Último Suspiro

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Último Suspiro

Mensaje por Admin el Miér Abr 13, 2016 12:04 am

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Re: Último Suspiro

Mensaje por Admin el Miér Abr 13, 2016 12:04 am

Estación de Atocha, Madrid, España.

El sonido que indica el cierre de las puertas del tren, me hace correr como una liebre escaleras abajo. ¡No puedo permitir que se me escape! ¡Llegaré tarde al trabajo!
De algún lugar escondido de mi cuerpo, conseguí la velocidad necesaria para llegar a tiempo y cruzar esa puerta, medio segundo antes de que se cerrara definitivamente.
¡Vaya! Creo que podría ganarme la vida como malabarista en un circo. No sé de qué forma conseguí que el café recién hecho que traigo, haya quedado intacto.

Definitivamente, el comienzo de mi día está resultando toda una aventura. Apenas son las 7:00 a.m y ya me han sucedido tantas cosas, que cualquiera diría, que una fuerza superior intentaba por todos los medios, que hoy no llegara a tiempo a la estación. Pero el universo no sabe que soy más cabezota que él, já. Es completamente imposible que yo falte un solo día a mi cita… ¡Nada! Absolutamente nada, impedirá que la vea hoy, como cada mañana, sentada en algún lugar del vagón, sumida en su lectura e ignorando completamente mi presencia.
Levanto la mirada, haciendo un breve y rápido recorrido por cada asiento de este tren…Noté su presencia desde el mismo instante en que atravesé la puerta, pues su dulce olor a algodón de azúcar es inconfundible. Y mi corazón empieza un hormigueo común en los últimos años, justo segundos antes de encontrarla, anticipándome que ahí está…
Sola, como cada mañana. Sonríe concentrada en el libro que tiene entre sus manos… ¿Cuál será el motivo de su sonrisa? ─Me pregunto mientras no puedo evitar que un suspiro escape de mi interior. Mi corazón late a toda velocidad… y aunque ya estoy completamente acostumbrada a que eso suceda cuando mis ojos la encuentran, tengo las mismas sensaciones que la primera vez que la vi.
Observo que el asiento frente a ella está completamente libre y me dirijo hacia él. No es de sorprender, pues curiosamente, hace ya bastante tiempo que coincidimos sentadas una frente a la otra. Si dijera que es simple y pura casualidad, estaría mintiendo, al menos en mi caso, porque cada vez que entro a este tren y ella aún no ha llegado, me aseguro de sentarme sola, en un lugar algo alejado de la puerta, con la intención de que el sitio siga libre cuando ella aparezca. La mayoría de las veces lo consigo. Pero cuando es ella la que llega primero, que dada mi impuntualidad, es la mayoría de las veces, camino a toda velocidad para que a nadie se le ocurra robarme el asiento a última hora. Como en este preciso momento, que además de divagar, conseguí sentarme en este, mi lugar, frente a ella.
Aquí me detengo a observarla, aprovechando que continúa sumida en su lectura, y los recuerdos de nuestro primer encuentro, invaden mi mente ocasionando un hormigueo en mi estómago y consiguiendo que sienta vergüenza de mí misma, incluso tres años después de haber sucedido.
Yo llevaba meses tomando este tren, a primera hora del día, ya que es el único que me lleva directo al trabajo. Madrid es una ciudad muy grande y aunque existen otros medios de transporte con los cuales podría hacer el mismo trayecto, este tren de cercanías es más rápido y directo que un metro o un autobús. El inconveniente, es que a esta hora del día, demasiada gente piensa como yo y el tránsito de personas es bastante abundante. A pesar de ello, nunca me había detenido a observar a ni uno solo de los pasajeros del tren. Hasta ese día…
Ese día en el que una muchacha entró apresuradamente, haciendo malabarismos entre la gente y las numerosas carpetas que cargaba. En ese instante me recordó bastante a mi torpeza y sonreí al descubrir como peleaba tratando de adentrarse entre la multitud, buscando un hueco libre.
Cuando llegó a mi lado, algo la hizo tropezar, y de no ser por mis asombrosos reflejos, que ese día decidieron salir a la luz por primera y última vez, sus carpetas y papeles hubieran quedado regados por el piso. Pero gracias a Dios, los detuve en el aire de una forma algo heróica, que aún hoy no llego a comprender.
Fue entonces cuando la miré por primera vez a los ojos y sentí que en ese momento, una fuerte punzada atravesaba mi corazón… No supe a que se debía, solo fui consciente de la parálisis física y mental que me invadió en ese momento, al ver por primera vez los ojos más hermosos que había visto en mi vida. Azules, un azul completamente transparente y lleno de frescura, iluminados por una sonrisa entre picara e inocente, que sin esperarlo, tres años después, aún me hace suspirar.
No sé lo que ocurrió ese día, con esa extraña, que dedicándome su tímida sonrisa y un simple “gracias”, se robó mi corazón antes incluso de que yo supiera que tenía uno.
Pues sí, puede resultar completamente absurdo, pero nunca había sentido a ese órgano latir tan rápido, como cuando esa chica me miró fijamente. Y es una completa locura, la felicidad que sentí cuando a la mañana siguiente, ella estaba ahí… y nuevamente al otro día… y así, sucesivamente, hasta hoy. Sin darme cuenta, comencé a esperarla cada mañana… Aunque ella ni siquiera es consciente de que me levanto cada día con la esperanza de verla una vez más. Que esos momentos en los que nuestras miradas se cruzan, llenan mi corazón, como probablemente no lo haga nada en mi vida.
A pesar de que lo máximo que he cruzado con ella fue ese simple “gracias” del primer día, o las miradas y sonrisas que cada mañana nos dedicamos, estoy en completa disposición de asegurar que conozco cada gesto de su cara, cada expresión de su mirada. Sé distinguir perfectamente cuando está triste o cuando está feliz, y son miles las veces que al ver la tristeza en sus ojos, me han quemado por dentro las ganas de abrazarla. Pero algo siempre me detenía… y es que, para ella no soy más que una desconocida.
Entonces, haciéndome recordar que llevo minutos sin quitarle la vista de encima, lanza un bostezo al cristal, que parece rebotar y venir directo a mí, porque me resulta imposible evitar que mi boca se abra igual que la de ella, durante unas milésimas de segundo, que fueron interrumpidas cuando de pronto, desvió su mirada de la ventana y calló directamente sobre mí.
Nuestros ojos se encontraron de frente, mi corazón se detuvo, al igual que el tiempo… Y en ese instante, todo lo complicado, cobró sentido… No importaba que ella fuera una desconocida, que no supiera de mi existencia o que incluso pensara que tenía enfrente a una demente que cada mañana la miraba fijamente sin decir una sola palabra. No importaba que el mundo me asegurara que es imposible enamorarse de alguien con quien jamás has tenido ni una mínima conversación... ¡Que venga el mundo en este momento! Que venga y le explique a mi corazón por qué late tan rápido cuando me mira, que venga y me diga por qué consigue cortarme la respiración con tan solo una sonrisa… Esa sonrisa que me está dedicando al darse cuenta de que su bostezo se materializó en mí.
Ella suspira…Y yo, no puedo evitar cerrar los ojos al instante… Le diría tantas cosas, llevo tantos años callando, soportando el silencio que cada mañana existe entre nosotras. Si tan solo perdiera mi cobardía por unos segundos… Si aunque sea hoy, que tan diferente siento el día, mi cuerpo dejara de temblar y pudiera dirigirme a ella…
Ella… Que aparta la mirada una vez más. Si mis labios pudieran pronunciar su nombre aunque solo fuera por una vez…Si fuera capaz de decir sin miedo…Anahí.
De pronto, escucho su nombre en algún lugar de la lejanía. Su mirada vuelve a mí, y la ligera sonrisa que antes dibujaban sus labios, aumenta mientras me observa. Mi corazón se acelera aún más… y la pequeña vibración que siento en mis cuerdas vocales, es la que me hace entender lo que acaba de suceder… El deseo por pronunciar su nombre, se verbalizó en mis labios sin siquiera darme cuenta.
─Creí que nunca te atreverías a hablarme, Dulce ─Susurró cortando de súbito mi respiración.
Esto no puede ser más que un sueño. Debí quedarme dormida en algún momento del trayecto y ahora simplemente estoy soñando que me mira sonriendo, esperando que mis cuerdas vocales vuelvan a funcionar, haciéndome salir de este absurdo estado en el que me acabo de sumir. Dijo Dulce...¿Escuché bien? ¿Cómo es posible?
─¿Tú…co…como sabes…como sabes mi nombre?
─Cómo mismo tú sabes el mío ─Respondió encogiéndose de hombros con una sonrisa misteriosa.
La situación me resultaba completamente increíble, y probablemente a estas alturas, tuviera una cara de idiota, difícil de disimular.
─No… esto tiene que ser un sueño… sí, eso es… otra vez te colaste en mis sueños y solo intentas confundirme.
Entonces, mi convincente y segura explicación le ocasionó una carcajada que además de conseguir que todos los pasajeros voltearan a mirarnos, creó un repentino hormigueo en mi corazón. Tiene la risa más hermosa y contagiosa que he escuchado nunca.
─¿Me cuelo a menudo en tus sueños? ─Preguntó con cierto aire de picardía, haciendo que al instante sintiera la sangre acumulada en mis mejillas.
─Yo… eh…este…No…Quiero decir ─Balbuceé sacudiendo la cabeza ─…Este día está resultando muy extraño.
─En eso voy a tener que darte la razón.
Con su sonrisa, se creó un instante de silencio, en el que simplemente nos mirábamos. Creo que mi mente ya había comenzado a asimilar que esto no era un sueño… Estoy hablando con ella, después de tres años.
─¿Y si nos presentamos formalmente? ─Interrumpió ofreciéndome su mano ─Soy Anahí… Anahí Puente.
Anahí Puente, en algún momento de estos tres años, había escuchado su nombre mientras mantenía una conversación telefónica y ya jamás lo había olvidado. En cierta forma, me hacía sentir más cerca de ella.
Anahí era una chica, aparentemente sencilla, de pelo muy largo y castaño claro, con unos reflejos rubios que le otorgaban un brillo especial a sus ojos. Esos ojos azules que conseguirían helar a cualquier ser humano cuando se encontrara de frente con ellos.
Su cuerpo era fino y delgado, aunque estaba delineado por unas curvas perfectas y bien marcadas. Tiene las manos más pequeñas y delicadas que he visto jamás y en otras palabras… todo su conjunto, la convertían en una princesa.
─Dulce María Espinoza ─Reaccioné estrechando la mano que llevaba segundos ofreciéndome.
─Encantada de conocerte…
─Igualmente ─Sonreí algo más tranquila y misteriosa.
Nuevamente se creó un silencio en el que nuestras miradas continuaban clavadas la una sobre la otra. Es difícil averiguar que se puede decir en un momento como este… Estoy hablando por primera vez, con la mujer a la que llevo tres años observando en silencio. Imaginé esté instante de tantas formas diferentes, que ahora todo lo que algún día quise decir, se atora al final de mi garganta, consiguiendo que no salga ni una sola palabra.
Pero como ya he mencionado, este día amaneció de una forma distinta… hoy existe algo especial en el ambiente. Algo que me da la valentía que no he tenido durante años. Y esa misma “valentía” es la que me hace levantarme de mi asiento bajo su atenta mirada y sentarme a su lado.
Cosa que quizás no haya sido tan buena idea, pues mi cuerpo comienza a temblar de tal forma, que pienso seriamente si en algún momento del día recordaré de qué forma se articulan las palabras. Además, su mirada clavada fijamente sobre mí, no ayuda demasiado a que mi respiración continúe con normalidad.
─¿Cómo te va en tus exámenes? ─Consigo preguntar, observando el libro que tiene entre sus manos, mientras trato de que su mirada deje de intimidarme.
─¿Y tú como sabes que estoy en exámenes? ─Alzó una ceja divertida.
─Bu…bueno… Siempre que tienes exámenes, estás más seria y concentrada de lo normal… también algo nerviosa y ausente… y… ─Me llevé una mano a la cabeza ─Estoy sonando como una autentica psicópata.
Su sonrisa antes picara y divertida, pasó a expresar una extraña ternura, que me confundía aún más.
─No suenas como una psicópata ─Aseguró tranquilizándome ─Además tienes razón, cuando estoy en exámenes es complicado mantener una conversación conmigo ─Sonrió.
─Entonces debo tener mucha suerte… O debe ser que hoy tienes un buen día, porque hace apenas unos minutos, algo de lo que hay en ese libro te estaba haciendo sonreír.
─¿Quieres decir cuando llegaste?
─Si… ─Asentí con una sonrisa.
─No me estaba riendo por nada que hubiera en este aburrido libro te lo aseguro. Me reía por ti.
─¿Por mi? ─Pregunté entrecerrando los ojos incrédula. ─¿Por qué por mi?
─Porque cada mañana haces malabarismos con tu café y nunca he conseguido entender como a día de hoy aún no te lo has derramado por encima. Eres algo torpe.
Después de esa afirmación, sacó su lengua provocándome, como una niña pequeña y juguetona, consiguiendo que lejos de eso, mi corazón terminara de derretirse por completo.
─No te voy a negar mi torpeza… ¿Pero tendré que recordarte que la primera vez que te vi, estabas peleando torpemente con el mundo para que tus libros y carpetas no cayeran al suelo?
─¿Por qué tienes que recordar ese momento? ─Rió tapándose la cara con las manos ─Han pasado tres años… Ya deberías haberlo olvidado.
─¡¿Ah ves?! ─Exclamé señalándola con mi dedo índice ─No soy la única torpe que hay en este tren. Además…no creo que sea capaz de olvidar algo que tenga que ver contigo.
Al instante de haber pronunciado esa frase, me arrepentí irremediablemente. No sé que estaba ocurriendo hoy, pero desde luego mi cerebro y mis labios iban por libre sin esperar una orden ni pedirme permiso de absolutamente nada.
─¿No…? ─Preguntó aún más tiernamente que antes, recibiendo una tímida negación por mi parte ─Entonces cuéntame… “Misteriosa desconocida”, además de saber que en época de exámenes me pongo nerviosa, seria y ausente… ¿Hay algo más que conozcas sobre mi?
¡Todo! ─Pensé en mi interior. Obviamente no iba a responderle eso pero… ¿Qué debía responder?
─Sé que te gusta el café extremadamente dulce, pues siempre utilizas tres sobres de azúcar ─Comencé a explicar mientras ella sonreía de acuerdo ─Te gusta la música romántica, en ocasiones subes tanto el volumen de tu Ipod, que alcanzo a escuchar a Sin Bandera, Camila o Jessie y Joy… Tú escritor favorito es Paulo Coelho, te he visto con cada una de sus últimas publicaciones, pocos días después de que salga a la venta y has leído El alquimista, cuatro veces en los últimos tres años ─Sus ojos comenzaron a agrandarse, completamente sorprendida por lo que le decía ─Tienes la manía de hacer un curioso gesto moviendo la nariz, como si fueras un conejo ─Se rió mientras se sonrojaba ─Cuando te ríes, tus ojos se hacen muy pequeños y eres capaz de contagiar vida a cualquiera que te esté observando… No puedes tener delante un cristal, ventana, celular o lo que sea y no asegurarte de que tu cabello está en perfectas condiciones. Eres responsable. Organizada y capaz de concentrarte en tus estudios aunque una guerra esté ocurriendo a tu lado. Te gusta adornar tus cuadernos con colores y dibujos, pues aunque tengas 25 años, sigues sintiéndote como una niña… No te gustan demasiado tus manos, siempre tratas de mostrarlas lo menos posible y sin embargo, a mi me parecen preciosas… Cada mañana, cuando llego al tren, no me hace falta verte para saber que ya estás aquí, nada más entrar me impregna un olor a algodón de azúcar que me indica tu presencia, tu olor a “Fresa, de Ives Rocher” es inconfundible.
Su rostro mostraba una expresión entre confundida, sorprendida y fascinada que me produjo algo de temor. Te acabas de pasar, Dulce Me dije a mi misma, tratando de llenar con algo su desesperante silencio.
─Vaya… ahora sí que sonaste como una psicópata.
─Lo sé… ─Reconocí cubriéndome la cara con las manos, completamente avergonzada ─Lo siento…yo…
Entonces, sentí el roce de sus manos, agarrando suavemente las mías para descubrir mi rostro apenado… Nunca había sentido el tacto de su piel. Y a pesar de los nervios y el temblor que siento en este momento, esa suavidad y delicadeza con la que me acaricia, me produce paz.
Sus dedos dirigieron mi rostro hasta que mi mirada se encontró con sus ojos. Me acariciaba las mejillas con tanta dulzura que hasta los nervios se me olvidaron en ese momento… Jamás, en toda mi vida, había sentido tanta paz como en este instante.
─Una psicópata que al contrario que a mí, le gusta el café amargo y muy fuerte, solo utilizas medio sobre de azúcar y el olor que desprende, me hace saber que es el café puro que venden en la cafetería especializada que hay junto a la estación ─Ahora fui yo la sorprendida por sus deducciones ─Eres pausada, relajada y tranquila… nunca vas con prisa y eso te hace llegar justo a tiempo cada mañana, arriesgándote a perder el tren sin llegar a hacerlo nunca… Llueva, truene o relampaguee, siempre llevas tus lentes de sol y cualquier pequeña luz te lastima, haciendo que cierres los ojos de una forma muy tierna. Tú color favorito es el azul… Y en el fondo de ti, tienes alma hippie, aunque no vistas exactamente como tal ─Esto último me hizo sonreír y dar de cabeza sabiendo que tenía razón ─Adoras el símbolo de la paz… Nunca te separas de tu ordenador y siempre me he preguntado que tanto escribes en él cada mañana… Así como mismo me pregunto, que cosas pasan por tu mente cuando te detienes a observar el paisaje a través de la ventana, pueden transcurrir minutos en los que apenas parpadeas, como si tu mente estuviera viajando a un lugar muy lejano. ─En este instante, era yo la que estaba completamente sorprendida y fascinada con ese exacto análisis que estaba haciendo sobre mi ─Además, los días soleados te encanta usar colonia refrescante de bebé y eso me resulta aún más tierno… Así que…─Se encogió de hombros ─Creo que ya somos dos psicópatas.

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Re: Último Suspiro

Mensaje por Admin el Miér Abr 13, 2016 12:04 am

─¡Wou! ─Fue lo único que pude exclamar una vez habían trascurrido unos segundos en los que mi mente lenta pudo asimilar toda la información.
─¿Sorprendida?
─Hasta hace unos minutos creía que ni siquiera conocías mi existencia…
─Pues ya ves que llevo años aquí, exactamente igual que tú.
La sonrisa misteriosa de su rostro me hizo permanecer un instante observándola en silencio. Jamás imagine que ella supiera si quiera de mi existencia… Pero esto, todas esas cosas que adivinó sobre mí… es… simplemente es increíble.
─Escribo ─dije de pronto, consiguiendo provocarle una confusión que me obligó a continuar con la aclaración─Lo que hago en el ordenador cada mañana… escribo historias.
─¿Qué tipo de historias? ─Preguntó con la intriga en su mirada.
─Historias de amor… ─Expliqué con cierta duda ─…Entre mujeres.
─Oh…
Su pequeña exclamación y el silencio que se produjo después, me crearon algo de miedo e inseguridad. Quizás estoy yendo demasiado lejos, ella no me conoce de nada… ¡Terminarás asustándola, Dulce!
─¿Me leerás alguna? ─Preguntó sin embargo.
─¿Quieres que lo haga?
─Me encantaría… ─Aseguró sonriendo ─Tengo mucha intriga por saber que pasa por esa cabecita pensante.
─Está bien ─Sonreí ─Te leeré todas las que quieras.
─¿Es ese tu sueño? ¿Escribir?
─De hecho es mi trabajo. Escribo una columna en un periódico local… Pero sí, siempre he soñado con escribir novelas que el mundo pueda conocer.
─¿Y por qué no lo haces?
─Soy algo cobarde, Anahí… Ni siquiera se las he enseñado nunca a nadie. Además no estoy segura de que el mundo esté preparado para ese tipo de historias.
─¿Qué más da lo que piense el mundo? No tienes pinta de ser de las que les preocupa eso. Y no eres ninguna cobarde… tardaste tres años en acercarte a mi porque… eres algo lenta ─Sonrió ─Pero no cobarde.
─Vaya, gracias ─Fruncí el ceño aparentemente ofendida.
─Amo cuando frunces el ceño de esa forma.
Una vez más, sentí toda la sangre acumularse en mis mejillas, sonrojándolas al instante, mientras su mirada pícara y descarada seguía clavada tiernamente sobre mí.
─¿Y cuál es tu sueño? ─Pregunté tratando de evitar esa mirada.
Lo conseguí, aunque rápidamente, cuando dirigió sus ojos hacia la ventana, me di cuenta de que eso no era lo que quería realmente. Entonces dejó escapar un suspiro en la lejanía del paisaje, y volvió a mirarme.
─Vas a pensar que estoy loca ─Sonrió con un brillo especial en sus ojos ─Pero estoy estudiando Educación Infantil, porque siempre quise ser parte de una ONG, para ayudar a los niños más desfavorecidos del mundo. Ya sabes, ser misionera en países necesitados y colaborar de alguna forma en sus cuidados, su educación… “¡Mi loca aventura!” ─Exclamó alzando ambas cejas de una forma algo misteriosa.
Yo simplemente permanecí observándola en silencio. Podría haber dicho muchas cosas… Pero lo cierto es que cualquier palabra de mis labios se quedaría corta para todo lo que sentía y pensaba en este momento. ¿De verdad es esta chica tan perfecta? Vamos, algún defecto debe tener. No puede ser posible que además de hermosa, sea tan buena persona…
Ahora comienzo a entenderlo todo… Lo que he sentido por ella durante estos años, lo que me inspira a pesar de no conocerla… No importa que jamás haya cruzado una palabra con ella y que no sepa ni donde vive o a que universidad va. Si me robó el corazón, si me volvió tan completamente loca, fue porque desde el primer día, sus ojos me transmiten exactamente lo que ella es… y ella es… mi perfecta.
─Estás pensando que estoy completamente loca, ¿verdad?
─No… ─Negué seriamente ─Estoy tratando de averiguar dónde te has escondido toda mi vida.
─Pues toda tu vida no lo sé ─Sonrió ─Pero al menos los últimos tres años, he estado aquí, justamente frente a ti.
─¿Por qué? ─Me atreví a preguntar por fin ─Nunca te había visto antes… y de pronto un día, ahí estabas… y luego, siempre te encontraba. Y de pronto, te convertiste en alguien a quien necesitaba ver cada mañana… ¿Por qué?
─No lo sé, Dulce… ─Se encogió de hombros ─No puedo darte una explicación coherente, simplemente un día perdí el tren que va directo a mi universidad, y este, aunque hace un recorrido más largo, fue mi única opción… Entonces te vi… y tú forma de mirarme, ese momento en el que sentí que el tiempo se detenía…Todo, me hizo volver al día siguiente. Y esos momentos se repitieron… Cada mañana, me hacías sentir que estabas ahí, que me veías a pesar de nuestro silencio… Y descubrí que ya no podía seguir otra ruta, necesitaba encontrarte cada mañana y necesitaba esa felicidad que me daba la mirada de “mi chica misteriosa”.
Al escuchar sus palabras, en mi pecho se instaló una sensación que jamás había sentido, una sensación que me da la fuerza suficiente para dejar que mi corazón, por primera vez, hable por sí solo.
─¡Un día lo haremos! ─Exclamé consiguiendo crear en su rostro una mezcla entre risa y confusión.
─¿Qué haremos?
─Nos iremos a algún lugar del mundo, cuando termines tu carrera, haremos un viaje solidario y ayudaremos a esas personas que tanto lo necesitan. Yo escribiré historias sobre las enseñanzas que nos aporte cada aventura─Para este momento mi mente había viajado de su mano a un lugar muy lejano, donde simplemente se me permitía soñar ─Ya sé que debes pensar que estoy completamente loca, que no soy más que una desconocida a la que llevas años viendo un tren y con la que no has mediado una palabra hasta hoy… Y que quizás esté yendo demasiado rápido y solo consiga hacerte salir corriendo pero… ¿Te gustaría cenar conmigo esta noche?─Pregunto de pronto, sorprendiéndola con cada una de mis palabras.
─¿Estas pidiéndome una cita?
─No sé con qué valor… pero sí ─Acepté ─Hoy tengo la extraña sensación de que debo decir todo lo que pienso, hacer todo lo que siempre deseé… y deseo cenar contigo desde el primer momento en que te vi, Anahí.
─Entonces sí ─Respondió mirándome fijamente a los ojos con una sonrisa ─Acepto cenar contigo esta noche. Pero sólo con una condición.
─¿Qué condición?
─Tienes que prometerme, que a partir de hoy, cada día te sentirás como esta mañana… siempre dirás lo que piensas y harás lo que siempre deseaste, porque… llevo tres años esperando que por fin te decidieras a hacerlo… y ya no quiero esperar ni un minuto más.
Me resulta imposible apartar mi mirada de sus ojos mientras continúa sonriéndome de esa forma. Este siempre ha sido nuestro idioma… nunca han hecho falta palabras. Nunca tuvimos que decir nada para saber que estábamos aquí, la una junto a la otra.
Tres años… tres años han transcurrido para que llegara este momento. Y ahora, teniéndola a unos centímetros de mí, observándome como sólo ella me ha observado en toda mi vida, entiendo que jamás olvidaré este día. Este especial, 11 de Marzo, que comenzó siendo como un día cualquiera y sin esperarlo, cambió mi vida.
Porque si algo tengo claro, si de algo estoy segura, es de que a partir de hoy, jamás la dejaré ir… No sé lo que va a ocurrir con nosotras a partir de ahora, pero algo en mi corazón me dice, que debo cuidar de esta mujer, protegerla siempre que esté en mi mano y velar por su felicidad… Absolutamente nada malo le ocurrirá, mientras yo pueda impedirlo.
─Hecho… ─Respondí sonriendo, sin haber obviado sus palabras ─Te lo prometo.
Tras ese pequeño pacto que acabábamos de realizar y en medio de todos los pensamientos que observándola me surgían, siento su mano acariciando la mía y mi cuerpo no puede evitar estremecerse… A veces pienso que es capaz de leerme la mente, pero… ¿Qué más da? Hoy nada importa… Hoy desaparece todo el miedo acumulado durante tres años… Hoy solo puedo entrelazar nuestros dedos y apretar su mano con fuerza.
Sé que estamos llegando a la estación. Sé que en pocos minutos llegará el momento de separarnos… Pero también sé que en unas horas volveré a verla y que entonces, tendremos el resto de nuestra vida por delante.
De pronto, escuchamos un fuerte ruido que proviene de algún lugar del tren y rápidamente se apagan las luces dejándonos completamente a oscuras… No entiendo que ocurre, pero la gente comienza a gritar y se crea un repentino alboroto, que no nos deja averiguar bien lo que está pasando… Pero el ambiente cambia. Se siente miedo por todas partes y su mano se aferra con fuerza a la mía, recordándome que está aquí… que no estoy sola…
Trato de encontrar su rostro en medio de la oscuridad, pero mi vista no me lo permite… Entonces decido buscarla con mi mano libre y la encuentro… Aquí está su piel, suave y delicada… Siento miedo, muchísimo miedo al notar como unas lágrimas están mojando sus mejillas y deseo con todas mis fuerzas explicarle lo que está pasando. Pero no puedo… no lo entiendo… Sólo sé que nuestras manos se unen cada vez con más fuerza, intentando que nada nos pueda separar…
El tren aumenta su velocidad descontroladamente y para este momento, el ruido desaparece… El miedo se esfuma… Me vuelvo tan valiente como no he sido nunca y me inclino ligeramente sobre ella, cubriendo su cuerpo con el mío… Mis dedos encuentran sus labios y entonces entiendo que es el momento… Que aunque el mundo se esté desmoronando a nuestro alrededor, nada va a impedir que me acerque despacio a ella, hasta el punto exacto en el que siento su respiración agitada golpear mis labios… Sé que tiene miedo, soy consciente de que está completamente aterrorizada…
Así que rompo definitivamente esa distancia y atrapo sus labios con seguridad y dulzura… En ese preciso instante, siento que mi corazón late a una velocidad ensordecedora, creando un hormigueo liberador en el fondo de él. Jamás me había sentido así… jamás había experimentado tal vibración en mi estómago…
Ambas comenzamos unos dulces movimientos con nuestros labios, que solo pretenden borrar de una vez por todas el pánico que de un momento a otro envolvió el ambiente.
Ya nada importa… los gritos de la gente no existen y lo único que siento es su lengua acariciando la mía, con dulzura y desespero, mientras sus manos se enredan en mi cabello, tratando de acercarme más a ella… Mis manos siguen acariciando sus delicadas mejillas y sé que las lágrimas desaparecen… que el tiempo se detiene a nuestro alrededor y que deseo con todo mi corazón, que este momento dure para siempre.
Pero ella decide separar nuestros labios un segundo, y al abrir los ojos confundida, me doy cuenta de que mi vista, ya se acostumbró a la oscuridad y soy capaz de distinguir ese azul esperanzador en medio de un paisaje tan negro…
Sus ojos brillan… Sus manos acarician mi rostro…
─Te quiero… ─Susurra con la voz entrecortada.
Entonces, mi corazón se detiene un segundo, para seguidamente comenzar a latir como nunca a latido… Me quiere… Me quiere y yo… yo la amo. La amo desde el primer instante en que la vi… Y sólo ahora entiendo por qué hoy. Por qué este día parecía tan diferente…
Unos movimientos bruscos bajo nosotras, me impiden responder a sus palabras… Y entonces siento, que solo hay una forma en la que puedo hacerle saber lo que siento… Las lágrimas comienzan a bajar por mis mejillas y decido atrapar sus labios más intensamente que antes, sintiendo como se aferra a mí con más fuerza cada vez… Los movimientos aumentan, escucho un fuerte estruendo muy cerca de nosotras… Y aunque separo ligeramente nuestros labios, sigo sintiendo la calidez de los suyos mientras la envuelvo entre mis brazos y cierro los ojos fuertemente, deseando que todo se detenga. Pero entonces, efectivamente, todo se detiene… el ruido vuelve a desaparecer… Solo soy capaz de escuchar su respiración acelerada por el miedo y sentir sus labios muy cerca de los míos, mientras nuestros cuerpos tratan de fundirse el uno con el otro… Entonces, en un susurro apenas audible, le digo “Te amo”, y siento que la oscuridad llega…todo se apaga, mientras le regalo… mi último suspiro.
Anahí despertó en un lugar extraño, donde nada de lo que había a su alrededor le resultaba familiar. Una intensa y blanca luz irradiaba sobre sus ojos, negándole prácticamente la visión. Escuchaba mucho alboroto a su lado y observaba la silueta de numerosas personas caminando a toda prisa de un lado para otro, pero no era capaz de entender nada. Ni que había ocurrido, ni donde se encontraba.
Hizo el intento de levantarse, dándose cuenta al instante, que numerosas vías habían sido clavadas en uno de sus brazos y rodeaban su cuerpo, mientras el otro era cubierto por una especie de yeso. Quedó sentada en la cama, pero justo en el momento en el que quiso abandonarla, sintió un fuerte dolor de cabeza que la hizo marear y volver a su posición, llevándose ambas manos a la cabeza, completamente aturdida.
─¡Señorita no puede levantarse! ─Ordenó una voz que rápidamente llegó hasta ella.
─¿Qué… que ocurre? ¿Dónde estoy?
Las manos de aquel desconocido, presionaron sus hombros, haciéndola recostar nuevamente.
─Primero recuéstese tranquila, está demasiado débil para incorporarse aún.
─Me siento muy mal… ─Confirmó tocándose la frente con su propia mano y sintiendo como la tenía cubierta por una venda.
De pronto sintió como el desconocido apuntaba a sus ojos con una pequeña luz, como si estuviera buscando algo en el fondo de ellos.
─¿Recuerdas tu nombre?
─A…Anahí… ─Respondió parpadeando numerosas veces.
─Muy bien Anahí, yo soy el Doctor Herrera.
─¿Doc…doctor…? ¿Dónde estoy?
─Te encuentras en el Hospital “12 de Octubre” de Madrid…¿Recuerdas algo de lo que sucedió?
─Yo… No… lo último que recuerdo es que estaba en la estación de Atocha, como cada mañana, camino a mí universidad y… no recuerdo nada más ¿Qué ocurre?
─Anahí… ─Suspiró ─Es normal que no recuerdes lo sucedido las últimas horas… tuviste un accidente muy grave. Pero tu cerebro no está afectado… poco a poco recuperarás tus recuerdos y tu orientación.
─¿Accidente? ¿Pero qué accidente? ¿Dónde está mi familia?
─No se te han permitido visitas por el momento… Estás en la unidad de cuidados intensivos, porque llevas un día inconsciente… Ahora te realizaremos algunas pruebas y en cuanto se pueda, tus familiares pasarán a verte y te explicarán un poco mejor la situación.
─Es…está bien ─Respondió aturdida.
─Intenta descansar un poco… Lo más pronto posible, mis compañeros pasarán a buscarte para comprobar los daños que has sufrido. Pero no te preocupes ─Añadió sonriendo, tratando de tranquilizarla ─Debes tener a alguien que te cuida allá arriba, porque se encargó de que te dieran una segunda oportunidad.
Anahí no comprendía absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo, su mente se encontraba muy aturdida y repleta de una información que no sabía bien como ordenar. Además sentía un profundo vacío que le dejaba la falta de recuerdos sobre aquel día. Es como si alguien hubiera borrado de un plumazo todo lo sucedido las últimas horas, como si se hubiera quedado dormida mientras esperaba el tren y hubiera despertado un día más tarde, con la noticia de que tuvo un accidente, sin saber cuándo, donde ni por qué.
Sin decir una palabra más, el Doctor Herrera abandonó la habitación, dejándola sola con sus propios pensamientos. Fue entonces cuando trató con todas sus fuerzas de que su mente recordara algo, aunque sea una vaga imagen de lo sucedido… Pero el sueño llegó a ella mientras continuaba con el intento.
Minutos más tarde, se despertó a causa de la sensación de estar siendo trasladada. Y efectivamente, al abrir los ojos descubrió el paisaje en movimiento mientras un rostro le sonreía desde arriba.
Era un rostro desconocido, pero pronto, la camilla se detuvo y la mirada del doctor Herrera apareció sonriente.
─Vamos a realizarte un escáner, Anahí ─Informó mientras presionaba algunos botones de un extraño aparato─No te preocupes, solo durará unos minutos.

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Re: Último Suspiro

Mensaje por Admin el Miér Abr 13, 2016 12:05 am

La chica simplemente asintió, aún aturdida por todo lo que ocurría y sin saber que decir.
Al instante, el doctor y su acompañante abandonaron el lugar, dejándola sola mientras la mitad de su cuerpo se introducía en aquel enorme aparato.
Transcurrieron unos segundos en los que Anahí no observaba nada extraño allí dentro, así que no podía adivinar lo que estaba ocurriendo. Pero pronto, su cuerpo volvió a abandonar aquel artilugio y al instante reaparecieron aquellos dos hombres.
─Ahora te trasladaremos a una habitación donde ya podrás recibir visitas ─Dijo el doctor con su eterna y amable sonrisa.
El hombre esperó unos segundos a ver si obtenía alguna respuesta por su parte, pero Anahí parecía estar completamente ausente y perdida. Así que con un gesto de su cabeza le indicó al enfermero que podía comenzar a trasladar la camilla.
─¡¡Doctor!! ─Llamó ella, antes de perderlo de vista, recibiendo la rápida mirada del chico ─¿Cuándo recordaré lo que sucedió?
─Eso depende de muchos factores Anahí. En unas horas pasaré por tu habitación para explicarte los resultados de la prueba, pero si todo es como yo lo imagino, poco a poco tus recuerdos volverán. Así que no te desesperes…
Ella asintió volviendo a su estado de ausencia y tras una última sonrisa del doctor, la camilla comenzó a ser trasladada.
En el camino, observó personas corriendo de un lado para otro, gritos de dolor y un caos realmente impresionante que jamás había visto. No tenía idea de lo que había ocurrido pero desde luego debió ser algo realmente grave.
Minutos más tarde llegaron a una habitación en la que además de un hueco libre, se encontraba otra camilla con una persona durmiendo. El enfermero la guió hasta el espacio libre, cercano a la ventana, conectó algunas de sus vías al recipiente con suero y le dedicó una sonrisa.
─Si necesitas algo sólo debes pulsar el botón ─Explicó mostrándole el pequeño control que colgaba sobre su cabeza ─En un rato el doctor Herrera pasará a ver como sigues.
─¿Cuándo vendrá mi familia?
─En este mismo instante voy a avisarles que ya estás aquí. Así que probablemente en unos minutos podrás verlos.
─Gracias…
─Intenta descansar ─Pidió sonriendo y abandonando definitivamente aquella habitación.
Cuando el enfermero cerró la puerta, Anahí pudo escuchar toser a la persona que tenía a su lado. Pero aunque instintivamente miró a su derecha, la cortina que separaba ambos espacios estaba corrida y no pudo ver a su compañero de habitación. Así que nuevamente se dirigió hacia la ventana, esperando que en la lejanía del paisaje los recuerdos de lo sucedido, volvieran a ella.
Minutos más tarde, la puerta volvió a abrirse, captando su atención y al instante vio aparecer a su madre, acompañada por su hermana, ambas con una expresión de miedo que se transformó en alegría en cuanto la vieron sonreír.
Las dos mujeres prácticamente corrieron hasta su lado.
─Mi amor… ─Dijo su madre acariciándole el rostro con lágrimas en los ojos ─¿Cómo te encuentras?
─Bien mamá… estoy bien… simplemente un poco aturdida.
─No sabes el susto que nos diste Any… ─Añadió su hermana de igual forma ─Menos mal que estás despierta.
─No recuerdo nada… ¿Qué está ocurriendo? ─Preguntó observando a ambas ─El hospital es un caos… ¿Qué me pasó?
Las mujeres se miraron mutuamente por unos segundos. Tras un suspiro, Marichelo madre colocó la silla que tenía a su lado y se sentó siendo consciente de que tendría que explicarle a su hija lo que había ocurrido.
─Hubo un accidente… ─Comenzó agarrando su mano.
─¿Qué tipo de accidente?
─Aún se están llevando a cabo las investigaciones… Lo único que se sabe es que habían bombas colocadas en cuatro trenes de Atocha… y… explotaron… ─En ese instante, los ojos de Anahí se abrieron enormemente, completamente confundida y asustada ─Estaba trabajando cuando tu hermana me llamó diciendo que uno de los trenes era el que iba a tu universidad… Entonces todos vinimos corriendo y tuvimos que esperar horas hasta encontrarte… Esto era un completo desastre, pero gracias a Dios estás aquí…
─¿Pe…pero… bombas… por qué?
─Todo apunta a que fue un atentado terrorista…
─¿ETA?
─Ellos lo niegan… Se cree que es obra de Al-Qaeda, los responsables del atentado en las torres gemelas.
─No puede ser… ─Decía incrédula con lágrimas en los ojos ─¿Hay muchos heridos?
─Cerca de 2000… y 150 fallecidos por el momento… Hay heridos en situación muy crítica y algunos ni siquiera han sido identificados aún.
─¿Cómo es posible que haya ocurrido esto? Tiene que ser una pesadilla…yo…no recuerdo nada.
─Es una autentica pesadilla ─Añadió su hermana ─El país entero está conmocionado y… es un milagro que estés aquí con nosotras.
En ese momento, la puerta se abrió de nuevo dando paso al doctor Herrera, que rápidamente se percató de la expresión en el rostro de Anahí.
─Me imagino que ya te pusieron al tanto de todo ─Anticipó el hombre.
─No puedo creer que haya pasado algo así…
─Es una verdadera tragedia… Pero lo único que podemos hacer ahora es evitar que vaya a peor y tratar de salvar al mayor número de personas posibles. Probablemente aún no seas consciente de la suerte que tienes, Anahí. Tu cerebro está en perfectas condiciones… no tienes ningún daño interno y aunque perdiste mucha sangre, conseguimos estabilizarte… Tu brazo roto se recuperará con rehabilitación y las leves quemaduras de tu cuerpo irán sanando poco a poco. De verdad que es un auténtico milagro, no solo que estés viva, sino además que tus lesiones no sean graves… Ibas en uno de los trenes donde ocurrió la explosión.
─Gracias a Dios, tuvimos suerte ─Intervino su madre, acariciando la mejilla de su hija.
─Esto es algo más que suerte, señora Puente, algo debió evitar que su hija sufriera daños más graves.
─¿A qué se refiere? ─Preguntó confundida Anahí.
─A que algo o alguien tuvo que hacer de escudo, cubriendo tu cuerpo para que las llamas no te llegaran, la mayoría de los pacientes que iban en los trenes, tienen quemaduras de segundo y tercer grado, excepto los que consiguieron salir por las ventanas… Tú estabas dentro del tren cuando te encontraron y es medicamente imposible que salieras ilesa de no ser porque algo te cubrió…
En ese momento, la mente de Anahí comenzó a ausentarse mientras las palabras del doctor quedaban cada vez más en la lejanía. Sus pensamientos se transportaron sin siquiera darse cuenta a aquella mañana y entonces, una imagen apareció en su retina… Unos ojos color miel y una misteriosa sonrisa, que no le resultaban para nada desconocida… Era esa chica, esa chica que veía cada mañana frente a ella, con la cual se dedicaba intensas miradas que sin hablar de nada, decían todo y hacían que su corazón latiera a un ritmo frenético incluso en este momento, por el simple hecho de recordarlo… La escuchó pronunciar su nombre y recordó el hormigueo que sufrió su estomago en ese instante… Sus pensamientos le habían dicho, que por fin había llegado el momento esperado durante tres años y algo en su interior le pedía que no se detuviera… que había llegado su oportunidad… Una cadena de vagos recuerdos iban llegando a su mente paulatinamente. Pero entonces, como salido de la nada, sintió los labios de esa chica rozando los suyos y la humedad de las lágrimas cayendo por sus propias mejillas… Instintivamente se acarició los labios con sus propios dedos y a continuación comprobó que sus mejillas estaban igual de húmedas que aquella mañana, emocionadas por los miles de recuerdos que estaban llegando a su mente… Su corazón se encogía a medida que miles de imágenes flasheadas la atacaban… Sintió la calidez de esos brazos envolverla en un abrazo que en ese momento la hizo sentir protegida…Y entonces observó una vez más esa mirada, misteriosa e intensa… que susurró un “Te amo”… seguido por un último suspiro…tras el cual, todo se detuvo.
─¡¡¡Dulce!!! ─Gritó completamente desesperada, tratando de levantarse.
El doctor rápidamente la agarró impidiéndole tal peligroso movimiento.
─Cálmate Anahí, no puedes levantarte.
─¡¡¿Dónde está Dulce?!! ─Preguntaba forcejeando sin éxito ─¡Tengo que encontrarla!.
─Tranquilízate primero y dinos quien es Dulce o tendré que inyectarte un calmante.
─Es…es… ella estaba conmigo… ─Decía mientras sus ojos comenzaban a humedecerse ─Ella fue quien me salvo… por favor, necesito verla…ya lo recuerdo todo.
─Any cálmate ─Pidió su hermana ─Buscaremos a tu amiga más tarde.
─¡No! ¡Tengo que encontrarla ahora! Doctor por favor… déjeme buscarla.
─No puedo permitirte que te levantes de esa cama y mucho menos que salgas ahí fuera, Anahí acabas de despertar de un coma, necesitas calma y tranquilidad… Así que lo único que puedo hacer es buscar a esa chica en la lista de pacientes… ¿Sabes su apellido?
Anahí se detuvo a pensar unos segundos, su mente aún no estaba del todo recuperada pero recordaba que aquella mañana se habían presentado formalmente y Dulce mencionó su nombre completo.
─Espinoza ─Sentenció ─Dulce María Espinoza.
El doctor deslizó su bolígrafo por cada uno de los nombres que habían escritos en la lista que llevaba entre sus manos… pasó algunas hojas haciendo el mismo gesto y al finalizar devolvió su mirada hacia Anahí.
─No hay ninguna Dulce María Espinoza ─Informó ─¿Estás segura de que ese es su nombre?
─Si… Vuelva a mirar por favor.
─Tu amiga no está en esta lista Anahí… Quizás la hayan trasladado a otro hospital.
─Necesito encontrarla ─Suplicaba mientras las lágrimas volvían a correr por sus mejillas, completamente abatida.
─Llamaré a los otros dos hospitales a los que están llevando a los heridos a ver si figura en alguno de los registros…
Tras decir eso, el doctor abandonó la habitación sabiendo que no recibiría respuesta, pues la mente de Anahí había viajando a algún lugar que solo ella sabía.
Las lágrimas no dejaban de empapar su rostro y en su pecho se había depositado una angustia e impotencia muy intensas… Su madre y su hermana se encontraban a su lado, observándola. Pero para ella, lo único importante en este momento era que Dulce estuviera bien, en algún lugar y volver a verla… Volver a ver a esa chica que con una simple mirada conseguía acelerar su corazón y tener la oportunidad de volver a sentir la dulzura y calidez de sus labios mientras la besaba, y no dejar de besarla nunca… No podía haberle ocurrido nada… no ahora que el destino las hizo conocerse por fin, después de tres años observándose en silencio.
Sin saber cuánto tiempo había transcurrido el doctor reapareció y ella trató de incorporarse rápidamente para recibir las noticias. Pero el rostro serio del doctor Herrera, encogió su corazón ocasionándole un profundo miedo.
─Dígame que pasó por favor…
─Llamé a los hospitales más cercanos y Dulce María Espinoza no figura en ninguno de los registros… ─En ese momento, el mundo de Anahí pareció detenerse ─Aún hay muchas personas que no han sido identificadas Anahí, pero… si esa chica iba contigo en el tren, debería encontrarse en este hospital y no es así… Puede que… ─Dudó con un suspiró ─Voy a ser honesto contigo, aún hay muchos cuerpos sin rescatar bajo los escombros… si tu amiga evitó de alguna forma que las llamas llegaran a tu cuerpo, significa que tuvieron que alcanzar el suyo… Así que debes estar preparada para lo peor… y seguir adelante.
─¡No! ─Negó con la cabeza y la mirada perdida ─Dulce no puede…no puede haber… No puedo haberla perdido cuando recién la encontré, mamá… ─Se dirigió a su madre con los ojos bañados en lágrimas ya sin hacer ningún esfuerzo por retenerlas ─Dime que no es cierto por favor…
─Cariño yo… Doctor, ¿Puede dejarnos a solas un momento?
─Si necesitan algo solo tienen que llamarme ─Informó después de asentir.
El doctor abandonó la habitación siendo seguido por Neni, la hermana de Anahí, quien decidió dejarlas también a solas unos minutos.
En cuanto ambos desaparecieron tras la puerta, Marichelo agarró fuertemente la mano de su hija, con la intención de hacerle sentir protegida.
─Dime que esto no es más que una pesadilla ─Suplicó entre lagrimas ─Mamá prométeme que voy a despertar como cada mañana para verla de nuevo y que este sueño solo habrá servido para que de una vez por todas me atreva a acercarme a ella…
─Daría lo que fuera por poder hacerlo, mi amor… Si estuviera en mi mano la pondría frente a ti en este mismo instante y le contaría las maravillas que hablabas de ella sin siquiera conocerla, le haría saber de qué forma le cambió la vida a mi pequeña, que se enamoró de una desconocida aunque el mundo le dijera que estaba loca… Le contaría como una sonrisa suya cambiaba por completo tu día y como esas pequeñas miradas para ti significaban todo un mundo… Daría lo que fuera por no verte sufrir, mi niña… pero la vida… la vida a veces es injusta Anahí. Y ni Dulce, ni tú, ni esos cientos de personas que iban en el tren, merecían que la maldad de unos pocos arruinara sus vidas de esta forma… Ahora toca ser fuertes mi amor, toca afrontar lo que venga y agradecerle a la vida que te dio la oportunidad de amar… de amar a una persona de la forma más pura que jamás he visto amar a nadie… porque tú te enamoraste de cada gesto de esa chica, de cada mirada y de cada sonrisa, independientemente de cualquier otra cosa… y lo más hermoso de todo es que ella debía amarte de igual forma, porque eligió tu vida, antes que la suya…

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Re: Último Suspiro

Mensaje por Admin el Miér Abr 13, 2016 12:05 am

─Esas fueron sus últimas palabras ─Recordó en llanto ─Dijo que me amaba… y lo sentí mamá… lo sentí cuando me besó y lo vi en su mirada… llevo tres años perdiendo el tiempo por miedo y ella me amaba… ¿Cómo voy a vivir con eso? ¿Cómo voy a seguir adelante sabiendo que el miedo me impidió ser feliz?
─El miedo es el peor de nuestros errores, Anahí… y lamentablemente es el único que nos impide hacer lo que nos pide nuestro corazón… Pero el universo es sabio y aunque no tengo una respuesta que darte, sé que a pesar del miedo… estos tres años han sido los mejores de toda tu vida y créeme cariño que no existen muchas personas en el mundo capaces de amar de una forma tan generosa como ustedes lo hicieron… Porque ese es el verdadero amor, tener lo más importante del mundo sin poseerlo… ustedes se amaban y no porque esperaran algo a cambio, ni porque se pertenecieran la una a la otra… simplemente se amaban.
─No me voy a resignar a haberla perdido mamá… no hasta que la encuentre…
─Nunca la perderás… pase lo que pase… sé que nunca la perderás…
Poco a poco… a medida que escuchaba las palabras de su madre que secaba con delicadeza las incontrolables lágrimas que continuaban empapando sus mejillas, un profundo cansancio y sueño se apoderaron de ella… La cantidad de medicamentos y el cansancio emocional consiguieron que sus ojos se cerraran mientras observaba la imagen de esa mujer tan sabia y valiente que la había protegido, cuidado y aceptado durante toda su vida. La única que fue capaz de advertir en sus ojos, antes incluso de que ella misma lo supiera, que se había enamorado… Nunca le importó que fuera de una mujer y tampoco una desconocida… Sus palabras siempre fueron: “Debe ser una persona muy especial, si mi pequeña puso los ojos en ella”… Y así era…Así era Dulce.
De pronto, apenas sin darse cuenta, Anahí pasó de los pensamientos a encontrarse en un hermoso paisaje verde. Una montaña donde el sol irradiaba luz y la brisa acariciaba su rostro… Un lugar donde se sentía en paz, donde el olor de las flores impregnaba el ambiente otorgándole libertad. Entonces, otro olor comenzó a mezclarse con el aroma de las flores… Un suave y fresco olor a bebé que la hizo sonreír, pues sabía perfectamente a quien pertenecía… Pronto, sintió unos brazos rodear su cintura desde atrás... y se aferró a ellos con fuerza mientras cerraba los ojos y aspiraba su aroma…
─Sabía que no me abandonarías…
─Nunca te abandonaré… ─Susurró una dulce voz junto a su oído.
Entonces se volteó para encontrarse de frente con su mirada… esa mirada color miel que había amado durante años, y la descubrió sonriendo… Eternamente sonriendo.
─¿Me lo prometes?
─Solo si tú me prometes algo antes ─Añadió con un misterio que la derretía
─¿Qué cosa?
─Prométeme que pase lo que pase, siempre vas a ser feliz… Y que serás una mujer fuerte, capaz de afrontar cualquier desafío… Pero también prométeme que nunca vas a cambiar, que nada de lo que ocurra podrá arrebatarte esa sensibilidad e ilusión con la que ves la vida… Prométeme que cumplirás tu sueño de ayudar al mundo… y que nada podrá detenerte.
─Te lo prometo ─Confirmó con una sonrisa ─Pero ahora promételo tú.
─Te prometo que siempre estaré contigo ─Acarició su mejilla ─Nunca vas a sentirte sola, porque yo te estaré cuidando pase lo que pase.
─No me gusta cómo suena ese “pase lo que pase”…
El miedo en la mirada de Anahí, hizo que Dulce sonriera tratando de tranquilizarla, pues su sonrisa era lo único capaz de otorgarle paz.
─Si existe otra vida… ─Fue lo último que susurró ─Te amaré más allá…
Y antes de que Anahí pudiera responder, sus ojos se abrieron, llevándose la imagen de aquella chica y devolviendo la vista de esa habitación casi vacía, en la que solo se escuchaban sonidos de ambulancias que corrían en el exterior.
Tardó unos segundos en recordar dónde se encontraba y en acomodar su mente… Fue entonces cuando unas nuevas lágrimas brotaron de sus ojos al darse cuenta que todo había sido un sueño… Un sueño que sintió tan real, que aún podía oler el aroma a bebé que desprendía… sabía que ese olor se había quedado para siempre en su interior y que probablemente la perseguiría a todas partes a partir de ahora…
─Yo también te amaré más allá ─Susurró entre lágrimas para sí misma.
Al día siguiente, Anahí se despertó sobresaltada, encontrándose de nuevo entre aquellas cuatro paredes de hospital. Continuaba despertando con la esperanza de que al abrir los ojos, todo hubiera sido un sueño. Pero el ruido de las ambulancias y los continuos gritos de dolor le confirmaban que estaba viviendo una trágica y dolorosa realidad… Una realidad que azotaba al país entero y con la cual sentía que ya no podía quedarse de brazos cruzados.
El dolor de su corazón era infinitamente mayor al que sentía su cuerpo. Las magulladuras y quemadas no significaban nada cada vez que a su mente venía el recuerdo de lo sucedido.
Así que, dificultosamente y aprovechando que en este momento no había nadie que pudiera impedírselo, se levantó de aquella cama, tratando de no forzar su brazo roto y despegando con cuidado las vías que la atravesaban. El pequeño mareo que sintió al ponerse en pie casi la hizo desistir de la idea, pero en cambio, simplemente se regaló unos minutos para poder estabilizarse y continuó con su hazaña.
Por primera vez, abandonó aquella habitación bajo su propio pie, aunque lamentablemente sintió que quizás no había sido buena idea en cuanto vio todo lo que había tras aquella puerta.
Un caos desesperante, personas corriendo de un lado a otro, padres abrazados y llorando en el suelo, madres que la observaban con tristeza, mientras caminaba con aquella bata, probablemente pensando en sus hijos… Lágrimas, gritos y desesperación.
Doctores y enfermeros tan llenos de trabajo que ni siquiera se percataban de su presencia. Entonces, observó a una mujer que lloraba desconsoladamente, arrodillada en el piso… Se encontraba completamente sola y nadie era capaz de detenerse para preguntarle que le ocurría, pero Anahí no pudo seguir adelante y se arrodilló a su lado.
─¿Necesita ayuda? ─Preguntó pensando que ni siquiera recibiría respuesta.
La mujer alzó la mirada dejando que Anahí observara como tenía los ojos bañados en lágrimas y completamente enrojecidos.
─No encuentro a mi hija ─Dijo entre lágrimas ─La he buscado en todos los hospitales y nadie sabe nada de ella… Esta era mi última opción… ¿Sabe usted lo que es perder a la persona que más ama en el mundo?
Al escuchar esa pregunta, los ojos de Anahí se humedecieron y su corazón se encogió aún más si era posible.
─Si… ─Respondió en un susurro ─Sé lo que es…
─Entonces ayúdeme ─Suplicó agarrándola por los brazos ─Por favor ayúdeme a encontrar a mi pequeña.
─¿Cómo se llama su hija?
─¡Camila! Tiene cinco años y el cabello claro, por los hombros, rizado y la piel muy blanquita… Por favor, ayúdeme a encontrar a mi princesa.
─No se preocupe… la buscaré por cada rincón de este hospital.
Dicho esto, y absolutamente convencida de lo que acababa de decidir, Anahí se abrió camino entre las miles de personas, comenzando la búsqueda de la pequeña Camila.
Destapó cada cortina que encontró a su paso, descubriendo tras ella a diferentes personas. El hospital estaba completamente abarrotado y algunos de los heridos eran separados por simples cortinas…
Llamó a la pequeña en numerosas ocasiones, descubriendo que era tal el caos y el terror de todo el mundo, que ni siquiera se detenían a preguntarse qué demonios estaba gritando. Cada uno buscaba desesperado a sus propios familiares y nadie tenía ánimo para ayudar a otra persona.
Transcurrió aproximadamente una hora. Una hora en la que recorrió minuciosamente cada espacio de aquel hospital de la ciudad de Madrid, sin encontrar rastro de la pequeña y tampoco de Dulce… Pues a pesar de aquel sueño en el que sintió que se despedía, su corazón jamás dejaría de buscarla.
Entonces, cuando sus ánimos comenzaban a desfallecer y su vista cansada veía cada vez más borroso… observó a lo lejos, como una pequeña se encontraba sentada a los pies de una camilla, abrazando sus propias rodillas y mirando aterrorizada a su alrededor.
La pequeña tenía el cabello claro, completamente rizado y la tez blanca, tal y como la mujer había descrito a su hija… Así que Anahí no pudo evitar el impulso de correr hasta ella y arrodillarse a su lado.
─¿Camila? ─Preguntó consiguiendo que la pequeña la mirara asustada ─No tengas miedo mi amor ─Pidió secando las lágrimas de la pequeña ─¿Cómo te llamas?
─¡¿Camila?! ─Escucharon como una voz gritaba desde atrás y rápidamente la niña se abalanzó sobre los brazos de su madre ─¡¡Oh dios mío!! ¡¡Mi pequeña estás bien!! ─Decía entre lágrimas ─¡¡Gracias al cielo!! ¡¡No te vuelvas a separar de mi nunca más ¿Entiendes?!! Por favor no vuelvas a hacerme esto…
Anahí observó la escena conmovida, unas pequeñas lágrimas hicieron brillar sus ojos mientras veía a esa madre llorar de felicidad por haber encontrado por fin a la persona que más ama en el mundo. En ese momento, una mezcla de alegría y también tristeza invadieron su corazón… Se alegraba por el reencuentro entre aquella madre luchadora y su pequeña princesa perdida… pero deseaba con todas sus fuerzas poder encontrar también a la persona que ella más ama en el mundo y sentir lo que en ese momento debía sentir esa mujer que comenzó a acercarse a ella, con la pequeña en brazos.
─Jamás podré pagarte lo que acabas de hacer ─Dijo la mujer acariciando la mejilla de la chica ─Eres un ángel…
─...Anahí ─Interrumpió aclarando su propio nombre.
─Anahí, la vida debe compensarte por esto. Te estaré eternamente agradecida.
La chica simplemente sonrió. No tenía nada más que decirle a aquella mujer que ahora debía disfrutar la felicidad por haber encontrado a su pequeña… Así que respondiendo de igual forma, aquella madre le ofreció una última sonrisa antes de alejarse con su hija en brazos.
Ella las observó por unos minutos, asegurándose de que estaban bien y vio como se dirigían hacia uno de los doctores para ser atendidas. El hombre cargó en brazos a la pequeña y le indicó a la madre que lo siguiera, ella, antes de alejarse, volvió su vista hacia Anahí y una sonrisa fue su último agradecimiento y despedida.
Entonces, poco antes de emprender su camino de vuelta, escuchó unos ligeros murmullos que la sacaron de sus pensamientos. Murmullos que provenían de atrás, donde se encontraba aquella camilla a la que había dado la espalda.
Volteó, tratando de averiguar si alguien más necesitaba ayuda, pero su corazón se detuvo súbitamente al ver la imagen que tenía frente a ella.
Ese mismo, ese mismo órgano, comenzó a latir desenfrenado en cuanto los labios de esa mujer que se encontraba recostada y con los ojos cerrados, volvieron a emitir algún apagado sonido…
─Dulce…
El susurro que emitió la propia voz de Anahí fue solo una manera de asegurarse que no estaba soñando, pues la parálisis de su cuerpo le impedía hacer otra cosa.
─¿Dulce…? ─Volvió a repetir para sí misma, mientras unas lágrimas comenzaban a caer, descongelando cada centímetro de piel a su paso.
Se acercó despacio a su lado, tan despacio que ni ella misma se lo creía, pues en otra ocasión hubiera corrido como una loca. Pero en este instante, algo la detenía… quizás aún sintiera miedo de volver a estar soñando, despertar en unos minutos y haberla vuelto a perder.
Llegó junto a ella y observó detenidamente cada magulladura de su rostro, cada quemadura que cubría sus brazos al aire libre y los sollozos que emitía a causa del dolor…
Trató de acariciarla… deslizó su mano por la superficie de su piel quemada sin llegar a rozarla y fue entonces cuando se dio cuenta de que todo era real, cuando sintió su energía desgastada, el calor de su piel… fue entonces cuando las lágrimas volvieron a brotar, está vez más incontrolables que nunca.
─Mi amor… ─Lloró sobre su rostro ─¿Estás aquí…? Estás aquí Dul…
La chica encamada, comenzó a hacer ligeros movimientos con los ojos, indicando que estaba escuchando, que podía sentirla. Poco a poco consiguió ir abriéndolos mientras trataba de murmurar algo.
Entonces… volvieron a encontrarse.
Esas miradas que se amaron durante tres años, volvieron a unirse, sintiendo como todo desaparecía a su alrededor… Los ojos color miel de aquella muchacha se humedecieron mientras observaba las lágrimas correr por el rostro de su amor. Trató de alcanzarla con su mano, pero le resultó completamente imposible mover ni un centímetro de sus dedos.
─M…mi… ─Balbuceó con dificultad ─mi…p…per…fecta.
Al escuchar su voz, Anahí llevó ambas manos a su propia boca, mientras la visión de sus ojos se tornaba borrosa a causa de las lágrimas…Dulce la miraba, la miraba tratando de sonreír en medio del sufrimiento y esta volvió a extender sus manos hasta la superficie del rostro de la chica inmovilizada… pero no podía tocarla, sentía que cualquier roce en esas quemaduras y heridas podrían hacerle mucho daño. Por ello, se limitó a arrodillarse junto a aquella camilla, sintiendo que su llanto no podía parar y colocando su rostro lo más cerca posible de la mejilla de Dulce. Necesitaba sentirla cerca aunque no pudiera tocarla… necesitaba su presencia, necesitaba su olor…
─Te amo… ─Susurró entre lágrimas junto a su oído ─Por favor…no me dejes… no me vuelvas a dejar nunca, cariño...
Dulce ladeó su cabeza, hasta encontrarse nuevamente con esa mirada azul que le robaba el corazón cada día desde la primera vez que la vio. Trató de pronunciar alguna palabra… Anahí observó como abría sus labios intentando volver a hablar, pero esta posicionó su dedo índice sobre esos doloridos labios, sin llegar a rozarlos, indicándole que no era necesario un sobreesfuerzo. Ella lo entendía, lo veía en sus ojos… también la amaba.
De esta forma, ambas rieron… Rieron mientras las lágrimas corrían rebeldes por sus mejillas… Rieron a causa de la felicidad que les producía haberse encontrado… Y rieron porque su corazón, antes encogido, había encontrado su motivo para latir desenfrenado, descontrolado, vivo.
─¡¡¡Anahí!!! ─Escuchó una voz gritando desde la lejanía que la hizo voltear descubriendo al doctor que corría en su dirección junto a su madre.
Volvió su vista a Dulce, dándose cuenta de que la observaba confundida.
─No te preocupes, cariño… ─Susurró muy cerca de sus labios ─Pronto te pondrás bien…saldremos de esta…te prometo que saldremos de esta.
─¡Anahí ¿Se puede saber dónde te metiste?! ─Interrumpió de nuevo la voz del doctor ─¡Llevamos horas buscándote! ¿No ves el caos que hay aquí formado? No deberías salir de tu habitación y menos aún sola, sigues demasiado débil.
─Dul… ─Respondió ignorando al doctor y observando a su madre ─Es Dulce, mamá… la encontré.
El Doctor Herrera, al escuchar las palabras de Anahí y ver las lagrimas en sus ojos, se acercó rápidamente a la camilla y agarró la ficha que colgaba de ella, leyendo al instante la descripción de la paciente.
─No hay datos personales ─Informó ─Solo el informe médico. Debe haber llegado sin documentación… ¿Estás segura de qué es tu amiga?
Anahí, volvió a mirar a esa chica que aguardaba en silencio y solamente la miraba a ella, únicamente a ella, eternamente a ella… como cada mañana de los últimos tres años, a bordo de aquel tren que sin saberlo, cambiaría sus vidas para siempre.
─No… ─Respondió sonriéndole ─Ella es… mi amor.
*****

11 de Marzo de 2005.
Parque del Retiro, Madrid, España.
Cinco minutos de silencio, en los que no puedo evitar observar al cielo. Hoy es un día soleado, un hecho bastante extraño para la época del año en la que nos encontramos. Quizás hoy el sol decidió salir para homenajear a todas las victimas de aquel día, de aquella mañana de la cual ha transcurrido un año.
Un año y aún lo recuerdo como si hubiera ocurrido ayer mismo. Mi mente recuerda todo lo sucedido aquella mañana… El olor a fresa que me invadió cuando subí al tren, indicándome que ella estaba ahí. Esa sensación de que iba a ser un día diferente, una mañana distinta, que cambiaría para siempre el rumbo de mi vida.
Y así fue… También recuerdo el pánico que sentí al observar el miedo en sus ojos. Entonces lo único que pude hacer fue protegerla con mi abrazo, no podía permitir que nada le ocurriera. A pesar de no saber lo que estaba pasando, no iba a dejar que nada malo la alcanzase, aunque tuviera que dejarme la vida en ello… Mi cuerpo tiembla al recordarlo y siento mis ojos humedecerse momentos antes de que alguien roce mi mano, entrelazando nuestros dedos al instante.
Miro a mi derecha y ahí la encuentro, tan hermosa como siempre, con esos ojos azules que transmiten vida a cualquiera que los observe. Siempre ha estado aquí, todo este tiempo ha estado a mi lado… Y sé que no necesito interrumpir esos minutos de silencio en homenaje, para decirle lo que siento… porque ella lo sabe perfectamente.
─Y así, queda inaugurado este “Bosque de los Ausentes”, donde 192 árboles fueron plantados en honor a cada uno de los fallecidos de aquel fatídico día, que aún hoy, un año después, está grabado en la memoria de cada español y de cada ciudadano del mundo. Porque los árboles simbolizan la vida… y ellos, siempre estarán vivos en nuestros corazones. Gracias.
De esta forma, el Rey, junto a su esposa, reciben aplausos tras haber inaugurado este bosque, homenaje a cada una de las 192 víctimas que fallecieron aquel 11 de Marzo y a los más de 2000 heridos que a pesar de lo vivido, tuvimos la suerte de que ese día cambiara nuestra vida para siempre.
Agarrando su mano, decido comenzar a andar con la intención de alejarnos de la multitud y adentrarnos en ese bosque de olivos, que a pesar de lo que simboliza, trasmite paz, tranquilidad.
Pero justo antes de que eso ocurra, transitamos junto a una periodista, que acompañada de una cámara de televisión, parecía estar entrevistando a un hombre, alto y fuerte, vestido con un traje negro en señal de luto y elegancia. Nos fue imposible sentirnos atraídas por el rumbo de la conversación, cuando una de las preguntas captó por completo nuestra atención:
─Usted es uno de los bomberos que puso en peligro su vida para rescatar a las víctimas que aun se encontraban atrapadas en la explosión ─Informó mientras aquel fornido hombre asentía ─¿Hay algo…? ¿Recuerda algún hecho que le haya llamado poderosamente la atención? ¿Algo que no podrá olvidar jamás?
El hombre se regaló unos segundos de pensamiento, aparentemente no trataba de recordar aquella anécdota, sino más bien cómo contarla.
─Sin duda ─Respondió muy seguro ─Cuando logramos entrar a uno de los trenes, tratando de rescatar a los heridos, hubo algo que… me hizo detenerme y emocionarme como probablemente nada lo haya conseguido en mi vida. Había dos chicas en medio de los escombros… con sus cuerpos completamente aferrados el uno al de la otra, se habían quedado inconscientes mientras se abrazaban… Era como si se estuvieran protegiendo o como si su último deseo fuera sentirse unidas. No tengo la más mínima idea de cuál sería su relación; hermanas, amigas, pareja… o simples desconocidas. Pero ellas, lejos de correr, saltar por las ventanas o intentar salvar sus vidas, decidieron pasar juntas los que probablemente pensaran que eran sus últimos minutos… Y eso me parece un gesto tan generoso, en medio de tanto caos, que a pesar de lo vivido aquellos días, tuve que volver a creer en el ser humano y en un tipo de amor que no entiende de egoísmo.
─Impresionante… ─Murmuró la periodista ─¿Qué fue de ellas?
─Cuando conseguimos rescatarlas, aún vivían, aunque su estado, en especial el de una de ellas, era bastante grave debido a las quemaduras que presentaba… Sin embargo, lo que pasó después, lo desconozco, lamentablemente. Pero sin duda, aquella imagen es una de las que seguramente nunca se irá de mi memoria.
Una vez escuchado todo el relato, las siguientes preguntas comenzaron a alejarse para nuestros oídos, pues solo pude dirigir mis ojos hacia Anahí, mientras apretaba su mano y con una sonrisa ambas pensamos que quizás… y solo quizás… esas chicas, fuéramos nosotras.
Seguidamente, continuamos nuestro camino hasta que la multitud desapareció por completo y nos sentamos en un banco, a la sombra de uno de esos árboles.
─Es curioso… ─Dice cobijándose entre mis brazos.
Beso su frente y entrelazo mis dedos con los suyos, observando esas manos de princesa que siempre me encantaron.
─¿Qué cosa?
─Cómo el día más terrible de toda mi vida ─Explicó mirándome fijamente ─me dio lo más importante que he tenido en ella…
─Si… ─Confirmé sonriendo ─Es curioso… Dicen que hasta de la peor de las tragedias, se puede extraer una lección.
─¿Cuál fue la tuya?
Con una sonrisa, abrí mi bolso y rebusqué un pequeño sobre que había en él, ofreciéndoselo al instante, para que ella misma lo descubriera. Pero la expresión de confusión que había en sus ojos me obligó a comenzar una explicación.
─Aprendí, que cualquier día, por aparentemente normal que pueda parecer, está destinado a cambiar el rumbo de tu vida en cualquier momento. Una sencilla decisión, como elegir entre tomar un tren directo o dejarlo pasar, puede hacer que conozcas o no, al amor de tu vida… Mi vida no sólo cambió ese 11 de Marzo, mi vida cambió aquel día en el que tú perdiste tu tren y me hiciste conocerte… Durante tres años, el miedo, la timidez o lo que quiera que fuese, me impidió acercarme a ti. Pero hoy, después de un año de médicos, psicólogos, cirugías y rehabilitación, entendí que aquel día lo único de mí que murió, fue el miedo… Porque la vida nos dio una segunda oportunidad, una oportunidad que 192 personas no tuvieron… y la única forma que tenemos de pagarle, es viviendo… Así que ahí tenemos dos pasajes a Perú para este verano ─Señalé el sobre ─donde realizaremos un viaje solidario de dos meses, ayudando a esos niños, como siempre soñaste… “Tú loca aventura” ¿Recuerdas? Yo escribiré cada una de nuestras hazañas… y me da igual si el mundo está o no preparado para ello, ya es hora de que este mundo también pierda el miedo ¿No crees?... ─Pregunté recibiendo una sonrisa mezcla entre sorpresa y alucinación ─Es hora de vivir, mi amor…
Su mirada se intercalaba entre mis ojos y mis labios, esbozando una ligera sonrisa y expresando en sus ojos un brillo de admiración.
─¿Quieres saber lo que aprendí yo? ─Preguntó misteriosa, sin responder a mis preguntas.
Asentí con una sonrisa, esperando intrigada esa explicación.
─Aprendí que para amar, no hacen falta años, confianza o conocimiento… Aprendí que existe un amor, uno que ocurre desde el primer instante en que tus ojos se cruzan con los de otra persona… Y sí, puede que con el paso de los años crezca, pero es ese instante el que lo cambia todo… Y es en esa mirada, cuando los corazones se encuentran. Entonces ya no importa que el mundo crea que estás loco, porque tú sabes que ese amor te acompañará siempre… incluso cuando creas haberlo perdido. Ese amor llega en cualquier momento, cuando menos te lo esperes… y durará más allá de todas las vidas que puedan existir.
─¿Hasta el último suspiro? ─Pregunto sonriendo.
─Más allá… de un último suspiro.
Con una sonrisa, que en ningún caso era la última, sino más bien la primera, del resto de nuestras vidas… Me acerqué a ella y atrapé sus labios con mucha dulzura… Nos besamos bajo la sombra de aquel olivo, en el Bosque de los Ausentes, donde cientos de árboles fueron testigos de que aquel día, no solo había sido el final de muchas vidas, también fue el comienzo de algunas otras… Esas, que renacieron después de haber exhalado… un último suspiro.

...FIN...

“Esta pequeña historia, no es más que un homenaje, escrito desde el más absoluto respeto, para todas las vidas, que lejos de terminar, comenzaron aquel Jueves, 11 de Marzo de 2004.”

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Re: Último Suspiro

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