Una multa de placer

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Una multa de placer

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 11:58 pm

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Re: Una multa de placer

Mensaje por Admin el Mar Abr 12, 2016 11:58 pm

una multa de placer
Era la última tanda de ejercicios, dulce golpeaba el saco con fuerza una y otra vez. Izquierda-derecha-bloquea, derecha-izquierda-bloquea. En su rostro se podía observar el esfuerzo físico realizado, llevaba ya dos horas machacando su hermoso cuerpo y el sudor le daba un toque brillante a sus curvas. Su camiseta apretada sin mangas junto con su pantalón corto de deporte, permitían imaginarse la imagen de su cuerpo, un cuerpo ahora sudado que aun así era motivo de fantasía de muchos hombres, aunque los hombres no fueran precisamente su plato favorito en la cama.
Desde la zona de bicicletas estáticas una mujer la observaba. Llevaba tiempo mirándola. Nadie la conocía pues era el tercer día que la veían por el gimnasio y nunca se paró a habar con nadie, a excepción del administrativo que le gestionó el ingreso en el local. Sus ojos no se despistaban de la silueta de dulce, esa joven aficionada al boxeo que trabajaba como policía local en su pueblo. Tímidamente seguía cada uno de sus pasos, quizá porque fuera la única mujer del gimnasio, quizá porque se sentía atraída. Nadie pudo leer en su mirada tímida lo que sentía, era una mujer discreta, pero no por ello inquieta.
Acabó el último ejercicio y con un gesto general de despedida se dirigió a la ducha. Los chicos del gimnasio le respondieron como siempre, haciendo bromas sobre su cuerpo y lanzándole frases con doble sentido. Entró en el vestuario femenino para ducharse y ahí observó que estaba esa chica misteriosa, ya desvestida y tapada con una toalla que la rodeaba todo su cuerpo. Estaba tapada desde el pecho hasta poco mas arriba de las rodillas pero dulce no pudo evitar quedarse un rato mirándola. Le dedicó una sonrisa y empezó a desnudarse para ir a la ducha. Se quitó la camiseta y el pantalón, su sujetador deportivo hacía que sus pechos estuvieran firmes, se los quitó pero sus pechos no notaron la falta de sujeción. Eran unos pechos de deportista y estaban bien afirmados, su forma perfecta provocaba oleadas de testosterona a todos aquellos que la veían en la playa, pues le gustaba hacer topless. Se quitó el tanga y con la toalla en el brazo se dirigió a la zona de duchas. Ahí estaba aquella misteriosa mujer, que cuando la vio entrar le dedicó una sonrisa.
dulce se quedó fija mirando aquella mujer, no tenía un cuerpo cultivado en gimnasio pero sí estaban bien definidas sus curvas, como si un artesano celestial hubiera esculpido su cuerpo. Tenía un culo redondito con unas nalgas color melocotón que hicieron a dulce fantasear por momentos. Cuando se percató de que la estaba mirando se dio media vuelta disimuladamente para mostrarle el resto de su cuerpo. Los ojos de dulce se recrearon al mirarla, aquella mujer aparentaba tener unos diez años mas que ella pero su cuerpo estaba bien cuidado, los pechos eran grandes y hermosos, parecían dos flanes bailando bajo el agua de la ducha, su ingle estaba totalmente depilada, justo debajo de su ombligo tenía tatuada la imagen de la diosa Venus. Esta mujer parecía sentirse a gusto mientras era observada por la joven boxeadora, que se recreaba con aquella imagen fantaseando. Colgó su toalla en la percha y se metió en la ducha a unos 4 metros de ella. Se miraron un par de veces, a dulce le inquietaba la mirada discreta aunque pícara de aquella mujer, parecía que le quería decir algo aunque no se atrevía a hacerlo. No pudo aguantarse más y quiso romper el hielo.
- Hola, me llamo dulce, ya era hora de que otra mujer entrara en este gimnasio, así no se centran en mí todas las miradas.
- Me llamo any, soy funcionaria de hacienda y me han destinado a la oficina de esta ciudad. Llevo sólo cinco días en el hostal que hay aquí al lado y estoy buscando un sitio para vivir. Me voy a llevar como mínimo un año en esta zona y no conozco nada.
- Te puedes venir a mi casa si quieres, mis padres se han ido a Lanzarote a casa de unos amigos y se van a llevar toda la semana fuera, así que si te quieres ahorrar un dinerillo te puedes quedar conmigo.
- No se, es muy precipitado y no quiero ser una molestia.
- Al contrario, nos haremos compañía, odio la soledad, yo soy policía local pero el resto del tiempo estoy en casa sola o aquí aguantando las tonterías de los babosos estos. Cuando nos duchemos vamos al hostal a por tus cosas y te instalas en mi casa. Aquí es fácil encontrar un pequeño apartamento o un estudio para solteros.
- De acuerdo dulce, por cierto, encantada de conocerte.
La última frase la respondió dulce con una sonrisa, se acercó a ella para darle los dos besos de cortesía, besos que por un supuesto despiste hizo que uno de ellos fuera a parar a sus labios. Se miraron y se sonrieron.
Terminaron la ducha sin dejarse de mirar como se pasaban las manos por todo el cuerpo tanto la una como la otra, era como si cada una le quisiera dedicar un baile erótico a su compañera de aseo. Con la misma complicidad se secaron y se vistieron, no se pronunció ninguna palabra aunque las miradas de any y sus sonrisas le hacían saber a dulce que le gustaba. Parece que había acertado con la idea de acogerla en su domicilio.
Una vez secas y vestidas se dirigieron al coche de dulce, dejaron ahí sus bolsas deportivas y marcharon al hostal a recoger todo lo de any, iban a pasar unos días juntas y eso tenía excitada a la joven policía. A dulce se le notaba la excitación en sus palabras, por el contrario any, que era una mujer callada incluso muy tímida a veces, hablaba sólo con sus ojos y su sonrisa. Una mirada sensual que hacía que sin decir nada su interlocutora comprendiera todo.
Tardaron sobre unos diez minutos en llegar a su casa, una casa modesta pero acogedora. Dejaron las maletas de any en la habitación de invitados, un dormitorio con una cama de matrimonio, una mesa escritorio bastante amplia, el armario que tenía era empotrado con puertas correderas que eran dos grandes espejos. Una mesa tocador junto con un espejo rodeado de bombillas completaban el atrezzo del dormitorio. any se quedo asombrada de que ese fuera el cuarto de invitados, era mejor de lo que se esperaba. dulce le dejó que se instalara mientras ella hacía la cena, una gran ensalada con frutos secos y un par de sándwiches.
Cenaron en la mesa de la cocina entre miradas y sonrisas cómplices. Todo sin decir una sola palabra. Aquello le inquietaba a dulce, mucho silencio para una chica habladora aunque las miradas y sonrisas tímidas de any le auguraban una noche placentera. Terminaron la cena y dejaron los platos en el lavavajillas. Decidieron poner una película para verla en el salón tiradas en el sofá, así que fueron a sus dormitorios a ponerse ropa cómoda. La anfitriona se puso su pijama y entró en el cuarto de any para ver si estaba a gusto con todo. No había hablado casi nada y eso le inquietaba un poco.
Cuando entró en su dormitorio la vio en ropa interior, estaba buscando en el armario qué pijama ponerse. any, que se giró al oír el ruido de la puerta, se mostró sonriente al ver a su nueva amiga delante de ella. Al verla en pijama empezó a reírse a carcajadas. Eso a dulce la despistó un poco, su invitada había pasado de estar callada todo el día a reírse a carcajadas. La miró con la ceja levantada y le preguntó a qué venían esas risas.
- Te he visto con ropa de deporte, desnuda y con ropa de diario. En todos los casos estás bastante guapa pero ese pijama te sienta horroroso.
dulce captó la indirecta y la invitó a su dormitorio, ahí se quitó el pijama completo y se quedó en ropa interior al igual que su amiga. Le enseñó su uniforme de policía, la gorra, las esposas y la tonfa. A any parecía que aquello le gustaba pero no mostraba excitación, para animarla la joven policía le puso la gorra, aquel momento hizo que el tiempo se parara entre ellas mientras dulce le colocaba el pelo bien debajo de la gorra. Una mirada de complicidad se convirtió en una mirada de ternura. Las manos de dulce que aun seguían acariciando la cara de any se pararon, poco a poco sus cabezas se fueron acercando una a la otra, se morían por besarse pero ninguna le quería decir nada a la otra.
Al final su deseo se materializó, sus labios se fundieron en un dulce beso a la vez que las manos de ambas empezaban a acariciar los cuerpos. Cuatro manos, dos cuerpos, cuatro pechos, dos bocas…. Un solo corazón. La unión de esas dos bellezas hizo que se movieran como un solo cuerpo, los besos abandonaron los labios para comenzar a recorrer por toda la piel. El cuello, los pechos, el ombligo… El placer pudo con el silencio de any. Entre besos se escuchó su voz dirigirse a dulce.
- Has tardado mucho en dar el paso. Me moría de ganas por yacer contigo desde que te vi el primer día en el gimnasio.
- Si he sido mala puedes castigarme, ponme una multa y llévame a la cárcel.
any captó la indirecta de su amiga, quien tenía el gorro de policía era ella y su anfitriona le insinuó un juego de rol erótico. Dio un empujón a su amiga boxeadora y la tiró en la cama, luego agarró las esposas y la porra y se las colgó cada una a cada lado de sus caderas en el elástico del tanga. Se quitó el sujetador y con una mirada de placer, a la vez que se relamía los labios se fue acercando a dulce, que estaba tumbada en la cama boca abajo.
- Tienes derecho a permanecer desnuda, tienes derecho a una noche de sexo conmigo, cualquier gemido que des será utilizado en tu contra en el siguiente orgasmo. Has sido una niña mala y te tengo que poner una multa de placer, voy a cachearte.
Esas palabras sentaron a dulce como un regalo a sus oídos, en ocasiones le gustaba asumir el rol de sumisa y esa noche le apetecía jugar un poco con any, que parecía no importarle seguir el juego y tras leerle "sus derechos" se acercó para cachearla.
La detenida seguía boca a bajo en la cama con la ropa interior puesta. La supuesta policía empezó con el registro, puso sus manos sobre la espalda de dulce y poco a poco fue pasando por el resto del cuerpo, no dejó un solo centímetro sin tocar. Al acabar el cacheo la mandó ponerse en pie, tenía que inspeccionarla por delante. Le puso las manos contra la pared y las piernas abiertas, aquello le estaba gustando a dulce y any no parecía disgustada. Empezó el cacheo desde la cintura, agarrándola con las dos manos, las caricias comenzaron con un tono suave, las manos de any recorrían cada parte del cuerpo de dulce, empezó por la cadera, los muslos, luego subió a los pechos y le quitó el sujetador. La excusa era que podía tener un arma pero lo cierto era que any se moría por palpar aquellos pechos firmes. Ya cuando los veía en la ducha sintió deseos de salir corriendo hacia ella y besarlos, pero tuvo que reprimir sus deseos. Ahora los pechos de dulce estaban entre sus manos, no había lugar a tabúes, podía hacer con ellos lo que quisiera. Las manos de any no dejaban de acariciar los pezones de dulce, que empezaba a respirar un poco más rápido debido a la excitación que le producía también los besos que su captora le estaba dando en el cuello. Los pechos de any se apretaban con la espalda de dulce, aquello les estaba gustando a ambas.
Estuvieron un rato jugando ambas, any con los pechos de dulce en sus manos y dulce con los pechos de any en su espalda. De buenas a primera dulce gritó que había sido mala y necesitaba ser castigada, any captó el deseo y alejándose un poco sacó la porra que tenía en su lado derecho y la puso dentro del tanga que aún tenía puesto. Tiró de la pora para abajo y el tanga cayó a sus pies. Ahora dulce no tenía ninguna prenda y estaba totalmente desnuda. Su imagen sin ropa alguna le gustaba a any, la tenía a su merced dispuesta a ser castigada. Le propinó un azote en la nalga derecha y dulce gimió de placer, a ese azote le siguió otro en el lado izquierdo, dos mas por cada lado hicieron que el culo de dulce estuviera totalmente rojo, un hermoso color rojo en un precioso culo. Aquella joven aficionada al boxeo estaba disfrutando con el dolor que le infringía su amiga con nombre de diosa.
Parecía que aquellos azotes no fueron bastantes, quería más y por eso lo pedía. any la agarró por el pelo, tiró de ella y la echó a la cama boca arriba. Luego se tiró encima de ella para colmarla a besos. Un beso con lengua apasionado en el que apenas había tiempo para respirar. La pasión y el deseo de placer se hizo dueño de sus dos cuerpos que como bombas de relojería estaban a punto de estallar en una oleada de lujuria.
dulce no se lo esperaba pero any aun conservaba en su tanga las esposas. Entre los besos notó como se cerraba algo en torno a su muñeca derecha. La había esposado!!!!.
- Ahora es cuando vas a ver a una diosa en acción.
¿Qué quería decir eso?. dulce se encontraba con las manos esposadas al cabecero de su cama, esa postura le dejaba los pechos ofrecidos para que su captora hiciera con ello lo que se le antojase, pero los pechos no era lo que any quería. Sacó la cinta con la que tenía recogido el pelo y se la enseñó a la esposada, le iba a vendar los ojos para que no viese nada.
- Ahora no veas nada, sólo siente.
La cinta la tenía cegada, no veía nada. Aquella sensación era nueva para dulce, nunca antes había tenido un encuentro sexual de este tipo y eso la excitaba aún mas.
Notó el taco de dos dedos en su pezón izquierdo, lo estaba girando como si quisiera subir el volumen de una radio. Le apretó un poco y consiguió que soltase un alarido. Sin perder el contacto los dos dedos fueron bajando por su escote hasta su ombligo, se detuvieron ahí para hacer un par de círculos y siguieron bajando hasta su clítoris. Ahí se dedicaron a jugar con su rajita pero la sequedad de los dedos no permitía que el juego fuera tan placentero como deseaban así que los dedos se retiraron para dejar paso a unos jugosos y húmedos labios.
dulce se retorcía de placer, los labios de su amante empezaron a rozarle el clítoris, su vagina se estaba humedeciendo y los labios se endurecían del placer. La lengua de any entró en juego para lamer la rajita de la joven amiga, una y otra vez entraba dentro de su entrepierna y eso la volvía loca. Las esposas no la dejaban mover las manos para sujetarle la cabeza a su diosa, de vez en cuando le hacían daño porque el ir y venir de la lengua de su lamedora la hacía retorcerse de placer. Estaba entre el placer de aquel regalo de su boca y el dolor que le producían las esposas, que también le daban un cierto placer.
Su vagina ya estaba lubricada, era el momento de que la porra entrara en juego. La pasó por el cuerpo de dulce sin decirle nada, le hizo sentir el roce de la pora desde el cuello pasando por entre sus pechos y parándose en los labios de su rajita. Le dio un beso en la boca y le susurró al oido:
- Adivina quien ha venido a jugar.
Una sonrisa de placer a la vez que se mordía los labios dio a entender que estaba preparada para ser penetrada. La mano de any empujó la porra poco a poco para que hiciera su entrada entre gritos de placer. Cuando la penetró diez centímetros empezó a moverla en círculos mientras la besaba en la boca. El cuerpo de dulce se movía de placer, sus caderas parecían estar en un caballo al trote moviéndose para adelante y para atrás, haciendo que la porra entrase y saliese. La boca de any recorría los pechos, los labios, el cuello y vuelta a empezar. dulce estaba sumida en un mar de placer donde cada oleada la hacía gemir más. La boca de any se encontró en la vagina, con su lengua acompañaba las penetraciones de la porra, dando lubricación y mas placer a la joven que ya estaba alcanzando el clímax gritando de placer y pidiendo más. El cuerpo de la chica se movía salvajemente, el placer estaba llegando a su punto mas alto y su penetrante amiga no se lo quería perder.
Sacó de un tirón la porra que tenía dentro y agarró sus caderas metiendo la cabeza entre sus piernas, la despedida era para su lengua. Quería que el orgasmo no se lo llevase un instrumento así que con los labios y la lengua comenzó a darle una dosis de placer que hizo que no aguantase más. Movía sus caderas muy rápido, no dejaba de moverse pero las manos de any se aferraban a la cintura de la chica, que no paraba de jadear y gritar de placer, sus músculos se apretaron, tensó sus piernas y sus nalgas, el placer no podía hacerla esperar y una oleada de líquido vaginal salió de su rajita.
any se retiró pero introdujo sus dedos y empezó a moverlos dentro de la vagina de dulce, que no cesaba de soltar un placentero flujo vaginal entre alaridos de placer. La miró a los ojos y sin dejar de masturbarla empezó a besarla, seguía presa de sus propias esposas pero estaba complacida.
Su cuerpo se paró, estaba empapada en sudor y agotada por el esfuerzo realizado. Su captora le soltó las esposas y pudo comprobar el daño que se hizo mientras se retorcía de placer.
Se abrazaron y se besaron, aquello fue maravilloso para ambas y solo fue el primer día.
fin

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