Última noche

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Última noche

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 11:49 pm

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Re: Última noche

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 11:50 pm

Ultima noche
“Voy a llegar tarde, ¿mi ropa, dónde está mi ropa, la blusa…?”
Solo un sueño solo era un sueño, uno de los que tanto tenía Anahi desde que empezó a salir con Dulce. Dulce María Espinoza, la exuberante pelirroja, la perfecta vicepresidenta de una gran compañía y la perfecta esposa de un joven pero genial médico de día, la amante de una simple profesora de instituto de noche, la amante de Anahi Puente.
Anahi, esa rubia de aire despistado que le volvió loca en cuanto la vio por primera vez, allí en la salida del instituto donde daba clases, sentada en el suelo, con sus apuntes desparramados por la acera, después de darse tremendo golpe contra alguien al salir corriendo sin fijarse por donde andaba.
Después de eso la ayudo a levantarse y se quedo prendada al ver sus ojos, esos grandes y azules ojos, esos ojos que miraban con horror sus apuntes tirados y desordenados. Le ayudo a recoger y le preguntó si quería un café. “Un café y lo que quieras” era lo que le habría gustado a Anahi decirle al ver a tremenda mujer ayudándole, un poco más alta que ella, pelirroja, con unos enormes ojos marrones, un perfecto traje de pantalón y chaqueta gris, un porte elegante, inigualable y allí estaba invitándole a un café.
Aceptó, por supuesto, y después del café que se alargo dos horas, vino una comida al día siguiente, al siguiente una copa, y a la semana ya estaban besándose con frenesí en la puerta de la casa de Anahi, con las camisas descolocadas, el pulso agitado y el pelo totalmente revuelto. Sí, esa noche terminaron haciendo el amor en el suelo de la sala, no fueron capaces de llegar hasta el dormitorio.
Así pasaron tres meses, tres meses de sexo desenfrenado, “solo sexo, sin compromiso” es lo que le dijo Dulce a Anahi después de esa primera vez, tenía marido y no parecía querer dejarlo por una simple profesora que no podía darle esa vida perfecta que soñó de pequeña, esos dos perfectos niños que parecía destinada a tener, solo una aventura un poco de sexo, sin ataduras, una aventura, probar cosas nuevas, descubrir nuevos horizontes, y eso le estaba pasando factura a Anahi.
-Solo eres su juguetito Any, solo eso, su “pequeño” juguetito, jamás dejara a su marido por ti, así que ahora duérmete.
Ring, ring, ring…
-Maldito teléfono, quien llama a las –Anahi mira el reloj mientras se acerca al escandaloso teléfono, que parecía querer despertar a todo el edificio-24:00,¡joder! mañana madrugo, espero que sea algo bueno.
-¡Diga!-contesta malhumorada, se le nota el tono enfadado, tiene mal despertar, pero la mujer del otro lado del teléfono ya sabe eso y no se lo toma a mal.
-Any, cariño deja de renegar, y ven para mi casa mi marido no está, soy toda tuya esta noche, ven. Te espero.
Y Anahi vuelve a caer, no puede negarse a una llamada de Dulce, aunque cada vez que va dice ser la última, no puede terminarlo ella le ama, aunque solo quiera sexo ella se lo dará.
Termina de despertarse y mientras busca un pantalón en el armario se mira las manos, le tiemblan, está nerviosa, es como si fuese la primera vez que haría eso.
-Este es perfecto-. Ya tiene la ropa que quiere llevar, total, sabe a lo que va, un simple pantalón y una blusa le bastan. Pero vuelve a pensar en lo mucho que le gustaría pasar más tiempo juntas, salir a cenar en sábado por la noche, ver una película tiradas en el sofá, sin necesidad de mirar el reloj continuamente. Y como todo el mundo sabe, pensar no es bueno y el pantalón decide no entrar.
-Vamos, concéntrate. Dulce te espera, TÚ Dulce te espera, maldición voy a llegar tarde.
Y así con la blusa a medio cerrar, que por no ser menos ha decidido no atarse, baja corriendo las escaleras, ya se la atara en el coche.
Llega al portal de Dulce y allí está con los brazos cruzados y la mirada perdida en el horizonte, le está esperando, solo a ella, “solo sexo” esas palabras resuenan en su cerebro, pero al verle con esa bata tan sexy, decide no seguir pensando, va donde ella le coge las manos y le mira sonrojada, con esa mirada tímida que pone cada vez que va a su casa sabiendo a lo que va.
Sí, esa es la Anahi que ama Dulce, esa por la que piensa dejar a su marido, esa noche se lo dirá, pero ahora no es momento, ahora es momento de disfrutar.
El primer calentón les entra en el portal mientras esperan al ascensor, se besan primero es un beso tierno, suave con calma, pero pasan a la lucha de lenguas, al desenfreno antes de que se abran las puertas del ascensor, no pueden esperar más, las manos no están quietas, si no llega terminaran dando un show en el portal. Llega el ascensor, y ya dentro terminan de desatarse, la bata de Dulce está más abierta que cerrada, y las manos de Anahi están recorriendo su espalda y abdomen, sin dejar la lucha de lenguas.
Llegan al piso, Dulce abre la puerta mientras Anahi besa su cuello, es su punto débil y lo sabe, le vuelven loca esos besos en el cuello y nuca. Consiguen entrar y ya Dulce no se contiene se quita la bata y se lanza contra Anahi, pero la ropa de está no tiene ganas de colaborar, los botones no se sueltan, y la cremallera del pantalón parece no querer bajar.
-Oh dios, primero no entran y ahora no salen, quítalo como sea Dul, ¡quiero sentirte ya!
-Tranquila fiera, tenemos toda la noche-. Dulce, siempre es ella la que termina calmándose un poco, para poder disfrutar de la noche entera.
Después de diseminar la ropa por la habitación llegan al sofá, primera parada, primeras caricias de la noche.
-Eres preciosa Dulce-. Murmura Anahi antes de chupar un pezón de su morena, lo chupa y mordisquea hasta escuchar sus primeros gemidos, al oírla gemir su nombre sube hasta su boca y la besa, con calma, pausadamente quiere disfrutar del momento, se sienta en su estomago y se deleita la vista, sabe que si es valiente será la última noche que haga eso, está cansada de sexo sin compromiso, pero vuelve a meter ese pensamiento en lo más profundo de su cabeza y vuelve a recorrerla con la mirada.
-Perfecta.
Le recorre el cuerpo a besos, despacio, deleitándose con los gemidos que escucha. Y en ese sofá llegan los primeros orgasmos, pero no los últimos. La mañana siguiente las encuentra ya en la cama acariciándose mutuamente después de una noche loca de pasión, en ese momento Dulce se llena de valor, se lo va a decir, le dirá que ya tiene los papeles del divorcio, que deja a su marido, que solo la quiere a ella.
-Anahi…
Ring, ring, ring.
-Perdona, tengo que contestar, ahora vuelvo-“puto telefonillo, como sea el cartero me lo cargo, después de lo que me ha costado decidirme a decírselo y ahora esto” piensa mientras se levanta desnuda y se dirige a la entrada.
-Cielo soy yo, acabo de aparcar, ábreme.
-¡Joder! Any, es mi marido tienes que irte…lo siento.
Y allí va a la carrera, ropa interior, zapatillas, pantalones…no entran, la blusa tampoco decide abotonarse, vaya día, sus manos están demasiado nerviosas como para atinar, da igual solo le quedan unos segundos, sale corriendo escaleras abajo a medio vestir, ni un beso, ni un adiós, nada, y se decide, esa será la última vez, está cansada de ese juego, está cansada de salir siempre corriendo, de tener la cabeza en otra cosa cada vez que está dando clases, cansada de poner su corazón en juego con ese tipo de relación que no lleva a nada, sí, le llamara después en la hora de la comida. Se acabo.
“Oh dios, se ha terminado se lo he dicho, ¡¡Sí!! Unos meses y estaré soltera otra vez…Anahi, tengo que llamarle, se veía dolida al irse, ya se iré a buscarle en la comida y se lo diré, estaré solo para ella, podremos salir juntas sin miedo a que nos vea algún conocido. Le gustará, lo sé, ella me quiere, si… bueno, eso espero”.
-Hola buscaba a la profesora Puente.
-¿Y usted es…?
-¡Dulce!
-Ya la he encontrado, muchas gracias por su tiempo-. Vieja antipática.
Un par de besos, es su colegio y no puede besarle como le gustaría, aún no, un poco más y será suya.
“Ahora o nunca Any, se valiente, quiero terminar esta relación, si eso suena bien, ya díselo, dejara de doler en unos días ya lo veras, dile”.
-Anahi…-Dulce…

-Tu primero Dulce.
-Que te parece si vamos a comer y te lo cuento allí.
-Vale, dame un minuto voy a por mí casaca y ahora vuelvo.
Sigue con la misma ropa con la que fue a la noche a casa de Dulce, pero ha cambiado las zapatillas por zapatos y el pelo revuelto por… el pelo lacio, está preciosa, al ver como se aleja hacía la sala de profesores Dulce se termina de convencer, si se lo dirá quiere que sea solo suya.
-Ya estoy vamos.
Disfrutan de una agradable comida, pero se les nota idas, Anahi está triste, se le nota, no puede ocultarlo realmente ha puesto demasiado en esa relación sin futuro, “¿a partir de ahora, me escucharas cuando te diga que las relaciones de solo sexo no te convienen?, cabezona”.
-Dulce yo quería decirte, que bueno… estos meses han sido agradables…pero…-. Un dedo en su boca le hace callar, Dulce ya ve por donde va y no quiere que termine, sabe que le quiere dejar, lleva notando que no le agradaba ser el segundo plato un tiempo.
-Anahi, espera antes de que termines, yo…uhmm he…dejado…a…mi…marido…en…nada.
-No juegues Dulce.-viendo en el rostro de ella ningún matiz de “juego”- ¿En serio?
-Por supuesto que no juego. Te quiero Any… ¿quieres…ser…mi…novia?-. ¡Ya esta! lo ha dicho, histérica atacada, pero lo ha dicho.
-…yo también.
-¿¡Tú también has dejado a tu marido!?-bromea para calmarse,” Oh dios, ella también me quiere, si, si, si”.
-No tonta yo también te quiero, y si quiero ser tu novia, sabes he estado a nada de dejarlo contigo, gracias por no dejarme hacerlo.
-Lo sé, pero no es nada, ya me lo cobrare-.Dulce le guiña un ojo consiguiendo que Anahi se sonroje, definitivamente esa es la persona con la quiere pasar el resto de su vida. “A la mierda los sueños de infancia, mi príncipe azul es una hermosa princesa”.
Salen del restaurante tomadas de la mano, y llegan a un parque cercano al instituto de Anahi, tiene que volver en un rato, aún le quedan un par de clases y aunque quiera pasarse el resto de la tarde mirando a Dulce y sonriendo como una tonta.
-Una última cosa Any, para ser mi novia tienes que prometerme una cosa.
Anahi la mira desconcertada-pero si has sido tú la que me lo ha pedido-.
-Sí, pero… solo prométeme una cosa-.
-Dime.
-Yo te quiero mucho, y me encanta estar a tu lado…prométeme que siempre estaremos juntas y seremos felices…-observándola-
-Lo prometo hermosa, te quiero.
FIN.

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