdiendo mi mirada de nuevo entre las nubes.
***
Dejé a un lado el libro que tenia entre mis manos y suspiré.
" Al fin domingo… "
Sonreí ante el mero pensamiento mientras en el interior de mi estomago sentía como si algo se volteara. Acaricié inconsciente las tapas del libro que acababa de dejar mientras mis pensamientos me transportaban a miles de kilómetros. Pensamientos que no tardaron en esfumarse cuando la puerta de mi habitación se abrió de repente revelando a mi amiga.
—¡Ey! ¡Que pasa muchacha! Jo, y yo que pensé que te encontraría desnuda—comentó con una mueca mientras se acercaba a mi lado y se sentaba.
—Sigue soñando nena.
—¿Qué? ¿Preparada? ¿Qué lees?—preguntó curiosa agarrando el libro y ojeando sus paginas.
—Un libro…
—¡No jodas!—me miró con ojos desorbitados— Dado su forma y su composición hubiera jurado que era cualquier cosa menos eso— lo agitó frente a sus ojos.
—Jaja, ¡trae payasa!..Que con lo manazas que eres, eres capaz de romperlo.
—Me indignas— respondió fingiendo falsa molestia— ¡No me sea egoísta! Yo también quiero culturizarme— dijo mientras lo abría al azar por una pagina y comenzaba a leer— To be, or not to be: that is the question: whether 'tis nobler in the mind to suffer the slings and arrows of outrageous fortune. ¡Agh!— saltó soltando el libro— ¡Es Shakespeare! ¡Y en inglés! ¡Aléjalo de mí!— me miró con ojos de loca— ¿Cómo se te ocurre? ¡Pensé que eras mi amiga! ¡Y me torturas así!
—Jaja, ¡yaa! Si alguna vez me hicieras caso…
—Si claro— entrecerró sus ojos— Seguro lo hiciste a posta, lo veo en tu mirada maquiavélica.
—Y ahora resulta… —le tiré a la cara uno de los cojines que había sobre la cama.
—Jaja, ¡oye! ¿Y que te dio ahora para leer a Shakespeare? Y encima en inglés, como si ya de por sí no fuera complicado en castellano.
—Uhm, no sé, curiosidad, supongo— respondí ausente mientras colocaba bien las tapas del libro.
—¿Curiosidad supones? ¡¿Quién eres tú y que has hecho con mi amiga?! ¿Qué es eso?
—¿Qué es que?
—¡Eso!— exclamó señalándome el libro que sujetaba entre mis manos.
—¡Quedamos que un libro! ¿Ya tienes lagunas en la memoria o qué?— me burlé.
—¡Boba! ¡Esto!— dijo sacando algo de entre las tapas.
—Uhm… no sé… trae a ver…
—¡Dios! ¡Peaso casho bombón!
Me acerqué y observé lo que mi amiga miraba sin parpadear con tanta fascinación. Una mujer de conocidos ojos azules y melena rubia miraba fijamente a la cámara con una sonrisa bañando sus labios. La profundidad de su mirada me sorprendió muy a pesar de que se me hacía tremendamente conocida.
—Crees que…
—Sí Andi… es la madre de Dul… o al menos eso creo…
—¿La conociste?
—Sí, pero era demasiado pequeña como para recordarla.
—Era muy guapa.
—Sin duda.
Noté como un nudo comenzaba a formarse en mi garganta mientras mi cabeza iba y venia de pensamiento en pensamiento intentando imaginar vagamente lo que tenía que haber sido para una niña de apenas dos años el perder a su madre y haberse tenido que conformar durante el resto de su vida sin mas calor por su parte que el recuerdo de la imagen de una fotografía.
—Creo que será mejor guardarla como estaba— dije parpadeando varias veces para evitar que las lagrimas que pujaban por salir de mis ojos lo consiguieran— No creo que a Dul le guste que husmeemos entre sus cosas.
—Si, toma. ¿Estás bien?
—Si, claro— susurré mientras la colocaba tal como estaba y guardaba después el libro en el cajón— Es solo que estaba pensando en algo.
—¿En algo? ¿O mas bien en alguien?— se sentó en la cama y palmeó el lugar que había junto a ella. Me senté a su lado mientras cogía un cojín y lo abrazaba con fuerza contra mi pecho.— ¿Quieres hablar de ello?
—Uhm… no hay nada de que hablar Andi.
—¿Segura?— volvió a insistir.
Suspiré bajando mi mirada y observando el cojín que sostenía entre mis brazos. Empecé a jugar con la cremallera.
—Es solo que… estoy confusa… —admití al fin.
—¿Tiene que ver con lo que me contaste hace tiempo?
—Tal vez…
—Any— noté como mi amiga se movía acercándose a mi— Anahi, mírame— giró mi cara e hizo que me encontrara con su mirada. Una mirada tan transparente como siempre. Sujetó mis manos y continuó— Eres mi mejor amiga… y nada va a cambiar eso, ¿me oyes? Sabes que siempre podrás contar conmigo para lo que quieras… Decidas lo que decidas no solo te respetaré… sino que te apoyaré— me sonrió— Solo deseo que seas feliz.
—Gracias— me abracé a ella mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas.
Estuvimos así largo rato, yo solo llorando y Andi sosteniéndome entre sus brazos. El ruido de la puerta de la calle nos sacó de ese estado: Dulce había llegado.
Me separé de mi amiga mientras torpemente y a la desesperada trataba de secar mis lágrimas con las mangas de mi camiseta. La puerta de la habitación no tardó en abrirse mostrando a mi prima junto a mi padre.
—Gracias tío, no deberías haberte molestado, yo podía.
—De nada cariño, es un gusto poder hacerlo— dejó la maleta a un lado y se acercó y la besó— Me alegra de nuevo tenerte en casa.
—Y a mi estar en casa— le sonrió.
El momento fue roto cuando los dos miraron hacia el interior del cuarto y nos vieron a mi amiga y a mí observándoles.
—¡Vaya! ¡Pero si tenemos visita!
—Hola señor Vizza— saludó cortésmente mi amiga.
—¿Cómo que señor? ¿Tan viejo me veo ya?— reímos la ocurrencia de mi padre, siempre era igual con Andi.
—Para nada… vamos que si no fuera porque es el padre de mi mejor amiga y está casado… — y como no, mi amiga le seguía el juego.
—¡Ey!— palmeé a amiga en el brazo mientras le dirigí una mirada atravesada.
—Jaja… le diré a Diana que ponga un cubierto mas en la mesa, ¡te quedas a cenar!— afirmó tajante saliendo del cuarto.
—Pero…
—Mas vale que llames a tu madre— le ofrecí el teléfono.
—Gracias— lo agarró y salió de la habitación saludando a Dul en la puerta.
Esta se quedó en el sitio durante un instante, solo mirándome, hasta que al final pareció decidirse a entrar y soltar la mochila que llevaba colgada al hombro.
—Menudo dandi que está hecho— afirmó refiriéndose a papá. Le sonreí.— ¿Te encuentras bien?— me cuestionó acercándose y mirándome fijamente.
—Si, genial— me levanté y la estreché en un abrazo— Te extrañé.
—Y yo a ti— nos separamos y volviendo a clavar sus pupilas en mí— ¿De verdad que estas bien?— volvió a preguntar acariciando suavemente mi mejilla. Cerré los ojos y me rendí a aquella delicada caricia. Los abrí de nuevo sabiendo de sobra que esa mirada miel aun estaba clavada en mí esperando una respuesta por mi parte. Levanté mi mano colocándola sobre la suya y le volví a sonreír.
—Sin duda… lo estoy.
***
—Toma, era el único que quedaba de esa talla— pasé el vestido a mi prima a través de la fina cortina del probador y esperé pacientemente a que se lo probara. No sé ni como me había logrado convencer para ir de compras en plenas vísperas de Navidad, pero lo cierto es que ahí estábamos, ¡y 2 horas ya! Toda una plusmarca personal.
—Uff… ¡dios! Cada vez hacen las tallas mas pequeñas… —comentó mientras la oía luchar con la prenda en el interior— Bueno, ¡yap!— exclamó abriendo la cortina y mostrándome el modelito.
—En la mano parecía mas grande— elevé mi ceja derecha mientras la miraba de arriba abajo.
—¿Entonces? ¿No te gusta?— comenzó a revolverse nerviosa ante mi escrutinio.
—Lo que se dice gustarme… me gusta pero… demasiado pequeño… el abuelo se nos infarta como te vea así vestida esta noche…
—¿Y quien te dice que sea para esta noche?— me miró coqueta antes de darse la vuelta y mirarse al espejo. Me quedé observando su espalda desnuda por unos instantes.— Eres peor que papá… pareces una monja de clausura— elevé mi mirada y vi su reflejo sacándome la lengua.
—¿Que insinúas?— enarqué mi ceja mas aún.
—Nada— comenzó a jugar con la tiranta mientras seguía mirándome risueña.
—¿Crees que no soy capaz de vestir uno de esos?
—Que conste que yo no dije nada, tu solita lo mencionaste.
—¿Qué te juegas?
—¿Qué estas dispuesta a perder?
—Una cena en el argentino de la calle Lorca.
—¡Trato!— exclamó volviéndose y dándome la mano.
—Ya puedes ir preparando la guita nena – me di la vuelta dispuesta a conseguir la tela mas pequeña de toda la tienda.
***
—Ok Dulce, admitámoslo ahora que nadie nos oye, esto no ha sido precisamente una buena idea por tu parte— le confesé a mi reflejo mientras luchaba con el escote de mi vestido.
—Madre mía… — silbó Any en la puerta de la habitación— Pues no te queda tan mal después de todo.
—¿Que haces vestida así?— pregunté girándome y mirándola de arriba abajo. Llevaba un pantalón negro de vestir y una camiseta de fiesta del mismo color.
—Como quieres que vaya… ¿desnuda?
—No gracias… desnuda voy yo ya con este trapo… no me quites el privilegio de la noche.
—Pues tu lo elegiste— se acercó a mi— Vamos, que es precioso, y te queda divino.
—Encima con guasa… ¡ole la nena!— me volví de nuevo hacia el espejo.
—No me guaseo… hablo en serio… ¡pero por dios no te tires mas del escote!— me rodeó y se puso frente a mi.— Trae, mira.
—Miro— la dejé hacer mientras observaba y sentía como sus manos recorrían la fina tela, y por ende mi cuerpo, en un intento por amoldarla en el sitio preciso.
—Intuyo que no te has puesto muchos vestidos en tu vida.
—¡Oye! ¡Claro que si! ¡Como dos! Porque el del bautizo y la comunión cuentan, ¿no?
—Jaja, no precisamente… ¿Ves? Así esta mejor— susurró separándose de mí y haciéndose a un lado para que pudiera observarme en el espejo.
—¿Segura? pero si se me ve todo… — cuestioné a la vez que de nuevo tiraba del escote hacia arriba.
—¡Dulce! ¡Para! ¡No se ve nada!— trató de parar mis manos.
—Si, claro… desde tu perspectiva porque lo que es de la mía…
—Vaya, gracias por decirme enana tan sutilmente.
—Yo no…
—Ya ya… mira Dul… si vas a estar incomoda con el quitatelo, de todas formas yo ya conseguí lo que quería— dijo soltando mis manos y mirándome descaradamente de arriba a abajo.
—¿¿Así que solo era eso??¡¡Hacerme sufrir miserablemente!!— acerqué mi rostro peligrosamente al de ella. Pensé que por instinto se echaría hacia atrás pero no, se quedó parada en el sitio observándome mientras nuestras caras estaban apenas a escasos centímetros. No sé cuanto duró aquello pero sí lo suficiente para creer ver algo en la profundidad de esos ojos verdes, algo que hizo que mi piel se erizara y mi boca se secara al instante. Me separé claramente desorientada y con la genial idea de comenzar de nuevo a tirarme del escote hacia arriba. Sus manos volvieron aposarse sobre las mías.
—Sabes que no tienes porque hacerlo… fue una apuesta *beep*.
—Tal vez… pero quiero hacerlo… na más por ver la cara de la tía Pepi—le hice una mueca.
—Jaja… Y yo que creía que lo hacías solo por cenar conmigo— intentó fingir indignación.
—Cariño, ese es el premio a largo plazo— le guiñé un ojo y me aleje al otro extremo del cuarto dispuesta a calzarme mis zapatos. Se quedó donde estaba, observando mis movimientos, hasta que al fin pareció salir del trance con el sonido del timbre de la puerta.
—Bueno, será mejor que baje… ya parece que empiezan a llegar.
—¡Oye! ¡Espera! no pensaras dejarme sola con esos especimenes, ¿no?
—Te recuerdo que esos especimenes son tus tíos.
—Si, unos tíos que creo que prácticamente no han querido saber de mi existencia hasta el día de hoy…
—Ya sabes como son…
—No, no lo sé… ni quiero… esto, me parece absurdo…
—¿Y crees que a mi no? Pero ya sabes como es papá… Vamos, no te preocupes, no me despegaré de ti en toda la noche— trató de tranquilizarme.
—Dulce, Any, mamá dice que vayáis bajando— nos avisó Dani apareciendo en el marco de la puerta. Suspiré sabiendo que ya era demasiado tarde y no quedaba otra que enfrentarme a la realidad.
***
—Me encanta Dulce, estas hecha toda una mujer…
¿Era la sexta o la séptima vez que me lo decían? Que demonios, ya había perdido la cuenta. La cena transcurría de lo más lento. Los saludos de bienvenida pronto habían dado lugar al piquislabis para luego dar paso al " gran banquete " .
" Dios, en mi vida he visto tanta comida junta en tan poco espacio, con esto tenemos sobras pa cuatro días como menos " .
Miré a mi derecha donde mi prima jugaba ausente con la comida del plato mientras hacia el descomunal intento de escuchar a la tía Pepi sentada a su lado, y a juzgar por sus gestos no lo estaba pasando nada bien.
" Pobre niña… aunque la verdad es que después de todo tiene aguante " .
—Oye Dulce, ¿que haces luego?
Desvié la atención de mi prima y me centré en la persona que me miraba maravillada a mi otro lado. Era Estrella, la hija pija de la tía Eleonor. Como no, de tal palo tal astilla.
—Aún no sé… ¿Por que?
—Bueno, me preguntaba si querrías venir con nosotros a una disco que han abierto nueva en el centro. Resulta que uno de los amigos de Eric es hijo de uno de los socios dueños del local y nos dejan pasar.
Eric era su queridísimo hermano súper mega hiper pijo osea.
—Bueno, no sé… ¿cuando dices nosotros a quien te refieres?
—A todos los primos… Bueno, los mayores tu sabes— me sonrió mostrándome los sofisticados hierros de su aparato dental.
—Si, yo sé… — le sonreí educadamente mientras de nuevo volvía a centrarme en mi plato.
—¿Entonces?
—¿Entonces qué?— apareció en escena Any a mi otro lado.
—Nada, hablaba con Dulce.
—Ya veo… pues nada, por mi no os cortéis, seguid seguid— se levantó de la silla y puso rumbo a la cocina. Miré hacia mi izquierda donde mi otra prima miraba con una sonrisa la reacción de Any.
—¿Entonces vienes? Lo pasaremos bien, te lo garantizo, nada de niñatos.
La miré con una ceja alzada mientras interiormente trataba de descodificar el mensaje oculto que había tras esas palabras.
—Si me disculpas— dije levantándome de mi sitio y dirigiéndome hacia donde Any había ido. No tardé demasiado en encontrarla.— ¿No tienes frió?— le pregunté mientras salía al exterior del patio de la cocina y me acercaba al balancín donde estaba sentada.
—No mucho más del que se siente ahí dentro.
—Yap— me senté a su lado.
—No entiendo porque tanto cariño falso ahora… esa gente nunca se ha preocupado por nadie excepto por ellos mismos y ahora mírales…
—La miel llama a los zánganos.
—Pues esa miel no es suya— me miró mostrándome una dureza en su mirada que nunca antes había observado.
—Vamos Any, no te preocupes… sé cuidarme perfectamente.
—Eso no lo dudo— sus ojos de nuevo volvieron a brillar con esa dulzura que los caracterizaba— Es solo que me da rabia.
—El truco está en que todo te entre por un oído y te salga por el otro. Venga Any, no dejes que disfruten amargándote la noche.
—Tienes razón… será mejor volver allá dentro y enfrentarse a la realidad.
Le sonreí recordando que esas mismas palabras horas antes yo misma me las había dicho.
—Si… oye, ¿luego que harás?
—¿Luego?
—Si, después de la cena.
—Uhm, no sé, la verdad es que nada, Andi no podía salir esta noche… ¿Tú tienes algún plan?
—Para nada… ya sabes que no es que precisamente tenga un círculo de amistades de lo más amplio.
—Ya somos dos… ¿Sabes? Deberías aprovechar entonces y salir con ellos…
—¿Con quien?— la miré extrañada
—Con ellos, Estrella, Eric, Sofía…
—Gracias pero va a ser que paso— hice una mueca que se ganó una sonrisa por su parte.
—Pero te vendría bien, seguro que os divertís de lo lindo… bailas, bebes, amplias tu círculo de amistades pijas… porque vamos, ¿quien no te asegura que conozcas a la persona de tus sueños precisamente esta noche?
—Jaja, ¿tu crees?
—¡Claro! ¡La noche es joven!
—Y pija.
—Jaja – rió mirando hacia el oscuro cielo donde perdió su mirada— ¿Sabes? Hacia tiempo que no salía aquí y me sentaba a contemplar las estrellas, y ahora que vuelvo a observarlas me doy cuenta de cuanto las extrañé, paradójico, ¿no?
—Sin duda…
—Dulce, ¿crees que soy rara?
—Uhm… ¿rara?
—Si… ¿me ves una chica rara?
—No, para nada… resultas cuanto menos imprevisible… pero no creo que rara, ¿tú crees que lo eres?
—No, bueno no sé… la gente dice…
—Any, la gente puede decir lo que quiera… lo importante es lo que tú creas que eres no lo que crean ellos… tú eres quien mejor se conoce a sí misma.
—¿Sabes? No hablas mucho, pero cuando lo haces es difícil no darte la razón— despegó sus ojos verdes de la inmensidad del cielo y sonrió.
—La sabiduría, tu sabes— intenté bromearle.
Pues me gusta tu sabiduría— me miró profundamente— Lo cierto es que me gustas mucho Dulce.
—Gracias, el sentimiento es mutuo— le devolví la mirada. Nos quedamos por unos instantes en silencio, mirándonos, hasta que al final pareció salir del embrujo.
—Será mejor que…
—Sí, será mejor… —me levanté del balancín y le tendí mi mano.
—Gracias… — susurró al levantarse. Pensé que me la soltaría pero cual fue mi sorpresa al notar que no solo no la soltaba sino que además entrelazaba sus dedos con los míos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo ante el inocente gesto.
" Va a ser el frío… "
No habíamos ni cruzado la puerta del patio cuando apareció Estrella frente a nosotras.
—Así que aquí estabas— comentó refiriéndose a mí e ignorando a Any completamente— ¿Te has decidido? Nos vamos ya.
—Uhm, bueno, que lo paséis bien.
—¿No vienes?— preguntó sorprendida.
—Nop, ya tengo planes.
—Creía que… — de repente reparó en nuestras manos entrelazadas— Oh, ya veo… pues que lo pases bien tu también— dijo disgustada dándose media vuelta y saliendo.
—No hay nada como el calor de la familia— le comenté a mi acompañante mientras seguíamos caminando hacia el interior. Caminata que de nuevo se vio interrumpida, aunque esta vez por una presencia mas agradable, mi tío Miguel.
—¿Donde os habíais metido? Venga, ayudadme que hay que servir el postre— nos cogió a ambas y nos redirigió de nuevo hacia la cocina.
—¿Como que servir? ¿Que también tenemos que hacerles de chachas?
—Any, son nuestros invitados, no empieces…
—Si claro, pues bien que tienen manos y boca para alimentarse.
—Venga, no me diréis que no es agradable tener a la familia en casa por Navidad. Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que estuvimos así, creí que nunca sería igual… aunque de hecho nunca será igual— me miró apenado, lo noté parpadear varias veces antes de darse la vuelta y abandonar la cocina— Ahora vuelvo chicas.
Me quedé observando su espalda mientras se perdía por el pasillo, una mano se posó sobre mi hombro.
—¿Estas bien?
—Si, supongo que mejor que él después de todo.
—Se le pasará, no te preocupes.
—Eso espero— dije acercándome al frigorífico y sacando el pastel de Navidad y dos botellas de champagne.— ¿Saco más?
—Si, por favor, haber si de una puñetera vez se emborrachan y se van a dormir la mona a su casa.
—Así que ese es el plan— la observé mientras sacaba las copas del mueble.
—Sip, el plan A.
—Lo cual quiere decir que existe un plan B.
—¡Claro! Soy una chica con recursos— me sonrió coqueta.
—No lo pongo en duda— le sonreí de vuelta— Pero, me asalta la duda, ¿me lo compartes?
—Sencillo y llano, si no se emborrachan ellos ya lo haré yo pa perderlos de vista.
***
Baste decir que muy a pesar de cuatro botellas vacías de champagne y otras tantas de vino sobre la mesa la noche parecía negarse a acabar para los presentes. Miré hacia el sofá donde Any estaba sentada, con su hermano pequeño durmiendo sobre su regazo y con… ¿la tercera o la cuarta copa de la noche en la mano?
Abandoné el cacareo de donde estaba y me acerqué a ella.
—Intentando llevar a buen puerto el plan, ¿no?
—¿Quieres acompañarme?— me miró con ojos vidriosos.
—Uhm, dame esa copa— le solicité robándosela de las manos.
—¡Oye! Si quieres una la coges, pero a mí no me la quites— intentó arrebatármela.
—Si si, lo que tu digas.
—Sin guasa que aun conservo medianamente bien mis 3 sentidos…
Me senté a su lado mientras observaba la reunión que había al otro lado de la habitación. Parecían divertirse. Todos hablaban a la vez y nadie parecía escuchar. Pa que negarlo, estaban más chispitas que mi prima. Dirigí mi mirada hacia ella, acariciaba ausente el cabello de su hermano mientras su mirada se perdía en algún punto de la blanca pared de enfrente.
—Te propongo algo… ¿que tal si voy y acuesto a tu hermano mientras tu te arreglas un poco y vamos a dar una vuelta?— le susurré al oído.
Pareció quedarse pétrea en el sitio por unos instantes hasta que al fin giró su cabeza y me encaró. Al igual que pasó en el dormitorio nuestras caras quedaron a escasos centímetros. Noté que su mirada pasaba de mis ojos a mis labios, allí se quedó un momento, hasta que al fin de nuevo volvió a encontrarse con mi mirada. Se sonrojó ligeramente.
—Me gustas… digo me gusta— trató de apresurarse a corregir a la vez que me pasaba al pequeño que dormía entre sus brazos y se levantaba torpemente del sitio para instantes después perderse por la estrechez del angosto pasillo.
***
" Anahi, no eres más imbécil porque ya tanto no es humanamente posible " .
Que no me hubiera matado subiendo las escaleras había sido todo un milagro. Y aún ahí arriba, a salvo en mi dormitorio, era incapaz de entender como mi boca había sido capaz de traicionar tan vilmente a mi pobre pensamiento. Suspiré sentándome sobre la cama.
" Muy bien Any, creo que tu y yo tenemos una charla pendiente y con urgencia. No puedes seguir con esto. No es viable. Es… es… es imposible " me tiré hacia atrás en la cama y me tapé los ojos.
—Dios, como si ya de por sí no tuviera suficiente caos y confusión aquí dentro.
—Si te encuentras mal no tenemos porque salir a ningún lado.
Me giré hacia donde provenía tal voz.
—Tranquila, no es nada— me levanté— ¿Acostaste al renacuajo?
—Sip, ¿tu estas lista?
—Uhm, si… ¿tú?
—También… ¿vamos?
—Vamos.
***
Caminábamos sin rumbo por la calle. No habíamos hablado desde que habíamos salido de casa. Anahi parecía inmersa en sus pensamientos. Decidí romper el silencio.
—Un euro por tus pensamientos.
—¿Tan poco valen?— me miró haciendo una mueca para después sonreírme— No te preocupes, cosas mías.
—Pues dos euros por tus cosas.
—Bueno, al menos veo que me empiezo a revalorizar por momentos… De verdad, no te preocupes, no es nada.
—Uhm, como quieras… pero sabes que si necesitas hablar sobre algo…
—Te encuentro al otro lado de la mesita de noche, ¿no?
—Uhm, pues no era exactamente lo que pretendía decir pero, sip, supongo que algo así… ¿te gustaría ir a algún sitio en especial?
—Pss… lo cierto es que me da igual ir donde sea… mientras no tengamos que volver a casa…
—Vamos, pero si solo son los tíos— le recordaba las palabras que antes de cenar ella misma me había dicho.
—Gracias por recordarme de nuevo que tenemos algo en común.
—Exageras…
—Me gusta sentirme segura.
—¿Y conmigo te sientes segura?
—Tal vez…
—¿Como que tal vez?— detuve mi marcha, cosa que no pareció notar ya que siguió caminando.
—Pss… tal vez…
—Eso es un no.
—Si lo crees así… pero para mi simplemente es… tal vez…
—¿Alguna vez te han dicho que puedes ser de lo mas ambigua?
—Tal vez… — afirmó a la vez que se giraba encarándome y me mostraba la lengua.
Entrecerré mis ojos intentando fingir enfado y adopté una pose que a mi parecer era de lo más intimidatoria. A mi parecer, claro, porque la niña no tardó mucho en soltar tremendas carcajadas.
—¿De que te ríes?— la cuestioné una vez estuve a su altura.
—De ti.
—Así me gusta, sincera ante todo. ¿Y me puede explicar usted que es aquello que le provoca tanta gracia de mi?— torcí mi boca y entrecerré mis ojos de nuevo mientras esperaba pacientemente una respuesta lo suficientemente digna como para no matarla ahí mismo de cosquillas.
—¿Tiene que haber algo exactamente?— me siguió el juego colocando sus manos en la cintura y dirigiéndome una mirada retadora.
—Tal vez… — fue mi escueta respuesta poniéndome a andar de nuevo.
Si antes había sido yo la que se había quedado clavada en el sitio ahora le tocaba a ella. Me volví una vez estuve lo suficientemente lejos como para no recibir represalias por su parte.
—¿Que?—pregunté.
—Que eres una cobarde.
—Dime con quien andas y te diré quien eres— fue mi golpe.
Meneó su cabeza sabiendo que había perdido y comenzó a caminar de nuevo hasta situarse de nuevo a mi lado. Un brillo en su mirada la delató.
—En ese caso mi querida prima, eres una cobarde afortunada— me sonrió triunfal avanzando unos pasos por delante de mí.
—Tal vez…
El silencio de nuevo dio paso a su monólogo eterno. Llevábamos como diez minutos caminando cuando noté que ese barrio se me hacía conocido.
—Oye, ¿por aquí no vive Andi?
—Sip… podríamos pasar a verla… digo, si no te importa…
—Me parece bien.
Continuamos andando dos manzanas más hasta que nos detuvimos enfrente de la puerta de un duplex. Dentro parecía haber bastante alboroto. Any tocó al timbre. Ya estaba por tocar yo de nuevo cuando la puerta se abrió mostrando a un tipo con una copa en la mano y una corbata puesta en la cabeza al más puro estilo Rambo.
—Sois las del estriptess, ¿no?
—Si, venimos para el número especial de la noche. Feliz Navidad.
Miré a mi prima con ojos desorbitados la cual comenzó a carcajearse junto con el Rambo de la copa.
—¿Está Andi?
—Sip… Andi, Iban, papá, mamá, la abuela, el canario, la suegra… pero no os quedéis en la puerta, pasad pasad… Feliz Navidad—se hizo a un lado— ¡¡Andiii!!— gritó una vez había cerrado la puerta— ¿Y me presentaras a esta chica tan guapa?— dijo refiriéndose a mí.
—Lo siento, Rafa esta es Dulce, mi prima, Dulce te presento a Rafa, el hermano mayor de Andi.
—Encantado guapetona— exclamó acercándose a mí y plantándome dos sonoros besos.
—Igualmente…
—¡¡¡Andiiii!!!— volvió a gritar— Agg, esta niña está mas sorda que una tapia, seguidme…
Le seguimos por el pasillo esquivando serpentinas y otros cachivaches que íbamos encontrándonos por el camino, hasta que llegamos a la sala. El sonido de la música era ensordecedor. Todos botaban en el salón, incluida la abuela con el andador y el canario.
" Dioses, estos si saben divertirse de lo lindo… ¡el año que viene me apunto! "
—Parecen que se lo pasan bien— me comentó Any acercándose a mí.
—Eso parece…
—¡¡¡Andiii!!!— volvió a gritar Rafa metiéndose en medio de la improvisada pista de baile mientras bailaba al son de la música haciendo malabarismos con su copa.
—¡¡Any!! ¡¡Dulce!!— apareció Andi de entre el maremagnum de familia.
—¡Ey! Que bien os lo montáis, ¿eh? No me extraña que no quieras salir después.
—Jaja, bueno, parece que están diciendo por ahí de irnos a continuar la fiesta a una disco o no sé… ¿Y que hacéis vosotras aquí? ¿No teníais también cena familiar?
—Mas que cena eso era una tortura china… nos aburríamos y decidimos salir a dar una vuelta.
—¿Queréis tomar algo?— preguntó acercándose hacia el mueble bar.
—Un poco de refresco de limón estará bien, creo por hoy ya cubrí mi cupo de alcohol.
—¿Y tu Dul?
—Lo mismo por favor.
—Claro, pero sin el por favor— me guiñó un ojo mientras preparaba mi vaso.
—¡¡Anahi!!— apareció de repente a nuestro lado una mujer algo mayor, debía de ser la madre de Andi— ¿Como tú por estos lares hoy?
—Hola Encarni, Feliz Navidad— la besó.
—Feliz Navidad pequeña— se separó de mi prima y me miró— ¿Y esta señorita?
—Dulce, mi prima… Dulce, ella es Encarni, la madre de Andi.
—Encantada— me acerqué y la besé
—Igualmente… ¿y que hacéis ahí? vamos, ¡quitaros el abrigo y uniros a la fiesta!— empezó a levantar los brazos y a bailar como una posesa mientras poco a poco nos iba empujando al centro de la pista.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:51 pm

SEPTIMA PARTE
Salimos de casa de Andi algo más de las 3 de la mañana para continuar la fiesta en un garito del centro. Y como no al garito le siguieron los churritos del desayuno. Serían pasadas las 7 de la mañana cuando llegamos a casa.
—Jaja… shh, no hagas ruido, todos duermen— me previno Any nada mas abrir la puerta de casa, zapatos en mano.La seguí de puntillas a través del pasillo evitando tropezar con los juguetes tirados de Alex. Ya habíamos subido las escaleras y estábamos por entrar a nuestra habitación cuando oímos a alguien carraspear al otro lado del pasillo.
—Ejem… bonitas horas señoritas… ¿se puede saber donde anduvieron hasta ahora?
—Papá…
—Mañana. Es tarde, iros a dormir.— dijo metiéndose en su cuarto.
Any me miró haciendo una mueca de asco, abrió la puerta y entramos.
—Mi camaa— exclamó acercándose y tirandose sobre ella.
Me senté en la mía e hice lo mismo. Me quedé un largo rato mirando hacia el techo. Decidí volverme pensando que para lo callada que estaba mi acompañante ya debería de estar grogui. Estaba aun despierta, y en la misma pose que yo instantes antes. Me levante de la cama y me dirigí al armario. Sabía de sobra que sus ojos debían de estar clavados en mi espalda mientras rebuscaba en el ropero lo que hacia unas semanas había escondido ahí. Localicé el paquete notando que estaba tal cual lo dejé.
" Bien bien Anahi, veo que le gané a tu curiosidad por esta vez… "
—¿Que buscas?
" Ok, quizás no… " . Me dí la vuelta conservando el paquete escondido tras de mi.
—Nada, solo comprobaba algo.
—Si claro, por eso ocultas lo que cogiste detrás de ti… — se levantó con una sonrisa traviesa en su cara— ¿que escondes?
—¿Tengo cara de esconder algo?
—Pues misterio no te falta— comentó situándose peligrosamente cerca— Déjame ver que me ocultas tan mal… — me rodeó con sus brazos intentando llegar al paquete que seguía ocultando a mis espaldas.
—Oye, eso no se vale— intenté apartarme nerviosa ante su cercanía.
—Aquí se vale todo— continuó buscándolo con sus manos mientras se pegaba más a mi cuerpo— Oye, bonita vista— soltó de repente mirando hacia mi delantera desde arriba.
—¡Eyy!— me aparté— No seas pervertida.
Comenzó a reír mientras se daba la vuelta y se sentaba sobre su cama.
—Eso, tira la mano y esconde la piedra…
Comencé a reír yo también mientras me acercaba y me sentaba a su lado.
—¿Qué? Es la reedición del dicho, parece que no estas en la onda… — movió las manos exageradamente delante de mis narices.
—Estas fatal…
—Tal vez… tú eres la causante de mis males…
—Eso, ahora intenta hacer que me sienta culpable…
—Si me enseñas que escondes puedo fingir que no lo eres…
—Así que pasamos del chantaje emocional al soborno… me gusta.
Comenzó a reír de nuevo dejándose caer hacia atrás en la cama.
—Dioses… estoy muerta… te juro que ya no sé si mis pies son míos o son del vecino…
—Pues te confirmo que son tuyos, los del vecino huelen mejor— puse cara de asco.
—Jaja, que calladito te tenias lo del vecino, ¿eh? Ya decía yo que esas miraditas eran por algo…
—Pues yo creo que le gustas…
—Tratas de desviar mi atención de eso que escondes, ¿verdad?
—Tal vez…
—Dios, me torturaras eternamente con eso, ¿no?
—Tal vez…
—Aggh— comenzó a gritar tapándose la cara con un cojin.
Esperé a que dejara de hacer el drama para sacarla del misterio.
—Feliz Navidad Anahi— le dije a la par que le entregaba el paquete. Me miró, miró el paquete, y volvió a mirarme, quedándose muda momentáneamente. Se levantó y se colocó a mi lado, observando el regalo pero sin llegar a cogerlo.— ¿Tanta curiosidad y ahora te da miedo de que pueda morderte?— comenzó a reír.
—Jaja, no… es solo que no lo esperaba…
—Oye, no soy tan rata…
—¿Siempre tienes que intentar ir mas allá de mis frases?
—¿Vas a coger el regalo de una vez o lo guardamos para la próxima Navidad?
—Que impaciente…
—De nada…
Me miró antes de comenzar a destrozar el papel.
—Ya veo cuanto admiras ese bonito papel rojo con ese precioso lazo azul que puse con tanto cariño y que destrozaste en dos milésimas de segundo…
—Que sentida…
Le sonreí mientras seguía luchando con el papel.
—Sé sincera y dime… ¿cuantos rollos de celo gastaste para envolverlo?
Me limité a poner cara como de que no sabia nada dirigiendo mi mirada hacia otro lado.
De sobra está decir que al final consiguió abrirlo, aunque eso sí, mis tres minutitos de recochineo nadie me los quitó.
—Ohh— dijo sacando el jersey del envoltorio— ¡como el tuyo!
—Si, pa que no me lo quites mas, que siempre que voy a buscarlo está en el cesto de la ropa sucia.
—Resentida…
—Me alegro que te guste… —intenté ironizar. Me sonrió sabiendo que solo bromeaba y se acercó a mí rodeándome el cuello con uno de sus brazos.
—Muchas gracias— me besó en la mejilla.
Nos quedamos un instante mirándonos en la cercanía hasta que de nuevo el oxigeno pareció a llegar a mi cerebro.
—Por nada… y quita, no seas pegajosa… —intenté apartarla.
—Jaja, si, ahora finge que no te gusta… oh, ¡hay mas! ¡Entre dos rollos mas de celo!— exclamó percatándose de que entre el jersey había algo mas envuelto.
—¿Que creías? ¿Que iba a ser tan fácil?
—Esta es tu pequeña venganza, ¿no?— cuestionó mientras de nuevo luchaba contra el envoltorio del otro paquete.
—Venganza es una palabra muy fea…
Me miró entrecerrando sus ojos mientras seguía intentando abrir el paquete. Y para mi sorpresa y desagrado tardó menos que antes. Me sonrió triunfal mientras sacaba el papel y observaba el regalo.
—Guau, ¡que bonito!
—Sin duda mas que el que tienes…
—¡Oye! No me habrás cotilleado, ¿no?
—Me indigna que pienses eso… yo cotilleando en tu diario, dios me libre… — me santigüé.
—Muchas gracias… — para mi pasmo de nuevo intentó posicionarse sobre mí con el propósito de agradecerme.
—Oye, que ya te veo las intenciones… ¡que corra el aire!— intenté alejarme— Mejor sigue mirando y luego ya tal vez te cumpla el capricho.
Meneó la cabeza y comenzó a pasar las hojas del diario tratando de encontrar algo más.
—Espero por tu bien que no te estés quedando conmigo…
—Uy que amenazador sonó eso…
Siguió con su labor hasta que un sobre apareció ante su vista pegado a una de las hojas.
—Como no… ¡más papel de celo! era la oferta del carrefour del 3x2, ¿no?
—No estoy tan rica… en los chinos pagas 2 y te llevas 6.
Despegó el sobre con cuidado y comenzó a abrirlo. En su interior una fina pulsera de plata la sorprendió.
—Oh… vaya… es preciosa… ¿Me ayudas a ponérmela?
—Si claro— se la puse.
—Me encanta… ¡muchas gracias!— se acercó de nuevo, rodeándome esta vez con ambos brazos mientras me besaba suavemente en cada mejilla. Nuestras narices se rozaron ligeramente durante el gesto. Se sonrojó. –Gracias… yo… no sé que decir… — se separó un poco.
—Solo dí Feliz Navidad, espero que lo hagas por muchos años mas— traté de buscar su mirada. No me costó demasiado, su sonrisa fue mayúscula.
—Feliz Navidad Dulce— susurró a la vez que me volvía a estrechar entre sus brazos.
***
Navidad, Año nuevo, Semana Santa… Para mi total desagrado algún dios allá arriba habría debido de escuchar mis suplicas desesperadas de cuando pisé tierra por primera vez para vivir con mi nueva familia, los meses estaban pasando mas rápido de lo normal.
" Dios, ¿como es posible que ya estemos en pleno mayo? ¿Donde se me fue el año?..En apenas mes y medio… " suspiré siendo incapaz siquiera de pensarlo " En apenas mes y medio ya se supone que tienes control total sobre tu vida… de ir y vivir donde quieras… lo que tanto deseabas una vez te enteraste que tendrías que vivir aquí… ¿pero realmente ahora de verdad te alegras? " aparté la vista de mi cuaderno y miré al frente donde unos ojos verdes me miraron sonrientes antes de que su dueña me sacara la lengua. " Lo cierto es que no, y puedes admitirlo, tienes miedo… miedo de que todo cambie… miedo de que ya que la ley te considere adulta ellos te consideren también y te aparten de su vida… "
Volví mí atención hacia la ventana, un verde paisaje me hizo recordar los ojos que tenía frente a mí. " Sé que no lo harán… ellos nunca me harán a un lado… me quieren… " Noté una mano posarse sobre la mía.
—¿Te encuentras bien?
—Uhm, sip…
—¿Segura?
—Si, ¿y que? ¿Cómo lo llevas?— intenté cambiar de tema.
—Fatalmente mal…
—¿Porqué? ¿Cual es el problema? ¿Necesitas que te lo vuelva a explicar?
—Empiezo a pensar que pasas demasiado tiempo con Andi.
—Muy graciosa… ahora te las apañas solita…
—Que vengativa…
—No puedes llegar a imaginar cuanto…
Volví a centrarme en mis deberes por unos instantes antes de volver a levantar la vista y observar a mi prima haciendo pucheritos.
—Oh, dios… —giré mis ojos— a ver, veamos de nuevo…
—Sabía que detrás de toda esa mascara había un corazoncito blandito.
—Oye, tampoco te pases… Mira, es sencillo… viene a decir que…
***
—… por eso si lo asociáramos con una consecuencia lo suficientemente poderosa se podría variar el comportamiento…
" Podría pasarme la eternidad escuchando su voz y solo mirándola… ¿como puede ser posible que sea tan condenadamente bella?… y si solo fuera eso, pero que va, el lote tenia que venir completico… inteligente, agradable, simpática, cariñosa… y absolutamente hetero… por no añadirle que es tu prima… Diablos Any, ¡tenemos un problema! "
—¿Entendiste ya?
" ¿Comor? ¿Ya se supone que acabó? ¿Y cuando comenzó? ¡Demonios! ¡Eso se avisa! "
—Si, explicado así…
—No te preocupes, a la primera es siempre difícil de entender…
" Y a la segunda, y a la tercera, y a la cuarta… ¡¡Ohh!! ¡¡Dios!!¿Porque tiene que mirarme de esa manera? "
—Si…
—¿Te preocupa algo?
—¿Ah? No nada… ¿por?
—No sé, quizás sean imaginaciones mías pero… llevo notándote desde hace ya algún tiempo como… ausente…
—Son imaginaciones tuyas— sentencié para librarme del interrogatorio mientras volvía la atención a mi libro.
—Yap… — levanté mi vista y la encaré. Su mirada había cambiado en cuestión de segundos, ahora había… ¿cierto alo de tristeza?
Coloqué mi mano sobre la suya repitiendo el gesto que instantes antes había hecho y hablé.
—Dulce… no te preocupes por mi… son solo los finales, el viaje de fin de curso…
—¿Segura que nada más?—alzó una ceja.
—Uhm… tal vez…
—Te gusta alguien.
" ¡¡Carajos!! ¡¡Porque tuviste que decir nada!! ¿Será que nos descubrió Any? "
—Porque me preguntas eso… — me puse a jugar con las espirales de la libreta intentando fingir como que la cosa no iba conmigo.
—No te pregunto… lo afirmo.
La miré y sus pupilas se clavaron en las mías.
—¿Tengo razón o no?— continuó.
—¿Aun aquí? ¡Pero mira que aplicadas que hasta os olvidasteis de mi!
" Salvada… por esta vez… "
—Lo siento… se nos pasó… ¿que tal el examen?— le preguntó a mi amiga mientras se sentaba a mi lado.
—Sin comentarios… ¿que tal lo lleváis vosotras?
—Ahí va…
—Si… ahí va – me copió la respuesta Dul sin apartar la vista de mí.
—Al menos va… — siguió el juego Andi mientras pasaba su mirada de una a otra— Bueno, nos vamos o nos quedamos…
—Nos vamos— sentenció Dulce levantándose del sitio y comenzando a recoger sus cosas.
—Si… — le copié el gesto.
Salimos de la biblioteca y pusimos rumbo a casa. El silencio imperaba en el viaje de regreso, solo roto por los comentarios casuales de Andi.
—Virgen santísima… tanta perfección debe de ser pecado… ¿Os habéis fijado que retaguardia tiene el tipo?
—Parece que alguien está algo necesitada…
—Hablas por ti, ¿no?
Dulce solo se limitaba a observarnos con una ceja alzada.
—Dulce, ¿lo tiene o no lo tiene bien puesto?
—Lo tiene donde tiene que estar, ni mas ni menos.
—Aguafiestas…
Seguimos calle abajo, de nuevo en el más absoluto silencio.
—¿Quien se murió?— habló de nuevo mi amiga.
—¿Eh?— intenté disimular.
—Maldita sea… olvidé pasarme por la papelería a recoger el libro que encargué… os veo luego— soltó de pronto Dul, dando la vuelta y poniendo rumbo hacia la derecha.
—Y bien… ahora que ya estamos solas… ¿me dirás que os pasa? no os habréis peleado de nuevo, ¿no?
—No… no es nada…
—Oh oh… peligro… ¿porque será que cada vez que dices esas palabras una lucecita se enciende en mi cabeza?
—Andi, déjalo estar…
—No, no lo dejo… Demonios Anahi no sé que rayos está sucediendo contigo últimamente te miro y no te reconozco.
—¿Tratas de decirme algo?— paré y miré a mi amiga fijamente.
—Trato de decirte que sea lo que sea que pase por aquí y por aquí— señaló mi pecho y mi cabeza— me importa… porque tú me importas…
—Gracias— suspiré— Pero no tienes de que preocuparte— continué de nuevo la marcha.
—Razón de más para que ya lo haga… tiene que ver con Dulce, ¿verdad?
—No hables tonterías…
—Y tú no pienses que soy *****…
—Lo siento yo… no quise insinuar eso— de nuevo me detuve. Vi un banco unos pasos mas al frente y me acerqué a el sentándome. Andi hizo lo propio. Nos quedamos un instante en silencio, sabia que mi amiga esperaba que dijera algo… y yo solo esperaba que no saliera corriendo ante mi declaración.
—¿Recuerdas lo que te confesé hace un tiempo atrás?
—Si… ¿aún sigues confusa con ello?
—No… quiero decir, si… pero ya no es tanto una confusión de no saber que soy ni que quiero ni porque tenia que pasarme esto a mi ni porque…
—Ey, vamos… tranquila… — me interrumpió al tiempo que tomaba mis manos entre las suyas.
—Lo que trato de decir es que creo que definitivamente la etapa de aceptación de mí misma la superé.
—Pero ahora te enfrentas a otra…
—Sí… a otra mas complicada si cabe…
—¿Mas que aceptarte a ti misma? lo dudo… quiero decir, sí, es difícil… pero si conseguiste lo otro… ¿porque no vas a conseguir superar esta?
—Porque esa ya no depende exclusivamente de mi…
—Dulce…
—Sí… — confesé al fin— Es *beep*, ¿no? Venirme a fijar precisamente en ella.
—No, no lo es… no elegimos de quien nos enamoramos…
—Pero si podemos decidir al respecto.
—¿Y estas completamente segura de que lo quieres de la manera en la que justo estas pensando ahora?
—¿Y tu como sabes en lo que estoy pensando?— la miré de lado con una sonrisa asomando a mis labios, aun sorprendiéndome la capacidad que tenia esta niña para parecer leer mi mente.
—Porque te conozco desde que llevabas pañales— me devolvió la sonrisa.
—Tu lo que eres es bruja—le hice una mueca.
—Tal vez…
Sonreí inconsciente ante las palabras de mi amiga, mientras un recuerdo venia flotando a mi mente.
—¿Sabes? Dulce cree que soy de lo más ambigua.
—Lo cual es cierto— la miré y me estaba sonriendo aún— Estás completamente colada, ¿verdad?
—Como nunca… teniendo en cuenta la brevedad de mi corta existencia.
—¿Y crees que te va a resultar tan fácil simplemente fingir que no pasa nada? ¿Que todo va bien? Te recuerdo que te levantas con ella y duermes con ella.
—¿Y entonces que me sugieres? No me quedan muchas mas alternativas.
—Anahi, Dulce no es boba… esa niña es de lo mas perspicaz, no podrás ocultárselo por mucho.
—Gracias por tus ánimos, ya me siento mejor… — sonreí amargamente.
—Anahi, escúchame, creo que deberías hablar de esto con ella… Es una chica comprensiva, con la que se puede dialogar…
—¿Estas loca? No pienso decirle que me paseo por la otra acera, por obviar el hecho de que desearía pasear con ella.
—Any, estoy segura que lo entenderá… además, ¿quien no te asegura que no juegue en tu equipo?
—Es que eso es imposible— me solté de mi amiga y me crucé de brazos.
—A ver… ¿por qué tiene que ser imposible?
—¡Porque si!!Ella es… ¡perfecta!
—Ah claro, como si ser lesbiana fuera incompatible.
—¡No lo entiendes! Ella no puede serlo.
—Claro… tú trata de seguir autoconvenciéndote de eso que se nota que lo haces a la perfección, pero dime, ¿con cuántos chicos la has visto en los últimos meses? aparte del plasta de mi hermano, claro.
—Eso no tiene nada que ver…
—Solo contesta.
—Con ninguno— suspiré.
—¿Y eso no es raro?
—¿Y que hay de Robert? Tanta amistad y cariño… tanto hablar de el… entre ellos hay algo, estoy segura.
—Eso es como insinuar que entre tu y yo hay algo solo por el hecho de que puedo ser tu tipo… que por cierto, ¿lo soy?— se me acercó sugerente.
—Jaja, no seas, ¡¡quitaa!!— la intenté apartar.
—Que sepas que no has herido mis sentimientos sino que te los has cargado directamente.
—Lo superaras.
—Y que remedio…
Unos niños pasaron frente a nosotras corriendo tras un balón, los observamos jugar por unos instantes.
—¿Entonces?— rompió el silencio encarándome de nuevo.
—Uhm, ¿entonces que?
—Que si le dirás… tal vez te lleves una grata sorpresa…
—O lo mas seguro es que me mande a paseo antes de tiempo.
—¿Y acaso de verdad crees que apenas cumpla los 18 se desaparecerá?
—Ya no sé que pensar… — seguí contemplando el partido que se jugaba frente a nosotras.
—Hola, muy buenas tardes, ¿interrumpo?— apareció de la nada detrás de nosotras la causante de todos mis delirios.
—Para nada… de hecho, ya le estaba diciendo a Any que me marchaba a casa…
—Pero… — Miré a mi amiga con ojos suplicantes.
—Nos vemos Anahi— se acercó, me besó en la mejilla y se levantó— Hasta luego Dulce, cuídamela— le guiñóel ojo.
—Hasta luego— la despidió Dul a la par que se sentaba junto a mí.
—¿Tenían el libro?
—No, viaje en vano… ahora me dicen que hasta la semana que viene.
—¿Lo necesitabas?
—No… no era para clase.
—Ahn, bueno, pues a esperar hasta la semana que viene entonces…
" Eso Anahi, que se note tu elocuencia espontánea… "
Nos quedamos en silencio observando el partido que en esos momentos se jugaba delante de nuestros privilegiados ojos.
—No me vas a decir quien te gusta, ¿verdad?
Giré mi cabeza, sorprendida por la pregunta, y la miré. Unos calidos ojos miel me devolvieron la mirada.
—Y para que quieres saberlo…
—Porque me importas, solo por eso… Déjame ayudarte, sabes que si está en mi mano lo haré.
—Lo sé— aparté la mirada a la vez que parpadeaba varias veces para evitar que las lagrimas salieran de mis ojos— Pero en esto no puedes ayudarme, es algo que debo hacer sola.
—Pero si se lleva entre dos es más fácil…
—Dulce, por favor…
—Ok, está bien… no presiono mas… lo siento… yo solo quería ser… útil…
—No te disculpes… creeme que ya me ayudaste mas de lo que crees— le sonreí.
—Yo sencillamente no lo veo así… a veces tengo la sensación de que solo complico mas las cosas…
—Para nada… al contrario, logras hacer que todo parezca mas sencillo… mas pequeño…
Solo se limitó a apartar su mirada de mí y observar el suelo, supongo que solo estaba dándose tiempo para pensar y meditar mis palabras. Tras unos instantes que se me hicieron eternos al fin levantó la mirada.
—¿Volvemos a casa?
Para satisfacción de unos y desgracia de otros los exámenes pronto pasaron. Me encontraba en mi habitación preparando la maleta para mi viaje de fin de curso cuando escuché a mi hermano pequeño acercarse a mi cuarto y entrar junto con Dulce.
— ¡Sii! ¡¡Yo quero jugar con Pipo!! ¡Tata! ¡¡Voy a jugar con Pipo y Dul!!—se me acercó.
— ¿En serio?— lo miré abriendo exageradamente mis ojos.
— ¡¡Sii!!— saltó dando pequeñas palmas y se acercó a Dulce que en ese momento estaba buscando un cd en la repisa— ¿A que sí Dul?— se abrazó a su pierna.
— Claro monito— le sonrió mirando hacia abajo antes de volver su atención a los cd´s.
— Jiji— reía tontamente mi hermano mientras Dulce movía su pierna balanceándolo como si fuera un mono. Me quedé observando detenidamente la escena. Una vez encontrado lo que buscaba se dirigió hacia el pc, cogió a mi hermano en brazos y sentó en la silla colocándolo sobre ella.
" Los hay con suerte… Demonios Any, ¡que es solo tu hermano! " meneé la cabeza en un intento por librarme de mis pensamientos. " Pero es que es tan tierna, mira como lo coge, como lo abraza, como le habla al oído, como le sonríe, como lo besa en la cabecita… como me gustaría volver a tener 3 años… ¡Yaa! ¡¡Paraloo!! "
— ¿Como hace la abeja? Zzzzbrbr.
— Jiji… agueja… ppzzbrr.
— Jaja, si, muy bien, pero ya me había duchado— decía limpiándose las babas de mi hermano de la cara.
— Jiji, ¡¡tataaa!!— se volvió hacia mí— ven, ¡mira la aguejaa!— señaló la pantalla del pc. Me acerqué a su lado.
— Ohh, que grande la abeja— intenté fingir admiración por el gordo *****.
— ¡¡Sí!! Sentate aquí conmigo y Dul— se hizo a un lado en las piernas de mi prima dejándome, inocente el, espacio para que me sentara a su lado.— ¡Sentate!— me ordenó de nuevo viendo que me había quedado pasmada en el sitio.
— ¡Eso! ¡Sentate!— me pasó Dulce un brazo por la cintura y me atrajo hacia ella haciendo que me sentara en su regazo junto a mi hermano. Si antes me había quedado pasmada ya ni digamos como estaba ahora con la espontaneidad de mi prima— ¿No estas cómoda?— me susurró al oído haciendo que un escalofrío comenzara a recorrer mi cuerpo.
" Dios… como se te ocurra volver a hacer eso no respondo… "
— Sí— dije al fin mientras movía mi cabeza y encontraba su cara a escasos centímetros de la mía. Me giré rápidamente, tragando pesadamente.
" Dita sea… a ver si controlamos mas la distancia la próxima vez… ¿próxima vez? ni lo pienses… mejor levántate antes de que… "
— Yo también, aquí con mis dos niños favoritos— cortó la línea de mi pensamiento a la vez que nos estrechaba más contra ella.
" Al que quiera que haya allá arriba… ¿tan mala cristiana soy para que me tortures en vida así? "
— Jiji— reía Alex mientras se revolvía en el abrazo en un intento por volver a tomar posesión del ratón.
Estuvimos un rato mas así, hasta que el sonido del timbre de la puerta llamó la atención de mi hermano.
— ¡¡Pizza!!— dijo bajando de su posición privilegiada y saliendo corriendo por la puerta dejándonos a solas… ok, y con Pipo.
— ¿Condicionamiento clásico? Dios, no me puedo creer que seáis tan crueles…
— ¡Oyee! que el solito lo asoció… — seguí jugando con Pipo mas para evitar girarme y encontrarme con esos ojos que por propia diversión. Si, ya, porque rayos no se me ocurrió levantarme ahora que el inocente causante de mi tortura ya se había marchado, ¿no? Pero pss… caí cómoda.
" Oh si, podrías pasarte toooda la tarde así… solo jugando con Pipo… mientras la causa de tu delirio está debajo de ti con su cabeza apoyada sobre tu hombro… ¿por qué tiene que hacerme cosquillas mientras respira? ¿Acaso me está mirando? vale, creo que será mejor irse moviendo antes de… "
— Parece que a ti también te gusta Pipo… — estaba tan centrada en mis sensaciones y pensamientos y en el puzzle que trataba de hacer en ese momento que no respondí—¿Ya preparaste todo para mañana?
" Oh oh… tierra llamando a Anahi, tierra llamando a Anahi… momento idóneo para dejar de seguir haciéndote la remolona y comenzar a moverse"
— Si… — comencé a decir mientras me levantaba, cosa que para mi desagrado, ok tal vez mas para mi agrado, no conseguí.
— ¿Entonces donde vas?— volvió a susurrarme al oído mientras me colocaba de nuevo sobre ella.
— ¿Tu no tienes que hacer tu maleta?
— Si…
— Entonces— respondí sacando toda la fuerza de voluntad que se suponía no tenia para levantarme del sitio no dejándola ni acabar la frase.
—… pero ahora no me apetece— terminó mirándome fijamente.
— Bueno, solo por si acaso— me volví y me dirigí hacia la otra mesa de estudio donde me senté tratando de calmar mi acelerado corazón. La escuché apagar el ordenador y salir de la habitación. Solo pude suspirar una vez que estuve sola.
" Esta claro que no tiene ni idea del efecto que me causa… O eso o que le encanta torturarte Anahi… "
Unas calidas manos taparon mis ojos. Elevé las mías, palpándolas, sabiendo de inmediato por el tamaño, el tacto y algo de lógica a quien pertenecían.
" Oh, si… le encanta torturarte " .
***
— Vamos que nos vamos, vamos que nos vamos, vamos que nos vamos.
— Andi, ¿te puedes callar de una puñetera vez? trato de dormir…
— Como no… ¿como puedes pensar en dormir? Any, ¡pero mira que paisaje tenemos ante nosotras!— exclamó señalando con demasiado entusiasmo para mi gusto las nubes que se veían desde la ventana del avión.— Fíjate, esa tiene forma de mariposita, ¿verdad?—pegó su cara al cristal— Y esa de pato, y esa de osooo… — siguió con su monologo ajena al resto.
" Oh, ¡dios! ¿Como puede ser tan niña a veces? " Me tapé la cara con el cojín en un intento imposible por ignorar en que lugar me encontraba.
— ¿Estas bien?— oí preguntar a Dul a mi otro lado.
— Sí… — afirmé saliendo de mi escondite— Es solo que… no me agradan demasiado estos cacharritos…
— No te preocupes, no tardaremos mucho en tomar tierra— me sonrió— Para desgracia de algunas— señaló con la mirada a Andi que seguía ensimismada buscando al zoológico entero entre las nubes.
— Olvidó tomar la medicación esta mañana.
Rió por lo bajo antes de volver su atención al libro en el que estaba inmersa desde que comenzamos el vuelo. Volví a colocar el cojín sobre mi cara mientras en la lejanía la voz de mi amiga seguía catalogando animalitos.
— Eyy bella durmiente— Escuché entre sueños el susurro de una voz conocida— Ya llegamos.
— Uhm… un ratito mas…
— ¡Vamos que nos vamos! ¡Vamos que nos vamos! ¡Vamos que nos vamos!— alguien me gritó desde el otro lado.
—¡¡Ahh!!— salté del asiento.
—Jajaja, menos mal que te pusimos el cinturón antes que sino tocas el techo— me miraba burlona mi amiga desde su asiento. Solo me limité a echarle una mirada asesina que para mi resignación no pareció funcionar.
—¿Dormiste bien?— preguntó mi prima al otro lado.
—Si, muy bien— me fijé y tenía el cojín en el que dormía apoyado sobre su hombro— Lo siento— me disculpé avergonzada quitándoselo de encima.
—No te preocupes— me sonrió.
" ¿Por que será que tengo la sensación de que nuestras conversaciones siempre se repiten? ¿Y porque rayos tiene que ser siempre tan condenadamente encantadora? "
—Vale, este es un momento muy bonito y blablabla… ¿Podemos bajarnos de una vez de este *****?¡¡La playa y el tío bueno del chiringuito me esperaan!!— comenzó a empujarme Andi.
***
Al salir del aeropuerto un destartalado autobús nos esperaba en la puerta con el propósito de llevarnos a nuestro hotel. Salvando el hecho de que la carretera tenia mas hoyos que un campo de golf y que el conductor debía de ser admirador total de Fernando Alonso, el viaje resultó de lo mas agradable entre saltitos p´arriba y golpecitos rebotados en el techo p`abajo.
—¡¡Ohh!!Gracias Señor— se arrodilló Andi nada más bajar del bus agradeciendo al ser divino el haber llegado sana y salva a su destino.
—¡Andii! ¡¡Deja de besar el suelo como el Papa y ven a ayudar!!— le gritó Any mientras sacábamos el equipaje de la parte baja del autobús.
Ataviados con todos los bártulos encima nos dispusimos a entrar al hotel todos a la vez como cabras y… claro, pasó lo que tenia que pasar, que se lió un embotellamiento humano y nos quedamos todos atascados en las puertas giratorias. Vamos, que solo tardamos media hora mas en llegar a nuestra habitación.
—¡¡Al fin!!— soltó Any todo mientras se tiraba sobre una de las camas.
Coloqué con cuidado todas mis bolsas en el suelo mientras observaba como Andi abría las cortinas junto con la puerta corredera y salía a la terraza.
—¡¡Virgen santísima!! ¡¡Desde aquí se ve la piscina!! ¡¡Maree!! ¡¡Que tío mas buenoo!!
Me limité a rodar mis ojos y a ir colocando mi equipaje en uno de los armarios. Mi prima se levantó y comenzó a hacer lo mismo con su equipaje.
—¿Que hacéis?—dejó de babear y entró al fin de nuevo a la habitación.
—¿Que crees que hacemos?— la cuestionó Any mientras seguía colocando sus cosas.
—Perder el tiempo— respondió agarrando una bolsa y metiéndose en el baño.
Any y yo nos miramos, nos encogimos de hombros y seguimos con nuestra tarea.
No tardó demasiado en salir del baño ataviada con su bikini y un pareo atado a sus caderas.
—¡Yo ya estoy! Como intuyo que lo vuestro va pa largo… os voy esperando abajo en la hamaca— y desapareció por la puerta.
—¿Has visto que no se ha dado ni cuenta de que solo hay dos camas?
Miré y era cierto, yo tampoco me había percatado de que solo había dos camas en la habitación, una más grande y otra más pequeña. Nos miramos durante un momento.
—¡¡Me pido la grande!!— dije a la vez que saltaba sobre ella.
—¡¡Oyee!! ¡¡No es justo!!— saltó ella también.
—¡¡Claro que sii!! ¡¡Yo llegué antes!!— la encaré.
—¡¡Pues ahora es mía!!— me empujó tirándome al suelo.
—¡¡Eyy!!— me levanté y me abalancé sobre ella dispuesta a vengarme.
—Jaja, ¡¡paraa!! ¡¡Dulce!!Jajaja, ¡¡paraaa!! ¡¡Por favor!!Jaja.
—Dilo— seguí torturándola con mis dedos.
—Jaja ¡¡es tuya!! Jaja, ¡¡me rindoo!!
—¡Mas fuerte que no te escuché!
—Jaja, ¡¡me rindoooo!!
—Ok ok— paré mis manos y me tumbe a su lado.
—¡¡Te lo creíste!!— se abalanzó sobre mi dispuesta a tomar su propia venganza personal. No tardó demasiado en darse cuenta del error que había cometido.
—Eres taaan inocente si piensas siquiera que puedes ganarme— le dije victoriosa desde mi posición sobre ella.
—Algún día— pude ver ese brillo en su mirada antes de que esta se dirigiera hacia mis labios. Casi sin darme cuenta yo estaba haciendo lo mismo. Me levanté rápidamente bastante turbada por lo que acababa de hacer y… ¿desear?
" Oh no, ¿desear? Tu no has deseado nada… solo… solo desviaste la mirada a sus labios, nada mas… eso no significa que desees locamente besarla… no tiene absolutamente nada que ver una cosa con la otra " . Trataba de convencerme mientras comenzaba a rebuscar entre lo que había colocado en el armario. " Un momento, ¿de donde salió locamente? "
—¿Qué haces?
—Intentar buscar algo de ropa.
—No me digas… ¿te ayudo?— se levantó colocándose a mi lado.
—No… — me aparté— Quiero decir, ¿ves? Ya la encontré— levanté lo que había cogido mostrándoselo y me metí en el baño cerrando la puerta tras de mi y apoyándome sobre ella.
" Dulce Dulce, cualquiera pensaría que te asusta esa milindre… " Cerré mis ojos y de nuevo la imagen de esos tentadores y rosados labios apareció en mi mente, los abrí de repente. " Dios, creo que el cambio de aires no me sentó nada bien " .
***
" ¿Y ahora que se supone que le picó? "
Me quedé mirando la puerta cerrada del baño por unos instantes antes de comenzar a buscar mi propio bikini y ponérmelo.
" ¿Será que se dio cuenta y se asustó? ¿Tan evidente comienzo a resultar? "
La puerta del baño se abrió de repente mostrando a una morena en un traje de baño azul minúsculo. No pude evitar que mi vista se paseara por ese cuerpo, que le voy a hacer, si a fin de cuentas soy humana. Lo que si que me asombró fue el hecho de que cuando llegué a sus ojos pude notar como ellos también se paseaban libremente por mi cuerpo solo cubierto por otro bikini, en este caso amarillo.
—Bonito bikini… —comentó apartando la mirada al verse sorprendida.
—Gracias, lo mismo digo… ¿nos vamos?
—¿Así? ¿No te pones nada encima?
—¿Y si no me lo pusiera?
—Te podrían detener por escándalo público.
—Exagerada— me acerqué a mi parte del armario y cogí una falda vaquera.— ¿satisfecha?— la cuestioné una vez me la puse.
—Mucho mejor.
Me limité a rodar mis ojos mientras un pensamiento perverso me golpeaba en mi cerebro pugnando por ser liberado.
—Ni que fuera tu novia— le solté para ver su reacción.
—Eso desearías tu… — se limitó a responderme sonriéndome de lado mientras me hacia paso a través de la puerta.
" No puedes llegar a imaginar cuanto..."

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:51 pm

OCTAVA PARTE
Pasamos el resto del día descansando tranquilamente en el hotel. Después de la cena decidimos aventurarnos y salir fuera del recinto a dar una vuelta por el pueblito.
—Creí que dijiste que los demás también iban a salir… — le comentó mi prima a su amiga.
—Los demás son unos sosos, como nenes buenos se fueron a la camita con los lunnis.
—Donde deberíamos estar nosotras ya. Mañana tenemos que madrugar para la visita al parque natural.
—¡Ya! ¡No me seas ahora una amargada! Venimos a divertirnos, ¿no? Pues hagámoslo. ¡Mira! ¡Hay feria!— señaló al frente y aligeró el paso dejándonos a Any y a mi atrás.
—Está visto que no se la puede sacar a la calle…
—Déjala que se divierta. Tu también deberías dejar a un lado toda esa responsabilidad y hacer lo mismo.
—¿Y que hay de ti?
—Yo soy niña grande, tengo que comportarme.
—Reprimida… —intentó provocarme.
—Mira quien fue a hablar…
—¡¡Pesquemos patitos!!
—Si, que suena atrevido— me burlé.
Me sacó la lengua y se acercó al chiringuito.
—¡Hola!—saludó al chico del puesto apoyándose sugerentemente sobre el mostrador— Me gustaría conseguir ese pingüinito de ahí para mi amiga— me señaló con la cabeza— La chiquilla se enamoró de el nada mas pasar por aquí enfrente. Sabes, la pobre está algo— hizo un gesto señalando claramente que estaba algo pallá— ¿Qué tengo que hacer satisfacerle el caprichito?— lo miró con aire inocente.
—Bien… estoo… es fácil— se notaba que el chico estaba teniendo serios problemas— Solo… te doy la caña y pescas patitos…
—¿Así de simple? ¿Solo pesco patitos?— se apoyó un poco mas y siguió mirándolo.
" Esta niña es la bomba, ¿a donde quieres llegar? Te vas a quemar… "
—Bueno… cada patito lleva unos puntos debajo— cogió uno tirando varios al suelo en el intento. Solo pude reírme de su torpeza.— ¿Ves? El peluche que quieres vale 500 puntos…
—Oh, pero eso es mucho— fingió pena— Cariño, no sé si podré conseguírtelo— se dirigió hacia mí.
—¡¡Intentaloo!! ¡¡Intentaloo!!— la animé en mi papel de loca. Me miró con una mirada dulce antes de mirar al chico y poner 3 euros sobre el mostrador.
—¡Dame esa caña!— el chico se la tendió— Gracias, deséame suerte— le guiñó coqueta un ojo antes de comenzar a pescar. El chico solo tragó pesadamente ante el inocente gesto.
—¡¡Ese noo!!— comencé a gritarle cuando fue a coger uno de la esquina mas cercana a nosotras.
—¿Entonces cual?
—¡¡Esee!! ¡¡Ese amarilloo!!— dije señalando uno de los cientos de patitos amarillos de la piscina.
—Te sugiero que cojas de donde estabas situada… — comentó el chico mirándola como bobo.
—¡¡Noo!! ¡¡Yo quiero el patito amarillo!!— volví a gritar cuando de nuevo fue a coger otro.
—Cariño, voy a coger el patito amarillo— intentó calmarme.
—¡¡Yo quiero el patito amarillo!!
—Tranquila, es inofensiva… tomó los antipsicóticos antes de salir de casa… —le comentó al chico.
—¡¡El patitooo!!
Tal fue mi insistencia esta vez que el chico asustado me dio un patito amarillo.
—Gracias— lo miré acercándomelo a mi cara y frotándolo contra mi mejilla— Mi patito liiindoo.
El gesto hizo que Any apenas pudiera contener una carcajada. El chico la miró mas asustado aún.
—Es tan tierna a veces— se acercó y me besó en la otra mejilla para luego mirar al chico— Gracias, fue un bonito gesto— se apoyó de nuevo en el mostrador acercándose a el.
—De… de… de nada— sonrió bobamente de nuevo.
—Bueno, sigamos… — y comenzó a sacar patitos de la piscina. Cuando ya llevaba como veinte sobre el mostrador— ¿Cuantos me quedan?— preguntó inocente. El chico pareció volver a la realidad apartando la vista de su escote y mirando la mesa. Abrió los ojos a más no poder y empezó a mover la boca intentando balbucear algo.
—Dice que treinta más— metí baza desde mi posición sobre el mostrador mientras hacia malabarismos con el patito sobre mi cabeza.
—¡¡No!!Ya son suficientes… — pareció reaccionar.
—Ok, pues contemos…
—¡¡Sí!!8, 100, 4, 350, 800… — comencé a levantar patitos y a contar tirándolos hacia todos lados.
—¡¡Esperaa!! ¡¡Así no!!— trató de pararme el chico. Me limité a mirarlo fijamente.— Quiero decir— tragó mirando a ambos lados de la feria cerciorándose que no venía nadie— No hace falta, toma— y me entregó el peluche.
—¿Que se dice?— me inquirió mi prima a mi lado.
—¿Que me des mas?— respondí abrazando el peluche y mirando de nuevo al chico. Se limitó a dar un paso hacia atrás y levantar los brazos.
—Jaja, cariño… se dice gracias— se acercó Any acariciándome el cabello. La miré.
—Gracias…
Miró al chico y le volvió a guiñar el ojo a la vez que nos dábamos la vuelta y comenzábamos a alejarnos agarradas del brazo.
—¿Y el patito?— gritó el chico de pronto.
Me di la vuelta y le dirigí la mirada más perversa que tenía.
—¡¡Es miooo!! ¡Mi tesorooo!
De nuevo tragó pesadamente antes de decirnos adiós con la mano. Apenas estuvimos lo suficientemente lejos Any comenzó a reír a carcajada limpia.
—¿Viste que cara puso?
—Si, pobre… jajaja
—Eres realmente cruel cuando quieres…
—¡¡Oyee!!Que empezaste tú coqueteándole y haciéndome pasar por longui.
—Jajaja
—¡¡Bonito peluche!! ¡¡Yo quiero unoo!!¿Donde lo conseguisteis? Any, ¡¡consígueme unoo!!— apareció Andi a nuestro lado.
Nos miramos y comenzamos a reír de nuevo.
—¿Que?— preguntó extrañada comenzando a reír contagiada ella también.
***
—… Dada la antigüedad del macizo, hablamos de mas de 8 millones de años, hasta nosotros no han llegado volcanes propiamente dichos, sino sus restos erosionados por los ríos, los vientos y el mar. De todas formas el paisaje que hoy podemos contemplar…
—Vaya peñazo… ¿cuando nos vamos?
—Shhh…
—No me digas que te interesa esto…
—Andi…
—¿Sabias que eres de lo mas aburrida? No sé como te puede interesar ver… ¡¡Virgen santísima!! ¡¡Pedazo pivón!!
—Parece que al fin algo del paisaje logra llamarte la atención… — le comenté burlona.
—¿Lleva mucho tiempo ahí?
—¿Y porque supones que debo saberlo?— inquirí con una ceja alzada.
—Porque… ¿no para de mirarte
—¿A Dul?— cuestionó mi prima alzando el cuello y mirando en la dirección del susodicho.
—No me mira a mí…
—¡¡Entonces me mira a mi!!
—¡¡Oyee!!¿Y porque no puede mirarme a mi?— entró mi prima en la disputa.
—Porque a ti no se te ve.
—Uy si, como si tu fueras muy grande.
—… por eso el terreno presenta el árido aspecto… — elevó la voz el guía en un claro intento por llamarnos la atención.
—Pues yo creo que si que la vio… — comenté viendo como se acercaba a otro chico y le hacia un gesto con su cabeza señalándonos.
—¡¡Como va a verla!!
—¡¡Te la estas ganando!!
—Shhhh — se volvió la chica de delante hacia nosotras.
Nos quedamos en silencio durante unos instantes, el tiempo justo para que el guía acabara el discurso y el grupo avanzara hacia otro lugar del terreno. Comenzamos a movernos con el resto cuando noté que alguien se nos acercaba a nuestra altura.
—¡Hola!— nos saludaba el chico que instantes antes miraba a mi prima, y que ahora devoraba con la mirada.
—¡Hola!— replicó el saludo una Andi demasiado entusiasmada. El chico sonrió mirándola por unos instantes de arriba a abajo para después volver su atención hacia Anahi.
—Sois del instituto Bahía, ¿verdad?— le preguntó.
—Si… pero vosotros no sois de nuestro instituto.
—No, no lo somos… pero conocimos a varios chicos anoche del vuestro. Nos hospedamos en el mismo hotel que vosotras.
—Oh…
—Si bueno, soy Adrián, ellos son Iker y Luismi— dijo señalando a los otros dos chicos, los cuales hicieron un movimiento con su cabeza al ser nombrados.
—Andi, Dulce— nos presentó— y yo soy Anahi.
—Un gusto Anahi— se acercó y la besó tomándose demasiado tiempo en el gesto.
" Oye, que libertades se toma la gente por estos lares. Ahora resulta que para besar a alguien tienes que sujetarla de las caderas. ¿A que rayos vienen esas confianzas? " Entrecerré mis ojos bastante mosquis.
—Esta noche vamos a dar una fiesta en el hotel, la organizamos para conocer gente de otros lugares. Si queréis ir estáis invitadas las tres— nos miró a Andi y a mi.
—Gracias.
—Por nada, espero que no faltéis, os estaremos esperando— le guiñó un ojo antes de darse la vuelta y marcharse.
" Pues espera sentado… ¡¡Fantasma!! "
—¡¡Wooooo!! ¡¡Tenemos una citaa!!— exclamó Andi cuando estaban lo suficientemente lejos puños en alto y bailando la nueva versión de la danza de la lluvia. Any solo la miró.
—Yo no voy.
—¿¿Estas loca??Tanto sol en la cabeza no te sentó bien—empezó a palparle la frente.
—¡Quita! Dije que no… Si queréis ir vosotras, vais, pero conmigo no contéis— miró hacia donde se habían marchado los chicos.
—¡¡Pues si!! ¡¡Vamos a ir!!Que tu seas una amargada no nos va a privar de la fiesta, ¿verdad Dul?— me miró esperando una respuesta.
—Yo tampoco creo que vaya a ir.
—¿¿Que??¿Que tipo de complot es este? Os pusisteis de acuerdo para amargarme las vacaciones, ¿verdad?
—Ya Andi, no dramatices… esos tipos no me dan buena espina…
—Eres una paranoica, ¿lo sabias?— comenzó a andar por donde había ido el resto del grupo dejándonos atrás.
—Se le pasará— intenté calmar a mi prima pasándole un brazo por los hombros.
—Oh si… apenas de nuevo algo le llame la atención en el paisaje.
Sonreímos y continuamos andando tras los demás.
***
—¡No me puedo creer que se haya ido!
—¿Pues que esperabas? Esa niña está como una chota.
—Chota o no… no deja de ser mi amiga. Tenemos que ir a por ella.
—Any, ya es mayorcita…
—¿Mayorcita? te recuerdo que es menor que yo… por esa regla de tres yo también soy mayorcita.
—¿Me insinúas algo?
—Sí, ¡que dejes de comportarte como si fueras mi niñera!
—¡Y ahora resulta!— me tiré sobre el sillón de la habitación alucinada por el giro inesperado que tomaba la conversación.
—Dulce te pasas todo el día tras de mi… ¿que pasa? ¿Que no me tienes confianza o qué?
—¿Y a ti que mosca te ha picado ahora conmigo?— me levanté y me puse frente a ella.
—¡Viene a que estamos de viaje! ¡Sal y disfruta un rato! Papá no te pidió que estuvieras todo el rato tras de mi, ¿o si?
—Así que es eso… Piensas que solo estoy contigo porque me lo pidieron… Pensaba que me conocías un poquito mas, pero ya veo que sigues siendo la misma niña egocéntrica que conocí el primer día incapaz de ver dos palmos mas allá de sus narices— me dirigí hacia la puerta y agarré el pomo para abrirla— Y por favor, a ver si nos aplicamos el cuento un poquito, que parece que la única que tiene complejo de niñera aquí eres tú— abrí y salí dejando que la puerta se cerrara por pura inercia mas fuerte que de lo que hubiese deseado.
Comencé a andar por el largo pasillo en dirección al ascensor cuando escuché como la puerta se abría de nuevo y Anahi salía al pasillo.
—¡¡A mi no me cierres la puerta en las narices!!
—¡¡Se voló!!
—¡¡Se intenta dormir la siesta!!—alguien gritó abriendo la puerta de al lado a la nuestra.
—¡¡Pues te levantas que ya son horas!!— entró y cerró de nuevo dando un portazo tras de sí.
Lo último que vi fue al tipo mirándome con cara de póquer mientras las puertas del ascensor se cerraban ocultándome en el pequeño espacio. Me apoyé en la pared intentando poner en orden mis pensamientos y sentimientos.
" ¿Porque tiene que ser tan insoportable cuando se lo propone? Es… es… es… no entiendo porque rayos tiene que afectarme tanto… agggrrr, ¡me enervaa! " .
Estaba por girarme y darme de cabezazos contra la pared cuando el ascensor paró en mi destino mostrándome de nuevo al mundo. " Ok, controlémonos, respira, espira… y vayamos a buscar a la chota de Andi " .
Para mi satisfacción, no tarde demasiado en encontrarla en el patio entre el gentío de gente. Estaba de pie en una esquina de la barra del bar. Me acerqué.
—Así que estabas aquí.
—¡¡Dul!!— me miró a través del culo del vaso vacío— ¡¡Que lejos!! ¡¡Pero acércatee!! Jiji, es tímidaa— le comentó al chico que atendía la barra y que en ese momento fregaba algunos vasos.
—¿Que le has puesto?— le pregunté al tipo.
—Lo que pidió, dos chupitos de licor de fresa con nata.
—Woohh… tienes que probarloss… saben a… — se quedó un momento pensativa— ¡¡Fresa con nata!!Jiji.
—¿Seguro que no ha tomado nada más?— enarqué mi ceja.
—¡¡Sii!! ¡¡Cacahuetes!!Pero estaban rancios, ni los pruebes, me dejaron la lengua como… — sacó dicho músculo y me lo mostró— Aaaahhgg… zuela zapato— habló en tal guisa. Miré al chico.
—Yo no le he servido nada mas— se encogió de hombros y siguió con su labor.
—Muy bien, Andi… creo que ya es hora de irnos moviendo.
—¿Ya? ay no, pero si apenas acaba de comenzar la fiesta— se agarró al filo de la barra con ambas manos— De aquí no me muevo— afirmó tajante mientras se tambaleaba ligeramente a ambos lados.
Me limité a cruzar los brazos sobre mi pecho mientras le dirigía una fiera mirada.
—Andi, no me hagas arrastrarte por todo el patio.
—¡¡Sin amenazass!!— se soltó y comenzó a agitar sus dedos ante mi cara con tanto ímpetu que casi pierde el equilibrio— ¡¡No me asustass wonderwoman!!
En ese momento comenzó a sonar una melodía de lo más movida.
—¡¡Wooohh!! ¡¡Mi favoritaaa!! ¡¡Vamoss!!— me agarró de la mano dirigiéndome hacia el centro de la pista de baile tropezando, casualidades de la vida, con todo el mundo durante el trayecto. Comenzó a bailar levantando los brazos y dando mas vueltas que una peonza. Solo elevé mi ceja, esperando lo que en cualquier momento sabía que tenía que pasar… y no tardó mucho en suceder.— Wooohhh!!—Se estampó de bruces contra el suelo— Uys, ¿quien pusso el suelo tan cerca?… jiji.
—Y ya que bailaste, besaste el suelo y todo el mundo te admiró, ¿podemos irnos?— le tendí mi mano, la cual en lugar de agarrar chocó.
—¡¡Treeess puntoss colega!!— me quedé esperando en la misma posición— Ohh— abrió los ojos como platos— ¡Ya sé lo que quieress! Te voy a leer la mano—la agarró mirándola fijamente— dice… dice… diceee…
—Que como no te levantes va a ir directa a ti… y no precisamente para acariciarte.
—Dice que puedes llegar a ser muy sugeeestiva cuando te lo proponeees, ni lo hubiera pensadooo— bizqueó un poco— yy… ¡¡que te casaraass!! Me invitaras, ¿no? no puedo perderme la boda de mi mejor amiga… y mas si hay chupitos de fresa con nata y tíos buenos de por medio…
—Ya pitonisa Lola… suficiente… ¿podemos marcharnos?
—Eres tan aguafiestas como ella, debe de ir en los genes— me tomó al fin de la mano y se levantó— ¡¡Uooo!!¿Por que bailan tan rápido ahora? parece que están chutados… jijiji…
—Tu sí que estas chutada— le pasé un brazo por la cintura y comencé a dirigirla hacia el interior del hotel.
—No confundamoss… un poquito bebida… pero solo un poquito, ¿verdad?— me sujetó la cara haciendo que la mirara.
—Verdad.
—¿Sabess? Así de cerca no eres tan guapa como aparentass… me pregunto si te habrá vissto desde esta perspectiva… ¿te ha visto?
—¿Quién?
—¡¡Ella!!
—Adoro los diálogos de besugo…
—Ya tenéiss mas en común, a ella también le encaanta el besugoo.
—Me alegro.
—¿Puedo ser la madrina?¡¡Me hace iluuuu!!
—¿Del besugo?
—No, el besugo será el plato principal del banquete, así que tenéiss que casaross en temporada.
—Vale, lo tendremos en cuenta— seguimos caminando llegando al patio de la piscina.
—Espero que en el reportaje de bodas sonríass un poco máss…
—Si señora.
—¿Pasass tress puebloss de mi o ess producto de mi imaginación?— se quedó parada en el sitio— Puede que esté algo tomada… pero aun conservo mi sentido arácnidoo—levantó un dedo agitándolo al aire.
—Si, ya veo… vamos arañita… — la agarré de nuevo del brazo.
—¡Shh! ¡¡Sin cachondeoss!!— se soltó— Puedo sola… — comenzó a caminar para pararse de nuevo.
—¿Y ahora que?—pregunté comenzando a impacientarme.
—¡¡Se oye agua!!
—¿En serio?— fingí emoción.
—¡Si! ¡Eso significa que estamos junto a la piscina!— pude ver el brillo en su mirada, si la niña estaba alucinando no iba a ser yo la que la trajera de vuelta a la tierra.
—¡¡O junto a las cataratas del Niágara!!
—No creo… huele a cloro…
—¡¡Dios!! ¡¡Donde vamos a llegar!! ¡¡ ¿Que estamos haciendo con el planeta?!!— exclamé mientras dramatizaba exageradamente con mis manos. Se quedó boquiabierta a mi lado, mirándome con una mezcla de pasmo y miedo.
—¿Tratass de quitarme protagonissmo en la escena?— pareció salir de su estupor.
—¿Como crees?— la miré con fingida inocencia. Entrecerró sus ojos en respuesta.
—¿Sabess lo que significa eso?
—¿Educación secundaria obligatoria?— abrí mis ojos y sonreí bobaliconamente.
—¡¡Que un tío bueno anda cerca!!— exclamó subiéndose a una de las maderas del puente en el que estábamos.
No me dio tiempo ni a reaccionar, cuando quise agarrarla ya estaba en el agua de la piscina. La vi sumergirse para instantes después salir a flote y comenzar a chapotear con sus brazos.
—¡¡Socorroooo!!— gritó, tragando la suficiente agua como para no necesitar beber en tres días.
—¡Algún buenorro para salvar a esta damisela en apuros!— comencé a vociferar haciendo aspavientos con las manos siguiéndole el juego.
—¡¡Socorrooooo!!
—¡¡Socorro!!— repetía yo desde arriba mientras me partía de la risa.
—¡¡Me ahogooo!!— siguió chapoteando.
—¡¡Se ahogaa!!
—¡¡Dulce!!— se hundió como un plomo. Paré mis risas y me quedé mirando fijamente su cuerpo inerte bajo el agua.
—¿Andi?— esperé unos instantes cualquier tipo de respuesta por su parte— Andi, no tiene gracia, sube ahora mismo— Me quedé largo rato mirándola, mientras algo de repente golpeó en mi cabeza— ¡¡Oh, dios!!— exclamé subiéndome a la misma madera a la que ella había subido y lanzándome de cabeza al agua.
***
Cerré la puerta de un portazo para después apoyarme en ella e intentar calmarme.
—¡¡Agghh!! ¡¡Es insoportable!!— comencé a dar vueltas por la habitación— Siempre tiene que tener la razón, ¡siempre! ¡la odio!¿Por qué tiene que ser tan condenadamente perfecta?¡la odio!¿por qué tuvo que meterse tan dentro de mi?¡la odio!¿por qué tiene que llevarme siempre al extremo?— me senté al fin sobre la cama— ¿Por qué tengo que sentir esto?— me tapé la cara y me tiré hacia atrás quedando boca arriba— Anahi, eres una imbécil integral… imbécil por sentir algo imposible… y mas imbécil por comportarte como una imbécil, y nunca mejor dicho— miré al blanco techo – ¿Por qué siempre tienes que complicarlo todo? ella te da su amistad, su cariño… y tu te aprovechas cuando te conviene… y la mandas a volar cuando te apetece… Y solo porque odias sentirte tan *beep*… tan débil… Bonita forma de demostrar tu fortaleza inexistente.
Me quedé unos instantes mas en esa posición, hasta que voces procedentes del pasillo llamaron mi atención, me levanté pensando que tal vez serían las chicas, pero las voces pasaron de largo. Suspiré.
—Creo que casi va a ser mejor que vaya yo misma a buscarlas.
Salí de la habitación y puse rumbo hacia el patio trasero donde tenía lugar fiesta. A esas horas de la noche parecía encontrarse en su punto álgido. Caminé entre la multitud de gente mientras trataba de otear el horizonte de cabezas buscando las dos que se me habían perdido.
—¿Me buscabas?— me susurró una varonil voz cerca de mi oído. Me giré.
—Vaya, tu, que sorpresa… te llamabas Adrián, ¿no?
—Sip, Anahi… ¿y tus amigas? ¿No vinieron?— noté que me miraba con cierto brillo en sus ojos.
—Uhm… si, creo… lo cierto es que las perdí de vista hace un rato. Intuyo por tu pregunta que no las has visto.
—No, para nada… seguramente encontraron a alguien interesante y fueron a conocerse mejor a un lugar más privado, tú me entiendes.
—Si, te entiendo… — no pude evitar sentir una punzada de dolor en mi interior de solo pensar en que tal vez fuera cierto, que ella hubiera encontrado a alguien interesante y ahora estuviera con el.
—¿Por qué no vamos allá al fondo? mis amigos y yo conseguimos una mesa. Estaremos mas cómodos— me miró sugerente.
Oteé de nuevo el horizonte esperando que por alguna casualidad aparecieran las chicas entre la multitud. Una calida mano se situó en la parte baja de mi espalda, intentando guiarme a través del batiburrillo de gente. Me di la vuelta.
—Adrián, lo siento, no creo que sea buena idea… mejor sigo buscando a mis amigas, estoy preocupada.
—Vamos, ya están creciditas… — acercó peligrosamente su cuerpo al mío haciendo que se rozaran mientras comenzaba a bailar a mi lado— Piensa en ti y diviértete por un rato— siguió bailando mientras ladeó ligeramente su cabeza y comenzó a acercarse a mi cara.
—¿Sabes? estoo… me encantaría quedarme aquí contigo pero acabo de recordar que tengo que hacerme la depilación pa mañana poder ponerme el bikini, nos vemos— di media vuelta y salí del bullicio para dar a parar a la barra del bar.
—Hola, perdone… ha visto a una chica alta, como de metro ochenta, morena, ojos miel... llevaba una camiseta negra de tirantas y unos jeans azules… —pregunté al tipo de la barra que en esos instantes lavaba algunos vasos en el fregadero.
—El bellezón que vino a por la borracha dices…
—Si… un momento, ¿que borracha?
—La chica de los dos chupitos de fresa con nata… Castaña, un poco mas alta que tu…
—¡Andi!
—Sí, creo que la morena la llamó así…
—¿Se marcharon hace mucho?
—Pss… no sé… estuvieron bailando un rato y luego se marcharon… hará como diez o quince minutos…
—Vale, gracias— le guiñé un ojo.
—De nada, ¿no te tomas nada, guapa? Invita la casa—me sonrió poniendo un chupito vacío frente a mi.
—No gracias… otro día será— le sonreí antes de darme la vuelta y volver a sumergirme entre la multitud.
***
—¡¡Diablos Andi!!— exclame nada mas sacar el cuerpo inerte de la amiga de mi prima del agua. La coloqué suavemente en el borde de la piscina y comprobé sus constantes vitales. Su pulso era débil, pero no respiraba. Comencé rápidamente a poner en práctica todos esos años de enseñanza en primeros auxilios. Iba por la segunda insuflación cuando comenzó a toser.
—Cof cof.
—Ya ya… tranquila, respira…
—Cof cof… que ha… ¿que ha pasado?— me miró desde abajo asustada.
—Te tiraste al agua, ¿no recuerdas?
Se quedó pensativa por un instante.
—Oh, si… ¿me has besado?— abrió sus ojos de forma exagerada, casi cómica.
—Uhm… tanto como besar…
—¡¡Me has besado!!— se levantó como un resorte del suelo resbalándose en el proceso y cayendo sobre su trasero— ¡Ouch!
—No te he besado… Solo junté mis labios con los tuyos para hacerte un trasvase de aire— le tendí mi mano para ayudarla a levantarse. La aceptó.
—¡Pues eso en mi tierra es conceptuado como besar! Any me va a matar como se entere…
—Oye, espera, un momento… ¿como que te va a matar cuando se entere?
—¿Eh? ¿Verbalicé eso en voz alta?
Elevé mi ceja esperando una respuesta.
—¿Por qué no solo lo olvidamos? No le decimos nada a nadie, ¿vale? Aquí no pasó nada.
—¿De qué te avergüenzas exactamente?¿Del hecho que estabas tan pedo que no dudaste ni un segundo en tirarte a la piscina aun no sabiendo nadar o del hecho de que te salvé la vida haciéndote el boca a boca?
—De ambas— me miró— Ya sabes como es Any… no le cuentes… — me suplicó.
—Porque sino te matará.
—Dulce, es una larga historia…
—¿Y? tengo toda la noche— me senté en una hamaca mientras la miraba con una ceja alzada. Se sentó a mi lado y miró hacia al suelo por unos instantes antes de alzar la mirada y enfrentarse a mi.
—Creo que no debo ser yo quien te hable de ello, sino Any… Son cosas de ella, entiende… yo no soy nadie para contártelas… Solo, sé paciente… a ella le está costando asumir todo esto… pero lo está haciendo…
—Está en algún lío, ¿verdad?— pregunté insegura de por donde iban los tiros.
—Si… pero es un lío del que nadie puede ayudarla a salir… solo ella puede encontrar la luz en la inmensa oscuridad.
—¿Por qué las chicas de aquí siempre sois tan crípticas?— sonreí haciéndola sonreír.
—Solo ten un poco de paciencia…
—No te preocupes, lo haré.
—Gracias…
—Por nada… gracias a ti… por ser tan buen amiga.
—Tiene sus ventajas… las cuales te explicaría… pero me estoy helando— hizo una mueca abrazándose a sí misma— ¿Podemos marcharnos?
Nos levantamos de la hamaca y comenzamos a andar hacia nuestra habitación.
***
" ¿Que diablos les pasa a los tíos? ¿Que acaso llevo un cartel en la frente que diga chica fácil con lucecitas de neón y música? "
Abrí la puerta del cuarto esperando encontrar a las chicas dentro, pero la oscuridad y el silencio fue lo único que me recibió al entrar.
" Que boba eres… esperando encontrarlas aquí, como si no tuvieran cosas mejores que hacer que estar encerradas en la habitación de un hotel viendo la tele y comiendo helado contigo… dios, necesito… " Apoyé mi cabeza en la pared " Necesito aclararme de una puñetera vez, no puedo seguir así… tengo… tengo que contarle… ¿qué tal si me equivoco y resulta que ella siente lo mismo? " . Me di la vuelta y me dejé caer al suelo. " Si, claro, y luego vas y te despiertas " . Suspiré " Reconozcámoslo, ¿qué probabilidades existirían de un sí por su parte? Una entre un millón, si es que menos " . Giré la cabeza y vi mi reflejo en el espejo de uno de los armarios.
—Mírate… para ella no eres nada mas que una niñata egocéntrica… — sonreí agriamente a mi reflejo— Y tal vez esté en lo cierto…
Volví mi vista hacia la ventana donde un majestuoso cielo gobernado por una blanca y brillante luna con un sequito de estrellas tras de sí me dio la bienvenida. Un recuerdo golpeó en mí, penetrando en el interior de mi consciencia y hablando como si tuviera vida propia.
" Any, la gente puede decir lo que quiera… lo importante es lo que tu creas que eres no lo que crean ellos… tu eres quien mejor se conoce a sí misma " .
—Y quiero que me conozcas así… pero me da miedo… me da mucho miedo el solo hecho de pensar que aquello que veas te guste menos que la visión que ya tienes de mí…
Noté que la puerta se abría y me giré. Eran ellas.
—¿Que os ha pasado? Venís empapadas.
—¿Y tu que haces ahí tirada? Pareces una cucaracha albina— fue la respuesta de Andi.
—No te desvíes de la conversación— me levanté y me acerqué a ellas.
—Estuvimos nadando un rato… hace una noche muy calurosa— se acercó al armario como si nada y comenzó a coger algo de ropa seca.
—Ya… ¿y nadasteis antes o después de haber estado bailando?— ambas me miraron— ¡Oh, si! ¿Cómo lo sé? me lo dijo el tipo de la barra… Yo preocupándome por vosotras y las señoritas bebiendo, bailando y nadando.
—No saques conclusiones de algo que no has visto… — trató de intervenir Dulce poniéndose a mi lado.
—¿Que no saque conclusiones? Te recuerdo que tú te la pasas sacándolas todo el tiempo.
—¡Ya dime! ¿Que puñetas te pasa conmigo? ¿Tienes algún problema? ¡Porque si lo tienes ya dímelo de una condenada vez a la cara!… ¡Estoy empezando a cansarme de tus prontos y tus niñerías! ¿No querías a Andi? ¡Pues fui a buscártela! No me vengas ahora con celos estúpidos e ideas que solo están aquí— me tocó ligeramente la sien con un dedo. Se dio la vuelta abriendo la puerta dispuesta a salir de nuevo de la habitación, pero alguien bloqueaba la salida.
—¿Tú? ¿Me puedes explicar que *beep* se te perdió aquí?
—Parece que no llego en un buen momento… — Adrián buscó mi mirada desde el pasillo.
—Tu solito lo notaste… ¡aire!
—Dul… — me acerqué a su lado mirándola en un intento por pedirle tregua. Se apartó ligeramente de donde estaba haciéndome más sitio y permitiéndome que hablara con nuestro visitante— Adrián, ¿qué querías?
—Bueno, yo solo venía a traerte esto… debió caérsete mientras bailábamos antes— me fijé en su mano donde estaba la pulsera que Dulce me regaló por Navidad, miré mi muñeca por reflejo y comprobé que no estaba.
—Oh, gracias… no me había dado ni cuenta de que la había perdido, gracias— la cogí— Significa mucho para mi— dirigí mi mirada hacia mi lado, pero Dul la evitó, entrecerró sus ojos y miró al chico.
—De nada… pregunté a uno de los chicos que conocí anoche y…
—Sí, muy bien, ya subiste, le entregaste la pulsera y te agradeció… no hay mas. Ahora si nos haces el favor… ahuecando el ala— Dul comenzó a mover su mano en un claro gesto por que se marchara.
—Oh, si… Anahi, fue un gusto haberte visto antes… Ojalá hubiéramos podido pasar más rato juntos. Intuyo que tu y yo nos hubiéramos llevad…

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:51 pm

Dul cerró la puerta en sus narices, la miré iracunda mientras le apartaba las manos del pomo y volvía a abrir solo para encontrarme con un Adrián más blanco que el papel por el susto del portazo a escasos centímetros de su nariz.
—Lo siento… se voló— le sonrió falsamente mi prima.
—Disculpa… — intenté disculparme— ¿Te encuentras bien?— le toqué en el brazo.
—Uhm, si… bueno, me voy— miró a mi prima antes de dirigir su mirada hacia a mi de nuevo— A ver si podemos volver a vernos antes de que nos marchemos.
—Si, gracias de nuevo por la pulsera… hasta luego.
—Hasta luego— se dio la vuelta y comenzó a caminar por el estrecho pasillo.
Cerré la puerta y miré a Dul a mi lado.
—Bonitos modales enseñan en el colegio inglés— me di la vuelta y comencé a dirigirme hacia el baño, pensando, pobre de mi, que la conversación había sido zanjada ahí.
—Si, pero en el colegio español no creas, que tampoco se quedan atrás— me giré ante su respuesta— Apuesto a que en la asignatura de cinismo eras la mejor— Abrí mi boca para responderle pero sorprendentemente nada salió— Tranquila, no hace falta… como siempre sacaré mis propias conclusiones.
Abrió la puerta y ahora si salió. Me quedé parada en el sitio, incapaz de pensar calmada y racionalmente todo lo que acababa de suceder en apenas cinco minutos. Miré la pulsera en mi mano mientras lagrimas venían a mis ojos.
" Imbécil, doblemente imbécil… no sabes nada mas que complicarlo todo… " .
Comencé a sollozar levemente.
—Ey— unos brazos me sostuvieron desde atrás. Me giré y una mirada tranquila se encontró con la mía— Tranquila— trató de secarme las lagrimas— Creo que llegó amiga… llegó el día y la hora en la que salgas ahí fuera y te aceptes a ti misma dando el primer paso.
—No… — me rehuí de su abrazo secándome las lágrimas casi a golpes con mis manos— No es el momento…
—Sí que lo es— trató de nuevo de acercarse a mí— Y lo sabes… solo que estas asustada.
—No…
—Anahi— me agarró por los hombros y me hizo mirarla— Es el momento de que dejes de pensar con esto… — señaló mi cabeza— y pases a pensar con esto… — y señaló mi corazón—
—No… — comencé de nuevo a sollozar.
—Sí, ella está esperando una respuesta por tu parte. Y sabes que es justo que se la des. Justo para ti, y justo para ella— la miré entre lágrimas solo para encontrarme con esos cálidos ojos que parecía que nunca dejarían de sorprenderme.
***
"¿Pero esta niña de que ***** va? Primero nos hecha la bulla porque según ella estuvimos bailando y luego resulta que ella acabó haciendo lo mismo… y con ese… ese… ¡¡ese mamarracho!! ¡Por dios! Pensé que tenia mejores gustos " .
Paré al fin de caminar. Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no me había parado a mirar hacia donde me habían llevado mis pies. Suspiré mientras el húmedo aire marino me calaba hasta los huesos a través de mi ropa empapada. Mire hacia la inmensidad del mar, tratando de ver algo sin realmente verlo. La luz del faro a lo lejos consiguió llamar mi atención.
" Solo ella puede encontrar la luz en la inmensa oscuridad… " . La conversación que minutos antes había tenido con Andi volvió a mí.
"¿Por qué tiene que ser tan complicada?… Es un completo enigma… Un enigma que logra atraer tu atención como si fuera un imán… ¡Dios! ¿Por qué tiene que afectarme tanto? Dulce tu no eres así… Que está sucediéndote que esa niña te tiene sorbido el seso… ¿Por qué rayos no paras de pensar en ella? Cada minuto, cada segundo… ¿Por qué simplemente no puedes sacártela de aquí? " . Me senté sobre una roca y sostuve mi cabeza entre mis manos. " Siempre he pasado olímpicamente de todo… Nunca he dejado que nada me afecte lo mas mínimo… Hasta cuando murió papá no supe llorar su muerte… Fui incapaz de hacerlo, aceptarlo… ¿Y ahora? ¿Qué tiene ella de especial? Por qué me hace sentir así… débil… "
Apenas pude controlar las lágrimas que comenzaron a salir de mis ojos y a rodar por mis mejillas. Los apreté con fuerza mientras me rendía a mi silencioso llanto. Un llanto que se vio profanado cuando alguien posó una mano sobre mi hombro.
—Yo
***
—Yo… —apreté el hombro que sostenía antes de acercarme a ella y abrazarla desde atrás— Lo siento— le susurré al oído. La noté temblar en mi abrazo pero no se separó de mí.
Le volví la cara suavemente haciendo que me mirara a los ojos. Lo que descubrí me partió el corazón en dos. Sus ojos me mostraron lo que en ese momento sentía su alma. Cansancio, impotencia, pero sobre todo dolor.
Acaricié su rostro, mientras me permitía por primera vez mirarla con todo aquel amor que sentía y que siempre había negado. Una lágrima comenzó a rodar por mi mejilla, pero un suave dedo se interpuso en su trayecto.
—Shh, no llores, todo está bien— me susurró con lagrimas en los ojos e intentando sonreír.
Acortó el breve espacio que quedaba entre nosotras y besó tiernamente mi cara deteniendo el sendero de otra lágrima. Se separó un poco quedándose quieta, su respiración era rápida aunque acompasada. Podía sentir su calido aliento golpeando en mi cara.
Me giré para observarla mejor, mantenía sus ojos cerrados. Acaricié de nuevo su mejilla mientras mi mirada viajaba a sus labios… tan cercanos, tan tentadores, tan deseables. Nuestras pupilas se encontraron, ladeó un poco la cabeza y nuestras narices se rozaron tímidamente. Observé como sus ojos cambiaban ligeramente de color y el brillo volvía a ellos, me estaba sonriendo. Le devolví la sonrisa sin apartar la mirada de la suya antes de sentir la caricia de sus labios primero en la punta de mi nariz y luego en mi frente.
—Todo está bien— repitió antes de separarse de mí.
—Dul, no, no está bien… Y lo sabes, yo… —dejé de mirarla incapaz de sostenerle la mirada por mas tiempo.
—¿Si?— me cuestionó suavemente sujetando mi barbilla y haciendo que la encara de nuevo.
—Yo… no he sido justa contigo en todo este tiempo… tu… yo… Dios, esto no tiene ningún sentido… — cerré los ojos y me aparté de ella dándome el suficiente espacio para pensar con claridad como expresar aquello que sentía— Yo…
—Estas confundida.
—No… si… quiero decir… tal vez un poco— me senté a su lado en la roca y suspiré— Ok, quizás algo más que un poco…
—Eres joven, es normal que tengas dudas… hasta yo las tengo…
—Pero siempre pareces tan segura…
—Tú dijiste, parezco.
Nos quedamos un breve instante en silencio, observando las olas del mar a través de la oscuridad.
—Estoy teniendo serios problemas para aceptarme a mi misma. Creía que lo tenía superado pero… lo que sucedió esta noche me hizo ver lo contrario. He intentado hacer que nada sucede, pero seamos realistas, está afectando a mi relación con los demás, contigo…
—¿Tan malo es lo que sientes que te repudias a ti misma?— me miró.
—No es que sea malo… es que no es correcto…
—¿Y por qué no es correcto? ¿Porque los demás no lo ven bien? ¿O porque tu sientes que no está bien?— me quedé un rato pensativa, asimilando las preguntas— Any, lo que sientes… a pesar de la confusión… ¿te hace sentir feliz?
—Si… resulta paradójico…
—Entonces, ¿por qué no aceptarlo? Sé que es complicado… ¿pero verdaderamente lo has intentando? y me refiero a sin dejarte llevar por lo que piensen o dejen de pensar los demás.
No contesté sabiendo que tenia razón, estaba tan centrada en lo que los demás pensarían de mí que ni me había centrado en lo que yo pensaba.
—Lo intentaré…
—Sé que puedes hacerlo… yo te apoyaré… en lo que sea— sujetó mi mano.
—¿Aunque lo que me suceda sea raro?
—¿Te vas a transformar en sapo?
—No… — sonreí.
—Entonces… aunque lo que te suceda sea raro... Anahi, difícilmente, y a pesar de tus prontos, eres una niña que no sea haga querer… no he sido la excepción a la regla…
—¿Me quieres?— pregunté insegura.
—¿Tengo que responder para que lo sepas? — me sonrió mirándome fijamente.
—No… yo también te quiero mucho… aunque sepa demostrarlo tan mal… — sonreí agriamente.
—No se trata de quien lo haga mejor que quien, esto no es un concurso… se trata de lo que sientes en el interior de ti…
—Haces que todo parezca tan fácil…
—Las cosas no son fáciles ni difíciles, somos nosotros las que las hacemos de una forma u otra.
—¿Tratas de decirme que soy complicada?
—Upss, estooo— rodó sus ojos en un gesto bastante cómico. No pude evitar reír.— ¿Sabes? me encanta cuando ríes… tienes la sonrisa mas bonita que he visto en mi vida.
—Se nota que no has vivido mucho…
—Jaja, ¡¡oyee!! Hablo en serio… me gusta cuando ríes.
—¿Si? ¿Y hay algo mas que te guste de mi?— le pregunté sugerente y mas que interesada por los rumbos que estaba tomando la conversación.
—La forma en que te sonrojas…
—Yo no me sonrojo…
—¿Segura?— inquirió sonriendo de lado y mirándome con descaro.
—¡Eres cruel!
—Sí… pero aun así, te gusto y me quieres.
—¡Y además egocéntrica!
—Si bueno, tal vez un poco.
—¿Y cómo sabes que me gustas?
—Porque el sentimiento es mutuo.
—Lo de egocéntrica ya está fuera de cuestión… — rodé mis ojos y comenzó a reír.
Nos quedamos otro breve instante en silencio mirando el mar.
—Gracias Dul— noté que dirigió su mirada hacia a mí.
—¿Por qué? si no hice nada.
—Por ser así como eres… por aguantarme… por quererme a pesar de todo…
—Ya te dije que no es tan complicado como parece… — volvió a mirar hacia el frente quedándose un instante en silencio antes de volver a hablar— Creo que deberías decirle lo que sientes.
—¿A quien?—la miré extrañada.
—A la chica de la que estas enamorada— su mirada volvió a juntarse con la mía.
—Como supiste que yo… que…
Lo reconozco, la había subestimado y me había dejado lo que se dice k.o.
Siguió mirándome por unos instantes más, antes de volver su vista al frente. La vi parpadear varias veces antes de responder.
—Solo lo supuse… No había sido hasta esta noche que no lo había visto claro. No tienes porque avergonzarte de lo que sientes.
—No es tan sencillo.
—Y aquí vamos de nuevo…
Iba a responderle cuando la presencia de dos personas paseando por la orilla llamó mi atención. Iban agarradas de la mano mientras caminaban. Me volví hacia mi prima, ella también las observaba. La noté tiritar levemente.
—Dul, estas helada, vayámonos al hotel— le pasé un brazo por los hombros atrayendo su atención.
—Prométeme que le dirás… y que trataras de ser feliz— su mirada era vidriosa.
—Ya soy feliz con lo que tengo… para que ansiar más— le acaricié el rostro.
—Prométemelo, por favor, es importante para mi— susurró a la vez que una lágrima caía por su mejilla.
—Te lo prometo…
***
—Estoy bien… estoy bien…
—Tu cuerpo no parece decir lo mismo.
Estaba tirada sobre la cama, con un paño frío sobre la frente.
—Estoy bien…
—¡Hosti que guapoo! ¡Tienes voz de camionera!— comentó Andi entrando a la habitación.
—Más quisieras… que te ayude a hacer los coros…
—¿Le dijiste a la profesora?— cuestioné a mi amiga atrayendo su atención.
—Si, dijo que se pasaría en un momento…
—Genial, estaría bien que llamara al medico del hotel, creo que le subió la fiebre.
—¿A quien le dio fiebre? ¿Al besugo?— preguntó la enferma apartándose el paño y mirándonos asustada.
—Si, al besugo, fueron a traerlo de la piscifactoría para llevarlo al hospital… — trató de calmarla mi amiga sentándose a su lado— Pobrecica… le afectó a la chaveta… — le colocó el paño de nuevo sobre la frente tapándole media cara.
—No seas… solo delira… lleva hablando toda la mañana del dichoso besugo… — comencé a dar vueltas por el dormitorio— ¿Por qué no vienen de una puñetera vez?
—Tranquilízate… no creo que sea grave… seguramente un enfriamiento…
—¿Y desde cuando eres médico? – me detuve en mis pasos y la encaré, reparando en su cara herida— Lo siento Andi yo… solo estoy preocupada… — me acerqué y me senté a su lado contemplando a Dulce tumbada junto a nosotras— Todo esto es por mi culpa, como siempre.
—Ya… como no ahora sentimiento de culpabilidad al alza. Tenía que pasar y pasó, no hay más. No es momento para la caza de brujas buscando culpables.
—El besugo está enfermo… no podrá ir a la boda… — comenzó a moverse la enferma en la cama.
—Shh, tranquila… ya tiene el esmoquin, no puede faltar… — de nuevo empezó a susurrarle Andi.
—Eres la monda…
—¿Qué? ¿No será peor que le llevemos la contraria?
Me disponía a responderle cuando alguien tocó a la puerta.
—Al fin, ya voy yo… — pero no era quien esperaba— ¿tú?
—Hola, ¿que hay Anahi?
—Hola Adrián, lo cierto es que no me coges en buen momento.
—Vaya, parece que nunca acierto.
—¿Qué querías?
—Me enteré que ibais de excursión al castillo y pensé en recogeros para irnos juntos.
—Oh, bueno, no sé si podremos ir.
—¿Por qué?
—Dulce no se encuentra demasiado bien…
—Bueno, si ella no puede, no es motivo para que no vayáis vosotras… además, mejor sin el ogro— me guiñó un ojo— Te paso a recoger en quince minutos.
—¿Eh?— moví mi cabeza incrédula— Perdona, ¿que parte de la conversación no entendió tu única neurona exactamente?
—Yo bueno pensé…
—Me da igual lo que pensaras o dejaras de pensar, solo respeta y deja de andar metiéndote donde no te llaman. Y ahora si me disculpas… — le planté la puerta en todas las narices.
—¿Quién era?
—El pescador… quiere pescar al besugo… — soltó Dul moviéndose en la cama.
—Nadie que esperáramos. Parece que cada vez está mas caliente— comenté acercándome y tocándole la cara.
—Eso parece… voy a buscar de nuevo a la profe.
Vi a mi amiga desaparecer tras la puerta, me giré y encaré de nuevo a mi prima. Inconsciente ya, no paraba de retorcerse en su delirio.
—Shh, vamos, tranquila cariño…
La puerta se abrió de repente mostrando a mi amiga junto a la profesora y otro tipo bajito y rechoncho.
—Está ahí doctor— señaló Andi.
El médico se acercó a la cama y comenzó a examinarla.
—Parece que realmente está mal, ¿desde cuando lleva así?— nos preguntó la profesora.
—La temperatura le ha subido por momentos… pero desde hace como diez minutos que está inconsciente. —me apresuré a responder.
—Si, está realmente alta… cuarenta… le pondremos algo para ver si le baja un poco y le quitaremos la ropa a ver que tal…
Le quitamos la poca ropa que llevaba dejándola solo en ropa interior.
—Doctor, ¿está muy grave?— cuestionó mi profesora.
—Tiene algo de infección en la garganta, pero parece que lo único serio es la fiebre… con lo que le he puesto y unas compresas frías debería de bajarle…
—Chicas, me gustaría quedarme pero bien sabéis que soy la única profesora al cargo de la excursión, me queda o irme o mandarla suspender…
—Ya, no se preocupe… vaya, de todas formas aquí no hay mucho que hacer… todo depende de ella… — traté de calmarla.
—Bueno, aquí os dejo mi numero de teléfono, si sucede algo me llamáis sin dudar…
—No se preocupe, yo también me pasaré de vez en cuando para vigilar como va— la tranquilizó el doctor.
—Muchas gracias doctor…
—No hay de qué… pásale unas compresas frías por todo el cuerpo, si ves que empeora no dudes en avisarme a través del teléfono en recepción, aun así me pasaré en un par de horas a ver como evoluciona— me comentó antes de salir del cuarto.
—Bueno, yo me voy marchando también, el autobús debe de estar en la puerta… Andrea, ¿tú también te quedas?
—Si… me quedo.
—Andi, no es necesario… además, bien sabemos lo ilusionada que estabas con poder ver ese castillo… —traté de convencerla.
—Ya… pero ese castillo no es más importante que mis amigas. No voy a dejaros.
—Pero aunque te quedes, no podrás hacer nada por ella.
—Andrea, Anahi tiene razón… no hay mucho que se pueda hacer por ella en este momento. Anda, vente y te distraes un rato, te vendrá bien.
—Sí, ve, te vendrá bien— comencé a empujarla hacia la puerta.
—Pero…
—Nada de peros, hazte unas buenas fotos del lugar y luego nos cuentas. No te preocupes por Dul, la cuidaré bien— le besé la mejilla.
—Ya, eso no lo pongo en duda. Si sucede algo promete que llamaras.
—Si, no te preocupes… vamos, ¡que el autobús se va!
—Ya ya… ten cuidado… nos vemos.
—Nos vemos— me despedí viéndolas perderse por el largo corredor.
La alta temperatura pareció remitir gracias al efecto del medicamento y las compresas frías. Serían algo más de las tres de la tarde, me encontraba tumbada a su lado leyendo mientras devoraba una chocolatina.
—¿Tu madre no te enseñó que no se debe comer tumbada?— una ronca voz susurró a mi oído.
—¿Dulce?— me giré sorprendida de que hubiera despertado de su largo letargo y no midiendo demasiado bien la distancia que apenas nos separaba.
— ¿Si?— cuestionó sensualmente mientras veía como sus ojos entrecerrados se dirigían hacia mis labios.
—¿Te encuentras bien?
—Oh si… — susurró acercándose un poco mas— ¿Sabes? se te picaran lo dientes— comentó con su frente ya pegada a la mía.
Comencé a reir tontamente, producto de los nervios por la inesperada cercanía y no sabiendo exactamente si la niña seguía delirando o en realidad hablaba en serio. Pareció leer mi mente.
—Hablo en serio… y adiós a tu bella sonrisa… y ya nadie querrá besarte… o tal vez si… — terminó de acortar el poco espacio que nos separaba y juntó nuestros labios.
Al principio solo presionó delicadamente para luego comenzar a moverlos lenta y suavemente. Me dejé hacer y respondí, no cuestionándome demasiado si aquello estaba bien o estaba mal. Pero la presión y el movimiento de sus labios igual que comenzaron cesaron. Me separé algo confusa y la miré. Sus ojos permanecían cerrados y su respiración parecía pausada, nada que ver con la mía.
—¿Dul?— le susurré, pero no se movió del sitio. Se había quedado durmiendo de nuevo. Me quedé observando su rostro por unos instantes. Una plácida sonrisa asomaba a sus labios.
" ¿Acaso lo habré soñado? "
Me levanté de la cama con cuidado y entré al baño sin hacer ruido. Una chica rubia de mejillas sonrosadas me dio la bienvenida.
" Después de todo va a ser cierto que me sonrojo… dioses, me ha besado " Elevé mi mano y acaricié inconsciente mis labios. " En sueños, pero lo ha hecho… ¿será que?… no Any, un momento, amarra tu alocada fantasía y no la dejes volar muy alto, todo ha sido producto de la alta temperatura… " Comencé a refrescar mi acalorada cara.
" ¿Y si le quito las compresas frías y la tapo un poquito mas?… ¡¡yaa!!No puedo creer que esté pensando eso, ya ni sé quien está mas caliente " Me sacudí la cabeza en un intento por eliminar mis propios pensamientos. " Dios, ese beso fue… definitivamente el más tierno que me han dado en toda mi vida… me pregunto que hubiera pasado si no se hubiera quedado inconsciente de nuevo… ¡¡Yaa!! ¡¡Páralooo!!Todo ha sido producto de un cúmulo de circunstancias casuales, ¡¡ella no quería besarte!! ¡¡Ella solo estaba en mitad de su delirio!! " Salí del baño y me senté en una silla al lado de la cama observándola dormir tranquilamente.
" Me pregunto a quien besabas en tus sueños… no puedes llegar a imaginar cuanto le envidio "
***
Mi agradable y plácido sueño se vio interrumpido cuando noté que unos brazos intentaban cogerme.
—¿Eh? ¿Qué pasa?— abrí los ojos asustada y claramente desorientada. Los brazos pararon todo tipo de movimiento.
—Nada… solo quería pasarte a la cama… me da no se qué de verte así en esa silla, te vas a quedar sin cuello.
—¡Dul! ¿Estás despierta?— me levanté sosteniéndole la cara entre mis manos y mirándola fijamente.
—Uhm… sip, o al menos eso creo… ¿tengo pinta de estar dormida?— comenzó a mover los ojos a ambos lados intentando parecer asustada.
—No… lo siento, supongo que pensaba que de nuevo estabas delirando— la solté.
—Ahn… ¿y lo hice mucho?
—¿El qué?
—Pss delirar. ¿Te encuentras bien?— se acercó posando sus manos en mi cara de la misma manera que instantes antes yo había hecho con ella.
—Uhm, si… solo un poco desorientada… ¿qué hora es? ya es de noche… — me solté de su agarre y fui a mirar la hora.
" Imbécil, ¿que creías? ¿Que se iba a acordar acaso? "
—La hora de la cena seguro, tengo hambre. ¿Dónde está Andi?
Encontré ropa sobre el sillón y comencé a doblarla ausente.
" … Eso te pasa por montarte películas tu solita " .
—Ajam…
—¿Any?
—Sí, es normal, no has comido en todo el día.
—Anahi— unas manos se posaron sobre mis hombros y me hicieron volverme— Que sucede… — sus ojos me miraban extrañados, confusos, preocupados.
—Yo…
" ¿Qué? no me digas que ahora piensas decirle… ya te vale, mejor calladita que estas mas bonita, si ella no se acuerda no serás tu quien se lo recuerde… ¡solo fue un beso! No tiene mas misterio… puede vivir perfectamente sin ese preciso detalle "
—¿Tú?— esperó pacientemente.
—… Solo intento recoger un poco esta leonera, Andi debe de estar a punto de llegar de la excursión y tenemos que ir bajando a cenar— me giré y seguí de nuevo con mi tarea.
—Siento mucho que tuvieras que quedarte sin excursión por cuidarme.
—No te preocupes, no fue nada… de todas formas tampoco me hacia demasiada ilusión— dije de espaldas y sin mirarla.
—Ya… aun así, gracias…
La noté quedarse clavada en el sitio, esperando una respuesta por mi parte que me negué a concederle. Viendo que la conversación había quedado zanjada en ese punto fue al baño y se encerró. Me volví para contemplar la puerta.
—Eres gilipollas Anahi, acabaste de disipar toda duda.
***
—… Y esas lámparas colgando del techo… ¡woooaa! En mi vida he visto tanto lujo junto. Deberíais de haber visto las escaleras… ¡¡enormes!!¿Recuerdas cuando vimos la Bella y la Bestia, Any?¡¡pues igualitas!!Y el techo… ¡¡Dios!! ¡¡Parecía que tenia diamantes incrustados! barrococo total, o sea, ¡barroquísimo!
—Parece que te gustó— comentó Dul dejando el tenedor a un lado y echándose hacia atrás satisfecha en su silla.
—Ya veréis las fotos… ¡es que es impresionante! ¿Y que tal vosotras? ¿Os aburristeis sin mí?
—Y luego te quejas de que yo soy egocéntrica— apuntó el comentario mi prima hacia mí.
—Es que tu le ganas— le sonreí burlona.
—¿Ah si? ¿Y en que mas le gano?—alzó una ceja.
—Bip bip, tiempo, estoo… os recuerdo que estoy aun aquí.
Me limité a morder mi cuchara mientras dirigía una mirada traviesa a mi amiga. Mirada que no pasó desapercibida por Dul.
—Uhm, bueno chicas, mejor voy volviendo a mi guarida…
—¿Te sientes mal?— pregunté preocupada mientras comenzaba a palparle la frente y las mejillas.
—Jaja, no… ¡quitaa! tengo una reputación que mantener.
—Sí, no seas tan sobona— añadió mi amiga. Le dirigí una mirada atravesada antes de volver la atención de nuevo a mi prima.
—Espera un momento que acabe esto y te acompaño.
—No hace falta, de verdad estoy bien, no te preocupes— se levantó— Pasadlo bien chicas, buenas noches.
—Buenas noches— respondimos ambas.
—¡Al fin solas! ¿Qué ha pasado aquí hoy? con pelos y señales, cuenta— me atacó Andi en cuanto Dul estuvo lo suficientemente lejos.
—¿Que va a pasar? Que Dul estuvo durmiendo durante casi todo el día y yo estuve leyendo tu novela rosa, que por cierto es un asco. A ver si empiezas a invertir mejor tu dinero.
—¿Casi? ¡Ajam! ¡Entonces sucedió algo!
—¿Y por qué piensas que sucedió algo?
—Porque para mí eres como un libro abierto… tu cara lo dice todo.
Mordí mi cuchara mientras mentalmente me debatía si debía contarle lo sucedido a mi amiga o simplemente debía arrojarlo al baúl de los trastos viejos de mi memoria y cerrar el cofre bajo llave. Decidí el camino fácil sabiendo a ciencia cierta que no podría retenerlo por mucho tiempo en el limitado espacio de mi cabeza.
—Me besó — solté de repente.
—¡¿Que?!— gritó con ojos desorbitados y la mandíbula casi rozando la mesa.
—Pss… que me besó.
—Ya, ya entendí… ¿entonces?
—¿Entonces que?
—¡Que si hay algo!
—¿Debería?
— ¡Pues te besó!
—¿Y?
—¿Como que y?— sus ojos parecía que en cualquier momento se desprenderían de su cara.
—Estaba soñando… — comenté dejando a un lado mi postre.
—A ver… déjame que rebobine… me estas contando que te besó… ¿en sueños?
—Sí… así como quien no quiere la cosa, se acercó y me besó.
—En sueños…
—En sueños.
—¿Seguro que la que deliraba hoy era solo ella? no tendrás fiebre… — comenzó a palparme la cara.
—¡Me besó! Estaba leyendo tu asquerosa novela al borde de la sobredosis por tanto empalago cuando se despertó… se acercó a mi… y me besó.
—Oye que es una novela muy romántica, a ver que va a pasar… ¡entonces si te beso! ¿Y que pasó? ¿Habéis hablado de ello?
—No, no hemos hablado. No pasó nada porque se durmió y al parecer tampoco se acuerda ni de lo sucedido, lo cual viene a ser bueno.
—¿Cómo que bueno? amiga, las cosas pueden solucionarse entre vosotras, tal vez si tengas esa oportunidad, si te besó es por algo.
—Claro, por fiebre alta. Mira Andi, fue un beso nada mas… no voy a ponerme a hacer castillitos al aire solo por eso, no quiero más falsas ilusiones. Lo mejor es que me olvide de lo que pasó y que trate de olvidarme de ella.
—¿Ah si? ¿Y cómo lo harás?— me miró inquisitivamente cruzando los brazos sobre su pecho y apoyando la espalda en la silla.
—No sé… no me presiones…
—¿Ves? Tu misma sabes que no podrás.
—¡Ya calla!— empecé a malhumorarme sabiendo que mi amiga estaba en lo cierto.
—No me da la gana, sabes que es verdad y tendrás que aceptarlo. ¿Qué le contaste anoche?— siguió indagando.
—No mucho, lo cierto es que ella solita lo averiguó… no le habrías dicho tu, ¿no?
—¿Qué? O sea, ¿que ahora me ves como una vil chivata? esto es demasiado… Me preguntó que qué te pasaba y solo le dije que mejor lo hablara contigo. Yo no tengo nada que ver. Te dije que la chica no era *beep*, que acabaría por darse cuenta… — me miró claramente indignada por haber pensado siquiera que podía haber traicionado mi confianza.
—Lo siento Andi, sabía que tu no habías sido… solo estoy nerviosa…
—Ya, venga, tranquila… —intentó calmarme.
—Se lo tomó bastante bien, para serte sincera, mejor de lo que hubiera pensado… aunque fue extraño…
—¿Por qué?— cuestionó mi amiga intrigada.
—Piensa que estoy enamorada de otra chica, me hizo prometerle que le diría a esa persona. Ella… me lo pidió entre lágrimas— Agaché mi cabeza mientras el recuerdo de la noche anterior volvía a mí.
—Wow… ella siente algo…
—Te dije que pararas con eso Andi… no me hace ningún bien, te lo aseguro.
—Lo siento amiga, pero veo que aquí hay algo más que cariño fraternal por su parte. No te digo que esté locamente enamorada de ti pero de sentir, siente algo… ¡y voy a averiguarlo como que me llamo Andrea Estrada Carmona!
—Estás loca… — le sonreí.
—Sí, estoy loca por verte de una puñetera vez feliz.
***
Caminé de regreso a la habitación casi en piloto automático. Mi cabeza seguía aún en el
comedor donde Anahi y Andi se habían quedado.
" Es ella, estoy segura… He visto como se tratan, como se miran… Dios, ¿por qué tiene que dolerme tanto? a fin de cuentas no es como si yo… ¡ni lo pienses porque no! no es… ¡viable! ¡es tu prima!… además, está colada por su amiga de toda la vida… aunque fuera el caso, no hay nada que hacer… ¡y no te gusta! ¡tu no te fijas en las chicas de esa manera! " Moví mi cabeza tratando de poner orden mis pensamientos mientras abría la puerta. Un ruido a mis espaldas me hizo volverme.
—Como no… tu…
—Hola, ya veo que te alegras de verme— espetó Adrián.
— ¿Y por que será que intuyo que el sentimiento es mutuo?—comenté irónica.
—Pensaba que estabas enferma…
—Tu dijiste, estaba, ¿qué se te perdió por aquí?
—Una bonita chica rubia de ojos verdes, ¿la has visto?
—Uhm… no, creo que no… a no ser que te refieras a mi novia.
—¿Tu novia?— cuestionó extrañado.
—Si, la rubia con la que comparto habitación… ¿te referías a ella?
—Ella no es…
—¿No es que?— elevé mi ceja. Me miró frunciendo el ceño. — Te recomiendo que te alejes de ella si no quieres pasarlo mal… muy muy mal.
—¿Me estas amenazando?

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:51 pm

—Prefiero que lo tomes como una advertencia, y ahora si me disculpas… — abrí la puerta de la habitación y entré.
" Genial Dulce… bonita forma de librarte del tipo. Por tu bien mas te vale que solo desaparezca y no le vaya con el cuentico a Anahi, porque la has pifiado colega " .
Me dirigí al armario y agarré mi pijama. Estaba terminando de ponérmelo cuando escuché un suave toque en la puerta. Me acerqué y abrí pensando que de nuevo sería el mamarracho.
—¿Que te picó ahora?— pregunté nada mas abrir. Unos ojos azules me miraron confusos al otro lado del pasillo.
—Pues ahora que lo dices… un mosquito. Mira lo que me hizo el condenao— me mostró su dedo ligeramente hinchado por la reciente picadura— ¿Puedo pasar? ¿O esperas a tu amante de Verona?
—Si claro, lo siento… es solo que pensaba que de nuevo sería ese pesado— me hice a un lado permitiéndole el paso.
—¿Qué pesado?— preguntó dirigiéndose al baño y poniéndose agua fresca en el dedo.
—Adrián… preguntó por ti…
—¿Pero que le pasa a ese tío?
—Que le gustas, eso le pasa, y tampoco lo culpo por ello— admití en el marco de la puerta. La vi cerrar el grifo pensativa antes de encararme.
—¿Qué le dijiste?
—¿Prometes no gritar ni enfadarte conmigo?— cuestioné insegura.
—Esto se pone interesante— se acercó a mi elevando ambas cejas en un claro gesto de estar esperando una respuesta.
—Le dije que eras mi novia.
Su cara fue todo un poema. Elevó más las cejas, desvió la mirada hacia un lado y volvió a mirarme arrugando el ceño.
—¿Y se lo tragó?
—Ni idea…
—Pues ojalá me deje ya de una puñetera vez tranquila con eso. Aunque bueno, mañana nos vamos… no creo que volvamos a verle.
Salió del baño desvistiéndose de camino hacia el armario.
—Entonces, ¿no estas molesta conmigo?
—No, ¿debería?— me miró antes de sacarse la camiseta.
—No, supongo— entré al baño incapaz de seguir fuera mirando otra cosa que no fuera su cuerpo.
" Estamos muy mal… ¿desde cuando acá te vienes fijando en los cuerpos desnudos de las chicas? "
—Pues eso, no estoy molesta. No hay motivo, me lo quitaste de encima, al contrario te debo de estar agradecida, ¿o no?— cuestionó entrando a mi escondite y sacando su cepillo de dientes— ¿zabes? De no haber zido tu la que ze lo dijera hubiera zaltado yo— habló con el cepillo en la boca.
—¿Y Andi? creía que pasarías un rato a solas con ella.
—Ze fue con un chico que conoció en la ezcurzión… ez zimpático.
—¿Y eso no te molesta?
—Para nada… mucho mejor… se ve majo, vamos que sino no la hubiera dejado a solas con el tipo— salió del baño. La seguí.
—¿Y no te importa que esté con él?
—¿Por qué debería de importarme?— se volvió encarándome.
—¿No es Andi?
" Dios, que ridícula soné preguntando eso… "
—¿No es que?— preguntó extrañada, mirándome como si en ese momento me hubiera salido un tercer ojo en la cara.
—La chica que te gusta.
Apenas había acabado mi frase cuando comenzó a reír como loca. La observé sin saber que era aquello que había dicho que le provocaba tanta gracia. Mi cara si que debió de decirle algo a ella.
—Lo siento… lo siento— se disculpó tratando de calmarse de su ataque de risa. Enarqué mi ceja derecha esperando una respuesta— No es Andi… Andi es solo… Andi… ¿que aun no has visto la obsesión que tiene por los buenorros? ¿Tendré que llevarte al oculista?
Comenzó a reír de nuevo contagiándome esta vez.
—Que *beep* soy, pensé…
—Ya, no te preocupes, es normal… es mi amiga de toda la vida y siempre estamos juntas. Yo también lo hubiera pensado, pero no, Andi es como mi hermana. Creo que nunca la podría ver de esa manera, de hecho me cuesta verla así.
—Si, entiendo…
—¿Satisfecha ya tu curiosidad entonces?
—No exactamente… pero bueno.
—Solo deja que todo siga su curso— bostezó— Y usted señorita debería irse yendo a la cama ya, mañana será un laaargo día.
—Sí, mamá…
***
" Ok, no es Andi… ¿entonces quién? Tampoco es que salga con mucha más gente. Uhm, piensa Dulce… ¿que tal si es del chat? Eso lo explicaría… ok, tampoco es que se pase la vida conectada… de hecho lo hace de higos a brevas… ¡¡la cubana sabrosona!! ¡No hay otra! ¡Apuesto a que es ella! Sí, ahora entiendo toda esa extraña correspondencia de lado a lado a todas horas… ¡tiene que ser ella! "
La música de mi mp3 dejó de sonar en ese momento, lo agité inconsciente golpeándolo contra la mesa, el sonido invadió de nuevo mis oídos.
" ¿Y qué si es ella? Tampoco es como si me importe demasiado quien sea… Vale, tal vez un poco, pero solo curiosidad… ¿curiosidad? Mas quisieras, ahora vas y lo cascas, ¡no te lo crees ni tú! " .
La música volvió a detenerse.
" Maldito cacharro, eso me pasa por comprar en los restos "
Me lo quité y lo tiré estrellándolo contra el suelo.
" ¡Esta bien! ¡Lo admito! ¡Los celos me consumen! ¿Y qué? Esa niña me gusta más de lo que creía. Lo que siento por ella me rompe todos los esquemas que creía tener bien asentados… va mas allá de una relación puramente fraternal, pero ¿y qué? No hay nada que hacer al respecto, porque analicemos fríamente la situación, uno: es mi prima, dos: está colada por los huesitos de otra persona y tres:… ¿había tres? "
Fruncí el ceño a la vez que me levantaba del sitio y comenzaba a dar vueltas por el dormitorio.
" Ok ok, pensemos de nuevo quien puede ser… cuanto antes lo sepa antes puedo destrozarle todos los huesitos "
Abrí mis ojos sorprendida de mis recién descubiertos pensamientos psicópatas.
" ¡Maldita sea! ¿Por qué tiene que ser tan complicado solo fingir que no pasa nada? ¿Y si le digo? " Paré todo movimiento " Sí, claro, como no… ¿pero tu eres lela o que te pasa? Como si no tuviera ya bastante con sus quebraderos de cabeza pa que encima tu le eches mas "
Me abalancé sobre la cama quedando boca abajo.
—Papá… ojalá estuvieras aquí… tu siempre tenias la solución a todo… — me giré cambiando de posición encarando al techo— ¡Y tú! ¡Quien quiera que sea que esté allá arriba! ¡Dame una puta respuesta por una vez en mi vida!
***
Abrí los ojos consciente del movimiento y el ruido que había al otro lado de la cama en la que me encontraba tumbada. Me giré lentamente descubriendo a la causante de mi despertar. Estaba echada a mi lado, inmersa en la lectura de un grueso libro que apenas podía sujetar entre sus pequeñas manos mientras roía ausente una chocolatina. Decidí acercarme al darme cuenta de que no se había percatado de mi despertar.
— ¿Tu madre no te enseñó que no se debe comer tumbada?— susurré cercana a su oído con una voz demasiado ronca para mi gusto.
— ¿Dulce?— se giró sorprendida hacia mí quedando sus labios a escasos centímetros de los míos.
— ¿Si?— pregunté con un tono descarado mientras no evitaba dirigir mi mirada hacia esos prohibidos y sensuales labios.
— ¿Te encuentras bien?— cuestionó bastante confusa.
— Oh si… — susurré en el mismo tono acercando más mi rostro al suyo— ¿Sabes? se te picaran lo dientes— para aquel entonces su frente y la mía eran una.
Comenzó a reír nerviosa. Su mirada confusa lo dijo todo.
— Hablo en serio… y adiós a tu bella sonrisa… y ya nadie querrá besarte… o tal vez si… — terminé de acortar el poco espacio que nos separaba y junté nuestros labios. Al principio solo presioné delicadamente esperando obtener una respuesta por su parte. Respuesta que no tardó en llegar cuando noté que sus labios comenzaban a bailar al son de los míos.
— ¿Dulce?— una delicada mano se posó sobre mi hombro agitándolo suavemente.
—Uhm… no pares…
—Dulce… estas soñando… ¡despierta! ¡Vas a llegar tarde a tu graduación!
—¿Eh?— abrí los ojos encontrándome de nuevo con esos tentadores labios— ¡Dios!— me levanté de repente, golpeando en el camino mi cabeza con la de mi prima.
—¡Auch! Tía, ¡tranquila!
—Lo siento, me asusté… ¿te hice daño?— comencé a palpar con mis manos el lugar donde le había golpeado.
—No… pero ya entendí el término cabezota en el sentido pleno.
—Lo siento de veras… ¿que hora es?
—Las cinco y media…
—Maldita sea… tenemos que estar en una hora en el instituto… ¿tu ya estas lista?
—Yo y todos… menos la anfitriona de la tarde por lo que veo— comenzó a sonreír— no puedo creer que te hayas quedado dormida…
—Sí… — recuerdos del sueño volvieron a mí. Sacudí la cabeza en un intento por librarme de ellos.
—¿Soñando cositas interesantes?— cuestionó con una chispa en sus ojos azules.
—Mas o menos… — desvié mi mirada de la suya, temiendo que pudiera descubrir el rumbo de mis pensamientos— Voy a prepararme.
Me levanté, cogí mi ropa y puse rumbo al baño. Diez minutos me bastaron para salir duchada y ataviada con mi vestido de graduación.
—Virgen santísima… estas… estas…
—Sin comentarios por favor… — repliqué malhumorada poniéndome las sandalias de tacón de diez centímetros elegidas por mi tía especialmente para la ocasión.
—Que seca… — se sentó sobre la cama observando como me maquillaba en el espejo del armario.
—No sé porque exigen etiqueta… ¿qué acaso los jeans y las camisetas no se llevan o qué?
—Bueno, es lo normal, una no se despide del instituto eternamente todos los días.
—Ya… pero esto es *beep*. Bien sabes que no me siento parte de ese lugar lo mas mínimo.
—Vamos, ¿no te emociona ni un poquito?— se levantó acercándose a mi.
—Ok, tal vez si me emocione. Acabo una etapa de mi vida, eso me hace sentir orgullosa de mí misma.
—A mi también me hace sentir orgullosa de ti. En este año has conseguido adaptarte a todo. A nosotros, al instituto… prácticamente has estudiado dos cursos en uno. Has sido una de las mejores alumnas, por no decir la mejor de toda la promoción… y has tenido una de las notas más altas en las pruebas de acceso a la universidad. Es como para estar orgullosa.
—Visto así… ¿de verdad estas orgullosa de mí?
—Mucho… — me miró con una sonrisa iluminando su rostro.
—Gracias— un impulso hizo que me acercara y la estrechara entre mis brazos. La besé en la mejilla.
—Dios, no sé como mamá pudo insistir tanto para que te compraras esas sandalias, como si ya de por sí no fueras alta… — susurró antes de separarnos.
—Tu madre es igual de cabezota que tu.
—Gracias por el cumplido— me sonrió antes de situarse frente al espejo y comenzar a ponerse brillo en los labios.
—¿Sabes? Tu también estas muy guapa. Ese vestido te queda… de infarto.
—Gracias… ¿pero también? que yo sepa nadie te dijo que tu lo estuvieras— comenzó a mofarse sacándome la lengua a través del espejo.
—Pero ibas a hacerlo, ¿o no?— le susurré desde atrás al oído. La noté estremecerse antes de huir hacia el otro lado de la habitación con el pretexto de buscar algo en la repisa.
—Tu siempre taaan egocéntrica.
—Sí, pero mi egocentrismo te gusta… ¿o acaso me negaras que no será raro eso de levantarte cada mañana e ir a clases sin mi?
—Pero mira que eres creída— entrecerró sus ojos.
Toc toc
—¿Se puede?— Diana nos miraba sonriente desde el marco de la puerta.
—Claro tía— le sonreí de vuelta.
—Wooh, estas preciosa Dulce… — entró a la habitación sin dejar de mirarme— pero Any, ¿no crees que le falta algo?
—¿Algo tal vez como esto?— sacó un pequeño saco de terciopelo de entre los libros de la estantería y me lo tendió. Lo cogí insegura.
—¿Qué es?
—Ábrelo y sales de dudas— sugirió mi tía.
En el interior un fino colgante de plata haciendo extrañas formas me sorprendió. Lo saqué sin saber que decir.
—… Es precioso… gracias— abracé a mi tía y luego a mi prima.
—¿Me concedes el honor?— me preguntó esta ultima solicitándome la joya para instantes después colocarla alrededor de mi cuello. Me miré al espejo. Sin duda era precioso.
—Me alegro que te gustara. Creo que será mejor que vayamos saliendo si no queremos llegar tarde— comentó mi tía saliendo del cuarto.
La seguimos, bajando las escaleras y entrando al salón donde mi tío y mis dos primos nos esperaban.
—¡Madre mía! Chicos, sin lugar a dudas esta tarde seremos la envidia de todos. ¡Pero que tres bellezones nos acompañan!— comenzó a decir a sus hijos mientras nos veía entrar.
Salimos de casa llegando apenas con el tiempo justo para sentarnos y comenzar a observar la ceremonia. Cuando mi nombre fue dicho, salté al escenario entre aplausos de un público desbocado, cogí mi diploma y sonreí triunfal al tiempo que notaba como varios flashes me atacaban desde abajo. Miré y allí estaban ellos, mi familia. En ese momento estuve segura de algo, de que pasara lo que pasara, nunca me abandonarían.
Tras una hora la ceremonia llegó a su fin. Me levanté de mi asiento y entre saludos y felicitaciones por parte de mis compañeros y profesores llegué hacia donde estaban mis tíos.
—Felicidades cariño— me abrazó mi tío nada mas ponerme a su altura— Sé que tu padre allá donde esté esta orgulloso de ti— me expresó emocionado.
—Gracias tío… — le sonreí apretando su hombro ligeramente.
— Yo yo… —decía el pequeño Alex mientras intentaba apartar a su padre de mi.
—¡Tuu!— le sonreí agachándome como pude dada la incomodez de mi vestido y cogiéndolo en brazos— ¿Cómo está mi niño favorito?— le besé la mejilla.
—¡Feliz!— exclamó sonriente a la vez que depositaba un besito baboso en mi mejilla.
Los abrazos y felicitaciones se siguieron sucediendo por parte del resto. Poco a poco nos fuimos quedando solos en el salón. Salimos del sitio y fuimos a cenar. ¿Adivináis donde? Pos si, al argentino de la calle Lorca, como no. Después de la cena, Any y yo nos despedimos para poner rumbo a la fiesta donde mis ya ex compañeros de clase nos esperaban.
—Dios, ¡que ambientazo!— exclamó Any entrando al sitio y elevando su tono para poder ser escuchada sobre la música.
—Sí, vayamos allá al fondo, parece que vi a Iván.
—Desde esas alturas no me extraña— me sacó la lengua.
Comencé a caminar en esa dirección seguida de cerca por ella. Andi apareció en mi camino de repente.
—¡Sorpresa para la recién graduadaaa!— gritó antes de hacer soplar un matasuegras justo en mi oído.
—¡Auch!— grité frotándomelo mientras le dirigía una mirada asesina que como no, no surgió ningún tipo de efecto. La condenada comenzó a reír como loca.
—¡¡Anyy!!— gritó a mi prima cuando la tuvo en el punto de mira.
—¡¡Andiii!!— le devolvió el grito intentando mantener la euforia de su amiga en alza.
—¡¡Any!! ¡Conocí al hombre de mis sueños!— le echó un brazo sobre el hombro y se la llevó al centro de la pista. Seguí caminando por mi parte hacia donde estaba Iban.
—¡Eyy! Que pasa tío— le saludé.
—Pues ya ves, aquí, más perdío que el carro de Manolo Escobar.
—Jajaja, ¿por qué no solo te dejas llevar por una vez?
—¿Estas loca? no pienso fingir que soy como ellos.
—¿Que te apuestas a que si?— elevé mi ceja mientras algo perverso se me ocurría.
—No gracias, la ludopatía es una enfermedad.
Rodé mis ojos, este chico estaba claro que no era de este planeta.
—¿Que estas bebiendo?
—Un chupito de mora sin alcohol.
—Ok, ahora regreso.
Me levanté, caminé hacia la barra e hice mi pedido. Cuando regresé mi prima y su amiga ya habían vuelto.
—A esta invito yo— coloqué los vasos sobre la mesa.
—Woooh… ¿te he dicho ya lo mucho que te aprecio?— se me tiró Andi al cuello.
—El sentimiento es mutuo— le sonreí.
—Bueno, ¡brindemos!— exclamó a mi otro lado Anahi.
Cada uno sujetó un vaso y lo elevó hacia arriba.
—Por todos nosotros… y por la amistad que nos une, que no acabe nunca… ¡Amen!— gritó Andi
—¡Amen!— reímos antes de beber el chupito.
—Bueno, y ahora, ¡todos a bailaar! ¡Que la noche es joven!— comenzó a elevar los brazos y a empujarnos de nuestras sillas.
—¡¡Quita niñaa!!— intentó zafarse su hermano.
—¡¡No seas sosoo!! ¡¡Te acabas de graduar!!
—¿Y? eso no quiere decir que a partir de ahora tenga que parecer *****.
—¡Estúpidoo!— le sacó la lengua— ¡Vamos Dul!— me sujetó del brazo haciendo que me levantara— Vamos a bailar estaa… ¡¡Any!! ¡Y tu!— la agarró a ella también dirigiéndonos al centro de la pista.
Comenzó a botar a nuestro lado para instantes después perderse entre la multitud. Any y yo seguimos bailando poseídas por el ritmo de la música. Música que no tardó en cambiar de registro llegando el turno de una balada.
—¿Tendría el gusto de concederme este baile?
—Claro señorita— acepté la mano que se me tendía frente a mí a la vez que rodeaba su cintura y atraía su cuerpo hacia el mío. Comenzamos a movernos lentamente al ritmo de la melodía. Pronto su cabeza se posó sobre mi hombro. La noté suspirar. Me agaché y le susurré al oído— ¿Te encuentras bien?
Elevó su verde mirada, haciendo que nuestros ojos se encontraran antes de responder.
—Divinamente— sonrió ocultando esta vez su cara entre mi cuello. Sonreí de vuelta besándole la sien y hundiendo mi nariz en su fino cabello.
Para mi completa insatisfacción la canción pronto llegó a su fin. Me separé de mi acompañante bastante reticente a la vez que un sonido mas movido invadía la pista de baile. Seguimos bailando por el resto de la noche.
Serían algo más de las cinco de la mañana cuando llegamos a casa. Subimos despacio, con cuidado de no hacer ruido y entramos a la habitación.
—¡¡Mi camaa!! ¡Teléfono!— se tiró sobre el colchón.
Dejé mis zapatos a un lado e hice lo mismo en mi propia cama. Estuve observando el techo por unos instantes antes de girarme y encontrarme con unos ojos verdes que me observaban.
—¿Qué? ¿Admirando el paisaje?
Sonrió antes de suspirar y volver su atención hacia el blanco techo. Ahora fue mi turno de observar detenidamente sus finos rasgos. Pensamientos de mi sueño volvieron a golpear en mi mente al posar la mirada en sus labios. Los chupitos debían de haberme sentado realmente mal, solo sé que mis piernas parecían tener vida propia cuando me levantaron de donde estaba y me llevaron a la otra cama.
—¿Molesto?— pregunté casual mientras tomaba posición a su lado.
—Uhm, no… — me miró extrañada.
—Anahi, sé que esto no viene a cuento ahora pero… mientras estuve enferma en el viaje, ¿tú leíste una novela?
—Si, aquel peñazo rosa de Andi. Menudo asco de libro. No me digas que a ti también te lo recomendó… Un consejo, no te fíes de sus gustos literarios en la vida— hizo una mueca.
—Lo tendré en cuenta… — estuvimos un momento en silencio, decidí romperlo— ¿Mientras dormía comiste una chocolatina?
La noté revolverse antes de levantarse y dirigirse hacia la puerta del balcón.
—¿Por qué me preguntas eso?— la abrió y salió a la terraza.
—No sé, curiosidad tal vez… — me levanté siguiéndola al exterior.
—¿Recuerdas algo?— preguntó mientras perdía su mirada en el centelleante cielo.
—No… ¿por qué? ¿Debería recordar algo?— la miré fijamente mientras notaba como su semblante cambiaba. Me miró, ¿con miedo en sus ojos?
—Yo… sí, comí una chocolatina— apartó la mirada dirigiéndola hacia algún punto del oscuro cielo.
Elevé mi mano y sostuve su barbilla haciendo que me mirara de nuevo.
—¿De qué te avergüenzas?
—Yo…
Desvié mi mirada hacia sus labios, los acaricié antes de volver a mirarla a los ojos.
—¿Sí?— la cuestioné suavemente a la par que me iba acercando lentamente.
—Yo… — cerró sus ojos.
— Tú… — susurré antes de que nuestros labios se encontraran. El contacto fue suave, delicado, apenas una suave presión. Me separé de ella, aun mantenía sus ojos cerrados. Podía sentir el latir de su corazón a través de la fina tela de su vestido, acompasado con el mío. Me deleité observando su rostro, acariciándolo. Sus ojos se abrieron suavemente haciendo que nuestras miradas se encontraran. Le sonreí antes de perder mi mirada en el oscuro cielo donde una luz brillante llamó mi atención— Una estrella fugaz, pide un deseo.
De nuevo acortó el espacio que nos separaba y junto nuestros labios, aunque esta vez en una caricia mas apasionada. Pegó su cuerpo al mío, rodeándome el cuello con sus brazos mientras nuestras lenguas bailaban al son de la pasión. Se separó de repente, asustada.
—¡No!— llevó la mano a su boca, y entró corriendo al cuarto.
—Anahi… — la seguí.
—¡No! Esto no está bien… tu… yo… no podemos… — comenzó a dar vueltas por la habitación. Me interpuse en su camino y la sujeté por los hombros.
—Tranquila, no pasa nada— intenté calmarla. Se zafó de mi agarre.
—Sí, si que pasa… ¡somos familia!
—¿Y? que me lo recuerdes no va a cambiar lo que siento por ti. Sé que está mal, pero no puedo luchar contra ello… y sé que tú tampoco puedes luchar contra tu corazón. Basta ya de pensar con esto— toqué ligeramente su cabeza.
—Estoy asustada… — admitió volviendo la vista hacia el suelo con sus ojos llenándose de lagrimas.
—Shh, vamos, no llores… yo también lo estoy… . — hice que me mirara— Pero estoy segura de algo, de que esto que siento por ti es mas poderoso que todo ese miedo… quiero intentarlo… sé que podemos hacerlo.
—Es una locura…
—Más loco sería seguir negando lo que sentimos.
—¿Como supiste que yo…?— se giró en mi agarre dándome la espalda.
—Esto si que resulta loco pero… tuve un sueño… tu leías y yo me acercaba a ti y te besaba… y me respondías— se volvió encarándome de nuevo.
—No fue un sueño, realmente sucedió.
—No entiendo… ¿por qué no lo recuerdo entonces?— la miré extrañada.
—Fue durante tu delirio… por eso no lo recuerdas.
—¿Y por qué no me lo dijiste?—le acaricié la mejilla.
—¿Y qué sentido hubiera tenido? lo hiciste soñando, producto de la fiebre. Tampoco es que fuera muy fiable— se rindió a mi caricia por unos instantes— ¿De verdad quieres intentarlo?
—Sí… quiero intentarlo… — me acerqué y la bese suavemente.
—¿Y que será cuando te vayas?— se separó de nuevo de mí y comenzó a dar vueltas en circulo por la habitación. Volví a interponerme en su camino.
—No tengo pensado marcharme ni ahora ni luego. Hay algo que me ata… y está aquí… en esta casa, en esta habitación… está frente a mí ahora mismo.
—Yo… — se acercó y me abrazó comenzando a llorar de nuevo.
—Shh, tranquila… — la besé en la mejilla— Creo que será mejor poner punto y final a este intenso día y descansar un rato, estas cansada, mañana podemos seguir hablando, ¿te parece?
El azul de sus ojos resaltaba con el rojizo producto de las lágrimas, el humo y el cansancio. Asintió ligeramente con su cabeza. Me tumbé sobre mi cama sin soltarla de mi agarre, y así, abrazadas, la noche dio paso a un nuevo día.
***
Me desperté en cuanto note una cálida caricia en mi mejilla, al principio estaba desubicada pero en seguida recordé lo que había pasado la noche anterior. Abrí los ojo y ahí estaba ella.
—¡Oh cariño lo siento no esperaba despertarte!
—Tranquila es agradable despertar asi— me incorporé un poco y la besé en la mejilla.
—Ya pero sigue durmiendo que aún es pronto, son apenas las nueve—se intento separar de mi lado para darme mas espacio.
—Dulce Maria.. ¿Dónde te crees que vas eh? —intente optar por una pose seria pero su cara de desconcierto no me ayudo. —¿Tu te crees que voy a poder seguir durmiendo sabiendo que tu estas aquí a mi lado, mmm mirándome por lo que veo? —La acerque mas a mi dándole un suave beso en su cuello.
— Ajamm eso hago—La note suspirar al tacto—Sip… te ves muy… sexy, muy… interesante… me gusta verte dormir, pero ahora creo que me gustas mas despierta—Indicó Dulce arrodillandose y quedándose en el extremo de la cama como si fuera una gran gata.
— ¡Oh vaya!¿Con que si eh?— Y en ese momento me olvidé de todo, menos de donde estaba y con quien, miré a Dul que se aproximaba a mi peligrosamente, como si fuera su presa… su rica presa— Atrás gata, atrás.
Sin querer empecé a temblar, sabía que Dul quería jugar, pero no lo podía evitar, como tampoco podía evitar sentirme excitada, cada vez más, cada avanzada que daba hacia mi, pero no quería echarme atrás, también quería jugar.
Como si quisiera escapar, miré a ambos lados buscando el camino más fácil, sabía que Dul en cualquier momento podía atacar, como un leopardo apunto de satisfacer su apetito, su necesidad que hacía mucho poseía y ahora la mataba por dentro. Tratando de escapar bajó la guardia un segundo y ese segundo costó caro, Dulce se lanzó y las dos caimos en la cama riendo como nunca.
— ¿Sabías que estas loca?— Dije riendo hasta más no poder.
— Sí… estoy loca por ti. —Poco a poco íbamos calmando la risa, no podía dejar de mirarla como ****a, adoraba su risa y su forma de ser…la queria, la queria con locura— Any… ¿Anahi?… ¿No te estaras durmiendo? —Escucharla me hizó darme cuenta que me había quedado empanada mirándola.
— No… solo estoy viviendo el momento, me encanta cada segundo contigo Dul, no puedo explicar lo que me estas haciendo, pero me encanta y quiero que nunca termines de hacerlo.
— ¡Vaya!, no sabía que eras poeta—Empece de nuevo a hacer cosquillas en las costillas a Dul que estaba que reventaba de la risa.
— ¡Por favor!… Any, ¡Anahi!… jajaja… ¡Paraaa!… jajaja… ¡Para yaaa! —Dulce no paraba de retorcerse a un lado y aproveche para sujetarla.
— Me vuelves a decir poeta y te juro que te va peor. —De repente Dul rodó y tiró de mi hasta dejarme debajo de ella, fue tan rápido el movimiento que ni lo vi venir. Dul me cogió las manos y las puso a cada lado, poniéndose sobre mi panza donde note que me miraba con sus ojos miel oscuros de deseo.
— Qué has dicho que me ibas a hacer si te llamaba de nuevo…—Una sonrisa picara se asomo en su boca.
— ¡No te atrevas!
— ¿Que pasa si me atrevo?
— Sufrirás las consecuencias
— ¿Ah sí?, ¿Como sabes?, tal vez me vayan a gustar.
— Bueno… estás advertida nena.
— Pues… me arriesgaré… — Indicó acercándose a mi que cada vez me costaba mas respirar, sus labios quedaron rozando los mios— … Eres… una… gran… poeta.
— Te lo advertí… ahora sufriréis la ira de la gran Anahi.
— Jaja… no te tengo miedo… An…
Dulce se tuvo que tragar medio nombre, como la fiera que era en esos momentos agarre con los dientes los labios de Dul, esta tuvo que bajar su rostro sin mover ni un músculo, pues si no le iría mal, sonreí triunfadora, luego el ataque se volvió más suave, junte los labios y succioné los de Dul que estaban increíblemente rojos, estaba que ardía por dentro y su cuerpo reaccionó de inmediato bajándolo todo sobre el mio, Dulce empezó a querer el control, se lo cedí con gusto, es más, si quisiera se lo daría por toda la eternidad. Los besos empezaron a ser sensuales y pausados, Dulce siguió la danza con los suyos, nuestras lenguas jugaban, a cada una le tocaba encontrar a la otra, besos placenteros y deliciosos, los pequeños gemidos lo anunciaban, nuestros cuerpos que se movían tratando de acoplarse hasta más no poder. Dulce se separó un momento para que sus pulmones se llenaran de nuevo, al igual que hice lo mismo.
— Dul…
— Shhh… no hay nada que decir…
— Es que…
— Any tranquila… solo disfrutemos.
No dije más, nos besamos apasionadamente mientras Dulce se montó sobre mis caderas y sentía como pasaba su lengua traviesa por toda mi garganta.
— ¡Oh Dios!… Dul… ummm…
— Eres tan dulce… tan bella… ¡Dios! Te voy a comer entera…
Dulce se separó un poco, su respiración era acelerada y empezó a quitar todo lo que nos estorbaba, mi ropa de la fiesta que no fue quitada en su momento caía, ella misma se empezó a quitar el vestido muy sensualmente, volviéndome loca ya que la necesitaba desesperadamente, no pude más y le empecé a bajar el vestido poco a poco, acariciando sus hombros, su espalda… Al final bajó por completo el vestido, Dulce alzó sus estilizadas piernas una a una para apartar el vestido que al final quedó a un lado, mis labios tenían la necesidad de viajar por cada rincón de su espalda, esta cerraba sus ojos con fuerza disfrutando de las sensaciones exquisitas que los calidos labios le regalaban.
Dulce no esperó más y se volvió frente a mi tomándome de la cintura y recostándome suavemente como si fuera de porcelana fina, se recostó encima, su cuerpo de inmediato se acostumbró al calor que irradiaba el mio, le acariciaba la espalda con receladas manos, los costados de su cadera, los hombros, la nuca, todo lo habido y por haber en ese impresionante cuerpo.
Llegué hasta sus muslos, pasando las manos una y otra vez y después a sus perfectos glúteos, Dul gemía suavemente, mientras que al mismo tiempo sus manos paseaban por mi cuerpo y vagaban sus incontrolables labios por cada parte de mi rostro, las dos nos dábamos placer con caricias que hablaban por nosotras.
Envolvi con mis piernas las de Dulce, esta con su mano las deslizó hacia arriba, poniéndolas en su cadera, deseaba todo contacto posible, lo deseaba ahora más que nunca, así nuestros centros se juntaron haciendo que las dos no pudieramos retener gemidos de placer, se dejaban llevar por su necesidad— Ohhh… Dul, esto es delicioso… umm… ¡Oh sí!… ahhh!
Las dos movíamo nuestros cuerpos de arriba abajo, de un lado al otro, circularmente sin detenerse, suave, al compás de los suspiros, besos a cada instante, lenguas jugueteando, cada vez más rápido, nuestros pequeños y mojados clítoris parecían bailar un vals frenético que llenaba nuestras almas con descargas eléctricas, cada movimiento producía chispas, las estabamos a punto de llegar a la cima, pero Dulce deseaba que durara más, así que bajo la intensidad de sus movimientos poco a poco, yo estaba sufriendo de verdad, la miré con desespero y ella me sonrió, me quitó del rostro unos mechones empapados de sudor y me besó deliciosa y delicadamente, luego fue bajando llegando hasta mis pechos que se pusieron duros al instante, Dulce pasó su lengua caliente y jugosa en cada uno haciendo que gimiera ferozmente, la estaba matando.
— Ummm… Any… nunca olvidaremos esta noche… te lo juro.
Después de un rato de haber perturbado mis sensibles pezones, siguió su camino hacia abajo, deslizando todo su cuerpo en el mio, siguió con la entre pierna, con los muslos interiores, yo pasaba las manos, los dedos, lass uñas por sus brazos, por su espalda, por su cabello en donde se instalaron al final empujando la cabeza de la mujer que me estaba atormentando hacia donde quería toda su atención, Dulce entendió el mensaje y sin dudar se adentro, su lengua le agradeció por el manjar que estaba degustando quitando así su gran hambre.
— ¡Dios!… ¡Sí!, sigue… sigue nena… ¡Ohhh!, ¡Dul me vuelves loca!..Ya, ya no puedo más…
Ella sabiendo que estaba a punto de llegar al extremo, metió uno de sus dedos dentro de mi, grité por dolor y al mismo tiempo por placer, lleve mis labios a los suyos, para así querer compartir lo que sentía en esos momentos, mis gemidos eran callados por los labios de la mujer que seguía hundiendo su dedo en los confines de mi cuerpo, hasta que dejé de gemir y de moverme con frenesí, dejando totalmente claro que había subido a la cima con éxito.
— Dul… — Intentaba decir sin aliento— … No tengo palabras… para explicarte… lo que he sentido… solo… solo quiero que tú… lo sientas… también…
— Any… no sabes como lo deseo.
— Y yo… quiero probar tu cuerpo, en este mismo instante.
Sin más nos besamos furiosamente, esta vez yo me puse encima de Dulce, sentándome en su centro y moviendo las caderas para darle placer y para darme placer a mi misma, empecé chupandole el cuello como un vampiro con sed, ella solo se dejaba hacer, estimulaba cada rincón de su cuerpo, recorri con la boca sus pechos mientras ella gemía mi nombre, quería que supiera quien era la única a la que quería entregarse.
—¡Any… por favor!… hazme tuya… ¡Dios! Te necesito, ¡Te necesito ahora!
Segui sus órdenes, también deseaba probar su sabor, era nuestro momento.
***
Me separé reticente de mi acompañante levantándome de la cama con cuidado de no despertarla. Serían algo más de las 12 de la mañana. Cogí la sabana y la tapé antes de besarla en la mejilla y salir de la habitación con destino al baño. Tras una rápida ducha y ya enfundada en una ropa algo más cómoda decidí bajar las escaleras.
—¡¡Dul!!— gritó Alex nada mas verme entrar a la cocina enganchándose automáticamente a mi pierna como había tomado costumbre de hacer en todo este tiempo.
—Que pasa renacuajo— le alboroté su cabello rubio a la vez que me acercaba a donde estaba a mi tía y la besaba en la mejilla — Buenos días tía.
—Buenos días tesoro, Alex deja a Dulce… — le reprendió al pequeño que seguía colgado de mi pierna.
—Déjalo, si no molesta— saqué el bol de cereales y lo llené. Me dirigí a la mesa con mi desayuno y el pequeño Alex riendo tontamente.
—¿Que tal la fiesta de anoche? no llegasteis muy tarde después de todo.
—No, sobre las cinco o así. Estuvo bastante bien, al menos nos divertimos un rato— comencé a desayunar.
—Mamá, ¡Alex está metiendo los dedos en los cereales de Dul!— gritó Dani al otro lado de la mesa haciendo sus deberes.
—¡¡No e cierto!!— se defendió el chiquillo pillado in fraganti en ese momento con una mano en el interior de mi taza.
—¡Alex!— le regañó su madre.
—No importa, estamos desayunando, ¿a que si?— cuestioné al pequeño mientras le golpeaba levemente con la cuchara en la nariz. Volvió a reír.
—Buenos días— apareció en escena Any estirándose en el marco de la puerta.
—Buenos días bella durmiente— la saludé con una sonrisa. Entró acercándose y besándome la mejilla, besó la cabeza de su hermano y después a su madre. Cogió otro bol y se preparó el desayuno sentándose junto a Dani.
—¿Y a mi no me das un beso?— se quejó este.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:52 pm

—Lo siento, no tengo por costumbre besar sapos— comenzó a devorar su desayuno mientras literalmente se acostaba sobre la mesa.
—¡¡Mamá!!— volvió a gritar Dani.
—Anahi, no hagas rabiar a tu hermano…
Se limitó a rodar sus ojos y coger un cereal lanzándoselo a la cara.
—¡Mamá! ¡Miralaa!
Mamá solo suspiró y salió de la cocina con el cacharro de la ropa recién lavada en la mano.
—¿Y ahora quien te defenderá lengua floja?— comentó tirándole otro cereal.
—¡¡Ahhh!!¡Eres una enclenque! me voy a chivar a papá— cogió sus cosas y salió.
—Los pelicos como escarpias se me han puesto… uy que miedo…
—Eres mala… — le dije entre cucharada y cucharada.
—¿En serio?— comenzó a mover sugerente sus cejas, movimiento que hizo que el pequeño sentado en mi regazo comenzara a reír de nuevo.
—¿Dormiste bien?
—Oooh, siii, ¿y tú?
—Divinamente.
—Hola chicas, ya veo que os estáis poniendo como la kika… Vaya glamour. Cereales, que ricos— metió su mano en el bol de Anahi.
—Ey— protestó esta— Róbale a ella, que yo aun estoy en fase de crecimiento.
Miguel comenzó a reír provocando que Alex se carcajeara también.
—Dulce, ¿cuando acabes puedes venir un momento a mi despacho? necesito hablar contigo sobre algo— se puso serio de repente.
—Uhm, si claro tío, ahora mismo voy.
Salió de la cocina seguido por el pequeño.
—¿Para que crees que sea?— preguntó curiosa Any.
—Ni idea, ahora averiguo… — me levanté, lavé el bol y lo dejé en el escurridor— Te veo luego arriba— le guiñé el ojo antes de salir. Una sonrisa fui la respuesta que obtuve.
Toqué suavemente a la puerta antes de entrar al despacho.
—Hola, aquí estoy.
—Siéntate Dulce, un segundo— lo vi luchar con la puerta de la caja fuerte durante unos instantes antes de que esta se abriera. Sacó un sobre del interior y lo colocó frente a mí sobre la mesa. Tomó asiento en la silla de al lado a la mía.— Seguramente estés pensando a que viene todo este secretismo, ¿verdad?
—¿Sucede algo?— pregunté insegura mientras comenzaba a pensar que tal vez había descubierto lo que sucedía entre Any y yo.
—No exactamente, como bien sabes dentro de una semana dejaras de estar bajo mi tutela…
"Será que…"
Las alarmas comenzaron a saltar en mi cabeza. El momento que tanto llevaba temiendo en los últimos meses parecía haber llegado.
—… yo… tu padre… que tu te quedaras bajo mi tutela tras su muerte no fue una casualidad.
—¿Como?— fruncí el ceño confusa.
—Tu padre meses antes de morir me llamó preocupado… a él… le acababan de diagnosticar un cáncer de colon. Estaba muy asustado, más que por su enfermedad por ti… porque sabía que tras su muerte te quedarías sola. La enfermedad estaba bastante avanzada para cuando lo diagnosticaron, por eso decidió seguir haciendo su vida normal hasta que… le llegara la hora. El quería ahorrarte todo ese sufrimiento… y quería pasar el resto que le quedara contigo… y me consta que lo hizo… — por aquel entonces las lagrimas rodaban no solo por mis mejillas, también por las de mi tío.
—Sí… el… solicitó una excelencia como cinco meses antes… me dijo que solo necesitaba vacaciones… que estaba cansado y quería pasar mas tiempo conmigo… el… estaba raro… pero no le di importancia… ¡Dios! ahora lo entiendo todo… fui una *beep* por no haberme dado cuenta de nada…
—No, cariño… no fuiste *beep*, tu no podías saberlo… — me abrazó.
—Sí lo fui, de haberlo sabido…
—Con haberlo sabido no hubieras solucionado nada… solo te hubiera causado mas dolor a ti… y a el por ser consciente de que eso te dolía. El quiso que te diera esto cuando cumplieras la mayoría de edad— se separó del abrazo tendiéndome el sobre que instantes antes había colocado sobre la mesa— Sé que aun falta una semana para eso, pero no creo que importe demasiado una semana mas una semana menos. A fin de cuentas mas tarde o mas temprano tendrás que saber la verdad.
Fruncí el ceño, insegura mientras agarraba el sobre que me tendía.
—Tu padre solucionó todo su testamento en los meses previos de su muerte. Tu custodia y todos sus bienes pasaron a mí temporalmente hasta que cumplieras la mayoría ante la ley. He tratado de hacer todo lo que me dijo que hiciera. Me pidió que no vendiera la casa en Londres por si algún día querías regresar a vivir allí. También sabes que por su trabajo tenía un buen seguro, todo el dinero lo tienes ingresado en una cuenta bancaria a tu nombre en Londres. Dijo que con eso tendrías mas que suficiente para poder estudiar en una buena universidad y mantenerte por unos años, al menos hasta que acabaras de estudiar y pudieras hacerlo por ti misma.
—No puedo creer que papá lo tuviera todo planeado… que no me hubiera dicho nada…
—El solo quería lo mejor para ti… y se aseguró de ello.
—¿Este sobre contiene todo eso que me dices?— cuestioné mientras me secaba las lagrimas con el dorso de la mano.
—No, ese sobre contiene otro tipo de información… mas privada. Algo referente a tu padre que el nunca te reveló esperando poder hacerlo algún día… cuando lo hubiera conseguido… pero que no le dio tiempo a terminar…
—No entiendo…
—Solo léelo, comprenderás muchas cosas… de su vida, de tu vida…
Rasgué el sobre sacando un papel pulcramente doblado. La letra de mi padre me apareció ante mis ojos al desliarlo.
Pequeña…
Sé que para cuando leas esto a pesar de ya no estar contigo desearas matarme— no pude sino sonreír ante el agrio humor de mi padre aun en los malos momentos—Sé que tu cabeza ahora te dice que debería haberte contado todo lo que estaba sucediendo, pero algún día cuando crezcas y seas madre llegaras a entender los motivos que llevan a un padre a tomar ciertas decisiones, mi corazón me decía que así era como debía de ser y así obré. Bien sabes que siempre me gustó guiarme por ese músculo. Cuando tu madre murió fuiste lo único que pudo sacarme de esa profunda oscuridad en la que me sumí. Fuiste mi luz, mi guía todos estos años. Nunca quiero que pienses que fuiste el motivo por el que nunca volví a estar con nadie más. Aun hoy que escribo estas letras el recuerdo de tu madre, mi amada Violet, sigue en mi corazón como el primer día. Has sido y serás lo mejor que he creado en mi vida, me siento muy orgulloso de ti y sé que tu madre allá donde esté lo esta mas aun, que ya es decir… — volví a sonreír entre lagrimas— Sé que no he sido el mejor padre del mundo, sobre todo los primeros años cuando no parábamos de mudarnos de un país a otro. No fue hasta que nos asentamos en Londres que conseguí darte ese hogar que tanto me pedías a gritos hasta entonces. Estuve ocupado, centrado en mí, y no me daba cuenta de que poco a poco mi niña ya no era tan niña. Estos últimos meses me han abierto los ojos y me han permitido conocerte mejor, he descubierto cosas en ti que ni tu misma conoces todavía, eso me gusta, me hace sentir feliz y mas orgulloso aun. Puede que heredaras lo peor de mí, pero te quedaste con lo mejor de tu madre, eso te lo puedo asegurar.
Seguramente alguna vez te preguntaste porque siempre viajábamos constantemente de un país a otro y de repente nos establecimos en Londres. Todo tiene su explicación, ojalá solo hubiera tenido el suficiente tiempo para contártela en persona. Todo comenzó el día que nací, hace exactamente… ok, sabes cuando nací así que mejor ignoro el dato que de solo pensarlo me hace sentir viejo— nuevamente sonreí— El caso es que mi nacimiento no pareció agradar demasiado a mi verdadera madre y ella me abandonó en un orfanato en Italia. No la culpo, ya sabes que Dios no me dio demasiada belleza. Gracias a ese orfanato es que conocí al tío Miguel. El estaba en la misma situación que yo, y gracias al tío Miguel es que un día los abuelos decidieron sacarme de allí adoptándome también. Es para alucinar, ¿verdad? pero así fue. Durante muchos años ambos desconocimos la verdad sobre nuestras verdaderas raíces. No fue hasta que cumplimos los quince que el abuelo nos contó. Desde el momento que supe que aquel no era mi lugar un sentimiento me embargó, quería conocer la verdad, conocer mis raíces, encontrar a mi familia de sangre. No creas que fui un desagradecido con los abuelos, solo quería conocer la verdad de mi vida, conocer mi puzzle… y comencé a buscar las piezas, a encajarlas… gracias a esa búsqueda fue que conocí a tu madre. Ese día permanece imborrable en mi memoria, acababa de bajar del tren en Paris, llovía a cantaros, y allí, entre toda gente, la vi… bueno, tu conoces la historia bastante bien, era tu cuento preferido para dormir, ¿recuerdas?
Italia, España, Francia, Alemania… hasta que las piezas me llevaron a Inglaterra. Me gustaría poder decirte que toda esa búsqueda dio sus frutos, pero lo cierto es que a pesar de todo y por frustrante que parezca, no la encontré. Supe que mi padre, tu abuelo, era un coronel del ejercito italiano y que murió antes incluso de que yo naciera, pero de mi madre no conseguí averiguar demasiado. Solo sé que viajó y viajó, conoció a mi padre, me tuvo en Italia y siguió viajando hasta que se instaló en Inglaterra, su país de origen. Un best seller bien que saldría con su vida ¿o no?
Siento no haberte contado nunca todo esto, no quiero que pienses que me avergonzaba ni nada, solo quería estar verdaderamente seguro de todo. Tal vez te sientas traicionada ahora que sabes la verdad… solo espero que algún día puedas perdonarme por ello.
El tío Miguel podrá responderte si tienes alguna duda al respecto, tiene un buen corazón, te aseguro que puedes confiar plenamente en el, es la única persona a la que realmente me he sentido unida de toda mi familia en todos estos años. Confío en que el te tratará como si fueras su propia hija.
Nunca olvides que te quiero.
Sé feliz cariño.
Tu padre, Ricardo.
Me quedé unos instantes observando su firma, intentando asimilar el contenido de la carta en mi cabeza. La persona que tenia frente a mi no era mi tío, mis abuelos no eran mis abuelos… nadie era quien creía que era. La confusión debió de reflejarse en mi rostro.
—Cariño, ¿te encuentras bien?— preguntó mi tío suavemente mientras me frotaba un brazo.
—Sí, creo que sí… demasiada información para un solo trago, supongo… .— tragué, incapaz de decir más.
—Entiendo… a mi… me gustaría que no le dijeras nada a los chicos… verdaderamente nunca me importó demasiado saber de donde venía… no creo que sea relevante para los chicos, al menos no ahora…
—Está bien… yo… creo que saldré un rato… necesito dar una vuelta… pensar… — me levanté y salí del despacho. Alex se me abalanzó en cuanto me vio pasar por el salón camino de la puerta de la calle.
—¡Dulceee!
—Ahora vengo pequeño— me agaché y lo besé antes de terminar de cruzar la sala y llegar a la puerta. Salí al exterior y comencé a caminar sin saber realmente a donde ir. Sólo necesitaba pensar y asimilar toda la información que acababa de obtener.
***
—¡Lo sabia! ¡Te lo dije! ¿Y entonces?
—Jaja, ¿cómo que y entonces? Andi por favor, no me estreses, déjame despegar un ratico los pies del suelo.
—¿Pues tu no tenias vértigo?
—Jaja, dios, estoy feliz, me siento…
—Pletórica es la palabra.
—¿Tanto se nota?.
—Bueno… estooo… ¿y donde está ahora?
—Papá la llamó para hablar, están encerrados en el despacho.
—¿Crees que notó algo?
—Nah, no creo… será algo referente a su herencia supongo.
—Vaya que te sacaste buen partido entonces.
—Jaja, ya, no seas, sabes perfectamente que eso no es algo que me importe, aunque viviera debajo del puente la seguiría.
—Parece que a alguien le dio fuerte…
—Es que es maravillosa, es…
—Ya ya, todos lo sabemos, no hace falta que sigas que me empiezo a poner celosa.
—Jaja, no seas boba… sabes que mi corazón es grande.
—Está bien, está bien… me conformaré con ser la otra.
—Jaja, Andi, debo dejarte…
—¿Ya llegó tu amorcito? pásamela le pongo los puntos sobre las íes.
—Primero celosa amante empedernida y ahora padre sobreprotector, te vas superando en registros.
—Jaja, ¡pasamelaa!
—Luego, luego.
—Ok, ok, capto la indirecta.
—Jaja, nos vemos.
—Nos vemos amiga.
Colgué el teléfono y bajé las escaleras. Encontré a mi padre saliendo del estudio.
—¿Y Dulce?
—Salió.
—¿A dónde?— pregunté extrañada.
—A dar una vuelta supongo.
—¿A dar una vuelta?— fruncí el ceño— ¿Por qué no me aviso?.
—Supongo que necesitaba estar sola, ¿como lo pasasteis anoche?.
—Bien… — me quedé unos instantes pensativa— ¿Hace mucho que salió?.
—Como veinte minutos o así.
—Que raro…
—Dale su espacio cariño, lo necesita.
Miré a mi padre intentando descifrar el sentido oculto que había tras esas palabras.
—¿Ocurrió algo?— pregunté insegura, intuyendo que aquí algo no cuadraba.
—No, nada… tal vez solo necesitaba pensar, no la presiones cariño… todo esto es complicado, son demasiadas cosas ahora mismo en su cabeza.
—No entiendo… — afirmé confusa.
—Tranquila, algún día lo entenderás… — apretó mi hombro antes de salir del cuarto y dirigirse al salón. Me quedé parada, analizando sus palabras.
"¿Algún día entenderé?… si ya, cuando crezca, ¿no? esto es increíble… no entiendo a que viene tanto misterio, me pregunto que habrá pasado, esto no es típico de Dul, salir sin decir nada, dijo que nos veríamos arriba cuando acabara"
Subí de nuevo a mi cuarto y me senté en el escritorio. Abrí el cajón y encontré mi diario. Lo saque dispuesta a plasmar unas letras cuando oí la puerta de abajo.
"Debe ser ella…"
Dejé el cuaderno donde estaba y salí de la habitación, la encontré a medio camino en las escaleras.
—Ey— la saludé acercándome y besándola en la mejilla.
—Hola— fue todo lo que dijo. Siguió subiendo las escaleras sin detenerse. Me quedé pétrea en el sitio viéndola entrar a la habitación.
"¿Qué diablos sucede aquí?"
La seguí entrando en la habitación. La encontré sentada en el mismo escritorio del que instantes antes me había levantado. Me acerqué, posando una mano sobre su hombro.
—¿Sucede algo?— pregunté insegura, aunque ya intuyendo que algo no iba bien.
—Uhm… lo cierto es que… tenemos que hablar— dijo a la par que se levantaba del sitio y se alejaba de mi lado. Parecía nerviosa. Se abrazó a si misma aun de espaldas a mí.
—Dime.
—Vuelvo a Londres.
Me quedé helada, asimilando la implicación de esas tres simples palabras.
—¿Que?… ¿por qué?… me refiero, para algo referente al abogado y al testamento, ¿verdad?— me acerqué y la agarré del brazo haciendo que se volviera, su mirada era vidriosa— ¿Verdad?— cuestioné en apenas un susurro mientras veía como de nuevo me daba la espalda.
—No… no es para algo temporal… vuelvo para quedarme allí.
—Pero anoche dijiste…
—Olvida todo lo que dije anoche… todo lo que pasó…
—¿Cómo puedes…?— no pude continuar, mi voz se quebró. Apreté los ojos fuertemente impidiendo que las lágrimas salieran. Los abrí encontrándome de nuevo con su espalda— ¿Ni siquiera eres capaz de mirarme a los ojos?— ante mi cuestión se giró enfrentando mi mirada.
—¿Satisfecha?— inquirió sin dejar de mirarme. Sus ojos estaban rojos y ligeramente hinchados.
—No… que ha pasado allí abajo… ¿por qué este cambio de actitud? hace un rato…
—Olvida lo de hace un rato… olvida todo— se apresuró a cortarme.
—¿Como me puedes pedir que olvide? ¿Así? ¿Sin más? a que juegas Dulce… dime… ¿a qué juegas?— acorté el espacio que nos separaba sin dejar de mirarla ni un segundo.
—Ya a nada. El juego acabó. Esto… — acortó el poco espacio que nos quedaba juntando nuestras frentes—… es la vida real, prima— susurró antes de separarse y volver a darme la espalda.
—Muy bien, pues que te vaya perfecto, prima— me encargué de remarcar bastante bien la última palabra. Salí del cuarto lo mas dignamente que pude y con el corazón hecho añicos en mi mano.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:52 pm

NOVENA PARTE
Hacía cuatro meses ya de mi llegada a Londres. Cuatro meses de independencia plena y total. Ok, tal vez no tanto.
Abandoné la casa de mis tíos pocos días después de mi cumpleaños. La situación con Any después de que le dijera que me iba no mejoró lo mas mínimo, en realidad solo empeoró. Nos evitábamos a toda costa hablando solo cuando se hacía estrictamente necesario. Tal hecho no pasó desapercibido para nadie en la casa. Hasta el pequeño Alex fue consciente de ello. Aún así el día de mi despedida fue, para que negarlo, terriblemente triste y complicado.
A mi llegada a Londres me establecí con la señora Norman. El papeleo de mi herencia duró varios días. No fue hasta que todo eso estuvo listo que no pude entrar de nuevo en casa, donde, a pesar de las insistencias de mi vecina, me instalé. Septiembre trajo además el comienzo de mi vida como universitaria. Tuve la suerte de obtener plaza en la carrera de derecho. A papá le hubiera gustado eso.
Seguramente os preguntareis el por qué mi decisión repentina por volver, por qué cuando todo parecía ir bien, cuando parecía ser feliz. Hubiera sido tan fácil quedarse en España, estudiar allí, estar con Any … El peso que sentía por estar haciendo algo "prohibido" con ella claramente se había esfumado con la revelación de esa carta pero también esa revelación me había hecho ver que aquel no era mi sitio, no era mi lugar. Mi hogar estaba en Londres. Esa ciudad había sido importante para papá, lo había sido para mí, y seguiría allí, acabando el puzzle que él comenzó tantos años atrás. Era lo menos, sentía que se lo debía después de todo este tiempo.
— ¿Vas a volver a España por Navidad?— cuestionó Robert sacándome de mis pensamientos.
— Uhm, lo cierto es que aun no sé…tal vez me quede a pasarlas aquí …
— No puedes seguir ignorando el asunto por mucho tiempo, Dulce.
— ¿Tu también?— comencé a recoger mis libros de la mesa y a meterlos en mi bolsa. Me la colgué al hombro mientras esperaba pacientemente a que mi amigo hiciera lo mismo.
Salimos del viejo edificio y nos dirigimos hacia los aparcamientos montando en el coche en el más absoluto silencio. El trayecto de camino a casa transcurrió igual. Aparcó a un lado y comencé a abrir la puerta para salir.
— Deberías de llamar a casa …
— Lo tendré en cuenta …— me dispuse a salir pero mi amigo me frenó.
— Dulce, son tu familia, lo sabes, ellos están esperando una respuesta por tu parte.
Cerré la puerta y suspiré mirando hacia el frente, por mucho que tratara de negar la evidencia sabía que mi amigo tenía razón.
— No es tan sencillo … yo los abandoné …
— ¿Y? Es normal que quisieras hacer tu vida.
— Ya … pero también sabes que no fue tanto así— lo miré— Vine aquí con un propósito, ¿y que he conseguido? Nada …
— Sabías que no resultaría fácil. Tu padre se pasó toda su vida, ¿qué esperabas?.
— Ya no sé que esperaba …
— No puedes seguir así … llama a casa … habla con tus tíos, habla con Anahi.
— ¿Y qué le digo? Lo siento mucho, te dejé porque tenía que cumplir el sueño de mi padre pero lo cierto es que me muero por estar contigo— hice una mueca.
— Podrías.
— Sí claro, no es tan fácil … no puedo decirle la verdad … se lo prometí a mi tío.
— Ok, pues no le digas la verdad.
— ¿Me estás pidiendo que le mienta? — lo miré desconcertada.
— Te estoy pidiendo que omitas ciertos detalles, no que le mientas.
— ¿Y eso no es mentir?.
— ¿Y acaso no lo estas haciendo ahora?.
Me quedé pensativa, analizando sus palabras, que por mucho que me dolieran eran ciertas.
— Prométeme que pensaras todo esto y actuaras en consecuencia, y cuando digo actuaras no hablo precisamente de hacer lo que haces siempre, salir corriendo. Vas a enfrentar la situación como la adulta que eres. ¿Estamos?.
— Estamos.
— Así me gusta, que me hagas caso.
Le sonreí antes de acercarme y besarle la mejilla.
—Gracias …
—Mejor un buen puro en el día de tu boda— me guiñó. Rodé mis ojos antes de abrir y apearme del coche.
Al entrar a casa la soledad me atravesó. Estar en esa casa tan grande, vacía … pero a la vez llena de recuerdos no me estaba haciendo ningún bien. Dejé mi mochila en el suelo y entré a la cocina. Abrí el frigorífico y miré su interior con desgana. Ese cacharro pedía a gritos una buena visita al supermercado. Saqué el brick de zumo de naranja y me puse un vaso antes de poner rumbo al salón.
Presioné el botón del contestador automático a mi paso tirándome sobre el sofá, vaso en mano. La preocupada voz de mi tío invadió la sala por unos breves instantes.
“Cariño, llamé hace unos días para ver como estabas pero no sé, supongo que no oíste el mensaje. Espero que te encuentres bien, hace tiempo que no sabemos nada de ti, estamos preocupados. Supongo que tal vez simplemente es que estas ocupada con tus estudios. Por favor, llámanos cuando tengas un rato … te quiero, cuídate”.
BIIIIPPP
Me quedé en silencio y sin moverme. Zumo completamente olvidado.
— Robert tiene razón, no puedo seguir ignorándoles …— comenté a la nada.
Dejé el vaso sobre la mesa antes de levantarme y dirigirme hacia el teléfono. Descolgué el auricular colocándolo sobre mi pecho no demasiado segura de que era lo que se suponía que iba a decir cuando encontrara una voz al otro lado. Tras unos breves instantes mis dedos parecieron actuar antes que mi pensamiento. Un toque, dos toques, tres toques, cuatro toques, cinco toques … Ya estaba por colgar el auricular cuando una suave voz sonó al otro lado.
— ¿Sí?.
Los nervios me traicionaron haciendo que automáticamente colgara. Me quedé por un momento mirando el teléfono, con el corazón en la garganta, e incapaz de moverme.
“Era ella…era su voz…” fue todo lo que mi pensamiento pudo decirme coherentemente “No puedo volver a llamar”.
Me aparté del teléfono como si fuera a pegarme la sarna y comencé a dar vueltas por la habitación. La foto de mi padre sobre la mesa atrajo mi atención.
“Si, ya … parezco imbécil, ¿verdad? Pero pss … que culpa tengo si lo soy realmente …”
Seguí dando más vueltas que un trompo por la sala.
“No me mires así … si nací cobarde que le voy a hacer …”.
Salí del cuarto y comencé a subir las escaleras, decidida a desistir en mi intento de llamar.
“Prométeme que pensaras todo esto y actuaras en consecuencia, y cuando digo actuaras no hablo precisamente de hacer lo que haces siempre, salir corriendo. Vas a enfrentar la situación como la adulta que eres. ¿Estamos?”.
La voz de mi amigo resonó en mi interior de repente.
Giré en redondo al llegar a la parte superior y bajé las escaleras llegando de nuevo a la sala. Miré el teléfono antes de decidirme a descolgarlo. Marqué rellamada.
Otra vez un toque, dos toques, tres toques … ataque de pánico a la vista …
— ¿Sí?.
Silencio total por mi parte.
— ¿Hola?.
Más silencio en respuesta.
— ¡¿Hoooolaaaaaa? !
— Hola … — al fin me demostré a mi misma que sabía hablar.
El silencio imperó al otro lado de la línea esta vez.
— Así que eras tú … — habló al fin.
— Sí, yo … ¿cómo has estado?—pregunté bastante insegura siquiera de que respondería.
— Bien, como voy a estar … aunque supongo que no tan bien como tu, debes de estar muy ocupada, ¿verdad?— comentó irónica y con un tono dolido que la delataba.
— Bueno, las clases están siendo pesadas … siento no haber podido llamar antes.
— Ya, vale, muy bien … disculpas aceptadas, ¿algo más?.
— ¿Está tu padre?.
— No.
— ¿Tu madre?.
— No.
— Ok, ya veo … siento haberte molestado entonces. Diles que llamé.
— Claro.
— Está bien, gracias. Me alegro que estés bien. Intentaré llamar otro día. Hasta luego.
Colgué antes de recibir una respuesta. Miré la fotografía de mi padre.
— La jodí bien jodída … — le comenté antes de subir abatida al segundo piso.
***
— Pues eso, que el muy capullo va y me dice ... wou wou wou ¡¡wouu!!¡¡Chica, páralee! Que se supone que es un bizcocho, no una torta de aceite.— me detuvo mi amiga mientras vertía el segundo vaso de aceite en la masa.
— Lo siento … — me disculpé ausente apartándome de su lado y lavándome las manos en el fregadero.
— No importa … pero ya baja de donde sea que estés, nos tiene que quedar divino para mañana.
— Sí … —suspiré— Entonces, ¿qué pasó con el tipo?.
— Como si eso te importara ahora mismo … —elevó ambas cejas sonriéndome.
— Lo siento … no quise … — traté de disculparme de nuevo.
— Ya, vamos, no te preocupes … Pásame la levadura, anda.
Abrí el sobre y comencé a verterlo sobre la masa.
— Sigue sin dar señales, ¿verdad?— preguntó de repente.
— ¿Eh?.
— Ella. Aún no ha llamado ...
— No, no lo ha hecho— fruncí el ceño terminando de vaciar el sobre.
— Estará ocupada, no te preocupes, vivir sola implica sus obligaciones, además seguramente esté liada con la universidad y todo ese rollo.
— Sí, supongo …
— ¿Por qué no la llamas?.
— ¿Estás loca?— miré a mi amiga como si fuera un alien.
— No, si estás preocupada … pues llámala … a medianoche, así te aseguras que estará.
— Sí claro, para encontrarme con la sorpresita de que su novio me coge el teléfono. No gracias.
— ¿Crees que tenga novio?
— Si, es Robert, no tengo ninguna duda … por eso regresó.
— ¿Acaso se lo has preguntado?— me cuestionó sin dejar mover la masa.
— No pero …
El teléfono comenzó a sonar en ese momento. Dejé a mi amiga en la cocina y me dirigí hacia la sala a contestar el aparato.
— ¿Sí?— respondí auricular en mano.
El suave clic de colgar fue lo único que me respondió al otro lado. Volví a la cocina donde mi amiga seguía peleándose con la masa.
— ¿Quién era?— cuestionó con la curiosidad que la caracterizaba.
— Alguien que por lo visto se arrepintió.
— ¿Entonces la llamaras?.
— Paso. Que llame ella ahora que es rica.
— Cualquiera te entiende … — comentó colocando la masa en el molde.
— ¿Qué? También tengo mi dignidad … y aunque me muera por escuchar su voz no la voy a …
De nuevo el teléfono me interrumpió. Volví a dirigirme a la sala.
— ¿Sí?— volví a preguntar, pero nadie respondió esta vez.— ¿Hola?— inquirí insegura— ¡¿Hoooolaaaaaa?!
Estaba por colgar cuando al fin alguien habló en respuesta.
— Hola …
Quedé petrificada en el sitio al oír el sonido de esa calida voz de nuevo. El estupor momentáneo dio paso al enfado conmigo misma por seguir siendo incapaz de controlar el efecto que me causaba.
— Así que tú …
— Sí, yo … ¿cómo has estado?—la noté insegura.
— Bien, como voy a estar … aunque supongo que no tan bien como tu, debes de estar muy ocupada, ¿verdad?— le respondí lo mas borde que pude.
— Bueno, las clases están siendo pesadas … siento no haber podido llamar antes.
— Ya, vale, muy bien … disculpas aceptadas, ¿algo más?.
— ¿Está tu padre?.
— No.
— ¿Tu madre?.
— No.
— Ok, ya veo … siento haberte molestado entonces. Diles que llamé.
— Claro.
— Está bien, gracias. Me alegro que estés bien. Intentaré llamar otro día. Hasta luego.
No me dejó ni tiempo a responderle. Me quedé escuchando por unos instantes el sonido del timbre en mi oído antes de colgar yo también. Me dirigí enfadada a la cocina.
— ¿El mismo de antes?.
— Seguramente— mi enfado era notable.
— Por tu cara vengo a suponer que esta vez simplemente no se limitó a colgar. No seria de nuevo esa voz amenazándote … — me miró asustada.
— No— me apresuré a calmarla— Era Dulce.
— Hablando de la reina de Roma ... ¿Y? ¿Que pasó?.
— Nada, quería hablar con mis padres. Dijo que llamaría otro día … que esta ocupada y yo que sé que cosa … claro, de seguro con su noviecito. Estoy segura de que viven juntos.
— Y yo estoy segura de que estas celosa, muy celosa.
— ¡No estoy celosa!— grité mientras cerraba el horno de una patada y la miraba.
— Captado, no estas celosa … lo cual viene a ser bueno teniendo en cuenta que supuestamente la olvidaste y te importa un rábano lo que haga o deje de hacer.
— Si de verdad eres mi amiga, ¡ya déjalo!
— Olvidado y sumergido en el fondo del mar. ¿Has vuelto a recibir alguna amenaza más?.
— Uhm, no … creo que ya se cansaron de la broma— comencé a fregar agradecida de que hubiera decidido cambiar de tema al fin.
— No sé Any, pienso que deberías contarle a tus padres, ¿qué tal si va en serio?.
— Es que es *beep* … ¿Quién va a querer matarme?... Mira, no quiero preocuparlos innecesariamente.
— Yo no lo veo *beep*. Puedes estar en peligro— me miró con ojos asustados.
— Nah, vamos, no te preocupes, recuerda que tengo buen ángel— le guiñé un ojo y seguí enfrascada en mi labor.
— Eso espero …
***
Salía de clases cuando alguien llamó mi atención al otro lado de la calle. Era Jack Stevens, el detective que había contratado para llevar el caso de mi padre. Crucé y me acerqué a él. Era un hombre cuanto menos extravagante. Nada que ver con los típicos detectives que se ven por la tele enfundados en su gabardina.
— Buenas tardes— le saludé al ponerme a su altura.
— Hola señorita Vizza, ¿cómo ha estado?—preguntó cortés.
— Bien, como siempre, ¿alguna novedad respecto al caso?
— Si, me temo que si— sacó un sobre del bolsillo interno de su llamativa chaqueta fucsia—Hice algunas averiguaciones sobre el hospital donde trabajó su abuela después de instalarse en Inglaterra. Al parecer fue durante mediados de los sesenta. Me dirigí hacia Brighton con el objetivo de extraer más información al respecto pero encontré el lugar donde estaba el hospital derruido. Según averigüé que lo derribaron en los setenta. La mayoría de los médicos y enfermeras del sitio pidieron el traslado al nuevo hospital. Accedí a los expedientes de los trabajadores de por aquel entonces y el nombre de tu abuela no figura entre ellos.
— Eso quiere decir que allí tampoco estuvo demasiado tiempo.
— Ajam, se trasladó a Portsmouth.
— ¿Está seguro?.
— Si, de hecho el dato me lo confirmó una de sus compañeras durante su estancia en Brighton.
— ¿Ha hecho averiguaciones en Portsmouth ya?
— No, aún no, parto en tres días hacia allí, en cuanto averigüe algo se lo comunico. Tenga, aquí tiene todos los datos de mi viaje a Brighton— me tendió el sobre que instantes antes había sacado.
— Gracias, espero tenga suerte y averigüe algo más.
— Eso espero, nos vemos, que tenga un buen día— metió las manos en el bolsillo de su chillona chaqueta y comenzó a caminar perdiéndose calle abajo.
— ¿Ahora te gustan maduritos y estrafalarios?—cuestionó mi amigo acercándose.
— Y sexis, no lo olvides— metí el sobre en mi bolsa y eché a andar seguida de cerca por Robert.
— ¿Averiguó algo nuevo?
— Sí, al parecer mi abuela no duró mucho en Brighton. En unos días viajará a Portsmouth, al parecer ese fue su siguiente destino.
— Vaya que tu abuela fue un **** inquieto. Tantos países, tantas ciudades, una mujer de mundo, sin duda.
— Sí, es algo bastante extraño, ¿no crees?.
— Pss, sus motivos tendría, ¿crees que huía de algo?.
— La verdad no lo sé, pero espero averiguarlo.
Continuamos andando por la mojada calle en silencio.
— ¿Has llamado a casa?— preguntó de repente.
— Uhm, si— un escalofrío me recorrió todo el cuerpo haciendo que me revolviera en mi abrigo.
— ¿Y?.
— Y nada, no estaban.
— Lo cual viene a decir que es como si no hubieras llamado, tienes que volver a llamar.
— Hablé con Any.
— ¿Y qué te dijo?.
— No mucho, lo cierto es que estuvo algo borde, y no la culpo.
— Se le pasará …
Giramos la esquina y entramos en mi calle.
— ¿Quieres entrar?—pregunté a mi amigo acercándome a la puerta.
— No, mamá quería que fuera con ella a visitar a la abuela cuando saliera de trabajar. Ya debe de estar a punto de llegar.
— Ok, como quieras …— me encogí de hombros y abrí la puerta.
— ¿Dulce?.
— ¿Sí?— me giré encarándolo.
— No olvides volver a llamar a casa.
— No te preocupes, saludos para la abuela.
— Se los mando, hasta luego— comenzó a caminar alejándose.
Suspiré y entré a casa. De nuevo un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Dejé mi bolsa en el suelo y me abracé a mi misma dirigiéndome hacia la cocina a por mi habitual vaso de zumo. Salí al salón, dejé mi vaso sobre la mesa y me quité el abrigo tirándolo sobre el sofá. Presioné el botón del contestador.
— No tiene mensajes— me comunicó la metálica voz.
Suspiré antes de agarrar mi vaso y sentarme en el sillón. De nuevo ese escalofrío. Bebí el contenido de mi vaso y me levanté. Dejé el vidrio en el fregadero y comencé a subir las escaleras hacia mi cuarto. El sonido del teléfono hizo que cambiara de dirección.
— ¿Sí?.
— ¿Dulce? ¿Eres tú?.
— Uhm, si, ¿quien es?.
— Soy Andi, dios Dulce— comenzó a sollozar.
— ¿Andi que ocurre?.
— Es horrible … lo hicieron … sabía que no era ninguna broma …— apenas se le entendía.
— Andi por favor, tranquilízate y habla un poco mas despacio, ¿qué ha sucedido?.
— Anahi, está en el hospital …
— ¿Que le sucedió? ¿Se encuentra bien?—pregunté mientras comenzaba a formarse un nudo en mi estomago
— Ella está … inconsciente … lleva horas inconsciente.
— Ahora mismo viajo hacia allí.
Colgué el auricular y llamé al aeropuerto.
Siete horas más tarde estaba bajando del taxi que me había llevado a la casa de mis tíos desde el aeropuerto. Parecía haber luz en el salón. Toqué insegura a la puerta, eran pasadas las diez de la noche. La luz de la entrada se iluminó a la par que una Andi con los ojos enrojecidos me abría la puerta.
— ¡Dulce!— se me tiró al cuello no pudiendo contener las lágrimas.
— Shh, Andi, tranquila …— traté de calmarla.
— Si…— se separó secándose la cara con las manos— Pasa.
Entré dejando la bolsa a un lado en la entrada y cerrando la puerta tras de mí. La seguí al salón.
— ¿Qué ha pasado?— pregunté consciente de que por lo que aparentaba la situación algo feo había sucedido.
— Lo que tenía que pasar … — se sentó abatida en el sillón— Le dije que se lo contara a sus padres, pero no me hizo caso … lo tomó como una maldita broma …
— Por favor Andi, explícate mejor, no sé de que demonios estas hablando— me senté a su lado.
— De las amenazas que lleva recibiendo desde hace dos meses, prácticamente desde que comenzamos las clases.
— ¿Qué le ha sucedido a Any …?
— La golpearon, esta mañana, cuando iba de camino al instituto— comenzó a llorar de nuevo— Fue mi culpa, debería de haber estado con ella …
— Vamos Andi, cálmate … ¿en qué hospital está?.
— En el Santa María ... ella aún no ha despertado … lleva horas inconsciente…— apenas podía hablar.
— Tranquila…— la abracé.
— ¿Dul?— susurró una vocecita desde arriba.
— Me costó horrores que se durmiera …— comentó separándose de mí y sonándose la nariz con un pañuelo.
— No te preocupes, ya voy yo.
Subí las escaleras y abrí la pequeña puerta de seguridad encontrándome a un Alex lloroso sentado en el suelo. Me senté a su lado, atrayendo su atención.
— Ey muchachote, ¿cómo estas?.
— Dul … — sollozó entre pucheros tirándose a mis brazos.
— Shh, tranquilo cariño— lo besé antes de ponerme en pie con el en brazos.
— ¿Dulce?— Dani apareció entre las sombras en la puerta de su cuarto.
— Hola Dani … — me acerqué y lo besé también.
— ¿Dulce que ha pasado? ¿Qué le hicieron a mi hermana?— preguntó llorando.
— Aun no lo sé … pero lo averiguaré …
Me tardé un buen rato en tratar de consolarlos pero al final conseguí hacer que se durmieran. Salí de casa algo más de las once, llegando al hospital casi a medianoche. La información que me dio Andi sobre el estado de Anahi era mas bien escasa pero no por ello entrañaba menos gravedad.
Bajé del taxi y entré al hospital por la zona de urgencias. Me acerqué al mostrador con el objeto de preguntar y estaba por hacerlo cuando a lo lejos logré divisar a mi tío. Me acerqué a su lado.
— Tío …
— ¿Dulce?— se volvió extrañado a mirarme— ¡Dulce!— me engulló entre sus brazos apenas pudiendo contener las lagrimas.
— Tío, ¿qué ha pasado?.
— Oh Dulce, algún desgraciado a golpeado a mi niña … algún desgraciado ha intentado matarmelaaaa— gritaba en su llanto.
— Tío, como está ella …— pregunté separándome y mirando sus ojos hinchados y rojos.
— Está en la UCI … en coma …
La gravedad de la situación me golpeó más fuerte de lo que hubiera deseado. Abracé a mi tío, insegura de poder seguir enfrentándolo por más tiempo sin derrumbarme. Necesitaba ser fuerte, por ellos, y por mí.
Subimos por el ascensor y llegamos a planta. Anduvimos por unos pasillos más hasta llegar a una blanca e impoluta sala de espera. Mi tía estaba sentada en una silla, mirando el cristal de enfrente ausente, con un frío café entre sus manos.
— ¿Alguna novedad?— preguntó mi tío acercándose a su lado y quitándole el vaso de plástico de entre sus manos.
— No …— susurró apenas audible.
— Tía …— me acerqué y puse una mano sobre su hombro. Me miró.
— Dulce, ¿cómo …?
— Eso no importa ahora— me agaché y la abracé— Se va a poner bien, lo sé— dije mirándola a los ojos y sin saber realmente muy bien por qué había vocalizado eso.
— Sí …— susurró en un amago de sonrisa entre lágrimas.
Le devolví la sonrisa antes de levantarme y acercarme al frío cristal. Lo que vi me partió el alma en dos. Apreté los puños fuertemente haciendo que mis propias uñas se clavaran en mi piel.
“Voy a encontrar al desgraciado que te hizo esto … y más le vale rezar …”
El amanecer nos descubrió sentados en los fríos plásticos de esa sala. El estado de Anahi no había variado lo mas mínimo en toda la noche, seguía inconsciente. Me levanté de mi silla y me estiré intentando acoplar todos mis huesos. Me acerqué al grueso cristal y observé como una enfermera comprobaba los monitores y el suero antes de mirar hacia el cristal y sonreírme. Le devolví cortésmente la sonrisa sin realmente sentirla. Una mano se posó en mi hombro. Me di la vuelta, era mi tío.
— Cariño, voy a llevar a Diana a casa para que aliste a los niños, Andi se quedó la noche allí y tendrá que ir a clase …
— Ok, tío, no te preocupes, ve tranquilo, me quedo aquí … si surge alguna novedad te llamo.
— Gracias— miró a través del cristal— No tardaré.
Salieron de la sala dejándome sola. Miré de nuevo hacia el cristal donde la enfermera había acabado y salía. Entró a la sala, poniéndose a mi lado.
— El doctor pasará en unos minutos.
— Gracias …
— De nada, tranquila, se pondrá bien, es una chica fuerte— comentó mientras me tocaba el brazo en un claro gesto por consolarme.
— Sin duda …— la miré y le sonreí.
— No está permitido pero, por hoy haré una excepción, puedes pasar a verla unos minutos … al menos hasta que llegue el doctor.
— Gracias, eso me gustaría.
La seguí al otro lado y entré a la habitación. El silencio entorpecido por el sonido de las maquinas fue lo único que me dio la bienvenida. Me acerqué a la cama donde yacía la persona que más me importaba de este mundo.
— Hola— sujeté su mano— ¿Cómo estás princesa? ... ya, aparte de dormida— sonreí agriamente. Acaricié su cabello, reparando en el parche que había a un lado de su cabeza.— Quien quiera que te hizo esto … lo va a pagar caro, muy caro … me voy a encargar personalmente de ello, ¿me oyes?— Bajé mi mirada a su rostro, ligeramente hinchado por los golpes. Otro parche se sostenía bajo una de sus cejas. Acaricié esta vez su mejilla. Su rostro denotaba tranquilidad, sosiego. Me acerqué besando suavemente sus labios hinchados. Aun golpeada y demacrada, seguía pareciéndome un ángel. Una lágrima cayó sobre la sabana. Me sequé la cara, enfadada conmigo mismo por no ser capaz de controlar mis emociones. Tras unos instantes tratando de serenarme al fin hablé. – Sé que no he sido lo que se dice, la persona más sincera, pero … tenía que regresar, de cualquier manera … pensé que simplemente sería más fácil hacer como si nada hubiese pasado, pensé que era lo mejor, solo olvidarnos la una de la otra … pero no se puede … no es tan sencillo … yo … no solo destrocé lo que podía haber sido … también me encargué de arruinar nuestra amistad … te hice creer que era solo un juego, que no sentía nada … cuando lo cierto es que me muero por estar contigo, por sentirte cerca, por escuchar tu suave voz … aunque solo sea para gritarme como cuando te enfadas … Anahi, te quiero … por favor, despierta … no me dejes …
Para ese momento ya había perdido el poco control que tenía sobre mis emociones, apoyé, de rodillas, mis brazos en la cama y oculté mi cara entre ellos permitiendo que las lágrimas que emanaban de mis ojos fluyeran libremente, tal como habían deseado desde ayer.
Una temblorosa mano se posó sobre mi cabeza acariciando torpemente mi cabello. Levanté la vista y a través de las lágrimas me encontré con los ojos verdes más bellos que había visto en toda mi vida. Sonreí, solo para ser correspondida con otra sonrisa.
— Despertaste …— fue lo único que supe decir.
— Claro, ya tenía hambre … ¿dónde está mi desayuno?— cuestionó con voz pastosa.
Mi carcajada se ganó otra sonrisa, me acerqué y la abracé.
— Ouch, con cuidado …
— Lo siento— me separé asustada y temiendo haberla lastimado.
— Te lo creíste— me intentó sacar la lengua.
Solo moví mi cabeza en respuesta.
— Algunas cosas simplemente nunca cambian— comenté acercándome y besándola en la mejilla.
— Creía que esas cosas te gustaban— dijo mirándome en la cercanía.
— Me gustaban …y me siguen gustando …— me acerqué y le susurré al oído— Cada día más …
La tercera sonrisa de la mañana … el día prometía …
***
Tres días después y gracias a mi favorable evolución, el doctor decidió darme el alta.
— A ver, con cuidado niños, vuestra hermana tiene que descansar— intentó mi padre quitarme a mis hermanos de encima nada mas cruzar el umbral de la puerta de casa.
— ¡Any!— se abalanzó Andi sobre mí, peor que mis propios hermanos.
— Dijo con cuidado— elevó Dul una ceja a mi lado mientras la observaba.
— Ya, y también dijo “niños”— le respondió mi amiga.
— ¿No deberías estar en clases?.
— Ok ok, solo porque lo dijo ese señor tan sexi— se separó ignorando totalmente su cuestión.
— ¡Oye! ¡Que es mi padre!
— ¿Y? no deja de ser sexi solo por eso.
— Y porque no me has visto en mis años mozos— comenzó a mover el susodicho las cejas de manera sugerente.
— ¡Ya! ¡Suficiente! ¡Que alguien me saque de aquí ahora mismo!— grité.
Me ayudaron a subir las escaleras y a llegar hasta mi habitación donde me tumbé sobre mi cama.
— Oh, mi almohadita querida …
— Peor que los niños— comentó mi prima burlona.
— ¡He estado gravemente enferma! un respeto.
— Jaja, estaré abajo si necesitas algo princesa— me besó mi padre antes de salir.
— ¿Estás cómoda?— me cuestionó Dul a la par que me cubría con una fina manta.
— Uhm, si, gracias— le sonreí. Se sentó a mi lado.
— ¿Ha averiguado la policía ya algo?— preguntó mi amiga tomando asiento a mi otro lado.
— No, no han vuelto a comunicarse con nosotros desde que estuvieron en el hospital tomándome declaración.
— El asunto está complicado, esos tipos se aseguraron bien de actuar sin testigos a la vista— comentó Dul.
— ¿Y tu no recuerdas nada?
— No, de ese día solo recuerdo que salí de casa y poco más …
— Les habrás contado lo de las amenazas, ¿verdad?
— ¿Cuándo regresas?— intenté ignorar la pregunta cambiando de tema y volviendo la atención hacia mi prima.
— ¿Qué amenazas? – cuestionó elevando una de sus cejas y centrándose en Andi.
— Las que lleva recibiendo desde hace un par de meses, ¿no lo ha contado?.
— ¿Any?.
— No pensé que fuera relevante.
— ¿Qué no pensaste que fuera relevante? ¡Te recuerdo que han intentado matarte! Esto no es un juego Anahi. ¿Qué tipo de amenazas fueron?.
— Pss, llamadas de teléfono, algunas notas …
— Enséñame esas notas.
— Las tiré— mentí— Pensaba que no formaba parte nada mas que de una broma pesada.
— ¡Alucino contigo!— se levantó mi amiga de su sitio y comenzó a dar vueltas por la habitación. Su móvil eligió ese momento para sonar— ¿Sí? ... ok, ahora mismo voy— colgó— Debo irme— se acercó y me besó— Esto no se queda así, luego te llamo, hasta luego Dulce.
— Hasta luego … ¿De qué tienes miedo Anahi?— me enfrentó nada mas salir mi amiga.
— ¿Cómo?.
— Sé perfectamente que tratas de encubrir a esos matones.
— Yo no …
— Entonces muéstrame esas cartas— solicitó no dejándome acabar.
— Ya dije que las tiré— insistí.
— Muy bien— se levantó y caminó hacia el escritorio, cogió la papelera y la volcó desparramando todos los papeles en el suelo— Pues las buscaré.
— No me creerás tan *beep* como para tirarlas ahí y ni vaciarla.
— No me ayudas demasiado a que piense lo contrario.
Suspiré antes de responderle.
— En el último cajón del escritorio, debajo de esa vieja libreta.
Abrió el cajón encontrando las notas al instante. Se sentó en la silla, observándolas detenidamente. Noté como su ceño se fruncía antes de mirarme y hablar.
— En las llamadas, ¿reconociste la voz?.
— Nunca me hablaron, siempre era un contestador.
— ¿Te has dado cuenta de que las notas están todas impresas por la misma máquina?— levantó los papeles agitándolos al aire.
— Sí, me di cuenta. En todas la p y la y aparecen recortadas por abajo, y si apareciera una q, una g o una j también aparecerían igual— reconocí dándome cuenta que de nada servía ya mentirle.
— La impresora del despacho del director.
Se acercó, sentándose a mi lado y sujetando mis manos entre las suyas.
— Dame una buena razón lo suficientemente poderosa como para que no vaya ahora mismo y la bufe a palos.
— Dulce no …— suspiré decidiendo contarle la verdad— Descubrí que era ella la que me enviaba los anónimos. Sabía que solo lo hacia para asustarme pero se lo eché en cara en uno de nuestros enfrentamientos. Acordamos de que yo no le diría nada a nadie y ella a cambio me dejaría en paz … y me dejó en paz, hasta que creyó que me había chivado. El jueves pasado el director me llamó a su despacho para comentarme sobre las jornadas libres que estamos preparando. Ella confundió el motivo de la visita, creyó que la había delatado.
— ¿Y ese es motivo suficiente para pegarte una paliza a muerte?.
Me encogí de hombros sabiendo que difícilmente podría hacerla cambiar de parecer.
— No creo que quisiera hacerme daño … solo asustarme.
— Por dios Anahi, ¿te has mirado al espejo? ¿Has asimilado el hecho de que has estado inconsciente por más de veinte horas? Eso no es querer asustar a alguien, es querer quitarlo de en medio— se levantó notablemente enfadada.
— Todo fue producto de la desgracia … un accidente. No voy a denunciarla, y confío en que respetes mi decisión.
Pude ver el odio en sus gélidos ojos azules antes de que saliera de la habitación. La oí bajar las escaleras seguido por el ruido de la puerta de la calle al abrirse y cerrarse.
“Dulce por favor, no hagas ninguna estupidez …”.
Cerré los ojos y comencé a rezar a quien quiera que estuviera allá arriba.
***
“No me puedo creer que sea tan inocente … ¿Acaso el golpe le afectó? Oh, si. No la denunciaré, pero a esa Iris no le van a quedar ganas de acercársele nunca mas”.
Me encontraba a la salida del instituto, esperando a mi victima. No tardé mucho en localizarla tras el sonido de la campana, como no, rodeada por sus secuaces.
— Hola Iris— la saludé apenas pasó por mi lado. Se quedó parada y muda en el sitio— Cuanto tiempo.
— Hola Dulce— me encaró al fin— Chicos, luego os veo— se despidió de sus amigotes.
— Ciertas cosas difícilmente cambian— comenté mientras los veía alejarse.
— Debo suponer que tu visita no es precisamente cordial.
— Supones bien.
— ¿Cómo está tu prima?.
— Bastante mejor de cómo la dejaste— la miré con ira haciendo que se revolviera asustada.
— ¿Ella te lo dijo?.
— No fue necesario. Te encargaste de marcar el camino perfectamente, todo era cuestión de seguirlo.
— Me dijo que se había desecho de ellas— dijo entre dientes.
— Deberías de dejar de subestimar a las personas y no pensar que son tan estúpidas como tu, en cualquier momento podrían sorprenderte.
Me acerqué un paso hacia ella, el mismo que retrocedió asustada.
—Que me denuncie si quiere, no me importa— espetó con ira sabiendo que el asunto se la había escapado completamente de las manos.
— ¿No te importa? Te recuerdo que no solo has amenazado a una menor, la has golpeado hasta el punto de casi matarla. ¿Cuánto podría caerte por eso?— traté de asustarla, consiguiéndolo para mi regocijo.
— Yo no quise hacerle daño … ¡fue un accidente!— gritó haciendo que varios de los transeúntes que pasaban en ese momento se detuvieran a contemplar la escena.
— Eso suelen decir los asesinos después del crimen.
— ¡No sigas! ¡No soy una asesina! ¡Solo fue un accidente! Yo no hice que tropezara y se golpeara contra el bordillo.
— Tal vez … Pero si no la hubiera amenazado no la hubieras golpeado, y si no la hubieras golpeado no hubiera tropezado.
— ¡Fue un accidente!— volvió a gritar fuera de sí sujetándose la cabeza con ambas manos.
— Eso mismo cree ella, por eso no va a denunciarte— paró sus movimientos y me miró con ojos asustados— Tuviste suerte después de todo, y si quieres seguir teniéndola te daré un consejo, evita molestarla porque para la próxima se pone feo, muy muy feo— me acerqué y le di dos palmadas en la cara haciéndola salir de su estupor. Me giré y me alejé dejándola inmóvil en el sitio.
Llevaba caminando un par de manzanas cuando mi móvil comenzó a vibrar. Lo saqué del bolsillo de mi chaqueta y contesté.
— ¿Sí?.
— ¡Dulce!.
— ¿Anahi? ¿Qué sucede?.
— Nada, solo … quería saber que hacías.
Una sonrisa vino a mis labios al percibir su tono preocupado.
— Daba un paseo, ¿por qué? ¿Necesitas algo?.
— No, yo solo … nada, olvídalo. Ten cuidado, ahora nos vemos.
— No te preocupes, hasta ahora.
Me detuve para guardar el teléfono, observando que enfrente había una pastelería. Entré para instantes después salir con un paquete entre mis manos.
Llegué a casa y me sumergí en la cocina.
— ¿Qué es eso? ¿Qué me compraste?— se me abalanzó Dani nada mas verme.
— Pues…— traté de hacerme la interesante.
— ¡Dimee!— gritó desesperado.
— Que impaciente …— intentó hacerme cosquillas con el objetivo de quitarme la caja, el pequeño Alex alertado por mis risas acudió en ayuda de su hermano— Ya ya, ¡¡apartad!— se apartaron entre risas y satisfechos.— Pequeños demonios …
Abrí la caja y les entregué un pequeño chocolate. Ambos se quedaron pasmados, incrédulos de que solo fuera a darle eso. Los miré con una ceja alzada.
— ¿Qué? Eso os pasa por tomaros esas libertades conmigo— les saqué la lengua antes de comenzar a correr alrededor de la mesa, caja en mano, con ellos detrás.
— Ey ey ey, ¿qué pasa aquí?— apareció mi tío en la cocina.
— ¡Tamo jugando!— exclamó el pequeño dando saltos tratando de alcanzar la caja que aun sostenía entre mis manos.
— Ya veo … ¿yo también puedo?— cuestionó con ojillos brillantes mientras veía como se acercaba a nuestro lado sin apartar la mirada de mi caja.
— ¡Oye! ¿Pero qué es esto? ¿Es que no os dan de comer desde la navidad pasada o qué?.
Los tres rieron de nuevo. Moví mi cabeza incrédula y me acerqué a la encimera abriendo de nuevo el paquete y sacando una porción de tarta de limón y una tartaleta de fresa.
— ¡Hala! mataos vivos— dije sacando un plato y alejándome de ellos. No tardaron en abalanzarse.
Subí las escaleras riendo mientras los escuchaba pelear en la cocina. Toqué suavemente a la puerta cerrada antes de abrirla y sumergir mi cabeza en la abertura.
— ¿Se puede?— cuestioné suavemente y con una sonrisa en mis labios.
— ¿Tiene visita concertada?— preguntó risueña la paciente desde la cama.
— Uhm, no, creo que no, pero le traigo unos presentes.
— Oh, adelante entonces.
Entré a la habitación cerrando la puerta tras de mi y me acerqué a su lado tendiéndole el plato.
— Tú si que me entiendes— me miró con ojos brillantes antes de llevar el pastel a su boca. Movió la cabeza en un claro gesto de satisfacción.— Uhm, riquísimo…muchas gracias.
— De nada— sonreí satisfecha viendo como devoraba el contenido del plato.
— ¿Quieres?— preguntó con la boca llena...
— No gracias …
— Como quieras …tu te lo pierdes…— siguió comiendo, agotando el contenido y lamiendo el plato después.
— Jaja, trae anda, que ya le sacaste suficiente brillo— se lo aparté de las manos levantándome y dejándolo sobre el escritorio.
— ¡Oye! ¡Aun le quedaba un poco!
— Si tú lo dices— elevé mi ceja a la vez que volvía a su lado. Agarró mi mano.
— Gracias, fue un bonito detalle por tu parte, no pensé que te acordaras de lo que me gustaba— bajó la mirada. Le sujeté la barbilla e hice que me mirara.
— ¿Y por qué no iba a acordarme?
— Porque tu misma me pediste que te olvidara.
— ¿Y lo hiciste?— la cuestioné suavemente.
— No, no pude. Ni aunque quisiera podría…y te puedo asegurar que lo he intentado…todo este tiempo he tratado de odiarte pero ni eso he podido siquiera.
— Yo tampoco he podido olvidarte en todo este tiempo.
— ¿Por qué me dejaste?— cuestionó mirándome fijamente— ¿Por qué me hiciste creer que no sentías nada por mí?
— Tu me…
— Sí, te escuche en el hospital… ¿por qué lo hiciste? ¿Por miedo?— su tono no era de reproche. Sonaba dolido.
— No, yo…solo tenia que volver, pensé que de esa manera era lo mejor para ambas, reconozco que me equivoqué.
— Dulce, lo que sucedió ese día en el despacho de papá…fue lo que te hizo cambiar de opinión, ¿verdad?
— Si— respondí tras unos breves instantes de dilema mental.
Esperé la siguiente pregunta, no demasiado segura de que iba a responderle. No quería mentirle, pero también había prometido a mi tío no contarle la verdad. La indecisión debió de mostrarse en mi rostro. Acarició la mano que sostenía entre las suyas antes de hablar.
— Tranquila, no sé lo que sucedió ese día allí…pero debió de ser lo suficientemente importante como para hacerte cambiar de parecer. No quiero que te sientas obligada a contarme, si hiciste lo que hiciste fue por que creíste que eso era lo mejor en ese momento, solo quiero saber lo que piensas ahora, ¿sigues pensando que así es como debe de ser? ¿Como debemos de quedar?
— No sé si así deba o no deba ser…solo sé lo que siento en este momento.
— ¿Y qué sientes?
— Algo que nunca antes había sentido por nadie, algo que me hace sentir la persona más feliz y más desgraciada a la vez.
— ¿Yo te hago sentir eso? ¿Te causo dolor?— cuestionó suavemente sin dejar que nuestros ojos se separaran.
— No, tu me haces sentirme la persona mas dichosa…la desgracia viene después, cuando descubro que en realidad no estás, que no tengo nada y solo es una ilusión…un recuerdo…eso es lo que causa dolor…— confesé tragando pesadamente y evitando las lágrimas.
— Quiero ser algo más que un recuerdo en tu vida, que una ilusión.
— Y yo deseo que lo seas, pero siendo realistas… ¿qué futuro hay? tú estas aquí, y yo allí…

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:53 pm

— Es temporal, me quedan solo unos meses para terminar el instituto, podría convencer a papá para irme a estudiar allí.
— Any, no es tan sencillo tú…
— Las cosas son complicadas si tú misma las complicas, tú me enseñaste eso. Déjame intentarlo, por favor…
— No voy a permitir que dejes todo por mí— me levanté y fui hacia la ventana.
El frío viento hacia que las hojas volaran de un lado a otro de la calle. Fijé mi atención en un chiquillo que corría detrás de su madre, prácticamente siendo arrastrado de su mano por esta. Unas manos en mi cintura y un cálido cuerpo pegado a mi espalda me devolvieron a la realidad de ese cuarto.
— No se trata solo de ti…— me volví en el abrazo mirándola a los ojos— Quiero estar contigo.
— ¿Estás segura? ¿A pesar de todas las dificultades?
— A pesar de todas las dificultades, nunca he estado más segura en toda mi vida.
Sonreí elevando mi mano y acariciando su delicado rostro. Se rindió a mi caricia entornando suavemente sus ojos. Acorté el poco espacio que separaba nuestros labios y la besé suavemente. Se separó un poco antes de volver a hablar.
— ¿Eso es un sí?— cuestionó con una sonrisa.
— Uhm…tal vez…
La sonada respuesta se ganó un golpe en mi brazo. Sonreí antes de volver a acercarme a su rostro y besarla de nuevo.
***
Un suave toque en la puerta me sacó del recuerdo de lo que había sucedido instantes antes en esa misma habitación. Me aclaré la garganta antes de responder.
— Adelante.
— ¿Cariño? Tienes visita— comentó mi madre entrando y haciéndose a un lado.
Mi visita era cuanto menos, inesperada. Me levanté de la cama ligeramente asustada.
— Hola— saludó tímida desde la puerta.
— Hola.
— Bueno, os dejo a solas, si necesitáis algo me avisáis— salió mi madre de la habitación, pobre de ella, sonriente y desconocedora que acababa de llevar a mi cuarto a la causante de que estuviera postrada sobre esa cama.
Me quedé callada e inmóvil, esperando una respuesta por su parte.
— Supongo que te estarás preguntando que ando haciendo aquí…yo solo quería ver como estás.
— Amoratada y golpeada, ¿satisfecha con tu trabajo?— le contesté duramente. Bajó la mirada ante mi respuesta.
— Lo siento, no fue mi intención que acabaras así…solo quería asustarte…supongo que perdí el control…
— No me digas, casi no se nota— ironicé.
— Por favor, perdóname, sé que estuvo mal lo que hice— comenzó a acercarse.
— Iris, ya…si lo que pretendes es que no te denuncie tranquila, que no lo haré.
— Puedes hacerlo si quieres, bien sé que me lo merezco.
— El castigo ya lo tienes contigo misma y tu conciencia…no necesitas más.
— Yo…
No pudo acabar, la puerta se abrió haciendo aparecer a Dulce.
— ¿A que no sabes que…?— sus palabras también se vieron cortadas al percatarse de la presencia de Iris— ¿Qué haces aquí? Creí que te había dejado bien claro lo que había, ¿qué pasa? ¿Eres corta de entendederas o qué?— se acercó amenazante a la rubia.
— Dulce tranquila, ella ya se iba, ¿verdad Iris?
— Sí…ya me iba…lo siento mucho…todo…—salió del cuarto.
Miré a Dulce, mantenía sus puños cerrados a ambos lados de su cuerpo. Su cara lo decía todo. Me miró enfurecida.
— ¿Cómo has dejado que entre?
— Dulce, solo quería disculparse…
— Oh si, fenomenal, ahora se disculpa y se arregla todo, ¿y cuándo quedamos para la próxima paliza?— comenzó a dar vueltas por la habitación.
Me levanté de la cama y la paré.
— Ey vamos, hasta ella tiene sentimientos después de todo.
— Le dije que no se acercara— elevó un dedo iracunda— ¿Acaso ya no doy miedo?
Me senté sobre la cama, divertida por los rumbos que comenzaba a tomar esto.
— ¿Y tú de qué demonios te ríes? no tiene ninguna gracia.
— Eso es porque no te estas mirando ahora mismo, ¿qué te molesta exactamente? ¿Que haya venido a verme o que te haya “desobedecido”?— me encargué de remarcar bien la ultima palabra.
— Una cosa lleva a la otra.
— Si claro…Vamos Dul, ya déjalo estar…solo quería disculparse.
— Supongo— se sentó a mi lado abatida — Es solo que no puedo evitar preocuparme.
— Lo sé— sujeté una de sus manos entre las mías antes de acercarme y besarla en la mejilla.— ¿Sabes? Después de todo Iris me hizo un favor…te trajo de vuelta.
Me miró, claramente alucinada, levantándose de la cama.
— ¡¿Y ahora resulta que encima hay que agradecerle que te haya pisoteado?! Tú estas mal, ¡muy mal! Ahora mismo llamo a tu padre para que te lleven a revisar esa cabeza de chorlito de nuevo.
Comenzó a dirigirse hacia la puerta, me levanté entre risas y la abracé.
— Eres una loca…
— Quien fue a hablar— me sonrió. Elevé mi mano y acaricié su rostro.
— Te quiero— le susurré prácticamente sin pensarlo. Vi que su sonrisa se magnificaba antes de acercarse a mis labios.
— Y yo a ti, te quiero…

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:53 pm

DÉCIMA PARTE
Mis obligaciones me obligaron a regresar a Londres unos días después.
— ¿Y cuándo me la presentarás?.
Levanté la mirada de mi cuaderno por octava vez en menos de cinco minutos y miré a mi amigo entornando mis ojos.
— Vuélvemelo a preguntar y nunca, ¿me oyes?
— Uys, eso sonó amenazante …— comenzó a tirarme trocitos de goma a la cara.
— Tú sigue …que hoy no vuelves entero a la cena.
— ¿Pero no me ibas a invitar? Joder que estirada estás desde que tienes novia.
— Ya …— cerré el cuaderno y lo encaré al otro lado de la mesa— ¿Satisfecho?
— No, ¿qué se siente al besar a una chica?— cuestionó adoptando una pose de lo más mariposona.
Enarqué mi ceja, observándolo incrédula, estaba claro que este chico nunca dejaría de sorprenderme.
— ¿Qué sentiste cuando me besaste?.
— Cosquillitas … jeje, tu me entiendes …—empezó a gesticular con su cara.
— No, no te entiendo— le respondí seria.
— ¡Vamos! ¿Qué sentiste tú?.
— Babas, muchas babas … Por tu bien y el de tu futura, espero que hayas aprendido a besar mejor.
— Teníamos diez años, ¿qué quieres? Demasiado que te besé …
— Oh si, y ahora resulta que me hiciste el gran favor de mi vida.
— ¡Claro que sí! Fui quien abrió el camino, ¡pero si nadie se te acercaba a menos de tres metros!
— Y ni falta que hacía.
— Claro, teniéndome a mi cerca …
— Cierto, contigo me bastaba y me sobraba— rodé mis ojos recordando a un mini Robert escondiéndose despavorido detrás de mi para evitar que los matones del colegio le robaran el desayuno.
— ¿Entonces cuándo me la presentaras?.
— Mira niño … —elevé el dedo amenazante— a la …
El teléfono cortó todo argumento. Me acerqué y lo cogí.
— ¿Si?.
— ¿Cómo esta la estudiante de derecho mas guapa de todo Londres?.
— ¿Sólo de Londres?— pregunté a la vez que una sonrisa se instalaba automáticamente en mi rostro. Sonrisa que atrajo a mi amigo como un imán a mi lado.
— ¿Es ella? Déjame, pásamela, pásamela— comenzó a susurrar entre saltos intentando robarme el auricular. Lo empujé y me volví de espaldas.
— Decir de toda Europa sería muy presuntuoso por tu parte.
— Jaja, ¿cómo estas cariño?.
— Extrañándote horriblemente, pero bien, supongo que bien. ¿Y tú? ¿Cómo vas con los exámenes?.
— Fatal, empiezo a pensar que me equivoqué de carrera.
— Vamos no será para tanto, ya verás como salen bien, solo no te presiones.
— ¡Lo que pasa es que no deja de pensar en tiiii!— grito Robert acercándose y ganándose otro buen empujón.
— ¿Estás con alguien? ¿Molesto?— la oí cuestionar dudosa.
— ¡Noo! Es solo Robert, estábamos estudiando …
— Oh, ok, entonces te dejo, no quiero que te distraigas.
— ¡Noo! Quiero decir, no me distraes.
— No es lo que he oído …
Giré mi cara y le dediqué una mirada asesina, asustado levantó los brazos y se separó sentándose sobre el sofá. Moví mi cabeza en un claro gesto de que se largara de la sala. Se levantó y salió.
— Lo siento…ya se fue…no le hagas caso…
— Jaja, ¿lo echaste? Dios, ahora me cogerá pelusilla…
— Eso le pasa por cotilla, te digo que Andi a su lado no es nada.
— Pues ya es decir entonces… ¿y cuando me lo presentaras?.
“¿Qué pasa? ¿La pregunta del día o qué?”.
— ¿Quieres conocerle?.
— Me muero por conocer al personaje.
— ¿Debo ponerme celosa?.
— No mucho más de lo que ya estoy yo por saber que él te tiene al lado mientras otra tiene que conformarse con tu voz.
— Solo tres semanas.
— Y dice solo…tu lo que no quieres es verme. Claro, como tienes a Robert es fácil…
— Oye que tú también tienes a Andi.
— ¿Y?.
— Pues eso, ¿y? .
— Que te quiero.
— Ah y yo no…
Un grito pareció oírse en la otra línea.
— Mamá dice que te alimentes, te abrigues bien y saludes a la señora Norman de su parte.
— Que no se preocupe.
— ¿Ya te he dicho que te quiero?
— Uhm, puede… ¿por qué?.
— Porque te quiero, un beso, nos vemos.
— Te quiero, nos vemos.
Colgué el auricular y me giré percatándome de la presencia de mi amigo bajo el marco de la puerta.
— ¿Y tú que haces ahí?.
— ¿Comiendo?— respondió con la cuchara en su boca y la tarrina de helado entre sus manos.
— Ya veo, muy bonito…tira pa la cocina y deja eso, que luego tu madre me regaña porque no cenas.
***
— ¿Luego saldréis a tomar algo?.
— Uhm, no sé, la verdad es que no tengo ni idea…— le respondí a mi amiga mientras seguí enfrascada en la colocación de los adornos del árbol de Navidad.
— ¡El ositoo! ¡El osiiitooo!— exclamaba saltando a mi lado mi hermano mientras me tendía la preciada figura.
— El osito, ¿dónde lo ponemos Alex?— lo cuestioné observando que poco espacio quedaba ya entre las ramas para otro cacharro más.
— ¡Ahiii!!— alzó los brazos intentando llegar sin éxito a la cúspide del gran árbol.
— ¿Al lado de la estrellita?
— ¡Siii!!— saltó emocionado.
— Ok— lo alcé en mis brazos y le permití poner el adorno.
— ¡Ya!— gritó haciendo palmas.
— Dios, ¡¡eres un fenómeno Alex!!¡¡Te quedo divino de la muerte, oseaaa!!— lo aplaudía a su vez mi amiga.
— Jijiji.
Lo coloqué en el suelo dirigiéndome de nuevo a Andi.
— ¿Algún plan para luego?
— Lo de siempre supongo, ya sabes cena familiar y fiestorro en casa. Si no tenéis nada mejor que hacer, que lo dudo— me guiñó un ojo pícaramente— Os podríais pasar.
— Pues mira, no es mala idea, a ver que dice Dulce, porque dudo que quiera quedarse en casa.
— La verdad es que eso de pasar la cena de Navidad con los socios de tu padre— hizo una mueca.
— Ya sabes lo completo que es…
— ¡Sí! Ya veras que sorpresa cuando te vea— apareció el susodicho tras la puerta de la entrada.— ¡Vaya! ¡Pero si tenemos visita! ¡Hola Andi!
— Hola Miguel.
— ¡Papá!— se tiró Alex a sus brazos desde el sofá.
— ¡¡Woooaa!!¡¡Pero si está aquí mi hombrecitoo!! Pasa David, no te quedes en la puerta— le comentó al chico que se encontraba a su lado instantes antes de entrar a la habitación.
— Hola— nos saludó cortésmente aun cerca de la puerta. Le devolvimos el saludo.
—Os acordáis de David, ¿verdad?
“Como olvidar al primer chavalín con el que me morreé…”
— Si… ¿Qué hay? ¿Cómo estas?— me acerqué a él y lo besé cordialmente.
— Pues nada, aquí a traer unos bultos para la cena para luego no venir tan cargados, si me permitís voy sacarlos del coche.
— ¿Necesitas ayuda?— le cuestionó mi padre.
— Nah, puedo solo…ahora regreso— dijo dedicándome una sonrisa antes de volverse y salir.
— Que chico mas simpático, ¿verdad?— comentó papá dirigiéndose hacia la cocina con mi hermano aun en sus brazos.
— ¿Y Dul?— pregunté extrañada, pues supuestamente debería de haberla recogido ya.
— Llamó a la oficina diciendo que su vuelo se retrasaba por un par de horas, iré en un rato, ¿te apuntas?
— Me gustaría— le sonreí bobamente mientras lo veía perderse tras la puerta.
— Tierra llamando a Anahi, tierra llamando a Anahi, Houston tenemos un problema.
— ¿Eh?— volví la atención hacia mi amiga.
— ¿Acaso aun no te has coscado de la situación?— enarqué mi ceja al más puro estilo Dul— El tipo de ahí fuera…jeje, hola— lo saludó sonriendo falsamente cuando el susodicho cruzó la sala directo a la cocina—…va a cenar con vosotros esta noche— susurró entre dientes.
— Sí, ¿y?
— ¿Cómo que y? ¿Tengo que hacerte un croquis? ¡Tu ex y tu novia van a estar en la misma mesa!
— No es mi ex…— traté de restarle importancia al asunto.
— No trates de llamarme mentirosa…que yo misma vi como os intercambiabais los chupetes en la guardería…además, ¿no te has fijado como te mira? ¡Pero si te desnuda con la mirada!
— Jaja, Andi, por favor, no me seas dramática…el no me mira así, y respecto a lo de los chupetes… ¡éramos niños!
— Que conste que te avisé…saluda a Dulce de mi parte— se acercó besándome en la mejilla— Y si queréis pasaros luego ni lo dudéis.
— Sí, gracias.
— Por nada…mantén los cuchillos bien lejos de esos dos en toda la noche.
— Jaja, y luego la paranoica soy yo…hasta luego.
— Hasta luego.
Cerré la puerta y me giré encontrándome con David de nuevo.
— Lo siento, tenías que…— me aparté dejándole sitio para pasar.
— No, ya he…sacado todo…solo eran un par de ollas. ¿Ya se fue Andrea?
— Sí, tenía prisa, me pidió que te despidiera de su parte—mentí.
— Gracias, raro…de sobra es sabido que le caigo peor que una patada en el ****.
— Nah, no creo. ¿Y que tal en Italia?— intenté cambiar de tema.
— Bastante bien, estoy compartiendo piso con un par de chicos más.
— ¿También estudiantes de periodismo?
— Si… ¿y que hay de ti? no has cambiado tanto desde la ultima vez que te ví …
— Jaja, ¿tu crees?
— Claro que sí, de pequeña eras la niña más bonita de todo el colegio y ahora de mayor… ¡wooaa!
“Oh oh, Any terreno peligroso…a ver donde pisas”
— Esta claro que necesitas revisarte la vista con urgencia. ¿Sabes? que estudiaras periodismo no me sorprende, era algo que desde pequeño te apasionaba pero, ¿estudiarlo en Italia?
— Ya sabes que siempre me gustó todo de allí— me miró con descaro.
“¿Este chico siempre ha sido tan directo? Definitivamente tanta pasta y pizza le afectaron…”
— ¿Y tú? ¿Me seguirás?— continuó.
— Jaja, ¿a Italia? No creo…
— Bueno, realmente me refería a si estudiarías periodismo, también te encantaba.
— Y lo sigue haciendo…
— ¿Eso es un sí?
— Tal vez…pero nunca en Italia.
— Nunca digas nunca— me sonrió— Además, tú lo tendrías fácil allá. Tienes familia y hablas mucho mejor que yo el italiano, que ya es decir.
— Jaja, pues estaría bien…si fui yo quien te enseñó. Pero nah, paso…prefiero España.
— Uys, ¿y de que hablan los tortolitos?— apareció mi padre.
— Nada, aquí rememorando viejos recuerdos— comentó David sin dejar de mirarme.
— ¿Vas a ir ya a por Dul?— le pregunté obviando el comentario.
— Si, ¿venís?
“No, por favor, di no…”
— Papá seguro David tiene muchas cosas que hacer…
— Nah, para nada, ¿quien es Dul?
— Mi sobrina, vamos a recogerla al aeropuerto. Vive y estudia en Londres pero pasará las Navidades con nosotros— dijo mi padre saliendo de casa.
El camino hacia el aeropuerto transcurrió con el monólogo eterno de papá hablando de negocios con David. Aparcamos el coche y nos dirigimos hacia la terminal desde donde desembarcaría. Íbamos caminando cuando noté que alguien me agarraba desde atrás por la cintura.
— ¡Buu!.
Me giré claramente asustada. Era Dulce. Me miró sonriente antes de envolverme entre sus brazos.
— Princesa, no te pares o llegare… ¡Dulce! ¿Cómo…?— cuestionó extrañado papá mientras reparaba en su presencia.
— El vuelo solo se retrasó una hora, iba de camino a coger un taxi cuando os ví— se separó de mi y se abrazó a él.
— Cariño, hubieras llamado... Sabes que no había ningún problema.
— Ya, pero quería daros una sorpresa.
— Una sorpresa me diste a mí, que por poco me da un infarto del susto— la golpeé en el brazo en broma.
— Ouch, ¿así es como me recibes? yo también te quiero.
Le saqué la lengua en respuesta. Sonrió antes de dirigir su mirada hacia el chico que había a nuestro lado.
— Dulce, él es David, el hijo de mi socio Carlos. David, Dulce, mi sobrina.
Se saludaron cordialmente antes de poner rumbo hacia el coche. El viaje de regreso esta vez transcurrió en un interrogatorio hacia Dul, tanto por parte de papá como de David quien para mi sorpresa y “desgracia” había elegido pasar el camino esta vez en el asiento trasero con nosotras. Sus miradas y sus sonrisas hacia mi no parecieron pasar desapercibidas para la persona sentada a mi otro lado.
— ¿Y conoces a ese David desde hace mucho?— cuestionó Dulce mientras ya en nuestra habitación colocaba su ropa en el armario.
— Desde niños, ¿te ayudo?— me levanté colocándome a su lado.
— No, no hace falta…— siguió entregada a su labor.
— ¿Estas molesta conmigo?— dejó todo su quehacer y me miró.
— No, ¿por qué?
— Porque aun no me has besado— me acerqué mas, rodeando su cintura con mis brazos.
— Ah, por eso…— torció la boca pensativa— Pues déjame decirte que tu tampoco lo has intentado, ¿no te hace eso pensar que tal vez lo esté esperando?
Le sonreí antes de comenzar a acercarme a su rostro, nuestros labios comenzaron a rozarse apenas cuando la puerta fue abierta de pronto. Nos separamos rápidamente.
— ¡¡Duuul!!— gritó Alex entrando y enganchándose como siempre de la pierna de esta.
— ¡¡Aleeex!!¡Cuánto tiempo renacuajo! A ver, déjame verte... —consiguió que se separara— ¡¡Iooss!!¡¡Cómo has crecido!!
— Jiji, ¡¡toy grande!!
— ¡¡Siii!!— se puso de rodillas a su lado— Dentro de poco me ganaras.
— Jiji, ¡¡sii! ¡Miraa! ¡Quería verteee!— señaló hacia la puerta desde donde Rosita intentaba huir.
— Ohh, vaya… ¡Rositaa! ¿Seguro que quería verme? Más bien creo que quiere irse.
— ¡¡Noo!!¡Rositaaa!— se levantó y la cogió. Rosita asustada se escondió en su caparazón.— ¿Rosita?— la sacudió— ¡Desperta!
— Jaja, Alex déjala, esta cansada…
— Si, tié sueño, voy a acostarla— salió corriendo de la habitación dejándonos de nuevo a solas.
Se levantó y cerró de nuevo la puerta. Comenzó a acercarse sugerente hacia mí.
— ¿Por dónde íbamos?
— Uhm…— sus labios en mi cuello no me dejaban pensar con claridad.
De nuevo la puerta se abrió de repente.
— ¡Dulce!— exclamó ahora mi otro hermano entrando sin ningún tapujo a mi habitación y acercándose a nosotras.— ¿Qué hacéis?— cuestionó extrañado dada nuestra rara posición.
— Eh, nada, mirándole a tu hermana algo que tenia en el cuello.
— Será un chupetón de su novio.
— Seguramente— me miró risueña admirando todas las tonalidades de rojo en mi cara.
— ¡Sal de aquí sapo!

— Dulce que bueno que vinieras— pasó olímpicamente de mí y la abrazó— Ya veras, conseguí un nuevo juego de luchas.
— ¿El que te conté?
— ¡Sí! Me costó encontrarlo pero…buff, está de vicio… ¿jugaremos? si si, por fa…
— Claro…espero que hayas practicado porque esta vez no pienso dejarme.
— Te vas a *****…me voy a practicar— e igual que entró, salió.
— Niños— rodé mis ojos.
— Así que novio, ¿eh?.
— No te irás a…
— ¿Me puedes besar de una puñetera vez?— se acercó no dejándome ni acabar. Y estaba por hacerlo cuando de nuevo la puerta se abrió sorprendiéndonos ahora abrazadas.
— ¡Dulce! ¿Tienes ropa sucia?.
— No…toda limpia tía — se separó de mí algo cortada.
— Lo suponía. Si tenéis frío dadle a la calefacción, aunque por mí podéis seguir abrazadas. Ahorro pa el rancho— cerró la puerta dejándonos a solas de nuevo. Comenzamos a reír por lo cómico de la situación.
— ¿Toda tu familia se puso de acuerdo o qué?.
— Por si acaso mantén las distancias…que aun queda papá.
— Y el David ese…
— El no creo que suba.
Toc toc.
— Al menos alguien educado… ¡adelante!— grité a quien fuera que estuviera al otro lado del pasillo.
— Hola, ¿se puede?— cuestionó dudoso David entreabriendo la puerta.
— Hola, sí, claro.
— Bueno, me estaba preguntando si querríais venir a dar una vuelta antes de la cena.
— Uhm…— miré a Dulce esperando una respuesta por su parte.
— Conmigo no contéis, aun me queda equipaje por sacar, la ducha…uff…
— ¿Y tú Anahi?.
— Bueno, eh…otro día tal vez…aun me queda ducharme también, además tenia que arreglarte el pelo, ¿verdad Dul?— busqué que me siguiera el juego.
— Oh si…pero no te preocupes, ve si quieres, ya me las apañaré— sonrió pasando completamente y como si aquello fuera lo más normal del mundo.
— Anda, ven…
— No, mejor otro día… ¿sí? De verdad tengo aun cosas que hacer.
— Ok, como quieras, luego os veo entonces…hasta luego.
— Lo siento, hasta luego— dije a la vez que lo veía desaparecer tras la puerta cerrada.
— Eres mala, mira que darle calabazas al pobre chico— comentó Dul comenzando a ordenar de nuevo su ropa.
— Habló la santa…parece que quisieras que me metiera en su cama.
Enarcó su ceja y me miró.
— Creía que no tenía de que preocuparme, que solo era tu amigo de la infancia.
— Pues sí…
— ¿Entonces? ¿Pretendes que te cele? ya sabes que eso no es que vaya precisamente conmigo…
— Ya, pero al menos podrías fingir un poco.
— ¿Mas de lo que ya de por si hago? Por favor, no me vengas con niñerías ahora…— se dio la vuelta y siguió con su labor.
— ¿Niñerías? ¿Te parecen niñerías? Dime, ¿de verdad te importo?
— Por supuesto que me importas, ya deberías saberlo, ¿o que aun no te diste cuenta?— me encaró de nuevo.
— No lo parece cuando te comportas así…como hace un rato…— salí de la habitación con lágrimas en los ojos y me encerré en el baño.
***
“Vale Dulce, tu sigue centrada en tu plato e ignora las risas de tu novia con ese payaso…no vas a mirar, no vas a enarcar tu ceja y por supuesto no vas a abrir tu bocota para interrumpirles. Eso, tu solo come y calla. Los celos no te consumen…solo es, la sensación de sentirte ignorada por la persona que quieres mientras un elemento trata de camelársela a base de bromitas y chistecitos…”
— …si, y va y dice, el pavoo, ¡el pavooo!
— Jaja, menudo pánfilo. Espero me lo presentes algún día, se ve un tipo…interesante.
— Jaja, sin duda…si hubieras visto la primera vez que salimos de copas…
“Suficiente…”
Me levanté de mi silla y puse rumbo hacia la cocina. Me apoyé con las manos en la encimera a la vez que cerraba los ojos y trataba de calmarme. Unas manos no tardaron mucho en posarse en mi cintura. El olor de su perfume la delató.
— ¿Qué quieres? ¿Ya te aburriste de tu amigo?— pregunté aun con los ojos cerrados.
— No seas *beep*…
Me giré y la encaré.
— Estoy cansada Anahi, esto no funciona…y lo sabes.
— ¿Te cansaste de mí?.
— No pero…
— Sí de él.
— Tal vez…Mira, parece un chico agradable, simpático, buena gente, le gustas, a tu padre le encanta…Lo que quiero decir es que tal vez deberías reconsiderarte la idea de…-
Cortó toda mi verborrea juntando nuestros labios.
— No hay nada que reconsiderar…te quiero a ti…y que sea un chico agradable, simpático, buena gente, que le guste y a mi padre le encante…No va a cambiar nada. Siento haberme comportado como una niña contigo esta tarde, pero más siento que la rabieta me haya llevado a ignorarte de esta forma durante toda la noche.
— ¿Rabieta? ¿No era un plan?
— ¿Siempre tienes que cuestionarme todo?
— Ya sabes que no me gusta dejar cabos sueltos.
— Ejem— carraspeó alguien en la puerta. Nos separamos antes de girarnos y descubrir de quien se trataba— Lo siento, no quería interrumpir, solo venía a por algo de hielo.
— Uhm, si, está en el congelador…
— Gracias, no lo hubiera ni imaginado…— comentó el chico abriéndolo y sacando una bolsa para instantes después vaciarla en la cubitera.
— ¿Necesitas ayuda?— trató de acercársele Any.
— No, no te preocupes, podéis seguir con lo vuestro— me miró con asco antes de salir por la puerta.
— David espera…— trató de seguirle Anahi pero la sostuve del brazo.
— Déjalo, creo que será mejor que le des su tiempo…
—Si, supongo…— bajó la mirada.
— Ey— le sostuve la barbilla haciendo que me mirara— Todo va a estar bien, ya veras— le sonreí.
— Eso espero, será mejor que volvamos…
— Sí.
La seguí a través de la puerta y el pasillo hasta llegar a la sala. Nos sentamos a la mesa, frente a nuestros respectivos platos. David, que en ese momento estaba hablando con su padre, se giró a mirarnos. De sobra esta decir que el desgraciado se pasó el resto de la noche ignorando a Anahi a su lado.
— Hola— dije saliendo al patio de la cocina y dirigiéndome hacia el balancín con una copa en cada mano. Le tendí una al chico sentado, la cual aceptó.— ¿Puedo?— cuestioné insegura.
— Por que no ibas a poder, si a fin de cuentas prácticamente vives aquí.
— Aún así, no dejo de ser una extraña.
— Por eso te tomas tantas libertades con la hija de los dueños, ¿verdad?
— Siento mucho que tuvieras que enterarte de esa manera.
— No lo sientas, me alegro de que me hubierais abierto los ojos de esa manera, seguro que bastante ya os habréis reído a mi costa — tiró el cava hacia el césped quedándose con la copa vacía entre sus manos.
— No digas cosas que no sabes, Anahi te aprecia mucho…y me guste más o me guste menos, puedo intuir por que…
— ¿Y ella te lo ha dicho?
— No, pero basta entrar ahora mismo ahí dentro y mirarla a los ojos para ver que se encuentra herida.
— ¿Y qué haces aquí perdiendo tu tiempo conmigo? ve allá a consolarla, que seguro que se te da estupendo— me miro fríamente.
— Pensaba que eras otro tipo de persona, pero ya veo que me equivoqué— me levanté y comencé a caminar hacia el interior. Me detuve y me volví— Solo una última cosa, ¿qué te molesta más? ¿El hecho de que esté con una mujer? ¿O el hecho de que tu ego de machito haya sido herido? Hay queda la pregunta…— me giré y continué caminando hacia dentro.
Entré a la sala, donde la música ya invadía el espacio haciendo que las paredes retumbaran. Me acerqué a mi tío, demasiado alegre dado lo temprano de la noche.
— ¿Sabes donde esta Anahi?
— Subió a su cuarto, al parecer no se encontraba muy bien…anda súbele una copa que se anime, ¡la noche es joven!— comenzó a bailar saltando mas que un canguro.
Subí las escaleras y toqué suavemente a la puerta.
— Adelante.
— Hola— dije entrando y cerrando la puerta tras de mí— ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿No te encuentras bien?— pregunté acercándome y ya sabiendo la causa de tal encierro.
— Estoy cansada, fue un largo día.
— ¿Segura?— me quité mis zapatos y me tumbé junto a ella en la cama.
— No, lo cierto es que no paro de darle vueltas a lo que ha sucedido en la cocina…no quería que se enterara de esa manera…Me duele saber que después de todo no fuera como esperara, que no me acepte de esta manera, creía que era mi amigo…— me miró al borde de las lagrimas.
— Ey vamos— la abracé— Solo necesita tiempo para asimilarlo todo…concédeselo.
— Ojalá tengas razón…
— Ya veras como sí— la besé en la sien antes de separarme un poco y tratar de secarle las lágrimas— Y no llores mas, que se te corre el rimel.
— Pero si no llevo rimel— sonrió.
— Tal vez, pero conseguí mi objetivo— le sonreí a mi vez antes de acercarme y besarla suavemente.
— ¿Y solo tienes ese objetivo?— cuestionó sugerente cuando nos separamos.
— Si te portas bien, tal vez mas tarde te desvele el resto.
— Interesante— comentó antes de posicionar sus labios de nuevo sobre los míos.
***
— Muere *beep* de mier…
— ¡Dani! ¿Qué te tengo dicho?
— Sí, señorita Scarlataaa…¡¡****azo!!¡Dale Dul! ¡¡Daleeee!!
Rodé mis ojos mientras intentaba por tercera vez centrar la atención en el libro que sostenía en mis piernas. Serían algo más de las seis de la tarde. De nuevo el sonido del par de energúmenos que tenía delante me distrajo de mi cometido. Elevé mi vista hacia el televisor donde dos pequeños monigotes intentaban ganar la Segunda Guerra Mundial ellos solitos.
— ¡¡Danii!! No puedo, ¡necesito ayuda! ¡Ayuda! cambio…
— ¡¡Usa el bazocaa!!¡¡El bazocaa!!
— Ah, será hijo de…—tiró Dulce el mando al suelo antes de subirse a mi lado en el sofá y robarme parte de mi manta.
— Ey…—intenté quejarme para solo ganarme por eso el quedarme destapada completamente. Me sacó la lengua mientras se reliaba en ella en la otra esquina del sillón.— Ahora veras…— me abalancé sobre ella.
— ¡¡No te preocupes, yo te vengaré primaa!!¡¡Fiuuu!! ¡¡Fiuuuuu!!— seguía mi hermano golpeando frenéticamente los botones del mando mientras se revolcaba por el suelo, ausente a nuestra propia batalla campal sobre el sofá.
— Ouch…si serás…— se defendió intentando hacerme cosquillas. Suficiente ataque para acabar de bruces contra el suelo. – ¿Te has hecho daño, cariño?— preguntó inocente desde arriba.
Mi respuesta no se hizo esperar, de nuevo subí sobre ella y comencé a atacar, siendo yo esta vez la que la arrojaba contra el suelo.
— ¿Estas bien, mi amor?— pregunté ahora yo desde arriba.
— Oh sii…— sin esperarlo acortó el breve espacio que nos separaba y me robó un beso— Divinamente tesoro…— susurró antes de levantarse. — Pa que no pase frío mi niña— Me tapó mimosamente con la manta — ¿Te apetece algo caliente?
— ¿Un chocolate?— la miré con ojillos suplicantes.
— Marchando un chocolate para la niña. Dani, ¿tu quieres algo?
— ¡Palomitas!
— ¡Y unas palomitas para mi vengador!— la vi desaparecer por el pasillo.
Apenas habían pasado unos segundos cuando el timbre sonó.
— ¡Voy yo!— la oí decir a la vez que se dirigía hacia la puerta.— Hola.
— Hola… ¿qué hay? ¿Está Anahi?— el sonido de esa grave voz hizo que de un salto me levantara del sofá.
— Sí, pasa…
Me encontraba doblando la manta cuando David y Dulce entraron a la sala.
— Hola…— dijo algo cortado aun en el marco de la puerta.
— Hola, no te esperaba…
— Bueno, yo…estaré en la cocina. Dani, ¿por qué no vienes y me ayudas con esas palomitas?
— ¿Ahora? joo…
— Andaa…por fáa…
— Bueeeno, pero luego jugaremos un partidillo, ¿vale?
— Hecho… ¿David? ¿Te apetece tomar algo? ¿Un café? ¿Un chocolate?
— Un café estará bien, gracias.
— Ahora mismo volvemos…— de nuevo se perdió por el pasillo, aunque esta vez junto a mi hermano.
— Yo…siento molestar…— intentó disculparse mi amigo.
— Nah, para nada, ni te preocupes, ya ves que planazo tenemos para una fría tarde de domingo.
— ¿No están tus padres?
— No, salieron a una comida, se llevaron solo a Alex.
— Oh, ya veo…bueno, yo solo vine a…disculparme contigo por lo de la otra noche…siento haberme comportado así, supongo que solo me sorprendió. El hecho de que me gustas creo que no es ningún secreto, desde niños me has gustado…pero quiero que sepas que el que estés con otra persona no va a cambiar nada al respecto. Seguirás siendo mi amiga, y te seguiré queriendo y apreciando como tal.
Lo noté titubear durante unos instantes, antes de tragar pesadamente y volver la mirada hacia otro lado. Me acerqué y lo abracé.
— Gracias David, todo esto, significa mucho para mí— dije apenas me separé de el.
— Es buena chica, ¿verdad?
— Si…— bajó la mirada— Y tu también eres un buen chico.
— Gracias, supongo que simplemente no vengo con los complementos adecuados— me miró tratando de bromear.
— Si hay algo de lo que me he dado cuenta, es de que los complementos poco importan a veces— le sonreí.
Pareció quedarse un rato pensativo, analizando mis palabras, hasta que el conocimiento se vio reflejado en su cara. Estaba a punto de hablarme cuando Dulce y Dani aparecieron en la sala.
— La merienda está lista.
El buen ambiente reinó durante el resto de la tarde. A eso de las ocho David se despidió de nosotros y se marchó a su casa. Terminé de recoger los cacharros de la merienda y subí a mi habitación. Me encontraba preparando mi ropa para meterme a la ducha en cuanto saliera Dulce cuando el sonido de su móvil me sorprendió. Lo sostuve entre mis manos intentando adivinar quien era a través del identificador de llamadas y con el dilema de seguir dejándolo sonar o cogerlo. Decidí que lo mejor era dejarlo sonar hasta que saltara el contestador, y así hice. Pero tras unos breves instantes en silencio de nuevo comenzó a sonar. Lo cogí y salí de la habitación. Toqué a la puerta del baño.
— ¿Dul? ¿Has termin...?
— ¿Sí?— abrió la puerta rodeada en una minúscula toalla.
— Eh, estoo…— sacudí ligeramente mi cabeza en un claro gesto por librarme de todos esos pensamientos perversos que comenzaban a venir — Móvil— se lo planté en todas las narices.
— Oh, gracias… ¿Sí?— cuestionó con el cacharrito en su oreja— Oh, hola señor Stevens.
Me quedé pasmada en la puerta sin ser capaz de moverme ni de apartar la mirada de cada gesto. Ella por su parte permanecía ajena a mí, concentrada en la conversación con el tal Stevens. No sé ni como lo hice pero al final conseguí ordenar a mis piernas que volviéramos a la habitación para otorgarle cierta privacidad. Cerré la puerta tras de mí antes de suspirar.
Me senté sobre mi cama mientras intentaba evadirme del suave susurro a través de la cerrada puerta de su perfecto ingles. Unos minutos bastaron para que entrara a la habitación, para mi insatisfacción con algo más de ropa. Comenzó a rebuscar en una carpeta que sacó de uno de los bolsillos interiores de su maleta vacía.
— ¿Era importante?
— Si— siguió enzarzada con los papeles hasta que pareció encontrar aquello que tanto buscaba. Estuvo un rato leyéndolo antes de coger de nuevo el teléfono y llamar.— Señor Stevens, no puede ser…— comenzó a dar vueltas por la habitación con el teléfono al oído— No, le digo que no puede ser, y no me estoy metiendo con su trabajo, solo que los datos no concuerdan— hablaba tan rápido que no la entendía, parecía exasperada.— Ok, me reuniré con usted, nos vemos— colgó y tiró el móvil hacia la maleta. Movió la cabeza antes de comenzar a ordenar todos los papeles que había sacado y a guardarlos en su sitio.
— ¿Sucede algo?— pregunté insegura, no sabiendo a que venia todo eso.
— Si, tengo que volver a Londres— comenzó a sacar su ropa del armario y a meterla en la maleta.
— ¿Qué? ¿Por qué? ¿Cuándo?—pregunté levantándome y acercándome a su lado.
— Mañana seguramente, tengo que recoger unos papeles de la oficina de mi abogado para llevárselos a alguien.
— ¿Y no puede dárselos tu abogado?
— No, tengo que verificarlos con los que yo tengo en mi poder antes.
— Pero...
— Es necesario Anahi, es importante— me miró dejando a un lado su labor— Te prometo que si puedo, intentaré regresar aunque sea para tres días.
— No te preocupes— me acerqué y la abracé— Haz lo que tengas que hacer, podré esperar.
***
— Mire señor Stevens, no tengo nada en contra de usted ni mucho menos, pero esta información no me cuadra lo mas mínimo.
— Pues está claro, todos los datos lo confirman, su abuela Anne Rismond Brown murió hace exactamente 26 años.
— ¡No! ¡Le digo que no, ella no puede estar muerta!
— Pues lo está, y pronto lo comprobará.
Preferí callarme y dar por zanjado el tema en ese momento. Intenté ignorar el martilleo incesante de mi cabeza y me centré en el paisaje a través de la sucia ventana de mi puerta. Hacía ya dos días que había regresado de España, el mismo tiempo que llevaba sin poder conciliar el sueño.
“Ella no puede estar muerta, no puede. Sé que aun vive, no sé por qué, pero lo sé…”
Dos horas mas tarde llegamos a nuestro destino, Portsmouth.
— ¿Hacia dónde nos dirigimos?— pregunté en cuanto vi que pasábamos la ciudad de largo y poníamos rumbo a las afueras.
— Hacia el cementerio.
Tragué pesadamente ante la revelación, vale que sabía que me demostraría el dato pero nunca imaginé que de forma tan directa.
— No te dará miedo…— comentó guasón mirándome de reojo. Me limité a enarcar mi ceja y mirarle de lado.
— Tranquilo, cuidare bien de usted.
Siguió conduciendo aparentemente molesto. No tardamos mucho en llegar al siniestro lugar. Bajé del coche, alegre por librarme de los malditos muelles del asiento del copiloto, y comencé a estirarme intentando colocarme todos los huesos en el sitio. El desgraciado me había tenido en esa tartana viajando durante toda la noche.
— ¿Y bien?— lo miré esperando que me mostrara la evidencia. Con toda la parsimonia del mundo cogió un papel, sacó un sobrecito de su bolsillo y comenzó a liar un cigarro.
— Uhm…sígame…— entró al campo sagrado y comenzó a caminar. Lo seguí no demasiado segura de si el tipo sabía exactamente hacia donde iba. Después de varias vueltas en círculo al recinto pareció ver la luz.
— Está en la parte vieja.
Rodé mis ojos y lo seguí en silencio mientras interiormente me recordaba a mi misma que el asesinato era un grave crimen a los ojos de la ley, muy a pesar de que con el se pudiera librar al mundo de imbéciles como al que seguía.
Salimos del recinto y cruzamos la carretera, entrando a una zona mas desolada. Tras pasar varias lapidas al fin se detuvo en una. Se giró sonriéndome con aire triunfal.
— Hemos llegado. Le presento a su abuela.
Pasé al tipo, y miré el mármol que en ese momento me señalaba con tan poco tacto.
Anne Rismond Brown
1938—1980
Tus hijos y tu esposo no te olvidan
Me agaché, apoyando mi rodilla en la mojada tierra y acaricie la lapida.
— ¿Satisfecha?— cuestionó impaciente Stevens.
— No, ¿cómo descubrió que esta mujer era mi abuela? ¿Qué le llevó hasta aquí?—pregunté sin mirarle aun acariciando el frío mármol.
— Como le dije una compañera de su abuela me dijo que con el traslado del hospital ella había decidido venir a Portsmouth, sabia que se llamaba Anne pero desconocía sus apellidos, usted solo me dio las iniciales como recordará.
— Era la única información de la que disponía en ese momento.
— Ella me dio el nombre completo, descubrí que era su vieja compañera casi por casualidad mientras me ayudaba a buscar entre los archivos del nuevo hospital. Cuando llegué aquí lo primero que hice fue buscar si estaba en el registro de defunciones.
— ¿Y ya está? ¿Así de sencillo?
— ¿Sencillo? Me llevó días obtener toda la información.
— ¿Toda la información?— me giré escéptica— ¿Qué información? ¿La de que estaba muerta? dígame Stevens, ¿se ha encargado acaso de averiguar algo mas de quien tanto asegura que es mi abuela?
— ¡Las pruebas están claras! me pidió que buscara a su abuela y aquí la tiene.
— Creo que le paso un cheque mensual con los suficientes ceros como para que pueda hacer bien su trabajo.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:53 pm

— Si, y cumplí con mi parte del trato, el trabajo está hecho, que usted no quiera aceptar la realidad es otra cosa bien diferente.
— ¿Realidad? ¿Qué realidad?— reí irónicamente— ¿La de que es un incompetente?
— Mira niña…—comenzó a amenazarme con su mano.
— ¿Niña? ¿Cómo que niña? Seré joven pero no imbécil. No hace falta ser detective para darse cuenta de que hizo mal sus deberes Stevens. ¿Se ha parado a mirar atentamente esa lapida? ¿A comprobar datos? ¡Pero mírela!— le ordene agarrándolo de su llamativa chaqueta a rayas y poniéndolo frente a la losa— ¿Qué dice? Aparte del nombre que parece ser lo único que le llama la atención. Fíjese en las fechas. Mi abuela no nació ese año y usted lo sabe.
— Podría ser un error en la lapida o en sus averiguaciones— se apresuró a responder.
— Eso es algo que me encargaré de comprobar personalmente Stevens, porque usted, como bien dijo, ya hizo su trabajo. Está despedido.
Ni que decir tiene que el muy cerdo me dejó ahí mismo. Salí del cementerio y comencé a caminar hacia la ciudad. Con un poco de suerte tal vez pudiera averiguar algo que me ayudara a llegar hasta la familia de esa mujer.
Y la tuve, cuando llevaba apenas media hora de camino divisé una parada de bus, comprobé las líneas y espere al bus que me llevaría al centro de la ciudad. Apenas unas horas mas tarde estaba saliendo del registro civil con toda la información que necesitaba. Un taxi me llevó a mi siguiente destino, el domicilio del esposo de Anne Rismond.
No estaba demasiado lejos del centro, apenas un par de urbanizaciones mas al este. La casa que encontré parecía bien cuidada a pesar del pésimo estado en el que parecía encontrarse dada su antigüedad. Atravesé el jardín y subí las maltrechas escaleras de la entrada. Toqué con decisión a la puerta una vez estuve a la altura, no dándome así tiempo para arrepentirme.
— ¿Quién es?— preguntó una ronca voz al otro lado de la puerta.
— Uhm, ¿señor Spencer?
— Si, ¿quién es?— de nuevo cuestionó, aunque esta vez entreabriendo algo la puerta.
— Hola, me llamo Dulce Vizza, estoy buscando a mi abuela, creo que conocía a su esposa. Me gustaría hablar con usted por si pudiera ayudarme al respecto.
— Mi esposa murió hace muchos años, no creo poderte ser de ayuda— intentó cerrar, pero frené la puerta con el pie.
— Por favor, es importante…no le tomará mucho.
Pareció tomarse un tiempo para pensarlo antes de abrir la puerta y permitirme pasar al interior.
— Muchas gracias.
— No las des…no sé si pueda servirte de mucha ayuda, pasa, toma asiento.
Entré y me senté en uno de los sillones de la sala, el anciano tomó asiento frente a mí escrutándome con la mirada. Se la sostuve por un buen rato, hasta que ya, incapaz, la evité y paseé mi vista por la decoración del cuarto. Un cuadro con una imagen llamó mi atención. El anciano pareció notarlo.
— Era hermosa, ¿verdad?— cuestionó melancólico.
— Mucho.
— Bueno, ¿en qué puedo ayudarte?
— Antes que nada, siento mucho el tener que molestarle pero su ayuda se me hace vital en estos instantes.
— No te preocupes pequeña, dime.— me escuchaba atento.
Decidí que lo mejor sería empezar desde el principio así que le hablé de mi búsqueda y de las averiguaciones de mi detective.
— Así que él pensó que eras su nieta.
— Sí, su esposa nació en 1938, ¿verdad?
— Si, aquí mismo en Portsmouth…y te puedo asegurar con total certeza que es imposible que fueras su nieta, mi esposa no podía tener hijos.
— Un dato más a favor de mi teoría.
— Si, ese tipo de detective lo cierto es que no tenía mucho— sonrió— ¿Te apetece tomar algo?— se levantó de su asiento.
— Un vaso de agua estaría bien.
— ¿Un vaso de agua? No serás como esas niñas anoréxicas, ¿verdad? Te traeré mejor un buen vaso de zumo de naranja.
— Gracias señor Spencer— sonreí.
— Llámame Peter— me sonrió de vuelta antes de perderse en la otra habitación. No tardó mucho en salir con sendos vasos en sus manos. Agarré el que me ofrecían.
— Gracias.
— De nada pequeña, ¿cómo averiguaste dónde encontrarme?
— En el registro civil, tuve suerte de que no hubiera cambiado de dirección.
— Si, esta casa me trae demasiados recuerdos como para deshacerme de ella.— suspiró melancólico.— Tu abuela era enfermera entonces.
Su cambio de tema me descolocó.
— Si, trabajó en el mismo hospital que su esposa. Y curiosamente también se llamaba Anne y las iniciales de sus apellidos coincidían.
— Bastante casualidad— se quedó un rato pensativo antes de levantarse de nuevo de su asiento y abrir la puerta de uno de los armarios del mueble de la televisión. Sacó una caja y comenzó a rebuscar en ella. No pareció tardar en encontrar aquello que buscaba. Me tendió una vieja foto en blanco y negro— Anne me dijiste.
— Sí— contesté confusa observando la foto. Dos muchachas jóvenes sonreían a la cámara mientras la majestuosa torre Eiffel se alzaba a sus espaldas.
— También se llamaba Anne, y también era enfermera en el mismo hospital que mi esposa. Se conocían desde años atrás. Mi esposa antes de instalarse definitivamente en Inglaterra viajó por Europa. Sé que su amiga la acompañaba.
— Mi abuela también viajó por casi toda Europa. ¿Cree que…?— dije sin poder apartar la mirada de la fotografía aun en mis manos.
— Anne Russell, su segundo apellido no lo recuerdo, aunque lo cierto es que creo que nunca lo mencionó.— hizo una pausa para llevarse el vaso a los labios y beber— La última vez que la vi fue el día de nuestra boda. Tras eso mi esposa no volvió a saber de ella.
— Sabe si aquí en Portsmouth, ¿seguían trabajando juntas?
— Sí, al menos durante un tiempo. Mi esposa dejó el hospital tras casarnos, supongo que tu abuela seguiría trabajando allí.
— ¿Y sabía algo de mi abuela referente a su vida? ya sabe, si estaba casada, tenia hijos...
— No, creo que era soltera, y al menos mi esposa nunca me mencionó nada de hijos.
— Entiendo… ¿sabe al menos donde vivía?
— Si, era compañera de piso de mi esposa. Compartían un pisito por el centro. Aunque ya te digo que después de que nos casáramos no volvimos a saber nada, ni siquiera mi esposa que era tan amiga de ella.
— Ya veo…— miré de nuevo la foto antes de devolvérsela al anciano.
— No, quédatela, es antigua, pero tal vez te sirva de ayuda…y si no al menos de recuerdo, tengo cientos de mi esposa, por una que pierda no me va a pasar nada— dijo sonriéndome y entregándome la foto.
— Muchas gracias— le sonreí de vuelta— Gracias por todo, me ha sido de gran ayuda su información.
— De nada, espero que puedas encontrar a tu abuela. Era una mujer misteriosa pero sé que mi esposa la apreciaba mucho. De verdad se entristeció cuando tras casarnos desapareció.
— ¿Puedo hacerle una ultima pregunta?—pregunté ya casi al lado de la puerta.
— Sí, claro.
— ¿Su esposa estuvo en Italia en alguno de sus viajes?
— Uhm, no lo sé, supongo…tendría que mirarlo en su pasaporte. Lo tenía sellado con todos sus viajes.
— ¿Lo conserva?
— Sí, era una mujer muy ordenada, le gustaba tener todos sus papeles clasificados. Creo que debo de tenerlo por ahí en algún lado, si quieres cuando lo encuentre puedo ponerme en contacto contigo.
— Eso me gustaría, si no fuera mucha molestia, claro— sonreí.
— No la es, pequeña.
Le di mi número de teléfono y me despedí del anciano. Cuando apenas llevaba una manzana caminada un taxi llamó mi atención con su claxon.
— ¿Dulce Vizza?—preguntó el conductor.
— Si— respondí extrañada acercándome.
— Me llamaron del número 24 de esta calle. Tiene el trayecto pagado. Para la estación de tren, ¿verdad?
Solo pude sonreír ante la buena voluntad del hombre al que acababa de visitar. Por un momento llegué a desear que en verdad hubiera sido el esposo de mi abuela.
***
“Dulce, donde estas…por qué no me llamas... ¿tan liada estas que ni te acuerdas de mí?”
— Demasiado caro… ¿nos vamos? ¿O seguirás acariciando la tela hasta gastarla?
Dejé de manosear el vestido que sostenía entre mis manos y salimos de la tienda.
“¿Y si la vuelvo a llamar?”
— ¿Te hace un café?— preguntó mi amiga mientras pasábamos junto a la cafetería.
— Si— respondí ausente.
— ¿Sí? ¿Desde cuando te gusta el café?—se volvió hacia mí.
— Quise decir un chocolate…
— Sí, claro…
Entramos y pedimos nuestra consumición tomando asiento en una de las mesas. Mientras venían las bebidas Andi comenzó a sacar trapos de las bolsas.
— Dios, que cosa más mona, ¿no crees?
— Andi por favor, que estamos en mitad de la cafetería, guarda la ropa interior— le susurré ya comenzando a sentir vergüenza ajena.
— No me seas antigua, es ropa.
Justo en ese momento el camarero se acercó. Apartó con un sonrojo la nueva colección inviernoprimavera de lencería de mi amiga y dejó nuestro pedido sobre la mesa.
— Gracias— le dije antes de que se marchara.
— Otro antiguo…— comentó por su parte Andi.
Moví la cabeza divertida y comencé a añadir azúcar y cacao en polvo a mi vaso de leche.
— Al fin te ríes…ya me estaba comenzando a preocupar.
Solo sonreí y seguí con mi cometido.
— ¿No tienes nada que decir al respecto?— siguió.
— Que está muy bueno— respondí risueña tras tomar el primer sorbo de mi caliente brebaje.
— Ya veo…— agarró su taza y se la llevó a los labios. Bebió unos cuantos sorbos antes de apartarla.— ¿Y que vas a hacer en Semana Santa?
— ¿Ya pensando en Semana Santa? Por Dios Andi, si faltan casi dos meses.
— Pues si, pero febrero es muy corto— replicó antes de volver a beber— ¿Va a venir Dulce?
Dejé mi taza sobre la mesa y comencé a mover el contenido con la cuchara.
— Uhm, no sé…no me ha dicho nada.
— ¿Desde cuando no hablas con ella?—preguntó casual ya intuyendo la respuesta.
— Desde hace un par de semanas…— respondí aun concentrada en el movimiento de mi cuchara.
— No te preocupes…estará liada y eso…
— Supongo— me encogí de hombros.
— ¿Vas a ir al viaje a Sierra Nevada?
— No, no creo… ¿tu sí?
— ¿Estas loca? Si no vas tú, no voy yo.
— Tampoco así— la miré— Que no vaya yo no significa que no puedas ir tu.
— Ya, pero se me acaban de ocurrir otros planes— comenzó a hacerse la interesante.
— Vamos, desembucha— solicité curiosa.
— Tú y yo nos vamos cinco días a Londres a hacerle una visita sorpresa a tu amorcito.
— ¡¿Qué?!— elevé el tono de forma inconsciente mas de lo que hubiera deseado.
— Pues eso…— agarró su taza, terminó de beber el contenido en un sorbo antes de levantarse y coger todas sus bolsas— Que nos vamos ahora mismo a la agencia a reservar los billetes de avión.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:54 pm

ONCEAVA PARTE
— No, no y no. Ahora mismo te vuelves a tu casa y hablas con tu madre.
— ¡No quiero! ¡No pienso volver a casa! ¡Me quedo aquí! Como mi amiga que eres estas en la obligación de acogerme— cruzó los brazos sobre su pecho y arrugó el ceño.
— Y como tu amiga que soy también estoy en la obligación de darte consejo. Robert, ve a casa y habla con tu madre tranquilamente.
— ¡No pienso ir a hablar con esa mala madre! Además, ya deshice la maleta— sonrió triunfal sentándose sobre la cama de la habitación de invitados.
— Ya veo que te apalancaste bien. Solo una cosa, ¿me puedes explicar que demonios ha pasado?
— ¿Que qué ha pasado? ¡Esto ha pasado!— se quitó el gorro mostrándome su cabello cortado a la taza, al más puro estilo eclesiástico antiguo. Comencé a reír sin querer.— Eso, tu ríete— me tiró el gorro de lana a la cara.
— Lo siento, lo siento…Ey, vamos, no te queda tan mal…— de nuevo no pude remediarlo y comencé a reír.
— Parezco un champiñón… ¿ves lo que me hizo? ¿Qué clase de madre le destroza la vida a un hijo de esta forma tan cruel?— cuestionó indignado desde su asiento.
— Robert, no seas chiquillo. Tu madre lo hizo con toda la buena intención del mundo.
— Si claro, pues que sepas que para la próxima te vas tú como conejilla de indias para que practique sus cursillos de peluquería.
— Muy bien…pero mañana, ¿me oyes? Mañana vas a ir a tu casa a hablar con tu madre.
— ¿Eso significa que puedo quedarme?— cuestionó levantándose y acercándose a mi lado con ojillos suplicantes.
— Solo por esta noche— elevé mi dedo ante su cara intentando parecer autoritaria.
— Gracias. Tú si eres una amiga— me abrazó— Te prometo que me portaré bien.
— Muy bien, así me gusta— me separé de él haciendo que el solo mirarlo de nuevo me pareciera cómico— Pero hazme un favor, ponte el gorro.
Lo dejé en la habitación, bajé a la sala y marqué el numero de teléfono que me sabia de memoria desde los nueve años. Una inesperada voz cogió el auricular al otro lado.
— ¿Hola?
— Hola Jenni, ¿qué hay?
— Benditos los oídos, bien por mi parte, a pasar unos días fuera de esa cárcel donde me metieron a estudiar mis queridísimos papis, ¿qué hay de tu vida? a ver si nos vemos un día de estos.
— Si, a ver si un día de estos quedamos para tomar algo y charlar.
— ¿Y a que se debe tu llamada? No me digas, mi hermano fue a tu casa con el drama…Dios, ya lo estoy imaginando…mamá me estuvo contando lo que pasó, ese niño es tan sufrido... ¿es verdad lo del corte de pelo?
— Jaja si, es cierto…y creeme que es peor que lo que te contó tu madre.
— Jajaja,ya lo imagino: Dul, me arruinó la vida— intentó fingir la voz de su hermano haciéndome reír mas— Por fa, hazle una foto, será una buena forma de poder chantajearlo después.
— Jaja, eres cruel…Jenni, hazme el favor y dile a tu madre que no se preocupe, que pasara la noche aquí. Mañana haré que vuelva.
— Ah,¿ qué no te lo quedas para siempre? joder Dul, ya nos podías hacer el favor.
— ¡Te la estas ganando niñata!— soltó mi amigo apareciendo en escena en la línea de arriba.
— Temblando estoy, ¿qué me vas a hacer champiñoncito?
— Te…te…te… ¡tú ya veras cuando te pille!
— Si si…lo que tu digas hermanito. , Dul, me dio gusto oírte, lo dicho a ver si nos vemos.
— Igualmente Jenni, cuídate, nos vemos.
— Nos vemos… ¡adiós champiñoncito!— y colgó.
— Cobarde…mírala nada mas como huye, claro como sabe que lleva las de perder.
— Robert, ya puedes colgar. No hace falta que me hables desde el teléfono, te oigo perfectamente gritar desde aquí.
— ¿Pero qué se cree??— me hizo caso omiso respondiendo esta vez con el decibelio mas elevado. Me separé el auricular y lo dejé sobre la mesa. Puse rumbo a la cocina. Ni que decir tiene que mi amigo siguió a lo suyo, desahogándose desde arriba.
Suspiré mientras abría el frigorífico con el objetivo de encontrar algo comestible para hacer la cena. Los recursos, como siempre, escaseaban. Cogí cuatro huevos, el queso y el jamón york y los coloqué sobre la encimera. Me disponía a buscar la sartén cuando sonó el timbre de la puerta. Miré el reloj de la cocina.
“Perfecto…mas para cenar…”
Me dirigí hacia la puerta de la entrada y miré por la mirilla. Solo oscuridad encontré.
“Genial, encima graciosillo…”
Abrí claramente disgustada. Disgusto que se transformó en shock total por lo que encontré al otro lado de la puerta.
— ¡Sorpresa!— gritó Andi mientras rodeaba a Any con un brazo y comenzaba a hacer muecas extrañas con su cara.
Me quedé parada en el sitio, observando a Anahi, sin saber que hacer ni que decir.
— ¿Hola?— de nuevo habló Andi, moviendo una mano delante de mis narices. La miré saliendo del shock inicial.
— Hola— sonreí volviendo mi atención a Anahi.
— Hola— respondió esta suavemente sonriéndome a su vez. Moví la cabeza ante mi descortesía.
— Oh, por favor, lo siento, pasad…— me hice a un lado y entraron cargadas con dos mochilas y dos maletas.
— Siento que nos presentemos así sin avisar…— se disculpó Anahi mirándome.
— No te preocupes, me agrada de que estés aquí— cerré el espacio que nos separaba y la oculté entre mis brazos. Me separé un poco y le sonreí antes de acercarme a sus labios y besarla suavemente.
— Oye, muy bonita tu choza— nos interrumpió Andi haciendo un sonoro gesto con su boca y mirando hacia todos lados.
— Gracias…
— Yo seré un champiñón pero tú eres una…una…unaaa…— de repente de nuevo apareció la voz de mi amigo desde arriba.
— ¿Tienes visita?— preguntó Any aun en mis brazos.
— No exactamente— comenté mientras nos separábamos— Es Robert, tuvo un incidente con su madre y decidió venir a pasar la noche.
— Oh, bueno, no te preocupes, nosotras ahora llamamos a un taxi y nos vamos a un hotel, no queremos molestar— se apresuró Anahi.
— ¿Estas loca? No pienso dejar que vayáis a un hotel teniendo aquí habitaciones de sobra, además, no molestáis— dije mirándola a la vez que le hacia soltar la mochila que llevaba colgada al hombro.
— Ooh, yo sí, ¿el baño por favor?
— Al fondo a la derecha.
— ¡Hostia! ¡Como en las pelis!— afirmó Andi divertida mientras seguía la dirección dada.
— ¿De verdad no molestamos?— cuestionó de nuevo Any.
— Por supuesto que no, es mas, me encanta teneros aquí, ha sido toda una sorpresa. No esperaba poder verte hasta dentro de unos meses.
— ¿Demasiado lío?— preguntó acariciando mi brazo.
— Bastante…las clases están siendo pesadísimas y lo cierto es que estoy teniendo además bastantes problemas con los abogados de papá y los negocios.
— Vaya, parece que no llegamos en buen momento entonces.
— Para nada, llegáis en el mejor momento— de nuevo la besé. Un ruido en la parte alta de las escaleras hizo que nos separáramos. La sonrisa cortada de mi amigo fue todo lo que encontramos.
— Lo siento…no quería interrumpir— dijo en la misma posición que se encontraba, aun sin moverse. Rodé mis ojos y le pedí que bajara. Ya a nuestro lado hice las pertinentes presentaciones.
— Anahi, él es Robert. Robert, Anahi.
Se besaron cortésmente.
— Es un gusto conocerte al fin Anahi, si supieras lo que larga esta de ti— me dio un codazo mientras hablaba.
— ¡Oyee!— me quejé.
— Jajaja, lo mismo digo, también tenia ganas de conocerte, me han hablado mucho de ti.
— ¿En serio?— cuestionó curioso— ¿Mencionó también que…?
— Hola— apareció a nuestro lado Andi.
— Hola— se giró y saludó mi amigo.
— Andi, él es mi amigo Robert. Robert, ella es Andrea, la amiga de Any.
— Hola Andrea— volvió a saludar mi amigo bobamente.
— Andi, puedes llamarme Andi. Así me dicen mis amigos.
— Oh, hola Andi, yo me llamo Robert, puedes llamarme así, mis amigos así lo hacen— le tendió su mano torpemente antes de acercarse y darle un beso de cortesía.
— Jeje…— rió tontamente Andi.
Any y yo nos miramos y sonreímos antes de coger el equipaje y subir las escaleras.
— Menudo par…— comentó Anahi nada mas subir las escaleras.
— Si…no sé por qué, pero intuyo que esos dos se van a llevar muy bien.
— Jaja, mejor no apuesto.
Abrí la puerta de mi habitación y la dejé entrar.
— Guau, que bonita— dijo mirando hacia todos lados y soltando su equipaje a un lado.
— ¿Es el tuyo?— la cuestioné señalando la maleta que aun cargaba en mi mano.
— Uhm, no exactamente…un cuarto mío y tres cuartos de Andi.
—Ok, lo llevaré a su habitación de todas maneras, luego puedes sacar tu ropa. Si necesitas entrar al baño ahí está la puerta. Ahora te doy el tour por la casa— le guiñé un ojo antes de salir del cuarto. Fui y dejé la maleta en la otra habitación de invitados y regresé. La encontré mirando por la ventana.
— ¿Todo bien?— cuestioné acercándome y abrazándola.
— Uhm, si…— se volvió entre mis brazos y me enfrentó— Perfecto.
Sonreí antes de agacharme y besarla.
— Te extrañé…— admití.
— Y yo a ti…me alegro de haberle hecho caso a Andi.
— ¿Y eso?— pregunté sin soltarla.
— Fue idea suya el venir a verte.
— Oh, ¿y tu no querías?
— Me moría por venir…— sonrió antes de empinarse y besarme de nuevo— Solo buscaba la excusa perfecta.
— Ya veo…lo que viene a decir que no soy suficiente excusa para ti.
— ¿Siempre tienes que ir mas allá?— cuestionó ladeando ligeramente la cabeza.
— ¿Siempre me lo pondrás tan fácil?— le sonreí con autosuficiencia.
— Dios, no puedo creer que esté colgada por un ser tan egocéntrico…— se separó fingiendo falsa molestia y fue hacia la maleta que instantes antes había dejado en el suelo.— Esta ha sido tontería subirla— comentó dándole una patada.
— ¿Por qué? ¿Metiste un cadáver?— la piqué.
— Mas o menos…— susurró sacándose una llave del bolsillo y metiéndola en el pequeño cerrojo. – No sabes el show a la hora de pasarla por el detector de metales.
Me acerqué curiosa a su lado a la par que giraba la llave y la abría. Una caja de cartón era todo lo que contenía.
— ¿Y eso?
— Un regalo de papá y mamá.
— Y esta es la habitación de Dulce— apareció mi amigo junto con Andi en el marco de la puerta. Enarqué mi ceja y lo miré— ¿Qué? Le estoy enseñando tu nidito.
— Muy bonito por cierto— se apresuró a comentar Andi a su lado.
— Gracias, supongo que ya habrás visto entonces tu habitación.
— Sí, esa de la izquierda, también muy acogedora.
Miré a mi amigo buscando una explicación por el repentino cambio de habitaciones.
— ¿Qué es eso?— me ignoró totalmente y se fijó en la caja que había en el interior de la maleta.
— El motivo por el que toda seguridad nos rodeó en el aeropuerto— respondió la castaña a su lado.
— Oh… ¿puedo abrirlo?— cuestionó con ojillos brillantes ya dirigiéndose hacia el paquete.
— No, por si no lo has notado es un regalo, y es mío— me interpuse en su camino.
— Egoísta…
— Compórtate que tenemos invitadas— le susurré— Any, ¿te doy el tour?— comenté dirigiéndome hacia ella.
— Si, me gustaría.
— ¿Y el regalo?— preguntó mi amigo con sufrida curiosidad.
— Por tu bien espero que siga como está para cuando vuelva.
Ni que decir tiene que cuando volvimos lo pillamos in fraganti abrazado al jamón.
***
El lejano sonido de risas y voces me trajo de vuelta al mundo de los vivos. Abrí los ojos lentamente y miré alrededor de la extraña habitación. La calidez de otro cuerpo a mi lado hizo que una amplia sonrisa se instalara casi de forma automática en mi rostro.
Me giré en el abrazo que me sostenía y observé a mi acompañante mientras dormía. Su rostro parecía libre de toda tensión en esos instantes. De forma involuntaria comencé a acariciarlo con mi mano. Una sonrisa apareció en sus labios.
— Podría acostumbrarme a despertar así todos los días— susurró con los ojos aun cerrados.
Cerré el poco espacio que nos separaba y la besé suavemente. Beso que rápidamente comenzó a tornar mas apasionado por su parte.
— Buenos días— saludó cuando nos separamos sin dejar a un lado la sonrisa.
— Buenos días— fue mi replica mientras intentaba recuperar el aire que me faltaba.
— ¿Todo bien?— comentó preocupada acariciándome la mejilla.
— Si, solo…me dejaste sin aire.
— ¿En serio?— sonrió de lado a la vez que se posicionaba sobre mí.— Pues no fue mi intención…— susurró con sus labios ya en mi cuello. Cerré los ojos y me abandoné a sus caricias.
— Uhm…. — fue todo lo que mi cerebro supo racionalizar en ese momento.
Un fuerte ruido procedente de abajo me hizo volver a la realidad.
— ¿Qué ha sido eso?
— Ni idea... será el gato de la vecina con los contenedores de basura— comentó sin abandonar ni un instante su labor.
Otro ruido, esta vez más fuerte, seguido de risas llamó mi atención.
— Y el gato de la vecina también ríe así, ¿verdad?
—Si…— susurró abandonando mi cuello y tomando posesión de mis labios. De nuevo otro ruido fue escuchado.
— Juro que los mato… — se separó con desgana. Reí ante su cara malhumorada.— ¿Qué?— cuestionó mirándome.
— Nada…no te enfades…— le acaricié la mejilla— Los niños tienen hambre.
— Si, y creo que será mejor bajar antes de que desarmen toda la cocina... o peor, que haya que llamar a los bomberos…— hizo una mueca que me hizo reír.
Nos levantamos y en pijama bajamos a la cocina. Lo que encontramos nos hizo quedarnos en el marco de la puerta. Una Andi ataviada en pijama y mandil luchaba contra un huevo mientras intentaba freírlo ocultándose tras una tapadera. Robert a su lado, animaba vigorosamente su valentía mientras a su vez intentaba quitarle algo de negrura a sus carbonizadas tostadas.
Dul y yo nos miramos antes de entrar al campo de batalla.
— Oh, ¡hola! Sentaos, ¡estamos haciendo el desayuno!— saludó sonriente Robert mientras seguía lijando las achicharradas tostadas.
— Buenos días— dijimos tomando asiento en la mesa y con el móvil a mano por si en cualquier momento había que llamar a emergencias.
— ¿Vosotras queréis huevo?— se volvió en su escudo Andi.
— Si por favor— respondió Dul para disgusto de mi amiga. Me miró a mí esperando mi respuesta.
— No, gracias.
— ¿Prefieres comer carbón?— me susurró Dul al oído intentando hacerme cambiar de idea.
— Prefiero comer carbón antes que lo que cocine esa de ahí— le respondí obteniendo por su parte la respuesta que esperaba. Comencé a reír llamando la atención de los cocineros a nuestro lado.
— Parece que durmieron bien— le comentó divertido Robert a mi amiga.
— Eso parece— me miró picara esta. Me limité a sacarle la lengua.
El desayuno transcurrió entre risas y payasadas del par de cocineros.
— ¿Me harías el favor?— cuestionó Robert suplicante a mi amiga.
— Claro, estoy acostumbrada a meterle la maquinilla a mi hermano.
— Gracias, te estaré eternamente agradecido— sujetó su mano y miró hacia arriba— Gracias, gracias…gracias por enviarme a este ángel.
Desaparecieron de la cocina dejándonos a solas con el desastre.
— Bueno, parece que nos toca limpiar la zona cero— comentó Dul dejando a un lado su vaso de vacío y levantándose del sitio.
— Eso parece…— la seguí y comencé a ayudarla a recoger cosas de la mesa. Las risas procedentes de arriba eran notables— No te equivocabas.
— ¿En qué?— dejó su labor y me miró extrañada.
— En que se llevarían bien— comenté señalando con mi cabeza hacia arriba.
— Ahn, claro…ya deberías saber que nunca me equivoco— sonrió de lado.
— Lo tuyo si es vanidad— le arrojé el trapo.
— Yo también te quiero mi amor— rió mientras volvía a su que hacer.
Una hora más tarde estábamos subiendo las escaleras de nuevo, escaleras que iban a ser bajadas por nuestros amigos.
— ¿Dónde vais?— los cuestionó Dul al llegar a su altura.
— A hablar con mamá. Andi me convenció— miro a esta con cara de cordero degollado, la cual por su parte le respondió haciéndole ojitos.
— ¿Le acompañas?— me dirigí hacia Andi.
— Si, me mostrará la casita del árbol— anunció con emoción en su voz.
— Si, por cierto, ¿a qué quedé guapo?— dio una vuelta sobre sí mismo mostrándonos su nuevo look.
— Oh si, un adonis…—respondió Dulce rodando sus ojos.
— No seas envidiosa— la palmeó en el brazo— Bueno, nos vamos, portaos bien.
— Jeje, hasta luego— se despidió mi amiga siendo arrastrada de la mano por Robert.
— Hasta luego.
Nos quedamos paradas, observándoles llegar a la puerta y salir antes de mirarnos y comenzar a reír.
— Jaja, dios…esos dos son tal para cual…
— Y que lo digas…ya lo estoy imaginando presentándosela a su madre: mamá, es la mujer de mi vida— intento imitar la voz de su amigo.
— Jaja, oyee, quien te dice que no lo sea…
— ¿Y quien lo negó?— me sacó la lengua.
La palmeé en el mismo brazo donde su amigo la había golpeado instantes antes.
— ¡Auch!— se quejó— ¿Ya se te pego la mano floja del otro?
— Pss… ¿te vas a duchar?— cambié de tema mientras poníamos rumbo a la habitación.
— Si, pero entra tu antes, de mientras hago unas llamadas que tengo pendientes.
— ¿No me acompañas?— cuestioné provocativa apoyándome en el marco de la puerta del baño y comenzando a desabrochar los botones de la camisa de mi pijama.
— Ehn…— pareció quedarse sin habla momentáneamente— yo…
— Jajaja, no tardo— la besé en la mejilla y entré al baño cerrando la puerta tras de mí. Me apoye en ella.
“Anahi…no juegues con fuego o acabaras quemándote…Dios, debo de ser masoca porque quiero quemarme… ¿seguirá en el pasillo?”.
Dejé mis pensamientos a un lado y me desnudé entrando a la ducha. Para cuando salí la habitación donde habíamos dormido ya estaba recogida, aunque Dul aun seguía colgada al teléfono.
— No me importa lo que cueste…si si, tampoco se pase, que mi padre no era ministro…Ok, como quiera…si claro, tengo todo el tiempo del mundo…hasta otra— colgó— Malditos abogados.
— No te preocupes, se solucionara…— me acerqué rodeándola por la cintura.
— Eso espero…Uhm— comenzó a olisquearme— Ya hueles mejor.
— Pues siento decirte que tu no. Ya puedes entrar.
— Graciosilla...
Me besó antes de separarse y poner rumbo al baño. Suspiré a la par que miraba a mi alrededor. Me senté en la silla del escritorio a esperarla sin saber que otra cosa hacer. Una foto en la estantería llamó mi atención. En ella estaban Robert, Dul y otra chica. Me fijé en ella, no debía de ser mayor que yo. Lo cierto es que era preciosa, y, a juzgar por la apariencia y la ropa de Dul, la foto debía de ser reciente.
“Quien será…me pregunto si…”moví mi cabeza dejando la foto a un lado “…ya, no seas paranoica…es solo una chica…seguramente alguna amiga…si, amiga, y nada mas…” Una punzada de celos me atravesó el estomago. “¿Y si no?...”
El timbre interrumpió mi monologo interno. Bajé las escaleras de dos en dos y me planté delante de la puerta, abriéndola sin ningún tapujo y ni cuestionándome siquiera que esa no era mi casa. La misma chica de mi paranoia apareció ante mis ojos.
— Hola— dijo en un perfecto inglés— ¿Está Dulce?
— Oh, ¿Dulce? si…pero en este momento está en la ducha— respondí lo mejor que pude.
— Ok, ¿puedo pasar?— cuestionó vacilante.
— Claro…— me hice a un lado.
Entró directa a la cocina donde dejó la bolsa que traía y luego pasó a la sala.
“¿Quién demonios es esta? ¿Y a que rayos viene tanta confianza?”
Cerré la puerta y entré a la sala. La encontré sentada en el brazo del sillón, husmeando entre la repisa de cd's.
— No le digas que ando toqueteando esto, se pone histérica.
— No te preocupes— la curiosidad pudo conmigo— Por cierto, soy Anahi— le tendí mi mano esperando su presentación.
— Oh, así que tú eres la famosa Anahi— me miró sorprendida antes de acercarse, obviando mi mano tendida, y abrazarme.
— ¡Tu! ¡Apártate de mi chica!— apareció en la sala Dulce.
— No seas egoísta, y comparte un ratico— comentó la otra riendo. Se separó de mí y fue a abrazarla. – Te extrañé larga.
— Y yo a ti enana, ¿qué te trae por aquí?
Olvidada a un lado en la sala, me limité a observar con cierta suspicacia el intercambio de miradas y sonrisas por parte y parte.
— ¿Ahora resulta que no puedo venir a visitarte?— se separó al fin de mi Dul. — Vengo a traerte algo de parte de mamá y a llevarme a mi hermano de la oreja, que por cierto, ¿dónde está?
— Fue con Andi a tu casa, os perdisteis por el camino.
— Si, supongo… ¿quién es Andi?— preguntó extrañada.
— Una amiga de España, vino junto con Any a pasar unos días— me señaló con una sonrisa asomando a sus labios.
“Hasta que al fin te das cuenta de que existo…”
— Oh, lo siento— se acercó de nuevo la chica a mi, tendiéndome esta vez su mano— Soy Rachel.
— Encantada.
— Es la hermana de Robert— comentó Dul acercándose a nuestro lado.
— Lo mismo digo… pero no te creas, que no nos parecemos en nada— me guiñó uno de sus ojos azules antes de sonreírme. Le devolví la sonrisa.
— ¿Y qué me trajiste?
***
— Joder Robert, ¡que nos comemos al micromachine! — le grité a mi amigo ya viéndome empotrada en el **** del mini que llevábamos delante.
— Lo siento…
— ¿Lo sientes? Por favor, aluniza ya…no quiero acabar esta tarde en la morgue— seguí mirando la pantalla de mi móvil.
— Lo siento, solo me distraje… ¿han llamado las chicas?
— No, era otra persona…además, ¿para qué iban a llamar las chicas? Si no hace ni una hora que las dejamos.
— Tal vez necesiten algo…— comentó parando en el semáforo en rojo.
— Hombres, siempre creyéndose todopoderosos— rodé mis ojos.
— Menuda pachonga que tienes— me miró incrédulo— Pueden necesitar ayuda…
— Muy bien, superman, pues métele al acelerador antes de que los que llevamos detrás empiecen con la melodía de los ****es.
— ¿Se puede saber por qué estás de tan mala hostia?
Suspiré antes de mirar a mi amigo.
— Lo siento, es solo que me llamó Peter Spencer…
— ¿El abuelo de Portsmouth? Pero eso es bueno, ¿no?
— No, no es bueno…tengo que ir a recoger el pasaporte, mañana a mucho tardar.
— ¿Por qué tanta prisa? Ni que se fuera de viaje del inserso al Caribe.
— Al Caribe no, pero si con su hija a Francia. No sabe cuando regresará y lo del pasaporte es importante.
— ¿Para qué? No te sirve nada más que para confirmar que esa mujer estuvo con tu abuela— comentó aparcando el coche sobre el bordillo y apagando el motor.
— Si, y también para confirmar todos los lugares por los que pasaron.
— ¿Y que piensas hacer después? ¿Irte a investigar a cada país como hizo tu padre? Por Dios Dulce, es una locura…deberías dejarlo, este asunto se está convirtiendo en una obsesión.
— Lo sé, lo sé…pero no puedo dejarlo. No ahora…se lo debo a mi padre.
— Pues el pago de la deuda va a acabar con tu vida y tu relación con Any.
— No seas trágico, no va a pasar nada. Esto y mi vida pueden mantenerse al margen perfectamente— crucé los brazos sobre mi pecho.
— Solo te digo que deberías decirle la verdad…
— ¿Y tú? ¿Cuándo se lo dirás?— el cambio de tema lo dejó k.o.
— ¿Decir qué?— preguntó extrañado.
— No te me hagas ahora el que no sabe. Tu y yo sabemos que estas colado por Andi.
— ¿Qué? ¿Yo colado? Tú te pinchas…
— Claro, y por eso te veo babear y beber los vientos por ella.
— Yo no babeo…
— ¿Tengo que recordarte lo mal que besas?— lo pinché con sorna.
— Eso fue un golpe bajo. Está bien, me gusta… ¿satisfecha?
— No, ¿cuáles son tus intenciones para con ella?
— ¡¿Qué?!— me miró incrédulo.
— Lo siento, pero como tu mejor amiga que soy, y como novia de su mejor amiga estoy en la obligación de preguntarte, ¿vas a ir en serio con ella? ¿O solo tontearás como haces siempre?
— ¿Tú crees que tenga la más mínima oportunidad?
— Si te pregunto tus intenciones es porque lo pienso, ¿o no?
— Si, supongo.
— ¿Entonces? ¿Para cuando la declaración príncipe de beukelaer?
***
Me encontraba sobre la cama, viendo un viejo álbum de fotografías de una Dul bebé, cuando noté que alguien tocaba a la puerta.
— Adelante— respondí sabiendo de sobra quien sería.
— Hola— entró Andi al cuarto tomando asiento a mi lado— ¿Qué ves?
— Unas fotos. Mira que ricura.— le mostré a una mini Dul con un chupete y una muñeca entre sus pequeños brazos.
— Que tierna…Ya revelamos el misterio, nunca ha sido así de grande— comentó devolviéndomela y mirando el resto.
— Ha cambiado tanto…
— Pues si, con un año no levantaba un palmo del suelo y ahora mide metro ochenta, lo que hacen los petisuis, ¿eh?
— Payasa… ¿Nada divertido en la tele?
— Pues no, no me entero de papa.
— Que esperabas…— seguí observando fotografías ausente.
— Any…
— ¿Sí?— levanté mi mirada al notar el repentino cambio en el tono de su voz.
— ¿Qué te parece Robert?— cuestionó tímida, mientras miraba hacia el álbum y comenzaba a manosearlo.
— Es un chico agradable y simpático. ¿Por qué?— le pregunté sabiendo por donde venían los tiros.
— ¿Crees en el amor a primera vista?
— No, lo cual no tiene porque significar que no suceda.
— Me gusta mucho, Any. Lo conozco desde hace apenas tres días pero tengo la sensación de que lo conozco desde siempre. Me siento tan bien cuando estoy a su lado. Es…es…nunca me he sentido así…no sé como explicarlo…— una lagrima comenzó a rodar por su mejilla.
— Ey— le sequé la cara e hice que me mirara— ¿Por qué lloras?
— Porque me siento *beep*…
— Bienvenida al club del amor, puede recoger su tarjeta en recepción cuando quiera, le aseguramos grandes descuentos en ropa del hogar y textil— la hice reír.
— ¿Crees que el sienta algo por mí?—preguntó insegura.
— No lo sé, no lo conozco lo suficiente pero…de que le gustas, le gustas.
— ¿Tú crees?
— Te aseguro que a mi no me mira igual— respondí burlona.
— Porque tú estas comprometida…y nada menos que con su mejor amiga.
— ¿Y? aun conservo mi **noallow** appeal— moví sugerente mis cejas.
— Jaja, eso seguro…Qué voy a hacer Any…
— Lo que has hecho estos días pasados. Disfrutar y estar con él. Deja que siga su curso. Si tiene que surgir algo, surgirá.
En el silencio de la casa escuchamos la puerta abrirse y cerrarse.
— Ya están aquí, no llores más…ya veras como todo sale bien— le aseguré.
Bajamos las escaleras y entramos a la cocina, donde los chicos estaban guardando las provisiones que habían comprado en el súper.
— ¡Mira!— exclamó Robert plantándole a mi amiga en todos los morros un bote de mermelada de naranja.
— Te acordaste…— suspiró esta agarrando el bote de compota entre sus manos y abrazándolo contra su pecho.
— Claro, cómo olvidarme, si me dijiste que te encantaba— la miró fascinado.
— Oh, gracias— lo abrazó.
— De nada— comentó el chico bobamente.
— ¿Podemos hablar?— llamó mi atención Dulce al otro lado de la cocina.
— Si, claro…— la seguí arriba a la habitación. – ¿Sucede algo?
— Me han llamado hace un rato. Debo viajar a Portsmouth a recoger unos papeles. Iré ahora a sacar el billete de tren. Lo mas seguro es que parta mañana temprano — abrió el armario y sacó una mochila donde comenzó a meter papeles y ropa.
— ¿Por lo del abogado?— paró su movimiento y la noté dudar antes de responder.
— Si, por lo del abogado.
— ¿Quieres que te acompañe?
— No, no hace falta, no te preocupes…lo cierto es que no sé si me dé tiempo de regresar antes de que vuelvas a España.
— Ya veo…— aparté la mirada de su figura mientras trataba de ignorar el dolor que poco a poco se iba instalando en mi pecho.
— No te preocupes, Robert conoce esta ciudad mejor que nadie, te aseguro que no os aburriréis.
La miré, observaba absorta unos papeles sin hacerme apenas caso. Salí de la habitación y me encerré en el baño.
“¿No aburrirme? Dulce, ¿en qué piensas?...si lo único que deseo es estar contigo…vine para eso, y ni lo notaste…” cerré los ojos y dejé escapar mis lagrimas en silencio.
***
— Robert, ¿quieres dejar ya el **** móvil de una puñetera vez?
— Joder, como está el patio…— me miró sin borrar la sonrisa de su cara antes de quitarle el sonido al endemoniado cacharro y seguir tecleando como loco.
Suspiré y volví a mi quehacer. Ante mí, papeles y más papeles referentes a lo que había conseguido averiguar sobre la vida de mi abuela me devolvían la mirada retadores.
“****…en la vida voy a poder descifrar todo esto…Es como un rompecabezas sin sentido. Tengo todo y nada. Veamos, Italia, Francia, Alemania, España e Inglaterra. Ok, centrémonos ahí… Brighton, Portsmouth… ¿y luego? Demonios, algo se me escapa…Esta mujer no puede haber desaparecido de la noche a la mañana así como así…”.
El zumbido de la vibración del móvil de mi amigo de nuevo cortó mi línea de pensamiento. Lo miré iracunda.
— ¿Qué? ¿Eso también te molesta? Cualquiera te entiende, vengo a ayudarte y mira encima como te pones— me miró elevando sus cejas y con la misma sonrisa de antes.
— A ayudarme a vaciar la nevera, ¿no?— enarqué mi ceja.
— No, a ayudarte con estos papelitos— comentó a la par que cogía varios montones y los lanzaba al aire.
— Joder, ¡Robert!, ¡¿eres imbécil o te lo haces?!— le grité intentando cogerlos al vuelo antes de mirarlo mas que mosqueada.
— ¿Y tú eres neurótica o te lo haces?— dijo levantándose y encarándome— ¿Qué demonios te pasa últimamente? ¡Estás insoportable! Entiendo que quieras resolver esto…pero se te está escapando de las manos. ¡Mírate! No comes en condiciones, no duermes… ¡Ni siquiera vas a clases! Necesitas ayuda Dulce, y con urgencia…No puedes con esto, es demasiado, y lo sabes…
— Robert, eres mi amigo y respeto tus opiniones, pero por favor, no trates de meterte en mi vida, porque es mía. Y si no como, no duermo o no voy a clases…es mi problema, no tuyo… ¿entiendes?
— Pues si es TU problema, no hagas parecer al resto culpable.
— ¿Si tanto te molestan mis humos para qué sigues viniendo?
— Eres la hostia…— movió la cabeza incrédulo— Lo cierto es que no sé ni porque lo hago…Quizás porque eres mi mejor amiga y me importas…o tal vez es porque simplemente sea masoca…
— Tal vez… ¿sabes? no quiero que nadie se compadezca de mí…y mucho menos tu…ahí tienes la puerta—le hice un movimiento con la cabeza, señalándosela.
— No te preocupes, sé donde queda. Espero que te vaya bien Dulce y que no tengas que lamentarte algún día por todas estas *****. Por perder tu vida, a las personas que alguna vez te importaron, tus sueños anhelando cumplir los imposibles de otro…por pasarte la vida buscando a alguien que lo mas seguro es que ya esté bajo tierra.
— ¡Vete ahora mismo de mi casa!— le grité golpeando con los puños la mesa.
— No te preocupes, ya me voy. Que tengas suerte.— dijo dándose la vuelta y saliendo de la habitación. No tardé mucho en oír la puerta principal cerrarse.
Cerré los ojos y apreté fuertemente los labios. Las lágrimas que había estado evitando comenzaron a recorrer mis mejillas. Abrí los ojos y miré la fotografía de papá. Me miraba con la misma sonrisa de siempre. Esa sonrisa que aun en los momentos difíciles me recordaba que solo era algo pasajero y que todo pasaría. Cerré los ojos de nuevo y me senté sobre la silla, ocultando mi rostro entre mis manos mientras me apoyaba sobre la mesa, sabiendo a ciencia cierta que esto no era algo pasajero, y que desgraciadamente ya no había vuelta atrás.
El sonido del teléfono me hizo levantar de un salto de la mesa. Me despegué varios papeles de la cara aun medio dormida antes de dirigirme hacia el aparato y contestar.
— ¿Sí?— respondí intentando colocar todos mis huesos en el sitio mirando de reojo el reloj. Eran las seis de la tarde.
— Hola— contestó una voz que hizo que automáticamente una sonrisa se instalara en mi rostro.
— Oh, hola cariño, ¿cómo estas?
— Bien, estaba aquí, pensando en ti…y decidí llamarte.
— Siento no haberte dado muchas señales de vida en las últimas semanas— traté de disculparme.
— No te preocupes, supongo que estuviste liada y eso… ¿Cómo va todo?
— Uhm, regular…
— ¿Regular? ¿Qué ha sucedido?—cuestionó preocupada.
— Nada— traté de mentir— Las clases, están siendo difíciles.
— ¿Segura que nada mas?
— No. Lo cierto es que esta mañana me peleé con Robert— admití sabiendo que de nada servia ocultarlo.
— Bueno, no es como si fuera la primera vez, ¿no?— trató de quitarle importancia para hacer que me sintiera mejor.
— No, pero esta vez es diferente. Nos dijimos demasiadas cosas a la cara.
— ¿Y? vuestra amistad es mas fuerte que cualquier palabra, no dejes que todo se vaya al demonio por una tontería.
— Es que no es una tontería…—comenté antes de que la voz me fallara y ya no pudiera hablar más. Las lágrimas de nuevo volvieron a inundar mis ojos.
— Shh, cariño, vamos, no llores…todo va a estar bien…
— No, no va a estarlo…soy una completa imbécil…Por una razón o por otra siempre consigo que todas las personas que quiero me dejen.
— No digas eso, porque no es cierto…ya verás como todo se soluciona…
Seguimos hablando por teléfono al menos una hora mas y debo reconocer que cuando colgué, no solo me sentía mejor sino que mis ideas estaban algo mas claras.
Al otro día me levanté temprano y fui a clases. Robert tenía razón, no podía seguir así…anhelando cumplir el sueño de mi padre a costa de mis propios sueños y la gente que quería. De nuevo contrataría un detective y que el hiciera su trabajo, pero antes me ocupaba algo más importante. Pedirle una disculpa a mi amigo. Desgraciadamente el día pasó sin que pudiera localizarlo. Volví a casa cansada y abatida por mi infructuosa jornada.
Giré la llave y entré al interior soltando de inmediato mi mochila a un lado y quitándome la chaqueta. El olor de un conocido perfume se introdujo en mis fosas nasales de camino a la cocina a por mi acostumbrado vaso de zumo.
“Dios, como necesito a esa niña…”
Abrí el mueble buscando mi vaso favorito y no encontrándolo.
“Juraría que esta mañana lo guardé al fregar…”
Cogí otro y abrí el frigorífico encontrándome el sitio de mi preciada bebida vacío.
“¿Dónde demonios…?”
Salí a la sala, pensando como ultimo intento que tal vez lo había dejado olvidado ahí en la mañana cuando había desayunado. Lo que encontré me hizo detenerme en mis pasos, dejándome más parada que un gato de escayola.
— Hola, ¿te hace un zumito?— me ofreció con una sonrisa mi preciado néctar desde el sofá.
— Any, ¿cómo…?— intenté preguntar al tiempo que se levantaba y se ponía frente a mí, agitando ligeramente unas llaves ante mis aun sorprendidos ojos.
— Me las dio la señora Norman— las dejó sobre la mesa y me abrazó. Le respondí abrazándola con fuerza.
— Dios, pellízcame, esto tiene que ser un sueño…— me pellizcó— Ayy, eso dolió… ¿tienes que tomártelo todo en el sentido literal?— me separé de ella cuando comenzó a reír.
— Ya, tú lo pediste, yo cumplo…no te enfades— de nuevo me rodeó la cintura y se pegó a mí.
— ¿Y cumplirás todo lo que te pida?— la cuestioné con un tono bastante sensual.
— Uhm…tal vez…— me miró divertida.
— Tu nunca cambias, ¿verdad?— le sonreí.
— Antes muerta que sencilla.
— Jaja, loca…me alegra que estés aquí…
— Y a mi me alegra estar aquí…— me miró dulcemente antes de empinarse y juntar nuestros labios.
— ¿Andi está arriba?—pregunté al separarnos.
— No. Esta vez vine sola— me miró sugerente antes de comenzar a besar mi cuello.
— Uhm…genial…se me ocurre entonces que podemos subir y ponernos algo más cómodas…y luego ponernos al día…—comenté rindiéndome al dulce suministro de esos cálidos labios en mi cuello.
***
— Lo harás…
— No…
— Oh, sí que lo harás…

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:54 pm

— ¿Y por qué yo y no él? dime— me miró adoptando una pose de lo más infantil.
— Porque lo digo yo, y punto— seguí caminando por la húmeda calle aun a pesar de que mi acompañante se había quedado clavada en el sitio— Es para hoy— me giré.
— No, no quiero— se cruzó de brazos y siguió sin moverse.
— Dulce por Dios, no seas cría— coloqué las manos en mis caderas a la vez que la miraba.
— Solo si me das algo a cambio.
— Ok, lo que quieras, pero vamos que tengo frío.
Comenzó a caminar. Una vez estuvo a mi altura me rodeó con sus brazos.
— ¿De verdad tienes frío? Pero si hoy hace hasta sol.
— A eso— me giré y señalé hacia un sol apenas visible cubierto por nubes— ¿lo llamas sol?
— Bueno, también lo llaman astro rey— me miró seria. Intenté imitarla elevando mi ceja, para solo obtener carcajadas por su parte.— A ver, a ver, hazlo otra vez…
— Si, claro, y mientras la nena se mea de risa aquí a una se le congela el moquillo— comencé a caminar de nuevo.
— Aish, si es que no me tienes paciencia— me abrazó de nuevo desde atrás besándome la mejilla.— Por cierto, ¿donde vamos?
— A casa de Robert.
— ¿En sentido contrario?
Paré en mis pasos y la encaré.
— ¿Cómo que en sentido contrario? ¡¿Pues cuándo pensabas decirme?!—la golpeé en el brazo.
— Auch, controla tu fuerza Sansona— comenzó a frotarse el lugar golpeado de forma tan exagerada que me hizo reír.— Eso, y encima ríete. No tienes corazón…— comenzó a hacer pucheros.
— Jaja, no seas dramática, pero pss…si ni te rocé…además, te lo merecías.
— Claro, claro…justifica el daño.
— Aish— rodé mis ojos antes de agarrarla del brazo y comenzar a caminar de nuevo por donde habíamos venido.
No tardamos demasiado en llegar a un residencial de pequeños chalets adosados.
— Ah, si, era por aquí, ahora me acuerdo…— comenté.
—Si, ahora te acuerdas— me sacó la lengua.
Antes de que pudiera responderle ya habíamos llegado a la puerta de la vivienda. La misma que se abrió a los dos segundos de tocar.
— Buenas— saludó Dul a Rachel al abrir esta.
— Oh, menuda sorpresa— dijo pasando su mirada de ella hacia mí— Pasad.
— Hola— la saludé acercándome y besándola en la mejilla. Dul hizo lo propio.
— ¿Está el cabezón de tu hermano?— le preguntó.
— Uhm, sip, en la cocina, armando el puzzle de tres mil piezas.
— Mala señal…
— ¿Tu sabes que le pasa? No se habrá peleado con Andi…— me miró mientras decía esto último.
— No, no se ha peleado con ella— le aseguré.
— ¿Andi? ¿Qué pinta ella en la historia?— cuestionó Dulce frunciendo el ceño.
— ¿Pues no es su novia?— preguntó Rachel.
— ¿Su novia? ¿Y cuando pensaba ese enano decirme? ¿El día de la boda?
— ¿Quién es?— apareció Robert en el marco de la puerta de la cocina— Ah, tú…— comentó sin demasiado entusiasmo volviendo al interior de la habitación.
— Será mejor que…— señaló hacia la cocina y comenzó a caminar hacia allí perdiéndose en el interior ella también.
— Bueno…creo que nos quedamos solas— me miró la rubia a mi lado.
— Eso parece…
— ¿Hace un rico chocolate?— me sonrió.
— Hace— respondí devolviéndole la sonrisa y siguiéndola al exterior.
***
Entré a la cocina para encontrarme con mi amigo sentado a la mesa.
— ¿Para qué viniste?— cuestionó elevando su cabeza y encarándome antes de volver su atención a la pieza que sostenía entre sus manos.
— Lo sabes perfectamente…— dije colocándome a su lado y observando su obra.
— Pues mejor otro día…hoy estoy ocupado como puedes ver…— comentó intentando encajar la pieza en varios extremos. Tras varios intentos se rindió dejándola a un lado y cogiendo otra. Cogí la pieza que había abandonado y la coloqué en el espacio donde iba. La miró encajada, ligeramente sorprendido de que fuera ese su lugar.— Gracias— susurró volviendo la atención a la pieza que aun sostenía.
— Robert, lo siento…Sé que me equivoqué, que me porte fatal contigo…
— Déjalo, ya que más da…el daño ya está hecho— me miró triste.
— Lo sé, y sé que eso no puedo cambiarlo…pero déjame rectificar, por favor…— le supliqué.
— ¿Me prometes que volverás a contratar a alguien para lo del caso de tu abuela y que te olvidaras de seguir jugando a los detectives?
— Te lo prometo.
— ¿Y me prometes que no volverás a saltarte clases? ¿Que te alimentaras en condiciones y trataras de dormir algo mas?
— No sé si pueda prometer tanto…
— Muy bien, pues que sepas que no pienso pasar mas mis apuntes a limpio, así que sino los entiendes después, arreando que es gerundio…— intentó fingir enfado, pero su sonrisa lo delató. Me acerqué y lo abracé.
— Gracias, por a pesar de todo seguir siendo mi amigo.
— Nunca he dejado de serlo, y, pase lo que pase, nunca lo dejaré de ser.
— Gracias…
— Bueno, ya, quita, que me vas a hacer llorar como una magdalena y tó…
— Jaja, tranquilo, traje klinex por si acaso— lo miré burlona.
— Dios, que buena amiga, siempre pensando en todo…— rodó sus ojos— ¿me ayudas con esto?
— Solo si me das la pieza que llevas en la mano.
— ¿Pa qué? Si ni encaja…— me la tendió. La giré antes de acercarla a uno de los extremos de la obra y colocarla.
— ¿Qué decías?— cuestioné guasona.
— Que te adoro mi vida, no sé que haría sin ti— me lanzó un beso al aire.
— Jaja, eso mejor lo mantenemos en secreto, no quiero que cierta chica me cuelgue en el árbol más cercano.
— ¿Any es celosa?— siguió intentando encajar piezas donde no era.
— No lo sé, supongo que lo normal. Pero hablaba por Andi— lo miré esperando una explicación.
— No me mires así, intenté decírtelo varias veces, pero estabas tan absorta en lo tuyo que ni caso me hacías.
— Lo siento, yo…
— Ya, no pasa nada, está olvidado…Y sip, estamos saliendo.
— Uys uys, pero ¿saliendo? o ¿“saliendo”?— remarqué las comillas de la última pregunta.
— Si lo que quieres saber es si vamos en serio te diré que…sip.
— Vaya vaya …
— Es maravillosa, sus ojos son como…— comenzó con el monólogo de maravillas y lindezas de su amada mientras sonreía bobamente mirando hacia la inmensidad de la nada en el techo. Sonreí volviendo parte de mi atención hacia el puzzle.
***
El delicioso olor proveniente de la parte baja de la casa hizo que poco a poco fuera abriendo mis ojos.Miré a todos lados de la habitación, algo desorientada por el lugar en el que me encontraba. El recuerdo de la noche anterior vino como un flash a mi consciencia haciendo que de inmediato se instalara una sonrisa en mis labios.
Cerré los ojos y me regocijé en el recuerdo de las suaves manos de Dulce sobre mi cuerpo, de sus calidos labios…suficiente para que el solo hecho de recordarlo hiciera que el calor comenzara a tomar forma en la parte baja de mi vientre. Abrí los ojos aun sonriendo bobamente mientras me decidía a salir de debajo de las sabanas.
El frío golpeó mi cuerpo desnudo mientras rebuscaba entre el edredón tirado en el suelo parte de la ropa que la noche antes había caído sin previo aviso. Una vez vestida salí de la habitación y bajé las escaleras, prácticamente siendo arrastrada por la tentadora fragancia que salía de la cocina. Entré, solo para descubrir a Dul, ataviada con un delantal sobre su pequeño short de deporte y su top, haciendo tortitas.
— Buenos días— dije rodeándola desde atrás y depositando un beso en su cuello.
— Buenos días bella durmiente— susurró girando la cabeza y robándome un beso antes de volver su atención a la plancha.
— Uhm, huele rico…— comenté olisqueando sobre su hombro aun abrazada a ella.
— Pues espera a probarlas…— volvió a girarse besando esta vez mi sien— ¿Dormiste bien?— susurró sin dejar de mirarme.
— Divinamente… ¿y tu?— la cuestioné rozando ligeramente sus labios con los míos.
— Uhm, en mi vida había dormido mejor…— susurró de nuevo antes de apoderarse de mis labios, plancha por completo olvidada a un lado. El comienzo de olor a chamuscado hizo que nos separáramos.
La observé divertida viendo como trataba de despegar las tortitas de la plancha sin mucho éxito antes de apartarme de su lado y terminar de poner la mesa.
Colocó el plato sobre la mesa a la vez que tomaba asiento. Me senté frente a ella.
— ¿Zumo?
— Si, gracias. ¿Con mermelada de fresa?— cuestionó señalándome una de las tortitas.
— Como estén más ricas…
— Entonces ya veras…— se levantó, puso cacao en polvo en un vaso y añadió un poco de leche, lo metió al microondas. Unos minutos bastaron para que degustara el mejor desayuno de toda mi vida.
— Dios, estaba de muerte…— comenté chupándome los dedos manchados de chocolate.
— Jaja, dijiste, estaba…— se echó hacia atrás en su silla y me miro terminando de beber el café que le quedaba en su taza.
— Tres kilos me has hecho engordar con esto, que lo sepas.— me eché hacia atrás yo también, apoyándome en el respaldo mientras me frotaba el estómago satisfecha.
— Genial, con un par de desayunos más estarás en tu peso— me miró burlona.
— Jaja, ¿en mi peso? ¿O en el del hipopótamo?
— Sin comentarios— sonrió colocando la taza sobre la mesa.— ¿Qué te apetece hacer hoy?
— Uhm, no sé, ¿dónde me llevaras?— apoyé los codos sobre la mesa acortando la distancia que nos separaba.
— ¿A dónde quieres ir?— adoptó la misma posición que yo.
— Mientras vaya contigo que más da donde vayamos…
Sonrió ante mi respuesta.
— Ok, entonces te llevaré a los suburbios a que compres al rastro cosas ilegales.
— Jajaja, graciosilla— le saqué la lengua. La seriedad de su rostro me hizo dudar por unos instantes. Fruncí el ceño.—Estas de coña, ¿verdad?
— ¿Lo estabas tú cuando dijiste que te daba igual ir donde fuera?
— No pero…— sus carcajadas me detuvieron.— Que guasona estamos desde bien tempranico, ¿eh? Se nota que dormiste bien…— le sonreí de lado.
— Si yo le contara…— sonrió haciéndose la interesante.
El sonido del teléfono interrumpió nuestra conversación.
— No te escapes…
— Jaja, si claro, como si tuviera muchos lugares donde ir— rodé mis ojos. Lo último que vi fue su sonrisa antes de que se perdiera por la puerta.
***
— Entiendo…muchas gracias por haberme avisado.
Colgué el auricular mientras trataba aun de asimilar la noticia que Caroline Spencer, la hija adoptiva de Peter Spencer, me había dado.
— ¿Sucede algo?— unos pequeños brazos rodearon mi cintura atrayéndome hacia la calidez del cuerpo al que pertenecían.
— Si— me giré en el abrazo y encaré a Anahi— Me acaban de avisar que alguien a quien conozco está agonizando.
— Oh, vaya, lo siento. ¿Es joven?
— No, es ya…mayor. Como de la edad del abuelo. Aun no puedo creer que…— me separé de su lado y me acerqué hacia la ventana.
— Ey, vamos…— se acercó de nuevo a mi, colocando esta vez una mano sobre mi espalda.
— Tengo que volver a Portsmouth— dije casi sin pensar apartándome de ella y saliendo de la sala.
— ¿Qué?— me siguió agarrándome del brazo.
— Me voy a Portsmouth— la encaré.
— Si, eso ya lo he escuchado… ¿pero así? ¿Sin más?
— Tengo que hacerlo…
— Ya se nota… ¿y yo qué? ¿Estoy pintada acaso?
— Anahi, entiende, necesito hablar con ese hombre por última vez…
— Ya veo…lo que no entiendo es para que…
— Son…— “No puedes decirle la verdad”—…negocios.
— Ok, déjame acompañarte al menos— dijo adelantándome en las escaleras.
— No, me gustaría ir sola— la detuve.
— Te gustaría…muy bien, ¿qué mas te gustaría hacer sola? ya puestas…
— Anahi, por favor, no tengo tiempo para chiquilladas— terminé de subir las escaleras y entré a mi habitación.
— ¿Te parecen chiquilladas?— cuestionó dolida siguiéndome al interior de la habitación— Dulce, si tu no tienes tiempo a mi se me agota la paciencia. Trato de entender que sucede, buscar una explicación razonable a tus huidas repentinas pero no puedo, y lo siento pero no me basta con que me digas que son negocios. Sé perfectamente que no estas teniendo ningún problema respecto a eso, ni con abogados ni con nada, y lo sé porque le pregunté a papá.
Me limité a sacar mi bolsa del armario y comenzar a meter ropa en su interior.
— ¿Me ignoras? muy bien, me queda bien claro todo…ay no, espera, tienes prisa, no puedes siquiera explicarme a que demonios tanto misterio.
— No hay ningún misterio, ya te dije que son negocios.— me volví encarándola.
— Muy bien… ¿Y esos supuestos negocios son más importantes que yo? ¿Te importan más?
— Anahi no trates de…
— ¿De hacerte sentir culpable? ¿Te has parado a pensar como me siento yo? ¿Cuántas veces nos hemos visto desde que comenzamos la relación? ¿Las has contado? porque yo si…tres veces en seis meses… ¿y cuantas veces has salido huyendo? otras tres… ¿qué quieres que piense al respecto? Está bastante clara tu postura…— sus lagrimas recorrían su rostro con total libertad de movimiento.
— Anahi…— intenté calmarla acercándome.
— No, no me toques Dulce, estoy cansada…estoy cansada de fingir que no pasa nada, de intentar comprender cosas que ni siquiera entiendo…estoy cansada de esperar junto al teléfono a que te dignes a llamarme…de esperar junto al buzón a recibir tus cartas…estoy cansada de tus promesas vacías…
— Any, por favor escu…
— No, Dulce, ya no hay tiempo para mas…esto se ha acabado.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 9:54 pm

DOCEAVA PARTE
La vida puede resultar un asco si de verdad te lo propones. No importa cuanto poseas, no importa lo que obtengas… nada tiene sentido cuando sientes que tu vida está vacía.
El mundo siguió girando después de que Anahi me dejara. Si, dejara, porque ella me dejó. Vale que tal vez me lo merecía pero, ¿eso también implicaba el evitarme de por vida?
Bueno, ya que más da, han pasado ocho años desde aquello…Ocho años que me han llevado a todos lados y a ninguno. Cuando acabé la carrera me asocié con Robert y unos compañeros mas y montamos un bufete. Quizás éramos inexpertos al principio pero poco a poco y con la ayuda de colegas con reputación que se unieron a nosotros conseguimos que el negocio pronto prosperara y consiguiera el prestigio suficiente como para hacerse un hueco importante entre los mejores del gremio a escala nacional.
Con mi vida personal como supondréis no tuve igual suerte al respecto. Seguí volviendo a casa de mis tíos durante un tiempo, e intenté acercarme a Anahi para salvar lo nuestro en un par de ocasiones…pero no fue suficiente…Si ya de por sí nos separaba mar y tierra ella se encargó de poner mas de por medio. Decidió irse a estudiar periodismo a Italia nada mas acabar el instituto. Lo último que supe de ella fue que vivía en Roma trabajando como columnista en un periódico local.
Robert seguía con Andi, vivían juntos…y yo, a pesar de las múltiples citas que tanto uno como otro se empeñaban en conseguirme, seguía sola.
— ¿Conseguiste los detalles del caso Hitchman?
Suspiré antes de abandonar la esplendorosa vista que ofrecía el ventanal de mi oficina y dirigir la atención hacia mi amigo.
— Sí, están ahí sobre la mesa.
— Genial, Peter quiere echarles un vistazo antes de darle carpetazo.
— ¿Caso cerrado?— comenté tomando asiento tras mi escritorio y abriendo mi correo electrónico.
— Sí, al parecer llegaron a un acuerdo entre las partes.
— Bueno, un quebradero de cabeza menos…— me centré en los mensajes de mi bandeja de entrada.
— Vale, me voy a entregar esto— dijo señalando la carpeta que sostenía en una de sus manos. Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. Se giró de nuevo hacia mí— Ah, por cierto, ¿para esta noche prefieres carne o pescado?
— ¿Esta noche?— lo miré enarcando mi ceja.
— Dulce, te lo dije hace tres días…
— Lo siento, no sé si pueda ir, tengo cosas que hacer ya.
— ¿Sí? ¿Cómo qué?— se cruzó de brazos esperando mi excusa.
— Tengo trabajo para mañana.
— La cena es a las nueve, espero seas puntual por una vez— dijo saliendo antes de que pudiera replicar.
Miré la puerta cerrada por unos instantes antes de volver a centrarme en la pantalla del ordenador. El teléfono me interrumpió esta vez.
— ¿Sí?
— Señorita Dulce, tiene una llamada por la línea 2, ¿se la paso?
— Sí, claro— respondí a mi secretaria con una sonrisa ya instalada en mi rostro al saber de quien se trataba. Solo una persona me llamaba al trabajo por esa línea, el pequeño Alex.
— ¿Dul?
— Hola pequeño, ¿no deberías de estar en clase?
— Si, es solo que…— comenzó a llorar haciendo que el pánico comenzara a instalarse en mí.
— Cariño, ¿qué sucede?
— Dul, a papá le pasó algo…vino la ambulancia y se lo llevó.
— ¿Cuándo?
— Hace un momento, estoy asustado Dul…— siguió llorando.
— No te preocupes cariño, tranquilo, ¿estás solo en casa?
— No…mi hermano está arriba llamando por teléfono a mi hermana.
— Enano, ¿se puede saber que haces?— cuestionó al pequeño una voz varonil al otro lado de la línea.
— Es Dul— le respondió lloroso Alex entregándole al parecer el auricular.
— ¿Dulce?
— Dani, ¿qué ha pasado?
— La verdad no lo sé aun, pasé la noche fuera de casa y cuando llegué esta mañana me encontré todo el jaleo. La ambulancia se llevó a papá al hospital hace apenas media hora. Por lo visto parece que fue un infarto. Mamá aun no llamó.
— ¿Has avisado a tu hermana?
— Si, ya la avisé.
— Muy bien, estaros tranquilos, cualquier noticia me llamáis a mi móvil, ¿ok?
— Si, no te preocupes.
— Vale, en un rato os veo.
Colgué antes de volver a coger el auricular y comunicarme con mi secretaria.
— Rose, cancelame toda la agenda para hoy y un par de días más.
— Pero señorita tie…
— Rose por favor, es importante, y por favor consígame un billete de avión para España a más tardar para dentro de tres horas.
— Está bien, la llamo para confirmarle.
— De acuerdo, muchas gracias.
***
“Creo que papá sufrió un infarto…”
Las palabras de mi hermano se repetían una y otra vez en mi cabeza. Miré a través de la ventanilla del taxi mientras intentaba en vano evitar las lágrimas.
— ¿Se encuentra bien señorita?— cuestionó el conductor mirándome curioso por el espejo retrovisor.
— Si, no se preocupe. Por favor, acelere un poco más.
— No se preocupe, ya estamos llegando— dijo mostrándome sus negros dientes a través de su sonrisa.
Apenas cinco minutos después estaba bajando del vehículo y entrando al hospital. Me dirigí hacia el mostrador con la intención de preguntar que había sido de mi padre, cuando la presencia de otra persona hablando con la chica me detuvo. Terminé de acercarme mas al mostrador al ver que se apartaba solo para casi infartarme cuando al girarse vi la profundidad de unos conocidos ojos miel.
— Oh…hola…— susurró casi tan sorprendida como yo.
— Hola…venía a…
— En la UCI…— se apresuró a responder antes de que acabara.
— La segunda planta, ¿verdad?
— Si…— afirmó mientras comenzaba a caminar hacia el ascensor. Paseé la mirada por su cuerpo antes de seguirla.
“Dios, no…ni lo pienses…”. Moví la cabeza intentando eliminar mis pensamientos.
El ascensor se cerró con solo nosotras en su interior.
— ¿Sabes exactamente que ha sucedido?— me cuestionó mirándome fijamente. Le sostuve la mirada por unos instantes antes de responderle algo aturdida.
— No, Dani me dijo que creía que había sido un infarto, pero que no estaba seguro.
— Sí, a mí me dijo igual.
— ¿Te llamó él?
— No, Alex…estaba bastante asustado.
Salimos del ascensor poniendo rumbo a la unidad de cuidados intensivos.
— Apenas vea como está papá iré a verle…
— No te preocupes, está bien. Me pasé por allí al venir del aeropuerto. Nervioso y asustado, pero bien.
— Es un niño…demasiado.
— Si, pero es fuerte.
— ¿Tú crees?— cuestioné deteniéndonos antes de entrar a la siguiente sala.
— Claro, se parece a su hermana— me miró mientras decía esto último.
— Entonces no es tan fuerte…
— No me contradigas— sonrió levemente haciéndome sonreír a pesar de todo.
“Oh oh, peligro…deja de mirarla y entra a ver como está tu padre antes de que hagas o digas cualquier tontería…”
Al entrar a la sala encontramos a mi madre sentada en una silla. Se levantó a recibirnos.
— Oh, cariño— se abrazó a mí llorando.
Dulce se mantuvo alejada de nosotras, otorgándonos algo de privacidad. La vi acercarse al cristal de la habitación antes de ponerse a hablar con uno de los médicos que en ese momento salía del cuarto.
— Shh, tranquila… ¿qué ha sucedido? ¿Cómo está papá?— cuestioné volviendo a mi madre a la vez que me separaba de ella y la encaraba.
— Snif, fue un infarto.
— ¿Pero se encuentra bien? ¿Cómo está?
— Está bien, dentro de la gravedad de la situación. Ahora mismo está estable. Tal vez mas adelante tenga que someterse a una operación…— comenzó a llorar.
— Vamos mamá, tranquila. Lo importante es que ahora está bien.— traté de sonreírle.
— Si… ¿viniste sola?— preguntó mirando alrededor percatándose de la presencia de Dul junto al doctor.
— Desde Italia si…a Dulce la encontré al llegar al hospital.
En ese momento se acercó a nosotras.
— Hola tía— saludó a mi madre besándola en la mejilla y abrazándola.
— Hola Dul, gracias por haber venido…
— Por nada, sois mi familia, es lo menos que podía hacer.
— ¿Qué dijo el doctor?— le pregunté acercándome hacia el cristal y mirando al interior donde mi padre permanecía conectado a un respirador y varias maquinas mas
— Que fue un infarto, pero que ahora mismo se encuentra estabilizado. Comentó que tal vez lo subieran a planta en unas horas. No descartó que en un futuro tenga que someterse a una operación.
***
— ¿Qué tal por Roma?— rompí el silencio que imperaba en el coche desde que habíamos salido de casa de mis tíos.
Aprovechando que habían pasado a mi tío a planta, llevé a Anahi a su casa para comprobar como estaban sus hermanos y recoger algo de ropa para su madre, que a pesar de nuestras insistencias había decidido quedarse en el hospital acompañando a Miguel.
— Bien…todo bien…— comentó ausente mientras seguía mirando a través de la ventanilla del copiloto.
Ante su escueta respuesta decidí que no era el momento idóneo para cháchara por lo que seguí conduciendo a través de la noche el mercedes de alquiler que para mi agrado la eficiente de mi secretaria me había reservado al aterrizar.
— ¿Y tú? ¿Qué tal por Londres? he oído que el negocio te va muy bien.
Me sorprendió su afirmación pues aunque sabía que seguía en contacto con Andi no pensaba que se dedicaran a hablar precisamente de mí.
— Si, lo cierto es que no puedo quejarme, va bastante bien.
— Es lo que tiene sacrificar tanto.
La miré esperando encontrar algo en su mirada, dureza tal vez, pero lo único que encontré fue cansancio.
— Si, supongo…— comenté estacionando el coche en el parking del hospital y sacando la llave. Nos quedamos un breve instante en silencio, sin movernos, solo mirando al frente.
Me giré y miré su perfil, en ese momento una lágrima caía por su mejilla. Elevé mi mano y la sequé con uno de mis dedos. La noté estremecerse ante mi caricia antes de cerrar fuertemente sus ojos impidiendo así que mas salieran. Continué acariciando su rostro.
— Anahi…— susurré acercándome.
— No… — dijo abriendo sus ojos y separándose de mí. Abrió la puerta y salió.
Suspiré antes de hacer lo mismo y salir del vehículo.
El camino hacia la habitación transcurrió de nuevo en el más estricto silencio. La seguí a través de los pasillos tratando de mantener la distancia que ella misma se había encargado de imponer entre nosotras. La presencia de otra persona hablando con su madre en la puerta de la habitación la hizo aligerar el paso.
— ¡David! — exclamó a la vez que lo abrazaba. Lo besó.
Aminoré mi paso, entre sorprendida, aturdida y algo celosa por lo que veían mis ojos. Me acerqué a mi tía, tendiéndole la bolsa con lo que nos había solicitado.
— Gracias, cariño — me sonrió sosteniéndola entre sus manos y entrando a la habitación.
Me quedé en el pasillo, viendo a mi tía perderse en el interior y a la pareja aun besándose. Al límite de lo que podía soportar decidí que lo mejor que podía hacer en ese momento era seguir a Diana. Estaba por hacer eso cuando Anahi se dirigió hacia mí.
— ¿Dulce?
— ¿Si?— dije volviéndome y percatándome que estaban ya a mi altura.
— ¿Recuerdas a David?
Miré al tipo unos instantes antes de reconocerlo tras la mugrosa barba de cuatro días.
— David Carrido— afirmó tendiendo su mano ante mí.
— Si, ya recuerdo— comenté mientras se la agarraba y la estrujaba con fuerza. La mueca de dolor en su cara fue evidente.
— Un gusto verte de nuevo— dijo con poca gana mientras intentaba mover su lastimada mano a un lado de su cuerpo.
— Lo mismo digo— respondí guardándome todo mi sarcasmo.
— David es mi prometido— comentó casual Anahi mientras lo agarraba del brazo posesivamente.
Si haberla visto besándose con el tipo me había helado la sangre ya la noticia ni digamos. La miré sorprendida, viendo como me sonreía, antes de dirigir la mirada a la persona que más instintos asesinos desataba en mi en ese momento, su supuesto prometido que, para que negarlo, tenía mas cara de sorpresa que yo.
— Que bien, me alegro. Enhorabuena.
Intenté sonreír antes de tenderle de nuevo mi mano al capullo que tenía enfrente. La miró entre dudoso y con miedo antes de estrecharla en la suya. Sorprendido de que esta vez no se la estrujara me sonrió, suficiente para desatar mi “ira” de nuevo.
Soltó su mano agitándola evidentemente al aire mientras me miraba ceñudo. Me limité a sonreírle con fingida inocencia antes de volver mi vista hacia Anahi y acercarme a ella estrechándola en un abrazo que duró lo suyo.
Sabía que por instinto me rodearía la cintura con sus brazos, y así fue. Me separé un poco y la miré a los ojos esperando encontrar, pobre de ella, la señal que necesitaba. El verde azulado que tantas veces atrás había visto en sus ojos me indicó lo que necesitaba saber en ese momento. Le sonreí sinceramente, acercando mis labios a su oído.
— Espero que seas muy feliz, prima.— le susurré obteniendo un estremecimiento por su parte.
La miré de nuevo a los ojos, observando que gracias a mi comentario mordaz el color había variado ligeramente. Satisfecha, me agaché depositando un suave beso muy cerca de sus labios, notando como su respiración se aceleraba. La miré triunfal antes de separarme. Su mirada solo me devolvió odio…y la de su prometido mejor no hablamos.
Entré a la habitación dejándolos a solas en el pasillo. Unos minutos después entraron. No tardé mucho en despedirme de mis tíos y salir del sitio.
Conduje por la ciudad sin rumbo fijo durante casi una hora mientras mi cabeza trataba una y otra vez de pensar que era lo que debía de haber hecho en mis otras vidas para que el destino me tratara de forma tan cruel en esta.
“¿Qué creías pedazo de subnormal? ¿Qué la niña iba a estar esperándote?”
Detuve el coche frente al puerto y salí de el. El húmedo aire marino me golpeó de lleno. Me abracé a mi misma mientras caminaba hacia el borde. Intenté ver algo en la lejanía a través de la fría oscuridad, pero ni mis pensamientos encontré. Suspiré antes de bajar la cabeza y enfrentarme al negro océano mientras las lagrimas conquistaban mis ojos.
— Obtuviste lo que mereciste, ni más ni menos…. y tal vez simplemente…sea mejor así…
Sequé mi cara, enfadada conmigo misma por estar actuando así, y puse rumbo hacia el auto. Inicié la marcha con la intención de dirigirme hacia el hotel donde me hospedaba. Las luces de un pub llamaron mi atención mientras conducía a través de la desierta calle. El dolor de mi corazón me hizo estacionar y salir del coche, incapaz de regresar a la fría soledad que me otorgaba la habitación del hotel.
Entré y me acerqué a la barra pidiendo un whisky doble en cuanto la camarera me tuvo en el punto de mira. Bebí mi vaso en apenas dos sorbos solicitando otro.
— Buenas noches, ¿tienes fuego?— me preguntó alguien a mi lado. Me giré y encaré a la rubia que osaba profanar mi ahogo de las penas. Unos conocidos y sorprendidos ojos marrones fue lo que encontré.— ¿Dulce Maria?— cuestionó insegura, cigarro por completo olvidado a un lado.
— Hola Iris. No, no tengo fuego— volví la atención hacia la camarera que en ese momento depositaba otro vaso frente de mi.— Gracias— susurré cogiéndolo y bebiendo un trago.
— ¿Dulce?— colocó una mano en mi espalda.
— Si, soy Dulce— la encaré de nuevo con cara de pocos amigos. Pareció ignorarla.
— ¿Ha sucedido algo?— cuestionó mientras de nuevo me rendía al liquido amarillo del vaso en mi mano.
— ¿Y por qué tendría que suceder algo?— le sonreí agriamente— Eyy, ¿tiene un mechero?— pregunté a la chica que servía en la barra.
— Si, claro— me tendió uno, el mismo que le di a la rubia a mi lado.
— Ya tienes fuego, incendia el monte y piérdete— dije dándoselo y girándome a un lado esperando que se marchara. Para mi total desagrado me rodeó y me encaró de nuevo.
— Para que lo sepas, alcohólica no anónima, la piromanía ya es un capitulo cerrado en mi vida.
— Muy bien, me alegro…— intenté fingir emoción—… ¿algo más?
— Sí, que ha pasado contigo…tú no eras así…
— La gente cambia…a la vista está— subrayé mirándola de arriba a abajo mientras me daba cuenta de que por su apariencia debía de ser una chica de negocios.
— Eso parece…y yo que pensé que ganaría el premio al mayor cambio en la reunión del instituto a los diez años…
— Pos ya ves….— respondí sin ganas.
— ¿Qué haces en España? te hacía en Londres, como una gran abogada.
— Asuntos familiares.
— Ya veo…pues deben de ser realmente importantes y graves cuando te hacen perder la compostura de tal forma.
— ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?— pregunté intentando cambiar de tema, rindiéndome al hecho de que por mucho que lo intentara no conseguiría que se marchara y me dejara en paz.
— Trabajo aquí.
— ¿Aquí? ¿En este antro?— enarqué mi ceja.
— Oye, ¿qué antro?— entró en la conversación la chica de la barra que en ese momento servía unos tragos no demasiado lejos. Volví la atención hacia la rubia a mi lado.
— Trabajo en comisaría como detective.
— Joder, de estar en chirona a llevar las llaves— comenté con guasa.
— Nunca he estado en chirona— respondió con tanta seriedad que me hizo revolverme incomoda.
— Lo siento no he…
— Ya, no te preocupes— me sonrió.
— Vivo en Londres, trabajo en un bufete de abogados allí, vine por asuntos familiares.— me sorprendí revelando.
— Eso dijiste, ¿algo grave?
— Mi tío sufrió un infarto.
— Pero él no ha…— no acabó la frase esperando que continuara.
— No, se encuentra bien. Estará en el hospital unos días más.
— Me alegro que esté bien, es un buen hombre.
— Si, lo es— admití mientras recordaba algunos de los momentos que había compartido con él.
— ¿Y que hay de Anahi? La última vez que la vi fue hace un par de años, acababa de terminar la carrera. ¿Sigue viviendo en Italia?
El cambio de tema me hizo revolverme de nuevo, pero aun así respondí.
— Si, sigue viviendo en Roma y en cuanto a como está…puedo decirte que perfectamente, con planes de boda cercanos.
— Oh, eso si…me sorprende— parecía que la chica alucinaba con la información.
— Mas me sorprendió a mí, que me enteré hace un rato— mi pensamiento se verbalizó en mi voz casi sin darme cuenta. Di un nuevo trago a mi vaso, notando como su mirada se clavaba en mi perfil.
— Así que ese es el motivo…
— Es bonito celebrar por la familia, ¿no crees?— le comenté irónica.
— ¿Por qué lo dejasteis?
Su pregunta me dejó K.O. La miré extrañada.
— ¿Qué? Tampoco había que ser adivina para saberlo. Se notaba a la legua que algo había entre vosotras.
— Torpezas del destino.
— ¿Qué?— volvió a preguntar mirándome seria.
— Por eso lo dejamos, por torpezas del destino.
— Vaya, veo que el alcohol saca a la luz tu lado mas filosófico.
Está vez fue mi turno de mirarla seria.
— Lo siento— alzó las manos en son de paz.
— Ya, no pasa nada. Es solo que es una larga historia.— admití cansada ya de todo.
— Muy bien, tengo toda la noche— me sonrió tomando asiento a mi lado.
***
Abrí los ojos notando los calidos rayos del sol golpeando sobre mi cara. Miré a mi alrededor mientras trataba de acordarme donde estaba. El sonido de mi móvil hizo que alargara la mano y lo cogiera.
— ¿Sí?— cuestioné mientras el dolor en mi sien se hacía patente.
— ¿Dulce? ¿Eres tú? ¿Qué te pasa?
— Uhm, nada Robert, una larga noche nada más.
— ¿Sucedió algo? ¿Cómo está tu tío?
— No te preocupes, está bien. Se encuentra estable, pero sufrió un infarto. Ahora solo le queda cuidarse un poco y esperar a una posible operación.
— Oh, bueno, dentro de lo que cabe es bueno. ¿Y tú como estas? Por el tono de tu voz…
— Estoy bien— me apresuré a responder antes de que acabara de hablar.
— Ok, no pregunto más.
— Siento mucho lo de la cena de anoche.
— No te preocupes, estás disculpada, de todas maneras tampoco pudo venir la amiga de Andi.
— Así que había nueva amiga para conocer… ¿Cuándo dejaréis de buscarme novias?
— Cuando consigamos emparejarte con alguien.
— Seguid soñando.
— Algún día mi querida Dulce caerás…
— Si si… ¿Cómo está todo por el bufete?
— Sobrevive sin ti.
— Un alivio, al menos ya sé que no resulto indispensable.
— Jaja, lo cierto es que Peter está mas liado que la sandalia de un romano con el nuevo caso.
— Oh, dios…no me digas, que novedad más grande.
— Jaja, tu secretaria me dijo que tu billete de vuelta era para mañana.
— Si, pero lo mas seguro es que vuelva hoy mismo.
— ¿Por qué? Dulce, no seas boba, tomate unos días para estar con la familia. El trabajo puede esperar.
— Supongo, pero no me siento cómoda aquí.
— ¿Viste a Anahi?
— Si, a ella…y a su prometido— escupí con rabia la ultima palabra.
— Vaya, ya veo.
— Tú lo sabías, ¿verdad?
— Bueno, sabía que estaba con alguien, pero no que fuera a casarse con él. ¿Estas segura de que era su prometido? Es raro, Andi no me ha dicho nada…
— Tan segura como me lo presentó de esa manera.
— Joder…— el sonido del teléfono de su despacho lo interrumpió— Un momento.
— No te preocupes.
Me levanté de la cama y entré al baño donde llené un vaso con agua. Salí, cogiendo la pastilla que inexplicablemente había sobre la mesa y la introduje en el líquido, mientras seguía esperando a mi amigo. No tardé mucho en volver a escuchar su voz.
— Dulce, tengo que dejarte, es de la oficina del fiscal.
— No hay problema, cuídate. Saludos para Andi.
— No te preocupes, se los doy. Nos vemos.
— Nos vemos— susurré cortando la llamada y tirando el móvil sobre la cama.
Un papel sobre la mesita de noche llamó mi atención. Me acerqué y lo cogí.
Buenos días Dulce, espero que esas copas de mas no te estén pasando factura ahora. Por si acaso ahí te dejo una pastilla para la resaca. Te aseguro que es milagrosa. Espero poder volver a verte antes de que te marches. Seguramente tengas noticias mías en unos días. Espero que lo tuyo con Anahi pueda solucionarse, nunca pierdas la esperanza.
Atentamente…Iris
“¿En que momento le conté a Iris todo?”. Me pregunté ceñuda mientras dejaba la nota a un lado y ponía rumbo a la ducha.
***
“Espero que seas muy feliz, prima”
El recuerdo del susurro de esa calida voz en mi oído no dejaba de hacerme estremecer muy a pesar del rencor que esas simples y llanas palabras con ese toque de sarcasmo despertaban en mi ser.
“Te has equivocado Anahi, admítelo. Y lo peor es que tal vez ya no exista vuelta atrás”
Cerré los ojos intentando contener las lágrimas. Unos fuertes brazos me rodearon de inmediato.
— Shh, no llores mi amor, tu padre va a estar bien... — noté a David susurrarme al oído en el abrazo.
“Si supieras que no lloro por él…si supieras que lloro porque a pesar de todo sigo enamorada de ella…”
Abrí los ojos y miré en la profundidad de sus ojos marrones esperando encontrar todo aquello que encontraba cuando tantos años atrás miraba en otros ojos azules. Lo que vi, o más bien lo que no vi, me hizo cerrarlos de nuevo y abandonarme a mi llanto.
Unas horas mas tarde estaba entrando a la habitación de mi padre.
— Hola papá, ¿cómo estas?— lo besé.
— Como si me hubieran atropellado. ¿Vienes sola?— cuestionó mirando hacia la puerta.
— Sí, David fue a su casa a ver a su madre. Lo mas seguro es que tenga que regresar esta tarde mismo a Roma.
— Oh, que pena. Me hubiera gustado haberos tenido a todos aquí unos días.
Sonreí al notar la tristeza en su comentario.
— No te preocupes papá, tal vez pronto. Ahora en lo único que tienes que pensar es en recuperarte y cuidarte más.
— Sí, el medico ya pasó esta mañana y me leyó la cartilla. Parece que me toca tomármelo con calma a partir de ahora.
— Mas te vale viejito— mi comentario se ganó una enorme sonrisa— ¿Y mamá?
— La mandé a casa en cuanto Dulce apareció por la puerta.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 10:06 pm

— ¿Ha venido Dulce?— pregunté extrañada.
— Si, esta…— la puerta del baño se abrió haciéndola aparecer con una cara no demasiado feliz—…justo ahí.
— Hola— me saludó con el rostro aun descompuesto.
— ¿Te encuentras bien?— cuestioné preocupada mientras me acercaba a su lado y comenzaba a palparle la frente.
— Si, supongo que la cena de anoche no me sentó demasiado bien— susurró sin dejar de mirarme a los ojos.
— Deberías de bajar y tomar un caldo caliente que te asiente el estómago— sugirió mi padre desde la cama.— Any, acompáñala a la cafetería, anda, no quiero que esta niña cabezota se enferme.
— Tío, estoy bien, no es necesario…
— Tal vez te siente bien, vamos— dije a la vez que sin pensar la agarraba de la mano y la dirigía hacia la puerta— Ahora regresamos papá, ni te muevas de ahí— le bromeé a la vez que salíamos del cuarto.
— Oh, si, como si pudiera…— fue lo último que oímos en la lejanía.
Avanzamos por el pasillo aun de la mano y entramos al ascensor sin decir nada. No fue hasta que entramos a la cafetería que nos separamos. Solicitamos la consumición en la barra y ya con ella nos sentamos en una mesa cercana.
— Dios, no sé siquiera si pueda mantener esto por mucho tiempo en mi estomago— comentó señalando el caliente brebaje de pollo.
— Solo inténtalo a ver— le sugerí mientras llevaba la taza de chocolate a mis labios. Me limité a observarla comer con desgana mientras saboreaba por mi parte mi caliente bebida.
— ¿Rico?— cuestionó sacándome del trance en el que me tenía sumida su sola visión.
— Mucho, ¿qué tal lo llevas tú?
— En cualquier momento el pollo vuela a la taza del inodoro.
Sonreí moviendo la cabeza antes de volver a beber de mi taza.
— ¿De qué te ríes? No es gracioso…— fingió sentirse indignada.
— No, claro que no…— volví a sonreír.
— Tienes una sonrisa preciosa— susurró con sus pupilas clavadas en las mías. Estuvimos durante unos instantes así, mirándonos. Lo que vi reflejado en sus ojos me hizo estremecer.
— Yo…será mejor que suba a ver a papá…—comencé a levantarme de la silla. Su mano sujetó mi brazo, deteniéndome..
— Anahi espera…
— Ya lleva rato solo— dije liberándome de su agarre y saliendo de la cafetería.
Corrí por el pasillo y entré al ascensor consciente de que me seguía. Las puertas estaban por cerrarse cuando una mano hizo que se abrieran. Se sumergió en el interior del pequeño espacio conmigo.
— Anahi, por favor... Escúchame, necesito hablar contigo.
— No Dulce, no hay nada de que hablar…Todo está dicho ya…
No pude decir mas, mis labios pronto se vieron apresados por los suyos. Intenté resistirme al principio, pero la calidez de su cuerpo unida a la pared que me sostenía a mis espaldas hizo imposible mi huida. Pronto su lengua comenzó a pedir permiso para entrar a mi boca, se lo di, abriendo mis labios, rindiéndome a ella.
La falta de oxígeno unido al ruido de la puerta del ascensor al abrirse en nuestro destino me hizo empujarla y separarla de mí.
— ¡No! ¡No vuelvas a hacer eso!— salí del ascensor y de nuevo comencé a correr por el pasillo con la esperanza de poder refugiarme en la habitación de papá. Una mano me agarró del brazo haciendo que me detuviera antes de arrinconarme esta vez contra la pared del pasillo y tomar de nuevo posesión de mis labios.
De nuevo la debilidad y el deseo se adueñaron de mí. Y de nuevo la falta de oxígeno en mis pulmones hizo que me separara de ella.
— ¡Dije que no! ¿No entiendes o qué?
— Eres tú la que parece no entender— me robó otro beso.
— ¡No!— me separé golpeándola sonoramente en la cara con mi mano.
— ¡Auch! Ahora golpeas mas fuerte— se acarició su dolorida mejilla.
— No vuelvas a hacerlo, estoy prometida.
— Sí, de alguien a quien no amas— fue su sincera respuesta.
— Tal vez, pero le voy a dar un hijo— respondí a la defensiva y sin pensar demasiado bien las consecuencias que implicaba tal revelación.
Se separó aturdida, sin dejar de mirarme, tal vez buscando algo que desconfirmara mi afirmación.
— ¿Qué?
— Estoy embarazada de un mes y medio. Nadie lo sabe aún.
Comenzó a caminar hacia atrás, poniendo espacio entre nosotras.
— Sí, ya lo sé yo…Despídeme de tu padre por favor…— dio la vuelta y comenzó a caminar.
La observé alejarse mientras interiormente trataba de frenar las tremendas ganas que tenía de salir corriendo tras ella. La responsabilidad por el ser que nacía en mi interior pudo conmigo. Cerré los ojos y apoyada como estaba en la pared me fui deslizando hacia abajo, donde silenciosamente derramé, para pasmo de muchos de los que pasaban en ese momento por el pasillo, las lagrimas mas amargas de toda mi vida.
“Y tal vez simplemente…sea mejor así…”
***
La noticia del embarazo de Anahi cayó sobre mí como un jarro de agua fría. Una cosa era que estuviera comprometida con el tipo, y otra muy diferente que estuviera esperando un hijo de ese desgraciado. Todas las esperanzas que había albergado en mi interior se habían esfumado completamente al conocer la noticia.
Ni que decir tiene que volví a Londres ese mismo día, y como siempre, y para tratar de no pensar, me sumergí de nuevo en mi trabajo. Habían pasado ya dos meses desde mi regreso.
— ¿Qué te parece? ¿Estoy guapetón?— cuestionó mi amigo saliendo del probador enfundado en un caro traje de Armani.
— ¿Tiene que ser precisamente blanco?— lo cuestioné con una ceja alzada desde mi silla.
— Pues si, quiero que revele mi pureza virginal.
— Oh si, claro, como te queda tanta…— rodé mis ojos.
— Si mi Andi se va a casar de blanco, dime, ¿por qué yo no?
— Visto así…Pero sigo pensando que el negro de antes te quedaba mejor.
— Anda, no me seas antigua. ¡Modisto!— gritó al dependiente que en ese momento se encontraba al otro lado de la tienda.
— Es el dependiente, no el modisto.
— Que más da…si lo único que quiero es que me pille el bajo…— comentó mientras se remangaba el pantalón y modelaba por toda la tienda.
— Dios, quien me mandaría aceptar ser tu madrina…
— Aish, ya no te quejes tanto, eres peor que Rachel. Me pregunto como le estará yendo a mi Andi con ella. ¿Y si luego cuando acabemos nos pasamos por la diseñadora?
— Ni lo pienses, ¿no te han dicho que trae mala suerte ver a la novia vestida antes del día?
— ¿Y desde cuando eres supersticiosa?
— Desde ahora mismo. Cuando acabemos de esto tú y yo regresamos a la oficina. Aún me queda un informe por redactar.
— ¿Y qué hay de tu vestido? ¿Me está bien del talle?— cuestionó mientras seguía mirándose en el espejo de todos los ángulos posibles.
— Faltan 5 meses para la boda aun, y si…te está bien del talle.
— Bueno, pero tienes que llevar vestido, y tiene que ser elegante. Tienes que estar a mi altura.
— Uff, un poco difícil, pareces el muñeco de la tarta.
— Sí, claro. Envidia cochina la tuya— comentó dando un giro sobre sí mismo.
— Uy, si…me corroe.
— ¡Modisto!— volvió a vocear atrayendo la atención de varios clientes además de la del susodicho.
— ¿Sí, señor?— se ofreció este a su lado.
— Creo que me llevaré este, ¿me puede pillar el bajo? me gustaría ver como me queda.
— No hay problema…
¿Cuánto creéis que puede tardar una persona normal en cogerle el bajo a un pantalón con un par de alfileres? Este tipo, o el modisto como lo aclamaba mi amigo, batió plusmarca mundial en lentitud tardando más de media hora.
Salimos de la tienda, súper mega hiper exclusiva y tope fashion según Robert, una hora después.
— Bueno, ¿donde vamos ahora?
— Ya te dije que a la oficina— afirmé entrando en mi honda civic negro. Mi amigo subió a mi lado en el asiento del copiloto.
— ¿Ya? ¿Y que hay de la merienda?
— ¿Qué merienda?
— La que me debes desde…que te dejé el juego de la nintendo… ¿te acuerdas?
— Robert, por el amor de Dios, teníamos doce años.
— Si, pero las promesas no caducan.
Rodé mis ojos antes de poner rumbo hacia el edificio de oficinas.
— ¡No! ¡Allí no!— comenzó a quejarse como un niño pequeño.
— ¿Por qué no?— lo cuestioné con una ceja alzada.
— Allí a esta hora ya no quedan bollitos de chocolate.
— ¿Sabias que eres peor que los niños pequeños?
— Y tu te pareces a gruñón de los siete enanitos— fue su respuesta antes de sacarme la lengua.
— Te van a salir michelines— traté de picarlo.
— Es un riesgo que asumiré, además así luego floto en las aguas caribeñas.
— Muy bien, también iras desnudo el día de la boda, ¿verdad? Más blanco y puro imposible ya en esa guisa— lo miré con sorna.
— Muy graciosa…— cruzó los brazos sobre su pecho— Ya veremos cuando te vayas a casar tu…
— Espera sentado entonces— dije mientras estacionaba el vehículo en un aparcamiento libre y sacaba las llaves.
— Algún día…
— …lejano— acabé por el antes de apearme del coche.
Después de merendar poco tiempo me dio de volver a la oficina. Lo dejé en su casa algo mas de las ocho, resignándome y volviendo yo también a la mía.
Solté mi maleta a un lado y me quité el pesado abrigo antes de entrar a la cocina a por mi usual vaso de zumo de naranja. Entré a la sala, vaso en mano, presionando el botón del contestador mientras pasaba camino del sofá. La masculina voz de Dani invadió la sala por unos instantes.
- ¡Dul! ¡Adivina! ¡Aprobé mi examen de prácticas! ¡Ya tengo la licencia de conducir! ¡Dios! ¡No me lo creo! ¡Y solo a la tercera! Ya puedes ir agarrándote el primer avión que encuentres que esta noche nos vamos de juerga a celebrar. Un beso prima.
— Y solo a la tercera…jajaja— no pude evitar reír ante su entusiasmo.
Suspiré con una sonrisa aun en mi rostro antes de levantarme de mi cómodo asiento y poner rumbo escaleras arriba hacia el baño. Cogí el teléfono inalámbrico en mi camino hacia arriba y marqué el número antes de pegarlo a mi oreja.
— ¿Diga?— la suave voz de Alex me recibió.
— ¿Cómo está mi niño favorito?— cuestioné con una sonrisa en mis labios.
— ¡Dul! Bien, ¿y tu? Te extraño.
— Yo también te extraño pequeño, pero te prometo que pronto iré a verte.
— ¿Sí? ¡Guayy!
— Jaja sí, ¿qué tal el colegio? estarás estudiando duro, ¿no?
— Si, saqué un nueve en lengua y un diez en mates.
— Wooh, entonces si estas haciéndolo duro. Me alegro mucho cariño, estoy muy orgullosa de ti.
— Gracias Dul.
— Por nada, si es la verdad. ¿Cómo está papá?
— Está bien, aun no trabaja, así que está todo el día en casa.
— Vaya, que buena vida le quedó.
— Jaja sii, yo le digo pero no me hace caso.
— Mayores, nunca entienden…
— Jaja
— Alex, ¿está tu hermano en casa?
— No, salió hace un rato con sus amigos. ¡Al fin aprobó el examen práctico!
— Si, me llamó esta tarde para decirme, que pena no haberlo podido encontrar.
— Bueno, no te preocupes, yo le digo que llamaste. Se pondrá feliz.
— Muchas gracias. De todas formas intentaré llamar en unos días a ver si tengo más suerte.
— Si…por cierto, ¿sabes las últimas?
— Uhm, no, ¿cuáles son las últimas?—pregunté curiosa pensando que tal vez fuera alguna de sus travesuras.
— Creo que mi hermana se vuelve a vivir a España.
— ¿Y eso?— ahora si que la curiosidad me dominaba.
— No sé, creo que consiguió trabajo.
— Oh, vaya, estarás contento entonces.
— Si, ya quería tenerla cerca. Pero, ¿a que no sabes cuál es la última más última?— la emoción era evidente en su voz.
— No, ¿cuál es la última más última?
— ¡Voy a ser tío, Dul!
Me quedé en silencio durante unos instantes.
—¿Dul? ¿Sigues ahí?
— Si cariño, es fabuloso.
— Si, pero creo que es un secreto. Aun no han dicho nada, solo se lo escuché hablar a papá y mamá.
— Alex, que te tengo dicho de andar escuchando tras las puertas…
— No escuchaba queriendo…fue en la cocina.
— Bueno, donde fuera.
— Dul, me tengo que ir a lavar las manos para cenar.
— Ok, no hay problema. Dale un abrazo fuerte fuerte de mi parte a tu padre, ¿vale? y un beso a tu madre.
— Claro, yo lo hago.
— Muchas gracias, nos vemos pronto pequeño.
— Nos vemos Dul.
No había ni dejado el teléfono sobre la mesa cuando sonó de nuevo.
— ¿Qué se te olvido?
— ¿Dulce Maria?— cuestionó una voz femenina al otro lado.
— Si, ¿quién es?
— Soy Iris, ¿me recuerdas?
— Ah, hola Iris, ¿qué hay?— pregunté sorprendida de escucharla. Lo cierto es que a pesar de lo que decía la nota y de lo que habíamos hablado esa noche, pensé que no volvería a saber de ella en mucho tiempo.
— Bien, como siempre, aun trabajando en la comisaría. Te llamaba porque tengo algunos datos sobre el paradero de tu abuela.
— ¿Qué has averiguado?— los nervios comenzaban a ser patentes en la boca de mi estómago.
— ¿Podemos vernos mañana? Me han llamado hace un momento, pero aun no tengo todos los datos. Solo te diré que está viva y que vive en Londres.
— ¿Cómo lo has averiguado? Llevo años intentando saber de su paradero sin éxito.
— Tengo mis influencias.
— Eso veo, mañana me viene perfecto. ¿A qué hora llegas?
— A eso de las doce de la mañana.
— De acuerdo, no hay problema, iré a recogerte.
— No es necesario, podemos quedar en cualquier sitio si te viene mejor.
— De verdad, no hay problema, solo dime la terminal y el número de puerta.
— Terminal B, numero 2.
— Nos vemos mañana entonces.
— Si, nos vemos.
— Muchas gracias Iris.
— Por nada, fue un placer. Hasta mañana.
— Hasta mañana.
Dejé pensativa el teléfono sobre la mesa.
“Mi abuela está viva…y está mas cerca de lo que hubiera imaginado”
Dirigí la mirada hacia el retrato de mi padre.
— Mañana papá, mañana colocamos todas las piezas de tu puzzle.
Al otro día, a las doce, como había acordado con Iris, ahí estaba en el aeropuerto esperándola. No tardé mucho en divisarla a lo lejos, percatándose de mi presencia al instante.
— Hola, buenos días— saludó acercándose a mí y besándome en la mejilla.
— Buenos días, ¿qué tal el viaje?
— Bastante bien—me sonrió.
— ¿Has desayunado?— la cuestioné insegura.
— Si, no te preocupes. ¿Nos marchamos?
— Si claro… ¿necesitas ayuda?— señalé su bolsa.
— Oh, nah, no hay problema.
— Como quieras…— comencé a caminar hacia la salida. El silencio nos acompañó hasta llegar a mi coche.
— Bonito carro— silbó mientras metía su equipaje en el maletero.
— Gracias, lo compré hace menos de un año.
— Si, se nota que es nuevo— comentó subiendo en el asiento del copiloto.
Metí las llaves en el contacto y arranqué el motor. No sabiendo hacia donde ir puse rumbo a mi casa.
— ¿Habías estado antes en Londres?— pregunté intentando iniciar una conversación casual con ella.
— Si, he estado en un par de ocasiones. Algunas veces por cuestiones de trabajo, otras simplemente por ocio.
Sonreí ante el recuerdo de lo que era esta chica en sus años de instituto y en lo que se había convertido ahora.
— ¿De qué te ríes?— cuestionó curiosa con una sonrisa en sus labios. La miré antes de responder.
— Nada, es solo que pensaba en nuestros años de instituto.
— Ahh, rememorando como me partías los morros, ¿eh?
— No exactamente— le sonreí— Además, si te los partí en su momento fue porque te lo merecías.
— Si, ¿sabes? ahora que lo veo en retrospectiva…me alegro que me los partieras.— me devolvió la sonrisa.
— No te hacia masoquista— me burlé girando la calle que daba a mi casa. Subí el bordillo deteniendo el coche frente a la puerta de mi cochera.
— ¿Tu casa?
— Si, ¿necesitabas ir a algún otro lugar?— pregunté insegura.
— No, tal vez más tarde, pero no ahora. Por cierto, bonita casa— comentó señalándola con su cabeza antes de sonreírme.
— Gracias, entremos.
Salimos del coche y entramos al interior.
— ¿Quieres tomar algo?— cuestioné al entrar.
— Un vaso de agua estará bien por ahora— me sonrió.
— Como quieras, ponte cómoda— señalé dejándola en la sala y entrando a la cocina a por el agua. Al salir la encontré sentada en el sofá rodeada de papeles.
— ¿Todo eso es de mi abuela?— dejé el vaso a un lado sobre la mesa de cristal tomando asiento frente a ella en el suelo.
— Si, tu abuela le dio bastante a la pata.
— Pues por lo que llevaba averiguado, bastante más de lo que hubiera podido imaginar.
— Bueno, tú también has vivido en varios países.
— Si… ¿cómo... ?— comencé a preguntarle asombrada de que lo supiera.
— Tengo contactos. Naciste en España. Tu padre era italiano de nacimiento, con madre inglesa y padre italiano, aunque criado en España por su familia adoptiva. Tu madre era francesa. Viviste en España durante tu primer año, luego te mudaste a Francia. Estuviste dos años, tu madre murió allí en un accidente de coche. Un conductor ebrio invadió su carril en una noche lluviosa matándola en el acto. Contabas con apenas dos años. Después de que tu madre muriera estuviste una temporada con tus abuelos maternos mientras tu padre trataba de recuperarse de la perdida de su esposa. No lo pasó nada bien al parecer. Volvisteis a España durante un año, luego Alemania y de nuevo Francia, hasta que a los nueve te instalaste en Londres. Tu padre murió de cáncer cuando tenías diecisiete. Regresaste a España bajo la custodia de tu tío. Al año volviste a Londres, donde vives hasta ahora. ¿Mis datos son correctos?
— ¿Trabajas en la comisaría de la ciudad o en la CIA?— pregunté aun con la boca abierta.
— Jaja, ¿sorprendida? bueno, tengo mis…
—…contactos— no la dejé acabar.— Aunque ya estoy intrigada con esos misteriosos contactos, ¿es que acaso nos vigilan a través del satélite estilo gran hermano o qué?— Comenzó a reír de nuevo— No te rías, es serio…— dije con tono indignado.
— Nunca hubiera pensado que fueras así…
— ¿Así como?— pregunté entre curiosa y divertida enarcando mi ceja.
— Así como eres…No dabas esa impresión en el instituto.
— Bueno, ni tú la que das ahora. Es mas, ahora mismo me pregunto si seguirá estando Iris allá adentro— me acerqué a ella intentando mirar a través de su oído.
Me gané otra buena carcajada por su parte.
— Creo que será mejor que empiece a contarte cosas— se puso seria.
— Soy toda oídos.
— Muy bien…
Una hora y media más tarde me encontraba despidiéndola en la puerta.
— ¿Segura que no quieres quedarte a comer?
— No, ya te digo, quedé con unos amigos. Quiero aprovechar la estancia para verlos y eso…
— Bueno, como quieras…— comenté mientras miraba a la puerta de la casa de al lado.
— Ey, ¿y tu segura que estas bien?— cuestionó acariciándome el brazo con su mano en un gesto por confortarme.
— Si…supongo que si…Tú sabes, demasiada información para un solo trago— traté de sonreírle.
— Es normal. Bueno, te dejo ya…Espero que me llames algún día. Estaría bien volver a verte. Podríamos quedar y tomar algo.
— Sí, muchas gracias por todo Iris, yo…— colocó un dedo sobre mis labios silenciándome.
— No hay nada que agradecer. Es gracias a ti por lo que hoy puedo ayudarte. Tu y Anahi me hicisteis ver que el camino que estaba tomando no era el adecuado…Me permitisteis rectificar. Me alegro de haberte sido de ayuda. De corazón espero que lo tuyo con ella pueda resolverse algún día. Mereces ser feliz, suficientes torpezas ha cometido ya el destino contigo.
— Gracias— dije acercándome y abrazándola.
— Por nada…y llámame— gesticulo con su mano como si fuera un teléfono antes de comenzar a caminar— Nos vemos Dulce.
— Hasta pronto Iris.
La observé como se metía en el taxi que hacía unos minutos había llegado a recogerla. Lo último que vi fue el guiño de su ojo antes de que el taxi se perdiera calle abajo.
Suspiré aun sujetando la puerta con mis manos mientras me armaba de valor. Entré a casa cogí una vieja foto de la mesa de cristal y mis llaves antes de volver hacia la puerta y salir con decisión. Salté el pequeño seto que separaba mi casa de la de la vecina y caminé segura hacia la entrada. Elevé mi mano hacia el timbre dispuesta a tocar cuando el recuerdo de la conversación con Iris llegó a mí.
— ¿Pero sabes donde está? ¿Su dirección?
— Calle North Star, número 7.
— ¿Qué? Que tipo de broma es esta.
— No es ninguna broma. North Star, número 7.
— ¿Cariño?— cuestionó preocupada la señora Norman frente a mi sacándome de mi ensimismamiento.
— Oh, hola, lo siento…— me disculpé intentando volver a la tierra mientras interiormente me preguntaba en que momento mi dedo había decidido tocar al timbre.
— No te preocupes, pasa. Que bueno que llegaras estaba a punto de tocarte para darte algo— habló entrando al interior y sumergiéndose en la cocina. Entré, cerrando la puerta tras de mí y la seguí.
— Bueno, solo quería ver como estaba y hablar con usted un rato.
Dejó su quehacer y me miró antes de acercarse a mi lado.
— ¿Estas bien cariño? No tienes muy buena cara.— comenzó a palpármela.
— Tranquila, me encuentro perfectamente— paré sus manos sonriéndole.
— Bueno…— me sonrió a su vez antes de separarse de mí y volver a dirigirse hacia el horno. Lo abrió sacando un bizcocho.
— ¿Y eso?— me acerqué metiéndole el dedo, como siempre hacia.
— ¡Sabia que lo harías!— intentó apartarlo de mí.
— Jaja, entonces para que me lo pone cerca. ¿No me va dar que lo pruebe a ver si le falta azúcar?
— Jaja, no seas golosa— rió mientras lo envolvía en papel de aluminio— Ahora tienes que comer algo con mas sustancia. Esto es para la merienda así que ni se te ocurra comértelo ahora— dijo entregándomelo mientras agitaba un dedo frente a mis ojos.
— Si señora— reí colocándolo sobre la mesa. Me giré y la abracé— Muchas gracias por todo.
— Por nada mi niña, sabes que lo hago con gusto.
— No puede ser…
— ¿Por qué no? Compruébalo, pero mis datos son claros al respecto. Esa mujer es tu abuela.
— No, no puede ser…
— Cariño, ¿de verdad estas bien?
Bajé la mirada para encontrarme con unos preocupados ojos grises que me miraban interrogantes. Me separé del abrazo tomando asiento en una de las sillas.
— Si, estoy bien… ¿Puedo hablar con usted un momento?— cuestioné insegura de que era lo que se suponía que iba a decirle.
— Claro, ¿qué ocurre? ¿Es por esa niña, verdad?— preguntó sosteniendo una de mis manos.
— No... — le sonreí.
— Entonces, que sucede…
— ¿Usted sabía algo referente a la vida de mi padre?— pregunté no sabiendo por donde comenzar.
— No, sólo sé que era un hombre de negocios y viajaba mucho. Era muy buen hombre, pero también muy reservado. Eso sin duda lo heredaste de él— me sonrió.
— Sí…— bajé la mirada sonriendo ante el recuerdo de mi padre antes de volver a encararla. – Usted cuando era joven, ¿también viajó mucho?
La noté revolverse algo incomoda antes bajar su mirada y hablar.
— Si, de joven estuve en muchos países por mi trabajo.
— ¿A que se dedicaba?— cuestioné sabiendo la respuesta que me daría.
— Era enfermera— su rostro pareció iluminarse al decirlo— Trabajé durante mucho tiempo cooperando con distintas organizaciones como la cruz roja. Estuve en Italia, Francia, Alemania, España…
— ¿Sabe? Menos en Italia, he vivido en todos esos países.
— Si, lo sé…Por los negocios de tu padre.
— Si, algo así. ¿No le entristeció dejar todo por su trabajo? ¿Dejar a su familia por ayudar a los demás?
De nuevo bajó la mirada antes de responder.
— La única familia que me quedaba viajaba conmigo. Ella era lo único que tenía, lo único que me quedaba…y decidí seguirla.— su semblante cambió ante el vívido recuerdo.
— ¿Qué pasó con ella?
— Que un día conoció a alguien…y me dejó.— una lágrima rodó por su arrugado rostro.
Quedé unos instantes en silencio, debatiéndome si después de tantos años esto tenía algún sentido. El recuerdo de mi padre, sus anhelos, la perdida de la única persona que había sido capaz de amar, la calidez de su recuerdo en mi mente, el vacío de mi soledad.
Aparté la mirada hacia la ventana cerrando fuertemente los ojos para evitar que las lágrimas salieran. Sí, si que tenía algún sentido. Volví a abrirlos y la miré, encontrándome con unos tristes y confusos ojos grises.
— Usted la amaba, tanto que sacrificó todo por ella— afirmé evidenciando bien el sentido de todo.
— Si…todo…pero aun así, para ella simplemente era su amiga. Su mejor amiga.
— Ella se casó.
— Sí. Con un buen hombre, para que negarlo…
— Y usted desapareció de su vida.
— Era lo menos que podía hacer— sonrió agriamente.
— ¿Nunca se ha preguntado que fue de su vida?
— Si, muchas veces…demasiadas veces me he sentido tentada a llamarla…a saber de ella…pero sabía que si lo hacía no podría soportarlo…la quería demasiado…y después de eso solo quería odiarla…
— Pero nunca pudo.
— No, a pesar de todo el dolor que sentía, de las ganas que tenía de odiarla por todo lo que dejé, por todo lo que perdí…nunca pude hacerlo…
— Entonces, si pudiera vivirlo de nuevo… ¿lo volvería a dejar todo…por ella?
Sabía que la respuesta de esta pregunta marcaría la diferencia entre seguir con lo que estaba haciendo o simplemente dejarlo como estaba ya.
— La hubiera seguido…pero no hubiera renunciado a aquello que renuncie, a las personas que abandoné.
En este momento las lágrimas rodaban libremente por sus mejillas. Apreté la mano que sostenía la mía dándole ánimos para continuar si quería.
— En mi estancia en Italia sucedió algo…Una noche un tipo me…forzó y yo…Quedé embarazada— se detuvo un momento, mientras trataba de recomponerse del dolor que le producía el recuerdo de aquello. Intenté hablar pero me detuvo continuando— No sabía que hacer, no tenía dinero, ni familia, ni siquiera tenía una casa a la que regresar cuando volviera a Inglaterra… ¿qué futuro le esperaba a ese niño a mi lado? Aún así decidí tenerlo…era un niño precioso, sano…pero lo abandoné. Regresé a buscarlo unos meses después al orfanato donde lo dejé pero para entonces ya había sido adoptado.
— ¿No lo siguió buscando?
— Sí, si que lo hice…en el orfanato me dijeron que la familia que lo había acogido eran comerciantes italianos afincados en España. Así que fui a ese país. Estuve como un año intentando averiguar, yendo de un lado para otro…pero no sirvió de nada. Nunca lo encontré. A veces me pregunto que habrá sido de su vida, como habrá sido su infancia, si ha sido feliz, si se casó, si tuvo hijos…si sabe la verdad y me odia por haberlo abandonado.
— Nunca le odió, es mas, siempre la buscó— me miró sorprendida entre lagrimas, continué— Tuvo una infancia feliz, se lo aseguro. En cuanto a su vida, conoció a una mujer fabulosa una lluviosa tarde en la estación de tren de París, se casó con ella y tuvo una hija. Quedó viudo a los tres años de conocerla y nunca más se volvió a casar. Se dedicó en cuerpo y alma a cuidar de esa niña. Vivió en muchos países. Italia, España, Francia, Alemania. Decidió establecerse en Inglaterra. Sabía que su madre estaba cerca y quería encontrarla. Pero un día enfermó… y murió sin saber que su búsqueda finalizó el mismo día que decidió instalarse en la casa de al lado.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 10:06 pm

TRECEAVA PARTE
El destino es tan cruel a veces…marca la senda y tu solo la sigues…Crees ser dueño de tu destino, crees dirigir tu vida hacia el lado que quieres…para al final del camino descubrir que no eres mas que una simple marioneta…descubrir que eres como el ratón que busca en el laberinto llegar a su queso…Muchas veces en mi vida me he preguntado cual es mi queso, que es lo que busco…que es lo que me depararía el destino.
Papá siempre me decía que todo en la vida sucede por una razón…que para todo hay un motivo de ser…Entonces, ¿qué sentido tenía tener a su madre al lado sin ni siquiera saberlo? ¿Qué sentido tuvo que mi madre muriera precisamente la tarde en la que inexplicablemente yo no viajaba con ella? ¿Por qué papá tuvo que dejarme tan pronto? ¿Por qué bajo la tutela del tío Miguel en lugar de la de la señora Norman? ¿Por qué cuando encontré el amor no fui capaz de conservarlo? ¿Por qué…? ¿Por qué…?
Por qué el destino parecía burlarse de mí de esta manera…por qué me arrebataba el queso que tanto me había costado conseguir…
***
Colgué el teléfono y miré a mi amigo sentado al otro lado de la mesa de mi despacho.
— Hecho.
— ¿Yap?— preguntó sorprendido.
— Pos si, yap. Te dije que el trato estaba cerrado. Solo faltaba la confirmación.
— Ya, pero no pensé que…
— ¿…Fuera tan fácil?— acabé yo por él.
— No, que fuéramos prescindibles.— terminó con fingido dolor.
— Por supuesto que no lo somos amigo, por eso nos envían a ampliar horizontes en otro país— le respondí con una sonrisa.
— Dios, no me lo creo…España…
— Si, España…así que más te vale ir buscándote casa donde vivir.
— No te preocupes, ya Andi y yo le echamos el ojo a una la última vez que estuvimos visitando a sus padres.
— ¿Ya?— comencé a reír— Vaya, si que tienes ganas de cambiar de aires.
— No es eso. A Andi le hacía mucha ilusión regresar a España, lo sabes.
— Sip, lo sé— sonreí— Por eso mismo fue que cuando Richard propuso de expandirnos mas allá del país elegí España.
— Ah, ¿no lo hacías por ti?— me sonrió.
— También, para que negártelo. Quiero volver a casa.
— Creía que Londres era tu casa.
— Yo también lo creía, pero lo cierto es que ya nada me ata a este lugar— admití.
— ¿Te llevaras a tu abuela?
— Sí. Bueno, si se deja y quiere— sonreí.
— No creo que quiera separarse de ti.
— Y yo tampoco quiero separarme de ella. Es irónico, ¿no crees? Siempre vi a esa mujer como la abuela que nunca tuve…y en más de una ocasión deseé que lo fuera realmente…
— Y sucedió— acabó mi amigo con una sonrisa.
— Sí, sucedió. Todos estos años buscándola…y estaba frente a nosotros…todo el tiempo.
El móvil de Robert eligió sonar en ese momento.
— ¿Sí?...Oh, hola mi amor— su rostro se iluminó al instante— Si, si— me miró sonriendo bobamente— Si, estoy con ella…si…que Andi dice que si carne o pescado para esta noche— me preguntó esto ultimo a mi.
Rodé mis ojos sabiendo de sobra que esta vez no me libraba.
***
— Anahi por favor, déjame explicarte— me siguió David al interior de la habitación.
— No hay nada que explicar— lo encaré antes de volverme y abrir el armario. Comencé a sacar mi ropa y a ponerla sobre la cama.
— Anahi, entre ella y yo no ha pasado nada, no es lo que parece…— siguió avasallándome a mis espaldas impidiéndome hacer la maleta.
— Ah, ¿no? ¿Y entonces qué es lo que parece?— me volví encarándolo. Su silencio lo dijo todo. Me giré de nuevo y seguí metiendo trapos en el pequeño espacio.
— Anahi, por favor, por nuestro hijo— intentó parar mi labor sujetándome por los hombros. Me giré iracunda.
— No tengas ahora el descaro de meter a mi hijo de por medio. Te recuerdo que no has tenido la decencia suficiente ni de respetar nuestra casa.
— Anahi, por favor, prometo cambiar…— rogó.
— Tus promesas carecen de valor ya para mí. Estoy cansada de tus descaros, de que te creas mi dueño. Estoy cansada de que gastes todo el dinero que ganas en vicios y juegos. Hasta aquí hemos llegado.
Me volví, cerré la maleta y agarrándola salí del cuarto. No tardó mucho en volver a seguirme.
— Te vas con la ****, ¿verdad?— me agarró del hombro fuertemente y me empujó haciendo que quedáramos frente a frente.
— David, no hagas esto más difícil. Entiende que es lo mejor.
— No, ¡no es lo mejor! No voy a permitir que mi hijo se críe con esa zorra, ¡¿me oyes?!— me zarandeó.
— ¡David! ¡Me haces daño!
— ¡No! ¡No te irás con ella! ¡Tu me perteneces!— me arrinconó contra la pared del apartamento.
— David, ¡déjame! Por favor, ¡no!— grité al notar su puño golpearme en la cara.
— ¡No te irás con ella!— me golpeó de nuevo.
— ¡No! ¡David!— volví a gritar mientras me sujetaba mi hinchada barriga en un intento por protegerla de su arrebato. Mientras no decidiera cebarse con mi hijo, que me golpeara la cara poco me importaba.
— ¡Calla! ¡A mí nadie me da órdenes! ¡Y menos una zorra como tu!— me escupió antes de volver a asestarme otro golpe en la cara.
No sé ni como pude hacerlo, pero desde mi posición contra la pared agarré la lámpara de la mesa de al lado rompiéndosela en la cabeza. Paró de golpearme, separándose de mí ligeramente aturdido por el lampazarazo recibido. Aprovechando su estado de desorientación, huí lo más rápido que pude.
***
— ¿Entonces te gusta?
— Bueno, no es tan grande como pensé…— comenzó a quejarse.
— Cuatro baños, cuatro dormitorios, cocina, salón, sala de estar, una pequeña biblioteca, un jardín diez veces más grande que el que tenias, una piscina y un huerto…¿te parece poco?— abrí mis ojos, pasmada de que no le gustara.
— Jaja, cariño, era broma. Me encanta. Es perfecta— me sonrió.
— ¿En serio?— cuestioné ya insegura.
— Claro que si, me gusta mucho el jardín y el huerto. Siempre fue mi sueño poder llegar a tener uno algún día— sus ojos se iluminaron.
— Entonces no hay mas que decir, si a mi abuela le gusta, nos la quedamos— le dije al tipo que nos la estaba mostrando. Sonrió satisfecho antes de salir y dejarnos a solas.
— Cariño, segura que puedes pag…
— Abuela, no te preocupes por eso— la corté sonriéndole.
— Me gusta que me llames así.
— Que te llame cómo, ¿abuela?— cuestioné sin dejar de sonreírle a la vez que me acercaba y la abrazaba.
— Te quiero cariño— susurró en el abrazo.
— Y yo a ti, me alegro mucho de que quisieras venir conmigo— noté que las lagrimas comenzaban a escapar de sus ojos— Ey ey ey, ¿ahora me lloras? ay no, mejor una sonrisa enorme, que si no voy a comenzar a pensar que no te agrada la idea de vivir conmigo— me gané su sonrisa.
— No seas boba…que si no me lo hubieras pedido tú ya lo hubiera pedido yo.
— Ay Dios, lo que me faltaba, una abuela caradura— le bromeé rodando mis ojos.
— ¡Oye!—se separó de mí sonriendo— Que soy tu abuela, ¡un respeto a la tercera edad!
***
Me hospedé por unos días en un hotel tras mi llegada a España. Lo suficiente para que los hinchazones y moretones de mi cara sanaran un poco. Bien sabe Dios que no quería preocupar innecesariamente a mi familia. Muy a pesar de que el hijo que llevaba en mi ser se encargaría de recordármelo cada día, tenía mas que claro que David pasaría a formar parte del pasado. Estaba decidida a sepultarlo en lo más profundo.
— ¡Cariño!— se me tiró mi madre nada mas abrir la puerta de casa.
— Hola mamá, yo también te extrañé— comenté riendo por su acalorado recibimiento pues no hacía ni mes y medio que la había visto.
— ¡Dios!— exclamó al separarse percatándose del tamaño de mi tripa— ¡Cuanto creció mi bebé!
— ¿Quién es? ¿Quién es?— apareció mi hermano pequeño a su lado— ¡Tata!— se abalanzó el también sobre mí.
— ¡Él si que creció!— afirmé señalando a Alex. Reímos antes de separarnos y entrar.
— ¿Y David?— preguntó Alex una vez llegamos a la sala y nos sentamos.
Me quedé unos instantes callada, silencio que no pasó desapercibido por mi madre.
— Trabajando— mentí.
— Oh, mejor, porque no me gusta— rió Alex antes de volver a abrazarme.— Que bueno que vinieras tata, ¿sabes la última? Dulce se vino a vivir a la ciudad. ¿No es fabuloso?— comentó emocionado.
Miré a mi madre esperando me confirmara lo que mis oídos creían haber escuchado.
— Si, decidieron expandir el bufete en el que es socia en España. Robert y Andi también se vinieron a vivir aquí.
— Oh, ¡pero eso es fabuloso! Lo que me resulta extraño es que Andi no me lo comentara la última vez que hablamos.
— Bueno, al parecer fue algo repentino.
— ¡Dios, tata! ¡La casa de Dul es enorme! ¡Y tiene piscina!— llamó mi atención Alex a mi lado.
— ¿En serio?— intenté parecer emocionada.
— ¡Sii! ¡Me dijo que si hacia los deberes durante la semana podría ir a bañarme este finde!
— ¿Y los has hecho?— lo cuestionó mi madre.
— Uhm…— se quedó un rato pensativo— Upps, ¡no!— exclamó abriendo los ojos como platos.— Te quiero mucho tata, no te vayas que tenemos que hablar— me previno besándome en la mejilla antes de perderse escaleras arriba.
— Aún no lo desintoxicáis de la cafeína, ¿eh?— reí a mi madre mientras señalaba con la cabeza en la dirección por la que se había ido el pequeño.
— Tú eras igual de parlanchina, solo que ya no te acuerdas— me devolvió el golpe.— Bueno, ¿me vas a contar a que se debe esta inesperada visita?— se puso seria de repente.
— ¿Qué pasa? ¿No puedo regresar a casa por Navidad?— intenté romper su seriedad, cosa que no funcionó. Esta mujer estaba claro que era mi madre, me conocía como si me hubiera parido.
—Pues si, solo que llegas ocho meses antes…y teniendo en cuenta que tu siempre llegas tarde a todos lados…— tiró la piedra y escondió la mano.
— Solo me apetecía visitaros. Además, la boda de Andi es en apenas un mes.
— Ya, pero en tu estado…— acarició mi tripa.
— Pues por eso mismo, mejor ahora que luego.
— ¿Cuándo sales de cuentas?— cuestionó sin apartar la vista de mi vientre.
— A finales de junio o así.
— ¿Te quedaras aquí hasta que nazca?
— Si, es mas, no pienso volver a Italia.
Mi respuesta se ganó su atención. Me miró con la misma mirada con la que me había mirado cuando mi hermano había preguntado por mi ex.
— Qué ha pasado cariño…— preguntó acariciándome la mejilla.
— No ha pasado nada mamá— mentí— Solo que David y yo lo hemos dejado. La única razón por la que acepté su propuesta de matrimonio fue porque pensé que era lo mejor para el bebé pero me equivoqué. Es de sabios rectificar, ¿no crees?— le intenté sonreír para quitarle hierro al asunto.
— Lo ha vuelto a hacer, ¿verdad?— en ese momento el suelo pareció despertar mi mas terrible curiosidad haciéndome pegar la vista a él— ¿Cariño?— susurró sujetando mi rostro haciendo que la mirara. Parpadeé varias veces, pero mis ojos me traicionaron. Me abrazó— No te preocupes cariño, ese desgraciado no volverá a ponerte un dedo encima, ¿me oyes? Porque nadie de esta casa va a permitirlo. Ni que te toque a ti ni que toque a tu bebé. Y por su bien, espero que ni intente acercarse por aquí, porque lo barro a escobazos.— sonreí por el comentario aun en el abrazo.
— Tranquila mamá, es demasiado cobarde como para venir.
El ruido de la puerta al abrirse hizo que nos separáramos. Pronto ante mi vista apareció mi hermano Dani acompañado, para mi total sorpresa, por Dulce.
— ¡Hermana!— gritó acercándose a mi lado y envolviéndome en un abrazo— Jaja, ¡demonios! ¡Si pareces un botijo ya!— rió besándome.
— Oye, ¡no te pases!— lo amenacé con un dedo, aun consciente de la mirada de Dul sobre mí.
— Como está mi cuchi cuchiiii— comenzó a hablarle a mi tripa haciéndome cosquillas con sus dedos.
— Jajaja.
— ¡Sanote sanote, puro machoteeee!…Porque es niño, ¿no?— me miró de repente serio.
— Lo cierto es que no lo sé, prefiero que sea sorpresa— le sonreí.
— ¡¡Ahh!!¡Tenías que ser tú! Bueno, por la forma…— comenzó a medir el ángulo de mi vientre—…es un niño. Así que ya le voy comprando la equipación y el balón de fútbol, pienso hacer de él un Ronaldinho.
— ¿Pero qué dices?— entró mi madre en la disputa— ¡Por la forma se nota claramente que es una niña!
— ¿Qué? Mamá, cómprate unas bonardi ahora que están en oferta. ¿Que no ves el ángulo?
— ¿Qué ángulo y que ocho cuartos? Dani por Dios, que la barriga de tu hermana no es como uno de tus planos de arquitectura.
Miré a Dul mientras el par seguía discutiendo a cada uno de mis lados. Los miraba risueña desde la entrada de la sala. No sé en que momento me levanté, pero de repente estaba mirándola en la cercanía.
— Hola— la saludé.
— Hola, ¿cómo estas Anahi?— me preguntó sin apartar su mirada de la mía.
— Bien, dentro de lo que cabe. ¿Y tú? Acabo de enterarme de que ahora vives en la ciudad.
— Sip, aún estoy trasladando cosas pero llevo viviendo aquí como dos semanas ya.
— Uhm… ¿y viniste sola?— pregunté sin saber realmente porque lo había hecho. Bueno, tal vez si, quería saber si en su vida había alguien, ¿satisfecho?
— No…me acompañó alguien— su sonrisa me hizo suponer lo que tanto tiempo atrás me había negado: la idea de que pudiera estar con alguien.
“No seas imbécil, mírala…preciosa, inteligente, con buen trabajo, agradable, forrada... lo que se dice un partidazo…lo mas seguro es que se la rifen…eso, y tu aquí pensando chorradas y no escuchando lo que te dice…vamos, babea un poquito mas que no vas a crear goteras gracias a que estas en la planta de abajo”
— ¿Perdona?— intenté recuperar el hilo de la conversación.
— Te preguntaba que de cuanto estas— me sonrió con ese tipo de sonrisa suya de “sé lo que estas pensando”.
— De siete meses o así.
— Ya falta menos entonces.
— Sí…
Nos quedamos unos instantes en silencio sin saber que más decir. La presencia de mi madre y mi hermano a mis espaldas interrumpieron la calma.
— Cariño, Dani me va a llevar al súper un momento. Me la cuidas Dul.— dijo besándonos a ambas en la mejilla y saliendo seguida por mi hermano.
— Ta lueee— se despidió este.
Dul y yo nos miramos una vez estuvimos a solas.
— ¿Te apetece tomar algo?— le pregunté insegura. Comenzó a reír.— ¿Qué?
— Nada…es solo que me hizo gracia. No te preocupes, mejor sentémonos. ¿O tú quieres algo?— me cuestionó insegura ahora ella.
— No, no me apetece nada— le sonreí.
Nos sentamos en el sofá. El silencio pronto se instaló entre nosotras de nuevo. Me miró y le sonreí sin saber realmente que más hacer o decir.
— Te queda bien el cabello corto— comentó mas yo creo por romper el silencio que por otra cosa.
— Gracias, a ti también te queda bien el cabello más largo.
Reímos a la vez ante mi ocurrencia.
— Sip, me lo dejé dos centímetros más largo que la ultima vez.— bromeó, pero el recuerdo de la ultima vez que nos vimos pareció venir a su mente así como lo vino a la mía.
— Quiero que sepas que siento mucho lo de la ultima vez, me gustaría que me disculparas por haberte golpeado – la miré a los ojos.
— No te preocupes, si hiciste lo que hiciste fue porque me lo merecía, la única que tiene que disculparse por su comportamiento soy yo— no dejó de devolverme la mirada ni un instante.
— No pasa nada, ya está olvidado.
— Si, ya veo…olvidado…— por el cambio de su tono, ese olvidado había sido interpretado de la manera que menos hubiera deseado.— ¿Y qué tal por Italia?— cambió de tema.
— Bien, aunque no creo que vuelva.
Pareció sorprendida ante mi respuesta.
— ¿Y eso?
— Quiero que mi hijo nazca en España y se críe aquí— me limité a responderle.
— Entonces, David y tú os venís a vivir aquí también— afirmó apartando la mirada de mí y mirando hacia la pared de enfrente.
— No…David se queda en Italia.
De nuevo parecí despertar su atención.
— Creía que estabais prometidos…— comentó dudando.
— Tu dijiste, lo estábamos…lo hemos dejado.
Para mi sorpresa solo se limitó a hacer un gesto afirmativo con su cabeza y volver su atención a la pared de enfrente. Vale que no esperaba que me avasallara a preguntas, no era su estilo, ¿pero ni una pizquita de curiosidad le despertaba el asunto?
“¿Pero tú eres imbécil o que? ¡Mejor si no pregunta! ¡Menos explicaciones!” me decía mi lado sensato por un lado. “Ya pero… ¿qué no le interesa ni lo mas mínimo? ¿No siente nada al respecto?” me reclamaba el lado sensiblón por otro.
Tal conversación con mis pensamientos se vio interrumpida cuando mi padre hizo acto de presencia.
— ¿Estoy soñando? Dulce, ¿esa chica que está a tu lado es un ángel?— cuestionó en su línea bajo el marco de la puerta.
— Uhm…pues desde aquí no le veo las alas, pero yo creo que si, debe de ser que está fuera de servicio— respondió esta a mi lado siguiéndole el juego mientras me miraba con una sonrisa.
— Hola papá— me levanté y lo abracé.
— Mi niña— comenzó a besuquearme haciéndome cosquillas con los pelos de su barba.
— Jaja, ¡papá!— me aparté.
— ¿Y cómo está mi nietecito?— comenzó a acariciar mi tripa de la misma manera que había hecho mi hermano.
— ¿Y por qué rayos todos los hombres de esta casa creen que es un niño?— cuestioné cruzándome de brazos y apartándome de sus dedos.
— Jaja, ¿a qué es una ricura cuando se mosquea?— le comentó a Dul, la cual no perdía detalle desde el sofá.
***
Seguramente parezca sorprendente, pero muy a pesar de vivir en la misma ciudad, muy a pesar de tener amigos en común, y muy a pesar de además ser familia, no volví a ver a Anahi desde ese día en que la encontré en casa de sus padres. Y aseguro que no precisamente por falta de ganas por mi parte. Lo intenté. A Dios pongo por testigo que lo intenté. Buscaba mil y una excusas para ir a casa de mis tíos, para llamar por teléfono…y nunca, nunca coincidí con ella.
Una de dos, o yo tenia mucha mala suerte…o ella no paraba mucho por casa.
Aunque iban a ser las dos…
— ¡Mañana me caso!— exclamó por tercera vez mi amigo antes de volver a abrazarme.
— Tú sigue, que a este paso me parece que no— me lo quité de encima lanzándole una mirada amenazante. No funcionó.
— Ays, ¡qué guapetona tá mi madrinaa, maree!— me abrazó de nuevo. Suspiré resignándome al hecho de que a este paso la noche sería muuyy larga.
En lugar de una despedida de solteros como las que hacía la gente normal con boys y tías medio desnudas, el par este había decidido hacer una cena para los amigos más cercanos, según ellos para de paso “inaugurar también la choza”.
Apenas había llegado hacía media hora, el mismo tiempo que Robert llevaba encima de mí.
— ¿Por qué no vas y compruebas como le va a tu futura en la cocina?— le sugerí en un intento por quitármelo de encima.
— Nah, si ella puede. Ya veras cuando esta noche pruebes su especialidad… ¡te vas a morir!
— ¿Pizza congelada?— inquirí elevando mi ceja.
— ¡Noo! ¡Patatas fritas y huevos!— exclamó con ojillos brillantes mientras se relamía.
El mero pensamiento de Andi en tacones y vestida de gala con su vestido negro mientras luchaba contra los huevos usando como escudo la tapa de la olla me hizo reír.
— ¿Qué?— preguntó ceñudo mi amigo mirándome como si en ese momento tuviera tres cabezas.
— Nada…cosas mías…— seguí riendo ante lo que fue su cara.
— Ya veo…— intentó enarcar su ceja de la misma manera que yo lo hacia, para solo conseguir que me partiera más. El timbre de la puerta sonó— Mucho cachondeo lo que tienes tu ya me parece a mí…— renegó levantándose y saliendo a abrir.
Aproveché para asomarme a la cocina y comprobar si la situación era tan critica ya como para tener que descolgar el teléfono y llamar a emergencias. Pues pa emergencias no pero pa el psiquiátrico casi. Lo único que encontré fue a Andi bailando reggeton mientras cortaba lechuga con un mp3 colgado al cuello…Y digo único porque para mi sorpresa ni las cacerolas ni el horno expulsaban humo negro a propulsión.
Salí fuera, consciente de que a mi amigo ya le había dado tiempo de recibir a los nuevos invitados. Mi sorpresa fue evidente al comprobar de quien se trataba, al igual que la suya.
— Hola— la saludé acercándome a ella.
— Hola— me devolvió el saludo sacándose la chaqueta ayudada por mi amigo— Gracias— le sonrió agradecida.
— No hay de que…la pondré en una de las habitaciones, por favor, toma asiento. Estas en tu casa— sonrió amablemente Robert antes de perderse por el pasillo.
— ¿Y Andi?— cuestionó tomando asiento en el sofá.
— En la cocina, terminando de ultimar la cena— me senté a su lado.
— Oh…— parecía algo cortada por mi presencia. La noté mirar varias veces de reojo en la dirección por donde mi amigo se había perdido hacía escasos segundos. La observé detenidamente, mientras nerviosa, miraba a todos lados de la habitación excepto a mí, hasta que al final nuestros ojos parecieron encontrarse. Le sonreí obteniendo para mi satisfacción una sonrisa por su parte. – Creo que iré a saludar a Andi…— dijo levantándose demasiado rápido teniendo en cuenta su estado sumergiéndose poco después en la cocina. Los gritos de Andi al ver a su amiga del alma no tardaron en ser escuchados en kilómetros a la redonda.
En ese momento justo apareció mi amigo riendo junto a Iris.
— ¡Mira a quien encontré en la puerta!— exclamó emocionado.
Me acerqué bastante sorprendida a saludarla.
— Vaya, menuda sorpresa…no esperaba verte, ¿cómo tú por aquí?— comenté mientras la besaba en la mejilla.
— Pues supongo que a lo mismo que tú— me sonrió aun sin separarse de mí.
— ¡Iris! ¡Pensé que no vendrías!— apareció Andi de la nada separándome de un empujón de la chica.
Me fijé en Any, que inexplicablemente en ese momento no dejaba de mirarme. Le sonreí esperando que su semblante serio cambiara a una de sus preciosas sonrisas, pero lo único que obtuve fue un primer plano de su espalda y su trasero mientras se adentraba de nuevo en la cocina.
De mientras en el salón, ajenos a todo, Andi, Iris y Robert charlaban animadamente. Consciente de que poco notarían si seguía o no allí presente decidí aventurarme y seguir a Anahi. La encontré de espaldas a mí, frente a las cacerolas al fuego.
— ¿Todo bien?— pregunté acercándome a su lado.
— Sí, perfecto, en unos minutos estará listo— comentó refiriéndose a la comida y sin volverse.
— No me refería a eso— sujeté su mano robándole el cucharón y dejándolo a un lado.
Entrelacé nuestros dedos y la aparté del hornillo haciéndola sentar en una de las sillas. Me senté a su lado no sabiendo muy bien a que había venido todo esto. Me limité a observarla. Su mirada parecía estar fija en algún punto del suelo, la seguí reparando en lo que verdaderamente parecía estar observando, nuestras manos aún entrelazadas. Moví el pulgar, acariciando suavemente el dorso de su mano. Tal movimiento pareció bastar para sacarla de su ensimismamiento.
— Se va a pegar el solomillo— dijo apartándose de mi lado y volviendo junto al fuego.
Me acerqué de nuevo a ella, pero esta vez sin decir nada.
— Te vas a manchar, mejor apártate.— me previno, intentando, supongo, que la dejara en paz.
— Tu también te vas a manchar— le respondí sin dejar de mirar su perfil.
— Ya, pero una mancha en la falda de una mesa de camilla no vislumbra tanto como lo haría en ese caro pantalón o en esa camiseta— espetó aun concentrada en remover el contenido de la sartén.
— No puedo creer que digas eso. Estás preciosa.
Hizo una mueca antes dirigir su mirada por primera vez a mí desde que estaba en la cocina. Estaba por hablar cuando pegó un salto separándose del hornillo por instinto.
— ¡Maldita sea!— exclamó soltando el cucharón y dirigiéndose hacia el fregadero.
La observé mientras se mojaba donde el aceite la había quemado. Me acerqué a su lado y saqué su mano del chorro de agua, observándola. No parecía mucho, pero si lo suficiente para que se formara una fea ampolla. Cogí el trapo y la saqué un poco antes de comenzar a dirigirla hacia la puerta.
— ¿Qué se supone que haces?— gritó soltándose de mi agarre.
— Se te va a poner feo, mejor déjame te pongo algo para que no se inflame ni salga ampolla.
— ¡No! ¡Ni se va a poner feo ni va a salir ampolla! Además, ¡te recuerdo que ha sido por tu culpa!
— ¿Qué? Si claro, ahora resulta que fui yo quien con telequinesia elevé la gota de aceite de la olla y te la mandé a la mano. ¡No me salgas con esas ahora!— la agarré de nuevo e intenté dirigirla hacia fuera.
— ¡Que parezca una bola de billar no significa que tengas que arrastrarme!
— Muy bien— elevé mis manos en son de paz— Como quieras…ya veo que los años no te han cambiado, sigues igual de cabezota que siempre.
— Y tu igual de…de…— no parecía encontrar la palabra— de…. ¡de así!
— ¿Sí? ¿De así cómo?— me acerqué situando mi cara a escasos centímetros de la suya.
— De…de…de…— su mirada la traicionó haciéndola ir a mis labios.
“¿Ahora te pones nerviosa?”. Enarqué mi ceja derecha mientras poco a poco seguía acercándome a su rostro.
—… ¡Creí que ibas a curarme!— soltó de repente poniendo espacio entre nosotras.
Sonreí triunfal sujetándola de la mano y dirigiéndola al exterior solo para encontrarme con las caras sorprendidas de nuestros amigos.
— ¿Sucede algo?— cuestionó Andi pasando su mirada de una a otra y reparando en nuestras manos entrelazadas.
— Nada grave, ¿tenéis botiquín?
— Si, en el baño de arriba— afirmó mi amigo.
— Ok, ahora volvemos.
Los noté quedarse con cara de póquer mientras subíamos las escaleras y nos perdíamos por el pasillo de arriba. No tardamos mucho en escucharlos cacarear de nuevo.
Abrí la puerta del baño y encendí la luz permitiéndole el paso a mi acompañante.
— Gracias.
— Por nada, siéntate por favor— le solicité abriendo el mueble y buscando la caja.
— Está ahí.
Dirigí la mirada hacia donde me señalaba encontrándola de inmediato.
— Gracias.
— De nada.
“Demasiado correctas me parece a mí…”
La abrí y comencé a buscar la crema para las quemaduras.
“Mercromina, alcohol, algodón, tiritas, cinta adhesiva…” comencé a sacar mil y una cosas de la caja menos lo que andaba buscando “…agua oxigenada, vendas, un tanga… ¡Dios! ¿Qué hace esto aquí?” Pensé con la prenda en mi mano, ajena a la mirada de Any sobre mí hasta que la escuché reír.
— ¿Qué?
— Jaja, nada, que tal parece que nunca has visto unas bragas— siguió riendo divertida.
— Pues no, en un botiquín como que no— las tiré con cara de asquillo a la bañera.
— Jaja, no puedo ni imaginar como habrán llegado hasta ahí.
— Mejor ni imagines— hice una mueca antes de volver mi atención a la maleta de “emergencias”.
“...vendas, tijeras, vendas, gasas, mas vendas…madre mía, una momia aquí lo flipa…”
Noté una mano introducirse en la maleta para instantes después poner frente a mis narices lo que tanto buscaba y no encontraba. La miré solo para encontrar esa sonrisa de “no sé que harías sin mí” en su rostro. Le sonreí de lado entornando ligeramente mis ojos antes de arrebatarle el tubo de crema.
— Gracias— susurré en tal guisa.
Se echó a reír de nuevo. Sonreí satisfecha colocando un poco de mejunje en una gasa arrodillándome ante ella. Sostuve su mano entre la mía y con cuidado comencé a administrarle la pomada. La noté estremecerse.
— ¿Te hice daño?— cuestioné insegura, parando todo movimiento.
— No— me sonrió— Es solo que está fría.
— Uhm…si quieres la podemos calentar un poquito al microondas— comenté toda seria sin dejar de mirarla a los ojos. Su risa no tardó mucho en volver a inundar la habitación.
— Eres una payasa— susurró entre risas.
— Todo sea por volver a escuchar tu risa.
Supongo que no esperaba tal contestación, pues de inmediato dejó de reír pero no de mirarme. De nuevo sus ojos la traicionaron haciendo que los encontrara sobre mis labios. Sonreí, consiguiendo para mi completo pasmo que me dedicara la sonrisa más bonita que había visto en toda mi vida.
— Creo que será mejor…salir, ¿no crees? Ya deben estar pensando que qué hacemos tanto rato…aquí…solas…— parecía estar teniendo serios problemas al ver como mi cara, e irremediablemente mis labios, se iba acercando peligrosamente a la suya.
Nuestros labios apenas acababan de juntarse cuando el sonido de la puerta hizo que se separaran de golpe.
— Any, Dul… ¿todo bien?— el tono preocupado de Andi era evidente mientras aporreaba la puerta.
— Si, todo perfecto— se apresuró a calmarla Anahi— Será mejor ir saliendo…— de nuevo su mirada se dirigió hacia mis labios antes que a mis ojos.
— Sí…será mejor.
Me levanté y le tendí mi mano, la cual para mi agrado cogió con una sonrisa.
Cuando salimos mas invitados habían llegado. Poco más, aparte de miradas, pudo ser intercambiado durante toda la cena.
— Andi, ¿puedes pedirme un taxi por favor?
Me disculpé del grupo de gente con los que estaba y fui a su lado.
— ¿Ya te vas?— le pregunté extrañada. Apenas acabábamos de cenar y el postre ni había sido repartido aún.
— Sí, estoy algo cansada— intentó sonreírme.
— No puedo creer que no quieras ver la cara de todos estos cuando prueben esa cosa que Robert preparó— le susurré al oído en plan cómplice. Movió su cabeza antes de sonreírme.
— Eres mala…
— No tanto como tu…que quieres irte sin ver el gelatipudin de chocolate.
Comenzó a reír.
— ¿El gelati qué?
— ¿Habláis de mi postre?— nos abrazó Robert a ambas desde atrás.
— ¿Hablábamos de su postre?— me cuestionó Any.
— Uhm, no, para nada…hablábamos de lo ricas que están las trufas de chocolate— me burlé.
— ¡No compares con mi gelatipudin de chocolate! porque ná que ver…lo mío si es glamour pa los cinco sentidos…
— Ya, ya, lo que tu digas, pero deja de babearnos encima y sirve el postre.
Me sacó la lengua antes de alejarse.
— Dul yo ya me voy…
— Espera y te llevo.
— No, no hace falta, yo…no quiero molestar. Además, la fiesta ahora se pone en lo mejor.
— No puede ponerse en lo mejor cuando lo mejor se va— comenté sin apartar la mirada de la suya. Me sonrió antes de poner rumbo a la habitación donde Robert había dejado su chaqueta.
Comencé a seguirla cuando Rachel se interpuso en mi camino.
— Dul, por favor…sálvame…— me rogó.
— ¿Qué sucede?
— El hermano de Andi, Iván, está zumbado…— me susurró asustada— Me ha estado contando que entierra cosas de vez en cuando con la esperanza de que algún día, en un futuro lejano, las encuentren… ¡Dios! ¡No me dejes a solas con ese psicópata!¿Qué tal si esta noche mientras duermo le da por despedazarme?
— Ok ok, en el macetero de la entrada encontraras las llaves.
— Gracias, tú si eres una amiga— me abrazó.
— Ya ya…— miré hacia el pasillo donde Any ya estaba despidiéndose de Robert y Andi. Rachel siguió mi mirada.— Upps, lo siento, creo que te estoy distrayendo, gracias de nuevo— me besó antes de alejarse.
Cogí mi bolso y me acerqué hacia donde estaban mis amigos solo para descubrir que Any ya había desaparecido.
— ¿Se fue ya?
— Si…pero si corres la alcanzas, ¿no ves que lleva el freno de mano echado?— se guaseó Andi. Sonreí antes de besarla a ella y a mi amigo.

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 10:07 pm

— Nos vemos mañana.
— Si, ¡y no llegues tarde!— escuché a Robert mientras salía por la puerta y corría por el jardín.— ¡Any!— grité cuando la vi abriendo la puerta del taxi. Paró su movimiento viendo que me acercaba corriendo. Paré jadeante a su lado, mientras intentaba recuperar el aire.
— Te estas haciendo vieja— comentó riendo.
Elevé mi dedo aun intentando capturar algo de aire para mis pulmones y me acerqué a la ventanilla del conductor.
— ¿Qué se le debe?
— Pero si no la llevé a ningún lado— se quejó este malhumorado.
— Está bien— saqué un billete de diez euros de mi bolso y se lo tendí— Quédese con el cambio— Me volví y me dirigí a Anahi— ¿Nos vamos?
Rodó sus ojos antes de cerrar la puerta que aun sostenía abierta y comenzar a caminar a mi lado. Me acerqué a mi coche abriéndolo con el control remoto y abrí su puerta, entró susurrando un gracias. La cerré y lo rodeé montando al otro lado. Encendí el motor y me sumergí en el tráfico.
— Ya te me ibas a escapar— comenté dirigiéndole una sonrisa antes de volver mi atención a la carretera.
— Lo siento, solo tengo ganas de llegar a casa y acostarme. Tengo los pies que parecen botas.
— ¿Está yendo bien el embarazo?— la miré.
— Si, con las complicaciones normales nada más, tú sabes— me sonrió.
— Uhm, bueno, no sé, nunca he estado embarazada— comenté mirando de nuevo a la calzada.
— Quién sabe, tal vez algún día… ¿no quieres tener hijos?— la noté que seguía mirándome.
— No sé, supongo…lo cierto es que nunca me lo había planteado— reconocí.
— ¿Ni tu pareja tampoco?
— ¿Mi pareja?— la encaré.
— Si, ¿nunca lo habéis hablado?
Comencé a reír, nunca hubiera imaginado que pensara que estaba con alguien, es mas, ¿por qué siquiera iba a pensar que estaba con alguien?
— ¿De que te ríes?— preguntó seria y ligeramente molesta.
— Por nada…es solo que… ¿quién te ha dicho que estoy con alguien?— volví mi atención hacia ella mientras formulaba la pregunta.
— Tu me lo dijiste— respondió extrañada.
— ¿Segura?— volví a preguntar aparcando el coche en la puerta de su casa.
— Cuando te pregunté si viniste sola de Londres me dijiste que no, que alguien te había acompañado.
— Y supusiste que yo…— no pude acabar, me dió la risa tonta.
— No es tan descabellado…eres inteligente, agradable, preciosa…
— Y sigo enamorada de ti— la corté.
Me miró confusa durante unos instantes, sus ojos, al igual que había sucedido otras tantas veces en la noche, se dirigieron hacia mis labios. La noté tragar pesadamente antes de oír el suave clic de la puerta al abrirse. Coloqué mi mano sobre la suya.
— ¿No vas a decir nada?
— Sí, buenas noches Dulce— susurró antes de apearse del coche.
Me quedé mirando su espalda, viendo como se alejaba por el pequeño camino de la entrada hasta llegar a la puerta. Sacó la llave de su bolsillo y la abrió perdiéndose en el interior.
Estuve por un par de minutos mas mirando la puerta cerrada sin realmente verla.
“Muy bien Dulce, ya creo que hemos hecho suficientemente el imbécil por hoy…que va a ser lo siguiente que harás, ¿arrastrarte y suplicar?”
Giré la llave poniendo de nuevo en marcha el motor y me alejé.
***
“Ella aún me…aun me quiere…a pesar de todos estos años, a pesar de mis desplantes, a pesar de esto…”me acaricié la tripa a través del vestido de dama de honor rosa chicle hecho a medida especialmente para la ocasión.
— Definitivamente tu mamá no es tan especial como se creía, hay alguien más loca que ella en este mundo— le susurré a la personita que crecía en mi interior.
— ¿Tu crees?— escuché su suave voz a mis espaldas. Me volví encontrándomela.
— ¿Qué haces aquí? ¿No deberías de estar en la iglesia?— pregunté extrañada dirigiendo una mirada al reloj.
— Pues nada, que al novio le dio por tomarse un trago antes de firmar la sentencia de muerte. Y no lo iba a meter en un antro para que luego no quisiera salir…al menos aquí hay pies suficientes para sacarlo a patadas.
— Lo tuyo es amor— comenté riendo.
— ¿Lo dudabas? Estas bellísima— susurró tras mirarme de arriba abajo.
— Tú no te has mirado al espejo— comenté ausente recreándome en la visión. Llevaba un vestido largo, con un escote pronunciado que poco dejaba a la imaginación y la espalda completamente descubierta. El color hacía juego con sus ojos.
— Adivina quien lo eligió…
La miré esperando la respuesta.
— Robert.
— No si, después de todo va a tener buen gusto— seguía sin poder apartar la mirada de su cuerpo.
— Jaja, creo que cuando lo veas te arrepentirás totalmente de lo que acabas de decir, esto fue un flash que le dio.
— ¡¡Any!!¡¡Dul!!¡¡Mi amada me esperaaa!!— gritó el susodicho desde abajo.
— Creo que será mejor irnos moviendo, que conociendo a Andi esa ha llegado una hora antes.
No me equivoqué, cuando llegamos a la iglesia Andi ya estaba allí. Y a juzgar por lo brillante que estaba el suelo del pasillo del sagrado edificio, la niña había pasado la mopa de bien con el largo vestido de la de paseítos que se había metido mientras esperaba.
La ceremonia transcurrió como se esperaba…con Andi y Robert llorando a moco pelao prácticamente durante todo el enlace. No pude evitar observar a Dulce. Permanecía a un lado de Robert ajena a mis miradas.
“Está preciosa…me corrijo, es preciosa. Porque está visto que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. No entiendo como aun así está enamorada de mí…”
En ese momento, inexplicablemente me miró encontrándose con mi mirada. Le sonreí sabiendo que me sonreiría. Y así hizo.
“Any, que vamos a hacer…Tienes demasiados problemas encima como para involucrarte con ella ahora…además, ya no somos unas adolescentes, esto es la vida real, es serio… ¿qué pensaría papá?”
Pensamientos de una conversación lejana vinieron a mí de repente.
“Entonces, ¿por qué no aceptarlo? Sé que es complicado… ¿pero verdaderamente lo has intentando? y me refiero a sin dejarte llevar por lo que piensen o dejen de pensar los demás”
Sonreí ante el recuerdo de esas palabras, tan lejanas en el tiempo y a la vez tan cercanas. Volví a dirigir mi mirada hacia Dul, solo para encontrarla de nuevo mirándome. Fue su turno de sonreírme y obtener mi respuesta.
***
La ceremonia, el banquete, el baile…Suficientes botellas habían sido descorchadas para que mas de uno ya bailara solo abrazado a su copa en el centro de la pista.
Sonreí mientras desde mi privilegiado sitio en la mesa de los novios observaba al hermano de Andi, Rafa, con la camisa fuera del pantalón y con la corbata en la misma guisa como lo había conocido una Nochebuena hace bastantes años atrás, intentando bailar la danza del vientre, o mejor dicho del michelín, en el centro de la pista. Aplaudió eufórico cuando la pieza acabó mientras hacia reverencias a diestro y siniestro.
Dirigí mi atención hacia una de las mesas, donde Rachel y Anahi charlaban animadamente. Decidí acercarme.
— Vaya vaya, mira nada menos quien está aquí. La madrina más guapa del año— comentó Rachel mientras por mi parte tomaba asiento al lado de Any.
— ¿Solo del año? joder, el suplicio de llevar estos tacones no compensa entonces— me quejé.— ¿Qué pasó anoche al final? ¿Te quedaste en casa del psicópata?— comencé a burlarme.
— No, al final me quedé en casa de una amiga— miró picara a Any.
— Hola— apareció Iris de repente a su lado. — ¿Me concede esta pieza?— cuestionó a la joven tendiéndole su mano.
— Uhm, ya me estaba preguntando cuando demonios me lo pedirías— agarró la mano que le ofrecían y se levantó. Se despidió de nosotras mientras era llevada al centro de la pista.
— ¿Tú lo sabias?— me preguntó Any sin dejar de mirar al par que en ese momento ya bailaban.
— Uhm, ¿el qué?
— No, no lo sabias— sonrió mirándome y haciéndome un gesto con su cabeza de nuevo hacia las dos chicas.
— ¿Eh? Ooohh – vi la luz de repente— ¿De veras?— las volví a mirar de nuevo.
— Uhm, sip, me lo acaba de contar Rachel.
— Bueno, hay que admitir que hacen buena pareja— sonreí— Aunque hace unos años hubiera pensado que era un suicidio— hice una mueca.
— Jaja, la gente cambia, es la prueba viviente.
— Ahora que lo han visto mis ojos, me lo creo... — seguí mirándolas antes de mirar a Any— ¿Y usted me concedería este baile?
— Dul, no creo que en mi estado…
No la dejé acabar.
— Por favor…— supliqué.
— Luego no te quejes si te piso con uno de mis gordos pies.
— Tus pies no están gordos, solo tu tripa— le saqué la lengua.
— ¿A que ya no bailo?— me amenazó.
— Love and peace— comencé a agitar una servilleta blanca al aire.
— Jaja, esta claro que tanta lluvia en Londres te ha trastocado los circuitos— se burló—Anda vamos.
Se levantó agarrándome de la mano, y para mi alucinación, siendo ella quien me arrastraba a la pista. Nos pegamos y comenzamos a bailar, ajenas a un par de ojos que en ese momento no perdían detalle de todos nuestros movimientos.
***
Me encontraba en mi despacho, trabajando en el ordenador cuando Lucía, mi secretaria, me avisó de que tenía visita.
— Hágalo pasar por favor.
Apenas unos segundos después mi tío hizo acto de presencia en mi oficina.
— Vaya, vaya, veo que el negocio parece ir de maravilla— comentó curioso mirando hacia todos lados.
Me levanté de mi asiento acercándome a su lado con una sonrisa en mi rostro. No tardó mucho en envolverme en sus brazos.
— Hola cariño— me besó en la mejilla antes de separarnos.
— Hola tío, ¿cómo tú por aquí? que agradable visita— le sonreí.
— Pues nada, vine al centro de la ciudad a hacer unos recados y pasé por la puerta y pss, decidí hacerte una visita aprovechando que hacia días que no sabía de ti.
— Si, lo siento…he estado algo liada.
— Oh, bueno, será mejor entonces que me marche, seguro te estoy distrayendo— comenzó a moverse incómodo.
— Para nada— le sonreí. Tomé asiento en el filo de mi mesa y le hice una seña para que se sentara en la silla de enfrente.
— ¿Segura?— cuestionó inseguro.
— Totalmente, ¿qué tal todo por casa?
— Bien, después de unos días algo agitadas las aguas al fin parece que vuelven a calmarse.
— ¿Sucedió algo?— pregunté frunciendo el ceño.
— Lo que tenía que suceder supongo…David regresó dispuesto a llevarse a Any a como diese lugar— su mirada de odio al hablar del tipo me sorprendió.
— No entiendo, ¿pero no lo habían dejado?— cuestioné ceñuda levantándome de mi improvisado asiento y sentándome a su lado
— Uhm, sip, más o menos.
— Y Any… ¿volvió con él?— susurré rezando a todas las divinidades posibles para que me ofreciera un no como respuesta.
— No, ni ella quería ni nosotros lo hubiéramos permitido…
— Pues ahora si que no entiendo…— afirmé suspirando tranquila ante el hecho de que aun seguía cerca y tenía una esperanza, aunque esta fuera mínima.
— No sabes nada, ¿verdad?
— Estas comenzando a preocuparme, ¿hay algo que deba saber?
— Si, pero no creo que deba ser yo quien te lo diga. Sé que te quiere mucho y confía en ti, por eso te lo contará— comenzó a levantarse. Lo miré desde abajo.
— ¿Tío?
— ¿Sí, cariño?— cuestionó suavemente.
— ¿Hay algo que pueda hacer?
No sabía a que se refería, pero estaba claro que tratase de lo se tratase si estaba Anahi de por medio haría lo que fuera.
— Solo tenle paciencia— me sonrió.
— ¿Mas?— le devolví la sonrisa intentando bromear.
— Más. Sé que la quieres mucho y harás lo que tu corazón te diga.
Lo miré confusa, no sabiendo a que venía todo aquello exactamente.
“Tal vez él… ¡ya! ¡Dul! ¡No pienses *****!”
— Dulce, sabes cuanto te aprecio. Mas que como mi sobrina en todo este tiempo he aprendido a verte como otra hija más. Me siento realmente orgulloso de ti, no solo por como has conseguido llegar hasta donde estas ahora, sino también por la fuerza y la templanza que has tenido a la hora de enfrentar todo lo que la vida te ha dado. Soy consciente de que te ha castigado mucho, diría demasiado…ya es tiempo para ser feliz, te mereces serlo…
— Gracias…— susurré inaudible antes de verme de nuevo entre sus brazos.
— Por nada cariño— me sonrió antes de separarse. Comenzó a caminar hacia la puerta y estaba ya por salir cuando de se giró.
— ¿Tienes algún plan para esta noche?
— Uhm, no…creo que no, ¿por qué?
— ¿Te apetece cenar conmigo? Me gustaría comentarte algo referente a negocios.
— Ok, ¿a qué hora me paso?
— Si no te parece mal me gustaría quedar fuera de casa. Tú sabes, allí habrá mas jaleo y me gustaría poder hablar tranquilamente contigo. ¿Te parece bien en el brasero de la avenida San Luis?
— Perfecto, no hay problema. ¿A las nueve y media va bien?
— A las nueve y media va bien, nos vemos entonces— me sonrió antes de terminar de abrir la puerta y salir.
“¿A que ha venido todo esto? Definitivamente cada día entiendo menos…¿será que me estoy haciendo vieja y estoy perdiendo facultades?”
Suspiré antes de bordear mi escritorio y sentarme a continuar con mi trabajo.
***
— ¿Y papá?— pregunté entrando a la cocina.
— Uhm, salió a hacer unos recados, ¿por qué?— respondió mi madre sin dejar de planchar.
— Me dejó esto en la mesita— le mostré el papel, el cual ni miró.
— Ah, ya…algo me comentó…
— ¿Y no se le ocurre decírmelo antes? Son casi las ocho y media— miré el reloj de la cocina.
— Bueno, aun te da tiempo…No se te ocurra no ir, que mira que tu padre ya sabes como se pone, además, es importante.
— No si se nota…Dios, no entiendo a que tanto misterio…
Salí de la cocina y subí las escaleras malhumorada. Apenas tenía una hora para adecentarme un poco y largarme al lugar donde me había citado con tanta insistencia.
Conseguí salir por la puerta un cuarto de hora antes de lo acordado pensando, pobre de mí, que era mas que suficiente para llegar a tiempo. Un partido de fútbol tiró abajo todos mis planes. Eran casi las diez de la noche y aun estaba metida en el taxi.
— Mire, mejor me bajo aquí, donde voy está a apenas cinco minutos.
— ¿Seguro que en su estado puede?— me miró escéptico el conductor a través del retrovisor.
— Quédese con el cambio— dije dándole un billete y saliendo del vehículo.
“Demonios, estoy embarazada, no soy invalida…” pensaba malhumorada mientras caminaba por la calle.
Diez minutos más tarde estaba entrando por la puerta del restaurante.
— Perdone, tengo reserva en la mesa trece.— dije al chico de la entrada.
— Buenas noches, acompáñeme por favor— me lanzó una sonrisa colgate tan blanca que casi me ciega.
Lo seguí a través del restaurante. Si que mi padre me invitara a cenar a un restaurante a través de una nota me había sorprendido, lo que encontré al llegar a la mesa no fue menos.
— ¿Tú?
***
Miré el reloj de mi muñeca para solo comprobar que apenas habían pasado tres minutos desde la última vez que lo había mirado. Suspiré resignándome al hecho de que teniendo en cuenta la puntualidad de Miguel, me había plantado.
— ¿Le gustaría que le vaya entregando la carta, señorita?— me cuestionó el camarero por tercera vez desde que había llegado a la mesa.
— No, gracias, esperaré un rato mas— le sonreí amablemente esperando que se esfumara de mi lado pero lo único que conseguí fue que se quedara mas pasmado mirándome bobamente.
“Genial, lo que me faltaba ahora… ¿Qué no hay mas clientes a los que mirar? ¿Tiene que ser precisamente a mí?”
Estaba tan ensimismada jugando con el tapón de la botella de agua que no me percaté de la llegada de alguien a mi lado.
— ¿Tú?— la escuché decir. Elevé la mirada encontrando a una Anahi con cara de pocos amigos.
— ¿Qué haces aquí? ¿Y tu padre? ¿Le sucedió algo?— me levanté de la silla temiéndome lo peor.
— No es necesario que finjas conmigo. Ya me di cuenta de que todo es una encerrona— dijo malhumorada.
— ¿Cómo?— cuestioné confusa.
— ¿Ahora también eres sorda o qué?
— ¿Pero de qué rayos hablas? Si estoy aquí es porque tu padre me citó, no para verte a ti.
— ¿Les apetece que vaya trayendo la carta?— entró a escena el bobo.
— ¡No!— respondimos ambas al unísono atrayendo la atención de varios comensales.
— Señoritas por favor…mantengan la calma, están en un lugar publico— apareció inexplicablemente el chef a nuestro lado.
Me senté en mi silla esperando que Any hiciera lo mismo, y así hizo. Nos quedamos mirando fijamente.
— Muy bien, les iré trayendo unos entremeses para ir abriendo boca. Nada mejor que llenar el estómago para verlo todo con mas claridad— comentó el tipo consciente de que poco caso le hacíamos. Desapareció dejándonos a solas en la mesa.
— Si estoy aquí es porque tu padre vino esta mañana a mi oficina y me invitó a cenar. Me dijo que tenía negocios que comentarme.
— Al menos a ti tuvo la decencia de decírtelo en persona. A mí me dejó esta nota en la mesilla de noche mientras dormía la siesta — me entregó el papel. Lo leí.
Hola cariño, me gustaría invitarte a cenar esta noche, solos tú y yo. Hay demasiado de que hablar, demasiado que saber…llegó la hora de conocer el puzzle…es hora de pensar con el corazón…
Te espero a las nueve y media en el brasero de la avenida San Luis, mesa 13.
No me hagas esperar mucho…
Miguel
PD: Ponte bella para mí.
Fruncí el ceño al comprobar que lo que decía la nota podía perfectamente ser aplicado a mi persona. El recuerdo de la conversación con mi tío en la mañana vino a mí.
“Sé que la quieres mucho y harás lo que tu corazón te diga”
— ¿Tú entiendes algo? porque yo no…empiezo a pensar que a este hombre ya le llegó el Alzheimer. ¿Dul? ¿Dulce me estás oyendo?
Aparté la mirada del papel para encontrarme con unos confusos ojos verdes.
— ¿Te encuentras bien?— su tono de voz sonaba preocupado.
— Si, solo estaba pensando. Creo que ya sé porque tu padre nos citó aquí.— admití dejando el papel sobre la mesa.
En ese preciso instante volvió a aparecer el chef barrigón con un plato de entremeses y una botella de agua.
— Pa que vayan haciendo boca…en un momento les traen la carta.
— ¿Agua?— cuestionó Any al ver como le colocaba la botella al lado— Creí que esto era un restaurante con glamour— se quejó.
— Y yo creía que dado su estado usted no podía beber alcohol.
— ¿Y me trae agua? Pa el susto, ¿no?— inquirió indignada.
— Por favor, algo más nutritivo, que ese pobre niño tiene que desarrollarse— intercedí yo también.
El tipo me miró antes de agarrar la botella y dejarnos de nuevo a solas.
— ¡Y traiga la cartaaa!— gritó Anahi— Bueno, que me decías…— siguió volviendo la atención a mí mientras se apoderaba de un trozo de queso del plato recién traído y comenzaba a roerlo. Comencé a reír— ¿Qué? Tu misma dijiste que el pobre niño tenía que desarrollarse.
— Claro…el pobre niño…tú lo que sigues siendo es una glotona de cuidado— me burlé.
— Y a mucha honra.
Sonreí y estaba por hablar cuando de nuevo el bobo de la carta, esta vez con ella entre sus manos, apareció a nuestro lado.
— La carta— dijo tendiéndole una a Anahi. Se quedó un rato observándome de nuevo sin decidirse a dármela a mí. Any lo notó.
— ¿Es para hoy o para mañana?— le soltó notando su bobería. El tipo prácticamente me arrojó el libro saliendo por patas.— Los hay simples…— comentó volviendo la atención a su menú.
“Y las hay celosas…” pensé mientras sonreía.
— ¿El menú trae chistes ahora?— siguió con su tono borde.
— ¿Y a ti te picaron los chinches en la siesta?— la miré burlona. Se limitó a fruncir los labios y a mirar la carta de nuevo.
— Tomaré un churrasco— dijo entregándole su carta al chef que de nuevo casi por arte de magia había aparecido a su lado.
— Lo mismo— inquirí tendiéndole la mía.
— Copiona…— me miró entrecerrando sus ojos dirigiendo la copa de agua a sus labios.
— Tal vez…
— Aun lo recuerdas…— sonrió.
— ¿Por que iba a olvidarlo?
— No lo sé…ha pasado mucho tiempo…— comentó mientras con el tenedor pinchaba el mantel de la mesa.
— Anahi… ¿podemos hablar?
— ¿Qué no lo estamos haciendo ya?— cuestionó mientras seguía haciendo agujeritos. La paré antes de que el mantel pareciera un queso emmental.
— Es importante— afirmé con la mano aun sosteniendo la suya. El gesto pareció sacarla de sus pensamientos, haciendo que toda su atención se desplazara hacia mí.
— Tú dirás…
— Esa nota fácilmente podría ser mía— le admití.
— ¡Sabia que era una trampa!— intentó levantarse de la mesa.
— ¡No! ¡Espera!— la frené— La cosa no es así.
— Pues explícate mejor porque definitivamente no entiendo.
— Lo que quiero decir es que lo que dice esa nota podría aplicarse a mí…y a ti.
— Ya… ¿Cuántas botellas de vino te has bebido mientras esperabas?— me miró incrédula. Continué ignorando su comentario.
— La mañana que tu padre me citó en su despacho, después de la graduación, me reveló algo que no sabía. Algo que ni siquiera imaginaba.
— ¡Sabia que ese día había sucedido algo ahí dentro! ¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿No confiabas en mí?
— Claro que si confiaba…pero tu padre me hizo prometerle que no lo haría. Él pensaba que no era necesario.
— ¿Qué fue lo que te contó?
— El no mucho…me entregó una carta de mi padre…en ella me contaba el porque de muchas cosas de mi vida…— paré mientras el recuerdo de esa mañana venía a mí. La mano de Anahi sobre la mía me hizo salir del trance y mirarla a la cara. La dulzura que tantas veces atrás había visto en esos ojos verdes me saludó.
— ¿Qué decía?— cuestionó suavemente, mientras con el pulgar acariciaba el dorso de mi mano.
— Estuvo enfermo y no me dijo…murió a causa de un cáncer…— la suave caricia me animó a continuar.— También me contó la verdad sobre su vida…el por qué nos habíamos pasado los años yendo de un lugar a otro.— sonreí agriamente— Dios, no tengo ni idea de por donde seguir…
— Vas bien— me sonrió intentando tranquilizarme.
— Regresé a Londres con el fin de continuar la búsqueda de mi padre. Para buscar a su madre.
— ¿Perdona? Ahora si que me perdí…— afirmó confusa.
— Mi padre y tu padre no son hermanos. Mi padre fue adoptado por los abuelos cuando aun era un bebé, al igual que tu padre.
— Pero... eso no puede ser, papá nunca me ha dicho…
— Y por eso me hizo prometerle que no te lo diría.
— ¿Y por qué lo haces ahora? después de tanto tiempo… ¿qué sentido tiene?
— Es la verdad, es justo que la supieras algún día. Y la nota decía que ese día había llegado.
Separó su mano de golpe de la mía y se apoyó contra el respaldo de su silla. Una mueca de dolor atravesó su rostro antes de comenzar a acariciarse la abultada tripa.
— ¿Te encuentras bien?— cuestioné preocupada al tiempo que me levantaba de mi silla y me arrodillaba a su lado. Me miró desde arriba durante unos instantes antes de responder.
— Sí, solo fue una patada. Al parecer Dani tendrá suerte y saldrá futbolista.
Sonreí ganándome su sonrisa.
— ¿Puedo?— pedí permiso elevando mi mano al aire, insegura de que aceptara.
— Claro que puedes— susurró sujetándola y llevándosela al vientre. Un nuevo golpe me dio la bienvenida— Parece que le gustas— me sonrió.
— ¿Sí? ¿Te gusto?— inquirí acercando mi rostro al hinchado abdomen. Otra golpe pudo notarse.— Uy, ¿eso es un sí? si es un si da dos golpes más— Any comenzó a reír y mas aún cuando los dos golpes fueron dados— Si, sabia que eras una niña inteligente— continué acariciando la tripa no demasiado consciente en ese momento ni de lo que hacia ni de lo que había dicho.
— Sus platos.
La inesperada voz del chef casi me cuesta la mesa como gorro y veintiocho puntos de sutura en la cabeza.
— Lo siento— dije saliendo de debajo del aun tembloroso mueble acariciándome mi dolorido tarro de las ideas.
— ¿Estas bien?— preguntó preocupada Anahi a la vez que tomaba asiento en mi silla y trataba de ignorar las caras que en ese momento estaban vueltas hacia a mi cuchicheando lo que supuestamente andaría haciendo debajo de la mesa.
“Panda de chismosos pervertidos…”
— Si, estoy bien.
Miré al chef con cara de pocos amigos mientras colocaba el plato de carne frente a mí.
— Gracias— susurré a entredientes antes de que se alejara.
— ¿De verdad estas bien?— cuestionó de nuevo mi acompañante alargando su mano a través de la mesa y colocándola sobre la mía. Observé durante unos instantes su gesto antes de enfrentar su mirada. Le sonreí.
— No te preocupes, tengo la cabeza dura.
— No, si se nota…— comentó guasona separándose de mi y agarrando el cuchillo y el tenedor. Hice lo propio.
— Buen provecho.
— Igualmente, esto tiene una pinta…agg— soltó los cubiertos de repente.
Alcé la mirada de mi plato solo para encontrarla de nuevo sujetándose la tripa.
— ¿Otra?
— No…creo que mas bien fue una contracción— la noté palidecer un poco. Me levanté corriendo arrodillándome a su lado al igual que había hecho antes y comencé a hacerle aire con la servilleta.
— ¿Estas bien? ¿Quieres ir al hospital?
— No, estoy bien…me dan a veces, no te preocupes— respiraba pesadamente.
— ¿Cuándo sales de cuentas?
— En dos semanas o así.
— ¿Segura que no quieres que te lleve al hospital?— pregunté insegura.
— De verdad, estoy bien. No es la primera vez que me pasa. Hoy esta algo rebelde.— se acarició la tripa.— ¿Seguimos comiendo?
— Como quieras…— me levanté sentándome en mi sitio. La observé llevarse el tenedor a la boca y masticar.
— ¿Qué?— cuestionó elevando sus cejas.
— Nada…— cogí mi tenedor y comencé a comer yo también.
— No me has terminado de contar que sucedió en Londres, ¿encontraste a tu abuela?— habló de repente volviendo al tema.
— Si…— sonreí— Me costó años, pero la encontré.
— Me alegro, tendrás que presentármela algún día.
— Ya la conoces…— me miró con el ceño fruncido— Vive conmigo— le aclaré.
— ¿La señora Norman? ¿Tu vecina?— preguntó alucinada.
— Uhm, si…surrealista, ¿no? Imagina, mi padre tantos años buscándola y la tenía al lado.
— Y tu tantos viajecitos de “negocios”, y la seguías teniendo al lado— se encargó de remarcar lo dicho.
— Sigues molesta conmigo por eso— entré en el tema.
— No, no lo estoy. Sabía que me querías a pesar de todo, aprendí a verlo hace mucho…el hecho de que siempre parecieras marcharte en el momento menos indicado no significaba lo contrario. Tenías tus motivos, solo que no supe verlo en su momento. Supongo que anduve demasiado centrada en mi... en lo que sentía…y me olvidé de ver el resto…— bajó la mirada.
— Lo siento…
Mi disculpa la hizo levantar la mirada hacia mí.
— No te disculpes. Tú no tuviste la culpa. Fue un cúmulo de circunstancias casuales lo que nos llevó al punto al que llegamos.
— Torpezas del destino.
— No lo hubiera descrito mejor— me sonrió – ¿Sabes? muchas veces he tratado de resignarme al hecho de que si el destino quiso que sucediera de esa forma, era porque realmente tenía que ser así.
— ¿Y lo conseguiste? ¿Te resignaste?— pregunté sin poder apartar la mirada de sus ojos verdes.
Y estaba por responderme cuando noté como el dolor de nuevo cruzaba su rostro.
— ¿Anahi?— susurré al ver que agachaba la cabeza y se encogía ligeramente.
— Dulce…o ya sufro incontinencia urinaria o acabo de romper aguas…
— Mas bien va a ser lo segundo— comenté levantándome como un resorte de mi silla y yendo a su lado— Tranquila, respiremos— sujeté sus manos y comencé a respirar por la nariz y expulsar el aire por la boca.— Sigue, no pares.
— ¡No seas boba!, como voy a parar… qué quieres, ¡¿que me asfixie?!— gritó a través del dolor llamando la atención de varios comensales.
— Shh, no te alteres, focalízate en respirar…voy a buscar el coche.
Intenté separarme pero lo único que conseguí fue que me apretara aún más las manos.
— ¡No!¿Que piensas dejarme aquí?— gritó entredientes.
— Voy a buscar el coche…
— No pienso quedarme aquí esperando a que vayas a por el cochecito leré.
— Está bien, está bien…
La ayudé a levantarse y comenzamos a caminar hacia la puerta.
— ¿Está de parto? —preguntó mi bobo admirador al pasar por su lado.
— ¡Tú que crees descarado baboso! No, si te parece solo estoy ensayando pa cuando llegue el momento— le escupió Any.
— Oh, señorita, ¿llamamos a una ambulancia?— apareció el chef de la nada haciéndome pegar un bote.
— ¿Pero usted en lugar de andar levita o qué?— inquirí molesta de que no parecieran ver la gravedad de la situación a juzgar por como no paraban de frenarnos.— No se preocupe, gracias— lo rodeamos y salimos.
— ¿Estás bien?
— No, estoy de parto— respondió borde mientras caminaba a duras penas.
— Tranquila, no es bueno que te alteres…

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Re: Torpezas del destino

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 10:07 pm

— No, si estoy muy tranquila… ¡¿Dónde está el ****ero coche?!— gritó histérica mientras intentábamos cruzar la avenida.
Me saqué las llaves del bolso y abrí la puerta del copiloto ayudándola a entrar. Rodeé el coche y subí arrancando el motor.
— ¿Te encuentras bien?
— ¿Tú me ves bien?— gritó intentando respirar.
Pisé mas el acelerador a través de la avenida sorteando a varios coches.
— ¿Me quieres llevar a la sala de parto o a la del forense?— gritó sujetándose al agarrador de la puerta como quien se agarra al flotador mientras se ahoga. La ignoré acelerando mas— ¡Eso tu acelera mas y traumatizamelo antes de nacer! ¡que cuando lleguemos va a estar tan acojonao que no va a querer salir!
— No te preocupes, conozco a buenos psicólogos— comenté entrando por el camino destinado a ambulancias de urgencias.
— Si, se nota lo bien que te han dejado….— siguió con la verborrea aun ya habiendo salido del coche. Cogí una silla de ruedas de la entrada y volví al auto abriendo la puerta—…una inconsciente, una inconsciente psicópata, ¡eso es lo que eres!— siguió recriminándome mientras la ayudaba a subir a la silla. Instalada en ella la dirigí corriendo a través del pasillo de urgencias. Los médicos no tardaron en hacer el resto.
***
— ¿Dónde está?— pregunté a la enfermera que en ese momento me preparaba en la sala de partos.
— ¿Quién?— cuestionó extrañada.
— ¡La psicópata que me trajo!
— Tuvo que quedarse fuera esperando. Lo siento, no puede pasar nada más que el esposo.
— ¡¿Qué esposo y qué niño muerto?!Ay Dios, cariño, tu no has escuchado eso, no le hagas caso a mamá, tapate los oiditos…— comencé a acariciarme la tripa. Al notar que la enfermera estaba por marcharse volví a gritar— ¡¿Dónde cree que va?!¡Tráigame a la psicópata!
— Lo siento, son reglas del hospital, ya le he le dicho que…
— ¡Y yo le he dicho que me la traiga! ¡Ni tengo esposo ni me interesa tenerlo!¡Y ahora llame a mi novia!— grité fuera de mi pareciendo la niña del exorcista.
Salió asustada de la sala para instantes después volver acompañada por Dulce y dos tipos en bata azul y gorro blanco que no tardaron en posicionarse entre mis piernas.
— Tranquila, ya estoy aquí— intentó calmarme Dul acariciándome el cabello y dándome su mano.
— ¡¿Dónde demonios andabas?! Llevo… ¡Ahhh!— no pude acabar, el dolor era cada vez mas insoportable. — ¡¿A qué hospital tercermundista me has traído que ni la epidural me han puesto?!
— Tranquilícese señora, está en buenas manos— intentó tranquilizarme uno de los tipos de bata azul y gorro blanco.
— ¡Señorita! ¡Es señorita!— grité.
— Shh, no te alteres cariño…— hizo el intento de calmarme mi acompañante.
— ¡No estoy alterada! ¡Estoy de parto!
— Muy bien señorita, llegó el momento, ¡empuje!— me ordenó el tipo que aún seguía con la cabeza entre mis piernas.
Comencé a hacer fuerza y empujar.
— Señorita, ¡empuje mas!— volvió a ordenarme.
— ¡Dile a esos pitufos que empujar es lo que hago!— agarré a Dul del cuello de la camiseta poseída por el dolor.
El llanto de un bebé no tardó mucho en inundar la sala.
— ¡Enhorabuena señorita! ¡Ha tenido usted una niña!
***
Los calidos rayos del sol sobre mi cara hicieron que poco a poco fuera abriendo mis aun pesados parpados. Miré alrededor del blanco y aséptico cuarto intentando recordar como había llegado hasta allí. El cuerpo de Dulce acurrucado en el sillón de al lado de mi cama me hizo recordar la agitada noche que habíamos tenido.
“¿Y mi bebé? ¿Dónde está mi bebé?” Reparé al mirar de nuevo alrededor de la habitación. Comencé a moverme con la intención de levantarme.
— ¿Dónde crees que vas?— preguntó una ronca voz a mi lado.
— ¿Dónde está mi bebé?— la encaré.
— Tranquila, está en la incubadora— dijo levantándose y comenzando a desperezarse.
— ¿En la incubadora? ¿Qué le pasa?¿Está bien?— cuestioné asustada mientras la zarandeaba.
— ¡Wou! ¡Wouuu! tranquila chica…se encuentra perfectamente. Dijeron que esta mañana la subirían ya a la habitación.
— ¿De verdad no me mientes? ¿De verdad está bien?
— De verdad que está bien. Decidieron que como había nacido un poco antes sería bueno meterla unas horas nada mas, pero está perfectamente— me sonrió intentando tranquilizarme.
— ¿La has visto?
— Si, es preciosa— volvió a sonreírme— Al igual que su madre.
Sonreí tímida agachando la cabeza. Recuerdos de la noche pasada llegaron a mi mente.
— Dul, yo…siento todo lo de anoche.
— No te preocupes, es normal, estabas nerviosa y asustada.
— Histérica es mas bien la palabra— hice una mueca con mis labios.
— Pss…ná…no se notó mucho…— sonrió.
— Dios, que vergüenza…— me agaché tapándome la cabeza con la sabana.
— Ey, claro que no…lo hiciste muy bien— dijo bajando mi defensa contra el mundo.
— Sí, gritar, ¿no?— de nuevo me tapé.
— Bueno, eso también— volvió a destaparme.
— ¿Llamaste a casa?
— Sí, llamé a eso de las siete. No quise despertarlos antes. De todas formas tu seguías sedada.
— Hasta tuvieron que sedarme…tierra trágame…— comenté ocultándome otra vez.
— Jaja, ya no seas cobarde. Conmigo estas a salvo del mundo.
— Lo sé— le sonreí.— Gracias por haber estado conmigo todo el tiempo…por haber…— sus dedos sobre mis labios no me dejaron articular mas palabras.
— Shhh, no agradezcas nada. Ha sido lo mas bonito que me ha sucedido en la vida— la sinceridad de sus ojos me hizo estremecer.
— ¿Más que yo?— me aventuré a preguntar. Me sonrió antes de responder.
— Podría hacerle frente con decisión si quisiera— comenzó a acercar su rostro hacia mí.
— ¿Pero ganaría?— susurré con sus labios casi pegados a los míos.
— No lo sé, tal vez si se esforzara un poco…— nuestras bocas se juntaron para al instante, con el ruido de la puerta, separarse.
— ¡¿Dónde está la mamá más preciosa?!— gritó mi padre entrando a la habitación.
— Miguel, no grites, que estamos en el hospital— le regañó mi madre, que poco siguió su propio consejo— ¡Anahi! ¡Mi amor!— gritó abalanzándose sobre mi y abrazándome. Papá, copión él, le repitió el gesto.
— Hola mamá, papá…
— ¡Mi bebé! ¡¿Dónde está mi bebé?!— gritó mi madre separándose de mi y mirando de repente hacia todos lados.
— ¡Si! ¿Y mi nieto? ¿Dónde está mi nieto?— miró papá a Dul.
— Sigue abajo, en la incubadora. Supongo que lo subirán en un rato.
— Y papá…es nieta— le saqué la lengua desde la cama.
— Oh, ¡otra princesita!— sus ojos se pusieron brillantes de repente.— No puedo esperar— se levantó y salió por la puerta.
Nos miramos las tres antes de comenzar a reír.
— ¿Cómo estás cariño?
— Bien, algo incomoda, pero bastante bien— le sonreí a mi madre.
— Me alegro, que bueno que Dulce estuviera contigo todo el tiempo— la miró y le sonrió.
— Si…— acordé dirigiéndole una mirada yo también.
— No fue nada…— intentó restarle importancia.
— Claro que lo fue, no sé que hubiera sido de mi Any sin su Dul.
Miré sorprendida a mi madre por lo que acababa de decir. Pareció ignorarme.
— Cariño, si quieres puedes irte a casa a descansar un rato. Te la cuido de mientras— le sonrió de nuevo.
— ¿Me la cuida?— una afirmación de su cabeza y una sonrisa picara fue la respuesta de mi madre— Gracias— la besó en la mejilla antes de dirigirse hacia mí— Pórtate bien, en un rato regreso— me susurró en el oído antes de acercarse y besarme cerca de la comisura de mis labios. Cerré los ojos ante el suave contacto. Cuando los abrí ya se había marchado dejándome a solas con la mujer que me conocía mejor que yo misma.
— ¿Habéis hecho las paces? ¿O tu padre tendrá que seguir haciendo de Celestina?— cuestionó picara.
— ¿Desde cuando lo sabes?— pregunté sorprendida.
— Desde el mismo día que posaste tus ojos sobre ella en el aeropuerto. ¿O que acaso me vas a negar que no sentiste mareo?— cuestionó burlona. Sonreí al recordarlo.
— A ti no te…
— ¿Importarme? ¿Por qué iba a importarme? Por mi está perfecto. Sé que es la única persona que te ha hecho, te hace y te hará feliz.
***
Antes de irme a casa no pude evitar pasarme por la habitación de las cunitas de los recién nacidos. Al llegar encontré a Miguel chupando el cristal mientras le hacia fiestas con sus manos a su nieta, la cual dormía placidamente pasando olímpicamente de él.
— ¿Qué? Practicando, ¿no?— inquirí risueña poniéndome a su lado.
— Es tan dormilona como la madre…y tan bonita, se parece mucho a ella cuando nació— siguió babeando.
— Entonces no cabe duda de que tendrás que apartarle los enamorados a palazos, ¿eh abuelo?— le hablé echándole un brazo por los hombros.
— Abuelo…suena bien, ¿no?— comentó sin dejar de mirar al bebé.
— Si, suena perfecto. Será la envidia de todos en el cole por tener un abuelo metrosexual.
— Jaja, anda, ¡¡ya quita!!— intentó apartarme de él en broma.
— Es preciosa, ¿verdad?— comenté fijando mi atención en el bebé que en ese momento parecía despertar.
— Mucho… ¿Dulce?— cuestionó sin dejar de mirar hacia el cristal.
— ¿Si?— encaré su perfil. No tardó mucho en girarse y mirarme a los ojos.
— ¿Resolviste anoche tus diferencias con Anahi?— la seriedad de sus ojos marrones enfocados en los míos me hizo revolverme incomoda.
— Uhm, bueno… si te refieres a si le conté la verdad, si, lo hice— miré de nuevo al bebé.
— Siento si te molestó que te hubiera mentido de esa forma, pero aun así, lo volvería a hacer.
— No, no me molestó. No te preocupes— admití sin dejar de mirar a través del cristal muy a pesar de que sabía que su mirada estaba sobre mi.
— ¿Entonces?— continuó.
— ¿Entonces que?
— ¿Resolvisteis lo vuestro?
Me giré ante su pregunta.
— Si, ¿cómo lo sé?— sonrió antes volver la vista hacia su nieta— Tengo ojos Dulce. Solo hace falta mirar los suyos o los tuyos para verlo. Siempre lo he sabido y lo cierto es que nunca me ha importado. Al contrario. Me sorprendió tanto como a ti que Any se comprometiera con David, incluso que aceptara salir con el. De sobra era conocido que parecía buen chico y me gustaba, pero también sabia que ella no lo amaba. No sé si comenzó algo con él por soledad o simplemente por agradarme a mi. A pesar de todos los años que habían pasado, a pesar de evitarte…nunca dejó de quererte, por mucho que tratara de negar la evidencia seguía enamorada de ti. ¿Sabes? me arrepiento de haberte pedido hace años que no le dijeras nada, me culpo a mi mismo por no haber sido capaz de contárselo personalmente…Ese secreto acabó con vosotras, destruyó su felicidad, tu felicidad…— una lagrima comenzó a caer por su mejilla.
— Tío, no tienes la culpa de nada. Cuando las cosas no se dan, no se dan. No importa lo que hagamos por cambiarlas, por evitarlas. Si sucedió así, es porque tenía que ser así.
— Eso es un pensamiento demasiado conformista, ¿no crees?
— Tal vez lo sea, pero de nada sirve atormentarse por algo que no sabes siquiera si hubiera funcionado. Sí, ha sido doloroso…pero también lo que ha sucedido nos ha hecho crecer, madurar…y lo mas importante, ha hecho que este bebé exista— sonreí volviendo mi atención hacia la cuna que teníamos en frente.
— Cierto…— dirigió también su mirada— Pero no puedes llegar a imaginar cuanto le ha costado a mi hija luchar por ese bebé. No solo le costaste tu, también su orgullo. Ella estaba dispuesta a darlo todo por su hija, incluso a seguir con David a pesar de sus abusos.
— ¿Qué?— miré de nuevo su perfil.
— No te lo llegó a contar, ¿verdad? Tuvo que volver a España y dejar su trabajo allí porque el muy cerdo no la dejaba. Tan bueno que parecía y el muy *beep* la maltrataba. Por eso cuando vino a intentar llevársela a la fuerza lo echamos a patadas.
— Desgraciado de ****…— susurré entredientes mientras poco a poco iba sintiendo como la sangre comenzaba a helárseme.
— Dulce, tranquila. Ese imbécil pasó a la historia. No creo que se le ocurra volver a acercarse. Y más ahora que sabe que ella no está sola.— colocó una mano en mi brazo intentando calmarme.
— Mas le vale, porque no responderé como me lo encuentre de frente— escupí con ira.
— Y yo tampoco te frenaré— rodó sus ojos de manera cómica. No pude evitar sonreírle.
— Bueno, será mejor que me vaya marchando. Tengo unas cosas que hacer antes de regresar.
— Gracias Dulce.
— ¿Por qué?
— Por todo…por…
— Tío, no hay nada que agradecer…y si ese fuera el caso la única que tendría que hacerlo soy yo— lo paré antes de que siguiera.
— Bueno, como sea, gracias— me sonrió.
— Por nada. Debo irme— lo besé en la mejilla— Nos vemos luego.
Miré por última vez al bebé antes de comenzar a caminar hacia la salida.
Apenas tres horas mas tarde, tras ir a casa y hacer unas llamadas a la oficina, estaba entrando de nuevo a la habitación del hospital. La escena que encontré me resultó de lo más tierna.
— ¿Te vas a quedar como un pasmarote en la puerta o vas a pasar?
— Uhm, sí claro— respondí tímida entrando al cuarto.
— Cualquiera diría que nunca me has visto medio desnuda— comentó con gracia mientras seguía dando el pecho a su hija.
— Bueno, sí…— sonreí acercándome a su lado y tomando asiento en el sillón.
— La trajeron hace como una hora. Está hambrienta.
Observé a la pequeña comer tranquilamente, ajena a cuanto la rodeaba exceptuando su fuente de alimento.
— ¿Se fueron hace mucho tus padres?
— No, hace apenas quince minutos o así. Después de que te fueras vinieron Alex, Dani y su novia.
— Estuviste bien acompañada entonces— le sonreí.
— Sí…por cierto, gracias por las flores. Son preciosas— dirigió su mirada hacia el ramo colocado pulcramente en un jarrón antes de mirarme y sonreírme.
— ¿Y por qué piensas que son mías?— inquirí burlona.
— Porque la nota te delata— me sacó la lengua— ¿Papá te ha comentado algo de lo de anoche?— cuestionó de repente seria.
— Si, hemos estado hablando de ello. Me ha contado varias cosas más.
— Ellos lo sabían, todo el tiempo— admitió colocando a la niña sobre su hombro mientras intentaba ponerse bien la ropa.
— Trae— me levanté y cogí al bebé entre mis brazos.
— Gracias— sonrió colocándose bien el camisón.
Me quedé observando al bebé entre mis brazos. Dormía placidamente. Acerqué mi rostro y besé suavemente su frente antes de colocarla en la cuna.
“Nunca permitiré que nadie te ponga un dedo encima. Aunque tu madre y yo nunca volvamos a estar juntas para mi siempre vas a ser y serás mi pequeña”
La miré desde arriba durante un rato mas antes de volverme y encontrarme con la mirada de la única persona que había amado y amaría el resto de mi vida.
— ¿Qué?— cuestioné tomando asiento a su lado. Enseguida tomó mi mano entre la suya.
— Nada, veía como te quedaba mi hija— comentó con una sonrisa.
— Ah, ¿sí? ¿Y como me queda?— elevé mi ceja siguiéndole el juego.
— Como siempre había imaginado, perfecta.
— ¿Siempre?— inquirí acercándome a su rostro.
— Si, siempre….— miró mis labios dudosa antes de comenzar a mover su rostro.
Pero un toque en la puerta acabó con la magia.
— ¿Se puede? vengo a ver como van— apareció en la habitación uno de los médicos que había atendido el parto — ¿Puede salir un momento, por favor?
Miré a Any antes de acercarme y besar su mejilla.
— Nos vemos ahora— le susurré.
— Si…
Salí del cuarto para apenas diez minutos más tarde volver a entrar.
— ¿Se despertó?— pregunté situándome a su lado.
— Sí, el doctor estuvo examinándola— siguió meciendo a la niña entre sus brazos.
— Es preciosa— puse voz a mi pensamiento sin proponérmelo.
— Claro, tiene a quien parecerse. A nosotras que somos divinas.
— Si, sobretodo— reí por su comentario.
— Hablo en serio. De mayor será como tu, quiero que sea como tú— susurró mirando al bebé con una sonrisa colgada en sus labios.
— Pobre niña entonces…— hice una mueca con mi cara.
— Para nada. Será la niña mas afortunada del planeta. Así como lo es su madre— afirmó mirándome a los ojos mientras decía esto ultimo.
— Te quiero Anahi— susurré a la par que veía como sus labios se iban acercando a los míos.
— Y yo a ti, Dulce, te quiero…
Fue lo último que dijo antes de que sus labios conquistaran mis labios y mi corazón de forma absoluta.
¿Sabéis? No fue hasta ese día que comprendí el por qué de las torpezas de mi vida, el por qué de las torpezas del destino. Sin duda el camino había sido largo y tortuoso, pero había llegado a mi destino, a mi meta, había llegado a mi anhelado queso... Nadie me lo había robado…todo el tiempo estuvo ahí, esperándome…
Simplemente, y al contrario de lo que siempre pensé, nunca antes había llegado al final del laberinto.
***
Fin

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Re: Torpezas del destino

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